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Biólogos en Crecimiento: ciencia desde la FES Zaragoza para las escuelas de la ZMVM

Las pequeñas ideas surgen de necesidades concretas. Hace dos años, la alumna y actual tesista de la carrera de Biología de la FES Zaragoza, Gabriela Alejandra Velasco López, identificó, a partir de su experiencia con alumnos de diversos preescolares en Chimalhuacán, la falta de espacios de divulgación científica en escuelas y espacios públicos de la Zona Metropolitana del Valle de México.

Con el objetivo de transformar esta situación, ideó un proyecto para acercar la ciencia a la población estudiantil que, por distintas razones, no tiene acceso a este tipo de actividades. Su entusiasmo pronto convocó a otros jóvenes profesionistas y egresados de la misma facultad, quienes se sumaron a la iniciativa. Así nació Biólogos en Crecimiento (BEC), un proyecto que busca acercar la ciencia de manera accesible a estudiantes y comunidades, llevando el conocimiento más allá del aula, hacia parques y espacios públicos.

¿Cómo acercan la ciencia a los estudiantes?

Como parte de este esfuerzo, los BEC organizaron, junto con otros proyectos de divulgación como Utopías de la CDMX, Biociencia A.C., BAAK Huesos y Herpetario de México, la jornada “El Barrio También Hace Ciencia”, realizada en la Escuela Secundaria Lázaro Cárdenas del Río, en la alcaldía Iztapalapa.

Durante la jornada, los pasillos y espacios escolares se transformaron en puntos de encuentro con la ciencia. Se instalaron stands con animales vivos, materiales sobre mariposas, insectos y fósiles, además de realizarse dos ponencias abiertas al alumnado. La primera estuvo a cargo del arqueoastrónomo Aarón Uriel González Benítez, quien habló sobre la historia de Iztapalapa y la importancia de recuperar ese conocimiento. La segunda, impartida por la maestra Isabel Cristina Cañeda-Augusman, de la Facultad de Ciencias de la UNAM, abordó el papel de los parásitos en los ecosistemas, desmontando ideas erróneas y temores comunes en torno a estos organismos.

Más allá de la información presentada, la jornada tuvo como propósito despertar la curiosidad de los estudiantes. A través de actividades prácticas y el contacto directo con especialistas, pudieron acercarse a temas que rara vez se abordan en la educación básica.

Para el director de la secundaria, Jorge Sánchez Flores, este tipo de iniciativas abre nuevas posibilidades para el alumnado, al permitirles ver la ciencia desde una perspectiva más dinámica, accesible y cercana.

“Es un verdadero orgullo que instituciones como la UNAM, por medio de los chicos del BEC, una de las mejores universidades del mundo, y otras instituciones educativas estén aquí con nosotros. Esta colaboración es una oportunidad única para los estudiantes de la escuela y era necesaria esta interacción con profesionales para incentivar a los chicos a formar parte de estas universidades reconocidas”, expresó.

El impacto en los estudiantes

El impacto en los estudiantes fue inmediato. Durante el evento participaron activamente en las actividades y se acercaron a observar distintos fenómenos científicos. Uno de los momentos más significativos, según relató el director, ocurrió cuando un grupo de alumnos descubrió que la fauna exhibida estaba viva.

“Ver a los alumnos emocionados por algo tan simple, pero tan revelador para ellos, es una de las experiencias más gratificantes de este evento”, comentó.

Para Alejandra, fundadora de los BEC, esas reacciones son el principal motor del proyecto, incluso frente a los retos logísticos y económicos que implica llevar a cabo estas actividades.

“Cuando los jóvenes nos agradecen o nos dicen que quieren ser biólogos o científicos después de participar en la feria, eso es lo que más nos llena. Saber que estamos inspirando a la nueva generación de científicos, investigadores o personas interesadas en el cuidado del medio ambiente es vital para seguir”, señaló.

Entre los asistentes, Sherlyn y Zoé, alumnas de la secundaria, destacaron la experiencia de observar fósiles de dinosaurios y convivir con fauna viva. Coincidieron en que este tipo de actividades no son comunes en su rutina escolar, especialmente por cursar el turno vespertino.

También señalaron que la cercanía generacional con los divulgadores facilitó el diálogo y la posibilidad de resolver dudas. Para ambas, la jornada representó una oportunidad para reflexionar sobre su futuro académico. Sherlyn consideró por primera vez la biología como una opción, mientras que Zoé, interesada en la odontología, subrayó que estos espacios amplían el panorama de elección para ella y sus compañeros.

En términos generales, el director consideró que la feria cumplió su objetivo, ya que esta experiencia busca fomentar en los estudiantes la ambición de alcanzar metas más altas. Señaló que, si bien enfrentan limitaciones económicas y sociales, es fundamental motivarlos a aspirar a carreras científicas, como biología o entomología.

La expansión de Biólogos en Crecimiento en las comunidades

Más allá de esta jornada, el proyecto ha crecido de forma significativa. Desde 2024, los BEC han desarrollado 18 proyectos masivos con la participación de más de 180 divulgadores y colaboradores en zonas como Chimalhuacán, Nezahualcóyotl, Ecatepec, Xochimilco, Iztapalapa, Tepito y Ciudad Universitaria.

Este crecimiento responde a un fuerte componente comunitario. La idea central es devolver a la sociedad lo aprendido en las universidades públicas, como la UNAM. “Lo que te dio la UNAM, en algún momento se lo tienes que devolver; es el lema que guiará siempre este proyecto”, compartió Velasco López.

Este enfoque ha permitido generar un vínculo más cercano entre la comunidad científica y la sociedad, mostrando a los jóvenes que la ciencia está a su alcance y que puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la calidad de vida y el cuidado del medio ambiente.

En ese sentido, el proyecto se mantiene abierto a nuevas colaboraciones y a su expansión hacia otras comunidades. Biólogos en Crecimiento busca sumar a más científicos y divulgadores interesados en contribuir a la difusión de la ciencia, con especial atención en escuelas de la periferia, donde los recursos son más limitados y la necesidad de este tipo de iniciativas es mayor.

Proyección comunitaria y alcance de la ciencia

Biólogos en Crecimiento se ha consolidado como un ejemplo de cómo la ciencia puede ser accesible para todos, independientemente de su contexto social o geográfico. El proyecto busca despertar en la comunidad la curiosidad, el interés por el conocimiento y el deseo de contribuir al bienestar del entorno.

Un reflejo de esta visión fue la jornada científica realizada en la Escuela Secundaria Lázaro Cárdenas del Río, donde varios estudiantes pudieron visualizar un futuro con mayores oportunidades académicas y profesionales, ampliando su panorama educativo y abriendo nuevas puertas al conocimiento.

“Ojalá que esta experiencia se replique en más escuelas, para que más niños puedan tener esta inspiración científica y descubran que el conocimiento no es algo lejano o inaccesible, sino una herramienta que también les pertenece. Que sepan que pueden cuestionar, explorar y construir su propio camino dentro de la ciencia, sin importar de dónde vienen, sino hacia dónde quieren llegar”, concluyó el director Jorge Sánchez.

Nota: Si quieres que los BEC visiten tu escuela, puedes contactarlos a través de sus redes sociales en Facebook e Instagram.
https://www.facebook.com/BiologosEnCrecimiento

https://www.instagram.com/biologos.en.crecimiento/

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Olas de calor: cómo afectan tu cuerpo, tu mente y hasta a tus mascotas

Las altas temperaturas y las olas de calor son cada vez más frecuentes en México. En los últimos años, distintas regiones del país han registrado temperaturas récord, periodos prolongados de calor extremo y noches cada vez más cálidas.

Aunque muchas veces el calor se percibe únicamente como una molestia temporal, especialistas advierten que sus efectos pueden impactar distintas áreas de la salud: desde golpes de calor y deshidratación, hasta alteraciones en el sueño, la salud visual, el cerebro, la fertilidad e incluso el bienestar de los animales de compañía.

Para entender mejor cómo el calor extremo afecta nuestra vida cotidiana, UNAM Global preparó una selección de notas con investigaciones, recomendaciones y explicaciones de especialistas universitarios.

¿Cómo protegerse ante las olas de calor?

Mareos, agotamiento, deshidratación y golpes de calor pueden convertirse en emergencias médicas durante las temporadas de altas temperaturas. Especialistas explican cuáles son las señales de alerta y qué medidas pueden ayudar a prevenir riesgos.

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¿El calor puede dañar tus ojos?

La exposición prolongada al sol y las altas temperaturas también pueden afectar la salud visual. Ojo seco, irritación, daños en la córnea y cataratas son algunos de los problemas asociados al calor y la radiación ultravioleta.

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¿Las olas de calor aceleran el envejecimiento?

Nuevas investigaciones analizan si la exposición prolongada a temperaturas extremas puede acelerar el envejecimiento biológico, especialmente en adultos mayores.

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Cambio climático y salud mental

El aumento de las temperaturas no sólo afecta al cuerpo. Especialistas de la UNAM explican cómo el cambio climático puede alterar el sueño, el estado de ánimo, el funcionamiento cerebral y la salud mental.

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Un fenómeno que seguirá creciendo

Investigadores advierten que las olas de calor podrían volverse más frecuentes, intensas y prolongadas en las próximas décadas debido al cambio climático y al aumento de gases de efecto invernadero.

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¿El calor afecta la fertilidad masculina?

Diversas investigaciones han comenzado a analizar la relación entre las olas de calor y la calidad del semen, así como los efectos de las altas temperaturas en la salud reproductiva masculina.

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¿Cómo proteger a tus mascotas del calor?

Perros y gatos también pueden sufrir golpes de calor y otros problemas asociados a las altas temperaturas. Especialistas recomiendan medidas para mantenerlos hidratados y evitar riesgos durante los días más calurosos.

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Temporada de lluvias: lo que está ocurriendo con el clima en México

En los últimos días, distintas regiones de México han registrado lluvias intensas, tormentas eléctricas, fuertes ráfagas de viento e inundaciones repentinas. Aunque estos fenómenos forman parte de la temporada, especialistas advierten que el comportamiento del clima parece cada vez más extremo e impredecible.

El aumento en la temperatura de los océanos, la posibilidad de un fenómeno de El Niño intenso y el calentamiento global son algunos de los factores que científicos estudian para entender por qué las lluvias, los ciclones tropicales y las tormentas están cambiando.

Para comprender mejor qué está ocurriendo con el clima y cuáles podrían ser los escenarios de los próximos meses, UNAM Global preparó una selección de notas sobre huracanes, tormentas eléctricas, inundaciones urbanas y cuidados durante esta temporada.

¿Habrá más huracanes este año?

El comportamiento del océano Pacífico y el Atlántico podría marcar diferencias importantes en la temporada de ciclones tropicales. Especialistas de la UNAM explican cómo fenómenos como El Niño modifican las condiciones atmosféricas y por qué algunos huracanes podrían intensificarse rápidamente.

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¿Se aproxima un fenómeno de El Niño extremo?

Investigadores universitarios analizan la posibilidad de un evento de El Niño de gran intensidad y cómo podría alterar las lluvias, las sequías, las temperaturas y los fenómenos extremos en distintas regiones del planeta.

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Inundaciones en la CDMX vistas desde el espacio

Cada temporada de lluvias, la Ciudad de México enfrenta inundaciones y encharcamientos que afectan vialidades, viviendas y sistemas de transporte. Pero ¿qué zonas son las más vulnerables y cómo puede estudiarse este fenómeno desde el espacio?

Investigadores de la UNAM utilizaron imágenes satelitales para mapear las zonas con mayor riesgo de inundación en la capital del país.

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Rayos, tormentas eléctricas y zonas de riesgo

Aunque suelen pasar desapercibidos, los rayos representan una amenaza importante durante la temporada de lluvias. Un estudio de la UNAM identificó las regiones de México con mayor riesgo de muertes asociadas a tormentas eléctricas.

Más información:

¿Cómo proteger a tus mascotas durante las lluvias?

La humedad, los charcos y las tormentas eléctricas también pueden afectar la salud de los animales de compañía. Especialistas comparten recomendaciones para cuidar a los perros durante esta temporada y evitar enfermedades relacionadas con la lluvia y el frío.

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Historias que comenzaron en la UNAM y evolucionan en Canadá

La Universidad Nacional Autónoma de México ha trascendido fronteras a lo largo de su historia, formando a generaciones de profesionales que hoy proyectan su talento en distintos rincones del mundo. En Canadá, esa presencia se construye día con día a través de quienes, habiendo estudiado en México, continúan su camino profesional y personal en un nuevo contexto, llevando consigo una identidad universitaria que evoluciona, pero no se pierde.

En este marco, fortalecer los vínculos entre la UNAM y la comunidad universitaria que reside en territorio canadiense cobra especial relevancia. Con este objetivo la UNAM Canadá impulsa el registro en la “Red de Egresadas y Egresados de la UNAM en Canadá”, una iniciativa que busca reencontrar trayectorias, tender puentes y consolidar una red activa de colaboración, intercambio y pertenencia.

Más allá de una base de datos, esto representa una invitación a reconectar con la universidad desde las vivencias como migrantes: compartir historias, abrir espacios de diálogo y participar en actividades que reflejan la diversidad de caminos que puede tomar la formación universitaria.

Un ejemplo reciente de esta conexión tuvo lugar el pasado 19 de marzo en Montreal, en el marco de las Jornadas de la Mujer, la Equidad y la Igualdad 2026. Bajo el título “Mujer, Migrante, Montreal. Duelo migratorio y desarrollo profesional: una visión PUMA”. Ahí tuvo lugar un conversatorio que reunió a egresadas de distintas disciplinas —artes visuales, medicina, neurociencia, psicología, ingeniería química— para reflexionar sobre sus experiencias de vida y trabajo en Canadá.

Participantes del conversatorio “Mujer, Migrante, Montreal. Duelo migratorio y desarrollo profesional: una visión PUMA”, realizado en Montreal en el marco de las Jornadas de la Mujer, la Equidad y la Igualdad 2026. El encuentro reunió a egresadas de la UNAM en Canadá para reflexionar sobre los retos, aprendizajes y procesos de reconstrucción que acompañan la experiencia migratoria.

Durante ese encuentro, las participantes compartieron los retos que implica migrar: la pérdida inicial de territorio, redes de apoyo e incluso de una identidad profesional construida durante años. Este proceso de duelo migratorio se manifestó en sus relatos como una etapa compleja, pero también transformadora.

Sus historias coincidieron en un punto clave: la necesidad de reconstruirse. Revalidar estudios, adaptarse a nuevos sistemas laborales y culturales, y redefinir el propio perfil profesional fueron algunos de los desafíos que enfrentaron. Sin embargo, también se manifestó la capacidad de resiliencia que caracteriza a la comunidad universitaria.

Las panelistas compartieron experiencias y reflexiones sobre los procesos de adaptación, reconstrucción profesional y acompañamiento comunitario que atraviesan las mujeres migrantes en Canadá, desde distintas disciplinas y trayectorias de vida.

