Cinema 20.1, programa conducido por el productor y director de cine Roberto Fiesco, fusiona información con entrevistas en estudio sobre el cine en todos sus géneros y formatos: documental, cortometraje, animación, y largometrajes, tanto comerciales como de vanguardia. El programa iniciará su quinta temporada este jueves 25 de julio, a las 21:00 horas, por la señal de TV UNAM.
El primer programa de esta nueva temporada tendrá como invitado al cineasta Iván Ávila Dueñas, director de películas como El peluquero romántico y Adán y Eva (todavía), para hablar de “el neorrealismo de Julio Hernández Cordón». En las emisiones siguientes se podrá disfrutar de dos programas dedicados al cineasta Arturo Ripstein. Otros de los invitados serán Alonso Ruiz Palacios y Marcela Fernández Violante.
El sábado 27 a las 19:30 horas se estrena la cuarta temporada de Diametral. Periodismo de coyuntura con Témoris Grecko, un espacio dedicado al análisis de los problemas que aquejan a nuestro país a través de entrevistas a figuras públicas.
En el primer y segundo programa de esta nueva temporada se contará con la presencia de los periodistas Daniela Rea y Pablo Ferri, autores del libro La tropa: por qué mata un soldado, quienes contarán cómo los soldados son adiestrados y alienados a tal grado de atacar sin importar consecuencias, investigación que ellos mismos realizaron y cuentan en su libro.
Otro de los programas se titula México: el país de las dos mil fosas, con las periodistas Marcela Turati y Alejandra Guillén, que contarán sobre su investigación multipremiada y publicada en la revista Proceso. También forman parte de la temporada el programa Las mujeres y la 4T, que tendrá como invitadas a Rebeca Ramos e Isabel Fulda.
No te pierdas por TV UNAM el estreno la quinta temporada de Cinema 20.1 con Roberto Fiesco, el jueves 25 de julio, a las 21:00 horas y el sábado 27 de julio, a las 19:30 horas, el estreno de la cuarta temporada de Diametral. Periodismo de coyuntura con Témoris Grecko.
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La UNAM y el Gobierno Federal suscribieron un convenio de colaboración para favorecer el desarrollo del paisaje urbano en diferentes zonas inscritas en la política pública vigente de nuestro país.
La Facultad de Arquitectura (FA) de la UNAM y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), ejecutarán un plan de trabajo estratégico que mejore la calidad de vida de los ciudadanos, y por ende, atender las necesidades básicas que se generan en torno a su aspecto social.
Con el apoyo del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Sedatu realizó una investigación con el fin de generar un programa de ordenamiento territorial en dichos sitios.
El proyecto se basa en el trabajo en campo para detectar los detonadores de desarrollo y la generación de una identidad y estructura urbana predominante, es decir, aquellos lugares que necesitan apoyo y una perspectiva específica, situación aprovechable por la Universidad para atender aspectos como la remodelación, mantenimiento u obra negra de una infraestructura.
En ese contexto, Marcos Mazari Hiriart, director de la FA, participó en el espacio informativo Primer Movimiento de Radio UNAM.
Dijo que los proyectos nuevos de los municipios “requieren de espacios en donde podamos decir que el espacio público se convierte en el catalizador de las actividades sociales que se pueden generar en estos municipios, en donde la detección que se hace de los requerimientos que tienen algunos, lo que propician es generar detonadores de desarrollo municipal y generar espacios de convivencia”.
Mazari Hiriart apuntó que el interés por conseguir que la gente se apropie de estos lugares se debe a la finalidad del proyecto: elaborar una arquitectura que responda a una realidad de municipio y país.
Si bien la Universidad no construye, sí genera los proyectos y les da seguimiento desde el punto de vista de su desarrollo. “No es el proyecto de un arquitecto, es un proyecto interdisciplinario que se hace desde la Facultad de Arquitectura donde se establece la forma de abordar los problemas para generar soluciones a través de proyectos ejecutivos que tienen, ante todo, un techo presupuestal que resuelve las necesidades de la sociedad y permite integrarse a la imagen urbana”, destacó Mazari Hiriart.
Finalmente, refirió que “nosotros trabajamos para la sociedad e implica entender cuáles son sus requerimientos, pero también dar espacios que van a beneficiar la interacción entre los que integran estos grupos”.
Miguel Ángel Villanueva Rangel, coordinador del Festival Universitario de Flauta Transversa de la Facultad de Música de la UNAM, comentó que el evento es de carácter nacional. “Contactamos escuelas en los diferentes estados de la república para invitar a los maestros y estudiantes flautistas a participar”.
Destacó la importancia de realizar eventos de esta índole, “la UNAM debe proveer un espacio de formación para poder realizar esta labor que permita el encuentro de las diferentes tendencias, escuelas y maneras de percibir un fenómeno como lo es la música, y específicamente, la flauta transversa”.
Participan Patrice Bocquillon (Francia), Natalia Valderrama (México), María Gabriela Rodríguez (Venezuela), Alhelí Pimienta (México), Natalia Jarzabek (Polonia), Samadhi Méndez (México), David Rivera (México) y Trio d’ Argent (Francia).
Finalmente, Villanueva Rangel apuntó que el concierto de clausura programado para el viernes 26 de julio “será presentado por la Orquesta de Flautas —integrada por todos los estudiantes y dirigidos por la maestra venezolana María Gabriela Rodríguez. Del mismo modo, aprovecharemos para dar reconocimiento a la trayectoria de los maestros Natalia Valderrama Rouy y Julio Rosales González”.
A partir de su proyecto de investigación Estudio de las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal en hortalizas cultivadas en chinampas de San Juan Moyotepec, Xochimilco, Beatriz Pérez Ibarra, profesora del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) plantel Sur, y los alumnos Raúl Motte Nava, Marco Soriano Pimentel, Alejandro González de la Luz y Jonathan Jair Pérez, obtuvieron mención honorífica en el concurso Biocódigos de Barras Urbanos, por lo que realizaron una estancia en el New York City College of Technology, también conocido como City Tech.
Dicha estancia fue auspiciada por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), y el Cold Spring Harbor Laboratory, en reconocimiento a la calidad de la investigación que aborda el estudio de los microorganismos promotores del crecimiento en plantas localizadas en la zona de la rizosfera, ayudándolas a su desarrollo por medio de una relación simbiótica.
Uno de los nuevos proyectos de la doctora Pérez Ibarra y su equipo es el estudio del Salix sp, árboles que crecen en las chinampas. “Estamos haciendo un estudio de la biodiversidad de estos árboles que son endémicos de Xochimilco y benefician el crecimiento y producción de hortalizas, de ahí su importancia, además, las hacen resistentes y aumentan su producción. Todas las técnicas que aprendimos las estamos aplicando en este proyecto”.
Por su parte, el alumno Raúl Motte mencionó que durante su estancia conocieron lugares emblemáticos de Nueva York: Manhattan, Empire State, Times Square, la Estatua de la Libertad, Staten Island, Brooklyn y pasearon en ferry, además tuvieron contacto con la simbólica nieve, “íbamos con la esperanza de ver nevar y se nos concedió”.
El alumno de sexto semestre explicó que la clave para alguien que se quiera dedicar a la ciencia es la curiosidad, el asombro, el compromiso y la vocación, “nunca debemos olvidar lo que verdaderamente nos apasiona, pues es un gran aliciente para hacer las cosas lo mejor que podamos”.
Refirió que en un principio eran cinco los estudiantes viajarían a Nueva York, sin embargo, Agustín Celestino López no lo hizo por el cáncer que padece.
Sin embargo, desde el hospital les envió artículos para la investigación y participó en la elaboración del Manual para incorporar las herramientas moleculares al estudio de las ciencias experimentales.
“Es un ser humano que merece la admiración de todos porque pese a su enfermedad jamás se ha dado por vencido”, destacó Raúl.
Además de las abejas, otra de las especies polinizadoras muy importantes son los abejorros. Ayudan a la reproducción del chile y el jitomate. Sin embargo, están en peligro de extinción y con ellos podrían desaparecer estos vegetales, dijo Adriana Correa Benítez, académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, de la UNAM.
Regularmente la gente les tiene miedo porque son grandes y zumban muy fuerte, sin embargo son muy importantes para la preservación de varias especies vegetales, añadió la jefa del Departamento de Medicina y Zootecnia de Abejas, Conejos y Organismos Acuáticos.
Los abejorros se distribuyen en diferentes zonas de la República Mexicana, “tenemos prácticamente en todos los estados”. Además, las hembras pueden picar, pero los machos no.
