El confinamiento derivado de la crisis sanitaria mundial dejará secuelas en los ya existentes malos hábitos alimenticios de los mexicanos, donde ya imperan enfermedades como la diabetes e hipertensión, que se creían exclusivas de los adultos.
De acuerdo con Juan Carrillo Toscano, académico de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, estos malos hábitos se han exacerbado en la cuarentena, así como la falta de actividad y ejercicio en niños y jóvenes.
Para el especialista en Nutrición y Ciencia de los Alimentos con sólo incluir avena, tortilla de maíz, amaranto, fresa, leche, frijoles, manzana, nopal, aguacate y pescado en las comidas se prepararía un alimento balanceado.
La Ciudad de México tiene desde hace dos décadas un sistema que otorga hasta un minuto de tiempo para actuar previamente en caso de sismo.
Cada vez que sucede un sismo se busca entenderlo, como el ocurrido en las costas de Oaxaca el pasado 23 de junio. El terremoto de magnitud 7.4 desencadenó una alerta de tsunami.
En ese contexto, un grupo de científicos del que es parte el ingeniero geofísico Diego Melgar Moctezuma, egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, realiza una investigación de sistemas de alerta temprana para tsunamis.
Los sistemas de alerta temprana son muy útiles, pero difíciles de construir. Gracias a las estaciones de GPS con las que ya se cuenta para los sismos, se podrán utilizar para ver en tiempo real cuánto se movió la corteza y qué tan grande podrá ser el tsunami. “Estamos construyendo un prototipo y ayudando al Centro de Alerta Nacional de Tsunamis en Alaska y al Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico en Hawaii a producir pronósticos en los siguientes cinco minutos después de que ocurre un sismo. El tsunami tarda en llegar entre 10 y 30 minutos a la costa, nuestra meta es ayudarle al emitir pronósticos en los primeros cinco minutos y que la gente pueda actuar”, explicó Melgar en entrevista con UNAM Global.
Sin embargo, para el también profesor de la Universidad de Oregón en Estados Unidos, la alerta temprana es sólo una parte del problema, lo más importante es la educación de las personas. Para responder de forma apropiada se necesita trabajar en conjunto con las agencias nacionales y ayudarles a entender qué es lo que van a obtener con el sistema de advertencia temprana. “Decirle a la gente cómo son los sismos y los tsunamis es una labor de toda la vida”.
Por otro lado, enfatizó que el planeta no es estático y que se mueve todo el tiempo, “es lo normal para las costas y ha sucedido desde tiempos inmemoriales. La tierra del Pacifico es tierra de terremotos, desde Tapachula hasta Puerto Vallarta. No está sucediendo nada anormal, y no es minimizar lo que sucedió, sino estar preparado para lo que venga”.
La investigación de Diego Melgar se ha centrado en los sismos, reconoce que la sismología es una ciencia colaborativa que tiene 100 años de creada, tiempo que consideró poco para entender cómo funciona la Tierra.
“Todos los sismólogos queremos que la predicción sea posible y que algún día sea real, queremos minimizar que la gente muera y que pierda su patrimonio. Pero actualmente no hay manera de poder predecir un sismo, nadie puede decir de una forma científica el día, el momento, lugar, ni de qué magnitud”, finalizó.
Los virus que afectan el tracto respiratorio se adquieren normalmente por la infección de la vía aérea, tal es el caso del nuevo coronavirus SARS CoV 2 causante del padecimiento COVID-19. Hasta el momento, es bien conocido que el principal mecanismo de contagio es mediante gotas respiratorias que son expulsadas cuando hablamos, tosemos y estornudamos.
Normalmente el ser humano es capaz de exhalar gotas respiratorias que van desde los 0.1 micrómetros hasta los mil micrómetros, las gotas que contaminan las superficies y pueden caer en los ojos al hablar, toser o estornudar miden más de cinco micrómetros y normalmente se consideran de tamaño medio, por lo que caen rápidamente al piso, en un tiempo que va de los 30 segundos a los ocho minutos.
Existe otro tipo de gotas respiratorias tan pequeñas que se les llaman aerosoles y que miden cinco o menos micrómetros de diámetro, su importancia se debe a que para algunas enfermedades respiratorias los aerosoles representan un vehículo importante para su transmisión entre humanos, por ejemplo, los virus de la influenza o del sarampión, y también para el virus de la gripe aviar SARS CoV 1, antecesor de este nuevo coronavirus. Los aerosoles son tan pequeños que pueden permanecer suspendidos en el ambiente por horas y viajar una mayor distancia cuando existen corrientes de viento. Los aerosoles también se pueden depositar directamente en los alvéolos, que es la parte más profunda de nuestros pulmones y la responsable de llevar a cabo el intercambio de dióxido de carbono por oxígeno.
Como podemos ver, existen dos grandes mecanismos de transmisión respiratoria en los virus, el contacto directo o indirecto con personas o superficies contaminadas con gotas respiratorias de tamaño medio y la exposición respiratoria al virus al inhalar aerosoles.
A partir de una carta enviada al reconocido diario The New York Times a inicios de julio, centenas de científicos de todo el mundo han expresado su inquietud para que la Organización Mundial de la Salud revalúe la evidencia científica generada hasta el momento en la transmisión del nuevo coronavirus mediante los aerosoles y actualice sus guías y recomendaciones. Actualmente, los lineamientos del máximo organismo de salud se concentran en medidas para evitar el contagio a través del contacto directo o indirecto con personas y superficies contaminadas y no incluye medidas específicas para evitarlo mediante la vía aérea por aerosoles.
En el caso de que se llegara a comprobar que el contagio del SARS CoV 2 sea efectivo mediante la vía aérea por aerosoles contaminados, las autoridades de salud de todos los países tendrían que modificar sus recomendaciones sanitarias, los protocolos de seguridad sanitaria deberán actualizarse y adoptaríamos más medidas para disminuir nuestro riesgo de contagio, por ejemplo:
● En vista de que los aerosoles pueden permanecer por tiempo indefinido suspendidos en el espacio tendríamos que evitar en la medida de lo posible cualquier reunión en lugares cerrados
● Los lugares de reunión como restaurantes, oficinas, bares, cines, teatros sólo podrán usar lugares bien ventilados y de preferencia al aire libre para asegurar que los aerosoles se diluyan en el ambiente
● Como los aerosoles pueden contar con partículas virales que varían dependiendo de la humedad, temperatura y características del enfermo que los expulsa tendríamos que permanecer el menor tiempo posible en los espacios cerrados, ya que a mayor tiempo de exposición a los aerosoles implica que una mayor cantidad de virus se deposite en nuestros pulmones hasta llegar a una cantidad suficiente para que desarrollemos la enfermedad de COVID-19
● El uso de tapabocas sería extremadamente importante y se volvería de uso universal para reducir el número de partículas virales que las personas sin síntomas y con síntomas leves pudieran llegar a expulsar al ambiente, y con ello, proteger al resto de las personas de un posible contagio
● Lo más importante, la distancia física de metro y medio a dos metros para evitar el contagio tendría que aumentarse en espacios cerrados ya que los aerosoles pueden viajar una mayor distancia y contagiar a una mayor cantidad de personas
Existen todavía muchos vacíos en el conocimiento científico que limitan nuestra capacidad para controlar esta pandemia de COVID-19 de manera eficiente y que pueden generar confusión y acciones incorrectas. Algunas incógnitas importantes de resolver son saber con exactitud la cantidad de virus necesario para causar COVID19, la cantidad de virus que expulsamos en las gotas respiratorias dependiendo la fase de la enfermedad en la que estamos, por ejemplo cuántas partículas virales expulsamos antes de iniciar con síntomas, durante los síntomas y al desaparecer los síntomas, o si varía la capacidad del virus para infectarnos en un ambiente cerrado y en ambientes abiertos.
