Las graves consecuencias que acarrea la crisis de abejas y abejorros

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Nota original de UNAM Global
Fecha de publicación de la nota original: 24 de febrero de 2022[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

La desaparición de ambos polinizadores causaría impactos ecológicos y económicos profundos: Gerardo Ceballos, del Instituto de Ecología de la UNAM.

Aunque la extinción de cualquier especie tiene un impacto, hay especies con papeles más importantes en la naturaleza. Las abejas y los abejorros se encargan de la polinización de la mayor parte de las plantas silvestres y muchos de los cultivos, y hoy sus poblaciones están en declive.

«Son uno de los grupos más importantes de polinizadores que existen en el planeta; me atrevería a decir que entre ambos son el más numeroso», precisa Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM que es el ecólogo más citado en América Latina. Para ser fecundadas y dar semillas y frutos, diversas plantas nativas necesitan que abejas o abejorros lleven el polen de una flor a otra flor de su misma especie. Sin estos agentes polinizadores, verían comprometida su supervivencia. «Y esto acarrearía problemas aún más grandes, porque las plantas, a su vez, juegan un papel muy importante en la función de sus ecosistemas»: si desaparecieran, podrían desaparecer las especies animales que se alimentan de ellas.

La extinción de abejas y abejorros también tendría un serio impacto en los humanos: «se reduciría nuestra capacidad de producir alimentos», afirma Ceballos. Entre muchas frutas, hortalizas y frutos secos, se calcula que la tercera parte de los alimentos que consumimos dependen de la polinización de estos insectos.

Actualmente, la escasez de abejas y abejorros ha obligado a algunas regiones de China a polinizar árboles frutales a mano. La polinización artificial tiene un costo enorme y se puede hacer en una escala pequeña, pero «¿qué pasaría cuando tienes que polinizar miles de millones de árboles y plantas?», pregunta el investigador sin esperar respuesta.

En México, mientras tanto, algunas compañías utilizan tráileres para trasladar a las abejas hasta los cultivos.

La crisis, provocada por factores como el uso de pesticidas, la destrucción de hábitats y la invasión de especies, es global, y forma parte de un proceso de declive de poblaciones y desaparición de especies mucho más grande: la sexta extinción masiva.

«Ha habido cinco extinciones masivas en los últimos 600 millones de años que implican la desaparición muy rápida del 70% o más de la fauna y flora», detalló el académico. La principal diferencia de la actual estaría en el reparto de las causas: la especia humana desempeña un papel protagónico.

¿El daño es reversible?

Pese a todo, preservar a las abejas y a los abejorros sí es posible. El daño es reversible sólo si se realizan acciones de conservación bien dirigidas. Una de ellas es eliminar el uso de pesticidas tóxicos para estos insectos, explicó Ceballos, quien impulsó la norma mexicana de especies en peligro.

«Se puede recuperar hasta cierto punto. Si dejamos que se llegue al grado de que queden muy pocos [abejas y abejorros], es muy difícil recuperarlos. La buena noticia es que, si llevamos a cabo acciones de conservación bien enfocadas en los factores que están causando la extinción, en la mayoría de los casos es reversible».

A nivel individual, una de las opciones que pueden ayudar es crear un jardín de polinizadores: espacio con plantas específicas para proporcionar alimento, refugio y agua para estos animales.

A lo largo de los años, las distintas especies de plantas y animales han enfrentado diversos problemas: sequías, incendios, cambios de temperatura y de oxígeno, entre otros. Si bien esto demuestra que son resistentes, la realidad es que el constante daño ecológico y ambiental puede imposibilitar su conservación.

«Estamos viviendo una sexta extinción masiva, lo que implica la desaparición muy rápida de la flora y fauna. Rápido en tiempo ecológico significa cientos de miles de años, pero la sexta es instantánea: hablamos de 100 o 150 años.

»Si no hacemos algo muy pronto, en los próximos diez o quince años perderemos una cantidad de especies gigantesca, y esto va a socavar nuestra capacidad para sobrevivir», concluyó Ceballos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Pros y contras de los libros impresos y digitales

 

El libro —el texto y sus distintos soportes (piedra, arcilla, papiro, pergamino, papel y formato digital)— es un “ecosistema” que el ser humano ha usado a través del tiempo.

Al comparar todos estos medios de escritura y lectura, encontramos que cada uno tiene sus retos, ventajas y desventajas, advierte la doctora Isabel Galina.

El libro impreso ha sido un formato particularmente idóneo para transportar el texto. Y con el tiempo se ha perfeccionado todo su aparato (cuidado editorial, índices, folios) para facilitarnos su lectura.

Frente a la piedra y la arcilla, su ventaja ha sido su portabilidad; ante el papiro (bastante quebradizo), su durabilidad. Por otro lado, el pergamino es más difícil de trabajar que el papel impreso. La investigadora de la UNAM señala, además, que por el precio de los materiales el libro físico ha sido más barato o más caro según la época.

El libro digital, inmerso en una red

Para Galina, académica del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, el libro digital va más allá de un simple cambio de soporte, dado que se encuentra inmerso en una red y eso cambia mucho cómo circula y funciona.

Es mucho más portátil que el impreso y se puede tener toda una biblioteca en un dispositivo. Pero si el dispositivo de lectura no tiene suficiente batería, “toda esa portabilidad no sirve de nada”.

Insiste: los distintos tipos de libro tienen ventajas y desventajas. Depende más bien de las necesidades de lectura. El libro digital puede leerse en distintos dispositivos: computadora, celular, tableta, lector electrónico.

En cuanto a su preservación, el libro físico y el digital enfrentan retos diferentes. En un caso, el papel se desgasta con los años; en el otro, el software del dispositivo caduca en un tiempo mucho más corto.

Los libros digitales —advierte Galina— tampoco están a salvo de un ciberataque o de un virus. Sin importar que bibliotecas y librerías digitales u otras plataformas cuenten con sistemas de seguridad, todas son vulnerables.

Por otro lado, si bien con los libros digitales se podría reducir la tala de árboles (al hacer menos libros de papel), también es cierto que la infraestructura (servidores, internet, dispositivos) para crearlos, distribuirlos, venderlos y leerlos tiene un impacto en la naturaleza.

Y el “costo ambiental” no es el único precio que se tiene que pagar. A diferencia del libro impreso, que implica un gasto sustancial por las páginas, la tinta y el trabajo de imprenta, un archivo digital se puede copiar una, mil o 50 mil veces sin que eso requiera un monto adicional. Sin embargo, señala Galina, producirlo, distribuirlo y actualizarlo no necesariamente es más barato. Además, acceder al libro digital tiene otro costo: pagar internet u otra forma de descargarlo y comprar un dispositivo para leerlo.

Pero también debemos mencionar un punto a favor de la difusión digital: sin costo de envío, se pueden obtener libros que fueron producidos geográficamente muy lejos.

A diferencia de las fotocopias o de un libro pirata, que son de menor calidad que el original, las copias de un archivo digital son todas iguales.

Aquí el reto —subraya Galina— son los derechos de autor y el famoso copyright, modelos económicos y de protección que tienen que “irse modificando”, como en la música y en la televisión. Más que comprar el objeto físico, ya se habla de la suscripción para “alimentar” a la industria editorial.

Aunque frenar la copia en un ambiente digital es muy difícil, esto no significa que no se conserven los derechos de autor. Pero es necesario considerar que encriptar los archivos digitales, lo que impide hacer copias, tiene consecuencias no deseables, por ejemplo, para las bibliotecas que quieren hacer préstamos.

Un reto bastante grande

Con la imprenta y más gente letrada, la lectura se volvió una actividad individual. Antes de Gutenberg, una persona leía en voz alta para otras, ya que no había tanta gente que supiera leer. Ahora, al leer en una plataforma digital, “empiezas a tener estas conexiones nuevamente”.

Así como hay libros impresos que son clásicos —apunta Galina—, en el desarrollo del libro digital, sobre todo literatura que nace de forma hipertextual, ya hay obras icónicas. Comienza a haber una tradición literaria en libros que nacen digitalmente.

Si bien el libro impreso se hojea, se huele y “es un objeto muy familiar” para algunos, a los digitales “se pueden añadir experiencias” que vuelven la lectura más compartida, como ver lo que otros lectores subrayan o comentan.

Las plataformas digitales permiten con mucha más facilidad discutir sobre los libros leídos. De hecho, ya hay un trabajo colaborativo donde se comparte tanto la experiencia lectora como la escritura de libros: lectores-autores van creando una historia.

El ambiente digital es más ágil y útil. Se empieza a crear una literatura que, aprovechando el medio, involucra otro tipo de escritura. Son experimentos de ciberliteratura, ciberficción, que nos van a dar algo nuevo, algo que no se podría leer en un libro impreso.

Los libros digitales comenzaron pareciéndose al libro impreso, pero con el tiempo se va a crear “todo un nuevo lenguaje, probablemente más multimedia, más interconectado, menos estable; con distintas formas de lectura, hipertextuales”.

—¿Con las nuevas tecnologías se podría tener una especie de Biblioteca de Alejandría, una nube donde estuvieran todos los libros?

Sólo se ha digitalizado una parte muy pequeña de todos los libros que se han producido. Y se siguen publicando nuevos libros, no sólo físicos sino también originalmente digitales, que faltaría agregar. Un gran almacén de libros es diferente a una biblioteca, donde “puedes encontrar lo que hay dentro de ella”. En ese sentido, el sueño de una Biblioteca de Alejandría digital tiene que incluir no sólo que los libros estén disponibles, sino que existan mecanismos para poder encontrarlos, y ése es un reto bastante grande.

Cicatrices: entre el estigma y valor

 

Todos tenemos cicatrices. Personajes de película como Tony Montana o Juan Charrasqueado y de la vida real como el gran músico y compositor Agustín Lara tienen la cara “rajada”.

