En México, se usa en las cocinas rurales a pesar de que la exposición crónica aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias
Imagina en tu paladar unas tortillas recién salidas del comal con ese saborcito a humo que proviene de la combustión de la madera. Ese peculiar toque a la comida evoca a un lugar, a una persona, a una tecnología que perdura en las zonas rurales de México.
El fogón no es solo un sistema para cocinar alimentos. Se trata de un punto de reunión en el que, al calor de las brasas de la leña, se cuentan historias.
Ojos llorosos, tos persistente, opresión en el pecho o dificultad para respirar son algunos síntomas comunes en enfermedades respiratorias vinculadas al tabaquismo que han aparecido en mujeres que nunca han fumado pero sí han pasado toda su vida cocinando con leña.
Una lectura para profundizar en el tema es el libro Uso de leña en el hogar. Riesgos a la salud, situación actual y alternativas, obra editada por el Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE). Astrid Schilmann del Instituto Nacional de Salud Pública, junto con Rogelio Pérez-Padilla del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, coordinaron la obra.
Consta de 19 capítulos que conforman una mirada social y sanitaria sobre el consumo de leña en México. Las diversas perspectivas y evidencias reunidas nos adentran a la problemática, sin excluir la visión cultural.
El enemigo en casa
Los troncos, las ramas de árboles y arbustos son una forma de biomasa que se utiliza como combustible para satisfacer tres necesidades básicas: cocción de alimentos, calentamiento de agua y calefacción. Su uso es más común en áreas rurales, tanto por accesibilidad a los recursos forestales como a la falta de otro tipo de energías.
El combustible principal en México es el gas LP (79%), le sigue la leña o carbón (11%) y gas natural (7%), según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Energéticos en Viviendas Particulares del 2018 (ENCEVI)
Normalmente, la quema de leña es en fogones abiertos ubicados en la cocina o en habitaciones, por lo que la gama de gases contaminantes generados por una combustión incompleta (dióxido de carbono, monóxido de carbono, benceno, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre) no se ventilan y afectan la calidad del aire dentro de la vivienda.
La exposición crónica al humo de leña es perjudicial para la salud, se le relaciona con la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC, por sus siglas, informó la doctora Schilmann en entrevista en el programa radiofónico Hipócrates 2.0.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) los síntomas más comunes de esta enfermedad son dificultad para respirar, tos crónica y sensación de cansancio. Aunque no tiene cura, la persona puede mejorar si no fuma o no tiene exposición a aire contaminado, y mantiene un tratamiento adecuado apoyado de medicamento, oxígeno y rehabilitación pulmonar.
Otras afecciones relacionadas al humo de leña son el desarrollo de enfermedades respiratorias agudas: neumonía, asma, tuberculosis, cáncer pulmonar, eventos cardiovasculares, así como efectos adversos en el embarazo, como bajo peso al nacer y mortalidad fetal.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó el humo de biomasa en el grupo 2A, esto quiere decir que es un posible carcinógeno. Se designó así porque hay evidencia suficiente en animales, pero los estudios en humanos todavía son limitados.
Estufas alternativas
Actualmente, el gran reto para la salud pública está en la parte de atención, porque no se detectan los casos de forma temprana. “Tradicionalmente, como son las mujeres las que cocinan, son las que corren mayor riesgo, igual que los niños pequeños”, precisa la especialista en contaminación del aire doméstico.
Dentro de las medidas de prevención, el esfuerzo va dirigido a desplazar el fogón abierto y sustituirlo por tecnologías que se adapten a las necesidades energéticas de las comunidades. Una opción es la instalación de estufas eficientes de leña, con programas donde se les ofrezca capacitación y seguimiento sobre su uso.
Desde 2025 comenzó un proyecto gubernamental en la zona purépecha en Michoacán para sustituir el fogón por estufas, donde la implementación de estos dispositivos ha considerado no solo factores económicos sino culturales para tomar en cuenta el contexto, prácticas y necesidades locales.
“Estamos tratando de impulsar a través de algunas propuestas la atención integral por contaminación del aire en la atención primaria de la salud, donde justo nos hace falta mejorar los sistemas de diagnóstico para las enfermedades respiratorias, dirigir mejor el tratamiento, y claro está, la prevención”, complementa la doctora.
Por ello, si la principal opción es el fogón y no es posible cocinar fuera de la vivienda, se recomienda mantener puertas y ventanas abiertas, reducir el tiempo de estancia y evitar cargar o cuidar a los niños en el área de cocina
Durante más de un siglo, el cine no solo ha mostrado cómo es México: también ha contribuido a construir la imagen que los propios mexicanos y el mundo tienen del país.
De los charros, las rancheras y las familias perfectas del cine de oro a las historias de violencia, desigualdad y vida urbana de las últimas décadas, la pantalla ha sido un espacio para imaginar qué significa ser mexicano.
“Ha sido una historia de la búsqueda de una imagen propia por parte de las y los mexicanos”, explicó en entrevista Israel Rodríguez, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.
Desde la llegada del cinematógrafo a México, a finales del siglo XIX, el país comenzó a ser filmado por miradas extranjeras. Los enviados de los hermanos Lumière y, posteriormente, cineastas estadounidenses, ingleses y alemanes registraron paisajes, costumbres y habitantes que aparecían como algo exótico o pintoresco.
Al mismo tiempo, las élites mexicanas utilizaron las primeras imágenes cinematográficas para mostrar un país moderno y cercano a las naciones europeas.
Pero con el desarrollo de una industria cinematográfica propia, particularmente a partir de los años treinta, México comenzó a construir sus propias representaciones. El cine tomó modelos narrativos de Hollywood, como el melodrama y la comedia, y los adaptó a los imaginarios nacionales.
Así surgieron algunos de los estereotipos que durante décadas definieron la imagen de México dentro y fuera del país: el charro valiente, la mujer abnegada, la madre sacrificada, la familia unida, la vida rural y las comunidades donde todos parecían conocerse y convivir en armonía.
Un México de charros, madres y vecindades
Durante la llamada Época de Oro del cine mexicano, entre las décadas de 1930 y 1960, figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y Dolores del Río se convirtieron en rostros de una identidad nacional que trascendió las fronteras.
La comedia ranchera y el melodrama fueron dos de los principales géneros mediante los cuales se construyó esa imagen. El cine mexicano se exportó ampliamente a otros países de habla hispana, donde contribuyó a popularizar una idea particular de cómo eran los mexicanos.
Por eso no resulta extraño que todavía hoy algunas personas de otros países tengan una imagen de México influida por aquellas películas. El impacto no se limitó a otros países. También los mexicanos aprendieron a reconocerse a través de esas imágenes.
El historiador Carlos Monsiváis decía que “los mexicanos aprendieron a ser mexicanos en el cine”. La frase resume la capacidad que tuvo la industria cinematográfica para convertir una identidad nacional, compleja y diversa, en un conjunto de imágenes reconocibles.
México, sin embargo, estaba lejos de ser homogéneo. La diversidad de regiones, lenguas, comunidades y formas de vida quedó reducida muchas veces a unos cuantos personajes y escenarios.
“En el estereotipo no cabe nadie”. El cine sintetizó esa enorme pluralidad en una imagen que podía ser reconocida por millones de personas, aunque no necesariamente correspondiera con la realidad.
Uno de los ejemplos más evidentes fue la representación de los pueblos indígenas, para la que en muchas ocasiones se recurrió a actores y actrices como Dolores del Río o María Félix para representar personajes indígenas, mientras se simplificaban o borraban las diferencias culturales y lingüísticas existentes entre las distintas comunidades.
Algo similar ocurrió con las ciudades. El cine creó una manera particular de hablar y de representar las vecindades, esos espacios urbanos con patios centrales y habitaciones alrededor que en la pantalla podían convertirse en lugares donde todos convivían, cantaban, se enamoraban y se ayudaban.
Cuando el cine comenzó a mirar de frente
Pero esa imagen idealizada no permaneció intacta. Frente al cine que exaltaba determinados valores nacionales surgieron películas que comenzaron a mostrar sus contradicciones.
Uno de los casos fundamentales fue Los olvidados, de Luis Buñuel, estrenada en 1950. Esta película representa un punto de inflexión porque rompió con la representación idealizada de las clases populares.
Mientras películas como Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, de Ismael Rodríguez, presentaban una imagen melodramática y estilizada de la vecindad y de sus habitantes, Buñuel llevó la cámara a barrios populares y mostró pobreza, violencia y marginación.
La película incluso fue acusada de ser antimexicana debido a que su director era extranjero. Su reconocimiento internacional, incluido el premio a la mejor dirección para Buñuel en el Festival de Cannes, contribuyó a que fuera reivindicada posteriormente en México.
Los olvidados mostró que representar a México también podía significar cuestionarlo.
De la identidad nacional al México de las crisis
Hacia los años sesenta y setenta, el nacionalismo dejó de ser el eje principal del cine mexicano. Las películas comenzaron a interesarse por otros conflictos y por formas de identidad menos cerradas.
En los años noventa apareció una nueva representación de México. Películas como Sólo con tu pareja, Cilantro y perejil y Sexo, pudor y lágrimas mostraron a personajes urbanos, profesionistas y de clase media que vivían problemas relacionados con las relaciones de pareja, la sexualidad y la vida cotidiana.
Sin embargo, esa imagen también podía ser una construcción alejada de la realidad de buena parte del país. Algunas de estas películas presentaban un México urbano, moderno y privilegiado, mientras el país atravesaba profundas crisis económicas y sociales.
El cine no necesariamente le dice a la sociedad “ustedes son así”. Más bien, toma elementos de la realidad, los selecciona y los potencia.
Amores perrosy el nacimiento del cine mexicano contemporáneo
A finales del siglo XX y principios del XXI ocurrió otro cambio importante.
Para Rodríguez, Amores perros, dirigida por Alejandro González Iñárritu y estrenada en 2000, inauguró el cine mexicano contemporáneo. La película combinó una producción capaz de llegar a un público amplio con una propuesta narrativa y visual alejada de las representaciones idealizadas.
Sus tres historias entrelazadas mostraron una Ciudad de México violenta, desigual y caótica, pero también profundamente cotidiana. La ciudad dejó de ser un simple escenario para convertirse en parte fundamental de la historia.
La película apuesta por una estética realista: calles, espacios urbanos y personajes que no corresponden a la imagen limpia y estilizada que con frecuencia aparece en el cine comercial.
En esa misma transformación destacan películas como Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, que utilizó una historia íntima para mostrar también el contexto social y político del país.
El poder de la calma interior: la ciencia detrás de la meditación y sus posibles beneficios para la mente
Pepe Herrera
agosto 14, 2026
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Meditar no significa dejar la mente en blanco. En realidad, buena parte de su práctica consiste en algo mucho más cotidiano: notar que la atención se ha distraído y volver, una y otra vez, al momento presente.
Esa capacidad de detenerse, observar los pensamientos sin reaccionar de inmediato y recuperar el foco ha llevado a la meditación de los espacios espirituales a los laboratorios de psicología y neurociencias. Hoy, distintas investigaciones estudian qué ocurre en el cerebro durante esta práctica y cuáles pueden ser sus efectos sobre la atención, el estrés, las emociones, la memoria de trabajo y el sueño.
Pero ¿qué sucede realmente en el cerebro cuando una persona medita? ¿Y hasta dónde llegan los beneficios que se le atribuyen?
La meditación no activa una sola zona del cerebro
Para comprender sus efectos es necesario observar la interacción entre distintas estructuras y redes cerebrales. De acuerdo con el Dr. Gabriel Martín Villeda Villafaña de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, la meditación involucra la participación coordinada de diferentes regiones.
Entre las estructuras estudiadas se encuentran:
• La corteza prefrontal, relacionada con funciones ejecutivas como la planeación, la toma de decisiones y la regulación de la conducta.
• La corteza cingulada anterior, que participa en el control de la atención y la detección de errores.
• La ínsula, vinculada con la conciencia de los estados internos del organismo.
• El hipocampo, fundamental para procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje.
• La amígdala, relacionada con las respuestas emocionales y la detección de amenazas. Algunos estudios han observado cambios en su reactividad asociados con determinadas prácticas meditativas.
Estos hallazgos no significan que exista una única respuesta cerebral a la meditación. Los resultados pueden variar según el tipo de práctica, la experiencia de cada persona y los métodos utilizados para estudiar el cerebro.
La importancia de estas estructuras no está únicamente en las funciones que desempeña cada una, sino en la forma en que trabajan de manera coordinada. Esta interacción permite comprender por qué la meditación puede relacionarse con procesos tan distintos como la atención, la regulación emocional y la respuesta al estrés.
Atención y concentración: entrenar la capacidad de enfocarse
Cada vez que una persona nota que su mente se ha distraído y decide regresar al momento presente, pone en práctica una de las habilidades centrales de la meditación: recuperar deliberadamente el foco. Con la práctica, este ejercicio puede fortalecer procesos relacionados con la atención sostenida, la atención selectiva y el control ejecutivo.
El metaanálisis La atención plena mejora el funcionamiento cognitivo: un metaanálisis de 111 ensayos controlados aleatorios encontró efectos pequeños o moderados en la cognición general, la atención ejecutiva y sostenida, y la precisión en tareas de memoria de trabajo, inhibición y flexibilidad cognitiva. Sin embargo, no halló mejoras significativas en aspectos como la memoria episódica, la velocidad de procesamiento o la fluidez verbal (Zainal y Newman, 2024).
Pero entrenar la atención no significa únicamente mejorar la capacidad de concentrarse en una tarea. También implica aprender a observar los pensamientos, emociones y sensaciones sin responder automáticamente a ellos. Es precisamente en este punto donde la atención se relaciona con otro de los efectos más estudiados de la meditación: la regulación del estrés.
Estrés y ansiedad: crear un espacio entre el estímulo y la respuesta
La forma en que una persona dirige su atención también influye en cómo percibe y responde ante situaciones demandantes. Cuando el estrés se vuelve constante, puede mantener al organismo en un estado de activación prolongada y afectar tanto el bienestar psicológico como distintos procesos fisiológicos.
De acuerdo con Villeda Villafaña, la meditación puede ayudar al organismo a reaccionar de manera diferente ante situaciones de estrés. Algunas investigaciones sugieren que, después de practicar meditación, la amígdala (una región del cerebro relacionada con la respuesta emocional y el estrés) puede reaccionar con menor intensidad ante ciertos estímulos. Sin embargo, este efecto no se presenta de la misma manera en todas las personas.
La práctica constante también puede favorecer procesos relacionados con regiones prefrontales, involucradas en el análisis de situaciones y la regulación emocional. Esto no significa dejar de experimentar emociones negativas, sino desarrollar una mayor capacidad para identificarlas y responder de una manera menos automática.
En este sentido, la meditación puede crear un espacio entre el estímulo y la respuesta. Ante una situación estresante, la persona puede aprender a reconocer lo que está ocurriendo (tanto en el entorno como en su propia experiencia) antes de reaccionar.
Algunas investigaciones también han estudiado su posible influencia sobre el eje que conecta el hipotálamo, la hipófisis y las glándulas suprarrenales, relacionado con la respuesta fisiológica al estrés y la liberación de cortisol. Un metaanálisis encontró una reducción significativa del cortisol en sangre únicamente en muestras consideradas de riesgo, específicamente en pacientes con enfermedades somáticas. En las mediciones de cortisol en saliva, el efecto fue pequeño y no resultó significativo (Koncz et al., 2021).
Estos resultados sugieren una posible influencia tanto en la percepción del estrés como en algunos mecanismos fisiológicos relacionados con su respuesta, aunque la evidencia varía según la población y la forma de medir el cortisol. La meditación no elimina el estrés. Su posible utilidad radica en favorecer una respuesta y una recuperación más adecuadas ante situaciones difíciles.
Atención y emociones: observar antes de reaccionar
Esta misma capacidad de detenerse y observar puede trasladarse al ámbito emocional. La atención entrenada durante la meditación no se dirige únicamente hacia una tarea externa: también puede aplicarse a los pensamientos, sensaciones y emociones que aparecen en cada momento.
La inteligencia emocional implica reconocer las propias emociones, comprenderlas y responder adecuadamente ante diferentes situaciones. La meditación puede favorecer procesos como la introspección y el automonitoreo.
“En lugar de reaccionar automáticamente ante una emoción intensa, la persona puede desarrollar una mayor conciencia sobre lo que siente y elegir una respuesta más adecuada. Esta habilidad resulta importante tanto en la vida personal como en los ambientes laborales y sociales”, expresó Villeda Villafaña.
La atención plena también busca recuperar la conciencia del momento presente. Esto puede ser relevante cuando la mente permanece atrapada en acontecimientos pasados o anticipa constantemente situaciones futuras. La práctica invita a reconocer esos desplazamientos de la atención y regresar deliberadamente a lo que ocurre en el momento actual.
Así, la misma capacidad de volver al foco que se entrena durante la meditación puede aplicarse a la experiencia emocional: reconocer que la mente se ha desplazado hacia una preocupación, identificar lo que se está sintiendo y regresar deliberadamente al momento presente.
Desde esta perspectiva, la atención funciona como un punto de conexión entre distintos posibles beneficios de la meditación. Primero permite reconocer la distracción; después, observar pensamientos y emociones; y, finalmente, elegir con mayor conciencia cómo responder ante ellos.
Del estrés al descanso: la relación entre meditación y sueño
La capacidad de regular la atención y la respuesta ante el estrés también puede relacionarse con otro aspecto fundamental del bienestar: el sueño.
El descanso adecuado es fundamental para la salud física y mental. La meditación puede favorecer la calidad del sueño al disminuir la activación del organismo y ayudar a reducir la rumiación mental, es decir, el hábito de dar vueltas constantemente a preocupaciones o problemas. Al promover un estado de relajación, algunas prácticas meditativas pueden facilitar la conciliación del sueño, especialmente cuando las preocupaciones dificultan desconectarse antes de dormir.
Un metaanálisis de 18 ensayos controlados aleatorios encontró que estas prácticas mejoraban la calidad del sueño frente a intervenciones educativas, pero no eran superiores a tratamientos con evidencia, como la terapia cognitivo conductual o el ejercicio (Rusch et al., 2019). En algunas personas puede existir una mayor sensación de descanso al despertar, menos interrupciones durante la noche y una mejor percepción general del sueño. Sin embargo, los resultados varían entre personas y tipos de práctica.
