Protegernos de un huracán está en nuestras manos


Cada año llegan a México, en promedio, cinco ciclones tropicales y eso nos obliga a estar listos ante estos eventos. No podemos vaticinar la fecha, su intensidad ni dónde impactarán —“dejemos eso para las bolas mágicas de cristal”—, pero al igual que con los sismos debemos saber cómo reaccionar cuando un huracán golpee a nuestra puerta, indica Martín Jiménez Espinosa, subdirector de Riesgos por Fenómenos Hidrometeorológicos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

A fin de proceder de manera oportuna lo primero, expuso el doctor, es determinar los peligros latentes de la zona donde vivimos y, para, ello lo mejor es consultar el del Atlas Nacional de Riesgosdel Cenapred. “Y es que en cuanto a los huracanes es preciso considerar no sólo las lluvias, vientos o inundaciones, pues hay otros elementos que implican un riesgo elevado y que con frecuencia soslayamos, como la inestabilidad de las laderas, capaces de sepultar poblados, como pasó en 2013 en la comunidad de La Pintada, en Guerrero”.

Para acometer esta tarea de la manera más efectiva, desde el año 2000 México cuenta con un Servicio de Alerta Temprana para Ciclones Tropicales(SIAT-CT), el cual consta de un semáforo de cinco colores que va del azul al rojo, los cuales se escalan o desescalan dependiendo de si un huracán se aproxima a territorio nacional o si se aleja, marcando las pautas de lo que, tanto a la ciudadanía como a las autoridades, compete.

“Cuando detectamos un fenómeno que no necesariamente golpeará nuestras costas estamos en color azul (peligro mínimo) y si se acerca encendemos la luz verde (peligro bajo). Cuando la llegada del huracán es inminente entramos en fase amarilla (peligro moderado) y si la alerta sube a naranja (peligro alto) entonces estamos a un día del impacto y debemos evacuar. Si se activa el color rojo (peligro máximo) significa que el ciclón impactará en pocas horas y que todos deben estar a resguardo en un refugio seguro y bien avituallado”.

Una vez pasado el ciclón, este proceso se da en sentido inverso, es decir, las autoridades evalúan los daños y la gente gradualmente sale de los albergues y regresa a sus casas, al tiempo que el semáforo va pasando —escalonadamente— del rojo al azul.

A decir del doctor Jiménez, en sus 20 años de funcionamiento el SIAT-CT ha mostrado ser muy efectivo en su misión de preservar vidas humanas, al grado que muchas naciones de Centroamérica se han acercado a México para pedir asesoría sobre esta estrategia de protección civil. “Antes no teníamos algo parecido y nuestro tiempo de respuesta era muy limitado, a veces de horas. Esto es un gran avance, pero para que el Sistema de Alerta Temprana funcione como debe necesitamos de la colaboración ciudadana”.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

La página del Cenapred tiene un apartado de publicacionesen donde, quien lo desee, puede descargar de manera gratuita carteles, trípticos y fascículos sobre ciclones tropicales y otros fenómenos, los cuales además de en español pueden ser consultados en lenguas indígenas o en idiomas como el inglés, francés o japonés.

“El conocimiento puede salvar vidas y por eso es crucial saber desde antes si el lugar donde vivimos en proclive a inundaciones costeras o a deslizamientos de terreno. También debemos aprender a desalojar nuestras viviendas en cuanto lo indique la autoridad, a movilizar con rapidez a personas con discapacidad —si es que las hay en nuestra familia— e incluso a transportar a nuestras mascotas para no dejarlas solas. No improvisar nos deja margen para actuar”.

Para el doctor Martín Jiménez Espinosa, algo que todo mundo debería hacer ante la primera señal de contingencia es resguardar sus documentos más valiosos y alistar una mochila en la que vayan no sólo estos papeles, sino agua, víveres, pilas y, si entre nuestros familiares hay alguien con alguna enfermedad crónica, medicinas.

“Hasta ahorita hemos mencionado acciones que uno debe realizar de botepronto, pero hay muchas otras que se pueden prever desde antes y que pueden aminorar pérdidas en nuestro patrimonio e incluso evitarlas, como podar nuestros árboles al empezar la temporada de ciclones, sujetar los tanques de gas y anclar los tinacos y, si nuestra vivienda es de materiales precarios como madera o láminas, sustituirlos —si es posible, claro— por mampostería”.

Y sobre todo, subraya el experto, es preciso erradicar un hábito nocivo que todos sabemos incorrecto y que seguimos practicando: el arrojar basura en las calles, pues además de ser antihigiénico es la principal causa de obstrucción de los drenajes y, por ende, la causante de inundaciones en nuestras colonias o barrios.

El doctor Martínez es enfático al señalar que los ciclones tropicales son inevitables y se repiten todos los años por lo que no podemos bajar la guardia, “por el contrario, debemos prepararnos para todos sus efectos, trátese de viento, oleaje, inundaciones costeras por marea de tormenta o lluvias, las cuales provocan anegamientos, crecidas de ríos, desbordamientos de cuerpos de agua e inestabilidad de laderas. México es propenso a todo eso.

“Saber que estamos en la temporada de huracanes y tener un estimado de cuántos ciclones tropicales habrá, más que una guía sirve para formarnos una idea de la actividad y energía con la que lidiamos. En vez de quedarnos con estas cifras lo mejor que podemos hacer es seguir, cada uno por nuestra cuenta, la trayectoria e intensidad de estos fenómenos para así determinar qué zonas resultarán afectadas; así jamás estaremos desprevenidos”.

¿Cómo se forma un Huracán? La ciencia detrás de la tormenta

Huracanes, fenómenos naturales de gran potencia

El reciente paso del huracán Delta por territorio mexicano nos recuerda el peligro latente de estos fenómenos naturales, en cada temporada de formación. El alcance de su fuerza destructiva es conocido.

La segunda semana de octubre de 2005, una gran y compleja zona de baja presión se desarrolló sobre el Atlántico oeste y el este del Caribe con varias zonas de tormenta eléctrica. Este conjunto de nubes se fue organizando lentamente al suroeste de Jamaica hasta convertirse en una depresión tropical al cabo de 24 horas, el 15 de octubre. Posteriormente, se volvió una fuerte tormenta tropical, y luego, un huracán.

Wilma es recordado como uno de los huracanes más intensos registrados en el Atlántico y el décimo ciclón tropical a nivel mundial que tocó tierra y que registró efectos muy destructivos. Otros huracanes igualmente intensos fueron Mitch de 1998, Hattie en 1961 y Janet en 1955.

  • Los ciclones tropicales son una masa de aire caliente que gira en contra de las manecillas del reloj; se clasifican de acuerdo a la intensidad de sus vientos en superficie en: depresión tropical, tormenta tropical y huracán, que a su vez se clasifica desde la categoría 1 hasta la 5 (escala Saffir-Simpson).

El huracán es la etapa más severa de los ciclones tropicales. Las causas de su origen y procedencia son muy variadas, y a medida que sus vientos son más rápidos, crece su peligrosidad, explica Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Una de las características de los huracanes es que los vientos suelen ser muy intensos, alcanzando velocidades de más de 119 kilómetros por hora; se forman principalmente cuando el océano contiene una gran cantidad de calor, es decir, cuando la superficie del mar registra altas temperaturas superiores a los 28 grados Celsius y la atmósfera se encuentra muy húmeda. Podríamos decir que para que se forme un huracán, la atmósfera y el océano deben estar de acuerdo en su formación.

De mayo a noviembre

La temporada de ciclones tropicales comienza oficialmente en mayo y termina en noviembre; sin embargo, pueden existir variantes de acuerdo con las condiciones de los océanos. En el Océano Pacífico podrían presentarse desde el 15 de mayo, mientras que en el Atlántico hasta el mes de junio. Esto se debe a que las temperaturas de la superficie del mar del Pacífico aumentan antes que las del Atlántico.

La especialista precisa que, en promedio, existen alrededor de 12 ciclones tropicales en promedio cada año del lado del Atlántico, y del lado del Pacífico que suele ser mucho más activo, regularmente se forman 16 ciclones tropicales por temporada. No obstante, para este año, en el Atlántico, se han formado hasta el mes de octubre 25 ciclones tropicales, en tanto que del lado del Pacífico se han formado hasta este mes de octubre 14 ciclones tropicales.

  • Los daños que pueden dejar los huracanes son diversos. En las zonas costeras, por ejemplo, van desde daños a infraestructuras por los fuertes vientos hasta la marea de tormenta, que sucede cuando los vientos arrastran los cuerpos de agua del océano y lo introducen en la tierra. Los deslaves y las fuertes lluvias, son otro de los daños recurrentes que los huracanes dejan a su paso.

La especialista señala que para esta temporada, se previó que todos los estados costeros ubicados cerca del Golfo de México y parte del Caribe, desde Tamaulipas hasta Quintana Roo, resultarían afectados por el paso de estos fenómenos naturales. En mayo, se formó el primer ciclón, Arthur, y en octubre, Delta, el más reciente ciclón formado hasta el momento.

