regresar

La grana cochinilla, un colorante prehispánico muy actual

Un insecto que fue fundamental en Mesoamérica por la producción de un colorante utilizado para teñir telas mantiene su importancia en industrias muy diversas, como la alimentaria, la cosmética, la textil y la farmacéutica.

El nombre científico de la cochinilla fina es Dactylopius coccus. Se cría en plantas de nopal y se distingue de las llamadas cochinillas silvestres, que pertenecen a otras especies del mismo género. Para obtener el colorante se aprovechan principalmente las hembras adultas de la cochinilla fina, que se recolectan y se secan, como explica Ciencia UNAM.

Para Huemac Escalona Lüttig, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, el aprovechamiento de la grana debe entenderse como resultado de conocimientos y prácticas desarrollados por las comunidades indígenas, entre ellas las de Oaxaca.

La cochinilla contiene una sustancia química, el ácido carmínico, responsable de su coloración roja. Este compuesto también participa en su defensa: se ha demostrado que disuade de alimentarse a ciertas hormigas, aunque algunos depredadores pueden tolerarlo. Así lo documenta una investigación experimental publicada en Science.

Conviene distinguir el ácido carmínico del carmín. El primero es la principal sustancia colorante del insecto; el segundo se obtiene al formar complejos de ese ácido con aluminio, según las especificaciones del comité de expertos de la FAO y la OMS.

Durante la época colonial se comercializaron tanto la cochinilla fina como la silvestre, aunque la primera fue más valorada debido a su mayor concentración de ácido carmínico.

Estos insectos se alimentan de sus plantas hospederas y algunas especies pueden convertirse en plagas de los nopales. Sin embargo, mediante la observación y la experimentación, las comunidades desarrollaron técnicas para criar la cochinilla fina y aprovechar su colorante.

Gracias a su utilidad, la grana se incorporó a los circuitos mercantiles que ya existían antes de la llegada de los españoles. “Me gusta decir que es una aportación de las culturas originarias de esta parte de Mesoamérica”, afirma el investigador.

Para cualquier sociedad, los colores son importantes no sólo en términos económicos, sino también identitarios y simbólicos, particularmente en su relación con la religión.

“A la llegada de los españoles hubo cambios muy significativos en la producción, circulación, comercialización y consumo de este colorante, transformaciones que modificaron a las sociedades indígenas vinculadas con la grana cochinilla de manera similar, pero al mismo tiempo distinta”, explica Escalona Lüttig.

El colorante conservó usos relacionados con el prestigio y el poder, pero su incorporación al comercio transatlántico modificó la escala de producción, los destinos de venta y las formas de obtener ganancias.

Esto no significa que en Mesoamérica estuvieran ausentes los intereses económicos. El comercio, el tributo y el acceso a bienes valiosos formaban parte de sociedades jerarquizadas, donde la riqueza tenía dimensiones materiales, políticas y religiosas. Los estudios del Instituto de Investigaciones Históricas sobre los pochtecas muestran esa relación entre intercambio, prestigio y poder.

En Europa ya existían otros tintes rojos, como el obtenido del quermes. La grana americana destacó por su capacidad tintórea y por la intensidad de los colores que permitía obtener, cualidades que favorecieron su demanda.

Las potencias europeas del siglo XVI competían por la obtención de especias; sin embargo, la búsqueda de colorantes también era una preocupación entre las élites, tanto aristocráticas como comerciales, entrelazadas en complejos sistemas de jerarquías y poder.

El rojo como símbolo de poder

Durante siglos, distintas tonalidades de rojo se asociaron en Europa con la riqueza, la autoridad y lo sagrado. Su presencia en vestimentas de lujo y representaciones religiosas permitía expresar prestigio, devoción o poder. El Museo Getty documenta estos usos y su relación con los tintes de origen animal.

“El rojo significaba lo sacro, el poder de la sangre derramada en las batallas, pero también estaba relacionado con los lazos sanguíneos de las aristocracias”, señala el investigador.

La expansión española en América abrió nuevas posibilidades de explotación y comercio. Además del oro y la plata, otros productos adquirieron relevancia por su demanda en los mercados europeos; entre ellos estaban los colorantes.

En su descripción del mercado de Tlatelolco, Hernán Cortés destacó la diversidad de mercancías y la organización de sus vendedores. Entre los productos comercializados había colores y materiales utilizados por los artesanos.

La grana cochinilla formaba parte de un amplio repertorio de sustancias tintóreas conocidas en Mesoamérica. Sus usos incluían el teñido de textiles y la elaboración de materiales para la pintura.

Durante las primeras décadas del dominio español, pequeñas cantidades del colorante llegaron a Europa, donde se exploraron sus aplicaciones. Más adelante, su demanda impulsó la expansión de la producción y del comercio. La investigación de Escalona Lüttig documenta ese proceso en su libro Conflictos y dinámicas socioeconómicas en torno a la grana cochinilla.

Regiones productoras de grana cochinilla

Dentro de la dinámica comercial mesoamericana, diversas regiones tuvieron relevancia. A la llegada de los españoles, la producción de grana ya se encontraba en lugares como Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Tepeaca y distintas zonas de Oaxaca. El colorante circulaba mediante el comercio y también como tributo.

Con la desaparición del poder hegemónico mexica y la reorganización colonial, los productores y comerciantes indígenas participaron en nuevas redes económicas. Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XVI, la región Puebla-Tlaxcala destacó por su producción de grana destinada a los mercados europeos.

El estudio de Escalona Lüttig también recoge referencias a una delegación del cabildo de Tlaxcala que, durante un viaje a Europa, llegó a Venecia y negoció contratos relacionados con el colorante. Esto muestra la participación activa de los indígenas en un comercio que alcanzaba destinos transatlánticos. Estos procesos se abordan en el capítulo sobre la expansión de la producción y el comercio de grana cochinilla.

Junto con Tlaxcala, localidades como Cholula, Huejotzingo y Tepeaca participaron en la producción y comercialización del tinte. No se trataba de ciudades que surgieran entonces, sino de poblaciones con una historia anterior a la conquista que ampliaron o reorganizaron sus actividades.

La demanda europea de grana se vinculó con la reconfiguración del espacio mesoamericano tras la caída de Tenochtitlan y la consolidación de la Ciudad de México como centro del gobierno colonial.

La región Puebla-Tlaxcala tuvo un papel importante en esta transformación. Su ubicación facilitaba la conexión entre las zonas productoras, los centros comerciales y las rutas hacia Veracruz.

En el desarrollo de esta actividad influyeron la experiencia de las comunidades indígenas, la disponibilidad de nopales, las redes comerciales existentes y la incorporación a los mercados coloniales.

En Oaxaca, la producción y la administración colonial siguieron ritmos distintos según la región. La presencia española y las instituciones coloniales se establecieron desde el siglo XVI, aunque su alcance fue desigual. Por ello, conviene distinguir ese proceso del protagonismo que después alcanzó Oaxaca en el comercio de la grana.

En este nuevo escenario también intervinieron las epidemias, las estructuras de gobierno colonial, la introducción de animales y la expansión de la ganadería, que modificaron el territorio y la organización agraria. La propiedad y el uso de la tierra se transformaron, mientras crecían las disputas por los espacios destinados a cultivos y pastoreo.

La producción de grana y los cambios económicos y sociales

El crecimiento de esta actividad no sólo modificó los intercambios comerciales. Según explica el investigador, también generó tensiones dentro de las comunidades indígenas.

Los ingresos por la venta de grana permitieron a algunos macehuales, integrantes de la población común, adquirir bienes y participar de manera más directa en el comercio. Para ciertas autoridades, estas posibilidades alteraban las jerarquías y las relaciones de dependencia.

“Se produce una alteración de las estructuras sociales porque los indígenas de la base social, los macehuales, comienzan a comerciar directamente, sin los intermediarios que antes eran los nobles. Existía una nobleza indígena dedicada al comercio, y ahora los macehuales están ocupando esos espacios”.

De acuerdo con la explicación de Escalona Lüttig, algunos productores podían destinar más trabajo a la grana y utilizar sus ingresos para comprar alimentos. Esto abría oportunidades económicas, pero también generaba preocupaciones entre las autoridades por el abastecimiento y por los cambios en el orden social.

La grana cochinilla y la producción de maíz

La expansión de las nopaleras podía competir por tierra y trabajo con los cultivos alimentarios. En los casos descritos por el investigador, algunos productores redujeron la superficie destinada al maíz y a otros cultivos de la milpa para dedicarla a la cría de grana.

Con los ingresos obtenidos compraban los productos necesarios para su subsistencia. Sin embargo, una mayor dependencia del mercado podía volverlos más vulnerables a los aumentos de precios y a las dificultades de abastecimiento.

Cuando disminuía la producción local de maíz, era necesario traerlo de otras regiones. A esas dificultades podían sumarse las sequías, las heladas y los costos del transporte.

Durante las epidemias, la pérdida de población también afectó el trabajo agrícola y las redes de distribución. Por ello, las crisis alimentarias deben entenderse como resultado de varios factores, y no únicamente como consecuencia de la producción de grana.

Producción actual de grana cochinilla

La grana cochinilla continúa utilizándose en distintas actividades artesanales e industriales. En México, su aprovechamiento también mantiene vivos conocimientos vinculados con la cría del insecto y el teñido de textiles.

Su producción puede realizarse en ambientes acondicionados, como cobertizos, microtúneles e invernaderos, que ayudan a regular las condiciones ambientales y a proteger a los insectos de sus enemigos naturales.

Estas técnicas permiten adaptar la cría a diferentes condiciones, aunque sus resultados dependen del manejo del nopal, la temperatura, la humedad y el control de los organismos que afectan la producción.

La permanencia de este colorante reúne así dos historias: la de los conocimientos indígenas que hicieron posible su aprovechamiento y la de las transformaciones comerciales y tecnológicas que han ampliado sus usos hasta nuestros días.

regresar

Entre pinceles y perseverancia: alumna de la FAD obtiene el Premio Estatal de la Juventud Edomex 2026

Hay sueños que no se pintan de inmediato. Se van trazando poco a poco, entre dudas, sacrificios, puertas que se cierran y otras que, después de mucho insistir, finalmente se abren. Para Denisse Canel Ramírez, alumna de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, dedicarse al arte significó precisamente eso: desafiar los pronósticos, mantenerse firme ante las dificultades y convertir la constancia en una forma de vida.

Hoy, después de años de trabajo, exposiciones, concursos y una búsqueda artística que continúa transformándose, los reconocimientos comienzan a confirmar que el esfuerzo ha valido la pena. Entre ellos se encuentra el Premio Estatal de la Juventud 2026 del Estado de México, que Denisse recibió en la categoría de Trayectoria Artística y Cultural.

Una inspiración para mejorar día con día

En 2024, Denisse conoció el Premio Estatal de la Juventud del Estado de México, un reconocimiento que distingue a jóvenes mexiquenses por sus aportaciones en ámbitos como la academia, la cultura, la innovación, el emprendimiento, la participación social y el cuidado del medio ambiente. Desde entonces, obtener la distinción en la categoría de Trayectoria Artística y Cultural se convirtió en una meta personal.

Al principio, Denisse consideraba que su trayectoria era suficiente para conseguirla, pero, al conocer los antecedentes de quienes habían sido reconocidos, descubrió que se trataba de jóvenes con años de trabajo, numerosos logros y experiencias que respaldaban sus candidaturas.

En lugar de verlo como un motivo para desistir, tomó esas historias como un punto de referencia. A partir de entonces, comenzó a plantearse nuevos objetivos año con año, buscando fortalecer su trayectoria y sumar experiencias que le permitieran acercarse a la distinción que se había propuesto alcanzar.

El reto era aún mayor porque la categoría no se limitaba a una sola disciplina. Denisse competía no solo con otros artistas visuales, sino también con jóvenes dedicados a la danza, la música, el cine y otras expresiones artísticas y culturales. En ese contexto, el reconocimiento representaba mucho más que un premio: era la posibilidad de ver reflejados varios años de trabajo, perseverancia y crecimiento profesional.

Tras intentarlo durante tres años, finalmente recibió la noticia que había esperado. Fue a través de una llamada telefónica de Sergio Jassiel Zamora, director del Instituto Mexiquense de la Juventud (IMEJ), institución encargada del concurso. Recuerda que, al escuchar que había sido seleccionada, simplemente no podía creerlo.

La noticia también llegó en un momento particular de su trayectoria. Aunque sus logros habían crecido con el paso de los años, Denisse sentía, paradójicamente, que cada vez tenía que hacer más para merecer el reconocimiento. Por eso, recibirlo significó no solo alcanzar una meta que se había planteado años atrás, sino también detenerse a reconocer todo lo que había construido en el camino.

La ceremonia de premiación se realizó en el Palacio de Gobierno, donde recibió una medalla, un certificado y un estímulo económico. También se contempla un próximo encuentro con la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, como parte de las acciones para continuar impulsando el desarrollo de los jóvenes artistas.

Resiliencia para vivir del arte

El premio representa uno de los logros más recientes de una trayectoria que comenzó mucho antes y que estuvo marcada por distintas dificultades. En sus primeros años, su familia se opuso a que estudiara artes, pues era frecuente que le dijeran que “estudiar arte no era sostenible”.

Lejos de aceptar ese discurso, Denisse decidió trabajar todavía más y buscar todas las oportunidades posibles. Tocó puertas en galerías, participó en bienales y concursos, se relacionó con otros profesionales del medio y comprendió que la capacidad de socializar y construir vínculos también es fundamental dentro del mundo artístico.

Con el tiempo, logró sostenerse a través de coleccionistas, becas, concursos y apoyos gubernamentales. Después de tres o cuatro años de trabajar intensamente, asegura que finalmente ha alcanzado una etapa de mayor tranquilidad.

Su experiencia le ha permitido comprobar que sí existen caminos para vivir del arte y que estos pueden encontrarse tanto en iniciativas públicas como privadas. Para ella, la clave ha estado en combinar la producción artística con la búsqueda constante de oportunidades y la construcción de una red profesional.

Esa misma búsqueda también ha influido en la manera en que entiende y desarrolla su obra.

En evolución constante

A partir de estas experiencias, la pintura de Denisse ha evolucionado. Durante los últimos dos años, sus temas se han vuelto más complejos y las investigaciones que sustentan su producción artística se han ampliado. Incluso contempla la posibilidad de publicar sus investigaciones teóricas junto con sus obras.

Una de sus investigaciones más importantes surgió a partir del concepto de la “sociedad del cansancio”, planteado por el filósofo Byung-Chul Han. A lo largo de varios años, desarrolló una serie de pinturas y textos relacionados con el agotamiento, la hiperproductividad y el ritmo acelerado de la vida contemporánea.

Esta reflexión quedó plasmada en su más reciente exposición, “Ciudad de los Sueños”, realizada en la Antigua Academia de San Carlos de la UNAM durante marzo y abril. En ella, abordó esta problemática más allá de los espacios laborales para mostrar cómo el cansancio se extiende a los lugares que habitamos.

Una imagen cotidiana, como la de las personas dormidas en el transporte público, se convirtió en una forma de representar a una sociedad que vive bajo un ritmo constante de productividad y agotamiento.

Actualmente, su interés se ha desplazado hacia otros fenómenos relacionados con la hiperdigitalización. Sus nuevas obras exploran la convivencia entre la realidad física y la digital, así como la manera en que la tecnología se relaciona con la hiperproductividad.

Aunque visual y estéticamente su trabajo continúa transformándose, considera que las distintas etapas de su producción mantienen una conexión entre sí. Las preocupaciones cambian, pero permanece el interés por observar y cuestionar las condiciones de la vida contemporánea.

La IA: una aliada que no sustituye al artista

En ese contexto, la inteligencia artificial también forma parte de su reflexión. La artista considera que la IA ya llegó al mundo del arte y que no tiene sentido satanizarla. Para ella, se trata de una herramienta que puede ser útil siempre que sea utilizada con criterio.

Sin embargo, establece una diferencia entre emplearla como apoyo creativo y utilizarla para sustituir prácticamente todo el proceso artístico. Desde su perspectiva, un artista visual tiene la capacidad de tomar un elemento generado por una herramienta de IA, transformarlo y utilizarlo dentro de una composición propia, aportando su sensibilidad y conocimiento.

Lo que cuestiona es que una persona simplemente tome una imagen generada, la imprima y le haga pequeñas modificaciones para presentarla como una obra.

La discusión, explica, no es completamente nueva. Algo similar ocurrió cuando herramientas como el proyector comenzaron a utilizarse para trasladar trazos a una superficie. Algunos artistas consideraron que hacerlo restaba valor al dibujo manual, mientras que otros lo entendieron como una forma de agilizar determinados procesos.

Desde su perspectiva, la tecnología puede ayudar a reducir tiempos, pero no debe sustituir el conocimiento y la sensibilidad que existen detrás de la creación artística.

“Pintar implica detenerse, observar y meditar; es un proceso que difícilmente puede reducirse a la lógica de producir cada vez más rápido”, expresó.

¡No se rindan!

Esta manera de entender el arte también está presente en el consejo que Denisse ofrece a quienes desean dedicarse profesionalmente a esta disciplina. Con toda la experiencia que ha adquirido a lo largo de su carrera, considera que es necesario consumir arte constantemente y no limitarse a lo aprendido dentro de las aulas.

Además, señala que es fundamental acercarse al mundo artístico profesional antes de terminar la carrera, visitar museos y exposiciones, participar en ferias, conocer los círculos institucionales y comenzar a construir relaciones dentro del medio.

También considera indispensable trabajar continuamente en una obra personal y mantener la honestidad respecto a las propias ideas. Para ella, los estudiantes no deberían descartar una idea simplemente porque creen que puede ser mala. La formación académica puede llevarlos a buscar constantemente que todo lo que produzcan sea perfecto, cuando, en realidad, una parte esencial del aprendizaje consiste simplemente en crear.

Un triunfo que abraza el esfuerzo

Después de años de insistencia, dificultades y trabajo, Denisse demuestra que dedicarse al arte no necesariamente significa vivir en la incertidumbre permanente. El camino puede ser complicado y requiere encontrar apoyos, construir redes, aprovechar oportunidades y trabajar con disciplina, pero también puede conducir a una profesión sostenible.

Su historia comenzó con una meta que parecía lejana y que terminó convirtiéndose en un reconocimiento a años de esfuerzo. Pero el premio no representa el final del camino. Su obra continúa evolucionando, nuevas exposiciones están por llegar y sus investigaciones siguen abriendo preguntas sobre el cansancio, la productividad, la tecnología y la vida contemporánea.

Al final, su consejo resume buena parte de su propia historia: nunca dejar de pintar. Porque detrás de cada reconocimiento hay horas de trabajo, dudas, sacrificios y, sobre todo, la decisión de seguir adelante incluso cuando todavía no existe la certeza de que el esfuerzo será reconocido.

regresar

Del pozole a la tortilla: el maíz que alimenta la historia de México

Cuando llegan las fiestas patrias, el pozole aparece en muchas mesas mexicanas: un caldo caliente con granos de maíz, carne y una variedad de ingredientes que cada familia combina a su manera. Lechuga, rábano, cebolla, orégano, chile y aguacate son algunos de sus acompañamientos. Varios llegaron de otros continentes, pero el ingrediente principal tiene una historia que comenzó hace miles de años.

“El maíz era uno de los principales cultivos que se utilizaban en la época prehispánica”, explicó Diana Martínez Yrízar, académica del Laboratorio de Paleoetnobotánica y Paleoambiente del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Su importancia estaba relacionada, entre otras cosas, con su capacidad para producir grandes cantidades de alimento. El cultivo de maíz contribuía de manera importante al sustento de las comunidades. Pero su valor iba mucho más allá de lo nutricional: el maíz también formaba parte de la cosmovisión de muchos pueblos mesoamericanos.

En estas comunidades, la vida estaba estrechamente vinculada con el ciclo agrícola y, en particular, con el cultivo del maíz. Las fiestas y diversas actividades se organizaban alrededor de ese ciclo.

Un alimento de muchos usos

El maíz aporta principalmente almidón, que proporciona energía al organismo, además de proteínas, grasas, vitaminas y minerales. Su aporte nutricional varía según el tipo de grano y la forma en que se procesa y prepara.

Pero una de sus características más importantes es que prácticamente toda la planta podía aprovecharse. Además de los granos, se utilizaban las hojas, las cañas y otras partes de la planta para distintos fines.

Y el maíz no se consumía solo. En la alimentación prehispánica se combinaba con ingredientes como chile, chía, calabaza y diversos quelites, entre otros productos que todavía forman parte de la cocina mexicana.

Incluso las palomitas de maíz tienen una historia milenaria. En la costa de Perú se encontraron restos de maíz de entre aproximadamente 6 mil 700 y 3 mil años de antigüedad. Según los investigadores, sus características indican que se consumía de distintas maneras, entre ellas como palomitas.

En otro contexto histórico, entre los mexicas, el maíz tostado y reventado también se empleaba para elaborar adornos ceremoniales. El Gran Diccionario Náhuatl de la UNAM recoge una descripción del Códice florentino sobre tocados y sartales de estos granos que se llevaban durante ciertas celebraciones.

Así, lo que hoy suele asociarse con una botana para acompañar una película tiene antecedentes muy antiguos en América.

Un cultivo que cambió con el ser humano

La domesticación del maíz fue un proceso que ocurrió a lo largo de miles de años. Sus inicios se remontan a hace alrededor de 9 mil años, a partir del teocintle, una planta silvestre de México. Las mazorcas de etapas tempranas de la domesticación eran más pequeñas que muchas de las actuales.

La transformación estuvo relacionada con la selección humana de características que podían transmitirse a las siguientes generaciones. Los agricultores elegían, por ejemplo, las mazorcas con más granos o con características que les resultaban convenientes y sembraban esos granos en el siguiente ciclo.

“Así voy reproduciendo las características que a mí me interesan que tengan las mazorcas”, explicó la académica.

El vínculo entre el maíz y las personas llegó a ser tan estrecho que la continuidad de su cultivo depende del manejo humano. Los granos permanecen unidos a la mazorca, lo que dificulta su dispersión natural. Los agricultores los desprenden y seleccionan para sembrarlos.

