Universidades e ¿inclusión? Una mirada desde la discapacidad y los derechos humanos
Cada año, en época de invierno, se presenta una epidemia de influenza que afecta a miles de personas a nivel mundial. Dicha situación aunada a la pandemia de la COVID-19 podría resultar complicada para el sistema de salud en México.
Al respecto, Antonio Lazcano Araujo, profesor emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM, afirmó en entrevista que debemos permanecer muy atentos para evitar que se empalmen las dos epidemias, tanto de influenza como del coronavirus. Hasta el momento se desconoce cuáles serían los efectos de padecer ambas enfermedades.
Los dos padecimientos tienen síntomas muy parecidos, por ejemplo: fiebre, dolor de cabeza, cansancio, tos, entre otros, incluso son parecidos a los síntomas del dengue. ¿Cómo diferenciarlos? Se necesita de la ayuda de un profesional, añadió Lazcano.
“El punto aquí es que no tenemos antivirales ni vacuna para la COVID-19, una enfermedad que puede ser mortal y se expande con una enorme rapidez, mientras que para la influenza sí existe, además de medicamentos como el Tamiflu, entre otros”.
¿Por qué es importante vacunarse?
En primer lugar, dijo Antonio Lazcano, se trata de una manera de protegerse contra la influenza; en segundo término, no sabemos cuáles serían las consecuencias que tendría una persona infectada por los dos virus, y en tercer lugar, se trata de una enfermedad gravísima que afecta no sólo a personas de la tercera edad, sino también a niños. Por último, es importante evitar sobrecargar el sistema hospitalario, de por sí ya maltratado por las circunstancias actuales.
En Estados Unidos se registran al año miles y miles de personas que mueren por culpa de la influenza, porque surgen una serie de complicaciones que traen consigo la posibilidad de infecciones secundarias, como pulmonía, o dejan serios daños en las vías respiratorias.
Sin embargo, todas estas complicaciones se pueden evitar con la vacuna, “tengamos el cuidado adecuado para que no surjan dificultades adicionales.”
Virus de RNA
La enfermedad de la influenza y de la COVID-19 poseen virus de RNA, es decir, cambian y mutan todo el tiempo. En el caso del SARS-CoV-2 tiene mecanismos de edición que corrigen las mutaciones.
En cambio, el virus de la influenza no muta tan rápidamente, pero “tiene su material genético repartido en ocho fragmentos distintos y puede intercambiar una o más porciones con otros virus y esto produce las variaciones que llegan anualmente en oleadas.”
Cuando esté disponible la vacuna para el virus del SARS-CoV-2, enfatizó el académico universitario, seguramente la uniformidad de sus genomas es tal, que la vacuna seguramente protegerá para todas las variantes.
“Si yo comparo los coronavirus actuales con el COVID-19 que se dispersó hace ocho meses, prácticamente son idénticos, si acaso hay unas 15 letras distintas entre las dos poblaciones, pero el problema no sólo es la variación del virus, sino también la resistencia que cada persona presente”.
No existe reporte de una inmunidad permanente en contra del coronavirus, probablemente eso significa que año con año tendremos que vacunarnos contra el virus del SARS-CoV-2, paralela a la vacuna de la influenza.
Movimiento Antivacunas
Actualmente existe una tendencia muy desafortunada sobre las vacunas, basado en mentiras o percepciones equivocadas. Algunas personas han planteado que estas inyecciones causan una serie de malestares.
Esta idea surgió a raíz de que un famoso médico afirmó que ciertas vacunas causaban autismo. Tiempo después surgió a la luz que éste era accionista de la compañía competencia del producto que según afectaba a las personas, y sus declaraciones fueron motivadas por intereses comerciales.
No obstante, las vacunas representan uno de los grandes avances de la medicina en términos de supervivencia de la humanidad. Ahora bien, las vacunas deben ser administradas bajo la supervisión médica por si alguna persona tuviera alergia por algún componente, aunque se tratan de casos aislados.
Las vacunas son una forma eficiente de salvar la vida de niños, ancianos y de la población en general, pero “mientras no tengamos una vacuna contra la COVID-19 y no tengamos anti virales, debemos protegernos todo el tiempo”.
“Hay una lección que ha quedado perfectamente clara todo este año”, dijo el entrevistado. Mientras en el hemisferio norte hemos vivido el verano, en el sur estuvieron en el invierno, y curiosamente los médicos de este último lado reportaron que las infecciones de influenza disminuyeron considerablemente.
¿Por qué? Debido a las recomendaciones como el uso del cubrebocas, distanciamiento social, la higiene del lavado de manos, evitar tocarse la boca, nariz y ojos han detenido esta epidemia anual.
De hecho,” tenemos que hacernos a la idea que, aunque tengamos vacunas y anti virales, el uso del cubrebocas como ocurre en muchos países asiáticos, de manera normal, es una herramienta tanto individual y colectiva muy importante para frenar el avance de las pandemias”.
“Creo que son lecciones que debemos tomar en cuenta y practicarlas cotidianamente, siempre que se acerquen estos períodos de las nuevas oleadas de las distintas epidemias”, concluyó.
Hasta el momento se han propuesto más de 240 candidatas a vacunas contra la COVID-19. Para su desarrollo deben transitar por las etapas preclínica y clínica de investigación durante las que se genera conocimiento sobre su estabilidad, la interacción de las nuevas moléculas con los seres vivos, la dosis necesaria para promover una respuesta inmune sin provocar efectos adversos, seguridad, capacidad de generar inmunidad y eficacia para combatir la enfermedad a gran escala.
Existen diferentes tipos de vacunas en desarrollo, el grupo con el mayor número de candidatas es el de vacunas con base en proteínas, en segundo lugar las que emplean otros virus o vectores, seguidas de las creadas a partir del material genético y finalmente las hechas de virus inactivados o vivos atenuados.
Las vacunas de proteínas tienen como mecanismo el estimular a las células del sistema inmunitario inyectando, directamente, partes del virus en nuestro cuerpo con la intención de que las células las identifiquen y generen una respuesta protectora. La vacuna más destacada de este grupo es la de Novavax que consta de un esquema de vacunación de dos dosis y que iniciará en el mes de octubre sus estudios clínicos de fase tres.
