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El vínculo que moldea al caballo: cómo la relación madre-cría influye en su bienestar

El caballo (Equus ferus caballus) ha acompañado al ser humano durante milenios, desempeñando un papel central en actividades productivas, deportivas, terapéuticas y recreativas. En este contexto, comprender los mecanismos que regulan su desarrollo y bienestar resulta fundamental, ya que ello no sólo tiene implicaciones éticas, sino también consecuencias prácticas en términos de manejo, salud y seguridad.

No obstante, muchas prácticas de manejo equino contemporáneas, especialmente en contextos productivos, se apartan de las condiciones sociales naturales bajo las cuales evolucionó la especie. Estas modificaciones pueden generar alteraciones en los sistemas de regulación del estrés y comprometer el bienestar del animal a corto y largo plazo.

En este escenario científico, el desarrollo de técnicas avanzadas de imagenología ha permitido explorar con mayor detalle procesos neurobiológicos y fisiológicos que antes sólo podían inferirse a partir de la conducta observable.

Bajo esta perspectiva, el estudio “Affiliative behaviours regulate allostasis development and shape biobehavioural trajectories in horses” constituye una aportación relevante, al analizar cómo las conductas afiliativas tempranas —en particular el vínculo entre la yegua y su potro— configuran respuestas fisiológicas y conductuales que pueden persistir a lo largo de la vida del animal, influyendo en su capacidad de adaptación al entorno y en la calidad de sus interacciones posteriores con el ser humano.

La importancia del vínculo social en el desarrollo del potro

Antes de analizar el estudio, la Dra. Lucía Pérez Manríque, académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, explicó que los caballos son animales altamente sociales, tanto en condiciones naturales como en sistemas domésticos. En libertad, viven en grupos relativamente estables conformados por varias yeguas, sus crías y otros individuos juveniles, donde el aprendizaje social, la regulación emocional y la exploración del entorno ocurren en un contexto de interacción constante.

En este escenario, el primer y más relevante vínculo social que establece el potro es con su madre, relación que suele mantenerse de forma progresiva hasta aproximadamente el primer año de vida o incluso más, momento en el cual el destete ocurre de manera gradual.

En contraste, en numerosos sistemas de manejo humano el destete se realiza de forma temprana y abrupta, comúnmente entre los cuatro y seis meses de edad. Esta práctica responde a limitaciones de espacio, objetivos productivos o necesidades zootécnicas específicas. Sin embargo, desde una perspectiva biológica, dicha separación ocurre en un periodo crítico del desarrollo del sistema nervioso y de los mecanismos de regulación fisiológica del potro.

Diseño del estudio y metodología

Con base en este contexto, la académica destacó que el estudio evaluó el impacto de la permanencia o interrupción temprana del vínculo materno en el desarrollo. Para ello, se conformaron dos grupos experimentales de potros: uno destetado a los seis meses de edad y otro que permaneció en contacto continuo con su madre hasta los trece meses, un periodo más cercano al destete natural observado en poblaciones ferales.

“A lo largo del estudio, ambos grupos fueron sometidos a evaluaciones longitudinales que incluyeron técnicas de imagenología cerebral, mediciones fisiológicas relacionadas con el metabolismo y la inflamación, así como pruebas conductuales estandarizadas. Estas pruebas se enfocaron en la respuesta a estímulos novedosos, la exploración de objetos desconocidos y los niveles de sociabilidad con otros individuos”, comentó.

La influencia del vínculo materno temprano

Las evaluaciones permitieron identificar diferencias en patrones conductuales y fisiológicos asociados con la regulación emocional, el procesamiento del estrés y la adaptación al entorno.

“Desde el punto de vista conductual, los potros que permanecieron con sus madres mostraron patrones más estables y adaptativos. Estos animales tendieron a responder de manera menos reactiva ante estímulos nuevos, exhibiendo conductas exploratorias más marcadas y una mayor disposición a interactuar tanto con objetos como con otros caballos. En contraste, los potros destetados tempranamente presentaron respuestas más intensas ante la novedad, así como una menor competencia social”, expresó Pérez Manríque.

A nivel fisiológico, el estudio también evaluó parámetros asociados con la regulación del estrés, incluyendo indicadores inflamatorios y metabólicos. Los resultados sugieren que los potros que permanecieron en un entorno social estable presentaron una regulación del estrés más eficiente y perfiles metabólicos más estables.

“Además, el entorno social temprano puede influir en procesos neurobiológicos relacionados con el aprendizaje, la cognición y la regulación emocional”, añadió.

¿Cómo aplicar estos hallazgos para procurar el bienestar animal?

Desde un punto de vista ético, estos hallazgos subrayan la necesidad de revisar ciertas prácticas de manejo equino. Aunque algunos sistemas han normalizado procedimientos que pueden limitar el bienestar de los potros, es fundamental que criadores, entrenadores y veterinarios reconozcan las implicaciones científicas de sus decisiones.

Esto no sólo mejora la calidad de vida de los animales, sino que también puede traducirse en beneficios prácticos, como menor incidencia de problemas conductuales, mejor desempeño y mayor seguridad durante el manejo.

No obstante, Pérez Manríque reconoció que implementar estas recomendaciones requiere considerar la realidad socioeconómica y cultural de cada contexto. Las intervenciones basadas en evidencia deben adaptarse a las condiciones locales para ser efectivas y sostenibles.

Evidencia complementaria sobre el estrés temprano

Esta línea de investigación no surge de manera aislada. En el estudio “Repeatable individual differences in behaviour and physiology in juvenile horses from an early age”, Pérez Manríque junto a un grupo de investigadores demostraron que las diferencias individuales en la respuesta al estrés pueden detectarse desde etapas muy tempranas del desarrollo.

En dichas investigaciones, los potros sometidos a pruebas repetidas de separación social mostraron patrones conductuales y fisiológicos consistentes —como variaciones en la actividad motora, vocalizaciones y variabilidad de la frecuencia cardiaca— que se mantuvieron a lo largo del primer año de vida.

Estos hallazgos indican que la forma en que el potro experimenta y regula el estrés desde edades tempranas contribuye a la consolidación de trayectorias bioconductuales relativamente estables.

A tomar en cuenta

La evidencia científica muestra que el vínculo materno temprano es un componente central en el desarrollo neurobiológico, fisiológico y conductual del caballo. Lejos de ser un aspecto secundario del manejo, las interacciones sociales iniciales —en particular la relación entre la yegua y su potro— desempeñan un papel relevante en la regulación del estrés, la adaptación al entorno y la consolidación de patrones conductuales más estables.

Comprender al caballo como un animal social con necesidades emocionales y neurobiológicas específicas no sólo contribuye a mejorar su bienestar, sino que también tiene implicaciones directas en la seguridad, el rendimiento y la calidad de la relación humano-animal.

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Diez años pensando las movilidades humanas: la UDIR UNAM celebra su aniversario con un foro internacional en Morelia

En un momento en que las migraciones y los desplazamientos humanos se han convertido en uno de los fenómenos más complejos del siglo XXI, la Universidad Nacional Autónoma de México reunió en Morelia a especialistas de distintas disciplinas para reflexionar sobre sus implicaciones sociales y culturales. El foro Movilidades humanas y representaciones sociales marcó no sólo un espacio de debate académico, sino también la celebración del décimo aniversario de la Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales (UDIR).

El encuentro, realizado los días 11 y 12 de febrero en el UNAM Centro Cultural Morelia, fue inaugurado de manera virtual por el rector Leonardo Lomelí Vanegas, quien reconoció la trayectoria de la Unidad y su papel en la ampliación de la presencia universitaria en el país. Durante su intervención destacó la labor del coordinador actual, Mario Martínez Salgado, así como de Mariana Masera, quien encabezó la UDIR en sus primeros años de actividad.

El rector subrayó que las humanidades y las ciencias sociales son fundamentales para incidir en el bienestar individual y colectivo, y consideró que el foro aborda un tema insoslayable. Como núcleo de generación académica de excelencia, afirmó, la Unidad continuará consolidándose.

Por su parte, el coordinador de Humanidades de la UNAM, Miguel Armando López Leyva, señaló que la misión de la UDIR es estudiar la sociedad desde enfoques multidisciplinarios que permitan comprender con rigor las manifestaciones culturales, políticas y sociales, y profundizar su impacto en la vida pública.

Mario Martínez Salgado invitó a los asistentes a concebir el encuentro como un espacio de reflexión necesaria, una muestra de la vocación que la Unidad ha sostenido durante una década de trabajo académico.

Migración y representaciones sociales

Durante el foro, investigadoras e investigadores abordaron las movilidades y migraciones como objetos centrales de estudio dentro de los movimientos sociales contemporáneos. Gabriela Pinillos Quintero, académica de la Unidad, destacó la relevancia de estos temas y aprovechó el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia para reconocer la labor de las mujeres en el ámbito científico.

El encuentro reunió a especialistas del Instituto de Investigaciones Jurídicas, del Instituto de Investigaciones Filosóficas, de la ENES Morelia y de El Colegio de Michoacán. Las actividades fueron de entrada libre y gratuita, y quienes asistieron a las jornadas académicas recibirán constancias de participación.

Una década de investigación en Morelia

La Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales fue creada el 31 de agosto de 2015 como parte de la estrategia de la Coordinación de Humanidades para fortalecer la investigación en ciencias sociales y humanidades en distintas regiones del país. Desde su sede en Morelia, ha impulsado el estudio de problemáticas culturales y sociales con un enfoque multidisciplinario orientado a comprender la realidad nacional en sus dimensiones locales y globales.

En 2021, en el Campus Morelia, se inauguró el edificio de la UDIR, un espacio destinado al desarrollo de nuevas líneas de investigación y a la innovación académica en humanidades y ciencias sociales. Entre sus iniciativas se encuentra el Seminario Identidad, Cultura y Sociedad, un encuentro quincenal para el intercambio de ideas entre humanistas y científicos sociales, así como la revista Inflexiones, publicación semestral orientada al diálogo multidisciplinario sobre la cultura, la sociedad y su historia.

A lo largo de los próximos meses, actividades similares al foro continuarán desarrollándose para conmemorar la primera década de la Unidad. Diez años después de su fundación, la UDIR reafirma su vocación de abrir espacios de discusión sobre los desafíos contemporáneos y de consolidarse como un punto de referencia en el análisis de las representaciones sociales y culturales en México.

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Mujeres investigadoras del ICN llegan a niñas de Iztapalapa

Cuando Antígona era niña, cada año acudía al Museo de Electricidad y al Museo de Historia Natural. Esos recorridos la maravillaron y sembraron en ella la inquietud por dedicarse a la ciencia. Hoy es investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM y, en el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, ejerció su especialización en divulgación científica.

En un evento llevado a cabo el 11 de febrero, el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM festejó esta fecha con una serie de actividades en el parque Utopía Meyehualco, en Iztapalapa. Antígona Segura Peralta, coordinadora de la Unidad de Comunicación de la Ciencia del ICN, fue la encargada.

Las mujeres han sido excluidas sistemáticamente de muchos aspectos de la sociedad, en particular de la creación del conocimiento científico. “A pesar de ello, siempre hemos logrado hacer ciencia, hacer contribuciones e incluso entrar a las universidades cuando estaba prohibido”.

Para Antígona, la idea de que las mujeres sólo sirven para cuidar hijos y quedarse en el hogar es equivocada. De hecho, no hay evidencia científica que demuestre que las mujeres tengan capacidades diferentes a las de los hombres para hacer ciencia.

Cualquier persona fisiológicamente está cerebralmente preparada para hacer ciencia; la única diferencia es tener el gusto por hacerlo. “Es todo lo que tienen que tener”.

Sin embargo, la idea de que las mujeres deben cumplir un rol específico en la sociedad ha sido muy dañina. Es difícil que entren a las universidades para hacer ciencia, porque todavía son las principales cuidadoras. De hecho, tienen menos tiempo para generar conocimiento en comparación con los hombres.

El problema es sistémico, producto de una sociedad que nos ha otorgado un rol específico que, si bien podemos cumplir, también podemos transformar.

El evento

Las actividades consistieron en una serie de talleres, juegos y exhibiciones para contarle a la gente qué es lo que hacen las mujeres del ICN en la UNAM, desde estudiantes de posgrado hasta técnicas académicas.

Entre ellas destacó Pilar Carreón, quien en su ponencia realizó experimentos de química con niñas pequeñas. Les mostró cómo el nitrógeno, al enfriarse a temperaturas muy bajas, se vuelve líquido, pero al liberarlo al medio ambiente se vuelve gaseoso.

También se presentó Paola Molina Sevilla, quien habló sobre la importancia de las mujeres en el camino hacia la exploración espacial, en específico sobre Valentina Tereshkova, primera cosmonauta rusa, y su relevancia para abrir camino a las siguientes generaciones. Además, estuvo Ana Leonor Rivera para explicar por qué los humanos somos complejos.

¿Por qué en Iztapalapa?

De acuerdo con Antígona Segura, se decidió realizar el evento en este sitio para alcanzar a las personas que no tienen acceso a las actividades científicas o culturales de la UNAM, ya que Ciudad Universitaria les queda lejos. La idea era hablar con un público diferente al que normalmente acude a ese espacio.

“Cuando hablamos de ciencia, es muy importante la participación de todos los sectores de la población, en particular de las mujeres, que somos el 51 por ciento de la población, tanto en México como a nivel mundial”.