Esa “visión PUMA” —una combinación de pensamiento crítico, compromiso social y capacidad de adaptación— se convirtió en un eje articulador del conversatorio. Gracias a esta visión, las egresadas lograron no solo integrarse en sus respectivos ámbitos rofesionales, sino también aportar activamente en  investigación, creación e innovación en Canadá.

Este tipo de encuentros pone de relieve el valor de generar y mantener contactos –una red- entre quienes comparten una formación universitaria común. Reconocerse en otras personas, intercambiar aprendizajes y generar nuevas oportunidades de colaboración son elementos que fortalecen tanto a las personas como a la comunidad en su conjunto.

Hoy, esta iniciativa comienza a tomar forma con decenas de registros que constituyen el primer paso. Nuestra red en Canadá ofrece la posibilidad de establecer vínculos entre personas con trayectorias afines, ampliar sus redes profesionales y acceder a oportunidades de colaboración. El registro permite dar visibilidad a sus perfiles, intercambiar experiencias y mantenerse al tanto de actividades académicas, culturales y de vinculación. Asimismo, pone al alcance de sus integrantes información y referentes útiles para orientar su inserción académica y profesional en el contexto canadiense, facilitando la comprensión de sus dinámicas y posibilidades.

La invitación está abierta a todas las personas egresadas de la UNAM que realizaron sus estudios en nuestra universidad y que hoy residen en Canadá. Pueden registrarse en: https://unam.ca/redUNAM/

Sus experiencias son parte fundamental de esta historia compartida, una historia que continúa escribiéndose desde múltiples disciplinas, ciudades y trayectorias. Reencontrarse con la universidad en un nuevo país es también una forma de reconocerse en comunidad desde otro lugar. A través de esta red, la presencia de la UNAM en Canadá se articula desde su gente, dando lugar a nuevas formas de participación y pertenencia que continúan evolucionando.

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De la x a la z. Una brecha generacional entre dos mujeres cuando hablan de amor

A Victoria Eugenia
Reflexionar sobre la generación Z es hablar de jóvenes preparados para cualquier cosa.

​Las cucarachas aparecieron en mi mente cuando escribí estas palabras. Estos insectos tienen la fama de poder sobrevivir a un holocausto, o eso decían mis padres hace cinco décadas o más. Miro a mi hija de veinte años y, aunque la imagen en mi cabeza es asquerosa, le sonrío. Acaba de contarme por qué terminó con un último “novio” o “el parche mal pegado” que trajo el último mes.

​                  —Desde el principio fue una relación supertóxica, mamá. Somos hijos abandonados con daddy issues. Imposible así. Nunca pudo hablar de nada. Nunca entendió que estoy en periodo premenstrual permanente y que necesito mucha atención —dice con desprecio. De inmediato, José José comienza a cantar en su habitación: “Me basta, con un poco de tu amor” …

​                  —Sí, mamá, soy una “migajera”. Aprendí de la mejor —me dice, guiñándome el ojo, y se lanza a mis brazos—, te amo tanto. Eres la mejor mamá del mundo.

​Mis ojos se cierran y suspiro al abrazarla. Siento miedo, un miedo permanente. No entiendo casi nada, pero sé que debo estar ahí observándola, porque no tolera no ser mirada; no soporta ni la soledad ni el aislamiento. Pero pudo sobrevivir la pandemia a mi lado acompañada de dos huskies hembras, tan hembras como ella y yo.

​Soy mamá de una chica de la generación Z y no estoy curada de espanto, si bien he desarrollado mecanismos de supervivencia. Todos los días percibo algo tóxico en el entorno, pero ya aprendí a sobrevivir a esta relación sin alterarme. O eso quiero pensar. Aunque siempre habrá un reto nuevo, algo que entender desde una nueva perspectiva. Hoy tenemos cita con el psiquiatra. Desde la pandemia o desde su nacimiento (la pandemia es una explicación a la que solemos recurrir para todo), la sensibilidad de mi hija es enorme: puede llorar con la facilidad de Libertad Lamarque y volver a la calma un segundo después. Todo le resulta doloroso y peligroso pero, al mismo tiempo, parece no tener miedo. Se lanza cotidianamente a la calle con la certeza de que este mundo la lastima, aunque no quiere perder las oportunidades que le da la vida; quiere desaparecer, pero no quiere morir; desea ser amada, pero no puede con el compromiso sostenido de una relación.

Las jóvenes de la generación Z aprendieron de las mejores a vivir en guerra constante; sin embargo, supieron decir que dolía y no soportan a sus madres, para quienes “no se puede hacer nada” frente a las violencias. Para las Z sí es posible, aunque no sepan exactamente qué; al menos, por el momento, gritan: “verga violadora a la licuadora”. Odian o aman a sus padres, ausentes siempre, aunque vivan con ellas. Esos son los padres X, una incógnita matemática permanente, aislados en un silencio que puede significar “no entiendo por qué estoy aquí, estoy cansado, no quise ser padre ni hijo ni nada; aún así tengo que trabajar, trabajar siempre, eso me enseñaron”.

​La generación Z vino a desaprender las lecciones de los X y ello produce un enfrentamiento constante, pero también el amor más profundo. Guardar silencio, obedecer, mimetizarse con el grupo y, simultáneamente, ser el mejor y ganar dinero para ser exitoso; tener un doctorado y ser un analfabeto emocional no tiene ningún sentido para la generación Z. Nos ven con un poco de compasión por el desastre en el que hemos sumido al planeta; se enojan y cuestionan permanentemente las reglas, nuestra autoridad sin autoridad. No escuchan y demuestran que hacen bien, que el mundo ahora es de ellos y que nosotros tenemos que dejarlos tomar el control.

Crecieron con los videojuegos más violentos, diseñados por los X para hacerse ricos con las reglas del neoliberalismo y luego quejarse de lo violento que es el mundo. Los Z escuchan a sus padres aplaudir el éxito y la riqueza y después también los oyen decir en secreto “son puros pendejos”. Aprendieron a sobrevivir en un mundo de doble moral y no les gusta. Por eso descalifican y etiquetan todo con las palabras más dolorosas y abrumadoras del vocabulario: “soy una tóxica”, “soy neurodivergente”, “soy una asesina serial”, “soy una migajera” …

​Sin embargo, aprendieron a amar y aman profundamente. Salieron del aislamiento de una pandemia con todas las ganas de ser abrazados, de jurarse amor eterno y, de la mano de alguien, reconstruir… reconstruirse tras el desastre generado por sus padres. La cursilería la llevan en las venas; probablemente sea la herencia maldita de sus madres abandonadas, amamantadas por las telenovelas y esperando permanentemente al príncipe azul.

​Reconocieron en los boleros y en la música romántica de los setenta y ochenta su ilusión más profunda: una relación sexoafectiva que les dé la fuerza y la razón para no conseguir el trabajo que sus padres les exigen, así como para tolerar una existencia que los provee de una permanente desazón por un futuro incierto o la amenaza de una violación durante una noche de peda.

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Editar en la era del algoritmo: el oficio silencioso detrás de las palabras

Cuando era niña, seguramente, yo quería ser otra cosa. Arquitecta, veterinaria, pintora, bióloga marina: a las niñas que crecimos en los dosmiles ya no nos costaba pensar en femenino. Aun así, hay muchas palabras que no existen por default en el vocabulario de la infancia —y que, por ende, no moldean el mundo ni el futuro en ese tiempo—. Yo, por ejemplo, no conocía la palabra “editora”, ni conocía a nadie que se dedicara a ello. Hoy tengo veintisiete años y llevo al menos cinco editando profesionalmente; sin embargo, mucha gente fuera de mi círculo laboral sigue sin conocer el término. O lo conocen de oídas, quizá, sin saber a qué se refiere exactamente. Para ser honesta, a veces yo tampoco sé con precisión qué significa esto de “editar”. Es difícil mapear la ruta exacta que me trajo aquí, y al pedir indicaciones sobre cómo llegar a “ser editora”, lo más probable es que cada quién apunte en una dirección diferente. Las arquitectas estudian arquitectura; las abogadas, derecho; las doctoras, medicina. ¿Y las editoras? Si buscas “editor” en LinkedIn, buena parte de los resultados sugieren vacantes relacionadas con la producción audiovisual. Si me preguntan cómo llegué a donde estoy, diré que a tientas. Y estaré siendo honesta, aunque parezca que me guardo el secreto egoístamente. A tientas, pero con entusiasmo, persiguiendo los puntos y las comas y todos los textos crudos que se me atravesaran. A tientas, pero con muchas manos guiando el trayecto. El camino de la editora es errático, pero muy rara vez es solitario. Una puede escribir a solas y leer en silencio, pero lo que sucede en medio es un proceso polifónico que siempre implica a alguien más. Editamos a alguien, para alguien, con alguien. Editar es una labor fundamentalmente colectiva.

​Casi parece que una no se topa con el sustantivo (soy editora) hasta que empieza a ejercer el verbo (yo edito). Cuando miro mi propia trayectoria, me pregunto si acaso puedo hablar de una “orientación vocacional” que me haya traído hasta aquí. Contrario a lo que quisiera contar, de niña no me gustaba leer. A pesar de los esfuerzos incansables de mi mamá por despertarme algún interés por la lectura, a mí me gustaba más la tele. Aunque nunca me he sentido parte de la generación Z —porque nací en ese periodo liminal después de la World Wide Web, pero antes del cambio de milenio, supongo que, si lo que la caracteriza es haberse criado más en las pantallas que en las calles, entonces sí, pertenezco a esta juventud tecnológica que estuvo condenada desde el inicio a ser conejillo de indias de un ciberfuturo tan emocionante y añorado como improvisado y anticlimático. La virtualidad ha atravesado muchas de mis vivencias, como seguramente atraviesa las de la gente que nació en un tiempo y un contexto similar. Quizá sea pertinente decir también que, más que sólo una herramienta o un medio de comunicación, la Gen Z —al menos este nicho al que yo pertenezco— ha encontrado en el internet una forma de mediar el mundo. Aunque la interacción en línea es compleja, durante mi adolescencia, “mi gente” no era sólo con la que compartía espacios físicos, sino a la que retuiteaba y quienes me daban like en Tumblr. Y ahí está, creo yo, lo realmente determinante: estas redes implican interacción constante: reaccionar, compartir, comentar, debatir, cambiar de opinión y picar “borrar”. Esto moldea la forma en la que construimos comunidad, pero también conocimiento. Las computadoras reciben input y el internet lo propaga en segundos, mucho más rápido que cualquier imprenta.

A los doce años tuve mi despertar lector con Harry Potter. Como si se tratara de un rito de iniciación adolescente de la Gen Z, cuando acabé con los libros, el cauce de mi entusiasmo voraz me llevó a Wattpad. Para quienes no estén familiarizados con la plataforma (no con lo que es ahora, sino con lo que era antes), se trataba, sencillamente, de un lugar para contar historias. La clave era la libertad que la regía: cualquiera podía escribir sobre cualquier cosa. El sitio se alejaba de los parámetros y rigores del mundo editorial y académico. No había un proceso de selección ni mucho menos de revisión. Es más, ni siquiera existía una discusión real sobre derechos de autor. Y aunque la falta de filtros significó cierta pérdida de corrección estilística, lo que ganamos fue mucho mayor: dejamos de preocuparnos por ganarnos una voz y nos lanzamos directo a usarla. Casi por naturaleza, la comunidad en Wattpad se conformó sobre todo por mujeres jóvenes y disidencias. Predominaba el fanfiction: historias escritas por fans que retoman personajes, ambientes y situaciones de otras obras —novelas, películas, series, ánime, videojuegos— para dar pie a nuevas tramas, relaciones amorosas y escenas cotidianas. En Wattpad, todas teníamos derecho a fantasear y a compartir la fantasía. La práctica común era publicar un capítulo a la vez y dejar que las lectoras —que a veces eran dos, pero qué más da— esperaran con ansias la siguiente actualización. Como las novelas de entregas, pero sin cobrar un centavo. Eventualmente, se habilitó una función de comentarios que simulaban notas al margen, pero públicas. Podías subrayar un pasaje y escribir “< 3”, lo mismo que sugerir “valdría la pena retomarlo en el siguiente capítulo” o “Hermione Granger nunca haría eso”. Ahora, en retrospectiva, pienso que el quehacer editorial —no sólo el que corrige, sino el que acompaña la escritura— sí que estaba presente en Wattpad. Y es que ese Wattpad de antaño puso en evidencia algo importante: editar no es lo mismo que fiscalizar lo que se escribe. Y esto resulta fundamental a la larga, pues, aunque en el mundo editorial existe una labor de depuración a través de dictámenes y otros procesos de selección —los cuales determinan qué sí y qué no merece publicarse—, Wattpad planteó otro punto de partida: uno que no decide quién puede participar en la carrera, sino que te acompaña mientras entrenas y te recuerda que eso también es correr. No hace falta demostrarlo.

​Casi al mismo tiempo, durante la secundaria y el bachillerato, participé en el taller de escritura de mi escuela. Era una actividad extracurricular que pronto se convirtió en mi momento sagrado. La dinámica era simple: escribir en casa, traer fotocopias para todxs, leer en voz alta y discutir. Tex, el maestro de español, moderaba las sesiones y hacía una corrección de estilo minuciosa de cada texto. Yo registraba cada punto y cada coma y cada acento y cada rima interna y cada verbo mal conjugado. Anotaba todas las observaciones en todos los cuentos y poemas, aunque no los hubiera escrito yo. Cuando Tex terminaba de corregir, era nuestro turno. Debatíamos lugares comunes, proponíamos figuras retóricas, discutíamos los límites de la cursilería, de la verosimilitud y del morbo; animábamos a desarrollar más a los personajes y a cortar lo que considerábamos reiterativo. Se nos iban las horas en eso: en desmenuzar los textos como si pretendiéramos sacarles brillo de tanto hablar de ellos. En su ensayo “Razones para perdonar a los talleres”,1 Laura Sofía Rivero confiesa: “no puedo pensar en el taller como un evento sagrado. Sigo asociándolo al sudor, al trabajo, al ruido colectivo, a la ayuda entre pares […]. A los talleres les perdono sus deslices porque en ellos encontré lo que había buscado por mucho tiempo: un lugar para hablar de lo que las palabras pueden llegar a hacer”. Además de reconocerme en las palabras de Rivero, me pregunto también si no es acaso precisamente eso —sudor, trabajo, ruido colectivo, ayuda entre pares— lo que implica el quehacer editorial. Todavía hoy, años después de mi última sesión en el taller, cuando me siento a editar, recurro a las herramientas que me enseñaron todxs esxs adolescentes para examinar los textos y preguntarme “lo que las palabras pueden llegar a hacer” cuando se trabajan a conciencia, sin juicios, con cuidado, en colectivo.