Las vacunas creadas con base en otros virus o vectores son aquellas que incorporan partes del SARS-CoV-2, coronavirus que causa la COVID-19, en otros virus. Por ejemplo el adenovirus que al inyectarse estimulan las células de nuestro sistema inmune. Estos adenovirus, conocidos como vectores, pueden tener la capacidad de infectar a las células y multiplicarse para poder detonar una respuesta enérgica y protectora o pueden estar limitados en su capacidad para replicarse, y por lo tanto,
sólo funcionar como vehículos presentadores del nuevo coronavirus. En este grupo se encuentran las vacunas más avanzadas de la fase tres de investigación: la ASD1222 de la Universidad de Oxford/AstraZeneca que inició en mayo; la Ad26 de Janssen, en septiembre; y la Sputnik V de Rusia, pendiente por iniciar. Durante esta fase se espera que cumplan con el objetivo de reclutar entre 30 mil y hasta 60 mil participantes voluntarios por vacuna.
Otro grupo de vacunas muy novedoso parte del principio de inyectar material genético del coronavirus, con el objetivo de que nuestras células lo lean y produzcan las proteínas virales características del SARS-CoV-2, para que sean capturadas por las células inmunológicas que promoverán una respuesta protectora. Ejemplos de estas vacunas son la de Moderna y la de Pfizer, ambas comenzaron sus estudios fase tres en julio y consiste en aplicar dos dosis de vacuna con una separación de 28 días entre la primera y el refuerzo.
Debido a la gran rapidez con la que ha transcurrido el desarrollo de vacunas contra la COVID-19, varios expertos alrededor del mundo sugieren que existe una menor probabilidad de éxito para que las candidatas superen la fase tres de investigación. El principal reto radica en obtener vacunas que por lo menos confieran una reducción del riesgo del 50 por ciento en algún elemento de la pandemia como mortalidad, hospitalizaciones o contagios.
Algunos científicos han estimado que, el período con mayor probabilidad para que una vacuna sea aprobada para su aplicación a gran escala, sería entre los meses de enero y septiembre del 2021, siendo la primera mitad del año la de mayor posibilidad.
De acuerdo con la Coalición para el Acceso a Vacunas contra la COVID-19 (COVAX), una vez aprobada la primera vacuna se multiplicarán los esfuerzos para acelerar la producción de dosis, con la finalidad de fabricar decenas de millones de dosis requeridas para asegurar un esquema de dos dosis para el 30 por ciento de la población. En un inicio estaría dirigida a cubrir tres grupos prioritarios: personal sanitario, adultos mayores de 65 años y adultos con enfermedades de riesgo para desarrollar complicaciones.
Varios modelos matemáticos sugieren que estos grupos estarían alcanzando una cobertura de vacunación óptima a partir de la segunda mitad del 2021 y hasta la segunda mitad del 2022. Dichos modelos pueden variar de región en región y son por completo dependientes del nivel de aceptación que tengan las poblaciones para vacunarse, la proporción de población que por indecisión no quiera vacunarse o desestime la importancia de las vacunas para combatir de forma segura y efectiva un problema de salud pública, como lo es la COVID-19.
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Hasta hace pocos días el doctor Lluís Montoliu tenía una certeza: la de que tarde o temprano el microbiólogo Francis Mojica recibiría el Nobel de Química. Sin embargo, el investigador barcelonés hoy se confiesa decepcionado de que la Academia Sueca de Ciencias le haya concedido ese galardón —aunque subrayando que eso sí, de forma muy merecida— a la francesa Emmanuelle Charpentier y a la estadounidense Jennifer Doudna por desarrollar las herramientas CRISPR que permiten la edición genética, sin considerar siquiera al español que descubrió cómo opera este mecanismo.
En un texto periodístico reciente, Montoliu —adscrito al Centro Nacional de Biotecnología en Madrid— explica que aunque las dos científicas recibirán pronto el reconocimiento por un trabajo que dieron a conocer en junio de 2012, fue Mojica quien describió los primeros sistemas CRISPR en arqueas en el ya lejano 1993.
Y no sólo eso, fue también él quien en 2002 acuñó el acrónimo a partir del término en inglés Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats ya que, al ver que ciertas secuencias se repetían en el genoma de bacterias y arqueas, de alguna manera le recordaron a los palíndromos, es decir, a esas frases que pueden leerse al derecho y al revés. “Dicha palabra se inventó en Alicante”.
Las mismas Doudna y Charpentier han reconocido que fue un artículo de Mojica publicado en 2005 y donde se explica cómo este sistema permite a ciertos microorganismos defenderse contra los virus, el que les dio la pauta para desarrollar su técnica de edición genética, por lo que Lluís Montoliu no da rodeos al afirmar que esto es “un Nobel perdido para la ciencia básica española”.
¿Pero cómo funciona?
Durante su estancia más reciente en la UNAM, Lluís Montoliu visitó el Instituto de Fisiología Celular (IFC) para hablar de la técnica CRISPR, a la que describió como los comandos Ctrl+C y el Ctrl+V empleados para cortar y pegar un texto en la computadora, ya que permite editar el ADN dentro de la célula y cambiar su información a fin de corregir mutaciones y prevenir o combatir enfermedades.
“Para entender cómo funciona imaginemos unas tijeras moleculares —en este caso unas proteínas llamadas nucleasas— capaces de hacer cortes en el material genético, justo en las secuencias que le indicamos, para en su lugar introducir otras letras y reparar el genoma. Por ello decimos que es un sistema de edición”, explicó.
El científico español aseguró que esta tecnología plantea nuevas formas de terapia génica para alteraciones sin solución. “En animales se ha logrado todo lo que desearíamos llevar a la clínica, pues se han tratado con éxito padecimientos congénitos o degenerativos como distrofia muscular de Duchenne, la retinosis pigmentaria (una de las principales causas de ceguera), Parkinson o Huntington”.
Ya en humanos se han tomado células de enfermos de cáncer desahuciados para inactivar genes para luego reinfundírselas, como se hizo en China con un paciente del cual se obtuvieron linfocitos con el fin de apagar un gen llamado PD1, que actúa como freno de mano del sistema inmune, con la esperanza de que el organismo luchara más eficazmente contra el padecimiento, mientras que en Estados Unidos se ha empleado para tratar un caso de ceguera congénita.
A decir del doctor Montoliu, estos son apenas los primeros intentos de trasladar este sistema de edición genética a la clínica, pero es indudable que en breve será posible llevar los avances conseguidos en los modelos animales a las personas. “Sin embargo, debemos andarnos con tiento, porque aunque esta tecnología ofrece mucho de bueno, también tiene aspectos que aún no controlamos”.
