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El hielo: el material más extraño de la naturaleza

Aunque lo vemos todos los días en un vaso, una montaña o en la escarcha de una ventana, el hielo es uno de los materiales más extraños y fascinantes del universo. Detrás de su apariencia simple, esconde comportamientos que desafían las leyes físicas más básicas y que lo convierten en un verdadero laboratorio natural para entender tanto el clima terrestre como los mundos helados del cosmos.

Un sólido que flota: la paradoja del agua

A diferencia de casi todas las sustancias conocidas, el hielo flota sobre el agua. En condiciones normales, cuando un líquido se solidifica, sus moléculas se compactan y se vuelven más densas. Pero el agua es la gran excepción: al congelarse, sus moléculas de hidrógeno y oxígeno se ordenan formando una estructura cristalina hexagonal que deja huecos entre ellas. Esa organización la hace menos densa, y por eso el hielo se eleva y no se hunde.

Gracias a este fenómeno, la vida en la Tierra es posible. Si el hielo se hundiera, los océanos y lagos se congelarían desde el fondo, haciendo inhabitable el planeta. En cambio, al flotar, crea una capa aislante que protege las aguas profundas y mantiene vivas a miles de especies durante el invierno.

Más de 19 tipos de hielo

Cuando pensamos en hielo, solemos imaginar el que sale del refrigerador, pero en realidad existen al menos 19 tipos diferentes identificados por los científicos. Cada uno posee una estructura molecular única, determinada por la presión y la temperatura a la que se forma.

En la Tierra conocemos sobre todo el hielo Ih, el tipo común de estructura hexagonal. Pero hay otros más exóticos, como el hielo II, III, V o VII, que solo se generan bajo condiciones extremas.

Por ejemplo, el hielo VII aparece cuando el agua se somete a presiones millones de veces mayores que la atmosférica, como ocurre en el interior de planetas gigantes como Neptuno o Urano. Este tipo de hielo es tan denso que podría explicar parte de la estructura interna de esos mundos helados.

Incluso se han descubierto fases más misteriosas, como el hielo amorfo, que no tiene un patrón cristalino definido y podría ser el tipo de hielo más abundante del universo, presente en cometas, lunas heladas y nubes interestelares.

El hielo y el clima terrestre

El estudio del hielo no solo interesa a los astrofísicos: también es clave para entender el cambio climático. Los glaciares y los casquetes polares son verdaderos archivos del pasado, pues conservan burbujas de aire atrapadas durante miles de años.
Analizar esos núcleos de hielo permite conocer cómo ha variado la atmósfera, la temperatura global y la concentración de gases de efecto invernadero a lo largo del tiempo.

Además, el hielo regula el equilibrio térmico del planeta. Su color blanco refleja gran parte de la radiación solar, ayudando a mantener fresco el clima terrestre. Pero el derretimiento acelerado de los polos reduce esa capacidad de reflejar la luz, lo que genera un efecto dominó: más calor, más deshielo y, por tanto, mayor aumento del nivel del mar.

El hielo en el cosmos

Más allá de la Tierra, el hielo es un componente esencial del Sistema Solar. Se encuentra en las lunas de Júpiter y Saturno, como Europa y Encélado, donde forma una corteza helada que oculta océanos subterráneos.


Estas condiciones despiertan un enorme interés científico, pues podrían albergar formas de vida microbiana o procesos químicos similares a los que dieron origen a la vida en la Tierra.

En los cometas y asteroides, el hielo también cumple un papel fundamental: cuando se acercan al Sol, su evaporación libera gases y polvo, formando las espectaculares colas cometarias que vemos desde la Tierra. Algunos astrobiólogos sugieren que el hielo de estos cuerpos pudo haber sido el vehículo que trajo agua y moléculas orgánicas al planeta en sus primeras etapas.

Un espejo del universo

El hielo, con todas sus formas y comportamientos, es mucho más que un simple sólido congelado. Es una clave para descifrar la historia del planeta y del cosmos. En sus estructuras microscópicas se esconden secretos sobre la física del agua, la evolución de los mundos helados y los límites de la vida.

La próxima vez que veas derretirse un cubo de hielo, recuerda que en ese proceso cotidiano se reflejan algunos de los misterios más profundos de la naturaleza: cómo un material tan común puede ser, al mismo tiempo, uno de los más extraordinarios del universo.

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La música transforma vidas: ENES León realiza taller de dirección orquestal

La Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad León de la UNAM llevó a cabo, por primera vez, un taller intensivo de dirección orquestal que reunió a docentes de distintas partes del país y a jóvenes y niños integrantes de orquestas comunitarias de la Fundación León.

El curso, impartido del 10 al 14 de noviembre, y con un concierto de clausura el día 18, estuvo a cargo del director Gustavo Rivero Weber, fundador de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata (OJUEM) y actual responsable del área musical de la ENES en San Miguel de Allende.

Rivero Weber dijo en entrevista para UNAM Global que este proyecto surgió a partir de su llegada reciente a la ENES León, donde propuso abrir espacios formativos en torno a la música. “Me llevé una gran sorpresa al conocer el programa de orquestas comunitarias de la Fundación León. Es una labor impresionante, porque no solo forman músicos: cambian vidas”, afirmó.

Un taller que atrajo a maestros de varias ciudades

Aunque originalmente se pensaba en un curso dirigido únicamente al personal de las orquestas comunitarias de León, la convocatoria se expandió rápidamente.

Participaron 10 maestros provenientes de Monterrey, San Luis Potosí, Ciudad de México y Guanajuato, quienes durante cinco días estudiaron la técnica de dirección, la lectura de partituras y estrategias de ensayo.

“Todos aprendimos, incluso yo”, comentó Rivero Weber. “Es muy especial poner en palabras lo que uno hace en el podio: cómo la batuta debe reaccionar a la música y no funcionar como un simple metrónomo. Cada gesto debe provocar una respuesta real en la orquesta”.

Beethoven, Schubert y música mexicana

El taller incluyó prácticas con una orquesta juvenil compuesta por niñas, niños y adolescentes de entre 9 y 17 años. Las obras seleccionadas permitieron trabajar distintos estilos y técnicas: el primer movimiento de la Primera Sinfonía de Beethoven, un movimiento de la Sexta Sinfonía de Schubert; además del Huapango de Moncayo, el Danzón de Arturo Márquez y una pieza para cuerdas de Ricardo Castro.

La clausura, realizada el 18 de noviembre, reunió a un público entusiasta que observó el trabajo conjunto entre los docentes y los jóvenes músicos. “Fue muy emotivo ver a niños tan pequeños tocando con tanta entrega. Hay muchísimo talento”, relató el director.

La Fundación León: música para transformar comunidades

Rivero Weber subrayó el impacto social de la unión entre la Fundación León y la ENES de la UNAM. Los integrantes de estas orquestas comunitarias reciben instrucción musical gratuita, instrumentos prestados y un acompañamiento constante por parte de maestros formados en la misma institución.

Uno de los casos más significativos es el de un maestro de la Fundación. Hoy es violista, pero de niño vivió en un entorno de riesgo. “Él me contó que a los 9 años era un niño banda. Casi lo obligaron a entrar a la Fundación. Dos años después ya había cambiado por completo. Ahora es maestro. La música literalmente lo salvó”, relató el director.

Historias como esta, dijo, se repiten entre decenas de jóvenes que encuentran en la música una alternativa para alejarse de la violencia y abrirse a otras posibilidades de vida.

Un proyecto que apenas comienza

Para la ENES León, este primer taller marca el inicio de una nueva etapa en la formación musical dentro de la unidad. Rivero Weber adelantó que ya se planea una segunda edición para abril o mayo del próximo semestre, además de nuevas actividades corales y orquestales tanto en León como en San Miguel de Allende.

“La música cambia vidas, cambia cerebros, cambia maneras de pensar. Y los estudiantes necesitan ese acceso”, afirmó. “Yo le agradezco profundamente a la ENES León, al maestro Salvador Andrade y a todo su equipo por permitir que esto sucediera. Es apenas el inicio”.

Sobre el maestro Gustavo Rivero Weber

Gustavo Rivero Weber fundó la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata (OJUEM) de la UNAM, proyecto que se consolidó como una de las agrupaciones universitarias más sólidas del país.

Formado originalmente como pianista, ha dirigido diversas orquestas nacionales e internacionales y ha impulsado programas de formación musical para jóvenes y docentes en múltiples estados de la República.

Además de su labor como director, ha destacado como investigador, docente y gestor cultural dentro de la Universidad Nacional. Ha impartido cursos y talleres en distintos espacios de la UNAM y ha formado generaciones completas de músicos. Actualmente encabeza el área de música de la ENES en San Miguel de Allende.

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CONTRIBUYE LA UNAM CON ESTUDIO INTEGRAL PARA DOCUMENTAR Y CONSERVAR MONUMENTOS DEL SIGLO XIX

Hugo Arciniega Ávila y Ricardo Mejía Falcón describieron la trascendencia de este trabajo en piezas que forman parte de la historia de la capital del país

Con el uso de nuevas tecnologías, como microscopios digitales portátiles y drones, un equipo multidisciplinario de la UNAM y de otras instituciones trabaja 10 monumentos públicos conmemorativos de la Ciudad de México para su estudio, registro detallado y documentación, a fin de coadyuvar en la urgente necesidad de su conservación.

La Universidad Nacional, a través del Seminario Los Monumentos Públicos en México. El siglo XIX, con sede en el Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), lleva a cabo, por primera vez, un proyecto de investigación integral, el cual incluye sugerencias a las autoridades para su restauración y mejor preservación.

Hugo Arciniega Ávila, investigador del IIE y titular del Seminario, precisó en entrevista que son vulnerables por el cambio en su interpretación histórica; cuestiones climáticas y contaminación; y por su relación con el entorno social.

Con financiamiento del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica de la Universidad es posible que el equipo conformado por especialistas en historia del arte, historia, científicos de materiales, restauradores, fotógrafos, físicos, químicos, etcétera, trabaje en este plan.

Son 10 los monumentos elegidos por su relevancia histórica y vulnerabilidad, entre ellos el de José María Morelos, que data de 1865, develado por el emperador Maximiliano de Habsburgo, el cual en 1907 se trasladó a su ubicación actual, dando nombre a la colonia de la alcaldía Venustiano Carranza.

Los dos de Cristóbal Colón, uno de la autoría de Charles Cordier, que se instaló en Paseo de la Reforma en 1877 y que fue retirado hace un lustro por asociarse al colonialismo; y el de Manuel Vilar, ubicado en Buenavista desde su inauguración en 1892.

Asimismo, los conmemorativos de la Guerra de 1847, que datan de 1856: Defensores de Churubusco (ubicado en el Museo de las Intervenciones) y el monumento funerario de la batalla de Molino del Rey, que se encuentra en los jardines del Complejo Cultural Los Pinos; y el de Cuauhtémoc, el más complejo por la cantidad de esculturas y simbolismos que posee, también localizado en Paseo de la Reforma.

A ellos se suman los de Carlos IV, en la Plaza Manuel Tolsá, en el Centro Histórico; Vicente Guerrero, en la colonia Guerrero; y los de Julián Villagrán y Nicolás García de San Vicente, ambos en el Paseo de la Reforma.

Cuentan una historia

Un monumento es una pieza urbana que, durante el siglo XIX, sirvió para mostrar al pueblo quiénes eran los héroes y sus virtudes cívicas, como el heroísmo. El objetivo, como en toda obra artística, era transmitir un mensaje; en este caso, en esa centuria la Ciudad de México, inició un proceso de secularización, es decir, se pasó de los valores religiosos a los laicos y civiles.

Su papel es fundamental: de ornato, porque son piezas con contenido y calidad artísticos; e informativo, para reconocer a los personajes que construyeron a la nación. Además, se volvieron elementos de referencia y con uso político, social e identitario. “Nuestra investigación considera esos aspectos, pero también analiza cómo operan en 2025, cómo la comunidad se relaciona con ellos”.

En el equipo -donde también trabajan becarios de licenciatura y posgrado- se documenta la historia de cada uno: quién lo elaboró, cuándo, quién lo encargó y, si es el caso, cómo se ha movido por la urbe. De igual manera, los materiales empleados (tipo de piedra, metal, mármol, etcétera) y su transformación, junto con la reconstrucción de técnicas y su evolución, por ejemplo la fundición.

También estamos estudiando cómo la estafeta de la elaboración pasó de extranjeros, como el italiano Antonio Piatti, a mexicanos como Miguel Noreña, formados en la Academia de las Tres Nobles Artes de SanCarlos (antecedente de la actual Facultad de Artes y Diseño de la UNAM); y a la fundición artística de las piezas en la capital del país.

Hugo Arciniega detalló que otro aspecto es determinar la participación de arquitectos e ingenieros, por tratarse de piezas pesadas, de varias toneladas, asentadas en suelos blandos; “estamos indagando, desde lo documental, cómo eran los procesos de cimentación”.

Un ejemplo

En la colonia Morelos, un monumento de mármol de ese héroe de la Independencia permanece sobre su pedestal, con una fisonomía idealizada, acercando al transeúnte a la antigüedad clásica. De una sola pieza, pesa dos toneladas.

