De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2023, sólo 34.2 por ciento de los bebés menores de seis meses son alimentados exclusivamente con leche materna. En mayo de 2026, UNICEF México seguía utilizando esta cifra como referencia nacional.
En los últimos años también se ha documentado la influencia que puede tener la promoción de sucedáneos de la leche materna. En 2026, UNICEF México informó que un monitoreo realizado entre abril de 2025 y enero de este año encontró más de mil presuntas infracciones al Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna en plataformas digitales, entre ellas publicidad directa o encubierta, declaraciones nutricionales y de salud sin respaldo científico y estrategias que idealizan las fórmulas comerciales infantiles.
En agosto, el organismo advirtió además que la desinformación y la promoción de fórmulas comerciales pueden afectar el inicio y la continuidad de la lactancia materna. En México, más de la mitad de las fórmulas consumidas son recomendadas por personal de salud, directamente o mediante la presencia de marcas en artículos y regalos proporcionados por esta industria.
En relación con lo anterior, la ENSANUT 2022 señala que 27.2 por ciento de las niñas y los niños menores de dos años recibió fórmula comercial infantil durante los primeros tres días de vida.
Durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, la Organización Panamericana de la Salud señaló que la lactancia materna es una de las intervenciones más eficaces para mejorar la supervivencia, la nutrición, la salud y el desarrollo infantil porque brinda una nutrición óptima, protege contra enfermedades infecciosas, contribuye al desarrollo cognitivo y reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad en etapas posteriores de la vida.
Al mismo tiempo, las madres también se benefician porque amamantar se asocia con un menor riesgo de cáncer de mama y de ovario y de diabetes tipo 2.
“Como es bien sabido, antes de la llegada de los españoles al territorio que hoy es México el amamantamiento fue la regla. Por fray Diego de Landa sabemos que los niños eran amamantados durante tres y cuatro años, por lo que según él había gente de tan buenas fuerzas, y que los mayas eran altos”, señaló Ana María Carrillo Farga en su conferencia La lactancia materna en México, entre la tradición y la medicalización, que dio el 27 de agosto de 2026 en el Auditorio Dr. Ramón de la Fuente Muñiz, de la Facultad de Medicina de la UNAM.
“Por su parte, en el siglo XVI a fray Bernardino de Sahagún sus informantes le relataron que entre los mexicas todas las mujeres amamantaban, incluso las esposas de los emperadores”, agregó la investigadora.
“Esta tendencia continuó prácticamente inalterada durante los tres siglos de la colonización española. Incluso en el Museo Amparo de Puebla se puede ver un cuadro novohispano anónimo de la Virgen de la Leche, que es una representación de la Virgen María amamantando al Niño Jesús”, señaló la doctora Carrillo Farga, fundadora del Seminario Permanente de Historia de la Medicina y la Salud Pública en América Latina de la Facultad de Medicina.
La Liga de la Lactancia Materna
La investigadora recordó una anécdota de la década de 1950 en Estados Unidos. En 1956, en pleno auge de la alimentación artificial, con el fin de apoyarse y poder amamantar a sus hijos, siete mujeres decidieron fundar un grupo al que llamaron The Breastfeeding League o Liga de la Lactancia Materna.
Sin embargo, les informaron que no era posible que en Estados Unidos una asociación llevara la palabra “pecho” en su nombre, así que decidieron llamarla La Leche League, nombre que tomaron de la Virgen de la Leche y el Buen Parto, de España.
“Volviendo a la Nueva España, Marcos Cortés Guadarrama, de la Universidad de Veracruz, en sus estudios analiza cómo vieron a la lactancia y a los lactantes los religiosos, médicos, cirujanos y naturalistas del periodo, quienes recomendaban utilizar la leche materna para tratar desde la sordera y problemas oculares, hasta las fiebres en los tísicos”.
Estas prácticas deben entenderse dentro de los conocimientos médicos de aquella época y no como recomendaciones terapéuticas actuales.
Pero las mujeres debieron haber conocido remedios para ese y otros problemas comunes al amamantamiento, porque esta práctica continuó al menos durante 60 años después de la Independencia.
Los inicios de los cambios en la alimentación
“En la última década del siglo XIX comenzó el cambio de la lactancia materna a la alimentación con sucedáneos de la leche humana, que ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo, y siguió durante cien años”, señaló la investigadora.
Aunque hubo muchas razones para este cambio, la fundamental fue que una parte de la profesión médica influyó en la forma en que las madres mexicanas alimentaban a sus hijos.