Para Adriana Correa, los polinizadores son por excelencia quienes nos traen alimentos mucho más sanos. Si estos desaparecen, “quizás no muramos de hambre en cuatro años, pero nuestros hábitos alimenticios cambiarán drásticamente”.
Además, al desaparecer una gran cantidad de vegetales, se extinguirían animales que se alimentan de estas plantas.
¿Cómo ayudar?
“Tenemos mucho por hacer: podemos sembrar plantas en macetas e incluso cuidar los jardines, porque estas actividades nos ayudan a tener alimentos más sanos y de calidad nutricional”.
Es un trabajo ecológico de concientización muy fuerte; debemos proteger a las plantas y animales nativos, además de no usar productos dañinos al medio ambiente.
De hecho, los agroquímicos dañan insectos, aves, mamíferos y todo lo bello que tiene nuestro planeta, concluyó la académica universitaria.
Los especialistas hablarán de los temas más relevantes para el desarrollo social y económico de los países y escucharemos de voz propia de los habitantes sobre cómo los proyectos les están cambiando su vida.
Desde México, estaremos visitando una comunidad de mujeres indígenas mayas que antes se dedicaban al hogar y ahora tienen un proyecto productivo de carpintería que va de la mano del cuidado del medio ambiente y el máximo aprovechamiento de la madera.
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La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), clausuró parcialmente la Terminal Marítima de Guaymas operada por Grupo México, en el estado de Sonora, tras el derrame de tres metros cúbicos de ácido sulfúrico en el Golfo de California ocurrido a principios del mes.
Víctor Manuel Toledo Manzur, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), señaló que son 22 los accidentes por la actividad minera y metalúrgica del corporativo Grupo México.
En ese contexto, Leticia Merino Pérez, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), y Francisco Cravioto Lagos, coordinador de la Oficina de Incidencia del Consejo Mexicano para la Silvicultura Sostenible, participaron en el espacio informativo Primer Movimiento de Radio UNAM, donde hablaron sobre las consecuencias ambientales y legales del derrame.
Merino Pérez apuntó que el derrame en el Mar de Cortés es grave debido a su biodiversidad. “Este es una de tantas violaciones al derecho humano al medio ambiente, al derecho humano al agua, al derecho a la alimentación porque afecta fuentes de vida que proveen alimentos a manos de una de las mayores corporaciones mineras del país y de América Latina”.
Por su parte, Cravioto Lagos consideró que esta tragedia es el resultado de la impunidad alrededor de un marco regulatorio laxo diseñado en 1992, ante la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
“Si nosotros revisamos la Ley Minera vamos a encontrar en el capítulo de las obligaciones de las empresas, obligaciones muy escuetas, y por otra parte, derechos amplísimos. Si se entrega una concesión sobre un Área Natural Protegida, ésta prevalece. De hecho, no sirve de nada, digamos, detiene a los campesinos de que no puedan cortar tres o cuatro árboles, pero no regula a un minero”.
Finalmente, Merino Pérez dijo que el problema en México no sólo se encuentra en el tratamiento adecuado de residuos, sino en la falta de una perspectiva ecológica que prevenga el avance desmesurado de la industria a costa de la salud pública y el cuidado del medio ambiente.
“Lo que priva en la actualidad en México y en el mundo es la minería de cielo abierto, para sacar una pequeña concentración de minerales utiliza grandes cantidades de agua. Estos son daños que no tienen precio y que afectan a la población y a los ecosistemas”, destacó la investigadora.
El domingo 2 de junio la soprano Fernanda Reyes cantó en la Sala Nezahualcóyotl como solista. “Fue una experiencia maravillosa. Todo músico sueña con tocar en la Sala Nezahualcóyotl, era un sueño que tenía desde antes de estudiar música a nivel profesional”. Esto se dio a partir de una audición que hizo para el Programa de Alto Rendimiento del Taller de Ópera de la Facultad de Música de la UNAM, en coordinación con el maestro Elías Morales. La ópera La isla deshabitadade Haydn “es una ópera muy poco conocida de sólo 4 personajes, con formato de cámara, dos sopranos, un barítono y un tenor. Es una ópera divertidísima, tuvimos una pequeña gira en varios recintos”.
Ha tenido la oportunidad de participar en música contemporánea, también en la sala Miguel Covarrubias. “Estuvimos en el 2017 y en el 2018 por parte de la edición Im Pulso Emerge e Im Pulso Futuro, plataformas de la música contemporánea”. Este año piensa concentrarse en su titulación, le gustaría hacerlo con orquesta.
Fernanda Reyes estudia la licenciatura en canto en la Facultad de Música de la UNAM. Piensa que debe haber un lazo más estrecho entre intérpretes y compositores, “no podemos solos”. Como intérprete, “más allá de cantar música bellísima de Mozart, de Beethoven, de Haydn, que es música para la posteridad, música que jamás va a morir, y que yo como cantante adoro cantar, también hay este deber y esta inquietud de tocar la música de compositores que están vivos, compositores a los que les puedes preguntar, puedes trabajar con ellos, tener esta comunión tan estrecha”.
Agradece a la UNAM porque se están generando más espacios para la música nueva. Hace poco tocaron en el primer Maratón Onix de Música Contemporánea que se hizo en el Ex Teresa Arte Actual, primera edición de esta índole donde eran más de 100 intérpretes. “Con una calidad impresionante de propuestas de música contemporánea y me dio mucho gusto ver el recinto atiborrado y no sólo de músicos, sino de gente que venía de otras disciplinas. La principal llamada de atención es que nosotros como jóvenes debemos seguir presentando estas propuestas de música nueva y aprovechar que todavía hay espacios, que están con esta apertura”.
Cuando Luis Beltrán regresó a Querétaro después de fallar en sus intentos por entrar al Conservatorio Nacional de Músic su maestro de coro le dijo: “ya te diste cuenta de que no sirves. Deberías de dar clases. En eso sí eres bueno”. Vino la resignación. Con el coro de Querétaro viajó a Cuba, China y Letonia. “Ver a la gente cantar tan feliz era envidiable. Yo cantaba con temor. Yo cantaba con miedo. Cantaba con tristeza”.
Se preparó un año para entrar a la Facultad de Música de la UNAM. Escogió el piano. Lo que se supone hay que tocar en cuatro años lo sacó en seis meses y afortunadamente se quedó en la Facultad, en educación musical con piano. Seguía en su cabeza el Conservatorio Nacional de Música.
Entró al Taller de Teatro de la Facultad con el maestro Bruno Ruiz. “El arte sirve para salvar, no para frustrar”, le dijo. “¿Quieres ser cantante? ¡Arriésgate, pero hazlo! Y después de varios intentos por fin se quedó en el Conservatorio Nacional de Música.
Luis tiene 22 años, estudia en la Facultad de Música la licenciatura en educación musical con piano y también la licenciatura en canto en el Conservatorio Nacional.
El camino a Rusia
Un amigo lo invitó a formar parte de la Coral Ensamble México, del maestro Aldo Guerrero y la maestra Tania Canseco, “fue como una luz en el camino”. Después de entrar con ellos a su proyecto vino la gira internacional. Van al concurso, a cantar a Estonia y San Petersburgo. Medio año de preparación. Fueron un grupo de 19 coralistas, con pianista y directores. “Tuve la oportunidad de cantar ciertas partes de solista. Nos dieron la oportunidad de convivir con gente de Estonia. Nos dieron una beca por parte del festival, les gustó mucho nuestro trabajo. Cuando fue la ceremonia de premiación nos avisaron que nos darían un premio especial, que es el premio a la mejor representación cultural”. Después se fueron a San Petersburgo y cuando se presentaron la gente no dejaba de aplaudir.
El canto coral le ayuda a comprender a la gente y su entorno, “aprender a escuchar al de al lado”. Para Luis, “la carrera del arte, la música, es muy emocional. Tienes que luchar contigo mismo”.
Cantó como solista, acompañado de la Orquesta de la Facultad de Música de la UNAM. Durante cuatro años intentó entrar al conservatorio. En su camino ha tenido experiencias amargas, a los ocho años, en el reality show de una televisora, el director le dijo: ¡no sirve! Quedó en cuarto lugar. En Querétaro, en el coro al que había entrado, su maestro le dijo lo mismo.