En 1865 se ubicó en Plaza de Guardiola (actual esquina de Madero y Eje Central); en 1869 fue movido a la Plaza de Santa Veracruz, hoy avenida Hidalgo, en el Centro Histórico; a partir de 1907 da nombre a la popular colonia, desde su localización en Avenida del Trabajo y la calle de Jarcería.

Cambió de lugar, explicó el experto, porque los emplazamientos también tienen una carga política. Su primera ubicación se debió a que al emperador Maximiliano le quedaba de camino hacia Palacio Nacional; cuando cae el Segundo Imperio se le coloca en la plaza de la Santa Veracruz, para finalmente ser un detonante identitario para los artesanos que habitaban la nueva colonia.

La estatua, deteriorada por su exposición a la intemperie y la lluvia ácida, está mirando al sur porque su campaña es sureña, y con un leve giro hacia el poniente, pues así se conmemoraba su fusilamiento. La espada es señal de lucha, y un pie adelante muestra que la campaña militar avanza. Su vestimenta es de sacerdote. “Hay todo un simbolismo”, resaltó.

A los colonos les importa la pieza. Es su símbolo, un patrimonio que, si bien no intelectualizan, lo identifican como un elemento que les permite reconocerse como pertenecientes a un territorio urbano.
Es la evidencia viva de cómo un monumento hace identidad en una región o barrio. “No nos hemos topado con algún caso donde los monumentos no sigan jugando un papel, desde límite entre territorios de bandas, hasta memoria del terruño lejano”.

Ocultan los detalles

Ricardo Mejía Falcón, académico de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente, manifestó que se limpió uno de los relieves del pedestal recubierto de pintura. El problema con esta es que sus capas empiezan a ser tan gruesas que ocultan los detalles de los relieves. En la pieza también se observan las “costras” de agentes contaminantes, incluyendo material orgánico.

Además del registro fotográfico de la pieza, se efectuó uno colorimétrico. Es decir, “medimos el color con un equipo denominado colorímetro, que asigna una expresión matemática para cada tono y por ello es preciso”. Con ayuda del microscopio digital se precisó la situación de la superficie para emitir propuestas de conservación.

Arciniega Ávila afirmó que, aunque la lectura de los monumentos cambie, o se muevan de sitio, se sustituyan o desaparezcan, en la Universidad quedará su registro pormenorizado. Los informes podrán ser consultados en línea y se tiene pensada una publicación o catálogo que acerque al público los avances de este plan de tres años, el cual concluirá en diciembre próximo su etapa de trabajo de campo.

Lo que sigue es procesar los datos, además del estudio de los materiales y del contexto urbano, concluyó.

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La cena de Navidad, una fiesta muy reciente

La celebración de la Navidad es una de las tradiciones más extendidas del mundo. Para creyentes y no creyentes, esta fecha simboliza el nacimiento de Jesús —aunque históricamente no haya ocurrido un 25 de diciembre— y, sobre todo, representa un momento privilegiado para el reencuentro familiar.

Sin embargo, muchas de las costumbres que hoy damos por sentadas, como la cena navideña con pavo, distan mucho de ser antiguas. “Estas cenas con el pavo y todo lo demás son tradiciones que tomamos prestadas de otros lados, particularmente del Thanksgiving Day de Estados Unidos”, explica Antonio Rubial García, académico de la Facultad de Filosofía y Letras.

Entonces, ¿por qué celebramos la Navidad en estas fechas? Desde el punto de vista astronómico, el año inicia en marzo, durante el equinoccio de primavera, fecha que numerosos pueblos antiguos asociaban con el renacimiento del Sol. “Prácticamente todas las culturas que veneraron al Sol y entendían sus movimientos consideraban ese momento como el verdadero inicio del año”, señala Rubial.

No obstante, cuando el cristianismo se impuso como religión oficial del Imperio romano, el calendario cambió. El inicio simbólico del año se desplazó al solsticio de invierno, alrededor del 22 de diciembre, momento en que los días son más cortos y la luz solar parece debilitada. De ahí que el nacimiento de Cristo se fijara litúrgicamente en esta temporada.

Este cambio también tuvo un trasfondo religioso. “Tiene que ver con una antigua fiesta dedicada a Mitra, un dios persa. Para sustituir ese culto, el cristianismo estableció el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús”, explica el historiador.

Solsticio de invierno en Mesoamérica

En Mesoamérica, particularmente en el mundo mexica, también se celebraba un nacimiento durante el solsticio de invierno: el de Huitzilopochtli, dios solar y de la guerra, quien surgió armado del vientre de su madre, la diosa Coatlicue, para enfrentar a su hermana Coyolxauhqui —la Luna— y a sus cuatrocientos hermanos, los huitznahua.

Este mito se conmemoraba entre el 17 y el 26 de diciembre durante la fiesta de Panquetzaliztli. “En esos días el Sol se encuentra más débil porque las jornadas son más cortas”, detalla Rubial. La celebración incluía una estatua del dios elaborada con amaranto y miel de maguey, que era llevada en procesión por varias estaciones rituales donde se ofrecían sacrificios y ofrendas. Al concluir, la imagen era consumida por la nobleza mexica.

Las posadas: una tradición exclusivamente mexicana

Con la llegada de los frailes, muchas de estas festividades fueron resignificadas. “Los misioneros utilizaron estas celebraciones para sustituir el nacimiento de Huitzilopochtli por el nacimiento de Cristo. Algunos autores sostienen que las posadas representan los nueve meses del embarazo de María”, añade el investigador.

La idea fue promovida por Fray Diego de Soria, quien en 1587 obtuvo el permiso del papa Sixto V para celebrar entre el 16 y el 24 de diciembre las llamadas “misas de aguinaldo”, que más tarde se conocerían como posadas. Estas nueve ceremonias aludían al peregrinar de José y María, sustituyendo simbólicamente el antiguo traslado ritual del dios mexica.

Aunque inicialmente fueron impuestas con fines evangelizadores, con el tiempo las posadas se transformaron en una de las tradiciones más emblemáticas de México.

El nacimiento y las piñatas

Durante el periodo colonial, la Navidad se celebraba principalmente en espacios religiosos. Según los Anales de Juan Bautista, documento del siglo XVI escrito en náhuatl en el entorno del Colegio de Tlatelolco, en el convento de San Francisco se realizaban tres misas nocturnas en las que se representaba el nacimiento de Cristo con actores indígenas caracterizados como José, María y el Niño.

Estas representaciones humanas del pesebre fueron impulsadas por los franciscanos, siguiendo una tradición iniciada por San Francisco de Asís en el siglo XIII.

En cuanto a las piñatas, su origen es más incierto. Aunque algunos autores del siglo XIX las atribuyen a los agustinos, no existen fuentes directas que lo confirmen. Lo que sí se sabe es que en el siglo XVIII comenzaron a aparecer en pinturas, aunque originalmente contenían palomas en lugar de dulces, que salían volando al romperse.

La piñata de siete picos simbolizaba los siete pecados capitales, mientras que el palo representaba la fe ciega con la que debía combatirse el mal.

Una fiesta sin cena

A diferencia de la Semana Santa, que desde la época colonial era una celebración pública de gran intensidad ritual, la Navidad resultaba poco atractiva en términos festivos. “No había grandes procesiones ni celebraciones prolongadas”, señala Rubial.

Un cuadro de 1720 del pintor Manuel Arellano, Celebridad de Nochebuena en México, muestra la Plaza Mayor repleta de puestos, faroles y carruajes durante la víspera de Navidad. Los testimonios de la época, como la crónica El Carmelo regocijado (1729), describen un ambiente comercial donde se vendían dulces, frutas, pescados y jamones. El principal festejo consistía en pasear por la plaza y acudir a la misa de gallo.

Pero no existen registros claros, escritos ni gráficos, de una cena especial en los hogares.

La cena navideña: una costumbre del siglo XX

“La cena de Navidad, tal como la conocemos hoy, es una tradición muy reciente”, afirma Rubial. Aunque pudo haber antecedentes aislados en el siglo XIX, su consolidación ocurrió en el siglo XX, especialmente en las ciudades y entre las clases medias.

“Es una costumbre burguesa que se difundió conforme creció el consumo. Viene de Estados Unidos y se vincula al surgimiento de los supermercados”, explica. Con el desarrollo económico posterior a los años cuarenta y el fortalecimiento de la clase media, la cena navideña comenzó a incorporarse como una tradición doméstica.

Antes de eso, para la mayoría de la población resultaba impensable organizar una comida abundante. “Para muchos, la cena no iba más allá de frijoles”, concluye el historiador.

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¡Un lustro de asombro! El Club de Ciencias del CCH Oriente llega a sus 5 años

El entusiasmo por descubrir, experimentar y comprender el mundo que nos rodea ha sido el motor del Club de Ciencias del CCH Oriente desde su creación. Este espacio se ha consolidado como un semillero de talento joven, creatividad científica y aprendizaje colaborativo. A lo largo de este lustro, el club no sólo ha impulsado proyectos y actividades que acercan la ciencia a la comunidad estudiantil, sino que también ha fomentado la curiosidad y el pensamiento crítico como herramientas de transformación.

El profesor Alonso Antonio Yescas Galicia, docente de física en el Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Oriente de la UNAM, relató el origen, desarrollo e impacto del Club de Ciencias, un proyecto que nació a partir de los desafíos educativos enfrentados durante la pandemia.

Yescas Galicia explicó que el club surgió cuando advirtió que las clases tradicionales habían sido rebasadas por las nuevas tecnologías, lo que volvió evidente la necesidad de transformar la manera en que se enseñan las ciencias. De ahí nació la idea de crear un espacio donde los estudiantes pudieran aprender de forma más dinámica y profunda, aprovechando las tecnologías de la información, los sensores, la programación y diversas herramientas tecnológicas.

“Dejar caer un balín o una pelota para estudiar la caída libre resulta muchas veces tedioso o insuficiente, y los alumnos no comprenden del todo las fuerzas involucradas en los fenómenos físicos que los rodean. Por ello decidí incorporar sensores y sistemas de medición que permitieran obtener datos reales, analizarlos y compararlos con los modelos teóricos”, comentó.

Con esta estrategia, los estudiantes descubren que la realidad física no siempre se comporta como los modelos ideales, lo que despierta en ellos una curiosidad científica genuina. Esa inquietud, a su vez, los conduce hacia carreras como ingeniería, química o física, al encontrar en la ciencia una herramienta para comprender su entorno y un campo fértil para la solución de problemas.

A lo largo de estos años, el maestro Alonso ha contado con el apoyo de diversos colegas de la institución. Actualmente colaboran con él los profesores Raymundo Ibarra Carrasco y otros docentes del plantel.

Un proyecto con diversas misiones

La visión del Club de Ciencias, ubicado en el SILADIN (Sistema de Laboratorios para el Desarrollo y la Innovación), tiene distintas aristas. Una de ellas consiste en motivar a los alumnos para que sean productivos en la sociedad, capaces de enfrentar conflictos y aportar soluciones a partir de los aprendizajes adquiridos en el bachillerato. Asimismo, se busca que los jóvenes transformen la percepción de que ciencias como la física, la química o las matemáticas son disciplinas complicadas e inaccesibles.

“Al comenzar a trabajar con Arduino, circuitos, sensores y prototipos reales, encuentran un sentido distinto al estudio. Ven un LED encenderse por primera vez, logran hacer funcionar un programa en lenguaje C o son capaces de manipular un sistema que ellos mismos ensamblaron. Esa experiencia les devuelve la motivación. El aprendizaje significativo ocurre cuando los alumnos descubren que las ciencias no son sólo fórmulas, sino herramientas para crear y comprender el mundo”, destacó.

Voluntad para saber

Una de las particularidades del club es que los interesados no necesariamente deben contar con conocimientos científicos avanzados, ya que el plan de trabajo está cuidadosamente estructurado. Cada ciclo se desarrolla a lo largo de un año y se divide en dos fases. En la primera, los jóvenes eligen su proyecto, investigan los fundamentos teóricos y, de manera paralela, aprenden a programar en lenguaje C, base para trabajar con Arduino y con los sensores que posteriormente utilizarán. Esta etapa concluye con la definición clara del proyecto, el acopio de materiales y el dominio inicial de las herramientas tecnológicas necesarias.

La segunda fase está dedicada a la construcción de prototipos, la realización de pruebas, la instalación de sensores, la recolección de datos y su análisis. Es una etapa más experimental que permite la maduración de cada proyecto.

Actualmente participan alrededor de cincuenta jóvenes de todos los semestres, lo que da cuenta de la pluralidad que enriquece el ambiente social del grupo. Este intercambio entre distintas edades, visiones y experiencias fortalece el sentido de comunidad.

“Yo soy de primer semestre y, honestamente, sí se siente ese ambiente de comunidad. Hay buena convivencia y, aunque soy de los más jóvenes, me siento respaldado por mis compañeros y por los profesores, que siempre están al pendiente. Creo que la comunidad del CCH Oriente es muy cálida y acompañante, y en este club queda demostrado”, comentó Carlos Alonso Yescas Hernández.

