Los estadounidenses Harvey Alter y Charles Rice y el británico Michael Houghton ganaron el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento del virus de la hepatitis C, anunció el jurado en Estocolmo.
Watch the very moment the 2020 Nobel Prize in Physiology or Medicine is announced.
Presented by Thomas Perlmann, Secretary of the Nobel Committee.
Fueron galardonados por «su decisiva contribución a la lucha contra esta hepatitis, un importante problema de salud mundial, que causa cirrosis y cáncer de hígado», explicó el jurado del Nobel.
Los estudios metódicos de la hepatitis asociada a transfusiones realizados por Harvey J. Alter demostraron que un virus desconocido era una causa común de hepatitis crónica; mientras que Michael Houghton utilizó una estrategia no probada para aislar el genoma del nuevo virus que se denominó virus de la hepatitis C; y Charles M. Rice, proporcionó la evidencia final que muestra que el virus de la hepatitis C por sí solo podría causar hepatitis.
BREAKING NEWS: The 2020 #NobelPrize in Physiology or Medicine has been awarded jointly to Harvey J. Alter, Michael Houghton and Charles M. Rice “for the discovery of Hepatitis C virus.” pic.twitter.com/MDHPmbiFmS
Con sus casi seis millones de establecimientos, las MIPYMES (micro, pequeñas y medianas empresas) representan el 72 por ciento de los empleos en México; sin embargo, su precarización laboral (tres quintas partes de ellas son informales), su rezago tecnológico, la caída del sector manufacturero y el nuevo coronavirus han provocado que el 80 por ciento de ellas se vea afectada en estos tiempos donde tantas crisis atacan por distintos flancos y a un mismo tiempo, señala el profesor Gerardo González, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc).
Estos y más asuntos se analizarán en la decimoquinta edición del seminario Economía del Trabajo y la Tecnología, la cual podrá seguirse del 6 al 8 de octubre vía Zoom o por la página de Facebook del IIEc, algo que a decir del académico de alguna manera se vincula con el eje temático del encuentro, “pues ante la contingencia sanitaria pensamos en cancelarlo todo, pero si llevamos ya 15 años analizando el impacto de lo tecnológico en lo laboral, no resulta raro que en esta ocasión sea la tecnología la que nos ayude a sacar adelante este trabajo”.
Sobre su interés por las MIPYMES, el doctor González señala que se debe a que “pese a haber miles de empresas grandes, éstas sólo representan el uno por ciento de los establecimientos a nivel nacional, además de que su peso específico en cuanto a lo laboral va en picada, pues mientras que en 2004 representaba el 32 por ciento de los trabajos en el país, hoy dicha cifra llega apenas al 24. Esto hace de las micro, pequeñas y medianas empresas no sólo las principales generadoras de empleo, sino las verdaderas impulsoras del desarrollo en el país”.
Pero ¿qué entendemos por MIPYME?, pregunta el docente. “Por micro nos referimos al autoempleo y son aquellas compañías que cuentan de uno a 10 empleados; por pequeña a ésas que tienen de 11 a 50, y por mediana a las de 51 a 250. Por lo limitado de su tamaño, no es difícil intuir por qué, ante la merma de la actividad económica derivada de la pandemia, los primeros en verse afectados, y de manera inmediata, hayan sido los trabajadores independientes y los de servicio”.
Aunque a decir del académico, no es que las condiciones adversas sean algo nuevo para estos colectivos de trabajadores, más bien este parón económico vino a sumarse a las muchas afectaciones arrastradas de antaño. “Por ejemplo, ¿qué pasa con el dueño de una tiendita?, ahora vende menos, pero ya desde antes era golpeado por la expansión de la cadena OXXO, ¿o con los taxistas, obligados a vivir prácticamente en la informalidad por no poder competir con plataformas que incorporan innovación y desarrollo tecnológico, como Uber, que ahora con la epidemia se han expandido incluso a la distribución de alimentos?”.
El resultado, señala, es que desde el estallido de la crisis sanitaria se han perdido más de un millón de empleos formales y tres millones de informales, lo que obliga a pensar en estrategias para recuperar el terreno perdido. “Sin embargo, entre tanta mala noticia comienza a haber información alentadora, pues en agosto comenzaron a reportarse números positivos en cuanto a la generación de trabajos registrados ante el IMSS. Siendo optimistas esto significa que ya tocamos piso y que, lo que sigue, es movernos hacia arriba”.
De regreso a la normalidad
Para el profesor González, un rubro que no puede quedar sin mención en este tipo de análisis es el automotriz, pues para armar un automóvil (actividad manufacturera que se ha vuelto la principal generadora de divisas netas para el país), las grandes empresas fragmentan su producción y subcontratan a muchísimas MIPYMES, sin importarles que éstas no cuenten con tecnología avanzada, que precaricen sus condiciones laborales, que paguen salarios raquíticos a sus empleados o que no les ofrezcan seguro social, ya que esto abarata costos.
“Como ejemplo de lo amplio y variado que puede ser este outsourcing, consideremos que el armado de un vehículo Toyota consta de cerca de 250 mil procesos, los cuales van desde la manufactura de chips y la tapicería hasta el curtido de piel o la fabricación de llantas. Sin embargo, la caída del sector manufacturero en México puso a este sector contra las cuerdas en 2018, en 2019 lo tiró a la lona y en el 2020, con la pandemia, de plano paró la producción; de tal tamaño es el problema”.