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Aunque la evidencia aún no es definitiva, es posible que el COVID-19 se transmita por el aire en lugares cerrados, abarrotados y con poca ventilación, aseguró la Organización Mundial de la Salud este martes.
Los expertos de la agencia respondieron durante su conferencia de prensa habitual a una carta abierta publicada por más de 200 científicos que afirman que el SARS-COV2 queda suspendido en el aire y se puede propagar más lejos e infectar cuando una persona respira.
“Reconocemos que hay una evidencia creciente en este campo, así como en muchos otros relacionados con el coronavirus que causa el COVID-19, y es por ello por lo que sabemos que tenemos que estar abiertos a estos hallazgos y entender sus implicaciones en relación con las maneras de transmisión y las precauciones que se deben tomar”, aseguró la coordinadora de prevención de infecciones de la Organización.
Benedetta Allegranzi aseguró que han trabajado y colaborado con muchos de los signatarios de la carta, y recibido sus contribuciones, y aseguró que es necesario confirmar si es que se produce este tipo de transmisión, qué dosis del virus es necesaria para contagiarse.
“Son campos de estudio que están creciendo y de donde está surgiendo evidencia, pero que todavía no es definitiva y es por ello por lo que la posibilidad de que haya transmisión por el aire en espacios públicos, especialmente en condiciones específicas como lugares abarrotados, cerrados y con mala ventilación, no puede ser descartada. Pero la evidencia debe ser reunida e interpretada y apoyamos este proceso” agregó, y recordó que la OMS ya recomienda una excelente ventilación en los lugares cerrados.
La doctora Maria Van Kerkhove dijo que la Organización Mundial de la Salud ha tenido en cuenta esta posibilidad de transmisión, así como estudiado las circunstancias de contagio a través de las gotas que expulsa una persona cuando habla, tose o estornuda, que se mantiene como la principal vía.
“Hemos hablado de la importancia de todas las maneras potenciales de transmisión, se trata de un patógeno respiratorio, y es importante que lo que sabemos esté reflejado en nuestras recomendaciones, es por ello por lo que requerimos un paquete integral de intervenciones para parar la transmisión: esto incluye no solamente el distanciamiento físico si no el uso de mascarillas en circunstancias específicas cuando no se puede hacer, o en lugares cerrados”, dijo.
Van Kerkhove anunció que la Organización publicará próximamente un resumen científico sobre todas las posibilidades que están siendo estudiadas al respecto, y están colaborando con un gran número de médicos, científicos y matemáticos para consolidar la evidencia.
PMA/Rafael Campos Ciudadanos de Mozambique practican la distancia social.
Misión a China
El origen del COVID-19 también continúa siendo una gran rama de investigación, aseguró el director general de la Organización.
“Todos los preparativos se han finalizado y expertos viajarán a China este fin de semana para preparar planes científicos con sus homólogos chinos para identificar la fuente zoonótica de la enfermedad”, informó Tedros Adhanom Gebreyesus.
Tedros afirmó que los expertos desarrollarán el alcance y los términos de referencia para una misión internacional dirigida por la OMS.
“El objetivo es avanzar en la comprensión de los huéspedes animales para el COVID-19 y determinar cómo la enfermedad saltó entre animales y humanos”, aseguró.
El doctor Michael Ryan, director de emergencias aseguró que aún no se sabe “donde se rompió la barrera entre las especies” y que entender como el coronavirus entró a la población es “extremadamente importante”.
Aseguró además que los científicos chinos han estado avanzando en la investigación, por lo que la misión no será “para empezar de cero”.
ONU/Katya Pugacheva A los neoyorquinos se les pide que mantengan el distanciamiento social para prevenir el contagio del coronavirus.
Una pandemia que no llega al pico
El mundo tardó 12 semanas en llegar a 400.000 casos de COVID-19. El fin de semana pasado, hubo más de 400.000 casos en todo el mundo.
“Ya son 11,4 millones de casos de COVID-19 y se han perdido más de 535.000 vidas. El brote se está acelerando y claramente no hemos alcanzado el pico de la pandemia”, aseguró Tedros.
Si bien el número de muertes parece haberse estabilizado a nivel mundial, en realidad, algunos países han progresado significativamente en la reducción del número de muertes, mientras que en otros países las muertes siguen aumentando, explicó el director.
“Donde se ha avanzado en la reducción de muertes, los países han implementado acciones específicas hacia los grupos más vulnerables, por ejemplo, aquellas personas que viven en centros de atención a largo plazo”, dijo.
Tedros reiteró una vez más que la unidad nacional y la solidaridad global son más importantes que nunca para derrotar al enemigo común, un virus que “ha tomado como rehén al mundo”.
“Este es nuestro único camino para salir de esta pandemia”, reiteró.
Las mascarillas o cubrebocas N95 y KN95 para uso de personal médico pueden ser reutilizables si se esterilizan por medio de la luz utravioleta a 254 nanómetros (UV-C, germicida); además, no deben usarse por más de 40 horas, indicó Iván Puente Lee, académico de la Facultad de Química, al participar en la cuarta y última sesión del webinarLa Facultad de Química de la UNAM: acciones e investigaciones sobre COVID-19.
Durante la videoconferencia Cubrebocas. ¿Se pueden reutilizar?, ¿se pueden mejorar usando nanomateriales?, el también responsable del Laboratorio de Microscopía Electrónica de la Unidad de Servicios de Apoyo a la Investigación y la Industria (USAII) de la FQ, comentó que este trabajo surgió del cuestionamiento por parte de autoridades hospitalarias de la Ciudad de México, sobre si se podrían reutilizar los cubrebocas para el personal de salud.
En este sentido, lo más recomendable, de acuerdo con la literatura científica y los fabricantes, es que los cubrebocas se utilicen y se desechen. No obstante, debido a la gran necesidad de mascarillas en el sector Salud, se pueden esterilizar además de la luz ultravioleta, con vapor de peróxido de hidrógeno o calor seco a 70 grados centígrados, comentó en esta sesión organizada por la Facultad de Química y su Patronato.
Una de las interrogantes en esta investigación, apuntó el académico, consistió en saber si la luz ultravioleta dañaba las mascarillas. Se observó que después de más de 30 ciclos de esterilización, los tejidos continuaban intactos: “No vemos deformación, ni quemado de las fibras en ninguna de las capas; se siguen conservando”, dijo.
El universitario también señaló que los cubrebocas N95 y KN95 no deben usarse por más de 40 horas y su esterilización debe ser diaria. En el caso del personal de hospitales, recomendó contar por lo menos con cinco mascarillas para utilizar una diario y los usados se envíen a esterilizar.
