regresar

¡Uf!, ¡auch!, ¡wow! Así suena el papel

En las novelas gráficas, el arte de la expresión verbal se dibuja, las palabras adquieren cuerpo, la literatura se rinde a las imágenes. Nuestros ojos recorren cada viñeta y descubren los escenarios, los rostros de los personajes y sus peripecias rumbo al desenlace de la historia. Y aunque la lectura parece silente, las onomatopeyas traspasan el papel y nos conducen por una experiencia sonora: las bombas estallan, ¡buum!; los cristales se rompen, ¡crash!; las multitudes vitorean, ¡ehhh!; los corazones laten, ¡pum-pum, pum-pum!

​Creamos las onomatopeyas para representar las voces del mundo; son las palabras de aquello que era un sonido, un ruido, un murmullo, un silbido, un chasquido o un estruendo. Son el resultado de actos imitativos con los que los seres humanos de todas las épocas hemos construido un repositorio ecoico del mundo. Ya en los textos platónicos se reconocía el vínculo entre el sonido y el significado de las palabras; se planteaba que la mímesis era un mecanismo para nombrar y se discutía si acaso no todos los nombres son, de algún modo, imitaciones del ser de las cosas.1 Hoy sabemos que las palabras asignadas a las realidades depositadas en las lenguas son producto de la convención entre los hablantes; esto es, del acuerdo social, casi nunca explícito, sedimentado históricamente por el uso. Aunque puede haber iconicidad, como sucede con las onomatopeyas, aceptamos que, en general, no hay relación entre aquello que nombramos y la forma sonora que utilizamos para hacerlo.

​Por otro lado, con las onomatopeyas, los seres humanos reinterpretamos los sonidos de nuestro entorno a partir de los recursos fonéticos de nuestra lengua; empero, esta capacidad no nos es exclusiva. Algunos animales reproducen el paisaje sonoro que habitan: las urracas, los cuervos y los loros destacan por su capacidad para imitar sonidos, sea de otras aves, de mamíferos (incluidos los seres humanos) o de objetos; por ejemplo, la lira (Menura), es un ave australiana que emula sonidos artificiales como el claxon de un automóvil.2 De igual modo, algunas focas, ballenas y delfines en cautiverio han desarrollado imitaciones de voces humanas; quizá uno de los casos más famosos es el de la foca Hoover, del Acuario de Nueva Inglaterra, en Boston, que, aproximadamente en los setenta del siglo pasado, imitaba el habla humana con frases como hello there, “hola” y come over here, “ven aquí”. De manera paradójica, nuestros parientes evolutivos más cercanos, los grandes simios, no muestran esta capacidad vocálica imitativa, aunque aprenden con relativa facilidad lenguaje de señas.3 Por su parte, el oído de los seres humanos está capacitado, desde las primeras etapas del desarrollo, para percibir, distinguir y organizar los sonidos de su entorno.4 Identificamos diferencias acústicas, duración, intensidad o patrones de volumen y luego vinculamos estas cualidades con los seres vivos, con los objetos, los acontecimientos o los fenómenos naturales que los producen. Esta capacidad biológica nos permite imitar los sonidos, representarlos fonéticamente, asignarle uno o varios significados y adscribirlos a nuestra lista mental de palabras para luego integrarlos a una escena sonora.

Las onomatopeyas se integran al vocabulario de nuestra lengua de diversas formas. Por ejemplo, tenemos aquellas palabras que imitan sonidos humanos, como la risa, ha ha ha, he he he, ja ja ja, je je je, ji ji ji…; el enfado, buah, buuu, hmm, mmm, pfff, puah…; el carraspeo o la tos, cof cof, ejem ejem, ujum ujum…; los estornudos, aaachís, achú, achús, atchís…; la deglución, ñam ñam, glu glu, gulp, gulp…; el llanto, bua bua, snif snif, waaa….; los ronquidos, rrr, zzz….; el dolor, au, auch, ay, uy…; la emoción o sorpresa, ah, eh, guau, oh, wow…; el frío, berr, brrr, brru…; el asco, buag, ñac…; los eructos, burp…; los besos, muac…; el hipo, hip….; el alivio, uf; el habla, bla bla, güiri güiri…, por mencionar algunos.

​Son también muy comunes las onomatopeyas que representan los sonidos que emite la animalia, como el sonido de la abeja, bzzz; del búho, uhú; del burro, iaaa; del caballo, hiii; del cerdo, oinc oinc; de la gallina, clo clo; del gallo, quiquiriquí; del gato, miau; del grillo, cri cri; del león, roaar; del lobo, aúúú; del mosquito, bzzz; de la oveja, beee; del pato, cuac; del perro, guau; del pollo, pío pío; del ratón: iii iii; de la rana, croac; de la serpiente, ssss o de la vaca, muuu. Las nociones y los objetos inanimados también producen sonidos que las onomatopeyas convierten en palabras, como las explosiones o disparos: bang bang bang, boom, bum, paf, pam, pataplum, patapum, pim pam, pum pum pum, ra ta ta ta…; los golpes: cataplum, cataplún, crash, plaf, plas, plof, plop, splash, trac, tracatrá, tras, zas, zasca…; los crujidos: catacrac, crac, crack, croc, crunch, ras, scratch…; los mecanismos: chac chac, chas, clac, clic, clip, clop, tac, toc…; las campanas, timbres y toques: chirrín, clin, clinc clinc, cling, din don dan, ding dong, ring, rin rin, talán talán, tan tan, tilín tilín, tolón tolón, toc toc…; la fricción: chits, fiiiu, fru fru, pfiuu, zip… o la velocidad: fuuun, run run, rrr, ssum, entre otros.

​En español tenemos, asimismo, un número no desdeñable de palabras cuya etimología se remonta a la imitación de algún sonido; así, por ejemplo, el Diccionario de la lengua española nos dice que los sustantivos batacazo, bofe, burbuja, carcajada, carraspera, cencerro, changarro, chapa, chaparrón, charamusca, charco, chasco, chispa, chorcha, chorro, churro, dengue, gargajo, garganta, pirinola (y perinola), pito, rifa, rifirrafe, sapo, tirria, títere, tope, trampa, trino, trompa, tuétano y vaho tienen un origen onomatopéyico. Lo tienen también los adjetivos bárbaro, bereber, bofo, fofo, guarro, pizpireto y zángano; y los verbos achuchar, arrullar, bambolear, berrear, borbotear, bufar, chacotear, chapotear, chirriar, chocar, chupar, papear, pizcar, refunfuñar, rezongar, tambalear, tararear, tocar, topar, trepar, tumbar, zampar y zumbar, por mencionar algunos.

En muchos de estos casos es posible reconstruir el vínculo de estas palabras con el sonido que las originó, ya que se repiten algunos movimientos de la boca. Así, la voz churro, referida al postre frito, se forma a partir del sonido que produce el redondeamiento y cierre de los labios como para pronunciar el sonido de la ch, seguido de la repetición del sonido de la r, lo cual recuerda el chisporroteo de la masa húmeda al entrar en contacto con el aceite caliente. En otros casos, el tiempo ha difuminado la relación y su reconstrucción resulta mucho más compleja, tal como se podría suponer de la palabra dengue, que habría surgido a partir de la imitación del habla afectada de una persona melindrosa, de ahí que originalmente hiciera referencia a gestos de disgusto y, con el tiempo, terminó por nombrar una enfermedad cuyos dolores y rigidez obligan a quienes la padecen a moverse con una apariencia semejante a quienes hacen dengues. Las onomatopeyas no reproducen los sonidos con exactitud, sino que los “traducen” de acuerdo con las posibilidades fonéticas de cada lengua y con las convenciones culturales de sus hablantes; por eso, en alemán el ladrido es wuff wuff, en coreano meong meong y en español guau guau.

​Para terminar, basta con decir que en las novelas gráficas, las onomatopeyas marcan el ritmo de las páginas e, incluso, sonorizan el final de un relato… ¡tan tan!

regresar

El regreso del Códice Azcatitlan: una memoria de México que vuelve a casa

Después de casi dos siglos fuera del país, el Códice Azcatitlan regresa temporalmente a México. El documento se exhibirá en el Museo Nacional de Antropología hasta el 6 de diciembre de 2026, en el marco de las conmemoraciones por los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia.

La presencia de este histórico manuscrito permite al público acercarse a la historia de la peregrinación mexica, a sus relatos de origen y al recorrido que, de acuerdo con esta tradición, llevó a estos pueblos desde Aztlan hasta la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco. Sus imágenes también permiten conocer la manera en que, siglos después, estas historias fueron recuperadas, reinterpretadas y plasmadas en un documento que hoy forma parte de la memoria histórica de México.

Lámina del Códice Azcatitlan interpretada como la entrada de Hernán Cortés a Tenochtitlan. En la escena se han identificado, entre otros personajes, a Malintzin y Hernán Cortés.

Para profundizar en lo que hay detrás de este documento, se consultó a la Dra. María Castañeda de la Paz, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM y especialista en el estudio de códices pictográficos del centro de México. Su trabajo académico se ha concentrado en la historia prehispánica y virreinal de estos pueblos, a partir del análisis de códices, crónicas y documentos de archivo.

Un documento y muchas historias

El Códice Azcatitlan es un documento pictográfico elaborado en el Valle de México durante el periodo virreinal. De acuerdo con la propuesta de la Dra. María Castañeda de la Paz, su elaboración debe situarse probablemente en la segunda mitad del siglo XVII. Está compuesto por 20 fojas y combina elementos de la tradición pictográfica mesoamericana con recursos de origen europeo. Al mismo tiempo, recupera tradiciones históricas mexicas relacionadas con documentos y representaciones anteriores.

La Dra. María Castañeda de la Paz, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, durante la consulta de materiales relacionados con el estudio del Códice Azcatitlan.
La Dra. María Castañeda de la Paz ha dedicado parte de su trabajo académico al estudio de códices pictográficos del centro de México, entre ellos el Códice Azcatitlan.

Aunque sus imágenes representan acontecimientos mucho más antiguos, el códice fue elaborado siglos después de la fundación de México-Tenochtitlan y no constituye un relato contemporáneo de esos acontecimientos. Su contenido debe entenderse, por tanto, como una reconstrucción del pasado mexica en la que confluyen distintas tradiciones y formas de representar la historia.

De acuerdo con la investigadora, el taller en el que se elaboró estuvo encabezado por don Diego García, conocido también como Diego García de Mendoza Austria Moctezuma. Era un arriero otomí que participaba en la elaboración de documentos para distintos pueblos así como para él y su familia.

Estos documentos tenían una función que iba más allá de conservar el pasado. Servían para preservar la historia y la identidad de las comunidades y, en el caso de don Diego García, podían contribuir a mejorar su posición social, obtener reconocimiento y acceder a cargos. La elaboración de documentos era también una actividad económica.

Entender quién produjo el códice y en qué contexto resulta importante porque permite acercarse a una de sus características centrales: el Azcatitlan no transmite una memoria intacta del pasado, sino una memoria reconstruida desde el periodo virreinal. Esa perspectiva se vuelve especialmente relevante al analizar la manera en que presenta el origen y la migración de los pueblos.

El origen de los pueblos

Uno de los temas centrales del Códice Azcatitlan es el origen y la migración de los pueblos que habitaron la cuenca de México. Los mexicas estaban conformados por dos pueblos: tenochcas y tlatelolcas. De acuerdo con la investigadora, todo indica que ambos tenían un origen norteño y chichimeca y que su lugar de procedencia inicial era Chicomoztoc, el lugar de las Siete Cuevas. Esta tradición, sin embargo, no permaneció inalterada con el paso del tiempo.

De acuerdo con la interpretación de Castañeda de la Paz, con la llegada de Itzcoatl al poder, en 1427, comenzó a construirse una nueva tradición sobre el origen de los tenochcas. A partir de entonces, Aztlan se consolidó como su lugar de procedencia, una tradición que permitía vincularlos con la identidad tolteca y con pueblos sedentarios de habla náhuatl que reivindicaban derechos antiguos sobre la tierra.

Desde entonces, las tradiciones sobre el origen de tenochcas y tlatelolcas no eran idénticas. Mientras los tenochcas quedaron asociados con Aztlan, los tlatelolcas conservaron vínculos con Chicomoztoc y con un origen chichimeca.

El Códice Azcatitlan reúne estas distintas referencias dentro de un mismo relato de peregrinación. La narración comienza en Aztlan y, a lo largo del recorrido, incorpora otros lugares asociados con el origen y la migración de los pueblos, entre ellos Chicomoztoc. De esta manera, el códice no presenta estos lugares necesariamente como relatos excluyentes, sino como parte de una historia más amplia sobre el desplazamiento de los pueblos hasta su llegada a la cuenca de México.

En esta construcción, señala la investigadora, también resulta significativa la representación de Azcapotzalco. En la escena de Aztlan aparece el topónimo de Azcapotzalco, representado mediante una hormiga dentro de un hormiguero. Junto a él se incorporó un mecate, cuya imagen podía aludir al linaje. La combinación de ambos elementos establece una relación entre Azcapotzalco y el linaje de los tenochcas y tlatelolcas.

Así, el códice articula referencias a Aztlan, Chicomoztoc y Azcapotzalco dentro de un mismo relato. Más que ofrecer una única explicación sobre el origen de los pueblos, construye una narración que reúne distintas tradiciones y las conduce hacia un mismo proceso migratorio, cuyo desenlace es la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco.

El camino hacia la cuenca de México

Si el origen constituye el punto de partida del relato, la migración mexica es el recorrido que permite conectar esas tradiciones con la fundación de los asentamientos. Este se divide en dos grandes momentos.

El primero corresponde a un pasado remoto, en el que se representan los lugares de origen y las primeras etapas de la migración.

En esta parte del relato aparecen lugares como Chicomoztoc y Aztlan, vinculados con el origen de los pueblos y con el inicio de su desplazamiento. A partir de estos espacios comienza un largo recorrido marcado por distintas paradas, acontecimientos y cambios en el territorio, que permiten reconstruir de manera retrospectiva el camino seguido por los grupos migrantes.

El segundo momento corresponde a un periodo histórico, en el que el recorrido adquiere una dimensión más concreta y se relaciona con la llegada de los mexicas a la cuenca de México.

En esta etapa aparecen los desplazamientos y asentamientos que anteceden a su establecimiento definitivo, así como la relación que fueron construyendo con otros pueblos y territorios de la cuenca. De este modo, el relato deja atrás los espacios asociados con un pasado remoto y se aproxima progresivamente a acontecimientos que pueden situarse con mayor claridad dentro de la historia de la región.

El recorrido culmina con el establecimiento de los mexicas en la cuenca de México y con la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco. La llegada a estos dos asentamientos constituye, así, el punto final de un proceso migratorio que el códice presenta como una secuencia que va desde los lugares de origen hasta la conformación de nuevos centros de población.

La fundación de ambas ciudades no aparece, por tanto, como un acontecimiento aislado, sino como el desenlace de un largo recorrido que conecta el pasado remoto de los pueblos con su establecimiento definitivo en la cuenca de México.

Tenochtitlan y Tlatelolco, una historia compartida

El recorrido migratorio del Códice Azcatitlan llega a su punto culminante con la fundación de Tenochtitlan y Tlatelolco. Sobre este apartado, la Dra. Castañeda de la Paz explicó que el códice presenta ambas fundaciones de manera conjunta, a diferencia de algunas fuentes alfabéticas que señalan que Tlatelolco fue fundado 13 años después de Tenochtitlan.

La diferencia también aparece en otras fuentes pictográficas. El Mapa de Sigüenza, del siglo XVI, por ejemplo, representa la fundación de Tlatelolco de manera independiente.

