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Del intercambio lingüístico al encuentro intercultural: la experiencia del teletándem en UNAM Chicago

Aprender una lengua implica mucho más que conocer palabras, estructuras gramaticales o reglas de pronunciación. También supone encontrar oportunidades para utilizarla, interactuar con otras personas y acercarse a las realidades culturales en las que adquiere significado. Desde esta perspectiva, el teletándem se ha convertido en una experiencia que ha enriquecido la enseñanza y el aprendizaje del español en UNAM Chicago.

El teletándem es una modalidad de intercambio lingüístico en la que dos personas con lenguas diferentes interactúan, generalmente mediante herramientas digitales, para apoyarse mutuamente en el aprendizaje. Cada participante utiliza la lengua que aprende y, al mismo tiempo, ayuda a su interlocutor con la propia. Se trata de una forma de telecolaboración que favorece la comunicación auténtica y el aprendizaje autónomo y colaborativo.

Su valor no se limita a la práctica lingüística. Las conversaciones permiten explicar expresiones, negociar significados, comparar formas de hablar y compartir experiencias relacionadas con la vida cotidiana. Por ello, la interacción puede convertirse también en un espacio para explorar aspectos culturales y reflexionar sobre las semejanzas y diferencias entre los participantes. 

Esta práctica comenzó a incorporarse en la sede en 2018, en colaboración con la Mediateca de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT), como una manera de ampliar las oportunidades de interacción de los estudiantes de español en UNAM Chicago y de inglés en la UNAM. La propuesta partía de una premisa sencilla: ofrecer espacios en los que pudieran utilizar la lengua en situaciones reales de comunicación y establecer contacto con personas que se encontraban en otros entornos.

Con el tiempo, la experiencia permitió ampliar los intercambios y establecer vínculos con otras comunidades académicas de la UNAM como la ENES-León y la FES-Acatlán y ,poco a poco, la red de colaboración se especializó. Los proyectos de teletándems involucran a estudiantes de diferentes entidades de la UNAM, entre ellas la Facultad de Trabajo Social, antes Escuela Nacional de Trabajo Social, la Facultad de Medicina, la Facultad de Derecho y la Facultad de Contaduría y Administración. En esta nueva modalidad, los intercambios lingüísticos se centran en temas de interés de las profesiones para las que se están formando las personas participantes en uno y otro lado de la frontera para aprender sobre aspectos comparativos del ejercicio profesional. 

Un tercer avance en el programa de teletándem de UNAM Chicago ha sido la colaboración con el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo y la Escuela Nacional Preparatoria 5 (ENP) y estudiantes de español de centros comunitarios y High School en distritos escolares de la región. En ese intercambio, los participantes no solo conocen información sobre otra comunidad: también tienen que explicar cómo viven y perciben su entorno y decidir qué aspectos consideran relevantes para compartir. En cada sesión se generan productos colaborativos entre los jóvenes, como podcasts bilingües elaborados conjuntamente por los participantes.

En todos ellos, la interacción entre participantes introduce un elemento que difícilmente puede reproducirse mediante ejercicios exclusivamente centrados en el aula: la necesidad de comunicarse con una persona concreta. Una pregunta, una expresión desconocida o una diferencia en el uso de una palabra se convierten en oportunidades para aclarar, reformular y aprender. Este proceso también permite observar la diversidad del español. Los estudiantes descubren que una lengua compartida no significa necesariamente utilizar las mismas palabras, expresiones o formas de interacción. Las diferencias regionales y sociales dejan de ser contenidos abstractos y aparecen en conversaciones reales. Las conversaciones pueden llevarlos a hablar sobre la escuela, las ciudades donde viven, sus actividades cotidianas, las tradiciones familiares, la música, las celebraciones o sus expectativas académicas y profesionales. 

Esta dinámica favorece el desarrollo de la competencia comunicativa intercultural, entendida como la capacidad de interactuar de manera adecuada y efectiva con personas de diferentes referentes culturales. Los participantes necesitan escuchar, preguntar, explicar sus propias referencias y comprender las de los demás. Así, el intercambio no solo contribuye al aprendizaje de la lengua, sino también al desarrollo de habilidades para relacionarse con personas que tienen experiencias y perspectivas diferentes.

Esta dimensión adquiere particular relevancia en Chicago, donde el español forma parte de la vida cotidiana de numerosas comunidades. Para los estudiantes, entrar en contacto con distintas formas de hablar y con experiencias relacionadas con la migración, la educación, el trabajo y la vida comunitaria amplía la comprensión de la lengua como una práctica social.

El desarrollo de estos proyectos también implica un proceso de planeación y acompañamiento. La telecolaboración requiere definir objetivos, organizar las actividades, establecer acuerdos entre los participantes y dar seguimiento a las interacciones. Esta estructura permite aprovechar las posibilidades de la interacción y, al mismo tiempo, atender los desafíos propios de la comunicación a distancia. En este sentido, la tecnología es un medio, no el propósito de la experiencia. Las plataformas digitales hacen posible el encuentro, pero es la interacción entre las personas la que da sentido al aprendizaje.

Después de varios años, el recorrido del teletándem en UNAM Chicago muestra una evolución que va más allá de una estrategia para practicar español. La experiencia ha permitido construir colaboraciones con distintas entidades de la UNAM, generar espacios de comunicación entre estudiantes de México y Estados Unidos y acercar el aprendizaje de la lengua y la cultura a diferentes realidades sociales y culturales.

También plantea una forma particular de entender la internacionalización. Los estudiantes pueden tener una experiencia de contacto internacional sin salir de su entorno habitual: basta con abrir un espacio virtual de comunicación con otra comunidad. De esta manera, la dimensión internacional puede incorporarse a la experiencia cotidiana del aula y no depender exclusivamente de los programas de movilidad presencial.

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Apnea del sueño: el trastorno que puede robarte el descanso y afectar tu salud

El descanso nocturno tiene un papel fundamental en la salud y en el funcionamiento cotidiano. Sin embargo, existen trastornos que pueden alterar la calidad del sueño y tener consecuencias que van mucho más allá del cansancio al despertar. Entre ellos se encuentra la apnea del sueño, un problema que puede pasar desapercibido durante años.

Para conocer sus principales características, factores de riesgo, consecuencias, métodos de diagnóstico y alternativas de tratamiento, se consultó a la doctora Gabriela Millán Rosas, neumóloga especialista en Medicina del Sueño con certificación y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A partir de su explicación, es posible comprender por qué los problemas respiratorios durante el sueño no deben considerarse únicamente una causa de ronquidos o cansancio, sino una condición que puede afectar la calidad de vida y la salud de distintos órganos cuando no se identifica y atiende oportunamente.

¿Qué es la apnea del sueño?

La doctora Millán Rosas explicó que la apnea del sueño es un trastorno respiratorio que se presenta mientras dormimos y se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración. También pueden registrarse reducciones parciales del flujo de aire, conocidas como hipopneas. Estos episodios pueden disminuir la oxigenación del organismo y alterar el descanso.

Existen diferentes tipos de apnea. La más frecuente es la apnea obstructiva del sueño, que ocurre cuando la vía aérea superior se estrecha o se bloquea, dificultando el paso del aire. También existe la apnea central del sueño, menos frecuente, en la que el problema se relaciona con las señales que envía el cerebro para controlar la respiración.

En ambos casos puede producirse una disminución de la cantidad de aire que llega a los pulmones y, en consecuencia, una reducción de la oxigenación de la sangre. Ante esta situación, el organismo activa mecanismos destinados a recuperar la respiración.

También pueden presentarse episodios de apnea mixta, que combinan un componente central y otro obstructivo.

Aunque las causas pueden ser diferentes, estos trastornos comparten una característica: interrumpen el proceso normal del sueño y pueden manifestarse mediante distintos síntomas.

Síntomas

Uno de los signos más conocidos de la apnea obstructiva son los ronquidos. Sin embargo, la especialista aclaró que roncar no significa necesariamente que una persona tenga apnea, ya que también existen personas que roncan sin presentar este trastorno.

Otras señales de alerta son las pausas respiratorias observadas por quien comparte la habitación y los despertares con sensación de ahogo.

Otro de los principales efectos es despertar con la sensación de no haber descansado, incluso después de haber permanecido en la cama durante ocho horas. A esto pueden sumarse la somnolencia excesiva durante el día y el cansancio constante.

También pueden presentarse dolor de cabeza al despertar, irritabilidad, dificultad para concentrarse, problemas de memoria y sensación de “niebla mental”. La boca seca es otro síntoma posible, especialmente en pacientes que respiran por la boca durante la noche.

Reconocer estos signos puede ayudar a identificar el problema, pero también es importante considerar qué personas tienen mayores probabilidades de desarrollar apnea.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

La apnea obstructiva del sueño puede presentarse en diferentes personas, pero existen factores que aumentan el riesgo. Entre ellos se encuentran ser del sexo masculino, la obesidad, la edad avanzada y determinadas características anatómicas de la vía aérea.

La anatomía de la garganta también tiene un papel importante. Una lengua grande, determinadas características de la úvula, conocida popularmente como “campanilla”, una garganta estrecha, un cuello ancho y una mayor cantidad de tejido en la región pueden favorecer el estrechamiento de la vía aérea durante el sueño.

La edad es otro factor relevante. Conforme envejecemos, pueden producirse cambios en los músculos y tejidos que favorecen el colapso de la vía aérea en personas predispuestas.

Las mujeres tampoco están exentas de presentar apnea. De acuerdo con la explicación de la doctora Millán Rosas, el riesgo aumenta después de la menopausia. Los cambios hormonales de esta etapa pueden influir en el control de la respiración y en el funcionamiento de los músculos de la vía aérea.

Identificar estos factores es importante porque la apnea no solo afecta la sensación de descanso. Cuando las interrupciones respiratorias se repiten durante la noche, también pueden aparecer consecuencias durante el día y, si el trastorno permanece sin tratamiento, afectar otros sistemas del organismo.

Consecuencias de un mal descanso

Cuando la apnea interrumpe continuamente el sueño, las personas afectadas pueden experimentar lentitud mental, olvidos frecuentes, dificultades para concentrarse y cambios en el estado de ánimo.

La irritabilidad es frecuente y, en algunos casos, la mala calidad del sueño puede relacionarse con ansiedad. La persona puede incluso desarrollar preocupación por dormir debido a la sensación de que durante la noche tiene dificultades para respirar.

La somnolencia durante el día también representa un problema de seguridad. Una persona que se queda dormida involuntariamente puede sufrir un accidente mientras conduce o realiza actividades cotidianas. El riesgo no se limita al tránsito: también pueden ocurrir accidentes en casa o durante actividades que requieren permanecer alerta.

Sin embargo, las consecuencias de la apnea no se limitan a la calidad del descanso ni a sus efectos durante el día. Cuando las interrupciones respiratorias se repiten de manera constante, también pueden producir cambios que afectan al sistema cardiovascular y al cerebro.

Implicaciones en el corazón, la presión arterial y el cerebro

De acuerdo con la doctora Millán Rosas, las interrupciones repetidas de la respiración generan una respuesta en el organismo que puede afectar al sistema cardiovascular y al cerebro, particularmente cuando el trastorno permanece sin tratamiento.

Durante estos episodios puede disminuir la cantidad de oxígeno disponible en la sangre. Ante esta situación, el organismo pone en marcha mecanismos para intentar recuperar la respiración. Estas respuestas pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, mientras que, en la apnea obstructiva, los esfuerzos por respirar contra una vía aérea cerrada generan cambios en la presión dentro del tórax.

Cuando esta respuesta se repite numerosas veces durante una misma noche y de manera constante a lo largo del tiempo, representa una exigencia para el sistema cardiovascular. Por ello, la apnea del sueño se ha relacionado con un mayor riesgo de hipertensión arterial y alteraciones del ritmo cardíaco, así como con otros problemas cardiovasculares. La especialista señaló que, en pacientes que no reciben tratamiento, también se ha asociado con padecimientos como la angina de pecho y el infarto agudo de miocardio.

Los episodios respiratorios también pueden provocar breves activaciones cerebrales, conocidas como microdespertares. Aunque pueden contribuir a recuperar la respiración, fragmentan el sueño y dificultan que sea reparador. La persona no siempre es consciente de que ocurren.

Además, la disminución repetida de oxígeno y las alteraciones cardiovasculares asociadas con la apnea se han relacionado con un mayor riesgo de eventos cerebrovasculares.

La apnea también puede coexistir con otros padecimientos, como la diabetes tipo 2, y contribuir a dificultades para controlar la glucosa. De esta manera, cuando el trastorno se mantiene sin tratamiento, sus efectos pueden contribuir al deterioro general de la salud.

¿Puede ser mortal?

Una interrogante frecuente sobre la apnea del sueño es si esta puede provocar la muerte. Para comprender ese riesgo, es importante considerar las complicaciones que el trastorno puede favorecer, especialmente cuando permanece sin tratamiento.

La apnea del sueño sin tratamiento puede aumentar el riesgo de problemas graves, como el infarto y los eventos cerebrovasculares, que pueden ser mortales. Su gravedad y sus consecuencias dependen de las características de cada paciente y de la presencia de otras enfermedades.

La somnolencia excesiva también puede tener consecuencias graves cuando provoca accidentes. Por ello, identificar el trastorno y recibir una evaluación médica resulta fundamental para determinar su gravedad y establecer el tratamiento adecuado.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico requiere una evaluación médica y se confirma mediante un estudio del sueño adecuado para cada paciente. La especialista explicó que existen diferentes modalidades de estudios.

El estudio tipo 1, conocido como polisomnografía supervisada, es el estándar de referencia. Se realiza en un laboratorio del sueño y permite vigilar al paciente durante la noche mediante diferentes sensores. Se registran la actividad cerebral, la actividad cardíaca, los movimientos respiratorios del tórax y el abdomen, la oxigenación de la sangre, el flujo de aire y determinados movimientos musculares, entre otras variables.

El estudio tipo 2 registra prácticamente las mismas variables, pero puede realizarse en el domicilio del paciente y sin la vigilancia continua que existe en un laboratorio.

El tipo 3 es un estudio respiratorio más sencillo, que registra variables como el flujo de aire, la oxigenación, la frecuencia cardíaca y los movimientos respiratorios.

Finalmente, el tipo 4 es todavía más simple y registra un número limitado de variables, según el dispositivo utilizado. Algunos equipos miden la oxigenación y el pulso, pero estos registros por sí solos no equivalen a una evaluación diagnóstica completa.

La elección del estudio depende de las características clínicas del paciente y de la indicación médica. Los estudios simplificados pueden utilizarse en determinados pacientes, pero tienen limitaciones. Si un estudio domiciliario resulta negativo, inconcluso o técnicamente insuficiente, puede ser necesario realizar una polisomnografía.

Una vez identificado el trastorno, el siguiente paso consiste en determinar su gravedad y seleccionar la estrategia de tratamiento más adecuada.

Tratamiento: no existe una solución única

Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento depende del tipo de apnea, su gravedad y las características del paciente. En adultos, la apnea obstructiva puede clasificarse como leve, moderada o grave, principalmente según el número de apneas e hipopneas por hora de sueño. También se consideran los síntomas, la disminución de la oxigenación y las enfermedades asociadas para orientar el tratamiento.

En algunos pacientes con ronquido habitual o apnea obstructiva leve pueden utilizarse dispositivos de avance mandibular. Estos aparatos, elaborados a la medida, buscan adelantar la mandíbula para favorecer el paso del aire. Su indicación requiere una valoración profesional.

En pacientes con apnea obstructiva, especialmente moderada o grave, puede indicarse un dispositivo de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP, por sus siglas en inglés). Mediante una mascarilla, el equipo proporciona aire a una presión determinada para ayudar a mantener abierta la vía respiratoria durante el sueño. También puede utilizarse en determinados casos leves, según los síntomas y la evaluación médica.

La especialista enfatizó que estos dispositivos no deben adquirirse ni utilizarse sin una evaluación médica. El tratamiento requiere determinar si el paciente es candidato, realizar los ajustes correspondientes y mantener un seguimiento. Un dispositivo mal indicado o utilizado incorrectamente puede no resolver el problema e incluso ocasionar molestias o complicaciones.

Además del tratamiento específico, se deben considerar medidas relacionadas con la higiene del sueño y el estilo de vida. Entre las recomendaciones se encuentran evitar el uso de aparatos electrónicos antes de dormir, mantener horarios regulares, procurar una alimentación saludable y realizar actividad física. Estas medidas complementan el tratamiento, pero no lo sustituyen.

También se recomienda evitar el consumo de alcohol antes de dormir, debido a que puede relajar los músculos de la vía aérea y favorecer la aparición de más episodios de obstrucción.

La alimentación y el ejercicio son particularmente importantes en personas con sobrepeso u obesidad. Aunque el peso corporal no determina por sí solo que una persona vaya a desarrollar apnea, puede ser un factor que contribuya al problema. En estos pacientes, la reducción de peso puede ayudar a disminuir su gravedad.

Asimismo, es importante evaluar la respiración nasal. Algunos pacientes presentan inflamación o aumento de tejido en las fosas nasales que dificulta el paso del aire. Identificar y tratar estos problemas puede contribuir a mejorar la respiración durante el sueño, aunque no necesariamente resuelve la apnea.

El abordaje también puede incluir apoyo psicológico cuando existe ansiedad u otras consecuencias emocionales relacionadas con el trastorno.

Poner atención a las señales

Dormir varias horas no siempre significa haber descansado bien. Si los ronquidos son frecuentes, alguien observa pausas en la respiración, existe somnolencia durante el día o se presenta la sensación de despertar sin haber recuperado energía, es importante solicitar una evaluación médica y no asumir que se trata simplemente de malos hábitos o de falta de descanso.

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La lucha por recuperar la lactancia materna

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2023, sólo 34.2 por ciento de los bebés menores de seis meses son alimentados exclusivamente con leche materna. En mayo de 2026, UNICEF México seguía utilizando esta cifra como referencia nacional.

En los últimos años también se ha documentado la influencia que puede tener la promoción de sucedáneos de la leche materna. En 2026, UNICEF México informó que un monitoreo realizado entre abril de 2025 y enero de este año encontró más de mil presuntas infracciones al Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna en plataformas digitales, entre ellas publicidad directa o encubierta, declaraciones nutricionales y de salud sin respaldo científico y estrategias que idealizan las fórmulas comerciales infantiles.

En agosto, el organismo advirtió además que la desinformación y la promoción de fórmulas comerciales pueden afectar el inicio y la continuidad de la lactancia materna. En México, más de la mitad de las fórmulas consumidas son recomendadas por personal de salud, directamente o mediante la presencia de marcas en artículos y regalos proporcionados por esta industria.

En relación con lo anterior, la ENSANUT 2022 señala que 27.2 por ciento de las niñas y los niños menores de dos años recibió fórmula comercial infantil durante los primeros tres días de vida.

Durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, la Organización Panamericana de la Salud señaló que la lactancia materna es una de las intervenciones más eficaces para mejorar la supervivencia, la nutrición, la salud y el desarrollo infantil porque brinda una nutrición óptima, protege contra enfermedades infecciosas, contribuye al desarrollo cognitivo y reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad en etapas posteriores de la vida.

Al mismo tiempo, las madres también se benefician porque amamantar se asocia con un menor riesgo de cáncer de mama y de ovario y de diabetes tipo 2.

“Como es bien sabido, antes de la llegada de los españoles al territorio que hoy es México el amamantamiento fue la regla. Por fray Diego de Landa sabemos que los niños eran amamantados durante tres y cuatro años, por lo que según él había gente de tan buenas fuerzas, y que los mayas eran altos”, señaló Ana María Carrillo Farga en su conferencia La lactancia materna en México, entre la tradición y la medicalización, que dio el 27 de agosto de 2026 en el Auditorio Dr. Ramón de la Fuente Muñiz, de la Facultad de Medicina de la UNAM.

“Por su parte, en el siglo XVI a fray Bernardino de Sahagún sus informantes le relataron que entre los mexicas todas las mujeres amamantaban, incluso las esposas de los emperadores”, agregó la investigadora.

“Esta tendencia continuó prácticamente inalterada durante los tres siglos de la colonización española. Incluso en el Museo Amparo de Puebla se puede ver un cuadro novohispano anónimo de la Virgen de la Leche, que es una representación de la Virgen María amamantando al Niño Jesús”, señaló la doctora Carrillo Farga, fundadora del Seminario Permanente de Historia de la Medicina y la Salud Pública en América Latina de la Facultad de Medicina.

