Astrónomo de la UNAM lidera detección de un planeta naciente
Instituto de Astronomía UNAM
septiembre 11, 2026
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En una región del disco de gas y polvo que rodea a la estrella J16120, a unos 430 años luz de la Tierra, el gas se comporta de manera muy particular. Por un lado de esta región, el gas gira más rápido de lo esperado; mientras que por el otro lado, va más lento. Y justo en la frontera entre ambas regiones, su dispersión de velocidades aumenta, como si algo las revolviera.
Ilustración científica que describe el proceso de formación de planetas en un disco gaseoso. Crédito: Inteligencia Artificial Generativa (ChatGPT); Anibal Sierra Morales.
Ese “algo” fue encontrado y caracterizado por el investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (IA-UNAM), el Dr. Anibal Sierra Morales: “se trata de un planeta en nacimiento -protoplaneta- de unas cuatro o cinco veces la masa de Júpiter”.
“Es una de las primeras detecciones de un planeta en formación por medio del método del ensanchamiento de líneas moleculares. El ensanchamiento había sido predicho en el año 2019 por medio de simulaciones computacionales, pero finalmente se ha encontrado una prueba observacional en la estrella J16120. Esto nos dice mucho sobre cómo se podrían estar formando nuevos planetas fuera del Sistema Solar”, señaló Anibal Sierra, investigador del IA-UNAM y primer autor del artículo.
Un planeta anunciado y ahora confirmado
El descubrimiento de este planeta no fue fortuito, pues el equipo de investigación confirmó una predicción teórica hecha en el año 2019 (Dong et al. 2019) donde se estudiaba cómo debería verse el gas de un disco si dentro tuviera un planeta formándose. En el caso de la presencia de un planeta, habría un exceso de turbulencia justo en la posición del planeta y otro repartido a lo largo de toda su órbita.
En la figura de la izquierda se presenta la evidencia observacional de los residuos del gas que rodean al disco de la estrella J16120. El número 1 identifica al candidato a protoplaneta y en color rojo se detalla cómo en ese punto aumenta la dispersión de velocidades. En la figura de la derecha se presenta la simulación computacional donde se observa las estructuras predichas en un disco con un protoplaneta en Dong et al. 2019, las cuales coinciden con las estructuras observadas en J16120. Crédito: Anibal Sierra Morales.
“Estamos viendo básicamente lo mismo. Lo que se había predicho lo estamos confirmando desde las observaciones. O visto de otra forma, lo que se había estudiado de manera teórica nos está confirmando que las observaciones son consistentes con la presencia de un planeta en formación.
Aunque en otros discos se ha visto algo parecido – que el gas tiende a aumentar su dispersión de velocidades cerca de un planeta-, en J16120 tenemos una clara evidencia no solo del aumento de la dispersión de velocidades alrededor del planeta, sino también a lo largo de su órbita. Es definitivamente novedoso en el campo», señaló Sierra.
El conjunto de radiotelescopios que observa planetas en formación
A cinco mil metros de altura, en la zona norteña de Chile en el desierto de Atacama, está ubicado el interferómetro Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA, por sus siglas en inglés) que con sus 66 antenas (radiotelescopios) ha logrado observar miles de estrellas y planetas en proceso de nacimiento.
La imagen muestra la velocidad del gas que gira en el disco de la estrella J16120. El círculo con el número 1 es la posición del planeta. En la posición del planeta, hay una transición entre gas moviéndose más rápido (en rojo) y más lento (en azul) con respecto a la rotación esperada del disco. Crédito: Anibal Sierra Morales.
Fue en el año 2023 cuando el equipo de investigación obtuvo, con datos de ALMA, imágenes del disco de la estrella J16120. Posteriormente, construyeron un modelo computacional que describe la rotación del disco como si nada lo perturbara. Al compararlo con las observaciones de ALMA, el equipo científico encontró evidencias de desviaciones localizadas que apuntaron hacia la presencia de un planeta en formación.
“Las diferencias que encontramos fueron significativas, ya que un píxel anómalo podría ser simplemente un error o ruido de las observaciones, pero una estructura a gran escala no puede ser solo casualidad. El planeta ha sido buscado en diferentes trazadores y con diferentes observaciones, y hasta el día de hoy varios métodos nos sugieren que ahí hay un planeta en formación», resumió Sierra.
Confirmando la señal de un planeta
El artículo publicado señala que otros tres equipos detectaron de manera independiente un punto brillante en el infrarrojo, emisión de hidrógeno alfa, y emisión de polvo en el milimétrico en la misma región.
Esto indica que el disco de J16120, donde previamente se intuía la existencia de un objeto masivo en su órbita, está formando planetas. Las nuevas observaciones de las velocidades del gas, confirman la sospecha sobre la presencia de un planeta que está a aproximadamente 32 unidades astronómicas desde el centro de la estrella. Una unidad astronómica es la distancia que hay entre el Sol y la Tierra.
«Es un caso muy único de estudio, porque lo estamos detectando con métodos diferentes, con observaciones totalmente independientes, y en todos los casos aparece alguna evidencia de que hay un planeta en formación, lo cual es muy difícil de lograr desde el punto de vista observacional», señaló el universitario.
Actualmente, los investigadores del proyecto trabajan para conocer a profundidad el fenómeno de formación de este planeta. Ahora que se sabe de su existencia «vamos a tratar de confirmar con nuevas observaciones y diferentes trazadores químicos que el gas que está alrededor del planeta es más caliente, lo cual sería otro método más para confirmar su existencia. Además, con observaciones del telescopio SPHERE y en colaboración con otros investigadores del Instituto de Astronomía, también vamos a buscar evidencia sobre sus características; los datos llegarán a mediados de 2027”, agregó el investigador.
En este proyecto participa la Máxima Casa de Estudios a través del Instituto de Astronomía. También la University College London y la Universidad de Cambridge, en Reino Unido; las universidades de Florida, Michigan y Arizona, así como el Instituto Flatiron, en Estados Unidos; el Instituto Kavli de la Universidad de Pekín, en China; las universidades de Chile, Diego Portales, Técnica Federico Santa María y de Santiago, en Chile; los institutos Max Planck de Astronomía y de Física Extraterrestre, en Alemania; la Universidad de Milán, en Italia; el Observatorio Europeo Austral y el Observatorio Conjunto ALMA.
Enlace a los artículos principales:
Sierra, Anibal. et al (2026) “Dust Substructures and Line Perturbations driven by a Forming Planet in J16120”: https://arxiv.org/abs/2609.05366
Concluye una etapa del proyecto “Luciérnagas de México” con el descubrimiento de 39 nuevas especies en el sur del país
Pepe Herrera
septiembre 11, 2026
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El proyecto “Luciérnagas de México” concluyó una de sus principales etapas con la descripción de 39 nuevas especies en el sur del país, un hallazgo que amplía de manera importante el conocimiento científico sobre uno de los grupos de insectos menos estudiados en México. Con estas nuevas descripciones, el número de especies de luciérnagas conocidas en el país asciende a 346.
El proyecto surgió en 2019, cuando el interés por los sitios de avistamiento de luciérnagas comenzaba a crecer. Investigadores y estudiantes de distintas instituciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se reunieron entonces con un objetivo central: generar información taxonómica que permitiera conocer qué especies de luciérnagas existen en el país y establecer las características que permiten diferenciarlas.
Entre los principales colaboradores estuvieron, por parte de la FES Zaragoza, Daniel Edwin Domínguez-León, Mireya González-Ramírez y Geovanni M. Rodríguez-Mirón; del Instituto de Biología de la UNAM, Ishwari G. Gutiérrez-Carranza, Anel Teresa Mercedes Núñez-Monroy y Martín L. Zurita-García; de la Univerisidad de Georgia, Miriam Aquino-Romero; de la Escuela Nacional Preparatoria 8 de la UNAM, Paulina Cifuentes-Ruiz; del Instituto de Ecología, A. C., Viridiana Vega-Badillo; y de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia de la UNAM, Oscar Pérez-Flores.
Para estudiar la gran cantidad de ejemplares disponibles, el equipo dividió el territorio mexicano en distintas regiones. De este trabajo surgieron estudios sobre las luciérnagas del centro, norte y occidente del país, así como de la región golfo-Caribe. La última etapa se concentró en el sur de México, una zona que se decidió estudiar al final debido a la elevada diversidad de especies que alberga. En total se describieron 150 especies para los distintos estados.
De acuerdo con el Dr. Geovanni Rodríguez Mirón, académico de la FES Zaragoza, Oaxaca, Chiapas y Guerrero concentran una de las mayores riquezas de luciérnagas del país. Antes de esta investigación, en estos tres estados se conocían 94 especies. El nuevo estudio describe 39 especies nuevas para la ciencia y documenta, además, 15 nuevos registros estatales.
Tras la revisión taxonómica y la actualización de los registros, los autores reconocen 147 especies para la región en su conjunto. Esta riqueza se distribuye entre los tres estados: 65 especies registradas en Chiapas, 41 en Guerrero y 79 en Oaxaca. Estos valores no deben sumarse entre sí, ya que algunas especies están presentes en más de un estado.
Esta diversidad, explican los investigadores, no se limita a las especies conocidas por los espectáculos de avistamiento. Existen numerosas luciérnagas que no necesariamente producen los grandes destellos que atraen al turismo y que, sin embargo, son fundamentales para comprender la biodiversidad y la evolución de estos insectos.
El hallazgo también refuerza la importancia de México a escala mundial. De acuerdo con el Dr. Rodríguez Mirón, el país es el segundo con mayor número de especies de luciérnagas, solo detrás de Brasil, y concentra más del 10 por ciento de las especies conocidas en el mundo.
Las 39 nuevas luciérnagas
Las 39 especies nuevas corresponden al género Photinus, uno de los grupos más diversos de luciérnagas en México.
Para cada especie nueva, el artículo presenta ilustraciones dorsales y ventrales, además de imágenes de los genitales masculinos, estructuras fundamentales para distinguir unas especies de otras.
Nombres que cuentan historias
Además de ampliar el inventario de especies, el estudio deja una serie de homenajes. Varias de las nuevas luciérnagas llevan nombres que reconocen las aportaciones de personas vinculadas con la ciencia, la conservación, la educación y el estudio de la biodiversidad.
Una de ellas es Photinus mariomolinai, dedicada al químico mexicano Mario Molina, premio nobel de química y una de las figuras científicas mexicanas de mayor reconocimiento internacional. Photinus medellini lleva el apellido del investigador Rodrigo Medellín, académico de la UNAM reconocido por sus aportaciones al estudio y la conservación de los murciélagos.
En el caso de Photinus nerivelai, el nombre recuerda a Rodolfo Neri Vela, astronauta, académico y promotor de la ciencia en México. El artículo señala que el epíteto combina sus dos apellidos.
También destaca Photinus sarukhani, dedicada al exrector de la UNAM José Sarukhán Kermez, como reconocimiento a sus esfuerzos en favor de la biodiversidad y, particularmente, por su impulso a la Fundación UNAM y al apoyo a estudiantes universitarios.
Otra de las especies, Photinus tatianafiordelisioae, honra a Tatiana Fiordelisio, cuyos trabajos incluyen investigaciones relacionadas con biosensores para la detección del virus del papiloma humano y desarrollos relacionados con la COVID-19, de acuerdo con lo explicado por la Dra. Sara López Pérez.
En la misma línea, Photinus benignoi fue dedicada al académico Benigno Gómez y Gómez, a quien los autores reconocen como promotor de la entomología cultural y la etnobiología. Photinus margaritae fue dedicada a Margarita Canales, académica de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, mientras que Photinus juliae honra a Julia Carabias, destacada investigadora y defensora de la conservación ambiental.
Los nombramientos también reconocen a personas vinculadas directamente con el estudio de los insectos. Photinus lloydi lleva el nombre de James E. Lloyd, conocido como “Firefly Doc” por sus trabajos pioneros sobre luciérnagas. Photinus stephanieae está dedicada a Stephanie Vaz N. Campos, investigadora brasileña dedicada a la taxonomía y conservación de estos insectos.
Otros nombres recuerdan a investigadores y defensores de la biodiversidad. Jesús Romero Nápoles, especialista en escarabajos, fue homenajeado en Photinus romeronapolesi; Daniel Reynoso Velasco, entomólogo dedicado al estudio de los hemípteros acuáticos, en Photinus reynosoi; y Samir Flores Soberanes, defensor de la naturaleza y de la justicia socioambiental, en Photinus samirfloresi.
Por su parte, Photinus euguii fue dedicada a Euguí Roy Martínez Pérez, biólogo de Oaxaca que perdió la vida en la defensa de una región amenazada por la tala ilegal y la caza furtiva.
Más que ponerles nombre: una ventana a la evolución
Sin embargo, describir una nueva especie no significa únicamente incorporarla a una lista. Para los investigadores, conocer la diversidad permite formular preguntas sobre los procesos evolutivos que dieron origen a la riqueza de luciérnagas que existe actualmente en México.
Los resultados apuntan a que el país puede considerarse un centro de diversificación de luciérnagas, particularmente para el género Photinus. Pero para entender cómo surgió esta diversidad es necesario establecer primero qué especies existen, dónde se distribuyen y cuáles son sus características.
El conocimiento taxonómico también tiene implicaciones directas para la conservación. No basta con saber que “hay luciérnagas” en determinado sitio: cada especie puede presentar características, necesidades ecológicas y respuestas diferentes frente a las amenazas ambientales. Precisamente por ello, identificar y describir cada especie requiere un trabajo especializado.
Una identificación que requiere trabajo especializado
A simple vista, muchas luciérnagas pueden parecer prácticamente idénticas. Por ello, la Dra. López Pérez explicó que para determinar que una especie es nueva se realizan estudios detallados de su morfología y se presta especial atención a las estructuras genitales de los machos, que pueden presentar diferencias determinantes para separar una especie de otra.
Cada posible especie nueva debe compararse con las especies que ya han sido descritas. Después se realiza una descripción detallada de sus características, desde la cabeza hasta los últimos segmentos del abdomen, además de analizar colores, formas y otras estructuras.
El objetivo no es únicamente establecer que una especie es diferente, sino generar información que permita reconocerla en el futuro. Por ello, los investigadores incorporan claves taxonómicas y fotografías de alta calidad que facilitan la comparación de ejemplares y su identificación por parte de otros científicos y personas interesadas en las luciérnagas.
Las colecciones científicas, una fuente de información
Una particularidad de este estudio es que se realizó principalmente con ejemplares que ya estaban depositados en la Colección Nacional de Insectos. Aunque el trabajo de campo continúa siendo fundamental, las colecciones científicas permiten acceder a organismos recolectados durante décadas en diferentes regiones del país.
Estos acervos representan una reserva de información biológica que puede ser estudiada mucho tiempo después de que los ejemplares fueron colectados. En este caso, permitieron descubrir especies que permanecían sin identificar y ampliar el conocimiento sobre su distribución.
Así, una parte importante del descubrimiento no ocurrió necesariamente en el momento de la colecta, sino años después, cuando los ejemplares pudieron ser revisados con nuevas preguntas y herramientas taxonómicas.
El inventario termina, pero las preguntas apenas comienzan
La descripción de las 39 nuevas especies marca el cierre de una etapa del proyecto “Luciérnagas de México”, pero también abre nuevas líneas de investigación.
Entre las preguntas que quedan abiertas está conocer con mayor precisión el ciclo de vida, desarrollo, comportamiento, ecología y alimentación de las diferentes especies. A nivel mundial, se estima que se conoce el ciclo de vida de menos del 10 por ciento de las especies de luciérnagas.
También se busca estudiar los posibles efectos del cambio climático sobre estos insectos mediante modelos que permitan analizar cómo podría modificarse su distribución.
La alimentación representa otra línea de investigación. Aunque tradicionalmente se señala que las larvas se alimentan de organismos como lombrices y caracoles, las observaciones realizadas por el equipo sugieren que algunas especies podrían estar aprovechando otros recursos.
Además, todavía existen regiones poco exploradas. El trabajo de campo ha demostrado que las luciérnagas no viven exclusivamente en bosques: también pueden encontrarse en ambientes áridos y zonas de matorral, lo que abre nuevas posibilidades para futuras investigaciones.
Hacia una biblioteca molecular de las luciérnagas
Una de las siguientes etapas será complementar la información morfológica con estudios moleculares, explicó la Dra. Sara López Pérez. El objetivo es construir una biblioteca de información genética que ayude a identificar las especies de manera más rápida y facilite su estudio. Esta herramienta podría resultar especialmente útil porque la identificación taxonómica requiere conocimientos especializados y, en muchos casos, depende de diferencias que no son evidentes a simple vista.
La información molecular no sustituiría el trabajo taxonómico, sino que lo complementaría. Al combinar ambas aproximaciones, los investigadores podrían contar con nuevas herramientas para confirmar identificaciones, estudiar relaciones evolutivas y conocer con mayor precisión la diversidad de estos insectos.
De esta manera, el cierre de esta etapa del proyecto representa en realidad el inicio de una nueva etapa. El inventario permite saber mejor qué luciérnagas existen y dónde se encuentran; las investigaciones futuras buscarán explicar cómo surgió esa diversidad, cómo viven las especies, con qué organismos interactúan y qué se necesita para conservarlas.
El trabajo desarrollado durante estos años deja una conclusión fundamental para el estudio de estos insectos: conocer su diversidad es el primer paso para poder protegerla.
11-S: 25 años después, ¿qué mundo heredamos aquel día?
Pepe Herrera
septiembre 11, 2026
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Hace 25 años, dos aviones comerciales se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro impactó contra el Pentágono, en Arlington, Virginia, y un cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que sus pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave. En poco más de una hora, Estados Unidos había sufrido el mayor ataque terrorista de su historia y el mundo entraba en una nueva etapa.
Las imágenes de aquel día quedaron grabadas en la memoria colectiva. Pero mientras Estados Unidos respondía a los atentados, también comenzaba a transformarse el orden internacional que se había configurado tras el fin de la Guerra Fría. El 11-S no sólo alteró la política exterior de Washington: modificó las prioridades de seguridad, las relaciones entre aliados y adversarios y la manera en que distintas sociedades comenzaron a interpretar las amenazas, las fronteras y la identidad.
Un cuarto de siglo después, la pregunta ya no es solamente qué ocurrió aquel día, sino qué mundo comenzó a construirse después y cuánto de aquel mundo continúa definiendo el presente.
La seguridad después del 11-S
Una de las primeras transformaciones ocurrió dentro de Estados Unidos. El impacto de los atentados permitió adoptar medidas extraordinarias y ampliar las capacidades del Estado en materia de seguridad, inteligencia y vigilancia.
El Dr. Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, explicó este proceso a partir del concepto de “estado de excepción”, desarrollado por el filósofo italiano Giorgio Agamben. La idea permite entender cómo, ante una situación considerada extraordinaria, un Estado puede adoptar medidas excepcionales para enfrentar una amenaza y cómo, con el tiempo, algunas de esas medidas pueden incorporarse a la normalidad.
El cambio, sin embargo, no surgió de la nada. El Dr. Barrón Pastor aclaró que durante los años noventa ya existían en Estados Unidos debates sobre los límites de la estrategia de contención heredada de la Guerra Fría y sobre la necesidad de anticiparse a amenazas más difusas y transnacionales. El 11-S proporcionó el acontecimiento que permitió llevar esas discusiones a una nueva dimensión.
La Patriot Act, aprobada en octubre de 2001, amplió las facultades de investigación y vigilancia de las autoridades. Un año después, la creación del Departamento de Seguridad Nacional reorganizó buena parte del aparato federal encargado de la seguridad.
Con ello cambió también la lógica de respuesta. Ya no se trataba únicamente de reaccionar ante un ataque, sino de identificar y prevenir amenazas antes de que ocurrieran. Estados Unidos comenzó a desplazar el énfasis desde una estrategia centrada en la contención hacia otra basada en la prevención: el objetivo ya no era sólo responder a un enemigo conocido, sino anticiparse a amenazas potenciales antes de que pudieran materializarse.
Esa nueva concepción de la seguridad pronto rebasaría las fronteras estadounidenses.
La respuesta militar y sus consecuencias
La transformación fue particularmente visible en la política exterior. La respuesta militar comenzó en Afganistán y posteriormente se extendió a Irak. La lucha contra el terrorismo dejó de ser únicamente una operación contra una organización concreta y pasó a formar parte de una estrategia internacional de mayor alcance.
La guerra de Irak representó un punto de inflexión. La intervención abrió una discusión internacional sobre los límites del uso de la fuerza, el papel de Naciones Unidas y las condiciones bajo las cuales una potencia puede recurrir a la acción militar.
Aunque el derrocamiento de Saddam Hussein fue rápido, la posterior inestabilidad iraquí mostró que una victoria militar no necesariamente equivale a estabilidad política.
A corto plazo, explicó el director del CISAN, Estados Unidos consiguió objetivos concretos: derrocó gobiernos, eliminó adversarios y estableció una nueva doctrina de lucha contra el terrorismo. Pero, a largo plazo, las guerras no produjeron la estabilidad regional esperada.
La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán concluyó a finales de agosto de 2021. Los talibanes habían recuperado el control de Kabul el 15 de agosto, antes de la salida de las últimas fuerzas estadounidenses del país.
Sin embargo, las consecuencias de esta nueva estrategia no quedaron confinadas a los escenarios de guerra. Al modificar las prioridades de Washington, también alteró los equilibrios políticos de las regiones donde Estados Unidos tenía intereses estratégicos, particularmente en Medio Oriente.
Medio Oriente después del 11-S
Los conflictos de la región eran anteriores al 11-S, pero después de los atentados la lucha contra el terrorismo pasó a ocupar un lugar central en la política estadounidense hacia Medio Oriente.
La intervención en Irak y la posterior inestabilidad modificaron algunos de los equilibrios existentes. Irak entró en un periodo prolongado de violencia y fragmentación, mientras Irán encontró mayores espacios para ampliar su influencia regional.
Con los años, esa inestabilidad se conectaría con otros procesos. La guerra en Siria y la expansión del Estado Islámico ocurrieron dentro de un escenario regional que ya había cambiado profundamente.
La relación con el 11-S, sin embargo, no debe plantearse como una cadena directa de causas. La Primavera Árabe, por ejemplo, respondió a problemas políticos, económicos y sociales propios de cada país. Lo que cambió después de 2001 fue el contexto estratégico en el que esos procesos comenzaron a desarrollarse.
El resultado fue un Medio Oriente más fragmentado, con nuevos equilibrios de poder y una mayor competencia entre actores regionales e internacionales.
La transformación también afectó la manera en que Estados Unidos era percibido en la región. La relación con Washington no se explicaba únicamente por los atentados de 2001, sino por una historia más amplia de intervenciones, alianzas y decisiones de política exterior en Medio Oriente. Un análisis de la Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, “Comunicación y política en la Casa Blanca: el conflicto de Iraq y su repercusión en la opinión pública de Estados Unidos y el mundo árabe”, señaló que la percepción de Estados Unidos en el mundo árabe está estrechamente vinculada con las políticas que la Casa Blanca desarrolla en la región.