Por ello, la domesticación del maíz debe entenderse como un proceso de evolución y selección que se desarrolló durante muchos milenios y en el que participaron generaciones de agricultores.

Más de 60 razas de maíz

Otra muestra de la historia de esta planta es su enorme diversidad. En México existen más de 60 razas de maíz, resultado de su adaptación a diferentes ambientes y de la selección, conservación e intercambio de semillas por los agricultores.

El maíz puede crecer desde regiones cercanas al nivel del mar hasta zonas de gran altitud. En la Ciudad de México, ubicada a unos 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar, todavía se cultiva en comunidades rurales de la capital.

Esta diversidad también refleja los conocimientos de quienes lo siembran. A lo largo del tiempo, los agricultores han conservado maíces con distintas características, adecuados para las condiciones de sus tierras y para diferentes usos alimentarios.

Una cocina que se transformó

Aunque actualmente se habla del maíz como un elemento esencial de la identidad alimentaria mexicana, la cocina que conocemos es resultado de un largo proceso de intercambio y combinación de productos.

Con la llegada de los españoles se introdujeron cultivos como el trigo y otros productos que terminaron incorporándose a la alimentación. Sin embargo, el maíz ya formaba parte de la vida cotidiana de las comunidades y continuó presente durante la época colonial.

De esas combinaciones surgió buena parte de la cocina mexicana actual. Productos como el queso, la crema y la manteca de cerdo se incorporaron a algunas preparaciones basadas en ingredientes mesoamericanos. Hoy forman parte, según la receta y la región, de antojitos como quesadillas, tlacoyos, tlayudas, memelas, gorditas y chalupas.

Incluso en un platillo tan asociado con las fiestas patrias como el pozole se puede observar esa mezcla. Su ingrediente principal es el maíz, mientras que algunas de sus versiones incluyen carne de cerdo, un animal introducido después de la conquista.

Los acompañamientos también reflejan ese encuentro. La lechuga y el rábano, por ejemplo, no son plantas mesoamericanas, mientras que el aguacate ya formaba parte de la alimentación de la región antes de la llegada de los españoles.

Las recetas y las maneras de servirlo varían de una región a otra y de una familia a otra. El resultado es un platillo festivo que, como buena parte de la cocina mexicana, reúne distintas etapas de nuestra historia en un mismo plato.

La presencia del maíz no quedó en el pasado. “Es nuestro alimento diario”. Personas de distintos estratos sociales consumen tortillas y otros productos derivados del maíz, lo que mantiene vigente una tradición alimentaria que comenzó hace miles de años.

Estudiar su historia permite comprender cómo la selección de semillas, las prácticas agrícolas y las formas de preparar los alimentos han transformado tanto a la planta como a las comunidades que la cultivan. En esa relación entre diversidad biológica y conocimientos transmitidos por generaciones se sostiene la permanencia del maíz en la alimentación mexicana.

regresar

Del sismoscopio al sismómetro

• Un recorrido por la evolución tecnológica de estos instrumentos, desde los primeros aparatos que avisaban cuando estaba temblando hasta los modernos sismómetros que registran en tres dimensiones los movimientos del suelo.

Todo indicaba que aquel sería otro intenso día de combate bajo el sol, como todos desde que el emperador de China ordenara la conquista de la nación de Miao. El enemigo retrocedía y la victoria parecía inminente. El general Xiahou, comandante de la invasión, se sentía cansado pero satisfecho. Iba a cumplir los deseos del emperador, pues este triunfo fortalecería sus dominios. De repente, a mitad del combate, el suelo teñido en sangre se estremeció con tal violencia que costaba trabajo mantenerse en pie.

El terremoto causó más conmoción que la misma guerra. La tremenda sacudida tomó a todos por sorpresa y los soldados, confundidos, abandonaron sus puestos, poniendo fin a una batalla legendaria que ocurrió aproximadamente en el siglo xx antes de nuestra era, hace unos 4000 años. Se trata de una época tan lejana que de ella se conservan muy pocos documentos históricos, pero ese fuerte temblor en la antigua China impresionó tanto al general Xiahou que dejó plasmado el hecho en un libro de bambú, uno de los pocos que se conservan hasta hoy.

El libro de Xiahou es uno de los testimonios más antiguos que existen de un terremoto —desde luego hubo muchos terremotos antes, pero no hay documentos que los mencionen—. Los registros en bambú como ese forman parte de los primeros escritos que se conocen en la historia de China.

Poco más de 2000 años después de ese terremoto histórico, un estudioso de los temblores llamado Zhang Heng inventó el primer aparato para detectarlos.

No digas «trepidatorio»…

La mayoría de los equipos sísmicos actuales registran el movimiento del suelo en tres direcciones: la componente vertical y dos componentes horizontales, norte-sur y este-oeste. Todos los sismos producen movimiento tanto horizontal como vertical, por lo que los términos «oscilatorio» y «trepidatorio» ya no se usan para clasificar sismos.

El sismoscopio

El aparato que construyó Zhang Heng en el siglo i d.C. consistía en un jarrón adornado con ocho cabezas de dragón. Cada uno sostenía en las fauces una pelotita en equilibrio precario y debajo de él había una rana con la boca abierta. Cuando el jarrón se movía a causa de un temblor, una o varias pelotitas caían en las bocas abiertas de las ranas. Para determinar la dirección del movimiento telúrico era necesario orientar el jarrón de manera que cada dragón quedara dirigido hacia uno de los ocho puntos cardinales (norte, sur, este, oeste, suroeste, sureste, noreste y noroeste). La dirección se determinaba observando de qué lado caían las bolitas.

El jarrón tenía un simbolismo encantador, pues hacía referencia al dios de la meteorología, representado por el dragón, que alimentaba a la rana, el animal de la buena suerte en la mitología china. Era un aparato hermoso, pero no bastaba para describir el movimiento del suelo, porque los sismos hacen vibrar la tierra en todas direcciones, incluyendo la vertical. Los artefactos como éste se llaman sismoscopios y son capaces de detectar un temblor en el momento en que ocurre, pero no pueden dejar un registro de su comportamiento. Desde luego, nadie sabía por qué ocurrían los sismos, que se atribuían a alteraciones cósmicas o climáticas que hoy sabemos no tienen ninguna relación con las sacudidas de la tierra.

Mucho tiempo después, en 1703, y del otro lado del mundo, el abad francés Jean de Hautefeuille construyó un sismoscopio similar pero que funcionaba con mercurio, quizá para emular al físico italiano Evangelista Torricelli, que unos años antes usó ese metal líquido en la fabricación de un barómetro. El mecanismo se basaba en un pequeño cuenco de madera lleno de mercurio. Tenía ocho canales que se orientaban en las direcciones cardinales y ocho tazas en las que se vertía el mercurio derramado por un sismo.

Los sismoscopios posteriores fueron radicalmente distintos, pues consistían en péndulos simples con algún objeto en la punta que trazaban el movimiento que el sismo le imprimía al mecanismo. Uno de los primeros de este estilo probablemente fue el que construyó el geólogo Andrea Bina en Italia en 1751. Su aparato consistía en una larga cuerda de cuyo extremo colgaba una pesada roca. Una punta metálica atada a la roca se hundía ligeramente en un recipiente de arena, de tal manera que al oscilar, el péndulo trazaba el movimiento. Con el péndulo de Andrea Bina comienza la transición del sismoscopio al sismógrafo, aparato que no sólo detecta el temblor sino que registra el movimiento, aunque en este caso se tratara de un efímero rastro en la arena.

Alertar o no alertar

A finales del siglo xviii un relojero italiano de nombre Ascanio Filomarino concibió la genial idea de adaptar un reloj de modo que detectara el momento en el que comenzaba a oscilar el péndulo, para así determinar la hora del sismo; se le ocurrió la idea después de que los terremotos que acompañaron una espectacular erupción del volcán Vesuvio en 1794 destruyeron la ciudad de Torre del Greco. El reloj incluso hacía sonar unas campanillas para avisar que estaba temblando. En la industria relojera ya se fabricaban mecanismos con alarmas muy eficaces, algunas de tipo gong, o los bonitos y famosos relojes de cucú. Filomarino aplicó el mismo tipo de sistema para la alarma de su péndulo sísmico. ésta es una de las primeras alertas sísmicas que se conocen, aunque no se trataba de una alerta temprana sino de una que sonaba al mismo tiempo que empezaba el temblor. Filomarino fue asesinado en el tumulto provocado por la entrada a Nápoles de un ejército invasor francés, en 1799. La turba incendió su palacio y así se perdieron pinturas, libros, rocas, mecanismos de relojería y los instrumentos que construyó. El problema con los instrumentos de péndulo como el de Ascanio Filomarino era que seguían oscilando aun cuando el terremoto ya había terminado y el dibujo que trazaban no representaba fielmente el desplazamiento producido por el sismo.

Interminable1.- Sismoscopio de Jean de Hautefeuille. 2.- Sismoscopio simple de péndulo. 3.- Sismógrafo de péndulo invertido. 4.- Tambor de registro de los sismos, diseño de Galitzin, Science Museum Group, CC. 4.0.

Primeros sismógrafos en forma

En 1844 el físico escocés James David Forbes diseñó un instrumento con el que esperaba representar de manera más realista el movimiento del suelo durante un sismo. A Forbes le encantaba el montañismo, deporte que despierta el amor y la curiosidad por la naturaleza. Se interesó por los fenómenos relacionados con la geología y concibió un aparato de péndulo, pero invertido, para registrar temblores. El diseño de su instrumento empleaba una varilla metálica flexible con una masa esférica cuya posición podía ajustarse. Un alambre que se podía tensar apretando un tornillo sostenía la varilla para que el movimiento del péndulo variara con la rigidez del alambre o la altura de la masa. En la prolongación de la barra, un lápiz dibujaba sobre un papel pegado a un casquete esférico encima del péndulo.

El simógrafo de Palmieri

El aparato de Forbes con su péndulo invertido era más estable que los de péndulo común. Lo notable es que Forbes acompañó las especificaciones de su instrumento con la teoría matemática de su funcionamiento. Fue el primero en describir matemáticamente el comportamiento de un instrumento sísmico.

Alerta sísmica

Los sismos no se pueden predecir, sólo registrar en el momento en que ocurren. Pero las ondas sísmicas que parten del epicentro en todas direcciones como el clamor de un alarido tardan cierto tiempo en llegar a lugares apartados. Propagándose a entre 6 y 10 kilómetros por segundo (dependiendo de las propiedades del subsuelo), las ondas sísmicas provenientes de las costas de Michoacán pueden tardar hasta 100 segundos en llegar a la Ciudad de México, por ejemplo. En cambio, una señal de radio, viajando a la velocidad de la luz (300 000 kilómetros por segundo), recorre el mismo trayecto en una milésima de segundo. Esta diferencia es el principio de funcionamiento de la alerta sísmica.

El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (operado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico) consiste en 97 sensores distribuidos en la costa del Pacífico (donde se origina la mayoría de los sismos que afectan el centro del país), desde bahía de Banderas hasta el istmo de Tehuantepec, más estaciones distribuidas por Puebla, Guerrero y Oaxaca. Los sensores pueden detectar sismos en un radio de 90 kilómetros de donde están instalados. Si dos o más estaciones detectan movimiento de cierta intensidad, el sistema calcula automáticamente un primer estimado de la magnitud y envía la señal de alerta si el cálculo supera cierto umbral (magnitud 5). Que la recibas en tu ciudad dependerá de esta estimación y también de la distancia a la que te encuentres del origen del sismo: sismo leve o ciudad distante no amerita alerta porque las ondas llegarán muy atenuadas para causar daños. En general, la alerta sísmica te dará entre 20 y 120 segundos para tomar precauciones antes de la llegada de las ondas sísmicas a tu ciudad.

En Italia, entre tanto, el ingenio fl orecía. En 1856 Luigi Palmieri, vulcanólogo napolitano conocido por sus estudios del Vesubio, instaló en el volcán su sismógrafo «electromagnético», que en realidad era un conjunto de sismoscopios que podían detectar el movimiento horizontal y el vertical, a diferencia de los aparatos anteriores, que en su mayoría sólo detectaban el movimiento horizontal.

En la maquinaria de Palmieri el movimiento vertical se detectaba mediante una masa cónica amortiguada suspendida sobre una palangana de mercurio. Al moverse, esta masa tocaba la lisa superficie metálica, lo que cerraba un circuito eléctrico que detenía un reloj a la hora del sismo. El movimiento horizontal se observaba por medio de péndulos comunes, pero éstos también cerraban un circuito eléctrico al moverse. Un lápiz presionaba un papel y se detenía cuando los péndulos dejaban de oscilar; así se sabía la duración del movimiento.

Durante años Palmieri utilizó este instrumento para registrar los sismos provocados por el volcán Vesubio, orgullo de los napolitanos. Sin embargo, no pudo detectar los que se sintieron en la ciudad de Nápoles. Con todo, en la segunda mitad del siglo xix se usaron copias del aparato de Palmieri en Japón, donde sí detectaron muchos movimientos telúricos.

En otros países también se desarrollaron aparatos para detectar temblores e intentar describir el movimiento que le imprimían a la tierra. El problema hasta entonces era que, al analizar los trazos plasmados por los instrumentos después del sismo, resultaba casi imposible saber hacia dónde se había movido primero y hacia dónde después.

El primer registro sísmico que puede llamarse en rigor sismograma se obtuvo en Moncalieri, Italia, en 1887. Un sismograma es la gráfica del movimiento sísmico en función del tiempo. El sismógrafo que lo produjo fue construido por el clérigo Filippo Cecchi y, a diferencia de todos los instrumentos mencionados, constaba de una superficie para registrar el movimiento y un reloj que marcaba el inicio del sismograma. Aunque debemos reconocer a Cecchi por el primer sismograma de la historia, su instrumento no tuvo gran impacto entre sus colegas. Casi al mismo tiempo un grupo de científicos británicos que trabajaba en Japón desarrolló instrumentos sísmicos similares, y el sismógrafo de Cecchi cayó en el olvido.

John Milne con un sismógrafo horizontal ruso.

Entre esos sismólogos británicos destacan John Milne, Thomas Gray y James Alfred Ewing, que se dedicaron a estudiar la sismicidad de Japón tras un fuerte terremoto en Yokohama en 1880. Su sismógrafo fue el primero en graficar sismogramas de las componentes horizontal y vertical del movimiento.

Años después, en 1896, Milne conoció a John Johnson Shaw, otro entusiasta de la sismología, y la colaboración entre ambos dio origen a una máquina bautizada como sismógrafo de Milne-Shaw, que era más precisa debido a que amortiguaba la oscilación del péndulo libre. John Milne fundó la primera sociedad sismológica del mundo en Japón e insistió en la necesidad de instalar instrumentos sísmicos por todo el orbe para obtener más y mejores sismogramas, que en el futuro servirían para escudriñar las entrañas del planeta.

El éxito del sismógrafo Milne- Shaw impulsó la fabricación de otros aparatos a los que se les incorporaron diversos mecanismos para trazar sismogramas más claros y fáciles de interpretar. Por ejemplo, Fusakichi Omori, discípulo y colega de Milne en Japón, diseñó en 1899 un sismógrafo de péndulo horizontal que comercializó la compañía J. A. Bosch de Estrasburgo. Estos instrumentos fueron mundialmente conocidos como sismógrafos Bosch-Omori y se instalaron en todo el mundo, incluso en México.

Casi al mismo tiempo que Omori construía su sismógrafo, en Alemania el físico Emil Wiechert, de Gotinga, desarrollaba el suyo. Consistía en un péndulo libre invertido amortiguado por resortes y capaz de oscilar en cualquier dirección horizontal. En la descripción del equipo, publicada en 1904, se especificaba que el péndulo llevaba una masa de una tonelada y su movimiento se amplificaba 200 veces por medio de un sistema de palanca mecánica.

Wiechert desarrolló otros sismógrafos con masas de diferentes pesos, entre ellos el magnífico sismógrafo de 17 toneladas que durante años fue el instrumento más preciso del mundo para registrar terremotos, incluso los originados a cientos de kilómetros de distancia. Incluía un reloj con el cual se hacían marcas de tiempo cada minuto en el papel donde se dibujaba el sismograma. En el Museo de Geofísica de la UNAM, en la Ciudad de México, hay uno de estos aparatos que todavía funciona a la perfección.

Sismómetros en la Luna

Los astronautas de las misiones Apolo instalaron sismómetros y otros instrumentos en la superficie de la Luna. Esta red de instrumentos operó hasta el 30 de septiembre de 1977, cuando se suspendieron las operaciones por falta de presupuesto.

En la Tierra usamos las estaciones sismográficas para determinar el epicentro y la magnitud de los temblores, pero también para sondear el interior del planeta. Las estructuras internas de la Tierra hacen rebotar y desviarse las ondas sísmicas. Estos rebotes y desviaciones se pueden identificar en la superficie y a partir de ellos podemos construir una imagen de las entrañas de la Tierra como si le hiciéramos un ultrasonido. Así también los sismómetros de la Luna han permitido construir modelos del interior de nuestro satélite.

1.- Sismógrafo de Amouri, Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. 2.- Sismógrafo electromagnético moderno.

Sismógrafos electromagnéticos y sismómetros

Los años siguientes fueron testigos de un vertiginoso avance tecnológico en los sismógrafos, y los aparatos grandes y pesados dieron paso a otros más pequeños con componentes electromagnéticos.

Boris Galitzin fue un noble ruso que llegó a ostentar el título de príncipe, lo que le permitió procurarse una excelente educación científica en Estrasburgo. Mientras estudiaba fenómenos electromagnéticos, en 1887, ocurrió un terremoto devastador que destruyó la ciudad de Verny, en Kazajistán. Galitzin concibió la idea de construir un verdadero sismógrafo electromagnético, que materializó en 1906. Su aparato producía una señal a partir de una masa envuelta en una bobina de alambre rodeada por un imán. El diseño electromagnético de Galitzin cambió para siempre los sismógrafos: al moverse la bobina en el campo magnético del imán se generaba por inducción electromagnética una señal eléctrica que se transfería mecánica u ópticamente a un sistema de registro, de modo que el sismograma ya no tenía que dibujarse en el aparato. Había quedado atrás la época de los sismómetros puramente mecánicos.

Los mecanismos electromagnéticos fueron la base para los sismómetros que, a diferencia de los sismógrafos, son instrumentos que registran el movimiento del suelo, pero no necesariamente producen gráficas. Los sismómetros convierten el movimiento del suelo en algún tipo de señal que es proporcional a la velocidad del movimiento y que se puede transmitir por teléfono, radio o satélite para graficarla en otro dispositivo, que puede estar a kilómetros de distancia.

Hoy, en pleno siglo xxi, los sismómetros digitales dominan el panorama. Algunos son de unos cuantos centímetros, se instalan fácilmente y transmiten la señal sísmica por internet; así, los datos se grafican con herramientas web y pueden compartirse entre instituciones internacionales. La señal y los datos pueden ser digitales, pero la forma de detectar el movimiento del suelo es mecánica: todos consisten en uno o más pesos suspendidos en resortes. Al moverse el suelo, la inercia de los pesos los mantiene relativamente inmóviles mientras el resto del aparato se zarandea con el sismo. El sismómetro registra el movimiento relativo de los pesos respecto al aparato en tres dimensiones.

JENG BO YUAN/ Shutterstock

Con las nuevas tecnologías es posible enterarse de un sismo casi en tiempo real. Cuando nos toca un temblor corremos a compartir la experiencia en las redes sociales. Queremos platicarle a nuestros familiares y amigos si se sintió fuerte, si nos asustamos, si tuvimos que interrumpir nuestras actividades. Compartir vivencias con nuestros semejantes y dejarlas registradas para la posteridad es un instinto humano muy profundo, el mismo que impulsó hace 4000 años al legendario general Xiahou a compartir su propia experiencia en un libro de bambú


regresar

Materia y energía oscuras: el enigma que domina el universo

Desde hace años, la materia oscura y la energía oscura se encuentran entre los grandes misterios sin resolver del Universo. Aunque no se pueden observar directamente, se sabe de su existencia por los efectos que producen: la materia oscura contribuye a formar el “esqueleto” cósmico sobre el que se agrupan las galaxias, mientras que la energía oscura está relacionada con la aceleración de la expansión del Universo.

“En realidad reciben ese nombre por nuestra ignorancia, no es que sean oscuras, es que no sabemos qué son porque no emiten luz”, explicó en entrevista Miguel Ángel Aragón Calvo, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, sede Ensenada.

La materia oscura

Se trata de un componente del Universo que, hasta donde sabemos, se comporta como materia, pero no emite, absorbe ni refleja luz de una forma que podamos detectar directamente. Su presencia se infiere principalmente a través de los efectos gravitacionales que produce. Hasta ahora no se han confirmado otras interacciones de la materia oscura con la materia ordinaria.

“Solamente podemos inferirla a través del efecto gravitacional que tiene sobre los grupos de galaxias. No hay forma de verla a través de los telescopios”.

Tenemos evidencia indirecta de su existencia porque podemos observar sus efectos gravitacionales. Por ejemplo, “vemos que las regiones externas de las galaxias deberían girar más lento de lo que giran, porque no hay suficiente materia luminosa para que giren a la velocidad que lo hacen”.

Las curvas de rotación de las galaxias constituyen, precisamente, una de las principales evidencias de la existencia de materia que no podemos observar directamente.

Una de las explicaciones propuestas por los científicos es que las galaxias se encuentran rodeadas por grandes halos de materia oscura. Además, los cúmulos de galaxias reúnen cientos e incluso miles de estos objetos que se desplazan a grandes velocidades.

De hecho, dijo el académico universitario, las galaxias dentro de estos cúmulos se mueven a velocidades que no pueden explicarse únicamente con la cantidad de materia visible. De acuerdo con los cálculos de los astrónomos, sin esa masa adicional muchos de estos sistemas no podrían mantenerse unidos.