Más allá de las distintas versiones sobre la fundación, esta representación permite detenerse en los vínculos que los tlatelolcas mantenían con otros señoríos de la cuenca de México, particularmente con Azcapotzalco. Los tlatelolcas tuvieron una relación estrecha con este señorío, que también aparece vinculada con su propia historia de origen y establecimiento en la cuenca.

Su primer gobernante, Cuacuauhpitzahuac, era hijo de Tezozomoc, gobernante de Azcapotzalco, y ambos aparecen representados en el códice.

Los datos arqueológicos también apuntan a una relación temprana entre los tlatelolcas y Azcapotzalco, dice la investigadora. Los tlatelolcas estuvieron vinculados con actividades como la pesca y la extracción de sal y, posteriormente, establecieron una casa real encabezada por Cuacuauhpitzahuac.

Esta relación ayuda a entender por qué la fundación de Tlatelolco puede leerse dentro de una historia más amplia de vínculos entre pueblos, linajes y señoríos de la cuenca de México. En el Códice Azcatitlan, la fundación no aparece aislada, sino integrada a un relato que también recupera las relaciones que precedieron al establecimiento de estos centros de población.

De esta manera, el códice articula distintas tradiciones sobre el origen, la migración y el establecimiento de los pueblos en la cuenca. Aztlan, Chicomoztoc y Azcapotzalco forman parte de una narración que conduce hasta Tenochtitlan y Tlatelolco, pero que también conserva las relaciones entre los pueblos y territorios que participaron en ese proceso.

Más que ofrecer una narración lineal del pasado, el Azcatitlan reúne y reorganiza distintas tradiciones para construir una historia en la que los lugares de origen, los recorridos migratorios, los linajes y las fundaciones están vinculados entre sí.

Leer las imágenes también es hacer historia

Para comprender este relato es necesario detenerse también en la manera en que se leen las imágenes. La Dra. Castañeda de la Paz subrayó que el Códice Azcatitlan no puede estudiarse de manera aislada y que, para interpretarlo, es necesario comparar sus imágenes con otras fuentes pictográficas y alfabéticas: otros códices, mapas, crónicas y documentos de archivo.

El objetivo de esta comparación es encontrar coincidencias, diferencias y transformaciones entre las distintas versiones de un acontecimiento. Por eso, sus imágenes no deben tomarse simplemente como una representación literal del pasado. También hay que preguntarse cuándo fueron elaboradas, cómo se construyeron y con qué propósito.

Esta perspectiva permite regresar a una de las preguntas que atraviesan todo el documento: ¿cómo se construye una memoria histórica? En el caso del Azcatitlan, la respuesta no está únicamente en lo que representan sus imágenes, sino también en las decisiones que determinaron qué tradiciones conservar, cómo relacionarlas y desde qué momento histórico representarlas.

Un códice lejos de México

La historia del Códice Azcatitlan no termina con su elaboración. Actualmente se encuentra bajo resguardo de la Biblioteca Nacional de Francia, donde forma parte de la colección de manuscritos mexicanos. La institución permite consultar una reproducción digital del documento a través de Gallica, lo que facilita el acceso a sus imágenes y permite estudiar el códice sin necesidad de consultar directamente el manuscrito original.

Su permanencia fuera de México, sin embargo, ha suscitado el debate en torno a la posibilidad de que el códice regrese al país y a los sujetos que podrían intervenir en un proceso de esta naturaleza.

Los mecanismos internacionales de restitución de bienes culturales no operan de manera uniforme, pues el destino de una pieza y las personas o instituciones facultadas para solicitar su devolución dependen de las circunstancias particulares de cada caso.

En el contexto mexicano, las solicitudes de restitución pueden ser gestionadas por instituciones del Estado, mientras que las comunidades o los descendientes vinculados con los bienes pueden plantear, según el caso, distintas formas de relación con ellos.

Esta cuestión resulta especialmente relevante para el Códice Azcatitlan debido a las dificultades para reconstruir la historia de su procedencia. Asimismo, la investigadora del IIA señaló la necesidad de determinar qué ocurrió con los descendientes de don Diego García, personaje relacionado con el taller en el que fue elaborado el documento.

Más que asumir de antemano quién tendría derecho a solicitar la restitución del códice, resulta necesario reconstruir estos vínculos históricos para comprender qué actores podrían estar relacionados con una eventual solicitud y cuál podría ser su papel en ella.

La discusión sobre su permanencia fuera de México introduce, así, otra dimensión de la memoria que atraviesa al códice: no solo importa cómo se construyó y transmitió el relato sobre el pasado, sino también quién conserva hoy el documento que contiene parte de esa memoria.

Volver a mirar el pasado

El regreso temporal del Códice Azcatitlan permite acercarse a un documento que reúne relatos de origen, migraciones, linajes y fundaciones, pero también diferentes maneras de construir la memoria histórica.

Sus imágenes cuentan una historia, pero también cuentan la historia de quienes las produjeron, de las tradiciones que recuperaron y de la sociedad en la que el documento fue elaborado.

Más que ofrecer una versión única sobre el origen de los mexicas, el Azcatitlan reúne un conjunto de tradiciones que deben ser contrastadas con otras fuentes. Leerlo implica observar sus imágenes, pero también preguntarse quién las produjo, cuándo y con qué propósito.

Su presencia temporal en México ofrece, así, la oportunidad de volver a mirar un documento fundamental para comprender cómo los pueblos indígenas del centro de México construyeron, conservaron y transmitieron su memoria a través del tiempo.

regresar

¿Qué pasaría si un asteroide impactara la Tierra?

Hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra en la región de lo que hoy conocemos como Chicxulub, en la península de Yucatán. Se trató de un acontecimiento extremadamente raro. Se calcula que los impactos de objetos de ese tamaño ocurren, en promedio, aproximadamente una vez cada 100 millones de años.

Sin embargo, objetos mucho más pequeños entran constantemente en la atmósfera terrestre. De hecho, cada noche, si se observa el cielo durante un rato, es posible ver estrellas fugaces: pequeñas partículas, de apenas milímetros o centímetros, conocidas como meteoroides, que ingresan a gran velocidad, se calientan y se desintegran en la atmósfera, dejando un rastro luminoso.

Todo el tiempo llegan a la Tierra pequeños fragmentos de roca y polvo, muchos de ellos procedentes de asteroides o cometas y relacionados con los materiales que quedaron de la formación del sistema solar, explicó en entrevista Sergio de Regules, divulgador de Universum, Museo de las Ciencias, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia.

“Con menos probabilidad, se pueden observar objetos más grandes”, dijo el también redactor de la revista ¿Cómo ves?, de la DGDC. Incluso, ahora se observan más porque hay cámaras por todas partes. Mientras más grande sea el objeto, menos frecuente es que llegue a la Tierra. Por ejemplo, los objetos de 20 o 30 metros son mucho menos comunes.

Uno de los casos mejor documentados ocurrió el 15 de febrero de 2013 en Cheliábinsk, Rusia, cuando un objeto de aproximadamente 20 metros de diámetro entró en la atmósfera y se fragmentó violentamente a gran altura, alrededor de 30 kilómetros sobre la superficie.

Aunque el fenómeno ofreció un espectáculo impresionante, también causó estragos. Al ingresar a gran velocidad en la atmósfera, el objeto produjo una potente onda de choque que rompió ventanas y provocó daños en techos y otras estructuras. Alrededor de mil 500 personas resultaron heridas, muchas de ellas por fragmentos de vidrio. Afortunadamente, nadie murió.

Uno de los mayores fragmentos recuperados, de aproximadamente 650 kilogramos, cayó en el lago Chebarkul y abrió un boquete de alrededor de siete metros en la capa de hielo.

En la mayoría de los casos, los objetos pequeños se desintegran total o parcialmente en la atmósfera. Sin embargo, un objeto suficientemente grande puede causar daños no solo por el impacto contra la superficie, sino también por el estallido en la atmósfera y la onda de choque que genera. En eventos excepcionalmente luminosos, como el de Cheliábinsk, la radiación emitida puede ser tan intensa que incluso se han documentado lesiones semejantes a quemaduras solares.

La buena noticia es que cuanto más grandes son estos objetos, menos frecuentes son sus impactos. Las estimaciones utilizadas en defensa planetaria calculan que un asteroide de unos 300 metros podría impactar la Tierra, en promedio, una vez cada varias decenas de miles de años y producir efectos regionales de enorme magnitud. Los objetos capaces de provocar consecuencias globales son todavía mayores y mucho menos frecuentes.

¿Cómo nos cuidan?

En 1993, los astrónomos Carolyn Jean Shoemaker, Eugene M. “Gene” Shoemaker y David H. Levy descubrieron el cometa Shoemaker-Levy 9, que había quedado atrapado por la gravedad de Júpiter y se había fragmentado. Entre el 16 y el 22 de julio de 1994, sus restos chocaron contra ese planeta.

El fenómeno pudo observarse y fotografiarse con telescopios desde la Tierra y fue estudiado por distintas sondas espaciales, entre ellas Galileo, que se encontraba en camino hacia Júpiter.

Este acontecimiento, sumado a la evidencia de que el impacto de un asteroide estuvo relacionado con la extinción masiva de finales del Cretácico, contribuyó a aumentar la atención científica y pública sobre el riesgo que estos objetos pueden representar para la Tierra.

Durante las décadas siguientes se fortalecieron los programas de observación dedicados a localizar, seguir y estudiar asteroides y cometas cercanos a nuestro planeta.

Actualmente existen numerosos programas de vigilancia y distintos censos que permiten identificar estos objetos, estudiar sus características y calcular sus órbitas para determinar si alguno podría representar un riesgo. La defensa planetaria de la NASA, por ejemplo, mantiene programas dedicados a detectar y seguir objetos cercanos a la Tierra.

Júpiter también juega un papel importante en la dinámica de los cuerpos pequeños del sistema solar. Debido a su enorme gravedad puede capturar algunos objetos, expulsarlos del sistema solar o alterar sus órbitas. Sin embargo, su papel como supuesto “escudo” de la Tierra es más complejo: en determinadas circunstancias también puede modificar las trayectorias de asteroides o cometas y enviarlos hacia el sistema solar interior.

¿Qué trajeron los impactos?

Cuando surgió el sistema solar, hace aproximadamente 4 mil 600 millones de años, el Sol se formó a partir de una nube de gas y polvo. A su alrededor quedó un disco de material en el que pequeñas partículas comenzaron a agruparse hasta formar cuerpos cada vez mayores.

La Tierra se formó mediante ese proceso de acreción: pequeños cuerpos, conocidos como planetesimales, chocaron y se fueron acumulando hasta formar objetos cada vez más grandes y, finalmente, los planetas.

El origen del agua de la Tierra continúa siendo objeto de investigación. Una de las principales hipótesis plantea que una parte importante estaba presente en los materiales con los que se formó nuestro planeta o llegó durante sus primeras etapas mediante cuerpos ricos en agua, entre ellos asteroides relacionados con las condritas carbonáceas. Los cometas también pudieron contribuir, aunque todavía se investiga qué proporción del agua terrestre pudo provenir de cada fuente.

¿La vida llegó a la Tierra en un meteorito?

Hasta el momento no existe evidencia de que la vida haya llegado a la Tierra dentro de un meteorito.

Sí sabemos, en cambio, que los elementos fundamentales para la vida y numerosas moléculas orgánicas están presentes en el espacio. Algunos de estos compuestos se han identificado en meteoritos, asteroides y cometas.

Una posibilidad es que algunos de los ingredientes químicos necesarios para el surgimiento de la vida hayan llegado a bordo de objetos que impactaron contra la Tierra. Sin embargo, esto es muy distinto a afirmar que un meteorito llegó cargado de bacterias u otros organismos vivos.

¿Y si cayera un asteroide grande?

En un escenario hipotético, si un asteroide de más de 300 metros de diámetro impactara contra la Tierra, las consecuencias dependerían de diversos factores: su tamaño, composición, velocidad, ángulo de entrada y el lugar donde ocurriera el impacto.

Si cayera en el océano podría generar tsunamis destructivos, cuya magnitud dependería también de la profundidad del océano, el sitio del impacto y la distancia a las costas. Si impactara en tierra, la onda expansiva, la radiación térmica y el material expulsado podrían provocar una devastación muy importante en una extensa región.

Pero un objeto del tamaño del que formó el cráter de Chicxulub, de entre 10 y 15 kilómetros, produciría un escenario completamente distinto.

Tras el impacto, enormes cantidades de roca y otros materiales serían expulsadas a la atmósfera. Parte de ese material podría alcanzar grandes alturas y posteriormente regresar a la superficie. Su reingreso contribuiría a un intenso calentamiento atmosférico y podría favorecer incendios extensos en distintas regiones del planeta.

“A las pocas horas del impacto el escenario sería espeluznante”, explicó De Regules.

Sin embargo, uno de los efectos más graves ocurriría posteriormente. El polvo, el hollín y los aerosoles expulsados y distribuidos por la atmósfera reducirían drásticamente la cantidad de luz solar que alcanza la superficie terrestre.

Esto podría producir un “invierno de impacto”, con un enfriamiento global intenso que podría prolongarse durante meses o años. La duración y magnitud dependerían de la cantidad y composición de los materiales liberados durante el impacto.

La disminución de la luz solar afectaría gravemente la fotosíntesis. Al reducirse la productividad de las plantas y del fitoplancton, comenzarían a alterarse las cadenas alimenticias tanto terrestres como marinas, uno de los mecanismos relacionados con la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años.

En aquel evento desaparecieron los dinosaurios no avianos, pero sobrevivieron algunos linajes de aves, que constituyen el único grupo de dinosaurios que llegó hasta nuestros días. También sobrevivieron mamíferos y numerosos organismos de otros grupos. En algunos casos, refugiarse bajo tierra, vivir en ambientes acuáticos o poder alimentarse de recursos diversos pudo favorecer su supervivencia.

Si un acontecimiento semejante volviera a ocurrir, las consecuencias para nuestra civilización serían enormes y no es posible saber con certeza qué ocurriría con los seres humanos. Sin embargo, la historia del planeta muestra que la vida ha conseguido persistir incluso después de grandes extinciones.

De momento, no hay un objeto conocido de estas dimensiones en trayectoria de impacto contra nuestro planeta. Además, ningún asteroide conocido de más de 140 metros representa actualmente una amenaza significativa de impacto para la Tierra durante los próximos 100 años.

Esto no significa que la vigilancia pueda detenerse. Los programas de defensa planetaria continúan buscando objetos todavía no identificados y refinando constantemente los cálculos de sus órbitas.

Lo mejor es saberlo

Si se detectara con suficiente anticipación un objeto capaz de destruir una ciudad o causar efectos regionales importantes, una de las mejores herramientas para la humanidad sería conocer su trayectoria con años de anticipación y tratar de modificarla.

La NASA ya demostró que esto es posible con la misión DART. Hace casi cuatro años, el 26 de septiembre de 2022, la nave impactó deliberadamente contra Dimorphos, un pequeño asteroide que orbita alrededor de otro llamado Didymos.

El objetivo era comprobar si un impacto controlado podía modificar ligeramente la órbita de un cuerpo espacial. La misión logró hacerlo y demostró por primera vez que una técnica de este tipo puede utilizarse como herramienta de defensa planetaria.

“Entrando al tema de la ciencia ficción, la otra sería tomar medidas precautorias, desde evacuar una región hasta construir naves para salir y colonizar Marte”, concluyó De Regules.

