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La indumentaria indígena: identidades que se transforman con el tiempo

La indumentaria indígena es mucho más que una forma de cubrir el cuerpo: en muchas comunidades continúa siendo una expresión de identidad, tradición y pertenencia.

Los colores, las formas, los bordados y los materiales pueden comunicar quién lo porta, su género, posición social, actividad o incluso su participación en ceremonias y celebraciones.

Sin embargo, las prendas que hoy se reconocen como parte de la vestimenta indígena no han permanecido intactas desde la época prehispánica.

A lo largo de los siglos han incorporado nuevos materiales, diseños y símbolos, especialmente después de la llegada de los españoles, cuando algunas prendas desaparecieron, otras se transformaron y algunas nuevas se incorporaron a las tradiciones locales.

Para comprender esta evolución es necesario regresar a Mesoamérica, donde los textiles tenían un papel fundamental en la vida cotidiana y también funcionaban como símbolos de identidad, jerarquía y poder, explicó en entrevista Pablo Escalante Gonzalbo, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras.

Algodón y fibras de agave

El algodón era uno de los materiales más importantes para la elaboración de prendas. También se aprovechaban fibras de distintos agaves, especialmente para producir textiles más rústicos.

A diferencia de Europa, donde la lana era uno de los materiales utilizados para fabricar ropa, en Mesoamérica no existían ovejas antes de la llegada de los españoles.

Con algodón se elaboraban mantos, huipiles y otras prendas, mientras que las fibras de agave podían utilizarse para piezas más sencillas y ásperas.

Entre las prendas masculinas estaba el maxtlatl, una tira larga de tela que pasaba entre las piernas, rodeaba la cintura y dejaba caer sus extremos por delante y por detrás. Era utilizado tanto por campesinos como por personas de las ciudades, nobles y plebeyos.

En cambio, las mujeres utilizaban principalmente una combinación de falda, faja y huipil, aunque existían diversas formas de vestir según la región y las circunstancias.

Vestir también era comunicar

La ropa no era igual para todas las personas. Los materiales, colores y diseños podían revelar la posición social de quien la portaba.

En algunas sociedades mesoamericanas, una fibra de agave, más rústica, podía asociarse con trabajadores o campesinos, mientras que el algodón cuidadosamente elaborado podía relacionarse con personas de mayor jerarquía. La diferencia era todavía más evidente en los huipiles y mantos decorados.

Una prenda con mayor cantidad de colores requería tintes y más horas de trabajo. Algunas incorporaban hilos recubiertos con plumas finas o pelo de conejo, lo que las convertía en piezas de gran valor.

En el caso de los hombres, los mantos también podían indicar jerarquía militar, funciones religiosas o la ceremonia para la cual serían utilizados.

Las imágenes no eran únicamente decorativas. La iconografía de los mantos podía relacionarse con la función de quien los portaba, con determinadas ceremonias o con los dioses vinculados con ellas.

Incluso los textiles podían funcionar como una forma de acumulación de riqueza. Algunas mantas constituían bienes de gran valor, servían como tributo y, en determinados contextos, podían utilizarse como medios de intercambio.

La llegada de los españoles

La conquista no provocó la desaparición inmediata de la vestimenta indígena. Muchas prendas continuaron en uso, aunque algunas fueron modificadas y otras desaparecieron con el paso del tiempo.

En el caso de las mujeres, el cambio fue menor. La falda, la faja y el huipil continuaron como parte de la indumentaria de numerosas comunidades. Para los hombres, uno de los cambios más importantes fue el abandono progresivo del maxtlatl, conocido comúnmente como taparrabos.

La prenda dejaba al descubierto buena parte de las piernas y, bajo las nuevas normas de vestimenta introducidas durante el periodo colonial, se buscó cubrir más el cuerpo. Por ello se promovió el uso del llamado “calzón”, una prenda que llegaba aproximadamente hasta las rodillas y que actualmente podría compararse con un pantalón corto.

Su utilización se extendió especialmente en espacios urbanos y formales, como las ciudades, los mercados y las iglesias. En las labores agrícolas, donde la ropa podía dificultar el trabajo o ensuciarse y desgastarse con facilidad, el maxtlatl continuó utilizándose durante un tiempo. También se incorporó la camisa, que debía llevarse debajo del manto en determinadas circunstancias.

Los símbolos también cambiaron

Los mantos continuaron utilizándose durante décadas después de la conquista, pero sus imágenes comenzaron a transformarse.

Las representaciones relacionadas con antiguos dioses y símbolos religiosos mesoamericanos fueron sustituidas o modificadas. En su lugar aparecieron diseños considerados neutros, como flores y grecas, así como elementos asociados con el cristianismo.

De esta manera, los nobles indígenas continuaron utilizando sus mantos elaborados para ceremonias y celebraciones, pero adaptados al nuevo contexto religioso.

Algo similar ocurrió con otras prendas femeninas. El quechquémitl, una pieza que podía utilizarse sobre el huipil en regiones frías o como prenda principal en algunas zonas, también incorporó elementos de la nueva cultura.

Incluso motivos como un florero con flores, asociado con la Virgen María, fueron incorporados a huipiles y quechquémitl.

Una tradición que cambia

Con el paso de los siglos, algunas prendas desaparecieron. El maxtlatl, por ejemplo, dejó de utilizarse de manera cotidiana. El manto masculino de tradición prehispánica también fue desapareciendo gradualmente y, para el siglo XX, prácticamente había dejado de formar parte de la indumentaria cotidiana, aunque sobrevivieron prendas semejantes en algunas comunidades.

En cambio, el uso del calzón de manta y la camisa permaneció en numerosas comunidades como una herencia del periodo colonial. La indumentaria femenina tuvo una mayor continuidad. En distintas comunidades indígenas se conservaron el huipil, la falda y la faja, incluso en lugares donde disminuyó el uso de la lengua indígena y otros rasgos culturales.

Pero conservar una prenda no significa que permanezca idéntica. “La estética indígena del siglo XXI ha sido transformada por siglos”, señaló el investigador.

Las tradiciones cambian, incorporan elementos, abandonan otros y adquieren nuevos significados. “Lo indígena no se mantiene quieto porque es una creación humana, porque es cultura y toda cultura se adapta, cambia, transforma, pierde elementos, gana otros elementos.”

La creatividad de cada artesano también participa en este proceso. Incluso dentro de una misma comunidad, cada persona puede combinar colores, representar figuras o desarrollar diseños de manera diferente.

Esa creatividad no es una característica reciente. También existía en la época prehispánica, cuando los artistas producían códices y otras expresiones visuales con diferencias reconocibles entre ellos.

Vestir la identidad

Por ello, conservar la indumentaria indígena no significa necesariamente reproducir exactamente las prendas utilizadas hace siglos. Lo fundamental es que las comunidades y las personas puedan decidir cómo quieren vestir y mantener sus tradiciones con respeto y dignidad, sin que sean discriminadas por hacerlo.

Esto también implica apoyar a quienes elaboran las prendas, facilitar el acceso a materias primas y colorantes, preservar las técnicas tradicionales y garantizar condiciones comerciales justas.

Buena parte de este trabajo artesanal es realizado por mujeres, por lo que proteger la indumentaria también significa reconocer y proteger el trabajo que existe detrás de cada pieza.

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Gatos sí extrañan a sus humanos, pero lo demuestran de otra manera

Un gato puede pasar horas dormido, acicalándose, jugando por su cuenta o simplemente observando el mundo desde una ventana. A diferencia de un perro, quizá no corra desesperado hacia la puerta cuando su humano toma las llaves para salir de casa. Eso no significa que sea indiferente a su ausencia.

Fausto Reyes Delgado, director médico y de desarrollo institucional del Hospital de Enseñanza Veterinario UNAM-Banfield, narró en entrevista su propia experiencia.

En un tiempo viajaba con frecuencia los fines de semana para impartir pláticas y cursos. Su gata parecía no inmutarse cuando él salía: permanecía dormida en su cama, como si nada hubiera ocurrido.

Sin embargo, por la tarde, cuando llegaba la hora habitual en la que él regresaba a casa, la situación cambiaba.

“Ya estaba parada en la puerta, sentada viendo la puerta a ver a qué hora se abría, que yo llegara. Y cuando no me veía, empezaba a maullar y daba vueltas de un lado para otro”, recordó.

Su esposa descubrió una manera de tranquilizarla: tomaba una de las playeras o el pijama del veterinario y se lo ponía a la gata. La felina se acostaba sobre la ropa y permanecía ahí hasta que Reyes Delgado regresaba.

Cuando finalmente llegaba, la gata se acercaba para recibirlo y buscaba que la cargara. Después de un rato, parecía decirle: “Ya me saludaste, humano. Hasta aquí quiero”, cuenta el especialista entre risas.

Esta escena ilustra una característica fundamental de los gatos: pueden desarrollar vínculos de apego con las personas, aunque su manera de expresarlos sea diferente a la de los perros.

¿Los gatos son realmente independientes?

La respuesta, de acuerdo con el veterinario, es sí y no. Los gatos son animales más autosuficientes que los perros. Son cazadores y pueden desenvolverse de manera más independiente. De manera natural pueden acicalarse, explorar, descansar y buscar alimento por sí mismos.

Esa característica se mantiene en los gatos domésticos, aunque la convivencia con los humanos ha modificado buena parte de su comportamiento.

Por eso, si un perro no recibe su alimento, probablemente buscará insistentemente a su tutor para que se lo proporcione. Un gato, en cambio, puede desarrollar estrategias propias para resolver algunas situaciones.

“Sí podemos decir que son más independientes, pero no podemos decir que son 100 por ciento independientes actualmente”, explicó Reyes Delgado.

La diferencia se hace todavía más evidente cuando un gato vive exclusivamente dentro de una casa y depende de una persona para obtener alimento, agua, atención y otros recursos.

Independientes, pero no indiferentes

Uno de los mitos más extendidos es que los gatos no crean vínculos emocionales con sus humanos. Para el especialista, esto es incorrecto.

Un gato puede acostumbrarse a una rutina y saber cuándo suele regresar la persona con la que tiene un vínculo estrecho. Cuando su humano se ausenta, puede buscarlo, vocalizar o permanecer cerca de los lugares por donde suele aparecer.

También puede reconocer a las personas por su voz y por su olor.

Y aunque la reacción no sea tan efusiva como la de un perro, existen gatos que reciben a sus humanos después de una ausencia: corren hacia ellos, vocalizan e incluso buscan sus caricias.

“Sí lo tienen, pero no es una dependencia tan fuerte como la tiene un perro”, señaló. De hecho, la relación puede ser tan estrecha que los gatos incluso muestran preferencias entre los integrantes de una familia.

¿Cómo demuestra cariño un gato?

Los gatos tienen maneras muy particulares de expresar confianza y afecto. Una de ellas es frotarse contra las personas. Al hacerlo, dejan su olor mediante glándulas ubicadas en diferentes partes de su cuerpo y, de alguna manera, las incorporan a su entorno familiar.

También pueden lamer a su tutor, dormir junto a él o mostrarle el vientre. Este último comportamiento es especialmente significativo porque el abdomen es una zona vulnerable.

Por ello, cuando un gato se recuesta boca arriba frente a una persona y permite que vea su vientre, puede estar mostrando un alto grado de confianza.

Pero incluso en esos momentos el gato conserva su particular autonomía: puede aceptar caricias durante un rato y después decidir que ya fue suficiente. “A ellos les gusta decidir qué tanto amor le quieres dar. Ellos te limitan”.

¿Por qué algunos gatos son más sociables?

La personalidad de cada gato depende de distintos factores, entre ellos la socialización temprana.

Cuando un cachorro es separado muy pronto de su madre o crece sin contacto suficiente con otros animales y personas, estas experiencias pueden influir en su comportamiento y en la manera en que responde a distintas situaciones.

En cambio, la convivencia temprana con otros animales puede favorecer la socialización. Incluso un perro y un gato que crecen juntos desde pequeños pueden convertirse en excelentes compañeros.

También existen diferencias relacionadas con la genética, las experiencias y la selección de determinadas características en algunas razas. Ciertos gatos, por su temperamento y tolerancia al contacto humano, pueden participar en actividades o servicios asistidos con animales.

Así que detrás de un gato que busca constantemente las caricias y otro que prefiere observar desde cierta distancia puede haber una combinación de genética, experiencias tempranas, socialización y personalidad individual.

Un vínculo diferente

Los gatos pueden ser independientes, territoriales, curiosos y capaces de entretenerse solos. Pero esas características no significan que carezcan de vínculos con las personas.

Pueden reconocerlas por el olor y la voz, esperar su regreso, buscarlas cuando se ausentan, mostrar preferencias por determinados integrantes de la familia y expresar confianza mediante el contacto físico.

Tal vez simplemente no lo hagan de la misma manera que un perro. Y quizá esa sea precisamente una de las características que hacen especial la convivencia con ellos: un gato no parece necesitarte todo el tiempo, pero cuando decide acercarse, es porque él eligió hacerlo.

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Cuando los abuelos crían: entre el apoyo familiar y la sobrecarga

En México, la participación de abuelas y abuelos en la crianza de sus nietos ha cobrado mayor relevancia ante la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, el debilitamiento de los servicios públicos de cuidado y el aumento de la esperanza de vida.

Sin embargo, detrás de esta solidaridad familiar también pueden existir desigualdades, sobrecarga y pobreza, explicó María Lucero Jiménez Guzmán, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM.

Se trata de un fenómeno que ocurre en distintos países y se relaciona con transformaciones sociales, económicas y demográficas. Hoy, las mujeres no solo participan en el mercado laboral, sino que también asumen la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado.

“Aun trabajando fuera del hogar, llegas a tu casa y tienes la llamada doble o triple jornada”. Las encuestas sobre uso del tiempo muestran que las labores domésticas y de cuidado se distribuyen de manera desigual entre mujeres y hombres.

A esta situación se suma el debilitamiento de los servicios públicos de cuidado. Mientras en los llamados Estados de bienestar existían mayores apoyos institucionales, como guarderías y escuelas con horarios prolongados, la reducción de estos servicios ha trasladado una parte importante de la responsabilidad hacia las familias.

Cuando estas no pueden pagar servicios privados, los abuelos y las abuelas “entran al quite”.

Una responsabilidad que puede ser amor o necesidad

La participación de las personas mayores en la crianza de sus nietos no puede entenderse de una sola manera. Para algunas personas puede representar una experiencia gratificante y una oportunidad para establecer vínculos con las nuevas generaciones; para otras, puede convertirse en una responsabilidad impuesta por las circunstancias económicas.

“Hay mucha diversidad”, explicó la investigadora. La situación depende de factores como la condición socioeconómica, el número de hijos, la existencia de ambos progenitores y las propias condiciones y deseos de las personas mayores.

Incluso existe un fenómeno generacional interesante: mujeres que durante su vida adulta tuvieron que dedicar buena parte de su tiempo al trabajo remunerado y que no pudieron estar tan presentes en la crianza de sus hijos ahora encuentran en los nietos una oportunidad para desarrollar una vocación de crianza que antes no pudieron ejercer.

También ha aumentado la participación de los hombres mayores. Esto puede relacionarse con generaciones que cuestionaron la paternidad tradicional y buscaron establecer relaciones más cercanas con sus hijos, algo que posteriormente pueden reproducir con sus nietos.

Pero esta participación no siempre significa que la responsabilidad se haya distribuido de manera equitativa.

Cuando los abuelos nunca se jubilan del cuidado

La situación puede ser particularmente difícil para las personas mayores con menores recursos. En México, explicó la investigadora, existen personas que utilizan sus ingresos de jubilación o los apoyos económicos que reciben para sostener no solo sus propias necesidades, sino también las de las generaciones más jóvenes.

“Nunca te jubilas de la responsabilidad. Nunca tienes un tiempo para ti”, señaló. Para estos personas mayores, cuidar a los nietos puede significar continuar con una responsabilidad que comenzó desde la crianza de sus propios hijos.

El problema se vuelve todavía más complejo cuando el cuidado se asume por obligación y no por decisión. En esos casos, puede aparecer la culpa: si la abuela o el abuelo se niega a cuidar a los nietos, puede ser juzgado por la propia familia o por su entorno.

“Muchas veces manejado por la culpa, porque si no lo haces sientes culpa, porque eso se espera de ti de forma natural”, señaló.

A la vez, los nietos pueden convertirse en una fuente de compañía para personas mayores que enfrentan situaciones de soledad. Por ello, la relación entre abuelos y nietos tiene múltiples dimensiones: puede ser una experiencia de amor, solidaridad y acompañamiento, pero también puede esconder desigualdades y sobrecarga.

La familia mexicana: una red de apoyo con claroscuros

México conserva fuertes vínculos de familia extensa, una característica que permite que distintas generaciones se apoyen ante dificultades económicas, laborales o migratorias.

Sin embargo, que la familia sea una importante red de protección social no significa que todos sus integrantes tengan las mismas posibilidades de participar. “Lástima que todo cae en las mujeres”.

Por ello, es necesario fortalecer las políticas y programas dirigidos a las personas adultas mayores y, en general, construir sistemas de cuidado que no dependan exclusivamente de las familias.

Los apoyos económicos para este sector han transformado la vida de muchas mujeres, particularmente en hogares de bajos ingresos, pero resultan insuficientes frente a las necesidades de una población que envejece y que, en algunos casos, continúa sosteniendo a otras generaciones.

Debería ser una experiencia gratificante

El objetivo debería ser que cuidar a los nietos sea una posibilidad y una experiencia gratificante para quien así lo desea, no una obligación derivada de la pobreza o de la falta de alternativas.

“Si se repartiera de mejor manera entre las instituciones, la sociedad y los hombres le entraran, la vida sería distinta, mucho más cómoda para todos”, concluyó María Lucero Jiménez Guzmán.

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La Ciudad de México, la más cosmopolita del planeta a principios del siglo XVII

En años recientes, la Ciudad de México ha recibido visitantes de muchos países, lo que la convierte en una metrópoli multicultural. En las calles de algunos barrios se escucha hablar diversos idiomas de personas que se suman a las numerosas formas de hablar de mexicanos de todos los estados del país que han convertido esta urbe en su lugar de residencia.


Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, obra de Cristóbal de Villalpando, 1695. Óleo sobre lienzo. La pintura muestra la intensa actividad comercial y social de la capital novohispana a finales del siglo XVII.

A los europeos se suman ciudadanos de Colombia, Venezuela, Argentina, Cuba y Haití, así como de algunos países africanos y asiáticos.

Pero su condición de ciudad cosmopolita no es nueva. Desde antes de la época virreinal, México-Tenochtitlan era una ciudad en la que habitaban numerosas personas de diversos grupos étnicos.

“La idea de un país multicultural, que ahora se está rescatando mucho, nos llega precisamente del periodo virreinal, pero incluso desde antes”, señala Antonio Rubial García, doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL). “Tenemos este concepto, generalizante y deformante, de los indígenas como una unidad, pero las civilizaciones que encontraron los españoles a su llegada eran muy diversas. Desde la época prehispánica, la Ciudad de México fue un espacio en el que convivían muchas etnias”.

A la llegada de los españoles había culturas muy avanzadas, como la maya, la mexica, la totonaca, la huasteca, la zapoteca y la mixteca, pero también había grupos nómadas en el norte, como los apaches y, más tarde, los comanches; era una infinidad de etnias con diferentes lenguas.

El término indígena o indio, como se les llamaba en la época colonial, es un término que no define, de ninguna manera, una unidad porque había una pluriculturalidad prehispánica, enfatiza el investigador.

En el siglo XVI, la Ciudad de México era una ciudad donde la mayor parte de la población hablaba náhuatl. A principios del siglo XVII, el núcleo español era mínimo y, poco a poco, los barrios se fueron poblando con mestizos, y no sólo nahuas.

En la zona de La Lagunilla había una importante comunidad otomí que fue colocada ahí por los dominicos, junto a los mixtecos, alrededor del convento de Santo Domingo. Los dominicos, que tenían misiones en la Mixteca, e incluso algunos hablaban mixteco, crearon una parroquia de mixtecos en esa zona.

Pero incluso en España también había muchos grupos que no eran sólo castellanos, ni eran católicos todos. “El término español también es un término muy ambiguo porque España no existía como nación, sino que era un conglomerado de provincias, regiones, reinos”.

Entre los que llegaron había extremeños, andaluces, gallegos y vascos; precisamente numerosos colonizadores del norte de nuestro país eran de origen vasco. “Pero también venían de otras regiones del imperio. Por ejemplo, italianos, comenzando por Cristóbal Colón”.

