regresar

¿Estás triste o deprimido?

Sentirse triste forma parte de la experiencia humana. Una pérdida, un proyecto que no salió como esperábamos, una decepción o incluso un día particularmente difícil pueden provocar esta emoción. Pero ¿en qué momento la tristeza deja de ser una reacción esperable y puede ser señal de un problema que requiere atención profesional?

La diferencia no depende únicamente del tiempo que una persona lleva triste. También es necesario observar la intensidad de la tristeza y su relación con otros indicadores, como la pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras, los cambios fisiológicos y, sobre todo, el impacto de estos síntomas en la vida cotidiana.

“La tristeza es una emoción humana completamente normal”, explicó José Alfredo Contreras Valdez, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, adscrito a la Coordinación de Psicología Clínica y de la Salud.

Las emociones son patrones complejos de respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales que ayudan a las personas a afrontar las circunstancias significativas. En el caso de la tristeza, una de sus funciones es permitir que una persona procese alguna pérdida, que no necesariamente tiene que ser la muerte de alguien.

Puede tratarse de una expectativa, una ilusión, un proyecto o un plan que no salió como se esperaba. Ante estas situaciones, la tristeza puede llevar a la persona a tomar cierta distancia, reorganizarse, replantear objetivos, buscar apoyo social y procesar el malestar antes de retomar sus actividades.

Por ello, no existen emociones “buenas” y “malas”. Lo más importante es comprender su función en el contexto donde ocurren.

Cuando la tristeza deja de ser solamente tristeza

Tampoco existe un número de días que permita determinar, por sí solo, cuándo una tristeza es normal y cuándo deja de serlo. El contexto es fundamental.

“No contamos con un estándar científico para decir: de aquí para acá es normal y de aquí para acá es anormal, pues es necesario considerar múltiples factores y la historia de vida de cada persona”, señaló Contreras Valdez.

No es lo mismo sentirse triste porque no se entregó un trabajo escolar a tiempo que por recibir el diagnóstico de una enfermedad grave. En cada caso, la duración y la intensidad esperables de la reacción emocional serán diferentes.

Cómo identificar la depresión

La depresión, explicó el especialista, es algo distinto: no es una emoción, sino un trastorno del estado de ánimo que involucra un conjunto de síntomas.

Entre los principales se encuentran la tristeza persistente y la pérdida de interés o placer por actividades que antes resultaban importantes o agradables.

A esto se suman otros síntomas cognitivo-conductuales y fisiológicos, como pensamientos de inutilidad o fracaso, aislamiento, baja autoestima, dificultades para concentrarse o tomar decisiones y alteraciones en el sueño, el apetito, el peso o los niveles de energía.

Para establecer la impresión diagnóstica de un episodio depresivo se requiere la presencia conjunta de varios síntomas durante al menos dos semanas. Pero incluso este periodo no debe interpretarse como una regla aislada.

Una persona puede permanecer triste durante un periodo prolongado sin que esto signifique automáticamente que tiene depresión. Lo importante es observar qué otros cambios ocurren y cuánto afectan su vida.

Una señal importante: cambios en la vida cotidiana

Uno de los indicadores que puede ayudar a una persona a identificar que necesita apoyo es observar cambios en su funcionamiento habitual.

¿Tiene interés en las actividades que antes disfrutaba? ¿Puede desempeñarse de la misma manera en el trabajo o en la escuela? ¿Mantiene una adecuada interacción en sus relaciones sociales? ¿Quiere convivir con su pareja, familia o amistades? ¿Continúa con las actividades que regularmente le apasionaban?

Si, además de la tristeza persistente o de la pérdida de interés, la persona comienza a aislarse, tiene dificultades para trabajar o estudiar, presenta pensamientos negativos sobre sí misma, deja de disfrutar actividades que antes le producían satisfacción o experimenta cambios importantes en sus hábitos de sueño y alimentación, puede ser momento de consultar a un profesional.

También puede ser útil escuchar a las personas cercanas. Familiares, amistades o compañeros pueden detectar cambios que la propia persona no ha identificado.

La intensidad de los síntomas y su impacto en la calidad de vida también permiten determinar la gravedad de un episodio depresivo. Algunas personas pueden presentar síntomas leves que afectan parcialmente su vida cotidiana, mientras que en otros casos puede existir una afectación mucho mayor.

En los casos más graves pueden aparecer síntomas psicóticos o una pérdida importante de la capacidad para realizar actividades básicas. También pueden presentarse pensamientos de muerte o suicidio, que deben tomarse en serio. Ante pensamientos de hacerse daño o de quitarse la vida, es importante buscar atención profesional de manera inmediata.

“Échale ganas” no siempre es suficiente

Uno de los principales obstáculos para buscar ayuda es el estigma que todavía existe alrededor de la atención psicológica. Frases como “échale ganas” pueden parecer una forma de apoyo, pero resultan insuficientes cuando una persona atraviesa un episodio depresivo.

Por ello, acudir a un profesional de la salud mental no significa que una persona sea débil o que esté “loca”. La psicología y la psiquiatría cuentan con herramientas para ayudar a quienes atraviesan episodios depresivos y acompañarlos en la recuperación de su calidad de vida.

Reconocer que algo cambió y pedir ayuda puede ser un primer paso para recuperar actividades, relaciones y proyectos que son importantes para cada persona.

La tristeza, en sí misma, forma parte de la vida. Pero cuando el malestar persiste, se acompaña de otros síntomas y comienza a modificar la manera en que una persona vive, se relaciona y realiza sus actividades cotidianas, puede ser momento de dejar de preguntarse solamente “¿por qué estoy triste?” y buscar también una valoración profesional.

regresar

Hoteles de insectos: una iniciativa de conservación y educación ambiental del CCH Naucalpan

En un contexto donde el crecimiento urbano plantea nuevos retos para la conservación de la biodiversidad, el CCH Naucalpan impulsa una iniciativa que busca favorecer la convivencia entre las personas y otras formas de vida. Se trata del proyecto de hoteles de insectos, espacios diseñados para ofrecer refugio y sitios de anidación a distintas especies, al tiempo que promueven la participación de los jóvenes en acciones de cuidado ambiental.

La titular del proyecto, Beatriz Acevedo Hernández, académica del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Naucalpan, y coordinadora del Programa Jóvenes Hacia la Investigación en Ciencias Naturales y Matemáticas, explicó que la iniciativa surgió a partir de una situación frecuente: ante la presencia de insectos, muchas personas optan por eliminarlos o desconocen cómo reubicarlos de manera adecuada. A partir de esta problemática, se planteó la creación de espacios destinados a su protección.

Acevedo Hernández compartió que en 2025 se construyó un primer hotel piloto con materiales sencillos, principalmente guacales y diversos elementos que pudieran servir como refugio para los insectos. El resultado fue positivo: el espacio rápidamente recibió numerosos huéspedes. Esta experiencia permitió comprobar la utilidad de generar este tipo de refugios y, posteriormente, motivó la construcción de diversos hoteles, incluso de mayor escala.

Actualmente, estas pequeñas edificaciones se encuentran en el Centro de Ciencias de Naucalpan, dentro de un entorno relacionado con el Bosque de los Remedios, una zona que ha sido impactada por el crecimiento de la población. En este contexto, el proyecto parte de una idea central: reconocer que los seres humanos y los demás organismos formamos parte de un mismo ecosistema y que es necesario aprender a compartir el espacio, respetando las necesidades de cada especie.

¿Cómo están formados los hoteles?

Para cumplir con esta función, los diseños de los hoteles responden a las características y necesidades de las especies que se busca albergar. Por ello, se incorporan distintos materiales y espacios que pueden funcionar como refugios o sitios de anidación.

Por ejemplo, los ladrillos con orificios pueden servir como refugio para arañas y alacranes; las piñas son aprovechadas por organismos como las catarinas; los carrizos pueden ser utilizados para la anidación de algunos coleópteros, mientras que otros espacios permiten la presencia de tijerillas, cochinillas y abejas. También se han observado procesos de anidación y desarrollo de organismos que posteriormente pueden convertirse en mariposas.

La distribución de los materiales permite que las diferentes especies encuentren espacios adecuados sin que necesariamente exista competencia directa entre ellas, explicó la académica del CCH Naucalpan. El diseño considera, además, aspectos prácticos, como colocar los materiales más pesados en la parte inferior y proteger la estructura con un techo y barniz.

Una parte importante de los materiales utilizados, como las piñas, la fibra de coco, las piedras y otros elementos naturales, fue recolectada dentro del propio plantel. Esto demuestra que es posible construir este tipo de proyectos aprovechando recursos disponibles y de bajo costo.

A esta estructura se suma otro elemento que distingue al proyecto: un humedal. Este consiste en un sistema de plantas acuáticas cuya función, entre otras, es contribuir a la limpieza del agua. El proyecto incluye dos especies de plantas y contempla un monitoreo constante de la calidad del agua.

El humedal también se ha convertido en un recurso aprovechado por distintas especies. Los polinizadores se acercan a beber gracias a las ramitas que les permiten llegar hasta el agua, mientras que aves y pequeños mamíferos, como los cacomixtles, también acuden al lugar. La presencia de estos animales constituye un indicador de que el espacio está funcionando, además, como un pequeño ecosistema.

De esta manera, el proyecto demuestra que no es necesario trasladarse a un bosque para aprender sobre la naturaleza: una escuela también puede convertirse en un espacio donde se observe la biodiversidad, se respete la vida, incluso la de organismos muy pequeños, y se desarrollen acciones concretas para el cuidado ambiental.

Los jóvenes, una parte esencial

Además de crear refugios para distintas especies, el proyecto tiene como uno de sus principales objetivos involucrar a los estudiantes en el conocimiento y cuidado de la biodiversidad. Como promotores ambientales, los jóvenes participan en la construcción de los hoteles, conocen las necesidades de las diferentes especies y se acercan, desde la práctica, a distintas acciones de conservación.

Para Elías de Jesús Tadeo Solano, estudiante de quinto semestre, formar parte de esta iniciativa significó también encontrar un espacio para desarrollar un interés que ya tenía. Su fascinación por los insectos y los arácnidos lo llevó a involucrarse en el proyecto, donde además tuvo la oportunidad de conocer una estrategia de conservación que hasta entonces desconocía.

La experiencia también ha implicado aprender haciendo. Daniela García Ríos, del mismo semestre, relató que la construcción del hotel combinó aprendizaje, diversión y algunos retos, como cortar la madera en trozos muy pequeños. A pesar de las dificultades, consideró que se trata de una actividad satisfactoria y destacó la importancia de generar espacios que permitan a los estudiantes involucrarse de manera directa en el cuidado de la naturaleza.

Para Tamara Ruiz, participar en el proyecto significó acercarse de otra manera a los insectos y comprender mejor su importancia para el medio ambiente. Aunque algunos todavía le provocan miedo o rechazo, la experiencia le ha permitido reconocer que cumplen funciones fundamentales dentro de los ecosistemas y que su presencia contribuye a mantener el equilibrio natural.

Ese acercamiento también se extiende a la relación entre los propios estudiantes. Alexa Nicole Roa destacó que la iniciativa no solo permite conocer y valorar a los insectos, sino también trabajar en comunidad, establecer vínculos con otras personas y compartir una experiencia orientada al cuidado y conocimiento de la naturaleza.

Así, la participación de los alumnos trasciende la construcción de los hoteles. A lo largo del proyecto, investigan, formulan preguntas, desarrollan hipótesis y comparten sus conocimientos con otras personas y comunidades. El trabajo les permite, de esta manera, asumir un papel activo en la generación y divulgación del conocimiento ambiental.

A ello se suma la posibilidad de incorporar estas actividades a su vida escolar sin que representen una carga adicional significativa. Valeria Linette Hernández Juaroco explicó que participar en el proyecto le ha permitido salir de su zona de confort, adquirir nuevos conocimientos y vivir experiencias diferentes. Las actividades pueden realizarse una hora antes de las clases, durante los espacios libres y, ocasionalmente, algunos días durante las vacaciones.

Esta flexibilidad, junto con el acompañamiento de la institución, ha contribuido a que los estudiantes encuentren en el proyecto una oportunidad para explorar intereses que van más allá de las materias habituales. De manera general, los participantes valoran el apoyo que la UNAM brinda a este tipo de iniciativas y consideran importante que la Universidad genere espacios y herramientas que les permitan desarrollar sus inquietudes, adquirir nuevas experiencias y comenzar a definir sus intereses académicos y profesionales.

Un proyecto que busca extenderse

La iniciativa ha tenido una respuesta favorable por parte de la comunidad. De hecho, algunos alumnos han solicitado la instalación de nuevos hoteles en otras áreas debido a la presencia de animales como alacranes y arañas, con el propósito de contar con espacios donde puedan ser reubicados en lugar de eliminarlos.

Esta respuesta muestra que el proyecto no se limita a la construcción de refugios para insectos. También busca modificar la manera en que la comunidad se relaciona con organismos que, aunque pequeños y en ocasiones poco apreciados, cumplen funciones importantes dentro de los ecosistemas.

A partir de esta experiencia, existe la posibilidad de que la iniciativa se replique en otros espacios, tanto dentro como fuera del CCH Naucalpan. Así, los hoteles de insectos pueden convertirse no solo en refugios para distintas especies, sino también en herramientas de educación ambiental que acerquen a los estudiantes y a la comunidad al conocimiento y cuidado de la biodiversidad en contextos urbanos.

regresar

¿Tu perro puede distinguir cuándo estás enojado? Esto encontró un estudio

Cuando un perro mira el rostro de una persona, su cerebro no procesa todas las expresiones faciales de la misma manera. Un estudio publicado en iScience encontró que los patrones de actividad cerebral de los perros permiten diferenciar algunas expresiones humanas y, en determinados casos, distinguir incluso entre expresiones negativas como el miedo, la tristeza y el enojo.

El hallazgo aporta evidencia sobre cómo el cerebro canino procesa las señales sociales de las personas. Pero hay una diferencia importante entre detectar que el cerebro responde de manera distinta ante dos expresiones y saber exactamente qué significado les atribuye el animal.

En el primer experimento, ocho perros observaron fotografías de personas desconocidas con expresiones felices o neutras. Los rostros felices provocaron una mayor actividad en una región de la corteza temporal derecha, que se extendía hacia el núcleo caudado, una estructura relacionada, entre otras funciones, con el procesamiento de información social y los mecanismos de recompensa.

Esto sugiere que las expresiones felices tienen una relevancia particular para los perros, aunque el resultado no permite saber si los animales se sintieron felices al verlas.

En el segundo experimento participaron otros 12 perros, que observaron rostros con cuatro expresiones: felicidad, enojo, miedo y tristeza. Los investigadores analizaron sus patrones de actividad cerebral mediante un sistema de aprendizaje automático.

Primero estudiaron la región identificada en el experimento anterior. Allí, el sistema pudo distinguir las respuestas asociadas con los rostros felices de las provocadas por cada una de las tres expresiones negativas. Sin embargo, no pudo diferenciar de manera significativa las tres expresiones negativas entre sí.

Después ampliaron el análisis a todo el cerebro. El resultado fue distinto: los patrones de actividad permitieron diferenciar las respuestas ante los rostros de miedo de las respuestas ante los rostros enojados y tristes. En cambio, no fue posible distinguir de manera significativa entre enojo y tristeza.

Dicho de forma sencilla: el cerebro de los perros no solo mostró una diferencia entre rostros felices y rostros negativos. También aparecieron diferencias entre algunas de las expresiones negativas.

Eso no significa que exista una “zona del enojo”, una “zona de la tristeza” o una “zona del miedo” en el cerebro del perro. Tampoco permite saber si el animal interpreta esas expresiones con el mismo significado emocional que les damos los seres humanos.

En este estudio, “felicidad”, “enojo”, “miedo” y “tristeza” son las categorías utilizadas para describir las expresiones de las fotografías. La resonancia magnética muestra cómo cambia la actividad cerebral ante esos estímulos, pero no permite saber directamente qué piensa o qué siente el perro al observarlos.

También hay que tener en cuenta las condiciones del experimento. Participaron pocos perros, todos entrenados para permanecer quietos durante la resonancia, y las imágenes mostraban rostros de personas desconocidas. Por eso, los resultados muestran cómo respondió el cerebro de estos animales ante esos estímulos y en esas condiciones; no permiten asumir que todos los perros reaccionarán igual frente a una persona en la vida cotidiana.

Una lectura que combina varias señales

Fuera del laboratorio, un perro no recibe información únicamente de un rostro. Cuando interactúa con una persona, también puede observar sus movimientos y postura corporal, escuchar su voz y detectar olores.

De acuerdo con Francisco Javier Carbajal Merchant, médico veterinario zootecnista y académico de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, los perros utilizan las expresiones faciales junto con el tono de voz, los movimientos y la postura corporal para interpretar las señales de una persona.

“Una persona puede decir una misma palabra con un tono alegre, molesto o preocupado, y acompañarla de una expresión facial y una postura corporal diferentes. Para el perro, todas esas señales forman parte de la información disponible durante la interacción. Los perros pueden relacionar la expresión facial con el tono de voz: si es alto o bajo, alegre o diferente, y también con los movimientos que realiza la persona”, dijo.

Por eso, la respuesta del animal frente a una persona no depende únicamente de lo que ocurre en su rostro. En la vida cotidiana, distintas señales pueden influir en la manera en que reacciona.

A esta información se suma un sentido particularmente desarrollado: el olfato. En un estudio independiente publicado en PLOS ONE, perros entrenados lograron distinguir muestras de aliento y sudor obtenidas de personas antes y después de una tarea que les provocó estrés.

El resultado muestra que pueden detectar cambios en el olor corporal asociados con ese estado fisiológico. No significa que identifiquen de manera automática una emoción concreta ni que el estudio con resonancia haya evaluado el olfato.

Así, las señales que reciben a través de la vista y el oído pueden complementarse con información olfativa. Pero incluso con toda esta información disponible, hay otro elemento que influye en la respuesta de un perro: lo que ha aprendido a partir de sus experiencias.

Lo que aprende también importa

La capacidad de un perro para responder a las señales humanas no depende únicamente de sus sentidos. También intervienen las asociaciones que construye a lo largo de su vida.

El académico manifestó que ese aprendizaje comienza desde las primeras etapas. Durante el periodo sensible de socialización, situado aproximadamente entre las tres y las 12 a 14 semanas de vida, las experiencias tienen especial importancia para que el cachorro se familiarice con personas, otros animales y distintas situaciones.

Estos límites son aproximados y no significan que el aprendizaje termine después. La Asociación Americana de Medicina Veterinaria destaca la importancia de iniciar la socialización durante las primeras semanas y mantener experiencias positivas conforme el animal crece.

Durante este periodo, los encuentros graduales, seguros y positivos pueden ayudar a que el perro construya asociaciones favorables. Socializar no consiste simplemente en exponerlo a muchos estímulos: también importa evitar situaciones que lo sobrepasen o le provoquen miedo intenso.

Los golpes, los gritos o las interacciones amenazantes pueden favorecer asociaciones negativas con las personas y respuestas de temor, evitación o defensa. Por ello, las recomendaciones de comportamiento veterinario favorecen los métodos de enseñanza basados en recompensas.

Así, una misma expresión, un mismo tono de voz o un determinado movimiento no necesariamente provocarán la misma respuesta en todos los perros. La percepción ocurre dentro de un contexto en el que también intervienen la experiencia previa y las asociaciones que cada animal ha construido.

¿Qué aporta el estudio?

Para quienes conviven con perros, el hallazgo ofrece una perspectiva adicional sobre una interacción que ocurre todos los días: cuando un animal nos mira, su cerebro puede procesar diferencias entre las expresiones de nuestro rostro, pero esa información forma parte de un conjunto mucho más amplio de señales.

Para quienes estudian el comportamiento canino, señaló Carbajal Merchant, saber que distintas expresiones humanas generan patrones diferentes de actividad cerebral aporta una pieza más para entender cómo los perros procesan las señales de las personas. Esta información puede complementar lo que se observa en su conducta y ayudar a estudiar cómo la percepción, el aprendizaje y la experiencia se relacionan con sus respuestas.

El estudio tampoco permite concluir que los perros sean incapaces de diferenciar enojo y tristeza. No detectar una diferencia significativa en estas condiciones experimentales no demuestra que esa capacidad esté ausente en otros contextos.

Entonces, ¿puede un perro distinguir cuándo una persona está enojada?

El estudio ofrece evidencia de que la respuesta cerebral ante un rostro enojado puede diferenciarse de la asociada con determinadas expresiones, como felicidad o miedo. Pero eso no permite afirmar, por sí solo, que el perro comprenda que una persona está “enojada” en el mismo sentido en que lo entiende un ser humano.

La diferencia es sutil, pero importante: los investigadores pudieron distinguir algunas expresiones a partir de los patrones de actividad cerebral registrados. Determinar qué significado les atribuye el animal requiere estudiar también su conducta, sus experiencias y el resto de las señales presentes durante una interacción.

Para comprender cómo responde un perro a las personas, observar su cerebro aporta información valiosa. Observar el contexto en el que vive y la manera en que nos relacionamos con él sigue siendo igualmente importante.

regresar

En el Instituto de Fisiología Celular identifican “interruptor” molecular que puede controlar la inflamación

El sistema inmunológico es una red de defensa que protege a nuestro cuerpo de virus, bacterias y otros patógenos que ocasionan inflamación y nos enferman. En este sistema colaboran diversos órganos, entre los que se encuentran la médula ósea, el timo, el bazo, los ganglios linfáticos, y también distintos tipos de células, como los glóbulos blancos (leucocitos), que se encuentran en nuestra sangre y se producen en la médula ósea. Existen al menos cinco tipos de leucocitos; uno de ellos son los linfocitos, que a su vez se subdividen en tres categorías; una de las más importantes es la subpoblación denominada linfocitos T, que ayudan a controlar la respuesta inmune del organismo y a destruir células dañadas.

