Efímero, frágil, orgánico trascendental, así es como luce el trabajo de Marbel Portela. Flores, semillas, lo intrínseco de la naturaleza a la par de lo artificial. Su trabajo nos remonta por momentos a una colección de especímenes botánicos, por momentos a un desierto, otras veces a un bosque pétreo que inunda desde lo negro con una inusitada luz primigenia, sobrecogedora experiencia que nos hace sentir parte de algo más grande.
Con piezas que se descuelgan del techo y los muros dando la sensación de que nos cubrirán enrollándonos en texturas, matices y colores que nos llevarán de vuelta al origen de la vida misma. Lo onírico de la mano de la naturaleza para redescubrir lo humano,
Cada pieza nos refiere a esta dinámica de representar a la naturaleza desde la naturaleza misma a través de la imaginación. Tela, papel, barro, madera son una constante, materiales orgánicos representando su origen, donde la tela que una vez fue una planta se convierte en pétalo o el papel una vez árbol se convierte de nuevo en semilla.
Le gusta reciclar, lo que vemos en la exposición, pudo haber pertenecido a otra pieza, cuyo carácter perecedero debido a la naturaleza de los soportes que usa se presta fantásticamente para su reutilización. Su obra da la impresión de no ser hecha para durar, como se suele contemplar a la escultura, sino para servir a otro propósito: el de resignificar revelando nuevas formas e interpretaciones, como el ciclo de la vida misma que no acaba con la muerte, y es que el fruto se descompone para dejar fuera a la semilla y así volver a nacer.
La obra de Maribel Portela es una invitación al movimiento, a la puesta en crisis de la división tajante entre naturaleza y artificio. ¿Qué hace una flor del desierto en una galería? Para la filósofa xenofeminista Helen Hester, no hay afuera de la naturaleza. La separación que durante siglos ha definido el pensamiento se sostiene apenas a partir de una serie de presupuestos que sustentan la idea jerárquica de lo humano puesto por encima de otras formas. Algunas de las piezas se proponen como una serie de chimeneas abiertas, palpitantes, un anuncio de algo que está siempre a punto de suceder: un movimiento, una expiración, algo que se expulsa de un cuerpo y se mezcla con su entorno.
Orgánico artificial estará hasta el domingo 30 de enero de 2022
Más información al correo: karol.chopo@gmail.com
Museo Universitario del Chopo
Dr. Enrique Gonzalez Martinez 10, Santa María la Ribera
El cáncer de mama es una enfermedad que también sufren las mascotas. Es el segundo padecimiento más importante en las perras. En cambio, en las gatas es menos común, pero cuando las afecta, en su mayoría los tumores resultan malignos, afirmó Fausto Reyes Delgado, director de Desarrollo Institucional, Comunicación y Educación del Hospital Veterinario UNAM-Banfield.
El cáncer es el crecimiento anormal y desordenado por mutación de las células e incluso se dividen sin control. A largo plazo, la “perrita” o “gatita” que lo padece sufrirá cambios y trastornos que pondrán en riesgo su vida.
Los tumores del cáncer de mama se originan de los epitelios y se caracterizan porque crecen de forma lenta y progresiva. En ocasiones, puede surgir la metástasis, es decir, invaden a otros órganos, lo mas común son los pulmones.
Probabilidad
En el caso de los canes hembras que presentan tumores mamarios, aproximadamente existe un 50 por ciento de probabilidad que sean malignos, y el restante, benignos.
Existen factores muy importantes que predisponen la enfermedad, como es la producción de hormonas, específicamente los estrógenos.
Cada que una “perrita” entra en celo produce una gran cantidad de estrógenos y corre un riesgo enorme de predisponerse para un tumor en la glándula mamaria.
Por ejemplo, si una hembra se esteriliza antes del primer celo, se considera que el riesgo de contraer un tumor de glándula mamaria es del 5 por ciento; después del primer celo el porcentaje se incrementa al 20 por ciento; si pasa el tercero, será del 70 al 80 por ciento.
“Si esterilizo un ejemplar que ya pasó el tercer celo, no la exime de que pueda presentar un tumor de glándula mamaria, porque ya la glándula fue bombardeada por los estrógenos”. Lo ideal es esterilizarlas antes de presentar el primer celo, para reducir en gran medida la presentación de tumores, ya sean benignos o malignos.
Prevención
Al igual que los humanos deben palparse y sentir si existe alguna masa extraña, los dueños deben hacerlo con sus mascotas de forma periódica (una vez al mes), tocarles la piel en la glándula mamaria, y determinar si existen pequeños crecimientos.
También es importante acudir a las revisiones semestrales con el veterinario para que chequen a la “perrita” y así obtener un diagnóstico temprano.
Si se encuentra alguna masa extraña, el veterinario patólogo debe realizar un diagnóstico a través de punciones, realizar una biopsia y tomar radiografías, para verificar si existe alguna diseminación del tumor.
Posteriormente, el médico cirujano podrá determinar cuál es el mejor procedimiento para el paciente y trabajar en conjunto con el oncólogo, ya sea una quimioterapia o el retiro de la glándula mamaria afectada. “Dependiendo de dónde se presenten los tumores se decidirá cuál es el mejor tratamiento”.
En cuanto a las “gatitas” los tumores también están asociados a los niveles hormonales de los estrógenos, pero no es tan común que tengan tumores de glándulas mamarias.
“En el ámbito veterinario se sabe que lamentablemente gatita con tumor tiene cáncer de glándula mamaria”. El tratamiento es el mismo que con los canes.
¿Qué debe hacer el dueño?
Cuando el veterinario detecta una “perrita” o “gatita” con un tumor en la glándula mamaria lo primero es platicar con el propietario, y mandar las pruebas del laboratorio para verificar la naturaleza de la masa.
Una vez que se tienen los resultados de laboratorio y si la masa es benigna, se plantea retirarla con una cirugía, pero si resulta maligna se lleva a cabo un protocolo para realizar la quimioterapia.
En algunos casos, una mascota con tumor de glándula mamaria maligno puede vivir durante años, siendo monitoreada y revisada de forma constante por el médico veterinario.
En otros casos, el período de vida de la mascota puede recortarse. Aunque sea difícil los dueños deben acompañarlos durante el proceso. “Disfruten a su mascota”, dijo Fausto Reyes.
“No por tener un tumor de glándula mamaria debe ser apartado de la familia, al contrario, debemos apoyarla al igual que se haría con un humano”, concluyó.
Me coloqué en la orilla de la viga de equilibrio, alejando mis pies, sin darme cuenta que también se alejaban mis objetivos, mi estilo de vida y mi percepción sobre lo que significaba la gimnasia artística.
Tras culminar de pie el ejercicio, mis compañeras y yo nos dispusimos a estirar nuestros músculos y articulaciones, mientras con risas y el estrés de la próxima competencia, hablábamos de la posible cuarentena.
Un fin de semana cerraron nuestro gimnasio en las instalaciones del frontón cerrado de Ciudad Universitaria, y al igual que todos, los gimnastas nos encerramos cuando lo que más queríamos era saltar y girar.
Los primeros dos meses de confinamiento fueron un respiro para mí, un descanso del agitado ritmo que había llevado por años. Como todos mis compañeros gimnastas solía estar gran parte del día en nuestra universidad, lo que implicaba despertarse muy temprano, pasar más de dos horas en transporte público, realizar numerosas actividades académicas y, sobre todo, pasar casi medio día entrenando gimnasia artística.
Entrenar gimnasia artística era más que hacer una actividad física y recreativa, de hecho, a veces nos parecía que iba más allá de ser sólo un deporte. Se había convertido en un estilo de vida en el que nuestro cuerpo y nuestra mente trabajaban todos los días, buscando más retos y la perfección en cada movimiento.
Durante años la gimnasia artística era la forma en que nos expresábamos y equilibrábamos, ahora nos sentíamos reprimidos y desorientados.
Comprendí lo que Simon Biles dijo: «no todo en la vida es gimnasia», porque después de mucho tiempo dejé de correr, saltar y girar a un ritmo agitado; esta vez me quedaba quieta para comprender el mundo que había dentro y fuera de mi.
El confinamiento nos había orillado a mirarnos al espejo y desprendernos del papel de gimnastas universitarios, para apreciarnos como seres humanos que aman, reflexionan, cambian, sufren y son susceptibles a la muerte.
