«Inmunidad de rebaño» no es opción

A pesar del número de casos de contagios (más de nueve millones) y fallecimientos (casi medio millón) que se tiene por la COVID-19 alrededor del mundo, aún no se alcanza el porcentaje necesario para hacerle frente a través de la inmunidad de rebaño.

Esta inmunidad se logra cuando el 60 o 70 por ciento de la población -contagiada- adquiere anticuerpos o algún otro tipo de protección que evita la circulación del virus. Para la reciente pandemia lo mejor es pensar en un remedio médico.

De acuerdo con Rosa María Wong Chew, jefa de la subdirección de Investigación Clínica de la Facultad de Medicina de la UNAM, los estudios serológicos que se han realizado en torno a este coronavirus indican que nueve de cada diez personas pueden seguir contagiándose debido a la susceptibilidad que tienen hacia el patógeno. Es decir, sólo el diez por ciento de la población mundial ha tenido contacto con el virus a lo largo de la epidemia.

En algunas ciudades la prevalencia se estima entre el cinco y diez por ciento. En Nueva York, donde la densidad de población es muy grande – y por lo mismo tuvo muchos casos de contagio- sólo el 20 por ciento de sus habitantes ha desarrollado anticuerpos.

“Hay reportes que indican que para lograr que el 60 o 70 por ciento de la población tenga anticuerpos, tienen que pasar alrededor de dos años. Pero si se logra desarrollar vacunas, podríamos adquirir la inmunidad antes”. El problema es que mientras esperamos una cosa u otra, las personas se seguirán infectando en todo el mundo.

Wong Chew recordó la fallida estrategia que países como Suecia e Inglaterra emplearon al inicio de la pandemia. La falta de conocimiento respecto al comportamiento del SARS-CoV-2 les imposibilitó considerar alternativas que evitaran poner en riesgo la vida y la salud de sus pobladores. Pensar que el índice de letalidad (número de fallecimientos por el número de pruebas que se hacen) contemplaba sólo al dos por ciento mostró la subestimación hacia el virus.

El SARS-CoV-2 es de tal agresividad que podría enfermar de gravedad hasta al más sano. Las estadísticas en nuestro país son un ejemplo de ello. En entrevista con Deyanira Morán, conductora de Prisma RU de Radio UNAM, la académica universitaria dijo que, si bien el 70 por ciento de los infectados padece comorbilidades, nadie que goce de una aparente salud física se exime de morir a causa de COVID.

“Ya después de nueve millones hemos aprendido que no nada más da neumonía, también da diarrea; que en los niños les puede dar Síndrome Inflamatorio Multisistémico Grave o que no manifiestan infecciones respiratorias, sino dolor abdominal o incluso generar un apendicitis o pancreatitis. Puede haber afección renal, coagulación, trombosis, afecta a los bazos, a los pulmones, pero que también puede haber afección del sistema nervioso central”.

En el caso de México el índice de letalidad es alto debido a diversos factores que agravan la salud del enfermo. Doce de cada cien mueren, ya sea por la mala alimentación, la edad o las enfermedades previas, por mencionar algunos.

UNAM Global · Por qué la inmunidad de rebaño no es opción para enfrentar la COVID-19

Aumento récord de CO2 en mayo, pese a coronavirus

Pese a las restricciones de movilidad y la reducción de la actividad económica en el mundo por la pandemia de COVID-19, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera del planeta alcanzaron un nuevo nivel récord durante mayo de 2020.

Datos publicados por la Institución de Oceanografía Scripps (Scripps Institution of Oceanography) de San Diego, California, indican que al final del mes dicho gas de efecto invernadero promedió una concentración de 417 partículas por millón (ppm).

Desde la Revolución Industrial, las concentraciones atmosféricas de CO2 han aumentado constantemente por las actividades humanas. En la década de 1950 había un poco más de 300 ppm; hace seis años se alcanzó por primera vez el hito de 400 ppm y su crecimiento continuó acelerándose hasta llegar a 414 ppm al concluir 2019, según datos de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA).

El doctor Ricardo Torres Jardón, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM nos explica que durante el confinamiento efectivamente “hubo cierta reducción en las emisiones humanas, pero esta reducción no alcanza a ‘pintar’ en el balance global”.

Las restricciones por la COVID-19 afectaron al sector del transporte y algunas industrias. Pero el transporte representa “una pequeña fracción del total estimado de emisiones”, solo un 14% de los gases de efecto invernadero, cuyo principal compuesto es el dióxido de carbono, y la industria con un 21 por ciento.

En cambio, la pandemia no afectó la contribución de sectores con un alto promedio de emisiones de gases de efecto invernadero, como el de generación eléctrica (25%) y el agrícola y forestal (24%), “por lo que, aun controlando los primeros dos grupos, no se vería un efecto mayor”, aclara el investigador.

Así, el resultado actual revierte cualquier expectativa de que la crisis por la COVID-19 permita una reducción permanente de las emisiones globales, lo que de hecho sucedió en abril pasado, cuando las emisiones diarias de dióxido de carbono bajaron 17%, un equivalente a 17 millones de toneladas, en comparación con los niveles diarios promedio observados en 2019, en que el total de emisiones globales de CO2 durante todo el año fue de 33 mil millones de toneladas.

“Como el balance de las emisiones es multifactorial, es posible que la reducción de abril fuera una mezcla tanto de la disminución en la actividad antropogénica (humana), como un efecto meteorológico”, señala el investigador Ricardo Torres.

Pues igual que sucede con los fenómenos atmosféricos como ciclones o huracanes, “la concentración de CO2 varía dependiendo de las temporadas” y en mayo las concentraciones son naturalmente elevadas, agrega.

También el informe de Scripps refiere que la reducción de emisiones durante abril fue insuficiente para influir en las variaciones de la concentración atmosférica de CO2. Advierte que para conseguir una verdadera mejoría, sería necesario reducir las emisiones diarias entre 20 y 30% durante todo un año.

Torres Jardón coincide en la necesidad de realizar acciones “muy drásticas” para que se detenga la fuerte influencia de las emisiones antropogénicas en el equilibrio global del CO2. El problema, añade, es que “hay muchas actividades que no podrán ser detenidas a corto plazo”.

En consecuencia, frente al panorama actual aún es vigente la advertencia del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático sobre una posible concentración de CO2 de 930 ppm para el año 2100. Una perspectiva complicada, no solamente por la influencia negativa de este gas en el cambio climático, sino también en nuestra salud física y mental.

Demasiado CO2 podría dañar la capacidad cognitiva

Un estudio reciente, dirigido por Kris Kamauskas, de la Universidad de Colorado, calcula que hacia el fin del siglo las personas podrían estar expuestas a niveles de carbono de hasta 1400 ppm… en su propia casa.

