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La ola coreana: el cine y la televisión en tiempos de Hallyuwood

El fenómeno Hallyu (한류), también conocido como ola coreana, hace referencia a un movimiento cultural de Corea del Sur (en adelante, Corea) que en los últimos años ha tenido un gran impacto en todo el mundo y que, a decir de los foros académicos, no parece disminuir. Ante este hecho, es difícil no preguntarse qué hizo que el K-pop, los K-dramas, los cosméticos, la comida y la moda coreana se hayan vuelto tan populares; tanto que vemos a cantantes dando conferencias en Harvard y a BTS haciendo videoclips en la ONU.

​Hubo varios factores que allanaron el camino de la Hallyu y contribuyeron a su nacimiento: el rápido desarrollo de las tecnologías de información y comunicación durante los años noventa, así como la apertura del mercado mediático en Asia; la necesidad de un contrapeso frente a la hegemonía de Hollywood tras la presión de Estados Unidos para que se distribuyeran sus películas; y la crisis financiera asiática de 1997-1998 que propició el endeudamiento del país con el Fondo Monetario Internacional. Ante estas circunstancias, la industria televisiva optó, entonces, por ofrecer precios competitivos, al grado que las series coreanas se vendían mucho más baratas que las japonesas o las hongkonesas.

​En 1993, año en que Corea tuvo su primer presidente civil, se estrenó mundialmente Jurassic Park (de Steven Spielberg); sus exorbitantes ganancias motivaron a la Junta Asesora Presidencial de Ciencia y Tecnología del país peninsular a sugerirle al gobierno que la producción mediática y cultural formase parte de una estrategia industrial a nivel nacional.1 Un año después, el gobierno creó la Oficina de la Industria Cultural dentro del Ministerio de Cultura y Deportes y promulgó leyes, como la Promoción Cinematográfica en 1995, que buscaban atraer inversionistas tanto del extranjero como nacionales; los conglomerados financieros familiares (chaebol), como Samsung, Hyundai, Daewoo, etc., por ejemplo, decidieron incursionar en estos sectores mercantiles.

​A partir de ese momento, el gobierno coreano se encargó de comprender el funcionamiento de todo el sistema de producción cinematográfica y audiovisual, integrado por grandes estudios y compañías mediáticas y supo aprovecharlo para sus fines, como veremos más adelante. Todo lo anterior propició que los coreanos empezaran a ver cine de su propio país un 50 % más que a inicios de los noventa —el número anual de películas producidas localmente había caído en sólo tres años (1991-1994) de 121 a 63— y que se incrementaran las películas exportadas, según datos del Korean Film Council, 2004.

Los K-dramas: la base de la Hallyu

En la región asiática fueron los K-dramas —a veces llamados “doramas coreanos”— los que abrieron paso a lo que la prensa china llamó Hallyu.2 La serie What is Love? (1991) es considerada el primer éxito de la ola fuera de Corea. Sin embargo, fue Winter Sonata (2002) el hito televisivo más importante tras ser transmitido por la NHK en Japón y desencadenarse el “síndrome Yonsama”, como se llamó a la fiebre popular ocasionada por el protagonista masculino, interpretado por Bae Yong-joon.

​Además de la construcción de cierto tipo de masculinidad altamente consumible por su hibridación de valores propios del confucianismo —como el equilibrio entre lo mental y lo físico, una fuerte voluntad interior y la cortesía— con características de la masculinidad dura (hard masculinity), otro rasgo importante de los K-dramas es que diseñan un imaginario sociopolítico del país: Corea es presentada como una potencia del capitalismo global, democrática y particularmente superior frente a su contraparte, Corea del Norte, que frecuentemente se muestra atrasada y desfasada respecto a los avances financieros, tecnológicos y culturales del sur. Dos ejemplos destacables son las series Crash Landing on You (2019-2020) y Snowdrop (2021-2022).

Los K-dramas son fundamentales para comprender la Hallyu como una estrategia de poder blando, pues cuidadosamente crean una imagen de las clases media y media alta coreanas, así como de la población urbana y rural, de la vida corporativa, el servicio militar obligatorio y la cultura de la belleza (cosméticos, rutinas y vidas saludables). Además, algunas series, como Taxi Driver 3 (2026), sirven como escaparate para la competencia política, pero también mediática, entre Corea y Japón —otro país con su propio programa de poder blando, llamado Cool Japan—. La nación vecina es representada como sucia, ilegal, machista y que no ha sabido superar su propia edad de oro cultural; así es abatida a golpes metafóricos por una Corea idealizada. Los K-dramas también le recuerdan al mundo que Japón fue el gran colonizador asiático.

​Del romance (Mr. Sunshine, 2018) al terror (The Wailing de Na Hong-jin, 2016; Exhuma de Jang Jae-hyun, 2024; y Gyeongseong Creature, 2023), las narrativas televisivas y cinematográficas sitúan ideológicamente a la nación ante el mundo; sin embargo, lo hacen con poco sentido crítico de su pasado reciente.

La Hallyu en México y Latinoamérica

Los K-dramas también fueron la puerta de entrada de la cultura pop coreana a Latinoamérica. Algunos autores, como Jung Bong-choi, en su artículo “Loyalty transmission and cultural enlisting of K-pop in Latin America” (2014), explican que su éxito en esta región se debe a su familiaridad con las telenovelas, mucho más cercanas a las historias de amor coreanas que las series de acción estadounidenses.

​En el caso de México, Star in My Heart (1997) y All About Eve (2000) fueron los primeros hits emitidos por la televisión pública. All About Eve salió al aire en octubre de 2002 y fue retransmitida cinco veces en horario estelar en el Canal 34, dando lugar a la formación de al menos cuatro clubes de fans con más de mil miembros, según Jung. El club latinoamericano llamado “I Will Give You All Jang Dong-gun” (haciendo referencia al actor protagónico de la serie) contaba, hasta 2007, con aproximadamente 2 500 miembros originarios de México, Perú, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Chile, Puerto Rico, Venezuela y Colombia, de acuerdo con la misma fuente. En la actualidad, gracias al internet y a los celulares, solamente la página de Facebook del club de fans latinoamericano del actor Jung Hae-in tiene más de 80 000 miembros.

Un testimonio de la mexicana Rocío Salinas, recogido por el diario The Korea Times (2007), relata que durante los años dos mil, las fans de los K-dramas se reunían para jugar y cocinar comida mexicana y coreana, e inclusive se organizaban para viajar a Corea en las fechas de cumpleaños de actores como Jang Dong-gun. El furor por estas series en Latinoamérica incrementó el deseo por querer aprender coreano, lo cual provocó que muchos profesores vinieran de manera independiente.

El cine más allá de la Hallyu

Las razones por las que los años noventa constituyen el primer momento dorado del cine de autor en Corea se explican de manera formidable y jocosa en el documental Yellow Door: ‘90s Lo-fi Film Club (Lee Hyuk-rae, 2023). Bong Joon-ho y sus amigos nos cuentan, mediante videollamadas y recuperando invaluables materiales de archivo, cómo la cinefilia, el cineclubismo y los propios estudios de cine nacieron en Corea después que en Europa y Estados Unidos.

​Bong y sus colegas relatan la formación del instituto-cineclub-videoteca Puerta amarilla, que funcionó como complemento de las incipientes escuelas de cine, al tiempo que jugó un papel importante en la transmisión de las producciones que llegaban a Corea y en la construcción de la imagen de este país en las pantallas del resto del mundo. Además, los cineastas se divierten recordando lo decisivo que resultó inaugurar un pensamiento intelectual, artístico y estético sobre el cine en un país donde la industria recién se proponía insertarse en el panorama de los festivales internacionales.

​Entre risas y sonrojos, hablan de las películas canónicas que poblaban los libros sobre cine y hacen énfasis en que muchas de ellas no eran conseguibles en Corea por ese entonces; a partir de las descripciones que leían tenían que imaginarse cómo era El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920), el expresionismo alemán e incluso las primeras películas coreanas.

​En realidad, desde hacía algunas décadas, el cine coreano había dejado de ser periférico para audiencias especializadas. El Centre Georges Pompidou de París le dedicó una retrospectiva en 1993-1994, fechas que coinciden plenamente con la apertura mediática en Corea. En el catálogo de la muestra, el texto “La nouvelle vague coréenne” [La nueva ola coreana] del crítico Kang Han-sup hace un recuento de la historia cinematográfica de este país desde 1919, fecha que considera el inicio del cine coreano,3 hasta la década de los noventa, época en la cual los críticos se preguntaron si existía un cineasta que hiciera cine de autor. Kang considera que sí y menciona a Im Kwon-taek y a Lee Jang-ho como ejemplos de directores populares entre el público coreano y conocidos en occidente desde la década de 1980; en su opinión, ellos son precursores de la “nouvelle vague coréenne”.

​Después de la guerra de Corea (1950-1953) se sucedieron los regímenes militares, que iniciaron con el golpe de Estado de Park Chung-hee en 1961. En 1980 tuvieron lugar los levantamientos y las masacres de Gwangju como antesala de un nuevo régimen militar que no terminó sino hasta 1987. Durante todo este tiempo, describe Kang, el cine no era considerado un arte, sino una herramienta de propaganda del gobierno y un medio para desviar la atención del público. La libertad de expresión no existía; hasta 1985, de hecho, hubo un mecanismo de doble censura que evaluaba los guiones y las películas.

Finalmente, en 1987, las manifestaciones populares lograron un cambio de sistema político; terminó la dictadura militar de Chun Doo-hwan y Corea se perfiló hacia su primer gobierno civil; se eliminó el mecanismo de la doble censura y disminuyó la persecución hacia los cineastas que intentaran abordar temas políticos. Asimismo, se revisaron las leyes para que se permitiera la producción cinematográfica libre e independiente. De inmediato se hicieron películas sobre el pasado reciente, protagonizadas por obreros y campesinos, víctimas de la expansión económica forzada y acelerada de las últimas décadas. Lee Jung-gook realizó Song of Resurrection (1990) y el colectivo Changsan Kotmae (formado en 1989) realizó The Night Before the Strike (1990). Otros cineastas destacados de la época son Lee Myung-se, Park Kwang-su, Kang Woo-suk, Kim Ui-seok, Bae Chang-ho y Jang Sun-woo.

​Ya en el contexto de la Hallyu —esto es, en los años noventa—, comenzaron a exportarse películas como Shiri (Kang Je-gyu, 1999), Joint Security Area _(Park Chan-wook, 2000) y _My Sassy Girl (Kwak Jae-young, 2001).4 Más adelante vinieron producciones emblemáticas como The Host (2006) de Bong Joon-ho. Varios cineastas en esta época se consolidaron como pilares de la historia del cine a nivel internacional, con la llegada a las pantallas de Old Boy (Park Chan-wook, 2003), Spring, Summer, Fall, Winter… and Spring (Kim Ki-duk, 2003), I Saw the Devil (Kim Jee-woon, 2010) y Poetry (Lee Chang-dong, 2010).

​Todo lo anterior preparó el terreno para la edición 92 de los Premios Óscar, que siempre será recordada por el triunfo de Parasite (Bong Joon-ho, 2019) como el primer filme extranjero que se hizo acreedor al premio a la mejor película, así como al mejor director, guion original y película internacional, cristalizando el cine surcoreano en el radar global. Así, en poco tiempo, junto a Bong Joon-ho, Park Chan-wook, Kim Jee-woon —conocidos como la generación 386—, Kim Ki-duk, Hong Sang-soo y Lee Chang-dong —catalogados, a veces, como una segunda nueva ola— se convirtieron en los principales referentes del arte cinematográfico coreano en el siglo XXI.

Cineastas mujeres en Corea

The Widow (1955) es la primera película coreana dirigida por una mujer, Park Nam-ok. El hecho de que sólo haya estado en cartelera por tres días escribe Bastian Meiresonne, da cuenta de las dificultades para las mujeres que deseaban incursionar en el arte fílmico de esta nación. En los siguientes cuarenta años, la misma fuente señala que únicamente otras cuatro mujeres dirigieron películas: Hong Eun-won, Choi Eun-hee, Hwang Hye-mi y Lee Mi-rye.

​En los noventa, no obstante, la situación empezó a mejorar para ellas gracias a que ya podían ingresar a las escuelas de cine y porque se realizó el Seoul International Women’s Film Festival en 1997. Algunas de las cineastas de esta generación son Lee Jeong-hyang (Art Museum by the Zoo, 1998), Jeong Jae-eun (Take Care of My Cat, 2001) y Pang Eun-jin (Princess Aurora, 2005).

​Desde entonces, la presencia de mujeres en el cine ha crecido y nuevas generaciones han emergido; la de la última década está integrada por Yoon Ga-eun (The World of Us, 2016), Jeon Go-woon (Microhabitat, 2017), Kim Bo-ram (The House of Hummingbird, 2018), Kim Se-in (The Apartment with Two Women, 2021) y Yoon Dan-bi (Moving On, 2019). Aunque en 2023 las mujeres representaban el 60 % de la matrícula de las escuelas de cine, aún sigue sin haber un reparto proporcional en las diferentes ramas de la gran industria.

El éxito de la Hallyu en las plataformas

En 2012, cuando el tema de PSY, “Gangnam Style”, puso los reflectores de las redes sociales en la cultura pop coreana, se dio un paso más para que los fans de la Hallyu vieran como algo natural el triunfo de Parasite. Dos años después de este reconocimiento, Squid Game (2021) se convirtió en una de las series coreanas más vistas en el mundo, seguida por All of Us Are Dead (2022) y The Glory (2022). Estos últimos éxitos son producto de la inversión que han hecho las plataformas de streaming en esta industria audiovisual. Tanto Netflix como Disney+ y Apple TV están produciendo y transmitiendo K-dramas y películas de este país. Netflix, por ejemplo, se comprometió a invertir 2.5 mil millones de dólares en la producción de contenido coreano (series, películas y programas sin guion) durante un periodo de cuatro años a partir de 2023, de acuerdo con la BBC.

​Los escépticos dudaban que un país con poco más de cincuenta millones de habitantes, que estaba fuera del radar global antes de los noventa, pudiera llegar a convertirse en una potencia económica y cultural; sin embargo, tal como lo dice el protagonista de la serie Reborn Rich (2022): “iba a llegar un día en que el mundo se volviera loco por las canciones, películas y dramas coreanos”.

​La más reciente publicación del Global Hallyu Trends (2023) indica que el aumento de fans de la Hallyu a nivel mundial fue de doscientos millones de personas en tan sólo un año. Nuestro país, en particular, ha contribuido con unos cuantos seguidores: sólo detrás de China, México es el territorio donde más se ha incrementado el número de miembros de clubes de la ola coreana en los últimos años (de 2022 a 2023 se sumaron alrededor de veintisiete millones de personas).

​Si quien esté leyendo estas líneas se preguntaba por qué la gira de BTS en México desencadenó tanto furor, proyectos de decretos de la Procuraduría Federal del Consumidor e incluso una misiva diplomática por parte de la presidenta del país, ahora ya sabe por qué.

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La compasión silenciosa: Chéjov y la tragedia de lo cotidiano

En la historia de la literatura universal hay autores que transformaron la forma de narrar no mediante grandes argumentos, sino mediante una nueva mirada sobre la vida. Antón Chéjov pertenece a esa estirpe. El breve volumen publicado por la UNAM dentro de su colección Material de Lectura reúne cuatro relatos: La tristeza, Vanka, Un asesinato y Los mártires. A pesar de su concisión, estos textos condensan la esencia de una de las obras más influyentes de la narrativa moderna.

Chéjov, médico de profesión y observador minucioso de la sociedad rusa de finales del siglo XIX, desarrolló una narrativa en la que la intriga pierde centralidad frente a la exploración de la vida interior de los personajes. Su literatura se construye a partir de situaciones aparentemente ordinarias, como un cochero que trabaja bajo la nieve, un niño que escribe una carta, una criada que lucha contra el sueño o una mujer que dramatiza su enfermedad. Sin embargo, esas escenas revelan la dimensión trágica de la existencia humana. En lugar de grandes acontecimientos, Chéjov privilegia los gestos mínimos y los detalles cotidianos que iluminan el carácter de sus protagonistas. anton-chejov

El dolor que nadie escucha

En La tristeza, uno de los cuentos más emblemáticos del autor, el cochero Yona intenta hablar con alguien acerca de la muerte reciente de su hijo. Nadie lo escucha. Los clientes están apurados, los transeúntes pasan sin detenerse e incluso sus compañeros de oficio duermen. La escena final, cuando el anciano termina contándole su desgracia a su caballo, constituye una de las imágenes más conmovedoras de la literatura moderna.

Chéjov no moraliza ni dramatiza en exceso. El dolor aparece con una sobriedad casi clínica, como si el autor registrara el sufrimiento humano con la precisión de un médico. Sin embargo, esa distancia narrativa produce justamente el efecto contrario. El lector percibe con mayor intensidad la soledad radical del personaje.

La tragedia aquí no proviene de un acontecimiento extraordinario, sino de la indiferencia social. El mundo de Chéjov está poblado por personas que conviven en un mismo espacio, pero permanecen aisladas en su propio dolor.