Sin embargo, el porcentaje de mujeres en la ciencia todavía es mínimo. Por ejemplo, en las áreas de física y en el ICN sólo hay alrededor del 5 por ciento del sector femenino, mientras que en el área de química sí hay una participación cercana al 50 y 50.

Este bajo porcentaje en física refleja que aún no se hace lo suficiente para permitir que las niñas y las mujeres se especialicen en esos espacios, añadió la investigadora universitaria.

“Para nosotras, la voz de las mujeres es la voz de la humanidad. Por eso no podemos dejarlas fuera de la ciencia, ya que tenemos nuestras propias perspectivas relacionadas con nuestras historias particulares”.

Una historia femenina en la ciencia

Antígona no tiene claro cuándo decidió ser científica, pero desde pequeña sentía una curiosidad imparable. Quería saber cómo se organizaban las hormigas, cómo se guiaban y a dónde llevaban la comida; además, le fascinaban los volcanes, el fenómeno de la vida y, sobre todo, las estrellas.

Así, buscó su pasión y llegó a la carrera de Física; luego realizó su maestría en Astronomía y finalmente un doctorado en Ciencias de la Tierra. En realidad, buscaba llenar su deseo de aprender.

Además, ha tenido la fortuna de relacionarse con grandes personalidades. Por ejemplo, cuando realizó un diplomado en divulgación científica, lo primero que hizo fue buscar a Julieta Fierro, quien justamente hacía divulgación junto con Miguel Ángel Herrera desde el Instituto de Astronomía. La recuerda como una persona amable y generosa que llenaba de curiosidad al público.

Cuando realizó su doctorado en Ciencias de la Tierra, en el área de Ciencias Espaciales, le tocó trabajar nada menos que con Rafael Navarro González, una eminencia en los estudios del planeta Marte. Más tarde, se quedó en el ICN como investigadora, donde lleva más de 20 años y también coordina el área de comunicación.

Su investigación

Desde que llegó al ICN se ha dedicado a estudiar la habitabilidad planetaria: entender cómo se forma un mundo habitable, cuáles son sus características y cómo distinguirlo de un mundo no habitado.

La idea es que en el futuro existan telescopios capaces de observar las atmósferas de planetas tipo terrestre, es decir, planetas rocosos como la Tierra.

¿Cómo reconocer un planeta habitable en el Universo? En el sistema solar hay cuatro planetas tipo terrestre: Mercurio, Venus, Tierra y Marte. “Por eso sabemos que existen planetas de tipo terrestre alrededor de otras estrellas”.

Hasta el momento se han detectado más de 7 mil exoplanetas, es decir, planetas que giran alrededor de otras estrellas, pero sólo una veintena están dentro de la zona habitable. “No sabemos si tienen agua o atmósfera porque los instrumentos actuales no nos permiten determinarlo”.

Otra característica importante es la presencia de agua: su atmósfera debe permitir mantenerla en estado líquido para que pueda generarse la vida.

Actualmente se sabe que existen versiones de la Tierra mucho más grandes, llamadas “supertierras”, que podrían tener atmósferas de hidrógeno. Pero ¿qué pasa si su estrella presenta múltiples llamaradas?

Esas constantes explosiones estelares pueden ser un problema para la vida, porque calientan la atmósfera y generan altos niveles de radiación ultravioleta. Además, es necesario entender si el planeta tiene volcanes para conocer su interior y evaluar si posee las condiciones necesarias.

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Alimentación y salud cerebral: cómo influye lo que comes en tu mente

Lo que comemos influye de manera directa y sostenida en la capacidad del cerebro para aprender, memorizar, regular las emociones y protegerse frente a distintos tipos de daño. Los nutrientes que ingerimos participan activamente en procesos como la comunicación entre neuronas, la producción de neurotransmisores, la reducción de la inflamación y la defensa frente al estrés oxidativo.

En este sentido, una dieta equilibrada y adecuada puede potenciar las funciones cognitivas, mejorar el estado de ánimo y favorecer un envejecimiento cerebral saludable. Por el contrario, hábitos alimenticios deficientes, desbalanceados o excesivos pueden alterar estos mecanismos, acelerar el deterioro neuronal y aumentar el riesgo de trastornos cognitivos y enfermedades neurodegenerativas.

A partir de esta premisa, el programa Hipócrates 2.0, producido por Radio UNAM en colaboración con el Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) y conducido por el Dr. Mauricio Rodríguez, abordó la relación entre alimentación y salud cerebral.

En esta emisión participó el Dr. Aurelio Campos Romo, del Laboratorio de Neurobiología del Envejecimiento del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien explicó cómo distintos alimentos y patrones dietéticos influyen en el funcionamiento del cerebro a lo largo de la vida y en la prevención del deterioro asociado al envejecimiento.

¿Por qué es importante lo que comes para el cerebro?

Antes de profundizar en el papel de la nutrición en el envejecimiento cerebral, Campos Romo aclaró un punto fundamental: envejecer no implica necesariamente deterioro cognitivo. La idea de que la pérdida de memoria o la demencia son inevitables en la vejez es incorrecta.

Mantener un cerebro saludable depende en gran medida de su eficiencia energética y de un estilo de vida que favorezca su funcionamiento. Los hábitos cotidianos, como la alimentación, el sueño y la actividad física, influyen directamente en la forma en que el cerebro obtiene y utiliza la energía necesaria para sus funciones. Para que las neuronas puedan trabajar de manera óptima, requieren un suministro constante de energía, principalmente en forma de glucosa.

Esta glucosa puede provenir directamente de los alimentos o generarse a partir de otras sustancias en el organismo mediante procesos hormonales. Además, la dieta no solo aporta energía, sino que también influye en la capacidad del cerebro para resistir distintos tipos de daño, como la inflamación, el estrés oxidativo y la exposición a sustancias tóxicas o fármacos.

Los nutrientes que obtenemos de los alimentos juegan un papel central en este proceso. Los macronutrientes —carbohidratos, proteínas y lípidos— y los micronutrientes —vitaminas y minerales— no solo aportan energía, sino que también influyen en cómo el cuerpo y el cerebro los procesan, afectando directamente la calidad del envejecimiento cerebral. Una alimentación equilibrada, combinada con actividad física y otros hábitos saludables, proporciona al cerebro las condiciones necesarias para envejecer de manera óptima y reducir el riesgo de deterioro cognitivo.

Sin embargo, la alimentación es solo un factor. Enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión o los trastornos renales pueden alterar la circulación, la presión sanguínea y la composición de la sangre, afectando negativamente a las neuronas. De manera similar, la microbiota intestinal —el conjunto de bacterias presentes en el intestino— regula el estado inflamatorio del cuerpo, con repercusiones directas sobre la salud cerebral.

Por último, algunas enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o el Alzheimer, pueden acelerar los procesos naturales de envejecimiento, actuando como formas de envejecimiento prematuro del cerebro.

¿Qué alimentos son los que más afectan al cerebro?

Diversos estudios, especialmente aquellos realizados en modelos animales como roedores, han demostrado que las dietas altas en grasas y azúcares provocan alteraciones significativas en los procesos de aprendizaje y memoria. De acuerdo con estos trabajos, los animales sometidos a estas dietas comienzan a mostrar dificultades cognitivas que recuerdan a cuadros de demencia o incluso a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

El Dr. Aurelio explicó que, aunque las neuronas no necesitan insulina para absorber glucosa, una dieta alta en azúcares y grasas puede afectar los receptores de insulina que sí poseen. Estos receptores no permiten que la glucosa entre en la célula, pero regulan importantes señales que mantienen el funcionamiento y el equilibrio del cerebro. Cuando el exceso de glucosa los hace resistentes, la comunicación interna de las neuronas se altera y esto genera efectos negativos en la función cerebral.

“El exceso de glucosa y grasa en el cerebro desencadena procesos dañinos como estrés oxidativo, inflamación y cambios metabólicos profundos, que contribuyen a la muerte neuronal, al deterioro del tejido cerebral y a la pérdida de volumen cerebral. Aunque la pérdida de volumen es un proceso natural con la edad, las malas dietas pueden acelerarlo significativamente”, destacó.

De igual forma, los alimentos ultraprocesados representan un factor de riesgo importante. Estos productos suelen contener grandes cantidades de azúcares, grasas y sal, mientras carecen de fibra, antioxidantes y compuestos beneficiosos para la microbiota intestinal. La ausencia de estos componentes favorece la disbiosis —desequilibrio de la flora intestinal—, lo cual genera estrés sistémico y contribuye a procesos degenerativos en todo el organismo, incluido el cerebro.

Es fundamental comprender que el cuerpo funciona como un sistema integral. Una mala alimentación no solo afecta al cerebro, sino que sobrecarga al corazón, al páncreas, al hígado y a los riñones, lo que con el tiempo deriva en enfermedades crónicas que también impactan la salud cerebral.

¿Qué alimentos son los mejores para el cerebro?

Desde el punto de vista nutricional, se ha observado que las dietas ricas en alimentos antioxidantes y antiinflamatorios protegen a las neuronas cerebrales del daño. Entre estos alimentos se encuentran las verduras de hoja verde, los frutos rojos, las nueces, las semillas, el aceite de oliva y el pescado.

Estos patrones alimenticios se reflejan en dietas ampliamente estudiadas como la dieta Mediterránea, la dieta DASH y la dieta MIND, las cuales se asocian con menor inflamación, mejor salud cardiovascular y un menor riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.

¿Cómo cuidar el cerebro?

Además de cuidar la alimentación, hay otras estrategias para preservar la salud cerebral. Campos Romo destacó la importancia de:

  • Mantener un peso adecuado.
  • Dormir lo suficiente.
  • Hacer ejercicio regularmente.
  • Estimular el cerebro con actividades como leer, aprender un idioma, tocar un instrumento o enfrentar desafíos intelectuales.

El cuidado del cerebro no debe comenzar en la vejez, sino desde etapas muy tempranas de la vida, incluso antes del nacimiento, mediante una adecuada nutrición materna. Adoptar estos hábitos favorece un envejecimiento saludable y permite que el cerebro conserve su funcionalidad y adaptabilidad a lo largo del tiempo.

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Diabetes en el trabajo: un desafío global de salud y productividad

La diabetes se ha consolidado como uno de los principales retos de salud pública a nivel mundial, no solo por su alta prevalencia, sino por las profundas repercusiones sociales, económicas y laborales que conlleva.

De acuerdo con estimaciones de la Federación Internacional de Diabetes (FID), para el año 2050 se prevé que uno de cada ocho adultos viva con esta enfermedad, lo que equivale a aproximadamente 853 millones de personas. Esta proyección representa un incremento del 46 % respecto a la cifra actual, estimada en 589 millones de personas con diabetes en el mundo.

En este contexto, resulta indispensable analizar la diabetes más allá del ámbito clínico y reconocer su influencia en los entornos laborales, donde las condiciones de trabajo, los estilos de vida y la organización del tiempo juegan un papel determinante en el desarrollo y manejo de la enfermedad. Comprender la magnitud del problema permite dimensionar la necesidad de acciones coordinadas entre instituciones, empresas y sociedad, orientadas a construir entornos más saludables y sostenibles frente a este desafío sanitario global.

Un poco de contexto

Durante el programa “Hipócrates 2.0: Diabetes y entorno laboral”, producido por Radio UNAM junto con el Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE), la Dra. Cristina García Ulloa, coordinadora del Diplomado en Actualización y Educación en Diabetes de la UNAM, indicó que la diabetes es una de las enfermedades crónicas con mayor impacto en la salud de la población trabajadora, por lo que debe considerarse un tema prioritario dentro de los entornos laborales.

Esta enfermedad no solo es relevante por su alta prevalencia en la población, sino por las múltiples complicaciones que genera cuando no está adecuadamente controlada.

“Estas complicaciones pueden ser tanto microvasculares como macrovasculares y afectan de manera directa la calidad de vida de las personas que viven con diabetes. Entre los principales efectos se encuentran la fatiga constante, la debilidad física y la pérdida de peso, la cual no se debe principalmente a la reducción de grasa corporal, sino a la pérdida de masa muscular, un elemento clave para el metabolismo y el funcionamiento del cuerpo”, explicó García Ulloa.

De igual manera, también están las complicaciones más graves de la diabetes, entre las que se encuentran la insuficiencia renal, el pie diabético y la ceguera. Estas afectaciones progresivas pueden derivar en distintos grados de discapacidad y, en los casos más graves, en una muerte prematura. Todo esto no solo impacta a la persona que vive con diabetes, sino también a su entorno laboral y a la productividad de las empresas.

¿Qué tanto afecta la diabetes al entorno laboral?

De acuerdo con diversos estudios, el ausentismo laboral es significativamente mayor en personas con diabetes. Mientras que en trabajadores sin esta condición el ausentismo ronda el 26 %, en quienes viven con diabetes puede alcanzar hasta el 47 %.

Esta diferencia es un indicador claro del impacto que la enfermedad tiene en el desempeño laboral. Las ausencias se deben a múltiples factores, como malestar físico, necesidad de acudir a consultas médicas o atender complicaciones derivadas de la enfermedad. Esto genera costos adicionales tanto para las personas trabajadoras, que ven afectada su estabilidad económica, como para las empresas, que enfrentan pérdidas asociadas a la disminución de la productividad y al incremento de gastos en salud.

Las comorbilidades asociadas a una diabetes mal controlada incrementan aún más estos costos. Ya no se trata únicamente de un problema de salud individual, sino de un fenómeno que repercute directamente en el ámbito laboral y económico. Por ello, resulta fundamental que las empresas reconozcan la diabetes como un tema relevante y lo integren en sus estrategias de bienestar laboral.

