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UNAM San Antonio celebra el Día de Muertos con altar monumental, música, arte y una librería

Con una exposición colectiva, un altar dedicado a Lydia Mendoza y una librería universitaria, la UNAM San Antonio comparte el talento artístico y la producción editorial de nuestra Universidad con la comunidad de Texas.

La Universidad Nacional Autónoma de México, a través de su sede en San Antonio, se suma a las celebraciones del Día de Muertos con un programa de actividades artísticas y culturales que incluye una exposición colectiva, un altar dedicado a la cantante Lydia Mendoza y una librería universitaria en Muertos Fest, uno de los festivales dedicados a esta tradición mexicana más importantes de Estados Unidos, que se celebrará del 23 al 25 de octubre en Hemisfair Park, en el corazón de la ciudad.

El arte y la memoria: una exposición colectiva

Las celebraciones comenzarán el miércoles 21 de octubre, a las 7:00 de la tarde, con la inauguración de la exposición colectiva «El color de la memoria», organizada en colaboración con la Asociación Plástica de Monterrey, A. C. En esta muestra, artistas de la asociación interpretan la tradición del Día de Muertos a través de sus obras, explorando la memoria, la identidad y los vínculos que permanecen más allá de la muerte.

El corte de listón contará con la presencia de varios de los artistas participantes y la intervención musical del guitarrista Fernando Vilchis García, egresado de la Facultad de Música de la UNAM, quien acompañará la celebración con su talento.

Un altar universitario dedicado a Lydia Mendoza

En esta edición, la UNAM San Antonio rendirá homenaje a Lydia Mendoza (1916-2007), figura emblemática de la música mexicoestadounidense. Conocida como La Alondra de la Frontera, Mendoza fue pionera de la música grabada en español en Texas y contribuyó a preservar el patrimonio musical mexicano entre generaciones de comunidades hispanohablantes.

El altar forma parte del proyecto «La música mexicana y su legado fuera de México», que reconoce a los artistas cuya trayectoria ha fortalecido la identidad cultural mexicana más allá de sus fronteras.

La obra ha sido concebida y diseñada por estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, quienes viajarán desde la Ciudad de México para participar directamente en su construcción y montaje. La ceremonia de presentación y encendido del altar tendrá lugar el jueves 22 de octubre, a las 6:30 de la tarde, en la sede de la UNAM San Antonio, con invitados especiales, representantes de la comunidad y familiares de la homenajeada.

«Participar en Muertos Fest nos permite compartir nuestras tradiciones y mostrar el talento de nuestros estudiantes. Estas colaboraciones demuestran cómo nuestra Universidad trasciende fronteras y genera experiencias culturales que fortalecen los vínculos entre México y las comunidades mexicanas en Estados Unidos», expresó la Ing. Paula de Gortari, directora de la UNAM San Antonio.

Una librería universitaria en el corazón del festival

Durante Muertos Fest, la UNAM San Antonio también estará presente con su tradicional Librería de Día de Muertos, que ofrecerá publicaciones en español e inglés sobre literatura, historia, arte, ciencias sociales, humanidades y tradiciones mexicanas.

Esta iniciativa cuenta con el respaldo de Libros UNAM, Literatura UNAM y la Coordinación de Humanidades de la UNAM, dependencias que han compartido parte de su producción editorial para acercar al público de Texas el conocimiento, las investigaciones y las expresiones artísticas generadas en nuestra Universidad.

La librería amplía el acceso a publicaciones académicas y literarias, especialmente entre las comunidades hispanohablantes, para quienes la lectura en español constituye también una forma de preservar su lengua e identidad cultural.

«Nuestra participación va más allá de celebrar una tradición. Buscamos conectar el trabajo académico y artístico de la UNAM con las comunidades que viven fuera de México. La exposición, el altar y la librería son ejemplos de cómo podemos llevar el conocimiento y la creatividad universitaria a espacios públicos de gran alcance», señaló el Mtro. Alfredo Ávalos, coordinador de Comunidad y Cultura de la UNAM San Antonio.

Una tradición que une comunidades

Muertos Fest se ha consolidado como uno de los encuentros culturales más representativos de San Antonio, ciudad profundamente vinculada con México. A través de altares, música y expresiones artísticas, el festival reúne a distintas generaciones alrededor de una tradición que celebra la memoria y la continuidad de la vida.

Con estas iniciativas, la UNAM San Antonio reafirma su compromiso con la difusión del patrimonio cultural mexicano y la proyección internacional del trabajo de sus estudiantes, académicos y creadores, fortaleciendo los vínculos entre la Universidad y las comunidades de Estados Unidos.

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PSEUDOMONAS PUTIDA: LA BACTERIA QUE DESAYUNA, COME Y CENA CONTAMINANTES

Pseudomonas putida es una bacteria que vive en la tierra que pisas, especialmente alrededor de las raíces de las plantas, donde actúa como una especie de guardaespaldas microbiano. Repele hongos patógenos, ayuda a la planta a absorber nutrientes y, de paso, descompone compuestos orgánicos que serían tóxicos para casi cualquier otro organismo. Todo en un día de trabajo.

Su nombre ya es una advertencia: putida viene del latín putidus, que significa «maloliente» o «podrido». Y sí, cuando se cultiva en el laboratorio, el olor que desprende no es precisamente agradable. Fue el bacteriólogo italiano Vittore Trevisan quien la describió por primera vez en 1889. Años después, en 1895, Walter Migula la reclasificó dentro del género Pseudomonas, y así quedó bautizada para siempre con ese nombre tan poco halagador. Pero quien se quede solo con eso se pierde lo mejor de la historia.

Este discreto, pero genial microorganismo, lleva millones de años perfeccionando el arte de comer contaminantes. Puede comer combustibles como gasolina, solventes químicos como el tolueno, y otros hidrocarburos tóxicos como el naftaleno o el ácido metilbenzoico… sin inmutarse. La cepa más estudiada hoy, KT2440, fue aislada en 1960 de un suelo japonés porque tenía un talento particular: degradar el ácido metilbenzoico, un compuesto que para la mayoría de los organismos es veneno puro.

Lo que hace verdaderamente peculiar a P. putida es su tolerancia a los solventes. Mientras que otros microorganismos usados en el laboratorio y en la industria mueren en cuanto detectan concentraciones pequeñas de compuestos orgánicos disueltos, P. putida los bombea activamente hacia afuera de su membrana —como si estuviera vaciando agua de un barco que se inunda—. Este truco la convierte en candidata ideal para limpiar áreas contaminadas por derrames industriales, y su potencial fue reconocido tan pronto que, en 1981, las cepas diseñadas para devorar petróleo se convirtieron en el primer organismo modificado genéticamente en recibir una patente en Estados Unidos. La biología ya había entrado en los tribunales.

Pero ahí no acaba la historia. Los biotecnólogos han descubierto que esta misma extraordinaria robustez ante los solventes, hace de P. putida una plataforma excelente para fabricar cosas útiles como bioplásticos y compuestos farmacéuticos. Algunas cepas digieren estireno (el componente del unicel) y con lo que extraen producen, ¡nada menos que un bioplástico biodegradable! Otras convierten los residuos leñosos de las plantas en Nylon, mediante una cadena de reacciones que habría parecido ciencia ficción hace veinte años. En lugar de reactores llenos de químicos agresivos y derivados del petróleo, imagina tanques con bacterias incansables, trabajando en turnos de 24 horas, convirtiendo desechos en productos formidables.

Pseudomonas putida no es glamorosa ni sale en los titulares de los periódicos, pero en un mundo que necesita urgentemente soluciones para la contaminación y la producción sostenible, esta humilde (por así decirlo) bacteria del suelo —maloliente, discreta, incansable— puede ser una de las mejores aliadas que tenemos. Y todo sin pedir nada a cambio, excepto un poco de tolueno para desayunar.

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Economía plateada: el reto de convertir el envejecimiento en oportunidades para México

De acuerdo con datos de la Encuesta Intercensal 2025, México cuenta con 34.2 millones de personas de 50 años y más, equivalentes a 26.3 por ciento de la población. Las proyecciones de población del Consejo Nacional de Población apuntan a que este segmento representará 37.5 por ciento de los habitantes en 2050.

Con este escenario, la demanda de servicios de salud especializados, cuidados de largo plazo, viviendas adaptadas y tecnologías de asistencia cobrará mayor relevancia en las próximas décadas.

Este conjunto de actividades económicas se conoce como economía plateada y comprende la producción, comercialización y consumo de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades de este grupo poblacional, explicó en entrevista Isalia Nava Bolaños, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

Este cambio responde, entre otros factores, a la disminución de la mortalidad y la fecundidad, que han modificado la estructura por edades del país. Sin embargo, el envejecimiento no ocurre de la misma manera en todas las entidades: mientras la Ciudad de México presenta una población más envejecida, estados como Chiapas mantienen una estructura demográfica más joven.

Salud, cuidados y tecnología

Entre los sectores con mayor potencial de crecimiento destaca la salud. Conforme aumenta la edad, también crece la necesidad de atender enfermedades crónico-degenerativas y discapacidades, lo que incrementa la demanda de servicios especializados, medicamentos y tecnologías médicas.

También será necesario fortalecer la medicina preventiva, la alimentación saludable y el ejercicio físico para favorecer un envejecimiento saludable.

Otro ámbito fundamental es la economía del cuidado, que comprende servicios como la atención domiciliaria, las residencias geriátricas, los centros de día y los cuidadores profesionales. A ello se suman los cuidados de largo plazo para personas que requieren asistencia permanente, particularmente en edades avanzadas.

La tecnología ofrece otras posibilidades: aplicaciones digitales accesibles, plataformas para realizar operaciones bancarias, dispositivos médicos y robots que apoyen a quienes tienen dificultades para desplazarse o realizar actividades cotidianas. Asimismo, el turismo, las actividades culturales y educativas, y las viviendas adaptadas a las necesidades de las personas mayores podrían experimentar un crecimiento.

El sector financiero también puede desarrollar seguros de salud, productos de inversión y servicios adecuados a las necesidades de quienes transitan hacia el retiro.

La economía plateada también puede abrir oportunidades de empleo y emprendimiento para las propias personas mayores, quienes continúan aportando experiencia, conocimientos y capacidades productivas. Su participación, sin embargo, depende de que existan condiciones laborales inclusivas y opciones de capacitación.

No obstante, las empresas necesitan conocer mejor a esta población para evitar estereotipos. Las personas mayores no constituyen un grupo homogéneo: sus necesidades y hábitos de consumo varían según la edad, el estado de salud, la escolaridad, el lugar de residencia y los ingresos disponibles.

Por ello, recomendó diseñar productos accesibles y fáciles de utilizar, que permitan a las personas tomar decisiones de manera autónoma.

Un mercado condicionado por la desigualdad

Aunque la economía plateada ofrece oportunidades de negocio, no todas las personas mayores cuentan con recursos suficientes para aprovecharlas. La informalidad laboral, las pensiones insuficientes y las diferencias en el acceso a la seguridad social limitan su capacidad de consumo.

De acuerdo con los datos citados por Nava Bolaños, 74.4 por ciento de las personas de 65 años y más que participan en la actividad económica trabaja en la informalidad. Además, señaló que 44.4 por ciento de los hombres cuenta con una pensión contributiva, frente a 27.6 por ciento de las mujeres.

Estas condiciones dificultan que una parte de la población destine recursos a actividades recreativas, viajes, tecnología o servicios especializados, pues debe priorizar gastos básicos como la alimentación, la salud y los cuidados.

Ante este panorama, la atención de las necesidades de las personas mayores no puede recaer exclusivamente en el mercado. Es necesario articular la participación de las familias, las empresas y el Estado mediante servicios públicos de salud y cuidados, mecanismos de financiamiento compartido y una protección social más sólida.

La investigadora también destacó la importancia de combatir la discriminación por edad en el empleo, impulsar la capacitación y adaptar los entornos urbanos y las viviendas para facilitar la movilidad y la autonomía.

Aprovechar la economía plateada requiere prepararse desde antes de llegar a la vejez, mediante mejores condiciones laborales, acceso a la salud, educación y seguridad económica.

Más que identificar a las personas mayores como nuevos consumidores, México necesita reconocer el envejecimiento demográfico como una transformación estructural que exige adaptar la economía y las instituciones para responder a sus necesidades sin profundizar las desigualdades.

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¿Dónde aparecerá el próximo virus? Detectar hoy las epidemias del mañana

  • Cada año recibimos noticias sobre nuevos brotes de enfermedades causadas por virus en alguna población del planeta. Pero, ¿han ido las enfermedades víricas en aumento o son acaso tan comunes? Y más importante, ¿estamos haciendo algo para prevenir el surgimiento de nuevas enfermedades?

Está claro que no todos estos patógenos llegan a nuestro país, aunque sí a los titulares de noticias y redes de comunicación. Notas recientes sobre enfermedades emergentes están construidas para remitirnos a tiempos de la pandemia de COVID-19 (2020-2023), una enfermedad que marcó un antes y después en cómo hacemos frente a enfermedades infecciosas emergentes. Sin embargo, más allá del entretenimiento ocioso que enajena la imaginación colectiva, hay valiosas lecciones que podemos aprender sobre los virus y cómo es que está cambiando su vigilancia.

Tan sólo en la primera mitad del año 2026 nos llegaron cuatro historias globales sobre virus (Figura 1). En enero tuvimos la de aquella supuesta “supergripe”, una variante particularmente escurridiza, aunque no más grave, de un virus de influenza (gripe) estacional (especie Alphainfluenzavirus influenzae subtipo H3N2), que podía escapar un poco mejor a la respuesta inmune humana comparada con aquellas variedades contempladas en la vacuna anual. Más tarde, supimos de la muy real amenaza de dejar de ser país libre de sarampión endémico. El brote, ahora en remisión, representa la primera vez desde los 90s que veíamos un brote sostenido de este virus (especie Morbillivirus hominis o virus del sarampión). La causa aparente: el virus encontró en el continente americano y parte de Europa el caldo de cultivo perfecto en una población que ha olvidado la importancia de vacunarse.

Para abril seguimos de cerca el viaje en un crucero transatlántico, de Argentina a las islas Canarias, de un hantavirus (especie Orthohantavirus andesense, un virus de roedores relativamente poco estudiado, pero de alta letalidad). Siendo un virus de difícil transmisión entre humanos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) llamó a la calma, al tiempo que se debatía sobre cómo rastrear a los pasajeros del crucero tras la cuarentena.

Y aún más recientemente, nos cuestionamos el impacto del mundial del fútbol debido a un importante brote centroafricano del Ébola, una de las enfermedades más agresivas conocidas en humanos. El problema es que este brote congoleño pasó sin detección durante más de un mes debido a que en realidad el virus es de la especie Orthoebolavirus bundibugyoense (causante de la enfermedad por virus de Bundibugyo o EVB, una variante menos común de la enfermedad del Ébola) y está genéticamente distante de la especie más usual: Orthoebolavirus zairense, que es para la que están diseñadas las vacunas actuales, una situación por demás complicada, pero empeorada por la migración forzada causada por la guerra local al este de la República Democrática del Congo, dónde se ha dado el brote.

Lo que hay que saber de cada caso es que la influenza tuvo un periodo estacional invernal fuerte, pero al igual que cada año, acabó al llegar la primavera. El brote de hantavirus fue de una especie que se transmite entre humanos, pero de manera muy poco efectiva, por lo que, aunque mediático, no se dispersó mucho más allá del grupo original de pasajeros del barco y los casos fueron vigilados por la OMS. El sarampión es un virus muy infeccioso pero erradicado en México en 1995, eso es, que no hay casos surgidos localmente. Aunque la mayor parte de las personas de 40 años o más tiene inmunidad por vacuna o natural frente al sarampión, el brote actual, importado de Estados Unidos, avanzó rápidamente en las poblaciones más jóvenes, donde la tasa de vacunación ha bajado.

En el caso del brote de Ébola, o más bien EVB (pues se trata de un virus diferente) es un poco más complicado por la situación de Ituri, el área de la República Democrática del Congo donde se confirman más casos. Se trata de una zona remota, lejos de Kinshasa, la capital, y es una zona poco conectada, lo que complica que se disperse tan fácilmente (aunque está más cerca la capital ugandesa, Kampala). Si bien el problema local es grave, con más de 3000 casos confirmados por la OMS, el riesgo de contagio por el mundial de fútbol se mantuvo bajo. Primero, porque el equipo congoleño completo juega en Europa, desde donde partió a EUA. Por otra parte, se dio un aislamiento de la zona de Ituri, zona de pobreza extrema aislada por selva que además atraviesa actualmente una guerra civil local. La transmisión de la EVB suele darse de personas infectadas a aquellas que las cuidan o quienes manipulan físicamente los cuerpos (los ritos funerarios son por tanto un foco importante). La OMS sigue coordinando la respuesta para controlar los brotes.