La infancia como territorio de abandono

En Vanka, Chéjov aborda otra de sus obsesiones literarias: la vulnerabilidad de los niños en una sociedad cruel. El protagonista, un aprendiz de zapatero de apenas nueve años, escribe una carta desesperada a su abuelo para que lo rescate del maltrato que sufre.

El cuento destaca por su extraordinaria economía narrativa. La inocencia del niño se revela en la manera ingenua en que escribe la dirección del sobre, “En la aldea, a mi abuelo”, sin comprender que la carta jamás llegará a destino. El lector entiende desde el principio lo que el personaje ignora. Su súplica está condenada a perderse.

Este recurso, característico de Chéjov, transforma una historia aparentemente simple en una reflexión devastadora sobre la esperanza y el abandono.

El agotamiento de los humildes

Quizá el relato más perturbador del volumen sea Un asesinato. En él, la joven criada Varka, sometida a un trabajo extenuante y privada de sueño, termina asesinando al bebé que cuida. La violencia no aparece como un acto monstruoso, sino como el desenlace extremo de una explotación brutal.

El cuento funciona como un estudio psicológico sobre los límites de la resistencia humana. La protagonista no es presentada como criminal, sino como víctima de un sistema social que anula cualquier posibilidad de descanso, dignidad o compasión.

Chéjov sugiere que la tragedia no nace del mal moral, sino de condiciones de vida que deforman lentamente la conciencia.

Ironía y crítica social

El volumen concluye con Los mártires, un relato en el que la ironía sustituye al tono sombrío de los cuentos anteriores. Aquí la supuesta enfermedad de Lisa se revela como una forma de teatralidad social, mientras su marido, auténtico “mártir”, sacrifica su descanso y su trabajo por una dolencia que termina siendo más imaginaria que real.

La crítica de Chéjov es sutil pero penetrante. El relato desmonta la hipocresía sentimental de las clases acomodadas y pone en evidencia la distancia entre el sufrimiento real, como el de Yona o Varka, y las tragedias superficiales de la vida burguesa.

La estética de la vida ordinaria

Lo que une estos cuentos es aquello que podría llamarse el estilo Chéjov. Se trata de una narrativa basada en la observación de la vida cotidiana, donde pequeños detalles aparentemente insignificantes adquieren una profunda carga emocional y simbólica. anton-chejov

Chéjov evita los finales moralizantes y las soluciones dramáticas. Sus relatos concluyen con la misma ambigüedad con la que se vive la vida. El lector queda frente a personajes que continúan existiendo más allá de la página, atrapados en un mundo donde el sufrimiento rara vez encuentra consuelo.

Un precursor de la narrativa moderna

Más de un siglo después de su muerte, la influencia de Chéjov permanece intacta. Su forma de narrar, centrada en la psicología, en los silencios y en los detalles mínimos, anticipa buena parte de la literatura del siglo XX, desde Katherine Mansfield hasta Raymond Carver.

Los cuentos reunidos en este volumen de la UNAM recuerdan que la grandeza de Chéjov no reside en la espectacularidad de sus historias, sino en su capacidad para revelar la profundidad moral de la vida cotidiana. En su universo narrativo, la tragedia no ocurre en campos de batalla ni en palacios, sino en la nieve de una calle, en una carta escrita por un niño o en una habitación donde una criada lucha contra el sueño.

Y es precisamente allí, en la humilde intimidad de lo cotidiano, donde la literatura alcanza su verdad más duradera.

Consulta el libro en el siguiente link:

https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf3/anton-chejov.pdf

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Agenda cultural UNAM: música, cine, teatro, danza y exposiciones para el 14 y 15 de marzo

La Universidad Nacional Autónoma de México ofrece cada semana una amplia programación artística que incluye conciertos, cine, teatro, danza y exposiciones en distintos recintos universitarios. El fin de semana del 14 y 15 de marzo presenta una selección de actividades en espacios como el Centro Cultural Universitario, el Colegio de San Ildefonso y el Teatro Santa Catarina.

Esta agenda es solo una pequeña muestra de la gran oferta cultural que la UNAM pone al alcance del público durante todo el año. Para conocer la programación completa, visita:
https://cultura.unam.mx/

Música: Ligia Amadio y Pablo Garibay en la Sala Nezahualcóyotl

Como parte de las Jornadas de mujeres en la música, la directora brasileña Ligia Amadio y el guitarrista mexicano Pablo Garibay ofrecerán un concierto en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario.

El recital se realizará el 15 de marzo a las 12:00 horas, dentro de un ciclo que busca visibilizar la participación y las aportaciones de las mujeres en la música de concierto.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/42702

Cine: Dedo de novia en la Sala Julio Bracho

La programación cinematográfica del CCU incluye la proyección de Dedo de novia, dirigida por Giselle Elias Karam (México, 2025).

La película se exhibirá el 15 de marzo a las 16:00 y 18:30 horas en la Sala Julio Bracho, un espacio que forma parte del circuito cinematográfico universitario dedicado al cine de autor y a las nuevas miradas del cine mexicano.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/dedo-de-novia-5

Exposiciones: El galeón de Acapulco-Manila en San Ildefonso

El Colegio de San Ildefonso, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, presenta la exposición El galeón de Acapulco-Manila. Somos Pacífico. El mundo que emergió del trópico, una muestra que explora el intercambio cultural, económico y artístico que se desarrolló a partir de la histórica ruta transpacífica entre Asia y América.

La exposición puede visitarse de martes a domingo, de 11:00 a 18:00 horas, y permanecerá abierta hasta el 31 de mayo.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/el-galeon-de-acapulco-manila-somos-pacifico-el-mundo-que-emergio-del-tropico

Teatro: Alba en el Teatro Santa Catarina

La escena universitaria presenta Alba, una puesta en escena que revisita tensiones familiares y sociales desde una mirada contemporánea.

Las funciones se realizarán el 14 de marzo a las 19:00 horas y el 15 de marzo a las 18:00 horas en el Teatro Santa Catarina, ubicado en Coyoacán.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/teatro-unam-el-zoologico-de-cristal

Danza: Creadoras en el tiempo en la Sala Miguel Covarrubias

La danza contemporánea también forma parte de la programación del fin de semana con Creadoras en el tiempo, propuesta escénica que reúne distintas miradas coreográficas en torno a la creación femenina.

La función será el 15 de marzo a las 12:30 horas en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/tcunam–creadoras-en-el-tiempo


Estas actividades forman parte de la intensa vida cultural de la UNAM, que cada semana abre sus espacios para que la comunidad universitaria y el público en general disfruten de propuestas artísticas en múltiples disciplinas.

Consulta la cartelera completa y descubre más eventos en:
https://cultura.unam.mx/

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¿Quieres estudiar en la UNAM? El 17 de marzo se abre la convocatoria ampliada para las ENES León, Mérida y Morelia

La ampliación corresponde al Concurso de Selección Ingreso a Licenciatura 2026 y contempla 27 carreras que se imparten en las Escuelas Nacionales de Estudios Superiores ubicadas en León, Mérida y Morelia.

La Universidad Nacional Autónoma de México publicará el martes 17 de marzo la ampliación de la convocatoria del Concurso de Selección Ingreso a Licenciatura 2026 para diversas carreras que se imparten en las Escuelas Nacionales de Estudios Superiores (ENES) en León, Mérida y Morelia.

La convocatoria ampliada permitirá que aspirantes interesados en estudiar en estas sedes de la UNAM puedan registrarse para 27 licenciaturas, entre ellas Comunicación, Turismo y Desarrollo Sostenible, Ecología, Manejo Sustentable de Zonas Costeras, Derecho e Historia del Arte.

Las Escuelas Nacionales de Estudios Superiores forman parte del proyecto de expansión académica de la UNAM en distintas regiones del país y ofrecen programas orientados a atender problemáticas sociales, ambientales, culturales y tecnológicas desde distintas áreas del conocimiento.

Carreras disponibles por sede

ENES León

  • Administración Agropecuaria
  • Ciencias Agrogenómicas
  • Comunicación
  • Desarrollo Territorial
  • Desarrollo y Gestión Interculturales
  • Optometría
  • Traducción
  • Turismo y Desarrollo Sostenible

ENES Mérida

  • Ciencias Ambientales
  • Ciencias de la Tierra
  • Desarrollo y Gestión Interculturales
  • Ecología
  • Geografía Aplicada
  • Manejo Sustentable de Zonas Costeras
  • Sociología Aplicada

ENES Morelia

  • Administración
  • Ciencia de Materiales Sustentables
  • Ciencias Agroforestales
  • Ciencias Ambientales
  • Derecho
  • Ecología
  • Estudios Sociales y Gestión Local
  • Geociencias
  • Geohistoria
  • Historia del Arte
  • Literatura Intercultural
  • Tecnologías para la Información en Ciencias

Fechas clave del proceso

  • El registro de aspirantes se realizará vía internet los días miércoles 25 y jueves 26 de marzo de 2026.
  • El periodo para realizar el pago por derecho a examen estará abierto del miércoles 25 al viernes 27 de marzo.
  • Las personas interesadas deberán consultar la convocatoria ampliada para conocer los requisitos y procedimientos del proceso de selección.
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Un elemento clave para la vida: cómo el manganeso mueve la química del planeta

En la naturaleza ocurren muchos procesos que pasan inadvertidos pero que juegan un papel tan importante que, sin ellos, el equilibrio que conocemos no existiría. Estos procesos implican el intercambio de energía entre átomos y moléculas, un fenómeno que involucra a los electrones.

La fotosíntesis es uno de los ejemplos más conocidos: las plantas utilizan la luz solar para transformar dióxido de carbono (CO₂) y agua en azúcares. En este proceso el agua dona electrones y se libera oxígeno. Otro ejemplo es la respiración celular, donde los alimentos que ingerimos donan electrones que finalmente son capturados por el oxígeno, produciendo CO₂ y agua. La oxidación de metales, como el hierro al formar óxido, también es un proceso de óxido-reducción.

Los procesos redox se definen como el intercambio de electrones entre sustancias. Siempre hay dos partes: oxidación (pérdida de electrones) y reducción (ganancia de electrones). Algunos metales participan activamente en estos procesos, destacando el manganeso.

El manganeso (Mn) es un elemento esencial que puede cambiar fácilmente entre diferentes estados de oxidación (+2, +3, +4, +5, +6 y +7). Esta capacidad lo convierte en un participante clave en numerosas reacciones químicas en ambientes naturales.

Ciclo biogeoquímico del manganeso

El manganeso se encuentra en rocas, suelos y océanos. Su ciclo inicia cuando es liberado por erosión y descomposición mineral. En ambientes con oxígeno, el Mn(II) se oxida a Mn(IV), formando óxidos insolubles que se acumulan en sedimentos. En ambientes sin oxígeno, ciertas bacterias reducen Mn(IV) a Mn(II), utilizándolo para obtener energía.

En ecosistemas marinos forma nódulos ricos en metales en el fondo del mar. En suelos, las plantas lo absorben como nutriente esencial para la fotosíntesis y el crecimiento.

Impacto en procesos naturales

• Fotosíntesis: El manganeso forma parte del complejo que divide la molécula de agua, liberando oxígeno y electrones necesarios para producir azúcares.

• Respiración celular: Participa en enzimas como la superóxido dismutasa, que protege a las células del daño oxidativo.

• Degradación de materia orgánica: Facilita reacciones que aceleran la descomposición realizada por bacterias y hongos.

• Ciclo del nitrógeno: Actúa como cofactor en enzimas que transforman nitrógeno inorgánico en formas orgánicas.

• Formación de minerales: Origina minerales como pirolusita, manganita, rodocrosita y rodonita.

Biorremediación e impacto ambiental

Las actividades humanas pueden alterar el ciclo del manganeso. Su exceso puede contribuir a la eutrofización de cuerpos de agua, reduciendo el oxígeno disponible para organismos acuáticos.

No obstante, el manganeso también tiene potencial en biorremediación. El Mn (IV) puede adsorber metales pesados como plomo o cadmio, oxidar arsénico a formas menos tóxicas, estimular la degradación de hidrocarburos y promover la desnitrificación al transformar nitratos en nitrógeno gaseoso.

Para terminar

El manganeso desempeña un papel fundamental en los procesos redox naturales. Aunque las actividades humanas pueden afectar su ciclo, también ofrece oportunidades prometedoras para la remediación ambiental. Su estudio y aplicación a gran escala representan un campo de investigación con gran potencial.

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La tecnología con la que la UNAM descubre ciudades enterradas sin excavar

Como si cambiara el látigo por un radar y el sombrero por un casco de campo bajo 45 grados de temperatura, un arqueómetra de la UNAM se parece menos a Indiana Jones y más a un médico frente a una tomografía. No salta sobre trampas imposibles: mira bajo el suelo sin alterarlo, traduce datos numéricos invisibles en historias humanas y decide, con precisión científica, dónde excavar y dónde no tocar.

Es el trabajo Luis Alberto Barba Pingarrón, responsable del Laboratorio de Prospección Arqueológica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, un espacio pionero en México que desde 1983 “ve” lo que está enterrado antes de excavar.

Un laboratorio que hace “imagenología” del pasado

El laboratorio funciona como una sala de imagenología arqueológica. Así como la medicina utiliza radiografías, tomografías o resonancias para tomar decisiones informadas sobre una cirugía, la prospección arqueológica emplea herramientas de la física y la química para visualizar el subsuelo sin destruirlo.

Primero, imágenes aéreas y satelitales permiten una aproximación general. Después, tecnologías como el registro topográfico y el LIDAR documentan la superficie. Finalmente, entran en acción tres técnicas geofísicas clave:

  • Magnetometría, para detectar materiales con propiedades magnéticas, como piedras volcánicas.
  • Técnicas eléctricas, que revelan obstáculos en el terreno al paso de la corriente.
  • Radar de penetración terrestre (GPR), que no solo identifica lo que hay debajo, sino también determina la profundidad.

Cuando se requiere mayor detalle, el personal toma muestras del suelo para analizar residuos químicos capaces de revelar actividades humanas antiguas: hornos de cal, talleres de cerámica y metalurgia o espacios de preparación de alimentos que dejan huellas químicas que sobreviven siglos.

En más de cuatro décadas de trabajo, el laboratorio ha estudiado más de 250 sitios arqueológicos en México y una docena más en Europa, Asia, Medio Oriente y Sudamérica.

En 2014, el equipo mexicano trabajó en uno de los edificios más emblemáticos del mundo: Santa Sofía, en Estambul, Turquía. En colaboración con la Universidad de Calabria y con apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, realizaron un diagnóstico integral del edificio. Mientras otros especialistas reconstruían digitalmente la estructura y analizaban materiales arquitectónicos, el equipo de la UNAM estudió lo que se encontraba bajo el piso de la nave central.

El radar permitió detectar restos de una estructura anterior enterrada bajo la catedral —hoy mezquita—, cuya historia se remonta al siglo III o IV y que atravesó múltiples transformaciones religiosas y políticas desde su origen en el Imperio Romano de Oriente.

“Fue un privilegio poder estudiar el subsuelo de un edificio tan impresionante”, recuerda Barba Pingarrón. Los resultados derivaron en una propuesta metodológica para el diagnóstico de edificios históricos en pie y en la publicación de un libro especializado.

Ciudades bíblicas, tsunamis y asentamientos árabes

Antes de que la región se volviera escenario de conflictos, el laboratorio trabajó en Magdala, a orillas del lago de Galilea, en Israel, donde con técnicas geofísicas identificaron restos de una ciudad mencionada en relatos bíblicos. Excavaciones posteriores confirmaron habitaciones, baños rituales, mercados y sinagogas.

En Penco, al sur de Chile, el radar permitió localizar vestigios de una ciudad sepultada por un tsunami en el siglo XVIII y reconstruida años después. En Chiclana de la Frontera, Cádiz, España, identificaron bajo campos de trigo los restos de un antiguo asentamiento árabe con murallas, casas y hornos.

El calor olmeca y el aprendizaje de los datos

En México, el equipo ha trabajado en sitios emblemáticos del área olmeca, como La Venta, San Lorenzo Tenochtitlan y Cerro de las Mesas, bajo temperaturas que alcanzan los 45 grados y humedades extremas.

En el Zapotal, Veracruz, jornadas que comenzaban a las 5:30 de la mañana fueron necesarias para evitar golpes de calor. Ahí, mediante magnetometría, detectaron prismas basálticos acomodados de tal forma que formaban cámaras funerarias. Sin embargo, el propio investigador reconoce que en sus primeras etapas no siempre era posible interpretar correctamente las señales.

“La experiencia te enseña a leer los datos”, explica. Décadas después, aquellas anomalías magnéticas incomprensibles se han vuelto patrones reconocibles.

Una historia pionera

El laboratorio comenzó formalmente en 1983, cuando apenas contaba con un magnetómetro y algunas pruebas químicas. Ese mismo año llegó la primera computadora y se construyó un laboratorio móvil para trasladar los equipos al campo.