Incluso países protestantes en los que había una minoría católica estuvieron presentes en este conglomerado pluriétnico europeo, como algunos irlandeses católicos que encontraron en España un lugar donde podían mandar a sus hijos a estudiar; y también católicos ingleses, que mandaban a sus hijos a estudiar a los colegios de Valladolid y con los jesuitas. Desde España, estos grupos cruzaron el Atlántico hasta Nueva España.

“Por supuesto, también llegaron flamencos, porque Flandes era parte del imperio, y también alemanes y austriacos. En los ejércitos de Cortés llegó gente del Mediterráneo de muy diversos orígenes, como algunos griegos”.

La presencia africana en Nueva España

“A partir de 1580, cuando Portugal pasó a formar parte del imperio español, hubo una llegada masiva de africanos porque Portugal tenía numerosas colonias en las costas africanas y eran los principales tratantes de esclavos africanos, pero también de la India y de China, donde también tenían colonias, que pasaron a ser parte del imperio español. Eso fue hasta 1640, en que se inició la guerra de independencia de Portugal de España”.

Durante la Conquista llegaron muchos africanos, primero como esclavos, aunque algunos fueron liberados y unos cuantos se convirtieron en encomenderos. Es muy conocido el caso de Juan Garrido, originario de África y nacido alrededor de 1480.

También venían de muy diferentes orígenes. Incluso, el término “negro” definía una realidad muy compleja, porque además de las personas que fueron traídas de Mozambique, Angola, el Congo y Guinea, a algunos marroquíes también se les consideraba “negros”.

“Aunque diversos grupos del norte de África eran musulmanes, pasaban como católicos, como el famoso Estebanillo, marroquí que participó en la expedición de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Posiblemente era de origen musulmán”, señala el profesor Rubial García.

La comunidad asiática

Después están los emigrados asiáticos. A partir del descubrimiento del tornaviaje, la ruta de regreso desde Filipinas a Acapulco, por el agustino Andrés de Urdaneta en octubre de 1565, tenemos la presencia de asiáticos, filipinos mayoritariamente.

“A la comunidad asiática, creo que es importante señalarlo, les llamaban ‘los chinos’, porque llegaban en la nao de China, pero eran personas de muy diversos orígenes”, explica el investigador.

En la Ciudad de México había un grupo muy importante de filipinos en lo que hoy es Tepito, donde estaban los barrios orientales, que eran administrados por los agustinos, quienes tenían importantes misiones en Filipinas.

Muchos emigrados filipinos, libres y esclavos, llegaban a habitar esa zona de la ciudad, sobre todo en Atzacoalco, en el barrio de San Pablo.

Además de los filipinos, también llegaron esclavos chinos y del sureste de Asia, como algunos vietnamitas y camboyanos. “Tenemos el caso de la famosa China Poblana, que era de la India”.

Muchos cristianos japoneses que escaparon de ser asesinados durante las persecuciones religiosas en el sur de Japón se refugiaron en Filipinas y después llegaron a Nueva España. Incluso, había un japonés que tenía un temazcal en la Ciudad de México.

La ciudad más cosmopolita

Desde finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, la Ciudad de México era la ciudad más cosmopolita del planeta por la diversidad de su población; era una ciudad multicultural con orígenes en muchas partes del mundo. Normalmente eran minorías, en ocasiones eran dos o tres, pero eso muestra su diversidad.

“Muchos traían su religión, aunque llegaban como cristianos católicos porque nadie podía no ser católico, no había libertad de creencias. A los esclavos que capturaban en África los bautizaban porque aunque eran mercancía, también eran considerados seres humanos, así que los bautizaban y entraban como católicos; los que llegaban del mundo musulmán también entraban como católicos, porque no podía haber gente de otra religión”.

Incluso los judíos que llegaban lo hacían como conversos al catolicismo, aunque algunos conservaban oculta su religión. Este grupo también era muy importante, sobre todo entre los mercaderes, muchos de origen portugués.

Por testimonios de la Inquisición, se sabe que algunos judíos portugueses iban a hacer sus abluciones rituales antes del shabbat al temazcal que poseía un “japonés” en la Ciudad de México. Esta anécdota se puede encontrar en Del gachupín al criollo, libro de Solange Alberro, investigadora de El Colegio de México que estudió la Inquisición, entre otros temas.

El complejo tema del mestizaje

“Desde la época de José Vasconcelos, los autores del siglo XX han insistido en que el siglo XVI fue el siglo del mestizaje, pero creo que debemos matizarlo, porque sí hubo un mestizaje cultural, pero siempre bajo una tónica cristiana y occidental”, explica Antonio Rubial García.

Ciertamente, agrega, las poblaciones indígenas conservaron muchas de sus tradiciones, pero las tradiciones religiosas fueron perseguidas porque iban en contra de la fe católica.

La violencia que se ejerció en el siglo XVI fue principalmente contra los que idolatraban a sus dioses, y la destrucción de sus templos y de sus códices, así como la persecución de los sacerdotes indígenas, fue parte de una campaña de destrucción y desestructuración del mundo cultural prehispánico.

“Pero esta campaña no fue muy eficiente en el siglo XVI, porque los indígenas seguían siendo mayoría, eran el 99 por ciento de la población. A pesar de la llegada de numerosos españoles, africanos, asiáticos, europeos, éstos eran una minoría y en el siglo XVI no llegaban ni al uno por ciento”.

Mestizaje biológico

“Claro, el primer mestizaje, el biológico, fue notable, pero no tan extendido como se pretende”, señala el investigador. “Todavía en el siglo XVIII, 70 por ciento de la población seguía hablando las lenguas indígenas”.

Porcentaje que se mantuvo en la Independencia, lo que nos dice que el castellano, que era el idioma oficial, lo hablaba como lengua materna apenas un 30 por ciento de la población.

Aunque había muchos bilingües, la lengua materna de la mayor parte de la población era una lengua indígena, como el maya, el zapoteco, el mixteco y otras lenguas, además del náhuatl.

“Estamos hablando de una población indígena muy numerosa que todavía conservaba muchas tradiciones y que hablaba sus lenguas. Este mito de que el mestizaje se dio en la época colonial es una gran mentira”, señala el profesor Rubial García. “También es una gran mentira que en la época colonial se destruyeran las lenguas indígenas; al contrario, había un interés por preservarlas porque precisamente los frailes querían que los indígenas no se contaminaran con el español”.

En el siglo XIX, durante la Independencia, comenzó el mestizaje. “Los liberales, igual que los conservadores, querían integrar a las comunidades indígenas; era una política que venía desde el siglo XVIII, con los Borbones, pero que se consumó en el XIX”.

Para Rubial García, el verdadero mestizaje y la verdadera destrucción de las lenguas indígenas ocurrieron en el siglo XIX. Curiosamente, los defensores de los indios fueron los principales destructores de las identidades indígenas.

“En el siglo XX, el proceso se aceleró, no siempre voluntariamente, por supuesto, porque ahora con el fenómeno del mestizaje sólo el diez por ciento de la población del país era indígena, después de que fuera el cien por ciento. En estos cinco siglos, el intenso mestizaje se dio en los siglos XIX y XX”.

La presencia asiática que llegó con la nao de China

En la nao de China llegaron muchos asiáticos. Ese barco traía cada año unos 40 esclavos y algunos conseguían su libertad. Hubo tantos asiáticos “que en la Plaza Mayor había una zona que llamaban ‘la de los barberos chinos’, pero todos eran filipinos que cortaban el pelo y la barba y eran hombres libres”, finaliza el doctor Rubial García.

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¿Quién fue realmente Malinche? La mujer detrás del mito que cada época quiso construir

Es una de las figuras más importantes y, al mismo tiempo, más controversiales de la historia de la conquista de México. Su participación junto a Hernán Cortés ha sido interpretada de diferentes maneras a lo largo del tiempo: mientras que algunas fuentes del siglo XVI la muestran como una intérprete y mediadora fundamental entre los pueblos indígenas y los españoles, después de la Independencia de México comenzó a ser considerada una traidora a su pueblo.

Sin embargo, para comprender realmente el papel de Malinche es necesario analizar el contexto en el que vivió, sus conocimientos de distintas lenguas y culturas, así como las circunstancias que la llevaron a colaborar con los conquistadores. También es necesario observar cómo su imagen fue cambiando en códices, obras históricas, novelas y otros discursos de acuerdo con las ideas y necesidades de cada época. Por ello, estudiar a Malinche permite no solo conocer la participación de una mujer indígena en la Conquista, sino también entender cómo se construyen y transforman las figuras históricas con el paso del tiempo.

Lo que sabemos sobre la vida de Malinche

Para comprender cómo se construyeron estas interpretaciones, primero es necesario revisar qué sabemos realmente sobre la mujer histórica detrás de ellas. Uno de los aspectos que más dificultad presenta al estudiar la vida de Malinche es que no se conoce con certeza su verdadero nombre indígena. Las fuentes no conservan información sobre el nombre que recibió al nacer o durante su infancia.

De acuerdo con Guadalupe Gómez Aguado, profesora del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) de la UNAM y doctora en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución, Marina fue el nombre que recibió al ser bautizada por los españoles. Posteriormente, los hablantes de náhuatl pronunciaron Marina como Malina, ya que el sonido de la “r” no existía en esa lengua, y añadieron el sufijo honorífico “-tzin”. De ahí surgieron los nombres Malintzin y, posteriormente, Malinche.

Entre los datos que se consideran más confiables sobre su vida destaca su capacidad para hablar varias lenguas. Se sabe que conocía el popoloca, el náhuatl, el maya chontal y el maya yucateco, y posteriormente aprendió español. Además, dominaba el lenguaje señorial utilizado en el náhuatl y conocía las reglas políticas que se empleaban ante los gobernantes mexicas.

Estas habilidades hacen pensar que estuvo en contacto con ambientes de la nobleza indígena, aunque no existen pruebas suficientes para afirmar que ella misma perteneciera a una familia noble. Debido a ello, el relato de Bernal Díaz del Castillo sobre su infancia y su supuesto origen como princesa debe considerarse con cautela. Sus conocimientos lingüísticos y culturales ayudan a explicar por qué pudo desempeñar un papel tan importante como intermediaria, pero no permiten determinar por sí mismos cuál era su origen social.

De hecho, Malinche fue una mujer indígena esclavizada y, según las crónicas, fue entregada a los españoles. Por ello, no resulta adecuado interpretar sus acciones simplemente como una decisión libre de “traicionar” a su pueblo. Además, ella no fue la única indígena que colaboró con los españoles. Pueblos como los tlaxcaltecas y los totonacas también se aliaron con Cortés porque consideraban que esta alianza podía ayudarles a derrotar a los mexicas. En este contexto, Malinche formó parte de un proceso político mucho más amplio y complejo.

Después de la Conquista, Malinche tuvo dos hijos. Martín fue hijo de Hernán Cortés, mientras que María fue hija de Juan Jaramillo, con quien Malinche contrajo matrimonio en 1524 durante la expedición a las Hibueras. Se ha interpretado que Cortés pudo haber promovido este matrimonio para asegurar que Malinche estuviera protegida dentro de la nueva sociedad que se estaba formando. También es posible que Cortés le hubiera otorgado las encomiendas de Oluta, en Veracruz, y Tetequipaque, en Oaxaca.

Malinche probablemente murió alrededor de 1529, posiblemente a causa de alguna de las epidemias que afectaron a la Nueva España.

La imagen de Malinche en los primeros años después de la Conquista

Pero conocer estos aspectos de su vida no basta para explicar la imagen que se construyó sobre ella. Como Malinche no dejó testimonios escritos propios, gran parte de lo que sabemos proviene precisamente de las fuentes que también contribuyeron a construir su representación. Por ello, después de revisar los datos disponibles sobre su vida, es necesario observar cómo fue representada desde los primeros años posteriores a la Conquista.

En documentos como el Lienzo de Tlaxcala, el Códice Azcatitlan, el Códice Florentino y el Códice Durán, Malinche aparece con frecuencia junto a Cortés y en situaciones de gran importancia política. Se le representa hablando con gobernantes, participando en alianzas y actuando como intermediaria entre los indígenas y los españoles. En algunas imágenes incluso ocupa una posición central o tiene un tamaño destacado.

Estas representaciones tempranas, comentó la Dra. Guadalupe Gómez, resultan importantes porque muestran que la imagen de Malinche como traidora no fue una interpretación universal ni inmediata. Su significado comenzó a transformarse con el paso del tiempo y, sobre todo, conforme cambiaron las circunstancias políticas y culturales desde las que se recordaba la Conquista.

Durante los siglos XVII y XVIII, su presencia disminuyó considerablemente en las fuentes. Posteriormente, Francisco Javier Clavijero recuperó su figura en su Historia antigua de México, donde la presentó como la primera cristiana del Imperio Mexicano y resaltó sus servicios durante el proceso de conquista y cristianización.

Sería, sin embargo, en el México independiente cuando su figura adquiriría un significado completamente distinto.

De ser un puente entre dos mundos a ser calificada como “traidora”

La imagen de Malinche cambió radicalmente después de la Independencia de México. La nueva nación construyó parte de su identidad alrededor de la idea de haber recuperado la libertad que España le había arrebatado. En este nuevo relato nacional, los españoles fueron convertidos en enemigos y Malinche comenzó a ser interpretada como una mujer que había ayudado al extranjero a conquistar su propia tierra.

Uno de los primeros ejemplos de esta transformación, señaló la profesora del CEPE, aparece en la novela Jicoténcal, publicada en 1826. En ella, Malinche es presentada como amante de Cortés, seductora y responsable de facilitar la Conquista. Esta interpretación tuvo influencia en otras narraciones posteriores y contribuyó a consolidar la imagen de Malinche como una mujer que habría traicionado a su pueblo por amor a un conquistador.

De igual manera, el pensamiento liberal mexicano retomó esa imagen y la reforzó. En 1861, Ignacio Ramírez la comparó simbólicamente con Eva, mientras que presentó a Josefa Ortiz de Domínguez como una especie de María, asociada con la salvación y el patriotismo. De esta manera, Malinche quedó convertida en un símbolo de seducción, pecado y traición, mientras que otras mujeres fueron utilizadas como modelos de virtud patriótica. Esta visión continuó apareciendo en obras posteriores, como Los mártires de Anáhuac, de Eligio Ancona, donde se vuelve a plantear que Malinche traicionó a su pueblo por amor a Cortés.

Otra obra importante de este periodo fue México a través de los siglos, publicada en la década de 1880. En ella, Alfredo Chavero reconoció que Malinche había sido un personaje importante durante la Conquista, pero señaló que existían muy pocas fuentes para conocer su vida. A pesar de reconocer su importancia, terminó reduciendo su papel histórico al de una “simple intérprete”.

Esto muestra una contradicción: aunque se reconocía su presencia en momentos fundamentales de la Conquista, todavía se minimizaba la importancia política y cultural de su función como intérprete.

Cuatro años más tarde, en el diario El Álbum de la Mujer, dirigido por Concepción Gimeno de Flaquer, se dedicó una portada a Malinche y se presentó una visión mucho más favorable de ella. Gimeno la describió como una mujer valiente, inteligente y capaz de ayudar tanto a los españoles como a los indígenas. Aunque consideraba que su amor por Cortés había influido en sus acciones, también la presentó como una mujer compasiva que ayudaba a quienes la rodeaban.

No obstante, esta interpretación generó una fuerte polémica en la prensa. La Dra. Guadalupe compartió que el medio liberal El Diario del Hogar criticó duramente a Gimeno por presentar de manera positiva a Malinche. “Para ellos, era una figura indigna y una mujer que había traicionado a su pueblo”, dijo.

Sin embargo, la interpretación negativa también persistió entre algunas escritoras de la época. Laureana Wright, periodista y defensora de la educación y de los derechos de las mujeres, describió en su obra Mujeres notables mexicanas, publicada después de su muerte, a Malinche como una mujer que había ayudado al “destructor de su raza”. Consideraba que no había demostrado patriotismo, dignidad ni honor. Esto demuestra que la interpretación negativa de Malinche no era exclusiva de los hombres, sino que también podía formar parte de los discursos femeninos del siglo XIX.

Estas representaciones negativas no desaparecieron al comenzar el siglo XX. Por el contrario, encontraron nuevas formas de expresión en la pintura histórica y en los libros de historia destinados a los niños. En estas publicaciones se reforzó una imagen negativa: Malinche era presentada como una de las responsables de la derrota mexica. Incluso aparecía representada como una esclava sometida a Cortés, arrodillada ante él y sufriendo las humillaciones propias de su condición.

El surgimiento del Malinchismo

Durante el siglo XX ocurrió algo más: Malinche dejó de representar únicamente a una mujer vinculada con la Conquista y comenzó a convertirse en un símbolo utilizado para interpretar la identidad nacional. Aunque su imagen como traidora ya se había construido desde el siglo XIX, durante el México posrevolucionario comenzó a utilizarse para representar una actitud más amplia: la preferencia por lo extranjero frente a lo propio. De esta manera surgió y se consolidó el concepto de malinchismo, relacionado con la idea de que una persona o un grupo rechaza o menosprecia lo nacional y valora más aquello que proviene del extranjero.

El término no debe entenderse como una descripción de lo que Malinche realmente hizo durante la Conquista, sino como una construcción posterior alrededor de su figura. La asociación surgió porque durante mucho tiempo se interpretó su colaboración con Hernán Cortés como una elección consciente de los españoles frente a los indígenas.

Esta interpretación, además, dejó de lado las circunstancias en las que vivió Malinche. Era una mujer indígena esclavizada, fue entregada a los españoles y vivió en un contexto en el que todavía no existía México como nación. Por ello, resulta problemático juzgar sus acciones utilizando conceptos de patriotismo y nacionalidad que pertenecen a una época posterior.

El malinchismo comenzó a relacionarse también con la idea de un supuesto “complejo de la Malinche”. En 1942, el escritor Rubén Salazar Mayén utilizó esta expresión para referirse a una actitud de subordinación frente a lo extranjero. Desde esta perspectiva, Malinche dejó de ser únicamente un personaje de la historia de la Conquista y se convirtió en un símbolo utilizado para explicar determinados comportamientos de la sociedad mexicana.

La figura adquirió así una dimensión todavía más amplia: dejó de funcionar únicamente como explicación de la Conquista y comenzó a utilizarse como símbolo para interpretar la identidad mexicana. Uno de los ejemplos más influyentes de esta transformación fue Octavio Paz en su ensayo Los hijos de la Malinche, incluido en El laberinto de la soledad. Paz relacionó la figura de Malinche con la Conquista, el mestizaje, la violencia y la identidad mexicana. En su interpretación, Malinche representa a la mujer que se entrega al conquistador y, a partir de ella, construye una reflexión más amplia sobre la relación de los mexicanos con su pasado y con la figura de lo extranjero.

De esta manera, el concepto de malinchismo terminó adquiriendo un significado que va más allá de la propia Malinche. Con el paso del tiempo, comenzó a utilizarse para describir a quienes prefieren productos, costumbres, ideas o modelos extranjeros antes que los nacionales, convirtiéndose en una expresión asociada con el rechazo o menosprecio de lo propio.

La reivindicación de Malinche

Frente a esta larga tradición que había convertido a Malinche en símbolo de traición y extranjerización, a partir de la década de 1990 comenzó una nueva etapa en el estudio de su figura. La discusión dejó de centrarse únicamente en si había sido una traidora o una heroína y empezó a preguntarse cómo se había construido esa imagen a lo largo de la historia. Los investigadores comenzaron a recurrir de manera más sistemática a códices, crónicas, documentos de archivo y estudios interdisciplinarios para distinguir entre la Malinche histórica y las distintas representaciones que se habían creado sobre ella.

Gómez Aguado destacó que un momento importante fue el coloquio “La Malinche, sus padres y sus hijos”, coordinado por Margo Glantz en 1992. En este encuentro participaron especialistas de distintas disciplinas que analizaron a Malinche desde perspectivas históricas, literarias, filosóficas, sociológicas y lingüísticas. El coloquio permitió estudiar no solo su participación en la Conquista, sino también las transformaciones que había experimentado su imagen a lo largo de los siglos. Las investigaciones reunidas posteriormente en el libro del mismo nombre, publicado en 2001, contribuyeron a impulsar nuevos estudios sobre su figura.

A partir de entonces se produjo una expansión de investigaciones dedicadas específicamente a Malinche. Historiadores y especialistas comenzaron a revisar las fuentes disponibles para reconstruir, hasta donde fuera posible, aspectos de su vida, su papel como intérprete, sus relaciones familiares y las condiciones sociales y políticas en las que vivió. Entre estos trabajos destaca el de Camilla Townsend, quien realizó una amplia investigación documental sobre Malinche y su entorno familiar.