La Liga de la Lactancia Materna

La investigadora recordó una anécdota de la década de 1950 en Estados Unidos. En 1956, en pleno auge de la alimentación artificial, con el fin de apoyarse y poder amamantar a sus hijos, siete mujeres decidieron fundar un grupo al que llamaron The Breastfeeding League o Liga de la Lactancia Materna.

Sin embargo, les informaron que no era posible que en Estados Unidos una asociación llevara la palabra “pecho” en su nombre, así que decidieron llamarla La Leche League, nombre que tomaron de la Virgen de la Leche y el Buen Parto, de España.

“Volviendo a la Nueva España, Marcos Cortés Guadarrama, de la Universidad de Veracruz, en sus estudios analiza cómo vieron a la lactancia y a los lactantes los religiosos, médicos, cirujanos y naturalistas del periodo, quienes recomendaban utilizar la leche materna para tratar desde la sordera y problemas oculares, hasta las fiebres en los tísicos”.

Estas prácticas deben entenderse dentro de los conocimientos médicos de aquella época y no como recomendaciones terapéuticas actuales.

Pero las mujeres debieron haber conocido remedios para ese y otros problemas comunes al amamantamiento, porque esta práctica continuó al menos durante 60 años después de la Independencia.

Los inicios de los cambios en la alimentación

“En la última década del siglo XIX comenzó el cambio de la lactancia materna a la alimentación con sucedáneos de la leche humana, que ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo, y siguió durante cien años”, señaló la investigadora.

Aunque hubo muchas razones para este cambio, la fundamental fue que una parte de la profesión médica influyó en la forma en que las madres mexicanas alimentaban a sus hijos.

“Sitúo los inicios de este proceso hacia 1892. Ese año, en la Escuela Nacional de Medicina fue establecida la Clínica de Enfermedades Infantiles, que al principio tuvo carácter de cátedra de perfeccionamiento, pero a partir de 1897 se convirtió en una materia obligatoria para los estudiantes de medicina, y en 1906 pasó a ser una especialidad”, señala la académica.

Los nuevos especialistas trataron de influir en tres aspectos: la maternidad científica, el control de las nodrizas y los primeros experimentos con lactancia artificial.

“En relación con la maternidad científica, los médicos pusieron en duda la capacidad de las madres para criar a sus hijos y comenzaron a definir la alimentación de los infantes como un fenómeno complejo, especializado y científico que por lo mismo debía quedar bajo la esfera del servicio profesional”, explica Carrillo Farga.

Hasta entonces, las madres solían escuchar a sus bebés para saber cuándo amamantarlos, darles alimentos sólidos o destetarlos, pero los médicos de finales del siglo XIX dedicados a la atención de niños opusieron al instinto materno la educación para la maternidad e intentaron sujetar la lactancia natural a ciertas normas.

“Por ejemplo, llamaban a alimentar al niño con el pecho entre 24 y hasta 48 horas después del nacimiento, pues calificaban al calostro como nocivo para los niños, y también hacían llamados a concentrarse desde el inicio de la vida del niño en la regularidad de las comidas”.

Estas indicaciones corresponden a la medicina de finales del siglo XIX. En la actualidad, la OMS y UNICEF recomiendan iniciar la lactancia durante la primera hora después del nacimiento y amamantar a libre demanda. El calostro aporta nutrientes y factores inmunológicos y de crecimiento importantes para el recién nacido.

Consideraban a la lactancia natural como lo mejor, pero estaba contraindicada en un gran número de casos: cuando las mujeres padecían anemia o alguna enfermedad transmisible, tenían lesiones en el pezón, pechos pequeños o muy grandes, eran irascibles o nerviosas.

“También cuando los niños tomaban el pecho con avidez o rehusaban tomarlo, si vomitaban entre dos mamadas o presentaban temperatura elevada. De acuerdo con los facultativos, en cualesquiera de estas situaciones, la madre tenía que renunciar a su deseo de amamantar”.

Esas contraindicaciones pertenecen igualmente a los criterios médicos de aquella época y no deben interpretarse como recomendaciones actuales. Hoy las situaciones en las que la lactancia debe suspenderse o evitarse son específicas y requieren una valoración individual.

Las nodrizas

Todavía a inicios del siglo XX se recurría a ellas por muerte o enfermedad grave de la madre, y en el caso de niños de familias ricas y de niños abandonados.

“En 1767, la Iglesia Católica estableció en la Ciudad de México la casa de cuna Casa de Niños Expósitos. En sus estudios, Pilar Gonzalvo concluyó que no se construyó tanto porque hubiera muchos niños abandonados, sino porque se consideraba un escándalo que las madres solteras vivieran con sus hijos”, señaló la investigadora.

En su obra La vida en México durante la residencia de dos años en ese país, que se publicó en inglés en 1843, la marquesa Calderón de la Barca, escocesa casada con el primer ministro de España en México después de la Independencia, menciona que había madres que dejaban a sus hijos en la Casa de Niños Expósitos para evitar que se les criticara por tener un hijo siendo solteras, pero que después se contrataban como nodrizas sin salario para poder amamantarlos.

“Esto, precisamente, lo confirma con datos fehacientes la Introducción a la Guía del Fondo Casa de Niños Expósitos del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, escrita por Xóchitl Martínez”, señala Ana María Carrillo.

Algunos testimonios de la época coinciden en que en general las nodrizas cuidaban muy bien a los niños, pero en esta época la profesión médica empezó a caracterizar a las amas de cría, como también se les conocía, como peligrosas. Esto condujo a considerar que su trabajo debía estar sujeto a la inspección de las autoridades sanitarias.

“Hasta entonces, la manera tradicional para confirmar que una nutriz estaba sana era observar a su bebé. Sin embargo, la mayoría de los médicos exigían el análisis de la composición de la leche por el microscopio y un detenido examen médico de toda posible nodriza, el cual violaba los códigos decimonónicos del pudor. Como en el caso de las madres, muchos médicos tuvieron hacia las nodrizas un doble discurso”, señala la investigadora.

En casi todos los artículos sobre alimentación de los recién nacidos se mencionaba que a falta de la madre debía recurrirse a un ama de cría, pero éstas fueron censuradas por favorecer a sus propios hijos, por lo que llegaron a ser separadas de sus recién nacidos.

“A finales del siglo XIX surgieron las nodrizas in situ, que ya no amamantaban a su hijo y al otro niño, sino sólo al otro niño, generalmente de casas ricas, pero entonces las acusaron de ser malas madres”, dice la investigadora.

Experimentos con la lactancia artificial

“Por lo que toca a los experimentos con lactancia artificial, empezó a ponerse en duda la idoneidad de la leche humana. Por ejemplo, el periódico La Emulación, publicación de la Sociedad Médico-Farmacéutica, de Mérida, Yucatán, afirmaba que la leche de algunas madres era pobre, por lo tanto, inadecuada para los niños, pero que la de otras mamás era demasiado rica, por lo que podía causar indigestiones y trastornos nerviosos”.

En México, como en otros lugares del planeta, se experimentaba con leche de vaca diluida en agua y con azúcar, a la que luego se fueron agregando otras cosas, como harina, bicarbonato o cebada perla.

“Algunas compañías encontraron en la alimentación con biberón un negocio rentable, y en el último tercio del siglo XIX ya producían fórmulas basadas en la leche de vaca”.

En 1867 fue introducido el alimento para lactantes de Liebig, uno de los primeros preparados comerciales de este tipo, y en 1870 Nestlé ya exportaba su fórmula a Europa, Estados Unidos y Australia. También llegaba a México.

“Desde entonces, se desarrolló un discurso que seguiría repitiéndose en prácticamente cada artículo en el siglo XX: el amamantamiento constituía el mejor modo de alimentación para los niños recién nacidos, pero a falta de lactancia completa por el seno, la mixta, bien conducida, ofrecía ventajas reales. Y la lactancia artificial con leche de vaca, rodeada de grandes precauciones, podía dar buenos resultados”.

“Con excepciones, estas fueron las tesis cada vez más empleadas por muchos pediatras: sugerían alimentar al niño con leche de burra, de cabra o de vaca, en ese orden”.

La de cabra ofrecía la ventaja de que el niño podía mamar directamente del animal, y a esa cabra había que consentirla y nunca castigarla, aunque en la ciudad era difícil tener una cabra.

Los médicos experimentaron con leche artificial en dos espacios de la Ciudad de México, la Gota de Leche para Madres Trabajadoras y la Casa de Niños Expósitos.

La medicalización de la lactancia

La intervención médica en la alimentación de los infantes, natural o artificial, fue paralela a la penetración de la profesión médica en todos los espacios privados y públicos.

“La definición de medicalización de la lactancia es el intento de expropiación del poder de las madres por los profesionales de la salud para determinar el patrón de alimentación que seguirían, así como la intervención sistemática en la vigilancia de la salud de los infantes y en el control del cuerpo y el comportamiento de las madres”, expresa la académica.

“Estas políticas fueron interrumpidas durante la Revolución de 1910, pero se reorganizaron en 1921, al término de la Revolución”.

“Son muchísimas las ventajas de la lactancia materna, tanto nutricionales, como fisiológicas, económicas, inmunológicas, tanto para la madre como para el niño”, dice la doctora Carrillo Farga.

“En un estudio cohorte con maestras, ESMaestras, del Instituto Nacional de Salud Pública, que ya cumplió veinte años, de los treinta que se planearon, se ha encontrado que hay una asociación entre las madres que amamantaron y la protección frente al cáncer de mama”.

El Estudio de la Salud de las Maestras (ESMaestras) cumplió dos décadas en 2026. Esta cohorte está integrada por 115 mil 273 maestras de educación básica de 12 estados del país y ha generado investigaciones sobre salud reproductiva, enfermedades cardiometabólicas y distintos tipos de cáncer, entre otros temas.

Durante la conversación posterior a la conferencia, Carrillo Farga hizo una precisión importante sobre el acompañamiento a las mujeres:

“A mí me parece muy importante que las mujeres que quieren amamantar reciban todo el apoyo que necesitan del Estado, de la profesión médica, de la sociedad, y que si alguna mujer no quiere o no puede amamantar, también sea respetada sin culpa”.

A más de un siglo del inicio de este proceso, todavía queda mucho por hacer para apoyar la lactancia materna. El desafío no consiste únicamente en informar sobre sus beneficios, sino también en ofrecer acompañamiento a quienes desean amamantar y garantizar que las familias puedan tomar decisiones informadas, con evidencia científica y sin presiones comerciales indebidas.

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Juan Rulfo en Voz Viva de México

La obra de Juan Rulfo ocupa un lugar central en la literatura mexicana del siglo XX pese a estar concentrada en pocos títulos. En 1953 apareció El llano en llamas, el volumen de cuentos en el que quedaron reunidos algunos de sus relatos más conocidos; dos años después se publicó Pedro Páramo, novela construida entre voces, recuerdos, silencios y muertos que continúan hablando.

Leer a Rulfo permite entrar en ese universo. Escucharlo introduce otra dimensión: la voz física del escritor, sus pausas y la manera en que deja avanzar las palabras sin apartarlas de la sobriedad que caracteriza sus textos. Esa posibilidad se encuentra en la edición dedicada a Juan Rulfo de la serie Voz Viva de México, producida por la Dirección de Literatura de la UNAM.

La grabación reúne fragmentos de Pedro Páramo y cuatro relatos de El llano en llamas: “Luvina”, “Talpa”, “¡Diles que no me maten!” y “No oyes ladrar los perros”. La lectura está a cargo del propio Juan Rulfo. La ficha de la colección identifica, además, las ediciones originales del Fondo de Cultura Económica de 1955 para Pedro Páramo y de 1953 para El llano en llamas.

La selección permite reconocer algunas de las situaciones que atraviesan su narrativa. En “Luvina”, el paisaje parece extender sobre sus habitantes una sensación de abandono; en “Talpa”, el viaje está marcado por la culpa y por aquello que los personajes no pueden reparar; “¡Diles que no me maten!” coloca frente a frente el miedo a morir y las consecuencias de un hecho ocurrido muchos años atrás; mientras que “No oyes ladrar los perros” concentra, en el trayecto de un padre y su hijo, una relación atravesada por el reproche, el cansancio y una esperanza cada vez más frágil.

Los fragmentos de Pedro Páramo, por su parte, devuelven al territorio de Comala y a una novela donde hablar desde la muerte no constituye una ruptura excepcional, sino una de las condiciones mismas del relato. En Rulfo, las voces se escuchan aun cuando ya no parece quedar nadie que pueda responderles.

Felipe Garrido, encargado de la presentación de esta edición, llama la atención precisamente sobre lo que ocurre cuando esos textos pasan por la voz de su autor. Considera los cuatro cuentos incluidos entre las piezas fundamentales de Rulfo y observa en su lectura la ausencia de aspavientos, la socarronería y una manera de decir en la que las emociones aparecen contenidas. Para Garrido, son las inflexiones discretas y a veces casi ocultas las que permiten percibir esa contención con particular claridad.

Ahí reside el interés particular de este registro. Voz Viva de México no sustituye la experiencia de leer Pedro Páramo o El llano en llamas, pero conserva algo que la página por sí sola no puede ofrecer: la posibilidad de escuchar las palabras de Rulfo pronunciadas por Juan Rulfo.

La grabación puede consultarse en la colección Voz Viva de México de la UNAM

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Frecuencias del pasado: sintonizando las marcas del estrés en el genoma y como resuenan en la salud mental

La ciudad de la antigua Tenochtitlán, frecuentemente sacudida por temblores, vivió hace un mes un sismo particularmente fuerte que generó graves daños, afectando severamente el barrio La Guadalupana. Luis y Elena vivían en el emblemático edificio gris de la calle Estrella del Tepeyac, que sufrió graves daños estructurales. Ambos estaban en sus hogares cuando comenzó el temblor y tuvieron que evacuar rápidamente para protegerse. Si bien Luis resultó afectado por la difícil situación, pudo volver a su rutina diaria sin mayores inconvenientes. Elena, en cambio, comenzó a experimentar una intensa ansiedad, con dificultades para conciliar el sueño y un temor constante a que otro terremoto ocurriera. Su angustia fue tal que decidió buscar ayuda profesional para afrontar sus emociones y manejar el malestar que ha estado sufriendo.

Dicho ejemplo muestra por qué, a pesar de haber vivido lo mismo, cada sujeto reacciona de manera distinta. La diferencia en sus respuestas no se debe sólo a factores externos, como el piso del edificio en que cada uno vivía o el apoyo que recibieron de amigos, familiares o compañeros, sino también a características propias de cada sujeto, tales como su personalidad, su edad, su sexo, o su estilo de vida. Además, los factores biológicos, incluidos los genes (que como sabemos, son segmentos de ADN) y su “prendido” o “apagado”, mediante mecanismos epigenéticos, también juegan un papel crucial.

Pero ¿qué son los mecanismos epigenéticos? Son cambios químicos en la estructura del material genético que no alteran su secuencia (esto es, el orden en el que están los nucleótidos), pero que sí influyen en cómo se prenden y se apagan los genes, es decir, en cómo estos producen lo que está codificado en ellos. Imaginemos que al activar o desactivar genes, se ajusta un panel repleto de interruptores, que va a modelar cómo se ve y cómo funciona el organismo.

Existen diversas marcas epigenéticas, pero en este artículo nos referiremos a una de las más estudiadas: la metilación, que consiste en la adición de un grupo metilo (CH3 ̶ ), a regiones específicas del material genético, generalmente cercanas al inicio de un gen (que es una secuencia específica de ADN). Esta zona, que conocemos como “promotor”, tiene funciones reguladoras, ya que actúa como un “interruptor” que indica si un gen está activo y se produce lo que está codificado en él o si está inactivo. En la mayoría de los casos, la presencia de grupos metilo en esta región se asocia con “desactivación” o “apagado” de genes.

Los cambios epigenéticos pueden ser inducidos por factores ambientales y, una vez establecidos, pueden persistir a lo largo de la vida, incluso en ausencia del estímulo que los produjo, creando una forma de “memoria genética” qué influye en la actividad de los genes.

Hoy nos gustaría hablarte sobre cómo estos mecanismos influyen en la respuesta a situaciones estresantes. Para ello te invitamos a que imagines a la epigenética como la perilla con la que sintonizamos las estaciones de radio y ésta se mueve ligeramente en respuesta a las experiencias que vivimos en ciertas etapas de la vida como la infancia, sintonizando la actividad de muchos genes para alcanzar la frecuencia que determinará el modo en que responderemos al estrés en situaciones futuras  Cabe señalar que el estrés es un estímulo que se percibe como amenazante e interfiere con el equilibrio interno. La forma en la que los genes producen lo que está codificado en su secuencia, define si la estación de radio sintonizada nos ayudará a tener una respuesta resiliente (de adaptación), o nos dejará atrapados en una frecuencia que nos mantiene en el distrés o malestar, lo que afecta nuestra salud física y mental.

Es decir, la epigenética funciona como una perilla que define qué genes se “activan” o se “desactivan” en respuesta a estímulos ambientales particulares. Lo anterior no significa que cambie la secuencia del ADN, sino que la epigenética modula la forma en la que los genes se prenden o se apagan, marcando la diferencia entre una respuesta saludable y una respuesta negativa al estrés.

El Dr. Michael Meaney, de la Universidad de McGill en Canadá, fue pionero en entender estos procesos. En sus primeros trabajos demostró que el cuidado materno influye en la respuesta al estrés, ya que las crías de ratas que reciben más cuidados de sus madres, desarrollan mayor resiliencia; mientras que las que reciben menos cuidado, muestran una mayor tendencia al distrés.

Para entender los mecanismos moleculares que subyacen a esta respuesta, fue fundamental la colaboración entre el Dr. Meaney y el Dr. Moshe Szyf, también de la Universidad de McGill, pero experto en epigenética y cáncer. En este esfuerzo se descubrió que, en las crías menos cuidadas, un gen importante en la respuesta al estrés conocido como “receptor de glucocorticoides” (GR), está químicamente “desactivado”, por la presencia de grupos metilo en la región “promotora” del gen, lo cual genera mayor vulnerabilidad al estrés.

De manera fascinante, lo que se observó en ratas ya se ha replicado en humanos. Se reportó que sujetos con antecedente de maltrato en la infancia no sólo mostraron “desactivado” el GR, sino que se identificaron cambios en la metilación del material genético en alrededor de 360 genes. Estos resultados, que fueron posibles gracias a la colaboración del Dr. Meaney con el Dr. Gustavo Turecki, también de la Universidad de McGill, y experto en la neurobiología de la depresión y el suicidio, sustentan la idea de que las experiencias en la infancia pueden dejar marcas epigenéticas duraderas, a través de la presencia/ausencia de grupos metilo en diversos genes, con importantes implicaciones en la respuesta al estrés en la vida adulta.

También se ha sugerido que el efecto de las experiencias adversas se puede transmitir de una generación a la siguiente. En sus estudios con descendientes de sobrevivientes del Holocausto, el equipo de la Dra. Rachel Yehuda de la Escuela de Medicina Mount Sinaí en Nueva York, experta en trauma, y colaboradora del Dr. Meaney, identificó en esos sobrevivientes, y a su vez en sus hijos con Trastorno de Estrés Postraumático, cambios en la metilación de genes relacionados con la respuesta al estrés. Si bien es posible que estos efectos se deban, en parte, a los patrones de crianza de los padres con problemas de salud mental, los hallazgos sugieren que el efecto del trauma también puede transmitirse biológicamente mediante marcas epigenéticas, probablemente a través de varias generaciones.

La evidencia de que nuestras experiencias, o las que vivieron nuestros padres o abuelos, dejan marcas duraderas en el genoma, es un tema fascinante. Estos hallazgos nos ayudan a comenzar a comprender algunos mecanismos mediante los cuales el estrés modifica nuestra biología mediante marcas epigenéticas, como la metilación del material genético, que pueden influir, aunque no determinar, ciertos aspectos de la salud mental.

En este sentido, es importante recordar que las marcas epigenéticas constituyen solo una pieza del rompecabezas para comprender la salud mental, la cual surge de la compleja interacción entre factores biológicos (genéticos y epigenéticos) y ambientales. Por lo que aún queda un largo camino por recorrer antes de aplicar la epigenética al manejo y tratamiento de los trastornos mentales.

Para avanzar en este camino, resulta fundamental fomentar la colaboración interdisciplinaria que ayude a profundizar la relación entre el estrés y los mecanismos epigenéticos, como la metilación del material genético, particularmente en poblaciones vulnerables. Este enfoque permitirá identificar los factores que regulan las interacciones entre nuestra biología y el medio ambiente en el que nos desenvolvemos, así como su papel en la prevención y tratamiento de los trastornos mentales.