Intensidad, velocidad y traslación

Los huracanes que más afectaciones provocan, son aquellos cuyos vientos dentro del mismo sistema son muy intensos, y al mismo tiempo, existe lo que se denomina velocidad de traslación; es decir, el tiempo que le toma a un ciclón tropical llegar de un lugar a otro. “Hay ciclos tropicales que pasan muy rápido, y otros que pasan tan lento que parecen estacionarios”.

En recientes años, los huracanes que son estacionarios son más peligrosos porque las ciudades o comunidades han crecido exponencialmente. Aunado a esto, estos fenómenos naturales al ser estacionarios pueden producir más lluvias sobre un mismo lugar durante un lapso de tiempo más largo produciendo inundaciones. También, estos lugares podrían sufrir los vientos intensos asociados al sistema por más tiempo, ocasionando daños a la infraestructura y la vida humana.

Entonces, unos causan más daños que otros porque acumulan ciertas características que los hacen más peligrosos, no sólo tiene que ver con la intensidad, sino otros factores como los mencionados. Cabe recalcar, que la lluvia no está asociada con la intensidad de un ciclón tropical. Por ejemplo, una tormenta tropical estacionaria podría ser más peligrosa que un huracán categoría 1 cuya velocidad de traslación sea muy rápida.

Niño o Niña

2020 es un año en el que está presente el fenómeno de La Niña, definido como temperaturas frías en la superficie del Océano Pacífico. Una característica principal es que el océano y la atmósfera en el Océano Atlántico “se pusieron de acuerdo” produciendo ambos, condiciones favorables para que se formen muchos ciclones tropicales en el Océano Atlántico, como está sucediendo en este año 2020.

Por el contrario, cuando es un año en el que se presenta El Niño sobre el Pacífico, las temperaturas en este océano son muy calientes.  Los ciclones tropicales que se forman sobre este océano son más intensos y de mayor tamaño.

Respecto al cambio climático, se sabe que van a ocurrir ciclones tropicales más intensos, pero el número total de los ciclones tropicales que se presenten en un futuro podría disminuir. Las proyecciones a futuro indican que, si en una década sucedían 20, por ejemplo, dentro de cincuenta años habrá 10, pero mucho más intensos.

Christian Domínguez hace énfasis en la importancia de revisar los pronósticos meteorológicos diariamente con la finalidad de saber si habrá huracanes o no, y sobre todo, hacer caso de las medidas de seguridad emitidas por Protección Civil para acudir a los refugios.

Lo que viene: grandes migraciones por motivos climáticos

La mayoría de quienes migran en el planeta lo hacen por razones ambientales; la situación es gravísima y no hay una regulación específica para tratar a esos desplazados, afirmaron expertos de la UNAM.

En el marco de El Aleph, que en este 2022 lleva por tema Las fronteras del medio ambiente, Úrsula Oswald Spring, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, mencionó que hay eventos naturales que, junto con fenómenos inducidos por la sociedad y condiciones preexistentes, provocan muertes y daños a la población más vulnerable.

En 2020, por ejemplo, “vimos que con 28 huracanes se generó un dilema de supervivencia para mucha gente, la cual no tuvo más remedio que salir de sus lugares de origen para tener acceso a alimentos, agua y algún ingreso”.

La sequía puede durar uno o dos años, pero al tercero ya no hay más semilla y no queda más que abandonar los lugares; lo mismo ocurre con eventos repentinos, como los huracanes o las inundaciones, que obligan a la población a cambiar de condiciones.

Los procesos de desastre son transversales y deberían tomar en cuenta el tema de género, tanto en el tema preventivo, como en la creación de resiliencia, planeación y garante de los derechos. La equidad de género, la sustentabilidad y los derechos humanos en las políticas públicas reducen las vulnerabilidades y mejoran la adaptación a los planes de contingencia.

En el conversatorio Desplazados medioambientales, Rodrigo Gutiérrez Rivas, del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), mencionó que hay una tragedia detrás de esas personas: son en su mayoría pobres quienes enfrentan con crudeza las modificaciones a sus territorios debido a las transformaciones climáticas cada vez más acentuadas, que provocan tormentas, huracanes, crecidas de ríos o desgajamientos de montañas, y la situación es cada vez más grave.

“La economía que devora a la naturaleza está provocando la situación que hoy enfrentamos, ocasionada por aquellos interesados en hacer avanzar las fronteras extractivas sobre territorios que antes no estaban identificados por el radar del capital y que contribuyen a la destrucción del planeta mediante la deforestación, la megaminería tóxica, etcétera. Esos actores capturan territorios y los vuelven inhabitables. México, por ejemplo, es el quinto país con mayor deforestación del mundo.”

Eso mismo pasa en el derecho, con el constitucionalismo hegemónico y su visión acrítica de los derechos humanos, que aporta estabilidad al modelo económico prevaleciente, que es el principal responsable de la destrucción de la naturaleza, del calentamiento global y, por lo tanto, de los desplazados ambientales, abundó el jurista.

Rosalía Ibarra Sarlat, también del IIJ, aclaró que no se puede llamar desplazados ni migrantes a los desplazados, quienes requieren de una urgente atención nacional e internacional. Esas personas no están jurídicamente reconocidas; “no se les puede llamar refugiados, porque no encajan en la Convención de Ginebra, ni migrantes, porque esa condición implicaría un retorno, pero los desplazados de una isla que va a desaparecer por el aumento del nivel del mar no podrán hacerlo”.

La especialista explicó que tampoco es lo mismo el desplazado ambiental que el climático. El primero se da por razones de un accidente industrial, algún fenómeno geológico, como una erupción, la contaminación de un río, etcétera. En el climático, las causas son muy particulares: elevación del nivel del mar, deshielo, sequía y otras donde la causa está directamente relacionada con el cambio climático y las consecuencias del calentamiento global.

Sin embargo, a pesar de su creciente importancia, no hay una regulación específica para esas personas. En el ámbito interno hay más elementos jurídicos para obligar a los Estados a atender el problema jurídica y políticamente hablando, pero a escala internacional no hay una convención en concreto, precisó la académica.

La sesión, realizada en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario, estuvo moderada por Jacobo Dayán, director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

Lo que viene: grandes migraciones por motivos climáticos
Rosalía Ibarra, Jacobo Dayán y Rodrigo Gutiérrez. Foto: Víctor Hugo Sánchez.

Alberca caliente desplaza huracanes en el Atlántico

Una alberca caliente, que va desde las costas del Golfo de México hasta las de África, se encuentra actualmente en el océano Atlántico durante la mayor parte del año.

“Es una franja de agua superficial del mar, con una temperatura que sobrepasa los 28.5 grados Celsius”, afirmó Priyadarsi Debajyoti Roy, investigador del Instituto de Geología galardonado con el Reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos 2016.

Por esta alberca caliente, cuyo tamaño creció debido al calentamiento global, cada vez hay más huracanes en el Atlántico, pero casi ninguno de ellos toca tierra en estados del país como Nuevo León y Tamaulipas.

Qué bueno, dirán algunos. Pero los huracanes no sólo traen vientos destructivos, sino también mucha lluvia que recarga los acuíferos, inunda el cauce de los ríos y llena los lagos.

Antes se calentaba en otoño únicamente una parte del Golfo de México y del mar Caribe. Septiembre y octubre eran meses de huracanes, y éstos tocaban tierra en Yucatán, parte de Veracruz, Tamaulipas… Entonces, la alberca caliente era pequeña. Cuando la temperatura era menor a 28.5 grados Celsius, y el resto del año, no había. Posteriormente, “ésta comenzó a crecer por el calentamiento global. Ahora su tamaño es gigantesco. Desde el Golfo de México hasta las costas de África hay una franja oceánica con una temperatura de 29 a 30 grados Celsius. Y los huracanes del Atlántico ya casi no tocan tierras mexicanas. Desde hace tres o cuatro años están migrando al norte, hacia Florida, Luisiana y Misisipi, o se pierden en el océano”, declaró Roy.

Zonas más secas

El calentamiento global y fenómenos hidroclimáticos como la alberca caliente y la migración de huracanes no son nuevos. Ocurrieron en el pasado remoto y no sólo en el Atlántico, sino también en los océanos Índico y Pacífico.

Con colegas de la Universidad de Florida y la Universidad de Texas, Roy desarrolla el proyecto “Reconstrucción del monzón mexicano en zonas áridas de México”, para saber qué pasó hace miles de años en el norte de América.

Registros geológicos de varios sitios localizados tanto en Estados Unidos como en México indican que la migración de los huracanes comenzó hace cuatro mil años, durante la llamada Edad Megalayense, cuando creció el tamaño de la alberca caliente en el Atlántico y hubo más sequías.

Si el calentamiento global continúa incrementándose, no se sabe con certeza cómo responderán los diferentes ecosistemas que se encuentran en zonas tropicales y subtropicales, en dónde habrá más lluvias y dónde más sequías.

En el caso de México, con las reconstrucciones geológicas de su zona norte y los datos del calentamiento- enfriamiento del Atlántico se puede tener una idea de lo que sucederá en el futuro. Según las reconstrucciones de Roy y sus colegas estadunidenses, el nororiente y el oriente de México quedarán cada vez más secos.