Al mismo tiempo, desde finales del siglo XX y durante el XXI, su figura comenzó a ser reivindicada desde otras perspectivas. Escritoras chicanas y movimientos feministas cuestionaron la interpretación tradicional que la presentaba únicamente como una mujer que había traicionado a su pueblo. Desde esta mirada, Malinche podía entenderse como una mujer que sobrevivió en un contexto de violencia y que utilizó sus conocimientos lingüísticos y culturales para desenvolverse dentro de un complejo proceso político.

Esta reinterpretación también se ha reflejado en el arte y en el espacio público. Esculturas, exposiciones, novelas y otras expresiones culturales han propuesto nuevas maneras de representar a Malinche, ya no solamente como acompañante de Cortés, sino como una figura central del proceso de Conquista y del posterior mestizaje.

Incluso las representaciones tradicionales continúan siendo objeto de análisis. La manera en que aparece en los códices, por ejemplo, muestra que su imagen fue modificándose con el paso del tiempo. Las representaciones más cercanas a la Conquista presentan características distintas de aquellas realizadas décadas después, cuando la memoria directa de los acontecimientos había desaparecido y las imágenes respondían cada vez más a una interpretación construida sobre el pasado.

“Por ello, estudiar a Malinche implica enfrentarse a una dificultad fundamental: existen muchas más representaciones e interpretaciones sobre ella que testimonios directos de su propia vida. No dejó escritos personales y gran parte de la información disponible proviene de autores y documentos producidos desde perspectivas indígenas, españolas o mestizas posteriores”, concluyó la maestra del CEPE.

En este sentido, la historia de Malinche también es la historia de cómo cada época ha construido su propia idea sobre ella. Fue intérprete y mediadora; después, símbolo de traición; más tarde, origen del concepto de malinchismo; y, en las últimas décadas, una figura sometida a revisión y reivindicación.

Esta transformación no se limita al ámbito académico o cultural. También puede observarse en la memoria pública contemporánea. La incorporación de Malinche al Paseo de las Heroínas en 2026 puede entenderse como una muestra de este cambio. Su presencia en este espacio representa una modificación significativa respecto de las imágenes que durante mucho tiempo la asociaron exclusivamente con la traición y el rechazo de lo nacional.

Así, más de cinco siglos después de la Conquista, la pregunta ya no parece ser únicamente si Malinche fue una heroína o una traidora. El verdadero desafío consiste en comprender quién fue la mujer histórica detrás de todas esas interpretaciones y por qué su figura ha sido transformada tantas veces para responder a las preocupaciones de cada época. La escasez de fuentes hace que muchas preguntas permanezcan abiertas, pero también explica por qué Malinche continúa siendo una de las figuras más estudiadas, discutidas y reinterpretadas de la historia de México.

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La fuerza de voluntad no basta: así influyen el cerebro y el entorno

Cuando hablamos de alcanzar objetivos, es común pensar que todo depende de la fuerza de voluntad: si una persona realmente quiere lograr algo, simplemente debe “echarle ganas”. Sin embargo, nuestra capacidad para decidir y actuar no depende únicamente de cuánto deseamos algo. En ella intervienen múltiples condiciones que pueden facilitar o dificultar la manera en que nos comportamos.

El estado de nuestro cerebro, la energía disponible, el descanso, el entorno y los estímulos a los que estamos expuestos diariamente pueden influir en nuestra atención, nuestras decisiones y nuestra capacidad para regular la conducta. Incluso la tecnología que utilizamos puede modificar la manera en que mantenemos el foco y respondemos a los impulsos.

Desde esta perspectiva, hablar de fuerza de voluntad implica mirar más allá del esfuerzo personal. También significa reconocer las condiciones que nos rodean y comprender cómo estas pueden favorecer o limitar nuestra capacidad para avanzar hacia lo que nos proponemos.

Para entender qué hay detrás de esa capacidad de mantenernos enfocados, tomar decisiones y actuar de acuerdo con nuestras metas, el doctor Víctor Manuel Rodríguez Molina, profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM (FacMed), plantea que es necesario comprender qué ocurre dentro de nosotros cuando intentamos ejercer el autocontrol.

Y para ello hay que comenzar por el órgano que coordina buena parte de estos procesos: el cerebro.

El actor principal

Cada vez que pensamos en lo que queremos conseguir, establecemos un plan, tomamos una decisión o realizamos una acción, utilizamos recursos cerebrales. Para cumplir una meta no basta con saber qué queremos. También necesitamos organizar nuestras acciones, mantener la atención, resolver problemas, tomar decisiones y adaptarnos cuando aparecen obstáculos.

Por eso, el estado en el que se encuentra nuestro cerebro puede influir en nuestro desempeño. Cuando cuenta con los recursos necesarios, podemos pensar con mayor claridad y ejercer un mejor control sobre nuestras acciones. Cuando está fatigado o sobrecargado, algunas de estas capacidades pueden disminuir.

Dentro de este proceso, explicó Rodríguez Molina, la corteza prefrontal tiene un papel especialmente importante. Esta región participa en funciones como el pensamiento, la memoria, el razonamiento, el lenguaje, la abstracción y la toma de decisiones.

También interviene en la planificación y en la regulación de nuestra conducta. Nos ayuda a detenernos antes de actuar impulsivamente, evaluar las consecuencias de una decisión y mantenernos orientados hacia un objetivo.

Por ello, algunas de las capacidades que asociamos con la disciplina y el autocontrol están relacionadas con el funcionamiento de esta región y, en general, con el estado del cerebro. Hablar de fuerza de voluntad, entonces, también implica considerar las condiciones que permiten que estos procesos funcionen adecuadamente.

Neblina mental: no pensar con claridad

Pero ¿qué ocurre cuando esas condiciones no están presentes y la corteza prefrontal no funciona de manera óptima? Podemos saber exactamente qué queremos hacer y, sin embargo, tener dificultades para ejecutarlo. En estas condiciones puede aparecer un fenómeno conocido como neblina mental, que puede manifestarse como dificultad para concentrarse, pensar, recordar información, planear o ejecutar acciones, apuntó el maestro de la FacMed.

En esos momentos, el problema no necesariamente es la falta de voluntad. El cerebro puede estar fatigado o no contar con los recursos necesarios para desempeñar sus funciones de manera óptima.

Saber lo que debemos hacer no garantiza que tengamos la misma capacidad para hacerlo en cualquier circunstancia. Esto ayuda a explicar por qué podemos comportarnos de una manera cuando estamos descansados y de otra cuando llevamos muchas horas de trabajo, preocupación o estimulación.

El cansancio, por tanto, no solo puede hacernos sentir agotados; también puede reducir nuestra capacidad para actuar de acuerdo con nuestros objetivos. El autocontrol no depende exclusivamente de una decisión consciente: también está relacionado con el estado en el que se encuentra nuestro cerebro.

El entorno: la tecnología nos roba la atención y el control

Si el estado del cerebro puede modificar nuestra capacidad de autocontrol, también es necesario mirar hacia las condiciones que lo rodean. Ahí entra en juego un segundo elemento: el entorno.

La alimentación, el ejercicio y el sueño son factores importantes para el funcionamiento general del organismo. A ellos se suma otro elemento cada vez más presente en nuestra vida cotidiana: las pantallas.

El celular, las redes sociales, los videos y otras plataformas digitales requieren nuestra atención constantemente. Cada notificación, mensaje, imagen o video representa un estímulo al que nuestro cerebro puede responder.

El problema es que muchas veces confundimos esta actividad con descanso. Podemos pensar que estamos relajándonos porque estamos acostados viendo el celular, pero nuestro cerebro continúa recibiendo información, seleccionando estímulos y respondiendo a ellos.

Las plataformas digitales, mencionó Rodríguez Molina, no están diseñadas únicamente para ofrecernos información. Una parte importante de su funcionamiento consiste en mantener nuestra atención durante el mayor tiempo posible. Para conseguirlo, utilizan algoritmos capaces de analizar nuestro comportamiento: observan qué contenidos vemos, cuáles ignoramos, con cuáles interactuamos y cuánto tiempo permanecemos frente a ellos.

Con esa información pueden ofrecernos contenido cada vez más personalizado. Si una plataforma detecta que algo nos interesa, puede mostrarnos más contenido relacionado con ese tema.

Esta dinámica puede favorecer un ciclo de recompensa que nos lleva a permanecer más tiempo en la plataforma. Además, forma parte de un modelo económico en el que aumentar el tiempo y la actividad de los usuarios puede generar mayores oportunidades de mostrar publicidad, producir interacciones o mantenerlos dentro del servicio.

Rodríguez Molina resumió esta dinámica como un ciclo de retroalimentación:

“Así se crea un ciclo en el que la plataforma aprende de nosotros y nosotros respondemos a los estímulos que nos ofrece. El contenido se vuelve cada vez más atractivo y personalizado, lo que facilita que permanezcamos conectados durante largos periodos. Funcionamos de forma automática y disminuye el autocontrol”.

Por eso, dejar de utilizar una plataforma no siempre resulta tan sencillo como simplemente decidir hacerlo. No se trata únicamente de tener o no tener fuerza de voluntad: también estamos interactuando con sistemas diseñados para captar y mantener nuestra atención.

¿Qué se puede hacer para retomar el control?

Reconocer la influencia del entorno no significa que hayamos perdido nuestra capacidad de decidir. Significa entender que podemos crear condiciones que faciliten el autocontrol.

Rodríguez Molina destacó que utilizar el celular durante el tiempo libre no necesariamente significa descansar. Incluso durante las vacaciones, permanecer conectado a las redes sociales, responder mensajes o estar pendiente de las notificaciones mantiene activo al cerebro.

El verdadero descanso requiere que tanto el cuerpo como la mente tengan la oportunidad de recuperarse. Por esta razón, la desconexión digital puede ser una herramienta importante para recuperar el equilibrio. No basta con dejar el celular boca abajo o apagarlo si seguimos preocupados por saber si alguien nos escribió. También es necesario establecer periodos en los que realmente nos alejemos de las pantallas y recuperemos actividades más lentas y analógicas.

El sueño también cumple un papel fundamental. Durante el sueño ocurren procesos de recuperación y eliminación de determinados desechos metabólicos del cerebro. Cuando no dormimos adecuadamente, pueden aparecer cansancio, dificultades para pensar y sensación de neblina mental. Establecer una rutina de descanso y reducir el uso del celular antes de dormir puede contribuir a mejorar estas condiciones.

La responsabilidad no es solo individual

Esta preocupación adquiere una dimensión particular cuando hablamos de niñas, niños y adolescentes, cuyo cerebro todavía se encuentra en desarrollo.

El uso excesivo o inadecuado de estos dispositivos puede influir en su bienestar emocional, su capacidad de concentración y la manera en que establecen relaciones con otras personas. Asimismo, la exposición constante a las redes sociales puede generar riesgos relacionados con el ciberacoso, la comparación social, la dependencia y el acceso a contenidos inapropiados para su edad.

Por ello, resulta fundamental promover un uso responsable y equilibrado de la tecnología, acompañado de la orientación y supervisión de madres, padres, tutores y docentes.

Pero esto también muestra que el problema no puede resolverse únicamente mediante decisiones individuales. Las condiciones en las que utilizamos la tecnología dependen, en buena medida, de los espacios en los que vivimos, estudiamos y trabajamos.

Las familias pueden establecer límites y momentos libres de dispositivos; las escuelas pueden promover espacios sin celulares; los empleadores pueden respetar el derecho a la desconexión fuera del horario laboral, y las autoridades pueden desarrollar políticas públicas que protejan especialmente a los menores.

La responsabilidad, por tanto, no debe recaer únicamente en el individuo. Vivimos dentro de un entorno digital que compite constantemente por nuestra atención, y enfrentar sus efectos requiere también decisiones colectivas.

La tecnología ofrece grandes beneficios y forma parte inevitable de la sociedad moderna. El objetivo no debería ser eliminarla, sino aprender a utilizarla de manera equilibrada y analizar con seriedad los efectos de una exposición constante a las pantallas para establecer límites adecuados cuando sea necesario.

La voluntad sí importa, pero…

El comportamiento humano no depende únicamente de la voluntad individual. Decir que solo con voluntad se pueden lograr las cosas es caer en una trampa.

La voluntad importa. La motivación importa. El esfuerzo importa. Pero todos ellos funcionan dentro de un sistema en el que también participan la biología del cerebro, la energía disponible, el descanso, el entorno y la tecnología.

Nuestra capacidad para pensar, tomar decisiones, regular nuestra conducta y mantenernos enfocados en nuestros objetivos puede cambiar según las condiciones en las que se encuentra nuestro cerebro y el entorno en el que nos desenvolvemos.

Por eso, alcanzar una meta no siempre significa esforzarnos cada vez más. En muchas ocasiones también significa crear las condiciones que permitan que nuestro cerebro funcione mejor: dormir adecuadamente, cuidar nuestra alimentación y actividad física, reducir estímulos innecesarios, proteger nuestra atención y reconocer cuándo necesitamos descansar.

La verdadera pregunta, entonces, no debería ser solamente “¿tengo suficiente fuerza de voluntad?”, sino también “¿qué condiciones están favoreciendo o dificultando que pueda utilizarla?”.

Entender esta diferencia permite dejar de interpretar todo fracaso como una falta personal y comenzar a comprender que nuestra conducta surge de la interacción entre lo que queremos, nuestro cerebro, nuestro entorno y las tecnologías que forman parte de nuestra vida cotidiana.

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Rayos X revelan cómo evolucionan los entornos de los agujeros negros supermasivos

¿Cómo se formaron las galaxias y qué papel juegan los agujeros negros supermasivos en su centro? Es una de las grandes preguntas abiertas de la astronomía moderna y motivación de estudio de un grupo de astrónomas y astrónomos del Instituto de Astronomía, UNAM (IA-UNAM).

Para responder esta pregunta, el equipo de investigación seleccionó 94 núcleos activos de galaxias para realizar un análisis espectral detallado en rayos X y combinarlo con la información obtenida en luz visible e infrarroja. Se utilizaron datos en rayos X del satélite XMM-Newton y la contraparte visible del Gran Telescopio Canarias, el más grande del mundo con tecnología óptico-infrarroja sobre la franja del cielo Lockman Hole: la región con menos gas interestelar de toda la esfera celeste y la ventana más limpia disponible para observar el Universo.

“Al combinar rayos X, capaces de atravesar el gas y polvo que rodea al agujero negro y revelar su núcleo con luz óptica e infrarroja, la cual nos permite estudiar la galaxia que lo alberga, podemos entender muchas caras de la misma moneda», explica Mauricio Elías Chávez, líder de la investigación.

El investigador Mauricio Elías Chávez, durante su estancia en el departamento de astronomía en la Universidad de Kioto, Japón, donde realizó el análisis espectral de rayos X de AGN extremadamente oscurecidos. Crédito: Mauricio Elías Chávez.

Los núcleos activos de galaxias o active galactic nuclei (AGN, por sus siglas en inglés) albergan en su centro un agujero negro supermasivo que devora el gas y polvo que hay a su alrededor. Ese proceso libera cantidades masivas de energía, ubicándolos entre los objetos más energéticos del Universo.

“Entender cómo estos monstruos galácticos evolucionan junto con las galaxias que habitan, sigue siendo una de las líneas de investigación más relevantes, y este trabajo nos acerca a la respuesta al descubrir agujeros negros que permanecían ocultos tras densas nubes de gas y polvo, permitiéndonos reconstruir cómo era su entorno en el Universo temprano y sugiriendo que ese mismo material favorece una intensa formación de nuevas estrellas”, comentó el Dr. Elías Chávez.

Este es uno de los hallazgos más interesantes. De los 94 núcleos activos -algunos ocultos con una intensa formación estelar-, destacan tres del tipo Compton-thick: objetos extremadamente oscurecidos por gas y polvo. Uno de ellos, el objID-206603, presentó una formación de aproximadamente 1,000 masas solares por año. Esta tasa de formación estelar es muy alta, comparada con nuestra Galaxia, la cual forma alrededor de una a dos estrellas tipo Sol en el mismo periodo de tiempo.

Además, el grupo de investigación detalló que cuando se observa el Universo en sus primeras etapas, los agujeros negros estaban rodeados por mayores cantidades de gas y polvo que en la actualidad. “Estos resultados muestran que el entorno de los agujeros negros supermasivos cambia a lo largo de la historia del Universo y ayudan a entender cómo los agujeros negros supermasivos influyen en la evolución y el crecimiento de las galaxias que los albergan”, refirió el especialista.

La línea de acción

El estudio conjunta diversas técnicas y métodos astronómicos. Combina un análisis espectral detallado en rayos X con la caracterización óptica disponible del proyecto Lockman-SpReSO para una población de AGN seleccionada en el infrarrojo lejano. Es un proyecto interdisciplinario donde especialistas de múltiples áreas científicas colaboran para obtener mayores detalles de la evolución galáctica.

Mosaico en rayos X del campo Lockman Hole obtenido con el satélite XMM-Newton. Los círculos señalan las galaxias del proyecto Lockman-SpReSO con emisión en rayos X analizadas en este estudio. Crédito de la imagen: Mauricio Elías Chávez.

“Ajustamos modelos físicos a los espectros de rayos X para caracterizar propiedades como su luminosidad, el gas que los rodea y otras características de su emisión. Integramos estos resultados con estudios previos de la colaboración sobre las propiedades del anillo de polvo que rodea al núcleo, la formación estelar de las galaxias anfitrionas y la clasificación óptica de los AGN, obteniendo una visión más completa de estos sistemas. Esta es una de las caracterizaciones más completas de estos objetos en rayos X hasta la fecha. Permite estimar las propiedades físicas con mayor precisión”, agregó el académico.

El proyecto Lockman-SpReSO está enfocado en el estudio espectroscópico de galaxias y fuentes del infrarrojo lejano en la región del campo Lockman Hole: una zona privilegiada del cielo con el menor contenido de gas galáctico, ideal para estudiar galaxias muy lejanas. El proyecto ha estudiado más de mil cuerpos celestes y lleva más de una década de colaboración entre el IA-UNAM y el Instituto de Astrofísica de Canarias, en España.

Derivado de las condiciones de esta franja del cielo, se puede observar cómo era el Universo temprano, con apenas un par de miles de millones de años. «Esas galaxias eran mucho más dinámicas, tenían mucho más gas y polvo, eran muy eficientes formando estrellas», agregó.

Más allá de los hallazgos

Este trabajo ofrece una de las caracterizaciones más completas hasta la fecha de una población de AGN en la región de Lockman Hole. Los resultados proporcionan nuevas evidencias observacionales sobre cómo evolucionan los agujeros negros supermasivos y su entorno, mostrando que el material que los rodea —el anillo de polvo— disminuye conforme aumenta la luminosidad del agujero negro, en concordancia con los modelos actuales.

Distribución de la cantidad de gas (densidad de átomos de hidrógeno, NH) a lo largo de la línea de visión hacia los núcleos activos de galaxias, en función de su distancia (corrimiento al rojo, z) o, de manera equivalente, de la edad del Universo.
Los resultados muestran que, en el Universo temprano, los agujeros negros supermasivos activos tendían a estar rodeados por mayores cantidades de gas y polvo que en la actualidad. Los círculos morados identifican los candidatos a agujeros negros extremadamente oscurecidos (Compton-thick). Crédito de la imagen: Mauricio Elías Chávez.

El siguiente paso del equipo es estudiar cómo varía la emisión de rayos X de estos mismos objetos a lo largo del tiempo, aprovechando que el XMM-Newton —lanzado en 1999 y todavía en operación— ha observado la misma área celeste en distintas épocas. Esa variabilidad ayudará a comprender si las erupciones de energía de los agujeros negros centrales frenan o disparan la formación de estrellas en las galaxias. Aunado a eso, el catálogo resultante quedará disponible para la comunidad y complementa otros estudios del proyecto Lockman-SpReSO, sirviendo como base para futuras investigaciones del campo Lockman Hole.

Colaboración internacional

“Es un proyecto con muchas instituciones e investigadores que trabajan en longitudes de onda como el infrarrojo, el óptico y el radio desde hace más de una década, pero hacía falta que se integraran personas que trabajaran con rayos X. Bajo esa premisa entró mi participación y la de mi supervisor, el Dr. Takamitsu Miyaji, al Instituto de Astronomía”, señaló Mauricio Elías Chávez, investigador postdoctoral del IA-UNAM, en la sede académica de Ensenada, B.C.

A la colaboración se suma el Space Science and Geospatial Institute (SSGI) / Entoto Observatory de Etiopía; y de España, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), el Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), el Institut de Radioastronomie Millimétrique (IRAM), el Instituto de Física de Cantabria (IFCA, CSIC-UC) y la Universidad de La Laguna (ULL).