De hecho, como recién reportó la INA, a consecuencia del coronavirus la industria de las autopartes retrocedió a los niveles registrados hace 10 años, y fenómenos parecidos se observan en otras industrias. “Se calcula que el desplome de la producción en todo México será de un 10 por ciento y que, para el siguiente año, nos recuperaremos un cuatro, algo que, aunque positivo, nos deja con una pérdida del seis por ciento”.
Sin embargo, el profesor Gerardo González señala que en comparación con países europeos como España, donde se anticipa una debacle de hasta el 20 por ciento, la ventaja de México es que no se endeudó y que en todo este trance ha manejado finanzas sanas, lo cual es una manera de allanar y desbrozar el camino hacia la recuperación.
“En este contexto, además de los créditos a las MIPYMES, pueden resultar muy útiles los grandes proyectos nacionales como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, o programas como los del Infonavit y el Fovisste para fomentar la construcción; Jóvenes Construyendo el Futuro, para capacitar a las nuevas generaciones, y Sembrando Vida, para apoyar a los habitantes de zonas rurales. Por esa vía pueden recobrarse gran parte del empleo”.
A decir del doctor González Chávez, podemos hablar de una recuperación del 40 por ciento para 2021, pero lo importante es determinar qué hacer para alcanzar los niveles que teníamos hace unos cuantos meses, en diciembre de 2019 o enero de 2020. “Para regresar a ese punto quizá nos falten unos dos años, pero es importante no perder dicho objetivo de vista, pues sólo hasta alcanzarlo podremos, ahora sí, pensar en un crecimiento real de nuestra economía”.
La decimoquinta edición del seminario Economía del Trabajo y la Tecnología lleva en esta ocasión por nombre La Innovación Tecnológica, la Pandemia del COVID-19 y el Futuro del Trabajo. Tendrá lugar del martes 6 al jueves 8 de octubre, de las 12 del día a las dos y media de la tarde, y se transmitirá vía Zoom y Facebook Live. Más informes en la página web del Instituto de Investigaciones Económicas.
La edición 2020 del Ciclo de Cine Comentado «La Ciencia en el Séptimo Arte», realizada virtualmente, concluye con los comentarios de la película La Teoría del Todo (The Theory of Everything), dirigida por James Marsh y protagonizada por Eddie Redmayne y Felicity Jones. El Ciclo es organizado por las entidades académicas del Campus Morelia de la UNAM, incluyendo el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA), en colaboración con el Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Comentan:
Dr. Javier Ballesteros (IRyA, UNAM)
Dr. Robert Oeckl (CCM, UNAM)
Dr. Erwin Villuendas (UMSNH)
Con el propósito de promover una cultura mundial para la reducción del riesgo de desastres, que incluye aspectos de prevención, mitigación y preparación, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 13 de octubre como el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres (DIRRD).
Con lo cual, se busca reconocer los avances realizados en materia de reducción del riesgo de desastres y reducción de pérdidas en vidas, medios de subsistencia y salud, en línea con el objetivo del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015 – 2030.
Con la iniciativa de las Naciones Unidas para lograr el objetivo, el tema de este año busca transmitir el mensaje de que muchos desastres pueden evitarse o prevenirse a través de estrategias de RRD para gestionar y reducir los niveles de riesgo existentes y evitar la creación de nuevos riesgos.
En ese contexto, el tema será la buena gobernanza del riesgo, “no solamente haciendo modelos con base científica, que son muy importantes, se va a lograr, también poniendo énfasis en cómo implementar esos modelos en la sociedad para reducir la vulnerabilidad”, explicó Naxhelli Ruiz Rivera, investigadora del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM.
El Instituto de Geografía llevará a cabo actividades para hablar de interdisciplina en los riesgos de desastre y su relevancia. “Es importante articular la información para que brinde el conocimiento y herramientas útiles”, afirmó Marco Antonio Miramontes Téllez de la Comisión de Difusión del Instituto de Geografía.
Consulta la página oficial y las redes sociales del IGg para más información sobre sus actividades.
En todo el mundo, y todo el tiempo, se están haciendo tests PCR para diagnosticar la COVID-19 y ello ha generado una escasez alarmante de material: hisopos, reactivos y protección para el personal sanitario. Ante tal desabasto y el retraso subsiguiente para obtener resultados, las pruebas de saliva bien podrían ser de ayuda, señala la doctora Susana López Charretón, del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM.
De hecho, éste es un inconveniente que ella y su equipo han observado de cerca y a través de un fenómeno peculiar, pues cuando su laboratorio comenzó a apoyar con el análisis de muestras a la Secretaría de Salud Morelos (el IBt está en Cuernavaca), todo marchaba normalmente hasta que, entre abril y mayo, comenzaron a ver que las pruebas que realizaban —en palabras de la académica— “no les salían muy bonitas”.