No obstante, el profesor de la FES Zaragoza subrayó que, cuando existen trastornos importantes del sueño, la meditación debe considerarse una herramienta complementaria y no un sustituto de la evaluación y el tratamiento profesional.
La constancia influye en los posibles beneficios
Si la meditación consiste en entrenar la atención y aprender a regular las respuestas ante pensamientos, emociones y situaciones estresantes, sus posibles beneficios pueden depender en buena medida de la práctica constante.
Aunque algunas personas pueden experimentar una sensación de relajación desde las primeras sesiones, los cambios relacionados con el funcionamiento cerebral requieren mayor estudio y no se presentan de manera uniforme.
El especialista universitario mencionó que muchos de los programas estudiados tienen una duración aproximada de ocho semanas. Sin embargo, la duración, la frecuencia y el tiempo de las sesiones varían, por lo que no existe una cantidad de minutos que garantice un efecto específico.
Algunos estudios de neuroimagen han observado diferencias funcionales o estructurales asociadas con la práctica, pero los resultados son difíciles de interpretar y sus implicaciones prácticas todavía no están claras. Por ello, la recomendación principal es mantener una rutina frecuente, aunque sea durante pocos minutos al día. “Es preferible realizar sesiones cortas pero regulares que prácticas extensas realizadas únicamente de manera ocasional”, concluyó.
Una herramienta para un estilo de vida saludable
La meditación no debe verse como una solución inmediata para todos los problemas, sino como una práctica que puede contribuir al bienestar cuando se incorpora de manera constante a la vida cotidiana. Entrenar la atención, observar los pensamientos y las emociones sin reaccionar automáticamente y aprender a responder de una manera más consciente son habilidades que pueden trasladarse más allá del momento de la práctica.
Por ello, la meditación puede entenderse como una herramienta dentro de un estilo de vida saludable: una práctica que, acompañada de otros hábitos como dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y cuidar las relaciones sociales, puede contribuir a construir un mayor bienestar físico y mental. No se trata de eliminar el estrés o las emociones difíciles, sino de desarrollar recursos para afrontarlos con mayor conciencia y equilibrio.
Aunque suele considerarse una práctica de bajo riesgo, no todas las formas de meditación resultan adecuadas para todas las personas. Si la práctica aumenta el malestar, la ansiedad u otros síntomas, conviene suspenderla y consultar a un profesional de la salud.
Antes de los telescopios: el primer astrónomo maya cuyo nombre conocemos
Pepe Herrera
agosto 14, 2026
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Durante siglos, los mayas fueron reconocidos como grandes observadores del cielo, maestros del tiempo y creadores de complejos sistemas matemáticos capaces de seguir los movimientos del Sol, la Luna y los planetas. Sin embargo, detrás de esos extraordinarios cálculos había una pregunta que permanecía sin respuesta: ¿quiénes eran las personas que construían ese conocimiento? ¿Tenían nombre aquellos sabios que dedicaron su vida a descifrar los ciclos del universo?
Un nuevo descubrimiento comenzó a responder esa incógnita. Investigadores de la Universidad de Cambridge que estudiaron antiguos registros del sitio arqueológico de Xultún, en Guatemala, analizaron una inscripción jeroglífica que reveló algo excepcional: el nombre de un antiguo especialista maya dedicado a la astronomía y las matemáticas.
Su nombre era Sak Tahn Waax, y su aparición en una inscripción del siglo VIII d. C. representa un momento histórico para el estudio de la civilización maya, pues se trata del primer astrónomo maya cuyo nombre se conoce dentro del registro escrito prehispánico, comentó el Dr. Pablo Alberto Mumary Farto, del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
“La importancia de este hallazgo radica en que demuestra que la civilización maya contaba con especialistas dedicados al estudio del tiempo, los movimientos celestes y los sistemas calendáricos. Además, confirma la posibilidad de que existieran escuelas, talleres o comunidades de sabios encargados de producir y transmitir conocimientos científicos”, explicó el investigador.
Sin embargo, identificar un nombre era solo el comienzo. La verdadera relevancia del hallazgo radicaba en comprender cómo los investigadores lograron atribuir a Sak Tahn Waax una serie de complejos cálculos astronómicos registrados hace más de mil 200 años.
Cuando el conocimiento tiene nombre propio
El nombre de Sak Tahn Waax proviene de una inscripción jeroglífica localizada en la pared este de la Estructura 10K-2 del sitio arqueológico de Xultún, Guatemala. Al final del registro aparece una referencia directa al responsable de los cálculos plasmados en la inscripción.
La clave para interpretar el texto fue la expresión jeroglífica cheheen, que significa “así dice” o “así habla”. El Dr. Mumary Farto comentó que esta fórmula funciona como una manera de introducir una declaración o atribución dentro de la escritura maya. Después de esa expresión aparece el nombre SAK-TAHN-wa-xi, traducido aproximadamente como “Zorro de pecho blanco”, correspondiente a Sak Tahn Waax.
Esa pequeña fórmula lingüística permitió reconstruir la autoría de la inscripción. Gracias a esta estructura, los investigadores concluyeron que las cuentas matemáticas registradas al inicio del texto eran obra intelectual de este personaje y no una simple referencia a otro individuo mencionado en el documento.
Una firma excepcional dentro del mundo maya antiguo
En la cultura maya del periodo Clásico era común encontrar referencias a autores de obras artísticas, escultores, escribas o artesanos. Durante el Clásico Tardío, distintos grupos comenzaron a reclamar reconocimiento dentro de la sociedad, dejando sus nombres en monumentos y otros objetos.
En ese contexto, el caso de Sak Tahn Waax resulta excepcional porque la inscripción no identifica a un gobernante ni a un artista, sino al responsable de una serie de cálculos astronómicos y matemáticos. El hallazgo demuestra que el conocimiento científico también podía atribuirse a especialistas cuya labor era reconocida dentro de la sociedad maya.
Este descubrimiento revela que en las cortes mayas existían grupos con funciones específicas dedicados al estudio del tiempo y los fenómenos celestes. Los conocimientos científicos no eran únicamente responsabilidad de los gobernantes, sino que también eran desarrollados por personas con una sólida preparación intelectual y un papel reconocido dentro de sus comunidades.
Su papel en el Texto 19: una fórmula matemática escrita en piedra
El nombre de Sak Tahn Waax aparece asociado al llamado Texto 19 de Xultún, una breve inscripción jeroglífica cuya importancia radica en los complejos cálculos astronómicos y calendáricos que conserva.
Antes de explicar la relación entre este personaje y la inscripción, el investigador universitario señaló que el Texto 19 está formado por 11 bloques de escritura maya localizados en la pared de la Estructura 10K-2, en Xultún. Aunque se trata de un registro pequeño, su contenido tiene un enorme valor porque documenta una serie de cálculos matemáticos y astronómicos relacionados con distintos ciclos del tiempo.
La inscripción contiene cinco registros de fechas separados por intervalos específicos. Estos intervalos no son aleatorios, sino que responden a una organización matemática precisa. Entre ellos destaca un periodo de 2 mil 920 días, resultado de relacionar el ciclo sinódico de Venus (de aproximadamente 584 días) con el calendario solar Haab, de 365 días. Ese intervalo representa la coincidencia aproximada entre cinco ciclos de Venus y ocho años solares.
Además del ciclo de Venus y del Haab, el Texto 19 incorpora otras unidades de medición temporal utilizadas por los mayas, como el winal de 20 días, el Tzolk’in de 260 días, el Tun de 360 días y el ciclo asociado a Marte de aproximadamente 780 días. Todo ello demuestra que los especialistas mayas no se limitaban a registrar fechas, sino que analizaban las relaciones matemáticas entre distintos movimientos celestes.
Para el Dr. Mumary Farto, la relevancia del Texto 19 radica en que evidencia una forma avanzada de pensamiento científico basada en la observación sistemática del cielo durante generaciones, el registro de los movimientos de los cuerpos celestes y la construcción de modelos matemáticos para comprender el paso del tiempo.
La relación de Sak Tahn Waax con este documento surge de la propia inscripción, que lo identifica como el responsable intelectual de esos cálculos. Su nombre permite comprender que detrás del sofisticado conocimiento astronómico desarrollado por los mayas existían individuos especializados, con formación científica y reconocimiento social. El Texto 19 constituye, en ese sentido, una de las escasas ocasiones en las que la ciencia maya permite conocer el nombre de uno de sus propios autores.
Astrónomo, matemático y sabio maya
Más allá de la inscripción, el hallazgo también permite reconstruir el posible papel que Sak Tahn Waax desempeñó dentro de la sociedad maya. A partir de la evidencia disponible, los investigadores consideran que perteneció a una comunidad de especialistas dedicada al estudio del tiempo, los calendarios y los fenómenos astronómicos.
Durante el siglo VIII d. C., explica el Dr. Pablo Alberto Mumary Farto, Xultún parece haber albergado a un grupo de matemáticos y astrónomos encargados principalmente del análisis de los ciclos calendáricos y de Venus. En ese contexto, Sak Tahn Waax pudo haber formado parte de ese círculo de especialistas e incluso haber participado en la enseñanza de nuevos conocimientos a otros aprendices.
Aunque se desconoce si él mismo escribió la inscripción o si esta fue realizada por un ayudante o un estudiante, los textos mayas utilizan el término Itz’aat, que significa “sabio” o “persona sabia”. Este concepto parece referirse a individuos que reunían conocimientos científicos, capacidades artísticas y habilidades como escribas.
Por ello, Sak Tahn Waax pudo haber desempeñado simultáneamente los papeles de matemático, astrónomo y escriba, una combinación que refleja la amplitud del conocimiento que algunos especialistas alcanzaron dentro de la civilización maya.
Xultún: un taller científico escrito en las paredes
Comprender quién fue Sak Tahn Waax también implica conocer el lugar donde desarrolló su trabajo. Más allá de haber revelado el nombre de este especialista, Xultún se ha consolidado como uno de los sitios arqueológicos más importantes para entender cómo los antiguos mayas producían, registraban y transmitían el conocimiento científico.
Las investigaciones realizadas en este sitio han llevado a los especialistas a compararlo con un taller de trabajo o incluso con un pizarrón, debido a la gran cantidad de inscripciones, cálculos y anotaciones conservadas en los muros de la Estructura 10K-2.
“Las evidencias muestran que este espacio fue utilizado de manera continua. En sus muros se observan diferentes inscripciones, así como restos de repintados sobre registros anteriores, lo que indica que los escribas mayas regresaban al recinto para corregir, ampliar o actualizar la información, además de continuar sus observaciones y cálculos”, dijo el investigador universitario.
Además del Texto 19, en este recinto se documentaron registros relacionados con los ciclos de la Luna, incluidos conteos de 177 y 178 días, correspondientes a periodos lunares. Estos datos reflejan el alto nivel de precisión alcanzado por los astrónomos mayas en el seguimiento de los movimientos celestes.
Para los especialistas, este conocimiento probablemente desempeñó un papel central en la organización de la sociedad maya. Los cálculos astronómicos y calendáricos servían para planificar ceremonias, rituales, actividades políticas y otros acontecimientos de gran relevancia. El estudio de Venus, la Luna y otros cuerpos celestes formaba parte de una compleja concepción del tiempo que orientaba la vida religiosa, política y social.
En ese contexto, la astronomía no era únicamente un campo de estudio, sino una herramienta esencial para la toma de decisiones y la preservación del orden del mundo según la cosmovisión maya. Todo ello refuerza la idea de que Xultún funcionó como un espacio dedicado a la observación sistemática del cielo, al desarrollo de modelos matemáticos y a la transmisión del conocimiento entre generaciones de especialistas.
Un nuevo enfoque sobre quiénes construyeron el conocimiento maya
Durante mucho tiempo, los grandes avances científicos de la civilización maya fueron estudiados como el resultado de un conocimiento colectivo y, en gran medida, anónimo. El hallazgo de Sak Tahn Waax modifica esa perspectiva al demostrar que detrás de esos complejos sistemas astronómicos también existían personas concretas cuya labor podía ser reconocida y preservada en la escritura.
La inscripción de Xultún muestra que la producción del conocimiento científico no dependía únicamente de los gobernantes, sino de comunidades de especialistas integradas por astrónomos, matemáticos, escribas y sabios que colaboraban en la observación del cielo, el desarrollo de cálculos y la transmisión de ese saber.
Más que ofrecer el nombre de un solo personaje, este descubrimiento abre una nueva forma de comprender la organización intelectual del mundo maya y el papel que desempeñaron quienes dedicaron su vida al estudio del tiempo y los cuerpos celestes.
El hombre detrás de las cuentas del cielo
Durante siglos, los sofisticados cálculos astronómicos de los mayas fueron admirados por su precisión, aunque permanecieron desligados de las personas que los hicieron posibles. La inscripción de Xultún cambia esa historia al revelar el nombre de uno de esos especialistas.
Sak Tahn Waax emerge así como el primer astrónomo maya identificado en el registro escrito prehispánico. Su nombre aparece vinculado a complejos cálculos sobre los ciclos de Venus, la Luna y otros sistemas calendáricos, recordándonos que detrás de cada avance científico hubo observadores, matemáticos y escribas que dedicaron años al estudio del cielo.
Más allá de identificar a un individuo, el hallazgo devuelve un rostro humano a la ciencia maya. También confirma que el conocimiento era producido, discutido y transmitido por comunidades de especialistas que desarrollaron una de las tradiciones astronómicas y matemáticas más sofisticadas de la antigüedad.
Más allá de un espectáculo: el verdadero significado del ritual danzante de los voladores
Pepe Herrera
agosto 14, 2026
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Para la mayoría de las personas, el ritual de los voladores comienza con la impresionante imagen de cinco hombres que ascienden a un poste de más de veinte metros de altura y, después de una serie de giros ceremoniales, cuatro de ellos se lanzan al vacío sujetos únicamente por cuerdas. Esta escena, convertida en uno de los símbolos culturales más reconocidos de México, representa apenas el momento culminante de una ceremonia mucho más compleja.
Detrás de cada vuelo existe un largo proceso ritual que se remonta a antiguas tradiciones indígenas y que expresa la cosmovisión de pueblos como los totonacos, nahuas, teenek y otomíes. Lejos de ser una simple danza folclórica o un espectáculo turístico, esta práctica reúne conocimientos sobre la naturaleza, la agricultura, el tiempo, la espiritualidad y la organización comunitaria, convirtiéndose en una de las manifestaciones más profundas y significativas del patrimonio cultural mexicano.
La Dra. Luisa Villani, investigadora posdoctoral del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, ha estudiado los principales significados de esta ceremonia, las distintas formas en que se practica según la región y el papel que desempeña cada uno de sus participantes. Sus investigaciones muestran que detrás del célebre descenso desde lo alto del poste se encuentra una tradición ancestral cuyo propósito es mantener el vínculo entre el ser humano, la tierra y el cosmos.
El origen
De acuerdo con la tradición oral, el origen de esta ceremonia se remonta a una época en que una gran sequía amenazó la supervivencia de los pueblos. Ante la ausencia de lluvias, los ancianos enviaron a cuatro (o, según algunas versiones, seis) jóvenes puros al monte para pedir ayuda al dios del viento. La divinidad les reveló entonces la manera de restablecer el equilibrio del mundo.
Los jóvenes debían cortar un árbol, levantarlo como un eje entre el cielo y la tierra y descender desde su parte más alta representando los vientos, los truenos y las gotas de lluvia que devolverían la fertilidad al mundo.
Desde entonces, cada representación del ritual recrea ese momento fundacional y simboliza la petición permanente de lluvias que aseguren la continuidad de la vida y de los ciclos agrícolas.
Un ritual con varios propósitos
Más allá de su relato de origen, la Dra. Luisa Villani explica que, entre los pueblos totonacos, nahuas, teenek y otomíes, existen significados compartidos que dan sentido a la ceremonia, aunque cada comunidad los exprese de manera particular. Uno de los principales es la renovación del ciclo agrícola, pues el ritual busca propiciar la lluvia, agradecer a las fuerzas del agua, el trueno y el viento, y mantener el equilibrio necesario para la fertilidad de la tierra y la continuidad de la vida. Villani lo define como un “dispositivo ecológico”, ya que establece una relación entre la comunidad y las fuerzas naturales.
Al mismo tiempo, la ceremonia representa la renovación del ciclo cosmogónico, al recrear simbólicamente la conexión entre los mundos celeste, terrestre y humano. Su realización en temporadas agrícolas y festividades específicas refleja esta relación entre naturaleza, espiritualidad y comunidad.
Por ello, la investigadora propone llamarlo “ritual danzante” en lugar de limitarlo al término “danza”, pues no se trata de un espectáculo, sino de una ceremonia vinculada profundamente con la cosmovisión indígena. El vuelo que observa el público es solo la etapa final de un proceso ceremonial más amplio que prepara el espacio y establece la relación espiritual necesaria para su realización.
Un vuelo que comienza mucho antes del ascenso
Aunque suele pensarse que el ritual danzante inicia cuando los voladores ascienden al poste, en realidad la ceremonia comienza mucho antes. Según explica la Dra. Luisa Villani, el primer acto consiste en internarse en el monte para elegir el árbol que se convertirá en el poste ceremonial.
Conocido en lengua totonaca como Zakat Kiwi, este árbol debe reunir características muy específicas: ser completamente recto, resistente y alcanzar entre veinte y treinta metros de altura. Son los propios voladores quienes conocen los sitios donde puede encontrarse y poseen la experiencia necesaria para identificar el ejemplar adecuado.
Antes de cortarlo, la comunidad realiza oraciones y deposita ofrendas dirigidas a los dueños del monte, representados por las deidades Kiwikgolo y Kiwichat. Flores, tabaco, copal y otros elementos ceremoniales se ofrecen como muestra de respeto, pues el árbol es considerado un “hijo del monte” cuya extracción requiere autorización de las fuerzas que habitan el bosque.