¿Qué se puede hacer?

Con base en lo anterior, la Dra. Cristina subrayó la importancia de abordar el cuidado de la diabetes dentro del entorno laboral, ya que esto resulta fundamental por múltiples razones, entre las que destaca el impacto positivo en la productividad.

Cuando las personas trabajadoras que viven con diabetes reciben un abordaje integral de su enfermedad —que contemple una atención médica adecuada, la adopción de un estilo de vida saludable que incluya una alimentación equilibrada y la práctica regular de ejercicio, así como educación en diabetes y el cuidado de la salud mental—, se favorece no solo su bienestar general, sino también un mejor desempeño laboral.

“Por ello, la implementación de programas de educación en diabetes en las empresas, impartidos por educadores certificados, puede generar beneficios significativos a mediano y largo plazo. Estos programas no solo enseñan cómo alimentarse adecuadamente o cómo incorporar el ejercicio a la vida diaria, sino también cómo identificar y manejar síntomas de ansiedad y depresión. Contar con estas herramientas favorece la estabilidad emocional, lo que a su vez promueve la creatividad, la productividad y un mejor desempeño laboral en comparación con quienes no reciben este tipo de apoyo”, comentó García Ulloa.

Sumado a lo anterior, es necesario que los centros de trabajo establezcan y respeten los horarios de comida para los trabajadores con esta enfermedad, ya que la alimentación regular es esencial para mantener niveles adecuados de energía y un buen control metabólico. Asimismo, es fundamental contar con infraestructura básica y digna para la alimentación, como refrigeradores, áreas para calentar comida y espacios adecuados para comer, ya que no contar con ellos limita la posibilidad de mantener una alimentación equilibrada y contribuye al deterioro de la salud.

“Otro aspecto clave es la promoción de la actividad física. Muchas personas pasan gran parte de su jornada laboral sentadas e inmovilizadas, lo que contribuye a la pérdida de masa muscular. El músculo es un órgano metabólicamente muy activo, por lo que su disminución provoca una reducción del metabolismo y un empeoramiento del control de la diabetes. Las empresas pueden implementar estrategias sencillas, como destinar 30 minutos al día para la actividad física o promover ejercicios de fuerza dentro de la oficina, utilizando ligas, pequeñas pesas o rutinas que puedan realizarse incluso estando sentados”, señaló la especialista.

Por ello, abordar la diabetes en el entorno laboral requiere una visión integral que contemple la salud física, mental y social de las personas trabajadoras, así como cambios estructurales que permitan entornos laborales más saludables y sostenibles.

La educación como pilar

Con el objetivo de que la educación en diabetes capacite a los pacientes para gestionar su autocuidado, identificar signos de alerta y mantener un estilo de vida saludable, la UNAM, a través del PUIREE, ha creado el diplomado en línea “Actualización y Educación en Diabetes”, dirigido al público en general.

El programa está impartido por especialistas en endocrinología y educación en diabetes, y se estructura en torno a los cuatro pilares fundamentales del tratamiento: atención médica, estilo de vida, educación terapéutica y cuidado de la salud mental. Además, cada área está segmentada en atención a niños, jóvenes, adultos, embarazadas, deportistas y personas con enfermedades crónicas, asegurando que los educadores puedan adaptarse a las necesidades específicas de cada grupo.

Su finalidad es formar educadores capacitados para ofrecer una orientación integral que aborde áreas clave como la alimentación, la actividad física y el cuidado preventivo de pies, riñones y ojos, así como la prevención de complicaciones.

El curso inicia este martes 10 de enero y se impartirá todos los martes en un horario de 16:00 a 20:00 horas, y el programa completo comprende 166 horas distribuidas en ocho módulos. El material incorpora los avances más recientes en medicina, incluyendo las nuevas guías de la Asociación Americana de Diabetes 2026, y se enfoca en estrategias educativas modernas y en el manejo integral de la diabetes.

Los interesados pueden obtener más información en la página del PUIREE UNAM o escribiendo al correo cursos.puiree@cic.unam.mx, donde recibirán detalles sobre requisitos, costos y oportunidades.

Un compromiso compartido

La diabetes trasciende con creces la esfera individual de la salud para convertirse en un fenómeno con profundas repercusiones sociales, económicas y laborales. Las proyecciones epidemiológicas son contundentes y exigen una respuesta coordinada y multidimensional. Como se ha expuesto, el entorno laboral se erige como un espacio crucial no solo donde el problema se manifiesta —a través del ausentismo, la discapacidad y los costos asociados—, sino también donde pueden germinar soluciones efectivas.

La implementación de programas de educación certificada, la promoción de hábitos saludables dentro de la jornada, el respeto a los horarios y la adecuación de la infraestructura no son gastos, sino inversiones en capital humano. Estas medidas, basadas en el enfoque integral de los cuatro pilares —atención médica, estilo de vida, educación y salud mental—, tienen el poder de transformar la realidad de las personas que viven con diabetes, mejorando su calidad de vida y, al mismo tiempo, fortaleciendo la productividad y la sostenibilidad de las organizaciones.

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Monumentos bajo la lupa: la UNAM documenta y preserva la memoria urbana del siglo XIX

Las estatuas que miran en silencio el paso de la ciudad también cuentan historias. Algunas han cambiado de lugar, otras han sido reinterpretadas, cuestionadas o retiradas. Todas, sin embargo, forman parte de la memoria material de la capital. Para comprenderlas y conservarlas, un equipo multidisciplinario de la UNAM trabaja en el estudio integral de 10 monumentos públicos del siglo XIX en la Ciudad de México.

El proyecto, impulsado por el Seminario Los Monumentos Públicos en México. El siglo XIX, con sede en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, emplea tecnologías como microscopios digitales portátiles y drones para realizar un registro detallado de cada pieza. El objetivo es documentarlas con rigor histórico y material, y formular sugerencias que contribuyan a su restauración y preservación.

Piezas vulnerables en una ciudad cambiante

Hugo Arciniega Ávila, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas y titular del Seminario, explicó que estos monumentos son vulnerables por múltiples razones: el cambio en su interpretación histórica, las condiciones climáticas, la contaminación y su relación con el entorno social.

El equipo está integrado por especialistas en historia del arte, historia, ciencias de materiales, restauración, fotografía, física y química, entre otras disciplinas. Con financiamiento universitario, realizan por primera vez un estudio integral que no solo examina la historia de las piezas, sino también sus materiales, técnicas de fabricación y estado de conservación.

Entre los monumentos seleccionados por su relevancia histórica y vulnerabilidad se encuentran el de José María Morelos, fechado en 1865; los dos dedicados a Cristóbal Colón, uno de Charles Cordier y otro de Manuel Vilar; los conmemorativos de la Guerra de 1847, como los Defensores de Churubusco y el monumento funerario de la batalla de Molino del Rey; el de Cuauhtémoc en Paseo de la Reforma; así como los de Carlos IV, Vicente Guerrero, Julián Villagrán y Nicolás García de San Vicente.

La ciudad como escenario simbólico

Durante el siglo XIX, los monumentos públicos fueron concebidos como herramientas de pedagogía cívica. En una ciudad que transitaba de valores religiosos a principios laicos y civiles, estas esculturas señalaban quiénes eran los héroes y cuáles las virtudes que debían imitarse. Más que ornamentos, eran mensajes en piedra y metal.

El estudio no se limita a su origen. También analiza cómo operan en 2025, cómo la comunidad se relaciona con ellos y qué significados conservan o transforman. Cada pieza es documentada en detalle: quién la diseñó, cuándo fue encargada, qué materiales se emplearon, cómo fue fundida y si ha cambiado de emplazamiento.

El caso del monumento a Morelos, en la colonia que lleva su nombre, ilustra esa dimensión política y simbólica. Esculpido en mármol en una sola pieza de dos toneladas, fue colocado en 1865 en Plaza de Guardiola, trasladado en 1869 a la Plaza de Santa Veracruz y finalmente instalado en 1907 en su ubicación actual. Cada traslado respondió a contextos históricos distintos y a cargas políticas específicas.

La orientación de la estatua, su vestimenta sacerdotal, la espada y el paso al frente forman parte de un lenguaje simbólico que comunica heroísmo y memoria. Para los habitantes del barrio, explicó Arciniega, el monumento es un referente identitario, un punto de pertenencia que delimita territorios y evoca historias compartidas.

Tecnología para revelar detalles ocultos

El proyecto incluye análisis materiales detallados. Ricardo Mejía Falcón, académico de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente, señaló que en algunos casos las capas de pintura acumuladas han ocultado relieves y detalles escultóricos. Al limpiar ciertas superficies, han reaparecido elementos que habían quedado invisibles.

Además del registro fotográfico, el equipo realiza estudios colorimétricos mediante un colorímetro que asigna una expresión matemática precisa a cada tono, así como análisis con microscopio digital para evaluar el estado de las superficies y proponer acciones de conservación.

También investigan cómo se llevaron a cabo los procesos de cimentación, fundamentales en una ciudad de suelos blandos donde estas piezas de varias toneladas debieron asentarse con técnicas específicas.

Memoria documentada para el futuro

Aunque los monumentos puedan cambiar de significado, ser desplazados o incluso desaparecer, el proyecto garantizará que quede un registro pormenorizado de cada uno. Los informes podrán consultarse en línea y se prevé la publicación de un catálogo que acerque estos hallazgos al público.

El trabajo de campo concluirá en diciembre próximo, tras lo cual continuará el procesamiento de datos y el estudio del contexto urbano y material de cada obra.

En una ciudad en constante transformación, estas esculturas siguen dialogando con el presente. Documentarlas no es solo un ejercicio académico, sino una forma de comprender cómo la historia se inscribe en el espacio público y cómo, aún hoy, los monumentos continúan construyendo identidad.

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Los colores de la tierra: teñir con tintes naturales

Una práctica tradicional aún viva en comunidades de México

Hace 20 años el artista visual Carlos Barrera Reyes inició una investigación en tintes naturales impulsado por el trabajo de la maestra Leticia Arroyo Ortiz, considerada una de las especialistas en México en esta área.

Desde ese momento, el ahora profesor en la maestría de artes visuales en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM ha visitado varias comunidades de Chiapas y Oaxaca, en donde ha impartido talleres de tintes naturales con el fin de rescatar esa práctica milenaria.

Entre sus primeros esfuerzos estuvo integrar en su trabajo fibras como algodón coyuchi, seda, pelo de conejo, plumas de guajolote, ixtle y lino. Además, buscó nuevas plantas con las cuales trabajar y se enfocó en clasificar los colorantes a través del grupo químico al que pertenecen.

“Esa parte la trabajé los últimos ocho años, cuando empecé a investigar sobre los colorantes, lo cual toma mucho tiempo porque tienes que revisar artículos científicos y tesis para poder encontrar los colorantes. Los tintes naturales más famosos ya están muy investigados y es muy fácil encontrar qué colorantes tiene, pero de muchas otras plantas no hay investigación”, relata el maestro Barrera Reyes.

Uno de los inconvenientes que encontró al hacer esta búsqueda es que los trabajos que revisaba generalmente se enfocaban en encontrar alguna propiedad medicinal en las plantas no tanto sus colorantes.

Sin embargo, sí logró identificar nuevos colorantes y clasificarlos químicamente en seis grupos: ácidos liquénicos, carotenoides, flavonoides, indigoides, quinonas y taninos. Algunas plantas —agrega— tienen más de un colorante de estos grupos, por lo que es importante saber cuál predomina para clasificarla según su grupo químico.

“Cuando se conoce qué colorante principal tiene cada planta o material tintóreo, se sabe qué técnica de teñido utilizar”, explica el maestro Barrera. Destaca que cuando empezó a investigar las clasificaciones químicas, detectó que el teñido podía dar mejores resultados, según la manera en que lo hacía o si combinaban técnicas de teñido.

 Trabajo en comunidades

El primer acercamiento que tuvo el maestro Barrera hacia una comunidad fue en Magdalenas, en Chiapas, en 2008. Su intención era trabajar con las mujeres que confeccionaban el Huipil de la Virgen de este sitio, para teñirlo con tintes naturales, pero no fue aceptada su propuesta.

Descubrió que los huipiles que había no estaban teñidos con tintes naturales. A partir de ese momento empezó un proyecto con las comunidades que en sus inicios consistió en integrarse a ellas, conocer su forma de vida y convivencia. Lo llevó a cabo durante tres años en dos comunidades chiapanecas: Zinacantán y en Paraíso del Grijalva.

Después de unos años, el proyecto fue creciendo y se integraron varias tejedoras para aprender sobre tintes naturales y aplicarlos en sus productos, los cuales posteriormente fueron expuestos en concursos o eran vendidos a los turistas.

“Me costó trabajo enseñarles a las tejedoras porque aprender tintes naturales no es tan fácil. No basta un taller, ni dos, ni tres. Es a partir como del octavo o noveno que realmente me di cuenta de que las tejedoras lo empezaban a aprender y lo que yo quería era que realmente lo aprendieran, que se volvieran unas maestras en el teñido para que después lo pudieran replicar”.

Este proyecto de teñido en comunidades de Chiapas, también lo llevó a Oaxaca, sobre todo en aquellos lugares en donde no se sabía teñir, los cuales son menos que en Chiapas, pues en Oaxaca sí es una técnica que sigue más viva, incluso existen sitios como Teotitlán del Valle en donde siempre han teñido los tejidos.

Menor uso del teñido natural

Entre las problemáticas que ha enfrentado el teñido natural en los últimos años, es que ha dejado de usarse y de transmitirse su enseñanza a las nuevas generaciones.