La explicación que ofrecen es sencilla. En general, las concentraciones de CO2 son más altas en interiores que en el exterior, pues al gas que llega de afuera se añade el que generamos al exhalar, además del que se desprende, por ejemplo, de la combustión del gas de estufas y calentadores de agua.

El problema es que cuando respiramos aire con altas concentraciones de CO2, aumenta el nivel de este gas en nuestra sangre y se reduce la cantidad de oxígeno que llega al cerebro. Múltiples estudios señalan que la falta de oxigenación aumenta la sensación de letargo y ansiedad, y daña funciones cognitivas básicas como la capacidad de decisión y el razonamiento estratégico.

Una razón más para disminuir las emisiones

Sin embargo, no está previsto que las consecuencias de la pandemia en nuestras actividades limiten mucho el aumento anual de concentraciones de CO2 en 2020, que se calcula será de 2.48 ppm, lo que no difiere mucho del incremento de 2.8 ppm que se había proyectado antes de la aparición del coronavirus. Tal variación no sería suficiente para reducir los efectos climáticos.

Si realmente se busca atenuar el cambio climático, será necesario que los jefes de Estado y líderes mundiales planifiquen la “nueva normalidad” económica tomando en cuenta la reducción de emisiones y el cambio climático, con la vista puesta en las próximas décadas.

http://ciencia.unam.mx/leer/1012/aumento-record-de-co2-en-mayo-pese-a-coronavirus-

Explorando distintos enfoques en los tratamientos contra COVID-19

Los trastornos del sueño y la cuarentena

La enfermedad COVID-19 se caracteriza por distintas complicaciones en todos los ámbitos de la vida a nivel global. El confinamiento ha provocado que la mayor parte de la población se encuentre con limitaciones de movimiento, espacio físico e interacción social, factores que impactan negativamente en el acto de dormir.

El sueño y la vigilia integran un ritmo biológico que se sincroniza con la noche y el día, principalmente debido a factores ambientales y psicosociales.

Con respecto a los factores ambientales, debe mencionarse que la iluminación natural que recibimos durante el día tiene un efecto estimulante que, entre otras cosas, permite mantener el estado de vigilia. De modo complementario, la oscuridad es un estímulo que al ser identificado por nuestro cerebro provoca cambios hormonales que permiten el inicio del sueño.

La cuarentena ha provocado que la gente esté demasiado tiempo en casa, esto ha disminuido la exposición a la luz natural durante el día e incrementado el tiempo que ocupamos frente a dispositivos electrónicos (sobre todo en la noche). Lo anterior ha traído, como consecuencia, somnolencia diurna y un atraso importante en el horario de sueño.

En relación a los factores psicosociales, al estar en cuarentena se ha perdido la necesidad de cumplir con horarios (escuela, trabajo, deporte o alimentación, entre otros). En este sentido, para todos los que estamos en casa y no tenemos actividades en horarios definidos, se ha perdido la necesidad de acostarse/levantarse en horarios específicos. Es como si todos los días fueran sábado o domingo, de hecho, hay quienes bromean con que este domingo ya duró varios meses.

En ese contexto, la mayor parte de la población ha experimentado síntomas de insomnio, sueño no reparador, cansancio y somnolencia.

Asimismo, la incertidumbre que llegó con la pandemia ha provocado ansiedad en la población e incremento en los casos nuevos, o recaídas de pacientes con trastornos del sueño relacionados con ansiedad como las pesadillas o el sonambulismo.

Actualmente, la Clínica de Trastornos del Sueño, de la Facultad de Medicina de la UNAM, ofrece servicio de teleconsulta. Si necesitas ayuda dale clic a la siguiente liga: http://clinicadelsueno.facmed.unam.mx/

La Pandemia Hoy


Desde que inició la pandemia a principios de este año 2020 y hasta el 17 de junio, se han registrado 8 millones de personas contagiadas por el virus SARS-COV-2 en todo el mundo y medio millón de muertes. A nivel global, en la actualidad hay 7 mil millones de habitantes y se pronostica que se infectarán de este virus 3 mil millones, si la mortalidad es de 1 por ciento, habrá 30 millones de muertes por la COVID-19, así lo afirmó el coordinador de la Comisión para Atención de la Emergencia de Coronavirus de la UNAM, Dr. Samuel Ponce de León, quien también es director del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS).

Durante el ciclo de conferencias La Ciudad y la Pandemia que organiza el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM, el Dr. Ponce señaló que no tenemos ninguna inmunidad ante este virus, que es altamente transmisible, que tiene una alta letalidad y conocemos poco de la respuesta inmunológica. “En este momento no se conoce tratamiento efectivo y no existe vacuna alguna en el horizonte cercano”.

“El uso de cubrebocas es el que tiene mayor impacto en la disminución de la transmisión de la infección, además es muy importante el distanciamiento social, el confinamiento en casa, pero es fundamental la cobertura con cubrebocas”.
Dijo que hay un cuerpo de conocimiento científico de la biología viral y fisio-patogenia que hacen lógico la utilidad del cubrebocas. “Tenemos que incorporarlo en nuestra vida práctica todos, bien colocado sobre nariz y boca para evitar expeler gotas o respirar gotas, como parte de la responsabilidad para con los demás y conmigo, tiene que ser una práctica permanente en nuestra sociedad”.

Para afrontar el problema en México se decidió utilizar el sistema de vigilancia Centinela basado en el sistema de influenza del país, que no es el óptimo, pero ha sido útil; también se observa el desarrollo de la epidemia con modelos matemáticos y un número de pruebas de diagnóstico de confirmación; las intervenciones sociales y un eficaz y eficiente proceso de reconversión hospitalaria.

El Dr. Ponce de León recordó que tenemos uno de los peores sistemas de salud de América Latina y en los indicadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ocupamos los últimos lugares. La estrategia de la reconversión hospitalaria para transformar los hospitales en sitios de atención para pacientes COVID ha permitido enfrentar la pandemia en mejores condiciones y dar suficiencia a la demanda de atención que ha sido enorme.

La pandemia no se puede evitar y debe ser manejada como una administración de riesgos. El objetivo es minimizarlos para que el sistema hospitalario no colapse y tenga capacidad de atender a los pacientes que lo requieran.
En México hubo oportunidad de ver cómo se venía configurando la pandemia y desde el inicio se implementaron políticas que permitieron oportunamente establecer las intervenciones de educación, higiene, etiqueta respiratoria para llegar al distanciamiento social y finalmente al confinamiento.

El Dr. Samuel considera que la manera en la que ha sido manejada la epidemia en el país ha sido correcta, sobre todo si se compara con otros países de la región donde el impacto en los sistemas de salud ha sido muy grave, por ejemplo, Brasil, Perú, Venezuela y Ecuador.

Para el 16 de junio, México tenía 150 mil casos y 18 mil muertes. “En un país heterogéneo con densidades de población variables y con una incidencia de infección variable, es difícil tener recomendaciones generales, aunque en un principio se establecieron políticas para todo el país, hoy se tratan de establecer medidas para cada estado”.

