¿Por qué a veces olvidamos nombres, pero recordamos caras?
Michel Olguín Lacunza
junio 15, 2026
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Seguro te ha pasado: te encuentras con alguien en la calle, reconoces perfectamente su rostro, sabes que lo conoces de algún lugar, pero su nombre simplemente no aparece. Este fenómeno, tan cotidiano como incómodo, tiene una explicación en la forma en que el cerebro humano procesa, almacena y recupera la información.
De acuerdo con especialistas en neurociencia cognitiva, el reconocimiento de rostros y la memoria de nombres dependen de sistemas cerebrales distintos.
Las caras, clave para la supervivencia
Mientras que las caras se procesan principalmente en regiones del lóbulo temporal especializadas en el reconocimiento visual, como el área fusiforme de las caras, los nombres se almacenan y recuperan a través de redes relacionadas con el lenguaje y la memoria semántica. Es decir, el cerebro “ve” las caras de manera directa y casi automática, pero los nombres requieren un proceso más abstracto y dependiente del lenguaje.
Las caras son estímulos extremadamente ricos en información. No solo muestran rasgos físicos, sino también expresiones, emociones y señales sociales. Por eso, el cerebro humano está especialmente afinado para reconocerlas. Desde los primeros meses de vida, los bebés ya muestran preferencia por los rostros humanos y, con el tiempo, desarrollamos una capacidad muy sofisticada para distinguir miles de caras diferentes, incluso con cambios de edad, iluminación o expresión.
Este reconocimiento rápido y eficiente tiene una razón evolutiva: identificar rostros era clave para la supervivencia social. Saber si alguien formaba parte del grupo, si representaba una amenaza o si era una figura de confianza podía marcar la diferencia en entornos antiguos. Por eso, el sistema de reconocimiento facial se volvió altamente especializado y prioritario en el cerebro.
Los nombres
En contraste, los nombres no tienen una representación visual ni sensorial. Son etiquetas arbitrarias que aprendemos culturalmente, sin conexión directa con la apariencia de la persona. El nombre “Ana”, “Carlos” o “María” no contiene pistas que ayuden al cerebro a recordarlo fácilmente. Por eso, su almacenamiento depende más de la repetición, la atención y la asociación con otros elementos del contexto.
Otro factor importante es la forma en que se forman los recuerdos sociales. Cuando conocemos a alguien nuevo, el cerebro intenta vincular múltiples elementos: su rostro, su voz, su nombre, el lugar donde lo conocimos y la emoción del momento. Sin embargo, si la atención en ese instante está centrada en la interacción social, por ejemplo, en qué decir o cómo comportarnos, el nombre puede no consolidarse adecuadamente en la memoria.
Además, los nombres suelen necesitar repetición para fijarse. Si no volvemos a escuchar el nombre de esa persona o no lo usamos activamente, la conexión entre rostro y nombre se debilita con el tiempo. En cambio, el reconocimiento facial es mucho más resistente al olvido, porque se basa en patrones visuales que el cerebro procesa de manera muy eficiente.
La memoria
La atención también desempeña un papel fundamental. Diversos estudios han mostrado que la memoria de nombres mejora significativamente cuando hacemos un esfuerzo consciente por repetirlos o asociarlos con alguna característica. Por ejemplo, repetir mentalmente “Carlos, Carlos” o relacionarlo con alguien más puede aumentar las probabilidades de recordarlo después.
Este fenómeno no es señal de mala memoria ni de falta de inteligencia, sino una consecuencia natural de cómo funciona el cerebro humano. En realidad, estamos programados para priorizar la información social inmediata y visual, como los rostros, por encima de las etiquetas lingüísticas.
Incluso hay evidencia de que el cerebro dedica más recursos neuronales al reconocimiento facial que a otras tareas de identificación, lo que refuerza esta diferencia entre ver una cara y recordar un nombre.
En resumen, no olvidamos nombres porque “tengamos mala memoria”, sino porque el cerebro está diseñado para dar prioridad a lo visual, lo emocional y lo socialmente relevante. Las caras se procesan de forma rápida y automática, mientras que los nombres requieren atención, repetición y esfuerzo consciente para consolidarse.
Así que la próxima vez que no recuerdes cómo se llama alguien, puedes consolarte con algo: tu cerebro probablemente sí lo reconoció de inmediato, solo decidió guardar primero lo más importante para la vida social: su rostro.
Las abejas solitarias: la importancia del suelo para la conservación de estas polinizadoras
Pepe Herrera (Con información del podcast “Del suelo al cielo”, se contó con la participación del Dr. Pablo Jaramillo López)
junio 14, 2026
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Cuando se menciona la palabra “abeja”, la mayoría de las personas imagina inmediatamente una colmena llena de individuos trabajando de manera organizada, produciendo miel bajo la dirección de una reina. Esta imagen, aunque correcta para algunas especies, representa únicamente una pequeña parte de la diversidad de abejas que existe en el planeta. En realidad, el mundo de las abejas es mucho más amplio y complejo de lo que comúnmente se cree.
Actualmente se conocen más de 20 000 especies de abejas en el mundo, y la mayoría de ellas no vive en colmenas ni forma sociedades organizadas. De hecho, alrededor del 90 % de las especies corresponden a las llamadas abejas solitarias. A diferencia de las abejas melíferas, estas no producen miel en cantidades comerciales, no forman enjambres y tampoco cuentan con una estructura social compleja. Cada hembra es responsable de construir su propio nido, recolectar alimento y garantizar el desarrollo de sus crías sin la ayuda de otros individuos.
Para ello, excavan pequeños túneles en suelos con determinadas características físicas, generalmente en zonas poco compactadas y con escasa perturbación. Dentro de estos túneles elaboran celdas individuales donde depositan una mezcla de polen y néctar que servirá de alimento para la futura larva. Posteriormente colocan un huevo y sellan la celda, dejando que el desarrollo del nuevo individuo ocurra completamente bajo la superficie.
Esta estrecha relación con el subsuelo permite comprender por qué las características físicas del terreno son determinantes para su supervivencia.
El papel del suelo en la conservación de las abejas solitarias
Cuando se habla de suelo, generalmente se piensa en agricultura, nutrientes, microorganismos o crecimiento vegetal. Sin embargo, rara vez se considera que también constituye el hogar de numerosos organismos esenciales para los ecosistemas, entre ellos una gran diversidad de polinizadores. Para las abejas solitarias, el suelo no es simplemente un soporte físico, sino un componente indispensable para completar su ciclo de vida.
La supervivencia de estas especies depende de que el suelo conserve una estructura adecuada y una porosidad suficiente que permita la excavación y el mantenimiento de los túneles. Cuando estas condiciones se alteran, las abejas enfrentan serias dificultades para reproducirse.
Uno de los principales problemas es la compactación del suelo provocada por el uso de maquinaria pesada en actividades agrícolas y de construcción. Al endurecerse el terreno, las abejas encuentran mayores obstáculos para excavar y establecer sus nidos.
Otro factor de riesgo importante es la labranza intensiva. Las labores frecuentes de preparación del terreno pueden destruir directamente los nidos subterráneos mientras las larvas aún se encuentran en desarrollo. Debido a que todo el proceso ocurre bajo tierra, estos daños suelen pasar inadvertidos para las personas, aunque sus consecuencias sobre las poblaciones de abejas pueden ser significativas.
¿Cómo afectan los pesticidas a las abejas que anidan bajo tierra?
Además de las alteraciones físicas del suelo, existe una amenaza química relacionada con el uso de pesticidas. Diversas investigaciones han demostrado que algunos insecticidas sistémicos, especialmente los neonicotinoides, pueden acumularse en el suelo y alcanzar concentraciones incluso superiores a las encontradas en las flores.
Esta situación resulta particularmente preocupante para las abejas que anidan bajo tierra, ya que las larvas permanecen enterradas durante semanas o meses dentro de sus celdas. Como consecuencia, se exponen de manera constante a estos compuestos, lo que puede afectar su desarrollo, reducir su tamaño corporal y disminuir sus probabilidades de supervivencia.
¡También son importantes!
A las amenazas derivadas de la degradación y contaminación del suelo se suma otro problema: la escasa atención que reciben estas especies en comparación con otros polinizadores más conocidos. A pesar de su importancia ecológica, las abejas solitarias suelen permanecer fuera del foco de atención. Debido a que no producen miel aprovechable comercialmente, no viven en colmenas visibles y no forman grandes agrupaciones, con frecuencia pasan desapercibidas incluso en los programas de conservación.
Durante muchos años, gran parte de la preocupación pública y científica por los polinizadores se concentró casi exclusivamente en la abeja melífera europea, Apis mellifera. Aunque la conservación de esta especie es relevante, esta visión limitada ha contribuido a que miles de especies nativas reciban menos atención de la que merecen.
Proteger el suelo, es proteger la biodiversidad
Por ello, resulta importante cambiar nuestra percepción acerca del suelo y de los organismos que habitan en él. Un espacio de suelo desnudo en una milpa, un jardín o la orilla de un camino puede parecer vacío a simple vista, pero debajo de la superficie puede existir una compleja red de túneles donde se desarrollan larvas y trabajan silenciosamente cientos de abejas solitarias.
Estos insectos contribuyen diariamente a la reproducción de una gran cantidad de plantas silvestres y cultivadas, favoreciendo la producción de flores, frutos y semillas que sostienen la biodiversidad y la alimentación humana. Reconocer su importancia y proteger las condiciones que necesitan para sobrevivir es fundamental para conservar la diversidad de abejas y garantizar el funcionamiento de los ecosistemas.
¿Brazos inútiles o evolución extrema? El T. rex y los grandes dinosaurios carnívoros reescriben su propia anatomía
Pepe Herrera
junio 14, 2026
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Basado en el estudio Drivers and mechanisms of convergent forelimb reduction in non-avian theropod dinosaurs
Durante décadas, los diminutos brazos del Tyrannosaurus rex han alimentado tanto la curiosidad popular como el debate científico. ¿Cómo es posible que uno de los depredadores terrestres más formidables de la historia acabara con unas extremidades anteriores tan reducidas?
Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B propone una respuesta provocadora: la reducción de los brazos estaría vinculada con el aumento progresivo del papel de la mordida como herramienta principal de caza.
La cabeza como herramienta dominante
La idea central del estudio es que, en varios linajes de dinosaurios terópodos no avianos, la evolución favoreció una profunda reorganización funcional del cuerpo. En este proceso, el cráneo se volvió cada vez más robusto y especializado para generar fuerzas de mordida extremas, mientras que las extremidades anteriores fueron perdiendo protagonismo hasta reducirse de forma marcada.
Este cambio funcional no habría sido exclusivo del T. rex, sino parte de una tendencia evolutiva más amplia. En los primeros terópodos, los brazos desempeñaban un papel importante en la captura de presas, pues ayudaban a sujetarlas e inmovilizarlas. Sin embargo, en depredadores posteriores, la estrategia cambió: la caza pasó a depender cada vez más de la mordida, que asumió progresivamente la mayor parte del trabajo de captura y muerte. Con ello, los brazos dejaron de ser esenciales y la presión evolutiva por mantenerlos grandes se redujo.
Un patrón repetido en distintos linajes
Este cambio no ocurrió una sola vez. El estudio analizó la evolución de los terópodos y encontró un patrón repetido: la reducción de los brazos y el fortalecimiento del cráneo surgieron de forma independiente en varios grupos separados por decenas de millones de años.
No se trata, por tanto, de una característica exclusiva de los tiranosaurios. También aparece en otros grandes depredadores, como los abelisáuridos y los carcharodontosáuridos. Aunque no estaban estrechamente emparentados, todos convergieron hacia una misma configuración corporal: cuerpos grandes, cabezas masivas y brazos proporcionalmente pequeños.
En el caso del Tyrannosaurus rex, esta tendencia alcanzó su máxima expresión, con un cráneo extremadamente potente y unos brazos cortos, pero aún musculosos.
Gigantismo y cambios en las proporciones
Sin embargo, este patrón no puede explicarse únicamente por la función. El tamaño corporal también desempeña un papel clave en la configuración de estas proporciones. En animales grandes, la alometría, es decir, el hecho de que el crecimiento no sea uniforme, hace que las extremidades tiendan a ser relativamente más pequeñas respecto del cuerpo.
Pero este fenómeno no es solo pasivo. El estudio sugiere que también estaría reforzado por presiones funcionales: si la supervivencia depende cada vez más de la mordida, invertir energía en mantener brazos grandes deja de ser ventajoso desde el punto de vista evolutivo.
Más allá del tamaño, el estudio profundiza en otro factor clave del sistema: la estructura del cráneo.
Un cráneo cada vez más especializado
Los autores introducen el concepto de “robustez craneal”, entendido como la capacidad del cráneo para resistir y generar grandes fuerzas durante la mordida. Los resultados muestran una correlación clara: cuanto más robusto es el cráneo, más reducidos tienden a ser los brazos.
En especies como los grandes tiranosaurios, el cráneo no solo estaba adaptado para morder con enorme potencia, sino también para soportar tensiones extremas y romper huesos. De este modo, la cabeza se consolidó como la principal herramienta de depredación.
Causas, límites y cautelas
A pesar de la consistencia del patrón, los investigadores advierten que la relación entre mordida potente y reducción de brazos es correlacional. Es decir, no puede afirmarse con certeza que una cause directamente la otra.
Es posible que ambos rasgos respondan a factores compartidos, como el gigantismo, cambios en el tipo de presas o restricciones biomecánicas. Además, el registro fósil es incompleto, por lo que futuras evidencias podrían matizar o incluso modificar estas interpretaciones.
Más allá de los “brazos inútiles”
Lejos de ser una simple rareza anatómica, los pequeños brazos de estos dinosaurios podrían reflejar una reorganización profunda del cuerpo durante su evolución. En este contexto, el Tyrannosaurus rex no sería un animal mal proporcionado, sino un ejemplo extremo de eficiencia evolutiva: un depredador cuya anatomía se reorganizó alrededor de una herramienta dominante, la mandíbula.
Confiar: ¿un acto racional o una necesidad humana?
Pepe Herrera
junio 13, 2026
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La confianza es uno de los pilares invisibles que sostienen las relaciones humanas, las instituciones y gran parte de las decisiones que tomamos a diario. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿confiar es realmente un acto racional o una apuesta guiada por la emoción y la incertidumbre? En un contexto donde la información circula constantemente y la desconfianza parece crecer en distintos ámbitos sociales, reflexionar sobre la naturaleza de la confianza se vuelve indispensable.
En este ejercicio, el Dr. Emilio Mendoza Solís, investigador de la Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales (UDIR) de la UNAM, y el doctor en Filosofía por la UNAM y actual investigador del Instituto de Filosofía de la Universidad Veracruzana, Esteban Marín Ávila, reflexionaron sobre los elementos que intervienen en la construcción de la confianza, así como los límites entre la razón, la experiencia y la vulnerabilidad que implica depositar expectativas en los demás.
A través de sus perspectivas, se busca analizar cómo la confianza no solo articula la vida social, sino también cómo se convierte en una decisión compleja que combina argumentos racionales, emociones y contextos culturales.
Un acto de vulnerabilidad
La confianza es una actitud fundamental en la vida humana y, al mismo tiempo, una de las más complejas desde el punto de vista filosófico y práctico, comentó el Dr. Marín Ávila. Gran parte de nuestras acciones cotidianas dependen de algún tipo de confianza, aunque muchas veces no lo notemos.
Confiamos cuando conversamos con otras personas y asumimos que nos dicen la verdad; cuando pagamos un producto esperando recibirlo; cuando aprendemos algo en la escuela, o cuando creemos en testimonios sobre hechos que no hemos vivido directamente. También confiamos en instituciones, medios de comunicación y sistemas sociales enteros. En realidad, la mayoría de las actividades humanas contienen, directa o indirectamente, algún componente de confianza.
Por ello, solemos pensar que la confianza no puede ser completamente racional, pues parece implicar elementos que escapan al control y a la certeza. Además, tiene un componente afectivo central: la esperanza. Cuando confiamos, esperamos que la otra persona responda favorablemente a nuestra vulnerabilidad y nos arriesgamos esperando algo positivo del otro.
Confiar implica exponerse a la posibilidad de ser decepcionados, traicionados o perjudicados. También supone renunciar parcialmente al control y actuar sin saber con exactitud qué ocurrirá después. Estas características hacen que muchas personas consideren la confianza como una actitud “ciega”, guiada más por emociones o impulsos que por razones sólidas.
A ello se suma que gran parte de nuestras prácticas de confianza son automáticas. Los seres humanos confiamos constantemente por hábito, aprendizaje social e incluso por mecanismos evolutivos. Muchas veces ni siquiera reflexionamos conscientemente sobre por qué confiamos en determinadas personas o instituciones.