A partir de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein, los astrónomos utilizan también el efecto de lente gravitacional, que les permite estudiar materia que no pueden observar directamente. Con este método analizan cómo la gravedad de grandes concentraciones de masa curva el espacio-tiempo y modifica la trayectoria de la luz.

Así han observado que cuando la luz procedente de objetos distantes pasa cerca de cúmulos de galaxias, su trayectoria se desvía. Sin embargo, la cantidad de materia visible no es suficiente para explicar la magnitud de esa curvatura. Esto indica que existe materia que no podemos ver directamente y que también ejerce gravedad.

Esto ha llevado a preguntarse: ¿qué papel juega la materia oscura en la formación y evolución de las galaxias? Los modelos cosmológicos indican que la materia oscura constituye una especie de esqueleto de la red cósmica.

Al inicio del Universo había pequeñas fluctuaciones de densidad: regiones ligeramente más densas y otras ligeramente menos densas.

Mientras la materia ordinaria puede interactuar mediante distintas fuerzas, la materia oscura parece hacerlo principalmente a través de la gravedad. Bajo la acción de esta fuerza comenzó a concentrarse y favoreció la formación de las estructuras que dieron origen al “esqueleto” del Universo.

A partir de ahí, la materia oscura formó ese “esqueleto” inicial, mientras que la materia ordinaria se fue concentrando en esas estructuras. Con el paso del tiempo, este proceso favoreció la formación de estrellas, galaxias y cúmulos de galaxias.

La energía oscura

La energía oscura es un misterio todavía mayor que la materia oscura. De acuerdo con las estimaciones cosmológicas actuales, aproximadamente el 68 por ciento del contenido de masa y energía del Universo corresponde a energía oscura, alrededor del 27 por ciento a materia oscura y cerca del 5 por ciento a materia ordinaria.

Su efecto está relacionado con la expansión acelerada del Universo. Una de las posibilidades que estudian los físicos es que se encuentre relacionada con la energía asociada al vacío del espacio.

“Existen varias teorías sobre qué es. Por ejemplo, los astrónomos piensan que es la energía del vacío, pero el problema es que lo que han medido es muy diferente a la energía del vacío de la física cuántica”.

De hecho, bajo ciertas estimaciones teóricas que llevan los cálculos de la energía del vacío hasta la escala de Planck, la discrepancia puede alcanzar alrededor de 120 órdenes de magnitud. Este desacuerdo, relacionado con el llamado problema de la constante cosmológica, constituye uno de los grandes desafíos de la física moderna.

La existencia de la energía oscura se infiere mediante distintas observaciones cosmológicas. Un momento fundamental ocurrió en 1998, cuando dos equipos internacionales estudiaron explosiones estelares conocidas como supernovas tipo Ia.

Los trabajos encabezados por Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess llevaron al descubrimiento de la expansión acelerada del Universo, por el que recibieron el Premio Nobel de Física de 2011.

Al medir el brillo y las distancias de supernovas lejanas, los investigadores descubrieron que eran más tenues de lo esperado para un Universo cuya expansión estuviera desacelerándose. La conclusión fue sorprendente: el Universo no sólo se expandía, sino que su expansión se estaba acelerando.

El hallazgo transformó la cosmología, pues hasta entonces se esperaba que la gravedad frenara paulatinamente la expansión cósmica. Aunque la energía oscura no ha sido observada directamente, los científicos infieren su existencia por los efectos que produce a gran escala en el cosmos.

Actualmente, los astrónomos estiman que la materia y la energía oscuras representan juntas alrededor del 95 por ciento del contenido de masa y energía del Universo.

¿Qué implica que conozcamos tan poco del Universo?

Este escenario implica que todavía hay mucho trabajo por hacer. “El día que encontremos qué son la materia y energía oscura, probablemente será una revolución en la física”.

Con la materia oscura, añadió el académico universitario, una posibilidad es que se descubra algún nuevo tipo de partícula que modifique nuestra concepción de la física subatómica.

En cambio, comprender la naturaleza de la energía oscura podría exigir cambios todavía más profundos en la física. Sin embargo, todavía “no sabemos qué signifique esta revolución”.

La búsqueda de la materia oscura se realiza no sólo al observar el Universo con telescopios. En la Tierra también se desarrollan experimentos con detectores extremadamente sensibles, algunos instalados a gran profundidad, para intentar identificar posibles partículas de materia oscura.

En cuanto a la energía oscura, existen proyectos como DESI, Dark Energy Spectroscopic Instrument (Instrumento Espectroscópico para la Energía Oscura). Está instalado en el telescopio Nicholas U. Mayall de cuatro metros, en el Observatorio Nacional de Kitt Peak, Arizona.

Su objetivo es reconstruir la historia de la expansión del Universo mediante la observación de millones de galaxias y cuásares, y estudiar así cómo se ha comportado la energía oscura a lo largo del tiempo.

Los resultados de los primeros tres años de observaciones de DESI, publicados en 2025 y combinados con otros datos cosmológicos, reforzaron los indicios de que la energía oscura podría evolucionar con el tiempo, en lugar de mantenerse constante. Sin embargo, estos resultados todavía no permiten afirmarlo como un descubrimiento.

Además, un nuevo análisis publicado por la colaboración DESI en julio de 2026, basado en mediciones del llamado bosque Lyman-alfa, resultó compatible con el modelo cosmológico estándar. Los investigadores señalaron que estos datos podrían debilitar los indicios de una energía oscura cambiante o indicar que se necesita un modelo más complejo para explicar conjuntamente las observaciones.

Por ahora, la pregunta continúa abierta. Los resultados completos de los cinco años de observaciones de DESI sobre energía oscura están previstos para 2027.

“Estamos en un punto en el cual las cosas pueden cambiar de forma radical y eso es muy bueno para la ciencia”.

regresar

Además de las conocidas, la Independencia de México la hicieron muchas otras mujeres

Cuando se habla de las mujeres que participaron en la Independencia de México vienen a la mente Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y María Ignacia Rodríguez de Velasco, conocida como la Güera Rodríguez. Sin embargo, también intervinieron muchas otras mujeres de distintas clases sociales y grupos étnicos, señaló Daniela Villegas, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.

Algunas combatieron; otras financiaron la insurgencia, llevaron correspondencia, transmitieron información, proporcionaron alimentos y recursos o participaron en redes que hicieron posible la comunicación entre los rebeldes. También hubo mujeres perseguidas, encarceladas y ejecutadas por las autoridades realistas.

La documentación conservada en el Archivo General de la Nación da cuenta de mujeres que participaron como emisarias, espías, enfermeras y combatientes. Incluso se conserva un escrito anónimo de 1814, titulado A la guerra americanas, que convocaba específicamente a las mujeres de la Nueva España a incorporarse a la lucha insurgente.

Entre las combatientes destacaron Altagracia Mercado, conocida como la Heroína de Huichapan, y Manuela Medina, llamada la Capitana.

Altagracia Mercado y Manuela Medina

Altagracia Mercado, conocida como la Heroína de Huichapan, es recordada por haber utilizado sus propios recursos para organizar una fuerza insurgente que ella misma encabezó en la región de Huichapan, en el territorio que actualmente pertenece al estado de Hidalgo.

De acuerdo con las semblanzas que se han difundido sobre su participación, su contingente fue derrotado por las fuerzas realistas, pero ella continuó combatiendo. La escasez de documentación disponible obliga, sin embargo, a tomar con cautela algunos de los detalles incorporados posteriormente a su historia.

Manuela Medina era una mujer indígena originaria de Taxco, en el actual estado de Guerrero. Juan Nepomuceno Rosains, secretario de José María Morelos, registró el 9 de abril de 1813 que la Junta de Zitácuaro le había otorgado el grado de capitana.

Las mujeres de Pénjamo

Otro episodio significativo fue el de las mujeres de Pénjamo, Guanajuato. En noviembre de 1814, numerosas mujeres de esa población y sus alrededores fueron detenidas por las fuerzas realistas comandadas por Agustín de Iturbide. Algunas fueron apresadas junto con sus hijos y trasladadas a lugares de reclusión en Guanajuato e Irapuato.

La cifra exacta de detenidas no puede establecerse con certeza. Las propias prisioneras llegaron a hablar de 300 mujeres, mientras que Iturbide se refirió posteriormente a más de cien.

En el estudio Entre hombres te veas: las mujeres de Pénjamo y la revolución de Independencia, la historiadora María José Garrido Asperó explica que no se formuló una acusación concreta contra cada una de las detenidas ni se les abrió formalmente una causa. Incluso considera probable que varias fueran inocentes, aunque la documentación también demuestra que algunas mujeres del distrito apoyaban a los rebeldes.

Las detenciones buscaban debilitar las bases sociales de la insurgencia e interrumpir las comunicaciones y los vínculos que podían favorecerla. Algunas de aquellas mujeres permanecieron privadas de la libertad durante más de dos años.

Este episodio muestra una dimensión menos conocida de la guerra: las mujeres también podían convertirse en objetivo de la contrainsurgencia por sus relaciones familiares, comunitarias o políticas, aun cuando su participación individual no estuviera demostrada.

Protagonistas por derecho propio

Para Daniela Villegas, una de las claves para comprender la participación femenina en la Independencia es dejar de mirar a estas mujeres únicamente como acompañantes de los protagonistas masculinos. Es importante considerarlas sujetas de la historia y reconocer que tuvieron un papel propio, determinado por su clase social, su origen étnico y sus intereses particulares.

La sociedad novohispana imponía importantes restricciones jurídicas, educativas, sociales y políticas a las mujeres. Sin embargo, eso no significa que todas permanecieran completamente confinadas al espacio doméstico. Las investigaciones históricas muestran su presencia en actividades económicas, religiosas y culturales, así como en la administración de propiedades y en diferentes espacios de sociabilidad.

La obra Trayectorias femeninas. Nueva España, siglos XVI-XIX, publicada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, reúne estudios que permiten conocer esa diversidad de experiencias.

Leona Vicario, por ejemplo, participó en redes de comunicación y apoyo a la insurgencia, particularmente en la organización conocida como Los Guadalupes. Envió correspondencia, recursos y artículos a los insurgentes, además de poner en riesgo su patrimonio y su libertad.

Gertrudis Bocanegra colaboró como correo de los insurgentes, proporcionó información sobre los movimientos de las fuerzas realistas y apoyó la causa con víveres y recursos económicos. Fue apresada y fusilada el 11 de octubre de 1817.

Josefa Ortiz de Domínguez también tuvo una actuación política propia. Participó en la conspiración de Querétaro y alertó a otros integrantes del movimiento cuando éste fue descubierto. Reducirla a “la esposa del corregidor” deja fuera una parte fundamental de su historia.

El caso de la Güera Rodríguez requiere mayor cautela. Aunque tradicionalmente se le ha atribuido una participación decisiva en la Independencia, la historiadora Silvia Marina Arrom sostiene en La Güera Rodríguez, mujer muy de su época que buena parte de esa imagen fue construida posteriormente. Existen documentos que muestran sus contactos con insurgentes y su participación en amplias redes sociales, pero no permiten considerarla una dirigente fundamental del movimiento.

Muchas otras mujeres

La participación femenina durante la Independencia fue mucho más extensa que la de quienes aparecen habitualmente en los libros de historia.

Indígenas, criollas y mestizas tomaron las armas, llevaron mensajes, financiaron actividades, proporcionaron alimentos, escondieron insurgentes y mantuvieron redes familiares y comunitarias. Cada una participó de acuerdo con sus posibilidades y circunstancias. “Me parece que todas fueron muy valientes”, concluyó Daniela Villegas.

Otras fueron encarceladas, perseguidas o ejecutadas. También hubo mujeres que defendieron la causa realista o modificaron su posición conforme avanzó una guerra que se prolongó durante más de una década.

Más de dos siglos después, cartas, expedientes judiciales, documentos militares y nuevas investigaciones permiten recuperar sus experiencias. La Independencia de México no fue solamente obra de los grandes personajes convertidos en monumentos: también la hicieron numerosas mujeres.

regresar

Infecciones urinarias: un problema de salud pública en México

Las infecciones de vías urinarias (IVU) son un motivo frecuente de consulta médica. Su impacto en la calidad de vida, la posibilidad de presentar nuevos episodios y la resistencia de las bacterias a los antibióticos hacen necesario reconocer sus síntomas y atenderlas adecuadamente.

Aunque suelen percibirse como enfermedades menores, algunas pueden extenderse hacia los riñones y ocasionar complicaciones. Sin embargo, la mayoría de las infecciones de vejiga diagnosticadas y tratadas oportunamente se resuelven sin consecuencias graves, explica el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK).

En entrevista para UNAM Global, Víctor Gómez Bocanegra, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, abordó las causas, los síntomas y los factores de riesgo de estas infecciones.

Principales bacterias y síntomas

La mayoría de las IVU son causadas por bacterias, principalmente Escherichia coli. Esta bacteria habita normalmente en el intestino, pero puede ingresar por la uretra y multiplicarse en la vejiga. No es preciso atribuirle un mismo porcentaje en todos los pacientes, pues su frecuencia varía según el tipo de infección y el contexto en que se adquiere.

Los síntomas más comunes de una infección de vejiga, llamada cistitis, son ardor al orinar, necesidad de hacerlo con mayor frecuencia, urgencia para ir al baño y molestias en la parte baja del abdomen. También puede aparecer sangre en la orina.

La presencia de fiebre, escalofríos, dolor en un costado o en la espalda, náuseas o vómitos puede indicar una infección renal y requiere atención médica pronta, de acuerdo con la información del NIDDK sobre síntomas de infección urinaria.

“Si hay infecciones recurrentes o no se atienden adecuadamente, la bacteria puede ascender hacia los riñones y causar pielonefritis”, explicó Gómez Bocanegra.

Esto puede ocurrir incluso en un primer episodio. A su vez, presentar cistitis repetidas no significa necesariamente que exista daño renal. La pielonefritis puede ocasionar complicaciones como sepsis o lesiones en el riñón, aunque estas son poco frecuentes cuando se recibe tratamiento oportuno.

¿Cómo se clasifican?

La clasificación permite orientar la atención. Las guías de la Asociación Europea de Urología de 2026 distinguen entre:

  • Infecciones localizadas: como la cistitis, con síntomas urinarios sin manifestaciones de infección sistémica.
  • Infecciones sistémicas: como la pielonefritis, que pueden acompañarse de fiebre, escalofríos o afectación del estado general.

En ambos grupos se valoran factores que pueden dificultar la recuperación, como obstrucciones urinarias, cálculos, sondas, alteraciones anatómicas o determinadas enfermedades. Por ello, describir una cistitis como “fácil de tratar” resulta demasiado general.

Factores de riesgo y poblaciones vulnerables

Las mujeres presentan infecciones urinarias con mayor frecuencia debido, entre otros factores, a que su uretra es más corta y está cerca del ano, lo que facilita la entrada de bacterias.

La actividad sexual también puede favorecer el desplazamiento de bacterias hacia la uretra. Esto no significa que la cistitis habitual sea una infección de transmisión sexual.

Entre los anticonceptivos, el riesgo se relaciona especialmente con los espermicidas y los diafragmas. No corresponde extender esa afirmación a todos los anticonceptivos hormonales. Estos factores están descritos en la información clínica del NIDDK.

Después de la menopausia, la disminución de estrógenos modifica los tejidos y la microbiota vaginal, lo que puede favorecer nuevos episodios. En mujeres con infecciones recurrentes, el personal médico puede valorar el uso de estrógenos vaginales como medida preventiva.

También requieren especial atención las personas embarazadas, con diabetes, inmunosupresión o dificultades para vaciar la vejiga.

Bacterias en la orina: no siempre requieren antibióticos

La presencia de bacterias en la orina sin síntomas se conoce como bacteriuria asintomática y no equivale, por sí sola, a una infección que deba tratarse.

Según las guías de la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas, generalmente no se recomienda buscarla ni tratarla en personas sin síntomas, incluidas aquellas con diabetes.

El embarazo constituye una excepción: se recomienda detectarla mediante urocultivo y tratarla cuando se confirma, principalmente para reducir el riesgo de pielonefritis. Otra excepción son determinados procedimientos urológicos que pueden lesionar la mucosa.

Consejos para reducir el riesgo

Algunas medidas pueden ayudar, aunque ninguna garantiza evitar todas las infecciones:

  • Mantener una hidratación adecuada. Quienes tienen restricciones de líquidos por enfermedad renal o cardiaca deben seguir las indicaciones de su médico.
  • Evitar posponer habitualmente la micción.
  • Mantener una higiene suave y evitar duchas vaginales o productos irritantes.
  • Consultar sobre alternativas a los espermicidas si las infecciones se repiten.

Orinar después de las relaciones sexuales es una recomendación frecuente, pero la evidencia de que prevenga las recurrencias es limitada. Tampoco debe presentarse el cambio de ropa interior como una medida de eficacia demostrada. Las guías sobre infecciones urinarias recurrentes revisan estas limitaciones.

Los productos de arándano rojo pueden ayudar a prevenir algunos episodios en mujeres con infecciones recurrentes, aunque los resultados varían según la preparación. No sustituyen la atención de una infección activa.

En cuanto a la D-manosa, un ensayo clínico publicado en JAMA Internal Medicine, con 598 mujeres, no encontró un beneficio significativo frente a placebo para prevenir nuevos episodios atendidos en consulta. No debe presentarse como una opción de eficacia comprobada.

Diagnóstico y uso responsable de antibióticos

El diagnóstico considera los síntomas y los antecedentes de cada persona. Según el caso, puede requerirse un examen de orina o un urocultivo, que permite identificar la bacteria y orientar la elección del antibiótico.

El tratamiento depende del sitio y la gravedad de la infección, así como de las condiciones del paciente. Deben respetarse la dosis y la duración prescritas y consultar antes de modificarlas, como señala el NIDDK.

La resistencia antimicrobiana no se explica únicamente por suspender un tratamiento antes de tiempo. El uso innecesario o inadecuado de antibióticos, incluidos tratamientos excesivamente prolongados, también favorece la selección de bacterias resistentes. Las guías europeas recomiendan ajustar el tratamiento a cada caso y evitar prescripciones innecesarias.

Educación para prevenir y atender las IVU

Las infecciones urinarias son frecuentes y tratables, pero necesitan una atención acorde con sus síntomas y factores de riesgo. Reconocer las señales de alarma, evitar la automedicación y consultar cuando los episodios se repiten permite reducir complicaciones y recibir un tratamiento adecuado.

La información clara y accesible ayuda a distinguir entre medidas útiles, recomendaciones con evidencia limitada y situaciones que requieren atención médica.

regresar

El vampiro, de John William Polidori

En el verano de 1816, Lord Byron propuso a sus acompañantes en Villa Diodati, cerca de Ginebra, que cada uno escribiera una historia de fantasmas. De aquel desafío surgieron dos obras que tendrían una larga vida: Frankenstein, de Mary Shelley, y El vampiro, de John William Polidori, el joven médico que acompañaba al poeta en su viaje por Europa. La Dirección de Literatura de la UNAM recuerda ese encuentro en El nacimiento del monstruo.

El relato de Polidori apareció en 1819 en The New Monthly Magazine, atribuido inicialmente a Byron. Basta mirar el encabezado de aquella publicación para encontrar el nombre del poeta sobre una historia que pertenecía a su antiguo médico.

Su protagonista más inquietante, lord Ruthven, frecuenta las fiestas de la aristocracia londinense. Su palidez y su mirada provocan incomodidad, pero también despiertan la curiosidad de quienes desean conocerlo. Entre ellos está Aubrey, un joven huérfano y rico que ha aprendido más de la vida en sus lecturas que en el trato con las personas. Acostumbrado a imaginar héroes de novela, cree haber encontrado uno en aquel hombre reservado y acepta viajar con él.

Durante el recorrido comienza a descubrir las aficiones de su compañero. Ruthven ayuda a quienes gastarán el dinero en sus vicios y rechaza a quienes de verdad lo necesitan. En las mesas de juego parece disfrutar especialmente cuando arruina a un muchacho inexperto. Su generosidad tiene consecuencias bastante distintas de las que cabría esperar de un benefactor.

En Roma, Aubrey descubre que su amigo pretende aprovecharse de una joven y decide separarse de él. Continúa hacia Grecia, donde conoce a una muchacha que le cuenta historias de vampiros. Aubrey escucha con interés, aunque considera aquellas creencias simples supersticiones. Sin embargo, los rasgos del monstruo que ella describe le recuerdan demasiado a lord Ruthven.

Una excursión que se prolonga hasta la noche lo lleva a un bosque en medio de una tormenta. Al buscar refugio en una cabaña, escucha gritos y se enfrenta a una fuerza que no puede dominar. Allí encuentra muerta a la joven griega, con heridas en la garganta. Desde entonces, sus explicaciones sobre el mundo empiezan a resultar insuficientes.

Ruthven reaparece y cuida de él durante su enfermedad. Más adelante, antes de morir, consigue que Aubrey prometa guardar silencio sobre sus crímenes y su muerte durante un año y un día. El joven cumple con lo que considera una obligación de honor. El problema llega cuando, de regreso en Londres, vuelve a encontrar entre los invitados de una fiesta al hombre que él mismo había enterrado.

El juramento sostiene buena parte de la tensión del relato. Aubrey sabe lo que ocurre, pero se siente obligado a callar. Cuando intenta proteger a su hermana, sus temores y su conducta hacen que los demás lo consideren fuera de juicio. Ruthven, mientras tanto, conserva la facilidad para ser recibido en los salones. La confianza que inspira su posición social termina por favorecerlo frente al único testigo de sus crímenes.

Uno de los aciertos de la historia está en esa relación entre los personajes. La imaginación que acerca a Aubrey al desconocido y el honor que le impide denunciarlo se convierten en recursos que Ruthven aprovecha. El peligro crece conforme el joven comprende lo que tiene enfrente y pierde la posibilidad de hacerse escuchar.

Descarga Cultura UNAM nos ofrece una adaptación de Eduardo Ruiz Saviñón, grabada en Radio UNAM en 2012. La narración alterna con diálogos y pasajes cantados, y el recordatorio del juramento acompaña los intentos de Aubrey por impedir una nueva desgracia. Participan las voces de Elena de Haro, Mauricio Davison y Mario Fratta; los cantantes Luz Angélica Uribe y Ricardo Castrejón, y Mario Alberto Hernández al piano.