No todos los virus son de temer

Aunque espaciados por apenas unos pocos meses, los brotes antes mencionados han sido eventos completamente independientes. Pese a ello, tienen en común el haber sido causados por diferentes virus de origen zoonótico. Esto es, virus que proceden de un animal no-humano, frecuentemente de mamíferos pequeños como murciélagos (ébola, coronavirus) o ratones (hantavirus), que son reservorios naturales y con los que convivimos. Otras veces proceden de animales de granja como vacas (el virus del sarampión actual es un virus de humano, pero hace mucho tuvo origen bovino) o los pollos (origen de influenzas aviares que ocasionalmente llegan a infectar a humanos). Pese a ello, gran parte de los esfuerzos epidemiológicos se destinan a estudiar y tratar de contener enfermedades humanas con impacto directo en lo social o económico, mientras que los brotes zoonóticos menos comunes son menos estudiados.

La lección de esto es que los virus son parte natural de todos los ecosistemas y la mayoría no son nocivos para los humanos, pero aumentamos el riesgo por la exposición a animales. Virus hay en todos los rincones del planeta, aún en los ambientes más extremos, en cualquier lugar en donde se encuentren organismos vivos, ya que los hay especializados en hongos, plantas, animales, y por supuesto, en microorganismos. En una lección de humildad, podemos reconocer que, de hecho, la gran mayoría de los virus que existen en la naturaleza pueden ser clasificados como bacteriófagos, depredadores naturales de bacterias, que mantienen las poblaciones bacterianas a raya, pero no pueden infectar a humanos. La existencia de algunos es incluso esencial, pues su proliferación supone la liberación de nutrientes y compuestos (del interior de las células bacterianas), que regresan a estar biodisponibles. Pese a ello, algunos bacteriófagos son un riesgo muy real para procesos biotecnológicos que dependen de bacterias, como la producción de quesos y vinos, biocombustibles o biopolímeros.

El efecto mariposa

Por su parte, varios de los ancestros de los virus zoonóticos humanos tienen miles o incluso millones de años circulando silenciosamente en animales silvestres, muchos de ellos tan bien adaptados a su hospedero, que coexisten sin causar apenas afectaciones. De forma natural, los virus contribuyen a equilibrios tan importantes como es la selección y mantenimiento del tamaño en las poblaciones bacterianas, de parásitos celulares microscópicos, así como de hongos, plantas y animales (donde nos incluimos los humanos). Así, cuando aumenta una población de hospedadores, también lo hace su población de virus asociados. Como resultado, los virus participan en lo que podría considerarse una carrera armamentística donde la evolución de los virus genera que éstos eviten su detección y los sistemas de defensa de su hospedador, al tiempo que el sistema inmune o mecanismos de defensa del hospedador se adaptan a “cazar” mejor los virus (el propio sistema inmune humano es tan sólo un ejemplo de ello).

Figura 2. El efecto mariposa se refiere en este caso a perturbaciones aparentemente menores en ecosistemas de una parte del mundo, pueden amplificarse hasta terminar afectando la salud humana global (imagen generada por el autor con Chat GPT).

Como producto de la acción humana, la alteración de hábitats (deforestación, expansión agrícola o urbanización) reconfigura los equilibrios ecológicos, lo cual se traduce en el desplazamiento de la fauna silvestre. Humanos y animales silvestres comienzan a compartir espacios antes separados, lo cual favorece la coexistencia con animales que son reservorios de virus, incrementando así la probabilidad de un salto zoonótico que puede derivar en la aparición de nuevas enfermedades en las poblaciones humanas y en algunos casos a la adaptación del virus a transmitirse entre individuos de una nueva especie animal (como el humano). Así, recordando el efecto mariposa, donde cambios aparentemente menores, como la construcción de nuevos asentamientos en zonas forestales al otro lado del mundo, pueden hacer olas que se amplifican hasta desencadenar consecuencias inesperadas, como el surgimiento de una nueva pandemia. El clima también contribuye, ya que el incremento global de la temperatura y los cambios en patrones de lluvias, favorecen la proliferación de insectos vectores como mosquitos (que pueden llevar al virus del dengue, de Chikungunya, o del Zika) y garrapatas (virus de fiebre por garrapatas de Colorado, por ejemplo). A esto hay que sumar los cambios en las temporadas y patrones de migración y reproducción de otros animales que pasan a ser vectores potenciales, donde antes no existían. Cuando estos equilibrios ecológicos se alteran, los efectos no se quedan confinados a una sola especie o ecosistema.

Afortunadamente para la humanidad, la mayor parte de los virus que se conocen son parásitos altamente especializados en infectar un tipo específico de célula y hospedero. Así, la mayoría de las veces que entramos en contacto con virus de otros organismos, éstos no consiguen acceder al interior de nuestras células. Incluso en el evento raro en que se dé un salto zoonótico efectivo, la mayoría de las veces no termina llevando a un brote epidémico. Para que esto suceda, se necesita una segunda adaptación del virus: la posibilidad de transmitirse de humano a humano, al grado de poder sostener una transmisión comunitaria.

Así que, resumiendo, sí hay un aumento neto en las enfermedades emergentes por factores ecológicos, meteorológicos y sociales, no todas en nuestro control. Sin embargo, entender estas conexiones es importante porque el problema ya no consiste en seguir la pista de un único patógeno. En un mundo cada vez más interconectado, cientos de virus circulan simultáneamente entre personas, animales y ecosistemas. La pregunta es ¿cómo encontrarlos a tiempo?

De buscar uno a vigilar cientos

La epidemiología es una rama fundamental de la salud pública que continúa evolucionando (Figura 3). Estudia cómo se distribuyen y propagan las enfermedades en una población en un momento dado. Durante la mayor parte del siglo XX se centró en rastrear las transmisiones paciente a paciente, a partir de pruebas de diagnóstico clínico, para la identificación de manera individual de patógenos conocidos (virus, bacterias, hongos o parásitos unicelulares).

Figura 3. Cambio de paradigma en la epidemiología. Apoyada de tecnologías emergentes, la vigilancia actual tiene un enfoque más global y con mayor alcance (imagen generada por el autor con Chat GPT).

Sin embargo, con la adopción de pruebas basadas en secuencias genéticas se ha conseguido obtener información adicional y precisa sobre los patógenos, en muchos casos obviando la necesidad de cultivarlos previamente. La pandemia de COVID-19 fue un parteaguas en el monitoreo de enfermedades, pues empujó a países en todo el mundo a incorporar lo que se llama “vigilancia genómica”. Esta no sólo estudia fragmentos pequeños de genes (como es habitual para la influenza estacional, por ejemplo) sino que estudia genomas enteros (todo el material genético del virus) y que incluso logra distinguir cuando variantes del virus tienen sólo unas pocas mutaciones de diferencia. Este esfuerzo dio lugar a un sistema de vigilancia global que logró compartir, durante más de tres años, datos en tiempo real, transformando profundamente la forma en la que entendemos la transmisión de las enfermedades infecciosas. Por primera vez a nivel global, el enfoque de la vigilancia epidemiológica ya no sólo era decir si estaba presente o no el virus, sino estudiar su material genético finamente, para decir cuáles mutaciones podrían darle una ventaja evolutiva.

Así se trabajó en el Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM como parte del Consorcio mexicano de Vigilancia Genómica (CoViGen-Mex) durante la pandemia (ver https://www.facebook.com/CoViGenMex). Pasamos a estudiar al SARS-CoV-2, no como un virus único y estático, sino como un agente altamente adaptable que fue ganando, a través de mutaciones, funciones de evasión inmune y adaptando su capacidad de infección a una población cada vez más protegida (vacunas y tratamientos hicieron una gran diferencia). Sin embargo, lo que comenzó como una respuesta a una emergencia a la COVID-19, terminó transformando la capacidad global para monitorear los patógenos [2]. De acuerdo con la OMS, 60 países desarrollaron capacidad para secuenciar el SARS-CoV-2 durante la pandemia, pasando de 103 países en febrero de 2021, a 163 de los 194 países miembros de la OMS en diciembre de 2022.

Otro gran cambio que se consolidó como consecuencia de la pandemia de COVID-19, vino de una idea aparentemente sencilla: si los virus salen del cuerpo humano a través de fluidos y heces, también terminan en nuestros sistemas de drenaje y es posible estudiarlos a través de su material genético. Este tipo de vigilancia es el resultado de más de 100 años de avances científicos sobre la transmisión de enfermedades a través de aguas residuales y fue una herramienta clave para supervisar el avance de la erradicación de la poliomielitis a nivel mundial. La pandemia de COVID-19 supuso el primer esfuerzo generalizado para incorporar estos sistemas de forma rutinaria y generalizada, y es el enfoque de la vigilancia epidemiológica a partir de aguas residuales (VEAR) que trabajamos en el IBt desde 2024.

La VEAR es una herramienta con mucho potencial para complementar la vigilancia clínica tradicional. En lugar de analizar a cada persona de forma individual, es posible realizar la detección directamente de una muestra de agua, que integra los desechos de miles o incluso millones de habitantes. De esta forma, la escala se vuelve poblacional y ya no depende únicamente de la capacidad de los sistemas de salud o de que la gente que se sabe enferma acuda a la clínica. Se vuelve una herramienta diagnóstica de poblaciones enteras, capaz de detectar cambios de tendencia globales y, en ocasiones, anticiparse a su detección clínica.

Quizás la lección más importante de los recientes brotes a los que nos estamos enfrentando como humanidad en la actualidad (2026), es que no podemos saber cuál enfermedad será la siguiente en emerger o regresar. Por ello, nuestro enfoque en el IBt propone una nueva forma de vigilancia que mira un paso más allá, hacia la metagenómica. Esto se refiere a estudiar simultáneamente el material genético de todos los microorganismos presentes en una muestra, tal como una fotografía completa de una comunidad microscópica. El microcosmos del agua residual es de hecho un nicho megadiverso donde confluyen todo tipo de microorganismos, incluidos, pero no exclusivamente, los patógenos humanos.

Estamos comenzando a dejar atrás la idea de buscar un único patógeno específico, en favor de adoptar búsquedas simultáneas de los cientos o miles de microorganismos que circulan en las poblaciones humanas. Este es otro aspecto en el que la VEAR puede unirse con nuevos desarrollos científicos y tecnológicos. Hoy, las mismas tecnologías desarrolladas y perfeccionadas durante la pandemia permiten buscar virus respiratorios, gastrointestinales, bacterias resistentes a antibióticos y otros agentes infecciosos a partir de una misma muestra. En lugar de buscar un virus patógeno específico, comenzamos a preguntarnos qué está ocurriendo en toda una comunidad biológica. Y esa perspectiva nos acerca cada vez más a una visión integral de la salud que incluye no sólo a las personas, sino también a los animales y al ambiente que compartimos.

Hacia un enfoque de “Una Salud”

Más allá de lo mediático, los recientes brotes de virus en el mundo nos recuerdan que vivimos en un mundo interconectado, donde un virus en la Patagonia puede alcanzar Canadá y Sudáfrica en cuestión de semanas (hantavirus), o donde los conflictos sociales son el principal motor de la dispersión de una enfermedad, aún sin vacuna (ébola de Bundibugyo). Incluso virus típicamente de humanos, como la influenza estacional y el sarampión, logran causar nuevos brotes importantes cuando relajamos la vacunación y los cuidados como el aislamiento de casos o la protección a personas más susceptibles (el efecto se ha visto en todo el mundo en 2026).

Recomendaciones tan sencillas como tomarnos unos días fuera de circulación para descansar y reposar, pueden reducir enormemente los contagios, sobre todo es una forma de cuidado a personas susceptibles, que también son nuestra responsabilidad. Y aún más allá, el contacto con especies silvestres de animales y sus virus aumenta el riesgo zoonótico por la invasión a sus hábitats.

Con el acelerado tránsito humano en el mundo, ya no es posible seguir estudiando las enfermedades sólo como problemas antropocéntricos aislados, donde el estudio de un brote se centre en los pacientes, hospitales y microorganismos específicos. Cada vez resulta más necesario abordarlo como un problema de “Una Salud”, un enfoque que estudia la salud humana, animal y ambiental como tres ejes profundamente interconectados. Mientras no atendamos la situación de animales silvestres o domésticos y ambientales, seguimos en riesgo de repetir los mismos errores que llevaron -en primer lugar- al surgimiento de enfermedades zoonóticas. Necesitamos dejar de apostar por modelos reactivos de acción, hacia enfoques predictivos de los patógenos emergentes, para entender las comunidades microbianas de las que forman parte los virus y los ecosistemas que propician estos saltos zoonóticos.

Figura 4. El enfoque de Una Salud es promovido por la OMS para abordar el problema de las enfermedades infecciosas con un enfoque multidisciplinario (imagen generada por el autor con Chat GPT).

Las aguas residuales y la VEAR representan uno de los mejores ejemplos de esta nueva perspectiva, que consiste en analizar la huella ecológica comunitaria de una población a través, en este caso, de los microorganismos y sus virus, como manifestaciones de procesos más amplios y con impacto no sólo local. Comprender el complicado entramado de esta red de interacciones tal vez no elimine el riesgo de nuevas epidemias, pero nos ayudará a detectarlas antes y responder de manera inteligente a futuros retos sanitarios en un mundo hiperconectado.

Los virus sin duda seguirán apareciendo en los titulares, ya que su mundo sigue siendo bastante incomprendido. Sin embargo, es también una oportunidad para cambiar el enfoque con el que abordamos los retos de salud pública. Desde la vigilancia genómica hasta la vigilancia epidemiológica de aguas residuales, continuaremos desarrollando nuevas y mejores formas de detectar brotes víricos de forma oportuna y adelantarnos a posibles crisis. Aprender a buscarlos, entender por qué aparecen y vigilar las conexiones entre personas, animales y ambiente, será una de las tareas más importantes de la salud pública en el futuro próximo.

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¿La IA nos facilita la vida o nos vuelve dependientes?

Aunque la fantasía de crear seres artificiales capaces de actuar como humanos se remonta a la antigüedad (con figuras mitológicas como Talos, Pandora o el Golem), fue hasta el siglo XX cuando esta idea se convirtió en una posibilidad científica.

En 1950, el matemático británico Alan Turing publicó el “juego de imitación”, conocido como la prueba de Turing. Planteó una pregunta que marcaría la historia de la computación: ¿pueden pensar las máquinas?

Aquella posibilidad dejó de pertenecer únicamente a la mitología, la ciencia ficción o los laboratorios: hoy el futuro que muchos soñaron en la antigüedad llegó y la inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.

Se trata de una revolución que ha transformado la relación entre los humanos y la tecnología. Su popularización marcó un momento clave, pues llegó a millones de personas a través de los grandes monopolios de la comunicación y se volvió muy popular a partir de 2022, explicó Luis Josué Lugo Sánchez, del programa Macrodatos, Inteligencia Artificial e Internet del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH).

No es la primera vez que hay un ensamblaje sociotécnico incorporado en la vida cotidiana, pero hay particularidades que convierten a esta época en un momento histórico único.

Una tecnología que llegó a una sociedad acelerada 

La IA se popularizó en un contexto marcado por la aceleración de la vida cotidiana y una creciente obsesión por obtener resultados de manera inmediata.

El propio nombre de “inteligencia artificial” forma parte de ese proceso. Algunos autores han cuestionado el término y proponen hablar de “ensamblajes sociotécnicos” o incluso de “agentes no humanos”. Sin embargo, el concepto resulta mucho más atractivo para el mercado. “Compra una inteligencia artificial que va a razonar por ti en tres minutos”.

En este escenario, la IA funciona como una especie de espejo que permite observar necesidades humanas que se creían cubiertas, pero que quizá no lo están completamente, entre ellas la salud emocional y la educación.

La pandemia de COVID-19 aceleró todavía más esta incorporación tecnológica. Las videollamadas, videoconferencias, compras y pagos digitales, trabajo remoto, educación en línea, servicios de streaming y redes sociales utilizadas para trabajar, estudiar y comercializar productos pasaron a formar parte de la vida cotidiana.

Incluso fenómenos aparentemente triviales, como las expresiones que surgen en redes sociales, por ejemplo, “farmear aura”, forman parte de las nuevas narrativas digitales. “Son particulares de nuestro tiempo”.

La IA como psicóloga, profesora o evaluadora

La facilidad con la que las personas pueden interactuar con estas herramientas también ha abierto escenarios inéditos. Con una instrucción o prompt, los usuarios pueden obtener respuestas sobre emociones, identificar posibles red flags en relaciones personales e incluso recurrir a una IA como una forma de contención emocional.

Lo mismo ocurre en ámbitos como la educación. Existen estudiantes que utilizan herramientas de IA para realizar trabajos en pocos minutos y sistemas antiplagio que resultan insuficientes para detectarlos. 

Pero el fenómeno no se limita a las aulas. Empresas han comenzado a utilizar sistemas automatizados para procesos de contratación y selección de personal, mientras que otras herramientas pueden determinar quién continúa o no dentro de una organización.

Esto obliga a preguntarse qué ocurrirá con las profesiones, los oficios y los conocimientos humanos en un periodo de transición tecnológica.

¿Más productividad o más precariedad?

Uno de los grandes discursos alrededor de la IA y la robótica es que permitirán aumentar la productividad. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿quién se beneficia de ese aumento de productividad?

La incorporación de estas tecnologías puede generar ganancias para determinadas empresas, pero también desplazar actividades laborales y profundizar la precarización. “Si tú dejas sin trabajo a la mayoría de los usuarios, ¿quién va a comprar?”, cuestionó.