A Página Salmón llegué a tientas, pero con muchísimo entusiasmo. Primero como lectora, luego como escritora, y por fin, como editora. Iba a media carrera en Letras Inglesas y tenía veintidós años recién cumplidos cuando me integré al comité editorial, después de tomar con ellxs un taller de escritura que me dejó con la misma hambre de másmásmás que me llevó a Wattpad. Cuando llegué, el proyecto llevaba ya cinco años. Había una metodología rigurosa y bien estructurada de lo que había que hacer. Sin entrar en detalles, debo decir que la receta para preparar cada número de la revista es tediosa. Implica horas de planeación, lectura, discusión y corrección de estilo. A veces incluso un poco de diseño y programación. La palabra “talacha” no tiene ese dejo de dignidad académica ni se parece al idilio del poeta bohemio, pero es lo que hace una editora. Una y otra vez. Y claro, el corazón sostiene en buena medida nuestro quehacer, pero a veces se cansa, y entonces entra la disciplina. Y más cuando se trata de un proyecto independiente. Pero un proyecto independiente también conlleva otra palabra fundamental: comunidad. Gente comprometida, con intereses y entusiasmos comunes; gente que en el camino discute, duda, discrepa, se cansa y se frustra, pero que también conversa, celebra, se apoya, se motiva y se cuida. El quehacer editorial no es sostenible a solas, porque un corazón solo se cansa y una voz sola se pierde. En 2023 publicamos nuestro primer libro como editorial (Radiografía de cuerpo completo de Olympia Ramírez Olivárez). Diseño, maquetación, imprenta, distribución, presentaciones: recorrimos todo el proceso que culmina en un libro. Por no mencionar todo el cuidado y acompañamiento del proceso de escritura de Olympia, que tomó casi dos años. El comité editorial de Página Salmón somos cuatro personas, pero para que un par de ojos pueda leer lo que un par de manos escribió, se necesitan muchísimas personas en medio. Y no hay gloria del otro lado. Editar puede ser una profesión invisibilizada. El nombre de la editora no aparece en la portada.

​Hace unos años me convertí en editora de una revista de gastronomía y estilo de vida. También llegué ahí a tientas y con más dudas que entusiasmo. Tuve que integrar a mi vocabulario editorial palabras como SEO, alcance, pauta. Apacigüé mis aspiraciones literarias para satisfacer al algoritmo. Aprendí que la edición habla muchos lenguajes para apelar a lectores, clientes y máquinas. La edición comercial exige entender lo que hay detrás de la pantalla, saber esconder frases clave; identificar dónde conviene insertar una imagen —y cuál—, un link, un anuncio; escribir lo que no se lee. La edición comercial en internet no sólo es minuciosa con lo que le dice al lector, sino también a los motores de búsqueda. El saber de las imprentas se ha construido a lo largo de casi seis siglos, pero el algoritmo cambia constantemente, y con él, el manual de estilo para triunfar en la red. Y ahora sí que lo que quieres es triunfar. Esto no es Wattpad ni tenemos catorce años; hay que pagar la renta. Si pensaba que editar literatura era tedioso, era porque no conocía esta otra rama del oficio. Pero si algo he aprendido, es que sí que existe una mano invisible que todo lo edita, y eso me emociona. Esta labor de mediar el mundo, de cuidar las palabras que lo moldean, de acompañar escrituras y proponer lecturas, de entusiasmarse cuando das con la redacción correcta: este oficio podrá no nombrarse, pero existe y es enorme y hay que defenderlo. No sólo de los avances tecnológicos que insisten en usar el verbo (editar) y borrar el sustantivo (editora), sino también de este sistema que nos susurra a veces que, si tu nombre no está en la portada, tu trabajo no cuenta. Confiar en que quizá no estamos caminando a tientas y en que nombrarnos editoras ya nos lleva por buen camino.

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La ciencia redefine el síndrome de ovario poliquístico: ahora se llamará síndrome ovárico metabólico poliendocrino

Durante décadas, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) ha sido uno de los trastornos endocrinos más frecuentes en mujeres y, al mismo tiempo, uno de los más complejos de diagnosticar y atender. Ahora, un consenso internacional acordó cambiar su nombre para reflejar con mayor precisión su naturaleza: a partir de 2026 será conocido como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).

La modificación fue publicada en The Lancet tras un amplio proceso global de consulta en el que participaron especialistas, organizaciones médicas, profesionales de la salud y pacientes de distintos países. El objetivo no es únicamente sustituir una denominación médica, sino corregir una idea que durante años contribuyó a reducir este síndrome a un problema de ovarios.

El cambio responde a una razón científica central: se trata de un trastorno multisistémico. Aunque el nombre anterior hacía referencia a “ovarios poliquísticos”, las estructuras observadas en estudios de imagen no corresponden necesariamente a quistes patológicos, sino a folículos ováricos en desarrollo. Además, no todas las pacientes presentan esta morfología ovárica, por lo que el término podía generar confusión clínica y retrasar el reconocimiento de otras manifestaciones del síndrome.

El SOMP involucra alteraciones endocrinas, metabólicas, dermatológicas, reproductivas y de salud mental. Por ello, el nuevo nombre busca expresar mejor su complejidad: “poliendocrino” alude a la participación de distintos sistemas hormonales; “metabólico” reconoce su relación con resistencia a la insulina y otros riesgos cardiometabólicos; y “ovárico” conserva la referencia a la disfunción ovárica como una de sus características, sin presentarla como el único elemento que define la patología.

De acuerdo con la información publicada, este síndrome afecta aproximadamente a una de cada ocho mujeres. Entre sus manifestaciones reproductivas pueden encontrarse menstruaciones irregulares, alteraciones ovulatorias e infertilidad. También puede asociarse con acné, exceso de vello corporal, obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso, ansiedad y depresión.

El nuevo enfoque también busca evitar que la atención se concentre únicamente en el ámbito ginecológico. Diversas pacientes llegan a consulta por síntomas persistentes como irregularidad menstrual, acné, aumento de peso o hirsutismo, sin que siempre se integren esos datos en una evaluación endocrina y metabólica más amplia. Esta fragmentación puede contribuir a diagnósticos tardíos o tratamientos parciales.

La resistencia a la insulina ocupa un lugar relevante en la comprensión actual del síndrome. En muchas pacientes, las alteraciones metabólicas interactúan con la producción de andrógenos y con la función ovárica, lo que puede influir en manifestaciones como acné, hirsutismo, alteraciones menstruales y anovulación. Por ello, el abordaje clínico requiere valorar no sólo los síntomas reproductivos, sino también los factores metabólicos y hormonales asociados.

El consenso internacional también incorpora una dimensión social. Durante el proceso de consulta, pacientes señalaron que el nombre anterior podía reforzar estigmas relacionados con fertilidad, maternidad o apariencia física. En algunos contextos culturales, reducir el síndrome a los ovarios o a la reproducción podía aumentar la desinformación, la culpa o la ansiedad en quienes viven con esta condición.

La transición hacia el nuevo nombre será gradual. Durante los próximos años deberán actualizarse guías clínicas, materiales educativos, expedientes médicos, sistemas de clasificación y recursos de comunicación para pacientes y profesionales de la salud. La intención es que el cambio terminológico vaya acompañado de mayor educación médica y de una atención más integral.

Para los autores del consenso, nombrar mejor el síndrome puede ayudar a comprenderlo mejor. Reconocer al SOMP como un trastorno multisistémico permitiría favorecer diagnósticos más oportunos, tratamientos multidisciplinarios y una mejor calidad de vida para millones de mujeres en el mundo.

Fuente: Teede HJ et al. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus processThe Lancet, 2026. DOI: 10.1016/S0140-6736(26)00717-

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Chernóbil confirma: los humanos dañan más a la fauna que la radiación

Después del accidente en la planta nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, la zona fue evacuada y se pensó que difícilmente podría sostener vida. De hecho, la zona tardará mil años en que los isótopos radiactivos desaparezcan.

Sin embargo, diversas especies de animales permanecieron en el área y, con el paso del tiempo, la presencia de fauna llegó a ser comparable con la de otras zonas ecológicas no contaminadas.

Distintas investigaciones señalan que las actividades humanas, como la agricultura, la deforestación y otras acciones antropogénicas, suelen generar mayores efectos negativos sobre las poblaciones de animales que la ausencia de población humana en la zona de exclusión.

En entrevista para UNAM Global, el Dr. Jonathan Emmanuel Valerio Hernández, profesor investigador en el Departamento de Genética y Bioestadística de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, dijo que hay bastante presencia de animales en la zona. Sin embargo, eso no significa que estén en condiciones saludables como en otras zonas no contaminadas.

Aunque se creía que la zona iba a quedar completamente muerta por la radiación, es interesante observar cómo el impacto humano tiene más consecuencias en las poblaciones de animales que un accidente de este tipo.

¿Cómo han logrado sobrevivir?

Son varios factores a considerar, resaltó el experto. Lo primero es que hay zonas con mayor y menor radiactividad y los animales se desplazan por todo el lugar, entonces no reciben todo el tiempo la mayor radiación.

Otro punto es que algunas especies tienen altas tasas de reproducción, es decir, los animales que han nacido están por encima de las tasas de mortalidad y, por ende, han sobrevivido.

Algo muy interesante es que los animales poseen mecanismos biológicos capaces de reparar el daño en su ADN. En ambientes con radiación prolongada puede presentarse estrés oxidativo, un proceso en el que se generan moléculas inestables que afectan el material genético.

Sin embargo, tanto los animales como los seres humanos cuentan con sistemas naturales de defensa y reparación celular que permiten corregir parte de ese impacto y aumentar sus posibilidades de supervivencia.

Por ejemplo, las células de un organismo mueren cuando tienen un daño bastante severo; a este proceso se le llama apoptosis. Después, el cuerpo las reemplaza con nuevas. “Probablemente así han logrado sobrevivir los animales de la zona”.

Además, la radiación puede alterar desde una sola base nitrogenada del ADN —adenina, guanina, citosina o timina— hasta romper por completo una de sus hebras. Aunque las células cuentan con sistemas para reparar estas lesiones, el proceso no siempre es perfecto y puede dejar cambios conocidos como mutaciones.

Estas mutaciones pueden ser neutras, perjudiciales o, en algunos casos, conferir ventajas adaptativas. En ambientes con radiación constante, la selección natural tendería a favorecer a los individuos con mayor resistencia biológica, cuyos rasgos pueden heredarse a lo largo de múltiples generaciones.

Sin embargo, los expertos aclaran que esto no significa la aparición de animales “mutantes” como en la ficción. Cuando la radiación es demasiado alta, muchos organismos simplemente mueren. Los cambios evolutivos reales ocurren lentamente, mediante pequeñas variaciones acumuladas con el paso del tiempo.

Además, la selección natural favorece a los individuos con mejores mecanismos de reparación. “Podríamos decir que la selección natural ha favorecido a individuos que tienen mejores mecanismos de reparación”.

¿Hay cambios genéticos heredables?

Se han documentado algunos casos. Por ejemplo, la rana arbórea, que debería ser verde, ha cambiado su color y se ha oscurecido; es decir, tiene más melanina, la cual ha funcionado como un amortiguador durante estos años de radiactividad crónica.

Otro caso son las aves que han cambiado su pigmentación, como los mirlos, cuyos niveles de antioxidantes son más altos que los de otros animales que no están expuestos a radiación crónica. Es decir, son animales que han heredado estas características.

Los lobos que están en el lugar más alto de la cadena alimenticia han sido una especie bastante estudiada porque consumen herbívoros y, por ende, tienen mayor ingesta de estos elementos. Los investigadores encontraron que son organismos adaptados con mejores respuestas de reparación del ADN.

La radiación puede afectar al sistema inmune. Muchas células de defensa, como linfocitos, neutrófilos y monocitos, se producen constantemente en la médula ósea. Cuando la radiación daña el ADN, estas células pueden dejar de dividirse correctamente, lo que reduce las defensas del organismo y provoca inmunosupresión, es decir, una menor capacidad para combatir virus, bacterias y otras enfermedades.

Las siguientes generaciones

Después del accidente ocurrido el 26 de abril de 1986, la radiación era tan alta que las aves caían del cielo y los grandes mamíferos fallecían. Esto se debía a los daños a nivel de las proteínas del organismo, las enzimas y las paredes celulares.

En genética de poblaciones existe un concepto clave para entender lo ocurrido en Chernóbil: el intervalo generacional, es decir, el tiempo que transcurre desde que un individuo nace hasta que logra reproducirse y dejar descendencia.

Este periodo varía enormemente entre especies. Mientras en algunos roedores pueden ocurrir dos o tres generaciones en un solo año, en los lobos puede ser de seis o siete años, y en animales de vida más larga puede extenderse aún más.

Esto significa que, desde el accidente de 1986, algunas especies pequeñas y de reproducción rápida han acumulado muchas más generaciones que otras.

Entre más generaciones transcurren, mayores oportunidades existen para que aparezcan y se hereden cambios genéticos favorables. Por ello, los científicos pueden observar transformaciones más notorias en especies con ciclos de vida cortos, como ciertos roedores o anfibios, que en animales con reproducción más lenta.

Después de 40 años

En cuanto al aumento de lobos, linces y otros grandes mamíferos en la zona, una de las explicaciones principales es la ausencia humana. Sin agricultura, caza ni deforestación, la vegetación volvió a crecer y con ella aumentaron los herbívoros.

Donde hay más presas, también llegan los depredadores. Así, Chernóbil se convirtió en un laboratorio natural que muestra tanto la resiliencia de la vida como el fuerte impacto que suele tener la actividad humana sobre los ecosistemas, concluyó el experto.

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Preservación digital de archivos sonoros y audiovisuales analógicos

A partir de la segunda mitad del siglo XX, el disco de vinilo inició una revolución en la manera en que se escuchaba música al desplazar a los discos de 78 rpm, que eran rígidos, pesados y muy frágiles.

Con la aparición del disco de larga duración o LP, fabricado con vinilo, un material mucho más ligero y resistente, fue posible escuchar álbumes completos con mejor calidad de sonido. Poco después aparecieron los discos sencillos, más pequeños, que contenían una canción en cada lado, con la misma calidad de sonido.

A principios de los años 60 apareció el casete de audio como alternativa a los discos de vinilo, y se popularizó en la década de 1970 porque se podía grabar y regrabar una hora u hora y media de música.

Durante las siguientes décadas estos dos soportes convivieron hasta la aparición de los discos compactos, que sustituyeron a los discos de vinilo y a los casetes por su mejor calidad de sonido.

En el caso de las imágenes, ocurrió algo similar. Desde la aparición de la fotografía y del cine en el siglo XIX, durante todo el siglo XX el soporte fotográfico y cinematográfico cambió muy poco. En la década de 1980 se popularizaron los videocasetes para grabar video, que podían reproducirse en una videocasetera.

Durante décadas, las fotografías tomadas en películas de 35 mm con cámaras réflex, los discos de vinilo y los videocasetes eran los soportes que se pensaba iban a durar décadas, pero aparecieron las cámaras digitales, que guardan la imagen en un sensor electrónico, y el disco compacto o CD, y todo cambió. El CD sustituyó al disco de vinilo y poco después a los videocasetes.

La importancia de preservar los documentos audiovisuales y sonoros

Con la aparición de nuevas tecnologías y el cambio climático, es muy importante preservar los archivos sonoros y digitales antes de que se pierdan.