“¿Qué pasará? ¿Cómo sobrevivirá la gente de esas zonas del país que se dedica a la agricultura? Empezará a migrar hacia el norte, como los huracanes, y se topará con el muro en la frontera y una política migratoria que criminaliza a los migrantes. La migración se convertirá en un problema socioeconómico gravísimo, mucho más de lo que pensamos”, dijo Roy.

Huracanes más intensos

Actualmente, por la alberca caliente, se forman más huracanes, pero a más distancia de las costas mexicanas del Golfo de México. Además, son más intensos y su trayectoria es distinta. Si bien no causan destrucción en esa parte del territorio de México, tampoco traen, como antes, agua para uso doméstico y la agricultura.

Algunos de esos huracanes tocan Texas, estado que hace cuatro años padecía sequías y en la actualidad dispone de muchísima agua. Otros se pierden en el Atlántico o impactan en naciones pobres como Bahamas, cuya economía se ve afectada por la destrucción que ocasionan los vientos huracanados.

Al haber más huracanes que no tocan tierra y se pierden en el Atlántico, se altera el ciclo del agua (evaporación y precipitación), lo cual afecta la distribución geográfica y estacional de ésta.

“Ahora llueve en meses en los que antes no llovía y la temporada está muy restringida. Antes era de cuatro meses. Ahora llueve tres días, una semana sí y otra no. Esto afecta a la agricultura. Antes se sabía qué cultivar y en qué estación. Actualmente hay un gran descontrol entre los campesinos”, sostuvo el experto.
huracanes en el Atlántico

Crónica geológica

La historia del pasado geológico del norte de México señala que el nororiente y el noroccidente están respondiendo de manera diferente al calentamiento global.

El monzón mexicano trae lluvia del golfo de California hacia Durango, Chihuahua, Nuevo México, Arizona… Hay humedad y disponibilidad de más agua en el noroccidente de nuestro país. En cambio, el nororiente y el oriente (Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán), que eran los principales destinos de las lluvias de huracanes del Atlántico, ya no lo son.

¿Qué pasó allí hace millones de años? Para saberlo, Roy ya cuenta con registros cronológicos de los últimos 20 mil años. Por medio del empleo de carbono 14 sabe las edades de las capas de los sedimentos en el subsuelo. Junto con sus estudiantes y colaboradores ha generado registros del norte de México, desde Baja California, Chihuahua, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Tamaulipas y Nuevo León, hasta Yucatán.

“Por primera vez, en colaboración con colegas de las universidades de Bristol y de California, recabamos datos que no había en México. Como no hay mucha materia orgánica preservada en ambientes secos (polen), utilizamos biomarcadores y estudiamos isótopos agrupados, nunca antes aplicados en el país, para cuantificar la temperatura y las sequías remotas, y así entender el cambio de vegetación.”

El paso siguiente para comprender el cambio climático será analizar, con herramientas geoquímicas, la composición inorgánica, los minerales y la abundancia de metales que contienen esas capas sedimentarias milenarias. Con esos indicadores indirectos, Roy y sus colaboradores sabrán cuándo hubo un periodo húmedo y cuándo uno seco.

Con herramientas de geología y geoquímica, meteorología y geofísica, ellos reconstruyen variaciones climáticas en diversos sitios de México. Reconstrucciones de este tipo han permitido a varios investigadores postular que la sequía en Yucatán llevó al colapso maya y que no fue la única en el pasado.

La alberca caliente es uno de los efectos del calentamiento global, fenómeno en el que los humanos tenemos un papel fundamental.

“Hace cien años había 280 partes por millón de dióxido de carbono en la atmósfera; hoy en día hay más de 410. Esa variación que ocurrió en un siglo, normalmente se daba en cien mil años. La tasa aumentó mil veces”, comentó Priyadarsi Debajyoti Roy.

La presencia de grandes cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera hace que se eleve la temperatura de la superficie de los mares. Por eso también hay albercas calientes en los otros océanos. Y por la alberca caliente en el Atlántico, entre otras causas, abunda el sargazo en el Caribe.

Malas noticias: más huracanes, sequías, incendios y disminución de los recursos hídricos

Siempre hay huracanes, temporadas de estiaje, sequías e incendios; sin embargo, este tipo de fenómenos cada vez son y serán más frecuentes y/o más severos por el Cambio Climático Global, comenta Jorge Zavala Hidalgo, investigador de la UNAM.

Por ejemplo: antes, en cien años, en una determinada región, ocurrían en promedio 10 incendios catastróficos, y ahora, en un lapso similar, ocurrirán más, es decir con una mayor frecuencia. Las afectaciones también podrán alcanzar mayores extensiones.

Además, el aumento de temperatura en el planeta, de 1.1 grados centígrados, causa sequías y propicia incendios forestales más severos en regiones que no estaban acostumbradas a esos eventos, como los ocurridos en Siberia en 2019.

Al calentarse el planeta no lo hace de manera homogénea, porque las diferentes temperaturas en distintas regiones causan diferencias de presión atmosférica y éstas modifican los patrones de viento o de circulación oceánica, generando eventos (huracanes, ondas de calor, sequías e incendios) que antes no ocurrían o eran muy poco frecuentes en ciertas regiones, aclara Zavala Hidalgo, del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA)

Si la temperatura del planeta aumenta a 1.5 o incluso a 2 grados centígrados en promedio, ocurrirán alteraciones a los climas locales en distintas regiones, asegura Zavala Hidalgo, doctor en oceanografía física.

Hay zonas o países que son o van a ser más afectados que otras y con mayor severidad, porque el clima ha cambiado de manera diferente en cada región.

Cambio climático, a mayor velocidad

El calentamiento global no sólo derrite el hielo y reduce el albedo (reflexión de la radiación solar) en regiones del Polo Norte. En el Ártico ocurre un proceso de retroalimentación. Al disminuir la cobertura de hielo, esta región absorbe más energía solar y por tanto, hay un mayor calentamiento que “a su vez va acelera el derretimiento del Polo”.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) reporta fenómenos llamados tipping points para referirse a valores umbrales que alcanzan algunas regiones del planeta y que causan cambios bruscos como el deshielo en el Polo Norte.

Zavala Hidalgo señala que otro tipping points es el deshielo del permafrost o suelo congelado que hay en los glaciares o en las regiones muy frías como los polos.

Por el calentamiento, no sólo se pierde la cubierta de nieve de la superficie sino también el suelo congelado que guarda gran cantidad de metano. Al descongelarse o perderse, libera este gas de efecto invernadero que va a provocar mayor calentamiento global.

Además, cada año consumimos más combustibles fósiles, quemamos más gasolinas que el año anterior y emitimos más gases de efecto invernadero, entre ellos metano. Por lo que, en vez de disminuir el cambio climático global, continúa incrementándose a mayor velocidad.

Vulnerabilidad por estrés hídrico

En cada región, los ecosistemas se han adaptado a rangos de temperatura, de variación estacional y de precipitaciones, así como a valores de evaporación y a vientos de determinada intensidad. Lo ideal es que las diversas regiones se mantengan en esos rangos que determinan el clima local.

Sin embargo, por el cambio climático, hay ecosistemas, bosques por ejemplo, que padecen estrés térmico o estrés hídrico por cambios en los patrones de precipitación o de la evaporación.

Eso afecta la salud de los ecosistemas, porque en poco tiempo no se pueden dar procesos de adaptación y el estrés hídrico los hace más vulnerables a los incendios y a la pérdida de especies.

No es lo mismo la quema de un pastizal que de un bosque. Y no todos los bosques son igualmente vulnerables. Hay flora adaptada al fuego. Los incendios forman parte de su ciclo de vida. Pero hay especies arbóreas que no tienen esa capacidad o adaptabilidad.

En México la temperatura está aumentando por arriba del nivel promedio global. Su incremento no es de 1.1 grado centígrados sino aproximadamente de 2 grados centígrados en la parte continental.

Durante la época de estiaje, ese aumento de temperatura marchita sus bosques, al provocar mayor evaporación y pérdida de humedad del suelo, lo cual favorece el desarrollo y propagación de incendios forestales.

La Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) monitorea determinadas zonas para detectar incendios y organizar brigadas para combatirlos. Realiza además campañas educativas entre la población.

Prioritario, detener emisiones

Para Zavala Hidalgo lo importante a mediano plazo es conservar sanos los ecosistemas y tomar medidas preventivas para disminuir el riesgo de incendios y en caso de que ocurran, realizar acciones para controlarlos.
O como en Australia y California en donde lo más que se puede hacer es contenerlos y esperar a que mejoren las condiciones meteorológicas.

En el mundo y en México en particular, las condiciones que propician los incendios no van a cambiar en el corto plazo. Por el contrario, van a empeorar. Para eventualmente revertirlas, desde ahora, hay que empezar a detener las emisiones de efecto invernadero, principalmente de dióxido de carbono

Ya hay mucho daño a la Tierra. Mientras mayor sea el incremento de la temperatura, mayor será el daño al planeta y más difícil será restaurar algunas regiones.

Por eso es importante entender cómo se va modificando el clima del planeta para tomar medidas de adaptación, de mitigación, de restauración o en algunos casos, de retiro de la población de zonas costeras ya riesgosas.

A nivel de país, Zavala Hidalgo propone estudiar cada región e identificar las amenazas climáticas y sus vulnerabilidades para diseñar distintas políticas y estrategias para su protección, mitigación y adaptación ante los efectos del cambio climático global.