Hay un tipo específico de linfocitos T cuya función principal es actuar como guardianes del equilibrio inmunológico: los T reguladores o Treg. Esta subpoblación de linfocitos “apaga” la respuesta inmune, es decir, controla a otros linfocitos que atacan al propio organismo (situación que ocurre, por ejemplo, en enfermedades autoinmunes) y evita que haya una inflamación descontrolada en tejidos y órganos. Uno de los galardonados por el premio Nobel en Medicina o Fisiología 2025, el Dr. Shimon Sakaguchi, describe a las Treg como “las células guardianas de la homeostasis inmunológica”.

Recientemente, un grupo de investigación liderado por la Dra. Paula Licona Limón, en el Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM, identificó el “control maestro” de la adaptabilidad en estos linfocitos Treg, cuya función es detener la inflamación ocasionada por una enfermedad.

El mecanismo: la proteína que protege la identidad de las Treg

El equipo encabezado por la Dra. Licona Limón identificó una proteína denominada TIF1γ (TIF uno gamma) que aporta la identidad antiinflamatoria a las células Treg cuando estas se encuentran en ambientes inflamatorios ocasionados por enfermedades. Cuando una célula Treg carece de TIF1γ, ocurre una acumulación descontrolada de otra proteína: la beta-catenina, que altera al núcleo celular y “silencia” a FOXP3, gen responsable de regular el desarrollo de los linfocitos Treg, y promueve la expresión de genes asociados a inflamación. Por lo tanto, cuando una célula Treg carece de la proteína TIF1γ, pierde su identidad y corre el riesgo de convertirse en distintos tipos de células inflamatorias.

“La inflamación es como el fuego que incendia una casa, y las células Treg son el bombero que apaga ese fuego”. Con base en esta analogía planteada por la Dra. Licona Limón, cuando la proteína TIF1γ está ausente, el bombero encargado de sofocar el fuego olvida su propósito, pierde el control y termina arrojando combustible a las llamas.

La importancia de los linfocitos Treg es tal que su identificación le mereció el premio Nobel en Medicina o Fisiología 2025 a Mary E. Brunkow, Shimon Sakaguchi y Fred Ramsdell. Sin Tregs, la vida es inviable porque son las principales responsables de la tolerancia central, el mecanismo que reconoce a los tejidos de un organismo como propios y evita que el sistema inmunológico los ataque generando enfermedades autoinmunes. Esta tolerancia permite, por ejemplo, que durante el embarazo nuestro organismo no rechace al feto, que comamos alimentos sin padecer alergias letales o que la microbiota intestinal no sea eliminada. Los linfocitos Treg también son responsables de disminuir la inflamación cuando la respuesta inmune se activa para eliminar algún patógeno de nuestro organismo.

Cómo identificaron la proteína

Para distinguir la función de la proteína TIF1γ, el grupo de investigación empleó organismos transgénicos en los cuales eliminó esta proteína exclusivamente en los linfocitos Treg. Aunado a lo anterior, estos linfocitos carentes de TIF1γ fueron “marcados” con herramientas genéticas de forma permanente para poder rastrear su destino celular o trayectoria. Es decir, siguieron a las células que originalmente fueron Tregs, pero que, al retirarles la proteína TIF1γ (y, por lo tanto, “perder su identidad”), se convirtieron en distintas células inflamatorias (antes Tregs). Esta investigación también incluyó en su detallada metodología análisis masivos de secuenciación de ARN y de accesibilidad a la cromatina.

La publicación en Nature Immunology

Más de una década de investigación culminó con la publicación del artículo “TIF1γ regulates stability of regulatory T cells during inflammation” en Nature Immunology, una de las revistas más prestigiosas del mundo científico. Tanto para el laboratorio de la Dra. Licona Limón como para el IFC y para la ciencia mexicana en general, esta publicación representa un hito, ya que es la primera vez que en esta revista se difunde una investigación liderada por una científica mexicana de la UNAM.

La propia revista destacó el artículo y compartió una reseña con una perspectiva independiente que subraya la relevancia, el interés y las implicaciones más amplias de un trabajo considerado particularmente significativo para el campo. Este reconocimiento internacional da cuenta de la democratización de la ciencia y demuestra que en nuestro país se generan aportaciones de vanguardia capaces de competir con aquellas de los epicentros científicos del mundo.

La importancia médica del hallazgo

Entender cómo los linfocitos Treg mantienen su identidad es fundamental para el desarrollo de terapias específicas de diversas enfermedades. Así, en un futuro, los médicos podrían “apagar” la inflamación en pacientes con enfermedades autoinmunes o en aquellos a quienes han trasplantado un órgano para prevenir que su cuerpo lo rechace. Por el contrario, en el caso de pacientes con cáncer, podrían bloquear selectivamente esta función regulatoria para que la respuesta inflamatoria sea mayor y así combatir los tumores.

Trece años de trabajo y el destacado talento joven

Esta ardua investigación tuvo una duración aproximada de 13 años de experimentación. La Dra. Licona Limón otorga reconocimiento a Eugenio Contreras Castillo, estudiante de doctorado en su laboratorio, quien invirtió 10 años en esta investigación que comenzó cuando se integró para liberar su servicio social y que continuó a lo largo de sus estudios de maestría y doctorado. A lo anterior se suman los años previos de estudios posdoctorales de la propia investigadora titular. La publicación científica de esta investigación es el reflejo de una vasta red de colaboración interdisciplinaria e internacional, que plasma el trabajo conjunto de 35 personas investigadoras de distintas áreas y especialidades.

Finalmente, la Dra. Licona Limón comparte un mensaje alentador: “Quiero que los científicos latinoamericanos jóvenes sepan que se puede hacer buena ciencia, que somos una región que tenemos mucho que aportar en gente muy talentosa. Las oportunidades tardan más en llegar, pero no dejen de trabajar arduamente, sepan que tienen toda la capacidad y la misma posibilidad de llegar a revistas como esta”.

regresar

Consejos de expertos para perder el miedo a hablar en público

Al menos una vez en la vida, todos hemos tenido que hablar en público. Ya sea en exposiciones escolares, al hacer preguntas en una conferencia, en una junta laboral o incluso en una entrevista de trabajo, todos hemos pasado por esa experiencia.

Para algunos, hablar en público se les da de forma natural y cautivan a la audiencia. No obstante, otros son presa del miedo y, de repente, el auditorio se les hace enorme; los errores comienzan a surgir y la exposición se vuelve un caos, dando la impresión de desconocer el tema, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Consejos para mejorar como orador

¿Formas parte de ese segundo grupo? Alejandra Pamela Saldaña Badillo, profesora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, ofrece algunos consejos para perder el miedo y ser mejores oradores.

Para empezar, Saldaña Badillo destacó que saber hablar en público puede traernos múltiples ventajas, como desarrollar confianza y mejorar nuestras habilidades de comunicación, nuestra capacidad para organizar ideas y nuestra comprensión. Esto, a su vez, alimenta nuestro desarrollo personal, académico y profesional.

“Hablar en público de buena forma es necesario porque eso nos hace sentir que somos personas que tenemos algo que transmitir; además, tiene que ver con tener el poder de cautivar a través de la palabra. Es una habilidad que tiene importancia en diversas situaciones de la vida”, indicó.

Aunque tenemos la idea de que solo hablamos en público en grandes exposiciones o eventos académicos, lo cierto es que lo hacemos con mayor frecuencia. Cuando hablamos con un amigo o con alguna otra persona, de cierta forma estamos hablando en público, aunque en un contexto informal y sin sentir miedo o nervios.

Pero cuando el escenario se vuelve formal, la cosa cambia. Si bien comunicarse es inherente al género humano, hacerlo en un escenario con varias personas impone y nos hace sentir pequeños. Con el fin de cambiar esa situación y evitar que luego sea difícil que nos quiten el micrófono, la maestra de la FES Iztacala compartió las siguientes ocho claves:

  1. Dejar atrás la idea de que las personas que saben hablar en público son inalcanzables. Aunque a quienes lo dominan parece salirles de forma natural, llegar a ese punto les llevó mucha práctica. Saber hablar en público es una habilidad que todos podemos adquirir, siempre y cuando la ensayemos frecuentemente.
  2. Tener el dominio del tema. Si tienes claridad sobre el mensaje que quieres transmitir, será más fácil utilizar tus conocimientos para responder ante cualquier eventualidad. Llegar a improvisar no solo exhibe falta de conocimiento, sino que también genera nervios y miedo, provocando desconfianza. Los oradores pueden apoyarse con breves escritos o notas por si olvidan los conceptos o únicamente a modo de refuerzo. La información debe ser clara, precisa y corta: no rebuscar.
  3. Practicar. Un buen orador no solo practica el contenido de la exposición o charla, lo cual es muy necesario; sino también la forma en la que se transmite el mensaje. En caso de contar con un material de apoyo como una presentación, también es conveniente practicar el discurso junto con el material. Si tienes oportunidad, práctica en voz alta y si tienes una audiencia de prueba, ¡mejor!
  4. Favorecer el lenguaje no verbal. El movimiento corporal comunica al igual que nuestras palabras, así como también lo hace el tono de voz y las pausas que hacemos, entre otros elementos. La tonalidad, el ritmo, la gesticulación y el desplazamiento que tengamos no solo acompañan nuestro mensaje, sino que también nos pueden ayudar a dar un mayor énfasis a lo que estamos expresando verbalmente. De la misma forma, el manifestar un lenguaje de retraimiento como cruzarnos de brazos, o esconderlas en las bolsas del pantalón pueden denotar timidez, desconocimiento del tema y falta de preparación.
  5. Conocer a la audiencia. Saber cuáles son sus características (si es público joven, científicos, etc.), cuáles son sus necesidades y qué se les puede ofrecer que los cautive. Después de identificar estos factores, se puede ajustar la forma de transmitir el mensaje y el material de apoyo que utilicemos.
  6. Valorar a la persona que te escucha. Comprender que el tiempo que las personas dedican para escucharte es valioso. No puedes perder de vista que lo están utilizando para que resuelvas sus dudas o les compartas información relevante, no secundaria.

Curso de la UNAM para exponer oralmente

La maestra Saldaña Badillo, junto a un grupo de colaboradores, diseñó el curso Exposición oral y presentaciones en la plataforma Aprendo+. Es un curso autogestivo, es decir, no tiene horario fijo, y su duración es de aproximadamente 20 horas. Su objetivo es brindar las bases para desarrollarte como un buen orador o ponente.

“Es un curso que no te hará un gran orador o conferencista, pero te dará las herramientas necesarias para que, con práctica, lo puedas llegar a ser. Tiene actividades de aprendizaje y evaluación, pequeños cuestionarios para acceder a otras fases del curso y, al final, se entrega un certificado digital. Es un curso gratuito y de fácil acceso”, explicó.

Si estás interesado en inscribirte en este curso gratuito de la UNAM para hablar en público, sigue estos pasos:

  • Ingresa a la plataforma Aprendo+, dando clic aquí.
  • Regístrate proporcionando un correo electrónico y tus datos personales.
  • Confirma tu cuenta y accede a ella.
  • En el buscador, ingresa el nombre del curso, Exposición oral y presentaciones.
  • Da clic en el botón de más información.
  • Selecciona la opción «Entrar».

De la misma forma, la UNAM cuenta con otros espacios para entrenar esta habilidad, tal es el caso de la Facultad de Arquitectura, que realizó un pequeño manual con consejos para abordar al público antes, durante y después de una exposición oral. Accede dando clic aquí.

Hablar en público es una habilidad que requiere un constante entrenamiento; por tanto, no te desanimes si las cosas no salen bien a la primera oportunidad. Y, si salen bien, tampoco creas que ya eres un orador consumado, porque siempre habrá algo que mejorar.

Ideas destacadas

  • Hablar en público puede traer múltiples ventajas, como desarrollar confianza y mejorar habilidades de comunicación.
  • La práctica y el conocimiento del tema son esenciales para una buena presentación.
  • Conocer a la audiencia y valorar su tiempo es fundamental.
  • La UNAM ofrece un curso gratuito para mejorar las habilidades de exposición oral.
regresar

Los vecinos nocturnos de la CDMX: entre cacomixtles y murciélagos

La Ciudad de México no solo está habitada por millones de personas. Entre calles, edificios, parques, jardines y áreas verdes también encuentran refugio distintas especies de fauna silvestre, muchas de ellas activas durante la noche. Cacomixtles, murciélagos, tlacuaches y mapaches forman parte del ecosistema urbano y, aunque en ocasiones pasan inadvertidos, su presencia plantea una pregunta fundamental: ¿cómo podemos aprender a convivir con ellos?

A partir de esta inquietud surgió Mis Vecinos Nocturnos, un proyecto de ciencia ciudadana coordinado por la Dra. Claudia Moreno Arzate del Instituto de Ecología de la UNAM. La iniciativa comenzó con los primeros reportes ciudadanos sobre cacomixtles, que llamaron la atención del equipo de investigación.

El proyecto comenzó con una pregunta sencilla: ¿los avistamientos de cacomixtles eran casos aislados o estos animales realmente formaban parte de la fauna urbana? Con ayuda de estudiantes y de la ciudadanía comenzaron a recopilarse registros y, poco a poco, quedó claro que no se trataba únicamente de encuentros ocasionales. Los cacomixtles tenían una presencia constante en distintos puntos de la capital.

El interés de los investigadores, sin embargo, no se limitó a saber que estaban ahí. Querían conocer qué hacían, dónde vivían, qué comían y por qué aparecían con frecuencia en la ciudad. Estas preguntas llevaron al equipo a ampliar el proyecto hacia otros mamíferos nocturnos, particularmente los murciélagos, aunque también se contemplan mapaches y tlacuaches.

La ciudad como hábitat

Uno de los principales aprendizajes de Mis Vecinos Nocturnos es que la fauna silvestre no necesita vivir exclusivamente en espacios completamente naturales. En el caso de los cacomixtles, los registros obtenidos mediante ciencia ciudadana han permitido documentar su presencia en las 16 alcaldías de la Ciudad de México, explicó la Dra. Claudia Moreno Arzate.

Los análisis muestran una relación importante con las áreas verdes y el arbolado, pero los cacomixtles también aprovechan jardines, camellones, parques y otros espacios con vegetación que les proporcionan recursos para sobrevivir.

La investigación también ha permitido conocer mejor su papel ecológico. Los cacomixtles consumen organismos como cucarachas, ratas y ratones, por lo que contribuyen al control de algunas poblaciones de especies consideradas plaga. También participan en la dispersión de semillas.

En cuanto a los murciélagos, actualmente se tienen registros de alrededor de 23 especies residentes en la Ciudad de México, además de observaciones de especies consideradas pasajeras. Algunas colonias llevan décadas conviviendo con las personas sin que necesariamente se haya generado un conflicto. La Unidad Habitacional Hueso Periférico es un ejemplo de esta situación.

Una fauna que también se adapta

Los registros ciudadanos han permitido detectar comportamientos que llaman la atención de los investigadores. En condiciones naturales, los cacomixtles son considerados animales solitarios. Sin embargo, en la ciudad se han observado grupos en lugares donde existen recursos suficientes.

“Este fenómeno coincide con lo observado en otros carnívoros medianos que habitan ambientes urbanos: aunque normalmente son solitarios, pueden tolerar la presencia de otros individuos cuando existen recursos concentrados en determinados espacios”, explicó Moreno Arzate.

También se han documentado diferencias en los periodos reproductivos. Mientras que en ambientes naturales se conocía principalmente un ciclo reproductivo anual, los registros obtenidos en la Ciudad de México apuntan a la posibilidad de que existan hasta dos periodos de reproducción. La presencia de ejemplares juveniles podría explicar por qué en determinadas temporadas aumentan los avistamientos.

Los registros han permitido documentar incluso relaciones entre especies. Por ejemplo, se ha observado a un cacomixtle cazando murciélagos durante la noche. Este tipo de encuentros recuerda que, pese a encontrarse rodeados de edificios y calles, estos animales continúan formando parte de una comunidad ecológica.

El papel de la percepción social

La relación entre las personas y la fauna silvestre es otro de los aspectos que estudia el proyecto. En el caso de los cacomixtles, las investigaciones han registrado una percepción generalmente neutra, aunque en algunos lugares es más positiva.

La percepción parece estar relacionada, entre otros factores, con la experiencia directa. Quienes han observado a estos animales o han tenido experiencias positivas con ellos pueden desarrollar una mayor aceptación de su presencia.

Para Moreno Arzate, las historias que acompañan a los avistamientos también tienen valor. Un registro no solo proporciona datos sobre una especie: puede mostrar cómo la presencia de un animal transforma la experiencia cotidiana de una persona. Algunos ciudadanos han contado cómo encontrarse con un animal durante la noche cambió su estado de ánimo o despertó su interés por conocer la naturaleza que los rodea.

Las amenazas para los mamíferos nocturnos

Compartir el mismo espacio no significa que la convivencia sea siempre sencilla. Una de las principales amenazas es la transformación del hábitat. La pérdida de árboles, áreas verdes o refugios puede dejar a los animales sin los espacios que necesitan para descansar, alimentarse y reproducirse.

A esto se suma la desinformación. El miedo hacia algunas especies, particularmente los murciélagos, puede provocar que las personas intenten eliminarlos cuando los encuentran.

Los perros y gatos también pueden representar un riesgo. Se han documentado ataques de perros a cacomixtles y casos de gatos que han cazado murciélagos. En el caso de los cacomixtles, todavía es necesario investigar con mayor profundidad la magnitud de la interacción con los gatos.

Otro problema son los casos de envenenamiento. Las sustancias utilizadas para controlar animales considerados una molestia pueden terminar afectando tanto a fauna silvestre como a animales ferales. También preocupa el aumento de personas que intentan mantener cacomixtles como animales de compañía. Desde el proyecto se hace un llamado a no hacerlo, ya que se trata de fauna silvestre y el cautiverio puede alterar sus ciclos naturales y reproductivos.

La iluminación artificial es otro factor que requiere investigación. En algunos cacomixtles se han observado ejemplares activos en horarios que parecen estar desfasados respecto de sus patrones habituales. Estas observaciones plantean nuevas preguntas sobre cómo las condiciones de una ciudad tan iluminada pueden modificar la vida de las especies nocturnas.

De la información a la coexistencia

El trabajo de Mis Vecinos Nocturnos no se limita a registrar animales. La información obtenida también ha permitido establecer vínculos con autoridades y participar en iniciativas destinadas a mejorar el manejo de la fauna silvestre.

Durante varios años, el equipo ha colaborado en la capacitación de autoridades ambientales de la Ciudad de México sobre el manejo adecuado de murciélagos. En estas capacitaciones han participado bomberos, personal de Protección Civil, integrantes de la Brigada de Vigilancia Animal y otros funcionarios.

Esta experiencia llevó al equipo a plantear la necesidad de una estrategia más amplia. En este contexto se impulsaron mesas de coexistencia con especialistas, ecólogos urbanos y autoridades ambientales para discutir cómo lograr una convivencia más adecuada entre la población y la fauna.

La propuesta parte de una idea fundamental: no todos los encuentros con animales silvestres requieren una intervención. Muchas veces, observar un cacomixtle, un tlacuache o un murciélago simplemente significa que el animal está realizando su vida cotidiana.

Alimentar a un animal silvestre, por ejemplo, puede hacer que se acostumbre a un determinado sitio y provocar conflictos con otros vecinos. Aprender cuándo intervenir y cuándo permitir que el animal continúe su camino es parte esencial de la coexistencia.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

La ciencia ciudadana constituye uno de los pilares del proyecto. Las personas pueden contribuir de distintas formas:

  • Compartir avistamientos, fotografías e historias sobre fauna silvestre.
  • No intervenir innecesariamente cuando se observa un animal sano.
  • Evitar alimentar a los animales.
  • Mantener bajo tutela responsable a perros y gatos para evitar ataques a fauna silvestre.
  • Si se encuentra un animal herido, evitar manipularlo directamente y buscar apoyo veterinario o especializado.
  • No intentar convertir a los animales silvestres en animales de compañía.

Los relatos deben incluir información como lugar, fecha, especie —cuando sea posible identificarla— y fotografías. Estos registros pueden compartirse a través de las redes sociales del proyecto: X, Facebook o Instagram.

Coexistir con nuestros vecinos

El proyecto continúa evolucionando y busca incorporar a más estudiantes, tesistas y prestadores de servicio social para fortalecer una nueva etapa de investigación y divulgación.

Después de varios años de trabajo, los registros acumulados han demostrado que la participación de la sociedad puede generar información que sería difícil obtener mediante métodos tradicionales en una ciudad tan grande y densamente poblada como la capital.

Para la Dra. Claudia Moreno Arzate, el objetivo final es llegar a una verdadera coexistencia: procurar que tanto las personas como las poblaciones de fauna silvestre puedan mantenerse en las mejores condiciones posibles.

Los animales que aparecen durante la noche no son simplemente visitantes de una ciudad que les es ajena. Son parte del ecosistema urbano. Son, como plantea el proyecto, nuestros vecinos nocturnos.

Conocerlos permite sustituir el miedo y los prejuicios por información. Y la ciencia ciudadana permite que ese conocimiento no se genere únicamente desde los laboratorios, sino también desde las experiencias cotidianas de quienes comparten la ciudad con otras especies.