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Mientras dormimos: lo que la ciencia descubrió sobre los sueños

Resumen: Cada noche, mientras dormimos, el cerebro no descansa: sueña. Los sueños son una forma de actividad cognitiva subjetiva que procesa emociones, memorias y experiencias del día; aunque no siempre los recordemos, eso no indica ningún problema de salud. Este artículo recorre lo que la ciencia sabe sobre los sueños: por qué ocurren, en qué etapas del sueño aparecen —y por qué no es exclusivo de la fase rem—, cómo el estrés y el trauma los intensifican, y qué son los sueños lúcidos. A partir de investigaciones recientes, se exploran también las pesadillas como respuesta al procesamiento emocional y su relación con eventos como la pandemia de covid-19. Un recorrido por uno de los fenómenos más universales y menos comprendidos de la experiencia humana.

Introducción

Los sueños son sucesos cognitivos fascinantes e interesantes que ocurren al dormir. No siempre se recuerdan —y eso no representa ningún problema de salud—. Su duración y su contenido varían incluso dentro de la misma persona, y sólo el ensoñador tiene acceso directo a lo que sueña. Esa condición íntima plantea un problema para su estudio: no existe una vía directa para investigar los fenómenos oníricos de forma global. Cada individuo accede sólo a sus propios sueños, nunca a los de los demás. Aun así, la imposibilidad de observarlos de manera directa no cancela su estudio. Existen herramientas indirectas —entrevistas, encuestas— que permiten explorar con qué sueñan otras personas. Sin embargo, estos métodos introducen nuevas dificultades: dependen por completo del testimonio del encuestado, que puede ser impreciso por reserva, por fallas de memoria o por otras razones. Por ello, una de las estrategias más confiables consiste en observar a un individuo mientras duerme y realizarle diversos estudios, como los electroencefalogramas (eeg) y la resonancia magnética funcional (fMRI). Estos permiten conocer la profundidad del sueño, relacionar la actividad onírica con los movimientos corporales e identificar qué partes del cerebro muestran actividad, entre otros aspectos (Scarpelli et al., 2022).

Qué son los sueños y para qué sirven

Una vez reconocidas las dificultades del material onírico, es posible aproximarse a su naturaleza. Los sueños son una actividad cerebral cognitiva y subjetiva que ocurre durante el sueño y que busca imitar la realidad. Se generan en la imaginación; sin embargo, persiste la pregunta: ¿por qué soñamos?, ¿tiene alguna función o se trata de un residuo evolutivo? La evidencia sugiere que soñar cumple funciones benéficas. Según Scarpelli et al. (2022), los sueños ayudan a procesar el exceso de información mental y emocional acumulada durante el día. A través de la actividad onírica, la mente construye representaciones de la realidad que expresan lo vivido: deseos, fantasías, miedos y otras experiencias. Esta forma de expresión contribuye a la salud mental (Scalabrini et al., 2021).

Cuando la noche procesa lo difícil

Si los sueños procesan estados emocionales, también intervienen en la elaboración de experiencias traumáticas o estresantes. En estos casos, aumentan su frecuencia, vividez, intensidad emocional y facilidad de recuerdo (Scalabrini et al., 2021). Algunos autores, como Scarpelli et al. (2022), interpretan este fenómeno como una desviación de la función general; aun así, conserva el propósito de procesar la sobrecarga diaria. Estos sueños, asociados con el trauma o el estrés, se conocen como pesadillas. Se distinguen por su carga emocional negativa y por la huella que dejan en el soñador. En la mayoría de los casos, los sueños con emociones intensas —sobre todo negativas— se recuerdan con mayor facilidad y ocurren con más frecuencia que aquellos de tono positivo. Un ejemplo claro apareció durante la pandemia de covid-19. En ese periodo, muchas personas vivieron estados persistentes de ansiedad. La investigación de Sommantico et al. (2021) mostró que los sueños se volvieron más intensos, frecuentes y vívidos. Además, cuanto más cercanos eran los eventos estresantes, mayor era la presencia de emociones negativas en los sueños. El mismo estudio señala variaciones según la edad: los adolescentes reportaron sueños más breves y fáciles de recordar, mientras que los adultos presentaron con mayor frecuencia emociones negativas e impresiones sensoriales.

La geografía del descanso: dónde ocurre el sueño

El simple hecho de dormir no garantiza entrar en un estado de ensoñación; para comprenderlo, es necesario revisar las etapas del sueño. Según Fabres y Moya (2021), estas pueden dividirse en sueño rem —del inglés Rapid Eye Movement, o movimiento ocular rápido— y no rem. El sueño no rem se subdivide en tres fases. La fase N1 corresponde a un estado de somnolencia y agrupa alrededor del 5 % del tiempo de sueño total. La fase N2 se distingue por unas ondas cerebrales denominadas husos de sueño y complejo K; representa entre el 45 y el 55 % del tiempo total del sueño. La fase N3, la más profunda y con mayores propiedades reparadoras para el cuerpo, constituye cerca del 15-20 % del tiempo de sueño total. La otra etapa, el sueño rem, conforma entre el 20 y el 25 % del tiempo de sueño total. Suele manifestarse entre 60 y 120 minutos después de conciliar el sueño y se caracteriza por una parálisis muscular, una actividad de ondas cerebrales desordenadas y un movimiento ocular rápido de forma horizontal.

Espiral

Aunque muchos autores consideran el sueño rem como la etapa en que tienen lugar los sueños, Scarpelli et al. (2022) señalan que es posible experimentarlos en ambas fases —rem y no rem—, pues al modificar el criterio de recolección de datos se pueden obtener reportes de sueños durante la fase no rem. Siclari et al. (2017) van más lejos: aunque es más habitual que las personas recuerden haber soñado tras la fase rem, también existen casos en que se reportan sueños en quienes han atravesado únicamente la fase no rem. Estos autores señalan que los sueños se distinguen más por la actividad cerebral en zonas concretas del área cortical posterior del cerebro —a las que denominan hot zones— que por la fase de sueño en que se encuentre la persona. Dicha actividad se caracteriza por un bajo contenido de actividad de baja frecuencia y un alto contenido de actividad de alta frecuencia. Bajo estos criterios, los sueños en estado no rem son posibles, aunque tienden a ser más fragmentados, basados principalmente en pensamientos y con una baja carga emocional; el sueño rem, en cambio, se caracterizará por sueños más bizarros, vívidos y fantasiosos, con una mayor carga emocional.

Sueños lúcidos: cuando el soñador toma el control

Los sueños son, en términos generales, imágenes y representaciones mentales generadas de manera involuntaria que buscan replicar la realidad. Sin embargo, hay ocasiones en que dejan de ser completamente involuntarios; en esos casos se les conoce como sueños lúcidos. Los sueños lúcidos implican un grado de consciencia durante la ensoñación: el soñador es capaz de percatarse de que los sucesos que experimenta no son la realidad, sino sólo un sueño, y eso le otorga cierto control sobre lo que ocurre. Quienes los experimentan también desarrollan una mayor capacidad para recordar sus sueños. Por todo ello, el entrenamiento del sueño lúcido resulta de gran utilidad para que una persona logre superar exitosamente una pesadilla (Méndez de la Brena y Schoenmann, 2020).

Lo que aún no sabemos

A lo largo de este texto se han repasado diversos conceptos para comprender los sueños; ahora es posible acercarse a ellos con mayor claridad. Aun así, conviene recordar que los sueños son individuales: la forma en que cada persona los experimenta es única, pues dependen en gran medida de las circunstancias en que cada uno se ha desarrollado. Esto abre interrogantes que la ciencia todavía no ha respondido: ¿con qué sueñan las personas ciegas? ¿Los animales también son capaces de soñar, o los humanos somos los únicos con esa capacidad? Estas preguntas muestran que estamos muy lejos de descifrar la totalidad de lo que significa soñar. Sin embargo, eso no debería desalentar a ningún investigador —ni a ningún lector— interesado en la experiencia onírica; la búsqueda de esas respuestas suele ser, en muchas ocasiones, bastante divertida, sobre todo cuando el tema es tan fascinante como los sueños. Grandes obras científicas y de entretenimiento han sido igualmente cautivadas por los sueños, y no es de extrañar: se trata de un tema comprensible de manera universal, sin importar la lengua o la cultura. Despierta un interés generalizado porque representa, de modo extraordinario, todo lo que ocurre en nuestra mente —experiencias, memorias, ideas, miedos, deseos y mucho más. Como nota final, recomendamos a las personas lectoras que sigan ampliando sus conocimientos sobre los sueños como método de comprensión propia, pues a través de ellos expresamos gran parte de lo que sentimos y pensamos. Quien logre aceptarlos y comprenderlos obtendrá un nuevo entendimiento de sí mismo y de quienes lo rodean.

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La luz que volví a encender, impresión a impresión: mi verano en King’s College London

Desde que era pequeña tenía la ilusión de estudiar en el extranjero. Como estudiante de la Licenciatura de Física Biomédica en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, deseaba vivir una experiencia que me permitiera ampliar mi formación académica y conocer otras formas de aprender. Sin embargo, por diferentes factores sentía que esta meta se iba alejando de mi camino poco a poco, así que por un tiempo esa luz se fue apagando. 

Todo cambió a finales de 2025, cuando recibí un correo institucional sobre los siguientes cursos de Verano Puma. Yo ya sabía de la existencia de estos programas, pero tenía entendido que eran únicamente para la profundización del idioma, lo cual no estaba dentro de mis intereses y por ello, nunca les había prestado demasiada atención. 

Esta vez era diferente: la oferta de Verano Puma del Centro de Estudios Mexicanos UNAM–Reino Unido incluía la posibilidad de elegir entre varios cursos de especialización impartidos por King’s College London (KCL) lo que captó aún más mi atención. Aun así, había algo que no me hacía animarme por completo; fuera inseguridad o miedo, no sabía exactamente qué era  lo que me frenaba.

Llegamos a inicios de 2026 y comencé mis prácticas profesionales. No sé si fue el destino, pero el proyecto que me tocó desarrollar implicaba impresión 3D en el sector salud. Fue en ese momento cuando decidí que ir este verano a Inglaterra era verdaderamente parte de mi camino. Envié mis documentos y fui aceptada para cursar “Medical Applications of 3D Printing”, y no solo eso, sino en una de las universidades que se encuentra dentro del ranking 50 a nivel mundial: King’s College London.

El programa nos brindó la opción de alojarnos en una de las residencias estudiantiles de la universidad, lo que hizo la experiencia aún más enriquecedora al permitirnos vivir de primera mano la vida universitaria regular de un estudiante de KCL. La residencia se encontraba a solo diez minutos caminando del campus donde tomaba mis clases: el Guy’s Campus.

En mi primer día estaba algo confundida porque llegué a un hospital, pero pronto descubrí que se trataba de un campus adyacente a Guy’s Hospital, donde se encuentra la Facultad de Ciencias de la Vida y Medicina de King’s College London.

Durante el curso se nos asignó un equipo y debíamos desarrollar un proyecto para presentarlo al final. Decidimos diseñar un maniquí que simulara la anatomía y textura de un cerebro, e incluyera un tumor en su interior con el fin de ser útil en la planeación de cirugías.

Estos modelos de tumores cerebrales impresos en 3D son de gran utilidad en neurocirugía, ya que permiten reconstrucciones tridimensionales de las lesiones a partir de imágenes de resonancia magnética en 2D y herramientas diseño asistido por computadora.

Mi función dentro del equipo consistió en la segmentación de imágenes médicas, un proceso que permite tomar los estudios generados por un equipo de imagen médica (CT, MRI) y convertirlas en un modelo tridimensional. Aunque ya estaba familiarizada con esta tarea utilizando el programa 3D Slicer, el profesor nos enseñó a usar ITK-SNAP, lo cual fue muy beneficioso para conocer nuevas herramientas en un proceso con el que ya había trabajado. Dado que no tenía tanta experiencia en modelado 3D, aprender a usar Fusión 360 fue una gran oportunidad. Además, para la edición de los modelos nos enseñaron a usar Meshmixer, y llevamos a cabo el proceso de impresión utilizando el software Bambu Studio con impresoras Bambu Lab.  

Fue una vivencia plenamente multidisciplinaria. Aunque todas las personas que integramos el equipo pertenecíamos al área de la salud, proveníamos de carreras distintas, como medicina, ingeniería biomédica, ciencias biomédicas y física biomédica. Esta diversidad de conocimientos nos permitió complementarnos y abordar el proyecto desde diferentes perspectivas. El curso nos brindó de habilidades  muy valiosas para nuestros futuros campos profesionales.

Además del aprendizaje académico, pude tener grandes experiencias sociales. El campus se encontraba muy cerca de London Bridge, así que, al salir de clases, era muy fácil desplazarme hacia diferentes sitios turísticos. No puedo ni recordar la cantidad de veces  que crucé por el London Bridge, pasé junto al Big Ben o vi el London Eye solo caminando de un lugar a otro, lo que me permitió conocer la cotidianidad de la ciudad. 

No era necesario ir a alguna atracción en particular; bastaba con caminar y perderme entre   sus calles para asombrarse con la belleza de Londres. Durante esos recorridos podía encontrar las casas donde vivieron figuras destacadas de la literatura, el cine, las artes y otros ámbitos de la historia.

A unos cuantos pasos de la escuela también se encontraba el Borough Market, un emblemático mercado donde disfrutaba muchísimo ir a comer. Por si fuera poco, durante los fines de semana tuve la gran oportunidad de viajar más allá de Londres y explorar lugares increíbles como Stonehenge, Bath, Liverpool y Oxford.

A la par, pude convivir con personas de diferentes países. Fue una oportunidad única para conocer nuevas culturas y puntos de vista. Había estudiantes de cada uno de los continentes y podíamos pasar horas platicando sobre nuestras vidas. 

Aunque veníamos de contextos culturales, políticos, religiosos e idiomas totalmente distintos —y en cualquier otra circunstancia tal vez no nos hubiésemos conocido—, era increíble cómo podíamos encontrar tantas cosas en común. 

Londres también ofrece una enorme cantidad de museos (la mayoría gratuitos), así como obras de teatro, musicales, ópera, ballets y conciertos. Es una ciudad sumamente amigable con las y los estudiantes, ya que al ser menores de 25 años muchos de estos eventos cuentan con descuento.

La universidad también organizó actividades de integración para que pudiéramos convivir con estudiantes de otros cursos de King’s College London, entre ellas un espectáculo de stand-up, un paseo en ferry y diversas reuniones para socializar.

Regresé inmensamente agradecida por esta experiencia y con el deseo de que sea el primer gran paso hacia un futuro posgrado en el extranjero.

Londres es una ciudad viva, multicultural y profundamente acogedora con las y los estudiantes de todo el mundo. Me llevo amistades entrañables, recuerdos inolvidables y aprendizajes que me acompañarán para siempre. 

Hoy me alegra de corazón haber tenido la valentía de tomar esta oportunidad y ver cómo esa luz que alguna vez creí apagada volvió a brillar con más fuerza que nunca. 

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¡Uf!, ¡auch!, ¡wow! Así suena el papel

En las novelas gráficas, el arte de la expresión verbal se dibuja, las palabras adquieren cuerpo, la literatura se rinde a las imágenes. Nuestros ojos recorren cada viñeta y descubren los escenarios, los rostros de los personajes y sus peripecias rumbo al desenlace de la historia. Y aunque la lectura parece silente, las onomatopeyas traspasan el papel y nos conducen por una experiencia sonora: las bombas estallan, ¡buum!; los cristales se rompen, ¡crash!; las multitudes vitorean, ¡ehhh!; los corazones laten, ¡pum-pum, pum-pum!

​Creamos las onomatopeyas para representar las voces del mundo; son las palabras de aquello que era un sonido, un ruido, un murmullo, un silbido, un chasquido o un estruendo. Son el resultado de actos imitativos con los que los seres humanos de todas las épocas hemos construido un repositorio ecoico del mundo. Ya en los textos platónicos se reconocía el vínculo entre el sonido y el significado de las palabras; se planteaba que la mímesis era un mecanismo para nombrar y se discutía si acaso no todos los nombres son, de algún modo, imitaciones del ser de las cosas.1 Hoy sabemos que las palabras asignadas a las realidades depositadas en las lenguas son producto de la convención entre los hablantes; esto es, del acuerdo social, casi nunca explícito, sedimentado históricamente por el uso. Aunque puede haber iconicidad, como sucede con las onomatopeyas, aceptamos que, en general, no hay relación entre aquello que nombramos y la forma sonora que utilizamos para hacerlo.

​Por otro lado, con las onomatopeyas, los seres humanos reinterpretamos los sonidos de nuestro entorno a partir de los recursos fonéticos de nuestra lengua; empero, esta capacidad no nos es exclusiva. Algunos animales reproducen el paisaje sonoro que habitan: las urracas, los cuervos y los loros destacan por su capacidad para imitar sonidos, sea de otras aves, de mamíferos (incluidos los seres humanos) o de objetos; por ejemplo, la lira (Menura), es un ave australiana que emula sonidos artificiales como el claxon de un automóvil.2 De igual modo, algunas focas, ballenas y delfines en cautiverio han desarrollado imitaciones de voces humanas; quizá uno de los casos más famosos es el de la foca Hoover, del Acuario de Nueva Inglaterra, en Boston, que, aproximadamente en los setenta del siglo pasado, imitaba el habla humana con frases como hello there, “hola” y come over here, “ven aquí”. De manera paradójica, nuestros parientes evolutivos más cercanos, los grandes simios, no muestran esta capacidad vocálica imitativa, aunque aprenden con relativa facilidad lenguaje de señas.3 Por su parte, el oído de los seres humanos está capacitado, desde las primeras etapas del desarrollo, para percibir, distinguir y organizar los sonidos de su entorno.4 Identificamos diferencias acústicas, duración, intensidad o patrones de volumen y luego vinculamos estas cualidades con los seres vivos, con los objetos, los acontecimientos o los fenómenos naturales que los producen. Esta capacidad biológica nos permite imitar los sonidos, representarlos fonéticamente, asignarle uno o varios significados y adscribirlos a nuestra lista mental de palabras para luego integrarlos a una escena sonora.

Las onomatopeyas se integran al vocabulario de nuestra lengua de diversas formas. Por ejemplo, tenemos aquellas palabras que imitan sonidos humanos, como la risa, ha ha ha, he he he, ja ja ja, je je je, ji ji ji…; el enfado, buah, buuu, hmm, mmm, pfff, puah…; el carraspeo o la tos, cof cof, ejem ejem, ujum ujum…; los estornudos, aaachís, achú, achús, atchís…; la deglución, ñam ñam, glu glu, gulp, gulp…; el llanto, bua bua, snif snif, waaa….; los ronquidos, rrr, zzz….; el dolor, au, auch, ay, uy…; la emoción o sorpresa, ah, eh, guau, oh, wow…; el frío, berr, brrr, brru…; el asco, buag, ñac…; los eructos, burp…; los besos, muac…; el hipo, hip….; el alivio, uf; el habla, bla bla, güiri güiri…, por mencionar algunos.

​Son también muy comunes las onomatopeyas que representan los sonidos que emite la animalia, como el sonido de la abeja, bzzz; del búho, uhú; del burro, iaaa; del caballo, hiii; del cerdo, oinc oinc; de la gallina, clo clo; del gallo, quiquiriquí; del gato, miau; del grillo, cri cri; del león, roaar; del lobo, aúúú; del mosquito, bzzz; de la oveja, beee; del pato, cuac; del perro, guau; del pollo, pío pío; del ratón: iii iii; de la rana, croac; de la serpiente, ssss o de la vaca, muuu. Las nociones y los objetos inanimados también producen sonidos que las onomatopeyas convierten en palabras, como las explosiones o disparos: bang bang bang, boom, bum, paf, pam, pataplum, patapum, pim pam, pum pum pum, ra ta ta ta…; los golpes: cataplum, cataplún, crash, plaf, plas, plof, plop, splash, trac, tracatrá, tras, zas, zasca…; los crujidos: catacrac, crac, crack, croc, crunch, ras, scratch…; los mecanismos: chac chac, chas, clac, clic, clip, clop, tac, toc…; las campanas, timbres y toques: chirrín, clin, clinc clinc, cling, din don dan, ding dong, ring, rin rin, talán talán, tan tan, tilín tilín, tolón tolón, toc toc…; la fricción: chits, fiiiu, fru fru, pfiuu, zip… o la velocidad: fuuun, run run, rrr, ssum, entre otros.