No obstante, al paso de los días, las semanas y los meses, tanto yo como mis compañeros, nos dimos cuenta que era verdad, que «no todo en la vida es gimnasia», pero también era real que «la vida no es la misma sin gimnasia».
Por tanto, alejarse del escenario de nuestro deporte se convirtió en un viaje que cambió nuestras vidas, que jugó con nuestras mentes y nuestros propios cuerpos, arrastrándonos a una situación donde parecía que la enfermedad y la muerte nos ataban los pies al piso y nos impedían girar.
Nos enfrentábamos a estilos de vida totalmente distintos de los que teníamos, en ausencia de espacios donde pudiéramos liberar toda nuestra energía, quedando sedientos de adrenalina y ansiosos de nuevos retos; el sentirnos lejos de nuestras metas provocaba que nos comiera el estrés.
Durante año y medio nuestros entrenadores se esforzaban por adaptarse a los horarios, escenarios y recursos de cada uno de sus alumnos gimnastas, para asesorarnos y mantenernos con la iniciativa de seguir entrenando. Nosotros buscábamos múltiples maneras de hacer gimnasia dentro de los reducidos espacios de nuestras casas, ahorrábamos para comprar material de apoyo: tapetes, ligas, trampolines y colchones; incluso algunos fuimos a parques o gimnasios particulares pequeños.
Sin embargo, cada día el mundo nos demostraba que giraba más rápido, y que hacer ejercicio en casa no se sentía igual a ser un gimnasta universitario que corre amplia y velozmente, que prepara ejercicios nuevos en una serie de aparatos y colchones, que siente el compañerismo, que disfruta la adrenalina de estar de cabeza o suspenderse en el aire, que cada semana se le revientan las ampollas de las manos y se llena el cuerpo de magnesia tras unas buenas rutinas en las barras.
Durante el confinamiento los espacios que teníamos eran insuficientes, por lo que nos pegamos con muebles, resbalarnos en el piso y hasta nos dolían las articulaciones por hacer ejercicios de impacto en suelo duro.
A esto se sumaban dificultades más severas como problemas económicos, familiares enfermos, incluso nosotros mismos llegamos a enfermar; y todos estábamos estresados al no tener cerca a los que amábamos.
Llegó un punto en donde cada uno de nosotros tenía que ser el gimnasta, el psicólogo y el entrenador, porque la gimnasia era nuestro alimento de cada día y no poder tener el escenario donde desenvolvernos, nos colocaba en una fuerte lucha entre la desmotivación y la disciplina.
Nos sentíamos ansiosos de volver al gimnasio, teníamos la intriga de saber si todo lo que había pasado nos favorecería o cambiaría nuestras metas en torno a nuestro deporte.
Después de enfrentar una pandemia con depresión, ansiedad, enfermedad, muertes y otras diferentes situaciones adversas nos sentíamos más fuertes. Los aparatos ya no parecían ser tan intimidantes y teníamos mucha hambre de volver a hacer tantos ejercicios como pudiéramos, al lado de nuestros amigos y entrenadores.
Aún así, persistía el suspenso de cómo sería en realidad volver a pararnos con nerviosismo sobre la viga de equilibrio, volver a llenar nuestras manos de magnesia y colgarnos de las barras, volver a saltar con tanta fuerza qué comprimiéramos los resortes del botador de salto de caballo y de la pista de piso.
Necesitábamos recuperar nuestro estilo de vida para comprender verdaderamente lo que ha significado la pandemia para la gimnasia artística universitaria, cuál es ahora nuestra perspectiva de este deporte y cuáles serán las siguientes metas a lograr.
Aunque a veces lo deseábamos, el tiempo no volvería atrás y en cuanto se volvieran a abrir las puertas de nuestro gimnasio, entraría una versión más fuerte de nosotros, ya que durante año y medio nos sentíamos tan vacíos sin gimnasia, que nos alimentábamos de perseverancia, disciplina y amor para construir la motivación que nos mantuviera de pie. Porque hoy, más que nunca, nos sentíamos seguros de que la gimnasia artística es nuestra forma de ser, lo que amamos y parte del camino por donde queremos seguir. Era verdad que ya no éramos niños, y el tiempo nos perseguía, pero muchos de nosotros nos manteníamos fieles a nuestras metas y se vigorizaban nuestras ganas de desafiar la gravedad, dominar los aparatos, girar y ganar.
La pandemia alteró el ritmo en que giraba el mundo y debilitó el ritmo en que giraban los gimnastas. Ahora nos preguntábamos: ¿habrá ganado el ritmo impredecible del mundo o nosotros los gimnastas habremos ganado fuerzas para girar?
*Estudiante de la Facultad de Psicología de la UNAM
El investigador del Instituto de Geofísica Juan Américo González Esparza recibió ayer el Premio Estatal de Ciencia 2021, el cual es otorgado por el Gobierno del Estado de Michoacán.
El reconocimiento le fue entregado en el marco del 16 Congreso Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y Décimo Encuentro de Jóvenes Investigadores del Estado de Michoacán, organizados por el Instituto de Ciencia Tecnología e Innovación.
González Esparza es responsable del Observatorio de Centelleo Interplanetario de Coeneo, Michoacán, fundador de la Unidad Michoacán del Instituto de Geofísica de la UNAM y del Servicio de Clima Espacial Mexicano, y responsable técnico del Laboratorio Nacional de Clima Espacial.
Nació en Ciudad de México el 18 de septiembre de 1967. Estudió la Licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Realizó un doctorado en Física Espacial en el Imperial College de la Universidad de Londres y una estancia posdoctoral en el Jet Propulsion Laboratory NASA-Caltech. Se incorporó como investigador al Instituto de Geofísica de la UNAM en 1997.
De ese año hasta 2006 formó parte del Departamento de Ciencias Espaciales y a partir de 2006 se trasladó a Morelia para dirigir el observatorio de centelleo interplanetario de Coeneo (MEXART) e impulsar la fundación de la Unidad Michoacán del Instituto de Geofísica en el campus Morelia. En 2014 fundó el Servicio de Clima Espacial Mexicano y en 2016 el Laboratorio Nacional de Clima Espacial (LANCE). Actualmente es investigador titular C mantiene el nivel D en el Programa de Primas al Desempeño del Personal Académico de Tiempo Completo (PRIDE) y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (nivel III).
Sus principales líneas de investigación son el estudio de las ondas de choque en el viento solar, simulaciones numéricas magnetohidrodinámicas, centelleo interplanetario y clima espacial. Participa además en el desarrollo de políticas públicas de protección civil en temas de clima espacial en colaboración con el Centro Nacional de Prevención de Desastres. Su producción científica incluye 60 artículos de investigación indizados y 28 en memorias en extenso arbitradas.
González Esparza ha tenido una trayectoria excepcional en desarrollo de infraestructura institucional en el estado de Michoacán. Fungió como gestor y responsable científico de la construcción del radiotelescopio MEXART en Coeneo, Michoacán (2001-2005). La antena del MEXART es un arreglo de 4,096 dipolos que cubren un área física de 10,000 m2 (https://youtu.be/Wy8ItD2F-_Y). La construcción del MEXART recibió apoyos de la UNAM y del Gobierno del Estado de Michoacán y fue inaugurado el 1 de diciembre de 2005 por el rector de la UNAM y el gobernador. El observatorio fue considerado uno de los logros más destacados de la UNAM en el periodo 1999-2007. A partir de julio de 2006, González Esparza es fundador de la Unidad Michoacán del Instituto de Geofísica, la cual se consolidó como unidad académica aprobada por el Consejo Técnico de la Investigación Científica de la UNAM en 2009. En 2014 creó, junto con su equipo de trabajo, un nuevo servicio nacional: el Servicio de Clima Espacial Mexicano. En 2016 lideró el establecimiento del LANCE, el cual tiene su sede principal en el observatorio de Coeneo.
Con respecto a la formación de recursos humanos, ha dirigido 16 tesis incluyendo: cinco de doctorado, cuatro de maestría y siete de licenciatura. También ha dirigido cinco estancias posdoctorales y es actualmente responsable de un proyecto de grupo de cinco cátedras Conacyt. Imparte clases en licenciatura y posgrado en Michoacán. Participó en la creación del plan de estudios de la Licenciatura de Geociencias en 2012 y en la apertura de la sede del Posgrado de Ciencias de la Tierra en 2015, ambos en la Escuela Nacional de Estudios Superiores-Morelia.