El derribo del árbol también constituye un acto ritual. Antes de que caiga, cada uno de los voladores golpea el tronco hacia los cuatro puntos cardinales, reafirmando la importancia que la orientación del espacio tiene dentro de toda la ceremonia.
En este contexto también existe una norma ampliamente conocida entre los practicantes: ninguna mujer debe acercarse al árbol inmediatamente después de su caída. Los propios voladores relatan historias en las que el incumplimiento de esta regla habría provocado que el tronco se rompiera al intentar levantarlo. Más allá de su veracidad histórica, estos relatos reflejan la importancia simbólica atribuida al poste como representación de un principio masculino asociado al eje cósmico.
Del árbol al poste ceremonial
Una vez derribado, el árbol es trasladado hasta la comunidad. Durante el trayecto, el caporal interpreta sones específicos que acompañan el traslado y marcan el paso de la comitiva.
Al llegar, el árbol deja de ser un elemento del monte para adquirir una nueva identidad sagrada: se transforma en el poste ceremonial. Generalmente se instala frente a la iglesia del pueblo, estableciendo un diálogo simbólico entre la tradición indígena y el cristianismo que caracteriza a muchas comunidades.
Antes de levantarlo, se depositan ofrendas en el hoyo donde será sembrado. Entre ellas se encuentran copal, tabaco, aguardiente y el sacrificio ritual de una gallina negra o un guajolote negro. Este color representa los malos vientos y las fuerzas capaces de provocar accidentes durante el vuelo; el sacrificio busca proteger a los participantes y asegurar el éxito de la ceremonia.
Desde ese momento, el poste adquiere un profundo significado cosmológico. Funciona como un axis mundi, es decir, como el eje que comunica los distintos niveles del universo. Su parte superior representa el mundo celeste; la superficie corresponde al ámbito donde transcurre la vida humana, mientras que la porción enterrada establece el vínculo con el inframundo.
Cuando los voladores ascienden y descienden por este eje simbólico, recorren esos tres niveles del cosmos y contribuyen a restablecer el equilibrio entre las fuerzas que los conforman.
Los personajes que dan vida al ritual
Comprendido el significado del poste ceremonial, es posible entender el papel que desempeña cada uno de los participantes. Además del mástil, los elementos centrales del ritual son el caporal y los cuatro voladores.
El caporal no solo dirige la ceremonia. También interpreta la flauta y el tambor, coordina las acciones rituales, resguarda las máscaras sagradas de los dioses del monte y mantiene la cohesión espiritual del grupo. No es casual que los propios voladores afirmen que, sin caporal, simplemente no existe el ritual.
Mientras tanto, los cuatro voladores representan los puntos cardinales y los elementos fundamentales de la naturaleza: tierra, agua, viento y fuego (o, en algunas interpretaciones, el Sol). Ellos ascienden al poste mediante escaleras o peldaños metálicos y, una vez en la parte superior, sujetan las cuerdas alrededor de la cintura antes de iniciar el descenso.
El caporal, en cambio, permanece libre sobre una pequeña plataforma conocida como tecomate. Desde allí ejecuta los sones ceremoniales y realiza una serie de movimientos orientados hacia distintos puntos del espacio. De acuerdo con la Dra. Luisa Villani, esta figura representa el recorrido diario del Sol desde el amanecer hasta el atardecer.
Cuando comienza el descenso en espiral, los voladores simbolizan las gotas de lluvia que fertilizan la tierra y distribuyen la vida hacia las cuatro direcciones del mundo. El vuelo deja de ser únicamente una demostración de destreza física para convertirse en una representación del ciclo permanente mediante el cual el universo renueva su equilibrio.
Junto a ellos aparece también la figura del Pilato, conocido en algunas comunidades como payaso o Chacana. Se trata de un personaje enmascarado cuya función y simbolismo varían de una región a otra, aspecto que ayuda a comprender la riqueza y diversidad que caracteriza a esta tradición.
Cambios y permanencias a través del tiempo
Aunque la estructura simbólica del ritual se mantiene vigente, algunas prácticas han cambiado con el paso de los años. La ceremonia continúa conservando sus elementos fundamentales, pero las comunidades han adaptado ciertos aspectos de acuerdo con sus propias circunstancias sociales y culturales.
Una de las transformaciones más evidentes se relaciona con las etapas posteriores al vuelo. Tradicionalmente, una vez concluido el descenso, los participantes acudían a un río para realizar un acto de purificación mediante el agua y desprenderse de las fuerzas sobrenaturales adquiridas durante la ceremonia. Actualmente, explica la Dra. Luisa Villani, esta práctica ha desaparecido en muchas comunidades.
También ha cambiado la manera en que se obtiene el poste ceremonial. Aunque algunos pueblos todavía realizan todo el proceso ritual de selección y corte de un árbol natural, en otros lugares se han incorporado postes metálicos que pueden permanecer instalados durante largos periodos.
Sin embargo, desde la perspectiva tradicional, la ceremonia alcanza su sentido pleno cuando el poste proviene del árbol elegido mediante el procedimiento ritual completo, pues no se trata únicamente de una estructura física, sino de un elemento cargado de significado desde su origen.
Estas transformaciones muestran que el ritual no es una práctica estática, sino una tradición viva que mantiene sus principios fundamentales mientras responde a las condiciones del presente.
Convertirse en volador: aprendizaje y transmisión del conocimiento
La permanencia de esta tradición depende de un proceso de aprendizaje que comienza desde edades tempranas. Ser volador no implica únicamente dominar una técnica física; significa incorporarse a un sistema de conocimientos, responsabilidades y valores comunitarios.
Los participantes deben aprender durante años las técnicas del vuelo, la ejecución musical, los movimientos ceremoniales y las normas que regulan cada etapa del ritual. Además, deben conocer las historias que explican su origen, la función de cada personaje y el significado de cada acción.
Un joven que aprende a volar también aprende por qué gira alrededor del poste, qué representan los sonidos del caporal y cuál es la relación entre la ceremonia y los ciclos agrícolas.
La tradición oral cumple aquí una función esencial. Los relatos transmitidos entre generaciones permiten conservar el sentido profundo del ritual. Sin esas narraciones, los movimientos podrían convertirse únicamente en una demostración física y perderían la carga simbólica que les da significado.
Por ello, convertirse en volador implica mucho más que adquirir una habilidad: significa asumir la responsabilidad de mantener una relación de equilibrio entre la naturaleza, la comunidad y el universo.
La presencia femenina y nuevas miradas sobre la tradición
Dentro de la historia reciente del ritual, uno de los aspectos que más ha llamado la atención es la participación de las mujeres. Durante mucho tiempo se consideró que esta ceremonia era una práctica exclusivamente masculina; sin embargo, las investigaciones muestran una realidad más compleja.
Actualmente existen mujeres que participan como voladoras y realizan el mismo descenso alrededor del poste que los hombres. Aunque la función del caporal continúa siendo desempeñada mayoritariamente por varones, la presencia femenina en la parte aérea del ritual es cada vez más frecuente, especialmente en comunidades del estado de Puebla.
No obstante, la Dra. Luisa Villani señala que esta incorporación no debe interpretarse únicamente como un fenómeno reciente.
Durante sus investigaciones en comunidades de la Sierra Totonaca, particularmente en municipios como Cosquihuí, Zozocolco, Acasacat y Ruiz Cortines, encontró evidencia de grupos de mujeres que practicaban esta ceremonia desde hace dos o tres décadas.
En estas comunidades existieron cuadrillas integradas por cuatro mujeres que realizaban el vuelo ritual de la misma manera que los grupos masculinos.
Estos registros cuestionan la idea de que la participación femenina sea una innovación contemporánea. Por el contrario, muestran que algunas variantes regionales conservaron espacios donde las mujeres formaban parte del universo ritual.
El Chacana y la dualidad dentro del universo ritual
La presencia femenina dentro de esta tradición también puede comprenderse a partir de un personaje poco conocido: el Chacana. Se trata de una figura ritual que reúne características consideradas masculinas y femeninas, una representación que expresa la complementariedad entre ambos principios dentro de la cosmovisión indígena.
En algunas comunidades se le identifica como un pescador, mientras que en otras aparece representado como una curandera. Esta diversidad en su interpretación refleja una idea fundamental: la existencia de un equilibrio entre distintas fuerzas y formas de ser dentro del universo.
Así, el ritual revela una complejidad mayor de la que suele percibirse a simple vista. Más allá de quién realiza el vuelo, cada personaje y cada acción forman parte de una estructura simbólica que busca mantener la relación entre la comunidad, la naturaleza y las fuerzas que sostienen la vida.
Patrimonio de la Humanidad: entre la preservación y la transformación
Este nombramiento permitió que el ritual trascendiera las fronteras mexicanas y que grupos de voladores realizaran presentaciones en distintos países, entre ellos Italia, España, Francia e Inglaterra.
La difusión internacional ha contribuido a que más personas conozcan esta expresión cultural; sin embargo, también plantea nuevos desafíos. La Dra. Luisa Villani advierte que existe un riesgo cuando el ritual se presenta únicamente como una demostración turística.
Fuera de su contexto comunitario, el público puede concentrarse en la dificultad física del vuelo y dejar de percibir el entramado de símbolos que sostiene cada movimiento: la relación con el monte, la petición de lluvia, la renovación del tiempo cósmico y el vínculo entre los seres humanos y la naturaleza. Cuando el ritual se separa de sus relatos de origen y de los conocimientos transmitidos por generaciones, existe el riesgo de reducir una tradición milenaria a una simple representación escénica.
Mucho más que una danza
El ritual danzante de los voladores representa una de las manifestaciones culturales más complejas de México. En él convergen historia, espiritualidad, agricultura, astronomía, ecología y memoria colectiva.
Su permanencia durante siglos demuestra la capacidad de las comunidades indígenas para conservar una visión del mundo en la que el ser humano no ocupa un lugar aislado, sino que forma parte de un equilibrio mayor junto con la tierra, los ciclos naturales y las fuerzas del universo.
Preservar esta ceremonia implica mucho más que mantener una práctica escénica. Significa proteger los conocimientos, los relatos, los símbolos y la memoria comunitaria que le otorgan sentido.
Solo al comprender esa dimensión profunda es posible reconocer que, detrás del impresionante vuelo de los danzantes, no existe únicamente una demostración de habilidad física, sino una tradición ancestral que continúa narrando la relación de los pueblos indígenas con la tierra, el tiempo y el universo.
Jimena: de estudiante de Veterinaria a La Flor Más Bella del Ejido para cuidar Xochimilco
Michel Olguín Lacunza / Roberto Torres / Diana Rojas
agosto 13, 2026
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Jimena Chávez Rivas ama los animales, la naturaleza y la tierra que la vio nacer en Xochimilco. Estudiante del décimo semestre de la licenciatura en Medicina Veterinaria y Zootecnia en la UNAM, recientemente obtuvo el segundo lugar en el certamen La Flor Más Bella del Ejido, uno de los encuentros culturales más emblemáticos de su tierra natal. Para ella, la ciencia y la cultura no son caminos separados, sino dos formas de servir a su comunidad.
Su vocación nació cuando era niña. Durante una visita al Museo Dolores Olmedo observó a un veterinario con los xoloitzcuintles. Intrigada, le preguntó qué había estudiado para poder convivir con aquellos animales.
«Me respondió que veterinaria y que su trabajo era jugar con los xolos. En ese momento pensé que podía dedicar mi vida a algo que disfrutara profundamente», recuerda entre sonrisas. Años después, está a punto de concluir la carrera.
Jimena creció entre los canales, las chinampas y las tradiciones de Xochimilco. Su familia le transmitió desde pequeña el valor de las fiestas patronales, la historia de los pueblos y el respeto por la naturaleza. Su madre solía contarle historias sobre aves, flores y animales, relatos que despertaron en ella el deseo de proteger ese patrimonio natural y cultural.
«Desde pequeña tuve muy claro que quería aportar algo a la tierra que me vio nacer», afirma.
Hoy espera hacerlo como médica veterinaria. Su objetivo no solo es cuidar la salud de los animales, sino también acercar el conocimiento científico a las personas para que comprendan y protejan la biodiversidad de Xochimilco.
La ciencia también puede contarse con historias
Durante su formación universitaria comprendió que el conocimiento científico solo transforma cuando logra llegar a la sociedad.
Por ello escribió un libro de cuentos infantiles inspirado en la fauna de la zona lacustre de Xochimilco en el que aparecen especies poco conocidas más allá del ajolote, como la carpa barrigona y el martín pescador.
«No puedes cuidar algo que no amas. Yo quiero que la gente se enamore de los animales, de la flora y de la fauna de la región para que quiera protegerlos».
Incluso en la Universidad ha buscado unir el conocimiento científico a las expresiones culturales. En una exposición sobre caprinocultura presentó un bordado inspirado en la tradición del tenango para explicar la relación entre las comunidades y la crianza de cabras, una experiencia que le confirmó que la ciencia también puede comunicarse mediante el arte.
Una flor que representa mucho más que un certamen
Jimena comenzó a participar en La Flor Más Bella del Ejido hace cuatro años, impulsada por la curiosidad. Quería descubrir qué representaba ese certamen del que tanto había escuchado hablar en Xochimilco. Con el tiempo descubrió que se trataba de mucho más que un concurso.
Durante las capacitaciones, las participantes conocen la historia de los ejidos, las tradiciones, la milpa, los mercados, el patrimonio cultural y natural de la Ciudad de México, además de preparar un discurso sobre temas sociales, históricos o culturales.
El atuendo tradicional que portan también está lleno de simbolismos. Confeccionado artesanalmente, representa al altiplano central; sus collares están elaborados con semillas y los aretes son de filigrana; las trenzas indican el estado civil de cada participante, mientras los bordados reflejan la creatividad y la identidad de quien los porta.
En su caso, decidió incorporar elementos que representan dos de sus grandes pasiones: la talavera y los animales.
«Siempre busco transmitir algo con cada atuendo. La talavera y los animales son dos cosas que amo.»
Perseverancia que dio frutos
Jimena participó cuatro años consecutivos en el certamen porque, más que buscar una corona, regresaba por las amistades, el aprendizaje y la posibilidad de impulsar proyectos comunitarios junto a otras jóvenes.
«Se volvió una tradición en mi familia. Nadie había participado antes y, sin quererlo, todos terminaron emocionándose conmigo».
Este año obtuvo el segundo lugar, un resultado que, asegura, nunca esperó. «Yo incluso le pedí a mi mamá un cambio de ropa porque pensé que cuando terminara el concurso me cambiaría para quedarme a apoyar a la ganadora».
Su discurso estuvo dedicado a la manera en que, desde la medicina veterinaria, puede contribuir a preservar el patrimonio natural de Xochimilco y acercar ese conocimiento a niñas y niños.
Durante la final respondió que una corona no hace más valiosa a una mujer. «Cualquier mujer puede lograr grandes cosas. Yo he conseguido muchas sin una corona, y seguiré haciéndolo».
Llevar a la UNAM de regreso a su comunidad
Jimena considera que estudiar en la UNAM le abrió oportunidades que muchas generaciones anteriores no tuvieron. «Agradezco a la Universidad porque me ha dado las herramientas para regresar ese conocimiento a mi comunidad».
Cuando termine la carrera espera trabajar tanto en la medicina veterinaria como en proyectos de divulgación científica y educación ambiental dirigidos a niñas y niños de Xochimilco.
Su mayor sueño, dice, es que las nuevas generaciones aprendan a valorar la riqueza natural que las rodea.
«Quiero que la gente vea a Xochimilco con mis ojos porque cuando amas algo, entonces quieres cuidarlo».
Una tecnología para reconocer a los insectos que transmiten enfermedades
Redacción UNAM Global Revista / Con información de UNAM Francia
agosto 13, 2026
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Investigadores de la UNAM y Sorbonne Université exploran el uso de una técnica que podría hacer más rápida y precisa la identificación de artrópodos relacionados con enfermedades como dengue, zika, malaria y Chagas.
Para prevenir una enfermedad transmitida por mosquitos u otros artrópodos hay una pregunta que parece sencilla, pero resulta fundamental: ¿qué especie tenemos enfrente?
Identificar correctamente a estos organismos permite saber cuáles circulan en una región, detectar cambios en su distribución y fortalecer la vigilancia de enfermedades que pueden afectar a miles de personas. El desafío se ha vuelto todavía más importante ante fenómenos como el cambio climático, la transformación de los ecosistemas y la movilidad humana, que favorecen que algunas especies aparezcan en lugares donde antes no se encontraban.
En ese escenario, investigadores de la UNAM y Sorbonne Université trabajan con una tecnología conocida como MALDI-TOF, una técnica de espectrometría de masas que puede ayudar a distinguir diferentes especies a partir de las características de una muestra.
Dicho de manera sencilla, la técnica permite obtener una especie de huella biológica del organismo analizado. Esa información puede compararse para determinar con mayor rapidez y precisión de qué especie se trata.
Y cuando se habla de organismos capaces de transmitir enfermedades, saber exactamente cuál está presente puede ser información valiosa para la vigilancia epidemiológica.
De México a París
La colaboración comenzó a tomar forma en noviembre de 2025, cuando Alejandro Córdoba-Aguilar, investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM, realizó una estancia de investigación en Sorbonne Université.
Veronika Hrebinchuk, Alex Córdoba-Aguilar y Cécile Nabet.
Ahí trabajó con Cécile Nabet y Renaud Piarroux, especialistas en enfermedades infecciosas y salud global. Durante la estancia intercambiaron metodologías, protocolos y experiencias alrededor del uso de MALDI-TOF para la identificación de artrópodos.
Más que aprender a utilizar un equipo, el objetivo es explorar cómo esta tecnología puede incorporarse al estudio de organismos de interés sanitario y generar información útil sobre las especies que circulan en distintos territorios.
Uno de los siguientes pasos será la capacitación de estudiantes de doctorado en los laboratorios de Sorbonne Université. Ahí aprenderán a utilizar esta metodología para estudiar muestras de mosquitos procedentes de la Ciudad de México.
Renaud Piarroux, Cécile Nabet, Alex Córdoba-Aguilar y Juan Fernando Ramírez.