“Cuando hablamos de la preservación documental de archivos sonoros y audiovisuales nos referimos a una parte de nuestro patrimonio, a una parte de esa herencia documental en la que está grabada la historia, las expresiones culturales y artísticas, incluso gran parte de la producción científica”, señala Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, directora del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI). “Al igual que los libros y otros impresos, este tipo de documentos forman parte de la herencia documental de la humanidad, por lo que su preservación es muy importante”.

La preservación digital y el cambio climático es un tema en el que la investigadora ha estado trabajando en los últimos años. En 2020 coordinó el libro Estado de la preservación digital en los archivos sonoros y audiovisuales de Iberoamérica, en el que colaboraron especialistas de Latinoamérica y de España; la edición del libro estuvo a cargo de la Universidad Andina Simón Bolívar, de Ecuador.

En noviembre de 2021, junto con la Universidad Andina, organizó el IV Congreso Internacional de Archivos Digitales. Cambio Climático y Preservación Digital Sonora y Audiovisual, que tuvo lugar en Quito, Ecuador.

Los documentos analógicos en soportes físicos son característicos del siglo pasado

“Durante el siglo XX, gran parte de la historia del mundo fue registrada en diversos soportes analógicos. En el caso del audio, tenemos desde los cilindros de cera hasta los discos de vinilo, las cintas de carrete abierto, los audiocasetes. En el caso del video, buena parte de los documentos audiovisuales están en videocasetes en los formatos Betamax, VHS o Betacam”.

Para garantizar la permanencia del contenido en estos materiales se deben transferir a formatos digitales, porque su vida útil va terminando, señala la investigadora.

“Si no están en condiciones adecuadas de temperatura y humedad, con el paso del tiempo se van a deteriorar debido a un fenómeno que se conoce como degralescencia, que es la degradación sistemática de estos materiales o soportes analógicos. Para evitar la degralescencia, estos materiales deben estar a una temperatura aproximada de 18 °C y con 40 por ciento de humedad relativa”.

Obsolescencia tecnológica

Al mismo tiempo que ocurre la degradación de los materiales, se presenta la obsolescencia tecnológica de los dispositivos en los que se reproducen, es decir, los cilindros, los casetes y los discos de vinilo son soportes obsoletos porque la tecnología ha avanzado muy rápidamente y los dispositivos para reproducirlos también son obsoletos y ya no se fabrican.

Los documentos del siglo pasado que aún se pueden reproducir en soportes analógicos se tienen que digitalizar y transferir a plataformas y formatos digitales.

“Sin embargo, en este siglo, que se caracteriza por la creación de documentos de origen digital, tenemos un problema añadido porque no hemos terminado de digitalizar todos los documentos analógicos, de los cuales se ha perdido una gran cantidad, en parte porque el reconocimiento de este patrimonio fue tardío. Desde finales del siglo pasado, en México empezamos a reconocer la importancia de estos materiales, pero su digitalización aún no se concluye”.

Documentos de origen digital, en mayor riesgo que los documentos analógicos

Frente a este panorama, los investigadores ahora tienen otro importante desafío, que es la preservación de los documentos de origen digital, “que no son tangibles, que no podemos ver porque están en diferentes sistemas de almacenamiento digital, como discos duros, cintas LTO o servidores”.

En este siglo, que se caracteriza por una gran producción de contenidos de origen digital, el riesgo de pérdida es mayor que en los soportes analógicos.

“En este momento tenemos una tarea compleja porque el volumen de datos que debemos preservar es muy alto; de acuerdo con algunas investigaciones recientes, sólo se preserva 2 por ciento de todos los datos que se producen a nivel mundial”.

Patrimonio sonoro y audiovisual

“Cuando hablamos del patrimonio sonoro y audiovisual me refiero a dos formas de herencia documental. El patrimonio sonoro está registrado en sonidos. Un ejemplo concreto son las producciones radiofónicas, la música, todos los registros orales de la investigación científica, que en la UNAM tenemos bastantes y que son muy importantes”, explica la investigadora.

Lo audiovisual se refiere a la producción fílmica, a las producciones de televisión, las producciones videográficas, las grabaciones audiovisuales producto de la investigación científica, inclusive el videoarte.

“Estas son las dos grandes familias documentales que habían estado olvidadas durante mucho tiempo, pero que también son fundamentales para entender el presente y el devenir de las sociedades, porque allí están grabadas las voces de nuestros creadores, de nuestros intelectuales, de nuestros políticos, los hechos que han conmovido a la sociedad, los hechos históricos de los que somos resultado”.

Colecciones universitarias

La Universidad Nacional preserva colecciones muy valiosas. Por ejemplo, Voz Viva de México es una de las colecciones más importantes que tiene para su salvaguarda. Pero también están las colecciones de Radio UNAM, de la Filmoteca de la UNAM y las producciones de TV UNAM.

“La UNAM es heredera o creadora, pero también preserva y salvaguarda para el futuro colecciones sonoras y audiovisuales que son esenciales para la historia del país”, dice Perla Rodríguez. “He mencionado sólo algunas, pero también están las producciones científicas que en institutos, centros y facultades documentan los investigadores en entrevistas y en su trabajo científico de campo”.

“Es importante mencionar que en este momento se están generando muchos documentos de origen digital. La denominación ‘de origen digital’ se refiere a los documentos que generamos en nuestras computadoras, con tecnología digital y que se resguardan, por ejemplo, en archivos digitales en formatos .wav y .MXF para video, y .wav para audio, para su preservación a largo plazo”.

Hay la falsa creencia de que un documento, al publicarse, por ejemplo, en la web, o al estar en un disco duro o en un servidor, está conservado, pero se preserva solo si cuenta con las condiciones idóneas y los lineamientos destinados a garantizar la salvaguarda de estos materiales a largo plazo. De otra manera se pierde.

“Tener en nuestra computadora algunos documentos no garantiza que se salvaguarden porque la computadora se deteriora y todo se pierde o se queda obsoleta”.

Esa es la confusión por la que se cree que, por tener los materiales en una computadora, en un disco duro o en una memoria USB, están conservados, pero no es así.

“Cuando hablamos de preservación digital desde la investigación científica nos referimos a técnicas, tecnología, métodos de documentación y, por supuesto, a entender que estos materiales se tienen que salvaguardar en lo que nosotros denominamos archivos digitales, que son sistemas sociales, porque ahí se preserva una parte de la herencia documental, y tecnológicos, formados por hardware y software, que se actualizan periódicamente”.

“Si no se entiende que la preservación digital es un cambio continuo, entonces corremos el riesgo de perder grandes cantidades de contenidos que son muy importantes”.

Contaminación ambiental y preservación de documentos audiovisuales

La producción de archivos digitales afecta al cambio climático, y al mismo tiempo el cambio climático afecta a estos archivos. “Es una relación, digamos, dual. Yo mencionaría cuatro elementos de esta relación”, señala la académica.

“Dependemos de tecnología para la fabricación de hardware y software, que son esenciales en la preservación digital. Los combustibles fósiles, como petróleo, carbón y gas natural, y las tierras raras son necesarios para la fabricación de la tecnología empleada en los archivos digitales”.

Segundo elemento: se consume energía eléctrica durante todo el ciclo de la preservación digital de los documentos. Desde el momento en que se acopia un documento de origen digital, durante la preservación se le añaden los metadatos, se gestiona y se da acceso, y durante todo ese lapso utilizamos energía.

“Se utiliza energía desde el momento en que se extraen las tierras raras para la fabricación de la tecnología, durante su transporte y durante su fabricación; es un ciclo interminable de uso de energía”, dice Olivia Rodríguez.

El tercer factor es el empleo de enormes cantidades de agua, necesaria para los sistemas de enfriamiento en el almacenamiento digital. “Preservar grandes cantidades de contenidos digitales implica también enfriar los servidores”.

Investigaciones recientes, sobre todo en Europa, buscan que hacia el año 2040 disminuya el consumo de agua. “Por eso la instalación de centros de datos es tan polémica, por el daño al medio ambiente”.

La cuarta variable es la generación de basura tecnológica. Cuando esta tecnología deja de ser útil se convierte en basura, que es desechada sobre todo en países pobres, lo que daña al medio ambiente y a la salud de las personas. “De esta manera, la preservación digital afecta al medio ambiente”.

A su vez, el cambio climático influye en la preservación digital porque estos archivos digitales se ven afectados por fenómenos meteorológicos, como el calentamiento global, el aumento en el nivel del mar, las inundaciones y las sequías, que presionan la necesidad de preservación de este patrimonio digital.

El CD, el soporte más frágil en la historia de la grabación sonora y audiovisual

“Desde principios de este siglo se nos advirtió que en la preservación digital no podíamos confiar en los CD ni en los DVD porque son los soportes más frágiles en la historia de la grabación sonora y audiovisual”, dice Perla Rodríguez. “Dependiendo de la marca y del tipo de material con el que se hayan producido, pueden durar entre 10 y 20 años”.

Contrario a lo esperado con la fiebre de los años 90 del siglo pasado acerca de que íbamos a tener un soporte digital eterno, ahora las computadoras ya ni siquiera traen un reproductor de CD. “Ese es un problema de obsolescencia porque ya no hay reproductores de CD. Esto expresa con claridad cómo un formato, un soporte que fue uno de los primeros soportes digitales, quedó en desuso”.

Contrario a lo esperado, los vinilos en buenas condiciones físicas y químicas, guardados en bóvedas correctamente climatizadas, pueden durar hasta cien años. Si un LP está correctamente ubicado y en condiciones adecuadas de temperatura, es probable que no sufra el deterioro que sí pueden tener los CD.

“Pero si una persona tiene el equipo para reproducir un CD o un DVD, podría seguir disfrutando de estos contenidos, mientras no se deterioren”, finaliza Perla Rodríguez Reséndiz

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UNAM-España reflexiona en encuentro literario sobre la migración

El Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España celebró a finales de abril una edición más de Con Acento. Encuentro de creadores hispanoamericanos, con el foco en la migración, un ámbito de gran interés para la UNAM. Esta iniciativa, que anualmente se organiza junto con la Fundación Casa de México en España y el centro cultural madrileño Contemporánea Condeduque, estuvo conformada por seis mesas de diálogo en las que intervinieron escritoras y escritores de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, España, México, Perú, República de Corea y Uruguay.

Durante tres jornadas, las y los escritores dialogaron sobre las formas en que la movilidad humana moldea desde hace siglos nuestro mundo, ese territorio esférico en perpetuo movimiento que a veces acoge y a veces expulsa. El encuentro tuvo como objetivo principal reflexionar sobre la manera en que la literatura y las lenguas son herramientas para entender la migración, analizarla, contrastarla, explicarla o transitarla, a la vez que se enriquecen y transforman ante ese complejo movimiento.

Los escritores Daniel Chacón, Santiago Vaquera-Vásquez y Miguel Albero, moderados por Josebe Martínez, académica de la Universidad del País Vasco, fueron los encargados de abordar un tema urgente en el ecosistema literario de Estados Unidos y hablaron sobre lo que significa la escritura en un entorno en el que se han endurecido las políticas migratorias y en donde se ha visto un refuerzo operativo de agencias como el ICE, así como la estigmatización de la lengua española. Esto ha puesto el reflector en dicho país como un espacio geopolítico de alta tensión, pero también como un escenario ético y narrativo ineludible.

El encuentro también contempló una reflexión conjunta sobre lo que pasa en el ámbito editorial. David Andrés Cabañas (Editorial Siglo XXI-España), Guillermo Quijas (Editorial Almadía, México) y Andrea Stefanoni (Librería La Mistral) dialogaron sobre la forma en que los catálogos cruzan los océanos en la actualidad. Además, reflexionaron sobre cómo la internacionalización del mercado literario está respondiendo a este movimiento y si existe un posicionamiento cultural que apueste por la circulación de ideas frente al repliegue identitario. También conversaron sobre el papel que desempeñan los libreros y las librerías en la construcción de puentes, catálogos y comunidades. Asimismo, compartieron ideas sobre la manera en que la edición se ha convertido en una forma de migrar y redefinir el mapa literario del idioma español, a través del movimiento continuo de los textos y de los autores.

Formó parte del encuentro una mesa de diálogo conformada por algunos de los migrantes latinoamericanos cuyos trabajos narrativos han sido reconocidos por el Premio de Relato Migrante UNAM-España/Centroamérica Cuenta, en el que han participado cerca de 700 personas originarias de 20 países latinoamericanos, residentes en 16 comunidades autónomas de España, con un rango de edad que oscila entre los 16 y los 80 años. En esta conversación, moderada por el escritor y periodista peruano Renato Cisneros, participó el colombiano Yeisson Vargas Rendón —ganador de la edición 2025-2026—, cuyo relato “Arquitectura condicional” acaba de ser publicado en la Revista de la Universidad de México, junto con las finalistas de la primera y tercera edición del premio, Rocío Saucedo (México) y Elena Mesa (Colombia), cuyos relatos ha publicado la revista Punto de Partida de la UNAM.

Otra de las grandes cuestiones planteadas en Con Acento tuvo que ver con lo que significa escribir en español en entornos en los que el hecho migratorio implica exponerse a una jerarquía de acentos, tonalidades de piel y pasaportes. En la mesa intervinieron Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero y Claudia Apablaza, escritoras latinoamericanas residentes en España, quienes también reflexionaron sobre lo que significa escribir en un idioma atravesado por desigualdades históricas y formas sutiles de racismo, y sobre cómo la escritura puede servir como un gesto crítico contra las exclusiones.

Los escritores Munir Hachemi, Fernanda Trías y Valeria Mata conversaron con Jesús Cano, académico de la Universidad Complutense de Madrid, sobre cómo la escritura pone de manifiesto y retrata los cambios de paisaje en los movimientos migratorios. Respondieron a cuestiones como: “¿Es posible perder montañas, mares, edificios y calles conocidas y, al mismo tiempo, aprender a habitar nuevos horizontes? ¿Qué ocurre con la verticalidad y la horizontalidad de lo que nos rodea, con la forma en que una topografía nos orienta o nos desorienta? ¿Y cómo suena una ciudad?”. Los escritores hablaron sobre la orientación y el conocimiento y reconocimiento de los nuevos paisajes a través de los sentidos.

El encuentro tuvo como colofón una mesa en torno al desarraigo y la sensación de no estar del todo “en casa”, experiencias que suelen ser comunes en el mundo actual. Sobre estos temas dialogaron Bora Chung y Mónica Ojeda, dos escritoras que proceden de tradiciones literarias distintas, como la asiática y la latinoamericana. Moderadas por Esther Torres-Simón, reflexionaron sobre la manera en que las escritoras recurren a lo fantástico y a la transformación del cuerpo y del espacio para hablar de estas vivencias.

El cartel de la quinta edición del encuentro fue diseñado por Frida Pichardo, egresada de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y participante en un programa de impulso a la titulación por actividades en el extranjero, en el área de Diseño de UNAM-España.

Las mesas del encuentro pueden verse en el siguiente link:

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Leer a Clarice Lispector es entrar al mar sin salvavidas

Pocas escritoras transformaron la literatura del siglo XX con la intensidad de Clarice Lispector. Nacida en Ucrania en 1920 y criada en Brasil desde niña, Lispector revolucionó la narrativa en lengua portuguesa con una escritura introspectiva, filosófica y profundamente sensorial. Más que contar historias, exploró los territorios más inasibles de la conciencia: el deseo, el miedo, la soledad, el cuerpo, el silencio y aquello que ocurre en la mente unos segundos antes de que algo sea comprendido.