“Sitúo los inicios de este proceso hacia 1892. Ese año, en la Escuela Nacional de Medicina fue establecida la Clínica de Enfermedades Infantiles, que al principio tuvo carácter de cátedra de perfeccionamiento, pero a partir de 1897 se convirtió en una materia obligatoria para los estudiantes de medicina, y en 1906 pasó a ser una especialidad”, señala la académica.
Los nuevos especialistas trataron de influir en tres aspectos: la maternidad científica, el control de las nodrizas y los primeros experimentos con lactancia artificial.
“En relación con la maternidad científica, los médicos pusieron en duda la capacidad de las madres para criar a sus hijos y comenzaron a definir la alimentación de los infantes como un fenómeno complejo, especializado y científico que por lo mismo debía quedar bajo la esfera del servicio profesional”, explica Carrillo Farga.
Hasta entonces, las madres solían escuchar a sus bebés para saber cuándo amamantarlos, darles alimentos sólidos o destetarlos, pero los médicos de finales del siglo XIX dedicados a la atención de niños opusieron al instinto materno la educación para la maternidad e intentaron sujetar la lactancia natural a ciertas normas.
“Por ejemplo, llamaban a alimentar al niño con el pecho entre 24 y hasta 48 horas después del nacimiento, pues calificaban al calostro como nocivo para los niños, y también hacían llamados a concentrarse desde el inicio de la vida del niño en la regularidad de las comidas”.
Estas indicaciones corresponden a la medicina de finales del siglo XIX. En la actualidad, la OMS y UNICEF recomiendan iniciar la lactancia durante la primera hora después del nacimiento y amamantar a libre demanda. El calostro aporta nutrientes y factores inmunológicos y de crecimiento importantes para el recién nacido.
Consideraban a la lactancia natural como lo mejor, pero estaba contraindicada en un gran número de casos: cuando las mujeres padecían anemia o alguna enfermedad transmisible, tenían lesiones en el pezón, pechos pequeños o muy grandes, eran irascibles o nerviosas.
“También cuando los niños tomaban el pecho con avidez o rehusaban tomarlo, si vomitaban entre dos mamadas o presentaban temperatura elevada. De acuerdo con los facultativos, en cualesquiera de estas situaciones, la madre tenía que renunciar a su deseo de amamantar”.
Esas contraindicaciones pertenecen igualmente a los criterios médicos de aquella época y no deben interpretarse como recomendaciones actuales. Hoy las situaciones en las que la lactancia debe suspenderse o evitarse son específicas y requieren una valoración individual.
Las nodrizas
Todavía a inicios del siglo XX se recurría a ellas por muerte o enfermedad grave de la madre, y en el caso de niños de familias ricas y de niños abandonados.
“En 1767, la Iglesia Católica estableció en la Ciudad de México la casa de cuna Casa de Niños Expósitos. En sus estudios, Pilar Gonzalvo concluyó que no se construyó tanto porque hubiera muchos niños abandonados, sino porque se consideraba un escándalo que las madres solteras vivieran con sus hijos”, señaló la investigadora.
En su obra La vida en México durante la residencia de dos años en ese país, que se publicó en inglés en 1843, la marquesa Calderón de la Barca, escocesa casada con el primer ministro de España en México después de la Independencia, menciona que había madres que dejaban a sus hijos en la Casa de Niños Expósitos para evitar que se les criticara por tener un hijo siendo solteras, pero que después se contrataban como nodrizas sin salario para poder amamantarlos.
“Esto, precisamente, lo confirma con datos fehacientes la Introducción a la Guía del Fondo Casa de Niños Expósitos del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, escrita por Xóchitl Martínez”, señala Ana María Carrillo.
Algunos testimonios de la época coinciden en que en general las nodrizas cuidaban muy bien a los niños, pero en esta época la profesión médica empezó a caracterizar a las amas de cría, como también se les conocía, como peligrosas. Esto condujo a considerar que su trabajo debía estar sujeto a la inspección de las autoridades sanitarias.
“Hasta entonces, la manera tradicional para confirmar que una nutriz estaba sana era observar a su bebé. Sin embargo, la mayoría de los médicos exigían el análisis de la composición de la leche por el microscopio y un detenido examen médico de toda posible nodriza, el cual violaba los códigos decimonónicos del pudor. Como en el caso de las madres, muchos médicos tuvieron hacia las nodrizas un doble discurso”, señala la investigadora.
