Varios animales realizan migraciones en el mundo, desde los más pequeños como son las mariposas monarca y los colibríes, hasta los más grandes como las ballenas grises. Pero, ¿cuál es la especie que realiza la migración más larga? Se trata del charrán ártico, un ave que pesa tan sólo 100 gramos y recorre 70 mil kilómetros de polo a polo y busca un verano constante.
Las migraciones son mucho más que un simple desplazamiento, es un viaje colectivo perfectamente organizado, con una recompensa que exige planificación y voluntad férrea inscritas en el instinto y los genes de las especies.
Todas las especies del reino animal realizan una búsqueda continua de alimento, de una pareja con la cual reproducirse y de una nueva oportunidad para sobrevivir, a veces buscan un retorno al hogar.
No obstante, las migraciones en el reino animal pueden ser sobrecogedoras. Por ejemplo, cada año a principios del mes de julio, rebaños de miles de ñus recorren, en el sentido de las agujas del reloj, 3 mil kms que separan los pastos del Serengueti en Tanzania, de la Reserva de Masai Mara, en Kenia. Curiosamente realizan esta acción acompañados de antílopes y cebras.
Otro ejemplo son las mariposas monarca, que vuelan más de 4 mil kms desde los Estados Unidos y Canadá, donde se reproducen, hasta los bosques del centro de México donde hibernan.
En cambio, las grullas canadienses realizan un viaje de 8 mil kilómetros desde el suroeste de Texas hasta los territorios de la Columbia Británica o el Yukon, en Canadá.
Sin embargo, todas las migraciones se quedan cortas ante el descubrimiento realizado por el equipo de investigadores del British Antartic Survey, quienes publicaron en el año 2022 la migración del ave charrán ártico –Sterna paradisae-.
¿Cómo realizaron la investigación?
Para captar su migración, los científicos instalaron con éxito un pequeño dispositivo geolocalizador de tan solo 1,4 gramos en diversos ejemplares. Así, descubrieron las rutas de estas aves que se desplazan desde Groenlandia hasta el mar de Weddel, en las costas de la Antártida, y luego regresan a sus lugares de reproducción.
Descubrieron que las aves no viajaron inmediatamente al sur, sino que pasaron casi un mes en el mar, en medio del océano Atlántico Norte, aproximadamente a unos mil kms al norte de las islas Azores.
Después, las aves continuaron su largo viaje hacia el sur por la costa del noroeste de África. Pero alrededor de las islas de Cabo Verde el comportamiento de las aves volvió a sorprender al equipo.
Aproximadamente la mitad de ellas continuaron por la costa de África, mientras que la otra mitad cruzó el océano Atlántico para seguir una ruta paralela hacia el sur por la costa este de América del Sur.
Estas aves pueden vivir hasta 34 años y realizan el viaje entre el Ártico y la Antártica, 2 veces al año a lo largo de su vida adulta. De hecho, todas las aves pasaron los meses de invierno del norte en aguas antárticas.
Sin embargo, en su viaje de regreso, las aves no eligieron la ruta más corta para estar en sus lugares de reproducción, en Groelandia, sino que trazaron un gigantesco patrón en “S” hacia el norte a través el océano Atlántico, un desvío de varios miles de kms.
De acuerdo con las investigaciones de los científicos, el comportamiento de las aves está estrechamente relacionado con los parámetros físicos y biológicos a lo largo de la ruta de migración.
De hecho, realizaron una pausa de su migración hacia el sur al pasar un tiempo en aguas altamente productivas en medio del océano Atlántico. En comparación con este lugar de escala, el área marina inmediatamente al sur tiene una productividad más baja.
Curiosamente, el viaje de regreso en primavera que forma una “S”, indica que los charranes árticos también aprovechan al máximo los sistemas de viento globales predominantes para reducir los costos energéticos en su largo vuelo hacia el norte.
Se trata de un viaje que demuestra una vez más lo acertado de esa famosa frase que dice “a veces la mejor ruta entre dos puntos no es el camino más corto”.
Reinita encapuchada (Setophaga citrina).
Colibrí garganta roja (Archilochus colubris) .
Pitirre americano (Tyrannus tyrannus).








Asevera que en México no tenemos algún estándar específico de evaluación que permita identificar este desorden, “porque aquí tenemos otra situación que es importante mencionar: los niños afectados deben tener una capacidad intelectual normal para realizar el diagnóstico”.
El profesional que se encarga de evaluar y diagnosticar a un pequeño con este problema es el neuropediatra, quien valora que el desarrollo integral cerebral se realice de manera apropiada, además de la evaluación de corte neuropsicológico y, en algunas ocasiones, se complementa con pruebas relacionadas con la situación educativa en la que se demuestre que el rendimiento del aprendizaje se encuentra por debajo de lo esperado, añade la experta.
Entonces hay que buscar alternativas para mantener, de alguna manera, el ambiente lo más adecuado posible a sus capacidades y para los compañeros del aula. “En realidad siempre debemos sopesar las dificultades que se tienen como no contar con grupos heterogéneos y tratar de atender a todos. El ideal es que sean grupos escolares pequeños; sin embargo, eso no siempre es factible, mucho menos a nivel público”, enfatiza Galán López.





De acuerdo al profesor de la Faculta de Psicología, Javier Urbina Soria, la ecoansiedad provoca diversas emociones en aquellos que la sufren, que son en su mayoría jóvenes.
Un 59% está muy o extremadamente preocupado ante el cambio climático.
“Tenemos psicólogos clínicos para terapia familiar, para niños, para adicciones, para otros campos. Pero todavía no tenemos psicólogos preparados para atender clínicamente problemas derivados de cuestiones ambientales. Hay que trabajar para que las escuelas y en las universidades se vayan incorporando poco a poco elementos ambientales en las materias de resolución de problemas, en la parte educativa y en la parte social. Esto va ir creciendo y en Europa ya se está analizando mucho más”, concluyó.





Básicamente es un módulo que contiene un rastreador, una cámara para buscar el objeto, antenas de comunicación y arreglos de energía solar. “Es un módulo de aproximadamente 1.5 metros, que pesa 500 kilogramos sin los paneles solares”, abundó.




Hay algunos casos, como el de la nutria marina que habita en las costas de Baja California, en el océano Pacífico, y que se asocia a los bosques de macroalgas. Ahí se alimenta de invertebrados, como cangrejos y erizos de mar, que habitan el fondo, asociados a las bases de las macroalgas.



¿Cómo funciona esta tecnología? De acuerdo con la académica universitaria, la foto que fue tomada de la superficie de Marte se logró a través de la radiación infrarroja, es decir, a través del calor.



Imagen compuesta (con dos filtros) del sistema de Júpiter captada por el instrumento NIRCam de Webb el 27 de julio de 2022, sin etiquetar (arriba) y etiquetada (abajo).