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En invierno hay más contaminación: ¿mito o realidad?

Michel Olguín Lacunza/Mónica Martínez González

En condiciones normales, la temperatura desciende con la altura. Durante el día, el sol calienta la superficie terrestre, y a su vez ésta va liberando calor que determina la temperatura de la capa de aire más cercana. Este aire más caliente tiene menor densidad, es decir, menor peso, lo que facilita su ascenso a través de las distintas capas que forman la atmósfera.

A medida que asciende, el aire caliente se va enfriando y adquiere mayor densidad o peso. Entonces, ahora que la gravedad lo atrae con más fuerza, le toca descender, desplazando al aire caliente más cercano a la superficie, que asciende para comenzar de nuevo el ciclo.

Ésa es la circulación habitual en la atmósfera. Sí, como decíamos, es lo que sucede en condiciones normales. Pero el invierno llega para poner el cielo de cabeza. Arturo Quintanar y José Agustín García Reynoso, investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, hablan de este fenómeno y otros factores que inciden en la contaminación de la Ciudad de México.

Inversión térmica

En las frías y largas noches de invierno, que además suelen ser despejadas y poco ventosas, la superficie terrestre se enfría rápidamente, y transmite ese frío a la capa de aire más próxima al suelo. Al amanecer, esta capa inferior, que debería ser más caliente y menos densa, es más fría y pesada que las capas superiores, por lo que queda inmovilizada. Así se interrumpe la habitual circulación del aire, y los contaminantes quedan atrapados cerca de la superficie, sin posibilidad de dispersarse en la atmósfera.

Esta inversión térmica, sin embargo, suele corregirse conforme el sol vuelve a calentar la superficie, a medida que avanza el día.

 

En el Valle de México

La ubicación geográfica y las características orográficas del Valle de México ayudan poco a lidiar con la inversión térmica. El localizarse en una cuenca cerrada, a una altitud promedio de 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar, rodeada por montañas, es una condición natural que de por sí dificulta la circulación del viento y la dispersión de contaminantes.

Los “contaminantes invernales”

A la condición natural permanente (la ubicación geográfica) y la temporal (la inversión térmica) se suma el incremento de emisiones de contaminantes. Las fiestas decembrinas llegan acompañadas de fogatas, el uso de pirotecnia y un mayor flujo vehicular.

Lo que puedes hacer para cuidar la calidad del aire
Los investigadores universitarios antes mencionados aprovechan para compartir algunas recomendaciones, válidas para cualquier época del año.

En casa

Usar productos amigables con el ambiente. Quemar eficientemente el gas LP, dando debido mantenimiento al calentador de agua. Si se tiene la posibilidad, colocar una azotea verde, dado que genera oxígeno, atrapa el dióxido de carbono y contribuye a reducir el efecto “isla de calor”.

En la ciudad

Utilizar el transporte público masivo. Y si uno se traslada en su propio vehículo, convencional, reemplazarlo, en un futuro no muy lejano, por un coche eléctrico.

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