Desde esta perspectiva, el problema no necesariamente será un desplazamiento absoluto de los trabajadores, sino una transformación de las condiciones laborales: más horas de trabajo por el mismo ingreso, menor estabilidad y desplazamiento de algunas actividades creativas.

Esta aceleración también puede tener consecuencias sobre la salud y el bienestar. Ansiedad, depresión y distintos síntomas asociados al estrés forman parte de las experiencias cotidianas de muchas personas, mientras que el tiempo de ocio también está cada vez más mediado por tecnologías.

El sociólogo Hartmut Rosa ha planteado precisamente que las sociedades aceleradas se caracterizan, entre otras cosas, por disponer de cada vez menos tiempo para el ocio y la vida no productiva.

El poder detrás de las herramientas

Otro aspecto que debe discutirse es quién controla estas tecnologías. Los grandes desarrolladores de IA y las empresas tecnológicas concentran enormes cantidades de datos y obtienen ganancias a partir de su utilización, mientras los usuarios disfrutan de herramientas que les facilitan distintas actividades.

Pero detrás de esa discusión existe una estructura económica mucho mayor. “Los que realmente ganan en todo este ciclo perverso de la tecnología son los grandes magnates, los tecnofeudalistas”.

Por ello, consideró necesario dejar de pensar únicamente en cómo utilizar más herramientas y comenzar a preguntarse qué hay detrás de cada una, quién gana cuando las utilizamos, qué datos cedemos y si realmente necesitamos utilizarlas.

Esto requiere una alfabetización tecnológica crítica que no se limite a enseñar a utilizar herramientas, sino que permita comprender sus implicaciones sociales, económicas y políticas.

Un futuro que todavía podemos decidir

El futuro de la relación entre humanos, IA y robótica no está escrito. Si no existen mecanismos de regulación y gobernanza, la aceleración tecnológica podría profundizar las brechas sociales y económicas.

La robótica aplicada a la medicina, por ejemplo, puede representar grandes avances, pero sus beneficios no necesariamente estarán disponibles para todas las personas. En México, donde persisten importantes desigualdades en el acceso a los servicios de salud, estas tecnologías podrían incluso ampliar las diferencias.

También habrá usos inesperados y apropiaciones sociales que no necesariamente coincidirán con los planes de las grandes empresas tecnológicas. Estas pueden denominarse apropiaciones disruptivas, como las del colectivo de madres buscadoras “Luz de Esperanza”, con sus fichas vivas de búsqueda.

Frente a ello, será necesario transformar los sistemas educativos para incorporar estas herramientas, pero también discutir colectivamente qué lugar ocuparán en la sociedad. “El futuro está en disputa”, resumió.

Esta discusión debe involucrar a la academia, los gobiernos, las empresas y a la sociedad en su conjunto. Retomó una idea del filósofo Yuk Hui: “toda técnica es política”.

La IA no solamente constituye un desarrollo tecnológico. Incide en el sistema social y político y, por ello, debe ser discutida como un asunto común.

El futuro de la IA, concluyó, no está definido. Corresponde a la sociedad y a la academia participar en la discusión sobre qué hacer con estas herramientas y qué tipo de sociedad queremos construir con ellas.

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Estudiantes de la Facultad de Química ganan plata y bronce en Olimpiada Iberoamericana

Dos estudiantes de primer semestre de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM obtuvieron medallas de plata y bronce en la XXX Olimpiada Iberoamericana de Química, celebrada del 13 al 19 de octubre de 2026 en Fortaleza, Brasil, con la participación de jóvenes de distintos países de América Latina y la península ibérica.

Integrantes de la delegación mexicana que obtuvo una medalla de plata y tres de bronce en la XXX Olimpiada Iberoamericana de Química, celebrada en Fortaleza, Brasil. Foto: sitio oficial de la Olimpiada Iberoamericana de Química 2026.

Luis Veudi Vivas Pérez consiguió la medalla de plata, mientras que Jaime Mendoza Ramírez obtuvo la de bronce. Ambos cursan la licenciatura en Química y formaron parte de la delegación mexicana, que consiguió un total de cuatro preseas en esta competencia internacional.

Los otros dos integrantes del representativo nacional, Máximo Alexander Castillo Guzmán, estudiante de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, y Carlos Raúl Pineda Martínez, del Cecyte 05 de Michoacán, también obtuvieron medallas de bronce.

¿En qué consiste la Olimpiada Iberoamericana de Química?

La Olimpiada Iberoamericana de Química es una competencia académica anual que busca promover el estudio de esta disciplina, estimular el desarrollo de jóvenes talentos y fortalecer el intercambio de conocimientos y experiencias entre los países participantes.

De acuerdo con el sitio oficial del certamen, la edición número 30 reunió a representantes de 19 países. Las actividades se desarrollaron en instalaciones de la Universidad Federal de Ceará, donde los estudiantes participaron en evaluaciones teóricas y experimentales.

El certamen contempla dos exámenes, uno teórico y otro experimental, que se realizan en días distintos. Cada participante resuelve las pruebas de manera individual para demostrar sus conocimientos y habilidades en química.

La competencia se realiza desde 1995, cuando tuvo lugar su primera edición en Mendoza, Argentina. Cada país puede participar con una delegación de hasta cuatro estudiantes, seleccionados mediante competencias nacionales de química.

Preparación académica y respaldo universitario

Para participar en esta edición, los estudiantes mexicanos recibieron entrenamiento de los académicos de la Facultad de Química Juan Carlos Hernández Chacón, quien también acompañó a la delegación; Carlos Mauricio Castro Acuña, Fernando León Cedeño, José Manuel Méndez Stivalet, Tomás Rocha Rinza y Octavio Eugenio Reyes Salas, así como de docentes de otras instituciones educativas.

El equipo contó además con el apoyo de la Dirección y del Patronato de la Facultad de Química, así como de las familias de los participantes, para realizar el viaje a Brasil.

Con las medallas obtenidas por Luis Veudi Vivas Pérez y Jaime Mendoza Ramírez, dos alumnos de reciente ingreso a la Facultad de Química contribuyeron a los cuatro reconocimientos conseguidos por la delegación mexicana en la XXX Olimpiada Iberoamericana de Química.

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Ernesto Villanueva, investigador de la UNAM, recibe doctorado honoris causa

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) otorgó el 21 de octubre el doctorado honoris causa a Ernesto Villanueva Villanueva, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en reconocimiento a su trayectoria académica y sus aportaciones al derecho de la información.

La ceremonia se realizó en Morelia, Michoacán, donde la rectora de la institución, Yarabí Ávila González, destacó la contribución del jurista al desarrollo de esta disciplina y su vinculación con la protección de los derechos fundamentales.

Durante su intervención, Ávila González señaló que Villanueva representa un ejemplo de cómo la educación, la investigación y el talento pueden contribuir a transformar las instituciones y beneficiar a la sociedad.

También reconoció su participación en el ámbito legislativo y su capacidad para vincular el conocimiento universitario con el fortalecimiento de los marcos jurídicos.

Una trayectoria dedicada al derecho de la información

Ernesto Villanueva es investigador titular C de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y pertenece al nivel III del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores.

Es doctor en Derecho y en Comunicación Pública, y sus principales líneas de investigación comprenden el derecho de la información, la transparencia, la rendición de cuentas, la protección de datos personales y las nuevas tecnologías.

Ceremonia de Investidura del Grado Doctora y Doctor Honoris Causa 2026. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una amplia producción académica sobre estos temas. Entre sus publicaciones destacan Régimen jurídico de las libertades de expresión e información en México y Derecho de acceso a la información pública en Latinoamérica, obras relacionadas con el estudio de las garantías informativas y su regulación jurídica.

Su trabajo también aborda los desafíos contemporáneos que enfrenta la protección de estos derechos. En un estudio publicado en la revista Cuestiones Constitucionales, del Instituto de Investigaciones Jurídicas, analizó la evolución de las libertades de expresión e información desde una perspectiva constitucional comparada y sus implicaciones en la era digital.

La universidad, espacio para el pensamiento crítico y la libertad de ideas

Al recibir el reconocimiento, Villanueva agradeció a la rectora Yarabí Ávila González y al Consejo Universitario. Recordó que estudió en la Universidad Michoacana hasta la preparatoria y expresó su orgullo por pertenecer a la comunidad nicolaita.

Durante su intervención, destacó la importancia de que el conocimiento generado en las universidades contribuya al bienestar colectivo. En ese sentido, señaló que su trayectoria académica ha estado vinculada al derecho de la información y a la búsqueda de mecanismos jurídicos que permitan servir al interés público.

El investigador también evocó la historia de la Universidad Michoacana y su tradición de pensamiento, asociada con figuras como Miguel Hidalgo y José María Morelos.

A partir de esa herencia histórica, reflexionó sobre la importancia de preservar la libertad de pensamiento y la capacidad de cuestionar las ideas establecidas como parte esencial de la vida universitaria.

Villanueva sostuvo que la duda debe ser una fortaleza de las instituciones de educación superior y no un motivo de sanción o señalamiento. Desde su perspectiva, cuestionar, reflexionar y examinar críticamente el conocimiento son prácticas fundamentales para el desarrollo académico.

Su mensaje destacó así la responsabilidad de las universidades de preservar espacios para el pensamiento libre y la reflexión crítica, en correspondencia con su vocación educativa y su compromiso con la sociedad.

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Astrónomos mexicanos redefinen las “reglas” para medir la composición química del Universo

  • El equipo utilizó la base de observaciones DEep Spectra of Ionized REgions Database (DESIRED), una colección de observaciones espectroscópicas ópticas de la más alta calidad en nuestra Galaxia y en otras galaxias del Universo.
  • El estudio analizó simultáneamente 2392 observaciones con una cantidad de información física sin precedentes.
  • Las nuevas escalas permiten estudiar tanto la composición química de galaxias cercanas como de las primeras galaxias del Universo observadas por el telescopio espacial James Webb.
De la luz a la composición química del Universo. El gas de las regiones de formación estelar emite líneas características cuya intensidad depende de sus condiciones físicas y de su composición química. Estas líneas permiten construir relaciones de calibración que transforman la luz observada de las galaxias en estimaciones de sus abundancias químicas. Las nuevas calibraciones DESIRED combinan líneas de emisión de oxígeno, nitrógeno, azufre, argón y neón para determinar empíricamente la composición química de galaxias cercanas y de galaxias del Universo temprano observadas con el telescopio espacial James Webb, considerando además dos escenarios de la estructura térmica del gas.
Créditos: Ilustración: Fernando Fabián Rosales-Ortega / colaboración DESIRED, con asistencia de inteligencia artificial generativa.

Un equipo internacional de científicos de México, España, Reino Unido, Alemania y Ucrania, dirigido por los científicos mexicanos Fernando Fabián Rosales Ortega, del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), y José Eduardo Méndez Delgado, del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (IA-UNAM), ha revisado las “reglas” que utilizan los astrónomos para estimar la abundancia de elementos pesados en diferentes galaxias del Universo, redefiniéndolas con base en la mayor colección de observaciones profundas reunida hasta la fecha, resultado de más de una década de trabajo de recopilación y análisis.

Para entender el origen y la evolución de las galaxias en el Universo, los astrónomos miden la composición química de las nubes gaseosas presentes en ellas, llamadas nebulosas. Estas contienen una gran cantidad de estrellas recién formadas que llenan el gas de una intensa radiación ultravioleta, capaz de hacerlo brillar y emitir grandes cantidades de luz. El material que compone estas nebulosas contiene una gran diversidad de elementos químicos. Muchos de ellos, como el carbono, el oxígeno, el nitrógeno o el hierro, han sido formados y dispersados tras la vida y muerte de múltiples generaciones de estrellas que existieron previamente en esa región del Universo.

La química de estas nebulosas se convierte entonces en una huella fósil de la historia de las galaxias. Cuanto mayor es la cantidad de elementos acumulados en estas nebulosas, mayor ha sido el reprocesamiento químico que las estrellas han producido. Entonces se usa una regla inversa: a partir de la huella química se reconstruye la biografía de una galaxia, pero para interpretarla correctamente es necesario conocer también las condiciones físicas del gas.

Transformar la luz observada en abundancias químicas es una tarea compleja y requiere un entendimiento profundo de la física atómica y los procesos internos de las nebulosas.  Esto incluye saber con precisión la densidad de la nube, la temperatura de ésta y la dureza de la radiación que llega de las estrellas. Para entender esto se requieren observaciones de extraordinaria calidad, tomadas con tiempos de exposición largos usando los telescopios más grandes del mundo, para ser capaces de detectar algunas de las emisiones más débiles de estas galaxias, las cuales revelan las condiciones físicas del gas.

Validación de las “reglas” para las estimaciones químicas

El equipo dirigido por los astrónomos mexicanos utilizó la base de observaciones DEep Spectra of Ionized REgions Database (DESIRED), una colección construida precisamente para reunir las observaciones espectroscópicas ópticas de más alta calidad en nuestra galaxia y en otras galaxias del Universo. En total, el estudio analizó simultáneamente 2392 observaciones con una cantidad de información física sin precedentes.

Con esta enorme colección, los investigadores analizaron la validez de 27 “reglas” distintas que son cotidianamente empleadas por la comunidad astronómica para transformar las emisiones más brillantes de las nebulosas en estimaciones de su composición química. Estas “reglas” son conocidas como “métodos de líneas fuertes” que permiten inferir estadísticamente las propiedades químicas de las galaxias usando la luz más brillante de éstas, disponible incluso en las observaciones más someras.

El equipo científico identificó sesgos y limitaciones importantes en algunas de estas calibraciones que pueden introducir errores sistemáticos en la estimación de la composición química de las galaxias, afectando la interpretación de su historia y evolución. Estas 27 reglas fueron recalibradas con respaldos observacionales sólidos, siendo cuatro de ellas totalmente novedosas e introducidas por el equipo, para tener una visión correcta de la evolución química del Universo.

Adicionalmente, uno de los problemas más grandes en la determinación química del Universo radica en nuestro desconocimiento de la estructura térmica del gas. Desde 1967, el astrónomo mexicano Manuel Peimbert, también investigador del IA-UNAM, mostró que, si las nebulosas no mantienen una temperatura homogénea, nuestras mediciones químicas estarán sesgadas. En este trabajo, se establecieron por primera vez reglas para medir la composición química que incluyen la presencia de inhomogeneidades de temperatura, lo que permite tener las determinaciones químicas más precisas hasta la fecha.

Nuevas “reglas” para medir la química de las galaxias. Las seis gráficas muestran diferentes relaciones entre líneas de emisión que permiten transformar la luz de las regiones de formación estelar en estimaciones de su abundancia de oxígeno. Las calibraciones DESIRED, construidas a partir de miles de observaciones de alta calidad, consideran además dos escenarios para la estructura térmica del gas: uno con temperatura homogénea (línea amarilla) y otro que incorpora variaciones de temperatura (línea amarilla-negra discontinua).
Créditos: Figura adaptada de Rosales-Ortega et al. (2026), MNRAS, colaboración DESIRED.

Una nueva propuesta

Con las “reglas reescritas, el equipo científico analizó la composición química de algunas de las galaxias más alejadas de nosotros, formadas tras algunos cientos de millones de años después del Big Bang y reveladas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST). El equipo demostró que estas “reglas” –descritas por el Universo cercano– pueden aplicarse también a galaxias mucho más distantes, una vez que se considera adecuadamente que, en estas galaxias, la radiación tiene diferentes características. Este avance permite utilizar una misma base observacional para estudiar la evolución química de las galaxias a lo largo de gran parte de la historia del Universo, desde nuestro entorno cósmico hasta algunas de las primeras generaciones de galaxias.

El resultado proporciona una escala común para leer la historia química de las galaxias y abre la posibilidad de comparar de forma más consistente cómo evolucionaron desde el Universo cercano hasta sus primeras épocas. Para la comunidad astronómica, esto significa disponer de un conjunto homogéneo de calibraciones con el que analizar observaciones obtenidas por diferentes telescopios y estudiar la evolución química de las galaxias sin depender de escalas construidas bajo supuestos físicos distintos. Las nuevas calibraciones, además, incorporan explícitamente las variaciones de temperatura del gas, proporcionando un nuevo estándar de referencia para la determinación de abundancias químicas y para los futuros estudios de la evolución química del Universo.

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Premio a la Mejor Tesis Doctoral en el Área de Termodinámica

Por la investigación Tensión superficial instantánea, el académico del Departamento de Fisicoquímica de la Facultad de Química, Andrés Adolfo Velasco Medina, obtuvo el premio a la Mejor Tesis Doctoral en el Área de Termodinámica presentada en el 2025, otorgado por la Sociedad Mexicana de Termodinámica.

Este reconocimiento se entregó el 2 de octubre en el Auditorio de la Sede Atlixco del Complejo Regional Mixteca de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en el marco del XXXVII Congreso Nacional de Termodinámica.

Crédito de imagen: Facultad de Químcia

La tesis de Andrés Adolfo Velasco Medina, dirigida por el académico de la FQ, Jesús Gracia Fadrique, se realizó para obtener el grado de Doctor en Ingeniería Química por el Programa de Maestría y Doctorado en Ingeniería de la UNAM.

