A Victoria Eugenia Reflexionar sobre la generación Z es hablar de jóvenes preparados para cualquier cosa.
Las cucarachas aparecieron en mi mente cuando escribí estas palabras. Estos insectos tienen la fama de poder sobrevivir a un holocausto, o eso decían mis padres hace cinco décadas o más. Miro a mi hija de veinte años y, aunque la imagen en mi cabeza es asquerosa, le sonrío. Acaba de contarme por qué terminó con un último “novio” o “el parche mal pegado” que trajo el último mes.
—Desde el principio fue una relación supertóxica, mamá. Somos hijos abandonados con daddy issues. Imposible así. Nunca pudo hablar de nada. Nunca entendió que estoy en periodo premenstrual permanente y que necesito mucha atención —dice con desprecio. De inmediato, José José comienza a cantar en su habitación: “Me basta, con un poco de tu amor” …
—Sí, mamá, soy una “migajera”. Aprendí de la mejor —me dice, guiñándome el ojo, y se lanza a mis brazos—, te amo tanto. Eres la mejor mamá del mundo.
Mis ojos se cierran y suspiro al abrazarla. Siento miedo, un miedo permanente. No entiendo casi nada, pero sé que debo estar ahí observándola, porque no tolera no ser mirada; no soporta ni la soledad ni el aislamiento. Pero pudo sobrevivir la pandemia a mi lado acompañada de dos huskies hembras, tan hembras como ella y yo.
Soy mamá de una chica de la generación Z y no estoy curada de espanto, si bien he desarrollado mecanismos de supervivencia. Todos los días percibo algo tóxico en el entorno, pero ya aprendí a sobrevivir a esta relación sin alterarme. O eso quiero pensar. Aunque siempre habrá un reto nuevo, algo que entender desde una nueva perspectiva. Hoy tenemos cita con el psiquiatra. Desde la pandemia o desde su nacimiento (la pandemia es una explicación a la que solemos recurrir para todo), la sensibilidad de mi hija es enorme: puede llorar con la facilidad de Libertad Lamarque y volver a la calma un segundo después. Todo le resulta doloroso y peligroso pero, al mismo tiempo, parece no tener miedo. Se lanza cotidianamente a la calle con la certeza de que este mundo la lastima, aunque no quiere perder las oportunidades que le da la vida; quiere desaparecer, pero no quiere morir; desea ser amada, pero no puede con el compromiso sostenido de una relación.
Las jóvenes de la generación Z aprendieron de las mejores a vivir en guerra constante; sin embargo, supieron decir que dolía y no soportan a sus madres, para quienes “no se puede hacer nada” frente a las violencias. Para las Z sí es posible, aunque no sepan exactamente qué; al menos, por el momento, gritan: “verga violadora a la licuadora”. Odian o aman a sus padres, ausentes siempre, aunque vivan con ellas. Esos son los padres X, una incógnita matemática permanente, aislados en un silencio que puede significar “no entiendo por qué estoy aquí, estoy cansado, no quise ser padre ni hijo ni nada; aún así tengo que trabajar, trabajar siempre, eso me enseñaron”.
La generación Z vino a desaprender las lecciones de los X y ello produce un enfrentamiento constante, pero también el amor más profundo. Guardar silencio, obedecer, mimetizarse con el grupo y, simultáneamente, ser el mejor y ganar dinero para ser exitoso; tener un doctorado y ser un analfabeto emocional no tiene ningún sentido para la generación Z. Nos ven con un poco de compasión por el desastre en el que hemos sumido al planeta; se enojan y cuestionan permanentemente las reglas, nuestra autoridad sin autoridad. No escuchan y demuestran que hacen bien, que el mundo ahora es de ellos y que nosotros tenemos que dejarlos tomar el control.
Crecieron con los videojuegos más violentos, diseñados por los X para hacerse ricos con las reglas del neoliberalismo y luego quejarse de lo violento que es el mundo. Los Z escuchan a sus padres aplaudir el éxito y la riqueza y después también los oyen decir en secreto “son puros pendejos”. Aprendieron a sobrevivir en un mundo de doble moral y no les gusta. Por eso descalifican y etiquetan todo con las palabras más dolorosas y abrumadoras del vocabulario: “soy una tóxica”, “soy neurodivergente”, “soy una asesina serial”, “soy una migajera” …
Sin embargo, aprendieron a amar y aman profundamente. Salieron del aislamiento de una pandemia con todas las ganas de ser abrazados, de jurarse amor eterno y, de la mano de alguien, reconstruir… reconstruirse tras el desastre generado por sus padres. La cursilería la llevan en las venas; probablemente sea la herencia maldita de sus madres abandonadas, amamantadas por las telenovelas y esperando permanentemente al príncipe azul.
Reconocieron en los boleros y en la música romántica de los setenta y ochenta su ilusión más profunda: una relación sexoafectiva que les dé la fuerza y la razón para no conseguir el trabajo que sus padres les exigen, así como para tolerar una existencia que los provee de una permanente desazón por un futuro incierto o la amenaza de una violación durante una noche de peda.
Cuando era niña, seguramente, yo quería ser otra cosa. Arquitecta, veterinaria, pintora, bióloga marina: a las niñas que crecimos en los dosmiles ya no nos costaba pensar en femenino. Aun así, hay muchas palabras que no existen por default en el vocabulario de la infancia —y que, por ende, no moldean el mundo ni el futuro en ese tiempo—. Yo, por ejemplo, no conocía la palabra “editora”, ni conocía a nadie que se dedicara a ello. Hoy tengo veintisiete años y llevo al menos cinco editando profesionalmente; sin embargo, mucha gente fuera de mi círculo laboral sigue sin conocer el término. O lo conocen de oídas, quizá, sin saber a qué se refiere exactamente. Para ser honesta, a veces yo tampoco sé con precisión qué significa esto de “editar”. Es difícil mapear la ruta exacta que me trajo aquí, y al pedir indicaciones sobre cómo llegar a “ser editora”, lo más probable es que cada quién apunte en una dirección diferente. Las arquitectas estudian arquitectura; las abogadas, derecho; las doctoras, medicina. ¿Y las editoras? Si buscas “editor” en LinkedIn, buena parte de los resultados sugieren vacantes relacionadas con la producción audiovisual. Si me preguntan cómo llegué a donde estoy, diré que a tientas. Y estaré siendo honesta, aunque parezca que me guardo el secreto egoístamente. A tientas, pero con entusiasmo, persiguiendo los puntos y las comas y todos los textos crudos que se me atravesaran. A tientas, pero con muchas manos guiando el trayecto. El camino de la editora es errático, pero muy rara vez es solitario. Una puede escribir a solas y leer en silencio, pero lo que sucede en medio es un proceso polifónico que siempre implica a alguien más. Editamos a alguien, para alguien, con alguien. Editar es una labor fundamentalmente colectiva.
Casi parece que una no se topa con el sustantivo (soy editora) hasta que empieza a ejercer el verbo (yo edito). Cuando miro mi propia trayectoria, me pregunto si acaso puedo hablar de una “orientación vocacional” que me haya traído hasta aquí. Contrario a lo que quisiera contar, de niña no me gustaba leer. A pesar de los esfuerzos incansables de mi mamá por despertarme algún interés por la lectura, a mí me gustaba más la tele. Aunque nunca me he sentido parte de la generación Z —porque nací en ese periodo liminal después de la World Wide Web, pero antes del cambio de milenio, supongo que, si lo que la caracteriza es haberse criado más en las pantallas que en las calles, entonces sí, pertenezco a esta juventud tecnológica que estuvo condenada desde el inicio a ser conejillo de indias de un ciberfuturo tan emocionante y añorado como improvisado y anticlimático. La virtualidad ha atravesado muchas de mis vivencias, como seguramente atraviesa las de la gente que nació en un tiempo y un contexto similar. Quizá sea pertinente decir también que, más que sólo una herramienta o un medio de comunicación, la Gen Z —al menos este nicho al que yo pertenezco— ha encontrado en el internet una forma de mediar el mundo. Aunque la interacción en línea es compleja, durante mi adolescencia, “mi gente” no era sólo con la que compartía espacios físicos, sino a la que retuiteaba y quienes me daban like en Tumblr. Y ahí está, creo yo, lo realmente determinante: estas redes implican interacción constante: reaccionar, compartir, comentar, debatir, cambiar de opinión y picar “borrar”. Esto moldea la forma en la que construimos comunidad, pero también conocimiento. Las computadoras reciben input y el internet lo propaga en segundos, mucho más rápido que cualquier imprenta.
A los doce años tuve mi despertar lector con Harry Potter. Como si se tratara de un rito de iniciación adolescente de la Gen Z, cuando acabé con los libros, el cauce de mi entusiasmo voraz me llevó a Wattpad. Para quienes no estén familiarizados con la plataforma (no con lo que es ahora, sino con lo que era antes), se trataba, sencillamente, de un lugar para contar historias. La clave era la libertad que la regía: cualquiera podía escribir sobre cualquier cosa. El sitio se alejaba de los parámetros y rigores del mundo editorial y académico. No había un proceso de selección ni mucho menos de revisión. Es más, ni siquiera existía una discusión real sobre derechos de autor. Y aunque la falta de filtros significó cierta pérdida de corrección estilística, lo que ganamos fue mucho mayor: dejamos de preocuparnos por ganarnos una voz y nos lanzamos directo a usarla. Casi por naturaleza, la comunidad en Wattpad se conformó sobre todo por mujeres jóvenes y disidencias. Predominaba el fanfiction: historias escritas por fans que retoman personajes, ambientes y situaciones de otras obras —novelas, películas, series, ánime, videojuegos— para dar pie a nuevas tramas, relaciones amorosas y escenas cotidianas. En Wattpad, todas teníamos derecho a fantasear y a compartir la fantasía. La práctica común era publicar un capítulo a la vez y dejar que las lectoras —que a veces eran dos, pero qué más da— esperaran con ansias la siguiente actualización. Como las novelas de entregas, pero sin cobrar un centavo. Eventualmente, se habilitó una función de comentarios que simulaban notas al margen, pero públicas. Podías subrayar un pasaje y escribir “< 3”, lo mismo que sugerir “valdría la pena retomarlo en el siguiente capítulo” o “Hermione Granger nunca haría eso”. Ahora, en retrospectiva, pienso que el quehacer editorial —no sólo el que corrige, sino el que acompaña la escritura— sí que estaba presente en Wattpad. Y es que ese Wattpad de antaño puso en evidencia algo importante: editar no es lo mismo que fiscalizar lo que se escribe. Y esto resulta fundamental a la larga, pues, aunque en el mundo editorial existe una labor de depuración a través de dictámenes y otros procesos de selección —los cuales determinan qué sí y qué no merece publicarse—, Wattpad planteó otro punto de partida: uno que no decide quién puede participar en la carrera, sino que te acompaña mientras entrenas y te recuerda que eso también es correr. No hace falta demostrarlo.
Casi al mismo tiempo, durante la secundaria y el bachillerato, participé en el taller de escritura de mi escuela. Era una actividad extracurricular que pronto se convirtió en mi momento sagrado. La dinámica era simple: escribir en casa, traer fotocopias para todxs, leer en voz alta y discutir. Tex, el maestro de español, moderaba las sesiones y hacía una corrección de estilo minuciosa de cada texto. Yo registraba cada punto y cada coma y cada acento y cada rima interna y cada verbo mal conjugado. Anotaba todas las observaciones en todos los cuentos y poemas, aunque no los hubiera escrito yo. Cuando Tex terminaba de corregir, era nuestro turno. Debatíamos lugares comunes, proponíamos figuras retóricas, discutíamos los límites de la cursilería, de la verosimilitud y del morbo; animábamos a desarrollar más a los personajes y a cortar lo que considerábamos reiterativo. Se nos iban las horas en eso: en desmenuzar los textos como si pretendiéramos sacarles brillo de tanto hablar de ellos. En su ensayo “Razones para perdonar a los talleres”,1 Laura Sofía Rivero confiesa: “no puedo pensar en el taller como un evento sagrado. Sigo asociándolo al sudor, al trabajo, al ruido colectivo, a la ayuda entre pares […]. A los talleres les perdono sus deslices porque en ellos encontré lo que había buscado por mucho tiempo: un lugar para hablar de lo que las palabras pueden llegar a hacer”. Además de reconocerme en las palabras de Rivero, me pregunto también si no es acaso precisamente eso —sudor, trabajo, ruido colectivo, ayuda entre pares— lo que implica el quehacer editorial. Todavía hoy, años después de mi última sesión en el taller, cuando me siento a editar, recurro a las herramientas que me enseñaron todxs esxs adolescentes para examinar los textos y preguntarme “lo que las palabras pueden llegar a hacer” cuando se trabajan a conciencia, sin juicios, con cuidado, en colectivo.
A Página Salmón llegué a tientas, pero con muchísimo entusiasmo. Primero como lectora, luego como escritora, y por fin, como editora. Iba a media carrera en Letras Inglesas y tenía veintidós años recién cumplidos cuando me integré al comité editorial, después de tomar con ellxs un taller de escritura que me dejó con la misma hambre de másmásmás que me llevó a Wattpad. Cuando llegué, el proyecto llevaba ya cinco años. Había una metodología rigurosa y bien estructurada de lo que había que hacer. Sin entrar en detalles, debo decir que la receta para preparar cada número de la revista es tediosa. Implica horas de planeación, lectura, discusión y corrección de estilo. A veces incluso un poco de diseño y programación. La palabra “talacha” no tiene ese dejo de dignidad académica ni se parece al idilio del poeta bohemio, pero es lo que hace una editora. Una y otra vez. Y claro, el corazón sostiene en buena medida nuestro quehacer, pero a veces se cansa, y entonces entra la disciplina. Y más cuando se trata de un proyecto independiente. Pero un proyecto independiente también conlleva otra palabra fundamental: comunidad. Gente comprometida, con intereses y entusiasmos comunes; gente que en el camino discute, duda, discrepa, se cansa y se frustra, pero que también conversa, celebra, se apoya, se motiva y se cuida. El quehacer editorial no es sostenible a solas, porque un corazón solo se cansa y una voz sola se pierde. En 2023 publicamos nuestro primer libro como editorial (Radiografía de cuerpo completo de Olympia Ramírez Olivárez). Diseño, maquetación, imprenta, distribución, presentaciones: recorrimos todo el proceso que culmina en un libro. Por no mencionar todo el cuidado y acompañamiento del proceso de escritura de Olympia, que tomó casi dos años. El comité editorial de Página Salmón somos cuatro personas, pero para que un par de ojos pueda leer lo que un par de manos escribió, se necesitan muchísimas personas en medio. Y no hay gloria del otro lado. Editar puede ser una profesión invisibilizada. El nombre de la editora no aparece en la portada.
Hace unos años me convertí en editora de una revista de gastronomía y estilo de vida. También llegué ahí a tientas y con más dudas que entusiasmo. Tuve que integrar a mi vocabulario editorial palabras como SEO, alcance, pauta. Apacigüé mis aspiraciones literarias para satisfacer al algoritmo. Aprendí que la edición habla muchos lenguajes para apelar a lectores, clientes y máquinas. La edición comercial exige entender lo que hay detrás de la pantalla, saber esconder frases clave; identificar dónde conviene insertar una imagen —y cuál—, un link, un anuncio; escribir lo que no se lee. La edición comercial en internet no sólo es minuciosa con lo que le dice al lector, sino también a los motores de búsqueda. El saber de las imprentas se ha construido a lo largo de casi seis siglos, pero el algoritmo cambia constantemente, y con él, el manual de estilo para triunfar en la red. Y ahora sí que lo que quieres es triunfar. Esto no es Wattpad ni tenemos catorce años; hay que pagar la renta. Si pensaba que editar literatura era tedioso, era porque no conocía esta otra rama del oficio. Pero si algo he aprendido, es que sí que existe una mano invisible que todo lo edita, y eso me emociona. Esta labor de mediar el mundo, de cuidar las palabras que lo moldean, de acompañar escrituras y proponer lecturas, de entusiasmarse cuando das con la redacción correcta: este oficio podrá no nombrarse, pero existe y es enorme y hay que defenderlo. No sólo de los avances tecnológicos que insisten en usar el verbo (editar) y borrar el sustantivo (editora), sino también de este sistema que nos susurra a veces que, si tu nombre no está en la portada, tu trabajo no cuenta. Confiar en que quizá no estamos caminando a tientas y en que nombrarnos editoras ya nos lleva por buen camino.
La ciencia redefine el síndrome de ovario poliquístico: ahora se llamará síndrome ovárico metabólico poliendocrino
Redacción Basado en información publicada enThe Lancet
mayo 14, 2026
compartir en:
Durante décadas, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) ha sido uno de los trastornos endocrinos más frecuentes en mujeres y, al mismo tiempo, uno de los más complejos de diagnosticar y atender. Ahora, un consenso internacional acordó cambiar su nombre para reflejar con mayor precisión su naturaleza: a partir de 2026 será conocido como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).