Con el tiempo se integraron al laboratorio especialistas como Agustín Ortiz, en el área química, y Jorge Blancas, en geofísica, así consolidaron un equipo interdisciplinario que ha colocado a la UNAM en el mapa internacional de la prospección arqueológica.

No han faltado obstáculos: aduanas que confunden equipos científicos con armas, cables extraviados en expediciones internacionales, garrapatas en potreros de Veracruz o temperaturas extremas en Tabasco o Yucatán. Pero el saldo, dice Barba Pingarrón, ha sido muy positivo.

El futuro bajo tierra

Tras más de 49 años de trayectoria, el investigador reconoce que el reto ahora es doble: renovar el equipamiento —costoso y generalmente importado— y formar nuevas generaciones.

Quienes deseen integrarse pueden hacerlo desde la arqueología, especializándose en técnicas geofísicas y químicas, o desde áreas como geofísica, geología, ingeniería o química, con interés en el pasado.

Porque si bien la imagen romántica del arqueólogo sigue ligada a la aventura cinematográfica como Indiana Jones, la verdadera exploración hoy ocurre en pantallas llenas de datos, gráficos y mapas de restos enterrados invisibles al ojo humano.

Y aunque Luis Alberto Barba Pingarrón admite que no es bueno con el látigo, su laboratorio demuestra que, en el siglo XXI, la arqueología convive con la arqueometría y las ciencias en un diálogo permanente.

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Vulvodinia: una condición infradiagnosticada e incomprendida socialmente

Aunque no existe una cifra exacta sobre su prevalencia —principalmente porque se trata de una condición con frecuencia infradiagnosticada—, el consenso en la literatura científica estima que entre el 8 % y el 16 % de las mujeres en el mundo experimentará vulvodinia en algún momento de su vida.

A diferencia de otros padecimientos ginecológicos que presentan signos clínicos evidentes o pruebas diagnósticas concluyentes, la vulvodinia no presenta manifestaciones clínicas objetivables que expliquen el dolor. Esta característica no sólo dificulta su diagnóstico, sino que coloca a las pacientes en una situación especialmente vulnerable: con frecuencia deben enfrentarse a la duda, la minimización o incluso la incredulidad. El resultado es un doble peso: el del dolor físico persistente y el de la carga emocional de no sentirse comprendidas.

¿Qué dificultades enfrentan quienes viven con esta condición dolorosa crónica en una zona tan íntima y sensible? ¿Cómo impacta en su identidad, en su bienestar emocional y en su vida cotidiana? Y, sobre todo, ¿existen alternativas que les permitan recuperar su calidad de vida y su tranquilidad?

Para comprender mejor esta condición y sus implicaciones clínicas, UNAM Global entrevistó a la Dra. Fanny Montero, de la Facultad de Medicina de la UNAM. La especialista explicó que la vulvodinia es una afección caracterizada por dolor crónico en la vulva durante más de tres meses, sin que exista una causa visible o identificable —como infección, lesión o alguna enfermedad dermatológica o ginecológica— que lo justifique.

Se trata de un trastorno complejo que, aunque no presenta alteraciones evidentes en la exploración física, genera un sufrimiento real y un impacto significativo en la vida de quienes lo padecen.

Causas

La especialista señaló que el origen de la vulvodinia no se conoce con certeza, ya que se trata de una afección multifactorial. Puede aparecer de manera espontánea o desencadenarse en situaciones específicas, como permanecer sentada durante periodos prolongados, usar tampones o mantener relaciones sexuales.

Entre los mecanismos que podrían intervenir se encuentran alteraciones en las terminaciones nerviosas de la vulva, que generan hipersensibilidad; así como hipertonía del piso pélvico, es decir, una contracción constante de los músculos de esta zona, como si permanecieran permanentemente tensos.

También pueden influir procesos inflamatorios microscópicos persistentes en el tejido, infecciones previas mal tratadas o incluso infecciones asintomáticas. A ello se suman los cambios hormonales —como los que ocurren durante la menopausia—, que en algunas mujeres pueden actuar como desencadenantes.

Esta combinación de factores explica por qué no siempre se identifican hallazgos clínicos durante la exploración y por qué el diagnóstico puede resultar complejo.

Retos en su detección

Uno de los principales obstáculos en el diagnóstico de la vulvodinia es que no cuenta con una prueba específica que la confirme. A diferencia de otras afecciones ginecológicas que pueden corroborarse mediante estudios de laboratorio o de imagen, su identificación se basa en la exclusión de otras causas de dolor vulvar.

Esta característica suele provocar retrasos diagnósticos y confusiones con infecciones vulvovaginales recurrentes —como la candidiasis—, incluso cuando no existen datos clínicos que las respalden. Como consecuencia, algunas pacientes reciben tratamientos innecesarios, lo que incrementa la frustración y prolonga el malestar.

Aunque no haya hallazgos evidentes en la exploración física, el dolor es real y tiene fundamentos fisiológicos. Sin embargo, la falta de marcadores objetivos y su naturaleza multifactorial han contribuido a que la vulvodinia siga siendo una condición poco reconocida, pese a su impacto significativo en la calidad de vida de millones de mujeres.

Tratamiento

El abordaje de la vulvodinia no es único ni universal; requiere un enfoque integral y multidisciplinario. La Dra. Fanny Montero explicó que, en el plano físico, la fisioterapia especializada en piso pélvico constituye una herramienta fundamental, ya que permite trabajar la musculatura y disminuir la hipersensibilidad en la zona.

En algunos casos, también se emplean medicamentos para el manejo del dolor, así como tratamientos tópicos —por ejemplo, lubricantes que pueden utilizarse antes de las relaciones sexuales—. La especialista subrayó que la automedicación no es recomendable. Dado que el diagnóstico se establece tras descartar otras patologías, es indispensable acudir con profesionales de la salud capacitados que realicen una valoración adecuada y diseñen un plan terapéutico personalizado.

El acompañamiento psicológico también desempeña un papel importante, no porque el origen del trastorno sea emocional, sino porque el manejo del dolor crónico exige atender el bienestar mental. Este aspecto resulta especialmente relevante, ya que muchas pacientes desarrollan ansiedad anticipatoria ante los encuentros sexuales, lo que puede llevarlas a evitar el contacto íntimo o a experimentar sentimientos de culpa y frustración. Estas dinámicas pueden afectar de manera significativa la relación de pareja y la autoestima.

Más allá del ámbito sexual, la calidad de vida puede verse comprometida. Actividades cotidianas tan simples como sentarse, cambiar de posición o usar cierta ropa pueden convertirse en experiencias dolorosas. La persistencia del malestar, sumada a la sensación de incomprensión o minimización del dolor, puede derivar en desgaste emocional, irritabilidad y tristeza.

¿Cómo hacer visible este trastorno?

Reconocer la vulvodinia es el primer paso para evitar un sufrimiento innecesario y prolongado en millones de mujeres. La Dra. Fanny Montero señaló que, tanto en el ámbito social como en el médico, persiste una brecha importante en información y sensibilización. Por ello, es fundamental ampliar la difusión para que más mujeres sepan que este padecimiento existe y que tiene tratamiento.

“El mensaje para quienes experimentan síntomas es claro: el dolor persistente no es normal y no debe ignorarse. Si hay ardor, punzadas o molestias vulvares durante más de tres meses, es indispensable buscar una evaluación médica. El dolor es real, es válido y puede tratarse. Recuperar la calidad de vida y el bienestar sexual es posible cuando la condición se aborda de manera integral y con el acompañamiento adecuado”, destacó la especialista.

Visibilizar este trastorno también implica normalizar la conversación sobre el dolor sexual. Muchas mujeres callan por vergüenza, por creer que se trata de algo “normal” o por temor a no ser tomadas en serio. Con frecuencia, sólo cuando el profesional de la salud pregunta de forma directa y abierta surge la confianza necesaria para hablar. Generar espacios seguros y libres de juicios resulta clave para que estos síntomas salgan a la luz.

En el plano social, es igualmente necesario partir de una premisa básica: cuando una mujer expresa que siente este dolor, debe ser escuchada y creída. No es exageración ni invención. La ausencia de una causa visible no invalida la experiencia. El largo recorrido por consultas, estudios y opiniones médicas sin respuestas claras suele generar frustración, duda e incluso culpa; cambiar esta percepción exige mayor educación, empatía y apertura.

A ello se suma la necesidad de fortalecer la formación del personal de salud e incorporar la vulvodinia en guías clínicas y protocolos de atención. Integrar este padecimiento en los programas académicos y en la práctica médica cotidiana contribuiría a reducir el subdiagnóstico y a ofrecer intervenciones oportunas y basadas en evidencia.

Finalmente, es indispensable fortalecer la investigación en este campo, particularmente en regiones como Latinoamérica, donde los estudios aún son limitados. Ampliar el conocimiento permitirá comprender mejor sus causas, desarrollar tratamientos más específicos y otorgar mayor visibilidad académica y social a un problema que, aunque no siempre sea evidente, puede resultar profundamente incapacitante.

Legitimar el dolor

La vulvodinia es una condición real, compleja y todavía insuficientemente reconocida que impacta de manera profunda la vida física, emocional y relacional de las mujeres que la padecen. Hacer visible este trastorno implica informar, formar, investigar y, sobre todo, validar. Hablar de la vulvodinia abiertamente no sólo amplía el conocimiento médico: también devuelve a muchas mujeres la certeza de que su experiencia es válida y de que recuperar su calidad de vida es posible.

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¿Los zoológicos son necesarios en pleno siglo XXI?

• Los zoológicos tienen un origen muy antiguo y han evolucionado para convertirse en lo que ahora muchos especialistas consideran centros de conservación.

Aunque han sido muy cuestionados por quienes defienden el bienestar animal, actualmente muchos zoológicos buscan funcionar como espacios dedicados a la conservación de especies, la investigación científica y la educación ambiental.

La biodiversidad enfrenta amenazas sin precedentes por el cambio climático, la destrucción de hábitats y el tráfico ilegal de especies. En ese contexto, algunos especialistas señalan que los zoológicos pueden desempeñar un papel importante dentro de las estrategias de conservación.

Al respecto, UNAM Global entrevistó a dos especialistas: Itzcóatl Maldonado Reséndiz, secretario académico del Programa Universitario de Bioética y académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, y Gerardo López Islas, académico de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, UNAM.

¿En pleno siglo XXI los zoológicos son necesarios?

En pleno siglo XXI, los problemas de conservación y de impacto ecológico hacia las poblaciones de animales silvestres se han agudizado, dijo Itzcóatl Maldonado Reséndiz.

De hecho, crisis como la deforestación y el calentamiento global han provocado que muchas poblaciones de fauna silvestre se vean reducidas debido a las actividades humanas.

Por ello, en algunos casos se ha tenido que recurrir a que ciertas especies o poblaciones se mantengan bajo el cuidado del ser humano mientras se desarrollan estrategias que permitan recuperar o proteger sus ecosistemas.

La intención es que, cuando las condiciones lo permitan, esos ejemplares puedan regresar a sus espacios naturales.

Mientras tanto, todos los zoológicos tienen la obligación de garantizar condiciones adecuadas de bienestar para los animales, añadió Maldonado Reséndiz.

De acuerdo con Gerardo López Islas, los zoológicos tienen un origen muy antiguo y han evolucionado para convertirse en lo que hoy se conoce como centros de conservación.

Originalmente eran colecciones particulares destinadas al goce de monarcas o gobernantes. Un ejemplo histórico es el caso de Moctezuma, quien mantenía una colección de animales silvestres en el México prehispánico. Sin embargo, también existía un interés por observar y conocer esas especies, explicó López.

Ese concepto histórico ha evolucionado y en el siglo XXI el término zoológico a veces se percibe como limitado, por lo que algunos especialistas prefieren hablar de centros de conservación.

Para Gerardo López, el objetivo de un zoológico ya no es únicamente la recreación, sino principalmente la educación del público, no sólo para aprender de zoología sino para generar conciencia sobre la problemática ambiental que enfrenta el planeta.

Por ejemplo, estos espacios permiten que las personas, especialmente los niños, comprendan la situación de muchas especies de fauna que están desapareciendo de forma acelerada.

Al observarlas y conocer su historia, pueden entender su importancia dentro de los ecosistemas.

“Conocer a las especies silvestres es fundamental para quererlas y respetarlas, saber cómo manejarlas y conservarlas”.

¿Mantienen en buenas condiciones a los animales?

Las poblaciones silvestres viven en ecosistemas muy amplios que les proporcionan alimento, agua, refugio frente a la lluvia, el viento o el Sol, así como espacio suficiente para realizar sus conductas naturales.

Entre ellas se encuentran buscar alimento, cazar, desplazarse y encontrar pareja para reproducirse.

En la naturaleza, estos recursos se encuentran disponibles, pero para obtenerlos los animales suelen requerir territorios extensos.

En un zoológico, en cambio, los animales habitan espacios más reducidos, pero reciben alimento, atención veterinaria y protección frente a condiciones ambientales adversas.

Para Itzcóatl Maldonado, los zoológicos, al tener animales en cautiverio, deben desarrollar programas de enriquecimiento ambiental para compensar algunas de estas limitaciones.

Estos pueden incluir estímulos olfativos, auditivos, físicos o cognitivos, con el objetivo de promover comportamientos naturales y mantener a los animales activos.

Bienestar no es sinónimo de libertad

“El cautiverio no necesariamente debe asociarse automáticamente con depresión”, explica Maldonado.

Los estados mentales negativos —como estrés o ansiedad— pueden existir tanto en libertad como bajo cuidado humano. La diferencia radica en las condiciones en las que vive el animal.

La definición más aceptada proviene de la Organización Mundial de Sanidad Animal, que entiende el bienestar como el estado físico y mental del animal en relación con las condiciones en que vive.

Esto implica salud, alimentación adecuada, seguridad, posibilidad de expresar conductas naturales y estabilidad social.

López Islas coincide en que el concepto es complejo y señala que, en el debate público, a menudo se mezclan argumentos científicos con posturas éticas o ideológicas.

En biología, explica, el bienestar animal suele evaluarse a partir de indicadores fisiológicos, conductuales y reproductivos más que desde conceptos morales abstractos.

En vida silvestre, los animales también enfrentan depredación, hambre, enfermedades y condiciones climáticas extremas.

Por ello, el bienestar puede medirse mediante indicadores como niveles hormonales, condición corporal, interacción social y capacidad de reproducirse con éxito.

¿Para quién existen los zoológicos?

Para López Islas, la respuesta es clara: para la sociedad en su conjunto.

“El público y la ciencia es lo mismo: somos parte de una misma sociedad”, afirma.

Además de su función en investigación y conservación, los zoológicos cumplen un papel educativo y cultural.

En la Ciudad de México, por ejemplo, el acceso gratuito busca garantizar que cualquier persona pueda tener contacto directo con especies que difícilmente vería en su entorno cotidiano.

La experiencia, sostiene, va más allá del entretenimiento: puede generar asombro, empatía y conciencia ambiental.

Maldonado agrega que los zoológicos modernos han evolucionado de espacios centrados en la exhibición hacia modelos que buscan priorizar el bienestar animal, con recintos diseñados para ofrecer privacidad, enriquecimiento y estímulos adecuados.

Conservación y conocimiento científico

Ambos académicos subrayan que la información generada en colecciones bajo cuidado humano ha sido fundamental para comprender mejor la biología de muchas especies.

Programas de reproducción en cautiverio han contribuido a recuperar poblaciones como la del lobo mexicano, mientras que otros casos, como el del ajolote de Xochimilco, muestran la importancia de mantener poblaciones de respaldo cuando el hábitat natural se encuentra gravemente deteriorado.

No todas las especies, sin embargo, pueden adaptarse al cautiverio.

López Islas menciona el caso de la vaquita marina, cuya captura para protección resultó inviable debido a su alta sensibilidad al manejo.

Espacio, conducta y enriquecimiento

Una crítica recurrente señala que animales como los leones recorren grandes distancias en libertad, mientras que en cautiverio disponen de menos espacio.

López Islas explica que en la naturaleza los animales recorren territorio principalmente para encontrar alimento, agua y oportunidades de reproducción.

En cautiverio, estos recursos son proporcionados, lo que reduce la necesidad de desplazamiento constante.

Para estimular conductas naturales, los zoológicos aplican prácticas de enriquecimiento ambiental, como estructuras para trepar, variaciones en el entorno o simulaciones de caza mediante objetos o “presas” artificiales.

“El enriquecimiento permite estimular sus capacidades físicas y cognitivas”, señala.

Cuando el debate se polariza

Ambos académicos advierten que el bienestar animal requiere evaluación constante, recursos económicos y supervisión técnica especializada.

Coinciden en que existen malas prácticas y casos de manejo irresponsable fuera de instituciones formales, pero subrayan que la discusión debe basarse en evidencia científica y no en generalizaciones.

Más allá del blanco y negro

El dilema entre libertad y cautiverio no admite respuestas absolutas.

Para Maldonado, el bienestar animal no es algo que se “entregue”, sino el resultado de condiciones adecuadas que permiten al animal enfrentar su entorno de manera positiva.