El FONCA becó al coro de Querétaro del que formaba parte, y el coro lo becó con clases de violín durante un año y aunque le dicen que tiene talento él sabe que no es eso lo que quiere. Sigue el consejo que le dan de irse de Querétaro, en el primer examen a La Facultad de Música, la Ollin Yoliztli y el Conservatorio Nacional de Música lo rechazaron. Lloró y empezó a dudar si servía para la música. Pero nunca dejó de intentarlo, hoy sabe que cantar lo hace feliz.
Las Estancias Cortas de Investigación son una propuesta de la coordinadora del Colegio de Química de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) de la UNAM, Maribel Espinosa Hernández, con el fin de impulsar diversas actividades académicas de interés por la ciencia en general, y la química en particular.
El objetivo de la estancia es que los alumnos tengan la oportunidad de conocer el trabajo de un laboratorio, mediante la realización de un proyecto de investigación en los diferentes departamentos de servicios que tiene el Instituto de Química (IQ). Las estancias tienen una duración de seis semanas.
El proyecto se llevó a cabo, por primera vez, en 2012. Participaron 14 tutores entre académicos y técnicos del IQ quienes recibieron 18 alumnos. Año con año se ha incrementado el número de estudiantes, así como de tutores.
Para 2019, la ENP se reintegra al programa, así como otras escuelas incorporadas (Universidad Simón Bolívar, Universidad La Salle campus Benjamín Franklin, la Preparatoria de La Salle campus Pedregal), Colegio de Ciencias y Humanidades y el Programa de Jóvenes hacia la Investigación de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia).
Para participar en las Estancias de Investigación, los alumnos tienen que presentar carta de recomendación de un profesor, carta de intención y las calificaciones del último semestre. Con esa documentación, las escuelas participantes son responsables de la selección de los estudiantes sobresalientes.
El interés del Instituto de Química se enfoca en que año con año se incremente —en el bachillerato de la UNAM, de escuelas incorporadas y otras instituciones— el número de alumnos interesados por la ciencia y en particular por la química.
En ese sentido, las estancias permiten un mayor acercamiento con los alumnos, quienes conocen las investigaciones que realiza el IQ. En total, de 2012 a la fecha han participado 200 estudiantes y 85 tutores.
La pelea por las medallas estaba muy pareja con las coreanas. Las mexicanas Daniela Zambrano y Alejandra Estrella sabían que luchaban por la plata. Las chinas llevaban ventaja y al final ganarían el oro. La alberca era destechada, recuerda Zambrano, “hacía muchísimo calor. Nos teníamos que refugiar entre cada clavado. Tiramos el penúltimo clavado, con el que más me puse nerviosa”. Era el decisivo. “Cuando caía al agua y sentí que caí bien, al igual que mi compañera, sentí paz. Sabía que faltaba uno.
No te podías desconcentrar, tenías que prepararte para el siguiente. Después de tirar el último salimos y la entrenadora que nos acompañó nos dijo: ya son medalla. Falta ver el color: plata o bronce, después de nosotras iban las coreanas. Cuando cayeron estuvimos muy atentas, hay un tablero donde dicen las puntuaciones y el ranking en el que vas, vemos que estaban en segundo y nosotras arriba. La verdad fue un momento muy padre, abracé a mi compañera y dije: lo logramos”. Años de entrenamiento, toda una vida que se concentra en un momento.
Daniela Zambrano, estudiante de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM, ganó en la Universiada mundial dos platas: clavados sincronizados de diez metros, con su compañera Alejandra Estrella; la otra medalla fue por equipos. La competencia se celebró en Nápoles, Italia. Empezó a practicar clavados a los siete años, tiene 22 años. “Una trayectoria larga, más de la mitad de mi vida le he dedicado a este deporte”.
Cuando era estudiante, recuerda Zambrano, todos sus amigos al terminar las clases le decían: “vámonos a casa de tal y pues yo no, yo tengo que entrenar. Dejas de ir a reuniones familiares, pero no lo veo como un sacrificio, intercambias por algo que quieres, que disfrutas”.
Está en proceso de titulación, trabaja medio tiempo, “son jornadas pesadas que se reparten entre el proyecto de titulación, el trabajo y el entrenamiento”. Cuando estudiaba venía a la mañana a clases, salía corriendo a comer y luego se iba a entrenar.
El domingo 21 de julio, a las 21:00 horas, se transmitirá por la señal de TV UNAM el programa cero de El perímetro de México, donde se presentarán los diez primeros expedicionarios que iniciarán el recorrido y se explicará el proceso de selección y capacitación de los participantes.
Ambos equipos, el azul y el oro, están integrados por cinco becarios de la UNAM, mujeres y hombres de distintas disciplinas académicas: ciencias físico-matemáticas e ingenierías; ciencias biológicas y de la salud; ciencias sociales, humanidades y artes.
El perímetro de México es una expedición a lo largo de las líneas fronterizas y las costas del país para registrar y mostrar la diversidad social, cultural y natural de México. Es un programa de jóvenes universitarios para jóvenes, con el que la UNAM ratifica su presencia en el país, su vocación por la divulgación del conocimiento y su compromiso para aportar soluciones a los problemas nacionales.
El programa, cuyo propósito es destacar la relación entre el arte y la ciencia, así como la apropiación de la cultura como acción política, es una producción de TV UNAM que cuenta con la colaboración de empresas privadas y sistemas públicos de televisión, así como universidades estatales.
La permanencia mínima de cada participante será de 8 semanas, y a partir de ahí podrá ser sustituido por aquellos becarios que formen parte del equipo de apoyo, es decir participantes que ya fueron seleccionados pero que no empezarán el recorrido hasta que otro expedicionario salga.
Los participantes
Los participantes tendrán que realizar en una semana un recorrido de 100 kilómetros por dos caminos distintos: la ruta 1 se llevará a cabo del sureste al norte, y la ruta 2 del norte al sureste. Los primeros expedicionarios que abordarán la camioneta para iniciar la expedición son:
Equipo Oro
Daniela Castañeda Bautista (Derecho)
José Eduardo Gaona Martínez (Ingeniería en Telecomunicaciones)
Margarita Rueda Castellanos (Ciencias de la Comunicación)
Luis Ángel Vargas Segovia (Cinematografía)
Gustavo Vergara Arellano (Biología)
Equipo Azul
Michelle Carrillo Castañeda (Biología)
Valeria Figueroa Fuentes (Historia)
Brenda Itzel González Lamadrid (Ciencias de la Tierra)
David Gerardo Polo Sánchez (Estudios Latinoamericanos)
Julián Nazará (Arquitectura)
A todos ellos los conoceremos este domingo 21 de julio, a las 21:00 horas, en el programa cero de El perímetro de México, el primer reality de la televisión universitaria. Además, sabremos cómo es que decidieron sumarse a este gran proyecto, cuáles son sus expectativas y cómo se capacitaron para esta expedición.
Emisión semanal
A partir del domingo 28 de julio, a las 21:00 horas, con repetición los miércoles. a las 20:30 horas, El perímetro de México tendrá una emisión semanal, donde cada uno de los dos equipos nos mostrará sus registros sobre la realidad social, la historia, la biodiversidad, así como la ciencia, la tecnología, el arte, la cultura popular, la gastronomía y la música de los sitios por donde vayan transitando.
Para ello, cada grupo contará con un equipo mínimo de producción y apoyo logístico que viajará con ellos para ayudarlos con alojamiento, trámites y vinculación con instituciones académicas, autoridades y, de manera especial, con la seguridad.
También, durante el trayecto, los expedicionarios tendrán múltiples opciones para ganar puntos por metas alcanzadas, como completar en tiempo y forma la etapa parcial; encontrar temas de interés sobresaliente, así como una mayor participación de la audiencia en televisión y redes sociales.
Además de la emisión semanal, El perímetro de México tendrá una presencia importante en redes sociales donde el público podrá ver el avance cotidiano de los expedicionarios a través de sus publicaciones e interactuar con ellos. Con la suma de todos los registros se pretende crear una Enciclopedia Audiovisual de México.
No te pierdas el domingo 21 de julio el programa cero de El perímetro de Méxicopara conocer a los expedicionarios y el proceso de selección y capacitación de cada uno de ellos. Y a partir del domingo 28 de julio, a las 21:00 horas -con repetición los miércoles a las 20:30 horas- la emisión semanal por TV UNAM, donde cada uno de los dos equipos mostrará sus registros sobre una gran diversidad de temas.
“Este primer mensaje es un pequeño paso para nosotros y un gran paso para la Universidad”, fueron las palabras enviadas de CU a la ciudad estadounidense de Boulder, en Colorado, aquel 20 de julio de 1989, cuando México se conectó por primera vez a la internet.