Todos tenemos alguna cicatriz, pero a nadie le gustan, sobre todo en la cara. Las vemos “feas” porque hay una estigmatización social sobre esa marca que el cuerpo deja en la piel al repararse de una herida.

Hechas al propósito y diseñadas, en otras culturas tienen un simbolismo para la comunidad o la tribu. Incluso hoy hay jóvenes que combinan el tatuaje con las escarificaciones.

El doctor Indalecio Fernández Valverde dice que la cicatrización es uno de los dos procesos fisiológicos que permiten al cuerpo repararse de una herida. El otro es la regeneración celular.

La cicatrización de una lesión en la piel forma un tejido fibroso (fibras o fibrinas) que no tiene las condiciones completas del tejido original, agrega el profesor del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Que haya una buena o mala cicatrización depende del tipo de herida y de si hay comorbilidades (diabetes, hipertensión, alteraciones de la coagulación, alguna infección), así como de la nutrición, la actividad física, el tabaquismo y la técnica de sutura, entre otros factores.

Una herida pequeña, de un par de centímetros, con bordes bien definidos (rectos y parejos), tiende a tener una mejor cicatrización, asegura el doctor Fernández Valverde.

Una diabetes mal controlada, con niveles muy altos de glucosa, altera la cicatrización porque afecta la función de todas las células. Tampoco la obesidad y la mala alimentación favorecen una reparación adecuada, ya que ésta requiere que el organismo envíe células y nutrientes para ayudar a reparar una herida.

Cómo y con qué se hizo la herida, la sobreexposición al sol (altera el color de la cicatriz) y la contaminación (ambiente con mucho polvo) pueden alterar la cicatrización o favorecer las infecciones. Algunas pomadas y remedios caseros también pueden provocar una cicatrización deficiente.

Tipos de cicatriz

Las cicatrices se clasifican en dos grandes grupos: las fisiológicas y las patológicas.

La cicatriz fisiológica, dice el académico de la UNAM, es pequeña, no se nota mucho, tiene un color parecido al de la piel que la rodea y no genera alteraciones funcionales.

Las cicatrices patológicas, por su parte, se subdividen en tres tipos:

a) Las hipertróficas: abultadas, rosadas o blancas y con la línea de la herida bien delimitada.

b) Las queloides: es tanto el depósito de colágeno para “llenar el vacío” que la cicatriz sobrepasa la herida (“puede llegar               a ser ovalada, con múltiples lóbulos de cinco o seis centímetros, porque va creciendo”).

c) Las atróficas: hundidas, como las de acné, porque hay poco depósito de colágeno; además, retráctiles, normalmente                 ubicadas en zonas de pliegues, como la axila o el codo. Son como bandas (el colágeno causa que la piel jale un poco                 el tejido adyacente).

En órganos y tejidos internos también pueden quedar cicatrices. Por ejemplo, en el útero, por una cesárea; en el corazón, por un infarto; y en los pulmones, por covid-19.

Aunque todos los tejidos cicatrizan, son muy pocos los que, más que cicatrizar, se regeneran y acaban siendo idénticos al original.

En una cesárea, por ejemplo, si la paciente tiene una cicatriz hipertrófica por otra herida, es posible que se le haga una similar; en cambio, cuando su cicatrización es normal, es probable que le quede una cicatriz menos visible.

En la cicatrización influye también la habilidad del cirujano o ginecólogo y condiciones de salud de la paciente como diabetes gestacional e hipertensión durante el embarazo: preeclampsia / eclampsia.

Tipos de sutura

Tanto en los servicios de salud públicos como en los privados, “se tiene el cuidado de buscar la mejor cicatriz para la paciente”. La ventaja en la atención privada son ciertos recursos, “como algunos tipos de sutura que dejan un poco menos de cicatriz”.

Hay suturas de origen sintético o natural, de tipo monofilamento o multifilamento (dependiendo de cuántos hilos las conforman) y absorbibles o no absorbibles.

Para cada tejido se utiliza la sutura ideal. En una cesárea, se usa la absorbible, para que el cuerpo la vaya degradando y el punto de sutura no se deba retirar después. Es diferente la sutura sintética, que no se puede degradar y genera una cicatriz un poco más visible.

Son parte de nosotros

En algunas culturas las cicatrices (escarificaciones) se llevan como parte de un ritual. Son marcas de honor, de jerarquía, y su enfoque es más cultural e incluso religioso.

En nuestra sociedad, a algunos pacientes no les molesta tener una cicatriz, ya sea porque detrás de ella hay alguna anécdota o porque es una marca de algún recuerdo que no les desagrada, señala el doctor Fernández Valverde.

Pero también hay “un constructo a nivel social” de que las cicatrices son feas, poco estéticas, algo desagradable que impacta mucho; sobre todo las del rostro, que afectan psicológicamente a los pacientes. Por eso, quien por una cicatriz se siente afectado, disminuido, inseguro o incómodo (algunos se deprimen) busca algún tratamiento para retirarla.

Las cicatrices hipertróficas se pueden “retirar” con cirugía, obteniendo un mejor resultado estético. En cambio, las queloides, que crecen, después de una cirugía pueden quedar aún más grandes.

Para disminuir las queloides hay otros tratamientos, como terapias con láser, con silicona o de presión y la administración de esteroides para reducir la producción de colágeno.

“De cualquier forma, las cicatrices son parte de nosotros. Todos tenemos alguna y no deberían generar el estigma social que muchas veces se presenta”.

El oscuro mundo de los bots, ¿cómo funciona?

 

Aunque hay libertad de expresión con límites, Twitter, Facebook, TikTok y otras plataformas digitales se han convertido en “un campo minado”, asegura Rubén Darío Vázquez Romero.

Uno puede opinar sobre lo que quiera, siempre que no transgreda sus reglas comunitarias. Sin embargo, agrega el profesor de la FES Aragón, también “hay una especie de encono digital grandísimo”.

Vázquez Romero, maestro en comunicación y doctorando en ciencias sociales, colaborador en diferentes medios (Reforma, Milenio, La Jornada) y consultor en comunicación digital para varias empresas e instituciones, abunda sobre el tema bots y tendencias en redes sociodigitales:

“Si uno asume posturas políticas o ideológicas sobre un tema, es muy probable que sea atacado y no necesariamente por personas, sino por un grupo de bots, programados específicamente para atacar cierto tipo de opiniones”.

Los bots (aféresis de robots) se utilizan no sólo para atacar sino para poner un asunto o personaje de la vida pública en tendencia en Twitter, Facebook, TikTok y en otras plataformas digitales.

Colocar en esas redes sociales un tema en tendencia es complicadísimo. Se requiere una estructura grande, con una gran cantidad de operadores y grandes montos de inversión.

Hay muchas formas. Una de ellas, la más sencilla y fácil de detectar, es programar una aplicación para que cada determinado tiempo cree cierto tipo de cuentas que repliquen tal o cual contenido o detecten otros y los respondan.

Hay, sin embargo, empresas que tienen operadores o community managers que manejan 30, 40, 50 cuentas cada uno. Y cada cuenta parece una persona. “Los alimentan diariamente para que se comporten como seres humanos”.

Alguien contrata a la empresa y su granja de bots comienza a colocar un tema en tendencia, a favor o en contra de alguien, golpeando o defendiendo a alguien. Tal forma de operar “es básicamente indetectable para las redes sociales”.

Entre los autores de estas acciones digitales, la figura más visible fue hace unos años la de Carlos Merlo, llamado “rey de las fake news” y director de Victory Lab, una especie de búnker con 17 personas dedicadas a esparcir contenido viral en alrededor de cuatro mil “periódicos” falsos y miles de memes a la semana.

Quienes contratan a esas empresas de bots son partidos políticos, funcionarios públicos, empresas, artistas. En fin, cualquiera que tenga los recursos y que desee colocar tendencias en las redes sociales por alguna razón.

Se apoya o denuesta a algún actor o artista, una marca o empresa, un político o un funcionario para que sea tendencia dentro de las redes sociales.

Tendencias

Las tendencias son espontáneas o artificiales. Muchas, dice el maestro Vázquez Romero, nacen de forma natural, de acuerdo con la lógica de los algoritmos de distribución de contenido de las redes sociales. Otras, sobre todo las referentes a cuestiones políticas, son artificiales, creadas o impulsadas. De manera deliberada, alguien invierte recursos para crear estas tendencias.

“En procesos electorales, crear una tendencia en redes sociales sobre un candidato no sé si tenga incidencia en el voto. No se ha comprobado que cambien el rumbo de las elecciones, pero sí cambia la percepción sobre una persona, una ley, una iniciativa, un partido”.

En la víspera de las elecciones que ganó Donald Trump, se fomentó el miedo a la migración y se crearon muchas noticias falsas que cambiaron la percepción de muchos estadounidenses sobre otros candidatos.

Trump resultó favorecido, pero es casi imposible demostrar que eso le haya hecho ganar. Hasta este momento es algo que no se ha podido comprobar. Sólo se puede decir que sí se cambia la percepción, y el hecho de que cambie la percepción lo coloca mucho más cerca de ganar que un candidato mal percibido. “Pero ¿que haya una correlación estadística demostrable, repetible y muestreable? No”.

Actualmente hay una lucha virtual por denostar al actual gobierno que contribuye a polarizar a la sociedad. Cuando AMLO empezaba su campaña por la presidencia, decían que era un peligro para México.

—Sí, es un hecho.  El gobierno ha recibido una serie de ataques constantes y sistemáticos, prácticamente desde que el actual presidente era candidato, o incluso desde antes de ser candidato oficial de su partido. Sin embargo, también hay ciertos sectores de oposición que reciben una serie de ataques sistemáticos y coordinados de la misma manera. No sólo unos u otros, sino todos, son blanco de este tipo de ataques digitales.

¿Hay una lucha virtual de todos contra todos?

—Exactamente, sí, las redes sociales se han vuelto un campo minado para la libertad de expresión.