Lo que se está construyendo

Actualmente se desarrollan tres proyectos y un cuarto que inició en el segundo semestre del año. El terrario, uno de los proyectos estrella del club, acumula ya un año de observaciones continuas. En este pequeño ecosistema cerrado, los estudiantes analizan el ciclo del carbono, el ciclo del agua y los procesos de transferencia de calor —conducción, convección y radiación— utilizando sensores de dióxido de carbono para medir cuánto se genera, cómo lo absorben las plantas durante el día y cómo lo liberan durante la noche. El profesor lo describe como estudiar un “pequeño planeta Tierra”, lo que incluso lleva a reflexionar sobre si los seres humanos vivimos dentro de un sistema semejante.

Esta misma inquietud comparte Camila Rubí Díaz Barriga Martínez, alumna de tercer semestre y participante en este proyecto, quien, además de su interés futuro por estudiar medicina, decidió involucrarse activamente en las actividades del club. Una vez concluido el trabajo del terrario, se integrará a otro proyecto enfocado en el estudio de neuronas.

En el programa de neuronas se busca representar descargas eléctricas y alteraciones cerebrales mediante circuitos físicos programados. Alejandro Falcón Alcántara, alumno de tercer semestre, explicó que el objetivo es comprender el comportamiento del cerebro y cómo influyen enfermedades como la epilepsia.

A estos trabajos se suman proyectos relacionados con energía solar, la creación de fotocompuertas con sensores infrarrojos que se activan con la sombra, ejercicios de termodinámica, experimentos sobre transferencia de energía y distintos prototipos sustentables que utilizan fotoceldas.

El cuarto proyecto, que apenas comienza a desarrollarse, consiste en la construcción de una cocina solar a partir de una antena parabólica, la cual contará con una cama de vidrio para generar un punto focal de alta temperatura que permita cocinar alimentos.

Todos estos proyectos no sólo aplican conocimientos, sino que también fomentan la innovación científica y tecnológica dentro del ámbito escolar. Falcón Alcántara añadió que estas experiencias fortalecen habilidades como la solución de problemas, el trabajo en equipo y la comunicación de ideas complejas. “Son herramientas fundamentales para nuestro desarrollo integral y nos preparan para los desafíos académicos y profesionales del futuro”, dijo.

Consolidación, el siguiente paso

Aunque el club ha participado en la Semana de la Ciencia, la Muestra SILADIN y diversos foros, hasta ahora no ha competido formalmente debido a que los tiempos de convocatoria no siempre coinciden con el cierre anual de los proyectos. El año pasado, por ejemplo, estuvieron a una semana de lograrlo. Sin embargo, este año esperan participar por primera vez en ferias de ciencia y obtener sus primeras medallas, ahora que cuentan con proyectos más sólidos y con datos acumulados durante largos periodos de observación.

Para el profesor Alonso Antonio Yescas Galicia, la mayor recompensa es ver cómo sus alumnos recuperan el interés por aprender, eligen carreras científicas y se convierten en jóvenes capaces de aportar al país. En sus palabras, cada logro dentro del club contribuye a “construir un futuro mejor”.

“Me resulta profundamente gratificante encontrarme con exalumnos que participaron en el club y escuchar que esta experiencia les ayudó a descubrir su verdadera vocación. Ese es el propósito fundamental del club: contribuir a que México siga formando el talento y el espíritu inquieto necesarios para construir un futuro mejor, no sólo para nuestro país, sino para toda la humanidad. Quién sabe, tal vez entre estos jóvenes surja el próximo premio Nobel. Ese es el sueño que nos impulsa a seguir”, concluyó.

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¿Se come guajolote en Navidad en México? Mucho menos de lo que parece

Es común afirmar que entre los productos que México ofreció al mundo están el maíz, el chocolate, el aguacate, el frijol, el chile, así como el tequila y el mezcal. Sin embargo, casi nunca se menciona a un ave que entre noviembre y diciembre se consume por millones en Estados Unidos y otras regiones del planeta, pero muy poco en su país de origen: el guajolote.

Originario de Mesoamérica, el guajolote fue la única ave domesticada con fines alimenticios en esta región y es el antepasado directo del pavo que hoy se consume en gran parte del mundo, especialmente durante las celebraciones navideñas, explica Raúl Valadez Azúa, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Desde antes de la llegada de los españoles, el guajolote fue una fuente importante de carne, aunque su consumo no era cotidiano. “En el pensamiento mesoamericano, comer carne implicaba una forma de unión simbólica con la naturaleza, muchas veces regulada por el calendario ritual y por las características del individuo”, señala el especialista.

Si bien la carne de esta ave se consumía en determinadas ocasiones, no era un alimento diario. Su ingesta estaba rodeada de normas de respeto y simbolismo. Los gobernantes y las élites podían consumirlo con mayor frecuencia, pero también estaba presente en festividades comunitarias y celebraciones familiares, siempre en contextos especiales.

Esta concepción simbólica de la carne también se aplicaba a animales como el venado, el conejo e incluso el perro. El alimento no solo aportaba proteínas, sino que tenía implicaciones espirituales. Por ejemplo, el pescado era considerado una carne “fría” y su consumo podía resultar perjudicial para personas que, por su condición física o anímica, requerían alimentos “calientes”.

El mole y el guajolote

Durante la Colonia, la carne de guajolote bañada en mole poblano se consolidó como un platillo ceremonial por excelencia, debido a la complejidad de su elaboración y al simbolismo del mole como alimento de celebración. “Desde entonces se asoció con eventos extraordinarios”, explica el investigador.

En la actualidad, durante la época navideña, muchas personas reciben pavos congelados como parte de prestaciones laborales y los preparan al horno con relleno. Aunque existen múltiples formas de cocinar esta carne —en caldos, filetes o guisados—, su consumo sigue restringido principalmente a fechas especiales.

Además, persiste un problema en el mercado: es difícil encontrar guajolote fresco en muchas regiones del país. En el centro de México, su distribución es limitada y la demanda es baja, lo que refuerza su carácter de alimento ocasional.

El guajolote, indispensable en la cocina de la península de Yucatán

En Yucatán, Campeche y Quintana Roo, el guajolote sí forma parte esencial de la cocina tradicional. Platillos como el relleno negro y el relleno blanco incorporan esta carne en salsas elaboradas con especias, hierbas y chiles. En algunas recetas, incluso se rellena el ave con estas preparaciones.

Estas especialidades forman parte de la identidad gastronómica del sureste y son altamente apreciadas tanto por la población local como por los visitantes.

Yucatán y Estado de México, líderes en producción

Para Valadez Azúa, el aumento del consumo fuera del sureste depende, en gran medida, de su disponibilidad. Yucatán cuenta con numerosas granjas dedicadas a su crianza, lo que facilita su comercialización. En el centro del país, fuera del mole, no existe un platillo regional fuerte que lo tenga como ingrediente principal.

A diferencia del pasado, cuando era común encontrar guajolotes vivos en mercados de barrio, hoy solo se consiguen en espacios específicos como el mercado de San Juan o algunas zonas de Xochimilco, en la Ciudad de México.

Los guajolotes actuales descienden de poblaciones silvestres mexicanas

Los estudios de ADN demuestran que todos los guajolotes domésticos que se consumen actualmente en el mundo descienden de poblaciones silvestres mexicanas de Melleagris gallopavo gallopavo, que habitaron el Eje Neovolcánico y regiones de la Sierra Madre Oriental y Occidental.

Aunque estas poblaciones silvestres desaparecieron durante el siglo XX, su herencia genética permanece intacta en los guajolotes domésticos actuales.

La domesticación del guajolote

A diferencia de otros animales domésticos, la domesticación del guajolote no surgió de una intervención humana directa. Fue un proceso gradual en el que estas aves se adaptaron al entorno humano al beneficiarse de restos de alimento, refugio y protección contra depredadores.

Con el tiempo, estas ventajas se heredaron de generación en generación, favoreciendo conductas cada vez más compatibles con la vida junto al ser humano. Así se formó una relación de simbiosis: el guajolote obtenía protección y alimento, y el ser humano, una fuente estable de proteína.

Este proceso habría comenzado hace unos cinco mil años, cuando las sociedades mesoamericanas adoptaron la agricultura y la vida sedentaria. Para entonces, las parvadas de guajolotes ya llevaban miles de años conviviendo con los grupos humanos.

“Que la intervención humana en su domesticación haya sido mínima es sumamente revelador del tipo de vínculo que se estableció entre esta ave y las culturas mesoamericanas”, concluye el académico.

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Aviso a la comunidad del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores

Estimada comunidad del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores:

Se identificó que algunas personas han recibido mensajes de texto (SMS) provenientes de un número desconocido que solicita actualizar el “área de conocimiento”.

Dichos mensajes no forma parte de ninguna comunicación oficial.

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El Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) solo mantiene comunicación por medio de correo electrónico con el dominio Secihti (sni_comunicados@secihti.mx) o en el portal de la Secihti en el apartado Avisos SNII.

Información proporcionada por la Secihti.

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Escuchar, contener y sostener: claves para comprender la adolescencia actual

La adolescencia, más que una etapa del desarrollo es una experiencia compleja que revela tanto las transformaciones internas de quienes la atraviesan como las fracturas de la sociedad que los rodea. En un contexto donde las generaciones parecen cada vez más distanciadas y los lazos de comunicación, confianza y acompañamiento se han debilitado, los adolescentes quedan expuestos a exigencias, riesgos y conflictos emocionales que no siempre pueden afrontar solos.

Esta realidad es especialmente grave si se considera que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es actualmente la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, lo que evidencia la urgencia de atender de manera prioritaria su bienestar emocional.

El comportamiento adolescente, con frecuencia juzgado o malinterpretado, suele reflejar ausencias, presiones y duelos profundos. Reconocerlo implica asumir una responsabilidad colectiva: comprenderlos con respeto, escucharlos con sensibilidad y acompañarlos con el compromiso que su vulnerabilidad y valor humano demandan.

En la conferencia “Contener, sostener y reparar a nuestros adolescentes: la deuda de responsabilidad con ellos”, el Dr. Gerardo Mora Gutiérrez, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, ofreció a madres y padres claves para abrir espacios de comprensión y evitar que la adolescencia se viva como una experiencia de soledad, en lugar de un periodo de sostén y posibilidad.

Falta de reconocimiento y ruptura generacional

Mora Gutiérrez explicó que existe una profunda brecha generacional que afecta a los adolescentes y genera un terreno fértil para muchas de las dificultades que enfrentan hoy las juventudes. Aunque socialmente se cree conocer a los jóvenes, en realidad hay poco reconocimiento de sus procesos internos, de sus dolores y de la manera en que construyen su identidad.

“¿Quién cuida realmente a los adolescentes? ¿Quién se hace cargo de su seguridad emocional, física y social? ¿Cómo pueden vivir plenamente su adolescencia cuando la sociedad no garantiza acompañamiento? ¿En qué momento se rompió el puente de comunicación, respeto y confianza entre generaciones?”
Dr. Gerardo Mora Gutiérrez, Facultad de Psicología, UNAM

Esta desconexión deja a muchos adolescentes vulnerables, inseguros y, con frecuencia, profundamente solos. Su comportamiento no solo habla de ellos, sino también de las fallas estructurales de nuestra sociedad.

La infancia como raíz de las carencias adolescentes

Para comprender por qué muchos adolescentes arrastran profundas carencias emocionales es indispensable mirar hacia la infancia que vivieron. Tradicionalmente, los duelos propios de esta etapa estaban vinculados con la pérdida del cuerpo infantil, la identidad pasada y la figura idealizada de los padres. También se elaboraban duelos por aquello que fueron, por lo que dejaron de ser, por lo que nunca tuvieron y por lo que quizá nunca podrán tener.

Hoy se suman duelos nuevos: el de una infancia que no siempre fue segura o amorosa, y el de un futuro incierto que se percibe cada vez más amenazante. Estas pérdidas ayudan a explicar muchas de las manifestaciones emocionales de la adolescencia contemporánea: irritabilidad, enojo, desasosiego, frustración y una profunda sensación de vulnerabilidad que suele confundirse con rebeldía.

“La infancia es el periodo donde se forman estructuras psíquicas esenciales: el yo, el ser y la identidad. Cuando estas estructuras no cuentan con bases sólidas, la adolescencia se vuelve un territorio especialmente desafiante”, explicó el especialista.

Dentro del desarrollo infantil existe un periodo clave: la latencia, que abarca aproximadamente de los 6 a los 11 años. En esta etapa, la efervescencia emocional se estabiliza y permite la consolidación psíquica. Lo vivido entonces se articula, se ordena y permanece como base para la construcción posterior de la adolescencia.

Sin embargo, el académico advirtió que actualmente la aceleración de los procesos de vida ha erosionado el respeto por este periodo. Hoy existen casos de niñas y niños de 9 o 10 años con un desarrollo psicosexual precoz, con implicaciones hormonales y psicológicas que incluso requieren intervención médica.