Bótox: desarruga y potencialmente mortal

Quita las arrugas por un tiempo y se usa contra el estrabismo. Pero causa el botulismo, que llega a ser mortal y podría ser usado para un ataque bioterrorista.

Se trata de la toxina botulínica. La doctora Adela Alba Leonel, académica de la Facultad de Medicina y de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia, ambas de la UNAM, diserta sobre esta neurotoxina producida por la bacteria Clostridium botulinum.

Hay siete tipos de toxina botulínica (A, B, C, D, E, F y G). La tipo A es conocida por uno de sus nombres comerciales, bótox, y porque en dosis bajas y purificada se inyecta para desvanecer las arrugas de la cara (su efecto dura seis meses).

No se debe aplicar en: personas menores de 18 años, con enfermedades neuromusculares (esclerosis múltiple), mujeres embarazadas o amamantando, con párpados caídos y neuropatías.

En clínica, la toxina botulínica se usa también para tratar la hiperactividad vesical neurógena (si fracasan los anticolinérgicos), la hidronefrosis bilateral, la gastroparesia, la hidrocefalia y la orquiepididimitis. Sin embargo, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), de Estados Unidos, y la COFEPRIS, de México, no han autorizado su uso, y no se ha comprobado científicamente la efectividad terapéutica.

Clostridium y botulismo

Clostridium botulinum es una bacteria anaerobia, es decir, que crece aun sin oxígeno. Es termo-resistente: soporta hasta 80 grados de temperatura durante 10 minutos de cocción de alimentos que la contienen.

La neurotoxina se encuentra en diversos alimentos mal cocidos, en enlatados (atún), en frutas y verduras mal envasadas en casa (en conservas), en pescado salado, en verduras como las espinacas y en carnes frías mal conservadas, como salchicha y jamón.

El término médico botulismo (intoxicación con carne, embutidos o productos en conserva) data de 1820 y se deriva de la palabra latina botulus, que significa “embutido”.

En la Europa del siglo XIX hubo algunos brotes de intoxicación asociados al consumo de salchichas. En Alemania, Justinus Kerner (1786-1862) encontró Clostridium en morcilla descompuesta.

Años más tarde, en 1897, la bacteria responsable del botulismo fue aislada por el microbiólogo belga Émile van Ermengem, quien la describió como una fábrica de toxinas que causan debilidad y parálisis en los animales. Él investigó sistemáticamente muestras de un jamón contaminado que había causado una intoxicación alimenticia de riesgo mortal en varios de los asistentes a la ceremonia conmemorativa de una sociedad musical de Ellezelles, Bélgica, provocando la muerte de tres individuos.

Una espora en agua, tierra y aire

Como la neurotoxina de la bacteria Clostridium está en el agua, la tierra y el aire, el botulismo se puede presentar por el consumo de alimentos mal conservados, por chupones y biberones contaminados (puede afectar a lactantes menores de seis meses porque aún no desarrollan bien su flora intestinal), por alojamiento de la toxina en heridas (poco frecuente) y por inhalación.

El botulismo también está asociado al uso de drogas ilegales, como la heroína, que se inyecta, o la cocaína, que se inhala.

La toxina botulínica es una espora que podría también ser utilizada en actos de bioterrorismo. De manera intencional o por accidente, se podría liberar en forma de aerosol.

Síntomas a las 12 horas de infección

Signos de botulismo son parálisis de nervios, principalmente ciertos pares craneales (placas neuromusculares colinérgicas) y de algunos músculos (sobre todo de la respiración). La parálisis de la musculatura laríngea genera mucha secreción salival y a la vez resequedad de la mucosa y de la boca, así como dificultad para hablar y tragar. También produce mareo, vértigo, visión borrosa, vómito, diarrea e inflamación intestinal, así como parálisis de cuello y de brazos.

Estos síntomas se presentan a las 12 horas, inclusive 36, después de haber consumido alimentos mal conservados, infectarse una herida con la toxina botulínica o que ésta haya sido inhalada. En personas más sensibles aparecen mínimo en cuatro horas y máximo en ocho.

Sin embargo, hay que hacer un diagnóstico diferencial para descartar otras enfermedades con síntomas similares, como la poliomielitis y el síndrome de Guillain-Barré.

Baja mortalidad

El botulismo, causado principalmente por los tipos de la toxina botulínica A, B, E y ocasionalmente el F, tiene baja mortalidad. Los tipos C y D provocan enfermedades en otros mamíferos, en aves y en peces.

Se ha estimado que la dosis letal media para el ser humano son dos nanogramos de toxina botulínica por kilo de peso corporal. Esto significa el triple de la que se encuentra “en la transmisión alimentaria”.

Antaño la mortalidad por botulismo era alta, pues no se contaba con la antitoxina botulínica. Los pacientes, a quienes era necesario intubar, morían sobre todo por debilidad y parálisis de los músculos y los nervios respiratorios. Hoy mueren en “un 5% o 10% de los casos”.

En México, puntualiza la doctora Alba Leonel, no es un problema de salud pública, pues en los últimos años sólo se han presentado tres casos de botulismo, por consumir alimentos mal conservados en la frontera con Estados Unidos.

Dr. Strange no está solo: el multiverso sí existe y hay pruebas teóricas

En la reciente película del Doctor Strange, “Dr. Strange en el multiverso de la locura”, la historia plantea varios universos en los que el héroe se enfrenta a otras historias alternas de él mismo. Qué dice la física al respecto ¿podría ser una situación real?

“Los astrónomos pensamos que el multiverso sí existe y hay pruebas suficientes de su existencia”, dijo en entrevista Julieta Fierro Gossman, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM.

¿Cómo es esto? En un principio, los griegos pensaban que el mundo terminaba en Asia y después en el océano Atlántico. Sin embargo, descubrieron que había poblaciones más allá de esa frontera.

Antes pensábamos que la Tierra era única y estaba en el centro del Universo, que el Sol giraba a su alrededor y que todo existía dentro de nuestro planeta, incluso el mismo infierno.

¿Y qué pasó? Descubrimos que hay otros planetas y que es posible que algunos tengan vida o que esa vida se extinguió, como ocurrió en Marte, o quizá podría haber vida en Júpiter o Saturno con sus océanos subterráneos.

Actualmente, se han descubierto miles de planetas extrasolares, es decir, mundos que giran en torno de su estrella, y que además tienen agua.

Esta idea de que somos únicos, que estamos en el centro del Universo y somos lo máximo ha cambiado después de que estudiamos la Vía Láctea.

La galaxia en la que vivimos sólo tiene cien mil millones de estrellas, y pensábamos que eso era todo el Universo, pero algunos astrónomos observaron unos rehiletes lejanos y descubrieron que se trataba de otras galaxias.

Incluso a principios del siglo pasado había una discusión muy importante entre quienes pensaban que las galaxias eran otros universos-isla y los que pensaban que eran parte del mismo universo.

Sin embargo, después se descubrió cómo medir las distancias entre las estrellas que oscilan muy rápido y lento, aquellas que son grandes y pequeñas.

Así supimos que nuestra galaxia era una de tantas y que no podíamos ver muy lejos en el Universo. La luz tarda cierto tiempo en llegar y lo más antiguo que podemos ver es la luz que se originó 380 mil años después de la gran explosión.

La gran explosión

De esta liberación de energía se originó nuestro Universo que en esa época era opaco. De hecho, en nuestra actualidad no podemos ver todos los objetos que se alejan del centro de la galaxia.

Es decir, podemos observar un “pedacito” de la gran explosión, pero el resto no. En ese momento, tal vez nacieron otras galaxias y otros objetos que se apartan de nosotros a velocidades mayores que la de la luz.

Y como no lo podemos ver, esto pudo generar otros universos infinitos y libres. El pedacito de la gran explosión que formamos es muy pequeño y pensamos que estos otros universos se podrían parecer al nuestro.

En el momento en que nació nuestro Universo, pudieron formarse otros más y así existir otros muy parecidos.

La física trata de explicar esta teoría a través de la mecánica cuántica, que plantea la probabilidad de todas las posibilidades, por lo que es posible la existencia del multiverso.

Otra teoría que busca explicar este fenómeno es la teoría de cuerdas, que plantea que todas las partículas elementales (electrón, neutrón, protón) son liberaciones del vacío para crear otros universos.

¿Cuántos serían? Aproximadamente un “1 con 500 ceros”, y todos completamente distintos. Si contamos todos los átomos de todas las galaxias del universo, habría un “1 con 82 ceros», un número mucho menor que la posibilidad de los universos existentes.

¿Podemos viajas a otros universos?

Pero, ¿qué tal si un universo tuvo una pequeña falla cuándo se formó y no es idéntico al nuestro? Estaría formado de la famosa antimateria, que está formada por antipartículas.

Si hubiera la posibilidad de viajar a otros universos podría ser a través de un agujero de gusano. “No necesariamente llegaríamos a otro planeta o nos recibirían los extraterrestres y estaríamos muy felices, sino que podría ser una esfera de vacío y nos desintegraríamos inmediatamente”.