Aproximación antropológica al chisme

“Las mujeres son más chismosas que los hombres” es un chisme generado desde los hombres y, por tanto, una posición muy machista, dice María Angélica Galicia, investigadora de la UNAM.

El chisme ha existido desde que el ser humano vive en sociedad como ser animal político. “Desde entonces la vida humana ha transcurrido entre chismes”.

Una de las intenciones del chisme (noticia cierta o falsa que se “corre”) es difamar o dañar a alguien, apunta la doctora Galicia, del Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Desde la antropología, el chisme puede tener dos enfoques: el funcionalista, que, según varios autores, se trata de una transacción para lograr un beneficio: se lanza un chisme “para motivar la inclinación política o ideológica de la gente”. Por ejemplo, la inclinación hacia un candidato político difamando a otro.

En el enfoque simbólico interaccionista, por otra parte, el chisme logra una interacción social “más cerrada”, más local, para impactar en el grupo social desde donde se difunde.

Lanzar un chisme sobre alguien “normalmente es la base de un conflicto que va a impactar en la moralidad”, pero sirve además como ejemplo social de lo que está o no está permitido moralmente, dice la antropóloga universitaria.

De una mujer con varias parejas, por ejemplo, en una sociedad donde al hombre sí le es permitido tenerlas, se dice que “todo mundo anda con ella”, cubriéndola incluso de adjetivos amorales, usando el hecho como “ejemplo de moral para el resto de las mujeres de esa sociedad”.

El chisme —subraya Galicia, maestra en historia y etnohistoria— es un mensaje que rompe las reglas de la comunidad al transmitir información de un individuo que para la sociedad es prohibida, amoral. Todo lo prohibido es atractivo para la gente y, si se tiene la intención de difamar, es un buen chisme que garantiza público.

En la parte sensacionalista, el chisme llega a unir a una comunidad y a la vez logra su transformación ideológica. Un chisme no es chisme si no impacta en un grupo específico, si no tiene público.

Chismosos: el per se y el creado

Un chisme tiene parte de certeza y parte de mentira. Quien genera el chisme, el chismoso, determina “la parte que va a pesar más, la que se debe difundir”. Normalmente escoge la falsa, la inventada; pero cuando “se trata de una verdad amoral”, ésta se potencia, para causar sensacionalismo.

Ejemplo: si el chismoso ve a un sacerdote bebiendo alcohol o incluso borracho en una ocasión, para difamarlo, genera el chisme de que es “un borracho en todo momento”. Bebió, se emborrachó; eso es cierto. Pero es falso que se emborrache todos los días o cada semana. Puede no ser una actividad consuetudinaria del sacerdote, pero como es amoral que un religioso beba alcohol, es un buen motivo para el chisme.

Galicia explica que hay dos tipos de chismosos: el chismoso “per se”, que inventa cosas por envidia y para difamar a alguien que considera su enemigo, y el chismoso que ejerce “la carrera del chisme”, una persona con formación para inventar y potenciar chismes que tengan un impacto social.

Uno tiene características psicológicas específicas: es alguien solo o que se siente solo y sin demasiada ocupación. El otro fue formado para tener facilidad al crear un chisme.

—¿Los bots son chismosos?

Híjole, la información que difunden sí. Cuántos bots se han creado como puntos de opinión ¡y hasta controlan votaciones! Y la gente empieza a opinar y discutir en las redes sociales de lo que puede ser una información falsa.

Los bots, agrega Galicia, ratifican el chisme en las redes sociales. Si se lanza una información sensacionalista a través de un bot, va a recibir N votos de quien se sienta aludido o N comentarios. Se trata de provocar una reacción social positiva o negativa sobre la información que difunden.

—¿El chisme es un secreto a voces?

El chisme es una acción que rompe con las normas morales y las normas sociales. Primero tiene que esconderse; no se debe saber de dónde proviene el chisme. Pero es un secreto que “todo mundo sabe” o, por lo menos, se sabe a quién apunta el chisme. De eso se trata. Si no tuviera público, no sería chisme. Sí, es un secreto a voces.

—Quien, cuando se lo cuentan, dice “no fui a la masa”, ¿rompe esta forma de comunicación que es el chisme?

No fue a la masa, pero sí escuchó el chisme completo.  Y ahí el chismoso logra lo que intentaba: involucrar a quien no quiera saber o no le interese el chisme. Es genial esta estrategia que busca tener la atención de la gente.

—¿Y cómo se da el chisme ahora en las redes sociodigitales?

A través de los bots e incluso por “noticieros” que buscan lograr un ranking lanzando intencionalmente alguna noticia falsa que genere una controversia innecesaria, donde uno opina y otros responden a favor o en contra de lo que el chismoso quiere. Si va en contra del aborto, puede inventar que, desde que se permitió en la Ciudad de México, aquí todas las mujeres abortan.  Lo que pretenden el chisme y el chismoso es enganchar al público para tomar partido a favor o en contra de algo.

Si es un chisme para difamar, pondrá a alguien en el centro de la discusión. Y si es una figura pública, mejor: habrá más ranking.

—¿Es posible convivir sin el chisme?

No, porque el chisme hace participar a la comunidad; la une o no la une en opiniones adversas. El problema es serio cuando el chisme causa tal daño a una persona que puede incluso provocar el suicido o reacciones xenofóbicas. En ese sentido, el chisme puede ser catastrófico.

Perros y gatos: ¿qué hacer en época de frío?

Durante las temporadas de frío, los dueños deben esforzarse por proteger a sus animales de compañía de los estragos de las bajas temperaturas; una falta de atención hacia nuestras mascotas puede llevarlos a desarrollar enfermedades o agudizar cuadros clínicos que ya padecen.

Así lo advirtió Ylenia Márquez, académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM: “Las temperaturas frías ponen en un estrés metabólico al cuerpo, tanto de humanos como de animales. En temperaturas frías veremos que nuestros animales de compañía se encogen, se enroscan protegiendo su abdomen, e incluso empiezan temblar de frío. Estos mecanismos se activan ante el frío ambiental, que está teniendo repercusiones en su cuerpo”.

“Es un asunto complicado porque como humanos tampoco nos cuidamos del frío, lo que se refleja en la falta de cuidado hacía nuestros animales de compañía. El humano está igual de perdido ante las temperaturas porque nos fijamos más en la moda que en protegernos y no nos cubrimos del frío”, añadió.

Grupos de riesgo

Antes de encogerse o enroscarse, explica la especialista, en nuestras mascotas se inician diversos procesos metabólicos cuyo objetivo es incrementar su temperatura corporal, aun si no notamos cómo les está afectando el frío en esta etapa.

“En estados más avanzados empiezan temblar o a encogerse”, comenta. “Especialmente en el tema de la susceptibilidad debemos poner más atención en animales de edad avanzada y en cachorros, los dos grupos más ineficientes para retener la temperatura porque tienden a perderla con más facilidad. En los pacientes geriátricos, algunas patologías preexistentes los hacen enfrentar el frío de manera menos eficiente”.

“En los pacientes geriátricos se incluyen los que tienen patologías ortopédicas o articulares que generan dolor, las cuales se acentúan con el frío. Pacientes con enfermedades debilitantes, como insuficiencia renal, cardiopatías o cualquier enfermedad metabólica crónica, serán más susceptibles a las bajas temperaturas porque el desgaste metabólico será mayor. Los cachorros son especialmente susceptibles porque tienen menos cantidad de grasa corporal y su metabolismo aún es inmaduro para enfrentar la temperatura”, enfatiza la especialista en medicina, cirugía y zootecnia para pequeñas especies.

Los mejor adaptados

Para Márquez lo ideal es que los dueños hagan un análisis a conciencia sobre su entorno antes de elegir una mascota porque de esta forma la asimilación de su animal de compañía será más satisfactoria, dado que “los animales que van a ser capaces de resistir temperaturas muy frías son los que están preparados para eso”.

“Para zonas con climas extremos, como los polos, el ser humano ha diseñado razas específicas, como el Husky o el San Bernardo, perros con doble capa de pelaje –tienen un pelo largo y duro, y si abrimos el pelaje en el fondo tienen pelo algodonoso, más suave–, cuyo objetivo es evitar que circule aire, que quede atrapado, lo que los protege de perder temperatura”.

“Estas razas no presentan algún tipo de problemas en bajas temperaturas. Pero, hablando de susceptibilidades, obviamente los perros de pelaje corto o que no tienen pelo –cómo los xoloitzcuintles– pueden ser más sensibles a esta pérdida de temperatura por el frío ambiental. Pacientes que son muy delgados, como los  lebreles​, o que tienen poca grasa corporal, serán menos capaces de retener su temperatura corporal ante el frío”, explica la maestra en medicina crítica para perros y gatos.

Atención especial a los gatos

En épocas de bajas temperaturas, los dueños de gatos deben vigilarlos de cerca porque buscan lugares calientes para tomar la siesta y no perder temperatura corporal, pero esto podría ponerlos en peligro.

“Muchos gatos buscan lugares cálidos, lo cual es peligroso porque se pueden meter en lugares muy estrechos. Buscan lugares como calentadores o motores de carros, esto último es especialmente peligroso porque se esconden dentro del motor y al echarlo a andar se lesionan, queman u otras situaciones más graves”.

“Debemos tener cuidado cuando tienen frío porque van a buscar un lugar donde refugiarse, y si nosotros no les proveemos un lugar seguro, pueden causarse lesiones”, advierte.

¿Ropa o no?

“La mayoría de nuestros animales de compañía ya traen su ropa integrada: el pelaje”, comenta Ylenia Márquez. “A veces, durante el año, le prestamos poca atención al cuidado del pelaje, y precisamente en las épocas frías se ve el resultado de un pelaje bien cuidado y sano, que les brinda protección”.

“Lo ideal es que mantengamos su pelaje sano y limpio, para que no tengamos que cortarlo por problemas de nudos; debemos mantenerlo sano para que esté listo para protegerlos. En los pacientes que no tienen pelaje largo, de doble capa o incluso que no tienen pelo, como los xoloitzcuintles, se utilizan otros medios para protegerlos”.