En este proyecto, el universitario trabajó en el área de los tensoactivos, moléculas que actúan como puente entre sustancias que normalmente no se mezclan, para mejorar los procesos con los que éstos actúan: Se generó a partir de un proyecto con una empresa interesada en la creación de una nueva linea de tensoactivos en búsqueda de sustituir a los nonil fenol etoxilados, una de sus lineas de tensoactivos más importantes empleadas en diversos campos, entre ellos como adyuvantes de agroquímicos, en procesos de detergencia y aplicación de recubrimientos.

La empresa buscaba una alternativa a sus productos (los nonil fenol etoxilados), ya que en Europa y estados unidos ya están prohibidos porque ahora son clasificados como endocrino disruptores. La nueva linea de tensoactivos deberia ser una alternativa para cuando la prohibición se hiciera en el el mercado mexicano, lo que todavía no ha sucedido, señaló Velasco Medina en entrevista.

A partir de ello, el universitario intervino en la caracterización del comportamiento de los tensoactivos con la idea de tener las herramientas suficientes para hacer una correcta selección del candidato más adecuado para cada proceso en especifico y se lleve a cabo de una manera más eficiente, para lo cual se seleccionó una familia de tensoactivos y se midió su comportamiento a tiempos cortos; se logró identificar cuál es el mecanismo que controla la adsorción en la superficie, esto es un punto importante, pues todos los procesos, tanto físicos como químicos, tienen un paso que es el que controlo el proceso de forma global, explicó.

De esta manera, añadió Velasco Medina, al identificarse este paso nos permitió identificar las características que debe tener el tensoactivo para hacer una correcta selección del mejor candidato para ese proceso en especifico. Con estos estudios, apuntó también el académico, es posible tener una mejor selección de materiales y condiciones para desarrollar tensoactivos más eficientes y que actúen de manera más rápida, lo cual puede tener aplicaciones en diversas áreas.

Andrés Adolfo Velasco Medina, quien cursó la licenciatura en Ingeniería Química en la FQ y, posteriormente, el programa de Maestría y Doctorado en esta área en la Universidad Nacional, ha impartido en la Facultad las materias de Laboratorio de Termodinámica y Laboratorio Unificado de Fisicoquímica.

En opinión del universitario, es importante que un docente también haga investigación, porque “de esta manera te enteras de lo nuevo que hay en el área que trabajas y si la idea es que los alumnos estén actualizados, el primero que debe estar actualizado es el profesor”.

Finalmente, Velasco Medina expresó que este reconocimiento representa “un incentivo a seguirte actualizando, trabajar, investigar, incluso hacer un mayor esfuerzo”.

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El cerebro comienza a formar distintas regiones antes de presentar su forma final

El cerebro empieza a tomar forma mucho antes de que tenga su aspecto característico: algunas células ya parecen estar “decididas”, desde etapasmuy tempranas, a construir unas regiones y no otras, y esa identidad puede mantenerse incluso cuando cambia el ambiente que las rodea.

La investigación Two parallel neural ectoderm progenitors contribute to the developing brain, publicada en la revista Nature Neuroscience, aporta evidencia de que las células que darán origen a distintas regiones del cerebro comienzan a diferenciarse desde etapas muy tempranas del desarrollo.

Durante el desarrollo embrionario el cerebro se organiza en tres grandes regiones: cerebro anterior, cerebro medio y cerebro posterior.

Ilustración conceptual del desarrollo cerebral temprano. Dos poblaciones de células progenitoras contribuyen a la formación de distintas regiones del cerebro. Imagen generada con inteligencia artificial.

Estas estructuras tendrán funciones diferentes en el organismo adulto. Sin embargo, durante años se pensó que las tres regiones cerebrales podían surgir a partir de una población inicial homogénea de células neurales con características similares, que posteriormente recibirían señales para adquirir una identidad determinada.

El nuevo trabajo sugiere que la separación comienza antes.

“Pensábamos que las células troncales neurales eran uniformes, que eran equivalentes a lo largo de las tres secciones, pero se encontró que no”, explicó Iván Velasco Velázquez, jefe del Departamento de Neurodesarrollo del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM y responsable del Laboratorio de Reprogramación Celular del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.

Dos caminos

Los investigadores estudiaron embriones de ratón en una etapa muy temprana, cuando el cerebro todavía no tiene la forma que reconocemos.

Encontraron dos poblaciones de células neurales con características moleculares diferentes: una encaminada hacia la formación del cerebro anterior y medio, y otra destinada al cerebro posterior.

Para distinguirlas utilizaron, entre otros elementos, dos marcadores moleculares: OTX2, asociado con el cerebro anterior y medio, y GBX2, relacionado con el cerebro posterior.

Pero los investigadores querían saber algo más: ¿esa primera identidad podía cambiar si las células recibían posteriormente otras señales?

Para comprobarlo, primero indujeron a las células a adquirir una determinada identidad y después modificaron las condiciones en las que crecían, proporcionándoles señales que normalmente favorecerían la formación de una región cerebral diferente.

Las células conservaron en gran medida su identidad inicial. “El nuevo medio no tiene la capacidad de cambiar la identidad de estas células. Las células permanecen con la identidad inicial”, explicó Velasco.

Esto indica que, una vez que las células reciben las primeras señales que las orientan hacia una región determinada, pueden conservar esa identidad incluso cuando posteriormente se encuentran en un ambiente que les indica seguir otro camino.

Mirar dentro de cada célula

Para saber qué ocurría, los investigadores utilizaron técnicas que permiten estudiar las células de manera individual. Una de ellas es la secuenciación de célula única, que permite conocer qué genes están activos en cada célula y distinguir poblaciones con características diferentes.

También utilizaron una técnica conocida como ATAC–seq, que permite identificar regiones de la cromatina que se encuentran abiertas y disponibles para la activación de los genes.

La cromatina es la forma en que el ADN se organiza dentro del núcleo. Para que un gen pueda activarse, las regiones correspondientes deben encontrarse accesibles para la maquinaria celular que participa en su expresión.

Al combinar ambas técnicas, los investigadores observaron que las células conservaban patrones de expresión genética y de accesibilidad de la cromatina relacionados con la identidad que habían adquirido inicialmente.

¿Y qué ocurre con las células humanas?

Los investigadores trabajaron con células troncales pluripotenciales humanas. Algunas provenían de líneas derivadas originalmente de embriones donados con consentimiento informado, mientras que otras se obtuvieron mediante la reprogramación de células somáticas adultas. Estas últimas se generaron mediante un método de reprogramación genética transitoria, en el que células de tejidos como la piel o la sangre son inducidas a regresar a un estado de pluripotencia similar al de las células embrionarias.

A partir de ellas, los científicos utilizaron diferentes señales para generar células con características del cerebro posterior o del cerebro anterior y medio.

El resultado fue consistente con lo observado en los ratones: las células podían adquirir una identidad regional y conservar sus características moleculares.

Neuronas relacionadas con funciones esenciales

La investigación también permitió generar un tipo particular de neuronas motoras asociadas con el cerebro posterior.

Esta región del sistema nervioso participa en funciones esenciales como la respiración, la alimentación y los ciclos de sueño y vigilia. También contiene neuronas motoras que participan en funciones de la cara y la boca, como masticar y deglutir.

Sin embargo, son diferentes de las neuronas motoras de la médula espinal, que participan en el movimiento voluntario de brazos y piernas.

La posibilidad de generar tipos específicos de neuronas a partir de células pluripotentes puede ser útil para estudiar enfermedades neurológicas, aunque estos resultados corresponden todavía a investigación básica y no representan un tratamiento.

Una pista sobre la evolución del cerebro

Los investigadores también revisaron información de estudios realizados en embriones de primates no humanos, pez cebra y pollo. En ellos encontraron poblaciones celulares con características correspondientes a las regiones anterior y media, y posterior del cerebro.

Aunque estos análisis fueron principalmente descriptivos, los resultados sugieren que esta separación temprana de poblaciones neurales podría ser un mecanismo compartido por diferentes vertebrados.

Para Velasco, una de las preguntas que quedan abiertas es qué ocurre cuando estas células dejan de crecer de manera aislada y comienzan a organizarse e interactuar con otras células.

Una posibilidad es utilizar organoides cerebrales, agrupaciones de células humanas cultivadas en laboratorio que pueden reproducir algunas características del desarrollo del tejido nervioso, aunque no tienen la complejidad de un cerebro humano.

“Sería interesante que estos investigadores u otro grupo de investigación realizara estos estudios con organoides cerebrales para poder establecer que estas células realmente pueden ensamblarse y generar regiones posteriores, medias o anteriores”, señaló.

El estudio aporta así una pieza más para comprender cómo se construye uno de los órganos más complejos del organismo. Mucho antes de que el cerebro tenga su forma definitiva, algunas de sus células ya parecen haber tomado caminos diferentes y pueden conservar las instrucciones que las llevarán hacia regiones específicas.

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¿Lavas el plato de tu perro o gato? Este es el riesgo de no hacerlo

Tener un animal de compañía es una de las mejores experiencias que cualquier ser humano puede tener. Sin embargo, también representa una gran responsabilidad porque, al igual que cualquier ser vivo, necesita atenciones y cuidados elementales para su bienestar.

Una de las grandes responsabilidades de tener una mascota es proporcionarle alimento y agua para beber. Pero esto no se limita únicamente a darle comida o agua, sino también a limpiar los recipientes donde se sirven, ya que la falta de higiene puede favorecer la formación de biofilms.

Con el fin de conocer qué es el biofilm y cuáles son sus repercusiones para nuestros animales de compañía, e incluso para nosotros mismos, hablamos con la académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, Ylenia Márquez Peña, quien lo describió como “una comunidad de microbios formada por hongos, bacterias y materia orgánica que se desarrollan en superficies húmedas o con poca higiene”.

“El biofilm se hace muy presente en los trastes de agua o comederos de nuestros animales de compañía sino los limpiamos frecuente o diariamente. Esta comunidad de microbios comienza a desarrollarse inmediatamente en estos después de que los animales de compañía los usan porque empieza la colonización de bacterias, hongos y con el tiempo se van creando más y más”, dijo.

La matriz del biofilm está compuesta principalmente por agua, proteínas, ácidos nucleicos, lípidos y otras sustancias. Por ello, la humedad es un factor que favorece su formación y crecimiento. Estas comunidades microbianas pueden desarrollarse en superficies como los recipientes de agua y comederos de los animales de compañía, los floreros con agua, los rieles de los canceles de baño y otros objetos donde se acumula humedad.

El biofilm puede presentar distintas coloraciones o incluso ser transparente. En algunos casos, también puede producir olores desagradables. Su formación puede comenzar en pocas horas, pero el tiempo de maduración varía según los microorganismos y las condiciones ambientales.

Afectaciones a los animales de compañía

Como se mencionó anteriormente, los animales de compañía corren el riesgo de exponerse a microorganismos presentes en biofilms al usar su comedero y bebedero sin lavar. Sin embargo, ese riesgo también puede presentarse en los juguetes.

Márquez Peña explicó que la presencia de biofilm en estos objetos puede favorecer la exposición a microorganismos capaces de causar infecciones en la cavidad oral. “En la boca, estos microbios encuentran un medio propicio para propagarse y esto provoca infecciones importantes que pueden desarrollar mal aliento”, dijo.

De igual forma, la académica mencionó que los microorganismos presentes en los biofilms pueden estar relacionados con infecciones gastrointestinales o respiratorias.

Entre las bacterias capaces de formar biofilms y asociadas con infecciones en perros se encuentran Staphylococcus pseudintermedius, Pseudomonas aeruginosa y Escherichia coli.

¿Cómo protegerlos?

Proteger a nuestros animales de compañía de los riesgos asociados con el biofilm requiere medidas de higiene. Ylenia Márquez Peña compartió algunos consejos para hacerlo:

  • Lavar los recipientes al menos una vez al día y después de cada uso cuando contengan alimento húmedo. Se recomienda utilizar una esponja o un cepillo de uso exclusivo para esta tarea. Asimismo, si se lavan en el fregadero, es importante limpiarlo y desinfectarlo después.
  • Lavar los juguetes con regularidad y desinfectarlos cuando sea necesario. Poner especial énfasis en aquellos de peluche y seguir las instrucciones de lavado del fabricante.

Además de estas medidas de higiene, la académica recomendó atender otros aspectos del cuidado general de los animales de compañía:

  • Evitar que tengan acceso a las superficies donde se preparan alimentos y mantener limpios los espacios que comparten con las personas.
  • Evitar que, al salir a la calle, husmeen en los excrementos de otros perros.
  • Desparasitarlos según las indicaciones del médico veterinario.
  • Mantener al día su esquema de vacunación.

¿Qué daños les hace el biofilm a los humanos?

Diversas investigaciones han relacionado los biofilms con una proporción importante de las infecciones bacterianas humanas, aunque esto no significa que dichas infecciones tengan su origen en los objetos de los animales de compañía. De igual manera, es importante señalar que los microorganismos que forman estas comunidades pueden mostrar una mayor tolerancia a los antibióticos.

En distintos contextos clínicos, los biofilms se han asociado con enfermedades e infecciones como caries dentales, periodontitis, otitis media, infecciones del sistema musculoesquelético, fascitis necrotizante, osteomielitis, prostatitis bacteriana, endocarditis de la válvula nativa, infecciones pulmonares en personas con fibrosis quística, melioidosis e infecciones nosocomiales.

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Geoparques en México: qué son, dónde están y por qué importan

México cuenta con dos de los 241 geoparques mundiales reconocidos por la UNESCO. Estos territorios conservan millones de años de historia geológica y ofrecen oportunidades para impulsar el turismo, la investigación científica y el desarrollo de las comunidades.

¿Te imaginas caminar por un lugar que hace millones de años estuvo cubierto por el mar? ¿O contemplar enormes columnas de roca que parecen haber sido construidas por el ser humano, pero que en realidad se formaron por el enfriamiento de la lava? En México existen territorios donde es posible descubrir estas y otras historias de nuestro planeta. Se conocen como geoparques y, aunque el término puede resultar desconocido, su importancia va mucho más allá de los paisajes que resguardan.

Son espacios donde la geología, la biodiversidad, la cultura y las actividades humanas se relacionan para conservar el patrimonio natural y generar oportunidades de desarrollo para las comunidades. Nuestro país cuenta con dos Geoparques Mundiales reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): Comarca Minera, en Hidalgo, y Mixteca Alta, en Oaxaca. Ambos recibieron esta distinción en 2017 y han contado con la participación científica de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El tema adquiere relevancia en 2026, año en que la UNESCO incorporó 12 nuevos geoparques a su red internacional, que ahora reúne 241 territorios distribuidos en 51 países. Este crecimiento plantea preguntas sobre el valor de estos espacios, sus posibilidades de conservación y el papel que pueden desempeñar en el desarrollo de las comunidades. Pero ¿qué distingue a un geoparque de otros espacios naturales?, ¿qué podemos encontrar en los dos geoparques mexicanos? y ¿por qué es importante protegerlos?

¿Qué es un geoparque y para qué sirve?

Un geoparque es un territorio que posee sitios y paisajes de importancia geológica, cuya conservación se vincula con la educación y el desarrollo sostenible. Cuando ese patrimonio tiene relevancia internacional y cumple con determinados requisitos de gestión, puede recibir el reconocimiento de Geoparque Mundial de la UNESCO. Su principal característica es que no se limita a proteger rocas, montañas o fósiles, sino que también considera su relación con la biodiversidad, la historia, la cultura y las actividades económicas de las poblaciones.

Para comprenderlo, pensemos en una montaña. Su origen puede estar relacionado con movimientos de la corteza terrestre, procesos volcánicos o millones de años de erosión. Sin embargo, esa misma montaña también puede influir en la disponibilidad de agua, los tipos de vegetación, las actividades agrícolas y los asentamientos humanos. De esta manera, los geoparques permiten explicar cómo los procesos que han transformado la Tierra se relacionan con la vida cotidiana y con las formas en que las sociedades han aprovechado sus recursos naturales.

A diferencia de lo que podría suponerse por su nombre, un geoparque no es necesariamente un parque nacional ni constituye, por sí mismo, una categoría de área natural protegida. Su reconocimiento internacional tampoco significa que todas las actividades económicas estén prohibidas. La UNESCO establece que estos territorios deben contar con mecanismos adecuados para conservar su patrimonio geológico y promover su aprovechamiento responsable, conforme a la legislación de cada país.

Otro principio fundamental es la participación comunitaria. Los habitantes deben involucrarse en las decisiones y los proyectos desarrollados en sus territorios, de manera que la conservación del patrimonio también pueda contribuir a su bienestar. Así, un geoparque puede convertirse en un espacio para la investigación científica, el aprendizaje y el turismo, además de favorecer actividades económicas relacionadas con la identidad y los recursos locales.

Comarca Minera: volcanes, minerales e historia

En el centro-sur de Hidalgo se encuentra el Geoparque Mundial UNESCO Comarca Minera, un territorio de aproximadamente mil 848 kilómetros cuadrados cuya historia está estrechamente vinculada con la actividad volcánica y la explotación de minerales. Uno de sus sitios más conocidos son los prismas basálticos de Santa María Regla, enormes columnas rocosas de formas geométricas que se originaron mediante el enfriamiento y la contracción de la lava. Su apariencia resulta sorprendente porque parecen estructuras construidas deliberadamente, aunque son producto de procesos naturales ocurridos hace millones de años.