La modificación fue publicada en The Lancet tras un amplio proceso global de consulta en el que participaron especialistas, organizaciones médicas, profesionales de la salud y pacientes de distintos países. El objetivo no es únicamente sustituir una denominación médica, sino corregir una idea que durante años contribuyó a reducir este síndrome a un problema de ovarios.
El cambio responde a una razón científica central: se trata de un trastorno multisistémico. Aunque el nombre anterior hacía referencia a “ovarios poliquísticos”, las estructuras observadas en estudios de imagen no corresponden necesariamente a quistes patológicos, sino a folículos ováricos en desarrollo. Además, no todas las pacientes presentan esta morfología ovárica, por lo que el término podía generar confusión clínica y retrasar el reconocimiento de otras manifestaciones del síndrome.
El SOMP involucra alteraciones endocrinas, metabólicas, dermatológicas, reproductivas y de salud mental. Por ello, el nuevo nombre busca expresar mejor su complejidad: “poliendocrino” alude a la participación de distintos sistemas hormonales; “metabólico” reconoce su relación con resistencia a la insulina y otros riesgos cardiometabólicos; y “ovárico” conserva la referencia a la disfunción ovárica como una de sus características, sin presentarla como el único elemento que define la patología.
De acuerdo con la información publicada, este síndrome afecta aproximadamente a una de cada ocho mujeres. Entre sus manifestaciones reproductivas pueden encontrarse menstruaciones irregulares, alteraciones ovulatorias e infertilidad. También puede asociarse con acné, exceso de vello corporal, obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso, ansiedad y depresión.
El nuevo enfoque también busca evitar que la atención se concentre únicamente en el ámbito ginecológico. Diversas pacientes llegan a consulta por síntomas persistentes como irregularidad menstrual, acné, aumento de peso o hirsutismo, sin que siempre se integren esos datos en una evaluación endocrina y metabólica más amplia. Esta fragmentación puede contribuir a diagnósticos tardíos o tratamientos parciales.
La resistencia a la insulina ocupa un lugar relevante en la comprensión actual del síndrome. En muchas pacientes, las alteraciones metabólicas interactúan con la producción de andrógenos y con la función ovárica, lo que puede influir en manifestaciones como acné, hirsutismo, alteraciones menstruales y anovulación. Por ello, el abordaje clínico requiere valorar no sólo los síntomas reproductivos, sino también los factores metabólicos y hormonales asociados.
El consenso internacional también incorpora una dimensión social. Durante el proceso de consulta, pacientes señalaron que el nombre anterior podía reforzar estigmas relacionados con fertilidad, maternidad o apariencia física. En algunos contextos culturales, reducir el síndrome a los ovarios o a la reproducción podía aumentar la desinformación, la culpa o la ansiedad en quienes viven con esta condición.
La transición hacia el nuevo nombre será gradual. Durante los próximos años deberán actualizarse guías clínicas, materiales educativos, expedientes médicos, sistemas de clasificación y recursos de comunicación para pacientes y profesionales de la salud. La intención es que el cambio terminológico vaya acompañado de mayor educación médica y de una atención más integral.
Para los autores del consenso, nombrar mejor el síndrome puede ayudar a comprenderlo mejor. Reconocer al SOMP como un trastorno multisistémico permitiría favorecer diagnósticos más oportunos, tratamientos multidisciplinarios y una mejor calidad de vida para millones de mujeres en el mundo.
Fuente: Teede HJ et al. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. The Lancet, 2026. DOI: 10.1016/S0140-6736(26)00717-
Chernóbil confirma: los humanos dañan más a la fauna que la radiación
Michel Olguín Lacunza
mayo 14, 2026
compartir en:
Después del accidente en la planta nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, la zona fue evacuada y se pensó que difícilmente podría sostener vida. De hecho, la zona tardará mil años en que los isótopos radiactivos desaparezcan.
Sin embargo, diversas especies de animales permanecieron en el área y, con el paso del tiempo, la presencia de fauna llegó a ser comparable con la de otras zonas ecológicas no contaminadas.
Distintas investigaciones señalan que las actividades humanas, como la agricultura, la deforestación y otras acciones antropogénicas, suelen generar mayores efectos negativos sobre las poblaciones de animales que la ausencia de población humana en la zona de exclusión.
En entrevista para UNAM Global, el Dr. Jonathan Emmanuel Valerio Hernández, profesor investigador en el Departamento de Genética y Bioestadística de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, dijo que hay bastante presencia de animales en la zona. Sin embargo, eso no significa que estén en condiciones saludables como en otras zonas no contaminadas.
Aunque se creía que la zona iba a quedar completamente muerta por la radiación, es interesante observar cómo el impacto humano tiene más consecuencias en las poblaciones de animales que un accidente de este tipo.
¿Cómo han logrado sobrevivir?
Son varios factores a considerar, resaltó el experto. Lo primero es que hay zonas con mayor y menor radiactividad y los animales se desplazan por todo el lugar, entonces no reciben todo el tiempo la mayor radiación.
Otro punto es que algunas especies tienen altas tasas de reproducción, es decir, los animales que han nacido están por encima de las tasas de mortalidad y, por ende, han sobrevivido.
Algo muy interesante es que los animales poseen mecanismos biológicos capaces de reparar el daño en su ADN. En ambientes con radiación prolongada puede presentarse estrés oxidativo, un proceso en el que se generan moléculas inestables que afectan el material genético.
Sin embargo, tanto los animales como los seres humanos cuentan con sistemas naturales de defensa y reparación celular que permiten corregir parte de ese impacto y aumentar sus posibilidades de supervivencia.
Por ejemplo, las células de un organismo mueren cuando tienen un daño bastante severo; a este proceso se le llama apoptosis. Después, el cuerpo las reemplaza con nuevas. “Probablemente así han logrado sobrevivir los animales de la zona”.
Además, la radiación puede alterar desde una sola base nitrogenada del ADN —adenina, guanina, citosina o timina— hasta romper por completo una de sus hebras. Aunque las células cuentan con sistemas para reparar estas lesiones, el proceso no siempre es perfecto y puede dejar cambios conocidos como mutaciones.
Estas mutaciones pueden ser neutras, perjudiciales o, en algunos casos, conferir ventajas adaptativas. En ambientes con radiación constante, la selección natural tendería a favorecer a los individuos con mayor resistencia biológica, cuyos rasgos pueden heredarse a lo largo de múltiples generaciones.
Sin embargo, los expertos aclaran que esto no significa la aparición de animales “mutantes” como en la ficción. Cuando la radiación es demasiado alta, muchos organismos simplemente mueren. Los cambios evolutivos reales ocurren lentamente, mediante pequeñas variaciones acumuladas con el paso del tiempo.
Además, la selección natural favorece a los individuos con mejores mecanismos de reparación. “Podríamos decir que la selección natural ha favorecido a individuos que tienen mejores mecanismos de reparación”.
¿Hay cambios genéticos heredables?
Se han documentado algunos casos. Por ejemplo, la rana arbórea, que debería ser verde, ha cambiado su color y se ha oscurecido; es decir, tiene más melanina, la cual ha funcionado como un amortiguador durante estos años de radiactividad crónica.
Otro caso son las aves que han cambiado su pigmentación, como los mirlos, cuyos niveles de antioxidantes son más altos que los de otros animales que no están expuestos a radiación crónica. Es decir, son animales que han heredado estas características.
Los lobos que están en el lugar más alto de la cadena alimenticia han sido una especie bastante estudiada porque consumen herbívoros y, por ende, tienen mayor ingesta de estos elementos. Los investigadores encontraron que son organismos adaptados con mejores respuestas de reparación del ADN.
La radiación puede afectar al sistema inmune. Muchas células de defensa, como linfocitos, neutrófilos y monocitos, se producen constantemente en la médula ósea. Cuando la radiación daña el ADN, estas células pueden dejar de dividirse correctamente, lo que reduce las defensas del organismo y provoca inmunosupresión, es decir, una menor capacidad para combatir virus, bacterias y otras enfermedades.
Las siguientes generaciones
Después del accidente ocurrido el 26 de abril de 1986, la radiación era tan alta que las aves caían del cielo y los grandes mamíferos fallecían. Esto se debía a los daños a nivel de las proteínas del organismo, las enzimas y las paredes celulares.
En genética de poblaciones existe un concepto clave para entender lo ocurrido en Chernóbil: el intervalo generacional, es decir, el tiempo que transcurre desde que un individuo nace hasta que logra reproducirse y dejar descendencia.
Este periodo varía enormemente entre especies. Mientras en algunos roedores pueden ocurrir dos o tres generaciones en un solo año, en los lobos puede ser de seis o siete años, y en animales de vida más larga puede extenderse aún más.
Esto significa que, desde el accidente de 1986, algunas especies pequeñas y de reproducción rápida han acumulado muchas más generaciones que otras.
Entre más generaciones transcurren, mayores oportunidades existen para que aparezcan y se hereden cambios genéticos favorables. Por ello, los científicos pueden observar transformaciones más notorias en especies con ciclos de vida cortos, como ciertos roedores o anfibios, que en animales con reproducción más lenta.
Después de 40 años
En cuanto al aumento de lobos, linces y otros grandes mamíferos en la zona, una de las explicaciones principales es la ausencia humana. Sin agricultura, caza ni deforestación, la vegetación volvió a crecer y con ella aumentaron los herbívoros.
Donde hay más presas, también llegan los depredadores. Así, Chernóbil se convirtió en un laboratorio natural que muestra tanto la resiliencia de la vida como el fuerte impacto que suele tener la actividad humana sobre los ecosistemas, concluyó el experto.
Preservación digital de archivos sonoros y audiovisuales analógicos
Leonardo Huerta Mendoza
mayo 14, 2026
compartir en:
A partir de la segunda mitad del siglo XX, el disco de vinilo inició una revolución en la manera en que se escuchaba música al desplazar a los discos de 78 rpm, que eran rígidos, pesados y muy frágiles.
Con la aparición del disco de larga duración o LP, fabricado con vinilo, un material mucho más ligero y resistente, fue posible escuchar álbumes completos con mejor calidad de sonido. Poco después aparecieron los discos sencillos, más pequeños, que contenían una canción en cada lado, con la misma calidad de sonido.
A principios de los años 60 apareció el casete de audio como alternativa a los discos de vinilo, y se popularizó en la década de 1970 porque se podía grabar y regrabar una hora u hora y media de música.
Durante las siguientes décadas estos dos soportes convivieron hasta la aparición de los discos compactos, que sustituyeron a los discos de vinilo y a los casetes por su mejor calidad de sonido.
En el caso de las imágenes, ocurrió algo similar. Desde la aparición de la fotografía y del cine en el siglo XIX, durante todo el siglo XX el soporte fotográfico y cinematográfico cambió muy poco. En la década de 1980 se popularizaron los videocasetes para grabar video, que podían reproducirse en una videocasetera.
Durante décadas, las fotografías tomadas en películas de 35 mm con cámaras réflex, los discos de vinilo y los videocasetes eran los soportes que se pensaba iban a durar décadas, pero aparecieron las cámaras digitales, que guardan la imagen en un sensor electrónico, y el disco compacto o CD, y todo cambió. El CD sustituyó al disco de vinilo y poco después a los videocasetes.
La importancia de preservar los documentos audiovisuales y sonoros
Con la aparición de nuevas tecnologías y el cambio climático, es muy importante preservar los archivos sonoros y digitales antes de que se pierdan.
“Cuando hablamos de la preservación documental de archivos sonoros y audiovisuales nos referimos a una parte de nuestro patrimonio, a una parte de esa herencia documental en la que está grabada la historia, las expresiones culturales y artísticas, incluso gran parte de la producción científica”, señala Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, directora del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI). “Al igual que los libros y otros impresos, este tipo de documentos forman parte de la herencia documental de la humanidad, por lo que su preservación es muy importante”.
La preservación digital y el cambio climático es un tema en el que la investigadora ha estado trabajando en los últimos años. En 2020 coordinó el libro Estado de la preservación digital en los archivos sonoros y audiovisuales de Iberoamérica, en el que colaboraron especialistas de Latinoamérica y de España; la edición del libro estuvo a cargo de la Universidad Andina Simón Bolívar, de Ecuador.
En noviembre de 2021, junto con la Universidad Andina, organizó el IV Congreso Internacional de Archivos Digitales. Cambio Climático y Preservación Digital Sonora y Audiovisual, que tuvo lugar en Quito, Ecuador.
Los documentos analógicos en soportes físicos son característicos del siglo pasado
“Durante el siglo XX, gran parte de la historia del mundo fue registrada en diversos soportes analógicos. En el caso del audio, tenemos desde los cilindros de cera hasta los discos de vinilo, las cintas de carrete abierto, los audiocasetes. En el caso del video, buena parte de los documentos audiovisuales están en videocasetes en los formatos Betamax, VHS o Betacam”.
Para garantizar la permanencia del contenido en estos materiales se deben transferir a formatos digitales, porque su vida útil va terminando, señala la investigadora.
“Si no están en condiciones adecuadas de temperatura y humedad, con el paso del tiempo se van a deteriorar debido a un fenómeno que se conoce como degralescencia, que es la degradación sistemática de estos materiales o soportes analógicos. Para evitar la degralescencia, estos materiales deben estar a una temperatura aproximada de 18 °C y con 40 por ciento de humedad relativa”.
Obsolescencia tecnológica
Al mismo tiempo que ocurre la degradación de los materiales, se presenta la obsolescencia tecnológica de los dispositivos en los que se reproducen, es decir, los cilindros, los casetes y los discos de vinilo son soportes obsoletos porque la tecnología ha avanzado muy rápidamente y los dispositivos para reproducirlos también son obsoletos y ya no se fabrican.
Los documentos del siglo pasado que aún se pueden reproducir en soportes analógicos se tienen que digitalizar y transferir a plataformas y formatos digitales.
“Sin embargo, en este siglo, que se caracteriza por la creación de documentos de origen digital, tenemos un problema añadido porque no hemos terminado de digitalizar todos los documentos analógicos, de los cuales se ha perdido una gran cantidad, en parte porque el reconocimiento de este patrimonio fue tardío. Desde finales del siglo pasado, en México empezamos a reconocer la importancia de estos materiales, pero su digitalización aún no se concluye”.
Documentos de origen digital, en mayor riesgo que los documentos analógicos
Frente a este panorama, los investigadores ahora tienen otro importante desafío, que es la preservación de los documentos de origen digital, “que no son tangibles, que no podemos ver porque están en diferentes sistemas de almacenamiento digital, como discos duros, cintas LTO o servidores”.
En este siglo, que se caracteriza por una gran producción de contenidos de origen digital, el riesgo de pérdida es mayor que en los soportes analógicos.
“En este momento tenemos una tarea compleja porque el volumen de datos que debemos preservar es muy alto; de acuerdo con algunas investigaciones recientes, sólo se preserva 2 por ciento de todos los datos que se producen a nivel mundial”.
Patrimonio sonoro y audiovisual
“Cuando hablamos del patrimonio sonoro y audiovisual me refiero a dos formas de herencia documental. El patrimonio sonoro está registrado en sonidos. Un ejemplo concreto son las producciones radiofónicas, la música, todos los registros orales de la investigación científica, que en la UNAM tenemos bastantes y que son muy importantes”, explica la investigadora.
Lo audiovisual se refiere a la producción fílmica, a las producciones de televisión, las producciones videográficas, las grabaciones audiovisuales producto de la investigación científica, inclusive el videoarte.
“Estas son las dos grandes familias documentales que habían estado olvidadas durante mucho tiempo, pero que también son fundamentales para entender el presente y el devenir de las sociedades, porque allí están grabadas las voces de nuestros creadores, de nuestros intelectuales, de nuestros políticos, los hechos que han conmovido a la sociedad, los hechos históricos de los que somos resultado”.
Colecciones universitarias
La Universidad Nacional preserva colecciones muy valiosas. Por ejemplo, Voz Viva de México es una de las colecciones más importantes que tiene para su salvaguarda. Pero también están las colecciones de Radio UNAM, de la Filmoteca de la UNAM y las producciones de TV UNAM.
“La UNAM es heredera o creadora, pero también preserva y salvaguarda para el futuro colecciones sonoras y audiovisuales que son esenciales para la historia del país”, dice Perla Rodríguez. “He mencionado sólo algunas, pero también están las producciones científicas que en institutos, centros y facultades documentan los investigadores en entrevistas y en su trabajo científico de campo”.
“Es importante mencionar que en este momento se están generando muchos documentos de origen digital. La denominación ‘de origen digital’ se refiere a los documentos que generamos en nuestras computadoras, con tecnología digital y que se resguardan, por ejemplo, en archivos digitales en formatos .wav y .MXF para video, y .wav para audio, para su preservación a largo plazo”.
Hay la falsa creencia de que un documento, al publicarse, por ejemplo, en la web, o al estar en un disco duro o en un servidor, está conservado, pero se preserva solo si cuenta con las condiciones idóneas y los lineamientos destinados a garantizar la salvaguarda de estos materiales a largo plazo. De otra manera se pierde.