Si tratáramos de descubrir la existencia de otros universos, podríamos suponer que son como grandes paredes y si colisionaran con nuestro universo lo podrían deformar.

Sin embargo, no se ha encontrado evidencia de su existencia, así que por lo pronto no podemos viajar a otros universos. “Tenemos la certeza que existen porque la historia nos ha enseñado que todo lo que no palpamos podría ser real”.

“Si piensan entrar en un agujero de gusano y llegar a un mundo extraordinario, tengan mucho cuidado”, concluyó la académica universitaria.

Los vapeadores en México, en el marco del día mundial sin tabaco

Aceite, mantequilla o manteca: ¿cuál es mejor para la salud?

El 39.1% de los adultos mayores de 20 años en México tienen sobrepeso, mientras que el 36.1% tiene obesidad, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2018). La tendencia se repite con los más pequeños: de los niños de 0 a 4 años, el 22.2% tiene riesgo de sobrepeso; entre los de 5 y 11 años, el 35.6% comparte esta condición.

Las cifras recalcan la importancia de buscar soluciones más sanas para nuestra dieta. Es común observar en las calles del país diversos tipos de alimentos que en su preparación utilizan aceite, mantequilla o manteca caliente como método de cocción, además de que éstos se mantienen a alta temperatura y son utilizados de manera constante a lo largo del día.

Esta reutilización, de acuerdo con Mariana Isabel Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología en la FES Zaragoza, es peligrosa para la salud:

“Aunque reutilizar no es recomendable, es algo que se hace con frecuencia, sobre todo en alimentos de bajo costo que encontramos cotidianamente fuera del metro o las estaciones de transporte público. Ahí vemos cómo, una y otra vez, se utiliza y no se cambia el aceite, la mantequilla o la manteca. Si es un puesto que está desde las 7 de la mañana hasta el mediodía, se usa el mismo aceite para preparar quién sabe cuántos productos; entonces el aceite estuvo en el calor muchas horas. Y el consumo repetido de este tipo de alimentos es lo que causa la mayoría de los problemas cardiovasculares que se reportan.

“Incluso la Organización Panamericana de la Salud se lo atribuye a estas grasas transformadas por el efecto de exponerlas una y otra vez al calor, más aún cuando de origen no eran tan saludables”, añadió.

¿Cuál utilizar?

La académica señaló que antes de adquirir un producto es necesario que lo comparemos con otras opciones para saber cuáles serían sus beneficios o sus efectos adversos a la salud.

“Ése sería el punto de partida; la diferencia en su composición es la que le da beneficios o desventajas respecto a los otros. Los más saludables serían los aceites; un poquito menos, las margarinas; y los que menos recomendaríamos que se consumieran frecuentemente o abundantemente son las mantecas, por su origen y la relación que guardan con la salud. Lo que distingue a unos de otros es el tipo de lípidos o grasas que contienen y que a su vez definen la consistencia o el estado en el que los encontramos a temperatura ambiente”, explicó.

Aceites: “Los encontramos en estado líquido; tienen una mayor abundancia de ácidos grasos que se llaman insaturados. Estas insaturaciones en su estructura química –ácidos grasos insaturados, monoinsaturados o poliinsaturados– permiten que, justamente, tengan ese estado líquido, y son las que les dan también sus propiedades benéficas”.

Margarina: “En su caso, los aceites se hidrogenan o se someten a procesos químicos en los que sus dobles enlaces cambian de configuración; esto los vuelve sólidos o menos líquidos a temperatura ambiente. Al cambiar la composición, los ácidos grasos que contienen se vuelven menos benéficos para la salud. Ahí podemos ir estableciendo un gradiente de beneficios o de efectos perjudiciales”.

Manteca/Mantequillas: “Su origen es totalmente diferente. Al venir de los animales, la manteca tiene grasas, sobre todo, saturadas. Las grasas saturadas son las que se asocian, especialmente cuando se consumen en exceso, a efectos adversos sobre la salud, principalmente cardiovasculares”.

Para Valdés Moreno la clave está en saber para qué utilizaremos cada uno de los productos en nuestras preparaciones culinarias, tomando en cuenta que lo más importante para los tres es no utilizarlos en más de una ocasión y evitar exponerlos a temperaturas demasiado elevadas.

“Lo que nosotros quisiéramos respecto al uso de los aceites, por ejemplo, es que se sometan lo menos posible al calor, porque justamente por su efecto estas características de los ácidos grasos que les dan sus propiedades benéficas se pierden. Si vamos a utilizar el aceite para guisar, sea un aceite de soya, maíz, canola o cualquiera, está bien: el punto es no calentarlo demasiado y no reutilizarlo”, señaló la especialista.

En cuanto a aceites como el de oliva, es posible consumirlos a temperatura ambiente como aderezo en ensaladas y verduras, lo cual conserva todas sus propiedades benéficas para la salud. “No quiere decir que no se puede usar de otra manera; tiene que ver con el propósito. En general los aceites de origen vegetal son los que se van a preferir; también hay diferencias de costos y respecto al proceso químico que se usa para obtenerlos”.

Aceite de coco

Es irónico, subrayó la docente de la FES Zaragoza, que en los últimos años el aceite de coco se haya popularizado entre la población que desea comer de manera más saludable, ya que su uso podría no traer los beneficios esperados. Así lo explicó:

“Es de los muy poquitos aceites, o grasas vegetales, en los que son más abundantes estos ácidos grasos saturados, como en las grasas de origen animal. En realidad, el aceite de coco no es recomendable para la población en general; desafortunadamente, se ha publicitado que por ser de origen vegetal es mejor, que es más saludable, que es benéfico; pero no es el caso. Si lo sometemos, además, a altas temperaturas cuando lo usamos para cocinar, da lo mismo que usar una manteca de origen animal”.

“Se oferta como una ventaja o un añadido, y es más caro en el mercado. Pero, a fin de cuentas, tiene la misma composición que productos más baratos que no necesariamente son buenos para la salud. Es falso que por ser de origen vegetal sea mejor”.

Evitar las margarinas

Valdés Moreno recalcó que la primera recomendación relacionada con este tipo de productos es consumirlos de manera moderada o “lo menos posible”, porque fueron sometidos a un proceso industrial llamado hidrogenación, que permite que tengan una vida de anaquel más extensa.

“Ése es el objetivo: que su vida de anaquel sea mayor. En consecuencia, tienen una consistencia distinta que se utiliza para ciertas preparaciones. Lo más recomendable es consumir aquellos que no tengan sellos de advertencia de ácidos grasos trans o que no tengan exceso de sal, porque otra característica de estos productos es la cantidad de sodio que contienen”.

Otras recomendaciones

“Es importante que la población en general preste atención al tipo de grasas que consume; procuremos, en la medida de lo posible, que éstas sean de origen vegetal. Evitemos las de origen animal o las que derivan de los productos ultraprocesados, las cuales, aunque no tan evidentes, son contenidas en abundancia. Ser cuidadosos y moderar nuestro consumo de ultraprocesados: galletas, frituras, botanas, etc. Todos o la mayoría de los alimentos empaquetados que tienen sellos debemos evitarlos, porque su composición –no sólo en términos de lípidos– no es la ideal. Las personas que tienen antecedentes de dislipidemias, colesterol o triglicéridos elevados son las que más deben tener cuidado con su consumo de lípidos. En cualquier caso, son preferibles los de origen vegetal”.

¿Por qué el número Pi encierra magia y fascinación?

Pi (π) es un número mágico y fascinante. “Nos persigue por todos lados”. Está en las ciencias, en la tecnología y en la vida cotidiana. Es como un dado de diez caras que lanza el doctor Víctor Manuel Romero Rochín, del Instituto de Física, para los lectores de UNAM Global.

Pi no es un número entero (0, 1, 2, 3…) ni racional (los que se expresan con cocientes de enteros, por ejemplo 1/3, 7/22, 25/32…), sino irracional, es decir, no puede expresarse como el cociente exacto de dos números enteros.

Desde la primaria nos enseñan que pi equivale a 3.14 o 3.1416, pero tiene “un número gigantesco —en realidad infinito— de cifras”, miles y miles de millones ya conocidas y otras aún desconocidas.

Otra cualidad es que, dadas varias cifras de pi, no sabemos qué número sigue. “Podría ser cualquiera del 0 al 9”. Es como si los números siguientes estuvieran al azar o como si fuera un dado de diez caras.

Un dado tiene seis caras, pero imaginemos que fueran diez. “Cada vez que lo aventemos, nos saldría uno de esos números (del 0 a 9), que tienen la misma probabilidad. “Y no se sabe dónde acaba el número pi”.

El “cachito” que siempre faltará

Hace cuatro mil años los babilonios descubrieron que el área del círculo es el resultado “del radio multiplicado por pi”, y, según sus cálculos, “era 3 y no 3.14”.

Después, los egipcios fueron mejorándolo; más tarde, los chinos se enfrentaron al misterio de este número y le descubrieron más dígitos. Desde entonces, para los matemáticos ha sido “una pasión encontrar el valor de Pi”.

“π” es la letra griega equivalente a la “p” del español. Ese simbolito (palitos que forman una casita) fue utilizado por el matemático y físico suizo Leonhard Euler (1707-1783) para nombrar a un número que nadie sabía entonces cómo llamarle. Simplemente decían: “la circunferencia no es exactamente tres veces el diámetro, sino tres veces más un cachito. Faltaba ese cachito”.