La riqueza geológica del territorio también está relacionada con la historia minera de Pachuca y Real del Monte, donde la extracción de plata y otros minerales dejó una profunda huella económica, arquitectónica y cultural. Durante el siglo XIX, la llegada de mineros procedentes de Cornualles, Reino Unido, contribuyó a transformar las técnicas de explotación minera y algunas costumbres locales. Un ejemplo de esta influencia es el paste, alimento que con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos gastronómicos de Hidalgo.

El patrimonio de Comarca Minera, por tanto, no se reduce a sus formaciones rocosas. También incluye construcciones históricas, tradiciones y conocimientos asociados con las actividades desarrolladas durante generaciones. La UNAM, mediante el Instituto de Geofísica, ha participado en el respaldo científico del geoparque y en iniciativas relacionadas con la investigación, la conservación y la divulgación. Este trabajo ha contribuido a fortalecer el conocimiento del territorio y a vincular su riqueza geológica con proyectos educativos y comunitarios.

Nuevas oportunidades para las comunidades

En agosto de 2026, el Geoparque Comarca Minera recibió una visita de evaluación de especialistas de la UNESCO, quienes revisaron los avances en conservación, educación ambiental, geoturismo y participación comunitaria. Durante el encuentro se presentaron 36 geoproductos locales y se entregaron 17 reconocimientos a participantes vinculados con el geoparque: cinco geoguías, ocho geoproductores y cuatro cocineras tradicionales. Estas actividades forman parte de los esfuerzos para relacionar el patrimonio geológico con los conocimientos, las tradiciones y las actividades económicas de la población.

Los geoproductos son bienes vinculados con la identidad geológica y cultural de estos territorios, como alimentos, artesanías y otros artículos elaborados a partir de recursos o conocimientos locales. Durante la evaluación también se revisaron iniciativas de capacitación, gestión de residuos y nuevas rutas turísticas, entre ellas la denominada georruta de los Tinacales. Estas acciones muestran cómo la conservación del patrimonio puede relacionarse con actividades económicas y culturales, aunque para conocer sus beneficios a largo plazo resulta necesario medir aspectos como la generación de empleo, los ingresos de los productores y la distribución de oportunidades entre las comunidades.

La visita de 2026 formó parte del proceso internacional mediante el cual se verifica que el geoparque mantenga las condiciones necesarias para conservar su reconocimiento. Además de valorar los avances, estas evaluaciones permiten identificar áreas de mejora y fortalecer las estrategias de conservación, educación y participación social.

Mixteca Alta: un territorio que alguna vez estuvo bajo el mar

A cientos de kilómetros de Hidalgo, en Oaxaca, se encuentra el segundo Geoparque Mundial de México: Mixteca Alta. Con una superficie aproximada de 415 kilómetros cuadrados, distribuida en nueve municipios, este territorio destaca por sus paisajes erosionados, su diversidad geológica y la relación histórica de las comunidades con la tierra. Uno de sus aspectos más sorprendentes es que algunas de sus rocas conservan evidencias de antiguos ambientes marinos, a pesar de encontrarse actualmente en una región montañosa.

Las investigaciones paleontológicas realizadas en la zona han permitido identificar fósiles de organismos que habitaron un mar poco profundo durante el Cretácico temprano, hace entre 140 y 110 millones de años. Entre ellos se encuentran restos de moluscos y otros invertebrados marinos. Estos hallazgos permiten reconstruir una parte de la historia geológica de Oaxaca y comprender las grandes transformaciones que ha experimentado el territorio a lo largo de millones de años.

Uno de los espacios donde se estudia y divulga este patrimonio es el Geosendero Yutoto, en el que se han identificado fósiles que ayudan a explicar las condiciones ambientales del pasado. La participación de los habitantes ha sido fundamental para reconocer estos sitios, pues su conocimiento del territorio permite localizar formaciones geológicas, quebradas, cascadas y zonas de interés paleontológico. Esta colaboración muestra cómo la investigación científica puede enriquecerse mediante los conocimientos que las comunidades han desarrollado durante generaciones.

La relación entre ciencia y conocimiento tradicional también se manifiesta en las estrategias utilizadas para enfrentar la erosión del suelo. Durante generaciones, las comunidades de la Mixteca Alta han desarrollado técnicas para retener sedimentos y aprovechar mejor el agua. Entre ellas destacan los lamabordos, estructuras que permiten acumular materiales y generar superficies aptas para el cultivo. Esta práctica tiene antecedentes de más de tres mil años y constituye un ejemplo de adaptación humana a las condiciones ambientales y geológicas de la región.

La riqueza también está en las plantas y los alimentos

La importancia del geoparque no termina en sus rocas y fósiles. También puede reconocerse en las plantas que aprovechan sus habitantes y en los conocimientos transmitidos entre generaciones. En una investigación del Instituto de Geografía de la UNAM se identificaron 42 especies de plantas silvestres alimenticias utilizadas por comunidades de la Mixteca Alta para el autoconsumo. Entre ellas se encuentran quelites blancos y cenizos, quintoniles, alaches, guajes y coyules, que forman parte de una tradición alimentaria relacionada con las características del suelo, el clima y la vegetación regional.

El aprovechamiento de estas especies responde tanto a la disponibilidad de alimentos como a las preferencias gastronómicas y prácticas culturales de la población. Su estudio permite comprender cómo la biodiversidad se relaciona con los conocimientos tradicionales y con las condiciones ambientales del territorio. También ayuda a reconocer el valor de los recursos naturales que forman parte de la alimentación cotidiana y que, en muchos casos, han sido utilizados durante generaciones.

La relación entre geología y biodiversidad ha dado origen a nuevos proyectos educativos. En 2025, el Instituto de Geografía de la UNAM dio a conocer una iniciativa para construir un Jardín Geobotánico en Santo Domingo Yanhuitlán, dentro del geoparque. El proyecto contempla un espacio de más de dos mil metros cuadrados para mostrar cómo las características de las rocas, los suelos y el relieve se relacionan con las plantas y los sistemas agrícolas tradicionales.

Entre las especies consideradas se encuentran magueyes, palmas, maíz, frijol y calabaza, además de otras plantas de importancia cultural y económica. La iniciativa busca integrar el conocimiento científico con los saberes de las comunidades y ofrecer nuevas herramientas para comprender la relación entre naturaleza y sociedad. De esta manera, la conservación del patrimonio geológico también puede contribuir a reconocer prácticas culturales y formas tradicionales de aprovechamiento de los recursos.

¿Cómo pueden los geoparques beneficiar a las comunidades?

Uno de los principales objetivos de los Geoparques Mundiales de la UNESCO es promover modelos de desarrollo sostenible que involucren directamente a las poblaciones locales. El geoturismo constituye una de sus herramientas, pues propone una forma de conocer los territorios que va más allá de admirar sus paisajes. Su propósito es que los visitantes comprendan el origen geológico de los lugares y su relación con la historia, la cultura y el medioambiente.

Un recorrido puede incluir explicaciones sobre la formación de montañas, observación de fósiles, visitas a comunidades, talleres artesanales y experiencias gastronómicas. Esta combinación abre oportunidades para guías locales, productores de alimentos, artesanos, establecimientos de hospedaje y otros prestadores de servicios. Al mismo tiempo, puede contribuir a que los habitantes fortalezcan el reconocimiento de su patrimonio y participen directamente en las actividades desarrolladas alrededor de él.

La gastronomía ocupa un lugar importante porque permite vincular la identidad cultural con el aprovechamiento de los recursos del territorio. En la Mixteca Alta, por ejemplo, se ha desarrollado una guía gastronómica que reúne recetas, utensilios, alimentos y recorridos relacionados con las comunidades del geoparque. Estas iniciativas permiten mostrar que el patrimonio de una región también se expresa en sus conocimientos culinarios y en las formas de producción y preparación de alimentos.

La participación de negocios y productores locales puede favorecer circuitos económicos en los que una parte de los recursos generados por los visitantes permanezca en las propias comunidades. Sin embargo, el turismo no garantiza por sí mismo el desarrollo sostenible. Un incremento de visitantes también puede generar presión sobre los recursos naturales, modificar las dinámicas comunitarias o concentrar los beneficios económicos en determinados sectores. Por ello, los geoparques necesitan mecanismos de gestión que permitan proteger sus recursos, respetar las decisiones comunitarias y distribuir las oportunidades de manera más equitativa.

El mundo tiene 241 geoparques: ¿por qué México solamente dos?

El reconocimiento de los geoparques ha adquirido una presencia creciente en distintas regiones del planeta. En abril de 2026, la UNESCO anunció la incorporación de 12 nuevos territorios a su Red Mundial de Geoparques, ubicados en China, Francia, Grecia, Irlanda, Japón, Malasia, Portugal, Rusia, Túnez y Uruguay. Con estas designaciones, la red alcanzó 241 geoparques en 51 países, distribuidos en una superficie conjunta superior a 882 mil kilómetros cuadrados. Para Túnez, el reconocimiento representó su incorporación por primera vez a esta red internacional.

El crecimiento del programa plantea una pregunta relevante: ¿por qué México, un país con una gran diversidad de volcanes, montañas, fósiles, minerales y paisajes geológicos, cuenta solamente con dos geoparques mundiales? La respuesta no depende exclusivamente de la riqueza natural de un territorio, pues obtener esta distinción requiere cumplir una serie de condiciones científicas, administrativas y sociales establecidas por la UNESCO.

Para recibir el reconocimiento internacional, un territorio debe demostrar que posee patrimonio geológico de importancia mundial y contar con un modelo de administración capaz de integrar conservación, educación y desarrollo sostenible. También necesita una estrategia de gestión, mecanismos de financiación, actividades educativas y participación de las comunidades. En otras palabras, no basta con tener un paisaje geológicamente extraordinario: es necesario desarrollar un proyecto territorial que permita conocerlo, protegerlo y aprovecharlo responsablemente.

En México se han impulsado iniciativas para promover nuevos geoparques en distintas entidades, entre ellas Aguascalientes y Querétaro. Estos proyectos muestran el interés por ampliar las experiencias de conservación y desarrollo local, aunque su existencia no significa que hayan obtenido el reconocimiento internacional. Hasta octubre de 2026, los únicos geoparques mexicanos inscritos en la lista oficial de la UNESCO continúan siendo Comarca Minera y Mixteca Alta.

Los desafíos para conservar el reconocimiento

Convertirse en Geoparque Mundial de la UNESCO no significa recibir una distinción permanente. Estos territorios deben someterse a un proceso de evaluación cada cuatro años para comprobar que mantienen las condiciones que justificaron su reconocimiento. Durante las revisiones, especialistas examinan aspectos como la conservación del patrimonio geológico, la gestión territorial, la educación ambiental y las iniciativas de desarrollo sostenible.

Cuando un geoparque cumple con los criterios establecidos, recibe una tarjeta verde que le permite conservar su reconocimiento durante otros cuatro años. Si se identifican deficiencias, puede recibir una tarjeta amarilla y un plazo de dos años para realizar las mejoras necesarias. Si los problemas persisten, corre el riesgo de perder la distinción. Este procedimiento busca garantizar que los territorios reconocidos mantengan sus compromisos y no se limiten a utilizar la denominación internacional como un atractivo turístico.

Los desafíos también existen a escala mundial. En agosto de 2026, la UNESCO presentó resultados de consultas realizadas entre 2024 y 2026 para conocer las principales necesidades de los geoparques integrantes de su red. En ellas participaron 137 territorios y el 79 % señaló la necesidad de fortalecer la colaboración con la UNESCO. Entre los asuntos prioritarios se identificaron la financiación, la gestión del patrimonio geológico, la investigación científica, los sistemas de monitoreo y la comunicación pública de la ciencia.

Estos resultados muestran que incluso los territorios reconocidos internacionalmente requieren recursos, conocimientos especializados y coordinación permanente para cumplir sus objetivos. En México, el desafío consiste en dar continuidad a los proyectos existentes, conocer sus resultados y generar las condiciones para que otros territorios con valor geológico puedan desarrollar iniciativas semejantes. La participación de la UNAM, mediante sus institutos de Geografía y de Geofísica, ha contribuido a fortalecer la investigación científica, la conservación del patrimonio y los proyectos de vinculación comunitaria.

En un contexto internacional donde los geoparques continúan multiplicándose, México tiene la oportunidad de ampliar el conocimiento sobre su patrimonio natural y las posibilidades de conservarlo. Porque las rocas, los fósiles y las montañas no solamente cuentan lo que ocurrió hace millones de años. También contienen información que puede ayudarnos a comprender nuestro presente y tomar mejores decisiones sobre el futuro de los territorios que habitamos.

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Del veneno a la medicina: el potencial de las toxinas marinas

Los océanos albergan una enorme diversidad de organismos que han desarrollado mecanismos químicos especializados para sobrevivir, defenderse de sus depredadores y capturar a sus presas. Entre ellos se encuentra la producción de venenos y toxinas, sustancias capaces de alterar distintos procesos biológicos y provocar efectos que van desde lesiones locales hasta complicaciones graves en los seres humanos.

Aunque estas sustancias pueden representar un riesgo para la salud, sus propiedades químicas también han despertado el interés de la comunidad científica. Debido a su capacidad para interactuar con estructuras biológicas específicas, algunas toxinas se estudian como herramientas para comprender el funcionamiento de las células y explorar posibles aplicaciones farmacológicas.

En este contexto, el Dr. Roberto Arreguín Espinosa de los Monteros, investigador del Instituto de Química (IQ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presentó la conferencia “Las toxinas marinas y sus aplicaciones biotecnológicas”, como parte del ciclo “La Ciencia más allá del Aula”.

Durante la sesión, explicó cómo el estudio de estas moléculas permite investigar sus mecanismos de acción y explorar su potencial para el desarrollo de medicamentos, particularmente en áreas como el tratamiento del dolor y la investigación del cáncer.

Diversidad de organismos venenosos

En la naturaleza existe una gran variedad de animales capaces de producir venenos. Entre los terrestres se encuentran las abejas, las avispas, los alacranes y las serpientes; en los ecosistemas marinos destacan el pez león, el pez piedra, las rayas, las serpientes marinas, los pulpos de anillos azules, las medusas y los caracoles del género Conus.

Cada uno de estos organismos presenta adaptaciones particulares para producir, almacenar y administrar sus toxinas. Estas sustancias cumplen funciones esenciales para su supervivencia, como defenderse de los depredadores, capturar presas o inmovilizar a otros animales. Su composición puede variar entre especies e incluso entre poblaciones, lo que convierte a los venenos en un campo de interés para estudiar la diversidad biológica y los procesos evolutivos.

Sin embargo, los efectos de estas sustancias no se limitan a las interacciones entre organismos. Los seres humanos también pueden entrar en contacto con ellas mediante la exposición directa a animales venenosos o el consumo de pescados y mariscos que contienen toxinas. Estas dos vías de exposición plantean desafíos diferentes para la salud pública y requieren comprender tanto los mecanismos de envenenamiento como las causas de las intoxicaciones alimentarias.

Las intoxicaciones por pescados y mariscos

Las intoxicaciones asociadas con el consumo de pescados y mariscos representan un problema de salud pública en distintas regiones del mundo. Dependiendo de la sustancia involucrada, pueden provocar desde alteraciones gastrointestinales hasta complicaciones neurológicas graves y, en casos severos, la muerte. Además, estos episodios pueden generar pérdidas económicas para las comunidades pesqueras y la industria alimentaria.

Entre las intoxicaciones relacionadas con productos marinos se encuentra la escombroide, causada por la ingestión de histamina que se acumula en determinados pescados cuando no se manipulan o conservan adecuadamente. También destaca la intoxicación por tetrodotoxina, presente en algunas especies de peces y otros organismos. Esta sustancia bloquea canales de sodio esenciales para la transmisión de señales nerviosas y puede provocar debilidad muscular, parálisis y dificultad respiratoria.

Otra fuente de intoxicación son las toxinas producidas por ciertos microorganismos marinos.

Durante algunas proliferaciones de algas nocivas, determinadas especies de dinoflagelados generan sustancias tóxicas que pueden acumularse en organismos filtradores, como mejillones, almejas y ostras. Debido a que estos moluscos se alimentan de partículas suspendidas en el agua, pueden concentrar las toxinas y transmitirlas a otros organismos a través de la cadena alimentaria.

Es importante señalar que no todas las proliferaciones de algas, conocidas popularmente como mareas rojas, producen sustancias tóxicas.

Entre los principales síndromes de intoxicación por mariscos se encuentran los siguientes:

  • Intoxicación paralizante (PSP): puede ocasionar hormigueo, entumecimiento, debilidad muscular, parálisis y problemas respiratorios.
  • Intoxicación diarreica (DSP): se caracteriza principalmente por náuseas, vómitos, diarrea y calambres abdominales.
  • Intoxicación neurotóxica (NSP): puede afectar el sistema nervioso y producir manifestaciones gastrointestinales y neurológicas.
  • Intoxicación amnésica (ASP): puede provocar síntomas gastrointestinales y neurológicos, entre ellos alteraciones de la memoria a corto plazo.