Además, aconsejó no usar agua con jabón, cloro ni alcohol para limpiar este tipo de mascarillas, así como no guardarlas para desactivar al virus con el tiempo, pues cualquier sustancia en éstas va a disminuir su capacidad de filtración, del 95 por ciento que tienen estipulado, a un 80 o 70 por ciento. También recomendó no utilizar labial o maquillaje mientras se les emplea, ya que puede adherirse a las fibras del objeto. Reiteró que no basta con esterilizarlos, pues con el uso van acumulando partículas y aunque se esterilicen van a continuar fijas en los tejidos.
El docente detalló que las mascarillas N95 y KN95 contienen cuatro medios filtrantes que ayudan a detener las partículas de bacterias o virus: “Los filtros tienen un tejido donde se detendrán las nanopartículas, con un entramado muy pequeño por donde va a pasar el aire. El virus mide de 100 a 200 nanómetros y se puede retener por medio de las fibras que contiene cada uno de los filtros”.
Una ventaja de estos cubrebocas es que poseen carga electroestática y filtran hasta 10 veces más las partículas que un filtro normal, apuntó.
Para el caso de la elaboración de cubrebocas caseros, el docente sugirió emplear toallas, camisetas de algodón, fundas de almohada y bufandas, entre otros materiales: “Como lo indica la Organización Mundial de la Salud, las mascarillas deben contar por lo menos con tres capas: de polipropileno, algodón y poliéster. Al colocar la capa de poliéster en la parte externa permitirá que sea más impermeable; en la interna, la de algodón evitará dañar la cara, y como medio filtrante sirve la película de polipropileno”, detalló.
Los cubrebocas caseros, aseveró, se deben elaborar con telas sin tramado, porque pueden tener aperturas por las cuales podrían entrar las partículas o el virus. A diferencia de los KN95, las mascarillas elaboradas en casa se pueden lavar, sumergir en cloro y son reutilizables, concluyó.
Las personas que se enferman del nuevo coronavirus y que se curan quedan con inmunidad. ¿Cuánto tiempo? Eso es lo que todavía no sabemos, afirmó el doctor Alejandro Macías, integrante de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia contra el Coronavirus.
Agregó que si nos atenemos a la inmunidad que dejan los otros coronavirus que ya conocíamos (los coronavirus de los catarros), será de alrededor de uno o dos años.
El infectólogo de la UNAM indicó que hay historias de personas que supuestamente se han enfermado dos veces. “La evidencia tiende a mostrar más bien que esas personas dieron una prueba negativa, pero no era negativa, era un falso negativo, porque se le repite una semana después y resulta que vuelve a salir positivo. Se ha visto que muchas personas todavía, inclusive cuatro o seis semanas después de la enfermedad tienen el virus o por lo menos su ácido ribonucleico, pero eso no quiere decir que se estén infectando dos veces o más, sino que han tardado en aclarar la prueba”.
Preciso que ahora sabemos que la COVID-19 no es sólo una neumonía, es una enfermedad multiorgánica, puede dar la neumonía, pero frecuentemente es un problema vascular, da trombosis, la sangre se coagula dentro de los vasos en los casos graves, da inflamación del corazón o miocarditis; puede dañar los riñones, que lleva a insuficiencia renal y necesidad de diálisis.
En conclusión, “esta enfermedad se cura, deja inmunidad, pero también puede dejar secuelas.
Para acortar tiempos en la obtención de una cura y mitigar los efectos que ocasiona el SARS-CoV-2 en los seres humanos, un grupo multidisciplinario, encabezado por la UNAM, desarrolla una serie de proyectos de investigación, entre los que destacan la versión sintética de una vacuna, un método que detecte anticuerpos en personas previamente infectadas y la evaluación de un tratamiento basado en dexametasona por vía intranasal.
La participación del equipo universitario se suma a los esfuerzos de cientos de científicos alrededor del mundo que trabajan a marchas forzadas en la creación de un medicamento que, de ser descubierto, no garantizaría la producción suficiente para su administración en la población mundial. De ahí la necesidad de contar con alternativas nacionales.
El Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBO) de la UNAM decidió, en colaboración con otras instituciones, desarrollar una vacuna que genere rápida y eficientemente una respuesta inmune capaz de controlar de forma parcial o total la infección.
“Esto está basado en pequeñas regiones críticas del virus que estamos actualmente evaluando en ratones a través de diversos equipos de vacunación. Se está evaluando la capacidad protectora de estos péptidos. Con ella se sabrá cuáles de los cinco componentes diferentes tienen la mejor capacidad para inducir una respuesta inmune”, señaló en entrevista Edda Sciutto, integrante del IIBO de la UNAM.
Con la participación del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) y el Instituto Nacional de Nutrición -quienes les proveen del material biológico para poder evaluar la prueba-, así como de la Unidad de Investigación Veterinaria de la UNAM, el equipo de la doctora Sciutto también desarrolla un ensayo que diagnostique anticuerpos circulantes en los individuos que hayan estado expuestos al virus de la COVID-19. De aprobarse, podría contribuir a diseñar una estrategia para programar un regreso seguro a las actividades.
El Instituto de Investigaciones Biomédicas también desarrolla un tratamiento a base de dexametasona que, a diferencia del estudio anunciado recientemente por la Universidad de Oxford sobre su utilización vía intravenosa, el suyo busca administrarse de forma intranasal, ya que este método promete ser más eficiente en el control de la COVID-19.
Entrevistada por Prisma RU, de Radio UNAM, precisó que “cuando se administra un fármaco por vía intranasal de cierta forma para que llegue a la parte alta de la nariz, tiene la ventaja que, además de entrar al sistema respiratorio directamente, también lo hace al sistema nervioso central”.
Esta estrategia es importante a considerar ya que, según la investigadora, es probable que el nervio olfático sea el conducto por el cual el SARS-CoV-2 entre al sistema nervioso central provocando daños centrales causantes de la muerte y discapacidad de los enfermos: “una situación que se podría controlar y reducir aplicando la dexametasona intranasal”.
Actualmente la evaluación del tratamiento se realiza en el Hospital General de México debido a la cantidad de pacientes que ahí se tratan. Los investigadores piensan que con el protocolo clínico de este tratamiento se pueden obtener resultados preliminares o indicativos que muestren la importancia de la aplicación de esta terapia.
Concluyó que “es probable que en agosto se tenga el ensayo de diagnóstico para detectar anticuerpos y los resultados preliminares de si la dexametasona por vía intranasal es funcional. Pero el proceso de una vacuna lleva mucho más tiempo porque requiere de pruebas de seguridad, preclínicas, clínicas. Es decir, no es nada más la parte experimental, la cual se puede acabar en unos meses. Se trata de la realización de pruebas que, además de demorarse, son caras”.
Todos lo conocen como el Batman de la UNAM, por dedicar la mayor parte de su vida al estudio de los murciélagos. Su nombre es Rodrigo Medellín Legorreta y también es considerado un héroe por proteger a los quirópteros.
El protagonista de los cómics es investigador del Instituto de Ecología de la UNAM y explica que aunque los mamíferos voladores son una de las especies más benéficas, son de las más incomprendidas y atacadas.
Para defender a los murciélagos de los malhechores, Medellín Legorretaexplica en entrevista que gracias a ellos los ecosistemas funcionan. De hecho, “nos traen tres aspectos muy positivos: ayudan con el control de las plantas agrícolas; la dispersión de semillas; y la polinización de plantas”.