Para el futuro “tenemos un camino complicado porque que habrá una sucesión de brotes epidémicos ya que la gran mayoría no ha estado expuesto al virus y no tenemos inmunidad. Esperamos tener tiempo para ir desarrollando tratamientos efectivos y eventualmente tener una vacuna que será nuestra mejor herramienta para un futuro menos complicado”.

En el caso de Ciudad de México, es el epicentro de la epidemia en el país. En algunas gráficas parece que la epidemia se ha estabilizado, se espera que para las próximas dos semanas el número de contagios comience a disminuir.
En la gráfica de los pacientes hospitalizados en la capital se observa una meseta, aunque se trate de correlacionar con el número de casos confirmados, también se puede interpretar que estamos llegando a un techo en la capacidad hospitalaria, que no crece más, porque no hay más camas que ocupar. Lo mismo sucede en la gráfica de casos de personas entubadas y puede ser por la saturación de los servicios.

En este momento se están relajando las recomendaciones de confinamiento y dependiendo de la capacidad hospitalaria iremos de un color a otro, la pregunta es si es el momento adecuado. “En esto no habrá buenos momentos para regresar, el virus va a estar ahí, hay peores tiempos que otros, y dado el número de muertes no es el mejor para cambiar el semáforo en este momento”.

“No hay final feliz para esta historia y no solo es responsabilidad del Estado sino de todos”. Finalmente dijo, seguirá una sucesión de epidemias a manera de olas para los próximos 12 o 18 meses. “Lo cierto es que nuestro futuro está asociado al SARS-COV-2 indefinidamente y lo mejor que tenemos es una vacuna y lo mejor es que la tengamos pronto pero no va a ser este año”.

¿Qué pasará con la vida afectiva y de pareja en la nueva normalidad?


Volver a la vida que teníamos antes de marzo será imposible, la COVID-19 removió la realidad en las industrias, la educación, el deporte, las profesiones, la vida diaria y, sobre todo, las relaciones interpersonales, de pareja y afectivas.

Hemos vivido mucho tiempo acostumbrados al contacto físico, sobre todo en la cultura de los mexicanos, caracterizada por su calidez y cercanía, pero van a tener que cambiar las cosas, explicó la doctora Nélida Padilla Gámez, investigadora y académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala.

No es sólo el uso obligatorio de un cubrebocas y el distanciamiento social, es reestructurar las salidas a comer, el uso del transporte, la convivencia diaria en el trabajo, la escuela y con la pareja. De acuerdo con la especialista en psicología y salud sexual, las personas que sí tienen pareja no tendrán tantos cambios, pero quienes no cohabitan en pareja será complicado, porque la principal fuente de contagio será la saliva y los besos, por eso la sugerencia del uso de caretas en un encuentro íntimo.

Una situación que será complicada porque, refirió Padilla Gámez, los besos son la primera parte de la excitación. En ese contexto, el uso de condón tendría que ser ya usual en cualquier encuentro casual, pero ahora evidentemente se deberá usar y se tendrán que incluir otros utensilios como el uso de plástico para usarlo para los besos o para quien practica el sexo anal, ya que se ha demostrado que el coronavirus está presente en las heces. “Esta práctica tendrá que ser súper protegida o mejor evitarla”.

En la llamada “nueva normalidad” tendrá que haber una transformación importante, sobre todo para aquellas personas que no viven con su pareja o que gustan de encuentros casuales con otras, en donde debe operar el principio de auto seguridad y cuidado. “Qué tanto te vas arriesgar, hay que apostarle a la responsabilidad, seguir trabajando en educación sexual integral desde edades más tempranas, para que desde pequeños aprendan a tomar decisiones de cómo se van a relacionar más adelante”.

Por otro lado, en cuanto a las relaciones afectivas, muchas personas van a consolidar sus compromisos monógamos por salud y protección, otras tendrán que replantearse sus compromisos o sus formas de relacionarse, como los poliamorosos o swingers y extremar las precauciones de con quién y cómo se relacionan. La monogamia y la fidelidad tendrán que volver a un lugar de discusión para muchas personas, porque la vida se está poniendo en juego. “Por primera vez en muchos años habrá un replanteamiento de con quién te relacionas y cómo, nunca había pasado que un agente patógeno externo estuviera en cualquiera cosa y representara la muerte”.

Sin embargo, aunque son posibles escenarios que deben tomarse en cuenta por la convivencia que se tendrá con el virus en los próximos años, no se puede determinar nada, porque apenas se están conociendo sus efectos.

La doctora Padilla afirmó que la vida sexual es importante para mantener el sistema anímico e inmunológico en buenas condiciones, por ello, una opción podría ser darle visibilidad a la actividad auto erótica o masturbación. “Ha tenido muchos estigmas a lo largo de la historia, está vetada por muchos y tiene una connotación negativa pero hoy en día la práctica más segura será tener sexo con uno mismo, y derivado de la falta de educación sexual se cree que sólo se obtiene a través del coito”.

Ante esto, apuesta por amplificar la mirada sobre la vida sexual y dejar de creer que la satisfacción sólo se obtiene del coito. “Hay que reestructurar nuestra forma de relacionarnos en la intimidad, si no abrimos esta idea vamos a sufrir mucho, pero si vemos que la vida sexual es creatividad, es diversidad y todo lo que puedas hacer mientras no te haga daño ni a otra persona, todo se vale”, finalizó.

Los cambios en la conducta nos preparan para enfrentar las emergencias

UNAM Global · Los cambios en la conducta nos preparan para hacerle frente a las emergencias

Conforme avanza la pandemia, y con ella el acatamiento de ciertas medidas de seguridad, hemos notado situaciones ajenas a nuestra cotidianidad que ni siquiera imaginamos vivirlas. La incertidumbre que provoca este cambio repentino nos somete a tensiones que muchas veces derivan en trastornos emocionales temporales o permanentes.

De acuerdo con Juan José Sánchez Sosa, profesor emérito de la Facultad de Psicología de la UNAM, el estrés es una reacción normal que, dependiendo de nuestra historia personal, se manifiesta a través de muchos comportamientos.

El sismo de esta mañana en plena contingencia es un claro ejemplo de ello. “Los temblores normalmente nos ponen ansiosos, pero es una ansiedad que nos activa para echar mano del aprendizaje que tenemos. Lo que estamos viendo es una situación normal que en un futuro va a regresar. Ese ya pasó, pero el de la pandemia permanece”.

Para el especialista en medicina conductual, los antecedentes individuales y familiares de cada persona son necesarios para explicar el nivel de éxito que pueda tener el afrontar las demandas de la pandemia, el susto del temblor, o el experimentar las dos cosas al mismo tiempo. De ahí la necesidad de que la población en general tenga acceso a educación o información que le oriente a saber qué está sintiendo, a qué debe poner más atención y cuánto tiempo es normal sentir eso.

