Después de plantear la Teoría General de la Relatividad, el mismo Albert Einstein no creía en la existencia de los agujeros negros. Hoy, después de más de un siglo, el Premio Nobel de Física se entrega a dos investigaciones al respecto: Roger Penrose, por el estudio de la formación de agujeros negros, así como a Andrea Ghez y Reinhard Genzel, por la detección del agujero compacto supermasivo en el centro de la Vía Láctea.
Para conocer del tema, la UNAM llevó a cabo una charla virtual con Miguel Alcubierre, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y Sergio de Régules, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC).
En la bienvenida virtual Celia Escamilla Rivera, investigadora del ICN, explicó que los agujeros negros son quizás la consecuencia más extraña de la Teoría de la Relatividad, que describe que todo en el Universo está sujeto a la gravitación.
Penrose
Con respecto a los estudios de Penrose, Miguel Alcubierre dijo que es el primer Nobel otorgado a un trabajo teórico. Los anteriores que tienen que ver con la Teoría General de la Relatividad fueron sobre la observación de un pilar binario en la década de los 90, y más recientemente, por las ondas gravitacionales.
Durante décadas existió un debate sobre la existencia de los agujeros negros, pero fue hasta el trabajo de investigación de Penrose que se demostró teóricamente lo inevitable: estos objetos existen.
“Si tú juntas suficiente materia o energía en una región bastante pequeña se producirá una singularidad en el centro y creará un agujero negro. Penrose lo demostró matemáticamente.”
Ghez y Genzel
Desde la década de los 90, Ghez y Genzel -cada uno por su parte- lideraron un equipo para observar el centro de la Vía Láctea. Ambos detectaron un objeto que parecía ser invisible y pesado, lo orbitaban las estrellas más brillantes de la galaxia, dijo Régules.
Descubrieron que esta masa invisible tiene alrededor de cuatro millones de masas solares comprimidas en una región no más grande que nuestro sistema solar.
¿Qué hace que en el corazón de la Vía Láctea se muevan estrellas a velocidades asombrosas? Según la Teoría General de la Relatividad sólo existe un candidato: un agujero negro supermasivo.
Al respecto, Escamilla resaltó que Andrea Ghez es la cuarta mujer en ganar en esta categoría en la historia de los Nobel. “Ella ha enfatizado en la idea de inspirar a otras mujeres para que incursionen en el campo de la astrofísica y descubran sus placeres.”
La investigación, añadió, se realizó a través del estudio de los rayos infrarrojo, una forma más efectiva para observar el Universo, donde todo esta plagado de polvo interestelar.
Por su parte, Alcubierre mencionó que podría tratarse de un objeto exótico obscuro que no es un agujero negro, pero lo dudamos porque no se nos ocurre que podría ser que no fuera un agujero negro.
“Para los agujeros negros masivos este es pequeño, se trata de cuatro millones de veces la masa del Sol, suena mucho, pero hemos detectado que en el centro de otras galaxias hay objetos mil veces mayores”.
Esta singularidad no es tan monstruosa como las existentes en otras galaxias, que incluso son cuásares y tragan bastante gas. En el proceso se calientan mucho y emiten rayos “X” y “Gama”. Estos últimos se mueven por toda la galaxia y esterilizan cualquier planeta que se encuentre cerca.
El Sistema Solar se encuentra a 30 mil años luz del centro de la Vía Láctea. No obstante, “tenemos que dar gracias a que el agujero negro de nuestra galaxia sea pequeño. Por eso estamos aquí”, concluyó el académico universitario.
El 2020 es un año que ha sido marcado por la repentina transición de todo tipo de actividades académicas y culturales presenciales a su modalidad virtual. Esto ha dibujado un panorama social retador e incierto para el desenvolvimiento personal y profesional en la vida de los estudiantes, académicos y de todos aquellos que colaboran en fortalecimiento del quehacer universitario. Sin embargo, también se han abierto oportunidades de colaboración académica internacional que antes se veían dificultadas por cuestiones geográficas.