Ciencia básica con aplicaciones sorprendentes
Para Félix Recillas Targa, director del IFC, el CRISPR es un ejemplo paradigmático de un trabajo de investigación básica que muy rápido dio pie a una aplicación de potencial extraordinario, pues su descubridor Francis Mojica, académico de la Universidad de Alicante, comenzó a estudiar a unos procariotas llamados arqueas hace no tanto, a finales de los 80, inicios de los 90, y fue ahí cuando vio que en su genoma había series repetidas y espaciadas por otros fragmentos, de los cuales ignoraba su función.
Al investigar más vio que se trataba de secuencias idénticas a pedazos de virus que infectan a las bacterias y constató que esto las hacía resistente a las infecciones virales, encontrando así un sistema inmune bacterial hasta entonces desconocido, expuso por su parte el doctor Montoliu.
“Cuando nos vacunan del sarampión nos hacemos resistentes a esa enfermedad, pero no podemos heredar dicha característica a nuestros hijos, mientras que las bacterias sí; esto fue clave para lo que (Doudna y Charpentier) descubrirían en 2012: que el sistema inmune bacterial puede usarse como una herramienta para corregir secuencias o incorporar mutaciones”, añadió el barcelonés.
Sin embargo, el CRISPR no es el único método de edición genética; al menos existen tres más. Están las meganucleasas de las células de levaduras, las nucleasas asociadas a dedos de zinc (artificiales y salidas del laboratorio) y las llamadas TALENs, nucleasas derivadas de unos patógenos que infectan a las plantas. Todas hacen exactamente lo mismo: cortar el ADN.
¿Entonces qué hace que CRISPR sea tan especial?, preguntó el profesor Montoliu. “¡Fácil! Se trata de una herramienta que ha evolucionado de la mano de las bacterias, literalmente, durante miles de millones de años y, por ello, esto que hoy llega a nuestras manos es un instrumento extraordinariamente optimizado y pulido”.
En opinión del español, el único límite para aprovechar el potencial de las CRISPR es la imaginación científica. “Hace no mucho, unos investigadores de Boston usaron estas estrategias y codificaron fotogramas de una película dentro del genoma de una bacteria. ¿Esto de qué sirve? Sólo para demostrar que es posible, pues el mero hecho de emplear las diferentes ristras de las letras G A T C e introducir una imagen dentro del material genético, aunque puede no sernos útil —no lo sabemos—, en realidad es algo sorprendente.
Un campo en desarrollo acelerado
En internet corre la grabación de un experimento social donde un grupo de jóvenes instalan una caseta en el puerto de San Francisco, California, y preguntan a quienes pasean por allí qué preferirían: invertir para entender cómo funciona el sistema inmunológico de las bacterias o en curar la diabetes, casi todos votaron la última opción.
“Todos anhelan curar las enfermedades, aunque no reparan en que al apoyar la investigación básica —en este caso la investigación de cómo las bacterias se defienden de los virus— no sólo es factible curar la diabetes, sino otras patologías”, refirió el profesor Montoliu.
No obstante, ésta es una vía para alcanzar dicho objetivo y si quisiéramos ejemplificar qué tan rápido vamos avanzando, agregó, consideremos que los primeros ejemplos de terapia génica con CRISPR datan de enero de 2016, apenas hace cuatro años, y desde entonces no dejan de aparecer artículos al respecto (en 2002, cuando se acuñó el término CRISPR, sólo había una publicación sobre el tema y hoy, según datos de PubMed, hay 20 mil 600).
Por ello, el doctor Lluís Montoliu se dice optmista respecto a loque nos pueda traer esta técnica a futuro, pues en sus palabras “estamos ante una revolución verdadera e irreversible, y esto ya no para”.
A muchas personas les encanta tener animales exóticos como mascotas. Entre ellos destacan los grandes felinos, como son los tigres. Sin embargo, ninguno de estos ejemplares posee las características para vivir con los humanos.
En entrevista Alberto Tejeda Perea, especialista en comportamiento animal de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, explicó que los animales de fauna silvestre como mascotas poseen un alto riesgo para las personas.
¿Qué diferencia tienen con los animales domésticos? Un animal de este tipo es aquel que por una larga convivencia con el humano ha sufrido cambios anatómicos, fisiológicos y sobre todo conductuales. Los biólogos han planteado que la domesticación es parte de un proceso evolutivo.
Las especies domésticas como son los perros, los gatos, los cerdos, las vacas, las cabras, los borregos y las gallinas, entre otros, vivieron ese proceso. Aunque presenten conductas, en un momento dado, como la agresión, está más modulada.
¿Qué pasa con los animales que denominamos amansados? Son ejemplares que siguen siendo exactamente iguales que sus congéneres en vida libre, sólo que desde pequeños se criaron junto a los humanos y así han aprendido a modular su conducta, tienen cierta tolerancia hacia los humanos y permiten la cercanía.
Aunque hayan nacido en cautiverio y no han vivido libres, genéticamente tienen las mismas características de sus parientes del ambiente silvestre, sólo que bloquearon ciertas habilidades.
Un tigre en cautiverio puede ser tolerante y simpático mientras es cachorro, pero cuando llega a la madurez sexual sufre ciertos cambios. “Con suerte mantiene su tolerancia a los humanos, pero si se presenta algún estimulo podría desencadenar conductas que forman parte de su repertorio y resultar letales para quienes viven a su alrededor. Los mismos gatos que han pasado por un proceso de domesticación, de al menos 5 mil años, pueden dañar a las personas, imagínate cuando uno de los grandes felinos como los tigres, leones o pumas presentan una conducta como cualquier otro depredador: resultan letales”.
En peligro de extinción
Otro punto fundamental es que algunas de estas especies se encuentran en peligro de extinción. La tarea como seres responsables es mantener a estos ejemplares en su hábitat para que puedan seguir reproduciéndose y se mantengan en vida libre.
Entonces, “si llevamos a un tigre de bengala que se encuentra en esta categoría a un hogar entre humanos, se encuentra en una posición contraria a mantenerlos dentro de su hábitat en la fauna silvestre”.
Además, estos animales que son silvestres y utilizados para compañía, están condenados a vivir en cautiverio por su alta peligrosidad, destinados al encierro en albergues o en el peor de los casos a ser sacrificados por medio de la eutanasia.
Existen varios animales exóticos que han sido forzados a vivir con los humanos, se trata de reptiles como serpientes, iguanas y tortugas, además de mamíferos como los conejos y cerdos. La gente con gustos más peculiares prefiere las tarántulas o las aves como los periquitos australianos o incluso las guacamayas, etc.