El Horario de Verano 2021 termina el último día de octubre, por lo que deberás retrasar tu reloj una hora a las 2:00 horas del domingo 31 de octubre, para amanecer ya con el nuevo horario.
Los husos horarios en México
No todo el país tiene los mismos horarios. Los cambios están regidos por el Centro Nacional de Metrología, el cual señala que hay cuatro husos horarios en el país.
El CENAM, en su página oficial, señala que la Hora Oficial en México es la materialización de las escalas de tiempo que rigen en el territorio nacional: Tiempo del Noroeste, que aplica para el estado de Baja California; Tiempo del Pacífico que es para los estados de Baja California Sur, Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Nayarit; El Tiempo del Sureste, sólo en Quintana Roo; Mientras que el Tiempo del Centro es para todos los demás estados. Quintana Roo y Sonora, no participan en el Horario de Verano.
Imagen tomada del CENAM
¿Cómo nos afecta?
Los cambios de horario, ya sea que se adelante o se atrase una hora, pueden ser incómodos para algunos. Con cada cambio las personas pueden experimentar dificultades en su adaptación. Algunas parecerán zombis, otras “peces en el agua”. De hecho, “todos reaccionamos de diferente forma, dependiendo de las características de cada uno”, explicó Raúl Aguilar Roblero, investigador del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.
Esto se debe a que todos los seres vivos tienen un reloj circadiano ubicado en el hipotálamo del cerebro, que se encarga de coordinar a todo el organismo. Este reloj usa dos señales muy importantes para sincronizarse: la luz del Sol y el horario de alimentación.
Este fenómeno permite que todas las funciones ocurran en el momento adecuado del día para que el cuerpo funcione armónicamente, dijo el académico universitario.
“Y así como tenemos un color de ojos, cabello y piel, también estamos codificados en nuestros genes como personas nocturnas o matutinas”.
Aguilar Roblero refirió que para algunas personas es fácil levantarse al amanecer, pero deben acostarse temprano. Por el contrario, existe gente nocturna que duerme hasta tarde y no se levanta de madrugada.
Cada día, nos vamos a dormir a la misma hora del día y nos despertamos a la misma hora, esto pareciera un hábito pero “en realidad es mucho más que eso, porque está regulado por el reloj circadiano, por esta razón, es difícil para el organismo realizar el cambio de horario”, aseguró el investigador universitario.
Ahora bien, este cambio afecta al organismo pero no causa un gran daño. “Sentimos que nuestro cuerpo protesta por lo que está pasando, pero no nos va a enfermar, finalmente nos adaptamos”.
Recomendaciones
Para Aguilar Roblero el organismo puede adaptarse en un lapso que va de tres días hasta la semana completa, y depende de si la persona es matutina o nocturna. “Para algunos será más fácil el horario de verano y para otros el de invierno”.
¿Qué podemos hacer para adaptarnos mejor? Aguilar Roblero recomendó cambiar el horario de alimentación días antes para que el reloj circadiano capte estas señales y le sea más fácil la transición.
Asimismo, acotó que antes de dormir no se utilicen dispositivos con pantallas luminosas como computadoras, tabletas y celulares, porque esta luz manda señales al organismo para seguir despiertos. Lo ideal para descansar es quedarse completamente a oscuras, esto ayuda al organismo a entender que es hora de dormir.
Finalmente, aconsejó no ejercitarse antes de dormir porque pasarán al menos dos horas para que el organismo llegue al sueño.
El linchamiento es tan antiguo como la sociedad humana. Ya en la Biblia se menciona que Jesucristo salva a una mujer de ser apedreada. Sólo que ahora es más constante y ocurre más rápido por redes sociales como Twitter y Tik Tok.
El linchamiento digital, extrapolación del linchamiento tradicional, es una catarsis social y una exigencia de justicia ante el poder que comete atropellos.
Es una forma como la sociedad digital se hace justicia por sus propios medios, apunta el doctor Luis Ángel Hurtado Razo, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Aunque ha existido siempre, el linchamiento (los escarmientos y la humillación pública de la persona), en algún momento de la historia se institucionaliza. En la Nueva España, el Santo Oficio o la Santa Inquisición jugó el papel de linchador, con torturas físicas y privación de la vida a inocentes.
En el México contemporáneo, un caso sonado de linchamiento ocurrió en Puebla en los años sesenta del siglo XX. En Canoa, azuzados por el sacerdote del pueblo, fueron linchados unos trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Tres tipos de linchamiento
Grosso modo, Hurtado Razo señala tres formas de linchamiento digital:
1. A diferencia del tradicional, en nuestro país el linchamiento digital exhibe los excesos del poder político. Algún personaje político abusa de su función para desacreditar la imagen pública de un ciudadano o ente social opositor.
2. En los últimos años, en redes sociales y medios de comunicación digitales y tradicionales se dan linchamientos a personajes con capital económico, así como a empresas o instituciones que violentan los derechos de terceros.
3. En México también hay linchamiento digital “por abuso social”. Personajes con poder, no necesariamente económico ni político, pasan sobre los derechos de otros.
El linchamiento tradicional lo perpetran personas que están alrededor del linchado. En el digital, los usuarios de redes “muchas veces no conocen al linchado” o no saben que hay empresas creadas ex profeso para linchar a otras empresas, instituciones o gobiernos.
Otra diferencia con el tradicional, dice Hurtado Razo, es que el linchamiento digital “es mucho más rápido” y no se sabe cuándo es ‘fabricado’. Vuelto tendencia, muchos más se unen y aumenta el linchamiento.
Los linchamientos digitales son más poderosos porque hay una degradación de la persona linchada, en su imagen tanto pública como física.
Lady y lord
El fenómeno de las ladies y los lords es único en México. Surgió en las redes sociales como una forma de ironizar la prepotencia de personas que se asumen o se creen de clase alta.
El caso más famoso de linchamiento digital político fue el de lady Profeco. La hija del Procurador Federal del Consumidor que amenazó con cerrar un restaurante. El motivo: no hizo fila o reservación y se le negó mesa. En horas empleados de la procuraduría clausuraron el lugar. Y meseros y comensales subieron a redes un video de los hechos. El resultado de este nepotismo familiar: renunció el procurador a su cargo.
Un caso memorable asociado al poder económico fue el de Lord Audi. Un gerente de esa empresa prohibió al personal salir a comer y les limitó el uso del sanitario. Un empleado subió a redes un video que mostraba la reprimenda que le costó el empleo al gerente.
En ambos casos quien termina pagando los daños colaterales son el procurador que renunció a su cargo y la empresa que ofrece resarcir el daño a sus empleados.
Muchos son los casos de linchamiento social. Uno en tiempos de pandemia del Covid 19 fue el de dos comensales que agredieron a empleados y se negaron a usar tapabocas en una pizzería. Fueron grabados, linchados en redes y apodados Lady y Lord pizza.
Una avalancha terrible
La sociedad trata de autoregularse y hacerse justicia partir de los linchamientos digitales, porque el Estado “carece o está rebasado en sus facultades”. Desde esa perspectiva es benéfico. No lo es, subraya Hurtado Razo, cuando el poder digital es usado para linchar a inocentes.
Un linchamiento digital es como una bola de nieve que empieza con un comentario, una fotografía, una grabación o un video que se origina y viraliza en las redes sociales. Luego migra a otros espacios: portales web, medios de comunicación digitales y tradicionales. “Y se hace una avalancha terrible”.
El 15 de septiembre de 2019, una empleada de Interjet publicó en sus redes que, para acabar con el nuevo gobierno, desde la aeronave se debería aventar una bomba en el Zócalo.
Una captura de pantalla de ese mensaje se publicó y viralizó en otra red social. A la empleada le costó el trabajo y la empresa ofreció una disculpa al presidente Andrés Manuel López Obrador y a sus seguidores.
A veces un linchamiento digital puede convertirse en linchamiento físico. En Puebla, vía WhatsApp se corrió la voz de que dos secuestradores de niños habían llegado a Ajalpan. Del rumor se pasó a la violencia. Una turba los agredió y finalmente la policía no pudo impedir que fueran quemados dos inocentes. Eran dos encuestadores recopilando datos sobre nutrición en niños basada en el consumo de tortilla.