“Tener en nuestra computadora algunos documentos no garantiza que se salvaguarden porque la computadora se deteriora y todo se pierde o se queda obsoleta”.
Esa es la confusión por la que se cree que, por tener los materiales en una computadora, en un disco duro o en una memoria USB, están conservados, pero no es así.
“Cuando hablamos de preservación digital desde la investigación científica nos referimos a técnicas, tecnología, métodos de documentación y, por supuesto, a entender que estos materiales se tienen que salvaguardar en lo que nosotros denominamos archivos digitales, que son sistemas sociales, porque ahí se preserva una parte de la herencia documental, y tecnológicos, formados por hardware y software, que se actualizan periódicamente”.
“Si no se entiende que la preservación digital es un cambio continuo, entonces corremos el riesgo de perder grandes cantidades de contenidos que son muy importantes”.
Contaminación ambiental y preservación de documentos audiovisuales
La producción de archivos digitales afecta al cambio climático, y al mismo tiempo el cambio climático afecta a estos archivos. “Es una relación, digamos, dual. Yo mencionaría cuatro elementos de esta relación”, señala la académica.
“Dependemos de tecnología para la fabricación de hardware y software, que son esenciales en la preservación digital. Los combustibles fósiles, como petróleo, carbón y gas natural, y las tierras raras son necesarios para la fabricación de la tecnología empleada en los archivos digitales”.
Segundo elemento: se consume energía eléctrica durante todo el ciclo de la preservación digital de los documentos. Desde el momento en que se acopia un documento de origen digital, durante la preservación se le añaden los metadatos, se gestiona y se da acceso, y durante todo ese lapso utilizamos energía.
“Se utiliza energía desde el momento en que se extraen las tierras raras para la fabricación de la tecnología, durante su transporte y durante su fabricación; es un ciclo interminable de uso de energía”, dice Olivia Rodríguez.
El tercer factor es el empleo de enormes cantidades de agua, necesaria para los sistemas de enfriamiento en el almacenamiento digital. “Preservar grandes cantidades de contenidos digitales implica también enfriar los servidores”.
Investigaciones recientes, sobre todo en Europa, buscan que hacia el año 2040 disminuya el consumo de agua. “Por eso la instalación de centros de datos es tan polémica, por el daño al medio ambiente”.
La cuarta variable es la generación de basura tecnológica. Cuando esta tecnología deja de ser útil se convierte en basura, que es desechada sobre todo en países pobres, lo que daña al medio ambiente y a la salud de las personas. “De esta manera, la preservación digital afecta al medio ambiente”.
A su vez, el cambio climático influye en la preservación digital porque estos archivos digitales se ven afectados por fenómenos meteorológicos, como el calentamiento global, el aumento en el nivel del mar, las inundaciones y las sequías, que presionan la necesidad de preservación de este patrimonio digital.
El CD, el soporte más frágil en la historia de la grabación sonora y audiovisual
“Desde principios de este siglo se nos advirtió que en la preservación digital no podíamos confiar en los CD ni en los DVD porque son los soportes más frágiles en la historia de la grabación sonora y audiovisual”, dice Perla Rodríguez. “Dependiendo de la marca y del tipo de material con el que se hayan producido, pueden durar entre 10 y 20 años”.
Contrario a lo esperado con la fiebre de los años 90 del siglo pasado acerca de que íbamos a tener un soporte digital eterno, ahora las computadoras ya ni siquiera traen un reproductor de CD. “Ese es un problema de obsolescencia porque ya no hay reproductores de CD. Esto expresa con claridad cómo un formato, un soporte que fue uno de los primeros soportes digitales, quedó en desuso”.
Contrario a lo esperado, los vinilos en buenas condiciones físicas y químicas, guardados en bóvedas correctamente climatizadas, pueden durar hasta cien años. Si un LP está correctamente ubicado y en condiciones adecuadas de temperatura, es probable que no sufra el deterioro que sí pueden tener los CD.
“Pero si una persona tiene el equipo para reproducir un CD o un DVD, podría seguir disfrutando de estos contenidos, mientras no se deterioren”, finaliza Perla Rodríguez Reséndiz
UNAM-España reflexiona en encuentro literario sobre la migración
UNAM España
mayo 13, 2026
compartir en:
El Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España celebró a finales de abril una edición más de Con Acento. Encuentro de creadores hispanoamericanos, con el foco en la migración, un ámbito de gran interés para la UNAM. Esta iniciativa, que anualmente se organiza junto con la Fundación Casa de México en España y el centro cultural madrileño Contemporánea Condeduque, estuvo conformada por seis mesas de diálogo en las que intervinieron escritoras y escritores de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, España, México, Perú, República de Corea y Uruguay.
Durante tres jornadas, las y los escritores dialogaron sobre las formas en que la movilidad humana moldea desde hace siglos nuestro mundo, ese territorio esférico en perpetuo movimiento que a veces acoge y a veces expulsa. El encuentro tuvo como objetivo principal reflexionar sobre la manera en que la literatura y las lenguas son herramientas para entender la migración, analizarla, contrastarla, explicarla o transitarla, a la vez que se enriquecen y transforman ante ese complejo movimiento.
Los escritores Daniel Chacón, Santiago Vaquera-Vásquez y Miguel Albero, moderados por Josebe Martínez, académica de la Universidad del País Vasco, fueron los encargados de abordar un tema urgente en el ecosistema literario de Estados Unidos y hablaron sobre lo que significa la escritura en un entorno en el que se han endurecido las políticas migratorias y en donde se ha visto un refuerzo operativo de agencias como el ICE, así como la estigmatización de la lengua española. Esto ha puesto el reflector en dicho país como un espacio geopolítico de alta tensión, pero también como un escenario ético y narrativo ineludible.
El encuentro también contempló una reflexión conjunta sobre lo que pasa en el ámbito editorial. David Andrés Cabañas (Editorial Siglo XXI-España), Guillermo Quijas (Editorial Almadía, México) y Andrea Stefanoni (Librería La Mistral) dialogaron sobre la forma en que los catálogos cruzan los océanos en la actualidad. Además, reflexionaron sobre cómo la internacionalización del mercado literario está respondiendo a este movimiento y si existe un posicionamiento cultural que apueste por la circulación de ideas frente al repliegue identitario. También conversaron sobre el papel que desempeñan los libreros y las librerías en la construcción de puentes, catálogos y comunidades. Asimismo, compartieron ideas sobre la manera en que la edición se ha convertido en una forma de migrar y redefinir el mapa literario del idioma español, a través del movimiento continuo de los textos y de los autores.
Formó parte del encuentro una mesa de diálogo conformada por algunos de los migrantes latinoamericanos cuyos trabajos narrativos han sido reconocidos por el Premio de Relato Migrante UNAM-España/Centroamérica Cuenta, en el que han participado cerca de 700 personas originarias de 20 países latinoamericanos, residentes en 16 comunidades autónomas de España, con un rango de edad que oscila entre los 16 y los 80 años. En esta conversación, moderada por el escritor y periodista peruano Renato Cisneros, participó el colombiano Yeisson Vargas Rendón —ganador de la edición 2025-2026—, cuyo relato “Arquitectura condicional” acaba de ser publicado en la Revista de la Universidad de México, junto con las finalistas de la primera y tercera edición del premio, Rocío Saucedo (México) y Elena Mesa (Colombia), cuyos relatos ha publicado la revista Punto de Partida de la UNAM.
Otra de las grandes cuestiones planteadas en Con Acento tuvo que ver con lo que significa escribir en español en entornos en los que el hecho migratorio implica exponerse a una jerarquía de acentos, tonalidades de piel y pasaportes. En la mesa intervinieron Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero y Claudia Apablaza, escritoras latinoamericanas residentes en España, quienes también reflexionaron sobre lo que significa escribir en un idioma atravesado por desigualdades históricas y formas sutiles de racismo, y sobre cómo la escritura puede servir como un gesto crítico contra las exclusiones.
Los escritores Munir Hachemi, Fernanda Trías y Valeria Mata conversaron con Jesús Cano, académico de la Universidad Complutense de Madrid, sobre cómo la escritura pone de manifiesto y retrata los cambios de paisaje en los movimientos migratorios. Respondieron a cuestiones como: “¿Es posible perder montañas, mares, edificios y calles conocidas y, al mismo tiempo, aprender a habitar nuevos horizontes? ¿Qué ocurre con la verticalidad y la horizontalidad de lo que nos rodea, con la forma en que una topografía nos orienta o nos desorienta? ¿Y cómo suena una ciudad?”. Los escritores hablaron sobre la orientación y el conocimiento y reconocimiento de los nuevos paisajes a través de los sentidos.
El encuentro tuvo como colofón una mesa en torno al desarraigo y la sensación de no estar del todo “en casa”, experiencias que suelen ser comunes en el mundo actual. Sobre estos temas dialogaron Bora Chung y Mónica Ojeda, dos escritoras que proceden de tradiciones literarias distintas, como la asiática y la latinoamericana. Moderadas por Esther Torres-Simón, reflexionaron sobre la manera en que las escritoras recurren a lo fantástico y a la transformación del cuerpo y del espacio para hablar de estas vivencias.
El cartel de la quinta edición del encuentro fue diseñado por Frida Pichardo, egresada de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y participante en un programa de impulso a la titulación por actividades en el extranjero, en el área de Diseño de UNAM-España.
Las mesas del encuentro pueden verse en el siguiente link:
Leer a Clarice Lispector es entrar al mar sin salvavidas
Redacción
mayo 13, 2026
compartir en:
Pocas escritoras transformaron la literatura del siglo XX con la intensidad de Clarice Lispector. Nacida en Ucrania en 1920 y criada en Brasil desde niña, Lispector revolucionó la narrativa en lengua portuguesa con una escritura introspectiva, filosófica y profundamente sensorial. Más que contar historias, exploró los territorios más inasibles de la conciencia: el deseo, el miedo, la soledad, el cuerpo, el silencio y aquello que ocurre en la mente unos segundos antes de que algo sea comprendido.
Su obra influyó decisivamente en generaciones de escritores y críticos la han comparado con figuras como Virginia Woolf o Franz Kafka, aunque su voz terminó siendo absolutamente singular. Leer a Lispector implica entrar en una literatura que no busca tranquilizar al lector, sino confrontarlo con su propia interioridad.
El volumen dedicado a la autora en la colección Material de Lectura de la UNAM pertenece justamente a esa clase de libros que no sólo se leen: se experimentan. Uno abre sus páginas creyendo que encontrará cuentos breves y fragmentos poéticos, pero termina atravesado por una experiencia íntima, incómoda y profundamente luminosa.
Publicado por la Dirección de Literatura de la UNAM y con selección e introducción de Gloria Gervitz, este libro funciona como una puerta de entrada privilegiada a una de las voces más radicales de la literatura contemporánea. Desde las primeras líneas, Gervitz advierte que el centro de la escritura de Lispector no es la trama, sino “la manera de mirar”. Y en efecto: sus textos parecen menos interesados en contar algo que en capturar el instante exacto en que la conciencia tiembla frente al mundo.
Clarice Lispector, una de las voces más singulares de la literatura brasileña del siglo XX, retratada junto a su máquina de escribir. La autora de La pasión según G. H. y La hora de la estrella transformó la narrativa contemporánea con una escritura introspectiva, austera y profundamente existencial.
Leer a Lispector hoy produce una sensación extraña. Sus relatos fueron escritos hace décadas y, sin embargo, poseen la temperatura emocional de algo recién pensado. En “Tanta mansedumbre”, por ejemplo, una mujer mira la lluvia y descubre una alegría tan silenciosa que la desconcierta más que el dolor. Lo que en otro autor sería una epifanía sentimental, en Lispector se convierte en una investigación casi metafísica sobre la existencia. Nadie describe el desconcierto interior con semejante precisión.
El volumen también incluye uno de sus relatos más célebres, “Felicidad clandestina”. La historia de una niña que anhela desesperadamente un libro prestado podría parecer mínima; sin embargo, Lispector transforma esa espera en una meditación feroz sobre el deseo y la humillación. La felicidad, parece decirnos, nunca llega de manera limpia: siempre viene acompañada de ansiedad, demora y una secreta culpa.
Pero quizá el corazón más perturbador de esta edición sea “Seco estudio de caballos”, un texto inclasificable que oscila entre el ensayo, la confesión y la alucinación. Los caballos de Lispector no son animales: son símbolos de una libertad salvaje que el lenguaje apenas consigue rozar. Ahí está una de las claves de toda su literatura: escribir contra los límites de las palabras, intentar nombrar aquello que se escapa incluso mientras se pronuncia.
En tiempos dominados por narrativas veloces y explicaciones inmediatas, Lispector exige otra clase de lector: uno dispuesto a perderse. Sus frases cortas, tensas y casi hipnóticas obligan a leer despacio, como quien avanza en la niebla. No hay concesiones ni sentimentalismo fácil. Tampoco moralejas. Lo que hay es una intensidad rara, casi física, capaz de convertir el silencio, el mar o una mirada en experiencias absolutas.
La edición de Material de Lectura tiene además el mérito de reunir traducciones de figuras como Cristina Peri Rossi y Marcelo Cohen, quienes consiguen conservar en español la respiración quebrada y el magnetismo de la prosa original. El resultado es un libro breve pero inmenso, de esos que pueden leerse en una tarde y quedarse resonando durante años.
Clarice Lispector escribió alguna vez que “más allá de la oreja existe un sonido”. Toda su obra parece perseguir justamente eso: aquello que existe un poco más allá del lenguaje. Y quizá por eso sigue fascinando. Porque sus textos no buscan responder preguntas; buscan llevarnos al borde donde las preguntas comienzan.
Déjà vu: qué dice la ciencia sobre la sensación de haber vivido algo antes
Michel Olguín Lacunza
mayo 12, 2026
compartir en:
El fenómeno del Déjà vu es una de las ilusiones de la memoria más intrigantes y misteriosas. De hecho, es la sensación de que la experiencia que se vive actualmente, a pesar de ser novedosa, ya se había vivido antes.
“Cuando llegamos a un nuevo ambiente o vivimos una experiencia, se activan de forma automática los procesos de familiaridad, mediante los cuales el cerebro identifica si esa situación ya fue vivida con anterioridad”, explicó en entrevista para UNAM Global Selene Cansino, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Regularmente, este proceso de familiaridad coincide con la realidad objetiva, y en raras ocasiones sentimos que vivimos algo que ya se había vivido o visto, de ahí el término déjà vu. Sin embargo, no es posible recuperar el origen de esa experiencia.
Muy difícil de estudiar
El filósofo francés Émile Boirac fue de los primeros en usar el término déjà vu, que ha sido definido como una experiencia inapropiada de familiaridad ante una experiencia presente, que no puede vincularse realmente con nada del pasado.
Sin embargo, es importante mencionar que el Déjà vu es muy difícil de estudiar, puesto que no hay un estímulo que lo provoque o una conducta observable cuando ocurre.
“La única forma de investigarlo es a través de un reporte subjetivo de las personas, que depende, a su vez, de la sensibilidad que tienen para identificar el déjà vu y de sus conocimientos sobre su funcionamiento cognitivo”.
Ese escenario ha impedido saber realmente qué es y, por eso, aún se desconoce, añadió la académica universitaria. De hecho, a través de reportes subjetivos se sabe que ocurre en dos terceras partes de las personas estudiadas sobre el tema, es decir, en el 66 por ciento.
También se sabe que dura menos de cinco segundos y que ocurre más de una vez en la vida. Sin embargo, con la edad disminuye, de tal forma que los adultos mayores ya no tienen déjà vu o lo presentan muy pocas veces.
Aunque esto se ha interpretado como que los adultos mayores son menos exigentes con su memoria y aceptan más esas pequeñas fallas. “Por eso, no se sabe si realmente disminuye”.
Cuatro definiciones
A través de los años, se han propuesto más de 40 explicaciones del déjà vu, porque, al igual que un dolor de cabeza, no puede tener una sola explicación.
Actualmente, hay investigadores que estudiaron todas las definiciones y las conjuntaron en cuatro explicaciones:
Doble procesamiento: El déjà vu puede surgir cuando dos procesos mentales momentáneamente están fuera de sincronía, como la sensación de familiaridad y la recuperación de recuerdos, que normalmente ocurren juntos. Si se activa falsamente la familiaridad sin la recuperación, una experiencia nueva se percibe como conocida, aunque no exista un recuerdo real asociado.
Desfase neurológico o eco perceptual: Otra hipótesis señala que la información que llega al cerebro por distintas vías sensoriales puede hacerlo con milisegundos de diferencia. Ese pequeño retraso genera una especie de “eco perceptual”, haciendo que el segundo estímulo sea interpretado como algo ya vivido.
Memoria implícita inconsciente: También puede originarse por recuerdos almacenados de forma inconsciente, conocidos como memorias implícitas. Estas experiencias previas, provenientes de lecturas, imágenes, películas o vivencias cotidianas, pueden activarse sin que la persona sepa de dónde vienen, generando la sensación de familiaridad.
