Por primera vez, la universidad integra de manera formal un programa para atender la salud mental de su comunidad, con el fin de prevenir problemas como ansiedad, depresión y estrés que afectan el desempeño académico. Se trata de la Unidad de Apoyo a la Salud Emocional y Psicológica.

María Elena Medina Mora, titular de la nueva dependencia, destacó en entrevista que este proyecto responde a una necesidad creciente entre los estudiantes, derivada de los efectos de la pandemia y de los altos niveles de estrés que viven los jóvenes.
“Tener una buena salud, tanto física como mental, ayuda a que los estudiantes tengan éxito en su carrera y logren graduarse. No podemos dejar de lado la parte emocional”, subrayó.
Una respuesta a la crisis de salud mental
La unidad forma parte de un programa más amplio de atención a la salud global que ya incluía a la Dirección General de Atención a la Salud (DGAS), centrada en lo físico. Ahora, el componente psicológico viene a llenar un vacío histórico.

Los datos que maneja la universidad son claros: tras la pandemia aumentaron de forma significativa los casos de ansiedad, insomnio, depresión y estrés entre los adolescentes y jóvenes que ingresan al bachillerato y a la universidad.
Durante el confinamiento, explica Medina Mora, muchos estudiantes perdieron habilidades sociales y cognitivas clave, como la concentración, la memoria y la capacidad de interacción. Esto, sumado al aislamiento, impactó directamente en su identidad, autoestima y bienestar.
¿Cómo funciona la unidad?
Los estudiantes pueden acercarse directamente a sus escuelas y facultades, donde existen programas en marcha, o bien ser canalizados a la Dirección General de Atención a la Salud. La idea es coordinar esfuerzos para responder a la alta demanda de atención.
La doctora detalló que existen intervenciones preventivas para quienes presentan malestares leves:
- Talleres de respiración y atención plena.
- Apoyo para mejorar hábitos de sueño.
- Estrategias contra la procrastinación.
- Prevención del consumo de tabaco y alcohol.
En casos más severos, los estudiantes reciben atención psicológica directa, incluso a distancia, o son canalizados a servicios especializados.
Los principales problemas que se atienden
La ansiedad y la depresión son los padecimientos más comunes, aunque también se detectan casos de estrés postraumático, déficit de atención (con o sin hiperactividad) y conflictos emocionales que afectan las relaciones familiares y escolares.
Además, existe un programa prioritario de prevención del suicidio que incluye capacitación a profesores para identificar señales de alarma y protocolos de atención inmediata.
“Sabemos que el suicidio se puede prevenir. La capacitación de maestros y el trabajo con pares es clave para salvar vidas”, enfatizó Medina Mora.
Romper el estigma de pedir ayuda
Uno de los grandes retos es que muchos jóvenes todavía sienten vergüenza o miedo de acudir al psicólogo. Por ello, la universidad organiza ferias de salud donde los estudiantes pueden recibir información, participar en dinámicas y conocer los servicios de manera cercana.
La académica hizo un llamado a normalizar el cuidado de la salud mental:
“Necesitamos hablar de estos problemas como enfermedades como cualquier otra, sin prejuicios. Acudir al psicólogo no es señal de debilidad, sino de responsabilidad con uno mismo”.
Una plataforma integral
Próximamente se habilitará una plataforma digital en la que los estudiantes podrán consultar a dónde acudir, qué servicios hay disponibles y cómo acceder a ellos.
El objetivo, concluyó la doctora Medina Mora, es integrar la atención física y emocional para que los jóvenes puedan concluir sus estudios de manera exitosa y con mejor calidad de vida.