La gravedad de estas intoxicaciones depende de la toxina involucrada, la cantidad ingerida y las condiciones de salud de la persona. Por ello, es fundamental respetar las alertas sanitarias, mantener una adecuada manipulación y conservación de los alimentos y buscar atención médica ante síntomas compatibles con una intoxicación.

Comprender estos riesgos constituye una parte importante del estudio de las toxinas marinas. Sin embargo, para explicar sus efectos también es necesario conocer cómo actúan sobre el organismo y qué mecanismos utilizan los animales para introducirlas en sus presas o emplearlas como defensa.

Mecanismos de acción y administración de las toxinas

Las toxinas pueden actuar sobre diferentes estructuras y procesos celulares. Algunas funcionan como neurotoxinas, al interferir con la transmisión de señales del sistema nervioso; otras presentan actividad citotóxica, es decir, dañan las células y los tejidos. También existen sustancias capaces de afectar los glóbulos rojos o alterar el funcionamiento cardiovascular.

Los efectos dependen de las características de cada molécula y de su interacción con determinados blancos biológicos. Para introducir estas sustancias en sus presas o utilizarlas como defensa, diversos animales han desarrollado estructuras especializadas, como espinas, aguijones, colmillos y dientes modificados.

Las medusas y otros cnidarios —grupo de animales acuáticos que incluye también a las anémonas y los corales— poseen células especializadas que contienen estructuras microscópicas llamadas nematocistos. Estas albergan filamentos enrollados que pueden dispararse ante determinados estímulos y, en las especies venenosas, facilitar la inoculación de sustancias tóxicas.

Otros organismos utilizan estructuras diferentes. Las rayas, por ejemplo, poseen espinas en la cola que pueden causar heridas profundas, dolor intenso e inflamación, además de favorecer complicaciones como infecciones y necrosis. El pez piedra, por su parte, tiene espinas asociadas con glándulas venenosas. Su capacidad de camuflarse entre las rocas o la arena incrementa el riesgo de contacto accidental.

Las serpientes marinas cuentan con venenos que pueden afectar el sistema nervioso y los músculos, y provocar debilidad o parálisis, así como dificultad respiratoria en los casos graves. Los pulpos de anillos azules, por otro lado, están asociados con la tetrodotoxina, una sustancia que bloquea la transmisión de señales nerviosas y puede causar parálisis muscular y fallo respiratorio.

Los caracoles cono también destacan por su especialización biológica. Estos moluscos poseen una estructura utilizada para capturar presas que funciona como un arpón y permite inocular una mezcla compleja de toxinas. Algunas especies, como Conus geographus, pueden representar un peligro importante para los seres humanos debido a la potencia de su veneno.

Otro ejemplo es la cubomedusa Chironex fleckeri, considerada una de las especies marinas más peligrosas por la gravedad que puede alcanzar su envenenamiento. Sus toxinas pueden provocar lesiones cutáneas intensas y alteraciones cardiovasculares potencialmente mortales.

Estos ejemplos muestran que los riesgos de las toxinas marinas no se limitan al consumo de alimentos contaminados, sino que también incluyen el contacto directo con organismos venenosos. Al mismo tiempo, permiten comprender por qué estas sustancias despiertan interés científico: su capacidad para modificar procesos fisiológicos específicos ofrece una oportunidad para investigar cómo funcionan distintas estructuras del organismo.

Importancia médica y farmacológica de las toxinas marinas

A pesar de sus efectos perjudiciales, las toxinas marinas constituyen una fuente de moléculas de interés para la investigación biomédica. Su actividad sobre proteínas, canales iónicos y otras estructuras celulares permite estudiar procesos fisiológicos y explorar compuestos que, tras una investigación rigurosa, podrían contribuir al desarrollo de nuevos medicamentos.

Entre los fármacos relacionados con la investigación de organismos marinos destaca la ziconotida, un analgésico derivado de un péptido presente en el veneno de un caracol cono, utilizado para tratar determinados casos de dolor crónico intenso.

También existen medicamentos cuyo desarrollo está vinculado al estudio de organismos marinos, como la citarabina y la vidarabina. La primera se utiliza de forma exclusiva en el campo de la oncología, la segunda actúa como un fármaco antiviral. La trabectedina, por su parte, se desarrolló a partir del estudio de un compuesto aislado originalmente de un organismo marino y se utiliza en el tratamiento de determinados tipos de cáncer.

Estos antecedentes ilustran que los organismos marinos pueden aportar moléculas de interés farmacológico, aunque no todas proceden de venenos ni todas las sustancias estudiadas llegan a convertirse en medicamentos.

En esta línea de investigación, el equipo del Dr. Arreguín Espinosa de los Monteros estudia los venenos de caracoles del género Conus, particularmente los de Conus regularis, una especie presente en el golfo de California. Estos venenos contienen mezclas complejas de péptidos capaces de interactuar con diversos blancos biológicos, incluidos los canales iónicos, proteínas que regulan el paso de iones a través de las membranas celulares y que son esenciales para procesos como la actividad eléctrica de las neuronas y las células musculares.

Para caracterizar estos compuestos, el equipo extrae el veneno y separa sus componentes mediante cromatografía líquida de alta resolución en fase inversa (HPLC). Posteriormente, utiliza espectrometría de masas para analizar los péptidos y determinar sus secuencias de aminoácidos. La comparación de estas secuencias con bases de datos permite identificar similitudes con toxinas conocidas y reconocer moléculas que podrían ser novedosas. Finalmente, los ensayos de actividad biológica permiten evaluar sus interacciones con blancos moleculares específicos.

CR1: un péptido de interés para el estudio de los canales iónicos

Como parte de estos trabajos, el equipo estudió CR1, un péptido obtenido de Conus regularis que, de acuerdo con los resultados experimentales presentados durante la conferencia, mostró una actividad inhibitoria destacada sobre un canal de potasio en las condiciones evaluadas. También se realizaron comparaciones con sustancias de referencia y se analizaron los efectos de modificaciones estructurales sobre su actividad.

Un aspecto relevante de CR1 es su organización molecular. Los péptidos de los caracoles cono pueden contener puentes disulfuro, enlaces entre residuos de cisteína que estabilizan su estructura tridimensional. En el caso de CR1, los resultados presentados apuntan a una estructura de gran tamaño y una organización compleja de estos enlaces, características que hacen pertinente profundizar en la relación entre su conformación y su capacidad para interactuar con el canal estudiado.

Sin embargo, la actividad inhibitoria observada constituye solo un primer paso en su caracterización. Es necesario identificar con precisión el subtipo de canal sobre el que actúa, esclarecer su mecanismo de acción y determinar su selectividad frente a otros canales y proteínas. Asimismo, deben establecerse las concentraciones efectivas y evaluarse sus posibles efectos adversos en modelos biológicos apropiados.

En conjunto, el estudio de CR1 contribuye a la investigación de los péptidos marinos como herramientas para comprender el funcionamiento de los canales iónicos y la relación entre la estructura molecular y la actividad biológica. Aunque sus propiedades justifican continuar con su caracterización, los resultados descritos no bastan para establecer una aplicación terapéutica. Para determinar si CR1 podría tener utilidad biomédica, se requieren estudios adicionales que permitan evaluar su mecanismo de acción, selectividad, seguridad y comportamiento en modelos biológicos pertinentes. Tampoco puede concluirse, a partir de la información presentada, que exista un medicamento aprobado derivado de este péptido.

El océano, una fuente de conocimiento para la ciencia

El estudio de las toxinas marinas muestra que las moléculas que algunos organismos producen para defenderse o capturar a sus presas también pueden convertirse en herramientas para la ciencia. A través de su caracterización química y del análisis de sus mecanismos de acción, es posible comprender mejor distintos procesos celulares e identificar compuestos de interés biomédico.

En los océanos existe una enorme variedad de moléculas cuya función natural ofrece oportunidades para ampliar el conocimiento científico y explorar nuevas posibilidades para la medicina.

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Festival Synapsia reúne a más de 3200 jóvenes en Morelia

La edición Morelia 2026 del Festival Synapsia. Ciencias, Artes y Humanidades llegó al campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Morelia con más de 70 actividades, entre talleres prácticos y demostraciones en vivo, diseñadas para despertar las vocaciones académicas, el pensamiento crítico y la creatividad entre la juventud michoacana.

La sede del festival fue la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES), Unidad Morelia, donde más de 3 mil 200 estudiantes de secundaria y bachillerato participaron, durante dos días y de manera gratuita, en actividades relacionadas con el conocimiento científico, las disciplinas humanísticas y las expresiones artísticas que se desarrollan en la UNAM.

La convocatoria reunió a estudiantes provenientes de diez municipios de la entidad: Morelia, Ciudad Hidalgo, Tarímbaro, Tangancícuaro, Tocumbo, Pátzcuaro, Villa Madero, Cotija, Puruándiro y Cherán. Con ello, el festival reafirmó su vocación social al ampliar el acceso a la cultura y la ciencia entre estudiantes de distintas regiones del estado.

El programa incluyó actividades enfocadas en ciencias ambientales, ciencias del espacio, humanidades, geografía, sismos, geotermia y ecología, entre otros temas relacionados con las investigaciones que desarrolla la UNAM en Michoacán. La realización de esta jornada fue posible gracias al trabajo coordinado de más de 400 personas, entre talleristas, voluntarios y personal académico y administrativo universitario.

Con la realización de este festival de alcance nacional en Michoacán, la UNAM refrenda su compromiso con la formación integral de las nuevas generaciones y abre las puertas de sus instalaciones para que la juventud conozca las oportunidades que ofrecen la educación, la ciencia, las humanidades y las artes para su desarrollo personal y comunitario.

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Vivir en la periferia: el costo de estar lejos de la ciudad

Despertarse de madrugada, pasar varias horas en el transporte público y regresar a casa después de una larga jornada es parte de la rutina de muchas personas que viven en las periferias de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Para ellas, llegar al trabajo o a la escuela significa invertir buena parte del día en traslados, a lo que se suman otras dificultades, como la inseguridad, la falta de espacios públicos y las diferencias en el acceso a servicios de salud, educación e infraestructura urbana.

Estas condiciones hacen que la experiencia de vivir la ciudad no sea la misma para todos. Mientras algunas zonas concentran servicios y oportunidades, otras enfrentan mayores obstáculos en la vida cotidiana. Pero ¿qué hay detrás de estas diferencias y cómo afectan a quienes habitan en la periferia? La Dra. María Cristina Bayón, investigadora titular del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM y especialista en sociología urbana, explica los contrastes que marcan la vida en estos territorios, particularmente en el oriente de la zona metropolitana.

Un contraste constante

Bayón destacó que una de las principales dificultades de vivir en la periferia es el acceso limitado a los servicios públicos o la baja calidad de estos. Las carencias se manifiestan en calles sin pavimentar, escasez de áreas verdes, infraestructura urbana insuficiente y dificultades para acceder a servicios de salud y educación de calidad. En algunas colonias, además, la consolidación de los servicios avanza de manera gradual, en función de los recursos disponibles y de las condiciones del territorio.

A estas dificultades se suma el tiempo destinado a los traslados. Debido a que buena parte de las oportunidades laborales, especialmente las mejor remuneradas, se concentra en el centro y el poniente de la metrópoli, muchas personas que viven en la periferia oriente deben desplazarse diariamente para trabajar o estudiar. De acuerdo con la especialista, estos recorridos pueden representar alrededor de cuatro horas al día, e incluso más, según las condiciones del transporte, el tránsito y el clima.

Las consecuencias van más allá del tiempo invertido en los desplazamientos. Levantarse a las cuatro o cinco de la mañana para llegar a tiempo al trabajo o a la escuela reduce las horas de descanso y limita el tiempo disponible para la familia, el estudio y la recreación. Así, la distancia entre la vivienda y los principales centros de empleo y servicios termina por afectar la calidad de vida de quienes habitan estas zonas.

Las diferencias también se relacionan con las posibilidades de acceder a una vivienda. Mientras los sectores de mayores ingresos pueden elegir dónde vivir en función de los servicios, las comodidades y las oportunidades disponibles, los sectores populares suelen tener opciones más limitadas y establecerse en los lugares que sus recursos les permiten. En muchas colonias, las familias construyen o amplían sus viviendas de manera progresiva, al tiempo que los barrios se consolidan en contextos donde la infraestructura y los servicios no siempre crecen al mismo ritmo que la población.

Sin embargo, las desigualdades que caracterizan a la periferia no se limitan a sus condiciones materiales. También se manifiestan en la forma en que estos territorios y sus habitantes son percibidos socialmente. En este sentido, la especialista identifica otro problema central: la estigmatización territorial, entendida como el conjunto de prejuicios que atribuyen características negativas a las personas por vivir en determinados municipios o colonias.

Estos estigmas se reproducen en los medios de comunicación, los discursos políticos y las interacciones sociales, y suelen asociar a las periferias populares con la delincuencia, la violencia y la inseguridad. La especialista advierte que esta visión simplifica una realidad mucho más compleja y diversa: la existencia de problemas de inseguridad en una zona no significa que todas las personas que viven allí estén involucradas en actividades delictivas. En estos territorios también habitan estudiantes, trabajadores y familias que trabajan (mucho) y buscan continuar sus estudios, conseguir empleo o mejorar sus condiciones de vida.

Los estigmas, además, suelen tener consecuencias concretas. La colonia o el municipio de procedencia, la forma de hablar, la apariencia física y la manera de vestir pueden convertirse en motivos de discriminación, incluso al buscar trabajo. De esta manera, la estigmatización no solo afecta la imagen de determinados barrios, sino que también limita las oportunidades de sus habitantes y contribuye a reproducir las desigualdades sociales.

Esta mirada también influye en la manera de entender las relaciones entre los territorios que integran la metrópoli. La separación simbólica entre la Ciudad de México y el Estado de México, así como la fragmentación urbana que caracteriza a la zona metropolitana del Valle de México tiende a reforzar la percepción de que se trata de espacios ajenos entre sí, pese a sus múltiples vínculos cotidianos de movilidad, trabajo y estudio.

Cuestionar esta división implica reconocer que la periferia no es un territorio exterior a la ciudad, sino una parte fundamental de la dinámica metropolitana. Sus habitantes participan en la vida económica y social de la metrópoli, aunque no siempre tengan acceso a las mismas oportunidades y servicios. Por ello, superar la fragmentación territorial requiere tanto reducir las desigualdades materiales como simbólicas, que se expresan en los estigmas que contribuyen a mantenerla.

Más allá de las carencias: identidad y comunidad en las periferias

Más allá de las dificultades que enfrentan, las periferias son espacios donde sus habitantes construyen vínculos sociales y formas de organización comunitaria. Las redes de apoyo mutuo y las iniciativas vecinales forman parte de la vida cotidiana y contribuyen a fortalecer las relaciones entre quienes comparten un mismo territorio.

Este trabajo colectivo da cuenta de la participación de sus habitantes en la construcción de sus barrios, aunque corresponde a las autoridades garantizar los servicios y la infraestructura necesarios para su desarrollo.

La vida comunitaria también se expresa en distintas manifestaciones culturales. El rap, el grafiti, el arte urbano, el teatro, las festividades populares, las actividades deportivas y los mercados forman parte de las dinámicas de estos territorios. Para las personas jóvenes, en particular, estas expresiones pueden convertirse en espacios de encuentro, creatividad y reconocimiento, donde comparten experiencias y construyen un sentido de pertenencia.

Estas experiencias permiten comprender una dimensión de las periferias que suele quedar fuera de las representaciones negativas centradas en la violencia, la inseguridad o las carencias urbanas.

Visibilizar las historias, las prácticas culturales y las iniciativas de sus habitantes contribuye a cuestionar los estereotipos que pesan sobre estos territorios y a reconocer su diversidad, sin ignorar los problemas que enfrentan. Se trata, en última instancia, de ampliar la mirada sobre las periferias y reconocer a quienes las habitan no solo por las dificultades que experimentan, sino también por sus formas de organización, expresión y participación en la vida colectiva.

¿Qué se debe hacer para revertir la situación?

Para reducir las desigualdades, la Dra. Bayón considera fundamental que las autoridades garanticen mejores servicios públicos, escuelas con infraestructura adecuada, atención médica de calidad, calles pavimentadas y más espacios verdes y recreativos. También destaca la importancia de recuperar los espacios públicos y crear centros comunitarios donde las familias y, particularmente, los jóvenes puedan reunirse, practicar deportes, aprender habilidades, participar en actividades culturales y desarrollar sus intereses.

La creación de estos lugares resulta especialmente importante para las juventudes de las periferias populares, que con frecuencia son cuestionadas tanto si permanecen en las calles como si utilizan determinados espacios públicos. Contar con instalaciones accesibles donde puedan practicar deportes, aprender grafiti o participar en actividades artísticas permite ampliar sus oportunidades, reconocer sus capacidades y construir pertenencias, en lugar de reproducir prejuicios que los presentan como un problema social.

A estas medidas se suma la necesidad de acercar las oportunidades de empleo y educación a las zonas periféricas. Promover actividades económicas locales, fortalecer los comercios y servicios de proximidad y ampliar la oferta de escuelas preparatorias y universidades permitirían que una parte importante de la población encontrara alternativas más cerca de sus hogares. Esto contribuiría a reducir los tiempos de traslado y a recuperar horas que actualmente se destinan a los desplazamientos, en detrimento del descanso, la convivencia familiar y la recreación. El objetivo no es únicamente facilitar la movilidad hacia las zonas donde se concentran las oportunidades, sino también favorecer una distribución más equitativa de estas dentro de la metrópoli.