Por ahora, la mejor defensa consiste en mirar el cielo, identificar los objetos con suficiente anticipación y calcular con precisión hacia dónde se dirigen.

regresar

Más allá del tratamiento: cómo el ejercicio puede ayudar ante las enfermedades autoinmunes

Vivir con una enfermedad autoinmune puede implicar cambios importantes en la vida cotidiana. El dolor, la fatiga, la rigidez y la inflamación pueden dificultar actividades que antes se realizaban con facilidad, mientras que los tratamientos y las limitaciones físicas pueden llevar a modificar hábitos, trabajo o actividades recreativas.

En este contexto, el ejercicio puede convertirse en un aliado para cuidar la salud física y, al mismo tiempo, recuperar movilidad, autonomía y confianza. Aunque cada enfermedad autoinmune tiene características distintas y puede afectar diferentes partes del organismo, la actividad física, cuando se adapta a las condiciones de cada persona, puede contribuir a mejorar su capacidad funcional y calidad de vida.

Sobre este tema, Deporte UNAM dedicó un episodio de su podcast a “Ejercicio y enfermedades autoinmunes: beneficios y recomendaciones”, con el objetivo de explicar cómo las personas que viven con alguno de estos padecimientos pueden fortalecer su cuerpo, mejorar su condición física y favorecer hábitos que contribuyan al cuidado de su salud.

¿Qué son las enfermedades autoinmunes?

Antes de hablar de los beneficios del ejercicio, es necesario entender qué ocurre en las enfermedades autoinmunes. La Dra. Ana Contreras Barocio, especialista en Medicina de la Actividad Física y Deportiva por la Dirección de Medicina del Deporte de la UNAM, explicó que estas enfermedades se presentan cuando el sistema inmunológico, que normalmente se encarga de defender al organismo frente a virus, bacterias y otros agentes extraños, pierde la capacidad de reconocer adecuadamente los propios tejidos y genera una respuesta contra células, tejidos u órganos del organismo.

De acuerdo con datos de la Asociación Autoinmune, existen más de 100 enfermedades autoinmunes. Entre las más comunes se encuentran la diabetes tipo 1, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple y el lupus. También forman parte de este grupo padecimientos como el síndrome de Sjögren, la tiroiditis de Hashimoto y la anemia perniciosa.

Aunque se trata de enfermedades diferentes, muchas pueden asociarse con una respuesta inmunitaria alterada y procesos inflamatorios que contribuyen a la aparición de síntomas como dolor muscular y articular, rigidez, fatiga y malestar general.

Además, por tratarse en muchos casos de enfermedades crónicas, requieren seguimiento médico y un tratamiento individualizado que permita controlar la actividad de la enfermedad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.

¿Cómo ayuda el ejercicio ante estas enfermedades?

La evidencia acumulada durante aproximadamente dos décadas indica que el ejercicio puede ser una intervención beneficiosa en diversas enfermedades autoinmunes. Una revisión sistemática publicada en 2024, que incluyó 87 estudios, encontró que los programas de ejercicio pueden producir efectos favorables sobre determinados marcadores inflamatorios, particularmente aquellos que combinan diferentes modalidades, como el ejercicio aeróbico y el entrenamiento de resistencia. La mayoría de los protocolos incluidos emplearon intensidades moderadas.

Entre sus principales beneficios se encuentran la reducción de la fatiga y el dolor, así como mejoras en la capacidad funcional, la fuerza y la composición corporal. Estos efectos pueden variar de acuerdo con la enfermedad, el estado clínico y las características del programa de ejercicio.

Pero los beneficios del ejercicio no se limitan a mejorar la condición física. La actividad física genera adaptaciones neuroendocrinas, metabólicas e inmunológicas que pueden ayudar a explicar sus efectos sobre el organismo.

Uno de los mecanismos involucrados es la función del músculo esquelético. Durante la contracción muscular, este tejido libera mioquinas, moléculas que participan en la comunicación entre el músculo y otros tejidos y que pueden contribuir a modular la respuesta inflamatoria. A esto se suma el efecto del ejercicio sobre el tejido adiposo visceral, cuya reducción y modificación metabólica pueden contribuir a disminuir el entorno proinflamatorio asociado con la adiposidad excesiva.

De esta manera, el ejercicio puede entenderse como un estímulo fisiológico capaz de generar adaptaciones que favorecen la regulación de procesos inflamatorios y metabólicos. La interacción entre el músculo esquelético, el tejido adiposo y el sistema inmunitario constituye uno de los mecanismos que ayudan a explicar sus efectos en las enfermedades autoinmunes.

Beneficios que pueden variar según la enfermedad

Los efectos de la actividad física no son iguales para todas las enfermedades autoinmunes. Por ello, conocer las características de cada padecimiento es fundamental para determinar qué tipo de ejercicio puede resultar adecuado.

En el caso de la artritis reumatoide, el ejercicio puede favorecer adaptaciones fisiológicas relacionadas con la inflamación y el funcionamiento del organismo. Sin embargo, los efectos observados sobre citocinas y otros marcadores inflamatorios pueden variar entre estudios y según el tipo de ejercicio realizado.

Los beneficios clínicos están mejor documentados en aspectos como la reducción de la fatiga y el dolor, así como en mejoras en la capacidad aeróbica, la fuerza muscular, la función física, el bienestar psicosocial, el sueño y la calidad de vida.

Otro ejemplo es la tiroiditis de Hashimoto, en la que el ejercicio puede utilizarse como complemento del tratamiento convencional. Algunos estudios, junto con la evidencia disponible en personas con hipotiroidismo, indican que el ejercicio puede favorecer distintos aspectos de la salud física y mental, así como la capacidad funcional y la composición corporal.

El beneficio también puede ser emocional

Los efectos del ejercicio también pueden trascender el ámbito físico. En una persona con una enfermedad autoinmune, el dolor, la rigidez y la fatiga pueden limitar actividades cotidianas y modificar progresivamente su forma de relacionarse con su entorno.

En este contexto, recuperar de manera gradual la capacidad para moverse y realizar actividades puede favorecer la autonomía y ayudar a que la persona retome aquellas tareas y experiencias que son significativas para su vida cotidiana. Así, el ejercicio puede formar parte de un proceso de cuidado que no busca únicamente mejorar la condición física, sino también preservar la independencia y la calidad de vida.

Ejercicio, salud y deporte: Ejercicio en enfermedades autoinmunes: 7 de enero de 2026.

Un aliado que necesita llevarse con cuidado

A pesar de sus beneficios, comenzar a hacer ejercicio cuando se vive con una enfermedad autoinmune requiere precauciones. La Dra. Contreras Barocio destacó algunas recomendaciones para quienes desean incorporar la actividad física a su rutina:

  • No iniciar el ejercicio sin orientación profesional. Es importante conocer qué tan avanzada está la enfermedad, si existen complicaciones y qué órganos pueden estar afectados. La orientación de médicos especialistas y profesionales de la actividad física permite establecer rutinas, intensidades y ejercicios adecuados para cada caso.
  • Adaptar la actividad física a las condiciones de cada persona. La intensidad, duración y tipo de ejercicio pueden modificarse dependiendo de cómo se encuentre el paciente en cada momento. Si existe dolor o fatiga intensa, puede ser necesario disminuir la intensidad, realizar ejercicios de movilidad o descansar para posteriormente retomar la actividad de manera gradual.
  • Incrementar el ejercicio de manera progresiva. El objetivo es recuperar funcionalidad y desarrollar capacidades físicas sin agravar los síntomas. Por ello, la progresión debe realizarse de acuerdo con la respuesta individual y las indicaciones de los profesionales que acompañan el tratamiento.

Más que seguir una rutina determinada, se trata de encontrar una forma de mantenerse activo que sea segura y compatible con las condiciones de cada persona.

El movimiento también es parte del cuidado

Incorporar movimiento a la vida cotidiana puede ser una forma de recuperar espacios que una enfermedad autoinmune ha hecho más difíciles: caminar, realizar actividades cotidianas o simplemente sentirse nuevamente en confianza con el propio cuerpo.

Aunque el ejercicio no sustituye el tratamiento médico, puede formar parte del cuidado integral de quienes viven con estos padecimientos. La clave no está en exigirse más, sino en encontrar una forma de mantenerse en movimiento que responda a las posibilidades y necesidades de cada persona.

regresar

Diabetes y depresión: un binomio que afecta la salud física y mental

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, 830 millones de personas viven con diabetes en todo el mundo. Además de las dificultades y complicaciones que puede traer consigo esta enfermedad, en los últimos años se ha estudiado con mayor atención su relación con otra condición: la depresión.

La relación entre ambas es bidireccional. Por un lado, la depresión puede aparecer asociada a los cambios físicos, emocionales y sociales que implica vivir con diabetes. Por otro, las personas que padecen depresión pueden presentar un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Por ello, la relación entre ambas enfermedades no debe entenderse únicamente desde el punto de vista físico, sino también desde la salud mental y la calidad de vida de quienes las padecen.

Para profundizar en este vínculo, UNAM Global entrevistó a la doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura, jefa del Departamento de Embriología y Genética de la Facultad de Medicina de la UNAM, pediatra endocrinóloga y con un posgrado en diabetes en el Joslin Diabetes Center, afiliado a la Universidad de Harvard.

A lo largo de la conversación, la doctora explicó cómo pueden relacionarse ambas enfermedades, qué factores pueden favorecer su aparición y cuáles son algunas de las señales que permiten identificar un posible cuadro de depresión en una persona que vive con diabetes. También habló sobre distintos aspectos relacionados con el bienestar emocional y el cuidado integral del paciente.

Un binomio de cuidado

Para comprender por qué la diabetes y la depresión mantienen una relación estrecha y bidireccional, es necesario observar cómo cada una puede influir en la otra.

En el caso de la diabetes, el descontrol de los niveles de glucosa y las complicaciones asociadas con la enfermedad pueden acompañarse de cambios físicos y emocionales que contribuyan a un mayor riesgo de presentar síntomas depresivos. Sin embargo, esto no significa que todas las personas con diabetes tendrán depresión. Lo que se ha observado es que las personas con diabetes presentan una mayor probabilidad de desarrollar depresión que quienes no viven con esta enfermedad.

La relación también puede ocurrir al revés, explicó la doctora Rodríguez Ventura. En las personas que viven con depresión se han estudiado distintos mecanismos que podrían participar en esta relación, entre ellos procesos inflamatorios, cambios en el funcionamiento del sistema nervioso y alteraciones en la producción de cortisol, una hormona relacionada con la respuesta al estrés. Algunos de estos procesos pueden relacionarse con cambios en la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de la glucosa.

Así, aunque se trata de dos enfermedades diferentes, existen factores biológicos, conductuales y emocionales que pueden hacer que se influyan mutuamente. Sin embargo, esta relación no se limita a los procesos que ocurren dentro del organismo. El impacto emocional de recibir un diagnóstico de diabetes también puede ser significativo.

Más allá de la parte física, también está la salud mental

Recibir el diagnóstico de una enfermedad crónica puede representar un impacto emocional importante. Cuando una persona recibe la noticia de que tiene diabetes, explicó la especialista, puede experimentar inicialmente un mecanismo de defensa conocido como negación. Algunas personas pueden tener dificultades para aceptar el diagnóstico y mostrar poca disposición para aprender los cambios necesarios para controlar la enfermedad.

Al asimilar la nueva situación, algunas personas pueden atravesar un proceso de duelo asociado con la percepción de haber perdido su estado de salud. Durante esta etapa pueden aparecer sentimientos de tristeza, ansiedad, angustia o desesperanza. En algunos casos, estos estados emocionales pueden evolucionar hacia un cuadro depresivo y requerir atención profesional.

Estos estados emocionales no equivalen por sí mismos a una depresión clínica, por lo que su valoración corresponde a un profesional de la salud.

A su vez, la depresión puede dificultar considerablemente el control de la diabetes. Una persona deprimida puede tener menos motivación para cuidar su alimentación, realizar actividad física, medir su glucosa o tomar correctamente sus medicamentos.

Esto puede generar un círculo difícil de romper: la depresión puede dificultar el autocuidado; el descontrol de la diabetes puede afectar el estado físico y emocional; y estas dificultades, a su vez, pueden intensificar los síntomas depresivos.

Por esta razón, desde el momento del diagnóstico es importante considerar también la salud mental del paciente y, cuando sea necesario, buscar apoyo psicológico o psiquiátrico.

¿Cómo identificar un cuadro depresivo?

Una detección oportuna puede facilitar que la persona reciba atención antes de que los síntomas interfieran de manera importante con su vida cotidiana y con el control de la diabetes.

Con base en su experiencia, la doctora Ana Lilia Rodríguez Ventura señaló que para identificar una posible depresión es necesario prestar atención a los cambios en la conducta y en el estado de ánimo.

Los familiares pueden observar señales como el abandono del cuidado de la glucosa, dejar de hacer ejercicio, abandonar una alimentación saludable, aislarse de otras personas, dejar de realizar actividades que antes disfrutaban, presentar cambios importantes de humor, descuidar la higiene personal o expresar sentimientos de desesperanza.

Asimismo, los comentarios relacionados con no poder continuar, sentirse rebasado por la enfermedad o preferir no estar vivo deben tomarse con mucha seriedad y requieren atención profesional inmediata.

Un aspecto que puede generar confusión es diferenciar algunos síntomas de una hipoglucemia del cansancio relacionado con la depresión. En el caso de una hipoglucemia, los síntomas suelen aparecer de manera repentina y pueden incluir cansancio, sudoración, taquicardia, mareo y malestar general. Estos síntomas pueden mejorar cuando se recuperan los niveles adecuados de glucosa.

En cambio, en la depresión no se trata únicamente de sentirse físicamente cansado. Una característica importante puede ser la pérdida de entusiasmo, motivación y esperanza. La persona puede dejar de disfrutar actividades que anteriormente le producían satisfacción y comenzar a percibir el futuro de manera negativa.

Identificar estos cambios permite dar un siguiente paso fundamental: buscar una atención que considere de manera conjunta la salud física y emocional.

¿Cómo atender de manera conjunta ambas condiciones?

La doctora Rodríguez Ventura destacó que el estilo de vida constituye un elemento fundamental para el cuidado de la diabetes y el bienestar general.

Por ello, entre las medidas importantes está mantener una alimentación equilibrada que incluya alimentos naturales como frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales, semillas, nueces y grasas saludables. Al mismo tiempo, es importante reducir el consumo de productos ultraprocesados y bebidas con exceso de azúcar. Una alimentación adecuada no solo contribuye al control de la glucosa, sino que también favorece la salud general y el bienestar emocional.

Ligado a este punto, la actividad física es un complemento importante. La especialista recomendó combinar ejercicio aeróbico con ejercicios de fuerza, debido a que los músculos son uno de los principales tejidos encargados de utilizar la glucosa. Además, realizar ejercicio favorece el estado de ánimo y ayuda a liberar tensión y estrés.

Otro aspecto importante es desarrollar estrategias de afrontamiento y resiliencia. Esto no significa ignorar las dificultades de vivir con una enfermedad crónica, sino aprender a reconocer los problemas y buscar alternativas para enfrentarlos. La resiliencia puede ayudar a mantener una actitud orientada hacia las soluciones y conservar la esperanza ante situaciones adversas.

Aunado a lo anterior, el automonitoreo de la glucosa es una herramienta útil para conocer cómo responden los niveles de azúcar ante los alimentos, el ejercicio y el tratamiento. Llevar un registro permite identificar tendencias y comunicar oportunamente al médico cuando los valores no se encuentran dentro de los objetivos establecidos. La frecuencia de medición debe adaptarse al tratamiento y a las indicaciones del equipo médico.