​En español tenemos, asimismo, un número no desdeñable de palabras cuya etimología se remonta a la imitación de algún sonido; así, por ejemplo, el Diccionario de la lengua española nos dice que los sustantivos batacazo, bofe, burbuja, carcajada, carraspera, cencerro, changarro, chapa, chaparrón, charamusca, charco, chasco, chispa, chorcha, chorro, churro, dengue, gargajo, garganta, pirinola (y perinola), pito, rifa, rifirrafe, sapo, tirria, títere, tope, trampa, trino, trompa, tuétano y vaho tienen un origen onomatopéyico. Lo tienen también los adjetivos bárbaro, bereber, bofo, fofo, guarro, pizpireto y zángano; y los verbos achuchar, arrullar, bambolear, berrear, borbotear, bufar, chacotear, chapotear, chirriar, chocar, chupar, papear, pizcar, refunfuñar, rezongar, tambalear, tararear, tocar, topar, trepar, tumbar, zampar y zumbar, por mencionar algunos.

En muchos de estos casos es posible reconstruir el vínculo de estas palabras con el sonido que las originó, ya que se repiten algunos movimientos de la boca. Así, la voz churro, referida al postre frito, se forma a partir del sonido que produce el redondeamiento y cierre de los labios como para pronunciar el sonido de la ch, seguido de la repetición del sonido de la r, lo cual recuerda el chisporroteo de la masa húmeda al entrar en contacto con el aceite caliente. En otros casos, el tiempo ha difuminado la relación y su reconstrucción resulta mucho más compleja, tal como se podría suponer de la palabra dengue, que habría surgido a partir de la imitación del habla afectada de una persona melindrosa, de ahí que originalmente hiciera referencia a gestos de disgusto y, con el tiempo, terminó por nombrar una enfermedad cuyos dolores y rigidez obligan a quienes la padecen a moverse con una apariencia semejante a quienes hacen dengues. Las onomatopeyas no reproducen los sonidos con exactitud, sino que los “traducen” de acuerdo con las posibilidades fonéticas de cada lengua y con las convenciones culturales de sus hablantes; por eso, en alemán el ladrido es wuff wuff, en coreano meong meong y en español guau guau.

​Para terminar, basta con decir que en las novelas gráficas, las onomatopeyas marcan el ritmo de las páginas e, incluso, sonorizan el final de un relato… ¡tan tan!

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El regreso del Códice Azcatitlan: una memoria de México que vuelve a casa

Después de casi dos siglos fuera del país, el Códice Azcatitlan regresa temporalmente a México. El documento se exhibirá en el Museo Nacional de Antropología hasta el 6 de diciembre de 2026, en el marco de las conmemoraciones por los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia.

La presencia de este histórico manuscrito permite al público acercarse a la historia de la peregrinación mexica, a sus relatos de origen y al recorrido que, de acuerdo con esta tradición, llevó a estos pueblos desde Aztlan hasta la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco. Sus imágenes también permiten conocer la manera en que, siglos después, estas historias fueron recuperadas, reinterpretadas y plasmadas en un documento que hoy forma parte de la memoria histórica de México.

Lámina del Códice Azcatitlan interpretada como la entrada de Hernán Cortés a Tenochtitlan. En la escena se han identificado, entre otros personajes, a Malintzin y Hernán Cortés.

Para profundizar en lo que hay detrás de este documento, se consultó a la Dra. María Castañeda de la Paz, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM y especialista en el estudio de códices pictográficos del centro de México. Su trabajo académico se ha concentrado en la historia prehispánica y virreinal de estos pueblos, a partir del análisis de códices, crónicas y documentos de archivo.

Un documento y muchas historias

El Códice Azcatitlan es un documento pictográfico elaborado en el Valle de México durante el periodo virreinal. De acuerdo con la propuesta de la Dra. María Castañeda de la Paz, su elaboración debe situarse probablemente en la segunda mitad del siglo XVII. Está compuesto por 20 fojas y combina elementos de la tradición pictográfica mesoamericana con recursos de origen europeo. Al mismo tiempo, recupera tradiciones históricas mexicas relacionadas con documentos y representaciones anteriores.

La Dra. María Castañeda de la Paz, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, durante la consulta de materiales relacionados con el estudio del Códice Azcatitlan.
La Dra. María Castañeda de la Paz ha dedicado parte de su trabajo académico al estudio de códices pictográficos del centro de México, entre ellos el Códice Azcatitlan.

Aunque sus imágenes representan acontecimientos mucho más antiguos, el códice fue elaborado siglos después de la fundación de México-Tenochtitlan y no constituye un relato contemporáneo de esos acontecimientos. Su contenido debe entenderse, por tanto, como una reconstrucción del pasado mexica en la que confluyen distintas tradiciones y formas de representar la historia.

De acuerdo con la investigadora, el taller en el que se elaboró estuvo encabezado por don Diego García, conocido también como Diego García de Mendoza Austria Moctezuma. Era un arriero otomí que participaba en la elaboración de documentos para distintos pueblos así como para él y su familia.

Estos documentos tenían una función que iba más allá de conservar el pasado. Servían para preservar la historia y la identidad de las comunidades y, en el caso de don Diego García, podían contribuir a mejorar su posición social, obtener reconocimiento y acceder a cargos. La elaboración de documentos era también una actividad económica.

Entender quién produjo el códice y en qué contexto resulta importante porque permite acercarse a una de sus características centrales: el Azcatitlan no transmite una memoria intacta del pasado, sino una memoria reconstruida desde el periodo virreinal. Esa perspectiva se vuelve especialmente relevante al analizar la manera en que presenta el origen y la migración de los pueblos.

El origen de los pueblos

Uno de los temas centrales del Códice Azcatitlan es el origen y la migración de los pueblos que habitaron la cuenca de México. Los mexicas estaban conformados por dos pueblos: tenochcas y tlatelolcas. De acuerdo con la investigadora, todo indica que ambos tenían un origen norteño y chichimeca y que su lugar de procedencia inicial era Chicomoztoc, el lugar de las Siete Cuevas. Esta tradición, sin embargo, no permaneció inalterada con el paso del tiempo.

De acuerdo con la interpretación de Castañeda de la Paz, con la llegada de Itzcoatl al poder, en 1427, comenzó a construirse una nueva tradición sobre el origen de los tenochcas. A partir de entonces, Aztlan se consolidó como su lugar de procedencia, una tradición que permitía vincularlos con la identidad tolteca y con pueblos sedentarios de habla náhuatl que reivindicaban derechos antiguos sobre la tierra.

Desde entonces, las tradiciones sobre el origen de tenochcas y tlatelolcas no eran idénticas. Mientras los tenochcas quedaron asociados con Aztlan, los tlatelolcas conservaron vínculos con Chicomoztoc y con un origen chichimeca.

El Códice Azcatitlan reúne estas distintas referencias dentro de un mismo relato de peregrinación. La narración comienza en Aztlan y, a lo largo del recorrido, incorpora otros lugares asociados con el origen y la migración de los pueblos, entre ellos Chicomoztoc. De esta manera, el códice no presenta estos lugares necesariamente como relatos excluyentes, sino como parte de una historia más amplia sobre el desplazamiento de los pueblos hasta su llegada a la cuenca de México.

En esta construcción, señala la investigadora, también resulta significativa la representación de Azcapotzalco. En la escena de Aztlan aparece el topónimo de Azcapotzalco, representado mediante una hormiga dentro de un hormiguero. Junto a él se incorporó un mecate, cuya imagen podía aludir al linaje. La combinación de ambos elementos establece una relación entre Azcapotzalco y el linaje de los tenochcas y tlatelolcas.

Así, el códice articula referencias a Aztlan, Chicomoztoc y Azcapotzalco dentro de un mismo relato. Más que ofrecer una única explicación sobre el origen de los pueblos, construye una narración que reúne distintas tradiciones y las conduce hacia un mismo proceso migratorio, cuyo desenlace es la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco.

El camino hacia la cuenca de México

Si el origen constituye el punto de partida del relato, la migración mexica es el recorrido que permite conectar esas tradiciones con la fundación de los asentamientos. Este se divide en dos grandes momentos.

El primero corresponde a un pasado remoto, en el que se representan los lugares de origen y las primeras etapas de la migración.

En esta parte del relato aparecen lugares como Chicomoztoc y Aztlan, vinculados con el origen de los pueblos y con el inicio de su desplazamiento. A partir de estos espacios comienza un largo recorrido marcado por distintas paradas, acontecimientos y cambios en el territorio, que permiten reconstruir de manera retrospectiva el camino seguido por los grupos migrantes.

El segundo momento corresponde a un periodo histórico, en el que el recorrido adquiere una dimensión más concreta y se relaciona con la llegada de los mexicas a la cuenca de México.

En esta etapa aparecen los desplazamientos y asentamientos que anteceden a su establecimiento definitivo, así como la relación que fueron construyendo con otros pueblos y territorios de la cuenca. De este modo, el relato deja atrás los espacios asociados con un pasado remoto y se aproxima progresivamente a acontecimientos que pueden situarse con mayor claridad dentro de la historia de la región.

El recorrido culmina con el establecimiento de los mexicas en la cuenca de México y con la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco. La llegada a estos dos asentamientos constituye, así, el punto final de un proceso migratorio que el códice presenta como una secuencia que va desde los lugares de origen hasta la conformación de nuevos centros de población.

La fundación de ambas ciudades no aparece, por tanto, como un acontecimiento aislado, sino como el desenlace de un largo recorrido que conecta el pasado remoto de los pueblos con su establecimiento definitivo en la cuenca de México.

Tenochtitlan y Tlatelolco, una historia compartida

El recorrido migratorio del Códice Azcatitlan llega a su punto culminante con la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco. Sobre este apartado, la Dra. Castañeda de la Paz explicó que el códice presenta ambas fundaciones de manera conjunta, a diferencia de algunas fuentes alfabéticas que señalan que Tlatelolco fue fundado 13 años después de Tenochtitlan.

La diferencia también aparece en otras fuentes pictográficas. El Mapa de Sigüenza, del siglo XVI, por ejemplo, representa la fundación de Tlatelolco de manera independiente.

Más allá de las distintas versiones sobre la fundación, esta representación permite detenerse en los vínculos que los tlatelolcas mantenían con otros señoríos de la cuenca de México, particularmente con Azcapotzalco. Los tlatelolcas tuvieron una relación estrecha con este señorío, que también aparece vinculada con su propia historia de origen y establecimiento en la cuenca.

Su primer gobernante, Cuacuauhpitzahuac, era hijo de Tezozomoc, gobernante de Azcapotzalco, y ambos aparecen representados en el códice.

Los datos arqueológicos también apuntan a una relación temprana entre los tlatelolcas y Azcapotzalco, dice la investigadora. Los tlatelolcas estuvieron vinculados con actividades como la pesca y la extracción de sal y, posteriormente, establecieron una casa real encabezada por Cuacuauhpitzahuac.

Esta relación ayuda a entender por qué la fundación de Tlatelolco puede leerse dentro de una historia más amplia de vínculos entre pueblos, linajes y señoríos de la cuenca de México. En el Códice Azcatitlan, la fundación no aparece aislada, sino integrada a un relato que también recupera las relaciones que precedieron al establecimiento de estos centros de población.

De esta manera, el códice articula distintas tradiciones sobre el origen, la migración y el establecimiento de los pueblos en la cuenca. Aztlan, Chicomoztoc y Azcapotzalco forman parte de una narración que conduce hasta Tenochtitlan y Tlatelolco, pero que también conserva las relaciones entre los pueblos y territorios que participaron en ese proceso.

Más que ofrecer una narración lineal del pasado, el Azcatitlan reúne y reorganiza distintas tradiciones para construir una historia en la que los lugares de origen, los recorridos migratorios, los linajes y las fundaciones están vinculados entre sí.

Leer las imágenes también es hacer historia

Para comprender este relato es necesario detenerse también en la manera en que se leen las imágenes. La Dra. Castañeda de la Paz subrayó que el Códice Azcatitlan no puede estudiarse de manera aislada y que, para interpretarlo, es necesario comparar sus imágenes con otras fuentes pictográficas y alfabéticas: otros códices, mapas, crónicas y documentos de archivo.

El objetivo de esta comparación es encontrar coincidencias, diferencias y transformaciones entre las distintas versiones de un acontecimiento. Por eso, sus imágenes no deben tomarse simplemente como una representación literal del pasado. También hay que preguntarse cuándo fueron elaboradas, cómo se construyeron y con qué propósito.

Esta perspectiva permite regresar a una de las preguntas que atraviesan todo el documento: ¿cómo se construye una memoria histórica? En el caso del Azcatitlan, la respuesta no está únicamente en lo que representan sus imágenes, sino también en las decisiones que determinaron qué tradiciones conservar, cómo relacionarlas y desde qué momento histórico representarlas.

Un códice lejos de México

La historia del Códice Azcatitlan no termina con su elaboración. Actualmente se encuentra bajo resguardo de la Biblioteca Nacional de Francia, donde forma parte de la colección de manuscritos mexicanos. La institución permite consultar una reproducción digital del documento a través de Gallica, lo que facilita el acceso a sus imágenes y permite estudiar el códice sin necesidad de consultar directamente el manuscrito original.

Su permanencia fuera de México, sin embargo, ha suscitado el debate en torno a la posibilidad de que el códice regrese al país y a los sujetos que podrían intervenir en un proceso de esta naturaleza.

Los mecanismos internacionales de restitución de bienes culturales no operan de manera uniforme, pues el destino de una pieza y las personas o instituciones facultadas para solicitar su devolución dependen de las circunstancias particulares de cada caso.

En el contexto mexicano, las solicitudes de restitución pueden ser gestionadas por instituciones del Estado, mientras que las comunidades o los descendientes vinculados con los bienes pueden plantear, según el caso, distintas formas de relación con ellos.

Esta cuestión resulta especialmente relevante para el Códice Azcatitlan debido a las dificultades para reconstruir la historia de su procedencia. Asimismo, la investigadora del IIA señaló la necesidad de determinar qué ocurrió con los descendientes de don Diego García, personaje relacionado con el taller en el que fue elaborado el documento.

Más que asumir de antemano quién tendría derecho a solicitar la restitución del códice, resulta necesario reconstruir estos vínculos históricos para comprender qué actores podrían estar relacionados con una eventual solicitud y cuál podría ser su papel en ella.

La discusión sobre su permanencia fuera de México introduce, así, otra dimensión de la memoria que atraviesa al códice: no solo importa cómo se construyó y transmitió el relato sobre el pasado, sino también quién conserva hoy el documento que contiene parte de esa memoria.

Volver a mirar el pasado

El regreso temporal del Códice Azcatitlan permite acercarse a un documento que reúne relatos de origen, migraciones, linajes y fundaciones, pero también diferentes maneras de construir la memoria histórica.

Sus imágenes cuentan una historia, pero también cuentan la historia de quienes las produjeron, de las tradiciones que recuperaron y de la sociedad en la que el documento fue elaborado.

Más que ofrecer una versión única sobre el origen de los mexicas, el Azcatitlan reúne un conjunto de tradiciones que deben ser contrastadas con otras fuentes. Leerlo implica observar sus imágenes, pero también preguntarse quién las produjo, cuándo y con qué propósito.

Su presencia temporal en México ofrece, así, la oportunidad de volver a mirar un documento fundamental para comprender cómo los pueblos indígenas del centro de México construyeron, conservaron y transmitieron su memoria a través del tiempo.

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¿Qué pasaría si un asteroide impactara la Tierra?

Hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra en la región de lo que hoy conocemos como Chicxulub, en la península de Yucatán. Se trató de un acontecimiento extremadamente raro. Se calcula que los impactos de objetos de ese tamaño ocurren, en promedio, aproximadamente una vez cada 100 millones de años.

Sin embargo, objetos mucho más pequeños entran constantemente en la atmósfera terrestre. De hecho, cada noche, si se observa el cielo durante un rato, es posible ver estrellas fugaces: pequeñas partículas, de apenas milímetros o centímetros, conocidas como meteoroides, que ingresan a gran velocidad, se calientan y se desintegran en la atmósfera, dejando un rastro luminoso.

Todo el tiempo llegan a la Tierra pequeños fragmentos de roca y polvo, muchos de ellos procedentes de asteroides o cometas y relacionados con los materiales que quedaron de la formación del sistema solar, explicó en entrevista Sergio de Regules, divulgador de Universum, Museo de las Ciencias, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia.

“Con menos probabilidad, se pueden observar objetos más grandes”, dijo el también redactor de la revista ¿Cómo ves?, de la DGDC. Incluso, ahora se observan más porque hay cámaras por todas partes. Mientras más grande sea el objeto, menos frecuente es que llegue a la Tierra. Por ejemplo, los objetos de 20 o 30 metros son mucho menos comunes.

Uno de los casos mejor documentados ocurrió el 15 de febrero de 2013 en Cheliábinsk, Rusia, cuando un objeto de aproximadamente 20 metros de diámetro entró en la atmósfera y se fragmentó violentamente a gran altura, alrededor de 30 kilómetros sobre la superficie.

Aunque el fenómeno ofreció un espectáculo impresionante, también causó estragos. Al ingresar a gran velocidad en la atmósfera, el objeto produjo una potente onda de choque que rompió ventanas y provocó daños en techos y otras estructuras. Alrededor de mil 500 personas resultaron heridas, muchas de ellas por fragmentos de vidrio. Afortunadamente, nadie murió.

Uno de los mayores fragmentos recuperados, de aproximadamente 650 kilogramos, cayó en el lago Chebarkul y abrió un boquete de alrededor de siete metros en la capa de hielo.

En la mayoría de los casos, los objetos pequeños se desintegran total o parcialmente en la atmósfera. Sin embargo, un objeto suficientemente grande puede causar daños no solo por el impacto contra la superficie, sino también por el estallido en la atmósfera y la onda de choque que genera. En eventos excepcionalmente luminosos, como el de Cheliábinsk, la radiación emitida puede ser tan intensa que incluso se han documentado lesiones semejantes a quemaduras solares.

La buena noticia es que cuanto más grandes son estos objetos, menos frecuentes son sus impactos. Las estimaciones utilizadas en defensa planetaria calculan que un asteroide de unos 300 metros podría impactar la Tierra, en promedio, una vez cada varias decenas de miles de años y producir efectos regionales de enorme magnitud. Los objetos capaces de provocar consecuencias globales son todavía mayores y mucho menos frecuentes.

¿Cómo nos cuidan?

En 1993, los astrónomos Carolyn Jean Shoemaker, Eugene M. “Gene” Shoemaker y David H. Levy descubrieron el cometa Shoemaker-Levy 9, que había quedado atrapado por la gravedad de Júpiter y se había fragmentado. Entre el 16 y el 22 de julio de 1994, sus restos chocaron contra ese planeta.

El fenómeno pudo observarse y fotografiarse con telescopios desde la Tierra y fue estudiado por distintas sondas espaciales, entre ellas Galileo, que se encontraba en camino hacia Júpiter.

Este acontecimiento, sumado a la evidencia de que el impacto de un asteroide estuvo relacionado con la extinción masiva de finales del Cretácico, contribuyó a aumentar la atención científica y pública sobre el riesgo que estos objetos pueden representar para la Tierra.

Durante las décadas siguientes se fortalecieron los programas de observación dedicados a localizar, seguir y estudiar asteroides y cometas cercanos a nuestro planeta.

Actualmente existen numerosos programas de vigilancia y distintos censos que permiten identificar estos objetos, estudiar sus características y calcular sus órbitas para determinar si alguno podría representar un riesgo. La defensa planetaria de la NASA, por ejemplo, mantiene programas dedicados a detectar y seguir objetos cercanos a la Tierra.

Júpiter también juega un papel importante en la dinámica de los cuerpos pequeños del sistema solar. Debido a su enorme gravedad puede capturar algunos objetos, expulsarlos del sistema solar o alterar sus órbitas. Sin embargo, su papel como supuesto “escudo” de la Tierra es más complejo: en determinadas circunstancias también puede modificar las trayectorias de asteroides o cometas y enviarlos hacia el sistema solar interior.

¿Qué trajeron los impactos?

Cuando surgió el sistema solar, hace aproximadamente 4 mil 600 millones de años, el Sol se formó a partir de una nube de gas y polvo. A su alrededor quedó un disco de material en el que pequeñas partículas comenzaron a agruparse hasta formar cuerpos cada vez mayores.

La Tierra se formó mediante ese proceso de acreción: pequeños cuerpos, conocidos como planetesimales, chocaron y se fueron acumulando hasta formar objetos cada vez más grandes y, finalmente, los planetas.

El origen del agua de la Tierra continúa siendo objeto de investigación. Una de las principales hipótesis plantea que una parte importante estaba presente en los materiales con los que se formó nuestro planeta o llegó durante sus primeras etapas mediante cuerpos ricos en agua, entre ellos asteroides relacionados con las condritas carbonáceas. Los cometas también pudieron contribuir, aunque todavía se investiga qué proporción del agua terrestre pudo provenir de cada fuente.