Finalmente, están las especies de fauna silvestre que no entran en este grupo como son leones, tigres, pumas, osos, monos y hasta perritos de las praderas. El que una persona pueda tenerlos como mascota depende de cada país.
No obstante, en México están prohibidas todas las especies en peligro de extinción, sólo se permiten ejemplares que sean originarios de otros países.
Uno de los retos que ha traído la pandemia es hacer más visible el incremento de la violencia en las familias, “ahora tenemos menos escaparates, pasamos más tiempo juntos y se hace más evidente el poco entrenamiento para incrementar las conductas adecuadas y extinguir las no adecuadas”, explicó la doctora Carolina Santillán Torres Torrija, supervisora académica de la estrategia Crisis, Emergencia y Atención al suicidio de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.
Aunado a esto, en las familias se vive un ambiente de estrés por el aumento del desempleo y los contagios.
En ese contexto, que el Senado de la República haya anunciado la aprobación de las reformas que prohíben explícitamente el uso de violencia física como método correctivo para niñas, niños y adolescentes es un paso muy importante. “Estas acciones deben de acompañarse de otras, es una gran oportunidad para la psicología de difundir y de aportar tecnología conductual, herramientas y entrenamiento para quienes no tomaron cursos para ser papás, que son la mayoría”.
De acuerdo con la doctora Santillán, desde hace 20 años, se ha dado un incremento de los talleres para padres y con haber logrado una ley se puede organizar a las escuelas de padres para que más profesionistas asesoren a estas escuelas.
Se ha demostrado que el castigo corporal y la humillación sólo logra que en el corto plazo los niños y adolescentes cumplan con cierto orden, pero a largo plazo tienden a ser niños más agresivos, desarrollan conductas delictivas y antisociales, tienen problemas para adaptarse y más probabilidad de desarrollar una enfermedad de salud mental, explicó la doctora en psicología.
La aprobación de la ley permite que la relación en la familia sea más democrática. Los padres tienen la obligación de educar pero en forma responsable y respetuosa y el menor tiene derecho a expresar su opinión. “No hay ningún estudio que demuestre que a mayor castigo y humillación se tendrán mejores ciudadanos”.
Esta aprobación conllevará a que se tomen estrategias eficaces antes que las primitivas donde no se realiza el diálogo, “hacen falta más acciones pero ya es un primer paso”.
Después de plantear la Teoría General de la Relatividad, el mismo Albert Einstein no creía en la existencia de los agujeros negros. Hoy, después de más de un siglo, el Premio Nobel de Física se entrega a dos investigaciones al respecto: Roger Penrose, por el estudio de la formación de agujeros negros, así como a Andrea Ghez y Reinhard Genzel, por la detección del agujero compacto supermasivo en el centro de la Vía Láctea.
Para conocer del tema, la UNAM llevó a cabo una charla virtual con Miguel Alcubierre, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y Sergio de Régules, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC).
En la bienvenida virtual Celia Escamilla Rivera, investigadora del ICN, explicó que los agujeros negros son quizás la consecuencia más extraña de la Teoría de la Relatividad, que describe que todo en el Universo está sujeto a la gravitación.
Penrose
Con respecto a los estudios de Penrose, Miguel Alcubierre dijo que es el primer Nobel otorgado a un trabajo teórico. Los anteriores que tienen que ver con la Teoría General de la Relatividad fueron sobre la observación de un pilar binario en la década de los 90, y más recientemente, por las ondas gravitacionales.
Durante décadas existió un debate sobre la existencia de los agujeros negros, pero fue hasta el trabajo de investigación de Penrose que se demostró teóricamente lo inevitable: estos objetos existen.
“Si tú juntas suficiente materia o energía en una región bastante pequeña se producirá una singularidad en el centro y creará un agujero negro. Penrose lo demostró matemáticamente.”
Ghez y Genzel
Desde la década de los 90, Ghez y Genzel -cada uno por su parte- lideraron un equipo para observar el centro de la Vía Láctea. Ambos detectaron un objeto que parecía ser invisible y pesado, lo orbitaban las estrellas más brillantes de la galaxia, dijo Régules.
Descubrieron que esta masa invisible tiene alrededor de cuatro millones de masas solares comprimidas en una región no más grande que nuestro sistema solar.
¿Qué hace que en el corazón de la Vía Láctea se muevan estrellas a velocidades asombrosas? Según la Teoría General de la Relatividad sólo existe un candidato: un agujero negro supermasivo.
Al respecto, Escamilla resaltó que Andrea Ghez es la cuarta mujer en ganar en esta categoría en la historia de los Nobel. “Ella ha enfatizado en la idea de inspirar a otras mujeres para que incursionen en el campo de la astrofísica y descubran sus placeres.”
La investigación, añadió, se realizó a través del estudio de los rayos infrarrojo, una forma más efectiva para observar el Universo, donde todo esta plagado de polvo interestelar.
Por su parte, Alcubierre mencionó que podría tratarse de un objeto exótico obscuro que no es un agujero negro, pero lo dudamos porque no se nos ocurre que podría ser que no fuera un agujero negro.
“Para los agujeros negros masivos este es pequeño, se trata de cuatro millones de veces la masa del Sol, suena mucho, pero hemos detectado que en el centro de otras galaxias hay objetos mil veces mayores”.
Esta singularidad no es tan monstruosa como las existentes en otras galaxias, que incluso son cuásares y tragan bastante gas. En el proceso se calientan mucho y emiten rayos “X” y “Gama”. Estos últimos se mueven por toda la galaxia y esterilizan cualquier planeta que se encuentre cerca.
El Sistema Solar se encuentra a 30 mil años luz del centro de la Vía Láctea. No obstante, “tenemos que dar gracias a que el agujero negro de nuestra galaxia sea pequeño. Por eso estamos aquí”, concluyó el académico universitario.
El 2020 es un año que ha sido marcado por la repentina transición de todo tipo de actividades académicas y culturales presenciales a su modalidad virtual. Esto ha dibujado un panorama social retador e incierto para el desenvolvimiento personal y profesional en la vida de los estudiantes, académicos y de todos aquellos que colaboran en fortalecimiento del quehacer universitario. Sin embargo, también se han abierto oportunidades de colaboración académica internacional que antes se veían dificultadas por cuestiones geográficas.
En aras de responder a esta impetuosa y vertiginosa dinámica de virtualidad universitaria, la UNAM Sudáfrica pone a disposición de la comunidad universitaria dos propuestas que favorecerán el intercambio académico y cultural entre la UNAM y las Instituciones de Educación Superior Sudafricanas con las cuales nuestra Máxima Casa de Estudios tiene convenios.