Lo que se busca, dijo, es un equilibrio emocional que nos permita hacerle frente a la situación, avanzar no sólo hacia la promoción de la salud mental, sino hacia su atención, sobre todo para aquellas personas con antecedentes de desequilibrio emocional.

“Yo la veo como una curva normal, donde en un extremo tenemos poquita gente que reacciona muy bien, que se adapta muy rápido, que toma medidas muy rápido, y en el otro extremo tenemos gente que tiene una sobrerreacción enorme, que sufre mucho, que empieza a tener problemas que no había tenido, somatiza. La gran mayoría de la gente está entre estos dos extremos, en la zona de normalidad”.

En entrevista con Deyanira Morán, conductora de Prisma RU de Radio UNAM, el académico universitario recordó lo sucedido con otras enfermedades de alarmas sociales, que fueron tomando niveles de normalidad en el momento en que la gente comenzó a hacer cosas que antes no hacía y dejó de hacer cosas que antes hacía.

Esos cambios de comportamiento -que incluyen alteraciones en las creencias y en cómo regulamos nuestras emociones- son, según Sánchez Sosa, las cosas que a mediano y largo plazo nos preparan para hacerle frente a las emergencias y con los cuales podemos restaurar, en la medida de lo posible, el bienestar que normalmente estamos buscando.

“Yo espero que haya la oportunidad que los colegas que han estado colaborando en esto, muy pronto analicen los datos del impacto que tuvo la ayuda -que ha realizado la UNAM-, porque eso nos va a enseñar mucho para saber qué esperar en un futuro si una cosa similar nos vuelve a pasar”.

Pruebas diagnósticas del SARS-CoV-2

Primer mexicano en ganar beca de la NASA es egresado de la UNAM

En 2019 Mario Rivas, egresado de la UNAM, se convirtió en el primer mexicano en ganar la beca para investigadores postdoctorales que otorga la NASA, en el área de Astrobiología, por su proyecto titulado “Evolución temprana del aparato de traducción, una perspectiva estructural”.

No es la primera vez que el universitario gana una beca para estudiar en la NASA, ya que, durante su doctorado en 2012, existía un programa de residentes en biología planetaria con el que se podía cursar una estancia de investigación. Mario Rivas ha tenido el privilegio de estudiar dos veces en la NASA.

Fue uno de los tres seleccionados para este grado, los otros dos son estadounidenses. Actualmente trabaja en la Universidad de Houston con George Fox, un investigador reconocido mundialmente en el campo de origen de la vida.

Lleva un año con su investigación y acaba de renovar su beca. Al terminar este año, y si demuestra que su proyecto ha obtenido buenos resultados, podrá renovarla por última vez.

Mario ingresó a la Máxima Casa de Estudios desde la Escuela Nacional Preparatoria No 2, posteriormente llegó a la Facultad de Ciencias donde cursó su licenciatura en biología, y finalmente se doctoró en la Facultad de Medicina.

La UNAM es como su propia casa, el sitio que le abrió las puertas para estudiar y convertirse en lo que es hoy. De joven tenía algunas limitaciones económicas, y gracias a la UNAM pudo acceder a una educación de alta calidad.

Toda su vida fue muy dedicado al estudio. Estaba en su tercer semestre en la Facultad de Ciencias cuando decidió inscribirse a la materia Origen de la Vida, no le importó saber que se trataba de una materia dirigida a los estudiantes de últimos semestres. Ahí, conoció a Antonio Lazcano, quien se convirtió en su padre académico, como él lo llama.

Desde entonces se sintió maravillado por el estudio del origen de la vida, y es la materia que más veces ha tomado. “Después de haberla pasado yo seguía entrando como si fuera alumno”.

Además de Lazcano, tuvo la influencia de otros profesores a quien también les agradece con mucho cariño su vida académica: Arturo Becerra, Víctor Valdés, Diego González, Georges Dreyfus, Pablo Vinuesa, Alicia Negrón y Lorenzo Segovia.

Una de las prioridades de la NASA es entender el origen de la vida, al estudiar cómo nació en la Tierra, los científicos podrán saber que buscar allá afuera, en ese enorme Universo.

Por esto, su proyecto “Evolución temprana del aparato de traducción, una perspectiva estructural” es importante para entender el origen y la evolución temprana de la vida en nuestro planeta.

Investiga sobre el ribosoma, que se trata del vestigio más antiguo que todos los seres vivos comparten, ubicado en las células y cuya historia está embebida en su estructura tridimensional.

El ribosoma es el sistema celular encargado de sintetizar las proteínas a través de decodificar el código genético.

México frente a COVID-19: su rol a nivel global

Contaremos con la presencia del Dr. Juan Ramón de la Fuente, Embajador de México ante la ONU y nuestros expertos de TecSalud. Abriremos la conversación sobre el importante rol que juega México en el mundo frente a la pandemia COVID-19 y también la otra pandemia que no podemos dejar de atender: la crisis de salud mental. ¿Cuáles serán los efectos globales a largo plazo y cómo debemos estar preparados? Acompáñanos en la transmisión en vivo a través de facebook.com/tecsalud.mx twitter.com/TecSaludMX youtube.com/tecsalud Esperamos contar con tu presencia

Desde el Laboratorio Origen de la Vida se lucha contra la COVID-19

Un grupo de científicos al que pertenece el académico de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM, Antonio Lazcano Araujo, recomendó probar el medicamento Sofosbuvir contra el virus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19.

La Facultad de Ciencias de la UNAM tiene una larga tradición de activismo político. Siempre es de las primeras facultades en alzar la mano, en convocar a asambleas para discutir las problemáticas de su comunidad. En sus pasillos, salones, auditorios, muros no sólo se discute de ciencia. Quien la recorra se encontrará con diversos talleres creados por los mismos estudiantes en los cuales se informan y preparan para entender a su sociedad y a su país.

En ese lugar está enclavado el Laboratorio Origen de la Vida, dirigido por el doctor Antonio Lazcano, autor de más de 150 trabajos de investigación publicados en revistas con arbitraje internacional, alrededor de 70 artículos de divulgación científica, y es autor o coautor de 16 libros especializados sobre problemas evolutivos.

Lazcano cuenta, en entrevista con UNAM Global, que semanas antes de que llegara la pandemia a México, los doctores y alumnos que integran el Laboratorio Origen de la Vida decidieron pausar sus proyectos y enfocaron todas sus energías a la lucha contra la COVID-19.