El 11-S, por tanto, no fue interpretado de la misma manera en todas las sociedades. Mientras en Estados Unidos predominaban el impacto, el miedo y la necesidad de responder a los responsables, en parte del mundo árabe el acontecimiento fue leído también dentro de una historia previa de tensiones con Washington. Esa diferencia de percepciones contribuyó a profundizar la distancia entre ambas sociedades durante los años posteriores.
La relación, sin embargo, no puede reducirse a una oposición entre Estados Unidos y el mundo musulmán. Las sociedades de Medio Oriente son diversas y sus posiciones frente a Washington han cambiado según los países, los gobiernos y los momentos históricos. Lo que sí cambió después del 11-S fue la intensidad con la que esas percepciones comenzaron a influir en la política internacional.
Y esa transformación en la percepción del otro no quedó limitada a Medio Oriente. También comenzó a hacerse visible dentro de las propias sociedades occidentales.
Seguridad, identidad e islamofobia
El nuevo paradigma de seguridad estuvo acompañado por nuevas representaciones del enemigo. El terrorismo islamista pasó a ocupar un lugar central y, con él, comenzaron a desarrollarse discursos que, en determinados contextos, terminaron alimentando la islamofobia.
La amenaza dejó de estar asociada exclusivamente con organizaciones concretas, como Al Qaeda, para adquirir en algunos discursos una dimensión cultural y civilizatoria mucho más amplia. El islam, la migración y la seguridad comenzaron a aparecer vinculados.
De esta manera, el miedo generado por los atentados no desapareció con el paso del tiempo. Una amenaza que originalmente había sido presentada como un problema de terrorismo internacional terminó teniendo efectos sobre la manera en que algunas sociedades discutían quién podía ser considerado una amenaza dentro de sus propias fronteras.
La transformación de la seguridad comenzó así a tocar asuntos que, hasta entonces, pertenecían a otros ámbitos del debate público: migración, identidad, fronteras y pertenencia.
Y esa lógica tendría consecuencias incluso en países que no participaron directamente en las guerras, pero cuya relación con Estados Unidos dependía de la movilidad transfronteriza.
México ante nuevas prioridades de seguridad
En México, el nuevo escenario tuvo repercusiones particularmente visibles en la relación con Estados Unidos. Después del 11-S, las prioridades de Washington cambiaron y la seguridad adquirió un mayor peso en la relación entre ambos países.
La migración quedó vinculada cada vez más estrechamente con las preocupaciones de seguridad y con el control de las fronteras. Para México, esto significó desenvolverse en un contexto distinto, en el que la relación con Estados Unidos debía considerar tanto la movilidad de personas como las nuevas exigencias de seguridad de su vecino.
El proceso no fue inmediato ni puede atribuirse exclusivamente a los atentados. Un análisis del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, titulado “¿De una nación fuerte a una nación segura? Recuento de la legislación y la política migratoria en México”, explica que la legislación y la política migratoria mexicana han estado vinculadas a los cambios del contexto internacional y, particularmente, a las acciones de Estados Unidos. El estudio muestra también cómo la seguridad nacional fue adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de la regulación migratoria mexicana.
De esta manera, el 11-S no significó por sí mismo un cambio completo de la política migratoria mexicana, pero sí formó parte de un nuevo contexto internacional en el que migración, seguridad y frontera comenzaron a estar más estrechamente relacionadas.
Para México, esa transformación tuvo una consecuencia duradera: la migración dejó de discutirse únicamente como un asunto laboral, económico o social y pasó a formar parte, cada vez con mayor claridad, de una agenda bilateral en la que la seguridad ocupaba un lugar central.
El cambio en las prioridades de Washington tampoco quedó restringido a sus vecinos. También puso a prueba la relación con sus principales aliados.
Europa y los cambios en la relación transatlántica
En Europa, los atentados reforzaron inicialmente la cooperación con Estados Unidos. La percepción de una amenaza común fortaleció los vínculos transatlánticos y llevó a distintos gobiernos europeos a respaldar la lucha contra el terrorismo.
Pero la guerra de Irak puso de manifiesto que compartir una amenaza no significaba necesariamente coincidir en la respuesta.
Francia y Alemania adoptaron posiciones mucho más críticas respecto de la intervención, mientras Reino Unido y España estuvieron entre los principales respaldos europeos a Washington. La diferencia mostró que Europa no tenía una posición única frente a Estados Unidos y que la nueva estrategia estadounidense podía convertirse también en una fuente de tensión dentro de la propia alianza occidental.
La discusión, además, no se limitaba a Irak. Para la Unión Europea, el periodo posterior al 11-S coincidió con un proceso de integración en el que también se debatía qué capacidad debía tener Europa para actuar de manera autónoma en el escenario internacional.
La relación transatlántica continuó siendo fundamental, pero se volvió más compleja. Estados Unidos y Europa siguieron siendo aliados, aunque comenzaron a aparecer diferencias más visibles sobre el uso de la fuerza, el multilateralismo y la manera de responder a las nuevas amenazas, comentó el Dr. Barrón Pastor.
El debate sobre la autonomía estratégica europea tampoco nació exclusivamente del 11-S, pero las diferencias provocadas por la intervención en Irak contribuyeron a darle mayor relevancia. La discusión consistía en determinar hasta qué punto Europa debía acompañar las decisiones de Washington y hasta qué punto necesitaba desarrollar capacidades propias.
La evolución posterior demostraría que la alianza transatlántica podía mantenerse incluso en medio de desacuerdos importantes.
Pero mientras Estados Unidos redefinía sus alianzas y destinaba enormes recursos a la guerra contra el terrorismo, el equilibrio internacional también comenzaba a modificarse.
Un orden internacional en transformación
Para el director del CISAN, el 11-S también marcó el inicio o aceleró algunas de las tensiones que, aunque apenas comenzaban a hacerse visibles en aquel momento, continúan presentes en la actualidad.
En un primer momento, los atentados fortalecieron la posición de Estados Unidos. Washington disponía de una superioridad militar sin precedentes y parecía capaz de imponer unilateralmente su agenda internacional.
Sin embargo, mientras Estados Unidos concentraba enormes recursos políticos, militares y económicos en sus guerras, otros actores comenzaban a adquirir mayor peso en el escenario internacional.
China ingresó a la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001, apenas unos meses después de los atentados. Su crecimiento económico y su creciente influencia internacional contribuirían durante las décadas siguientes a modificar el equilibrio mundial y a cuestionar, de manera progresiva, la primacía estadounidense.
El ascenso chino no fue consecuencia directa del 11-S y respondía a procesos económicos y políticos que ya estaban en marcha. Pero su consolidación coincidió con un periodo en el que Washington concentró buena parte de sus recursos en las guerras de Afganistán e Irak.
Así, el periodo que inicialmente parecía confirmar la hegemonía unipolar de Estados Unidos terminó coincidiendo también con una etapa de desgaste relativo de esa posición. Las guerras prolongadas, el costo económico del intervencionismo y el deterioro de la reputación internacional de Washington redujeron progresivamente su capacidad para presentarse como líder indiscutido de un orden liberal global.
Pero detrás de las leyes, las guerras y los cambios en el equilibrio internacional quedó otra dimensión menos visible y, al mismo tiempo, más persistente: la emocional.
La dimensión emocional del 11-S
Reducir el legado del 11-S a sus consecuencias geopolíticas sería dejar fuera una dimensión fundamental. El atentado produjo miedo, pero también ira y deseo de venganza. Esas emociones ayudaron a crear el clima social que hizo posible aceptar decisiones extraordinarias y otorgar al Estado mayores facultades en nombre de la seguridad.
Con el paso de los años, aquella lógica trascendió la amenaza terrorista original. La seguridad comenzó a entrelazarse con debates sobre migración, fronteras, identidad nacional, élites políticas y enemigos internos.
Por eso, el legado del 11-S no puede medirse únicamente por las guerras que desencadenó, las leyes que impulsó o las instituciones que transformó. También debe medirse por las ideas y emociones que ayudó a instalar y que, 25 años después, continúan presentes en el debate político.
Aquel día ya no es solamente un acontecimiento que pertenece al pasado. Es uno de los puntos de partida para entender el mundo que habitamos: un mundo en el que la seguridad adquirió un peso central, las fronteras se volvieron más políticas, las alianzas más complejas y la percepción del enemigo más amplia. Ese es, quizá, el mundo que heredamos aquel día y cuya huella todavía permanece.
Durante décadas, colonizar Marte ha sido uno de los mayores sueños de la humanidad. Para lograrlo, actualmente se desarrollan nuevas tecnologías, se realizan pruebas y se impulsan proyectos como la misión Artemis, que aunque busca regresar a la Luna, también forma parte de los planes de preparación para futuras misiones humanas más lejanas, entre ellas Marte.
¿Realmente será posible?
La historia ha demostrado que algunos sueños que parecían imposibles terminaron por convertirse en realidad. La llegada del ser humano a la Luna es quizá uno de los ejemplos más emblemáticos.
Sin embargo, Paola Molina Sevilla, académica del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, considera que aún estamos lejos de alcanzar la meta. A finales del siglo pasado se estimaba que la humanidad llegaría a Marte alrededor de 2030; a poco tiempo de cumplirse esa fecha, uno de los pasos más cercanos es establecer una presencia humana más sostenida en la Luna y desarrollar tecnologías que posteriormente puedan utilizarse en viajes más largos.
“Si somos optimistas y las naciones se unen para trabajar en conjunto, llegar a Marte podría ser posible en los próximos 50 años”.
Sin embargo, viajar a Marte y vivir en Marte son problemas muy diferentes.
La atmósfera de Marte
Entre los principales retos para la exploración humana destaca la tenue atmósfera de Marte, cuya presión en la superficie equivale a menos del uno por ciento de la terrestre. Está compuesta principalmente por dióxido de carbono (CO₂), además de nitrógeno (N₂) y argón, y contiene apenas trazas de oxígeno.
Es decir, no existe oxígeno suficiente para que una persona pueda respirar.
Por ello, los astronautas deberán utilizar trajes espaciales presurizados cuando se encuentren fuera de sus refugios. Estos sistemas deberán proporcionarles oxígeno, mantener una presión adecuada y protegerlos de las condiciones extremas del ambiente marciano.
Además, será necesario contar con tecnología para generar oxígeno in situ, ya que transportar desde la Tierra todo el necesario para una estancia prolongada sería poco práctico.
Esto ya dejó de ser únicamente una posibilidad teórica. El experimento MOXIE, instalado en el rover Perseverance, demostró que es posible producir oxígeno a partir del dióxido de carbono presente en la atmósfera marciana, aunque se trató de una demostración tecnológica a pequeña escala. Por otro lado, la atmósfera de Marte es mucho más delgada que la terrestre y ofrece considerablemente menos protección frente a la radiación procedente del Sol y del espacio.
A esto se suma que Marte no posee actualmente un campo magnético global como el terrestre, que desvía gran parte de las partículas cargadas procedentes del Sol.
La exposición prolongada a este ambiente representa un riesgo para la salud de la tripulación y también puede degradar materiales y equipos.
Por esta razón, tanto los trajes espaciales como los módulos habitables deberán incorporar materiales y sistemas capaces de resistir estas condiciones extremas y reducir la exposición a la radiación.
Ante este peligro, la ciencia ficción se ha planteado que podrían construirse colonias subterráneas conectadas por túneles para evitar parte de la radiación de la superficie. En la práctica, utilizar el propio terreno marciano como protección es una posibilidad que se ha estudiado para futuros hábitats. Sin embargo, la realidad técnica presenta un reto enorme: llevar a Marte la maquinaria pesada y los insumos necesarios para excavar y acondicionar esas estructuras implicaría un esfuerzo logístico, energético y financiero sumamente elevado.
El campo magnético de Marte
La atmósfera no es el único desafío.
La ausencia de este escudo magnético tiene consecuencias importantes para el ambiente marciano. En la Tierra, el movimiento del hierro y otros elementos conductores en el núcleo externo funciona como una especie de dínamo y genera el campo magnético que rodea al planeta.Gracias a esta protección, gran parte del viento solar es desviada antes de interactuar con las capas inferiores de nuestra atmósfera. Algunas partículas llegan a las regiones polares e interactúan con los gases atmosféricos, produciendo fenómenos como las auroras boreales y australes.Marte también tiene auroras, aunque se producen de manera distinta debido a que el planeta no posee un campo magnético global. Algunas están relacionadas con regiones de la corteza que todavía conservan campos magnéticos.
Es difícil observar qué ocurre en el interior de los planetas, por lo que distintas misiones espaciales, entre ellas Mars Global Surveyor, Mars Express, MAVEN e InSight, han realizado observaciones que permiten reconstruir la historia de Marte. Por ejemplo, InSight, que llegó a Marte en 2018, utilizó un sismómetro de alta sensibilidad para detectar los llamados “martemotos” y estudiar cómo se propagan las ondas sísmicas a través del planeta. Los resultados de la misión permitieron conocer mejor la estructura interna de Marte, incluida su corteza, su manto y su núcleo.
También sabemos que Marte tuvo en el pasado un campo magnético global, pero la dínamo interna que lo generaba dejó de funcionar hace miles de millones de años.
¿Por qué dejó de funcionar?
Todavía no existe una respuesta definitiva. Una de las hipótesis plantea que Marte, que tiene aproximadamente la mitad del diámetro de la Tierra, evolucionó térmicamente de manera diferente. Debido a su menor tamaño, perdió calor interno más rápidamente y, con el tiempo, los movimientos de materiales en su interior dejaron de ser capaces de mantener un dínamo global. La desaparición de esta protección tuvo consecuencias profundas. El viento solar contribuyó a que Marte perdiera gran parte de su antigua atmósfera hacia el espacio a lo largo de miles de millones de años. Este proceso contribuyó a transformar un Marte antiguo, con una atmósfera más densa y abundante agua líquida en su superficie, en el planeta frío y árido que conocemos actualmente.
Por otro lado, se han registrado campos magnéticos en determinadas regiones de la corteza marciana, como vestigios de aquella antigua actividad interna. Sin embargo, estos campos son locales y no forman un escudo planetario comparable con el terrestre. Por ello, no puede afirmarse que estas regiones puedan proporcionar por sí mismas una protección suficiente contra la radiación para los seres humanos. La exposición a partículas energéticas procedentes del Sol y a los rayos cósmicos seguirá siendo uno de los principales problemas que deberán resolver las futuras misiones humanas.
Terraformación
Desde hace décadas no sólo se habla de explorar Marte, sino también de transformarlo y hacerlo lo más semejante posible a la Tierra, un proceso conocido como terraformación. Carl Sagan fue uno de los científicos que impulsó las primeras discusiones científicas modernas sobre la posibilidad de modificar las condiciones ambientales de Marte.
Lograr tal hazaña implicaría transformar profundamente su ambiente: aumentar la temperatura y la presión atmosférica, favorecer la presencia estable de agua líquida y, en un escenario todavía más ambicioso, generar una atmósfera compatible con la vida humana. Algunas de las primeras propuestas científicas planteaban incrementar la concentración de gases de efecto invernadero para elevar la temperatura superficial. El calentamiento podría favorecer la liberación de parte del dióxido de carbono y del agua almacenados en los casquetes polares y en el subsuelo. Una mayor presencia de gases de efecto invernadero permitiría retener más calor y mantener temperaturas más elevadas.
Sin embargo, hoy sabemos que este escenario presenta enormes dificultades.
Incluso si lograra incrementarse considerablemente la presión, la atmósfera seguiría siendo muy distinta de la terrestre y estaría dominada por dióxido de carbono, por lo que los seres humanos no podrían respirarla. Una vez conseguido hipotéticamente un ambiente más cálido y una atmósfera más densa, el siguiente desafío sería tener una atmósfera respirable. Para ello se ha propuesto recurrir a microorganismos fotosintéticos y plantas capaces de utilizar CO₂ y liberar oxígeno.
Los primeros candidatos tendrían que ser organismos extremófilos capaces de tolerar bajas temperaturas, desecación y elevados niveles de radiación, semejantes a algunos de los que habitan ambientes extremos en la Tierra.
No obstante, producir mediante fotosíntesis suficiente oxígeno para modificar una atmósfera planetaria sería un proceso extraordinariamente lento y requeriría condiciones que Marte actualmente no ofrece.
También se ha pensado en incorporar nutrientes y microorganismos que permitieran transformar progresivamente el regolito marciano —el material rocoso y pulverulento que cubre su superficie -en un sustrato más adecuado para el cultivo y capaz de sostener comunidades vegetales.
Por ahora, la terraformación sigue siendo una posibilidad hipotética y se encuentra muy lejos de nuestras capacidades tecnológicas actuales.
Disponibilidad de alimentos y agua en Marte
Si pensamos en una futura colonización de Marte, será necesario contar con los insumos indispensables para la supervivencia humana, entre ellos agua y alimentos.
Transportarlos continuamente desde la Tierra sería extremadamente costoso y poco sostenible, por lo que una colonia permanente tendría que aprovechar, en la medida de lo posible, los recursos disponibles en el propio planeta.
Producir alimentos podría suponer otro gran desafío para la permanencia del ser humano.
A primera vista, el regolito marciano podría parecer un sustrato aprovechable para el cultivo; sin embargo, no es equivalente al suelo fértil terrestre y contiene compuestos que representan un problema. Entre ellos se encuentran los percloratos, sales detectadas en el suelo marciano por la misión Phoenix en 2008. Estos compuestos pueden representar un riesgo para la salud humana y también pueden dificultar el cultivo directo de algunas especies vegetales. Por ello, utilizar directamente el regolito requeriría desarrollar métodos para tratarlo o recurrir a sistemas diferentes, como la hidroponía.
A esto se suma otro factor que todavía necesitamos comprender mejor: el efecto de la gravedad marciana sobre el desarrollo de las plantas.
Experimentos realizados en la Estación Espacial Internacional han demostrado que las plantas pueden germinar y crecer en microgravedad, pero la ausencia de una señal gravitatoria dominante modifica procesos relacionados con la orientación de raíces y tallos. Ahora bien, Marte no tiene microgravedad. Posee una gravedad reducida, pero claramente perceptible. Por ello, será necesario estudiar cómo distintas especies vegetales se desarrollan bajo la gravedad marciana y si estas condiciones pueden afectar sus procesos fisiológicos, productividad, composición o valor nutricional.
Para mantener estos cultivos será indispensable disponer de agua.
Sabemos que Marte conserva importantes reservas de agua en forma de hielo, particularmente en las regiones polares y en depósitos situados bajo la superficie en distintas latitudes.
Por ello, una futura colonia tendría que localizar sitios donde este recurso fuera relativamente accesible, extraerlo y posteriormente procesarlo para consumo humano, agricultura y otras actividades.
Los investigadores no observaron directamente esa agua. Llegaron a esta conclusión mediante modelos que buscaban explicar las velocidades de las ondas sísmicas y otros datos obtenidos por InSight. Por ello, esta posible reserva no debe imaginarse como un gran lago subterráneo, sino como agua contenida en poros y fracturas de las rocas. Además, su profundidad haría extremadamente compleja su explotación. Serían necesarias tecnologías de perforación, extracción y procesamiento capaces de funcionar de manera segura y eficiente bajo las condiciones ambientales de Marte.
Durante las primeras etapas de una posible colonización de Marte sería necesario transportar desde la Tierra equipos, materiales e insumos para establecer y mantener las condiciones indispensables para la supervivencia humana. Sin embargo, cada kilogramo enviado al espacio implica un elevado costo energético, tecnológico y económico, por lo que modificar un planeta entero representa uno de los mayores desafíos tecnológicos que podría enfrentar la humanidad.
Terraformar Marte no significaría únicamente disponer de agua líquida y producir alimentos in situ, sino enfrentar una atmósfera extremadamente tenue, bajas temperaturas, una elevada exposición a la radiación y la ausencia de un campo magnético global.
Por ello, quizá el futuro de la presencia humana en Marte no dependa de transformar completamente el planeta para hacerlo semejante a la Tierra, sino de comprender sus condiciones y desarrollar tecnologías que nos permitan adaptarnos a ellas.
Las primeras misiones humanas deberán conocer con precisión la radiación presente en la superficie, las variaciones del viento solar y los efectos de las tormentas solares, con el propósito de identificar los lugares y periodos más seguros para desarrollar actividades. En este sentido, el desafío podría no ser convertir a Marte en una segunda Tierra, sino aprender hasta qué punto podemos vivir en otro planeta sin dejar de depender de las condiciones que hicieron habitable al nuestro.
Los efectos de vivir en Marte
Todavía desconocemos cuáles serían las consecuencias de vivir durante años en Marte.
Algunas pistas provienen de experimentos realizados con animales en el espacio. En la década de 1990, la NASA envió medusas al espacio para estudiar, entre otros aspectos, el desarrollo de sus sistemas relacionados con la orientación y la gravedad. Las medusas poseen unas estructuras llamadas estatocistos, que contienen pequeñas partículas minerales y les permiten reconocer su posición y responder a la gravedad, cumpliendo una función comparable, aunque no idéntica, a la del sistema vestibular del oído interno humano. En los seres humanos, este sistema incluye los canales semicirculares, el utrículo y el sáculo. En estos últimos se encuentran pequeños cristales de carbonato de calcio, llamados otoconias, que participan en la percepción de la aceleración y de la orientación de la cabeza con respecto a la gravedad.
Los experimentos realizados con medusas mostraron que la gravedad desempeña un papel importante en el desarrollo de los sistemas relacionados con el equilibrio. Sin embargo, hay una diferencia importante: estos experimentos se realizaron en condiciones de microgravedad, mientras que en Marte existiría una gravedad reducida. Aun así, estos estudios plantean una pregunta que todavía no podemos responder: ¿cómo se desarrollaría el organismo humano desde el nacimiento bajo la gravedad marciana?
A esta incertidumbre se suma un problema todavía mayor: la reproducción. Sabemos muy poco sobre cómo la gravedad reducida podría afectar la fecundación, el desarrollo embrionario, el embarazo y el crecimiento de un ser humano. También se han estudiado células reproductivas y distintos organismos bajo condiciones de microgravedad, pero la evidencia disponible todavía no permite establecer qué ocurriría durante la reproducción humana en Marte.
Por ello, llegar al planeta rojo sería sólo una parte del desafío.
Vivir ahí durante años o incluso generaciones implicaría resolver problemas relacionados con la atmósfera, la radiación, el agua, los alimentos, la gravedad y la salud humana. Quizá el reto no sea únicamente llegar a Marte, sino descubrir hasta qué punto somos capaces de adaptarnos a un planeta cuyas condiciones actuales son muy distintas de las que hicieron posible nuestra vida en la Tierra.
Uno de los ecosistemas más biodiversos en México es la selva alta perennifolia, también conocida como bosque tropical lluvioso, que abarca algunas regiones de San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, la Península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero.
Las selvas altas perennifolias son uno de los ecosistemas que han sido más alterados y fragmentados por los humanos, lo cual ha generado distintos problemas ambientales, por ejemplo, disminución en el tamaño de las poblaciones de especies nativas, introducción de especies exóticas de plantas y animales, el recambio en la composición de especies en comparación de las selvas en buen estado de conservación.