La primera de ellas es el Webinario mensual Diálogos Sur – Sur, a través del cual se pretende abordar problemáticas actuales y emergentes, así como temas prioritarios de investigación a nivel mundial desde una perspectiva y postura crítica del Sur Global. Asimismo, se busca promover la interacción y el intercambio de académicos de la UNAM y de distintas instituciones de educación superior sudafricanas en espacios de conversación, reflexión y debate. El seminario se encuentra abierto a todas las áreas del saber, desde las ingenierías y matemáticas, las ciencias físicas, químicas, biológicas y de la salud, hasta las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Finalmente, se busca fortalecer los lazos institucionales entre la UNAM y las Instituciones de Educación Superior con las cuales se tienen convenios en Sudáfrica y en otras regiones geográficas del continente africano y del Medio Oriente.
El proyecto CUCCA, coordinado por el Dr. David Ruiz Guzmán, (responsable cultural de la sede), por su parte se define como una propuesta en la que se reconoce el desarrollo científico y el pensamiento crítico como herramientas fundamentales para afrontar la realidad, así como una oportunidad para fomentar el desarrollo de la cultura y la consciencia. Estas cápsulas de divulgación, pretenden ser un espacio dedicado a las inquietudes que los jóvenes tienen acerca de diversas temáticas científicas, académicas y culturales, y la forma en la que intervienen en el acontecer mundial y cotidiano. El objetivo de este espacio es impulsar la participación del estudiantado, quienes plantearán a investigadores de Nuestra Casa de Estudios sus dudas e inquietudes sobre temas que serán abordados de una manera amena y coloquial. Confiamos que esto permitirá que los jóvenes universitarios vinculen el contenido de las cápsulas con su contexto y realidad como agentes sociales y promotores de valores universitarios.
Con el fin de demostrar que la cotidianeidad no está peleada con la investigación científica, este espacio estará abierto a cualquier tema u opinión que resulten útiles para la vida personal y profesional de la comunidad estudiantil.
En su primera edición de octubre, Diálogos Sur-Sur contará con la presencia magistral de la Dra. Sarah Nuttall, Directora del Wits Institute for Economic and Social Research (WiSER) en Johannesburgo, Sudáfrica. La Dra. Sarah Nuttall es una de las pensadoras Sudafricanas más prominentes e influyentes que, desde la óptica de las ideas de igualdad y diferencias, explora y analiza las posibilidades de vida de los sudafricanos posteriores al apartheid. El evento inaugural se llevará cabo en colaboración con la Cátedra Nelson Mandela de Derechos Humanos, El Programa Universitario de Estudios de Asia y África y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo.
El evento inaugural se llevará a cabo el día 26 de octubre a las 10 am hora de la Ciudad de México con una mesa redonda denominada “Las universidades tras el COVID-19. Conversaciones entre Sudáfrica y México”. Este evento es organizado de forma conjunta con el Programa de Estudios de Asia y África, la Cátedra Mandela, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM, y el Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la Universidad de Witwatersrand (WiSER), Johannesburgo, Sudáfrica. El evento será transmitido en tiempo real en el Facebook Live de la UNAM Sudáfrica. https://www.facebook.com/CEMSUDAFRICA
A manera de preámbulo, en su primera edición, CUCCA contará con la participación del titular de la Cátedra Mandela de Derechos Humanos, el Dr. Jacobo Dayán, quien hablará sobre su trabajo en dicha cátedra con base en la pregunta inicial ¿Qué es la Cátedra Mandela? El Dr. Dayán nos compartirá por qué se denomina así, los orígenes, objetivos, funciones y proyección de esta, al igual que su conexión con la sede en Sudáfrica de la UNAM. El evento se llevará a cabo el 16 de Octubre a las 10 am tiempo de México, y será transmitido también en el Facebook Live de la UNAM Sudáfrica. https://www.facebook.com/CEMSUDAFRICA
La UNAM Sudáfrica refrenda su compromiso institucional para promover el quehacer académico y cultural de la UNAM en el extranjero, y confía que estas dos propuestas académicas y culturales serán de gran interés para la comunidad universitaria, destaca el Dr. Arturo Mendoza Ramos, titular de la Sede, quien invita cordialmente a académicos y estudiantes a que participen e interactúen en estos espacios de conversación.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas considera 17 objetivos tendientes a poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo. México como Estado Miembro ha suscrito estos compromisos. El objetivo 7 plantea energía asequible y no contaminante y la meta 7.2 de dicho objetivo propone: “De aquí a 2030, aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas”.
Atendiendo a estas problemáticas y reconociendo la importancia del análisis geoespacial del potencial energético de los recursos biomásicos en México, el Clúster de Biocombustibles Sólidos (BCS) ha promovido la iniciativa para desarrollar una plataforma geoespacial para la evaluación de dicho potencial.
Esta plataforma busca incluir información sobre la relación entre la oferta de biomasa, su uso final y sus costos asociados, a fin de generar estimaciones robustas y espacialmente explícitas del potencial de los recursos biomásicos para la generación de calor y electricidad.
En la búsqueda de optimizar la oferta y demanda de los recursos biomásicos, ha sido necesario realizar investigación en temas tan variados como el desarrollo de sistemas de manejo multipropósito (principalmente agrícolas y forestales), la búsqueda de especies agrícolas o forestales promisorias y el uso de tecnologías eficientes de conversión de la biomasa en energía, entre otros.
Con estos antecedentes, el Clúster de Biocombustibles Sólidos, en particular, la Línea 1 sobre Oferta y Demanda de Recursos Biomásicos Sólidos, coorganizó junto con la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) y el Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA- UNAM), el Taller Internacional: “Evaluación del aprovechamiento energético de la biomasa. Planteamientos para optimizar los costos de localización de plantas de energía”.
Este taller, se llevó a cabo el 23 y 30 de septiembre de forma virtual y con la participación de más de 30 invitados y especialistas de 9 países (Colombia, Costa Rica, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Panamá y República Dominicana). Entre los participantes se cuentan especialistas en temas de bioenergía, transporte, sistemas de información geográfica, programadores y desarrolladores Web, además de logística.
El objetivo del taller fue conocer y comprender las metodologías existentes para la optimización de costos logísticos en el campo de la bioenergía y convenir los procedimientos para generar una herramienta geoespacial de costos.