¿La vida llegó a la Tierra en un meteorito?

Hasta el momento no existe evidencia de que la vida haya llegado a la Tierra dentro de un meteorito.

Sí sabemos, en cambio, que los elementos fundamentales para la vida y numerosas moléculas orgánicas están presentes en el espacio. Algunos de estos compuestos se han identificado en meteoritos, asteroides y cometas.

Una posibilidad es que algunos de los ingredientes químicos necesarios para el surgimiento de la vida hayan llegado a bordo de objetos que impactaron contra la Tierra. Sin embargo, esto es muy distinto a afirmar que un meteorito llegó cargado de bacterias u otros organismos vivos.

¿Y si cayera un asteroide grande?

En un escenario hipotético, si un asteroide de más de 300 metros de diámetro impactara contra la Tierra, las consecuencias dependerían de diversos factores: su tamaño, composición, velocidad, ángulo de entrada y el lugar donde ocurriera el impacto.

Si cayera en el océano podría generar tsunamis destructivos, cuya magnitud dependería también de la profundidad del océano, el sitio del impacto y la distancia a las costas. Si impactara en tierra, la onda expansiva, la radiación térmica y el material expulsado podrían provocar una devastación muy importante en una extensa región.

Pero un objeto del tamaño del que formó el cráter de Chicxulub, de entre 10 y 15 kilómetros, produciría un escenario completamente distinto.

Tras el impacto, enormes cantidades de roca y otros materiales serían expulsadas a la atmósfera. Parte de ese material podría alcanzar grandes alturas y posteriormente regresar a la superficie. Su reingreso contribuiría a un intenso calentamiento atmosférico y podría favorecer incendios extensos en distintas regiones del planeta.

“A las pocas horas del impacto el escenario sería espeluznante”, explicó De Regules.

Sin embargo, uno de los efectos más graves ocurriría posteriormente. El polvo, el hollín y los aerosoles expulsados y distribuidos por la atmósfera reducirían drásticamente la cantidad de luz solar que alcanza la superficie terrestre.

Esto podría producir un “invierno de impacto”, con un enfriamiento global intenso que podría prolongarse durante meses o años. La duración y magnitud dependerían de la cantidad y composición de los materiales liberados durante el impacto.

La disminución de la luz solar afectaría gravemente la fotosíntesis. Al reducirse la productividad de las plantas y del fitoplancton, comenzarían a alterarse las cadenas alimenticias tanto terrestres como marinas, uno de los mecanismos relacionados con la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años.

En aquel evento desaparecieron los dinosaurios no avianos, pero sobrevivieron algunos linajes de aves, que constituyen el único grupo de dinosaurios que llegó hasta nuestros días. También sobrevivieron mamíferos y numerosos organismos de otros grupos. En algunos casos, refugiarse bajo tierra, vivir en ambientes acuáticos o poder alimentarse de recursos diversos pudo favorecer su supervivencia.

Si un acontecimiento semejante volviera a ocurrir, las consecuencias para nuestra civilización serían enormes y no es posible saber con certeza qué ocurriría con los seres humanos. Sin embargo, la historia del planeta muestra que la vida ha conseguido persistir incluso después de grandes extinciones.

De momento, no hay un objeto conocido de estas dimensiones en trayectoria de impacto contra nuestro planeta. Además, ningún asteroide conocido de más de 140 metros representa actualmente una amenaza significativa de impacto para la Tierra durante los próximos 100 años.

Esto no significa que la vigilancia pueda detenerse. Los programas de defensa planetaria continúan buscando objetos todavía no identificados y refinando constantemente los cálculos de sus órbitas.

Lo mejor es saberlo

Si se detectara con suficiente anticipación un objeto capaz de destruir una ciudad o causar efectos regionales importantes, una de las mejores herramientas para la humanidad sería conocer su trayectoria con años de anticipación y tratar de modificarla.

La NASA ya demostró que esto es posible con la misión DART. Hace casi cuatro años, el 26 de septiembre de 2022, la nave impactó deliberadamente contra Dimorphos, un pequeño asteroide que orbita alrededor de otro llamado Didymos.

El objetivo era comprobar si un impacto controlado podía modificar ligeramente la órbita de un cuerpo espacial. La misión logró hacerlo y demostró por primera vez que una técnica de este tipo puede utilizarse como herramienta de defensa planetaria.

“Entrando al tema de la ciencia ficción, la otra sería tomar medidas precautorias, desde evacuar una región hasta construir naves para salir y colonizar Marte”, concluyó De Regules.

Por ahora, la mejor defensa consiste en mirar el cielo, identificar los objetos con suficiente anticipación y calcular con precisión hacia dónde se dirigen.

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Más allá del tratamiento: cómo el ejercicio puede ayudar ante las enfermedades autoinmunes

Vivir con una enfermedad autoinmune puede implicar cambios importantes en la vida cotidiana. El dolor, la fatiga, la rigidez y la inflamación pueden dificultar actividades que antes se realizaban con facilidad, mientras que los tratamientos y las limitaciones físicas pueden llevar a modificar hábitos, trabajo o actividades recreativas.

En este contexto, el ejercicio puede convertirse en un aliado para cuidar la salud física y, al mismo tiempo, recuperar movilidad, autonomía y confianza. Aunque cada enfermedad autoinmune tiene características distintas y puede afectar diferentes partes del organismo, la actividad física, cuando se adapta a las condiciones de cada persona, puede contribuir a mejorar su capacidad funcional y calidad de vida.

Sobre este tema, Deporte UNAM dedicó un episodio de su podcast a “Ejercicio y enfermedades autoinmunes: beneficios y recomendaciones”, con el objetivo de explicar cómo las personas que viven con alguno de estos padecimientos pueden fortalecer su cuerpo, mejorar su condición física y favorecer hábitos que contribuyan al cuidado de su salud.

¿Qué son las enfermedades autoinmunes?

Antes de hablar de los beneficios del ejercicio, es necesario entender qué ocurre en las enfermedades autoinmunes. La Dra. Ana Contreras Barocio, especialista en Medicina de la Actividad Física y Deportiva por la Dirección de Medicina del Deporte de la UNAM, explicó que estas enfermedades se presentan cuando el sistema inmunológico, que normalmente se encarga de defender al organismo frente a virus, bacterias y otros agentes extraños, pierde la capacidad de reconocer adecuadamente los propios tejidos y genera una respuesta contra células, tejidos u órganos del organismo.

De acuerdo con datos de la Asociación Autoinmune, existen más de 100 enfermedades autoinmunes. Entre las más comunes se encuentran la diabetes tipo 1, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple y el lupus. También forman parte de este grupo padecimientos como el síndrome de Sjögren, la tiroiditis de Hashimoto y la anemia perniciosa.

Aunque se trata de enfermedades diferentes, muchas pueden asociarse con una respuesta inmunitaria alterada y procesos inflamatorios que contribuyen a la aparición de síntomas como dolor muscular y articular, rigidez, fatiga y malestar general.

Además, por tratarse en muchos casos de enfermedades crónicas, requieren seguimiento médico y un tratamiento individualizado que permita controlar la actividad de la enfermedad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.

¿Cómo ayuda el ejercicio ante estas enfermedades?

La evidencia acumulada durante aproximadamente dos décadas indica que el ejercicio puede ser una intervención beneficiosa en diversas enfermedades autoinmunes. Una revisión sistemática publicada en 2024, que incluyó 87 estudios, encontró que los programas de ejercicio pueden producir efectos favorables sobre determinados marcadores inflamatorios, particularmente aquellos que combinan diferentes modalidades, como el ejercicio aeróbico y el entrenamiento de resistencia. La mayoría de los protocolos incluidos emplearon intensidades moderadas.

Entre sus principales beneficios se encuentran la reducción de la fatiga y el dolor, así como mejoras en la capacidad funcional, la fuerza y la composición corporal. Estos efectos pueden variar de acuerdo con la enfermedad, el estado clínico y las características del programa de ejercicio.

Pero los beneficios del ejercicio no se limitan a mejorar la condición física. La actividad física genera adaptaciones neuroendocrinas, metabólicas e inmunológicas que pueden ayudar a explicar sus efectos sobre el organismo.

Uno de los mecanismos involucrados es la función del músculo esquelético. Durante la contracción muscular, este tejido libera mioquinas, moléculas que participan en la comunicación entre el músculo y otros tejidos y que pueden contribuir a modular la respuesta inflamatoria. A esto se suma el efecto del ejercicio sobre el tejido adiposo visceral, cuya reducción y modificación metabólica pueden contribuir a disminuir el entorno proinflamatorio asociado con la adiposidad excesiva.

De esta manera, el ejercicio puede entenderse como un estímulo fisiológico capaz de generar adaptaciones que favorecen la regulación de procesos inflamatorios y metabólicos. La interacción entre el músculo esquelético, el tejido adiposo y el sistema inmunitario constituye uno de los mecanismos que ayudan a explicar sus efectos en las enfermedades autoinmunes.

Beneficios que pueden variar según la enfermedad

Los efectos de la actividad física no son iguales para todas las enfermedades autoinmunes. Por ello, conocer las características de cada padecimiento es fundamental para determinar qué tipo de ejercicio puede resultar adecuado.

En el caso de la artritis reumatoide, el ejercicio puede favorecer adaptaciones fisiológicas relacionadas con la inflamación y el funcionamiento del organismo. Sin embargo, los efectos observados sobre citocinas y otros marcadores inflamatorios pueden variar entre estudios y según el tipo de ejercicio realizado.

Los beneficios clínicos están mejor documentados en aspectos como la reducción de la fatiga y el dolor, así como en mejoras en la capacidad aeróbica, la fuerza muscular, la función física, el bienestar psicosocial, el sueño y la calidad de vida.

Otro ejemplo es la tiroiditis de Hashimoto, en la que el ejercicio puede utilizarse como complemento del tratamiento convencional. Algunos estudios, junto con la evidencia disponible en personas con hipotiroidismo, indican que el ejercicio puede favorecer distintos aspectos de la salud física y mental, así como la capacidad funcional y la composición corporal.

El beneficio también puede ser emocional

Los efectos del ejercicio también pueden trascender el ámbito físico. En una persona con una enfermedad autoinmune, el dolor, la rigidez y la fatiga pueden limitar actividades cotidianas y modificar progresivamente su forma de relacionarse con su entorno.

En este contexto, recuperar de manera gradual la capacidad para moverse y realizar actividades puede favorecer la autonomía y ayudar a que la persona retome aquellas tareas y experiencias que son significativas para su vida cotidiana. Así, el ejercicio puede formar parte de un proceso de cuidado que no busca únicamente mejorar la condición física, sino también preservar la independencia y la calidad de vida.

Ejercicio, salud y deporte: Ejercicio en enfermedades autoinmunes: 7 de enero de 2026.

Un aliado que necesita llevarse con cuidado

A pesar de sus beneficios, comenzar a hacer ejercicio cuando se vive con una enfermedad autoinmune requiere precauciones. La Dra. Contreras Barocio destacó algunas recomendaciones para quienes desean incorporar la actividad física a su rutina:

  • No iniciar el ejercicio sin orientación profesional. Es importante conocer qué tan avanzada está la enfermedad, si existen complicaciones y qué órganos pueden estar afectados. La orientación de médicos especialistas y profesionales de la actividad física permite establecer rutinas, intensidades y ejercicios adecuados para cada caso.
  • Adaptar la actividad física a las condiciones de cada persona. La intensidad, duración y tipo de ejercicio pueden modificarse dependiendo de cómo se encuentre el paciente en cada momento. Si existe dolor o fatiga intensa, puede ser necesario disminuir la intensidad, realizar ejercicios de movilidad o descansar para posteriormente retomar la actividad de manera gradual.
  • Incrementar el ejercicio de manera progresiva. El objetivo es recuperar funcionalidad y desarrollar capacidades físicas sin agravar los síntomas. Por ello, la progresión debe realizarse de acuerdo con la respuesta individual y las indicaciones de los profesionales que acompañan el tratamiento.

Más que seguir una rutina determinada, se trata de encontrar una forma de mantenerse activo que sea segura y compatible con las condiciones de cada persona.

El movimiento también es parte del cuidado

Incorporar movimiento a la vida cotidiana puede ser una forma de recuperar espacios que una enfermedad autoinmune ha hecho más difíciles: caminar, realizar actividades cotidianas o simplemente sentirse nuevamente en confianza con el propio cuerpo.

Aunque el ejercicio no sustituye el tratamiento médico, puede formar parte del cuidado integral de quienes viven con estos padecimientos. La clave no está en exigirse más, sino en encontrar una forma de mantenerse en movimiento que responda a las posibilidades y necesidades de cada persona.

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Diabetes y depresión: un binomio que afecta la salud física y mental

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, 830 millones de personas viven con diabetes en todo el mundo. Además de las dificultades y complicaciones que puede traer consigo esta enfermedad, en los últimos años se ha estudiado con mayor atención su relación con otra condición: la depresión.

La relación entre ambas es bidireccional. Por un lado, la depresión puede aparecer asociada a los cambios físicos, emocionales y sociales que implica vivir con diabetes. Por otro, las personas que padecen depresión pueden presentar un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Por ello, la relación entre ambas enfermedades no debe entenderse únicamente desde el punto de vista físico, sino también desde la salud mental y la calidad de vida de quienes las padecen.

Para profundizar en este vínculo, UNAM Global entrevistó a la doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura, jefa del Departamento de Embriología y Genética de la Facultad de Medicina de la UNAM, pediatra endocrinóloga y con un posgrado en diabetes en el Joslin Diabetes Center, afiliado a la Universidad de Harvard.

A lo largo de la conversación, la doctora explicó cómo pueden relacionarse ambas enfermedades, qué factores pueden favorecer su aparición y cuáles son algunas de las señales que permiten identificar un posible cuadro de depresión en una persona que vive con diabetes. También habló sobre distintos aspectos relacionados con el bienestar emocional y el cuidado integral del paciente.

Un binomio de cuidado

Para comprender por qué la diabetes y la depresión mantienen una relación estrecha y bidireccional, es necesario observar cómo cada una puede influir en la otra.

En el caso de la diabetes, el descontrol de los niveles de glucosa y las complicaciones asociadas con la enfermedad pueden acompañarse de cambios físicos y emocionales que contribuyan a un mayor riesgo de presentar síntomas depresivos. Sin embargo, esto no significa que todas las personas con diabetes tendrán depresión. Lo que se ha observado es que las personas con diabetes presentan una mayor probabilidad de desarrollar depresión que quienes no viven con esta enfermedad.

La relación también puede ocurrir al revés, explicó la doctora Rodríguez Ventura. En las personas que viven con depresión se han estudiado distintos mecanismos que podrían participar en esta relación, entre ellos procesos inflamatorios, cambios en el funcionamiento del sistema nervioso y alteraciones en la producción de cortisol, una hormona relacionada con la respuesta al estrés. Algunos de estos procesos pueden relacionarse con cambios en la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de la glucosa.

Así, aunque se trata de dos enfermedades diferentes, existen factores biológicos, conductuales y emocionales que pueden hacer que se influyan mutuamente. Sin embargo, esta relación no se limita a los procesos que ocurren dentro del organismo. El impacto emocional de recibir un diagnóstico de diabetes también puede ser significativo.

Más allá de la parte física, también está la salud mental

Recibir el diagnóstico de una enfermedad crónica puede representar un impacto emocional importante. Cuando una persona recibe la noticia de que tiene diabetes, explicó la especialista, puede experimentar inicialmente un mecanismo de defensa conocido como negación. Algunas personas pueden tener dificultades para aceptar el diagnóstico y mostrar poca disposición para aprender los cambios necesarios para controlar la enfermedad.

Al asimilar la nueva situación, algunas personas pueden atravesar un proceso de duelo asociado con la percepción de haber perdido su estado de salud. Durante esta etapa pueden aparecer sentimientos de tristeza, ansiedad, angustia o desesperanza. En algunos casos, estos estados emocionales pueden evolucionar hacia un cuadro depresivo y requerir atención profesional.

Estos estados emocionales no equivalen por sí mismos a una depresión clínica, por lo que su valoración corresponde a un profesional de la salud.

A su vez, la depresión puede dificultar considerablemente el control de la diabetes. Una persona deprimida puede tener menos motivación para cuidar su alimentación, realizar actividad física, medir su glucosa o tomar correctamente sus medicamentos.

Esto puede generar un círculo difícil de romper: la depresión puede dificultar el autocuidado; el descontrol de la diabetes puede afectar el estado físico y emocional; y estas dificultades, a su vez, pueden intensificar los síntomas depresivos.

Por esta razón, desde el momento del diagnóstico es importante considerar también la salud mental del paciente y, cuando sea necesario, buscar apoyo psicológico o psiquiátrico.

¿Cómo identificar un cuadro depresivo?

Una detección oportuna puede facilitar que la persona reciba atención antes de que los síntomas interfieran de manera importante con su vida cotidiana y con el control de la diabetes.

Con base en su experiencia, la doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura señaló que para identificar una posible depresión es necesario prestar atención a los cambios en la conducta y en el estado de ánimo.

Los familiares pueden observar señales como el abandono del cuidado de la glucosa, dejar de hacer ejercicio, abandonar una alimentación saludable, aislarse de otras personas, dejar de realizar actividades que antes disfrutaban, presentar cambios importantes de humor, descuidar la higiene personal o expresar sentimientos de desesperanza.

Asimismo, los comentarios relacionados con no poder continuar, sentirse rebasado por la enfermedad o preferir no estar vivo deben tomarse con mucha seriedad y requieren atención profesional inmediata.

Un aspecto que puede generar confusión es diferenciar algunos síntomas de una hipoglucemia del cansancio relacionado con la depresión. En el caso de una hipoglucemia, los síntomas suelen aparecer de manera repentina y pueden incluir cansancio, sudoración, taquicardia, mareo y malestar general. Estos síntomas pueden mejorar cuando se recuperan los niveles adecuados de glucosa.

En cambio, en la depresión no se trata únicamente de sentirse físicamente cansado. Una característica importante puede ser la pérdida de entusiasmo, motivación y esperanza. La persona puede dejar de disfrutar actividades que anteriormente le producían satisfacción y comenzar a percibir el futuro de manera negativa.

Identificar estos cambios permite dar un siguiente paso fundamental: buscar una atención que considere de manera conjunta la salud física y emocional.

¿Cómo atender de manera conjunta ambas condiciones?

La doctora Rodríguez Ventura destacó que el estilo de vida constituye un elemento fundamental para el cuidado de la diabetes y el bienestar general.

Por ello, entre las medidas importantes está mantener una alimentación equilibrada que incluya alimentos naturales como frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales, semillas, nueces y grasas saludables. Al mismo tiempo, es importante reducir el consumo de productos ultraprocesados y bebidas con exceso de azúcar. Una alimentación adecuada no solo contribuye al control de la glucosa, sino que también favorece la salud general y el bienestar emocional.

Ligado a este punto, la actividad física es un complemento importante. La especialista recomendó combinar ejercicio aeróbico con ejercicios de fuerza, debido a que los músculos son uno de los principales tejidos encargados de utilizar la glucosa. Además, realizar ejercicio favorece el estado de ánimo y ayuda a liberar tensión y estrés.

Otro aspecto importante es desarrollar estrategias de afrontamiento y resiliencia. Esto no significa ignorar las dificultades de vivir con una enfermedad crónica, sino aprender a reconocer los problemas y buscar alternativas para enfrentarlos. La resiliencia puede ayudar a mantener una actitud orientada hacia las soluciones y conservar la esperanza ante situaciones adversas.

Aunado a lo anterior, el automonitoreo de la glucosa es una herramienta útil para conocer cómo responden los niveles de azúcar ante los alimentos, el ejercicio y el tratamiento. Llevar un registro permite identificar tendencias y comunicar oportunamente al médico cuando los valores no se encuentran dentro de los objetivos establecidos. La frecuencia de medición debe adaptarse al tratamiento y a las indicaciones del equipo médico.

Este seguimiento también puede ayudar al paciente a reconocer cómo sus hábitos influyen en sus niveles de glucosa y favorecer una mayor participación en el cuidado de su salud.

Además del control de la glucosa, las personas con diabetes deben acudir regularmente a sus consultas y realizar las revisiones necesarias para detectar posibles complicaciones. Entre ellas se encuentran la revisión de los pies y los controles oftalmológicos para evaluar la retina.