Además, la presión por “adultizar” a los niños —sexualizarlos, erotizarlos, imponerles conductas o apariencias fuera de su etapa evolutiva— genera adolescencias prematuras que no son auténticas ni a nivel biológico ni psicológico. Esta alteración pone en riesgo la estructuración psíquica y abre la puerta a complicaciones tempranas.

Cuando la latencia se pierde o se interrumpe, el desarrollo puede verse seriamente afectado. Esto se convierte en un caldo de cultivo para síntomas adolescentes que no deben leerse como fallas individuales, sino como el resultado de experiencias vitales truncas.

Un contexto histórico que intensifica la crisis: siete rupturas contemporáneas

La incomprensión que hoy enfrentan los adolescentes no surge de manera aislada. Está profundamente vinculada con transformaciones sociales, tecnológicas y culturales que comenzaron con el siglo XXI y que, en los últimos cinco años, se intensificaron de forma radical.

Estas transformaciones han dado lugar a siete rupturas profundas que inciden directamente en la experiencia adolescente:

  1. Pantallas como vínculo social: sustituyen el contacto humano, empobrecen la empatía y desplazan el yo humano por el virtual.
  2. Redes sociales: promueven adicciones, comparaciones constantes y vínculos frágiles; la exclusión digital genera ansiedad intensa.
  3. Pandemia: interrumpió rituales fundamentales y produjo duelos múltiples en etapas clave del desarrollo.
  4. Modificaciones neurocognitivas: la sobreestimulación afecta atención, memoria, aprendizaje y procesamiento emocional.
  5. Exposición a peligros en línea: violencia, acoso y depredadores digitales colocan a los jóvenes en situaciones de alto riesgo.
  6. Violencias estructurales y familiares: la inseguridad social y doméstica contribuye directamente a la vulnerabilidad emocional.
  7. Ausencia de autoridad simbólica: la falta de referentes confiables debilita la contención, la protección y el orden de la experiencia.

La ausencia de amor, confianza y sostén

Otro de los factores que impacta de manera decisiva a los adolescentes es la carencia de seguridad, amor y confianza. Las instituciones, los espacios familiares e incluso la vida comunitaria han dejado de ofrecer, en muchos casos, los soportes necesarios para que la adolescencia pueda desplegarse como una etapa de crecimiento, exploración y consolidación.

¿Qué podemos hacer por los adolescentes?

Acompañar a los jóvenes exige comprender la adolescencia como una experiencia compleja, atravesada por procesos sociales, tecnológicos y familiares. Algunas acciones clave son:

  • Escuchar y dialogar: preguntar qué necesitan y reconocer que su mundo ha cambiado.
  • Reconocer su singularidad: brindar espacios para la diferenciación personal, la identidad y la sexualidad.
  • Ofrecer contención emocional: presencia, palabra, mirada y validación de sus procesos.
  • Enseñar a confrontar y poner límites: fomentar resiliencia, tolerancia a la frustración y autonomía.
  • Proporcionar referentes confiables: figuras que inspiren, contengan y proyecten horizontes saludables.

Acompañar a los adolescentes requiere una mirada integral: escuchar, contener, confrontar, sostener y reconocer. No solo necesitan cuidados, sino espacios donde puedan desarrollarse con seguridad y afecto. Los adolescentes son espejos que reflejan no únicamente sus propias vidas, sino también lo que nuestra sociedad —en su fondo— realmente es.

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Elena Garro en Material de Lectura: La culpa es de los tlaxcaltecas (1964)

En la literatura mexicana del siglo XX, pocos cuentos han logrado, como éste, articular con tanta naturalidad dos tiempos históricos que, en apariencia, resultan irreconciliables.

Este relato pertenece al conjunto de textos en los que Elena Garro exploró la convivencia simultánea de los tiempos, un rasgo que la crítica asocia con su manera singular de reescribir lo real desde lo maravilloso. En La culpa es de los tlaxcaltecas, el presente no desplaza al pasado: ambos coexisten y se espejean, como si una capa de la historia se reflejara en la otra.

La historia inicia en la cocina de una casa de la clase alta mexicana de mediados del siglo XX. Allí, Laura, la protagonista, llega cubierta de tierra y sangre, y confía a Nacha, su cocinera, que ha vivido algo imposible: el reencuentro con su “otro” marido, un guerrero indígena con quien está unida desde un tiempo remoto.

Con esa escena doméstica, tan común y tan íntima, Garro abre el paso a un ámbito en el que el tiempo se fractura y el pasado irrumpe con la misma consistencia física que el presente. Ésa es la frontera donde el cuento se sostiene.

Durante un viaje a Guanajuato, Laura atraviesa un puente en Cuitzeo y la luz del mediodía se transforma en un umbral que la devuelve al sitio donde —según su memoria mítica— vivió durante la Conquista. Allí encuentra al guerrero indígena, herido y cansado por la guerra, cuya presencia desencadena la crisis del relato.

La historia no explica este fenómeno, que transcurre con la naturalidad de las cosas que pertenecen al orden profundo del mundo, donde el tiempo no es lineal y las emociones conservan intacta su fuerza.

La autora contrapone dos realidades: la vida moderna con Pablo, esposo celoso y desconfiado, y la vida ancestral vinculada al guerrero, cargada de tristeza y de sentido épico. Esa doble pertenencia se expresa en la incapacidad de Laura para explicar lo vivido y en la inquietud que su conducta despierta en la familia política. Más que sus palabras, son sus actos los que generan sospecha.

Uno de los grandes aciertos del cuento está en el manejo de las voces. Nacha, la cocinera, funciona como el puente entre la realidad cotidiana y la dimensión mítica que Laura habita sin proponérselo. Su presencia aporta verosimilitud al relato y lo inscribe en una tradición en la que las confidencias femeninas iluminan lo que no se dice abiertamente. Desde la cocina, Laura reconstruye su doble vida: la del hogar moderno y la de un pasado que insiste en hacerse presente.

Las imágenes del México antiguo —las calles de Tenochtitlan en llamas, los canales, los guerreros derrotados— aparecen entrelazadas con la ciudad moderna, sus taxis y sus costumbres. Garro las presenta no como alucinaciones, sino como memorias persistentes que se filtran en los resquicios del presente.

La narración se sostiene en una ambigüedad deliberada: el cuento nunca aclara si Laura vive un desdoblamiento interior o si, en efecto, transita entre tiempos distintos.

La culpa es de los tlaxcaltecas es uno de los relatos más importantes de la narrativa de Elena Garro, y su vigencia reside en su capacidad para mostrar que la historia no concluye, sino que persiste como una corriente subterránea que, de cuando en cuando, irrumpe en la vida cotidiana.

Hoy, su lectura permite redescubrir la profundidad simbólica y emocional con la que la autora abordó el tiempo, la memoria y el destino.

El cuento puede consultarse en la edición de Material de Lectura, Cuento Contemporáneo, No. 061, de la UNAM, en el siguiente enlace:
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/elena-garro-61.pdf

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Amor y magia amorosa entre los aztecas: supervivencia en el México colonial

Publicado originalmente en 1975, Amor y magia amorosa entre los aztecas: supervivencia en el México colonial es una investigación pionera que combina antropología, etnohistoria, lingüística y estudios de género para reconstruir cómo los aztecas concebían el amor y la atracción, las relaciones afectivas y sexuales, la magia erótica, los rituales para atraer o retener a una pareja y las tensiones entre la moral oficial y las prácticas populares.

Noemí Quezada, quien formó parte del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (actualmente Instituto de Investigaciones Antropológicas), trabajó con fuentes como el Códice Florentino, los Primeros Memoriales, el Códice Mendocino, así como las crónicas de Sahagún, Durán y Motolinía, además de vocabularios náhuatl del siglo XVI. Con ello demuestra que, pese a la imagen de rigidez moral que suele atribuirse a los aztecas, existía una vida afectiva y erótica rica, compleja y profundamente ritualizada.

La estructura del libro se organiza en tres grandes secciones: “Los dioses del amor en el panteón azteca”, “Marco de referencia de la magia amorosa” y “Las prácticas de magia amorosa entre los mexicas: supervivencias en el México colonial”.

Los dioses del amor en el panteón azteca

En el primer apartado, Quezada analiza cómo el amor y la sexualidad formaban parte esencial de la cosmovisión religiosa azteca. Se centra en tres divinidades principales:

  • Xochiquétzal, diosa del amor, las flores, la belleza, el deseo y la fertilidad, protectora de jóvenes, artistas, bordadoras y amantes. Su figura encarna un amor sensual y placentero, pero también advierte sobre los peligros del exceso y la inestabilidad emocional.
  • Tlazoltéotl, diosa de la “basura” o lo “sucio”, asociada tanto a los pecados venéreos, el deseo descontrolado y la prostitución, como a la confesión y la purificación sexual. Es una figura ambivalente: causa y remedio, tentación y redención.
  • Xochipilli, “el señor de las flores”, dios de la música, el canto, la danza, el juego y el placer sexual, hermano mellizo de Xochiquétzal.

A través de este análisis, la autora construye el marco simbólico que permite comprender el surgimiento de los rituales y la magia amorosa, tema que se desarrolla a profundidad en la tercera sección.

Marco de referencia de la magia amorosa

En la segunda parte, Quezada establece la base teórica y cultural para entender la magia indígena. Esta sección, de carácter más conceptual, define nociones fundamentales —como magia y mago— y examina los fundamentos religiosos y simbólicos que sustentaban estas prácticas. También expone las normas morales y sexuales que delineaban lo virtuoso y lo transgresor, y que influyeron directamente en la valoración social de quienes recurrían a la magia para resolver asuntos amorosos.

Las prácticas de magia amorosa entre los mexicas: supervivencias en el México colonial

Finalmente, la última parte presenta las prácticas de magia amorosa desarrolladas por los aztecas. Encantamientos, uso ritual de plantas, elaboración de amuletos y la intervención de especialistas como hechiceros, curanderos y adivinadores formaban parte de un sistema donde el amor, la pasión y la sexualidad se entendían como fuerzas vinculadas a lo divino y, por tanto, susceptibles de ser ritualizadas.

Documentos inquisitoriales, testimonios de curanderos y descripciones de la época muestran cómo los rituales para atraer o retener a una pareja, las pócimas para despertar el deseo o las prácticas adivinatorias funcionaban como recursos para afrontar conflictos afectivos.

Una obra que invita a explorar

En conjunto, la obra de Noemí Quezada revela que el mundo afectivo y erótico azteca estaba lejos de ser un ámbito marginal o reprimido. Por el contrario, formaba parte integral de la vida social y religiosa, y sobrevivió en diversas prácticas a lo largo del periodo colonial. Su estudio no solo ilumina aspectos poco explorados de la cultura azteca, sino que demuestra la persistencia de imaginarios amorosos que, transformados, continúan resonando en las prácticas populares mexicanas hasta hoy.

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El caballero del caracol, de Juan Marichal

El caballero del caracol narra la historia de un niño conocido como Pedro Sin Nombre, porque nadie sabía quiénes eran sus padres. La trama ocurre en algún castillo de la Francia medieval, en tiempos de torneos y caballeros.

El objetivo pedagógico de la posrevolución por formar lectores y ciudadanos, sumado a la añoranza por los mundos fantásticos heredados de la tradición europea, se refleja de manera ejemplar en este cuento de Juan Marichal.

Publicado originalmente por la Secretaría de Educación Pública en 1946, el relato pertenece a ese territorio donde imaginación y formación cultural se entrelazan con naturalidad. La edición facsimilar presentada por la UNAM en 2025 recupera, además de una narración entrañable, un testimonio del diálogo creativo que México sostuvo con los exiliados españoles.

La historia comienza en un castillo del sur de Francia. Allí crece Pedro Sin Nombre, un niño encontrado junto al foso y criado con cariño por la condesa Isolda como compañero de juegos de su hija Beatriz.

A los diez años, Pedro es castigado y desterrado. Herido y solo, huye movido por un sentimiento de reparación que no conduce a la venganza, sino a una búsqueda profunda del sentido de la justicia.

En el bosque inicia la parte más imaginativa del relato. Allí aparece la Dama del Lago, acompañada de su corte de ondinos. El niño es llevado al Reino del Agua, donde recibe educación de tres maestros: el Genio del Norte, el Genio del Sur y el Genio de la Palabra.

Cada uno, desde sus dominios simbólicos —la música, la astronomía y la palabra poética— modela en Pedro una formación armónica que trasciende la instrucción militar típica de los libros de caballería. Ese contraste es uno de los mayores aciertos del cuento: Pedro no se convierte en guerrero por destino, sino por comprender que la nobleza implica servir y defender a los demás.

El escudo que recibe, adornado con un caracol, tampoco es casual. Su forma espiral y su música tenue aluden al recogimiento, a la introspección y al ritmo interior que guiarán sus decisiones.

De regreso en el mundo de los hombres, Pedro participa —ya como el Caballero del Caracol— en un torneo contra Roberto de Languedoc, a quien vence y gracias a ello obtiene el reconocimiento de la nobleza. Pero la verdadera prueba ocurre cuando debe luchar para evitar que ejecuten a Bernardo, acusado de traición al rey.