Históricamente, el número pi sale del círculo. Lo tiene adentro. “A mí me enseñaron en quinto de primaria que la circunferencia es el diámetro del círculo multiplicado por Pi”.

Circunferencia es la orilla o perímetro del círculo (“π viene del griego perímetro”). Y el diámetro es la recta que pasa por su centro. ¿Cuántas veces cabe el diámetro en la circunferencia? “Tres veces y cachito, y ese cachito era .1416”.

Si uno suma un número infinito de números, puede ser que el resultado no sea infinito, sino otro número. En el pasado, los matemáticos (Newton, entre ellos) encontraron muchas fórmulas de sumas infinitas cuyo resultado es pi.

Si al uno se le resta un tercio y le suma un quinto y le resta un séptimo, más un noveno, menos un onceavo… así hasta el infinito, el resultado es pi dividido entre cuatro. Como esta fórmula existen ahora una infinidad.

Son números que se van haciendo más pequeños, pero cuando se suman todos dan pi o tres o seis veces pi. Por eso, pi es un número que apasiona a los humanos. Matemáticos de todas las épocas buscaron los dígitos que seguían. Eso continúa ahora, y con las computadoras modernas se ha convertido en un reto.

En agosto de 2021, la Universidad de Ciencias Aplicadas de los Grisones, en Suiza, batió el récord de cálculo de decimales de pi: 62 mil 800 millones, de los cuales los últimos diez decimales son 7817924264.

Pi aparece por todos lados

Pi aparece no sólo en todas nuestras matemáticas sino por todos lados. A veces aparece junto al “número e”, tan peculiar y raro como pi, que está escondido en todo lo que tiene curvas: una pelota, que es esférica; un balón de futbol americano, que es ovoide; una galaxia, que puede ser espiral, como la Vía Láctea, o con brazos curvados o en forma de óvalo, como otras.

También aparece en los aparatos que tienen un movimiento periódico, cíclico —como los péndulos, los motores, los relojes—, en las ondas de voz y en las ondas electromagnéticas, en fenómenos naturales, como los temblores (que son ondas periódicas que viajan por la tierra) y la rotación de los planetas. En otras palabras, la ciencia y la descripción de la naturaleza no podrían avanzar sin el concepto de los movimientos ondulatorios. Y en todos ellos pi juega un papel esencial.

Además, está en la mecánica cuántica, en la que hay otro número fundamental, llamado constante de Planck (el físico alemán Max Planck la descubrió en 1900), que siempre aparece dividida entre dos veces Pi.

Y la mecánica cuántica, que nos permite entender el submundo microscópico, las moléculas, los átomos y las partículas elementales como los quarks, también está en nuestra vida diaria. “Por todos lados vivimos de cuestiones cuánticas”.

Compras compulsivas, trastorno psicológico del siglo XXI

Si alguna vez has sentido muchas ganas de comprar algo, tanto que experimentas ansiedad, pero al obtenerlo sientes una sensación de euforia, y posteriormente sientes una gran culpa y caes en la depresión al pensar que no tienes para pagar, cuidado porque podrías ser un comprador o compradora compulsiva.

De acuerdo con Gabriela Orozco Calderón, profesora de la Facultad de Psicología, a esto se le conoce como oniomanía y es el término utilizado para describir al comprador compulsivo, quien tiene las características de adquirir y sentir que no tiene el control.

Este trastorno representa uno de los problemas actuales más graves que tenemos en nuestra sociedad, ya que social y culturalmente se promueve el tener bienes materiales y un estatus que nos hace sentir mejores personas, incluso más atractivos, dijo la entrevistada.

Además, este comportamiento puede darse como una respuesta ante emociones primarias como son venganza, aburrimiento, y de hecho, se acentúa en épocas decembrinas.

En este contexto, el porcentaje de mujeres que sufren este padecimiento es mayor con respecto al de los hombres. Ellas suelen adquirir ropa, zapatos, música, y ellos todo lo que tiene que ver con los gadgets y aparatos electrónicos.

Un trastorno psiquiátrico

A la fecha, los manuales psiquiátricos no incluyen la compra compulsiva como una enfermedad, sin embargo, es muy parecida neurobiológicamente a lo que es el juego compulsivo que sí está incluido en conductas adictivas.

Al respecto, la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas indica que la adicción es una enfermedad crónica y recurrente del cerebro, caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de sustancias a pesar de sus consecuencias nocivas.

Así, puede decirse que la compra compulsiva se vincula con la adicción, porque la característica en común es esa impulsividad de no poder detenerse al realizar las compras, además de relacionarse con depresión, ansiedad, conductas antisociales, y muchas otras adicciones psicológicas.

El diagnóstico incluye una preocupación mal adaptativa o impulsiva por no comprar, pensamientos intrusivos en la vida cotidiana, irresistibles y sin sentido que quitan tiempo para realizar otras actividades por ir a comprar objetos que no se necesitan, y alteran ocupaciones sociales y familiares.

Debido a la gratificación inmediata, el estatus que genera es un perfil de personalidad neurótico, pues se busca el reconocimiento de los demás a través de la aprobación por tener ropa nueva y de marca, o el último celular y la tablet de última generación.

El placer de comprar

Una persona normal siente placer al adquirir un producto, porque ha tenido que juntar el dinero para obtenerlo, pero en una persona que es compradora compulsiva es más complicado, dijo la investigadora.

En este caso, los afectados por dicho trastorno constantemente sienten ansiedad de adquirir productos, y al obtenerlos disminuye la sensación placentera, y finalmente lo que compran terminan regresándolo o almacenándolo sin usarlo.

Entonces, añadió la académica, existen alteraciones cognitivas en el individuo que afectan su toma de decisión. Esta función se encuentra en la porción prefrontal del cerebro, donde se incluyen los neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. En el caso de los afectados, las sustancias no trabajan eficientemente en sus cerebros.

Para corregir esta enfermedad patológica, la experta explicó que los afectados podrían atenderse con un psiquiatra para que se les receten medicamentos como citalopram o naltrexona para nivelar las sustancias en su cerebro, además de tomar una terapia cognitivo conductual para generar conciencia emocional y estrategias que limiten el comportamiento impulsivo de comprar.

Además, las personas con este problema pueden acudir a la Facultad de Psicología donde existe un centro de atención a las adicciones, concluyó.

El consumo y la publicidad en México durante el siglo XX

En las sociedades de consumo como la nuestra, la publicidad juega un papel fundamental para dar a conocer a la gente los productos, bienes o servicios que hay en el mercado y persuadirla de que debe adquirirlos o contratarlos.

Susana Sosenski, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, estudió la manera en que el consumo estableció un vínculo muy estrecho con la publicidad durante el siglo XX en nuestro país.

“La publicidad es una fuente muy generosa que nos permite a los historiadores observar y analizar las sociedades del pasado, porque en ella confluyen las miradas de los publicistas y la recepción de los consumidores. Yo quise concentrarme en la historia del consumo y la publicidad, no tanto desde la perspectiva económica como desde la perspectiva social, cultural y de las emociones, para ver cómo esas dos actividades indujeron la construcción de imaginarios y buscaron generar deseos y provocar emociones entre los consumidores”, dice.

Resulta oportuno considerar que el consumo es un engranaje del proceso productivo, pero también un conjunto de prácticas a través de las cuales se aspira a satisfacer necesidades y deseos, y alcanzar cierto estatus.

Magníficas consumidoras

En las primeras décadas del siglo XX, los publicistas se dieron cuenta de que las mujeres de clase media podían ser unas magníficas consumidoras y se concentraron en dirigir hacia ellas muchos de los anuncios publicitarios que salían en los periódicos.

Por ejemplo, en el caso de la industria tabacalera, que había llegado a la conclusión de que era un error garrafal restringir su mercado al ámbito masculino, los publicistas aprovecharon las nuevas exigencias de libertades y derechos femeninos, e introdujeron la idea de que fumar también podía ser algo liberador para la mujer.

“Y no sólo eso: puesto que, en el mundo de la publicidad, el género femenino se cosificó muy pronto, las mujeres fueron consideradas meros objetos atractivos y hermosos, y sus imágenes utilizadas para publicitar toda clase de productos: cervezas, joyas, jabones, cosméticos, muebles…”, añade Sosenski.

Deseos y aspiraciones

En las décadas de los años 10 y 20, los anuncios publicitarios que salían en los periódicos podían ser pequeños, con mucho texto, como los del Aviso Oportuno, o de mayor tamaño, pero igualmente con mucho texto y una imagen no muy grande, lo cual sugiere que estaban destinados a las personas alfabetizadas.

“Con el paso del tiempo, el texto se hizo cada vez más breve y la imagen creció y cobró más importancia. La publicidad actual utiliza imágenes sin textos que expliquen qué se está vendiendo, así como logos. Hemos logrado tal entrenamiento visual que podemos descubrir sin problemas de qué se trata”, señala la investigadora.