En muchos contextos, además, se identifica la confianza con una emoción, y las emociones suelen entenderse como opuestas a la racionalidad o, al menos, como menos racionales que el pensamiento analítico. Desde esta perspectiva, confiar parecería una decisión irracional precisamente porque nace de sentimientos y no de certezas objetivas.
Sin embargo, reducir la confianza únicamente a una reacción emocional sería simplificar un fenómeno mucho más complejo.
Entonces, ¿qué la vuelve racional?
Para el investigador de la Universidad Veracruzana, afirmar que la confianza es irracional resulta cuestionable. La confianza sí puede ser racional, aunque ello no significa eliminar la incertidumbre, la vulnerabilidad o la ausencia de control total, sino reflexionar adecuadamente sobre las razones para confiar.
De acuerdo con la filosofía de la confianza, confiar implica ciertas creencias, explícitas o implícitas, acerca de la persona en quien se deposita esa confianza. Existen dos creencias fundamentales.
La primera es la creencia en la capacidad de la otra persona: confiamos porque pensamos que posee las habilidades, los conocimientos o las competencias necesarias para cumplir con aquello que le hemos encomendado. La segunda es la creencia en su buena voluntad: creemos que esa persona tiene la intención de actuar favorablemente y no de perjudicarnos deliberadamente.
Con base en ello, la racionalidad de la confianza depende, en buena medida, de la evaluación de estas creencias. La confianza puede ser irracional cuando ignoramos evidencias claras de incapacidad o mala voluntad. En cambio, confiar puede ser racional cuando existen buenas razones para pensar que alguien posee tanto capacidad como buenas intenciones.
¿Seguir desconfiando o creer ciegamente?
Reconocer que la confianza puede tener fundamentos racionales no elimina otro problema igual de importante: cómo evitar los extremos entre la sospecha permanente y la confianza ciega.
Sobre esta disyuntiva, el Dr. Esteban Marín aclaró que sería imposible, e incluso indeseable, racionalizar absolutamente todas nuestras relaciones de confianza. Los seres humanos, al igual que otros animales, muchas veces confiamos de manera automática e irreflexiva.
Sin embargo, a diferencia de otros seres vivos, las personas sí podemos detenernos a pensar por qué confiamos en determinadas personas o instituciones. Precisamente ahí aparece el verdadero desafío: aprender a confiar críticamente sin caer en el aislamiento escéptico.
Para responder a esta cuestión, es necesario introducir la idea de confianza interpersonal. Esta no implica esperar que todo ocurra exactamente como imaginamos. De hecho, podemos confiar en alguien precisamente para que nos sorprenda. Así, la confianza no consiste en controlar el resultado, sino en aceptar la libertad y la iniciativa del otro.
Esta idea revela un aspecto central del problema: confiar nunca significa eliminar completamente el riesgo. La confianza interpersonal implica exponerse deliberadamente a la libertad ajena. No se trata de ingenuidad, sino de aceptar conscientemente que el otro puede actuar de maneras que no controlamos. Por ello, la posibilidad de la traición siempre acompaña a la confianza.
No obstante, el hecho de que una confianza sea traicionada no significa automáticamente que haya sido irracional. Una persona puede haber confiado racionalmente porque tenía buenas razones para pensar que el otro era capaz y actuaba con buena voluntad. Puede haber reflexionado cuidadosamente antes de confiar y, aun así, ser traicionada. La incertidumbre, por lo tanto, nunca desaparece por completo.
Otro elemento importante es la transitividad de la confianza. Mendoza Solís explicó que muchas veces confiamos en alguien porque una persona en quien ya confiamos nos recomienda hacerlo. Este fenómeno es muy común en ámbitos profesionales, médicos, políticos y sociales.
Esta característica vuelve más compleja la responsabilidad moral relacionada con la confianza. Cuando alguien deposita confianza en otra persona, no solo asume riesgos personales, sino que también puede influir en la confianza de terceros. Por ello, en ciertos contextos existe incluso una obligación moral de confiar racionalmente.
Frente a esta situación, la respuesta adecuada no es el escepticismo absoluto. Desconfiar de todo puede resultar tan problemático como confiar ciegamente. El ejemplo de los terraplanistas es especialmente revelador. Estas personas ejercen, en cierto sentido, un pensamiento crítico muy activo: realizan experimentos, cuestionan autoridades y buscan pruebas por sí mismas. Sin embargo, al desconfiar completamente de la comunidad científica, terminan alejándose de una tradición colectiva de conocimiento construida durante siglos.
Si solo creyéramos aquello que podemos comprobar individualmente, nuestras posibilidades cognitivas serían extremadamente limitadas. Por ello, la alternativa racional no consiste en abandonar toda confianza, sino en aprender a confiar reflexivamente. Esto implica preguntarse por qué confiamos en determinadas personas o instituciones, qué intereses pueden tener, qué evidencias respaldan su credibilidad y cuáles son los mecanismos mediante los cuales producen conocimiento o información.
La confianza reflexiva no elimina el riesgo de error o manipulación, pero sí permite ejercer una actitud crítica sin caer en la desconfianza absoluta.
¿Es posible recuperar la confianza?
Si confiar implica siempre asumir riesgos, también resulta inevitable preguntarse qué ocurre cuando esa confianza se rompe y si realmente puede reconstruirse.
Aunque en el imaginario colectivo suele afirmarse que la confianza perdida nunca se recupera por completo, ambos especialistas consideran que la situación es más compleja. Recuperar la confianza puede ser difícil, pero sí existen condiciones que facilitan su reconstrucción.
Una de ellas es, nuevamente, la transitividad de la confianza. Si personas confiables vuelven a confiar en alguien que nos decepcionó, esto puede generar un clima favorable para reconsiderar nuestra propia desconfianza.
Otra condición importante es la demostración constante de buena voluntad. Cuando alguien realiza acciones reiteradas que muestran sinceridad, responsabilidad y ausencia de malas intenciones, puede reconstruir gradualmente la confianza perdida.
Este punto adquiere especial relevancia en el contexto actual. Para Marín Ávila, hoy se vive una crisis de confianza generalizada hacia gobiernos, iglesias, medios de comunicación, instituciones, relaciones afectivas e incluso familias. Muchas personas sienten que las estructuras tradicionales de autoridad han perdido legitimidad.
Esta situación afecta particularmente a niños y jóvenes. Las nuevas generaciones crecen en entornos donde observan adultos decepcionados, instituciones desacreditadas y relaciones sociales fragmentadas. Ante la ausencia de referentes confiables, muchos jóvenes terminan depositando su confianza en influencers, líderes mediáticos o figuras carismáticas que no necesariamente buscan su bienestar.
La preocupación es profunda, ya que cuando la sociedad no logra ofrecer vínculos sólidos de confianza, otros actores ocupan ese espacio mediante mecanismos emocionales y psicológicos muy eficaces. Algunas figuras manipuladoras logran captar la confianza precisamente porque ofrecen atención, pertenencia, reconocimiento o identidad en contextos donde las instituciones tradicionales han fallado.
Entre lo verdadero y la duda
En última instancia, confiar nunca implica eliminar por completo la incertidumbre. Confiar significa aceptar cierto grado de vulnerabilidad frente a los demás y actuar aun sabiendo que el riesgo de decepción siempre existe. Sin embargo, eso no convierte a la confianza en un acto irracional. Como señalan los especialistas, la confianza puede construirse a partir de razones, experiencias y evaluaciones críticas sobre la capacidad y la buena voluntad de las personas e instituciones.
En una época marcada por la desconfianza hacia autoridades, medios y estructuras sociales, aprender a confiar reflexivamente se vuelve cada vez más importante. No se trata de creer ciegamente ni de desconfiar de todo, sino de desarrollar criterios que permitan distinguir entre vínculos confiables y relaciones manipuladoras.
Al final, la confianza no es una garantía absoluta, sino una decisión humana compleja que combina razón, experiencia, emociones y responsabilidad colectiva. Quizá precisamente por ello siga siendo uno de los elementos más frágiles y, al mismo tiempo, más indispensables para la vida en sociedad.
El Daimon de Sócrates: la voz divina que guiaba al filósofo
Pepe Herrera
junio 13, 2026
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El Daimon de Sócrates constituye uno de los conceptos más fascinantes y complejos de la filosofía antigua, pues representa una forma singular de comprender la inspiración, la conciencia moral y la relación entre el ser humano y lo sagrado. Mientras los poetas griegos, como Homero o Hesíodo, atribuían la inspiración a las musas, Sócrates desarrolló una idea distinta: una voz interior que no inspiraba versos ni relatos heroicos, sino que advertía sobre aquello que no debía hacerse.
Esta presencia espiritual, a la que llamó Daimon, se convirtió en una de las características más importantes de su pensamiento y en un elemento fundamental de su defensa durante el juicio narrado en la Apología, comentó Diego Arturo Flores Flores, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), durante el 2.º Coloquio Nacional de Demonología Clásica y Angeología Judeocristiana.
Maligno no, espiritual sí
Esta interpretación del Daimon no solo definió la vida filosófica de Sócrates, sino que también se convirtió en un elemento central durante el juicio que lo condenó.
Bajo la supervisión del maestro Alberto Juárez Carbajal, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, las investigaciones de Flores Flores sobre el Daimon de Sócrates lo llevaron a coincidir con lo que el propio filósofo griego manifestaba sobre esta entidad: que se trataba de una señal divina.
Aunque este Daimon no era una entidad visible, tampoco correspondía a la idea moderna de un demonio maligno, sino a una manifestación vinculada con lo sagrado. Sin embargo, Méleto, Ánito y Licón, sus acusadores en el juicio, afirmaban que, influido por “esa entidad”, Sócrates corrompía a los jóvenes y no creía en los dioses de la ciudad, sino en nuevas figuras religiosas. Estas acusaciones resultaban especialmente graves en la Atenas del siglo V a. C., donde la religión estaba íntimamente ligada a la vida política y social.
Ante ello, Sócrates respondió señalando la contradicción lógica de sus detractores. Si él hablaba constantemente de asuntos relacionados con seres sagrados y afirmaba poseer un Daimon, entonces necesariamente debía creer en la existencia de los dioses. En consecuencia, la acusación de ateísmo carecía de coherencia.
Además, en su defensa, el filósofo explicó que esta voz actuaba de manera anticipada, frenándolo cuando estaba a punto de actuar imprudentemente. En este sentido, el Daimon funcionaba como una especie de conciencia ética o advertencia espiritual.
“Era como una madre que detiene a un niño antes de que se haga daño, pues el Daimon no obligaba ni imponía órdenes, sino que aconsejaba y prevenía”, explicó Diego.
Así, más que mostrar rechazo hacia la religión, Sócrates proponía una experiencia distinta de lo sagrado: una relación interior y personal con una guía espiritual que orientaba sus actos morales.
Del espíritu divino a la conciencia moral
Con el paso de los siglos, la figura del Daimon dejó de interpretarse únicamente como una entidad espiritual y comenzó a entenderse también como símbolo de la conciencia y la introspección.
En el siglo XVII, el pintor José de Ribera ofreció una interpretación distinta a la del filósofo. Su obra Un filósofo sosteniendo un espejo es una poderosa alegoría sobre la introspección, el autoconocimiento y la búsqueda de la verdad. Esta visión parece conectarse con la famosa máxima atribuida al templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”.
El espejo presente en la pintura simboliza precisamente la conciencia y la introspección. En esta interpretación barroca, el Daimon puede entenderse menos como un ser sobrenatural y más como una representación de la conciencia moral del individuo.
Esa misma idea reaparece un siglo después en la famosa pintura de Jacques-Louis David, La muerte de Sócrates, que representa al filósofo momentos antes de beber la cicuta, una hierba altamente venenosa que le provocó la muerte. En la obra, David reflejó la firmeza moral de Sócrates, quien aparece sereno y decidido.
“Ese estado de calma y el silencio del Daimon se convierten entonces en una confirmación de su inocencia y de la coherencia entre sus principios y sus actos. Para Sócrates, ningún mal podía afectar verdaderamente a un hombre justo, ni en la vida ni en la muerte. Su muerte, lejos de ser una derrota, representaba la culminación de la eudaimonía, entendida como la armonía entre la virtud y la acción correcta”, comentó Flores.
Finalmente, la pintura del español Germán Hernández Amores, Sócrates reprendiendo a Alcibíades en casa de una cortesana, presenta al filósofo como una especie de Daimon. La escena sugiere que Sócrates actúa como una figura que frena los impulsos desordenados y orienta al joven hacia la serenidad y la buena vida.
Así, la influencia socrática no solo era intelectual, sino profundamente ética. Su enseñanza buscaba conducir a los individuos hacia la virtud mediante el examen de sí mismos y la moderación de las pasiones.
Influencia en el pensamiento religioso
Las interpretaciones filosóficas y espirituales que surgieron en torno al Daimon influyeron en diversas concepciones religiosas posteriores, especialmente en la idea de entidades protectoras o mediadoras entre lo sagrado y los seres humanos.
Filósofos como Plutarco profundizaron en la naturaleza del Daimon socrático. En su obra Sobre el demonio de Sócrates, escrita a finales del siglo I, el pensador griego analizó esta figura desde distintas perspectivas. Para algunos, el Daimon representaba una experiencia religiosa y mística; para otros, una metáfora filosófica vinculada con la razón y el juicio moral.
Más adelante, en el siglo II, Apuleyo desarrolló una explicación sistemática sobre los demonios o seres intermedios. Influido por el neoplatonismo, describió una jerarquía compuesta por dioses, hombres y entidades mediadoras, entre las cuales se encontraban genios, lares, manes y demonios personales. Según esta visión, el Daimon socrático no era un caso excepcional, sino parte de una estructura espiritual universal.
Con el paso del tiempo, estas interpretaciones también encontraron eco en el pensamiento judeocristiano. Algunas representaciones artísticas muestran semejanzas entre el Daimon y los ángeles custodios cristianos, lo que sugiere que la noción de un espíritu protector no desapareció con el mundo clásico, sino que fue adaptada a nuevas tradiciones religiosas. Así, el ángel custodio puede entenderse como una transformación simbólica del antiguo Daimon socrático.
Una voz que guía
Más que un simple espíritu protector o una figura sobrenatural, el Daimon de Sócrates representó una manera distinta de comprender la relación entre el ser humano, la conciencia y lo sagrado. Su voz no imponía verdades absolutas ni revelaciones divinas, sino que advertía, orientaba y llamaba al examen de uno mismo.
A través de la filosofía, el arte y las tradiciones religiosas posteriores, esta idea trascendió el mundo clásico y se transformó en símbolo de la conciencia moral y de la búsqueda interior. Así, el Daimon socrático no solo acompañó a Sócrates en vida y en su juicio, sino que permaneció como una de las imágenes más perdurables de la filosofía antigua: la de una voz íntima que guía al ser humano hacia la virtud y la reflexión sobre sí mismo.
La física de la vida: el nuevo enfoque científico para comprender la salud
Pepe Herrera
junio 13, 2026
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Aunque tradicionalmente la física se había enfocado en fenómenos relacionados con la materia, la energía y las leyes fundamentales del universo, en las últimas décadas comenzó a desarrollarse una nueva área interesada en responder preguntas relacionadas con la vida misma. De reciente creación, la física de la vida es una disciplina que busca comprender a los seres vivos desde la perspectiva de la física y las ciencias de la complejidad.
¿Cuáles son sus objetivos?
Durante la conferencia “La física de la vida para una medicina personalizada”, la doctora Ana Leonor Rivera López, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM, indicó que esta disciplina tiene diversos objetivos. El principal es descubrir las leyes fundamentales que gobiernan a los sistemas vivos; es decir, comprender cuáles son los principios generales que permiten explicar cómo funcionan los organismos, cómo surgen las propiedades biológicas y de qué manera aparecen procesos tan complejos como el pensamiento, la adaptación, la regulación fisiológica o la enfermedad.
A diferencia del enfoque tradicional de la medicina, la física de la vida propone una visión basada en la complejidad, en la que la salud depende también de la interacción global entre todos los sistemas del organismo y de su relación con el entorno físico y social. Estas interacciones generan comportamientos colectivos y propiedades emergentes que no pueden explicarse únicamente como la suma de las partes individuales.
Dentro de este enfoque de complejidad destacan características como la autoorganización, la interconexión, la no linealidad, la autorregulación del organismo y la adaptabilidad, las cuales dependen de la interacción constante entre células, tejidos, órganos y factores externos. De esta manera, la enfermedad deja de entenderse únicamente como una falla aislada de un órgano y pasa a considerarse el resultado de alteraciones en la dinámica global del sistema biológico.