De la UNAM participan: Mauricio Elías Chávez y Takamitsu Miyaji, ambos del IA-Ensenada; además de los doctores Martín Herrera Endoqui, Irene Cruz González, Yair Krongold Herrera, Héctor Hernández Toledo, Castalia Alenka Negrete, J. Antonio de Diego, Erika Benítez Lizaola, J. Antonio Vázquez Mata, J. Jesús González y Vladimir Ávila Reese, del IA-UNAM en Ciudad Universitaria.

Enlace a los artículos principales:

Elías-Chávez, M. et al. (2026), “The Lockman-SpReSO project: A deep X-ray spectral view of an FIR-selected AGN population”: https://doi.org/10.1093/mnras/stag1248

González-Otero, M. et al. (2023), “The Lockman-SpReSO project: Description, target selection, observations, and catalogue preparation”: https://doi.org/10.1051/0004-6361/202244480

Elías-Chávez, M. et al, (2024), “XMM–Newton Ultra Narrow Deep Field survey – II. X-ray spectral analysis of the brightest AGN population”: https://doi.org/10.1093/mnras/stae1571

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Turismo de naturaleza: cuando visitar un paraíso puede ponerlo en riesgo

Un paisaje natural que se vuelve popular en redes sociales puede parecer una invitación irresistible: una playa paradisíaca, una montaña, una reserva o la posibilidad de acercarse a un animal silvestre. Sin embargo, antes de preparar las maletas conviene hacerse una pregunta: ¿ese lugar tiene las condiciones para recibir a todos los visitantes que quieren conocerlo?

Para Rosalba Quintana Bustamante, investigadora posdoctoral del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, reconocer que somos visitantes y no propietarios de esos espacios es el primer paso para realizar un turismo más responsable.

Existe una diferencia importante entre turismo de naturaleza y ecoturismo. Mientras el primero se refiere a actividades turísticas realizadas en entornos naturales, el segundo incorpora como uno de sus objetivos centrales la conservación y la reducción del impacto ambiental.

El ecoturismo está asociado sobre todo con tratar de hacer prácticas responsables con el ambiente”. Esto implica utilizar herramientas o materiales sustentables, realizar actividades de bajo impacto y establecer límites respecto al número de visitantes que puede recibir un sitio.

En cambio, en el turismo de naturaleza puede existir una preocupación por conservar los espacios, pero no necesariamente constituye la prioridad. La competencia por atraer más visitantes y satisfacer sus necesidades puede terminar en una mayor presión sobre los recursos naturales.

Cuando un lugar se vuelve demasiado popular

Uno de los principales riesgos para los destinos naturales es precisamente aquello que los hace atractivos: que cada vez más personas quieran conocerlos.

Un sitio puede difundirse en redes sociales, volverse viral y recibir de pronto una cantidad de visitantes para la que no está preparado. El resultado puede ser la acumulación de basura, la saturación de los servicios de agua, alimentos y alojamiento, así como una demanda de infraestructura que el lugar no puede sostener.

“Entre más personas llegan a un lugar, pues se ocupan más recursos, más infraestructura, hay más daño ecológico”.

El problema también puede transformar la vida de las comunidades que habitan esos territorios. Cuando un destino adquiere popularidad, inversionistas pueden comenzar a desarrollar hoteles, casas de descanso y otro tipo de infraestructura. En algunos casos, esto provoca la compra de tierras o incluso el desplazamiento de la población local.

La investigadora menciona como ejemplo algunas zonas costeras de Yucatán que anteriormente eran comunidades pesqueras alejadas y que actualmente están ocupadas por hoteles y casas de descanso, mientras parte de la población local ha dejado de vivir ahí.

El turismo también puede transformar aquello que busca conocer

La popularidad de un lugar puede convertirse así en una paradoja: las personas llegan atraídas por un espacio natural y, precisamente por la cantidad de visitantes, contribuyen a modificarlo.

Este fenómeno también ha ocurrido con sitios que alcanzan fama después de aparecer en películas o redes sociales. La difusión masiva puede provocar que un sitio anteriormente poco visitado reciba una cantidad de personas que sus ecosistemas no están preparados para soportar.

Por eso, la investigadora considera que la responsabilidad no recae únicamente en quienes administran los destinos. También corresponde a quienes los visitan.

Antes de viajar, conocer el lugar

Para la investigadora, una de las primeras acciones de un turista responsable es informarse antes de llegar.

No basta con conocer el nombre de la playa, bosque o reserva que se quiere visitar. Es importante saber quiénes viven ahí, cuáles son las condiciones del sitio, qué recursos existen y qué actividades están permitidas.

En algunos destinos, por ejemplo, el acceso al agua o a la electricidad es limitado y se utilizan sistemas como celdas solares. Pretender encontrar las mismas comodidades que en un hotel de cinco estrellas puede generar una presión innecesaria sobre los recursos del lugar.

“Hay que conocer cuáles son los límites, qué se puede hacer, qué no se puede hacer y, sobre todo, el porqué”.

Las reglas no existen simplemente para limitar la experiencia del visitante. En muchos casos responden a la necesidad de conservar un ecosistema.

Los animales no están ahí para entretenernos

La relación entre turismo y naturaleza adquiere otra dimensión cuando los protagonistas son animales silvestres.

La investigadora, quien realiza parte de su trabajo en Baja California Sur, explica que algunas actividades turísticas buscan acercar a las personas a especies marinas, como las ballenas. El deseo de tocarlas o conseguir una fotografía puede llevar a los visitantes a olvidar que están frente a un animal silvestre.

Aunque una ballena se acerque a una persona, lo más recomendable es no tocarla. Existe la posibilidad de transmisión de enfermedades entre humanos y animales, pero además no podemos saber cuál es el estado del animal en ese momento. Puede estar estresado, sensible, buscando alimento o enfrentando alguna situación que haga que su comportamiento sea diferente.

“Los animales también tienen un temperamento”. El hecho de que un ejemplar se acerque a las personas no significa que siempre sea amigable ni que esté disponible para interactuar con ellas.

La comparación que propone es sencilla: cuando alguien visita la casa de otra persona, entiende que está entrando en un espacio ajeno y debe comportarse de acuerdo con ciertas reglas. Con los ecosistemas ocurre algo similar.

“Nosotros, más bien, tenemos que entender que en esos lugares no somos las personas que pueden controlar lo que sucede ahí”.

Ser visitantes, no propietarios

“Reconocernos como visitantes puede cambiar la manera en que nos relacionamos con los espacios naturales”.

Eso significa entender que podemos conocer un lugar sin apropiarnos de él: no hacer fogatas donde están prohibidas, no ingresar a zonas restringidas, no cortar plantas, no llevarnos animales o elementos del ecosistema y respetar las indicaciones de quienes conocen y habitan el sitio.

“Yo estoy aquí, no soy de aquí; tengo que cuidar este lugar”. Esta actitud también beneficia a las comunidades que dependen económicamente del turismo. Si un sitio se conserva, puede recibir visitantes y generar ingresos para quienes viven de esa actividad.

Por ello, la responsabilidad no consiste en dejar de viajar ni en renunciar a disfrutar de la naturaleza. Se trata de hacerlo de una manera que permita que esos lugares continúen existiendo.

Escuchar a quienes viven ahí

Quintana Bustamante insiste en que quienes habitan un territorio poseen conocimientos que los visitantes difícilmente pueden tener.

“Hay que escuchar a las personas que viven aquí, que han estado ahí desde siempre y que saben mejor que nadie cómo funciona el lugar”.

Desde esta perspectiva, el turismo responsable implica reconocer que cada destino tiene sus propias condiciones, límites, habitantes y dinámicas ecológicas.

Visitar la naturaleza no significa imponer nuestras necesidades sobre ella. Significa entrar temporalmente en un espacio que ya tiene una historia, una comunidad y una vida propia.

“Porque antes de preguntarnos qué podemos obtener de un lugar, quizá convendría preguntarnos qué podemos hacer para que, cuando nos vayamos, el lugar siga tan vivo como lo encontramos”, concluyó la investigadora.

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El humedal que limpia 3 millones de litros de agua al día

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EL GRAN PENDIENTE DEL SANEAMIENTO

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA, 2024), en México sólo el cuarenta por ciento de las aguas residuales recibe algún tipo de tratamiento: aproximadamente la mitad del caudal municipal y cerca de una cuarta parte del caudal no municipal (incluida la industria). El sesenta por ciento restante —equivalente a más de trescientos seis mil litros por segundo, es decir, veintiséis mil millones de litros diarios— se descarga directamente en ríos, lagos y acuíferos, con consecuencias graves para la salud pública y los ecosistemas.

CONAGUA

Este panorama refleja un desafío global. El seguimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6.3.1, que mide la proporción de aguas residuales domésticas e industriales tratadas de manera adecuada, estima que en 2022 se trató de forma segura alrededor del cincuenta y ocho por ciento de las aguas residuales domésticas a nivel global (UN-Habitat & WHO, 2024). En el caso de las aguas residuales industriales, las cifras son poco claras; sin embargo, estimaciones ampliamente difundidas desde 2017 señalan que más del ochenta por ciento de las aguas residuales del mundo (domésticas, industriales y de otros orígenes) se descargan al ambiente sin tratamiento (UNESCO, 2017).

HUMEDALES CONSTRUIDOS QUE IMITAN A LA NATURALEZA

Las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) son acciones que buscan proteger, manejar y restaurar ecosistemas para enfrentar problemas ambientales, generando beneficios tanto para las personas como para la biodiversidad. En el tratamiento de aguas residuales, los humedales construidos son un ejemplo claro: imitan los procesos físicos, químicos y biológicos de los humedales naturales, pero con un diseño hidráulico y materiales que permiten depurar el agua de manera eficiente, económica y con bajo consumo de energía (Hoffmann et al., 2011).

Aunque no funcionan como una máquina, sus procesos pueden planearse y controlarse de manera precisa. En ellos, millones de microorganismos conviven y transforman la materia orgánica como si fueran un organismo vivo. La naturaleza no requiere electricidad para funcionar, pero sí necesita un diseño cuidadoso, mantenimiento constante y respeto por sus procesos.

DE LAS CHINAMPAS A LOS HUMEDALES HÍBRIDOS: UNA BREVE HISTORIA

La idea de utilizar humedales para el manejo del agua no es nueva, aunque hoy resulta cada vez más relevante. Se ha consolidado una familia de tecnologías que se clasifica según el tipo de flujo del agua: humedales de flujo superficial y subsuperficial, y dentro de estos últimos se distinguen los de flujo horizontal y los de flujo vertical que, en ocasiones, se combinan en sistemas híbridos para mejorar la eficiencia y la estabilidad.

Las chinampas son un ejemplo emblemático de humedales construidos de origen prehispánico, aún presentes en Xochimilco y Tláhuac, en el Valle de México. Se trata de islas agrícolas artificiales rodeadas de canales que facilitaron la cría de organismos acuáticos en sinergia con el cultivo de vegetales, contribuyendo a mantener el agua limpia y, a la vez, a fertilizar las plantas de manera orgánica. Su valor cultural y ambiental ha sido reconocido internacionalmente, tanto mediante su inscripción en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO (https://whc.unesco.org/en/list/412/) como por su importancia como sistema agrícola (https://www.fao.org/giahs/around-the-world/detail/mexico-chinampas/es). Estos humedales reciclan materia orgánica y sedimentos en gran medida provenientes de la piscicultura.

En 1900 el estadounidense Cleophas Monjeau solicitó la primera patente para un humedal de tratamiento (https://patents.google.com/patent/US681884A/).

Sesenta años después, la botánica Käthe Seidel (1966) realizó experimentos pioneros con macrófitas para depurar aguas residuales. A partir de estos trabajos se desarrollaron diseños más avanzados, incluyendo el primer humedal de flujo subsuperficial, construido en 1974 en Liebenburg-Othfresen, Alemania (Vymazal, 2022).

La evolución continuó: con la entrada en vigor de normas más estrictas —por ejemplo, para el control de nitrógeno y amonio—, en la década de 1990 aumentó el interés en los sistemas de flujo vertical y en configuraciones híbridas, buscando mayor estabilidad y desempeño. En síntesis, la tecnología pasó de hacer simples “experimentos con plantas” a consolidarse como un campo con tipologías definidas, criterios de diseño, aprendizajes operativos y una sólida base científica.

EL CASO DE CIHUATLÁN: SANEAMIENTO EN UNA CUENCA COSTERA

Un ejemplo destacado de SbN aplicadas al saneamiento es el humedal de Cihuatlán, Jalisco, inaugurado en 2021. Con capacidad para tratar más de tres millones de litros diarios —equivalentes a unos treinta y cinco litros por segundo—, se ha convertido en uno de los humedales de tratamiento de aguas residuales más grandes del mundo y atiende a una población de más de veinte mil habitantes. Además de su función sanitaria, el proyecto se ha vinculado con actividades productivas locales, como un vivero agroforestal, demostrando que el saneamiento puede transformarse en un motor de desarrollo comunitario y no limitarse a un gasto operativo.

El contexto ecológico es igualmente relevante: el drenaje de la zona desemboca en el río Marabasco que fluye hacia el Océano Pacífico en una región con humedales naturales, manglares y playas de gran valor ambiental y turístico. Por ello, en este caso el saneamiento no representa únicamente una obra hidráulica, sino una intervención con efectos directos sobre los hábitats y las actividades productivas locales, como la pesca y la agricultura. El humedal de Cihuatlán depura las aguas residuales mediante un proceso en cuatro etapas que combina ingeniería hidráulica con procesos naturales.

En la primera fase, el agua pasa por canales y rejillas que retienen arenas, gravas y sólidos grandes; las rejillas cuentan con barras espaciadas a aproximadamente 10 mm, lo que permite detener la mayor parte de los sólidos gruesos. Posteriormente, el agua ingresa a los tanques de sedimentación tipo Imhoff, donde los lodos se separan por gravedad en cámaras independientes. Este proceso requiere un tiempo de retención hidráulica mínimo de 2 horas y se opera con una velocidad de flujo cercana a 0.7 m/s, garantizando la sedimentación de partículas finas antes de continuar al tratamiento biológico.

En la segunda, esos lodos se trasladan a celdas de humificación: espacios donde, con ayuda de plantas palustres como Carex, Cyperus y Phragmites, se deshidratan y transforman lentamente en humus rico en nutrientes que puede aprovecharse en agricultura y restauración de suelos.

La tercera etapa ocurre en los humedales de flujo vertical, verdaderos filtros vivos formados por capas de arena y grava. Allí, el agua se distribuye de manera intermitente mediante válvulas automáticas, lo que favorece la entrada de oxígeno y la acción de microorganismos y plantas nativas. Estas especies no sólo ayudan a eliminar contaminantes, sino que mantienen la permeabilidad del sustrato y crean hábitats para la biodiversidad. En la región de Cihuatlán, estos humedales favorecen la presencia de aves acuáticas como la garza blanca (Ardea alba) y el pato mexicano (Anas diazi), así como reptiles como el cocodrilo americano (Crocodylus acutus) y la iguana verde (Iguana iguana). También se benefician anfibios y pequeños mamíferos que encuentran refugio y alimento en el ecosistema, fortaleciendo la conectividad ecológica de la zona.

Finalmente, el agua pasa por un sistema de desinfección con radiación ultravioleta que elimina bacterias y parásitos cumpliendo con la NOM-001-SEMARNAT-2021 y la NOM-003-SEMARNAT-1997.

El resultado es un agua tratada que regresa al medio ambiente prácticamente incolora, libre de olores y segura para su descarga en el drenaje natural. Este proceso demuestra cómo la combinación de diseño técnico y procesos ecológicos puede ofrecer una solución eficiente, económica y sostenible para el saneamiento.

INGENIERÍA PARA CONSTRUIR Y CIENCIA PARA ASEGURAR EL DESEMPEÑO

Para que un humedal construido se convierta en infraestructura confiable se requieren dos capacidades complementarias: la ingeniería, con experiencia comprobada en el diseño y construcción de sistemas a gran escala, y la ciencia aplicada que permite medir, modelar y traducir los datos en decisiones operativas.

La experiencia acumulada en el desarrollo de proyectos de humedales a gran escala en diferentes partes del mundo muestra que la combinación de estas dos capacidades garantiza que los sistemas funcionen de manera estable y duradera, ofreciendo beneficios reales a las comunidades y al medio ambiente.

Los humedales construidos son sistemas robustos y energéticamente eficientes, pero su construcción y operación no están exentos de riesgos. El desafío más frecuente no es técnico, sino político y económico: la falta de recursos y de voluntad institucional para garantizar su operación y mantenimiento, aun cuando representan una de las alternativas más económicas y eficientes para la depuración de aguas residuales.

Un factor crítico es la ausencia de coordinación política clara. Las responsabilidades suelen fragmentarse: los municipios gestionan las aguas residuales colectadas en el alcantarillado, pero al descargarse en arroyos o ríos la competencia pasa a nivel federal, como se señala en la Ley General de Aguas. El nivel estatal también interviene, pues generalmente es este el que financia los proyectos, con el apoyo concurrente de recursos de la federación, y supervisa el cumplimiento de las leyes ambientales. En la práctica, esta dispersión de responsabilidades provoca que, en muchos casos, las aguas residuales se gestionen de manera deficiente y que alrededor del sesenta por ciento de ellas se descarguen sin tratamiento, contaminando cuerpos de agua y suelos.

En un país donde el reto del saneamiento sigue siendo enorme, experiencias como la de Cihuatlán muestran una ruta prometedora: ampliar la cobertura con bajo consumo energético y generar beneficios ambientales y sociales adicionales. El mensaje de fondo es claro (y exigente): el saneamiento basado en la naturaleza sólo funciona de manera sostenible cuando la cooperación entre actores es tan constante como el flujo de agua que ingresa al sistema.

BENEFICIOS Y LECCIONES APRENDIDAS

La experiencia de Cihuatlán demuestra que los humedales construidos no son “cajas negras” ni proyectos meramente estéticos, sino sistemas de saneamiento confiables que generan beneficios múltiples. En términos de salud pública, el sistema reduce de manera significativa la carga orgánica y microbiológica del agua residual; gracias a la desinfección con radiación ultravioleta, cumple con la normatividad (SEMARNAT, 2022) y permite descargas seguras, incluso con potencial de uso agrícola y servicios al público.

En el plano de la resiliencia ecológica, la mejora en la calidad del agua del río Marabasco protege directamente los manglares costeros y los ecosistemas marinos asociados, mientras que la integración de especies palustres y ornamentales en las celdas de fitodepuración favorece la biodiversidad local.

El sistema también aporta al aprovechamiento de recursos, pues el manejo de lodos mediante celdas de humificación convierte un residuo en humus rico en nutrientes, útil para jardinería, agricultura y restauración de suelos. A ello se suma su eficiencia energética y económica, ya que la operación se basa en procesos gravitacionales y biológicos que reducen al mínimo el consumo eléctrico y evitan el uso de insumos químicos, lo que lo convierte en una alternativa de bajo costo frente a plantas convencionales.

La vinculación comunitaria es otro aspecto clave: el proyecto se ha conectado con actividades productivas locales, como viveros agroforestales y floricultura, mostrando que el saneamiento puede convertirse en un motor económico comunitario. Finalmente, las lecciones de gobernanza son contundentes, aunque, como mencionábamos, el mayor riesgo no es técnico, sino político y económico. La operación requiere voluntad institucional y cooperación entre los tres niveles de gobierno.

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Las letras góticas: de los primeros libros de América a los tatuajes

Las letras góticas están por todas partes. Se pueden encontrar en letreros de puestos de comida, panaderías, negocios de lucha libre, rótulos urbanos, logotipos de productos e incluso en tatuajes, y en muchos casos buscan transmitir una identidad e ideas que pueden ser de tradición, antigüedad o incluso lujo.

Aunque hoy forman parte de la gráfica popular mexicana, su historia en nuestro país comenzó hace más de cinco siglos, cuando llegaron con una de las mayores revoluciones en la producción de libros: la imprenta.

“Cada tipo de letra transmite una serie de ideas, nociones, ideologías y asociaciones mentales”, explicó en entrevista para UNAM Global Marina Garone Gravier, investigadora titular del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Las primeras letras impresas en América

Antes de la llegada de los europeos, en México ya existía una importante tradición de producción escrita, aunque mediante sistemas distintos al alfabeto. Tras el contacto cultural, las lenguas originarias comenzaron a escribirse también con el alfabeto latino.

La historia cambió en 1539, cuando la imprenta llegó a la Nueva España de la mano del impresor Juan Pablos, quien trajo consigo la prensa y los tipos móviles de metal necesarios para producir libros. Las letras que llegaron eran de estilo gótico.

“Si trajéramos ese hecho a nuestros días, es como si en nuestra computadora tuviéramos solamente una familia tipográfica y esa familia fuera de letras góticas”, mencionó la especialista.