El cuento concluye con un giro esperanzador que conserva el espíritu didáctico de su época: Pedro deja atrás el anonimato con el que fue encontrado y abraza su identidad como Caballero del Caracol, no por la fuerza adquirida, sino por la sabiduría y la formación que lo acompañan.

El caballero del caracol es una edición facsimilar de la Biblioteca de Chapulín, colección de cuentos infantiles del Instituto de Investigaciones Bibliográficas.

Para consultar la edición facsimilar, puede leerse el PDF aquí:
https://librosoa.unam.mx/handle/123456789/3898

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Renos y osos polares, compañeros de Santa Claus, en peligro por el cambio climático

Con la llegada de diciembre y la magia navideña, las figuras de Santa Claus, sus renos y los osos polares se vuelven presentes en nuestras fiestas. Estos animales poseen una sorprendente ingeniería natural que les permite sobrevivir en los entornos extremos del Ártico, explicó en entrevista para UNAM Global Alejandra Alvarado Zink, especialista de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia.

El oso polar habita en regiones de Canadá, Estados Unidos (Alaska), Rusia, Noruega (Svalbard) e Islandia y Dinamarca (Groenlandia). Los renos, por su parte, se distribuyen a lo largo de la franja norte de América, Europa y Asia; en América se les conoce como caribús.

Los osos polares y el cielo ártico

Las constelaciones de La Osa Mayor y La Osa Menor rodean el Polo Norte y son visibles todo el año en el Ártico, lugar donde habita el oso polar. Su nombre científico es Ursus maritimus, que en latín significa “oso marino”.

Para muchas culturas del norte, el cielo ártico —dominado por las Osas y por la Estrella Polar en la Osa Menor— se vincula de manera natural con el oso polar, considerado el gran animal del hielo. Esto ha hecho que cielo y fauna formen parte de un mismo imaginario del norte.

Los renos: caribús, migraciones y domesticación

Llamados renos en Europa, su nombre científico es Rangifer tarandus, pero en América se les conoce como caribús. Alvarado explica que: “Es de los pocos animales que son silvestres, pero que han sido domesticados”.

Su domesticación ocurre de forma única: no viven en corrales, sino en libertad, y las comunidades humanas migran con ellos, en una convivencia milenaria. “No sé si los humanos los domesticaron o viceversa”, añade.

Los renos pertenecen al grupo de los cérvidos, donde también se ubican los venados y los alces. En diversas regiones existen comunidades dedicadas a cuidarlos, aprovechar su leche y consumir su carne.

Adaptaciones del oso polar

Los osos polares no son realmente blancos: poseen piel negra, pero sus pelos son huecos y traslúcidos. Esta estructura atrapa aire caliente y funciona como un abrigo natural, dándoles su apariencia blanquecina. “Son como el Yin Yang, porque combinan el blanco y el negro”.

Se alimentan principalmente de focas —especialmente focas anilladas y barbudas— cuya gruesa capa de grasa les proporciona la energía necesaria para sobrevivir en el frío extremo. Lo que dejan tras alimentarse es aprovechado por otras especies como la zorra ártica y diversas aves.

Caminar en nieve profunda es difícil para los humanos, pero no para ellos. Sus patas grandes distribuyen el peso sobre la superficie, y sus colchoncitos —ricas almohadillas de grasa, similares a las de perros y gatos— los protegen del frío y evitan que se hundan. Estas almohadillas también las tienen el conejo ártico y los perros de trineo, en los cuales son más densas y aislantes.

Otra adaptación clave es su nariz grande, con cornetes nasales muy desarrollados y enroscados. Estas estructuras aumentan la superficie interna y permiten calentar el aire antes de que entre al cuerpo; funcionan como un auténtico radiador biológico.

Adaptaciones del reno

Los renos y alces tienen una nariz muy ancha, llena de estructuras circulares que calientan el aire helado antes de que llegue a los pulmones. También poseen patas anchas con pezuñas grandes que cambian según la estación:

• En invierno sus almohadillas se retraen, dejando la pezuña afilada, lo que facilita caminar en el hielo.
• En verano las almohadillas se expanden y se hacen más suaves para evitar resbalones en suelos húmedos o fangosos.

Durante el invierno, los renos cambian el color de sus ojos a azul, aumentando así considerablemente la sensibilidad a la luz. “Es como si crearan sus propios lentes invernales”. Esto también les permite ver con la luz de la luna sobre la nieve.

Los renos de Santa Claus

La biología del reno explica detalles curiosos de los famosos renos navideños, añadió la bióloga divulgadora de la ciencia.

Los machos pierden las astas en otoño, tras la época de apareamiento. Las hembras, en cambio, conservan sus astas todo el invierno, una característica que les sirve para defender a sus crías y escarbar en la nieve en busca de alimento. Esto sugiere que los renos que tiran del trineo de Santa Claus son, en realidad, hembras.

Sus nombres —excepto Rodolfo— son unisex en inglés:
• Dasher (Brioso)
• Dancer (Bailarín)
• Prancer (Acróbata)
• Vixen (Travies@ / Juguetón)
• Comet (Cometa)
• Cupid (Cupido)
• Donner/Donder (Trueno)
• Blitzen (Relámpago)

Cambio climático: el Ártico en peligro

El cambio climático afecta con mayor intensidad al Ártico y la Antártida, regiones que se calientan más rápido que el resto del planeta. Esto ocurre porque, al derretirse el hielo, la superficie deja de ser blanca y pasa a absorber más calor.

Los osos polares dependen del hielo para moverse y cazar. Sin hielo:
• Deben nadar distancias mayores.
• Las crías no pueden seguirles el ritmo.
• Las madres no encuentran superficies seguras para dejarlas mientras cazan.
• Los hielos donde las dejan se derriten y las crías se ahogan.

Por ello, varias subpoblaciones de osos polares han disminuido, al igual que las de focas y otras especies clave. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) los clasifica como Vulnerables.

Los renos también enfrentan dificultades: en algunas zonas, los episodios de lluvia sobre nieve generan capas de hielo tan compactas que no pueden escarbar para encontrar los líquenes que constituyen su alimento, provocando muertes masivas.

El calentamiento global afecta a los polos aunque se viva lejos de ellos: en realidad, las ciudades más grandes del mundo —incluido México— son las que más contribuyen al problema.

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Así se preparan algunos animales para el frío: migran, hibernan o cambian de pelaje

Con la llegada del otoño y el invierno, numerosas especies animales modifican su comportamiento para sobrevivir a las bajas temperaturas y a la escasez de alimento.
La naturaleza ha equipado a aves, mamíferos, insectos y reptiles con estrategias sorprendentes que van desde la migración de miles de kilómetros hasta cambios metabólicos extremos, explicó Alejandra Alvarado Zink, especialista de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

“Los animales anticipan la entrada del frío. El acortamiento de los días es una de las señales más importantes que reciben”, detalla la especialista.

Migrar para sobrevivir

La estrategia más conocida es la migración. Muchas especies abandonan las zonas donde el frío extremo limita el acceso a alimento.

Uno de los casos más emblemáticos es la mariposa monarca. Cuando termina el verano en Canadá y Estados Unidos, estos insectos inician un viaje de más de 4,000 kilómetros hacia México.
Aunque cada generación vive pocos meses, las monarcas que nacen a fines del verano “ya traen integrado el comportamiento migratorio”, señaló Alvarado. No es aprendido: es un patrón genético guiado por señales ambientales como duración del día, temperatura y percepción del campo magnético terrestre.

Varias aves también llegan a nuestro país para pasar el invierno. Entre ellas se encuentran patos, gansos, aves cantoras y algunas especies de colibríes, que viajan desde Norteamérica hacia México, Centroamérica o el Caribe para encontrar alimento y condiciones más favorables.
“Si no hay flores ni insectos, que son su alimento, no pueden sobrevivir. Por eso migran”, explicó.

Durante el invierno es crucial no perturbar a las especies migratorias, especialmente a las monarcas, cuyo metabolismo disminuye drásticamente para ahorrar energía. En esta etapa dependen casi por completo de las reservas que acumularon antes de iniciar su viaje y sólo realizan actividad mínima, incluida la búsqueda ocasional de agua.

Hibernar: bajar la velocidad del cuerpo

Otras especies no pueden migrar y recurren a la hibernación o al torpor invernal. Se refugian en cuevas, madrigueras o cavidades, bajan su temperatura corporal y reducen su metabolismo.

Los osos pardos, por ejemplo, pasan el otoño en un periodo de hiperfagia: comen constantemente para acumular grasa que sostendrá sus funciones básicas durante meses. Durante el invierno entran en un estado de torpor profundo, similar a la hibernación, en el que la temperatura corporal disminuye ligeramente y el ritmo cardíaco y respiratorio baja notablemente.

En contraste, los osos polares no hibernan. Sólo las hembras preñadas permanecen en madrigueras durante la gestación y el parto, pero los machos y las hembras no gestantes se mantienen activos durante todo el invierno.

Entre los animales que sí hibernan o entran en estados de dormancia se encuentran:

  • Ranas del hemisferio norte, cuyas células pueden resistir la congelación gracias a sustancias crioprotectoras como glucosa y glicerol.
  • Varias especies de serpientes, que se reúnen en grandes grupos dentro de cuevas llamadas hibernáculos, donde la temperatura se mantiene estable.
  • La llamada gallinita ciega, que en realidad es la larva de un escarabajo melolóntido. Durante el invierno entra en diapausa, un periodo de inactividad regulado por el fotoperiodo.

Guardar alimento: estrategias de otoño

Animales como las ardillas y diversas especies de hormigas recurren a una técnica distinta: almacenar comida. Durante el otoño llenan nidos, madrigueras y escondites con semillas y provisiones que les permitirán sobrevivir en invierno, cuando la actividad disminuye y muchas fuentes de alimento desaparecen.

Camuflaje invernal: cambiar de color

Otra adaptación notable es el cambio de color del pelaje. La zorra del Ártico y la liebre del Ártico son ejemplos emblemáticos: en primavera y verano tienen tonos cafés, pero en invierno su pelaje se vuelve blanco.

Este cambio cumple distintas funciones:

  • En la zorra, una depredadora, el pelaje blanco facilita el sigilo.
  • En la liebre, que es presa, funciona como camuflaje para evitar a los depredadores.

Algunas poblaciones de estas mismas especies que viven en zonas sin nieve no cambian de color, lo que demuestra que estas transformaciones dependen tanto de la genética como del ambiente.

El reloj natural: el fotoperiodo

Aunque las temperaturas influyen, el fotoperiodo —la duración del día— es el factor más importante que desencadena la migración, la hibernación, los cambios de pelaje o las reservas de alimento.

A medida que los días se acortan en otoño, los animales reciben una señal inequívoca: deben prepararse para el invierno. Tras el solsticio de diciembre, la tendencia se invierte y el alargamiento paulatino del día comienza a regular nuevamente su actividad.

“Es como si tuvieran un reloj solar interno que les dice: algo va a cambiar, es momento de prepararnos”, afirmó la especialista.

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Jesusón, de Juan R. Campuzano

En la literatura infantil mexicana de mediados del siglo XX surgió una línea narrativa que buscó retratar la vida cotidiana del campo con sencillez y autenticidad. Jesusón, publicado originalmente por la Secretaría de Educación Pública en 1945 y recuperado ahora en una edición facsimilar por la UNAM dentro de la Biblioteca de Chapulín, forma parte de ese impulso: ofrecer historias cercanas a los niños, con personajes verosímiles y un trasfondo moral.

Jesusón Serrano es presentado desde las primeras páginas como un muchacho extraordinario: alto, fuerte, de gran corazón y dotado de múltiples habilidades manuales. Su fama en el pueblo —como muestran las primeras viñetas que acompañan el cuento— proviene tanto de su fuerza física como de su carácter generoso. No hay tarea que rehúya ni oficio que desconozca: agricultor, carpintero, herrero, albañil o remero, Jesusón encarna la figura del joven campesino cuya energía parece inagotable y cuya presencia, siempre solícita, lo vuelve pieza fundamental de la comunidad.

El ambiente rural está descrito a través de los dos ciclos que rigen la vida del valle: “las aguas” y “las secas”. En la temporada de secas, el calor vuelve insoportable el aire y los hombres descansan; en la de aguas, los caminos se inundan y los ríos crecen.

Esta división temporal no es solo un elemento ambiental, sino también un marco que orienta la conducta del protagonista: durante las lluvias rescata animales del lodo, ayuda a las balsas a cruzar el río o levanta un coche varado utilizando su propia fuerza como “gato”.

En la época seca, cuando el trabajo disminuye, los pueblos organizan ferias, bailes y juegos, y es allí donde el muchacho debe ingeniárselas para sortear trampas o evitar riñas sin perder la alegría que lo caracteriza.

Uno de los episodios centrales ocurre cuando Jesusón domestica a una ardilla, que se convierte en su compañera inseparable. El vínculo revela el aspecto más íntimo del protagonista: la mezcla de fortaleza y candor que define su personalidad.

Esa dualidad adquiere pleno sentido cuando sucede el incidente que marca la historia: en plena creciente del río, Jesusón escucha el grito de una niña arrastrada por la corriente. Sin dudarlo, se arroja al agua y la rescata, devolviéndole la vida en una escena que condensa su valentía y ternura.