“Ese día el mundo celebraba dos décadas de la llegada del hombre a la Luna y, de ahí, la elección de esa frase tan al estilo de Neil Armstrong. Sin embargo, pese a que esto marcaba el inicio de la era del internet para el país, pocos se enteraron en el momento: uno, porque no anticipábamos a qué nos llevaría y, dos, porque la UNAM estaba de vacaciones”, recuerda la doctora Gloria Koenigsberger, quien tocó muchas puertas para hacer esto posible.
“Han pasado 30 años ya y hoy nos es evidente lo trascendental de acceder a la red, pero en su momento pocos le veían lo útil”, recuerda la investigadora del Instituto de Astronomía (IA), a quien en esa época, cuando charlaba sobre redes y máquinas interconectadas, no faltaba quien le preguntara, ¿y de qué nos sirve que un ordenador de la Facultad de Ciencias se comunique con otro de Veterinaria?
Para entender tal actitud —explica la académica— es preciso remontarnos a la segunda mitad de los 80, es decir, a tiempos donde las computadoras no eran parte de nuestro día a día y en la cual se creía que eran instrumental de laboratorio que sólo servía para analizar datos, calcular cifras y resolver ecuaciones. “Bajo esta lógica, quienes no se dedicaban a la ciencia le encontraban muy poco sentido a que dos aparatos, en enclaves geográficos remotos, se pusieran en contacto y se compartieran números”.
Sin embargo, cada vez era más evidente que las telecomunicaciones mexicanas comenzaban a quedarse muy chicas ante un mundo progresivamente más complejo, como había constatado la profesora Koenigsberger a finales de los 80, en sus múltiples visitas al observatorio de San Pedro Mártir, donde para mantenerse en contacto desde lo alto de la sierra, incluso en situaciones de vida o muerte (como cuando una fuerte nevada cortó los caminos y dejó a la instalación sin combustible para calefacción ni comida), era preciso recurrir a la radio de onda corta, o como cuando incluso estando ya en la ciudad de Ensenada no podía telefonear al Distrito Federal debido a lo caro de hacer llamadas de larga distancia.
“Hasta podríamos remontarnos pocos años atrás, a 1985, tras el sismo, cuando la gente iba a los aeropuertos en busca de azafatas y pilotos para entregarles cartas dirigidas a sus parientes, ya que la infraestructura de comunicaciones había colapsado y no había forma de contactarse con el extranjero. Yo no estaba en México el 20 de julio de 1989, cuando esa primera conexión a la internet, pero aquellas palabras enviadas al mundo tenían mucho de cierto, pues eso fue un gran paso no sólo para la UNAM, lo fue para el país”.
Con la vista en el futuro
La antena que posibilitó la primera conexión de México a la internet aún está anclada a la azotea del Instituto de Astronomía. Ya no funciona, su enorme plato color blanco y de 3.7 metros de diámetro luce una pequeña perforación provocada por el impacto de un rayo y su abandono es tal que hay quienes proponen rescatarla como objeto histórico; sin embargo, pese al poco mantenimiento que recibe, “en su momento nos costó 100 mil dólares, algo que para esos tiempos era una verdadera fortuna”, señala la profesora Koenigsberger.
A decir de la académica, es preciso recordar que los años 80 estuvieron marcados por una severa crisis económicaque elevó el dólar a tal punto que, de los 22 pesos en los que se ofertaba en 1979, alcanzó los 638 en 1986 y de ahí saltó a los dos mil 289 pesos en 1988. Además, a ello se sumaba la complicada situación de la UNAM, que apenas salía de la huelga estudiantil de 1987impulsada por el CEU y que que lidiaba con las tensiones derivadas del realizar un Consejo Universitario que se adelantaba bastante ríspido, por lo que el obtener dicha suma no fue una tarea fácil y mucho menos rápida.
“Ello dificultó el obtener recursos, pero afortunadamente hubo quienes vieron el potencial de esto, como Federico Kuhlmann, entonces jefe de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, o Felipe Bracho, quien coordinaba a los asesores del entonces rector Jorge Carpizo. Ellos parecían ver en esto horizontes mucho más amplios de los que yo intuía, y a partir de ahí se irían sumando más y más personas al proyecto”.
Sobre cómo se le ocurrió presentar esta propuesta a las autoridades de la UNAM, Gloria Koenigsberger refiere que todo se remonta a 1986, cuando visitó el Goddard Space Flight Center de la NASA y se enteró de que muchos astrónomos no necesitaban viajar a Maryland —como hizo ella— para reducir los datos de sus observaciones, pues podían conectarse remotamente a la Space Physics Analysis Network (o red SPAN) y realizar todo ese trabajo desde la lejanía.
“Yo deseaba hacer algo similar y escribí a la NASA sin recibir respuesta, ya que ella sólo le contesta a sus pares y en México no había contraparte para la agencia espacial. Quien nos contactó fue la National Science Foundation (NSF), poseedora de una red satelital propia, la NSFnety, al corroborar que universidades como la de Massachussets usaban el telescopio de San Pedro Mártir, y que muchos de nuestros astrónomos colaboraban con los suyos, nos invitaron a sumarnos y nos dieron instrucciones sobre qué hacer”.
El trato impulsado por la doctora Koenigsberger era que la NASA y la NSF instalarían una antena en el National Center for Atmospheric Research (NCAR) de Boulder, en Colorado, y que la UNAM haría lo mismo en de CU, lo que les permitiría establecer enlaces satelitales; además, se especificó que todas las computadoras deberían hablar el lenguaje TCP/IP (Transfer Control Protocol/Internet Protocol).
“Esto último fue un golpe de suerte, porque la antena ya de por sí era demasiado costosa y dicho softwareera gratuito… No estábamos en posibilidades de elevar más los gastos. El problema era que, si bien la NSFnet se valía de satélites estadounidenses para operar, nosotros debíamos usar el satélite Morelos, que sólo trabajaba dentro del país. En lo técnico nada impedía conectarnos con EU, pero a nivel legal estaban prohibidas las comunicaciones transfronterizas. Sin embargo, hallamos un agujero legal: la negativa era para asuntos comerciales y nuestro proyecto era académico-científico”.
Sobre la elección del 20 de julio de 1989 como fecha para la primera conexión de México a la red, la profesora Koenigsberger aclara que esta decisión se tomó en Estados Unidos, por lo que ella no pudo presentarse en el IA cuando todo ocurrió. “Quienes sí estaban eran Susana Biro, Marco Ambriz y Adriana Marroquín. Yo me encontraba en un congreso sobre la atmósfera de las estrellas calientes —mi tema de investigación—. ¿Pero qué hice en cuanto llegué al IA y vi que ya había internet? ¡Obvio!, escribir un e-maila un colega”.
Que 30 años no es nada
No son pocas las publicaciones que le han acomodado a Gloria Koenigsberger el epíteto de “la mujer que introdujo la internet a México”, descripción que suele tomar con reservas porque, como ella misma dice, “la tecnología estaba ahí y yo no la introduje. Lo que sí hice fue moler y molera mis compañeros para hacer posible esta primera conexión, pues sabía que sería de gran valía científica”.
Como protagonista de la irrupción de la internet en el país y espectadora privilegiada de su evolución, la académica opina que el aspecto más positivo es que todos tenemos un contenedor en donde arrojar nuestras dudas e inquietudes. “Por ejemplo, antes si requería un artículo de revista para una investigación debía solicitarlo por escrito, alguien más lo localizaba y, tres semanas después, me llegaban unas fotocopias, pero yo ya había olvidado para qué las quería en un principio. Hoy no es así, tan sólo me basta teclear en Google la información que deseo y la tengo al instante”.
No obstante, a decir de la astrónoma, así como hay aspectos luminosos de la red también los hay muy oscuros, porque el ciberespacio se ha vuelto un terreno fértil para la propagación de bulos, timos y noticias falsas, así como un sitio donde a cada minuto se vulnera la privacidad de las personas.
“Me espanta que si busco en la computadora información sobre un viaje México-Tijuana, de inmediato me aparecen ventanas emergentes y correos spamde vuelos a Baja California. Si la decisión estuviera en mis manos hubiera mantenido la red tal y como estaba, para uso sólo académico y no comercial, pero lamentablemente la haría así inviable, ya que no habría forma de financiarla”.