Puedes escuchar esta versión de El vampiro, de una hora y dieciséis minutos, en Descarga Cultura UNAM

regresar

¿Qué significa ser mexicano?

Cada septiembre, México se llena de banderas, música de mariachi, pozole, tequila y celebraciones que parecen decirnos qué significa ser mexicano. Sin embargo, muchos de los elementos que hoy se asocian con la mexicanidad no han sido siempre los mismos ni tienen un significado inmutable.

La identidad nacional es, en realidad, un repertorio cultural que cambia con el tiempo, explicó José Ignacio Lanzagorta García, integrante del área de Comunicación Pública de la Historia del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

“Una identidad nacional es un repertorio cultural, es decir, un conjunto de elementos que se toman, que pueden ser de muchos tipos: puede ser el idioma, la religión, un conjunto de costumbres, de ideas, de una historia común”.

Estos elementos son compartidos por un grupo que se reconoce en ellos, pero no permanecen iguales para siempre. Lo que en determinado momento resulta fundamental para definir la identidad puede perder importancia y ser sustituido o complementado por otros símbolos.

Por ejemplo, durante buena parte de la historia de México, la religión católica y el idioma español fueron elementos importantes de la identidad mexicana. Sin embargo, actualmente existen mexicanos que no se consideran católicos y que continúan identificándose como mexicanos.

Por ello, señaló el especialista, no existe una esencia que determine qué es ser mexicano.

“No existe nada que sea esencialmente mexicano, sino que es algo que en el tiempo vamos decidiendo qué contenido tiene y qué nos sirve”.

Septiembre y la identidad mexicana

¿Por qué cada septiembre parece despertar con mayor fuerza el sentimiento de mexicanidad? La respuesta está relacionada con la historia que México ha construido como parte de su identidad nacional. Septiembre es el mes en que se conmemora el inicio del movimiento de Independencia, considerado uno de los momentos fundacionales del Estado mexicano.

Miguel Hidalgo, José María Morelos, el movimiento insurgente, los primeros textos constitucionales y la construcción del México independiente, entre otros acontecimientos, forman parte de esa historia común que ha sido incorporada al repertorio de elementos con los que los mexicanos se identifican.

De ahí que durante este mes las calles, casas y espacios públicos se llenen de banderas y que aparezcan elementos como el mariachi, el tequila, el pozole y los trajes tradicionales. Pero incluso estos símbolos son resultado de un proceso histórico.

¿Quién decidió qué es mexicano?

Algunos elementos de la identidad mexicana comenzaron a adquirir fuerza desde el periodo colonial. Uno de ellos fue la Virgen de Guadalupe, que se convirtió en un símbolo capaz de unir a poblaciones diversas.

Sin embargo, buena parte de los elementos que hoy se consideran representativos de México adquirieron su carácter nacional después de la Revolución mexicana.

Tras el conflicto revolucionario, los gobiernos posrevolucionarios emprendieron un esfuerzo deliberado por construir una identidad común para un país profundamente dividido. Para ello recuperaron costumbres y expresiones culturales que existían en distintas regiones y comenzaron a presentarlas como parte de una cultura mexicana.

Este proceso se expresó en los murales, en el cine y en los libros de educación, entre otros medios. “Si están tomando algunos elementos, sí hay un esfuerzo deliberado por crear eso”, explicó el académico.

Así, prácticas que originalmente podían ser locales o regionales comenzaron a adquirir un significado nacional.

Del mariachi al Día de Muertos

La identidad nacional tampoco permanece inmóvil. Algunos símbolos pierden fuerza mientras otros adquieren mayor relevancia.

Un ejemplo es el Día de Muertos. Aunque se trata de una celebración con una larga historia y distintas expresiones, durante el siglo XX fue incorporada por los gobiernos posrevolucionarios como una tradición asociada con lo popular mexicano.

Actualmente, considera el especialista, el Día de Muertos tiene una fuerza extraordinaria como símbolo de mexicanidad, incluso a nivel internacional.

La industria cultural y el mercado también participan en este proceso. La representación de México en películas y productos culturales puede contribuir a que ciertos elementos cobren nueva fuerza e incluso a que aparezcan nuevas formas de celebrar tradiciones.

“Un día alguien hace algo que lo asocia a la identidad mexicana, funciona, nos gusta, nos agrada y se vuelve una nueva tradición”.

Esto no significa que una tradición sea falsa por haber cambiado o adquirido nuevas expresiones. Por el contrario, demuestra que las identidades culturales son dinámicas.

Lo mismo ocurre con símbolos como el mariachi. Aunque es uno de los elementos más reconocibles de México, su importancia relativa puede cambiar con el tiempo, mientras otras expresiones culturales adquieren mayor presencia.

Incluso los colores de la bandera han cambiado de significado

Los símbolos nacionales también pueden conservar su forma mientras cambia lo que significan. Los colores verde, blanco y rojo de la bandera mexicana tienen su origen en el Ejército Trigarante. En un primer momento, su significado estaba relacionado con las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, en consonancia con el contexto religioso de la época.

Posteriormente, esos colores adquirieron otros significados relacionados con la independencia y la historia nacional. Este ejemplo permite observar cómo un mismo símbolo puede conservarse mientras su contenido se transforma.

Lo mismo sucede con la comida. El pozole se ha convertido en uno de los platillos asociados con las celebraciones patrias, particularmente con la noche del 15 de septiembre. Sin embargo, no existe una razón esencial por la que tenga que ser el alimento de la celebración.

Su presencia también puede explicarse por cuestiones prácticas: es un platillo que puede prepararse para muchas personas y que forma parte de distintas tradiciones familiares.

Una identidad que cambia con las generaciones

Los cambios en la identidad nacional también están relacionados con las transformaciones sociales. Durante las décadas de 1920 y 1930, México vivió un fuerte periodo nacionalista, impulsado por el contexto posterior a la Revolución y por las políticas de los gobiernos de la época.

En los años cuarenta, durante la Segunda Guerra Mundial, aumentó el interés por estilos de vida más cosmopolitas y por elementos culturales provenientes de Estados Unidos y el Caribe.

Después, entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, acontecimientos como los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de 1970 volvieron a colocar a México ante los ojos del mundo y reforzaron la necesidad de mostrar determinados elementos de la identidad nacional.

Hacia finales del siglo XX, con una mayor apertura económica y cultural, se modificaron los patrones de consumo y las referencias culturales.

Actualmente, considera el académico, México podría entrar nuevamente en una etapa de mayor interés por la identidad nacional.

Las nuevas generaciones, sin embargo, incorporan otros elementos y los cambios ocurren a una velocidad mucho mayor.

“Antes, las identidades juveniles duraban un año; ahora creo que duran tres semanas”. Las redes sociales aceleran todavía más este proceso. Modas y expresiones que se vuelven populares pueden desaparecer en cuestión de semanas, pero algunas de ellas pueden permanecer y convertirse en parte de nuevas formas de identidad.

En ese sentido, ser mexicano no significa responder a una definición única ni conservar intactos los mismos símbolos a lo largo del tiempo. La mexicanidad se construye y se transforma con cada generación, a partir de una historia compartida, pero también de nuevas formas de reconocerse como parte de una comunidad.

Banderas, mariachi, comida, celebraciones y tradiciones pueden cambiar de significado, ceder espacio a nuevos referentes o no representar de la misma manera a todas las personas. Precisamente por eso, la identidad mexicana no depende de identificarse con un conjunto fijo de símbolos, sino de una construcción colectiva que cambia con el tiempo y admite distintas formas de entender qué significa ser mexicano.

regresar

Animales patrióticos: los símbolos que México heredó de Mesoamérica

Un águila sobre un nopal, con una serpiente entre sus garras, marcó el destino de los mexicas. Según la tradición, Huitzilopochtli, su dios tutelar, les indicó que debían abandonar Aztlán y buscar el lugar donde encontraran esta señal. Cuando finalmente la vieron sobre un islote del lago de Texcoco, decidieron establecerse allí y fundaron México-Tenochtitlan. Según ese relato, el nopal había nacido donde fue arrojado el corazón de Copil. Siglos después, aquella imagen se convirtió en el corazón del escudo nacional.

Pero ¿por qué sentimos como nuestros al águila, el jaguar, el quetzal, el ajolote y otros animales que aparecen una y otra vez en nuestra cultura? Erik Velásquez García, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, explicó que los animales representados en el arte prehispánico mantienen un vínculo profundo con el territorio y con las culturas y civilizaciones que han habitado estas tierras.

Una herencia que todavía vive

El quetzal, el jaguar, el puma, el águila, la serpiente y el ajolote permanecen en la imaginación mexicana porque son parte de una historia mucho más antigua que la nación moderna. Algunos tienen una distribución restringida; otros, como el puma y el jaguar, habitan regiones mucho más amplias de América, pero adquirieron significados particulares dentro de las culturas mesoamericanas.

Esa relación cultural no significa que todos sean exclusivos de nuestro territorio. Como explica la CONABIO, las especies endémicas son aquellas cuya distribución natural se limita a una región determinada. El jaguar, por ejemplo, tiene una distribución que se extiende desde México hasta el norte de Argentina.

El quetzal, aunque también se encuentra en territorio mexicano, es especialmente representativo de Centroamérica, particularmente de Guatemala, donde incluso da nombre a su moneda. El puma, por su parte, tuvo un lugar importante en el simbolismo de los antiguos mayas. Siglos después, se convirtió también en un emblema de la UNAM.

Así, los animales que aparecen en nuestros símbolos nacionales, en las leyendas, en el arte, en las monedas, billetes, timbres postales y hasta en los equipos deportivos no son una colección casual de especies. Son parte de una antigua manera de mirar el mundo.

Y quizá por eso, cuando un águila aparece en una bandera, un ajolote en una ilustración o un jaguar en una pieza de arte, no sólo reconocemos a un animal: reconocemos un territorio, una historia y una cultura que comenzaron mucho antes de que México existiera como país.

Asociados al poder

Los grandes depredadores han sido asociados con el poder y el estatus en distintas culturas del mundo. En Mesoamérica, el águila, el jaguar, el puma, los caimanes, los cocodrilos y las serpientes ocuparon un lugar destacado.

Pero su importancia no se debía únicamente a su fuerza: las sociedades mesoamericanas observaban con atención el comportamiento de los animales y lo utilizaban para explicar fenómenos naturales, actividades humanas y acontecimientos políticos y religiosos que, según sus creencias, estaban regidos por los ciclos cósmicos.

Así, un animal podía convertirse en una forma de entender el universo. La serpiente, por ejemplo, era un poderoso símbolo de los ciclos de la naturaleza. Al cambiar periódicamente de piel, parecía morir y renacer, por lo que se relacionaba con la renovación y con los ciclos de la vida.

Otros animales parecían capaces de moverse entre diferentes mundos. El cormorán, por ejemplo, podía anidar en tierra firme, volar por el cielo y sumergirse en el agua para pescar. En la interpretación que expone el investigador, esta capacidad de transitar entre los tres planos del cosmos, el inframundo acuático, la superficie terrestre y el cielo, lo convertía en un animal al que se atribuían facultades sobrenaturales.

Los animales también podían ser manifestaciones de lo sagrado. En distintas tradiciones mesoamericanas, las divinidades podían aparecer bajo formas animales. El Sol, por ejemplo, se vinculaba con el águila y, durante su recorrido nocturno por el inframundo, con el jaguar. Estas asociaciones variaban entre pueblos y épocas.

Por eso, los animales representados en el arte prehispánico no siempre son animales tal como los encontraríamos en la naturaleza. Con frecuencia aparecen seres híbridos, capaces de reunir las características y poderes de distintas especies: perros con orejas y cola de jaguar, quetzales cuyas alas terminan en cabezas de serpiente o aves que parecen llevar una boa alrededor del cuello.

El caso más famoso es, quizá, la serpiente emplumada. Con distintas expresiones entre los pueblos mesoamericanos, esta figura aparece como Quetzalcóatl entre los nahuas, Q’ukumatz entre los mayas quichés y K’uk’ulkaan entre los mayas yucatecos. Reunía en un solo ser las fuerzas de la tierra y del cielo.

En la lectura simbólica que explica Velásquez García, la serpiente se asociaba con lo terrestre, lo frío y lo femenino, y las plumas, con las aves, el cielo, lo caliente y lo masculino. Su unión representaba fuerzas complementarias de la creación y, en algunos relatos cosmogónicos, se relacionaba con el agua primigenia y con el origen mismo del universo.

El águila y la serpiente del escudo nacional también pueden leerse desde esta lógica de opuestos complementarios. Según esta interpretación, el águila está vinculada con el Sol y con Huitzilopochtli, mientras que la serpiente representa fuerzas terrestres, frías y subterráneas. Arriba y abajo, calor y frío: fuerzas diferentes que se necesitan mutuamente.

En el Teocalli de la Guerra Sagrada, del pico del águila sale un signo que entrelaza agua y fuego: el atl tlachinolli, asociado con la guerra. En esta representación, el águila no devora una serpiente.

El nopal sobre la piedra también remite al nombre de Tenochtitlan, que suele interpretarse como “lugar del tunal en la piedra”, el sitio donde los mexicas fundaron su ciudad.

El ajolote y el dios que se transformaba

Entre los animales que han sobrevivido hasta nuestros días como símbolos de identidad mexicana está el ajolote.

En la tradición nahua, Xólotl, hermano de Quetzalcóatl, se transformó en ajolote para evitar el sacrificio que permitiría poner en movimiento al Sol. Así, este animal quedó ligado a un relato de transformación y al mundo acuático.

Su propia naturaleza parece hecha para alimentar la imaginación: el ajolote de Xochimilco, Ambystoma mexicanum, vive en el agua y posee una extraordinaria capacidad de regeneración, que le permite recuperar extremidades perdidas. Estas características han contribuido a convertirlo en uno de los animales más emblemáticos de México.

Algo parecido ocurre con el conejo que vemos en la Luna. Las manchas de la superficie lunar pueden sugerir la figura de este animal a quienes las observan desde la Tierra. En algunas tradiciones mesoamericanas, el conejo estaba relacionado con la Luna, pero también con el pulque y las divinidades vinculadas con esta bebida.

De acuerdo con la explicación del investigador, se le atribuían rasgos como el nerviosismo, la timidez y una conducta cambiante, que podían relacionarse simbólicamente con la embriaguez y con las transformaciones aparentes de la Luna a lo largo de sus fases.

Animales que sostenían el mundo

En distintas cosmovisiones mesoamericanas, incluso la forma de la tierra podía imaginarse a través de los animales.

El cocodrilo o caimán era una representación de la superficie terrestre. En algunos relatos de origen, un enorme ser con rasgos de cocodrilo flotaba sobre el océano primordial y los dioses lo utilizaron para formar la tierra y separarla del cielo. Su cuerpo podía representar la superficie terrestre, mientras que sus placas dorsales evocaban las montañas y sus extremidades se relacionaban con las raíces del árbol cósmico.

La tortuga también podía representar la tierra. Para algunos pueblos mayas y de la costa del Golfo, el mundo podía imaginarse como una enorme tortuga que flotaba sobre el mar, cuyo caparazón estaba dividido en regiones.

Esta manera de mirar a los animales estaba relacionada con una concepción del ser humano en la que tampoco existía una separación absoluta entre personas y naturaleza. En algunas tradiciones, se creía que una persona podía compartir su destino con un animal. Si éste sufría o moría, su contraparte humana podía correr la misma suerte. Esta idea, conocida como tonalismo, sobrevive todavía entre algunos pueblos indígenas de México y Guatemala.

Otras creencias atribuían a ciertas personas la capacidad de transformarse en animales. Estas concepciones forman parte del nahualismo, cuyas expresiones varían entre pueblos y épocas.

En el caso de los antiguos mayas, Velásquez García describe seres de apariencia animal o híbrida que se vinculaban con las enfermedades y con el poder de los gobernantes. Según estas creencias, podían habitar en su interior y salir durante el sueño para dañar a sus enemigos. Eran seres sobrenaturales, cuyas características combinaban la observación de la naturaleza con las maneras de explicar la enfermedad y el poder.

Hoy, muchos de los animales que alimentaron esas historias enfrentan amenazas como la pérdida de hábitat y el cambio climático, en el contexto de la actual crisis de biodiversidad. Si sus poblaciones silvestres desaparecen, las nuevas generaciones podrían conocerlos solamente a través de imágenes, ejemplares conservados en museos o animales en cautiverio.

Protegerlos, entonces, significa conservar no sólo una especie, sino también una parte de la historia natural y cultural de México.

regresar

Del CCH Naucalpan a Corea del Sur: estudiante representará a México en el Mundial de Taekwondo

Mientras muchos niños encuentran desde pequeños en el futbol su deporte favorito, Carlos Manuel González Gómez encontró en el taekwondo una pasión que lo acompañaría a lo largo de su vida. A los dos años comenzó a practicar esta disciplina, impulsado por sus padres.

Veía entrenar a los niños más grandes con asombro y curiosidad, y esperaba con ansias el momento de poder unirse a ellos. Al notar su impaciencia, su padre, quien es maestro de taekwondo, comenzó a integrarlo poco a poco a sus clases. Desde entonces, Carlos mostró entusiasmo, compromiso y amor por el deporte, cualidades que han marcado su trayectoria.

Hoy, años después de aquellos primeros entrenamientos, el estudiante de quinto semestre del CCH Naucalpan se prepara para representar a México y a la UNAM en el Mundial de Taekwondo, que se celebrará del 16 al 20 de septiembre de 2026 en Chuncheon, Corea del Sur.

Cimentando el camino hacia algo grande

Aunque Carlos participó en diversas competencias desde pequeño, fue hasta 2022 cuando comenzó a competir formalmente en el alto rendimiento. La falta de experiencia en este nivel hizo que conseguir buenos resultados fuera complicado. Sin embargo, lejos de abandonar, encontró en la resiliencia la motivación para continuar preparándose y convertir cada competencia en una oportunidad para mejorar.

En 2023 llegaron algunos de los primeros resultados que le permitieron confirmar que estaba en el camino correcto. Obtuvo el tercer lugar en un torneo nacional en el que buscaba un sitio en la selección rumbo a un Mundial y, además, consiguió tres medallas en la Olimpiada Nacional. Estos logros reforzaron una meta que había comenzado a tomar forma desde niño: representar a México en una competencia internacional.

Su crecimiento continuó durante 2024. En la Olimpiada Nacional de ese año tuvo nuevamente un desempeño destacado al conquistar cuatro medallas: dos de plata y dos de bronce. Cada competencia se convirtió en un peldaño más de su formación deportiva y en una oportunidad para acercarse a un objetivo que tenía cada vez más presente: ganar una medalla de oro y, sobre todo, portar los colores de México en el extranjero.

Sin embargo, el camino hacia esa meta no estuvo exento de dificultades. En 2025 enfrentó uno de los periodos más complicados de su trayectoria debido a lesiones en ambas rodillas. Las molestias afectaron su motivación y ese año no consiguió los resultados que había alcanzado anteriormente. La tristeza fue evidente, pero sus padres estuvieron a su lado para alentarlo a no desistir, trabajar en su recuperación y continuar luchando por su sueño.

El año que cambió el rumbo

Con el respaldo de sus padres y decidido a dejar atrás las dificultades de 2025, Carlos encontró en 2026 una nueva oportunidad para recuperar el nivel que había mostrado en años anteriores. En febrero regresó a los podios nacionales con un segundo lugar en una competencia realizada en Veracruz. El resultado representó un impulso para continuar trabajando y prepararse para los siguientes retos.

El momento decisivo llegó en el Selectivo Nacional de Poomsae, celebrado del 1 al 3 de mayo en Jalisco. La competencia definiría parte de la selección que representará a México en el Mundial de Corea del Sur, y Carlos aprovechó la oportunidad: consiguió su primera medalla de oro, además de una de plata y una de bronce.

Con esos resultados, dio un paso decisivo para cumplir el objetivo que se había impuesto desde niño: representar a México en una competencia internacional.

Con la confianza renovada, llegó a la Olimpiada Nacional, donde conquistó un primer lugar y obtuvo también un tercer sitio. Los resultados de este año son la recompensa a un proceso construido a base de esfuerzo, disciplina, constancia y sacrificios, pero también de la capacidad para levantarse después de los momentos difíciles.

Va por más

Ahora, su mayor reto está frente a él: competir en Corea del Sur, uno de los países con mayor tradición en el taekwondo. Para Carlos, enfrentarse a atletas internacionales en una nación que ha sido potencia mundial en esta disciplina representa un desafío, pero también una oportunidad para demostrar que México, el Estado de México y la UNAM pueden estar al máximo nivel.

En ese sentido, agradeció a la Universidad por permitirle representarla y al CCH Naucalpan por el apoyo de sus maestros y las enseñanzas que ha recibido durante su formación académica.

En este nuevo reto también lo acompaña una inspiración que ha estado presente en su camino: María del Rosario Espinosa, una de las máximas referentes del taekwondo mexicano. Sus logros y su trayectoria representan para Carlos un ejemplo de que los atletas mexicanos pueden competir de tú a tú con los mejores exponentes del mundo.

Pero su proyecto de vida no se limita al ámbito deportivo. Carlos tiene el objetivo de estudiar Medicina y especializarse en oftalmología. Aunque sabe que esta carrera es exigente, considera que la disciplina adquirida a lo largo de sus años en el deporte le permitirá organizar sus tiempos para combinar los estudios con el entrenamiento. Su intención es encontrar un equilibrio entre su formación profesional y su carrera deportiva.

Resiliencia, lucha y entrega

Con la mirada puesta en Corea del Sur, Carlos Manuel González Gómez llega a una nueva etapa de su trayectoria. Las lesiones, los primeros tropiezos y los momentos de duda no desaparecen de su historia; por el contrario, forman parte del camino que lo llevó hasta este momento.