La niña —Dioselina— queda maravillada ante la ardilla, símbolo de la bondad del joven, quien se la obsequia. Pero tras llevarla de vuelta con su familia, Jesusón desaparece del pueblo sin explicación. La noticia desata rumores entre los habitantes: algunos afirman que fue en busca de otra ardilla para regalar; otros, que partió tras la imagen de Dioselina, “blanca como la flor del ajonjolí”. La verdad, como en tantos relatos populares, queda suspendida en el territorio de la conjetura.

Las ilustraciones de Julio Prieto, realizadas en una paleta limitada de rojos y negros —como puede apreciarse en las escenas de trabajo, rescate y feria a lo largo del volumen— otorgan dinamismo al relato. Sus figuras firmes y de trazos contundentes complementan el tono costumbrista del cuento y acentúan el carácter afable del protagonista.

La nueva edición facsimilar recupera no solo un clásico infantil, sino también una pieza representativa del proyecto cultural posrevolucionario que buscó acercar la literatura a los lectores más jóvenes.

Para consultar la edición facsimilar completa, puede leerse el PDF aquí:
https://librosoa.unam.mx/handle/123456789/3897

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Inmunoterapia: una nueva forma de enfrentar el cáncer

  • Aprovecha y potencia las capacidades del organismo para combatir la enfermedad

El cáncer es una de las enfermedades que más temor genera. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo. Aunque los intentos por entender y tratar este padecimiento se remontan a miles de años atrás, fue hasta finales del siglo XIX cuando comenzaron los estudios científicos de forma más sistemática. Desde entonces —especialmente durante el siglo XX y lo que va del XXI— se han logrado avances importantes en su diagnóstico y tratamiento.

Durante el siglo XX, la comunidad científica descubrió que el cáncer está relacionado con cambios en el ADN de las células, lo que permitió comprender mejor cómo y por qué se desarrolla. Este conocimiento abrió la puerta a nuevas formas de tratamiento, como la quimioterapia, la radioterapia y, más recientemente, la medicina personalizada, que adapta la terapia a las características genéticas de cada paciente.

Recientemente, uno de los avances más prometedores es la inmunoterapia, una técnica que estimula el propio sistema inmune del organismo para que reconozca y ataque a las células cancerosas, resume el doctor Alfredo Hidalgo Miranda, investigador del Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN).

El sistema inmune: una defensa poderosa

El investigador explica que el sistema inmune es la defensa natural del organismo contra cualquier elemento que considere una amenaza. Está formado por una red compleja de células, proteínas, órganos y tejidos que trabajan en conjunto para protegernos de virus, bacterias, hongos y parásitos, además de células dañinas del propio cuerpo, como las cancerosas.

Entre los componentes más importantes del sistema inmune se encuentran los leucocitos o glóbulos blancos. Existen varios tipos, como los fagocitos, que devoran a los organismos invasores y los linfocitos, que identifican a los enemigos y coordinan su destrucción.

Otro elemento clave son los anticuerpos, proteínas se forman cuando el sistema inmune detecta una sustancia extraña, llamada antígeno. Este antígeno puede ser un microorganismo o una toxina, pero también puede corresponder a células anormales del propio cuerpo, como las tumorales.

Una vez que el sistema inmune ha enfrentado a un patógeno, los anticuerpos pueden permanecer en el organismo brindando protección en caso de un nuevo ataque. Esta capacidad de «recordar» al invasor se conoce como memoria inmunológica y es la base del funcionamiento de las vacunas, enfatiza el responsable del Laboratorio de Genómica del Cáncer.

Los linfocitos se dividen principalmente en dos tipos:

  • Linfocitos B que actúan como el sistema de inteligencia del cuerpo: detectan a los invasores y los inmovilizan mediante la producción de anticuerpos
  • Linfocitos T, que funcionan como soldados: destruyen a los invasores identificados y son especialmente importantes para detectar y eliminar células anormales.

Las células tumorales, por ejemplo, son células del propio organismo que han sufrido mutaciones genéticas, cambios en su ADN. Estas mutaciones pueden provocar que comiencen a crecer y dividirse de forma descontrolada, lo que da lugar a la formación de tumores, que pueden ser benignos o malignos.

En muchos casos, estas células comienzan a producir o mostrar en su superficie proteínas anormales, llamadas antígenos tumorales. Estas proteínas “extrañas” no suelen estar presentes en células sanas, por lo que el sistema inmune puede reconocerlas como una amenaza y activar una respuesta para eliminarlas. En ese sentido, la inmunoterapia consiste en entrenar al sistema inmune para combatir el cáncer.

Un aliado con potencial

Durante los últimos dos siglos, hemos sido testigos de numerosos avances significativos en la lucha científica contra el cáncer. Uno de los hitos conceptuales más relevantes fue propuesto por Paul Ehrlich en 1909, al sugerir que el sistema inmunológico podría detectar y eliminar células tumorales. Esta idea pionera dio origen a una línea de investigación que continúa hasta nuestros días.

Estudios en modelos animales y en humanos han demostrado que, en varios tipos de cáncer, es posible observar linfocitos T infiltrando los tejidos tumorales. Esto indica que el sistema inmune reconoce al tumor como una amenaza y responde en su contra.

Sin embargo, el hecho de que el sistema inmune reconozca a las células tumorales no garantiza su destrucción. Con el tiempo, muchos tumores desarrollan mecanismos para evadir esta vigilancia inmunológica, lo que les permite crecer y diseminarse.

“La inmunoterapia busca precisamente revertir esta situación. Se trata de un tratamiento que fortalece o reactiva el sistema inmune del paciente, ayudándolo a identificar y destruir células cancerosas de manera más eficaz. A diferencia de la quimioterapia, que actúa directamente sobre las células tumorales, la inmunoterapia estimula al propio organismo para que haga ese trabajo”, comenta el especialista.

Existen distintas estrategias de inmunoterapia. Algunas de las más importantes son:

1. Inhibidores de puntos de control inmunitario

Las células inmunes, especialmente los linfocitos T, cuentan con mecanismos de regulación que actúan como frenos naturales para evitar que dañen tejidos sanos. Sin embargo, muchas células cancerosas aprenden a activar estos frenos para protegerse del ataque inmunológico.

Los inhibidores de puntos de control son medicamentos que bloquean estas señales inhibitorias, reactivando la capacidad de los linfocitos T para destruir las células tumorales.

2. Terapia con células CAR-T

En esta técnica, se extraen linfocitos T del paciente y se modifican genéticamente en el laboratorio para que reconozcan con precisión las células cancerosas. Luego se reintroducen en el cuerpo del paciente para que actúen como una fuerza especializada contra el tumor. Ha mostrado gran eficacia en algunos tipos de leucemia y linfoma.

3. Vacunas terapéuticas contra el cáncer

Estas vacunas no previenen la enfermedad, sino que están diseñadas para activar el sistema inmune contra un tumor ya existente. Enseñan al cuerpo a reconocer proteínas específicas del cáncer para que las ataque.

 4. Anticuerpos monoclonales

Son proteínas diseñadas en el laboratorio que se adhieren a partes específicas de las células cancerosas. Algunas actúan marcándolas para que el sistema inmune las destruya; otras llevan medicamentos directamente al tumor, minimizando el daño a tejidos sanos

La inmunoterapia ha demostrado que es posible reactivar las defensas naturales del cuerpo para combatir incluso tumores resistentes a los tratamientos tradicionales. Aunque aún enfrenta desafíos importantes —como los efectos secundarios y la variabilidad en la respuesta entre pacientes—, esta estrategia representa una esperanza para millones de personas.

El doctor Hidalgo Miranda agrega que en el laboratorio que encabeza en el INMEGEN se realizan estudios que combinan la genómica del cáncer con estrategias inmunológicas. Su equipo analiza las mutaciones presentes en distintos tumores para identificar antígenos específicos, lo que permite diseñar terapias personalizadas que ayuden al sistema inmune a reconocer con mayor precisión a las células malignas. Estos trabajos buscan, a mediano plazo, hacer más accesible la inmunoterapia para los pacientes mexicanos.

Asegura que en México existen diversas instituciones que desarrollan proyectos de inmunoterapia de gran relevancia. En particular, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hay grupos de investigación en el Instituto de Investigaciones Biomédicas y en la Facultad de Medicina, donde especialistas en inmunología trabajan en vacunas experimentales contra cáncer, enfocadas en tumores relacionados con infecciones virales como el cáncer cervicouterino asociado al VPH.

De igual forma, en el Instituto de Ciencias Nucleares y en centros como en Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT) se exploran enfoques innovadores que combinan la inmunoterapia con la bioingeniería y la nanotecnología, abriendo nuevas rutas hacia tratamientos más eficaces y con menos efectos adversos.

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¿Debemos preocuparnos? Lo que revela el monitoreo reciente del Chichón

Fue en la noche del 28 de marzo de 1982 cuando el volcán Chichón, ubicado al noroeste de Chiapas, entre los municipios de Francisco León y Chapultenango, inició una serie de erupciones que se prolongaron hasta el sábado 3 de abril. Durante esos días, las columnas eruptivas se mantuvieron sostenidas y generaron flujos piroclásticos, además de una intensa caída de pómez y ceniza.

Para los zoques, que no habían presenciado un fenómeno semejante en su vida, el cielo se volvió irreconocible. Se transformó en un manto opaco donde apenas lograba filtrarse la luz entre las densas nubes de ceniza.

A medida que el evento volcánico llegaba a su fin, la magnitud de la catástrofe comenzaba a hacerse evidente. Se registraron innumerables pérdidas humanas y materiales; los daños económicos superaron los 117 millones de dólares (de ese entonces) y afectaron gravemente a una región entonces altamente productiva en actividades cafetaleras, ganaderas y agrícolas. Más de nueve pueblos y rancherías quedaron sepultados bajo los depósitos volcánicos, lo que ocasionó el desplazamiento forzado de miles de personas.

El impacto traspasó fronteras. La NASA informó que la erupción inyectó una enorme cantidad de material en la estratosfera, provocando una disminución global de la temperatura estimada en 0.5 °C.

Eventos que ponen en alerta

Con ese antecedente aún vivo en la memoria colectiva, autoridades y pobladores de las zonas aledañas al volcán entraron en alerta cuando, entre junio y agosto de 2025, se registró un incremento en la actividad sísmica del Chichón, también conocido como Chichonal. La noticia dio pie a encabezados alarmistas y desinformación sobre una posible erupción inminente.

Ante ello, especialistas del Servicio Sismológico Nacional (SSN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach) y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), junto con investigadores en geología, sismología, geoquímica, geodesia y protección civil de diversas instituciones nacionales, se desplazaron al lugar para evaluar la situación con base en mediciones y observaciones científicas.

Como parte del equipo de la UNAM, la Dra. Patricia Jácome Paz, del Instituto de Geofísica, ofreció la conferencia “El volcán Chichón: Dinámica y observaciones recientes”, en la que explicó el estado actual del volcán y atendió las principales dudas de la población. En términos generales, señaló que la actividad que presenta actualmente el Chichón es de tipo hidrotermal y está limitada al cráter, con la posibilidad de eventos freáticos menores, es decir, explosiones causadas por vapor de agua sobrecalentado.

Por ahora, no existe evidencia de que magma fresco esté ascendiendo hacia la superficie, por lo que la posibilidad de una erupción grande, como la de 1982, se considera mínima en este momento.

¿Qué está ocurriendo en el volcán?

El monitoreo físico y químico del volcán indica que se están produciendo cambios en la dinámica del agua y los gases dentro del cráter. Los niveles de cloruros —elementos conservativos en sistemas hidrotermales— muestran variaciones en su concentración, lo que permite inferir movimientos de solutos y gases en el sistema. Se ha detectado la presencia de H₂S (sulfuro de hidrógeno) y CO₂ (dióxido de carbono), cuyas concentraciones pueden resultar tóxicas en proximidad al cráter, pero que no representan peligro para las comunidades si se respetan las zonas de acceso restringido.

También se han observado tendencias en el comportamiento del agua que son consistentes con procesos hidrotermales activos y desgasificación difusa. Esto indica que el sistema se mantiene dinámico, aunque de forma lenta y amortiguada. En cuanto a la actividad sísmica, esta es superficial y no muestra evidencia clara de migración de magma desde mayores profundidades.

Prevención, siempre fundamental

A pesar de que el escenario actual no apunta hacia una erupción de gran magnitud, la Dra. Jácome Paz recalcó que ya no es posible descender al cráter con seguridad. El suelo alterado, la presencia de gases y las altas temperaturas representan riesgos directos. La exposición a estos gases puede provocar mareos, dolor de cabeza, pérdida de conciencia e incluso daño respiratorio, por lo que el acceso al cráter permanece estrictamente prohibido.

Actualmente, la Secretaría de Protección Civil de Chiapas mantiene comunicación constante con las comunidades locales, incluidos los guías turísticos, para reforzar las medidas de seguridad y difundir información clara y accesible sobre los peligros volcánicos.