La transformación de las periferias también requiere una visión metropolitana. Para Bayón, la coordinación entre la Ciudad de México, el Estado de México, Hidalgo y Morelos es indispensable, pues las necesidades de movilidad, salud, educación, vivienda y espacio público no se detienen en los límites administrativos. La planificación urbana debe considerar las conexiones entre estos territorios e incorporar la participación de quienes los habitan.

Esta perspectiva también permite comprender los efectos de procesos como la gentrificación, la turistificación y el encarecimiento de la vivienda, que pueden dificultar la permanencia de los residentes en determinadas zonas y desplazarlos hacia lugares cada vez más alejados de los centros de empleo y servicios. Cuando acceder a una vivienda cerca de las principales oportunidades se vuelve económicamente inaccesible, las distancias cotidianas aumentan y se profundizan las desigualdades sociales y territoriales.

En última instancia, reducir estas desigualdades exige transformar tanto las condiciones materiales de las periferias como la manera en que se percibe a quienes las habitan. Mejorar los servicios y ampliar las oportunidades debe acompañarse de acciones que combatan la discriminación y favorezcan el encuentro entre personas de distintas clases sociales y territorios. De esta manera, las políticas urbanas pueden contribuir no solo a mejorar las condiciones de vida, sino también a construir relaciones sociales más horizontales e incluyentes, basadas en el respeto al otro, la empatía y la solidaridad.

El derecho a la ciudad no consiste solamente en poder desplazarse por ella, sino también en habitarla con dignidad, construir comunidad y participar en sus oportunidades sin que el lugar y la clase de origen se convierta en una desventaja. Reconocer a las periferias como parte integral de la ciudad implica superar las desigualdades materiales, espaciales y simbólicas a fin de avanzar hacia una metrópoli en la que el acceso a los servicios, las oportunidades y una vida digna no dependa del lugar de residencia y el hogar de origen.

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¿Qué universidad tendremos mañana? 

¿Te has preguntado cómo llegó la UNAM a ser lo que hoy conocemos? Quizá pocas veces nos cuestionamos que diversas situaciones y problemáticas la han ido moldeando a lo largo de su larga historia y, sobre todo, qué desafíos determinarán la universidad que tendremos mañana.

El Dr. Hugo Casanova Cardiel, investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE-UNAM), planteó estas interrogantes durante la jornada académica “Puentes de conocimiento: Universidades que forjaron el mundo hispanoamericano”, que se llevó a cabo el pasado mes de septiembre en la ciudad de Madrid, albergada por Casa de América. 

Como parte de las actividades conmemorativas del 475 aniversario del origen de nuestra universidad, el Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España organizó la participación de la UNAM en este encuentro internacional, en el que un destacado grupo de especialistas de Iberoamérica se dieron cita para dialogar sobre el papel de las universidades en la conformación del mundo hispanoamericano. Entre ellos, representantes de entidades como la Academia de la Historia en República Dominicana y de otras universidades como la Universidad de Salamanca, la de Alcalá, la Isabel I o la CEU San Pablo. 

En su exposición, el Dr. Hugo Casanova contextualizó los orígenes de la UNAM y la relación fundacional de la Real y Pontificia Universidad de México con la Universidad de Salamanca, una de las instituciones más antiguas del mundo hispano y con mayor influencia en la creación de las universidades en América, cuyo modelo fue adaptado a las condiciones de la época en la Nueva España. 

Más adelante, explicó el Dr. Casanova, los grupos liberales y los cambios que trajo consigo la Independencia llevaron al cierre de la universidad. Sin embargo, subsistió fragmentada y las aulas de las escuelas nacionales de Medicina y Jurisprudencia siguieron recibiendo estudiantes e incluso la educación media superior continuó. En los años posteriores, la universidad comenzaría a responder a la necesidad de producir y transmitir el conocimiento desde un nuevo principio: el compromiso con una sociedad marcada por la Revolución, y la labor que la Universidad Nacional de México podía hacer por su país.

Hugo Casanova se refirió a un momento enormemente importante de la historia de nuestra universidad que quizá conoces: la huelga estudiantil de 1929 que exigió al gobierno la autonomía de la universidad. La comunidad logró que ese mismo año entrara en vigor la Ley Orgánica y nuestra institución -convertida en la Universidad Nacional Autónoma de México que hoy conocemos- comenzó a desarrollar su autogobierno, a definir una nueva organización y a tomar decisiones que hoy determinan la manera en que vives tu vida académica. 

Más adelante, hubo movimientos que cuestionaron las condiciones políticas y sociales del país convirtiendo a nuestra universidad en un espacio de expresión y reivindicación de esas demandas, como el movimiento del 68 y su represión, hecho de gran impacto para nuestra comunidad, que abrió un nuevo camino para la transformación de la universidad. En la siguiente década se impulsarían nuevas formas de educación: la creación de los Colegios de Ciencias y Humanidades o las modalidades de educación abierta y a distancia, además de cambios administrativos para dar cabida a la demanda creciente de la educación superior. 

Es momento de preguntarse: ¿qué universidad tendremos mañana? No basta con conocer los orígenes de nuestra institución. Casanova plantea que la universidad no puede entenderse como una entidad que va acumulando etapas con el simple paso del tiempo, sino que cada transformación de esta universidad es respuesta de las circunstancias sociales a las que se ha enfrentado. 

Hoy debemos responder a nuevos desafíos: temas de género e igualdad, sustentabilidad, ampliación de matrículas, inteligencia artificial, corrupción interna, condiciones laborales de profesores e investigadores, entre otros. Casanova planteó que la UNAM tiene el gran desafío de buscar propuestas y soluciones para los crecientes retos a los que se enfrentan sus estudiantes en su formación, y al mismo tiempo comenzar a estructurar nuevas formas de enseñar, aprender e investigar para bien de las generaciones futuras.  

Y ello corresponde no sólo a las autoridades institucionales sino al conjunto de la comunidad universitaria, que ha de involucrarse. Para quien ha recorrido los pasillos de la UNAM, conocer su historia es reconocer que el estado actual de la universidad es resultado de las decisiones que distintas generaciones tomaron frente a sus propios desafíos.

La UNAM que tendremos mañana dependerá de las preguntas y soluciones que la comunidad universitaria sea capaz de plantear hoy.


*Egresada de Comunicación en la FCPyS UNAM y participante en el Programa PITAAE 2026 en el área de Comunicación de UNAM-España

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El pan dulce: un patrimonio que se amasa con las manos, la memoria y el tiempo

La diversidad de panes dulces en nuestro país es una de las grandes riquezas de la cocina mexicana. De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, Pastelera y Similares de México (CANAINPPA), en México existen alrededor de 2400 variedades de pan dulce. La oferta cambia según las regiones, las tradiciones y las épocas del año.

Los hay desde los más cotidianos, como la concha, la oreja, el cuernito, la dona, la mantecada y el beso, hasta otros vinculados con tradiciones locales, como el cocol, el pan de feria, los marranitos o la gallina.

También están aquellos que aparecen con especial fuerza en determinadas épocas del año: el pan de muerto cuando se acerca el Día de Muertos, la rosca durante enero o los panes que, de acuerdo con las costumbres de cada comunidad, acompañan fiestas, rituales y celebraciones familiares.

En México, el pan no es solamente un alimento. Es memoria, identidad y celebración, pero también una forma de transmitir conocimientos de generación en generación.

Una historia de intercambio y transformación

Esta diversidad no surgió de manera aislada. La historia del pan en México es también la historia de un intercambio de ingredientes, técnicas y conocimientos que, con el paso del tiempo, fueron apropiados y transformados por las comunidades.

El trigo llegó con los españoles durante la conquista, mientras que las culturas originarias ya contaban con una amplia tradición de alimentos elaborados a base de maíz. Con el tiempo, las comunidades incorporaron el trigo y desarrollaron sus propias formas de preparar, transformar y consumir el pan.

El resultado fue una tradición profundamente mexicana, construida a partir del encuentro y la transformación de distintos saberes y prácticas alimentarias.

Esa historia continúa hasta nuestros días. En septiembre de 2026, los saberes y prácticas vinculados con la elaboración del pan dulce tradicional fueron reconocidos como patrimonio cultural inmaterial de la Ciudad de México.

Un reconocimiento que mira más allá del pan

La declaratoria reconoce que detrás de las piezas que llegan a las vitrinas existe una historia de conocimientos, técnicas, prácticas y formas de organización que se han transmitido entre generaciones.

La tradición panadera capitalina tiene antecedentes que se remontan al siglo XVI y, con el tiempo, desarrolló técnicas y formas propias a partir de las condiciones, los recursos y las dinámicas sociales de la ciudad.

Pero reconocer el pan dulce como patrimonio obliga a mirar más allá de la pieza terminada.

¿Qué hay detrás de una concha? ¿Cuánto tiempo tomó preparar la masa? ¿Quién la amasó? ¿Qué tipo de levadura utilizó? ¿Cómo aprendió esa persona a hacerla? ¿Qué conocimientos recibió de sus padres, abuelos o maestros?

Estas preguntas permiten entender que el patrimonio no está solamente en el pan que comemos, sino en los saberes que hacen posible que ese pan exista.

Para la Dra. Edith Pérez Flores, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, quien ha trabajado en temas relacionados con el patrimonio cultural inmaterial, el reconocimiento representa apenas un primer paso. Su importancia radica en visibilizar una labor que suele pasar desapercibida: la de quienes mantienen vivos conocimientos y procesos que forman parte de la vida cotidiana.

Porque comemos pan con frecuencia, pero pocas veces pensamos en todo lo que ocurrió antes de que esa pieza llegara a nuestras manos.

El verdadero patrimonio está en los saberes

Una de las principales aportaciones de la declaratoria, señaló la Dra. Pérez Flores, es visibilizar los conocimientos y prácticas que suelen permanecer ocultos detrás del producto final.

La elaboración tradicional del pan reúne saberes que difícilmente pueden reducirse a un manual: el amasado a mano, el uso de levaduras criollas o de masa madre, los tiempos de fermentación, el manejo de la temperatura y la humedad, así como las formas particulares de trabajar y cocer la masa, especialmente en hornos de leña.

Son conocimientos que se adquieren mediante la observación, la práctica y la experiencia cotidiana, y que se transmiten de generación en generación. Por eso, hablar del pan como patrimonio inmaterial implica hablar también de las personas que lo elaboran y de las manos que conservan ese conocimiento.

Cuando un panadero enseña a otra persona a reconocer la textura de una masa, a saber cuándo está lista y a trabajarla, no solo transmite una técnica; también comparte parte de la memoria de su familia y de su comunidad.

En este sentido, preservar el patrimonio significa reconocer a quienes mantienen vivos estos saberes y generar condiciones para que puedan seguir transmitiéndose.

¿Dónde se mantienen vivos estos saberes?

Si el patrimonio está en los conocimientos, la siguiente pregunta es dónde se encuentran y quiénes los mantienen vivos.

Para la especialista del CRIM, primero es necesario reconocer que no todo establecimiento que vende pan tradicional conserva necesariamente los mismos conocimientos y procesos de elaboración.

Un mapeo realizado en 2022 por el geógrafo y demógrafo Baruch Sanginés estimó que en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) había alrededor de 9806 panaderías; otras estimaciones independientes calculan en cerca de 3000 el número de panaderías en la Ciudad de México. Estas cifras permiten dimensionar la presencia de estos establecimientos en la región, pero también plantean una pregunta difícil de responder: ¿cuántas de ellas conservan realmente procesos y saberes tradicionales?

La palabra “tradicional” puede utilizarse de muchas maneras, por lo que uno de los retos consiste precisamente en identificar qué panaderías mantienen los conocimientos y técnicas que la declaratoria busca proteger.

Por ello, uno de los primeros pasos para hacer efectivo el reconocimiento patrimonial sería identificar a los establecimientos y, sobre todo, a las personas que mantienen vivos estos conocimientos.

En este sentido, las panaderías de barrio adquieren una importancia particular. Son espacios donde todavía pueden encontrarse procesos más lentos, elaboración manual y conocimientos transmitidos dentro de las familias. Son también lugares vinculados con la vida cotidiana de las comunidades.

Frente a las grandes cadenas y a los procesos industrializados, estas pequeñas panaderías enfrentan una competencia considerable. Sus productos pueden requerir más tiempo y trabajo y, en algunos casos, tener un precio mayor.

Por eso, la Dra. Pérez Flores planteó que una estrategia de salvaguarda podría comenzar por identificar, documentar y acompañar a aquellas panaderías que realmente conservan estos saberes. No se trata de excluir otras formas de producción, sino de reconocer de manera explícita a quienes mantienen prácticas específicas que forman parte del patrimonio cultural.

La industrialización y la prisa: amenazas para la tradición

Uno de los principales riesgos para resguardar estos conocimientos es la industrialización. La producción a gran escala permite elaborar grandes cantidades de pan en menos tiempo y con procesos cada vez más mecanizados. La máquina puede sustituir algunas tareas que anteriormente realizaban las manos de los panaderos y acelerar procesos que tradicionalmente requerían horas o incluso días.

El problema no es solamente que cambie la forma de producir pan. También puede modificarse la relación que tenemos con él. En una sociedad marcada por la prisa, el alimento puede convertirse simplemente en algo que debe estar disponible, ser económico y consumirse rápidamente.

A esto se suma la transformación de los gustos. En ese sentido, la especialista del CRIM destacó que la oferta comercial puede favorecer productos cada vez más dulces, llamativos y cargados de ingredientes, mientras que algunos sabores y características de los panes tradicionales pueden resultar menos familiares para las nuevas generaciones.

Cuando desaparece un panadero, puede desaparecer un conocimiento

Pero la amenaza no está únicamente en cómo se produce el pan o en cómo cambian los gustos. También está en la posibilidad de que desaparezcan las personas que poseen esos conocimientos.

La idea de reconocer a estos panaderos como “tesoros humanos vivos” pone el énfasis en algo fundamental: el patrimonio no puede separarse de las personas que lo conocen y lo practican.

Un catálogo de panaderías tradicionales podría ser un primer paso para identificar dónde se mantienen determinadas técnicas y quiénes son sus portadores. Pero documentar no debería significar solamente elaborar una lista. El objetivo tendría que ser generar vínculos entre esos panaderos y las nuevas generaciones.

Porque cuando desaparece una persona que posee un conocimiento que no fue transmitido, no desaparece solamente una receta. Puede desaparecer una manera particular de trabajar una masa, de fermentar, de hornear o de entender el oficio.

El consumidor también forma parte del patrimonio

Y conservar la tradición no depende únicamente de quienes elaboran el pan. También depende de quienes lo compran. Una de las reflexiones centrales de la Dra. Pérez Flores es que muchas personas comen pan, pero no necesariamente lo degustan. La diferencia parece pequeña, pero es importante: degustar implica detenerse y reconocer sabores, aromas, texturas y procesos.

Si el consumidor no distingue entre un pan elaborado mediante procesos artesanales y otro producido industrialmente, será más difícil que exista una demanda que permita sostener económicamente a los panaderos tradicionales.

Por eso, valorar el pan también significa preguntarse qué estamos comprando. ¿Dónde se hizo? ¿Quién lo elaboró? ¿Qué ingredientes utiliza? ¿Se amasa a mano? ¿Qué tipo de fermentación tiene? ¿Cuánto tiempo requiere? ¿Se utiliza un horno de leña?

Conocer las respuestas puede modificar nuestra relación con el producto. “Y también puede cambiar nuestra disposición a pagar un poco más por una pieza cuyo precio refleja el tiempo, los conocimientos y el trabajo de quien la elaboró”, agregó.

Las escuelas como espacios para transmitir la tradición

En este proceso de conocer con mayor profundidad lo que hay detrás de un pan dulce, la Dra. Pérez Flores aseguró que las escuelas pueden desempeñar un papel fundamental.

Desde la educación básica podrían desarrollarse actividades que acerquen a los estudiantes a los productores y a las tradiciones gastronómicas de sus propias comunidades. Una panadera o un panadero tradicional podría acudir a una escuela para conversar con los alumnos, mostrar cómo se prepara una masa o explicar de dónde proviene determinado pan. También podrían realizarse visitas a panaderías, talleres, demostraciones o actividades vinculadas con las celebraciones tradicionales.

La idea no sería convertir estas actividades únicamente en clases de cocina, sino utilizarlas para recuperar la relación entre el alimento, la comunidad y la memoria.

Por ejemplo, alrededor del Día de Muertos, los estudiantes podrían investigar quién hace el pan de muerto de su comunidad, cómo se prepara, qué ingredientes utiliza, cuánto tiempo requiere y qué historias familiares existen alrededor de él.

Así, la tradición dejaría de ser solamente algo que aparece en una vitrina y se convertiría en una experiencia.

Redes sociales y ferias: otras herramientas para preservar

Las escuelas no son el único espacio desde el cual puede recuperarse esta relación con el pan. Las redes sociales también pueden contribuir a este proceso: permiten documentar historias, registrar procesos y acercar a las nuevas generaciones a los conocimientos panaderos que, de otra manera, podrían resultar difíciles de conocer.