Esto permitirá no sólo analizar ejemplares mexicanos con infraestructura especializada, sino también formar investigadores capaces de trasladar posteriormente ese conocimiento a nuevos proyectos en el país.
Cuando los vectores cambian de territorio
La identificación de estos organismos adquiere especial relevancia en un planeta en transformación.
El aumento de las temperaturas, los cambios en los ecosistemas y el movimiento constante de personas y mercancías pueden modificar la distribución de distintas especies. Por ello, conocer qué artrópodos están presentes en una región y detectar oportunamente la llegada de otros puede convertirse en una pieza importante de la vigilancia sanitaria.
El tema será también el centro de un seminario conjunto que la UNAM y Sorbonne Université proyectan realizar en octubre de 2026 sobre enfermedades transmitidas por vectores.
La colaboración plantea así una pregunta que rebasa las fronteras entre México y Francia: ¿cómo podemos reconocer con mayor rapidez a las especies que transmiten enfermedades antes de que su expansión se convierta en un problema mayor de salud pública?
Encontrar mejores formas de identificarlas puede ser uno de los primeros pasos para anticiparse.
Manuel Rodríguez Lozano (Ciudad de México, 1897–1971) ocupa una posición singular en la historia del arte mexicano del siglo XX debido a una propuesta estética que se distanció de los discursos nacionalistas hegemónicos de su tiempo. Asimismo, su identidad homosexual constituyó un elemento significativo que contribuyó a configurar una trayectoria artística y personal particular dentro del panorama cultural de la época. Pintor, escenógrafo, docente y promotor cultural, fue nombrado director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM en 1939, año en el que también fundó la revista Artes Plásticas. Su producción artística se caracterizó por la búsqueda de una expresión espiritual, honesta y universal, postura que él mismo definió como un “mexicanismo formal”, en oposición al folclorismo asociado a la Escuela Mexicana de Pintura y a las tendencias más politizadas del muralismo.
En 1942, durante uno de los episodios más difíciles de su vida, Rodríguez Lozano realizó la obra La piedad en el desierto en la cárcel de Lecumberri. El artista había sido acusado del robo de tres grabados atribuidos a Guido Reni y Alberto Durero destinados a una exposición. Como consecuencia, permaneció en prisión preventiva en el pabellón de tuberculosos para varones. Fue en este contexto de confinamiento en el que produjo el mural con la técnica al fresco.
La pieza constituye una profunda expresión en torno al sufrimiento humano, la soledad y la redención. La elección del tema revela la dimensión espiritual que Rodríguez Lozano atribuía al arte mexicano. En una entrevista publicada en esta Revista, en julio de 1936, el pintor afirmó que “la pintura sobre todas las cosas, sobre todos los problemas” debía representar “un elemento espiritual”.1
Manuel Rodríguez Lozano, La piedad en el desierto, 1942. Museo del Palacio de Bellas Artes, INBAL.
La realización de esta obra también puede entenderse a la luz de sus reflexiones sobre la pintura mural. Para Rodríguez Lozano, “el muro debe ser la última etapa en la carrera del pintor. Cuando el pintor es dueño de su oficio debe ir al muro”. El fresco La piedad en el desierto representó, en este sentido, el inicio de su “época blanca” y la consolidación de una trayectoria artística que ya incluía proyectos relevantes como la serie Tableros de la muerte de Santa Ana, iniciada en 1932 por encargo de su mecenas Francisco Sergio Iturbe, y que posteriormente culminaría en obras de formato grande y monumental, como El Verdaccio (1935) y El holocausto (1945), respectivamente.
Después de permanecer cerca de veinticinco años en el Palacio Negro, La piedad en el desierto fue trasladada, por medio de la técnica del strappo, entre 1966 y 1967, al segundo piso del Museo del Palacio de Bellas Artes. Su incorporación a la colección permanente del recinto permitió preservar una de las obras más significativas del artista y situarla junto a murales creados originalmente para distintos espacios, como Alegoría del viento (1928) de Roberto Montenegro y Carnaval de Huejotzingo (1936) de Diego Rivera.
La Ciudad de México es hoy uno de los grandes centros culturales del mundo. Con una amplia red de museos dedicados al arte, la historia, la ciencia, la arqueología y la antropología, la capital mexicana conserva algunos de los acervos más importantes del país y ofrece espacios donde millones de personas se acercan al conocimiento.
Pero esta tradición museística no surgió de manera repentina. Sus raíces se encuentran en los primeros esfuerzos por reunir, clasificar y mostrar objetos que permitieran comprender el mundo natural. Durante el periodo virreinal, impulsadas por las ideas de la Ilustración, comenzaron a surgir colecciones científicas que buscaban estudiar los territorios americanos y sus recursos.
Uno de los proyectos más importantes de aquella época fue el Gabinete de Historia Natural, fundado en 1790 en la Nueva España y considerado el primer museo público de historia natural de México y del continente americano.
El nacimiento de un proyecto científico en la Nueva España
El Gabinete de Historia Natural representó uno de los primeros intentos por acercar la ciencia al público novohispano. De acuerdo con la Dra. María Eugenia Constantino Ortiz, investigadora posdoctoral del Instituto de Geografía de la UNAM, su creación formó parte del interés ilustrado por estudiar, ordenar y conservar los elementos de la naturaleza.
La existencia del gabinete quedó documentada en la Gaceta de México, el principal periódico del Virreinato. En abril de 1790 se informó que el naturalista José Longinos Martínez había reunido una importante colección de objetos de historia natural y tenía la intención de establecer un museo dedicado al rey Carlos IV y a la reina María Luisa.
Meses después, en agosto del mismo año, la publicación anunció que el gabinete estaba listo para abrir sus puertas, posiblemente el 15 de agosto, fecha relacionada con la celebración del santo de la reina. Estos registros constituyen una de las principales evidencias sobre el origen de este espacio científico.
Longinos, el hombre fundamental
La creación del Gabinete de Historia Natural estuvo ligada a la figura de José Longinos Martínez, un naturalista y cirujano que llegó a la Nueva España como integrante de la Real Expedición Botánica, un proyecto impulsado por la monarquía española durante el reinado de Carlos III.
Estas expediciones tenían como objetivo estudiar de manera sistemática la naturaleza de los territorios americanos, identificar sus recursos y generar conocimientos útiles para campos como la medicina, la agricultura y la minería.
Durante sus recorridos por la Nueva España, los integrantes de la expedición recolectaron plantas, semillas, minerales, fósiles y animales que posteriormente eran enviados a Madrid para incorporarse a instituciones científicas como el Real Jardín Botánico y el Real Gabinete de Historia Natural.
Sin embargo, comentó la Dra. Constantino Ortiz, Longinos tomó una decisión que cambiaría la historia científica de México: conservó duplicados de los ejemplares recolectados para crear un gabinete propio en la Nueva España. Su intención era establecer un espacio donde los habitantes del territorio pudieran observar, estudiar y aprender sobre la naturaleza.
Su formación como cirujano y anatomista fue fundamental para lograrlo. A diferencia de otros especialistas de la época, contaba con los conocimientos necesarios para preparar y conservar ejemplares animales, una tarea compleja debido al deterioro natural de los organismos. Gracias a estas habilidades, desarrolló técnicas de conservación zoológica y creó una colección que podía ser estudiada y exhibida.
Además, elaboró preparaciones anatómicas y modelos de cera con fines educativos, herramientas que permitían explicar la estructura del cuerpo humano y de otros seres vivos.
Aunque el proyecto no recibió un respaldo importante de las autoridades virreinales ni de la Corona española, Longinos logró establecerlo con recursos propios. El museo abrió sus puertas en la antigua calle de Plateros, actualmente calle Madero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Más que reunir objetos curiosos, el naturalista buscó crear una institución científica. Su gabinete convirtió las colecciones en herramientas de enseñanza y trasladó a la Nueva España las prácticas de clasificación, conservación y exhibición que había conocido en los centros científicos europeos.
¿Por qué fue importante este museo?
La importancia del Gabinete de Historia Natural no estuvo solamente en sus colecciones, sino en la forma en que permitió acercarse al conocimiento científico.
El espacio permanecía abierto al público interesado y ofrecía la posibilidad de aprender mediante la observación directa de plantas, minerales y animales. Además de los ejemplares, contaba con una biblioteca especializada con obras de historia natural, botánica, química, física y anatomía.
También disponía de instrumentos científicos como microscopios, lupas y otros aparatos de observación. En sus paredes se colocaron representaciones del sistema de clasificación de Carlos Linneo, con esquemas que explicaban cómo se organizaban los reinos animal, vegetal y mineral.
Otra característica innovadora fue la labor educativa de su fundador. Longinos recibía personalmente a los visitantes y explicaba la organización de las colecciones. Cuando no podía hacerlo, esta tarea era continuada por el médico Mariano Aznar.
De esta manera, el gabinete no era únicamente un lugar donde se almacenaban objetos, sino un espacio donde la observación se convertía en aprendizaje, expresó la investigadora del IGg.
¿Cómo era el museo?
Diversas investigaciones, entre ellas las de la Dra. María Eugenia Constantino Ortiz, como “José Longinos Martínez: un expedicionario, dos gabinetes de historia natural”, han permitido reconstruir cómo se veía el museo por dentro. Al entrar al Gabinete de Historia Natural de José Longinos Martínez, el visitante se encontraba con un espacio cuidadosamente organizado para mostrar la diversidad de la naturaleza.
El museo estaba formado por veinticuatro estantes dispuestos de manera ordenada, siguiendo los principios de clasificación científica de la época y, especialmente, el sistema desarrollado por Carlos Linneo. La distribución de las colecciones permitía recorrer los tres grandes ámbitos de la naturaleza, animal, vegetal y mineral, y comprender la relación entre los distintos ejemplares.
El recorrido iniciaba con una biblioteca especializada que reunía obras de historia natural, botánica, química, física, anatomía y otras ciencias. Estos libros no eran un elemento decorativo, sino una herramienta para interpretar los objetos expuestos y profundizar en su estudio. A partir de ahí se desplegaban las colecciones naturales: varios estantes estaban dedicados al reino animal, donde podían observarse aves, peces, insectos y otros ejemplares conservados mediante técnicas de preparación zoológica desarrolladas por Longinos.
Otro sector estaba destinado al reino vegetal. Allí se reunían herbarios, semillas, raíces, cortezas, maderas, resinas, gomas y otros productos naturales que mostraban la riqueza botánica de los territorios americanos. La colección mineralógica ocupaba una parte importante del gabinete e incluía metales como oro, plata, cobre, hierro y mercurio, además de piedras, sales, cuarzos, mármoles, ágatas, rocas y fósiles. Estas piezas permitían estudiar la composición de la tierra y los recursos que podían tener utilidad para la minería y otras actividades económicas.
El museo también exhibía objetos relacionados con el pasado de la naturaleza y con el estudio del cuerpo. Entre sus colecciones se encontraban fósiles y grandes osamentas que en la época se interpretaban como restos de animales antiguos, así como preparaciones anatómicas y modelos de cera elaborados con fines educativos. Estas piezas mostraban la conexión entre la historia natural, la anatomía y la medicina, campos en los que Longinos tenía una formación especializada.
Además de los ejemplares naturales, el gabinete incorporaba instrumentos científicos como microscopios, lupas, prismas, barómetros, termómetros y otros aparatos de observación y experimentación. En las paredes se colocaron representaciones del sistema de clasificación de Linneo, árboles y esquemas visuales que ayudaban a los visitantes a comprender cómo se organizaban los seres naturales.
La distribución de los veinticuatro estantes convertía al gabinete en un recorrido de conocimiento. Cada sección estaba pensada para enseñar algo distinto: observar animales, reconocer plantas, identificar minerales, comprender la clasificación de la naturaleza y acercarse a los métodos científicos de la época. De esta manera, el museo no era únicamente una colección de objetos, sino un espacio diseñado para transformar la contemplación en aprendizaje.
Cuando la curiosidad se convirtió en conocimiento
Más de dos siglos después de su apertura, el Gabinete de Historia Natural de José Longinos Martínez puede entenderse como el punto de partida de una larga tradición museística en México. Aunque su existencia fue breve y dependió en gran medida del esfuerzo personal de su fundador, aquel espacio transformó la manera en que la sociedad novohispana se acercaba al conocimiento científico.
Su importancia no estuvo únicamente en reunir animales, plantas, minerales, instrumentos y libros, sino en organizarlos con un propósito educativo: mostrar que la naturaleza podía ser observada, clasificada y estudiada. En una época en la que los museos todavía eran espacios reservados principalmente para colecciones privadas o instituciones de élite, el gabinete de Longinos abrió una nueva posibilidad al convertir una colección científica en un lugar de aprendizaje público.
Sus estantes, ejemplares y herramientas de observación representaron una idea que continúa vigente: los museos no solo conservan objetos del pasado, también construyen conocimiento y acercan la ciencia a la sociedad.
De la FES Acatlán al podio mundial: Scarleth Saucedo conquista plata y bronce en Berlín
Redacción
agosto 12, 2026
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Hace unas semanas, Scarleth Deyanira Saucedo Gómez se preparaba para uno de los mayores retos de su trayectoria deportiva: representar a México en el Campeonato Mundial 2026 de la World Karate and Kickboxing Union (WKU), en Berlín, Alemania.
Hoy, la estudiante de Derecho de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán regresa con dos medallas mundiales.
Scarleth obtuvo la medalla de plata en la categoría Open Weight, +18 años, y la medalla de bronce en Point Fighting, categoría +18 / -60 kg. Dos resultados que la colocaron entre las mejores competidoras de sus respectivas categorías y que representan uno de los mayores logros de su carrera deportiva.
El camino hasta Berlín comenzó cuando tenía 12 años y encontró en el karate y el kickboxing dos disciplinas que terminarían por convertirse en una parte fundamental de su vida.
Plata en Open Weight
En la categoría Female Adults (18+) / Pointfighting / Open Weight, Scarleth llegó hasta la final y concluyó la competencia en segundo lugar.
La mexicana avanzó después de superar en semifinales a la alemana Nadine Flöper. En la otra llave, Amy Golder consiguió su pase a la final tras vencer a Patricia Stretch.
En el combate por el campeonato, Scarleth se enfrentó a Golder. A diferencia de las rondas anteriores, las finales se disputan a dos rounds, por lo que el marcador se construye a partir del desempeño de ambas competidoras a lo largo de los dos periodos.
Saucedo explicó que la diferencia que se observa en el resultado final se produjo justamente por el desarrollo de esos dos rounds: el primero terminó con un marcador distinto y durante el segundo la ventaja se amplió. Al concluir el combate, el resultado fue de 17-8 a favor de Golder, mientras que la mexicana se quedó con la medalla de plata.
La clasificación final colocó a Amy Golder en la primera posición; a Scarleth Saucedo, representante del Equipo Nacional de México de la WKU, en segundo lugar; y a Nadine Flöper y Patricia Stretch en el tercer sitio.
Un segundo podio en Berlín
La participación de Scarleth en el Mundial no terminó con la plata.
En Point Fighting, categoría +18 / -60 kg, la universitaria consiguió el tercer lugar y sumó una medalla de bronce.
En esta competencia, el primer sitio correspondió a Shamari Buxton, del Equipo Nacional de Inglaterra de la WKU, y el segundo a Sarah McPoyle, representante de Irlanda. Scarleth compartió la tercera posición con Caroline Baumgartner.
De esta manera, la estudiante universitaria cerró su participación en Berlín con dos preseas: plata en Open Weight y bronce en Point Fighting +18 / -60 kg.
Del primer torneo al podio mundial
Scarleth comenzó a practicar karate tradicional Shotokan y kickboxing a los 12 años. A los 16 obtuvo el grado de cinta negra y, desde entonces, comenzó también a impartir cursos de verano y seminarios.
En 2015 ganó uno de sus primeros torneos en la categoría de point fight. Dos años después se convirtió en bicampeona nacional en kata y combate, a pesar de enfrentar una lesión en la rodilla.
Su trayectoria continuó con competencias nacionales e internacionales. En 2025 obtuvo el campeonato panamericano en Honduras y, durante 2026, consiguió los resultados que le permitieron clasificar al Campeonato Mundial en Alemania.
Llegar a Berlín representaba uno de los mayores desafíos de su carrera. Volver con dos medallas confirmó el crecimiento que ha construido durante más de una década de entrenamiento.
Derecho, entrenamiento y competencia
La carrera deportiva de Scarleth avanza al mismo tiempo que su formación universitaria.
Estudia Derecho en el Sistema de Universidad Abierta de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, modalidad que le permite mantener sus actividades deportivas, viajar a competencias y continuar con sus responsabilidades académicas.
Además de competir, dirige Saucedo Team, la academia que lleva su apellido y desde donde forma a nuevas generaciones de practicantes.
Su familia también ha desempeñado un papel fundamental en este camino, especialmente su padre, a quien considera su mejor amigo, inspiración y uno de sus principales apoyos para afrontar las exigencias deportivas y económicas que implica competir internacionalmente.
El próximo Mundial será en México
La participación en Berlín también abrió un nuevo reto para Scarleth. De acuerdo con la deportista, el Campeonato Mundial de la misma organización se realizará en México en 2027.
Competir en casa representa para ella una oportunidad, pero también una responsabilidad mayor. Después de conseguir dos medallas en Alemania, el siguiente objetivo será prepararse para volver a enfrentar a competidoras internacionales, ahora frente al público mexicano.
Para Scarleth, tener el Mundial en México significa contar con una nueva oportunidad para buscar mejores resultados y, al mismo tiempo, asumir el compromiso que implica llegar a la competencia como medallista mundial.
Golpear como niña y subir dos veces al podio
Antes de viajar a Berlín, Scarleth decía con orgullo que sí, que golpeaba como niña: con fuerza, disciplina y técnica.
Años de entrenamiento la llevaron primero a campeonatos nacionales y panamericanos y, ahora, a dos podios mundiales.
La estudiante de la FES Acatlán terminó el Campeonato Mundial 2026 como subcampeona de Open Weight y medallista de bronce en Point Fighting +18 / -60 kg.