Ahora, las medallas obtenidas en 2026 y la oportunidad de representar a México y a la UNAM en un Mundial son la confirmación de que su esfuerzo ha dado frutos.

Aquel niño que observaba con impaciencia a los atletas mayores mientras esperaba su turno para entrenar está a punto de enfrentarse a uno de los mayores retos de su carrera. Esta vez, ya no los verá desde lejos: será él quien compita contra los mejores del mundo.

regresar

Estudiar en China: ¿por qué estos universitarios eligieron ir?

Catorce estudiantes de la UNAM realizan un intercambio semestral en Beijing, Shanghái y Guangzhou, con motivaciones académicas, culturales y familiares.

Catorce estudiantes de licenciatura de la UNAM realizan su estancia de movilidad estudiantil semestral en China, distribuidos entre Beijing, Shanghái y Guangzhou, en el marco de los convenios de intercambio que la Universidad mantiene con instituciones de educación superior del país asiático.

Las y los jóvenes provienen de las facultades de Arquitectura, Contaduría y Administración, Economía y de Estudios Superiores Acatlán, de la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción y de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Juriquilla, en carreras como Arquitectura, Negocios Internacionales, Economía, Filosofía y Traducción.

¿En qué universidades realizan su intercambio?

El grupo está distribuido en cuatro instituciones de educación superior chinas. Nueve de ellos cursan su intercambio en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU), que aloja a la Sede UNAM-China, y dos más lo hacen en Arquitectura en la Academia Central de Bellas Artes (CAFA). Un alumno estudia en la Universidad de Fudan, en Shanghái, mientras que dos alumnas cursan su semestre en la Universidad Tecnológica de Guangdong, en Guangzhou.

Para conocer sus expectativas, la Sede UNAM-China, dirigida por Adalberto Noyola, organizó una reunión presencial y por videoconferencia con algunos de los estudiantes ubicados en distintas ciudades chinas.

¿Por qué eligieron estudiar en China?

La movilidad estudiantil hacia China ha sido una de las líneas prioritarias de trabajo de la Sede UNAM-China desde su fundación, en 2012, y en los últimos años se ha registrado un mayor interés entre los estudiantes por elegir a este país como su primera opción de movilidad.

Para buena parte del grupo, sobre todo en Negocios Internacionales, la decisión de estudiar en China se debe al peso que este país tiene como segunda economía mundial y motor del comercio exterior. Uno de los estudiantes, quien lleva cuatro años estudiando el idioma y cuenta con el nivel HSK 4, señaló el crecimiento económico del país y sus políticas de reducción de la pobreza como parte de lo que lo motivó a realizar su estancia allí.

Una de las alumnas en Guangzhou mencionó que ir a China es también una forma de conectar con sus raíces, ya que su padre es de origen chino; para ella, el intercambio es una oportunidad para acercarse a esa parte de su identidad familiar, a la vez que conoce de cerca los procesos de manufactura y exportación del país.

Otros alumnos indicaron que buscaban un destino culturalmente muy alejado de México, mientras que el estudiante de la FES Acatlán, de la carrera de Filosofía, el primero de esa carrera en realizar movilidad en China, manifestó que su interés se centra en el pensamiento filosófico oriental como complemento a una formación centrada en la tradición occidental.

Por su parte, los dos estudiantes de Arquitectura comentaron que desarrollan proyectos que exploran la relación entre el socialismo y la arquitectura china, con miras a reflexionar sobre su posible aplicación en el contexto latinoamericano.

Acompañamiento para adaptarse a China

Durante la reunión, el equipo de la Sede puso a disposición de los jóvenes una guía de orientación con información práctica para facilitar la adaptación durante las primeras semanas en el país, periodo que, de acuerdo con la experiencia de la Sede, suele representar el mayor reto para quienes llegan por primera vez a China.

regresar

Astrónomo de la UNAM lidera detección de un planeta naciente

En una región del disco de gas y polvo que rodea a la estrella J16120, a unos 430 años luz de la Tierra, el gas se comporta de manera muy particular. Por un lado de esta región, el gas gira más rápido de lo esperado; mientras que por el otro lado, va más lento. Y justo en la frontera entre ambas regiones, su dispersión de velocidades aumenta, como si algo las revolviera.

Ilustración científica que describe el proceso de formación de planetas en un disco gaseoso. Crédito: Inteligencia Artificial Generativa (ChatGPT); Anibal Sierra Morales.

Ese “algo” fue encontrado y caracterizado por el investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (IA-UNAM), el Dr. Anibal Sierra Morales: “se trata de un planeta en nacimiento -protoplaneta- de unas cuatro o cinco veces la masa de Júpiter”.

“Es una de las primeras detecciones de un planeta en formación por medio del método del ensanchamiento de líneas moleculares. El ensanchamiento había sido predicho en el año 2019 por medio de simulaciones computacionales, pero finalmente se ha encontrado una prueba observacional en la estrella J16120. Esto nos dice mucho sobre cómo se podrían estar formando nuevos planetas fuera del Sistema Solar”, señaló Anibal Sierra, investigador del IA-UNAM y primer autor del artículo.

Un planeta anunciado y ahora confirmado

El descubrimiento de este planeta no fue fortuito, pues el equipo de investigación confirmó una predicción teórica hecha en el año 2019 (Dong et al. 2019) donde se estudiaba cómo debería verse el gas de un disco si dentro tuviera un planeta formándose. En el caso de la presencia de un planeta, habría un exceso de turbulencia justo en la posición del planeta y otro repartido a lo largo de toda su órbita.

En la figura de la izquierda se presenta la evidencia observacional de los residuos del gas que rodean al disco de la estrella J16120. El número 1 identifica al candidato a protoplaneta y en color rojo se detalla cómo en ese punto aumenta la dispersión de velocidades. En la figura de la derecha se presenta la simulación computacional donde se observa las estructuras predichas en un disco con un protoplaneta en Dong et al. 2019, las cuales coinciden con las estructuras observadas en J16120. Crédito: Anibal Sierra Morales.

“Estamos viendo básicamente lo mismo. Lo que se había predicho lo estamos confirmando desde las observaciones. O visto de otra forma, lo que se había estudiado de manera teórica nos está confirmando que las observaciones son consistentes con la presencia de un planeta en formación.

Aunque en otros discos se ha visto algo parecido – que el gas tiende a aumentar su dispersión de velocidades cerca de un planeta-, en J16120 tenemos una clara evidencia no solo del aumento de la dispersión de velocidades alrededor del planeta, sino también a lo largo de su órbita. Es definitivamente novedoso en el campo», señaló Sierra.

El conjunto de radiotelescopios que observa planetas en formación

A cinco mil metros de altura, en la zona norteña de Chile en el desierto de Atacama, está ubicado el interferómetro Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA, por sus siglas en inglés) que con sus 66 antenas (radiotelescopios) ha logrado observar miles de estrellas y planetas en proceso de nacimiento.

La imagen muestra la velocidad del gas que gira en el disco de la estrella J16120. El círculo con el número 1 es la posición del planeta. En la posición del planeta, hay una transición entre gas moviéndose más rápido (en rojo) y más lento (en azul) con respecto a la rotación esperada del disco. Crédito: Anibal Sierra Morales.

Fue en el año 2023 cuando el equipo de investigación obtuvo, con datos de ALMA, imágenes del disco de la estrella J16120. Posteriormente, construyeron un modelo computacional que describe la rotación del disco como si nada lo perturbara. Al compararlo con las observaciones de ALMA, el equipo científico encontró evidencias de desviaciones localizadas que apuntaron hacia la presencia de un planeta en formación.

“Las diferencias que encontramos fueron significativas, ya que un píxel anómalo podría ser simplemente un error o ruido de las observaciones, pero una estructura a gran escala no puede ser solo casualidad. El planeta ha sido buscado en diferentes trazadores y con diferentes observaciones, y hasta el día de hoy varios métodos nos sugieren que ahí hay un planeta en formación», resumió Sierra.

Confirmando la señal de un planeta

El artículo publicado señala que otros tres equipos detectaron de manera independiente un punto brillante en el infrarrojo, emisión de hidrógeno alfa, y emisión de polvo en el milimétrico en la misma región.

Esto indica que el disco de J16120, donde previamente se intuía la existencia de un objeto masivo en su órbita, está formando planetas. Las nuevas observaciones de las velocidades del gas, confirman la sospecha sobre la presencia de un planeta que está a aproximadamente 32 unidades astronómicas desde el centro de la estrella. Una unidad astronómica es la distancia que hay entre el Sol y la Tierra.

«Es un caso muy único de estudio, porque lo estamos detectando con métodos diferentes, con observaciones totalmente independientes, y en todos los casos aparece alguna evidencia de que hay un planeta en formación, lo cual es muy difícil de lograr desde el punto de vista observacional», señaló el universitario.

Actualmente, los investigadores del proyecto trabajan para conocer a profundidad el fenómeno de formación de este planeta. Ahora que se sabe de su existencia «vamos a tratar de confirmar con nuevas observaciones y diferentes trazadores químicos que el gas que está alrededor del planeta es más caliente, lo cual sería otro método más para confirmar su existencia. Además, con observaciones del telescopio SPHERE y en colaboración con otros investigadores del Instituto de Astronomía, también vamos a buscar evidencia sobre sus características; los datos llegarán a mediados de 2027”, agregó el investigador.

En este proyecto participa la Máxima Casa de Estudios a través del Instituto de Astronomía. También la University College London y la Universidad de Cambridge, en Reino Unido; las universidades de Florida, Michigan y Arizona, así como el Instituto Flatiron, en Estados Unidos; el Instituto Kavli de la Universidad de Pekín, en China; las universidades de Chile, Diego Portales, Técnica Federico Santa María y de Santiago, en Chile; los institutos Max Planck de Astronomía y de Física Extraterrestre, en Alemania; la Universidad de Milán, en Italia; el Observatorio Europeo Austral y el Observatorio Conjunto ALMA.

Enlace a los artículos principales:

Sierra, Anibal. et al (2026) “Dust Substructures and Line Perturbations driven by a Forming Planet in J16120”: https://arxiv.org/abs/2609.05366

Zhang, Ke. et al (2025) “The ALMA Survey of Gas Evolution of PROtoplanetary Disks (AGE-PRO). I. Program Overview and Summary of First Results”:
https://iopscience.iop.org/article/10.3847/1538-4357/addebe/meta


Dong, Ruobing. et al (2019) “Observational Signatures of Planets in Protoplanetary Disks: Planet-induced Line Broadening in Gaps”:

https://iopscience.iop.org/article/10.3847/1538-4357/aaf38e/pdf.
regresar

Concluye una etapa del proyecto “Luciérnagas de México” con el descubrimiento de 39 nuevas especies en el sur del país

El proyecto “Luciérnagas de México” concluyó una de sus principales etapas con la descripción de 39 nuevas especies en el sur del país, un hallazgo que amplía de manera importante el conocimiento científico sobre uno de los grupos de insectos menos estudiados en México. Con estas nuevas descripciones, el número de especies de luciérnagas conocidas en el país asciende a 346.

El proyecto surgió en 2019, cuando el interés por los sitios de avistamiento de luciérnagas comenzaba a crecer. Investigadores y estudiantes de distintas instituciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se reunieron entonces con un objetivo central: generar información taxonómica que permitiera conocer qué especies de luciérnagas existen en el país y establecer las características que permiten diferenciarlas.

El proyecto fue encabezado inicialmente por el Dr. Santiago Zaragoza, quien en ese momento era académico del Instituto de Biología de la UNAM, y contó con la coordinación de la Dra. Sara López Pérez, académica de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM.

Entre los principales colaboradores estuvieron, por parte de la FES Zaragoza, Daniel Edwin Domínguez-León, Mireya González-Ramírez y Geovanni M. Rodríguez-Mirón; del Instituto de Biología de la UNAM, Ishwari G. Gutiérrez-Carranza, Anel Teresa Mercedes Núñez-Monroy y Martín L. Zurita-García; de la Univerisidad de Georgia, Miriam Aquino-Romero; de la Escuela Nacional Preparatoria 8 de la UNAM, Paulina Cifuentes-Ruiz; del Instituto de Ecología, A. C., Viridiana Vega-Badillo; y de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia de la UNAM, Oscar Pérez-Flores.

Para estudiar la gran cantidad de ejemplares disponibles, el equipo dividió el territorio mexicano en distintas regiones. De este trabajo surgieron estudios sobre las luciérnagas del centro, norte y occidente del país, así como de la región golfo-Caribe. La última etapa se concentró en el sur de México, una zona que se decidió estudiar al final debido a la elevada diversidad de especies que alberga. En total se describieron 150 especies para los distintos estados.

El sur, una de las regiones más diversas

Los resultados de esta última etapa fueron publicados el 19 de agosto de 2026 en la Revista Mexicana de Biodiversidad bajo el título “Luciérnagas (Coleoptera: Lampyridae) del sur de México y descripción de 39 especies nuevas”. El estudio reúne el trabajo de investigadores de la UNAM, el Instituto de Ecología, el Grupo de Especialistas en Luciérnagas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y otras instituciones.

De acuerdo con el Dr. Geovanni Rodríguez Mirón, académico de la FES Zaragoza, Oaxaca, Chiapas y Guerrero concentran una de las mayores riquezas de luciérnagas del país. Antes de esta investigación, en estos tres estados se conocían 94 especies. El nuevo estudio describe 39 especies nuevas para la ciencia y documenta, además, 15 nuevos registros estatales.

Tras la revisión taxonómica y la actualización de los registros, los autores reconocen 147 especies para la región en su conjunto. Esta riqueza se distribuye entre los tres estados: 65 especies registradas en Chiapas, 41 en Guerrero y 79 en Oaxaca. Estos valores no deben sumarse entre sí, ya que algunas especies están presentes en más de un estado.

Esta diversidad, explican los investigadores, no se limita a las especies conocidas por los espectáculos de avistamiento. Existen numerosas luciérnagas que no necesariamente producen los grandes destellos que atraen al turismo y que, sin embargo, son fundamentales para comprender la biodiversidad y la evolución de estos insectos.

El hallazgo también refuerza la importancia de México a escala mundial. De acuerdo con el Dr. Rodríguez Mirón, el país es el segundo con mayor número de especies de luciérnagas, solo detrás de Brasil, y concentra más del 10 por ciento de las especies conocidas en el mundo.

Las 39 nuevas luciérnagas

Las 39 especies nuevas corresponden al género Photinus, uno de los grupos más diversos de luciérnagas en México.

Las especies descritas en el estudio son: Photinus acontrerasi, Photinus alanisae, Photinus avendanoae, Photinus benignoi, Photinus buenoi, Photinus ciervophallus, Photinus davilae, Photinus dispersus, Photinus ednae, Photinus elvirae, Photinus epetriophallus, Photinus euguii, Photinus franciscotoledoi, Photinus franckei, Photinus ifigeniae, Photinus isabelae, Photinus juliae, Photinus lazcanoi, Photinus lloydi, Photinus mariaeugeniae, Photinus mariomolinai, Photinus margaritae, Photinus medellini, Photinus nerivelai y Photinus pachecoi.

También se describieron Photinus pelegae, Photinus pitstiki, Photinus pseudogliscens, Photinus reynosoi, Photinus romeronapolesi, Photinus samirfloresi, Photinus sarukhani, Photinus souzae, Photinus stephanieae, Photinus tatianafiordelisioae, Photinus tiferethae, Photinus uchimai, Photinus valenzuelai y Photinus vasconcelosi.

Para cada especie nueva, el artículo presenta ilustraciones dorsales y ventrales, además de imágenes de los genitales masculinos, estructuras fundamentales para distinguir unas especies de otras.

Nombres que cuentan historias

Además de ampliar el inventario de especies, el estudio deja una serie de homenajes. Varias de las nuevas luciérnagas llevan nombres que reconocen las aportaciones de personas vinculadas con la ciencia, la conservación, la educación y el estudio de la biodiversidad.

Una de ellas es Photinus mariomolinai, dedicada al químico mexicano Mario Molina, premio nobel de química y una de las figuras científicas mexicanas de mayor reconocimiento internacional. Photinus medellini lleva el apellido del investigador Rodrigo Medellín, académico de la UNAM reconocido por sus aportaciones al estudio y la conservación de los murciélagos.

En el caso de Photinus nerivelai, el nombre recuerda a Rodolfo Neri Vela, astronauta, académico y promotor de la ciencia en México. El artículo señala que el epíteto combina sus dos apellidos.

También destaca Photinus sarukhani, dedicada al exrector de la UNAM José Sarukhán Kermez, como reconocimiento a sus esfuerzos en favor de la biodiversidad y, particularmente, por su impulso a la Fundación UNAM y al apoyo a estudiantes universitarios.

Otra de las especies, Photinus tatianafiordelisioae, honra a Tatiana Fiordelisio, cuyos trabajos incluyen investigaciones relacionadas con biosensores para la detección del virus del papiloma humano y desarrollos relacionados con la COVID-19, de acuerdo con lo explicado por la Dra. Sara López Pérez.

En la misma línea, Photinus benignoi fue dedicada al académico Benigno Gómez y Gómez, a quien los autores reconocen como promotor de la entomología cultural y la etnobiología. Photinus margaritae fue dedicada a Margarita Canales, académica de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, mientras que Photinus juliae honra a Julia Carabias, destacada investigadora y defensora de la conservación ambiental.

Los nombramientos también reconocen a personas vinculadas directamente con el estudio de los insectos. Photinus lloydi lleva el nombre de James E. Lloyd, conocido como “Firefly Doc” por sus trabajos pioneros sobre luciérnagas. Photinus stephanieae está dedicada a Stephanie Vaz N. Campos, investigadora brasileña dedicada a la taxonomía y conservación de estos insectos.

Otros nombres recuerdan a investigadores y defensores de la biodiversidad. Jesús Romero Nápoles, especialista en escarabajos, fue homenajeado en Photinus romeronapolesi; Daniel Reynoso Velasco, entomólogo dedicado al estudio de los hemípteros acuáticos, en Photinus reynosoi; y Samir Flores Soberanes, defensor de la naturaleza y de la justicia socioambiental, en Photinus samirfloresi.

Por su parte, Photinus euguii fue dedicada a Euguí Roy Martínez Pérez, biólogo de Oaxaca que perdió la vida en la defensa de una región amenazada por la tala ilegal y la caza furtiva.

Más que ponerles nombre: una ventana a la evolución

Sin embargo, describir una nueva especie no significa únicamente incorporarla a una lista. Para los investigadores, conocer la diversidad permite formular preguntas sobre los procesos evolutivos que dieron origen a la riqueza de luciérnagas que existe actualmente en México.

Los resultados apuntan a que el país puede considerarse un centro de diversificación de luciérnagas, particularmente para el género Photinus. Pero para entender cómo surgió esta diversidad es necesario establecer primero qué especies existen, dónde se distribuyen y cuáles son sus características.

El conocimiento taxonómico también tiene implicaciones directas para la conservación. No basta con saber que “hay luciérnagas” en determinado sitio: cada especie puede presentar características, necesidades ecológicas y respuestas diferentes frente a las amenazas ambientales. Precisamente por ello, identificar y describir cada especie requiere un trabajo especializado.

Una identificación que requiere trabajo especializado

A simple vista, muchas luciérnagas pueden parecer prácticamente idénticas. Por ello, la Dra. López Pérez explicó que para determinar que una especie es nueva se realizan estudios detallados de su morfología y se presta especial atención a las estructuras genitales de los machos, que pueden presentar diferencias determinantes para separar una especie de otra.

Cada posible especie nueva debe compararse con las especies que ya han sido descritas. Después se realiza una descripción detallada de sus características, desde la cabeza hasta los últimos segmentos del abdomen, además de analizar colores, formas y otras estructuras.

El objetivo no es únicamente establecer que una especie es diferente, sino generar información que permita reconocerla en el futuro. Por ello, los investigadores incorporan claves taxonómicas y fotografías de alta calidad que facilitan la comparación de ejemplares y su identificación por parte de otros científicos y personas interesadas en las luciérnagas.

Las colecciones científicas, una fuente de información

Una particularidad de este estudio es que se realizó principalmente con ejemplares que ya estaban depositados en la Colección Nacional de Insectos. Aunque el trabajo de campo continúa siendo fundamental, las colecciones científicas permiten acceder a organismos recolectados durante décadas en diferentes regiones del país.

Estos acervos representan una reserva de información biológica que puede ser estudiada mucho tiempo después de que los ejemplares fueron colectados. En este caso, permitieron descubrir especies que permanecían sin identificar y ampliar el conocimiento sobre su distribución.

Así, una parte importante del descubrimiento no ocurrió necesariamente en el momento de la colecta, sino años después, cuando los ejemplares pudieron ser revisados con nuevas preguntas y herramientas taxonómicas.

El inventario termina, pero las preguntas apenas comienzan

La descripción de las 39 nuevas especies marca el cierre de una etapa del proyecto “Luciérnagas de México”, pero también abre nuevas líneas de investigación.

Entre las preguntas que quedan abiertas está conocer con mayor precisión el ciclo de vida, desarrollo, comportamiento, ecología y alimentación de las diferentes especies. A nivel mundial, se estima que se conoce el ciclo de vida de menos del 10 por ciento de las especies de luciérnagas.

También se busca estudiar los posibles efectos del cambio climático sobre estos insectos mediante modelos que permitan analizar cómo podría modificarse su distribución.

La alimentación representa otra línea de investigación. Aunque tradicionalmente se señala que las larvas se alimentan de organismos como lombrices y caracoles, las observaciones realizadas por el equipo sugieren que algunas especies podrían estar aprovechando otros recursos.

Además, todavía existen regiones poco exploradas. El trabajo de campo ha demostrado que las luciérnagas no viven exclusivamente en bosques: también pueden encontrarse en ambientes áridos y zonas de matorral, lo que abre nuevas posibilidades para futuras investigaciones.

Hacia una biblioteca molecular de las luciérnagas

Una de las siguientes etapas será complementar la información morfológica con estudios moleculares, explicó la Dra. Sara López Pérez. El objetivo es construir una biblioteca de información genética que ayude a identificar las especies de manera más rápida y facilite su estudio. Esta herramienta podría resultar especialmente útil porque la identificación taxonómica requiere conocimientos especializados y, en muchos casos, depende de diferencias que no son evidentes a simple vista.