La coexistencia requiere conocimiento, responsabilidad y voluntad: entender quiénes son estos animales, qué necesitan y cuál es nuestro papel para que puedan seguir formando parte de la vida urbana sin que ello implique conflictos innecesarios.

regresar

La Ciudad de México se calienta: su temperatura podría aumentar más de seis grados hacia finales de siglo

Desde 1990, la temperatura de la capital ha aumentado alrededor de 0.34 grados Celsius por década. El cambio climático y la expansión urbana se combinan para intensificar el calentamiento de la ciudad y sus efectos sobre el ambiente, la calidad del aire y la vida cotidiana.

La Ciudad de México se está calentando. Desde 1990, su temperatura registra un incremento sostenido de aproximadamente 0.34 grados Celsius por década, una tendencia que, de mantenerse y combinarse con los escenarios más desfavorables del cambio climático, podría llevar a aumentos superiores a seis grados hacia finales de siglo.

Así lo explicó Erik Velasco Saldaña, investigador del Molina Center for Energy and the Environment, durante el ciclo de conferencias “Resiliencia y mitigación del cambio climático en ciudades”, organizado por el Programa Universitario de Estudios de la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

“Esto significa entre 3.4 y 3.5 grados por siglo. Y con las proyecciones desfavorables basadas en el cambio climático, el escenario más pesimista indica que en 100 años la temperatura podría aumentar más de seis grados”, señaló.

Aunque la tendencia es ascendente, Velasco Saldaña destacó que la capital mexicana todavía conserva condiciones climáticas relativamente favorables. A diferencia de ciudades que enfrentan temperaturas extremas durante ciertas épocas del año, la Ciudad de México mantiene una marcada variación entre el día y la noche.

Las temperaturas, explicó, pueden oscilar entre los 9 o 10 grados y los 25 o 26 grados Celsius en promedio, una diferencia que contribuye a mantener condiciones térmicas más agradables.

El especialista consideró que todavía existe margen para actuar antes de alcanzar condiciones comparables con las de otras grandes ciudades que enfrentan episodios de calor extremo, como Nueva Delhi, India, o Tokio, Japón.

El calor transforma la ciudad

El aumento de la temperatura no significa únicamente días más calurosos. También puede modificar distintos procesos ambientales dentro de las ciudades.

Entre sus efectos se encuentran la intensificación de las islas de calor, la reducción de la evapotranspiración, cambios en los patrones de lluvia y un posible aumento de aguaceros e inundaciones.

La calidad del aire también puede verse afectada. Una atmósfera más caliente favorece una química atmosférica más activa y puede influir en la presencia de distintos gases y compuestos provenientes de fuentes naturales y urbanas.

A ello se suma un mayor consumo energético. Durante los periodos de calor aumenta el uso de sistemas de aire acondicionado, lo que puede incrementar las emisiones de dióxido de carbono dependiendo de la fuente utilizada para generar electricidad.

También pueden crecer las emisiones de metano relacionadas con rellenos sanitarios y aguas residuales, así como el riesgo de incendios en zonas donde la falta de humedad y la expansión de la ciudad se encuentran con áreas rurales o forestales.

Para Velasco Saldaña, detrás del aumento de temperatura en la Ciudad de México existen dos procesos que actúan de manera simultánea: el cambio climático global y la urbanización.

La sustitución de áreas naturales por pavimento, concreto, edificios y otras superficies capaces de absorber y almacenar calor favorece la aparición de las llamadas islas de calor urbanas, zonas cuya temperatura puede ser significativamente mayor que la de áreas menos urbanizadas.

¿Cómo hacer frente al calor urbano?

La adaptación de las ciudades requiere algo más que responder a las temperaturas extremas cuando ya se presentan.

Durante el encuentro, Elvira Jiménez Navarro, coordinadora de campañas de Greenpeace España, planteó la necesidad de diseñar ciudades más habitables, justas y resilientes, donde la biodiversidad forme parte de las estrategias para mejorar la calidad de vida.

Entre las medidas mencionó la creación de refugios climáticos, espacios públicos o privados destinados principalmente a personas vulnerables durante episodios de calor, con condiciones térmicas adecuadas y lugares para descansar.

También destacó la importancia de ampliar las coberturas verdes, plantar árboles y recuperar ecosistemas urbanos que ayuden a contrarrestar el predominio del pavimento y otras superficies que acumulan calor.

Estas soluciones pueden contribuir no solamente a reducir las temperaturas locales, sino también a mejorar la infiltración del agua, proporcionar sombra, favorecer la biodiversidad y hacer más habitables los espacios públicos.

Aunque la Ciudad de México todavía se encuentra lejos de algunos de los escenarios de calor extremo que ya enfrentan otras metrópolis del mundo, la tendencia observada durante las últimas décadas muestra que el calentamiento urbano ya está en marcha.

La forma en que la ciudad crezca, incorpore vegetación y adapte sus espacios públicos será parte de la respuesta frente a un clima cada vez más cálido.

regresar

Entre la enfermería, el voleibol y la UNAM: la historia de Karen

Para Karen Maldonado Rangel, la UNAM no cabe solamente en una facultad ni en una cancha. Está en el uniforme de Enfermería que utiliza para acudir al hospital, en la duela donde entrena voleibol, en sus compañeras de equipo, en sus profesores y entrenadores, y hasta en aquel primer recuerdo que tuvo del Estadio Olímpico Universitario cuando todavía era una niña.

Estudiante de quinto semestre de la Facultad de Enfermería y Obstetricia, Karen practica voleibol de sala en el representativo de la Universidad. Juega como atacante lateral y, durante una etapa de su formación deportiva, también fue capitana de su categoría.

Para ella, estudiar y practicar deporte tienen algo fundamental en común: el trabajo en equipo.

“El voleibol va de la mano con mi carrera porque se implementan distintas estrategias en equipo. En la parte de enfermería, varios de nuestros compañeros intentamos trabajar en equipo para tener mayor oportunidad de desenvolvernos en el hospital.

“En cambio, aquí también trabajamos en equipo: todas mis compañeras vienen a entrenar diario y eso nos hace superarnos como equipo para poder representar a la UNAM”.

Una decisión familiar

Karen es originaria de Teotihuacán, Estado de México. Es la primera integrante de su familia que estudia en la UNAM. Su padre es ingeniero civil; su madre y su hermano son enfermeros formados en el Instituto Politécnico Nacional. Ella, en cambio, eligió otro camino.

La decisión de estudiar en Ciudad Universitaria implicó dejar su casa y comenzar una vida lejos de su familia. “Creo que el hecho de que tú dejes tu hogar para seguir los sueños es algo complicado. No voy a mentir, hay muchas veces en las que sí te sientes sola, pero siento que el hecho de que tú estés sola y que hagas las cosas por optimismo es algo que te hace madurar”.

Pero la elección de la UNAM no fue solamente académica. Karen había jugado voleibol desde los ocho años y quería encontrar un lugar donde pudiera continuar con el deporte que amaba.

La primera vez que conoció Ciudad Universitaria todavía era pequeña. Su padre trabajaba cerca y, mientras viajaban en automóvil sobre Insurgentes, vio el Estadio Olímpico Universitario.

“Yo iba en el carro, volteé a ver el estadio y le dije: ‘Papá, ¿qué es esto?’. Me gustó, se veía muy grande. Y mi papá me dijo: ‘Pues es el estadio de los Pumas’”. A partir de entonces comenzó a imaginarse ahí.

Más adelante tuvo la oportunidad de ver jugar a las Pumas de voleibol en un torneo. Las observó moverse en la cancha y algo terminó de convencerla.

“Las vi jugar y vi que eran, como un puma, ágiles, rápidas, inteligentes. Me gustó el color del uniforme, me gustó todo de ellas, su actitud. Entonces dije: ‘Quiero estar en la UNAM’”.

El amor por el voleibol

Karen comenzó a practicar este deporte alrededor de los ocho años, con un equipo externo y bajo la formación de su entrenadora Marcela Romero Almaraz.

Su primer viaje relacionado con el voleibol fue a Guanajuato, para participar en el Festival Juvenil e Infantil de Voleibol. Ahí descubrió que el deporte también podía llevarla a conocer otros lugares, competir y convivir con personas distintas.

“Te da la oportunidad de viajar y divertirte al mismo tiempo. Desde ahí me enamoré del deporte y mucho más del voleibol”.

Cuando finalmente llegó a la UNAM, descubrió que el nivel de exigencia era distinto al que conocía. Estaba acostumbrada a entrenar tres días por semana durante dos horas. En el representativo, los entrenamientos podían durar cerca de tres horas y después continuar con trabajo de gimnasio.

“Cuando me dijeron los horarios, me sorprendí mucho. Fue cuando dije: ‘Es otro nivel’. Es un nivel de compromiso muy grande porque, a pesar de todo, tienes que estar aquí”.

Aceptó el reto y encontró en el equipo algo que necesitaba especialmente al llegar a la Ciudad de México: compañía.

Durante sus primeros días lejos de casa no conocía prácticamente a nadie. Primero llegó a entrenar y ahí encontró amigas y personas que la acompañaron durante su adaptación.

“Creo que eso me ayudó a desenvolverme de mejor manera aquí y en mi escuela. Una de las cosas más complicadas por las que pasé cuando entré fue aprender a estar sola”.

Con el tiempo descubrió que tampoco estaba completamente sola. Su familia la acompañaba a la distancia y, en la Universidad, había construido otra red de apoyo.

Enfermería: la ciencia del cuidado

La otra parte de su vida ocurre en los hospitales. Karen eligió Enfermería porque le interesa acompañar a las personas en momentos importantes de su vida. Para ella, ponerse el uniforme significa asumir la responsabilidad de recibir a un paciente que atraviesa una situación difícil.

“Enfermería es la ciencia del cuidado. Supe que yo amo cuidar a las personas que quiero, amo cuidar a las personas y creo que valoro mucho esa parte humana que se da en esta carrera”.

Durante su formación descubrió que una cosa era prepararse en el aula y otra muy distinta encontrarse frente a un paciente.

Uno de los momentos más difíciles ocurrió durante su segundo semestre, cuando comenzó sus prácticas hospitalarias al mismo tiempo que el equipo se preparaba para una competencia importante.

“Te preparan con los conocimientos, pero nada igual a estar frente a un paciente”.

Por momentos pensó en abandonar el voleibol. La exigencia académica y deportiva parecía difícil de sostener al mismo tiempo. Pero su familia y sus compañeras fueron parte de la decisión de continuar.

Su padre, uno de sus principales seguidores, suele acompañarla a sus partidos. “Él fue el que me dijo: ‘Ya estás ahí, estás hecha para esto, tú puedes’”. Desde entonces, asegura, no ha vuelto a pensar en dejar el deporte.

Dos horas y media de camino

Cuando termina el periodo escolar, Karen regresa a Teotihuacán. Pero las vacaciones no significan dejar de entrenar. Desde su casa hasta Ciudad Universitaria puede tardar alrededor de dos horas y media, dependiendo del tráfico. Aun así, vuelve a la UNAM para entrenar.

“El trayecto nunca es largo cuando de verdad quieres estar aquí”.

Por ahora, Karen divide sus días entre hospitales, clases, entrenamientos y viajes. No siempre ha sido sencillo. A veces ha tenido que decidir, renunciar temporalmente a algo o aprender a estar lejos de su familia.

Pero hay una decisión que tiene clara desde hace años

“Para mí, la UNAM significa muchísimo más que esta cancha, muchísimo más que mi facultad y muchísimo más que todo. Para mí la UNAM son las personas que se esfuerzan día a día, como mis compañeras que vienen a entrenar, como los entrenadores, como los profesores, como todas las personas que conformamos a la UNAM”.

Y quizá por eso, aunque su casa esté a más de dos horas de Ciudad Universitaria, siempre regresa a la cancha, al hospital y a la UNAM.

regresar

Ácaros edáficos: qué son, ecología y conocimiento actual en el noroeste de México

¿Qué son los ácaros?

Clasificado dentro de los artrópodos, se encuentra uno de los grupos de animales más pequeños que existen, los ácaros. Estos diminutos animales pueden medir desde 100 micras a 3 centímetros de longitud. Al igual que las arañas, escorpiones, opiliones, vinagrillos y otros, los ácaros se agrupan dentro de los arácnidos; animales que han existido en la Tierra desde tiempos remotos, hace aproximadamente 411 millones de años.

Su anatomía única los hace diferentes del resto de arácnidos, ya que presentan un cuerpo dividido en dos zonas principales: gnatosoma, compuesto por las piezas bucales, como quelíceros y palpos, los cuales tienen, respectivamente, como función trituración y manipulación del alimento, además, un idiosoma, donde se encuentran sus patas y órganos reproductivos; la mayoría presentan tres pares de patas cuando son larvas, y cuatro en su estadio adulto.

Entre los arácnidos, los ácaros son el grupo más diverso con 60 mil especies descritas; sin embargo, se estima que existen alrededor de 2 millones de especies. Habitan en ecosistemas terrestres y marinos, desde áreas polares a desiertos, sobre plantas, hongos, humanos, otros mamíferos e insectos, inclusive en otros ácaros. Además, muestran diversos tipos de vida, pudiendo ser parásitos, depredadores, detritívoros (alimentarse de materia orgánica en descomposición), nematófagos (nematodos) y fitófagos (materia vegetal). Este éxito de adaptabilidad se relaciona con su rápido desarrollo y tamaño pequeño, lo que permite la colonización de diferentes ambientes, aunque sin duda alguna, el suelo es donde se reporta la mayor diversidad de ácaros, siendo posible llegar a encontrar miles de ácaros por metro cuadrado.

Importancia de los ácaros edáficos

Los organismos que desarrollan una parte o todo su ciclo de vida en el suelo se consideran organismos edáficos. Estos organismos no solo habitan el suelo, sino que son un componente activo participando en la regulación de los ciclos biogeoquímicos. Los ácaros edáficos desempeñan funciones ecológicas cruciales para el mejoramiento del suelo, por ejemplo, fragmentan la materia orgánica, convirtiéndola en material accesible para productores primarios como plantas, bacterias y hongos, y además de incorporar al suelo nutrientes esenciales como carbono, nitrógeno y fósforo.

Estos organismos, a través del constante movimiento mecánico, contribuyen a mezclar la materia orgánica en el perfil del suelo, mejorando la aireación y la infiltración del agua. Este proceso beneficia tanto a las plantas nativas como a las de interés agrícola y participa en procesos fundamentales como el ciclo del agua y la captura de gases de efecto invernadero, entre otros.

Los ácaros también son bioindicadores de la calidad del suelo, es decir, son utilizados para evaluar el estado del medio, por lo que, el análisis ecológico de ácaros puede ayudar a definir la funcionalidad y fertilidad del suelo. Gracias a su aplicación, este grupo de organismos ha sido fundamental para evaluar el impacto de actividades humanas, como la agronomía, ganadería, deforestación y contaminación sobre el suelo. A pesar de que estos organismos brindan a la sociedad un gran número de servicios ecosistémicos, aún conocemos muy poco sobre los ácaros del suelo y su diversidad. Esto se debe, en parte, a la dificultad que implica estudiarlos, ya que al ser organismos diminutos con una estructura física compleja, resulta complicado observarlos y determinar el parentesco entre las distintas especies.

Conocimiento de ácaros edáficos en el noroeste de México

México ha tenido un papel clave en el estudio de ácaros a nivel global, siendo un país con un alto número de expertos en ácaros y microartrópodos del suelo. El país cuenta con alrededor de 2,650 especies de ácaros registradas, esto es, cerca del 5% de la diversidad mundial. Sin embargo, este número no refleja la diversidad actual de ácaros edáficos en México, ya que el estudio de los ácaros se ha enfocado a especies de importancia médica y agrícola, y son pocos los estudios asociados a diferentes ecosistemas y microhábitats. El estudio de los ácaros edáficos se ha centrado en el centro y sur del país, especialmente en la Ciudad de México, Oaxaca, Guerrero y Quintana Roo, mientras que la fauna del suelo del noroeste está poco explorada lo que representa tanto un desafío como una oportunidad para conocer mejor la diversidad biológica de esta región

Actualmente, existen pocos estudios sobre la diversidad de ácaros en Sonora. Los registros existentes incluyen 160 especies de ácaros, de las cuales 34 son endémicas del estado y 13 se consideran probables de encontrarse en el estado debido a las condiciones ambientales (Castrezana et al. 2010). Revelo-Tobar y colaboradores (2024) destacan la falta de registros para Sonora, y la plataforma iNaturalista sólo agrega 12 observaciones adicionales. Esto refleja la escasa documentación de estas especies en el estado, lo que se debe a la falta de estudios y especialistas en el norte del país, dejando gran parte de la diversidad de ácaros en Sonora aún desconocida.

Sin embargo, dos estudios recientes han comenzado a desvelar la riqueza de estos pequeños organismos en el estado. El primero, realizado en 2017 por González-Salazar, se centró en la diversidad de ácaros en Mesa del Campanero, en Yécora. Durante el estudio, se recolectaron cerca de 13,000 ácaros pertenecientes tentativamente a 75 especies. La mayoría de ellos pertenecían al grupo de los Oribátidos, con registros nuevos para Sonora y un patrón de migración estacional relacionado con los meses de baja precipitación.

El segundo estudio, realizado en 2018 por López-Baltazar, exploró los ácaros en el ecosistema de selva baja caducifolia en el municipio de Álamos. Además de describir la diversidad de ácaros, el estudio evaluó su potencial como bioindicadores de la calidad del suelo. Se recolectaron más de 5,000 ácaros pertenecientes a ciento dieciocho especies tentativas y se descubrió que las áreas deforestadas tenían menos variedad de especies que las zonas no afectadas por la deforestación. También se documentaron nuevos registros de especies y familias de ácaros en el estado.

A pesar de estos esfuerzos, aún hay mucho por hacer para conocer la riqueza natural en la región norte de México; evidenciando la necesidad de generar más estudios de artrópodos en la región, analizando no solo áreas conocidas por su gran biodiversidad, como el bosque y la selva baja caducifolia, sino también aquellas zonas con mayor riesgo de desaparecer debido al cambio climático o sobreexplotación de recursos naturales. Crear un catálogo de los ácaros que habitan en la región no solo ayudará a los científicos, sino que también puede ser útil para el monitoreo de los sistemas ambientales a lo largo del tiempo. Además, entender el papel de estos organismos en el suelo y su potencial para evaluar la salud ambiental es clave para futuras investigaciones y planes de conservación.

regresar

475 años de la Universidad de México: una historia en letras de oro

El 21 de septiembre de 1551 comenzó una historia que, 475 años después, llega nuevamente a las letras de oro. La Cámara de Diputados convocó para este martes 29 de septiembre, a las 11:00 horas, una sesión solemne para inscribir en el Muro de Honor de su Salón de Sesiones la leyenda «475 Años de la Universidad de México (1551-2026)».

La inscripción conmemora el aniversario de la expedición de la Cédula Real que permitió fundar la Universidad de México y reconoce una tradición universitaria que ha atravesado distintas instituciones, transformaciones y momentos históricos hasta llegar a la Universidad Nacional Autónoma de México de nuestros días.

El decreto que ordena inscribir la nueva leyenda fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 23 de septiembre de 2026.

475 años de tradición universitaria

La fecha que da sentido a esta conmemoración es el 21 de septiembre de 1551. Ese día, en nombre de su padre Carlos V, el príncipe Felipe expidió la Cédula Real que permitió fundar la Real Universidad de México. Años después recibió el título de Real y Pontificia.

La institución se instaló en 1553 y se organizó siguiendo el modelo de las universidades europeas de tradición escolástica, particularmente el de Salamanca. La historia universitaria, sin embargo, no transcurrió de manera continua hasta la actual UNAM.

La antigua Universidad atravesó profundas transformaciones, cierres y reaperturas a lo largo del siglo XIX. Esa etapa histórica, iniciada en el siglo XVI, es distinta de la Universidad Nacional creada a principios del siglo XX.

En 1910 comenzó otro capítulo. El 26 de mayo de ese año se expidió la Ley Constitutiva de la Universidad Nacional de México y el 22 de septiembre se realizó su inauguración solemne, como parte del proyecto impulsado por Justo Sierra.

En 1929 se promulgó la Ley Orgánica de la Universidad Nacional de México, Autónoma, que marcó el inicio de una nueva etapa en la historia de la institución.

Por eso, hablar de 475 años de la Universidad de México no significa afirmar que la actual UNAM haya mantenido una existencia jurídica ininterrumpida desde 1551. La conmemoración remite a una tradición universitaria que comenzó en el siglo XVI, atravesó rupturas y transformaciones y llega hasta la Universidad de nuestros días.

La UNAM ya está escrita en letras de oro

La nueva leyenda no constituye la primera presencia de la Universidad en los espacios de honor del Congreso.

En la Cámara de Diputados, el nombre «Universidad Nacional Autónoma de México» está inscrito desde 2003. El decreto fue aprobado el 30 de abril y publicado en el Diario Oficial de la Federación el 12 de mayo de ese año. La develación se realizó el 28 de octubre de 2003 durante una sesión solemne en San Lázaro.

Dos décadas después, la Universidad también llegó al Senado.

El 23 de abril de 2024, el Senado aprobó por unanimidad, con 98 votos a favor, la inscripción de la leyenda «Universidad Nacional Autónoma de México. Por mi raza hablará el espíritu».

La develación tuvo lugar el 22 de agosto de 2024. En la ceremonia participaron el rector Leonardo Lomelí Vanegas y los exrectores José Sarukhán Kermez, Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles, además de integrantes de la comunidad universitaria.

Así, las tres inscripciones corresponden a momentos y sentidos diferentes.

La de 2003 lleva el nombre de la Universidad Nacional Autónoma de México. La de 2024, en el Senado, incorpora además su lema, «Por mi raza hablará el espíritu». La de 2026 dirige la mirada hacia una dimensión histórica más amplia: los 475 años de la Universidad de México.