Devoran las plagas de insectos que atacan a los cultivos de maíz, algodón, arroz, chile, jitomates y frijoles. En la franja fronteriza norte, desde Sonora hasta Tamaulipas existen de 20 a 40 millones de murciélagos que devoran 10 toneladas de insectos por noche.
Los protegidos de Batman también dispersan semillas de frutos como los chicos zapotes, zapotes negros, zapotes blancos, nanches, capulines, higos, guayabas, entre muchos otros. Durante siglos han restaurado los bosques tropicales de todo el mundo. “Si dejáramos que hicieran su trabajo, regenerarían la selva en 20 años”, dijo el investigador a través de su identidad secreta.
Son de los polinizadores importantes del planeta. Por ejemplo, ayudan a que la Ceiba, uno de los árboles más majestuosos de México se multiplique, además contribuyen con el agave, que nos brinda, el tequila, mezcal, pulque, e incluso con la barbacoa que se envuelve en hojas de maguey.
Para el súper héroe, los murciélagos deberían de ser parte de nuestra identidad mexicana porque apoyan para reproducir la planta del tequila y mezcal. De hecho, todos los seres humanos deberían defender a estos animales.
El primer murciélago
Al igual que Batman, Rodrigo Medellín también se siente atraído por las cuevas. A los 13 años visitó por primera vez el Cañón del Zopilote en Guerrero, en donde quedó prendando del primer murciélago que tuvo en sus manos.
William López-Forment, quien era investigador del Instituto de Biología, lo llevó al sitio, y le brindó el mejor legado: el quiróptero que habían capturado. Su maestro le dijo estúdialo y obsérvalo. Así, el joven se planteó varias preguntas: ¿por qué tenía las orejas inmensas?, y ¿qué comían?, entre otras.
Posteriormente, observaron otras especies de murciélagos y cada uno despertaba más su curiosidad. Así, se interesó en saber por qué la gente les tiene tanto miedo y por qué no son considerados como héroes de la biodiversidad.
En ese momento supo que dedicaría toda su vida a los murciélagos y su fascinación creció al conocerlos a fondo. Descubrió que en el mundo existen mil 400 especies, de las cuáles México cuenta con 140. De hecho, sólo cinco países tienen más especies que el nuestro.
Además, los quirópteros son taxonomicamente diversos en su morfología y su ecología. “Tenemos murciélagos con orejas enormes o chiquititas; ojos enormes o chiquititos; trompas muy largas o muy cortitas; de colores blancos, negros, cafés, rojos, nevados, manchados, en fin, muchos tipos”, dijo sin evitar que se le notara la emoción.
Cada uno de ellos tiene un papel muy diferente en su hábitat, además viven en todos los ecosistemas terrestres, excepto en los polos norte y sur.
Cómo llegó a ser un súper héroe
El Batman mexicano sintió desde muy pequeño una gran fascinación por todos los animales. De hecho, cuenta que su primera palabra no fue papá y mamá, sino flamingo.
Cada navidad y cumpleaños el pequeño Rodrigo pedía libros de animales, ir al zoológico o visitar el campo. Miraba por horas en esas páginas a diferentes especies. Así, adquirió poco a poco su principal súper poder: el conocimiento de los mamíferos. “Yo sentía mucha curiosidad y pasión”.
En su adolescencia y juventud pasó muchas horas en el Instituto de Biología de la UNAM, pero ¿cómo llegó?, el científico-súper héroe cuenta que de niño veía el programa “El premio de los 64 mil pesos”, con el conductor Pedro Ferriz Santa Cruz, y se le metió la idea en la cabeza que debía concursar.
“Cuando le conté la idea a mi mamá, me miró como diciendo este niño está loco”, recordó. No obstante, el futuro Batman no se dejó convencer de lo contrario, hasta que ella lo llevó con los productores.
Éstos lo miraron y dijeron que no se trataba de un programa para niños como Chabelo, sino que era para gente con bastante conocimiento. Su mamá respondió: “pues pregúntenle al niño a ver si sabe”. Ellos quedaron impactados con el pequeño y lo dejaron concursar. Fue el primer niño de 11 años en el programa.
Todo mundo veía el show, incluyendo a Bernardo Villa -creador del estudio de los mamíferos en México y decano del Instituto de Biología (IB) de la UNAM-, evocó Medellín Legorreta.
El investigador detectó el potencial del futuro súper héroe y lo invitó al IB para que le brindarán su poder: el conocimiento de los mamíferos. Desde entonces, Batman no salió de la UNAM, se formó como biólogo y hoy es muy reconocido a nivel mundial por su trabajo.
A la defensa de los murciélagos
La gente tiene un miedo totalmente infundado a los murciélagos porque no conocen todos su beneficios: los asocian con el mal, la obscuridad, las enfermedades y con todo lo negativo en el mundo.
Aunado a esto, algunos investigadores sin conocimiento y entendimiento real de lo que pasa con la pandemia culparon a los murciélagos del coronavirus.
En este caso, su poder de conocimiento sale al máximo para defender a los murciélagos y enfatiza: “este virus llamado SARS-CoV-2, es exclusivo de los humanos, no proviene delos murciélagos”.
“Todavía no sabemos cuál es el origen de este agente patógeno, pero la realidad es que los murciélagos no nos contagiaron la enfermedad del coronavirus. Si se nos acerca un murciélago no nos pasará nada”, declara.
De hecho, el SARS-CoV-2 está emparentado con un virus de los murciélagos, que comparten el 96 por ciento del material genético. Esto significa que sólo tienen en común un ancestro de hace muchísimos siglos, y por lo tanto no proviene de los mamíferos voladores.
Una de las amenazas más fuertes es el vandalismo en sus refugios, cuevas, árboles huecos, casitas donde se meten entre las tejas,porque la gente los quema, los mata, los ahuyenta, los dinamitan, les dan veneno y lo único que hacen es afectar la biodiversidad.
El protagonista de los cómics quiere compartir su súper poder de la información a las personas, para que entiendan que estos animales son aliados de la humanidad. “Necesitamos defenderlos, protegerlos y ayudarlos”.
“Si en este momento alguien llegará con un murciélago dejaría esta entrevista de lado para revisarlo”, concluyó Rodrigo Medellín, quien más que un académico investigador es un súper héroe.
A 450 años-luz de ti, la inmensa nube molecular de Tauro es sumamente fría ❄️
Aún así, ahí se están formando miles de estrellas ✨
«Las regiones más frías del universo», plática astronómica en vivo con Javier Ballesteros, investigador del IRyA UNAM, Campus Morelia
Sobre el aún alto número de personas que deambulan por las calles sin cubrebocas, el doctor Orlando Hernández Cristóbal es enfático al decir: “Deberíamos portar uno siempre, y de la mejor calidad posible, pero si no es así ponerte algo es mejor que no traer nada, pues por más deficiente que sea el material de tu mascarilla, o si prefieres amarrarte un pañuelo o una bandana, al cubrirte la parte baja del rostro aminoras —de forma mecánica— la probabilidad de contagio”.