Interrupción momentánea de la percepción: El cerebro monitorea continuamente el entorno, pero ese proceso puede interrumpirse brevemente por distracciones internas o externas. Cuando la percepción se reanuda casi de inmediato, el momento puede sentirse repetido, como si ya hubiera ocurrido antes.
En el cerebro
El déjà vu es una falla de la memoria episódica, la memoria que almacena los recuerdos personales. Las regiones involucradas se encuentran en el lóbulo temporal medial, ubicado en la cara interna del lóbulo temporal, casi en el centro del cerebro.
El hipocampo es el centro de la memoria episódica, por lo que el déjà vu podría originarse en esta región o en otras que sostienen la memoria episódica, como la amígdala y la corteza parahipocampal. Se ha propuesto que en esta última región ocurren descargas neuronales espontáneas que podrían generar la sensación de familiaridad desordenada.
La memoria no es perfecta; los recuerdos siempre tienen deficiencias. De hecho, no es posible recuperar un recuerdo en su totalidad y con todos los detalles.
Sin embargo, el déjà vu se siente como algo muy vívido, porque en realidad no es una memoria, sino un procesamiento de la experiencia actual.
Tlacatecolotl, el hombre búho: entre la cosmovisión nahua y la figura colonial del mal
Pepe Herrera
mayo 12, 2026
compartir en:
La figura del Tlacatecolotl ocupa un lugar complejo dentro de las tradiciones mesoamericanas y de los procesos culturales que se desarrollaron durante la época colonial. Lejos de tratarse de un personaje con un significado único o estable, representa un claro ejemplo de cómo las creencias indígenas fueron reinterpretadas, transformadas y resignificadas tras el encuentro entre las culturas originarias y la cosmovisión cristiana introducida por los evangelizadores españoles.
La investigación de González Sánchez sobre Tlacatecolotl, bajo la supervisión del maestro Alberto Juárez Carbajal del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM, surgió del interés por identificar dentro de la tradición mesoamericana una figura comparable con el “hombre polilla”, una leyenda urbana contemporánea de origen estadounidense.
A diferencia de otras entidades más claramente delimitadas del imaginario mesoamericano, Tlacatecolotl se caracteriza por su ambigüedad. Aunque suele describirse como un ser de baja estatura, con apariencia humana y rasgos de búho —grandes ojos y una mirada penetrante— asociado con la noche y el inframundo, estas características no constituyen una definición fija ni universal.
Su significado varía según las fuentes, ya que aparece tanto en la tradición oral indígena como en los textos novohispanos, donde adquiere matices distintos. Desde sus primeras referencias, por tanto, Tlacatecolotl carece de una interpretación única.
El propio nombre ofrece pistas sobre su carga simbólica: proviene del náhuatl tlacatl (hombre) y tecolotl (búho), es decir, “hombre búho”. En diversas culturas mesoamericanas, el búho se vinculaba con la noche, la muerte, los malos presagios y el mundo espiritual. Sin embargo, estas asociaciones no implicaban necesariamente una concepción moral equivalente a la del mal cristiano, sino una relación compleja con fuerzas del orden sobrenatural.
La reinterpretación colonial
A partir del siglo XVI, con la llegada de los evangelizadores españoles, el término fue objeto de un profundo proceso de reinterpretación. Los frailes intentaron traducir las creencias indígenas dentro de sus propias categorías religiosas y culturales.
“En ese proceso, Tlacatecolotl fue asociado con el diablo, el demonio o un hechicero. Sin embargo, ninguna de estas equivalencias logró captarlo por completo. Lo único constante en las distintas interpretaciones fue su vínculo con fuerzas peligrosas o sobrenaturales”, explicó Ah Chimal Balam.
Este proceso revela un punto clave: Tlacatecolotl no posee un significado fijo, sino que ha sido constantemente reconfigurado según los marcos culturales, religiosos e ideológicos desde los que se le ha interpretado.
Sus distintas interpretaciones
Durante el periodo novohispano pueden identificarse, de manera general, tres grandes formas de interpretación.
La primera lo asocia directamente con el diablo cristiano. Esta lectura surge de la necesidad de encajar las creencias indígenas dentro del sistema doctrinal europeo. Para muchos evangelizadores, cualquier entidad vinculada con la noche, el inframundo o prácticas rituales debía corresponder necesariamente a Satanás.
Fray Andrés de Olmos, por ejemplo, describió al Tlacatecolotl como un “mal ángel”, “demonio” o “Satán”, vinculándolo incluso con la figura de Lucifer y su caída por soberbia. En esta interpretación, la figura pierde su ambigüedad original y se convierte en una representación del mal absoluto.
La segunda interpretación, propuesta por Fray Bernardino de Sahagún, lo relaciona con la figura del hechicero o brujo. Aquí, Tlacatecolotl no es una entidad demoníaca en sentido estricto, sino un individuo que accede a conocimientos rituales capaces de causar daño, enfermedad o muerte. En este caso, el énfasis recae en la práctica ritual más que en una esencia maligna absoluta.
“Esta visión conserva elementos de las creencias indígenas sobre el manejo de fuerzas espirituales. Aunque sigue siendo una figura peligrosa, no queda completamente absorbida por la noción cristiana del diablo”, señaló González Sánchez.
La tercera interpretación funciona como un punto intermedio. Algunos religiosos reconocían que no existía una equivalencia exacta entre los conceptos indígenas y el demonio cristiano, pero aun así insistían en establecer una relación simbólica. Fray Juan de Luján, por ejemplo, afirmaba que Lucifer se ocultaba bajo la forma del búho, lo que explicaría el nombre de Tlacatecolotl entre los indígenas.
Persistencia y resignificación
A pesar de estas interpretaciones coloniales, la figura no desapareció. De acuerdo con investigaciones etnográficas contemporáneas, Tlacatecolotl se mantuvo vivo mediante procesos de sincretismo y transformación simbólica.
En la actualidad, en algunas comunidades nahuas, conserva un carácter dual. Puede ser entendido tanto como una entidad peligrosa capaz de causar enfermedades o desgracias, como una fuerza protectora que otorga beneficios, cura y mantiene el equilibrio comunitario. Esta dualidad contrasta con la visión cristiana del mal absoluto.
“En celebraciones como el carnaval de Chicontepec, el Tlacatecolotl ocupa un lugar central. No solo se le teme, también se le respeta, se le ofrecen ofrendas y se le reconoce como parte del equilibrio espiritual de la comunidad”, explicó Ah Chimal Balam.
Su permanencia demuestra que las creencias indígenas no desaparecieron, sino que se transformaron, adaptándose a nuevos contextos sin perder completamente su sentido original. En esa tensión entre traducción, imposición y resistencia cultural, el Tlacatecolotl sigue siendo una figura en movimiento, imposible de fijar en una sola definición.
La ciencia de la compasión: proceso psicológico, social y neurobiológico
Pepe Herrera
mayo 12, 2026
compartir en:
La compasión es un fenómeno complejo estudiado por la psicología y las neurociencias debido a su papel en las relaciones humanas y en la respuesta frente al sufrimiento ajeno. Comprender cómo surge, cómo se desarrolla y cómo influye en la conducta permite explicar mejor, los procesos como la empatía, la cognición social y las conductas de ayuda.
¿Qué es la compasión?
Desde el punto de vista psicológico, la compasión forma parte de las llamadas emociones complejas o emociones morales, explicó la Dra. Maura Jazmín Ramírez Flores, profesora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, durante la conferencia ¿Cómo reacciona nuestro cerebro cuando somos?, perteneciente al 10° Ciclo de conferencias de UNAMirada desde la Psicología.
Estas emociones no solo implican una reacción inmediata, sino también procesos cognitivos, reflexivos y sociales que permiten interpretar situaciones y responder de manera consciente. A diferencia de las emociones básicas, como el miedo o la alegría, las emociones complejas requieren razonamiento, interpretación del contexto y valoración moral de lo que ocurre.
En este sentido, la compasión se relaciona estrechamente con la cognición social, es decir, con la capacidad de comprender a otras personas, interpretar sus estados emocionales y responder de manera adecuada en contextos de interacción humana.
Diferencia entre empatía y compasión
Es por eso, que suele existir confusión entre empatía y compasión, ya que en ocasiones se utilizan como sinónimos, aunque en realidad representan procesos distintos.
La empatía puede definirse como la capacidad de conectarse emocionalmente con los sentimientos de otra persona, sean estos positivos o negativos. Cuando una persona es empática, puede percibir el estado emocional del otro y resonar con él, aunque mantiene la diferenciación entre el “yo” y el “otro”. Es decir, reconoce que las emociones pertenecen a la otra persona y no a sí misma.
La empatía puede manifestarse en distintos niveles. Uno de ellos es el contagio emocional, una forma automática e inconsciente en la que una persona replica emociones ajenas sin comprender necesariamente su causa. Un ejemplo cotidiano ocurre cuando alguien entra a un grupo que está riendo y comienza a reír también sin saber por qué.
Otro nivel es la empatía emocional, en la que la persona no solo observa la emoción del otro, sino que la experimenta de forma compartida. Por ejemplo, alguien cercano que está triste puede generar tristeza en quien lo acompaña, incluso sin conocer completamente la causa.
El tercer nivel corresponde a la empatía cognitiva, en la que intervienen procesos de interpretación y razonamiento. Aquí, la persona comprende la situación del otro a partir de información contextual o experiencias previas, por ejemplo, al saber que alguien perdió a un ser querido.
Estos niveles permiten entender cómo la empatía constituye una base fundamental para la compasión, aunque no son equivalentes.
De la empatía a la compasión
A partir de estos niveles surge la compasión, que constituye un proceso más amplio. No solo implica comprender o compartir el sufrimiento de otra persona, sino también la intención y la acción de aliviarlo. Por ello, se considera una conducta prosocial que promueve la ayuda, la cooperación y el cuidado hacia los demás, dijo la maestra de la FP.
Cuando una persona actúa con compasión, no solo reconoce el dolor ajeno, sino que también siente preocupación genuina y busca intervenir para disminuirlo. Por ejemplo, ante una persona herida en la calle, la empatía puede generar tristeza o preocupación, pero la compasión impulsa a acercarse y brindar ayuda.
Además, la compasión requiere regulación emocional. Aunque implica compartir parcialmente el sufrimiento del otro, es necesario mantener ciertos límites para evitar una sobreimplicación emocional que genere desgaste psicológico. Cuando estos límites se pierden, puede aparecer la llamada fatiga por compasión, frecuente en profesionales de la salud o cuidadores.
Origen y desarrollo de la compasión
Existen distintas teorías sobre el origen de la compasión. Algunas proponen que es un afecto primario e innato en el ser humano. Otras la consideran un rasgo de personalidad con base biológica. Sin embargo, una de las perspectivas más aceptadas la entiende como una emoción compleja y moral que integra factores biológicos, cognitivos, sociales y culturales.
Su desarrollo comienza en los primeros años de vida. Desde aproximadamente los seis meses, los bebés pueden presentar contagio emocional y mímica facial. Posteriormente, se desarrollan habilidades como la diferenciación entre el yo y el otro, la empatía afectiva, el control inhibitorio y la comprensión de estados mentales ajenos.
Alrededor de los cuatro años se consolidan varios procesos cognitivos y emocionales que permiten formas más complejas de compasión.
Durante la adolescencia, la compasión se ve influida por la cercanía social. Los adolescentes tienden a mostrar mayor compasión hacia personas de su entorno cercano o con quienes se identifican, mientras que esta respuesta disminuye hacia individuos percibidos como lejanos.
En ese sentido, diversos estudios han demostrado que los adolescentes con mayores niveles de compasión tienen una mayor tendencia a defender a víctimas de acoso. Esta defensa no se basa en la agresión, sino en la protección y el cuidado. Sin embargo, también puede aparecer la llamada ira empática, en la que la persona comparte el sufrimiento de la víctima pero responde con agresión hacia el agresor.
Este fenómeno muestra que la compasión no depende solo de sentir lo que el otro siente, sino también de regular emociones, analizar el contexto y responder de forma consciente. Por ello, durante la adolescencia aún se están consolidando estos procesos.
En la adultez y la vejez, la compasión continúa transformándose. Factores como la autocrítica, la atención plena, la humanidad compartida y la regulación emocional influyen en la manera en que se expresa a lo largo del ciclo vital.
Características de una persona compasiva
Diversos investigadores han identificado habilidades y atributos asociados a la compasión. Entre las habilidades destacan la atención al sufrimiento, la imaginación, el razonamiento, la capacidad de compartir emociones y las conductas de ayuda.
Entre los atributos se incluyen la sensibilidad, la tolerancia, la ausencia de juicio y la preocupación por el bienestar de los demás.
“Además, la compasión tiene un carácter relacional, ya que implica una conexión con otros; es multidireccional, porque puede dirigirse a distintos individuos o grupos; y es contextual, ya que depende de las circunstancias específicas en las que surge”, agregó la Dra. Maura.
También puede dirigirse incluso hacia personas que generan rechazo o que han cometido errores graves. Sin embargo, en la práctica, suele ser más intensa cuando el sufrimiento es percibido como grave o inmerecido.
Las personas tienden a mostrar mayor compasión cuando consideran que el sufrimiento no ha sido provocado por la propia persona, como en el caso de enfermedades graves o injusticias. Asimismo, el contexto y la información disponible influyen en la forma en que se evalúa y responde al dolor ajeno.
¿Hacia dónde se dirige la compasión?
La compasión puede dirigirse hacia distintos tipos de sufrimiento: dolor físico, enfermedades, sufrimiento emocional, problemas familiares o insatisfacción vital.
También varía según la cercanía emocional. Generalmente, las personas muestran mayor compasión hacia familiares o amigos, mientras que esta disminuye hacia desconocidos. Sin embargo, algunas personas extienden esta respuesta incluso hacia animales u otros seres sintientes.
La compasión como proceso dinámico
Desde la psicología y las neurociencias contemporáneas, la compasión se entiende como un proceso dinámico que sigue una secuencia: percibir el sufrimiento, interpretarlo, evaluarlo, decidir actuar, intervenir y reflexionar sobre la acción realizada.
Este ciclo permite aprender de las experiencias compasivas y ajustar futuras conductas de ayuda.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando somos compasivos?
Desde la neurociencia, la empatía y la compasión involucran redes cerebrales amplias que permiten procesar emociones, interpretar el sufrimiento ajeno y regular la conducta.
En la empatía participan regiones como la amígdala, la ínsula, el cerebelo y áreas de la corteza prefrontal dorsolateral y ventromedial. Estas estructuras intervienen en el reconocimiento emocional, la regulación afectiva y la toma de decisiones.
La amígdala participa en el procesamiento emocional, especialmente ante estímulos relevantes. La corteza prefrontal interviene en el juicio y la regulación emocional. La ínsula integra señales corporales con la experiencia emocional, dando intensidad a lo que sentimos.
En la compasión se activan regiones específicas como la ínsula izquierda y el giro frontal inferior izquierdo, asociadas a respuestas prosociales. Además, el entrenamiento de la compasión se ha relacionado con la activación de áreas vinculadas al placer, la recompensa y la motivación de acercamiento, como la corteza orbitofrontal medial.
Esto sugiere que actuar de forma compasiva puede resultar emocionalmente gratificante. Sin embargo, también abre una cuestión relevante: si las conductas compasivas surgen únicamente del deseo de ayudar a otros o si también están influidas por mecanismos de recompensa y reconocimiento social.
Sobre la autocompasión
Al abordar la compasión, también es necesario hablar de la autocompasión. La Dra. Maura Jazmín Ramírez Flores la definió como la capacidad de aceptarse, cuidarse y tratarse con amabilidad frente a situaciones difíciles o dolorosas. En lugar de responder con una crítica excesiva, la autocompasión implica relacionarse con uno mismo desde la comprensión y el apoyo emocional.
Los principales modelos teóricos describen tres dimensiones fundamentales de la autocompasión. La primera es la bondad hacia uno mismo frente al juicio personal. Esto significa responder con comprensión ante errores, fracasos o momentos de sufrimiento, en vez de recurrir a la dureza o al desprecio hacia uno mismo.
La segunda dimensión corresponde a la humanidad compartida frente al aislamiento. Desde esta perspectiva, las dificultades, las imperfecciones y el sufrimiento forman parte de la experiencia humana universal. Las personas autocompasivas reconocen que no están solas en sus problemas y entienden que otras personas también atraviesan situaciones similares.
La tercera dimensión es la atención plena frente a la sobreidentificación emocional. La atención plena permite observar pensamientos y emociones dolorosas sin negarlos ni exagerarlos, evitando quedar completamente absorbidos por ellos.
Un cerebro autocompasivo
Las investigaciones neurocientíficas han demostrado que la autocompasión también produce cambios en la actividad cerebral. Se han identificado modificaciones en regiones relacionadas con la integración emocional y la autoidentificación, como el fascículo longitudinal superior. Asimismo, las personas con mayores dificultades para reconocerse positivamente suelen mostrar menor activación en estas áreas.