Scarleth salió de México rumbo a Berlín con el objetivo de competir entre las mejores. Regresó con una medalla de plata, una de bronce y un nuevo desafío en el horizonte: prepararse para 2027, cuando el Mundial de la WKU llegue a México.
Día del Sobregiro 2026: qué pasa cuando consumimos más de lo que la Tierra puede regenerar
Redacción
agosto 11, 2026
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El 30 de julio la humanidad alcanzó el límite anual de recursos que los ecosistemas pueden regenerar, de acuerdo con Global Footprint Network. Especialistas de la UNAM explican por qué esta fecha funciona como una señal de alerta y advierten que el promedio mundial no refleja las desigualdades, las diferencias territoriales ni las distintas responsabilidades frente a la crisis ambiental.
El 30 de julio de 2026 ocurrió el Día del Sobregiro de la Tierra. De acuerdo con Global Footprint Network, para esa fecha la humanidad ya había demandado una cantidad de recursos y servicios ecológicos equivalente a la que el planeta puede regenerar durante un año completo. El organismo estima que, al ritmo actual, la humanidad demanda recursos equivalentes a la capacidad de regeneración de 1,73 planetas Tierra.
La fecha no significa que ese día se hayan agotado los recursos naturales. Expresa un desequilibrio entre lo que las sociedades demandan de los ecosistemas y la capacidad de los ecosistemas para recuperarse.
Para especialistas de la UNAM, el indicador permite comunicar de manera sencilla un problema complejo. Sin embargo, advierten que no debe interpretarse como una fotografía exacta de la situación ambiental del planeta ni como evidencia de que todas las personas ejercen la misma presión sobre sus recursos.
Un sobregiro que se acumula
La maestra Ariana García Galván, doctorante en el Posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad de la UNAM, explica que la huella ecológica permite estimar la superficie biológicamente productiva necesaria para sostener el consumo humano. A este concepto se suma la biocapacidad, es decir, la capacidad de los ecosistemas para regenerar los recursos utilizados y mantener sus procesos.
La doctora Paola Massyel García Meneses, del Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad del Instituto de Ecología de la UNAM, señala que el sobregiro no comenzó el 30 de julio. La fecha representa un momento dentro de un proceso de presión ambiental que se ha acumulado durante décadas.
“No es que un día llegamos y nos acabamos todo, sino que esto ha sido un proceso progresivo que más o menos se identifica desde los años setenta y que ha mostrado un déficit anual que ha ido incrementando”, explica.
Una manera de comprender este proceso es observar qué sucede cuando los ecosistemas no disponen del tiempo necesario para recuperarse.
García Meneses utiliza como ejemplo la pesca. Las poblaciones requieren completar ciclos de reproducción, crecimiento y estabilización antes de enfrentar nuevas extracciones. Cuando esos periodos de recuperación se interrumpen de manera reiterada, el deterioro puede acumularse hasta provocar colapsos o extinciones locales. Las vedas pesqueras buscan precisamente respetar esos tiempos de los ciclos biológicos.
El doctor Bernardo A. Bastien Olvera, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, recurre a una analogía financiera para explicar el sobregiro.
“El planeta ya se gastó lo que puede ganar todo el año en términos de funciones ecológicas y apenas estábamos en julio”, señala. Lo compara con utilizar una tarjeta de crédito a una velocidad mayor que los ingresos disponibles para pagarla.
El problema no consiste solamente en disponer de menos recursos. Una presión creciente sobre bosques, océanos y otros sistemas naturales también puede alterar su funcionamiento y disminuir su capacidad para absorber carbono, regular el agua o sostener comunidades biológicas.
Una alerta útil, no una fotografía del planeta
El Día del Sobregiro reúne diversos procesos ambientales en una fecha comprensible. Esa capacidad de síntesis constituye una de sus fortalezas para la divulgación, pero también marca sus límites.
“Finalmente este indicador es hecho con bases de datos mundiales, con promedios mundiales. Al final de cuentas es sólo una representación”, señala Ariana García. Por ello, propone utilizarlo como un “foco de alarma” sin convertirlo en un mensaje según el cual los recursos se terminaron o el futuro está cancelado.
La huella ecológica, además, no incorpora con el mismo alcance todos los componentes de la crisis ambiental. García explica que el indicador no contabiliza plenamente procesos como la pérdida de biodiversidad o la contaminación por plásticos y tampoco incluye dimensiones sociales como la pobreza y la desigualdad.
Bastien Olvera coincide en que se trata de una herramienta poderosa para iniciar una conversación, siempre que se reconozcan sus alcances.
“Son mensajes poderosos que deben abrir la conversación, pero no debemos clavarnos en ellos porque simplifican de una gran manera la heterogeneidad que hay espacialmente y socialmente”, afirma.
Hablar de “la humanidad” como una sola unidad puede ocultar, por tanto, una pregunta fundamental: ¿quiénes consumen más recursos y quiénes enfrentan las consecuencias de ese consumo?
México no tiene una sola huella
Para México, el Día del Sobregiro de 2026 correspondió al 31 de julio, según los datos comentados durante las entrevistas. La cercanía con la fecha mundial no significa que todas las regiones ni todas las personas del país ejerzan una presión ambiental semejante.
“México son muchos Méxicos”, resume García Meneses.
El territorio nacional reúne zonas áridas, bosques, selvas, costas, montañas y grandes áreas urbanas, además de una amplia diversidad cultural y distintas formas de relacionarse con los recursos naturales. Esa heterogeneidad también representa un desafío para las políticas públicas, pues los procesos ecológicos y sociales no siempre coinciden con los límites administrativos de municipios o estados.
Las diferencias tampoco se presentan únicamente entre regiones. Las posibilidades de modificar los patrones de consumo dependen en buena medida de las condiciones materiales de vida.
Bastien Olvera plantea el caso de una persona con una extensa jornada laboral, poco tiempo disponible para comer y varias horas de traslado cotidiano. En esas condiciones, decisiones relacionadas con la alimentación, la movilidad o el consumo no dependen solamente de la voluntad individual.
“No todos pueden bajar esa huella por igual”, sostiene. Reducir el impacto ambiental, por ello, no puede depender exclusivamente de elecciones personales. También requiere transformar condiciones laborales, urbanas, económicas y sociales que determinan el margen real de decisión de las personas.
Esta perspectiva amplía la discusión. La pregunta ya no es únicamente qué puede hacer cada individuo para reducir su impacto, sino qué condiciones colectivas permiten formas de vida con una menor presión sobre los ecosistemas.
De la alarma a las respuestas
El deterioro de un ecosistema no se reduce a la pérdida visible de árboles, manglares o especies. También puede alterar funciones ecológicas de las que depende el bienestar humano.
Un bosque, explica Bastien Olvera, participa en la infiltración y circulación del agua, interviene en la regulación de la temperatura y sostiene múltiples formas de vida. Cuando su funcionamiento se degrada, también disminuyen los beneficios que estos sistemas aportan a las poblaciones humanas.
El investigador estudia, por ejemplo, qué ocurriría si las colonias menos arboladas de las capitales mexicanas alcanzaran niveles de cobertura vegetal semejantes a los de zonas con mayor presencia de árboles. Sus modelaciones estiman un enfriamiento cercano a 0,7 grados Celsius, además de posibles beneficios relacionados con el uso de energía y la exposición a temperaturas extremas.
Para García Meneses, responder a la crisis también requiere revisar las formas de consumo y cuestionar la idea de que un mayor bienestar necesariamente implica consumir más. Al mismo tiempo, advierte sobre los efectos de una comunicación ambiental basada exclusivamente en el desastre, sobre todo cuando deposita en las generaciones jóvenes la responsabilidad de solucionar problemas que se han acumulado durante décadas.
Ariana García propone fortalecer las respuestas comunitarias. Frente a un problema de escala planetaria, construir redes y reforzar el tejido social permite reconocer que las personas no enfrentan la crisis ambiental de manera aislada.
“No estamos solos”, señala. “Formar redes de apoyo, comunidad, es también una forma de plantarnos frente a esta realidad”.
El Día del Sobregiro permite dimensionar la presión que las actividades humanas ejercen sobre los sistemas naturales. Sin embargo, el indicador adquiere mayor profundidad cuando se pregunta quién consume, bajo qué condiciones, quién puede modificar ese consumo y quién enfrenta sus principales consecuencias.
Más que anunciar que los recursos del planeta se terminaron el 30 de julio, la fecha plantea una advertencia: mantener una demanda superior a la capacidad de regeneración de los ecosistemas profundiza un déficit ecológico acumulado cuyas causas y consecuencias no se distribuyen de manera uniforme. Comprender esas diferencias también forma parte de la búsqueda de soluciones.
En redes sociales y en la conversación cotidiana, agosto también se ha ganado un nombre muy particular: «Hongosto». El juego de palabras no es casual. Durante la temporada de lluvias, los bosques y otros ecosistemas de México ofrecen las condiciones de humedad ideales para que aumente la presencia de hongos, organismos que forman parte de nuestra alimentación, cultura y saberes desde tiempos prehispánicos.
México posee una enorme diversidad de hongos comestibles y una larga tradición alrededor de su recolección y consumo. Pero identificarlos requiere conocimiento: no todos son aptos para comer y algunas especies pueden resultar tóxicas.
¿Por qué aparecen más hongos en estos meses? ¿Cuáles son los más consumidos en nuestro país? ¿Qué papel tienen las hongueras y por qué ha crecido el micoturismo? Aprovechemos «Hongosto» para conocer más sobre este fascinante reino y su importancia en México.
Desde tiempos prehispánicos, los hongos fueron muy apreciados debido a sus diversos usos. Más allá de ser un elemento culinario importante, ya que tienen un sabor y aspecto similar a la carne, los hongos cuentan con propiedades estimulantes, medicinales y alucinógenas.
Fue tanta la importancia que tuvieron los hongos en la vida prehispánica que varios lugares donde crecían en abundancia fueron bautizados destacando esta característica. Ejemplos de esto son la localidad de Puebla Nanacatepec (que significa en náhuatl ‘cerro de los hongos’) y el municipio de Tlaxcala Nanacamilpa (‘lugar donde crecen los hongos’, también en náhuatl).
A pesar de la gran popularidad que tuvieron, debido a la globalización alimentaria los hongos fueron perdiendo trascendencia frente a los alimentos ultraprocesados. Sin embargo, en la última década han tenido un repunte importante, principalmente por el micoturismo, una actividad turístico-recreativa basada en la recolección, degustación y aprendizaje sobre los hongos comestibles silvestres.
El experto en micología Sigfrido Sierra Galván, quien ha estudiado estos organismos diferentes a las plantas y los animales a lo largo de tres décadas, señaló que el micoturismo es una actividad importante para que la gente los revalorice, aunque también puede ser peligrosa, ya que no todos los hongos que hay en nuestro país son comestibles.
“México es muy rico en cuanto a hongos comestibles; somos el segundo país a nivel mundial en este sentido, solo por detrás de China. Aproximadamente contamos con 400 especies, y faltan por describir aún más. Lamentablemente, no podemos determinar, entre los hongos que no han sido descritos todavía, cuáles sí son seguros para su consumo y cuáles no. Estamos atrasados en la taxonomía de los hongos comestibles por la falta de profesionistas interesados en la micología”, dijo el profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Consumo de hongos en México
Entre los hongos comestibles más consumidos en el país están las patitas de pájaro, el champiñón, el portobello, la seta, el hongo blanco y el shiitake o seta china.
En la actualidad, se estima que en México una persona consume alrededor de 1 kg de hongos al año, cifra mucho menor comparada con China y algunos países europeos. Para Sierra Galván, el descenso en el consumo de hongos comestibles se debió a la falsa creencia de que todos los hongos eran venenosos o alucinógenos. “Durante mucho tiempo se mantuvo la idea de que los hongos eran malos, y eso nos privó de sus beneficios alimenticios”.
Un alimento muy nutritivo
Aunque los hongos están compuestos casi totalmente por agua (90%), también contienen hidratos de carbono, proteínas, vitaminas (como tiamina, riboflavina, niacina, vitamina B6 y folato, también conocido como vitamina B9), minerales (como fósforo, potasio, hierro, cobre y zinc) y compuestos antioxidantes que ayudan a proteger el sistema inmunológico y prevenir tumores y enfermedades neurodegenerativas.
Y eso no es todo. “Nos han aportado en otras áreas, como en la medicina, pues de ellos obtuvimos la penicilina; en los procesos de fermentación, ayudan en la conservación de quesos o el pulque; y en la industria alimentaria, como colorantes, conservantes, potenciadores del sabor o como fuente de proteínas, entre otras aplicaciones”, explicó el experto universitario.
¿Temporada de hongos?
Aunque no se puede hablar de una temporada de hongos en México, ya que durante todo el año se dan, de junio a noviembre aumenta su presencia, porque la época de lluvias favorece su reproducción. “Los hongos requieren una humedad ambiental elevada para su crecimiento y proliferación, por lo que esa época es muy conveniente para ellos”, indicó Sierra Galván.
Hongueras
Si hay alguien que conozca a la perfección cuáles hongos sí y cuáles no son comestibles, son las hongueras, pues son herederas de un conocimiento ancestral.
Además, “ellas conviven de manera diaria con los hongos, porque ven en su venta una entrada monetaria extra, y ahora, con esto de los festivales, aún más. He ido a Tlalpan y a otros poblados donde sé que los recolectan, y ellas te van diciendo: ‘aquí adelante encontraremos tal hongo’, y es así”, comentó el experto de la Facultad de Ciencias.
Como decíamos, son portadoras de un conocimiento milenario. Pero hoy en día difícilmente comparten este saber. “A los jóvenes ya no les interesa seguir esta tradición”, es la razón que algunas de ellas le expresaron a Sierra Galván.
Otro factor, más preocupante aún, que está frenando la transmisión del conocimiento de las hongueras es que sus áreas de trabajo poco a poco se están reduciendo debido a la tala ilícita, los incendios forestales y también el cambio climático.
Ante este escenario, el especialista universitario hizo un llamado a los investigadores y a las autoridades para contribuir a preservar esta tradición.
¡Celebrando a los hongos!
En la última década, el micoturismo ha ido creciendo en México. Tlaxcala, Oaxaca, Estado de México, Jalisco y Michoacán son algunas de las entidades visitadas con este fin. Si bien Sierra Galván destacó el papel que ha tenido este tipo de turismo en el repunte de los hongos, pide a los viajeros tomar en cuenta las siguientes sugerencias:
Las guías de hongos de otros países no deben usarse. “Pueden ser útiles, pero los hongos de nuestro país, aunque sean similares físicamente a los europeos, tienen diferentes sustratos”.
No llevarse hongos a casa, a menos que las personas encargadas lo autoricen.
Tomar los hongos que estén en buen estado. “Aquellos que están en mal estado pueden tener repercusiones importantes en la salud”.
Con respecto a los dos últimos puntos, el experto universitario recordó que este año se han reportado casos de personas que debieron asistir al hospital después de consumir hongos recolectados por mano propia y que no eran comestibles.
Sierra Galván hizo hincapié en que el consumo de hongos es muy saludable, pero siempre y cuando estos se encuentren en buen estado o no sean tóxicos, ya que ingerirlos echados a perder o con un nivel mínimo de toxicidad puede provocar efectos negativos en la salud, tales como:
Malestar general.
Dolor en el abdomen, como cólico.
Náusea.
Vómito.
Mareo.
Diarrea aguada o sanguinolenta.
En algunos casos, aunque las posibilidades son muy bajas, incluso puede ocasionar la muerte.
Ideas destacadas:
Los hongos fueron importantes en la vida prehispánica, siendo apreciados por sus propiedades culinarias, medicinales y alucinógenas.
El micoturismo ha permitido revalorizar a los hongos en México, aunque también puede ser una actividad peligrosa.
México es el segundo país a nivel mundial en cantidad de especies de hongos comestibles, después de China.
El descenso en el consumo de hongos se debió a la falsa creencia de que eran venenosos o alucinógenos.
Los hongos tienen propiedades nutricionales importantes y aportan beneficios en áreas como la medicina y la industria alimentaria.
Las hongueras, herederas de un conocimiento ancestral, son clave en la recolección y venta de hongos, aunque enfrentan desafíos debido a la deforestación y el cambio climático.
Dentro del Seminario de Neurociencias en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3), Ana Paula Rivera García, del Laboratorio de Cronobiología y Sueño del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, ofreció una conferencia sobre la relación entre el sueño de movimientos oculares rápidos, o sueño MOR, y la depresión mayor, especialmente en mujeres.
En la conferencia «Expresiones oníricas en la depresión mayor, una mirada desde el sueño MOR», la investigadora abordó la interacción entre el dormir, el contenido de los sueños, la expresión emocional y los trastornos afectivos, con énfasis en la depresión, desde una perspectiva neurofisiológica y psicopatológica.
Inició su conferencia explicando las características del sueño y de los sueños, durante los cuales las personas pueden tener expresiones faciales, así como sus hallazgos sobre estas expresiones durante el sueño MOR en la depresión mayor.
Sueño
«El sueño se puede conceptualizar como un estado, como un proceso o como una conducta, y desde los tres podemos abordarlo», explicó. «Como estado, es un estado natural y reversible de inconsciencia, y espero que todos entremos en él todas las noches. Siempre está alternando con otro estado, que es el de la vigilia».
Durante el sueño, cuerpo y mente se relajan y permiten que el cerebro procese información, se repare y se recargue, entre muchas otras funciones. Es un proceso biológico muy complejo que involucra diferentes etapas y ciclos, y es esencial para la salud y el bienestar.
Los sueños
Por otro lado, los sueños son experiencias sensoriales, cognitivas, alucinatorias, motoras y emocionales, y pueden evocar experiencias personales, pero lo más interesante para esta investigación es que, en ocasiones, podemos recordarlos.
El sueño se divide en dos etapas: el sueño con movimientos oculares rápidos, o sueño MOR, y el sueño sin movimientos oculares rápidos, o sueño no MOR, el cual, a su vez, se subdivide en las etapas uno, dos y tres.
«Desde el inicio de nuestras investigaciones encontramos algunas descripciones clínicas de los gestos y expresiones faciales que se presentaban específicamente en esta etapa del dormir, lo cual resultaba paradójico porque hay una inhibición motora que se genera a través de GABA y glicina, los dos principales neurotransmisores que inhiben el sistema nervioso central».