Para determinar la presencia del SARS-CoV-2, los tests PCR buscan el ARN del virus en las secreciones de los pacientes y, si lo encuentran, generan una señal fluorescente; al mismo tiempo, éstas también detectan otro tipo de material genético: el ARN de las personas analizadas. Al observar este último, y si está en niveles adecuados, los especialistas saben entonces que la muestra fue bien tomada
“Sin embargo, lo que empezamos a ver fue que el ARN humano lucía bajo y que teníamos un rendimiento mucho menor al esperado, y a eso me refiero con que las pruebas no se veían bonitas. Al indagar la razón nos enteramos de que, ante la escasez de insumos, en vez de emplear dos hisopos para realizar un frotis en la nariz y otro en la garganta, los médicos comenzaron a usar sólo uno, pero en la boca (orofaríngeo); con ello ahorraban algo de material, pero su muestra no era tan buena”.
A decir de la académica, el desabasto de estos objetos es un problema severo y mundial y, por lo mismo, no debería minimizarse, como hizo Donald Trump el 17 de abril cuando declaró en rueda de prensa: “Los hisopos los puede armar cualquiera, están hechos de algodón, ¿entonces por qué tanto alboroto? El algodón se consigue con facilidad, aunque si alguien no puede obtenerlo nosotros se lo damos”.
El asunto —subraya la académica— es que, pese a las ocurrencias del presidente de los EU, los hisopos no son cotonetes ni podrían serlo, ya que por su origen vegetal y por tener información genética propia, el algodón alteraría la lectura de las muestras y, por ende, los resultados; de ahí que se fabriquen con materiales sintéticos como poliéster o nylon.
Así, para contrarrestar esta faltante de insumos, ella y su equipo del Departamento de Genética del Desarrollo y Fisiología Molecular del IBt desarrollaron una prueba que no necesita hisopos. “Las PCR de saliva no son nuevas, nosotros las adaptamos al SARS-CoV-2 y los resultados han sido buenos. Logramos una eficiencia del 90 por ciento y, lo más importante, eliminamos los hisopados nasofaríngeos; ahora el paciente sólo debe escupir en un recipiente y no mucho; dos mililitros bastan”.
Una alternativa mucho más barata y segura
En una encuesta reciente del prestigioso portal Medscape se señala que el 60 por ciento del personal sanitario de México ha estado en contacto con enfermos de COVID-19 portando una protección inadecuada o incluso ninguna, lo cual implica un grave riesgo para sus vidas. En este aspecto las pruebas PCR de saliva también ofrecen grandes ventajas.
“Se ha vuelto difícil conseguir cubrebocas profesionales N95, caretas, batas y todo el material indispensable para cuidar de quien toma las muestras para un PCR normal, en especial porque los frotis son tan molestos y los hisopos entran tan profundo en fosas nasales y garganta que los examinados terminan por toserle o estornudarle a quien tienen enfrente. Con el test PCR salival no pasa esto ya que el paciente es quien se toma la muestra a sí mismo y nos la entrega en un recipiente sin necesidad de asistencia alguna. Es algo así como una auto-toma”.
Tan sólo por eliminar la presencia forzosa de personal sanitario y de los hisopos, estas pruebas son una opción bastante viable para testear a cada vez más gente; pero además, el método tiene el extra de que, a diferencia de los PCR tradicionales que requieren estuches especiales para purificar los esputos de nariz y garganta, el de saliva —en vez de un kit— usa un reactivo a base de detergentes y proteasas, logrando una purificación similar mediante un procedimiento más económico.
“Para explicarlo de manera más entendible, digamos que tenemos jabón y algo que digiere la proteína presente en el líquido salival. Una vez que esto sucede el paso siguiente es hervir la muestra y entonces podemos realizar nuestra PCR. Esto aminora en mucho las cantidades a desembolsar, pues lo invertido en cada uno de estos diagnósticos son unos 300 pesos, la mitad de lo que cuesta un test con hisopos, aunque en ambos casos nos referimos sólo a insumos, no a la mano de obra”.
No obstante, para la doctora López, al hablar de pruebas PCR de saliva, más allá de lo presupuestario lo importante es su sensibilidad. “Nuestro método nos permite detectar desde 100 copias hasta miles de millones de copias del virus por cada mililitro analizado, es decir, disponemos de un rango de detección enorme. Hay quienes dicen que 100 copias es demasiado poco (lo normal de un virus en la nariz es de 10 a la ocho copias) y que alguien con una cantidad tan baja no es infeccioso, pero eso es asunto de opinión; yo prefiero tener esos niveles de sensibilidad”.
Para la doctora López Charretón, más que tomar partido por una u otra postura, lo deseable es encontrar un punto medio. “Somos 127 millones de mexicanos e incluso con los 300 pesos de un PCR de saliva como el desarrollado en el IBt o en otros lugares, ¿cuánto implicaría analizar a cada uno de los mexicanos? Los costos hacen que un testeo masivo sea impracticable, por eso se ha pensado en otras estrategias. Sin embargo, en algo en lo que todos coinciden es que, para lograr una reapertura segura, es necesario efectuar más pruebas entre la gente”.
