¿Estamos comiendo plástico?

La cantidad de desechos que generamos ha saturado a tal grado el medio ambiente que algunos científicos argumentan que, finalmente, hemos llegamos al punto de comernos nuestra propia basura, señala el doctor Gregorio Benítez Peralta, del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la UNAM, al analizar el trabajo del profesor Philipp Schwabl, de la Universidad Médica de Viena, quien recién confirmó la presencia de micropartículas de plástico en las heces fecales de ciudadanos de Finlandia, Italia, Japón, Holanda, Polonia, Rusia, Reino Unido y Austria, es decir, de gente que habita en rincones muy diferentes del mundo.

“Algo parecido se ha observado en animales como los chimpancés, pero este estudio es el primero realizado con humanos. Es prematuro aún suponer que lo observado en ocho personas se repetirá en los más de siete mil 700 millones de individuos del planeta, aunque esto es una señal de alerta que no deberíamos ignorar”.

Para el gastroenterólogo no es secreto que desde los inicios de nuestra vida estamos en contacto con este material. “Al menos desde 1900 se venden chupones de plástico para el biberón y durante mucho tiempo alimentamos a los bebés con estos implementos, sin considerar que en ellos había bisfenol A, un potencial disruptor endocrino. Tras descubrirse que el BPA podría afectar la cadena hormonal de los infantes la fórmula para fabricarlos se modificó; esto era ya un anuncio de cómo nos afecta este derivado del petróleo”.

Lo interesante de los resultados dados a conocer por Philipp Schwabl en octubre de 2018 —indica el universitario— es que vuelve a poner los reflectores sobre el problema que representa este contaminante para los ecosistemas y para la salud humana, y nos invita a reflexionar sobre el lugar que le hemos dado en nuestras vidas.

“Nuestra ropa es en gran parte poliéster y las bolsas que nos dan al hacer el supermercado, las cerdas de nuestros cepillos de dientes, los envoltorios de nuestra comida o las fibras de la alfombra que acabamos de pisar son de plástico, así que determinar en qué momento sus partículas llegan a nuestro organismo no es tarea fácil”.

En el estudio de la Universidad Médica de Viena se sugiere que los individuos analizados ingirieron estos residuos microscópicos a través de alimentos provenientes del mar, lo cual es una explicación coherente pues se calcula que en la actualidad hay 150 millones de toneladas de plástico en los océanos (a las que se suman ocho millones de toneladas cada año) y que en el Pacífico flota una isla de basura de 1.6 millones de kilómetros cuadrados, extensión que se asemeja peligrosamente a los 1.9 millones km² que tiene México.

Plástico por doquier

A decir del profesor Benítez, esta miasma se extiende por todo el orbe al grado de que en los hielos de la Antártida se observan ya estas micropartículas. “Su huella es palpable no sólo en los ecosistemas marinos; hay trabajos como los de Esperanza Huerta Lwanga, del Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente del Colegio de la Frontera Sur, quien ha detectado la presencia de plástico en las excretas de lombrices en el sureste mexicano.

“Estos se debe a la práctica de quemar basura, ya que tras la incineración los residuos van a parar al suelo, donde son ingeridos por estos invertebrados. Se ha observado que dichos animales pierden peso o mueren si consumen cantidades muy altas del material, lo cual repercute en la fertilidad de las tierras, pero también existe el riesgo de que lleguen a los estómagos de criaturas que hurgan en el suelo en busca de alimento, como las gallinas o los animales de pastoreo que solemos incluir en nuestra dieta”.

El estudio de la doctora Huerta Lwanga apareció en octubre del año pasado en la revista Scientific Reportsy en dicha publicación ya se advierte del riesgo de transferencia de plástico a través de la cadena alimenticia, pues también se hallaron micropartículas de este material en mollejas de pollo destinadas al consumo humano.

Y para quien piensa que para evitar que este contaminante llegue a nuestro tracto digestivo basta con no consumir carne, las noticias no son alentadoras: también se ha detectado su presencia en frutas como la uva y en plantas como el pápalo quelite, y existe la sospecha de que podrían estar en muchos otros cultivos debido a la extendida práctica agrícola de regar los sembradíos con aguas residuales.

“Falta determinar si estas partículas sólo pasan por el sistema de la planta, como cuando nosotros inhalamos aire sucio y lo exhalamos, o si se quedan ahí, haciendo del vegetal un portador del plástico”.

Cambiar hábitos y pensar en el futuro

El doctor Philipp Schwabl dio a conocer los resultados de su estudio en un encuentro realizado en los últimos días de octubre de 2018 en Monte Verità, Suiza, y señaló que los microplásticos, al llegar al sistema digestivo humano, son expulsados a través de las heces fecales; sin embargo, antes de concluir su presentación planteó: Ahora falta establecer si estos son eliminados total o parcialmente.

Sobre este punto, el profesor Benítez Peralta explica que si el contaminante sale limpiamente a través del excremento no representaría mayor complicación; no obstante, habría problemas si éste fuera absorbido por el intestino, filtrado al sistema circulatorio y de ahí pasara al hígado. “Hasta el momento no existe evidencia alguna de que esto ocurra, pero debemos investigar”.

Tras correr una batería de análisis, Schwabl encontró que los microplásticos más frecuentes en las deposiciones de los individuos de la muestra fueron el polipropileno y el tereftalato de polietileno (PET), los principales componentes de las botellas y las tapas de rosca. Ambos polímeros —argumenta el académico austriaco— tienen el potencial de remodelar la mucosa del intestino delgado, interrumpir la absorción de hierro y alterar las funciones hepáticas.

Asimismo, añade el doctor Gregorio Benítez, es preciso considerar también a las sustancias que pueden adherirse al plástico, como aceites, grasas u otro tipo de partículas, pues la capacidad de este material de comportarse como fómite y llevar al organismo elementos nocivos debería ser un aspecto más a tomarse en cuenta.

Sin embargo, en vez de caer en alarmismos el académico sugiere profundizar en los estudios, en especial, en los desarrollados en México, porque es muy factible que las características genéticas y culturales de nuestra población den pie a escenarios únicos.

“No se trata de morir de inanición o de dejar de emplear nuestros utensilios diarios, sino de promover un cambio de hábitos a fin de hacer que la presencia del plástico sea cada vez menor. Lo más importante es aprender a manejar y reciclar nuestros residuos de mejor forma. También el optar por el vidrio en vez de las botellas de PET y vasos de unicel, preferir las bolsas de papel a las de polietileno o las prendas de algodón al poliéster pueden promover ciertos cambios. Debemos ir generando conciencia al respecto y, eso sí, jamás pensar que las cosas son así y simplemente resignarnos”.

Operación Peine y Tijera, retrato de cómo los años 60 replantearon la modernidad

Peine y Tijera es el nombre de una movilización policial impulsada a finales de los 50 por el entonces regente del Distrito Federal, Ernesto Uruchurtu, que consistía en peinar las calles en busca de jóvenes “greñudos” a bordo de esas camionetas con batea conocidas “julias” —todo ello como parte de una campaña más grande llamada Mano de Hierro contra los Rebeldes sin Causa— y es también el nombre de la exposición más reciente del Museo del Chopo, la cual permanecerá hasta el 17 de marzo de 2019 y donde, a través de una selección de más de 400 objetos de la época, se revisan los desplantes de un Estado mexicano deseoso de imponer su noción de cómo debía ser una sociedad, una juventud y una familia modernas, y las tensiones derivadas de sus arbitrariedades.

“Esta muestra se llama Operación peine y tijera. Los largos años 60 en la Ciudad de México por aludir a una década que, más allá de los guarismos, empieza un poco antes y termina ya bien entrados los años 70”, explica José Luis Paredes Pacho, director del recinto, quien añade que, para hablar de un periodo tan inasible decidieron enmarcarlo en un paréntesis que abre en mayo de 1959, con la gresca del Cine Las Américas por el estreno de El rey criollo (película protagonizada por Elvis Presley) y cierra con la pedrada recibida por Luis Echeverría Álvarez mientras huía de un estudiantado enardecido el 14 de marzo de 1975, día recordado como el último en que un presidente se atrevió a poner pie en Ciudad Universitaria.

“Hablamos de un momento histórico en el cual el régimen político, social y cultural postrevolucionario mexicano hizo de todo por afianzarse y mostrar fuerza, pero se vio desbordado no sólo por los movimientos políticos o sociales, sino por la cultura, el arte, el ocio, el consumo, la publicidad e incluso por la arquitectura”. 

Para dar forma a este relato, más que una aproximación cronológica los curadores proponen un recorrido temático que inicia con un acercamiento a edificaciones emblemáticas que buscaban hacer de la capital ejemplo de modernidad a los ojos del mundo, como CU, el Sistema de Transporte Colectivo Metro, Plaza Satélite o Tlatelolco, lo cual abre las puertas para abordar fenómenos que vinieron aparejados a estas magnas construcciones, como la aparición de las ciudades perdidas, habitadas por campesinos que migraban a la urbe atraídos por promesas de prosperidad y una vida diferente.

“Hacer un alto para reparar en estos contrastes es el leitmotiv de la muestra, pues a través de más de 400 piezas —que incluyen pintura escultura, foto, grabado y documentos— se ventilan las tensiones entre una sociedad cada vez más crítica y un Estado dado a impulsar proyectos faraónicos bajo el amparo de aquello que se dio en llamar el Milagro Mexicano y el Desarrollo Estabilizador”, refiere Ariadna Patiño, coordinadora de Artes Visuales en el Museo del Chopo.

Rebeldes sin causa en México

En 1956, tras el estreno de Rebel without a cause en las salas del entonces Distrito Federal, una reseña advertía: “La película revela el desquiciamiento del país vecino. Lo malo es que, sin darnos cuenta de que se trata de un tema que bien pudiera estar ajeno a la realidad, como nuestra juventud no camina muy derecho que digamos, por espíritu de imitación puede contagiarse con el ejemplo de ese joven libertino interpretado magistralmente por James Dean”.

A partir de este tipo de lecturas los medios empezarían a hablar de un hipotético grupo de jóvenes que, como se describía a sí mismo Jimmy Stark —el protagonista de la cinta dirigida por Nicholas Ray— también estaba “perdido, con mucho por lo cual avergonzarse y sin pertenencia a ningún sitio”. Con el objetivo de hacer frente a esta presencia desestabilizadora, el Departamento del Distrito Federal orquestó la campaña Mano de Hierro contra los Rebeldes sin Causa y, como parte de ella, se puso en marcha la operación Peine y Tijera.

Es en este ambiente de animadversión impulsado desde la prensa cuando se da el evento con el que arranca este ejercicio museístico: la trifulca en el Cine Las Américas, la cual estalló en mayo de 1959 cuando cientos de adolescentes, tras haberse formado por casi 24 horas para comprar un boleto de entrada, dieron “portazo” con tal de ver a Elvis Presley protagonizar El rey criollo, después de que los acomodadores les negaran la entrada a la sala de proyección bajo el argumento de que se ése era un filme “sólo para adultos”.

Este hecho alimentaría el mito de que el rock favorece la violencia y el pandillerismo y haría que las autoridades vetaran a este género en la radio. “Una estrategia muy usada fue la del sembrar el pánico moral, es decir, empujar a la opinión pública a tener miedo sobre ciertos temas o sujetos, en este caso los jóvenes, a fin de legitimar su persecución y la de sus expresiones”, detalla Paredes Pacho.

Por ello, las nuevas generaciones comenzaron a ser vistas como una amenaza para los ideales de modernidad enarbolados por el Estado y se impulsaron una serie de políticas de represión y censura que, en vez de apagar los fuegos, avivaron movimientos estudiantiles, culturales y contraculturales, lo cuales se repasan en esta muestra.

Así, tanto en la Galería Arnold Belkin como en las rampas del recinto se exhiben objetos y documentos que hablan de las disidencias de 1968, del Festival de Rock y Ruedas en Avándaro, del montaje y clausura en Acapulco por “faltas a la moral” de la ópera-rock Hair o de la llamada orgía hippie que en febrero de 1971 llevó a la cárcel al psicomago Alejandro Jodorowsky, al guionista Pablo Leder y a los actores Isela Vega y José Alonso, entre muchos otros.

“Escogimos algunos momentos clave para ser lo más exhaustivos posible, aunque no todos porque, de haberlo hecho, nuestro espacio de exhibición simplemente no hubiera dado de sí. Sin embargo, cada pieza de esta selección refleja la tensión entre el gobierno de la época y una juventud que comenzaba a levantar su voz”, detalla Patiño.

Entre 1984 y Un mundo feliz

La publicidad —a través de anuncios que retrataban a amas de casa sonriéndole a un electrodoméstico Turmix, a familias bebiendo Kool-Aid o televisores a color y estéreos anunciando a todo volumen la entrada de México al futuro— se volvió uno de los escaparates más eficaces para difundir las ideas de modernidad emanadas del Estado.

Bajo esta perspectiva, la exposición analiza cómo el gobierno buscaba incentivar ciertos consumos a fin de homogeneizar a una ciudadanía cada vez más plural; ejemplo de ello, fue la Feria del Hogar, evento anual realizado de 1957 a 1976 en el Auditorio Nacional y en donde, entre un laberinto de stands, se ofrecían shows folclóricos que parecían ser oda a una mexicanidad “de penacho y sarape veteado”, como se escucha en la canción Mi ciudad, de 1971.

“Sin embargo, en franca oposición a estas ideas que pretendían ser impuestas a ultranza la gente comenzó a crear modernidades propias, gestadas a través de los movimientos sociales y políticos y a partir de un agenciamiento ciudadano que llevó a reconfigurar espacios como la Zona Rosa, a abrir peñas para la canción de protesta, a crear espacios underground y a acercarse a las drogas como una manera de vincularse de manera lúdica con las contraculturas. En este contexto vimos surgir historietas con fuerte carga critica como Los agachados, de Rius, o revistas ya emblemáticas como Yerba y Piedra rodante”, acota Paredes Pacho.

Este paseo por una muy alargada década de los 60 concluye el 14 de marzo del 75, con uno de los episodios de mayor rispidez entre el gobierno y la sociedad civil, cuando en el auditorio de la Facultad de Medicina Luis Echeverría, exasperado ante los jóvenes que lo increpaban desde gayola, los señaló con el dedo índice y el puño cerrado, y a punta de gritos los acusó de “pro-fascistas” “manipulados por la CIA” y “de desligar el proceso de modernización de sus verdaderos objetivos”. El descontento llegó a tal grado que el presidente tuvo que huir resguardado por militares, no sin antes de recibir una pedrada en la frente, en una suerte de represalia simbólica por las matanzas del 2 de octubre del 68 y del 10 de junio del 71. 

Para Paredes Pacho, más que un mero despliegue de memorabilia Operación peine y tijera. Los largos años 60 en la Ciudad de México es el relato de cómo detrás de las llamadas “políticas de modernización” del Estado en realidad había una pretensión de apuntalar las típicas posturas monoculturales, verticales y autoritarias del régimen, y de cómo sus estrategias de contención fueron insuficientes ante una sociedad en plena transformación.

“Al final, esta muestra es un llamado a consolidar un México verdaderamente moderno y no al estilo de lo que planteaban los gobiernos de hace 50 años; es momento de tener un país conformado por una ciudadanía incluyente, diversa, plural y crítica”.

Universitaria se titula en UNAM Los Ángeles

Para muchos mexicanos que viven en Estados Unidos regresar a su país con la intención de retomar o concluir sus estudios no es una opción. Ese es el caso de Onatta Lecona Tinajero, matemática y computóloga de la UNAM, quien se mudó a Estados Unidos sin haber concluido su maestría en docencia para la educación media superior en el área de Matemáticas.

Lecona Tinajero llegó a California en 2013 en compañía de su esposo, quien estaba a punto de iniciar un doctorado en la Universidad Purdue. Al encontrarse en un nuevo país, Lecona Tinajero experimentó la impotencia de no poder desempeñarse con la misma soltura que en México. “Es una sensación de abandono e invalidez que nos acompaña a quienes salimos de nuestro hogar”.

Desde el Silicon Valley, su lugar de residencia, Lecona Tinajero decidió seguir adelante con la tesis de posgrado que había iniciado antes de salir de su país, pero situaciones laborales y de salud complicaron su trabajo.

“Desarrollé una serie de padecimientos autoinmunes que me impidieron trabajar con la celeridad que yo hubiera deseado”, afirma. En el 2016, retomó su proyecto de titulación que fue un reporte de práctica docente en el cual trabajó por dos años.

Se especializó en presentar posibles soluciones a tres áreas de oportunidad en la enseñanza de matemáticas en la educación media superior: elevar el puntaje obtenido en la prueba PISA, disminuir las deficiencias en matemáticas cuantificadas en la prueba ENLACE, y abrir un espacio que integre conocimientos desde una perspectiva práctica. Lo anterior, mediante la enseñanza de fractales en los sistemas de bachillerato de la UNAM.

Este 2018, concluyó su labor y decidió buscar los medios para titularse sin salir de California. Así, contactó a la sede de la UNAM en Los Ángeles. “La gente de la UNAM-LA se ha portado de la manera más solidaria, servicial y comprensiva en torno a la preparación de mi examen desde el primer día”, afirma Lecona Tinajero.