Las letras góticas se convirtieron en el primer tipo de letra utilizado para publicar obras en América, por lo que forman parte de los orígenes de la producción editorial del continente. Garone Gravier las considera “el primer componente del ADN de la producción editorial”.

La tipografía tenía ya una historia detrás. En Europa, las letras góticas fueron utilizadas por Johannes Gutenberg para imprimir su famosa Biblia de 42 líneas, una de las obras emblemáticas de los primeros tiempos de la imprenta.

De los libros religiosos a las tortas

Con el paso del tiempo, las letras góticas cambiaron de significado. En México, durante el siglo XVI, se utilizaron para imprimir textos de evangelización en lenguas indígenas y documentos de carácter administrativo y político. Sin embargo, siglos después comenzaron a aparecer en contextos completamente distintos: primero en publicaciones periódicas durante el siglo XIX y, ya en el siglo XX, en la rotulación urbana. Actualmente también figuran en establecimientos comerciales, tatuajes y marcas.

Esto ocurrió porque los lectores mexicanos adoptaron esta tipografía y continuaron utilizándola incluso cuando aparecieron otros estilos. Con el tiempo se produjo una especie de adopción cultural de la letra, que pasó a formar parte de la historia gráfica, editorial y publicitaria del país.

De este modo, México lleva casi 500 años expuesto a este modelo tipográfico. Por eso todavía puede encontrarse en la gráfica urbana, en puestos de tortas, panaderías, negocios de lucha libre y logotipos de tequila y otros productos.

No existe una sola letra gótica

Aunque solemos hablar de “letra gótica” como si fuera un único modelo, existen cuatro grandes variantes visuales.

Una de ellas es la textura, caracterizada por formas condensadas, oscuras y con poco espacio interior. También está la rotunda, de formas más redondeadas; la bastarda, con características más caligráficas, y la Fraktur, que combina elementos de la textura y la rotunda.

En México, el modelo más utilizado durante la Colonia fue la rotunda; en el siglo XIX se sumaron las texturas y la bastarda, y más recientemente, en la rotulación popular, existen diversas adecuaciones para reforzar la apariencia caligráfica.

Una letra que también comunica

Las letras góticas no suelen utilizarse para textos largos porque sus formas son complejas en comparación con otros modelos y pueden dificultar la lectura. En cambio, funcionan bien en titulares, marcas y textos breves.

Por eso pueden encontrarse actualmente en tatuajes, rótulos y determinados productos que buscan transmitir ideas como antigüedad, tradición o lujo.

También tuvieron un papel importante en la prensa mexicana. Durante el siglo XIX, muchos periódicos utilizaban letras góticas en sus titulares y nombres, de manera similar a como hoy reconocemos visualmente la identidad de distintos diarios.

Su significado, sin embargo, no es único ni permanente. Una misma letra puede representar cosas diferentes según el momento histórico, el lugar donde se aplique y quién la use.

Y quizá ahí está lo más interesante de las letras góticas: aquellas que llegaron a México hace más de cinco siglos para imprimir libros religiosos y obras en lenguas indígenas hoy forman parte de la identidad visual de otros espacios sociales más amplios, como una tortería, un tatuaje, un puesto callejero o la marca de un producto mexicano.

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Ciencia y juego para conocer a las especies mexicanas en peligro

Qué mejor forma de aprender que jugando:
Conoce algunas especies mexicanas en peligro
¡y cómo podemos ayudarlas!

A través de divertidas actividades, niñas y niños conocerán sobre algunos organismos que hoy se encuentran en alguna categoría de riesgo de desaparecer. La intención es sensibilizarlos sobre la situación que viven estas especies en México, para que las conozcan y protejan.

Este libro ofrece alrededor de 30 dinámicas que acercan información científica a las y los pequeños lectores, con datos curiosos y sorprendentes, además de alternativas para cuidarlas. Entre ellas:

  • Ajolote: unir puntos para revelar su figura y conocer por qué es tan especial.
  • Colibríes y murciélagos: comprender su papel esencial en la polinización.
  • Felinos: relacionar patrones únicos de su piel con cada especie.
  • Arrecife de coral: colorea un arrecife e identifica objetos que no pertenecen al ecosistema.

Más que un libro de actividades, es una invitación a mirar la naturaleza con respeto y admiración, sembrando en las y los lectores más jóvenes la semilla de la conservación de la biodiversidad y acercárlos a la ciencia.

Considerando que México es un país megadiverso, lo que quiere decir que cuenta con más especies de animales, hongos y plantas que la mayoría de los países del mundo, el libro Conoce algunas especies mexicanas en peligro ¡y cómo podemos ayudarlas! se basa en las categorías de riesgo de las especies silvestres mexicanas (Norma Oficial Mexicana NOM-059) propuestas por la comunidad científica de nuestro país.

Dirigido a niñas y niños de 10 años en adelante, fomenta la conversación familiar y ayuda a enfrentar la ecoansiedad con una actitud positiva: transmite que sí hay acciones posibles para cuidar el ecosistema, desde decisiones cotidianas hasta proyectos más grandes.

Las autoras Clementina Equihua y Alejandra Medellín, junto con la ilustradora Mariana Aguila, logran un enfoque lúdico y creativo que combina ciencia, juegos y narrativas frescas para acercar la biodiversidad mexicana a la niñez y juventud.

Este es un libro único dentro de la oferta de libros dirigidos a las niñeces, sobre conservación que existen en México.


Clementina Equihua Zamora, divulgadora científica del Instituto de Ecología de la UNAM, ha dedicado su trayectoria a comunicar temas de biodiversidad, conservación y ecología.

Sobre las autoras e ilustradora

Clementina Equihua Divulgadora científica del Instituto de Ecología de la UNAM. Ha colaborado en proyectos de gran impacto como la nueva familia de billetes del Banco de México y programas de Radio UNAM. Autora de libros infantiles de divulgación, combina ciencia y narración accesible para acercar la ecología a públicos jóvenes.

Alejandra Medellín Cineasta y periodista visual especializada en divulgación científica. Su obra busca acercar el conocimiento a través del cine y narrativas atractivas. Ha dirigido cortos como Ahora soy un axolote, presentado en festivales internacionales, y escribe sobre especies mexicanas en riesgo.

Mariana Aguila González Diseñadora e ilustradora con más de ocho años de experiencia en visualización de datos y diseño editorial. Su trabajo integra ilustración y comunicación visual para explicar conceptos complejos de manera clara y atractiva. Ha colaborado en proyectos educativos y editoriales, aportando un estilo fresco y accesible.

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Años luz: la medida que permite mirar al pasado del universo

El Halcón Milenario, la legendaria nave de Han Solo en Star Wars, puede recorrer miles de años luz en un día gracias al hiperespacio. En realidad, recorrer esa distancia sería prácticamente imposible: un avión comercial tardaría alrededor de un millón de años en cubrir la distancia de un solo año luz.

Esa inmensidad explica por qué, al estudiar el cosmos, los astrónomos suelen recurrir a unidades como los años luz o los pársecs en lugar de expresar las distancias en kilómetros. En entrevista para UNAM Global, Aníbal Sierra Morales, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, explicó que es común hablar de años cuando se mide el tiempo, pero en astronomía el año luz es distinto: se trata de una unidad de distancia que equivale a la distancia que recorre la luz en un año.

Así, un año luz equivale a aproximadamente 9,46 billones de kilómetros, es decir, casi 10 millones de millones de kilómetros. “Se trata de una distancia bastante grande, así que la luz viaja a una velocidad enorme”.

La inmensidad del universo

Una de las regiones más lejanas del sistema solar es la Nube de Oort, una estructura hipotética formada por miles de millones de cuerpos helados, como cometas y fragmentos de roca y hielo, que rodearía al sistema solar. Las estimaciones sobre su extensión varían, pero su borde exterior podría encontrarse a cerca de un año luz del Sol.

La estrella más cercana al Sol es Próxima Centauri, ubicada a 4,3 años luz de distancia. “Es nuestra vecina y tiene un planeta que resulta muy interesante porque se encuentra en una región donde podría haber condiciones adecuadas para la existencia de vida”, explicó.

Ese planeta, conocido como Próxima Centauri b, orbita en la llamada zona habitable, donde la temperatura podría permitir la existencia de agua líquida si se cumplen ciertas condiciones atmosféricas. Sin embargo, esto no significa que el planeta sea habitable ni que albergue vida.

La Vía Láctea, con forma de disco espiral, mide aproximadamente 100 mil años luz de diámetro. Entonces, un avión tardaría más de 100 mil millones de años en recorrerla de un extremo al otro. “Es un tiempo definitivamente gigantesco”.

Si un avión pudiera viajar por la Vía Láctea durante toda la historia de la humanidad, ni siquiera habría avanzado una fracción significativa del camino para llegar al otro lado.

Mirar al pasado

Cuando los astrónomos realizan observaciones, el tiempo que le toma a la luz viajar desde el objeto observado hasta nosotros puede ser extremadamente largo. Así, mirar hacia el espacio profundo es mirar hacia el pasado.

“Si vemos una galaxia que está a dos millones de años luz, significa que estamos viendo su pasado, es decir, cómo fue hace dos millones de años, porque la luz salió de ahí hace mucho tiempo”.

En un experimento mental, si hubiera un planeta situado a 66 millones de años luz de la Tierra, con vida inteligente, y sus habitantes tuvieran un telescopio suficientemente potente para observar el universo, la luz que les llegaría desde nuestro planeta habría salido de aquí hace 66 millones de años.

Por lo tanto, en principio verían la Tierra como era cuando todavía existían los dinosaurios. Sin embargo, ningún telescopio actual podría distinguir detalles de la superficie terrestre a esa distancia.

El espacio y el tiempo están entrelazados

Durante siglos, los científicos consideraron que el espacio y el tiempo eran entidades independientes. Así los concebían Isaac Newton, Galileo Galilei y otros físicos antes del siglo XX. Sin embargo, esa idea cambió con la teoría de la relatividad de Albert Einstein, a partir de la cual se comprendió que ambos forman parte de un mismo tejido espaciotemporal.

Esto significa que el espacio y el tiempo no pueden entenderse por separado. Para un observador externo, cuando un objeto se mueve a velocidades extremadamente altas, cercanas a la de la luz, el tiempo de ese objeto transcurre más lentamente y sus longitudes se contraen en la dirección del movimiento.

Por ello, acelerar un cuerpo hasta la velocidad de la luz requeriría una cantidad infinita de energía, razón por la cual, de acuerdo con la física actual, ningún objeto con masa puede alcanzarla.

La velocidad de la luz es difícil de imaginar en la vida cotidiana. Viaja a aproximadamente 300 mil kilómetros por segundo, es decir, cerca de mil millones de kilómetros por hora.

Para ponerlo en perspectiva, mientras en una carretera un automóvil suele circular entre 80 y 100 kilómetros por hora, la luz recorre en un solo segundo una distancia equivalente a dar más de siete vueltas completas alrededor de la Tierra.

“Esa enorme diferencia explica por qué la velocidad de la luz representa un límite fundamental en el universo”.

La distancia del Sol a la Tierra

La distancia entre la Tierra y el Sol es de unos 150 millones de kilómetros, una separación que, a escala cósmica, resulta relativamente pequeña. Aun así, la luz necesita alrededor de ocho minutos y 20 segundos para recorrerla. “Esto significa que, al observar el Sol, en realidad estamos viendo cómo era hace poco más de ocho minutos”.

En un experimento puramente hipotético, si el Sol desapareciera de manera repentina, no nos daríamos cuenta de inmediato: tanto la luz solar como los efectos de su gravedad dejarían de percibirse en la Tierra aproximadamente ocho minutos y 20 segundos después, ya que ninguna información puede viajar más rápido que la luz.

Pero mirar al espacio también significa mirar hacia atrás en el tiempo a escalas mucho mayores. La luz más antigua que podemos observar directamente corresponde a la llamada radiación cósmica de fondo de microondas, un remanente del universo temprano que nos permite observar cómo era el cosmos cuando tenía aproximadamente 380 mil años.

Esa radiación ha viajado durante casi 13 mil 800 millones de años hasta llegar a nosotros, por lo que constituye una de las ventanas más antiguas que tenemos para conocer el origen y la evolución del universo, concluyó el investigador.

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Helicobacter pylori: la infección silenciosa que puede aumentar el riesgo de cáncer gástrico

Durante décadas, Helicobacter pylori ha sido una de las infecciones bacterianas más extendidas en el mundo. Aunque estimaciones históricas han señalado que cerca de la mitad de la población mundial está expuesta a esta bacteria, una revisión sistemática reciente calculó que afecta actualmente al 43.1 % de las personas.

Su importancia no radica únicamente en su elevada frecuencia. H. pylori puede permanecer durante años en el estómago y causar gastritis crónica y úlceras; además, está reconocida como un factor de riesgo para el cáncer gástrico. De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), la infección fue atribuible a alrededor de 850,000 casos de cáncer en 2020.

Se trata, por tanto, de una infección común que puede tener consecuencias importantes cuando permanece sin atender. Conocer cómo se adquiere, cuáles son sus manifestaciones y en qué circunstancias requiere atención médica resulta fundamental para reducir sus posibles complicaciones.

Para profundizar en estos aspectos, conversamos con la profesora Yolanda Flores Cabrera, de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, quien explicó qué debemos saber sobre Helicobacter pylori, desde sus características y formas de identificación hasta la importancia de atender la infección oportunamente.

¿Qué es Helicobacter pylori?

La profesora Flores Cabrera explicó que Helicobacter pylori es una bacteria gramnegativa, de forma característica curva o espiral y con flagelos que le permiten desplazarse. Esta movilidad es fundamental para su capacidad de colonizar el estómago.

El estómago constituye un ambiente particularmente difícil para la mayoría de los microorganismos debido a la elevada acidez de su contenido. Sin embargo, H. pylori ha desarrollado mecanismos que le permiten sobrevivir en este entorno.

Una de sus características más importantes es la producción de una enzima denominada ureasa. Esta enzima permite a la bacteria utilizar la urea disponible en su entorno y generar productos que modifican las condiciones químicas que la rodean. Como consecuencia, se produce una disminución local de la acidez y se crea un microambiente más favorable para la supervivencia de la bacteria.

Además, los flagelos permiten que H. pylori se desplace a través del moco que recubre el estómago. De esta manera, puede aproximarse a la superficie de las células epiteliales y establecer una colonización persistente.

¿Cómo produce daño en el organismo?

Una vez que H. pylori coloniza el estómago, puede producir una inflamación crónica denominada gastritis. En algunas personas, esta inflamación permanece relativamente estable y no genera síntomas importantes; en otras, puede evolucionar y producir lesiones más graves.

Entre las enfermedades relacionadas con H. pylori, señaló la especialista de la FES Zaragoza, se encuentran la gastritis crónica, la enfermedad ulcerosa péptica y determinados tipos de cáncer gástrico. La importancia de H. pylori como factor de riesgo para el cáncer gástrico está ampliamente documentada. La IARC ha estimado que alrededor del 89 % de los casos de cáncer gástrico no cardial son atribuibles a esta infección, según estimaciones basadas en métodos de detección más sensibles.

Esto no significa que toda persona infectada vaya a desarrollar cáncer. La evolución depende de múltiples factores, entre ellos las características genéticas de la bacteria, la respuesta inmunitaria del huésped, la edad en que se adquiere la infección, los antecedentes familiares, las condiciones ambientales y otros factores de riesgo.

Por esa razón, es importante diferenciar entre estar infectado y tener una enfermedad grave. Una gran proporción de las personas infectadas permanece sin síntomas, pero la infección puede representar un riesgo acumulativo a lo largo del tiempo.

Una infección frecuentemente silenciosa

A esta complejidad se suma otro problema: la infección puede permanecer silenciosa durante años. Muchas personas no saben que están infectadas, ya que H. pylori puede adquirirse durante la infancia y permanecer en el organismo sin manifestaciones evidentes. Una persona puede sentirse completamente saludable y, aun así, tener la bacteria. Cuando aparecen síntomas, estos pueden confundirse con otros problemas digestivos.

Entre las manifestaciones que pueden hacer sospechar una infección o una enfermedad relacionada con H. pylori se encuentran el dolor o ardor persistente en la parte superior del abdomen, la sensación de inflamación, los eructos frecuentes, las náuseas, la disminución del apetito o la sensación de llenarse rápidamente después de comer. También puede existir dolor que empeore cuando el estómago está vacío. Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos de H. pylori, por lo que no permiten establecer por sí mismos un diagnóstico.

Existen, además, signos que deben considerarse de mayor gravedad. La profesora Yolanda destacó que la presencia de heces negras, vómito con sangre o material semejante a posos de café, pérdida de peso inexplicable, anemia, dificultad o dolor para tragar u otros signos de sangrado digestivo requieren valoración médica.

Ante estos signos no se debe esperar a que desaparezcan espontáneamente ni intentar resolverlos mediante automedicación. Es necesario acudir con un profesional de la salud para determinar la causa y recibir la atención correspondiente.

¿Cómo se transmite?

Además de conocer cómo puede manifestarse la infección, es importante entender cómo se adquiere. La transmisión de H. pylori es compleja y no existe una única vía que explique todos los casos.

La evidencia científica señala que la transmisión de persona a persona tiene un papel importante y que pueden participar las vías fecal oral, oral oral y gastro oral. También se ha estudiado la posible participación de agua y alimentos contaminados.

La infección suele adquirirse durante la infancia y tiende a concentrarse dentro de las familias. Las condiciones de hacinamiento, el acceso insuficiente a agua segura y determinadas condiciones sanitarias se han asociado con una mayor frecuencia de infección.

Esto ayuda a explicar por qué las tasas históricas de H. pylori han sido particularmente elevadas en regiones con mayores dificultades socioeconómicas y sanitarias.

Medidas de prevención

Comprender las principales vías de transmisión permite identificar también las medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo de infección. Por ello, las acciones preventivas se relacionan principalmente con la higiene, el saneamiento y el acceso a agua segura.

El lavado correcto de manos con agua y jabón, especialmente después de utilizar el baño y antes de preparar o consumir alimentos, es una de las medidas básicas.

También es importante consumir agua potable o agua sometida a un método seguro de tratamiento cuando no exista acceso confiable a agua potable. La preparación y manipulación higiénica de los alimentos también resultan relevantes.

Estas medidas adquieren mayor importancia en lugares donde existen problemas de saneamiento, hacinamiento o contaminación del agua.

Sin embargo, debe evitarse presentar la infección como consecuencia exclusiva de una “mala higiene”. La epidemiología de H. pylori es compleja y está influida por condiciones sociales, económicas, ambientales y familiares. La transmisión puede producirse incluso en personas que mantienen buenos hábitos de higiene.

¿Cómo se diagnostica la infección?

Una vez que se conocen las características de la infección y sus principales vías de transmisión, surge una pregunta fundamental: ¿cómo saber si una persona está infectada?

El diagnóstico de H. pylori puede realizarse mediante diferentes métodos. La elección depende de la situación clínica del paciente.

Entre las pruebas no invasivas se encuentra la prueba de aliento con urea marcada con carbono 13. En términos sencillos, al paciente se le administra urea marcada y, si H. pylori está presente, la ureasa producida por la bacteria descompone esa urea. Esto genera productos que pueden detectarse posteriormente en el aire exhalado.

Esta prueba es particularmente útil porque no requiere realizar una endoscopia y puede utilizarse tanto para detectar la infección como para comprobar posteriormente si el tratamiento logró eliminarla.

Otra alternativa es la detección de antígenos de H. pylori en materia fecal. También existen métodos basados en biopsias obtenidas durante una endoscopia, especialmente cuando el paciente presenta indicaciones para realizar este procedimiento.

El problema creciente de la resistencia a los antibióticos

Cuando la infección ya está presente, el siguiente desafío es conseguir su erradicación. Y en este punto aparece uno de los principales problemas actuales: la resistencia a los antibióticos.

Uno de los aspectos que más preocupa actualmente de H. pylori es precisamente la resistencia antimicrobiana, destacó Flores Cabrera. Durante años se utilizó ampliamente la llamada terapia triple, que combinaba un inhibidor de la bomba de protones con dos antibióticos, entre ellos, frecuentemente, la claritromicina. Sin embargo, la bacteria ha desarrollado resistencia a diferentes antibióticos, especialmente a este medicamento y al levofloxacino en numerosas regiones.

Esto explica por qué una persona puede tomar medicamentos y, pese a ello, continuar infectada. El problema no necesariamente significa que el paciente haya hecho algo incorrecto: la bacteria puede ser resistente al medicamento utilizado.