Por ejemplo, hay quienes proponen practicar tests serológicos (aquellos que, en vez de al virus, buscan anticuerpos contra éste) para emitir una suerte de “pasaporte inmunológico” que permita a su poseedor reintegrarse a una vida normal, ello bajo el entendido de que quien padeció COVID-19 se ha vuelto inmune y ya no puede contagiar más, algo que en opinión de la académica debería tomarse con reservas, pues se ha observado que, en ciertos casos, enfermos recuperados han generado cantidades tan bajas de anticuerpos que son indetectables.
“También están los tests rápidos, que arrojan resultados en media hora, pero que son muy inexactos; de hecho, tienen una efectividad del 50 por ciento, lo cual equivale a echar una moneda al aire para decidir quién tiene, o no, COVID-19. Por ahora los más fiables son los PCR, no por nada se les sigue considerando la prueba de oro”.
Bajo esta lógica, en lugares como la Ciudad de México se propuesto que, para retornar de forma segura a, por ejemplo, una fábrica, se le practiquen pruebas al tres por ciento de los obreros. Sin embargo, esto obliga a realizar diagnósticos de forma constante e ininterrumpida, pues como señala la profesora López Charretón, “si un PCR te dice que no te encuentras infectado hoy, ello no garantiza que no lo estés mañana”.
Por fortuna, agrega la académica, los tests de saliva son tan versátiles como para llevar a cabo pool testings o testeos colectivos, los cuales mezclan las muestras de varias personas (se calcula que de cinco a 10 es lo idóneo) en una sola a fin de analizarlas de golpe y al mismo tiempo. “Si el pool es positivo deberemos examinar a cada individuo del grupo por separado, pero si es negativo podremos darle entonces luz verde a todos, nos habremos ahorrado una decena de diagnósticos y, sobre todo, muchísimo tiempo. Al final eso aceleraría el desconfinamiento”.
Actualmente, la académica estudia estos testeos por agrupamiento en su laboratorio a fin de determinar cuál es la cantidad máxima de individuos que se pueden analizar en una sola muestra sin que ésta se diluya y se vuelva inservible, pues confía en que esta estrategia servirá para abaratar costos, optimizar recursos y aminorar el gigantesco rezago en México en cuanto a pruebas diagnósticas aplicadas.
Y tras enumerar sus múltiples ventajas, para la doctora López Charretón el aspecto más interesante de los pool testings sigue siendo la posibilidad que brindan de cazar a los asintomáticos, ya que en México las personas sin síntomas visibles —pese a también ser contagiosas— suelen evadir los radares sanitarios debido a que en los centros de salud sólo se examina a las personas con signos evidentes de enfermedad.
“Detectar a tales individuos será un gran paso para ir reabriendo espacios. De hecho, ya estamos en contacto con las autoridades de la UNAM a fin de determinar las mejores estrategias para regresar a la normalidad —entre comillas— y ya le escribimos una carta al InDRE notificándole nuestra intención de practicarle la prueba de saliva a nuestra comunidad como paso previo a la reapertura universitaria. Ya sólo esperamos la respuesta de la Dirección General de Epidemiología”.
Por su trabajo y dedicación, Luis Eguiarte, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM ingresó a la American Academy of Arts & Sciences, un honor que pocos mexicanos han logrado.
Para tener el honor de ingresar, los miembros proponen a investigadores y muestran sus logros académicos en un resumen curricular, posteriormente votan para elegir a los nuevos integrantes.
Debido a la pandemia, la ceremonia para el nombramiento será de forma virtual el próximo 7 de octubre. Regularmente se realiza en Boston, en la Universidad de Harvard, donde todos los nuevos integrantes firman un libro en presencia de los demás miembros.
No obstante, si la pandemia termina para el siguiente año, los nuevos miembros tendrán la oportunidad de acudir físicamente al lugar para realizar el evento.
Otros mexicanos que han tenido este honor son Octavio Paz y Luis Buñuel, que aunque era español, estaba registrado como mexicano. De la UNAM se encuentran José Sarukhán, Gerardo Ceballos y Valeria Souza, entre algunos otros.
Cabe mencionar que la American Academy of Arts & Sciences es una organización dedicada a la enseñanza y el avance del conocimiento.
Su trayectoria
Durante su carrera, Luis Eguiarte se ha interesado por la evolución de las especies, una pregunta central en la biología. «Aunque han pasado más de 160 años desde la publicación del Origen de las Especies por Charles Darwin, falta mucho por investigar”.
Desde el Laboratorio de Evolución Molecular y Experimental, donde labora con Valeria Souza, Erika Aguirre Planter y Laura Espinosa y numerosos alumnos, el biólogo trabaja intensamente por tratar de resolver esta pregunta. Busca entender los mecanismos evolutivos y ecológicos que generan diversidad y adaptación en diferentes organismos.
Ha desarrollado propuestas para conservar la biodiversidad. Para esto usa métodos genéticos y estadísticos de frontera, datos genéticos y genética de poblaciones, junto con trabajo ecológico tradicional.
Sus proyectos se concentran en el estudio de plantas fundamentales para México, principalmente de zonas áridas y las relacionadas con plantas cultivadas, y estudios de la ecología evolutiva microbiana de Cuatro Ciénegas.
A decir del investigador, actualmente su proyecto más importante es sobre las calabazas, donde analiza desde sus genomas, domesticación, sus recursos genéticos hasta su conservación.