Una de las razones por las que han dejado de usarse tintes naturales, sobre todo en Chiapas, es porque por los años 70 llegaron las anilinas a nuestro país y se empezaron a utilizar para teñir, pues era más fácil hacerlo que con pigmentos de plantas, el problema es que los huipiles que pintaban con ellas se despintaban cuando los lavaban.

Sólo algunas tejedoras siguieron usando tintes naturales, pero en realidad sólo eran empleados para piezas que eran expuestas en concursos como los de FONART (Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías).

Otro motivo por el cual dejaron de usarse tintes naturales es porque llegaron a México los hilos de China, que estaban mejor pintados y eran muy baratos. 

“Finalmente, se dejó de utilizar tinte natural por lo barato de los hilos; no puedes competir con un hilo de 30 pesos cuando de la otra forma había que cosechar el algodón, que crezca, recolectarlo, hilarlo a mano, limpiarlo, teñirlo, o sea, es trabajo de un año por lo menos. Aunque en la actualidad esto está cambiando, pues se ha retomado todo lo natural”.

Dos tintes excepcionales

Como parte de su clasificación química de los tintes naturales, el maestro Barrera trabajó con el lodo negro y el caracol púrpura. Explica que el primero nunca se ha perdido como tinte natural, pues las tejedoras en Chiapas lo utilizan mucho para teñir sus faldas y ponchos de color negro.

Sin embargo, uno de los inconvenientes es que en particular las tejedoras son muy cuidadosas de compartir el conocimiento sobre éste. Una vez que el maestro Barrera pudo obtenerlo buscó qué colorantes tenía que permitía lograr el color negro.

Encontró que es necesario mezclarlo con otra hierba, la cual tiene taninos y sin esa planta no se logra teñir de negro, sino que el color se va más a los grises.

“Pensé que sí era tanino, entonces podía utilizar otra planta que tenga taninos o usar ácido tánico, que es lo mismo, un químico, y lo hice y no llegó el negro, se queda en el gris. Entonces, esa hierba tiene algo más aparte de taninos que es lo que hace que junto con el lodo negro el material se vuelva negro, pero no hay ninguna investigación sobre eso”.

Asimismo, se enfocó en el caracol púrpura, un molusco en peligro de extinción y utilizado en la costa de Oaxaca. Al igual que con el lodo negro, al principio le fue difícil conseguir que le permitieran trabajar con este recurso, por lo que primero colaboró durante cinco años con los habitantes de la zona, a quienes les impartió talleres de teñido.

Posteriormente, le permitieron tomar muestras del colorante del caracol, el cual libera el molusco como una protección contra sus depredadores. Relata que trabajar con este caracol es una labor que requiere de mucho cuidado, tanto para extraer el colorante como para volver a colocar al animal en donde fue recolectado, con el fin de que no muera.

El maestro Carlos Barrera reconoce que es importante trabajar en conjunto con las comunidades, conocerlas y poder impulsar en ellas el teñido con tintes naturales, una práctica milenaria que se ha estado perdiendo, a pesar de ser parte de nuestro patrimonio cultural.

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Cerámica: un conocimiento ancestral que sigue vivo en la UNAM

Desde hace más de 20 mil años, la cerámica acompaña a la humanidad. Nació cuando las primeras comunidades descubrieron que el barro —una mezcla de arcilla y agua— podía transformarse con el fuego en un material duro, resistente y duradero.

Aquellos primeros recipientes, hechos para cocinar, almacenar o realizar rituales, marcaron un salto tecnológico decisivo, pues permitieron controlar el entorno y conservar alimentos.

Hoy, ese conocimiento ancestral no solo sigue vivo, sino que se ha sofisticado en espacios como el Laboratorio de Cerámica de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, donde el barro se estudia y experimenta desde la ciencia y el diseño.

Una experiencia

Expresar a través de la cerámica es transmitir un mensaje dentro de los objetos. Se trata de un material muy versátil, con el que se puede trabajar de maneras creativas y estéticas, dijo Santiago Flores, estudiante del séptimo semestre de la carrera de Diseño Industrial. «No es solamente una materia, sino una forma de expresión».

El Laboratorio de Cerámica forma parte del Centro de Investigaciones de Diseño Industrial (CIDI) de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, donde los estudiantes tienen la oportunidad de elegir entre varias opciones.

En su caso, Santiago estaba un poco escéptico: no sabía si inscribir o no la materia, pero sus amigas lo convencieron. Al cursarla se llevó una gran sorpresa, desde descubrir todo lo que podía hacer hasta darse cuenta de cuánto le gusta trabajar con ese material.

«Es laborioso, desde el hecho de ensuciarse y trabajar con las manos hasta llegar a la creación». Hoy está muy agradecido de haber tomado esa decisión.

Por eso, cuando termine la carrera, planea seguir con la cerámica, un hobby que descubrió durante sus estudios. «Me encantaría seguir involucrándome en este tipo de procesos y llevar este material a más lugares».

La mancuerna perfecta

Valeria Mendiolea y Saúl García, conocidos como la mancuerna perfecta, son los jóvenes profesores que actualmente imparten este laboratorio, con seis y siete años de trayectoria respectivamente.

Ambos estudiaron en la misma generación en la Facultad de Arquitectura. A Valeria le gusta la cerámica porque es un material muy noble que permite expresar la creatividad, pero también implica múltiples requisitos y consideraciones.

Por ejemplo, se deben seguir todos los pasos al pie de la letra para obtener los resultados esperados y, aun así, pueden surgir sorpresas y aparecer resultados que no estaban planeados. «La cerámica tiende a no ser tan exacta en algunos casos; por más que queramos que sea precisa, a veces no se puede controlar lo que pasa en el horno».

Cuando era estudiante, Valeria pensaba dedicarse a la arquitectura, pero su rumbo cambió con este taller. «Aquí los resultados son más reales que en arquitectura, donde no puedes entregar un edificio al final del curso, que pertenece al ámbito real».

En cambio, en este taller sí se logra un objeto tangible: crear un prototipo e incluso venderlo en el mercado.

Además, en el CIDI existe una comunidad pequeña y cercana con los alumnos: regularmente son 20 jóvenes en cada clase, a diferencia de Arquitectura, donde pueden llegar a ser hasta 100.

Por su parte, Saúl García —quien estudió Diseño Industrial— se interesó en la cerámica desde que formaba parte de la comunidad de la UNAM. Le gusta porque tiene diversos campos de aplicación.

De hecho, se trata de un material que permite explicar cómo los humanos han transitado por este mundo y cómo los ha llevado a conquistar lugares inimaginables. Por ejemplo, la punta de algunos cohetes espaciales está hecha de cerámica.

Además, en los teléfonos celulares hay varios componentes de este material que se utilizan para mandar y recibir información, y son ideales porque no se calientan. «La cerámica va más allá de un objeto utilitario».

Por otro lado, la cultura material del país está llena de alfarería y gastronomía que depende del barro. Cuando este se calienta a altas temperaturas en un horno, sus minerales se fusionan, se endurecen y se transforman en cerámica.

Una de sus mayores satisfacciones es desarrollar posibilidades con materiales —desde pastas cerámicas hasta esmaltes— enfocados en la cuestión utilitaria.

Al impartir estas clases, Saúl se siente orgulloso de regresarle a la nación algo de lo que le brindó la UNAM.

Una visión estudiantil

Assol Hernández Uribe, de la carrera de Diseño Industrial y actualmente en su semestre de titulación, considera que en este laboratorio se puede integrar todo lo aprendido en la carrera: desde la conceptualización y el proceso de diseño hasta la producción.

Después de tomar este taller, la joven estudiante se enamoró de la cerámica porque considera que es muy valioso obtener resultados tangibles.

Generalmente, los procesos de diseño estudiados en la facultad se desarrollan a través de prototipos con un alcance virtual y conceptual, más que finalizado.

«En cambio, en este taller sí se termina un objeto final y eso me hace sentir muy satisfecha con el proceso; fue lo que me enamoró». De hecho, la cerámica y el barro siempre han estado presentes en la humanidad y actualmente representan una actividad cada vez más sofisticada, concluyó.

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¿Qué fue primero el huevo o la gallina?

¿Qué fue primero el huevo o la gallina? Es una pregunta que la humanidad se ha hecho desde hace mucho tiempo. Aunque parece un planteamiento sencillo, la ciencia moderna —en particular la biología evolutiva— tiene una respuesta que va mucho más allá del gallinero.

Todo comenzó hace aproximadamente 300 millones de años, durante el periodo Carbonífero, cuando aparecieron los primeros amniotas, un grupo de vertebrados del que posteriormente surgirían los reptiles, explicó en entrevista para UNAM Global Ulices Adolfo Carrillo, biólogo encargado de la sala de Evolución, Vida y Tiempo de Universum, Museo de las Ciencias.

El huevo permitió la evolución

En los primeros vertebrados, la reproducción ocurría mediante huevos gelatinosos y blandos que requerían ambientes húmedos para poder desarrollarse, como sucede actualmente en peces y anfibios. Estos organismos pertenecen al grupo de los anamniotas, cuyos embriones dependen en gran medida del agua externa para sobrevivir.

Este tipo de estructuras carecía de protección rígida, por lo que resultaba vulnerable a depredadores y a la desecación, especialmente en ambientes secos donde la radiación solar podía afectar su desarrollo.

Con el tiempo surgieron los amniotas, vertebrados que desarrollaron el saco amniótico y otras membranas extraembrionarias que protegían y nutrían al embrión. En muchos de ellos, la cubierta externa evolucionó hacia una cáscara resistente y porosa, rica en calcio, que reducía la pérdida de agua y permitía el intercambio de gases.

Este tipo de estructura, conocida como huevo amniótico, apareció antes de la diversificación de los reptiles modernos y representó una de las innovaciones evolutivas más importantes en la historia de los vertebrados.

La conquista del medio terrestre

En este contexto surgió el huevo amniótico, una adaptación que permitió a los vertebrados independizarse en mayor medida de ambientes acuáticos y expandirse hacia regiones más secas del planeta.

Gracias a su estructura, los embriones permanecían protegidos dentro de un sistema cerrado que contenía los nutrientes necesarios para su desarrollo, mientras que la cáscara facilitaba el intercambio de gases como el oxígeno y el dióxido de carbono. Fue este conjunto de adaptaciones —entre ellas el huevo— lo que permitió a los vertebrados establecerse con éxito en el medio terrestre.

Después del huevo

Tras la aparición de los primeros amniotas surgieron diversos linajes de reptiles tempranos, entre ellos los arcosauriformes, un grupo del cual más tarde se desprenderían los arcosaurios.

A partir de estos se diversificaron dos grandes ramas evolutivas: una que dio origen a los cocodrilos y otra que condujo a los dinosaurios, incluidos los reptiles voladores y, eventualmente, las aves.

Dentro de los dinosaurios, la evolución continuó durante millones de años y dio lugar a distintos grupos, como los saurópodos, caracterizados por su gran tamaño y cuellos largos, y los terópodos, un linaje muy diverso que incluye tanto especies carnívoras como formas herbívoras, como Therizinosaurus.

De algunos terópodos surgieron los manirraptores, grupo en el que aparecen ancestros directos de las aves modernas. Muchos de ellos ya poseían plumas, inicialmente relacionadas con funciones como la regulación térmica, la protección o la exhibición, y que solo más tarde fueron aprovechadas para el vuelo.

Es en este linaje donde se encuentra el origen evolutivo de las aves, aunque pasarían millones de años antes de la aparición de especies como la gallina doméstica.

Por ello, desde la biología evolutiva, la respuesta es clara: el huevo apareció mucho antes que la gallina. Los primeros vertebrados que pusieron huevos amnióticos existieron millones de años antes de que evolucionaran las aves modernas.

Hoy en día, los animales que ponen huevos con cáscara son principalmente los reptiles y las aves, además de un grupo muy particular de mamíferos: los monotremas, como el ornitorrinco y la equidna. Este hecho revela algo fundamental: el huevo fue una de las innovaciones que permitió a la vida vertebrada independizarse del agua y adaptarse plenamente al medio terrestre.

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Ríos y corrientes marinas: las rutas invisibles del plástico hacia los océanos

El plástico desechado no permanece en un solo lugar. Cuando se utiliza, reutiliza o confina de manera incorrecta, inicia una cadena de transporte que termina en grandes cuerpos de agua, donde los ríos funcionan como vías principales para el desplazamiento de estos residuos. Así lo explicó Rosa María Gómez Espinoza, investigadora del Centro Conjunto de Investigación en Química Sustentable UNAM UAEM.

Durante su participación en el Foro Abierto La Ciencia más allá del aula, organizado por la Facultad de Química de la UNAM, la especialista señaló que los cambios de temperatura entre masas de aire frío y caliente, así como la rotación de la Tierra, generan remolinos oceánicos que concentran los desechos plásticos y favorecen la formación de acumulaciones conocidas como islas de plástico.

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Islas tóxicas y contaminación fluvial

Desde una perspectiva satelital, estas acumulaciones aparecen como manchas sobre el mar. Se trata de concentraciones de residuos que han contaminado a los 15 afluentes más importantes de Asia, ubicados en países como China, Filipinas, Indonesia, Vietnam y Sri Lanka. En estos espacios se observan bolsas, redes, hilos de pesca, latas, botellas y popotes, materiales que llegan al océano impulsados por corrientes fluviales.