La nueva inscripción no sustituye ni repite las anteriores. Conmemora una trayectoria universitaria cuyo punto de partida se sitúa en 1551 y que, a través de diferentes etapas, llega hasta el presente.

Los muros que guardan memoria

La nueva inscripción se integra a una tradición mucho más antigua en la Cámara de Diputados.

Sus antecedentes se remontan a los primeros años del México independiente. En 1823, el Congreso Constituyente decidió llevar al recinto legislativo los nombres de figuras vinculadas con la Independencia. La documentación histórica de la Cámara registra un decreto fechado el 19 de julio de aquel año entre los primeros antecedentes de esta práctica.

A lo largo de distintas etapas de la historia de México llegaron al Muro de Honor nombres como Benito Juárez, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Sor Juana Inés de la Cruz, Nezahualcóyotl y Alfonso García Robles.

El reconocimiento también se extendió a instituciones y acontecimientos. Ahí se encuentran, entre otros, el Heroico Colegio Militar y el Instituto Politécnico Nacional, además de leyendas dedicadas a los Constituyentes de 1857, al Movimiento Estudiantil de 1968 y al Exilio Republicano Español.

El Senado siguió una trayectoria diferente. Su actual Muro de Honor fue creado formalmente en 2021 mediante un decreto que estableció también los criterios para las inscripciones que se realizaran en ese espacio.

Más de dos siglos después de los primeros antecedentes de esta tradición parlamentaria, la historia universitaria vuelve a quedar representada en los muros de San Lázaro. Esta vez, la inscripción no se refiere únicamente a la institución contemporánea, sino a casi cinco siglos de historia universitaria.

La nueva leyenda dice:

«475 Años de la Universidad de México (1551-2026)».

regresar

Lo que no se ve en el ring: los riesgos y el precio de ser luchador en México

Rey Destroyer tenía 22 años cuando, a principios de marzo de 2024, sufrió una caída durante una función de lucha libre en Monterrey. Tras caer sobre la lona, logró reincorporarse, pero se desvaneció segundos después. Fue trasladado a un hospital, donde permaneció internado durante varios días. Sus compañeros organizaron actividades para ayudar a su familia a cubrir los gastos médicos. El luchador murió el 12 de marzo, después de las lesiones sufridas en el cuadrilátero.

El caso de Rey Destroyer muestra lo que puede ocurrir cuando un accidente se presenta en un oficio en el que la protección laboral resulta insuficiente para muchos de sus integrantes. Una lesión no solo puede poner en riesgo la salud de un luchador: también puede representar un problema económico para él y su familia y afectar su posibilidad de continuar trabajando.

De acuerdo con Carlos Juárez Gutiérrez, becario posdoctoral del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM e investigador de las condiciones laborales en la lucha libre profesional mexicana, esta situación forma parte de un problema más amplio. Las formas de contratación, la distribución de las oportunidades de trabajo y las diferencias entre quienes participan en las grandes empresas y quienes lo hacen en el circuito independiente configuran un mercado laboral marcado por distintas dimensiones de la precariedad.

Un mercado laboral desigual

Para comprender las condiciones laborales de los luchadores es necesario entender que la lucha libre mexicana funciona como un mercado laboral segmentado, en el que conviven las grandes empresas y las promotoras independientes, explicó Juárez Gutiérrez.

En las empresas existen diferentes modalidades de contratación. Algunos luchadores mantienen vínculos continuos con una compañía, mientras que otros son convocados únicamente para determinadas funciones. En el circuito independiente, señaló el investigador, son frecuentes los acuerdos informales y de palabra: los luchadores reciben fechas para participar sin que necesariamente exista un contrato escrito que establezca con claridad sus condiciones laborales.

Esta informalidad no significa que carezcan de derechos. La Ley Federal del Trabajo incluye expresamente a los luchadores en su capítulo sobre deportistas profesionales y contempla relaciones laborales por tiempo determinado, por tiempo indeterminado o para uno o varios eventos. Además, la falta de un contrato escrito no elimina los derechos derivados de una relación de trabajo.

En la práctica, el acceso a las funciones depende, en buena medida, de promotores, empresarios y encargados de programarlas. La cantidad de presentaciones puede cambiar constantemente y, con ella, también los ingresos. Para los luchadores independientes, dejar de ser programados puede significar una pérdida económica y una disminución de su presencia en las carteleras y de su visibilidad ante el público.

La posición que ocupa cada luchador dentro de una función constituye otro elemento determinante. El trabajo se organiza mediante un escalafón en el que existen preliminaristas, semifinalistas y estelaristas. Las luchas preliminares suelen ofrecer espacios a quienes comienzan su trayectoria o cuentan con menor reconocimiento, aunque la posición en la cartelera no corresponde de manera automática con los años de experiencia.

Alcanzar los niveles superiores tampoco depende únicamente de la capacidad deportiva. El reconocimiento del público, la experiencia, las relaciones dentro del gremio y las decisiones de los promotores influyen en las oportunidades que recibe cada luchador. Quienes ocupan las posiciones estelares suelen obtener mejores remuneraciones, mientras que quienes participan en las luchas iniciales reciben ingresos más bajos. La presencia de una figura consolidada puede, además, favorecer la venta de entradas.

Según el investigador, esta estructura también produce diferencias entre las mujeres, los luchadores de la categoría mini y los llamados exóticos. Estos últimos construyen personajes que juegan con expresiones de género y convenciones de la masculinidad. Juárez Gutiérrez considera que las barreras que estos grupos han enfrentado para acceder a mejores posiciones pueden constituir formas de discriminación laboral.

La división femenil, por ejemplo, ha encontrado obstáculos para alcanzar el mismo protagonismo que la varonil. Incluso luchadoras con trayectorias reconocidas pueden tener dificultades para ocupar el lugar estelar de una función. En el caso de los minis, el investigador señaló que su presentación como acompañantes o versiones de otros personajes ha limitado, en ciertos contextos, el reconocimiento de sus propias carreras. Los exóticos, por su parte, han enfrentado prejuicios de promotores, compañeros y sectores del público.

Las cuatro dimensiones de la precariedad laboral

Estas desigualdades se desarrollan dentro de un mercado en el que Juárez Gutiérrez identifica cuatro dimensiones principales de precariedad: la temporalidad e inestabilidad del empleo, la insuficiencia de los ingresos, la desprotección laboral y la vulnerabilidad frente a los riesgos del trabajo.

La primera corresponde a la inestabilidad laboral. Los luchadores no siempre tienen certeza sobre la continuidad de sus contrataciones, ya que su participación depende de la programación de las funciones. Una lesión, una decisión de los promotores o un cambio en las preferencias del público puede modificar su agenda. Para quienes se encuentran en el circuito independiente, una reducción o interrupción de las presentaciones puede significar la desaparición inmediata de los ingresos provenientes de esta actividad.

La segunda dimensión es la insuficiencia de los ingresos. El investigador describe una estructura piramidal en la que un grupo reducido concentra reconocimiento y mejores remuneraciones, mientras que otros participantes permanecen en posiciones menos favorecidas.

En el circuito independiente hay luchadores que reciben cantidades muy bajas por función. Algunos tienen otros empleos y utilizan la lucha libre como una actividad complementaria; otros continúan participando principalmente por vocación o por el deseo de permanecer dentro del gremio, aun cuando la remuneración económica sea mínima.

La tercera dimensión es la desprotección laboral. De acuerdo con Juárez Gutiérrez, entre los trabajadores estudiados existen casos sin acceso efectivo a prestaciones como aguinaldo, vacaciones pagadas o seguridad social. Ante una lesión, algunos terminan cubriendo por su cuenta consultas, tratamientos y procesos de rehabilitación.

El problema radica tanto en las modalidades de contratación como en las dificultades para reconocer las relaciones laborales y hacer efectivos los derechos correspondientes. Que una persona sea presentada como luchador independiente no permite determinar, por sí solo, cuáles son sus derechos u obligaciones: deben considerarse las condiciones reales en las que presta sus servicios.

Esta desprotección provoca que una parte importante del riesgo recaiga directamente sobre el trabajador. Una lesión derivada de una actividad de gran exigencia física puede convertirse también en un problema económico para el luchador y su familia.

La cuarta dimensión corresponde a la vulnerabilidad frente a los riesgos laborales. El cuerpo constituye la principal herramienta de trabajo de los luchadores y está sometido a golpes, caídas y esfuerzos físicos. Por ello, una lesión puede reducir sus oportunidades de participación, afectar sus ingresos y provocar su desplazamiento dentro de las carteleras.

La precariedad económica puede incluso llevar a algunos a ocultar o minimizar sus lesiones para no perder fechas de trabajo, señaló el investigador. Detenerse significa dejar de percibir ingresos y, en un mercado caracterizado por la inestabilidad, una ausencia prolongada puede traducirse en pérdida de espacios y visibilidad.

De esta manera, las cuatro dimensiones están estrechamente relacionadas. La inestabilidad laboral genera incertidumbre económica; los bajos ingresos dificultan afrontar los costos de una lesión; la falta de protección efectiva obliga al trabajador a asumir sus consecuencias, y ese mismo riesgo puede reducir sus oportunidades futuras de empleo.

El trabajo más allá del ring

Las condiciones laborales también tienen consecuencias en la vida personal. Según Juárez Gutiérrez, quienes participan constantemente en giras y funciones pueden enfrentar viajes frecuentes, horarios irregulares de alimentación, pocas horas de sueño y escaso tiempo para convivir con sus familias.

Esta dinámica puede provocar ausencias durante acontecimientos importantes y dificultades para conciliar el trabajo con la vida familiar. La exigencia física y laboral de la profesión contrasta con la percepción que en ocasiones tiene el público, que observa únicamente el momento del espectáculo sin conocer las condiciones que existen detrás de él.

Además, la precariedad no afecta exclusivamente a los luchadores. La lucha libre depende de numerosos trabajadores: quienes instalan y mantienen los cuadriláteros, el personal de audio y video, los réferis y los anunciadores. Sus condiciones también forman parte del funcionamiento de esta industria.

La disputa por los personajes

A las dimensiones anteriores se suma el problema de la propiedad y explotación de los personajes. En la lucha libre, el nombre, la máscara y otros elementos de identificación constituyen una parte fundamental de la trayectoria y del valor comercial del luchador.

Sin embargo, los derechos sobre esos elementos no siempre pertenecen a quien interpreta al personaje. Dependiendo de los registros y acuerdos existentes, una empresa u otra persona puede ser titular de determinados derechos, lo que puede limitar su uso cuando termina una relación profesional.

La protección de estos elementos involucra distintas figuras de propiedad intelectual. Entre ellas se encuentran las reservas de derechos al uso exclusivo de personajes y nombres artísticos ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor, así como los registros de marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Sus alcances son diferentes y dependen de lo que se haya protegido.

Por ello, registrar y defender un nombre o personaje puede requerir recursos, tiempo y asesoría especializada. Para un luchador, una disputa de este tipo puede comprometer una identidad profesional que ha construido durante años y limitar sus posibilidades de obtener ingresos a partir de ella.

El envejecimiento y la pérdida de espacios laborales

El envejecimiento constituye otro de los problemas de la profesión. Juárez Gutiérrez advierte que las oportunidades para aprovechar la experiencia de quienes ya no pueden participar con la misma intensidad resultan insuficientes. Cuando disminuyen las capacidades físicas, algunos luchadores pueden perder contrataciones y reconocimiento entre ciertos sectores de la afición.

En su análisis, esta situación se agrava por la pérdida de espacios de trabajo. Las arenas pequeñas han permitido que los luchadores locales se desarrollen y compartan funciones con figuras provenientes de empresas importantes. El cierre de estos recintos reduce las oportunidades de presentación y dificulta tanto la continuidad de las trayectorias como la formación de nuevos talentos.

La falta de espacios también puede limitar las posibilidades de quienes buscan transmitir su experiencia como entrenadores, instructores, visores o formadores de nuevas generaciones. Al mismo tiempo, plantea dificultades para la preservación de los conocimientos y las prácticas de la lucha libre.

“Esto es especialmente importante porque la lucha libre posee saberes y técnicas específicas que forman parte de su patrimonio cultural. Entre ellas se encuentra el tradicional trabajo a ras de lona y el uso de llaves, elementos que históricamente fueron fundamentales para distinguir a la lucha libre mexicana y que han ido perdiendo presencia frente a otros estilos más orientados al espectáculo y a los vuelos”, comentó Carlos Juárez.

La enseñanza del oficio también ha formado parte de sus investigaciones. En un artículo sobre experiencias formativas, el académico recuperó las narrativas de siete instructores y observaciones realizadas en gimnasios para analizar cómo se transmiten estos conocimientos.

El debilitamiento de la organización colectiva

A las condiciones de precariedad laboral se suma una organización colectiva débil, señala el investigador, aunque advierte que no siempre fue así.

De acuerdo con su reconstrucción de la historia del gremio, durante las décadas de 1970 y 1980 la organización sindical permitió fortalecer una identidad compartida y negociar determinadas condiciones laborales. El sindicato contaba con un tabulador salarial y tenía capacidad de interlocución con empresarios y promotores.

Aunque estaba vinculado con el sindicalismo corporativo mexicano y no necesariamente era una organización independiente y confrontativa, representaba una forma de contención frente a los intereses empresariales. “Permitía que los luchadores se reconocieran como integrantes de un mismo gremio y defendieran colectivamente determinadas condiciones”, explicó.

Según Juárez Gutiérrez, durante la década de 1990 esa organización entró en crisis. La pérdida de recursos y el debilitamiento de la dirigencia coincidieron con transformaciones del mercado, el surgimiento de nuevas empresas y cambios en las formas de contratación. La competencia entre promotoras contribuyó a dividir al gremio.

En su interpretación, esta transformación produjo también una fractura en la manera en que los luchadores se reconocían entre sí. La competencia por oportunidades, contratos, lugares en las carteleras y espacios de exposición ganó terreno frente a la identidad colectiva.

La contratación individualizada y la disputa por las funciones contribuyeron, así, a debilitar las posibilidades de organización. Esto no significa que hayan desaparecido la solidaridad o las iniciativas de apoyo entre compañeros, sino que resulta más difícil convertirlas en mecanismos permanentes de defensa laboral.

En un mercado donde los promotores y las empresas tienen un peso considerable sobre la asignación de oportunidades, intentar organizarse puede representar un riesgo para el trabajador. El investigador identifica el temor a los llamados “bloqueos”: dejar de ser contratado, perder lugares en las carteleras, no ser programado en determinadas plazas o quedar fuera de ciertas rivalidades.

Aunque no medie una comunicación formal de despido, un luchador puede ver reducidas sus oportunidades de trabajo. Esa posibilidad favorece que algunos busquen resolver individualmente sus problemas y eviten acciones que consideran capaces de afectar su continuidad.

Esto produce una situación paradójica: quienes más necesitan organizarse para defender sus derechos pueden ser precisamente quienes tienen mayores dificultades para hacerlo. El miedo a perder el trabajo genera desánimo y limita la participación.

Por ello, la desunión gremial no puede explicarse únicamente como falta de interés o solidaridad entre trabajadores. En el análisis de Juárez Gutiérrez, también responde a relaciones laborales asimétricas, precariedad, competencia y temor a represalias.

¿Qué se puede hacer?

En este contexto, la declaratoria de la lucha libre como patrimonio cultural intangible de la Ciudad de México, realizada en 2018, representa un reconocimiento importante. Refuerza su valor como expresión de identidad y como una tradición sostenida por conocimientos, técnicas y prácticas compartidas.

La declaratoria contempló una comisión encargada de instrumentar un plan de salvaguarda. De hecho, el Consejo de Fomento y Desarrollo Cultural capitalino había autorizado y validado ese plan en febrero de 2018. Se trata de un reconocimiento del Gobierno de la Ciudad de México, distinto de una inscripción en las listas de patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.

Sin embargo, la existencia de un reconocimiento y de instrumentos de salvaguarda no garantiza, por sí sola, mejores condiciones laborales. El reto consiste en que las políticas de preservación y promoción también contemplen la protección de quienes hacen posible el espectáculo y permitan evaluar sus resultados.

En este sentido, como sostiene Carlos Juárez, puede hablarse de una “patrimonialización del espectáculo” cuando se reconocen la tradición, los personajes, las técnicas y el valor turístico de las funciones, pero no se atienden con la misma intensidad las condiciones de quienes producen ese patrimonio. Para evitarlo, sería necesario articular políticas culturales, laborales y deportivas que atiendan de manera conjunta las distintas dimensiones de la actividad.

Para el Dr. Juárez , una primera medida sería conocer las dimensiones reales del gremio. La creación de un padrón de luchadores profesionales permitiría identificar cuántas personas trabajan en la actividad, bajo qué modalidades y cuáles son sus principales necesidades. A partir de esta información podrían diseñarse políticas públicas más específicas.

También sería necesario fortalecer la formación y preservar los conocimientos de la lucha libre. Esto podría incluir mecanismos de certificación para instructores e instructoras, así como un mapeo de gimnasios y espacios de enseñanza. Apoyar la continuidad y recuperación de las arenas y los centros de trabajo ampliaría las oportunidades para nuevos talentos y para quienes buscan transmitir su experiencia.

Otro frente corresponde a las condiciones laborales. Además de revisar los mecanismos de supervisión de promotores y empresarios, es necesario hacer efectivos los derechos existentes y establecer con claridad las condiciones de contratación. También podrían discutirse parámetros o tabuladores de pago que consideren las diferencias entre empresas, funciones y categorías.

La protección frente a los riesgos físicos constituye otro aspecto fundamental. La lucha libre es una actividad de gran exigencia corporal en la que pueden producirse lesiones graves. La Ley Federal del Trabajo establece, entre las obligaciones especiales de los patrones de deportistas profesionales, mantener un servicio médico que realice reconocimientos periódicos; también prohíbe exigir esfuerzos excesivos que pongan en peligro la salud o la vida.

Para quienes trabajan por cuenta propia, facilitar el acceso a la seguridad social y a coberturas adecuadas para los riesgos de la profesión representa otra vía de protección. Los seguros privados pueden complementar estos mecanismos, pero no sustituyen las obligaciones que correspondan cuando existe una relación laboral.

Finalmente, según lo propuesto en la investigación desarrollada en el IIS UNAM , cualquier política de protección tendría que considerar la participación de los propios luchadores. La debilidad de la organización colectiva es uno de los problemas identificados en este texto; por ello, las medidas que se diseñen difícilmente podrán ser efectivas si quienes trabajan en el gremio no participan en su elaboración y aplicación. La protección del patrimonio cultural de la lucha libre debería incluir también la protección de las personas que mantienen vivo ese patrimonio.

Ver más allá de los encordados

Detrás de cada función existe una red de trabajadores que sostiene una tradición ampliamente reconocida, pero cuyas condiciones pueden estar marcadas por la inestabilidad, los bajos ingresos, la falta de protección efectiva y los riesgos físicos.

Reconocer su labor requiere generar condiciones que les permitan continuar ejerciendo y transmitiendo este oficio, acceder a sus derechos y construir una trayectoria dentro y fuera del ring.

regresar

Queso cotija: un alimento tradicional que esconde ciencia en su elaboración

México posee una amplia tradición quesera que forma parte de su riqueza gastronómica y cultural. La elaboración de quesos se desarrolló a partir de la introducción de la ganadería y de técnicas europeas durante el periodo colonial, las cuales se combinaron con los conocimientos y costumbres de las comunidades locales. Con el paso del tiempo, cada región desarrolló sus propias formas de producción, dando origen a una gran variedad de quesos.

Esta diversidad se encuentra estrechamente relacionada con las características de cada territorio, como el clima, la alimentación del ganado, el tipo de leche y las técnicas empleadas durante su elaboración y maduración. Por ello, los quesos mexicanos representan no solo una fuente de alimento, sino también una expresión de las tradiciones y de la identidad de las comunidades que los producen.

Entre esta diversidad destaca el queso cotija artesanal de la sierra de Jalmich, una región ubicada entre Michoacán y Jalisco. Su elaboración, sus características particulares y su importancia dentro de la gastronomía regional lo convierten en un referente de la tradición quesera mexicana.

Pero detrás de una pieza de queso cotija hay mucho más que leche, sal y tiempo. Durante su elaboración y maduración ocurren transformaciones en las que participan enzimas, microorganismos y diferentes componentes de la leche. Estos procesos son los que, poco a poco, permiten que el queso adquiera su textura, aroma y sabor característicos.

Elaboración del queso

Para comprender cómo se producen estas transformaciones, es necesario comenzar por los ingredientes y las técnicas empleadas durante la elaboración. La doctora Maricarmen Quirasco Baruch, académica de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM, explicó el papel de la leche, la sal y el cuajo en este proceso.

El cotija artesanal de esta región se elabora con leche cruda de vaca, es decir, sin pasteurizar. Esta característica es relevante para comprender la comunidad de microorganismos que participa en su maduración, como describen las investigaciones de la UNAM sobre su microbiota.

Entre estos ingredientes, la leche tiene un papel fundamental. Proviene de ganado criado en pastoreo libre, que incluye animales criollos y cruzas con cebú y otras razas. Esto es importante porque la alimentación del ganado puede influir en la composición de la leche y, posteriormente, en las características del queso.

En el proceso descrito por la especialista se utiliza sal de la laguna de Cuyutlán, en Colima. Además de aportar sabor, tiene una función importante durante la elaboración y maduración: contribuye a la salida del suero y modifica las condiciones en las que pueden desarrollarse los microorganismos presentes en el queso.

Con estos ingredientes comienza un proceso en el que la leche va adquiriendo poco a poco las características propias del queso. Primero se realiza el ordeño manual del ganado. Posteriormente, la leche se traslada al lugar destinado para la elaboración, donde se incorpora el cuajo.