Un hábitat alterado es aquel que ha sido modificado por actividades humanas, como la tala, la deforestación, el cambio de uso de suelo, las plantaciones de especies exóticas, la apertura de caminos, la urbanización.
En nuestro país, la doctora Julieta Benítez Malvido, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, ha trabajado desde hace más de tres décadas en identificar qué cambios ocurren cuando se alteran las dinámicas naturales de un hábitat.
En el artículo Hongos patógenos en la selva, la doctora Benítez Malvido reportó que “la perturbación de los bosques tropicales por actividades humanas […] provoca la fragmentación del hábitat y modifica los factores abióticos del entorno (las características físicas como la luz, la temperatura y la humedad) y los factores bióticos (relativos a los seres vivos, como la identidad y densidad de individuos de la planta hospedera).
Consecuencias de la fragmentación
Los bosques tropicales lluviosos han cambiado mucho. Según doctora Benítez Malvido, actualmente solo queda entre 6 y 12% del bosque tropical lluvioso original. En su artículo “Heliconias: de plantas ornamentales a pequeños microhábitats dentro de las selvas tropicales”, detalla el avance de esta pérdida.
“En las décadas de los 80 y 90, México experimentó el proceso de degradación ambiental más acelerado de su historia, con cerca del 48% de la cobertura vegetal nativa deforestada y transformada, principalmente en el sureste del país. Este escenario no ha cambiado en los últimos veinte años, y gran parte del paisaje original del trópico mexicano se ha convertido en un mosaico de cultivos y potreros muy cambiante y complejo. Miles de especies animales y vegetales se han visto afectadas por la deforestación y cambio de uso del suelo”.
Los hallazgos de su trabajo en los hábitats alterados es que la fragmentación de la selva afecta el reclutamiento de plántulas de árboles, es decir, la regeneración, pues no hay nuevos individuos que reemplacen a los árboles adultos. “Encontré que había un decremento en la abundancia de plántulas de árboles de la selva continua en relación con los fragmentos de 100, de 10 y de 1 hectárea”, dijo en entrevista para Ciencia UNAM.
Además, ha estudiado las dinámicas naturales de algunos bosques secundarios (acahuales), que surgen después de hubo un proceso de deforestación y en donde pueden aparecer especies nativas, pero también llegan algunas especies exóticas e invasoras.
Al analizar la incidencia de hongos fitopatógenos en el follaje encontró que siempre es mayor en la vegetación presente en los hábitats alterados que en la selva continua o bien conservada. Luego se acercó a la microbiota del suelo (integrada por bacterias, hongos y nemátodos) y encontró que los nemátodos fitopatógenos son más abundantes en hábitats alterados.
“Estos bosques jóvenes tienen condiciones ambientales diferentes, son menos húmedos, la insolación y las temperaturas son mucho mayores. Y aunque hay especies nativas que logran establecerse en estos sitios tienen cambios fisiológicos y morfológicos importantes y las plantas que logran colonizar estos bosques secundarios también son más susceptibles a contraer enfermedades”.
Otra consecuencia de la fragmentación de los bosques es la creación de bordes artificiales por la apertura de carreteras o caminos, lo cual genera un fenómeno que se conoce como efecto de borde. “Hemos encontrado que las especies de plantas que se encuentran cerca de los bordes también son más susceptibles a contraer enfermedades”, explica.
Asimismo, estos ambientes perturbados han traído como consecuencia el recambio de especies, que es la sustitución de éstas a lo largo de un determinado espacio y tiempo, como resultado de los cambios en el hábitat. Esto genera que disminuyan el número de especies nativas, así como de las funciones que desempeñan dentro del ecosistema.
Plantas modelo
Las heliconias son un modelo de estudio para ver cómo las actividades humanas o la perturbación de la selva afectan las interacciones bióticas, es decir, los procesos que ocurren entre dos o más organismos.
Las heliconias son plantas que predominan en los bosques neotropicales, tienen un alto valor comercial, sus inflorescencias duran mucho y son de colores muy vivos. La doctora Benítez Malvido y su equipo han registrado 11 especies de esta familia de plantas (Heliconiaceae) en la Reserva de los Montes Azules en Chiapas, ocho de las cuales son nativas a la región y tres son introducidas.
Las heliconias tienen interacciones bióticas con otras especies, por ejemplo, con algunos insectos (mariposas, moscas, mosquitos, escarabajos y abejas) que visitan sus inflorescencias y/o ahí se reproducen, también interactúan con reptiles, lagartijas, anfibios, aves y murciélagos, que se refugian en estas plantas.
“Hemos visto que este tipo de interacciones también se modifican con la perturbación de las selvas”.
Por ejemplo, han documentado que a diferencia de lo que ocurre en un ambiente conservado, en un ambiente perturbado las heliconias tienen menor número de flores, éstas son más pequeñas y sus tallos son de menor tamaño. Esto es preocupante porque al cambiar la morfología floral también se afectará a los polinizadores nativos.
Regeneraciones activas y pasivas
Una opción para disminuir los efectos negativos en los hábitats alterados es la restauración ecológica, cuyo fin es “volver al hábitat original, pero muchas veces es una misión imposible, no solamente por el tiempo que conlleva lograrlo, sino también porque hay ocasiones que está tan degradado el terreno que se utilizan otras medidas de recuperación o de rehabilitación”, reconoce la doctora.
Dependiendo del manejo previo, se calcula que restaurar un área altamente degradada puede tardar hasta 200 años. Aunque la investigadora comenta que existe la restauración activa, que es cuando intervienen las personas para poder restaurar un área de manera más rápida, por ejemplo, sembrando árboles nativos por lo menos de un metro de altura, los cuales atraerían fauna nativa dispersora de semillas.
Otra estrategia es la restauración pasiva que consiste en quitar el agente que causó el disturbio en la zona, por ejemplo, si un pastizal ha sido alterado a causa del ganado, la opción sería colocar una cerca que impida su paso y con esto el pastizal se va recuperando, “es un proceso más lento, pero también se ha logrado promover la sucesión secundaria en menor de tiempo”.
Por último, advierte que el cambio climático también está relacionado con la alteración de estos sistemas biológicos, pues se pueden modificar por alteraciones en el ciclo del agua y en el ciclo del carbono, inundaciones y huracanes más severos, por la pérdida del suelo fértil y la erosión del suelo a causa de la deforestación.
El consumo tradicional de insectos en México: entre el patrimonio cultural, la gastronomía y la comercialización
Pepe Herrera
septiembre 9, 2026
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En 2010, la UNESCO inscribió la cocina tradicional mexicana en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este reconocimiento permitió visibilizar la diversidad de prácticas alimentarias del país y destacar el papel histórico de los pueblos originarios y las comunidades campesinas en su conservación.
La declaratoria fue resultado, en buena medida, del trabajo de asociaciones civiles y otros actores interesados en proteger e impulsar la cocina tradicional mexicana, no solamente como una expresión cultural, sino también como parte de una alimentación saludable y sostenible. El reconocimiento buscaba legitimar y proteger la diversidad de cultivos, conocimientos y prácticas alimentarias acumuladas históricamente por las comunidades.
Sin embargo, la patrimonialización también generó nuevas dinámicas. La cocina tradicional comenzó a adquirir un mayor valor turístico y económico, lo que favoreció la participación de empresarios, restaurantes y operadores turísticos interesados en convertir este patrimonio en una oportunidad de mercado. En este contexto, algunos alimentos y prácticas que formaban parte de la vida cotidiana de las comunidades comenzaron a adquirir nuevos significados y valores dentro de la gastronomía comercial.
La entomofagia como parte de la tradición alimentaria mexicana
En este contexto, el consumo de insectos, conocido como entomofagia, también se benefició de la patrimonialización de la cocina mexicana, al adquirir mayor reconocimiento y valoración como parte del patrimonio cultural y gastronómico del país, explicó la Dra. Elena Lazos Chavero, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM.
México destaca por la gran diversidad de insectos comestibles registrados en su territorio, con más de 600 especies identificadas. Esta riqueza convierte al país en uno de los principales referentes mundiales de la entomofagia.
Sin embargo, el consumo de insectos no debe entenderse únicamente como una práctica gastronómica. Durante generaciones ha formado parte de la vida cotidiana, familiar y comunitaria de diferentes pueblos. La recolección podía realizarse colectivamente y constituía también un espacio para transmitir conocimientos, fortalecer relaciones sociales y reproducir prácticas culturales.
En comunidades de estados como Oaxaca y Puebla, por ejemplo, los niños podían participar en las actividades relacionadas con la recolección y preparación de chapulines y otros insectos. De esta manera, el conocimiento sobre su captura, preparación y consumo se transmitía entre generaciones, al mismo tiempo que se fortalecían los vínculos familiares y comunitarios.
La gourmetización de los insectos
Esta revalorización cultural también favoreció la incorporación de los insectos a la gastronomía gourmet. Chapulines, escamoles y gusanos de maguey comenzaron a aparecer en restaurantes, ferias gastronómicas y propuestas de cocina contemporánea. En algunos casos, estos alimentos tradicionales son presentados como productos exóticos, innovadores o representativos de la gastronomía mexicana.
El problema surge cuando un alimento que tradicionalmente era accesible para las comunidades comienza a comercializarse a precios elevados. Los chapulines, por ejemplo, podían adquirirse tradicionalmente en pequeñas cantidades en los mercados, mientras que en restaurantes una tostada, pizza u otro platillo elaborado con insectos puede alcanzar precios considerablemente mayores.
Así, explicó la Dra. Lazos Chavero, la valorización gastronómica genera una paradoja: los insectos adquieren mayor reconocimiento cultural y económico, pero pueden volverse menos accesibles para las poblaciones que históricamente los consumían.
El despojo alimentario y la apropiación cultural
La transformación de estos alimentos en productos gastronómicos de mayor valor económico plantea, además, interrogantes sobre la apropiación y descontextualización de las prácticas tradicionales. El proceso de comercialización puede generar entre las comunidades un sentimiento de despojo alimentario: aquello que antes formaba parte de su alimentación cotidiana comienza a ser consumido principalmente por sectores con mayor poder adquisitivo y por turistas.
El problema no es únicamente económico, sino también cultural. Cuando una práctica se separa de las comunidades que la mantienen, existe el riesgo de que pierda parte de su significado original. En ese sentido, el reconocimiento del patrimonio debería beneficiar a las comunidades que históricamente han conservado estos conocimientos y no únicamente a los actores que posteriormente los incorporan al mercado.
Esta tensión entre reconocimiento cultural y aprovechamiento comercial permite observar una de las principales contradicciones de la patrimonialización: aquello que se busca preservar puede, al mismo tiempo, transformarse como consecuencia de su creciente valor económico.
Transformación de las formas de recolección
Esta transformación no se limita al consumo. El crecimiento de la demanda también ha modificado la manera en que se recolectan los insectos.
Tradicionalmente, la captura se realizaba de manera manual y en pequeñas cantidades. Las familias salían a recolectar chapulines y otros insectos para consumirlos o vender una parte de ellos. Para almacenarlos se utilizaban recipientes sencillos como botellas, bolsas o, antiguamente, calabazos, comentó la investigadora del IIS.
Sin embargo, con el incremento de la demanda, estas prácticas comenzaron a sustituirse parcialmente por métodos de mayor escala. En el caso de los chapulines, se utilizan grandes redes que permiten capturar una cantidad mucho mayor en poco tiempo.
La transformación responde a una lógica económica: cuanto mayor es la demanda, mayor es la presión por incrementar la cantidad recolectada. Sin embargo, esta mayor eficiencia en la captura también puede tener consecuencias ambientales.
Las técnicas de recolección masiva pueden generar impactos negativos sobre la biodiversidad. Las grandes redes no siempre capturan únicamente las especies que se buscan, sino también otros insectos que posteriormente son descartados.
El problema no se limita a los insectos. La extracción de gusanos de maguey también puede provocar daños a las plantas donde habitan. En algunos casos, los recolectores dañan o incluso arrancan los magueyes para tener acceso a una mayor cantidad de gusanos. Aunque existe la posibilidad de replantarlos, esto no siempre ocurre y la recuperación de estas plantas puede ser lenta.
Por lo tanto, la creciente comercialización de insectos genera una presión doble: sobre las poblaciones de insectos y sobre los ecosistemas que los sostienen.
Cambios en las comunidades recolectoras y condiciones laborales
La presión derivada del crecimiento del mercado también ha comenzado a transformar las relaciones entre quienes participan en la recolección. Como explicó la Dra. Elena Lazos Chavero, una actividad que anteriormente tenía un carácter más comunitario se ha visto modificada por el creciente interés económico en los insectos, lo que ha generado una mayor competencia entre los recolectores por acceder a los sitios donde se encuentran.
Esta situación puede derivar en conflictos, especialmente cuando algunos recolectores ingresan a parcelas sin autorización o provocan daños a los cultivos. Asimismo, el aumento de la presión sobre los insectos puede reducir las cantidades disponibles, lo que afecta directamente los ingresos de quienes dependen de esta actividad.
A estas dificultades se suman las condiciones en las que se lleva a cabo la recolección. Aunque representa una fuente importante de ingresos para algunas familias, la Dra. Lazos Chavero indicó que se trata de una actividad físicamente exigente y que implica diversos riesgos.
Los recolectores trabajan con frecuencia durante la noche, en terrenos irregulares y, en ocasiones, durante temporadas de lluvia. La poca visibilidad y las condiciones del terreno incrementan el riesgo de caídas y accidentes, mientras que la humedad y las bajas temperaturas pueden ocasionar dolores y otras afectaciones físicas.
Estas condiciones de trabajo adquieren mayor relevancia ante la ausencia de mecanismos de protección específicos para quienes se dedican a la recolección. Los recolectores carecen de programas institucionales que atiendan los riesgos asociados con esta actividad, así como de apoyos orientados a garantizar su seguridad y bienestar.
De este modo, existe un contraste entre la importancia económica que han adquirido los productos recolectados y las condiciones laborales en las que se desarrolla la actividad: mientras aumenta su valor comercial, los propios recolectores continúan realizando su trabajo con escaso respaldo institucional.
La falta de regulación y el crecimiento del mercado
Esta situación resulta particularmente contradictoria porque, mientras los insectos son reconocidos como parte de la riqueza gastronómica mexicana, las políticas públicas no necesariamente protegen las condiciones ambientales, sociales y culturales que permiten mantener esa tradición.
La ausencia de regulación específica también puede facilitar que la extracción alcance grandes dimensiones. Actualmente no existen programas gubernamentales específicos orientados a proteger a las comunidades recolectoras ni a regular de manera integral la extracción de insectos comestibles.
Esta falta de regulación resulta especialmente relevante ante el crecimiento del mercado. La investigadora señaló que se han identificado casos en los que grandes cantidades de insectos son trasladadas desde México hacia Estados Unidos, donde existe una demanda creciente entre poblaciones latinoamericanas que mantienen el consumo de estos alimentos como parte de sus prácticas culturales.
El problema, explicó, es que la regulación se concentra principalmente en aspectos sanitarios una vez que los insectos ya fueron recolectados, pero no necesariamente contempla la manera en que fueron obtenidos ni los efectos de la extracción sobre las poblaciones de insectos, los ecosistemas y las comunidades recolectoras.
Ante este escenario, consideró necesario establecer mecanismos de regulación tanto para la recolección como para el consumo y la comercialización de los insectos. Sin embargo, reconoció que México se encuentra todavía lejos de contar con un esquema integral que permita controlar estos procesos sin afectar los ingresos de las comunidades.
Hacia una protección integral del patrimonio alimentario
Con base en lo anterior, la conservación de la entomofagia como patrimonio cultural requiere considerar no solamente el producto final, sino también los conocimientos, las prácticas y las relaciones sociales que hacen posible su existencia.
La protección del patrimonio debería incluir a las comunidades recolectoras, sus formas tradicionales de organización y sus conocimientos sobre los ciclos de los insectos y los ecosistemas donde se encuentran, destacó la investigadora del IIS.
También sería necesario establecer mecanismos que permitan reducir la sobreexplotación y proteger la biodiversidad. La regulación debería considerar las cantidades recolectadas, las técnicas de captura, los periodos adecuados para la extracción y la protección de las plantas y ecosistemas asociados con los insectos.
Del mismo modo, resulta necesario mejorar las condiciones laborales de quienes realizan la recolección. El reconocimiento gastronómico de los insectos no debería desvincularse de las condiciones de las personas que realizan el trabajo necesario para que estos productos lleguen al mercado.
La conservación también requiere fortalecer la transmisión intergeneracional. Si la recolección deja de ser una actividad familiar y comunitaria y se convierte exclusivamente en una actividad comercial, existe el riesgo de que se pierdan conocimientos y prácticas que no pueden ser sustituidos simplemente por la venta del producto en restaurantes.
En este sentido, preservar el patrimonio alimentario significa mantener viva la relación entre alimento, territorio, comunidad, conocimiento y cultura, y no solamente conservar los insectos como ingredientes de una gastronomía comercial.
Una tradición que continúa, pero se transforma
La preservación de la entomofagia mexicana dependerá de que el reconocimiento cultural otorgado hace 16 años a la cocina tradicional de nuestro país se traduzca también en acciones concretas de protección ambiental, condiciones dignas para los recolectores, participación de las comunidades y acceso de las propias poblaciones a los alimentos que forman parte de su historia y patrimonio.
Más que convertir a los insectos en una moda gastronómica, el desafío consiste en garantizar que la entomofagia continúe siendo una práctica viva y significativa para las comunidades que históricamente han preservado los conocimientos relacionados con su recolección, preparación y consumo. En este sentido, su valorización no debería limitarse a su incorporación en espacios gastronómicos o comerciales, sino contribuir también al fortalecimiento de las comunidades que han mantenido esta práctica a lo largo del tiempo.
Del Harlem Shake a “farmear aura”: cómo las tendencias construyen comunidad
septiembre 9, 2026
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El Harlem Shake fue una de esas tendencias que, por un momento, parecían estar en todas partes. Personas de distintas edades y lugares del mundo grababan sus propias versiones, las compartían en internet y se sumaban así a un fenómeno que crecía con cada nuevo video. Más de una década después, las tendencias siguen formando parte de la vida cotidiana en redes sociales, aunque sus formas y códigos hayan cambiado. Hoy, expresiones como “farmear aura” muestran una nueva manera de participar en estos fenómenos colectivos.
Lo que ha cambiado no es la necesidad de pertenecer. Desde mucho antes de internet, las personas han buscado formar parte de un grupo, sentirse aceptadas y obtener reconocimiento de los demás. Lo que han transformado las redes sociales es la manera de hacerlo: ahora esa búsqueda puede ocurrir frente a una pantalla, a gran velocidad y ante una audiencia que puede estar en cualquier parte del mundo.
Por eso, detrás de un trend aparentemente pasajero puede haber algo más profundo que el simple entretenimiento. Participar en una tendencia permite compartir códigos con otras personas, sentirse parte de una comunidad y, al mismo tiempo, proyectar una determinada imagen de uno mismo.
Una sociedad cada vez más conectada y acelerada
Para comprender por qué las tendencias pueden convertirse en fenómenos colectivos es necesario observar primero el contexto en el que surgen: una sociedad cada vez más conectada, acelerada y mediada por la tecnología.
Esto provoca que la información circule prácticamente en tiempo real: una noticia puede ser conocida en distintos lugares del mundo apenas unos minutos después de haber ocurrido.
Esta velocidad también ha transformado la manera en que las personas se relacionan con la información, con los acontecimientos y entre sí. Los procesos sociales se aceleran y las tendencias aparecen, se reproducen y desaparecen con una rapidez que habría sido difícil de imaginar antes de la expansión de las plataformas digitales.
Pero la aceleración no solo modifica la manera en que circula la información. También influye en la sensación de estabilidad que experimentan los individuos y, con ello, en algunas de las formas tradicionales de construir vínculos y encontrar un sentido de pertenencia.
En ese sentido, el Dr. Ramos Chávez retomó el concepto de “modernidad líquida”, postulado por el sociólogo Zygmunt Bauman, para describir una sociedad en la que muchas de las estructuras que anteriormente proporcionaban estabilidad se han vuelto más cambiantes. Instituciones como la familia, la religión o el empleo funcionaban tradicionalmente como espacios capaces de proporcionar certezas, vínculos y sentido de pertenencia.
En el ámbito laboral, por ejemplo, durante buena parte del siglo XX era común imaginar una trayectoria relativamente estable dentro de una misma organización o profesión. Actualmente, los empleos pueden ser más dinámicos, los contratos más cortos y las trayectorias profesionales menos predecibles.
La llamada liquidez, sin embargo, no se limita al trabajo. También alcanza las relaciones sociales, las identidades y las formas en que las personas buscan reconocimiento. Cuando algunas de las estructuras tradicionales que proporcionaban certezas se debilitan, los individuos deben encontrar nuevas maneras de construir su identidad, relacionarse con los demás y sentirse parte de algo.
En este contexto, las redes sociales se convierten en uno de esos nuevos espacios de pertenencia. Y es precisamente ahí donde las tendencias adquieren una dimensión que va más allá del entretenimiento: permiten a las personas participar en códigos compartidos, mostrar quiénes son y obtener reconocimiento dentro de una comunidad digital.
La necesidad de pertenecer no es nueva
Participar en una tendencia no significa necesariamente que una persona quiera convertirse en famosa. Mucho antes de TikTok, Instagram o cualquier otra plataforma, las personas buscaban la aprobación de los demás y realizaban actividades que les permitían sentirse parte de un grupo.
El investigador del IIBI explicó que el ser humano es, por naturaleza, un ser social. La convivencia, el contacto con otras personas y la pertenencia a una comunidad han sido fundamentales para la vida en sociedad. Lo novedoso es que una parte cada vez mayor de esa necesidad de pertenencia se expresa ahora mediante herramientas digitales.
Seguir una tendencia, utilizar un audio, reproducir un formato de video, compartir un meme o adoptar una determinada estética puede convertirse en una manera de decir: “Soy parte de esto”. No necesariamente se trata de una decisión completamente consciente. En muchos casos, las personas simplemente observan lo que otros hacen, reconocen que existe una dinámica colectiva y deciden participar.
Así, los trends pueden funcionar como códigos compartidos. Quien conoce la referencia entiende el lenguaje; quien participa demuestra que está al tanto de lo que sucede dentro de determinado grupo. Por eso, aunque una tendencia pueda parecer superficial, también puede cumplir una función social.
Pero si participar permite demostrar que se pertenece a un grupo, surge otra pregunta: ¿qué valor tiene ese reconocimiento dentro de las plataformas digitales?
Del prestigio presencial al capital simbólico digital
Para comprender esta transformación, el Dr. Ramos Chávez también citó la teoría del sociólogo Pierre Bourdieu y su concepto de los distintos tipos de capital. Para Bourdieu, el capital no tiene que ser únicamente económico. Las personas poseen y movilizan diferentes recursos dentro de los espacios sociales. Entre ellos se encuentra el capital simbólico, relacionado con el reconocimiento, el prestigio y el valor que los demás atribuyen a determinadas características de una persona.