“En general, se puede utilizar ropa, siempre y cuando haya ciertas condiciones. La primera es que debemos vigilar cómo les ajusta la ropa, si no les causa molestia. Algunos animales que quizá no están acostumbrados a utilizarla puede molestarles y van a comenzar a arrancársela a pedazos y tragarlos; tendremos un problema mayor si dejamos de vigilarlos”, aconseja, y añade:

“La ropa no debe tener objetos que se puedan desprender, como botones, porque podrían tragarlos. Se debe revisar muy bien que no les generen rozaduras en las zonas de fricción, como axilas, ingle, pecho y cuello. Debemos revisar continuamente que no tengan lesiones para asegurarnos de que pueden seguir utilizando la ropa”.

“Hay muchos modelos en el mercado, pero la mayoría no son para protegerlos sino para vestir. Éstos en general no son útiles, lo ideal son capas que los protejan del frío. Hablando del ambiente, es necesario proveerles de una zona que los proteja de la temperatura ambiental, pueden estar en interiores y, como les decía, sobre todo pacientes que sabemos tienen mayor riesgo. Con el fin de evitar riesgos de que se expongan en zonas o lugares peligrosos, deben tener una cama limpia y techada que el animal sienta como segura y cálida”.

 

Día Internacional del Síndrome de Asperger: ¿En qué momento lo detectamos?

¿Por qué nos gustan los superhéroes?

 Batman, Superman, la Mujer Maravilla, Iroman, Capitán América, Black Widow y Hulk, entre otros, son algunos de los súper héroes que nos encantan y nos inspiran ¿pero por qué nos atraen tanto?

De acuerdo con Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, hay varias razones por las que nos gustan: la idea de lo anti-cotidiano; una conducta pro-social y que son contra-intuitivos.

1.- La idea de lo anticotidiano nos atrae porque estos personajes están fuera de nuestra esfera. En la vida real nos aburrimos y por eso siempre buscamos una ficción que implique salirnos de la norma, y en ese aspecto los cómics, en el género de los súper héroes, nos encantan.

Una característica de estas historias es que siempre está involucrada la cultura, es decir, el tipo de sociedad que somos; qué buscamos, qué nos duele, de qué carecemos y cuáles son las respuestas que podemos encontrar en estas fantasías.

Esto ocurre en todas las sociedades, explicó el profesor universitario. En una comunidad rural podemos identificar sus fiestas relacionadas con sus ideales, pero al mismo tiempo establecen una crítica o un rito que implique castigo al el mal. Por ejemplo, castigan a Judas.

2.- Una característica de todas las historias de superhéroes de “Marvel”, “DC-Cómics”, e incluso Star Wars, es que hay una conducta prosocial, y siempre es bien vista, pero al mismo tiempo primitiva. “No sólo voy a actuar bien, sino que voy a castigar severamente al villano”.

Nos gustan los relatos con historia y narración, en los que el súper héroe tiene un logro social, un ideal y un valor que maneja cada sociedad. Por ejemplo, sancionar al villano nos representa una especie de reivindicación.

Cuando vamos al cine a ver una de estas películas salimos contentos, como sí hubiéramos reivindicado algo en la sociedad, como si fuera más justa, pero en la realidad no cambió nada.

Por ejemplo, en Los juegos del hambre, la protagonista Jennifer Lawrence  representa a Katniss Everdeen, una joven de origen humilde que se enfrenta a todo el sistema y libra una guerra.

“Salimos contentos de la función porque sentimos que algo pasó, pero en la realidad no cambió nada, al contrario, Jennifer Lawrence se hizo increíblemente rica y el capitalismo sigue existiendo”. Sin embargo, para nosotros es como una forma de reivindicación en la fantasía.

A decir del académico universitario, esto es terrible porque se genera un fenómeno llamado interpasividad, es decir, una situación en la que otro nos sustituye.

Un ejemplo son las redes sociales, donde creemos que somos interactivos al darle like a un post que dice “salvemos la ecología”, y nos sentimos activistas, pero en el fondo no realizamos ninguna acción.

3.- Los superhéroes son contraintuitivos, es decir, muestran algo diferente de lo que generalmente haríamos. Nos sorprenden de una manera que no esperábamos y por lo tanto los admiramos. “De repente decimos qué brillante y qué maravilloso, y esto es un ideal que implica algo fuera de lo establecido”.

 Por ejemplo, sus superpoderes: Superman vuela, el Hombre Araña trepa por las paredes, Batman es un estratega del más alto nivel y su condición física es muy buena; Linterna Verde es muy creativo; la Mujer Maravilla es hija de Zeus y tiene una fuerza tremenda, entre otros súper héroes.

Un interés social 

De acuerdo con el especialista, todas estas historias tienen peso e interés dentro de ciertos grupos sociales, particularmente porque representan una serie de narrativas que no encuentran en otros espacios.

Se trata de una forma de espejear nuestros propios problemas y encontrar soluciones en ciertos elementos o dudas de nuestro propio actuar. “En cierto sentido, estas historias nos enriquecen”.

Otra característica de los cómics, particularmente los norteamericanos, es la ideologización o colonización de la honestidad y de la bondad, valores que implican que todo aquello que no sea norteamericano es malo. Por ejemplo, el villano debe ser extranjero, ya sea ruso, alemán, afgano, y siempre mal encarado.


¿Y los villanos?

La palabra villano significa fuera de la villa, es decir, aquel que está fuera de la colectividad. En cierto sentido, también representaría un desconocimiento de la “alteridad” del superhéroe.

Por eso lo miramos como el villano, pero desde su propia perspectiva también tiene sentido su narración. De hecho, “desde hace algunos años se puso de moda darles voz, e incluso los mismos niños decían que es más interesante ser como Dart Vader, Maléfica o Megamente”.

Además, siempre los caracterizan calvos, con una mirada chueca o una postura encorvada, como “Gargamel” de los Pitufos, o incluso el “Joker”, que tiene una risa fuera de lo común y nos causa extrañeza. Si fuera una risa normal, no encajaría en las características del villano.

Esta moda de intentar reivindicarlos muestra su historia desde otra narrativa y por qué son como son.  Así, se vuelven un personaje fuera de lo común, que no se aburre y entra en la anticotidianeidad. Por eso nos encantan, y esto nos habla del terrible aburrimiento en el que nos encontramos.

De hecho, el villano también supera injusticias. En este caso, como sociedad nos sentimos traicionados por la política, los valores, los sistemas sociales o de salud, y ser un villano es una forma de reivindicarse. Por lo tanto, nos traen lógica y nos gustan, concluyó el académico universitario

En invierno hay más contaminación: ¿mito o realidad?

En condiciones normales, la temperatura desciende con la altura. Durante el día, el sol calienta la superficie terrestre, y a su vez ésta va liberando calor que determina la temperatura de la capa de aire más cercana. Este aire más caliente tiene menor densidad, es decir, menor peso, lo que facilita su ascenso a través de las distintas capas que forman la atmósfera.

A medida que asciende, el aire caliente se va enfriando y adquiere mayor densidad o peso. Entonces, ahora que la gravedad lo atrae con más fuerza, le toca descender, desplazando al aire caliente más cercano a la superficie, que asciende para comenzar de nuevo el ciclo.

Ésa es la circulación habitual en la atmósfera. Sí, como decíamos, es lo que sucede en condiciones normales. Pero el invierno llega para poner el cielo de cabeza. Arturo Quintanar y José Agustín García Reynoso, investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, hablan de este fenómeno y otros factores que inciden en la contaminación de la Ciudad de México.

Inversión térmica

En las frías y largas noches de invierno, que además suelen ser despejadas y poco ventosas, la superficie terrestre se enfría rápidamente, y transmite ese frío a la capa de aire más próxima al suelo. Al amanecer, esta capa inferior, que debería ser más caliente y menos densa, es más fría y pesada que las capas superiores, por lo que queda inmovilizada. Así se interrumpe la habitual circulación del aire, y los contaminantes quedan atrapados cerca de la superficie, sin posibilidad de dispersarse en la atmósfera.

Esta inversión térmica, sin embargo, suele corregirse conforme el sol vuelve a calentar la superficie, a medida que avanza el día.

 

En el Valle de México

La ubicación geográfica y las características orográficas del Valle de México ayudan poco a lidiar con la inversión térmica. El localizarse en una cuenca cerrada, a una altitud promedio de 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar, rodeada por montañas, es una condición natural que de por sí dificulta la circulación del viento y la dispersión de contaminantes.

Los “contaminantes invernales”

A la condición natural permanente (la ubicación geográfica) y la temporal (la inversión térmica) se suma el incremento de emisiones de contaminantes. Las fiestas decembrinas llegan acompañadas de fogatas, el uso de pirotecnia y un mayor flujo vehicular.

Lo que puedes hacer para cuidar la calidad del aire
Los investigadores universitarios antes mencionados aprovechan para compartir algunas recomendaciones, válidas para cualquier época del año.

En casa

Usar productos amigables con el ambiente. Quemar eficientemente el gas LP, dando debido mantenimiento al calentador de agua. Si se tiene la posibilidad, colocar una azotea verde, dado que genera oxígeno, atrapa el dióxido de carbono y contribuye a reducir el efecto “isla de calor”.

En la ciudad

Utilizar el transporte público masivo. Y si uno se traslada en su propio vehículo, convencional, reemplazarlo, en un futuro no muy lejano, por un coche eléctrico.

Síndrome del impostor, afecta al 70% de la población: ¿de qué se trata?

Hay quienes padecen el síndrome del impostor sin ser impostores. Celebridades como Emma Watson, quien interpretó a Hermione Granjer,  personaje de la saga de Harry Potter; Michelle Obama, abogada y escritora; Howard Schultz, fundador de Starbucks, y Neil Armstrong, primer hombre que pisó la Luna, padecieron este fenómeno psicológico.