Ha investigado junto con Alejandra Moreno Letelier, del Instituto de Biología de la UNAM, sobre el teocintle, el pariente silvestre del maíz. Para ello, acudieron a poblaciones de esta planta silvestre y recolectaron semillas y averiguaron su variación genética y sus relaciones genealógicas.
Descubrieron que el origen de su domesticación no fue en la cuenca del Río Balsas, Guerrero, donde todos pensaban, sino en la zona sub-tropical de Jalisco.
Tradicionalmente ha trabajado con los agaves silvestres y mezcaleros, y actualmente busca recursos para continuar con esta investigación.
Para entender mejor la noticia sobre el descubrimiento de la molécula de fosfina (o fosfano) en Venus, es útil saber más sobre la Astroquímica, que estudia los elemenos y moléculas que podemos encontrar en el espacio. Con experimentos de laboratorio y observaciones astronómicas, la Astroquímica nos permite entender cómo se forman las moléculas en diferentes regiones del universo, en especial aquellas que son precursoras de las moléculas de la vida.
El Dr. Vladimir Escalante, investigador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA), Campus Morelia, nos comparte la plática «Astroquímica de la vida. Los elementos de la vida en espacio: HCNO, y S, y P, y …», en el ciclo de Viernes de Astronomía virtual, en su 10° aniversario.
A una distancia de 17 mil millones de años luz colisionaron dos agujeros negros. El Universo tenía menos de la mitad de la edad que tiene hoy en día, y el Sistema Solar ni siquiera había nacido.
Las ondas gravitacionales causadas por este evento astronómico viajaron una gran distancia a través del Universo, hasta que fueron detectadas en la Tierra por los detectores LIGO y VIRGO.
En entrevista para UNAM Global, Miguel Alcubierre, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares, explicó que se trata de un hallazgo muy interesante debido a dos aspectos: primero, los agujeros negros exceden en tamaño (en comparación con los demás objetos de su tipo), y segundo, la gran distancia que han viajado.
El misterio de los agujeros
Regularmente los agujeros negros tienen un tamaño más o menos de 60 veces la masa del Sol. Sin embargo, los dos objetos involucrados en esta colisión tienen 65 y 85 veces la masa del Sol. “Bastante más grandes de lo que se había detectado antes.”
El hecho de que la masa sea tan grande plantea un problema teórico, porque un agujero negro se forma a partir de la explosión de supernovas, estrellas muy masivas que al final de su vida explotan, su núcleo colapsa y forman una singularidad.
No obstante, “todas las teorías sobre cómo funcionan las supernovas nos dicen que no deberían existir agujeros negros mayores a 60 veces la masa del Sol”.
De acuerdo con Miguel Alcubierre esto podría significar que no entendemos del todo la física de estas estrellas. “Las supernovas son objetos muy complicados que surgen con la colisión muy violenta de una estrella muy grande, donde ocurren procesos de física nuclear, colapso gravitacional e incluso la emisión de radiación de diferentes tipos.”
Se trata de un fenómeno físico muy complicado y difícil de modelar matemáticamente. “Podría ocurrir simplemente que lo estamos modelando mal y que hay algún elemento en esta explosión que no hemos entendido del todo”.
“La otra es que se formó por algún otro mecanismo”. Por ejemplo, que se hayan fusionado dos agujeros negros más pequeños y así surgiera esta singularidad.
El misterio de la distancia
Las ondas gravitacionales viajan a la velocidad de la luz. El suceso astronómico que ocurrió hace siete mil millones de años (cuando el Universo era muy joven) fue detectado en la Tierra a principios de septiembre del 2020.
“Se trata de la colisión de agujeros negros más lejana que se haya identificado”, explicó Miguel Alcubierre. Desde luego, ocurrió en una región muy lejana del Universo y por eso la señal es muy débil y muy difícil de detectar.
¿Cómo es posible que ocurriera este suceso cuando el Universo era tan joven si tenía menos de la mitad de la edad que hoy tiene? ¿Cómo se formaron estos agujeros negros tan pronto?
Ondas gravitacionales
La primera detección de ondas gravitacionales fue en el 2015, y desde entonces se han identificado aproximadamente 30 sucesos de este tipo. “La diferencia de distancia entre estas detecciones es enorme”.
Por ejemplo, el suceso del 2015 proviene del choque de dos agujeros negros con 30 veces la masa del Sol, y ocurrió a una distancia de mil 300 millones de años luz, más o menos.
Las ondas gravitacionales más cercanas que se han detectado provinieron del choque de estrellas de neutrones y fueron a una distancia de 200 millones años luz. La diferencia es que éstas son mucho más pequeñas que los agujeros negros.
Y ésta última detección proviene de una distancia de 17 mil millones de años luz, “estamos hablando de casi 15 veces más, esto es realmente muy lejos, a medio camino a la orilla del Universo observable”, concluyó.
La glucosa es el principal sustrato que necesita el organismo para obtener energía, pero ¿qué pasa cuando existe un exceso de azúcar?, ¿hasta dónde puede aguantar el cuerpo?