Su obra influyó decisivamente en generaciones de escritores y críticos la han comparado con figuras como Virginia Woolf o Franz Kafka, aunque su voz terminó siendo absolutamente singular. Leer a Lispector implica entrar en una literatura que no busca tranquilizar al lector, sino confrontarlo con su propia interioridad.

El volumen dedicado a la autora en la colección Material de Lectura de la UNAM pertenece justamente a esa clase de libros que no sólo se leen: se experimentan. Uno abre sus páginas creyendo que encontrará cuentos breves y fragmentos poéticos, pero termina atravesado por una experiencia íntima, incómoda y profundamente luminosa.

Publicado por la Dirección de Literatura de la UNAM y con selección e introducción de Gloria Gervitz, este libro funciona como una puerta de entrada privilegiada a una de las voces más radicales de la literatura contemporánea. Desde las primeras líneas, Gervitz advierte que el centro de la escritura de Lispector no es la trama, sino “la manera de mirar”. Y en efecto: sus textos parecen menos interesados en contar algo que en capturar el instante exacto en que la conciencia tiembla frente al mundo.

Clarice Lispector, una de las voces más singulares de la literatura brasileña del siglo XX, retratada junto a su máquina de escribir. La autora de La pasión según G. H. y La hora de la estrella transformó la narrativa contemporánea con una escritura introspectiva, austera y profundamente existencial.

Leer a Lispector hoy produce una sensación extraña. Sus relatos fueron escritos hace décadas y, sin embargo, poseen la temperatura emocional de algo recién pensado. En “Tanta mansedumbre”, por ejemplo, una mujer mira la lluvia y descubre una alegría tan silenciosa que la desconcierta más que el dolor. Lo que en otro autor sería una epifanía sentimental, en Lispector se convierte en una investigación casi metafísica sobre la existencia. Nadie describe el desconcierto interior con semejante precisión.

El volumen también incluye uno de sus relatos más célebres, “Felicidad clandestina”. La historia de una niña que anhela desesperadamente un libro prestado podría parecer mínima; sin embargo, Lispector transforma esa espera en una meditación feroz sobre el deseo y la humillación. La felicidad, parece decirnos, nunca llega de manera limpia: siempre viene acompañada de ansiedad, demora y una secreta culpa.

Pero quizá el corazón más perturbador de esta edición sea “Seco estudio de caballos”, un texto inclasificable que oscila entre el ensayo, la confesión y la alucinación. Los caballos de Lispector no son animales: son símbolos de una libertad salvaje que el lenguaje apenas consigue rozar. Ahí está una de las claves de toda su literatura: escribir contra los límites de las palabras, intentar nombrar aquello que se escapa incluso mientras se pronuncia.

En tiempos dominados por narrativas veloces y explicaciones inmediatas, Lispector exige otra clase de lector: uno dispuesto a perderse. Sus frases cortas, tensas y casi hipnóticas obligan a leer despacio, como quien avanza en la niebla. No hay concesiones ni sentimentalismo fácil. Tampoco moralejas. Lo que hay es una intensidad rara, casi física, capaz de convertir el silencio, el mar o una mirada en experiencias absolutas.

La edición de Material de Lectura tiene además el mérito de reunir traducciones de figuras como Cristina Peri Rossi y Marcelo Cohen, quienes consiguen conservar en español la respiración quebrada y el magnetismo de la prosa original. El resultado es un libro breve pero inmenso, de esos que pueden leerse en una tarde y quedarse resonando durante años.

Clarice Lispector escribió alguna vez que “más allá de la oreja existe un sonido”. Toda su obra parece perseguir justamente eso: aquello que existe un poco más allá del lenguaje. Y quizá por eso sigue fascinando. Porque sus textos no buscan responder preguntas; buscan llevarnos al borde donde las preguntas comienzan.

El libro puede consultarse gratuitamente en el sitio de Material de Lectura de la UNAM:
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/clarice-lispector-90.pdf

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Déjà vu: qué dice la ciencia sobre la sensación de haber vivido algo antes

El fenómeno del Déjà vu es una de las ilusiones de la memoria más intrigantes y misteriosas. De hecho, es la sensación de que la experiencia que se vive actualmente, a pesar de ser novedosa, ya se había vivido antes.

“Cuando llegamos a un nuevo ambiente o vivimos una experiencia, se activan de forma automática los procesos de familiaridad, mediante los cuales el cerebro identifica si esa situación ya fue vivida con anterioridad”, explicó en entrevista para UNAM Global Selene Cansino, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Regularmente, este proceso de familiaridad coincide con la realidad objetiva, y en raras ocasiones sentimos que vivimos algo que ya se había vivido o visto, de ahí el término déjà vu. Sin embargo, no es posible recuperar el origen de esa experiencia.

Muy difícil de estudiar

El filósofo francés Émile Boirac fue de los primeros en usar el término déjà vu, que ha sido definido como una experiencia inapropiada de familiaridad ante una experiencia presente, que no puede vincularse realmente con nada del pasado.

Sin embargo, es importante mencionar que el Déjà vu es muy difícil de estudiar, puesto que no hay un estímulo que lo provoque o una conducta observable cuando ocurre.

“La única forma de investigarlo es a través de un reporte subjetivo de las personas, que depende, a su vez, de la sensibilidad que tienen para identificar el déjà vu y de sus conocimientos sobre su funcionamiento cognitivo”.

Ese escenario ha impedido saber realmente qué es y, por eso, aún se desconoce, añadió la académica universitaria. De hecho, a través de reportes subjetivos se sabe que ocurre en dos terceras partes de las personas estudiadas sobre el tema, es decir, en el 66 por ciento.

También se sabe que dura menos de cinco segundos y que ocurre más de una vez en la vida. Sin embargo, con la edad disminuye, de tal forma que los adultos mayores ya no tienen déjà vu o lo presentan muy pocas veces.

Aunque esto se ha interpretado como que los adultos mayores son menos exigentes con su memoria y aceptan más esas pequeñas fallas. “Por eso, no se sabe si realmente disminuye”.

Cuatro definiciones

A través de los años, se han propuesto más de 40 explicaciones del déjà vu, porque, al igual que un dolor de cabeza, no puede tener una sola explicación.

Actualmente, hay investigadores que estudiaron todas las definiciones y las conjuntaron en cuatro explicaciones:

  1. Doble procesamiento: El déjà vu puede surgir cuando dos procesos mentales momentáneamente están fuera de sincronía, como la sensación de familiaridad y la recuperación de recuerdos, que normalmente ocurren juntos. Si se activa falsamente la familiaridad sin la recuperación, una experiencia nueva se percibe como conocida, aunque no exista un recuerdo real asociado.
  2. Desfase neurológico o eco perceptual: Otra hipótesis señala que la información que llega al cerebro por distintas vías sensoriales puede hacerlo con milisegundos de diferencia. Ese pequeño retraso genera una especie de “eco perceptual”, haciendo que el segundo estímulo sea interpretado como algo ya vivido.
  3. Memoria implícita inconsciente: También puede originarse por recuerdos almacenados de forma inconsciente, conocidos como memorias implícitas. Estas experiencias previas, provenientes de lecturas, imágenes, películas o vivencias cotidianas, pueden activarse sin que la persona sepa de dónde vienen, generando la sensación de familiaridad.
  4. Interrupción momentánea de la percepción: El cerebro monitorea continuamente el entorno, pero ese proceso puede interrumpirse brevemente por distracciones internas o externas. Cuando la percepción se reanuda casi de inmediato, el momento puede sentirse repetido, como si ya hubiera ocurrido antes.

En el cerebro

El déjà vu es una falla de la memoria episódica, la memoria que almacena los recuerdos personales. Las regiones involucradas se encuentran en el lóbulo temporal medial, ubicado en la cara interna del lóbulo temporal, casi en el centro del cerebro.

El hipocampo es el centro de la memoria episódica, por lo que el déjà vu podría originarse en esta región o en otras que sostienen la memoria episódica, como la amígdala y la corteza parahipocampal. Se ha propuesto que en esta última región ocurren descargas neuronales espontáneas que podrían generar la sensación de familiaridad desordenada.

La memoria no es perfecta; los recuerdos siempre tienen deficiencias. De hecho, no es posible recuperar un recuerdo en su totalidad y con todos los detalles.

Sin embargo, el déjà vu se siente como algo muy vívido, porque en realidad no es una memoria, sino un procesamiento de la experiencia actual.

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Tlacatecolotl, el hombre búho: entre la cosmovisión nahua y la figura colonial del mal

La figura del Tlacatecolotl ocupa un lugar complejo dentro de las tradiciones mesoamericanas y de los procesos culturales que se desarrollaron durante la época colonial. Lejos de tratarse de un personaje con un significado único o estable, representa un claro ejemplo de cómo las creencias indígenas fueron reinterpretadas, transformadas y resignificadas tras el encuentro entre las culturas originarias y la cosmovisión cristiana introducida por los evangelizadores españoles.

En este sentido, Tlacatecolotl no puede entenderse únicamente como un demonio en clave cristiana ni como una entidad puramente prehispánica, sino como el resultado de siglos de reinterpretación cultural y sincretismo religioso, señaló Ah Chimal Balam González Sánchez, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), durante el 2.º Coloquio Nacional de Demonología Clásica y Angeología Judeocristiana.

Un ser difícil de definir

La investigación de González Sánchez sobre Tlacatecolotl, bajo la supervisión del maestro Alberto Juárez Carbajal del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM, surgió del interés por identificar dentro de la tradición mesoamericana una figura comparable con el “hombre polilla”, una leyenda urbana contemporánea de origen estadounidense.

A diferencia de otras entidades más claramente delimitadas del imaginario mesoamericano, Tlacatecolotl se caracteriza por su ambigüedad. Aunque suele describirse como un ser de baja estatura, con apariencia humana y rasgos de búho —grandes ojos y una mirada penetrante— asociado con la noche y el inframundo, estas características no constituyen una definición fija ni universal.

Su significado varía según las fuentes, ya que aparece tanto en la tradición oral indígena como en los textos novohispanos, donde adquiere matices distintos. Desde sus primeras referencias, por tanto, Tlacatecolotl carece de una interpretación única.

El propio nombre ofrece pistas sobre su carga simbólica: proviene del náhuatl tlacatl (hombre) y tecolotl (búho), es decir, “hombre búho”. En diversas culturas mesoamericanas, el búho se vinculaba con la noche, la muerte, los malos presagios y el mundo espiritual. Sin embargo, estas asociaciones no implicaban necesariamente una concepción moral equivalente a la del mal cristiano, sino una relación compleja con fuerzas del orden sobrenatural.

La reinterpretación colonial

A partir del siglo XVI, con la llegada de los evangelizadores españoles, el término fue objeto de un profundo proceso de reinterpretación. Los frailes intentaron traducir las creencias indígenas dentro de sus propias categorías religiosas y culturales.

“En ese proceso, Tlacatecolotl fue asociado con el diablo, el demonio o un hechicero. Sin embargo, ninguna de estas equivalencias logró captarlo por completo. Lo único constante en las distintas interpretaciones fue su vínculo con fuerzas peligrosas o sobrenaturales”, explicó Ah Chimal Balam.

Este proceso revela un punto clave: Tlacatecolotl no posee un significado fijo, sino que ha sido constantemente reconfigurado según los marcos culturales, religiosos e ideológicos desde los que se le ha interpretado.

Sus distintas interpretaciones

Durante el periodo novohispano pueden identificarse, de manera general, tres grandes formas de interpretación.

La primera lo asocia directamente con el diablo cristiano. Esta lectura surge de la necesidad de encajar las creencias indígenas dentro del sistema doctrinal europeo. Para muchos evangelizadores, cualquier entidad vinculada con la noche, el inframundo o prácticas rituales debía corresponder necesariamente a Satanás.

Fray Andrés de Olmos, por ejemplo, describió al Tlacatecolotl como un “mal ángel”, “demonio” o “Satán”, vinculándolo incluso con la figura de Lucifer y su caída por soberbia. En esta interpretación, la figura pierde su ambigüedad original y se convierte en una representación del mal absoluto.

La segunda interpretación, propuesta por Fray Bernardino de Sahagún, lo relaciona con la figura del hechicero o brujo. Aquí, Tlacatecolotl no es una entidad demoníaca en sentido estricto, sino un individuo que accede a conocimientos rituales capaces de causar daño, enfermedad o muerte. En este caso, el énfasis recae en la práctica ritual más que en una esencia maligna absoluta.

“Esta visión conserva elementos de las creencias indígenas sobre el manejo de fuerzas espirituales. Aunque sigue siendo una figura peligrosa, no queda completamente absorbida por la noción cristiana del diablo”, señaló González Sánchez.

La tercera interpretación funciona como un punto intermedio. Algunos religiosos reconocían que no existía una equivalencia exacta entre los conceptos indígenas y el demonio cristiano, pero aun así insistían en establecer una relación simbólica. Fray Juan de Luján, por ejemplo, afirmaba que Lucifer se ocultaba bajo la forma del búho, lo que explicaría el nombre de Tlacatecolotl entre los indígenas.

Persistencia y resignificación

A pesar de estas interpretaciones coloniales, la figura no desapareció. De acuerdo con investigaciones etnográficas contemporáneas, Tlacatecolotl se mantuvo vivo mediante procesos de sincretismo y transformación simbólica.

En la actualidad, en algunas comunidades nahuas, conserva un carácter dual. Puede ser entendido tanto como una entidad peligrosa capaz de causar enfermedades o desgracias, como una fuerza protectora que otorga beneficios, cura y mantiene el equilibrio comunitario. Esta dualidad contrasta con la visión cristiana del mal absoluto.

“En celebraciones como el carnaval de Chicontepec, el Tlacatecolotl ocupa un lugar central. No solo se le teme, también se le respeta, se le ofrecen ofrendas y se le reconoce como parte del equilibrio espiritual de la comunidad”, explicó Ah Chimal Balam.

Su permanencia demuestra que las creencias indígenas no desaparecieron, sino que se transformaron, adaptándose a nuevos contextos sin perder completamente su sentido original. En esa tensión entre traducción, imposición y resistencia cultural, el Tlacatecolotl sigue siendo una figura en movimiento, imposible de fijar en una sola definición.

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La ciencia de la compasión: proceso psicológico, social y neurobiológico

La compasión es un fenómeno complejo estudiado por la psicología y las neurociencias debido a su papel en las relaciones humanas y en la respuesta frente al sufrimiento ajeno. Comprender cómo surge, cómo se desarrolla y cómo influye en la conducta permite explicar mejor, los procesos como la empatía, la cognición social y las conductas de ayuda.

¿Qué es la compasión?

Desde el punto de vista psicológico, la compasión forma parte de las llamadas emociones complejas o emociones morales, explicó la Dra. Maura Jazmín Ramírez Flores, profesora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, durante la conferencia ¿Cómo reacciona nuestro cerebro cuando somos?, perteneciente al 10° Ciclo de conferencias de UNAMirada desde la Psicología.