La llegada de los doctores Rodrigo Jácome y José Alberto Campillo al laboratorio fue muy afortunada, señala, porque ellos desde un principio se interesaron en el problema del origen y la evolución de los virus. “Dijimos: vamos a ver qué podemos hacer para ayudar porque el problema es aterrador, especialmente en un país como México que tiene una política de salud tan errática. Regresamos al laboratorio, citamos a todos los alumnos para el día siguiente y nuestra primera propuesta fue: ¿por qué no hacemos una página? Se los propuse a los estudiantes porque hay una brecha generacional. Los estudiantes toman clase con el celular en la mano para grabar lo que uno dice. A mí me ha pasado en clase que de repente no me acuerdo de la estructura de un compuesto o del nombre de una bacteria y rápidamente va a haber una alumna o un alumno que diga: es tal cosa. Son unas hachas para manejar las redes. Entre ellos definieron cómo querían hacer la página y realmente fue una discusión colectiva, al decir: vamos a concentrarnos todos en usar las herramientas que conocemos. Todos estaban conscientes del problema de la pandemia. La pandemia no había llegado a México, pero era evidente que esas primeras semanas no se podían desaprovechar”.

El doctor Lazcano señala que los medios de comunicación no han enfatizado el papel de los alumnos, “pero piensen en las médicas, en los médicos, los que están haciendo su internado en los hospitales. Son estudiantes de medicina que están trabajando ahí con mucho énfasis. En la Facultad de Ciencias tenemos estudiantes que están trabajando en pruebas más baratas”.

Agrega que los estudiantes son esenciales y “están recibiendo un golpe en su formación que los está haciendo sensibles a la necesidad de estar muy bien preparados, no sólo en ciencias sino también en problemas sociales, económicos, políticos”.

Acota que la Facultad de Ciencias “tiene una tradición de ser, a veces, excesivamente política, pero ese exceso de politización tiene salidas maravillosas, generosas, como la que estamos viendo. Y yo encuentro que la situación es comparable, por ejemplo, a las brigadas de estudiantes, profesores y trabajadores que ayudaron en los sismos de 1985 y 2017. Y simplemente comprueba lo que todos sabemos: uno de los acervos más ricos, más extraordinarios que tiene la nación es la gente joven”.

Precisa que el trabajo que está haciendo “no sólo nuestro laboratorio, no sólo nuestra Facultad, no sólo la UNAM, sino todas las Universidades, las instituciones de educación superior en México, demuestra que la única manera de tener una nación democrática, equilibrada y con mayor justicia es con el concurso de las instituciones de educación superior”.

Las pandemias están revelando una serie de problemas sociales de las que a veces uno no tiene conciencia, indica. La violencia doméstica, por ejemplo. La pandemia agudizó la desigualdad que existe en el país. Y el doctor hace el recuento de las personas que tienen que salir a la calle porque viven al día: los que recogen la basura, los músicos de la calle, los que venden comida.

Sofosbuvir

En un estudio publicado en la revista Nature Scientific Reports, Lazcano y sus colegas consideran que el Sofosbuvir es una buena alternativa para enfrentar la pandemia de COVID-19, propuesta en la que coindicen varios grupos científicos del mundo.

Lazcano nos comparte la historia. Hace cinco años llegó al laboratorio y se doctoró un estudiante de la UNAM, el doctor Rodrigo Jácome, “se doctoró conmigo y el proyecto de tesis fue el de las polimerasas virales. Cuando empezó la pandemia de la COVID-19 se nos ocurrió hacer una comparación evolutiva, es decir, qué tanto se parecían las polimerasas, que sabemos que tienen un origen común y nos dimos cuenta que era extraordinariamente parecido la RNA polimerasa del SARS-CoV2 con el virus de la hepatitis C. Tenemos estructuras terciarias, pudimos comparar con mucho detalle y revisando la lista de medicamentos nos dimos cuenta que el sofosbuvir, que es un antiviral, encajaba perfectamente bien en el sitio activo. La polimerasa lo toma, pero la molécula engaña a la polimerasa. La polimerasa lo toma y una vez que lo incorporó se frena el proceso de replicación de los virus. Propusimos el sofosbuvir como una alternativa terapéutica”.

Lazcano recuerda que la UNAM, desde sus orígenes, siempre ha estado al servicio del país, la Universidad de la Nación. El doctor Lazcano tiene entre sus reconocimientos: Vicepresidente (1997-1999), primero, y luego Presidente (1999-2001) de la Gordon Conference of the Origins of Life, además de haber sido dos veces Presidente de la International Society for the Study of the Origins of Life, convirtiéndose en el primer científico latinoamericano en llegar a ese puesto, al que fue reelegido. En 2006 recibió la Medalla de la Gran Cruz de Fundador de la Universidad de San Francisco de Quito; en 2007 la UNAM le otorgó el Premio Universidad Nacional en Investigación en Ciencias Naturales, y al año siguiente la Universidad de Milán le concedió el doctorado Honoris Causa, seguido unos meses más tarde por la Primer Medalla “Francesco Redi”, que le otorgó la Sociedad Italiana de Astrobiología. En 2009 recibió de la Universidad Veracruzana la Medalla al Mérito Universitario, y en 2013 la Tercera Cumbre de la Evolución le otorgó en las Islas Galápagos el “Charles Darwin Distinguished Scientist Award” junto a la Dra. Ada Yonath, Premio Nobel de Química (2009). En mayo de 2015 la Universidad de Valencia, España, le confirió el grado de Doctor Honoris Causa. El doctor Antonio Lazcano Araujo ingresó a El Colegio Nacional el 6 de octubre de 2014.

El día a día de médicos y residentes ante la COVID-19

 

Durante ocho horas tienen que soportar calor, hambre y sed. Tienen a la mano analgésicos para combatir el dolor de los gogles. “Se dice fácil, no lo es, pero lo hemos llevado muy bien”, relatan los doctores Adriana Lizeth Murillo Ochoa, residente de Terapia Postquirúrgica y Jesús Martínez Gutiérrez, jefe de residentes del Instituto Nacional de Cardiología.

En ese hospital, explican, después de la jornada laboral en la designada área COVID, se discute el manejo de los pacientes para revisar cada uno de los casos. Durante el día la comunicación con enfermeros, médicos residentes y adscritos es vital para gestionar su seguimiento.

De acuerdo con los médicos, su trabajo en la pandemia no se detiene, varias áreas están destinadas a la atención: desde tamizaje en la entrada del hospital, la patología cardiovascular, urgencias, terapia intensiva, su estadía en piso, hasta el alta.

Para las guardias médicas, en el uso del equipo de alta seguridad se cuida hasta el más mínimo detalle para que no represente un riesgo, se cuida el aspecto psicológico y emocional del personal. Al final de la jornada se retira meticulosamente el equipo, se toma un baño, se cambian y al llegar a casa hacen lo mismo.

“Lo más difícil es ver a mi hijo y no poder darle un abrazo, hay que mejorar nuestros hábitos y cuidarnos”, finalizó Martínez Gutiérrez.