La investigadora explicó que la degradación del plástico ocurre por la acción de la radiación solar y el constante golpeteo del agua. Como resultado, estos materiales se fragmentan en microplásticos que permanecen en los remolinos oceánicos, principalmente en el Pacífico Norte, Pacífico Sur, Atlántico Sur y el océano Índico.

El origen del problema

De acuerdo con Gómez Espinoza, 20 % de la basura marina proviene de plataformas petroleras o de la industria marítima, mientras que 80 % tiene su origen en el consumo humano. La mayor concentración de residuos plásticos se encuentra en el Pacífico Norte y se ha atribuido, de manera presunta, a fuentes de contaminación provenientes de Asia.

La presencia de estos materiales en el océano implica que peces y otras especies marinas cohabiten con los desechos y con los microplásticos resultantes de su degradación, los cuales pueden ser ingeridos dentro del ecosistema marino.

De material revolucionario a desafío ambiental

El auge del plástico comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando investigadores desarrollaron nuevos materiales para sustituir al caucho y a los metales. Posteriormente, en 1971, la síntesis del cloruro de polivinilo permitió su producción a gran escala y dio paso al uso extendido de polímeros como el poliestireno, el polietileno y el policarbonato.

Estos materiales poseen características que explican su expansión global: ligereza, resistencia a la corrosión, versatilidad, propiedades aislantes y la posibilidad de ser reciclados. Sin embargo, el uso indiscriminado, especialmente durante los últimos 15 años, ha incrementado de manera significativa su producción y su impacto ambiental.

Hacia un uso más consciente

Ante este panorama, la especialista sugirió utilizar el plástico de forma más consciente, promover su reutilización y reciclaje, y evitar desecharlo tras un solo uso. Estas acciones pueden contribuir a reducir la cantidad de residuos que los ríos transportan hacia el mar y a disminuir la formación de nuevas acumulaciones contaminantes.

Comprender el recorrido del plástico desde el consumo cotidiano hasta los océanos permite dimensionar un problema que trasciende fronteras. Más allá de su utilidad como material resistente y versátil, el reto actual consiste en replantear su manejo para evitar que las corrientes marinas continúen convirtiéndose en autopistas invisibles de la contaminación global.

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El amor en la tercera edad: transformación, plenitud y autoconocimiento

La película Elsa y Fred presenta una historia que desafía algunos de los prejuicios más persistentes sobre el amor en la tercera edad. A través de dos personas adultas mayores que se conocen cuando la vida parece haber entrado en una etapa de cierre, la obra muestra que el deseo, la ilusión y la capacidad de enamorarse no desaparecen con los años. Por el contrario, se transforman en una experiencia más consciente, libre de apariencias y profundamente auténtica.

Elsa y Fred no se enamoran desde la urgencia hormonal ni desde la necesidad de cumplir expectativas sociales, sino desde el reconocimiento mutuo, la complicidad y el atrevimiento de volver a soñar. Ambos personajes cargan con historias previas, miedos, pérdidas y aprendizajes, y es precisamente ese bagaje el que les permite construir un vínculo basado en la aceptación y el conocimiento de sí mismos. En lugar de buscar completarse, se acompañan; en lugar de aparentar, se muestran tal como son.

Esta historia encarna de manera ejemplar el amor maduro: un amor que no renuncia a la ternura, al contacto físico ni a la ilusión, pero que ya no depende de la intensidad pasional ni de la función reproductiva para validarse. Elsa y Fred demuestran que, incluso en la vejez, sigue existiendo un proyecto de vida; que la sexualidad va más allá de la genitalidad, y que el vínculo afectivo continúa siendo una fuente fundamental de sentido, bienestar y calidad de vida.

A partir de esta referencia, se abre la reflexión sobre el amor en la tercera edad como una experiencia plenamente vigente, posible y necesaria. Un amor que nace del autoconocimiento, se sostiene en la aceptación genuina del otro y confirma que, mientras haya vida, siempre existe la oportunidad de amar.

Una visión desde la psicología

Esta perspectiva coincide con lo expuesto por la doctora María Montero y López Lena, profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, quien subrayó que persiste un mito profundamente arraigado en la sociedad: la creencia de que las personas adultas mayores ya no pueden enamorarse, amar o ejercer su sexualidad.

La especialista advirtió que este prejuicio no solo es incorrecto, sino que invisibiliza una dimensión fundamental de la experiencia humana. El amor no desaparece con la edad: se transforma, y en esa transformación puede alcanzar niveles de profundidad, autenticidad y plenitud que rara vez se experimentan en etapas más tempranas de la vida. Al igual que en Elsa y Fred, el amor en la vejez se nutre del conocimiento mutuo, de la cotidianidad y de una intimidad que va más allá de lo corporal.

Montero y López Lena explicó que esta intimidad no se limita a la genitalidad, sino que incluye el intercambio emocional y existencial: compartir miedos, expectativas, sueños, frustraciones y esperanzas. En este sentido, incluso en la vejez sigue existiendo un plan de vida; mientras se respira, se vive, se interactúa y se construyen vínculos significativos. La idea de que después de los 60, 70 u 80 años ya no hay proyectos ni deseos resulta, desde la psicología, completamente errónea.

Sexualidad, afecto y vínculo en la vejez

Desde una perspectiva biológica y emocional, los seres humanos estamos capacitados para ejercer nuestra sexualidad durante toda la vida. Sin embargo, es fundamental comprender que la sexualidad no se reduce a la genitalidad: incluye el vínculo afectivo, el contacto físico, la comunicación emocional y la interacción cualitativa con el otro, dimensiones que se mantienen hasta el final de la existencia.

Si bien la genitalidad se transforma con la edad debido a la disminución hormonal, esto no implica su desaparición. En los hombres, la capacidad genital puede manifestarse hasta edades avanzadas, y en las mujeres incluso puede existir una mayor capacidad orgásmica, aunque con tiempos distintos.

El conflicto surge cuando la sexualidad se reduce al rendimiento y no se reconoce la riqueza de otras formas de placer y expresión afectiva. Al final de la vida, como sugiere tanto la experiencia de Elsa y Fred como el análisis psicológico, el vínculo afectivo se convierte en el principal determinante de la felicidad y la calidad de vida.

La doctora María también destacó que el amor en la tercera edad suele percibirse erróneamente como menos intenso, cuando en realidad se vive con mayor conocimiento y conciencia. El autoconocimiento adquirido con los años permite elegir desde la aceptación de lo que se es, no desde la carencia. Esto reduce la agitación, pero no la profundidad del vínculo. El contacto físico, el afecto y la conexión emocional siguen siendo esenciales, recordándonos que la piel, como mayor órgano sexual, continúa siendo fuente de placer, consuelo y bienestar.

Un amor más maduro y sin apariencias

La sociedad de consumo y la mercadotecnia han idealizado de manera excesiva el amor juvenil, la pasión desbordada y los escenarios espectaculares. Se transmite la idea de que el amor verdadero requiere experiencias costosas, viajes exóticos o una intensa actividad sexual. Sin embargo, el amor maduro se desprende de estas exigencias externas. Quien sabe lo que quiere puede experimentar intimidad en un parque, en una conversación profunda o en una simple caricia.

«Cuando alguien nos ama, refleja nuestras cualidades, nuestra ternura, nuestra valentía y también nuestros miedos. En la vejez, esta experiencia es aún más rica, porque la persona posee un mayor conocimiento de sí misma y puede aceptar esos reflejos con naturalidad», expresó la especialista.

En este tipo de amor, la autenticidad reemplaza las poses y las apariencias; la ternura se reconoce como una cualidad esencial, y se da una aceptación genuina que no debe confundirse con tolerancia, ya que aceptar implica querer al otro tal como es, no simplemente soportarlo.

De esta manera, el amor en la tercera edad no es una versión disminuida del amor juvenil, sino una expresión distinta, más profunda y auténtica. Se basa en el autoconocimiento, la aceptación, la intimidad emocional y el cuidado mutuo.

Plenitud en la cotidianeidad

«No te voy a decir que cada día fue maravilloso. Tuve días malos e incluso tuve días malos contigo, pero tuve más días buenos contigo que con otra persona…», una frase de la serie The Last of Us que sintetiza la esencia del amor en la tercera edad: un amor que no se idealiza ni se sostiene en la perfección, sino en la elección consciente del otro.

La plenitud en el amor maduro no radica en la ausencia de problemas, sino en la capacidad de atravesarlos juntos. La experiencia, el autoconocimiento y la aceptación permiten comprender que amar no significa evitar los días difíciles, sino reconocer que, incluso con ellos, la vida al lado del otro resulta más significativa, amable y plena.

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Cómo tratar pañales desechables reduce la huella ambiental y el impacto climático

Sin embargo, existen alternativas que permiten mitigar el impacto negativo de estos productos al ambiente. El tratamiento biológico de los pañales desechables no solo ayuda a reducir la cantidad de residuos enviados a los rellenos sanitarios, sino que también ofrece oportunidades para reutilizar los materiales que los componen, como la celulosa.

Para evaluar de manera integral estas alternativas, se llevó a cabo un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) que permitió comparar los impactos ambientales. En este análisis, se suman los recursos que se usan y las emisiones que se generan en cada etapa de un proceso. Con esta información se obtiene una medida del impacto ambiental total, asociada a los distintos tratamientos de los pañales desechables, lo que permite comparar opciones y elegir la que afecta menos al ambiente. Este ACV se basó en datos experimentales reales, consumo de recursos y la generación de emisiones, obtenidos de los procesos biotecnológicos desarrollados por el grupo de trabajo. Para el análisis se consideraron los rendimientos de cada proceso y la composición de los productos obtenidos, lo que permitió comparar de manera más realista qué tratamiento de los pañales desechables genera menores impactos ambientales.

Este enfoque hizo posible identificar qué opción presenta menores impactos ambientales a lo largo de todo su ciclo, desde la gestión del residuo hasta la obtención de subproductos útiles. Los datos se traducen, mediante métodos estandarizados, en indicadores de impacto ambiental (como cambio climático o consumo de energía), lo que permite comparar distintas opciones y saber cuál es más favorable para el ambiente.

Problemática ambiental de los pañales desechables

Los pañales desechables de bebé representan aproximadamente el 6.75 % de los residuos sólidos urbanos generados a diario en México. Cada bebé en México utiliza, en promedio, 2,190 pañales al año, lo que genera una considerable carga sobre el sistema de manejo de residuos. Los pañales están hechos principalmente de plásticos, polímeros superabsorbentes (gel que absorbe la orina) y celulosa, lo que dificulta su reciclaje y alarga su tiempo de descomposición. Esta combinación de materiales se descompone lentamente en los rellenos sanitarios, lo que lleva a la saturación de estos espacios.

Además, el mal manejo o la inadecuada disposición de los pañales desechables contribuye a la contaminación del agua y del suelo. Aunque existen pañales «biodegradables», su descomposición en los rellenos sanitarios sigue siendo un proceso muy lento, debido a la falta de exposición al aire y a la de microorganismos que los puedan degradar eficientemente [3]. Por lo tanto, es urgente buscar soluciones más sostenibles para tratar estos residuos.

Tratando mis pañales usados reduzco mi huella ambiental

La frase «Tratando mis pañales reduzco mi huella ambiental» refleja cómo el tratamiento de los pañales puede ser una forma efectiva de reducir el impacto de estos productos en el ambiente. A continuación, exploramos tres métodos sostenibles que no solo ayudan a reducir los residuos, sino que también aprovechan sus componentes para generar beneficios adicionales:

1. Composteo: transformando residuos en nutrientes. El composteo es un proceso biológico en el que los residuos orgánicos se descomponen bajo condiciones controladas y en presencia de oxígeno, convirtiéndose en composta, un material altamente nutritivo para el suelo. Aunque los pañales desechables están compuestos principalmente por materiales sintéticos, su contenido de celulosa (aproximadamente 35 % de su peso) es biodegradable. Este componente orgánico puede ser aprovechado mediante composteo, en el cual los pañales se mezclan con otros materiales orgánicos como residuos de jardinería.

Durante este proceso, los microorganismos descomponen la celulosa y otros compuestos orgánicos en condiciones que favorecen la liberación de dióxido de carbono y agua, sin la emisión de sustancias tóxicas. El resultado es una composta que puede ser utilizada para enriquecer suelos, reduciendo la necesidad de fertilizantes químicos y contribuyendo a la agricultura sostenible [4]. De esta forma, el composteo reduce la cantidad de pañales desechables en los rellenos sanitarios y convierte los residuos en un recurso valioso para la comunidad.

Para facilitar su tratamiento, los pañales deben triturarse, lo que aumenta su superficie de contacto y permite un mejor aprovechamiento por parte de los microorganismos encargados de la degradación. Los plásticos que forman parte del pañal pueden separarse en el proceso de tamizado, al final del proceso de composteo, ya que los plásticos en particular no quedan de tamaños pequeños después de la trituración y se pueden separar por cribado, y no afectan la calidad de la composta obtenida.

2. Digestión anaerobia: generación de energía limpia. La digestión anaerobia es otro proceso biológico eficaz para tratar los residuos orgánicos. En este proceso, los pañales desechables se descomponen en un ambiente sin oxígeno, lo que produce biogás, compuesto principalmente de metano (CH4) y dióxido de carbono (CO2). Este biogás puede ser capturado y utilizado como fuente de energía renovable para generar electricidad o calor.