Bots linchadores
Todos estamos expuestos a ser víctima de un linchamiento digital por una foto, un video o por un comentario coyuntural o antiguo, señala Hurtado Razo.
Y no hay —agrega el investigador de la FCPyS— una red más proclive al linchamiento. Puede iniciar en cualquiera: Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp, YouTube, Tik Tok. Pero en dos de ellas se viraliza más rápido. Twitter y Tik Tok (con su formato de videos cortos) contaminan rápidamente a otras redes.
Las fake news (información falsa que se hace pasar por verdadera) van de la mano del linchamiento digital y se crean para acusar y desprestigiar a un actor, una empresa, una institución o un gobierno.
Hay toda una industria de la desinformación. Son empresas que generan fake news y son contratadas para que con sus bots (ejército de cuentas automatizadas) manipulen a la opinión pública a conveniencia de sus contratantes.
Un caso emblemático sucedió en 2020. En México circuló una fake news en video para convencer a la ciudadanía de que no existía el Covid 19 y que los médicos estaban matando a los pacientes para sacarles el líquido de las rodillas y hacerse millonarios.
Su objetivo fue linchar a tres actores: al gobierno por su estrategia nacional para mitigar la propagación del SARS-CoV2, al personal médico de los hospitales y al subsecretario de salud Hugo López Gatell.
Del linchamiento digital se pasó al físico. México fue uno de los tres países (Brasil y Turquía) donde la gente agredió a personal médico. En la calle, médicos y enfermeras fueron agredidos: les rociaban cloro.
Hoy en día, desde los órganos de poder político también se orquestan linchamientos digitales contra actores políticos, medios de comunicación, instituciones, líderes, luchadores sociales, ONGs, etcétera.
Por ejemplo, cuando un discurso tiene una fuerte carga emotiva, no falta quien rescate esa narrativa en redes para comenzar un linchamiento contra diversos actores políticos, económicos y sociales. O incluso contra el mismo autor del discurso.
Se ha exigido a Facebook y a las otras redes sociales que bajen cuentas que difunden fake news, que incitan al odio y a la discriminación, pero no lo hacen por dos principios que se debaten a nivel internacional: el derecho a la información y la libertad de expresión.
Si se censuran ese derecho y esa libertad, se violenta también el derecho de terceros a consumir la información. Aunque más exigente ahora, Facebook mantiene su argumento de no privar a la gente de esas libertades.
Como a nivel legal no se “puede hacer gran cosa” ya que sería una intromisión en la vida privada de Facebook, Instagram, Twitter… “que no están bajo el servicio público como otros medios”, sólo se puede exhortar a esas empresas para que modifiquen sus políticas.
Mientras eso no ocurra, asegura el doctor Hurtado Razo, la ciudadanía y cualquier empresa, institución y gobierno “estamos indefensos” ante los linchamientos digitales.
“Durante la pandemia, los médicos sentimos miedo, no sólo de contagiarnos y morir, lo peor era pensar que podíamos llevar el virus a nuestros seres queridos. Sin embargo, no podíamos flaquear o echarnos para atrás, por mucho que temiéramos a lo desconocido”, dijo Adolfo Basaldúa, médico adscrito al Hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE y al Hospital Regional 72 del IMSS.
Cuando empezó la pandemia ningún hospital estaba preparado para lo que se vendría. Los primeros casos de COVID-19 se dieron a finales de febrero del 2020. Se trataba de pacientes que llegaban a urgencias por otro padecimiento y desarrollaban rápidamente un cuadro respiratorio fuera de lo normal.
A veces los enfermos no eran valorados adecuadamente y subían a piso con una fase inicial o con un cuadro que no mostraba síntomas o signos de enfermedad, pero más tarde revelaban que se trataba de COVID-19. “Pedíamos una radiografía y antes de realizar todos los estudios ya teníamos que entubar al paciente”.
Mientras estas personas estaban en un área no preparada para el virus del SARS-CoV-2 tenían contacto con todo el personal de salud, desde médicos, camilleros, enfermeras, residentes y hasta personal de limpieza y de cocina.
“Este fue el inicio de cómo se propagó la enfermedad de forma interna, porque eran pacientes que no teníamos considerados como fuente de infección”, recordó el médico egresado de la UNAM, internista, geriatra y certificado en urgencias. Afortunadamente esta etapa duró poco.
En varias ocasiones, el médico atendió a personas por tres o cuatro semanas, dio todo su esfuerzo para salvarlas, pero al llegar por la mañana no las encontraba en su cama. Al preguntar qué había pasado era duro escuchar que había fallecido la noche anterior. “Aunque uno se pare de cabeza, a veces no se puede”. Afortunadamente también lograron sacar adelante a muchas otras personas.
Durante el proceso, varios médicos y residentes se contagiaron de coronavirus, algunos salieron bien librados, pero otros no tuvieron la misma suerte. Adolfo recordó que entre ellos se fue su amigo de años con quien trabajaba en el ISSSTE todos los sábados. Fue muy duro despedirse de él.
Me insultaron porque no creían en la COVID
Para entrar al área de COVID-19 los médicos deben protegerse con un equipo especial, desde su overol, guantes, cubrebocas, goggles, careta, etc. Y cuando lo usan pueden alcanzar una temperatura de hasta 55 o 57 grados. “Es bastante incómodo”.
Cada día Adolfo salía aproximadamente a las 12 o 1 para informar a los familiares sobre el estado de sus pacientes y su pijama quirúrgica estaba completamente bañada por el sudor. Realizaban un fuerte proceso de desinfección para no correr riesgos y contagiar a otros.
Fueron momentos muy difíciles, porque incluso las personas que tenían a sus familiares internados en estado grave no creían en el virus. “Muchas veces nos insultaban y nos decían que éramos cómplices del gobierno. Parecía increíble y también era desgastante”.
En ocasiones, Adolfo comentaba con sus conocidos sobre el virus, y le respondían: “no es para tanto, estás exagerando”. Poco a poco la gente fue entendiendo, pero recuerda que fue un proceso complicado.
En una ocasión el doctor salía de su guardia el domingo por la mañana y pensó en llevar el desayuno a su esposa e hijos. Cuando llegó al sitio para formarse la gente presente lo observó detenidamente.
“Me miraron como diciendo: ¿pretende formarse aquí? Entonces me dije: ¡ups! Vengo en pijama quirúrgica, no estoy vestido adecuadamente”. Pensó que no era prudente y se retiró.
El momento más difícil
Para Adolfo, uno de los momentos más difíciles fue que durante la pandemia su hija que actualmente tiene 8 años necesitaba una operación porque sufre un problema de las vías respiratorias.
La doctora que operaría a su hija le pidió aislarse por unos días, así que Adolfo tendría que buscar hospedaje en un hotel. Cuando el personal se enteró que es médico y atiende COVID-19 le negaron la entrada. Su esposa molesta publicó lo ocurrido en las redes sociales y mucha gente lo apoyó. Hasta que la noticia llegó a los altos directivos de la cadena del hotel y le permitieron hospedarse.
A casi dos años de haber surgido el virus, Adolfo espera que ni la humanidad ni el equipo de salud tengan que volver a vivir algo parecido.
No creía en el COVID y falleció
Apenas hace unos días, la médica Claudia González recibió una paciente embarazada de 22 semanas y contagiada de COVID-19. La joven no creía que la enfermedad existiera, así que decidió no vacunarse. Cuando se sintió grave la internaron en el hospital. Aunque la doctora hizo todo lo que pudo, falleció el producto y cinco días después la madre.
Claudia es una médica anestesióloga que labora en el Hospital Materno Perinatal Mónica Pretelini Sáenz, en el área de terapia intensiva. Le ha tocado atender a varias mujeres embarazadas con esta enfermedad y menciona que lo más difícil es ver morir a alguien. “Entre la cama y el ventilador hay un ser humano”.
“Cuando una mujer esta embarazada las defensas disminuyen y el virus es más fuerte, entonces se complica el proceso y es más difícil que la paciente salga adelante”.
De las situaciones más complicadas que le tocó fue atender a sus propios colegas que resultaron contagiados. “Ver a tu compañero enfermo, entubarlo, dormirlo, manejar sus pulmones y que al final mueran ha sido muy duro”.