Si pertenecer implica, en buena medida, ser reconocido por otros, las redes sociales se convierten en un escenario donde ese reconocimiento puede exhibirse y hacerse visible.
Una fotografía, un video, una determinada forma de vestir, un viaje, una habilidad, una experiencia o una acción que genera admiración pueden funcionar como elementos mediante los cuales una persona comunica quién es y qué posición ocupa frente a los demás.
Cuando esos contenidos generan likes, comentarios, seguidores o visualizaciones, la plataforma proporciona una respuesta cuantificable. La persona ya no necesita únicamente percibir que es reconocida por su grupo. Ahora puede observar números que parecen indicar cuánto reconocimiento está obteniendo.
De esta manera, los jóvenes pueden mostrar y acumular capital simbólico a través de las plataformas digitales. La participación en trends se convierte en una forma de demostrar que se está al tanto de lo que sucede, que se posee determinado estilo o que se pertenece a una comunidad.
Pero cuando el reconocimiento puede medirse, también puede compararse. Y esa posibilidad introduce una nueva dimensión en la participación: la presión por no quedarse fuera.
La presión social y el miedo a quedar fuera
Cuando una persona observa que una actividad se está realizando masivamente y que quienes participan reciben atención, puede sentirse motivada a hacer lo mismo. Existe una tendencia humana a imitar comportamientos que parecen tener éxito, explicó el Dr. Ramos Chávez.
Las métricas de las plataformas pueden reforzar este mecanismo. Si una persona observa que determinado video acumula miles de visualizaciones o que una tendencia genera una gran cantidad de interacciones, puede interpretar esa respuesta como una señal de que participar es una manera de obtener reconocimiento.
Participar en un trend permite, además, evitar la sensación de estar fuera de la conversación.
En una sociedad donde las referencias culturales cambian rápidamente, conocer el meme, el audio, la expresión o el comportamiento del momento puede convertirse en una forma de pertenencia. Incluso las personas que no participan directamente pueden terminar vinculadas con una tendencia mediante memes, imágenes, videos o conversaciones.
De esta manera, un fenómeno puede expandirse más allá de quienes originalmente lo practican.
Sin embargo, la lógica de las plataformas produce un efecto aparentemente contradictorio. Mientras conecta a millones de personas alrededor de las mismas referencias, también permite que cada usuario encuentre comunidades cada vez más específicas.
Una paradoja: todos iguales, pero cada vez más fragmentados
Por un lado, los algoritmos pueden generar una enorme homogeneidad cultural. Una canción, una estética, un baile o un comportamiento pueden reproducirse simultáneamente en distintas partes del planeta. Las plataformas hacen posible que personas de países diferentes consuman contenidos similares y adopten referencias culturales comunes.
Pero, al mismo tiempo, las mismas tecnologías permiten la creación de comunidades extremadamente específicas.
Las redes sociales pueden funcionar como espacios de microsegmentación en los que grupos pequeños encuentran personas con intereses, identidades o gustos similares.
Así, internet produce simultáneamente una cultura global cada vez más homogénea y una sociedad dividida en numerosas microcomunidades. Las tendencias pueden unir a millones de personas alrededor de un mismo código y, al mismo tiempo, ayudar a que cada individuo encuentre un espacio social que responda a intereses mucho más particulares.
Esta doble capacidad de las plataformas —conectar y fragmentar— resulta especialmente relevante cuando se observa la experiencia de las generaciones más jóvenes.
¿Por qué son tan relevantes en la población juvenil?
Más allá del entretenimiento, las tendencias también pueden reflejar algunas de las preocupaciones de las nuevas generaciones.
Uno de los elementos señalados por el investigador es la ansiedad por la irrelevancia. Los jóvenes crecen en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la precarización laboral, las dificultades para acceder a empleos estables y la transformación de los espacios tradicionales de convivencia. A esto se suma el miedo a la soledad y a quedar excluidos socialmente.
En ese contexto, las redes sociales ofrecen una herramienta para controlar, al menos parcialmente, la propia narrativa. Cada usuario puede decidir qué historia contar sobre sí mismo, qué imagen presentar y qué aspectos de su vida hacer visibles.
La participación en tendencias puede convertirse así en una manera de afirmar: “Estoy aquí”, “Formo parte de esto” y “Soy relevante dentro de este grupo”.
La búsqueda de visibilidad no necesariamente responde únicamente al deseo de llamar la atención. También puede estar relacionada con la necesidad de construir una identidad reconocible y encontrar un lugar dentro de una comunidad. Es precisamente en este escenario donde expresiones como “farmear aura” adquieren sentido.
¿Qué significa “farmear aura”?
“Farmear aura” es un término que ha ganado espacio entre las generaciones más jóvenes. La expresión puede entenderse como un conjunto de acciones deliberadas mediante las cuales una persona busca proyectar ante los demás una personalidad atractiva, segura, interesante o con un estilo definido.
No se trata únicamente de hacer algo, sino de realizarlo de una manera que pueda producir una determinada percepción en quienes observan.
La expresión toma parte de su significado del mundo de los videojuegos. “Farmear” hace referencia a realizar determinadas actividades de manera constante para obtener puntos o recursos, o para avanzar dentro de un juego. El “aura”, por su parte, se relaciona con aquello que hace que una persona tenga presencia, resulte atractiva o proyecte determinadas características ante los demás.
Llevado a las redes sociales, “farmear aura” implica realizar acciones que permitan construir esa percepción. La persona busca mostrar seguridad, atractivo, estilo, éxito o una personalidad interesante. Y, sobre todo, busca que esa imagen sea reconocida por los demás.
En ese sentido, “farmear aura” puede interpretarse como una expresión contemporánea de una práctica mucho más antigua: la búsqueda de reconocimiento social. Lo que cambia es el escenario y, sobre todo, la velocidad con la que esa imagen puede construirse, difundirse y recibir una respuesta.
¿Desaparecerán los trends?
Cuando se le preguntó si en algún momento estas tendencias específicas desaparecerán, el Dr. Ramos Chávez respondió que es muy probable. Así como el Harlem Shake pertenece a una época determinada de internet y “farmear aura” responde a códigos culturales diferentes, en el futuro aparecerán nuevas expresiones, nuevos formatos y nuevas formas de interacción.
Lo que probablemente permanecerá es la infraestructura que hace posibles estos fenómenos. La tecnología continuará mediando una parte importante de los procesos sociales y los seres humanos seguirán utilizando las plataformas digitales para entretenerse, comunicarse, expresarse y buscar reconocimiento.
Por eso, más que preguntarnos cuánto durará una tendencia concreta, quizá sea más útil observar qué necesidad social consigue canalizar mientras existe. Al fin y al cabo, las personas siempre han buscado pertenecer, destacar y ser reconocidas. Lo que ha cambiado es el escenario: ahora gran parte de esa búsqueda ocurre frente a una pantalla y puede ser observada por una audiencia potencialmente global.
Desde el Harlem Shake hasta “farmear aura”, las tendencias cambian de nombre, estética y plataforma, pero permiten observar una transformación más profunda: la manera en que construimos identidad, buscamos reconocimiento y establecemos vínculos está cada vez más mediada por la tecnología. La tendencia cambia. La comunidad permanece.
Día Mundial de los Primeros Auxilios: la importancia de estar preparados
Michel Olguín Lacunza
septiembre 8, 2026
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Saber cómo actuar durante los primeros minutos de una emergencia puede marcar una diferencia mientras llega la atención especializada. En el marco del Día Mundial de los Primeros Auxilios, que se conmemora el segundo sábado del mes de septiembre, es pertinente reflexionar sobre la importancia de conocer y aplicar estas medidas de atención inmediata.
De acuerdo con la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), sus Sociedades Nacionales llegan cada año a más de 50 millones de personas mediante actividades de sensibilización relacionadas con estas prácticas.
En México, la importancia de estar preparados ante una emergencia sigue siendo evidente. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los accidentes se mantuvieron entre las cinco principales causas de muerte en el país, después de las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus, los tumores malignos y las enfermedades del hígado.
Las cifras preliminares del INEGI registraron 762 mil 494 defunciones durante 2025. Del total, 89.8 % correspondió a enfermedades y problemas relacionados con la salud y 10.2 por ciento a causas externas, entre ellas accidentes, homicidios y suicidios.
Claudia Leija Fernández, académica de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, explicó en la versión original de esta nota que México enfrenta problemas complejos de salud pública ante la demanda de servicios de urgencias, particularmente por lesiones de causa externa y enfermedades repentinas.
¿Qué hacer ante una emergencia?
Cuando una persona sufre un accidente o presenta una emergencia médica y quienes se encuentran a su alrededor no cuentan con los medios para atenderla, una de las primeras acciones es solicitar ayuda especializada.
Al realizar la llamada es importante conservar la calma, proporcionar la ubicación lo más precisa posible, explicar qué ocurrió y responder las preguntas de la persona operadora. También es recomendable no terminar la comunicación hasta que se indique y avisar a quienes se encuentran alrededor que la emergencia ya fue reportada.
Contar con conocimientos básicos de primeros auxilios permite realizar una primera valoración de la persona afectada y actuar mientras llegan los servicios especializados. La capacitación es importante porque una intervención inadecuada también puede agravar determinadas lesiones.
Los primeros auxilios no sustituyen la atención de profesionales de la salud. Su objetivo es brindar una respuesta inicial, segura y adecuada ante una emergencia hasta que sea posible recibir atención especializada.
De Solferino al movimiento internacional de la Cruz Roja
Uno de los antecedentes fundamentales de la atención humanitaria moderna ocurrió en 1859, después de la batalla de Solferino, en el norte de Italia. El suizo Henry Dunant presenció a miles de soldados muertos o heridos y, con ayuda de habitantes de la zona, participó en la atención de los sobrevivientes sin distinguir el bando al que pertenecían.
La experiencia lo llevó a publicar en 1862 Recuerdo de Solferino, obra en la que planteó la creación de sociedades voluntarias de socorro preparadas para atender a los heridos durante los conflictos.
Sus propuestas contribuyeron a la creación, en 1863, de lo que posteriormente se convertiría en el Comité Internacional de la Cruz Roja. Un año después se adoptó el primer Convenio de Ginebra, que estableció principios para mejorar la protección y atención de los soldados heridos.
Dunant recibió en 1901, junto con el pacifista francés Frédéric Passy, el primer Premio Nobel de la Paz.
Los primeros auxilios en México
La historia institucional de la Cruz Roja Mexicana se remonta a principios del siglo XX. De acuerdo con la propia institución, el 21 de febrero de 1910 se expidió el decreto que otorgó reconocimiento oficial a la entonces Asociación Mexicana de la Cruz Roja.
Ese mismo año comenzó a funcionar la Cruz Roja Mexicana en la Ciudad de México. Posteriormente envió una brigada a Ciudad Juárez para auxiliar a combatientes durante la Revolución Mexicana y comenzó a desarrollar servicios de urgencias.
A lo largo del siglo XX, distintos acontecimientos mostraron la importancia de contar con personal y población preparados para responder ante situaciones de emergencia y desastre. La capacitación en primeros auxilios se convirtió así en una herramienta no sólo para profesionales de la salud, sino también para personas que pueden encontrarse frente a una emergencia en la vida cotidiana.
Más allá de una efeméride, conocer los principios básicos de los primeros auxilios significa estar mejor preparados ante situaciones que pueden ocurrir en el hogar, el trabajo, la escuela o el espacio público. Saber pedir ayuda y actuar de manera adecuada durante los primeros minutos de una emergencia puede contribuir a reducir riesgos mientras llegan los servicios especializados.
Súbele a la Ciencia: la idea loca de llevar la radio a las escuelas
Michel Olguín Lacunza / Diana Rojas
septiembre 7, 2026
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Un día, Manuel y Mila, conductores del programa Súbele a la Ciencia, después de realizar una emisión en la Escuela Nacional Preparatoria núm. 8 de la UNAM, recibieron un mensaje de un joven: “Gracias, después de escuchar su programa ahora sé que quiero estudiar”.
Hoy, Manuel Suárez Lastra y Milagros Várguez están de fiesta porque cumplen dos años al aire con muy buenos resultados. Hasta el momento, Súbele a la Ciencia ha transmitido 105 episodios con aproximadamente 400 invitados, entre ellos la física y divulgadora Julia Tagüeña; Soledad Funes, coordinadora de la Investigación Científica de la UNAM; el biólogo evolutivo Antonio Lazcano; el astrónomo José Franco; la bióloga y divulgadora Clementina Equihua, y Leonardo Cuéllar, coordinador de desarrollo de futbol femenil del Club Universidad Nacional, entre muchos otros.
Cómo surgió
El programa de radio surgió originalmente en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia y se llamaba La Ciencia que Somos. Aunque tenía un formato bastante común, era muy exitoso.
Cuando Manuel Suárez asumió la titularidad de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, lo invitaron a formar parte del programa junto con Mila y, en un par de meses, la emisión se transformó para llegar a los jóvenes de bachillerato.
De hecho, la radio no es un medio de comunicación que los jóvenes de bachillerato escuchen habitualmente. A Mila se le ocurrió la solución perfecta: llevar el programa a las escuelas. “Todo mundo pensó que estaba completamente loca”, dijo Manuel Suárez entre risas.
Sin embargo, pensaron cómo armarlo y se acercaron a los directores de las preparatorias. Al contarles el proyecto, todos se emocionaron.
De ahí surgió la primera temporada, en la que acudieron cada viernes, a las 10 de la mañana, a los distintos planteles para realizar el programa en vivo, transmitido por Radio UNAM.
Su éxito ha sido tal que también se transmite los jueves a las 5:30 por TV UNAM, se difunde por Facebook e incluso se convirtió en un pódcast disponible en distintas plataformas digitales.
“Se dice en cinco minutos, pero son dos años y unos meses de planeación los que han hecho posible este aniversario”, añadió orgulloso el conductor.
Programa de radio Súbele a la ciencia ; prepa 7
Su impacto
El programa ha funcionado muy bien y sus indicadores se mantienen en niveles altos. “Somos el número uno”, agregó Mila Várguez.
“Es emocionante ver cómo los chicos se nos acercan, nos escriben; algunos hasta han elegido carreras científicas gracias al programa”, añadió la experta en astronomía.
Para la conductora, la mayor satisfacción surge de la convivencia con los chicos y las chicas, y de descubrir que algunos toman una decisión encaminada hacia una carrera científica.
Al darse cuenta de ello, Manuel y Mila piensan que valió la pena levantarse a las seis de la mañana para llegar, por ejemplo, hasta el CCH Vallejo o a otros planteles lejanos.
Además, en cada temporada realizan sondeos para conocer cómo funciona el programa y han obtenido muy buenos resultados.
Manuel Suárez, quien imparte clases de Geografía Aplicada, siempre pregunta a sus alumnos por qué escogieron esa carrera. Curiosamente, en tres ocasiones le contestaron lo mismo: al escuchar este programa sobre ciencia se convencieron.
Temáticas
Súbele a la Ciencia ha abordado temas de distintas áreas del conocimiento, desde las matemáticas, la física, la biología, la química y la astronomía hasta las humanidades.
En cada programa participan divulgadores y divulgadoras especializados en estos campos, quienes comparten sus conocimientos de una manera cercana y accesible para las nuevas generaciones.
Para su segundo aniversario invitaron a Juan Villoro, pero ¿cómo acercar a un escritor de su talla a las nuevas generaciones? La idea fue charlar sobre la inteligencia artificial, un tema que está en boga y despierta el interés de muchos jóvenes.
Una de sus secciones más exitosas se llama “Asexórate”, en la que hablan sobre temas de educación sexual. Otra sección es “Ciencia Cotidiana”, donde abordan asuntos específicos como los condones, los perfumes o la música, en los que se mezclan la física, la química y hasta la ingeniería.
Además, han tratado temas como la salud mental y el efecto de los abrazos, entre muchos otros.
¿Cómo se acercaron a la ciencia por primera vez?
Manuel Suárez narra que tiene un problema muy grave: todo le gusta y le llama la atención. Si alguien empieza a contarle sobre pavimentos, se emociona; si le hablan de temas sociales o culturales, también. “Todo me emociona”, dijo entre sonrisas.
Sin embargo, llegó un momento en su vida en el que tuvo que tomar una decisión sobre aquello a lo que se iba a dedicar. Así se acercó a la ciencia: por pura curiosidad.
Por su parte, Milagros Várguez descubrió desde muy pequeña que le gustaban las matemáticas. De hecho, participaba en concursos de esta disciplina y de física, y disfrutaba mucho ambas. Curiosamente, nunca sintió que pudiera estudiar una carrera científica.
Lo novedoso
El gran acierto de Súbele a la Ciencia ha sido acercarse a los jóvenes y hablarles desde sus propios códigos. Al combinar una propuesta visual atractiva con un lenguaje cercano, el programa cambia la manera de vincularse con esta audiencia y de acercarla al conocimiento científico.
Aunque parezca fácil, cada programa lleva meses de planeación y en su producción trabajan aproximadamente 40 personas.
De la UNAM a París: Jaqueline cumple su sueño de estudiar ingeniería civil en Francia
Michel Olguín Lacunza / Roberto Torres / Alberto Resendiz
septiembre 7, 2026
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Desde niña, Jaqueline Acevedo Curiel imaginaba París y soñaba con estudiar en el extranjero. Años después, ese anhelo comienza a hacerse realidad gracias a una beca con la que cursará una maestría en ingeniería civil en Francia.
Durante años ese sueño parecía lejano. Ahora, la ingeniera civil egresada de la UNAM convierte esa meta en realidad: fue seleccionada para recibir la Beca Fundación CICM-Gobierno Francés 2026 y este lunes inicia sus estudios de maestría en CY Cergy Paris Université, en Francia.
La beca le permite cursar el Master pro Sciences, technologies, santé, mention Génie civil, con orientación en Bâtiment intelligent, efficacité énergétique (Edificio Inteligente y Eficiencia Energética), una formación especializada en diseño y construcción, con enfoque en energías renovables y eficiencia energética.
Para Jaqueline, esta oportunidad representa el cumplimiento de dos sueños que durante años parecían estar separados: continuar su preparación profesional y hacerlo precisamente en el país que imaginaba desde niña.
“Estoy cumpliendo dos de mis más grandes sueños: seguir creciendo profesionalmente con una maestría y estudiarla en Francia, el país con el que soñé desde niña”.
Una señal para seguir
Jaqueline se enteró de la convocatoria a través de las redes sociales. Al revisar los requisitos, descubrió que cumplía con todo y se dijo: “Esta es la señal que yo estaba esperando, realmente era lo que buscaba”.
La convocatoria de la Beca Fundación CICM-Gobierno Francés 2026 contemplaba, entre otros requisitos, contar con el título de ingeniería civil, cumplir con el promedio solicitado, acreditar el nivel de francés requerido y tener pasaporte vigente.
Cuando recibió el mensaje de que había sido seleccionada, el primer partido de México en el Mundial acababa de terminar. La noticia no se la guardó: “Recuerdo que senté a mi familia en el sillón y les conté. Todos brincaron de emoción y felicidad, porque nadie más que mi familia sabe lo que esto significa para mí”.
La selección también le dejó una enseñanza personal. Jaqueline pensaba que sus posibilidades eran pocas porque había muchos aspirantes. Cuando supo que había obtenido la beca, entendió que también necesitaba confiar en sus propias capacidades.
“Si los demás confiaban en que yo iba a ganar esa beca, ¿por qué yo no?”, reflexionó.
La UNAM, un sueño cumplido
Antes de pensar en estudiar en Francia, Jaqueline tenía otro sueño: ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México. Recuerda que, al vivir cerca de la UNAM, la veía durante sus recorridos cotidianos. Desde entonces le decía a su madre que algún día estudiaría ahí.
Su deseo se cumplió cuando ingresó a la carrera de Ingeniería Civil en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la que egresó como parte de la generación 2020. “Para mí, la UNAM significa crecer, amor, unión y oportunidades”.
Una ingeniera que quiere dejar huella
Jaqueline eligió Ingeniería Civil porque encontró una profesión capaz de transformar de manera concreta la vida de las personas. Para ella, una obra de infraestructura no es solamente un proyecto: puede convertirse en una vivienda, un lugar de trabajo, una carretera o un medio de transporte. “Es algo que deja huella”.
Aunque durante sus estudios no experimentó discriminación, en el ámbito laboral sí se ha encontrado con prejuicios por ser mujer. Cuenta que algunas personas consideran que una ingeniera podría dejar de ejercer cuando se case o tenga hijos.
Lejos de verla como una razón para detenerse, esa experiencia la impulsa a continuar. “Estamos en una nueva generación en la que las mujeres también demostramos que podemos”.
Después de formarse en la UNAM, Jaqueline quiere aprovechar su estancia en Francia para ampliar sus conocimientos. Además de cursar su maestría, le gustaría estudiar posteriormente un doctorado si se presenta la oportunidad.
“Al regresar a México, me gustaría aportar un poco de los conocimientos que haya adquirido en Francia, poder regresarle a mi país un poquito de lo mucho que he aprendido y de las oportunidades que también me ha dado”.
Su aspiración es convertirse en una ingeniera capaz de dirigir grandes obras y dejar en esas estructuras la huella de todo lo aprendido durante su formación.
“No hay sueños chiquitos”
Jaqueline quiere que su historia sirva para otras jóvenes que dudan si una carrera como Ingeniería Civil es para ellas. Reconoce que todavía existen personas que consideran que determinadas profesiones son exclusivamente para hombres. Su respuesta es contundente: esos prejuicios no deben convertirse en límites personales.
“A todas las chicas, sea cual sea la carrera que estén estudiando, quiero decirles que ustedes también pueden”.
Y para las jóvenes que quieren estudiar Ingeniería Civil, su mensaje es todavía más directo: “No hay un hombre que pueda venir a decirnos que no podemos porque tenemos las mismas oportunidades que ellos”.
Jaqueline está convencida de que los sueños deben ser grandes. El suyo comenzó cuando, de niña, imaginaba París y decía a sus padres que algún día estudiaría una maestría en el extranjero.
Ahora, después de formarse en la UNAM, obtener una beca e iniciar sus estudios en Francia, aquel sueño comienza a hacerse realidad. “Si tienes sueños grandes es por algo que los tienes en grande; los vas a conseguir”, concluyó.
El beso: un gesto de amor que lleva siglos cantándose
Michel Olguín Lacunza
septiembre 7, 2026
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“Bésame, bésame mucho”. Desde que Consuelo Velázquez escribió estas palabras, el bolero Bésame mucho se convirtió en una de las canciones mexicanas más reconocidas en el mundo y en una de las más interpretadas por artistas de distintas generaciones. Pedro Infante, Lucho Gatica, Javier Solís, Frank Sinatra, The Beatles, Andrea Bocelli y muchos más la han interpretado; décadas después también llegó a públicos jóvenes de la versión de la banda mexicana de rock Zoé.
La vigencia de la canción no es casual. El beso es uno de los gestos amorosos más antiguos y universales, y durante siglos ha aparecido en poemas, canciones y relatos como símbolo de deseo, enamoramiento, unión y despedida.