“Aseverar cosas de ese estilo se debe a que hemos vivido esta pandemia en tiempo real, a que la llegada de la COVID-19 nos tomó por sorpresa y con la guardia baja y, sobre todo, a que a diario se descubren cosas nuevas”, explica el profesor Hernández quien, como responsable del Laboratorio de Microscopía de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Morelia, desde el estallido de esta crisis se ha dedicado a analizar distintos tapabocas con un microscopio electrónico de barrido a fin de determinar su efectividad.
En un estudio donde participó el Nobel mexicano Mario Molina (publicado el 16 de mayo) se dice muy claro: “La diferencia entre hacer obligatorio o no el uso de máscaras determinó el curso de la pandemia en tres sitios distintos (Wuhan, Italia y Nueva York), pues esta medida redujo significativamente el número de infecciones. Otras estrategias de mitigación, como el distanciamiento social, han mostrado ser insuficientes por sí mismas para proteger a la gente”.
Por ello, en momentos donde en México se dan cifras récord de hasta seis mil 288 contagios nuevos por día, el profesor Hernández Cristóbal subraya que no sólo es muy importante usar barbijos al salir a la calle, sino elegir el mejor y, además, darle la higiene adecuada.
“Para entender qué tan pequeño es el SARS-CoV-2 imaginemos el grosor de un cabello (0.1 milímetros) y dividámoslo en mil, ese sería su tamaño. Buscando un símil, es como si ese diámetro capilar tuviera los 65 metros de altura de la Pirámide del Sol y el virus fuera sólo un vasito tequilero (6.5 cm). Con algo así de diminuto lidiamos y de ahí la importancia de saber qué materiales lo pueden detener”.
En busca de la mejor mascarilla filtrante
Algo que apenas se empieza a aceptar es la importancia de los cubrebocas a la hora de abatir contagios y esta toma de conciencia es tan reciente que la Organización Mundial de la Salud todavía el mes pasado desaconsejaba su uso, pero a inicios de junio modificó su postura y ahora pide a todos, en cualquier país, portar uno.
La conclusión del artículo del doctor Molina (escrito en colaboración con otros expertos en calidad del aire) es tajante: “El uso de máscaras faciales en espacios públicos es la vía más efectiva para evitar la transmisión entre humanos y esta práctica tan poco costosa —aunada a la aplicación simultánea de distanciamiento social, cuarentenas y rastreo de contactos— es una excelente estrategia contra la pandemia y nuestra mejor oportunidad de ponerle fin”.
No obstante, abundan los reticentes en cuanto a usar una máscara (por incomodidad o descreimiento), algo que el doctor Hernández critica pues los barbijos son un escudo contra los aerosoles expelidos por un infectado al respirar, toser o estornudar. El talón de Aquiles del virus es que debe introducirse a un organismo para enfermarlo y, de no lograrlo, se degrada, por lo que es buena idea ponerle barreras.
“La infección se puede dar incluso al intercambiar palabras con alguien aparentemente sano (no olvidemos que tanto asintomáticos como presintómaticos son contagiosos), pues todos exhalamos microgotas que van de las 60 a las 300 micras, de forma constante. De ahí la importancia de usar una protección en nariz y boca capaz de atrapar estas partículas. No olvidemos que un buen cubrebocas debe cumplir con dos características: filtrar el aire que entra a nuestros pulmones y, al mismo tiempo, no dificultarnos el respirar”.
Actualmente, el profesor Orlando Hernández pasa gran parte de su tiempo en su laboratorio de la ENES Morelia analizando la microestructura de los distintos materiales con que se elaboran las mascarillas filtrantes y, de esta manera, no sólo ha corroborado algo de todos sabido: las más efectivas no sólo son las N95 de uso médico, sino aquellas confeccionadas en algún punto con la tela de los filtros de aspiradora (polipropileno), ya que los materiales de las primeras y las segundas tienen propiedades químicas semejantes.
“Esto es una buena noticia pues hablamos de un material económico que se puede conseguir en las tiendas, con una retícula bastante eficiente que atrapa los aerosoles e impide su paso y con el cual, incluso, nos podemos fabricar nuestros propios tapabocas, o añadirle una capa extra de protección al que ya tenemos, en especial si es de esos que cuentan con una bolsita para colocarle filtros”.
Por todo ello, el académico pide ser cuidadoso al elegir una máscara, en especial con tanta oferta en los mercados y puestos callejeros. Lo importante no es elegir la más bonita o curiosa (las hay desde aquellas con una sonrisa del Joker hasta las que emulan el bozal de Hannibal Lecter), sino las que tienen el mejor diseño y material.
“Lo ideal es que tenga tres capas: la más superficial debe ser de una tela repelente al agua como el poliéster, pero no cualquiera ya que no todos los poliésteres tienen dicha cualidad. Por ello, antes de comprarnos una es recomendable, con una jeringuilla, poner una gota sobre el exterior del cubrebocas y observar si ésta permanece o se absorbe de inmediato. Si es succionada y desaparece en pocos segundos no nos sirve, ya que haría lo mismo con los aerosoles”.
La segunda capa —añade— puede ser de polipropileno (recordemos que no sólo es el material de los filtros de aspiradora, sino uno muy parecido al de las máscaras N95), y la tercera, por ir pegada a nuestro cuerpo, debe ser de algodón u otra tela ahora sí muy absorbente, pues llegados a este punto lo que deseamos es retener lo que salga de nuestra boca y nariz, pues si estamos infectados eso evitará que alguien más respire nuestras exhalaciones.
Aunque al principio de la charla el profesor Hernández señalaba que, incluso siendo de mal material, siempre es preferible llevar un cubrebocas a ninguno, en esta ocasión advierte que hay uno tan desaconsejable que incluso ya fue prohibido en muchas ciudades de Estados Unidos por implicar un riesgo sanitario: el que tiene válvula.
“Las válvulas que se les colocan están diseñadas para facilitar la respiración, y si bien estas máscaras limpian el aire entrante e incluso evitan que se empañen nuestros lentes, lo cuestionable es que dejan salir las exhalaciones sin filtrarlas y ello representa un gran problema, porque si quien lo usa está infectado, ese individuo propagará la enfermedad por doquiera que pase. Por ello, estas máscaras no son útiles contra la COVID-19, pues si deseamos acabar con la pandemia debemos romper el ciclo de contagio, nunca continuarlo”.
Usos y cuidados
Hace unos días, la exprimera dama Angélica Rivera fue captada en Miami recorriendo un lujoso centro comercial con un par de bolsas doradas al brazo. Las críticas le fueron inmediatas no sólo por hacer compras no esenciales cuando esa ciudad está en su pico de contagios, sino por usar dos cubrebocas y ninguno de manera adecuada: uno lo llevaba dejando descubierta la nariz y el otro colgaba holgadamente de su cuello, cual si fuera gargantilla.
A decir del doctor Orlando Hernández, no basta con tener una máscara facial para estar protegido, es preciso usarla de manera correcta y ello empieza por saber que debe cubrir desde la parte baja de barbilla hasta el puente de la nariz, que sólo hay que manipularla por las puntas que van en las orejas o por las ligas de sujeción y, una vez colocada, no tocarla, pues podría contaminarse con patógenos.
“A diferencia de los asiáticos, esto de usar cubrebocas es nuevo para nosotros. Yo mismo me sentía raro al inicio y ello explica que veamos a tanta gente llevarla por debajo de la nariz cubriéndose sólo la boca o a nivel de la garganta como si fuera bufanda, o incluso a individuos que se la bajan cada que desean hablar, y todo eso está mal”.