Asimismo, agradece el apoyo administrativo de la UNAM en México y, en particular, de su tutor Agustín Ontiveros, maestro en Ciencias. “También resultó invaluable la colaboración de los doctores María Esther Urrutia, Fernando Paz Brambila y los maestros Sara Alejandra Pando Figueroa y Alejandro Bravo de la Facultad de Ciencias”.

La  ceremonia se llevó a cabo el 5 de noviembre a las 12 del mediodía, tiempo de la Ciudad de México, en uno de los salones de la UNAM Los Ángeles. Estuvo presente la directora de la sede, Paula de Gortari y personal del centro. Finalmente, Lecona Tinajero apunta que quiere profesionalizarse en la enseñanza de las matemáticas y, en un futuro, continuar sus estudios de posgrado en el área de las ciencias exactas.

Las superocheras, un relato de cómo las latinoamericanas se abrieron camino en los medios audiovisuales

Con la aparición de la Súper-8 —lanzada por la Eastman Kodak en abril de 1965— estalló esa burbuja en la que sólo los cineastas tenían los medios para grabar una película y, de pronto, la gente se vio con la posibilidad de adquirir un artefacto portátil a un precio no tan barato, pero sí accesible, y registrar en video lo que su imaginación les sugería. “El primer filme latinoamericano data de 1967, preámbulo de los movimientos feministas. Hasta entonces el cine era un medio muy masculinizado y ello explica el que muchas artistas aprovecharan esta nueva tecnología para crear algo nuevo, explica Regina Tattersfield, investigadora del Museo Universitario del Chopo.

“Como historiadora del arte me gusta trabajar con cosas que se pueden leer a contrapelo y, al empezar a indagar en este capítulo, vi que tal lectura era posible, pues el cruce entre una cámara tan accesible y los albores del feminismo nos remite a una época donde las mujeres comenzaron a posicionarse política y socialmente, y en la que se empezaron a transformar sus figuras y paradigmas. Lo que ellas lograron al ponerse detrás de la lente, más que de feminismo, nos habla de un deseo por generar espacios para lo femenino”.

Este hallazgo es el germen de la muestra Las superocheras. El quehacer de artistas latinoamericanas en formato Súper-8, que actualmente se exhibe en el Museo Universitario del Chopo, donde a través de 26 filmaciones se recoge la mirada de 20 creadoras que, sin agendas pactadas y con muchas ganas de experimentar, le dieron cabida al teatro, el documental, la instalación, el performance, lo conceptual y el autorretrato en sus carretes de ocho milímetros.

“Así como hoy con los celulares, esta cámara se convirtió en una extensión del cuerpo: la podías tener en la mano, atarla en lo alto de un árbol o aventarla y atraparla”, agrega Regina Tattersfield, quien como ejemplo claro de esta versatilidad en cuanto a la manipulación y lo narrativo seleccionó la pieza Caída libre, de la chilena Rosario Cobo, quien en 2013 arrojó al vacío una Canon desde el carrillón de la Torre Insignia, en una reinterpretación del mito de Cuauhtémoc.

Justo con esta pieza abre Las superocheras, exposición que, más que seguir un orden cronológico, consta de una serie de núcleos temáticos donde las grabaciones reflejan aspectos diferentes del quehacer artístico, pero que juntas relatan historias de esas que gustan tanto a Tattersfield, pues todas se pueden leer a contrapelo.

“Al hacer esta curaduría mi intención fue que el visitante tuviera la impresión de que, a medida que se adentra en un archivo visual de la Súper-8, le salen al paso cinco décadas de quehacer artístico. Cuando trabajo estos temas yo, al menos, siempre me pierdo y, para evitarle eso al público decidí agrupar el material por sus aspectos en común, paradigmas y horizontes. Así fue como, de manera natural, surgieron los ejes articuladores que dan rumbo a la muestra”.

En busca del tiempo perdido

Uno de los libros más exhaustivos en cuanto a la irrupción de este formato en México es El cine súper-8 en México. 1970-1989, de Álvaro Vázquez Mantecón; sin embargo, al consultarlo, Regina Tattersfield notó que prácticamente no había mujeres en él, si acaso se mencionaba a la mexicana Silvia Gruner, por lo que decidió hacer una investigación propia a fin de llenar estas lagunas, lo que la llevó a hurgar, literalmente, en los armarios de decenas de creadoras.

“Alguien me prestó una moviola, un aparato que, para eliminar el riego de incendio, te permite ver las cintas sin necesidad de proyectarlas. Con este artefacto en mano me presenté en casa de las artistas y juntas comenzamos a revisar los carretes, pues con frecuencia ni ellas mismas sabían lo que tenían. Esta parte y la de ir peinando bibliotecas y archivos tomó su tiempo, pero fue así como, poco a poco, se fue conformando Las superocheras”.

El primer núcleo de la exposición lleva por nombre Autogeografías y narra cómo la mujer latinoamericana se conecta con sus raíces prehispánicas y cuenta historias a partir de ello, lo que además de servir como pretexto para repasar las nacionalidades de las autoras: México, Cuba, Brasil, Chile y Argentina, permite observar los cambios en la región a lo largo de las últimas cinco décadas.

“Al empezar esta investigación me di cuenta de que, en nuestro país, las mujeres comenzaron a usar la Súper-8 para experimentar en la década de los 80; por su parte las argentinas ya habían hecho esto en los 70 y las brasileñas en los 60, así que este trabajo no sólo relata parte de la historia de estas creadoras, sino que es un retrato de cómo la Súper-8 se fue abriendo paso en América Latina”.

La segunda estación del recorrido es Cámara-espejo y es el registro de cómo ellas utilizaron estos aparatos para retratarse a sí mismas o a sus colegas y familiares, dando pie a ficciones, imágenes poéticas y a narrativas coloquiales, provocando así la única reacción posible de alguien al colocarse de frente a un espejo: la reflexión.

La tercera sección, Subir el volumen, es un paseo por la historia, pues aprovecha el hecho de que, en un principio, la Súper-8 no grababa sonido, pero luego se le anexó un micrófono, para aludir así al hecho de que las mujeres, tras un largo silencio en demasiadas esferas sociales, comenzaron a empoderarse a nivel discursivo, a ganar lugares políticos, a ser escuchadas y a elevar cada vez más su voz.

La siguiente parada es Situar lo cotidiano, colección de instantáneas donde Vivian Ostrovsky da testimonio del culto al cuerpo de los brasileños en la playa de Copacabana, la mexicana Ximena Cuevas filma a una mujer en lucha con un electrodoméstico, y la tapatía Dalia Huerta comparte la relación erótico-afectiva de una pareja.

El último núcleo, Apropiación documental, habla de cómo el arte contemporáneo se hermana con el surrealismo o el dadaísmo al usar documentos reales como vehículo de expresión. En este apartado destaca la pieza Una familia ikoods (1988) de Teófila Palafox, artista de origen huave a quien el Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) le encargó fotografiar a la gente de San Mateo del Mar, comunidad costera a la que ella llegó cargando con su cámara Súper-8.

“Teófila Palafox es una cineasta ikoods que no sólo tuvo acceso a una herramienta nueva, sino que se apropió de ella y la canibalizó, logrando una narrativa muy particular y, desde su realidad inmediata, plasmó un pensamiento muy distinto al de alguien de la ciudad”.

Para Regina Tattersfield era importante que el inicio y término de la muestra se tocaran de algún modo y, en una alegoría del eterno retorno, eligió el filme Caída libre, de Rosario Cobo, para marcar el fin del recorrido, por lo que el espectador podrá ver de nuevo como una cámara es arrojada desde el edificio más alto de Tlatelolco para dar tumbos y terminar por estrellarse en el suelo.

“Por su versatilidad, la Súper-8 se convirtió en una herramienta que sirvió para que las artistas encontraran nuevas formas de expresarse y ese ímpetu continúa hasta nuestros días, pues pese a que el revelado de estos carretes es cada vez más caro, aún hay quienes se niegan a que esta cámara muera. Las superocheras es una muestra en la que se exhiben no sólo diversas propuestas estéticas, sino en la que se reflexiona sobre este formato y su gran impacto”.

La escopetarra, historia de un arma que pasó a ser un instrumento de paz 

Jamás en la historia un objeto ha cobrado tantas vidas como el fúsil Kalashnikov, mejor conocido como AK-47. Este modelo goza de gran popularidad entre las guerrillas y narcotraficantes; por lo mismo, cuando en 2002 se dieron los primeros actos de desmovilización en Colombia y cientos de miembros de las FARC, del ELN y las AUC bajaron de las montañas para entregar sus rifles, el músico y activista César López se conmovió ante lo poderoso del gesto.

Que un combatiente de pronto sepa que en vez de guerra quiere paz y una vida al lado de los otros en el pueblo nos muestra que cambiar sí es posible; ello me hizo pensar en lo simbólico de dar forma a un instrumento musical a partir de uno de esos rifles de asalto, explica el compositor colombiano. El resultado es la escopetarra.

Así, con este nombre tan peculiar se bautizó a la invención de César López: una guitarra cuyo mástil y encordado fueron montados sobre la empuñadura y cañón de una AK-47 con la intención de cancelar, de una vez por todas, su vocación de escupir balas y, en vez de ello, darle voz y capacidad para entonar canciones. Hay 20 repartidas alrededor del globo en lugares como la Casa de las Culturas en Berlín, las instalaciones de la UNESCO en París, las oficinas de la ONU en Viena y Nueva York y, en breve, la Ciudad de México tendrá la suya, que se exhibirá en el Museo Memoria y Tolerancia.

¿Pero por qué hacer música con un arma? A decir del cantante, el arte es un bálsamo para los horrores del mundo y, bajo esta convicción, hace 15 años fundó el Batallón de Reacción Artística Inmediata, con la misión de ir, lo más pronto posible, a los lugares donde hubo violencia para dar apoyo y tocar para las víctimas. 

“El 7 de febrero de 2003 estalló un carro bomba en las instalaciones del Club Nogal, en Bogotá, y rápido aparecimos ahí. Un militar me cerró el paso y de un culatazo quebró mi guitarra. Lo que más llamó mi atención fue ver que ambos cargábamos nuestras herramientas de trabajo casi igual: él llevaba su metralleta prendida al brazo con una correa como quien se sujeta un instrumento al hombro con un tahalí, y la sostenía como si pulsara un acorde con la mano izquierda, mientras su derecha se cerraba en garra, como si fuera a rasguear”.

Aquel momento terminó por dar forma a los que César López había imaginado al leer en los diarios sobre guerrilleros deponiendo las armas y, con esta imagen en mente acudió al taller del lutier Alberto Paredes para que le construyera la primera escopetarra, según sus especificaciones: el puente, mástil, clavijero y pastillas serían los de una guitarra eléctrica, pero en vez de un cuerpo sólido de madera todo debería ir engastado en el acero de un fusil.

Esta propuesta ha hecho que el activista haya ganado notoriedad y le abierto las puertas a diversos foros interesados en escuchar su experiencia, como en esta ocasión, que viajó a México invitado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM para participar en el Encuentro Académico sobre Prevención de la Violencia Armada y Delitos Relacionados con Armas de Fuego, así como para dejar una de sus escopetarras en custodia del Museo Memoria y Tolerancia.

En su sencillo más reciente, titulado Fin y aparecido en julio de 2017, el compositor escribe estos versos: Hay que callar los fusiles/, mataron cientos de miles./ Nadie dijo que sería fácil,/ nadie sabe con el hambre que otros duermen./ Hoy desperté con los pies en la Tierra,/ para cantarle al fin de la guerra. 

Sobre sus temas César López explica: “Este instrumento me han puesto en muchos caminos y al andarlos he aprendido mucho con los pies, recorriendo, cayendo y volviendo todo eso canción”.

Un fúsil que cayó del cielo

En el orbe hay más de 75 millones de fusiles AK-47 y los elegidos por César López para ser transformados por las manos de un laudero pertenecen a uno de los cargamentos más grandes de los que se tenga noticia. Formaban parte de aquellos 10 mil que —en 1999— el peruano Vladimiro Montesinos, entonces asesor del presidente Alberto Fujimori, adquirió en Jordania y dejó caer en paracaídas sobre Barrancomina, en plena selva amazónica colombiana, para ser recogidos más tarde por las FARC. Esta operación criminal aún es recordada por los periódicos como “el día en que llovieron armas”.

Para el músico, conocer estos detalles es crucial y, por lo mismo, sabe que el instrumento que dejará en la Ciudad de México fue arrojado desde un avión Ilushin 76 para luego caer en manos de un combatiente de nombre Oliver, quien en 2006 abandonó su vida paramilitar y entregó su rifle en las desmovilizaciones de Colombia.

“Y eso hago, prestar oído a las historias que se me cruzan y tomarlas como materia prima para mis canciones; con ello busco darle voz a quienes no suelen ser escuchados”, comparte el artista que, por esta labor, ha sido nombrado mensajero de la no violencia para Naciones Unidas y emisario de conciencia por Amnistía Internacional.

Cuando César López fundó en 2003 el Batallón de Reacción Artística Inmediata, sus desplazamientos se limitaban a Bogotá y sus alrededores. La proyección global ganada le permite ir hoy a los muy diversos epicentros de la violencia, como las favelas de Brasil o los barrios pobres de México, país por el que se siente dolido por sus cientos de miles de desaparecidos y muertos en apenas pocos años.

En 2010, el colombiano dio a conocer el disco Toda bala es perdida, que incluye un tema homónimo elaborado con los relatos recogidos en su andar y cuya letra modificó tras los hechos aún no esclarecidos del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. El verso agregado dice así: Hablo por lo que ya no están/, por los muertos vivos./ Hablo sobre la soledad/ de esas madres sin hijos./ 43 que ya no hablarán,/ se los llevó el olvido./ Toda bala es perdida/ y toda víctima, hermana./ Tanta guerra y mentira,/ ¿y qué vendrá mañana?

Actualmente César López impulsa una iniciativa de su autoría llamada 24-0 que tiene por ideal lograr que, por lo menos durante un día, no haya muertes violentas en Latinoamérica y, por lo mismo, se dice preocupado por las altas cifras de asesinados en México. 

“Soy un visitante, pero he vivido el conflicto de este país, lo he escuchado y pasado por mi piel y corazón. Por lo mismo sé que esta noche habrá luto en muchas familias mexicanas y eso me inquieta y despierta preguntas ¿qué hace ese chico que morirá hoy?, y también pienso en quien gatillará el arma y lo que siente. Ante eso ¿qué puedo hacer yo? Lo ignoro, desearía tener al menos una respuesta”.

Donde se dan encuentros improbables

La escopetarra viaja en un estuche cuadrado y rígido en cuyo interior la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha colocado una pegatina con la leyenda “This is not a weapon, it is a guitar”, la cual, señala César López, resulta útil pues ya ha pisado las prisiones de las ciudades de Buenos Aires y Singapur tras ser acusado por las autoridades de querer introducir en el aeropuerto un arma mediante camuflajes y engaños.

A decir del artista, dicha reacción es comprensible porque ver de cerca un arma siempre resulta agresivo, incluso si ésta es en realidad una inofensiva guitarra. “Este instrumento no fue concebido para agradar, sino para generar una reflexión, interpelar y hacer que la gente se pregunte, ¿cómo un artefacto de muerte pudo transformarse en algo diferente? Desafortunadamente, no todos lo entienden”.

Por ello, cada vez que César López presencia cómo la música induce al cambio siente como si estuviera ante un pequeño milagro. “Si algo me han enseñado los años es que el arte es esa autopista donde los diferentes se encuentran. Caminar esta ruta me ha permitido ser testigo de excepción de un abrazo entre víctima y victimario, de uno que no pasa por discursos de relumbrón o pactos políticos, sino por las emociones que han sanado y que permiten el contacto”.

Todas estas vivencias lo inspiraron a escribir, en 2016, el tema Canción para el perdón, incluido en el álbum Canciones para después de una guerra y que incluye la frase: “Perdonar puede no transformar lo vivido, pero cambia lo que vendrá”.

Y es que, para César López no cabe duda de que al arte cura las heridas, aunque también sabe que reparar lo fracturado toma mucho tiempo y, como John Paul Lederach, calcula que de actuar ahora, pasarán dos o tres generaciones para que la humanidad pueda comenzar a reponerse de tanto daño autoinfligido.

“Todo lo que el humano genera lo hace por amor o por falta de él y el arte devuelve un poco de amor al individuo, así como la convicción de que podemos vivir los unos con los otros y no tan sólo los unos junto a los otros. Al final, la paz es una colcha de retazos que todos hacemos día con día, aportando un pedacito desde nuestra esquina”.

El sueño es vital para nuestra salud

En términos generales, todos somos más o menos descuidados con nuestra salud, y tratándose del sueño más, por lo que aún no estamos conscientes de la importancia de dormir bien, señala el profesor Ulises Jiménez Correa, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño (CTS) de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Cada uno de nosotros ha presentado alguna vez problemas para pegar el ojo o cabeceado mientras lee o ve una película y esto es normal si se da ocasionalmente; sin embargo, cuando alguna de estas condiciones se vuelve persistente e interfiere con nuestra vida es recomendable buscar ayuda, recomienda el experto.