Pese a que la entrada oficial de México a la internet se dio el 20 de julio de 1989, la Gacetade la Universidad consignó el hecho hasta el 7 de septiembre—“ya lo dije, estábamos de vacaciones”— con un cabezal que abarcaba la primera plana y que decía: “Primer enlace satelital en cómputo de la UNAM”, y con una nota en la que no se menciona en ninguna parte a la doctora Koenigsberger.
Sobre esta aventura, la académica agradece el apoyo de personas como Federico Kuhlmann y Felipe Bracho, o de Joseph Choy, quien como representante de la NSF encabezó los trabajos en Boulder y quien en su obituario(falleció en 2016) exhibe como uno de sus mayores logros haber logrado que México entrara a la interred.
“A veces me preguntan si cuando impulsé esto veía el futuro y ¡qué va! De ser así me hubiera hecho con acciones de la compañía que fabricaba el ruteador que adquirimos para el IA, pues en ese entonces cada una costaba uno o dos dólares y ahora valen miles. De haber visto el futuro me habría comprado acciones de Cisco”.
El 20 de julio de 1969 el hombre llegó a la superficie lunar. “Houston, aquí base de la tranquilidad, el Águila ha alunizado”, fueron las palabras de Neil Armstrong cuando lograron esta hazaña, de la que hicieron partícipe a toda la humanidad. Tal suceso se materializó con el programa Apolo, cuya contribución al avance tecnológico se reflejó en las comunicaciones, la microelectrónica, la aeronáutica y en los nuevos materiales, entre otros. Sin embargo, el logro más importante fue la posibilidad de explorar más allá de los límites de la Tierra.
Universum, el Museo de la Ciencias, se une a las celebraciones de este 50 aniversario con actividades lúdicas y didácticas.
19 de julio de 2019
El espacio en papel, parte I Homocosmicus
10:00 horas / Actividad
Carrera hacia la Luna
10:00 horas / Actividad
Fases de la Luna
10:00 horas / Actividad
La misión Apolo 11
10:00 horas / Actividad
Memorama del alunizaje
10:00 horas / Actividad
Slime galáctico
10:00 horas / Actividad
Fases lunares dulces
10:00 horas / Actividad
Morfología de galaxias
10:00 horas / Actividad
Cráteres lunares
10:00 horas / Actividad
Esgrafiado espacial
10:00 horas / Actividad
El espacio en papel, parte II Mini transbordador espacial
10:00 horas / Actividad
Escultura con cerámica de trajes espaciales y cráteres lunares
10:00 horas / Actividad
La luna con acuarela
10:00 horas / Actividad
El Apolo 11 a la Luna
10:00 horas / Actividad
Construye tu Apolo 11 a la Luna
10:00 horas / Actividad
Lunaria
10:00 horas / Actividad
Construye tú propio cohete Saturno V
10:00 horas / Actividad
Eclipmóvil
10:00 horas / Actividad
Recolecta y analiza las rocas de la Luna
11:00 horas / Dinámica
Lanzamientos lunares
11:00 horas / Dinámica
Lotería lunar
11:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
11:00 horas / Actividad
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
11:30 horas / Proyección
Observación Solar
12:00 horas / Actividad
Velocidad de escape: 1969
12:00 horas / Conferencia
Lanzamiento de cohetes
12:00 horas / Taller
¿La luna es de queso?
12:00 horas / Taller
¡Terremotos en la Luna!
12:00 horas / Charla
Película 3, 2, 1 ¡Despegue! / Función especial en el planetario José de la Herrán
12:30 horas / Proyección
Animales espaciales muy especiales
13:00 horas / Charla
Lotería lunar
13:00 horas / Juego
Cuentacuentos
13:00 horas / Cuenta cuentos
La luna a través del tiempo
13:00 horas / Actividad
Agua en el universo
13:00 horas / Dinámica
¡Terremotos en la Luna!
13:00 horas / Charla
Un lugar en el espacio
13:00 horas / Actividad
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
13:30 horas / Proyección
¿La luna es de queso?
14:00 horas / Taller
¡Terremotos en la Luna!
14:00 horas / Charla
Mi primer viaje a la luna
14:00 horas / Actividad
Lanzamiento de cohetes
15:00 horas / Taller
Lotería lunar
15:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
15:00 horas / Actividad
¡Terremotos en la Luna!
15:00 horas / Charla
Mi científico favorito
15:00 horas / Rally
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
16:00 horas / Proyección
Agua en el universo
16:00 horas / Dinámica
¡Terremotos en la Luna!
16:00 horas / Charla
Desfile planetario
16:00 horas / Actividad
Recolecta y analiza las rocas de la Luna
17:00 horas / Dinámica
Lotería lunar
17:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
17:00 horas / Actividad
Cuentos planetarios
17:00 horas / Cuenta cuentos
20 de julio de 2019
El espacio en papel, parte I Homocosmicus
10:00 horas / Actividad
Carrera hacia la Luna
10:00 horas / Actividad
Fases de la Luna
10:00 horas / Actividad
La misión Apolo 11
10:00 horas / Actividad
Memorama del alunizaje
10:00 horas / Actividad
Slime galáctico
10:00 horas / Actividad
Fases lunares dulces
10:00 horas / Actividad
Morfología de galaxias
10:00 horas / Actividad
Cráteres lunares
10:00 horas / Actividad
Esgrafiado espacial
10:00 horas / Actividad
El espacio en papel, parte II Mini transbordador espacial
10:00 horas / Actividad
Escultura con cerámica de trajes espaciales y cráteres lunares
10:00 horas / Actividad
La luna con acuarela
10:00 horas / Actividad
El Apolo 11 a la Luna
10:00 horas / Actividad
Construye tu Apolo 11 a la Luna
10:00 horas / Actividad
Lunaria
10:00 horas / Actividad
Construye tú propio cohete Saturno V
10:00 horas / Actividad
Ojos de un astrónomo
10:00 horas / Actividad
Naves espaciales
10:00 horas / Actividad
Nubes espaciales
10:00 horas / Actividad
Recolecta y analiza las rocas de la Luna
11:00 horas / Dinámica
Lanzamientos lunares
11:00 horas / Dinámica
Lotería lunar
11:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
11:00 horas / Actividad
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
11:30 horas / Proyección
Observación Solar
12:00 horas / Actividad
Leyendas y realidades de la Luna
12:00 horas / Conferencia
Lanzamiento de cohetes
12:00 horas / Taller
¿La luna es de queso?
12:00 horas / Taller
¡Terremotos en la Luna!
12:00 horas / Charla
Película 3, 2, 1 ¡Despegue! / Función especial en el planetario José de la Herrán
12:30 horas / Proyección
Animales espaciales muy especiales
13:00 horas / Charla
Lotería lunar
13:00 horas / Juego
Cuentacuentos
13:00 horas / Cuenta cuentos
La luna a través del tiempo
13:00 horas / Actividad
Agua en el universo
13:00 horas / Dinámica
¡Terremotos en la Luna!
13:00 horas / Charla
Un lugar en el espacio
13:00 horas / Actividad
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
13:30 horas / Proyección
¿La luna es de queso?
14:00 horas / Taller
¡Terremotos en la Luna!
14:00 horas / Charla
Mi primer viaje a la luna
14:00 horas / Actividad
Lanzamiento de cohetes
15:00 horas / Taller
Lotería lunar
15:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
15:00 horas / Actividad
¡Terremotos en la Luna!
15:00 horas / Charla
Mi científico favorito
15:00 horas / Rally
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
16:00 horas / Proyección
Agua en el universo
16:00 horas / Dinámica
¡Terremotos en la Luna!
16:00 horas / Charla
Desfile planetario
16:00 horas / Actividad
Recolecta y analiza las rocas de la Luna
17:00 horas / Dinámica
Lotería lunar
17:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
17:00 horas / Actividad
Cuentos planetarios
17:00 horas / Cuenta cuentos
21 de julio de 2019
El espacio en papel, parte I Homocosmicus
10:00 horas / Actividad
Carrera hacia la Luna
10:00 horas / Actividad
Arena lunar
10:00 horas / Actividad
Fases de la Luna
10:00 horas / Actividad
La misión Apolo 11
10:00 horas / Actividad
Memorama del alunizaje
10:00 horas / Actividad
Slime galáctico
10:00 horas / Actividad
Fases lunares dulces
10:00 horas / Actividad
Morfología de galaxias
10:00 horas / Actividad
Cráteres lunares
10:00 horas / Actividad
Esgrafiado espacial
10:00 horas / Actividad
El espacio en papel, parte II Mini transbordador espacial
10:00 horas / Actividad
Escultura con cerámica de trajes espaciales y cráteres lunares
10:00 horas / Actividad
La luna con acuarela
10:00 horas / Actividad
Ojos de un astrónomo
10:00 horas / Actividad
Naves espaciales
10:00 horas / Actividad
Recolecta y analiza las rocas de la Luna
11:00 horas / Dinámica
Lanzamientos lunares
11:00 horas / Dinámica
Lotería lunar
11:00 horas / Juego
La luna a través del tiempo
11:00 horas / Actividad
Apolo 1: observando la misión como si fuera ayer
11:30 horas / Proyección
Observación Solar
12:00 horas / Actividad
Circo de la Física
12:00 horas / Conferencia
Lanzamiento de cohetes
12:00 horas / Taller
¿La luna es de queso?
