La cultura K-pop, originaria de Corea del Sur, abarca mucho más que música: incluye coreografías, moda, estética, ídolos, comunidades de fans, dramas coreanos, cosmética, gastronomía e incluso valores culturales. Este fenómeno ha fascinado a miles de mexicanos, pero ¿qué efectos ha tenido en ellos?
Para empezar, se trata de personas con un origen étnico distinto, por lo que evidentemente existen diferencias muy claras entre sus corporalidades y las nuestras, explicó Nayeli López Rocha, investigadora del Programa Universitario de Estudios sobre Asia, África y Oceanía de la UNAM.

“Sin embargo, esos modelos que vemos no necesariamente responden al común denominador de la sociedad coreana, sino que se construyen a partir de las necesidades de una industria cultural fuertemente influida por las dinámicas capitalistas, en las que compite con otras de alcance mundial, como la estadounidense o incluso la japonesa”, agregó la experta.
Estos parámetros se pueden observar a simple vista y parecería que representan a la población coreana. Si bien en ese país hay muchas personas delgadas, los artistas responden a las exigencias de una industria cultural fuertemente occidentalizada y condicionada por los estereotipos mundiales.
De alguna manera, añadió la investigadora universitaria, representan otras corporalidades. Independientemente de la delgadez, presentan rasgos físicos evidentes que corresponden a características propias de diversas poblaciones asiáticas.
La mayoría de estas chicas y jóvenes responde a parámetros de belleza establecidos e incluso se encuentra sometida a un proceso de perfeccionamiento orientado por estándares occidentales.
Por eso, es fundamental que el público que consume estos contenidos, integrado principalmente por chicas, comprenda que esos parámetros no son naturales, sino el resultado de un proceso artificial construido para satisfacer las necesidades de una industria.
¿Cómo afecta a las fans mexicanas?
Una de las características más representativas de la industria coreana es que recupera elementos de su país para resaltar su identidad, pero también se inserta en una dinámica global de consumo, con estándares influidos por concepciones occidentales.
En consecuencia, muchas jóvenes que consumen sus productos adoptan prácticas relacionadas con sus cantantes favoritos, desde la comida y las coreografías hasta las rutinas coreanas de cuidado de la piel, conocidas como skin care, que han adquirido gran popularidad en los últimos años debido a que han sido promovidas por diversas artistas.
“Parecería que con el skin care vas a tener automáticamente una piel coreana, asociada con un estereotipo muy particular: sin imperfecciones, blanca, suave y muy juvenil, que además responde a las exigencias de la industria del entretenimiento”.
Sin embargo, no todas las personas de Corea tienen el mismo color o textura de piel ni son eternamente jóvenes, destacó Nayeli López Rocha. En realidad, se proyectan exigencias de una industria occidentalizada que no necesariamente corresponden con la diversidad de la población coreana.
El papel de internet y las redes sociales
Tanto internet como los teléfonos móviles fueron fundamentales para la expansión de este movimiento, pues mediante estas tecnologías se difundió el Hallyu, término que significa “ola coreana”, y posteriormente el K-pop, una de sus expresiones más populares. Plataformas como YouTube, Facebook y TikTok han sido importantes para promover sus productos.
De hecho, es en las redes sociales donde surgen comunidades de seguidores que rebasan las dinámicas de los grupos de fans como se conocían anteriormente. Principalmente están integradas por chicas, aunque también participan varones.
Internet es un espacio en el que las jóvenes coinciden en gustos, prácticas y formas de consumo. Además, comparten imágenes, videos, transmisiones en vivo y conversaciones. Así se construye una comunidad importante que apoya a un artista en particular, no solamente mediante el consumo de sus productos, sino también en el cumplimiento de determinadas metas.
Muchas de estas comunidades de seguidores son impulsadas por las propias agencias que representan a los artistas. Un ejemplo es BTS, cuyos seguidores son conocidos como ARMY, una identidad promovida como parte de una estrategia para fortalecer el vínculo entre el grupo y sus fans.
¿Cómo afecta a las mexicanas?
Esta cultura incide de manera importante en la vida cotidiana de algunas jóvenes mexicanas, quienes siguen dinámicas muy específicas sobre cómo deben comportarse si se asumen como fans.
De hecho, entre ellas puede desarrollarse un proceso de competitividad relacionado con el consumo. Por ejemplo, si un grupo lanza un disco, la mejor fan sería quien lo compra primero. Si se publican diez portadas diferentes del mismo álbum, se espera que la seguidora más comprometida se esfuerce por tenerlas todas.
Esto se asocia con ciertos valores promovidos por la cultura coreana, como el esfuerzo acompañado de recompensas y reconocimiento social o colectivo.
Dicha dinámica se refleja en la organización de los clubes de fans, donde se difunde información de acuerdo con los intereses y preferencias de sus integrantes.
Un problema derivado de esta situación es que algunas personas invierten mucho tiempo en actividades de consumo en internet, desde dos hasta doce horas al día.
Lo que más circula en las plataformas son imágenes que se observan e interpretan de acuerdo con la capacidad de los jóvenes para comprender lo que ven. En ese sentido, las redes sociales pueden influir en ellos de la misma manera que ocurre con otras dinámicas culturales y de consumo.

¿La cultura K-pop es negativa?
Con frecuencia, los padres consideran que la cultura K-pop no afecta a sus hijos porque no representa una violencia explícita, como ocurre, por ejemplo, con las series sobre narcotráfico o con otros contenidos que recurren a la hipersexualización de las mujeres. Sin embargo, puede crear un imaginario muy distinto de la realidad mexicana.
Las figuras femeninas proyectadas por esta industria suelen ser muy delgadas, un modelo que no representa la diversidad corporal de las jóvenes mexicanas o latinoamericanas. Por su parte, las figuras masculinas se alejan del estereotipo tradicional asociado con el hombre mexicano.
De esta manera, se promueven ideales distantes de la realidad: mujeres presentadas como muy atractivas, exitosas y empoderadas. Aunque se piensa que no están hipersexualizadas, en realidad también pueden estar sujetas a este tipo de representaciones.
En cuanto a los hombres que forman parte de estos grupos, no están al margen de las violencias contra las mujeres presentes en sociedades patriarcales, como la coreana y la mexicana. Se trata, precisamente, de una situación frente a la cual también luchan las mujeres de Corea.
Por eso, aunque los padres consideren que estos códigos culturales no están cargados de violencia, pueden reproducirla mediante estereotipos y modelos que no corresponden con la diversidad de la población mexicana.
Además, el atractivo sexual de las estrellas del K-pop se presenta de acuerdo con determinados códigos culturales. Por ejemplo, mediante el uso de minifaldas o la representación de chicas con una apariencia situada entre la niñez y la adultez, lo que constituye una forma de violencia relacionada con su sexualización.
Por eso, sería muy difícil para una adolescente mexicana alcanzar el modelo corporal y estético representado por una estrella del K-pop.
Los chicos del K-pop
Algunas jóvenes mexicanas idealizan a los chicos del K-pop y piensan que son lindos, amables, educados, inteligentes, proveedores, fieles y protectores. Sin embargo, esto no significa que realmente sean así. Al final, forman parte de un producto de entretenimiento creado para ser percibido de cierta manera.
Por eso, es importante que los padres o tutores expliquen a sus hijas que estos estereotipos no son reales, que no necesitan tener esos cuerpos y que los varones coreanos no necesariamente corresponden con la imagen que proyecta la industria del entretenimiento.





