Además de familiarizarnos con los protocolos de buen uso —agrega el académico— es deseable que cada uno de nosotros conozca más sobre la mascarilla que tiene en casa, es decir, si ésta es desechable (como las N95 o los pellones quirúrgicos), si se puede reutilizar o incluso si tiene una bolsa para filtro, pues éste debe renovarse con frecuencia. De esas características dependerán los cuidados a darle.
“Hace poco me comentaban de una oferta en internet de cubrebocas N95 lavables y de múltiples puestas, y eso es mentira. Debemos tener cuidado con estos anuncios ya que, con tal de vender, no nos dicen que esas máscaras se dañan con el agua y jabón, ni que tras su uso se deben desechar. De hecho, un médico no debería portar una de éstas arriba de cinco horas y alguien normal, que sólo la emplea para salir a la calle, debería desecharla al tercer día”.
Vivimos tiempos en los que debemos ser muy cuidadosos con la higiene y, así como nos hemos acostumbrado a lavarnos las manos a cada rato, también debemos aprender a sanitizar nuestros cubrebocas (los reusables) varias veces por semana. Esto se hace sumergiéndolos en una solución de alcohol al 70 por ciento y dejándolos secar por un día, lo cual nos obliga a tener dos o tres más de repuesto, por si en ese lapso debemos salir a algún sitio público.
No obstante, ante lo rápido que países como Corea del Sur, China o Japón aplanaron sus curvas de contagios, y al ver cómo Europa y América se han vuelto hervideros de la infección, muchos expertos comenzaron a contrastar las estrategias aplicadas tanto aquí como allá para luego aventurar que, en cuanto al uso de las máscaras faciales como freno para los patógenos, quizá Asia tenía razón.
A decir del profesor Hernández, la buena noticia es que los humanos sabemos adaptarnos y la evidencia de ello es que cada vez hay más personas con cubrebocas en las calles, por lo que critica que los tomadores de decisiones, pese a que deberían ser los más interesados en que se generalice esta nueva práctica, se nieguen a ponerse un cubrebocas, como Donald Trump, quien dice que hacerlo “es mandar el mensaje erróneo, además de que con él se ve ridículo”.
No obstante, el doctor Orlando Hernández se dice confiado en que este cambio de paradigmas, más que por coerción, se dará por convencimiento, pues “aunque adoptar otros hábitos no es fácil y menos de la noche a la mañana, esta pandemia nos está enseñando a usar cubrebocas. No es la primera vez que como humanidad nos enfrentamos a un nuevo virus y en cada ocasión hemos aprendido algo para salir adelante; de ésta saldremos sabiendo algo más”.
Ante una emergencia, la UNAM no tiene que trabajar de manera distinta. Si bien los calendarios se mueven, en su quehacer cotidiano pone de manifiesto su voluntad y capacidad para atender, entre otros menesteres, las necesidades que trae consigo la pandemia por SARS-CoV-2.
Son 12 proyectos de investigación científica con los que la Máxima Casa de Estudios del país piensa hacerle frente a esta crisis de salud hasta el año 2023. Sus temáticas de índole social, económica y de salud involucraron la participación de 36 académicos e investigadores de institutos y centros de investigación, seis facultades, una escuela y dos entidades de bachilleratos que trabajaron de manera coordinada con instancias externas a la comunidad.
En entrevista con Deyanira Morán, conductora de Prisma RU de Radio UNAM, William Lee Alardín, Coordinador de la Investigación Científica de la Universidad, comentó que cuatro de esos proyectos forman parte del área de las ciencias Físico-Matemáticas y las Ingenierías.
“Hay un proyecto para desarrollar instrumentación e insumos: ventiladores, mascarillas y equipo de protección, tanto para los pacientes como para el personal médico; otro para el diagnóstico a través de inteligencia artificial por tomografía computarizada, y otro para una plataforma de información georreferenciada para estudios de inteligencia epidemiológica”.
Del área de las Ciencias Biológicas, Químicas y de la Salud se contemplan cinco proyectos que tienen que ver con el desarrollo de posibles vacunas y el diagnóstico eficiente que muestren la capacidad inmune de una persona expuesta al virus.
Para atender los problemas sociales, familiares y comunitarios, tomando en cuenta la perspectiva de género, así como el impacto económico y la modalidad de educación a distancia y en línea, se contemplan tres proyectos del área de las Ciencias Sociales y Humanidades.
Estos proyectos multidisciplinarios que, suponen una inversión de 32 millones de pesos y que requieren la participación de varias entidades, precisó Lee Alardín, están a cargo de una comunidad “versátil y comprometida” con las necesidades de la sociedad.
Hacia la soberanía en salud: aportaciones de la investigación científica de la UNAM en la lucha contra la covid-19
TeEn el primer trimestre de 2009, México se convirtió en el epicentro mundial de la pandemia causada por el virus de influenza AH1N1 o fiebre porcina, después de haberse notado un aumento significativo e inusitado de ingresos hospitalarios por neumonías y bronconeumonías severas en un grupo inusual de pacientes (adultos jóvenes). Así, el 11 de marzo de 2009 se confirmó en el entonces Distrito Federal, el primer caso de un paciente infectado con el virus de influenza AH1N1, dando inicio a la pandemia que se prolongaría hasta agosto del 2010 y que causaría estragos severos tanto para la salud como para la economía del país [1]. Cinco meses después de la detección del primer caso, y como resultado de una tasa de letalidad inicial del 0.18 %, aquel virus había cobrado la vida de 146 pacientes. El saldo final en México ascendió a 1 316 defunciones por infección viral confirmada en laboratorio [2], mientras que a nivel mundial la Organización Mundial de la Salud (oms) confirmó 18 449 decesos, aunque tales cifras podrían estar subestimadas, al menos en un orden de magnitud debido a un diagnóstico limitado [3].
Entre las primeras acciones tomadas por la Secretaría de Salud fue la declaratoria de Contingencia Sanitaria a partir del 24 de abril de ese año y el establecimiento de distanciamiento social, incluyendo el cierre de establecimientos y suspensión temporal de actividades no críticas; medida iniciada el 28 de abril y que duraría hasta tres semanas en diversas ciudades del país. El costo económico para México, solamente en el 2009, fue equivalente al 1 % del Producto Interno Bruto (pib) referido al 2008 [1], superando hasta ese momento el costo causado por desastres naturales previos, entre ellos huracanes, inundaciones y el terrible terremoto de 1985. Sorprendentemente, el mayor costo fue debido a la disminución de actividad económica en sectores como turismo, comercio, transporte, porcicultura, servicios, entre otros, mientras que el costo asociado a actividades propias del sector salud, incluyendo la atención a pacientes, representó solamente el 3 % de la caída total del pib. El efecto social más grave, sin embargo, fue la pérdida de empleo de más de medio millón de mexicanos que cayeron temporalmente bajo el nivel de pobreza [1].