El cuajo de origen animal contiene quimosina, una enzima que actúa sobre una de las proteínas de la leche, la kappa-caseína. Esta acción permite que las caseínas se agrupen y formen una red que retiene grasa y parte del agua, dando lugar a la cuajada. En términos sencillos, este es uno de los primeros momentos en que la leche comienza a convertirse en queso.

Una vez formada, la cuajada se corta y se deja reposar para facilitar la separación del suero. Este es el líquido que se separa de la cuajada y contiene principalmente agua, además de lactosa, proteínas del suero, minerales y otras sustancias disueltas. No todas las proteínas de la leche quedan retenidas en el queso.

El aspecto del suero también sirve como referencia para los productores. Normalmente presenta una tonalidad amarillenta o verdosa y una apariencia translúcida. El matiz verdoso se relaciona con la riboflavina, también conocida como vitamina B2. Un aspecto más blanquecino puede indicar pérdidas de grasa o de partículas de cuajada, aunque el color por sí solo no permite determinar el rendimiento.

Después, la cuajada se coloca en una manta para favorecer la salida del suero y se manipula antes de incorporar manualmente la sal. Además de aportar sabor, este paso modifica la humedad y la disponibilidad de agua para los microorganismos, lo que favorece a algunos y dificulta el crecimiento de otros.

A continuación, la cuajada salada se moldea y se prensa. En la elaboración tradicional pueden utilizarse piedras como peso para facilitar la salida del suero y dar consistencia a la pieza. Las condiciones del prensado pueden variar según el tamaño del queso y las prácticas de cada productor.

Una vez prensado, el queso se desmolda y puede observarse en su superficie la trama de la tela utilizada. Después se realiza el fajado, que ayuda a mantener su forma, y se coloca una tela para protegerlo de los insectos. Finalmente, se lleva a cabo el oreado y comienza la etapa que dará lugar a buena parte de sus características sensoriales: la maduración.

La maduración del queso

El queso cotija artesanal de la región se madura durante un mínimo de tres meses. Durante este periodo pierde humedad, puede cambiar de color y desarrolla diferentes características de aroma, sabor y textura. Estos cambios son resultado de procesos químicos, bioquímicos y microbiológicos que ocurren de manera gradual, explicó la doctora Quirasco Baruch.

Una vez que el queso entra en maduración, los componentes de la leche que quedaron en la cuajada continúan transformándose. Desde el punto de vista bioquímico, los azúcares residuales, los lípidos y las proteínas experimentan diferentes modificaciones. Como resultado, se producen sustancias que contribuyen a las características finales del queso.

En el caso de los azúcares, los microorganismos utilizan la lactosa, principalmente durante la elaboración y las primeras etapas de maduración. A partir de ella pueden producir ácido láctico y otros compuestos que modifican la acidez y ayudan a definir las condiciones en las que se desarrolla la comunidad microbiana del queso.

Los lípidos también se transforman durante la maduración. Mediante la acción de enzimas pueden liberarse ácidos grasos, algunos de los cuales contribuyen directamente al sabor y al aroma o se convierten en otras sustancias con efectos sensoriales.

Por su parte, las proteínas, especialmente las caseínas, se van degradando en moléculas más pequeñas, como péptidos y aminoácidos. Estos últimos pueden transformarse posteriormente en sustancias que también contribuyen a las características del queso.

De esta manera, la transformación de azúcares, lípidos y proteínas genera una variedad de moléculas que, en conjunto, participan en el aroma y el sabor. Su efecto depende tanto de la cantidad en que se encuentran como de su combinación con otros compuestos. Por ello, la presencia de una sola sustancia no basta para explicar el perfil sensorial de una pieza.

El análisis metagenómico realizado por investigadores de la UNAM permitió identificar, además de microorganismos, genes relacionados con procesos que pueden contribuir a esas transformaciones. Esta información revela capacidades metabólicas de la comunidad microbiana, aunque no equivale por sí sola a medir los compuestos aromáticos presentes en cada queso.

Por esta razón, la especialista de la FQ definió al queso cotija como una especie de “perfume complejo”, ya que sus características sensoriales dependen de la combinación y proporción de numerosos compuestos.

Sin embargo, estas transformaciones no ocurren de manera aislada. Detrás de buena parte de ellas se encuentra una comunidad de microorganismos que también cambia conforme avanza la maduración.

Los pequeños habitantes del queso

Desde la microbiología, el estudio de los microorganismos, el queso cotija también ofrece mucho que explorar.

La doctora Quirasco Baruch destacó la gran diversidad microbiana de este alimento. En un estudio publicado en 2016, su equipo identificó, mediante el análisis del material genético, tres géneros dominantes y más de 500 géneros no dominantes de bacterias y arqueas.

Este resultado describe la diversidad detectada en el queso analizado; no significa que todas las piezas contengan exactamente los mismos microorganismos o que estos se encuentren en las mismas proporciones. Entre los grupos predominantes destacan las bacterias lácticas, que participan en la fermentación y en otras transformaciones del alimento.

Entre las especies predominantes identificadas se encuentran Leuconostoc mesenteroides, Weissella paramesenteroides y Lactiplantibacillus plantarum, antes denominada Lactobacillus plantarum. Estas bacterias pueden contribuir al desarrollo de características como el sabor y el aroma. El cambio de nombre de esta última especie corresponde a una actualización de su clasificación científica.

Además de estos microorganismos predominantes, el análisis detectó otros grupos en proporciones menores, incluidas arqueas, que pertenecen a un dominio de la vida distinto del de las bacterias. La identificación de material genético permite conocer esa diversidad, pero no demuestra por sí sola que todos los microorganismos detectados estén vivos o metabólicamente activos.

Esta diversidad se relaciona con las características propias de la elaboración tradicional del queso cotija. Los microorganismos pueden provenir de la leche, la sal, las superficies utilizadas durante su elaboración y el ambiente, por lo que el queso se convierte en un ecosistema en el que interactúan diferentes comunidades microbianas.

A medida que avanza la maduración, las condiciones del queso también cambian. Disminuye la humedad, se redistribuye la sal y se modifican otras características del alimento, como la acidez y la disponibilidad de nutrientes. Como consecuencia, algunos microorganismos encuentran mejores condiciones para desarrollarse, mientras que otros disminuyen.

Por ello, la microbiota que finalmente se encuentra en el queso es el resultado de una interacción dinámica entre los microorganismos y las condiciones de elaboración y maduración.

Esto no significa que todos los microorganismos presentes sean iguales o que su presencia sea necesariamente positiva. En un alimento artesanal es importante distinguir entre los que participan en el desarrollo de sus características y aquellos que pueden provocar alteraciones o representar un riesgo para la inocuidad. Por ello, las condiciones de elaboración, higiene y maduración son fundamentales.

Una combinación de tradición y ciencia

Todo lo anterior permite observar que la elaboración del queso cotija no consiste únicamente en seguir una serie de pasos tradicionales. Cada una de estas etapas modifica las condiciones físicas, químicas y microbiológicas del alimento, y estos cambios influyen en las características que finalmente llegan a la mesa.

Así, detrás de una pieza de queso cotija existe una compleja interacción entre sus ingredientes, los microorganismos y las condiciones del entorno. Lo que para el consumidor puede parecer simplemente un queso madurado es, en realidad, el resultado de una serie de transformaciones que ocurren durante semanas y meses.

El queso cotija es, de esta manera, un ejemplo de cómo la ciencia también puede encontrarse en los alimentos que forman parte de la vida cotidiana. Su sabor, aroma y textura son el resultado de procesos que los productores han aprendido a manejar a través de generaciones, convirtiendo una técnica tradicional en un producto que también guarda una historia de química, microbiología y cultura.

regresar

El girasol: una alternativa ante los desafíos del agua, el suelo y la agricultura

En la agricultura, el agua y el suelo son mucho más que recursos indispensables para producir. De su disponibilidad y de sus condiciones depende, en buena medida, la capacidad de una parcela para sostener los cultivos a lo largo del tiempo. Sin embargo, ambos enfrentan presiones que pueden comprometer la producción: periodos de sequía, lluvias irregulares, exceso de humedad, cambios en las temperaturas y deterioro de los suelos agrícolas.

Ante este escenario, encontrar cultivos capaces de adaptarse a condiciones ambientales variables y contribuir a diversificar los sistemas de producción se ha convertido en una tarea importante para la investigación agrícola.

Hace aproximadamente diez años, Ana Karen Granados Mayorga, entonces estudiante y hoy académica de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, inició una línea de investigación que puso la mirada en un cultivo conocido, pero con importantes posibilidades por explorar: el girasol. Con el paso de los años, este trabajo se ha fortalecido mediante la participación y colaboración de académicos de la misma institución, como Rubén Vargas Márquez, y ha ampliado las líneas de estudio en torno al cultivo y sus posibilidades de producción.

La investigación comenzó con una pregunta práctica: ¿qué cultivo podría incorporarse a los sistemas de producción como una alternativa ante los bajos rendimientos y las condiciones ambientales cambiantes? El girasol apareció entonces como una opción prometedora, particularmente por su capacidad para tolerar ciertos periodos de escasez de agua y por las características de su sistema de raíces.

Desde entonces, diversas parcelas del Centro de Enseñanza Agropecuaria de la FES Cuautitlán se han convertido en un espacio para observar, experimentar y aprender. El cultivo se ha establecido bajo condiciones climáticas diversas y mediante diferentes estrategias de manejo. Esta experiencia ha permitido conocer tanto sus fortalezas como los retos que implica incorporarlo a los sistemas agrícolas de la región y de otros estados.

¿Por qué el girasol?

Una de las principales razones para estudiar el cultivo de girasol es su capacidad para enfrentar periodos de escasez de agua, comentó Granados Mayorga. Esta característica resulta relevante en un contexto en el que la disponibilidad de agua para la agricultura representa uno de los principales desafíos para la producción de alimentos.

Su tolerancia está relacionada, entre otros factores, con la morfología de la planta. La académica explicó que el girasol desarrolla una raíz pivotante, es decir, una raíz principal que puede explorar capas profundas del suelo cuando sus condiciones lo permiten. Esto le ayuda a aprovechar agua y nutrientes que no siempre están al alcance de cultivos con raíces más superficiales.

Sin embargo, tolerar la sequía no significa que el girasol necesite poca agua o que su rendimiento no disminuya cuando esta escasea. La respuesta depende del material cultivado, del suelo y del momento en que ocurre el déficit hídrico. La FAO identifica la floración como una etapa especialmente sensible a la falta de agua; también es importante contar con humedad suficiente durante el llenado de las semillas.

Además, sus residuos vegetales representan una aportación de materia orgánica que puede contribuir a mejorar las condiciones del suelo cuando se conservan y manejan adecuadamente.

Por ello, uno de los aspectos centrales de la investigación ha sido analizar al girasol como parte de un sistema de producción. En este esquema puede desempeñar un papel en la rotación de cultivos, una práctica que consiste en alternar diferentes especies a lo largo de los ciclos productivos para diversificar el uso de los recursos y contribuir al manejo de plagas, enfermedades y malezas.

De acuerdo con Granados Mayorga, en las parcelas de la FES Cuautitlán se ha observado un desarrollo favorable de algunos cultivos establecidos después del girasol, como avena, maíz y alfalfa. Productores de la región también han compartido experiencias positivas. Héctor Manuel Barajas Maldonado y Víctor Castro Cortés, originarios de Zumpango y dedicados al cultivo de maíz, cebada y trigo, han trabajado con girasol y reconocen algunos de los beneficios que puede aportar al sistema productivo.

“El girasol tiene un impacto positivo en el suelo. Durante la cosecha se retira principalmente el capítulo (la cabeza) de la planta, mientras que gran parte de la biomasa permanece en la parcela como rastrojo. Al incorporarse al suelo, este material contribuye al aumento de la materia orgánica y al mejoramiento de sus condiciones. De hecho, hemos visto que cuando sembramos girasol dos años consecutivos, el cultivo establecido posteriormente puede presentar un incremento considerable en su rendimiento”, dijo Héctor.

Este testimonio describe la experiencia del productor y no constituye una recomendación general para sembrar girasol de manera consecutiva. Repetirlo en una misma parcela puede favorecer problemas sanitarios y reducir las reservas de agua del suelo. Por ello, la secuencia de cultivos debe planearse según las condiciones locales.

Las observaciones realizadas ofrecen motivos para seguir estudiando sus efectos sobre los cultivos posteriores. Para determinar cuánto contribuye el girasol a un cambio de rendimiento, es necesario considerar también factores como la fertilización, las lluvias y el manejo de los residuos.

Pero el interés por la planta no termina en el suelo ni en la parcela: una parte importante de la investigación busca aprovechar también aquello que queda después de la cosecha.

Un cultivo que conecta disciplinas

La investigación en torno al girasol ha abierto la puerta a colaboraciones dentro de la propia FES Cuautitlán. Una de ellas surgió a partir de una pregunta que va más allá del rendimiento del cultivo: ¿qué puede hacerse con las partes de la planta y los subproductos que quedan después de aprovechar su producto principal?

El acercamiento entre Granados Mayorga y la Dra. María de la Luz Zambrano Zaragoza, académica y responsable del Laboratorio de Procesos de Transformación y Tecnologías Emergentes de Alimentos de la Unidad de Investigación Multidisciplinaria, permitió llevar esta pregunta del campo al laboratorio.

De acuerdo con la Dra. Zambrano Zaragoza, su grupo cuenta con más de cinco años de experiencia en la extracción de compuestos bioactivos a partir de subproductos de las industrias alimentaria y agrícola. En el caso del girasol alto oleico, cuyo aceite contiene una proporción elevada de ácido oleico, el interés se concentra inicialmente en la pasta que permanece después de extraer el aceite de la semilla.

Lejos de considerarse un desecho, esta pasta contiene proteínas y compuestos fenólicos que pueden aprovecharse para obtener productos de mayor valor agregado. Entre las líneas de investigación se encuentra la obtención de péptidos bioactivos, pequeñas cadenas de aminoácidos que pueden liberarse mediante la descomposición controlada de las proteínas.

Estos compuestos han despertado interés por sus posibles actividades antioxidantes, antihipertensivas y antiinflamatorias. En el caso del girasol, estudios experimentales con péptidos derivados de sus proteínas han encontrado actividades biológicas de interés. Sin embargo, los resultados de laboratorio o en modelos animales no bastan para establecer beneficios clínicos en personas.

También se estudian compuestos fenólicos, entre ellos el ácido clorogénico, por su potencial para contribuir al desarrollo de formulaciones relacionadas con la protección frente a la radiación ultravioleta. Se trata de una línea experimental que requiere evaluar la eficacia, estabilidad y seguridad de los productos que pudieran desarrollarse. Investigaciones sobre extractos de girasol han explorado sus propiedades de absorción y disipación de energía ultravioleta.

Según la académica, dos estudiantes de doctorado participan en la caracterización y estudio de estos subproductos, incorporando así una nueva dimensión a su formación como investigadores.

La colaboración no termina en la semilla. Como parte de las siguientes etapas, se contempla estudiar los tallos y las hojas para identificar y evaluar compuestos con posible actividad antimicrobiana. La intención es determinar si pueden aprovecharse como base para el desarrollo de conservadores. Su origen natural, por sí solo, no garantiza su seguridad o eficacia.

Este aprovechamiento también plantea una decisión de manejo: qué proporción de los residuos puede destinarse a otros usos y cuál conviene conservar en la parcela para mantener sus aportaciones al suelo.

Más que una investigación aislada, esta experiencia muestra cómo un cultivo puede convertirse en punto de encuentro entre distintas disciplinas. La producción agrícola aporta la materia prima; la investigación en alimentos permite identificar y caracterizar sus componentes; y la participación de estudiantes abre nuevas posibilidades de formación y generación de conocimiento.

Para Zambrano Zaragoza, este tipo de colaboración permite diversificar los proyectos y descubrir oportunidades que pueden pasar inadvertidas cuando cada área trabaja de manera independiente. La interacción entre las áreas agrícola, químico-biológica y de ingeniería en alimentos puede contribuir, además, al desarrollo de procesos de transferencia tecnológica, con la posibilidad de que los conocimientos generados en la universidad se traduzcan en alternativas aplicables al sector productivo.

Así, el aprovechamiento del girasol puede continuar en otros espacios de la Facultad, donde sus semillas, tallos, hojas y subproductos se convierten en materia prima para nuevas investigaciones. De esta manera, una parcela puede dar origen a preguntas que terminan involucrando a estudiantes, académicos y especialistas de distintas disciplinas.

created by Polish

El girasol y sus polinizadores

Esta visión integral del cultivo también incluye su relación con los insectos. Las flores del girasol atraen a abejas y otros visitantes, por lo que, a la par de las investigaciones agronómicas y de aprovechamiento de subproductos, la FES Cuautitlán desarrolla un proyecto para identificar las especies que visitan el cultivo y conocer su función.

En esta investigación también participan estudiantes. Es el caso de Alan Cortés Caballero, alumno de Ingeniería Agrícola, quien desde quinto semestre se incorporó al proyecto como parte de la asignatura de Entomología. Desde entonces ha estudiado la presencia y dinámica de los insectos asociados con el girasol.

Durante su primera etapa de participación, Alan se enfocó en el monitoreo de insectos diurnos. Posteriormente, el trabajo se amplió al análisis de las variaciones en las poblaciones de un año a otro y, más recientemente, a una línea relacionada con la fertilización del cultivo.

El interés por los insectos no es menor. Aunque muchos híbridos comerciales de girasol pueden autopolinizarse, las visitas de abejas pueden mejorar la formación de semillas y el rendimiento. La magnitud del beneficio depende del material cultivado, las condiciones ambientales y los polinizadores presentes. Así lo muestran investigaciones del Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos.

Por ello, conocer qué especies visitan el cultivo, en qué momento aparecen y cómo cambia su abundancia a lo largo del desarrollo de la planta puede aportar información relevante para comprender su comportamiento.

Entre los insectos registrados por el equipo se encuentran mosquitas blancas y pulgones, que pueden comportarse como plagas, pero también destaca la presencia de Apis mellifera, la abeja de la miel, como uno de los principales polinizadores observados.

Según los registros del proyecto, su presencia cambia de acuerdo con la etapa de desarrollo de la planta: algunos insectos que pueden causar daños son más frecuentes durante la etapa vegetativa, mientras que las visitas de polinizadores aumentan durante la floración.

La investigación, señaló Granados Mayorga, busca determinar si existe una relación entre la presencia de ciertos polinizadores y el rendimiento del girasol. Así, el estudio de los insectos permite observar otra dimensión del cultivo: su interacción con organismos que forman parte del ecosistema y que, al mismo tiempo, pueden influir en la producción.

Para Alan, participar en este proyecto ha representado una oportunidad para complementar su formación académica con experiencia práctica. El trabajo en campo le ha permitido desarrollar habilidades de investigación y redacción, además de fortalecer sus conocimientos sobre el comportamiento de los cultivos y los organismos que interactúan con ellos.

El estudiante considera importante que otros alumnos se acerquen a sus profesores y conozcan las diferentes líneas de investigación disponibles en la FES Cuautitlán. Desde su experiencia, participar en estos proyectos permite complementar la formación académica y acercarse desde la licenciatura a los retos y posibilidades del campo agrícola.

Echa raíces también en lo económico

A las dimensiones ambiental, productiva y científica se suma el potencial económico del girasol. La planta puede aprovecharse de diferentes maneras, destacó Vargas Márquez. Según la variedad y el objetivo de producción, puede destinarse al mercado ornamental como flor de corte, utilizarse como forraje para el ganado o cultivarse para obtener grano destinado a la producción de aceite y otros derivados.

A estos usos se suma el sector cosmético, en el que el aceite de girasol se utiliza como ingrediente de productos para el cuidado de la piel. Cada destino requiere características de calidad y condiciones de manejo específicas, por lo que no todos los aprovechamientos pueden combinarse en una misma cosecha.

Incluso el paisaje puede convertirse en una fuente adicional de ingresos. Héctor Barajas compartió que los campos de girasol tienen un atractivo turístico que puede generar oportunidades para los productores mediante actividades relacionadas con el acceso y disfrute del paisaje. Así, el cultivo puede ofrecer alternativas económicas que van más allá de la venta tradicional del grano.

Estas posibilidades también han favorecido que el proyecto trascienda las parcelas de la FES Cuautitlán. De acuerdo con los académicos, el trabajo ha establecido vínculos con productores y colaboradores en Hidalgo, Guanajuato, Sinaloa y Chihuahua, así como con instituciones académicas y empresas relacionadas con la producción de semillas.

Estas colaboraciones han permitido intercambiar experiencias sobre manejo agronómico, rendimientos, adaptación climática y nuevas posibilidades de aprovechamiento. Su viabilidad económica depende también de los costos de producción, la disponibilidad de compradores y las condiciones de procesamiento y comercialización.

Retos para mantener el cultivo

Sin embargo, considerar al girasol como una alternativa agrícola no significa ignorar los problemas que enfrenta su producción. Durante la investigación se han identificado enfermedades y plagas que pueden afectar el cultivo.

Granados Mayorga compartió que una de las enfermedades observadas es la roya blanca. Su infección se favorece por la presencia de agua sobre los tejidos y temperaturas frescas; su desarrollo posterior puede ocurrir con temperaturas más cálidas. Por ello, no es preciso relacionarla únicamente con temperaturas elevadas. La Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires describe la importancia de la humedad y de las variaciones de temperatura en esta enfermedad.

En determinados años también se ha registrado la mosca del capítulo del girasol, cuyas larvas pueden dañar los frutos en formación y las semillas que contienen. El capítulo es la estructura conocida comúnmente como “cabeza”, en la que se agrupan numerosas flores.

