La movilidad masiva, el clima, los brotes regionales y las prácticas de riesgo obligan a preparar la salud antes, durante y después del viaje
La Copa Mundial de la FIFA 2026 no sólo será una fiesta deportiva: también representará uno de los mayores escenarios de movilidad humana contemporánea. Millones de personas se desplazarán entre México, Estados Unidos y Canadá, convivirán en estadios, transporte público, aeropuertos, hostales, fan zones y espacios cerrados. En términos epidemiológicos, esa concentración de viajeros configura un ambiente propicio para la transmisión de infecciones respiratorias, gastrointestinales, enfermedades transmitidas por vectores y padecimientos asociados al calor, la altitud o la contaminación.
La prevención, por ello, no debe entenderse como una medida extraordinaria, sino como parte esencial de la experiencia de viaje. “Este escenario 2026 es un escenario de movilidad masiva”, advirtió la Dra. Rosa María Wong Chew, de la Facultad de Medicina de la UNAM, al señalar que el flujo internacional de personas puede conectar zonas con brotes activos, enfermedades endémicas y condiciones ambientales muy distintas.
El Mundial tendrá sedes en tres países con perfiles sanitarios diversos. En Canadá pueden coincidir incendios forestales, humo ambiental y riesgo de contacto con fauna silvestre; en Estados Unidos, la circulación de sarampión en comunidades no vacunadas, enfermedad meningocócica e infecciones de transmisión sexual; en México, además del calor extremo en ciudades como Monterrey, existen riesgos gastrointestinales, hepatitis A, fiebre tifoidea y enfermedades transmitidas por mosquitos, como dengue, zika y chikungunya.

No se trata de desalentar el viaje, sino de asumirlo con información. En palabras del Dr. Jorge Baruch Díaz, responsable de la Clínica del Viajero de la Facultad de Medicina, “la buena noticia es que prácticamente todos los riesgos sanitarios son prevenibles”. La clave, insistió, es que los aficionados se preparen antes de salir, adopten medidas de protección durante su estancia y mantengan vigilancia al regresar.
Vacunas: el primer escudo del viajero
Uno de los mensajes centrales de los especialistas fue la necesidad de revisar esquemas de vacunación antes de asistir a eventos masivos. El sarampión ocupa un lugar prioritario debido a su alta capacidad de transmisión. La Dra. Wong Chew recordó que una persona con sarampión puede infectar a muchas más si se encuentra en un entorno con población susceptible, como ocurre cuando hay personas no vacunadas o con esquemas incompletos.
El cuadro suele iniciar con fiebre, malestar general, síntomas respiratorios y lesiones características en la mucosa oral conocidas como manchas de Koplik; posteriormente aparece el exantema o erupción cutánea. La recomendación es contar con vacunación adecuada al menos dos semanas antes del viaje o del evento.
Además del sarampión, los especialistas mencionaron influenza, COVID-19, tosferina, hepatitis A, fiebre tifoidea y, en contextos específicos, meningococo. Para quienes viajen a Estados Unidos o Canadá y planeen hospedarse en hostales, residencias universitarias o asistir a concentraciones multitudinarias, la vacuna contra meningococo puede ser especialmente relevante. Esta bacteria puede causar meningitis, una infección grave que se manifiesta con fiebre, rigidez de nuca, fotofobia y deterioro rápido del estado general.
“El riesgo principal se da en condiciones de hacinamiento masivo, como hostales, residencias universitarias o fanfest”, explicó Baruch Díaz. Aunque la vacunación ideal debe realizarse con anticipación, el especialista subrayó que, incluso en viajeros de último minuto, es mejor buscar orientación médica que viajar sin ninguna medida preventiva.
Calor, altitud y contaminación: riesgos que también enferman
Las enfermedades infecciosas no serán los únicos riesgos sanitarios. El calor extremo, la radiación ultravioleta, la altitud y la mala calidad del aire pueden afectar a viajeros no aclimatados, en especial a personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, hipertensión, diabetes u otros padecimientos crónicos.
Monterrey puede alcanzar temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados durante la temporada; la Ciudad de México, por su altitud superior a los dos mil metros sobre el nivel del mar, implica menor presión de oxígeno, además de exposición a radiación ultravioleta y posibles contingencias ambientales. Guadalajara también puede presentar condiciones de calor que exijan medidas preventivas.
La Dra. Wong Chew explicó que estas condiciones pueden multiplicar riesgos en personas con enfermedades previas. Por ello, recomendó viajar con medicamentos suficientes, mantener los tratamientos habituales, llevar recetas médicas y contratar un seguro médico internacional.
Baruch Díaz añadió medidas prácticas: usar sombrero o gorra, lentes con protección ultravioleta, ropa clara de manga larga, protector solar de amplio espectro y evitar la exposición directa al sol entre las 10:00 y las 16:00 horas. También llamó a dosificar el esfuerzo físico los primeros días, especialmente en visitantes que llegan a ciudades de altitud o que planean correr, caminar largas distancias o participar en actividades recreativas al aire libre.
Agua, alimentos y diarrea del viajero
En México, uno de los riesgos más frecuentes para visitantes internacionales será la diarrea del viajero, asociada al consumo de agua o alimentos contaminados y al cambio del ecosistema bacteriano intestinal. Entre los agentes más comunes se encuentran Escherichia coli y norovirus.