En este contexto, uno de los conceptos más importantes es la homeostasis. Esta representa la capacidad del organismo para mantener condiciones internas relativamente estables pese a las variaciones del entorno. El cuerpo regula continuamente la temperatura, la presión arterial, la concentración de glucosa, la frecuencia cardiaca y muchas otras variables fisiológicas.
Sin embargo, cuando aparecen alteraciones como obesidad, estrés crónico o síndrome metabólico, el organismo activa mecanismos compensatorios para intentar recuperar el equilibrio. A este proceso de adaptación se le llama alostasis. Durante la alostasis, el cuerpo sigue funcionando, pero ya no se encuentra en el mismo estado de equilibrio original, sino que compensa el daño o la alteración.
Si los mecanismos compensatorios son efectivos y se realizan intervenciones adecuadas, como cambios en la alimentación, ejercicio o tratamientos médicos, el sistema puede regresar a un estado saludable. Pero si las alteraciones persisten, el organismo pierde capacidad de regulación y aparece la enfermedad.
A partir de lo anterior, la doctora Rivera López destacó que otro de los propósitos de la física de la vida es detectar esos estados intermedios antes de que surja una enfermedad grave. Para ello, se buscan biomarcadores fisiológicos que permitan identificar tempranamente cambios en el funcionamiento del organismo.
“Actualmente, gracias al desarrollo tecnológico, es posible monitorear continuamente muchas señales fisiológicas mediante relojes inteligentes, sensores biomédicos y otros dispositivos portátiles. Estos aparatos registran variables como frecuencia cardiaca, temperatura corporal, respiración, movimiento y calidad del sueño”, añadió.
El análisis de estas señales ha mostrado que la salud no implica rigidez absoluta. Si el organismo se vuelve demasiado rígido y determinista, pierde flexibilidad adaptativa, como ocurre en ciertos procesos de envejecimiento o enfermedades metabólicas. Pero si el sistema se vuelve excesivamente aleatorio y caótico, también aparece la enfermedad. Así, la salud depende de mantener una “justa medianía” entre estabilidad y adaptabilidad.
Finalmente, otro de los objetivos de esta disciplina es contribuir al desarrollo de una medicina personalizada, capaz de adaptar diagnósticos y tratamientos a las características fisiológicas particulares de cada individuo.
En la UNAM se estudia este fenómeno
El laboratorio Calmecac, perteneciente al Instituto de Ciencias Nucleares y dirigido por la doctora Ana Leonor Rivera López y el doctor Rubén Fossion, trabaja precisamente con un enfoque orientado hacia la física de la vida. La doctora Rivera López compartió que el nombre de este espacio hace referencia a la escuela donde se formaban los nobles mexicas, y que su investigación integra física, medicina, biología de sistemas y ciencias de la complejidad.
Los investigadores estudian señales electrofisiológicas, construyen redes fisiológicas y desarrollan métodos para analizar cómo interactúan los distintos sistemas del cuerpo humano. Para ello, utilizan dispositivos especializados capaces de registrar simultáneamente variables como presión arterial, frecuencia cardiaca, respiración, temperatura y movimiento corporal.
También investigan diferencias fisiológicas relacionadas con el sexo, el peso y la edad. Por ejemplo, las señales fisiológicas de hombres y mujeres presentan patrones distintos, incluso cuando ambos son jóvenes y sanos. En estudios realizados con estudiantes de medicina se encontró que las redes fisiológicas femeninas poseen una mayor conectividad y redundancia.
Esto significa que existen múltiples caminos alternativos para transmitir información fisiológica dentro del sistema. En contraste, las redes masculinas son más modulares y menos conectadas. Aunque ambos sexos presentan una eficiencia global similar en sus redes fisiológicas, la estructura interna es muy distinta.
Otro ejemplo puede observarse en personas con sobrepeso, quienes presentan una temperatura corporal más elevada que las personas con peso normal, además de una disminución de la variabilidad fisiológica. La variabilidad representa la capacidad del organismo para adaptarse a los cambios del entorno. Cuando un sistema fisiológico pierde variabilidad, también pierde flexibilidad y capacidad de respuesta, lo que puede interpretarse como un signo de deterioro funcional.
Finalmente, otro caso que ejemplifica esta complejidad es la presión arterial, cuyo control depende de múltiples factores: la frecuencia cardiaca, la contracción o dilatación de los vasos sanguíneos y la actividad del sistema nervioso simpático y parasimpático, entre otros.
Esto evidencia que la regulación fisiológica no depende de una sola variable, sino de una red compleja de interacciones. A partir de este enfoque, los investigadores construyen modelos matemáticos y redes fisiológicas capaces de representar cómo interactúan diferentes señales corporales.
En términos generales, estos casos muestran que los procesos biológicos están influidos por múltiples factores y que la medicina personalizada debe considerar dichas variaciones individuales.
Un posible aliado en el estudio de esta disciplina
Dado que actualmente una parte importante de la población utiliza relojes inteligentes, el equipo de Calmecac los estudia como una herramienta con enorme potencial para desarrollar biomarcadores personalizados basados en series de tiempo fisiológicas.
Al medir de manera continua la frecuencia cardiaca, la presión arterial, la oxigenación, la temperatura corporal, el sueño y la actividad física, estos dispositivos podrían ayudar no a comparar a una persona con el promedio de la población, sino con sus propios valores basales y señales fisiológicas actuales. De esta manera, podrían identificarse alteraciones tempranas antes de que aparezcan síntomas graves.
No obstante, antes de utilizar estos dispositivos con fines médicos, es necesario validar su precisión e identificar sus limitaciones prácticas.
Una atención individualizada
En conjunto, la física de la vida representa una nueva manera de comprender la salud y la enfermedad, al integrar herramientas de la física, la biología y las ciencias de la complejidad para estudiar al organismo como un sistema dinámico e interconectado. Más allá de analizar órganos o síntomas aislados, este enfoque busca identificar patrones globales capaces de anticipar alteraciones fisiológicas antes de que aparezcan enfermedades graves.
Investigaciones como las desarrolladas en la UNAM muestran que el estudio de redes fisiológicas y el uso de tecnologías portátiles podrían transformar la medicina tradicional hacia una atención verdaderamente personalizada, preventiva y adaptada a las características particulares de cada individuo.
AKALCHÉ: la propuesta de la UNAM que transforma un problema urbano de Mérida ganó un concurso nacional
Pepe Herrera / Roberto Torres / Alberto Resendiz
junio 12, 2026
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En un contexto en el que las ciudades enfrentan los efectos cada vez más visibles del cambio climático, la arquitectura y el urbanismo tienen el reto de diseñar espacios capaces de adaptarse a nuevas condiciones ambientales sin perder de vista el bienestar de las personas.
Bajo esa premisa, dos estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrollaron una propuesta para transformar los llamados parques hundidos de Mérida en infraestructura verde capaz de mejorar el manejo del agua, reducir el calor urbano y fortalecer la convivencia comunitaria.
Se trata de “AKALCHÉ y Red de Parques”, proyecto desarrollado por Rodrigo Moctezuma González y Carlos Lozano González, ganador del concurso “Nodos de Innovación para la Resiliencia Urbana Sostenible”, organizado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU).
A través de esta convocatoria se buscó acercar a estudiantes y jóvenes profesionales de disciplinas como la arquitectura, el urbanismo, la geografía y áreas afines al análisis territorial y al diseño de soluciones innovadoras para problemáticas urbanas reales. Dentro de las distintas categorías, Rodrigo y Carlos participaron en la modalidad de intervención urbana y resiliencia, donde debían plantear una propuesta para uno de los llamados parques hundidos de la ciudad de Mérida.
El problema de los parques hundidos
Carlos Lozano explicó que los parques hundidos son espacios públicos construidos sobre antiguas sascaberas, es decir, minas a cielo abierto de piedra caliza que dejaron de explotarse y posteriormente fueron acondicionadas como áreas recreativas.
La presencia de estas grandes depresiones artificiales genera condiciones poco comunes en la región. Durante la temporada de lluvias, los espacios acumulan grandes cantidades de agua que permanecen estancadas durante meses. Como consecuencia, se producen malos olores, proliferan los mosquitos, aumenta la contaminación ambiental y disminuye el uso de estos lugares por parte de la población.
Además del impacto ambiental, estas condiciones tienen repercusiones sociales. La percepción de inseguridad aumenta, los espacios públicos pierden atractivo y las comunidades terminan desaprovechando áreas que podrían convertirse en importantes puntos de encuentro, recreación y convivencia.
Ante este escenario, el concurso propuso intervenir cuatro parques hundidos específicos. Los participantes debían seleccionar uno de ellos y desarrollar una solución capaz de responder a las necesidades ambientales y sociales del sitio.
Recuperar el agua en lugar de combatirla
En el ámbito ambiental, la propuesta plantea transformar la antigua excavación minera en un humedal artificial de flujo superficial.
Lejos de intentar eliminar la presencia del agua, el proyecto parte de reconocerla como una condición inherente del lugar y convertirla en una oportunidad. El objetivo es mantener un cuerpo de agua permanente bajo un sistema diseñado para filtrarla, depurarla y reincorporarla al entorno de forma segura.
De esta manera, un problema recurrente de inundación y estancamiento se transforma en un elemento capaz de generar beneficios ecológicos y paisajísticos para la comunidad.
Saberes mayas para enfrentar retos contemporáneos
Como parte de esta estrategia, los arquitectos retomaron conocimientos hidráulicos desarrollados por la civilización maya. Entre ellos destacan los chultunes, estructuras subterráneas utilizadas históricamente para captar y almacenar agua de lluvia. Adaptados al contexto actual, estos sistemas permitirían recolectar agua pluvial, filtrarla y almacenarla para distintos usos dentro del parque.
La propuesta busca demostrar que el conocimiento tradicional puede dialogar con las necesidades urbanas contemporáneas y ofrecer soluciones eficaces ante los desafíos ambientales actuales.
El regreso de las veletas
Durante la investigación, otro hallazgo llamó la atención de los estudiantes: la importancia histórica de las veletas o molinos eólicos en el paisaje urbano de Mérida. Durante décadas, estas estructuras fueron utilizadas para extraer agua del subsuelo y llegaron a ser tan comunes que la ciudad fue conocida como la “ciudad de las veletas”.
A partir de este antecedente, el proyecto plantea reinstalar molinos dentro del humedal para aprovechar la energía del viento en la circulación y oxigenación del agua. Con ello se reduce la dependencia de sistemas mecánicos complejos o de fuentes externas de energía, al tiempo que se recupera un elemento representativo del patrimonio histórico y cultural de la ciudad.
Aunque el agua captada no estaría destinada al consumo humano, sí podría utilizarse para el mantenimiento de áreas verdes, la limpieza de espacios públicos y el riego durante la temporada de sequía. Esto permitiría optimizar el aprovechamiento del recurso hídrico y fortalecer la autosuficiencia ambiental del parque.
Desde el punto de vista económico, la propuesta aprovecha la infraestructura y las condiciones ya existentes en el sitio, lo que reduce los costos de intervención y mantenimiento frente a proyectos que requieren construir sistemas completamente nuevos.
Una red de parques para toda la ciudad
Aunque el humedal constituye el núcleo de la propuesta, sus autores entendieron que la solución no debía limitarse a un solo espacio. Por ello desarrollaron un segundo componente denominado “Red de Parques”, cuyo objetivo es conectar distintos espacios verdes de Mérida mediante corredores ecológicos y peatonales.
La propuesta, destacó Rodrigo, aprovecha camellones arbolados, áreas verdes existentes y franjas de servidumbre ubicadas bajo líneas de alta tensión, donde no es posible desarrollar infraestructura convencional. Estas conexiones permitirían recorrer varios kilómetros de la ciudad caminando o en bicicleta, con menor interacción con el tráfico vehicular.
Diseñar ciudades para un clima cambiante
Además de mejorar la conectividad ecológica, la Red de Parques busca atender uno de los principales desafíos ambientales de Mérida: el fenómeno de isla de calor urbana.
Las superficies de concreto y asfalto absorben grandes cantidades de radiación solar y elevan significativamente la temperatura de las ciudades, un efecto especialmente intenso en regiones cálidas como la capital yucateca.
Al incrementar la cobertura vegetal y conectar las áreas verdes existentes, se generan corredores con mayor sombra, humedad y ventilación natural. Esto mejora el confort térmico de los habitantes y fomenta formas de movilidad más sostenibles.
El valor del dibujo a mano en la era de la inteligencia artificial
Más allá de las soluciones urbanas planteadas, otro elemento distintivo del proyecto fue la forma en que fue representado visualmente. Gran parte de las ilustraciones y representaciones gráficas fueron realizadas a mano por Moctezuma González, quien consideró que esta técnica le permitió expresar sus ideas con mayor autenticidad.
Asimismo, destacó que el dibujo manual implica un nivel de comprensión espacial profundo, ya que obliga al diseñador a entender plenamente aquello que representa.
Desde su perspectiva, las herramientas digitales y la inteligencia artificial no deben verse como sustitutos del trabajo manual, sino como recursos complementarios dentro del proceso creativo. Sin embargo, considera que el dibujo artesanal continúa aportando una riqueza expresiva y conceptual difícil de reemplazar.
La UNAM y una formación con compromiso social
Ambos arquitectos coinciden en que el reconocimiento obtenido no puede entenderse sin la influencia que tuvo la UNAM en su formación profesional. Más allá de los conocimientos técnicos, consideran que la universidad les brindó una visión crítica de los problemas urbanos y una comprensión de la arquitectura vinculada al bienestar colectivo.
“La institución fomenta una comprensión más amplia de los problemas urbanos, orientada al bienestar colectivo, la justicia espacial y la sostenibilidad. Si bien la educación en universidades públicas y privadas es muy buena, la UNAM mantiene una fuerte tradición de compromiso social que influye directamente en la manera de abordar proyectos urbanos y arquitectónicos”, señaló Carlos.
Del problema a la oportunidad
Los jóvenes arquitectos consideran que gran parte de las estrategias desarrolladas en AKALCHÉ podrían adaptarse a otros contextos urbanos. La Red de Parques, por ejemplo, podría implementarse en ciudades que enfrentan problemas asociados al calentamiento urbano y la fragmentación de sus espacios verdes.
De igual manera, la restauración ecológica mediante humedales y soluciones basadas en la naturaleza puede aplicarse a minas abandonadas, cuerpos de agua contaminados o áreas urbanas degradadas. Para sus autores, la clave está en comprender las características específicas de cada territorio y trabajar con especies y estrategias adaptadas a las condiciones locales.
Un proyecto para beneficiar a la población
A través de soluciones basadas en la recuperación ecológica, el aprovechamiento del agua y la conexión de espacios verdes, AKALCHÉ plantea una alternativa para transformar áreas degradadas en infraestructura urbana capaz de generar beneficios ambientales, sociales y culturales.
Más allá del reconocimiento obtenido en el concurso, el proyecto demuestra cómo la arquitectura puede contribuir a enfrentar desafíos cada vez más urgentes, como el cambio climático, la escasez de agua y el aumento de las temperaturas urbanas. Para sus autores, la clave está en observar las características propias de cada territorio, recuperar conocimientos locales y diseñar soluciones que permitan a las ciudades adaptarse sin perder su identidad.
Con esa visión, los parques hundidos de Mérida dejan de ser un problema urbano para convertirse en una oportunidad de innovación, resiliencia y transformación colectiva.
El CEM UNAM-Francia en el espacio multilateral: participación en el Grupo de Trabajo de Ciencias Exactas y Naturales del GRULAC-UNESCO
UNAM Francia
junio 12, 2026
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El Centro de Estudios Mexicanos UNAM-Francia (CEM), participó en la reunión mensual del Grupo de Trabajo de Ciencias Exactas y Naturales del Grupo de Países de América Latina y el Caribe (GRULAC) ante la UNESCO. La sesión, celebrada en la sede de la UNESCO en París, fue presidida por la Embajadora de Cuba ante el organismo, María del Carmen Herrera Caseiro, y contó con la participación del Embajador de México, Juan Antonio Ferrer Aguilar, representantes de las delegaciones permanentes latinoamericanas y caribeñas, así como funcionarios de la institución.
La agenda incluyó presentaciones de Antonio Abreu De Sousa, Director de la División de Ciencias Ecológicas y de la Tierra, y Secretario del Programa sobre el Hombre y la Biosfera, y de Anil Mishra, Jefe de la Sección de Sistemas Hidrológicos y Adaptación al Cambio Climático, quienes abordaron temas estratégicos para la región. En este marco, Rodrigo Díaz Maldonado, director del CEM, presentó ante las delegaciones reunidas la infraestructura científica de la UNAM con particular énfasis en las funciones y el alcance de la Coordinación de Investigación Científica (CIC).