En aras de responder a esta impetuosa y vertiginosa dinámica de virtualidad universitaria, la UNAM Sudáfrica pone a disposición de la comunidad universitaria dos propuestas que favorecerán el intercambio académico y cultural entre la UNAM y las Instituciones de Educación Superior Sudafricanas con las cuales nuestra Máxima Casa de Estudios tiene convenios.
La primera de ellas es el Webinario mensual Diálogos Sur – Sur, a través del cual se pretende abordar problemáticas actuales y emergentes, así como temas prioritarios de investigación a nivel mundial desde una perspectiva y postura crítica del Sur Global. Asimismo, se busca promover la interacción y el intercambio de académicos de la UNAM y de distintas instituciones de educación superior sudafricanas en espacios de conversación, reflexión y debate. El seminario se encuentra abierto a todas las áreas del saber, desde las ingenierías y matemáticas, las ciencias físicas, químicas, biológicas y de la salud, hasta las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Finalmente, se busca fortalecer los lazos institucionales entre la UNAM y las Instituciones de Educación Superior con las cuales se tienen convenios en Sudáfrica y en otras regiones geográficas del continente africano y del Medio Oriente.
El proyecto CUCCA, coordinado por el Dr. David Ruiz Guzmán, (responsable cultural de la sede), por su parte se define como una propuesta en la que se reconoce el desarrollo científico y el pensamiento crítico como herramientas fundamentales para afrontar la realidad, así como una oportunidad para fomentar el desarrollo de la cultura y la consciencia. Estas cápsulas de divulgación, pretenden ser un espacio dedicado a las inquietudes que los jóvenes tienen acerca de diversas temáticas científicas, académicas y culturales, y la forma en la que intervienen en el acontecer mundial y cotidiano. El objetivo de este espacio es impulsar la participación del estudiantado, quienes plantearán a investigadores de Nuestra Casa de Estudios sus dudas e inquietudes sobre temas que serán abordados de una manera amena y coloquial. Confiamos que esto permitirá que los jóvenes universitarios vinculen el contenido de las cápsulas con su contexto y realidad como agentes sociales y promotores de valores universitarios.
Con el fin de demostrar que la cotidianeidad no está peleada con la investigación científica, este espacio estará abierto a cualquier tema u opinión que resulten útiles para la vida personal y profesional de la comunidad estudiantil.
En su primera edición de octubre, Diálogos Sur-Sur contará con la presencia magistral de la Dra. Sarah Nuttall, Directora del Wits Institute for Economic and Social Research (WiSER) en Johannesburgo, Sudáfrica. La Dra. Sarah Nuttall es una de las pensadoras Sudafricanas más prominentes e influyentes que, desde la óptica de las ideas de igualdad y diferencias, explora y analiza las posibilidades de vida de los sudafricanos posteriores al apartheid. El evento inaugural se llevará cabo en colaboración con la Cátedra Nelson Mandela de Derechos Humanos, El Programa Universitario de Estudios de Asia y África y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo.