La educación del paciente también es fundamental. Conocer la enfermedad, expresar dudas y comunicar al médico los síntomas, miedos y dificultades facilita la toma de decisiones y contribuye a una atención más adecuada a las necesidades de cada persona.

Un tratamiento que considere cuerpo y mente

El cuidado conjunto de la diabetes y la depresión requiere tomar en cuenta las características particulares de cada paciente. La doctora Rodríguez Ventura subrayó que, al seleccionar los medicamentos, el médico debe considerar aspectos como el peso corporal, el control de la glucosa y la función renal.

Algunos antidepresivos pueden favorecer el aumento de peso, por lo que la selección del tratamiento debe realizarse de manera individualizada y bajo supervisión médica.

De igual manera, la atención psicológica o psiquiátrica puede ayudar a la persona a enfrentar sus emociones, comprender su enfermedad y desarrollar estrategias para recuperar la motivación y fortalecer el autocuidado.

Sin embargo, el tratamiento no ocurre de manera aislada. El entorno de la persona también puede influir en su capacidad para afrontar una enfermedad crónica.

El papel de la familia también importa

La familia puede desempeñar un papel importante durante este proceso. Su apoyo puede facilitar que la persona mantenga una alimentación saludable, realice actividad física, siga su tratamiento y evite el aislamiento.

No obstante, este acompañamiento no debe convertirse en vigilancia excesiva, críticas o culpabilización. Lo ideal es establecer una comunicación basada en el respeto, la confianza y la colaboración, de manera que la persona con diabetes conserve un papel activo en las decisiones relacionadas con su salud.

Asimismo, es importante considerar la salud de quienes cuidan. Acompañar a una persona con diabetes puede generar cansancio y desgaste emocional, especialmente cuando toda la responsabilidad recae sobre un solo familiar. La situación puede tornarse aún más difícil cuando el paciente presenta síntomas de depresión.

Por ello, el cuidado debe ser compartido. Tanto la persona que vive con diabetes como sus familiares y cuidadores deben contar con apoyo cuando lo necesiten.

Más allá del control de la glucosa

La relación entre diabetes y depresión muestra que el cuidado de una enfermedad crónica no puede limitarse al control de los niveles de glucosa. Ambas condiciones pueden influirse mutuamente y, cuando coinciden, pueden dificultar el autocuidado y afectar de manera importante la calidad de vida.

Atender la diabetes y la depresión de manera integral significa, en última instancia, cuidar no solo la salud física del paciente, sino también sus emociones y su entorno.

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El español: una lengua que heredamos, que resiste y que a veces transformamos

El español forma parte de nuestra vida cotidiana. Lo hablamos, lo escuchamos y lo escribimos constantemente, muchas veces sin preguntarnos por qué utilizamos determinadas palabras o expresiones, de dónde vienen o cómo llegaron hasta nosotros. La lengua parece algo que simplemente está ahí, disponible para comunicarnos con los demás.

Sin embargo, el español tiene una historia mucho más larga de lo que solemos imaginar. Detrás de las palabras que utilizamos existen otras épocas, otras formas de pensar y otras maneras de relacionarse. Algunas expresiones han cambiado con el paso del tiempo, mientras que otras han logrado permanecer durante generaciones.

Pero ¿qué hace que una lengua cambie? ¿Por qué algunas formas desaparecen mientras otras sobreviven durante siglos? ¿Cuánto de lo que hablamos actualmente hemos heredado de quienes nos precedieron y cuánto estamos transformando sin darnos cuenta?

Reflexionar sobre estas preguntas permite acercarnos al español no solo como una lengua que utilizamos para comunicarnos, sino también como una parte de nuestra historia y de nuestra vida en sociedad. Hablar una lengua significa recibir una herencia, utilizarla y, al mismo tiempo, participar en su transformación.

Una lengua que nos da identidad

El español no es solamente un conjunto de palabras y reglas gramaticales. Es una lengua que nos permite expresar quiénes somos, relacionarnos con los demás y formar parte de una comunidad, explicó la Dra. Concepción Company Company, investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Desde que comenzamos a hablar, aprendemos palabras, pero también formas de expresar ideas, sentimientos, peticiones, bromas y maneras de relacionarnos con quienes nos rodean.

Aprendemos a hablar escuchando a nuestros padres, familiares, amigos, maestros y a las personas que forman parte de nuestro entorno. En ese proceso incorporamos expresiones y formas de comunicarnos que reflejan la cultura de nuestra comunidad. Algunas pasan de una generación a otra y otras se transforman con el tiempo, de acuerdo con las experiencias y necesidades de quienes las utilizan.

Por eso, la lengua nos convierte en seres históricos. “Ser históricos no significa únicamente conocer fechas o acontecimientos del pasado, sino recibir y transmitir hábitos, expresiones y formas de entender el mundo”. Al hablar, recibimos parte de esa herencia y, al mismo tiempo, contribuimos a modificarla y transmitirla.

En México tenemos expresiones, frases hechas, chistes, albures y palabras que reconocemos como propias, incluso cuando ya no conocemos completamente su origen. Estas formas de expresión hablan de nuestras experiencias compartidas y contribuyen a construir una identidad colectiva.

Pero la lengua no solo nos da identidad: también refleja la sociedad en la que vivimos. Su evolución está relacionada con los cambios políticos, religiosos, culturales, demográficos y sociales que atraviesan a las comunidades. Por eso, estudiar cómo hablamos permite observar también cómo nos relacionamos, qué consideramos apropiado, cómo expresamos respeto y cuáles son algunas de las tensiones de nuestra vida social.

Esa relación entre lengua, sociedad e historia puede observarse en investigaciones que siguen los cambios del español a través del tiempo. La Sintaxis Histórica de la Lengua Española, dirigida por la Dra. Company y elaborada con la participación de numerosos investigadores, permite acercarse precisamente a esa dimensión histórica de la lengua.

Aunque se trata de una obra especializada, su importancia va más allá de la gramática: ayuda a comprender cómo el español ha cambiado junto con las sociedades que lo hablan.

La obra está formada por cuatro partes y diez volúmenes sobre el estudio histórico de la sintaxis del español. La cuarta parte, presentada en 2026, consta de tres volúmenes. En ellos se analizan distintas construcciones y formas de organizar las oraciones, siguiendo sus cambios a través de diferentes periodos de la historia. Para hacerlo, los investigadores recurren a textos de distintas épocas y observan cómo determinadas formas aparecen, se modifican, adquieren nuevos usos o dejan de utilizarse.

Acercarse a estos diez volúmenes implica, por tanto, encontrarse con un español que no siempre funciona como el que conocemos actualmente. Algunas construcciones pueden resultar extrañas al principio, mientras que otras permiten reconocer formas que todavía utilizamos. Esa comparación ayuda a entender que la gramática que hoy consideramos normal también tiene una historia y que muchas de sus características fueron resultado de cambios que, en su momento, probablemente pasaron inadvertidos para quienes los estaban produciendo.

La importancia de una investigación de este tipo está precisamente en ampliar la manera en que entendemos el español. La historia de una lengua no se encuentra únicamente en las palabras que cambian de significado; también está en la manera en que construimos las frases, expresamos relaciones entre las ideas y utilizamos determinadas estructuras para comunicarnos. La Sintaxis Histórica de la Lengua Española permite seguir esas transformaciones y ofrece herramientas para estudiar el español como una lengua en movimiento, pero también como una lengua en la que muchas formas han logrado permanecer durante siglos.

Más que presentar una lengua antigua separada de la que hablamos hoy, la obra permite reconocer la continuidad entre distintos momentos del español. Leer algunos de sus ejemplos puede hacer visible algo que normalmente no advertimos: cuando hablamos, utilizamos estructuras que vienen de muy atrás, junto con otras que son producto de transformaciones relativamente recientes. En ese sentido, acercarse a la Sintaxis Histórica de la Lengua Española puede ser también una forma de mirar el español cotidiano desde otra perspectiva.

Cambia el español, pero muy lentamente

Esa convivencia entre lo que permanece y lo que cambia lleva a una pregunta fundamental: ¿cómo se producen las transformaciones de una lengua?

Una de las ideas más interesantes de la obra que dirigió la Dra. Concepción Company es que los hablantes somos bastante conservadores. No solemos levantarnos cada mañana con la intención de modificar el español. Al contrario, utilizamos las formas que ya conocemos porque nos permiten comunicarnos con los demás y sentirnos parte de una comunidad.

Los cambios lingüísticos que se han producido a lo largo de la historia suelen comenzar de manera mucho menos evidente: con pequeños deslices, reinterpretaciones o innovaciones que realiza un hablante sin proponérselo. Si otras personas adoptan esa forma y la transmiten, puede llegar a convertirse en una característica común de la lengua. Así, algo que comenzó como una variación puede terminar siendo completamente normal después de varias generaciones.

Los cambios en el significado de las palabras permiten observar este proceso. Muchas palabras y expresiones que utilizamos diariamente tienen significados u orígenes que ya no reconocemos, explicó la investigadora emérita de la UNAM.

Un ejemplo es “sendos”, cuyo sentido tradicional es distributivo: uno para cada una de las personas o cosas mencionadas. Sin embargo, en el habla popular de diversas zonas de América también se han desarrollado usos relacionados con algo muy grande o extraordinario.

Algo parecido sucede con “adiós”. Actualmente lo utilizamos simplemente como una despedida, pero su origen está relacionado con antiguas fórmulas en las que se encomendaba a una persona a Dios. Con el paso del tiempo, la expresión perdió esa asociación y se convirtió en una fórmula cotidiana.

También ocurre con “saludos cordiales”. Actualmente puede aparecer automáticamente al final de un correo o una carta, sin que pensemos en el origen de la palabra. Como explicó la Dra. Company, “cordial” está relacionada etimológicamente con el corazón y expresa afecto o buena voluntad hacia la persona a quien va dirigido el saludo.

Estos ejemplos muestran cómo las palabras conservan huellas de la historia, aunque los hablantes ya no seamos conscientes de ellas. También muestran que el cambio lingüístico no necesariamente implica una ruptura: muchas veces consiste en tomar una forma que ya existe, utilizarla de otra manera y transmitir ese nuevo uso hasta que termina formando parte de la lengua.

Las nuevas tecnologías y el español

Ese proceso de adaptación también puede observarse en las nuevas formas de comunicación. En los chats y las redes sociales se han generado nuevas maneras de escribir. Abreviaturas, símbolos y mensajes muy breves forman parte de una comunicación que busca principalmente la rapidez.

Sin embargo, no necesariamente debemos pensar que estas formas están destruyendo el español. A lo largo de la historia también han existido maneras de escribir rápidamente. En documentos jurídicos y administrativos de siglos anteriores, por ejemplo, se utilizaban numerosas abreviaturas para agilizar la elaboración y transmisión de documentos.

Por eso, las formas de comunicación de las redes pueden entenderse como códigos utilizados para una situación específica. El hecho de que escribamos de una manera en un chat no significa necesariamente que vayamos a hablar de la misma forma en nuestra vida cotidiana.

La comparación con el pasado permite, además, entender que la tecnología no representa necesariamente una ruptura con la historia de la lengua. Cambian los medios y las necesidades de comunicación, pero permanece la capacidad de los hablantes para adaptar las formas lingüísticas a cada situación.

Entonces, ¿podemos cambiar conscientemente el español?

La pregunta es distinta cuando la transformación no surge de manera espontánea, sino de una decisión consciente.

No todos los cambios lingüísticos ocurren de la misma manera. Actualmente existen propuestas conscientes, como algunas formas del lenguaje incluyente, entre ellas “todes” o “nosotres”. Estas propuestas buscan modificar determinadas estructuras del español por razones sociales y culturales.

Desde la perspectiva de la Dra. Company, para que una innovación llegue a consolidarse tendría que ser adoptada ampliamente por los hablantes y transmitida a las siguientes generaciones. La historia del español muestra que los cambios conscientes no son los más habituales. La lengua suele transformarse de manera gradual, mediante el uso cotidiano de millones de personas.

Esto permite distinguir entre la intención de cambiar una lengua y el hecho de que una innovación llegue realmente a formar parte de ella. Una propuesta puede surgir de manera deliberada, pero su permanencia dependerá de lo que hagan los hablantes con ella a lo largo del tiempo.

Una lengua que resiste

Y es precisamente esa combinación de cambio y permanencia la que permite entender otra característica del español: su capacidad de resistir.

Una de las conclusiones que destaca la Dra. Concepción Company tras décadas de estudiar la historia del español es descubrir cuánto se ha conservado. Aunque nuestra manera de hablar ha cambiado, todavía podemos reconocer y comprender, con cierto entrenamiento, textos escritos hace muchos siglos.

Esto ocurre porque necesitamos conservar un código común. Si cada generación modificara completamente la lengua, sería muy difícil comunicarnos con los demás. Por eso los hablantes somos, al mismo tiempo, conservadores y creativos: conservamos gran parte de lo que recibimos, pero realizamos pequeñas modificaciones que permiten que la lengua continúe funcionando.

Esa tensión entre conservación y cambio explica, en buena medida, la continuidad del español. Las formas lingüísticas pueden transformarse, desaparecer o adquirir nuevos significados, pero una gran parte del sistema permanece lo suficientemente estable como para que distintas generaciones puedan reconocerse en una misma lengua.

Una lengua que seguimos construyendo

El español que hablamos hoy es el resultado de miles de pequeñas transformaciones acumuladas durante siglos. Algunas fueron conscientes, pero muchas comenzaron como simples deslices o reinterpretaciones que terminaron extendiéndose entre los hablantes.

Por eso, nuestra relación con el español no consiste únicamente en recibir una lengua ya terminada. La heredamos, la conservamos y también participamos, aunque lentamente, en su transformación. Cada vez que hablamos, escribimos, creamos una expresión o adoptamos una nueva forma de comunicarnos, contribuimos, aunque sea mínimamente, a su historia.

El español, entonces, no es una lengua detenida en el pasado ni una lengua que cambia de un día para otro. Es una herencia que recibimos, utilizamos y modificamos mientras la transmitimos a quienes vendrán después. En cada palabra que conservamos y en cada forma nueva que incorporamos permanece algo de esa historia que comenzó mucho antes que nosotros y que, sin darnos cuenta, seguimos construyendo.

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¿Es posible envejecer sin enfermar?

Vivir más años no necesariamente significa vivir más tiempo con buena salud. En México, las enfermedades crónicas se vuelven más frecuentes conforme avanza la edad y, entre la población de 50 años y más, padecimientos como la hipertensión y la diabetes tienen una presencia importante, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, del INEGI.

Frente a este escenario, Susana Castro Obregón, investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, estudia qué ocurre en el organismo durante el envejecimiento para encontrar formas de retrasar la aparición de estas enfermedades.

El objetivo no es solamente aumentar la esperanza de vida, sino conseguir que una mayor parte de esos años transcurra en buenas condiciones. Es decir, acercar la esperanza de vida saludable a la esperanza de vida. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el envejecimiento saludable se relaciona con mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez y no necesariamente con estar completamente libre de enfermedades.

En su laboratorio buscan comprender los mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento para contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

Conforme avanza la edad, algunas personas desarrollan simultáneamente varias enfermedades crónicas. Si una persona presenta cáncer, por ejemplo, también puede tener osteoporosis, hipertensión o una disminución de la masa muscular. Esta acumulación de padecimientos, conocida como multimorbilidad, puede afectar considerablemente su calidad de vida.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, publicados por el INEGI en 2026, padecimientos crónicos como la hipertensión y la diabetes son frecuentes entre la población de 50 años y más y aumentan conforme avanza la edad.

En 2026, la esperanza de vida al nacimiento en México es de 75.9 años en promedio: 79.2 para las mujeres y 72.7 para los hombres. La cifra ayuda a dimensionar el reto: no se trata solamente de vivir más años, sino de procurar que una mayor parte de ellos transcurra con buena salud.

Por ello, una de las preguntas centrales de su laboratorio es qué cambios biológicos hacen que aumente la probabilidad de desarrollar estas enfermedades conforme envejecemos.

“Si entendemos cuál es la causa biológica que permite el surgimiento de estas enfermedades asociadas a la vejez, podemos retrasar la aparición de todas estas enfermedades de manera simultánea”, explicó.

¿Por qué algunas personas envejecen de manera diferente?

La naturaleza ofrece ejemplos que permiten estudiar esta pregunta. Incluso dentro de una misma especie existen personas que llegan a edades avanzadas con buena salud y otras que comienzan a desarrollar múltiples padecimientos décadas antes.

El envejecimiento biológico no ocurre de la misma manera en todas las personas. Las diferencias entre individuos pueden estar relacionadas con una combinación de factores genéticos y ambientales. Pero las claves podrían encontrarse incluso mucho antes de que aparezcan los primeros signos del envejecimiento.

La experta recordó un estudio realizado en la UNAM hace más de una década, en el que participaron alrededor de dos mil estudiantes y trabajadores universitarios. Los investigadores recopilaron información sobre sus hábitos, alimentación y actividad física, además de realizar mediciones fisiológicas, análisis de sangre y estudios genómicos.

Uno de los objetivos era determinar si existían características genéticas que permitieran explicar por qué algunas personas eran más saludables que otras.

Sin embargo, de acuerdo con Castro, las diferencias encontradas no se explicaban únicamente por la genética. Un factor que mostró una asociación importante con la salud en la edad adulta fueron los hábitos durante la infancia.

Las personas que habían practicado algún deporte durante la primaria y que habían tenido una alimentación con menor consumo de productos procesados presentaban mejores indicadores de salud en la edad adulta, incluso cuando posteriormente otras personas habían comenzado a realizar ejercicio.

Los resultados mostraban una asociación entre estos hábitos y mejores indicadores de salud, lo que refuerza la importancia de analizar la vida de una persona como un proceso continuo y no solamente observar sus hábitos cuando ya es adulta.

El misterio del ratopín

Para entender qué permite que algunos organismos envejezcan más lentamente, el laboratorio también estudia una especie: el ratopín rasurado (Heterocephalus glaber), un pequeño mamífero con una longevidad excepcional para un roedor de su tamaño y que puede vivir más de 30 años. Investigaciones recientes continúan analizándolo como un modelo particularmente valioso para estudiar los mecanismos del envejecimiento.

A diferencia del ratón de laboratorio, cuya esperanza de vida es cercana a los dos o tres años y que desarrolla cambios y enfermedades asociados con la edad, el ratopín mantiene durante mucho más tiempo algunas características de salud.

Una de las diferencias más llamativas está relacionada con la mortalidad. En un ratón, como en la mayoría de los mamíferos estudiados, la probabilidad de morir aumenta considerablemente conforme envejece.

En el ratopín, en cambio, esta relación es mucho menos evidente. Un individuo de 25 años puede tener una probabilidad de morir similar a la de uno mucho más joven.

Por ello, esta especie permite estudiar qué mecanismos biológicos le permiten mantener su salud durante periodos extraordinariamente largos.

“¿Qué estrategias biológicas tiene el ratopín para vivir con salud a lo largo de su vida? Eso es lo que queremos descubrir en el laboratorio”, explicó Castro.

Ahí comparan las células del ratopín con las del ratón para identificar diferencias en mecanismos celulares y moleculares. Entre las líneas de investigación de Castro Obregón se encuentran la senescencia celular, la autofagia y los mecanismos relacionados con el envejecimiento en roedores de diferente longevidad.

El envejecimiento comienza antes de lo que pensamos

Una de las líneas de investigación del laboratorio parte de una idea particularmente interesante: algunos mecanismos celulares relacionados con el envejecimiento también desempeñan funciones esenciales durante el desarrollo embrionario.

Uno de ellos es la senescencia celular, un estado en el que una célula deja de dividirse y experimenta una serie de cambios. Aunque suele relacionarse con el envejecimiento, la evidencia científica ha demostrado que también puede presentarse de manera programada durante el desarrollo embrionario y participar en la formación y remodelación de los tejidos.

Es decir, procesos celulares y moleculares que resultan indispensables durante determinadas etapas del desarrollo pueden tener efectos diferentes cuando se presentan o se acumulan posteriormente. Con el envejecimiento, la acumulación de células senescentes se ha relacionado con deterioro de la función de los tejidos y diversas enfermedades asociadas con la edad.

Por ello, el laboratorio estudia el envejecimiento desde una perspectiva relacionada con el desarrollo embrionario, buscando comprender cómo esos mecanismos cambian a lo largo de la vida y cómo pueden contribuir posteriormente al deterioro asociado con la edad.

Esta perspectiva también ayuda a estudiar la vida de una persona como un proceso continuo, en el que lo que ocurre en las primeras etapas puede tener consecuencias muchos años después.

¿Podremos retrasar el envejecimiento?