La presentación dio cuenta del sistema científico universitario, articulado en torno a una amplia red de institutos, centros, laboratorios, programas de investigación y servicios nacionales. Se destacó, asimismo, el trabajo de la CIC en materia de descentralización de la investigación y su impulso a la divulgación científica como como vía para garantizar que el conocimiento producido bajo los más altos estándares académicos circule y tenga impacto social efectivo. En el plano internacional, la exposición subrayó el papel de la CIC como instancia responsable de gestionar los programas de cooperación científica de la UNAM, así como su vinculación con la UNESCO a través de los geoparques reconocidos por el organismo.
Dr. Rodrigo Díaz , director CEM Francia presentando ante el la Embajadora de Cuba y el Embajador de México ante la UNESCO y el Grupo de Trabajo de Ciencias Exactas y Naturales del GRULAC.
La participación del CEM ante el Grupo de Trabajo de Ciencias Exactas y Naturales del GRULAC reviste particular importancia, pues se trata de uno de los principales foros de articulación científica y política en el marco de la cooperación multilateral latinoamericana ante la UNESCO. Proyectar la CIC en este espacio es expresión de la vocación de la UNAM por incidir en las agendas globales desde sus propias capacidades institucionales, y forma parte del esfuerzo sostenido del CEM UNAM-Francia por posicionar a la Universidad en los foros intergubernamentales en su zona de influencia.
La UNAM tiene plan: historia, patrimonio, energía solar y cultura para estos días
Redacción
junio 12, 2026
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La Universidad Nacional Autónoma de México mantiene una amplia programación de actividades académicas, culturales y de divulgación en distintas sedes y modalidades. Esta selección reúne solo una parte de la oferta disponible para los próximos días, con opciones para acercarse a la historia desde nuevas tecnologías, reflexionar sobre el patrimonio cultural de los pueblos originarios, conocer aplicaciones de la energía solar, fortalecer la formación profesional y visitar una exposición fotográfica en Ciudad Universitaria.
Hay propuestas en línea, presenciales e híbridas, pensadas para públicos diversos: estudiantes, especialistas, docentes, profesionistas y personas interesadas en ampliar sus horizontes. La invitación está abierta para revisar cada actividad, registrarse cuando sea necesario y aprovechar la programación universitaria.
Historia, redes y nuevas formas de mirar el pasado
El Simposio “Redes e historia: de los textos a los grafos” propone un diálogo entre historia, filosofía y ciencia de datos para explorar nuevas formas de estudiar el pasado. A partir del análisis de la Revolución Científica del siglo XVII, con especial atención en Johannes Kepler, la actividad abordará cómo se construyen las redes de conocimiento, la colaboración científica y los cambios de paradigma.
La cita será el 18 de junio a las 10:00 horas, en modalidad en línea. La actividad requiere registro previo.
El Seminario “Patrimonio cultural inmaterial de los pueblos originarios y su protección” busca abrir una reflexión sobre la importancia de reconocer y proteger el patrimonio cultural de los pueblos originarios desde una perspectiva de derechos humanos, especialmente frente a los retos que plantea la globalización económica.
Organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas, el seminario se llevará a cabo del 22 al 29 de junio a las 17:00 horas, en modalidad presencial y en línea.
Formación para contaduría, administración y áreas afines
Para quienes buscan reforzar bases profesionales, el Diplomado “Formación básica en contaduría, administración y áreas afines 2026” ofrece fundamentos en Contabilidad, Administración, Derecho, Economía y Matemáticas. Su objetivo es brindar herramientas que permitan a las y los participantes adentrarse con mayor profundidad en estas áreas de conocimiento.
El diplomado inicia el 22 de junio y se impartirá en modalidad en línea.
El Taller “Aprovechando la energía solar: secado y cocción de alimentos” combina sesiones teóricas y prácticas para conocer el uso de tecnologías solares en la conservación y preparación de alimentos. Las personas participantes podrán explorar los fundamentos de la energía solar, su aplicación en procesos de secado y cocción, así como técnicas de higiene e inocuidad para conservar la calidad de los alimentos.
La actividad se realizará en el Instituto de Energías Renovables, en Morelos, del 24 de junio al 3 de julio, en modalidad presencial y en línea.
En el terreno cultural, la exposición “Patrimonio. Agua y Fuego”, del fotógrafo mexicano Santiago Arau, reúne imágenes inéditas realizadas en el marco de los 700 años de la fundación de Tenochtitlan. En esta muestra, el agua y el fuego aparecen como fuerzas que han modelado el Valle de México y su memoria histórica.
La exposición puede visitarse en el Museo Universitario de Ciencias y Arte, MUCA, en Ciudad Universitaria, de martes a sábado, de 10:00 a 18:00 horas, y permanecerá abierta hasta el 27 de junio.
Simposio “Redes e historia: de los textos a los grafos”
Encuentro interdisciplinario sobre historia, filosofía y ciencia de datos, con énfasis en redes de conocimiento y la Revolución Científica del siglo XVII.
Grafito reciclado y energía solar: la tecnología de la UNAM Juriquilla para purificar agua
Pepe Herrera
junio 12, 2026
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La contaminación de ríos, lagos, presas y mantos acuíferos, sumada al creciente estrés hídrico que enfrentan diversas regiones del país, ha impulsado la búsqueda de nuevas alternativas para garantizar el acceso a agua de calidad. En la actualidad, más de diez ciudades mexicanas presentan niveles críticos de estrés hídrico, entre ellas Ciudad de México, Monterrey, Saltillo y San Luis Potosí.
En este contexto, el director del Laboratorio de Electrónica Flexible e investigador del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de la UNAM, Jorge Roberto Oliva Uc, desarrolla filtros para eliminar, fármacos, colorantes y herbicidas del agua, los cuales son elaborados con lufa, grafito reciclado de baterías. Algunos de estos filtros se activan con energía solar y otros pueden limpiar el agua por adsorción física con una eficiencia de al menos 95%. Por otro lado, estos filtros también se han probado para desalinizar agua de mar.
La investigación, que inició en enero de 2025 con financiamiento de la UNAM a través del proyecto IN103825, se desarrolla en colaboración con especialistas del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), el Cinvestav Unidad Saltillo, el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica (CIDETEQ) y el ITESO. Esta colaboración multidisciplinaria busca generar una alternativa sustentable para el tratamiento y la reutilización del recurso hídrico.
Infraestructura insuficiente y nuevos contaminantes
Más allá de la crisis hídrica, la necesidad de desarrollar nuevos métodos de tratamiento responde también al deterioro de la infraestructura existente. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), México cuenta con 2 mil 642 plantas de tratamiento de aguas residuales; sin embargo, solo el 57 por ciento opera de manera óptima.
A ello se suma la presencia de contaminantes emergentes que llegan constantemente a cuerpos de agua y sistemas de drenaje. Entre ellos se encuentran colorantes textiles liberados durante el lavado de ropa, pesticidas y herbicidas utilizados en actividades agrícolas, así como residuos farmacéuticos provenientes de hospitales y hogares. Estas sustancias terminan infiltrándose en mantos acuíferos, ríos y arroyos, afectando la calidad del recurso y representan riesgos para la salud humana y ambiental.
Frente a este panorama, el equipo encabezado por Oliva Uc trabaja en alternativas más eficientes, económicas y sustentables para la descontaminación y reutilización del agua.
Una propuesta basada en la economía circular
Uno de los aspectos más innovadores de la iniciativa es su vínculo con los principios de la economía circular. En lugar de desechar baterías de litio o alcalinas agotadas (las cuales son consideradas como basura electrónica que contamina el ambiente), el grupo de investigación del Dr. Oliva recupera el grafito contenido en ellas para incorporarlo como componente principal de los filtros, reduciendo la generación de residuos y la necesidad de extraer nuevas materias primas.
La elección de este material no es casual. El grafito permite que las fibras adquieran una coloración negra capaz de absorber eficientemente la luz solar, elemento fundamental para el funcionamiento del sistema. Inicialmente, el material era recuperado de baterías pequeñas de teléfonos celulares y pilas convencionales. Sin embargo, el grupo de investigación comenzó a explorar nuevas fuentes, particularmente las baterías de vehículos eléctricos.
De acuerdo con el investigador, una batería de automóvil eléctrico puede pesar hasta dos toneladas y contener alrededor de mil 200 kilogramos de grafito, lo que representa una fuente abundante y estratégica de material reutilizable.
A este componente se suma el uso de fibras naturales biodegradables como la lufa, un recurso renovable de bajo impacto ambiental que contribuye a la fabricación de dispositivos más sostenibles. Los filtros también están hechos con plástico reciclado PET ayudando a disminuir el impacto ambiental asociado a los residuos plásticos y a reducir la contaminación por microplásticos.
Los tienen en su composición arcillas de bajo costo compuestas de mezclas de óxidos de hierro, manganeso, silica y calcio, materiales que mejoran el desempeño para la remoción de contaminantes.
Energía solar para limpiar el agua
Más allá de los materiales empleados, el funcionamiento se basa en la fotocatálisis, un proceso químico que utiliza la energía de la luz solar para eliminar contaminantes.
Cuando la radiación solar incide sobre el material fotocatalítico, éste absorbe energía y genera sustancias altamente reactivas conocidas como agentes oxidantes. Estas atacan a los contaminantes presentes, rompen sus moléculas y las transforman en sustancias más simples y menos dañinas, como agua, dióxido de carbono o sales minerales.
El uso de energía solar permite reducir el consumo energético y los costos de operación, al tiempo que aprovecha una fuente renovable prácticamente inagotable.
De esta manera, la investigación busca resolver simultáneamente dos desafíos ambientales: disminuir la generación de basura electrónica y desarrollar sistemas eficientes para la purificación del agua con materiales amigables para el ambiente.
Resultados prometedores
Las pruebas realizadas por el equipo han alcanzado niveles de descontaminación cercanos al 95 por ciento y eficiencias de hasta 85 por ciento en procesos de desalinización, resultados que amplían significativamente el potencial de aplicación de esta propuesta.
Con el avance de la investigación, el equipo evolucionó de pequeñas esponjas de laboratorio a unidades de mayor tamaño (filtros de 20 a 40 cm de largo) y funcionalidad. Para ello, incorporó las fibras naturales dentro de tubos fabricados con botellas PET recicladas y añadió arcillas de bajo costo obtenidas en Querétaro, las cuales mejoran la capacidad de filtración y optimizan el proceso de descontaminación.
Aunque aún permanece un pequeño porcentaje residual de contaminantes, el agua tratada puede reutilizarse en actividades como riego o uso sanitario sin representar riesgos significativos.
Del laboratorio a las comunidades
La iniciativa contempla una visión de corto y mediano plazo, y se espera que concluya en 2027.
La siguiente etapa consiste en llevar este desarrollo a aplicaciones reales. Con ese objetivo, el laboratorio trabaja en la construcción de una planta piloto automatizada capaz de recircular agua mediante sistemas de bombeo. La meta es sustituir los procesos manuales utilizados hasta ahora y desarrollar filtros de mayor tamaño, con tubos de uno o dos metros de longitud que permitan limpiar grandes volúmenes de manera continua.
Uno de los propósitos centrales es alcanzar capacidades de purificación de al menos 100 litros por hora. Esto permitiría reutilizar agua proveniente de lavadoras, fregaderos o duchas para actividades como descargar sanitarios, lavar utensilios e, incluso, eventualmente, para higiene personal.
Paralelamente, el grupo de investigación ya mantiene conversaciones con comunidades y organizaciones de San Luis Potosí que cuentan con sistemas de captación de lluvia en zonas rurales y escuelas. La intención es integrar estos filtros sustentables a los sistemas de recolección pluvial para que el recurso captado pueda limpiarse y reutilizarse localmente.
De consolidarse los resultados obtenidos hasta ahora, el sistema también podría representar una alternativa de menor costo frente a los métodos convencionales de purificación de agua basados en ósmosis inversa, los cuales requieren un elevado consumo energético y tienen alto costo.
Sustentabilidad para enfrentar la crisis hídrica
Esta investigación es un ejemplo claro de como la economía circular puede aplicarse para el aprovechamiento de materiales reciclados y junto con fibras naturales, se pueden fabricar filtros sustentables para la eliminación de contaminantes del agua.
Por tanto, la UNAM Juriquilla no sólo plantea nuevas alternativas para el tratamiento y reutilización del agua, sino que también demuestra cómo la investigación científica puede generar herramientas sustentables con potencial de aplicación en comunidades, escuelas y zonas con acceso limitado al recurso hídrico. Si las metas de escalamiento se cumplen en los próximos años, estos filtros podrían convertirse en una opción accesible para fortalecer la gestión del agua en distintas regiones del país.
Investigadoras explican a familias de Michoacán qué ocurre con los pozos de lodo
Fuente: Instituto de Geofísica Unidad Michoacán (IGUM) de la UNAM Morelia
junio 11, 2026
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Investigadoras socializan conocimientos sobre las manifestaciones termales (pozos de lodo) en el municipio de Ixtlán, Michoacán.
Destacan la importancia de traducir el conocimiento científico en herramientas útiles y comprensibles para la seguridad de la población.
Tras el fenómeno geotérmico ocurrido el pasado 26 de mayo en un domicilio particular de la comunidad de El Salitre, en el municipio de Ixtlán, un grupo de investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) acudieron a la localidad el sábado 6 de junio para compartir información clave y concientizar a la población sobre este fenómeno natural.
A través de infografías, una maqueta representativa de la geotermia, juegos didácticos y charlas, las académicas explicaron a la población sobre la naturaleza de la «poza de lodo», una manifestación geotérmica recurrente en la zona. El objetivo principal fue brindar herramientas claras para que la comunidad conozca su entorno, aprenda a convivir con estas manifestaciones hidrotermales y atienda de manera oportuna las indicaciones de las autoridades de protección civil.
Desde el inicio de esta contingencia, las expertas han trabajado de la mano con la comunidad y al respecto, la Dra. Ruth Villanueva, investigadora del Instituto de Geofísica Unidad Michoacán (IGUM) de la UNAM Morelia, destacó la relevancia de este acercamiento directo:
«Venimos un grupo de investigadores del IGUM y de la UMSNH precisamente a socializar con la comunidad qué es lo que ocurre en su entorno. Es fundamental socializar esto porque los habitantes conviven con este tipo de manifestaciones termales; si no las conocen, no se pueden cuidar ni protegerse ellos mismos. Por eso es importante que podamos usar un lenguaje claro para compartir lo que sabemos del fenómeno.»
Por su parte, la Dra. Gemma Gómez Castillo, también investigadora del IGUM UNAM Morelia, enfatizó que la devolución de resultados a las comunidades afectadas es un pilar ético de la labor universitaria:
«Como científicos de la UNAM, tenemos el compromiso de traer la información a las comunidades que están viviendo estos problemas; regresarles los resultados es una de nuestras principales actividades. Se trata de aterrizar la información para la gente, lo cual nos deja una gran satisfacción”
La Dra. Ericka Alinne Solano Hernández, profesora de la Licenciatura de Geociencias de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia (ENES), coincidió con sus colegas en que el conocimiento es la mejor herramienta para la prevención y la seguridad de las familias de Ixtlán:
«Si la población conoce cuál es la causa de estos fenómenos, los puede comprender y, en consecuencia, atender mejor las indicaciones de protección civil. Desde la UNAM buscamos eso: explicar las cosas de forma clara y sencilla para que la gente pueda comprender. Ese es nuestro compromiso.»
Cabe destacar que, desde el momento en que se intensificó el fenómeno, este equipo de investigadoras universitarias ha trabajado en estrecha colaboración con la Dra. Ana Teresa Mendoza Rosas, Investigadora por México (SECIHTI) adscrita a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, logrando un frente común para investigar a fondo las causas del fenómeno y, al mismo tiempo, mantener informada a la ciudadanía de El Salitre de manera permanente.
Con estas acciones, la UNAM y la UMSNH refrendan su compromiso irrestricto de poner la ciencia al servicio de la sociedad, transformando el conocimiento técnico en un beneficio directo para la seguridad y el desarrollo de las comunidades michoacanas.
Decir ‘no sé’: el primer paso para aprender y descubrir
Título original: No saber
Publicado en: ¿Cómo ves?
Autor: Martín Bonfil Olivera
Fecha de publicación: Mayo 2025
junio 10, 2026
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Una de las cosas más difíciles para una persona es aprender a decir “no sé”.