El evento inaugural se llevará a cabo el día 26 de octubre a las 10 am hora de la Ciudad de México con una mesa redonda denominada “Las universidades tras el COVID-19. Conversaciones entre Sudáfrica y México”. Este evento es organizado de forma conjunta con el Programa de Estudios de Asia y África, la Cátedra Mandela, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM, y el Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la Universidad de Witwatersrand (WiSER), Johannesburgo, Sudáfrica. El evento será transmitido en tiempo real en el Facebook Live de la UNAM Sudáfrica. https://www.facebook.com/CEMSUDAFRICA
A manera de preámbulo, en su primera edición, CUCCA contará con la participación del titular de la Cátedra Mandela de Derechos Humanos, el Dr. Jacobo Dayán, quien hablará sobre su trabajo en dicha cátedra con base en la pregunta inicial ¿Qué es la Cátedra Mandela? El Dr. Dayán nos compartirá por qué se denomina así, los orígenes, objetivos, funciones y proyección de esta, al igual que su conexión con la sede en Sudáfrica de la UNAM. El evento se llevará a cabo el 16 de Octubre a las 10 am tiempo de México, y será transmitido también en el Facebook Live de la UNAM Sudáfrica. https://www.facebook.com/CEMSUDAFRICA
La UNAM Sudáfrica refrenda su compromiso institucional para promover el quehacer académico y cultural de la UNAM en el extranjero, y confía que estas dos propuestas académicas y culturales serán de gran interés para la comunidad universitaria, destaca el Dr. Arturo Mendoza Ramos, titular de la Sede, quien invita cordialmente a académicos y estudiantes a que participen e interactúen en estos espacios de conversación.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas considera 17 objetivos tendientes a poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo. México como Estado Miembro ha suscrito estos compromisos. El objetivo 7 plantea energía asequible y no contaminante y la meta 7.2 de dicho objetivo propone: “De aquí a 2030, aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas”.
Atendiendo a estas problemáticas y reconociendo la importancia del análisis geoespacial del potencial energético de los recursos biomásicos en México, el Clúster de Biocombustibles Sólidos (BCS) ha promovido la iniciativa para desarrollar una plataforma geoespacial para la evaluación de dicho potencial.
Esta plataforma busca incluir información sobre la relación entre la oferta de biomasa, su uso final y sus costos asociados, a fin de generar estimaciones robustas y espacialmente explícitas del potencial de los recursos biomásicos para la generación de calor y electricidad.
En la búsqueda de optimizar la oferta y demanda de los recursos biomásicos, ha sido necesario realizar investigación en temas tan variados como el desarrollo de sistemas de manejo multipropósito (principalmente agrícolas y forestales), la búsqueda de especies agrícolas o forestales promisorias y el uso de tecnologías eficientes de conversión de la biomasa en energía, entre otros.
Con estos antecedentes, el Clúster de Biocombustibles Sólidos, en particular, la Línea 1 sobre Oferta y Demanda de Recursos Biomásicos Sólidos, coorganizó junto con la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) y el Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA- UNAM), el Taller Internacional: “Evaluación del aprovechamiento energético de la biomasa. Planteamientos para optimizar los costos de localización de plantas de energía”.
Este taller, se llevó a cabo el 23 y 30 de septiembre de forma virtual y con la participación de más de 30 invitados y especialistas de 9 países (Colombia, Costa Rica, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Panamá y República Dominicana). Entre los participantes se cuentan especialistas en temas de bioenergía, transporte, sistemas de información geográfica, programadores y desarrolladores Web, además de logística.
El objetivo del taller fue conocer y comprender las metodologías existentes para la optimización de costos logísticos en el campo de la bioenergía y convenir los procedimientos para generar una herramienta geoespacial de costos.
El taller contribuirá al desarrollo de una herramienta de optimización de costos que estará alojada en la plataforma web del sistema geoespacial del Clúster de Biocombustibles Sólidos y del Sistema Estadístico y Geográfico para la Evaluación del Potencial Energético de los Recursos Biomásicos de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).
Se espera que la herramienta de cálculo estime, dentro de ciertos rangos de incertidumbre, los costos asociados al transporte, cosecha, carga, descarga y almacenamiento de la biomasa en función de la distancia entre oferta y demanda, y del tipo de recurso biomásico analizado. Además, la herramienta contará con un módulo para la optimización de costos de localización de plantas de transformación y acopio de biomasa.