Estas emociones no solo implican una reacción inmediata, sino también procesos cognitivos, reflexivos y sociales que permiten interpretar situaciones y responder de manera consciente. A diferencia de las emociones básicas, como el miedo o la alegría, las emociones complejas requieren razonamiento, interpretación del contexto y valoración moral de lo que ocurre.

En este sentido, la compasión se relaciona estrechamente con la cognición social, es decir, con la capacidad de comprender a otras personas, interpretar sus estados emocionales y responder de manera adecuada en contextos de interacción humana.

Diferencia entre empatía y compasión

Es por eso, que suele existir confusión entre empatía y compasión, ya que en ocasiones se utilizan como sinónimos, aunque en realidad representan procesos distintos.

La empatía puede definirse como la capacidad de conectarse emocionalmente con los sentimientos de otra persona, sean estos positivos o negativos. Cuando una persona es empática, puede percibir el estado emocional del otro y resonar con él, aunque mantiene la diferenciación entre el “yo” y el “otro”. Es decir, reconoce que las emociones pertenecen a la otra persona y no a sí misma.

La empatía puede manifestarse en distintos niveles. Uno de ellos es el contagio emocional, una forma automática e inconsciente en la que una persona replica emociones ajenas sin comprender necesariamente su causa. Un ejemplo cotidiano ocurre cuando alguien entra a un grupo que está riendo y comienza a reír también sin saber por qué.

Otro nivel es la empatía emocional, en la que la persona no solo observa la emoción del otro, sino que la experimenta de forma compartida. Por ejemplo, alguien cercano que está triste puede generar tristeza en quien lo acompaña, incluso sin conocer completamente la causa.

El tercer nivel corresponde a la empatía cognitiva, en la que intervienen procesos de interpretación y razonamiento. Aquí, la persona comprende la situación del otro a partir de información contextual o experiencias previas, por ejemplo, al saber que alguien perdió a un ser querido.

Estos niveles permiten entender cómo la empatía constituye una base fundamental para la compasión, aunque no son equivalentes.

De la empatía a la compasión

A partir de estos niveles surge la compasión, que constituye un proceso más amplio. No solo implica comprender o compartir el sufrimiento de otra persona, sino también la intención y la acción de aliviarlo. Por ello, se considera una conducta prosocial que promueve la ayuda, la cooperación y el cuidado hacia los demás, dijo la maestra de la FP.

Cuando una persona actúa con compasión, no solo reconoce el dolor ajeno, sino que también siente preocupación genuina y busca intervenir para disminuirlo. Por ejemplo, ante una persona herida en la calle, la empatía puede generar tristeza o preocupación, pero la compasión impulsa a acercarse y brindar ayuda.

Además, la compasión requiere regulación emocional. Aunque implica compartir parcialmente el sufrimiento del otro, es necesario mantener ciertos límites para evitar una sobreimplicación emocional que genere desgaste psicológico. Cuando estos límites se pierden, puede aparecer la llamada fatiga por compasión, frecuente en profesionales de la salud o cuidadores.

Origen y desarrollo de la compasión

Existen distintas teorías sobre el origen de la compasión. Algunas proponen que es un afecto primario e innato en el ser humano. Otras la consideran un rasgo de personalidad con base biológica. Sin embargo, una de las perspectivas más aceptadas la entiende como una emoción compleja y moral que integra factores biológicos, cognitivos, sociales y culturales.

Desde esta perspectiva, Ramírez Flores comentó que la compasión no depende únicamente de lo innato, sino también del aprendizaje, la cultura, la educación, la religión y las experiencias de vida. En consecuencia, es una capacidad que puede desarrollarse y fortalecerse con el tiempo.

Su desarrollo comienza en los primeros años de vida. Desde aproximadamente los seis meses, los bebés pueden presentar contagio emocional y mímica facial. Posteriormente, se desarrollan habilidades como la diferenciación entre el yo y el otro, la empatía afectiva, el control inhibitorio y la comprensión de estados mentales ajenos.

Alrededor de los cuatro años se consolidan varios procesos cognitivos y emocionales que permiten formas más complejas de compasión.

Durante la adolescencia, la compasión se ve influida por la cercanía social. Los adolescentes tienden a mostrar mayor compasión hacia personas de su entorno cercano o con quienes se identifican, mientras que esta respuesta disminuye hacia individuos percibidos como lejanos.

En ese sentido, diversos estudios han demostrado que los adolescentes con mayores niveles de compasión tienen una mayor tendencia a defender a víctimas de acoso. Esta defensa no se basa en la agresión, sino en la protección y el cuidado. Sin embargo, también puede aparecer la llamada ira empática, en la que la persona comparte el sufrimiento de la víctima pero responde con agresión hacia el agresor.

Este fenómeno muestra que la compasión no depende solo de sentir lo que el otro siente, sino también de regular emociones, analizar el contexto y responder de forma consciente. Por ello, durante la adolescencia aún se están consolidando estos procesos.

En la adultez y la vejez, la compasión continúa transformándose. Factores como la autocrítica, la atención plena, la humanidad compartida y la regulación emocional influyen en la manera en que se expresa a lo largo del ciclo vital.

Características de una persona compasiva

Diversos investigadores han identificado habilidades y atributos asociados a la compasión. Entre las habilidades destacan la atención al sufrimiento, la imaginación, el razonamiento, la capacidad de compartir emociones y las conductas de ayuda.

Entre los atributos se incluyen la sensibilidad, la tolerancia, la ausencia de juicio y la preocupación por el bienestar de los demás.

“Además, la compasión tiene un carácter relacional, ya que implica una conexión con otros; es multidireccional, porque puede dirigirse a distintos individuos o grupos; y es contextual, ya que depende de las circunstancias específicas en las que surge”, agregó la Dra. Maura.

También puede dirigirse incluso hacia personas que generan rechazo o que han cometido errores graves. Sin embargo, en la práctica, suele ser más intensa cuando el sufrimiento es percibido como grave o inmerecido.

Las personas tienden a mostrar mayor compasión cuando consideran que el sufrimiento no ha sido provocado por la propia persona, como en el caso de enfermedades graves o injusticias. Asimismo, el contexto y la información disponible influyen en la forma en que se evalúa y responde al dolor ajeno.

¿Hacia dónde se dirige la compasión?

La compasión puede dirigirse hacia distintos tipos de sufrimiento: dolor físico, enfermedades, sufrimiento emocional, problemas familiares o insatisfacción vital.

También varía según la cercanía emocional. Generalmente, las personas muestran mayor compasión hacia familiares o amigos, mientras que esta disminuye hacia desconocidos. Sin embargo, algunas personas extienden esta respuesta incluso hacia animales u otros seres sintientes.

La compasión como proceso dinámico

Desde la psicología y las neurociencias contemporáneas, la compasión se entiende como un proceso dinámico que sigue una secuencia: percibir el sufrimiento, interpretarlo, evaluarlo, decidir actuar, intervenir y reflexionar sobre la acción realizada.

Este ciclo permite aprender de las experiencias compasivas y ajustar futuras conductas de ayuda.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando somos compasivos?

Desde la neurociencia, la empatía y la compasión involucran redes cerebrales amplias que permiten procesar emociones, interpretar el sufrimiento ajeno y regular la conducta.

En la empatía participan regiones como la amígdala, la ínsula, el cerebelo y áreas de la corteza prefrontal dorsolateral y ventromedial. Estas estructuras intervienen en el reconocimiento emocional, la regulación afectiva y la toma de decisiones.

La amígdala participa en el procesamiento emocional, especialmente ante estímulos relevantes. La corteza prefrontal interviene en el juicio y la regulación emocional. La ínsula integra señales corporales con la experiencia emocional, dando intensidad a lo que sentimos.

En la compasión se activan regiones específicas como la ínsula izquierda y el giro frontal inferior izquierdo, asociadas a respuestas prosociales. Además, el entrenamiento de la compasión se ha relacionado con la activación de áreas vinculadas al placer, la recompensa y la motivación de acercamiento, como la corteza orbitofrontal medial.

Esto sugiere que actuar de forma compasiva puede resultar emocionalmente gratificante. Sin embargo, también abre una cuestión relevante: si las conductas compasivas surgen únicamente del deseo de ayudar a otros o si también están influidas por mecanismos de recompensa y reconocimiento social.

Sobre la autocompasión

Al abordar la compasión, también es necesario hablar de la autocompasión. La Dra. Maura Jazmín Ramírez Flores la definió como la capacidad de aceptarse, cuidarse y tratarse con amabilidad frente a situaciones difíciles o dolorosas. En lugar de responder con una crítica excesiva, la autocompasión implica relacionarse con uno mismo desde la comprensión y el apoyo emocional.

Los principales modelos teóricos describen tres dimensiones fundamentales de la autocompasión. La primera es la bondad hacia uno mismo frente al juicio personal. Esto significa responder con comprensión ante errores, fracasos o momentos de sufrimiento, en vez de recurrir a la dureza o al desprecio hacia uno mismo.

La segunda dimensión corresponde a la humanidad compartida frente al aislamiento. Desde esta perspectiva, las dificultades, las imperfecciones y el sufrimiento forman parte de la experiencia humana universal. Las personas autocompasivas reconocen que no están solas en sus problemas y entienden que otras personas también atraviesan situaciones similares.

La tercera dimensión es la atención plena frente a la sobreidentificación emocional. La atención plena permite observar pensamientos y emociones dolorosas sin negarlos ni exagerarlos, evitando quedar completamente absorbidos por ellos.

Un cerebro autocompasivo

Las investigaciones neurocientíficas han demostrado que la autocompasión también produce cambios en la actividad cerebral. Se han identificado modificaciones en regiones relacionadas con la integración emocional y la autoidentificación, como el fascículo longitudinal superior. Asimismo, las personas con mayores dificultades para reconocerse positivamente suelen mostrar menor activación en estas áreas.

Sin embargo, no todas las personas desarrollan fácilmente la autocompasión. Existen diversas barreras psicológicas y culturales que dificultan este proceso. Algunas creen que tratarse con amabilidad podría disminuir sus estándares personales o afectar su rendimiento, asociando la autocompasión con conformismo o falta de exigencia.

Otras consideran que ser autocompasivos representa debilidad, egoísmo o irresponsabilidad. A esto se suman influencias familiares y culturales que promueven la autocrítica constante y desaprueban el autocuidado emocional. Como consecuencia, muchas personas desarrollan niveles elevados de exigencia hacia sí mismas y perciben la comprensión personal como algo inapropiado.

En este contexto, diversos estudios han mostrado que las mujeres suelen desarrollar autocompasión de manera más temprana que los hombres, particularmente durante la adolescencia.

A pesar de estas dificultades, se ha demostrado que la autocompasión puede entrenarse y fortalecerse. Este aprendizaje genera cambios funcionales en regiones cerebrales como la ínsula anterior y la corteza prefrontal dorsolateral, área relacionada con el razonamiento, el juicio y la regulación emocional.

La modificación de estas regiones durante los entrenamientos en autocompasión sugiere que el cerebro posee plasticidad y puede reorganizarse mediante experiencias asociadas al autocuidado, la regulación emocional y las relaciones positivas con uno mismo.

Comprender el dolor ajeno y querer ayudar

La compasión es una emoción compleja y multidimensional que involucra componentes emocionales, cognitivos, morales y sociales. Aunque se relaciona estrechamente con la empatía, se diferencia de ella porque incorpora la intención activa de aliviar el sufrimiento ajeno.

La compasión no solo depende de factores biológicos, sino también del aprendizaje, las experiencias y el contexto cultural. Además, se desarrolla progresivamente desde la infancia y cambia a lo largo de la vida. Comprender este fenómeno resulta fundamental para fortalecer las relaciones humanas, promover conductas prosociales y favorecer una convivencia basada en el cuidado y el bienestar colectivo.

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Dormir en el espacio: cuando la noche deja de existir

El sueño es una función biológica esencial para la vida humana, ya que permite la recuperación física y mental del organismo. En la Tierra, este proceso está estrechamente ligado a los ciclos naturales de luz y oscuridad provocados por la rotación del planeta. Sin embargo, cuando el ser humano viaja al espacio, estas condiciones cambian drásticamente, convirtiendo el descanso en uno de los mayores desafíos para los astronautas.

Entendiendo cómo el reloj biológico regula nuestro descanso

El sueño humano está regulado por el ritmo circadiano, un ciclo de aproximadamente 24 horas determinado por la alternancia entre el día y la noche. Este mecanismo organiza nuestras actividades: durante el día el organismo permanece activo, mientras que por la noche entra en reposo.

Este ciclo, como explica el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, investigador de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, depende principalmente de la luz. A través de la retina, la información luminosa llega al núcleo supraquiasmático del cerebro, que actúa como reloj biológico. Este, a su vez, controla la glándula pineal, encargada de liberar melatonina cuando disminuye la luz, señalando que es momento de dormir.

A lo largo del día, el cuerpo presenta variaciones fisiológicas importantes: por la tarde alcanza su mayor rendimiento físico y mental, mientras que por la noche disminuyen la temperatura corporal, la presión arterial y la actividad cardíaca, facilitando el descanso. Durante el sueño, el organismo atraviesa ciclos de aproximadamente 90 minutos que incluyen fases de sueño ligero, profundo y MOR, fundamentales para la recuperación integral.

¿Qué ocurre con el sueño en los astronautas?

Este equilibrio, adaptado a las condiciones terrestres, se altera en el espacio. En estaciones espaciales como la Estación Espacial Internacional, la órbita alrededor de la Tierra provoca hasta 16 amaneceres y atardeceres al día, lo que desajusta el ritmo circadiano, ya que el organismo no está preparado para cambios tan rápidos en la exposición a la luz, comentó Ayala Guerrero.

Como consecuencia, el sueño de los astronautas suele reducirse tanto en cantidad como en calidad. En promedio, duermen alrededor de seis horas y su descanso tiende a ser más ligero y menos reparador. Esto puede provocar insomnio, fatiga, dificultades de concentración y estrés.

Para mitigar estos efectos, se han desarrollado sistemas de iluminación artificial que simulan los ciclos terrestres; sin embargo, no logran restablecer por completo el equilibrio biológico.

Además, la forma de dormir también cambia: los astronautas deben sujetarse o utilizar bolsas fijadas a las paredes para evitar flotar libremente dentro de la nave, lo que evidencia cómo la microgravedad modifica incluso actividades básicas de la vida cotidiana.

Otras afectaciones que considerar

La vida en el espacio no solo impacta el sueño, sino que transforma múltiples funciones del organismo. La microgravedad provoca pérdida de masa muscular y debilitamiento óseo, altera los sentidos y dificulta la orientación espacial debido a la ausencia de referencias como arriba y abajo.

Asimismo, modifica el sistema circulatorio por la redistribución de líquidos, afecta el sistema digestivo y altera la regulación hormonal.

“Un ejemplo es el cortisol, hormona que normalmente se libera durante el día para proporcionar energía. Cuando su liberación se desajusta, por ejemplo durante la noche, puede provocar insomnio, ansiedad e inquietud”, explicó el investigador de la FP.