Este seguimiento también puede ayudar al paciente a reconocer cómo sus hábitos influyen en sus niveles de glucosa y favorecer una mayor participación en el cuidado de su salud.

Además del control de la glucosa, las personas con diabetes deben acudir regularmente a sus consultas y realizar las revisiones necesarias para detectar posibles complicaciones. Entre ellas se encuentran la revisión de los pies y los controles oftalmológicos para evaluar la retina.

La educación del paciente también es fundamental. Conocer la enfermedad, expresar dudas y comunicar al médico los síntomas, miedos y dificultades facilita la toma de decisiones y contribuye a una atención más adecuada a las necesidades de cada persona.

Un tratamiento que considere cuerpo y mente

El cuidado conjunto de la diabetes y la depresión requiere tomar en cuenta las características particulares de cada paciente. La doctora Rodríguez Ventura subrayó que, al seleccionar los medicamentos, el médico debe considerar aspectos como el peso corporal, el control de la glucosa y la función renal.

Algunos antidepresivos pueden favorecer el aumento de peso, por lo que la selección del tratamiento debe realizarse de manera individualizada y bajo supervisión médica.

De igual manera, la atención psicológica o psiquiátrica puede ayudar a la persona a enfrentar sus emociones, comprender su enfermedad y desarrollar estrategias para recuperar la motivación y fortalecer el autocuidado.

Sin embargo, el tratamiento no ocurre de manera aislada. El entorno de la persona también puede influir en su capacidad para afrontar una enfermedad crónica.

El papel de la familia también importa

La familia puede desempeñar un papel importante durante este proceso. Su apoyo puede facilitar que la persona mantenga una alimentación saludable, realice actividad física, siga su tratamiento y evite el aislamiento.

No obstante, este acompañamiento no debe convertirse en vigilancia excesiva, críticas o culpabilización. Lo ideal es establecer una comunicación basada en el respeto, la confianza y la colaboración, de manera que la persona con diabetes conserve un papel activo en las decisiones relacionadas con su salud.

Asimismo, es importante considerar la salud de quienes cuidan. Acompañar a una persona con diabetes puede generar cansancio y desgaste emocional, especialmente cuando toda la responsabilidad recae sobre un solo familiar. La situación puede tornarse aún más difícil cuando el paciente presenta síntomas de depresión.

Por ello, el cuidado debe ser compartido. Tanto la persona que vive con diabetes como sus familiares y cuidadores deben contar con apoyo cuando lo necesiten.

Más allá del control de la glucosa

La relación entre diabetes y depresión muestra que el cuidado de una enfermedad crónica no puede limitarse al control de los niveles de glucosa. Ambas condiciones pueden influirse mutuamente y, cuando coinciden, pueden dificultar el autocuidado y afectar de manera importante la calidad de vida.

Atender la diabetes y la depresión de manera integral significa, en última instancia, cuidar no solo la salud física del paciente, sino también sus emociones y su entorno.

regresar

El español: una lengua que heredamos, que resiste y que a veces transformamos

El español forma parte de nuestra vida cotidiana. Lo hablamos, lo escuchamos y lo escribimos constantemente, muchas veces sin preguntarnos por qué utilizamos determinadas palabras o expresiones, de dónde vienen o cómo llegaron hasta nosotros. La lengua parece algo que simplemente está ahí, disponible para comunicarnos con los demás.

Sin embargo, el español tiene una historia mucho más larga de lo que solemos imaginar. Detrás de las palabras que utilizamos existen otras épocas, otras formas de pensar y otras maneras de relacionarse. Algunas expresiones han cambiado con el paso del tiempo, mientras que otras han logrado permanecer durante generaciones.

Pero ¿qué hace que una lengua cambie? ¿Por qué algunas formas desaparecen mientras otras sobreviven durante siglos? ¿Cuánto de lo que hablamos actualmente hemos heredado de quienes nos precedieron y cuánto estamos transformando sin darnos cuenta?

Reflexionar sobre estas preguntas permite acercarnos al español no solo como una lengua que utilizamos para comunicarnos, sino también como una parte de nuestra historia y de nuestra vida en sociedad. Hablar una lengua significa recibir una herencia, utilizarla y, al mismo tiempo, participar en su transformación.

Una lengua que nos da identidad

El español no es solamente un conjunto de palabras y reglas gramaticales. Es una lengua que nos permite expresar quiénes somos, relacionarnos con los demás y formar parte de una comunidad, explicó la Dra. Concepción Company Company, investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Desde que comenzamos a hablar, aprendemos palabras, pero también formas de expresar ideas, sentimientos, peticiones, bromas y maneras de relacionarnos con quienes nos rodean.

Aprendemos a hablar escuchando a nuestros padres, familiares, amigos, maestros y a las personas que forman parte de nuestro entorno. En ese proceso incorporamos expresiones y formas de comunicarnos que reflejan la cultura de nuestra comunidad. Algunas pasan de una generación a otra y otras se transforman con el tiempo, de acuerdo con las experiencias y necesidades de quienes las utilizan.

Por eso, la lengua nos convierte en seres históricos. “Ser históricos no significa únicamente conocer fechas o acontecimientos del pasado, sino recibir y transmitir hábitos, expresiones y formas de entender el mundo”. Al hablar, recibimos parte de esa herencia y, al mismo tiempo, contribuimos a modificarla y transmitirla.

En México tenemos expresiones, frases hechas, chistes, albures y palabras que reconocemos como propias, incluso cuando ya no conocemos completamente su origen. Estas formas de expresión hablan de nuestras experiencias compartidas y contribuyen a construir una identidad colectiva.

Pero la lengua no solo nos da identidad: también refleja la sociedad en la que vivimos. Su evolución está relacionada con los cambios políticos, religiosos, culturales, demográficos y sociales que atraviesan a las comunidades. Por eso, estudiar cómo hablamos permite observar también cómo nos relacionamos, qué consideramos apropiado, cómo expresamos respeto y cuáles son algunas de las tensiones de nuestra vida social.

Esa relación entre lengua, sociedad e historia puede observarse en investigaciones que siguen los cambios del español a través del tiempo. La Sintaxis histórica de la Lengua Española, dirigida por la Dra. Company y elaborada con la participación de numerosos investigadores, permite acercarse precisamente a esa dimensión histórica de la lengua.

Aunque se trata de una obra especializada, su importancia va más allá de la gramática: ayuda a comprender cómo el español ha cambiado junto con las sociedades que lo hablan.

La obra está formada por diez tomos, organizados en cuatro partes, sobre el estudio histórico de la sintaxis del español. La cuarta parte, presentada en 2026, consta de tres volúmenes. En ellos se analizan distintas construcciones y formas de organizar las oraciones, siguiendo sus cambios a través de diferentes periodos de la historia. Para hacerlo, los investigadores recurren a textos de distintas épocas y observan cómo determinadas formas aparecen, se modifican, adquieren nuevos usos o dejan de utilizarse.

Acercarse a estos diez tomos implica, por tanto, encontrarse con un español que no siempre funciona como el que conocemos actualmente. Algunas construcciones pueden resultar extrañas al principio, mientras que otras permiten reconocer formas que todavía utilizamos. Esa comparación ayuda a entender que la gramática que hoy consideramos normal también tiene una historia y que muchas de sus características fueron resultado de cambios que, en su momento, probablemente pasaron inadvertidos para quienes los estaban produciendo.

La importancia de una investigación de este tipo está precisamente en ampliar la manera en que entendemos el español. La historia de una lengua no se encuentra únicamente en las palabras que cambian de significado; también está en la manera en que construimos las frases, expresamos relaciones entre las ideas y utilizamos determinadas estructuras para comunicarnos. La Sintaxis Histórica de la Lengua Española permite seguir esas transformaciones y ofrece herramientas para estudiar el español como una lengua en movimiento, pero también como una lengua en la que muchas formas han logrado permanecer durante siglos.

Más que presentar una lengua antigua separada de la que hablamos hoy, la obra permite reconocer la continuidad entre distintos momentos del español. Leer algunos de sus ejemplos puede hacer visible algo que normalmente no advertimos: cuando hablamos, utilizamos estructuras que vienen de muy atrás, junto con otras que son producto de transformaciones relativamente recientes. En ese sentido, acercarse a la Sintaxis Histórica de la Lengua Española puede ser también una forma de mirar el español cotidiano desde otra perspectiva.

Cambia el español, pero muy lentamente

Esa convivencia entre lo que permanece y lo que cambia lleva a una pregunta fundamental: ¿cómo se producen las transformaciones de una lengua?

Una de las ideas más interesantes de la obra que guio la Dra. Concepción Company es que los hablantes somos bastante conservadores. No solemos levantarnos cada mañana con la intención de modificar el español. Al contrario, utilizamos las formas que ya conocemos porque nos permiten comunicarnos con los demás y sentirnos parte de una comunidad.

Los cambios lingüísticos que se han producido a lo largo de la historia suelen comenzar de manera mucho menos evidente: con pequeños deslices, reinterpretaciones o innovaciones que realiza un hablante sin proponérselo. Si otras personas adoptan esa forma y la transmiten, puede llegar a convertirse en una característica común de la lengua. Así, algo que comenzó como una variación puede terminar siendo completamente normal después de varias generaciones.

Los cambios en el significado de las palabras permiten observar este proceso. Muchas palabras y expresiones que utilizamos diariamente tienen significados u orígenes que ya no reconocemos, explicó la investigadora emérita de la UNAM.

Un ejemplo es “sendos”, cuyo sentido tradicional es distributivo: uno para cada una de las personas o cosas mencionadas. Sin embargo, en el habla popular de diversas zonas de América también se han desarrollado usos relacionados con algo muy grande o extraordinario.

Algo parecido sucede con “adiós”. Actualmente lo utilizamos simplemente como una despedida, pero su origen está relacionado con antiguas fórmulas en las que se encomendaba a una persona a Dios. Con el paso del tiempo, la expresión perdió esa asociación y se convirtió en una fórmula cotidiana.

También ocurre con “saludos cordiales”. Actualmente puede aparecer automáticamente al final de un correo o una carta, sin que pensemos en el origen de la palabra. Como explicó la Dra. Company, “cordial” está relacionada etimológicamente con el corazón y expresa afecto o buena voluntad hacia la persona a quien va dirigido el saludo.

Estos ejemplos muestran cómo las palabras conservan huellas de la historia, aunque los hablantes ya no seamos conscientes de ellas. También muestran que el cambio lingüístico no necesariamente implica una ruptura: muchas veces consiste en tomar una forma que ya existe, utilizarla de otra manera y transmitir ese nuevo uso hasta que termina formando parte de la lengua.

Las nuevas tecnologías y el español

Ese proceso de adaptación también puede observarse en las nuevas formas de comunicación. En los chats y las redes sociales se han generado nuevas maneras de escribir. Abreviaturas, símbolos y mensajes muy breves forman parte de una comunicación que busca principalmente la rapidez.

Sin embargo, no necesariamente debemos pensar que estas formas están destruyendo el español. A lo largo de la historia también han existido maneras de escribir rápidamente. En documentos jurídicos y administrativos de siglos anteriores, por ejemplo, se utilizaban numerosas abreviaturas para agilizar la elaboración y transmisión de documentos.

Por eso, las formas de comunicación de las redes pueden entenderse como códigos utilizados para una situación específica. El hecho de que escribamos de una manera en un chat no significa necesariamente que vayamos a hablar de la misma forma en nuestra vida cotidiana.

La comparación con el pasado permite, además, entender que la tecnología no representa necesariamente una ruptura con la historia de la lengua. Cambian los medios y las necesidades de comunicación, pero permanece la capacidad de los hablantes para adaptar las formas lingüísticas a cada situación.

Entonces, ¿podemos cambiar conscientemente el español?

La pregunta es distinta cuando la transformación no surge de manera espontánea, sino de una decisión consciente.

No todos los cambios lingüísticos ocurren de la misma manera. Actualmente existen propuestas conscientes, como algunas formas del lenguaje incluyente, entre ellas “todes” o “nosotres”. Estas propuestas buscan modificar determinadas estructuras del español por razones sociales y culturales.

Desde la perspectiva de la Dra. Company, para que una innovación llegue a consolidarse tendría que ser adoptada ampliamente por los hablantes y transmitida a las siguientes generaciones. La historia del español muestra que los cambios conscientes no son los más habituales. La lengua suele transformarse de manera gradual, mediante el uso cotidiano de millones de personas.

Esto permite distinguir entre la intención de cambiar una lengua y el hecho de que una innovación llegue realmente a formar parte de ella. Una propuesta puede surgir de manera deliberada, pero su permanencia dependerá de lo que hagan los hablantes con ella a lo largo del tiempo.

Una lengua que resiste

Y es precisamente esa combinación de cambio y permanencia la que permite entender otra característica del español: su capacidad de resistir.

Una de las conclusiones que destaca la Dra. Concepción Company tras décadas de estudiar la historia del español es descubrir cuánto se ha conservado. Aunque nuestra manera de hablar ha cambiado, todavía podemos reconocer y comprender, con cierto entrenamiento, textos escritos hace muchos siglos.

Esto ocurre porque necesitamos conservar un código común. Si cada generación modificara completamente la lengua, sería muy difícil comunicarnos con los demás. Por eso los hablantes somos, al mismo tiempo, conservadores y creativos: conservamos gran parte de lo que recibimos, pero realizamos pequeñas modificaciones que permiten que la lengua continúe funcionando.

Esa tensión entre conservación y cambio explica, en buena medida, la continuidad del español. Las formas lingüísticas pueden transformarse, desaparecer o adquirir nuevos significados, pero una gran parte del sistema permanece lo suficientemente estable como para que distintas generaciones puedan reconocerse en una misma lengua.

Una lengua que seguimos construyendo

El español que hablamos hoy es el resultado de cientos de pequeñas transformaciones acumuladas durante siglos. Algunas fueron conscientes, pero muchas comenzaron como simples deslices o reinterpretaciones que terminaron extendiéndose entre los hablantes.

Por eso, nuestra relación con el español no consiste únicamente en recibir una lengua ya terminada. La heredamos, la conservamos y también participamos, aunque lentamente, en su transformación. Cada vez que hablamos, escribimos, creamos una expresión o adoptamos una nueva forma de comunicarnos, contribuimos, aunque sea mínimamente, a su historia.

El español, entonces, no es una lengua detenida en el pasado ni una lengua que cambia de un día para otro. Es una herencia que recibimos, utilizamos y modificamos mientras la transmitimos a quienes vendrán después. En cada palabra que conservamos y en cada forma nueva que incorporamos permanece algo de esa historia que comenzó mucho antes que nosotros y que, sin darnos cuenta, seguimos construyendo.

regresar

¿Es posible envejecer sin enfermar?

Vivir más años no necesariamente significa vivir más tiempo con buena salud. En México, las enfermedades crónicas se vuelven más frecuentes conforme avanza la edad y, entre la población de 50 años y más, padecimientos como la hipertensión y la diabetes tienen una presencia importante, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, del INEGI.

Frente a este escenario, Susana Castro Obregón, investigadora del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, estudia qué ocurre en el organismo durante el envejecimiento para encontrar formas de retrasar la aparición de estas enfermedades.

El objetivo no es solamente aumentar la esperanza de vida, sino conseguir que una mayor parte de esos años transcurra en buenas condiciones. Es decir, acercar la esperanza de vida saludable a la esperanza de vida. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el envejecimiento saludable se relaciona con mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez y no necesariamente con estar completamente libre de enfermedades.