El taller contribuirá al desarrollo de una herramienta de optimización de costos que estará alojada en la plataforma web del sistema geoespacial del Clúster de Biocombustibles Sólidos y del Sistema Estadístico y Geográfico para la Evaluación del Potencial Energético de los Recursos Biomásicos de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).
Se espera que la herramienta de cálculo estime, dentro de ciertos rangos de incertidumbre, los costos asociados al transporte, cosecha, carga, descarga y almacenamiento de la biomasa en función de la distancia entre oferta y demanda, y del tipo de recurso biomásico analizado. Además, la herramienta contará con un módulo para la optimización de costos de localización de plantas de transformación y acopio de biomasa.
Para leer la nota conceptual sobre el taller, te invitamos a revisar el siguiente enlace:https://bit.ly/3np6RD1
Para conocer más sobre el trabajo realizado por la línea 1 sobre Oferta y Demanda de Recursos Biomásicos Sólidos, te invitamos a visitar el siguiente enlace: https://bit.ly/36cwuRh
En una apretada competencia Jaime Solís, arquero del equipo paralímpico de la UNAM, obtuvo el segundo lugar de la categoría paralímpica W1 de la Online Archery Cup of the Americas, el primer torneo que se realiza de forma oficial de manera remota en el continente y que es organizado por World Archery Americas.
Con tan sólo tres puntos de diferencia, Jaime obtuvo la medalla de plata al registrar 119 unidades frente a 121 del arquero brasileño Eduardo de Vasconcelos en una categoría en la cual participan arqueros con cuadriplejia con inmovilidad total o parcial en piernas y brazos.
“Me gustó que la competencia pudo realizarse en línea y que la tecnología lo permita, fue una competencia distinta porque escuchar a los comentaristas en vivo es un elemento extra de presión y me puso un poco nervioso, pero me sirvió mucho para darme cuenta de los detalles que puedo mejorar en mi desempeño, tanto en la preparación previa como en pequeños ajustes en el arco. Lo importante es no confiarse y poner atención en lo que podemos mejorar”, comentó el arquero paralímpico seleccionado nacional por México.
El entrenador Gabriel Vera Franco, junto con el juez continental de la UNAM, Francisco Serrano, formaron parte del equipo que asistió a Jaime Solís para labores como colocar la flecha en el arco, recoger las flechas de la diana y hacer el registro de las puntuaciones. Asimismo, ellos apoyaron en el envío de imágenes para que los jueces de World Archery Americas dieran su veredicto en cuanto al valor de las flechas.
“Tenemos que fortalecer la parte psicológica y trabajar la condición física para evitar contracturas. Para mi fue bueno tener esta experiencia porque Jaime está en un proceso de desarrollo y tiene que aprender de estas experiencias para seguir mejorando”, aseveró el entrenador de la UNAM, Gabriel Vera Franco.
La competición se llevó a cabo a 18 metros de distancia y se dispararon 15 flechas, por lo cual el máximo de puntos eran 150. El centro de la diana, que vale 10 puntos, tiene un diámetro de cuatro centímetros, el equivalente a un peso mexicano, y las flechas no pueden tener un diámetro superior a los 7.95 milímetros.
Jaime Solís también destacó que este torneo ha sido una gran experiencia con miras en el campeonato Parapanamericano de Tiro con Arco que tentativamente se celebrará el año entrante en Monterrey, donde el arquero auriazul buscará su boleto para los Juegos Paralímpicos de Tokio.
El Dr. Luis Felipe Rodríguez, investigador emérito de la UNAM en el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA), midió la masa del Agujero Negro en el centro de nuestra galaxia antes de que lo hicieran los hoy Premio Nobel. Hoy nos cuenta sobre su trabajo sobre el centro galáctico y su relación con quienes ahora reciben el Premio Nobel de Física 2020 en esta misma área de estudio.
En 1968, en un país de libertades menguadas y medios sometidos al poder, Radio UNAM se convirtió en un espacio de excepción desde donde los jóvenes opositores al régimen de Díaz Ordaz exponían sus críticas y cronicaban el surgir de una disidencia. Esto se hacía desde emisiones como El movimiento estudiantil informa, del Consejo Nacional de Huelga (CNH), donde brigadistas convertidos en locutores le informaban a gran parte de México aquello que los periódicos y televisión callaban, o al menos así fue hasta el 18 de septiembre, ese miércoles cuando el Ejército invadió CU (donde la radiodifusora tenía su sede) y, a punta de bayoneta, silenció las ondas hertzianas.
Para el actual director de la emisora, Benito Taibo, no cabe duda de que aquel fue el año donde, como sociedad, “perdimos la inocencia aunque, por fortuna, no la memoria” y, como ejemplo de cómo el pasado a veces se abre camino hasta el presente, menciona el caso de 17 cintas de carrete abierto con grabaciones de dicho programa, las cuales, pese a creerse perdidas, terminaron en el acervo de su Fonoteca acumulando polvo, o al menos así fue hasta su hallazgo en 2004, lo que permitió que fueran limpiadas, digitalizadas y subidas a internet en 2020.
“Escuchar las emisiones de El movimiento estudiantil informa es como montarse en una máquina del tiempo, pues nos permite no sólo oír la voz de aquellos jóvenes, sino casi verlos, tal y como eran entonces”.
Hoy, esos 17 audios audios pueden consultarse en la sección Podcast de Radio UNAM y, como señala Benito Taibo, son una instantánea del 68, y evidencia de ello es el hecho de que más de la mitad de ellos abren con Me gustan los estudiantes, tema de Violeta Parra nunca más significativo que en aquel verano, no sólo porque la muerte de la compositora chilena estaba muy reciente (5 de febrero de 1967), sino porque la canción, pese a ser de 1962, retrataba con fidelidad el pensar de cientos de miles de jóvenes de toda Latinoamérica determinados a derrumbar viejas estructuras y a revolucionar conciencias.
¿Pero cómo una propuesta como El movimiento estudiantil informa pudo saltarse las prohibiciones gubernamentales y, gracias a los 50 mil watts de potencia que tenía entonces la emisora, llegar no sólo a la Ciudad de México, sino a una decena más de estados?
Como recordaba Carlos Monsiváis en el suplemento especial Nuestra es la voz, de todos la palabra, aparecido en Gaceta UNAM el 11 de junio del 87: “El programa era básicamente informativo, se transmitía a diario y se hizo de gran público desde el primer momento. Se oía la estación para enterarse de los puntos de vista y los hechos que la gran prensa proscribía. El director de Radio UNAM, Joaquín Gutiérrez Heras, se negó a cualquier censura y sólo pidió un lenguaje racional, a la altura de la actitud mostrada por brigadistas y manifestantes”.