A fin de brindar apoyo tanto a la comunidad universitaria como al público en general, la CTS entró en funciones hace dos décadas en el edificio de Medicina Experimental que tiene la UNAM al interior del Hospital General, en la colonia Doctores, y, debido a la creciente demanda, hace tres años abrió las puertas de otra sede en la Unidad de Atención Médica de Alta Especialidad, en Ciudad Universitaria, entre la Dirección del CCH y el edificio de Servicios Médicos.

“Dormir bien es crucial para la salud y algo vital, por ello si no satisfacemos esta necesidad nos veremos afectados, pero ¿cómo definir estos trastornos? Podría decirse que son padecimientos que nos impiden cerrar el ojo al estar en cama, disminuyendo nuestro tiempo de sueño y su calidad. A esto se les conoce —en términos generales— como insomnio, aunque también puede manifestarse a través de otro síntoma universal: la somnolencia diurna”.

A menudo minimizamos estas afecciones y postergamos o soslayamos su tratamiento, pese a saber que además de mermar nuestro rendimiento predisponen a una serie de enfermedades, muchas de ellas tan graves como la diabetes. “¿Cuántas veces hemos oído ‘se trata sólo un cabeceo’?, y quizá no nos parezca grave, ¿pero si esto se da mientras estamos en la calle, detrás de un volante? Esto ya nos da una idea del riesgo que implica no sólo para nosotros, sino para los demás”.

Los estudiantes, un sector particularmente afectado

Desde siempre los estudiantes han pasado noches en vela trabajando, preparando exámenes o redactando ensayos y, por lo mismo, no resulta raro verlos dormitar en el salón de clase o acostados en los prados de la universidad con un suéter en el rostro a fin de procurarse un poco de oscuridad y tomar una siesta.

Lo relativamente nuevo —advierte el profesor Jiménez— es que de un tiempo para acá, y con cada vez más frecuencia, solicitan ayuda profesional al sentir que el no dormir bien afecta su cotidianidad o eficiencia escolar. Esto le ha permitido al académico comenzar a cruzar los datos obtenidos de sus pacientes de la CTS con una serie de entrevistas realizadas a alumnos de diferentes planteles de la UNAM a fin de entender mejor cómo se manifiestan los trastornos del sueño en el alumnado, qué condiciones las favorecen e idealmente, plantear estrategias para evitarlos o, al menos, aminorarlos.

“Un adulto joven sano debería dormir de entre siete a nueve horas al día y estamos registrando un número muy alto de individuos quienes sólo lo hacen cinco, como promedio. Nuestra información aún es preliminar como para poner cifras y porcentajes sobre la mesa, pero por lo observado, se trata de un problema bastante extendido”.

A decir del investigador, esto preocupa porque periodos prolongados de vigilia sin descanso adecuado suelen asociarse a enfermedades como la hipertensión arterial sistémica, alteraciones cardiovasculares y modificación de patrones hormonales que pueden elevar la ingesta de alimentos y suprimir la voluntad de hacer ejercicio, lo cual puede traducirse en dos padecimientos muy extendidos en el país —en especial por la predisposición genética de los mexicanos hacia ambas— y ya considerados epidemias: obesidad y diabetes.

Por ello, para el doctor Jiménez es importante crear conciencia entre los jóvenes sobre este problema y sentar las bases de una cultura del cuidado del sueño y modificación de hábitos, y plantea que estudios como el que actualmente desarrolla en la UNAM, junto con muchos otros, pueden ser un paso firme en ese camino. 

  

La importancia de un diagnóstico adecuado

No todas las alteraciones del sueño son iguales y por eso en la CTS ha integrado un equipo multi e interdisciplinario en el que figuran médicos, psicólogos, odontólogos y otorrinolaringólogos, entre otros especialistas, a fin de elaborar diagnósticos para cada individuo.

“Generalizar sería un error. De entrada, y para dar un ejemplo, podríamos hablar de tres variantes del insomnio: cuando se relaciona con la dificultad para empezar a dormir se llama de inicio; si se manifiesta a través de diferentes despertares se le denomina de continuidad o de mantenimiento, y si provoca un acortamiento del tiempo de sueño se le dice terminal o despertar prematuro”.

Además, aunque a un nivel muy superficial dichos trastornos parecerían semejantes y hay quienes los ponen a todos en un mismo costal, las causas en cada individuo difieren: “En un sujeto pueden ser por ansiedad y en otro por consumo de drogas, o pueden estar involucrados el ronquido o el estilo de vida de cada quien. Todos estos elementos son evaluados y atendidos en las consultas”.

En sus encuestas, el profesor Jiménez ha detectado que muchos integrantes de la comunidad puma viajan a diario desde Chalco, Cuautitlán o Cuernavaca a CU y ello les implica levantarse muy temprano y regresar muy tarde a casa, donde le roban tiempo a la noche para estudiar y hacer sus tareas, por lo que, en estos casos, ellos caen en lo que se conoce como privación voluntaria del sueño.

También están quienes asisten al turno vespertino, de tres a 10 de la noche, y se acuestan de madrugada, incluso a las seis de la mañana, para levantarse al mediodía. A esa inversión del ciclo del sueño se llama fase atrasada del dormir y también representa un problema pues, aunque estos jóvenes reposen siete horas, no descansan como deberían por muchos factores, pero el principal es porque los humanos estamos diseñados para dormir de noche y no de día, dice.

“La investigación entre los jóvenes de la UNAM está en proceso, pero algo que sí podemos establecer desde ahora es que casi todos aseguran padecer insomnio y que el 100 por ciento de ellos acepta usar algún dispositivo electrónico antes de meterse en la cama, algo que, de forma inadvertida, prolonga sus estados de vigilia”.

Estragos de la vida moderna

A decir del profesor Jiménez Correa, los trastornos del sueño se agravaron, históricamente, desde que tenemos electricidad e iluminación las 24 horas, se intensificaron al dejar entrar al televisor en las recámaras y se agravaron cuando comenzamos a meternos a la cama y pusimos dispositivos móviles justo en el buró de al lado.

“Los celulares, tabletas y computadoras emiten luz azul, la cual tiene un efecto estimulante fuerte, pues por parecerse a la claridad diurna incide en el área relacionada con la información visual, por lo que el cerebro no puede registrar si oscureció o es de noche. El resultado es que se inhibe la producción de melatonina, hormona responsable del inicio del sueño. Esto pasa cuando consultamos el teléfono al acostarnos o si despertamos de madrugada y leemos e-mails”.

Incluso hay aparatos que, según el imaginario, pertenecen al dormitorio y que, sin embargo, tienen una influencia negativa, como los despertadores. ¿No nos ha pasado que abrimos el ojo, vemos el reloj y pensamos, si me duermo ahora y me levanto a las ocho descansaré siete horas?, y ¿no es común seguir despierto y repetir lo mismo poco después y calcular, si me duermo ahora descansaré cinco horas. “Todo esto nos genera ansiedad y, por ende, insomnio”.

Por ello, el académico brinda una serie de consejos que pueden ayudar a un descanso adecuado, como apegarse a horarios estrictos para el desayuno, comida y cena precisos, pues la ingesta es un sincronizador muy efectivo del sueño, así como hacer ejercicio, pero jamás pasadas las 10 de la noche; también sirve cuidar la higiene de la recámara y no usar dispositivos móviles poco antes de dormir.

En su poema Valium 10, Rosario Castellanos escribía: “Y no puedes 

dormir si no destapas/ el frasco de pastillas y si no tragas una/ en la que se condensa,/ químicamente pura, la ordenación del mundo”, versos que en apenas una líneas describe lo que para el profesor Jiménez es uno de los peores riesgos a los que nos sometemos al intentar lidiar con este problema desde la ocurrencia y el empirismo.

“En México somos muy dados a automedicarnos y es muy importante no hacerlo. Consumir somníferos que no nos fueron recetado por un especialista nos pone en riesgo y más que ayudar, agravan los síntomas. En ese sentido, si detectamos problemas para conciliar el sueño, estamos cansados, roncamos o tenemos una somnolencia permanente, las puertas de la CTS están siempre abiertas”.

La manera de contactar con la Clínica de Trastornos del Sueño es a través del número telefónico 5623 2300, extensiones 41624 o 41625, el correo clinicadelsueno@unam.mx o a través de Facebook.

 

Celebraciones del Día de Muertos en Ottawa-Gatineau

Una tradición muy mexicana sigue siendo protagonista en Ottawa – Gatineau, de la mano de la Escuela de extensión en Canadá de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se trata del Día de muertos, una festividad celebrada principalmente en México y presentado año con año en la capital nacional por la UNAM-Canadá, la cual realiza ofrendas y actividades culturales gratuitas alrededor de la temática

Este año, la institución presenta por primera vez, entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, una ofrenda monumental en el ayuntamiento de la ciudad de Gatineau. La obra, inaugurada por la directora de la UNAM-Canadá, Alicia Mayer González; el alcalde de Gatineau, Maxime Pedneaud-Jobin; y el Embajador de México en Canadá, Dionisio Pérez Jácome, es una propuesta del artista plástico mexicano Rafael Alfaro y de los alumnos de la Escuela Moderna Americana en México. El altar se realiza en esta ocasión en memoria de la pintora mexicana Frida Kahlo, el canta autor canadiense Leonard Cohen y el pintor quebequense Jean Dallaire.

Conciertos, obras teatrales, lecturas guiadas, danzas folclóricas, entre otras actividades, enriquecen la programación propuesta por la UNAM-Canadá a los ciudadanos y visitantes durante estas fiestas. 

La UNAM-Canadá es un centro de promoción de la cultura mexicana e hispana en la región. Ofrece a los canadienses y latinoamericanos actividades gratuitas y productos culturales como las exposiciones permanentes y temporales, la coral y el grupo de teatro. La sede también ofrece cursos de español, así como cursos de francés e inglés en inmersión para los mexicanos y latinoamericanos que vienen a la región de l ’Outaouais en los periodos de invierno y verano.

No nos vamos a mover: los sismos de septiembre a través de 38 crónicas

Para la reportera Nelly Segura, la catástrofe y la esperanza sí pueden convivir en un libro, al menos en el que ella escribió, titulado No nos vamos a mover y que a través de 38 crónicas y una entrevista recoge cientos de historias que le fueron confiadas o que le saltaron al paso mientras cubría los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017 para la agencia Notimex. Todos los relatos retratan un lado muy humano de la tragedia y cada uno es una pieza que, al ser puesta junto a otra, ayudan a reconstruir la imagen de algo que se fracturó con el temblor.

“El terremoto del jueves 7 nos sorprendió casi a la medianoche. No sé si sea el instinto del periodista, pero sin pensarlo demasiado aproveché que el viernes era mi día de descanso y viajé al área más afectada. Veinticuatro horas después ya estaba en Juchitán, Oaxaca, y de inmediato me puse a hablar con la gente y a documentar. Parecía haber un desfase entre las redes sociales y los medios tradicionales, pues mientras las primeras hablaban de muertos y derrumbes, para los segundos todo parecía ser saldo blanco, o al menos al principio. Muy pronto se darían cuenta de la gravedad”.

El Servicio Sismológico Nacional publicaría después que este temblor había surgido en el Golfo de Tehuantepec, con 8.2 grados, convirtiéndolo en el más intenso de la historia moderna de México. Aviones militares comenzaron a llegar a la zona cargados de víveres y también de periodistas, quienes aprovecharon el “aventón” para trasladarse sin demoras, pues las carreteras estaban afectadas.

“Me fui sin avisar; por lo mismo, en cuanto pude le notifiqué a mi jefe que no necesitaba mandarme, pues yo ya estaba allá, trabajando. Fue una semana dura en la que recorrí varias localidades del Istmo como Unión Hidalgo o Salina Cruz, y muchos pueblitos cercanos a las lagunas. A donde iba abundaban las historias por contar”.

Así, la reportera acompañó no sólo a quienes dejaron de cocinar para su familia y comenzaron a hacerlo para la colonia entera, o a mototaxistas que a la par de su trabajo se volvieron repartidores de comida y recaderos, sino a deudos que debían ir, en un solo día, tres veces al panteón municipal de Juchitán para asistir a los entierros.

El cementerio Domingo de Ramos suele reunir a mucha gente en ciertas fechas, en especial durante el primer día de Semana Santa, pero en esta ocasión tanto movimiento no se debía a ninguna fiesta. El ir y venir durante esa semana llegó a ser tan constante que desde la entrada hasta las tumbas se observaban senderos de púrpura, formados por miles de frutas caídas de los árboles con el temblor y que fueron aplastadas por los dolientes en su deambular.

Nelly Segura estudió en la FES Acatlán, pertenece a la generación 2008-20012 y dice que al cubrir esta tragedia no sólo coincidió con muchos compañeros de la carrera, sino que era muy fácil detectar a quienes egresaron de la UNAM. “Hay muchos otros salidos de diversas instituciones que saben hacer lo suyo, pero la diferencia es que nosotros, al realizar nuestro trabajo, tenemos una visión social”.

La cobertura realizada por la joven de 30 años le ganó los premios Nacional de Periodismo (otorgado por el Club de Periodistas de México) y el Nacional de Comunicación (concedido por la Fundación José Pagés Llergo, en la categoría Periodista Solidaria).

“Sentía que esto debía tener una permanencia más allá de la nota diaria y así me decidí a escribir este libro, que contiene la misma información que publiqué en Notimex, aunque aquí es tratada de manera diferente, con cifras, datos y en orden cronológico”.

La estancia de Nelly en Oaxaca terminó cuando se le ordenó regresar para cubrir la ceremonia del Grito en la Ciudad de México y así, el 14 de septiembre salió de un pueblo donde hasta los sepulcros del camposanto mostraba los estragos del temblor con cuarteaduras tan notorias como las que había el ánimo de los 90 mil juchitecos que intentaban reconstruir su ciudad, pero no adivinaban cómo.

Donde un rayo golpea dos veces

“Cuando el temblor del 85 no había nacido, pero lo revivía cada año con los simulacros, por lo que estaba ahí, flotando en mi imaginario y en el de mi generación. La diferencia con el de 2017, pese a las similitudes, es que éste se convirtió en nuestro sismo, en uno que enfrentamos con nuestras herramientas y como bien pudimos”.

Al regresar de Juchitán, Nelly Segura no imaginaba que el caos e infortunio del que había escrito en Oaxaca se repetiría en casa debido a que, por una siniestra coincidencia, al conmemorarse 32 años del sismo que destruyó la capital, justo el mismo día y con seis horas de diferencia otro terremoto embistió a la Ciudad de México.

“¿Está temblando? —un parpadeo, dos. Inmovilidad para sentir el movimiento. Escalofrío—. Está muy fuerte. ¿Salimos? ¡Vámonos! ¡Salgan!”. Con estas palabras la reportera recuerda —en la página 67 de su libro— cómo se vivió aquel martes cuando las alarmas antisísmicas se dispararon en punto de las 13:40 horas. 

“Nos habían asegurado que los millenials eran la generación más apática y este evento nos demostró lo contrario; muy rápido los vimos en la calle coordinándose a través de sus celulares —cuando había señal— y buscando colaborar. No obstante, también salieron a flote muchas fallas, pues pese a que siempre nos repetían que estábamos preparados para afrontar un sismo de gran intensidad, no era del todo cierto. Edificios se cayeron por violar las normativas, hubo sitios donde sobraba la ayuda y otros en los que no había, y a veces la Marina Protección Civil y la Sedena triplicaban sus funciones”.

Sin embargo, para la autora lo destacable de esto es la valentía mostrada por la sociedad civil, que sacó la casta y se opuso a los militares y a la policía cuando querían meter maquinaria en sitios donde aún había esperanza de vida, que pasó noches en vela intentando rescatar al familiar de algún desconocido y que se dolía con la muerte de un extraño como si se tratara de uno de los suyos.

Como reportera, Nelly Segura estuvo en el colegio Rébsamen, en la fábrica de Bolívar y Chimalpopoca, en Santa Rosa Xochiac, en la Condesa o en Chimalpa, aunque uno de los episodios que más le impresionó fue el que tuvo por telón de fondo el edificio desplomado en la esquina de San Luis Potosí y Medellín, en la colonia Roma.

“Una chica llamada Karina le gritaba a su hermano con un megáfono, ‘¡aguanta Erick, aquí estamos y no nos vamos a mover de aquí hasta tenerte con nosotros!’. El muchacho no sobrevivió, pero tanto ellos como los rescatistas cumplieron su palabra y permanecieron ahí, hasta que recuperaron el cuerpo. Ése es el espíritu de quienes salieron a ayudar después del sismo y no se rindieron jamás, y ésta es la razón de que el libro se llame justo así: No nos vamos a mover”.

Las lecciones aprendidas

En la mañana del 19 de septiembre de 2017, el entonces jefe de Gobierno de la CDMX y hoy senador de la República, Miguel Ángel Mancera, desde la Plaza de la Solidaridad daba un discurso en recuerdo de las víctimas del sismo del 85. “Hoy la Ciudad de México está mucho más comprometida, se encuentra mejor preparada y es más resiliente para este tipo de acontecimientos”, arengaba frente a una bandera a media asta. Poco después tembló.