“Pero existe otro factor fundamental: el incumplimiento del tratamiento. Cuando una persona toma los medicamentos de manera irregular, olvida dosis, cambia los horarios o suspende el tratamiento porque se siente mejor, disminuye la posibilidad de erradicación completa. Por esta razón, el tratamiento debe ser prescrito por un profesional de la salud para ir viendo la evolución y cumplirse exactamente de acuerdo con las indicaciones recibidas”, agregó la especialista de la FES Zaragoza.

Por ello, aunque desaparezca el dolor, esto no significa necesariamente que la bacteria haya desaparecido. Incluso se recomienda realizar una prueba de curación después de finalizar la terapia. Esta comprobación permite determinar si realmente se logró la erradicación.

Tratamientos actuales

Precisamente por el aumento de la resistencia antimicrobiana, las estrategias de tratamiento de H. pylori han cambiado. Las recomendaciones actuales del American College of Gastroenterology señalan para muchos pacientes una terapia cuádruple optimizada basada en bismuto durante 14 días. Este esquema incluye un inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol.

El bismuto tiene un papel importante en los esquemas cuádruples porque contribuye a la actividad contra la bacteria y complementa la acción de los antibióticos.

La guía también contempla otras alternativas, como vonoprazán, un bloqueador competitivo de potasio que produce una supresión potente de la secreción de ácido gástrico. La elección del esquema depende de factores como los tratamientos previos, las alergias, la exposición anterior a antibióticos y los patrones locales de resistencia.

Lo fundamental es comprender que el tratamiento no debe seleccionarse de manera autónoma. No se debe tomar una combinación de antibióticos sobrantes de tratamientos anteriores ni utilizar medicamentos recomendados informalmente por familiares o conocidos.

La situación en México y América Latina

La relevancia de este problema no es únicamente global. En América Latina y, particularmente, en México, la carga de enfermedad asociada con el cáncer gástrico hace que la prevención, detección y erradicación de H. pylori tengan especial importancia.

La región presenta históricamente una importante carga de cáncer gástrico, aunque existen diferencias considerables entre países. La IARC ha documentado que esta enfermedad representa una importante carga y mortalidad en América Central y del Sur, ya que en esta región constituye una de las principales causas de muerte por cáncer. Además, existen diferencias importantes entre países en cuanto a sus tasas de incidencia y mortalidad.

En México, las cifras actuales también muestran la importancia del cáncer gástrico como problema de salud pública. De acuerdo con las estimaciones más recientes del Global Cancer Observatory (GLOBOCAN 2024), en 2024 se estimaron 8,573 nuevos casos de cáncer de estómago y 7,073 defunciones por esta enfermedad en el país.

El cáncer gástrico representó aproximadamente el 4.3 % de todos los casos nuevos de cáncer y el 7.3 % de las muertes por cáncer, ubicándose en ambos casos entre los cinco tipos de cáncer con mayor impacto en México.

Estas cifras permiten dimensionar la relevancia de la enfermedad y adquieren especial importancia al considerar que la infección por Helicobacter pylori es uno de los principales factores de riesgo conocidos para el desarrollo del cáncer gástrico. Por ello, la prevención, detección y erradicación oportuna de esta bacteria constituyen estrategias relevantes para reducir, a largo plazo, la carga de esta enfermedad en la población mexicana y de la región.

¿Existe una vacuna?

Si la prevención y la erradicación son herramientas importantes para reducir las consecuencias de H. pylori, surge una última pregunta: ¿es posible prevenir la infección mediante una vacuna?

Actualmente no existe una vacuna comercial de uso general capaz de prevenir la infección por H. pylori. La especialista de la FES Zaragoza subrayó que el desarrollo de una vacuna ha resultado particularmente difícil debido a las características de la bacteria y a la compleja interacción que mantiene con el sistema inmunitario y con la mucosa gástrica.

Otro problema es la gran diversidad genética y de factores de virulencia de las distintas cepas. Una vacuna dirigida exclusivamente contra un único componente podría no proporcionar una protección suficientemente amplia.

A pesar de estas dificultades, la investigación continúa. Una de las estrategias que se estudian consiste precisamente en desarrollar vacunas capaces de dirigirse contra varios antígenos o factores de virulencia simultáneamente, en lugar de depender de una sola proteína. La ureasa constituye uno de los objetivos estudiados, pero también se investigan otras proteínas y factores relacionados con la capacidad de H. pylori para colonizar y producir daño.

Mientras no exista una vacuna disponible, la prevención de la infección depende principalmente de mejores condiciones sanitarias y de medidas de higiene, mientras que la reducción de sus consecuencias depende de identificar y tratar adecuadamente a las personas infectadas. En ese sentido, conocer cómo se transmite H. pylori, reconocer sus posibles manifestaciones y recurrir a un diagnóstico y tratamiento adecuados sigue siendo fundamental para disminuir el impacto de una infección que, aunque con frecuencia permanece silenciosa, puede tener consecuencias importantes a largo plazo.

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Producción artística y artesanal contemporánea de los pueblos indígenas

La producción artística y artesanal de los pueblos indígenas representa una de las expresiones culturales más significativas de los pueblos originarios en la actualidad. A través de textiles, bordados, cerámica, cestería, tallas en madera, joyería, pintura y otras manifestaciones, las comunidades preservan y recrean conocimientos, técnicas y formas de comprender el mundo que han sido transmitidas de generación en generación.

Estas creaciones no son únicamente objetos decorativos o comerciales, sino expresiones vivas de identidad, memoria colectiva y pertenencia cultural. A diferencia de otros bienes culturales asociados únicamente al pasado, la producción artística y artesanal de los pueblos indígenas continúa transformándose y adaptándose a nuevas realidades sin que ello implique necesariamente perder sus raíces.

Sin embargo, enfrenta importantes desafíos relacionados con su salvaguardia, la influencia del turismo, la apropiación cultural y las dinámicas del mercado global. Si bien estos procesos han abierto nuevas oportunidades para la difusión y comercialización de las piezas, también han generado riesgos relacionados con la autonomía de las comunidades, la distribución de los beneficios y el significado cultural de sus creaciones.

Un patrimonio vivo

Hablar de la producción artística y artesanal de los pueblos indígenas implica reconocer que no se trata de una manifestación uniforme. Cada pueblo posee técnicas, materiales, símbolos y procesos creativos propios que responden a su historia, territorio y formas de comprender el mundo. Por ello, no existe un único modelo de producción ni una sola forma de preservar este patrimonio.

Las piezas elaboradas por las comunidades indígenas cumplen funciones sociales, ceremoniales, familiares y económicas. Muchas continúan utilizándose en festividades, rituales, celebraciones comunitarias o en la vida cotidiana. Al mismo tiempo, estas expresiones incorporan nuevos materiales, diseños y formas de comercialización que permiten a los productores responder a las necesidades del presente sin que la transformación signifique, por sí misma, una pérdida de identidad cultural.

Precisamente porque se trata de un patrimonio vivo, su salvaguardia no consiste únicamente en proteger los objetos ya elaborados, sino en garantizar la continuidad de los conocimientos, las técnicas y las condiciones sociales que hacen posible su producción, explicó la Dra. Elda Vanya Valdovinos Rojas, investigadora del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la UNAM.

Comprender estas expresiones como un patrimonio vivo también permite entender que su permanencia depende, ante todo, de las personas y comunidades que continúan practicando estos saberes. En este sentido, la salvaguardia rebasa el ámbito de los objetos y se vincula con la transmisión de conocimientos, la organización comunitaria y el ejercicio de los derechos culturales de los pueblos originarios.

La salvaguardia desde las comunidades

La continuidad de la producción artística y artesanal depende, en gran medida, de las propias comunidades. Son ellas quienes transmiten los conocimientos mediante la enseñanza familiar y comunitaria, preservan los procesos de elaboración y mantienen vigentes los significados asociados a muchas de sus piezas.

Por ello, proteger este patrimonio implica reconocer el papel central de quienes producen y dan sentido a estas expresiones culturales. La elaboración de un textil, una pieza de cerámica o un bordado reúne conocimientos acumulados durante generaciones, pero también decisiones creativas que responden a las condiciones y necesidades del presente.

Las instituciones gubernamentales participan mediante programas de apoyo, promoción y capacitación; sin embargo, la permanencia de este patrimonio depende principalmente de las personas que continúan practicando estas tradiciones y transmitiéndolas a nuevas generaciones.

No obstante, la gestión del patrimonio no es igual en todos los pueblos. Algunas comunidades cuentan con mayores niveles de organización y control sobre la producción y comercialización de sus piezas, mientras que otras enfrentan problemas derivados de la falta de recursos, la intervención de intermediarios o la presión de actores externos, comentó la Dra. Valdovinos Rojas.

Además, es importante reconocer que las comunidades indígenas no son espacios homogéneos. En ocasiones existen liderazgos o grupos que concentran las decisiones relacionadas con la producción y la distribución de los beneficios económicos, situación que puede generar desigualdades internas.

La continuidad de estas prácticas también depende de factores que van más allá de la transmisión de conocimientos. El acceso a materias primas, las condiciones del territorio, la migración y el interés de las nuevas generaciones influyen directamente en la permanencia de muchos oficios. En algunos casos, los jóvenes deciden continuar las prácticas familiares; en otros, las transforman o se alejan de ellas para buscar nuevas oportunidades. Por ello, la salvaguardia del patrimonio también implica reconocer estas decisiones y las condiciones sociales, económicas y ambientales que las rodean.

Estas diferencias muestran que la salvaguardia no depende únicamente de mantener vigentes determinadas técnicas, sino también de fortalecer las condiciones sociales y económicas que permiten a las comunidades decidir sobre sus propios procesos de creación y comercialización. En este contexto, el turismo aparece como un factor que puede contribuir al reconocimiento de estas expresiones culturales, aunque también plantea nuevos desafíos.

Turismo y difusión: pros y contras

El turismo ha contribuido a dar mayor visibilidad a la producción artística y artesanal de los pueblos indígenas. Las visitas a comunidades permiten que un mayor número de personas conozca las técnicas, valore el trabajo manual y adquiera directamente las piezas elaboradas por sus productores.

Esta actividad puede convertirse en una fuente importante de ingresos para las comunidades y favorecer la difusión de su patrimonio cultural. Sin embargo, sus beneficios dependen de que exista una relación respetuosa entre visitantes y productores, en la que el intercambio económico esté acompañado por un reconocimiento del trabajo y del valor cultural de las piezas.

Uno de los principales problemas aparece cuando el turismo privilegia únicamente el consumo. En muchas ocasiones, los visitantes regatean los precios sin considerar el tiempo, la habilidad y el conocimiento que requiere cada pieza, señaló la investigadora del CEPHCIS.

También es frecuente que algunos compradores soliciten modificaciones para adaptar los productos a determinadas tendencias comerciales. Estos cambios no implican necesariamente una pérdida cultural, pues los propios productores también transforman e innovan sus creaciones. El problema aparece cuando las condiciones del mercado limitan su capacidad para decidir qué producir, de qué manera hacerlo o cómo comercializarlo.

Por ello, el turismo debe orientarse hacia un modelo de consumo responsable que valore el trabajo artesanal, respete las decisiones de las comunidades y promueva el conocimiento de los procesos culturales que existen detrás de cada objeto.

Asimismo, resulta indispensable fortalecer la colaboración entre instituciones culturales, investigadores, prestadores de servicios turísticos y comunidades indígenas para generar experiencias que no sólo promuevan la venta de piezas, sino también la comprensión de los significados sociales, históricos y culturales que acompañan a cada creación.

Sin embargo, los desafíos no se limitan a la forma en que estas expresiones son consumidas por los visitantes. La expansión de los mercados y el interés comercial por elementos culturales indígenas han dado lugar a otro fenómeno complejo: la apropiación cultural.

Apropiación cultural: uno de los principales desafíos

Uno de los mayores desafíos que enfrenta actualmente la producción artística y artesanal de los pueblos indígenas es la apropiación cultural. Este fenómeno puede presentarse cuando empresas, diseñadores o marcas utilizan diseños, símbolos o expresiones vinculadas con determinadas comunidades sin reconocimiento, autorización o participación de quienes los han producido y transmitido.

La Dra. Elda Vanya Valdovinos Rojas subrayó que la apropiación cultural debe entenderse también a partir de relaciones históricas de desigualdad. “Generalmente, quienes reproducen los diseños poseen mayores recursos económicos, acceso a mercados internacionales y capacidad de producción industrial, mientras que los artesanos cuentan con menores posibilidades para proteger legalmente sus creaciones”, añadió.

El problema no se limita al aspecto económico. Muchos textiles, bordados y símbolos poseen significados relacionados con la identidad comunitaria, la religión, el territorio o determinados momentos de la vida de las personas. Cuando estos elementos son extraídos de su contexto y utilizados únicamente como recursos decorativos, pueden perder parte de los significados que poseen para quienes los producen y utilizan.

Por ello, la apropiación cultural no puede analizarse únicamente a partir de la reproducción de un diseño. También es necesario considerar las relaciones de poder, el reconocimiento del origen, el consentimiento, las condiciones de uso y la distribución de los beneficios derivados de su comercialización.

Esta problemática se encuentra estrechamente relacionada con las dinámicas del mercado global, donde las expresiones indígenas pueden adquirir nuevos espacios de difusión, pero también quedar expuestas a procesos de reproducción masiva y competencia desigual. La globalización ha transformado la manera en que los productores elaboran, comercializan y protegen sus creaciones, generando oportunidades, pero también nuevos retos.

El impacto del mercado global

La globalización ha generado efectos tanto positivos como negativos sobre la producción artística y artesanal. Por una parte, las tecnologías digitales permiten que muchos productores promocionen y comercialicen directamente sus productos en mercados nacionales e internacionales, ampliando sus posibilidades de obtener ingresos y dar a conocer su trabajo.

Sin embargo, también existe una fuerte competencia con la producción industrial y la llamada fast fashion, que reproduce elementos inspirados en diseños indígenas mediante procesos masivos y a costos considerablemente menores. Mientras una pieza artesanal puede requerir días o incluso semanas de trabajo, las empresas pueden producir grandes cantidades en poco tiempo, lo que dificulta competir únicamente por precio.

Además, el acceso a las herramientas digitales no es igual para todas las comunidades. En algunos casos persisten limitaciones de infraestructura, conectividad o capacitación tecnológica, por lo que ciertos intermediarios continúan concentrando el acceso a los mercados y una parte importante de las ganancias obtenidas.

Frente a este panorama, uno de los principales retos consiste en encontrar formas de participación en los mercados contemporáneos que permitan a las comunidades y productores obtener beneficios económicos sin perder el control sobre sus conocimientos, diseños y procesos creativos. En este contexto, las estrategias de comercio justo y protección del trabajo artesanal adquieren especial relevancia.

Comercio justo y protección del trabajo artesanal

Ante los desafíos relacionados con la apropiación cultural y las dinámicas del mercado global, diversas instituciones y organizaciones han impulsado estrategias orientadas a fortalecer la economía de los productores y proteger su patrimonio cultural. Entre estas iniciativas se encuentran los mecanismos de comercio justo, que buscan establecer relaciones más equilibradas entre productores, intermediarios y consumidores.

La Dra. Valdovinos Rojas destacó que estas estrategias incluyen las marcas colectivas, los programas de certificación y la promoción de mecanismos de propiedad intelectual colectiva. Aunque proteger legalmente conocimientos compartidos resulta complejo, estas herramientas buscan reducir la reproducción indebida de diseños y reconocer el trabajo de las comunidades.

También se ha avanzado en la identificación de las piezas mediante etiquetas que informan el nombre del productor, la comunidad de origen y el tiempo requerido para elaborar cada producto. Esta información permite que los consumidores comprendan el valor del trabajo artesanal y favorece decisiones de compra más responsables.

El comercio justo busca, además, disminuir la dependencia de intermediarios y propiciar que una mayor parte de las ganancias permanezca en las propias comunidades. Sin embargo, para que estas estrategias sean efectivas, deben acompañarse de procesos que respeten la autonomía comunitaria y reconozcan que el valor de una pieza no se limita a su precio comercial, sino que incluye los conocimientos, historias y significados que la hacen posible.

Además de las acciones económicas y jurídicas, la salvaguardia de la producción artística y artesanal requiere procesos de investigación, documentación y divulgación que permitan comprender la complejidad de estas expresiones culturales. En este ámbito, la academia desempeña un papel importante, siempre que su participación se construya desde una relación ética y respetuosa con las comunidades.

El papel de la academia: investigación, ética y divulgación

Uno de los principales aportes de la academia es la investigación. A través de metodologías especializadas es posible documentar, analizar e interpretar las distintas manifestaciones culturales, tanto materiales como inmateriales. Estos estudios permiten comprender mejor su origen, transformación y significado, además de generar herramientas para su salvaguardia y protección.

Sin embargo, este trabajo no debe limitarse al ámbito académico ni quedarse únicamente en la producción de conocimiento especializado. La investigación debe traducirse en beneficios para la sociedad y, especialmente, para las comunidades relacionadas con dicho patrimonio.

Junto con la investigación, la ética constituye uno de los pilares fundamentales del trabajo académico. Toda aproximación al patrimonio cultural requiere una reflexión sobre el lugar desde el cual se produce el conocimiento y sobre los límites de la intervención del investigador.

Esta dimensión ética adquiere especial relevancia cuando se trabaja con patrimonio vivo, como las producciones artísticas y artesanales de comunidades indígenas, ya que se trata de manifestaciones vinculadas con la vida cotidiana de personas y colectivos que poseen derechos, intereses y formas propias de interpretar su patrimonio.

En este contexto, uno de los principales riesgos es caer en actitudes paternalistas. En ocasiones, los investigadores pueden intentar resolver problemas o proponer soluciones creyendo actuar en beneficio de las comunidades, sin considerar si realmente esas comunidades comparten dichas prioridades o si cuentan con sus propios mecanismos para enfrentar sus desafíos.

El paternalismo supone asumir que el conocimiento académico posee mayor legitimidad que el conocimiento comunitario, lo que puede invisibilizar las voces y decisiones de quienes son los principales portadores del patrimonio.

Por ello, es indispensable reconocer que las comunidades poseen autonomía y capacidad para interpretar, gestionar y decidir sobre su propio patrimonio. Los académicos no otorgan voz a los pueblos, ya que estos siempre han tenido sus propias formas de expresión, organización y transmisión del conocimiento.

El papel del investigador consiste, más bien, en escuchar, documentar y comprender esas formas de interpretación, respetando los procesos internos de cada comunidad y colaborando desde una posición de diálogo.

Además de investigar y colaborar con las comunidades, la academia tiene la responsabilidad de acercar el patrimonio a la sociedad. La divulgación constituye una herramienta esencial para sensibilizar al público sobre el valor de estas expresiones y sobre la necesidad de protegerlas.

En ese sentido, no basta con producir conocimiento especializado; también es necesario hacerlo accesible para que la sociedad comprenda el valor histórico, artístico y cultural de estas manifestaciones. De esta manera, la investigación se convierte en una herramienta para fortalecer el compromiso colectivo con la salvaguardia del patrimonio.

Reconocer, valorar y cuidar

La producción artística y artesanal de los pueblos indígenas constituye un patrimonio cultural vivo que refleja la creatividad, la historia y la identidad de los pueblos originarios. Su permanencia depende principalmente de las comunidades y personas que continúan transmitiendo sus conocimientos y elaborando piezas que mantienen significados culturales y, al mismo tiempo, responden a las necesidades del presente.

No obstante, este patrimonio enfrenta desafíos derivados del turismo, la apropiación cultural y las dinámicas del mercado global. Aunque estos procesos ofrecen nuevas oportunidades para la difusión y comercialización de las piezas, también pueden generar pérdida de control sobre determinados conocimientos y diseños, desigualdad económica y explotación del trabajo.

Frente a este panorama, resulta indispensable fortalecer la participación de las comunidades indígenas en la gestión de su patrimonio, promover formas de turismo responsable, impulsar mecanismos efectivos de comercio justo y reconocer el valor cultural de las artesanías más allá de su dimensión comercial. Solo así será posible garantizar que el arte indígena contemporáneo continúe siendo una expresión viva de la diversidad cultural y un medio para preservar la identidad de los pueblos originarios en el presente y hacia el futuro.

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Migraña: síntomas, impacto y la importancia de una atención integral

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la migraña es una de las enfermedades neurológicas que más discapacidad provoca en el mundo. A pesar de su elevada frecuencia y del impacto que puede tener en la calidad de vida, todavía suele ser subestimada y confundida con un simple dolor de cabeza.

Sin embargo, la migraña es una enfermedad neurológica caracterizada por episodios recurrentes de cefalea que pueden alcanzar una intensidad moderada o severa y durar entre cuatro y 72 horas. Durante estos episodios, muchas personas pueden quedar imposibilitadas para trabajar, estudiar, practicar deporte o realizar con normalidad actividades de la vida cotidiana. Por ello, sus consecuencias no se limitan al dolor: también pueden afectar la vida familiar, social, académica y laboral.