La posibilidad de modificar el envejecimiento biológico todavía pertenece en buena medida al terreno de la investigación. En modelos animales se han identificado intervenciones capaces de modificar algunos mecanismos relacionados con el envejecimiento, pero en seres humanos todavía no existe una intervención clínicamente validada capaz de frenar el envejecimiento como un proceso global.

Castro considera que sí es factible retrasar algunos de los procesos asociados con el envejecimiento y disminuir la incidencia de enfermedades relacionadas con la edad. La gran incógnita es cuánto tiempo tomará conseguirlo.

“Yo sí veo factible que se pueda retrasar el envejecimiento y disminuir la incidencia de las enfermedades. La pregunta es en cuánto tiempo”.

La investigadora también destacó la importancia de que las universidades públicas participen en este campo de investigación.

Actualmente, numerosas empresas privadas invierten en estrategias relacionadas con la longevidad y ofrecen productos que prometen mantener la juventud o retrasar el envejecimiento. Sin embargo, advirtió que existe una gran cantidad de propuestas sin evidencia científica suficiente, impulsadas por el deseo humano de mantenerse joven.

El reto, en última instancia, no sería simplemente conseguir que las personas vivan más años, sino lograr que esos años adicionales transcurran con mayor salud y calidad de vida.

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Cuerpo en resistencia: las sustancias de riesgo causantes de la enfermedad por modelantes

Pintarnos el cabello, “ponernos uñas”, aplicar maquillaje, optar por cortes de cabello, usar cierta vestimenta y accesorios son formas de mostrarnos ante el mundo y de sentirnos identificados con nuestro género, la moda o algún estilo.

A veces queremos acentuar áreas o ver algún cambio en nuestro cuerpo que no nos convence: cirugía de nariz, inyección de bótox, aumento de busto, eliminación de grasa en el abdomen… ¿Y si mi cuerpo no se ve como lo imagino?, ¿A dónde ir para realizarlo de forma segura?

«Todas las personas -cisgénero o transgénero- experimentamos la necesidad legítima de armonizar nuestra identidad con nuestra apariencia física. Si recurren a procedimientos no regulados y en contextos inseguros, no es por vanidad o imprudencia voluntaria, sino por la inexistencia o el acceso sumamente limitado a terapias de afirmación de género supervisadas por especialistas», asegura Karen Aranza Marañón Solorio, médica adscrita al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ).

Ante esta necesidad de armonizar la imagen corporal con la identidad de género -que se puede sentir como urgente y vital- y por la falta de alternativas en el sistema público, muchas mujeres trans recurrieron a la aplicación de inyecciones informales de sustancias modelantes (también conocidas como biopolímeros en contextos informarles), mayoritariamente sin saber si eran seguras.

La infectóloga ha sido testigo de la gran cantidad de mujeres trans (transgénero, transexual o de otra identidad de género que no coincida con el sexo asignado al nacer) que acuden a las áreas de urgencias hospitalarias y a los centros de atención especializada de la Ciudad de México con alteraciones cutáneas graves, dolor crónico que llega a ser incapacitante, infecciones, úlceras y necrosis de tejidos, el diagnóstico clínico: Enfermedad por Modelantes.

“La enfermedad también es conocida como alogenosis iatrogénica o respuesta inmune inducida por biopolímeros. Es la respuesta inflamatoria, infecciosa o autoinmune crónica causada por la infiltración en tejidos blandos de sustancias de alta densidad no biocompatibles”, expone la especialista, investigadora principal del estudio «Epidemiología y desenlaces clínicos de la inyección de modelantes en mujeres transgénero en México (2025-2026).»

En dicho estudio incluyó a pacientes del INCMNSZ y a personas captadas en los centros de atención especializada de la Ciudad de México, como la Clínica Especializada Condesa (CEC), la Clínica Especializada Condesa Iztapalapa (CECI) y de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans (USIPT), esta última ubicada en el Casco de Santo Tomás en la Alcaldía Miguel Hidalgo.

Se analizaron 222 expedientes de mujeres trans con antecedente de inyección de modelantes. Los datos principales revelan la gravedad de la situación en el país:

El 44.5% de las participantes (99 mujeres) presentó complicaciones severas asignables a la EPM.

El 93% de los procedimientos fue realizado por personal no médico (amigas, conocidas o autoaplicación).

El 36% de las pacientes requirió hospitalización, con una estancia media intrahospitalaria de 17 días para el manejo de complicaciones graves.

 Entre los compuestos documentados de forma recurrente en las pacientes destacan:

Aceites minerales y vegetales comestibles: inyectados por su viscosidad pero altamente tóxicos al reaccionar con el tejido humano.

Silicona líquida industrial / «Biopolímeros»: compuestos no degradables que se impregnan en las fibras musculares.

Grasas animales, parafinas y sustancias automotrices: casos extremos derivados de la desesperación por lograr cambios corporales en entornos de absoluta marginalidad.

Principales complicaciones

Karen Marañón explica que el organismo reconoce la sustancia como un cuerpo extraño imposible de fagocitar o degradar, por lo que el sistema inmune intenta encapsular el compuesto formando granulomas y fibrosis; sin embargo, debido a la fuerza de gravedad y la presión muscular, el material migra hacia regiones distantes (como la espalda baja, muslos, rodillas o tobillos), desencadenando otros efectos a nivel inflamatorio e infeccioso.

Uno de los hallazgos más críticos es que las manifestaciones clínicas pueden aparecer desde días después de la aplicación hasta 25 años o más tarde, lo que complica más el diagnóstico y seguimiento médico.

“Además, no podemos olvidar que esto no se da en un vacío clínico, sino en la intersección de múltiples vulnerabilidades sociales a las que se enfrentan, a lo largo de su vida, las personas trans. Por ejemplo, las distintas violencias y la inseguridad que las acecha; la inseguridad alimenticia y de vivienda; el trabajo sexual ante la discriminación en otros empleos (el 62% de la muestra refirió el antecedente de trabajo sexual como ocupación primaria); más el rechazo reiterado en hospitales de cualquier nivel para atender sus complicaciones”

Asegura que, en el seguimiento de estas pacientes, la mayoría declaró que lo común fue enfrentarse a comentarios culpabilizantes como «tú te lo inyectaste porque quisiste» o negarles la atención, lo que provocaba que acudieran a urgencias únicamente cuando la infección o necrosis estaba sumamente avanzada o que las atendieran cuando existen pocas opciones para su tratamiento.

Afirmación de género como necesidad de salud

La especialista expresa que ahora comienza un cambio de paradigma en el sistema público de salud, en el que se les debe atender con protocolos especializados y sin el estigma social que históricamente a culpabilizado a las pacientes con el argumento de la vanidad.

“Realmente se trata de un problema de salud pública y una consecuencia directa de las barreras de acceso a la salud integral de estas poblaciones”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen más de 5 millones de personas que se identifican dentro de la comunidad LGBTIQ+, de las cuales más de 909 mil se identifican como personas trans (transgénero o transexuales).

Tan solo en los centros de atención especializada de la Ciudad de México, se atienden de forma continua a más de 3,800 mujeres trans, asegura la doctora Karen Marañón.

A nivel nacional, el acceso a la Terapia Hormonal de Afirmación de Género (THAG) supervisada y a cirugías de modificación corporal (como implantes mamarios, orquiectomías o vaginoplastias) ha sido históricamente casi inexistente dentro del catálogo público de servicios de salud.

“Durante décadas, la medicina tradicional encasilló erróneamente estos procedimientos como ¨intervenciones cosméticas¨, omitiendo la evidencia científica internacional que demuestra cómo la afirmación de género médica disminuye los índices de depresión e ideación suicida, y mejora la calidad de vida”.

Frente a esta problemática, hay intentos de consolidar avances trascendentales como el Protocolo Nacional para la Atención de EPM por parte de la Secretaría de Salud federal, junto con otras dependencias.

“Este documento busca construir bajo un marco estricto de derechos humanos, no discriminación, lenguaje respetuoso y rutas claras de derivación entre el primer, segundo y tercer nivel de atención sanitaria”, asegura la infectóloga Karen.

Mientras tanto, las personas trans han encontrado en la Unidad de Salud Integral para Personas Trans un “modelo humanizado” de atención que ha demostrado la efectividad de la atención por pares (personal médico, de enfermería, salud comunitaria y administrativo integrado por personas trans) y la creación de proyectos como una Clínica de Heridas para el manejo digno de la Enfermedad por Modelantes.

“Además, las activistas y colectivas trans desempeñan un rol vital, acompañando a las pacientes a través del sistema hospitalario y difundiendo estrategias de prevención y control de daños entre las jóvenes. Las activistas también han sido consultadas y son una parte vital en todos estos proyectos”, finaliza Karen Marañón

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El poder del jaguar: un viaje por el mundo maya

Hay animales que forman parte del paisaje y otros que terminan convirtiéndose en parte de la imaginación de una cultura. El jaguar pertenece a esta segunda categoría. Su presencia en las selvas americanas, su fuerza y sus hábitos crepusculares y nocturnos contribuyeron a cargarlo de significados para los antiguos mayas: fue mucho más que un felino y se convirtió en una figura capaz de transitar entre distintos ámbitos del cosmos.

Esa relación es el punto de partida de Balam. El jaguar a través de los tiempos y los espacios del universo maya, obra publicada originalmente en 2004 y actualmente disponible en edición digital del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Su autora, María del Carmen Valverde Valdés (1962-2020), fue investigadora del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Adentrarse en el libro permite descubrir que detrás de ese balam (jaguar) hay todo un universo de significados. Valverde Valdés propone seguir las huellas del felino a través de distintas expresiones de la cultura maya para preguntarse qué representaba este animal y por qué llegó a ocupar un lugar tan importante en su pensamiento. La respuesta no es única. El jaguar puede ser, al mismo tiempo, una imagen de fuerza y autoridad, un habitante de la noche, una figura relacionada con el inframundo y una expresión de renovación.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es precisamente esa capacidad del jaguar para reunir significados que, a primera vista, podrían parecer contradictorios. El animal está relacionado con la oscuridad y con las fuerzas destructivas de la naturaleza, pero también con los ciclos de renovación del cosmos. No se trata, entonces, de una figura que represente simplemente «lo bueno» o «lo malo», sino de un ser vinculado con las fuerzas profundas que mantienen en movimiento el universo maya.

La autora comienza incluso por observar al jaguar como animal: su comportamiento, sus hábitos y sus características físicas. Su actividad crepuscular y nocturna, por ejemplo, contribuye a explicar su asociación con la oscuridad y el mundo subterráneo. Su fuerza física, sus garras y sus mandíbulas alimentan, por otro lado, la imagen de poder que terminaría vinculándolo con gobernantes y guerreros. Así, las características del animal no aparecen separadas de su significado simbólico: ayudan a entender cómo una criatura real pudo convertirse en una poderosa figura dentro del pensamiento religioso maya.

A partir de ahí comienza uno de los recorridos más sugerentes de Balam. El jaguar aparece en cerámicas, esculturas, códices, pinturas murales, arquitectura y objetos de pequeño formato. También está presente en textos, relatos y tradiciones que permiten acercarse a la manera en que los pueblos mayas han pensado y representado a este animal a lo largo del tiempo. La investigación de Valverde Valdés no se limita, por ello, a observar imágenes antiguas: incorpora fuentes coloniales, estudios arqueológicos, antropológicos, epigráficos y lingüísticos, además de testimonios indígenas contemporáneos.

El recorrido conduce también hacia una cuestión fundamental: el vínculo entre el jaguar y el poder. Su fuerza y su carácter excepcional hicieron que fuera utilizado como emblema de autoridad. Los gobernantes mayas encontraron en él una imagen capaz de expresar el poder político y la condición especial de quienes ocupaban una posición privilegiada dentro de la sociedad. El jaguar podía representar, así, algo más que la naturaleza: podía convertirse en una forma de hablar del poder humano y de su relación con las fuerzas sagradas.

Pero quizá uno de los mayores atractivos del libro consiste en descubrir que el balam no pertenece únicamente al pasado. La autora también sigue su presencia entre los pueblos mayas contemporáneos, donde el jaguar continúa apareciendo en mitos, danzas y otras manifestaciones culturales. La figura no desaparece con el paso de los siglos; se transforma, adquiere nuevos contextos y continúa formando parte de una memoria cultural que conecta pasado y presente.

Leer Balam es, en ese sentido, acercarse a una manera distinta de mirar la relación entre los seres humanos y la naturaleza. El jaguar que aparece en sus páginas no es solamente el gran felino que recorre la selva. Es también una forma de comprender la noche, la muerte, el tiempo, el poder y la renovación. Su figura permite asomarse a una concepción del universo en la que los distintos ámbitos de la existencia están profundamente relacionados.

Para quien se interese por la cultura maya, por sus símbolos o simplemente por conocer qué hay detrás de algunas de las imágenes que han sobrevivido en códices, esculturas y relatos, Balam ofrece un recorrido particularmente sugerente. La investigación de María del Carmen Valverde Valdés invita a mirar nuevamente al jaguar y preguntarse qué estamos viendo cuando encontramos su figura: ¿un animal, una figura sagrada, un emblema del gobernante, una fuerza de la naturaleza o una representación de la noche?

Tal vez la respuesta sea todas esas cosas a la vez. Porque una de las claves del universo que el libro explora es precisamente que un símbolo puede contener muchos significados y desplazarse entre distintos tiempos y espacios. El jaguar, silencioso y poderoso, parece seguir recorriendo ese universo.

Y Balam nos invita a seguir sus huellas.

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De la UNAM a Groningen: ciencia que cruza fronteras

Una experiencia internacional puede cambiar la manera en que un estudiante entiende su propia investigación. Conocer otros laboratorios, trabajar junto a especialistas de distintas partes del mundo y presentar el propio trabajo ante una comunidad científica internacional son experiencias que amplían la perspectiva y abren nuevas posibilidades para quienes comienzan a construir su trayectoria académica.

Ese fue el caso de Eduardo Delgado, Lucero Nuncio y Ana Zatarain, estudiantes del Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes realizaron una estancia de investigación en Groningen, Países Bajos, como parte del programa Summer of Research en la University Medical Center Groningen (UMCG).

Para Eduardo Delgado, del Posgrado en Ciencias Biomédicas de la FES Iztacala, la estancia representó la oportunidad de incorporarse al departamento de Hepatología y Gastroenterología del UMCG, bajo la supervisión del Dr. Han Moshage.

“Ser parte del programa Summer of Research es una gran experiencia para conocer el trabajo de un laboratorio de investigación biomédica de alta especialidad”, comparte Eduardo.

Más allá del aprendizaje técnico, destaca el valor de entrar en contacto con otras formas de hacer investigación y de fortalecer las capacidades que acompañarán su trayectoria científica.

Eduardo Delgado, en ISCOMS University of Groningen. Foto: Eduardo Delgado

En el caso de Lucero Nuncio, estudiante del Posgrado en Ciencias Biomédicas, la estancia se desarrolló en el Center for Clinical Neuroscience and Cognition, bajo la supervisión de la Dra. Iris Sommer.

Su proyecto se relaciona con un campo de creciente interés científico: la relación entre la microbiota y las enfermedades psiquiátricas. “Esta experiencia en Groningen representó una oportunidad única para mi desarrollo académico y profesional”, señala Lucero, quien destaca la posibilidad de trabajar junto a investigadores líderes en el área y ampliar su perspectiva sobre una línea de investigación que desea seguir desarrollando.

Lucero Nuncio, en ISCOMS University of Groningen. Foto: Lucero Nuncio

Para Ana Zatarain, también estudiante del Posgrado en Ciencias Biomédicas, la estancia la llevó al Departamento de Ginecología y Obstetricia, y su experiencia trascendió el trabajo en el laboratorio: también le permitió conocer nuevas perspectivas, intercambiar conocimientos y formar parte de una comunidad científica internacional.

Ana Zatarain, en ISCOMS University of Groningen. Foto: Ana Zatarain

“Ha sido una experiencia muy enriquecedora. Además de conocer nuevas áreas de investigación, he tenido la oportunidad de conectar con personas apasionadas por la ciencia y aprender desde perspectivas muy diversas”, relató.

Una alianza que va más allá de una estancia

Historias como las de Eduardo, Lucero y Ana muestran que la movilidad internacional puede ser mucho más que viajar para realizar una actividad académica durante algunas semanas. Puede convertirse en el primer paso para construir colaboraciones, encontrar nuevos mentores, ampliar redes científicas y visualizar otros caminos profesionales.

En este sentido, la colaboración entre la UNAM y la University of Groningen tiene un alcance que trasciende las estancias de investigación. Ambas instituciones cuentan con un acuerdo que permite la supervisión conjunta de tesis doctorales y la posibilidad de obtener un doble grado doctoral, sujeto al cumplimiento de los requisitos correspondientes.

Para estudiantes que ya cursan un doctorado en la UNAM, como Eduardo, Lucero y Ana, estas oportunidades permiten imaginar la internacionalización no como un episodio aislado de su formación, sino como parte de una trayectoria académica que puede continuar más allá de una primera estancia.

La colaboración UNAM–Groningen es, además, un ejemplo de cómo la construcción de vínculos institucionales puede traducirse en oportunidades concretas para la comunidad universitaria

Porque internacionalizar la investigación no significa solamente llevar el conocimiento de un país a otro. Significa aprender de otros, compartir lo que se sabe, crear nuevas preguntas y descubrir que una carrera científica puede construirse en colaboración con personas y comunidades que están mucho más allá del lugar donde comenzó nuestra formación.

Eduardo, Lucero y Ana regresan de Groningen con nuevos conocimientos, nuevas conexiones y nuevas posibilidades. Sus historias recuerdan que, para la comunidad universitaria, una convocatoria puede ser mucho más que una oportunidad de movilidad: puede ser el comienzo de una nueva etapa en la trayectoria de un investigador.

En ocasiones, todo comienza con algo tan sencillo como atreverse a postular, por lo que invitamos a mantenerte atento a las redes sociales de UNAM Alemania y de University of Groningen in Latin America para conocer próximas convocatorias y oportunidades de movilidad e intercambio académico.

En esta ocasión, fueron estudiantes de posgrado quienes llevaron su formación hasta Groningen, pero las oportunidades de internacionalización están abiertas a estudiantes de distintos niveles y áreas de formación. Mantente informado, prepara tu postulación y descubre hasta dónde puede llevarte una experiencia internacional.

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La OFUNAM vuelve a casa: 90 años de historia y una nueva etapa

El 26 de septiembre, la OFUNAM regresará a la Sala Nezahualcóyotl después de la rehabilitación del recinto, que este año cumple medio siglo. El reencuentro estará marcado por el estreno mundial de Fanfarria volcánica, de Gabriela Ortiz, académica de la UNAM y ganadora de dos premios Grammy en 2026, y por el regreso del violonchelista Mischa Maisky. La temporada incluirá además Informe sobre ciegos, con adaptación e interpretación de John Malkovich.

La Orquesta Filarmónica de la UNAM vuelve a casa.

Después de llevar la celebración de sus 90 años a distintas entidades universitarias y al Palacio de Bellas Artes, la OFUNAM regresará el 26 de septiembre a la Sala Nezahualcóyotl, su sede desde 1976, para iniciar la tercera temporada de 2026. El concierto inaugural se repetirá el día 27.

El encuentro concentrará varios momentos importantes de la historia cultural universitaria: los 90 años de la orquesta, el 50 aniversario de la Sala Nezahualcóyotl, los 475 años de la Universidad de México y el comienzo del Festival CulturaUNAM. Marcará, además, la reapertura del recinto después de su rehabilitación.

“Ahora, con la reapertura de la Sala, continuamos esta conmemoración”, explicó José Julio Díaz Infante, director general de Música UNAM, durante la presentación de la temporada. Antes de este regreso, recordó, la agrupación realizó una gira por entidades de la Universidad y volvió al Palacio de Bellas Artes como parte de los festejos por sus nueve décadas.

Pero el retorno no será únicamente a un espacio renovado. El estreno que abrirá el programa fue concebido precisamente a partir del lugar en el que se encuentra la Sala: el paisaje volcánico de Ciudad Universitaria.

Una Sala Nezahualcóyotl renovada

La rehabilitación integral de la Sala Nezahualcóyotl comenzó en 2025 y contempló su cierre a partir de abril de 2026. Los trabajos incluyeron intervenciones en iluminación escénica, camerinos, sanitarios, sistema eléctrico, protección civil y drenaje, además de adecuaciones para ofrecer accesibilidad universal. Todo ello, de acuerdo con la Universidad, respetando el diseño original del recinto.