En su laboratorio buscan comprender los mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento para contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

Conforme avanza la edad, algunas personas desarrollan simultáneamente varias enfermedades crónicas. Si una persona presenta cáncer, por ejemplo, también puede tener osteoporosis, hipertensión o una disminución de la masa muscular. Esta acumulación de padecimientos, conocida como multimorbilidad, puede afectar considerablemente su calidad de vida.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, publicados por el INEGI en 2026, padecimientos crónicos como la hipertensión y la diabetes son frecuentes entre la población de 50 años y más y aumentan conforme avanza la edad.

En 2026, la esperanza de vida al nacimiento en México es de 75.9 años en promedio: 79.2 para las mujeres y 72.7 para los hombres. La cifra ayuda a dimensionar el reto: no se trata solamente de vivir más años, sino de procurar que una mayor parte de ellos transcurra con buena salud.

Por ello, una de las preguntas centrales de su laboratorio es qué cambios biológicos hacen que aumente la probabilidad de desarrollar estas enfermedades conforme envejecemos.

“Si entendemos cuál es la causa biológica que permite el surgimiento de estas enfermedades asociadas a la vejez, podemos retrasar la aparición de todas estas enfermedades de manera simultánea”, explicó.

¿Por qué algunas personas envejecen de manera diferente?

La naturaleza ofrece ejemplos que permiten estudiar esta pregunta. Incluso dentro de una misma especie existen personas que llegan a edades avanzadas con buena salud y otras que comienzan a desarrollar múltiples padecimientos décadas antes.

El envejecimiento biológico no ocurre de la misma manera en todas las personas. Las diferencias entre individuos pueden estar relacionadas con una combinación de factores genéticos y ambientales. Pero las claves podrían encontrarse incluso mucho antes de que aparezcan los primeros signos del envejecimiento.

La experta recordó un estudio realizado en la UNAM hace más de una década, en el que participaron alrededor de dos mil estudiantes y trabajadores universitarios. Los investigadores recopilaron información sobre sus hábitos, alimentación y actividad física, además de realizar mediciones fisiológicas, análisis de sangre y estudios genómicos.

Uno de los objetivos era determinar si existían características genéticas que permitieran explicar por qué algunas personas eran más saludables que otras.

Sin embargo, de acuerdo con Castro, las diferencias encontradas no se explicaban únicamente por la genética. Un factor que mostró una asociación importante con la salud en la edad adulta fueron los hábitos durante la infancia.

Las personas que habían practicado algún deporte durante la primaria y que habían tenido una alimentación con menor consumo de productos procesados presentaban mejores indicadores de salud en la edad adulta, incluso cuando posteriormente otras personas habían comenzado a realizar ejercicio.

Los resultados mostraban una asociación entre estos hábitos y mejores indicadores de salud, lo que refuerza la importancia de analizar la vida de una persona como un proceso continuo y no solamente observar sus hábitos cuando ya es adulta.

El misterio del ratopín

Para entender qué permite que algunos organismos envejezcan más lentamente, el laboratorio también estudia una especie: el ratopín rasurado (Heterocephalus glaber), un pequeño mamífero con una longevidad excepcional para un roedor de su tamaño y que puede vivir más de 30 años. Investigaciones recientes continúan analizándolo como un modelo particularmente valioso para estudiar los mecanismos del envejecimiento.

A diferencia del ratón de laboratorio, cuya esperanza de vida es cercana a los dos o tres años y que desarrolla cambios y enfermedades asociados con la edad, el ratopín mantiene durante mucho más tiempo algunas características de salud.

Una de las diferencias más llamativas está relacionada con la mortalidad. En un ratón, como en la mayoría de los mamíferos estudiados, la probabilidad de morir aumenta considerablemente conforme envejece.

En el ratopín, en cambio, esta relación es mucho menos evidente. Un individuo de 25 años puede tener una probabilidad de morir similar a la de uno mucho más joven.

Por ello, esta especie permite estudiar qué mecanismos biológicos le permiten mantener su salud durante periodos extraordinariamente largos.

“¿Qué estrategias biológicas tiene el ratopín para vivir con salud a lo largo de su vida? Eso es lo que queremos descubrir en el laboratorio”, explicó Castro.

Ahí comparan las células del ratopín con las del ratón para identificar diferencias en mecanismos celulares y moleculares. Entre las líneas de investigación de Castro Obregón se encuentran la senescencia celular, la autofagia y los mecanismos relacionados con el envejecimiento en roedores de diferente longevidad.

El envejecimiento comienza antes de lo que pensamos

Una de las líneas de investigación del laboratorio parte de una idea particularmente interesante: algunos mecanismos celulares relacionados con el envejecimiento también desempeñan funciones esenciales durante el desarrollo embrionario.

Uno de ellos es la senescencia celular, un estado en el que una célula deja de dividirse y experimenta una serie de cambios. Aunque suele relacionarse con el envejecimiento, la evidencia científica ha demostrado que también puede presentarse de manera programada durante el desarrollo embrionario y participar en la formación y remodelación de los tejidos.

Es decir, procesos celulares y moleculares que resultan indispensables durante determinadas etapas del desarrollo pueden tener efectos diferentes cuando se presentan o se acumulan posteriormente. Con el envejecimiento, la acumulación de células senescentes se ha relacionado con deterioro de la función de los tejidos y diversas enfermedades asociadas con la edad.

Por ello, el laboratorio estudia el envejecimiento desde una perspectiva relacionada con el desarrollo embrionario, buscando comprender cómo esos mecanismos cambian a lo largo de la vida y cómo pueden contribuir posteriormente al deterioro asociado con la edad.

Esta perspectiva también ayuda a estudiar la vida de una persona como un proceso continuo, en el que lo que ocurre en las primeras etapas puede tener consecuencias muchos años después.

¿Podremos retrasar el envejecimiento?

La posibilidad de modificar el envejecimiento biológico todavía pertenece en buena medida al terreno de la investigación. En modelos animales se han identificado intervenciones capaces de modificar algunos mecanismos relacionados con el envejecimiento, pero en seres humanos todavía no existe una intervención clínicamente validada capaz de frenar el envejecimiento como un proceso global.

Castro considera que sí es factible retrasar algunos de los procesos asociados con el envejecimiento y disminuir la incidencia de enfermedades relacionadas con la edad. La gran incógnita es cuánto tiempo tomará conseguirlo.

“Yo sí veo factible que se pueda retrasar el envejecimiento y disminuir la incidencia de las enfermedades. La pregunta es en cuánto tiempo”.

La investigadora también destacó la importancia de que las universidades públicas participen en este campo de investigación.

Actualmente, numerosas empresas privadas invierten en estrategias relacionadas con la longevidad y ofrecen productos que prometen mantener la juventud o retrasar el envejecimiento. Sin embargo, advirtió que existe una gran cantidad de propuestas sin evidencia científica suficiente, impulsadas por el deseo humano de mantenerse joven.

El reto, en última instancia, no sería simplemente conseguir que las personas vivan más años, sino lograr que esos años adicionales transcurran con mayor salud y calidad de vida.

regresar

Cuerpo en resistencia: las sustancias de riesgo causantes de la enfermedad por modelantes

Pintarnos el cabello, “ponernos uñas”, aplicar maquillaje, optar por cortes de cabello, usar cierta vestimenta y accesorios son formas de mostrarnos ante el mundo y de sentirnos identificados con nuestro género, la moda o algún estilo.

A veces queremos acentuar áreas o ver algún cambio en nuestro cuerpo que no nos convence: cirugía de nariz, inyección de bótox, aumento de busto, eliminación de grasa en el abdomen… ¿Y si mi cuerpo no se ve como lo imagino?, ¿A dónde ir para realizarlo de forma segura?

«Todas las personas -cisgénero o transgénero- experimentamos la necesidad legítima de armonizar nuestra identidad con nuestra apariencia física. Si recurren a procedimientos no regulados y en contextos inseguros, no es por vanidad o imprudencia voluntaria, sino por la inexistencia o el acceso sumamente limitado a terapias de afirmación de género supervisadas por especialistas», asegura Karen Aranza Marañón Solorio, médica adscrita al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ).

Ante esta necesidad de armonizar la imagen corporal con la identidad de género -que se puede sentir como urgente y vital- y por la falta de alternativas en el sistema público, muchas mujeres trans recurrieron a la aplicación de inyecciones informales de sustancias modelantes (también conocidas como biopolímeros en contextos informarles), mayoritariamente sin saber si eran seguras.

La infectóloga ha sido testigo de la gran cantidad de mujeres trans (transgénero, transexual o de otra identidad de género que no coincida con el sexo asignado al nacer) que acuden a las áreas de urgencias hospitalarias y a los centros de atención especializada de la Ciudad de México con alteraciones cutáneas graves, dolor crónico que llega a ser incapacitante, infecciones, úlceras y necrosis de tejidos, el diagnóstico clínico: Enfermedad por Modelantes.

“La enfermedad también es conocida como alogenosis iatrogénica o respuesta inmune inducida por biopolímeros. Es la respuesta inflamatoria, infecciosa o autoinmune crónica causada por la infiltración en tejidos blandos de sustancias de alta densidad no biocompatibles”, expone la especialista, investigadora principal del estudio «Epidemiología y desenlaces clínicos de la inyección de modelantes en mujeres transgénero en México (2025-2026).»

En dicho estudio incluyó a pacientes del INCMNSZ y a personas captadas en los centros de atención especializada de la Ciudad de México, como la Clínica Especializada Condesa (CEC), la Clínica Especializada Condesa Iztapalapa (CECI) y de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans (USIPT), esta última ubicada en el Casco de Santo Tomás en la Alcaldía Miguel Hidalgo.

Se analizaron 222 expedientes de mujeres trans con antecedente de inyección de modelantes. Los datos principales revelan la gravedad de la situación en el país:

El 44.5% de las participantes (99 mujeres) presentó complicaciones severas asignables a la EPM.

El 93% de los procedimientos fue realizado por personal no médico (amigas, conocidas o autoaplicación).

El 36% de las pacientes requirió hospitalización, con una estancia media intrahospitalaria de 17 días para el manejo de complicaciones graves.

 Entre los compuestos documentados de forma recurrente en las pacientes destacan:

Aceites minerales y vegetales comestibles: inyectados por su viscosidad pero altamente tóxicos al reaccionar con el tejido humano.

Silicona líquida industrial / «Biopolímeros»: compuestos no degradables que se impregnan en las fibras musculares.

Grasas animales, parafinas y sustancias automotrices: casos extremos derivados de la desesperación por lograr cambios corporales en entornos de absoluta marginalidad.

Principales complicaciones

Karen Marañón explica que el organismo reconoce la sustancia como un cuerpo extraño imposible de fagocitar o degradar, por lo que el sistema inmune intenta encapsular el compuesto formando granulomas y fibrosis; sin embargo, debido a la fuerza de gravedad y la presión muscular, el material migra hacia regiones distantes (como la espalda baja, muslos, rodillas o tobillos), desencadenando otros efectos a nivel inflamatorio e infeccioso.

Uno de los hallazgos más críticos es que las manifestaciones clínicas pueden aparecer desde días después de la aplicación hasta 25 años o más tarde, lo que complica más el diagnóstico y seguimiento médico.

“Además, no podemos olvidar que esto no se da en un vacío clínico, sino en la intersección de múltiples vulnerabilidades sociales a las que se enfrentan, a lo largo de su vida, las personas trans. Por ejemplo, las distintas violencias y la inseguridad que las acecha; la inseguridad alimenticia y de vivienda; el trabajo sexual ante la discriminación en otros empleos (el 62% de la muestra refirió el antecedente de trabajo sexual como ocupación primaria); más el rechazo reiterado en hospitales de cualquier nivel para atender sus complicaciones”

Asegura que, en el seguimiento de estas pacientes, la mayoría declaró que lo común fue enfrentarse a comentarios culpabilizantes como «tú te lo inyectaste porque quisiste» o negarles la atención, lo que provocaba que acudieran a urgencias únicamente cuando la infección o necrosis estaba sumamente avanzada o que las atendieran cuando existen pocas opciones para su tratamiento.

Afirmación de género como necesidad de salud

La especialista expresa que ahora comienza un cambio de paradigma en el sistema público de salud, en el que se les debe atender con protocolos especializados y sin el estigma social que históricamente a culpabilizado a las pacientes con el argumento de la vanidad.

“Realmente se trata de un problema de salud pública y una consecuencia directa de las barreras de acceso a la salud integral de estas poblaciones”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen más de 5 millones de personas que se identifican dentro de la comunidad LGBTIQ+, de las cuales más de 909 mil se identifican como personas trans (transgénero o transexuales).

Tan solo en los centros de atención especializada de la Ciudad de México, se atienden de forma continua a más de 3,800 mujeres trans, asegura la doctora Karen Marañón.

A nivel nacional, el acceso a la Terapia Hormonal de Afirmación de Género (THAG) supervisada y a cirugías de modificación corporal (como implantes mamarios, orquiectomías o vaginoplastias) ha sido históricamente casi inexistente dentro del catálogo público de servicios de salud.

“Durante décadas, la medicina tradicional encasilló erróneamente estos procedimientos como ¨intervenciones cosméticas¨, omitiendo la evidencia científica internacional que demuestra cómo la afirmación de género médica disminuye los índices de depresión e ideación suicida, y mejora la calidad de vida”.

Frente a esta problemática, hay intentos de consolidar avances trascendentales como el Protocolo Nacional para la Atención de EPM por parte de la Secretaría de Salud federal, junto con otras dependencias.

“Este documento busca construir bajo un marco estricto de derechos humanos, no discriminación, lenguaje respetuoso y rutas claras de derivación entre el primer, segundo y tercer nivel de atención sanitaria”, asegura la infectóloga Karen.

Mientras tanto, las personas trans han encontrado en la Unidad de Salud Integral para Personas Trans un “modelo humanizado” de atención que ha demostrado la efectividad de la atención por pares (personal médico, de enfermería, salud comunitaria y administrativo integrado por personas trans) y la creación de proyectos como una Clínica de Heridas para el manejo digno de la Enfermedad por Modelantes.

“Además, las activistas y colectivas trans desempeñan un rol vital, acompañando a las pacientes a través del sistema hospitalario y difundiendo estrategias de prevención y control de daños entre las jóvenes. Las activistas también han sido consultadas y son una parte vital en todos estos proyectos”, finaliza Karen Marañón

regresar

El poder del jaguar: un viaje por el mundo maya

Hay animales que forman parte del paisaje y otros que terminan convirtiéndose en parte de la imaginación de una cultura. El jaguar pertenece a esta segunda categoría. Su presencia en las selvas americanas, su fuerza y sus hábitos crepusculares y nocturnos contribuyeron a cargarlo de significados para los antiguos mayas: fue mucho más que un felino y se convirtió en una figura capaz de transitar entre distintos ámbitos del cosmos.

Esa relación es el punto de partida de Balam. El jaguar a través de los tiempos y los espacios del universo maya, obra publicada originalmente en 2004 y actualmente disponible en edición digital del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Su autora, María del Carmen Valverde Valdés (1962-2020), fue investigadora del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Adentrarse en el libro permite descubrir que detrás de ese balam (jaguar) hay todo un universo de significados. Valverde Valdés propone seguir las huellas del felino a través de distintas expresiones de la cultura maya para preguntarse qué representaba este animal y por qué llegó a ocupar un lugar tan importante en su pensamiento. La respuesta no es única. El jaguar puede ser, al mismo tiempo, una imagen de fuerza y autoridad, un habitante de la noche, una figura relacionada con el inframundo y una expresión de renovación.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es precisamente esa capacidad del jaguar para reunir significados que, a primera vista, podrían parecer contradictorios. El animal está relacionado con la oscuridad y con las fuerzas destructivas de la naturaleza, pero también con los ciclos de renovación del cosmos. No se trata, entonces, de una figura que represente simplemente «lo bueno» o «lo malo», sino de un ser vinculado con las fuerzas profundas que mantienen en movimiento el universo maya.