Para López Islas, los centros de conservación forman parte de una red más amplia de instituciones dedicadas a generar conocimiento, fortalecer la educación ambiental y promover la protección de la biodiversidad.

En un contexto de pérdida acelerada de especies, ambos coinciden en que el debate es legítimo y necesario.

La pregunta no es si debe existir, sino cómo garantizar que las decisiones se tomen con base en ciencia, ética y responsabilidad ambiental.

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Organizan en Boston la edición 2026 del Invierno Puma

La sede de la UNAM en Boston (Centro de Estudios Mexicanos) llevó a cabo la edición 2026 del programa Invierno Puma, que reunió a casi 20 estudiantes provenientes de diversas entidades académicas de la UNAM y de otras universidades públicas y privadas de México. Durante enero, las y los participantes vivieron una experiencia intensiva de inmersión en la cultura de Nueva Inglaterra y en el uso académico y profesional del idioma inglés.

El curso combinó clases con profesores anglófonos, actividades prácticas en aula y visitas temáticas a sitios emblemáticos de Boston. El programa incluyó sesiones sobre historia, diversidad, migración y activismo en Estados Unidos, así como recorridos por el Freedom Trail, Harvard Square, el Museo de Ciencia y la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy, entre otros espacios representativos.

Asimismo, el grupo asistió a conferencias en instituciones como el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la Universidad Northeastern, además de participar en sesiones informativas sobre programas de posgrado en la Universidad de Massachusetts Boston. Estas actividades permitieron a las y los estudiantes conocer de primera mano la oferta académica y las oportunidades de formación en Estados Unidos.

Además del fortalecimiento lingüístico, el programa buscó desarrollar competencias académicas clave. Las y los participantes elaboraron cartas de motivos requeridas en proceso de solicitud de programas de posgrado, ensayos de investigación y realizaron simulaciones de entrevistas universitarias y laborales en inglés. Uno de los momentos destacados fue la visita a la Corte Federal de Boston John Joseph Moakley, donde conocieron las instalaciones y el funcionamiento del sistema judicial estadounidense.

Durante la ceremonia de clausura, Javier Laguna, director de UNAM-Boston, felicitó a las y los estudiantes por su compromiso con su formación integral y los invitó a continuar aprovechando oportunidades internacionales. “Este tipo de programas son una plataforma para crecer, conocerse mejor y proyectarse al mundo. Aprovechen lo aprendido aquí para construir un futuro con mayor conciencia global”, expresó.

Por su parte, la profesora del curso, Loren Skelly, destacó que la experiencia docente fue especialmente enriquecedora. Señaló que compartir la historia y la cultura de Boston con estudiantes mexicanos, así como conocer sus intereses y perspectivas, convirtió las clases y salidas académicas en espacios de aprendizaje mutuo.

Albis Mejía, Asesora Académica del programa Student Support Services de UMass Boston, quien participó en la ceremonia de clausura, señaló que la movilidad internacional representa una experiencia transformadora de crecimiento intelectual, cultural y profesional. Destacó que Boston ofrece un entorno académico de excelencia que fomenta el pensamiento crítico, la investigación y el diálogo interdisciplinario, al tiempo que fortalece la independencia, las habilidades interculturales y el compromiso académico de las y los estudiantes, quienes regresan con una perspectiva global ampliada.

La experiencia dejó una huella significativa en las y los participantes. Ximena Cortés Salinas, estudiante de Administración de la Facultad de Contaduría y Administración, señaló que el programa le dejó aprendizajes, amistades y una visión renovada de su futuro académico y profesional, al visitar universidades de prestigio y asistir a actividades que transformaron su manera de pensar.

Sandra Guadalupe Fernández Bedolla, estudiante de Matemáticas de la Facultad de Ciencias, destacó que el programa le permitió conocer la historia, el arte y la cultura de la ciudad, además de convivir con personas que marcaron su experiencia. Afirmó que la estancia representó un antes y un después en su forma de ver la vida.

Para Gabriela Edith Pluma Flores, egresada de la Licenciatura en Química Farmacéutico Biológica de la FES Zaragoza, la experiencia fortaleció sus habilidades en inglés y su preparación para entrevistas académicas y laborales, además de brindarle una perspectiva más amplia sobre oportunidades educativas y profesionales en el extranjero.

El programa Invierno Puma forma parte de las iniciativas de internacionalización de la UNAM que buscan fortalecer la formación integral del estudiantado mediante experiencias académicas y culturales en contextos globales.

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Electricidad hecha por bacterias: la sorprendente ciencia de las biobaterías

Desde la infancia, todos hemos aprendido la importancia que tienen las pilas o baterías en nuestra vida diaria. Los juguetes, el control del televisor, el reloj en nuestra pared y muchos otros aparatos electrónicos dejan de funcionar si “se acaban las pilas”, como coloquialmente decimos. Lamentablemente, cuando se agota la energía de las baterías, se convierten en residuos peligrosos por los componentes químicos de los que están hechas y porque una sola pila puede contaminar hasta 3 000 litros de agua, si no son dispuestas adecuadamente en los lugares diseñados para ello. A pesar de saber el impacto negativo que pueden ocasionar, no dejamos de utilizarlas. Afortunadamente, a principios del siglo XX, el descubrimiento de un científico inglés —Potter— comenzó a sonar fuerte porque descubrió bacterias que podían producir electricidad y con esto nació la invención de las pilas biológicas.

Las bases para la invención de las pilas biológicas (también conocidas como baterías microbianas o biobaterías), el cómo funcionan, su importancia y retos, los platicaremos en esta historia.

Potter… pero no Harry Potter

Aunque el apellido Potter y la nacionalidad coinciden con la del famoso mago de una saga inglesa de libros de ciencia ficción, no fue este mago quien hizo el descubrimiento del que queremos platicar. Fue Michael C. Potter quien descubrió a unas verdaderas magas: bacterias capaces de transformar su comida —compuestos orgánicos— en una corriente eléctrica aprovechable como la que producen las pilas o baterías que usamos diariamente.

La mejora en este tipo de invenciones a lo largo de la historia ha sido un proceso largo y complicado. Una de las grandes ventajas que ofrecen las biobaterías es su capacidad para usar residuos fisiológicos como orina y convertirlos en electricidad. Incluso la NASA ha considerado la posibilidad de implementar esta tecnología en sus vuelos espaciales, para el aprovechamiento de los residuos fisiológicos de sus tripulantes.

Antes de entender cómo lo hacen, veamos de qué están hechas estas baterías microbianas tan especiales.

Ánodo: línea de salida de los electrones

Las pilas biológicas, similar a las pilas que conocemos, constan de dos partes principales: un ánodo —lado negativo— y un cátodo —lado positivo—. La fabricación de electrones responsables de generar una corriente eléctrica comienza en la sección anódica, una sección de las pilas biológicas donde se resguarda una especie de “pólvora” que describiremos y que habrá de convertirse en energía.

En el caso de las pilas biológicas, por pólvora nos referimos a los compuestos orgánicos disueltos en el agua que servirán como alimento para un grupo de bacterias que tienen una característica muy particular: no necesitan al oxígeno para respirar. Es más, no debe haber oxígeno en esta sección porque es tóxico para este grupo de bacterias y afecta el funcionamiento de las pilas biológicas.

La sección anódica recibe este nombre porque dentro de este espacio debe haber un material que servirá como “concentrador” y “aspirador” de electrones, al que en el lenguaje científico se le conoce como ánodo. Este material debe reunir ciertas características, pero la principal es que debe ser un buen conductor de la electricidad. El ánodo es la línea de salida donde iniciará la carrera de los electrones para generar una corriente eléctrica a lo largo del camino, hasta llegar a la meta que es el cátodo.

Bacterias tipo anguilas eléctricas: las magas de esta historia

Antes de continuar con la carrera de los electrones y llegar al cátodo, nos gustaría hacer una pausa para hablar del cómo las bacterias —como por obra de magia o más bien ciencia— son capaces de producir los electrones. En el caso de la pólvora convencional, sabemos que es capaz de liberar una gran cantidad de energía que apreciamos como un gran estruendo, luminosidad y/o calor. Sin embargo, podemos tener pólvora, pero mientras no haya una chispa no hay manera de que explote.

En las pilas biológicas, las bacterias son para los compuestos orgánicos lo que la chispa es para la pólvora: la señal de salida para comenzar a producir electrones. Sin embargo, no todas las bacterias tienen la capacidad de convertir los compuestos orgánicos en electrones y generar una corriente eléctrica.

Para empezar, como se mencionó previamente, deben ser bacterias anaerobias, en otras palabras, que no respiren el oxígeno. Estas bacterias son en realidad un grupo de bacterias muy selectas a las que se les conoce con nombres tan sofisticados como “anodofílicas”, “exoeletrógenas” o también como bacterias electroquímicamente activas. Geobacter sulfurreducens y Shewanella oneidensis son las líderes de este grupo. Ellas, al igual que otras que tienen este poder, utilizan los compuestos orgánicos presentes en el agua para alimentarse y, además, se dan el lujo de desperdiciar energía —que les sobra— en forma de electrones, que serán “aspirados” por el ánodo.

Cátodo: la meta de los electrones

Retomando el viaje de los electrones… el ánodo debe estar forzosamente conectado a un cátodo —línea de meta— que se encontrará en algunas ocasiones sumergido en un medio acuoso o que puede ser también un material conductor que esté en contacto directo con el aire. Imaginemos que la conexión entre el ánodo y el cátodo es la manguera de una aspiradora; el ánodo —como ya se mencionó— es la entrada de los electrones al circuito de la competencia; el cátodo funcionará como el “motor de la aspiradora” que “succiona” a los electrones.

Para las biobaterías podemos tener diferentes tipos de motores. El oxígeno es el mejor aceptor de electrones que tenemos naturalmente y es el mejor “motor de aspiradora” para que las baterías microbianas tengan el mejor funcionamiento. Cuando los electrones alcanzan su meta —el oxígeno—, su premio son los protones y se convierten en ganadores —en agua— (Figura 2). Sin embargo, se han evaluado otros compuestos o elementos que también pueden servir como aceptores de los electrones “motor de aspiradora” pero el funcionamiento de producción de bioelectricidad no es el mejor, por ejemplo, utilizando metales pesados oxidados.

La membrana como bolsa interna de una aspiradora

Antes de terminar de hablar de cómo los electrones producen la corriente eléctrica durante su viaje desde el ánodo al cátodo, hace falta mencionar un componente importante en las biobaterías. Como parte de la descomposición de los compuestos orgánicos se producen protones. Estos protones deben llegar al cátodo para reunirse con los electrones y el oxígeno y así completar el ciclo para la generación de la corriente eléctrica. Sin embargo, ellos toman otra ruta para llegar al cátodo.

Retomemos el ejemplo de la aspiradora. Un componente importante de las aspiradoras es la bolsa porosa en su interior que permite retener las partículas de polvo aspiradas y eliminar el aire limpio al exterior. Para el caso de las pilas biológicas, consideraremos que los protones son como el aire limpio que logra pasar la bolsa porosa y que permite que la aspiradora siga funcionando correctamente. Si no existiera esta bolsa o estuviera rota, todo lo aspirado entraría por la manguera y saldrían partículas de polvo por el respiradero de la aspiradora.

Otro caso sería que la bolsa estuviera muy sucia o saturada, de modo que ya no funcionara correctamente y, por tanto, no permitiera el paso de los protones. Solo los protones deben atravesar libremente la membrana, que actúa como la bolsa de la aspiradora, para unirse con los electrones y el oxígeno para completar la producción de corriente eléctrica. En otras palabras, la producción de electrones, su colecta en el ánodo, la conducción a través del circuito, la llegada al cátodo y el viaje de los protones, ocurren al mismo tiempo para generar la bioelectricidad.

Bondades de las biobaterías

A diferencia de las baterías comunes que circulan y usamos diariamente con potencial de contaminar grandes volúmenes de agua, suelo y aire por sus componentes, las biobaterías representan una opción para limpiar el agua residual y transformar sus componentes orgánicos en bioelectricidad, gases combustibles u otros compuestos de valor agregado.

Además, la desintegración de los componentes orgánicos del agua residual se traduce en un método de tratamiento para la recuperación de la calidad del agua. A diferencia de las baterías tradicionales, las baterías microbianas descontaminan el agua. También se ha evaluado la posibilidad de la eliminación de metales pesados a partir de aguas como drenajes ácidos de minas, logrando recuperar, la calidad del agua y, por qué no, se han propuesto como técnica de recuperación de metales a la que podríamos referirnos como bioelectrominería.

Retos para su implementación en la vida diaria

Las pilas biológicas, baterías microbianas o biobaterías como productoras de bioelectricidad aún se encuentran lejos de ser escalables y por supuesto, comercializables. El armazón de estas biobaterías necesita de grandes áreas en el ánodo y cátodo que comprometen su escalabilidad. Además, algunos componentes, como la membrana, siguen siendo muy costosos y llevar a la práctica estas baterías microbianas no es todavía rentable. Sin embargo, no olvidemos que Roma no se construyó en un día. Los científicos siguen apostando en la optimización de esta tecnología para aplicarla en un futuro no muy lejano, debido a todas las bondades que representa.

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De la UNAM a Alemania: historias de cambio, aprendizaje y autonomía

La International House de la Universidad Libre de Berlín fue punto de encuentro para estudiantes de movilidad de la UNAM que gracias a las becas de la Dirección General de Cooperación e Internacionalización (DGECI) y del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán) realizaron un semestre en distintas universidades alemanas. La reunión, encabezada por UNAM Alemania, tuvo como objetivo conocer de cerca a las y los estudiantes, escuchar sus perspectivas y presentar las funciones de la sede, para que la reconozcan como un espacio de acompañamiento y apoyo durante su estancia académica. Algunos acudieron de manera presencial; otros se conectaron virtualmente desde distintas ciudades. Sin embargo, todas y todos llegaron con algo en común: experiencias de crecimiento marcadas por el choque cultural, el sentido de independencia, la adaptación y el descubrimiento de nuevas formas de aprender.

Uno de los temas abordados fue el contraste entre sistemas educativos. En Alemania, explicaron, la autonomía es central: menos clases presenciales, más autogestión y evaluaciones que exigen disciplina. El cambio, aunque retador, fortalece la independencia académica y personal.

Un punto clave en el que coincidieron fue el idioma. Incluso quienes ya contaban con certificaciones señalaron que aprender alemán es fundamental para integrarse plenamente a la vida universitaria y cotidiana. También surgieron experiencias sobre la burocracia y la adaptación que se debe prever si se planea hacer movilidad estudiantil: trámites migratorios, vivienda, seguros médicos y procesos administrativos que, aunque complejos en algunos casos, se vuelven parte del aprendizaje de vivir en otro país y requieren planearse con suficiente anticipación. Entre las y los participantes también se repitió una idea: la UNAM es reconocida fuera de México y su formación permite competir y colaborar en igualdad de condiciones con estudiantes de otras universidades del mundo.

Las y los alumnos coincidieron en tres puntos: autonomía académica, idioma y gestión de trámites. Tanyz Victe Haber seleccionada con la beca KOSPIE en la Universidad de Saarlandes, contó cómo un curso intensivo de alemán y el apoyo del DAAD fueron claves para su integración, y cómo la estancia se conecta con su ruta profesional. Alfredo Meléndez desde Ostfalia Hochschule, subrayó que el alemán puede ser retador incluso con certificación B2 y que una referencia del DAAD puede ayudar en el proceso de visa.

Pero más allá de lo práctico, los testimonios mostraron el impacto profundo de la movilidad.

Mateo Aguilar Prieto, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Libre de Berlín, describió su estancia como un detonador personal e intelectual. Vivir solo y tomar decisiones cotidianas, explicó, le ha permitido reorganizar su vida en torno a aprender, conocer y entender. La experiencia, afirmó, le confirmó que con curiosidad y disciplina es posible estudiar en cualquier parte del mundo y que la formación de la UNAM es lo suficientemente sólida para abrir puertas en contextos internacionales.

Cursando un semestre en la Humboldt-Universität zu Berlin, Paulina Navarro, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, relató que estudiar en Alemania ha sido una decisión que transformó su vida. Más allá de lo académico, destacó la posibilidad de construir redes con personas de distintas partes del mundo y descubrir la amplitud de oportunidades que existen como universitaria: recursos, programas, acceso cultural y aprendizaje constante. Reconoció que el intercambio también implica retos, trámites, momentos de soledad, adaptación, pero subrayó que las amistades se convierten en una red de apoyo fundamental.

Desde Múnich, Citlalli Delgado Pérez, estudiante de Negocios Internacionales, compartió que su estancia le ha permitido crecer en un entorno internacional con alta calidad de vida y una dinámica académica que equilibra estudios y vida personal. Destacó el acompañamiento institucional, así como la importancia de aprender el idioma para integrarse. Académicamente, resaltó la oportunidad de vincular teoría y práctica, incluso a través de visitas a empresas internacionales, y aseguró que la movilidad transforma la forma de pensar y de ver el mundo.