12:00 horas / Taller
¡Terremotos en la Luna!
12:00 horas / Charla
Película 3, 2, 1 ¡Despegue! / Función especial en el planetario José de la Herrán
La roca lunar que se puede tocar fue obtenida por el astronauta Harrison Smith de la zona nombrada Monte Taurus en diciembre de 1972 en la misión Apolo 17.
Jorge Flores Valdés, investigador emérito del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Foto: Elizabeth Ruiz/AMC.
El 1 de mayo de 1994 la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés) hizo entrega oficial de dos rocas lunares, obtenidas en la primera y la última de las misiones espaciales del Programa Apolo, al Museo de las Ciencias Universum, narró Jorge Flores Valdés, investigador emérito del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Es un logro que se alcanzó gracias a Gerardo Suárez, “quien entonces era el coordinador de la investigación científica de la UNAM, y en un viaje a Houston, donde se ubica el Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA, visitó una exposición donde se mostraban las rocas traídas de nuestro satélite natural. Se le ocurrió que una exposición semejante sería de mucho interés para Universum y convenció al entonces director del Instituto de Geofísica de ello”, recordó Flores Valdés, quien vivió este suceso siendo director de dicho museo.
La roca lunar que se puede tocar pesa 24 gramos y tiene una edad de 4,000 millones de años. Fue obtenida por el astronauta Harrison Smith de la zona nombrada Monte Taurus en diciembre de 1972 en la misión Apolo 17.
Foto: Elizabeth Ruiz/AMC.
De las dos rocas lunares exhibidas en Universum, la más grande, la obtuvo Neil Armstrong el 20 de julio de 1969 en la misión Apolo 11 junto con los astronautas Edwin Aldrin y Michael Collins, pesa 185 gramos y tiene una edad de 3,700 millones de años. La otra pesa 24 gramos y tiene una edad de 4,000 millones de años. Fue obtenida por el astronauta Harrison Smith de la zona nombrada Monte Taurus en diciembre de 1972 en la misión Apolo 17, ésta última es la que se puede tocar.
“La doctora France Córdova, directora científica de la NASA, vino a la Ciudad de México para firmar un convenio con la UNAM y formalizar el préstamo, todo en concordancia con las normas internacionales. En cualquier momento podrían solicitar que se les devuelva”, indicó el expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias con motivo del 50 aniversario del alunizaje.
Una de las rocas obtenidas el 20 de julio de 1969 en la misión Apolo 11, cuando Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, llegaron por primera vez a la Luna. Pesa 185 gramos y tiene una edad de 3,700 millones de años.
Foto: Elizabeth Ruiz/AMC.
El físico rememoró que cuando Gerardo Suárez y él recogieron las rocas lunares en Houston, de regreso atravesaron la aduana de la Ciudad de México con cierta aprensión, logrando pasar sin que nadie se diera cuenta de lo que traían consigo. “Como llegamos en la noche, me quedé con las dos piedras lunares en mi casa, siendo, tal vez, el único ser humano que ha tenido en su casa semejantes ejemplares”, dijo.
En las seis misiones Apolo (1969-1972) los astronautas recolectaron rocas lunares, de acuerdo con la NASA. En total fueron 382 kilogramos de núcleos, 2,200 muestras de seis sitios de exploración diferentes que consisten en piedras, arena y polvo de la superficie lunar. El repositorio se encuentra en el Centro Espacial Johnson.
Los estudios sobre la composición química de las rocas y el suelo lunar son de interés de estudio porque brindan información sobre el origen del satélite, pero también de la formación de la Tierra y el Sistema Solar. Al parecer, la Luna podría haberse formado a partir de los restos de un cuerpo planetario que impactó en la Tierra.
El 1 de mayo de 1994 la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés) hizo entrega oficial de dos rocas lunares, obtenidas en la primera y la última de las misiones espaciales del Programa Apolo, al Museo de las Ciencias Universum.
Foto: Elizabeth Ruiz/AMC.
Gracias a las muestras obtenidas, se sabe que la corteza lunar se formó hace 4,400 millones de años —la Tierra se formó hace 4,540 millones de años—, también se observa un posterior bombardeo constante de meteoritos y derrames de lava, información de relevancia para entender la historia geológica del satélite. La radiación del Sol, por otro lado, quedó atrapada en la formación del suelo lunar desde la formación de la corteza y es un registro permanente de la actividad solar.
En 1994, en el patio principal de Universum se montó una muestra sobre nuestro satélite en la que los dos equipamientos más importantes eran unos cilindros que resguardaban las rocas lunares. Actualmente, las rocas lunares pueden ser admiradas en la sala “Universo”, en el segundo piso del edificio A. Para el doctor Jorge Flores, “el hecho de traer mecanismos, objetos, ideas, programas de radio, televisión, libros que acerquen la ciencia al pueblo de México es algo que contribuye de manera muy importante a nuestro desarrollo como país y es absolutamente indispensable para tener una cultura científica”.
En 2015 Katherine Johnson recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. Hasta la fecha es la única mujer de la NASA que ha recibido este reconocimiento.
El trabajo de Katherine Johnson fue esencial para el logro que llevaría a Estados Unidos a la victoria en la carrera espacial con la Unión Soviética.
Foto: Archivo histórico de la NASA.
En los primeros años de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) los encargados de descifrar ecuaciones numéricas complejas eran las llamadas “computadoras humanas”, Katherine Johnson era una de las personas que realizaban este trabajo, y una de sus principales contribuciones a la exploración espacial fue la serie de cálculos que realizó para el Proyecto Mercury y el vuelo del Apolo 11 a la Luna en 1969.
La exploración de la Luna a través de sondas automáticas o naves tripuladas con el objetivo de sobrevolar, orbitar la Luna o alunizar en ella se inició a finales de la década de 1950. La antigua Unión Soviética fue la pionera al realizar misiones lunares no tripuladas, pero el Proyecto Apolo de los Estados Unidos fue el único que realizó misiones lunares con tripulación.
La misión Apolo 11 se envió al espacio el 16 de julio de 1969, llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio de ese mismo año y al día siguiente Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaron sobre la superficie lunar, mientras su compañero Michael Collins se quedó en el módulo de mando, el Columbia, orbitando alrededor del satélite.
Es así que el trabajo de Katherine Johnson fue esencial para el logro que llevaría a Estados Unidos a la victoria en la carrera espacial con la Unión Soviética.
La pionera en ciencia espacial y computación se graduó de West Virginia State College en 1937. Después de asistir a la escuela de posgrado y trabajar como maestra en una escuela pública, en 1953 empezó a trabajar en el Centro de Investigación Langley de la NASA en Hampton, Virginia, como una de las “calculistas del Área Oeste”, sus primeros cuatro años ahí analizó datos de pruebas de vuelo y trabajó en la investigación de un accidente aéreo causado por turbulencia de estela.
En 1957, Katherine proporcionó algunas de las matemáticas para el documento Notas sobre tecnología espacial, un compendio de una serie de conferencias de 1958 impartidas por ingenieros de la División de Investigación de Vuelo y la División de Investigación de Aeronaves sin Piloto.
Katherine Johnson se encargó de calcular el momento en el que el módulo lunar Eagle del Apolo 11, del que descenderían los astronautas, debía abandonar el satélite para que su trayectoria coincidiese con la órbita que describía el módulo de mando nombrado Columbia y pudiera así acoplarse a él para regresar a la Tierra.
Foto: Archivo histórico de la NASA.
En 1960, ella y el ingeniero Ted Skopinski fueron los autores de Determinación del ángulo de azimut en el quemado para colocar un satélite sobre una posición terrestre seleccionada, un informe que presenta las ecuaciones que describen un vuelo espacial orbital en el que se especifica la posición de aterrizaje de la nave espacial.