La autora comienza incluso por observar al jaguar como animal: su comportamiento, sus hábitos y sus características físicas. Su actividad crepuscular y nocturna, por ejemplo, contribuye a explicar su asociación con la oscuridad y el mundo subterráneo. Su fuerza física, sus garras y sus mandíbulas alimentan, por otro lado, la imagen de poder que terminaría vinculándolo con gobernantes y guerreros. Así, las características del animal no aparecen separadas de su significado simbólico: ayudan a entender cómo una criatura real pudo convertirse en una poderosa figura dentro del pensamiento religioso maya.

A partir de ahí comienza uno de los recorridos más sugerentes de Balam. El jaguar aparece en cerámicas, esculturas, códices, pinturas murales, arquitectura y objetos de pequeño formato. También está presente en textos, relatos y tradiciones que permiten acercarse a la manera en que los pueblos mayas han pensado y representado a este animal a lo largo del tiempo. La investigación de Valverde Valdés no se limita, por ello, a observar imágenes antiguas: incorpora fuentes coloniales, estudios arqueológicos, antropológicos, epigráficos y lingüísticos, además de testimonios indígenas contemporáneos.

El recorrido conduce también hacia una cuestión fundamental: el vínculo entre el jaguar y el poder. Su fuerza y su carácter excepcional hicieron que fuera utilizado como emblema de autoridad. Los gobernantes mayas encontraron en él una imagen capaz de expresar el poder político y la condición especial de quienes ocupaban una posición privilegiada dentro de la sociedad. El jaguar podía representar, así, algo más que la naturaleza: podía convertirse en una forma de hablar del poder humano y de su relación con las fuerzas sagradas.

Pero quizá uno de los mayores atractivos del libro consiste en descubrir que el balam no pertenece únicamente al pasado. La autora también sigue su presencia entre los pueblos mayas contemporáneos, donde el jaguar continúa apareciendo en mitos, danzas y otras manifestaciones culturales. La figura no desaparece con el paso de los siglos; se transforma, adquiere nuevos contextos y continúa formando parte de una memoria cultural que conecta pasado y presente.

Leer Balam es, en ese sentido, acercarse a una manera distinta de mirar la relación entre los seres humanos y la naturaleza. El jaguar que aparece en sus páginas no es solamente el gran felino que recorre la selva. Es también una forma de comprender la noche, la muerte, el tiempo, el poder y la renovación. Su figura permite asomarse a una concepción del universo en la que los distintos ámbitos de la existencia están profundamente relacionados.

Para quien se interese por la cultura maya, por sus símbolos o simplemente por conocer qué hay detrás de algunas de las imágenes que han sobrevivido en códices, esculturas y relatos, Balam ofrece un recorrido particularmente sugerente. La investigación de María del Carmen Valverde Valdés invita a mirar nuevamente al jaguar y preguntarse qué estamos viendo cuando encontramos su figura: ¿un animal, una figura sagrada, un emblema del gobernante, una fuerza de la naturaleza o una representación de la noche?

Tal vez la respuesta sea todas esas cosas a la vez. Porque una de las claves del universo que el libro explora es precisamente que un símbolo puede contener muchos significados y desplazarse entre distintos tiempos y espacios. El jaguar, silencioso y poderoso, parece seguir recorriendo ese universo.

Y Balam nos invita a seguir sus huellas.

regresar

De la UNAM a Groningen: ciencia que cruza fronteras

Una experiencia internacional puede cambiar la manera en que un estudiante entiende su propia investigación. Conocer otros laboratorios, trabajar junto a especialistas de distintas partes del mundo y presentar el propio trabajo ante una comunidad científica internacional son experiencias que amplían la perspectiva y abren nuevas posibilidades para quienes comienzan a construir su trayectoria académica.

Ese fue el caso de Eduardo Delgado, Lucero Nuncio y Ana Zatarain, estudiantes del Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes realizaron una estancia de investigación en Groningen, Países Bajos, como parte del programa Summer of Research en la University Medical Center Groningen (UMCG).

Para Eduardo Delgado, del Posgrado en Ciencias Biomédicas de la FES Iztacala, la estancia representó la oportunidad de incorporarse al departamento de Hepatología y Gastroenterología del UMCG, bajo la supervisión del Dr. Han Moshage.

“Ser parte del programa Summer of Research es una gran experiencia para conocer el trabajo de un laboratorio de investigación biomédica de alta especialidad”, comparte Eduardo.

Más allá del aprendizaje técnico, destaca el valor de entrar en contacto con otras formas de hacer investigación y de fortalecer las capacidades que acompañarán su trayectoria científica.

Eduardo Delgado, en ISCOMS University of Groningen. Foto: Eduardo Delgado

En el caso de Lucero Nuncio, estudiante del Posgrado en Ciencias Biomédicas, la estancia se desarrolló en el Center for Clinical Neuroscience and Cognition, bajo la supervisión de la Dra. Iris Sommer.

Su proyecto se relaciona con un campo de creciente interés científico: la relación entre la microbiota y las enfermedades psiquiátricas. “Esta experiencia en Groningen representó una oportunidad única para mi desarrollo académico y profesional”, señala Lucero, quien destaca la posibilidad de trabajar junto a investigadores líderes en el área y ampliar su perspectiva sobre una línea de investigación que desea seguir desarrollando.

Lucero Nuncio, en ISCOMS University of Groningen. Foto: Lucero Nuncio

Para Ana Zatarain, también estudiante del Posgrado en Ciencias Biomédicas, la estancia la llevó al Departamento de Ginecología y Obstetricia, y su experiencia trascendió el trabajo en el laboratorio: también le permitió conocer nuevas perspectivas, intercambiar conocimientos y formar parte de una comunidad científica internacional.

Ana Zatarain, en ISCOMS University of Groningen. Foto: Ana Zatarain

“Ha sido una experiencia muy enriquecedora. Además de conocer nuevas áreas de investigación, he tenido la oportunidad de conectar con personas apasionadas por la ciencia y aprender desde perspectivas muy diversas”, relató.

Una alianza que va más allá de una estancia

Historias como las de Eduardo, Lucero y Ana muestran que la movilidad internacional puede ser mucho más que viajar para realizar una actividad académica durante algunas semanas. Puede convertirse en el primer paso para construir colaboraciones, encontrar nuevos mentores, ampliar redes científicas y visualizar otros caminos profesionales.

En este sentido, la colaboración entre la UNAM y la University of Groningen tiene un alcance que trasciende las estancias de investigación. Ambas instituciones cuentan con un acuerdo que permite la supervisión conjunta de tesis doctorales y la posibilidad de obtener un doble grado doctoral, sujeto al cumplimiento de los requisitos correspondientes.

Para estudiantes que ya cursan un doctorado en la UNAM, como Eduardo, Lucero y Ana, estas oportunidades permiten imaginar la internacionalización no como un episodio aislado de su formación, sino como parte de una trayectoria académica que puede continuar más allá de una primera estancia.

La colaboración UNAM–Groningen es, además, un ejemplo de cómo la construcción de vínculos institucionales puede traducirse en oportunidades concretas para la comunidad universitaria

Porque internacionalizar la investigación no significa solamente llevar el conocimiento de un país a otro. Significa aprender de otros, compartir lo que se sabe, crear nuevas preguntas y descubrir que una carrera científica puede construirse en colaboración con personas y comunidades que están mucho más allá del lugar donde comenzó nuestra formación.

Eduardo, Lucero y Ana regresan de Groningen con nuevos conocimientos, nuevas conexiones y nuevas posibilidades. Sus historias recuerdan que, para la comunidad universitaria, una convocatoria puede ser mucho más que una oportunidad de movilidad: puede ser el comienzo de una nueva etapa en la trayectoria de un investigador.

En ocasiones, todo comienza con algo tan sencillo como atreverse a postular, por lo que invitamos a mantenerte atento a las redes sociales de UNAM Alemania y de University of Groningen in Latin America para conocer próximas convocatorias y oportunidades de movilidad e intercambio académico.

En esta ocasión, fueron estudiantes de posgrado quienes llevaron su formación hasta Groningen, pero las oportunidades de internacionalización están abiertas a estudiantes de distintos niveles y áreas de formación. Mantente informado, prepara tu postulación y descubre hasta dónde puede llevarte una experiencia internacional.

regresar

La OFUNAM vuelve a casa: 90 años de historia y una nueva etapa

El 26 de septiembre, la OFUNAM regresará a la Sala Nezahualcóyotl después de la rehabilitación del recinto, que este año cumple medio siglo. El reencuentro estará marcado por el estreno mundial de Fanfarria volcánica, de Gabriela Ortiz, académica de la UNAM y ganadora de dos premios Grammy en 2026, y por el regreso del violonchelista Mischa Maisky. La temporada incluirá además Informe sobre ciegos, con adaptación e interpretación de John Malkovich.

La Orquesta Filarmónica de la UNAM vuelve a casa.

Después de llevar la celebración de sus 90 años a distintas entidades universitarias y al Palacio de Bellas Artes, la OFUNAM regresará el 26 de septiembre a la Sala Nezahualcóyotl, su sede desde 1976, para iniciar la tercera temporada de 2026. El concierto inaugural se repetirá el día 27.

El encuentro concentrará varios momentos importantes de la historia cultural universitaria: los 90 años de la orquesta, el 50 aniversario de la Sala Nezahualcóyotl, los 475 años de la Universidad de México y el comienzo del Festival CulturaUNAM. Marcará, además, la reapertura del recinto después de su rehabilitación.

“Ahora, con la reapertura de la Sala, continuamos esta conmemoración”, explicó José Julio Díaz Infante, director general de Música UNAM, durante la presentación de la temporada. Antes de este regreso, recordó, la agrupación realizó una gira por entidades de la Universidad y volvió al Palacio de Bellas Artes como parte de los festejos por sus nueve décadas.

Pero el retorno no será únicamente a un espacio renovado. El estreno que abrirá el programa fue concebido precisamente a partir del lugar en el que se encuentra la Sala: el paisaje volcánico de Ciudad Universitaria.

Una Sala Nezahualcóyotl renovada

La rehabilitación integral de la Sala Nezahualcóyotl comenzó en 2025 y contempló su cierre a partir de abril de 2026. Los trabajos incluyeron intervenciones en iluminación escénica, camerinos, sanitarios, sistema eléctrico, protección civil y drenaje, además de adecuaciones para ofrecer accesibilidad universal. Todo ello, de acuerdo con la Universidad, respetando el diseño original del recinto.

La reapertura ocurre, además, en el año en que la Sala cumple medio siglo. Inaugurada en diciembre de 1976, se convirtió ese mismo año en sede permanente de la OFUNAM. La relación entre ambas atraviesa, por tanto, cinco décadas de la historia musical de la Universidad.

De ahí que la tercera temporada no se limite a recuperar el espacio después de las obras: también establece un diálogo entre la memoria del recinto y la música que se produce actualmente.

Fanfarria volcánica: una obra nacida del Pedregal

Ese diálogo comenzará con aproximadamente cinco minutos de música nueva.

Gabriela Ortiz estrenará mundialmente Fanfarria volcánica, una obra comisionada por la Dirección General de Música UNAM para conmemorar los aniversarios de la OFUNAM y la Sala Nezahualcóyotl. Para la compositora, sin embargo, el encargo adquirió un significado más personal.

“Para mí era muy importante poder hacer una pequeña pieza, un homenaje para celebrar a esta gran institución que es la Universidad Nacional Autónoma de México, celebrar también a la OFUNAM y celebrar también la reapertura de la Sala Nezahualcóyotl”, explicó.

Foto: Diana Maldonado

Eligió la forma de una fanfarria precisamente por su carácter celebratorio. Los instrumentos de metal y la percusión tendrán un papel protagónico. Ortiz explicó que su idea es colocar parte de los metales en los palcos de la Sala para generar espacialidad en el sonido.

El título tampoco es casual.

Ortiz pensó en el territorio de lava sobre el cual fue construido el Centro Cultural Universitario y en la manera en que su arquitectura convive con el paisaje del Pedregal.

La pieza, explicó, está inspirada en “estas piedras ancestrales” y en la fuerza particular del entorno volcánico. Naturaleza, arquitectura y sonido se encontrarán así en una obra concebida para el regreso a la Nezahualcóyotl.

Gabriela Ortiz: de la UNAM a los Grammy

El estreno adquiere otra dimensión por el momento que atraviesa su autora.

Gabriela Ortiz es una compositora mexicana de amplia proyección internacional y en 2026 fue galardonada por segundo año consecutivo en los premios Grammy. El álbum Yanga recibió tres reconocimientos; dos correspondieron directamente a Ortiz: Mejor Compendio Clásico y Mejor Composición Clásica Contemporánea por Dzonot. Un año antes había obtenido el Grammy a Mejor Composición Clásica Contemporánea por Revolución diamantina.

Su historia, sin embargo, está profundamente ligada a la Universidad.

Fue estudiante del CCH Sur, continuó su formación en la entonces Escuela Nacional de Música, hoy Facultad de Música, realizó estudios de posgrado con apoyo de una beca de la UNAM y posteriormente regresó como profesora.

“Realmente yo sí le debo mucho a esta gran institución”, dijo durante la conferencia.

Fanfarria volcánica tampoco es su primer encuentro con la OFUNAM. Ortiz recordó, entre otras experiencias, el estreno y grabación de Concierto Candela, así como las interpretaciones de Altar de piedra y Luz de lava, esta última también relacionada con el paisaje del Pedregal.

Para la compositora, una de las responsabilidades de una orquesta universitaria es precisamente mantener abierta la puerta a la creación contemporánea mexicana.

“Los compositores necesitamos escuchar nuestra música; esto es algo básico para aprender”, señaló al hablar de la importancia de que las nuevas generaciones puedan trabajar con agrupaciones como la OFUNAM.

La temporada mantendrá esa línea con obras de Enrico Chapela, Ana Lara, Arturo Márquez, José F. Vásquez y Héctor Quintanar.

Mischa Maisky: volver a una obra después de 65 años

El concierto inaugural reunirá la creación nueva con otro tipo de memoria musical.

Mischa Maisky regresará por tercera ocasión con la OFUNAM. El violonchelista nacido en Letonia interpretará el Concierto para violonchelo núm. 1, de Camille Saint-Saëns, y su propia transcripción para violonchelo de “Kuda, kuda”, aria de Eugene Onegin, de Piotr Ilich Chaikovski. Después del intermedio, la OFUNAM interpretará la Sinfonía núm. 1, Titán, de Gustav Mahler, bajo la dirección de Sylvain Gasançon.

Foto: cortesía Festival CulturaUNAM

Para Maisky, la visita también está atravesada por el tiempo. Llegó por primera vez a México hace aproximadamente medio siglo y este año se cumplen 65 años desde que interpretó por primera vez el concierto de Saint-Saëns, cuando era estudiante, y 60 desde que lo tocó en la final del Concurso Chaikovski de Moscú, en 1966.

Conocer una obra durante seis décadas, sostuvo, no significa haber agotado sus posibilidades.

Para el violonchelista, la interpretación es un proceso que nunca termina: puede transformarse según el recinto, la acústica, el público y los músicos que coinciden en el escenario. Comparó esa búsqueda de perfección con intentar alcanzar el horizonte: cuanto más se acerca uno, más se aleja.