Quizá sea por cómo somos educados desde la primaria: decir “no sé” parecería muestra de ignorancia, de que como estudiantes no repasamos la lección. El alumno que responde “no sé” a una pregunta de su profesor recibe un tache y miradas de reproche de sus compañeros.
Mucho peor si es el profesor quien responde así a la pregunta de algún alumno: significaría que es él, el encargado de educarlos, el que debería saber todas las respuestas, quien no estudió. ¡Vergüenza!
Y así, a lo largo de la vida, aprendemos que decir “no sé” cuando no sabemos es algo que deberíamos evitar. Como si reconocer la propia ignorancia fuera una deshonra.
Pero todo buen profesor sabe —y todo estudiante debería aprender— que decir “no sé” cuando se desconoce la respuesta a una pregunta no sólo no es algo de qué apenarse, sino que es, además de honesto, una oportunidad. El primer paso en el camino del conocimiento. Porque reconocer la propia ignorancia abre la puerta a la búsqueda de respuestas.
Claro: para que esto ocurra no se vale decir “No sé… y no me importa”. Hay que estar dispuestos a hacer algo por saber. Comenzar a pensar, a preguntar, a investigar, a ocuparnos en averiguar eso que no sabemos. Un buen profesor, después de responder “No sé”, añadirá inmediatamente “pero intentaré traer la respuesta mañana”, y se irá a buscarla a la biblioteca o a internet, o a consultar a sus colegas.
La ciencia también se topa con este problema. De vez en cuando surgen crisis que afectan las sociedades: pandemias, fenómenos climáticos, plagas agrícolas. Y si los investigadores científicos no pueden ofrecer una respuesta inmediata, si se atreven a decir “no sabemos”, con frecuencia son acusados de ser inútiles, de gastar mucho dinero en proyectos dedicados a estudiar cosas innecesarias, de no poder siquiera responder a las necesidades de la sociedad.
Pero en realidad lo que los científicos dicen es “aún no sabemos”. Construir conocimiento lleva tiempo y es laborioso. Se necesita explorar hipótesis y someterlas a prueba para saber que son confiables antes de proponer remedios basados en ellas. Lo único peor que una ciencia que no ofrece soluciones es una que propone soluciones inútiles o equivocadas.
De hecho, esta honestidad es una de las cualidades más poderosas del método científico. Sólo reconociendo las lagunas de ignorancia puede enfocarse la investigación científica en producir conocimiento confiable que las llene. Y lo mismo pasa cuando algunas de las respuestas que se proponen resultan erradas: reconocerlo es un paso indispensable para construir hipótesis mejores que nos lleven a soluciones que realmente funcionen. (Pensemos en las vacunas contra el covid-19 que, aunque tardaron, salvaron millones de vidas, en comparación con el dañino movimiento antivacunas.)
Reconocer la propia ignorancia es una virtud indispensable para todo científico… y todo estudiante.
En el 2070, millones de personas sentirán climas que la humanidad no ha experimentado en seis mil años. México es de los países que más se calentarán.1 Es difícil imaginar lo que viviremos, porque el calor no se siente igual en cada rincón de la Tierra. A veces se lo lleva el viento; a veces el aire caliente viene cargado de humedad y otras veces es seco. Los vientos y la humedad chocan con las montañas y producen microclimas diversos. Por ello, adaptarnos para sobrevivir dependerá de las condiciones de cada lugar.
Asombrosamente existe, por ejemplo, un sitio semiárido en una región tropical. Se trata del Valle de Tehuacán-Cuicatlán, que se extiende entre Puebla y Oaxaca. Es árido porque la humedad del aire del Golfo se precipita en Veracruz, en la Sierra de Zongolica, y el aire, ya seco, desciende hacia el Valle, la zona semiárida más biodiversa de América del Norte. Ahí viven cactus pequeñitos y otros grandes como postes y candelabros, magueyes variopintos, matorrales espinosos, aromáticas burseras, palo verde, acacias, mezquites y encinos. Las tunas rojas crecen a cinco metros del suelo en los cactus columnares.2 En época de secas, al probarlas, uno aprende que el líquido no fluye de la tuna al cuerpo, sino al revés. La fruta te chupa la saliva. Todo parece absorber agua de donde puede, incluso del aliento. Es de sabios mantener la boca cerrada al explorar una zona árida.
Hace unas décadas Gabriel exploró ese valle. “En equipos bajábamos por los acantilados buscando cactus pequeñitos, mamilarias del tamaño de un pulgar que viven a alturas inaccesibles. Con un calor insoportable, avanzamos un largo trecho entre un acantilado y la pared de la montaña, hasta que encontramos una enorme roca bloqueando el paso. Nos abocamos a moverla con un esfuerzo infructuoso y nos preguntamos si no sería más fácil subir la camioneta sobre la roca. El calor trastocaba nuestra lógica cuando pasaron tres campesinos con unos cuantos pulques en el espíritu. Regresaban de su jornada de trabajo, que había empezado desde las cuatro de la mañana para aprovechar las horas de menos calor. Muy amables, nos ayudaron con su fuerza y juntos logramos mover el monolito. Entonces uno preguntó: ‘¿Ustedes saben en dónde se sube la serpiente de agua que vive en las nubes?’ Nos quedamos atónitos. Mirando el horizonte, respondimos: ‘Se subirá allá, en las montañas’. Con una sonrisa, nuestros salvadores celebraron la respuesta: ‘¡Pues sí, ahí se sube!’, y apuntaban a lo lejos, a una montaña vestida de encinos.”
El Valle de Tehuacán-Cuicatlán tiene una historia biocultural longeva. Los arqueólogos han encontrado pozos, presas y canales con miles de años de antigüedad. Una red de estructuras hidráulicas irrigó el paisaje, desde las montañas hasta el valle. Son un testimonio de que sus habitantes se adaptaron y aprendieron a captar el agua, extraer su sal y distribuir el líquido a lo largo de kilómetros. Formaron diques para contener el escurrimiento y la erosión, lama-bordos o jollas —microclimas de suelo fértil y húmedo para la producción de policultivos de maíz, frijol, amaranto, calabaza, chile, aguacate y agaves.
“Tras dejar el monolito, avanzamos varios kilómetros y encontramos un camino más amplio donde bajaban camiones cargados de grandes troncos. Toneladas de madera extraídas de la montaña, dejando huecos despoblados de árboles en el horizonte verde.” ¿Ahora por dónde subirá la serpiente de agua?
“A la mañana siguiente, desayunamos en La Casa de la Abuela, un comedor manejado por mujeres que atienden comensales desde el alba. Los desayunos son abundantes —caldo de gallina, mole, tasajo, chilaquiles, atole, café de olla y pan dulce—, nutrientes ideales para las personas que regresan de las primeras horas del jornal. Desde el comedor se miran los vestigios de una estación del tren que en el siglo XIX transportaba la producción de azúcar.” Parece insostenible: ¿cómo mantener cultivos de caña si la planta necesita mucha agua para subsistir? Probablemente, el manejo prehispánico del agua ayudó a impulsar la posterior industria.
En la actualidad, los monocultivos y la deforestación continúan afectando el acervo biocultural de la región. La riqueza de la producción de mezcal se ha industrializado siguiendo estas prácticas devastadoras, amenazando su biodiversidad, su propiedad colectiva y los ecosistemas que los mantienen. Lugares donde se cultivaban los distintos agaves hoy se transforman en monocultivos de unas pocas especies, las más comerciales. Además, estas prácticas agroindustriales son nocivas para la salud de quienes utilizan herbicidas y fertilizantes sin la protección adecuada.
“Ese día, llegamos a un paraje del valle en donde el suelo era duro y blanquecino, y no había nada en el lugar donde debían estar los cactus, árboles y matorrales espinosos. ‘¿Por qué ya no crece nada en esta tierra?’, nos preguntó una señora residente de esos lares, mientras nos vendía tortillas gruesas y deliciosas hechas a mano. Contó que sus abuelos vivían en un vergel de encinos. Había abundante leña, sembraban caña de azúcar y criaban chivos y cabras. Ahora nada crece en el suelo. El agua se resbala y la tierra se seca.”
Sus palabras buscaban a los culpables. La descontrolada tala de árboles, los monocultivos y el sobrepastoreo rompieron el ecosistema —los inmigrantes europeos trajeron animales de pastoreo, como las cabras, que están bien adaptadas a los climas áridos de Irán y Turquía—. En conjunto, estas actividades desnudaron el suelo del valle y lo compactaron, reduciendo la infiltración del agua y aumentando la erosión. La degradación persistente de la biósfera hunde en las carencias a un pueblo y lo vuelve más vulnerable a las sequías y al calor. Preocupa lo que pasará en unos años, cuando el aire se caliente y las lluvias sean más dramáticas por el cambio climático. Entonces caerán lluvias torrenciales y granizo o nada, ni una gota.
* * *
A veces la ciencia usa palabras comunes que no tienen el mismo significado que en el lenguaje cotidiano. Usualmente, el calor se mezcla con la idea de la temperatura y se suele hablar del clima del día, cuando en realidad éste es un promedio, en una región y durante un periodo, de los estados diarios del tiempo. Por muchos años se pensó que el calor era un fluido invisible y no fue sino hasta mediados del siglo XIX que descubrimos que se trata de una forma de energía y que la temperatura es una propiedad que mide con un termómetro el equilibrio térmico.
Medio siglo más tarde, con el nacimiento de la física moderna, la mecánica cuántica y la relatividad, entendimos mejor cómo el calor afecta a los materiales. Y en 2021 la Real Academia Sueca de las Ciencias otorgó el Premio Nobel de Física al japonés Syukuro Manabe, al alemán Klaus Hasselmann y al italiano Giorgio Parisi porque “sentaron las bases de nuestro conocimiento sobre el clima de la Tierra y cómo la humanidad influye en él”.3 Sus fundamentales trabajos probaron que el clima es un sistema complejo, cuyo estudio requiere de un enfoque multidisciplinario, y en el cual las partes interactúan y producen propiedades emergentes.
Haber concedido el Premio Nobel a las ciencias de la complejidad fue un parteaguas en el desarrollo de esta disciplina, que desde 2015 se practica en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM.4 El cambio climático se estudia con la participación multidisciplinaria de investigadores de diferentes instituciones de la universidad y mediante la comunicación y retroalimentación con la sociedad, nuestro ecosistema. La ciencia nos ayuda a diseñar estrategias de conservación y de sustentabilidad. Tenemos todos, ciudadanos, instituciones y gobiernos, que tomar medidas para proteger el medio ambiente y cuidar los recursos de la única casa de la que disponemos, el planeta Tierra, para las generaciones que siguen.
Desde hace casi diez mil años, el clima global ha sido benevolente y estable: un periodo cálido dentro de una era de hielo. En este periodo, el Holoceno, se desarrollaron civilizaciones, tecnologías, ciencias y artes. Hace unos cuatro mil años o más, los pueblos mesoamericanos comenzaron a ingeniárselas para sobrevivir en el valle: domesticaron plantas e idearon redes de irrigación, salinas y terrazas de policultivos.5 Estas formas milenarias fueron más sostenibles que la transformación agrícola industrial y la revolución verde de los años sesenta y ochenta, a base de monocultivos y fertilizantes para alimentar a muchas personas. Estas prácticas modernas pueden destruir los suelos y arrebatar a la biósfera su capacidad de reciclar y capturar el dióxido de carbono, dejando libres en la atmósfera toneladas de este gas, producto de la combustión del petróleo, que mueve nuestras máquinas.6 El CO2 es un gas de efecto invernadero que calienta la atmósfera y, últimamente, desregula el clima.
Ahora, veinte años después de la expedición de Gabriel, en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán se escucha el trabajo de manos que cuidan y se preparan para sobrevivir. Reconstruyen los diques, recolectan el agua, combaten los monocultivos y restauran lo perdido.7 La lucha es ardua y requiere leyes de protección, de trabajo colectivo, de ciencia y tecnología. Poco a poco se combinan saberes antiguos y nuevos para devolver lo arrebatado, en unas cuantas décadas, a esta biósfera prehistórica y milenaria. Algunas de estas historias pueden escucharse en el pódcast Historias complejas8. Las historias integran a la sociedad y la investigación. En el episodio sobre el mezcal, productores y productoras (la relevante participación femenina es muy reciente) de la región de este valle relatan sus experiencias y Alfonso Valiente, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, explica cómo el monocultivo y la extracción a mansalva pueden terminar con la gran tradición mexicana del mezcal y su riqueza biocultural.9 Finalmente, en colaboración con el Instituto de Energías Renovables de la UNAM, se propone una solución: construir sombra, fomentar la diversidad de plantas y, en lugar de quemar leña, usar celdas solares para la destilación.
Así como en Tehuacán, en muchas ciudades y estados de la República está aumentando la temperatura media de la atmósfera y nos estamos calentando más rápido de lo que alcanzamos a entender y de lo que podemos adaptarnos.
La pregunta de la señora —“¿por qué ya no crece nada en esta tierra?”— no surge sólo de ese valle. Es la misma que se hace alguien en Sonora frente a un río seco, otra persona en la Mixteca que carece de agua para los cultivos y otro más en la Ciudad de México bajo el granizo en marzo. Cambian los paisajes, no la pregunta.
El Climatón comienza en esa pregunta que se repite en cada territorio del país, de una a otra península. La UNAM y el Unicef convocan, mediante el Climatón, a los jóvenes de dieciséis a veintiséis años, de cualquier entidad de la República, a mirar de cerca los efectos del calentamiento global y el cambio climático en los lugares donde viven y a reunirse para idear soluciones.
En una edición previa del Climatón, un grupo de jóvenes se propuso comprender y resolver la sobrepoblación de gusanos cogolleros —la principal plaga del maíz a nivel mundial— en los campos mexicanos. El voraz insecto prospera en el calor: mientras más se eleva la temperatura, más se multiplican estos gusanos. Los agricultores utilizan plaguicidas (incluso aquellos clasificados como altamente peligrosos, PAP) para contenerlos. El uso de estas sustancias estropea la calidad de los alimentos que llegan a nuestras mesas y de los suelos donde éstos se cultivan. Por si fuera poco, los PAP ponen en riesgo las vidas de los campesinos, que suelen desmayarse tras usarlas.10 Ante ello, los jóvenes que concursaron en el Climatón recurrieron a la piperamida, proveniente de la pimienta negra. Su biopesticida no sólo es eficaz para frenar la plaga, sino que también preserva la salud del ecosistema y de los agricultores.
Otro buen ejemplo del Climatón son los Laboratorios Campesinos de Suelos, un proyecto ideado por un equipo de jóvenes a partir de sus experiencias en San Nicolás Totolapan, una zona ejidal en la Ciudad de México. Con los años, los ejidatarios han vendido sus tierras en busca de sustento, lo que ha contribuido a la expansión descontrolada de la urbe en esta parte de la capital. En el Climatón, este equipo planteó usar un instrumento de cromatología para analizar la calidad de los suelos: con estos resultados, los jóvenes asesoran a los agricultores sobre el tipo de cultivos que podrían prosperar en sus ejidos, de modo que no tengan que venderlos. Sus Laboratorios asumen la defensa del terreno fértil, de la tierra verde, en contra de la plaga del cemento.
Dentro del Climatón, los jóvenes tienen la oportunidad de identificar las causas y dinámicas del problema local que desean atender. Luego imaginan distintas soluciones que ponen a prueba para determinar cuáles funcionan, y descartar las que no son útiles. Poco a poco, la idea inicial toma forma hasta convertirse en un proyecto que se presenta y se discute con sus pares y con expertos. En este camino, su trabajo se cruza con el de especialistas que llevan años estudiando estos temas.
El Climatón ha producido acciones concretas contra la deforestación, la escasez de agua, el control de plagas, la desigualdad social, la movilidad, y para promover las energías renovables. Cualquier grupo de jóvenes que detecte en su territorio un problema ocasionado por el cambio climático y haya pensado en una posible solución, puede participar. En los últimos cinco años han participado 835 personas de veintiséis estados del país, con 226 proyectos que demuestran que ya hay soluciones en marcha
El costo de estar siempre conectados: cómo las TIC afectan el sueño y el bienestar
Pepe Herrera
junio 10, 2026
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Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han transformado la manera en que las personas se comunican, estudian y trabajan. Sin embargo, el incremento del tiempo frente a las pantallas también ha despertado preocupación por sus efectos sobre la salud física, mental y la calidad del sueño.
Durante la conferencia “Trastornos del sueño y mentales inducidos por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación”, el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, el maestro Marcos Verdejo Manzano y la estudiante Saori Rodríguez Espejo analizaron cómo la hiperconectividad puede afectar el descanso, el bienestar emocional y los hábitos cotidianos.