Al inhibirse el tono muscular de manera sostenida, debería haber un mecanismo que permitiera que estos gestos se presentaran durante el dormir.
En un inicio, la investigadora y sus colegas se dedicaron a observar estas contracciones faciales y descubrieron que ocurrían específicamente durante el sueño MOR y con más frecuencia que en las otras etapas del dormir.
«Despertamos a las participantes en el estudio y observamos que, en las personas sanas, esos gestos o contracciones faciales estaban relacionados con lo que estaban soñando», explicó la investigadora. «Al enfocarnos un poco más en los sueños, encontramos que se ha reportado que en éstos hay más agresiones que interacciones amistosas, que son predominantemente visuales y, en general, aunque no siempre, se viven en primera persona. Algunas experiencias de la vida real contribuyen al contenido de los sueños».
El soñador está convencido de que la secuencia del sueño está sucediendo de verdad, agregó, y aunque haya inconsistencias temporales y espaciales, también hay interacciones sociales y el contenido emocional es intenso, aunque las emociones sean principalmente negativas.
Como la entrada sensorial está prácticamente bloqueada, no recibimos información del exterior de la misma manera que durante la vigilia, por lo que cada noche vivimos una realidad virtual generada por señales nerviosas enviadas desde distintas regiones del cerebro, a las que la corteza intenta dar algún sentido.
Depresión mayor y sueño MOR
La investigadora y su equipo querían conocer qué estaba pasando en la depresión mayor. «En México, la depresión mayor tiene una alta incidencia, mucho más alta en mujeres, y una interacción muy interesante con el sueño MOR, en el que se ven afectados algunos de sus componentes por la depresión, por lo que quisimos ver qué estaba pasando con esta alteración».
La depresión mayor es un trastorno afectivo que presenta dos tipos de síntomas: los emocionales o afectivos y los somáticos. Entre los afectivos más importantes se encuentran la tristeza, la pérdida de interés, la culpa, la soledad, la minusvalía, la vergüenza, la desesperanza, la incapacidad de sentir placer o las ganas de morir.
«Los síntomas físicos o somáticos pueden ir desde la inapetencia hasta un exceso de apetito, pérdida o aumento de peso; puede haber debilidad o fatiga, trastornos digestivos, agitación o enlentecimiento, dificultad de concentración y, sobre todo, alteraciones del sueño. Esos son los marcadores más tempranos en la depresión mayor», señaló la investigadora.
«El objetivo de nuestro trabajo fue explorar la actividad muscular facial durante el sueño y su posible asociación con el contenido emocional de los sueños en mujeres sanas y en mujeres con depresión mayor sin tratamiento. Buscamos una ventana en la que pudiéramos registrar sus sueños antes de que iniciaran el tratamiento».
Participaron doce mujeres sanas de entre 20 y 40 años, quienes conformaron el grupo control, y doce mujeres de la misma edad con diagnóstico de depresión mayor que no estaban recibiendo tratamiento. Durante dos noches consecutivas se les realizó un registro polisomnográfico de sueño; una noche fue de habituación y en la otra se realizaron despertares experimentales.
Las dos noches durmieron ocho horas, de las diez de la noche a las seis de la mañana, y se realizaron registros electroencefalográficos y de actividad muscular, además de una electromiografía facial. En la segunda noche se efectuaron despertares experimentales y se compararon los resultados de ambos grupos.
Las expresiones faciales
Junto con la información corporal y las vocalizaciones, las expresiones faciales constituyen uno de los principales medios de comunicación de los seres humanos. Estas expresiones obedecen a la contracción, aislada o conjunta, de alguno de los treinta y nueve músculos faciales.
Estos músculos tienen ciertas características que los distinguen porque su función es mimética, es decir, participan en la expresión afectiva; no tienen únicamente funciones musculares convencionales, lo que los hace más difíciles de controlar a voluntad. Esto no significa que no puedan controlarse, sino que no tenemos una noción clara de la posición en la que se encuentran. Además, tienen una doble inervación: una voluntaria y otra involuntaria o espontánea.
«Si les pido que hagan una cara sonriente, que se alegren, que frunzan el ceño, la activación va a ser voluntaria a nivel de la corteza motora», explicó Ana Paula Rivera.
La inervación involuntaria o espontánea se genera a partir de circuitos en los que participan el tallo cerebral y estructuras como la amígdala, lo que facilita la activación del núcleo facial y, de ahí, del músculo. «Esta activación es mucho más rápida y muy difícil de controlar a voluntad; por eso no podemos fingir, a menos que estemos utilizando la famosa poker face«.
La mayor parte de los estudios se habían realizado sobre expresiones faciales durante la vigilia, pero la investigadora encontró que también había expresiones durante el sueño, principalmente en niños. Al investigar qué estaba pasando, encontraron expresiones simultáneas a los movimientos oculares rápidos.
«Si observáramos a alguien durmiendo, encontraríamos que no sólo movemos los ojos, sino que también hacemos expresiones aparentemente breves, pero en algunas mediciones se ha encontrado que duran hasta cinco segundos, lo que es muchísimo porque se está logrando superar la atonía muscular», dijo Rivera García.
«En los primeros estudios encontramos actividad en cinco músculos faciales: el de la frente, el corrugador del ceño, el de la órbita de los ojos y ambos zigomáticos, que son los de la sonrisa. En esta etapa del sueño MOR podemos ver cómo el músculo del mentón está completamente atónico, pero estamos haciendo gestos contrayendo la cara. Además, se presentan muy cercanos a los movimientos oculares rápidos. Este fue el primer abordaje que hicimos».
Contenido de los sueños
Luego exploraron qué estaba pasando en cuanto al contenido de los sueños, específicamente con las emociones. «Caracterizar las emociones es muy difícil; uno las subestima y piensa que trabajar con emociones y con contenido onírico va a ser algo sencillo, pero para nada», señaló la investigadora.
A partir del modelo de José Luis Díaz y Enrique Flores, elaboraron un modelo bidimensional de emociones, en el que éstas se observaron de acuerdo con qué tan positivas o negativas eran y con su nivel de intensidad.
Las emociones nos permiten aproximarnos a ciertos contextos o evitarlos, porque funcionan como formas de aproximación o evitación frente a determinados estímulos.
«Dentro de las emociones negativas, por ejemplo, tenemos la tristeza, la frustración y la apatía, que nos llevan a retraernos, a inhibirnos. También hay emociones negativas altas, como la ira, la tensión, la duda y el odio, que nos aproximan al estímulo».
Las emociones positivas altas, agregó, como el vigor, la diversión y la excitación, son emociones agradables. Las positivas bajas también implican cierto retraimiento, aunque nos proporcionan una sensación de bienestar.
«Cuando las personas que no tenían alteraciones psiquiátricas, las del grupo control, estaban frunciendo el ceño, las despertábamos y nos contaban que estaban teniendo sueños negativos, desagradables, de miedo o situaciones similares. Por el contrario, cuando tenían contracciones de los músculos zigomáticos, las despertábamos y nos contaban que estaban soñando algo placentero, alegre», señaló la investigadora.
En un hipnograma, la representación gráfica de una noche de sueño, se estudiaron las distintas etapas del dormir durante las ocho horas. «En la gráfica observamos la vigilia, el sueño MOR y las etapas del sueño no MOR. En sujetos del grupo control hay una latencia más o menos cercana a un ciclo completo: el sueño MOR aparece alrededor de 90 minutos después de iniciado el sueño».
«En mujeres con depresión mayor vimos que la etapa más susceptible del sueño es precisamente el sueño MOR, que acorta su latencia y aparece mucho más temprano y con mayor frecuencia que en el grupo control», señaló Rivera García.
Durante la depresión, el sueño MOR comienza a aparecer antes y, a nivel cognitivo, los sueños cambian significativamente: hay un estado de ánimo mucho más negativo y puede presentarse un aplanamiento afectivo; se reportan más fracasos y desgracias, hay más pesadillas y el papel del soñador es más pasivo y presenta menos detalles. Incluso, en ocasiones, las participantes señalaban que no intervenían en sus sueños.
«Un dato interesante es que los pacientes con historia de pensamientos suicidas informan que el tema más frecuente de sus sueños es la muerte antes del intento suicida», dijo la investigadora. «De esta manera, los sueños serían una especie de alerta, porque los sueños no van aislados; la etapa entera del sueño MOR está avisando antes».
Los despertares
Los despertares experimentales casi siempre se realizaron cuando aparecieron los movimientos oculares rápidos. Desde el momento en que comenzó la fase de sueño MOR, los investigadores esperaron cinco minutos.
«Nuestra señal fue la expresión facial. No hay muchos trabajos sobre despertares experimentales y nosotros hicimos ensayo y error en los primeros estudios porque, cuando aparecían los gestos, entrábamos inmediatamente. Debimos considerar que las personas estaban profundamente dormidas, soñando, y que al despertarlas las espantábamos, porque el despertar es muy intrusivo y los sueños son algo muy íntimo».
En términos de duración y de la calidad de los reportes del sueño, en el grupo control el primer periodo MOR generalmente duraba muy poco y casi no había movimientos oculares; incluso, el tono muscular no estaba tan inhibido.
«Es importante señalar que las etapas del MOR más ricas en sueños son a partir de las tres de la mañana. Cuando estandarizamos los despertares, las despertábamos a partir de la segunda etapa de sueño MOR y esperábamos a que pasaran al menos dos minutos para considerarla una etapa viable. Buscábamos contracciones faciales de cualquiera de los músculos; no nos importaba cuáles, corrugadores o zigomáticos, siempre y cuando no coincidieran con el músculo del mentón, y las despertábamos».
«Después de que aparecieran los gestos faciales, esperábamos de 30 a 120 segundos y las despertábamos. Les preguntábamos si estaban soñando; nos respondían que sí, pero que no podían decir qué estaban soñando, lo que es muy interesante porque hay una especie de procesamiento del contenido del sueño».
El registro terminaba a las seis de la mañana. «Las despertábamos y les preguntábamos si recordaban el sueño que nos habían contado en la madrugada, por ejemplo, un sueño con un águila que bajaba. Un dato muy interesante es que no recordaban los sueños que nos habían narrado», señaló la investigadora.
«Muchas sí se acordaban, sobre todo de los últimos sueños, pero muchas no recordaban los primeros que nos habían reportado y hasta se reían al oírse a sí mismas narrando su sueño. Con eso finalizaban y, al otro día, empezaban el tratamiento», concluyó la investigadora.
¿Por qué los mexicanos decimos «ahorita» y otros diminutivos? La UNAM te explica
Michel Olguín Lacunza
agosto 7, 2026
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«¿Me regalas un cafecito?», «Ahorita voy», «Tengo un problemita». En México, usar diminutivos es tan cotidiano que pocas veces nos detenemos a pensar por qué hablamos así. Aunque muchas personas consideran que esta forma de hablar es una característica nacional, en realidad responde a una manera de construir las relaciones sociales mediante el lenguaje.
Para Carmen Curcó Cobos, investigadora del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, el diminutivo es mucho más que una forma de expresar pequeñez. También funciona como una estrategia para fortalecer los vínculos entre las personas, suavizar peticiones y comunicar cercanía.
«Cuando nos comunicamos, no solo transmitimos información sobre el mundo; también comunicamos qué tipo de relación queremos establecer con nuestro interlocutor».
¿Y por qué decimos «ahorita»?
Una de las palabras que más desconcierta a los extranjeros es ahorita. Mientras que para muchos hispanohablantes ahora significa «en este momento», en México ahorita puede referirse a unos minutos, varias horas o incluso a un momento indefinido.
Según Curcó, el término originalmente expresaba una mayor precisión temporal: un momento muy cercano al presente. Con el tiempo, sin embargo, adquirió una función social.
Cuando un mexicano responde «ahorita te ayudo», además de referirse al tiempo, comunica disposición, compromiso y buena voluntad. Por ello, el significado estrictamente cronológico puede diluirse y dar paso a una interpretación más relacionada con la interacción entre las personas.
Mucho más que hacer pequeñas las cosas
El significado original de los diminutivos es indicar tamaño. Sin embargo, palabras como cafecito, favorcito o problemita casi nunca aluden a algo pequeño. Un «favorcito» puede implicar horas de trabajo y un «problemita» puede convertirse en un verdadero conflicto.
De acuerdo con la especialista, el diminutivo cumple una función interpersonal: ayuda a reducir la sensación de imposición y refuerza la idea de que quienes conversan pertenecen al mismo grupo.
Así, pedir «¿me haces un favorcito?» suele percibirse como más amable que decir simplemente «¿me haces un favor?».
La importancia de sentirse parte del grupo
Curcó explicó que los estudios de lingüística, sociología y antropología muestran que todas las personas buscan satisfacer dos necesidades durante la interacción social: sentirse aceptadas y valoradas por los demás, y conservar su autonomía e independencia.
El diminutivo resulta especialmente útil porque contribuye a equilibrar ambas necesidades. Por un lado, transmite afecto y cercanía; por otro, disminuye el peso de una petición o de una situación potencialmente incómoda.
En el caso de México, diversos estudios han señalado que culturalmente suele privilegiarse la afiliación, es decir, hacer sentir al otro que forma parte del grupo. Esa tendencia puede explicar por qué expresiones como platito de sopa, tamalito o casita forman parte del habla cotidiana, incluso cuando los objetos no son pequeños.
Cuando el diminutivo deja de ser amable
Sin embargo, no siempre es una expresión de cortesía. El contexto y la relación entre quienes hablan son fundamentales. Un diminutivo puede resultar ofensivo cuando no minimiza la acción, sino a la persona.
Expresiones como doctorcito, ingenierito o llamar reinita a una desconocida pueden percibirse como condescendientes, pues implican una cercanía que no existe o reducen simbólicamente la posición de la otra persona.
Lo mismo ocurre cuando se utilizan diminutivos con adultos mayores en contextos institucionales. Frases como «vamos a tomarnos la medicinita» o «abra la boquita» pueden transmitir una imagen que infantiliza y afecta la dignidad de las personas.
«La clave es no asumir una relación de confianza cuando no la hay», señaló.
Una característica cultural, no una esencia nacional
Aunque el uso de diminutivos es especialmente frecuente en México y otras regiones de América Latina, deben evitarse las generalizaciones.
El español ofrece un sistema muy productivo de sufijos como «ito» e «ita», y los hablantes mexicanos han desarrollado usos que responden a sus necesidades culturales de comunicación, especialmente aquellas relacionadas con la cercanía, la afiliación y la cortesía.
Así, detrás de un sencillo «cafecito», un «favorcito» o un «ahorita» no solo hay una forma de hablar, sino toda una manera de relacionarse con los demás.
Parte de la infraestructura que usas todos los días en ciudades como la CDMX, fue financiada con algo más que impuestos
Tal vez no pienses en ello cuando subes al transporte público, cuando enciendes la luz en casa o recorres una carretera para salir de la ciudad, pero estos y otros servicios fueron financiados con algo más que impuestos.
Parte de la infraestructura que usas todos los días en ciudades como la capital mexicana, teleféricos, redes eléctricas, sistemas de agua o carreteras, se construyeron mediante deuda pública verde: recursos económicos que el gobierno obtiene en los mercados financieros nacionales e internacionales, para invertirlos en proyectos que benefician al ambiente y a la sociedad.
En un mundo marcado por el cambio climático y presupuestos públicos cada vez más limitados, el financiamiento se ha convertido en una herramienta que conecta tu vida diaria con la transición hacia una economía más sostenible. En ese contexto, los denominados bonos verdes, se han consolidado como instrumentos clave para transitar hacia una economía más sostenible.
¿Qué es el financiamiento verde?
El financiamiento verde se refiere, de manera amplia, a las inversiones destinadas a proyectos, productos, políticas e iniciativas que promueven el desarrollo sostenible y una economía ambientalmente responsable.
Víctor Ortiz y Marlene Martínez, de la Facultad de Economía, UNAM, explican que la llamada financiación climática, orientada a la mitigación y adaptación al cambio climático, tiene un amplio alcance de objetivos ambientales, desde la gestión eficiente del agua hasta el transporte limpio y la conservación de los recursos naturales.
Este tipo de financiamiento suele asociarse a proyectos de inversión sustentables, los cuales se caracterizan por una interacción positiva entre los factores ambientales y sociales, y las variables financieras tradicionales. Entre estas destacan el riesgo, entendido como la posibilidad de que la inversión no genere los resultados esperados y se produzcan pérdidas, y la rentabilidad, definida como la capacidad de un proyecto para generar beneficios cuando se desempeña de manera favorable.
Las finanzas sustentables parten de una idea sencilla: las decisiones que toman los gobiernos, las empresas y los inversionistas sobre los proyectos en los que invierten sus recursos pueden generar impactos más allá del ámbito económico. En ese sentido, se evalúa si dichas decisiones pueden ocasionar problemas ambientales, sociales o de gobernanza, como la contaminación de un río, la afectación a una comunidad o el incumplimiento de normas.
Desde la perspectiva legal, los riesgos tienen consecuencias relevantes, ya que pueden derivar en sanciones económicas, conflictos sociales o pérdidas financieras, lo que, en última instancia, puede comprometer la rentabilidad del proyecto o incluso llevarlo al fracaso en el largo plazo.
Bonos verdes: una herramienta financiera para la sostenibilidad
Dentro del universo de las finanzas verdes, los bonos verdes ahora ocupan un lugar central en la economía mundial. Específicamente son títulos de deuda emitidos por instituciones públicas o privadas, con el compromiso de destinar los recursos exclusivamente a proyectos verdes. Este tipo de iniciativas pueden ser nuevos o, si son ya existentes, refinanciables. Los proyectos refinanciados pueden ser renovados o mejorar su forma de financiamiento.
administración sustentable de los recursos naturales
conservación de la biodiversidad
transporte limpio
gestión sustentable del agua
adaptación al cambio climático
procesos y tecnologías de producción eficientes
En un artículo publicado en 2022, Irina Martínez expone que estos bonos tienen su origen en dos líneas fundamentales de acción: la sustentabilidad y la responsabilidad social. Para las pequeñas y medianas empresas (PyME), estos instrumentos representan una vía para acceder a mayores recursos financieros, principalmente desde el lado del inversionista.
