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Salud sexual e higiene menstrual: inexistentes en reclusorios

Omar Páramo

El 26 de agosto de 2020 una representante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) visitó la sección femenil del Centro Penitenciario de San Francisco Kobén, Campeche, y justo ese día apareció un mueble con toallas femeninas de distribución gratuita, algo que causó extrañeza entre las reclusas pues, como denunciarían ellas más tarde, eso se instaló a toda prisa y con ganas de guardar apariencias, ya que nunca antes las autoridades del penal les habían dado insumo alguno para gestionar su menstruación.

“Y esto es algo que se repite en todo México. La mayoría de las presas en el país tienen entre 18 y 35 años, es decir, están en una edad donde el menstruo es una constante y, al carecer de este apoyo, muchas se ven orilladas a arrancar trozos de esponja de sus colchonetas o a usar periódico para contener el flujo”, señaló Hilda Téllez Lino, directora general de la Tercera Visitaduría de la CNDH, al participar en el Seminario Mujeres en Espiral, organizado por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.

Para la abogada, que se den situaciones así se debe a que los centros penitenciarios no fueron creados con perspectiva de género, sino para hombres y luego se fueron adaptando para recibir reclusas, con las deficiencias que esto conlleva. “Debemos admitirlo, tenemos una deuda tanto institucional como histórica con las mujeres privadas de la libertad”.

Para diagnosticar las carencias de estos centros, desde 2010 la CNDH visita, año con año, los diferentes centros penitenciarios mexicanos. En su recomendación más reciente, la 35/2021, es clara y tajante: “En estos espacios no se garantiza a las adolescentes y mujeres el derecho a la salud sexual y reproductiva ni una gestión e higiene menstrual dignas”.

Y no sólo eso. Además de haber encontrado que los penales no incluyen en su presupuesto la compra de toallas femeninas (“como si el acto de menstruar no ocurriera cada mes”) en su revisión los observadores constataron que, en los centros mixtos, persiste una separación deficiente entre población masculina y femenina, lo cual pone a muchas mujeres en riesgo de ser objeto de violencia o prostitución.

Según cifras de octubre de 2021, en México hay 222 mil 18 personas privadas de su libertad: 209 mil 541 hombres y 12 mil 577 mujeres (5.66 por ciento del universo carcelario) y, de ellas, 6 mil 994 están recluidas en centros mixtos, es decir, más de la mitad. De entre los focos rojos detectados por la CNDH está un penal donde sólo hay dos reclusas, cuando la Constitución señala: “Las mujeres compurgarán sus penas en lugares separados de los destinados a los hombres”.

Cuando los roles de género también son una cárcel

Los días de visita se viven de forma muy diferente en los penales masculinos que en los femeninos; mientras en los primeros se forman largas filas de familiares y se percibe un ambiente casi de fiesta, en los segundos las formaciones son más bien cortas y los visitantes, escasos. Esto se debe a que en el imaginario colectivo es más fácil concebir que un hombre delinca a que una mujer lo haga y, por lo mismo, el estigma recibido por ellas es mayor y esto, con frecuencia, causa el abandono de sus cercanos.

Y es que, a decir de Hilda Téllez, los roles que la sociedad le impone a las mujeres no se quedan afuera, sino que se introducen en el reclusorio para seguir ejerciendo presión, y uno de los que más preocupa a la abogada es ese papel que la sociedad ha adjudicado a las mujeres: mientras a un padre se le permite ser una figura ausente, ellas son cuidadoras de sus hijos y el sostén de la familia.

“Algo que hemos detectado en las reclusas es ansiedad no sólo por estar en una prisión, sino también por no estar en casa atendiendo a sus madres, padres, hermanos e hijos. Esta carga de roles termina por ser un lastre que genera angustia y deteriora su salud mental.”

Pero los centros penitenciarios apenas y consideran la atención a este tipo de padecimientos, el tratamiento de adicciones y situaciones relacionadas. “Noventa por ciento de las quejas recibidas por la CNDH por parte de los internos tiene que ver con la salud, tanto la física como la psicológica; de ahí la importancia de realizar visitas y formular recomendaciones”, finalizó.

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