Más tarde hizo el análisis de trayectoria para la misión Freedom 7 de Alan Shepard en mayo de 1961, el primer vuelo espacial humano de Estados Unidos, ella verificó las ecuaciones orbitales para el control de la la trayectoria de la cápsula de esta misión, desde el despegue hasta la descarga.
En 1962, mientras la NASA se preparaba para la misión orbital de John Glenn, Katherine Johnson fue llamada para hacer el trabajo por el que sería más conocida. La complejidad del vuelo orbital había requerido la construcción de una red mundial de comunicaciones que conectaba estaciones de rastreo por todo el mundo con ordenadores IBM en Washington, DC, Cabo Cañaveral y las Bermudas.
Los ordenadores habían sido programados con las ecuaciones orbitales que controlarían la trayectoria de la cápsula en la misión de Glenn, desde el despegue hasta el amerizaje, pero a los astronautas no les entusiasmaba la idea de poner sus vidas en manos de las máquinas electrónicas de cálculo, pues eran propensas a los problemas y a los apagones. Como parte de la lista de verificación previa al vuelo, Glenn pidió a los ingenieros que «trajeran a la chica» -Katherine Johnson- para que hiciera los mismos cálculos con las mismas ecuaciones que habían sido programadas en el ordenador, pero a mano, en su calculadora mecánica de escritorio. «Si ella dice que están bien», recuerda Katherine Johnson que dijo el astronauta, «entonces estoy listo para partir». El vuelo de Glenn fue un éxito y marcó un punto de inflexión en la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
La matemática estadounidense trabajó más de catorce horas diarias en el programa conocido como Lunar Orbit Rendezvous, procedimiento para enviar una nave tripulada en vuelo a la Luna. Este método, que se empleó en las misiones Apolo utilizaba dos vehículos que despegaban en el mismo cohete y viajaban unidos, uno para ir y volver de la Luna, y otro más pequeño para alunizar.
Johnson se encargó de calcular el momento en el que el módulo lunar Eagle del Apolo 11, del que descenderían los astronautas, debía abandonar el satélite para que su trayectoria coincidiese con la órbita que describía el módulo de mando nombrado Columbia y pudiera así acoplarse a él para regresar a la Tierra.
De acuerdo con la biografía de Katherine G. Johnson según la NASA, ser escogida para ser uno de los tres estudiantes negros que comenzaron el proceso de integración las escuelas de postgrado de Virginia Occidental es algo que mucha gente consideraría uno de los momentos más notables de su vida, pero es sólo uno de los muchos avances que han marcado la larga y notable vida de Katherine Johnson.
Nacida en White Sulphur Springs, Virginia Occidental, en 1918, la gran curiosidad y brillantez de Katherine Johnson con los números hicieron que adelantara varios cursos en la escuela. A los trece años ya iba al instituto el campus del histórico West Virginia State College. A los dieciocho años, se matriculó en la universidad propiamente dicha, donde no tuvo ningún problema en completar el currículo de matemáticas y encontró un mentor en el profesor de matemáticas W. W. Schieffelin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado en matemáticas. Katherine se graduó con los más altos honores en 1937.
Katherine Johnson también trabajó en el transbordador espacial y el Landsat 1, y fue autora o coautora de 26 trabajos de investigación. Trabajó en el Centro de Investigación Langley de la NASA desde 1953 hasta que se jubiló en 1986, después de treinta y tres años. «Disfruté yendo a trabajar todos y cada uno de los días», dice. En 2015, a la edad de 97 años, Katherine Johnson agregó otro logro extraordinario a su larga lista: el presidente Obama le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil de Estados Unidos y hasta la fecha es la única mujer de la NASA que ha recibido este reconocimiento.
En 2017, la NASA le puso el nombre de Katherine G. Johnson a uno de sus más potentes centros de cálculo el “Centro de Investigación Computacional Katherine G. Johnson”.
Salir del entorno terrestre fue un gran reto científico para la humanidad. Para lograr que el ser humano llegara a la Luna, se tuvo que recorrer un largo camino. Así, la historia empezó mucho tiempo atrás, cuando los hombres empezaron a experimentar con cohetes, sostuvo en entrevista Dolores Maravilla Meza, investigadora en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La científica adscrita al Departamento de Ciencias Espaciales, recordó que Alemania tuvo grandes experimentos en este sentido. Obviamente junto con ellos estuvo involucrada la tecnología desarrollada en los países de Europa del este, la misma Rusia y Estados Unidos. “No debemos olvidar sucesos como el de Yuri Gagarin, el primer ser humano que orbitó nuestro planeta a bordo de la nave espacial Vostok, un logro de la Unión Soviética el 12 de abril de 1961”.
Gracias a este y otros proyectos se hicieron grandes descubrimientos en la vecindad de la Tierra, supimos que el medio interplanetario no era un espacio vacío como se suponía, se descubrió que el Sol tenía campo magnético y que toda la materia que sale del Sol va permeando el medio interplanetario.
Estos descubrimientos estuvieron sustentados por teorías e hipótesis científicas que fueron postuladas o planteadas por científicos, mucho antes de la era espacial. Desde el punto de vista tecnológico, antes de la llegada a nuestro satélite natural, la humanidad hizo grandes avances, como los proyectos que tuvieron que ver con el lanzamiento de satélites artificiales en el entorno terrestre desde el lanzamiento del Sputnik en 1957 hasta los que han sido lanzados en los últimos años, con ellos se descubrió por ejemplo que la magnetosfera terrestre, sus regiones, su extensión y su interacción con el material que viene del Sol, conocido en Física Espacial como viento solar.
Entonces, el programa Apolo y la tecnología que llevó al hombre a la Luna tiene muchos antecesores. Este proyecto estadounidense fue fantástico, estuvo formado por doce misiones, siendo las últimas siete, las planeadas para que el hombre se posara en la Luna. Lamentablemente la Apolo 13 fue una misión fallida y solo arribaron a nuestro satélite las Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17. Las primeras misiones de este proyecto exploraron la vecindad de la Tierra e hicieron “paseos en la vecindad de la Luna”. Maravilla Meza recordó que en la primera misión del Apolo hubo un accidente y terminaron calcinados tres astronautas (Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee). “Eran los primeros hombres que iban a tener una misión completamente diferente a la de los satélites artificiales que ya se habían colocado alrededor de la Tierra”.
La también integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), agregó que cada una de las misiones del Programa Apolo desarrolló pruebas particulares desde el funcionamiento del módulo lunar y el módulo de mando hasta el módulo de servicio, pero también hubo un gran avance en el tema de las computadoras y todos los instrumentos que fueron parte del equipo de las misiones.
Dolores Maravilla Meza, investigadora en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Foto: Elizabeth Ruiz/AMC
Qué nos dicen las muestras lunares
Cuando hace cincuenta años escarbaron en la superficie de la Luna, Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin, no sólo recogieron un polvo seco y oscuro, sino que emprendieron un viaje por el tiempo. Estos astronautas (incluido Michael Collins) y los diez astronautas que les siguieron en las misiones posteriores, trajeron consigo muestras de roca y polvo lunar en las que se guarda la fascinante historia de nuestro satélite y de la Tierra. Esas rocas han registrado cuál fue el violento y sorprendente origen de la Luna, y también su composición y edad. Gracias a los instrumentos colocados en la superficie del satélite, los científicos han podido reconstruir su estructura interna y comprender por qué la Luna tiene dos caras completamente diferentes. Sin el programa Apolo, ninguno de estos descubrimientos hubiera tenido lugar.
Cuando llegó la misión Apolo 11 se hicieron estudios de la superficie de la Luna. Se instalaron muchos instrumentos, aparatos para saber si había sismos en la Luna, detectores de partículas energéticas para ver cómo interactuaban la superficie de la Luna con el viento solar. Se empezaron a hacer estudios para ver si en la Luna había atmósfera.
Gracias a los instrumentos instalados entre el Apolo 11 y el 17 y a los estudios sobre el material que conforma la superficie lunar, “se descubrió que la Luna está cubierta por una capa espesa de polvo que ahora le damos el nombre de regolito lunar. El regolito está formado por partículas de polvo pequeñísimas, que tienen tamaños desde décimas de milímetros hasta nanómetros”.