De manera indirecta, los bonos también benefician a las empresas que colocan estos instrumentos financieros en el mercado, ya que mejoran su perfil de riesgo al ser percibidas como organizaciones más responsables, estables y con menor probabilidad de enfrentar problemas legales, sociales o ambientales. Además, fortalecen su reputación al ser vistas como entidades comprometidas con el cuidado del medio ambiente y el bienestar social.
Proyectos mexicanos financiados con bonos verdes
Aunque el mercado mexicano de bonos verdes se desarrolla con mayor lentitud en comparación con el global, los avances son significativos. Por ejemplo, dice la misma Irina Martínez, en el contexto latinoamericano, en 2020, México emitió alrededor del 16% de los bonos verdes, en el tercer lugar regional, después de Chile y Brasil. Los recursos recibidos permitieron financiar proyectos de gestión del agua, eficiencia energética y transporte sustentable, este último es el rubro con mayor asignación presupuestal.
En años recientes, dichos instrumentos verdes se han convertido en el motor financiero de proyectos concretos que impactan la vida cotidiana de millones de personas en México. Enseguida algunos ejemplos:
En diciembre de 2025, el Gobierno de la Ciudad de México emitió un bono verde por 3 mil millones de pesos para financiar las Líneas 5 y 6 del Cablebús, en alcaldías como Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Milpa Alta y Tláhuac. Estas líneas beneficiarán a cerca de 90,000 personas diariamente, de acuerdo con el reporte de la periodista Frida Sánchez, el cablebús es un sistema de transporte de cero emisiones que comunica zonas de difícil acceso.
La modernización de la línea 1 del metro de la Ciudad de México comenzó con un financiamiento por bonos verdes desde 2016 por mil millones de pesos y de 2 mil millones en 2017. Proviene de un bono sustentable, el cual contempla beneficios sociales y ambientales. El nuevo sistema de energía y la adquisición de nuevos trenes reducen el consumo energético en 35% y prometía mejorar la calidad del servicio para más de 500 mil usuarios diarios.
Agua y agricultura: FIRA
Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) han utilizado bonos verdes para financiar más de 500 proyectos agrícolas, especialmente en Jalisco, Durango y Guanajuato. Estos recursos han permitido impulsar la agricultura protegida (invernaderos y macro túneles) y el uso eficiente del agua mediante sistemas de riego por goteo, beneficiando a más de 2,200 pequeños y medianos productores.
Modernización de la CFE
La Comisión Federal de Electricidad ha canalizado más de 64 mil millones de pesos provenientes de bonos verdes y sostenibles hacia 112 proyectos en todo el país. Explica Ulises Juárez que la mayor parte de estos recursos se destinó a la rehabilitación de hidroeléctricas y al mantenimiento de parques eólicos, evitando la emisión de poco más de 17 millones de toneladas de CO₂ y ampliando la cobertura eléctrica a más de 40,000 localidades rurales.
Así estos instrumentos representan una vía concreta para enfrentar los desafíos del desarrollo en el siglo XXI. En países como el nuestro, su expansión no solo fortalece el sistema financiero, sino que también busca construir un modelo de crecimiento más justo, resiliente y compatible con los límites del planeta.
Las ventanas arqueológicas: espacios de memoria, conservación y acercamiento al patrimonio histórico
Pepe Herrera
agosto 6, 2026
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En el corazón de la Ciudad de México, a unos pasos del Zócalo y junto a la imponente Catedral Metropolitana, miles de personas transitan diariamente sin reparar en que, bajo sus pies, permanecen ocultos siglos de historia. Entre el constante movimiento de la ciudad existen lugares que permiten asomarse, literalmente, al pasado: las ventanas arqueológicas.
A través de ellas es posible observar vestigios conservados en el mismo lugar donde fueron descubiertos, los cuales revelan las distintas etapas que dieron forma al Centro Histórico. Más que simples exhibiciones, estas ventanas representan un puente entre el presente y el pasado, pues permiten comprender cómo la ciudad actual se construyó sobre las huellas de antiguas civilizaciones y edificaciones que aún conservan parte de su memoria.
Pero ¿qué son exactamente estos espacios y por qué resultan tan importantes para comprender la historia de la ciudad?
¿Qué son las ventanas arqueológicas?
La investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, Reyna Beatriz Solís Ciriaco, explicó que las ventanas arqueológicas son áreas destinadas a mostrar los vestigios históricos que permanecen debajo de las ciudades actuales. Es decir, pueden considerarse una especie de “cápsulas del tiempo”.
La conservación del patrimonio frente al crecimiento urbano
Uno de los principales motivos por los que surgen las ventanas arqueológicas es el encuentro entre el desarrollo urbano moderno y la existencia de vestigios históricos. En ciudades antiguas, cada vez que se construye un edificio, un estacionamiento, una vivienda o cualquier otra infraestructura, existe la posibilidad de encontrar restos arqueológicos.
Estos hallazgos pueden representar un desafío para los proyectos de construcción, debido a que la legislación arqueológica establece que los vestigios relevantes deben protegerse. Cuando aparece evidencia histórica, esta no puede simplemente destruirse para continuar una obra, ya que forma parte de la identidad y la memoria colectiva de una sociedad.
Por esta razón, comentó Solís Ciriaco, instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) intervienen para realizar evaluaciones y rescates arqueológicos.
“Los especialistas analizan la importancia del hallazgo y determinan cuál será el tratamiento adecuado: conservarlo en el sitio mediante una ventana arqueológica, trasladarlo a un museo o establecer otras estrategias de protección”, explicó.
De esta manera, las ventanas arqueológicas representan una alternativa que permite resguardar el patrimonio sin frenar por completo el crecimiento de las ciudades.
Retos para conservar las ventanas arqueológicas
La preservación de estos sitios implica diversos desafíos, especialmente en ambientes urbanos. Uno de los principales consiste en lograr un equilibrio entre las necesidades actuales de la ciudad y la protección del patrimonio histórico.
En muchas ocasiones, los propietarios particulares o las empresas que desean intervenir un terreno deben permitir la realización de estudios arqueológicos antes de continuar sus proyectos. Aunque existen casos en los que hay colaboración e interés por conservar los hallazgos, también pueden presentarse dificultades debido a los costos, los tiempos de investigación o la falta de conocimiento sobre la importancia del patrimonio.
Otro reto importante, destacó la investigadora del IIA, es el mantenimiento físico de las ventanas arqueológicas. En el caso de la Ciudad de México, la humedad representa un problema constante debido a las características del antiguo territorio lacustre sobre el que se construyó la ciudad. Los restos arqueológicos pueden deteriorarse por la presencia de agua, los cambios ambientales o la falta de mantenimiento.
“Además, algunas ventanas arqueológicas protegidas con cristales pueden presentar problemas de visibilidad, especialmente durante la temporada de lluvias, cuando los vidrios se empañan y dificultan la observación de los vestigios. Por ello, la conservación no solo implica proteger las estructuras, sino también garantizar que puedan ser apreciadas adecuadamente por el público”, apuntó.
Factores para decidir qué hallazgos pueden mostrarse al público
Precisamente por estos desafíos, no todos los hallazgos arqueológicos pueden convertirse en ventanas arqueológicas. Para determinar si un vestigio será mostrado al público, se consideran diversos factores.
Entre ellos se encuentran la importancia histórica del hallazgo, su estado de conservación, la posibilidad de mantenerlo en el lugar original sin dañarlo y las condiciones de acceso para los visitantes. También influyen aspectos relacionados con la seguridad, el mantenimiento y la colaboración entre autoridades, especialistas y propietarios de los inmuebles donde aparecen los restos.
La importancia de que sean espacios atractivos para el público
Sin embargo, conservar un vestigio no es el único objetivo. Una vez que se decide mantenerlo visible, también es necesario pensar en la experiencia del público.
Una ventana arqueológica no solo tiene la función de preservar un vestigio, sino también de comunicar una historia. Para que cumpla con su propósito, debe despertar la curiosidad de las personas que pasan frente a ella.
Por ello, la investigadora Reyna Beatriz Solís Ciriaco subrayó la importancia de que estos sitios sean visibles, accesibles y cuenten con información que permita comprender qué se está observando. Las cédulas explicativas, la señalización y los materiales educativos ayudan a que los visitantes interpreten los restos y los relacionen con la historia del lugar.
Cuando una persona observa una ventana arqueológica y comprende que debajo de la ciudad actual existieron templos, viviendas, caminos o espacios ceremoniales, desarrolla una mayor conciencia sobre la importancia de proteger el patrimonio.
Sin embargo, algunas ventanas arqueológicas todavía presentan aspectos por mejorar, especialmente aquellas que no cuentan con información suficiente para explicar su significado. Colocar señalización adecuada y desarrollar nuevas formas de comunicación permitiría aprovechar mejor estos espacios.
Las ventanas arqueológicas en la Ciudad de México
De acuerdo con el sitio oficial del INAH, la Ciudad de México cuenta con 38 ventanas arqueológicas. Son muy diversas: algunas muestran únicamente fragmentos de pisos, muros o estructuras; otras son espacios amplios donde pueden observarse construcciones completas. Entre los ejemplos más representativos se encuentran restos relacionados con la antigua ciudad mexica de Tenochtitlan, estructuras cercanas al Templo Mayor, vestigios ubicados en la zona de la Catedral Metropolitana y sitios donde se conservan elementos arquitectónicos coloniales.
No obstante, es importante distinguir las ventanas arqueológicas de otros espacios dedicados a la exhibición del patrimonio. Aunque pudiera parecer una de ellas, la exhibición de restos de Mammuthus archidiskodon imperator en la estación Talismán del Metro corresponde a una ventana paleontológica, ya que muestra evidencia fósil y no vestigios derivados de la actividad humana.
El papel de la tecnología en el futuro de las ventanas arqueológicas
Además de los retos relacionados con la conservación y la divulgación, las nuevas tecnologías ofrecen herramientas para enriquecer la experiencia del público.
Recursos como los códigos QR, las aplicaciones móviles, la realidad aumentada y los materiales audiovisuales pueden complementar la observación directa de los vestigios.
Algunas ventanas arqueológicas ya utilizan códigos QR que permiten acceder a fotografías, explicaciones y materiales adicionales desde teléfonos celulares. Estos recursos ayudan a comprender mejor el contexto histórico de los restos que se observan.
La realidad aumentada también podría reconstruir digitalmente cómo eran determinados espacios en el pasado y mostrar templos, edificios o actividades humanas que ya no existen. De esta forma, una persona podría observar un vestigio arqueológico y, al mismo tiempo, imaginar cómo lucía originalmente.
“La incorporación de tecnología puede convertir las ventanas arqueológicas en experiencias educativas más completas, especialmente para las nuevas generaciones, que mantienen una relación constante con los medios digitales”, señaló Solís Ciriaco.
Ventanas arqueológicas como espacios de turismo cultural y educación
Más allá de mejorar la experiencia de visita, las ventanas arqueológicas también representan una oportunidad para fortalecer el turismo cultural y la educación.
Generalmente, los visitantes de la Ciudad de México se concentran en museos y zonas arqueológicas ampliamente reconocidos; sin embargo, estos espacios permiten descubrir otros puntos donde la historia permanece integrada a la vida cotidiana.
Las visitas guiadas organizadas por instituciones culturales permiten que especialistas expliquen directamente el proceso de excavación, investigación y conservación detrás de cada sitio. Además, incluir estos recorridos en programas turísticos ampliaría las formas en que las personas conocen la historia de la ciudad.
La educación también cumple un papel fundamental. Llevar a estudiantes de primaria y secundaria a conocer ventanas arqueológicas puede despertar su interés por el patrimonio desde edades tempranas. No solo se trata de visitar museos tradicionales, sino de comprender que la historia también está presente en las calles, los edificios y los lugares que forman parte de la vida cotidiana.
Fomentar este conocimiento entre niñas, niños y jóvenes puede contribuir a formar futuras generaciones interesadas en preservar la historia y valorar los elementos culturales que existen a su alrededor.
Detenerse a observar el pasado
Las ventanas arqueológicas son una invitación a detenerse y mirar la ciudad de una manera diferente. Más que espacios donde se exhiben vestigios, son puntos de encuentro entre la historia y la vida cotidiana. Su conservación no solo protege el patrimonio arqueológico e histórico, sino que también permite comprender cómo la Ciudad de México se ha construido a lo largo de siglos de transformaciones.
Detenerse frente a una de ellas significa reconocer que, bajo nuestros pies, la historia permanece viva y continúa dialogando con el presente.
Sandra Vega Ruiz, investigadora del Instituto de Geociencias de la UNAM, analiza la porosidad y permeabilidad de materiales provenientes del Complejo Volcánico Los Humeros para conocer su potencial en la generación de energía renovable.
El interior de una roca puede revelar mucho más que su origen. Sus diminutos poros y la forma en que los fluidos circulan a través de ella ofrecen información esencial para localizar posibles yacimientos de energía geotérmica, una fuente renovable generada por el calor del interior de la Tierra.
Sandra Vega Ruiz, investigadora del Instituto de Geociencias de la UNAM, con sede en la Unidad Juriquilla, Querétaro, estudia muestras provenientes del Complejo Volcánico Los Humeros, ubicado entre Puebla y Veracruz. La conformación de estos materiales permite identificar la presencia de calor y el paso de fluidos en determinadas regiones del subsuelo.
La energía geotérmica aprovecha el calor terrestre, que se transmite mediante grandes bloques de rocas y fluidos calientes. En estos espacios ocurren procesos de interacción con el agua subterránea que dan origen a los sistemas geotérmicos.
Se trata de una energía limpia que no genera emisiones contaminantes como las producidas por los hidrocarburos, por lo que representa beneficios sociales y ambientales, explicó Vega Ruiz.
Rocas que funcionan como esponjas
Para caracterizar un posible yacimiento geotérmico es necesario conocer las propiedades de las formaciones rocosas. Una de ellas es la porosidad, es decir, la presencia de pequeños espacios en los que puede almacenarse agua a altas temperaturas.
“Similares a esponjas, tienen huequitos en los que se almacena agua muy caliente”, señaló la doctora en Geofísica, especialista en Física de Rocas.
Otra característica fundamental es la permeabilidad, que determina la capacidad de una roca para permitir que el agua caliente la atraviese. Su análisis ayuda a medir cuánto líquido puede fluir por el material y qué cantidad podría extraerse.
La investigación, de carácter básico, aporta información para evaluar la posible extracción de recursos en una zona específica del subsuelo.
Un yacimiento geotérmico es una formación rocosa de la que se obtiene calor. El objetivo de la geotermia es transformar esa energía calórica en electricidad.
“En México hay muchos puntos calientes cercanos a la superficie, someros, así que cuando se ubican hay que hacer estudios preliminares antes de identificar posibles yacimientos”, explicó la universitaria.
Antes de perforar, es necesario conocer el subsuelo
El establecimiento de un yacimiento requiere explorar el terreno para identificar el calor subterráneo, perforar pozos profundos y extraer agua o vapor calientes que posteriormente puedan transformarse en electricidad.
Sin embargo, antes de tomar decisiones relacionadas con la ingeniería y la producción, es indispensable conocer las características de la formación rocosa. Con esa información, los especialistas pueden planear la manera en que se explotaría un yacimiento potencial.
Vega Ruiz y su equipo colaboran actualmente con investigadores alemanes de la Universidad del Ruhr de Bochum para optimizar los procesos de exploración y explotación de estos lugares.
Una tomografía para las rocas
Para observar detalladamente las muestras, la investigadora y sus colaboradores trabajan en el Laboratorio Universitario de Microtomografía de Rayos X (LUMIR), adscrito al Instituto de Geociencias de la UNAM.
Este espacio se especializa en la investigación, visualización y caracterización cualitativa y cuantitativa de medios porosos.
La Microtomografía Computarizada de Rayos X permite examinar el interior de los materiales sin destruirlos. Mediante imágenes de alta resolución y alto contraste, genera una reconstrucción tridimensional de una porción de roca.
La técnica alcanza una resolución de hasta 0.7 micras. Una micra equivale a la milésima parte de un milímetro.
“Utiliza el mismo principio físico de las tomografías médicas que identifican fracturas o daños, por ejemplo en una rodilla, y hacen una serie de radiografías en secuencia que, cuando se reconstruye la imagen, se ve como en 3D. Nuestro paciente son las rocas, solo que se llama microtomografía porque la resolución es de micras y nos permite ver los pequeños poros de su estructura”, explicó Vega Ruiz.
Este proyecto de ciencia básica ha colocado a la UNAM a la vanguardia internacional y atrajo una colaboración apoyada por la Fundación Alemana de Investigación.
Además de utilizar la microtomografía para estudiar posibles yacimientos geotérmicos, la científica planea aplicar esta técnica, junto con inteligencia artificial, para conocer la historia geológica de las rocas.
Olas de calor: cómo afectan tu cuerpo, tu mente y hasta a tus animales de compañía
Redacción
agosto 4, 2026
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Las altas temperaturas y las olas de calor representan un riesgo creciente para la salud. En México, 13 personas murieron en una sola semana por causas asociadas al calor extremo, con lo que la cifra acumulada ascendió a 65 fallecimientos en 2026, informó la Secretaría de Salud.
Con corte al 29 de julio, 61 de las defunciones fueron provocadas por golpe de calor y cuatro por deshidratación severa. Aunque suele percibirse como una molestia temporal, el calor extremo también puede afectar la salud visual y mental, acelerar el envejecimiento, alterar la fertilidad y poner en riesgo a los animales de compañía.
Para entender mejor cómo el calor extremo afecta nuestra vida cotidiana, UNAM Global preparó una selección de notas con investigaciones, recomendaciones y explicaciones de especialistas universitarios.
¿Cómo protegerse ante las olas de calor?
Mareos, agotamiento, deshidratación y golpes de calor pueden convertirse en emergencias médicas durante las temporadas de altas temperaturas. Especialistas explican cuáles son las señales de alerta y qué medidas pueden ayudar a prevenir riesgos.