En su área, recibieron a cuatro integrantes del hospital, de los cuales fallecieron tres. La cuarta persona luchó contra el virus durante tres meses, salió de la enfermedad, pero quedó con secuelas.
Es preocupante saber que los contagios continúan por varias razones. “Tenemos la información para protegernos y hay personas que no desean vacunarse, y ponen pretextos como se me hizo tarde, la fila estaba muy larga o porque simplemente no quieren y no es justo, porque esto nos afecta a todos”.
Incluso, en el hospital donde Claudia labora existen un par de médicos que, a pesar de toda la información, no creen en la enfermedad del virus del SARS-CoV-2. Algo que le parece increíble, pero pasa.
El inicio
A finales de febrero y principios de marzo del 2020, llegaron los primeros casos de COVID-19 al Hospital Materno Perinatal Mónica Pretelini Sáenz. Claudia sintió miedo porque se trataba de un virus del cual no existía mucha información.
Constantemente veía videos en Internet de cómo protegerse y aunque les llegó el equipo adecuado cada día surgía la pregunta: ¿me voy a contagiar?, ¿qué debo hacer para protegerme?
El miedo continuaba al ver a varios pacientes, que después de ingresar a terapia intensiva, morían a los dos o tres días. “Al final tienes que controlarte porque debes manejar a un ser humano, y bueno ya son muchos años de experiencia de trabajo en área médica”.
Hasta el momento la doctora Claudia no se ha contagiado, no sabe si ha sido suerte o porque se ha cuidado, pero lo considera una fortuna.
Uno de los obstáculos a los que se enfrentaron los médicos fue el material de protección de cada día, que en varias ocasiones escaseó en el hospital. Para resolver la situación “nosotros hemos tenido que realizar los gastos, que hasta el momento ascienden más o menos a 30 o 40 mil pesos y la cifra continúa en aumento”.
Tan solo el cubre bocas N95 tiene un costo de 450 pesos y sólo les dura un turno de ocho horas, después deben desecharlo. Es un gasto excesivo que deben realizar para protegerse.
La discriminación
Por ser médica que atiende COVID-19 la gente la ha rechazado, ella misma dice que no querían hablarle y menos tocarla. Cuando sus vecinos la han encontrado lo primero que le dicen es: “ni te me acerques”.
La situación se ha externado hasta en el mismo hospital. Por ejemplo, cuando acudía al sanitario y las demás notaban su presencia salían para no compartir el mismo espacio. Ella pensaba: “Bueno, tengo el baño para mi solita”. Pero a Claudia no le ha afectado porque piensa que finalmente a las personas les gana el miedo por la enfermedad.
Agradecemos a Grupo CIE por el material audiovisual donado de la Unidad Temporal COVID-19 del Centro Citibanamex, así como al Hospital General del ISSSTE Tláhuac por invariables facilidades para realizar el registro audiovisual de esta cápsula.
“Durante la pandemia, los médicos sentimos miedo, no sólo de contagiarnos y morir, lo peor era pensar que podíamos llevar el virus a nuestros seres queridos. Sin embargo, no podíamos flaquear o echarnos para atrás, por mucho que temiéramos a lo desconocido”, dijo Adolfo Basaldúa, médico adscrito al Hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE y al Hospital Regional 72 del IMSS.
Cuando empezó la pandemia ningún hospital estaba preparado para lo que se vendría. Los primeros casos de COVID-19 se dieron a finales de febrero del 2020. Se trataba de pacientes que llegaban a urgencias por otro padecimiento y desarrollaban rápidamente un cuadro respiratorio fuera de lo normal.
A veces los enfermos no eran valorados adecuadamente y subían a piso con una fase inicial o con un cuadro que no mostraba síntomas o signos de enfermedad, pero más tarde revelaban que se trataba de COVID-19. “Pedíamos una radiografía y antes de realizar todos los estudios ya teníamos que entubar al paciente”.
Mientras estas personas estaban en un área no preparada para el virus del SARS-CoV-2 tenían contacto con todo el personal de salud, desde médicos, camilleros, enfermeras, residentes y hasta personal de limpieza y de cocina.
“Este fue el inicio de cómo se propagó la enfermedad de forma interna, porque eran pacientes que no teníamos considerados como fuente de infección”, recordó el médico egresado de la UNAM, internista, geriatra y certificado en urgencias. Afortunadamente esta etapa duró poco.
En varias ocasiones, el médico atendió a personas por tres o cuatro semanas, dio todo su esfuerzo para salvarlas, pero al llegar por la mañana no las encontraba en su cama. Al preguntar qué había pasado era duro escuchar que había fallecido la noche anterior. “Aunque uno se pare de cabeza, a veces no se puede”. Afortunadamente también lograron sacar adelante a muchas otras personas.
Durante el proceso, varios médicos y residentes se contagiaron de coronavirus, algunos salieron bien librados, pero otros no tuvieron la misma suerte. Adolfo recordó que entre ellos se fue su amigo de años con quien trabajaba en el ISSSTE todos los sábados. Fue muy duro despedirse de él.
Me insultaron porque no creían en la COVID
Para entrar al área de COVID-19 los médicos deben protegerse con un equipo especial, desde su overol, guantes, cubrebocas, goggles, careta, etc. Y cuando lo usan pueden alcanzar una temperatura de hasta 55 o 57 grados. “Es bastante incómodo”.
Cada día Adolfo salía aproximadamente a las 12 o 1 para informar a los familiares sobre el estado de sus pacientes y su pijama quirúrgica estaba completamente bañada por el sudor. Realizaban un fuerte proceso de desinfección para no correr riesgos y contagiar a otros.
Fueron momentos muy difíciles, porque incluso las personas que tenían a sus familiares internados en estado grave no creían en el virus. “Muchas veces nos insultaban y nos decían que éramos cómplices del gobierno. Parecía increíble y también era desgastante”.
En ocasiones, Adolfo comentaba con sus conocidos sobre el virus, y le respondían: “no es para tanto, estás exagerando”. Poco a poco la gente fue entendiendo, pero recuerda que fue un proceso complicado.
En una ocasión el doctor salía de su guardia el domingo por la mañana y pensó en llevar el desayuno a su esposa e hijos. Cuando llegó al sitio para formarse la gente presente lo observó detenidamente.
“Me miraron como diciendo: ¿pretende formarse aquí? Entonces me dije: ¡ups! Vengo en pijama quirúrgica, no estoy vestido adecuadamente”. Pensó que no era prudente y se retiró.
El momento más difícil
Para Adolfo, uno de los momentos más difíciles fue que durante la pandemia su hija que actualmente tiene 8 años necesitaba una operación porque sufre un problema de las vías respiratorias.
La doctora que operaría a su hija le pidió aislarse por unos días, así que Adolfo tendría que buscar hospedaje en un hotel. Cuando el personal se enteró que es médico y atiende COVID-19 le negaron la entrada. Su esposa molesta publicó lo ocurrido en las redes sociales y mucha gente lo apoyó. Hasta que la noticia llegó a los altos directivos de la cadena del hotel y le permitieron hospedarse.
A casi dos años de haber surgido el virus, Adolfo espera que ni la humanidad ni el equipo de salud tengan que volver a vivir algo parecido.
No creía en la COVID y falleció
Apenas hace unos días, la médica Claudia González recibió una paciente embarazada de 22 semanas y contagiada de COVID-19. La joven no creía que la enfermedad existiera, así que decidió no vacunarse. Cuando se sintió grave la internaron en el hospital. Aunque la doctora hizo todo lo que pudo, falleció el producto y cinco días después la madre.
Claudia es una médica anestesióloga que labora en el Hospital Materno Perinatal Mónica Pretelini Sáenz, en el área de terapia intensiva. Le ha tocado atender a varias mujeres embarazadas con esta enfermedad y menciona que lo más difícil es ver morir a alguien. “Entre la cama y el ventilador hay un ser humano”.
“Cuando una mujer esta embarazada las defensas disminuyen y el virus es más fuerte, entonces se complica el proceso y es más difícil que la paciente salga adelante”.
De las situaciones más complicadas que le tocó fue atender a sus propios colegas que resultaron contagiados. “Ver a tu compañero enfermo, entubarlo, dormirlo, manejar sus pulmones y que al final mueran ha sido muy duro”.