La reapertura ocurre, además, en el año en que la Sala cumple medio siglo. Inaugurada en diciembre de 1976, se convirtió ese mismo año en sede permanente de la OFUNAM. La relación entre ambas atraviesa, por tanto, cinco décadas de la historia musical de la Universidad.

De ahí que la tercera temporada no se limite a recuperar el espacio después de las obras: también establece un diálogo entre la memoria del recinto y la música que se produce actualmente.

Fanfarria volcánica: una obra nacida del Pedregal

Ese diálogo comenzará con aproximadamente cinco minutos de música nueva.

Gabriela Ortiz estrenará mundialmente Fanfarria volcánica, una obra comisionada por la Dirección General de Música UNAM para conmemorar los aniversarios de la OFUNAM y la Sala Nezahualcóyotl. Para la compositora, sin embargo, el encargo adquirió un significado más personal.

“Para mí era muy importante poder hacer una pequeña pieza, un homenaje para celebrar a esta gran institución que es la Universidad Nacional Autónoma de México, celebrar también a la OFUNAM y celebrar también la reapertura de la Sala Nezahualcóyotl”, explicó.

Foto: Diana Maldonado

Eligió la forma de una fanfarria precisamente por su carácter celebratorio. Los instrumentos de metal y la percusión tendrán un papel protagónico. Ortiz explicó que su idea es colocar parte de los metales en los palcos de la Sala para generar espacialidad en el sonido.

El título tampoco es casual.

Ortiz pensó en el territorio de lava sobre el cual fue construido el Centro Cultural Universitario y en la manera en que su arquitectura convive con el paisaje del Pedregal.

La pieza, explicó, está inspirada en “estas piedras ancestrales” y en la fuerza particular del entorno volcánico. Naturaleza, arquitectura y sonido se encontrarán así en una obra concebida para el regreso a la Nezahualcóyotl.

Gabriela Ortiz: de la UNAM a los Grammy

El estreno adquiere otra dimensión por el momento que atraviesa su autora.

Gabriela Ortiz es una compositora mexicana de amplia proyección internacional y en 2026 fue galardonada por segundo año consecutivo en los premios Grammy. El álbum Yanga recibió tres reconocimientos; dos correspondieron directamente a Ortiz: Mejor Compendio Clásico y Mejor Composición Clásica Contemporánea por Dzonot. Un año antes había obtenido el Grammy a Mejor Composición Clásica Contemporánea por Revolución diamantina.

Su historia, sin embargo, está profundamente ligada a la Universidad.

Fue estudiante del CCH Sur, continuó su formación en la entonces Escuela Nacional de Música, hoy Facultad de Música, realizó estudios de posgrado con apoyo de una beca de la UNAM y posteriormente regresó como profesora.

“Realmente yo sí le debo mucho a esta gran institución”, dijo durante la conferencia.

Fanfarria volcánica tampoco es su primer encuentro con la OFUNAM. Ortiz recordó, entre otras experiencias, el estreno y grabación de Concierto Candela, así como las interpretaciones de Altar de piedra y Luz de lava, esta última también relacionada con el paisaje del Pedregal.

Para la compositora, una de las responsabilidades de una orquesta universitaria es precisamente mantener abierta la puerta a la creación contemporánea mexicana.

“Los compositores necesitamos escuchar nuestra música; esto es algo básico para aprender”, señaló al hablar de la importancia de que las nuevas generaciones puedan trabajar con agrupaciones como la OFUNAM.

La temporada mantendrá esa línea con obras de Enrico Chapela, Ana Lara, Arturo Márquez, José F. Vásquez y Héctor Quintanar.

Mischa Maisky: volver a una obra después de 65 años

El concierto inaugural reunirá la creación nueva con otro tipo de memoria musical.

Mischa Maisky regresará por tercera ocasión con la OFUNAM. El violonchelista nacido en Letonia interpretará el Concierto para violonchelo núm. 1, de Camille Saint-Saëns, y su propia transcripción para violonchelo de “Kuda, kuda”, aria de Eugene Onegin, de Piotr Ilich Chaikovski. Después del intermedio, la OFUNAM interpretará la Sinfonía núm. 1, Titán, de Gustav Mahler, bajo la dirección de Sylvain Gasançon.

Foto: cortesía Festival CulturaUNAM

Para Maisky, la visita también está atravesada por el tiempo. Llegó por primera vez a México hace aproximadamente medio siglo y este año se cumplen 65 años desde que interpretó por primera vez el concierto de Saint-Saëns, cuando era estudiante, y 60 desde que lo tocó en la final del Concurso Chaikovski de Moscú, en 1966.

Conocer una obra durante seis décadas, sostuvo, no significa haber agotado sus posibilidades.

Para el violonchelista, la interpretación es un proceso que nunca termina: puede transformarse según el recinto, la acústica, el público y los músicos que coinciden en el escenario. Comparó esa búsqueda de perfección con intentar alcanzar el horizonte: cuanto más se acerca uno, más se aleja.

La reflexión adquiere un significado particular en una Sala Nezahualcóyotl que vuelve a recibir al público después de su rehabilitación: la música puede ser la misma, pero el encuentro nunca se repite exactamente.

Una OFUNAM preparada para otros 90 años

La temporada también significará el cierre de una etapa.

Sylvain Gasançon, director titular de la OFUNAM desde 2023, se encuentra en la última temporada de su gestión, que concluirá a finales de 2026. Después continuará colaborando con la agrupación como director huésped.

“Es una orquesta que amo profundamente”, expresó al hablar del vínculo que ha acompañado buena parte de su desarrollo artístico y profesional.

Para Gasançon, el programa de reapertura resume la idea de orquesta que intentó desarrollar durante su gestión: una composición mexicana nueva, un solista internacional y una gran obra del repertorio sinfónico.

“Música mexicana nueva, gran solista y música de gran repertorio sinfónico”, resumió. Esa combinación, consideró, corresponde al trabajo que debe realizar una orquesta del siglo XXI.

Al hacer balance de su relación con la agrupación, Gasançon destacó también otro cambio: la renovación de sus integrantes.

Hoy encuentra una orquesta con numerosos músicos jóvenes que no estaban allí hace 10, 15 o 20 años. Para él, cada incorporación representa también una muestra del talento musical existente en México.

La transformación lo llevó a formular una de las ideas que mejor resume el sentido de esta conmemoración:

“La OFUNAM de 2026 es una orquesta preparada para sus próximos 90 años”.

Doce programas entre memoria y futuro

La tercera temporada se extenderá del 26 de septiembre al 13 de diciembre con 12 programas, seis de temporada regular y seis fuera de abono. Habrá directoras y directores huéspedes, solistas nacionales e internacionales, música coral, creación contemporánea y obras fundamentales de la tradición sinfónica.

Después de la reapertura, el 3 y 4 de octubre se presentará Informe sobre ciegos, con adaptación e interpretación de John Malkovich sobre el texto de Ernesto Sábato, en un programa que incluye también a la pianista Anastasya Terenkova y música de Prokófiev y Alfred Schnittke.

La OFUNAM volverá también al Festival Internacional Cervantino, con presentaciones el 9 de octubre en el Teatro Juárez de Guanajuato y el 11 en la Sala Nezahualcóyotl. El 31 de octubre se realizará una gala con el tenor Javier Camarena.

El 7 y 8 de noviembre, uno de los momentos centrales del cierre de la gestión de Gasançon será la interpretación de la Sinfonía núm. 2, Resurrección, de Mahler, junto con el Coro del Teatro de Bellas Artes.

En diciembre llegará la Novena sinfonía de Beethoven y, finalmente, el programa Navidad con la OFUNAM.

Entre esas obras habrá otra que conectará directamente 1976 con 2026: Fiestas, de Héctor Quintanar, fue compuesta para la inauguración de la Sala Nezahualcóyotl el 30 de diciembre de 1976. Medio siglo después volverá a formar parte de la programación del recinto en el año de su aniversario.

De aquella obra concebida para la apertura a una Fanfarria volcánica escrita para este nuevo momento han transcurrido 50 años. En ese mismo escenario, la OFUNAM ha recorrido ya más de la mitad de sus nueve décadas de historia.

Ahora vuelve a su casa con una Sala renovada, nuevos integrantes en sus atriles y una obra nacida del mismo paisaje volcánico que la rodea. La celebración mira hacia atrás, pero la música que abrirá esta etapa es nueva.

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Cómo la contaminación del aire reduce los beneficios del deporte

Hacer ejercicio es una de las actividades más recomendadas para mantener una buena salud física y mental. Mejora la capacidad cardiovascular, fortalece músculos y huesos, ayuda a controlar el estrés y disminuye el riesgo de múltiples enfermedades. Sin embargo, cuando la calidad del aire es mala, especialmente en ciudades con altos niveles de contaminación, surge una pregunta importante: ¿realmente es buena idea hacer ejercicio al aire libre durante periodos de alta contaminación?

En el podcast de Deporte UNAM, el doctor José Agustín García Reynoso, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, y el médico residente de la especialidad en Medicina de la Actividad Física y Deportiva de la UNAM, Carlos Alberto Galván López, mencionaron que, en la mayoría de los casos, no resulta recomendable hacer esta actividad, especialmente cuando existen contingencias ambientales o concentraciones elevadas de contaminantes atmosféricos.

Aunque el ejercicio por sí mismo es beneficioso, practicarlo en ambientes contaminados puede reducir sus efectos positivos e incluso provocar daños importantes en el organismo.

Durante la actividad física, el cuerpo necesita más oxígeno para sostener el esfuerzo. Esto provoca que la respiración se vuelva más rápida y profunda. En reposo, una persona respira con menor intensidad, pero al correr, caminar rápido, jugar algún deporte o entrenar, la cantidad de aire inhalado aumenta considerablemente. El problema es que, junto con el oxígeno, también entran más contaminantes al cuerpo.

En ciudades grandes, comentó el doctor García Reynoso, el aire suele contener sustancias dañinas como ozono, partículas suspendidas PM10 y PM2.5, dióxido de azufre y monóxido de carbono. Muchos de estos contaminantes provienen de procesos de combustión: automóviles, transporte público, industrias, calentadores de gas y otras actividades humanas. También existen contaminantes generados por productos cotidianos dentro de las casas, como aromatizantes, aerosoles y ciertos compuestos químicos presentes en productos de limpieza o perfumes.

Estas partículas suspendidas representan uno de los mayores riesgos para la salud. Las PM10 y, especialmente, las PM2.5 son tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones y alojarse en los alvéolos, que son las estructuras encargadas de realizar el intercambio de oxígeno en el cuerpo. Cuando estas partículas se acumulan, el intercambio gaseoso se vuelve menos eficiente y la capacidad pulmonar disminuye. En otras palabras, el organismo tiene más dificultades para oxigenarse correctamente.

Esto explica por qué muchas personas experimentan molestias al hacer ejercicio durante días con mala calidad del aire. Los síntomas más frecuentes, de acuerdo con Galván López, incluyen irritación en ojos y garganta, tos, sensación de falta de aire, dolor de cabeza, ardor nasal y fatiga más rápida. Algunas personas también sienten que “el aire pesa” o que respirar resulta más difícil, especialmente cerca de avenidas con mucho tráfico.

Los grupos más vulnerables son los niños, los adultos mayores y las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, como asma, hipertensión o problemas cardiacos. En estos casos, incluso niveles moderados de contaminación pueden generar síntomas importantes. Los deportistas asmáticos, por ejemplo, pueden presentar crisis respiratorias con mayor facilidad durante contingencias ambientales.

Estudios científicos sobre contaminación y actividad física

Investigaciones citadas por especialistas muestran que, al ejercitarse en ambientes contaminados, disminuyen algunos de los beneficios cardiovasculares normales del ejercicio.

Por ejemplo, un estudio publicado en BMJ Open analizó a más de 34 mil adultos y encontró que, aunque el ejercicio seguía siendo beneficioso, la exposición prolongada a partículas contaminantes, como PM2.5 y PM10, modificaba la relación entre actividad física y enfermedad cardiaca isquémica.

Asimismo, una revisión científica publicada en MDPI concluyó que respirar aire contaminado durante el ejercicio aumenta la inhalación de partículas tóxicas debido al incremento de la ventilación pulmonar, lo que puede favorecer inflamación, estrés oxidativo y daño cardiovascular.

Además de los efectos inmediatos, existe preocupación por las consecuencias a largo plazo. La exposición frecuente al aire contaminado se ha relacionado con mayor riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias crónicas, alergias, asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). También se ha observado un aumento del riesgo de desarrollar cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares, incluidos los accidentes cerebrovasculares.

Entonces, ¿significa esto que debe evitarse totalmente el ejercicio?

No necesariamente. Los especialistas coinciden en que mantenerse activo sigue siendo fundamental, pero recomiendan adaptar la actividad física a las condiciones ambientales.

El médico Carlos Alberto Galván López señaló que la primera recomendación es revisar el índice de calidad del aire antes de entrenar o realizar actividades al aire libre. En días con contingencia ambiental o altos niveles de contaminación, lo más prudente es reducir o suspender temporalmente el ejercicio intenso en exteriores.

También aconsejó elegir lugares alejados de avenidas principales y zonas de tráfico intenso. Los parques grandes y las áreas verdes suelen ofrecer mejores condiciones que las calles muy transitadas.

Otra estrategia útil es modificar los horarios de entrenamiento y realizar actividad física temprano por la mañana o después de las siete de la noche, cuando las concentraciones de ciertos contaminantes suelen disminuir.

Cuando sea posible, los espacios interiores con sistemas de filtración representan una alternativa más segura. Aunque no todas las personas tienen acceso a gimnasios o instalaciones especializadas, entrenar bajo techo durante episodios de contaminación intensa puede reducir considerablemente la exposición.

El problema de fondo, sin embargo, no depende únicamente de decisiones individuales. La contaminación atmosférica es un fenómeno complejo relacionado con el transporte, el consumo energético, las emisiones industriales y la planeación urbana. Por ello, el especialista del ICAyCC enfatiza también la necesidad de impulsar sistemas de transporte más limpios, mejorar el mantenimiento de equipos domésticos de combustión y fomentar hábitos de consumo más sostenibles.

Mantenerse activo en ciudades contaminadas exige precaución

En conclusión, hacer ejercicio durante periodos de alta contaminación del aire no suele ser una buena idea, especialmente cuando existen contingencias ambientales. Aunque el ejercicio es beneficioso para la salud, la inhalación constante de contaminantes puede disminuir sus ventajas y generar efectos negativos respiratorios y cardiovasculares. La mejor decisión es mantenerse informado sobre la calidad del aire, adaptar los horarios y lugares de entrenamiento, y priorizar siempre la protección de la salud.

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A un año de que Julieta Fierro regresó a las estrellas, ¿qué nos quedó de la divulgadora?

Un día, al terminar una entrevista, Julieta pidió con pena algo inesperado: una carta de recomendación para postularse a la Medalla al Mérito en Ciencias «Ingeniero Mario Molina» 2021. Fue una sorpresa. Pudo pedírsela al rector, a algún investigador reconocido del Instituto de Astronomía o a una figura importante de la divulgación científica, pero no: se la pidió a una reportera con la que usualmente trabajaba.

Ante la solicitud, la reportera comentó: «Yo solo hago notas y cápsulas de ciencia». Fierro respondió: «Justo quiero eso. Alguien con quien he trabajado mucho notas de ciencia».

La reportera escribió la carta, tal como lo pidió Julieta. Por supuesto, ganó la medalla, pero no por aquella recomendación, sino por su amplia trayectoria. Cuando recibió el galardón, dijo: «Me encantaría regalarles una estrella, una galaxia o un planeta, pero como no puedo, les traigo una lluvia de estrellas».

Se refería a unos chocolates Kisses que lanzó al aire hacia funcionarios e invitados. De inmediato, muchos sonrieron y estiraron las manos para atraparlos. Por unos instantes, llovieron estrellas en el recinto legislativo de Donceles.

Aunque suele pensarse que la ciencia no llama la atención de mucha gente, la fama de Julieta era enorme. Contaba que, cuando salía a la calle, la reconocían, se le acercaban para tomarse fotos y le pedían autógrafos.

Para poder ir al supermercado con tranquilidad, tenía que hacerlo a las siete de la mañana, cuando todavía no había muchas personas.

La mejor divulgadora

Este 19 de septiembre se cumple un año de que Julieta volvió a las estrellas ¿Qué queda de la mujer que dedicó su vida a acercar el Universo a los demás? Desde entonces he recordado algunas anécdotas que compartí a lo largo de los años.

Cuando comencé a cubrir la fuente de ciencia me tocó asistir a una entrevista al Instituto de Física, el tema parecía algo fácil. Trataba sobre un nuevo telescopio que se pondría a funcionar. Sin embargo, al preguntar ¿qué buscaría? Por primera vez escuché las palabras materia oscura.

No entendí nada, e inmediatamente pensé: debo preguntar porque si no lo sé, ¿cómo redactaré esta nota? En seguida le dije al investigador: ¿qué es eso? Él no esperaba esa pregunta.

Puso cara de sorpresa, comenzó a explicar y a dar vueltas sin llegar a una idea clara. No le entendí y volví a preguntar, pero salí de aquella entrevista con dudas.

Días después, contacté a Julieta Fierro para no quedarme con la duda. Apenas la conocía, pero le pedí una entrevista sobre materia y energía oscuras.

En una cápsula de video que apenas duró un minuto, dijo de forma directa y sencilla: Exactamente no sabemos qué son, pero la ciencia tiene noción de su existencia por sus efectos.

La energía oscura es la responsable de que la expansión del universo se acelere, mientras que la materia oscura contribuye a mantener unidas las galaxias.

Yo había salido de una larga entrevista en el Instituto de Física sin entender qué era la materia oscura. Julieta me lo explicó en un minuto y de forma directa y divertida.

Desde entonces, la buscaba para muchas entrevistas. Siempre nos citaba en su casa y, al final, regalaba chocolates acompañados de una frase: «La ciencia es dulce».

Una trayectoria poco convencional

Su vida no fue fácil, pero logró sobresalir en un ámbito científico en donde las mujeres eran minoría. Además, decidió dedicarse a la divulgación de la ciencia, una actividad que en aquella época todavía comenzaba dentro del ámbito científico. No sólo fue pionera en la divulgación de la ciencia, también abrió camino para otras mujeres en el ámbito científico.

Una vez, una amiga le comentó: «No te maquillas porque no viste a tu mamá hacerlo cuando eras niña». Su mamá había fallecido cuando Julieta tenía 13 años. Fue una anécdota que contó, melancólica, en una plática al finalizar una entrevista.

Cuando se iba a filmar Contacto, la adaptación cinematográfica de la novela de Carl Sagan, su protagonista, Jodie Foster, vino a México para convivir con astrónomas mexicanas. Entre ellas conoció a Julieta Fierro. Esa cercanía le sirvió para entender cómo debía ser su personaje.

Cuando uno ve a Eleanor “Ellie” Arroway, el personaje que interpreta Foster en la película, es inevitable encontrar cierto parecido con Julieta: el cabello largo y lacio, el rostro sin maquillaje.

Durante algún tiempo, en Canal Once se transmitió Sofía Luna, agente especial, una serie en la que Julieta participó no solo como asesora científica, sino también como actriz: interpretó a la agente especial, una astronauta que viajaba por el espacio.

Desde entonces, los niños la reconocían en la calle y la saludaban. A ella le daba pena. Decía que se sentía como una viejita y que ellos eran niños: ¿qué podía hacer con ellos? Parecía sorprenderle hasta dónde podía llegar con los más pequeños. Los niños, en cambio, sí parecían saberlo.

La curiosidad compartida

Cuando Julieta era estudiante de la Facultad de Ciencias de la UNAM, solía caminar por las Islas. Un día se detuvo a mirar detenidamente la fachada sur de la Biblioteca Central y se maravilló al descubrir que contenía elementos astronómicos.

De ese recuerdo nació la nota La astronomía del mural de la Biblioteca Central, publicada por la Dirección General de Comunicación Social. En ella, Julieta explicó cómo el mural representa dos maneras de entender el cosmos: el modelo de Ptolomeo, con la Tierra en el centro, y el de Copérnico, con el Sol.

La invitación con la que cerró aquella explicación era sencilla: «Cuando pasen frente a la Biblioteca Central deténganse un momento y miren cómo se representa el cielo, vale mucho la pena».

Un año después de su partida, sus múltiples libros, entrevistas, notas y videos permanecen para que niños, jóvenes y adultos puedan acudir a ellos, recordarla y continuar con el aprendizaje de la astronomía. Su legado sigue vivo en quienes la recuerdan con cariño y en las nuevas generaciones que apenas la descubren.