Una enfermedad que afecta antes, durante y después del dolor

El profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, Moisés Eduardo Rodríguez Olvera, explicó en el programa “Con-ciencia. Psicología y sociedad”, de Radio UNAM, que una de las principales características de la migraña es la gran variabilidad con la que se presenta. Mientras algunas personas experimentan ataques poco frecuentes, pero de intensidad muy elevada, otras pueden tener dolores más frecuentes, aunque menos intensos. En los casos de migraña crónica, los episodios pueden presentarse prácticamente todos los días.

Generalmente, el dolor es pulsátil y puede aparecer en un solo lado de la cabeza, aunque también puede afectar ambos lados. A esta manifestación se suman diversos síntomas físicos y sensoriales, como náuseas, vómitos, mareos y una sensibilidad extrema a la luz, los sonidos, los olores o incluso al tacto. La combinación y la intensidad de estos síntomas varían de una persona a otra.

Además, la migraña no comienza ni termina necesariamente con la cefalea. Algunas personas presentan síntomas prodrómicos, es decir, señales que aparecen antes del episodio y pueden anticipar su llegada. Otras experimentan el llamado aura antes o durante el ataque, que puede incluir alteraciones visuales, como destellos de luz, puntos de colores o cambios en la visión, así como hormigueo o entumecimiento en las extremidades o en la cara.

Incluso después de que desaparece la cefalea, las consecuencias pueden prolongarse. Es posible que permanezcan el cansancio, el agotamiento, el malestar, el dolor residual, la falta de concentración, las dificultades de memoria, la ansiedad o incluso la depresión. De esta manera, la migraña puede convertirse en una experiencia que afecta a la persona antes, durante y después del episodio.

El impacto en la vida cotidiana

Durante los ataques, algunas personas no pueden realizar sus actividades habituales. Pero incluso cuando consiguen acudir al trabajo, continuar con sus estudios o cumplir con otras responsabilidades, su rendimiento y productividad pueden disminuir considerablemente. El impacto también puede extenderse al deporte, las relaciones sociales y la vida familiar.

A esta carga funcional se suma una dimensión económica. Las personas con migraña pueden realizar gastos constantes en medicamentos para aliviar o detener el dolor, así como en distintos tratamientos. Aunque estos recursos pueden ayudar a controlar los síntomas, no necesariamente tienen un efecto preventivo sobre la enfermedad. Por ello, la migraña puede representar una carga económica y emocional que se acumula a lo largo del tiempo.

Una enfermedad que todavía es subestimada

A pesar de estas consecuencias, la migraña continúa siendo minimizada tanto socialmente como, en ocasiones, dentro de los propios servicios de salud. Expresiones como “solo es un dolor de cabeza” desconocen la complejidad de la enfermedad y pueden contribuir a que quienes la padecen no busquen atención adecuada.

Muchas personas permanecen sin diagnóstico o sin un tratamiento apropiado. Incluso entre quienes podrían beneficiarse de una terapia preventiva, solo una proporción reducida la recibe, mientras que son pocas las personas que consultan a especialistas en cefaleas. Reconocer la magnitud de la enfermedad resulta, por ello, fundamental para favorecer un diagnóstico oportuno y un abordaje integral.

Parte de esta complejidad radica en que los factores que pueden favorecer un ataque de migraña varían de una persona a otra. Entre los más frecuentes se encuentran los cambios en el clima y la presión barométrica, las fluctuaciones hormonales, las alteraciones en los patrones de sueño, saltarse comidas, la deshidratación y, en algunas personas, el ejercicio intenso o un esfuerzo físico mayor al habitual. En muchos casos, además, no existe un solo desencadenante, sino una combinación de factores que puede aumentar la probabilidad de que aparezca un episodio.

A estos factores se suman otros relacionados con el estado psicológico, como el estrés, las preocupaciones, la ansiedad y determinadas emociones. Esto no significa que la migraña sea “imaginaria” ni que la persona sea responsable de su dolor. Por el contrario, pone de manifiesto la interacción entre los procesos psicológicos y fisiológicos que participan en la enfermedad.

La importancia de atender la salud mental

Desde esta perspectiva, la migraña puede entenderse también como un ejemplo de interacción psicofisiológica, en la que pensamientos, emociones, hábitos, conductas y estados de estrés pueden influir en las respuestas del organismo.

Esta relación adquiere especial importancia en las personas que padecen migraña crónica, quienes presentan con mayor frecuencia problemas como ansiedad, depresión y trastornos del sueño. De esta manera, puede establecerse un círculo en el que el dolor afecta el estado emocional y, a su vez, el estrés, la ansiedad y las alteraciones del sueño pueden favorecer la aparición de nuevos episodios.

Por ello, abordar la migraña implica mirar más allá del dolor de cabeza. Comprender sus manifestaciones, reconocer su impacto en la vida cotidiana, identificar los factores que pueden favorecer los episodios y atender tanto sus componentes físicos como psicológicos son elementos fundamentales para ofrecer a quienes la padecen un tratamiento y una atención verdaderamente integrales.

¿Qué se puede hacer desde la parte psicológica y médica?

Al ser una enfermedad multifactorial, la migraña se debe atender de una forma integral. En este contexto, el especialista de la Facultad de Psicología comentó que la intervención psicológica puede desempeñar un papel importante. La terapia cognitivo-conductual busca ayudar al paciente a modificar pensamientos, conductas y hábitos relacionados con la enfermedad y promover un estilo de vida más saludable.

Entre los aspectos que pueden trabajarse se encuentran los hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, así como las estrategias para afrontar el estrés y las situaciones emocionales que puedan relacionarse con los episodios. Asimismo, se deben contemplar las intervenciones psicofisiológicas, particularmente la relajación.

En la parte médica, una herramienta fundamental es el diario de cefaleas y la autoobservación; es decir, conocer las señales que aparecen antes, durante y después de un ataque puede ayudar al paciente a identificar patrones y actuar oportunamente.

En el diario, la persona puede registrar diariamente la aparición, duración e intensidad de sus dolores, así como las actividades realizadas, los alimentos consumidos, la cantidad y calidad del sueño, la hidratación, los medicamentos utilizados y las circunstancias emocionales o sociales que estuvieron presentes antes del episodio. Este registro permite identificar patrones y posibles desencadenantes que podrían pasar desapercibidos.

Otro punto importante es la necesidad de evitar la automedicación. Debido a que muchas personas consideran inicialmente la migraña como un dolor de cabeza común, pueden recurrir por su cuenta a analgésicos sin lograr un control adecuado de la enfermedad. Por ello, es importante obtener un diagnóstico adecuado y recibir indicaciones de un especialista. El neurólogo es el profesional médico encargado de evaluar la enfermedad y determinar las alternativas de tratamiento, que pueden incluir intervenciones farmacológicas y psicológicas.

No subestimar sus efectos

La migraña no debe considerarse un dolor normal ni una molestia menor. Es una enfermedad que puede limitar profundamente la vida de quienes la padecen y que merece atención médica y psicológica adecuada.

Sus efectos pueden extenderse mucho más allá de las horas en las que aparece el dolor, afectando la atención, la memoria, el estado emocional, las relaciones personales, el trabajo y la calidad de vida. Por ello, es fundamental dejar de minimizarla y promover una atención integral con el fin de proporcionar mejores oportunidades para recuperar el bienestar de quienes la padecen.

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Egresado del CCH Oriente conquista Cannes con una experiencia paranormal

Cuando tenía entre ocho y nueve años, Alexis Hernández Peña, egresado del CCH Oriente, vivió una experiencia que consideró paranormal en la casa de sus abuelos, en Nayarit. A los 18 años, en ese mismo lugar, volvió a experimentar algo similar. Al contarles lo ocurrido a sus padres y no encontrar una explicación ni credibilidad en ellos, comenzó a preguntarse qué sucede con quienes aseguran ver, escuchar o percibir aquello que los demás no pueden.

“¿Y si estas personas no necesariamente están enfermas o tienen un padecimiento mental, sino que poseen una forma distinta de percibir la realidad?”, reflexionó.

De este cuestionamiento nació Delirio, un thriller psicológico que explora los límites entre la salud mental, lo paranormal y la percepción de la realidad. La historia sigue a Sofía, una adolescente diagnosticada con esquizofrenia que decide dejar sus medicamentos y, a partir de ese momento, comienza a experimentar una transformación en su manera de percibir el mundo.

A través del suspenso, el cortometraje invita al espectador a cuestionar aquello que considera real y a mirar más allá de lo convencional. Esta propuesta narrativa le valió a Hernández Peña el reconocimiento como Mejor Filme Latino/Hispano en el World Film Festival Cannes, realizado en Francia, un certamen dedicado al cine independiente y alternativo que se lleva a cabo después del reconocido Festival de Cannes.

Un reconocimiento que cruzó fronteras

Desde que envió su película al festival, Alexis sabía que la competencia sería complicada. La selección ya representaba un logro: se trataba de un certamen internacional en el que participaban producciones de distintos lugares y, en algunos casos, realizadas con mayores recursos.

Semanas después, recibió la noticia de que Delirio era finalista, lo que incrementó su emoción. Posteriormente, mientras se encontraba trabajando, recibió un correo en el que le informaban que había sido uno de los ganadores. La noticia lo llenó de alegría y de inmediato la compartió con su familia.

“Me da mucho gusto que una historia hecha en México pueda ser reconocida en otro país, sobre todo en en Francia, que es el país donde nació el cine hace más de 130 años. Para mí, significa que podemos tocar corazones más allá de las fronteras y demostrar que las historias mexicanas también tienen mucho que decir y pueden conectar con públicos de todo el mundo”, compartió.

El triunfo cobró un significado especial al tratarse de una producción de bajo presupuesto que compitió con cortometrajes realizados con mayores recursos. Para Alexis, esta experiencia reforzó una de sus principales convicciones: el presupuesto no determina el valor de una película.

Las historias realizadas con pasión, amor y desde el corazón pueden conectar con las personas, independientemente de los recursos con los que hayan sido producidas. Para el joven cineasta, fue precisamente esa capacidad de transmitir emociones la que pudo hacer la diferencia ante el jurado.

En constante evolución

El reconocimiento obtenido con Delirio forma parte de un proceso de aprendizaje y evolución que Alexis ha construido a lo largo de su trayectoria. Con el tiempo, ha desarrollado una voz narrativa y un lenguaje cinematográfico propios.

Entre sus principales influencias se encuentran directores como Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, de quienes ha tomado inspiración para desarrollar recursos como los planos secuencia.

En un principio buscaba realizar proyectos de mayor espectacularidad y presupuesto; sin embargo, con el tiempo descubrió que lo fundamental son las emociones y los sentimientos. Para él, el verdadero reto de un cineasta consiste en conseguir que el espectador sienta aquello que la historia busca transmitir.

Por ello, su crecimiento profesional ha estado marcado por la búsqueda de nuevas formas de plasmar emociones y abordar temáticas sociales desde una perspectiva cercana y empática. Esta visión le ha permitido entender el cine no solo como una forma de contar historias, sino también como una herramienta para acercar al público a distintas realidades y generar una conexión con quienes las viven.

Cultivar y cosechar

Ese proceso de aprendizaje también se refleja en los reconocimientos que sus producciones han obtenido en distintos festivales. Delirio fue reconocido en el Travancore International Film Awards, en India, donde recibió los premios a Mejor Estudiante de Cine, Mejores Efectos Visuales y Mejor Guion de Conciencia.

En México, el cortometraje obtuvo el premio a Mejor Guion en el Festival de Cine Universitario Eat My Shorts, realizado en León, Guanajuato, en 2024.

Asimismo, Atrapado en el limbo obtuvo el premio a Mejor Cortometraje Independiente en el Festival International Guadalajara Film Awards, en 2024, así como una Mención Honorífica en el Athens International Monthly Art Film Festival, en Grecia, ese mismo año.

Por su parte, en el Lift-Off Global Network Sessions, en Inglaterra, Alexis recibió el Premio del Público por Atrapado en el limbo y Delirio.

Los reconocimientos, más que representar una meta final, se han convertido para Alexis en una motivación para continuar explorando nuevas historias y lenguajes cinematográficos.

México tiene talento cinematográfico

Consciente de los diversos logros que ha alcanzado a lo largo de su carrera, Hernández Peña también destaca la importancia de apoyar y valorar el cine mexicano. Considera que nuestro país cuenta con una gran cantidad de talento y, por ello, hace un llamado a reconocer a los artistas nacionales y respaldar las producciones mexicanas.

El joven cineasta sostiene que México tiene historias profundas y entrañables que pueden ser reconocidas en cualquier parte del mundo. Como ejemplo, menciona a cineastas mexicanos como Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, quienes han logrado conquistar escenarios internacionales contando historias vinculadas con su propia cultura y experiencia.

Desde su perspectiva, México tiene la capacidad de competir a nivel internacional, siempre que exista apoyo de la sociedad, las familias y las instituciones.

¡Gracias por todo, UNAM y CCH!

Más allá de los premios obtenidos, Alexis recuerda con mucho cariño su paso por el CCH Oriente, institución que considera fundamental en su formación.

“La formación académica que recibí en el CCH influyó de manera importante en mi vida. Especialmente el principio de aprender a aprender, así como la importancia de investigar, discernir y asumir responsabilidad sobre el propio conocimiento”.

Para él, la formación que recibió en el CCH, por medio de la UNAM, le permitió desarrollar una mayor autonomía y hacerse responsable de sus sueños y proyectos.

Screenshot

El talento no tiene fronteras

Con Delirio, Alexis demuestra que la creatividad, la sensibilidad y la perseverancia pueden abrirse camino incluso cuando los recursos son limitados. Pero, más allá de los premios, el egresado del CCH Oriente ha encontrado en el cine una forma de explorar emociones, abordar temas sociales y generar empatía con el público.

Su historia representa no solo un logro personal, sino un ejemplo del talento que se forma en las aulas y que, con pasión y trabajo, puede llegar hasta los escenarios internacionales.

Mira el cortometraje en el enlace compartido y acompaña a Sofía en ese viaje entre la realidad, la percepción y lo inexplicable.

Delirio | Cortometraje Ganador de Festival Internacional de Cine

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¿Cómo identificar un pulpo bebé? Cuando la forma engaña y la genética revela

  • Identificarlo a simple vista no es fácil

Los pulpos del género Octopus son criaturas fascinantes: inteligentes, escurridizas y capaces de mimetizarse con su entorno. Se encuentran distribuidos globalmente, por lo que representan uno de los grupos más diversos y significativos entre los cefalópodos, incluyendo numerosas especies de relevancia ecológica y comercial.

Sin embargo, cuando salen del huevo (paralarvas), son un verdadero desafío en el campo de la taxonomía —el área de lo biología encargada de clasificar a los organismos— ya que solo miden unos pocos milímetros de longitud y a simple vista, un gran número de especies se parecen.

Esta similitud morfológica complica su identificación, lo cual, a su vez, dificulta las investigaciones en biología, ecología y conservación, entonces ¿cómo los científicos logran reconocerlos?

El reto de identificar especies recién nacidas

Para resolver este problema, se utilizan dos herramientas complementarias; la morfología, que examina la forma y estructura de los organismos y la genética, que interpreta la información que contienen en su ADN.

Al salir del huevo, las paralarvas, o pulpos bebé, no miden más de 5 mm, su cuerpo es transparente, tienen brazos cortos con apenas tres o cuatro ventosas y con un patrón simple de cromatóforos (las células que les permiten cambiar de color). A simple vista, numerosas especies se parecen tanto que incluso los científicos pueden confundirse.

Sin embargo, algunas de estas características varían considerablemente entre individuos, sobre todo bajo condiciones de preservación deficiente, al punto que dos paralarvas de especies distintas pueden parecer prácticamente idénticas, por ejemplo, Octopus hubbsorum y Octopus mimus, ambas del Pacífico Oriental, presentan paralarvas con una notable similitud en el patrón de cromatóforos, el número de ventosas y la presencia de pequeños órganos tegumentales conocidos como órganos de Kölliker.

A simple vista, basándonos únicamente en la morfología externa, podría asumirse que se trata de la misma especie. Pero ¿esta semejanza visual implica también una cercanía genética?

La importancia de saber quién es quién

La correcta identificación de las paralarvas de pulpo es mucho más que una cuestión taxonómica, es una pieza clave para comprender procesos evolutivos, dinámicas poblacionales, manejo pesquero, monitoreo de especies vulnerables, conservación y estrategias de vida en ambientes marinos cambiantes.

Las consecuencias de una mala identificación ocasionan errores en el manejo de pesquerías (ej. sobreexplotación de especies mal identificadas), subestimación de diversidad y distribución, y limitaciones en estudios ecológicos, como la conectividad poblacional.

Frente a este reto, la integración de herramientas genéticas (como el análisis de secuencias de ADN) junto con estudios morfológicos detallados son una vía prometedora para resolver la complejidad oculta en estos diminutos organismos.

Código de barras genético   

La genética molecular ha transformado la forma en que identificamos especies, especialmente cuando la morfología no ofrece suficientes pistas. Una de las herramientas más utilizadas es el llamado código de barras genético (DNA barcoding), que funciona de manera similar a los códigos de barras en los productos del supermercado: cada especie tiene una “secuencia” única en su ADN que permite reconocerla.

En las paralarvas de pulpo esta técnica analiza una región específica del ADN mitocondrial, como el gen COI (citocromo c oxidasa subunidad I, por sus siglas en inglés), que funciona como un identificador biológico. Al amplificar y secuenciar un pequeño fragmento de este gen (~ 650 pares de bases), es posible compararlo con bases de datos internacionales como BOLD (Barcode of Life Data System) o GenBank lo que permite identificar rápidamente a qué especie pertenece la muestra.

Por otro lado, el enfoque morfológico en paralarvas de pulpo se centra en estructuras ontogenéticamente estables, como el pico y la rádula. Los picos quitinosos son resistentes y su morfología tanto de la mandíbula superior como de la inferior, ofrece criterios útiles para distinguir especies.

En el caso de la rádula, el número y las características del diente raquídeo, como su tamaño y forma, la convierten en un elemento valioso para el análisis taxonómico, aunque su observación requiere técnicas especializadas debido a su diminuto tamaño.

Este enfoque combinado donde la morfología y la genética se entrelazan como piezas complementarias, no solo permite identificar especies con mayor precisión, sino que revela la complejidad biológica que se esconde en lo diminuto.

Imaginemos la morfología como un rompecabezas visual y la genética como un código secreto: por separado ofrecen pistas, pero juntas muestran una imagen completa. En la práctica, el proceso comienza con un análisis morfológico preliminar, que permite clasificar las paralarvas en morfotipos tentativos, por ejemplo, según el patrón de cromatóforos o la longitud relativa de los brazos.

Posteriormente, se aplica la técnica de DNA barcoding para confirmar o refutar esa identificación, lo que permite detectar especies crípticas que no pueden distinguirse solo por su aspecto.

Por ejemplo, aunque las paralarvas de O. hubbsorum y O. mimus son muy parecidas en forma y patrón de cromatóforos, los análisis genéticos muestran que pertenecen a la misma rama evolutiva, pero se agrupan en grupos diferentes, lo que significa que están estrechamente relacionadas, pero son especies distintas.

Mirar más allá de lo visible

Como parte de los esfuerzos por comprender mejor a los pulpos bebé, el grupo de trabajo Proyecto Pulpo a cargo del doctor Arellano Martínez del CICIMAR-IPN, hemos realizado investigaciones enfocadas en la identificación de paralarvas de Octopus hubbsorum, mediante análisis morfológicos y moleculares, cuyos resultados fueron publicados por García-Flores et al., (2025).

Asimismo, continuamos esta línea de investigación con pulpos juveniles de Paroctopus digueti, aplicando metodologías similares para contribuir a su correcta identificación y ampliar el conocimiento sobre las etapas tempranas de vida de estas especies.

En el mundo microscópico de las paralarvas, donde la forma engaña y la genética revela, la ciencia nos recuerda que la verdadera identidad muchas veces se esconde en los detalles.

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El mal como explicación histórica: demonología y pensamiento político en Bizancio

Para los bizantinos, los demonios no eran simples figuras simbólicas ni personajes de relatos religiosos. Se les consideraba fuerzas reales capaces de intervenir en el mundo y de influir en la vida de las personas. Su acción podía manifestarse en conflictos políticos, disputas religiosas, enfermedades, desastres o cualquier acontecimiento que alterara el orden establecido.

Esta creencia formaba parte de una visión del mundo en la que lo sobrenatural ocupaba un lugar central en la explicación de la realidad. Por ello, muchos cronistas e historiadores bizantinos interpretaron diversos sucesos históricos a través de la acción de fuerzas demoníacas. El mal no era entendido únicamente como el resultado de decisiones humanas, sino también como una presencia activa que podía incidir en el destino de individuos, comunidades e incluso del propio Imperio.