La reflexión adquiere un significado particular en una Sala Nezahualcóyotl que vuelve a recibir al público después de su rehabilitación: la música puede ser la misma, pero el encuentro nunca se repite exactamente.

Una OFUNAM preparada para otros 90 años

La temporada también significará el cierre de una etapa.

Sylvain Gasançon, director titular de la OFUNAM desde 2023, se encuentra en la última temporada de su gestión, que concluirá a finales de 2026. Después continuará colaborando con la agrupación como director huésped.

“Es una orquesta que amo profundamente”, expresó al hablar del vínculo que ha acompañado buena parte de su desarrollo artístico y profesional.

Para Gasançon, el programa de reapertura resume la idea de orquesta que intentó desarrollar durante su gestión: una composición mexicana nueva, un solista internacional y una gran obra del repertorio sinfónico.

“Música mexicana nueva, gran solista y música de gran repertorio sinfónico”, resumió. Esa combinación, consideró, corresponde al trabajo que debe realizar una orquesta del siglo XXI.

Al hacer balance de su relación con la agrupación, Gasançon destacó también otro cambio: la renovación de sus integrantes.

Hoy encuentra una orquesta con numerosos músicos jóvenes que no estaban allí hace 10, 15 o 20 años. Para él, cada incorporación representa también una muestra del talento musical existente en México.

La transformación lo llevó a formular una de las ideas que mejor resume el sentido de esta conmemoración:

“La OFUNAM de 2026 es una orquesta preparada para sus próximos 90 años”.

Doce programas entre memoria y futuro

La tercera temporada se extenderá del 26 de septiembre al 13 de diciembre con 12 programas, seis de temporada regular y seis fuera de abono. Habrá directoras y directores huéspedes, solistas nacionales e internacionales, música coral, creación contemporánea y obras fundamentales de la tradición sinfónica.

Después de la reapertura, el 3 y 4 de octubre se presentará Informe sobre ciegos, con adaptación e interpretación de John Malkovich sobre el texto de Ernesto Sábato, en un programa que incluye también a la pianista Anastasya Terenkova y música de Prokófiev y Alfred Schnittke.

La OFUNAM volverá también al Festival Internacional Cervantino, con presentaciones el 9 de octubre en el Teatro Juárez de Guanajuato y el 11 en la Sala Nezahualcóyotl. El 31 de octubre se realizará una gala con el tenor Javier Camarena.

El 7 y 8 de noviembre, uno de los momentos centrales del cierre de la gestión de Gasançon será la interpretación de la Sinfonía núm. 2, Resurrección, de Mahler, junto con el Coro del Teatro de Bellas Artes.

En diciembre llegará la Novena sinfonía de Beethoven y, finalmente, el programa Navidad con la OFUNAM.

Entre esas obras habrá otra que conectará directamente 1976 con 2026: Fiestas, de Héctor Quintanar, fue compuesta para la inauguración de la Sala Nezahualcóyotl el 30 de diciembre de 1976. Medio siglo después volverá a formar parte de la programación del recinto en el año de su aniversario.

De aquella obra concebida para la apertura a una Fanfarria volcánica escrita para este nuevo momento han transcurrido 50 años. En ese mismo escenario, la OFUNAM ha recorrido ya más de la mitad de sus nueve décadas de historia.

Ahora vuelve a su casa con una Sala renovada, nuevos integrantes en sus atriles y una obra nacida del mismo paisaje volcánico que la rodea. La celebración mira hacia atrás, pero la música que abrirá esta etapa es nueva.

regresar

Cómo la contaminación del aire reduce los beneficios del deporte

Hacer ejercicio es una de las actividades más recomendadas para mantener una buena salud física y mental. Mejora la capacidad cardiovascular, fortalece músculos y huesos, ayuda a controlar el estrés y disminuye el riesgo de múltiples enfermedades. Sin embargo, cuando la calidad del aire es mala, especialmente en ciudades con altos niveles de contaminación, surge una pregunta importante: ¿realmente es buena idea hacer ejercicio al aire libre durante periodos de alta contaminación?

En el podcast de Deporte UNAM, el doctor José Agustín García Reynoso, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, y el médico residente de la especialidad en Medicina de la Actividad Física y Deportiva de la UNAM, Carlos Alberto Galván López, mencionaron que, en la mayoría de los casos, no resulta recomendable hacer esta actividad, especialmente cuando existen contingencias ambientales o concentraciones elevadas de contaminantes atmosféricos.

Aunque el ejercicio por sí mismo es beneficioso, practicarlo en ambientes contaminados puede reducir sus efectos positivos e incluso provocar daños importantes en el organismo.

Durante la actividad física, el cuerpo necesita más oxígeno para sostener el esfuerzo. Esto provoca que la respiración se vuelva más rápida y profunda. En reposo, una persona respira con menor intensidad, pero al correr, caminar rápido, jugar algún deporte o entrenar, la cantidad de aire inhalado aumenta considerablemente. El problema es que, junto con el oxígeno, también entran más contaminantes al cuerpo.

En ciudades grandes, comentó el doctor García Reynoso, el aire suele contener sustancias dañinas como ozono, partículas suspendidas PM10 y PM2.5, dióxido de azufre y monóxido de carbono. Muchos de estos contaminantes provienen de procesos de combustión: automóviles, transporte público, industrias, calentadores de gas y otras actividades humanas. También existen contaminantes generados por productos cotidianos dentro de las casas, como aromatizantes, aerosoles y ciertos compuestos químicos presentes en productos de limpieza o perfumes.

Estas partículas suspendidas representan uno de los mayores riesgos para la salud. Las PM10 y, especialmente, las PM2.5 son tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones y alojarse en los alvéolos, que son las estructuras encargadas de realizar el intercambio de oxígeno en el cuerpo. Cuando estas partículas se acumulan, el intercambio gaseoso se vuelve menos eficiente y la capacidad pulmonar disminuye. En otras palabras, el organismo tiene más dificultades para oxigenarse correctamente.

Esto explica por qué muchas personas experimentan molestias al hacer ejercicio durante días con mala calidad del aire. Los síntomas más frecuentes, de acuerdo con Galván López, incluyen irritación en ojos y garganta, tos, sensación de falta de aire, dolor de cabeza, ardor nasal y fatiga más rápida. Algunas personas también sienten que “el aire pesa” o que respirar resulta más difícil, especialmente cerca de avenidas con mucho tráfico.

Los grupos más vulnerables son los niños, los adultos mayores y las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, como asma, hipertensión o problemas cardiacos. En estos casos, incluso niveles moderados de contaminación pueden generar síntomas importantes. Los deportistas asmáticos, por ejemplo, pueden presentar crisis respiratorias con mayor facilidad durante contingencias ambientales.

Estudios científicos sobre contaminación y actividad física

Investigaciones citadas por especialistas muestran que, al ejercitarse en ambientes contaminados, disminuyen algunos de los beneficios cardiovasculares normales del ejercicio.

Por ejemplo, un estudio publicado en BMJ Open analizó a más de 34 mil adultos y encontró que, aunque el ejercicio seguía siendo beneficioso, la exposición prolongada a partículas contaminantes, como PM2.5 y PM10, modificaba la relación entre actividad física y enfermedad cardiaca isquémica.

Asimismo, una revisión científica publicada en MDPI concluyó que respirar aire contaminado durante el ejercicio aumenta la inhalación de partículas tóxicas debido al incremento de la ventilación pulmonar, lo que puede favorecer inflamación, estrés oxidativo y daño cardiovascular.

Además de los efectos inmediatos, existe preocupación por las consecuencias a largo plazo. La exposición frecuente al aire contaminado se ha relacionado con mayor riesgo de desarrollar enfermedades respiratorias crónicas, alergias, asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). También se ha observado un aumento del riesgo de desarrollar cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares, incluidos los accidentes cerebrovasculares.

Entonces, ¿significa esto que debe evitarse totalmente el ejercicio?

No necesariamente. Los especialistas coinciden en que mantenerse activo sigue siendo fundamental, pero recomiendan adaptar la actividad física a las condiciones ambientales.

El médico Carlos Alberto Galván López señaló que la primera recomendación es revisar el índice de calidad del aire antes de entrenar o realizar actividades al aire libre. En días con contingencia ambiental o altos niveles de contaminación, lo más prudente es reducir o suspender temporalmente el ejercicio intenso en exteriores.

También aconsejó elegir lugares alejados de avenidas principales y zonas de tráfico intenso. Los parques grandes y las áreas verdes suelen ofrecer mejores condiciones que las calles muy transitadas.

Otra estrategia útil es modificar los horarios de entrenamiento y realizar actividad física temprano por la mañana o después de las siete de la noche, cuando las concentraciones de ciertos contaminantes suelen disminuir.

Cuando sea posible, los espacios interiores con sistemas de filtración representan una alternativa más segura. Aunque no todas las personas tienen acceso a gimnasios o instalaciones especializadas, entrenar bajo techo durante episodios de contaminación intensa puede reducir considerablemente la exposición.

El problema de fondo, sin embargo, no depende únicamente de decisiones individuales. La contaminación atmosférica es un fenómeno complejo relacionado con el transporte, el consumo energético, las emisiones industriales y la planeación urbana. Por ello, el especialista del ICAyCC enfatiza también la necesidad de impulsar sistemas de transporte más limpios, mejorar el mantenimiento de equipos domésticos de combustión y fomentar hábitos de consumo más sostenibles.

Mantenerse activo en ciudades contaminadas exige precaución

En conclusión, hacer ejercicio durante periodos de alta contaminación del aire no suele ser una buena idea, especialmente cuando existen contingencias ambientales. Aunque el ejercicio es beneficioso para la salud, la inhalación constante de contaminantes puede disminuir sus ventajas y generar efectos negativos respiratorios y cardiovasculares. La mejor decisión es mantenerse informado sobre la calidad del aire, adaptar los horarios y lugares de entrenamiento, y priorizar siempre la protección de la salud.

regresar

A un año de que Julieta Fierro regresó a las estrellas, ¿qué nos quedó de la divulgadora?

Un día, al terminar una entrevista, Julieta pidió con pena algo inesperado: una carta de recomendación para postularse a la Medalla al Mérito en Ciencias «Ingeniero Mario Molina» 2021. Fue una sorpresa. Pudo pedírsela al rector, a algún investigador reconocido del Instituto de Astronomía o a una figura importante de la divulgación científica, pero no: se la pidió a una reportera con la que usualmente trabajaba.

Ante la solicitud, la reportera comentó: «Yo solo hago notas y cápsulas de ciencia». Fierro respondió: «Justo quiero eso. Alguien con quien he trabajado mucho notas de ciencia».

La reportera escribió la carta, tal como lo pidió Julieta. Por supuesto, ganó la medalla, pero no por aquella recomendación, sino por su amplia trayectoria. Cuando recibió el galardón, dijo: «Me encantaría regalarles una estrella, una galaxia o un planeta, pero como no puedo, les traigo una lluvia de estrellas».

Se refería a unos chocolates Kisses que lanzó al aire hacia funcionarios e invitados. De inmediato, muchos sonrieron y estiraron las manos para atraparlos. Por unos instantes, llovieron estrellas en el recinto legislativo de Donceles.

Aunque suele pensarse que la ciencia no llama la atención de mucha gente, la fama de Julieta era enorme. Contaba que, cuando salía a la calle, la reconocían, se le acercaban para tomarse fotos y le pedían autógrafos.

Para poder ir al supermercado con tranquilidad, tenía que hacerlo a las siete de la mañana, cuando todavía no había muchas personas.

La mejor divulgadora

Este 19 de septiembre se cumple un año de que Julieta volvió a las estrellas ¿Qué queda de la mujer que dedicó su vida a acercar el Universo a los demás? Desde entonces he recordado algunas anécdotas que compartí a lo largo de los años.

Cuando comencé a cubrir la fuente de ciencia me tocó asistir a una entrevista al Instituto de Física, el tema parecía algo fácil. Trataba sobre un nuevo telescopio que se pondría a funcionar. Sin embargo, al preguntar ¿qué buscaría? Por primera vez escuché las palabras materia oscura.

No entendí nada, e inmediatamente pensé: debo preguntar porque si no lo sé, ¿cómo redactaré esta nota? En seguida le dije al investigador: ¿qué es eso? Él no esperaba esa pregunta.

Puso cara de sorpresa, comenzó a explicar y a dar vueltas sin llegar a una idea clara. No le entendí y volví a preguntar, pero salí de aquella entrevista con dudas.

Días después, contacté a Julieta Fierro para no quedarme con la duda. Apenas la conocía, pero le pedí una entrevista sobre materia y energía oscuras.

En una cápsula de video que apenas duró un minuto, dijo de forma directa y sencilla: Exactamente no sabemos qué son, pero la ciencia tiene noción de su existencia por sus efectos.

La energía oscura es la responsable de que la expansión del universo se acelere, mientras que la materia oscura contribuye a mantener unidas las galaxias.

Yo había salido de una larga entrevista en el Instituto de Física sin entender qué era la materia oscura. Julieta me lo explicó en un minuto y de forma directa y divertida.

Desde entonces, la buscaba para muchas entrevistas. Siempre nos citaba en su casa y, al final, regalaba chocolates acompañados de una frase: «La ciencia es dulce».

Una trayectoria poco convencional

Su vida no fue fácil, pero logró sobresalir en un ámbito científico en donde las mujeres eran minoría. Además, decidió dedicarse a la divulgación de la ciencia, una actividad que en aquella época todavía comenzaba dentro del ámbito científico. No sólo fue pionera en la divulgación de la ciencia, también abrió camino para otras mujeres en el ámbito científico.

Una vez, una amiga le comentó: «No te maquillas porque no viste a tu mamá hacerlo cuando eras niña». Su mamá había fallecido cuando Julieta tenía 13 años. Fue una anécdota que contó, melancólica, en una plática al finalizar una entrevista.

Cuando se iba a filmar Contacto, la adaptación cinematográfica de la novela de Carl Sagan, su protagonista, Jodie Foster, vino a México para convivir con astrónomas mexicanas. Entre ellas conoció a Julieta Fierro. Esa cercanía le sirvió para entender cómo debía ser su personaje.

Cuando uno ve a Eleanor “Ellie” Arroway, el personaje que interpreta Foster en la película, es inevitable encontrar cierto parecido con Julieta: el cabello largo y lacio, el rostro sin maquillaje.

Durante algún tiempo, en Canal Once se transmitió Sofía Luna, agente especial, una serie en la que Julieta participó no solo como asesora científica, sino también como actriz: interpretó a la agente especial, una astronauta que viajaba por el espacio.

Desde entonces, los niños la reconocían en la calle y la saludaban. A ella le daba pena. Decía que se sentía como una viejita y que ellos eran niños: ¿qué podía hacer con ellos? Parecía sorprenderle hasta dónde podía llegar con los más pequeños. Los niños, en cambio, sí parecían saberlo.

La curiosidad compartida

Cuando Julieta era estudiante de la Facultad de Ciencias de la UNAM, solía caminar por las Islas. Un día se detuvo a mirar detenidamente la fachada sur de la Biblioteca Central y se maravilló al descubrir que contenía elementos astronómicos.

De ese recuerdo nació la nota La astronomía del mural de la Biblioteca Central, publicada por la Dirección General de Comunicación Social. En ella, Julieta explicó cómo el mural representa dos maneras de entender el cosmos: el modelo de Ptolomeo, con la Tierra en el centro, y el de Copérnico, con el Sol.

La invitación con la que cerró aquella explicación era sencilla: «Cuando pasen frente a la Biblioteca Central deténganse un momento y miren cómo se representa el cielo, vale mucho la pena».