En este contexto, la Dra. Patricia explicó que tanto la Secretaría como el Instituto de Geofísica de la UNAM desarrollaron la Lotería del Chichón, un material didáctico creado para fortalecer la divulgación científica entre las comunidades cercanas y fomentar la comprensión de los riesgos.

A futuro

Si bien en este momento no existe un escenario que sugiera una erupción volcánica inminente, las instituciones involucradas continúan trabajando de manera coordinada. Con base en los antecedentes del volcán, en caso de que el Chichón llegara a hacer erupción nuevamente, podría tratarse de un evento de tipo pliniano,un tipo de erupción volcánica muy explosiva, caracterizada por la formación de una columna de gases y ceniza que puede alcanzar alturas de hasta 20-30 kilómetros. Por eso, para mejorar la calidad del monitoreo, se han incorporado tecnologías como drones y sistemas de percepción remota.

Del mismo modo, se busca homologar la estructura del semáforo volcánico con la de otros volcanes activos, como el Popocatépetl, adaptando las acciones a la realidad local. Actualmente, el semáforo se encuentra en fase amarilla (fase 2).

Finalmente, la especialista señaló que el monitoreo integral del Chichón aún no está completamente consolidado. Por ello, los esfuerzos actuales están orientados a asegurar la continuidad de las observaciones, el mantenimiento de las estaciones y la actualización del equipo técnico, con el respaldo de recursos estatales, federales y académicos.

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Posadas: origen y transformación de una celebración mexicana

“En el nombre del cielo, os pido posada, pues no puede andar mi esposa amada…” Casi todos, en algún momento —ya sea en la niñez o en la vida adulta— hemos recitado esta letanía durante una posada: una celebración que se lleva a cabo nueve días antes de la Navidad, del 16 al 24 de diciembre, y que constituye uno de los ejemplos más ricos del sincretismo cultural que caracteriza a México.

Más allá de recrear el peregrinaje de María y José, las posadas encarnan la convergencia entre ritos europeos y prácticas festivas mesoamericanas que, con el tiempo, dieron forma a una tradición profundamente arraigada en la vida social del país.

Comprender su origen implica observar el encuentro entre dos mundos —sus calendarios, creencias y formas de convivencia— para entender cómo esta tradición se transformó en un símbolo vivo de identidad cultural.

El origen

Las posadas, explicó la investigadora María Angélica Galicia Gordillo, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, originalmente se referían a un alojamiento o espacio de hospedaje. En tiempos en que no existían hoteles, estos lugares ofrecían descanso a los viajeros.

Este significado se vincula directamente con el pasaje bíblico del peregrinaje de María y José, quienes, según la tradición cristiana, buscaron un sitio donde hospedarse antes del nacimiento de Jesús. A partir de esta búsqueda simbólica nació la idea de “pedir posada”.

La transformación

Cuando la tradición llegó a América, adquirió nuevas dimensiones. El concepto dejó de centrarse únicamente en el alojamiento y comenzó a asociarse con una fiesta comunitaria. Galicia Gordillo señala que, en investigaciones actuales, muchas personas ya no describen la posada como un ritual solemne, sino como un evento festivo.

Este cambio de pensamiento tiene sus raíces en el periodo colonial, cuando las posadas comenzaron a formalizarse en el siglo XVI, especialmente en San Agustín Acolman, Estado de México. Allí, los frailes las utilizaron como herramientas pedagógicas para enseñar a los pueblos originarios el relato del nacimiento de Jesús mediante escenificaciones teatrales y actos litúrgicos.

No obstante, las posadas no surgieron en un vacío cultural. Su desarrollo en México está profundamente marcado por la interacción con celebraciones prehispánicas, especialmente aquellas relacionadas con la festividad del nacimiento de Huitzilopochtli. En el mundo indígena, el calendario se dividía en veintenas, y ciertas festividades coincidían con el cierre de ciclos agrícolas y el inicio de nuevos periodos rituales.

Si bien las fechas españolas y mesoamericanas nunca coincidían de manera exacta debido a diferencias calendáricas —que podían oscilar entre 8 y 20 días—, sí existía una ventana temporal que permitió integrar ambas tradiciones. Por un lado, los europeos introdujeron las novenas, las misas de aguinaldo y los ritos de adviento, caracterizados por el uso de velas, luces y rezos destinados a preparar espiritualmente los días previos al nacimiento de Jesús.

Por otro lado, los pueblos indígenas imprimieron a las posadas su carácter festivo y comunitario. Para ellos, el canto, el baile y la convivencia eran prácticas rituales fundamentales desde mucho antes de la llegada de los españoles.

A partir de este encuentro, las posadas evolucionaron gradualmente desde las misas coloniales hasta las celebraciones actuales, donde lo religioso, lo social y lo festivo se entrelazan sin perder su esencia original.

Las posadas hoy

La situación económica y social actual ha generado diferencias notables entre las posadas urbanas y las rurales. Según Galicia Gordillo, en las ciudades la participación ha disminuido debido al alto costo de los preparativos y a la fragmentación de la vida urbana. Aunque las iglesias conservan parte del ritual mediante novenarios y misas, la celebración colectiva se ha reducido.

En contraste, en comunidades rurales y pueblos del interior del país, donde la vida comunitaria sigue siendo fuerte y la colaboración cotidiana forma parte del tejido social, las posadas se mantienen más fieles a su forma tradicional. Allí aún se celebran los nueve días completos, se adornan las calles y la participación colectiva sigue siendo central.

“La diferencia entre ambos contextos no es una pérdida, sino una adaptación; la tradición se ajusta sin dejar de existir”, explicó la investigadora.

La evolución de la piñata

En esta transición, la piñata también ha cambiado de significado. Durante la evangelización, los frailes la usaron como recurso didáctico: sus siete picos representaban los pecados capitales, y romperla simbolizaba el triunfo de la virtud. Los dulces o frutas eran la recompensa por el buen comportamiento.

Con el tiempo, esta carga simbólica se diluyó y la piñata se asoció principalmente con el juego y la alegría. Aunque ya no cumple la función moralizante original, mantiene su esencia como símbolo de celebración compartida.

Una época de unión

A pesar de las variaciones entre la ciudad y la provincia, la función esencial de las posadas permanece: crear espacios de encuentro y fortalecer los lazos comunitarios. La tradición vive porque responde a una necesidad humana fundamental: la convivencia como centro de la vida social. Es esta vocación festiva, reconfigurada con el paso del tiempo, la que mantiene a las posadas como una celebración vigente y significativa para millones de personas en México.

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Así funciona nuestro cerebro cuando hacemos o recibimos un regalo

Cada vez que damos o recibimos un regalo, nuestro cerebro se activa de una manera sorprendente. No se trata solo de un intercambio material, sino de una experiencia emocional y neurológica compleja que involucra placer, empatía y ansiedad. La neurociencia y la psicología han demostrado que regalar activa los mismos circuitos cerebrales relacionados con la felicidad, el reconocimiento social y el vínculo afectivo.

El placer de regalar

Cuando una persona elige un regalo para alguien más, su cerebro activa una región llamada estriado ventral, vinculada con el sistema de recompensa. Este circuito libera dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la motivación.

“Dar un regalo estimula las mismas áreas cerebrales que se activan cuando comemos algo que nos gusta o escuchamos nuestra canción favorita”, explican especialistas en neuropsicología.

En otras palabras, dar genera placer porque el cerebro interpreta el acto como una forma de conexión social. No es casual que muchas personas disfruten más al ver la reacción del otro que al recibir algo. Esa sensación positiva proviene de la empatía, que involucra la corteza prefrontal medial, encargada de comprender las emociones ajenas.

Recibir también activa el cerebro

Del otro lado, recibir un regalo provoca una cascada de reacciones cerebrales igual de intensas. El momento de abrir un obsequio activa la amígdala cerebral y el hipocampo, zonas relacionadas con la emoción y la memoria. Por ello, los regalos que tienen una carga afectiva —como una carta, un objeto hecho a mano o algo con valor simbólico— se recuerdan durante años.

En ese instante también se libera oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, que fortalece los lazos sociales y la confianza. De ahí que los regalos no sean solo objetos, sino vehículos de vínculo emocional.

El estrés de elegir el regalo perfecto

Sin embargo, el proceso no siempre es placentero. Elegir un obsequio puede generar ansiedad y estrés. Esta reacción tiene una base biológica: el cerebro activa la amígdala, que responde ante situaciones de incertidumbre o presión social.

“Queremos que el regalo guste, que tenga sentido, que no sea malinterpretado”, explican psicólogos sociales. Esa necesidad de aprobación estimula la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de la toma de decisiones complejas, lo que puede resultar agotador.

Además, en épocas como la Navidad o los cumpleaños, la saturación de opciones y la presión por cumplir expectativas generan una sobrecarga cognitiva. Por eso muchas personas sienten alivio o satisfacción solo cuando finalmente entregan el regalo.

Regalar nos hace más felices que recibir

Diversas investigaciones, como las realizadas en Harvard University y en la London School of Economics, confirman que las personas que gastan dinero en otros reportan mayores niveles de felicidad que quienes lo gastan en sí mismas.

Este efecto, conocido como “placer prosocial”, se debe a que el cerebro recompensa los actos de generosidad con una mayor liberación de dopamina y endorfinas.

Regalar también refuerza la autoimagen positiva: nos percibimos como personas empáticas, útiles y queridas. En términos biológicos, el cerebro asocia estas acciones con comportamientos cooperativos que, evolutivamente, aumentaron la supervivencia en grupos sociales.

El valor emocional del regalo

Más allá del precio o la marca, lo que más impacto tiene en el cerebro es el significado emocional del regalo. Cuando un objeto representa un recuerdo compartido, una broma interna o un gesto de cariño, el cerebro lo registra en el sistema límbico como una experiencia de alta carga afectiva.

Por eso, los regalos hechos a mano o pensados con detalle suelen generar una respuesta emocional más intensa que aquellos adquiridos de manera automática. “No recordamos el objeto en sí, sino la emoción que nos provocó recibirlo”, señalan expertos en psicología emocional.

Neurociencia del dar y recibir

En conjunto, el acto de regalar pone en marcha una compleja red de regiones cerebrales: el núcleo accumbens (placer y recompensa), la corteza prefrontal (toma de decisiones), la amígdala (emociones) y el hipocampo (memoria).

Esta interacción explica por qué los regalos son tan importantes en todas las culturas: no se trata de un gesto superficial, sino de una manifestación biológica y social de empatía y conexión humana.

Más allá del objeto: el vínculo humano

Entregar o recibir un obsequio tiene un poder invisible: refuerza los lazos sociales y estimula el bienestar emocional. En tiempos de interacciones digitales y relaciones fugaces, regalar sigue siendo una de las formas más genuinas de decir “te pienso” o “me importas”.

Así, cada intercambio de regalos no solo mueve el comercio, sino también las emociones más profundas del cerebro humano. Dar y recibir es, en última instancia, una forma de conectar desde lo más esencial: la necesidad de compartir y pertenecer.

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El genoma más pequeño del mundo: cómo se crea y evoluciona la vida sintética

Posiblemente algunos (no tan jóvenes) recordarán la película llamada “Querida, encogí a los niños”. Una comedia protagonizada por el comediante Rick Moranis, que en aquella película interpretó a un científico que inventa una máquina capaz reducir de tamaño cualquier objeto. Sus hijos y amigos de ellos son encogidos accidentalmente al entrar al cuarto donde se encuentra el rayo. Si bien esta película infantil de 1989 tiene un título gracioso, el encoger cosas con un rayo todavía está lejos del alcance de la Física actual. Ahora bien, uno de los grandes retos en la Biología es lograr “encoger” o reducir la cantidad de información genética en un organismo, de tal manera que pueda continuar con sus funciones vitales, pero sólo con un número reducido de genes esenciales.