Entre los participantes también se repitió una idea: la UNAM es reconocida fuera de México y su formación permite competir y colaborar en igualdad de condiciones con estudiantes de otras universidades del mundo. Al final del encuentro, las y los estudiantes dieron recomendaciones claras que a ellos les hubiera gustado saber: prepararse con anticipación en idioma, documentación y gastos iniciales; aprovechar al máximo las oportunidades académicas; y difundir más los programas de movilidad para que más estudiantes de la UNAM se animen a participar. La reunión evidenció que cada experiencia de movilidad es distinta, pero todas transforman la manera en que el alumnado entiende el aprendizaje, la universidad y su lugar en el mundo.

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Hormonas bajo amenaza: los químicos cotidianos que pueden alterar el cuerpo

Desde el estado de ánimo y el sueño hasta la capacidad de reproducirnos dependen de una red de mensajería química a través de hormonas, que son reguladas por el sistema endocrino. Sin embargo, diversos estudios científicos han identificado agentes sintéticos que pueden interferir con esta comunicación vital y afectar la salud. Se les conoce como disruptores endocrinos u hormonales.

Se les ha vinculado con trastornos metabólicos, cardiovasculares y del desarrollo neurológico, disfunción tiroidea, problemas reproductivos, cáncer y un mayor riesgo de padecer diversas enfermedades graves, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los disruptores se encuentran en compuestos químicos (generalmente utilizados conservadores o colorantes) de objetos plásticos, cosméticos, alimentos procesados, productos de limpieza, pesticidas. El contacto puede ser a través del aire, la alimentación, la piel y el agua. Una característica es su capacidad de «engañar» a nuestro organismo.

“Un disruptor endocrino es una sustancia química, ya sea sintética o natural, capaz de alterar el equilibrio hormonal, pueden imitar a las hormonas naturales del cuerpo, como el estrógeno, o bloquear los receptores hormonales”, describe la doctora Leticia Morales Ledesma, de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM.

Estos agentes poseen una conformación química muy parecida a la de las hormonas naturales que regulan nuestro organismo:

Afinidad con los receptores: gracias a su estructura similar, se «pegan» a los receptores celulares diseñados específicamente para recibir señales de hormonas reales.

Mimetismo hormonal: una vez unidos al receptor, pueden imitar la función de la hormona original, enviando señales falsas.

Activación de respuestas no deseadas: al ocupar el lugar de la hormona, el disruptor desencadena respuestas biológicas que confunden al sistema.

Disruptores endocrinos identificados

El plástico suele contener bisfenol A (BPA), una de las principales fuentes, especialmente cuando se somete a cambios de temperatura. El calor actúa como un catalizador que facilita la liberación de químicos desde el envase hacia el contenido.

La costumbre de beber agua de envases que han estado expuestos al sol o calentar en microondas la comida en recipientes de plástico (no aptos o incluso algunos permitidos) es una de las vías directas de ingesta de disruptores, menciona la doctora Morales.

También en la cocina podemos exponernos, al calentar en sartenes con teflón dañado o en barro que contenga plomo, pues es más fácil que liberen estos agentes tóxicos.

En los alimentos, algunos aditivos en productos ultraprocesados, como las sopas instantáneas, tienen la capacidad de actuar como estrógenos artificiales en el cuerpo. Los envasados pueden contener sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS).

En los productos de cuidado personal, la lista de los cosméticos donde se han identificado incluye pastas de dientes, esmaltes de uñas, cremas para alisar, pintar y lavar el cabello, perfumes, talcos y cremas con aromas.

Algunos productos de higiene desechable como las toallas sanitarias y pañales contienen agentes químicos como parabenos, triclosán, benzofenonas y ftalatos que actúan como disruptores endocrinos.

La industria textil también ha tenido una marcada tendencia hacia las fibras sintéticas, por lo que, además de hacerla más desechable nos expone a más agentes químicos.

En aparatos electrónicos ahora se incluyen retardantes de llama que se añaden durante la fabricación para reducir la inflamabilidad. Estos productos químicos pueden migrar al ambiente y acumularse en el polvo y el aire en interiores.

Mujeres, las más expuestas

Las hormonas contribuyen al desarrollo, la adaptación y el mantenimiento de los procesos corporales y la salud. Cuando la exposición a los disruptores logran interferir con las funciones hormonales, logran afectar a muchas funciones relacionadas con la salud. Contribuyen, por ejemplo, a enfermedades inflamatorias e inmunes, otras tan comunes como la diabetes, algunos trastornos neurológicos y reproductivos.

Aunque estas sustancias afectan a todas las personas, las mujeres enfrentan desafíos específicos debido a la complejidad de sus ciclos hormonales.

Además, son ellas quienes, por sesgos de género y costumbres, conviven más con dichos agentes. Por ejemplo, ser las principales encargadas de usar limpiadores y diversos químicos en labores del hogar; al usar maquillaje, perfumes, cremas y productos de higiene con más ingredientes de color y aromas; al cocinar con diversos materiales y exponerse más a recipientes donde se empacan los alimentos.

Leticia Morales, especialista en fisiología reproductiva, refiere que algunos estudios concluyen que la exposición constante a los disruptores endocrinos afecta la reserva ovárica, disminuyendo el número de folículos que una mujer tendrá disponibles a lo largo de su vida. Además, podrían interferir con el pico de la hormona luteinizante (LH), lo que puede sabotear el proceso de ovulación.

También existen padecimientos estrechamente vinculados a estos agentes como la endometriosis, se han reportado evidencias de que la exposición a disruptores puede causar o agravar esta condición.

Del Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), aunque es multifactorial, se considera una endocrinopatía influenciada por estos agentes. La doctora Morales, estudiosa del tema, señala que, en laboratorios, este síndrome se puede inducir inyectando estrógenos, lo que refuerza la idea de que los disruptores endocrinos que imitan estrógenos son un factor de riesgo clave.

La relación más preocupante es el aumento en la incidencia de ciertos tipos de cáncer. La investigadora advierte que «el manejo inadecuado de condiciones hormonales, patologías existentes como la endometriosis o el Síndrome de Ovario Poliquístico y la alta exposición a disruptores pueden elevar el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer».

Durante el embarazo, estas sustancias pueden cruzar la barrera placentaria y dañar las células germinales encargadas de dar origen a los óvulos o espermatozoides del bebé. Es decir, la exposición de la mamá puede afectar la fertilidad futura de sus hijos o nietos.

Actualmente se llevan a cabo investigaciones en torno a la relación probable entre la exposición materna a los disruptores y el desarrollo de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en los hijos.

A los hombres también les afecta en términos reproductivos como en la disminución de la cantidad de espermatozoides. La especialista detalla que a lo largo de los años ha cambiado el conteo promedio de espermatozoides por mililitro (concentración), incluso hay afectaciones a su calidad, cambiando su morfología y su capacidad de fertilizar a los óvulos.

Se le ha asociado a una mayor frecuencia de defectos del desarrollo de los órganos reproductivos, de la función reproductiva y pubertad más temprana.

¿Qué puedes hacer?

Aunque la exposición a los disruptores endocrinos es generalizada, podemos realizar cambios en nuestros hábitos para reducir la carga química en nuestro cuerpo:

No calentar comida en recipientes de plástico en el microondas. Usar vidrio o cerámica.

Evita consumir agua de botellas que hayan estado bajo el sol. Optar por envases de vidrio retornables o acero inoxidable.

Desechar sartenes de teflón rayados, evitar los plásticos como utensilios y no usar barro con plomo.

Optar por productos de cuidado personal con menos fragancias sintéticas o parabenos.

Probar alternativas ecológicas para la higiene menstrual, como las copas.

Reducir el consumo de alimentos envasados o procesados, cuyos envases y conservadores son fuentes directas de estrógenos artificiales.

Consumo responsable de ropa, menos “use y tire”.

Usar productos de limpieza naturales (vinagre, alcohol).

Dado que muchas de las formas en las que nos exponemos son para hacernos la vida más fácil o cómoda, puede resultar difícil querer hacer cambios si no entendemos el por qué. Por eso, la especialista recomienda informarnos sobre lo que significan los ingredientes de lo que consumimos y exigir más claridad a los productores y a los organismos reguladores.

“A pesar de la evidencia científica, la población general aún carece de una conciencia plena sobre estos agentes. Falta un esfuerzo regulatorio y educativo similar al que se hizo con los sellos de los alimentos y con la industria del tabaco en el que se usaron estadísticas para concientizar a la población sobre estos riesgos», enfatiza la doctora Leticia Morales.

El ejemplo es la frase “libre de BPA” sin dejarle claro al consumidor si eso es bueno o malo, o qué repercusiones tiene. En su opinión, los productos que contienen químicos que se han demostrado fungen como disruptores hormonales, deberían llevar advertencias sanitarias claras.

A nivel internacional, el debate en temas regulatorios sigue siendo complejo. Se han centrado en dosis, niveles de exposición y toxicidad máximas. Sigue sin establecerse los criterios científicos según los cuales se determinan las propiedades clave de estas sustancias que las convierten en disruptores endocrinos.

En la Unión Europea cuentan con una legislación sobre la Clasificación, envasado y etiquetado de sustancias y mezclas químicas en el que se establece requisitos uniformes para la clasificación, etiquetado y envasado (CLP) de sustancias y mezclas químicas, de acuerdo con el Sistema Globalmente Armonizado (según su tipo de peligro) de las Naciones Unidas. Exige a las empresas clasificar, etiquetar y envasar adecuadamente las sustancias químicas peligrosas antes de comercializarlas.

También han establecido reglamentaciones claras sobre algunas sustancias, principalmente herbicidas a base de glifosato (GBH), de los plaguicidas más utilizados en todo el mundo, en su legislación sobre plaguicidas.

La Unión Europea también ha influido en cambios para algunos productos de cosmética e higiene personal. Como la prohibición de la comercialización y uso de esmaltes permanentes para uñas (como el gelish u otros) que contengan las sustancias TPO (trimetilbencil difenil fosfina óxido) y DMTA (dimetil-p-toluidina) en septiembre de 2025. Dichos químicos, que suelen usarse bajo el secado de una lámpara, se clasificaron como tóxicos para la reproducción y cancerígenos.

Como usuarios, al entender que estas sustancias engañan a nuestras células y la exposición constante afecta a nuestro organismo, podemos tomar la decisión consciente de evitarlas lo más posible como una medida de prevención.

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Punch, el pequeño macaco que lucha por encontrar su lugar en la tropa

Fue a mediados de febrero cuando Punch, un macaco japonés de siete meses del zoológico de la ciudad de Ichikawa, a las afueras de Tokio, comenzó a hacerse viral en redes sociales. Como si se tratara de una celebridad, el pequeño primate empezó a ganarse el corazón de millones de internautas, pues su proceso de adaptación a su grupo presentaba dificultades únicas y conmovedoras.

Desde su nacimiento, en pleno invierno, Punch enfrentó condiciones extremadamente frías, con temperaturas cercanas a los −15 °C, que ponen a prueba incluso a los individuos mejor adaptados de su especie. Su madre, al ser primeriza, lo abandonó al nacer, un comportamiento que puede ocurrir en algunas hembras cuando perciben que las condiciones no son favorables para la supervivencia de la cría.

Esto significó que Punch no solo debía enfrentar el frío y la escasez de alimento, sino también el rechazo social. Al no haber sido integrado al grupo desde su nacimiento, la tropa lo percibía como un intruso y una posible amenaza para la jerarquía existente.

Sin embargo, ante la adversidad, Punch comenzó gradualmente a encontrar su lugar en el grupo. Con la ayuda de su cuidador, de un macaco rescatado y de un peluche utilizado como nodriza, pudo recibir contacto físico, abrazos y despiojamiento, comportamientos fundamentales para su desarrollo social y su sensación de seguridad. Así, lo que comenzó como una situación de aislamiento y riesgo se transformó poco a poco en un proceso de aceptación, en el que cada gesto de cuidado contribuyó a que este pequeño primate encontrara un espacio dentro de su comunidad.

Conociendo a los macacos japoneses

Para comprender mejor la historia de Punch y las dificultades que enfrentó dentro de su grupo, es necesario conocer algunas características de su especie.

Punch es un ejemplar de macaco japonés, conocido popularmente como “mono de las nieves”, cuyo nombre científico es Macaca fuscata. El nombre de “mono de las nieves” proviene de su capacidad para habitar regiones muy frías de Japón, donde pueden soportar temperaturas de hasta −20 °C, explicó Jesús Tomás Espinoza Vega, académico de la FES Cuautitlán.

Para sobrevivir en estos climas, desarrollan un pelaje extremadamente denso que se vuelve aún más grueso durante el invierno. En las zonas del cuerpo donde el pelo es escaso —como el rostro, las extremidades y el dorso— presentan una irrigación sanguínea muy alta que favorece la conservación del calor corporal y la termorregulación.

Además, durante las épocas de frío extremo pueden agruparse en grandes tropas para conservar el calor colectivo.

Otra de las conductas más conocidas de los macacos japoneses es su gusto por las aguas termales. En regiones montañosas de Japón, especialmente durante el invierno, es común observar a estos primates sumergidos en manantiales naturales de agua caliente. Este comportamiento no solo les permite relajarse, sino también conservar el calor corporal cuando las temperaturas exteriores son muy bajas.

Las imágenes de macacos rodeados de nieve mientras descansan en aguas termales se han convertido en uno de los símbolos más representativos de esta especie y reflejan su notable capacidad de adaptación a ambientes extremos.

Físicamente, los macacos japoneses presentan características distintivas que los diferencian de otros primates. Su cola no es prensil, lo que los distingue de muchas especies del Nuevo Mundo, es decir, primates nativos de las regiones tropicales de México, Centroamérica y Sudamérica.

También poseen una musculatura facial muy desarrollada, lo que les permite comunicarse mediante expresiones complejas que reflejan emociones como tranquilidad, bienestar o enojo.

Su nariz estrecha y la presencia de abazones —bolsas ubicadas en las mejillas— les permiten almacenar alimento y transportarlo para consumirlo más tarde, una adaptación útil para sobrevivir en periodos de escasez. Todas estas características son clave para su supervivencia en condiciones naturales, particularmente en ambientes fríos.

La importancia del vínculo social

En diversos videos que han seguido la historia de Punch, se observa que algunos macacos japoneses lo agreden. Aunque esta situación puede parecer dura y ha provocado que varios internautas cuestionen por qué su cuidador no interviene para defenderlo, Espinoza Vega comentó que este tipo de interacciones forman parte del comportamiento natural de la especie y cumplen una función dentro de la dinámica social del grupo.

La estructura social de los macacos japoneses es jerárquica y lineal, con niveles de dominancia tanto en hembras como en machos. Las hembras siguen un linaje materno en el que la jerarquía y el conocimiento se transmiten de generación en generación, lo que permite mantener la estabilidad del grupo a lo largo del tiempo.

Un ejemplo de ello es el caso de Imo, una joven hembra de macaco japonés que, en la isla de Koshima, se hizo famosa por innovar al lavar camotes en agua para limpiarlos de arena, comportamiento cultural que posteriormente transmitió a su grupo.

Los machos, por su parte, suelen emigrar de sus grupos de origen y competir por posiciones dominantes dentro de otras tropas.

Debido a que Punch no fue integrado al grupo desde su nacimiento, inicialmente fue rechazado por los otros macacos, quienes lo percibieron como un individuo ajeno a su estructura social.

Para asegurar su supervivencia, los cuidadores intervinieron proporcionándole un peluche tipo nodriza, que le permitió desarrollar comportamientos de contacto como el despiojamiento y los abrazos, fundamentales para su desarrollo conductual. Posteriormente, Go-chan, un macho rescatado de un circo donde sufría maltrato y que también fue rechazado en un inicio por el grupo, comenzó a brindarle protección.

“Aunque desde nuestra perspectiva puede parecer algo cruel, estas interacciones simulan la aceptación dentro de la tropa y permiten que Punch se adapte gradualmente a un entorno social, evitando los riesgos de aislamiento que en la vida silvestre reducen considerablemente sus probabilidades de supervivencia”, señaló el académico de la FES Cuautitlán.

Actualmente, Punch parece estar cada vez más integrado al grupo. Incluso se le ha visto participar en actividades de despiojamiento y contacto físico con otros macacos, señales de que su proceso de adaptación avanza de manera positiva.

Una gran inteligencia

Tomando como referencia el caso de Imo, una vez que la joven macaca comunicó a su grupo cómo lavar los camotes, varios individuos se mostraron escépticos ante ese descubrimiento. No obstante, cinco años después, 17 miembros de la tropa ya repetían el proceso e incluso, tiempo después, los macacos descubrieron que, si se limpiaba el camote en agua salada del mar, su sabor mejoraba.

Con base en lo anterior, el maestro Jesús manifestó que los macacos japoneses poseen una gran capacidad cognitiva que adquieren a partir de la observación y la imitación. Este proceso es clave para su desarrollo, ya que muchas de las habilidades necesarias para sobrevivir se adquieren observando a otros miembros del grupo.