Para la especialista, el beso tiene muchos significados dependiendo del contexto. Puede formar parte de ceremonias religiosas o matrimoniales, representar una forma de entrega, como ocurre con el beso de Judas, o simbolizar un vínculo entre personas.
Sin embargo, cuando aparece en la poesía profana y en las canciones amorosas, suele adquirir una connotación erótica y convertirse en una forma de expresar el deseo entre amantes.
Un gesto que viajó durante siglos
Mucho antes de que existieran los boleros, las canciones populares ya hablaban de besos.
En la antigua lírica hispánica pueden encontrarse numerosas composiciones en las que los amantes se piden un beso, hablan de él o juegan con sus consecuencias. En esas canciones medievales, el beso aparecía frecuentemente acompañado del abrazo como una forma de representar el cortejo.
Así, una muchacha podía pedirle un beso a un caballero; otra podía contar que había sido besada por un joven, y algunas canciones jugaban incluso con el temor de que una madre descubriera el encuentro amoroso.
Estos temas viajaron de generación en generación y sobrevivieron a través de los siglos. Algunas de aquellas composiciones fueron cantadas nuevamente durante los siglos XVI y XVII, y sus motivos reaparecieron posteriormente en otros cancioneros.
Para Macera, esto permite entender que las canciones no surgen aisladas: forman parte de una tradición que se transforma continuamente.
“Los textos se cantaron, son tradicionales y pasan de un lugar a otro”, explica.
El beso llega a las canciones mexicanas
La canción mexicana tampoco nació de una sola tradición. El cancionero que hoy identificamos como mexicano reúne influencias de distintos orígenes y tradiciones culturales.
“Es una canción que tiene elementos que vienen de muchos lugares”.
A través de la oralidad, las canciones viajaron entre comunidades rurales y urbanas, cambiaron sus letras y fueron incorporando nuevas formas de expresar el amor. El beso permaneció como uno de esos elementos.
En el Cancionero folklórico de México, por ejemplo, aparecen composiciones tradicionales que lo presentan como una petición amorosa. En una de ellas, un hombre pide un beso de la persona amada; en La Llorona, otro de los grandes referentes del cancionero mexicano, el beso aparece junto a la mirada como una forma de correspondencia amorosa.
El tópico también llegó a los cancioneros impresos y a publicaciones populares. De esta manera, el beso podía encontrarse tanto en canciones transmitidas oralmente como en composiciones que circulaban en impresos, revistas y cancioneros.
Entonces llegó Consuelo Velázquez
En el siglo XX, el beso encontró una de sus expresiones más famosas en Bésame mucho, el bolero compuesto por Consuelo Velázquez.
Con el tiempo, la canción se convirtió en una de las composiciones mexicanas más conocidas internacionalmente y ha sido interpretada por numerosos artistas de distintas generaciones.
Su importancia también está en que colocó una voz femenina en el centro de una canción abiertamente amorosa y sensual. “Lo muy interesante es que fue creada por una mujer y cantada por una mujer”.
La canción expresa el deseo de aprovechar la cercanía del ser amado ante la posibilidad de una separación. El beso deja de ser únicamente un gesto mencionado dentro de una historia de amor y se convierte en el centro mismo de la canción.
Además, su enorme difusión hizo que trascendiera las fronteras de México. Fue llevada al cine, a la radio y a escenarios de todo el mundo, con versiones en diferentes idiomas y estilos.
El beso que sigue vigente
En las canciones contemporáneas, el lenguaje del amor también ha cambiado. La sensualidad puede expresarse de manera mucho más directa y explícita en géneros actuales, mientras que el beso en las canciones tradicionales y en el bolero suele funcionar como una forma de sugerir el deseo. Pero el gesto permanece.
Quizá una de las razones de su permanencia sea precisamente su capacidad para comunicar intimidad sin necesidad de explicarla.
Las canciones permiten recordar, enamorar, despedirse y expresar aquello que muchas veces resulta difícil decir directamente. Por eso el beso aparece una y otra vez: porque forma parte de un lenguaje amoroso que distintas generaciones reconocen.
Y aunque las formas de cantar al amor cambien, hay algo que permanece: el deseo de acercarse a otra persona y convertir un beso en canción.
Investigadores revisaron la frecuencia a través del tiempo y las condiciones atmosféricas en las que se forman las tormentas en México
Inundaciones, granizadas, fuertes vientos, relámpagos, caos viales, destrozos, personas desplazadas. Las afectaciones de las tormentas eléctricas en distintas partes de México dejan una inquietud: ¿el patrón de severidad del fenómeno está cambiando con el paso del tiempo?
Las tormentas eléctricas forman parte del clima de México. Existen registros históricos climatológicos que el doctor José Francisco León Cruz se ha dedicado a revisar y comparar.
De entrada, podría parecer que su investigación consiste únicamente en contabilizar cuántas tormentas ocurren cada año. Sin embargo, el especialista en fenómenos hidrometeorológicos y climáticos extremos va mucho más allá. Su objetivo es analizar tanto la frecuencia a través del tiempo, como las condiciones atmosféricas en las que se forman.
Su grupo del Instituto de Geografía de la UNAM revisa si existen regiones donde actualmente se presentan más o menos tormentas que en el pasado, también si estas se forman en ambientes más húmedos, más secos, más estables o propicios para el desarrollo de fenómenos intensos.
Después de un estudio previo dedicado a entender las condiciones en que se generan las tormentas eléctricas en la actualidad, les surgió una nueva interrogante ¿es posible detectar señales de cambio a lo largo del tiempo?
Las tormentas eléctricas están asociadas con rayos, granizo, vientos fuertes, tornados y lluvias intensas, eventos que representan riesgos para la población y la infraestructura. El investigador señala que los llamados fenómenos relacionados con el tiempo severo pueden variar según los criterios utilizados en cada país. Sin embargo, generalmente incluyen granizo, vientos intensos y tornados.
En México, cualquier evento de granizo es usualmente utilizado como un marcador de tiempo severo, al igual que los tornados, que son reconocidos como fenómenos severos sin excepción.
Comportamientos distintos
El equipo de José Francisco León Cruz utilizó observaciones climatológicas recopiladas durante cuatro décadas. Una parte importante de la información proviene de aeropuertos, donde el monitoreo meteorológico resulta fundamental para la seguridad aérea. Los datos son recopilados por el Servicio Meteorológico Nacional y posteriormente procesados por organismos especializados que permiten compararlos entre diferentes periodos y regiones.
Uno de los principales retos fue la calidad de los registros. Algunas estaciones cuentan con información desde mediados del siglo pasado, mientras que otras comenzaron a operar mucho después. Por ello fue necesario seleccionar únicamente aquellas que contaban con series suficientemente completas para evitar sesgos en los resultados.Tras analizar la información, «no encontramos un patrón único para todo México», afirma León Cruz, integrante de la Unidad Académica de Estudios Territoriales Yucatán del Instituto de Geografía.
Mientras algunas regiones muestran aumentos en la frecuencia de tormentas eléctricas, otras presentan disminuciones y en algunas más las tendencias todavía no son claras.
En las zonas donde se observan incrementos destacan:
Península de Yucatán
Parte del centro del país (Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nayarit)
Chiapas
En contraste, muestran una disminución:
Morelos
Oaxaca y Veracruz
Dos variables clave
Además de analizar el número de tormentas, el estudio examinó dos características específicas de la atmósfera que son fundamentales para entender cómo se forman y qué tan intensas pueden ser.
1**. Inestabilidad atmosférica**
Esta es la facilidad que tiene el aire caliente de la superficie para ascender rápidamente y formar enormes nubes de tormenta. Piensa en una olla de agua hirviendo: mientras más calor, más burbujas suben. En la atmósfera pasa algo similar.
¿Qué encontraron?
Está aumentando en el centro y occidente del país (CDMX, Edomex, Jalisco, Nayarit). Esto significa que ahí el aire tiene más «empuje» para generar tormentas.
Está disminuyendo en el noroeste, donde las tormentas tienen menos energía disponible para generarse.
2. Cizalladura del viento
Es el cambio en la velocidad y/o dirección del viento a medida que subimos en altura. Imagina que cerca del suelo el viento sopla suave del sur, pero a 2 km de altura sopla fuerte del oeste. Esa diferencia es la cizalladura.
¿Por qué es importante? La cizalladura puede ayudar a que las tormentas duren más tiempo, se organicen mejor y puedan volverse más severas (con granizo grande, vientos destructivos o incluso tornados).
Identificaron que la cizalladura está disminuyendo en gran parte de la costa del Golfo de México y la Península de Yucatán.
¿Qué significa?
Aunque haya inestabilidad para formar tormentas, la severidad podría ser menor porque les falta la «organización» que da el viento. En otras palabras: pueden ocurrir tormentas, pero quizás con menos granizo o vientos menos intensos.
Lo que falta por entender
Los hallazgos no solo ayudan a comprender mejor el comportamiento de las tormentas eléctricas, además tienen aplicaciones prácticas. León Cruz señala que gran parte de los parámetros utilizados actualmente para identificar tormentas severas fueron desarrollados en Estados Unidos y Europa. Pero las condiciones atmosféricas de México son diferentes, por lo que resulta necesario generar información adaptada a las características del país.
Identificar regiones donde las tormentas son más frecuentes o intensas puede contribuir al trabajo de instituciones encargadas de la gestión del riesgo y la protección civil, así como mejorar herramientas de pronóstico utilizadas en distintos sectores, incluida la aviación.
A pesar de los cambios observados, el investigador insiste en que todavía no es posible afirmar en qué medida el cambio climático sea la causa directa de estas transformaciones. «Estamos en la fase de detección», dice.
Los científicos han encontrado señales de cambio en algunas regiones, pero aún se requieren más estudios para determinar con certeza cuáles son las causas detrás de esos cambios.
Por otro lado, falta aún determinar qué tanto los cambios tienen una componente natural, si se deben a la variabilidad climática. Para llegar a conclusiones más sólidas será necesario contar con registros de mayor duración.
Un reconocimiento internacional al trabajo científico encabezado por el doctor José Francisco es el Best Paper Award, otorgado en el marco de la quinta edición de la conferencia anual Mediterranean Geosciences Union 2025. El galardón distingue investigaciones de excelencia en ciencias de la atmósfera, meteorología, climatología y oceanografía.
Más allá de la ciencia
Más allá de los resultados científicos, el doctor León considera que el conocimiento ayuda a combatir la desinformación. Con frecuencia distintos fenómenos meteorológicos son atribuidos automáticamente al cambio climático sin analizar la evidencia disponible. Sin embargo, las tormentas, el granizo y los tornados han formado parte del clima de nuestro país desde mucho antes de que el tema ocupara un lugar central en la discusión pública.
Lo que su trabajo científico persigue es saber si estos fenómenos están ocurriendo con diferente frecuencia, intensidad o bajo condiciones distintas a las del pasado:
«Las tormentas eléctricas siempre han formado parte del paisaje de México y seguirán ocurriendo. Lo importante es entender cómo están cambiando, cuáles son los riesgos que representan y cómo podemos prepararnos mejor como sociedad»
Resumen: Cuando escuchamos la palabra parásito, casi siempre la asociamos con enfermedades y con algo que debe ser eliminado. Y aunque eso es parcialmente cierto, la historia de estos organismos tiene otra cara que vale la pena conocer. Los parásitos han adoptado un estilo de vida tan exitoso que están en todas partes. En este artículo explicamos cómo cumplen funciones determinantes dentro de los ecosistemas: 1) regulan las poblaciones de sus hospederos, 2) facilitan las cadenas tróficas y 3) nos revelan información sobre la salud del ambiente que a simple vista es invisible. Reconocer su valor implica mirar la naturaleza con otros ojos, más curiosos, capaces de apreciar que todos los seres vivos —incluso los más incómodos— forman parte de la biodiversidad. Así que la próxima vez que pienses que los parásitos merecen ser erradicados, recuerda: una moneda tiene dos caras. Y ellos también tienen su lado bueno.
Figura 1. Representación de la relación entre la ardilla Urocitellus richardsonii y el protozoario Trypanosoma otospermophili. En condiciones de escasez, el parásito actúa como proveedor al sintetizar vitamina B6 para el hospedero.
Introducción
Imagina que sales a caminar por el parque y notas a un caracol que se mueve de manera extraña, como si fuera un títere. O que vas de vacaciones al mar y observas a un pez que nada más lento de lo normal, volviéndose presa fácil de cualquier depredador. Podría ser casualidad, pero en muchos casos hay un responsable invisible detrás de esos comportamientos: un parásito. ¿Los parásitos son seres repugnantes, desagradables, que generan enfermedades? Probablemente responderías que sí. Durante décadas, quizá siglos, la ciencia y la cultura popular nos han hecho creer que los parásitos únicamente traen cosas negativas: enfermedades, asco, miedo. Este es el lado A de su historia, el que todos conocemos. Pero eso es sólo la mitad de la historia. En este artículo te invitamos a darle vuelta a la página y explorar el lado B de los parásitos, el que casi nunca se cuenta: ese en el que resultan ser piezas clave para la salud del planeta. Antes de continuar, aclaremos rápidamente qué es un parásito. Básicamente, es un organismo que vive a costa de otro (su hospedero), causándole algún daño. Suena mal, ¿verdad? Pero seamos honestos: ¿quién no se ha identificado alguna vez con un parásito? Instalarse en casa de alguien más, comer gratis, aprovechar los recursos ajenos o vivir a costa de los demás. El estilo de vida parasitario es tan eficiente que ha surgido de forma independiente en múltiples grupos a lo largo de la evolución, y es la estrategia de supervivencia más exitosa del planeta. Tanto, que se estima que cada especie de planta o animal que vive libremente alberga al menos una especie de parásito (Poulin, 1999). Entonces, si son tan comunes, ¿por qué los detestamos? La respuesta es simple: únicamente conocemos una versión de la historia.
Prepárate, porque a continuación verás a estos organismos como nunca los habías imaginado. El contrato más antiguo del mundo Pensemos como un parásito por un momento. Si el objetivo fuera matar a su hospedero, sería como si decidieras prender fuego a tu propia casa mientras estás dentro. No tendría ningún sentido. Porque el objetivo del parásito no es la muerte, es la permanencia: un lugar donde vivir, comer y reproducirse, y para eso necesita que el hospedero siga vivo. Esta es la base del contrato más antiguo del mundo, uno que se ha firmado durante cientos de millones de años, en silencio, dentro de los cuerpos de casi todas las especies del planeta. No es un contrato justo, desde luego. El parásito saca provecho, mientras que el hospedero suele salir perdiendo, pero a veces, sólo a veces, la balanza se inclina hacia el otro lado. Este contrato no es una guerra abierta, sino un estira y afloja constante. El parásito encuentra una manera de colarse. El hospedero levanta una barrera. El parásito aprende a evadirla y el hospedero inventa una nueva estrategia. Los biólogos llaman a esto coevolución: un baile forzado en la que cada movimiento de uno genera una respuesta del otro. Y de este baile surgen cosas sorprendentes: nuevas formas, nuevos comportamientos, nueva diversidad biológica (Buck, 2019). Tomemos el caso de la ardilla terrestre llamada Urocitellus richardsonii y su diminuto protozoario —organismo unicelular— de nombre impronunciable Trypanosoma otospermophili. Cuando la ardilla tiene una dieta normal, el parásito es únicamente eso, un parásito. Pero si la comida escasea y la ardilla no tiene suficiente vitamina B6, ocurre algo inesperado: el protozoario comienza a fabricar esta vitamina y la ardilla la aprovecha. El parásito se convierte en un proveedor, suple la carencia y evita que la ardilla enferme (Munger y Holmes, 1988). ¿Por qué haría esto el parásito? Por puro egoísmo evolutivo. Una ardilla sana vive más tiempo y el parásito puede seguir cómodamente. No es bondad, es estrategia. Si el hospedero muere, el parásito pierde su hogar. La pregunta relevante, entonces, no es ¿son buenos o malos?, sino ¿qué papel juegan en los ecosistemas?
Los parásitos también son biodiversidad Cuando pensamos en biodiversidad, imaginamos jaguares, colibríes, orquídeas, etcétera. Sin embargo, los parásitos son una parte fundamental de la riqueza biológica del planeta. Si por cada especie de vida libre existe al menos una especie parásita, es posible que estos organismos sean, en número, la mayoría de las especies de la Tierra (Gómez y Nichols, 2013). En las últimas seis décadas, la tasa de extinción se ha acelerado drásticamente y los parásitos no están excentos de esta amenaza. Cuando una especie de ave o pez desaparece, pueden extinguirse con ella decenas de especies parásitas que eran exclusivas de ese hospedero. Es una pérdida silenciosa, casi nunca registrada. Por eso, incluir a los parásitos en las estrategias de conservación no es un capricho académico, es una necesidad para entender y proteger el funcionamiento real de los ecosistemas.
¿Qué pasaría si los parásitos desaparecieran?
Los ecologistas lo llaman un efecto cascada: cuando una especie clave desaparece, su ausencia desequilibra toda una red de interacciones. Los parásitos, aunque la mayor parte del tiempo no se ven, son actores centrales de esta red. Quitarlos no limpiaría el ecosistema, por el contrario, lo desestabilizaría. Una de las funciones más notables es facilitar las cadenas tróficas, es decir, que el depredador encuentre su comida mucho más rápido. Algunos parásitos modifican el comportamiento o la apariencia de sus hospederos para hacerlos más vulnerables a la depredación. Un ejemplo fascinante es el del trematodo1 Leucochloridium paradoxum —un gusano plano—, que infecta a caracoles terrestres. Este gusano parasita los tentáculos del caracol haciendo que pulsen con colores brillantes, imitando a una oruga. Las aves, engañadas, depredan a los caracoles y se infectan, que es exactamente lo que el parásito necesita para completar su ciclo de vida. En consecuencia, la población de caracoles que se alimentan de plantas se mantiene estable; a su vez las aves están bien alimentadas, y, por tanto, el ecosistema está en equilibrio (Lafferty et al., 2006; Prosnier et al., 2018). Los parásitos también contribuyen a la resiliencia de los ecosistemas frente a perturbaciones. En ecosistemas costeros, los caracoles consumen frecuentemente algas y plantas acuáticas. Durante la época de secas, cuando la vegetación escasea, los caracoles siguen alimentándose y no dan oportunidad de que algas y plantas se puedan recuperar. Aquí entran los trematodos que infectan y debilitan a los caracoles, reduciendo sus poblaciones de manera temporal, lo que permite que la vegetación acuática se recupere. Sin este mecanismo regulador el sistema colapsaría (Morton y Silliman, 2020). ¿Quién hubiera imaginado que un gusano parásito podía ser el guardián de un manglar? Parásitos como detectores de la salud ambiental Los bioindicadores son organismos que, por su sensibilidad a los cambios en el entorno, nos permiten evaluar la salud de un ecosistema. Piensa en ellos como barómetros naturales —esos que miden la presión del aire y nos indican como estará el clima—. Los parásitos hacen algo parecido con los ecosistemas, su presencia o ausencia revela información que difícilmente obtendríamos de otra forma (Sures et al., 1999). ¿Cómo funciona esto? Muchos parásitos tienen ciclos de vida complejos, que requieren la presencia de varios hospederos —a veces invertebrados como caracoles o pulgas, y en otras ocasiones vertebrados como peces o aves—. Si encontramos a un parásito con este tipo de ciclo en un lugar determinado, podemos inferir que todos esos hospederos están presentes y que las cadenas tróficas funcionan correctamente. Su presencia es, en cierto modo, un certificado de salud del ecosistema. Además, los parásitos son sensibles a la contaminación. Se ha observado que las infecciones parasitarias disminuyen en ambientes con altas concentraciones de metales pesados, lo que indica que la contaminación afecta la supervivencia del parásito antes de que lo notemos de otra manera (Prosnier et al., 2018). Son, en ese sentido, más sensibles que muchos de los instrumentos de medición.
Pero hay más: ciertos parásitos intestinales especialmente los helmintos —gusanos parásitos— tienen la capacidad de acumular metales pesados en su tegumento (“piel” externa) en concentraciones mucho más altas que las que se encuentran en los tejidos del hospedero o incluso en el agua. Esto significa que, lejos de dañar, los están protegiendo al absorber toxinas que de otra forma se acumularían en el hígado o músculos del hospedero (Hassanine y Al-Hasawi, 2021). En otras palabras, el parásito actúa como un filtro biológico. El cambio climático añade otra capa a esta historia. Se ha observado que, con el aumento de la temperatura del agua, los huevos de ciertos parásitos se desarrollan más rápido y aumentan su capacidad de infección (Poulin, 2006). Monitorear a los parásitos hoy puede darnos una ventaja para anticipar esos cambios antes de que sean irreversibles. Por último, los parásitos pueden alertarnos sobre la introducción de especies invasoras. Un ejemplo relevante en México es el de las carpas y tilapias importadas de Asia y África para la acuicultura. Estos peces conviven naturalmente con sus parásitos en sus regiones de origen, pero cuando son llevados a nuevos hábitats, esos parásitos pueden infectar a peces nativos o endémicos —aquellos que sólo existen en ese lugar y no han desarrollado defensas contra esos patógenos—. Detectar oportunamente a esos parásitos permite evitar pérdidas económicas en la industria acuícola y proteger a las especies silvestres vulnerables (García-Prieto et al., 2014; González-Morales et al., 2023). Conclusión: voltear la página Las evidencias acumuladas en décadas de investigación sugieren que un mundo sin parásitos sería un mundo profundamente distinto, y no necesariamente mejor. Sin ellos, las redes alimentarias se fragmentarían, las poblaciones de hospederos podrían dispararse sin control, y perderíamos uno de los indicadores más sensibles que tenemos para evaluar la salud de los ecosistemas. Los parásitos no son sólo parte del ecosistema: son parte de su lenguaje. Nos hablan de qué especies están presentes, de cuánta contaminación existe, de cómo reacciona el ambiente a los cambios climáticos. Aprender a reconocerlos puede ser una de las herramientas más valiosas para la conservación biológica. La próxima vez que encuentres una nota alarmante sobre parásitos, recuerda que la moneda tiene dos lados. El lado A existe y es real: algunos parásitos causan enfermedades graves. Pero el lado B también existe, y merece ser contado: en él, estos organismos son reguladores, indicadores y guardianes silenciosos de la biodiversidad que sostiene la vida en nuestro planeta.
Joyería contemporánea mexicana: tradición, diseño y memoria rumbo a París
Redacción
septiembre 4, 2026
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La joyería puede ser mucho más que un objeto ornamental. También puede convertirse en una forma de explorar la identidad, la memoria, el cuerpo y nuestra relación con los materiales. Esa perspectiva es el punto de partida de “GA’AYÚ GUENDA. Los cinco dones de los dioses”, proyecto colectivo que reúne a 38 artistas y diseñadores mexicanos de joyería contemporánea.
La propuesta ofrece un panorama de la creación de joyería de autor en México mediante distintas técnicas, materiales, procesos e investigaciones artísticas. Los cinco sentidos constituyen el hilo conductor de las obras, que transitan entre lo poético, lo lúdico, la memoria, el cuerpo y la experimentación material.