Para leer la nota conceptual sobre el taller, te invitamos a revisar el siguiente enlace:https://bit.ly/3np6RD1
Para conocer más sobre el trabajo realizado por la línea 1 sobre Oferta y Demanda de Recursos Biomásicos Sólidos, te invitamos a visitar el siguiente enlace: https://bit.ly/36cwuRh
El Dr. Luis Felipe Rodríguez, investigador emérito de la UNAM en el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA), midió la masa del Agujero Negro en el centro de nuestra galaxia antes de que lo hicieran los hoy Premio Nobel. Hoy nos cuenta sobre su trabajo sobre el centro galáctico y su relación con quienes ahora reciben el Premio Nobel de Física 2020 en esta misma área de estudio.
Hace casi medio siglo, a un niño en la Ciudad de México le dio por mirar una gota de agua a través del microscopio. Lo que vio ahí, que no le pareció un líquido contaminado sino una asombrosa diversidad de vida, lo dejó marcado para siempre. Menos mal que esa gota fue de agua sucia, porque la curiosidad que despertó en el niño Molina no se ha agotado todavía, ni siquiera después de que el adulto Mario Molina Pasquel ganara el c junto con Sherwood Rowland y Paul J. Crutzen, en 1995.
La siguiente conversación entre el Premio Nobel de Química mexicano y José Gordon se llevó a cabo en el programa La oveja e l é c t r i c a, revista de ciencia y pensamiento del Canal 22. Mario Molina plantea como la ciencia modeló los daños ecológicos antes de que fueran visibles y se re f i e re al Efecto Mariposa que postula que el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar una tormenta. Igualmente, se puede hablar de c a m b i o s sutiles que permitirían salvar nuestro planeta.
Justo al cumplir 25 años de haber recibido el Premio Nobel de Química 1995, galardón que marcó de manera especial su vida, falleció hoy el Doctor Mario Molina, universitario excepcional que vistió de gloria a la ciencia mexicana y uno de los pocos científicos que han logrado que sus investigaciones se traduzcan en políticas públicas a nivel global.
José Mario Molina Pasquel y Henríquez (Ciudad de México, 1943-2020) fue un ingeniero químico mexicano egresado de la Facultad de Química de la UNAM y destacado por ser uno de los descubridores de las causas del agujero de ozono antártico.
El 10 de diciembre de 1995 se convirtió en el tercer mexicano egresado de la UNAM en recibir el Premio Nobel, por sus investigaciones sobre la química atmosférica y la predicción del adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de ciertos gases industriales, los clorofluorocarbonos (CFCs).
Molina recibió el Nobel ese año junto a su colega de la Universidad de California-Irvine, Frank Sherwood Rowland, y el holandés Paul J. Crutzen.
Como consecuencia, su muy destacada investigación y publicaciones sobre el tema de los CFCs condujeron al Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas, siendo el primer tratado internacional que ha enfrentado con efectividad un problema ambiental de escala global y de origen antropogénico.
El 4 de diciembre de 1995, Molina, Rowland y Crutzen fueron premiados además por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) por su contribución a la protección de la capa de ozono.
A lo largo de su muy exitosa y brillante trayectoria profesional recibió 105 premios, condecoraciones y reconocimientos entre los que se cuentan 39 Doctorados Honoris Causa. Fue miembro de al menos 70 academias científicas, asociaciones de profesionistas, colegios, consejos y comités.
En el ámbito universitario, se desempeñó como profesor, catedrático e investigador en 8 de las más prestigiadas universidades e institutos del mundo, entre las que se destacan la Universidad Nacional Autónoma de México y el Massachussetts Institute of Technology (MIT).
Escribió varios libros y publicó más de alrededor de 200 trabajos especializados. También colaboró con capítulos para al menos 8 libros. Impartió más de 500 conferencias selectas e innumerables pláticas en las que de manera generosa compartió su vasto conocimiento.
Corazón puma
Su larga y productiva carrera en Estados Unidos, Mario Molina siempre mantuvo su corazón en la UNAM, donde fue Doctor Honoris Causa desde 1996 y Profesor Extraordinario a partir de 2014.