Once años después de los trastornos que causara el virus de la influenza AH1N1, México vuelve a enfrentar una nueva pandemia, en esta ocasión causada por un nuevo coronavirus, identificado como el SARS-CoV-2. A diferencia de la de 2009, el origen no ocurrió en nuestro país, lo cual permitió al menos un par de meses de ventaja antes de detectarse el primer caso en México el 27 de febrero. No obstante, es claro que las consecuencias nocivas de esta nueva pandemia superarán con creces la del 2009 y la escala de afectación será global.
La letalidad del SARS-CoV-2, aunque varía según los datos preliminares disponibles entre regiones y países, es al menos 18 veces mayor que la del virus de influenza AH1N1, sin embargo, se deben tomar estos datos con mucha precaución ya que aún es difícil estimar la incidencia real debido al relativamente reducido número de diagnósticos efectuados, aunado a casos de infectados asintomáticos [4]. Hasta el 10 de junio, solamente en México se reportaron 14 649 defunciones, mientras que a nivel mundial la cifra ya había superado las 408 025 muertes.
• La mayoría de los mexicanos no hemos estado expuestos al virus y no tenemos defensas: Samuel Ponce de León, coordinador del PUIS • El uso de cubrebocas debe complementarse con la sana distancia, el estornudo de etiqueta y el lavado frecuente de manos, entre otros recursos, para evitar contagios, dijo
El SARS-CoV-2 sigue y seguirá presente, por lo que no habrá un momento apropiado para regresar a nuestras actividades cotidianas. “Nuestro futuro estará asociado a la COVID-19 indefinidamente, y lo mejor que tenemos en el horizonte es una vacuna”, afirmó Samuel Ponce de León, coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la UNAM.
Tenemos por delante un camino largo y complicado, con una sucesión de brotes epidémicos; además, la mayoría no hemos estado infectados con el virus y no tenemos ninguna defensa, así que estaremos expuestos, dijo al participar en el ciclo de conferencias virtuales “La ciudad y la pandemia, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUIC).
Añadió que para esta historia “no hay final feliz, la responsabilidad es de todos, no sólo del Estado”. Este año y el próximo habrá una sucesión de epidemias, a manera de olas, que debemos enfrentar dijo.
El también coordinador de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus detalló que la apuesta es desarrollar medicamentos efectivos y, eventualmente, contar con una vacuna “que será nuestra mejor herramienta para un futuro menos complicado”.
Uso de cubrebocas y otras medidas
Tras subrayar que a nivel político deben darse mensajes correctos, contundentes, coherentes y claros, Ponce de León hizo referencia a la recomendación del científico mexicano Mario Molina sobre el uso del cubrebocas para evitar la propagación de la COVID-19: “se trata de un mensaje importante, es algo que tiene que cambiar y tenemos que ser agentes de la promoción de este cambio”.
En un estudio recientemente publicado por el premio Nobel de Química, en coautoría con otros expertos, se explica que partículas imperceptibles, llamadas aerosoles, nacientes de la atomización humana, principalmente al hablar, son una ruta para la transmisión de la enfermedad, y no sólo las gotas grandes que sí se ven y que se producen cuando un individuo tose o estornuda.
“La biología viral y su fisiopatogenia hacen perfectamente lógica la utilidad del uso del cubrebocas como herramienta de protección que todos debemos incorporar a nuestra vida práctica. Si salimos es necesario hacerlo con una mascarilla bien colocada para evitar expeler y recibir gotas, y como parte de mi responsabilidad hacia los demás y conmigo mismo”, expuso Ponce.
Tiene que ser una práctica permanente en nuestra sociedad. “En el sitio web del PUIS (http://www.puis.unam.mx/) y de UNAM Global (https://www.unamglobal.unam.mx/) tenemos un micrositio con instructivos para elaborar nuestros propios cubrebocas; son muy efectivos y cómodos. Debemos aprender a usarlos correctamente y acostumbrarnos para tener buenos resultados”.
Pero el uso de cubrebocas no es la única medida para evitar contagios, aclaró. También se debe mantener la sana distancia, el estornudo de etiqueta y el lavado frecuente de manos, entre otros recursos.
El cubrebocas, reiteró, es recomendable sobre todo en el transporte, salones de clase, mercados, lugares públicos donde hay aglomeraciones y se incrementa la posibilidad de aspirar microgotas que van cargadas de partículas virales.
En la actualidad tenemos una infección que de enero a la fecha ha ocasionado millones de casos en el mundo, afectando prácticamente a todos los continentes, con graves impactos para la salud y la economía, y para la que no existe tratamiento efectivo ni vacuna, acentuó el universitario.
“No tenemos inmunidad ante el SARS-CoV-2, aún no conocemos bien la respuesta inmunológica; suponemos que la mayoría de los infectados que se han recuperado desarrollarán anticuerpos por un periodo de al menos uno o dos años, pero se sabrá conforme llegue el tiempo de poder confirmarlo”.
Ante esta situación, la pandemia debe enfrentarse básicamente con una administración de riesgos, “no podemos evitarla abiertamente, aunque sí con una población encerrada en su casa durante quizá dos meses, pero esto es imposible en términos reales”, reconoció.
Por ello, el objetivo es minimizar riesgos y consecuencias para dar suficiencia al sistema hospitalario. Es necesario mantener un buen nivel de comunicación, establecer políticas de salud pública y de atención médica, y prepararnos para lo que viene, concluyó Ponce de León.
La doctora Karla Salazar Serna, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, destacó que en el contexto de la COVID-19, las desapariciones no se detienen. “La pandemia no ha evitado que estas prácticas, que no deberían de suceder y que nadie debería experimentar, sigan sucediendo”.
Salazar Serna enfatizó que el fenómeno de desaparición tiene una cuestión de género debido a que principalmente son mujeres las que buscan a las personas desaparecidas, mujeres mayores con hipertensión y diabetes (que se desarrolla justo cuando desaparece su familiar), las cuales entran en los grupos vulnerables de la COVID-19.
Explicó que cuando un individuo experimenta la desaparición de un familiar hay una desconfiguración psíquica y un impacto fuerte en la salud mental. Las personas entran en un proceso de trauma que les ocasiona diferentes enfermedades como depresión, ansiedad y un estado de alerta constante.
Las autoridades sanitarias han enfatizado que ante la pandemia (COVID-19), la mejor medida de protección es el confinamiento. Con las familias de los desaparecidos se interrumpe la medida “quédate en casa”.
“La mayoría de estas familias no cuentan con un trabajo formal por lo que recurren al negocio informal y ante el COVID-19 se quedan sin ingreso”.
Salazar Serna refirió que los recursos electrónicos virtuales se han convertido en una opción para demandar justicia, sin embargo, la mayoría de las mujeres que busca a sus familiares no sabe utilizar una computadora por lo que han desarrollado la resiliencia de creatividad para aprender.
Asimismo, subrayó que es necesaria una resiliencia política en la que las instituciones sean capaces de dimensionar el problema y tener flexibilidad ante los procesos, además de una apertura para colaborar con las familias y aprender de ellas porque han desarrollado una expertise para las búsquedas.
“Es uno de los grandes retos que se tiene en México esto no puede parar y todos podemos colaborar, sólo es cuestión de destinarle más que voluntad sino también estrategia y creatividad”, concluyó la especialista universitaria.
La doctora Mercedes Pedrero Nieto, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, habló sobre la iniciativa de Nueva Zelanda sobre la división del tiempo en cuatro secciones: necesidades personales, tiempo contratado, tiempo comprometido y tiempo libre.