Sin embargo, no todas las personas desarrollan fácilmente la autocompasión. Existen diversas barreras psicológicas y culturales que dificultan este proceso. Algunas creen que tratarse con amabilidad podría disminuir sus estándares personales o afectar su rendimiento, asociando la autocompasión con conformismo o falta de exigencia.
Otras consideran que ser autocompasivos representa debilidad, egoísmo o irresponsabilidad. A esto se suman influencias familiares y culturales que promueven la autocrítica constante y desaprueban el autocuidado emocional. Como consecuencia, muchas personas desarrollan niveles elevados de exigencia hacia sí mismas y perciben la comprensión personal como algo inapropiado.
En este contexto, diversos estudios han mostrado que las mujeres suelen desarrollar autocompasión de manera más temprana que los hombres, particularmente durante la adolescencia.
A pesar de estas dificultades, se ha demostrado que la autocompasión puede entrenarse y fortalecerse. Este aprendizaje genera cambios funcionales en regiones cerebrales como la ínsula anterior y la corteza prefrontal dorsolateral, área relacionada con el razonamiento, el juicio y la regulación emocional.
La modificación de estas regiones durante los entrenamientos en autocompasión sugiere que el cerebro posee plasticidad y puede reorganizarse mediante experiencias asociadas al autocuidado, la regulación emocional y las relaciones positivas con uno mismo.
Comprender el dolor ajeno y querer ayudar
La compasión es una emoción compleja y multidimensional que involucra componentes emocionales, cognitivos, morales y sociales. Aunque se relaciona estrechamente con la empatía, se diferencia de ella porque incorpora la intención activa de aliviar el sufrimiento ajeno.
La compasión no solo depende de factores biológicos, sino también del aprendizaje, las experiencias y el contexto cultural. Además, se desarrolla progresivamente desde la infancia y cambia a lo largo de la vida. Comprender este fenómeno resulta fundamental para fortalecer las relaciones humanas, promover conductas prosociales y favorecer una convivencia basada en el cuidado y el bienestar colectivo.
Dormir en el espacio: cuando la noche deja de existir
Pepe Herrera
mayo 12, 2026
compartir en:
El sueño es una función biológica esencial para la vida humana, ya que permite la recuperación física y mental del organismo. En la Tierra, este proceso está estrechamente ligado a los ciclos naturales de luz y oscuridad provocados por la rotación del planeta. Sin embargo, cuando el ser humano viaja al espacio, estas condiciones cambian drásticamente, convirtiendo el descanso en uno de los mayores desafíos para los astronautas.
Entendiendo cómo el reloj biológico regula nuestro descanso
El sueño humano está regulado por el ritmo circadiano, un ciclo de aproximadamente 24 horas determinado por la alternancia entre el día y la noche. Este mecanismo organiza nuestras actividades: durante el día el organismo permanece activo, mientras que por la noche entra en reposo.
Este ciclo, como explica el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, investigador de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, depende principalmente de la luz. A través de la retina, la información luminosa llega al núcleo supraquiasmático del cerebro, que actúa como reloj biológico. Este, a su vez, controla la glándula pineal, encargada de liberar melatonina cuando disminuye la luz, señalando que es momento de dormir.
A lo largo del día, el cuerpo presenta variaciones fisiológicas importantes: por la tarde alcanza su mayor rendimiento físico y mental, mientras que por la noche disminuyen la temperatura corporal, la presión arterial y la actividad cardíaca, facilitando el descanso. Durante el sueño, el organismo atraviesa ciclos de aproximadamente 90 minutos que incluyen fases de sueño ligero, profundo y MOR, fundamentales para la recuperación integral.
¿Qué ocurre con el sueño en los astronautas?
Este equilibrio, adaptado a las condiciones terrestres, se altera en el espacio. En estaciones espaciales como la Estación Espacial Internacional, la órbita alrededor de la Tierra provoca hasta 16 amaneceres y atardeceres al día, lo que desajusta el ritmo circadiano, ya que el organismo no está preparado para cambios tan rápidos en la exposición a la luz, comentó Ayala Guerrero.
Como consecuencia, el sueño de los astronautas suele reducirse tanto en cantidad como en calidad. En promedio, duermen alrededor de seis horas y su descanso tiende a ser más ligero y menos reparador. Esto puede provocar insomnio, fatiga, dificultades de concentración y estrés.
Para mitigar estos efectos, se han desarrollado sistemas de iluminación artificial que simulan los ciclos terrestres; sin embargo, no logran restablecer por completo el equilibrio biológico.
Además, la forma de dormir también cambia: los astronautas deben sujetarse o utilizar bolsas fijadas a las paredes para evitar flotar libremente dentro de la nave, lo que evidencia cómo la microgravedad modifica incluso actividades básicas de la vida cotidiana.
Otras afectaciones que considerar
La vida en el espacio no solo impacta el sueño, sino que transforma múltiples funciones del organismo. La microgravedad provoca pérdida de masa muscular y debilitamiento óseo, altera los sentidos y dificulta la orientación espacial debido a la ausencia de referencias como arriba y abajo.
Asimismo, modifica el sistema circulatorio por la redistribución de líquidos, afecta el sistema digestivo y altera la regulación hormonal.
“Un ejemplo es el cortisol, hormona que normalmente se libera durante el día para proporcionar energía. Cuando su liberación se desajusta, por ejemplo durante la noche, puede provocar insomnio, ansiedad e inquietud”, explicó el investigador de la FP.
A nivel general, aumenta la susceptibilidad a enfermedades, se debilita el sistema inmunológico y se afectan funciones cognitivas como la memoria, el aprendizaje y la capacidad de reacción. En casos extremos, incluso pueden presentarse alucinaciones.
El estado emocional también se ve comprometido: la irritabilidad, la ansiedad y el estrés se vuelven más frecuentes. Estas condiciones pueden intensificarse debido al confinamiento, el aislamiento y la convivencia en espacios reducidos durante largos periodos.
El desafío de la alimentación
A estas dificultades se suma la alimentación. En condiciones de microgravedad, los alimentos deben empaquetarse cuidadosamente para evitar que floten dentro de la nave. En los primeros viajes espaciales, los astronautas consumían productos en tubos o paquetes compactos.
“Actualmente, la dieta se ha diversificado e incluye sopas, carnes, frutos secos, galletas y bebidas especiales. Sin embargo, persisten restricciones importantes: las bebidas gaseosas no pueden consumirse, ya que las burbujas se dispersan y generan molestias en el organismo”, explicó el Dr. Fructuoso.
Por otro lado, ante futuras misiones prolongadas, se ha propuesto incluso el consumo de insectos como una alternativa rica en proteínas y más sostenible.
Higiene y actividades cotidianas
En ausencia de gravedad, las actividades cotidianas se convierten en verdaderos desafíos. Acciones simples como orinar o lavarse los dientes requieren técnicas específicas para evitar que líquidos y residuos floten dentro de la nave.
El manejo del agua es especialmente crítico: al ser un recurso limitado, se recicla constantemente, incluso a partir de la orina y otros desechos. Asimismo, la higiene debe realizarse con extremo cuidado para no contaminar el ambiente cerrado en el que conviven los astronautas.
Entonces, ¿es posible la adaptación a otros planetas?
Con todo este contexto, Ayala Guerrero destacó que la colonización de otros planetas por parte de los seres humanos representa un desafío considerable. Aunque el cuerpo posee cierta capacidad de adaptación, las condiciones extremas, como la microgravedad, la radiación, los ciclos de luz distintos y el aislamiento, exigen soluciones tecnológicas y biológicas altamente especializadas.
En este sentido, señaló que en futuras misiones, siendo Marte la posibilidad más cercana, será fundamental recrear entornos lo más similares posible a los de la Tierra. Esto implica establecer ciclos artificiales de luz y oscuridad, diseñar hábitats con gravedad simulada y desarrollar estrategias que protejan la salud física y mental de los astronautas.
Asimismo, será necesario profundizar en el estudio del sueño, la regulación hormonal y los ritmos biológicos, ya que estos factores serán determinantes para garantizar el rendimiento, la seguridad y la supervivencia en misiones de larga duración.
“Más que adaptarnos completamente al espacio, el desafío parece ser adaptar el espacio a las necesidades del cuerpo humano”, concluyó.
Dormir fuera de la Tierra: el reto invisible de la supervivencia espacial
El sueño, muchas veces subestimado en la vida cotidiana, se revela en el espacio como un pilar fundamental para la salud y el desempeño humano. En un entorno donde el cuerpo pierde sus referencias naturales, descansar deja de ser un acto automático y se convierte en un desafío científico.
Comprender y proteger el descanso será tan importante como la tecnología misma para garantizar el futuro de la exploración espacial.
Trixis angustifolia: la planta mexicana que muestra potencial contra la diabetes y la tuberculosis
Pepe Herrera
mayo 12, 2026
compartir en:
La diabetes mellitus y la tuberculosis continúan siendo dos de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial. La diabetes, una enfermedad crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre, afecta a cientos de millones de personas y su prevalencia sigue en aumento, especialmente en países como México. Por su parte, la tuberculosis, causada por Mycobacterium tuberculosis, se mantiene entre las principales enfermedades infecciosas responsables de mortalidad global, con millones de nuevos casos cada año.
Más allá de su impacto individual, ambas enfermedades presentan una relación clínica relevante: las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de desarrollar tuberculosis y de presentar cuadros más graves. Esta coexistencia complica el tratamiento, incrementa la posibilidad de interacciones farmacológicas y dificulta el control de ambas patologías.
Ante este panorama, la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas resulta fundamental. En este contexto, la medicina tradicional y las plantas medicinales han cobrado relevancia como fuentes de compuestos bioactivos que, bajo investigación científica rigurosa, podrían contribuir al desarrollo de tratamientos más eficaces y accesibles.
Trixis angustifolia, una especie bajo investigación
En este contexto se inserta el estudio titulado “Trixis angustifolia DC. as a potential plant for the co-management of diabetes mellitus and tuberculosis”, en el que participaron investigadores de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León de la UNAM, entre ellos Anuar Salazar Gómez y Fernando Uriel Rojas Rojas, junto con especialistas del Instituto Politécnico Nacional, como Gustavo Flores-Bernal, Omar Merino Pérez, Lucero Catalán-González, Julieta Luna-Herrera, Leticia Garduño-Siciliano y María Elena Vargas-Díaz.
El trabajo explora el potencial terapéutico de esta planta, utilizada desde hace tiempo en la medicina tradicional mexicana.
De acuerdo con el investigador Salazar Gómez, el interés por estudiar esta especie surge de su relevancia etnomedicinal. Diversas especies del género Trixis han sido utilizadas en América Latina para tratar enfermedades pulmonares, trastornos gastrointestinales, diabetes y reumatismo.
En particular, Trixis angustifolia ha sido reportada en México como remedio tradicional para fiebre asociada a infecciones, dolores de cabeza y otros malestares. Este uso extendido motivó su estudio científico con el objetivo de validar sus posibles efectos biológicos.
Además, investigaciones previas han señalado que esta planta presenta propiedades antimicrobianas y efecto hipoglucemiante, es decir, capacidad para reducir los niveles de glucosa en sangre. Estos hallazgos preliminares la posicionan como una candidata relevante para su estudio en el contexto de enfermedades coexistentes como la diabetes y la tuberculosis.
¿Qué resultados existen hasta ahora?
Actualmente, la investigación sobre Trixis angustifolia se encuentra en una etapa preclínica, lo que significa que los estudios se han realizado en laboratorio y en modelos experimentales, sin llegar aún a pruebas en humanos.
En esta fase, explicó el investigador de la ENES León, se han identificado diversos compuestos bioactivos en la planta, entre ellos flavonoides y trixanolidos. Posteriormente, se evaluaron sus efectos en distintos modelos experimentales.
En pruebas in vitro, el extracto mostró actividad inhibitoria frente a Mycobacterium tuberculosis, lo que sugiere un posible efecto antimicrobiano. Asimismo, en modelos animales con diabetes inducida, se observó una disminución significativa en los niveles de glucosa en sangre, lo que indica un posible efecto hipoglucemiante.
También se reportaron mejoras en el perfil lipídico, con reducción del colesterol LDL, VLDL y triglicéridos, así como un aumento del colesterol HDL. Estos resultados son relevantes, ya que las alteraciones en el metabolismo de los lípidos son frecuentes en personas con diabetes.
“En conjunto, los resultados sugieren que Trixis angustifolia posee propiedades que podrían ser útiles en el manejo integral de la diabetes y la tuberculosis. Sin embargo, estos hallazgos corresponden a etapas preclínicas, por lo que se requieren estudios clínicos en humanos para confirmar su eficacia y seguridad antes de considerar cualquier aplicación terapéutica”, señaló el Dr. Anuar.
Asimismo, enfatizó la necesidad de realizar estudios toxicológicos.
“El hecho de que una sustancia sea de origen natural no implica que sea inocua; las plantas contienen mezclas complejas de compuestos que pueden tener efectos adversos si no se utilizan adecuadamente”, advirtió el investigador de la ENES León.
Por ello, es indispensable determinar dosis seguras, evaluar posibles interacciones y comprender completamente sus mecanismos de acción.
¿Qué sigue?
En cuanto a las perspectivas futuras, los investigadores planean profundizar en el estudio de los compuestos activos de Trixis angustifolia. Entre los principales objetivos se encuentra separar los compuestos identificados para analizarlos de manera individual, así como esclarecer sus mecanismos de acción.
También se busca determinar cuáles son los responsables del efecto hipoglucemiante observado y si los trixanolidos participan directamente en este proceso. Estos estudios permitirán avanzar hacia etapas más avanzadas de investigación, con miras a posibles aplicaciones clínicas.
Preservar el conocimiento tradicional
El estudio de la medicina tradicional no solo tiene implicaciones científicas, sino también culturales. Reconocer el valor del conocimiento ancestral permite comprender mejor el origen de muchas prácticas terapéuticas y su potencial integración con la ciencia moderna.
En el caso de Trixis angustifolia, integrar saberes tradicionales con investigación contemporánea abre nuevas posibilidades para el desarrollo de tratamientos, al tiempo que se preserva el legado de las comunidades que han utilizado estas plantas durante generaciones.
No obstante, los investigadores advierten sobre los riesgos asociados al aumento en la demanda de especies medicinales, ya que esto puede derivar en su sobreexplotación y afectar los ecosistemas donde crecen. Por ello, resulta fundamental impulsar estrategias de aprovechamiento sostenible, como la propagación controlada, que permitan su estudio y eventual uso sin comprometer la biodiversidad.
Una prometedora aliada
En conjunto, los resultados obtenidos hasta ahora sugieren que Trixis angustifolia podría tener un papel relevante en el manejo simultáneo de la diabetes y la tuberculosis. Sin embargo, la evidencia pertenece aún a etapas preclínicas, por lo que su uso en humanos no está confirmado ni autorizado.
Antes de pensar en aplicaciones clínicas, es indispensable avanzar hacia estudios toxicológicos y ensayos en personas que permitan establecer su seguridad, eficacia y posibles interacciones con otros tratamientos. Como subrayan los investigadores, el origen natural de una planta no garantiza su inocuidad, por lo que su estudio debe realizarse con rigor científico.
Encendido de la lámpara en enfermería: qué significa el «Paso de la Luz»
Redacción
mayo 12, 2026
compartir en:
Este 12 de mayo, en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM, se llevó a cabo la ceremonia para conmemorar el Día Nacional de la Enfermería y la Entrega de Reconocimientos al Mérito en Enfermería 2026, un acto dedicado a reconocer la labor de quienes integran una profesión esencial para el cuidado de la vida y la salud de las personas.
La fecha tiene un doble significado. En México, el 12 de mayo está declarado como Día Nacional de la Enfermería y, al mismo tiempo, el país se suma a la conmemoración del Día Internacional de las Enfermeras y los Enfermeros, establecido en memoria del nacimiento de Florence Nightingale, figura central en la historia de la enfermería moderna.
Personal de enfermería participó en la ceremonia conmemorativa del Día Nacional de la Enfermería 2026, realizada en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM.
En el marco de esta conmemoración se llevó a cabo la ceremonia del Paso de la Luz, también conocida como encendido de la lámpara, un acto simbólico que forma parte de la tradición académica y profesional de la enfermería. En ella, la luz representa la transmisión del conocimiento, la ética del cuidado, la vocación de servicio y el compromiso humanista que sostienen el ejercicio de esta disciplina.
La ceremonia tiene como referencia histórica a Florence Nightingale, conocida como “la dama de la lámpara” por las rondas nocturnas que realizaba durante la Guerra de Crimea para atender y supervisar el cuidado de soldados enfermos y heridos. Aquella imagen —una mujer recorriendo los espacios hospitalarios con una lámpara en la mano— se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más reconocidos de la enfermería.
Nightingale no solo dejó una imagen emblemática. Su trabajo contribuyó a modificar las condiciones de atención sanitaria y a impulsar una formación profesional para las enfermeras. En 1860 se abrió la Nightingale Training School for Nurses, en el Hospital St Thomas de Londres, considerada un antecedente relevante en la profesionalización de la enfermería moderna.