La luz de las pantallas y su impacto en el sueño
Uno de los efectos más documentados del uso nocturno de dispositivos electrónicos es su influencia sobre los mecanismos biológicos que regulan el sueño. De acuerdo con el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, cuando una persona utiliza el teléfono celular durante la noche, el cerebro puede interpretar erróneamente que todavía es de día.
Video “Trastornos del sueño y mentales inducidos por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación”, transmitido por UNAM Psicología el 3 de junio de 2026, con la participación de la Dra. Fructuoso Ayala Guerrero, el Mtro. Marcos E. Verdejo Manzano y la Est. Saori C. RodríguezEspejo.
Esta situación ocurre porque los dispositivos electrónicos modernos emiten luz azul, una longitud de onda capaz de influir de manera importante en el sistema biológico responsable de regular los ciclos de sueño y vigilia.
En la retina existen células especializadas que detectan este tipo de luz y envían señales al núcleo supraquiasmático, una región cerebral considerada el principal regulador del reloj biológico humano. A partir de esta información, el organismo ajusta múltiples funciones fisiológicas de acuerdo con las condiciones de iluminación del entorno.
Cuando estas células perciben la luz azul emitida por las pantallas durante la noche, el cerebro recibe una señal similar a la que produciría la luz solar. Como consecuencia, se inhiben procesos fisiológicos que normalmente preparan al organismo para el descanso, entre ellos la producción de melatonina, hormona fundamental para iniciar el sueño.
La disminución de melatonina puede provocar diversas alteraciones, como dificultad para conciliar el sueño, retraso en la hora habitual de dormir, despertares frecuentes durante la noche, sueño menos profundo y reducción del tiempo total de descanso.
Cuando estos hábitos se mantienen durante largos periodos, las alteraciones del sueño pueden volverse crónicas y dar lugar a síntomas característicos del insomnio, como fatiga persistente, irritabilidad, falta de energía y somnolencia durante el día.
Del descanso al desempeño diario
Sin embargo, las consecuencias de dormir mal no terminan al despertar. El sueño es una necesidad biológica esencial para el correcto funcionamiento del organismo y participa en procesos fundamentales relacionados con la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y la recuperación física.
Por ello, cuando una persona duerme menos de lo necesario o experimenta una mala calidad de sueño, su desempeño cotidiano puede verse seriamente afectado. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran la disminución de la atención, una menor velocidad para procesar información y dificultades para resolver problemas, explicó Rodríguez Espejo.
En el ámbito educativo, los estudiantes que descansan de manera insuficiente suelen presentar mayores dificultades para concentrarse en clase, comprender nuevos contenidos y recordar información previamente aprendida. Esto puede traducirse en menor rendimiento académico y disminución de la motivación hacia el estudio.
En el contexto laboral ocurre algo similar. La privación de sueño se relaciona con reducción de la productividad, aumento de errores, dificultades para la toma de decisiones y problemas de puntualidad. Además, la somnolencia incrementa el riesgo de accidentes laborales y de tránsito, especialmente cuando se conducen vehículos o se opera maquinaria.
Las consecuencias de la privación crónica del sueño
La falta de descanso adecuado no solo afecta el rendimiento diario. Diversos estudios han demostrado que la privación crónica del sueño puede tener repercusiones importantes para la salud física.
Entre las más relevantes se encuentran las enfermedades cardiovasculares. Dormir poco puede favorecer el aumento de la presión arterial, alterar la regulación del ritmo cardíaco e incrementar el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
Asimismo, la alteración de los ciclos de sueño afecta el metabolismo corporal. Las personas que descansan de manera insuficiente presentan una mayor probabilidad de desarrollar obesidad, debido a cambios hormonales que aumentan el apetito y favorecen el consumo de alimentos con alta densidad calórica.
También existe una asociación importante entre la falta de sueño y el desarrollo de diabetes tipo 2, debido a alteraciones en la sensibilidad a la insulina. A ello se suman desequilibrios hormonales que pueden afectar distintos procesos metabólicos, reproductivos y de crecimiento.
El sueño también desempeña un papel fundamental en el fortalecimiento del sistema inmunológico. El Dr. Ayala Guerrero explicó que, durante el descanso nocturno, el organismo activa mecanismos de reparación celular y produce sustancias que ayudan a combatir infecciones y controlar procesos inflamatorios.
Por esta razón, las personas que mantienen hábitos de sueño saludables suelen presentar una mejor respuesta inmunitaria frente a virus, bacterias y otros agentes patógenos. En contraste, la falta de sueño puede disminuir la eficacia de las defensas naturales del organismo, aumentar la susceptibilidad a enfermedades infecciosas y prolongar los tiempos de recuperación durante una enfermedad.
Cuando la conexión permanente genera ansiedad
Además de las consecuencias fisiológicas relacionadas con la falta de sueño, el uso excesivo de las tecnologías digitales puede afectar directamente la salud mental y emocional.
Las plataformas digitales están diseñadas para captar y mantener la atención de los usuarios mediante actualizaciones constantes, mensajes instantáneos y notificaciones permanentes. Esta dinámica favorece un estado continuo de vigilancia y disponibilidad que puede generar tensión psicológica.
Muchas personas desarrollan el hábito de revisar repetidamente sus dispositivos por temor a perder información importante, mensajes o acontecimientos relevantes. Este fenómeno se conoce como FOMO, por la expresión en inglés Fear of Missing Out, que puede traducirse como “miedo a perderse algo”.
De acuerdo con Rodríguez Espejo, el FOMO genera una preocupación constante por permanecer conectado y actualizado, lo que puede incrementar significativamente los niveles de ansiedad. Con el tiempo, la necesidad permanente de responder mensajes, revisar redes sociales y mantenerse disponible digitalmente puede producir agotamiento mental, irritabilidad, dificultades para relajarse y estrés crónico.
Atención fragmentada en la era de las notificaciones
La hiperconectividad también influye en la manera en que las personas gestionan su atención.
Las notificaciones digitales constituyen uno de los principales factores de distracción en la actualidad. Cada alerta sonora o visual desvía automáticamente la atención hacia un nuevo estímulo, incluso cuando la interrupción dura apenas unos segundos.
Aunque parezcan insignificantes, estas interrupciones obligan al cerebro a abandonar temporalmente la tarea principal para procesar información adicional. Posteriormente, la persona debe realizar un esfuerzo cognitivo para retomar la actividad original.
La repetición constante de este proceso puede disminuir la capacidad de concentración sostenida y afectar el rendimiento intelectual. A largo plazo, la exposición continua a estímulos digitales rápidos y cambiantes puede favorecer hábitos de atención fragmentada y dificultar la realización de actividades que requieren concentración prolongada.
Dependencia tecnológica y sistemas de recompensa
La tendencia a revisar constantemente los dispositivos no responde únicamente a la costumbre. También está relacionada con mecanismos cerebrales vinculados con la recompensa y la motivación.
Las redes sociales y muchas aplicaciones digitales utilizan sistemas diseñados para ofrecer retroalimentación inmediata mediante “me gusta”, comentarios, mensajes y otras formas de reconocimiento social.
Estas recompensas activan circuitos neuronales asociados con la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con las sensaciones de placer y satisfacción. Cada interacción positiva genera una experiencia gratificante que incentiva la repetición de la conducta.
Con el tiempo, algunas personas desarrollan una necesidad creciente de revisar continuamente sus dispositivos en busca de nuevas recompensas digitales. Este patrón puede evolucionar hacia una dependencia psicológica caracterizada por la dificultad para controlar el tiempo de uso, ansiedad cuando no se tiene acceso al dispositivo e interferencia con actividades importantes de la vida cotidiana.
Por ello, el uso problemático de las TIC no debe evaluarse únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla. Lo verdaderamente relevante es determinar si la tecnología está afectando el sueño, las relaciones sociales, el rendimiento académico o laboral, la salud emocional y la capacidad de autocontrol.
Las consecuencias físicas de pasar demasiado tiempo frente a las pantallas
Los efectos del uso excesivo de las TIC también pueden manifestarse a nivel físico.
Una de las molestias más frecuentes es la fatiga visual digital, provocada por la exposición prolongada a pantallas. Durante el uso de dispositivos electrónicos, las personas suelen reducir la frecuencia de parpadeo, lo que favorece la aparición de ojo seco, irritación ocular, visión borrosa y dolores de cabeza.
Asimismo, las posturas inadecuadas adoptadas durante el uso de teléfonos móviles y computadoras generan sobrecarga muscular en el cuello, los hombros y la espalda. Cuando estos hábitos se mantienen durante periodos prolongados, las molestias pueden convertirse en dolores crónicos.
A ello se suma el sedentarismo asociado con el tiempo excesivo frente a las pantallas. La disminución de la actividad física incrementa el riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diversos trastornos metabólicos.
Tecnología y bienestar: encontrar el equilibrio
A pesar de los riesgos descritos, el maestro Verdejo Manzano destacó que las TIC no son perjudiciales por naturaleza. Por el contrario, han generado avances extraordinarios en ámbitos como la educación, la salud, la investigación científica y la comunicación.
La educación a distancia ha ampliado el acceso al conocimiento para millones de personas; la telemedicina permite acercar servicios especializados a regiones alejadas, y numerosas aplicaciones facilitan el monitoreo de la actividad física, la calidad del sueño y otros indicadores de salud.
Por ello, el impacto de estas tecnologías depende en gran medida de la forma en que se utilizan. Un uso responsable puede potenciar el aprendizaje, la productividad y el bienestar; en cambio, uno excesivo o descontrolado puede generar consecuencias negativas para la salud.
Hacia hábitos digitales más saludables
La prevención de los efectos adversos asociados con el uso excesivo de las TIC requiere el desarrollo de hábitos digitales saludables. Entre las principales recomendaciones del Dr. Fructuoso Ayala Guerrero se encuentran limitar el uso de pantallas antes de dormir, establecer horarios de desconexión, desactivar notificaciones innecesarias y promover actividades recreativas que no dependan de dispositivos electrónicos.
Los especialistas también destacaron la importancia de que padres, docentes y profesionales de la salud orienten el uso de la tecnología en niñas, niños y adolescentes, una población particularmente vulnerable a los efectos de la hiperconectividad.
Asimismo, recordaron que debe evitarse el uso de teléfonos móviles mientras se conduce, ya que esta práctica incrementa significativamente el riesgo de accidentes debido a la distracción que genera.
Beneficios que traen desafíos
Más allá de sus beneficios, las TIC plantean nuevos desafíos para la salud y el bienestar. Aprovechar sus ventajas sin comprometer el descanso, la atención y el equilibrio emocional exige desarrollar una relación más consciente con la tecnología. En una sociedad cada vez más conectada, aprender a desconectarse también se ha convertido en una necesidad.
Guadalupe Amor: la poeta que convirtió el yo en incendio
Redacción
junio 10, 2026
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¿Qué se hace con una poeta que se llama a sí misma “la Diosa”, que conversa con Shakespeare, Sor Juana, Góngora y la Virgen de Guadalupe, que convierte el infierno en una propiedad privada y el amor en una arquitectura de espejos? ¿Cómo leer hoy a Guadalupe Amor sin reducirla al personaje fulgurante que fue, Pita Amor, la mujer deslumbrante, excesiva, teatral, y, al mismo tiempo, sin arrancarle a su poesía esa fuerza de aparición pública, de escándalo íntimo, de voz que no pide permiso?
Leer esta selección de poemas publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México es entrar en una obra que parece escrita desde un centro incandescente: el yo. Pero no un yo confesional en el sentido dócil del término, sino un yo que se inventa, se contradice, se eleva, se maldice, se corona y se despedaza. En Guadalupe Amor, la primera persona no es una comodidad autobiográfica: es un campo de batalla.
La nota introductoria de Roberto Fernández Sepúlveda recuerda que Amor comenzó a escribir relativamente tarde, a los veintisiete años, con un lápiz de cejas y una servilleta de papel. La escena tiene algo de mito de origen: una mujer que toma un instrumento asociado a la belleza y lo transforma en herramienta literaria; una servilleta, objeto pasajero, convertida en el primer territorio de una obra que no aceptaría la discreción. De ahí surgió una voz que muy pronto fue recibida como acontecimiento literario y social.
Pero ¿qué sostiene esa voz más allá de la leyenda? Sostiene, ante todo, una inteligencia formal. Guadalupe Amor escribe con una conciencia aguda de la tradición: sonetos, décimas, liras, metros clásicos que en sus manos no funcionan como jaula sino como escenario. La forma le permite al delirio adquirir filo. Sus poemas avanzan con una música reconocible, casi ceremonial, pero dentro de esa música ocurren choques inesperados: santos y demonios, matemáticas y deseo, cristos vengativos, cielos mexicanos, trenes paralelos, aves imposibles, espejos, abalorios, relojes, infiernos.
En “A mí me ha dado…”, la poeta declara su impulso de escribir sonetos como si se tratara de una manía luminosa. La comparación es reveladora: a otros les da por hacer sonatas, coleccionar objetos, repetir gestos; a ella le da por descubrir secretos, medir la luz, quebrar fulgores. La poesía aparece entonces no como adorno, sino como una forma de conocimiento. Amor mira el mundo para exagerarlo, sí, pero también para volverlo más visible.
Su universo está hecho de hipérboles. Todo parece ascender hacia un exceso: la locura es “portentosa”, el infierno es “eterno”, el amor es cárcel, la mente es platino, el yo se proyecta hacia lo divino y lo infernal. Sin embargo, esa grandilocuencia no es simple pose. En sus mejores momentos, el exceso es una estrategia para decir lo que el lenguaje moderado no alcanza. ¿Cómo hablar del deseo sin domesticarlo? ¿Cómo nombrar los celos, la pérdida, el orgullo, la devastación, sin volverlos pequeños? Guadalupe Amor responde con una apuesta radical: subir el volumen hasta que la emoción encuentre su verdadera escala.
Hay en estos poemas una teatralidad evidente, pero sería un error confundir teatralidad con superficialidad. El teatro de Amor es una forma de pensamiento. Cuando escribe “Yo mexicana infernal”, en el poema que establece un paralelo entre la Virgen de Guadalupe y Guadalupe Amor, no sólo provoca: interviene en los símbolos nacionales, se coloca frente a ellos, se mide con ellos. La poeta se mira en el espejo de lo sagrado y no se arrodilla: dialoga, desafía, inventa una genealogía propia.
Esa es una de las razones por las que leerla hoy resulta tan estimulante. Guadalupe Amor incomoda las categorías. No cabe del todo en la poesía religiosa, aunque Dios, Cristo, la culpa y la eternidad atraviesan su obra. No cabe del todo en la poesía amorosa, aunque el deseo y la ausencia la incendian. No cabe en el mero autorretrato, porque su “yo” es máscara, monumento, ruina y performance. Tampoco cabe en una idea dócil de lo femenino: su voz no busca agradar, busca imponerse.
En poemas como “Mi testamento”, “Mi derrota” o “Este infierno…”, la poeta trabaja con una materia oscura: la conciencia de la pérdida, la autodestrucción, el amor como condena. Pero incluso cuando se declara derrotada, su lenguaje no se rinde. Hay una energía verbal que se resiste a desaparecer. Amor puede hablar del abatimiento, pero lo hace desde una potencia casi barroca, como si cada verso levantara una arquitectura contra la nada.
Por eso esta selección es una puerta de entrada privilegiada. No exige conocer de antemano la biografía de Pita Amor, aunque inevitablemente despierte curiosidad por ella. Lo que ofrece, antes que nada, es una experiencia de lectura: el encuentro con una poeta que convirtió la tradición en combustión personal. Sus versos pueden desconcertar, fascinar, irritar, seducir. Esa mezcla es parte de su vigencia.
¿No es eso lo que esperamos de ciertos libros: que no se limiten a acompañarnos, sino que nos interrumpan? Guadalupe Amor no escribe para pasar inadvertida. Sus poemas entran en la habitación con una seguridad casi insolente. Pero detrás del gesto desafiante hay una pregunta más honda: ¿qué queda de nosotros cuando se apagan la belleza, el amor, la fama, el aplauso? Tal vez queda la voz. Tal vez queda la forma. Tal vez queda ese verso final en el que la poeta afirma que es más lo que ha callado que lo que ha publicado.
Leer a Guadalupe Amor es acercarse a una de las voces más singulares de la poesía mexicana del siglo XX: una voz excesiva, brillante, incómoda, dueña de una teatralidad que no disminuye su hondura, sino que la vuelve memorable. En tiempos que suelen premiar la discreción emocional y la escritura domesticada, su poesía recuerda que también existe otra posibilidad: escribir como quien lanza un reto al mundo.