Este proceso no solo reduce la cantidad de residuos de pañales, sino que también ofrece una forma de generar energía limpia. El residuo restante, conocido como digestato, puede ser utilizado como fertilizante, cerrando el ciclo de los residuos y mejorando la sostenibilidad agrícola. La digestión anaerobia ha demostrado ser eficaz para la codigestión de pañales desechables junto con otros residuos orgánicos como pasto y estiércol, aumentando la eficiencia del proceso. En el caso de la digestión anaerobia, los pañales se trituran y los plásticos, dado su tamaño de partícula, pueden retirarse manualmente antes de ingresar a los biorreactores, evitando interferencias en el proceso. Esto facilita la degradación de la celulosa, principal componente biodegradable del pañal, y permite obtener buenos rendimientos de biogás rico en metano, una fuente de energía renovable.

3. Fermentación “oscura” para la producción de hidrógeno. La fermentación oscura es un proceso en el que las bacterias anaerobias convierten residuos orgánicos en hidrógeno, una fuente de energía limpia. Este proceso es prometedor, ya que no requiere luz, a diferencia de otros procesos biológicos como la fotosíntesis, y puede generar hidrógeno de manera constante y en grandes cantidades.

Aunque todavía en fase experimental, la fermentación oscura que utiliza pañales desechables como sustratos ha demostrado ser efectiva para la producción de biohidrógeno. Este gas puede ser aprovechado como fuente de energía en diversas aplicaciones, ofreciendo una alternativa a los combustibles fósiles [6]. Este proceso es particularmente atractivo para la producción de energía limpia a partir de residuos, lo que hace de la fermentación oscura una tecnología clave para el futuro. La fermentación oscura presenta una limitación importante: requiere temperaturas elevadas para alcanzar buenos rendimientos. Esto implica un mayor gasto de energía, que se traduce en impactos ambientales más altos, incluso superiores a los que se generarían si los pañales no fueran tratados, por lo que esta tecnología aún requiere mayor estudio y optimización antes de considerarse una alternativa viable a mayor escala.

¿Cómo contribuir a la reducción de la problemática?

El tratamiento de los pañales desechables no solo contribuye a reducir la saturación de los rellenos sanitarios, sino que también ofrece oportunidades para generar recursos valiosos como composta y energía limpia. A través del composteo y la digestión anaerobia se vislumbran alternativas que permiten disminuir el impacto ambiental de los pañales desechables, mientras que la fermentación oscura, en las condiciones evaluadas, genera impactos más altos y no representa una opción ambientalmente favorable. Sin embargo, es posible transformar lo que antes era un problema ambiental en una oportunidad para la producción de recursos renovables y la reducción de la contaminación (Figura 3).

Otra opción para reducir la huella ambiental asociada al uso de pañales es transitar hacia pañales ecológicos, los cuales están diseñados para generar menos residuos, utilizan materiales reutilizables o biodegradables y disminuyen el impacto ambiental de acuerdo con resultados de diferentes estudios de ACV a lo largo de su vida útil. Este tipo de alternativas permite reducir la cantidad de desechos que llegan a los rellenos sanitarios y promueve un consumo más responsable desde el hogar.

Es fundamental que, como sociedad, tomemos conciencia de la importancia de tratar nuestros residuos de la mejor manera, en especial aquellos que, como los pañales desechables, tienen un impacto duradero en el ambiente, como son el consumo de recursos, la contaminación del agua, aire y suelo. Al hacerlo, no solo reducimos nuestra huella ambiental, sino que también contribuimos a la construcción de un futuro más sostenible para las futuras generaciones. Cabe destacar que para que se logre el tratamiento de este tipo de residuos, se requiere su separación desde la fuente de generación.

Y aunque en perspectiva pueda parecer complicada la gestión de este tipo de residuos, los resultados muestran que el composteo es la alternativa con menor impacto ambiental de acuerdo con el ACV seguida de la digestión anaerobia, mientras que la disposición de los pañales en relleno sanitario es la opción más perjudicial para el ambiente, dejando fuera la fermentación oscura, que no tiene buenos rendimientos y sí los mayores impactos ambientales, aunque puede seguir optimizándose para mejorar su desempeño en el futuro.

Todo lo anterior indica que tratar los pañales mediante procesos biológicos puede reducir de manera importante su impacto ambiental frente a su simple disposición final. Tratar los pañales es un paso hacia un futuro más sostenible que refleja cómo pequeñas acciones pueden generar un gran cambio.

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Arte, música, cine y escena: una ruta cultural por la UNAM para este fin de semana

La Universidad Nacional Autónoma de México prepara un fin de semana lleno de experiencias culturales que invitan a recorrer distintos lenguajes artísticos: desde la música antigua y el teatro contemporáneo, hasta el cine europeo, la danza experimental y una de las exposiciones más relevantes del momento en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC). Esta es una pequeña selección de la vasta cartelera universitaria para el 14 y 15 de febrero.

Para conocer más actividades y horarios, la programación completa puede consultarse en la Cartelera de Cultura UNAM:
https://cultura.unam.mx/

Entre el Renacimiento y el Barroco: música para escuchar el amor

El Anfiteatro Simón Bolívar, en el Colegio de San Ildefonso, será escenario de Diálogos amorosos entre el Renacimiento y el Barroco, un concierto que explora cómo el sentimiento amoroso fue interpretado musicalmente entre dos periodos clave de la historia occidental. La propuesta permite escuchar el tránsito de la sobriedad renacentista hacia la expresividad barroca.

Anfiteatro Simón Bolívar, Colegio de San Ildefonso
14 de febrero, 12 h
Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/ama–dialogos-amorosos-entre-el-renacimiento-y-el-barroco-2

Teatro que dialoga con la identidad y la memoria

En el Teatro Santa Catarina, La Maizada propone una puesta en escena que conecta con la comunidad, la tradición y el territorio desde una mirada contemporánea. La obra invita a reflexionar sobre la identidad colectiva y las tensiones entre pasado y presente, reafirmando el compromiso de Teatro UNAM con dramaturgias críticas.

Teatro Santa Catarina, Coyoacán
14 y 15 de febrero, 18 h
Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/teatro-unam-la-maizada

Una exposición que revisita la rebeldía artística

El Museo Universitario Arte Contemporáneo continúa presentando Los grupos y otras revueltas artísticas, una exposición colectiva que revisa las redes y colectividades que transformaron el arte mexicano entre 1976 y 1985. La muestra permite comprender cómo el arte se convirtió en un espacio de crítica social y política, con la Universidad como un actor central en ese proceso.

Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC)
Horarios: martes, miércoles y viernes, 10 a 18 h; jueves y sábado, 10 a 20 h; domingo, 11 a 18 h
Hasta el 30 de agosto de 2026
Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/los-grupos-y-otras-revueltas-artisticas-exposicion-colectiva

Cine para reflexionar desde la ironía

La Sala Carlos Monsiváis del Centro Cultural Universitario proyectará El juicio de un perro, cinta dirigida por Laetitia Dosch. Con humor e ironía, la película plantea una reflexión sobre los sistemas de justicia y la relación entre humanos y animales, ofreciendo una experiencia cinematográfica distinta dentro de la programación universitaria.

Sala Carlos Monsiváis, Centro Cultural Universitario
14 de febrero, 18:30 h
Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/el-juicio-de-un-perro-3

15 de febrero, 12 h
Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/el-juicio-de-un-perro-4

Danza contemporánea: del movimiento al silencio

En el Salón de Danza del Centro Cultural Universitario, Del negro al silencio presenta una propuesta coreográfica que explora el cuerpo, el espacio y el silencio como territorios expresivos. La pieza invita a una experiencia sensorial que transita entre la intensidad del movimiento y la pausa.

Salón de Danza, Centro Cultural Universitario
14 y 15 de febrero, 12:30 h
Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/del-negro-al-silencio

Un fin de semana para vivir la cultura universitaria

La agenda cultural de la UNAM reafirma la diversidad y vitalidad del quehacer artístico universitario. Música, teatro, cine, danza y exposiciones conviven en distintos recintos para ofrecer experiencias abiertas a todo público.

Consulta la cartelera completa en:
https://cultura.unam.mx/

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La ciencia no tiene género: avances y retos para la igualdad en el conocimiento

La participación de las mujeres en la ciencia ha crecido de manera sostenida en las últimas décadas, pero el camino hacia la igualdad de género aún es largo. Aunque los avances son innegables, el ritmo del cambio sigue siendo lento, coincidieron María Soledad Funes Argüello, coordinadora de la Investigación Científica de la UNAM, y Arturo Menchaca Rocha, investigador emérito del Instituto de Física de esta casa de estudios.

En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se conmemora cada 11 de febrero, ambos especialistas reflexionaron sobre la presencia femenina en este ámbito, las barreras que persisten y la necesidad de impulsar acciones más decididas para alcanzar la paridad.

https://conecta.tec.mx/sites/default/files/inline-images/grissel-trujillo-mujeres-cientificas-mexicanas.webp

Un avance que aún es insuficiente

De acuerdo con María Soledad Funes, a nivel mundial solo 30 % de quienes se dedican a la ciencia son mujeres, una proporción baja que tomará años corregir. Lo fundamental, subrayó, es reconocer el problema y actuar de manera constante para revertirlo.

Arturo Menchaca coincidió en que se trata de un proceso de transición que requiere mayor empuje. La presencia femenina en la ciencia, afirmó, es ya imparable, pero necesita condiciones estructurales que permitan consolidarse.

Datos del informe Status and Trends of Women in Science. New Insights and Sectoral Perspectives (2025), de la UNESCO, muestran que las jóvenes tienen más probabilidades que los hombres de ingresar a la educación superior en los cinco años posteriores a la educación secundaria. Sin embargo, esta ventaja no se refleja plenamente en el ámbito científico, pues las mujeres representan solo 35 % de las personas graduadas en ciencias y apenas una de cada tres investigadoras a nivel mundial.

Para la UNESCO, cerrar la brecha de género no es solo una cuestión de equidad, sino un factor clave para mejorar la calidad, pertinencia e impacto de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Perspectivas diversas, ciencia más sólida

Funes Argüello destacó que las mujeres aportan perspectivas distintas a las de los hombres y que los proyectos científicos construidos desde la diversidad resultan más sólidos y robustos. En la UNAM, explicó, se realiza un esfuerzo consciente por atraer vocaciones femeninas hacia las carreras STEM, que abarcan ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

No obstante, persisten desigualdades importantes. En áreas como física y matemáticas, algunas comunidades académicas cuentan con apenas 20 % de mujeres. Ante ello, se trabaja de manera directa con niñas y jóvenes para mostrarles que estudiar estas disciplinas es posible y deseable.

La científica subrayó también la necesidad de incorporar criterios de género tanto en las contrataciones académicas como en el conocimiento que se genera. Durante años, por ejemplo, numerosos estudios farmacológicos se realizaron únicamente en ratas macho, lo que dejó fuera variables fundamentales relacionadas con los ciclos hormonales y, en consecuencia, a la mitad de la población.

Romper estereotipos persistentes

Aún existen estereotipos que asocian la ciencia y los liderazgos académicos con figuras masculinas, mientras que la maternidad o la feminidad no siempre se reconocen como compatibles con esos roles. A pesar de ello, Funes Argüello consideró que la situación ha mejorado de manera clara en comparación con décadas anteriores.

Menchaca Rocha reforzó esta idea al señalar que no existe ninguna diferencia biológica que impida a las mujeres abordar problemas científicos complejos o abstractos. Por el contrario, afirmó, suelen ser más cuidadosas y sistemáticas en su trabajo y, en promedio, obtienen mejores calificaciones académicas.

Acciones afirmativas y nuevos liderazgos

Incrementar la participación femenina en la ciencia y romper el llamado techo de cristal requiere acciones afirmativas, sostuvo Menchaca Rocha. Abrir oportunidades de manera intencional es necesario para que los caminos se despejen y las trayectorias científicas puedan consolidarse.

Aunque los esfuerzos iniciales para promover la igualdad de género en las disciplinas STEM dieron resultados positivos, las cifras parecen haberse estabilizado en años recientes. Además, persiste una baja representación de mujeres en agrupaciones científicas, incluso en países desarrollados.

En el caso de la UNAM, destacó el investigador, se han registrado avances significativos. Algunas entidades académicas han tenido por primera vez mujeres directoras tras décadas de historia, el Instituto de Física cuenta con dos gestiones consecutivas encabezadas por mujeres y la Universidad tiene hoy a su primera coordinadora de la Investigación Científica.

La ciencia como proyecto común

“No se equivoquen quienes dicen que las mujeres no pueden dedicarse a la ciencia”, afirmó Menchaca Rocha. Existen matemáticas, físicas e ingenieras de gran nivel que demuestran, con su trabajo, que la vocación científica no tiene género. Dedicarse a aquello que apasiona, añadió, es una fuente de realización personal y profesional.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 para reconocer las contribuciones de las mujeres en este ámbito y promover la igualdad de género como un componente esencial para enfrentar los grandes desafíos globales. En 2026, la conmemoración llevará por lema De la visión al impacto: redefiniendo STEM cerrando la brecha de género, un recordatorio de que la ciencia avanza mejor cuando integra todas las voces.

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Cuando los videojuegos se vuelven historia: la nueva arqueología digital

  • Los arqueólogos del videojuego analizan su historia y los discursos culturales que transmiten.
  • La Biblioteca Nacional de España resguarda videojuegos antiguos y nuevos. Las empresas están obligadas a entregarle una copia cada vez que sale un videojuego, para archivarlo y catalogarlo en sus colecciones como si fuera un libro.

El mundo de los videojuegos es una de las industrias más poderosas hoy, incluso más que el cine, la música o el streaming. Según la consultoría Bain & Company, en 2023 registró 196,000 millones de dólares en ingresos, para 2028 podría crecer 6% y más de 3 mil millones de personas se recrean con su uso.