En su área, recibieron a cuatro integrantes del hospital, de los cuales fallecieron tres. La cuarta persona luchó contra el virus durante tres meses, salió de la enfermedad, pero quedó con secuelas.
Es preocupante saber que los contagios continúan por varias razones. “Tenemos la información para protegernos y hay personas que no desean vacunarse, y ponen pretextos como se me hizo tarde, la fila estaba muy larga o porque simplemente no quieren y no es justo, porque esto nos afecta a todos”.
Incluso, en el hospital donde Claudia labora existen un par de médicos que, a pesar de toda la información, no creen en la enfermedad del virus del SARS-CoV-2. Algo que le parece increíble, pero pasa.
El inicio
A finales de febrero y principios de marzo del 2020, llegaron los primeros casos de COVID-19 al Hospital Materno Perinatal Mónica Pretelini Sáenz. Claudia sintió miedo porque se trataba de un virus del cual no existía mucha información.
Constantemente veía videos en Internet de cómo protegerse y aunque les llegó el equipo adecuado cada día surgía la pregunta: ¿me voy a contagiar?, ¿qué debo hacer para protegerme?
El miedo continuaba al ver a varios pacientes, que después de ingresar a terapia intensiva, morían a los dos o tres días. “Al final tienes que controlarte porque debes manejar a un ser humano, y bueno ya son muchos años de experiencia de trabajo en área médica”.
Hasta el momento la doctora Claudia no se ha contagiado, no sabe si ha sido suerte o porque se ha cuidado, pero lo considera una fortuna.
Uno de los obstáculos a los que se enfrentaron los médicos fue el material de protección de cada día, que en varias ocasiones escaseó en el hospital. Para resolver la situación “nosotros hemos tenido que realizar los gastos, que hasta el momento ascienden más o menos a 30 o 40 mil pesos y la cifra continúa en aumento”.
Tan solo el cubre bocas N95 tiene un costo de 450 pesos y sólo les dura un turno de ocho horas, después deben desecharlo. Es un gasto excesivo que deben realizar para protegerse.
La discriminación
Por ser médica que atiende COVID-19 la gente la ha rechazado, ella misma dice que no querían hablarle y menos tocarla. Cuando sus vecinos la han encontrado lo primero que le dicen es: “ni te me acerques”.
La situación se ha externado hasta en el mismo hospital. Por ejemplo, cuando acudía al sanitario y las demás notaban su presencia salían para no compartir el mismo espacio. Ella pensaba: “Bueno, tengo el baño para mi solita”. Pero a Claudia no le ha afectado porque piensa que finalmente a las personas les gana el miedo por la enfermedad.
Agradecemos a Grupo CIE por el material audiovisual donado de la Unidad Temporal COVID-19 del Centro Citibanamex, así como al Hospital General del ISSSTE Tláhuac por invariables facilidades para realizar el registro audiovisual de esta cápsula.
Ante la velocidad en la que los hechos se encadenan y no queremos nunca perder la ola de los acontecimientos, ni de participar en ellos, desde nuestras distintas redes sociales, la filosofía nos invita a frenar un poco.
A reflexionar sobre de dónde venimos, qué suma y qué resta realmente en los modos de actuar y ser hoy día. La confianza, la responsabilidad, el cómo interiorizar la libertad desde la asunción de los deberes que como ciudadanos estamos obligados moralmente a asumir, son perdidas irremplazables que deben ser revisadas si queremos asegurar un mejor futuro a nuestros hijos y jóvenes.
El Internet no sólo se ha convertido en un habilitante para el ejercicio de los derechos a la libertad de expresión y de acceso a la información, sino también podemos afirmar que hoy día es el vehículo por excelencia para su ejercicio.
Así lo consideró Pablo Pruneda Gross, coordinador de la línea de investigación en Derecho e Inteligencia Artificial del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ).
Al intervenir en el Seminario Internacional La Responsabilidad Civil Extracontractual de los Intermediarios de Internet, convocado por el IIJ, expuso que los mencionados derechos son reconocidos como fundamentales e inherentes a todo ser humano por los diversos instrumentos jurídicos internacionales y nacionales.
“Sin embargo, habían permanecido ajenos para la mayoría de la población, hasta que Internet vino a cambiar eso de manera radical”, destacó.
Agregó que ahora cualquier persona con un dispositivo y acceso a una red de telecomunicaciones puede difundir alguna idea u opinión, y puede hacer que su voz sea escuchada, literalmente en todo el mundo.
El investigador resaltó que esto ha sido posible, entre otras razones, debido al surgimiento de empresas dedicadas a proveer servicios para permitir la comunicación entre personas de todo el planeta.
Tanto las empresas que prestan servicios de conexión a Internet como las que alojan páginas, los motores de búsqueda, las plataformas de redes sociales y las que abren espacios para la discusión de temas en particular, entre otras, se les llama plataformas de intermediación, definió Pruneda Gross. “Comúnmente se les conoce como intermediarios de Internet y sólo sirven como vehículo para la expresión de ideas de terceras personas, también conocidas como usuarios, es decir, no son los autores productores o editores del contenido que se publica y difunde a través de Internet.”
No obstante, añadió el universitario, se ha planteado que los intermediarios de Internet son jurídicamente responsables del contenido que se encuentra alojado en la red.
O qué responsabilidad tienen estas plataformas, cuando sus usuarios generan y difunden contenidos que producen daños económicos y morales y originan reclamos por parte de otros usuarios, ciudadanos o autoridades.
Estas preguntas, informó, ya han sido respondidas en algunos países, los cuales en términos generales han reconocido y establecido en su legislación que los intermediarios de Internet no pueden ser tratados como autores de los contenidos que se difunden libremente y por lo tanto no deben ser considerados como responsables del contenido que generan y difunden terceros.
Mencionó que, con la entrada en vigor de la actualización del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el primero de julio de 2020, se le impuso a nuestro país la obligación de incorporar en su marco jurídico disposiciones en materia de responsabilidad de intermediarios respecto a los proveedores de servicios informáticos, interactivos, en un plazo de tres años.
Ante esto, apuntó, es importante analizar el contenido de este tipo de legislación, que tiene respecto al ejercicio de derechos fundamentales, como la libertad de expresión, de asociación, así como el desarrollo de la economía digital.
Por lo que, advirtió Pruneda Gross, no se deben perder de vista las consecuencias negativas que este tipo de normatividad pueda tener por las posibles afectaciones a otros derechos inherentes a las personas como son el honor, la reputación y la imagen personal.
El 26 de agosto de 2020 una representante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) visitó la sección femenil del Centro Penitenciario de San Francisco Kobén, Campeche, y justo ese día apareció un mueble con toallas femeninas de distribución gratuita, algo que causó extrañeza entre las reclusas pues, como denunciarían ellas más tarde, eso se instaló a toda prisa y con ganas de guardar apariencias, ya que nunca antes las autoridades del penal les habían dado insumo alguno para gestionar su menstruación.
“Y esto es algo que se repite en todo México. La mayoría de las presas en el país tienen entre 18 y 35 años, es decir, están en una edad donde el menstruo es una constante y, al carecer de este apoyo, muchas se ven orilladas a arrancar trozos de esponja de sus colchonetas o a usar periódico para contener el flujo”, señaló Hilda Téllez Lino, directora general de la Tercera Visitaduría de la CNDH, al participar en el Seminario Mujeres en Espiral, organizado por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.
Para la abogada, que se den situaciones así se debe a que los centros penitenciarios no fueron creados con perspectiva de género, sino para hombres y luego se fueron adaptando para recibir reclusas, con las deficiencias que esto conlleva. “Debemos admitirlo, tenemos una deuda tanto institucional como histórica con las mujeres privadas de la libertad”.
Para diagnosticar las carencias de estos centros, desde 2010 la CNDH visita, año con año, los diferentes centros penitenciarios mexicanos. En su recomendación más reciente, la 35/2021, es clara y tajante: “En estos espacios no se garantiza a las adolescentes y mujeres el derecho a la salud sexual y reproductiva ni una gestión e higiene menstrual dignas”.
Y no sólo eso. Además de haber encontrado que los penales no incluyen en su presupuesto la compra de toallas femeninas (“como si el acto de menstruar no ocurriera cada mes”) en su revisión los observadores constataron que, en los centros mixtos, persiste una separación deficiente entre población masculina y femenina, lo cual pone a muchas mujeres en riesgo de ser objeto de violencia o prostitución.