Por ello, el encendido de la lámpara no debe entenderse únicamente como un gesto ceremonial. En escuelas, facultades y actos profesionales, este rito expresa una idea fundamental: el conocimiento se transmite de una generación a otra, pero también se acompaña de responsabilidad ética, sensibilidad humana y compromiso social.
La luz que pasa de una persona a otra alude al saber que permite cuidar con rigor; a la presencia constante de quienes acompañan a pacientes y familias; a la vigilancia clínica que sostiene la atención durante el día y la noche; y a la dimensión humana de una profesión que no se reduce a procedimientos técnicos, sino que implica cercanía, escucha y trato digno.
En el ámbito universitario, el Paso de la Luz adquiere además un sentido formativo. Quienes participan en esta ceremonia no solo reciben un símbolo histórico de la enfermería, sino también una encomienda: ejercer una profesión basada en la ciencia, la ética, la responsabilidad y el servicio a la sociedad.
La conmemoración del Día Nacional de la Enfermería permite reconocer el papel de quienes integran esta profesión en hospitales, clínicas, centros de salud, espacios educativos, programas comunitarios, campañas de prevención y situaciones de emergencia. Su labor es decisiva en un contexto marcado por retos sanitarios como el envejecimiento de la población, las enfermedades crónicas, la salud mental, la atención comunitaria y la necesidad de fortalecer los servicios de salud.
Así, el encendido de la lámpara enlaza pasado y presente. Remite a Florence Nightingale y a la historia de la enfermería moderna, pero también habla de las nuevas generaciones que se forman para responder a las necesidades de salud de la población con conocimiento, responsabilidad y vocación.
Más que una ceremonia, el Paso de la Luz recuerda que la enfermería es una profesión sustentada en el cuidado de la vida. Cada lámpara encendida simboliza la continuidad de una tarea colectiva: mantener viva la luz del conocimiento, la ética y el compromiso humano al servicio de las personas.
Estudiante de la FAD-UNAM destaca en Harvard con cartel sobre raíces afromexicanas
UNAM Boston
mayo 11, 2026
compartir en:
Melissa Antonio Eugenio, estudiante de último semestre de Diseño y Comunicación Visual de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la Universidad Nacional Autónoma de México, participó como una de las siete invitadas en el concurso de carteles organizado por Images of Mexico, iniciativa liderada por destacadas mexicanas egresadas de la Universidad de Harvard, donde fue distinguida con una mención honorífica. En este logro, la Sede de la UNAM en Boston desempeñó un papel clave al capitalizar sus vínculos de colaboración con la comunidad académica y estudiantil de la Universidad de Harvard.
Melissa Antonio Eugenio, estudiante de la FAD-UNAM, durante la exhibición de la segunda edición de Images of Mexico en Harvard University, donde recibió una mención honorífica por su cartel Raíces afromexicanas. Foto: UNAM Boston.
De entre más de 100 propuestas enviadas por estudiantes de diversas universidades mexicanas, el cartel de Melissa fue seleccionado para formar parte de la exhibición de la segunda edición de Images of Mexico, celebrada en abril de 2026 en el Comité sobre Etnicidad, Migración y Derechos de Harvard University. Este reconocimiento le permitió presentar su trabajo en un entorno académico internacional, representando a la UNAM con el acompañamiento y apoyo institucional de la Sede UNAM Boston y de la Facultad de Artes y Diseño.
Cartel Raíces afromexicanas, de Melissa Antonio Eugenio, estudiante de Diseño y Comunicación Visual de la FAD-UNAM, distinguido con mención honorífica en la segunda edición de Images of Mexico, exhibida en Harvard University. La obra explora la herencia afromexicana mediante símbolos rituales, máscaras y elementos de identidad cultural. Foto: UNAM Boston.
Images of Mexico es una plataforma que busca visibilizar la diversidad, complejidad y riqueza de las identidades mexicanas a través del arte, fomentando el diálogo y la reflexión en espacios académicos globales.
En su testimonio, Melissa Antonio Eugenio compartió:
“Tuve la oportunidad de participar en la exhibición de la segunda edición de Images of Mexico, una experiencia que me permitió desarrollar nuevas perspectivas y sensibilidades sumamente valiosas. La posibilidad de colaborar, aprender y compartir en este espacio fue profundamente enriquecedora, ya que me permitió formar parte de la construcción y visibilización de nuevos imaginarios colectivos sobre nuestro país en un contexto académico internacional.
La gran afluencia de personas y el interés suscitado fueron conmovedores, lo que reafirma que esta plataforma constituye un medio para generar espacios de diálogo en los que se comparten historias, problemáticas y experiencias que requieren mayor visibilidad y discusión.
Mi trabajo, Raíces afromexicanas, se inscribe como un ejercicio de reconocimiento y reflexión sobre esta herencia, reivindicando la memoria, el arte y la danza ritual como expresiones vivas de resistencia y pertenencia.
Me llevo un encuentro académico profundamente significativo, así como valiosas relaciones, amistades y perspectivas que, sin duda, permanecerán presentes en mis prácticas futuras. Agradezco a Sitalin Sánchez y Michell Segura, cofundadoras de Images of Mexico, por brindarme la oportunidad de formar parte de este espacio, así como a UNAM Boston y a la Facultad de Artes y Diseño por su apoyo durante esta experiencia internacional”.
La participación de Melissa Antonio Eugenio subraya el talento y la proyección internacional del estudiantado de la UNAM, así como la importancia de iniciativas que promueven el arte como herramienta para el diálogo intercultural y la reflexión social.
Hantavirus: un virus poco transmisible, pero con alta letalidad
Pepe Herrera
mayo 11, 2026
compartir en:
El reciente brote de hantavirus en el crucero MV Hondius encendió la atención internacional por el contexto en que ocurrió: un barco en movimiento, con pasajeros de distintos países y la necesidad de activar protocolos sanitarios internacionales.
Aunque su nombre ha comenzado a circular con fuerza en medios de comunicación, el hantavirus no representa, en términos generales, un riesgo elevado para la salud pública, comentó el Dr. Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM y profesor de la Facultad de Medicina de la misma institución.
El especialista explicó que el hantavirus es una enfermedad zoonótica, es decir, que se transmite de animales a humanos, y está asociada principalmente a roedores como ratones y ratas, los cuales actúan como reservorios del virus.
El contagio ocurre cuando las personas entran en contacto con superficies o partículas contaminadas con orina, saliva o heces de los animales infectados con el virus, ya sea al inhalar polvo contaminado o al tocar objetos y llevarse posteriormente las manos a la boca, nariz u ojos.
¿Qué tan grave es?
Desde el punto de vista clínico, el hantavirus es una enfermedad seria. Su tasa de letalidad puede variar entre el 11% y el 40%, dependiendo del tipo de virus y del contexto en que se presente. Puede provocar un deterioro rápido de la función respiratoria, insuficiencia renal o fallas cardiovasculares, lo que hace indispensable una atención médica oportuna y un monitoreo constante de los pacientes.
A pesar de su potencial gravedad, Rodríguez Álvarez destacó que la principal característica epidemiológica del hantavirus es su baja capacidad de transmisión entre humanos. Esto lo distingue de otros virus respiratorios como la influenza o el COVID-19, que pueden propagarse rápidamente mediante aerosoles (que son diminutas partículas respiratorias emitidas al hablar, respirar o toser que quedan flotando en el aire interior por minutos u horas).
Incluso en los pocos casos documentados de transmisión entre personas —como con el hantavirus Andes en Sudamérica—, esta es poco eficiente y requiere contacto cercano y prolongado, lo que limita significativamente su propagación.
“Hasta el momento no hay tratamientos antivirales específicos ni vacunas contra esta enfermedad, en parte porque son pocos casos los que se presentan cada año, y además su baja capacidad de provocar grandes brotes o epidemias”, mencionó el vocero del PUIREE.
Tipos de hantavirus en el mundo
Existen dos grandes grupos de hantavirus a nivel global. En América, provocan el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una enfermedad grave que afecta pulmones, corazón y otros órganos vitales. En Europa y Asia, están asociados a la fiebre hemorrágica con síndrome renal, caracterizada por daño en vasos sanguíneos y riñones, con cuadros que en algunos casos pueden ser comparables al dengue grave. En ambos casos, la enfermedad puede evolucionar rápidamente y generar complicaciones graves si los pacientes no se atienden adecuadamente.
¿Quiénes son más propensos?
El riesgo de contagio se concentra en grupos específicos: personas que viven o trabajan en zonas rurales, en actividades agrícolas, en bodegas o en espacios cerrados donde puede haber infestación de roedores.
También se consideran en riesgo quienes realizan actividades de ecoturismo o exploración en ambientes naturales poco intervenidos, donde es posible entrar en contacto con polvo contaminado.
Factores ambientales como lluvias o cambios en la disponibilidad de alimento pueden favorecer el aumento de roedores y, con ello, incrementar la probabilidad de exposición.
El brote en un crucero internacional: qué ocurrió
En las últimas semanas, el hantavirus ha cobrado relevancia mediática a raíz de un brote detectado en el crucero MV Hondius, que partió de Argentina con destino a Europa. A bordo, un pasajero presentó síntomas compatibles con la enfermedad y posteriormente falleció; otros casos se desarrollaron entre tripulantes y pasajeros, lo que llevó a la evacuación de enfermos, la identificación de contactos y la activación de protocolos sanitarios internacionales.
El barco, con cerca de 150 personas, hizo escalas en distintos puntos del Atlántico, lo que complejizó el seguimiento epidemiológico al dispersar potenciales casos en varios países. Hasta el momento se han reportado tres fallecimientos, seis casos confirmados y dos sospechosos, aunque la cifra podría aumentar, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.
Este episodio, comentó el Dr. Mauricio, ha sido particularmente llamativo no por la naturaleza del virus, sino por el contexto en el que ocurrió: un entorno móvil que favorece el contacto cercano entre las personas, con interacción internacional y múltiples puntos de contacto.
A diferencia de los brotes tradicionales, generalmente confinados a zonas rurales, este caso obligó a la intervención coordinada de autoridades sanitarias de distintos países y a la participación de organismos internacionales. Lo más complejo fue la coordinación para que el barco llegara a las Islas Canarias, en España, y desde ahí se coordinara el desembarco de 131 personas y su traslado a cuando menos 20 países, manteniendo las precauciones para evitar contagios y detectar de manera oportuna posibles contagios.
Aun así, Rodríguez Álvarez expresó que este evento no debe interpretarse como el inicio de una emergencia sanitaria global. La baja transmisibilidad del virus limita su capacidad de generar epidemias. Sin embargo, resaltó que sí pone a prueba los sistemas de vigilancia epidemiológica, que deben ser capaces de detectar casos sospechosos, confirmarlos mediante pruebas de laboratorio, rastrear contactos y coordinar respuestas entre países.
No obstante, comentó que aunque existen protocolos y canales de comunicación internacional, algunos sistemas de salud operan con recursos limitados, lo cual podría afectar ante posibles incrementos súbitos de casos.
Recomendaciones a considerar
Aunque en México no se han reportado casos, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Un análisis del grupo de investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí ha documentado la presencia de múltiples hantavirus en roedores silvestres en México, lo que sugiere una diversidad viral con potencial riesgo zoonótico en el país.
Por otro lado, actualmente instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), realiza estudios de vigilancia ecológica en roedores silvestres en regiones del centro de México, particularmente en la Faja Volcánica Transmexicana, así como en estados como Morelos y Guerrero para mejorar la comprensión de la circulación del virus en distintas regiones del país.
Con ese contexto, las recomendaciones incluyen:
Control de roedores en viviendas y espacios de trabajo.
Mantener la limpieza en bodegas y áreas de almacenamiento.
Ventilar espacios cerrados.
Evitar el contacto con polvo en lugares potencialmente contaminados.
De igual manera, si hay casos sospechosos en entornos médicos, se sugiere que el personal de salud haga uso de equipo de protección personal, incluyendo cubrebocas de alta eficiencia, guantes y batas, para reducir el riesgo de exposición.
Sin alarma, pero con vigilancia constante
En un contexto marcado por la experiencia reciente de la pandemia de COVID-19, la comunicación del riesgo es clave. Si bien el hantavirus puede ser letal, su comportamiento epidemiológico indica que se trata de un problema controlable y de bajo riesgo poblacional, siempre que se mantengan las medidas de vigilancia, prevención y respuesta oportuna.
Más que una amenaza global, representa un recordatorio de la importancia de la interacción entre salud humana, medio ambiente y fauna, así como de la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta epidemiológica para hacer frente a enfermedades poco frecuentes.
Alumno de FES Cuautitlán crea soluciones tecnológicas para problemas cotidianos
Con información de Facultad de Estudios Superiores Cuautltlán
mayo 11, 2026
compartir en:
¿Te has preguntado por qué nos gusta resolver problemas? Estudios bioquímicos sobre receptores publicados en National Library of Medicine aseguran que nuestro cerebro está programado para buscar patrones y superar desafíos, liberando dopamina, un neurotransmisor de recompensa, cuando encontramos una solución.
Darian Alberto Camacho Salas, alumno del cuarto semestre de la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones, Sistemas y Electrónica (ITSE) es muestra de ello, pues cree que la mitad de cualquier problema está resuelta siempre y cuando éste pueda ser descrito por completo.
Bajo esa idea, el universitario creó XONIDU, una organización dedicada al desarrollo de código abierto y libre, con un enfoque firme en la automatización, la generación de soluciones y la optimización de procesos.
XONIDU, un proyecto de libre acceso en beneficio para todos
Su propuesta, Xonidu, nació el año pasado como una necesidad por democratizar el acceso a herramientas tecnológicas eficientes, ligeras y accesibles para comunidades, instituciones educativas, pequeños negocios y desarrolladores independientes. De acuerdo con Darian, las limitantes que puedan aparecer en su cotidianidad le han permitido desarrollar distintos recursos tecnológicos.
Por ejemplo, recientemente realizó un Software Xonilab, un sistema de gestión de laboratorio para donarlo a la Escuela Superior Atotonilco de Tula, perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), el cual optimizará su forma de inventario y las prácticas de Bachillerato, agilizando los procesos de préstamo en este sitio.
Otra de las propuestas del estudiante es la creación de Software Xonidip, un método de generación masiva de diplomas que también desea donar para dejar atrás el llenado manual de estos documentos. “Esta idea surge porque esta labor me parece monótona y pesada. Considero que la gente no tendría que trabajar tanto en actividades como éstas”, explicó.
Para lograr estas creaciones, Darian ha adquirido un gran diversidad de certificaciones en Python, estructura de datos, en Type Hints, programación, complejidad algorítmica, en SQL, HTML, Git, GitHub, GNU, Linux, Semantic Kernel +PHI, seguridad informática, criptografía y muchos más, todas bajo un proceso de autogestión. Estos estudios han posibilitado la generación de herramientas y recursos que pueden encontrarse en Xonidu
-Xoniran: generador de números aleatorios por audio ambiental
-Xoniweb: análisis de malware en páginas web
-Xonichat: consulta de Gemini desde terminal
-Xoniencript: cifrado interno de archivos de texto
-Xoniconver: herramienta de conversión de formatos
-Facilitador de comando desde terminal
El universitario detalló que su mayor motivación es apoyar a quienes enfrentan problemáticas que pueden resolverse con ayuda de la tecnología, haciéndolas más sencillas. “En Xonidu creemos en el poder del software como motor de cambio social y técnico. Por eso, todos nuestros proyectos están pensados para ser reutilizables, modificables y escalables, fomentando una cultura de colaboración y aprendizaje continuo”, afirmó.
Su entusiasmo también le permitió participar en la jornada “Conversando con ex-alumnos, hablemos de Phishing y Spam”, una actividad enmarcada en la semana de Ciencia y Cultura, de la Escuela Superior de Atotonilco de Tula, donde pudo resolver las dudas de quienes como él buscan incursionar en este ámbito.
Además, próximamente también será publicado su artículo sobre “Criptografía forense: impulsada por la inteligencia artificial”, en la revista digital “Innovación Científica y Tecnológica en la Ingeniería”, del Tecnológico de Estudios Superiores de Coacalco (TESCo), ya que ésta es otra de las áreas que llaman la atención del universitario.
Una puerta abierta hacia el conocimiento
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el acceso gratuito a la información y el uso sin restricciones de los recursos digitales es una manera de contribuir para reducir la brecha entre los países industrializados y los de economía emergente.
Consciente de esto, Darian asegura que dentro de sus posibilidades siempre ofrecerá recursos libres, pues esto lo emociona y le da la posibilidad de obtener retroalimentación para mejorar de manera personal. Además, está convencido de que las personas necesitan fuentes accesibles, para que el conocimiento continúe desarrollándose.
Es importante mencionar que esta labor emprendida por el universitario ha sido posible gracias a la asesoría y el acompañamiento del doctor Raúl Dalí Cruz Morales, académico del Departamento de Ingeniería, en la FES Cuautitlán, quien ha sido parte esencial de crecimiento de su alumno, orientando e impulsando su formación integral.