En esa época, los publicistas también recurrían a anuncios de neón instalados en las principales avenidas, a carteles pegados en los muros de las calles, a hojitas de papel que eran distribuidas de mano en mano y, por supuesto, a la radio (posteriormente, con la televisión, la publicidad alcanzaría un auge nunca antes visto).

Junto con el fenómeno de los braceros, que iban a Estados Unidos y regresaban a México, y el del cine estadounidense, que se convirtió en un producto masivo, la entrada de productos como los electrodomésticos y la comida enlatada a mediados de siglo contribuyó decisivamente para que el american way of life fuera adoptado poco a poco por la clase media mexicana y luego permeara a los sectores populares.

“En los anuncios publicitarios aparecieron, entremezcladas con el discurso en español, palabras en inglés: flapper, sandwich, golf, football, baseball… La publicidad de esa época nos muestra no sólo los objetos que se vendían entonces, sino también los deseos y aspiraciones que se pretendían hegemónicos, y los ideales de vida que la publicidad buscaba imponer”, indica Sosenski.

Emociones

La publicidad también se relaciona con la historia de las emociones. Ya en los años 20, en Estados Unidos, Edward Louis Bernays, quien era sobrino de Sigmund Freud, puso a leer a sus colegas publicistas el libro Psicología de las masas y análisis del yo, que su famoso tío acababa de publicar, para demostrarles cómo se podía manipular emocionalmente a los consumidores y atraerlos al proceso de compra.

“Ese libro se convirtió en el texto de cabecera de los publicistas para satisfacer las demandas del gran mercado”, comenta la investigadora universitaria.

Más tarde, en los años 30, surgió con fuerza la publicidad trasnacional. Los anuncios de agencias como la J. Walter Thompson, que manejaba la marca Colgate, comenzaron a atravesar América Latina y cruzar el Atlántico hasta Europa, y sólo en algunas ocasiones se modificaban y adaptaban para difundirlos en determinados países.

“Pero, en general, la publicidad de las grandes corporaciones contenía un discurso hegemónico y global, por lo menos en América Latina y Europa. Por ejemplo, Kodak esparció la idea de lo que debía ser una familia feliz. Sus anuncios siempre mostraban a alguien tomando una fotografía de un papá, una mamá, un niño, una niña y un perrito felizmente reunidos al borde de la chimenea o en un jardín. Ese tipo de escenas poblaría el imaginario de lo que debía ser una foto familiar.”

De acuerdo con Sosenski, en la actualidad estamos expuestos, casi sin darnos cuenta, a un mundo publicitario mucho más sutil, en el que aun nosotros mismos fungimos como medios de publicidad, llevando bolsas, camisetas, pantalones… con el logo o la firma del fabricante a la vista de todos, y, a la vez, somos productos que las redes sociales venden a los publicistas.

“A lo largo de todo el siglo XX, la publicidad fue penetrando en los hogares a través de los medios de comunicación. El proceso de trasnacionalización, de globalización de los discursos y, ahora, de penetración de la publicidad en los momentos incluso más íntimos que puede tener el ser humano se ha intensificado. Creo que la gran pregunta es cómo podemos resistirnos a él”, finaliza.

Recuadros

  • Grupos específicos de consumidores

Influidos por sus colegas de Estados Unidos, los empresarios y publicistas mexicanos se percataron de que el mercado necesitaba grupos cada vez más específicos de consumidores, esto es, de caballeros, damas, jóvenes, niñas y niños… Fue así como surgieron las tiendas departamentales como El Centro Mercantil, El Palacio de Hierro y El Puerto de Liverpool.

“Si antes una familia acudía a un sastre para que confeccionara la ropa de todos sus miembros, ahora podía ir a una de esas tiendas y visitar la sección de ropa para niños de dos a tres años, la de ropa para niños más grandes y la de ropa para adolescentes o para mujeres y hombres adultos. Esta variedad concentrada en un solo espacio resultó un éxito rotundo en la multiplicación de los mercados de consumidores”, apunta la investigadora.

  • La frase

“La publicidad no sólo ofrece productos para saciar necesidades, sino también genera necesidades y deseos; además, aunque en alguna medida es una gran ficción, crea hábitos, costumbres y tendencias, e incide en las sensibilidades y emociones”
Susana Sosenski
Investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM

Mexicanos, palestinos y saharauis, del mismo lado de los muros

“No encuentro adjetivos, salvo una palabra que resume la esencia de lo que quiero decir: gracias, muchas gracias de verdad por este trabajo que lleva años, la UNAM, Silvana y todo el equipo del museo, a ustedes que tienen el interés por seguir el tema de los muros, un problema enorme que silencia muchas cosas que hoy podremos ver. Estamos mexicanos, palestinos y saharauis del mismo lado, nuestra historia está del mismo lado porque es la misma injusticia la que nos condena y convoca a estar del mismo lado”.

Con esas palabras del Ministro Mojtar Leboihi Emboiric, Consejero Encargado de Negocios de la Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática, inició el camino de la exposición Mexicanos, palestinos y saharauis: del mismo lado de muros diferentes, la cual toma tres edificaciones emblemáticas como ejemplo de los problemas que estas construcciones provocan alrededor del mundo: el que existe entre México de Estados Unidos; Palestina e Israel; y la República Árabe Saharaui Democrática y el Reino de Marruecos.

La exposición, como se explicó durante la inauguración, no cuenta con colecciones y se resolvió haciendo un balance entre textos, imágenes y gráficas, buscando darle al público una experiencia ágil y ligera en la que puedan aprehender los datos que se muestran.

Asimismo, la propuesta museográfica busca resaltar no sólo la tragedia –humana y ecológica– provocada por cada uno de los muros alrededor del mundo, sino la inutilidad de estos ya que las culturas a su alrededor continúan abriéndose paso. A futuro se tiene planeado que recorra diversos países alrededor del mundo.

Silvana Rabinovich, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, destacó durante la presentación que la exposición consiguió llegar al público dos años después de lo planeado gracias a las medidas impuestas para evitar la propagación del Covid-19.

Recalcó que la autonomía de la Universidad Nacional permite “a pesar de los embates de los constructores de muros, sacarle la lengua a la ignominia… esta exposición rinde homenaje a los desplazados, prometeos desterrados que deben montarse en La Bestia para robar un poco de fuego”.

“Es un mea culpa colectivo ante los empobrecidos que no son pobres congénitos de un sistema de despejo orquestado por una minoría enriquecida… el problema es el MURO, con mayúsculas”, añadió la especialista.

Por su parte, Aída Castilleja, secretaria técnica del INAH, mencionó que se trata de un trabajo “que tiene la gran magia de traducir temas dolorosos en temas para la reflexión, en temas para combatir lo que aquí se denuncia. El trabajo que se ha hecho en el Museo Nacional de las Culturas Mundo se hizo de manera entusiasta, comprometida y creativa”.

Añadió que los materiales son una oportunidad de enseñanza, “de cómo transitar de la investigación a la divulgación con formas creativas, sin duda los libros, los artículos, los ensayos siempre serán bienvenidos, pero traducirlo a un espacio museográfico no es nada fácil”.

El proyecto se concretó gracias al apoyo de la UNAM, el INAH, el periódico La Jornada, la Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática en México, la Embajada del Estado de Palestina en la República de Argentina y diversas ONGs.

Más información en el sitio https://www.museodelasculturas.mx/

CIENTÍFICOS ALERTAN SOBRE RIESGO DE EXTINCIÓN DE REPTILES

A finales de abril apareció el primer análisis global sobre la situación de los reptiles en el mundo en la revista Nature, y los resultados confirmaron los temores de miles de herpetólogos: de 10 mil 196 especies analizadas (todas las conocidas), 21.1 por ciento está en peligro ya sea por considerarse vulnerables, amenazadas o a punto de extinguirse.

El estudio, firmado por 52 autores –entre ellos Georgina Santos Barrera, de la Facultad de Ciencias de la UNAM–, tardó 15 años en realizarse y contó con la colaboración de 961 especialistas. “La aparición de este texto es algo esperado desde hace mucho por la comunidad científica”, señala Julián Velasco, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la Universidad Nacional.

“Lo publicado ahí no son buenas noticias, pero tampoco una sorpresa”, indica el biólogo, quien añade que ante la falta de un estudio tan exhaustivo como el de Nature, ya se habían realizado trabajos parecidos, con muestras poblacionales aleatorias. Los resultados obtenidos en ese entonces son muy similares a los de ahora: “Uno de cada cinco reptiles está en riesgo de extinción”, puede leerse en el artículo “The conservation status of the world’s reptiles”, de la edición de enero de 2013 de Biological Conservation.

Desde el año 1500 han desaparecido 31 variedades de reptiles y otras 40 podrían estarlo ya. Para el investigador, el que hoy unas mil 829 especies peligren es evidencia de algo advertido por los científicos a últimas fechas: el planeta atraviesa la sexta extinción masiva de su historia y, a diferencia del meteorito que arrasó con los dinosaurios, en esta ocasión el responsable no es un fenómeno natural, sino el hombre y su voraz estilo de vida.

Se estima que hay unas ocho millones de especies tanto de flora como de fauna repartidas en el globo y, de no hacerse nada, desaparecerán un millón antes de que acabe el siglo XXI, advierte Velasco.