Y aceptar ese reto, como lectores, puede ser una forma de descubrir que la poesía no siempre susurra. A veces entra en escena, mira de frente y arde.
La invitación queda abierta: entrar al sitio de Material de Lectura de la UNAM, buscar el volumen dedicado a Guadalupe Amor y dejarse llevar por esa voz que todavía incomoda, deslumbra y pregunta. El libro puede leerse aquí: https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/312-163-guadalupe-amor
Mitos y realidades de los desastres nucleares: una mirada científica
Pepe Herrera
junio 10, 2026
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Los desastres nucleares y radiológicos han sido, desde hace décadas, algunos de los eventos más relevantes y mediáticos en la historia de la tecnología moderna. Su sola mención suele evocar imágenes de evacuaciones masivas, zonas contaminadas y consecuencias de largo alcance, alimentadas tanto por hechos documentados como por una fuerte carga de mitos.
Casos como el accidente de Chernóbil, en la entonces Unión Soviética, o el desastre de Fukushima, en Japón, han marcado un antes y un después en la regulación, la percepción pública y el debate global sobre la energía nuclear. Sin embargo, la cobertura mediática de estos eventos no siempre ha distinguido con precisión entre riesgos inmediatos, efectos a largo plazo e interpretaciones alarmistas.
En este contexto, el doctor Benjamín Leal Acevedo, encargado de la Unidad de Irradiación y Seguridad Radiológica del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, impartió la conferencia “Desastres nucleares y radiológicos: mitos y realidades”, con el objetivo de analizar, desde la evidencia científica, los alcances reales de estos eventos y contrastarlos con las creencias más difundidas en la opinión pública.
A lo largo de su ponencia, el especialista abordó las diferencias técnicas entre una explosión nuclear y un accidente radiológico, así como el impacto real de la radiación en la salud humana y el medio ambiente. A partir de estos planteamientos, desmontó diversos mitos arraigados, como la idea de muertes instantáneas masivas o la supuesta esterilidad total de las zonas afectadas, sin minimizar la gravedad de los accidentes ni la importancia de la prevención y la transparencia informativa.
Desastres nucleares y radiológicos: mitos y realidades
Mito 1: “Nuclear” y “radiológico” son lo mismo
Realidad: aunque en el lenguaje cotidiano suelen utilizarse como sinónimos, en realidad describen fenómenos distintos.
Leal Acevedo explicó que lo nuclear se refiere a los procesos que ocurren en el núcleo del átomo, particularmente la fisión y la fusión, los cuales permiten la liberación de grandes cantidades de energía en reactores o en armas atómicas. En cambio, lo radiológico se refiere a la presencia o exposición a radiación ionizante proveniente de fuentes que no necesariamente implican una reacción nuclear en cadena, como equipos médicos, aplicaciones industriales o materiales radiactivos almacenados o en tránsito.
Esta distinción es clave, ya que los riesgos, los mecanismos de control y los escenarios de accidente son diferentes. Sin embargo, en la percepción social ambos conceptos suelen fusionarse en una sola idea de “peligro nuclear”, lo que contribuye a la generación de mitos y malentendidos.
Mito 2: Toda instalación nuclear es una bomba o puede explotar como una
Realidad: uno de los mitos más extendidos es la idea de que las instalaciones nucleares pueden comportarse como armas nucleares. Esta representación, alimentada por imágenes cinematográficas y mediáticas, no corresponde a la realidad técnica de un reactor.
Un reactor nuclear no está diseñado para producir explosiones, sino para mantener una reacción en cadena controlada y estable, donde la energía liberada se utiliza de manera gradual para generar calor y, posteriormente, electricidad.
En este sentido, el especialista señaló que es común confundir elementos visibles de las centrales nucleares, como las torres de enfriamiento, con el reactor mismo. Sin embargo, estas estructuras no forman parte del núcleo donde ocurre la fisión nuclear; su función es enfriar el agua utilizada en el sistema para permitir su recirculación.
El reactor, por su parte, se encuentra en una estructura altamente blindada, diseñada específicamente para contener la radiación y garantizar la seguridad del sistema.
Mito 3: Un accidente nuclear siempre es catastrófico y masivo
Realidad: para comprender los accidentes nucleares y radiológicos es necesario contar con herramientas de clasificación que permitan diferenciar su gravedad. En este sentido, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estableció la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos (INES), que clasifica los eventos del nivel 0 al 7, considerando el impacto en personas y medio ambiente, el daño a las barreras de seguridad y las fallas en los sistemas de control.
Gracias a esta escala, es posible entender que no todos los incidentes relacionados con radiación constituyen desastres. Existen eventos menores o fallas operativas sin consecuencias radiológicas significativas, aunque igualmente deben registrarse y analizarse para fortalecer la seguridad.
Sin embargo, la percepción pública suele verse influida por tratamientos mediáticos sensacionalistas que tienden a homogeneizar todos los eventos como catástrofes.
Entre los sucesos más graves clasificados en los niveles superiores de la escala INES destaca el accidente de Chernóbil, considerado el más severo en la historia de la energía nuclear.
El accidente fue resultado de una combinación de factores técnicos y humanos: un diseño inadecuado del reactor, un experimento realizado bajo condiciones inseguras y una cultura institucional que priorizaba la producción energética por encima de la seguridad. Sus consecuencias incluyeron la evacuación de grandes poblaciones, la contaminación de amplias zonas y efectos a largo plazo en la salud pública, explicó Leal Acevedo.
Años después, el mundo enfrentó otro evento de gran magnitud: el accidente de Fukushima. En este caso, la causa no fue un error operativo directo, sino un desastre natural extremo. Un terremoto de gran magnitud, seguido de un tsunami, superó las previsiones de diseño de la planta y provocó la pérdida de sistemas de refrigeración esenciales.
A diferencia de Chernóbil, la estructura de contención fue más efectiva, lo que permitió limitar en mayor medida la dispersión del material radiactivo. Sin embargo, el evento tuvo importantes consecuencias sociales y económicas, incluyendo evacuaciones masivas y un amplio debate sobre la gestión del riesgo.
Mito 4: La radiación mata de forma instantánea a cualquiera que se acerque
Realidad: la radiación ionizante puede causar daños graves a la salud, pero sus efectos dependen de múltiples factores: la dosis recibida, el tiempo de exposición, la distancia respecto a la fuente y el tipo de material radiactivo involucrado.
El especialista del ICN explicó que algunos radionúclidos tienen afinidades biológicas específicas. Por ejemplo, el yodo 131 tiende a acumularse en la tiroides, mientras que el estroncio 90 puede depositarse en huesos y tejidos internos. El cesio 137, por otro lado, suele dispersarse en el ambiente y contaminar suelos y cadenas alimenticias.
Es necesario aclarar que muchos efectos asociados con accidentes radiológicos no son inmediatos, sino acumulativos o de largo plazo. Incluso en casos graves como Chernóbil, las consecuencias incluyeron distintos niveles de exposición y afectaciones diferenciadas entre trabajadores, rescatistas y población civil.
Asimismo, destacó que algunos de los daños más severos ocurrieron entre los llamados “liquidadores”, quienes participaron en las labores de contención del accidente y estuvieron expuestos a dosis extremadamente altas de radiación durante periodos cortos.
Mito 5: Las zonas afectadas por radiación quedan completamente “muertas”
Realidad: uno de los imaginarios más frecuentes es la idea de territorios completamente inhabitables. Sin embargo, la realidad observada en zonas como Chernóbil es más compleja.
Aunque existen áreas con contaminación persistente y restricciones de acceso, también se han documentado procesos de recuperación ecológica. Algunas especies animales han logrado adaptarse y proliferar en ausencia de actividad humana.
Esto no significa que los riesgos hayan desaparecido. Persisten estudios sobre mutaciones, contaminación del suelo y efectos biológicos en distintas especies. La recuperación ambiental, subrayó el especialista, no elimina la gravedad del desastre ni sus consecuencias sanitarias.
Mito 6: Los accidentes nucleares ocurren únicamente por fallas tecnológicas
Realidad: aunque los aspectos técnicos son fundamentales, los accidentes nucleares también involucran factores humanos, administrativos y regulatorios.
En el caso de Chernóbil, el desastre fue consecuencia de una cadena de decisiones inseguras, protocolos deficientes y una cultura institucional que minimizaba los riesgos. La presión por mantener la producción energética y la falta de supervisión efectiva fueron elementos clave.
A partir de accidentes como este, la comunidad internacional fortaleció el concepto de cultura de seguridad, entendido como un conjunto de prácticas, valores y responsabilidades que priorizan la prevención de riesgos por encima de los objetivos operativos o económicos. Actualmente, los sistemas de seguridad nuclear incluyen entrenamiento constante, auditorías y mecanismos de transparencia para evitar la repetición de estos errores.
Mito 7: Todos los materiales radiactivos provienen de reactores nucleares
Realidad: existen múltiples fuentes de radiación en ámbitos médicos, industriales y científicos que no dependen de un reactor nuclear.
El doctor Benjamín Leal Acevedo mencionó el accidente radiológico de Goiânia, Brasil, ocurrido en 1987, donde una fuente médica de cesio 137 abandonada fue manipulada por civiles, lo que provocó una grave contaminación y varias muertes debido al desconocimiento del peligro.
De forma similar, recordó el caso de las varillas contaminadas de Ciudad Juárez, en 1984, cuando material radiactivo se mezcló con acero industrial tras el manejo inadecuado de una fuente de cobalto 60.
Estos casos evidencian que los accidentes radiológicos pueden ocurrir fuera de instalaciones nucleares y que la regulación estricta de fuentes radiactivas es esencial.
Mito 8: La energía nuclear solo es destrucción
Aunque los accidentes han dejado una huella profunda en la memoria colectiva, la energía nuclear sigue siendo una de las fuentes con menores emisiones de carbono y alta eficiencia en generación eléctrica.
Su viabilidad, sin embargo, depende de mantener estrictos estándares de seguridad, supervisión constante y transparencia institucional. “El problema no es únicamente la tecnología, sino cómo se utiliza, cómo se regula y cómo se comunica”, concluyó el doctor Leal Acevedo.
Una visión completa
A través del análisis de conceptos clave y de casos históricos como Chernóbil, Fukushima, Goiânia y Ciudad Juárez, se evidenció que los accidentes nucleares y radiológicos no pueden reducirse a explicaciones simplistas ni a narrativas exclusivamente catastróficas.
La comprensión de estos eventos requiere distinguir entre tipos de riesgos, niveles de impacto y condiciones específicas de cada incidente. Asimismo, la gestión del riesgo no depende únicamente de la tecnología, sino también de factores humanos, institucionales y culturales que influyen directamente en la seguridad.
En conjunto, es necesario desmontar mitos persistentes y promover una visión más informada, crítica y equilibrada sobre la energía nuclear y la radiación, en la que la prevención, la regulación y la transparencia sean elementos centrales.
Este 14 de junio se cumplen 40 años del fallecimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges.
“Cuando murió, en 1986, empezó una disputa por la construcción de su nombre. Estadísticamente, después de Cervantes y el Quijote, en nuestra tradición hispanoamericana no hay otro autor que sea tan citado, ni leído, ni consultado, ni estudiado, ni criticado, para bien o para mal, como Borges”, señala Alejandra Giovanna Amatto Cuña, investigadora y profesora de la licenciatura y el posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM. “La literatura hispanoamericana es una antes y otra después de Borges. Esto es algo que no sucede todos los días ni con todos los escritores”.
Para empezar, agrega, es muy importante mencionar que no podemos hablar de un solo Borges. Recordemos que hablamos de un autor muy longevo, quien nació en 1899 y murió en 1986, y que pasó por diferentes etapas.
El otro Borges, el primer Borges
“No es lo mismo el primer Borges, como lo llamó uno de los grandes borgistas que tenemos en América Latina y en México, mi maestro, el doctor Rafael Olea Franco, en su estudio El otro Borges. El primer Borges, que acaba de reeditar el Fondo de Cultura Económica. Comparto con él la pasión por ese primer Borges, diferente al Borges de los últimos años, el más leído, el más conocido”.
Al analizar la década de 1920, Olea Franco encontró que no es el mismo Borges el de Fervor de Buenos Aires, de 1923, que el Borges de 1944, de Ficciones, y el de 1949, de El Aleph.
“Lo primero que tendríamos que recordar, a 40 años de la desaparición de Borges, es que fue un escritor ‘todo terreno’, porque en esos tres grandes géneros, la poesía, el ensayo y el cuento, renovó la literatura hispanoamericana y, me atrevería a decir, mucho de la literatura universal”.
Borges y la literatura gauchesca
“Esa primera parte de Borges es de las que más me atrae”, señala. “De hecho, mi tesis doctoral la hice sobre la tradición gauchesca en los ensayos de Borges”.
Por ese lado, es muy interesante ver al joven Borges, quien regresó de Europa después del periplo familiar en el que buscaban ver cómo avanzaba la enfermedad oftalmológica del padre, la misma que su abuelo tuvo y que él padecería. Este viaje sorprende a la familia en plena Primera Guerra Mundial.
Borges regresa con el deseo de integrarse a la cultura argentina, de explorar el criollismo un poco trasnochado, básicamente porque los movimientos vanguardistas ya tienen mucha influencia en la Argentina de esos años. Incluso, llega con la novedad del ultraísmo, un movimiento que él ayudó a crear.
Al regresar retoma su contacto con esa raíz criollista, de la que se perdió durante los muchos años que estuvo fuera, y crea esta mitología de las orillas, de la tradición gauchesca.
“No hay que olvidar que uno de los libros fundamentales dentro de la formación de Borges fue el Martín Fierro, de José Hernández, y va a ser un gran admirador de autores de literatura gauchesca del siglo XIX, como Eduardo Gutiérrez o Hilario Ascasubi, y va a participar en el grupo Martín Fierro. También en el periodo de Don Segundo Sombra, la gran obra de Ricardo Güiraldes, de 1926, que señala el cierre de la literatura gauchesca”.
El Borges de finales de la década de 1920, y quizá de los primeros cinco años de la década siguiente, en el cierre de este periodo, es el de Historia universal de la infamia, de 1935, un libro de cuentos que va a tener toda una coreografía de relatos universales, y que cierra con esa gran obra maestra de la tradición gauchesca: Hombre de la esquina rosada, que empezó a trabajar desde mediados de la década de 1920, llamándolo Leyenda policial y Hombres pelearon, explica la investigadora.
Después vendrá un Borges que comenzará a crear otros temas dentro de la tradición fantástica y de la tradición policial, pero el tema de lo gauchesco siempre va a estar presente en su literatura.
“En su poesía, en sus ensayos, incluso en sus cuentos de la década de 1970 va a regresar, porque nunca fue un tema ni menor ni liminal en su literatura”.
Lo gauchesco está en relatos que después van a salir en libros como El libro de arena; va a seguir la genealogía de Juan Moreira, novela de Eduardo Gutiérrez publicada en 1879, pero también va a estar presente en sus libros de ensayos.
“En 1932 publica Discusión, un libro de ensayos muy significativo, en cuya primera edición hay textos dedicados al coronel Ascasubi y al Martín Fierro. En la edición de 1952 de Discusión, esos ensayos se van a fusionar en La poesía gauchesca”.
En los años 40 va a dar conferencias muy importantes sobre el tema gauchesco. “Por ejemplo, Aspectos de la literatura gauchesca, que dio en el Paraninfo de la Universidad de Montevideo en octubre de 1945; en esa conferencia leyó un poema fundamental para entender lo gauchesco con lo político. En el Poema conjetural hay un verso que dice: ‘Vencen los bárbaros, los gauchos vencen’. Esa conferencia va a aparecer impresa en 1950”.
Siempre va a retomar el tema gauchesco, más allá de que sea un autor universal en los años 40, en los que publicó Ficciones y El Aleph, sus dos maravillosos libros de cuentos de esa década.
La década de 1940 en la literatura borgeana
“Yo creo que El Aleph es la culminación de una década fundamental en la literatura de Borges, que inicia en 1940 con la publicación de la Antología de la literatura fantástica, junto con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, quienes van a abrir una puerta enorme a una tradición que hasta ese momento era bastante marginal en la Argentina y en el resto de América Latina, pero que después se volvió una tradición consagrada”.
En 1944, con Ficciones, hace una gran apuesta de renovación, tanto de la literatura fantástica como de la literatura policial, en la tradición no solo argentina, sino hispanoamericana.
Entre los siete cuentos de ese libro está “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, un texto fundamental, “con el que probaba en el campo de batalla literario las grandes innovaciones que estaba proponiendo a nivel de la literatura. Y sus cuentos eran eso: nos dejaba claro que la única manera, o una de las maneras más eficaces de subvertir una tradición, es conociéndola”.