Las condiciones ambientales también han obligado a modificar las prácticas agrícolas. El equipo ha experimentado con diferentes formas de preparar y trabajar el suelo antes de la siembra, conocidas como labranza, para evaluar el manejo del exceso de agua y reducir el riesgo de que las plantas se inclinen o caigan.

El girasol requiere un suelo con drenaje adecuado: su tolerancia a la escasez de agua no implica resistencia al encharcamiento prolongado. Por ello, las decisiones sobre labranza deben considerar las características del terreno y sus efectos sobre la estructura y conservación del suelo.

La mecanización constituye otro de los grandes desafíos. A medida que aumenta la superficie cultivada, se requiere contar con maquinaria adecuada para realizar de manera eficiente las diferentes labores, mencionó Vargas Márquez. Por ejemplo, fue necesario modificar una sembradora de maíz para adaptarla a la siembra de girasol.

La cosecha de grano presenta un reto adicional, debido a que requiere maquinaria y cabezales adecuados o adaptados, que no siempre están disponibles en las regiones donde el cultivo tiene poca presencia.

Por esta razón, uno de los objetivos actuales consiste en avanzar de una producción de pequeña escala hacia superficies medianas y, posteriormente, grandes. Para lograrlo no basta con disponer de semilla y conocimientos agronómicos: también se necesita desarrollar infraestructura, maquinaria, equipos y sistemas de acopio que permitan sostener la producción.

El reto consiste en construir las condiciones necesarias para que el girasol pueda integrarse de manera viable a los sistemas agrícolas. Después de aproximadamente una década de investigación, el cultivo se presenta como una alternativa con posibilidades en distintos frentes: diversificar los sistemas productivos, aportar residuos orgánicos al suelo, ofrecer recursos a los polinizadores, generar nuevas líneas de investigación y abrir oportunidades económicas.

En ese sentido, la experiencia de la FES Cuautitlán muestra que estudiar un cultivo también implica mirar más allá de la parcela. Una semilla puede convertirse en alimento, materia prima, objeto de investigación y oportunidad para los productores, mientras la planta ofrece recursos a otros organismos. El siguiente paso será determinar hasta dónde pueden llegar esas posibilidades y qué condiciones se necesitan para llevarlas de la experimentación a una producción de mayor escala.

regresar

Más allá del peso: cuando el exceso de grasa afecta la salud durante la adolescencia

Hablar de la salud durante la adolescencia implica prestar atención a una etapa en la que ocurren cambios importantes en el cuerpo y comienzan a consolidarse muchos de los hábitos que pueden acompañarnos a lo largo de la vida. En este periodo, aspectos como la alimentación, la actividad física, el descanso y el bienestar emocional adquieren especial importancia, particularmente cuando se trata de prevenir problemas relacionados con el exceso de grasa corporal o adiposidad excesiva.

Sobre este tema, la doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura, jefa del Departamento de Embriología y Genética de la Facultad de Medicina de la UNAM y pediatra endocrinóloga, explicó que el exceso de grasa corporal no debe reducirse a una cuestión de peso o apariencia. Se trata de un problema complejo en el que intervienen diversos factores y que puede tener repercusiones en diferentes órganos y sistemas del organismo. Por ello, comprender sus causas, reconocer sus posibles complicaciones y conocer las medidas que pueden contribuir a prevenirlo resulta fundamental desde edades tempranas.

¿Qué es la adiposidad?

La adiposidad se refiere a la cantidad de grasa presente en el cuerpo y no implica, por sí misma, una enfermedad. El tejido adiposo cumple funciones necesarias, como almacenar energía y participar en la regulación hormonal. El problema aparece cuando su acumulación es excesiva o su distribución y funcionamiento afectan la salud.

Durante su ponencia “Adiposidad en adolescentes, causas, complicaciones y soluciones”, Rodríguez Ventura abordó las repercusiones del exceso de tejido adiposo, que puede favorecer un estado de inflamación crónica de bajo grado y contribuir a alteraciones metabólicas.

Sus efectos pueden comenzar desde edades tempranas. La obesidad durante la infancia y la adolescencia se asocia con un mayor riesgo de problemas de salud posteriores, especialmente cuando persiste en la vida adulta. Sin embargo, ese riesgo puede disminuir: un estudio de seguimiento encontró que quienes habían tenido sobrepeso u obesidad en la infancia, pero no presentaban obesidad en la adultez, tenían riesgos similares para varios indicadores cardiometabólicos a los de quienes nunca habían presentado ese problema.

Por esta razón, identificar y atender el exceso de grasa desde etapas tempranas ofrece una oportunidad para mejorar la salud presente y futura. Su valoración requiere considerar el crecimiento, los antecedentes y el estado de salud; en adolescentes, el índice de masa corporal se interpreta de acuerdo con la edad y el sexo, y no mide directamente la grasa corporal.

Un problema con diversos factores

El exceso de grasa corporal no tiene un solo origen. Aunque una alimentación poco saludable y la falta de actividad física pueden contribuir a su desarrollo, estos factores no lo explican por sí solos. También intervienen factores genéticos, psicológicos, conductuales, económicos, culturales, ambientales y relacionados con la gestación y las primeras etapas de la vida.

La predisposición genética influye en la susceptibilidad de cada persona, pero actúa en interacción con el entorno. Su contribución no puede resumirse en un porcentaje único aplicable a todos los casos ni significa que el desarrollo de obesidad sea inevitable.

Además, estos elementos no actúan de manera aislada. Las condiciones en las que una persona crece pueden facilitar o dificultar la adopción de hábitos saludables. Por ejemplo, el acceso a alimentos nutritivos, las oportunidades para realizar actividad física, la calidad del sueño y el nivel de estrés pueden estar determinados, en parte, por el entorno familiar, escolar y social.

En el caso de los adolescentes, estos elementos adquieren especial importancia, ya que se encuentran en una etapa de cambios físicos, emocionales y sociales. Por ello, abordar el exceso de adiposidad requiere considerar tanto las decisiones individuales como las circunstancias que pueden favorecer o dificultar determinados hábitos.

Esta perspectiva permite entender que su prevención y atención requieren considerar las características y el contexto de cada persona.

Complicaciones del exceso de adiposidad

El exceso de grasa corporal puede tener consecuencias en distintos sistemas del organismo, aunque no todas las personas presentan las mismas complicaciones.

Una de las principales preocupaciones durante la infancia y la adolescencia es la resistencia a la insulina, condición en la que tejidos como el músculo, el hígado y el tejido adiposo responden de manera insuficiente a esta hormona. El páncreas puede compensarlo produciendo más insulina, pero, si esa respuesta resulta insuficiente, aumenta la glucosa en la sangre y pueden desarrollarse prediabetes y diabetes tipo 2.

Entre los problemas asociados con la obesidad también se encuentran la hipertensión arterial, las alteraciones del colesterol y los triglicéridos y la acumulación excesiva de grasa en el hígado. Esta última puede acompañarse de inflamación y, en algunos casos, de cicatrización del tejido hepático. Algunas de estas alteraciones aumentan el riesgo cardiovascular a largo plazo.

También pueden presentarse problemas respiratorios. La obesidad puede dificultar el control del asma y favorecer la apnea obstructiva del sueño, en la que la vía aérea superior se obstruye parcial o completamente de manera repetida durante el descanso. Esto puede fragmentar el sueño y ocasionar cansancio, dificultades de concentración y cambios en el comportamiento.

En el sistema musculoesquelético pueden aparecer dolor articular, alteraciones en la alineación de las piernas y problemas en la cadera. Estas molestias pueden generar un círculo difícil de romper: el dolor dificulta la actividad física, la menor actividad puede favorecer el aumento de grasa corporal y este incremento puede intensificar nuevamente las molestias.

Asimismo, el exceso de adiposidad se ha asociado con una pubertad más temprana, especialmente en las niñas. En los niños, los resultados son menos uniformes y dependen, entre otros aspectos, del indicador de desarrollo puberal que se estudie.

Ante este panorama, la prevención adquiere un papel central. Sin embargo, cuando ya existe obesidad o alguna complicación, también se necesita una valoración clínica y un tratamiento individualizado. Promover hábitos saludables forma parte de esa atención, que puede requerir otras intervenciones según las necesidades de cada adolescente.

¿Cómo prevenir el exceso de adiposidad?

La alimentación es uno de los pilares de la prevención, pero debe evitarse la idea de que la solución consiste simplemente en comer menos. En niños y adolescentes, una restricción excesiva o sin supervisión puede comprometer el aporte de nutrientes necesarios para el crecimiento y el desarrollo.

Por ello, la recomendación central es mejorar la calidad de la alimentación. En este sentido, Rodríguez Ventura recomendó aumentar el consumo de alimentos frescos o mínimamente procesados, como verduras, frutas, frijoles, lentejas y otras leguminosas, semillas, nueces, cacahuates y cereales integrales. También se recomienda incluir pescado y preferir grasas insaturadas, presentes en alimentos como el aguacate, las semillas, los frutos secos y algunos aceites vegetales.

Conviene limitar las bebidas azucaradas, las carnes procesadas —como los embutidos— y los productos con abundantes azúcares libres, sodio o grasas saturadas, además de evitar las grasas trans de producción industrial. Las grasas son necesarias para el organismo; importa tanto su cantidad como el tipo que se consume. Estas orientaciones coinciden con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre alimentación saludable.

También se recomienda priorizar el agua simple como bebida habitual. Para variar su sabor, puede añadirse limón o prepararse agua de jamaica sin azúcar.

Junto con la alimentación, la actividad física constituye otro elemento fundamental. No tiene que consistir exclusivamente en practicar un deporte formal. Caminar, jugar, bailar y desplazarse en bicicleta son formas de incorporar movimiento a la vida cotidiana.

Para la población de 5 a 17 años, la OMS recomienda realizar, a lo largo de la semana, un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, principalmente aeróbica. También aconseja incluir actividades vigorosas y que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana. La incorporación del movimiento puede ser gradual y adaptarse a las capacidades de cada persona.

Además de contribuir al gasto energético, la actividad física favorece la salud cardiovascular, el bienestar emocional y el descanso. Reducir el tiempo sedentario también es importante, aunque levantarse con frecuencia o realizar tareas ligeras no sustituye todos los beneficios de las actividades de mayor intensidad.

Salud mental y manejo del estrés

El estrés provocado por las exigencias escolares, las relaciones sociales, el entorno familiar u otras situaciones puede influir en la forma en que una persona come, duerme y maneja sus emociones. En algunos casos, puede favorecer cambios en el apetito, una mayor búsqueda de alimentos como respuesta emocional o dificultades para mantener un sueño adecuado.

Estos cambios pueden afectar otros hábitos relacionados con la salud y, por ello, también deben considerarse al abordar la prevención del exceso de grasa corporal. Contar con espacios de escucha y apoyo puede ayudar a identificar las dificultades que atraviesa cada adolescente.

De igual manera, es importante evitar las críticas y los estigmas relacionados con el cuerpo, ya que pueden afectar la autoestima y la relación de las y los jóvenes con la alimentación. Las conversaciones sobre peso y salud deben desarrollarse con respeto, empatía y sin humillar o culpar a la persona.

Decir que alguien tiene exceso de grasa porque simplemente “come demasiado” o “no hace ejercicio” ignora la complejidad del problema. Las burlas y la discriminación también pueden afectar la salud mental y favorecer conductas alimentarias perjudiciales.

En consecuencia, la atención debe centrarse en identificar los factores que están influyendo y buscar estrategias que puedan mantenerse a largo plazo, sin culpar a los niños, adolescentes o sus familias.

Dormir bien, otro aliado

Además de la alimentación, la actividad física y el bienestar emocional, el sueño constituye otro componente esencial del cuidado de la salud.

Dormir poco de manera habitual se asocia con un mayor riesgo de obesidad y alteraciones metabólicas. También puede afectar la regulación del apetito, el estado de ánimo y la disposición para realizar actividad física.

La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda que los adolescentes de 13 a 18 años duerman regularmente entre ocho y diez horas por cada periodo de 24 horas. Para quienes tienen entre 6 y 12 años, la recomendación es de nueve a doce horas.

Por ello, es conveniente establecer horarios regulares para dormir y despertar, reducir el uso de pantallas antes de acostarse y procurar un ambiente adecuado para descansar. Evitar la cafeína por la tarde y la noche también puede ayudar.

Mantener una rutina de descanso adecuada forma parte del cuidado integral de la salud durante la adolescencia.

Familia, escuela y sociedad

Todos estos hábitos, sin embargo, no dependen exclusivamente de las decisiones individuales. El entorno familiar, escolar y social influye directamente en las posibilidades de mantener un estilo de vida saludable.

En la familia, padres y cuidadores pueden participar en la preparación de alimentos, realizar actividades físicas y establecer rutinas de sueño. Los adultos también pueden convertirse en modelos de comportamiento para los niños y adolescentes, mediante prácticas compartidas que beneficien a todos.

Las escuelas pueden contribuir mediante la promoción de la actividad física, la educación para la salud y la disponibilidad de opciones alimentarias más saludables. Sin embargo, las acciones escolares tienen mayor alcance cuando existe participación de las familias y de la comunidad.

Desde una perspectiva más amplia, las condiciones económicas, la disponibilidad y el precio de los alimentos, el entorno urbano y las políticas públicas también influyen en las decisiones relacionadas con la salud.

Por ello, prevenir y atender el exceso de adiposidad requiere una estrategia integral que involucre a la persona, la familia, la escuela, la comunidad y las instituciones. Entender que se trata de un problema multifactorial permite alejarse de las explicaciones basadas únicamente en la voluntad individual y centrar los esfuerzos en la construcción de condiciones que faciliten hábitos saludables desde edades tempranas.

Mucho más que una cuestión de peso

La prevención del exceso de adiposidad durante la adolescencia no consiste en perseguir un determinado número en la báscula, sino en crear condiciones que permitan cuidar la salud de manera sostenible. Esto implica aprender a relacionarse con la alimentación, el movimiento, el descanso y el propio cuerpo sin convertirlos en fuentes de culpa o presión.

Entender esta etapa desde una perspectiva integral también permite cambiar la manera en que se habla de salud: menos desde el señalamiento y más desde el acompañamiento. En ese proceso, cada espacio —desde el hogar y la escuela hasta la comunidad— puede contribuir a que los adolescentes desarrollen hábitos saludables y una relación más positiva con su bienestar.

regresar

Un Atlántico inusualmente tranquilo: por qué no se han formado huracanes en 2026

La temporada de huracanes de 2026 en el Atlántico ha mostrado un comportamiento poco habitual: mientras agosto, septiembre y octubre suelen concentrar la mayor actividad ciclónica, hasta el 28 de septiembre no se ha formado ningún huracán en la cuenca. Aunque se han registrado ocho tormentas tropicales, Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo y Hanna, ninguna ha alcanzado la intensidad necesaria para convertirse en huracán.

La situación resulta particularmente llamativa porque septiembre es, climatológicamente, uno de los meses de mayor actividad del Atlántico. La temporada oficial se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre, pero el periodo de mayor actividad suele concentrarse entre agosto y octubre.

¿Qué explica entonces esta inusual tranquilidad? Para entenderlo es necesario observar no solo las condiciones del océano, sino también lo que ocurre en la atmósfera.

UNAM Global entrevistó a la Dra. Christian Domínguez Sarmiento, investigadora titular del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, para conocer cuáles son los factores que están influyendo en la temporada de este año.

¿Qué necesita un ciclón tropical para convertirse en huracán?

Para que un ciclón tropical se forme y pueda intensificarse hasta convertirse en huracán deben coincidir varios ingredientes. El océano necesita proporcionar suficiente calor, generalmente se considera favorable una temperatura superficial de alrededor de 26.5 °C o superior; la atmósfera debe contar con suficiente humedad y la cizalladura vertical del viento, es decir, los cambios en la velocidad o dirección del viento con la altura, no debe ser demasiado intensa.

También se necesita la fuerza de Coriolis, un efecto de la rotación de la Tierra que ayuda a que el aire en movimiento comience a girar alrededor de un centro de baja presión, donde puede desarrollarse un ciclón tropical.

Por eso, un océano cálido por sí solo no garantiza la formación de un huracán. El desarrollo y la intensificación de estos sistemas dependen de que las condiciones del océano y de la atmósfera sean favorables simultáneamente.

Y es precisamente en la configuración de esos vientos donde entran en juego otros patrones de circulación atmosférica, como El Niño y la Oscilación Cuasi-Bienal (QBO, por sus siglas en inglés).

¿Cómo influyen El Niño y la QBO?

El Niño modifica los patrones de circulación de la atmósfera y puede favorecer, en determinadas regiones del Atlántico, una mayor cizalladura vertical del viento, lo que dificulta la formación y el fortalecimiento de ciclones tropicales. De esta manera, incluso cuando el océano conserva temperaturas suficientemente elevadas, la atmósfera puede impedir que las tormentas se organicen y evolucionen hacia sistemas más intensos, como los huracanes.

La influencia de El Niño, sin embargo, no es uniforme en toda la cuenca. El Atlántico es una región extensa, con condiciones atmosféricas y oceánicas diferentes, por lo que puede haber zonas donde el ambiente sea más favorable para la formación de ciclones. En el caso de México, comentó la investigadora del ICAyCC, el Caribe y el Golfo de México son particularmente relevantes, ya que las condiciones atmosféricas asociadas con este fenómeno pueden reducir las posibilidades de desarrollo de ciclones.

A esta configuración se suma otro fenómeno que la Dra. Christian, junto con sus colegas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC), el Dr. Alejandro Jaramillo Moreno, la Dra. Graciela Binimelis de Raga y el Dr. Ignacio Arturo Quintanar, llevan tiempo analizando: la Oscilación Cuasi-Bienal.

La QBO es una variación natural de los vientos de la estratosfera tropical, que alternan entre fases del este y del oeste aproximadamente cada 24 a 30 meses. Estos cambios se desplazan gradualmente hacia niveles inferiores de la estratosfera y pueden influir en la circulación atmosférica tropical.

Diversos estudios han analizado una posible relación entre las fases de la QBO y la actividad de los ciclones tropicales en el Atlántico. Aunque investigaciones realizadas con registros históricos encontraron asociaciones entre determinadas fases y una mayor o menor actividad ciclónica, trabajos posteriores han mostrado que esta relación no ha sido constante a lo largo del tiempo.

Por ello, ni El Niño ni la QBO pueden explicar por sí solos la ausencia de huracanes. Lo importante es la interacción conjunta de ambas oscilaciones que modifican diferentes patrones atmosféricos y oceánicos. En el escenario descrito por la especialista, la combinación de El Niño más una QBO ha contribuido a mantener condiciones poco favorables para que las tormentas se organicen y se intensifiquen durante buena parte de la temporada.

De esta manera, la excepcional quietud del Atlántico no responde a una sola causa. Es el resultado de la coincidencia de diferentes condiciones que, al interactuar, han dificultado que las tormentas tropicales evolucionen hasta convertirse en huracanes.

Un fenómeno extraordinario

Que hasta finales de septiembre no se haya formado ningún huracán resulta particularmente inusual porque este periodo coincide con el pico climatológico de actividad del Atlántico.

Para dimensionar el comportamiento de este año, basta compararlo con temporadas en las que la formación del primer huracán ocurrió relativamente tarde. En 2002, Gustav se convirtió en el primer huracán de la temporada el 11 de septiembre, mientras que en 2013 Humberto alcanzó esa categoría también el 11 de septiembre.

La ausencia de huracanes hasta este momento ya representa el inicio de temporada más tardío sin que se haya formado uno desde el comienzo de la vigilancia satelital moderna en los años 60’s.

La situación adquiere una dimensión histórica adicional si la temporada terminara sin huracanes. La Dra. Christian citó los registros de 1907 y 1914, años en los que no se reportaron huracanes en el Atlántico. Sin embargo, estos registros deben tomarse con cautela, ya que corresponden a una época anterior a la observación satelital moderna y la capacidad para detectar y registrar sistemas sobre el océano era mucho más limitada.

Que no haya huracanes no significa que no haya peligro

Esta inusual tranquilidad tampoco debe interpretarse como una desaparición del riesgo. La Dra. Christian subrayó que una sola tormenta tropical puede producir lluvias torrenciales, inundaciones, desbordamientos de ríos y deslaves incluso sin alcanzar la categoría de huracán.

Cuando un sistema se intensifica considerablemente, además, aumentan otros peligros, como los vientos destructivos, el oleaje y la marea de tormenta, que ocurre cuando los niveles del mar se elevan anormalmente por efecto de los vientos y la presión asociados con un ciclón. Las comunidades costeras son particularmente vulnerables a este fenómeno.

Por ello, una temporada con pocos huracanes puede seguir teniendo consecuencias importantes. El riesgo no depende únicamente del número de sistemas que se formen, sino también de su trayectoria, intensidad, tamaño y del lugar donde eventualmente impacten.

Además, la temporada de huracanes concluye hasta noviembre, por lo que las condiciones atmosféricas pueden volverse un poco más favorables para que se formen en el Atlántico. La falta de huracanes hasta ahora, por tanto, no significa que el riesgo haya terminado.

Los huracanes también cumplen una función en el sistema climático

Uno de sus principales efectos es el transporte de calor y humedad desde las regiones tropicales hacia latitudes mayores. Al liberar grandes cantidades de energía y redistribuir el calor acumulado en el océano, los ciclones contribuyen al intercambio de energía entre el océano y la atmósfera y entre distintas regiones del planeta.

También pueden desempeñar un papel importante en el ciclo del agua. Las grandes cantidades de lluvia asociadas con estos sistemas pueden recargar ríos, lagos, presas y acuíferos, además de aportar agua a regiones que pueden atravesar periodos de sequía. En algunas zonas, las precipitaciones de los ciclones representan una parte importante de la lluvia anual.