“En este escenario, los últimos estudios muestran que los reptiles enfrentan un grado de amenaza alto, no tanto como el de los anfibios (40.7 por ciento), pero sí similar al de los mamíferos (25 por ciento) y mucho más elevado que el de las aves (13.6 por ciento). Sin embargo, debe considerarse que los reptiles tienen áreas de distribución muy acotadas y este factor los pone en un riesgo mucho mayor. El asunto es serio, si estos animales desaparecen se irían con ellos de 15 a 20 millones de años de historia evolutiva”.

Tras barajar estas cifras y describir un panorama adverso cualquiera pensaría que el profesor Velasco es pesimista en cuanto al futuro de los reptiles en el planeta. Sobre esto argumenta: “Antes no había tantos datos. Hoy tenemos más claridad, sabemos más sobre las zonas de distribución de las especies y el impacto de la actividad humana en ellas. Eso significa que podemos diseñar mejores medidas de conservación. Aún hay tiempo para actuar; eso me hace ser optimista”.

Acciones locales con impacto mundial
Después de Australia, México es el segundo país con mayor número de especies de reptiles en el mundo. Con 864, alberga 7.8 por ciento de todas las que hay a nivel global. La presencia de estos animales en territorio nacional es tanta que incluso hay un reptil representado en nuestra bandera.

No obstante, sabemos muy poco de estos animales debido a que no gozan del “carisma” de aves, mamíferos y anfibios, y a que mucha gente los ve incluso con miedo. “Tomemos el caso de las culebras: en el campo muchos habitantes las matan bajo el argumento de que son venenosas, cuando casi ninguna lo es, y sin considerar que dan servicios ambientales muy importantes para el ser humano, como el control de plagas”.

En contraste tenemos al tlacuache, otro integrante de la fauna universitaria que, por ser mamífero, le resulta mucho más carismático a la comunidad estudiantil, tanto que ésta recién lanzó una campaña para modificar todos los botes de basura del campus, ya que para ellos representan una trampa.

Este fenómeno suele replicarse en macro, explica el académico, y por ello en México somos más conscientes de los peligros que enfrenta el jaguar por la deforestación que de la amenaza a la que están sometidos los lagartos Abronia –también conocidos como dragoncitos mexicanos– debido al tráfico ilegal de especies, pues por su belleza y colorido, en Europa y Estados Unidos hay alta demanda de estos reptiles de escamas espinosas.

Programa en desarrollo
A fin de crear conciencia sobre estos hechos, actualmente el investigador universitario desarrolla una serie de herramientas que permiten visualizar el riesgo al que están expuestas las especies, incluso aquellas de las que se habla poco. Se trata de un programa que al ser alimentado con información sobre las áreas de distribución y el impacto de variables como el cambio climático, la deforestación, la introducción de fauna extraña o la caza, calcula cuántas especies hay en un sitio y cuántas podrían perderse a futuro.

“Ello además de ayudar a los especialistas, sería muy útil para personas no expertas como los tomadores de decisiones, quienes de esta manera podrían ver con facilidad dónde y cuáles serían los sitios donde habría que priorizar acciones de conservación y destinar recursos”.

Si bien Julián Velasco confía en que estamos a tiempo para enmendar el camino, también sabe que esto no será posible sin la participación de las nuevas generaciones. “Ojalá cada vez más jóvenes se interesen en estudiar los efectos del cambio climático, el cambio de uso de suelo y otros factores sobre las especies. Hay poca información sobre esto en México; si logramos generar mayor cantidad de datos será más fácil impulsar y lograr cambios”.

Abejas, imprescindibles para la sobrevivencia humana

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Nota original de UNAM Global
Fecha de publicación de la nota original: 18 de mayo de 2022[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

En el mundo existen más de 20 mil especies de abejas cuya función principal es la polinización, tarea vital para la seguridad alimentaria de la humanidad. Sin embargo, enfrentan diversas amenazas como el cambio climático, uso indiscriminado de agroquímicos, así como los monocultivos que limitan su nutrición, alertó el profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM, Ricardo Anguiano Báez.

Aunque en México no hemos tenido un colapso, existen pérdidas fuertes de población de estos insectos, sobre todo por empleo de plaguicidas en la Península de Yucatán, Jalisco y en la Comarca Lagunera. “Se han hecho esfuerzos a partir de esos eventos para tratar de conocer las causas y de proteger a las abejas. Quizá nos ha fallado la coordinación entre autoridades, apicultores y la parte académica, para poder trabajar en conjunto y guiar una política apícola nacional”, reconoce el universitario.

De acuerdo con el portal de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), en nuestro país cerca de 88 por ciento de las 145 especies cuyo fruto o semilla se cultiva y consume, como chile, mango, calabaza, frijol o jitomate dependen de estas y otros insectos para su producción. En el mundo, 80 por ciento de los cultivos de los que obtenemos alimentos, bebidas, medicinas, tintas y fibras necesitan también de su trabajo.

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Posibles causas de la caída de Tenochtitlan, de Eduardo Matos, en Descarga Cultura

En esta ponencia realizada en marzo de 2019, dentro del ciclo: «El historiador frente a la historia 2019-1519: el encuentro de dos mundos. Homenaje a Miguel León-Portilla», organizado por el Instituto de Investigaciones Históricas, Matos Moctezuma expone las causas psicológicas, económicas, bélicas y de enfermedad que culminaron en los hechos que cambiarían el devenir del territorio mexica.

No se puede atribuir a una sola persona la caída de la gran ciudad de Tenochtitlan, ni siquiera a una sola causa. Para comprender lo ocurrido hace 500 años en territorio mexica es necesario conocer el contexto sociodemográfico, cultural, geográfico e incluso religioso en el que sucedieron estos acontecimientos. En esta conferencia, el historiador, arqueólogo e investigador emérito Eduardo Matos Moctezuma hace una revisión pormenorizada a las razones que pudieron llevar a la derrota de Tenochtitlan y Tlatelolco, así como al papel que jugaron cada uno de los involucrados tanto del lado de los españoles, como de los indígenas que se les unieron para conformar un gran ejército y, por supuesto, de los vencidos.

Escúchala: https://descargacultura.unam.mx/posibles-causas-de-la-caida-de-tenochtitlan-7100976

Coyolxauhqui, de Eduardo Matos Moctezuma, en Descarga Cultura

En la conferencia “Coyolxauhqui”, que fue grabada el 15 de agosto de 2013 en el Aula Mayor de El Colegio Nacional, Eduardo Matos Moctezuma narra la exploración que en 1914, bajo la dirección de Manuel Gamio, llevó al descubrimiento de los edificios que hoy conocemos como el Templo Mayor. El arqueólogo también explica las técnicas y el desarrollo científico que se implementó para garantizar su conservación, así como algunas de las interpretaciones acerca del mito de la Coyolxauhqui.

Escúchala: https://descargacultura.unam.mx/coyolxauhqui-4605686

Grandes Maestros: Eduardo Matos Moctezuma

Eduardo Matos Moctezuma, galardonado con el Premio Princesa de Asturias, notable investigador, académico y arqueólogo nos acerca en esta conferencia a la manera en la que se concebía el fin de la vida y cuáles eran las prácticas mortuorias entre mexicas, mayas, zapotecas, mixtecas y otras culturas precolombinas a partir de la revisión de algunas piezas y sitios arqueológicos que muestra una parte del origen del tradicional Día de Muertos en México.

Eduardo Matos es Maestro en Ciencias Antropológicas con especialidad en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) fue director de Monumentos Prehispánicos, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, del Museo Nacional de Antropología. Sus principales trabajos arqueológicos se desarrollaron en Comalcalco, Tepeapulco, Bonampak, Cholula, Coacalco y Tlatelolco. Coordinó los proyectos Tula —en los setenta— y Teotihuacan —en los noventa.

A partir de 1978 fue arqueólogo fundador y director del Proyecto Templo Mayor, así como director del museo de sitio de 1987 a 2000. En 2001 fue nombrado Profesor Investigador Emérito por el INAH. Es miembro de El Colegio Nacional, del Seminario de Cultura Mexicana, de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la Sociedad de Antropólogos del Caribe, de la Asociación de Escritores de México, de la Academia Mexicana de la Historia, entre otras.

Escucha a Eduardo Matos Moctezuma en Descarga Cultura

Eduardo Matos Moctezuma es el ganador del Premio Princesa de Asturias 2022. El anuncio se dio este 18 de mayo, y en Descarga Cultura UNAM puedes escuchar dos de sus ponencias:

Piedra del Sol

Es la  ponencia que se presenta a continuación, el investigador describe los pormenores del hallazgo del mal llamado “calendario azteca” y el posterior descubrimiento de la “Coatlicue”. Matos Moctezuma rastrea los lugares en los cuales fueron ubicados estos monumentos prehispánicos y comenta cuáles han sido los estudios que han realizado investigadores de distintas latitudes, desde el punto de vista estético y matemático, para brindar interpretaciones sobre la Piedra del Sol. Tal es el caso de Alexander von Humboldt, Enrique Juan Palacios, Carlos Navarrete y Doris Heyden, Rubén Bonifaz Nuño y José de Jesús Cravioto, entre otros.

Escúchala: https://descargacultura.unam.mx/piedra-del-sol-4409824