«Lentes del tamaño de galaxias»


Ulises Reyes, estudiante de la maestría en Astrofísica en el IRyA UNAM, nos cuenta sobre las lentes gravitacionales, por qué existen y para qué nos sirven

Seminario Permanente de Bioética: Pandemia: Todas las caras

Remdesivir no es la solución contra la COVID-19

Contra los efectos del SARS-CoV-2 no hay aún vacuna o tratamiento específico. Si bien hay medicamentos que podrían ayudar a reducir el tiempo de recuperación de algunos pacientes graves, no son la solución que se requiere para combatir la COVID-19.

De acuerdo con Susana López Charretón, investigadora del Instituto de Biotecnología (IBT) de la UNAM, el uso del Remdesivir -que los medios de comunicación anunciaron recientemente con bomba y platillo- sólo ayuda a aquellos enfermos que requieren hospitalización, de los cuales, el 30 por ciento se recupera.

“Son buenas noticias, pero no buenas como uno quisiera. El Remdesivir sólo se puede administrar vía intravenosa y se sabe que sería mucho mejor poder administrarse al inicio de la infección para controlar la replicación del virus”.

Este fármaco de fácil acceso es un tratamiento antiinflamatorio que sólo podría emplearse en aquellos pacientes que, por la condición severa en la que se encuentran sus pulmones, requieren una exacerbación de la respuesta inmune.

Por tanto, de aplicar el medicamento al principio de la infección, se inhibiría la respuesta inmune de nuestra defensa, algo que sólo empeoraría nuestro estado de salud. De ahí la importancia de aplicarse en hospitales y bajo supervisión médica.

Lo mismo sucede con la hidroxicloroquina y la cloroquina, las cuales, explica López Charretón, son medicamentos contra la malaria y otras enfermedades diferentes a la que provoca el virus SARS-CoV-2. Automedicarse con estas drogas provocaría más problemas que soluciones a la crisis de salud que actualmente estamos teniendo.

Según la científica universitaria, descubrimientos médicos y científicos como éste se hacen todos los días, pero debido a la gravedad que nos aqueja, vivimos pendientes de la información que día a día se genera respecto a una posible solución. Por eso pide especial atención a las publicaciones que consumimos.

“Estamos ávidos de un remedio que aligere el problema que tenemos, por eso es tan espectacular la noticia. Sin embargo, no debemos quedarnos sólo con los encabezados, hay que leer la nota completa, en donde podemos encontrar que uno de cada ocho casos graves se recupera. Son pequeñas esperanzas para gente muy grave que no se puede despreciar, pero eso no es la solución”.

UNAM Global · Remdesivir no es la solución contra la COVID-19

Egresada de la UNAM gana beca para estudiar en la NASA

Claudia Álvarez Carreño, egresada de la UNAM, es la segunda mexicana en ganar la beca para investigadores postdoctorales que otorga la NASA en el área de Astrobiología, por su proyecto titulado “Origen y evolución de los primeros plegamientos de proteínas”.

La joven estudió en la Facultad de Medicina, posteriormente realizó su doctorado en la Facultad de Ciencias en el Laboratorio de Origen de la Vida con Antonio Lazcano, quien la inspiró por primera vez a indagar sobre los primeros organismos de la Tierra.

“La UNAM me abrió las puertas para hacer mis sueños realidad, me permitió cursar la carrera que más me gustó y ahora me permite investigar sobre cuestiones que pensé jamás podría conocer”, dijo la investigadora.

Claudia intentó dos veces antes obtener esta beca, pero la respuesta fue: sigue intentando. “Es muy difícil aceptar una carta de rechazo, pero se puede aprender de estas experiencias”, señaló en entrevista para UNAM Global.

La egresada de esta Máxima Casa de Estudios cambió dos veces su proyecto de investigación y entendió que en este proceso logró crecer mucho como científica.

La tercera vez descubrió con gran emoción que su proyecto había sido aceptado. Trabajará en su nuevo proyecto a partir de septiembre en el Instituto Tecnológico de Georgia, en el laboratorio de Loren Williams, director del Centro para el Origen de la Vida (COOL, por sus siglas en inglés).

“Llegue a la conclusión que no hay que rendirse, aceptar que siempre se puede mejorar y simplemente buscar alternativas, opciones, otras becas, seguir trabajando y sobre todo no desanimarse”, recordó.

Si su investigación resulta bien puede pedir la renovación de la beca por un segundo año y hasta un tercero.

Álvarez conoció a su actual asesor, Loren Williams, en un simposio en México, donde escuchó sobre su investigación acerca de las proteínas del ribosoma, que son de las más antiguas que se conocen. Desde entonces se sintió atraída por esta área.

En su investigación el «Origen y evolución de los primeros plegamientos de proteínas” se pregunta cómo se formaron las primeras proteínas, moléculas que están en todas las células y que le permiten a la célula realizar sus funciones más esenciales, como dividirse.

Todas las proteínas de una célula se forman en el ribosoma, una estructura esencial para la vida y que es Universal, está hecho de ácidos nucleicos y de proteínas.

Claudia Álvarez Carreño se enfocará en las proteínas de los ribosomas, que están muy conservadas y le permiten ver una imagen de cómo pudieron haber sido las proteínas de organismos que vivieron hace tres mil 500 millones de años.

El año pasado ganó la beca Fulbright-García Robles que le abrió la puerta al Georgia Tech desde hace un año, donde comenzó su investigación sobre la evolución del ribosoma.

En la NASA

El programa de investigadores posdoctorales de la NASA se divide en varias áreas, pero la ex alumna de Antonio Lazcano se enfocó en la Astrobiología.

En esta área se preguntan la posibilidad de la existencia de vida no sólo en la Tierra, sino también en algunos otros planetas de este inmenso Universo.

No obstante, el centro donde ella se encuentra se centra en entender las características generales de la vida en la Tierra para saber qué buscar en otras galaxias.

Finalmente, Claudia Álvarez recomienda a los jóvenes que quieran realizar una carrera científica que nunca se rindan, a veces surgen malas noticias, pero la constancia ayudará a superar la adversidad.

El uso de la tecnología durante el confinamiento

A unos días de la apertura escalonada de actividades no esenciales es importante detenerse para hacer un análisis de los usos de la tecnología en los diversos contextos en que vivimos la cuarentena.

Con el objetivo de entender cómo se está interactuando con la tecnología y qué tanto se han modificado los patrones de uso, la doctora Erika Villavicencio Ayub, coordinadora e investigadora de Psicología Organizacional de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, realizó una investigación con 557 personas.

En México, los usuarios de internet superan los 89 millones, su perfil principal son jóvenes, pero va en aumento la población de 45 años en adelante, “se están involucrando más y los pone en la jugada”, explicó la especialista.

Entre los principales hallazgos de la también académica de la FP, fueron que en una situación cotidiana, pre pandemia, los momentos de mayor conexión eran después del medio de día hasta las 14 horas y de 16:00 a 19:00 horas. El 68 por ciento de los encuestados señaló que lo hace durante todo el día, “en época de confinamiento la conectividad aumentó, lo que cambia las costumbres, consecuencias y afectaciones de este uso y dependencia”.