En los ecosistemas costeros también pueden producir efectos que, aunque ocurren de manera abrupta y pueden resultar destructivos, forman parte de procesos naturales. Los vientos, el oleaje y las mareas de tormenta pueden redistribuir sedimentos y nutrientes, modificar temporalmente las condiciones de los humedales y favorecer procesos de renovación en determinados ambientes costeros.

En este sentido, la ausencia prolongada de ciclones tampoco debe interpretarse simplemente como una situación positiva. Estos fenómenos forman parte del funcionamiento natural del sistema climático y sus efectos pueden ser distintos dependiendo de la región, el ecosistema y las condiciones previas.

El problema surge cuando estos fenómenos interactúan con sociedades altamente expuestas y vulnerables. Cuando un ciclón afecta zonas pobladas, sus consecuencias dependen no solo de la intensidad del sistema, sino también de factores como su trayectoria, tamaño, duración, exposición de la población, infraestructura y capacidad de respuesta.

Por ello, entender los huracanes implica reconocer ambas dimensiones: son fenómenos capaces de provocar daños severos, pero al mismo tiempo forman parte de procesos naturales que contribuyen a redistribuir energía, agua y materia dentro del sistema terrestre.

En alerta porque aún falta

El Atlántico todavía tiene varias semanas por delante antes de que termine oficialmente la temporada. Y aunque la ausencia de huracanes hasta esta fecha ya convirtió a 2026 en un año excepcional, las condiciones que hoy mantienen contenida la actividad ciclónica no son permanentes. La atmósfera puede cambiar, y con ella también el comportamiento de las tormentas.

Por ahora, el océano y la atmósfera ofrecen una imagen poco habitual: un Atlántico con suficiente energía disponible, pero con una atmósfera que ha dificultado que esa energía se transforme en huracanes. Es precisamente esa diferencia entre lo que el océano puede ofrecer y lo que la atmósfera permite desarrollar la que hace de esta temporada un caso particularmente interesante para entender la compleja relación entre ambos.

regresar

Del intercambio lingüístico al encuentro intercultural: la experiencia del teletándem en UNAM Chicago

Aprender una lengua implica mucho más que conocer palabras, estructuras gramaticales o reglas de pronunciación. También supone encontrar oportunidades para utilizarla, interactuar con otras personas y acercarse a las realidades culturales en las que adquiere significado. Desde esta perspectiva, el teletándem se ha convertido en una experiencia que ha enriquecido la enseñanza y el aprendizaje del español en UNAM Chicago.

El teletándem es una modalidad de intercambio lingüístico en la que dos personas con lenguas diferentes interactúan, generalmente mediante herramientas digitales, para apoyarse mutuamente en el aprendizaje. Cada participante utiliza la lengua que aprende y, al mismo tiempo, ayuda a su interlocutor con la propia. Se trata de una forma de telecolaboración que favorece la comunicación auténtica y el aprendizaje autónomo y colaborativo.

Su valor no se limita a la práctica lingüística. Las conversaciones permiten explicar expresiones, negociar significados, comparar formas de hablar y compartir experiencias relacionadas con la vida cotidiana. Por ello, la interacción puede convertirse también en un espacio para explorar aspectos culturales y reflexionar sobre las semejanzas y diferencias entre los participantes. 

Esta práctica comenzó a incorporarse en la sede en 2018, en colaboración con la Mediateca de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT), como una manera de ampliar las oportunidades de interacción de los estudiantes de español en UNAM Chicago y de inglés en la UNAM. La propuesta partía de una premisa sencilla: ofrecer espacios en los que pudieran utilizar la lengua en situaciones reales de comunicación y establecer contacto con personas que se encontraban en otros entornos.

Con el tiempo, la experiencia permitió ampliar los intercambios y establecer vínculos con otras comunidades académicas de la UNAM como la ENES-León y la FES-Acatlán y ,poco a poco, la red de colaboración se especializó. Los proyectos de teletándems involucran a estudiantes de diferentes entidades de la UNAM, entre ellas la Facultad de Trabajo Social, antes Escuela Nacional de Trabajo Social, la Facultad de Medicina, la Facultad de Derecho y la Facultad de Contaduría y Administración. En esta nueva modalidad, los intercambios lingüísticos se centran en temas de interés de las profesiones para las que se están formando las personas participantes en uno y otro lado de la frontera para aprender sobre aspectos comparativos del ejercicio profesional. 

Un tercer avance en el programa de teletándem de UNAM Chicago ha sido la colaboración con el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo y la Escuela Nacional Preparatoria 5 (ENP) y estudiantes de español de centros comunitarios y High School en distritos escolares de la región. En ese intercambio, los participantes no solo conocen información sobre otra comunidad: también tienen que explicar cómo viven y perciben su entorno y decidir qué aspectos consideran relevantes para compartir. En cada sesión se generan productos colaborativos entre los jóvenes, como podcasts bilingües elaborados conjuntamente por los participantes.

En todos ellos, la interacción entre participantes introduce un elemento que difícilmente puede reproducirse mediante ejercicios exclusivamente centrados en el aula: la necesidad de comunicarse con una persona concreta. Una pregunta, una expresión desconocida o una diferencia en el uso de una palabra se convierten en oportunidades para aclarar, reformular y aprender. Este proceso también permite observar la diversidad del español. Los estudiantes descubren que una lengua compartida no significa necesariamente utilizar las mismas palabras, expresiones o formas de interacción. Las diferencias regionales y sociales dejan de ser contenidos abstractos y aparecen en conversaciones reales. Las conversaciones pueden llevarlos a hablar sobre la escuela, las ciudades donde viven, sus actividades cotidianas, las tradiciones familiares, la música, las celebraciones o sus expectativas académicas y profesionales. 

Esta dinámica favorece el desarrollo de la competencia comunicativa intercultural, entendida como la capacidad de interactuar de manera adecuada y efectiva con personas de diferentes referentes culturales. Los participantes necesitan escuchar, preguntar, explicar sus propias referencias y comprender las de los demás. Así, el intercambio no solo contribuye al aprendizaje de la lengua, sino también al desarrollo de habilidades para relacionarse con personas que tienen experiencias y perspectivas diferentes.

Esta dimensión adquiere particular relevancia en Chicago, donde el español forma parte de la vida cotidiana de numerosas comunidades. Para los estudiantes, entrar en contacto con distintas formas de hablar y con experiencias relacionadas con la migración, la educación, el trabajo y la vida comunitaria amplía la comprensión de la lengua como una práctica social.

El desarrollo de estos proyectos también implica un proceso de planeación y acompañamiento. La telecolaboración requiere definir objetivos, organizar las actividades, establecer acuerdos entre los participantes y dar seguimiento a las interacciones. Esta estructura permite aprovechar las posibilidades de la interacción y, al mismo tiempo, atender los desafíos propios de la comunicación a distancia. En este sentido, la tecnología es un medio, no el propósito de la experiencia. Las plataformas digitales hacen posible el encuentro, pero es la interacción entre las personas la que da sentido al aprendizaje.

Después de varios años, el recorrido del teletándem en UNAM Chicago muestra una evolución que va más allá de una estrategia para practicar español. La experiencia ha permitido construir colaboraciones con distintas entidades de la UNAM, generar espacios de comunicación entre estudiantes de México y Estados Unidos y acercar el aprendizaje de la lengua y la cultura a diferentes realidades sociales y culturales.

También plantea una forma particular de entender la internacionalización. Los estudiantes pueden tener una experiencia de contacto internacional sin salir de su entorno habitual: basta con abrir un espacio virtual de comunicación con otra comunidad. De esta manera, la dimensión internacional puede incorporarse a la experiencia cotidiana del aula y no depender exclusivamente de los programas de movilidad presencial.

regresar

Apnea del sueño: el trastorno que puede robarte el descanso y afectar tu salud

El descanso nocturno tiene un papel fundamental en la salud y en el funcionamiento cotidiano. Sin embargo, existen trastornos que pueden alterar la calidad del sueño y tener consecuencias que van mucho más allá del cansancio al despertar. Entre ellos se encuentra la apnea del sueño, un problema que puede pasar desapercibido durante años.

Para conocer sus principales características, factores de riesgo, consecuencias, métodos de diagnóstico y alternativas de tratamiento, se consultó a la doctora Gabriela Millán Rosas, neumóloga especialista en Medicina del Sueño con certificación y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A partir de su explicación, es posible comprender por qué los problemas respiratorios durante el sueño no deben considerarse únicamente una causa de ronquidos o cansancio, sino una condición que puede afectar la calidad de vida y la salud de distintos órganos cuando no se identifica y atiende oportunamente.

¿Qué es la apnea del sueño?

La doctora Millán Rosas explicó que la apnea del sueño es un trastorno respiratorio que se presenta mientras dormimos y se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración. También pueden registrarse reducciones parciales del flujo de aire, conocidas como hipopneas. Estos episodios pueden disminuir la oxigenación del organismo y alterar el descanso.

Existen diferentes tipos de apnea. La más frecuente es la apnea obstructiva del sueño, que ocurre cuando la vía aérea superior se estrecha o se bloquea, dificultando el paso del aire. También existe la apnea central del sueño, menos frecuente, en la que el problema se relaciona con las señales que envía el cerebro para controlar la respiración.

En ambos casos puede producirse una disminución de la cantidad de aire que llega a los pulmones y, en consecuencia, una reducción de la oxigenación de la sangre. Ante esta situación, el organismo activa mecanismos destinados a recuperar la respiración.

También pueden presentarse episodios de apnea mixta, que combinan un componente central y otro obstructivo.

Aunque las causas pueden ser diferentes, estos trastornos comparten una característica: interrumpen el proceso normal del sueño y pueden manifestarse mediante distintos síntomas.

Síntomas

Uno de los signos más conocidos de la apnea obstructiva son los ronquidos. Sin embargo, la especialista aclaró que roncar no significa necesariamente que una persona tenga apnea, ya que también existen personas que roncan sin presentar este trastorno.

Otras señales de alerta son las pausas respiratorias observadas por quien comparte la habitación y los despertares con sensación de ahogo.

Otro de los principales efectos es despertar con la sensación de no haber descansado, incluso después de haber permanecido en la cama durante ocho horas. A esto pueden sumarse la somnolencia excesiva durante el día y el cansancio constante.

También pueden presentarse dolor de cabeza al despertar, irritabilidad, dificultad para concentrarse, problemas de memoria y sensación de “niebla mental”. La boca seca es otro síntoma posible, especialmente en pacientes que respiran por la boca durante la noche.

Reconocer estos signos puede ayudar a identificar el problema, pero también es importante considerar qué personas tienen mayores probabilidades de desarrollar apnea.

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

La apnea obstructiva del sueño puede presentarse en diferentes personas, pero existen factores que aumentan el riesgo. Entre ellos se encuentran ser del sexo masculino, la obesidad, la edad avanzada y determinadas características anatómicas de la vía aérea.

La anatomía de la garganta también tiene un papel importante. Una lengua grande, determinadas características de la úvula, conocida popularmente como “campanilla”, una garganta estrecha, un cuello ancho y una mayor cantidad de tejido en la región pueden favorecer el estrechamiento de la vía aérea durante el sueño.

La edad es otro factor relevante. Conforme envejecemos, pueden producirse cambios en los músculos y tejidos que favorecen el colapso de la vía aérea en personas predispuestas.

Las mujeres tampoco están exentas de presentar apnea. De acuerdo con la explicación de la doctora Millán Rosas, el riesgo aumenta después de la menopausia. Los cambios hormonales de esta etapa pueden influir en el control de la respiración y en el funcionamiento de los músculos de la vía aérea.

Identificar estos factores es importante porque la apnea no solo afecta la sensación de descanso. Cuando las interrupciones respiratorias se repiten durante la noche, también pueden aparecer consecuencias durante el día y, si el trastorno permanece sin tratamiento, afectar otros sistemas del organismo.

Consecuencias de un mal descanso

Cuando la apnea interrumpe continuamente el sueño, las personas afectadas pueden experimentar lentitud mental, olvidos frecuentes, dificultades para concentrarse y cambios en el estado de ánimo.

La irritabilidad es frecuente y, en algunos casos, la mala calidad del sueño puede relacionarse con ansiedad. La persona puede incluso desarrollar preocupación por dormir debido a la sensación de que durante la noche tiene dificultades para respirar.

La somnolencia durante el día también representa un problema de seguridad. Una persona que se queda dormida involuntariamente puede sufrir un accidente mientras conduce o realiza actividades cotidianas. El riesgo no se limita al tránsito: también pueden ocurrir accidentes en casa o durante actividades que requieren permanecer alerta.

Sin embargo, las consecuencias de la apnea no se limitan a la calidad del descanso ni a sus efectos durante el día. Cuando las interrupciones respiratorias se repiten de manera constante, también pueden producir cambios que afectan al sistema cardiovascular y al cerebro.

Implicaciones en el corazón, la presión arterial y el cerebro

De acuerdo con la doctora Millán Rosas, las interrupciones repetidas de la respiración generan una respuesta en el organismo que puede afectar al sistema cardiovascular y al cerebro, particularmente cuando el trastorno permanece sin tratamiento.

Durante estos episodios puede disminuir la cantidad de oxígeno disponible en la sangre. Ante esta situación, el organismo pone en marcha mecanismos para intentar recuperar la respiración. Estas respuestas pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, mientras que, en la apnea obstructiva, los esfuerzos por respirar contra una vía aérea cerrada generan cambios en la presión dentro del tórax.

Cuando esta respuesta se repite numerosas veces durante una misma noche y de manera constante a lo largo del tiempo, representa una exigencia para el sistema cardiovascular. Por ello, la apnea del sueño se ha relacionado con un mayor riesgo de hipertensión arterial y alteraciones del ritmo cardíaco, así como con otros problemas cardiovasculares. La especialista señaló que, en pacientes que no reciben tratamiento, también se ha asociado con padecimientos como la angina de pecho y el infarto agudo de miocardio.

Los episodios respiratorios también pueden provocar breves activaciones cerebrales, conocidas como microdespertares. Aunque pueden contribuir a recuperar la respiración, fragmentan el sueño y dificultan que sea reparador. La persona no siempre es consciente de que ocurren.

Además, la disminución repetida de oxígeno y las alteraciones cardiovasculares asociadas con la apnea se han relacionado con un mayor riesgo de eventos cerebrovasculares.

La apnea también puede coexistir con otros padecimientos, como la diabetes tipo 2, y contribuir a dificultades para controlar la glucosa. De esta manera, cuando el trastorno se mantiene sin tratamiento, sus efectos pueden contribuir al deterioro general de la salud.

¿Puede ser mortal?

Una interrogante frecuente sobre la apnea del sueño es si esta puede provocar la muerte. Para comprender ese riesgo, es importante considerar las complicaciones que el trastorno puede favorecer, especialmente cuando permanece sin tratamiento.

La apnea del sueño sin tratamiento puede aumentar el riesgo de problemas graves, como el infarto y los eventos cerebrovasculares, que pueden ser mortales. Su gravedad y sus consecuencias dependen de las características de cada paciente y de la presencia de otras enfermedades.

La somnolencia excesiva también puede tener consecuencias graves cuando provoca accidentes. Por ello, identificar el trastorno y recibir una evaluación médica resulta fundamental para determinar su gravedad y establecer el tratamiento adecuado.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico requiere una evaluación médica y se confirma mediante un estudio del sueño adecuado para cada paciente. La especialista explicó que existen diferentes modalidades de estudios.

El estudio tipo 1, conocido como polisomnografía supervisada, es el estándar de referencia. Se realiza en un laboratorio del sueño y permite vigilar al paciente durante la noche mediante diferentes sensores. Se registran la actividad cerebral, la actividad cardíaca, los movimientos respiratorios del tórax y el abdomen, la oxigenación de la sangre, el flujo de aire y determinados movimientos musculares, entre otras variables.

El estudio tipo 2 registra prácticamente las mismas variables, pero puede realizarse en el domicilio del paciente y sin la vigilancia continua que existe en un laboratorio.

El tipo 3 es un estudio respiratorio más sencillo, que registra variables como el flujo de aire, la oxigenación, la frecuencia cardíaca y los movimientos respiratorios.

Finalmente, el tipo 4 es todavía más simple y registra un número limitado de variables, según el dispositivo utilizado. Algunos equipos miden la oxigenación y el pulso, pero estos registros por sí solos no equivalen a una evaluación diagnóstica completa.

La elección del estudio depende de las características clínicas del paciente y de la indicación médica. Los estudios simplificados pueden utilizarse en determinados pacientes, pero tienen limitaciones. Si un estudio domiciliario resulta negativo, inconcluso o técnicamente insuficiente, puede ser necesario realizar una polisomnografía.

Una vez identificado el trastorno, el siguiente paso consiste en determinar su gravedad y seleccionar la estrategia de tratamiento más adecuada.

Tratamiento: no existe una solución única

Una vez realizado el diagnóstico, el tratamiento depende del tipo de apnea, su gravedad y las características del paciente. En adultos, la apnea obstructiva puede clasificarse como leve, moderada o grave, principalmente según el número de apneas e hipopneas por hora de sueño. También se consideran los síntomas, la disminución de la oxigenación y las enfermedades asociadas para orientar el tratamiento.

En algunos pacientes con ronquido habitual o apnea obstructiva leve pueden utilizarse dispositivos de avance mandibular. Estos aparatos, elaborados a la medida, buscan adelantar la mandíbula para favorecer el paso del aire. Su indicación requiere una valoración profesional.

En pacientes con apnea obstructiva, especialmente moderada o grave, puede indicarse un dispositivo de presión positiva continua en la vía aérea (CPAP, por sus siglas en inglés). Mediante una mascarilla, el equipo proporciona aire a una presión determinada para ayudar a mantener abierta la vía respiratoria durante el sueño. También puede utilizarse en determinados casos leves, según los síntomas y la evaluación médica.

La especialista enfatizó que estos dispositivos no deben adquirirse ni utilizarse sin una evaluación médica. El tratamiento requiere determinar si el paciente es candidato, realizar los ajustes correspondientes y mantener un seguimiento. Un dispositivo mal indicado o utilizado incorrectamente puede no resolver el problema e incluso ocasionar molestias o complicaciones.

Además del tratamiento específico, se deben considerar medidas relacionadas con la higiene del sueño y el estilo de vida. Entre las recomendaciones se encuentran evitar el uso de aparatos electrónicos antes de dormir, mantener horarios regulares, procurar una alimentación saludable y realizar actividad física. Estas medidas complementan el tratamiento, pero no lo sustituyen.

También se recomienda evitar el consumo de alcohol antes de dormir, debido a que puede relajar los músculos de la vía aérea y favorecer la aparición de más episodios de obstrucción.

La alimentación y el ejercicio son particularmente importantes en personas con sobrepeso u obesidad. Aunque el peso corporal no determina por sí solo que una persona vaya a desarrollar apnea, puede ser un factor que contribuya al problema. En estos pacientes, la reducción de peso puede ayudar a disminuir su gravedad.

Asimismo, es importante evaluar la respiración nasal. Algunos pacientes presentan inflamación o aumento de tejido en las fosas nasales que dificulta el paso del aire. Identificar y tratar estos problemas puede contribuir a mejorar la respiración durante el sueño, aunque no necesariamente resuelve la apnea.

El abordaje también puede incluir apoyo psicológico cuando existe ansiedad u otras consecuencias emocionales relacionadas con el trastorno.

Poner atención a las señales

Dormir varias horas no siempre significa haber descansado bien. Si los ronquidos son frecuentes, alguien observa pausas en la respiración, existe somnolencia durante el día o se presenta la sensación de despertar sin haber recuperado energía, es importante solicitar una evaluación médica y no asumir que se trata simplemente de malos hábitos o de falta de descanso.

regresar

La lucha por recuperar la lactancia materna

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) Continua 2023, sólo 34.2 por ciento de los bebés menores de seis meses son alimentados exclusivamente con leche materna. En mayo de 2026, UNICEF México seguía utilizando esta cifra como referencia nacional.

En los últimos años también se ha documentado la influencia que puede tener la promoción de sucedáneos de la leche materna. En 2026, UNICEF México informó que un monitoreo realizado entre abril de 2025 y enero de este año encontró más de mil presuntas infracciones al Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna en plataformas digitales, entre ellas publicidad directa o encubierta, declaraciones nutricionales y de salud sin respaldo científico y estrategias que idealizan las fórmulas comerciales infantiles.

En agosto, el organismo advirtió además que la desinformación y la promoción de fórmulas comerciales pueden afectar el inicio y la continuidad de la lactancia materna. En México, más de la mitad de las fórmulas consumidas son recomendadas por personal de salud, directamente o mediante la presencia de marcas en artículos y regalos proporcionados por esta industria.

En relación con lo anterior, la ENSANUT 2022 señala que 27.2 por ciento de las niñas y los niños menores de dos años recibió fórmula comercial infantil durante los primeros tres días de vida.

Durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, la Organización Panamericana de la Salud señaló que la lactancia materna es una de las intervenciones más eficaces para mejorar la supervivencia, la nutrición, la salud y el desarrollo infantil porque brinda una nutrición óptima, protege contra enfermedades infecciosas, contribuye al desarrollo cognitivo y reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad en etapas posteriores de la vida.

Al mismo tiempo, las madres también se benefician porque amamantar se asocia con un menor riesgo de cáncer de mama y de ovario y de diabetes tipo 2.