“Como él, nadie imaginaba que a las 13:14 horas se desafiarían sus palabras: ¿la ciudad está más comprometida? ¿mejor preparada? ¿más capacitada?”, pregunta Nelly Segura desde su libro, y para formular una respuesta buscó a Liliana Veloz Márquez, especialista del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), a quien da voz en la única entrevista incluida en el ejemplar.

“Lo que ella argumenta es que tras el sismo de 1985 aprendimos muy bien las máximas de no corro, no grito y no empujo, es decir, a desalojar los edificios con rapidez y a reaccionar en un primer momento, pero nos quedamos estancados ahí y no sabemos dar el siguiente paso, el que nos conduce a la reconstrucción”.

En opinión de la directora ejecutiva de la Red por la Rendición de Cuentas, tras el temblor se debió haber seguido una estrategia de tres etapas. “La primera consiste en atender lo inmediato y prodigar alimento y vestido, así como instalar albergues, fase en la que el país se ha quedado históricamente durante las emergencias. Lo que nos falta es un plan a mediano plazo para recuperar la normalidad en las zonas afectadas, y uno de reconstrucción, éste ya a largo plazo”.

A decir de Nelly, lo que la movió a escribir este libro fue la intención de que algo así no se olvidara, pues quería dejar constancia no sólo de la tragedia y capacidad de las personas para sobreponerse a ella, sino de las enseñanzas legadas por un evento de tales dimensiones.

Para la autora, es posible aprender tanto de los aciertos como de los fallos y para ello dedica un paréntesis a hablar de cuando el rigor periodístico desapareció en aras del rating y recrea el momento en el que supo de las dos Fridas (como en el título de pintura de Kahlo): la primera, una perra labrador de lentes y botitas azules, y la segunda, una niña atrapada bajo los escombros del colegio Rébsamen que llevaba por segundo nombre Sofía y cuyo rescate hubiera sido transmitido en cadena nacional por Televisa, de no haber sido porque la pequeña era ficticia y en realidad nunca existió.

Todo esto ha orillado a Nelly a reflexionar sobre su labor: “En lo personal, una de las enseñanzas que saco es que debemos ser invisibles, pues el reportero suele ser imprudente y a veces busca protagonismo, pero lo mejor es pasar inadvertido y no estorbar. En cuanto a la crónica, es un ejercicio de ver y escuchar que todos deberíamos practicar, pues mientras sepamos hacer las dos cosas, como periodistas siempre tendremos algo interesante qué contar”.

  

La inteligencia animal y la humana no son tan distintas como creíamos

En su edición dominical del 4 de septiembre de 1904, The New York Times publicaba una extensa nota titulada “El caballo maravilloso de Berlín: hace todo menos hablar”, en el que dedicaba medio pliego del diario a explicar cómo el señor Von Osten, un profesor retirado, había enseñado a un semental de nueve años a resolver complicadas operaciones matemáticas, a contar multitudes, a distinguir colores e incluso a tomar letras puestas frente a él y deletrear el nombre de una persona recién llegada, tras haberla reconocido sólo de vista. 

El nombre del cuadrúpedo era Hans y, en su momento, su capacidad para golpear 21 veces en el suelo cuando se le preguntaba cuánto era siete por tres o de hacerlo dos veces si se le pedía dividir 10 entre cinco, por dar un ejemplo, suscitó airados debates sobre la inteligencia animal y sus alcances, hasta que, en 1907, el psicólogo Oskar Pfungst demostró que, en realidad, el equino respondía a unas muy discretas señales corporales emitidas por su dueño y que, al colocar una pantalla entre ambos, Hans aún piafaba, pero lo hacía al azar, se mostraba perdido y no acertaba ya en uno solo de los retos. 

De visita en la UNAM para impartir la conferencia ¿Tenemos la suficiente inteligencia para comprender la inteligencia animal?, el primatólogo holandés Frans de Waal señaló que, aunque este caso representó un descalabro en el imaginario colectivo de la época e hizo sentir a muchos defraudados, lo indudable es que la fauna es sumamente inteligente; “sin embargo, al entrar en estos terrenos con frecuencia la evaluamos de manera incorrecta y la subestimamos”.

Cuando se analiza el tema, la discusión tradicionalmente toma dos derroteros. “O todo comportamiento inteligente realizado por estos seres se debe a procesos de aprendizaje, como argumentan los psicólogos conductistas, o es producto del instinto, como replican los etólogos. Sin embargo, ambas visiones son limitadas y simplistas, y al profundizar vemos que en realidad todo es mucho más complejo”.

Frans de Waal es profesor en la Universidad de Emory, en Atlanta, donde ha realizado diversas investigaciones con simios y monos y ha atestiguado cómo los chimpancés son capaces de recoger una piedra en el camino y cargarla durante 50 minutos —incluso con una cría al lomo— hasta llegar a un sitio adecuado para partir nueces. 

“Su destreza para usar herramientas es algo de largo sabido. Lo notable aquí es su capacidad de prever que una roca estorbosa, pese a ser un lastre en el momento, será útil más adelante. A esto se le llama planificar y rompe con un mito que nos han querido hacer pasar por cierto: el de que los animales ignoran qué es el pasado y el futuro, pues viven cautivos en el presente y sólo piensan en lo inmediato”.

Aunque se trata de un científico que trabajó en área muy distinta a la suya, a De Waal le gusta una frase del físico Werner Heisenberg y la cita cada vez que puede, tanto a sus alumnos en el aula o, como en esta ocasión, al público reunido en el auditorio Alfonso Caso de la UNAM: “Lo observado no es la naturaleza en sí misma, sino a la naturaleza sometida a nuestro método de interrogación”.

Por ello, añadió, al investigar la inteligencia animal debemos evitar tres errores que nos han llevado ya a varios tropiezos: aplicar la misma prueba a especies diferentes (lo que funciona con un perro no lo hará con un pulpo); tomar a la evidencia negativa como conclusión (nuestra incapacidad de encontrar algo no significa que no esté allí), “y, sobre todo, ser cautos ante casos que, por decir lo menos, clamen proezas extraordinarias, como el del astuto caballo Hans”.

A través del espejo

Durante mucho tiempo se creyó que —fuera de los humanos— sólo los simios eran capaces de reconocerse en un espejo, y su reacción al hacerlo se ha documentado en varias ocasiones: al distinguirse en una superficie bruñida casi siempre se tocan el rostro, se bambolean para observar cómo su reflejo lo hace en sincronía perfecta con ellos y, al final abren la boca para verla de cerca, pues les da mucha curiosidad la apariencia de esa parte de su cuerpo que pueden tantear con la lengua y los dedos, pero jamás explorar con la mirada.

Al intentar lo mismo con elefantes el resultado difería y todo apuntaba a que eran incapaces de algo similar, aunque —apuntó De Waal— esto se debe a esa tendencia a repetir experimentos en condiciones idénticas a los realizados exitosamente con otras especies. En los primeros intentos se ponía un espejo frente a la jaula de los paquidermos y ellos sólo alcanzaban a ver sus patas y los barrotes, y eso los confundía mucho, hasta que llegó el profesor Joshua Plotnik, del Hunter College, con una nueva propuesta.

“Para lograrlo tomó a un elefante asiático de nombre Pepsi y le dibujó dos X en cada lado de la frente, una con pintura clara y la otra con agua, siempre de forma alternada a fin de que la marca visible jamás quedara en el mismo lugar; luego era colocado frente a una superficie reflejante. En cada ocasión que el animal veía su reflejo se tocaba con la trompa la cruz blanca hasta que de pronto se acomodó para observarse mejor y comenzó a abrir ampliamente el hocico. Quería verse los dientes y la lengua, lo cual es comprensible pues ni siquiera nosotros, los humanos, podemos hacerlo sin valernos de un espejo”.

Como miembro del Centro Nacional de Investigación de Primates Yerkes, de la Universidad de Emory, Frans de Waal trabaja de cerca con chimpancés y cada vez que lo hace sin quitarse sus gafas oscuras invariablemente uno de ellos se acerca a su rostro, abre las fauces y examina su boca en el reflejo de los cristales negros. “Eso es lo relevante de que Pepsi sea capaz de conectar su imagen con la del espejo: al hacerlo se coloca al mismo nivel de los simios”.

La mente, la mejor herramienta

Wolfgang Köhler no sólo es uno de los padres de la teoría Gestalt, también fue el primero en diseñar el ya clásico experimento en el que un grupo de chimpancés recibe cajas y ramas como único recurso para alcanzar el alimento que pende en alto, justo sobre sus cabezas. Realizó estas pruebas entre 1912 y 1920 en Tenerife y los resultados fueron publicados hace más de un siglo en el libro La inteligencia de los monos, considerado piedra angular de la psicología moderna.

Esta experiencia nos hizo creer por mucho tiempo que sólo los simios podían improvisar y usar herramientas, pero las aves nos han enseñado que pueden hacer lo mismo modificando ramas y hojas, y los cuervos de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides) son el mejor ejemplo de esto, detalló en su momento Frans de Waal.

“Al pensar en estos temas nos remitimos a los primates por ser los mamíferos más parecidos a nosotros, pues nos es más fácil identificarnos y, por lo mismo, descartamos que especies más alejadas puedan lograr cosas parecidas, incluso argumentando cosas como su falta de manos o su poca capacidad craneal”.

El filósofo de la ciencia Peter Godfrey-Smith, en un artículo para la revista Scientific American explicaba: “Aunque algunos cerebros están organizados de manera diferente a otros y tienen mayor o menor número de sinapsis, y a que pueden ser más o menos complicados, el descubrimiento más asombroso en los trabajos recientes sobre inteligencia animal es lo inteligentes que son algunas aves, en especial los loros y los córvidos. Los cerebros de los pájaros, pese a ser pequeños en términos absolutos, son muy poderosos”. 

Se ha observado que los cuervos de Nueva Caledonia suelen tomar ramas flexibles, retirarles la corteza y moldearlas hasta formar una suerte de anzuelo, el cual introducen en orificios a fin de extraer larvas de insecto. Hasta el momento son los únicos seres, aparte del humano, capaces de crear un gancho. El primero fabricado por el hombre, hasta donde se sabe, data de hace 23 mil años, lo que nos da una idea del gran avance evolutivo que esto representa.

Sin duda, el cuervo neocaledonio más famoso es una hembra llamada Betty, que hace tres lustros sorprendió por fabricar ganchos con alambres, material para ella entonces desconocido, con lo cual demostró una capacidad de abstracción y adaptación parecida a la de los chimpancés de Wolfgang Köhler. Este hallazgo se dio a conocer el 9 de agosto de 2002 en la revista Science y los autores del artículo enfatizaban, ya desde el párrafo inicial: “Se considera a los simios los usuarios más complejos y versátiles de herramientas, pero observaciones con los cuervos de Nueva Caledonia sugieren que estos pájaros rivalizan con los primates no humanos en cuanto a capacidades cognitivas relacionadas con las herramientas”.

Evidencias como ésta hacen pensar a De Waal que, históricamente, los animales han sido subestimados, por lo que cuando le preguntan por la supuesta superioridad del hombre le gusta hacer suya una frase contenida en el libro The Descent of Men, de Charles Darwin: “La diferencia entre la mente del hombre y los animales superiores, si bien es grande, al final es una diferencia de grado y no de clase”.

La moralidad, un asunto biológico

De todos los experimentos de Frans de Waal subidos a YouTube, el más popular es el de un par de monos capuchinos que al realizar la misma tarea reciben recompensas diferentes: a uno le dan trozos de pepino y al otro, uvas. El resultado fue que el primero, al ver que su compañero obtenía una fruta y la comía con fruición, montaba una rabieta casi infantil, exigía parte del racimo y le aventaba pepinos a su cuidador. El video tiene más de 200 millones de reproducciones.

Dicha grabación, más allá de su efecto cómico, revela un aspecto intrigante para el académico: cómo estos animales entienden los conceptos de equidad y empatía, algo que corroboró al hacer lo mismo con chimpancés, sólo que aquí el sujeto privilegiado, al ver que su compañero recibía una retribución desigual, se indignaba por el trato diferenciado y se negaba a recibir la fruta hasta constatar que a su vecino también le tocaban uvas dulces en vez de pepinos.

“Los pilares de la moralidad son la reciprocidad, una condición para la justicia, y la empatía, necesaria para la compasión. Los simios, como otras criaturas, son capaces de sentir estas emociones y de actuar acorde a ellas. Mucho se ha dicho que la moralidad humana es producto de la religión, de nuestra educación o de las tradiciones. Yo me inclino a pensar que la base de esto es más bien biológica”.

Para De Waal, aunque culturalmente se nos ha dicho que los animales no sienten, es indudable que tienen sentimientos, como ha comprobado en uno de sus estudios más recientes con bonobos (Pan paniscus), donde documentó que cuando uno de los integrantes de la manada muestra estrés tras ser agredido o simplemente porque se siente mal, de inmediato uno de sus compañeros se acerca para abrazarlo, tranquilizarlo y brindarle consuelo”.

Y lo mismo pasa con aspectos considerados muy propios de los humanos, como la solidaridad y la cooperación, pero que en realidad no lo son tanto, pues experimentos con chimpancés y elefantes mostraron que ellos también siguen estas conductas al percatarse de que repercuten en un bien colectivo, agregó el etólogo.

Por todo ello, Frans de Waal sostiene que el animal y el hombre no son tan diferentes como se cree. “Podría poner más ejemplos, pero si me tocara elaborar una conclusión a partir de todo esto sólo agregaría que hay muchos tipos de cogniciones y, a mi parecer, la humana es tan sólo una variedad más dentro de la cognición animal”.

Las partículas elementales, clave para entender el universo

¿Qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos?, son preguntas no exclusivas de los filósofos; los físicos también han intentado responderlas a su manera. “Para ello hablan de las partículas elementales, los ladrillos básicos de la creación, por así decirlo. De haber discutido esto hace 10 mil años quizá mencionaríamos al agua, el aire o el fuego como los fundamentos de la materia. Lo que sabemos hoy es distinto, pero esa inquietud tan humana de buscar la raíz de las cosas sigue siendo la misma”, señala el profesor Saúl Ramos Sánchez, del Instituto de Física de la UNAM.

Se les llama partículas elementales ya que no están constituidas por partículas más pequeñas. Éstas se pueden clasificar en quarks, leptones y bosones: los iniciales son responsables de la formación y estructura de los núcleos atómicos y de las interacciones con su entorno; entre los segundos se encuentran los muy familiares electrones y los neutrinos, ya no tan conocidos pese a que llegan a la Tierra transportados por los rayos cósmicos y a que cientos de millones de ellos nos atraviesan a cada segundo; y en el último rubro tenemos cosas como el Bosón de Higgs, recién descubierto y que posibilita que todas las partículas elementales tengan masa.

Los bosones —agrega el investigador— son también importantes ya que nos permiten percibir la realidad. En este renglón figuran los fotones, los cuales están en la luz captada por nuestros los ojos, y las partículas que nos dan la sensación de tocar algo cuando se da un intercambio entre los electrones de nuestras manos y los de los objetos. Otros bosones imprescindibles son los gluones y los bosones débiles, de los que depende incluso la vida, pues sin los primeros no habría núcleos atómicos y, por lo tanto, tampoco átomos, y sin los siguientes careceríamos de radiactividad, que hace funcionar a nuestro Sol, y sin la radiación de nuestra estrella morirían la flora y fauna terrestres. “Como se ve, están en la base de todo”.

Pese a que las partículas elementales aún se reservan muchos secretos, cada vez se les descubren más aplicaciones en diferentes áreas, como la medicina. “Antes, para hacer un diagnóstico era preciso abrir al paciente; ahora tenemos las radiografías, basadas en fotones, y las tomografías por emisión de positrones, la antimateria del electrón. Las partículas elementales también son útiles para combatir al cáncer. Hoy es común bombardear los tumores malignos con fotones, pero estas partículas llegan a ser tan energéticas que queman las células sanas; por fortuna se ha descubierto que es posible hacer lo mismo con esos cúmulos de quarks llamados protones y destruir sólo el tejido enfermo, sin dañar lo de alrededor”.

El interés por este tema data de inicios del siglo XX, cuando los científicos descubrieron los rayos cósmicos y al día de hoy, los esfuerzos por profundizar en el asunto continúa, al grado de originar iniciativas tan ambiciosas como el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), considerado el proyecto de investigación más grande y complejo de la historia, algo que no sorprende al doctor Ramos, “pues al adentrarnos en este terreno nos encontramos con una forma muy hermosa de describir al universo”.

Cuando los teóricos se adelantan a los experimentales

En el siglo V antes de Cristo, el filósofo griego Demócrito de Abdera acuñó la palabra ‘átomo’ para referirse a un objeto que, tras ser partido a la mitad, y luego a la mitad y así sucesivamente, llega a un punto de indivisibilidad, y en opinión del investigador, ésta es la manera en la que el hombre suele proceder en sus afanes por entender a la materia: la destruye y analiza cómo va cambiando.