En entrevista para UNAM Global, Sergio Alberto Mendoza Álvarez, académico de la División de Estudios del Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que la hiperglucemia (cuando hay un exceso de azúcar en la sangre) no duele ni se siente, pero las consecuencias son graves.
Paso a paso
Los alimentos ingresan por medio de la ingesta por la boca. Después bajan por el esófago y llegan al estómago donde se degradan hasta llegar a los nutrimentos, que son los carbohidratos, proteínas y lípidos.
Al llegar al intestino los carbohidratos se absorben y se convierten en la molécula llamada glucosa, que es el principal sustrato de energía para todo el organismo.
Cuando estos niveles de glucosa se absorben por el intestino y son enviados a la sangre deben ser regulados por distintos factores. Entre ellos, destaca una hormona muy importante llamada insulina, y se produce por las moléculas “beta” del páncreas.
El páncreas
El páncreas es muy importante para la regulación de los niveles de la glucosa en la sangre, para que el paciente no padezca de hiperglucemia.
Los niveles arriba de 100 miligramos por decilitro en la sangre son anormales. En este caso, la función del páncreas es muy importante, ya que es el encargado de llevar la glucosa, a través de la insulina, a todos los tejidos del cuerpo que necesitan energía, ya sean los riñones, el cerebro, los músculos, e incluso el tejido adiposo.
No obstante, cuando existen bajos niveles de insulina en el organismo, la glucosa se queda en la sangre y ese es el principal problema que detona a la llamada hiperglucemia. La glucosa, lejos de ser un sustrato de energía, daña a los tejidos al acumularse y ocasiona una inflamación alrededor de los vasos sanguíneos de todo el organismo, ya sea el corazón, el cerebro, los riñones, hasta que se forma una grasa alrededor de las arterias.
En consecuencia, se da una disminución del flujo de sangre en cada uno de los tejidos y se afectan varios órganos como son la retina y las extremidades sobre todo inferiores: así surge el pie diabético. Además, aparece el daño hepático y cardíaco e incluso podría llegarse a un infarto en el cerebro o el corazón.
Por otro lado, puede provocar complicaciones agudas como es el coma diabético, que es cuando los niveles de azúcar están entre 250 y 600 miligramos por decilitro o incluso más.
Finalmente, el paciente llega a niveles tan elevados de azúcar en la sangre que acude a urgencias con falta de aire, deshidratación por orinar en exceso, además con niveles alterados de potasio y calcio, y eso genera que haya una alta posibilidad de complicaciones graves que incluye hasta la muerte.
Prevenir
De acuerdo con Mendoza Álvarez, es muy importante la medicina preventiva. Por ejemplo, si una persona tiene predisposición familiar, debe hacer ejercicio, mejorar sus hábitos alimenticios y cuidarse para no llegar a la diabetes.
Sin embargo, existen tratamientos médicos muy efectivos tanto farmacológicos como no farmacológicos para controlar la diabetes o la hiperglucemia y con buena calidad de vida.
Entre las medidas no farmacológicas, lo importante es controlar el consumo de carbohidratos a través de la ingesta de alimentos bajos en azúcar.
Aunque muchos alimentos no sepan dulces se convierten en glucosa dentro del organismo, entre ellos destacan las tortillas, las harinas, así como las pastas. No obstante, también se debe evitar el pan, la fruta y sobre todo los refrescos, concluyó el académico de la UNAM.
El congreso tiene por objetivo reflexionar sobre los principales dilemas bioéticos en torno al cambio climático, su relación con las pandemias y discusión de propuestas para hacer frente a este escenario.
Las enfermedades respiratorias, como la influenza y el Covid-19, se transmiten por gotitas de líquido (gotículas respiratorias) que salen de la boca y la nariz cuando una persona tose, estornuda y, a veces, cuando una persona habla o canta. Estas gotículas son relativamente pesadas, suelen caer a uno o dos metros de distancia, pero pueden caer sobre otra persona si están cerca. Las enfermedades se pueden propagar si las gotitas con el virus (gotículas procedentes de una persona infectada, sintómática o asintomática) ingresan al cuerpo al inhalarlas a través de la nariz o la garganta, y también si éstas caen directo en las mucosas de los ojos.
Covid-19 también se puede propagar al tacto. Estas gotas pueden caer sobre los objetos y superficies después de que una persona infectada estornuda, tose o los toca, otras personas pueden infectarse al tocar estos objetos o superficies y luego tocarse los ojos, la nariz o la boca. Por eso le recomendamos que tosa o estornude en su brazo y se lave las manos con regularidad.
Las experiencias de Covid-19 en entornos hospitalarios de todo el mundo sugieren que se transmite principalmente por el contacto de gotitas. Si bien existe cierta discusión de que el Covid-19 se puede propagar permaneciendo en el aire (por aerosoles), no hay evidencia científica convincente que lo respalde. Una excepción son los aerosoles producidos por procedimientos médicos que generan aerosoles.
Los esfuerzos para detener la propagación de COVID-19 deben centrarse en reducir el contacto de las gotas:
Sigue practicando el distanciamiento físico.
Quedarse en casa si se encuentra enfermo y limitar el contacto con los demás.
Lavarse las manos con frecuencia con agua y jabón o con un desinfectante de manos a base de alcohol que contenga al menos un 60% de alcohol.