Descubierto primero en mujeres en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, con el tiempo se supo que afecta parejo, tanto a ellas como a los hombres.

En algún momento de su vida, más de 70 por ciento de la población en el mundo ha padecido el síndrome del impostor. Siete de cada 10 personas es muchísima gente, dice la doctora Laura Barrientos Nicolás, académica de la UNAM.

Una persona con síndrome del impostor cree que sus logros o triunfos son producto de “un golpe de suerte” o de la ayuda de los demás, pero no de su esfuerzo, capacidad, talento o creatividad.

Barrientos Nicolás, de la Facultad de Medicina, abunda sobre este fenómeno psicológico, “no forzosamente real”, pues es una creencia irracional que no permite al sujeto tener confianza en sí mismo.

Pese a las pruebas fidedignas (diplomas, títulos, trofeos) y al reconocimiento laboral, académico, público o de la gente cercana, estos pacientes no creen tener mérito alguno.

Al no sentirse capaces, viven vigilantes y temerosos de que alguien descubra que cometieron “un fraude”. De ahí que se sientan con culpa y como “impostores”.

Sometidos a tanto estrés, en estas personas predomina la inseguridad y la falta de confianza en sí mismos. Y llegan a padecer ansiedad, depresión y tristeza, trastornos emocionales que afectan su desempeño laboral, académico o profesional.

Su incapacidad para reconocer sus logros, les impide disfrutarlos como “éxitos propios”, señala Barrientos Nicolás, adscrita al Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina.

En pacientes que son perfeccionistas, la ansiedad por hacer perfectas las cosas puede paralizarlos e impedir que encuentren una solución adecuada a determinados problemas o causarles nerviosismo o alteraciones en la asertividad al “decir y hacer”.

Otra característica es la insatisfacción permanente porque nunca será suficiente lo que hagan. Y tienen la idea de que pudieron hacer algo mejor, lo cual lleva a la pérdida de motivación: para qué hago tal o cual cosa si no alcanzo los estándares que me propongo.

Su pesimismo los hace mentalizarse o programarse para no lograr lo que se proponen. “Es un pesimismo defensivo”. Se anticipan pensando que algo no va a suceder o no van a lograrlo para que en caso de que en efecto no lo logren, por ejemplo un trabajo, no se sientan tan lastimados.

Cinco subgrupos

Clínicamente, se reconocen cinco subgrupos del síndrome del impostor:

1 Los perfeccionistas. Establecen expectativas muy altas para sí mismos. Sin embargo, aunque cumplan con 99 por ciento de sus metas, se sentirán fracasados porque ese 1 por ciento los hace pensar que no tienen la habilidad ni la competencia para lograr la perfección.

2 Los expertos. Buscan nuevas capacitaciones, certificaciones o diplomados porque no se sienten competentes y necesitan sentirse más expertos para poder desempeñarse. Ante la oportunidad de un empleo, no acuden hasta que tienen la certeza de que cumplen absolutamente con todos los requisitos.

3 Los genio natural. Caen en la trampita mental de que sí algo les costó trabajo realizar, “significa que no soy tan bueno”. Esforzarse más les genera la duda de que “quizá no soy tan bueno como piensan los demás”. Eso los lleva a la idea errónea de que son impostores.

4 Los individualistas. Tienen la necesidad de “hacer todo” para no sentir que son un fracaso o un fraude. Están convencidos de que tienen que hacer muchas cosas, sin pedir ayuda, para alcanzar el éxito.

5 Los superhumanos. Se esfuerzan mucho cada día, más que los demás, por su necesidad de triunfar en todos los aspectos. Quieren ser los mejores en todo: mejor padre, mejor estudiante, la mejor pareja, el mejor en los negocios. Padecen estrés constante por estas autoexigencias.

Al tratar de ser buenos en todo, pueden caer en la creencia de que tienen que hacer demasiadas cosas para ser aceptados. O hacer demasiado y olvidarse de sí mismos para ser queridos por los demás.

Fenómeno multifactorial

No hay una causa específica del síndrome del impostor. Su origen es multifactorial: pueden ser biológicos, psicológicos y sociales, señala la doctora Barrientos Nicolás.

Las comparaciones o sobrestimaciones en la infancia (tu hermana es mejor, no eres buena en la escuela o al revés, eres un campeón), con el paso del tiempo pueden propiciar el síndrome del impostor.

También influye mucho el tipo de personalidad. Creer que son el centro de atención de todos, las diferencias salariales por un mismo trabajo (no merezco ganar más o si no gano igual se debe a que no soy bueno); la propia percepción de qué es el éxito, el fracaso, la competencia, también puede causar este fenómeno psicológico.

Si el síndrome del impostor (distorsiones cognitivas o ideas erróneas) ya está causando problemas a nivel interpersonal, académico o laboral, quien lo padece debe recurrir al apoyo psicológico (de preferencia, de corte cognitivo-conductual), psicoterapia que lo ayudará a identificar este tipo de creencias erróneas para que no lo afecten a nivel emocional y conductual.

Como el síndrome del impostor se presenta más en personas que padecen problemas afectivos tipo depresivos, con trastorno de ansiedad generalizada y con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, si no es suficiente el tratamiento psicológico, Barrientos Nicolás recomienda consultar al psiquiatra.

Curiosidades y cifras sorprendentes sobre el uso de WhatsApp en México

WhatsApp, que en un principio, su creador, el ucraniano Jan Koum, llamó What´s Up (Qué tal, Qué hay o Qué pasa), y que fue comprada por Facebook en cuatro mil millones de dólares en 2014, es el principal motor de difusión de información en México y en el mundo.

Es la principal red sociodigital de envío de información, dice Luis Ángel Hurtado Razo, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, porque permite tanto el contacto con otras personas como adquirir información “casi de inmediato”.

No sólo se comparten documentos y conversaciones, sino también información de otras redes, como Facebook, Instagram, YouTube, Twitter y TikTok.

En México es la segunda red sociodigital más usada, por debajo de Facebook, según datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones.

El 96 por ciento de los mexicanos que tienen acceso a internet ocupan WhatsApp y la usan entre seis y ocho horas al día, según un estudio realizado en 2021 por Hurtado Razo en una muestra de 1253 personas en los 32 estados de la República Mexicana.

En 2020, por la pandemia de la covid-19, pasamos de entre dos y tres horas diarias en WhatsApp a más de seis horas en 2021, precisa el también director de Comunicación Política Aplicada.

Dicho incremento de uso de WhatsApp está asociado al desempeño diario de los mexicanos en los ámbitos laboral, educativo, familiar, económico, comercial, etcétera.

Quienes más usan esta red social son las mujeres, con 66.67 por ciento. En un estudio de 2019-2020 había un empate técnico con los hombres, “estaban en 50% de uso”.

Pero por la coyuntura del Covid-19 y por las numerosas actividades de la mujer (familiares, educativas, laborales, etcétera), se disparó el uso de WhatsApp entre ellas.

Actualmente, la edad promedio de quienes usan esta red social es de 31-40 años, con 37.5 por ciento de los entrevistados. En 2020 había un empate en la generación 21-30 años con 35 por ciento, pero disminuyó en 2021 a 27%; las personas de 41-50 años tenían un 9 por ciento y ahora un 15.8 por ciento.

Según el Instituto Federal de Telecomunicaciones, entre 93 y 94 millones de mexicanos utilizaron Internet en 2021, de los cuales 100 por ciento usaron Facebook y 96por ciento, WhatsApp: unos 89 millones.

Más WhatsApp entre amigos

En 2020 dominaba en WhatsApp la conversación familiar. Ahora es la plática entre amigos, con 85.7 por ciento. En el contexto de la pandemia, estamos más en contacto con las amistades que con la familia. Las conversaciones familiares y laborales empataron con 75 por ciento.

Aunque desde 2019 a 2021, 97.6 por ciento de los mexicanos usó esta red para “cualquier tipo de conversación; ahora, en este 2022 compartir información nuevamente está en segundo lugar. Sin embargo, por la pandemia y la actividad laboral, académica y educativa, subió de 75 por ciento en 2020 a 85.7 por ciento en 2021.

Y si antes lo que más se compartía eran archivos o documentos, la sorpresa es que ahora 88.1 por ciento comparten imágenes y en segundo lugar, archivos Word, Excel y PDF, con 82.1 por ciento.

Lo que más se comparte de otras redes vía WhatsApp es de Facebook (72.6) y después de YouTube (58.3 por ciento). De esta tercera red comparten videos de todo tipo: musicales, educativos, de noticias.

El riesgo con WhatsApp es “la vulneración de la privacidad de las personas”. La gran mayoría de los usuarios comparten pantallas de sus conversaciones. La principal fuga de información en los mexicanos es por captura de pantalla.

Otro dato interesante de este segundo estudio de Comunicación Política Aplicada es que 57 por ciento de los entrevistados informó que WhatsApp no les generaba adicción o dependencia, pero a 42.8 por ciento de los entrevistados, sí.

Sobre su estado de ánimo, a 53.3 por ciento les producía felicidad y a 17.8 por ciento, ansiedad asociada al aislamiento y al riesgo de infección por el virus, así como a la inflación por la situación económica

Fake news, industria creciente

En una escala de 0 a 10 (10 representa 100 de confianza), la credibilidad en el primer estudio eran de 7-8 en casi 70 por ciento de los entrevistados. “Creían muchísimo”. En el segundo estudio, la mayoría (22.62 por ciento) le dio un valor de 5 y en segundo lugar 7 (16.7 por ciento).

En dos años de pandemia, subraya Hurtado Razo, los usuarios han dejado de creer muchísimo en la información que comparten en WhatsApp, por un fenómeno recurrente y creciente: la propagación de información falsa.

En 2019-2020, 94 por ciento sabía que era información falsa y cómo detectarla, pero ahora (2021), aumentó a 98.1 por ciento y 82.1 por ciento también sabe cuándo son fake news.