“Eso hicimos hace 150 años: romper la materia y ver que las cosas se componen de elementos químicos; de ahí nos fuimos a escalas más pequeñas e hicimos que los átomos chocaran y se destruyeran, y cuando aparecieron cosas muy diferentes a las que había antes, y no atinamos a decir por qué, comenzamos a formularnos preguntas”.

Para asomarnos a algo tan diminuto y veloz como las partículas elementales es preciso recurrir a una complicada combinación de mecánica cuántica y relatividad especial de Einstein, es decir, a la teoría cuántica de campos. Esta herramienta matemática nos permite precisar su comportamiento en términos de campos (similares al campo magnético de un imán), los cuales revelan que las partículas se conducen forma muy diferente a los cuerpos macroscópicos. Esto explica por qué, aunque en los 40 se integró una tabla parecida a la de los elementos químicos con estas partículas, los cálculos detallados realizados arrojaban, con frecuencia, datos equívocos. 

“Lo que encontraron los físicos de la época fue que describir con campos toda esta tabla daba pie a demasiados errores. Gerard ‘t Hooft y su asesor, Martinus Veltman, hallarían en los años 70 una manera de evitarlos mediante un método llamado regularización dimensional y crearían lo que se denomina ‘teoría estándar’, que de golpe eliminó todas las divergencias e hizo pensar a muchos que, en cuanto a física de partículas, ya no había gran cosa que decir. Ambos ganarían por este esfuerzo el Premio Nobel de Física en 1999”. 

Si esto pasó hace tantas décadas, ¿por qué el esfuerzo actual de tantos científicos por descubrir una sola partícula?, inquiere Saúl Ramos. “Se debe a que, por alguna razón, los físicos teóricos se adelantaron casi 50 años a los experimentales. De hecho, pese a ya conocerse todas las partículas en el papel, habríamos de esperar hasta 2012 para que las gigantescas colaboraciones experimentales del LHC corroboraran la existencia del Bosón de Higgs, la última ficha de nuestra ‘tabla periódica’ de partículas elementales”.

En busca de horizontes más amplios

En sus clases, el profesor Saúl Ramos suele recomendar a sus alumnos el libro Partículas elementales. En busca de las estructuras más pequeñas del universo, de Gerard ‘t Hooft, como texto introductorio al tema, pero suele advertir que, pese a tener esta tabla de partículas ya completa, aún hay muchas preguntas sin respuesta.

“Aunque dije que pueden categorizarse en quarks, leptones y bosones, en realidad hay 16 partículas elementales en la materia, 12 responsables de las interacciones y el Bosón de Higgs. A cada una le corresponde un campo cuántico que llena el cosmos como si fuera un océano, uno metido dentro de otro e interactuando con los demás. Las pequeñas olas en cada mar serían las partículas de cada tipo”.

Sin embargo, las interrogantes aún flotan en el aire y tienen que ver con las propiedades de cada uno de esos mares. “Por ejemplo, el Bosón de Higgs es el responsable de que las partículas elementales tengan masa, incluido él mismo. Entonces, dado que todos los campos son parecidos, ¿por qué el electrón no tiene la masa de un quark o el Higgs la de un neutrino? No hay nada en la tabla de partículas que nos dé norte de ello; ahí hay un misterio a resolver”.

Además, añade el doctor Ramos, se siguen sumando voces que piden considerar a ciertas partículas hipotéticas dentro de este grupo. Existen muchos fenómenos difíciles de explicar sin la llamada materia oscura, como el movimiento de las estrellas o la formación de galaxias. Si ésta existe —como sugieren las mediciones indirectas— debe estar compuesta por partículas elementales de otro tipo que, quizá, nos explicarán por qué el universo es como es y qué se esconde detrás de ese aparente azar en el cosmos.

“Aún nos falta aprender sobre la composición fundamental del universo, pero hemos aprendido a dominar las partículas a un nivel sorprendente, al grado de que no sólo podemos usarlas con fines médicos, como ya señalé, sino para tomarle radiografías a pirámides o volcanes, para saber qué tan antiguo es un objeto vía la datación con carbono 14 o para resolver muchos asuntos sociales urgentes, como la estabilidad de automóviles, edificios y puentes. Como se ve, no sólo son clave para descifrar fenómenos más allá de nuestra galaxia, sino para resolver problemas en nuestra comunidad, pues a fin de cuentas las partículas elementales están en todos lados”.

Estruendo Multilingüe, música que rompe con los clichés de lo indígena

Un estruendo es el efecto sonoro producido por una colisión y uno de sus efectos es que los elementos involucrados en el choque cambian de trayectoria, de manera que lo que antes se movía de manera predecible termina haciéndolo de formas inimaginadas. El festival internacional Estruendo Multilingüe busca provocar lo mismo al convocar a músicos que se asumen parte de comunidades originarias y crean piezas en su idioma materno o que se inspiran en su cultura. “En sus primeras ediciones hablábamos de música indígena contemporánea, pero a partir de esta (la quinta) preferimos el término música contemporánea en diversas lenguas”, señala Edgar Ruiz Garza, curador de este evento que tendrá lugar del jueves 18 al domingo 21 de octubre, en el Museo Universitario del Chopo.

Sobre por qué hacer esta precisión semántica, el antropólogo detalla que, “en primer lugar, porque no hay necesariamente una relación entre el uso de una lengua y el apego a lo que la cultura nacional define por ser indígena, y, en segundo, porque existen también proyectos que asumen una identidad étnica, aunque usen el español, pues aquí los artistas están en un proceso de recuperación de sus orígenes, un poco como quien recoge los retazos de su pasado para formar algo nuevo. Tal es el caso de muchas bandas de metal prehispánico o rock mexica en la periferia de la Ciudad de México”.

En este quinto festival, que tendrá lugar en el corazón de la Santa María La Ribera, será posible escuchar una fusión de jazz, balcan, blues y paranda, junto con instrumentos tradicionales percutidos o pulsados al ritmo del rap, mombatón, reggaetón o cumbia. En cuanto al multilingüismo habrá propuestas en tzeltal, español, purépecha y hñahñu, y música en lengua garífuna del caribe hondureño y Belice.

“Quienes intentan expresarse por estas vías lo hacen no sólo en las condiciones de precarización que implica el quehacer artístico en México, sino en aquellas que se dan de forma agravada en los pueblos, municipios, regiones, localidades periurbanas y contextos rurales del país, en donde no hace más de medio siglo no había tendido eléctrico y en las que, a veces, sólo el internet pirata posibilita la comunicación con el resto del mundo”.

De ahí la necesidad de abrir escaparates como Estruendo Multilingüe, un espacio que a decir de Ruiz Garza propone una paradoja: “Abogamos por la descentralización, pero lo hacemos en un museo del Centro de la capital. Sin embargo, esto no es un sinsentido, pues buscamos la visibilidad que esto nos brinda para, desde aquí, construir escenas y redes de colaboración en las regiones, los pueblos y las comunidades indígenas de México”.   

A fin de cuentas —se plantea ya desde el nombre mismo del festival— esa es la cualidad principal de todo estruendo, acaparar miradas y volverse el centro de atención, sin importar lo que, desde lo convencional, nos han dicho que debe significar la palabra centro.

Propuestas que hacen ruido

Estruendo Multilingüe, en su edición 2018, es un festival internacional debido a la presencia de  Aurelio Martínez, cantante y guitarrista hondureño que presentará —el jueves 18 de octubre a las ocho de la noche— un set en homenaje a Andy Palacio, quien reimpulsó y difundió a nivel mundial la lengua garífuna, surgida de la diáspora africana en el Caribe y que se fusionó con otros idiomas originarios hasta conformar una identidad propia, a partir de la cual, desde hace más de tres décadas, se hace música contemporánea con base en el género parranda. Aurelio tocará con el grupo Garifuna Collective.

 Al día siguiente, y en el mismo horario, actuará el Colectivo Membda, conjunto del Valle de Mezquital, Hidalgo, recién nominado como Mejor Lanzamiento Internacional en los Aboriginal Peoples’ Choice Music Awards 2018, que cada año se celebra en Winnipeg, Canadá. Este grupo ofrece una fusión de rap en hñahñu con una mixtura de cumbia, trap, hip-hop y mombatón. Su producción discográfica más reciente se titula Hin To’o Ngu Nuga (‘nadie como yo’) y está disponible en plataformas como Spotify. El Colectivo Membda contará con una colaboración en el escenario de Lengualerta, quien desde el rap ha hecho un trabajo notable de crítica social.

El sábado 20 de octubre, a las siete de la noche, Ikal Ajaw (‘Dios del Viento’), de Oxchuc, Chiapas, ofrecerá un set de heavy power metal en tzeltal. Este conjunto, formado hace ocho años, tiene una vasta experiencia en el circuito metalero de Los Altos de Chiapas. Ésta es una de las agrupaciones más representativas del denominado bats’i rock, junto con otras agrupaciones zoques y tsotsiles. Su producción más reciente es Xmuxuk’ Balumilal (centro de la tierra). Ikal Ajaw compartirá el foro con El Cuervo de Poe, de la Ciudad de México. 

Para cerrar, procedentes de las comunidades de Tarejero, Tiríndaro, Téjaro y Sicuicho, y del Conservatorio de las Rosas y de la Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, en Morelia, Eleven Project presenta su más reciente álbum Kétzekua Anapu (‘del barrio de abajo’), una fusión de música purépecha con jazz, blues, balkan, funk y ska. En este espectáculo colaborarán con Kevin García y Zindu Cano, de Ampersan, grupo que recién regresa de una gira por Europa y que define su sonido como etnorock, es decir, como una fusión de géneros e instrumentos tradicionales mexicanos con electrónica, jazz, rock e indie.

En busca de crear redes

Para Edgar Ruiz, haber llegado a la quinta edición obliga a un corte de caja. “Por el momento queda pendiente terminar un CD del tercer festival y no descartamos que de la experiencia de 2018 derive algún material bibliográfico o discográfico, aunque antes debemos evaluar si contamos con los recursos suficientes para ello”.

Lo que sí queda claro para el curador es que, a lo largo de estos años ha habido un proceso constante de aprendizaje y redefinición. “Uno de los objetivos es generar e intensificar vínculos entre escenas donde lo musical y lo lingüístico no deban plegarse a las pautas comerciales. Por ello, más que una amalgama de conciertos, Estruendo le apuesta al intercambio cultural y a los encuentros”.

A fin de tender puentes e iniciar diálogos, el grupo Eleven Project impartirá una clínica sobre la contemporaneidad musical purépecha y habrá otras dos sobre profesionalización, booking y gestión, mientras que Edgar Ruiz disertará sobre el tejido de redes colaborativas entre creadores en diversas lenguas. Estos eventos se realizarán a puerta cerrada, aunque el día del cierre, antes del recital de Eleven Project, habrá un conversatorio con todos los artistas del festival, al que sí podrá acceder el público interesado. 

“El objetivo de la última actividad será hacer un balance en colectivo de la importancia de continuar los vínculos logrados y compartir vivencias, contextos y problemáticas, así como debatir sobre la manera de difundir el trabajo de los músicos en contextos distintos al del centro del país, en donde se concentran los espacios culturales, los recursos, los medios de comunicación y los foros. Será tiempo también de sembrar las semillas de futuras colaboraciones”. 

Los sismos de 1985 y 2017 relatados en fotografías que van de lo análogo a lo digital

Pese a tener magnitudes parecidas y compartir la misma hoja de calendario, los temblores del 19 de septiembre de 1985 y de 2017 se vivieron de manera diferente. El primero tomó por sorpresa a unos habitantes de la Ciudad de México recién despertados y los obligó a improvisar; el segundo sorprendió a los capitalinos poco antes de la hora de la comida, pero los halló ya preparados a fuerza de repetir simulacros. Las fotos de ambos eventos muestran dos caras de una moneda y también hablan de qué implicaba ser fotoperiodista en tiempos donde este oficio se ejercía con rollos de 36 tiros y de lo que representa hoy, cuando todo depende del internet y de tarjetas de memoria capaces de almacenar miles de imágenes.

“No importa de qué generación seamos, el aparato que usamos opera igual, sólo que hace 33 años lo hacía con una base química y hoy usa una electromagnética, que es muy similar, aunque en versión mejorada, multiplicada y corregida. No podemos decir que se trate de una herramienta diferente, pues una cámara sólo registra momentos; es el fotógrafo quien hace las fotos”, explica Andrés Garay, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y quien participa en la muestra Sismos 1985/2017. De los escombros a la esperanza, que puede visitarse en el Museo Memoria y Tolerancia.

“En este lugar donde ahora exponemos antes estaba el Hotel Alameda, que se cayó con todo y sus 18 pisos en 1985. Para ese año yo trabajaba muy cerca de aquí, en el periódico La Jornada, cuando las oficinas estaban en la calle de Balderas número 68, casi esquina con Artículo 123. Hay sitios a los que no dejas de regresar”, añade el también fundador de la Escuela de Fotografía Nacho López.

Dividida en seis salas —en las que además de imágenes se incluyen videos, documentos y testimonios—, la exhibición se propone como un espacio de diálogo entre 24 fotógrafos de dos generaciones y sus posturas en cuanto a cómo lidiar con catástrofes que golpean en lo personal y que, al mismo tiempo, se deben cubrir a nivel profesional.

Tal es el caso de Daniel Ojeda, periodista freelance que, en la tarde del 19 de septiembre de 2017, tras comprobar que su familia estaba a salvo, se lanzó a la calle con su cámara y computadora guardadas en una mochila, y alcanzó a saltarse el cerco tendido por los militares alrededor de la fábrica de Chimalpopoca y Bolívar, en la colonia Obrera, convirtiéndose en el único fotógrafo con acceso al lugar.

“¿Estaba ahí como reportero o como ciudadano? Era inevitable debatirse entre qué hacer, pero al ver la desesperación de la gente y la situación decidí sumarme como voluntario. Ya después, una vez establecido un lazo empático con los otros, tomé algunas fotografías, no todas las que pude, porque para mí era más importante ayudar”.

De las pocas capturas que logró, su favorita es la de un brigadista con playera de tirantes y casco verde, subido en la capota de un camión y rodeado por el halo de un faro, en el acto de levantar sus dos puños en señal de que era momento de guardar silencio, pues con mucha probabilidad había un sobreviviente bajo los escombros.

“Me gusta porque dice mucho de lo que viví y porque es un momento que no hubiera captado si no hubiera estado ahí, formando comunidad con un grupo de extraños que nos fuimos conociendo y que sin proponérnoslos terminamos colaborando para un mismo fin”.

Y 32 años después…

De las imágenes expuestas en De los escombros a la esperanza, una tercera parte pertenece al sismo de 1985 y el porcentaje restante corresponde al temblor de 2017, lo que para Andrés Garay es un indicador de cómo era dedicarse a la fotografía antes y lo que representa hoy. “Del primer evento se tomaron decenas de miles de fotos, a lo mucho cientos de miles; del segundo fueron millones”.

La diferencia entre una época y otra es que hace tres décadas, del total de las instantáneas el 20 por ciento las hacían los profesionales y el 80, aficionados; hoy esa diferencia es de 99 a uno, o quizá más, ya que todo mundo carga con una pequeña cámara en su teléfono móvil. “Sin embargo, eso no ha redituado en una mejora de la calidad, sino al contrario”, añade el profesor universitario. 

“¿A cuántas personas no sacaron de edificios a punto de colapsar simplemente porque se habían metido para tomarse selfis? La tecnología ha avanzado, pero las fotos sintéticas y representativas del terremoto del año pasado son pocas y aún no sabemos con precisión cuáles son. Quizá tengamos idea de ello en un lustro y, una vez hecha la criba necesaria, finalmente sabremos cuáles de ellas se volverán icónicas y pasarán a ilustrar los libros de historia”.

Sobre esta cualidad de la foto como perpetuadora de la memoria, Daniel Ojeda puede decir mucho pues, aunque para 1985 no había nacido, sí creció con las imágenes de una ciudad en ruinas captadas por Marco Antonio Cruz, Pedro Valtierra, Carlos Contreras, Ulises Castellanos y Andrés Garay, todos ellos incluidos en la muestra.

“Este recurso es tan poderoso que ese evento ya formaba parte de mi imaginario, pese a no haberlo vivido.  Lo que no dimensionaba era su magnitud. Mi antecedente era el temblor de poco antes, el del 7 de septiembre. No sospechaba que dos semanas después la alerta sísmica sonaría a las 13:14 y que, en ese instante, comprendería ese miedo que mostraban nuestros padres y abuelos al recordar el 85”.

La cámara, una compañera de trabajo

La Jornada se fundó el 19 de septiembre de 1984 y a Andrés Garay el temblor lo agarró, al igual que a la mayoría de sus compañeros, justo al regresar de la fiesta por el primer aniversario del periódico. “Yo me tomaba mi papel de fotoperiodista muy en serio y dormía con la cámara al lado. Ese jueves, a las 7:17 de la mañana, percibí la sacudida y lo primero que hice fue levantarme y salir a tomar fotos. Ahí comenzó un maratón de dos meses con días laborales que duraban 18 horas. Al ver hacia atrás me siento orgulloso de ello”.