A nivel general, aumenta la susceptibilidad a enfermedades, se debilita el sistema inmunológico y se afectan funciones cognitivas como la memoria, el aprendizaje y la capacidad de reacción. En casos extremos, incluso pueden presentarse alucinaciones.

El estado emocional también se ve comprometido: la irritabilidad, la ansiedad y el estrés se vuelven más frecuentes. Estas condiciones pueden intensificarse debido al confinamiento, el aislamiento y la convivencia en espacios reducidos durante largos periodos.

El desafío de la alimentación

A estas dificultades se suma la alimentación. En condiciones de microgravedad, los alimentos deben empaquetarse cuidadosamente para evitar que floten dentro de la nave. En los primeros viajes espaciales, los astronautas consumían productos en tubos o paquetes compactos.

“Actualmente, la dieta se ha diversificado e incluye sopas, carnes, frutos secos, galletas y bebidas especiales. Sin embargo, persisten restricciones importantes: las bebidas gaseosas no pueden consumirse, ya que las burbujas se dispersan y generan molestias en el organismo”, explicó el Dr. Fructuoso.

Por otro lado, ante futuras misiones prolongadas, se ha propuesto incluso el consumo de insectos como una alternativa rica en proteínas y más sostenible.

Higiene y actividades cotidianas

En ausencia de gravedad, las actividades cotidianas se convierten en verdaderos desafíos. Acciones simples como orinar o lavarse los dientes requieren técnicas específicas para evitar que líquidos y residuos floten dentro de la nave.

El manejo del agua es especialmente crítico: al ser un recurso limitado, se recicla constantemente, incluso a partir de la orina y otros desechos. Asimismo, la higiene debe realizarse con extremo cuidado para no contaminar el ambiente cerrado en el que conviven los astronautas.

Entonces, ¿es posible la adaptación a otros planetas?

Con todo este contexto, Ayala Guerrero destacó que la colonización de otros planetas por parte de los seres humanos representa un desafío considerable. Aunque el cuerpo posee cierta capacidad de adaptación, las condiciones extremas, como la microgravedad, la radiación, los ciclos de luz distintos y el aislamiento, exigen soluciones tecnológicas y biológicas altamente especializadas.

En este sentido, señaló que en futuras misiones, siendo Marte la posibilidad más cercana, será fundamental recrear entornos lo más similares posible a los de la Tierra. Esto implica establecer ciclos artificiales de luz y oscuridad, diseñar hábitats con gravedad simulada y desarrollar estrategias que protejan la salud física y mental de los astronautas.

Asimismo, será necesario profundizar en el estudio del sueño, la regulación hormonal y los ritmos biológicos, ya que estos factores serán determinantes para garantizar el rendimiento, la seguridad y la supervivencia en misiones de larga duración.

“Más que adaptarnos completamente al espacio, el desafío parece ser adaptar el espacio a las necesidades del cuerpo humano”, concluyó.

Dormir fuera de la Tierra: el reto invisible de la supervivencia espacial

El sueño, muchas veces subestimado en la vida cotidiana, se revela en el espacio como un pilar fundamental para la salud y el desempeño humano. En un entorno donde el cuerpo pierde sus referencias naturales, descansar deja de ser un acto automático y se convierte en un desafío científico.

Comprender y proteger el descanso será tan importante como la tecnología misma para garantizar el futuro de la exploración espacial.

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Trixis angustifolia: la planta mexicana que muestra potencial contra la diabetes y la tuberculosis

La diabetes mellitus y la tuberculosis continúan siendo dos de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial. La diabetes, una enfermedad crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre, afecta a cientos de millones de personas y su prevalencia sigue en aumento, especialmente en países como México. Por su parte, la tuberculosis, causada por Mycobacterium tuberculosis, se mantiene entre las principales enfermedades infecciosas responsables de mortalidad global, con millones de nuevos casos cada año.

Más allá de su impacto individual, ambas enfermedades presentan una relación clínica relevante: las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de desarrollar tuberculosis y de presentar cuadros más graves. Esta coexistencia complica el tratamiento, incrementa la posibilidad de interacciones farmacológicas y dificulta el control de ambas patologías.

Ante este panorama, la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas resulta fundamental. En este contexto, la medicina tradicional y las plantas medicinales han cobrado relevancia como fuentes de compuestos bioactivos que, bajo investigación científica rigurosa, podrían contribuir al desarrollo de tratamientos más eficaces y accesibles.

Trixis angustifolia, una especie bajo investigación

En este contexto se inserta el estudio titulado “Trixis angustifolia DC. as a potential plant for the co-management of diabetes mellitus and tuberculosis”, en el que participaron investigadores de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León de la UNAM, entre ellos Anuar Salazar Gómez y Fernando Uriel Rojas Rojas, junto con especialistas del Instituto Politécnico Nacional, como Gustavo Flores-Bernal, Omar Merino Pérez, Lucero Catalán-González, Julieta Luna-Herrera, Leticia Garduño-Siciliano y María Elena Vargas-Díaz.

El trabajo explora el potencial terapéutico de esta planta, utilizada desde hace tiempo en la medicina tradicional mexicana.

De acuerdo con el investigador Salazar Gómez, el interés por estudiar esta especie surge de su relevancia etnomedicinal. Diversas especies del género Trixis han sido utilizadas en América Latina para tratar enfermedades pulmonares, trastornos gastrointestinales, diabetes y reumatismo.

En particular, Trixis angustifolia ha sido reportada en México como remedio tradicional para fiebre asociada a infecciones, dolores de cabeza y otros malestares. Este uso extendido motivó su estudio científico con el objetivo de validar sus posibles efectos biológicos.

Además, investigaciones previas han señalado que esta planta presenta propiedades antimicrobianas y efecto hipoglucemiante, es decir, capacidad para reducir los niveles de glucosa en sangre. Estos hallazgos preliminares la posicionan como una candidata relevante para su estudio en el contexto de enfermedades coexistentes como la diabetes y la tuberculosis.

¿Qué resultados existen hasta ahora?

Actualmente, la investigación sobre Trixis angustifolia se encuentra en una etapa preclínica, lo que significa que los estudios se han realizado en laboratorio y en modelos experimentales, sin llegar aún a pruebas en humanos.

En esta fase, explicó el investigador de la ENES León, se han identificado diversos compuestos bioactivos en la planta, entre ellos flavonoides y trixanolidos. Posteriormente, se evaluaron sus efectos en distintos modelos experimentales.

En pruebas in vitro, el extracto mostró actividad inhibitoria frente a Mycobacterium tuberculosis, lo que sugiere un posible efecto antimicrobiano. Asimismo, en modelos animales con diabetes inducida, se observó una disminución significativa en los niveles de glucosa en sangre, lo que indica un posible efecto hipoglucemiante.

También se reportaron mejoras en el perfil lipídico, con reducción del colesterol LDL, VLDL y triglicéridos, así como un aumento del colesterol HDL. Estos resultados son relevantes, ya que las alteraciones en el metabolismo de los lípidos son frecuentes en personas con diabetes.

“En conjunto, los resultados sugieren que Trixis angustifolia posee propiedades que podrían ser útiles en el manejo integral de la diabetes y la tuberculosis. Sin embargo, estos hallazgos corresponden a etapas preclínicas, por lo que se requieren estudios clínicos en humanos para confirmar su eficacia y seguridad antes de considerar cualquier aplicación terapéutica”, señaló el Dr. Anuar.

Asimismo, enfatizó la necesidad de realizar estudios toxicológicos.

“El hecho de que una sustancia sea de origen natural no implica que sea inocua; las plantas contienen mezclas complejas de compuestos que pueden tener efectos adversos si no se utilizan adecuadamente”, advirtió el investigador de la ENES León.

Por ello, es indispensable determinar dosis seguras, evaluar posibles interacciones y comprender completamente sus mecanismos de acción.

¿Qué sigue?

En cuanto a las perspectivas futuras, los investigadores planean profundizar en el estudio de los compuestos activos de Trixis angustifolia. Entre los principales objetivos se encuentra separar los compuestos identificados para analizarlos de manera individual, así como esclarecer sus mecanismos de acción.

También se busca determinar cuáles son los responsables del efecto hipoglucemiante observado y si los trixanolidos participan directamente en este proceso. Estos estudios permitirán avanzar hacia etapas más avanzadas de investigación, con miras a posibles aplicaciones clínicas.

Preservar el conocimiento tradicional

El estudio de la medicina tradicional no solo tiene implicaciones científicas, sino también culturales. Reconocer el valor del conocimiento ancestral permite comprender mejor el origen de muchas prácticas terapéuticas y su potencial integración con la ciencia moderna.

En el caso de Trixis angustifolia, integrar saberes tradicionales con investigación contemporánea abre nuevas posibilidades para el desarrollo de tratamientos, al tiempo que se preserva el legado de las comunidades que han utilizado estas plantas durante generaciones.

No obstante, los investigadores advierten sobre los riesgos asociados al aumento en la demanda de especies medicinales, ya que esto puede derivar en su sobreexplotación y afectar los ecosistemas donde crecen. Por ello, resulta fundamental impulsar estrategias de aprovechamiento sostenible, como la propagación controlada, que permitan su estudio y eventual uso sin comprometer la biodiversidad.

Una prometedora aliada

En conjunto, los resultados obtenidos hasta ahora sugieren que Trixis angustifolia podría tener un papel relevante en el manejo simultáneo de la diabetes y la tuberculosis. Sin embargo, la evidencia pertenece aún a etapas preclínicas, por lo que su uso en humanos no está confirmado ni autorizado.

Antes de pensar en aplicaciones clínicas, es indispensable avanzar hacia estudios toxicológicos y ensayos en personas que permitan establecer su seguridad, eficacia y posibles interacciones con otros tratamientos. Como subrayan los investigadores, el origen natural de una planta no garantiza su inocuidad, por lo que su estudio debe realizarse con rigor científico.

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Encendido de la lámpara en enfermería: qué significa el «Paso de la Luz»

Este 12 de mayo, en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM, se llevó a cabo la ceremonia para conmemorar el Día Nacional de la Enfermería y la Entrega de Reconocimientos al Mérito en Enfermería 2026, un acto dedicado a reconocer la labor de quienes integran una profesión esencial para el cuidado de la vida y la salud de las personas.

La fecha tiene un doble significado. En México, el 12 de mayo está declarado como Día Nacional de la Enfermería y, al mismo tiempo, el país se suma a la conmemoración del Día Internacional de las Enfermeras y los Enfermeros, establecido en memoria del nacimiento de Florence Nightingale, figura central en la historia de la enfermería moderna.

Personal de enfermería participó en la ceremonia conmemorativa del Día Nacional de la Enfermería 2026, realizada en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM.

En el marco de esta conmemoración se llevó a cabo la ceremonia del Paso de la Luz, también conocida como encendido de la lámpara, un acto simbólico que forma parte de la tradición académica y profesional de la enfermería. En ella, la luz representa la transmisión del conocimiento, la ética del cuidado, la vocación de servicio y el compromiso humanista que sostienen el ejercicio de esta disciplina.

La ceremonia tiene como referencia histórica a Florence Nightingale, conocida como “la dama de la lámpara” por las rondas nocturnas que realizaba durante la Guerra de Crimea para atender y supervisar el cuidado de soldados enfermos y heridos. Aquella imagen —una mujer recorriendo los espacios hospitalarios con una lámpara en la mano— se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más reconocidos de la enfermería.

Nightingale no solo dejó una imagen emblemática. Su trabajo contribuyó a modificar las condiciones de atención sanitaria y a impulsar una formación profesional para las enfermeras. En 1860 se abrió la Nightingale Training School for Nurses, en el Hospital St Thomas de Londres, considerada un antecedente relevante en la profesionalización de la enfermería moderna.

Por ello, el encendido de la lámpara no debe entenderse únicamente como un gesto ceremonial. En escuelas, facultades y actos profesionales, este rito expresa una idea fundamental: el conocimiento se transmite de una generación a otra, pero también se acompaña de responsabilidad ética, sensibilidad humana y compromiso social.

La luz que pasa de una persona a otra alude al saber que permite cuidar con rigor; a la presencia constante de quienes acompañan a pacientes y familias; a la vigilancia clínica que sostiene la atención durante el día y la noche; y a la dimensión humana de una profesión que no se reduce a procedimientos técnicos, sino que implica cercanía, escucha y trato digno.

En el ámbito universitario, el Paso de la Luz adquiere además un sentido formativo. Quienes participan en esta ceremonia no solo reciben un símbolo histórico de la enfermería, sino también una encomienda: ejercer una profesión basada en la ciencia, la ética, la responsabilidad y el servicio a la sociedad.

La conmemoración del Día Nacional de la Enfermería permite reconocer el papel de quienes integran esta profesión en hospitales, clínicas, centros de salud, espacios educativos, programas comunitarios, campañas de prevención y situaciones de emergencia. Su labor es decisiva en un contexto marcado por retos sanitarios como el envejecimiento de la población, las enfermedades crónicas, la salud mental, la atención comunitaria y la necesidad de fortalecer los servicios de salud.

Así, el encendido de la lámpara enlaza pasado y presente. Remite a Florence Nightingale y a la historia de la enfermería moderna, pero también habla de las nuevas generaciones que se forman para responder a las necesidades de salud de la población con conocimiento, responsabilidad y vocación.

Más que una ceremonia, el Paso de la Luz recuerda que la enfermería es una profesión sustentada en el cuidado de la vida. Cada lámpara encendida simboliza la continuidad de una tarea colectiva: mantener viva la luz del conocimiento, la ética y el compromiso humano al servicio de las personas.

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Estudiante de la FAD-UNAM destaca en Harvard con cartel sobre raíces afromexicanas

Melissa Antonio Eugenio, estudiante de último semestre de Diseño y Comunicación Visual de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la Universidad Nacional Autónoma de México, participó como una de las siete invitadas en el concurso de carteles organizado por Images of Mexico, iniciativa liderada por destacadas mexicanas egresadas de la Universidad de Harvard, donde fue distinguida con una mención honorífica. En este logro, la Sede de la UNAM en Boston desempeñó un papel clave al capitalizar sus vínculos de colaboración con la comunidad académica y estudiantil de la Universidad de Harvard.

Melissa Antonio Eugenio, estudiante de la FAD-UNAM, durante la exhibición de la segunda edición de Images of Mexico en Harvard University, donde recibió una mención honorífica por su cartel Raíces afromexicanas. Foto: UNAM Boston.

De entre más de 100 propuestas enviadas por estudiantes de diversas universidades mexicanas, el cartel de Melissa fue seleccionado para formar parte de la exhibición de la segunda edición de Images of Mexico, celebrada en abril de 2026 en el Comité sobre Etnicidad, Migración y Derechos de Harvard University. Este reconocimiento le permitió presentar su trabajo en un entorno académico internacional, representando a la UNAM con el acompañamiento y apoyo institucional de la Sede UNAM Boston y de la Facultad de Artes y Diseño.