Como homenaje, su alma mater, la Facultad de Química de la UNAM, inauguró en 2015 el edificio Mario Molina en la Ciudad Universitaria, un espacio que vincula la investigación entre esa entidad universitaria y la industria.
El edificio fue construido como parte de la celebración de los cien años de la Facultad de Química y está orientado a brindar soluciones a problemas relacionados con la protección ambiental, el uso de la energía y la prevención del cambio climático.
Siempre se mantuvo cerca de su alma mater y estuvo presente en conferencias, congresos y como profesor extraordinario, cargo que combinó con su liderazgo en el Centro Mario Molina para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente.
En Estados Unidos Molina fue asesor del equipo de transición del expresidente Barack Obama para cuestiones del medio ambiente en noviembre de 2008, y desde 2011 fue uno de los 21 científicos que formaron parte del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología de Obama.
Recibió múltiples premios y distinciones, como el Premio Tyler para Logro Ambiental (1983), la NASA Exceptional Scientific Achievement Medal (1989), el ingreso a El Colegio Nacional (2003).
Molina fue uno de los científicos internacionales que ha logrado salir de sus publicaciones científicas para escalar a las decisiones políticas de la ONU en favor del medio ambiente.
Mario Molina falleció hoy, justo en el día exacto en que se anunció a las ganadoras del Premio Nobel de Química 2020, otorgado a las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna.
La Real Academia Sueca de Ciencias reconoció esta mañana con el Nobel de Física 2020 a tres investigadores por revelar la existencia irrefutable del agujero negro supermasivo ubicado en el centro de nuestra galaxia, cuya masa fue medida por el astrónomo mexicano Luis Felipe Rodríguez desde 1978.
El Nobel de Física fue concedido al estudio de “uno de los secretos más oscuros del Universo”, dijo Göran K. Hansson, secretario de la Real Academia Sueca de Ciencias, y a las contribuciones del británico Roger Penrose, junto con los astrónomos Reinhard Genzel, de Alemania, y Andrea Ghez, de Estados Unidos, quien se convirtió así en la cuarta mujer en ser reconocida con el Nobel de Física en la historia de estas preseas.
Se le otorga a Penrose por “descubrir que la formación de un hoyo negro es una robusta predicción de la teoría general de la relatividad”, mientras que a Genzel y Ghez los reconocieron por “el descubrimiento de un objeto compacto supermasivo en el centro de nuestra galaxia”, anunció Hansson.
Para Luis Felipe Rodríguez, esa frase le es bastante familiar. Su tesis con la que obtuvo el grado de doctor en 1978, titulada “Observaciones de las líneas de recombinación de radio del gas ionizado en el centro galáctico”, revelaba, justamente, las primeras señales de la presencia de una fuente supermasiva en el centro de nuestra galaxia.
En ese tiempo no le llamaban agujeros negros simplemente porque había demasiadas dudas de que existiesen. “El concepto de hoyo negro era muy mal visto pero esto fue cambiando. En la actualidad ya todo el mundo lo acepta, pero sí costó mucho trabajo, el mismo Einstein era muy escéptico de que hubiera hoyos negros”, cuenta Rodríguez a Noticias IFUNAM.
La escritora Marcia Bartusiak documenta esta historia en su libro “Agujero negro: cómo una idea abandonada por los newtonianos, odiada por Einstein y apostada por Hawking, se volvió amada”.
“Durante más de medio siglo, los físicos y los astrónomos se mantuvieron en una acalorada disputa sobre la posibilidad de que hubiera agujeros negros en el universo. La extraña noción de un abismo del espacio-tiempo del que nada escapa, ni siquiera la luz, parecía confundir toda lógica”, cuenta Bartusiak.
Luis Felipe Rodríguez, quien actualmente es investigador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, fue uno de los pocos mexicanos que dieron las primeras batallas para cambiar esa tendencia, entender que el Universo está conformado por fuentes de energía titánica que solo pueden entenderse a la luz de la relatividad, y lograr con ello que los hoyos negros pudieran ser nombrados, descritos e, incluso, más recientemente, fotografiados.