Sin embargo, no surgió con fin de convertirse en esta poderosa industria; su único objetivo era entretener, y la inmersión que ha tenido en la sociedad ha convertido a los videojuegos en un fenómeno cultural y social, motivo de análisis desde distintas áreas como la psicología, la economía, la medicina, la artística y la arqueológica, entre otras.

La arqueología tradicional clásica reconstruye las formas de vida en el pasado a través de fragmentos materiales, objetos y espacios, además, intenta reconstruir un discurso sobre esa cultura, para conocer cómo se vivía, cómo se pensaba, qué se comía. Es decir, busca estudiar el pasado para entender el presente.

En este sentido, la arqueología de los videojuegos permite conocer qué tipo de videojuegos han existido, cuáles han sido sus temáticas, qué tecnología está detrás de ellos, quién los juega, cómo han cambiado las formas de jugar, qué emociones surgen durante el juego y cómo es la socialización mientras se juega.

“La tarea arqueológica en videojuegos consiste en recopilar relatos orales de personas que estuvieron allí, fotografías antiguas, recortes de periódico. Dado que no era algo serio ni importante para la sociedad, tenemos una fragmentación de objetos que están por ahí dispersos, algunos conservados gracias a lo digital, otros no.»

«Y con esa dispersión, voy identificando esos momentos de ruptura que permiten la construcción de un discurso sobre el videojuego”, explica el doctor Cristian López Raventos, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia de la UNAM.

Así, su labor es más arqueológica, ya que intenta conectar todos esos fragmentos, recuperar relatos e identificar espacios, muchos de ellos desaparecidos –como las salas de juego–, y a partir de ahí construir esa cosmología que nos lleve a entender el presente.

Análisis del discurso

López Raventos busca trazar una arqueología de los videojuegos a través de examinar los discursos surgidos en torno a ellos en una época determinada, así como las reglas, las prácticas sociales de las que se habla y la comunidad que se crea en ese momento, elementos que permiten la construcción de fenómenos culturales.

Considera que a pesar de que es en la década de 1960 cuando aparece el videojuego como un objeto tecnológico y en la de 1970 surgen las primeras arcades (salas de juego con máquinas de madera con pantalla) es en la de 1980 cuando se conforma todo el conocimiento sobre el objeto videojuego y se da una ruptura que permite generar un discurso a través de los videojuegos, el cual ha permanecido hasta la actualidad.

“Hoy las prácticas de gamificación y de ludificación están en las empresas, en la formación, en nuestra manera de buscar un hotel, de calificar al conductor de Uber; todas estas prácticas que hemos incorporado como una forma de relación con el mundo, la sociedad, la cultura, provienen, la mayoría de ellas, del mundo de los videojuegos, desde la puntuación, la acumulación, la gestión de información”.

Los discursos que surgen alrededor de los videojuegos, sobre todo a inicios de la década de 1980, empiezan a relacionarlos con la violencia y la adicción lo cual, de acuerdo con el doctor López Raventos, es interesante porque estas narrativas empiezan a hablar de sus efectos negativos antes de existir un saber sobre el propio videojuego.

Esto lo que motivó fue que se fundara, desde el punto de vista académico, un objeto de conocimiento del videojuego, y a partir de 1984 se produce una enorme cantidad de literatura en relación, no solo del videojuego, sino en cómo el videojuego funda y crea un nuevo sujeto: el videojugador.

“Y esa literatura llega hasta nuestros días y entonces el videojuego se convierte en un objeto de regulación, en una serie de discursos de regulación sobre el sujeto de ese objeto, que es el videojugador: cómo es jugar adecuadamente, cómo es jugar saludablemente, cómo no se debe de hacer, qué contenidos debe de tener, qué contenido no debe de tener, etcétera”.

Por ello, la relación que el doctor López Raventos tiene con el concepto de arqueología cultural de los videojuegos, consiste en rastrear ese conjunto de discursos, académicos o de la propia vida de la producción cultural de la época, y en qué condiciones se fueron construyendo esas continuidades, esas rupturas y esas reglas que aún hoy son vigentes.

¿Qué aspectos analizar?

Para hacer un estudio de arqueología de los videojuegos es importante analizar los discursos de las personas que fueron parte de ellos en una época determinada. Esto se logra a través de entrevistas cuyo fin es indagar cómo lo experimentaron, cuándo empezaron a jugar, en dónde, qué tipo de videojuegos jugaban, cuáles eran sus experiencias con otros jugadores.

Un discurso fundamental durante la década de 1980 desde la visión del jugador es que en esa época se jugaba sobre todo en sitios públicos o en la casa de los amigos, lo cual instituyó una forma de socialización, que en la actualidad ha cambiado.

“Hacer, tocar y moverse no son simplemente acciones, son maneras de entender el mundo, formas que tiene nuestro organismo de adquirir información y compartir las experiencias vividas”, destacan Belli y López Raventos en el artículo Arqueología cultural de los videojuegos. Entre discursos nostálgicos, experiencia del gamer e innovación tecnológica.

Además, las revistas de esa época son un punto clave para hacer arqueología de los videojuegos, pues tenían un papel muy importante porque eran el sitio en donde se comunicaban, informaban e interactuaban los videojugadores.

“Las revistas de videojuegos representaban uno de los puentes de conexión entre el videojuego y su público. Lo interesante de aquellas revistas era que trataban los videojuegos de forma mucho más amplia, hablando de la realidad social y otros productos culturales de la sociedad”, explican Belli y López Raventos en el artículo antes mencionado.

Por otro lado, un personaje que permite hacer arqueología de los videojuegos son las personas que tenían tiendas donde se vendían los videojuegos y quienes se convertían en nodos o espacios en donde los videojugadores interactuaban entre ellos.

El investigador destaca que aunque eso va a mutar hacia los foros en la década de 1990, cuando empezó el espacio digital de internet, originariamente esas comunidades ya existían, y es lo que hoy se conoce como la cultura geek, que conforma un espacio cultural de comunicación, de compartir historias y objetos, y que pone sus bases en la década anterior, en esos espacios de informalidad.

Otro elemento para analizar es el género, ya que durante mucho tiempo imperó la hipótesis de que los videojuegos no les interesaban a las mujeres y que ése era un mundo básicamente masculinizado. Sin embargo, el doctor López Raventos destaca que esta idea está vinculada con la subjetividad que ha excluido en las últimas décadas a las mujeres de todo lo que está relacionado con la tecnología y la ciencia.

“Haciendo investigación arqueológica nos damos cuenta de que el propio objeto es un objeto que tiene género. Es decir, cuando en las casas entra una videoconsola es un objeto tecnológico vinculado a lo masculino y las niñas de esa misma casa no juegan hasta que los chicos dejan de jugar. Es un objeto tecnológico, doméstico vinculado con la masculinidad”.

Aunque muchos de los elementos físicos (casetes, consolas, revistas) que permitirían hacer arqueología de los videojuegos han desaparecido, analizar el discurso de una época también ha resultado ser clave para estudiar cómo el mundo de los videojuegos ha permitido comprender cómo operan las diferentes formas, discursos y prácticas que configuran nuestra realidad cultural y social.

“Es una especie de toma de conciencia del presente a través del pasado. Todo ese imaginario del presente ya estaba en esa década de 1980. En los últimos tiempos me he centrado en intentar rastrear esos archivos que nos permiten hablar de esos momentos de quiebre, donde nuestra realidad empieza a ser nombrada y pensada de otra manera. [Incluso], mucha gente se da cuenta de que muchas de las cosas que hace hoy y cómo las hace se las debe a cómo incorporó formas de pensar y hacer en ese momento”.

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El desencanto como una forma de mirar al mundo: Juan Carlos Onetti en Material de Lectura

En el número 14 de Material de Lectura se ofrecen dos relatos, dos muestras representativas de la literatura de Juan Carlos Onetti: “El posible Baldi”, publicado en 1939, y “Jacob y el otro”, escrito en 1961 y dado a conocer en 1965.

Onetti, considerado uno de los grandes escritores uruguayos del siglo pasado, fue también visto como un autor desencantado, una condición que atraviesa a sus personajes y determina su manera de habitar el mundo.

En “El posible Baldi”, el narrador camina por la calle rumbo a encontrarse con su novia. Baldi es, en apariencia, un hombre inofensivo y tranquilo, recién pagado, que planea ir al cine con Nené. Mientras espera para cruzar una calle, conoce a una mujer a la que molesta otro hombre, quien se aleja al creer que ella está acompañada. Agradecida, la mujer sigue a Baldi, y él, con la intención de que se marche, comienza a inventar episodios desagradables de su vida.

Entre ellos, afirma haber sido guardia en una mina de diamantes, donde se dedicaba a cazar ladrones que intentaban huir con joyas ocultas en pequeñas bolsas. Lejos de escandalizarse, la mujer interpreta esos relatos como signos de sufrimiento y sacrificio. Ante su credulidad, Baldi continúa fabulado: dice haberse enrolado en la Legión Extranjera para perseguir moros.

Mientras habla, el propio narrador contrapone a ese Baldi feroz y mentido con el hombre que realmente es: alguien que trabaja en un estudio de abogados, con una vida anodina, “una vida idiota, como todo el mundo”, mientras fuma lleno de amargura. La ficción se vuelve así un espacio de escape momentáneo frente a una existencia que percibe como cerrada y resignada.

Por su parte, “Jacob y el otro” narra la historia de un cincuentón, excampeón mundial de lucha, que recorre pueblos retando a los lugareños. Quien logre resistirle tres minutos en el ring se llevará un premio de quinientos pesos. En otros sitios nadie acepta el desafío, pero en Santa María aparece una muchacha menuda, de carácter firme, que en nombre de su novio, Mario —apodado “el Turco”—, decide enfrentarlo.

Mario es un joven de veinte años, “sin un gramo de grasa”, que necesita el dinero para poder casarse. Es su futura esposa quien lo impulsa a aceptar el combate, convencida de que el campeón está viejo y de que la oportunidad no se repetirá. En torno a ellos, Onetti despliega una vez más ese mundo de expectativas frágiles, ilusiones sostenidas a pulso y derrotas que no siempre se anuncian de inmediato.

En ambos relatos, el desencanto no se presenta como un gesto estridente, sino como una forma de mirar: personajes que esperan, que inventan o se aferran a una posibilidad mínima para no aceptar del todo la mansedumbre de la vida cotidiana. Onetti no juzga ni absuelve; simplemente muestra cómo, incluso en la derrota, persiste la necesidad de creer —aunque sea por un instante— que la vida pudo haber sido otra cosa.

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¿Se debe depilar el área del bikini? La ciencia te cuenta

Durante años ha prevalecido la idea de que el vello de la zona del bikini es algo que se debe esconder, eliminar o controlar. Pero ¿realmente es una cuestión de higiene o solo una costumbre aprendida? ¿Qué pasa con la piel, las infecciones, la incomodidad o el placer cuando depilarse deja de ser una elección y se vuelve obligación?

En entrevista para UNAM Global, Zamira Barragán Estudillo, adscrita a la Clínica de Oncodermatología de la UNAM, explicó que, aunque la depilación en la zona del bikini sea muy popular, no significa que sea lo más adecuado.

De hecho, el vello púbico tiene diferentes funciones. Por ejemplo, actúa como una barrera física que reduce la fricción, protege la piel de traumatismos y ayuda a mantener el equilibrio del microambiente cutáneo en la zona genital.

¿Qué ocurre cuando se elimina el vello?

Se ha documentado en diversas publicaciones científicas que la remoción del vello en esta zona puede incrementar algunas complicaciones, explicó la especialista.

Por ejemplo, pueden presentarse microinfecciones y episodios de foliculitis, es decir, inflamación del folículo piloso cuando los pelos quedan atrapados bajo la piel. Esto puede provocar picazón, dolor, infecciones, laceraciones e incluso complicaciones más severas cuando el vello ha sido retirado de forma agresiva o en condiciones poco higiénicas.

El problema más común asociado a la depilación en esta zona es la irritación cutánea.

¿Se recomienda depilar o rasurar?

Diversos estudios han identificado que las complicaciones se asocian principalmente con el afeitado, sobre todo por la fricción que se genera en la piel. El riesgo aumenta cuando se utilizan hojas de afeitar en condiciones antihigiénicas —por ejemplo, que no sean nuevas ni de uso personal, que no se resguarden adecuadamente— y cuando no se emplean productos diseñados para disminuir la fricción y permitir un corte adecuado del vello. Estas prácticas incrementan la probabilidad de irritaciones, lesiones e infecciones.

En el caso de la depilación con cera, ya sea caliente o fría, al arrancar el pelo puede generarse mayor inflamación del folículo piloso y favorecer la aparición de pelos encarnados o foliculitis, especialmente cuando no se controla adecuadamente la fuerza aplicada.

Las cremas depiladoras pueden reducir el riesgo de cortes en la piel; sin embargo, al tratarse de productos químicos, existe la posibilidad de irritación o dermatitis por contacto, sobre todo en pieles sensibles o delgadas.

La remoción del vello con láser o luz intensa pulsada tiene la ventaja de disminuir progresivamente la densidad del folículo piloso, pero suele requerir el afeitado previo y una valoración dermatológica adecuada.

¿Sin vello hay más higiene?

Existe la idea de que eliminar el vello mejora la higiene, pero esto no necesariamente es así. El pelo en la zona genital puede disminuir la fricción y las microlesiones cutáneas, lo que ayuda a mantener la integridad de la piel y su función de barrera.