Lo mismo puede ocurrir con las ferias del pan. Estos espacios pueden ser importantes para comercializar productos y acercar al público a los productores, pero su función podría ir más allá de la venta. Una feria puede ser también un espacio para explicar cómo se elabora un pan, quién lo hace, qué historia tiene y por qué sus características son diferentes.

El objetivo debería ser que el visitante no solamente compre una pieza, sino que salga de ahí con un mayor conocimiento sobre ella.

Del reconocimiento a la salvaguarda

Reconocer una práctica como patrimonio cultural no garantiza que sobreviva. Para que el reconocimiento tenga efectos reales es necesario desarrollar acciones de salvaguarda.

Eso implica identificar a los portadores de los conocimientos, documentar sus prácticas, facilitar su transmisión y generar condiciones para que puedan continuar ejerciendo su oficio.

También implica pensar en mecanismos de apoyo para las panaderías tradicionales y en estrategias que permitan que las nuevas generaciones conozcan y valoren estos saberes.

La participación de la academia puede ser importante en este proceso mediante investigaciones, documentación y colaboración con las comunidades. Las autoridades pueden contribuir mediante políticas públicas y programas de apoyo. Las escuelas pueden funcionar como espacios de transmisión y los consumidores pueden fortalecer la demanda de productos tradicionales.

El patrimonio, en ese sentido, no pertenece únicamente a una institución. Se mantiene vivo mediante la participación de una comunidad.

El reconocimiento es apenas el comienzo

La declaratoria del pan dulce tradicional como patrimonio cultural inmaterial puede hacer visible una parte de la historia que durante mucho tiempo estuvo frente a nuestros ojos sin que necesariamente reparáramos en ella. Pero el reconocimiento, por sí mismo, no conserva una tradición.

Para que los saberes que están detrás de una pieza de pan permanezcan vivos, será necesario saber quiénes los poseen, dónde se practican, cómo se transmiten y qué condiciones necesitan quienes los mantienen.

Y quizá el reto, entonces, sea volver a mirar ese pan que forma parte de nuestra vida cotidiana y reconocer que, antes de llegar a la mesa, hubo tiempo, conocimiento y un proceso complejo en su elaboración.

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Premian proyecto que explora el juego con ajedrez

Para las niñas y los niños de Hueyapan, Puebla, jugar puede significar bordar o salir a recolectar leña, actividades que forman parte de su vida comunitaria y que contribuyen al sustento económico de sus familias. En ese contexto, los egresados del Posgrado en Filosofía de la Ciencia de la UNAM, Déborah Silva Quesnel y Jorge Luis Hernández Ochoa, desarrollaron The Childhood Board,  cortometraje documental  con el que obtuvieron el primer lugar del Social Chess Challenge 2025, de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), en la categoría Grassroots, reconocimiento que distingue proyectos que emplean el ajedrez para generar un impacto social.

El premio fue entregado el pasado 16 de septiembre de 2026, en Samarcanda, Uzbekistán, en el contexto de la 46ª Olimpiada de Ajedrez de la FIDE, por el trabajo realizado en colaboración con la Cooperativa Chiwik-Tajsal, de la comunidad indígena feminista de Puebla, cuya participación fue fundamental para desarrollar el trabajo  sobre el juego con las infancias y las mujeres tejedoras.

“Chiwik-Tajsal es una cooperativa que cuenta con un espacio llamado “La Escuelita”, lugar donde las niñas y los niños permanecen mientras sus mamás trabajan en sus tejidos, y espacio en donde se grabó el proyecto y se les enseñó a jugar ajedrez”, explicó Hernández Ochoa, quien realiza una estancia de investigación en el Laboratorio de Teoría Evolutiva e Historia de la Ciencia, del Pabellón Nacional de la Biodiversidad.

Por su parte, Silva Quesnel señaló que, en la vida cotidiana de la comunidad, el juego no siempre se concibe como una actividad separada de las demás prácticas. En este sentido, las madres tejedoras recordaron que, durante su infancia, jugaban con lodo y otros materiales disponibles en su entorno. Estas experiencias también se relacionan con las dinámicas que persisten en la comunidad, donde niñas y niños participan en actividades familiares y comunitarias, como el bordado y la recolección de leña.

Déborah y Jorge son maestros de ajedrez desde hace casi 25 años, y se han especializado principalmente en la enseñanza a infancias y adolescencias. “A lo largo de nuestra trayectoria, es la primera vez que tenemos oportunidad de hacer una implementación lúdica de este tipo: trabajar con personas poco familiarizadas con esta clase los juegos y conocer de cerca cómo, desde su propio contexto , desarrollan sus formas de jugar”, comentó Hernández Ochoa.

“Esto nos permitió observar cómo operan distintos canales de herencia y cómo las personas participan activamente en la construcción de sus entornos ontogenéticos, al tiempo que estos contribuyen a configurar sus formas de pensar, actuar y relacionarse con el mundo”,  comentó Hernández Ochoa.

Proyecto

The Childhood Board, cuya narrativa audiovisual estuvo a cargo de Alfredo Castañeda Herrera, formó parte del proyecto internacional de investigación Concepts in Dynamic Assemblages: Cultural Evolution and the Human Way of Being, realizado con el apoyo de la John Templeton Foundation y bajo la coordinación del Departamento de Antropología de la Universidad de Princeton.

El proyecto fue desarrollado por el equipo de Evoludens, (proyecto del que Déborah Silva Quesnel y Jorge Luis Hernández Ochoa son codirectores); también participaron Alfredo Castañeda Herrera, realizador del cortometraje documental; Tlacaélel Hernández Contreras, director académico; y Lila Ceballos Ocaña, responsable de la vinculación con la comunidad.

The Childhood Board es un trabajo mexicano interdisciplinario dedicado al estudio del juego, la cognición corporizada, la teoría evolutiva contemporánea, y las interacciones socioculturales, que usó al ajedrez como herramienta  de observación para explorar las formas de imaginar, relacionarse y construir significados entre las infancias de la comunidad. Las niñas y los niños seguían las reglas del juego, al tiempo que las cuestionaban: “¿Por qué si se ‘comen’ al Rey, se termina el juego, y con la  Dama no, si tienen la misma importancia?”.

La egresada explicó que el proyecto se aplica mediante clases con distintos juegos de mesa, desde ajedrez hasta juegos cooperativos y de roles ocultos. Durante las sesiones, el equipo realiza  microetnografías para observar cómo los participantes interactúan, siguen o negocian las reglas y cómo estas dinámicas reflejan su manera de ver y construir el mundo.

“El ajedrez favorece el desarrollo socioemocional, pues es un juego competitivo en el que uno gana y otro pierde, y cada jugador asume la responsabilidad de sus decisiones. En cambio, los juegos cooperativos generan dinámicas de interacción distintas”, comentó el director.

Silva Quesnel destacó que su formación en la UNAM le brindó herramientas de investigación para analizar la planeación y los materiales del juego, así como la manera en que estos dispositivos lúdicos reproducen reglas y concepciones que damos por sentadas.

“Fue una experiencia muy reconfortante ver todo el desarrollo plasmado en un cortometraje. Además, me enorgullece saber que a esas competencias acuden los mejores jugadores del mundo. Sentí mucha emoción al representar a nuestro país”, finalizó.

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Cada acorde cuenta una historia: el ensamble de guitarras de la UNAM Los Ángeles

Es motivo de celebración para la UNAM Los Ángeles que los miembros que conforman nuestro ensamble de guitarras hayan completado una memorable tercera presentación. Y es que tras constantes ensayos semanales y una diligente conducción, un nutrido grupo de aficionados melómanos han logrado integrarse no solo en los acordes, sino además en lo comunitario.

Fue 2025 cuando por iniciativa de Daniel Nevárez, instructor musical sonorense radicado en Los Ángeles, se conformó este proyecto. Su objetivo era claro desde el principio: ofrecer a la comunidad angelina una vía accesible y práctica para conectar con las diversas tradiciones musicales de Latinoamérica a través de la guitarra. La UNAM Los Ángeles, asimismo, era el lugar idóneo para albergar y nutrir una iniciativa de estas características, pues este taller se alinea de manera natural y directa con su misión de difundir la cultura y ofrecer programas de calidad a la comunidad.

Así, el pasado 11 de septiembre el repertorio ensayado, que incluye “Cielito Lindo”, “El carbonero”, “La Sandunga”, “La bruja” y “Las mañanitas”, sirvió como marco emotivo en la ceremonia de entrega de diplomas a los alumnos graduados de nuestros cursos de español. Se dice fácil, pero los miembros del ensamble y su instructor atestiguan el esfuerzo que conlleva montar una sola pieza. Si bien algunos ya contaban con algunas nociones musicales, muchos tuvieron que empezar desde cero. Es por ello que la interpretación resulta aún más meritoria. 

El enfoque de Daniel Nevárez se basa en una metodología participativa y progresiva: la experiencia colectiva del ensamble de guitarras fomenta tanto el desarrollo musical individual como la cohesión grupal. En otras palabras, sumado a los ejercicios técnicos de ejecución instrumental, se dedica mucho tiempo al ensayo colectivo; se monitorea el avance y nadie se queda atrás, pues las piezas contienen partes donde incluso los principiantes pueden integrarse de manera efectiva y visualmente atractiva en el ensamble.

Y es precisamente esa premisa social y humana la que ha permitido que el ensamble de guitarras se haya consolidado. La conexión que se ha establecido entre los estudiantes parece ahora indisoluble. Estos artistas han pasado de simplemente apreciar algunas piezas a convertirse en intérpretes activos y colaboradores en un proyecto musical común. Cada uno converge rítmicamente tanto con la música como con sus emociones; van generando confianza con el instrumento así como con sus compañeros. 

Al final, esto también les permite reconectar con sus raíces, sus tradiciones, con sueños, como relata Alma Salvador, una mexicana que llegó hace años a Los Ángeles: “Siempre tuve el anhelo de aprender a tocar la guitarra, pero la falta de tiempo, las responsabilidades y la situación económica me impedían conseguirlo”. Cuando escuchó sobre el curso de guitarra gratuito ofrecido por la UNAM Los Ángeles, de inmediato se interesó y se animó a inscribirse. Para Alma, el ensamble va más allá de una clase; es un espacio donde siente que no solo hace algo para sí misma, sino para su comunidad. 

Alberto Herrera, otro de los mexicanos que se han integrado al grupo, coincide plenamente: “Es terapéutico”, afirma. Su perspectiva y vivencias como parte del ensamble le han permitido escucharse en el lenguaje universal de la música y verse a través de la guitarra. Todos los participantes se emocionan al contar cómo la clase ha trascendido hasta volverse parte importante de sus vidas.

Por todo esto, no es exagerado decir que todos lucen al momento de tocar la guitarra e interpretar una melodía. Daniel ha integrado no solo un grupo musical sino una comunidad que está presente y acompaña diversas ocasiones importantes que se celebran en la UNAM LA. Lo que comenzó tímidamente como una clase de guitarra se ha desarrollado hasta volverse otro protagonista de nuestra oferta académico-cultural. Y lo mejor es que todavía siguen llegando más interesados en aprender. A todos los interesados les aguarda un lugar en el ensamble de guitarras.

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El siglo del pódcast: millones de voces que también cuentan la historia

Se estima que para 2028 existirán alrededor de 700 millones de pódcast. Además de transformar la manera de escuchar contenidos, estos archivos sonoros podrían convertirse en parte del patrimonio digital de nuestra época.

En las primeras décadas del siglo XXI, la humanidad comenzó a producir algo que nunca antes había hecho a esta escala: millones de relatos, testimonios, investigaciones, conversaciones y ficciones pensados para ser escuchados en cualquier momento y prácticamente desde cualquier lugar.

El pódcast se ha convertido en uno de los protagonistas de esta transformación. De acuerdo con Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI), especialista en estudios del sonido y preservación digital sonora, actualmente existen alrededor de 500 millones de pódcast y la cifra podría alcanzar los 700 millones para 2028.

Más que una forma de entretenimiento, explica, el pódcast es un producto cultural característico del ecosistema digital contemporáneo. “El siglo XXI es el siglo de oro del podcast”, afirma.

Y detrás de esa enorme cantidad de contenidos hay algo más que una nueva manera de escuchar: la posibilidad de construir un registro sonoro de la sociedad contemporánea.

Escuchar cuando y donde se quiera

Aunque el pódcast tiene vínculos con la radio, una de sus principales diferencias está en la posibilidad de elegir qué escuchar y cuándo hacerlo. Mientras la radio tradicional está organizada alrededor de horarios de transmisión, el pódcast permite descargar o reproducir contenidos para escucharlos en el momento que cada persona decida.

Su expansión se aceleró durante la pandemia de COVID-19. Tras años de reuniones virtuales y una exposición constante a las pantallas, surgió también un mayor interés por escuchar contenidos de calidad y explorar temas que no siempre tenían espacio en los medios convencionales.

Además, algunos pódcast han llevado la producción sonora a niveles que permiten construir imágenes únicamente mediante el oído. La voz, la música, los silencios, los efectos y los distintos planos sonoros pueden utilizarse para crear espacios, personajes y situaciones en la imaginación de quien escucha.

“Es como si estuviéramos escuchando cine que imaginamos en nuestra mente a partir de lo que escuchamos”, explica la especialista.

De investigaciones periodísticas a mundos de ficción

Entre la enorme variedad de pódcast existen formatos documentales que combinan investigación periodística, testimonios y producción sonora para abordar problemas sociales.

La doctora menciona, entre otros ejemplos, La teoría del paréntesis, producida en 2021, que recupera las historias de personas que vivieron en residencias de España durante la pandemia; Cruces en el desierto, de Las Raras, que aborda experiencias de personas migrantes; y producciones como Después de Ayotzinapa y La lista.

En estos casos, el pódcast no solamente cuenta una historia: conserva testimonios y construye un registro de fenómenos sociales que forman parte del presente.

La ficción también ha encontrado en este formato un espacio para experimentar con nuevas narrativas. El estallido de las cosas, por ejemplo, convierte a los objetos en protagonistas para contar el estallido social ocurrido en Chile en 2019. Otro caso es El gran apagón, que imagina las consecuencias de una tormenta solar capaz de dejar al planeta sin electricidad, internet, telefonía ni televisión.

En ambos casos, la producción sonora permite que quien escucha construya mentalmente aquello que no está viendo.

Una nueva memoria de la sociedad

La cantidad de pódcast que se producen plantea, sin embargo, una pregunta que va más allá del entretenimiento: ¿qué ocurrirá con todos estos contenidos dentro de algunas décadas?

La respuesta no es sencilla. Que un pódcast esté publicado en internet no significa que vaya a permanecer allí para siempre.

La especialista advierte que una parte importante de estos materiales podría perderse porque no siempre se reconoce su valor como documento o testimonio. Si esto ocurre, también desaparecerá una parte de la memoria digital de nuestra época.

Los pódcast ya están registrando algunos de los temas que caracterizan a la sociedad contemporánea: migración, violencia de género, violencia en México, crisis sanitarias y otros problemas sociales. Por ello, considera que deben ser preservados de manera semejante a otros documentos que permiten estudiar el pasado.

Dentro de unas décadas, una persona podría acudir a esos archivos para conocer no solamente qué ocurrió en nuestra época, sino también cómo sonaba.

Un medio joven que sigue creciendo

El pódcast tiene poco más de dos décadas de historia. La especialista sitúa uno de sus antecedentes en 2001, cuando se desarrollaron herramientas que permitieron trabajar con archivos sonoros comprimidos y descargables. En 2004, el periodista Ben Hammersley utilizó el término podcasting en un artículo publicado en The Guardian, y desde entonces la palabra comenzó a consolidarse para nombrar este nuevo tipo de contenido digital.

Desde entonces, el formato se ha expandido hacia noticias, documentales, reconstrucciones de crímenes, ficción y una gran diversidad de temas. Y aunque existen producciones de acceso abierto y otras disponibles mediante plataformas de pago, el pódcast ha dejado de ser un territorio exclusivo de las grandes empresas de radio o de las instituciones productoras de contenidos sonoros: prácticamente cualquier persona puede crear uno.

Esa democratización explica parte de su crecimiento, pero también hace más difícil decidir qué conservar.

Porque entre los millones de archivos sonoros que se producen, no todos sobrevivirán.

La investigadora estudia precisamente esta nueva generación de documentos sonoros de origen digital, entre los que también se encuentran el audiolibro digital, el audio social y el paisaje sonoro. Para ella, el momento actual es inédito: nunca la sociedad había tenido acceso a una cantidad y diversidad semejantes de producciones sonoras.

Y quizá esa sea una de las razones por las que seguimos escuchando.

“Somos seres sonoros”, explica. Antes de nacer, el ser humano ya percibe el mundo a través de la escucha y, al final de la vida, este puede ser también uno de los últimos sentidos que permanece.

En medio de una época dominada por imágenes, el crecimiento del pódcast recuerda que también estamos construyendo nuestra memoria a través de los sonidos. Millones de voces están contando el presente. El desafío será conseguir que, en el futuro, todavía podamos escucharlas.