La información molecular no sustituiría el trabajo taxonómico, sino que lo complementaría. Al combinar ambas aproximaciones, los investigadores podrían contar con nuevas herramientas para confirmar identificaciones, estudiar relaciones evolutivas y conocer con mayor precisión la diversidad de estos insectos.

De esta manera, el cierre de esta etapa del proyecto representa en realidad el inicio de una nueva etapa. El inventario permite saber mejor qué luciérnagas existen y dónde se encuentran; las investigaciones futuras buscarán explicar cómo surgió esa diversidad, cómo viven las especies, con qué organismos interactúan y qué se necesita para conservarlas.

El trabajo desarrollado durante estos años deja una conclusión fundamental para el estudio de estos insectos: conocer su diversidad es el primer paso para poder protegerla.

regresar

11-S: 25 años después, ¿qué mundo heredamos aquel día?

Hace 25 años, dos aviones comerciales se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro impactó contra el Pentágono, en Arlington, Virginia, y un cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que sus pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave. En poco más de una hora, Estados Unidos había sufrido el mayor ataque terrorista de su historia y el mundo entraba en una nueva etapa.

Las imágenes de aquel día quedaron grabadas en la memoria colectiva. Pero mientras Estados Unidos respondía a los atentados, también comenzaba a transformarse el orden internacional que se había configurado tras el fin de la Guerra Fría. El 11-S no sólo alteró la política exterior de Washington: modificó las prioridades de seguridad, las relaciones entre aliados y adversarios y la manera en que distintas sociedades comenzaron a interpretar las amenazas, las fronteras y la identidad.

Un cuarto de siglo después, la pregunta ya no es solamente qué ocurrió aquel día, sino qué mundo comenzó a construirse después y cuánto de aquel mundo continúa definiendo el presente.

La seguridad después del 11-S

Una de las primeras transformaciones ocurrió dentro de Estados Unidos. El impacto de los atentados permitió adoptar medidas extraordinarias y ampliar las capacidades del Estado en materia de seguridad, inteligencia y vigilancia.

El Dr. Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, explicó este proceso a partir del concepto de “estado de excepción”, desarrollado por el filósofo italiano Giorgio Agamben. La idea permite entender cómo, ante una situación considerada extraordinaria, un Estado puede adoptar medidas excepcionales para enfrentar una amenaza y cómo, con el tiempo, algunas de esas medidas pueden incorporarse a la normalidad.

El cambio, sin embargo, no surgió de la nada. El Dr. Barrón Pastor aclaró que durante los años noventa ya existían en Estados Unidos debates sobre los límites de la estrategia de contención heredada de la Guerra Fría y sobre la necesidad de anticiparse a amenazas más difusas y transnacionales. El 11-S proporcionó el acontecimiento que permitió llevar esas discusiones a una nueva dimensión.

La Patriot Act, aprobada en octubre de 2001, amplió las facultades de investigación y vigilancia de las autoridades. Un año después, la creación del Departamento de Seguridad Nacional reorganizó buena parte del aparato federal encargado de la seguridad.

Con ello cambió también la lógica de respuesta. Ya no se trataba únicamente de reaccionar ante un ataque, sino de identificar y prevenir amenazas antes de que ocurrieran. Estados Unidos comenzó a desplazar el énfasis desde una estrategia centrada en la contención hacia otra basada en la prevención: el objetivo ya no era sólo responder a un enemigo conocido, sino anticiparse a amenazas potenciales antes de que pudieran materializarse.

Esa nueva concepción de la seguridad pronto rebasaría las fronteras estadounidenses.

La respuesta militar y sus consecuencias

La transformación fue particularmente visible en la política exterior. La respuesta militar comenzó en Afganistán y posteriormente se extendió a Irak. La lucha contra el terrorismo dejó de ser únicamente una operación contra una organización concreta y pasó a formar parte de una estrategia internacional de mayor alcance.

La guerra de Irak representó un punto de inflexión. La intervención abrió una discusión internacional sobre los límites del uso de la fuerza, el papel de Naciones Unidas y las condiciones bajo las cuales una potencia puede recurrir a la acción militar.

Aunque el derrocamiento de Saddam Hussein fue rápido, la posterior inestabilidad iraquí mostró que una victoria militar no necesariamente equivale a estabilidad política.

A corto plazo, explicó el director del CISAN, Estados Unidos consiguió objetivos concretos: derrocó gobiernos, eliminó adversarios y estableció una nueva doctrina de lucha contra el terrorismo. Pero, a largo plazo, las guerras no produjeron la estabilidad regional esperada.

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán concluyó a finales de agosto de 2021. Los talibanes habían recuperado el control de Kabul el 15 de agosto, antes de la salida de las últimas fuerzas estadounidenses del país.

Sin embargo, las consecuencias de esta nueva estrategia no quedaron confinadas a los escenarios de guerra. Al modificar las prioridades de Washington, también alteró los equilibrios políticos de las regiones donde Estados Unidos tenía intereses estratégicos, particularmente en Medio Oriente.

Medio Oriente después del 11-S

Los conflictos de la región eran anteriores al 11-S, pero después de los atentados la lucha contra el terrorismo pasó a ocupar un lugar central en la política estadounidense hacia Medio Oriente.

La intervención en Irak y la posterior inestabilidad modificaron algunos de los equilibrios existentes. Irak entró en un periodo prolongado de violencia y fragmentación, mientras Irán encontró mayores espacios para ampliar su influencia regional.

Con los años, esa inestabilidad se conectaría con otros procesos. La guerra en Siria y la expansión del Estado Islámico ocurrieron dentro de un escenario regional que ya había cambiado profundamente.

La relación con el 11-S, sin embargo, no debe plantearse como una cadena directa de causas. La Primavera Árabe, por ejemplo, respondió a problemas políticos, económicos y sociales propios de cada país. Lo que cambió después de 2001 fue el contexto estratégico en el que esos procesos comenzaron a desarrollarse.

El resultado fue un Medio Oriente más fragmentado, con nuevos equilibrios de poder y una mayor competencia entre actores regionales e internacionales.

La transformación también afectó la manera en que Estados Unidos era percibido en la región. La relación con Washington no se explicaba únicamente por los atentados de 2001, sino por una historia más amplia de intervenciones, alianzas y decisiones de política exterior en Medio Oriente. Un análisis de la Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, “Comunicación y política en la Casa Blanca: el conflicto de Iraq y su repercusión en la opinión pública de Estados Unidos y el mundo árabe”, señaló que la percepción de Estados Unidos en el mundo árabe está estrechamente vinculada con las políticas que la Casa Blanca desarrolla en la región.

El 11-S, por tanto, no fue interpretado de la misma manera en todas las sociedades. Mientras en Estados Unidos predominaban el impacto, el miedo y la necesidad de responder a los responsables, en parte del mundo árabe el acontecimiento fue leído también dentro de una historia previa de tensiones con Washington. Esa diferencia de percepciones contribuyó a profundizar la distancia entre ambas sociedades durante los años posteriores.

La relación, sin embargo, no puede reducirse a una oposición entre Estados Unidos y el mundo musulmán. Las sociedades de Medio Oriente son diversas y sus posiciones frente a Washington han cambiado según los países, los gobiernos y los momentos históricos. Lo que sí cambió después del 11-S fue la intensidad con la que esas percepciones comenzaron a influir en la política internacional.

Y esa transformación en la percepción del otro no quedó limitada a Medio Oriente. También comenzó a hacerse visible dentro de las propias sociedades occidentales.

Seguridad, identidad e islamofobia

El nuevo paradigma de seguridad estuvo acompañado por nuevas representaciones del enemigo. El terrorismo islamista pasó a ocupar un lugar central y, con él, comenzaron a desarrollarse discursos que, en determinados contextos, terminaron alimentando la islamofobia.

La amenaza dejó de estar asociada exclusivamente con organizaciones concretas, como Al Qaeda, para adquirir en algunos discursos una dimensión cultural y civilizatoria mucho más amplia. El islam, la migración y la seguridad comenzaron a aparecer vinculados.

De esta manera, el miedo generado por los atentados no desapareció con el paso del tiempo. Una amenaza que originalmente había sido presentada como un problema de terrorismo internacional terminó teniendo efectos sobre la manera en que algunas sociedades discutían quién podía ser considerado una amenaza dentro de sus propias fronteras.

La transformación de la seguridad comenzó así a tocar asuntos que, hasta entonces, pertenecían a otros ámbitos del debate público: migración, identidad, fronteras y pertenencia.

Y esa lógica tendría consecuencias incluso en países que no participaron directamente en las guerras, pero cuya relación con Estados Unidos dependía de la movilidad transfronteriza.

México ante nuevas prioridades de seguridad

En México, el nuevo escenario tuvo repercusiones particularmente visibles en la relación con Estados Unidos. Después del 11-S, las prioridades de Washington cambiaron y la seguridad adquirió un mayor peso en la relación entre ambos países.

La migración quedó vinculada cada vez más estrechamente con las preocupaciones de seguridad y con el control de las fronteras. Para México, esto significó desenvolverse en un contexto distinto, en el que la relación con Estados Unidos debía considerar tanto la movilidad de personas como las nuevas exigencias de seguridad de su vecino.

El proceso no fue inmediato ni puede atribuirse exclusivamente a los atentados. Un análisis del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, titulado “¿De una nación fuerte a una nación segura? Recuento de la legislación y la política migratoria en México”, explica que la legislación y la política migratoria mexicana han estado vinculadas a los cambios del contexto internacional y, particularmente, a las acciones de Estados Unidos. El estudio muestra también cómo la seguridad nacional fue adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de la regulación migratoria mexicana.

De esta manera, el 11-S no significó por sí mismo un cambio completo de la política migratoria mexicana, pero sí formó parte de un nuevo contexto internacional en el que migración, seguridad y frontera comenzaron a estar más estrechamente relacionadas.

Para México, esa transformación tuvo una consecuencia duradera: la migración dejó de discutirse únicamente como un asunto laboral, económico o social y pasó a formar parte, cada vez con mayor claridad, de una agenda bilateral en la que la seguridad ocupaba un lugar central.

El cambio en las prioridades de Washington tampoco quedó restringido a sus vecinos. También puso a prueba la relación con sus principales aliados.

Europa y los cambios en la relación transatlántica

En Europa, los atentados reforzaron inicialmente la cooperación con Estados Unidos. La percepción de una amenaza común fortaleció los vínculos transatlánticos y llevó a distintos gobiernos europeos a respaldar la lucha contra el terrorismo.

Pero la guerra de Irak puso de manifiesto que compartir una amenaza no significaba necesariamente coincidir en la respuesta.

Francia y Alemania adoptaron posiciones mucho más críticas respecto de la intervención, mientras Reino Unido y España estuvieron entre los principales respaldos europeos a Washington. La diferencia mostró que Europa no tenía una posición única frente a Estados Unidos y que la nueva estrategia estadounidense podía convertirse también en una fuente de tensión dentro de la propia alianza occidental.

La discusión, además, no se limitaba a Irak. Para la Unión Europea, el periodo posterior al 11-S coincidió con un proceso de integración en el que también se debatía qué capacidad debía tener Europa para actuar de manera autónoma en el escenario internacional.

La relación transatlántica continuó siendo fundamental, pero se volvió más compleja. Estados Unidos y Europa siguieron siendo aliados, aunque comenzaron a aparecer diferencias más visibles sobre el uso de la fuerza, el multilateralismo y la manera de responder a las nuevas amenazas, comentó el Dr. Barrón Pastor.

El debate sobre la autonomía estratégica europea tampoco nació exclusivamente del 11-S, pero las diferencias provocadas por la intervención en Irak contribuyeron a darle mayor relevancia. La discusión consistía en determinar hasta qué punto Europa debía acompañar las decisiones de Washington y hasta qué punto necesitaba desarrollar capacidades propias.

La evolución posterior demostraría que la alianza transatlántica podía mantenerse incluso en medio de desacuerdos importantes.

Pero mientras Estados Unidos redefinía sus alianzas y destinaba enormes recursos a la guerra contra el terrorismo, el equilibrio internacional también comenzaba a modificarse.

Un orden internacional en transformación

Para el director del CISAN, el 11-S también marcó el inicio o aceleró algunas de las tensiones que, aunque apenas comenzaban a hacerse visibles en aquel momento, continúan presentes en la actualidad.

En un primer momento, los atentados fortalecieron la posición de Estados Unidos. Washington disponía de una superioridad militar sin precedentes y parecía capaz de imponer unilateralmente su agenda internacional.

Sin embargo, mientras Estados Unidos concentraba enormes recursos políticos, militares y económicos en sus guerras, otros actores comenzaban a adquirir mayor peso en el escenario internacional.

China ingresó a la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001, apenas unos meses después de los atentados. Su crecimiento económico y su creciente influencia internacional contribuirían durante las décadas siguientes a modificar el equilibrio mundial y a cuestionar, de manera progresiva, la primacía estadounidense.

El ascenso chino no fue consecuencia directa del 11-S y respondía a procesos económicos y políticos que ya estaban en marcha. Pero su consolidación coincidió con un periodo en el que Washington concentró buena parte de sus recursos en las guerras de Afganistán e Irak.

Así, el periodo que inicialmente parecía confirmar la hegemonía unipolar de Estados Unidos terminó coincidiendo también con una etapa de desgaste relativo de esa posición. Las guerras prolongadas, el costo económico del intervencionismo y el deterioro de la reputación internacional de Washington redujeron progresivamente su capacidad para presentarse como líder indiscutido de un orden liberal global.

Pero detrás de las leyes, las guerras y los cambios en el equilibrio internacional quedó otra dimensión menos visible y, al mismo tiempo, más persistente: la emocional.

La dimensión emocional del 11-S

Reducir el legado del 11-S a sus consecuencias geopolíticas sería dejar fuera una dimensión fundamental. El atentado produjo miedo, pero también ira y deseo de venganza. Esas emociones ayudaron a crear el clima social que hizo posible aceptar decisiones extraordinarias y otorgar al Estado mayores facultades en nombre de la seguridad.

El impacto psicológico tampoco quedó limitado a Estados Unidos. En el libro One Wound for Another / Una herida por otra: Testimonios de Latin@s in the U.S. through Cyberspace (11 de septiembre de 2001-11 de marzo de 2002), editado por el CISAN, está documentado cómo los atentados generaron experiencias de pérdida, duelo, desplazamiento y trauma que trascendieron fronteras y dieron lugar a nuevas narrativas sobre aquel acontecimiento.

Con el paso de los años, aquella lógica trascendió la amenaza terrorista original. La seguridad comenzó a entrelazarse con debates sobre migración, fronteras, identidad nacional, élites políticas y enemigos internos.

Por eso, el legado del 11-S no puede medirse únicamente por las guerras que desencadenó, las leyes que impulsó o las instituciones que transformó. También debe medirse por las ideas y emociones que ayudó a instalar y que, 25 años después, continúan presentes en el debate político.

Aquel día ya no es solamente un acontecimiento que pertenece al pasado. Es uno de los puntos de partida para entender el mundo que habitamos: un mundo en el que la seguridad adquirió un peso central, las fronteras se volvieron más políticas, las alianzas más complejas y la percepción del enemigo más amplia. Ese es, quizá, el mundo que heredamos aquel día y cuya huella todavía permanece.

regresar

Vivir en Marte: qué falta para hacerlo posible

Durante décadas, colonizar Marte ha sido uno de los mayores sueños de la humanidad. Para lograrlo, actualmente se desarrollan nuevas tecnologías, se realizan pruebas y se impulsan proyectos como la misión Artemis, que aunque busca regresar a la Luna, también forma parte de los planes de preparación para futuras misiones humanas más lejanas, entre ellas Marte.

¿Realmente será posible?

La historia ha demostrado que algunos sueños que parecían imposibles terminaron por convertirse en realidad. La llegada del ser humano a la Luna es quizá uno de los ejemplos más emblemáticos.

Sin embargo, Paola Molina Sevilla, académica del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, considera que aún estamos lejos de alcanzar la meta. A finales del siglo pasado se estimaba que la humanidad llegaría a Marte alrededor de 2030; a poco tiempo de cumplirse esa fecha, uno de los pasos más cercanos es establecer una presencia humana más sostenida en la Luna y desarrollar tecnologías que posteriormente puedan utilizarse en viajes más largos.

“Si somos optimistas y las naciones se unen para trabajar en conjunto, llegar a Marte podría ser posible en los próximos 50 años”.

Sin embargo, viajar a Marte y vivir en Marte son problemas muy diferentes.

La atmósfera de Marte

Entre los principales retos para la exploración humana destaca la tenue atmósfera de Marte, cuya presión en la superficie equivale a menos del uno por ciento de la terrestre. Está compuesta principalmente por dióxido de carbono (CO₂), además de nitrógeno (N₂) y argón, y contiene apenas trazas de oxígeno.

Es decir, no existe oxígeno suficiente para que una persona pueda respirar.

Por ello, los astronautas deberán utilizar trajes espaciales presurizados cuando se encuentren fuera de sus refugios. Estos sistemas deberán proporcionarles oxígeno, mantener una presión adecuada y protegerlos de las condiciones extremas del ambiente marciano.

Además, será necesario contar con tecnología para generar oxígeno in situ, ya que transportar desde la Tierra todo el necesario para una estancia prolongada sería poco práctico.

Esto ya dejó de ser únicamente una posibilidad teórica. El experimento MOXIE, instalado en el rover Perseverance, demostró que es posible producir oxígeno a partir del dióxido de carbono presente en la atmósfera marciana, aunque se trató de una demostración tecnológica a pequeña escala. Por otro lado, la atmósfera de Marte es mucho más delgada que la terrestre y ofrece considerablemente menos protección frente a la radiación procedente del Sol y del espacio.

A esto se suma que Marte no posee actualmente un campo magnético global como el terrestre, que desvía gran parte de las partículas cargadas procedentes del Sol.

La exposición prolongada a este ambiente representa un riesgo para la salud de la tripulación y también puede degradar materiales y equipos.

Por esta razón, tanto los trajes espaciales como los módulos habitables deberán incorporar materiales y sistemas capaces de resistir estas condiciones extremas y reducir la exposición a la radiación.

Ante este peligro, la ciencia ficción se ha planteado que podrían construirse colonias subterráneas conectadas por túneles para evitar parte de la radiación de la superficie. En la práctica, utilizar el propio terreno marciano como protección es una posibilidad que se ha estudiado para futuros hábitats. Sin embargo, la realidad técnica presenta un reto enorme: llevar a Marte la maquinaria pesada y los insumos necesarios para excavar y acondicionar esas estructuras implicaría un esfuerzo logístico, energético y financiero sumamente elevado.

El campo magnético de Marte

La atmósfera no es el único desafío.

La ausencia de este escudo magnético tiene consecuencias importantes para el ambiente marciano. En la Tierra, el movimiento del hierro y otros elementos conductores en el núcleo externo funciona como una especie de dínamo y genera el campo magnético que rodea al planeta.Gracias a esta protección, gran parte del viento solar es desviada antes de interactuar con las capas inferiores de nuestra atmósfera. Algunas partículas llegan a las regiones polares e interactúan con los gases atmosféricos, produciendo fenómenos como las auroras boreales y australes.Marte también tiene auroras, aunque se producen de manera distinta debido a que el planeta no posee un campo magnético global. Algunas están relacionadas con regiones de la corteza que todavía conservan campos magnéticos.

Es difícil observar qué ocurre en el interior de los planetas, por lo que distintas misiones espaciales, entre ellas Mars Global Surveyor, Mars Express, MAVEN e InSight, han realizado observaciones que permiten reconstruir la historia de Marte. Por ejemplo, InSight, que llegó a Marte en 2018, utilizó un sismómetro de alta sensibilidad para detectar los llamados “martemotos” y estudiar cómo se propagan las ondas sísmicas a través del planeta. Los resultados de la misión permitieron conocer mejor la estructura interna de Marte, incluida su corteza, su manto y su núcleo.

También sabemos que Marte tuvo en el pasado un campo magnético global, pero la dínamo interna que lo generaba dejó de funcionar hace miles de millones de años.

¿Por qué dejó de funcionar?

Todavía no existe una respuesta definitiva. Una de las hipótesis plantea que Marte, que tiene aproximadamente la mitad del diámetro de la Tierra, evolucionó térmicamente de manera diferente. Debido a su menor tamaño, perdió calor interno más rápidamente y, con el tiempo, los movimientos de materiales en su interior dejaron de ser capaces de mantener un dínamo global. La desaparición de esta protección tuvo consecuencias profundas. El viento solar contribuyó a que Marte perdiera gran parte de su antigua atmósfera hacia el espacio a lo largo de miles de millones de años. Este proceso contribuyó a transformar un Marte antiguo, con una atmósfera más densa y abundante agua líquida en su superficie, en el planeta frío y árido que conocemos actualmente.

Por otro lado, se han registrado campos magnéticos en determinadas regiones de la corteza marciana, como vestigios de aquella antigua actividad interna. Sin embargo, estos campos son locales y no forman un escudo planetario comparable con el terrestre. Por ello, no puede afirmarse que estas regiones puedan proporcionar por sí mismas una protección suficiente contra la radiación para los seres humanos. La exposición a partículas energéticas procedentes del Sol y a los rayos cósmicos seguirá siendo uno de los principales problemas que deberán resolver las futuras misiones humanas.

Terraformación

Desde hace décadas no sólo se habla de explorar Marte, sino también de transformarlo y hacerlo lo más semejante posible a la Tierra, un proceso conocido como terraformación. Carl Sagan fue uno de los científicos que impulsó las primeras discusiones científicas modernas sobre la posibilidad de modificar las condiciones ambientales de Marte.