La exposición prolongada al sol y las altas temperaturas también pueden afectar la salud visual. Ojo seco, irritación, daños en la córnea y cataratas son algunos de los problemas asociados al calor y la radiación ultravioleta.
Nuevas investigaciones analizan si la exposición prolongada a temperaturas extremas puede acelerar el envejecimiento biológico, especialmente en adultos mayores.
El aumento de las temperaturas no sólo afecta al cuerpo. Especialistas de la UNAM explican cómo el cambio climático puede alterar el sueño, el estado de ánimo, el funcionamiento cerebral y la salud mental.
Investigadores advierten que las olas de calor podrían volverse más frecuentes, intensas y prolongadas en las próximas décadas debido al cambio climático y al aumento de gases de efecto invernadero.
Diversas investigaciones han comenzado a analizar la relación entre las olas de calor y la calidad del semen, así como los efectos de las altas temperaturas en la salud reproductiva masculina.
¿Cómo proteger a tus animales de compañía del calor?
Perros y gatos también pueden sufrir golpes de calor y otros problemas asociados a las altas temperaturas. Especialistas recomiendan medidas para mantenerlos hidratados y evitar riesgos durante los días más calurosos.
Peces lagarto: los cazadores marinos que dominaron los mares cretácicos
Pepe Herrera
agosto 4, 2026
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Hace más de 100 millones de años, cuando los mares del Cretácico cubrían amplias regiones del planeta, peces depredadores de hasta dos metros de longitud recorrían sus aguas con hileras de dientes afilados: los peces lagarto fósiles. Este grupo de cazadores marinos dominó diversos ecosistemas oceánicos y dejó un importante registro en México, donde investigadores han descubierto nuevas especies y géneros que contribuyen a reconstruir su evolución, diversidad y desaparición.
Durante la conferencia “Crónica de una extinción anunciada: el fin de los feroces peces lagarto”, organizada por Geoexplora 2.0, el doctor Jesús Alberto Díaz Cruz, investigador del Instituto de Geología (IGL) de la UNAM, explicó cómo estos antiguos cazadores dominaron los ecosistemas marinos del Cretácico, la relevancia de los hallazgos realizados en México para comprender su evolución y diversidad, así como los procesos ambientales que finalmente provocaron su desaparición.
Depredadores de dientes impresionantes
Es importante aclarar que estos peces no tienen relación con los peces lagarto actuales. Se trataba de depredadores con rasgos únicos que les permitieron ocupar un lugar destacado en los mares del Cretácico. Eran peces óseos con cuerpos relativamente lisos, ya que carecían de escamas en gran parte de su superficie corporal. Su apariencia pudo haber sido similar a la de algunos bagres actuales, aunque contaban con gruesos escudos dorsales ubicados entre la cabeza y el inicio de la aleta dorsal.
Uno de sus rasgos más llamativos eran sus dientes. Presentaban varias hileras de piezas dentales grandes y afiladas, adaptadas para capturar y retener presas. La evidencia fósil demuestra que se trataba de depredadores activos cuya alimentación se basaba principalmente en otros peces.
Gracias al hallazgo de fósiles excepcionalmente preservados, algunos de ellos con contenido estomacal aún visible, los investigadores han podido confirmar aspectos importantes de su comportamiento alimenticio. Estos descubrimientos muestran que los peces lagarto ocuparon posiciones intermedias dentro de las cadenas alimenticias marinas del Cretácico. Aunque no eran los depredadores tope de los ecosistemas, sí desempeñaban un papel fundamental como cazadores.
Una enorme diversidad de formas
Además de sus adaptaciones como depredadores, los peces lagarto exhibieron una notable diversidad anatómica.
Algunas especies tenían cuerpos pequeños y compactos, mientras que otras desarrollaron formas alargadas que recuerdan a las anguilas o incluso a ciertas serpientes. La variedad también se reflejaba en sus cráneos y hocicos: algunos poseían rostros cortos y comprimidos, mientras que otros desarrollaron hocicos más largos, comentó el investigador del IGL.
Por otra parte, ciertas especies alcanzaron tamaños considerables. Dependiendo del taxón, algunos ejemplares podían medir entre metro y medio y dos metros de longitud, dimensiones que los convertían en importantes depredadores de los mares cretácicos.
Habitantes de un mundo muy diferente
Los peces lagarto tuvieron una distribución prácticamente mundial. Sus fósiles han sido encontrados en numerosos continentes, una situación que puede parecer extraña si se considera que actualmente muchos de esos lugares se encuentran lejos del mar. La explicación radica en que la configuración geográfica del planeta durante el Cretácico era muy distinta de la actual.
El doctor Jesús Alberto Díaz Cruz señaló que, hace más de 100 millones de años, extensas áreas continentales estaban cubiertas por mares poco profundos, conocidos como mares epicontinentales. Estos ambientes proporcionaban abundante alimento y condiciones favorables para una gran diversidad de organismos marinos.
Por ello, regiones que hoy forman parte del interior de África, Norteamérica o la India permanecían cubiertas por aguas donde prosperaron los peces lagarto y numerosas especies de vertebrados e invertebrados marinos.
Los fósiles mexicanos
Dentro de esa amplia distribución mundial, México ocupa un lugar especialmente relevante por la abundancia y diversidad de los fósiles encontrados en su territorio.
Durante el Cretácico inferior, hace aproximadamente 130 millones de años, amplias zonas del actual territorio nacional permanecían sumergidas bajo mares someros. Con el paso del tiempo, estos ambientes evolucionaron hasta formar uno de los cuerpos de agua más importantes de la época: el Mar Interior de Norteamérica.
Este enorme corredor marino conectaba las faunas de lo que hoy son Canadá, Estados Unidos y México, lo que permitía la dispersión de numerosas especies marinas. Entre ellas se encontraban los peces lagarto, cuyos fósiles han sido hallados en diversos estados del país.
Entre las regiones más importantes destacan Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Puebla, Hidalgo y Chiapas, donde abundan depósitos de roca caliza originados en antiguos ambientes marinos.
Los primeros registros formales de peces lagarto en México datan de 1950, cuando investigadores reportaron fósiles procedentes de localidades ubicadas en Tamaulipas y San Luis Potosí.
Desde entonces, los trabajos paleontológicos han permitido identificar nuevos yacimientos y ampliar considerablemente la comprensión de este grupo.
Entre quienes han contribuido de manera destacada a estas investigaciones se encuentra el doctor Jesús Alberto Díaz Cruz. En una investigación reciente describió tres nuevos géneros de peces lagarto fósiles: Unicachichthys, Veridagon y Vergrandichthys.
Asimismo, se han identificado cinco especies nuevas, lo que ha enriquecido significativamente el conocimiento sobre la diversidad de estos depredadores marinos que habitaron los antiguos mares del país.
Estos descubrimientos no solo fortalecen el registro fósil mexicano, sino que también ayudan a comprender mejor la evolución, distribución y ecología de uno de los grupos de peces depredadores más exitosos del Cretácico.
Importancia biológica y extinción
La historia de los peces lagarto no solo permite conocer la evolución de uno de los grupos de depredadores marinos más exitosos del Cretácico, sino también comprender cómo los grandes cambios ambientales han moldeado la vida en la Tierra. De acuerdo con el doctor Díaz Cruz, los encodontoideos constituyen un modelo ideal para la investigación paleobiológica, ya que su abundante registro fósil permite reconstruir su origen, diversificación, evolución y eventual extinción, así como analizar la influencia que tuvieron los cambios climáticos y ambientales sobre su historia evolutiva.
Uno de los momentos clave de esa historia ocurrió durante la transición entre el Albiano y el Cenomaniano, hace alrededor de 100 millones de años. Este intervalo es reconocido por los paleontólogos como un importante bioevento caracterizado por un marcado recambio de las faunas marinas, asociado con eventos anóxicos oceánicos, es decir, periodos en los que disminuyeron drásticamente los niveles de oxígeno en el mar. Estas condiciones provocaron la desaparición de numerosas especies, mientras que otras lograron diversificarse y ocupar nuevos nichos ecológicos.
El investigador explicó que esta crisis biológica afectó a numerosos organismos marinos, entre ellos amonites, bivalvos, gasterópodos, equinodermos y diversos peces óseos. Aunque este episodio transformó profundamente los ecosistemas oceánicos, los encodontoideos sobrevivieron durante varios millones de años más y solo se extinguieron definitivamente al final del Cretácico.
Precisamente, el estudio de sus parientes evolutivos más cercanos ha permitido plantear nuevas hipótesis sobre las razones de esa supervivencia temporal. El investigador señaló que existen peces actuales que representan a sus parientes más próximos, aunque no son sus descendientes directos. Estos peces habitan principalmente en aguas del continente asiático, y algunos géneros, como Alepisaurus, también se distribuyen en otras regiones oceánicas, incluido el Atlántico occidental.
Las hipótesis filogenéticas indican que la permanencia de estos linajes pudo estar relacionada con cambios en su modo de vida. Mientras algunos de sus ancestros ocupaban el fondo marino, los grupos que dieron origen a los linajes actuales pasaron a vivir en aguas abiertas y a mayores profundidades del océano. Esta transición habría reducido su exposición a los efectos de los eventos anóxicos que afectaron principalmente a los fondos marinos, lo que favoreció su permanencia a lo largo del tiempo.
Un legado fósil para entender los procesos actuales
El estudio de los peces lagarto permite reconstruir una etapa fundamental de la historia de los océanos y comprender cómo los organismos responden ante grandes transformaciones ambientales. Sus fósiles revelan no solo la diversidad y adaptación de estos depredadores durante el Cretácico, sino también la manera en que los cambios climáticos y ecológicos pueden modificar profundamente los ecosistemas marinos.
En este contexto, los hallazgos realizados en México tienen un valor especial, ya que aportan nuevas piezas para comprender la evolución, distribución y desaparición de estos peces. Cada nuevo registro fósil contribuye a reconstruir un pasado en el que los mares cubrían amplias regiones del planeta y en el que depredadores como los encodontoideos desempeñaron un papel importante dentro de las redes alimenticias marinas.
Más allá de dar a conocer a un grupo extinto, investigar a los peces lagarto permite entender los procesos que han moldeado la vida en la Tierra y ofrece una perspectiva sobre cómo los ecosistemas actuales podrían responder ante futuros cambios ambientales.
El auge del kéfir: qué beneficios respalda la ciencia y cuáles se han exagerado
Pepe Herrera
agosto 4, 2026
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En los últimos años, el kéfir se ha convertido en uno de los alimentos fermentados más populares, especialmente entre quienes buscan mejorar su alimentación y adoptar hábitos más saludables. Su presencia en redes sociales ha incrementado el interés por esta bebida, pero también ha propiciado la difusión de afirmaciones sobre sus efectos en la salud que no siempre están respaldadas por la evidencia científica.
Aunque el kéfir contiene microorganismos vivos que pueden favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal, no todas las propiedades que se le atribuyen han sido comprobadas. Algunas cuentan con respaldo científico, mientras que otras continúan en investigación.
En ese contexto, UNAM Global entrevistó a la maestra Mariana Valdés Moreno, jefa de la Carrera de Nutriología de la FES Zaragoza, para explicar qué es el kéfir, cuáles de los beneficios que se le atribuyen cuentan con evidencia científica, cuáles permanecen en estudio y por qué no debe considerarse un producto milagro.
¿Qué es el kéfir y cómo se obtiene?
Antes de hablar de sus posibles beneficios, conviene entender qué es el kéfir y por qué se diferencia de otros alimentos fermentados.
El kéfir se obtiene mediante la fermentación de la leche con gránulos de kéfir, una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras. Estos gránulos están formados por una matriz de polisacáridos y proteínas que alberga diversos microorganismos, principalmente bacterias y levaduras de géneros como Lactococcus y Saccharomyces, entre otros. Esta combinación le confiere una composición microbiana distinta de la de otros productos lácteos fermentados.
Además de su composición, el kéfir presenta características sensoriales particulares. Tiene un sabor más ácido que el yogur, suele ser menos espeso y, en ocasiones, presenta una ligera efervescencia como resultado de la actividad de los microorganismos durante la fermentación.
La diversidad microbiana, su principal fortaleza
Más que un microorganismo específico, el principal valor del kéfir radica en la diversidad de bacterias y levaduras que aporta al intestino.
De acuerdo con la maestra Valdés Moreno, la evidencia científica disponible indica que esta diversidad puede favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal, la comunidad de microorganismos que habita principalmente en el tracto gastrointestinal y desempeña funciones esenciales para la salud.
Cuando la microbiota mantiene un equilibrio funcional se habla de eubiosis, un estado en el que los microorganismos conviven de manera estable y contribuyen al adecuado funcionamiento del organismo. En cambio, cuando ese equilibrio se altera ocurre la disbiosis, condición asociada con procesos inflamatorios, trastornos digestivos y algunas infecciones.
Por ello, conservar una microbiota diversa y equilibrada se considera un elemento importante para mantener una buena salud intestinal.
¿Qué beneficios respalda la investigación?
Precisamente por esa diversidad de microorganismos, distintos estudios han analizado los posibles efectos del kéfir sobre la salud, especialmente en el sistema digestivo.
De acuerdo con la literatura científica, el consumo de esta bebida se ha asociado con los siguientes efectos:
● Favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal. ● Mejorar la salud gastrointestinal. ● Contribuir a regular el tránsito intestinal. ● Promover una mayor integridad de la barrera intestinal. ● Favorecer la producción de ácidos grasos de cadena corta, compuestos que sirven como fuente de energía para las células del colon y contribuyen al equilibrio intestinal. ● Participar en la modulación de procesos inflamatorios relacionados con el sistema inmunitario.
Además de estos posibles efectos sobre la microbiota, al kéfir también se le atribuyen otros beneficios. Sin embargo, la evidencia científica no tiene el mismo nivel de solidez para todos ellos.
¿Contribuye a fortalecer los huesos?
Al ser un producto derivado de la leche, el kéfir aporta calcio, un mineral indispensable para mantener la salud ósea. En ese sentido, puede considerarse una fuente de este nutriente, al igual que otros productos lácteos.
Hasta ahora, no existe evidencia que indique que el kéfir fortalezca los huesos mediante un mecanismo distinto del de otros alimentos ricos en calcio. Su contribución proviene, principalmente, de su valor nutricional.
Una alternativa para algunas personas con intolerancia a la lactosa
Durante la fermentación, los microorganismos utilizan parte de la lactosa presente en la leche, por lo que el producto final contiene una menor cantidad de este azúcar.
Gracias a ello, algunas personas con intolerancia a la lactosa pueden tolerar mejor el kéfir que la leche convencional. Sin embargo, la respuesta varía entre individuos, por lo que no todas las personas presentan el mismo grado de tolerancia.
¿Favorece el sistema inmunitario?
Diversos estudios sugieren que el kéfir puede beneficiar indirectamente el funcionamiento del sistema inmunitario al modificar la composición de la microbiota intestinal.
No obstante, la maestra Valdés Moreno aclaró que este efecto no se debe únicamente al kéfir, sino a los cambios que puede producir en la microbiota. Estas modificaciones se han asociado con una mejor regulación de los procesos inflamatorios y con una mayor integridad de la mucosa intestinal.
Aun así, gran parte de la evidencia procede de estudios experimentales y preclínicos, mientras que las investigaciones en seres humanos todavía son limitadas. Por ello, no es posible establecer una relación de causa y efecto de manera concluyente.
¿Protege la salud cardiovascular?
En internet es frecuente encontrar afirmaciones sobre posibles beneficios cardiovasculares del kéfir. Sin embargo, hasta ahora la investigación no permite establecer un efecto específico y concluyente.
La especialista señaló que la literatura científica disponible no demuestra con suficiente solidez que su consumo prevenga o trate las enfermedades cardiovasculares.
Aunque algunos investigadores plantean que podría existir una relación indirecta debido a la disminución de ciertos procesos inflamatorios, que participan en enfermedades como la aterosclerosis, esta hipótesis requiere mayor evidencia antes de poder confirmarse.
¿Cuánto kéfir se recomienda consumir?
No existe una cantidad universal de kéfir recomendada para todas las personas. Los ensayos clínicos disponibles suelen utilizar entre 180 y 250 mililitros al día, aproximadamente el equivalente a un vaso pequeño.
Hasta el momento, no existe evidencia de que consumir cantidades mayores proporcione beneficios adicionales. Por el contrario, la especialista recomendó introducirlo de forma gradual, ya que algunas personas pueden presentar gases, distensión abdominal o molestias digestivas durante los primeros días de consumo.
El kéfir puede ser un aliado, pero no hace milagros
Más allá de la popularidad que ha ganado en los últimos años, el kéfir no debe considerarse un producto milagro.
La maestra Mariana Valdés Moreno subrayó que, si bien puede formar parte de una alimentación saludable y contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal, por sí solo no cura enfermedades ni sustituye otros hábitos fundamentales para conservar la salud.
Además, el kéfir no es el único alimento fermentado con potencial para favorecer la diversidad de la microbiota. El yogur y otros productos fermentados también contienen microorganismos que pueden aportar beneficios similares.
De igual manera, destacó que incorporar kéfir a la dieta no basta por sí solo. Una alimentación rica en fibra, presente principalmente en frutas, verduras, leguminosas y cereales integrales, favorece el entorno en el que la microbiota intestinal puede mantenerse diversa y funcional.
El equilibrio de la microbiota también puede verse afectado por factores como el estrés, la falta de sueño, el consumo excesivo de alcohol, una dieta rica en alimentos ultraprocesados y el sedentarismo. Por ello, los posibles beneficios del kéfir solo pueden entenderse como parte de un conjunto de hábitos saludables.
En ese contexto, esta bebida fermentada puede ser una aliada de la salud intestinal y el bienestar general, pero sus efectos dependen también de una alimentación equilibrada, un consumo suficiente de fibra, actividad física regular y un descanso adecuado. Aunque puede contribuir al equilibrio de la microbiota y ofrecer algunos beneficios para la salud digestiva, muchos de los efectos que se le atribuyen en redes sociales aún requieren mayor investigación. Ningún alimento, por sí solo, puede prevenir o tratar enfermedades.