Una de las características del proyecto es la diversidad de trayectorias y aproximaciones reunidas en la muestra. Entre sus participantes hay creadores vinculados con la tradición platera de Taxco y la filigrana de Oaxaca y del Istmo de Tehuantepec, así como artistas que trabajan con cerámica, textiles, metales, piedras y materiales naturales o reutilizados.
Esta diversidad permite observar cómo técnicas asociadas históricamente con la artesanía y la orfebrería pueden adquirir nuevos significados cuando entran en diálogo con el arte y el diseño contemporáneos.
Es el caso de Rubén Ízhar Arrieta Vázquez, integrante de una segunda generación de joyeros de Juchitán, Oaxaca, cuya obra establece un diálogo entre la tradición zapoteca y el arte contemporáneo a partir de temas como la identidad, los símbolos y la memoria.
También participa Xinaxi López Charis, arquitecta y artesana zapoteca originaria del Istmo de Tehuantepec, quien trabaja principalmente con filigrana para expresar elementos de sus raíces, costumbres y relatos, así como de la diversidad natural de su entorno.
Desde Taxco, Oscar Figueroa concibe la joyería como un campo de investigación material y simbólica. Su trabajo reinterpreta la tradición platera como un lenguaje situado entre el cuerpo, el objeto y la memoria colectiva, y aborda asuntos vinculados con la identidad, el tiempo y el territorio.
Entre los participantes también hay creadores con formación y trayectoria vinculadas con la Universidad. Alma Martínez es diseñadora egresada de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, maestra en Diseño Industrial, doctorante en Artes y Diseño y profesora de la ENP. Además de su actividad docente, ha desarrollado trabajo relacionado con investigación, gestión cultural e industrias creativas.
Martínez contará, además, con el apoyo del Programa para Actividades Especiales de Cooperación Interinstitucional (PAECI) para participar en las actividades que se realizarán en París.
Edgar López Jiménez, otro de los participantes, es egresado del Centro de Investigaciones de Diseño Industrial y del Posgrado de Diseño Industrial de la UNAM. Su trabajo incluye investigaciones sobre fenómenos relacionados con la joyería y los efectos del diseño en la industria artesanal.
También participa Leticia Llera, licenciada en Sociología por la UNAM y técnica joyera orfebre, cuya trayectoria de más de cuatro décadas articula tradición orfebre, investigación material e identidad cultural mexicana.
Una propuesta curatorial entre México y Francia
La curaduría del proyecto está a cargo de Sylvia Burgoa, artista visual y joyera originaria de Oaxaca y radicada en París desde 2003. Su trayectoria incluye proyectos bilaterales entre México y Francia alrededor de las artes visuales y la joyería contemporánea, con temas que vinculan arte, identidad y memoria.
En París, GA’AYÚ GUENDA formará parte de Parcours Bijoux, encuentro internacional dedicado a la joyería contemporánea que reúne exposiciones, instalaciones, conferencias y proyectos curatoriales. La presentación mexicana tendrá como sede el Instituto Cultural de México en Francia.
Como parte de las actividades vinculadas con el proyecto también se contempla SIMBIOSIS, performance de Elena e Isabel Moncada cuya propuesta interdisciplinaria relaciona la joyería contemporánea, el arte objeto y la acción performática para reflexionar sobre el cuerpo y el ornamento. Asimismo, el programa incluye conferencias y un taller de filigrana de Oaxaca impartido por la orfebre Yesenia Salgado.
Antes de su presentación internacional, la exposición fotográfica de GA’AYÚ GUENDA podrá visitarse del 8 al 23 de septiembre en la Casa de las Humanidades de la UNAM, en Coyoacán. La inauguración se realizará el 8 de septiembre a las 18:00 horas.
Más allá del ornamento, el proyecto propone mirar la joyería como un territorio en el que pueden encontrarse tradición, diseño, experimentación, memoria e identidad, y en el que los saberes del oficio dialogan con las búsquedas de la creación contemporánea.
Resumen: Un mono araña bebé aparece abrazado a un peluche en una casa, pero antes vivió un proceso largo y violento: para capturar viva a una cría suelen matar primero a la madre, y otros animales mueren en el camino. Lo vendido es sólo el último tramo de esa cadena.
Esto ocurre en el comercio mundial de fauna capturada en la naturaleza, y México no es la excepción: aves, reptiles, mamíferos y otras especies se venden en mercados, carreteras y redes sociales para quien busca una mascota distinta, sin saber su verdadero costo.
Los animales silvestres no están hechos para vivir en una casa: sufren estrés, enfermedades y desnutrición, y mueren antes de tiempo. Su cercanía con las personas facilita contagios, y su extracción altera el equilibrio de la naturaleza.
El tráfico de fauna silvestre daña a los animales, la salud humana y el entorno natural, y frenarlo exige no comprarlos.
Lo que no se ve detrás de la ternura
Un mono bebé abrazado a un peluche en la esquina de una sala puede parecer una escena tierna. Sus manos pequeñas se aferran con fuerza al primer objeto suave que encuentra, y quien lo mira podría pensar que sólo necesita cariño, alimento y un poco de paciencia para adaptarse a su nuevo hogar. Lo que no se ve es todo lo que tuvo que ocurrir antes de llegar ahí. Ese mono no nació huérfano. En la selva, los monos araña (Ateles geoffroyi) pasan prácticamente toda su infancia adheridos al cuerpo de su madre. Para obtener una cría viva, los captores suelen disparar primero a la hembra adulta que la transporta; tras el disparo, la cría cae junto con el cuerpo de la madre. Algunas mueren en el impacto; otras sobreviven lo suficiente para ser vendidas (Rodríguez-Luna et al., 1996). Para obtener 29 crías de mono araña debieron morir 60 individuos adultos; es decir, casi 100 animales silvestres desaparecieron en el proceso. El cálculo funciona así: de 40 crías capturadas sobrevivió el 72.5 % —29 individuos—. Para conseguirlas, murieron 40 madres, y otros 20 individuos resultaron afectados durante el procedimiento de captura —por ejemplo, machos adultos de la población, también alcanzados por la violencia de los captores—. Cabe señalar que, de los 29 monos capturados, no todos sobreviven hasta el punto de venta: algunos mueren durante la captura, el cautiverio temporal, el traslado o en los lugares de venta. El animal que finalmente aparece en una casa es sólo el último eslabón visible de una cadena mucho más larga. El mono araña es una especie de gran valor comercial, debido a su popularidad y alta demanda —nacional e internacional—, principalmente como mascota (Rodríguez-Luna et al., 1996).
Historias como esta no son excepcionales. Forman parte de una actividad global: el tráfico ilegal de fauna silvestre. Este comercio incluye organismos vivos, partes de animales y derivados, y abastece mercados de mascotas, objetos decorativos, trofeos, medicina tradicional y entretenimiento (Chavan et al., 2023). Se encuentra entre los negocios ilícitos más lucrativos del mundo, sólo después del tráfico de drogas, armas, personas y órganos (gfi, 2017), y mueve miles de millones de dólares cada año. Dentro de este mercado, cerca de una quinta parte (20 %) está impulsada por la demanda de animales silvestres como animales de compañía (Baker et al., 2013). El comercio de vida silvestre como mascota puede involucrar tanto especies nativas del lugar de venta como especies exóticas, es decir, aquellas que se encuentran fuera de su ámbito de distribución natural (Carpio-Domínguez, 2023). El problema no se limita a países lejanos ni a redes criminales invisibles. También ocurre en México. En mercados, carreteras, redes sociales y domicilios particulares se venden aves, reptiles, mamíferos y otras especies capturadas directamente de su hábitat natural. Muchas veces las adquieren personas que no buscan dañar a ningún animal, sino algo distinto: una mascota diferente, exótica o poco común. Sin embargo, un animal silvestre no es apenas un animal doméstico que aún no se acostumbra a la casa. Su cuerpo, su conducta y su forma de relacionarse con el entorno están adaptados a un hábitat específico. Cuando ese entorno desaparece, aparecen consecuencias que no siempre son evidentes: sufrimiento animal, riesgos sanitarios, daños ecológicos y pérdidas para la biodiversidad. Comprender lo que implica tener un animal silvestre en casa requiere mirar más allá del momento de la compra y reconstruir la historia completa: desde el bosque donde fue capturado hasta el espacio doméstico donde termina. Sólo así se vuelve visible que la escena aparentemente inofensiva de una “mascota exótica” es, en realidad, el punto final de un proceso con múltiples costos biológicos, ecológicos y sociales. Una cadena que no termina en la sala de casa Tener animales silvestres como mascotas es una conducta social que forma parte de una red más amplia: el tráfico ilegal de vida silvestre. Aunque podría percibirse como algo inofensivo, sus consecuencias son mucho más profundas y afectan más que a los animales. El daño no sólo se encuentra en el sufrimiento animal o en la pérdida de individuos al ser extraídos de su hábitat. También afecta a los entornos naturales, altera el equilibrio de las poblaciones silvestres y genera problemas económicos y sociales en las comunidades donde se extraen los animales. Además, las instituciones públicas se debilitan al no poder hacer cumplir la ley y proteger los recursos naturales; en otras palabras, se pone en riesgo la manera en que administramos, protegemos y organizamos los recursos que como sociedad compartimos.
Efectos negativos del tráfico ilegal de animales de vida silvestre
Muchas personas se sienten atraídas hacia estos animales porque son únicos, diferentes y poco comunes. Este deseo varía según los actores sociales involucrados: puede estar vinculado a gustos personales, creencias culturales, la búsqueda de extravagancia y ostentación, la afirmación de estatus social o el deseo de dominar la naturaleza (Carpio-Domínguez et al., 2018). Estas motivaciones generan consecuencias negativas en la salud física y mental de los animales adquiridos de forma ilegal, así como en su bienestar general (Carpio-Domínguez et al., 2018; Chavan et al., 2023). El comercio de animales silvestres es un claro ejemplo de la explotación humana hacia otras especies, en la que no se considera su bienestar y, mucho menos, sus derechos (Wyatt et al., 2022). Esta actividad puede comprometer las cinco libertades esenciales del bienestar animal, imprescindibles para su calidad de vida:
1) libertad de hambre y sed;
2) libertad de molestias físicas y térmicas;
3) libertad de dolor, lesión y enfermedad;
4) libertad de miedo y angustia, y
5) libertad para expresar su comportamiento natural (Mellor, 2016).
Los animales silvestres experimentan aún más problemas de bienestar que aquellos criados en cautiverio. Los individuos comercializados son capturados y, con frecuencia, mutilados; se les expone a condiciones inadecuadas de transporte y se les fuerza a interactuar con humanos sin una adaptación previa. Además, dependiendo de su uso comercial, pueden llegar a ser sacrificados (Wyatt et al., 2022). Las investigaciones sobre el bienestar de los animales silvestres en el comercio documentan enfermedades, lesiones y discapacidades que les impiden realizar actividades comunes (Baker et al., 2013; Wyatt et al., 2022). Asimismo, se ha reportado que, cuando se venden como mascotas o para espectáculos, estos animales presentan restricciones de comportamiento, además de altos niveles de ansiedad, miedo, dolor y angustia (Wyatt et al., 2022). También se han observado individuos con desnutrición, lo que evidencia que se les priva de recursos esenciales para su bienestar, como lo son el alimento y el agua (Baker et al., 2013; Wyatt et al., 2022).
Un puente hacia el contagio y el peligro
La comercialización, el transporte y la tenencia de animales silvestres conllevan riesgos para la salud pública, la seguridad, el bienestar animal y la biodiversidad (Doody et al., 2021). Las zoonosis —enfermedades transmisibles de animales a humanos— están vinculadas al creciente contacto entre fauna silvestre, animales domésticos y personas (Arroyo-Quiroz, 2023). Los mercados de animales vivos favorecen su propagación debido al estrés, el hacinamiento, la proximidad entre especies y las condiciones insalubres. Un ejemplo es el sars–cov, cuyo posible origen se ha ubicado en un mercado de animales vivos en Guangdong, China, en 2002, donde se comerciaban diversas especies silvestres (Webster, 2004).
En México, a partir de reportes de decomiso, se reveló que muchas especies silvestres se mantienen como mascotas, sobre todo en domicilios particulares. Esta convivencia directa entre humanos y animales implica un riesgo para la salud, debido a la posible transmisión de enfermedades (Carpio-Domínguez et al., 2021). Entre 2008 y 2018 se reportaron en México enfermedades zoonóticas en mamíferos, aves y reptiles decomisados, causadas por agentes infecciosos como bacterias, virus, parásitos y hongos (Carpio-Domínguez et al., 2021). Entre las principales enfermedades detectadas se encuentran la leptospirosis, la salmonelosis, la dermatofitosis, la nematodiasis, la toxoplasmosis, la toxocariosis y la influenza H7N3 (Carpio-Domínguez et al., 2021). Tener animales silvestres como mascotas también puede poner en riesgo la seguridad de las personas. Algunos periódicos han reportado un número creciente de personas lesionadas o fallecidas a causa de la posesión de animales silvestres —adquiridos tanto legal como ilegalmente— como mascotas (Carpio-Domínguez, 2023). Asimismo, animales como felinos y osos han sido liberados de manera accidental o deliberada, lo que ha ocasionado avistamientos y lesiones en la población (Carpio-Domínguez, 2023). Esta liberación intencional suele estar relacionada con las dificultades que implica mantenerlos en cautiverio (Carpio-Domínguez, 2023). Además, tener animales silvestres como mascotas conlleva desafíos que van más allá de lo individual, pues afecta gravemente la biodiversidad y los entornos naturales. Muchas especies invasoras han sido introducidas por comerciantes o dueños de mascotas que las liberan en ambientes ajenos a su origen. En México, la introducción de especies invasoras representa una de las mayores amenazas para las especies nativas y una de las principales causas de extinción de vertebrados (Álvarez-Romero et al., 2008). Estas especies pueden generar cambios en la estructura de la cadena alimenticia, competir por recursos con las especies nativas, transferir enfermedades, dispersarse con facilidad y representar una amenaza para las poblaciones humanas, entre otras consecuencias (Álvarez-Romero et al., 2008). El lado oscuro de la compra de animales silvestres en México El tráfico de animales silvestres para el comercio de mascotas implica una alta mortalidad de los individuos y, por lo tanto, efectos negativos en las poblaciones, lo que agrava los problemas de conservación de las especies (Wyatt et al., 2022). Mueran o no durante el proceso, de todos modos, tienen un efecto negativo: reducen el número de individuos en sus poblaciones.
Loros mexicanos: el ave más codiciada
Los loros son el grupo de aves más comercializado como mascota a nivel mundial En México, el tráfico ilegal de estas aves representa una amenaza constante para sus poblaciones silvestres (Cantú-Guzmán et al., 2007). Cantú-Guzmán y sus colaboradores (2007) realizaron una evaluación detallada del tráfico ilegal de loros en México. Los autores señalan que los captores pueden atrapar adultos, polluelos o ambos, dependiendo de la especie. La captura afecta de forma directa a las poblaciones silvestres: la extracción de adultos en edad reproductiva inhibe futuras reproducciones y provoca la mortalidad de huevos y polluelos abandonados, mientras que la extracción de polluelos suele conllevar la pérdida del nido. En conjunto, la extracción de individuos puede frenar el crecimiento poblacional e incluso provocar que la especie desaparezca de una región concreta, aunque sobreviva en otros lugares.Cantú-Guzmán y sus colaboradores estimaron, en 2007, que durante la primera década de los años dos mil se capturaban ilegalmente entre 65,000 y 78,500 loros al año en México. Calcularon, además, que de cada 100 aves, 77 morían antes de llegar al comprador final: de cada 100 loros capturados, 93 individuos sobrevivían a la captura; de estos, sólo 69 superaban la etapa de acopio y confinamiento; después, 47 lograban sobrevivir a la transportación, y finalmente sólo 23 individuos llegaban con vida al punto de venta. Ante esta situación, las autoridades mexicanas tomaron medidas: en 2008 se modificó la Ley General de Vida Silvestre para establecer la veda de loros. Esta reforma prohíbe la captura, exportación, importación y cría en cautiverio de todo tipo de loros (Cantú-Guzmán et al., 2022). Gracias a la aplicación de esta medida, se estima que el tráfico ilegal de loros se redujo casi a la mitad —47 %— entre 2009 y 2021, lo que evitó la captura anual de entre 31,000 y 37,000 loros (Cantú-Guzmán et al., 2022). Un escudo legal para la fauna En México, las leyes que protegen y regulan la vida silvestre y su hábitat son la Ley General de Vida Silvestre (lgvs) y la Ley General del Equilibrio y la Protección del Ambiente (lgeepa; Sosa-Escalante, 2011). El tráfico y la posesión ilegal de fauna silvestre se consideran delitos según el Código Penal Federal y pueden castigarse con penas de uno a nueve años de prisión, además de multas económicas (Sosa-Escalante, 2011). La institución encargada de la protección y gestión de la biodiversidad en el país es la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (semarnat), que, a través de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (profepa), vigila el cumplimiento de la ley y realiza decomisos de animales cuando detecta irregularidades (Sosa-Escalante, 2011). Cerrar el mercado, salvar la selva En países en desarrollo como México, el combate al tráfico ilegal de fauna silvestre enfrenta obstáculos como la debilidad institucional, la corrupción, y la escasez y falta de capacitación del personal (Melgoza et al., 2017). Es necesario fortalecer el marco legal ambiental, mejorar las estrategias de protección y dotar a las instituciones de más recursos y facultades para combatir este delito. Sin embargo, lo más importante es acabar con el negocio: no comprar animales silvestres. Sin mercado no hay negocio; sin negocio, no hay tráfico ilegal. Y eso significa menos animales y especies en peligro, hábitats más protegidos, entornos naturales más saludables y un planeta más equilibrado.
Plástico: un siglo de comodidad que podría durar siglos en la naturaleza
Michel Olguín Lacunza
septiembre 4, 2026
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Aunque los plásticos tienen poco más de un siglo de historia, su presencia se ha extendido prácticamente a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Su bajo costo, resistencia y versatilidad los convirtieron en uno de los materiales fundamentales de la sociedad moderna; sin embargo, su producción y consumo crecientes también han generado una crisis ambiental cuyos efectos podrían prolongarse durante décadas o incluso siglos.
Desde empaques y botellas hasta dispositivos médicos, los plásticos forman parte de innumerables productos que utilizamos todos los días. Su expansión ha sido tan rápida que resulta necesario recordar que se trata de un material relativamente reciente en la historia humana, explicó Gian Carlo Delgado Ramos, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, adscrito temporalmente al Instituto de Geografía de la UNAM.
En realidad, cuando hablamos de plástico nos referimos a distintos tipos de polímeros, algunos de los cuales pueden permanecer durante cientos de años en el ambiente. Además, para proporcionarles características específicas como color, flexibilidad o dureza, se incorporan diversos aditivos químicos, añadió el también investigador del Instituto de Geografía. “Tenemos poco más de un siglo que se empezaron a consumir”.
El problema no se limita al polímero en sí mismo. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, más de 13 mil sustancias han sido identificadas como asociadas con los plásticos y su producción, y más de 3 200 presentan una o más propiedades peligrosas.
Un material diseñado para la vida moderna
¿Por qué, si conocemos los impactos ambientales de los plásticos, seguimos utilizándolos cada vez más? Para Delgado Ramos, una de las respuestas está en que este material se adaptó perfectamente al modelo de consumo contemporáneo.
Los plásticos son ligeros, resistentes y baratos, al menos en términos económicos. Permiten, por ejemplo, conservar alimentos durante más tiempo, facilitan el transporte de diversos productos y reducen las pérdidas económicas de las empresas. Un envase de plástico puede representar un costo mucho menor que uno de vidrio y, además, evita que los productos se rompan durante su traslado.
El problema es que muchos de los costos ambientales no aparecen en el costo de producción y, cuando lo hacen de manera parcial, el costo se traslada al consumidor. “Como la naturaleza no cuesta, no se internaliza en los costos de producción, las decisiones de mercado derivan en su destrucción”.
El plástico se ha vuelto parte de una dinámica de consumo on-the-go, caracterizada por la rapidez y la comodidad sin importar sus impactos socioambientales: alimentos y bebidas para llevar, productos empacados individualmente, botellas de diferentes tamaños y mercancías que pueden transportarse fácilmente y fomentar un consumo creciente y poco sostenible.
Hay tres grandes grupos de usos: aquellos en los que el plástico resulta difícil de sustituir, como algunas aplicaciones médicas; aquellos vinculados con un consumo innecesario, particularmente ciertos empaques y productos desechables, y aquellos en los que podrían utilizarse otros materiales, pero el plástico resulta más conveniente o rentable para las empresas.
Por ello, el problema no puede resolverse únicamente mediante nuevas tecnologías o mejores sistemas de circularidad, no solo de reciclaje: es necesario modificar los patrones de consumo y, antes que nada, apostar por la reducción absoluta del consumo de plásticos.
Del envase al microplástico
Con el paso del tiempo, los productos plásticos pueden fragmentarse y deteriorarse por efecto de factores como la radiación ultravioleta, la oxidación o la acción mecánica. De este proceso pueden desprenderse fragmentos cada vez más pequeños, incluidos microplásticos y nanoplásticos, partículas que ya no necesariamente pueden observarse a simple vista.
Estas partículas se han encontrado en numerosos ecosistemas y organismos, y pueden incorporarse a las cadenas alimentarias. En una nota de UNAM Global sobre microplásticos se documenta también su presencia en el aire y la exposición humana por distintas vías.
De acuerdo con Delgado Ramos, diversos estudios han documentado que las personas pueden ingerir e inhalar partículas micro y nanoplásticas. Sin embargo, las estimaciones sobre la cantidad varían considerablemente según los métodos utilizados, los alimentos analizados y las condiciones de exposición.
El investigador puso como ejemplo las botellas de PET: distintos estudios han detectado partículas micro y nanoplásticas en agua embotellada, aunque su cantidad y origen pueden depender del proceso de fabricación, embotellado, almacenamiento y manipulación.
El problema adquiere otra dimensión cuando las partículas son suficientemente pequeñas para atravesar algunas barreras biológicas. Se han detectado micro y nanoplásticos en distintos tejidos humanos, aunque sus posibles efectos a largo plazo continúan siendo objeto de investigación.
En cuanto a la salud humana, se ha documentado que algunas sustancias químicas asociadas con los plásticos pueden tener efectos adversos. En el caso específico de los micro y nanoplásticos, existen estudios que han encontrado asociaciones con determinados efectos biológicos y cardiovasculares, pero todavía no se ha establecido una relación causal directa entre su presencia y enfermedades específicas en la población. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que persisten importantes incertidumbres y que se requiere mayor investigación.
¿Reciclar es suficiente?
Ante la dimensión del problema, el reciclaje suele presentarse como una de las principales soluciones. Sin embargo, para el investigador constituye solamente una parte de la respuesta. “El reciclaje no es suficiente”.