Las primeras señales
Desde los años 70 los radioastrónomos habían encontrado que en el centro de nuestra galaxia había una fuente bastante intensa de ondas de radio y desde esa época se empezó a sospechar que podía ser un hoyo negro, pues se sabía que alrededor de esa fuente ardía gas ionizado.
Pero la “magia” de confirmar su existencia no era (ni es ahora) una tarea sencilla, debido a que el centro de la galaxia no se puede ver con las técnicas clásicas de la astronomía visible por el exceso de gas y polvo cósmico.
Así que, para su trabajo, Luis Felipe Rodríguez utilizó ondas de radio, que sí pueden atravesar ese polvo. Y, específicamente, usó radiotelescopios, parábolas metálicas muy grandes, para captar las ondas de radio que vienen del centro.
“En particular observamos lo que se llama una línea, una emisión del hidrógeno, y la vimos muy ancha, y eso nos llevó a pensar en un hoyo negro”, cuenta Rodríguez. “Estudié alrededor del hoyo negro y encontré que el gas estaba rotando muy rápido y que, si no había algo que lo jalara gravitacionalmente, ese gas ya se hubiera extendido hace mucho”.
Luis Felipe Rodríguez calculó la masa que hacía falta y obtuvo una de 5 millones de masas solares, es decir 5 millones de veces la del Sol. A pesar de que ya se sabía que ahí podía haber un hoyo negro, la aportación de Rodríguez fue darle al mundo una de las primeras determinaciones de su masa.
Su trabajo, publicado en 1979, le valió el Premio Robert J. Trumpler, que reconoce a la mejor tesis doctoral de astronomía hecha en los Estados Unidos.
Llegó el futuro: medir el movimiento de las estrellas
Fue en esa época que el mexicano conoció en Harvard a quien hoy fue reconocido con el Nobel de Física, el alemán Reinhard Genzel. Después del trabajo de Rodríguez, Genzel realizó otra investigación, publicada en 1984, para estudiar el mismo gas y concluyó que, en efecto, se trataba de un objeto supermasivo pero su cálculo fue de 3 millones de masas solares.
Sin embargo, ninguno de esos trabajos tuvo suficiente repercusión. “Lo que pasó es que el gas es muy fácil moverlo con una explosión de una estrella, con lo que llamamos vientos, y la gente dijo: ‘No, eso se está moviendo por otra razón, no es un hoyo negro’. Así que Genzel, inteligentemente, se dio cuenta que lo que había que demostrar era el movimiento, pero ya no en el gas, que es tan susceptible a otros efectos, sino en las estrellas”, explica el astrónomo.
Y dio en el blanco… o, mejor dicho, en el negro. Aunque las ondas de radio sirven para estudiar mejor el gas, lo que usó Genzel para medir el movimiento de las estrellas fue el infrarrojo, que también puede atravesar el polvo. El movimiento del gas sí puede cuestionarse ya que puede deberse a otras causas, pero en el caso del movimiento de las estrellas, usando el infrarrojo, es muy difícil argumentar que pueda deberse a otra cosa más que la gravedad de un cuerpo muy masivo.
Así que Genzel se fue por esa ruta. Inició un programa para estudiar las estrellas que habían alrededor de ese hoyo negro y después de más de 35 años de trabajo intenso, él y su equipo lograron ver cómo estas estrellas están moviéndose alrededor del hoyo negro rápidamente y con base en eso pudieron determinar su masa actualmente aceptada: 4 millones de veces la del Sol. “O sea, quedó entre su estimación y la mía iniciales”, dice Rodríguez.
Al mismo tiempo, una astrónoma joven, Andrea Ghez, quien hoy comparte el Nobel de Física con Genzel, había iniciado un programa similar, también usando infrarrojo, que la llevó, prácticamente al mismo tiempo, a la misma conclusión: ahí hacía faltaba un cuerpo muy masivo que no emitía luz.