Así fue como, desde la emisora, se informó de la represión, de la incapacidad gubernamental para dialogar, de la necesidad de desaparecer el cuerpo de granaderos, de lo absurdo del delito de disolución social y de temas ni siquiera mencionados en otros sitios.
Sin embargo, el régimen diazordazista no perdonaría el uso de la palabra y menos con tal libertad y, cuando los soldados tomaron CU, de inmediato allanaron la estación, desaparecieron material grabado, aprehendieron al programador Carlos Bustillo, al operador José Taylor y al locutor Rolando de Castro, y la sacaron del aire. A fin de hacer más evidente su castigo, a Radio UNAM se le despojó de su voz, pues antes de la ocupación militar tenía 50 mil watts de potencia y al regresar, semanas después del 2 de octubre, disponía apenas de cinco mil.
“El movimiento duró 140 días, los disparos en Tlatelolco 29 minutos”, rememora Elena Poniatowska sobre la agresión del gobierno contra sus jóvenes en la Plaza de las Tres Culturas, la cual arrojó, afirmaba Presidencia, 26 muertos, aunque los testimonios más fiables y las investigaciones periodísticas más serias calculan en 325 los fallecidos, es decir, casi 13 veces más de lo señalado por su “verdad histórica”.
Díaz Ordaz le apostó a la represión militar y policiaca para acabar, de una vez por todas, con cualquier disidencia presente y futura, sin saber que con ello sólo avivaría la llama de la inconformidad juvenil y haría del 68 fuente de inspiración para otras movilizaciones, como la de 1971, la #YoSoy132 y tantas otras que vendrían o que después vendrán, pues, como bien decía la canción con que abrían los programas de El movimiento estudiantil informa: “¡Que vivan los estudiantes!, jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan de animal ni policía”.
Al rescate de la memoria
Benito Taibo tenía ocho años cuando participó en la Marcha del Silencio, aquella manifestación del 13 de septiembre del 68 convocada por el CNH para mostrarle al mundo que los estudiantes no eran esos revoltosos de los que hablaba Díaz Ordaz y que nada justificaba la brutalidad militar y policiaca contra ellos. Su padre, Paco Ignacio Taibo, lo había llevado ahí bajo el argumento de “este niño necesita saber en qué país está viviendo”, lo que casi le provoca un infarto a su tía abuela.
“Yo a esa edad no me daba cuenta cabal de lo que sucedía y, sin embargo, el miedo flotaba en el aire”, recuerda el director de Radio UNAM, quien añade que de aquella época le quedan muchas memorias falsas, como la de que en esa ocasión los acompañó el poeta León Felipe, un muy buen amigo de su familia y quien fallecería cinco días después, por lo cual considera aquello muy improbable y, además, por más que ha buscado, no ha localizado evidencias de su presencia ahí.
“La historia se conforma de fuentes documentales, de dibujos, grabados, escritos y sonidos que nos han llegado del pasado. Sin ellos es fácil falsear los hechos y he aprendido que eso no se debe hacer; por eso, aunque se cuentan muchas historias de cómo nos llegaron aquellos 17 audios de El movimiento estudiantil informa e incluso se relatan detalles casi heroicos de cómo sobrevivieron a la toma de CU, en realidad son leyendas. Lo sucedido, en realidad, lo desconocemos”.
Sin embargo, algo que no descarta Benito Taibo es la aparición de más materiales –de ésta u otra época–, en especial porque la Fonoteca Histórica de Radio UNAM (con albergue en el Palacio de la Autonomía) consta de 105 mil soportes entre casetes, dats y cintas de carrete abierto, de los cuales se han digitalizado dos terceras partes y catalogado un 20 por ciento, por lo que aún hay cabida para más descubrimientos. “Además, en nuestras instalaciones de la colonia Del Valle tenemos otros 80 mil archivos digitalizados, lo que nos hace depositarios de gran parte de la historia moderna de la Universidad”.
Para entender lo excepcional de estos audios, añade el escritor, primero debemos entender que en México los programas radiales en vivo no se grababan sino hasta los años 80. Nosotros tenemos productos de 1957, como el radioteatro La hermosa gente, dirigido por Juan José Gurrola; la serie sobre poesía francesa del 58 Una antología caprichosa, a cargo de Octavio Paz, y el serial Foro de la mujer, la primera emisión feminista del país, conducida en las décadas de los 70 y 80 por la poeta Alaíde Foppa y declarada por la UNESCO, el año pasado, Memoria del Mundo.
“Es preciso conservar la memoria para no perderla y, aunque suene a verdad de Perogrullo, la única manera de lograrlo es manteniéndola viva, esto es, preservándola, difundiéndola y haciéndola presente. Eso es lo que nos permiten estas grabaciones: escuchar de viva voz aquello que, de otra forma, se hubiera perdido sin remedio. No es exagerado decir que, oír estos materiales, es casi como viajar en el tiempo”.
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La Real Academia Sueca de Ciencias reconoció esta mañana con el Nobel de Física 2020 a tres investigadores por revelar la existencia irrefutable del agujero negro supermasivo ubicado en el centro de nuestra galaxia, cuya masa fue medida por el astrónomo mexicano Luis Felipe Rodríguez desde 1978.
El Nobel de Física fue concedido al estudio de “uno de los secretos más oscuros del Universo”, dijo Göran K. Hansson, secretario de la Real Academia Sueca de Ciencias, y a las contribuciones del británico Roger Penrose, junto con los astrónomos Reinhard Genzel, de Alemania, y Andrea Ghez, de Estados Unidos, quien se convirtió así en la cuarta mujer en ser reconocida con el Nobel de Física en la historia de estas preseas.
Se le otorga a Penrose por “descubrir que la formación de un hoyo negro es una robusta predicción de la teoría general de la relatividad”, mientras que a Genzel y Ghez los reconocieron por “el descubrimiento de un objeto compacto supermasivo en el centro de nuestra galaxia”, anunció Hansson.
Para Luis Felipe Rodríguez, esa frase le es bastante familiar. Su tesis con la que obtuvo el grado de doctor en 1978, titulada “Observaciones de las líneas de recombinación de radio del gas ionizado en el centro galáctico”, revelaba, justamente, las primeras señales de la presencia de una fuente supermasiva en el centro de nuestra galaxia.