De manera natural, la principal fuente de aprendizaje suele ser la relación entre la madre y la cría. En este vínculo, la madre cuida, protege y enseña a la cría durante aproximadamente un año o más. Durante este tiempo, la cría observa constantemente las acciones de su madre, como la forma de alimentarse, desplazarse o reaccionar ante peligros. A través de esta observación, poco a poco empieza a imitar esas conductas hasta dominarlas.

No obstante, el aprendizaje también puede darse mediante la experiencia individual. Esto significa que el animal puede aprender probando acciones y observando sus consecuencias. Si una acción le trae beneficios, el animal tiende a repetirla; en cambio, si le provoca daño o una reacción negativa de otros individuos, aprende a evitarla.

Finalmente, también existe el aprendizaje mediante refuerzos y recompensas, en el que una conducta se fortalece porque genera un beneficio para el individuo.

Evitar el tráfico de animales silvestres

La exposición mediática de Punch tiene pros y contras, expresó Espinoza Vega. Si bien su popularidad permite que las personas se interesen por la naturaleza y aprendan sobre él y su especie, cuando un animal se vuelve viral muchas personas lo perciben como algo tierno o atractivo y pueden llegar a desear tener uno como mascota. Esta situación puede fomentar el tráfico ilegal de especies silvestres, un problema que afecta gravemente a la biodiversidad.

En el caso de los primates, como los macacos japoneses, no existen cifras exactas sobre el tráfico ilegal. Sin embargo, “se estima que en México, de 2010 a 2019, 946 primates fueron extraídos de la naturaleza cada año para el comercio de animales de compañía”, de acuerdo con el estudio Estimación del impacto del tráfico ilegal de primates en México: una amenaza potencial para la vida silvestre, publicado por la editorial académica Brill.

Aunque en algunos videos o imágenes puedan parecer amigables o tiernos, en realidad los macacos japoneses son animales salvajes que pueden reaccionar de forma agresiva si se sienten amenazados. Además, pueden transmitir diversas enfermedades entre humanos y animales, lo que representa un riesgo para la salud.

Una historia de resiliencia y una oportunidad para aprender

La historia de Punch recuerda que, incluso en especies tan cercanas a nosotros como los primates, la vida social está llena de tensiones, aprendizajes y procesos de adaptación. Lo que en redes sociales puede parecer una escena triste o injusta forma parte, en muchos casos, de dinámicas naturales que permiten a los individuos integrarse y sobrevivir dentro del grupo.

Al mismo tiempo, su popularidad revela el enorme interés que despierta la vida silvestre entre las personas. Ese interés puede convertirse en una oportunidad valiosa para aprender sobre otras especies, comprender su comportamiento y reflexionar sobre la importancia de conservarlas.

Punch quizá seguirá siendo, para muchos internautas, el pequeño macaco que intentaba encontrar su lugar entre los demás. Pero su historia también es un recordatorio de algo más profundo: que detrás de cada animal viral existe una especie con una biología compleja, una vida social propia y un papel fundamental dentro de los ecosistemas que habitamos.

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Plantas nativas: la clave para recuperar la biodiversidad en nuestras ciudades

  • Fortalecer la biodiversidad local frente a la introducción de especies exóticas.

Dentro de las diversas áreas que integran el Jardín Botánico de la UNAM se encuentra el Invernadero de Propagación de Plantas Nativas, aquellas que crecen de manera natural en una región. En ese sitio podemos conocer y adentrarnos en el mundo de algunas especies del territorio mexicano desde que son semillas, germinan, se propagan y son expuestas al público general para su venta.

Las plantas nativas son fundamentales para el equilibrio y la salud de los ecosistemas; su conservación es importante para mantener la biodiversidad de un lugar, ya que, al estar adaptadas al clima de la región, incluso suelen ser más resistentes a enfermedades. Sin embargo, la introducción de especies exóticas, muchas veces por cuestiones estéticas, ha desplazado a las nativas, las cuales es importante proteger y preservar.

“Muchas de las plantas que tenemos en las calles vienen de Asia, de Australia, de África, porque nos gusta lo más raro, lo más grande, lo que nadie más tiene”, afirma la bióloga Ivonne Olalde Omaña, responsable del invernadero. Agrega que las rosas, las hortensias, las azaleas, y muchas otras plantas que se pueden observar en los jardines no son nativas de México, lo cual conlleva a la pérdida de biodiversidad vegetal y de todos los organismos asociados con ellas.

Por ello, los integrantes del Invernadero de Propagación de Plantas Nativas tienen como uno de sus objetivos aprender sobre el cultivo de las plantas que sí son originarias de nuestro país: el palo loco, el romerillo, la trompetilla, el colorín, el aretillo de monte y el mirto, entre muchas otras.

En qué consiste la propagación

Durante todo el año, en el Invernadero recolectan frutos de las plantas, extraen las semillas y dependiendo de las características de éstas pueden realizarles algún tratamiento para acelerar su germinación, si es que fuera necesario, aunque en muchas de ellas no lo es.

Después de poner las semillas a germinar para saber cómo pueden reproducirlas mejor, las trasplantan y buscan la mejor manera de propagarlas; identifican cuál es su comportamiento y si llegan a presentar algún problema durante todo este proceso.

“Algo que les falta a las plantas nativas, a las que plantas que son del lugar, es que poca gente las cultiva y no se sabe cómo es su proceso para manejarlas, porque estamos acostumbrados a comprar y vender plantas que no son mexicanas”.

Los biólogos han identificado plantas que crecen naturalmente y con esas trabajan. Además, estar en el Jardín Botánico les permite tener una gran colección de plantas nativas, aunque también pueden adquirir varias de éstas con salidas a campo a otros estados del país.

Mayor diversidad

Otro de los objetivos de este Invernadero es integrar plantas nativas en distintos lugares de la Ciudad de México. “Tratamos de tener formas biológicas de distintos tipos. Cuando hablamos de ciudad pensamos en árboles y no nada más hay árboles, hay arbustos, enredaderas, hierbas, bulbos y es importante porque los espacios tienen diferentes características y no en todos lados entran los árboles. Además, se necesita variación, diversidad para que también los organismos asociados sean diversos. Mientras yo tenga más diversidad mi población, mi comunidad es más estable, es más sana”.

Hasta el momento cuentan con alrededor de 65 especies distintas dentro del invernadero. La bióloga Olalde comenta que es importante propagar plantas amenazadas en su medio natural, por ejemplo, ellos propagan palo blanco (Hesperalbizias occidentalis) la cual está en esta condición.

Asimismo, lo importante de la propagación de plantas nativas es la conservación, ya que con el aumento de la introducción de las plantas exóticas se corre el riesgo de que las nativas desaparezcan.

“En Avenida Reforma, que están las jacarandas, todo lo vegetal que había ahí ya no está. Físicamente están plantas exóticas y la jacaranda, como es una planta que no es originaria de aquí, ningún organismo se relaciona con ella. A veces lo que ronda en las jacarandas, son las abejas Apis mellifera, que es europea, tampoco es mexicana”.

Producción sustentable

Una vez que logran propagar las plantas llevan a cabo una parte conocida como endurecimiento, que consiste en colocarlas fuera del invernadero, en la intemperie, en donde tienen Sol directo e incluso viven con menos agua.

Como parte de su trabajo en esta etapa destaca no fumigar, lo cual les ha permitido que dentro del espacio del invernadero se generen condiciones de vida para las plantas y los organismos asociadas a ellas. Por ejemplo, en el invernadero además de las plantas nativas que cultivan también es posible encontrar orugas, mariposas monarca, pequeñas víboras, lagartijas y mantis religiosas, entre otros animales.

“A veces las plantas están medio mordidas; llegan las orugas y se comen todas las hojas, no la mata. Ya cuando se transforman en mariposas, la planta vuelve a sacar sus hojas, es un proceso. Eso implica que algunas especies estén una temporada mordidas, otras pierdan las hojas, pero no importa, pues si estoy poniendo plantas nativas, yo quiero que lleguen los organismos asociados y vuelvo a tener semilla ya sin necesidad de ir a campo y vuelvo a tener material para trabajar aquí en el Jardín Botánico”.

Su estrategia es un modo de producción más orgánico y sustentable, con el cual buscan una mayor diversidad en las poblaciones. “Una labor que hemos logrado en el Invernadero de Propagación de Plantas Nativas”, enfatiza la bióloga Olalde.

“El invernadero tiene varias funciones: tener respaldos de especies que están en las colecciones para sustituir o reponer algún ejemplar de éstas; generar información de las especies nativas, de cómo se propagan y de todo su manejo; también difundir, es decir, la gente que viene le explicamos la importancia de todas las relaciones de las plantas con otros organismos y como cuidarla; y, por último, generar recursos con la venta de las plantas”.

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Viajeras intrépidas: cómo las mujeres transformaron la historia

Alice Dixon tenía 17 años cuando dejó Inglaterra para acompañar a un hombre obsesionado con conocer la antigüedad de la humanidad. Se casó y viajó hasta Yucatán en 1870, en plena Guerra de Castas, una región vista entonces como hostil y peligrosa.

Ahí trabajó en zonas arqueológicas como Chichén Itzá, tomó fotografías con técnicas novedosas para la época y escribió sobre lo que veía. No pertenecía a la aristocracia ni contaba con financiamiento estatal: viajó por un interés intelectual.

Su caso, explicó María Elena Vega Villalobos, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, muestra que las mujeres han estado presentes en la exploración y la producción de conocimiento desde hace siglos.

Las mujeres aventureras

Durante siglos, la historia del viaje fue narrada como una aventura masculina: exploradores, diplomáticos, científicos y conquistadores. Sin embargo, las mujeres también cruzaron fronteras, recorrieron continentes y escribieron sobre lo que vieron. Aunque durante mucho tiempo quedaron fuera de los relatos oficiales, su participación fue clave para ampliar la mirada histórica, cultural y social del mundo.

En entrevista para UNAM Global, María Elena Vega Villalobos, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, explicó que la figura de la mujer viajera no es una invención moderna.

Desde la antigüedad existieron mujeres que se desplazaban, principalmente por motivos religiosos. Realizaban peregrinaciones, visitaban lugares santos y, en algunos casos, dejaban testimonio escrito de sus trayectos.

“Aunque viajaban generalmente acompañadas, su experiencia demuestra que la movilidad femenina ha sido constante a lo largo del tiempo”.

Fue entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX cuando el viaje adquirió un nuevo significado cultural. En ese periodo, viajar era costoso y estaba reservado para sectores privilegiados.

Los relatos de viaje fueron famosos, pues la mayoría de la población conocía el mundo a través de la lectura. En ese contexto, una mujer viajera resultaba extraordinaria, no solo por desplazarse físicamente, sino por atreverse a narrar su experiencia en un espacio intelectual dominado por hombres.

Algunas mujeres viajaban acompañando a esposos diplomáticos o científicos; otras eran viudas o solteras con recursos propios que emprendían travesías por interés cultural, científico o incluso profesional.

Varias lograron vivir de la escritura de crónicas y libros. Sus textos aportaron algo distinto a la narrativa masculina tradicional: en lugar de centrarse exclusivamente en la política o la economía, describían la vida cotidiana, las costumbres, la vestimenta, las relaciones sociales y el papel de otras mujeres en los lugares visitados.

Esa mirada resultó fundamental. Mientras muchos viajeros hombres buscaban describir estructuras de poder o recursos naturales, las viajeras registraban aspectos íntimos de la sociedad que hoy permiten reconstruir prácticas culturales, dinámicas familiares y experiencias femeninas que de otro modo habrían permanecido invisibles.

“Podían hablar de lo que habían visto y ser consideradas una autoridad científica e intelectual”. Algunas lograron reconocimiento en su época.

Además de su aporte documental, las mujeres viajeras desafiaron normas sociales rígidas. En el siglo XIX, por ejemplo, la movilidad femenina estaba restringida por expectativas morales y legales.

Viajar solas implicaba cuestionar roles tradicionales de género. Algunas adaptaron su vestimenta para facilitar el desplazamiento; otras negociaron su presencia en espacios públicos dominados por hombres. Cada trayecto implicaba una forma de resistencia simbólica.

En México

En México, Yucatán fue uno de los escenarios que atrajo a viajeras extranjeras interesadas en la arqueología y la cultura maya. Sus relatos y registros gráficos enriquecieron el conocimiento sobre la región. Pero más allá de casos individuales, lo relevante es comprender que la experiencia femenina del viaje amplió la forma en que se entendía el mundo.

Lejos de ser un fenómeno del pasado, la figura de la mujer viajera continúa vigente. Hoy existen académicas que realizan trabajo de campo en distintos países, periodistas que cubren conflictos internacionales, científicas que participan en expediciones, así como mujeres que peregrinan o viajan por turismo y aprendizaje personal.

Si en el siglo XIX el viaje implicaba romper con estructuras sociales restrictivas, en la actualidad sigue representando una herramienta de autonomía y expansión cultural.

Para Vega Villalobos, el viaje no solo transforma a quien se desplaza, sino que también transforma el conocimiento colectivo. Recuperar la historia de las mujeres viajeras permite reconocer que ellas no fueron figuras pasivas, sino protagonistas en la construcción de miradas sobre otras culturas. Sus relatos abrieron caminos para que generaciones posteriores ocuparan espacios académicos, científicos y literarios.

En un mundo donde la movilidad es cada vez más accesible —aunque todavía desigual—, recordar la trayectoria de estas mujeres es reconocer que viajar también ha sido una forma de emancipación intelectual. Las mujeres viajeras no solo cruzaron territorios: ampliaron fronteras culturales y cuestionaron límites sociales. Y lo siguen haciendo.

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De una fractura a la capitanía de Pumas Rugby: la historia de Mayte Cordero

Una fractura de clavícula podría haber marcado el final de su carrera deportiva. Ocurrió en los últimos cinco minutos de un partido contra Guadalajara: un tackle, una caída y cuatro meses fuera de la cancha.

Mayte Cordero pensó que todo había terminado. “Yo dije: ya no veo un futuro en el rugby”, recuerda. La lesión no solo fue física, también fue un golpe emocional que la llevó a buscar apoyo profesional para superar la ansiedad y la frustración.

Pero el regreso fue más fuerte que la caída.

En septiembre, después de su proceso de rehabilitación, Mayte no solo volvió a jugar: fue elegida capitana del equipo mayor de Pumas Rugby. Semanas después, el 8 de noviembre, debutó con la selección mexicana de rugby en un partido contra Colombia. Lo que parecía el final se convirtió en un nuevo comienzo.

Estudiante de sexto semestre en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en la carrera de Física, Mayte comenzó a practicar rugby cuando ingresó a la universidad. Venía de tres años sin actividad física constante y decidió probar algo nuevo. “Nunca me había apasionado algo así. El rugby me puso a prueba, me enseñó disciplina y me enseñó lo que es amar algo”, cuenta.

El rugby la conquistó desde el primer día. “Cada vez que entro en contacto me siento viva. No es violencia, es una forma sana de liberar todo. Me ayuda física y mentalmente”.

Un deporte de estrategia y fuerza

A diferencia del futbol americano, en el rugby los pases siempre van hacia atrás o lateralmente. El objetivo es avanzar hasta la zona de anotación y marcar un “try”. El equipo se divide en forwards —la fuerza— y backs —la velocidad—. Es un deporte intenso, de contacto constante y gran exigencia física.

Mayte pasó de jugar apenas cinco minutos en su primer torneo a ser convocada para la capitanía. Sus entrenadores propusieron su nombre y sus compañeras la eligieron por votación.

“Nunca me lo imaginé. Sentía que me faltaba mucho camino, pero poco a poco he entendido que sí puedo”.

Hoy el equipo mayor de Pumas Rugby cuenta con alrededor de 40 jugadoras, de las cuales 23 son universitarias. En la concentración nacional en Puebla fueron convocadas 11 jugadoras de Pumas; diez asistieron y dos debutaron con la selección, entre ellas Mayte.

Física y rugby: dos pasiones que exigen disciplina

Desde secundaria sabía que quería estudiar Física. Aunque su familia le sugería otras opciones como arquitectura o derecho, ella tenía claro su camino.

“Siempre fue física. Me gusta que esté en todos lados y que te reta”.

Combinar una de las carreras más demandantes con un deporte de alto rendimiento no ha sido sencillo. Entrena lunes y miércoles de 4:30 a 6:30 de la tarde, además de sesiones de gimnasio y trabajo físico intenso que incluyen hasta 50 tackles por entrenamiento.

“Ha sido complicado encontrar el equilibrio, pero con organización y prioridades claras se puede”.

Su interés actual apunta hacia las neurociencias. Durante su recuperación comenzó a investigar sobre depresión, ansiedad y deporte.

“Quería entender qué me estaba pasando. Me gusta entender el porqué de las cosas”.

Hoy enfoca su formación académica hacia esa área, donde la física se relaciona con procesos como los electroencefalogramas, el electromagnetismo y el análisis estadístico.

Romper estereotipos

Mayte también ha enfrentado comentarios por practicar un deporte considerado “masculino” o estudiar una carrera históricamente dominada por hombres. En laboratorios, algunos compañeros no tomaban en cuenta sus aportaciones o le asignaban tareas secundarias.