En casi todos los artículos sobre alimentación de los recién nacidos se mencionaba que a falta de la madre debía recurrirse a un ama de cría, pero éstas fueron censuradas por favorecer a sus propios hijos, por lo que llegaron a ser separadas de sus recién nacidos.
“A finales del siglo XIX surgieron las nodrizas in situ, que ya no amamantaban a su hijo y al otro niño, sino sólo al otro niño, generalmente de casas ricas, pero entonces las acusaron de ser malas madres”, dice la investigadora.
Experimentos con la lactancia artificial
“Por lo que toca a los experimentos con lactancia artificial, empezó a ponerse en duda la idoneidad de la leche humana. Por ejemplo, el periódico La Emulación, publicación de la Sociedad Médico-Farmacéutica, de Mérida, Yucatán, afirmaba que la leche de algunas madres era pobre, por lo tanto, inadecuada para los niños, pero que la de otras mamás era demasiado rica, por lo que podía causar indigestiones y trastornos nerviosos”.
En México, como en otros lugares del planeta, se experimentaba con leche de vaca diluida en agua y con azúcar, a la que luego se fueron agregando otras cosas, como harina, bicarbonato o cebada perla.
“Algunas compañías encontraron en la alimentación con biberón un negocio rentable, y en el último tercio del siglo XIX ya producían fórmulas basadas en la leche de vaca”.
En 1867 fue introducido el alimento para lactantes de Liebig, uno de los primeros preparados comerciales de este tipo, y en 1870 Nestlé ya exportaba su fórmula a Europa, Estados Unidos y Australia. También llegaba a México.
“Desde entonces, se desarrolló un discurso que seguiría repitiéndose en prácticamente cada artículo en el siglo XX: el amamantamiento constituía el mejor modo de alimentación para los niños recién nacidos, pero a falta de lactancia completa por el seno, la mixta, bien conducida, ofrecía ventajas reales. Y la lactancia artificial con leche de vaca, rodeada de grandes precauciones, podía dar buenos resultados”.
“Con excepciones, estas fueron las tesis cada vez más empleadas por muchos pediatras: sugerían alimentar al niño con leche de burra, de cabra o de vaca, en ese orden”.
La de cabra ofrecía la ventaja de que el niño podía mamar directamente del animal, y a esa cabra había que consentirla y nunca castigarla, aunque en la ciudad era difícil tener una cabra.
Los médicos experimentaron con leche artificial en dos espacios de la Ciudad de México, la Gota de Leche para Madres Trabajadoras y la Casa de Niños Expósitos.
La medicalización de la lactancia
La intervención médica en la alimentación de los infantes, natural o artificial, fue paralela a la penetración de la profesión médica en todos los espacios privados y públicos.
“La definición de medicalización de la lactancia es el intento de expropiación del poder de las madres por los profesionales de la salud para determinar el patrón de alimentación que seguirían, así como la intervención sistemática en la vigilancia de la salud de los infantes y en el control del cuerpo y el comportamiento de las madres”, expresa la académica.
“Estas políticas fueron interrumpidas durante la Revolución de 1910, pero se reorganizaron en 1921, al término de la Revolución”.
“Son muchísimas las ventajas de la lactancia materna, tanto nutricionales, como fisiológicas, económicas, inmunológicas, tanto para la madre como para el niño”, dice la doctora Carrillo Farga.
“En un estudio cohorte con maestras, ESMaestras, del Instituto Nacional de Salud Pública, que ya cumplió veinte años, de los treinta que se planearon, se ha encontrado que hay una asociación entre las madres que amamantaron y la protección frente al cáncer de mama”.
El Estudio de la Salud de las Maestras (ESMaestras) cumplió dos décadas en 2026. Esta cohorte está integrada por 115 mil 273 maestras de educación básica de 12 estados del país y ha generado investigaciones sobre salud reproductiva, enfermedades cardiometabólicas y distintos tipos de cáncer, entre otros temas.
Durante la conversación posterior a la conferencia, Carrillo Farga hizo una precisión importante sobre el acompañamiento a las mujeres:
“A mí me parece muy importante que las mujeres que quieren amamantar reciban todo el apoyo que necesitan del Estado, de la profesión médica, de la sociedad, y que si alguna mujer no quiere o no puede amamantar, también sea respetada sin culpa”.
A más de un siglo del inicio de este proceso, todavía queda mucho por hacer para apoyar la lactancia materna. El desafío no consiste únicamente en informar sobre sus beneficios, sino también en ofrecer acompañamiento a quienes desean amamantar y garantizar que las familias puedan tomar decisiones informadas, con evidencia científica y sin presiones comerciales indebidas.