La definición de vida

Recordemos que un genoma es el compendio de información genética de cualquier organismo y que radica en la molécula de ADN. Con dicha información, los organismos son capaces de realizar funciones que definen a un ser vivo, ya sea que estén conformados por una sola o varias células. De manera breve, las características o atributos de un ser vivo son:

  • Regulación de su medio interno (homeostasis): La homeostasis es un proceso mediante el cual, un organismo regula el balance de sus funciones vitales. Si este balance se pierde, el organismo podría dejar de vivir.
  • Relación o irritabilidad: Un ser vivo percibe los estímulos y reacciona en consecuencia, para modificar su funcionamiento y así mantener su homeostasis. La respuesta a los estímulos es una característica de todos los seres vivos que les permite adaptarse a cambios de temperatura, humedad, intensidad de luz, presión atmosférica, olores, falta o exceso de agua o nutrientes o cualquier tipo de sensación, con el fin de mantenerse íntegros y vivos.
  • Metabolismo: El metabolismo es la serie de reacciones químicas que permiten a los seres vivos obtener, utilizar o crear los nutrientes para generar energía y mantener sus funciones homeostáticas. Para esto puede utilizar una gran cantidad de nutrientes y en caso de tener más de los que necesita, puede almacenarlos para situaciones de escasez. El metabolismo hace posible el crecimiento de un organismo, su auto reparación, su reproducción y todo lo necesario para mantenerlo vivo.
  • Desarrollo y crecimiento: Una característica principal de los seres vivos es que estos crecen. Como ya se mencionó, requieren de nutrientes (alimentos) para poder realizar sus procesos metabólicos que los mantienen vivos. Al aumentar el volumen de materia viva, el organismo logra su crecimiento. Por otro lado, el desarrollo es la adquisición de nuevas características. Sin embargo, esta característica se asocia principalmente a los organismos multicelulares donde el proceso es más evidente.
  • Reproducción: Los seres vivos son capaces de multiplicarse (reproducirse). Mediante la reproducción se producen nuevos individuos semejantes a sus progenitores y se perpetúa la especie. Los organismos unicelulares como las bacterias se reproducen asexualmente donde un solo organismo es capaz de originar otros organismos nuevos. Sin embargo, en los organismos eucariontes (organismos cuyas células tienen un núcleo delimitado por una membrana) se observa tanto la reproducción asexual como la sexual, donde se requiere la intervención de dos individuos de sexos diferentes. Los descendientes serán resultado de la combinación del ADN de ambos progenitores y, por lo tanto, serán genéticamente distintos a los progenitores y en general también distintos entre sí.
  • Adaptación: Las condiciones ambientales en que viven los organismos cambian constantemente y los seres vivos deben adaptarse a dichos cambios para sobrevivir. El proceso por el que un organismo se condiciona (lenta o rápidamente) para lograr sobrevivir ante los cambios ocurridos en su medio, se llama adaptación o evolución biológica. A través de la evolución, los organismos logran adaptarse al medio en el que se encuentran, para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

Estas son las principales características que un organismo vivo puede presentar y aunque podrían limitarnos, por ejemplo, para encontrar nuevas formas de vida en otros planetas, son lo suficientemente amplias para definir todo lo que existe en el nuestro.

El genoma mínimo

Habiendo definido las características de los seres vivos, podemos agregar que todos ellos cuentan con moléculas de ADN que contiene las instrucciones para la vida y características de un organismo. En 1995, se pudieron caracterizar los primeros genomas de dos bacterias que llevaban siendo estudiadas al menos 10 años. Los genomas de las bacterias patógenas Haemophilus influenza y de Mycoplasma genitalium fueron los primeros en ser resueltos completamente. Por un lado, se revelaba que H. influenza tenía un total de 1,815 genes y M. genitalium sólo 525.

En aquellos años, se realizó una comparación entre sus genomas y como resultado, se encontraron solo 256 genes en común, los cuales se creían eran los esenciales para la vida de éstos (y posiblemente otros) organismos. En el caso de M. genitalium, esta información genética está contenida en un “pequeño instructivo” con un poco más de 1 millón de “letras” en su genoma. Pero en 1999, gracias a ciertos experimentos, los científicos se dieron cuenta que había mucha información que se podría quitar de M. genitalium y ésta poder mantenerse viva en condiciones de laboratorio. Sin embargo, a pesar de que con dichos experimentos se obtuvo un catálogo de 375 genes esenciales para dicha bacteria, en aquella época era muy difícil generar una bacteria a la cual se le pudieran remover todos los genes no esenciales al mismo tiempo.

Desde entonces, los científicos empezaron a jugar con la idea de crear una célula con un “genoma mínimo” que sería aquella versión más básica para sobrevivir, teniendo esos 256 genes que mencionaron antes como aquellos en común entre los primeros genomas bacterianos. En esos años, diseñar y crear un genoma artificial era una tarea casi imposible, por un lado, el costo que implicaba sintetizar una molécula de ADN de millones de bases era muy alto y, por otro lado, el colocar esa molécula dentro de una célula que pudiera sobrevivir al menos en condiciones de laboratorio, también era un reto.

El genoma mínimo y su evolución

Para el año 2016, varios investigadores retomaron la idea del genoma mínimo y se dieron a la tarea de diseñar y crear sintéticamente una bacteria con el genoma más simple y reducido, conocido hasta ese momento. Por ejemplo, las bacterias más estudiadas como Bacillus subtilis o Escherichia coli tienen entre 4,000 y 5,000 genes, respectivamente. Con todos esos genes, estas bacterias son capaces de adaptarse muy bien a diferentes condiciones de crecimiento. Sin embargo, los investigadores decidieron partir de un organismo aún más sencillo y que era un “pariente” más o menos cercano de M. genitalium, de quien hemos escrito aquí.

A pesar de que esta bacteria tiene un genoma muy pequeño, crece muy lentamente. Por lo tanto, los investigadores utilizaron mejor el genoma de la bacteria M. mycoides como molde para sintetizar químicamente un nuevo genoma mínimo e introducirlo en otra bacteria que fuera pariente cercano (M. capricolum). Al introducir la nueva molécula de ADN externa, el genoma original es desplazado, dejando solamente la información genética introducida artificialmente. Este experimento dio origen a la bacteria sintética M. mycoides JCVI-syn1.0 con un genoma de 1,078,809 bases (o letras). Ya con el genoma trasplantado, se realizaron más experimentos para ir “borrando” todos aquellos genes que, con los estudios y comparaciones previas, eran considerados como no esenciales.

Después de un proceso de diseño y selección, los científicos quitaron todos los genes no esenciales, llegando a sintetizar una nueva molécula cada vez más pequeña, verificando si la bacteria seguía viva. Después de 3 rondas de ir quitando genes, se obtuvo la bacteria sintética JCVI-syn3.0, con aproximadamente 531,000 bases y 473 genes, logrando crear a la bacteria con el genoma más pequeño conocido a la fecha. Esta bacteria sintética conserva los genes esenciales para la vida y que están relacionados con la síntesis y procesamiento de varias macromoléculas. Interesantemente, para 149 del total de genes, no se conocía su función biológica, aunque ahora sabemos que son necesarios para que la bacteria pueda vivir.

Si bien el organismo resultante tiene el mínimo de información genética para sobrevivir en condiciones de laboratorio muy permisivas, fue un buen comienzo para ir estudiando qué información genética necesitan los organismos dependiendo de las condiciones de vida a las que se enfrentan.

El fruto de varios años de investigación en Genómica y Biología Sintética

El trabajo de los investigadores del J. Craig Venter Institute (https://www.jcvi.org/) en conjunto con investigadores del Departamento de Biología de la Universidad de Indiana (USA), han continuado los estudios utilizando el mismo modelo que habían creado en el 2016, pero con un conocimiento mucho más amplio sobre la evolución de los organismos y sus genomas. Uno de los aprendizajes sobre el proceso de minimización de un genoma, implica que exista un equilibrio entre el tamaño del genoma y la tasa de crecimiento. Si quitas muchos genes, el organismo ya no se puede reproducir tan rápido y corre el riesgo de morir si tiene que competir con otras bacterias. La bacteria sintética JCVI-syn3.0 es una aproximación funcional de un organismo con un genoma mínimo, donde puede crecer a una velocidad aceptable en el laboratorio, conservando casi todos los genes que intervienen en la síntesis y procesamiento de moléculas esenciales para la vida. Sorprendentemente, aún se desconoce la función de varios genes, pero el organismo sintético JCVI-syn3.0 representa una plataforma versátil para investigar las funciones centrales de la vida y explorar el diseño de genomas en otros organismos.

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¿Tus encías afectan tu mente? La sorprendente relación entre periodontitis y cerebro

La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta los tejidos encargados de sostener y proteger los dientes, y en los últimos años ha cobrado gran relevancia por su posible vínculo con diversas enfermedades neurológicas. Estudios recientes sugieren que la inflamación persistente y ciertas bacterias periodontales podrían contribuir a procesos neuroinflamatorios asociados con el Alzheimer, el deterioro cognitivo y otras alteraciones del sistema nervioso.

Para comprender cómo una patología localizada en la boca puede tener repercusiones sistémicas tan amplias, Marcos Soto Franco, profesor de la Facultad de Odontología de la UNAM, explicó primero qué es el periodonto. “El periodonto es un aparato de soporte que mantiene los dientes en su posición. Está formado por cuatro componentes esenciales: la encía, que en condiciones saludables presenta un color rosa coral, una consistencia firme y resiliente; el hueso alveolar, la estructura ósea donde se alojan las raíces de los dientes; las fibras del ligamento periodontal, que conectan la raíz dental con el hueso alveolar, permitiendo firmeza y amortiguación; y el cemento radicular, una fina capa mineralizada que recubre todas las raíces dentarias. En conjunto, estos cuatro tejidos protegen al diente, le proporcionan estabilidad y contribuyen a su sensibilidad”.

Cuando no hay una correcta higiene bucal, este aparato de inserción puede enfermarse, dando lugar a las llamadas enfermedades periodontales, que se dividen en dos grandes grupos: la gingivitis y la periodontitis. La primera afecta únicamente al tejido gingival y se manifiesta con inflamación en la encía, aumento de volumen y sangrado, casi siempre provocado por la acumulación de biofilm dental o placa bacteriana alrededor de los dientes. Lo positivo es que la gingivitis es una condición reversible cuando el paciente mantiene una correcta higiene oral.

“Por otro lado, la periodontitis es una enfermedad más severa que compromete todos los componentes del periodonto. Se caracteriza por la pérdida ósea, la pérdida de la inserción periodontal y la presencia de sangrado, pudiendo clasificarse en periodontitis leve, moderada o avanzada según su grado de destrucción. Este término surge precisamente de la combinación entre inflamación y destrucción de los tejidos periodontales”, detalló Soto Franco.

Bacterias orales y su ruta hacia el cerebro
La relación entre la periodontitis y las enfermedades neurológicas se ha convertido en una de las líneas de investigación más relevantes en los últimos años. Diversos estudios publicados entre 2018 y 2024 han demostrado un vínculo significativo entre la inflamación periodontal y trastornos neurológicos, especialmente la enfermedad de Alzheimer.

Nuestra cavidad oral constituye un ecosistema altamente complejo, en el que habitan más de 600 especies bacterianas, algunas beneficiosas y otras potencialmente dañinas. En condiciones de salud, este ecosistema se mantiene en equilibrio. Sin embargo, distintos factores pueden generar disbiosis (desequilibrio microbiano), lo que facilita la proliferación de bacterias periodontopatógenas. Entre ellas destaca Porphyromonas gingivalis, una de las más estudiadas por su fuerte asociación con la periodontitis. Su impacto excede el ámbito bucal, ya que puede alterar el funcionamiento de otros órganos y contribuir a procesos inflamatorios sistémicos.

Una de las evidencias más relevantes, explicó el profesor, es el hallazgo de ADN de bacterias periodontales o de sus productos tóxicos en el cerebro, lo que sugiere que microorganismos y moléculas provenientes de la cavidad oral pueden ingresar al torrente sanguíneo y llegar al sistema nervioso central. Estos componentes bacterianos son capaces incluso de alterar la barrera hematoencefálica, desencadenando la activación de la microglía —células inmunitarias del cerebro— y promoviendo procesos de neuroinflamación.

A pesar de esta correlación, el Dr. Marcos aclaró que la periodontitis no causa directamente el Alzheimer. Sin embargo, sí puede actuar como un factor contribuyente al facilitar la presencia de moléculas inflamatorias y productos bacterianos en regiones cerebrales vulnerables. De hecho, la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y la Sociedad Española de Neurología han señalado que las personas que sufren periodontitis pueden tener casi el doble de riesgo de padecer alzhéimer o demencia y el triple de sufrir un ictus isquémico. Esto subraya la importancia de considerar la salud oral como un componente esencial de la salud integral.

La prevención, la mejor herramienta
Toda periodontitis inicia con gingivitis, por lo que ante el menor signo de inflamación patológica en las encías es necesario acudir al dentista. Detectar los problemas a tiempo permite evitar daños periodontales avanzados y reduce el riesgo de que la infección o la inflamación se propaguen a otros órganos.

Se recomienda acudir al dentista al menos cada seis meses para detectar caries, gingivitis o periodontitis en etapas tempranas. Con frecuencia, las personas buscan atención solo cuando sienten dolor o cuando los problemas han avanzado considerablemente, lo que dificulta tanto el tratamiento como la prevención de complicaciones sistémicas. Por ello, es fundamental fortalecer la educación del paciente y explicar, con base en evidencia científica, que los problemas bucales pueden afectar la salud general.

De igual manera, mantener hábitos de higiene adecuados es indispensable. El cepillado dental debe realizarse al menos tres veces al día o después de cada comida, complementado con limpieza interdental, que es donde suelen iniciar muchos problemas. Además, el uso de coadyuvantes como enjuagues bucales a base de clorhexidina, cloruro de cetilpiridinio o aceites esenciales puede ayudar a controlar la inflamación y prevenir la acumulación de biofilm.

Servicios de la UNAM para el cuidado periodontal
Para concluir, Soto Franco invitó a la población a acudir a una de las distintas clínicas periféricas de la UNAM ubicadas en la Ciudad de México. En estos espacios se ofrecen evaluaciones periodontales completas que permiten detectar y tratar problemas antes de que progresen. Además, contribuyen a reducir riesgos sistémicos, incluido el posible impacto de la periodontitis en el cerebro y en el desarrollo de enfermedades neurológicas.