En el primer estudio, a 93 por ciento algún familiar (75 por ciento) le había enviado información falsa vía WhatsApp, y en el segundo, aumentó a 97.6 por ciento (la familia, 69.5 por ciento y los amigos, 52.3).

Aumentó, señala Hurtado Razo, en casi 100 por ciento, el envío de información falsa es vía personas que no conocemos. En el primer estudio, 10 por ciento eran personas desconocidas; en el segundo, 19.5 por ciento. La industria de la desinformación “ha estado my activa en el confinamiento”.

El 78.5 por ciento se percató que era falsa información porque dudaron y consultaron otros medios de comunicación. El 52.3 por ciento dijo no creer en la información que le llegaba; pero 47.6 por ciento “si cree o llegaron a creer”.

Por la pandemia de covid-19, es “muy delicado” que casi la mitad de los usuarios de WhatsApp hayan creído en la información falsa relacionada con no vacunarse, medicamentos y remedios o supuesta información del gobierno.

El 33.3 por ciento creyó por los títulos y presentación (diseño) de la información falsa que les fue compartida, subraya Hurtado Razo.

Además, 82 por ciento mencionó haber utilizado videollamadas por WhatsApp y 67.3 por ciento señaló que la reciente caída a nivel mundial de las plataformas de Zuckerberg (WhatsApp, Instagram y Facebook) les había afectado en el ambiente laboral; a 35.3 por ciento también les afectó en el ambiente escolar. Dichos porcentajes indican la fuerte dependencia de los mexicanos a WhatsApp.

Privarse del abrazo tiene efectos adversos para la salud

Los abrazos son vida, benéficos para la salud, y en la pareja amada son como ‘fuegos artificiales’, señala la doctora Alicia Castillo, académica de la UNAM.

En la persona que no fue suficientemente abrazada de pequeña hay alteraciones a nivel neurofisiológico (en los sistemas dopaminérgicos, incluido el de recompensa) que causan un mal funcionamiento afectivo y psicosocial, lo que le impide “generar vínculos sanos” en la vida adulta.

La falta de este contacto afectivo causa alteraciones metabólicas y del comportamiento. Privarse del abrazo, sobre todo en tiempos de covid-19, tiene efectos adversos para la salud.

Efectos de la falta de abrazos

Presente en el ser humano desde que es bebé (incluso, el líquido amniótico es una forma de contacto con el feto), el abrazo es fundamental en su desarrollo biológico, psicológico y social.

En niños retirados tempranamente de la mamá o con un contacto limitado con ella, la falta de abrazos afecta la expresión de genes muy importantes, lo cual trae como consecuencia alteraciones en todas las “rutas de crecimiento”, dice Castillo, profesora de neuroanatomía de la Facultad de Medicina.

Afecta la síntesis de “los factores de crecimiento”, enzimas que, si faltan, se alteran muchas rutas metabólicas causando, por ejemplo, “fallas en la memoria”.

En niños de escasos recursos, con condiciones de crecimiento muy limitadas, “hay una diferencia en su capacidad de retención”, en comparación con niños que han estado en mayor contacto con su madre.

Pequeños que reciben pocos abrazos, de adultos también presentan hiperactividad motora. “Les cuesta trabajo controlar sus propios movimientos”. Aunque no altera demasiado su funcionalidad, esta alteración es visible y se exacerba bajo estrés.

Un mensaje de afecto

El contacto afectivo (de familiares, amigos, de la persona amada), indirectamente apoya o facilita la regeneración de nuestras células. Aunque uno ya no está creciendo en estatura, “todos nuestros tejidos se tienen que regenerar, y esa regeneración celular está mediada por factores de crecimiento”. Este proceso, si es normal, “se traduce en salud”.

El abrazo es reconfortante para los adultos porque hay una relación directa entre “la proporción del abrazo” y tres variables psicológicas clave para una buena vida: “sentirnos aceptados, amados y reconocidos”.

Un abrazo a un niño es un mensaje de aceptación, afecto y reconocimiento, vital para que se construya “física, emocional y cognitivamente”. En adultos enfermos, ansiosos o estresados “el cerebro regresa a los momentos en los que necesita el contacto afectivo”.

Además, en el adulto el abrazo permite la autorregulación, tener una base para poder pensar, tomar decisiones y resolver sus preocupaciones.

Ningún abrazo resuelve un problema, aclara la doctora Castillo, pero puede ser el principio para “regresar a la estabilidad”. El abrazo del otro ayuda a estabilizarse, a reducir la preocupación y el miedo para activarse en la resolución de problemas. Incluso, puede ser un elemento que apoye nuestra creatividad.

Abrazarse es vida

El abrazo, el contacto afectivo, tiene que ser en acuerdo y es necesario como dormir, comer, tomar agua, asegura Castillo, coordinadora de evaluación de la licenciatura en Neurociencias de la Facultad de Medicina.

Abrazarse es vida. Así como se mueren las neuronas que “no se tocan”, los seres humanos sin contacto afectivo tienen un riesgo más alto no sólo de padecer enfermedades sino incluso de morir. Al revés, agrega Castillo, algunos “enfermos que son tocados (afectivamente) se recuperan más rápido”.

La falta del abrazo en tiempos de covid-19, afecta a todos psicológicamente, pero sobre todo a las personas enfermas en aislamiento.

La pandemia está generando “un vacío de contacto” que sería bueno cubrir con las personas que conocemos y están cerca, pero con protección adecuada.

Pese a la covid-19, debemos procurar este acercamiento afectivo, porque además nos ayuda a secretar hormonas funcionales, como la vasopresina (más en los hombres) y la oxitocina (más en mujeres), asociadas a “un estado de relajación y a poder crear vínculos”.

Abrazo placentero

El abrazo también es reconfortante y placentero porque activa el sistema de recompensa que libera dopamina. Cuando abrazamos a la persona amada, en uno se activan neurológicamente tres partes: afectiva, del deseo y de la atracción.

Por eso, los abrazos en la pareja son como “fuegos artificiales” porque se activan muchos circuitos neuronales relacionados con la afectividad, la admiración y el deseo por la pareja. Es como si el cerebro se encendiera.

Muchos “centros de placer” (núcleo accumbens, área tegmental ventral, la sustancia nigra y la corteza orbitofrontal) responden placenteramente al abrazo. Por eso es tan atractivo y, a la vez, tan necesario.

Las campañas como “Abrazos gratis” pueden ser un síntoma de que en nuestra sociedad, inmersa en las redes sociales, está limitado el contacto afectivo, señala Castillo.

El abrazo virtual, en boga desde antes de la pandemia, no tiene ni remotamente el efecto que tiene el abrazo físico. Sin embargo, si no hay otra opción, este contacto por lo menos nos activa la parte cognitiva, “la parte más fría del vínculo”.

“Hasta ahora, no hay nada en el mundo virtual que nos dé los beneficios del abrazo físico”, finaliza la investigadora.

Neurofisiología de la amistad y la fidelidad

Los amigos forman parte esencial de nuestras vidas, ya sea porque acudimos a ellos cuando tenemos algún problema o simplemente porque nos acompañan en la vida cotidiana. Pero ¿por qué nos hacen sentir tan bien?, ¿“nos llenan el corazón”, como decimos metafóricamente, desatando la elaboración de sustancias en el cerebro?

El cerebro produce varias hormonas o neurotransmisores vinculados con las relaciones de amistad y de pareja, como la vasopresina, la dopamina, la serotonina y la oxitocina. De esta última, asociada con el “círculo de virtud que echa a andar la amistad”, nos habla en el presente artículo Herminia Pasantes Ordóñez, investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

La oxitocina se relaciona con el apego, la confianza y la fidelidad, explica la académica.

Esta hormona se libera cuando nos dan un abrazo, nos toman de la mano o nos hacen una caricia que no necesariamente se relaciona con el sexo, sino con la empatía que caracteriza a la amistad.

También se libera cuando un amigo nos escucha y nos dice palabras cariñosas que nos reconfortan.

“Nos gusta mucho esa sensación de bienestar por tener a nuestro amigo o a una pareja de muchos años, que nos brinda esa confianza”.

En cuanto a la fidelidad en las parejas, nos referiremos a un estudio con unos ratoncitos que habitan en Montana, Estados Unidos, y se encuentran dentro del 3 por ciento de las especies que son monógamas.

A través de dicha investigación, se descubrió que el cerebro de estos pequeños roedores tiene muchos receptores para la oxitocina, en comparación con otra especie muy parecida pero que no es monógama. Y se demostró que, si en los monógamos se bloquean estos receptores, se acaba la fidelidad.

Un amigo te da la mano

Cuando una persona atraviesa una situación problemática y se siente estresada, ansiosa, enojada o triste, el mejor antídoto natural fisiológico que puede tener es la empatía.
“Un amigo te escucha, te entiende y te alienta, así como también te da un abrazo, palmadas en la espalda o un beso. Así logramos liberar la oxitocina”.

Por eso, buscamos naturalmente este tipo de consuelo, de acercamiento, que tiene su base fisiológica en el cerebro, concluyó la investigadora emérita.

¿Qué hay detrás de «ser fan» de un equipo de futbol?

El futbol, los equipos Pumas de la UNAM, las águilas del América, las Chivas del Guadalajara… y la Selección Nacional despiertan pasiones compartidas y dan a sus fans un sentido de identidad, de pertenencia, que se manifiesta en rituales como hacer “La ola”.

Sobre la afición y el otrora llamado “El juego del hombre” por el cronista deportivo José Ángel Fernández, frase que las mujeres con su jugar han vuelto anacrónica, el doctor Christian Amaury Ascencio Martínez, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, nos “da un pase”.

El fútbol produce “efectos emocionales” en los asistentes a un partido, pero genera también otro tipo de interacciones en la afición: desde dinámicas en los estadios, en casa con la familia y entre amigos en un bar, hasta apuestas. 