Lograr tal hazaña implicaría transformar profundamente su ambiente: aumentar la temperatura y la presión atmosférica, favorecer la presencia estable de agua líquida y, en un escenario todavía más ambicioso, generar una atmósfera compatible con la vida humana. Algunas de las primeras propuestas científicas planteaban incrementar la concentración de gases de efecto invernadero para elevar la temperatura superficial. El calentamiento podría favorecer la liberación de parte del dióxido de carbono y del agua almacenados en los casquetes polares y en el subsuelo. Una mayor presencia de gases de efecto invernadero permitiría retener más calor y mantener temperaturas más elevadas.

Sin embargo, hoy sabemos que este escenario presenta enormes dificultades.

Un estudio publicado en Nature Astronomy y difundido por la NASA concluyó que terraformar Marte no es posible con la tecnología disponible actualmente, pues no existe suficiente dióxido de carbono accesible para generar el calentamiento y la presión atmosférica necesarios.

Incluso si lograra incrementarse considerablemente la presión, la atmósfera seguiría siendo muy distinta de la terrestre y estaría dominada por dióxido de carbono, por lo que los seres humanos no podrían respirarla. Una vez conseguido hipotéticamente un ambiente más cálido y una atmósfera más densa, el siguiente desafío sería tener una atmósfera respirable. Para ello se ha propuesto recurrir a microorganismos fotosintéticos y plantas capaces de utilizar CO₂ y liberar oxígeno.

Los primeros candidatos tendrían que ser organismos extremófilos capaces de tolerar bajas temperaturas, desecación y elevados niveles de radiación, semejantes a algunos de los que habitan ambientes extremos en la Tierra.

No obstante, producir mediante fotosíntesis suficiente oxígeno para modificar una atmósfera planetaria sería un proceso extraordinariamente lento y requeriría condiciones que Marte actualmente no ofrece.

También se ha pensado en incorporar nutrientes y microorganismos que permitieran transformar progresivamente el regolito marciano —el material rocoso y pulverulento que cubre su superficie -en un sustrato más adecuado para el cultivo y capaz de sostener comunidades vegetales.

Por ahora, la terraformación sigue siendo una posibilidad hipotética y se encuentra muy lejos de nuestras capacidades tecnológicas actuales.

Disponibilidad de alimentos y agua en Marte

Si pensamos en una futura colonización de Marte, será necesario contar con los insumos indispensables para la supervivencia humana, entre ellos agua y alimentos.

Transportarlos continuamente desde la Tierra sería extremadamente costoso y poco sostenible, por lo que una colonia permanente tendría que aprovechar, en la medida de lo posible, los recursos disponibles en el propio planeta.

Producir alimentos podría suponer otro gran desafío para la permanencia del ser humano.

A primera vista, el regolito marciano podría parecer un sustrato aprovechable para el cultivo; sin embargo, no es equivalente al suelo fértil terrestre y contiene compuestos que representan un problema. Entre ellos se encuentran los percloratos, sales detectadas en el suelo marciano por la misión Phoenix en 2008. Estos compuestos pueden representar un riesgo para la salud humana y también pueden dificultar el cultivo directo de algunas especies vegetales. Por ello, utilizar directamente el regolito requeriría desarrollar métodos para tratarlo o recurrir a sistemas diferentes, como la hidroponía.

A esto se suma otro factor que todavía necesitamos comprender mejor: el efecto de la gravedad marciana sobre el desarrollo de las plantas.

Marte posee aproximadamente el 38 por ciento de la gravedad terrestre.

Experimentos realizados en la Estación Espacial Internacional han demostrado que las plantas pueden germinar y crecer en microgravedad, pero la ausencia de una señal gravitatoria dominante modifica procesos relacionados con la orientación de raíces y tallos. Ahora bien, Marte no tiene microgravedad. Posee una gravedad reducida, pero claramente perceptible. Por ello, será necesario estudiar cómo distintas especies vegetales se desarrollan bajo la gravedad marciana y si estas condiciones pueden afectar sus procesos fisiológicos, productividad, composición o valor nutricional.

Para mantener estos cultivos será indispensable disponer de agua.

Sabemos que Marte conserva importantes reservas de agua en forma de hielo, particularmente en las regiones polares y en depósitos situados bajo la superficie en distintas latitudes.

Por ello, una futura colonia tendría que localizar sitios donde este recurso fuera relativamente accesible, extraerlo y posteriormente procesarlo para consumo humano, agricultura y otras actividades.

Además, un estudio publicado en 2024 a partir de datos sísmicos de la misión InSight planteó que una región de la corteza marciana situada aproximadamente entre 11.5 y 20 kilómetros de profundidad podría contener agua líquida almacenada en fracturas de las rocas.

Los investigadores no observaron directamente esa agua. Llegaron a esta conclusión mediante modelos que buscaban explicar las velocidades de las ondas sísmicas y otros datos obtenidos por InSight. Por ello, esta posible reserva no debe imaginarse como un gran lago subterráneo, sino como agua contenida en poros y fracturas de las rocas. Además, su profundidad haría extremadamente compleja su explotación. Serían necesarias tecnologías de perforación, extracción y procesamiento capaces de funcionar de manera segura y eficiente bajo las condiciones ambientales de Marte.

Durante las primeras etapas de una posible colonización de Marte sería necesario transportar desde la Tierra equipos, materiales e insumos para establecer y mantener las condiciones indispensables para la supervivencia humana. Sin embargo, cada kilogramo enviado al espacio implica un elevado costo energético, tecnológico y económico, por lo que modificar un planeta entero representa uno de los mayores desafíos tecnológicos que podría enfrentar la humanidad.

Terraformar Marte no significaría únicamente disponer de agua líquida y producir alimentos in situ, sino enfrentar una atmósfera extremadamente tenue, bajas temperaturas, una elevada exposición a la radiación y la ausencia de un campo magnético global.

Por ello, quizá el futuro de la presencia humana en Marte no dependa de transformar completamente el planeta para hacerlo semejante a la Tierra, sino de comprender sus condiciones y desarrollar tecnologías que nos permitan adaptarnos a ellas.

Las primeras misiones humanas deberán conocer con precisión la radiación presente en la superficie, las variaciones del viento solar y los efectos de las tormentas solares, con el propósito de identificar los lugares y periodos más seguros para desarrollar actividades. En este sentido, el desafío podría no ser convertir a Marte en una segunda Tierra, sino aprender hasta qué punto podemos vivir en otro planeta sin dejar de depender de las condiciones que hicieron habitable al nuestro.

Los efectos de vivir en Marte

Todavía desconocemos cuáles serían las consecuencias de vivir durante años en Marte.

Una de las grandes preguntas es si nuestro organismo podría adaptarse a una gravedad reducida. Como vimos, la gravedad marciana equivale aproximadamente al 38 por ciento de la terrestre.

Algunas pistas provienen de experimentos realizados con animales en el espacio. En la década de 1990, la NASA envió medusas al espacio para estudiar, entre otros aspectos, el desarrollo de sus sistemas relacionados con la orientación y la gravedad. Las medusas poseen unas estructuras llamadas estatocistos, que contienen pequeñas partículas minerales y les permiten reconocer su posición y responder a la gravedad, cumpliendo una función comparable, aunque no idéntica, a la del sistema vestibular del oído interno humano. En los seres humanos, este sistema incluye los canales semicirculares, el utrículo y el sáculo. En estos últimos se encuentran pequeños cristales de carbonato de calcio, llamados otoconias, que participan en la percepción de la aceleración y de la orientación de la cabeza con respecto a la gravedad.

Los experimentos realizados con medusas mostraron que la gravedad desempeña un papel importante en el desarrollo de los sistemas relacionados con el equilibrio. Sin embargo, hay una diferencia importante: estos experimentos se realizaron en condiciones de microgravedad, mientras que en Marte existiría una gravedad reducida. Aun así, estos estudios plantean una pregunta que todavía no podemos responder: ¿cómo se desarrollaría el organismo humano desde el nacimiento bajo la gravedad marciana?

A esta incertidumbre se suma un problema todavía mayor: la reproducción. Sabemos muy poco sobre cómo la gravedad reducida podría afectar la fecundación, el desarrollo embrionario, el embarazo y el crecimiento de un ser humano. También se han estudiado células reproductivas y distintos organismos bajo condiciones de microgravedad, pero la evidencia disponible todavía no permite establecer qué ocurriría durante la reproducción humana en Marte.

Por ello, llegar al planeta rojo sería sólo una parte del desafío.

Vivir ahí durante años o incluso generaciones implicaría resolver problemas relacionados con la atmósfera, la radiación, el agua, los alimentos, la gravedad y la salud humana. Quizá el reto no sea únicamente llegar a Marte, sino descubrir hasta qué punto somos capaces de adaptarnos a un planeta cuyas condiciones actuales son muy distintas de las que hicieron posible nuestra vida en la Tierra.

regresar

Las consecuencias de cambiar las dinámicas naturales de ecosistemas mexicanos

Uno de los ecosistemas más biodiversos en México es la selva alta perennifolia, también conocida como bosque tropical lluvioso, que abarca algunas regiones de San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, la Península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

Las selvas altas perennifolias son uno de los ecosistemas que han sido más alterados y fragmentados por los humanos, lo cual ha generado distintos problemas ambientales, por ejemplo, disminución en el tamaño de las poblaciones de especies nativas, introducción de especies exóticas de plantas y animales, el recambio en la composición de especies en comparación de las selvas en buen estado de conservación.

Un hábitat alterado es aquel que ha sido modificado por actividades humanas, como la tala, la deforestación, el cambio de uso de suelo, las plantaciones de especies exóticas, la apertura de caminos, la urbanización.

En nuestro país, la doctora Julieta Benítez Malvido, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, ha trabajado desde hace más de tres décadas en identificar qué cambios ocurren cuando se alteran las dinámicas naturales de un hábitat.

En el artículo Hongos patógenos en la selva, la doctora Benítez Malvido reportó que “la perturbación de los bosques tropicales por actividades humanas […] provoca la fragmentación del hábitat y modifica los factores abióticos del entorno (las características físicas como la luz, la temperatura y la humedad) y los factores bióticos (relativos a los seres vivos, como la identidad y densidad de individuos de la planta hospedera).

Consecuencias de la fragmentación

Los bosques tropicales lluviosos han cambiado mucho. Según doctora Benítez Malvido, actualmente solo queda entre 6 y 12% del bosque tropical lluvioso original.  En su artículo “Heliconias: de plantas ornamentales a pequeños microhábitats dentro de las selvas tropicales”, detalla el avance de esta pérdida.

“En las décadas de los 80 y 90, México experimentó el proceso de degradación ambiental más acelerado de su historia, con cerca del 48% de la cobertura vegetal nativa deforestada y transformada, principalmente en el sureste del país. Este escenario no ha cambiado en los últimos veinte años, y gran parte del paisaje original del trópico mexicano se ha convertido en un mosaico de cultivos y potreros muy cambiante y complejo. Miles de especies animales y vegetales se han visto afectadas por la deforestación y cambio de uso del suelo”.

Los hallazgos de su trabajo en los hábitats alterados es que la fragmentación de la selva afecta el reclutamiento de plántulas de árboles, es decir, la regeneración, pues no hay nuevos individuos que reemplacen a los árboles adultos. “Encontré que había un decremento en la abundancia de plántulas de árboles de la selva continua en relación con los fragmentos de 100, de 10 y de 1 hectárea”, dijo en entrevista para Ciencia UNAM.

Además, ha estudiado las dinámicas naturales de algunos bosques secundarios (acahuales), que surgen después de hubo un proceso de deforestación y en donde pueden aparecer especies nativas, pero también llegan algunas especies exóticas e invasoras.

Al analizar la incidencia de hongos fitopatógenos en el follaje encontró que siempre es mayor en la vegetación presente en los hábitats alterados que en la selva continua o bien conservada. Luego se acercó a la microbiota del suelo (integrada por bacterias, hongos y nemátodos) y encontró que los nemátodos fitopatógenos son más abundantes en hábitats alterados.

“Estos bosques jóvenes tienen condiciones ambientales diferentes, son menos húmedos, la insolación y las temperaturas son mucho mayores. Y aunque hay especies nativas que logran establecerse en estos sitios tienen cambios fisiológicos y morfológicos importantes y las plantas que logran colonizar estos bosques secundarios también son más susceptibles a contraer enfermedades”.

Otra consecuencia de la fragmentación de los bosques es la creación de bordes artificiales por la apertura de carreteras o caminos, lo cual genera un fenómeno que se conoce como efecto de borde. “Hemos encontrado que las especies de plantas que se encuentran cerca de los bordes también son más susceptibles a contraer enfermedades”, explica.

Asimismo, estos ambientes perturbados han traído como consecuencia el recambio de especies, que es la sustitución de éstas a lo largo de un determinado espacio y tiempo, como resultado de los cambios en el hábitat. Esto genera que disminuyan el número de especies nativas, así como de las funciones que desempeñan dentro del ecosistema.

Plantas modelo

Las heliconias son un modelo de estudio para ver cómo las actividades humanas o la perturbación de la selva afectan las interacciones bióticas, es decir, los procesos que ocurren entre dos o más organismos.

Las heliconias son plantas que predominan en los bosques neotropicales, tienen un alto valor comercial, sus inflorescencias duran mucho y son de colores muy vivos. La doctora Benítez Malvido y su equipo han registrado 11 especies de esta familia de plantas (Heliconiaceae) en la Reserva de los Montes Azules en Chiapas, ocho de las cuales son nativas a la región y tres son introducidas.

Las heliconias tienen interacciones bióticas con otras especies, por ejemplo, con algunos insectos (mariposas, moscas, mosquitos, escarabajos y abejas) que visitan sus inflorescencias y/o ahí se reproducen, también interactúan con reptiles, lagartijas, anfibios, aves y murciélagos, que se refugian en estas plantas.

“Hemos visto que este tipo de interacciones también se modifican con la perturbación de las selvas”.

Por ejemplo, han documentado que a diferencia de lo que ocurre en un ambiente conservado, en un ambiente perturbado las heliconias tienen menor número de flores, éstas son más pequeñas y sus tallos son de menor tamaño. Esto es preocupante porque al cambiar la morfología floral también se afectará a los polinizadores nativos.

Regeneraciones activas y pasivas

Una opción para disminuir los efectos negativos en los hábitats alterados es la restauración ecológica, cuyo fin es “volver al hábitat original, pero muchas veces es una misión imposible, no solamente por el tiempo que conlleva lograrlo, sino también porque hay ocasiones que está tan degradado el terreno que se utilizan otras medidas de recuperación o de rehabilitación”, reconoce la doctora.

Dependiendo del manejo previo, se calcula que restaurar un área altamente degradada puede tardar hasta 200 años. Aunque la investigadora comenta que existe la restauración activa, que es cuando intervienen las personas para poder restaurar un área de manera más rápida, por ejemplo, sembrando árboles nativos por lo menos de un metro de altura, los cuales atraerían fauna nativa dispersora de semillas.

Otra estrategia es la restauración pasiva que consiste en quitar el agente que causó el disturbio en la zona, por ejemplo, si un pastizal ha sido alterado a causa del ganado, la opción sería colocar una cerca que impida su paso y con esto el pastizal se va recuperando, “es un proceso más lento, pero también se ha logrado promover la sucesión secundaria en menor de tiempo”.

Por último, advierte que el cambio climático también está relacionado con la alteración de estos sistemas biológicos, pues se pueden modificar por alteraciones en el ciclo del agua y en el ciclo del carbono, inundaciones y huracanes más severos, por la pérdida del suelo fértil y la erosión del suelo a causa de la deforestación.

regresar

El consumo tradicional de insectos en México: entre el patrimonio cultural, la gastronomía y la comercialización

En 2010, la UNESCO inscribió la cocina tradicional mexicana en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este reconocimiento permitió visibilizar la diversidad de prácticas alimentarias del país y destacar el papel histórico de los pueblos originarios y las comunidades campesinas en su conservación.

La declaratoria fue resultado, en buena medida, del trabajo de asociaciones civiles y otros actores interesados en proteger e impulsar la cocina tradicional mexicana, no solamente como una expresión cultural, sino también como parte de una alimentación saludable y sostenible. El reconocimiento buscaba legitimar y proteger la diversidad de cultivos, conocimientos y prácticas alimentarias acumuladas históricamente por las comunidades.

Sin embargo, la patrimonialización también generó nuevas dinámicas. La cocina tradicional comenzó a adquirir un mayor valor turístico y económico, lo que favoreció la participación de empresarios, restaurantes y operadores turísticos interesados en convertir este patrimonio en una oportunidad de mercado. En este contexto, algunos alimentos y prácticas que formaban parte de la vida cotidiana de las comunidades comenzaron a adquirir nuevos significados y valores dentro de la gastronomía comercial.

La entomofagia como parte de la tradición alimentaria mexicana

En este contexto, el consumo de insectos, conocido como entomofagia, también se benefició de la patrimonialización de la cocina mexicana, al adquirir mayor reconocimiento y valoración como parte del patrimonio cultural y gastronómico del país, explicó la Dra. Elena Lazos Chavero, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM.

México destaca por la gran diversidad de insectos comestibles registrados en su territorio, con más de 600 especies identificadas. Esta riqueza convierte al país en uno de los principales referentes mundiales de la entomofagia.

Sin embargo, el consumo de insectos no debe entenderse únicamente como una práctica gastronómica. Durante generaciones ha formado parte de la vida cotidiana, familiar y comunitaria de diferentes pueblos. La recolección podía realizarse colectivamente y constituía también un espacio para transmitir conocimientos, fortalecer relaciones sociales y reproducir prácticas culturales.

En comunidades de estados como Oaxaca y Puebla, por ejemplo, los niños podían participar en las actividades relacionadas con la recolección y preparación de chapulines y otros insectos. De esta manera, el conocimiento sobre su captura, preparación y consumo se transmitía entre generaciones, al mismo tiempo que se fortalecían los vínculos familiares y comunitarios.

La gourmetización de los insectos

Esta revalorización cultural también favoreció la incorporación de los insectos a la gastronomía gourmet. Chapulines, escamoles y gusanos de maguey comenzaron a aparecer en restaurantes, ferias gastronómicas y propuestas de cocina contemporánea. En algunos casos, estos alimentos tradicionales son presentados como productos exóticos, innovadores o representativos de la gastronomía mexicana.

El problema surge cuando un alimento que tradicionalmente era accesible para las comunidades comienza a comercializarse a precios elevados. Los chapulines, por ejemplo, podían adquirirse tradicionalmente en pequeñas cantidades en los mercados, mientras que en restaurantes una tostada, pizza u otro platillo elaborado con insectos puede alcanzar precios considerablemente mayores.

Así, explicó la Dra. Lazos Chavero, la valorización gastronómica genera una paradoja: los insectos adquieren mayor reconocimiento cultural y económico, pero pueden volverse menos accesibles para las poblaciones que históricamente los consumían.

El despojo alimentario y la apropiación cultural

La transformación de estos alimentos en productos gastronómicos de mayor valor económico plantea, además, interrogantes sobre la apropiación y descontextualización de las prácticas tradicionales. El proceso de comercialización puede generar entre las comunidades un sentimiento de despojo alimentario: aquello que antes formaba parte de su alimentación cotidiana comienza a ser consumido principalmente por sectores con mayor poder adquisitivo y por turistas.

El problema no es únicamente económico, sino también cultural. Cuando una práctica se separa de las comunidades que la mantienen, existe el riesgo de que pierda parte de su significado original. En ese sentido, el reconocimiento del patrimonio debería beneficiar a las comunidades que históricamente han conservado estos conocimientos y no únicamente a los actores que posteriormente los incorporan al mercado.

Esta tensión entre reconocimiento cultural y aprovechamiento comercial permite observar una de las principales contradicciones de la patrimonialización: aquello que se busca preservar puede, al mismo tiempo, transformarse como consecuencia de su creciente valor económico.

Transformación de las formas de recolección

Esta transformación no se limita al consumo. El crecimiento de la demanda también ha modificado la manera en que se recolectan los insectos.

Tradicionalmente, la captura se realizaba de manera manual y en pequeñas cantidades. Las familias salían a recolectar chapulines y otros insectos para consumirlos o vender una parte de ellos. Para almacenarlos se utilizaban recipientes sencillos como botellas, bolsas o, antiguamente, calabazos, comentó la investigadora del IIS.

Sin embargo, con el incremento de la demanda, estas prácticas comenzaron a sustituirse parcialmente por métodos de mayor escala. En el caso de los chapulines, se utilizan grandes redes que permiten capturar una cantidad mucho mayor en poco tiempo.

La transformación responde a una lógica económica: cuanto mayor es la demanda, mayor es la presión por incrementar la cantidad recolectada. Sin embargo, esta mayor eficiencia en la captura también puede tener consecuencias ambientales.

Las técnicas de recolección masiva pueden generar impactos negativos sobre la biodiversidad. Las grandes redes no siempre capturan únicamente las especies que se buscan, sino también otros insectos que posteriormente son descartados.

Entre las especies afectadas pueden encontrarse polinizadores y otros organismos importantes para los ecosistemas. Aunque algunos de estos insectos terminan utilizándose como alimento para animales, una parte importante no tiene aprovechamiento.

El problema no se limita a los insectos. La extracción de gusanos de maguey también puede provocar daños a las plantas donde habitan. En algunos casos, los recolectores dañan o incluso arrancan los magueyes para tener acceso a una mayor cantidad de gusanos. Aunque existe la posibilidad de replantarlos, esto no siempre ocurre y la recuperación de estas plantas puede ser lenta.

Por lo tanto, la creciente comercialización de insectos genera una presión doble: sobre las poblaciones de insectos y sobre los ecosistemas que los sostienen.

Cambios en las comunidades recolectoras y condiciones laborales

La presión derivada del crecimiento del mercado también ha comenzado a transformar las relaciones entre quienes participan en la recolección. Como explicó la Dra. Elena Lazos Chavero, una actividad que anteriormente tenía un carácter más comunitario se ha visto modificada por el creciente interés económico en los insectos, lo que ha generado una mayor competencia entre los recolectores por acceder a los sitios donde se encuentran.

Esta situación puede derivar en conflictos, especialmente cuando algunos recolectores ingresan a parcelas sin autorización o provocan daños a los cultivos. Asimismo, el aumento de la presión sobre los insectos puede reducir las cantidades disponibles, lo que afecta directamente los ingresos de quienes dependen de esta actividad.