Una de las razones es que el consumo mundial de plástico continúa en crecimiento. Aunque algunas empresas han reducido la cantidad de material utilizado en cada envase, por ejemplo, mediante botellas de PET cada vez más delgadas, esto no necesariamente significa que disminuya la cantidad total de plástico utilizado por la industria.
De hecho, de acuerdo con datos del Global Commitment impulsado por la Ellen MacArthur Foundation y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, entre 2018 y 2023 el mercado mundial de envases aumentó alrededor de 8 % su uso de plástico virgen, a pesar de los esfuerzos de reciclaje y reducción desarrollados por algunas empresas.
Además, no todos los polímeros tienen las mismas posibilidades de ser reciclados. Mientras el PET tiene un mercado de reciclaje relativamente desarrollado, otros materiales no resultan económicamente atractivos para recuperar, como el poliestireno expandido, o presentan mayores dificultades por estar formados por varias capas de polímeros combinadas, en ocasiones, con otros materiales.
El propio proceso de reciclaje también tiene limitaciones. Algunas técnicas implican procesos químicos o térmicos, mientras que otras requieren triturar y moler los materiales, una actividad que puede generar partículas plásticas y representar riesgos para quienes trabajan en las plantas si no cuentan con las medidas y el equipo adecuado de protección.
Por ello, Delgado Ramos considera que la primera medida debe ser reducir el consumo y, en consecuencia, la producción de plástico. Después deben fortalecerse el reúso, el reciclaje, incluidos el suprarreciclaje y el reciclaje en cascada, la reparación y otras estrategias de economía circular.
Los bioplásticos tampoco son una solución mágica
Otra alternativa que ha cobrado fuerza es la producción de bioplásticos. El término incluye materiales de origen biológico, materiales biodegradables o aquellos que reúnen ambas características.
Existen diferentes tipos y algunos pueden biodegradarse en periodos considerablemente menores que los plásticos convencionales, aunque esto depende de su composición y de las condiciones ambientales o industriales necesarias para hacerlo.
Actualmente representan una fracción muy pequeña del mercado mundial. De acuerdo con datos recientes de European Bioplastics, la capacidad de producción de plásticos de origen biológico equivale aproximadamente a 0,5 % de la producción mundial de plásticos.
Además, su fabricación puede generar otros problemas, como la competencia por tierra y agua, recursos que también son necesarios para producir alimentos y para la subsistencia de la biodiversidad y los ecosistemas.
Existe otra dificultad: que un polímero sea de origen biológico no significa necesariamente que esté libre de sustancias potencialmente tóxicas. Al igual que los plásticos de origen fósil, algunos bioplásticos pueden requerir aditivos para modificar sus propiedades.
Por ello, es urgente establecer acuerdos internacionales que regulen o prohíban aquellos aditivos cuya peligrosidad esté suficientemente documentada. Las negociaciones para alcanzar un tratado mundial jurídicamente vinculante sobre contaminación por plásticos todavía no han logrado un consenso sobre el texto definitivo.
¿Qué podemos hacer?
Reducir el consumo de plástico no depende únicamente de las decisiones individuales. También es necesario transformar las reglas de producción y consumo e, incluso, la responsabilidad de las empresas.
Entre las medidas se encuentran fortalecer los sistemas de reúso y reciclaje, avanzar hacia modelos de economía circular, sustituir productos desechables cuando existan alternativas viables, regular sustancias peligrosas utilizadas como aditivos y establecer mecanismos de responsabilidad extendida del productor, mediante los cuales las empresas asuman una mayor responsabilidad por los residuos derivados de sus productos.
Las universidades también pueden desempeñar un papel importante
En el caso de la UNAM hay iniciativas relacionadas con la sostenibilidad, entre ellas proyectos de captación y potabilización de agua de lluvia, así como acciones encaminadas a la separación de los residuos y a disminuir el uso de envases desechables.
También consideró necesario establecer criterios de sostenibilidad cada vez más estrictos para las compras institucionales y para las concesiones de cafeterías y establecimientos de alimentos dentro de los campus, donde el unicel debería estar prohibido.
La Universidad tiene una capacidad particular para impulsar cambios de comportamiento tanto institucionales como individuales, debido a la cantidad de estudiantes, trabajadores e instalaciones que concentra.
Sin embargo, el cambio fundamental requiere una transformación cultural. La reducción del consumo de plástico no significa necesariamente regresar a una vida sin tecnología, sino cuestionar qué productos realmente necesitamos, cuáles pueden reutilizarse y en qué casos existen alternativas.
El plástico permitió afianzar la moderna sociedad de consumo, más cómoda y rápida, pero ello también ha tenido un costo ambiental y para la salud que ha quedado fuera de la ecuación económica y, en gran medida, también de la ecuación regulatoria, con ciertas excepciones como el caso de la Ciudad de México, que ha regulado diversos plásticos de un solo uso.
Después de poco más de un siglo de utilizar plásticos de manera masiva, el reto no consiste únicamente en impulsar mejores métodos para reciclarlos, sino en decidir cuánto plástico estamos dispuestos a seguir produciendo y consumiendo y, en consecuencia, a dejar como legado.
El tití común, un aliado para entender el envejecimiento y abrir nuevas pistas contra el Alzheimer
Pepe Herrera
septiembre 4, 2026
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Pequeño, ágil y de apenas unos cientos de gramos, el tití común se ha convertido en un aliado importante para la ciencia que busca entender una de las enfermedades neurodegenerativas más complejas: el Alzheimer.
No porque este primate desarrolle la enfermedad de la misma manera que una persona, sino porque comparte con los seres humanos numerosas características biológicas y permite observar, en un periodo de tiempo mucho más corto, algunos de los cambios asociados con el envejecimiento cerebral.
Este año, un equipo de investigadores del Instituto de Genómica de la Universidad de California en Santa Cruz, en Estados Unidos, publicó en la revista Cell un estudio que representa un avance importante para aprovechar ese potencial: la construcción de un genoma del tití común mucho más completo y preciso que los disponibles anteriormente.
Aunque el genoma del tití ya había sido secuenciado, las tecnologías anteriores dejaban regiones difíciles de identificar o ensamblar. El nuevo trabajo utilizó una estrategia conocida como secuenciación y ensamblaje telómero a telómero, que permitió reconstruir los cromosomas prácticamente de un extremo al otro.
Los telómeros pueden entenderse, de manera sencilla, como estructuras que protegen los extremos de los cromosomas. Al conseguir un ensamblaje de extremo a extremo, los investigadores pudieron resolver regiones del ADN que antes permanecían como auténticos “huecos”. El nuevo genoma incorporó alrededor de 88 millones de letras de ADN que no estaban bien resueltas en las versiones anteriores, lo que proporciona una referencia genética considerablemente más precisa.
¿Por qué es importante este trabajo en la lucha contra el Alzheimer?
El Dr. Luis Oskar Soto Rojas, maestro de la FES Iztacala y titular del LINEN (Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Enfermedades Neurodegenerativas), explicó que contar con un genoma más completo del tití permite localizar con mayor precisión genes, variantes genéticas y regiones reguladoras que podrían influir en la manera en que un organismo envejece y en su vulnerabilidad frente a determinadas enfermedades.
Esto resulta especialmente interesante en el caso del Alzheimer porque la edad es el principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad. El tití común tiene una vida mucho más corta que la humana, por lo que los investigadores pueden observar los cambios asociados al envejecimiento en una escala de tiempo más manejable.
Además, el Dr. Soto Rojas mencionó que el cerebro, el sistema inmunológico y el metabolismo de este primate presentan semejanzas importantes con los del ser humano, aunque también existen diferencias que deben tenerse en cuenta. Por esta cercanía biológica, el tití puede aportar información complementaria a la obtenida mediante organismos más alejados evolutivamente, como los roedores.
Otra de sus ventajas es que permite estudiar el envejecimiento de manera natural. En algunos modelos animales utilizados para investigar enfermedades neurodegenerativas se introducen modificaciones genéticas para producir determinadas características. En el tití, en cambio, es posible observar qué ocurre en su organismo y en su cerebro conforme envejece.
“Investigaciones anteriores han mostrado que los titíes de edad avanzada pueden presentar depósitos de beta-amiloide y modificaciones relacionadas con la proteína tau, dos elementos ampliamente relacionados con la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, esto no significa que los titíes la desarrollen. La enfermedad, en su forma clínica y patológica completa, es específica del ser humano”, comentó el titular del LINEN.
Un mapa genético con importantes coincidencias humanas
La utilidad del nuevo genoma se vuelve más evidente al comparar las regiones genéticas del tití con las relacionadas con demencias en humanos.
Los investigadores analizaron 81 regiones genéticas humanas asociadas con la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia. De ellas, 76 tienen regiones equivalentes en el tití.
Esta coincidencia abre posibilidades para estudiar cómo determinadas variaciones genéticas pueden relacionarse con el envejecimiento cerebral y con una mayor o menor vulnerabilidad frente a procesos neurodegenerativos.
Entre los genes señalados se encuentran ABCA7 y PLCG2, además de otro gen identificado en el estudio, relacionados con procesos importantes para el funcionamiento del cerebro, como la respuesta inmunológica, el metabolismo de grasas y colesterol y la eliminación de sustancias potencialmente dañinas.
En estos procesos tiene un papel central la microglía, un tipo de célula que forma parte del sistema de defensa del cerebro. La microglía participa en la vigilancia del tejido nervioso y en la eliminación de sustancias o estructuras que pueden resultar perjudiciales. Cuando estos mecanismos se alteran, pueden contribuir a la neurodegeneración.
En términos sencillos, humanos y titíes comparten una parte importante del “manual de instrucciones” biológico que interviene en estos procesos. El nuevo genoma permite leer ese manual con mayor precisión.
Una oportunidad para encontrar biomarcadores más tempranos
Esta información también puede ser útil para buscar biomarcadores tempranos.
En Alzheimer, detectar los cambios relacionados con la enfermedad antes de que exista una pérdida neuronal extensa es uno de los grandes objetivos de la investigación. Actualmente, uno de los biomarcadores que ha adquirido especial relevancia es la tau fosforilada en el residuo 217, conocida como p-tau217, que puede detectarse mediante una muestra de sangre.
El estudio del tití podría contribuir a identificar otros marcadores relacionados con los cambios que ocurren durante el envejecimiento y determinar cuáles podrían ser relevantes para la investigación de enfermedades neurodegenerativas.
“Esto podría aportar información sobre etapas previas a la neurodegeneración avanzada, incluida una etapa particularmente importante en humanos: el deterioro cognitivo leve, que puede aparecer antes de una demencia tipo Alzheimer y representa una posible ventana para intervenir de manera más temprana”, dijo el Dr. Oskar Soto.
La utilidad del modelo no está en afirmar que los titíes desarrollen deterioro cognitivo leve igual que los seres humanos, sino en permitir la investigación de los cambios biológicos que preceden al daño cerebral avanzado.
También puede ayudar a estudiar tratamientos
La información genética obtenida con este nuevo genoma podría tener utilidad no solo para comprender mejor los mecanismos relacionados con la enfermedad, sino también para explorar nuevas dianas terapéuticas.
Una de las dificultades del Alzheimer es que cuando aparecen los síntomas clínicos ya pueden haber ocurrido cambios cerebrales durante muchos años. Por ello, una de las grandes apuestas actuales consiste en intervenir lo más temprano posible.
En este contexto, un primate no humano como el tití puede aportar información complementaria a la obtenida mediante modelos computacionales, estudios celulares y otros modelos animales.
El objetivo sería evaluar mecanismos, biomarcadores y posibles estrategias terapéuticas antes de llegar a los ensayos clínicos en humanos.
Las limitaciones también son importantes
A pesar de su potencial, el nuevo genoma y el uso del tití como modelo tienen limitaciones que deben considerarse.
Los principales ensamblajes de máxima calidad obtenidos en el estudio proceden de dos individuos, un macho y una hembra. Aunque los investigadores utilizaron poblaciones más amplias para analizar otras variantes, todavía es necesario secuenciar más animales para representar adecuadamente toda la diversidad genética de la especie.
También es importante recordar que el tití no es un ser humano en miniatura. Aunque comparte numerosos genes y características con nuestra especie, existen diferencias en su metabolismo, sistema inmunológico, desarrollo, longevidad y en los mecanismos mediante los cuales aparecen determinadas alteraciones cerebrales.
Por ello, que un tití presente depósitos de beta-amiloide o cambios relacionados con tau no significa necesariamente que la secuencia de acontecimientos sea idéntica a la que ocurre en una persona con Alzheimer.
“Y hay una consideración fundamental: ningún modelo animal sustituye la investigación clínica en seres humanos. Los modelos animales son herramientas para responder preguntas que después deben comprobarse en las personas”, concluyó el Dr. Soto Rojas.
Una pieza más para comprender el Alzheimer
El valor principal de este trabajo no está en haber encontrado una cura para el Alzheimer. Su importancia está en proporcionar una herramienta mucho más precisa para estudiar la biología del tití y, a partir de ella, investigar procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.
El nuevo genoma puede facilitar el estudio de genes asociados con Alzheimer y otras demencias, ayudar a identificar biomarcadores, investigar diferencias individuales en la vulnerabilidad al envejecimiento y explorar posibles dianas terapéuticas. El tití es un modelo que puede servir como puente entre la investigación básica y el conocimiento de los mecanismos del envejecimiento y la neurodegeneración.
Y en una enfermedad en la que detectar los cambios y actuar antes de que el daño cerebral sea irreversible resulta cada vez más importante, ese puente puede convertirse en una herramienta de gran valor científico.
En general, cuando escuchamos la palabra testamento, inmediatamente la relacionamos con un proceso que nos acerca a nuestra muerte y nos obliga a pensar en sus consecuencias. Pensamos que es un proceso complejo, que lleva mucho tiempo y que puede ser costoso. Sin embargo, el testamento también puede entenderse como una forma de brindar certeza y tranquilidad a nuestra familia.
En México, cada septiembre se lleva a cabo la campaña nacional “Septiembre, Mes del Testamento”, impulsada por la Secretaría de Gobernación, los gobiernos de las 32 entidades federativas y el Notariado Mexicano. En 2026 se realiza la edición número 24, con costos preferenciales y facilidades para quienes decidan otorgar este documento.
El testamento es “un acto personalísimo, revocable y libre, por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos, y declara o cumple deberes para después de su muerte”, de acuerdo con el Código Civil Federal, cuya última reforma fue publicada el 14 de noviembre de 2025.
En entrevista, el profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM Miguel Ángel Beltrán explicó que realizar un testamento tiene muchas ventajas, pero que no hacerlo puede generar problemas para descendientes y posibles herederos.
“La gran ventaja de hacer el testamento es que yo decido a quién le quiero dejar mis cosas y cómo las quiero repartir. Si una persona no hace testamento, entonces es la ley la que decide esto. La ley dice que los llamados a heredar son los parientes más cercanos, la esposa, los hijos, los más cercanos. Pero a través de mi testamento yo puedo excluir a algunos e incluir a otros, o puedo fijar distintas proporciones”, expresó.
Cuando una persona muere sin haber otorgado testamento, se abre una sucesión legítima o intestamentaria y corresponde a la legislación aplicable determinar quiénes tienen derecho a heredar y en qué proporción. En términos generales, pueden ser llamados a la sucesión descendientes, cónyuge o concubina o concubinario, ascendientes y otros parientes, dependiendo de cada caso y de la legislación de la entidad federativa correspondiente.
Este procedimiento puede implicar más trámites, tiempo y gastos, especialmente cuando existe controversia entre las personas interesadas o dificultades para acreditar el parentesco.
“Esto deriva en más problemas. Supongamos que hay una persona casada y tiene hijos. Si fallece la pareja, el hecho de no definir quiénes son los herederos puede derivar en que los padres o hermanos del difunto piensen que tienen algún derecho de pedir algo, y no es así”, señaló.
Cuando no existe testamento, es necesario determinar quiénes tienen derecho a heredar. Para ello se debe acreditar plenamente el parentesco o lo que jurídicamente se conoce como entroncamiento con el autor de la sucesión.
“Hay que acreditar plenamente el parentesco o lo que se conoce como entroncamiento con el autor de la sucesión, es decir, con el difunto. Si hay algún error en el acta de nacimiento, algún nombre que no coincida exactamente, etcétera, es mucho más complicado”, añadió el también notario.
Posteriormente se designa un albacea, figura fundamental en el desarrollo de la sucesión. Aunque existe la falsa creencia de que el albacea es el “todopoderoso”, su función consiste fundamentalmente en administrar y proteger la herencia, elaborar el inventario, atender las obligaciones correspondientes y procurar que se cumpla lo establecido en el testamento o, cuando éste no exista, lo que determine la legislación civil aplicable.
“El albacea también tendrá acceso a los bienes del difunto con el fin de hacer un inventario de éstos. De esta manera sabrá cuáles son las deudas que dejó el autor de la sucesión, en su caso pagarlas y repartir lo que queda entre los herederos. Pero, y que quede claro, el albacea no es la autoridad, él no reparte el queso, reparte las rebanadas”, manifestó Miguel Ángel Beltrán.
¿Qué pasa con las deudas de quien fallece?
Una preocupación frecuente al hablar de herencias consiste en pensar que una persona podría recibir también las deudas del fallecido y verse obligada a pagarlas con su propio patrimonio.
El profesor Beltrán explicó que las obligaciones que forman parte de la sucesión deben atenderse con los bienes que integran la herencia.
“Primero se pagan las deudas que haya dejado el autor de la sucesión (difunto). Es muy importante señalar que las deudas se pagan con los bienes que haya dejado. Es decir, yo heredero de mi abuelo, no respondo con mis bienes por las deudas de él. Respondo con los bienes que me dejó; si los que dejó alcanzan para pagar sus deudas, perfecto; si alcanzan para pagar sus deudas y algo sobra, mejor”, declaró.
El Código Civil Federal establece que el heredero responde de las cargas de la herencia hasta donde alcance la cuantía de los bienes que hereda. Esto significa, en términos generales, que las deudas del fallecido no obligan al heredero a cubrirlas ilimitadamente con su patrimonio personal. Así lo establece expresamente el artículo 1284.
En algunos créditos también pueden existir seguros asociados que cubran el adeudo en caso de fallecimiento, aunque esto dependerá de las condiciones específicas de cada contrato.
¿Cómo es el procedimiento?
La idea de que hacer un testamento necesariamente implica un proceso complicado suele estar alejada de la realidad. El trámite puede ser relativamente sencillo, aunque sus requisitos y tiempos dependen de la legislación de cada entidad y de las circunstancias particulares de quien lo otorga.
Basado en su experiencia profesional, Miguel Ángel Beltrán explicó que regularmente comienza con una entrevista con el notario para que la persona manifieste su voluntad.
“Primero vas a la notaría y sostienes una entrevista con el notario, que suele tardar de treinta minutos a una hora, de acuerdo con lo que desees expresarle. A los dos o tres días, o a la semana cuando mucho, vuelves a la notaría para que firmes el documento que el notario redactará. Lo lees, y si todo está bien, lo firmas. Este proceso dura de cuarenta minutos a una hora. Es muy sencillo hacer un testamento”, comentó.
Una vez otorgado el testamento, el notario realiza los avisos correspondientes ante las autoridades competentes. Estos avisos permiten que, cuando fallezca una persona, pueda verificarse la existencia de disposiciones testamentarias y determinarse cuál fue el último testamento otorgado.
El testamento puede modificarse o sustituirse posteriormente, pues se trata de un acto revocable y libre. Si una persona cambia de opinión sobre sus herederos, legatarios o la distribución de su patrimonio puede otorgar uno nuevo, siempre que cumpla con las formalidades establecidas por la legislación aplicable.
Los costos varían según la entidad federativa. Durante la campaña nacional “Septiembre, Mes del Testamento” se ofrecen precios preferenciales en distintas partes del país.
En la Ciudad de México, por ejemplo, el Colegio de Notarios de la Ciudad de México informó que durante septiembre y octubre de 2026 el testamento tiene un costo de 3 mil 800 pesos, cantidad que incluye IVA y el aviso de otorgamiento de testamento. Algunas notarías de la capital también ofrecen atención durante los fines de semana de septiembre.
Modalidades de testamento
Las modalidades y formalidades de los testamentos no son idénticas en todo México, pues dependen de la legislación civil aplicable en cada entidad federativa.
Una de las modalidades es el testamento público abierto, que se otorga ante notario. La persona manifiesta su voluntad y el notario redacta el instrumento conforme a las disposiciones legales correspondientes. Posteriormente se da lectura al documento y, una vez que el testador manifiesta su conformidad, se firma en los términos establecidos por la legislación.
La campaña nacional “Septiembre, Mes del Testamento 2026” también informa sobre distintas modalidades testamentarias. Sin embargo, su regulación y disponibilidad dependen de la legislación que resulte aplicable en cada caso.
También existen disposiciones especiales para los testamentos otorgados por mexicanos en el extranjero. Quienes se encuentran fuera del territorio nacional pueden otorgarlos conforme a las disposiciones aplicables, incluyendo determinados actos realizados ante autoridades consulares mexicanas o de acuerdo con las formalidades reconocidas en el país en el que se encuentren.
Realizar un testamento no tiene por qué ser un trámite complejo. Además de permitir que una persona decida el destino de sus bienes, derechos y obligaciones, también facilita a sus familiares conocer con claridad cuál fue su voluntad.
Más que un documento asociado únicamente con la muerte, el testamento es una herramienta de previsión que puede reducir incertidumbres, evitar conflictos y dar mayor certeza jurídica a quienes deberán hacerse cargo de una sucesión.
Autores: Cassandra Rubio Plascencia y Luis M. Burciaga
Fecha de publicación: 01 de febrero 2026
Resumen
En el interior de cada ser vivo late un mecanismo invisible de 24 horas: el ritmo circadiano. Este reloj biológico, sincronizado con la luz y la temperatura, es la brújula que dicta cuándo comer, migrar o reproducirse. Sin embargo, en un mundo saturado de luces artificiales, ciudades fragmentadas y contaminación química, esta maquinaria perfecta se está rompiendo. La crisis climática y la expansión urbana están “envenenando” el tiempo de la fauna, provocando desajustes que ponen en riesgo desde la polinización de nuestros alimentos hasta la supervivencia de ecosistemas enteros. Comprender estas perturbaciones no sólo es una cuestión de ciencia, sino una urgencia para restaurar la sincronía entre nuestra forma de vida y los ciclos naturales. Este desajuste nos marca la hora de actuar; sólo respetando los pulsos de la naturaleza podremos asegurar la vida en la Tierra.