A las chicas que desean estudiar una carrera de ciencias les dice:

“Te vas a encontrar con muchos retos, pero se puede. Insistiendo, dándote tu lugar y organizándote”.

Su meta es seguir en el rugby el mayor tiempo que su cuerpo se lo permita, crecer dentro de la selección nacional y especializarse en neurociencias.

Después de una fractura que parecía definitiva, aprendió algo más profundo que cualquier fórmula física o estrategia deportiva: que los límites también pueden romperse.

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Las filósofas mexicanas que transformaron el pensamiento

Las filósofas mexicanas han desempeñado un papel fundamental en la construcción del pensamiento crítico en nuestro país; sin embargo, durante siglos su labor permaneció invisibilizada. La historia de la filosofía —en México y en buena parte del mundo— ha sido narrada predominantemente desde una perspectiva masculina, lo que dejó fuera de los relatos oficiales, de los programas académicos y del reconocimiento público a numerosas pensadoras.

Esta exclusión no implica ausencia ni una producción intelectual menor. Por el contrario, revela las condiciones sociales, culturales e institucionales que restringieron la visibilidad, circulación y legitimación de sus aportaciones. El problema no radica en la inexistencia de filósofas, sino en los mecanismos históricos que determinaron quién podía ser reconocido como sujeto legítimo del pensamiento.

En este sentido, la Dra. María de los Ángeles Eraña Lagosa, investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas (IIF) de la UNAM, señaló que esta invisibilización responde, en gran medida, a la organización social que durante siglos impidió a las mujeres acceder plenamente a la educación formal, especialmente a la educación superior.

“En México, la presencia sistemática de mujeres en las universidades comenzó apenas en el siglo XX. Si los espacios donde se producía y validaba el conocimiento filosófico estaban vedados para ellas, resultaba sumamente difícil que sus ideas fueran publicadas, discutidas y reconocidas por la academia”, comentó.

No obstante, la exclusión no operó únicamente en el plano institucional. Más allá de las barreras educativas, existió —y en ciertos ámbitos persiste— un orden simbólico que asoció la racionalidad, la ciudadanía y la autoridad intelectual con un modelo específico de sujeto: varón, frecuentemente blanco y perteneciente a determinados sectores sociales.

Todo aquello que se apartaba de ese estándar fue considerado secundario, particular o irrelevante. Así, no solo las mujeres, sino también otros grupos situados fuera de ese ideal normativo, quedaron marginados del espacio público y del debate intelectual. La filosofía, entendida como práctica pública de reflexión crítica, fue configurada entonces como un territorio reservado para quienes encajaban en ese modelo dominante.

Además de las barreras históricas de acceso a la educación, las mujeres han enfrentado —y continúan enfrentando— obstáculos vinculados con la distribución desigual de las responsabilidades domésticas y de cuidado. Las labores del hogar y la atención a hijos, parejas o familiares han recaído mayoritariamente en ellas, reduciendo no solo su tiempo disponible, sino también su tiempo mental para la reflexión profunda.

Al tratarse de una disciplina que exige concentración prolongada, revisión constante de argumentos y un trabajo minucioso con el lenguaje, la filosofía requiere tiempo. Eraña Lagosa subrayó que formular y reformular ideas demanda un espacio de dedicación sostenida que no siempre ha estado al alcance de quienes cargan con múltiples responsabilidades cotidianas. Incluso en años recientes, como durante la pandemia, se evidenció que mientras la producción académica de muchos hombres aumentó, la de numerosas mujeres disminuyó debido al incremento de las tareas de cuidado.

Un pensamiento que abarca múltiples campos

A pesar de estas condiciones estructurales adversas, las filósofas no han limitado su reflexión a un ámbito temático específico. Persiste el prejuicio de que su trabajo se circunscribe únicamente a cuestiones relacionadas con la condición femenina; sin embargo, esta idea resulta profundamente equivocada.

Los temas que abordan reflejan la amplitud y vigencia de su pensamiento. Han desarrollado aportaciones fundamentales en ética aplicada —bioética, ética del cuidado y justicia global—, filosofía política —democracia, ciudadanía, derechos humanos y memoria histórica—, epistemología —con especial atención a la crítica del androcentrismo en la producción del conocimiento—, filosofía del lenguaje y teoría crítica, entre otros campos.

Asimismo, han trabajado en estética, filosofía de la ciencia, estudios poscoloniales y decoloniales, ecología y ecofeminismo, así como en debates contemporáneos sobre tecnología, biopolítica y subjetividad. Reducir la producción filosófica de las mujeres a una temática específica no solo empobrece la comprensión de su obra, sino que invisibiliza su aporte sustantivo al pensamiento contemporáneo.

Las mujeres se abren camino

Aun en contextos restrictivos, las mujeres encontraron formas de pensar y escribir sobre el mundo. Aunque los espacios en que lo hicieron fueron, en muchos casos, privados o semicerrados —conventos, círculos intelectuales restringidos o publicaciones de circulación limitada—, su capacidad de argumentación dejó una huella profunda.

Un ejemplo emblemático es Sor Juana Inés de la Cruz, quien desde el convento desarrolló una obra de notable densidad crítica y filosófica, demostrando que el rigor intelectual no depende exclusivamente del reconocimiento institucional, sino de la fuerza de la reflexión y del cuestionamiento.

En la actualidad, la labor de las filósofas mexicanas se orienta no solo a recuperar y visibilizar a las grandes exponentes del pasado, sino también a fortalecer el trabajo presente. Diversas iniciativas buscan documentar su producción, promover espacios de diálogo y consolidar redes de colaboración académica.

Uno de estos espacios es la Red Mexicana de Mujeres Filósofas (ReMMuF), fundada en febrero de 2020 bajo el amparo de la UNESCO, cuyo objetivo es promover, visibilizar y conectar a mujeres filósofas en México y América Latina.

De igual manera, se han impulsado propuestas orientadas a las nuevas generaciones, como talleres de filosofía para niñas, niños y jóvenes, así como proyectos educativos y diccionarios especializados que fomentan, desde edades tempranas, la formulación de preguntas críticas.

Estos avances, señaló la investigadora del IIF, han contribuido a que el papel de las filósofas mexicanas sea cada vez más relevante en el debate público y académico. Uno de los cambios más visibles es su presencia en paneles, congresos y foros de discusión filosófica. Hoy es más común encontrar mujeres participando activamente en debates que antes estaban dominados casi exclusivamente por hombres.

“Muchas filósofas no solo intervienen en los debates, sino que también diseñan las agendas, eligen los temas y definen las problemáticas a discutir. Esto implica un cambio profundo: ya no se trata de ser invitadas a espacios ajenos, sino de construir espacios propios y compartidos”, expresó la Dra. María.

Grandes filósofas mexicanas

Si bien figuras como Sor Juana Inés de la Cruz ocupan un lugar destacado, Eraña Lagosa subraya la importancia de reconocer a otras pensadoras cuyas obras han dejado una huella significativa.

Rosario Castellanos, por ejemplo, no solo fue una de las grandes figuras de la literatura mexicana del siglo XX, sino también una pensadora con sólida formación filosófica. Su obra articula reflexiones sobre identidad, alteridad, género y estructuras de poder, convirtiéndose en un referente indispensable para el pensamiento feminista y la crítica cultural en México.

En el ámbito institucional, Graciela Hierro desempeñó un papel pionero al impulsar formalmente los estudios feministas en la academia mexicana. Su trabajo abrió nuevas líneas de investigación y consolidó espacios universitarios dedicados al análisis filosófico del feminismo y la ética del placer.

Por su parte, Carmen Rovira dejó un legado fundamental en la historiografía filosófica mexicana. Más allá de sus investigaciones, su trayectoria representa un ejemplo de perseverancia intelectual en entornos donde las mujeres enfrentaban prejuicios explícitos y barreras estructurales.

En el campo de la historia de la filosofía y el estudio de la modernidad, Laura Benítez Grobet realizó aportaciones significativas tanto en investigación como en formación académica, contribuyendo a consolidar una tradición rigurosa en estos ámbitos.

Asimismo, Juliana González destacó por su trabajo en ética y bioética, ampliando el horizonte de la reflexión filosófica en México hacia problemas contemporáneos complejos. De igual manera, Elsa Cecilia Frost aportó estudios esenciales sobre la filosofía novohispana y la historia de las ideas en México, enriqueciendo la comprensión del pensamiento colonial.

A estas figuras se suman otras pensadoras contemporáneas como Paulette Dieterlen, reconocida por sus trabajos en ética, filosofía política y justicia distributiva, y Margarita Valdés, cuyas investigaciones en ética y filosofía del lenguaje han tenido una influencia notable en el ámbito académico.

En conjunto, estas filósofas no solo produjeron obra original de alto nivel, sino que transformaron estructuras académicas, ampliaron los temas considerados legítimos dentro de la disciplina y abrieron caminos para nuevas generaciones. Su legado constituye una parte esencial de la tradición filosófica mexicana y confirma que la construcción del pensamiento en el país ha estado profundamente marcada por la contribución de las mujeres.

La meta: el reconocimiento natural

La historia de las filósofas mexicanas es, en suma, una historia de resistencia intelectual frente a estructuras que intentaron relegarlas al silencio. Hoy, su labor no solo busca recuperar nombres y obras del pasado, sino también transformar las condiciones presentes para consolidar un pensamiento filosófico verdaderamente plural e inclusivo.

Ante ello, la especialista del IIF invitó a las jóvenes interesadas en dedicarse a la filosofía a abrirse espacio con paciencia, pasión y perseverancia.

“Sobre todo, a encontrar su voz propia, aunque sea un proceso largo que exige trabajo constante; también es una fuente profunda de satisfacción intelectual. El camino puede no ser sencillo, pero vale la pena recorrerlo. Entre más espacios se abran, más se facilita el camino a quienes vendrán después”, concluyó.

Finalmente, el objetivo es que llegue un momento en el que ya no sea necesario preguntarse si las mujeres tienen un lugar en la filosofía, sino que su reconocimiento se dé de manera natural, entendiendo que su participación contribuye a hacer de esta disciplina un ámbito más plural, crítico e inclusivo.

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Agenda cultural UNAM: música, cine, teatro y arte para el fin de semana del 7 y 8 de marzo

La Universidad Nacional Autónoma de México mantiene una intensa vida cultural que cada semana ofrece conciertos, exposiciones, cine y artes escénicas en distintos espacios universitarios. El fin de semana del 7 y 8 de marzo presenta una selección de actividades en recintos emblemáticos como el Centro Cultural Universitario, el Museo Universitario del Chopo y el Museo de las Constituciones.

Esta programación es solo una pequeña muestra de la amplia cartelera artística que la UNAM pone al alcance del público. La agenda completa puede consultarse en:
https://cultura.unam.mx/

Música: Flor Amargo en el Museo Universitario del Chopo

La serie Cancioneras Indóciles. Músicas en el Chopo presentará a Flor Amargo, una de las artistas más singulares de la escena musical mexicana contemporánea. Su propuesta mezcla piano, performance y música popular con una energía escénica que rompe con las convenciones del concierto tradicional.

La presentación se realizará el 7 de marzo a las 19:00 horas en el Foro del Dinosaurio Juan José Gurrola, en el Museo Universitario del Chopo.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/cancioneras-indociles-musicas-en-el-chopo-flor-amargo

Cine: Mi no lugar en la Sala José Revueltas

La programación cinematográfica del Centro Cultural Universitario incluye la proyección de Mi no lugar, dirigida por Isis Ahumada Monroy (México, 2022).

Este largometraje explora la identidad y el sentido de pertenencia a través de una mirada íntima y contemporánea. La función se realizará el 7 de marzo a las 12:00 horas en la Sala José Revueltas del CCU.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/mi-no-lugar-3

Exposiciones: revueltas artísticas en el MUAC

El Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) presenta la exposición colectiva Los grupos y otras revueltas artísticas, una revisión de los movimientos artísticos colectivos que transformaron el panorama cultural y político en México durante la segunda mitad del siglo XX.

La muestra permanecerá abierta hasta el 30 de agosto, con los siguientes horarios:

  • Martes a miércoles y viernes: 10:00 a 18:00 horas
  • Jueves: 10:00 a 20:00 horas
  • Sábado: 11:00 a 20:00 horas
  • Domingo: 11:00 a 18:00 horas

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/los-grupos-y-otras-revueltas-artisticas-exposicion-colectiva

Teatro: El zoológico de cristal en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón

La escena universitaria presenta El zoológico de cristal, una de las obras más reconocidas del dramaturgo estadounidense Tennessee Williams. La puesta en escena invita al público a adentrarse en un drama íntimo que reflexiona sobre la memoria, la fragilidad y los vínculos familiares.

La función se realizará el 7 de marzo a las 19:00 horas en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, dentro del Centro Cultural Universitario.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/teatro-unam-el-zoologico-de-cristal

Espacios expositivos: Museo de las Constituciones

Ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el Museo de las Constituciones ofrece un recorrido por la historia constitucional del país a través de documentos, objetos y recursos interactivos.

El museo abre de miércoles a domingo, de 10:00 a 17:00 horas, y forma parte de la red de espacios culturales universitarios abiertos al público.

Más información:
https://museodelasconstituciones.unam.mx/

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Mosquitos: el animal más mortal del mundo y la red que ayuda a detenerlo

Cada año los mosquitos matan a más gente que las armas de fuego y las guerras. En su último informe anual, la Organización Mundial de la Salud (OMS) registró que fallecieron casi seiscientas mil personas a causa de la malaria, una enfermedad infecciosa que se transmite a los humanos a través de los mosquitos del género Anopheles infectados por los parásitos del género Plasmodium. El también llamado paludismo provoca fiebre alta, escalofríos, dolor de cabeza, náuseas y cansancio y, si no se trata a tiempo, puede causar anemia severa, daño cerebral y, en casos extremos, la muerte. La población más vulnerable son los niños y las niñas menores de cinco años, así como las mujeres embarazadas.

Pese a los avances en el tratamiento y en la prevención, acabar con esta enfermedad sigue siendo uno de los mayores retos de los sistemas de salud, especialmente en países de clima tropical donde existen altos índices de pobreza y desigualdad —sus focos rojos son África, América Latina y el sudeste asiático—. Las medidas preventivas, como el uso de mosquiteros o redes tratadas con insecticidas, la fumigación de casas y la administración de medicamentos, son esenciales para evitar su propagación, pero también es importante que se sigan desarrollando nuevas vacunas.

Datos de la OMS revelan que, entre los años 2000 y 2023, la Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria 2016-2030 ha evitado aproximadamente 2 200 millones de casos y 12.7 millones de muertes.1 Esto se debe, en parte, al uso de mosquiteros que se emplean “desde tiempos inmemoriales”, de acuerdo con el doctor Abraham Mnzava, coordinador en Tanzania de la Alianza de Líderes Africanos contra la Malaria (ALMA, por sus siglas en inglés). “Las primeras redes”, agrega, “estaban hechas de telas o tejidos de red sin insecticida ni químicos”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el uso del DDT (diclorodifeniltricloroetano) revolucionó la lucha contra los mosquitos. Además de ocuparlo para el control de plagas en las cosechas, se empezó a aplicar en los mosquiteros contra la malaria y el tifus. Sin embargo, en 1972 fue prohibido en Estados Unidos (y más tarde en gran parte de Europa) por las graves afectaciones que causaba en la vida silvestre y en la salud humana, según apunta la Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de Estados Unidos (ATSDR). “Tenemos reportes de que comunidades del norte de África solían rociar sus redes con este químico. Desafortunadamente, ésta era una práctica muy peligrosa”, corrobora el doctor Mnzava. Aun así, todavía hoy se sigue utilizando en países donde el paludismo representa un peligro importante contra la salud, como en Botsuana, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Zambia y Zimbabue.

En los ochenta se comenzó a aplicar a los mosquiteros piretroides sintéticos, unas sustancias químicas que, incluso en una concentración muy baja, son mortales para los mosquitos. “Fue un gran avance en el desarrollo de las redes tratadas con insecticida porque éste es seguro para quien está en contacto con la sustancia”, comenta Mnzava, quien agrega que las pruebas iniciales, llevadas a cabo en Burkina Faso y en Tanzania, demostraron una disminución significativa en los parámetros entomológicos y epidemiológicos. “Hacia finales de 1990, los científicos de Gambia también pudieron demostrar el impacto que las redes tratadas con [dicho] insecticida tuvieron en la reducción de muertes infantiles por malaria”, apunta. El éxito de estas redes radica, entre otras cosas, en su doble naturaleza: al tiempo que levantan una barrera física, el químico repele a los insectos o los mata.

Los mosquiteros tienen diferentes tamaños, que van desde un metro de ancho hasta los dos metros y medio. La mayoría se fabrica con poliéster, polietileno o polipropileno y son lo bastante delgados para dejar pasar el aire. A las primeras redes se les daba mantenimiento cada seis o doce meses: la gente los sumergía en una mezcla de agua con insecticida y los dejaba secar a la sombra. La llegada de los piretroides ha ayudado a que un mosquitero dure tres años. Algunos tienen forma de cono; también los hay cuadrados, que cubren toda la superficie de una cama. El insecticida se impregna por inmersión y las redes se distribuyen mediante campañas masivas aproximadamente cada tres años.