Además, contribuye al equilibrio del microambiente cutáneo y puede reducir irritaciones derivadas del contacto constante con la ropa o el sudor. Contrario a lo que se cree, el vello púbico no empeora el aroma natural de la zona, que está relacionado principalmente con el sudor y las secreciones fisiológicas.

En algunos casos, recortar el pelo puede disminuir el área de contacto directo con el sudor; sin embargo, siempre existe la posibilidad de irritación si no se realiza con cuidado.

¿Por qué muchas personas optan por depilarse?

Desde el punto de vista sociocultural, en las últimas décadas han proliferado imágenes corporales que no siempre corresponden con la diversidad fisiológica real, lo que puede generar expectativas estéticas difíciles de alcanzar, señaló la especialista.

La depilación responde en gran medida a decisiones cosméticas y a tendencias culturales, más que a una necesidad médica.

Quienes buscan cambios estéticos pueden optar por retirar solo algunas áreas visibles, por ejemplo, lo más cercano a las ingles para usar trajes de baño o recortar parte del vello.

Sin embargo, no se recomienda la depilación absoluta de la zona si no existe una indicación médica específica. En caso de decidir remover la mayor parte del vello, puede ser útil conservar una pequeña cantidad en zonas sensibles, ya que contribuye a la protección de la piel y facilita el mantenimiento de hábitos higiénicos adecuados.

Es importante entender que prácticas como la depilación del área del bikini responden principalmente a decisiones personales y a cánones de belleza cambiantes, más que a una necesidad médica, concluyó.

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¿Te tienen envidia? Cómo manejarlo

“La envidia es un sentimiento que surge hacia otra persona cuando tiene algo que nosotros deseamos; se trata de una emoción social compleja que puede involucrar otras emociones, como la ira, la tristeza o la frustración”, explicó Paola Eunice Díaz Rivera, técnica académica de la Unidad de Posgrado de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Puede aparecer cuando alguien obtiene algo que anhelamos, pero también cuando percibimos una situación como injusta: “Creemos que merecemos algo y se le da a otra persona”. En ese sentido, la envidia suele relacionarse con procesos de comparación social y con la percepción de desigualdad o trato diferencial.

Es más probable sentir envidia hacia personas que se parecen a uno mismo —por edad, entorno social o contexto profesional— y que parecen avanzar mejor en aspectos como el dinero o el reconocimiento. “Sentimos que merecíamos eso y se configura un escenario que percibimos como injusto”, explicó.

El caso de los monos capuchino

Un estudio realizado por Sarah Brosnan y Frans de Waal con primates, en específico con monos capuchino, ayuda a comprender cómo reaccionamos ante la inequidad. A los animales se les pedía realizar una tarea sencilla —entregar fichas al investigador— a cambio de comida. Cuando ambos recibían la misma recompensa, colaboraban sin problema. Sin embargo, cuando uno obtenía una recompensa de mayor valor por el mismo esfuerzo —uvas en lugar de pepino—, el mono desfavorecido reaccionaba de forma evidente: rechazaba la comida, la arrojaba y se negaba a continuar la tarea.

Más que hablar de envidia en términos humanos, los investigadores señalan que estos primates muestran sensibilidad a la inequidad. Es decir, reaccionan cuando perciben que el trato no es igual pese a realizar la misma actividad.

Algo similar puede ocurrir en las personas cuando observan que alguien recibe más reconocimiento o beneficios por tareas que consideran equivalentes a las propias, lo que puede generar malestar emocional o sensación de injusticia.

No necesariamente se trata de una emoción negativa. En algunos casos puede convertirse en una motivación para buscar cambios o restablecer el equilibrio. “Podríamos pensar, por ejemplo, que muchos movimientos sociales surgen a partir del enojo frente a situaciones que se perciben como injustas”, añadió la especialista.

¿Cómo detectarla?

“Es difícil, porque no podemos inferir con certeza lo que alguien está sintiendo por nosotros; las emociones ajenas siempre pertenecen a un terreno subjetivo”, señaló la académica universitaria.

Sin embargo, algunas conductas podrían sugerir malestar asociado a la comparación social. Por ejemplo, cuando una persona comienza a obstaculizar el trabajo de otra, hablar mal de ella o difundir chismes. Estas acciones no necesariamente prueban que exista envidia, pero pueden relacionarse con sentimientos de competencia, inseguridad o resentimiento.

Por ejemplo, dificultar tareas, desacreditar logros o generar rumores son señales que pueden indicar tensión interpersonal dentro de un grupo.

De acuerdo con la académica universitaria, una forma más saludable de manejar estas emociones sería transformar la comparación en colaboración: pedir apoyo, aprender del otro o buscar crecer junto con quienes destacan.

¿Cómo distinguir entre crítica constructiva y ataque personal?

“Sabemos que una crítica es constructiva cuando está basada en el trabajo y en la evidencia; por lo general se centra en aquello que se puede observar o escuchar. En cambio, cuando no busca construir ni favorecer el crecimiento, suele dirigirse a la persona y no a su desempeño”.

Por ejemplo, decir en un trabajo: “se puede mejorar su redacción; la oración es muy larga y podría acortarse para ganar claridad”, constituye una crítica constructiva porque describe algo observable y ofrece una mejora concreta.

En cambio, frases como “eres flojo” o “no te esfuerzas lo suficiente” suelen enfocarse en la persona y no en la tarea, lo que puede generar conflicto y tensión dentro del grupo.

¿Qué efectos tiene ser blanco de la envidia?

Ser percibido como alguien que sobresale puede tener costos sociales. Cuando una persona recibe más atención o reconocimiento, algunos grupos pueden reaccionar con exclusión o distanciamiento, lo que impacta el bienestar emocional.

La exclusión social puede provocar tristeza, sensación de aislamiento y malestar psicológico, especialmente cuando se pierden vínculos cercanos o redes de apoyo.

Cómo manejar la envidia

Existen distintas formas de enfrentar estas dinámicas sociales:

1. Compartir el reconocimiento.
Si recibes un premio o logro, puede ayudar reconocer el trabajo colectivo: agradecer al equipo o destacar que el éxito es resultado de un esfuerzo compartido. Esto reduce la percepción de competencia directa.

2. Usar el humor con cuidado.
Responder con humor puede ayudar a disminuir la tensión en algunos contextos sociales, siempre que no minimice a otras personas ni refuerce jerarquías. Por ejemplo, hacer un comentario ligero que muestre cercanía puede contribuir a relajar el ambiente.

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Masturbación evita enfermedades físicas y mentales

A pesar de ser una conducta sexual humana común y natural, la masturbación continúa rodeada de mitos, tabúes y juicios morales. Sin embargo, desde la perspectiva médica y psicológica, se reconoce como una práctica que puede tener diversos beneficios para la salud física y mental, siempre que no se realice de forma compulsiva ni interfiera con la vida cotidiana.

En entrevista para UNAM Global, Jeremy Cruz, maestro en Salud Mental Pública y médico psiquiatra de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que la masturbación es una conducta normal presente en todas las orientaciones sexuales, identidades de género y etapas de la vida.

¿Qué es la masturbación?

La masturbación consiste en la estimulación voluntaria de los propios genitales con el objetivo de generar placer sexual. Desde el punto de vista clínico, no se considera una conducta patológica, sino una expresión de la sexualidad humana.

Durante la excitación y el orgasmo se produce la liberación de endorfinas, oxitocina y otras sustancias neuroquímicas asociadas al bienestar, la relajación y la reducción del estrés, lo que puede favorecer el descanso y el estado de ánimo.

Beneficios físicos

Diversos estudios observacionales han encontrado que, en los hombres, una mayor frecuencia de eyaculación se asocia con un menor riesgo de cáncer de próstata. Sin embargo, el especialista aclaró que se trata de asociaciones estadísticas, no de una relación causal directa ni de un método de prevención médica.

En el caso de las mujeres, la estimulación sexual puede favorecer el fortalecimiento del suelo pélvico y mejorar algunos síntomas sexuales asociados a la menopausia, como la sequedad vaginal o las molestias pélvicas, aunque no sustituye tratamientos médicos cuando estos son necesarios.

Beneficios psicológicos

Desde el ámbito de la salud mental, la masturbación puede contribuir a la disminución del estrés y la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y favorecer el autoconocimiento corporal. Además, al promover la relajación, puede ayudar a conciliar el sueño.

El especialista señaló que un mayor conocimiento del propio cuerpo puede relacionarse con una mejor regulación emocional y con una vivencia más sana de la sexualidad.

Mitos frecuentes

Entre los mitos más difundidos se encuentran la idea de que la masturbación provoca disfunción eréctil, depresión, disminución de la testosterona o alteraciones físicas, lo cual carece de sustento científico.

También persiste la creencia de que las fantasías sexuales son perjudiciales para la salud mental. Al respecto, el psiquiatra explicó que las fantasías sexuales forman parte del desarrollo humano y no afectan negativamente la función psicológica.

Frecuencia

No existe una frecuencia “ideal” o universalmente recomendada. La masturbación es saludable mientras no se convierta en una conducta compulsiva ni afecte las relaciones sociales, laborales o de pareja. En esos casos, se recomienda acudir a atención especializada.

En pareja

La masturbación también puede formar parte de la vida sexual en pareja como una práctica no penetrativa, basada en el consentimiento y la comunicación. Expresar gustos, límites y preferencias favorece una mejor salud sexual y relacional.

“Lo importante es dejar atrás los prejuicios y comprender que la masturbación puede ser una forma de autocuidado y conocimiento personal”, concluyó el académico.

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Ejercitar el cuerpo también entrena al cerebro: su efecto antidepresivo

Mover el cuerpo no sólo fortalece los músculos. También modifica procesos cerebrales relacionados con la memoria, el estado de ánimo y la capacidad de adaptación ante el estrés. Practicar actividad física incrementa los niveles de dopamina y serotonina en el cerebro, neurotransmisores vinculados con un efecto antidepresivo, explicó Alonso Martínez Canabal, profesor del Departamento de Biología Celular de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

El especialista subrayó que los beneficios del ejercicio físico sobre el cerebro son contundentes. En contraste, el estrés disminuye de forma sustancial la neurogénesis, es decir, el proceso mediante el cual se generan nuevas neuronas, fenómeno que se ha observado incluso en estudios post mortem.

Memoria en movimiento

La memoria no es un archivo estático. Permanece y cambia al mismo tiempo, lo que permite conservar información y reinterpretarla sin que lo nuevo entre en conflicto con lo aprendido anteriormente. Esta capacidad ha sido una constante en la historia humana. Nuestros ancestros buscaron preservarla, como lo muestran las estelas mayas que registraron acontecimientos que hoy permiten reconstruir el pasado.

La adquisición de recuerdos ocurre principalmente en el hipocampo, una estructura cerebral formada por neuronas con numerosas conexiones. Sus dendritas, o extensiones neuronales, están cubiertas por espinas donde se reciben señales de otras células y se generan las sinapsis. En esos contactos se almacenan pequeñas unidades de información que constituyen las memorias.

Recordar, explicó Martínez Canabal, implica también saber cuándo reinterpretar experiencias y dejar atrás aquello que ya no resulta útil. Sin embargo, este proceso puede alterarse en la depresión, una enfermedad que presenta distintos tipos y que se caracteriza por tristeza persistente, falta de concentración, desmotivación y anhedonia.

Cuando la memoria se vuelve negativa

De acuerdo con el investigador, estudios recientes indican que en la depresión intervienen sesgos cognitivos, rumiaciones y esquemas autorreferenciados que llevan a interpretar los recuerdos con una carga negativa. El resultado es un estado depresivo acompañado de ansiedad.

Desde esta perspectiva, la depresión puede entenderse como una enfermedad de la memoria, en la que se pierde la capacidad de modularla para construir una representación más realista y positiva del entorno.

El estrés crónico desencadena la liberación constante de glucocorticoides como el cortisol y la cortisona, hormonas que alertan al organismo ante situaciones adversas. En modelos animales se ha observado que estas sustancias afectan estructuras cerebrales como el hipocampo y la corteza prefrontal, regiones relacionadas con la toma de decisiones, las funciones ejecutivas y el sistema de recompensa.

Durante la depresión, señaló el especialista, algunas áreas cerebrales pueden encogerse debido a la acción prolongada de estas hormonas, lo que provoca alteraciones en el funcionamiento neuronal.

Mecanismos de autorreparación

A pesar de estos efectos, el cerebro cuenta con procesos de autorreparación. Estudios de imagenología por resonancia magnética han mostrado que el hipocampo puede aumentar de tamaño en personas mayores que realizan ejercicio aeróbico. Aunque no se conocen con exactitud todas las causas, algunos trabajos lo relacionan con la cantidad de oxígeno respirado durante la actividad física.

El ejercicio también estimula la liberación de hormonas desde la glándula pituitaria y genera sustancias producidas por los músculos que favorecen la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para modificar sus conexiones sinápticas, extender dendritas y fortalecer circuitos neuronales.

Estos procesos plásticos son fundamentales para enfrentar daños causados por accidentes cerebrovasculares o traumatismos, y forman parte de los mecanismos que permiten al cerebro adaptarse y recuperarse.

En conjunto, la evidencia científica sugiere que ejercitar el cuerpo no sólo mejora la condición física, sino que impulsa cambios profundos en el cerebro que pueden contribuir a reducir los síntomas asociados con la depresión y fortalecer la capacidad de adaptación ante el estrés cotidiano.