Los relojes que gobiernan el mundo animal Despertar segundos antes de que el despertador rompa el silencio; sentir ese vacío en el estómago exactamente a la misma hora cada tarde. No es coincidencia: es la precisión de un engranaje invisible. Todos los seres vivos, incluidos los humanos, poseemos relojes internos que guían cambios cíclicos en nuestros procesos internos y conductas —la digestión, los niveles de hormonas sexuales, la frecuencia cardíaca y hasta el vaivén de nuestro estado de ánimo—. Cuando estos patrones duran alrededor de 24 horas, se conocen como ritmos circadianos (Harfmann et al., 2015). Estos ritmos permiten que los organismos se preparen para las oscilaciones de su ambiente, anticipándose a la luz solar, la temperatura o la disponibilidad de alimento (figura 1). Un ejemplo nítido se observa en los insectos polinizadores: su actividad máxima ocurre durante el día, justo cuando la luz y el calor aseguran el banquete de néctar y polen en las flores. Existen señales que sincronizan estos cronómetros internos con los ciclos del entorno, principalmente con el ciclo de luz y oscuridad. No obstante, otras señales ambientales ajustan la maquinaria: la temperatura, la comida disponible y las interacciones sociales, tales como la depredación o la competencia (Majumdar et al., 2015).
A lo largo de un período de 24 horas, existen patrones cíclicos en cada nivel de un organismo (curvas de color); ya sea en procesos celulares, en el sistema digestivo o en patrones de actividad locomotora. La orquesta celular y el desove del pez globo
En los animales, la influencia de estos ritmos alcanza el nivel más microscópico: coordinan procesos dentro de cada célula e incluso en el ADN. Los ritmos circadianos dictan el momento óptimo para ingerir alimentos y metabolizarlos; asimismo, regulan la secreción de hormonas críticas como el cortisol (asociado al estrés) y la melatonina (determinante para el sueño). Todo ello implica que el reloj biológico influye tanto en el funcionamiento interno como en comportamientos visibles: el patrón de descanso o la reproducción.
Diagrama de los relojes biológicos de los peces globo
En algunos peces globo, la reproducción está regulada por relojes biológicos internos que responden a señales ambientales, como el aumento en la duración del día durante el verano. Estas señales indican el momento ideal para desovar, cuando la temperatura del agua favorece la supervivencia de las larvas. Sin embargo, si se altera su ritmo circadiano, los peces pueden confundirse y desovar en invierno, cuando las condiciones no son óptimas; lo que reduce drásticamente las posibilidades de que sus crías sobrevivan.
A pesar de que los ritmos circadianos ayudan a los animales a adaptarse a su ambiente, estos pueden alterarse por diferentes razones; lo que causa una desincronización entre el ritmo interno del organismo y los ciclos de su entorno. En las personas, esta desincronización puede provocar daños a la salud (Hou et al., 2020). Seguramente te ha pasado: te desvelas por estar en tu celular, viendo una serie o revisando TikTok. Al hacerlo, la luz de la pantalla engaña a tu cerebro y retrasa esa señal natural de “la hora de dormir”. ¿Y cómo te sientes al día siguiente? Probablemente te duele la cabeza, estás irritable o simplemente no te sientes bien; todo debido a ese desajuste en tu reloj interno por exponerte a la luz artificial en horas que deberías estar durmiendo. Algo similar ocurre en los animales; por ejemplo, cuando se alteran los patrones de sueño y actividad de algunos roedores, estos presentan conductas similares a la depresión y la ansiedad (Walker et al., 2020). Y es que los ritmos de los animales no se alteran por sí solos. Nuestra presencia y nuestras actividades han tenido impactos críticos: iluminamos la noche con luces artificiales, llenamos el entorno de ruido constante y vertemos sustancias contaminantes en sus hábitats. Todo eso funciona como señales falsas que confunden a los relojes internos; alterando sus patrones naturales de actividad, descanso y reproducción, y con ellos, el equilibrio de los ecosistemas que habitan. Este fenómeno ha sido descrito por Bragazzi et al. (2022) como parte de una crisis global de salud planetaria, provocada por decisiones sociales y económicas que promueven un estilo de vida acelerado —centrado únicamente en el humano— que prioriza la expansión urbana y la explotación sin límite de los recursos naturales. Paisajes fracturados Además de todo el ruido, luces y contaminantes, otras actividades humanas —como la creación de carreteras y grandes construcciones— fragmentan las áreas naturales; aislando a los animales en cada pequeño “pedazo” de lo que era su hábitat. Esta división, conocida como fragmentación del hábitat, puede causar un desajuste de los ritmos de muchos animales y, aunque aún son escasos, los estudios que abordan cómo esta alteración afecta sus ciclos muestran efectos preocupantes. Piensa en el caos que sería si la ciudad donde vives se divide con barreras que impiden el paso; lo cual dificulta que realices tus actividades, llegues al trabajo, encuentres comida o te reúnas con tu familia. Pues a eso se enfrentan algunas especies: en el sur de la Amazonia, por ejemplo, los armadillos y zarigüeyas deben cambiar el horario de sus actividades de acuerdo con el tamaño de los fragmentos que habitan (Norris et al., 2010). Algo similar se encontró en el oeste de California, donde los depredadores —como pumas, linces y coyotes— se volvieron nocturnos en áreas con una gran densidad de personas (Wang et al., 2015). Con todo el crecimiento urbano, ahora los animales tienen que cambiar sus horarios y mudarse a fragmentos de hábitat más pequeños para evitar a los humanos; por lo que se les complica más encontrar refugios y alimentos disponibles por la reducción de su área. Por si fuera poco, también se encuentran más cerca de zonas urbanas donde aumenta el ruido, las luces y la actividad humana; lo cual significa una amenaza y mayor estrés para ellos, obligándolos a cambiar sus horarios de actividad y quedando fuera de sincronía.
El tiempo envenenado
Los seres humanos hemos contaminado el ambiente, desde la generación de basura hasta la contaminación del agua y del aire que respiramos. Si los animales respiran o ingieren estas sustancias contaminantes, se pueden alterar sus relojes internos —como tejidos o proteínas— que necesitan para realizar sus procesos vitales. Distintos estudios indican que la contaminación por medicinas, pesticidas y metales provocan alteraciones generales en el ritmo circadiano en los peces o en alguno de sus órganos y células específicas. En especies como el pez mosquito, el pez dorado y el pez cebra, al estar en contacto con aguas residuales y sustancias químicas, dejan de ser activos durante el día y cambian sus patrones hacia una actividad nocturna. Además de esta alteración, los contaminantes generan en los peces distintos daños neurológicos, desequilibrios hormonales, afectaciones al sistema inmunológico y malformaciones en embriones; lo que pone en riesgo su reproducción y supervivencia (Melvin et al., 2016; Zheng et al., 2021; Buzenchi et al., 2024).
El calor que roba horas La actividad humana ha acelerado el cambio climático en las últimas décadas y estas variaciones están afectando profundamente a los seres vivos. La temperatura, tanto la corporal como la ambiental, influye directamente en los ritmos circadianos (Bragazzi et al., 2022). El cambio climático rompe la relación natural entre la duración del día y la temperatura, generando un desajuste para el que muchos organismos no están preparados; una desconexión que puede tener consecuencias importantes en el funcionamiento de sus relojes internos (Jabbur y Johnson, 2022; Prokkola y Nikinmaa, 2018). Aún se sabe poco sobre cómo estas variaciones afectan a los animales, pero un caso claro se observa en reptiles como serpientes, tortugas y lagartijas, que dependen de la luz solar para calentarse. Estos animales suelen tomar el sol en ciertas horas para “cargar energía” y salir en busca de alimento, para luego refugiarse en zonas sombreadas durante las horas más calurosas. Pero ¿te imaginas que el calor te robe la mitad del día y no te alcance el tiempo para nada? Así es como viven ahora algunos reptiles: las temperaturas aumentan más rápido y les obligan a acortar sus periodos de actividad. Con menos tiempo disponible, disminuye la comida que consiguen, se reduce su probabilidad de reproducirse y aumenta el estrés y la mortalidad de sus crías (Sinervo et al., 2024).
El efecto dominó La alteración de los ritmos circadianos en los animales puede afectar una o varias funciones esenciales que intervienen en los procesos que nos proveen de diversos productos y servicios. Pero, principalmente, también se alteran las redes entre organismos y elementos que mantienen vivos los ecosistemas; pues cada especie aporta funciones clave que van más allá de lo que obtenemos de ellas. Hay aves y murciélagos importantes en el proceso de polinización, ya que en sus migraciones facilitan la reproducción de algunas plantas (Pauw, 2019). Aunque hoy en día se implementan diferentes tecnologías y sistemas de polinización artificial, aún son complementos y no reemplazan por completo estas funciones y beneficios tan valiosos de los polinizadores. Así que, si el cambio climático altera los ritmos circadianos y la migración de aves y murciélagos, podría afectarse la polinización de plantas importantes en la producción de nuestros alimentos; reduciendo la cantidad de frutas, semillas y verduras que obtenemos. Mientras tanto, en el mar, si los relojes en los peces se desajustan, sus poblaciones pueden cambiar, así como sus horas de actividad. Los peces podrían desplazarse a aguas más alejadas de las costas, a aguas más profundas o incluso cambiar las horas en las que se alimentan. Todo esto es de gran importancia para los pescadores (Alós et al., 2017) y, si esta actividad se ve afectada, hay consecuencias económicas y en la oferta de pescado para nuestro consumo. Y no sólo los animales silvestres están en riesgo: también hay que cuidar a los de granja. Cuando su ritmo natural se altera, las vacas, cerdos y gallinas pueden enfermarse y dejar de reproducirse; disminuyendo la producción de leche, carne y huevos (Li et al., 2021). La alteración de los ritmos no sólo interrumpe procesos clave para la producción humana, sino que rompe el equilibrio de la biodiversidad. Los animales no valen sólo por lo que nos ofrecen; cada uno cumple un papel en su entorno, contribuyendo a la riqueza de selvas y bosques, asegurando que sobrevivan otras especies o aumentando la calidad del agua en los ríos y mares.
Sincronizar el futuro
Conclusión: Los ritmos circadianos en los animales están sufriendo las consecuencias de la actividad humana. Más allá de los avances al estudiar las extinciones, la pérdida de biodiversidad y los cambios en ecosistemas, también hay que prestar atención a los impactos que provocamos en los ritmos diarios de los animales. Estos ritmos controlan una gran cantidad de funciones y, si los relojes internos se desincronizan de las señales ambientales, no sabemos a detalle qué consecuencias tendrá para su salud y supervivencia. Además de considerar los posibles problemas para nuestra especie, se debe reconocer el valor que tienen los animales en el planeta por sí mismos y lo que aportan a los ecosistemas. Es necesario estudiar a fondo estas afectaciones para comprender la respuesta de cada ritmo biológico a diferentes tipos de estrés ambiental; con el fin de diseñar prácticas de manejo y explotación de recursos que respeten estos ciclos e integren el bienestar animal. Además, debemos modificar nuestros sistemas productivos —ajustando los horarios de trabajo, límites de ruido y niveles de iluminación— para respetar la sincronía de la naturaleza, así como impulsar políticas públicas que integren la investigación sobre los ciclos en cada planificación donde sea necesaria. Este desajustado reloj nos marca la hora de cuestionar nuestra forma de vida, donde se prioriza una expansión urbana sin límites, prácticas extractivas desmedidas y ritmos que no respetan los ciclos naturales. Debemos reconocer el valor propio de la vida silvestre, así como nuestra responsabilidad colectiva para actuar urgentemente y evitar los impactos negativos de nuestras actividades en cada ecosistema. Sólo así podremos proteger los ritmos naturales que son esenciales para la vida de los animales en la Tierra.
Esquites: el corto de la FAD que conquistó un festival internacional de cine en España
Pepe Herrera / Roberto Torres / Alberto Resendiz
septiembre 3, 2026
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Entre ideas, arcilla, foami moldeable, pequeños escenarios y cientos de fotografías, un grupo de estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM comenzó a tejer una historia que habla sobre la precariedad, la responsabilidad familiar y las exigencias de la vida diaria.
Lo que inició como un proyecto escolar para la materia de Laboratorio de Tecnología para Medios Audiovisuales e Hipermedia II terminó convirtiéndose en Esquites, un cortometraje que compitió en el Festival Educativo de Cine CINEDFEST 2026, realizado en Tenerife, España. El humor negro, la ironía y el particular sentido mexicano que atraviesa la historia convencieron al jurado y le permitieron obtener el reconocimiento como Mejor Cortometraje Internacional.
En una época en la que la inteligencia artificial puede generar imágenes, historias y materiales audiovisuales en cuestión de segundos, las creadoras de Esquites eligieron un camino mucho más lento: construir, mover, fotografiar, repetir y volver a empezar. En cada cuadro quedó una parte de su trabajo, de su paciencia y de su creatividad. Ese proceso artesanal terminó llevando una obra nacida en las aulas hasta un escenario internacional.
Un reconocimiento al talento universitario
El premio obtenido en Tenerife forma parte de una trayectoria que la FAD ha construido en este festival. La maestra Regina Citlalli Guerrero Rodríguez, quien imparte la materia mencionada anteriormente, ha sido una figura fundamental para que, en las últimas cuatro ediciones de la categoría Mejor Cortometraje Internacional, sus alumnos hayan obtenido premios en tres ocasiones.
Umbral (2023), Cuerdas Rotas (2024) y Esquites (2026) han logrado coronar una trilogía de éxitos que pone en evidencia que en esta institución se realizan trabajos de gran calidad y que existe un gran talento entre sus estudiantes.
“Es importante señalar que el reconocimiento no se limita al cortometraje ganador: también representa el resultado de un proceso de enseñanza en el que los jóvenes tienen la oportunidad de experimentar, desarrollar sus propias ideas y aprender a llevarlas hasta una producción terminada. No obstante, la intención es que las obras que se desarrollan no permanezcan únicamente como ejercicios escolares, sino que puedan llegar a otros públicos, participar en festivales y encontrar oportunidades más allá de las aulas”, explicó la maestra Regina.
Uno de los aspectos que distingue a Esquites de otros proyectos realizados dentro de la asignatura es el tiempo en que fue producido. Normalmente, los estudiantes cuentan con todo un semestre para desarrollar un proyecto de stop motion. Sin embargo, debido a ajustes en el calendario académico, en esta ocasión el equipo tuvo que realizar el cortometraje aproximadamente en dos meses.
El reto era considerable. Había que desarrollar la idea, escribir el guión, diseñar los personajes, construir los escenarios, elaborar la utilería, realizar las fotografías, animar, editar, incorporar el sonido y completar la postproducción. Todo ello mientras las estudiantes continuaban con el resto de sus actividades académicas.
La profesora reconoció que inicialmente parecía complicado alcanzar el resultado en un periodo tan corto, pero las estudiantes durante aproximadamente dos semanas trabajaron prácticamente todos los días, entre dos y cuatro horas para cumplir con su propósito. El resultado: un premio que fue posible gracias a la organización y, sobre todo, al trabajo colectivo.
¿Cómo se realizó el cortometraje Esquites?
Más allá de las condiciones de producción, Esquites comenzó con una búsqueda creativa en la que el equipo, integrado por Vanessa Rodríguez Pérez, Helly Aylin Figueroa Serafín, Andrea Monserrat Cazales Avendaño, Nidia Jazmín Córdova Gutiérrez y Daniela Guzmán García, combinó elementos surrealistas con referencias propias de la cultura mexicana.
Antes de llegar a la idea definitiva realizaron una lluvia de ideas en la que aparecieron distintas posibilidades relacionadas con leyendas populares y elementos de la vida cotidiana de la Ciudad de México.
La idea final surgió a partir de una reinterpretación de La metamorfosis, de Franz Kafka. Rodríguez Pérez había leído la obra y posteriormente encontró un video de stop motion inspirado en ella. A partir de ahí comenzó a imaginar cómo podía trasladar esa idea a un contexto mexicano y darle un significado diferente.
El resultado fue una historia que reflexiona sobre la manera en que las personas pueden ser valoradas de acuerdo con lo que producen y no necesariamente por lo que son.
“La transformación funciona como una metáfora de un sistema que puede desechar a quienes ya no considera productivos. Esta reflexión se encuentra acompañada por escenarios, situaciones y referencias que remiten a la vida cotidiana de la Ciudad de México”, agregó.
El cortometraje incorpora además un tono de ironía y humor negro que forma parte de su identidad y que permite abordar estos temas desde una perspectiva cercana a la cultura mexicana.
Stop motion: crear con las manos
Convertir esa idea en una obra audiovisual implicó que las integrantes del equipo asumieran distintas tareas y, al mismo tiempo, se involucraran en diferentes etapas del proceso. Aunque cada una tuvo responsabilidades específicas, la producción requirió que el trabajo se realizara de manera colaborativa.
Vanessa fue quien tuvo la idea central para crear el corto y elaboró el guion, además de participar posteriormente en su edición.
Helly tomó alrededor de 2 mil fotografías, realizó la animación 2D y participó en la etapa de postproducción. Durante esta fase, se encargó de revisar segundo a segundo cada toma para detectar pequeños errores, como elementos o piezas que se hubieran colado accidentalmente en alguna escena.
Daniela y Andrea se enfocaron en la construcción de escenarios y la elaboración de la ropa. Objetos del corto como la mesa, la caguama, los elotes, la mayonesa, el chile y otros elementos del puesto, que formaron parte de la utilería que aparece en la historia requirieron una gran cantidad de trabajo y detalle; su elaboración corrió a cargo de todo el equipo, pero especialmente de Nidia y Vanessa. Los elotes, por ejemplo, fueron construidos tallando uno por uno los pequeños granos.
Todo esto revela una de las características fundamentales del stop motion: detrás de cada segundo de movimiento existe una gran cantidad de trabajo que el espectador normalmente no ve.
La paciencia y el trabajo en equipo
Ese trabajo no sólo implicó resolver cuestiones técnicas; también puso a prueba la paciencia y la capacidad de colaboración de las estudiantes. En el stop motion, un personaje puede moverse apenas unos milímetros entre una fotografía y otra. Si algo se cae o cambia de posición accidentalmente, puede ser necesario repetir una parte de la escena.
Las estudiantes tuvieron que aprender a enfrentar esos errores y comenzar nuevamente cuando era necesario. También descubrieron la importancia de coordinarse y confiar en las demás integrantes del equipo.
Andrea, por ejemplo, señaló que antes de realizar el proyecto no tenía una dimensión clara de cuántas manos y cuánto tiempo se necesitan para producir incluso un minuto de animación. El proceso le permitió comprender que detrás de una película de animación existe una enorme cantidad de trabajo colectivo.
Para ellas, la experiencia también demostró que un proyecto de este tipo no puede depender de una sola persona. Mientras alguien manipula un personaje, otra puede encargarse de la cámara, otra de la iluminación y otra de los elementos de la escena. Las responsabilidades se van rotando de acuerdo con las necesidades de cada momento.
La confianza entre las integrantes fue, por ello, una de las claves para terminar el proyecto en un tiempo sumamente reducido.
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El orgullo de representar a la FAD y la UNAM
Todo ese esfuerzo tuvo para las estudiantes una recompensa que va más allá del reconocimiento obtenido en el festival. Recibir el premio significó también representar a la UNAM y a la Facultad de Artes y Diseño en un escenario internacional, y comprobar que el trabajo realizado en las aulas podía llegar hasta otro continente.
Nidia y Daniela describieron la experiencia como un motivo de orgullo y confesaron que aún les resulta difícil creer que un proyecto realizado como parte de una materia hubiera llegado hasta España.
El reconocimiento también fortaleció su confianza. Saber que otras personas valoraron su trabajo les dio un impulso para continuar desarrollándose en el ámbito audiovisual y buscar nuevos proyectos.
Reforzar un ideal académico
Ese orgullo se relaciona también con el propósito académico que está detrás de proyectos como Esquites. Para la maestra Guerrero Rodríguez, el premio representa un incentivo para continuar trabajando bajo un modelo que busca acompañar las ideas de los estudiantes, incluso cuando inicialmente parecen difíciles de realizar, hasta convertirlas en proyectos concretos.
“El objetivo es ayudar a que los estudiantes conserven la esencia de aquello que quieren expresar y, al mismo tiempo, incorporen los conocimientos y las retroalimentaciones obtenidas en el aula. La idea inicial es una semilla, que hay que cultivar, cuestionar, probar diferentes posibilidades y aprender nuevas técnicas. El resultado final es satisfactorio porque se ve cómo los estudiantes crecen durante ese proceso”, dijo.
De igual manera, algo que la llena de satisfacción es observar que posteriormente esas obras llegan a otros espacios y son reconocidas. En ese sentido, el premio obtenido por Esquites representa también la posibilidad de que un ejercicio académico encuentre nuevos públicos y espacios de exhibición.
La profesora de la FAD reconoció que la IA es una herramienta valiosa que continuará desarrollándose y que puede ser útil para potenciar el trabajo creativo. Sin embargo, considera que su crecimiento también hace necesario recuperar el valor de los procesos tradicionales.
A su juicio, cada vez es más fácil encontrar materiales que tengan características similares porque fueron generados mediante herramientas de inteligencia artificial. Frente a esa homogeneización, el trabajo realizado de manera manual puede convertirse nuevamente en una forma de diferenciarse.
“Regresar al origen significa recuperar la experimentación, las técnicas tradicionales y el trabajo directo con los materiales. En el caso del stop motion, significa poner las manos en marcha, construir los objetos, moverlos y fotografiarlos uno por uno. La tecnología no tiene por qué desaparecer del proceso creativo. Puede utilizarse como una herramienta, pero la intención artística debe seguir siendo humana”, expresó.
Bajo esa misma perspectiva coincidieron las alumnas, quienes valoraron la experiencia de realizar este cortometraje de manera artesanal, es decir, haciendo que cada elemento y cada situación pasara por sus manos.
¿Qué enseñanza deja Esquites a otros estudiantes?
La experiencia de Esquites también dejó un mensaje para otros estudiantes: atreverse a mostrar sus trabajos. Las integrantes del equipo consideran que muchos jóvenes pueden dudar de sus propias capacidades o pensar que sus proyectos no son suficientemente buenos para participar en una convocatoria, pero su recomendación es comenzar por creer en la idea.
También consideran importante no desanimarse cuando otras personas no compartan una determinada visión creativa. En las carreras artísticas es normal encontrar diferencias de opinión, pero eso no significa que una idea deba abandonarse. El reto está en encontrar personas que comprendan la propuesta y puedan ayudar a desarrollarla.
De igual manera, destacaron que es importante confiar en el propio instinto y en el proceso creativo. Cada persona tiene una manera distinta de observar el mundo y esa perspectiva puede convertirse precisamente en el elemento que haga diferente un proyecto.
Por ello, invitan a quienes tengan interés en la fotografía, el cine, el video, la animación, el diseño o cualquier otra disciplina artística a intentarlo, atreverse y, sobre todo, disfrutar el proceso.
Un cortometraje universitario que llegó más lejos
El reconocimiento obtenido por Esquites demuestra que una idea nacida en las aulas puede trascender fronteras cuando se combina con creatividad, disciplina y trabajo colectivo. El cortometraje no sólo representa un logro para sus creadoras, sino también para la FAD y la UNAM, al confirmar que la formación universitaria puede convertirse en un espacio donde las ideas encuentran las herramientas necesarias para hacerse realidad.
Al final, Esquites deja una enseñanza que va más allá del premio: atreverse a crear, confiar en las propias ideas y compartirlas puede llevarlas mucho más lejos de lo que originalmente se imaginaba.