Al respecto, el docente comentó que cada semestre se desenvuelve como tutor para ayudar a que sus alumnas y alumnos mejoren su rendimiento académico. Al mismo tiempo, ser investigador le da la oportunidad de incursionar en diversas áreas, involucrando a las y los universitarios en congresos, visitas a la industria, colaborando con instituciones con las tiene vinculación y desarrollando proyectos, a través de su servicio social.
“Cuando las y los alumnos llegan conmigo me aseguro de saber en qué son buenos, qué les llama la atención o apasiona, para darles dirección o redirigirlos con algún profesor que los encamine a explotar sus habilidades”, señaló el académico, ya que su pasión por la docencia y la investigación motivan al doctor Cruz y son su motor para transformar la enseñanza en un aprendizaje significativo, “a mí también me hubiera gustado tener orientación a corta edad”, enfatizó.
Por ahora, Darian no recuerda cuándo y cómo nació su gusto por la computación y el desarrollo de software. Sin embargo, hoy son parte esencial de su vida diaria, por lo cual sigue aprendiendo y resolviendo problemas cotidianos que ayuden a personas en cualquier lugar de la red.
Logros destacados
-4to lugar en Hackathon Mobility & IA, organizado por WORK in Austria y la Cámara de Comercio de Austria
-3er lugar en Impacto Social en el Rally Latinoamericano de Innovación 2025
-Participación destacada en NASA International Space Apps Challenge 2025
Académica de la UNAM recibe Medalla al Mérito del Congreso de la CDMX por vivienda social
Michel Olguín Lacunza / Roberto Torres / Alberto Resendiz
mayo 8, 2026
compartir en:
Cuando Steven, uno de sus estudiantes en la Facultad de Arquitectura, le dijo a la arquitecta Mariana Aurora Borja Rodríguez que la había postulado a la Medalla al Mérito en Artes, otorgada por el Congreso de la Ciudad de México, se sorprendió al saber que había resultado ganadora. “No me lo esperaba, pero me sentí muy conmovida y honrada de recibirla; fue una gran emoción”, señaló la académica del Laboratorio de Vivienda de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.
Mariana Aurora Borja Rodríguez es la primera en su familia en concluir una licenciatura y un posgrado, logro que hoy llena de orgullo a sus seres queridos. A los 21 años inició su camino en la investigación y, aunque trabajó un tiempo en la supervisión de obras, no se sentía satisfecha.
Desde que llegó a la UNAM, Alejandro Suárez Pareyón no solo fue su tutor, sino su guía en este camino; hoy es su coordinador. “La investigación me emociona, me encanta y me motiva; quiero dedicarme a eso toda mi vida”. Por ello, decidió entregarse de lleno a la investigación y, a sus 38 años, obtuvo este reconocimiento.
Con este reconocimiento, Mariana Borja se convirtió en la primera persona en obtener la Medalla al Mérito del Congreso de la Ciudad de México en la categoría de Arquitectura. Antes, en 2021, la arquitecta Dolores Martínez Orralde recibió un reconocimiento en el mismo recinto legislativo, aunque en la categoría de Patrimonio Cultural.
Las personas encargadas de los trámites para el galardón le comentaron al joven Steven que no se ilusionara, porque es una medalla muy competida y quizá Mariana no ganaría. Sin embargo, él se dedicó a integrar el expediente de su profesora: desde su currículum, la carta de postulación y la exposición de motivos, hasta el material documental que respaldaba sus aportaciones.
Su trayectoria
La Mtra. Borja estudió Arquitectura en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, y realizó un posgrado en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Actualmente es académica de tiempo completo.
De 2011 a 2013 cursó su maestría y, desde entonces, se quedó en la UNAM, un sitio que le encantó. En 2014 se fundó el Laboratorio de Vivienda de la Facultad de Arquitectura, espacio al que se integró.
“A mí me emociona hablar de investigación, conocer cosas nuevas. De hecho, de los estudiantes aprendo muchísimo; siempre me mantienen al día y fresca”.
“La investigación que hemos hecho ahí ha trascendido en el tema de vivienda social; es la parte más fuerte de mi trabajo”.
Además, forma parte del Consejo Nacional de Vivienda y es representante de la Universidad, junto con uno de sus colegas, ante la Academia para la Planificación de Vivienda; es miembro de la Red Iberoamericana de Vivienda Social Sostenible y ha realizado diversas publicaciones.
Proyectos
En 2025, a través de la UNAM, la arquitecta Borja colaboró con la Secretaría de Vivienda y con el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI) en la planificación de vivienda para el periodo 2030-2040 en la Ciudad de México.
“Mi mayor aporte”, dijo la entrevistada, “ha sido la investigación sobre la vivienda social en la Ciudad de México y en el país. Últimamente me he enfocado en datos sobre género y en la posibilidad que tenemos las mujeres de acceder a la vivienda, así como en las problemáticas que enfrentamos”.
También participa en el seminario de titulación. Es tutora de licenciatura y maestría; ha formado a diversos egresados y egresadas y ha realizado estancias de investigación en el extranjero.
En el gobierno de la CDMX
Con la Secretaría de Vivienda y el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI), Mariana realizó una investigación sobre la situación habitacional actual en la capital, a partir de un panorama general.
El objetivo fue identificar las alcaldías prioritarias para atender la vivienda social y aquellas con mejores condiciones para recibir a la población.
Las indicadas son cinco: Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Coyoacán y Benito Juárez. A partir de ello, se realizó un trabajo detallado a nivel de lote; Mariana y su equipo llevaron a cabo trabajo de campo y revisión para identificar la oferta disponible en el mercado.
Así detectaron qué inmuebles tiene el gobierno en propiedad y cuáles podían destinarse a reciclaje urbano y, a partir de ello, incorporar a población de menores ingresos en esquemas de vivienda social a través del INVI.
Al tratarse de alcaldías mejor equipadas, el equipo buscó adquirir, con recursos públicos, predios para realizar corridas financieras que cumplieran con la normativa, como los niveles permitidos de construcción, entre otros aspectos.
La prioridad son las mujeres
Para la arquitecta Borja, el acceso de las mujeres a la vivienda es un tema trascendental, porque en la agenda actual, en instituciones como el Infonavit, se habla del derechohabiente sin considerar que las mujeres tienen necesidades distintas a las de los hombres.
Las mujeres no reciben el mismo salario por el mismo trabajo y enfrentan el llamado techo de cristal. En consecuencia, es más difícil para ellas acceder a la vivienda.
Actualmente, los institutos de vivienda han hecho algunos ajustes para dar más tiempo de pago a las mujeres; sin embargo, no es suficiente, porque no hay equidad. Una alternativa sería reducir las tasas de interés para ellas.
Además, enfrentan una doble jornada: laboral y doméstica, donde asumen labores de cuidado de hijas e hijos, personas mayores e incluso personas con discapacidad.
Muchas trabajan en la informalidad y, por ello, tienen mayores dificultades para acceder a un crédito formal. En ese sentido, deberían existir esquemas específicos para madres solteras o cuidadoras.
Diversos estudios han mostrado que las mujeres son más cumplidas en sus compromisos de vivienda. Además, procuran mantener los acabados en mejores condiciones.
Para Mariana, el verdadero logro no es la medalla, sino la posibilidad de generar conocimiento que contribuya a construir ciudades más justas, especialmente para quienes históricamente han tenido menos oportunidades.
Antonia Sofía Silva, egresada de la ENAC, gana la Beca Jenkins-Del Toro 2026
Pepe Herrera
mayo 7, 2026
compartir en:
Desde muy pequeña, Antonia Sofía Silva Alvarado encontró en la pantalla grande algo más que entretenimiento: descubrió un lenguaje para entender el mundo. Influenciada por una madre cinéfila, creció entre funciones y películas cada vez más complejas.
Obras como las de Hayao Miyazaki, especialmente El viaje de Chihiro, o E.T., el extraterrestre, de Steven Spielberg, marcaron un antes y un después en su vida. Aquella fascinación temprana se transformó pronto en una necesidad de expresión: primero con pequeños ejercicios de animación en stop motion hechos como regalos familiares y, más tarde, como una vocación clara.
Con el tiempo, Antonia comprendió que el cine no solo podía contar historias, sino también dar voz a experiencias humanas profundas. Esa convicción encontró su consolidación en El canto del jaguar, proyecto inspirado en la vida de Lidia Rivera, una mujer chinanteca.
Este cortometraje, realizado en animación digital 2D y stop motion, y que se estrenará en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy 2026, no solo le ha valido reconocimiento internacional, sino que también la hizo acreedora a la Beca Jenkins-Del Toro 2026, una de las más importantes en México. Este apoyo tiene como propósito fomentar el desarrollo del arte cinematográfico nacional mediante la profesionalización de cineastas en instituciones académicas del extranjero de reconocido prestigio.
En su edición más reciente se recibieron 136 propuestas y Antonia Sofía Silva se convirtió en la séptima ganadora de este estímulo. Detrás de este logro no hay únicamente talento individual, sino años de formación, trabajo colaborativo y un firme compromiso con las historias que decide contar.
Formación, vocación y comunidad
Antonia, junto al cinefotógrafo del corto, Bernardo Pérez, se formó en la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) de la UNAM, un espacio que, de acuerdo con ambos, fue determinante en su desarrollo y un pilar para alcanzar esta distinción. Más allá de lo técnico, la escuela les ofreció herramientas fundamentales: profesores que transmiten pasión, acceso a equipo profesional y, sobre todo, una red de colegas que se convierten en aliados creativos.
En palabras de ambos, la ENAC no solo enseña cine, sino que impulsa a sus estudiantes a ser autodidactas, a explorar, a equivocarse y a construir en colectivo. Fue en ese entorno donde se conocieron y desarrollaron una relación creativa que más adelante resultaría clave para materializar El canto del jaguar.
Un proceso largo, colectivo y desafiante
El desarrollo de El canto del jaguar tomó cerca de cinco años. Desde su concepción en 2021 hasta su finalización en 2025, el proyecto atravesó múltiples etapas: escritura, producción, animación y postproducción. A pesar de contar con apoyos institucionales, el equipo trabajó con recursos limitados, lo que exigió organización, creatividad y un alto nivel de compromiso.
Cada detalle, desde la construcción de maquetas hasta la animación por capas y la composición digital, implicó horas de trabajo minucioso. El resultado es un cortometraje de apenas cinco minutos que condensa un esfuerzo prolongado y colectivo, reflejando una de las esencias del cine independiente: sostener una visión con los recursos disponibles.
“Entre broma, yo le digo a Anto que el corto dura cinco minutos, pero cada minuto representa cada año que le hemos dedicado. Ha sido una labor de mucho compañerismo y creación. Afortunadamente, mucha gente se involucró y nos ayudó a construir maquetas, edificios, sets, plantitas o cualquier elemento que ayudara a encaminar este trabajo en menor tiempo. Todo ese apoyo fue invaluable”, expresó Pérez.
Pero más allá de los desafíos técnicos, el proyecto implicó una responsabilidad mayor: representar una historia que no pertenecía directamente a sus creadores.
Empatía y responsabilidad
Para Antonia, uno de los mayores retos fue abordar con respeto una experiencia ajena. Esto implicó un ejercicio constante de empatía y humildad: reconocer los límites de su propia perspectiva y validar cada decisión creativa con la propia Lidia. La inclusión del chinanteco como lengua del cortometraje, así como la participación directa de Rivera en la narración, fueron decisiones fundamentales para mantener la autenticidad del proyecto.
De igual manera, Bernardo destacó que el proceso también representó un aprendizaje personal para el equipo: enfrentarse a lo desconocido, cuestionar ideas preconcebidas y entender que el cine no debe imponer una mirada, sino construirla en conjunto.
🐆 El canto del Jaguar 🐆 | Proyecto de Animación | Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC)
Una historia que nace de lo cotidiano
Lejos de los relatos épicos o de figuras extraordinarias, El canto del jaguar se centra en una historia profundamente humana: la de Lidia Rivera, una mujer indígena que migra de Chinantla, ubicada entre Oaxaca y Veracruz, a la Ciudad de México en busca de oportunidades. A través de entrevistas, conversaciones y un proceso cercano, muchas veces realizado a distancia durante la pandemia, Antonia construyó un relato que explora emociones universales como el desarraigo, la adaptación, la nostalgia y la esperanza.
El cortometraje plantea un diálogo entre dos mundos: el campo y la ciudad. No como opuestos absolutos, sino como espacios que conviven en tensión dentro de una misma persona. La ciudad aparece como caótica y abrumadora; la comunidad, como un lugar de memoria y pertenencia. En ese contraste, la historia de Lidia se vuelve reflejo de muchas otras que permanecen invisibilizadas.
Esa dimensión se profundiza al escuchar la voz de la propia Lidia Rivera, cuya experiencia trasciende lo individual. Su historia representa a muchas mujeres indígenas que enfrentan barreras estructurales como la pobreza, la discriminación, la falta de acceso a la educación y las presiones culturales.
“A mí, a los quince años, me querían casar porque, por usos y costumbres, es lo que se tiene que hacer. Yo me negué y, al enfrentar ese sistema, la única alternativa que se tiene es huir. Huir para tener sueños, aspiraciones y lograr algo diferente”, comentó.
Migrar a la ciudad significó para ella una ruptura, pero también una apertura. Aprender español, descubrir la diversidad lingüística del país y acceder a la educación superior fueron pasos clave en su camino. Sin embargo, también evidenció la falta de empatía y el desconocimiento hacia las comunidades indígenas.
“Cuando salí de Chinantla me enfrenté con una realidad muy diferente. Yo pensé que todos hablaban chinanteco, pero nadie me entendía porque todos hablaban español. Llegué a la CDMX y es un mundo totalmente distinto a lo que uno imagina. Pero estar ahí también fue una gran apertura: un mundo de posibilidades, de sueños y de anhelos, porque había escuelas para estudiar la primaria, la secundaria, la preparatoria y la universidad. Estoy agradecida con la ciudad, a pesar de ser algo totalmente diferente de donde vengo”, compartió.
A partir de esta experiencia, su mensaje es claro: la diversidad cultural es una riqueza que necesita ser reconocida y respetada. La discriminación, señala, suele surgir del desconocimiento, y el arte, como este cortometraje, puede ser una herramienta para cuestionar esa realidad.
El reconocimiento y lo que representa
Recibir un mensaje audiovisual de Guillermo del Toro, referente fundamental para su generación, fue un momento difícil de asimilar para Antonia. Más allá del impacto emocional, lo entiende como una validación de un proceso compartido. “No es solo mío”, insistió, “es de todos los que estuvieron ahí”.
La beca Jenkins-Del Toro representa también una oportunidad para continuar su formación en animación en el Reino Unido. Entre sus opciones se encuentran la Maestría en Animación en el Royal College of Art de Londres o la Maestría en Dirección de Animación en la National Film and Television School (NFTS), en Buckinghamshire. Al mismo tiempo, mantiene el interés por desarrollar proyectos que combinen una propuesta estética con una dimensión social.
Para el equipo, integrado también por Víctor Estrada, Francisco Nachón, Adrianna Maldonado y Daniel Cobos en la construcción sonora. Así como Ik’Balam Moyrón en la composición musical, Jimena Miranda Reyes y Axtli Jiménez en la construcción de sets, y la productora ejecutiva, Pau Verdalet, entre muchas otras personas que participaron en el proyecto. Este reconocimiento marca un antes y un después, un punto de partida hacia nuevas posibilidades.
Bernardo, por su parte, expresó su agradecimiento por formar parte del proyecto y destacó que el cine independiente sigue siendo una apuesta significativa, aun cuando implica enfrentar múltiples dificultades para concretarse.
Finalmente, para Lidia Rivera, ver su vida representada en un cortometraje genera orgullo, pero también subraya la importancia de visibilizar la cultura y la lengua chinanteca. Considera que hacerlo no solo dignifica a su comunidad, sino que abre espacios para el reconocimiento, la empatía y el respeto hacia la diversidad cultural que existe en México.
Más allá del cine
El canto del jaguar no es solo una obra cinematográfica. Es un testimonio, un puente entre realidades y un ejercicio de escucha. También es una muestra de lo que puede surgir cuando la formación, la colaboración y una mirada consciente coinciden en un mismo proyecto.
Para Antonia, todo comenzó con una niña fascinada por las películas. Hoy, esa fascinación se ha transformado en una búsqueda: contar historias que conecten, que cuestionen y que hagan visible lo que muchas veces permanece en silencio. Y en ese camino, apenas está comenzando.
Perro caramelo: entre su valor simbólico en México y el debate sobre su reconocimiento como “raza”
Pepe Herrera
mayo 7, 2026
compartir en:
En abril de 2026, la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (Propaem) anunció el reconocimiento del llamado “perro caramelo” o “perro amarillo” como una “raza” mexicana emblemática, colocándolo simbólicamente al lado de razas históricas como el Xoloitzcuintle. La medida, concebida como parte de una estrategia de visibilización y fomento a la adopción, ha generado un amplio debate entre especialistas en medicina veterinaria y genética canina, quienes cuestionan su fundamento científico y advierten posibles efectos contraproducentes.