“La ola”, por ejemplo, que adquiere visibilidad global en la Copa Mundial de México de 1986, es una secuencia coordinada de movimientos que los aficionados realizan en un estadio. 

Es una integración muy particular. Los aficionados se levantan, se sientan y generan así ese efecto de ola que involucra a todos en un ritual colectivo y en una emoción compartida.

Ese momento de efervescencia colectiva se va preparando antes de los encuentros. Precisamente, los espacios en torno a los estadios están diseñados para generar esta expectativa emocional.

Ahí hay venta de productos, banderas y playeras, que los aficionados adquieren y portan como una forma de “distinción identitaria” y demostración de apoyo a su equipo.

Previo al partido, el ambiente afuera del estadio es carnavalesco, con cánticos, tambores y trompetas para “generar, estabilizar y continuar una forma específica de ritualización frente a la emoción”.

Barras bravas 

Toda esta parafernalia —señala Ascencio Martínez— forma parte del proceso de construcción identitaria, que en muchos aficionados es una forma de identidad colectiva que después se asume como identidad individual. Por eso un aficionado fanático se siente ofendido cuando se agrede al equipo al que “le va”. 

Ese sentido de pertenecía también se concretiza en México en la formación de las llamadas barras bravas o grupos orientados a hacer las porras oficiales de los equipos.

En la afición que se genera en entornos urbanos, se consolidan grupos de jóvenes que eventualmente reciben financiamiento, no necesariamente para realizar actos violentos. 

Lo reciben, a veces, de las instancias responsables de promover este deporte, para que siempre haya una porra que se desplace y apoye al equipo cuanto juega como visitante.  

Otras veces no queda claro quien los financia. En ocasiones son grupos políticos cuya intención es que estas porras de jóvenes sean una fuerza de respuesta y de presión social y política en sus entornos.

A estos grupos o porras se les regalan boletos para que atraigan a la afición y la animen con sus cánticos y gritos para que “viva la emoción del futbol” y apoyen a algún equipo en específico. Todo esto, insiste Ascencio Martínez, “no está exento de intereses políticos o de otro tipo”.

Insulto y violencia

En otros países de América Latina también se forman estos grupos enfocados a la defensa irrestricta de sus equipos y a ser protagonistas de estas manifestaciones de apoyo oficiales, continuas y permanentes.

Manifestaciones de “apoyo” que a veces derivan en violencia cuando se trasgreden los límites de convivencia establecidos dentro de los estadios o cuando entre las propias porras hay alguna provocación o conflictos previos. Así una forma de demostrar su apoyo a su equipo es confrontar a quienes apoyan al equipo rival.

La violencia surge “en el momento” o como resultado de experiencias previas, incluso ocurridas fuera del estadio o hasta personales. Muchas veces por insultos o por los propios cánticos, en cuya letra ya está implícita la agresión al equipo rival en turno o a un equipo en particular, sobre todo en los “encuentros clásicos”.

Para insultar, se expresan también agresiones verbales misóginas contra los otros. Hay una conexión entre esos cánticos e insultos con la propia vida social que tiende a ser desigual, orientada a denigrar a las personas.

Hay aficionados que creen que los gritos homófonos no son un insulto con contenido plenamente homofóbico, pero en nuestros entornos socioculturales este tipo de expresiones están “ancladas a la ofensa a grupos de la diversidad sexual o a personas que no cumplen con ciertos estereotipos de masculinidad tradicional”.

Aunque gritar “puto” se quiera disfrazar como grito de emoción, de un insulto al margen de estas concepciones culturales, “es un grito que remite a rasgos homofóbicos que las sociedades buscan erradicar y por ello ha sido sancionado”.

Jugar bajo amenaza

Los aficionados al futbol reconocen su sentido de pertenencia a una nación, en este caso México, en un símbolo que es la Selección Nacional, dice Ascencio Martínez.

La afición visibiliza este sentimiento o emoción compartida en un espacio público simbólico: el Ángel de la Independencia.  La gente llega ahí, corre, iza la bandera, toca su claxon. “Buscan reconocerse como parte de un mismo sentimiento de unidad nacional, así sea parcial”.

Sucede lo contrario cuando los resultados no son los mejores. La gente se recluye en sus espacios privados. Y en algunos casos expresa su rechazo a ciertos jugadores por la derrota. Incluso ha habido amenazas hacia jugadores de la selección nacional, por ejemplo al portero Guillermo Ochoa.

En otros momentos han ocurrido casos en los que algunos futbolistas, como Andrés Escobar, han sido atacados después de malos resultados. Y en los últimos meses hemos presenciado cómo las propias porras confrontan a los jugadores, incluso los insultan o los presionan. 

Tampoco hay que olvidar —dice el académico de la UNAM— que el fútbol está inmerso en un escenario donde hay pasiones pero también intereses y apuestas. 

Ojalá que les puedan brindar la protección necesaria a los jugadores y haya cuidado en cómo se procesan ciertas emociones desde el punto de vista de las narraciones deportivas porque —asegura Ascencio Martínez— muchas veces generan la percepción de que los malos resultados son consecuencia de un sólo jugador y no el resultado de un mal desempeño como equipo.

El futuro del universo, según la astrónoma Julieta Fierro

“En algún momento, dentro de billones de billones de años, todas las estrellas se apagarán, los agujeros negros se evaporarán y…”. Julieta Fierro Gossman, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, te estaba contando el final de la historia antes de hablarte siquiera del primer capítulo. 

Todo comenzó hace 13 mil 800 millones de años, cuando nació el universo. El sistema solar se desarrolló mucho más tarde, hace 4 mil 500 millones de años. Y, hace apenas 200 mil años, evolucionó en la Tierra el Homo sapiens, una criatura capaz de preguntarse por el origen y el futuro del cosmos.

Por ejemplo, en la antigua Grecia tenían el oráculo de Delfos, y todas las personas lo consultaban para conocer el futuro del universo.

Pensaban que cada 52 años se detenía el Sol en su trayectoria y hacían una ceremonia del Fuego Nuevo, en la que rompían las vallas, apagaban fogones y encendían un fuego que repartían con los presentes.

Otra cultura antigua que estudiaba los astros para saber del futuro eran los mayas. Ellos conocían muy bien la trayectoria del Sol y de la Luna, y por eso identificaban cuándo ocurriría un eclipse. De hecho, esta información quedó registrada en sus códices.

Presente

En la actualidad, los astrónomos tienen diversos objetos de estudio; entre muchos otros, los meteoritos que puedan estrellarse en la Tierra. Después de varias investigaciones, saben que de momento no caerá ningún objeto peligroso. Sin embargo, existe un 5% de probabilidad de que caiga uno en el año 2124.

Para probar las posibilidades de alterar la trayectoria de estos cuerpos celestes como defensa planetaria, la NASA ya tiene una misión en curso: DART (‘Double Asteroid Redirection Test’ o Doble Prueba de Redirección de Asteroides). Como parte de este proyecto, a finales del año pasado lanzó al espacio una sonda que intentará desviar un meteorito por impacto cinético (interceptándolo con un proyectil no explosivo). Se esperan resultados de DART en octubre de 2022.

Volviendo al futuro, con Julieta Fierro

¿Qué será de la Tierra? Se estima que dentro de 4 mil 500 millones de años el Sol se inflará y se transformará en una estrella gigante roja. Crecerá tanto que hará que nuestro planeta se desintegre, provocando que toda su materia quede viajando por el medio interestelar para formar nuevos planetas.

¿Qué pasará más allá de nuestro vecindario? Actualmente el universo se expande, cada vez más rápido: “…se está acelerando y se dilatará más y más; los objetos que estén más alejados tardarán mucho más en viajar por el espacio interestelar”, explica la investigadora de la UNAM.

Dentro de 500 millones de años, la Vía Láctea se fusionará con la galaxia de Andrómeda. Sus estrellas no chocarán, pero juntas formarán una galaxia mucho más grande.

En algún momento, dentro de billones de billones de años, se apagarán todas las estrellas y los hoyos negros se evaporarán. Los átomos se romperán y todo será muy frío, carente de materia con ondas de poca frecuencia.

“Nos espera un universo muy frío, pero falta tanto tiempo que de momento no hay por qué preocuparnos”, concluyó.

¿Cómo vivimos la nueva normalidad?

¿Caída del cabello después de sufrir COVID-19?

 

Después de padecer COVID-19, la enfermedad causada por el virus del SARS-CoV 2, pueden quedar varias secuelas, entre ellas, la caída del cabello. Sin embargo, Rodrigo Roldán Marín, responsable de la Clínica de Oncodermatología de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que se trata de un proceso reversible.

Existen tres etapas del cabello: anágena, catágena y telógena. La caída del cabello se encuentra en la tercera fase, llamada efluvio telógena, que es cuando se desprende y se cae.

Esto mismo pasa con los animales, como los gatos o los perros, que cuando cambian de estación mudan de pelo y se les cae bastante. Mientras que en los humanos es fácil reconocerlo, por ejemplo, en algunos casos se da después de una quimioterapia o por el efecto de algunos fármacos.

En el caso del COVID-19, se aceleran las fases y se llega a efluvio telógena, etapa en la que se cae el cabello y es reversible. Se da por igual en mujeres y hombres, y surge después de uno a tres meses de haber padecido la enfermedad.

Sin embargo, en algunas ocasiones padecer COVID-19 puede acelerar el proceso de la alopecia androgénica, es decir, la pérdida de cabello que generalmente es por una razón genética o hereditaria. Ésta se manifiesta en los hombres como una “cabecita de fraile” y en las mujeres en la zona parietal.

De acuerdo con el especialista, la alopecia androgénica también es reversible, pero es necesario identificarla e iniciar el tratamiento desde su etapa más temprana. Pero cuando dicha pérdida del cabello se encuentra en una fase muy avanzada, es mucho más difícil la recuperación.

¿Qué hacer después de sufrir COVID-19?

Una persona que sufre caída del cabello después de haber padecido la enfermedad del COVID-19, lo primero que debe hacer es mantener la calma, dijo Roldán Marín.