A estas dificultades se suman las condiciones en las que se lleva a cabo la recolección. Aunque representa una fuente importante de ingresos para algunas familias, la Dra. Lazos Chavero indicó que se trata de una actividad físicamente exigente y que implica diversos riesgos.

Los recolectores trabajan con frecuencia durante la noche, en terrenos irregulares y, en ocasiones, durante temporadas de lluvia. La poca visibilidad y las condiciones del terreno incrementan el riesgo de caídas y accidentes, mientras que la humedad y las bajas temperaturas pueden ocasionar dolores y otras afectaciones físicas.

Estas condiciones de trabajo adquieren mayor relevancia ante la ausencia de mecanismos de protección específicos para quienes se dedican a la recolección. Los recolectores carecen de programas institucionales que atiendan los riesgos asociados con esta actividad, así como de apoyos orientados a garantizar su seguridad y bienestar.

De este modo, existe un contraste entre la importancia económica que han adquirido los productos recolectados y las condiciones laborales en las que se desarrolla la actividad: mientras aumenta su valor comercial, los propios recolectores continúan realizando su trabajo con escaso respaldo institucional.

La falta de regulación y el crecimiento del mercado

Esta situación resulta particularmente contradictoria porque, mientras los insectos son reconocidos como parte de la riqueza gastronómica mexicana, las políticas públicas no necesariamente protegen las condiciones ambientales, sociales y culturales que permiten mantener esa tradición.

La ausencia de regulación específica también puede facilitar que la extracción alcance grandes dimensiones. Actualmente no existen programas gubernamentales específicos orientados a proteger a las comunidades recolectoras ni a regular de manera integral la extracción de insectos comestibles.

Esta falta de regulación resulta especialmente relevante ante el crecimiento del mercado. La investigadora señaló que se han identificado casos en los que grandes cantidades de insectos son trasladadas desde México hacia Estados Unidos, donde existe una demanda creciente entre poblaciones latinoamericanas que mantienen el consumo de estos alimentos como parte de sus prácticas culturales.

El problema, explicó, es que la regulación se concentra principalmente en aspectos sanitarios una vez que los insectos ya fueron recolectados, pero no necesariamente contempla la manera en que fueron obtenidos ni los efectos de la extracción sobre las poblaciones de insectos, los ecosistemas y las comunidades recolectoras.

Ante este escenario, consideró necesario establecer mecanismos de regulación tanto para la recolección como para el consumo y la comercialización de los insectos. Sin embargo, reconoció que México se encuentra todavía lejos de contar con un esquema integral que permita controlar estos procesos sin afectar los ingresos de las comunidades.

Hacia una protección integral del patrimonio alimentario

Con base en lo anterior, la conservación de la entomofagia como patrimonio cultural requiere considerar no solamente el producto final, sino también los conocimientos, las prácticas y las relaciones sociales que hacen posible su existencia.

La protección del patrimonio debería incluir a las comunidades recolectoras, sus formas tradicionales de organización y sus conocimientos sobre los ciclos de los insectos y los ecosistemas donde se encuentran, destacó la investigadora del IIS.

También sería necesario establecer mecanismos que permitan reducir la sobreexplotación y proteger la biodiversidad. La regulación debería considerar las cantidades recolectadas, las técnicas de captura, los periodos adecuados para la extracción y la protección de las plantas y ecosistemas asociados con los insectos.

Del mismo modo, resulta necesario mejorar las condiciones laborales de quienes realizan la recolección. El reconocimiento gastronómico de los insectos no debería desvincularse de las condiciones de las personas que realizan el trabajo necesario para que estos productos lleguen al mercado.

La conservación también requiere fortalecer la transmisión intergeneracional. Si la recolección deja de ser una actividad familiar y comunitaria y se convierte exclusivamente en una actividad comercial, existe el riesgo de que se pierdan conocimientos y prácticas que no pueden ser sustituidos simplemente por la venta del producto en restaurantes.

En este sentido, preservar el patrimonio alimentario significa mantener viva la relación entre alimento, territorio, comunidad, conocimiento y cultura, y no solamente conservar los insectos como ingredientes de una gastronomía comercial.

Una tradición que continúa, pero se transforma

La preservación de la entomofagia mexicana dependerá de que el reconocimiento cultural otorgado hace 16 años a la cocina tradicional de nuestro país se traduzca también en acciones concretas de protección ambiental, condiciones dignas para los recolectores, participación de las comunidades y acceso de las propias poblaciones a los alimentos que forman parte de su historia y patrimonio.

Más que convertir a los insectos en una moda gastronómica, el desafío consiste en garantizar que la entomofagia continúe siendo una práctica viva y significativa para las comunidades que históricamente han preservado los conocimientos relacionados con su recolección, preparación y consumo. En este sentido, su valorización no debería limitarse a su incorporación en espacios gastronómicos o comerciales, sino contribuir también al fortalecimiento de las comunidades que han mantenido esta práctica a lo largo del tiempo.

regresar

Del Harlem Shake a “farmear aura”: cómo las tendencias construyen comunidad

El Harlem Shake fue una de esas tendencias que, por un momento, parecían estar en todas partes. Personas de distintas edades y lugares del mundo grababan sus propias versiones, las compartían en internet y se sumaban así a un fenómeno que crecía con cada nuevo video. Más de una década después, las tendencias siguen formando parte de la vida cotidiana en redes sociales, aunque sus formas y códigos hayan cambiado. Hoy, expresiones como “farmear aura” muestran una nueva manera de participar en estos fenómenos colectivos.

Lo que ha cambiado no es la necesidad de pertenecer. Desde mucho antes de internet, las personas han buscado formar parte de un grupo, sentirse aceptadas y obtener reconocimiento de los demás. Lo que han transformado las redes sociales es la manera de hacerlo: ahora esa búsqueda puede ocurrir frente a una pantalla, a gran velocidad y ante una audiencia que puede estar en cualquier parte del mundo.

Por eso, detrás de un trend aparentemente pasajero puede haber algo más profundo que el simple entretenimiento. Participar en una tendencia permite compartir códigos con otras personas, sentirse parte de una comunidad y, al mismo tiempo, proyectar una determinada imagen de uno mismo.

Una sociedad cada vez más conectada y acelerada

Para comprender por qué las tendencias pueden convertirse en fenómenos colectivos es necesario observar primero el contexto en el que surgen: una sociedad cada vez más conectada, acelerada y mediada por la tecnología.

Héctor Alejandro Ramos Chávez, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI) de la UNAM y especialista en cómo las tecnologías están impactando en la formación de ciudadanía y en los procesos de socialización, destacó que cada vez se pasa más tiempo en internet y, especialmente, en las redes sociales digitales.

Esto provoca que la información circule prácticamente en tiempo real: una noticia puede ser conocida en distintos lugares del mundo apenas unos minutos después de haber ocurrido.

Esta velocidad también ha transformado la manera en que las personas se relacionan con la información, con los acontecimientos y entre sí. Los procesos sociales se aceleran y las tendencias aparecen, se reproducen y desaparecen con una rapidez que habría sido difícil de imaginar antes de la expansión de las plataformas digitales.

Pero la aceleración no solo modifica la manera en que circula la información. También influye en la sensación de estabilidad que experimentan los individuos y, con ello, en algunas de las formas tradicionales de construir vínculos y encontrar un sentido de pertenencia.

En ese sentido, el Dr. Ramos Chávez retomó el concepto de “modernidad líquida”, postulado por el sociólogo Zygmunt Bauman, para describir una sociedad en la que muchas de las estructuras que anteriormente proporcionaban estabilidad se han vuelto más cambiantes. Instituciones como la familia, la religión o el empleo funcionaban tradicionalmente como espacios capaces de proporcionar certezas, vínculos y sentido de pertenencia.

En el ámbito laboral, por ejemplo, durante buena parte del siglo XX era común imaginar una trayectoria relativamente estable dentro de una misma organización o profesión. Actualmente, los empleos pueden ser más dinámicos, los contratos más cortos y las trayectorias profesionales menos predecibles.

La llamada liquidez, sin embargo, no se limita al trabajo. También alcanza las relaciones sociales, las identidades y las formas en que las personas buscan reconocimiento. Cuando algunas de las estructuras tradicionales que proporcionaban certezas se debilitan, los individuos deben encontrar nuevas maneras de construir su identidad, relacionarse con los demás y sentirse parte de algo.

En este contexto, las redes sociales se convierten en uno de esos nuevos espacios de pertenencia. Y es precisamente ahí donde las tendencias adquieren una dimensión que va más allá del entretenimiento: permiten a las personas participar en códigos compartidos, mostrar quiénes son y obtener reconocimiento dentro de una comunidad digital.

La necesidad de pertenecer no es nueva

Participar en una tendencia no significa necesariamente que una persona quiera convertirse en famosa. Mucho antes de TikTok, Instagram o cualquier otra plataforma, las personas buscaban la aprobación de los demás y realizaban actividades que les permitían sentirse parte de un grupo.

El investigador del IIBI explicó que el ser humano es, por naturaleza, un ser social. La convivencia, el contacto con otras personas y la pertenencia a una comunidad han sido fundamentales para la vida en sociedad. Lo novedoso es que una parte cada vez mayor de esa necesidad de pertenencia se expresa ahora mediante herramientas digitales.

Seguir una tendencia, utilizar un audio, reproducir un formato de video, compartir un meme o adoptar una determinada estética puede convertirse en una manera de decir: “Soy parte de esto”. No necesariamente se trata de una decisión completamente consciente. En muchos casos, las personas simplemente observan lo que otros hacen, reconocen que existe una dinámica colectiva y deciden participar.

Así, los trends pueden funcionar como códigos compartidos. Quien conoce la referencia entiende el lenguaje; quien participa demuestra que está al tanto de lo que sucede dentro de determinado grupo. Por eso, aunque una tendencia pueda parecer superficial, también puede cumplir una función social.

Pero si participar permite demostrar que se pertenece a un grupo, surge otra pregunta: ¿qué valor tiene ese reconocimiento dentro de las plataformas digitales?

Del prestigio presencial al capital simbólico digital

Para comprender esta transformación, el Dr. Ramos Chávez también citó la teoría del sociólogo Pierre Bourdieu y su concepto de los distintos tipos de capital. Para Bourdieu, el capital no tiene que ser únicamente económico. Las personas poseen y movilizan diferentes recursos dentro de los espacios sociales. Entre ellos se encuentra el capital simbólico, relacionado con el reconocimiento, el prestigio y el valor que los demás atribuyen a determinadas características de una persona.

Si pertenecer implica, en buena medida, ser reconocido por otros, las redes sociales se convierten en un escenario donde ese reconocimiento puede exhibirse y hacerse visible.

Una fotografía, un video, una determinada forma de vestir, un viaje, una habilidad, una experiencia o una acción que genera admiración pueden funcionar como elementos mediante los cuales una persona comunica quién es y qué posición ocupa frente a los demás.

Cuando esos contenidos generan likes, comentarios, seguidores o visualizaciones, la plataforma proporciona una respuesta cuantificable. La persona ya no necesita únicamente percibir que es reconocida por su grupo. Ahora puede observar números que parecen indicar cuánto reconocimiento está obteniendo.

De esta manera, los jóvenes pueden mostrar y acumular capital simbólico a través de las plataformas digitales. La participación en trends se convierte en una forma de demostrar que se está al tanto de lo que sucede, que se posee determinado estilo o que se pertenece a una comunidad.

Pero cuando el reconocimiento puede medirse, también puede compararse. Y esa posibilidad introduce una nueva dimensión en la participación: la presión por no quedarse fuera.

La presión social y el miedo a quedar fuera

Cuando una persona observa que una actividad se está realizando masivamente y que quienes participan reciben atención, puede sentirse motivada a hacer lo mismo. Existe una tendencia humana a imitar comportamientos que parecen tener éxito, explicó el Dr. Ramos Chávez.

Las métricas de las plataformas pueden reforzar este mecanismo. Si una persona observa que determinado video acumula miles de visualizaciones o que una tendencia genera una gran cantidad de interacciones, puede interpretar esa respuesta como una señal de que participar es una manera de obtener reconocimiento.

Participar en un trend permite, además, evitar la sensación de estar fuera de la conversación.

En una sociedad donde las referencias culturales cambian rápidamente, conocer el meme, el audio, la expresión o el comportamiento del momento puede convertirse en una forma de pertenencia. Incluso las personas que no participan directamente pueden terminar vinculadas con una tendencia mediante memes, imágenes, videos o conversaciones.

De esta manera, un fenómeno puede expandirse más allá de quienes originalmente lo practican.

Sin embargo, la lógica de las plataformas produce un efecto aparentemente contradictorio. Mientras conecta a millones de personas alrededor de las mismas referencias, también permite que cada usuario encuentre comunidades cada vez más específicas.

Una paradoja: todos iguales, pero cada vez más fragmentados

Por un lado, los algoritmos pueden generar una enorme homogeneidad cultural. Una canción, una estética, un baile o un comportamiento pueden reproducirse simultáneamente en distintas partes del planeta. Las plataformas hacen posible que personas de países diferentes consuman contenidos similares y adopten referencias culturales comunes.

Pero, al mismo tiempo, las mismas tecnologías permiten la creación de comunidades extremadamente específicas.

Las redes sociales pueden funcionar como espacios de microsegmentación en los que grupos pequeños encuentran personas con intereses, identidades o gustos similares.

Así, internet produce simultáneamente una cultura global cada vez más homogénea y una sociedad dividida en numerosas microcomunidades. Las tendencias pueden unir a millones de personas alrededor de un mismo código y, al mismo tiempo, ayudar a que cada individuo encuentre un espacio social que responda a intereses mucho más particulares.

Esta doble capacidad de las plataformas —conectar y fragmentar— resulta especialmente relevante cuando se observa la experiencia de las generaciones más jóvenes.

¿Por qué son tan relevantes en la población juvenil?

Más allá del entretenimiento, las tendencias también pueden reflejar algunas de las preocupaciones de las nuevas generaciones.

Uno de los elementos señalados por el investigador es la ansiedad por la irrelevancia. Los jóvenes crecen en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la precarización laboral, las dificultades para acceder a empleos estables y la transformación de los espacios tradicionales de convivencia. A esto se suma el miedo a la soledad y a quedar excluidos socialmente.

En ese contexto, las redes sociales ofrecen una herramienta para controlar, al menos parcialmente, la propia narrativa. Cada usuario puede decidir qué historia contar sobre sí mismo, qué imagen presentar y qué aspectos de su vida hacer visibles.

La participación en tendencias puede convertirse así en una manera de afirmar: “Estoy aquí”, “Formo parte de esto” y “Soy relevante dentro de este grupo”.

La búsqueda de visibilidad no necesariamente responde únicamente al deseo de llamar la atención. También puede estar relacionada con la necesidad de construir una identidad reconocible y encontrar un lugar dentro de una comunidad. Es precisamente en este escenario donde expresiones como “farmear aura” adquieren sentido.

¿Qué significa “farmear aura”?

“Farmear aura” es un término que ha ganado espacio entre las generaciones más jóvenes. La expresión puede entenderse como un conjunto de acciones deliberadas mediante las cuales una persona busca proyectar ante los demás una personalidad atractiva, segura, interesante o con un estilo definido.

No se trata únicamente de hacer algo, sino de realizarlo de una manera que pueda producir una determinada percepción en quienes observan.

La expresión toma parte de su significado del mundo de los videojuegos. “Farmear” hace referencia a realizar determinadas actividades de manera constante para obtener puntos o recursos, o para avanzar dentro de un juego. El “aura”, por su parte, se relaciona con aquello que hace que una persona tenga presencia, resulte atractiva o proyecte determinadas características ante los demás.

Llevado a las redes sociales, “farmear aura” implica realizar acciones que permitan construir esa percepción. La persona busca mostrar seguridad, atractivo, estilo, éxito o una personalidad interesante. Y, sobre todo, busca que esa imagen sea reconocida por los demás.

En ese sentido, “farmear aura” puede interpretarse como una expresión contemporánea de una práctica mucho más antigua: la búsqueda de reconocimiento social. Lo que cambia es el escenario y, sobre todo, la velocidad con la que esa imagen puede construirse, difundirse y recibir una respuesta.

¿Desaparecerán los trends?

Cuando se le preguntó si en algún momento estas tendencias específicas desaparecerán, el Dr. Ramos Chávez respondió que es muy probable. Así como el Harlem Shake pertenece a una época determinada de internet y “farmear aura” responde a códigos culturales diferentes, en el futuro aparecerán nuevas expresiones, nuevos formatos y nuevas formas de interacción.

Lo que probablemente permanecerá es la infraestructura que hace posibles estos fenómenos. La tecnología continuará mediando una parte importante de los procesos sociales y los seres humanos seguirán utilizando las plataformas digitales para entretenerse, comunicarse, expresarse y buscar reconocimiento.

Por eso, más que preguntarnos cuánto durará una tendencia concreta, quizá sea más útil observar qué necesidad social consigue canalizar mientras existe. Al fin y al cabo, las personas siempre han buscado pertenecer, destacar y ser reconocidas. Lo que ha cambiado es el escenario: ahora gran parte de esa búsqueda ocurre frente a una pantalla y puede ser observada por una audiencia potencialmente global.

Desde el Harlem Shake hasta “farmear aura”, las tendencias cambian de nombre, estética y plataforma, pero permiten observar una transformación más profunda: la manera en que construimos identidad, buscamos reconocimiento y establecemos vínculos está cada vez más mediada por la tecnología. La tendencia cambia. La comunidad permanece.

regresar

Día Mundial de los Primeros Auxilios: la importancia de estar preparados

Saber cómo actuar durante los primeros minutos de una emergencia puede marcar una diferencia mientras llega la atención especializada. En el marco del Día Mundial de los Primeros Auxilios, que se conmemora el segundo sábado del mes de septiembre, es pertinente reflexionar sobre la importancia de conocer y aplicar estas medidas de atención inmediata.

De acuerdo con la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), sus Sociedades Nacionales llegan cada año a más de 50 millones de personas mediante actividades de sensibilización relacionadas con estas prácticas.

En México, la importancia de estar preparados ante una emergencia sigue siendo evidente. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los accidentes se mantuvieron entre las cinco principales causas de muerte en el país, después de las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus, los tumores malignos y las enfermedades del hígado.

Las cifras preliminares del INEGI registraron 762 mil 494 defunciones durante 2025. Del total, 89.8 % correspondió a enfermedades y problemas relacionados con la salud y 10.2 por ciento a causas externas, entre ellas accidentes, homicidios y suicidios.

Claudia Leija Fernández, académica de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, explicó en la versión original de esta nota que México enfrenta problemas complejos de salud pública ante la demanda de servicios de urgencias, particularmente por lesiones de causa externa y enfermedades repentinas.

¿Qué hacer ante una emergencia?

Cuando una persona sufre un accidente o presenta una emergencia médica y quienes se encuentran a su alrededor no cuentan con los medios para atenderla, una de las primeras acciones es solicitar ayuda especializada.

En México, el 9-1-1 es el número único de llamadas de emergencia y permite solicitar atención ante emergencias médicas, de seguridad y de protección civil.

Al realizar la llamada es importante conservar la calma, proporcionar la ubicación lo más precisa posible, explicar qué ocurrió y responder las preguntas de la persona operadora. También es recomendable no terminar la comunicación hasta que se indique y avisar a quienes se encuentran alrededor que la emergencia ya fue reportada.

Contar con conocimientos básicos de primeros auxilios permite realizar una primera valoración de la persona afectada y actuar mientras llegan los servicios especializados. La capacitación es importante porque una intervención inadecuada también puede agravar determinadas lesiones.

Los primeros auxilios no sustituyen la atención de profesionales de la salud. Su objetivo es brindar una respuesta inicial, segura y adecuada ante una emergencia hasta que sea posible recibir atención especializada.

De Solferino al movimiento internacional de la Cruz Roja

Uno de los antecedentes fundamentales de la atención humanitaria moderna ocurrió en 1859, después de la batalla de Solferino, en el norte de Italia. El suizo Henry Dunant presenció a miles de soldados muertos o heridos y, con ayuda de habitantes de la zona, participó en la atención de los sobrevivientes sin distinguir el bando al que pertenecían.

La experiencia lo llevó a publicar en 1862 Recuerdo de Solferino, obra en la que planteó la creación de sociedades voluntarias de socorro preparadas para atender a los heridos durante los conflictos.

Sus propuestas contribuyeron a la creación, en 1863, de lo que posteriormente se convertiría en el Comité Internacional de la Cruz Roja. Un año después se adoptó el primer Convenio de Ginebra, que estableció principios para mejorar la protección y atención de los soldados heridos.

Dunant recibió en 1901, junto con el pacifista francés Frédéric Passy, el primer Premio Nobel de la Paz.

Los primeros auxilios en México

La historia institucional de la Cruz Roja Mexicana se remonta a principios del siglo XX. De acuerdo con la propia institución, el 21 de febrero de 1910 se expidió el decreto que otorgó reconocimiento oficial a la entonces Asociación Mexicana de la Cruz Roja.

Ese mismo año comenzó a funcionar la Cruz Roja Mexicana en la Ciudad de México. Posteriormente envió una brigada a Ciudad Juárez para auxiliar a combatientes durante la Revolución Mexicana y comenzó a desarrollar servicios de urgencias.

A lo largo del siglo XX, distintos acontecimientos mostraron la importancia de contar con personal y población preparados para responder ante situaciones de emergencia y desastre. La capacitación en primeros auxilios se convirtió así en una herramienta no sólo para profesionales de la salud, sino también para personas que pueden encontrarse frente a una emergencia en la vida cotidiana.

Más allá de una efeméride, conocer los principios básicos de los primeros auxilios significa estar mejor preparados ante situaciones que pueden ocurrir en el hogar, el trabajo, la escuela o el espacio público. Saber pedir ayuda y actuar de manera adecuada durante los primeros minutos de una emergencia puede contribuir a reducir riesgos mientras llegan los servicios especializados.