Por su parte, a Daniel Ojeda el terremoto lo sorprendió en casa, frente a la computadora. Debido a que una hora antes había sonado la alerta sísmica como parte del simulacro realizado todos los 19 de septiembre, desestimó el ulular pues pensó que la sirena se había activado de nuevo y por error, hasta que sintió el suelo moverse con fuerza. Y es que, aunque la lógica diga lo contrario, un rayo sí puede caer dos veces en el mismo sitio, como bien escribió Juan Villoro en su poema El puño en alto, al destacar lo improbable de que los dos temblores más devastadores en la historia reciente de la Ciudad de México hayan sido justo el mismo día, pero con 32 años de distancia.

“Como vivo muy cerca de Tlalpan, tomé mi cámara y caminé por la avenida, al lado de oficinistas desalojados de sus escritorios, de taqueros que tienen sus puestos cerca de las salidas del Metro y de personas en pants, porque habían ido al gimnasio. De pronto alguien me dijo que un edificio estaba por colapsar frente a la estación de San Antonio Abad. No empecé a tomar fotos de inmediato porque me pareció agresivo aventarles la lente a sujetos en estado de shock; sin embargo, ahí supe que debía documentar eso, y a la voz de ya”.

En las salas que conforman la exposición Sismos 1985/2017. De los escombros a la esperanza, se exhiben cientos de imágenes de ambos hechos y se contrastan las diferencias entre trabajar de manera análoga o con ayuda de una plataforma digital. 

“En 1985, para que nuestras fotos llegaran al mundo tuvimos que ir al aeropuerto a pedir a pasajeros que no conocíamos que se llevaran nuestros negativos y que, al arribar a su destino, se los entregaran a un mensajero que iba a estar ya en la sala de espera, aguardándolos”, recuerda Andrés Garay. “En 2017, las capturas se subían en el momento a redes como Twitter, Instagram o Facebook. Sólo bastaba escribir el hashtag #19S en cualquiera de estas plataformas para tener acceso a cientos de miles de instantáneas sobre el tema. Eso sí es algo muy diferente”, añade Daniel Ojeda.

Lo que no cambia: la corrupción

Al comparar las imágenes de Garay con las de Ojeda se hace evidente una forma muy diferente de concebir el oficio. Con frecuencia, las del primero revelan haber sido captadas desde un punto en alto y privilegiado, a fin de apresar una escena única que difícilmente podría haber sido capturada por alguien más; en tanto que las del segundo fueron tomadas muy de cerca y a nivel de suelo, y retratan lo que vería cualquier ciudadano en medio de la multitud.

“Cuando Kevin Carter tomó la icónica foto de una niña de Sudán del Sur abatida por el hambre mientras un buitre la observa (Premio Pulitzer en 1994 por Mejor Foto) sólo pensó en congelar ese momento y fue muy criticado, aunque la labor del fotoperiodista es tomar fotos, no ayudar. Hace 33 años yo no fui rescatista y mis compañeros tampoco, pese a lo que publicó recientemente la revista Cuartoscuro, diciendo que en el 85 los fotógrafos dejaron las cámaras para sacar escombros, eso no es cierto. De hecho, tuvimos problemas con la gente por tal motivo y al darse un encontronazo mejor nos retirábamos sin hacer panchos. Debido a eso pudimos seguir adelante y hoy tenemos estos documentos”, dice Garay

La manera de trabajar de Daniel es distinta, él prefiere empatizar con las personas. Fue así como terminó de brigadista en las calles de Bolívar y Chimalpopoca. “Al brincarme el cerco militar me di cuenta de que era el único individuo con una cámara y pensé en aprovechar eso, pero al final opté por ayudar. Esto me fue útil porque al preguntar a los vecinos de la colonia Obrera ¿les puedo tomar una fotografía?, ellos me decían: ‘Has estado aquí tres días, no hay problema, entendemos que esto debe darse a conocer’. Creamos un vínculo, el cual espero me sirva en un futuro próximo para contar cómo llegué ahí y relatar todas las historias ligadas a ese momento”.

Pese a tener posturas opuestas sobre este punto, para ambos es evidente que detrás de ambas catástrofes se aprecia un tufo de corrupción. “Hace 35 años se desplomaron obras construidas por el gobierno en las que se abarataron costos y algunas de ellas tenían pocos años. En 2017, edificios nuevos y recién entregados a sus dueños se derrumbaron por lo mismo. Creíamos que a partir de lo aprendido del 85 se habían diseñados normativas y leyes que nos protegerían de los sismos, pero ninguna medida funcionará mientras la mordida siga siendo nuestra moneda de cambio”, señala Garay.

Para Daniel Ojeda, resulta imperdonable que, aunque tuvieron una llamada de alerta casi dos semanas antes, con el sismo del 7 de septiembre, ni Protección Civil ni las autoridades se movilizaron para diagnosticar qué inmuebles peligraban en caso de un temblor más intenso. “Eso pudo haber prevenido la tragedia del Multifamiliar de Tlalpan, por ejemplo. De ahí la importancia de documentar en imágenes lo que pasó en el 85 y en el 17. Cada imagen nos recuerda que no podemos dejar que esto se repita nunca más”.

La exposición Sismos 1985 / 2017 De los escombros a la esperanza permanecerá abierta hasta el 31 de octubre en el Museo Memoria y Tolerancia, ubicado frente al Hemiciclo a Juárez de la Alameda Central y a un lado de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

 

 

¿Podemos evitar la extinción de especies?

El medio ambiente se ha fragilizado a tal grado que cada vez hay más ecosistemas fragmentados, es decir, que forman parches inconexos donde muchas especies buscan hacer su vida y reproducirse, mientras que otras se mueven de un reducto a otro en busca de alimento. En estas condiciones, depredar de forma sistemática podría provocar mermas irreversibles en ciertos grupos y, por ende, su extinción; sin embargo, muchos predadores tienen una forma estocástica de trasladarse de un sitio a otro, la cual les asegura encontrar alimento con facilidad, al tiempo que favorece la elevación de las poblaciones locales.

Estos desplazamientos aleatorios se conocen como vuelos de Lévy y consisten en una serie de movimientos a multiescala o, en otras palabras, de viajes cortos y frecuentes seguidos de otros más largos y esporádicos, casi siempre azarosos. Este hallazgo recién apareció en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y sus autores, Octavio Miramontes, Denis Boyer y Teodoro Dannemann sorprendieron a la comunidad científica no sólo por explicar cómo este mecanismo ayuda a estabilizar los sistemas ecológicos (se había estudiado en animales y cómo servía a escala individual, mas se ignoraba su impacto a nivel poblacional), sino porque ninguno de ellos es biólogo: los tres son físicos.

“Se cree que para llevar adelante este tipo proyectos uno debería salir en expedición al mar o la selva, aunque en realidad realizamos todo en un cubículo, frente a una computadora, garabateando muchas hojas de papel y valiéndonos de las matemáticas. La semilla de esto fue la tesis de Teodoro —quien vino al Instituto de Física (IF) para hacer un posgrado— y desde que tomamos la idea y la desarrollamos hasta su publicación en la PNAS pasaron tres años”, señala el doctor Miramontes, investigador tanto en el IF y como en el Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM.

Y a su parecer, justo esta manera de trabajar es la que hace de este artículo algo pocas veces visto, pues más que una serie de observaciones lo que ellos crearon fue una teoría. “En biología casi siempre se analiza una variedad o una localidad y, por lo mismo, los resultados suelen ser muy focalizados y particulares. En esta ocasión hallamos una propiedad universal de los ecosistemas y, por lo mismo, algo útil para diseñar medidas encaminadas a proteger a especies amenazadas que viven en escenarios frágiles, sin importar cuál sea: tundras, desiertos, manglares o el océano mismo”.

Uno de los casos más emblemáticos en México y que quizá no se hubiera agravado a tal grado de haberse aplicado lo que se desprende del texto de Miramontes, Boyer y Dannemann es el de la vaquita marina (Phocoena sinus), pequeña marsopa que vive en el mar de Cortés y de la cual quedan ya menos de 30 ejemplares.

“El hombre es un depredador altamente efectivo y actúa como tal. En este caso la recomendación hubiera sido, si capitaneas un barco pesquero y encuentras un abundante banco de peces, no te quedas ahí hasta acabártelo; lo mejor es extraer cierta cuota y moverte. Debería existir una legislación que indicara: ‘eso debes hacer’ a fin de evitar escenarios tan adversos como el de la vaquita, un cetáceo que, en opinión de muchos expertos, sin duda se perderá”.

La complejidad y los nuevos horizontes

Para desarrollar este trabajo, recuerda el doctor Boyer, recibieron retroalimentación de biólogos porque —como apunta el investigador del IF—, ésta es la tendencia actual de la ciencia: asumir que los temas a abordar son complejos y hacer que las diversas disciplinas intercambien saberes a fin de ver qué se aportarán unas a otras.

De hecho, eso pasó con los procesos de Lévy, que al principio se usaban en física para entender el movimiento de las partículas microscópicas en fluidos y las propiedades fractales de sus trayectorias, que optimizan la exploración espacial. Como se asume que los animales se desplazan de manera óptima hubo científicos interesados en analizar si tales traslados se ajustaban a dichos patrones. Uno de los primeros experimentos se realizó con albatros.

“Pero estos recorridos no son exclusivos de las aves. Podemos apreciarlo en hormigas, reptiles e incluso hace algún tiempo hicimos una investigación con monos araña en la península de Yucatán y constatamos que esto se repetía. Y no hablamos sólo de depredadores, pues aunque esto permite tener mejores cazas sin agotar la fuente de alimento, también da una pauta para encontrar —con eficiencia— todo tipo de recursos”.

Para entender el porqué de esto, los autores del artículo Lévy flight movements prevent extinctions and maximize population abundances in fragile Lotka-Volterra systems analizaron qué pasaría si los parches de estos ecosistemas reducen drásticamente sus tamaños y son sometidos a una presión mayor de depredación.

“Observamos que los predadores que hacen vuelos de Lévy se adaptan bien a estos escenarios, pues tales traslados les permiten sobrevivir y reproducirse sin proliferar ni acabar con sus recursos. Así, ante una deterioración ambiental severa, el número promedio de quienes siguen este modelo se mantiene, incluso si los recursos decrecen a la mitad. Mientras, en condiciones idénticas, animales más locales en sus movimientos se extinguen”.

Tiburones, pingüinos, abejas e incluso los humanos, ¿a qué se debe que pese a ser tan diferentes en escalas y taxonomía, muchos reproduzcan estos patrones, pregunta Denis Boyer. “Quizá esta prevalencia de los vuelos de Lévy se deba a que las criaturas proclives a este tipo de movimiento tienen más posibilidades de sobrevivir a la escasez de alimento que especies mucho más estereotipadas en cuanto a su búsqueda y explotación de recursos”.

Sobre cómo tres físicos terminaron desglosando el funcionamiento de los ecosistemas, el doctor Miramontes señala que era inevitable. “Si hace algunos años me hubieran hablado del desplazamiento de los monos jamás lo hubiera considerado un tema de interés para mi disciplina, pero hoy todo es diferente. Ahora estamos conscientes de que nadie lo sabe todo y cada vez es más frecuente que modelos salidos de la física y las matemáticas irrumpan en los cubículos de los biólogos —como paso aquí— y viceversa”.

Y esto resulta benéfico en momentos como el actual, cuando el mundo está muy cerca de una catástrofe y necesita de acciones urgentes. “¿Cómo preservar fauna amenazada? En un contexto en el que hay especies que desaparecen a nivel local es factible no sólo evitar la extinción a través del movimiento, sino maximizar las poblaciones. Ésta es una de las posibles aportaciones de nuestro trabajo y un ejemplo de lo mucho que se puede avanzar cuando nos atrevemos a mover a la física de sus terrenos tradicionales, la ponemos frente a otras disciplinas y la hacemos dialogar”.

El automóvil roba espacios que deberían ser para las personas

Las calles son el gran invento de la cultura urbana pues permiten desplazarse de un lado a otro. La desgracia de la ciudad moderna es que éstas han perdido su sentido original y, de ser en un principio vías destinadas a las personas en tránsito, hoy se piensan casi exclusivamente en función de los vehículos automotores, señala el profesor Javier Delgado Campos, quien dirige el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

“Estamos en un laberinto de difícil salida, como advirtió el historiador Lewis Mumford, quien intentó descifrar cómo estos espacios públicos desviaron su propósito y detectó que, en algún momento de los años 40 del siglo pasado, las urbes crecieron al grado de no poderse recorrer más a pie y se planteó al auto privado como una herramienta para que la gente siguiera haciendo su vida como antes, sólo que ahora recorriendo distancias mayores. No obstante, el resultado fue otro: al final no fueron las personas quienes se adaptaron a las ciudades, sino las ciudades las que se adaptaron a los automóviles”.

Es en esta lógica que se achican banquetas para ampliar vialidades, se levantan segundos pisos en vez de arborizar, se prefiere construir túneles y autopistas urbanas a mobiliarios para hacer más amigables los paseos en el exterior y se ponen estacionamientos en sitios que bien podrían ser parques o puntos de convivencia. Destruimos nuestros vecindarios en favor del tránsito vehicular y, lo paradójico es que, de todas las modalidades de transportación citadina, los autos particulares son los que mueven al menor número de individuos, explica el arquitecto y doctor en Urbanismo.

“De todos los recorridos realizados en la capital, sólo una quinta parte se hace en este tipo de vehículos (la cifra oscila entre el 19 y el 21 por ciento), es decir, se trata de un medio usado por un porcentaje bajo de la población, mientras que los grandes volúmenes se movilizan en colectivos. Sin embargo, este predominio del automóvil se mantiene porque hay gente dispuesta a pagarlo y por la existencia de una política pública que, explícitamente, atiende a ese sector social y económico, no porque sea necesario”.

El 21 de septiembre, ciclistas se dieron cita en puentes peatonales de algunas de las avenidas más proclives a embotellamientos, como el Viaducto Miguel Alemán, y desde lo alto desplegaron mantas con la leyenda: “En bici ya hubieras llegado”, a fin de evidenciar un hecho que sorprende a muchos: en la Ciudad de México la velocidad media de un auto es de 12 km/h, mientras que el de una bicicleta es de 16.4 kilómetros por hora. Ante esto, hubo conductores que desde las redes manifestaron su reticencia a soltar el volante con frases del estilo “¿y si viajo con mis padres enfermos o si voy con mis hijos?”.

No obstante, aunque estas eventualidades pueden darse, el uso compartido no es lo usual en la mayoría de los casos, agrega el director del PUEC. “Los números revelan que el promedio de pasajeros por automóvil en la CDMX es de 1.4, ni siquiera llega a las dos personas. Quizá es tiempo de repensar las cosas”.

¿Puede haber una ciudad sin automóviles?

Para el doctor Delgado es ingenuo creer que podemos deshacernos de todos los automóviles, pero pensar en menos sí es factible. “Deberíamos determinar el número máximo que puede circular por nuestras calles sin ocasionar tantos problemas. Sin embargo, esto es difícil de establecer porque, de entrada, carecemos de un censo creíble, real y verificado de cuántos autos hay en la ciudad”.

Según datos del INEGI de 2017, tan sólo el número de vehículos de motor en circulación registrados en la CDMX (sin contar área conurbada) es de cinco millones 475 mil 215, para una población de ocho millones 918 mil 653 habitantes, lo que da un total de 1.87 individuos por vehículo. “Y si cortamos ese número a la mitad o a poco menos, ¿qué pasaría?”, pregunta el académico.

De entrada —argumenta—, sistemas como el Metro o los autobuses colapsarían si, de golpe, millones más demandan el servicio, aunque en vez de desalentar, esto debería incentivar un replanteamiento de las políticas públicas y una mayor inversión en transporte colectivo, no sólo para que sea más confortable, sino para que los sitios de ascenso y descenso estén más cerca del destino de cada ciudadano.

A decir del profesor Delgado, el último punto muestra que incluso la infraestructura destinada a la movilidad no contempla del todo las necesidades de los usuarios. “Recién apareció el Estudio Origen-Destino de la ZMVM 2017, colaboración entre el INEGI y el Instituto de Ingeniería de la UNAM, y ahí se muestra algo hasta hace poco soslayado: la enorme cantidad de recorridos a pie. Esto no sorprende si consideramos que para ir a la estación de Metro o a la parada de autobús más cercana debemos caminar, en promedio, 400 u 800 metros. Estos tramos de viaje contrastan con los 200 metros que se recorrerse en países de Europa o Estados Unidos”.

A esto se suman hechos que muestran cómo el auto se ha apropiado de espacios que deberían garantizar el tránsito seguro de los viandantes. “No sólo son las distancias recorridas a pie; basta salir de alguna de las estaciones de la Línea 2, en avenida Tlalpan, y observar las banquetitas de dos metros de ancho, usadas para el desahogo de una media que va de los 11 mil a 20 mil pasajeros por día. Parece obvio, pero aquí no se consideró el flujo de peatones que caminan muy cerca de bólidos que pasan a muy alta velocidad”.

Sobre este punto el arquitecto subraya que no es cuestión de capricho, pues hay criterios técnicos que especifican la amplitud óptima de una acera, entre otros aspectos. “Las calles son espacios urbanos y, por lo mismo, en ellas también inciden consideraciones de índole social y económico, y eso complica el panorama. De ahí que cada vez sea más frecuente echar mano de la Teoría de la Complejidad a la hora de abordar estos asuntos”.

Un asunto complejo

A Walt Whitman se le atribuye la frase: “La ciudad es la obra más importante del hombre, lo reúne todo y nada que se refiera al hombre le es ajeno” y, para el profesor Delgado esta descripción retrata la mejor forma de abordar y de entender las problemáticas citadinas.

“El urbanismo conjuga muchos saberes: ingeniería, sociología, antropología o psicología, por enumerar algunos. Debido a que toda disciplina tiene una metodología propia, cada una puede entender un mismo fenómeno de manera distinta, de ahí la importancia de interactuar y considerar que lidiamos con temáticas complejas”.

Por ejemplo, en el renglón automotriz convergen diversos aspectos, como el trazo de las vialidades, los intereses y fuentes de empleo que dicha esta industria genera, el hecho de que los automóviles particulares mexicanos generan una quinta parte de las emisiones de CO2 del país (según datos del ITDP) e incluso hasta el símbolo de estatus que estos vehículos y sus marcas representan, entre otros.

“Decir complejo es reconocer que los procesos sociales y urbanos no se puedan describir como un simple caso de causa-efecto. Para las ciencias físicas, si sostengo una taza y la suelto, indefectiblemente se precipitará al suelo. Pero sí hiciéramos un símil, en ciencias sociales la taza bien podría caer hacia arriba porque aquí no trabajamos con leyes como la de la gravedad, sino con personas y procesos históricos y culturales que, en ciertas circunstancias, pueden funcionar en un sentido y, si éstas cambian, en otro”.

Ya en el siglo XIX —apunta el doctor Delgado— Marx introdujo el concepto de dialéctica para abordar asuntos sin relación de causa-efecto reactivo, es decir, en los que no se repite un resultado. No obstante, es hasta los años 80 del siglo XX cuando el Nobel belga de origen ruso, Ilya Prigogine, le da un empujón definitivo a esta idea de lo complejo como una manera de analizar ya no sólo procesos sociales, físicos y materiales, sino también sus interrelaciones.

“Si queremos apreciar un paisaje lo más amplio posible, quienes nos dedicamos al urbanismo debemos incorporar todos los conocimientos capaces de decirnos algo útil o revelador, de ahí que le apostemos a la complejidad. A fin de cuentas, ¿qué actividad de una urbe no requiere la explicación de diversos especialistas?, o, en otras palabras, ¿qué saber no tiene que ver con la ciudad?”.

Las plantas no sienten dolor, pero sí perciben las agresiones

Pese al gran número de notas publicadas  donde se dice que las plantas sienten dolor, esta aseveración es incorrecta, pues para hacerlo deberían tener un sistema nervioso central y cerebro. Lo que sí podemos afirmar es que son capaces de percibir lesiones —como cuando han sido mordidas o pisadas—, de saber si un insecto camina sobre sus hojas o de determinar si éste es amigable o un depredador en potencia, entre otras cosas. 

“Esto se sabe desde hace años, pero lo que se acaba de descubrir y resulta sorprendente es que en estos procesos está involucrado el glutamato, un aminoácido que en los animales funciona como neurotransmisor y que les permite, por ejemplo, reaccionar y protegerse cuando se lastiman, mientras que en las plantas tiene que ver con el envío de alertas rápidas ante posibles amenazas”, explica el doctor Ulises Rosas, del Instituto de Biología de la UNAM.

Tal hallazgo se publicó en la revista Science el 14 de septiembre y fue ampliamente retomado por los medios, los cuales difundieron la noticia con cabezales del estilo “Las plantas también sienten dolor, dicen los científicos”, sin explicar que esto es tan sólo una metáfora y algo jamás sugerido en el artículo original, titulado Glutamate triggers long-distance, calcium-based plant defense signaling.

“El dolor es complejo y se experimenta sensorial y emocionalmente. Existe, pero no es atribuible a un solo factor y, para experimentarlo, antes el cerebro debe recibir una serie de señales vía el sistema nervioso central. Aunque las plantas carecen de masa encefálica o de nervios, lo que sí tienen es un mecanismo para transmitir información basado en el glutamato, una molécula que en los animales posibilita la comunicación entre neuronas y que en los vegetales participa de otra forma, a través de canales de calcio”.

A esto se le llama evolución convergente y es lo asombroso de este hecho, ya que nos muestra que los procesos evolutivos, incluso si van por líneas diametralmente opuestas, a veces usan las mismas herramientas, agrega el académico. “Algo así se aprecia en el vuelo de los murciélagos y de las aves, pues las alas de cada uno tienen orígenes evolutivos diferentes, pero los resultados son parecidos. De manera similar, si comparamos cómo plantas y animales usan el glutamato para transmitir señales con rapidez de un órgano a otro, bien podría decirse que estamos ante sistemas análogos”.

La investigación publicada en Science viene acompañada de videos en los que, mediante proteínas fluorescentes que responden a los flujos de calcio, hacen visible cómo se da esto. En uno se observa a una oruga devorar una hoja de Arabidopsis y cómo, casi al instante, los canales de calcio distribuidos a lo largo de la pequeña hierba se encienden, como si se tratara de un árbol de Navidad.

Transmitir señales rápidas ante una lesión permite prepararse contra daños mayores; por ejemplo, es factible que al recibir la mordida de un insecto otros órganos de la planta comiencen a sintetizar glucosinolatos —moléculas que provocan un regusto amargo en las hojas— a fin de serle poco apetitosa a su agresor, u hormonas de estrés como los jasmonatos que, por ser compuestos volátiles pueden alertar a otros vegetales sobre peligros cercanos.

“Tras cientos de millones de años las plantas han desarrollado estrategias de comunicación sumamente complejas, como las usadas por las leguminosas para ligarse con los rizobios. Para hacerlo, una vez que la raíz detecta a un microorganismo cercano lanza señales rápidas parecidas a las de un telégrafo (ráfagas de calcio) a fin de constatar si se trata de una de estas bacterias. De ser así la absorberá con sus pelos radicales y establecerá una asociación en la que el rizobio le aportará nitrógeno al vegetal y recibirá, como recompensa por su trabajo, carbohidratos”.

Como se puede ver, la capacidad de percibir —“que no es igual a sentir”— es esencial para la supervivencia de las plantas y para determinar su respuesta ante distintas contingencias, acota el investigador. “Éstas pueden ser rápidas y hasta perceptibles para nosotros, como cuando una planta carnívora atrapamoscas cierra sus hojas para apresar a un insecto, o muy lentas, como cuando un árbol que no recibe suficiente luz se elonga y crece a fin de sobrepasar los follajes vecinos y asomarse un poco hacia el Sol”.

Plantas estresadas

El doctor Ulises Rosas es el encargado del Laboratorio de Biología de Raíces del Jardín Botánico de la UNAM y uno de los temas que estudia es el estrés, concepto que, como el de dolor, suele verse limitado cuando se traslada al campo de biología experimental.

“Las especies que tengo aquí están casi en un spa: crecen en condiciones homogéneas, en un medio rico en nutrientes y con temperatura y luz constantes. Si alteramos alguna variable podemos estudiar el efecto de ello y resulta tentador creer que lo observado se debe al estrés que provoca todo cambio abrupto, pero nosotros, al igual que las plantas, vivimos expuestos a modificaciones ambientales y no por eso nos decimos estresados”.

Una de las líneas de investigación más recientes del académico consiste en establecer cómo se comportan ciertas plantas ante el exceso de sal (cloruro de sodio). “Algunas, al anticipar su muerte por intoxicación, crean semillas muy rápido a fin de reproducirse lo más pronto posible; otras, como los mangles, toleran la salinidad secretándola y depositándola en sus hojas, e incluso hay cactáceas que generan cristales y los aíslan en su interior, donde no causen daño. Aunque cada estrategia para hacer frente a esta sustancia tóxica es muy diferente una de otra, todas están determinadas por la capacidad de las plantas para percibir y responder”.

En contraste con las respuestas rápidas descritas en el artículo de Science, hay muchos procesos lentos, pero igual de cruciales para mantener con vida a estos organismos. “Por ejemplo, las raíces pueden detectar parches de suelo con pocos nutrientes y dejan de crecer en esas zonas; esto se debe a que al verse en escenarios adversos las plantas expresan ciertas estrategias de desarrollo para responder al estrés y ello, generalmente, se lleva su tiempo”.  

El poder de las palabras

En opinión del doctor Rosas, al comunicar la ciencia se vale usar metáforas, aunque siempre hay que advertir sobre sus alcances y la intención con que se usarán. “Hay una parte en la raíz de las plantas llamada meristemo que rige el desarrollo y da origen a los tejidos del órgano. Me gusta decir a mis alumnos que esta partecita —que funge como director de orquesta— es el cerebro de la raíz, pero ello no significa que haya vegetales con masa encefálica”.

Sin embargo, no saber que los símiles sirven de apoyo didáctico y pretender que son algo literal lleva a una comprensión deficiente de artículos como el de Science y a que aparezcan interpretaciones tan temerarias como la de la revista española Jara y sedal, la cual publicó: “Esto desmonta uno de los argumentos de quienes critican a los que consumen carne. Las creencias en las que se apoyan los vegetarianos estrictos y veganos, que suelen estar detrás de las principales organizaciones animalistas que piden la prohibición de los toros o la caza, se han tambaleado con este estudio que demuestra que las plantas también sienten dolor”.

En vez de caer en este juego, el académico propone asimilar el verdadero sentido de las metáforas, jamás deformarlas y mucho menos llevarlas hasta el punto del absurdo. “Ello nos priva del disfrute de investigaciones tan interesantes como ésta, la cual ya no sólo planeo dársela a leer a mis alumnos, sino proponerla como bibliografía en alguna materia, ahora que en la Facultad de Ciencias estamos analizando qué integrar en el nuevo plan de estudios”.

Tras dedicar gran parte de su vida profesional a entender cómo perciben las plantas, el doctor Rosas se confiesa aún sorprendido de la complejidad de ello. “Estamos ante organismos capaces de sintetizar moléculas para ahuyentar depredadores, expresar ciertos genes para sobrevivir a las sequías o de comunicarse con bacterias a través de sus raíces. Soy un convencido de que las plantas son seres muy inteligentes, eso sí, metafóricamente hablando”.

 

En Canadá recordaron el sacrificio del 68

Con un sentido acto conmemoratorio, la Escuela de Extensión de la UNAM en Canadá hizo memoria de los hechos del 2 de octubre de 1968, en el contexto de los 50 años de los movimientos estudiantiles de ese mismo año. 

Con cerca de 70 asistentes, de diferentes nacionalidades, el evento tuvo un componente cultural con un ensamble musical y una puesta en escena que ambientaban los acontecimientos, ambas presentaciones fueron realizadas por los grupos de música y teatro de la UNAM-Canadá. El momento más solemne de la velada fue marcado por un video que recogía imágenes y sonidos de aquel entonces y un minuto de silencio en memoria de quienes perdieron la vida, no solo ese día, sino durante todo el periodo del M68.

Este evento es el primero de una serie de actividades que esta sede en el extranjero planea tener, entre octubre y noviembre, con el fin de hacer memoria de los hechos de 1968, de sus protagonistas, de sus consecuencias y, en general, recordar la historia para no repetirla. 

El principal de los eventos será la exposición: “Hace 50 años… el M68 y la UNAM”, que recoge imágenes y testimonios de estos eventos sociales. Su lanzamiento será el 17 de octubre y estará abierta al público hasta finales del año.

Lo anterior se complementará con talleres académicos para profundizar el contexto político, cultural y social que marcó el movimiento; y con la presentación del libro: “Allende, cómo su historia ha sido relatada”, cuyo tema no está directamente relacionado con el 68 pero con las persecuciones y las posturas de Estado frente a pensamientos políticos y sociales diferentes.

Ciclo de cine mexicano itinerante, UNAM España

El Instituto Cervantes y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a través de su Filmoteca y UNAM-España (Centro de Estudios Mexicanos), con la colaboración del cineasta mexicano, Óscar Menéndez, unen esfuerzos para conmemorar el 50 aniversario del Movimiento Estudiantil de 1968 en México y lo hacen organizando un ciclo de cine que itinerará en 11 ciudades en el mundo.

El ciclo podrá verse a partir de este mes de octubre en algunas sedes del Instituto Cervantes en el exterior como Amán, Pekín, Sao Pablo y Río de Janeiro; en la ciudad de Brasilia será proyectado en la Universidad Hispánica. También acogen el ciclo la UNAM- Reino Unido/Kings College, y la UNAM-Francia. En Italia el ciclo podrá verse en Roma, en la Casa del Cinema dentro del Festival de Cine Iberoamericano SCOPRIR y en Nápoles, en la Universidad de Salerno. La Cinematek de Bruselas en Bélgica, con la colaboración del Centro de Estudios Mexicanos en Amberes, acogerá la proyección de este ciclo.

Esta conmemoración recuerda aquel año de 1968 que fue un punto de inflexión en muchos países cuyos jóvenes nacidos después de la Segunda Guerra Mundial experimentaron un ansia de ruptura. Los movimientos estudiantiles que florecieron en no pocas ciudades europeas y americanas daban cuenta del cambio social y político que demandaba su juventud. El caso mexicano fue especialmente doloroso. Los reclamos fueron reprimidos violentamente por las fuerzas del gobierno y precipitaron los sucesos del 2 de octubre en Tlatelolco (Ciudad de México) en los que muchas personas perdieron la vida.

Esta revuelta estudiantil fue puntualmente documentada por el cine mexicano en uno de los giros que mejor evidencian el devenir del propio medio fílmico. Como había sucedido en otros momentos históricos de guerra y confrontación, el cine sería el instrumento de documentación y seguimiento del proceso, erigido en una forma de reivindicación expresiva y contra informativa. El cine fue un instrumento para el cambio, para ensayar otras formas de narrar y de acercarse a la realidad. Arropado por el impulso de las nuevas tendencias fílmicas el cine documental del ’68, y muy concretamente el mexicano, acometió la difícil tarea de ser testigo y testimonio del tiempo y la que al final rompió la lógica política y social de ese momento histórico.

El ciclo, que ha sido subtitulado a diferentes idiomas por el Instituto Cervantes, se conforma con material fílmico rescatado, restaurado y resguardado por la Filmoteca de la UNAM, por ejemplo, con las crónicas visuales hechas por un grupo de estudiantes del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM (CUEC-UNAM, en las que documentaron el movimiento con una óptica desde dentro, dando como resultado ́Entrevistas sobre la violencia en la Universidad ́ (Alfredo Joskowicz, México, 1968), ́Comunicados cinematográficos del Consejo Nacional de Huelga ́ (Paul Leduc, Rafael Castanedo, Oscar Menéndez y otros, México, 1968) y ́El grito ́ (Leobardo López Arretche, México, 1968-1970).

También forma parte del programa el cortometraje ́Mural efímero ́ (Raúl Kamffer, México, 1968-1973) que recoge la convocatoria a la acción artística como reivindicación de la intervención en el espacio público y tomando la voz del muralismo, de tanta tradición política e identitaria de México. El ciclo igualmente reúne dos documentales dirigidos por Óscar Menéndez, cineasta vinculado con el desarrollo del documental en México, que estuvo directamente implicado en las grabaciones que se propiciaron en este contexto y que reelaboraría muchos de los materiales en varios documentales; de Menéndez se presentan dos obras contemporáneas a aquel momento y rodadas en el espíritu de la clandestinidad: ́Dos de octubre. Aquí México ́ (México, 1970) y ́Únete pueblo ́ (México, 1968). También se proyecta ́Memorial del 68 ́ (México, 2006), del director mexicano Nicolás Echevarría, en el que se recupera, de voz de sus protagonistas, la vivencia del movimiento, la relación informativa de los eventos y la conclusión e interpretación de los mismos, treinta años después.

Consultar sedes y fechas en:

https://cemespana.wixsite.com/ciclodecinem68

 

La obesidad, una enfermedad crónica sin cura en el corto plazo

La obesidad es una enfermedad crónica que no tiene cura en el corto plazo y que afecta todos los órganos de nuestro cuerpo; para controlarla es necesario trabajar por largo tiempo en la adopción de estilos de vida saludables, afirmó Ana Lilia Rodríguez, académica de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Los comportamientos y actitudes cotidianos para mantener nuestro cuerpo saludable son dos veces más efectivos que el mejor medicamento que existe para disminuir de peso o prevenir la diabetes, resaltó.

En conferencia de medios, la universitaria aclaró que los hábitos saludables no sólo implican una dieta adecuada, sino también evitar el sedentarismo, respetar las horas de sueño para mantener el ritmo circadiano, y adoptar una actitud resiliente.

En México, dijo, 35 de cada 100 niños padecen sobrepeso y obesidad, pero también el 25 por ciento de los que tienen un peso apropiado podría tener exceso de grasa.

El exceso de grasa corporal (adiposidad) provoca complicaciones de salud como asma, apnea obstructiva del sueño, resistencia a la insulina, estados prediabéticos, diabetes tipo 2, poliquistosis ovárica, pubertad precoz, alteraciones gastrointestinales, hígado graso y piedras en la vesícula.

Además, reflujo gastroesofágico, osteoporosis, anemia, dolores de cabeza, hipertensión arterial, colesterol y triglicéridos elevados, alteraciones ortopédicas, cáncer, derrames cerebrales e infartos.

Hábitos saludables

Estudios realizados por un equipo de investigadores, en el que Ana Lilia Rodríguez colabora, arrojaron que el hábito con mayor impacto para perder adiposidad o exceso de grasa corporal fue reducir a cuatro, o menos, las veces que se come fuera de casa al mes. Esto se asocia a una mejora en la calidad de los alimentos y a la cantidad restringida de azúcares y grasas.

Para perder peso también es recomendable limitar a dos horas al día el tiempo que se pasa frente al televisor, a la computadora, teléfonos móviles y videojuegos; además, practicar actividad física al menos cinco horas a la semana, en especial los niños, o caminar entre 12 mil y 15 mil pasos diarios. “Tristemente, hoy sólo caminan máximo tres mil pasos”.

En cuanto a políticas públicas, destacó, hay mucho por hacer: “la gente tiene conciencia de que debe dejar los alimentos procesados, pero el ambiente obesogénico en el que vivimos no lo permite”.

Otra medida favorable es la conformación de equipos de salud, en los que intervengan médicos, nutriólogos y psicólogos altamente capacitados para brindar educación a la población en escuelas, centros de trabajo y universidades, sugirió.

Asimismo, apuntó, se deben disminuir las jornadas laborales para facilitar la movilidad en las ciudades y aminorar los tiempos de traslado, que deterioran la calidad de vida de la personas; acercar los centros de trabajo a los domicilios; tener áreas de esparcimiento gratuitas; suspender o disminuir la venta de productos procesados y bajar el costo de frutas y verduras. “Todo ello sería una gran estrategia”.

Por último, Ana Lilia Rodríguez subrayó la necesidad de un diagnóstico oportuno, de sensibilizar a la población, brindar educación en torno al riesgo que representa el exceso de peso y acabar con el mito de la “obesidad saludable”.

Después de 122 años, dan otra explicación a la Reacción de Fenton

El 1894, el químico británico Henry John Horstman Fenton (1854–1929) publicó el artículo Oxidación del ácido tartárico en presencia de hierro —continuación de un trabajo que comenzó a desarrollar en 1876, cuando era aún pasante del Christ’s College de la Universidad de Cambridge— donde explicaba cómo la combinación de sales de hierro y peróxido de hidrógeno (H2O2) tiene un efecto catalítico. A esto se le conoce como Reacción de Fenton y, aunque el principio no se le hallaban las suficientes aplicaciones, se ha vuelto una alternativa cada vez más viable —a nivel de laboratorio con perspectivas de aplicación industrial— para deshacerse de los contaminantes vertidos en el agua por las fábricas.

“En 1934 Fritz Haber y Joseph Weiss, y en 1949 J.H. Merz y William A. Waters, establecieron que los iones de hierro Fe2+ oxidaban a Fe3+ y, acto seguido, éstos se reducían a Fe2+, lo que daba pie a un ciclo continuo donde se generaban radicales (OH) capaces de degradar sustancias orgánicas. Para ambas parejas de científicos era claro que se trataba de un proceso catalítico homogéneo y desde entonces esto se tomó como verdad absoluta, pero a partir de nuevas evidencias obtenidas por nuestro equipo hemos visto que lo anterior es una interpretación deficiente, pues jamás se consideró que hay nanopartículas de óxido de hierro involucradas y que, por ende, se trata de un proceso catalítico heterogéneo”, señala Raúl Suárez Parra, del Instituto de Energías Renovables (IER) de la UNAM.

Los resultados de esta investigación —en la que colaboraron tesistas del IER y de otras instituciones, así como académicos de la UAM Azcapotzalco y del Instituto Mexicano del Petróleo— se publicaron en el Journal of Photochemistry and Photobiology A: Chemistry 353 (2018) 527–535 a inicios de 2018, bajo el título Sizing the Fenton’s catalyst y replantean lo que se ha venido diciendo desde hace 122 años. Sobre por qué debió pasar tanto tiempo para llegar a otra explicación, el profesor señala que porque antes el mundo era otro. “En ese entonces se ignoraba la existencia de un universo mucho más pequeño que lo micro, el nanoscópico, y esto lo modifica todo”.

Raúl Suárez Parra se encuentra adscrito al área de Preparación de Materiales Nanoestructurados en el IER de Morelos, donde se ha especializado en procesos de remediación ambiental, inquietud que le surgió tras ver cómo la llegada de la industria a Cuernavaca, en la década de los 60, marcó un antes y un después en el ecosistema del lugar. “Los ríos solían estar limpios; hoy es cada vez más frecuente encontrar peces y tortugas envenenados por sustancias tóxicas”. 

Esto lo ha llevado a probar, desde su laboratorio, diferentes vías para degradar contaminantes. “El objetivo ya no es limpiar el agua en el río, sino hacerlo antes de que el líquido sucio toque el afluente. En esta tarea la Reacción de Fenton (que, como sugieren las evidencias, es heterogénea) podría ser clave para lograr eso tan deseado: que los residuos industriales sean menos agresivos con el ecosistema”.

Una realidad a otras escalas

El 29 de diciembre de 1959, cinco años antes de ganar el Nobel de Física, Richard Feynman impartió una de las charlas más recordadas en la historia científica, En el fondo hay espacio de sobra, donde se habló por primera vez de nanociencia y nanotecnología. “En el mundo de lo muy pequeño muchas cosas nuevas podrán suceder porque los átomos se comportan de manera distinta a los objetos a mayor escala”, señalaba en el Instituto Tecnológico de California.

Y tenía razón, pese a que en ese entonces muchos lo escucharon con incredulidad, apunta el profesor Raúl Suárez, para quien trabajar con materiales nanoestructurados es parte de su día a día, en especial si estos son útiles para la remediación ambiental.

“Para nosotros era muy importante entender los mecanismos por los cuales se lleva a cabo el proceso de degradación de un contaminante y eso nos hizo interesarnos en la Reacción de Fenton y en por qué ésta sólo es eficiente cuando se emplea sulfato ferroso como sal, y peróxido de hidrógeno como agente oxidante”.

Mientras las explicaciones convencionales señalan que esto se debe a que los iones de hierro Fe2+ se oxidan (Fe3+) y después se reducen, Suárez Parra observó que cuando los cationes Fe2+ o Fe3+ entran en contacto con las moléculas de H2O2 se forman nanoestructuras de diferentes óxidos que actúan como semiconductores e interactúan con la luz visible. “Esta propiedad fotocatalizadora es la que posibilita la degradación de sustancias nocivas presentes en el agua”.

Sobre por qué hay dos explicaciones tan contrastantes, Suárez Parra explica que cuando John Horstman Fenton dio a conocer su trabajo en 1896, nadie imaginaba la existencia de nanoestructuras, ni tampoco en los años 40 del siglo pasado, cuando se estableció que esta reacción era un proceso catalítico homogéneo. Sin embargo, a más de 100 años de distancia el escenario es muy diferente. 

“Si quisiéramos explicar la Reacción de Fenton como un proceso catalítico homogéneo necesitaríamos mínimo de siete reacciones químicas, mientras que si lo consideramos heterogéneo sólo requerimos tres. Esto nos hace pensar que vamos en la pista correcta y es la gran aportación de nuestro trabajo”.

A pocos meses de su publicación, el artículo del profesor Suárez Parra y sus colaboradores ya tiene dos citas, algo que él ve alentador pues señala que, la mayoría de las veces, este tipo de textos no consiguen ni una sola mención en sus primeros cinco años. “Estamos a la espera de que otros colegas aporten más evidencias, señalen fallas o corrijan aspectos. Estamos abiertos a la crítica, pero hasta el momento no hemos recibido ningún contraargumento”.

 

La biblioteca roja, memoria disidente que se niega a ser enterrada

En 1976, poco antes de exiliarse en México, Dardo y Liliana cavaron una fosa en el patio de su casa en Villa Belgrano —barrio de la ciudad de Córdoba— y depositaron ahí 16 paquetes de libros envueltos en bolsas de nylon aseguradas con varios metros de cordel azul anudado. Entre los títulos enterrados figuraban obras de Marx, Gramsci, Lenin, Trotsky o Mao Tse-Tung, todos ellos autores vetados por la dictadura argentina. Los jóvenes universitarios se prometieron regresar al hogar a la caída del régimen militar y devolver estos ejemplares a sus respectivas estanterías; no pudieron hacerlo.

Así es como inicia la historia de esta colección de papel y tinta que 40 años después sería exhumada por un grupo de antropólogos forenses convocados por Tomás Alzogaray Vanella, el hijo de esta pareja, quien desde niño escuchaba a sus padres hablar de lo que dejaron atrás y de la experiencia de vivir en tiempos donde ciertas lecturas, llevar barba o poseer alguno de estos ejemplares acarreaba señalamientos por parte del Estado, persecución y riesgo de muerte.

Las fotografías y testimonios de este desentierro realizado en enero de 2017 quedaron plasmados en el libro La biblioteca roja, que será presentado el 27 de septiembre en el Museo Universitario del Chopo y alrededor del cual se articularán una serie de actividades que tenderán puentes entre Argentina y México, dos pueblos en donde ver una fosa y montículos de tierra recién removida al lado hace pensar, inevitablemente, en vidas truncadas y desaparecidos.

“Mostrar imágenes de peritos y excavaciones reabre heridas, pero también visibiliza una realidad cotidiana”, señala la artista cordobesa Gabriela Halac, quien junto con Tomás Alzogaray y Agustín Berti es autora de esta publicación que se dará a conocer en el Foro el Dinosaurio la noche del jueves, en punto de las ocho.

Sobre el impacto emocional causado por este proyecto, la también editora explica que es inevitable. “Este fenómeno ha sido estudiado; de hecho, hay una rama de la arqueología llamada arqueología simétrica que establece paralelismos entre sujetos y objetos, y en este caso hablar de textos enterrados es hacerlo de dos jóvenes cuya vida peligraba si alguien los descubría en posesión de dichos títulos”.

A Gabriela Halac este tipo de experiencias la tocan muy de cerca, pues en 1963 su padre se vio obligado a quemar sus libros a fin de no ser perseguido; por eso cuando escuchó a Tomás Alzogaray hablar de cómo la biblioteca de sus padres terminó metro y medio bajo tierra en un lugar indeterminado de su antiguo domicilio en Villa Belgrano, se sumó al proyecto de exhumarla, pero no de la forma convencional, sino realizando todos los trámites y el papeleo exigidos por las autoridades a la hora de desenterrar un osario.

“Antes de nada consultamos a un antropólogo forense muy amigo de la familia Alzogaray y le preguntábamos si le resultaba descabellado describir a este enterramiento como una fosa común, pero no de cuerpos, sino de libros. Le pareció interesante el símil, en especial porque poseer dichas obras amenazaba la vida de las personas”.

El paso siguiente fue contactar a estudiantes que han colaborado con el Equipo Argentino de Búsqueda Forense y las fotografías tomadas hablan por sí mismas, dice Halac. “En la zona se colocaron esas retículas formadas por estacas e hilos que bien conocen los familiares de los desaparecidos. Todo esto reavivó la memoria de miles de argentinos y se volvió un acto contra el olvido”.

Una colección inclasificable

El verano de 2017 en la ciudad de Córdoba estuvo marcado por un calor intenso y lluvias torrenciales y en ese clima se realizó la exhumación de la Biblioteca Roja, la cual comenzó un 7 de enero y culminó el 11 del mismo mes, tras muchos intentos fallidos y casi cuatro toneladas de tierra paleada y acomodada en montículos.

“Al principio lo que más nos interesaba era dar con estos paquetes, y cuando lo logramos de golpe surgieron preguntas. ¿Qué hacer? ¿Sacarlos? ¿Dejarlos ahí? ¿Qué convenía a nivel ético y político? Y no sólo nos pasó a nosotros; nos apoyaron paleontólogos, geólogos, archivólogos y conservadores de papel, y ni siquiera ellos sabían cómo nombrar a esos objetos: ¿eran aún libros?, ¿eran ya fósiles u objetos naturales? No había acuerdo sobre esto ni sobre su preservación, pues los procedimientos tradicionales sólo causaban más deterioro y eliminar la humedad los fragilizaba”. 

En lo que sí hubo consenso fue en la sorpresa provocada entre los argentinos. “De inmediato ocupamos portadas de diarios y muchos nos buscaban para compartirnos sus experiencias con la dictadura. El 16 de agosto de 2017 presentamos en Córdoba el libro que ahora daremos a conocer en el Museo del Chopo y eso se transformó en una asamblea formada por gente del interior de la provincia, exmilitantes, familiares de desaparecidos y antiguos compañeros de universidad tanto de Dardo como de Liliana”.

En aquella ocasión los ejemplares exhumados se pusieron en vitrinas, donde la gente pudo observar de cerca estos rectángulos de papel ilegibles, decolorados y apergaminados tras cuatro décadas bajo el suelo, algo que no se repetirá en el Museo del Chopo pues estas piezas se dañaron tanto que no hubieran sobrevivido a los siete mil kilómetros que median entre Córdoba y la Ciudad de México.

Lo que sí habrá, adelantó la poeta, es un intento por conformar una Biblioteca Roja Mexicana, es decir, una colección con títulos que han recibido intentos de censura ya sea por el poder oficial o el crimen organizado. “Acá también hay historias e ideas que han intentado ser silenciadas y para no acallarlas lo mejor es ejercer la memoria”.

Los rostros de la censura en México

Para Gabriela Halac, México y Argentina son muy diferentes en cuanto a sus estrategias de veto. “En mi país había decretos de prohibición y se enumeraban las razones de por qué un libro era peligroso. Algo así es impensable aquí porque la idiosincrasia mexicana es diferente y las formas de aplicar la censura son otras”.

Ejemplo de ello es La casa blanca de Peña Nieto, el primer libro que le viene a la mente cuando se le pregunta por un título merecedor de integrarse a la Biblioteca Roja Mexicana, por ser un trabajo que pese a haber obtenido los premios Gabriel García Márquez de la FNP, el Nacional de Periodismo y el de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, también le ganó a Carmen Aristegui el ser señalada por un juez como alguien que “se había excedido en su libertad de expresión e información” y provocó que a la comunicadora no tuviera ya cabida en la radio a nivel nacional.

“Y hay casos aún más dramáticos, como el del elevado número de periodistas asesinados —la forma más brutal de acallar una voz— o el de la censura ejercida por los editores, quienes con mano invisible evitan que ciertas cosas se den a conocer. Un caso que llama mi atención es el del tráiler con 273 cadáveres que vagaba por Jalisco. Al enterarme de inmediato se me ocurrieron mil preguntas, ¿de dónde provienen esos cuerpos?, ¿quién los puso ahí?, ¿quiénes son? Sin embargo, las notas aparecidas en periódicos eran huecas y apenas dedicaron 10 líneas a esto. Cada que leo noticias sobre México me sorprende la escasez de información que se maneja”.

Por ello, desde antes de su llegada al Museo del Chopo, los argentinos comenzaron a preguntar entre los mexicanos por aquellos títulos que deberían formar parte de esta nueva biblioteca. “No se trata de recuperar los documentos de la censura en este lado del hemisferio, sino de visibilizar ciertas problemáticas, temas y eventos presentes en libros de baja circulación, ya no publicados o difíciles de conseguir.  Este experimento de desenterrar la palabra, hacerla visible y generar inquietud no debe verse como una obra acabada, sino como una zona para crear comunidad y construir experiencias”.

Contra las verdades oficiales

El permitir que determinados libros sean quemados o enterrados, y que ciertas noticias sean acalladas implica ceder ante la imposición de una historia oficial que los Estados quieren heredarnos —o de “verdades históricas”, como sugiere el término popularizado por el exprocurador general de la República, Jesús Murillo Karam, al intentar zanjar el tema de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa—, de ahí la importancia de este tipo de ejercicios, señala Gabriela Halac.

Como un antídoto contra la desmemoria, los artistas argentinos (con apoyo de la curadora Ileana Diéguez) desarrollarán una serie de actividades desde el 27 de septiembre hasta el 4 de octubre, entre las que se incluyen dinámicas en las que confluyen la lectura y el dibujo, y encuentros con familiares de desaparecidos en los que se hablará de lo que implica buscar y no cejar en ese empeño.

“La Biblioteca Roja surgió a partir de un relato contado por nuestros padres; 40 años después buscamos visibilizar aquello que escuchamos tantas veces y ponerlo en escena. Nuestro objetivo aquí es que lo mexicanos hagan algo parecido desde su propia comunidad y con sus propias historias, lenguas, experiencias y cultura a fin de apuntalar sus memorias, perpetuarlas y hacerlas circular”.