Lo ideal es que acuda con un profesional, en este caso un dermatólogo que podrá precisar el diagnóstico y le indicará el tratamiento adecuado para disminuir el flujo de la caída.

El especialista debe asegurarse que la caída del cabello se debe a la enfermedad de COVID-19 y no por otra causa. La recuperación del cabello puede durar entre tres y seis meses, periodo en el cual se recupera por completo su densidad.

Aparte del tratamiento médico, es fundamental la alimentación, que debe ser balanceada y lo más sana posible. De hecho, otra causa de la alopecia es la desnutrición.

El especialista recomienda no automedicarse, no utilizar remedios que encontraron en internet o que recomendó algún conocido. Lo ideal es acudir con un profesional para recibir el tratamiento adecuado.

Además, el aseo del cabello debe ser diario, no hay ningún inconveniente ni acelera la caída. La persona puede seguir su vida lo más normal posible y entender que es un proceso transitorio y reversible.

Las y los matemáticos de la UNAM invitan a celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2022

 

El Centro de Ciencias Matemáticas y el Instituto de Matemáticas invitan a personas a partir de secundaria, estudiantes, profesores e investigadores a celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2022. Este evento virtual y gratuito tiene el objetivo de visibilizar y fomentar la participación de las mujeres y las niñas en las ciencias, así como la igualdad de género en el quehacer científico y matemático.

Al asistir a las actividades, los participantes ampliarán su visión general del quehacer científico, con énfasis en las matemáticas; se visibilizarán contribuciones de mujeres matemáticas en diferentes momentos históricos; y se darán a conocer mujeres mexicanas que contribuyen actualmente a generar conocimiento desde los centros e institutos de investigación de la UNAM.

Les esperamos los miércoles de febrero, de 17 a 18 horas, en las conferencias de divulgación que se transmitirán por redes sociales. El programa también incluye talleres e intervenciones temáticas, los sábados 12 y 19 de febrero. Además, la conferencia organizada por los seminarios interinstitucionales de igualdad de género, el jueves 10 las 17 horas.

Todas las actividades estarán abiertas al público, serán gratuitas y virtuales a través de las redes sociales institucionales:

 

Facebook: @unamccm @imateunam @UCIMUNAM @IMUNAMOAXACA

YouTube: @matepop

 

Programa: www.matcuer.unam.mx/11femn

 

Presentación del Proyecto Colmena

La afición al futbol, vista por un psicólogo

En los estadios se da una “desindividualización”, no hay responsabilidad personal porque todos están en grupo y pueden hacer cosas que solos no harían.

El futbol “coloniza” espacios de otras entidades que son mal vistas por la sociedad. Hay gente que en vez de hacer crítica social o participar en política, prefiere ser parte de una afición. Y hay aficionados que se “anclan” a un equipo para formar parte de una identidad compartida, de un ser colectivo que después de un gol hace “la ola” o luego de una victoria de la Selección Nacional se congrega para festejar y dar la vuelta al Ángel de Independencia.

El maestro Erik Salazar Flores, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, dice que ser parte de la afición de un equipo es un rasgo identitario social compartido con alguien más.

Además de la identidad personal, agrega, tenemos identidades adquiridas durante nuestro desarrollo en la sociedad. Estas identidades colectivas nos dan sentido de pertenencia a una familia, a un partido político, a un grupo religioso o a un equipo de futbol.

En el futbol, sin embargo, no se trata sólo de identificarme con tal o cual equipo, sino de que su afición “me reconozca como parte de ella”, ser parte de su barra brava. Por eso, unos se ponen la camiseta de los Pumas para distinguirse de los fans del América o de otros equipos.

Todo eso nos da un sentido de pertenecía, de comunión, de ser un nosotros. Por lo mismo, “lo que hace el equipo, lo estoy haciendo yo”, y si hay un gol a favor, festejamos y decimos: metimos un gol, ganamos. O al revés: perdimos.

Más relevante es cuando juega la Selección Nacional. Es más claro el sentido de pertenencia. Soy mexicano y es mi equipo y sus logros o fracasos también son míos.

Placer y sufrimiento

Salazar Flores apunta: la victoria, gritar “ganamos”, tiene a nivel cerebral un efecto parecido al de una droga. Detona en el cerebro la secreción y la liberación de oxitocina y dopamina, hormonas asociadas al placer.

Que gane mi equipo, me alegra “porque estoy triunfando”, pero me hace más feliz, por mi mexicanidad, si la Selección Nacional derrota a la de un país rico. “En el futbol nos reivindicamos” cuando ganamos a Estados Unidos, por razones históricas y políticas.

Por el contrario, al perder el TRI, sobre todo ante la selección de Estados Unidos, el aficionado mexicano sufre, se frustra, “siento como si me dieran un golpe“.

Por la mediación identitaria que tengo con mi equipo, las sensaciones que me produce la derrota son equiparables a perder una pelea con alguien, aunque físicamente no reciba un golpe.

Cuando le meten un gol a nuestro equipo, el sufrimiento de estar perdiendo, de sentirnos menos que el otro, cuyo equipo va ganando, puede conducir a manifestaciones violentas.

El sufrimiento por la derrota —asegura Salazar Flores— refuerza la identidad compartida pues el otro que también es aficionado de mi equipo sufre conmigo. Uno prefiere sufrir o tener una experiencia placentera en compañía. Eso es parte de la identidad colectiva, muy relevante para los seres humanos.

Cuando hay equipos que durante años no ganan una copa, como Cruz Azul, o como la Selección Nacional, que nunca pasa de cuartos de final en los mundiales, hay algo en el sufrimiento que nos une, que se podría equiparar al masoquismo, “como si nos gustara sufrir en colectivo”.

La afición, ser social articulado

La afición en el estadio no son individuos sino todo un ser social, articulado, que puede actuar coordinadamente para hacer una porra y gritar todos al mismo tiempo. Al hacer “la ola expresamos que no somos uno solo”.

Cuando la Selección Nacional gana, señala Salazar Flores, cada uno puede estar en su casa saltando de alegría, pero hay una necesidad de expresarse colectivamente, de voltear a ver al de al lado y decirle “nosotros ganamos”.

Para compartir esa dicha se busca un espacio público, simbólico, que en la Ciudad de México es el Ángel de la Independencia. Llegamos ahí y festejamos porque nuestro equipo ganó. Por un momento dejamos atrás las tareas cotidianas para unirnos a los demás, para estar alegre, cara a cara, porque frente al televisor nos hace falta algo: ver al grupo al que pertenecemos y que igualmente está eufórico.

Con la pandemia Covid-19 y el aislamiento y los partidos de futbol en estadios casi vacíos, “si hay pierde” porque el ser humano está diseñado para interactuar cara a cara. Es diferente cuando la interacción está mediada por una pantalla. Hay mayor euforia en ver un partido en un estadio que en la televisión.

Sin embargo, subraya, como cada vez hay más mediaciones (celulares, tabletas, computadoras) nos acostumbramos más y más a los aparatos electrónicos. Aunque no es lo mismo, ya no hay tanta diferencia estar en vivo en un partido o en un concierto que verlos en el celular o en una computadora.

Las copas mundiales, por ejemplo, son muy exitosas y la afición “también nos involucramos mucho en esos eventos aunque no sean presenciales”.

La derrota como afrenta

—Las rivalidades entre los equipos, sus aficionados las llevan a otro nivel, al odio y a la violencia, ¿por qué llegan a esos extremos?

Hemos visto —dice Salazar Flores— aficionados que prácticamente son linchados por alguna turba, peleas dentro de los estadios, agresiones a los jugadores. En 1994, un defensa colombiano de apellido Escobar metió un autogol. Por tal acción totalmente accidental, capos de la mafia de Colombia lo mandaron matar.

Definitivamente, considera, son hechos lamentables que nos tienen que hacer reflexionar sobre ¿por qué se tiene que expresar así la afición?

Porque al final, agrega el profesor universitario, la derrota se vive como una afrenta y se tiene que buscar un culpable y castigarlo. Hay que liberar la frustración, desquitándose “con quien sea”, con algún aficionado del otro equipo o con personas del propio entorno familiar.

Esto también ocurre porque en los estadios se da una “desindividualización”, no hay responsabilidad personal porque estamos todos en grupo y podemos hacer cosas que solos no haríamos, como atacar a alguien o destruir algún lugar. Eso es lamentable

Es bonito pertenecer a la afición de un equipo, pero hay fans que van más allá, que en ser puma de la Universidad, chiva del Guadalajara, águila del América … “les va la vida, como le podría ir la vida a alguien que está defendiendo a su país”.

El futbol, sus equipos y la afición ocupan el espacio de otras entidades mal vistas por la sociedad, como los partidos políticos y sus partidarios, a los que se les llama “chairos” o con otros apelativos.

Pese a ciertos estigmas en algunos grupos de aficionados, normalmente tiene más aceptación social la afición al futbol, que ser crítico de la sociedad. En algún equipo anclamos nuestra identidad para desarrollarnos en la sociedad, y nuestra lucha que debería estar en otro lado, de algún modo, está anclada o “colonizada por el futbol”.

—Finalmente ¿la afición es machista-homofóbica cuando grita “puto”?

“Desde mi punto de vista, sí. Es un grito como de cobardía ¿no? Es una de las acepciones que tiene la palabra, pero evidentemente el lenguaje es polisémico, las palabras significan muchas cosas, y sabemos que esta palabra principalmente tiene el significado de homosexual, por lo menos en la cotidianidad. Y va de la mano del machismo”.

A muchos les preocupa que por este grito la selección de México podría no participar en la próxima copa mundial y sea vetada de estadios, pero lo que nos debe preocupar más es que se exprese ese grito homofóbico, porque es degradante y es un insulto a una orientación sexual. Porque describe perfectamente mucho de lo que somos como sociedad con quien es diferente a “la normatividad dominante, que es la heterosexual”.