La recomendación básica es consumir agua embotellada, purificada y sellada; evitar agua de la llave, hielo de origen incierto, mariscos crudos y alimentos que no estén bien cocidos o servidos calientes. Las frutas y verduras son más seguras cuando pueden lavarse, desinfectarse o pelarse personalmente.
La Dra. Wong Chew explicó que se considera diarrea cuando una persona presenta más de tres evacuaciones líquidas al día. Si el cuadro se acompaña de fiebre, signos de deshidratación, dolor abdominal intenso o persistencia de los síntomas, se debe buscar atención médica.
El Dr. Baruch Díaz insistió en evitar la automedicación, sobre todo el uso indiscriminado de antibióticos. “Tenemos un problema grave en todo el mundo de multirresistencia a los antibióticos”, señaló. El tratamiento debe individualizarse y, en muchos casos, la hidratación adecuada con sales de rehidratación oral puede ser la primera medida de apoyo.
Mosquitos, repelente y vigilancia de síntomas
En zonas tropicales o durante desplazamientos dentro de México, los viajeros deben considerar la prevención de dengue, zika y chikungunya. Estas enfermedades se transmiten por mosquitos que se reproducen en agua estancada. El dengue puede iniciar con fiebre intensa, dolor detrás de los ojos, dolor muscular y articular; los signos de alarma incluyen dolor abdominal intenso, sangrado de encías y vómito persistente. El chikungunya se caracteriza por dolor articular severo, mientras que el zika representa un riesgo especial para mujeres embarazadas por su asociación con alteraciones congénitas.
La prevención requiere repelentes eficaces, ropa que cubra brazos y piernas, eliminación de criaderos y atención a síntomas febriles. “En el cinturón y bolsillo no deben faltar repelentes de insectos”, recomendó Baruch Díaz, al recordar que en Estados Unidos y Canadá también puede haber exposición a garrapatas transmisoras de otras enfermedades.
Salud sexual: prevención sin moralizar
Los eventos internacionales también se asocian con prácticas sexuales casuales. Los especialistas señalaron que el riesgo de infecciones de transmisión sexual aumenta cuando los viajeros relajan medidas de protección fuera de su entorno habitual.
El Dr. Baruch Díaz explicó que en viajeros internacionales se ha documentado una mayor frecuencia de relaciones sexuales casuales y prácticas de riesgo. Por ello, recomendó incluir condones de látex o poliuretano en el botiquín de viaje y ubicar servicios de salud sexual. En Norteamérica, añadió, existe disponibilidad de PrEP y PEP, tratamientos de prevención preexposición y posexposición al VIH, respectivamente.
La recomendación es clara: practicar sexo seguro, no automedicarse ante síntomas genitales y acudir a servicios médicos si hay exposición de riesgo, lesiones, secreciones, dolor o sospecha de infección.
Ébola, hantavirus y otros riesgos emergentes: vigilancia sin alarma
Durante la conferencia también se abordaron enfermedades emergentes como hantavirus y ébola. Los especialistas fueron enfáticos: el riesgo para viajeros convencionales es extremadamente bajo, pero la vigilancia epidemiológica debe mantenerse.
La Dra. Wong Chew explicó que el ébola requiere contacto directo con fluidos corporales de una persona enferma, como sangre, vómito, diarrea, saliva o semen. No se transmite como sarampión o COVID-19, ni durante la etapa asintomática. El mayor riesgo ocurre cuando una persona ya desarrolló síntomas graves y requiere cuidados estrechos.
Baruch Díaz agregó que los filtros sanitarios en aeropuertos tienen limitaciones porque muchas enfermedades tienen periodos de incubación prolongados. Por ello, más que confiar únicamente en filtros físicos, se requiere vigilancia epidemiológica, cuestionarios de salud, comunicación entre autoridades y, sobre todo, que el viajero informe a su médico dónde estuvo si presenta síntomas después del viaje.
El viaje no termina al volver
Una de las recomendaciones más importantes es mantener vigilancia después del regreso. Fiebre, diarrea persistente, tos prolongada, erupciones en la piel, ictericia, sangrados, dolor intenso o síntomas respiratorios deben motivar consulta médica. El dato clave que el viajero debe comunicar es: “regresé recientemente del Mundial 2026”.
Informar el itinerario permite orientar el diagnóstico hacia enfermedades compatibles con la región visitada, los alimentos consumidos, la exposición a mosquitos, el tipo de hospedaje o la asistencia a eventos multitudinarios.
La preparación sanitaria para el Mundial 2026 puede resumirse en cinco acciones: vacunarse, contratar seguro médico internacional, usar repelente, mantenerse hidratado y protegido del calor, y practicar sexo seguro. A ello se suma un principio general: viajar con información científica, sin pánico, pero con responsabilidad.
En una justa deportiva que conectará países, climas, sistemas de salud y millones de personas, la prevención será también una forma de participación ciudadana. Cuidarse antes, durante y después del viaje no sólo protege al aficionado: también reduce riesgos para las comunidades anfitrionas y para quienes esperan el regreso en casa.













