Según cifras de octubre de 2021, en México hay 222 mil 18 personas privadas de su libertad: 209 mil 541 hombres y 12 mil 577 mujeres (5.66 por ciento del universo carcelario) y, de ellas, 6 mil 994 están recluidas en centros mixtos, es decir, más de la mitad. De entre los focos rojos detectados por la CNDH está un penal donde sólo hay dos reclusas, cuando la Constitución señala: “Las mujeres compurgarán sus penas en lugares separados de los destinados a los hombres”.
Cuando los roles de género también son una cárcel
Los días de visita se viven de forma muy diferente en los penales masculinos que en los femeninos; mientras en los primeros se forman largas filas de familiares y se percibe un ambiente casi de fiesta, en los segundos las formaciones son más bien cortas y los visitantes, escasos. Esto se debe a que en el imaginario colectivo es más fácil concebir que un hombre delinca a que una mujer lo haga y, por lo mismo, el estigma recibido por ellas es mayor y esto, con frecuencia, causa el abandono de sus cercanos.
Y es que, a decir de Hilda Téllez, los roles que la sociedad le impone a las mujeres no se quedan afuera, sino que se introducen en el reclusorio para seguir ejerciendo presión, y uno de los que más preocupa a la abogada es ese papel que la sociedad ha adjudicado a las mujeres: mientras a un padre se le permite ser una figura ausente, ellas son cuidadoras de sus hijos y el sostén de la familia.
“Algo que hemos detectado en las reclusas es ansiedad no sólo por estar en una prisión, sino también por no estar en casa atendiendo a sus madres, padres, hermanos e hijos. Esta carga de roles termina por ser un lastre que genera angustia y deteriora su salud mental.”
Pero los centros penitenciarios apenas y consideran la atención a este tipo de padecimientos, el tratamiento de adicciones y situaciones relacionadas. “Noventa por ciento de las quejas recibidas por la CNDH por parte de los internos tiene que ver con la salud, tanto la física como la psicológica; de ahí la importancia de realizar visitas y formular recomendaciones”, finalizó.
Las mujeres hoy en día postergan su embarazo hasta más allá de los 40 años porque le dan prioridad a su desarrollo personal, profesional y laboral, el cual no se logra a los 20 años, edad biológicamente idónea para embarazarse, afirmó Ana Paola Sánchez Serrano, egresada de la Facultad de Medicina (FM) y socia fundadora del Centro de Reproducción Procrea.
Pero gracias al avance de la ciencia en este campo, actualmente se aplican con éxito varias técnicas de reproducción asistida para ayudar a las parejas que naturalmente no pueden tener hijos, ya sea por su edad o por diversos padecimientos.
Sobre esas técnicas, la especialista en biología de la reproducción dictó una conferencia, organizada para recibir a los alumnos de nuevo ingreso de la UNAM en esta área del conocimiento.
Infertilidad, problema de salud pública
Sánchez Serrano explicó que la infertilidad es un problema de salud pública que atañe a muchísimas parejas, varias de las cuales buscan a toda costa concebir un bebé. “La posibilidad de quedar embarazada en el humano es relativamente baja, de un 20 a 25 por ciento en las parejas sanas, aunque esto se asocia totalmente a la edad. Entre más joven es la pareja mayor es la posibilidad de quedar embarazada”.
Entre sus causas se encuentran de 50 a 60 por ciento de casos asociados a problemas de la mujer, entre 40 y 50 por ciento del hombre, y entre un cinco y 10 por ciento es por causa desconocida, detalló.
La incidencia del uso de la reproducción asistida ha aumentado por el matrimonio a edad más avanzada, la postergación de la maternidad, el menor número de hijos, mayor tiempo de anticoncepción y mayor tiempo de exposición a sustancias tóxicas como el tabaco y a enfermedades de transmisión sexual.
Diversas opciones
La reproducción asistida es una rama de la biología de la reproducción, que a su vez es una subespecialidad de la ginecología y obstetricia en medicina, dijo la experta en esa área, quien explicó varias técnicas actualmente en uso en la práctica médica.
Entre las técnicas más comunes y modernas destacan el coito programado con inducción de ovulación, que busca optimizar el periodo de ovulación con el propósito de prefijar las relaciones sexuales y conseguir un embarazo. Se usa principalmente en parejas jóvenes con problemas de infertilidad leves o que buscan una opción a las técnicas de reproducción asistida tradicionales.
Otra, es la inseminación artificial o intrauterina, la cual consiste en inyectar directamente en el útero una muestra de semen previamente procesado para facilitar la llegada de los espermas al óvulo con el objetivo de aumentar las probabilidades de fecundidad. Es usado frecuentemente cuando el esperma o moco cervical tienen baja calidad, lo que impide el correcto desplazamiento de los espermatozoides.
Se trata de una práctica muy sencilla en la que el semen es sometido a un lavado en donde se escogen los espermas con mayor salud para elevar la tasa de éxito. No se requiere anestesia, es rápido y seguro. Para la utilización de este método el médico tiene que determinar que al menos una de las trompas sea permeable, es decir, que permita el paso de los espermatozoides de forma sencilla.
La fertilización in vitro es el tratamiento en el que la fecundación del óvulo no se da dentro del útero materno, se hace en el laboratorio por medio de diferentes técnicas. Se puede llevar a cabo cuando hay diferentes problemas, como cuando en las trompas de Falopio se impide el paso del esperma al óvulo, cuando hay pocos óvulos disponibles, si la ovulación ocurre en periodos muy prolongados, por algunos padecimientos que afectan la función ovárica o de trompas; o en casos en los que los que hay poca presencia de esperma en el semen y su calidad no es la requerida para conseguir la fecundación de forma natural.
Requiere una previa estimulación ovárica con medicamentos para promover el desarrollo de los folículos, para así conseguir más y mejores óvulos.
Sánchez Serrano concluyó que, antes de seleccionar la técnica, se debe estudiar cada caso y de forma individual, haciendo un diagnóstico correcto que indique el método más adecuado para cada pareja.
Se necesita una revolución en la planificación y movilidad urbanas.
La vivienda adecuada es un elemento central para la calidad de vida de las personas y está estrechamente ligada a su supervivencia. Carecer de ella resta años de vida; por ejemplo, en México se calcula que para los niños en situación de calle la esperanza de vida es de 25 años, es decir, 50 años menos que el promedio del resto de la población, se estableció en el panel de expertos El Reto de la Vivienda en la Nueva Normalidad, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC).
En el contexto de la Cuarta Semana Nacional de las Ciencias Sociales y el Día Mundial del Hábitat, Mariana Sánchez Vieyra, secretaria técnica de proyectos de esa entidad universitaria, señaló que contar con una vivienda adecuada es un derecho humano y un elemento central para la calidad de vida de las personas; sin embargo, grandes sectores de la población urbana mexicana carecen de él.
De acuerdo con el Censo 2020, refirió, hay ocho millones 669 mil 281 viviendas deshabitadas y de uso temporal (alrededor de 19 por ciento del total del país). Esto habla de una fuerte crisis; la principal entidad que desarrolla viviendas, el Infonavit, las ha construido lejos de las ciudades, o carecen de calidad y por eso son abandonadas.
La vivienda se convirtió en una defensa contra la Covid-19 con la estrategia de quedarse en casa, pero en México no todas las personas tienen un hogar. Muchas están en situación de calle; algunas más, con la crisis sanitaria, perdieron el empleo y se vieron obligadas a desalojar sus casas. En otros casos, por el hacinamiento o la carencia de servicios básicos no se pueden tener normas mínimas de distanciamiento social o el lavado de manos, recordó.
María Silvia Emanuelli, coordinadora de la Oficina para América Latina de la Coalición Internacional para el Hábitat, recalcó que por datos oficiales de 2015 se sabe que, en México, 76.2 por ciento de la población ocupada no podía acceder a la compra de vivienda a través del mercado, ni por crédito o subsidios.
El derecho a la vivienda se entiende sólo como para los asalariados y los propietarios, y se excluye a las grandes mayorías. La solución para tener una visión amplia de ese derecho es comprenderlo como lo hacen los tratados internacionales de derechos humanos: que sea una posibilidad para todos.