Cartel Raíces afromexicanas, de Melissa Antonio Eugenio, estudiante de Diseño y Comunicación Visual de la FAD-UNAM, distinguido con mención honorífica en la segunda edición de Images of Mexico, exhibida en Harvard University. La obra explora la herencia afromexicana mediante símbolos rituales, máscaras y elementos de identidad cultural. Foto: UNAM Boston.

Images of Mexico es una plataforma que busca visibilizar la diversidad, complejidad y riqueza de las identidades mexicanas a través del arte, fomentando el diálogo y la reflexión en espacios académicos globales.

En su testimonio, Melissa Antonio Eugenio compartió:

“Tuve la oportunidad de participar en la exhibición de la segunda edición de Images of Mexico, una experiencia que me permitió desarrollar nuevas perspectivas y sensibilidades sumamente valiosas. La posibilidad de colaborar, aprender y compartir en este espacio fue profundamente enriquecedora, ya que me permitió formar parte de la construcción y visibilización de nuevos imaginarios colectivos sobre nuestro país en un contexto académico internacional.

La gran afluencia de personas y el interés suscitado fueron conmovedores, lo que reafirma que esta plataforma constituye un medio para generar espacios de diálogo en los que se comparten historias, problemáticas y experiencias que requieren mayor visibilidad y discusión.

Mi trabajo, Raíces afromexicanas, se inscribe como un ejercicio de reconocimiento y reflexión sobre esta herencia, reivindicando la memoria, el arte y la danza ritual como expresiones vivas de resistencia y pertenencia.

Me llevo un encuentro académico profundamente significativo, así como valiosas relaciones, amistades y perspectivas que, sin duda, permanecerán presentes en mis prácticas futuras. Agradezco a Sitalin Sánchez y Michell Segura, cofundadoras de Images of Mexico, por brindarme la oportunidad de formar parte de este espacio, así como a UNAM Boston y a la Facultad de Artes y Diseño por su apoyo durante esta experiencia internacional”.

La participación de Melissa Antonio Eugenio subraya el talento y la proyección internacional del estudiantado de la UNAM, así como la importancia de iniciativas que promueven el arte como herramienta para el diálogo intercultural y la reflexión social.

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Hantavirus: un virus poco transmisible, pero con alta letalidad

El reciente brote de hantavirus en el crucero MV Hondius encendió la atención internacional por el contexto en que ocurrió: un barco en movimiento, con pasajeros de distintos países y la necesidad de activar protocolos sanitarios internacionales.

Aunque su nombre ha comenzado a circular con fuerza en medios de comunicación, el hantavirus no representa, en términos generales, un riesgo elevado para la salud pública, comentó el Dr. Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM y profesor de la Facultad de Medicina de la misma institución.

El especialista explicó que el hantavirus es una enfermedad zoonótica, es decir, que se transmite de animales a humanos, y está asociada principalmente a roedores como ratones y ratas, los cuales actúan como reservorios del virus.

El contagio ocurre cuando las personas entran en contacto con superficies o partículas contaminadas con orina, saliva o heces de los animales infectados con el virus, ya sea al inhalar polvo contaminado o al tocar objetos y llevarse posteriormente las manos a la boca, nariz u ojos.

¿Qué tan grave es?

Desde el punto de vista clínico, el hantavirus es una enfermedad seria. Su tasa de letalidad puede variar entre el 11% y el 40%, dependiendo del tipo de virus y del contexto en que se presente. Puede provocar un deterioro rápido de la función respiratoria, insuficiencia renal o fallas cardiovasculares, lo que hace indispensable una atención médica oportuna y un monitoreo constante de los pacientes.

A pesar de su potencial gravedad, Rodríguez Álvarez destacó que la principal característica epidemiológica del hantavirus es su baja capacidad de transmisión entre humanos. Esto lo distingue de otros virus respiratorios como la influenza o el COVID-19, que pueden propagarse rápidamente mediante aerosoles (que son diminutas partículas respiratorias emitidas al hablar, respirar o toser que quedan flotando en el aire interior por minutos u horas).

Incluso en los pocos casos documentados de transmisión entre personas —como con el hantavirus Andes en Sudamérica—, esta es poco eficiente y requiere contacto cercano y prolongado, lo que limita significativamente su propagación.

“Hasta el momento no hay tratamientos antivirales específicos ni vacunas contra esta enfermedad, en parte porque son pocos casos los que se presentan cada año, y además su baja capacidad de provocar grandes brotes o epidemias”, mencionó el vocero del PUIREE.

Tipos de hantavirus en el mundo

Existen dos grandes grupos de hantavirus a nivel global. En América, provocan el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una enfermedad grave que afecta pulmones, corazón y otros órganos vitales. En Europa y Asia, están asociados a la fiebre hemorrágica con síndrome renal, caracterizada por daño en vasos sanguíneos y riñones, con cuadros que en algunos casos pueden ser comparables al dengue grave. En ambos casos, la enfermedad puede evolucionar rápidamente y generar complicaciones graves si los pacientes no se atienden adecuadamente.

¿Quiénes son más propensos?

El riesgo de contagio se concentra en grupos específicos: personas que viven o trabajan en zonas rurales, en actividades agrícolas, en bodegas o en espacios cerrados donde puede haber infestación de roedores.

También se consideran en riesgo quienes realizan actividades de ecoturismo o exploración en ambientes naturales poco intervenidos, donde es posible entrar en contacto con polvo contaminado.

Factores ambientales como lluvias o cambios en la disponibilidad de alimento pueden favorecer el aumento de roedores y, con ello, incrementar la probabilidad de exposición.

El brote en un crucero internacional: qué ocurrió

En las últimas semanas, el hantavirus ha cobrado relevancia mediática a raíz de un brote detectado en el crucero MV Hondius, que partió de Argentina con destino a Europa. A bordo, un pasajero presentó síntomas compatibles con la enfermedad y posteriormente falleció; otros casos se desarrollaron entre tripulantes y pasajeros, lo que llevó a la evacuación de enfermos, la identificación de contactos y la activación de protocolos sanitarios internacionales.

El barco, con cerca de 150 personas, hizo escalas en distintos puntos del Atlántico, lo que complejizó el seguimiento epidemiológico al dispersar potenciales casos en varios países. Hasta el momento se han reportado tres fallecimientos, seis casos confirmados y dos sospechosos, aunque la cifra podría aumentar, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Este episodio, comentó el Dr. Mauricio, ha sido particularmente llamativo no por la naturaleza del virus, sino por el contexto en el que ocurrió: un entorno móvil que favorece el contacto cercano entre las personas, con interacción internacional y múltiples puntos de contacto.

A diferencia de los brotes tradicionales, generalmente confinados a zonas rurales, este caso obligó a la intervención coordinada de autoridades sanitarias de distintos países y a la participación de organismos internacionales. Lo más complejo fue la coordinación para que el barco llegara a las Islas Canarias, en España, y desde ahí se coordinara el desembarco de 131 personas y su traslado a cuando menos 20 países, manteniendo las precauciones para evitar contagios y detectar de manera oportuna posibles contagios.

Aun así, Rodríguez Álvarez expresó que este evento no debe interpretarse como el inicio de una emergencia sanitaria global. La baja transmisibilidad del virus limita su capacidad de generar epidemias. Sin embargo, resaltó que sí pone a prueba los sistemas de vigilancia epidemiológica, que deben ser capaces de detectar casos sospechosos, confirmarlos mediante pruebas de laboratorio, rastrear contactos y coordinar respuestas entre países.

No obstante, comentó que aunque existen protocolos y canales de comunicación internacional, algunos sistemas de salud operan con recursos limitados, lo cual podría afectar ante posibles incrementos súbitos de casos.

Recomendaciones a considerar

Aunque en México no se han reportado casos, la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Un análisis del grupo de investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí ha documentado la presencia de múltiples hantavirus en roedores silvestres en México, lo que sugiere una diversidad viral con potencial riesgo zoonótico en el país.

Por otro lado, actualmente instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), realiza estudios de vigilancia ecológica en roedores silvestres en regiones del centro de México, particularmente en la Faja Volcánica Transmexicana, así como en estados como Morelos y Guerrero para mejorar la comprensión de la circulación del virus en distintas regiones del país.

Con ese contexto, las recomendaciones incluyen:

  • Control de roedores en viviendas y espacios de trabajo.
  • Mantener la limpieza en bodegas y áreas de almacenamiento.
  • Ventilar espacios cerrados.
  • Evitar el contacto con polvo en lugares potencialmente contaminados.

De igual manera, si hay casos sospechosos en entornos médicos, se sugiere que el personal de salud haga uso de equipo de protección personal, incluyendo cubrebocas de alta eficiencia, guantes y batas, para reducir el riesgo de exposición.

Sin alarma, pero con vigilancia constante

En un contexto marcado por la experiencia reciente de la pandemia de COVID-19, la comunicación del riesgo es clave. Si bien el hantavirus puede ser letal, su comportamiento epidemiológico indica que se trata de un problema controlable y de bajo riesgo poblacional, siempre que se mantengan las medidas de vigilancia, prevención y respuesta oportuna.

Más que una amenaza global, representa un recordatorio de la importancia de la interacción entre salud humana, medio ambiente y fauna, así como de la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta epidemiológica para hacer frente a enfermedades poco frecuentes.

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Alumno de FES Cuautitlán crea soluciones tecnológicas para problemas cotidianos

¿Te has preguntado por qué nos gusta resolver problemas? Estudios bioquímicos sobre receptores publicados en National Library of Medicine aseguran que nuestro cerebro está programado para buscar patrones y superar desafíos, liberando dopamina, un neurotransmisor de recompensa, cuando encontramos una solución.

Darian Alberto Camacho Salas, alumno del cuarto semestre de la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones, Sistemas y Electrónica (ITSE) es muestra de ello, pues cree que la mitad de cualquier problema está resuelta siempre y cuando éste pueda ser descrito por completo.

Bajo esa idea, el universitario creó XONIDU, una organización dedicada al desarrollo de código abierto y libre, con un enfoque firme en la automatización, la generación de soluciones y la optimización de procesos.

XONIDU, un proyecto de libre acceso en beneficio para todos

Su propuesta, Xonidu, nació el año pasado como una necesidad por democratizar el acceso a herramientas tecnológicas eficientes, ligeras y accesibles para comunidades, instituciones educativas, pequeños negocios y desarrolladores independientes. De acuerdo con Darian, las limitantes que puedan aparecer en su cotidianidad le han permitido desarrollar distintos recursos tecnológicos. 

Por ejemplo, recientemente realizó un Software Xonilab, un sistema de gestión de laboratorio  para donarlo a la Escuela Superior Atotonilco de Tula, perteneciente a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), el cual optimizará su forma de inventario y las prácticas de Bachillerato, agilizando los procesos de préstamo en este sitio. 

Otra de las propuestas del estudiante es la creación de Software Xonidip, un método de generación masiva de diplomas que también desea donar para dejar atrás el llenado manual de estos documentos. “Esta idea surge porque esta labor me parece monótona y pesada. Considero que la gente no tendría que trabajar tanto en actividades como éstas”, explicó.

Para lograr estas creaciones, Darian ha adquirido un gran diversidad de certificaciones en Python, estructura de datos, en Type Hints, programación, complejidad algorítmica, en SQL, HTML, Git, GitHub, GNU, Linux, Semantic Kernel +PHI, seguridad informática, criptografía y muchos más, todas bajo un proceso de autogestión. Estos estudios han posibilitado la generación de herramientas y recursos que pueden encontrarse en Xonidu

 xonitres.xonidu.com       https://github.com/XONIDU

  • -Xoniran: generador de números aleatorios por audio ambiental
  • -Xoniweb: análisis de malware en páginas web
  • -Xonichat: consulta de Gemini desde terminal
  • -Xoniencript: cifrado interno de archivos de texto
  • -Xoniconver: herramienta de conversión de formatos
  • -Facilitador de comando desde terminal

El universitario detalló que su mayor motivación es apoyar a quienes enfrentan problemáticas que pueden resolverse con ayuda de la tecnología, haciéndolas más sencillas. “En  Xonidu creemos en el poder del software como motor de cambio social y técnico. Por eso, todos nuestros proyectos están pensados para ser reutilizables, modificables y escalables, fomentando una cultura de colaboración y aprendizaje continuo”, afirmó. 

Su entusiasmo también le permitió participar en la jornada “Conversando con ex-alumnos, hablemos de Phishing y Spam”, una actividad enmarcada en la semana de Ciencia y Cultura, de la Escuela Superior de Atotonilco de Tula, donde  pudo resolver las dudas de quienes como él buscan incursionar en este ámbito.

Además, próximamente también será publicado su artículo sobre “Criptografía forense: impulsada por la inteligencia artificial”, en la revista digital “Innovación Científica y Tecnológica en la Ingeniería”, del Tecnológico de Estudios Superiores de Coacalco (TESCo), ya que ésta es otra de las áreas que llaman la atención del universitario. 

Una puerta abierta hacia el conocimiento

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el acceso gratuito a la información y el uso sin restricciones de los recursos digitales es una manera de contribuir para reducir la brecha entre los países industrializados y los de economía emergente.

Consciente de esto, Darian asegura que dentro de sus posibilidades siempre ofrecerá recursos libres, pues esto lo emociona y le da la posibilidad de obtener retroalimentación para mejorar de manera personal. Además, está convencido  de que las personas necesitan fuentes accesibles, para que el conocimiento continúe desarrollándose.

Es importante mencionar que esta labor emprendida por el universitario ha sido posible gracias a la asesoría y el acompañamiento del doctor Raúl Dalí Cruz Morales, académico del Departamento de Ingeniería, en la FES Cuautitlán, quien ha sido parte esencial de crecimiento de su alumno, orientando e impulsando su formación integral.

Al respecto, el docente comentó que cada semestre se desenvuelve como tutor para ayudar a que sus alumnas y alumnos mejoren su rendimiento académico. Al mismo tiempo, ser investigador le da la oportunidad de incursionar en diversas áreas, involucrando a las y los universitarios en congresos, visitas a la industria, colaborando con instituciones con las tiene vinculación y desarrollando proyectos, a través de su servicio social.

“Cuando las y los alumnos llegan conmigo me aseguro de saber en qué son buenos, qué les llama la atención o apasiona, para darles dirección o redirigirlos con algún profesor que los encamine a explotar sus habilidades”, señaló el académico, ya que su pasión por la docencia y la investigación motivan al doctor Cruz y son su motor para transformar la enseñanza en un aprendizaje significativo, “a mí también me hubiera gustado tener orientación a corta edad”, enfatizó.    

Por ahora, Darian no recuerda cuándo y cómo nació su gusto por la computación y el desarrollo de software. Sin embargo, hoy son parte  esencial de su vida diaria, por lo cual sigue aprendiendo y resolviendo problemas cotidianos que ayuden a personas en cualquier lugar de la red.

Logros destacados

  • -4to lugar en Hackathon Mobility & IA, organizado por WORK in Austria y la Cámara de Comercio de Austria
  • -3er lugar en Impacto Social en el Rally Latinoamericano de Innovación 2025
  • -Participación destacada en NASA International Space Apps Challenge 2025