En ese tiempo no le llamaban agujeros negros simplemente porque había demasiadas dudas de que existiesen. “El concepto de hoyo negro era muy mal visto pero esto fue cambiando. En la actualidad ya todo el mundo lo acepta, pero sí costó mucho trabajo, el mismo Einstein era muy escéptico de que hubiera hoyos negros”, cuenta Rodríguez a Noticias IFUNAM.
La escritora Marcia Bartusiak documenta esta historia en su libro “Agujero negro: cómo una idea abandonada por los newtonianos, odiada por Einstein y apostada por Hawking, se volvió amada”.
“Durante más de medio siglo, los físicos y los astrónomos se mantuvieron en una acalorada disputa sobre la posibilidad de que hubiera agujeros negros en el universo. La extraña noción de un abismo del espacio-tiempo del que nada escapa, ni siquiera la luz, parecía confundir toda lógica”, cuenta Bartusiak.
Luis Felipe Rodríguez, quien actualmente es investigador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, fue uno de los pocos mexicanos que dieron las primeras batallas para cambiar esa tendencia, entender que el Universo está conformado por fuentes de energía titánica que solo pueden entenderse a la luz de la relatividad, y lograr con ello que los hoyos negros pudieran ser nombrados, descritos e, incluso, más recientemente, fotografiados.
Las primeras señales
Desde los años 70 los radioastrónomos habían encontrado que en el centro de nuestra galaxia había una fuente bastante intensa de ondas de radio y desde esa época se empezó a sospechar que podía ser un hoyo negro, pues se sabía que alrededor de esa fuente ardía gas ionizado.
Pero la “magia” de confirmar su existencia no era (ni es ahora) una tarea sencilla, debido a que el centro de la galaxia no se puede ver con las técnicas clásicas de la astronomía visible por el exceso de gas y polvo cósmico.
Así que, para su trabajo, Luis Felipe Rodríguez utilizó ondas de radio, que sí pueden atravesar ese polvo. Y, específicamente, usó radiotelescopios, parábolas metálicas muy grandes, para captar las ondas de radio que vienen del centro.
“En particular observamos lo que se llama una línea, una emisión del hidrógeno, y la vimos muy ancha, y eso nos llevó a pensar en un hoyo negro”, cuenta Rodríguez. “Estudié alrededor del hoyo negro y encontré que el gas estaba rotando muy rápido y que, si no había algo que lo jalara gravitacionalmente, ese gas ya se hubiera extendido hace mucho”.
Luis Felipe Rodríguez calculó la masa que hacía falta y obtuvo una de 5 millones de masas solares, es decir 5 millones de veces la del Sol. A pesar de que ya se sabía que ahí podía haber un hoyo negro, la aportación de Rodríguez fue darle al mundo una de las primeras determinaciones de su masa.
Su trabajo, publicado en 1979, le valió el Premio Robert J. Trumpler, que reconoce a la mejor tesis doctoral de astronomía hecha en los Estados Unidos.
Llegó el futuro: medir el movimiento de las estrellas
Fue en esa época que el mexicano conoció en Harvard a quien hoy fue reconocido con el Nobel de Física, el alemán Reinhard Genzel. Después del trabajo de Rodríguez, Genzel realizó otra investigación, publicada en 1984, para estudiar el mismo gas y concluyó que, en efecto, se trataba de un objeto supermasivo pero su cálculo fue de 3 millones de masas solares.
Sin embargo, ninguno de esos trabajos tuvo suficiente repercusión. “Lo que pasó es que el gas es muy fácil moverlo con una explosión de una estrella, con lo que llamamos vientos, y la gente dijo: ‘No, eso se está moviendo por otra razón, no es un hoyo negro’. Así que Genzel, inteligentemente, se dio cuenta que lo que había que demostrar era el movimiento, pero ya no en el gas, que es tan susceptible a otros efectos, sino en las estrellas”, explica el astrónomo.
Y dio en el blanco… o, mejor dicho, en el negro. Aunque las ondas de radio sirven para estudiar mejor el gas, lo que usó Genzel para medir el movimiento de las estrellas fue el infrarrojo, que también puede atravesar el polvo. El movimiento del gas sí puede cuestionarse ya que puede deberse a otras causas, pero en el caso del movimiento de las estrellas, usando el infrarrojo, es muy difícil argumentar que pueda deberse a otra cosa más que la gravedad de un cuerpo muy masivo.
Así que Genzel se fue por esa ruta. Inició un programa para estudiar las estrellas que habían alrededor de ese hoyo negro y después de más de 35 años de trabajo intenso, él y su equipo lograron ver cómo estas estrellas están moviéndose alrededor del hoyo negro rápidamente y con base en eso pudieron determinar su masa actualmente aceptada: 4 millones de veces la del Sol. “O sea, quedó entre su estimación y la mía iniciales”, dice Rodríguez.
Al mismo tiempo, una astrónoma joven, Andrea Ghez, quien hoy comparte el Nobel de Física con Genzel, había iniciado un programa similar, también usando infrarrojo, que la llevó, prácticamente al mismo tiempo, a la misma conclusión: ahí hacía faltaba un cuerpo muy masivo que no emitía luz.
Los caminos que se bifurcan
Rodríguez cree que otra historia habría sido si él hubiera decidido quedarse en Estados Unidos en lugar de volver a México tras terminar su doctorado.
“Es claramente una bifurcación interesante. Yo me regresé a México con los recursos muy limitados, necesitaba gente y equipos que tuvimos que conseguir del extranjero”, dice.
Genzel, en cambio, experimentó pocas necesidades en Alemania. “Es un personaje muy importante y recibe un apoyo tremendo para construir estas cámaras que captan la radiación infrarroja y que permiten colocar la posición de las estrellas. Andrea estaba haciendo lo mismo en Estados Unidos. Entonces uno ve cómo, en efecto, se bifurcan las carreras: una persona que está en el primer mundo puede darle vuelo a su ambición y a sus deseos y hacer cosas; en México, pues la tenemos muy difícil y tiene uno que sacrificar cosas de la carrera”.
A pesar de ello, a pesar del tiempo que ha pasado, y a pesar de la carrera que no continuó en un país de primer mundo, Rodríguez, uno de los científicos mexicanos más reconocidos y premiados, está satisfecho con la contribución que hizo en esos años.
“Creo que fue una contribución interesante porque mantuvo viva esta idea de que ahí había un cuerpo muy masivo. La verdad es que esto no lo creyó la gente hasta que no se demostró con el movimiento en las estrellas, pero sirvió para buscar ese agujero negro”, dice el astrónomo.
Su trabajo sirvió para seguir la esencia de la ciencia misma (y que va más allá de los premios): buscar respuestas.