Los caminos que se bifurcan
Rodríguez cree que otra historia habría sido si él hubiera decidido quedarse en Estados Unidos en lugar de volver a México tras terminar su doctorado.
“Es claramente una bifurcación interesante. Yo me regresé a México con los recursos muy limitados, necesitaba gente y equipos que tuvimos que conseguir del extranjero”, dice.
Genzel, en cambio, experimentó pocas necesidades en Alemania. “Es un personaje muy importante y recibe un apoyo tremendo para construir estas cámaras que captan la radiación infrarroja y que permiten colocar la posición de las estrellas. Andrea estaba haciendo lo mismo en Estados Unidos. Entonces uno ve cómo, en efecto, se bifurcan las carreras: una persona que está en el primer mundo puede darle vuelo a su ambición y a sus deseos y hacer cosas; en México, pues la tenemos muy difícil y tiene uno que sacrificar cosas de la carrera”.
A pesar de ello, a pesar del tiempo que ha pasado, y a pesar de la carrera que no continuó en un país de primer mundo, Rodríguez, uno de los científicos mexicanos más reconocidos y premiados, está satisfecho con la contribución que hizo en esos años.
“Creo que fue una contribución interesante porque mantuvo viva esta idea de que ahí había un cuerpo muy masivo. La verdad es que esto no lo creyó la gente hasta que no se demostró con el movimiento en las estrellas, pero sirvió para buscar ese agujero negro”, dice el astrónomo.
Su trabajo sirvió para seguir la esencia de la ciencia misma (y que va más allá de los premios): buscar respuestas.
Corta y pega: hora de editar el genoma», 16 hrs. Transmisión en vivo por #FacebookLive desde Universum, Museo de las Ciencias y desde el Facebook del Instituto de Ciencias Nucleares. Resumen: «En los genes están las instrucciones de cómo deben operar las maquinarias moleculares de quienes los portan. Por eso, modificar las instrucciones genéticas constituye una de las herramientas más trascendentes que ha creado la tecnociencia contemporánea. Y como dijeran por ahí: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Acompáñanos al diálogo entre el investigador Mario Zurita Ortega, experto en expresión genética, epigenética y genoma del desarrollo, y la reconocida divulgadora de la ciencia María Emilia Beyer, para que discutamos junt@s sobre la relevancia del método CRISPR/Cas9, galardonado con el Premio Nobel de Química 2020. El gran poder ya está aquí. Es nuestro. También es nuestra responsabilidad.»
La edición 44 del Coloquio Internacional de Historia del Arte propone discutir los materiales y las técnicas artísticas como fundamentos de sus capacidades expresivas y comunicativas. Se trata de dirigir la mirada hacia problemas centrales del estudio de los objetos: las relaciones entre conceptos, materiales, tecnologías, medios y respuestas culturales, así como repensar las categorías y definiciones de conceptos como “materialidad”, “técnica” y “tradición”.
Bernardo Cervantes del IRyA nos comenta sobre lo más nuevo respecto a la imagen de la sombra del agujero negro en M87 y sobre las condiciones de la atmósfera de Venus respecto a la posibilidad de vida.
Además, comentamos sobre la extinción de los fideicomisos de Ciencia y Tecnología en México.
La edición 2020 del Ciclo de Cine Comentado «La Ciencia en el Séptimo Arte», realizada virtualmente, concluye con los comentarios de la película La Teoría del Todo (The Theory of Everything), dirigida por James Marsh y protagonizada por Eddie Redmayne y Felicity Jones. El Ciclo es organizado por las entidades académicas del Campus Morelia de la UNAM, incluyendo el Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA), en colaboración con el Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Comentan:
Dr. Javier Ballesteros (IRyA, UNAM)
Dr. Robert Oeckl (CCM, UNAM)
Dr. Erwin Villuendas (UMSNH)