La primera engloba el dormir, comer y la higiene personal. El tiempo contratado se refiere al tiempo de trabajo y, en su caso, escolar. Por su parte, el tiempo comprometido incluye tareas indispensables para la vida diaria como el trabajo doméstico, la atención y los cuidados. La última sección es el tiempo que resta y en el que se puede decidir qué hacer.
Agregó que realizar la misma cantidad de trabajo en casa es complicado debido a que la estructura familiar se transforma, hay una reorganización de los espacios. Además, hay una convivencia nueva con los hijos, la familia y la pareja.
“Pero también hay otras dinámicas a las cuales acudimos porque estamos en la soledad y empezamos a hacer llamadas y contactos. Estableciendo otras relaciones que antes no teníamos y que nos permite reconstruir nuestra vida y pensar en todo lo que está pasando”.
Pedrero Nieto subrayó que lo más importante es la reflexión de este proceso, «es la primera vez que la humanidad se siente parte de una misma especie porque antes siempre estábamos seccionados por clases sociales y razas. Ahora sabemos que cualquiera que tenga cualquier condición nos puede contagiar, tenemos algo en común».
Las sociedades indígenas, en el contexto actual, representan la situación de discriminación y rechazo social que se ha dado desde épocas antiguas, un proceso que merma la capacidad de las poblaciones al ejercer, de manera autónoma, sus posibilidades de desarrollo social, económico y cultural, destacó la doctora María del Carmen Orihuela Gallardo, becaria posdoctoral del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM.
Orihuela Gallardo explicó que en las comunidades indígenas existe una dinámica de cohesión a través de actividades sociales que consideran profundas y sólidas como es el dar, recibir y devolver. La enfermedad es entendida como la falta de reciprocidad hacia la naturaleza, un elemento que indica que las normas culturales que antes se tenían como costumbre no son respetadas, por lo que hay una falta de continuidad en el dar. Ante esta situación las poblaciones ajustan las dinámicas de información y comprenden que la solución está nuevamente en la colectividad pero a distancia.
Expresó que en el caso de Morelos, las comunidades habían estado resistentes a aceptar las nuevas reglas sanitarias porque no estaban consideradas en sus códigos, y por ende, no las aceptaban como propias ni como algo que los beneficiara.
La especialista en el estudio del rol de las mujeres indígenas en las comunidades agrícolas, explicó que éstas no pueden entenderse a sí mismas sin acciones colectivas.
“En la comunidad, los grupos de mujeres han demostrado ser las impulsoras de los elementos culturales ancestrales, pero también de la aceptación de las formas novedosas que ingresan a la comunidad, y a la vez, son las encargadas de que no exista un distanciamiento social a partir de las necesidades actuales de la comunidad”.
Finalmente, Orihuela Gallardo enfatizó que las comunidades indígenas saldrán adelante si la sociedad mestiza las apoya, esto es, respetar su autonomía cultural, excluyendo la discriminación, el rechazo y las normas que impiden aceptar formas culturales diferentes.
El cambio en el semáforo no indica que la epidemia o el virus se haya eliminado de nuestro ambiente, sino que en los centros hospitalarios se puede disponer de más lugares para tratar a los enfermos de la COVID-19. Una condición que no nos exime de bajar la guardia.
Esto no es más que una estrategia de control ordenado respecto a la manera en cómo debemos reincorporarnos a algunas actividades de nuestra vida cotidiana. “Es responsabilidad de toda la sociedad poner atención en qué sí se puede, qué no se puede, qué hay que hacer y qué no hay que hacer para que sea efectivo y exitoso. Por eso tiene que haber apoyo de la sociedad”, señaló Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus.
El repunte de la epidemia es inminente debido al riesgo de contagio, evitar la saturación en los centros COVID precisa de nuestra participación en el control de las medidas de seguridad. El uso cotidiano de cubrebocas y guardar la sana distancia ayudan significativamente a prevenir y administrar la epidemia.
En entrevista con Deyanira Morán, conductora de Prisma RU de Radio UNAM, Rodríguez Álvarez sostuvo que transitar hacia el color naranja también nos habla de una relativa estabilización de la primera ola en algunos sitios del país. Pero esto no significa dejar por completo el confinamiento, sobre todo cuando no se tiene a qué salir a la calle.
Recordó que en América Latina se carece de infraestructura hospitalaria y acceso a servicios de salud, y que en México existen otros problemas de salud que ponen en peligro la vida de quienes han tenido contacto con el actual coronavirus.
En ese sentido, nuestra lucha constante por cerrarle el paso al virus no debe basarse únicamente en hallar pronto la cura. De obtenerla, acotó, su distribución se contempla bajo dos posibles escenarios: el primero para uso exclusivo del personal de salud y personas de prioridad alta (seguridad nacional y fuerzas de emergencia, etcétera), y el segundo para la administración de la población en general.
Debido al tratamiento regulatorio y desarrollo del primer grupo de vacunas, lo más probable es que su circulación se dé a finales de este año mientras que el segundo se lleve a cabo un año después.
“Pero no tenemos por qué estar esperando la vacuna para que nos salve. Lo que tenemos que hacer es llevar a cabo medidas de prevención que nos protejan de un posible contagio, y así, tener un mejor tránsito en el espacio público”.
Continúa la UNAM sus aportaciones en diversas áreas del conocimiento para hacer frente a la pandemia, al seleccionar doce propuestas en el marco de la Convocatoria Extraordinaria 2020 del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT), en su modalidad de vinculación investigación-docencia, con el tema “Estrategias para enfrentar la nueva pandemia COVID-19 en México”.
Las temáticas abordadas por los especialistas elegidos son: modelación matemática y computacional para evaluar la evolución de la pandemia y desarrollo de plataformas de inteligencia epidemiológica; desarrollo de instrumentos, insumos y sistemas de análisis para atención sanitaria, desarrollo de vacunas.
Incluyen también métodos rápidos y económicos de diagnóstico de SARS-CoV-2 y COVID-19; desarrollo de tratamientos anti COVID-19 basados en inmunoterapias; análisis del impacto de la enfermedad en la economía, distribución del ingreso y bienestar; intervención socio- familiar y comunitaria, con perspectiva de género, ante el impacto de la pandemia, y repercusión de la pandemia en docentes y estudiantes del bachillerato de la UNAM y acciones para fortalecer la educación híbrida ante la contingencia.
La realización estará encabezada por 36 académicas y académicos e investigadoras e investigadores de la Universidad Nacional pertenecientes a 12 institutos y centros de investigación, seis facultades, una escuela y dos entidades de bachillerato (CCH y ENP).
Además, tendrán el apoyo de otros 159 académicos de la UNAM, 38 académicos externos y al menos, de inicio, un centenar de estudiantes de diversos niveles.
Para la ejecución de los proyectos se asignó una inversión de 32 millones de pesos que serán ejercidos en la primera etapa 2020-2021.
Se trata de una medida más de carácter extraordinario que la Universidad Nacional ha adoptado para colaborar desde diferentes frentes y con distintas acciones en la lucha contra la enfermedad del coronavirus.
Con la búsqueda de soluciones innovadoras a los problemas que aquejan a México, la Universidad de la Nación refrenda su permanente compromiso social.