El “perro caramelo”, término coloquial usado en México para referirse a perros mestizos de color amarillo, miel o café claro, es, en realidad, un ejemplar sin linaje definido, producto de múltiples cruces a lo largo de generaciones. Su presencia es común en calles, parques y comunidades de todo el país, donde forma parte del paisaje urbano y representa, para muchos, la imagen más visible del abandono animal.
El debate científico: ¿puede un mestizo ser una raza?
De acuerdo con el maestro Luis Eduardo Arozamena Montfort, de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, aunque la medida de la Propaem puede considerarse positiva en términos de sensibilización social, el reconocimiento de una raza no puede basarse únicamente en características físicas como el color del pelaje. Para ello se requieren criterios estrictos: estudios genéticos, reproducción controlada, estabilidad hereditaria y la definición de estándares precisos.
En este sentido, el perro caramelo no cumple con los requisitos técnicos. Su diversidad genética impide establecer uniformidad en tamaño, temperamento o estructura, por lo que se clasifica como perro mestizo o criollo.
Además, el proceso formal de reconocimiento de una raza implica décadas de trabajo, con registros genealógicos, análisis de ADN y validación de organismos especializados como la Federación Canófila Mexicana o la Federación Cinológica Internacional. Incluso en el caso de razas mexicanas reconocidas, como el Chihuahua, el Xoloitzcuintle o el Calupoh, estos procesos han tomado generaciones.
Estándares caninos y función zootécnica
Arozamena Montfort añadió que las razas caninas no solo se definen por su apariencia, sino por su función zootécnica, es decir, el propósito para el cual fueron desarrolladas, ya sea como guardia, compañía, caza o trabajo. Incluso dentro de la categoría de perros de compañía, se establece una función específica: la convivencia emocional y el acompañamiento humano.
En ese sentido, cada raza debe responder a una estructura funcional y física precisa, detallando desde la forma de la cabeza hasta la posición de la cola, el tipo de pelaje y su utilidad frente al entorno. Estas características deben mantenerse estables en la reproducción, algo que no ocurre con los perros mestizos como el caramelo.
El problema de fondo: el abandono animal en México
Sin embargo, el debate no se agota en lo técnico. La popularidad del “perro caramelo” pone sobre la mesa una problemática más profunda: el abandono animal en México.
El país enfrenta altos niveles de perros en situación de calle; se estima que cerca del 70 % de la población canina vive fuera de un hogar. Muchos de estos animales tienen origen doméstico y su situación está estrechamente ligada a la falta de tenencia responsable: ausencia de esterilización, reproducción sin control y abandono directo.
En este contexto, las campañas de esterilización, el uso de correa y collar, así como programas de control poblacional, se han convertido en herramientas clave para reducir la sobrepoblación y los riesgos sanitarios asociados.
El riesgo de un símbolo único
Aunque el “perro caramelo” ha logrado posicionarse como un emblema cultural, centrar la narrativa únicamente en este tipo de perro puede resultar problemático. Visibilizar solo al “caramelo” podría, incluso, invisibilizar a otros perros mestizos como el “medio poodle” o “el negrito”, que también viven en condiciones de abandono, generando una jerarquización simbólica que no refleja la diversidad real de la población canina en situación de calle.
En otras palabras, el problema no es el color del pelaje, sino la condición compartida de millones de animales sin hogar.
Educación y cultura: la solución de fondo
Por ello, el maestro de la FES Cuautitlán resaltó que la solución no pasa por clasificaciones simbólicas, sino por un cambio cultural profundo. La educación en tenencia responsable, la promoción de la esterilización y el fomento de la adopción son estrategias fundamentales.
Además, tanto perros de raza como mestizos pueden desempeñar funciones similares si reciben el cuidado y entrenamiento adecuados. La diferencia no radica en su origen, sino en las condiciones en las que viven.
Entre símbolo y ciencia
El “perro caramelo” representa una paradoja: es, al mismo tiempo, un símbolo de identidad urbana y un recordatorio del abandono animal. Su reconocimiento como “raza” abre una discusión sobre los límites entre lo simbólico y lo científico.
Más allá de esta controversia, el consenso es claro: el verdadero reto no es cómo nombrarlos, sino cómo garantizar una vida digna para los millones de perros que habitan, con o sin raza, las calles de México.
“Nada me retiene, cada minuto, Madre, estoy listo para dejar este sueño llamado vida o permanecer y hacer Tu voluntad”. Paramahansa Yogananda.
La muerte es un fenómeno irreversible que es la parte final de la vida, es un evento ineludible con el que termina el ciclo vital de todo ser viviente, su definición y sus límites no son precisos, solamente se puede asegurar sin lugar a duda que ha ocurrido por la presencia de desintegración y putrefacción, así el hablar de la muerte clínica, encefálica, celular, apoptosis o muerte programada, no es suficiente. La tanatología la aborda con una visión integral que también comprende los aspectos antropológico, psicológico, social, económico, religioso y moral, lo que está estrecha mente relacionado con la bioética, término introducido en 1970 por Van Ressencaer Potter, un oncólogo de la Universidad de Wisconsin para designar a una disciplina práctica para salvaguardar a los seres vivos incluyendo al hombre y al medio ambiente.
Las diversas ramas de la filosofía se han enfocado en las formas como el ser humano enfrenta las particulares condiciones de su existencia y les confiere significado. La muerte, elemento implícito en toda forma de vida, toma dimensiones completamente singulares en la existencia humana y como tal ha sido fuente de inspiración y temor a lo largo y ancho de la historia de la civilización. Según Elías (1989) hay cuatro modos principales con los cuales afrontamos nuestra finitud: afirmando una condición de existencia después de la vida, cohibiendo la idea de la muerte, considerando que les va a suceder a otros, pero no a uno mismo y, significándola como condición ineludible de la existencia.
Consideremos ahora el aspecto religioso:
Para el cristianismo, el sentido de la vida es alcanzar la vida eterna tras la muerte. El cristiano vive acorde a las enseñanzas de Jesús de Nazaret con el propósito de alcanzar la deseada vida eterna y bajo el lema de “ama a tu prójimo como Dios te ama a ti”. En el cristianismo la muerte es «el tránsito entre lo que es la vida temporal y la vida definitiva».
El judaísmo es la religión más antigua dentro del grupo abrahámico (judaísmo, cristianismo e islam) y habla del mundo venidero. En ese nuevo mundo vendría un mesías, a restablecer una vida sagrada. Tras la muerte, pueden darse tres posibilidades cuando el alma y el cuerpo se separan: el alma espera la aparición del Mesías y se supera el Juicio Final, se unifican los cuerpos con las almas; el alma puede quedarse en el cuerpo hasta su entierro, momento en el que se separa del cuerpo; el alma puede pudrirse con el cuerpo.
Para el islam, todos los individuos deben someterse a la voluntad de Alá, el único y verdadero dios existente. El espíritu del fallecido sale del cuerpo y se traslada hacia el último cielo, lugar donde permanece Alá. El destino es que Alá determine dónde debe ser dirigida cada persona.
El hinduismo persigue 4 metas para el ser humano basadas en: la alegría (la plenitud a través de los sentidos), las metas (obtención de bienes materiales, conquista de habilidades…); el deber moral (justicia interna y externa); y la liberación (liberarse de todo lo anterior, de los objetivos y deberes mundanos). A través de esta liberación, el hindú entra a la unidad con todo lo que está más allá de esta realidad. De esta manera, se libera de sus condicionamientos humanos y trasciende la muerte. El cuerpo se libera del karma y se determina las condiciones de la siguiente vida donde se producirá la reencarnación.
En el hinduismo se cree que la realidad sólo se puede ver a través de los ojos cerrados en meditación. Y que, una vez alcanzado el estado de realización podemos entender que esta vida es sólo un sueño del Infinito (Dios) .
El budismo cree en la reencarnación tras la muerte del cuerpo físico. La intención budista es llegar a conseguir la mejora constante a lo largo de estas vidas para poder alcanzar la iluminación.
En el budismo hay una práctica para entrenarse a morir todos los días, cada noche hacer un recuento de lo que hicimos y terminar aceptando que tal vez este es el último día y aceptarlo con alegría y sin apego, pues sabemos que algún día se hará realidad.
Y en la tradición mexica se habla de que la muerte es sólo el final del sueño.
En la sociedad actual, se vive en una sociedad volcada en alcanzar dos objetivos que parecen haberse convertido en vitales: la acumulación material y alargar la juventud. Ambas cuestiones inspiran cada cosa que hacemos y no resulta extraño que tratar y conversar sobre la muerte resulte incómodo. En una sociedad que ansía mantenerse eternamente joven, en la que envejecer se ha desvinculado del proceso natural y biológico del ser humano, tratando de frenar y de controlar algo que forma parte de la vida.
La sociedad moderna considera a la muerte como el enemigo a vencer, orienta incluso al estudio de la medicina, los médicos consideran un gran fracaso si alguien muere. Si dedicamos una vida entera a la acumulación de bienes, conocimientos, éxitos, prestigio… ¿dónde dejamos los aspectos morales, filosóficos, religiosos? ¿Qué trascendencia adquieren?
El sentido de la medicina debería ser visualizar el dolor como algo primordial que atender, la experiencia de la vida dolorosa y la dificultad de comprender el dolor de los otros. Este conflicto ético aparece en la conciencia del médico cuando éste asume el compromiso de ir más allá de la ayuda instrumental e intenta ver el sufrimiento del enfermo desde la realidad del otro como sí mismo. Evitar o minimizar el sufrimiento debería ser la meta de los involucrados en la salud de todo ser viviente. El sufrimiento, por otro lado, es una respuesta cognitiva y emocional a la sensación de dolor o a otras experiencias negativas. El sufrimiento implica un proceso de interpretación y adaptación emocional, psicológica y existencial que puede ir más allá de la mera sensación física.
Nuestro destino físico es la muerte y solo en vida podemos decidir qué significado queremos darles a nuestras experiencias, cómo queremos transitar los duelos, qué aprendizaje nos queremos llevar y qué vivencias deseamos acumular.
Al margen de las creencias religiosas, nos encontramos ante una decisión, que solo nos pertenece a nosotros: ¿lo vamos a hacer desde el miedo o desde la aceptación de que, al final, la muerte es la prolongación de la vida ya que, sin una, no existiría la otra? O vamos a culpar a otros.
En una sociedad enfocada a la ganancia, en gran medida, de corte material, y mantener una juventud más allá de la edad natural, no sorprende que la muerte sea un apartado incomodo de mirar. Es normal que observemos la muerte con cierto temor e incluso rechazo. Cuesta respetar e integrar en la vida los duelos internos y externos de las personas que han sufrido una pérdida. En una sociedad que quiere mantenerse eternamente joven, en la que preocupa envejecer, tanto a hombres como a mujeres, es fácil entender que la muerte sea un capítulo al que no se quiera dar mucho espacio, ni en observación ni en conversación ni en enfoque. Igual que resulta incómodo hablar o mantener el silencio, hablar de la muerte como parte de la vida es un tema de conversación que cuesta encarar.
la sociedad moderna está redefiniendo el término animal de compañía, los llama incluso perrhijos, gathijos y pretende darle atributos humanos. De la misma manera ve la muerte de ellos, más que como una pérdida, como un fracaso, aunque muchas veces no creen necesario proporcionarles los mismos cuidados y atenciones preventivas (revisión médica veterinaria, vacunas, desparasitaciones, nutrición adecuada, entre otros). Esto puede estar relacionado con el hecho de que la muerte arrasa con todo lo que se ha querido acumular durante el existir: poder, reputación, reconocimiento, dinero, estudios, elementos materiales e inmateriales. Entonces deciden culpar al médico veterinario y lo someten a toda clase de actos violentos (desprestigiarlo en las redes, amenazas para que les sea devuelto su dinero, vandalismo en sus consultorios, incluso golpes y asesinatos).
La muerte tira todo lo acumulado por la borda. Quien muere deja atrás toda su influencia, su posición social, sus pertenecías, sus conocimientos. Y no solo no se puede llevar nada de todo ello consigo, sino que incluso no puede controlar lo que suceda sus “bienes”.
Es por ello por lo que desde el culto de la sociedad moderna civilizada se intente mantener evitar la muerte mayor tiempo posible, tratando de frenar o incluso controlar el proceso de envejecimiento.
Revisemos ahora algunos fragmentos alusivos al dolor y la muerte de dos juramentos médicos:
“Consciente de la obligación que acepto como profesional, en este momento solemne, juro que emplearé mis conocimientos y habilidades en beneficio de la sociedad, a través de la protección y cuidado de la salud de los animales, procurando siempre su bienestar y salvaguardando la salud pública y la seguridad e inocuidad alimentarias (Juramento veterinario UNAM)”
“Trataré por cuantos medios científicos estén a mi alcance, de proteger la vida de los animales útiles al hombre, así como evitaré el sufrimiento innecesario de los mismos”.
“VELAR ante todo por la salud y el bienestar de mis pacientes; RESPETAR la autonomía y la dignidad de mis pacientes; VELAR con el máximo respeto por la vida humana; NO PERMITIR que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mis pacientes (Declaración de Ginebra)”
Entonces, por qué tanto miedo a la «muerte» ¿Por qué tanto misterio a algo que es lo más seguro en esta vida? ¿En qué momento nos hicieron creer que significa el final de algo, en vez de sólo un pasaje?Imagina la vida como la escuela, estudias, aprendes, pasas un examen, y ¿qué sigue? Sigue avanzar, cambiar de salón, cambiar de grupo… ¿qué pasa si me aferro al mismo grupo, al mismo profesor? No avanzo. Y ¿por qué querríamos estancarnos?
Por otro lado, Steiner enseñaba a respetar el ritmo de aprendizaje en los niños, que va en armonía con el crecimiento físico y emocional, si forzamos una etapa en alguien que no está listo, crea desarmonía. Entonces podemos tener la seguridad y la tranquilidad de que en realidad no tenemos control, y al no poder controlar la muerte (o la vida), nos quita un gran peso de encima.
¿Qué pasaría si dejamos de preocuparnos por el futuro? ¿Qué pasaría si dejamos de aferrarnos al pasado? Ambos son ilusorios; sin importar la religión, la ciencia, la tecnología… la realidad más lógica es que sólo existe el tiempo que experimentamos ahora mismo; el presente, esto que estás leyendo ahora mismo es lo único que existe.
Y de ahí comienza el trabajo interno; ¿quién decide mis preocupaciones? Los miles de seguros que la sociedad nos vende «por si acaso» Los miles de créditos que los bancos nos ofrecen para pagar hasta ¿quién sabe cuándo? Los planes mensuales que generan ansiedad porque sabemos que en algún momento el precio aumentará.
Podemos reflexionar, ¿quién se beneficia del miedo a la muerte? ¿Quién se beneficia del miedo a la enfermedad? ¿Al deterioro? ¿A la decadencia? Y ¿por qué nos han inculcado esa batalla ilusoria para vencer a la muerte? La tan conocida batalla contra un virus, contra una bacteria (medicina moderna), y sería cuestión de sólo cambiar las palabras para cambiar de mentalidad… ¿batalla, guerra, competencia? Vivimos en armonía con la naturaleza, con la sociedad, con el gobierno, queramos o no, hay un equilibrio natural en las cosas. La batalla está dentro de nosotros.
Un monje budista explica: puedes aprender a ser doctor, puedes aprender a ser ingeniero, y no es seguro que llegues a ser doctor, o que llegues a ser ingeniero. Pero cuando aprendes a morir, ten por seguro que vas a utilizar ese grado.
Mucha teoría, muchas ideas nuevas o desconcertantes tal vez, pero si llegaste hasta esta parte del texto tal vez sea bueno ¡que comencemos la práctica! ¿Cómo aprender a morir?
Ram Dass enseñaba una técnica práctica y sencilla. Aprender a vivir aquí y ahora, porque en el presente no existe miedo, ansiedad, incertidumbre, en el presente sólo hay paz.
Inhala por la nariz y exhala por la boca, y en cada exhalación intenta que sea un poquito más larga que la inhalación (poquito, sin crear estrés) y en silencio, en tu cabeza pregunta:
¿En dónde estoy?
Y responde: aquí.
Y en silencio pregunta:
¿Qué hora es?
Y responde: ahora.
Varias veces:
¿Dónde estoy? Aquí.
¿Qué hora es? Ahora.
Hasta que se vuelva parte del pensamiento principal durante unos minutos y veas que ya no puedes escapar del tiempo presente, el único que existe, la única realidad es aquí y ahora.
Aquí y ahora.
Y poco a poco liberarnos del miedo a algo natural, al crecimiento. Aunque sepamos o no qué hay más allá, ¿en verdad importa ahora?
«No te preocupes, la muerte es absolutamente segura.»