Maravilla Meza relató que desde el Apolo 11, Neil Armstrong había dicho que el polvo de la Luna era un polvo muy particular que se pegaba a los trajes espaciales. Esta regolita en realidad forma una sabanita, un cobertor en la superficie de la Luna. Su espesor no es uniforme, puede tener desde metros de espesor hasta más de decenas de metros.
“El regolito lunar está formado por partículas de superficies abruptas e irregulares que pueden tener lados cortantes, además, es peligroso debido a su tamaño ya que puede llegar a los pulmones, a los alvéolos pulmonares y al torrente sanguíneo. Los astronautas del Apolo 17 manifestaron que respiraron la regolita que quedó flotando en el módulo lunar que los hizo regresar a la Tierra y que la sensación que tuvieron en la nariz fue como si estuvieran respirando material quemado, como cuando se queman los bosques o el olor de la pólvora cuando se dispara un arma”, recordó la investigadora.
De acuerdo con la científica, de la Luna hay mucho por aprender, ya que después del Programa Apolo se han seguido haciendo estudios paralelos con los satélites artificiales, se ha descubierto por ejemplo que tiene una pequeña atmósfera que se llama exosfera, se ha descubierto que hay agua, millones de toneladas en los polos donde se puede concentrar el agua en estado sólido.
La especialista en Física Espacial recordó que existen varios proyectos para visitar los polos lunares para “resolver” el problema del agua. “Necesitamos saber si es potable o no, si será útil para los humanos en futuras misiones a la Luna, o cómo podríamos utilizarla”. Otro interés se enfoca en seguir estudiando si la afluencia del viento solar tiene una relación con la existencia de agua en la Luna, de ser así, aún tenemos que entender qué minerales son los que pueden estar involucrados para desprender oxígeno y después mezclarse con el hidrógeno para que esta combinación dé como resultado agua.
Los países que ya están involucrados en la carrera espacial para llegar a la Luna nuevamente quieren explotar minerales, establecer una base lunar para que en el futuro se puedan mandar naves a Marte o a otras partes de nuestro sistema solar, instalar un observatorio para estudiar nuestra galaxia y el universo, colocar una estación espacial en la vecindad de la Luna, etcétera. “Lo que es claro es que los nuevos programas se realizarán gracias a los esfuerzos de varios países, con colaboraciones internacionales y pronto tendremos más noticias y descubrimientos”, concluyó.
No existe peligro por ningún asteroide, y el asteroide al cual se refieren, que es un asteroide que fue descubierto en el 2007, pues es un asteroide que pasó en el 2007, más o menos cerca de la tierra, señaló José Franco, investigador titular del Instituto de Astronomía de la UNAM.
En entrevista para Radio Mil, agregó que los asteroides son rocas que están girando alrededor del sol, al igual que los planetas, y tenemos un cinturón de asteroides muy importante entre Marte y Júpiter; ahí está el grueso de los asteroides, en la parte interna.
Indicó que en las zonas externas del sistema solar también hay muchas rocas, “hay muchos asteroides, y hay cometas que de vez en vez penetran a las zonas internas y pues hacen un espectáculo maravilloso los cometas cuando se acercan al sol. Pero el 3 de octubre, pues no sé, la fantasía de algunas personas ha generado desasosiego en muchos lados del mundo con noticias que son falsas. Espero que las noticias, estas noticias falsas que se propagan de una manera muy, muy vertiginosa, rápida en las redes sociales, pues no generen este temor en la población”.
En coordinación entre el Centro de Enseñanza Para Extranjeros y el Centro de Estudios Mexicanos en Boston de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como la Oficina de Programas Globales y el Departamento de Estudios Latinoamericanos e Ibéricos de la Universidad de Massachusetts Boston, una delegación de 7 estudiantes y dos académicas de la Universidad norteamericana viajaron a México para integrarse al curso de verano sobre español y cultura mexicana impartido en el CEPE.
Al finalizar el curso de 6 semanas de duración, a los estudiantes de UMass Boston se les revalidarán las clases tomadas en Ciudad Universitaria y obtendrán créditos que forman parte del plan de estudios de su universidad de origen.
Por primera vez, el Centro de Enseñanza Para Extranjeros diseñó un paquete académico con todo incluido ofreciendo a los jóvenes estadounidenses, además del curso, hospedaje, alimentos, transporte diario, seguro de gastos médicos y visitas guiadas dentro y fuera de la Ciudad de México. Lo anterior, como resultado del convenio de colaboración firmado en octubre de 2018 entre la UNAM y UMass Boston.
Adicionalmente, derivado de la colaboración entre UNAM-Boston y la ENES León y su Extensión en San Miguel de Allende, se trabajó una agenda académico-cultural de 3 días en San Miguel de Allende como parte de su estancia en la Universidad Nacional.
La teoría sobre la formación de la Luna dice que, hace miles de millones de años, un objeto más o menos del tamaño de Marte chocó con la Tierra y, como consecuencia del impacto, una gran cantidad de material salió despedida al espacio. Con el paso del tiempo, ese material configuró un anillo alrededor de nuestro planeta. Posteriormente, las rocas que integraban dicho anillo se fueron aglomerando hasta formar nuestro satélite natural.
Cabe aclarar que esta teoría se robusteció con el análisis de las rocas traídas por las misiones Apolo que visitaron la Luna (11, 12, 14, 15, 16 y 17). Sin embargo, éstas son rocas superficiales que provienen de sitios muy planos, cubiertos de polvo, porque los astronautas estadounidenses tuvieron que alunizar en ellos para no correr ningún riesgo.
Incluso, entre esas rocas hay una de la Tierra que salió disparada al espacio luego de que un meteorito de gran tamaño colisionó con nuestro planeta. Esto se descubrió hace poco, cuando un grupo de científicos reanalizó con técnicas modernas las rocas recolectadas en nuestro satélite desde 1969 hasta 1972.
“Los chinos acaban de enviar la sonda espacial Chang’e 4 con un vehículo de exploración al lado oculto de la Luna. Además de realizar experimentos propuestos por estudiantes, como uno en el que se intentará que germinen semillas, esta misión explorará el contorno de un cráter de 4.6 kilómetros de profundidad que no está cubierto con material de impacto de meteoritos recientes. Esto permitirá datar mejor las rocas lunares y corroborar si la teoría sobre la formación de la Luna es correcta o ver si nuestro satélite se formó al mismo tiempo que la Tierra, que es otra opción”, indica Julieta Fierro, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM y divulgadora de la ciencia.
Géiseres lunares
Uno de los satélites artificiales que estudia la Luna desde el espacio detectó recientemente unos géiseres diminutos en su superficie, lo cual causó sorpresa a los científicos.
Al respecto, Fierro apunta: “Los cometas son cuerpos de hielo que dan vueltas alrededor del Sol. Cada vez que se acercan a éste, se derriten; y cada vez que se alejan de él, se enfrían, se rompen y van soltando fragmentos de su cuerpo a lo largo de su órbita. Cuando la Tierra pasa por la órbita de un cometa, esos fragmentos caen a nuestro planeta y al cruzar la atmósfera se incendian y ocasionan lo que se conoce como una lluvia de estrellas… Y cuando la Luna pasa por la órbita de un cometa, esos fragmentos también caen a nuestro satélite, pero como éste no tiene atmósfera, no se desintegran, sino se entierran en el polvo lunar. Si caen de noche, cuando la temperatura es de -150 grados Celsius, se mantienen congelados; pero cuando sale el Sol, aumenta la temperatura, se calientan y empiezan a soltar chorritos de vapor, igual que unos géiseres gaseosos. Esto es lo que se acaba de descubrir.”
Agua
Los científicos ya han confirmado la presencia de agua en ambos polos de la Luna.
“Por ejemplo, Cabeus, un cráter abierto a unos 100 kilómetros del polo sur de nuestro satélite por el impacto de un cometa completo, está lleno de agua congelada. Tiene un diámetro de 98 kilómetros y una profundidad de 4”, señala Fierro.
Debido a que los rayos del Sol no llegan a los cráteres localizados cerca de los polos lunares, los cometas que colisionan con la Luna y abren uno como Cabeus se han mantenido congelados hasta la fecha.
“Se ha pensado usar a la Luna como trampolín para ir a Marte, pues enviar un cohete espacial desde nuestro satélite hasta el planeta rojo resultaría más barato por la ausencia de gravedad. En este sentido, el agua de Cabeus y de otros cráteres lunares es valiosísima… Convendría levantar una base lunar cerca de uno de esos cráteres donde hay agua, ya que ésta permitiría cubrir las necesidades de las personas y establecer invernaderos para producir oxígeno y alimentos.”