Desde esta perspectiva, la demonología se convirtió en una herramienta para explicar el origen de crisis, derrotas, revueltas y otras situaciones de inestabilidad. Al mismo tiempo, ofrecía un lenguaje para juzgar a gobernantes, condenar movimientos considerados heréticos (de herejía) y dotar de significado religioso a los acontecimientos políticos.

Esparcir el mal por el mundo

Mediante el análisis de una selección de fuentes históricas bizantinas, el investigador del Centro de Estudios Clásicos del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, Pedro Emilio Rivera Díaz, examinó cómo la presencia de lo demoníaco se integra de manera recurrente en las narraciones cronísticas y eclesiásticas.

En la tradición bizantina, los demonios eran concebidos principalmente como ángeles caídos, seres que, tras su rebelión contra Dios, se convertían en agentes activos del mal en el mundo. Su función no se limitaba a una dimensión simbólica o moral abstracta, sino que se concretaba en su papel como responsables de introducir el desorden, la corrupción y el sufrimiento en la realidad terrenal.

En algunos casos, la influencia demoníaca se extendía incluso a figuras de poder, incluidos emperadores y altos funcionarios, quienes podían ser descritos como inspirados, manipulados o asociados a fuerzas malignas. Esta atribución no solo servía para explicar decisiones políticas consideradas negativas o desestabilizadoras, sino que también funcionaba como un recurso retórico y moralizador que permitía juzgar el ejercicio del poder desde una perspectiva religiosa.

Además de intervenir en conflictos políticos, guerras, revueltas internas y crisis imperiales, se creía que los demonios extendían su maldad al ámbito de los fenómenos naturales y los desastres. Incendios, terremotos, epidemias y otras catástrofes eran frecuentemente interpretados como manifestaciones de su intervención en el mundo.

La demonología funcionaba, como un marco conceptual que permitía integrar lo inesperado, lo destructivo y lo caótico dentro de una visión providencial, en la que incluso el mal tenía un lugar dentro del orden divino, aunque fuera como una fuerza perturbadora.

Testigos escritos que avalan esa visión

Esta dimensión demonológica puede observarse en diversos autores de la historiografía y la cronística bizantina. Sus testimonios muestran que la intervención demoníaca podía emplearse para explicar fenómenos diversos, desde revueltas urbanas y decisiones imperiales hasta enfermedades, desastres y conflictos religiosos.

Como antecedente intelectual de estas concepciones, Plutarco, en su obra De defectu oraculorum (Sobre la desaparición de los oráculos), mencionó que los demonios, concebidos como seres intermedios entre los dioses y los mortales, podían ser vengativos y ejercer influencia sobre los asuntos humanos. Aunque no pertenece al mundo bizantino, su pensamiento refleja tradiciones que posteriormente fueron reinterpretadas en contextos cristianos.

Por su parte, en su Cronografía, Juan Malalas explicó que la Revuelta de Niká (532 d. C.), la mayor rebelión urbana en la historia de Constantinopla contra el emperador Justiniano I, tuvo su origen en la acción de los demonios. Según Malalas, las fuerzas demoníacas poseyeron a los alborotadores en el hipódromo y encendieron la furia de la multitud para destruir la ciudad y derrocar el orden establecido. La quema de la iglesia de Santa Sofía reforzaba esta interpretación.

Procopio de Cesarea, conocido por su estilo más crítico y complejo, también recurrió ocasionalmente a explicaciones que incorporaban lo demoníaco dentro de su visión del mundo tardoantiguo. En Historia secreta (Anécdota), presentó una imagen extremadamente negativa de Justiniano I, a quien describió retóricamente como el Anticristo o incluso como un demonio bajo apariencia humana.

Para Procopio, el insomnio del emperador, su crueldad y las consecuencias de sus políticas excedían lo que consideraba propio de la naturaleza humana. Más que una descripción literal, esta caracterización funcionaba como una poderosa crítica moral y política de su gobierno.

En Synopsis Historiarum, Juan Skylitzes señalaba que los severos espasmos, convulsiones y estados de delirio extremo de Miguel IV, provocados por la epilepsia que padecía, eran interpretados como una aflicción enviada por el demonio en castigo por sus pecados. Según el cronista, el emperador realizó numerosos actos de piedad con el fin de librarse de esta situación. Asimismo, atribuía a fuerzas malignas diversos desastres, como sismos o prolongados periodos de lluvia.

Finalmente, en La Alexíada, Ana Comnena relató que los bogomilos constituían un movimiento dualista y ascético que rechazaba los sacramentos y la jerarquía de la Iglesia ortodoxa. En su obra describió al líder de este grupo, el monje Basilio el Médico, como un emisario de Satanás y un «demonio encarnado» que engañaba a los fieles.

Esta representación contribuía a justificar la persecución emprendida por el emperador Alejo I Comneno, quien ordenó la ejecución de varios dirigentes bogomilos. El caso muestra cómo el lenguaje demonológico podía emplearse para desacreditar adversarios religiosos y reforzar la autoridad política y eclesiástica.

A estos autores se suma Teofilacto Simocates, historiador bizantino del siglo VII, quien documentó cómo tanto persas como romanos concebían a los demonios y los vinculaban con la superstición, la brujería y las fuerzas paganas. Según sus relatos, estas influencias eran utilizadas para explicar desastres políticos, crisis internas y derrotas militares, evidenciando que las interpretaciones sobrenaturales formaban parte de un repertorio compartido para comprender situaciones de crisis.

Más allá de una creencia

Las fuentes bizantinas muestran que los habitantes del Imperio no explicaban los acontecimientos únicamente por causas políticas, militares o sociales. También creían que fuerzas sobrenaturales, especialmente los demonios, podían intervenir activamente en el curso de la historia.

Por ello, los demonios servían como una explicación para fenómenos tan diversos como revueltas, enfermedades, desastres, derrotas militares o las conductas de gobernantes y grupos considerados peligrosos o desviados.

Analizar estas narraciones permite comprender tanto la concepción bizantina del mal como la manera en que los bizantinos interpretaban y daban significado a los acontecimientos que afectaban a su sociedad.

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Precauciones frente a la ciclosporiasis

En junio de 2026, las autoridades del estado de Michigan, Estados Unidos, detectaron un brote de ciclosporiasis, una enfermedad intestinal causada por Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico.

En comparación con infecciones más comunes, como la salmonelosis, la campilobacteriosis, la shigelosis y las causadas por algunas cepas de Escherichia coli, la ciclosporiasis, como se conoce a esta enfermedad, cursa con diarrea acuosa y frecuente, en ocasiones explosiva. Si bien no suele ser mortal, algunos pacientes pueden requerir hospitalización debido a la deshidratación u otras complicaciones.

La infección se adquiere principalmente por el consumo de agua, verduras o frutas frescas contaminadas con el parásito. El lavado adecuado puede reducir el riesgo, pero no garantiza la eliminación completa de Cyclospora.

A mediados de julio, las autoridades sanitarias de Estados Unidos relacionaron uno de los brotes con el consumo de lechuga iceberg procedente del centro de México. Con corte al 13 de agosto, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos habían registrado 9481 casos confirmados, 398 hospitalizaciones y dos defunciones, distribuidos en 17 estados.

Aunque el resultado inicialmente positivo de una muestra de lechuga fue reclasificado como falso positivo y no se han informado muestras positivas confirmadas, las autoridades estadounidenses mantienen la asociación con base en las entrevistas epidemiológicas y los estudios de trazabilidad.

A raíz de lo anterior, el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de México emitió un aviso preventivo de viaje. La Secretaría de Salud informó que, hasta el 31 de julio, se habían confirmado 33 casos en 13 entidades, pero aclaró que no existía un brote activo ni se habían registrado defunciones en el país. Por su parte, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios informó que las muestras de lechuga y las obtenidas posteriormente en hoteles de la Riviera Maya resultaron negativas.

“Es importante aclarar que Cyclospora cayetanensis no es una bacteria, sino un parásito microscópico, es decir, es tan pequeño que solo se puede observar con un microscopio adecuado para identificarlo”, explica la doctora en Ciencias de la Salud Guadalupe Soto Estrada.

A diferencia de muchas bacterias, agrega, contra las que se emplean desinfectantes como el cloro y otros productos químicos en verduras, frutas y hierbas, este parásito no es eliminado de manera confiable por los métodos habituales de desinfección. Utilizar concentraciones mayores tampoco sería una alternativa, pues podría tener efectos tóxicos para los consumidores.

“Pero la ‘ventaja’ es que no se transmite de persona a persona”, señala la académica de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En términos biológicos, la transmisión directa se considera improbable porque los ooquistes eliminados en las heces no son infectantes de inmediato. Deben permanecer al menos una o dos semanas en el ambiente para que esporulen y se vuelvan infectantes.

Primeros brotes en Norteamérica

Cabe mencionar que este parásito no es de aparición reciente, sino que se conoce desde hace varias décadas y tiene una distribución mundial, sobre todo en zonas tropicales y subtropicales, donde causa diarreas todos los años, aunque rara vez provoca la muerte.

El actual brote de Cyclospora no es el primero del que se tiene noticia en Estados Unidos. Los primeros casos conocidos de infección humana se diagnosticaron en 1977 y el parásito fue caracterizado a principios de los años noventa. El primer brote notificado en Estados Unidos ocurrió en 1995. Sin embargo, el primer brote de gran magnitud ocurrió en 1996 en Estados Unidos y Canadá y se relacionó con frambuesas importadas.

El brote actual de ciclosporiasis encendió las alertas sanitarias en Estados Unidos y México. El análisis genético del parásito puede ayudar a identificar grupos de casos relacionados, pero, para determinar si provienen de un mismo alimento, se necesita combinar esa información con entrevistas epidemiológicas y estudios de trazabilidad.

En la ciclosporiasis puede haber deshidratación, como ocurre con otras infecciones gastrointestinales. En los dos casos fatales registrados hasta el 13 de agosto, las personas tenían enfermedades subyacentes importantes que pudieron verse agravadas por la ciclosporiasis y la deshidratación. Las autoridades estadounidenses no han informado cuáles eran esas enfermedades, por lo que no es posible atribuir las defunciones a una comorbilidad específica.

Las personas con el sistema inmunitario debilitado o con enfermedades crónicas que favorezcan la deshidratación y otras complicaciones pueden ser más susceptibles a presentar cuadros graves o prolongados.

Conglomerados de casos

Es importante determinar si en nuestro país existen conglomerados de casos. En epidemiología, un conglomerado es una agrupación de personas enfermas relacionadas por tiempo y lugar, cuyo número parece mayor de lo esperado, aunque inicialmente se desconozca cuál debería ser la frecuencia habitual.

En Estados Unidos se identificaron distintos conglomerados de casos, pero la investigación no terminó ahí. Las autoridades analizaron si realmente formaban parte de un brote, si las personas afectadas tenían una fuente común de infección y qué medidas preventivas debían implementarse.

La coincidencia de casos durante un mismo periodo, su concentración en una zona geográfica o el antecedente de haber consumido alimentos procedentes de un mismo lugar son elementos que pueden justificar una investigación epidemiológica.

No es necesario que haya miles de casos. En las investigaciones de enfermedades transmitidas por alimentos, dos o más personas que no viven en el mismo hogar y que comieron en el mismo establecimiento, asistieron al mismo evento o adquirieron alimentos en un mismo lugar pueden constituir un conglomerado que amerite investigación. Sin embargo, el número de casos por sí solo no permite afirmar que exista un brote: es necesario determinar si las personas afectadas están epidemiológicamente relacionadas, por ejemplo, por una exposición o una fuente común.

“Hay conglomerados de casos que, como epidemióloga, yo optaría por investigar para ver si están asociados, porque, si no los investigo, no puedo decir en este momento que hay un brote, pues no tengo manera de saberlo”.

Efecto de arrastre

Es necesario implementar medidas de prevención frente a este microorganismo, pues Cyclospora presenta resistencia a algunos de los métodos habituales de desinfección.

Soto Estrada explica que, frente a Cyclospora, el cloro y la plata coloidal no garantizan la eliminación del parásito, por lo que es importante recurrir también a otros mecanismos preventivos, como lavar las frutas y verduras bajo el chorro de agua potable. De esta manera se produce un mecanismo de arrastre que ayuda a reducir la contaminación presente en la superficie. «Es un mecanismo mecánico más que químico».

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos recomiendan lavar cuidadosamente las frutas y verduras bajo el chorro de agua potable y utilizar un cepillo limpio únicamente en productos de superficie firme, como melones y pepinos. En alimentos delicados, como las hojas de lechuga, las fresas y las moras, el lavado debe realizarse con cuidado para evitar dañarlos. Este mecanismo puede disminuir la contaminación superficial, pero no garantiza la eliminación completa de Cyclospora.

Soto Estrada insiste en la importancia de ser cuidadosos con el lavado y el manejo de los alimentos. La dosis infectiva de Cyclospora cayetanensis no se ha determinado con precisión, por lo que la recomendación es reducir al máximo las posibilidades de contaminación.

«Aunque no es una enfermedad mortal, es molesta porque hay diarrea explosiva y malestar general», señala la investigadora.

Esto no significa que deban abandonarse las prácticas habituales de lavado y desinfección de frutas y verduras. En México, la NOM-251-SSA1-2009 establece, para los establecimientos de servicios de alimentos o bebidas, que los vegetales y las frutas deben lavarse y desinfectarse con cloro u otro desinfectante de uso alimenticio, de acuerdo con las instrucciones del fabricante.

La diferencia está en el caso específico de Cyclospora: las medidas habituales de lavado y desinfección pueden ayudar a reducir riesgos, pero no debe afirmarse que garanticen la eliminación del parásito.

Diarrea explosiva

Las infecciones gastrointestinales pueden alterar la absorción de agua y nutrientes, principalmente en el intestino delgado.

En el caso de Cyclospora, el parásito invade células del epitelio del intestino delgado y puede lesionar la mucosa intestinal. Esta alteración reduce la absorción de agua y nutrientes y causa una diarrea acuosa que puede provocar deshidratación.

La infección también puede ocasionar distensión abdominal y aumento de gases. Sin embargo, los gases no son la causa directa de que la diarrea sea explosiva. Esta expresión describe una evacuación súbita, abundante y difícil de contener.

El tratamiento de elección para la ciclosporiasis es la combinación de trimetoprima con sulfametoxazol. Su administración debe ser indicada por un profesional de la salud, pues requiere consideraciones especiales en personas alérgicas o intolerantes a las sulfamidas, durante el embarazo y la lactancia, así como en menores de dos meses. Hasta ahora no se ha identificado una alternativa igualmente eficaz para quienes no pueden recibir este medicamento.

Por el momento, para evitar la infección por Cyclospora, lo mejor es tener precaución y evitar las verduras crudas cuando no sea posible comprobar que fueron preparadas con agua potable y bajo condiciones adecuadas de higiene. La contaminación puede ocurrir durante el cultivo, el riego, el procesamiento, la distribución o la preparación de los alimentos.

También es necesario lavarse las manos con agua y jabón antes de preparar o consumir alimentos y después de ir al baño, así como procurar que las personas que manejan los alimentos mantengan una higiene adecuada.

“Algunas personas que tienen alguna enfermedad de base o crónica se tienen que cuidar el doble o triple porque son más susceptibles a complicarse con enfermedades como la ciclosporiasis”, advierte Soto Estrada.

Esta precaución es especialmente importante para las personas con el sistema inmunitario debilitado o con enfermedades que aumenten el riesgo de deshidratación y otras complicaciones.

“Como no hay una vacuna con la que podamos evitar la infección, tenemos que actuar desde nuestro ámbito y tratar de tener higiene al comer. Como los alimentos que nos llevamos a la boca tienen cierto riesgo, debemos disminuirlo al máximo y cuidarnos”, finaliza la especialista en Epidemiología Aplicada.

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Leña en el hogar, una tradición peligrosa

  • En México, se usa en las cocinas rurales a pesar de que la exposición crónica aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias

Imagina en tu paladar unas tortillas recién salidas del comal con ese saborcito a humo que proviene de la combustión de la madera. Ese peculiar toque a la comida evoca a un lugar, a una persona, a una tecnología que perdura en las zonas rurales de México.

El fogón no es solo un sistema para cocinar alimentos. Se trata de un punto de reunión en el que, al calor de las brasas de la leña, se cuentan historias.

El fuego es importante todavía para los hogares en diferentes partes del mundo, muchas mujeres aprendieron a cocinar con leña, como parte de una costumbre y del legado de su familia. Sin embargo, las investigaciones sobre el impacto negativo a la salud advierten de los riesgos de que podría desencadenar esta práctica, debido a las sustancias tóxicas liberadas.

Ojos llorosos, tos persistente, opresión en el pecho o dificultad para respirar son algunos síntomas comunes en enfermedades respiratorias vinculadas al tabaquismo que han aparecido en mujeres que nunca han fumado pero sí han pasado toda su vida cocinando con leña.

Una lectura para profundizar en el tema es el libro Uso de leña en el hogar. Riesgos a la salud, situación actual y alternativas, obra editada por el Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE). Astrid Schilmann del Instituto Nacional de Salud Pública, junto con Rogelio Pérez-Padilla del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, coordinaron la obra.

Consta de 19 capítulos que conforman una mirada social y sanitaria sobre el consumo de leña en México. Las diversas perspectivas y evidencias reunidas nos adentran a la problemática, sin excluir la visión cultural.

El enemigo en casa

Los troncos, las ramas de árboles y arbustos son una forma de biomasa que se utiliza como combustible para satisfacer tres necesidades básicas: cocción de alimentos, calentamiento de agua y calefacción. Su uso es más común en áreas rurales, tanto por accesibilidad a los recursos forestales como a la falta de otro tipo de energías.

El combustible principal en México es el gas LP (79%), le sigue la leña o carbón (11%) y gas natural (7%), según la Encuesta Nacional sobre Consumo de Energéticos en Viviendas Particulares del 2018 (ENCEVI)

Normalmente, la quema de leña es en fogones abiertos ubicados en la cocina o en habitaciones, por lo que la gama de gases contaminantes generados por una combustión incompleta (dióxido de carbono, monóxido de carbono, benceno, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre) no se ventilan y afectan la calidad del aire dentro de la vivienda.

La exposición crónica al humo de leña es perjudicial para la salud, se le relaciona con la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC, por sus siglas, informó la doctora Schilmann en entrevista en el programa radiofónico Hipócrates 2.0.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) los síntomas más comunes de esta enfermedad son dificultad para respirar, tos crónica y sensación de cansancio. Aunque no tiene cura, la persona puede mejorar si no fuma o no tiene exposición a aire contaminado, y mantiene un tratamiento adecuado apoyado de medicamento, oxígeno y rehabilitación pulmonar.

Otras afecciones relacionadas al humo de leña son el desarrollo de enfermedades respiratorias agudas: neumonía, asma, tuberculosis, cáncer pulmonar, eventos cardiovasculares, así como efectos adversos en el embarazo, como bajo peso al nacer y mortalidad fetal.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó el humo de biomasa en el grupo 2A, esto quiere decir que es un posible carcinógeno. Se designó así porque hay evidencia suficiente en animales, pero los estudios en humanos todavía son limitados.

Estufas alternativas

Actualmente, el gran reto para la salud pública está en la parte de atención, porque no se detectan los casos de forma temprana. “Tradicionalmente, como son las mujeres las que cocinan, son las que corren mayor riesgo, igual que los niños pequeños”, precisa la especialista en contaminación del aire doméstico.

Dentro de las medidas de prevención, el esfuerzo va dirigido a desplazar el fogón abierto y sustituirlo por tecnologías que se adapten a las necesidades energéticas de las comunidades. Una opción es la instalación de estufas eficientes de leña, con programas donde se les ofrezca capacitación y seguimiento sobre su uso.

Desde 2025 comenzó un proyecto gubernamental en la zona purépecha en Michoacán para sustituir el fogón por estufas, donde la implementación de estos dispositivos ha considerado no solo factores económicos sino culturales para tomar en cuenta el contexto, prácticas y necesidades locales.

“Estamos tratando de impulsar a través de algunas propuestas la atención integral por contaminación del aire en la atención primaria de la salud, donde justo nos hace falta  mejorar los sistemas de diagnóstico para las enfermedades respiratorias, dirigir mejor el tratamiento, y claro está, la prevención”, complementa la doctora.

Por ello, si la principal opción es el fogón y no es posible cocinar fuera de la vivienda, se recomienda mantener puertas y ventanas abiertas, reducir el tiempo de estancia y evitar cargar o cuidar a los niños en el área de cocina