México es uno de los países en América Latina con mayor uso de internet, los dispositivos más utilizados son las laptop y smart phones. El 99 por ciento de los entrevistados tiene servicio de internet en casa y el 73 por ciento tiene contratado un plan de datos.

La tecnología durante el confinamiento fue utilizada, en un 80 por ciento, para atender necesidades laborales y escolares. Tan solo el 61 por ciento empezó a realizar home office a partir de la cuarentena, la cual, califican como regular (44 por ciento) y buena (22 por ciento).

De acuerdo con Erika Villavicencio, siete de cada 10 personas que realizan teletrabajo se sienten cómodos trabajando con la tecnología, sin embargo, presentan un incremento en la carga de trabajo y en el horario. “Hay que eficientar el home office en cuanto a los modelos de capacitación, políticas, procedimientos para lograrlo y que esté ligada a los resultados”.

En cuanto a los aspectos negativos del uso de las tecnologías, la investigadora refirió que provocan tecno fatiga, tecno adicción o tecno dependencia y tecno fobia. Tan solo el 47 por ciento manifestó descontento si no tienen acceso a su celular o a internet, de ellos, el 64 por ciento está pendiente de si le llegó un mensaje o notificación. “Hemos llegado a una dependencia a la tecnología que gobierna nuestro ser, en la escuela, en los trabajos, en la vida personal, etc”.

En ese sentido, es real que la tecnología ha tomado un lugar preponderante en la vida de las personas, muchas de las cosas que se realizan las han migrado a los dispositivos como el uso de calculadora, la agenda, la música, traductor, calendario y muchas más.

Sin embargo, no todo es negativo, ya que el uso de la tecnología viene a ocupar un papel representativo y brinda diversas alternativas. Si no fuera por la tecnología el número de empresas afectadas, por ejemplo, hubiera sido mucho mayor. Asimismo, un 62 por ciento utilizó y utiliza más las tecnologías para estar comunicados con sus familiares, para muchos fue una novedad hacer una conferencia con varias personas, sobre todo las generaciones de adultos.

Por otro lado, en las generaciones más jóvenes sigue presente la generación muda, ya que el 57 por ciento prefieren textear que realizar alguna llamada.

Otro de los hallazgos de la investigadora y académica es que el 91 por ciento tiene acceso y consume servicios en streaming y las redes preferidas las sigue encabezando Facebook y whatsapp con el 90 por ciento.

Durante la cuarentena también se han alterado los ciclos del sueño, el 64 por ciento de los encuestados en el estudio de Villavicencio, resaltó que se pasan por mucho de su hora de dormir habitual. Sin embargo, la tecnología les ha ayudado a sobrellevar la cuarentena, han aprendido cosas, hecho ejercicio o han tomado clases de algo.

Asimismo, se encontró que las aplicaciones para pedir comida no tuvieron un boom durante la cuarentena, ya que el 62 por ciento no las utiliza y del porcentaje que sí lo hace, sólo el 30 por ciento realiza un pedido una vez por semana.

El uso de la tecnología en sí misma aumentó un 42 por ciento en época de confinamiento, lo que era antes la TV ahora es la tecnología. Lo que más se consume son: videos con 61 por ciento, juegos 60 por ciento, películas 57 por ciento, música 38 por ciento, redes sociales 26 por ciento.

En ese sentido, hay un camino muy productivo con el uso de la tecnología, es cierto que no todos tienen acceso a las tecnologías, lo que incide en las brechas económicas y sociales que aún están presentes. “Es difícil designar si ha sido más positivo o negativo, depende de las realidades, pero las actividades han seguido, los trabajos también siguieron y por esa continuidad la calificaría como positiva, pero aún hay trabajo por hacer en cuanto a las alteraciones. No es simplemente usar el equipo, sino cómo lo uso, en ese aspecto estamos en pañales”.

Resiliencia de las Redes Alimentarias Alternativas ante la covid-19

Efectos sociales y políticos de la pandemia

El objetivo de la plática es poner en perspectiva las múltiples formas en que la pandemia ha afectado la vida política y también la forma en que ésta ha impactado el desarrollo. Así como comparar los efectos sociales de la pandemia en México con otros países.

COVID-19: el comportamiento humano limita la capacidad predictiva de los modelos matemáticos

A lo largo de la historia se han utilizado las matemáticas para predecir y entender el posible comportamiento de las enfermedades, especialmente aquellas altamente contagiosas, como es el caso de la COVID-19, causada por el virus SARS-CoV-2.

Sin embargo, las matemáticas en la epidemiología no son tan exactas como se quisiera porque tienen un obstáculo: el comportamiento humano.

Dado que el virus se transmite de persona a persona a través de gotitas respiratorias y aprovecha el contacto físico para contagiar, son las personas las que definirán el comportamiento de la propagación de la enfermedad y, en consecuencia, la funcionalidad de un modelo para predecirlo.

El hecho de que los modelos dependan tanto del comportamiento humano los ha hecho aún más interesantes, sofisticados y especialmente atractivos para físicos como Octavio Miramontes, investigador del Instituto de Física de la UNAM, que ha pasado los últimos meses intentando predecir una epidemia nueva.

En mayo, Miramontes publicó un ensayo titulado: “Entendamos el COVID-19 en México”. En él, hizo una hipótesis inquietante: el pico máximo de casos positivos detectados en el país ocurriría entre el 7 y el 23 de junio, y no antes como las autoridades sanitarias y él mismo, en proyecciones previas, habían predicho. El cambio en la predicción atrajo la mirada de medios de comunicación y de la sociedad civil que preguntaban ¿qué había fallado?

Dado que el número de casos confirmados sigue en aumento, Miramontes no tiene reparo en reconocer que los modelos no son exactos y que si bien sirven para entender mejor una epidemia siempre dependerán de uno de los factores más complejos: la forma en la que se comporta la gente.

La clave de cualquier epidemia: encontrar el R0
Modelar tiene su ciencia y en ella hay una clave. La clave la tiene el primer modelo aplicado a una epidemia, propuesto en 1927 por el bioquímico William Ogilvy Kermack y el médico Anderson Gray McKendrick: el modelo SIR.

SIR explica la dinámica de una epidemia a partir de tres poblaciones: S para los ciudadanos susceptibles, I para los infectados y R para los recuperados.

En una población determinada todos serán S, I o R en algún momento. Lo que cambiará conforme avance la epidemia es la cantidad de personas que habrá en cada categoría y, sobre todo, la velocidad en la que pasarán de una categoría a otra.

Al inicio, y dado que nadie es inmune ante un virus nuevo, toda la población estará en riesgo de contraer la infección, por eso habrá un mayor número de S. Pero conforme avance la transmisión, habrá susceptibles que se enferman y enfermos que se recuperen.