Toser y estornudar en un pañuelo de papel o en el antebrazo.
Evite tocarse la cara con las manos sin lavar
Limpiar y desinfectar superficies y objetos.
Usar cubrebocas cuando sea necesario.
Contacto de gotitas versus transmisión aérea
Contacto a través de gotitas
Algunas enfermedades se transmiten por gotitas infectadas que entran en contacto con las superficies de los ojos, la nariz o la boca. Las gotas grandes que pueden o no ser visibles a simple vista se forman cuando una persona estornuda o tose. Estas gotas generalmente se extienden solo de uno a dos metros y caen rápidamente al suelo.
La influenza y el SARS son ejemplos de enfermedades que pueden propagarse por contacto con gotitas.
La evidencia sugiere que COVID-19 se transmite por gotitas.
Transmisión aérea
La transmisión aérea ocurre cuando los microorganismos viajan en gotas evaporadas mucho más pequeñas (a menudo llamadas aerosoles). Estas gotas permanecen en el aire durante muchas horas y, a menudo, viajan largas distancias. La transmisión ocurre cuando otras personas respiran el microorganismo, permitiendo su ingreso a la garganta y/o pulmones.
Entre los ejemplos de enfermedades transmitidas por el aire se incluyen el sarampión, la varicela y la tuberculosis.
La información para entender el comportamiento del nuevo virus del SARS-CoV2 se actualiza todos los días.
Uno de los temas que más causa incertidumbre es el de la inmunidad que se genera en las personas que ya han tenido la enfermedad. En ese contexto, el doctor Alejandro Macías Hernández, infectólogo de la UNAM, explicó que, hasta septiembre de 2020, se conoce un poco más sobre el tema. “Sabemos que las personas, a pesar de que pierden los anticuerpos, sí tienen inmunidad”.
A través de su canal de YouTube, el miembro de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus de la UNAM, detalló que hay una inmunidad innata que existe naturalmente para proteger a las personas. Existe otra adaptativa que, a largo plazo, genera una memoria en las células, “es cierto que hay personas que en seis meses ya no tienen anticuerpos de la enfermedad, pero sí hay células de memoria que pueden producir esos anticuerpos”.
Lo que se sabe, hasta hoy, de la COVID-19 es: se trata de una enfermedad de la que te curas y quedas inmune, inclusive cuando ya no se detectan anticuerpos, “sin embargo no sabemos por cuánto tiempo dura esa inmunidad”.
Por otro lado, comentó que sí hay casos de reinfecciones pero son casos extraordinarios, “las vacunas inducirán la inmunidad y al parecer se necesitará de la revacunación para seguirlo haciendo”.
Asimismo, indicó que en la Ciudad de México probablemente ya nos encontremos con una inmunidad del 40 por ciento por los anticuerpos con células de memoria que ya se han desarrollado. “Si esto es así y con las vacunas, a finales de 2021 estaremos volviendo a la normalidad que conocíamos”.
Desde el inicio de la pandemia se han generado una gran cantidad de preguntas sobre el uso de cubrebocas y protectores oculares para minimizar el riesgo de contagio.
De acuerdo con el doctor Jorge Baruch Díaz Ramírez, miembro de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus de la UNAM, para minimizar el riesgo de contagio de la COVID-19, se debe combinar con otras medidas como el mantener la sana distancia.
El también responsable de la Clínica de Atención Preventiva del Viajero (CAPV) de la UNAM explicó que hay diferentes tipos de mascarillas que pueden usarse: la N95, la cual impide que salgan el 95 por ciento de los aerosoles, pero deben de ser exclusivas del personal médico.
Refirió que las mascarillas quirúrgicas y las hechas en casa con doble capa de algodón son más eficaces para la población.
Por otro lado, detalló que existen tres tipos de protectores oculares que cubren una gran proporción del rostro: entes, monogafas y googles (para personal de salud).
«…Arededor de 350 mil estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) inicia, vía remota y en condiciones inéditas derivadas de la pandemia del coronavirus, el ciclo escolar 2020-2021».
Las noticias se escucharon desde temprano.
Finalmente.
Después de tanto tiempo de «sana distancia», tanto miedo y más de 70 mil muertos, el gran proyecto de la educación híbrida se pone en marcha. El campus sigue vacío. En su mayoría, el paso sigue sin cortar. En el camellón del algunas partes del circuito, huele a naturaleza salvaje. La mayoría de las escuelas permanecen cerradas, aunque en los institutos y centros de investigación, la UNAM nunca cerró. El proceso de conocer los resultados del examen de nuevo ingreso… bueno, como casi todos los años. De cualquier modo, la UNAM está de vuelta. Y en plena temporada de tempestades y huracanes. En un entonno de viejos y nevos grandes desafíos. Pero eso sí, con el mejor de los ánimos.
De cualquier modo, este lunes 21 la universidad más grande e importante del país inició, de manera digital, las actividades del nuevo año escolar, el 2020-2021. Serán la generación del Covid-19. La primera de un futuro incierto, pero sin duda, con raíces muy profundas en los mejores valores de una institución de casi medio milenio de existencia. La Universidad de la Nación.