“Como es bien sabido, antes de la llegada de los españoles al territorio que hoy es México el amamantamiento fue la regla. Por fray Diego de Landa sabemos que los niños eran amamantados durante tres y cuatro años, por lo que según él había gente de tan buenas fuerzas, y que los mayas eran altos”, señaló Ana María Carrillo Farga en su conferencia La lactancia materna en México, entre la tradición y la medicalización, que dio el 27 de agosto de 2026 en el Auditorio Dr. Ramón de la Fuente Muñiz, de la Facultad de Medicina de la UNAM.

“Por su parte, en el siglo XVI a fray Bernardino de Sahagún sus informantes le relataron que entre los mexicas todas las mujeres amamantaban, incluso las esposas de los emperadores”, agregó la investigadora.

“Esta tendencia continuó prácticamente inalterada durante los tres siglos de la colonización española. Incluso en el Museo Amparo de Puebla se puede ver un cuadro novohispano anónimo de la Virgen de la Leche, que es una representación de la Virgen María amamantando al Niño Jesús”, señaló la doctora Carrillo Farga, fundadora del Seminario Permanente de Historia de la Medicina y la Salud Pública en América Latina de la Facultad de Medicina.

La Liga de la Lactancia Materna

La investigadora recordó una anécdota de la década de 1950 en Estados Unidos. En 1956, en pleno auge de la alimentación artificial, con el fin de apoyarse y poder amamantar a sus hijos, siete mujeres decidieron fundar un grupo al que llamaron The Breastfeeding League o Liga de la Lactancia Materna.

Sin embargo, les informaron que no era posible que en Estados Unidos una asociación llevara la palabra “pecho” en su nombre, así que decidieron llamarla La Leche League, nombre que tomaron de la Virgen de la Leche y el Buen Parto, de España.

“Volviendo a la Nueva España, Marcos Cortés Guadarrama, de la Universidad de Veracruz, en sus estudios analiza cómo vieron a la lactancia y a los lactantes los religiosos, médicos, cirujanos y naturalistas del periodo, quienes recomendaban utilizar la leche materna para tratar desde la sordera y problemas oculares, hasta las fiebres en los tísicos”.

Estas prácticas deben entenderse dentro de los conocimientos médicos de aquella época y no como recomendaciones terapéuticas actuales.

Pero las mujeres debieron haber conocido remedios para ese y otros problemas comunes al amamantamiento, porque esta práctica continuó al menos durante 60 años después de la Independencia.

Los inicios de los cambios en la alimentación

“En la última década del siglo XIX comenzó el cambio de la lactancia materna a la alimentación con sucedáneos de la leche humana, que ocurrió simultáneamente en varios lugares del mundo, y siguió durante cien años”, señaló la investigadora.

Aunque hubo muchas razones para este cambio, la fundamental fue que una parte de la profesión médica influyó en la forma en que las madres mexicanas alimentaban a sus hijos.

“Sitúo los inicios de este proceso hacia 1892. Ese año, en la Escuela Nacional de Medicina fue establecida la Clínica de Enfermedades Infantiles, que al principio tuvo carácter de cátedra de perfeccionamiento, pero a partir de 1897 se convirtió en una materia obligatoria para los estudiantes de medicina, y en 1906 pasó a ser una especialidad”, señala la académica.

Los nuevos especialistas trataron de influir en tres aspectos: la maternidad científica, el control de las nodrizas y los primeros experimentos con lactancia artificial.

“En relación con la maternidad científica, los médicos pusieron en duda la capacidad de las madres para criar a sus hijos y comenzaron a definir la alimentación de los infantes como un fenómeno complejo, especializado y científico que por lo mismo debía quedar bajo la esfera del servicio profesional”, explica Carrillo Farga.

Hasta entonces, las madres solían escuchar a sus bebés para saber cuándo amamantarlos, darles alimentos sólidos o destetarlos, pero los médicos de finales del siglo XIX dedicados a la atención de niños opusieron al instinto materno la educación para la maternidad e intentaron sujetar la lactancia natural a ciertas normas.

“Por ejemplo, llamaban a alimentar al niño con el pecho entre 24 y hasta 48 horas después del nacimiento, pues calificaban al calostro como nocivo para los niños, y también hacían llamados a concentrarse desde el inicio de la vida del niño en la regularidad de las comidas”.

Estas indicaciones corresponden a la medicina de finales del siglo XIX. En la actualidad, la OMS y UNICEF recomiendan iniciar la lactancia durante la primera hora después del nacimiento y amamantar a libre demanda. El calostro aporta nutrientes y factores inmunológicos y de crecimiento importantes para el recién nacido.

Consideraban a la lactancia natural como lo mejor, pero estaba contraindicada en un gran número de casos: cuando las mujeres padecían anemia o alguna enfermedad transmisible, tenían lesiones en el pezón, pechos pequeños o muy grandes, eran irascibles o nerviosas.

“También cuando los niños tomaban el pecho con avidez o rehusaban tomarlo, si vomitaban entre dos mamadas o presentaban temperatura elevada. De acuerdo con los facultativos, en cualesquiera de estas situaciones, la madre tenía que renunciar a su deseo de amamantar”.

Esas contraindicaciones pertenecen igualmente a los criterios médicos de aquella época y no deben interpretarse como recomendaciones actuales. Hoy las situaciones en las que la lactancia debe suspenderse o evitarse son específicas y requieren una valoración individual.

Las nodrizas

Todavía a inicios del siglo XX se recurría a ellas por muerte o enfermedad grave de la madre, y en el caso de niños de familias ricas y de niños abandonados.

“En 1767, la Iglesia Católica estableció en la Ciudad de México la casa de cuna Casa de Niños Expósitos. En sus estudios, Pilar Gonzalvo concluyó que no se construyó tanto porque hubiera muchos niños abandonados, sino porque se consideraba un escándalo que las madres solteras vivieran con sus hijos”, señaló la investigadora.

En su obra La vida en México durante la residencia de dos años en ese país, que se publicó en inglés en 1843, la marquesa Calderón de la Barca, escocesa casada con el primer ministro de España en México después de la Independencia, menciona que había madres que dejaban a sus hijos en la Casa de Niños Expósitos para evitar que se les criticara por tener un hijo siendo solteras, pero que después se contrataban como nodrizas sin salario para poder amamantarlos.

“Esto, precisamente, lo confirma con datos fehacientes la Introducción a la Guía del Fondo Casa de Niños Expósitos del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, escrita por Xóchitl Martínez”, señala Ana María Carrillo.

Algunos testimonios de la época coinciden en que en general las nodrizas cuidaban muy bien a los niños, pero en esta época la profesión médica empezó a caracterizar a las amas de cría, como también se les conocía, como peligrosas. Esto condujo a considerar que su trabajo debía estar sujeto a la inspección de las autoridades sanitarias.

“Hasta entonces, la manera tradicional para confirmar que una nutriz estaba sana era observar a su bebé. Sin embargo, la mayoría de los médicos exigían el análisis de la composición de la leche por el microscopio y un detenido examen médico de toda posible nodriza, el cual violaba los códigos decimonónicos del pudor. Como en el caso de las madres, muchos médicos tuvieron hacia las nodrizas un doble discurso”, señala la investigadora.

En casi todos los artículos sobre alimentación de los recién nacidos se mencionaba que a falta de la madre debía recurrirse a un ama de cría, pero éstas fueron censuradas por favorecer a sus propios hijos, por lo que llegaron a ser separadas de sus recién nacidos.

“A finales del siglo XIX surgieron las nodrizas in situ, que ya no amamantaban a su hijo y al otro niño, sino sólo al otro niño, generalmente de casas ricas, pero entonces las acusaron de ser malas madres”, dice la investigadora.

Experimentos con la lactancia artificial

“Por lo que toca a los experimentos con lactancia artificial, empezó a ponerse en duda la idoneidad de la leche humana. Por ejemplo, el periódico La Emulación, publicación de la Sociedad Médico-Farmacéutica, de Mérida, Yucatán, afirmaba que la leche de algunas madres era pobre, por lo tanto, inadecuada para los niños, pero que la de otras mamás era demasiado rica, por lo que podía causar indigestiones y trastornos nerviosos”.

En México, como en otros lugares del planeta, se experimentaba con leche de vaca diluida en agua y con azúcar, a la que luego se fueron agregando otras cosas, como harina, bicarbonato o cebada perla.

“Algunas compañías encontraron en la alimentación con biberón un negocio rentable, y en el último tercio del siglo XIX ya producían fórmulas basadas en la leche de vaca”.

En 1867 fue introducido el alimento para lactantes de Liebig, uno de los primeros preparados comerciales de este tipo, y en 1870 Nestlé ya exportaba su fórmula a Europa, Estados Unidos y Australia. También llegaba a México.

“Desde entonces, se desarrolló un discurso que seguiría repitiéndose en prácticamente cada artículo en el siglo XX: el amamantamiento constituía el mejor modo de alimentación para los niños recién nacidos, pero a falta de lactancia completa por el seno, la mixta, bien conducida, ofrecía ventajas reales. Y la lactancia artificial con leche de vaca, rodeada de grandes precauciones, podía dar buenos resultados”.

“Con excepciones, estas fueron las tesis cada vez más empleadas por muchos pediatras: sugerían alimentar al niño con leche de burra, de cabra o de vaca, en ese orden”.

La de cabra ofrecía la ventaja de que el niño podía mamar directamente del animal, y a esa cabra había que consentirla y nunca castigarla, aunque en la ciudad era difícil tener una cabra.

Los médicos experimentaron con leche artificial en dos espacios de la Ciudad de México, la Gota de Leche para Madres Trabajadoras y la Casa de Niños Expósitos.

La medicalización de la lactancia

La intervención médica en la alimentación de los infantes, natural o artificial, fue paralela a la penetración de la profesión médica en todos los espacios privados y públicos.

“La definición de medicalización de la lactancia es el intento de expropiación del poder de las madres por los profesionales de la salud para determinar el patrón de alimentación que seguirían, así como la intervención sistemática en la vigilancia de la salud de los infantes y en el control del cuerpo y el comportamiento de las madres”, expresa la académica.

“Estas políticas fueron interrumpidas durante la Revolución de 1910, pero se reorganizaron en 1921, al término de la Revolución”.

“Son muchísimas las ventajas de la lactancia materna, tanto nutricionales, como fisiológicas, económicas, inmunológicas, tanto para la madre como para el niño”, dice la doctora Carrillo Farga.

“En un estudio cohorte con maestras, ESMaestras, del Instituto Nacional de Salud Pública, que ya cumplió veinte años, de los treinta que se planearon, se ha encontrado que hay una asociación entre las madres que amamantaron y la protección frente al cáncer de mama”.

El Estudio de la Salud de las Maestras (ESMaestras) cumplió dos décadas en 2026. Esta cohorte está integrada por 115 mil 273 maestras de educación básica de 12 estados del país y ha generado investigaciones sobre salud reproductiva, enfermedades cardiometabólicas y distintos tipos de cáncer, entre otros temas.

Durante la conversación posterior a la conferencia, Carrillo Farga hizo una precisión importante sobre el acompañamiento a las mujeres:

“A mí me parece muy importante que las mujeres que quieren amamantar reciban todo el apoyo que necesitan del Estado, de la profesión médica, de la sociedad, y que si alguna mujer no quiere o no puede amamantar, también sea respetada sin culpa”.

A más de un siglo del inicio de este proceso, todavía queda mucho por hacer para apoyar la lactancia materna. El desafío no consiste únicamente en informar sobre sus beneficios, sino también en ofrecer acompañamiento a quienes desean amamantar y garantizar que las familias puedan tomar decisiones informadas, con evidencia científica y sin presiones comerciales indebidas.

regresar

Juan Rulfo en Voz Viva de México

La obra de Juan Rulfo ocupa un lugar central en la literatura mexicana del siglo XX pese a estar concentrada en pocos títulos. En 1953 apareció El llano en llamas, el volumen de cuentos en el que quedaron reunidos algunos de sus relatos más conocidos; dos años después se publicó Pedro Páramo, novela construida entre voces, recuerdos, silencios y muertos que continúan hablando.

Leer a Rulfo permite entrar en ese universo. Escucharlo introduce otra dimensión: la voz física del escritor, sus pausas y la manera en que deja avanzar las palabras sin apartarlas de la sobriedad que caracteriza sus textos. Esa posibilidad se encuentra en la edición dedicada a Juan Rulfo de la serie Voz Viva de México, producida por la Dirección de Literatura de la UNAM.

La grabación reúne fragmentos de Pedro Páramo y cuatro relatos de El llano en llamas: “Luvina”, “Talpa”, “¡Diles que no me maten!” y “No oyes ladrar los perros”. La lectura está a cargo del propio Juan Rulfo. La ficha de la colección identifica, además, las ediciones originales del Fondo de Cultura Económica de 1955 para Pedro Páramo y de 1953 para El llano en llamas.

La selección permite reconocer algunas de las situaciones que atraviesan su narrativa. En “Luvina”, el paisaje parece extender sobre sus habitantes una sensación de abandono; en “Talpa”, el viaje está marcado por la culpa y por aquello que los personajes no pueden reparar; “¡Diles que no me maten!” coloca frente a frente el miedo a morir y las consecuencias de un hecho ocurrido muchos años atrás; mientras que “No oyes ladrar los perros” concentra, en el trayecto de un padre y su hijo, una relación atravesada por el reproche, el cansancio y una esperanza cada vez más frágil.

Los fragmentos de Pedro Páramo, por su parte, devuelven al territorio de Comala y a una novela donde hablar desde la muerte no constituye una ruptura excepcional, sino una de las condiciones mismas del relato. En Rulfo, las voces se escuchan aun cuando ya no parece quedar nadie que pueda responderles.

Felipe Garrido, encargado de la presentación de esta edición, llama la atención precisamente sobre lo que ocurre cuando esos textos pasan por la voz de su autor. Considera los cuatro cuentos incluidos entre las piezas fundamentales de Rulfo y observa en su lectura la ausencia de aspavientos, la socarronería y una manera de decir en la que las emociones aparecen contenidas. Para Garrido, son las inflexiones discretas y a veces casi ocultas las que permiten percibir esa contención con particular claridad.

Ahí reside el interés particular de este registro. Voz Viva de México no sustituye la experiencia de leer Pedro Páramo o El llano en llamas, pero conserva algo que la página por sí sola no puede ofrecer: la posibilidad de escuchar las palabras de Rulfo pronunciadas por Juan Rulfo.

La grabación puede consultarse en la colección Voz Viva de México de la UNAM

regresar

Frecuencias del pasado: sintonizando las marcas del estrés en el genoma y como resuenan en la salud mental

La ciudad de la antigua Tenochtitlán, frecuentemente sacudida por temblores, vivió hace un mes un sismo particularmente fuerte que generó graves daños, afectando severamente el barrio La Guadalupana. Luis y Elena vivían en el emblemático edificio gris de la calle Estrella del Tepeyac, que sufrió graves daños estructurales. Ambos estaban en sus hogares cuando comenzó el temblor y tuvieron que evacuar rápidamente para protegerse. Si bien Luis resultó afectado por la difícil situación, pudo volver a su rutina diaria sin mayores inconvenientes. Elena, en cambio, comenzó a experimentar una intensa ansiedad, con dificultades para conciliar el sueño y un temor constante a que otro terremoto ocurriera. Su angustia fue tal que decidió buscar ayuda profesional para afrontar sus emociones y manejar el malestar que ha estado sufriendo.

Dicho ejemplo muestra por qué, a pesar de haber vivido lo mismo, cada sujeto reacciona de manera distinta. La diferencia en sus respuestas no se debe sólo a factores externos, como el piso del edificio en que cada uno vivía o el apoyo que recibieron de amigos, familiares o compañeros, sino también a características propias de cada sujeto, tales como su personalidad, su edad, su sexo, o su estilo de vida. Además, los factores biológicos, incluidos los genes (que como sabemos, son segmentos de ADN) y su “prendido” o “apagado”, mediante mecanismos epigenéticos, también juegan un papel crucial.

Pero ¿qué son los mecanismos epigenéticos? Son cambios químicos en la estructura del material genético que no alteran su secuencia (esto es, el orden en el que están los nucleótidos), pero que sí influyen en cómo se prenden y se apagan los genes, es decir, en cómo estos producen lo que está codificado en ellos. Imaginemos que al activar o desactivar genes, se ajusta un panel repleto de interruptores, que va a modelar cómo se ve y cómo funciona el organismo.

Existen diversas marcas epigenéticas, pero en este artículo nos referiremos a una de las más estudiadas: la metilación, que consiste en la adición de un grupo metilo (CH3 ̶ ), a regiones específicas del material genético, generalmente cercanas al inicio de un gen (que es una secuencia específica de ADN). Esta zona, que conocemos como “promotor”, tiene funciones reguladoras, ya que actúa como un “interruptor” que indica si un gen está activo y se produce lo que está codificado en él o si está inactivo. En la mayoría de los casos, la presencia de grupos metilo en esta región se asocia con “desactivación” o “apagado” de genes.

Los cambios epigenéticos pueden ser inducidos por factores ambientales y, una vez establecidos, pueden persistir a lo largo de la vida, incluso en ausencia del estímulo que los produjo, creando una forma de “memoria genética” qué influye en la actividad de los genes.

Hoy nos gustaría hablarte sobre cómo estos mecanismos influyen en la respuesta a situaciones estresantes. Para ello te invitamos a que imagines a la epigenética como la perilla con la que sintonizamos las estaciones de radio y ésta se mueve ligeramente en respuesta a las experiencias que vivimos en ciertas etapas de la vida como la infancia, sintonizando la actividad de muchos genes para alcanzar la frecuencia que determinará el modo en que responderemos al estrés en situaciones futuras  Cabe señalar que el estrés es un estímulo que se percibe como amenazante e interfiere con el equilibrio interno. La forma en la que los genes producen lo que está codificado en su secuencia, define si la estación de radio sintonizada nos ayudará a tener una respuesta resiliente (de adaptación), o nos dejará atrapados en una frecuencia que nos mantiene en el distrés o malestar, lo que afecta nuestra salud física y mental.

Es decir, la epigenética funciona como una perilla que define qué genes se “activan” o se “desactivan” en respuesta a estímulos ambientales particulares. Lo anterior no significa que cambie la secuencia del ADN, sino que la epigenética modula la forma en la que los genes se prenden o se apagan, marcando la diferencia entre una respuesta saludable y una respuesta negativa al estrés.

El Dr. Michael Meaney, de la Universidad de McGill en Canadá, fue pionero en entender estos procesos. En sus primeros trabajos demostró que el cuidado materno influye en la respuesta al estrés, ya que las crías de ratas que reciben más cuidados de sus madres, desarrollan mayor resiliencia; mientras que las que reciben menos cuidado, muestran una mayor tendencia al distrés.

Para entender los mecanismos moleculares que subyacen a esta respuesta, fue fundamental la colaboración entre el Dr. Meaney y el Dr. Moshe Szyf, también de la Universidad de McGill, pero experto en epigenética y cáncer. En este esfuerzo se descubrió que, en las crías menos cuidadas, un gen importante en la respuesta al estrés conocido como “receptor de glucocorticoides” (GR), está químicamente “desactivado”, por la presencia de grupos metilo en la región “promotora” del gen, lo cual genera mayor vulnerabilidad al estrés.

De manera fascinante, lo que se observó en ratas ya se ha replicado en humanos. Se reportó que sujetos con antecedente de maltrato en la infancia no sólo mostraron “desactivado” el GR, sino que se identificaron cambios en la metilación del material genético en alrededor de 360 genes. Estos resultados, que fueron posibles gracias a la colaboración del Dr. Meaney con el Dr. Gustavo Turecki, también de la Universidad de McGill, y experto en la neurobiología de la depresión y el suicidio, sustentan la idea de que las experiencias en la infancia pueden dejar marcas epigenéticas duraderas, a través de la presencia/ausencia de grupos metilo en diversos genes, con importantes implicaciones en la respuesta al estrés en la vida adulta.

También se ha sugerido que el efecto de las experiencias adversas se puede transmitir de una generación a la siguiente. En sus estudios con descendientes de sobrevivientes del Holocausto, el equipo de la Dra. Rachel Yehuda de la Escuela de Medicina Mount Sinaí en Nueva York, experta en trauma, y colaboradora del Dr. Meaney, identificó en esos sobrevivientes, y a su vez en sus hijos con Trastorno de Estrés Postraumático, cambios en la metilación de genes relacionados con la respuesta al estrés. Si bien es posible que estos efectos se deban, en parte, a los patrones de crianza de los padres con problemas de salud mental, los hallazgos sugieren que el efecto del trauma también puede transmitirse biológicamente mediante marcas epigenéticas, probablemente a través de varias generaciones.

La evidencia de que nuestras experiencias, o las que vivieron nuestros padres o abuelos, dejan marcas duraderas en el genoma, es un tema fascinante. Estos hallazgos nos ayudan a comenzar a comprender algunos mecanismos mediante los cuales el estrés modifica nuestra biología mediante marcas epigenéticas, como la metilación del material genético, que pueden influir, aunque no determinar, ciertos aspectos de la salud mental.

En este sentido, es importante recordar que las marcas epigenéticas constituyen solo una pieza del rompecabezas para comprender la salud mental, la cual surge de la compleja interacción entre factores biológicos (genéticos y epigenéticos) y ambientales. Por lo que aún queda un largo camino por recorrer antes de aplicar la epigenética al manejo y tratamiento de los trastornos mentales.

Para avanzar en este camino, resulta fundamental fomentar la colaboración interdisciplinaria que ayude a profundizar la relación entre el estrés y los mecanismos epigenéticos, como la metilación del material genético, particularmente en poblaciones vulnerables. Este enfoque permitirá identificar los factores que regulan las interacciones entre nuestra biología y el medio ambiente en el que nos desenvolvemos, así como su papel en la prevención y tratamiento de los trastornos mentales.