Al principio, su fabricación era muy onerosa y se producía en el extranjero, sobre todo en el sudeste asiático. El doctor Mnzava explica que, “en los ochenta, cada red costaba más de veinte dólares, pero ahora, con el aumento de la demanda y las economías de escala, los precios se han reducido mucho”. Además, el avance de la tecnología ha permitido que su producción sea más barata y el producto más duradero. Las nuevas redes, fabricadas con materiales sintéticos, son conocidas como “redes insecticidas de larga duración” y suelen combinar diferentes tipos de químicos, como organoclorados, carbamatos y organofosforados, lo que las vuelve más longevas.

Hoy existen iniciativas en África para producir mosquiteros de manera local. En Tanzania, por ejemplo, las redes se han convertido en el control principal de los vectores de la malaria, gracias a las campañas de distribución masiva en escuelas y hospitales; “es el único país en el continente donde se fabrican estas redes recomendadas por la OMS y emplean la tecnología de la empresa japonesa Sumitomo”.

Se espera que la fábrica que las produce (A to Z Textile Mills Ltd., con sede en Arusha, al norte de Tanzania) y que cuenta con cerca de mil trabajadores, aproveche la tecnología de nueva generación, esto es, que les pongan doble insecticida, pues los mosquitos ya han creado resistencia a los piretroides. Estos mosquiteros son cada vez más accesibles. De acuerdo con la OMS, en 2023, el 78 % de los 195 millones que se entregaron en la región subsahariana de África eran de este tipo, lo que supuso un aumento del 59 % respecto a los que fueron repartidos en 2022 por organismos internacionales y ONGs que trabajan con autoridades sanitarias locales.

La lucha contra la malaria parece efectiva. Actualmente, ya se logró erradicar en 45 países, entre ellos: Egipto, El Salvador, Cabo Verde y Argelia, mientras que muchos otros siguen acciones para lograr ese objetivo. En diciembre del año pasado, gracias a la cooperación internacional y el trabajo de organizaciones como la Unicef, diecisiete naciones aplicaron vacunas contra el paludismo como parte de programas de salud para las infancias. No obstante, a pesar de estos logros, el índice de fallecimientos en África todavía es muy alto. De hecho, el 95 % de las muertes mundiales por esta enfermedad ocurren en ese continente y, en 2023, la tasa de mortalidad global se calculó en 52.4 muertes por cada cien mil personas que habitan áreas de riesgo, el doble de lo establecido en los objetivos de la Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria 2016-2030 y lo que significa que aún queda mucho por hacer.

El año pasado, los once países africanos donde se encuentra la mayor cantidad de casos —Burkina Faso, Sudán, Camerún, Malí, Mozambique, Níger, Nigeria, República Democrática del Congo, Ghana, Tanzania y Uganda— firmaron la Declaración de Yaoundé, un compromiso para fortalecer sus sistemas de salud, aumentar las campañas de vacunación y mejorar la difusión de la información entre la ciudadanía. Peter Baffoe, especialista de salud de la oficina regional de Unicef para América Latina y el Caribe, considera que esto es fundamental, pues “los sistemas de atención primaria de salud a menudo son débiles y están fragmentados y no pueden apoyar eficazmente a la prevención, la detección y el tratamiento temprano”. Estos acuerdos son importantes porque “los mosquiteros por sí solos no son suficientes”, sentencia el doctor Mnzava. Se requieren acciones coordinadas que incorporen varios frentes: “Controlar las enfermedades transmitidas por vectores, como la malaria o el dengue, va más allá de la salud. Tiene que ver con aspectos socioeconómicos, ambientales y de comportamiento que requieren un esfuerzo conjunto”, señala Baffoe.

Latinoamérica suele quedarse fuera de los programas internacionales porque en la región el dengue supone un desafío mayor que la malaria, aunque en la Amazonía boliviana, Brasil, Colombia y Venezuela sí hay poblaciones afectadas; por otro lado, en el sur de México y algunos países de Centroamérica, donde se ha detectado la presencia de esta enfermedad, se han hecho esfuerzos para lograr su erradicación. En opinión de Baffoe, “el control de las enfermedades transmitidas por vectores no recibe suficiente atención, lo que resulta en una falta de financiamiento tanto por parte de los gobiernos como de los financiadores privados”.

Mnzava explica que hay que buscar controlar la enfermedad en todas sus etapas: “deben desarrollarse nuevos medicamentos, más vacunas y mejores pruebas diagnósticas, así como nuevas herramientas de control de vectores, tal es el caso de los insecticidas con ingredientes activos que aborden la resistencia de los insectos”. El experto también opina que, pese a todo, la lista de proyectos contra la malaria “nunca ha sido mejor” y que, a nivel mundial, se está trabajando en la modificación genética de los mosquitos para que ya no sean transmisores de la enfermedad.

Financiación escasa y recortes

El doctor Mnzava admite que, desde la pandemia, en 2020, la lucha contra la malaria vive una crisis de la que todavía no se recupera debido a una brecha sin precedentes en su financiación. En 2023 el monto total destinado en el mundo a este objetivo fue de 4 000 millones de dólares, la mitad de los 8 300 millones que recomiendan los estándares internacionales de la Estrategia Técnica Mundial desarrollada por la OMS. Esto pone en marcha una reacción en cadena: sin recursos disminuye la producción y la distribución de los mosquiteros, así como la compra de medicamentos y el desarrollo de campañas largas de prevención y tratamiento, este último suele incluir la administración de artemisinina para eliminar el parásito del torrente sanguíneo.

Los actuales recortes en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), bajo la administración de Donald Trump, han provocado que “todos los productos básicos e intervenciones contra la malaria financiados por el gobierno de EUA estén en gran riesgo”, comenta Mnzava. Las naciones más vulnerables a esta enfermedad no pueden costear una estrategia nacional por sí mismas. “Casi el cien por ciento de los países dependen de la financiación de donantes”, aclara el experto y explica que para 2025 estaba previsto que el gobierno estadounidense adquiriera 44 millones de redes tratadas con insecticida y apoyara con la distribución de 15 millones adicionales, lo que habría protegido aproximadamente a 118 millones de personas; sin embargo, el regreso de Trump ha implicado que EUA deje de involucrarse en la asistencia a otros países.Según las estimaciones del Proyecto Atlas de la Malaria, todos los productos y tratamientos contra esta enfermedad financiados por el gobierno de Estados Unidos pueden prevenir 14.9 millones de casos y 107 000 muertes, la gran mayoría de niños menores de cinco años.2 No obstante, tanto ALMA como la iniciativa para hacer retroceder la malaria (Roll Back Malaria) trabajan para conseguir nuevas vías de financiación y ya “han recaudado 125 millones de dólares a través de asociaciones público-privadas”. Los países también están explorando el uso de recursos relacionados con el cambio climático y del Banco Mundial, señala el especialista.

El impacto ecológico de las redes

A medida que ha aumentado la exposición a los químicos, los mosquitos se han vuelto más resistentes a los medicamentos y a los insecticidas, incluidos los piretroides. Y aunque esto ha promovido innovaciones tecnológicas, “también ha conducido a un menor cumplimiento comunitario de las normas, ¿para qué seguir usando redes cuando las picaduras continúan?”, cuenta el doctor Mnzava. A esta ineficacia, Isabel Ceballos, investigadora del Instituto de Biotecnología, agrega un punto más: la falta de regulación y tratamiento de los residuos que provocan estos mosquiteros, que a veces se ocupan para otras tareas, como la pesca o la agricultura. “En vez de tratar un problema generamos otro más grande.”

Actualmente, científicos y científicas de la UNAM trabajan con la bacteria Bacillus thuringiensis, que tiene propiedades insecticidas. “Se trata de un insecticida biológico”, puntualiza Ceballos. “Esta bacteria produce proteínas que matan a las larvas de los mosquitos. Es una sustancia que se degrada con el tiempo, no se acumula en el ambiente y ha demostrado llevar un control muy eficiente de la plaga de estos insectos, controlando el problema desde el inicio y evitando que aumenten las poblaciones”, asegura. Estudios como éste buscan alternativas más ecológicas y sustentables para el medio ambiente. “Los químicos ya no son opción y muchos de los productos que los utilizan están prohibidos, como el DDT; el problema es que varios países se saltan las regulaciones y los siguen empleando. Además, los insecticidas utilizados en esas trampas contra mosquitos también acaban con otras especies y pasan al suelo, el ambiente o el agua”, argumenta la doctora.

Pese a los esfuerzos de la academia por plantear alternativas, la experta reconoce que el mercado de los insecticidas químicos sigue siendo la solución más popular contra las plagas. “Para todos es más fácil usar el insecticida químico porque está al alcance de la mano, pero no conocemos las consecuencias que pueden tener esas sustancias acumuladas durante mucho tiempo”. A esta situación hay que añadir el aumento en las desigualdades a causa del cambio climático y la violencia, los cuales generan desplazamientos forzados; las personas que migran están más expuestas, por lo que se encuentran en mayor riesgo de contraer el virus. “Los eventos climáticos extremos y el aumento de las temperaturas significan que las enfermedades transmitidas por vectores, particularmente el paludismo y el dengue, se están extendiendo a áreas a las que antes no llegaban”, advierte Baffoe. Por ello es importante invertir en la investigación y el desarrollo de vacunas y otros medios para encontrar soluciones más innovadoras y eficaces contra la malaria

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Cómo aprender matemáticas y otras disciplinas: principios y estrategias

Una de las ideas más extendidas —y más equivocadas— sobre el aprendizaje es que consiste simplemente en “entender” algo al escucharlo o leerlo. Creemos que si prestamos atención en clase y repasamos antes del examen será suficiente. Sin embargo, cuando enfrentamos disciplinas como las matemáticas, la música o cualquier área que exige pensamiento abstracto o habilidades complejas, descubrimos que esta estrategia deja de funcionar.

Pero ¿y si el problema no fuera la falta de inteligencia ni de talento? ¿Qué tal si la causa es biológica? Aprender no es un acto instantáneo, sino un proceso físico, químico y eléctrico que ocurre en el cerebro a lo largo del tiempo, modificando la estructura y funcionamiento de las neuronas. Comprender cómo aprende el cerebro humano permite transformar la manera en que estudiamos, practicamos y enseñamos.

Mediante el texto y el video “Cómo aprende el cerebro humano matemáticas y otras disciplinas”, el Dr. Emilio Esteban Lluis Puebla, académico de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM, explica, desde una perspectiva neurocientífica e histórica, cómo aprende el cerebro matemáticas y otras disciplinas, y por qué el tiempo, la repetición y el descanso son elementos indispensables.

El aprendizaje como transformación física del cerebro

Lluis Puebla señala que nuestro cerebro no recibe conocimientos como si se le conectara una memoria USB a una computadora. Aprende modificando sus conexiones internas. Este órgano coordina procesos cognitivos, emocionales y fisiológicos mediante redes formadas por miles de millones de neuronas.

Pero ¿cómo se comunican las neuronas? Mediante un proceso llamado sinapsis, conexiones que no son simples “cables”, sino fenómenos químicos y eléctricos altamente sofisticados.

Dentro de una neurona, la información viaja como un impulso eléctrico conocido como potencial de acción, generado por el movimiento de iones —principalmente sodio y potasio— a través de la membrana celular. Cuando el impulso llega al extremo de la neurona, puede transmitirse de dos maneras:

  • Sinapsis eléctrica: los iones pasan directamente de una neurona a otra, permitiendo una transmisión casi instantánea.
  • Sinapsis química: el impulso provoca la liberación de neurotransmisores, moléculas que atraviesan el espacio sináptico y activan la siguiente neurona.

Cada vez que aprendemos algo nuevo, estas conexiones se modifican mediante un proceso llamado plasticidad sináptica, en el que el cerebro se reconfigura a sí mismo con la experiencia.

El caso particular del aprendizaje matemático

Con estos fundamentos biológicos en mente, podemos entender mejor lo que ocurre cuando alguien aprende matemáticas. Aquí, los principios generales del aprendizaje se vuelven especialmente evidentes. No se trata de una sola región cerebral trabajando de manera aislada, sino de la activación coordinada de múltiples áreas:

  • Corteza parietal: relacionada con la representación de cantidades y relaciones espaciales.
  • Corteza prefrontal: encargada del razonamiento abstracto y la planificación lógica.
  • Áreas del lenguaje: que permiten codificar símbolos, definiciones y estructuras formales.

Cuando un estudiante lee por primera vez la definición de un concepto abstracto —por ejemplo, un “anillo” en álgebra— la información se procesa inicialmente de manera verbal y visual. En esta fase, la huella neuronal es frágil. Si el estudiante solo relee el texto pasivamente, la conexión será débil y fácilmente olvidable.

Sin embargo, cuando escribe la definición con sus propias palabras, intenta recordarla sin mirar y la aplica en ejercicios, activa distintos circuitos cerebrales de manera simultánea. Esto genera múltiples rutas neuronales para acceder al mismo contenido, fortaleciendo la red mediante el principio descrito por Donald Hebb: las neuronas que se activan juntas tienden a conectarse entre sí.

Desde esta perspectiva, el académico de la FC destaca que el aprendizaje matemático puede entenderse como un proceso que atraviesa tres etapas fundamentales:

  1. Codificación: primera exposición consciente al concepto.
  2. Consolidación: fortalecimiento de las conexiones neuronales durante el descanso y, especialmente, durante el sueño.
  3. Recuperación activa: esfuerzo deliberado por recordar y aplicar el conocimiento sin apoyo externo.

La comprensión real no ocurre cuando el estudiante reconoce una definición al verla, sino cuando puede manipular el concepto, explicarlo, relacionarlo con otros y utilizarlo para resolver problemas nuevos. En ese momento, el circuito neuronal no solo existe: funciona con fluidez.

Por eso, estudiar todos los días no es una recomendación moral, sino una exigencia biológica. El aprendizaje profundo no ocurre en una sola sesión intensa; requiere activaciones repetidas distribuidas en el tiempo. Cada sesión fortalece un poco más el circuito neuronal y, si no se reactiva, la conexión se debilita.

Aprendizaje motor: el caso de la música y el deporte

Aprender a tocar el piano o practicar un deporte sigue principios biológicos similares, aunque involucra sistemas motores. Al principio, la corteza prefrontal se activa intensamente porque cada movimiento se realiza de manera consciente. Con la práctica repetida, las conexiones en la corteza motora se fortalecen y parte del control del movimiento se transfiere a estructuras subcorticales como los ganglios basales y el cerebelo. De esta manera, el movimiento se automatiza: lo que antes requería esfuerzo consciente ahora fluye casi de manera automática.

La llamada “memoria muscular” no reside en los músculos, sino en estos circuitos cerebrales consolidados, que permiten que las acciones repetidas se realicen sin pensar en cada detalle. Sorprendentemente, gran parte del aprendizaje ocurre incluso cuando no estamos practicando activamente, durante periodos de descanso en los que el cerebro consolida las experiencias y movimientos practicados.

Dormir, un aliado trascendente

Durante el día, cuando leemos o practicamos, la información se mantiene en la memoria de trabajo, principalmente en la corteza prefrontal. Esta memoria es frágil y depende de la atención. Sin embargo, según Lluis Puebla, durante el sueño el hipocampo —una estructura clave para la memoria— reactiva los patrones neuronales formados durante el día y los consolida en redes más estables distribuidas por la corteza cerebral.

En otras palabras, el cerebro “reproduce” lo aprendido mientras dormimos. Muchas mejoras ocurren entre sesiones de práctica, no durante ellas. Esto explica fenómenos comunes: un problema matemático que parecía imposible por la noche puede resolverse con facilidad al día siguiente; un pasaje musical mejora tras descansar, y las llamadas “ideas súbitas” surgen en momentos inesperados.

El descanso no es una interrupción del aprendizaje, sino una parte esencial del mismo. Durante esta etapa, las secuencias de acciones se reorganizan y se “empaquetan” en programas motores más eficientes, facilitando que lo aprendido se ejecute de manera automática y fluida.

Principios universales del aprendizaje

De todo lo anterior se desprenden principios aplicables a cualquier disciplina:

  • El aprendizaje modifica físicamente el cerebro.
  • La repetición espaciada fortalece conexiones.
  • El descanso y el sueño consolidan.
  • La recuperación activa fortalece más que la relectura.
  • La automatización libera recursos cognitivos.
  • El tiempo invertido es indispensable.

En conclusión: no existen atajos biológicos. Pretender dominar matemáticas, música o cualquier arte complejo sin práctica constante es desconocer cómo funciona el cerebro humano. Aprender es un viaje que combina esfuerzo, repetición y descanso. Cada sesión fortalece los circuitos neuronales, y cada noche de sueño convierte ese esfuerzo en conocimiento duradero. Entender esto no solo cambia nuestra forma de estudiar: nos enseña a respetar el ritmo natural del cerebro y a aprender con inteligencia, paciencia y constancia.