En “La muerte y la brújula”, un texto casi antitético de la fórmula de la literatura policial, sigue todos sus pasos, pero la subvierte.
“Y El Aleph, de 1949, tanto el cuento como todo el libro, va a ser la síntesis de esa gran década para la narrativa de Borges, porque además es un texto que juega mucho con lo humorístico. No hay que olvidar que Borges tenía un humor muy especial, y hace una crítica muy fuerte al sistema literario argentino de su tiempo”.
Se burla de la tradición costumbrista, pomposa, de muchos poetas con los que incluso había participado en concursos de poemas, en los que siempre quedaba en segundo o en tercer lugar.
“El personaje de ‘El Aleph’, Carlos Argentino Daneri, es un personaje prototípico, burlón, en el que Borges critica con toda la malicia del mundo a esos personajes que existían en la vida literaria de la Argentina, bastante controvertidos dentro de ese mundo”.
“El Aleph” y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” son dos muestras de la década de 1940 de la literatura fantástica, una literatura muy compleja, muy trabajada desde el lenguaje, y toda una categoría de cuento analítico.
Borges y el Nobel de Literatura
“Borges no recibió el Premio Nobel de Literatura, pero en ocasiones pasa a la historia quien no lo recibe, aunque lo haya merecido, y de algunos que lo han ganado no recordamos sus nombres. Aunque estuvo varias veces en la lista de los Nobel, no se lo dieron, pero eso no le quita nada a su literatura. María Kodama, su viuda, siempre insistió en que Borges tenía muy claro que probablemente no le dieran el Nobel”, dice Amatto Cuña.
“Con su muerte, se inició, creo, toda una mitología, porque era una figura muy disputada frente al problema de la vida del autor, su vida política y la separación de su literatura”.
Semillero de estudiosos
“Borges ha sido también origen de un semillero de estudiosos, de estudiosas, de lectores, de lectoras. Es un autor cuya obra abarca muchos géneros y muchas dimensiones de la cultura y del conocimiento, además de la literatura, como la filosofía, la teología y la lingüística”, considera la académica.
“Quienes nos dedicamos al estudio de la literatura borgeana no podemos considerarnos expertos. Quizá tengamos un conocimiento de una parte de la obra de Borges, pero no de la obra total. Yo me considero una estudiosa de la obra fantástica, gauchesca y policial, por ejemplo, pero no domino nada de lo que tenga que ver con la cábala o con los estudios metafísicos”, señala la profesora Amatto Cuña.
Las imperfecciones de Borges
“Decir que la obra de Borges es perfecta desde el principio hasta el fin, como a veces lo presentan en esas odas empantanadas, es mentir un poco con la propia visión de Borges, porque en su literatura también encontramos imperfecciones, dificultades con la lengua, ripios”.
Además, Borges también fue un autor un poco tramposo. Por ejemplo, prohibió que sus ensayos de la década de 1920 se volvieran a reeditar, como Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, que se conocieron hasta los años 90, cuando María Kodama autorizó las reediciones de esos textos.
En el caso de la poesía, cambiaba muchísimo de una edición a otra. Los poemas que publica en Fervor de Buenos Aires, de 1923, que además es una edición de autor, pagada por su papá, se cambiaron. Esos poemas y otros de poemarios como Cuaderno San Martín, de 1928, “yo diría que incluso fueron mutilados”.
Un regalo
“Siempre he pensado que, para quienes nos gusta la literatura, Borges es un regalo. Es un autor que, como les digo a mis estudiantes, nos presenta desafíos, porque no vamos a entrar en el mundo de Borges pensando que todo lo vamos a comprender de un día para otro, pero es un autor que nos va llevando a otras referencias, algunas falsas, otras verdaderas; nos va abriendo la posibilidad de conocer otros textos que son importantes, que nos van a ir formando en toda una tradición literaria”.
“Por eso me gusta decir que Borges nos enseña que la literatura es una forma de conocimiento. Creo que eso es una experiencia bellísima para quienes nos dedicamos a su estudio, y nos gusta”, finalizó la académica de la FFyL.
Ser madre en México: más trabajo, menos salario y mayores violencias
Michel Olguín Lacunza
junio 10, 2026
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En México, la maternidad sigue marcada por profundas desigualdades. Aunque las mujeres han logrado incorporarse masivamente al mercado laboral y a la vida pública, continúan con la carga de la mayor parte de los cuidados, enfrentan salarios más bajos y, además, viven mayores niveles de violencia y discriminación.
Para Serena Eréndira Serrano Oswald, investigadora titular del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, la crianza en la desigualdad debe entenderse como un problema de justicia social atravesado principalmente por el género.
En entrevista para UNAM Global, explicó que esta desigualdad se manifiesta en tres grandes ejes: la redistribución económica, la representación política y el reconocimiento sociocultural.
“Las mujeres hemos ingresado de manera masiva al mercado laboral, pero somos quienes ocupamos los empleos más precarios, quienes recibimos menores salarios y quienes sostenemos la mayor carga de trabajo no remunerado”, señaló.
Más trabajo y menos ingresos
De acuerdo con la académica, siete de cada diez mujeres mayores de 15 años en México han sido madres en algún momento de su vida, por lo que la maternidad atraviesa la experiencia de la mayoría de las mujeres.
Sin embargo, lejos de traducirse en mayores apoyos, ser madre suele implicar una penalización económica.
En promedio, las mujeres ganan alrededor de 34 por ciento menos que los hombres, aunque realicen el mismo trabajo y tengan el mismo nivel educativo. Además, las mujeres con hijos perciben cerca de 30 por ciento menos ingresos que aquellas que no tienen descendencia.
“Cada descendiente representa una disminución en los ingresos de las mujeres. Ahí vemos una de las principales expresiones de desigualdad”, comentó.
A esto se suma la enorme carga de trabajo doméstico y de cuidados. Mientras los hombres realizan alrededor de 15 horas semanales de trabajo de cuidados no remunerado, las mujeres dedican cerca de 35 horas.
“Las mujeres entramos al mercado laboral, pero no dejamos de hacer las tareas domésticas ni de cuidados. Lo que ocurrió es que muchas ahora tienen dobles, triples o incluso quíntuples jornadas”, explicó.
La especialista agregó que muchas madres terminan fuera del mercado laboral formal porque no existen suficientes políticas públicas de cuidado infantil. En México, 62 por ciento de los niños entre cero y cinco años no están escolarizados, por lo que la responsabilidad del cuidado recae principalmente sobre las mujeres.
“Por cada padre fuera del mercado laboral hay cinco madres en esa situación”, señaló.
Las más pobres
Las desigualdades aumentan dependiendo de las condiciones sociales. Serrano Oswald indicó que las mujeres más pobres del país suelen compartir tres características: tienen baja escolaridad, pertenecen a comunidades indígenas o afromexicanas y son madres de tres o más hijos.
Además, un tercio de los hogares mexicanos son encabezados por mujeres, muchas veces sin una red de apoyo o por necesidad económica.
“Hay más hogares encabezados por mujeres solas que hogares que reciben apoyos gubernamentales. Eso muestra el tamaño de la sobrecarga que enfrentan”, indicó.
La académica también señaló que muchas empresas aún discriminan a las mujeres embarazadas o madres de familia. Aunque las leyes laborales protegen la maternidad, en la práctica muchas mujeres enfrentan presiones, despidos indirectos o dificultades para conseguir empleo.
“Ahora ya no necesariamente les dicen ‘no te contrato porque eres mamá’, pero sí se castiga a las mujeres cuando necesitan permisos o flexibilidad para cuidar a sus hijos”, comentó.
Violencia y castigo social
Otro de los ejes de desigualdad tiene que ver con la violencia y el reconocimiento social.
La investigadora explicó que las mujeres son castigadas socialmente por ocupar espacios públicos, incluso cuando ejercen actividades relacionadas con el cuidado o la crianza.
“Hay una violencia expresiva. No solamente se agrede a las mujeres para limitar una acción concreta, también se envía un mensaje para inhibir su participación en los espacios públicos”, explicó.
En México, siete de cada diez mujeres afirman haber vivido algún tipo de violencia en espacios públicos, situación que modifica su manera de desplazarse y habitar las ciudades.
Por ejemplo, los hombres tardan en promedio 18 minutos en llegar a un centro de salud en contextos urbanos, mientras que las mujeres tardan más de 40 minutos debido a las rutas de cuidado que realizan diariamente.
Además, muchas ciudades no están diseñadas para atender las necesidades de las madres y personas cuidadoras. La falta de espacios seguros, transporte adecuado y redes públicas de cuidado incrementa la carga física y emocional.
“Las mujeres destinan más tiempo, dinero y esfuerzo para resolver problemas que deberían atenderse desde las políticas públicas”, comentó.
Participación política con mayores costos
Aunque México ha avanzado en paridad política, la especialista advirtió que las mujeres enfrentan mayores obstáculos para participar en la vida pública.
Explicó, muchas mujeres que participan en política reciben amenazas dirigidas a sus familias o enfrentan horarios y dinámicas incompatibles con la crianza.
“Las mujeres pagan costos mucho más altos por participar en política. Muchas veces se les castiga especialmente cuando impulsan agendas relacionadas con igualdad de género o cuidados”, dijo.
Además, señaló que buena parte de los recursos públicos destinados a políticas para mujeres se convierten en programas asistenciales generales y no en estrategias enfocadas en resolver desigualdades estructurales.
Cambiar la cultura
Para Serrano Oswald, uno de los principales desafíos es transformar los roles de género desde la infancia.
“La inserción masiva de las mujeres al ámbito laboral solo será posible cuando los hombres se inserten también de manera masiva al ámbito doméstico”, afirmó.
La académica subrayó que las tareas de cuidado no deberían recaer únicamente sobre las mujeres y que es necesario dejar de educar a niños y niñas bajo estereotipos tradicionales.
“No podemos seguir con la idea de que las mujeres sirven y atienden mientras los hombres quedan al margen de los cuidados. Ahí está una parte fundamental del cambio social”, concluyó.
Fin de semana cultural en la UNAM: danza, teatro, música, cine y exposiciones
Redacción
junio 10, 2026
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La Universidad Nacional Autónoma de México ofrece cada semana una amplia cartelera cultural para públicos diversos. Sus recintos, museos, teatros, salas de concierto y espacios universitarios se convierten en puntos de encuentro para disfrutar propuestas artísticas, acercarse a nuevas miradas y vivir la cultura desde distintas disciplinas.
Esta es solo una breve selección de la vasta selección de actividades que la UNAM tiene preparadas para el fin de semana. La invitación está abierta para quienes buscan salir de la rutina, descubrir nuevas expresiones escénicas, escuchar música en vivo, acercarse al cine independiente o recorrer una exposición en alguno de los espacios culturales universitarios.
Danza para explorar nuevas formas de vínculo
La propuesta “Querubinx” invita al público a vivir una experiencia dancística y performática centrada en el vínculo con lx otrx. En un espacio de 360 grados, quince intérpretes exploran distintas formas de relación a través del cuerpo, los afectos, los cuidados y la imaginación colectiva.
Danza: Querubinx Sede: Salón de Danza, Centro Cultural Universitario Fecha: 13 y 14 de junio Hora: 12:30 h Más información:https://www.danza.unam.mx/querubinx
Teatro al aire libre con un clásico irreverente
El Carro de Comedias de la UNAM presenta “Ubú Rey”, adaptación del texto de Alfred Jarry estrenado en París hace más de 130 años. Con esta puesta en escena, la tradición del teatro itinerante llega al Centro Cultural Universitario para acercar al público una obra provocadora, crítica y llena de energía escénica.
La Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata presenta un programa inspirado en serenatas de la segunda mitad del siglo XIX. La selección reúne obras de Antonín Dvořák, Wolfgang Amadeus Mozart y Piotr Ilich Chaikovski, en una oportunidad para disfrutar repertorios clásicos interpretados por jóvenes músicos universitarios.
Música: Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata Sede: Anfiteatro Simón Bolívar, Colegio de San Ildefonso Fecha: 14 de junio Hora: 12:00 h Más información:https://musica.unam.mx/calendario/evento/60598/
Últimos días para visitar una exposición en el MUAC
El Museo Universitario Arte Contemporáneo presenta “Delcy Morelos. El espacio vientre”, una exposición que forma parte de la oferta cultural del Centro Cultural Universitario. Esta es una buena oportunidad para visitar el MUAC durante el fin de semana y acercarse a una propuesta artística contemporánea en sus últimos días de exhibición.
Exposición: Delcy Morelos. El espacio vientre Sede: Museo Universitario Arte Contemporáneo, Centro Cultural Universitario Fecha: 13 y 14 de junio Nota: últimos días Más información:https://muac.unam.mx/exposicion/delcy-morelos
Cine independiente para mirar la diversidad
Como parte del Festival Internacional de Cine Independiente LGBTIQ+, se presenta una selección de cortometrajes que reúne historias mexicanas y colombianas. Las piezas abordan vínculos que transforman vidas, así como experiencias marcadas por la diversidad, el rechazo, la resistencia y el respeto.
Cine: Cortometrajes FICI Sede: Cinematógrafo del Chopo Fecha: 14 de junio Hora: 18:30 h Más información:Cortometrajes FICI
La cartelera universitaria confirma que la cultura también se vive en fin de semana. Ya sea desde la danza, el teatro, la música, el cine o las artes visuales, la UNAM ofrece espacios para encontrarse, imaginar, reflexionar y disfrutar colectivamente.
Lluvias en México han sido 15 % más intensas en lo que va del año: Jorge Zavala
Redacción
Con información del boletín Boletín UNAM-DGCS-349
junio 10, 2026
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Las lluvias registradas en México de enero a inicios de junio de 2026 han sido 15 % más intensas que el promedio climatológico de los últimos 30 años, afirmó Jorge Zavala Hidalgo, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
El especialista explicó que, para realizar una evaluación robusta, se toma como referencia el promedio climatológico y no la comparación con un año en particular. Ejemplificó que en 2025 llovió mucho, mientras que en 2024 las precipitaciones fueron escasas, por lo que contrastar el comportamiento actual con alguno de esos años no aportaría suficiente información.
Zavala Hidalgo precisó que la precipitación no se distribuye de manera uniforme en el territorio nacional, ya que varía entre el norte, el centro y el sur del país. En ese sentido, señaló que en lo que va de 2026 la situación ha sido anómala para la República mexicana, aunque no homogénea, pues la mayoría del territorio nacional se encuentra por debajo de su promedio, mientras que en la zona centro el acumulado de precipitación está por encima de lo habitual.
El fundador del grupo de Interacción Océano-Atmósfera del ICAyCC destacó que conocer cuánto puede llover en determinada época del año es fundamental, ya que la predicción de las precipitaciones resulta clave para los tomadores de decisiones, especialmente en temas como la gestión del agua y los sistemas de presas.
Respecto a los remanentes de la depresión tropical Boris, indicó que el Servicio Meteorológico Nacional pronostica lluvias muy fuertes en Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, así como lluvias fuertes en Puebla, Estado de México, Morelos y Ciudad de México.
El investigador universitario señaló que esta condición permanecerá a lo largo de la semana, incluido el 11 de junio, día de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cuando se esperan precipitaciones, de acuerdo con la información actualizada por la Comisión Nacional del Agua a través del Servicio Meteorológico Nacional.
“Climatológicamente, la mayoría de los días 11 de junio llueve”, recordó Zavala Hidalgo. Añadió que, además de los remanentes de Boris, que tocó los límites de Guerrero y Oaxaca, existe otro fenómeno localizado hacia Centroamérica: la tormenta tropical Cristina, que continúa generando precipitaciones y cuya evolución deberá observarse.
El doctor en Oceanografía Física subrayó que cada vez se avanza más en la comprensión de la variabilidad de las lluvias en las distintas zonas del país, dependiendo del mes y del lugar, así como de la influencia de fenómenos como El Niño.
En cuanto a la temporada de ciclones tropicales, que inició el 15 de mayo y concluye en noviembre, aclaró que, por ahora, responde a las estadísticas del periodo. Sin embargo, conforme avance el año, podría ubicarse por arriba del promedio en el número de fenómenos en el Pacífico y ligeramente por debajo en el Atlántico.
Finalmente, Zavala Hidalgo indicó que el impacto de El Niño es menor en este momento, aunque se estima que se desarrolle con fuerza hacia finales de este año y durante los primeros meses del próximo. Por ello, es probable que sus efectos se manifiesten con mayor claridad en las precipitaciones, las temperaturas y la calidad del aire, especialmente en la primavera de 2027.