Tijuana y Ciudad Juárez
María de los Ángeles Zárate López y Alonso Hernández Guitrón, de la Universidad Autónoma de Baja California, al hablar del caso de Tijuana dijeron que esa ciudad cuenta con 576 mil viviendas y que dicha urbe ha crecido sobre todo por medio de la creación de nuevos conjuntos habitacionales y la formación de asentamientos irregulares.
Los especialistas mencionaron que hay más de 100 zonas consideradas como asentamientos irregulares; se trata de alrededor de 300 mil predios de los cuales 27 mil no son factibles de regularizar, ya que se encuentran en zonas de alto riesgo.
Marina Contreras Saldaña, del Posgrado en Urbanismo de la UNAM, al hablar del panorama en Ciudad Juárez, detalló que en esa urbe hay una fuerte aplicación de la política habitacional de interés social, promovida después del año 2000. Entre 2001 y 2010 se construyeron 150 mil viviendas nuevas para los trabajadores formales que arribaron por las corrientes migratorias. En 10 años se construyó 30 por ciento del parque habitacional actual de la ciudad.
En 2017, destacó, más de la mitad de las colonias eran fraccionamientos, la mayoría de interés social y muy pocos residenciales. Según el Censo 2020, siete de cada 10 viviendas son propias, pero la mitad aún se están pagando.
Eftychia Bournazou Marcou, de la Facultad de Arquitectura y los posgrados de Urbanismo y Ciencias de la Sostenibilidad, explicó que la vivienda es un problema de largo aliento.
Al hablar de la Zona Metropolitana del Valle de México, puntualizó que una de las estrategias más relevantes en esta región debería ser la descentralización de las actividades, unidades económicas, dotación de bienes y servicios, y fuentes de empleo.
Por último, Franco Barradas Miranda, de la Universidad de Quintana Roo, dijo que las condiciones de habitabilidad encontradas en un caso de estudio, en el fraccionamiento Caribe de la ciudad de Chetumal, son un impedimento para cumplir las indicaciones de la Secretaría de Salud, dado que las dimensiones de las viviendas no permiten respetar la sana distancia.
Además, la falta de disponibilidad de agua durante todo el día dificulta el lavado frecuente de las manos, y todo ello podría explicar por qué ese conjunto de viviendas ha sido uno de los más afectados por la pandemia en esa ciudad, finalizó.
Para Javier Santaolalla, divulgador de la ciencia, México es como su segunda casa y en la UNAM tiene muy buenos amigos. Se ha presentado varias veces en la Fiesta de las Ciencias y las Humanidades y confiesa que sus científicos favoritos de esta Universidad son Miguel Alcubierre y Julieta Fierro. “No hay nada mejor que pasarme por ahí y en particular por la UNAM”.
Cada que visita México afirma que es recibido con un cariño increíble, supera sus expectativas. “Siempre que voy me cuesta mucho volverme a España, acabo llorando y con nostalgia, pero con recuerdos muy bonitos, me quedo con la gente que es espectacular, recibo muchos abrazos y por supuesto los tacos son deliciosos”.
En varias ocasiones, Santaolalla ha podido compartir con Miguel Alcubierre y se siente privilegiado, como si estuviera con Paul Dirac o Albert Einstein. El próximo 21 de octubre estará en una charla con el astrofísico autor de la métrica de Alcubierre para hablar sobre diferentes aspectos del Universo.
Sobre Julieta Fierro afirma que ha seguido su trabajo y le parece espectacular todo lo que hace. Ella es un ejemplo de cómo una investigadora puede divulgar la ciencia y realizar un trabajo maravilloso.
Cómo inició en la ciencia
Cuando era pequeño, Javier Santaolalla miraba el cielo y tantas estrellas le parecían algo espectacular, era como tener una ventana al Universo. Desde entonces se apasionó por esa parte de la física que es la astronomía.
Dedicarse a la ciencia no fue una decisión que tomó de forma puntual sino más bien de forma gradual. Antes le pasaron varias ideas por su cabeza, como ser actor. Pero un día se dijo: “parece ser que esto de la ciencia me gusta mucho”.
A los 17 años de edad inició sus estudios en ingeniería, pero reconoce que en esa época estaba “un poquito perdido en la vida” y no le interesaba mucho estudiar. Sin embargo, se le daban muy bien los cálculos, las matemáticas y la física, así pensó que con una ingeniería tendría un buen trabajo y además sería una carrera fácil de cursar.’
“La hice sin verdadera pasión, pero luego descubrí la física y me di cuenta que podría trabajar en algo que no solamente fuera remunerado, sino que también me apasionara. En ese momento decidí ser físico”.
La física le encanta porque al contrario de lo que se enseña en el colegio, no sólo se encarga de estudiar las cosas que ya se saben, cómo hacer un barco o un puente, sino que también trata de explicar los misterios del Universo, aspectos de los que nadie sabe la respuesta.
Para Santaolalla, la física trata sobre el verdadero conocimiento humano, donde nadie nunca ha llegado y por eso es especial. No son cosas sabidas o comprobadas como en otras ramas del conocimiento, estudia aspectos que realmente nadie sabe. “Eso para mí tiene un atractivo muy bonito que es el misterio”.
Sus proyectos
Actualmente Javier se encuentra con varios proyectos. Dejó de ser youtuber para enfocar su tiempo en otros retos. “Renové ilusiones, empecé de cero a probar cosas nuevas y muy locas”.
Entre ellas, Santaolalla hizo un documental llamado “La última frontera”, una miniserie de cuatro capítulos creado para Televisión Española donde se explican cómo convertirse en un astronauta.
El divulgador de la ciencia habla con varios expertos de diferentes áreas del conocimiento: astronomía, física, cosmología y hasta la biología, que es la vida del Universo, narra sobre las estrellas y qué siente un astronauta al viajar por el espacio.
Por supuesto, no podía faltar la ingeniería que engloba a los cohetes y las máquinas del futuro. El documental estará disponible en noviembre y podrá verse desde cualquier parte a través del internet.
También trabaja en una canción junto con un grupo muy famoso de España y habla sobre el Universo, y se unió a una plataforma de educación llamada Amautas donde existen varios cursos disponibles.
Pero su mayor proyecto es ser astronauta. “Lo veo muy difícil pero la vida también consiste en arriesgarse, asomarse al abismo y saltar. Yo he saltado con muchas ganas de hacer cosas nuevas”. Con estos proyectos, Santaolalla confiesa sentirse muy ilusionado y espera que sus seguidores lo descubran y tengan muchas ganas de verlas.
El divulgador de la ciencia continua en sus redes sociales, así que no ha dejado de hacer lo que más le gusta: contar la ciencia. “Espero sigamos pasándonos en el camino”.
La Orquesta Filarmónica de la UNAM regresó a la Sala Nezahualcóyotl para abrir su Temporada Virtual Otoño 2021, conformada por nueve programas que serán transmitidos en vivo a través de las plataformas digitales de Música UNAM y por TV UNAM.
El primer concierto se realizó el domingo 10 de octubre y el último será el 5 de diciembre, todos en punto de las doce del día y con una dotación orquestal reducida, lo que implica ofrecer programas de música de cámara y la inclusión de arreglos de obras originalmente pensadas para dotaciones mayores.
En esta temporada sui géneris se presentarán obras de Mahler, Stravinski, Prokofiev, Shostakovich y Copland; Haydn y Mozart tendrán una presencia muy significativa, y también formará parte de la programación el repertorio de música mexicana del siglo XX y contemporáneo.
Los directores huéspedes invitados son Iván López Reynoso, Luis Manuel Sánchez, Rodrigo Sierra Moncayo, Ludwig Carrasco y Juan Carlos Lomónaco, así como el francés Gaétan Kuchta, el español José Luis Castillo y el cubano Iván del Prado, residentes en México.
Destaca el cuarto programa de la temporada, el concierto fijado para el domingo 31 de octubre, que estará dedicado a recordar a las víctimas de la pandemia de Covid-19. Se interpretará la pieza Canticum sacrum, de Ana Lara, así como obras de Shostakovich y Copland.
El programa completo de esta Temporada Virtual de Otoño, que se transmitirá en vivo desde la Sala Nezahualcóyotl, se puede consultar en la página musica.unam.mx. La asistencia del público se reanudará cuando las condiciones sanitarias y los lineamientos universitarios lo permitan, lo que se anunciará oportunamente.