Todos los seres vivos están emparentados evolutivamente, desde las bacterias, amibas, hongos, plantas, hasta los animales, grupo en el cual está el ser humano. A este ancestro en común se le llama LUCA, por sus siglas en inglés (Last Universal Common Ancestor).
En cambio, “los virus tienen múltiples orígenes y en diferentes momentos de la historia de la Tierra, es decir, no todos los grupos virales están emparentados”, dijo en entrevista José Campillo, investigador del Laboratorio de Origen de la Vida de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Al respecto existen varias hipótesissobre el origen de los virus. Una de las más famosas desde principios de los 1900 a la actualidad plantea que los virus surgieron antes que las células; a esta propuesta se le conoce como hipótesis virocéntrica. El argumento se basa en que como los virus son pequeños y “simples” y, algunos tienen RNA (molécula más antigua que el DNA) como material genético, éstos podrían ser algún tipo de sobras de etapas tempranas de la vida, de acuerdo a algunos científicos.
“Sin embargo, de acuerdo a nuestros estudios,inferimos que todos los grupos de virus de RNA tienen un origen reciente porque más del 95 por ciento de ellos infecta a los eucariontes, es decir, organismos que tienen un núcleo definido como las plantas, hongos y animales”.
Los eucariontes son muy jóvenes evolutivamente comparados con los linajes de algunas bacterias y otros organismos como las arqueas, que son muy antiguos.
Los coronavirus
Existe evidencia que el coronavirus SARS-CoV-2 tiene su origen en un virus que existía previamente, es decir, no fue fabricado en un laboratorio.
“Al comparar el genoma de este nuevo coronavirus con el genoma del coronavirus del murciélago se parecen muchísimo entre sí. ¡Prácticamente estos virus son hermanos evolutivos!”.
El SARS-CoV-2 tiene varios primos virales evolutivamente cercanos que infectan a otros seres vivos como murciélagos, gatos, perros, caballos, roedores, camellos entre otros mamíferos, inclusive hay coronavirus que afectan a peces y aves.
De hecho, los coronavirus comparten un ancestro común desde hace más de 50 millones de años. “Se trata de una especie de LUCA de coronavirus que infectaba aves y murciélagos y del cual derivaron todos los coronavirus que conocemos hoy en día”.
Por ello, los coronavirus son un claro ejemplo de que los virus de RNA coevolucionaron íntimamente con sus hospederos eucariontes, y por lo tanto, tienen un origen reciente.
“Podemos decir entonces que los virus de RNA, si bien son antiguos y cuyo origen puede datarse probablemente al mismo origen de los eucariontes, es decir, aproximadamente dos mil millones de años, no podemos decir que son primitivos como para ubicarlos en el origen mismo de la vida”, concluyó
La edición 2020 del Ciclo de Cine Comentado «La Ciencia en el Séptimo Arte», realizada virtualmente, continúa con los comentarios de la película Niños del Hombre (Children of Men, 2006), dirigida por Alfonso Cuarón y protagonizada por Clive Owen, Julianne Moore y Michael Caine. El Ciclo es organizado por las entidades académicas del Campus Morelia de la UNAM, incluyendo el IRyA, en colaboración con el Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Después de varios meses de vivir en la peor crisis de salud de los últimos cien años, aún es difícil entender la forma cómo se contagia el virus del SARS-CoV-2 y los diversos síntomas que provoca.
Sin duda, la incertidumbre que vive el mundo en torno a la COVID-19 y su comportamiento es alta. Hay temas que aún no son claros y causan conflicto entre las personas, uno de ellos es el uso de caretas para evitar la propagación del virus, ya que mientras algunos niegan su utilidad, otros aseguran lo contrario.
De acuerdo con el doctor Alejandro Macías Hernández, infectólogo de la UNAM, este tema no debe causar controversia. Explicó que el uso de cubrebocas es insustituible, ya que las caretas no protegen de los aerosoles, “su uso debe ser adicional al cubrebocas y no en lugar de este”.
Macías, miembro de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus de la UNAM, refirió que los cubrebocas de uso médico (KN95) no deberían de usarse en la comunidad. Sugirió mejor el uso de alguno hecho en casa con dos tipos de tela. Para cubrir los ojos se pueden utilizar unos lentes industriales que son una mejor opción que la careta, pero cada quien puede elegir, “los ojos no inhalan ni lanzan la inoculación a los pulmones”.
Explicó que a diferencia de lo que se pensaba en un principio, de que el virus se transmitía tocándose a través de ojos y boca, hoy se sabe que es de bajo riesgo. “Esto no quiere decir que no mantengamos el lavado de manos recurrente y evitar tocarse la cara”.
Con la información que se tiene, si se usa siempre un cubrebocas que proteja la nariz, evitando los lugares concurridos y ventilando los cerrados, la probabilidad de infectarse es baja. “Hay que usar siempre cubrebocas y usarlo bien, con eso se podría decir que pasaremos esta temporada sin contagiarnos”.
Un juego muy mexicano 🇲🇽… ¡fuera de este mundo! ✨
Celebrando las fiestas patrias, jugaremos lotería astronómica, en este taller para niñas y niños de todas las edades. Este taller fue diseñado por académicas y académicos del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA).