Un total de cinco medallas: dos de oro y tres de bronce, fue la cosecha que consiguieron ocho deportistas universitarios en el Campeonato Nacional Universitario de Bádminton 2021, avalado por el Consejo Nacional del Deporte de la Educación y celebrado en San Luis Potosí. Los metales dorados fueron en singles y dobles de la rama varonil, mientras que los tres broncíneos los obtuvieron en singles y dobles en femenil, y por equipos en mixto.
Andrea Angel Salazar, alumna de la Facultad de Medicina; Olivia Alejandra Malagón Flores, de la FES Iztacala; Gerardo Saavedra Delgadillo, de Medicina Veterinaria y Zootecnia; Jorge Rodrigo Rodríguez Ávila, de Contaduría y Administración; Enrique Anaya Aquino e Iván Olivares Guerrero, ambos de Ingeniería; Diego Chávez Segura, de Economía; así como Yibak Zayab Jessel Rojas, de la FES Aragón, fueron los pumas medallistas en el evento nacional, todos ellos bajo la guía del entrenador auriazul Omar López Cámara.
Gerardo Saavedra fue el atleta felino más destacado con una medalla de oro en singles, oro en dobles y bronce en equipos. “Me siento muy orgulloso y feliz de haber representado por primera vez a la UNAM nacionalmente. Todo el proceso durante este campeonato y el resultado me da mucha satisfacción, después de todo el esfuerzo, logré mi objetivo”, subrayó el puma campeón nacional universitario en singles y dobles.
Andrea Angel de la Facultad de Medicina.
Asimismo, Andrea Angel obtuvo tres preseas de bronce: singles, dobles y equipos. “Es una manera de regresarle algo a la UNAM de lo tanto que me ha dado. Estoy orgullosa de pertenecer a la Universidad Nacional y que puedan ver lo que puedo lograr tanto en lo académico como en lo deportivo”, expresó la estudiante de fisioterapia.
Jorge Rodríguez, por su parte, logró oro en dobles y bronce por equipos, ante lo cual dijo que “ganar una medalla para la UNAM era algo que quería hacer, y conseguirla junto a mis compañeros y amigos lo hace aún más especial. Conozco a los integrantes del equipo de la UNAM desde hace 10 años, así que compartir una medalla con ellos significa muchas cosas”.
Olivia Malagón, quien ha jugado durante tres años para la Universidad Nacional y logró bronce en dobles y por equipos, destacó que “significa mucho obtener estas medallas, ya que son muchos años de entrenamiento y, por el tema de la pandemia, no se ha entrenado tanto, pero sigo sintiendo pasión por el bádminton. Representar a la UNAM en esta época de dificultades es muy significativo para mí”.
Enrique Anaya, Iván Olivares, Diego Chávez y Yibak Jessel completaron el conjunto puma que se ubicó en el tercer lugar por equipos mixtos. En el evento nacional también compitieron las badmintonistas auriazules Daniela Torres Patiño, alumna de la Facultad de Filosofía y Letras, y Valeria Aeleen Rodríguez Villagomez, de la FES Cuautitlán.
Gerardo Saavedra de la Facultad de Medicina Veterinaria. Fotos: Cristina Jiménez.
Emoción, compromiso y felicidad. Es lo que sienten los integrantes de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) ante el reinicio de conciertos con público, lo que ocurrirá este sábado 30 de octubre tras año y medio de no poder hacerlo.
El domingo 15 de marzo de 2020 tuvo lugar la última presentación de la orquesta universitaria en la Sala Nezahualcóyotl antes de la larga pausa obligada por la pandemia. Con una dotación reducida de atrilistas, la agrupación volvió a tocar en vivo hace tres semanas al poner en marcha su Temporada Otoño 2021, pero lo hizo para transmisiones todavía sin audiencia. Ahora, finalmente, el próximo fin de semana se dará el ansiado reencuentro con la gente.
“Mi sensación es de suma alegría, y la emoción como si verdaderamente fuera la primera vez que uno lo hace”, comenta Sebastian Kwapisz, concertino de la OFUNAM, para quien a partir de ahora se valorará de forma diferente la vida. “La falta de comunicación con el público, la falta de hacer música con los compañeros, te llevan a valorar precisamente todas esas cosas que uno ya daba por sentadas”, agrega el violinista con más de 15 años en la orquesta.
En el mismo sentido, Elizabeth Segura, quien toca el corno desde 1990 en la Filarmónica, expresa su entusiasmo: “Yo estoy emocionadisima. Después de tanto tiempo de no tocar con mi orquesta, es una delicia regresar a la sala, escucharnos entre nosotros y trabajar con los compañeros. Todos llegaron con muchas ganas, es un súper placer”.
Y Ekaterine Martínez, integrante de la sección de violines primeros desde hace 27 años, tampoco oculta su gozo: “Este regreso lo he estado esperando desde hace varios meses, porque sí hemos estado trabajando de manera virtual, pero presencial no se había dado. Así que estoy muy emocionada de volver a la Sala Nezahualcóyotl, tocar con mis compañeros y estar con público. El diálogo de nosotros con los escuchas va a ser muy importante”.
Motivación y compromiso
Será para el cuarto programa de la temporada que la sala ubicada en el Centro Cultural Universitario reabra sus puertas. Se interpretará un concierto memorial por las víctimas de Covid-19 integrado por las obras Canticum sacrum, de la compositora mexicana Ana Lara; la Sinfonía de cámara en do menor, Op. 110a, de Dmitri Shostakovich, en arreglo de Rudolf Barshai del Cuarteto para cuerdas núm. 8 en do menor, Op. 110; y la suite de Appalachian Spring, de Aaron Copland, en versión para 13 instrumentos. Participará como director invitado Iván del Prado.
La presencia de público en la sala es un incentivo para la agrupación, coinciden los tres músicos entrevistados. Ekaterine Martínez tiene muy presentes los rostros de la gente cuando terminan las piezas. “Ver sus caras de felicidad, aplaudiendo, para mí siempre ha sido muy motivante”.
Incluso se puede decir que la interpretación es diferente cuando se hace ante un auditorio, según Sebastian Kwapisz. “La comunicación en vivo con el público hace que haya una energía distinta a la hora de estar tocando; energía, emoción y una especie de comunicación sin palabras”.
Desde luego, retomar las actividades como una de las mejores agrupaciones orquestales del país es también un compromiso para sus integrantes. La calidad es un deber permanente, afirma Elizabeth Segura: “Siempre es un reto cualquier concierto. Hacerlo bien da gusto para que el público lo disfrute. Yo quiero que la audiencia regrese para que aprecie lo que estamos haciendo, nada más. Ya quiero transmitir y proyectar ese gusto que me da regresar”.
Al respecto, el concertino piensa que, después de tanto tiempo de inactividad, la OFUNAM tiene el gran reto de recuperar la calidad con la que venía tocando. “Obviamente requerirá cierto tiempo porque es un trabajo en conjunto, pero esperemos que lo antes posible estemos al mismo nivel y que sigamos mejorando. Yo creo que el reto principal es seguir creciendo y que todos hayamos aprendido precisamente de esta pandemia de la necesidad que tenemos de comunicarnos a través de la música”.
Convencidos de que al hacer su trabajo mueven emociones en quienes los escuchan, “porque por medio de los sonidos, de las melodías, se llega al alma y a la inteligencia del público”, dice Ekaterine Martínez, los integrantes de la Orquesta Filarmónica de la UNAM vuelven este fin de semana ante el público de la Sala Nezahualcóyotl y lo hacen con una enorme felicidad, como se disculpa Elizabeth Segura para terminar la entrevista: “Perdón si se oye mucha risa en mi voz, pero es porque la verdad estoy súper feliz de que regresamos a tocar juntos, ya nos hacía falta”.
La Temporada Otoño 2021 continuará hasta el 5 de diciembre. Los conciertos serán en los horarios acostumbrados, sábados a las 20 horas y domingos a mediodía. El aforo será limitado a 30 por ciento de la sala debido a las condiciones sanitarias y los boletos están a la venta en la taquilla de la Sala Nezahualcóyotl y en línea en boletoscultura.unam.mx. Las presentaciones se transmiten en vivo en la página de Música UNAM (musica.unam.mx) y la de los domingos también por Radio y TV UNAM.
Efímero, frágil, orgánico trascendental, así es como luce el trabajo de Marbel Portela. Flores, semillas, lo intrínseco de la naturaleza a la par de lo artificial. Su trabajo nos remonta por momentos a una colección de especímenes botánicos, por momentos a un desierto, otras veces a un bosque pétreo que inunda desde lo negro con una inusitada luz primigenia, sobrecogedora experiencia que nos hace sentir parte de algo más grande.
Con piezas que se descuelgan del techo y los muros dando la sensación de que nos cubrirán enrollándonos en texturas, matices y colores que nos llevarán de vuelta al origen de la vida misma. Lo onírico de la mano de la naturaleza para redescubrir lo humano,
Cada pieza nos refiere a esta dinámica de representar a la naturaleza desde la naturaleza misma a través de la imaginación. Tela, papel, barro, madera son una constante, materiales orgánicos representando su origen, donde la tela que una vez fue una planta se convierte en pétalo o el papel una vez árbol se convierte de nuevo en semilla.
Le gusta reciclar, lo que vemos en la exposición, pudo haber pertenecido a otra pieza, cuyo carácter perecedero debido a la naturaleza de los soportes que usa se presta fantásticamente para su reutilización. Su obra da la impresión de no ser hecha para durar, como se suele contemplar a la escultura, sino para servir a otro propósito: el de resignificar revelando nuevas formas e interpretaciones, como el ciclo de la vida misma que no acaba con la muerte, y es que el fruto se descompone para dejar fuera a la semilla y así volver a nacer.
La obra de Maribel Portela es una invitación al movimiento, a la puesta en crisis de la división tajante entre naturaleza y artificio. ¿Qué hace una flor del desierto en una galería? Para la filósofa xenofeminista Helen Hester, no hay afuera de la naturaleza. La separación que durante siglos ha definido el pensamiento se sostiene apenas a partir de una serie de presupuestos que sustentan la idea jerárquica de lo humano puesto por encima de otras formas. Algunas de las piezas se proponen como una serie de chimeneas abiertas, palpitantes, un anuncio de algo que está siempre a punto de suceder: un movimiento, una expiración, algo que se expulsa de un cuerpo y se mezcla con su entorno.
Orgánico artificial estará hasta el domingo 30 de enero de 2022
Más información al correo: karol.chopo@gmail.com
Museo Universitario del Chopo
Dr. Enrique Gonzalez Martinez 10, Santa María la Ribera
Me coloqué en la orilla de la viga de equilibrio, alejando mis pies, sin darme cuenta que también se alejaban mis objetivos, mi estilo de vida y mi percepción sobre lo que significaba la gimnasia artística.
Tras culminar de pie el ejercicio, mis compañeras y yo nos dispusimos a estirar nuestros músculos y articulaciones, mientras con risas y el estrés de la próxima competencia, hablábamos de la posible cuarentena.
Un fin de semana cerraron nuestro gimnasio en las instalaciones del frontón cerrado de Ciudad Universitaria, y al igual que todos, los gimnastas nos encerramos cuando lo que más queríamos era saltar y girar.
Los primeros dos meses de confinamiento fueron un respiro para mí, un descanso del agitado ritmo que había llevado por años. Como todos mis compañeros gimnastas solía estar gran parte del día en nuestra universidad, lo que implicaba despertarse muy temprano, pasar más de dos horas en transporte público, realizar numerosas actividades académicas y, sobre todo, pasar casi medio día entrenando gimnasia artística.
Entrenar gimnasia artística era más que hacer una actividad física y recreativa, de hecho, a veces nos parecía que iba más allá de ser sólo un deporte. Se había convertido en un estilo de vida en el que nuestro cuerpo y nuestra mente trabajaban todos los días, buscando más retos y la perfección en cada movimiento.
Durante años la gimnasia artística era la forma en que nos expresábamos y equilibrábamos, ahora nos sentíamos reprimidos y desorientados.
Comprendí lo que Simon Biles dijo: «no todo en la vida es gimnasia», porque después de mucho tiempo dejé de correr, saltar y girar a un ritmo agitado; esta vez me quedaba quieta para comprender el mundo que había dentro y fuera de mi.
El confinamiento nos había orillado a mirarnos al espejo y desprendernos del papel de gimnastas universitarios, para apreciarnos como seres humanos que aman, reflexionan, cambian, sufren y son susceptibles a la muerte.
No obstante, al paso de los días, las semanas y los meses, tanto yo como mis compañeros, nos dimos cuenta que era verdad, que «no todo en la vida es gimnasia», pero también era real que «la vida no es la misma sin gimnasia».
Por tanto, alejarse del escenario de nuestro deporte se convirtió en un viaje que cambió nuestras vidas, que jugó con nuestras mentes y nuestros propios cuerpos, arrastrándonos a una situación donde parecía que la enfermedad y la muerte nos ataban los pies al piso y nos impedían girar.
Nos enfrentábamos a estilos de vida totalmente distintos de los que teníamos, en ausencia de espacios donde pudiéramos liberar toda nuestra energía, quedando sedientos de adrenalina y ansiosos de nuevos retos; el sentirnos lejos de nuestras metas provocaba que nos comiera el estrés.
Durante año y medio nuestros entrenadores se esforzaban por adaptarse a los horarios, escenarios y recursos de cada uno de sus alumnos gimnastas, para asesorarnos y mantenernos con la iniciativa de seguir entrenando. Nosotros buscábamos múltiples maneras de hacer gimnasia dentro de los reducidos espacios de nuestras casas, ahorrábamos para comprar material de apoyo: tapetes, ligas, trampolines y colchones; incluso algunos fuimos a parques o gimnasios particulares pequeños.
Sin embargo, cada día el mundo nos demostraba que giraba más rápido, y que hacer ejercicio en casa no se sentía igual a ser un gimnasta universitario que corre amplia y velozmente, que prepara ejercicios nuevos en una serie de aparatos y colchones, que siente el compañerismo, que disfruta la adrenalina de estar de cabeza o suspenderse en el aire, que cada semana se le revientan las ampollas de las manos y se llena el cuerpo de magnesia tras unas buenas rutinas en las barras.
Durante el confinamiento los espacios que teníamos eran insuficientes, por lo que nos pegamos con muebles, resbalarnos en el piso y hasta nos dolían las articulaciones por hacer ejercicios de impacto en suelo duro.
A esto se sumaban dificultades más severas como problemas económicos, familiares enfermos, incluso nosotros mismos llegamos a enfermar; y todos estábamos estresados al no tener cerca a los que amábamos.
Llegó un punto en donde cada uno de nosotros tenía que ser el gimnasta, el psicólogo y el entrenador, porque la gimnasia era nuestro alimento de cada día y no poder tener el escenario donde desenvolvernos, nos colocaba en una fuerte lucha entre la desmotivación y la disciplina.
Nos sentíamos ansiosos de volver al gimnasio, teníamos la intriga de saber si todo lo que había pasado nos favorecería o cambiaría nuestras metas en torno a nuestro deporte.
Después de enfrentar una pandemia con depresión, ansiedad, enfermedad, muertes y otras diferentes situaciones adversas nos sentíamos más fuertes. Los aparatos ya no parecían ser tan intimidantes y teníamos mucha hambre de volver a hacer tantos ejercicios como pudiéramos, al lado de nuestros amigos y entrenadores.
Aún así, persistía el suspenso de cómo sería en realidad volver a pararnos con nerviosismo sobre la viga de equilibrio, volver a llenar nuestras manos de magnesia y colgarnos de las barras, volver a saltar con tanta fuerza qué comprimiéramos los resortes del botador de salto de caballo y de la pista de piso.
Necesitábamos recuperar nuestro estilo de vida para comprender verdaderamente lo que ha significado la pandemia para la gimnasia artística universitaria, cuál es ahora nuestra perspectiva de este deporte y cuáles serán las siguientes metas a lograr.
Aunque a veces lo deseábamos, el tiempo no volvería atrás y en cuanto se volvieran a abrir las puertas de nuestro gimnasio, entraría una versión más fuerte de nosotros, ya que durante año y medio nos sentíamos tan vacíos sin gimnasia, que nos alimentábamos de perseverancia, disciplina y amor para construir la motivación que nos mantuviera de pie. Porque hoy, más que nunca, nos sentíamos seguros de que la gimnasia artística es nuestra forma de ser, lo que amamos y parte del camino por donde queremos seguir. Era verdad que ya no éramos niños, y el tiempo nos perseguía, pero muchos de nosotros nos manteníamos fieles a nuestras metas y se vigorizaban nuestras ganas de desafiar la gravedad, dominar los aparatos, girar y ganar.
La pandemia alteró el ritmo en que giraba el mundo y debilitó el ritmo en que giraban los gimnastas. Ahora nos preguntábamos: ¿habrá ganado el ritmo impredecible del mundo o nosotros los gimnastas habremos ganado fuerzas para girar?
*Estudiante de la Facultad de Psicología de la UNAM
El linchamiento es tan antiguo como la sociedad humana. Ya en la Biblia se menciona que Jesucristo salva a una mujer de ser apedreada. Sólo que ahora es más constante y ocurre más rápido por redes sociales como Twitter y Tik Tok.
El linchamiento digital, extrapolación del linchamiento tradicional, es una catarsis social y una exigencia de justicia ante el poder que comete atropellos.
Es una forma como la sociedad digital se hace justicia por sus propios medios, apunta el doctor Luis Ángel Hurtado Razo, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Aunque ha existido siempre, el linchamiento (los escarmientos y la humillación pública de la persona), en algún momento de la historia se institucionaliza. En la Nueva España, el Santo Oficio o la Santa Inquisición jugó el papel de linchador, con torturas físicas y privación de la vida a inocentes.
En el México contemporáneo, un caso sonado de linchamiento ocurrió en Puebla en los años sesenta del siglo XX. En Canoa, azuzados por el sacerdote del pueblo, fueron linchados unos trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
Tres tipos de linchamiento
Grosso modo, Hurtado Razo señala tres formas de linchamiento digital:
1. A diferencia del tradicional, en nuestro país el linchamiento digital exhibe los excesos del poder político. Algún personaje político abusa de su función para desacreditar la imagen pública de un ciudadano o ente social opositor.
2. En los últimos años, en redes sociales y medios de comunicación digitales y tradicionales se dan linchamientos a personajes con capital económico, así como a empresas o instituciones que violentan los derechos de terceros.
3. En México también hay linchamiento digital “por abuso social”. Personajes con poder, no necesariamente económico ni político, pasan sobre los derechos de otros.
El linchamiento tradicional lo perpetran personas que están alrededor del linchado. En el digital, los usuarios de redes “muchas veces no conocen al linchado” o no saben que hay empresas creadas ex profeso para linchar a otras empresas, instituciones o gobiernos.
Otra diferencia con el tradicional, dice Hurtado Razo, es que el linchamiento digital “es mucho más rápido” y no se sabe cuándo es ‘fabricado’. Vuelto tendencia, muchos más se unen y aumenta el linchamiento.
Los linchamientos digitales son más poderosos porque hay una degradación de la persona linchada, en su imagen tanto pública como física.
Lady y lord
El fenómeno de las ladies y los lords es único en México. Surgió en las redes sociales como una forma de ironizar la prepotencia de personas que se asumen o se creen de clase alta.
El caso más famoso de linchamiento digital político fue el de lady Profeco. La hija del Procurador Federal del Consumidor que amenazó con cerrar un restaurante. El motivo: no hizo fila o reservación y se le negó mesa. En horas empleados de la procuraduría clausuraron el lugar. Y meseros y comensales subieron a redes un video de los hechos. El resultado de este nepotismo familiar: renunció el procurador a su cargo.
Un caso memorable asociado al poder económico fue el de Lord Audi. Un gerente de esa empresa prohibió al personal salir a comer y les limitó el uso del sanitario. Un empleado subió a redes un video que mostraba la reprimenda que le costó el empleo al gerente.
En ambos casos quien termina pagando los daños colaterales son el procurador que renunció a su cargo y la empresa que ofrece resarcir el daño a sus empleados.
Muchos son los casos de linchamiento social. Uno en tiempos de pandemia del Covid 19 fue el de dos comensales que agredieron a empleados y se negaron a usar tapabocas en una pizzería. Fueron grabados, linchados en redes y apodados Lady y Lord pizza.
Una avalancha terrible
La sociedad trata de autoregularse y hacerse justicia partir de los linchamientos digitales, porque el Estado “carece o está rebasado en sus facultades”. Desde esa perspectiva es benéfico. No lo es, subraya Hurtado Razo, cuando el poder digital es usado para linchar a inocentes.
Un linchamiento digital es como una bola de nieve que empieza con un comentario, una fotografía, una grabación o un video que se origina y viraliza en las redes sociales. Luego migra a otros espacios: portales web, medios de comunicación digitales y tradicionales. “Y se hace una avalancha terrible”.
El 15 de septiembre de 2019, una empleada de Interjet publicó en sus redes que, para acabar con el nuevo gobierno, desde la aeronave se debería aventar una bomba en el Zócalo.
Una captura de pantalla de ese mensaje se publicó y viralizó en otra red social. A la empleada le costó el trabajo y la empresa ofreció una disculpa al presidente Andrés Manuel López Obrador y a sus seguidores.
A veces un linchamiento digital puede convertirse en linchamiento físico. En Puebla, vía WhatsApp se corrió la voz de que dos secuestradores de niños habían llegado a Ajalpan. Del rumor se pasó a la violencia. Una turba los agredió y finalmente la policía no pudo impedir que fueran quemados dos inocentes. Eran dos encuestadores recopilando datos sobre nutrición en niños basada en el consumo de tortilla.
Bots linchadores
Todos estamos expuestos a ser víctima de un linchamiento digital por una foto, un video o por un comentario coyuntural o antiguo, señala Hurtado Razo.
Y no hay —agrega el investigador de la FCPyS— una red más proclive al linchamiento. Puede iniciar en cualquiera: Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp, YouTube, Tik Tok. Pero en dos de ellas se viraliza más rápido. Twitter y Tik Tok (con su formato de videos cortos) contaminan rápidamente a otras redes.
Las fake news (información falsa que se hace pasar por verdadera) van de la mano del linchamiento digital y se crean para acusar y desprestigiar a un actor, una empresa, una institución o un gobierno.
Hay toda una industria de la desinformación. Son empresas que generan fake news y son contratadas para que con sus bots (ejército de cuentas automatizadas) manipulen a la opinión pública a conveniencia de sus contratantes.
Un caso emblemático sucedió en 2020. En México circuló una fake news en video para convencer a la ciudadanía de que no existía el Covid 19 y que los médicos estaban matando a los pacientes para sacarles el líquido de las rodillas y hacerse millonarios.
Su objetivo fue linchar a tres actores: al gobierno por su estrategia nacional para mitigar la propagación del SARS-CoV2, al personal médico de los hospitales y al subsecretario de salud Hugo López Gatell.
Del linchamiento digital se pasó al físico. México fue uno de los tres países (Brasil y Turquía) donde la gente agredió a personal médico. En la calle, médicos y enfermeras fueron agredidos: les rociaban cloro.
Hoy en día, desde los órganos de poder político también se orquestan linchamientos digitales contra actores políticos, medios de comunicación, instituciones, líderes, luchadores sociales, ONGs, etcétera.
Por ejemplo, cuando un discurso tiene una fuerte carga emotiva, no falta quien rescate esa narrativa en redes para comenzar un linchamiento contra diversos actores políticos, económicos y sociales. O incluso contra el mismo autor del discurso.
Se ha exigido a Facebook y a las otras redes sociales que bajen cuentas que difunden fake news, que incitan al odio y a la discriminación, pero no lo hacen por dos principios que se debaten a nivel internacional: el derecho a la información y la libertad de expresión.
Si se censuran ese derecho y esa libertad, se violenta también el derecho de terceros a consumir la información. Aunque más exigente ahora, Facebook mantiene su argumento de no privar a la gente de esas libertades.
Como a nivel legal no se “puede hacer gran cosa” ya que sería una intromisión en la vida privada de Facebook, Instagram, Twitter… “que no están bajo el servicio público como otros medios”, sólo se puede exhortar a esas empresas para que modifiquen sus políticas.
Mientras eso no ocurra, asegura el doctor Hurtado Razo, la ciudadanía y cualquier empresa, institución y gobierno “estamos indefensos” ante los linchamientos digitales.
“Durante la pandemia, los médicos sentimos miedo, no sólo de contagiarnos y morir, lo peor era pensar que podíamos llevar el virus a nuestros seres queridos. Sin embargo, no podíamos flaquear o echarnos para atrás, por mucho que temiéramos a lo desconocido”, dijo Adolfo Basaldúa, médico adscrito al Hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE y al Hospital Regional 72 del IMSS.
Cuando empezó la pandemia ningún hospital estaba preparado para lo que se vendría. Los primeros casos de COVID-19 se dieron a finales de febrero del 2020. Se trataba de pacientes que llegaban a urgencias por otro padecimiento y desarrollaban rápidamente un cuadro respiratorio fuera de lo normal.
A veces los enfermos no eran valorados adecuadamente y subían a piso con una fase inicial o con un cuadro que no mostraba síntomas o signos de enfermedad, pero más tarde revelaban que se trataba de COVID-19. “Pedíamos una radiografía y antes de realizar todos los estudios ya teníamos que entubar al paciente”.
Mientras estas personas estaban en un área no preparada para el virus del SARS-CoV-2 tenían contacto con todo el personal de salud, desde médicos, camilleros, enfermeras, residentes y hasta personal de limpieza y de cocina.
“Este fue el inicio de cómo se propagó la enfermedad de forma interna, porque eran pacientes que no teníamos considerados como fuente de infección”, recordó el médico egresado de la UNAM, internista, geriatra y certificado en urgencias. Afortunadamente esta etapa duró poco.
En varias ocasiones, el médico atendió a personas por tres o cuatro semanas, dio todo su esfuerzo para salvarlas, pero al llegar por la mañana no las encontraba en su cama. Al preguntar qué había pasado era duro escuchar que había fallecido la noche anterior. “Aunque uno se pare de cabeza, a veces no se puede”. Afortunadamente también lograron sacar adelante a muchas otras personas.
Durante el proceso, varios médicos y residentes se contagiaron de coronavirus, algunos salieron bien librados, pero otros no tuvieron la misma suerte. Adolfo recordó que entre ellos se fue su amigo de años con quien trabajaba en el ISSSTE todos los sábados. Fue muy duro despedirse de él.
Me insultaron porque no creían en la COVID
Para entrar al área de COVID-19 los médicos deben protegerse con un equipo especial, desde su overol, guantes, cubrebocas, goggles, careta, etc. Y cuando lo usan pueden alcanzar una temperatura de hasta 55 o 57 grados. “Es bastante incómodo”.
Cada día Adolfo salía aproximadamente a las 12 o 1 para informar a los familiares sobre el estado de sus pacientes y su pijama quirúrgica estaba completamente bañada por el sudor. Realizaban un fuerte proceso de desinfección para no correr riesgos y contagiar a otros.
Fueron momentos muy difíciles, porque incluso las personas que tenían a sus familiares internados en estado grave no creían en el virus. “Muchas veces nos insultaban y nos decían que éramos cómplices del gobierno. Parecía increíble y también era desgastante”.
En ocasiones, Adolfo comentaba con sus conocidos sobre el virus, y le respondían: “no es para tanto, estás exagerando”. Poco a poco la gente fue entendiendo, pero recuerda que fue un proceso complicado.
En una ocasión el doctor salía de su guardia el domingo por la mañana y pensó en llevar el desayuno a su esposa e hijos. Cuando llegó al sitio para formarse la gente presente lo observó detenidamente.
“Me miraron como diciendo: ¿pretende formarse aquí? Entonces me dije: ¡ups! Vengo en pijama quirúrgica, no estoy vestido adecuadamente”. Pensó que no era prudente y se retiró.
El momento más difícil
Para Adolfo, uno de los momentos más difíciles fue que durante la pandemia su hija que actualmente tiene 8 años necesitaba una operación porque sufre un problema de las vías respiratorias.
La doctora que operaría a su hija le pidió aislarse por unos días, así que Adolfo tendría que buscar hospedaje en un hotel. Cuando el personal se enteró que es médico y atiende COVID-19 le negaron la entrada. Su esposa molesta publicó lo ocurrido en las redes sociales y mucha gente lo apoyó. Hasta que la noticia llegó a los altos directivos de la cadena del hotel y le permitieron hospedarse.
A casi dos años de haber surgido el virus, Adolfo espera que ni la humanidad ni el equipo de salud tengan que volver a vivir algo parecido.
No creía en el COVID y falleció
Apenas hace unos días, la médica Claudia González recibió una paciente embarazada de 22 semanas y contagiada de COVID-19. La joven no creía que la enfermedad existiera, así que decidió no vacunarse. Cuando se sintió grave la internaron en el hospital. Aunque la doctora hizo todo lo que pudo, falleció el producto y cinco días después la madre.
Claudia es una médica anestesióloga que labora en el Hospital Materno Perinatal Mónica Pretelini Sáenz, en el área de terapia intensiva. Le ha tocado atender a varias mujeres embarazadas con esta enfermedad y menciona que lo más difícil es ver morir a alguien. “Entre la cama y el ventilador hay un ser humano”.
“Cuando una mujer esta embarazada las defensas disminuyen y el virus es más fuerte, entonces se complica el proceso y es más difícil que la paciente salga adelante”.
De las situaciones más complicadas que le tocó fue atender a sus propios colegas que resultaron contagiados. “Ver a tu compañero enfermo, entubarlo, dormirlo, manejar sus pulmones y que al final mueran ha sido muy duro”.
En su área, recibieron a cuatro integrantes del hospital, de los cuales fallecieron tres. La cuarta persona luchó contra el virus durante tres meses, salió de la enfermedad, pero quedó con secuelas.
Es preocupante saber que los contagios continúan por varias razones. “Tenemos la información para protegernos y hay personas que no desean vacunarse, y ponen pretextos como se me hizo tarde, la fila estaba muy larga o porque simplemente no quieren y no es justo, porque esto nos afecta a todos”.
Incluso, en el hospital donde Claudia labora existen un par de médicos que, a pesar de toda la información, no creen en la enfermedad del virus del SARS-CoV-2. Algo que le parece increíble, pero pasa.
El inicio
A finales de febrero y principios de marzo del 2020, llegaron los primeros casos de COVID-19 al Hospital Materno Perinatal Mónica Pretelini Sáenz. Claudia sintió miedo porque se trataba de un virus del cual no existía mucha información.
Constantemente veía videos en Internet de cómo protegerse y aunque les llegó el equipo adecuado cada día surgía la pregunta: ¿me voy a contagiar?, ¿qué debo hacer para protegerme?
El miedo continuaba al ver a varios pacientes, que después de ingresar a terapia intensiva, morían a los dos o tres días. “Al final tienes que controlarte porque debes manejar a un ser humano, y bueno ya son muchos años de experiencia de trabajo en área médica”.
Hasta el momento la doctora Claudia no se ha contagiado, no sabe si ha sido suerte o porque se ha cuidado, pero lo considera una fortuna.
Uno de los obstáculos a los que se enfrentaron los médicos fue el material de protección de cada día, que en varias ocasiones escaseó en el hospital. Para resolver la situación “nosotros hemos tenido que realizar los gastos, que hasta el momento ascienden más o menos a 30 o 40 mil pesos y la cifra continúa en aumento”.
Tan solo el cubre bocas N95 tiene un costo de 450 pesos y sólo les dura un turno de ocho horas, después deben desecharlo. Es un gasto excesivo que deben realizar para protegerse.
La discriminación
Por ser médica que atiende COVID-19 la gente la ha rechazado, ella misma dice que no querían hablarle y menos tocarla. Cuando sus vecinos la han encontrado lo primero que le dicen es: “ni te me acerques”.
La situación se ha externado hasta en el mismo hospital. Por ejemplo, cuando acudía al sanitario y las demás notaban su presencia salían para no compartir el mismo espacio. Ella pensaba: “Bueno, tengo el baño para mi solita”. Pero a Claudia no le ha afectado porque piensa que finalmente a las personas les gana el miedo por la enfermedad.
Agradecemos a Grupo CIE por el material audiovisual donado de la Unidad Temporal COVID-19 del Centro Citibanamex, así como al Hospital General del ISSSTE Tláhuac por invariables facilidades para realizar el registro audiovisual de esta cápsula.
Pumas de Ciudad Universitaria agregó un ingrediente especial en su preparación rumbo al inicio de la temporada de Liga Mayor de la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (Onefa) el próximo 6 de noviembre, cuando visite a Borregos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus Guadalajara, en lo que será el regreso de la competencia estudiantil de este deporte en el país, luego de un año de pausa por la pandemia ocasionada por la Covid-19.
Ahora los auriazules cuentan con sesiones de yoga entre sus entrenamientos, como parte del proyecto que tiene la Asociación Deportiva de Yoga de la UNAM (AYUNAM) para inculcar la práctica de esta disciplina en todos los equipos representativos de esta casa de estudios, con la intención de mejorar la concentración, disminuir estrés, aminorar lesiones y aumentar la capacidad pulmonar de cada uno de sus integrantes al trabajar una respiración consciente.
Ana Laura Valdez Espinosa, presidenta de la AYUNAM, y Mariana Edith Ramírez Reyes, secretaria de la misma, encabezaron la primera de estas prácticas específicas, luego del partido conmemorativo por los 75 años del estadio Ciudad de los Deportes, en el que los felinos derrotaron a los Aguiluchos del Heroico Colegio Militar con marcador de 31-6.
“Al hacer yoga pude tranquilizarme. Siempre tenemos la mente llena de pendientes y esto me dio un respiro, me fui un poco de este mundo, me di cuenta de que nuestro cuerpo es como una máquina biológica y tenemos que darle ese agradecimiento por lo que nos permite hacer. Algunos estiramientos son algo complicados porque no estamos habituados a su práctica, pero disfruté todo lo que hicimos”, expresó José María Mancera Blanco, alumno de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, y linebacker del equipo auriazul.
Ana Laura Valdez destacó que en el yoga no se compite, sino que es una disciplina espiritual e introspectiva. “Justo ahí damos un giro a lo que ellos acostumbran. Buscamos que sincronicen la respiración con su movimiento, que sientan su cuerpo, que sean conscientes de cada uno de sus movimientos. Hacemos ejercicios mucho más profundos, entonces hay beneficios emocionales porque en las aperturas de pecho hay una descarga emocional”.
Julio Bernardo García Cabrera, de la Facultad de Contaduría y Administración, y liniero ofensivo de Pumas CU, con 1.87 de estatura y 123 kilogramos de peso, dijo sentir múltiples beneficios en su físico tras la primera práctica de yoga. “La parte de estirar espalda baja fue lo que más me gustó por la sensación que tuve, aunque también fue la que más trabajo me costó. En lo personal tenía un dolor en la espalda baja que disminuyó bastante. El yoga nos ayudará a ser mejores atletas, a evitar lesiones y a tener una mejor elasticidad”.
La primera práctica de yoga consistió en una meditación de apertura para relajar, la enseñanza de la secuencia del saludo al sol, cuyas posturas eran supervisadas por las especialistas, ejercicios en parejas y equipos de tres, y otra meditación de salida en la cual se enseñó a conectar cuerpo y mente a través de la respiración.
“Lo importante es la constancia que le pongan a sus ejercicios para que logren esa flexibilidad que se busca. Los sentí contentos por hacer algo diferente, las sensaciones en general fueron positivas y en las próximas sesiones haremos trabajos más focalizados en objetivos específicos”, detalló Mariana Ramírez.
La UNAM, por medio del Programa Universitario de Investigación en Salud, llevó a cabo el Seminario Permanente de Bioética para hablar de la inteligencia artificial. Jorge Linares Salgado, académico de la Facultad de Filosofía y Letras, aseveró que en el futuro habrá una tensión entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial (IA), ya que artefactos o sistemas diseñados por ingenieros podrían alcanzar autonomía en un momento dado y la cuestión es si la ética los considerará como personas artificiales, así como si se les debe temer sobre todo por su capacidad cognitiva.
“¿Qué pasará con la inteligencia artificial si llega a ser cierto lo que algunos autores piensan acerca de que mediante un conjunto de máquinas surgirá, como por arte de magia, una especie de súper consciencia y aparezca un nuevo tipo de inteligencia más efectiva y precisa que la humana?”, cuestionó.
El objetivo central de la IA, afirmó, es ayudar al ser humano a tomar decisiones (buenas o malas), ya que este las realiza con mucha información y con sesgos a comparación de otras especies, por eso suelen tener una connotación emocional importante. Este apoyo de las máquinas, dijo, hará que las personas dependan aún más de ellas y por tanto, al no ejercitar la memoria serán menos hábiles.
“Tenemos que revisar qué tipo de decisiones podrían realizar robots, quizá las técnicas sí pero las médicas, jurídicas o políticas no, porque si en algo consiste la inteligencia humana es en la liberación política, son determinaciones contextualizadas en situación de incertidumbre, y a veces inéditas y, para ello, tendríamos que mostrarles a las máquinas cómo decidir con base en mucha información previa”, mencionó.
De acuerdo con Carlos Gershenson García, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, hay ciertas implicaciones de la IA que generan más confianza en las personas, como aplicaciones que recomiendan qué libros leer, con quién tener una cita romántica, o qué película ver; en ese tipo de casos, se les delega a los algoritmos una toma de decisión.
“Dependemos de la tecnología y ésta de nosotros, la finalidad es interactuar con ella y más que competir complementarnos. Toda IA que hemos desarrollado nos permite hacer más de lo que podían hacer quienes nos antecedieron; nuestras capacidades cognitivas hoy han aumentado de manera exponencial, lo que nos permite tomar el control de nuestro entorno, asegurar el futuro y hasta cometer errores que ahora podrían afectar al planeta entero”, destacó.
Si estas tecnologías se usan para beneficiar a la mayoría de la población, aclaró, entonces se resolverían problemas globales que podrían disminuir en los próximos años la desigualdad y otras situaciones sociales, como la emancipación o la esclavitud.
Al respecto, Linares Salgado comentó que Aristóteles hace casi 24 siglos consideró que no era necesario el uso de máquinas automáticas porque siempre habrá gente que se pueda esclavizar. Mencionó que la palabra robot en checo es esclavo, lo que significa que los artefactos tecnológicos se generaron con esta idea de obedecer al ser humano.
“De esta manera, las máquinas pueden convertirse en nuevos sujetos intencionales ya programados por sujetos igualmente inteligentes por naturaleza, y por esto es que pensamos que la IA no se exenta de errores, aunque pueden corregirse para ayudar a mejorar las tecnologías”, dijo.
Brenda Terrazas tiene tatuado en la pierna derecha un buzo atrapado en una botella. “Me encanta bucear, me encanta el mar”, cuenta en entrevista con Gaceta UNAM. Estudió la maestría en Ciencias del Mar y Limnología, y como la mayor parte del trabajo lo hace en el laboratorio, se siente como ese buzo, encerrada en una botella, pensando en el mar.
Se hizo su primer tatuaje a los 23 años, el del hombro derecho, son imágenes de Antoni Gaudí. Desde que era niña quería tener tatuajes.
A Brenda la han mirado feo más por su forma de vestir que por los tatuajes. “La mayoría de los comentarios negativos los escuchas de gente mayor. Una amiga de su mamá le dijo: los tatuajes se los hacen los pandilleros. Yo le contesté: pero tienes tatuadas las cejas ¿no?, te delineaste los ojos, los labios. Cada quien hace con su cuerpo lo que quiere”. Las tías también lanzaron sus indirectas: que si eres pandillero, que así no vas a conseguir trabajo, qué vas a hacer cuando estés vieja, qué le vas a decir a tus hijos. “Son ataques fáciles de ignorar”. El más fuerte vino de su hermano: pareces puerta de pulquería.
Erik
Ya está tatuado, ese era el estigma, que era rebelde
Hugo Maguey
Me tatué por primera vez cuando iba a cumplir 18 años, hace 20 años. Antes los estudios no estaban tan controlados, no tenían tanto registro ni requerían que fueras mayor de edad.
No tuve broncas en mi casa, cuenta Erik, porque lo primero que me tatué fue el hombro, y ya vivía solo desde los 16 años. Cuando mi mamá me vio, sólo me dijo: ya te tatuaste. Algo importante es que siempre me tatué en estudio, nunca en la calle, así que en el escuela me veían como rebelde, la expresión era “ya está tatuado”, ese era el estigma, que era rebelde, porque además fue cuando empecé a perforarme, a dejarme el cabello largo.
La gente te veía raro, siempre pensaban que no estudiabas, que no trabajabas, que eras un bueno para nada, por la imagen de rockero, cabello largo, perforado, tatuaje, “seguro es un malandro”.
Fotos: Erik Hubbard.
Muchas personas mayores, de arriba de 50, aún te ven feo, pero para los más jóvenes es algo normal, hasta parece competencia. Antes se tatuaban estampas, cosas pequeñas, ahora son mangas completas, con colores muy saturados. También aparecieron tribales, nueva escuela, los tatuajes japoneses. Cada vez queremos algo más llamativo, para que te volteen a ver.
Otro estigma era el de hacerte un mal permanente, que ya no podrías donar sangre, no te iban a dar trabajo, o qué le vas a decir a tus hijos, qué vas a hacer cuando ya estés viejito y ya se vean feos.
Aún tengo planes para tatuarme, una de las ventajas es que ya es menos doloroso, antes dependía mucho del tatuador, si te dolía mucho o no. Las máquinas son más ligeras. Lo malo es que ahora quieres tatuarte más, y a veces también la economía te detiene, antes era más barato, ahora una sesión no baja de 3 mil 500 pesos para un tatuaje sencillo.
Hay que romper con la división del trabajo clásico
¿Qué pasaría si las mujeres renunciaran al trabajo doméstico y a los cuidados familiares, como presunta función natural?, no sólo se desmantelaría el bienestar social, sino que habría una gran afectación al ámbito económico, por lo que estas actividades deben ser valoradas y reconocidas.
Así lo planteó Juana Martínez Reséndiz, urbanista de la UNAM, al dictar la conferencia El Desarrollo Urbano desde el Cuidado, quien dejó en claro que, al visibilizar esta actividad, “empezamos a romper con esa división del trabajo clásico que se planteaba desde el siglo XVIII”.
En la sala virtual del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, Martínez Reséndiz mencionó que la economía de cuidado ha hecho visibles desigualdades de género que inician desde el territorio.
“No sólo ocurre en los niveles social y cultural, sino que esta desigualdad se territorializa, se toca, se observa; por ejemplo, las mujeres durante esta pandemia fueron el sector que se desincorporó al mercado laboral para atender las necesidades del confinamiento, como el cuidado”, dijo.
Los espacios citadinos, continuó, fueron construidos a partir de las necesidades de los hombres, “que salían de casa para obtener recursos y ser proveedores”, por lo que se debe incorporar la categoría de género en el cuidado y desarrollo urbano para hacer ciudades más equitativas.
“La planeación de las ciudades ha sido hecha por hombres. Crearon espacios urbanos que se ajustaban a sus necesidades, lo que refleja y perpetúa las normas patriarcales. Es decir, una sociedad que designaba a los hombres como los que llevaban el pan a casa, y a las mujeres como cuidadoras, relegadas al ámbito del hogar y privadas de los recursos de la tierra”, explicó.
La movilidad, por ejemplo, es también de estos espacios públicos con poca o nula luz, sin baños, inseguros, riesgosos, y esto no pasa únicamente en México, sino en toda América Latina.
Pobreza de tiempo
Según un informe de la ONU-Hábitat, citado por la académica universitaria, Género y la Prosperidad de las Ciudades, se menciona que en las ciudades son las mujeres quienes experimentan pobreza de tiempo, debido a la insuficiencia de servicios urbanos.
Esa “pobreza”, señaló, se refiere a la carencia de tiempo adecuado, de mujeres que laboran en exceso o que no tienen los recursos humanos suficientes para cubrir sus requerimientos de trabajo doméstico, incluido el cuidado de menores.
“Lo anterior, además, tiene como consecuencia la desatención o abandono de otras actividades como el estudio, la convivencia familiar o el tiempo libre en general”, apuntó.
Muchas mujeres, incluso tienen que invertir su dinero en valores básicos, como agua potable, servicios que tendrían que estar ya dotados de una manera más organizada por las mismas autoridades, sobre todo en la periferia de las ciudades.
Por todo ello, invisibilizar a las mujeres ha generado que los entornos urbanos se conviertan tanto en productos como en impulsores de los roles y desigualdades de género propias del patriarcado, donde los espacios laborales quedan separados de las viviendas y se da prioridad a la movilidad de los hombres trabajadores sobre la de las mujeres.
Las mujeres, niñas y las minorías de América Latina y el Caribe viven en ciudades hechas por y para hombres, por lo que, finalizó, aún queda impulsar la planeación y diseño urbano con perspectiva de género y adoptar los principios del diseño universal para promover entornos construidos que cubran las necesidades de todas las personas que los quieran usar, independientemente de la edad, capacidades, etnia, raza, clase, sexualidad e identidad de género.
Para Javier Santaolalla, divulgador de la ciencia, México es como su segunda casa y en la UNAM tiene muy buenos amigos. Se ha presentado varias veces en la Fiesta de las Ciencias y las Humanidades y confiesa que sus científicos favoritos de esta Universidad son Miguel Alcubierre y Julieta Fierro. “No hay nada mejor que pasarme por ahí y en particular por la UNAM”.
Cada que visita México afirma que es recibido con un cariño increíble, supera sus expectativas. “Siempre que voy me cuesta mucho volverme a España, acabo llorando y con nostalgia, pero con recuerdos muy bonitos, me quedo con la gente que es espectacular, recibo muchos abrazos y por supuesto los tacos son deliciosos”.
En varias ocasiones, Santaolalla ha podido compartir con Miguel Alcubierre y se siente privilegiado, como si estuviera con Paul Dirac o Albert Einstein. El próximo 21 de octubre estará en una charla con el astrofísico autor de la métrica de Alcubierre para hablar sobre diferentes aspectos del Universo.
Sobre Julieta Fierro afirma que ha seguido su trabajo y le parece espectacular todo lo que hace. Ella es un ejemplo de cómo una investigadora puede divulgar la ciencia y realizar un trabajo maravilloso.
Cómo inició en la ciencia
Cuando era pequeño, Javier Santaolalla miraba el cielo y tantas estrellas le parecían algo espectacular, era como tener una ventana al Universo. Desde entonces se apasionó por esa parte de la física que es la astronomía.
Dedicarse a la ciencia no fue una decisión que tomó de forma puntual sino más bien de forma gradual. Antes le pasaron varias ideas por su cabeza, como ser actor. Pero un día se dijo: “parece ser que esto de la ciencia me gusta mucho”.
A los 17 años de edad inició sus estudios en ingeniería, pero reconoce que en esa época estaba “un poquito perdido en la vida” y no le interesaba mucho estudiar. Sin embargo, se le daban muy bien los cálculos, las matemáticas y la física, así pensó que con una ingeniería tendría un buen trabajo y además sería una carrera fácil de cursar.’
“La hice sin verdadera pasión, pero luego descubrí la física y me di cuenta que podría trabajar en algo que no solamente fuera remunerado, sino que también me apasionara. En ese momento decidí ser físico”.
La física le encanta porque al contrario de lo que se enseña en el colegio, no sólo se encarga de estudiar las cosas que ya se saben, cómo hacer un barco o un puente, sino que también trata de explicar los misterios del Universo, aspectos de los que nadie sabe la respuesta.
Para Santaolalla, la física trata sobre el verdadero conocimiento humano, donde nadie nunca ha llegado y por eso es especial. No son cosas sabidas o comprobadas como en otras ramas del conocimiento, estudia aspectos que realmente nadie sabe. “Eso para mí tiene un atractivo muy bonito que es el misterio”.
Sus proyectos
Actualmente Javier se encuentra con varios proyectos. Dejó de ser youtuber para enfocar su tiempo en otros retos. “Renové ilusiones, empecé de cero a probar cosas nuevas y muy locas”.
Entre ellas, Santaolalla hizo un documental llamado “La última frontera”, una miniserie de cuatro capítulos creado para Televisión Española donde se explican cómo convertirse en un astronauta.
El divulgador de la ciencia habla con varios expertos de diferentes áreas del conocimiento: astronomía, física, cosmología y hasta la biología, que es la vida del Universo, narra sobre las estrellas y qué siente un astronauta al viajar por el espacio.
Por supuesto, no podía faltar la ingeniería que engloba a los cohetes y las máquinas del futuro. El documental estará disponible en noviembre y podrá verse desde cualquier parte a través del internet.
También trabaja en una canción junto con un grupo muy famoso de España y habla sobre el Universo, y se unió a una plataforma de educación llamada Amautas donde existen varios cursos disponibles.
Pero su mayor proyecto es ser astronauta. “Lo veo muy difícil pero la vida también consiste en arriesgarse, asomarse al abismo y saltar. Yo he saltado con muchas ganas de hacer cosas nuevas”. Con estos proyectos, Santaolalla confiesa sentirse muy ilusionado y espera que sus seguidores lo descubran y tengan muchas ganas de verlas.
El divulgador de la ciencia continua en sus redes sociales, así que no ha dejado de hacer lo que más le gusta: contar la ciencia. “Espero sigamos pasándonos en el camino”.
La Orquesta Filarmónica de la UNAM regresó a la Sala Nezahualcóyotl para abrir su Temporada Virtual Otoño 2021, conformada por nueve programas que serán transmitidos en vivo a través de las plataformas digitales de Música UNAM y por TV UNAM.
El primer concierto se realizó el domingo 10 de octubre y el último será el 5 de diciembre, todos en punto de las doce del día y con una dotación orquestal reducida, lo que implica ofrecer programas de música de cámara y la inclusión de arreglos de obras originalmente pensadas para dotaciones mayores.
En esta temporada sui géneris se presentarán obras de Mahler, Stravinski, Prokofiev, Shostakovich y Copland; Haydn y Mozart tendrán una presencia muy significativa, y también formará parte de la programación el repertorio de música mexicana del siglo XX y contemporáneo.
Los directores huéspedes invitados son Iván López Reynoso, Luis Manuel Sánchez, Rodrigo Sierra Moncayo, Ludwig Carrasco y Juan Carlos Lomónaco, así como el francés Gaétan Kuchta, el español José Luis Castillo y el cubano Iván del Prado, residentes en México.
Destaca el cuarto programa de la temporada, el concierto fijado para el domingo 31 de octubre, que estará dedicado a recordar a las víctimas de la pandemia de Covid-19. Se interpretará la pieza Canticum sacrum, de Ana Lara, así como obras de Shostakovich y Copland.
El programa completo de esta Temporada Virtual de Otoño, que se transmitirá en vivo desde la Sala Nezahualcóyotl, se puede consultar en la página musica.unam.mx. La asistencia del público se reanudará cuando las condiciones sanitarias y los lineamientos universitarios lo permitan, lo que se anunciará oportunamente.
Se pensaba en el japonés Haruki Murakami, el español Javier Marías y la canadiense Anne Carson, entre otros; pero, una vez más, la Academia Sueca sorprendió al mundo entero, designando al tanzano Abdulrazak Gurnah como el merecedor del Premio Nobel de Literatura 2021.
“Todos apostaban por otros autores. Nadie se lo esperaba. Gurnah no estaba en el radar de los posibles ganadores de este premio. Con todo, ha sido una sorpresa grata, sobre todo porque los temas que aborda este escritor están muy calientes en este momento: el colonialismo, el poscolonialismo y la migración”, dice Mario Murgia, profesor de la carrera de Letras Inglesas en el Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
En la década de los años 60 del siglo pasado, Gurnah, quien nació en Zanzíbar, Tanzania, el 20 de diciembre de 1948, huyó de su país para escapar de la persecución de ciudadanos árabes emprendida por el gobierno y se exilió en Inglaterra, donde comenzó su carrera literaria escribiendo en inglés.
“Claramente, la Academia Sueca tuvo en consideración estas circunstancias, que resuenan mucho en nuestros tiempos, para dirigir su atención a Gurnah y otorgarle el Premio Nobel de Literatura”, señala Murgia.
Narrativa directa y evocativa
En 2012, Difusión Cultural de la UNAM publicó en dos tomos, bajo la coordinación de Charlotte Broad, la antología Todos cuentan: narrativa africana contemporánea (1960-2003), en la que aparece el cuento, “Mandón”, de Gurnah, traducido por Murgia.
“Yo conocía la obra de Gurnah desde antes y propuse traducir ese cuento en particular, porque me parecía que era una excelente puerta de entrada a su estilo y a los temas que le ocupan.”
De acuerdo con Murgia, la narrativa de Gurnah es directa y evocativa, pero también propositiva desde el punto de vista tanto temático como estético.
“Además de estar muy consciente de los temas políticos que le conciernen, Gurnah lo está de las posibilidades de la lengua inglesa. En este sentido es un autor que tiene como preocupación principal el aspecto estético de su escritura, de sus estructuras narrativas; es muy cuidadoso en términos de hechura literaria”, añade.
Tres novelas en español
Hasta la fecha únicamente hay tres novelas de Gurnah traducidas al español y publicadas por editoriales españolas ya desaparecidas: Paraíso (El Aleph, 1997), Precario silencio (El Aleph, 1998) y En la orilla (Poliedro, 2003).
Acerca de este punto, el profesor universitario comenta: “No tenemos que preocuparnos en cuanto al alcance de Gurnah en español, pues el mes que entra seguramente habrá al menos dos o tres novelas más de él traducidas a nuestro idioma. Por lo que a mí se refiere, no había contemplado traducir otra de sus obras, pero pronto podría haber una propuesta. Espero. Ojalá.”
Murgia no conoce en persona a Gurnah. El único contacto que ha tenido con él fue justamente cuando se tramitaron los permisos y las autorizaciones para traducir y publicar su cuento “Mandón” en la antología Todos cuentan: narrativa africana contemporánea (1960-2003).
“Sin embargo, he de decir que fue uno de los autores que más generosos se portaron con nosotros a la hora de otorgar dichos permisos y autorizaciones.”
En opinión de Murgia, el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura a Gurnah es un buen pretexto para acercarse a su escritura, por lo que quizás habría que reeditar la mencionada antología, la cual resulta placentera y ofrece varias perspectivas de la literatura africana contemporánea, en especial del género cuentístico.
La trayectoria profesional de Sergio Vázquez Lemus, actuario egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM, maestro en estadística por la Universidad de Florida y especializado en Ciencia de Datos por Harvard Extension School, empezó con su estadía en la Universidad de Miami, —en el área de Investigación Institucional— donde aplicó sus conocimientos de estadística en la elaboración de modelos predictivos, análisis estadísticos, programación con macros SAS y la preparación de bases de datos para rankear a las Universidades.
Continuó en la empresa Citi Bank, en la oficina regional de Latinoamérica y El Caribe, donde en el área de riesgo de crédito realizó validaciones de modelos de riesgo apoyado en probabilidad y estadística y simuló modelos predictivos para medir el impacto de pérdidas potenciales para el banco.
Actualmente, es director responsable de Consultoría Analítica y Ciencia de Datos para la red comercial de pagos electrónicos Visa, área que ofrece servicios de consultoría, gestiona la cartera y formula estrategias de pagos para impulsar el crecimiento y la rentabilidad de un negocio.
Vázquez Lemus descubrió su vocación por las matemáticas después de realizar una prueba de aptitudes en el bachillerato. “Las matemáticas al llegar a la carrera es un shock, pero mi recomendación es que no desistan“, dijo durante su participación en la plática virtual La vida Después de la Fac, organizada por la Facultad de Ciencias de la UNAM.
“Yo creo que el talento en México existe, claramente la Universidad y la Facultad de Ciencias tienen muchísimo talento y para aquellos estudiantes que les interese después salir al extranjero y hacer una maestría les recomiendo busquen todo ese tipo de oportunidades que a veces no se promueven mucho”, añadió en la transmisión que realizó la Secretaria de Vinculación de la Facultad de Ciencias con la intención de acercar la experiencia de sus egresados en el ámbito laboral con los estudiantes.
Detalló que la Ciencia de Datos es la intersección entre diferentes disciplinas, por un lado las ciencias de la computación, por otro las matemáticas, la estadística y el conocimiento del negocio, y “en medio está el mundo de la ciencia de datos”.
“Alguien que es bueno en matemáticas y estadística sabe de programación, sabe y entiende el mundo del negocio, él puede ser un buen científico de datos. Aunque no hay una regla que diga que el científico de datos tiene que tener una carrera en estadística o actuaría”.
El Big Data, Machine Learning y Deep Learning forman parte de la Ciencia de Datos, al respecto el universitario explicó que Big Data es un término que describe el gran volumen de datos que inundan a una empresa todos los días y “está en todas partes, Netflix, Facebook, Spotify y Visa”.
El aprendizaje automático o Machine Learning, el subcampo de las ciencias de Inteligencia Artificial (IA) que busca la posibilidad de que las máquinas aprendan de su entorno sin necesidad de ser explícitamente programadas, “es algo que permea nuestras vidas, vivimos como en una nueva Revolución Industrial en donde el petróleo son los datos y toda la maquinaria que permite que esto funcione es el Machine Learning”.
Con respecto al aprendizaje profundo o Deep Learning este imita la forma en que los humanos obtienen cierto tipo de conocimiento “y es lo que está detrás (del documental) AlphaGo”.
Asimismo, el proceso de Data Science empieza cuando se formula una pregunta de interés. Así, se obtienen los datos, se exploran, se entrena y valida un modelo, se visualizan o comunican los resultados y se pasa a una acción. “Tiene que ser algo que ayude a sacarle valor a todo ese aprendizaje que se ha realizado”.
El perfil de un científico de datos comprende cuatro pilares del saber: matemáticas y estadística, lenguajes de programación, conocimiento de negocio y habilidades interpersonales y saber comunicar los resultados a través de visualizaciones.
En la realización de un proyecto para presentar las habilidades a un posible empleador, Vázquez Lemus recomendó resolver el problema con fundamentos teóricos, pero sobre todo, explicar cuál es el resultado que se derivó de esa solución, “porque si no hay esa traducción de los datos, de los números que le interesan al empleador hay una desconexión, puedes ser el mejor científico de datos pero si no puedes explicar de una manera que se entienda no va a servir”.
Por último, exhortó a los estudiantes a que aprovechen todas las oportunidades que brinda la Facultad, profundicen en las materias que sean de su interés y a los que quieren especializarse en estadística a que desarrollen conocimientos que sean útiles para las industrias farmacéutica, la financiera y de producción en general.