Para medir esos dos procesos se incluyen en el modelo dos parámetros: la tasa media de infección y la tasa media de recuperación. La cantidad de contagios provocados por una persona infectada definirá qué tan rápido los S se convierten en I y, por otro lado, la cantidad de tiempo que les toma a los enfermos recuperarse definirá lo rápido que los I se convierten en R.
Con estas variables es posible definir al protagonista de cualquier epidemia: R0, es decir, la tasa de reproducción básica del patógeno, que se interpreta como el ritmo de propagación del virus y que puede ser mayor, menor o igual que 1.

Si la infección es más rápida que la recuperación, R0 será mayor que 1, lo que significa que la epidemia estará en un proceso de expansión. Si las tasas medias de recuperación e infección son iguales, R0 será igual a uno y entonces la epidemia se mantendrá estable. Y si la recuperación le gana a la infección, entonces son buenas noticias porque significa que R0 es menor que 1, y la epidemia se extinguirá.

“Para un epidemiólogo siempre es muy importante conocer este número porque es el que te dice cuán rápido se va a expandir la enfermedad. Como la pandemia comenzó en China, ahí se hicieron los primeros intentos de medirlo y fue así como se calibraron todos los modelos de todos los países, pero con el paso del tiempo cada país tiene su propio número”, afirma Octavio Miramontes.


Modelos imperfectos
En México estaba claro que R0 era mayor que 1, porque la epidemia iba en expansión, pero a Octavio Miramontes le interesaba predecir cuánto debe valer R0 para saber si el sistema de salud mexicano colapsaría o resistiría la cantidad de infectados a lo largo de la epidemia.

Para determinarlo, Miramontes realizó una simulación de epidemia en dos escenarios con valores para R0 mayores a 1: uno de 2.5 y otro de 1.5. Luego, los simuló computacionalmente y encontró que en el primer caso, el número de casos infectados rebasa la capacidad hospitalaria de la ciudad hipotética y en el segundo, no.

Un aspecto hace la diferencia entre colapsar o no colapsar y ese punto lo define el comportamiento de la población durante la epidemia.

Las reglas no siempre se cumplen y por lo tanto la fecha estimada del pico de contagios y de descenso de la curva tarda en llegar a medida que la gente se expone al virus.

Podemos verlo como cuando hay que esperar para subir a una montaña rusa, por ejemplo. Las personas que quieren subir tienen un tiempo aproximado de espera, pero si hay quienes no siguen las reglas, el proceso para ingresar se lentifica y el tiempo de espera estimado se prolonga más para aquellos que estén formados. Así que, aunque el tiempo de espera puede estar estimado, el comportamiento humano puede modificar la estimación.

Eso ocurre con los modelos matemáticos durante una epidemia. Se construyen a partir de datos, pero si esos datos cambian, el resultado también lo hará.

Es importante entender eso porque cuando hablamos de una epidemia hablamos de un sistema complejo, un fenómeno condicionado por diferentes factores interconectados de la dinámica social y, por lo tanto, el modelo matemático se comportará acorde a las conductas de la población.

A medida que la población atienda las medidas de mitigación para reducir la velocidad de transmisión del virus, como la Jornada Nacional de Sana Distancia, habrá menor número de contagios a menor velocidad y la atención hospitalaria podrá resistir la ocupación de los pacientes graves.

“A la población se le pide que permanezca confinada en casa porque esa es la única manera en la cual se puede disminuir el ritmo de propagación de la enfermedad. Si las personas no hacen caso y están en la calle, el virus se va a propagar y eso altera los resultados del modelo”, asegura Miramontes.

Pero la distancia no ha sido ni total ni homogénea en el tiempo. De acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud, la Jornada Nacional de Sana Distancia representó una disminución de entre 60 y 75% de casos de COVID-19.

“En países como Colombia, Argentina o Chile, cuando se le pidió a la población que se mantuviera en casa, disminuyó la movilidad hasta en un 80%, México solo en un 60% y en el transcurso de tres meses pasó de un 60% a un 40%”, asegura el investigador.

“El modelo se calibra de tal manera que se hace un supuesto de cuál es esa velocidad de propagación del virus, pero si las personas están en la calle entonces esa velocidad aumenta y las predicciones de los modelos acaban estando equivocadas”, dice.

De ahí que las predicciones sobre la fecha en que se alcanzará el pico de la epidemia, o el punto máximo de contagios, presenta cambios a lo largo de la evolución de la epidemia. Hasta el 30 de mayo el modelo matemático de Miramontes predijo el pico el 6 de junio.

“Se cruzó el 30 de abril y el 10 de mayo, la gente se fue a la calle y ahí están las consecuencias”, asegura Miramontes. Una actualización reciente predice el pico para el 14 de junio.

El ser humano modula la epidemia
El modelo SIR es la base de los modelos matemáticos actuales utilizados para entender la epidemia. Desde que se propuso, hay modelos cada vez más complejos dependiendo del número de ecuaciones diferenciales y parámetros que se utilicen.

Por ejemplo, el modelo que actualmente se utiliza en la Ciudad de México tiene 12 ecuaciones diferenciales acopladas para diferentes poblaciones: Susceptibles que se convierten en Expuestos (cuando salen del confinamiento) de donde surgen los casos Leves y Graves; ellos a su vez formarán parte de los Recuperados o de los Hospitalizados, quienes pueden requerir atención en las Unidades de Cuidados Intensivos para integrarse a los Recuperados o a los Fallecidos.

“Las ecuaciones diferenciales acopladas pueden resolverse en una computadora, entonces con el modelo epidemiológico se pueden hacer predicciones”, dice el investigador.

Otra de las limitaciones de los modelos epidemiológicos es que no pueden predecir a la población asintomática “porque eso tiene que ver con la fortaleza física de cada persona, de su sistema inmunológico y eso no es posible estimarlo. Se da una predicción grosso modo con base en la propagación de otro tipo de coronavirus anteriores y se estima que puede ser en el orden de un factor de 10”, afirma Miramontes.

Para el investigador, México actuó adecuadamente frente a la pandemia de COVID-19 al establecer medidas de mitigación tempranamente y preparar la infraestructura hospitalaria necesaria.

“Antes de la pandemia teníamos un sistema de salud hecho un desastre y entonces si la hubiéramos enfrentado únicamente con ese sistema de salud no hubiéramos tenido esos 25 mil recuperados, lamentablemente hubiera sido una cantidad mucho menor a ella”, afirma el investigador.

Los modelos matemáticos y la física ofrecen la posibilidad de predecir el comportamiento de una epidemia, pero el modelo solo interpreta la conducta de la sociedad, no la rige. Quiere decir que el ser humano es quien modula la epidemia y por tanto tiene responsabilidad de seguir las recomendaciones de distanciamiento social para evitar estragos de mayor magnitud.

Solo así la etapa de ascenso de la curva epidémica será lenta, la capacidad hospitalaria no se verá rebasada y tanto el pico de contagios como la etapa de descenso coincidirá con las predicciones matemáticas.