Un año después de su partida, sus múltiples libros, entrevistas, notas y videos permanecen para que niños, jóvenes y adultos puedan acudir a ellos, recordarla y continuar con el aprendizaje de la astronomía. Su legado sigue vivo en quienes la recuerdan con cariño y en las nuevas generaciones que apenas la descubren.

regresar

La grana cochinilla, un colorante prehispánico muy actual

Un insecto que fue fundamental en Mesoamérica por la producción de un colorante utilizado para teñir telas mantiene su importancia en industrias muy diversas, como la alimentaria, la cosmética, la textil y la farmacéutica.

El nombre científico de la cochinilla fina es Dactylopius coccus. Se cría en plantas de nopal y se distingue de las llamadas cochinillas silvestres, que pertenecen a otras especies del mismo género. Para obtener el colorante se aprovechan principalmente las hembras adultas de la cochinilla fina, que se recolectan y se secan, como explica Ciencia UNAM.

Para Huemac Escalona Lüttig, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, el aprovechamiento de la grana debe entenderse como resultado de conocimientos y prácticas desarrollados por las comunidades indígenas, entre ellas las de Oaxaca.

La cochinilla contiene una sustancia química, el ácido carmínico, responsable de su coloración roja. Este compuesto también participa en su defensa: se ha demostrado que disuade de alimentarse a ciertas hormigas, aunque algunos depredadores pueden tolerarlo. Así lo documenta una investigación experimental publicada en Science.

Conviene distinguir el ácido carmínico del carmín. El primero es la principal sustancia colorante del insecto; el segundo se obtiene al formar complejos de ese ácido con aluminio, según las especificaciones del comité de expertos de la FAO y la OMS.

Durante la época colonial se comercializaron tanto la cochinilla fina como la silvestre, aunque la primera fue más valorada debido a su mayor concentración de ácido carmínico.

Estos insectos se alimentan de sus plantas hospederas y algunas especies pueden convertirse en plagas de los nopales. Sin embargo, mediante la observación y la experimentación, las comunidades desarrollaron técnicas para criar la cochinilla fina y aprovechar su colorante.

Gracias a su utilidad, la grana se incorporó a los circuitos mercantiles que ya existían antes de la llegada de los españoles. “Me gusta decir que es una aportación de las culturas originarias de esta parte de Mesoamérica”, afirma el investigador.

Para cualquier sociedad, los colores son importantes no sólo en términos económicos, sino también identitarios y simbólicos, particularmente en su relación con la religión.

“A la llegada de los españoles hubo cambios muy significativos en la producción, circulación, comercialización y consumo de este colorante, transformaciones que modificaron a las sociedades indígenas vinculadas con la grana cochinilla de manera similar, pero al mismo tiempo distinta”, explica Escalona Lüttig.

El colorante conservó usos relacionados con el prestigio y el poder, pero su incorporación al comercio transatlántico modificó la escala de producción, los destinos de venta y las formas de obtener ganancias.

Esto no significa que en Mesoamérica estuvieran ausentes los intereses económicos. El comercio, el tributo y el acceso a bienes valiosos formaban parte de sociedades jerarquizadas, donde la riqueza tenía dimensiones materiales, políticas y religiosas. Los estudios del Instituto de Investigaciones Históricas sobre los pochtecas muestran esa relación entre intercambio, prestigio y poder.

En Europa ya existían otros tintes rojos, como el obtenido del quermes. La grana americana destacó por su capacidad tintórea y por la intensidad de los colores que permitía obtener, cualidades que favorecieron su demanda.

Las potencias europeas del siglo XVI competían por la obtención de especias; sin embargo, la búsqueda de colorantes también era una preocupación entre las élites, tanto aristocráticas como comerciales, entrelazadas en complejos sistemas de jerarquías y poder.

El rojo como símbolo de poder

Durante siglos, distintas tonalidades de rojo se asociaron en Europa con la riqueza, la autoridad y lo sagrado. Su presencia en vestimentas de lujo y representaciones religiosas permitía expresar prestigio, devoción o poder. El Museo Getty documenta estos usos y su relación con los tintes de origen animal.

“El rojo significaba lo sacro, el poder de la sangre derramada en las batallas, pero también estaba relacionado con los lazos sanguíneos de las aristocracias”, señala el investigador.

La expansión española en América abrió nuevas posibilidades de explotación y comercio. Además del oro y la plata, otros productos adquirieron relevancia por su demanda en los mercados europeos; entre ellos estaban los colorantes.

En su descripción del mercado de Tlatelolco, Hernán Cortés destacó la diversidad de mercancías y la organización de sus vendedores. Entre los productos comercializados había colores y materiales utilizados por los artesanos.

La grana cochinilla formaba parte de un amplio repertorio de sustancias tintóreas conocidas en Mesoamérica. Sus usos incluían el teñido de textiles y la elaboración de materiales para la pintura.

Durante las primeras décadas del dominio español, pequeñas cantidades del colorante llegaron a Europa, donde se exploraron sus aplicaciones. Más adelante, su demanda impulsó la expansión de la producción y del comercio. La investigación de Escalona Lüttig documenta ese proceso en su libro Conflictos y dinámicas socioeconómicas en torno a la grana cochinilla.

Regiones productoras de grana cochinilla

Dentro de la dinámica comercial mesoamericana, diversas regiones tuvieron relevancia. A la llegada de los españoles, la producción de grana ya se encontraba en lugares como Tlaxcala, Huejotzingo, Cholula, Tepeaca y distintas zonas de Oaxaca. El colorante circulaba mediante el comercio y también como tributo.

Con la desaparición del poder hegemónico mexica y la reorganización colonial, los productores y comerciantes indígenas participaron en nuevas redes económicas. Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XVI, la región Puebla-Tlaxcala destacó por su producción de grana destinada a los mercados europeos.

El estudio de Escalona Lüttig también recoge referencias a una delegación del cabildo de Tlaxcala que, durante un viaje a Europa, llegó a Venecia y negoció contratos relacionados con el colorante. Esto muestra la participación activa de los indígenas en un comercio que alcanzaba destinos transatlánticos. Estos procesos se abordan en el capítulo sobre la expansión de la producción y el comercio de grana cochinilla.

Junto con Tlaxcala, localidades como Cholula, Huejotzingo y Tepeaca participaron en la producción y comercialización del tinte. No se trataba de ciudades que surgieran entonces, sino de poblaciones con una historia anterior a la conquista que ampliaron o reorganizaron sus actividades.

La demanda europea de grana se vinculó con la reconfiguración del espacio mesoamericano tras la caída de Tenochtitlan y la consolidación de la Ciudad de México como centro del gobierno colonial.

La región Puebla-Tlaxcala tuvo un papel importante en esta transformación. Su ubicación facilitaba la conexión entre las zonas productoras, los centros comerciales y las rutas hacia Veracruz.

En el desarrollo de esta actividad influyeron la experiencia de las comunidades indígenas, la disponibilidad de nopales, las redes comerciales existentes y la incorporación a los mercados coloniales.

En Oaxaca, la producción y la administración colonial siguieron ritmos distintos según la región. La presencia española y las instituciones coloniales se establecieron desde el siglo XVI, aunque su alcance fue desigual. Por ello, conviene distinguir ese proceso del protagonismo que después alcanzó Oaxaca en el comercio de la grana.

En este nuevo escenario también intervinieron las epidemias, las estructuras de gobierno colonial, la introducción de animales y la expansión de la ganadería, que modificaron el territorio y la organización agraria. La propiedad y el uso de la tierra se transformaron, mientras crecían las disputas por los espacios destinados a cultivos y pastoreo.

La producción de grana y los cambios económicos y sociales

El crecimiento de esta actividad no sólo modificó los intercambios comerciales. Según explica el investigador, también generó tensiones dentro de las comunidades indígenas.

Los ingresos por la venta de grana permitieron a algunos macehuales, integrantes de la población común, adquirir bienes y participar de manera más directa en el comercio. Para ciertas autoridades, estas posibilidades alteraban las jerarquías y las relaciones de dependencia.

“Se produce una alteración de las estructuras sociales porque los indígenas de la base social, los macehuales, comienzan a comerciar directamente, sin los intermediarios que antes eran los nobles. Existía una nobleza indígena dedicada al comercio, y ahora los macehuales están ocupando esos espacios”.

De acuerdo con la explicación de Escalona Lüttig, algunos productores podían destinar más trabajo a la grana y utilizar sus ingresos para comprar alimentos. Esto abría oportunidades económicas, pero también generaba preocupaciones entre las autoridades por el abastecimiento y por los cambios en el orden social.

La grana cochinilla y la producción de maíz

La expansión de las nopaleras podía competir por tierra y trabajo con los cultivos alimentarios. En los casos descritos por el investigador, algunos productores redujeron la superficie destinada al maíz y a otros cultivos de la milpa para dedicarla a la cría de grana.

Con los ingresos obtenidos compraban los productos necesarios para su subsistencia. Sin embargo, una mayor dependencia del mercado podía volverlos más vulnerables a los aumentos de precios y a las dificultades de abastecimiento.

Cuando disminuía la producción local de maíz, era necesario traerlo de otras regiones. A esas dificultades podían sumarse las sequías, las heladas y los costos del transporte.

Durante las epidemias, la pérdida de población también afectó el trabajo agrícola y las redes de distribución. Por ello, las crisis alimentarias deben entenderse como resultado de varios factores, y no únicamente como consecuencia de la producción de grana.

Producción actual de grana cochinilla

La grana cochinilla continúa utilizándose en distintas actividades artesanales e industriales. En México, su aprovechamiento también mantiene vivos conocimientos vinculados con la cría del insecto y el teñido de textiles.

Su producción puede realizarse en ambientes acondicionados, como cobertizos, microtúneles e invernaderos, que ayudan a regular las condiciones ambientales y a proteger a los insectos de sus enemigos naturales.

Estas técnicas permiten adaptar la cría a diferentes condiciones, aunque sus resultados dependen del manejo del nopal, la temperatura, la humedad y el control de los organismos que afectan la producción.

La permanencia de este colorante reúne así dos historias: la de los conocimientos indígenas que hicieron posible su aprovechamiento y la de las transformaciones comerciales y tecnológicas que han ampliado sus usos hasta nuestros días.

regresar

Entre pinceles y perseverancia: alumna de la FAD obtiene el Premio Estatal de la Juventud Edomex 2026

Hay sueños que no se pintan de inmediato. Se van trazando poco a poco, entre dudas, sacrificios, puertas que se cierran y otras que, después de mucho insistir, finalmente se abren. Para Denisse Canel Ramírez, alumna de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, dedicarse al arte significó precisamente eso: desafiar los pronósticos, mantenerse firme ante las dificultades y convertir la constancia en una forma de vida.

Hoy, después de años de trabajo, exposiciones, concursos y una búsqueda artística que continúa transformándose, los reconocimientos comienzan a confirmar que el esfuerzo ha valido la pena. Entre ellos se encuentra el Premio Estatal de la Juventud 2026 del Estado de México, que Denisse recibió en la categoría de Trayectoria Artística y Cultural.

Una inspiración para mejorar día con día

En 2024, Denisse conoció el Premio Estatal de la Juventud del Estado de México, un reconocimiento que distingue a jóvenes mexiquenses por sus aportaciones en ámbitos como la academia, la cultura, la innovación, el emprendimiento, la participación social y el cuidado del medio ambiente. Desde entonces, obtener la distinción en la categoría de Trayectoria Artística y Cultural se convirtió en una meta personal.

Al principio, Denisse consideraba que su trayectoria era suficiente para conseguirla, pero, al conocer los antecedentes de quienes habían sido reconocidos, descubrió que se trataba de jóvenes con años de trabajo, numerosos logros y experiencias que respaldaban sus candidaturas.

En lugar de verlo como un motivo para desistir, tomó esas historias como un punto de referencia. A partir de entonces, comenzó a plantearse nuevos objetivos año con año, buscando fortalecer su trayectoria y sumar experiencias que le permitieran acercarse a la distinción que se había propuesto alcanzar.

El reto era aún mayor porque la categoría no se limitaba a una sola disciplina. Denisse competía no solo con otros artistas visuales, sino también con jóvenes dedicados a la danza, la música, el cine y otras expresiones artísticas y culturales. En ese contexto, el reconocimiento representaba mucho más que un premio: era la posibilidad de ver reflejados varios años de trabajo, perseverancia y crecimiento profesional.

Tras intentarlo durante tres años, finalmente recibió la noticia que había esperado. Fue a través de una llamada telefónica de Sergio Jassiel Zamora, director del Instituto Mexiquense de la Juventud (IMEJ), institución encargada del concurso. Recuerda que, al escuchar que había sido seleccionada, simplemente no podía creerlo.

La noticia también llegó en un momento particular de su trayectoria. Aunque sus logros habían crecido con el paso de los años, Denisse sentía, paradójicamente, que cada vez tenía que hacer más para merecer el reconocimiento. Por eso, recibirlo significó no solo alcanzar una meta que se había planteado años atrás, sino también detenerse a reconocer todo lo que había construido en el camino.

La ceremonia de premiación se realizó en el Palacio de Gobierno, donde recibió una medalla, un certificado y un estímulo económico. También se contempla un próximo encuentro con la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, como parte de las acciones para continuar impulsando el desarrollo de los jóvenes artistas.

Resiliencia para vivir del arte

El premio representa uno de los logros más recientes de una trayectoria que comenzó mucho antes y que estuvo marcada por distintas dificultades. En sus primeros años, su familia se opuso a que estudiara artes, pues era frecuente que le dijeran que “estudiar arte no era sostenible”.

Lejos de aceptar ese discurso, Denisse decidió trabajar todavía más y buscar todas las oportunidades posibles. Tocó puertas en galerías, participó en bienales y concursos, se relacionó con otros profesionales del medio y comprendió que la capacidad de socializar y construir vínculos también es fundamental dentro del mundo artístico.

Con el tiempo, logró sostenerse a través de coleccionistas, becas, concursos y apoyos gubernamentales. Después de tres o cuatro años de trabajar intensamente, asegura que finalmente ha alcanzado una etapa de mayor tranquilidad.

Su experiencia le ha permitido comprobar que sí existen caminos para vivir del arte y que estos pueden encontrarse tanto en iniciativas públicas como privadas. Para ella, la clave ha estado en combinar la producción artística con la búsqueda constante de oportunidades y la construcción de una red profesional.

Esa misma búsqueda también ha influido en la manera en que entiende y desarrolla su obra.

En evolución constante

A partir de estas experiencias, la pintura de Denisse ha evolucionado. Durante los últimos dos años, sus temas se han vuelto más complejos y las investigaciones que sustentan su producción artística se han ampliado. Incluso contempla la posibilidad de publicar sus investigaciones teóricas junto con sus obras.

Una de sus investigaciones más importantes surgió a partir del concepto de la “sociedad del cansancio”, planteado por el filósofo Byung-Chul Han. A lo largo de varios años, desarrolló una serie de pinturas y textos relacionados con el agotamiento, la hiperproductividad y el ritmo acelerado de la vida contemporánea.

Esta reflexión quedó plasmada en su más reciente exposición, “Ciudad de los Sueños”, realizada en la Antigua Academia de San Carlos de la UNAM durante marzo y abril. En ella, abordó esta problemática más allá de los espacios laborales para mostrar cómo el cansancio se extiende a los lugares que habitamos.

Una imagen cotidiana, como la de las personas dormidas en el transporte público, se convirtió en una forma de representar a una sociedad que vive bajo un ritmo constante de productividad y agotamiento.

Actualmente, su interés se ha desplazado hacia otros fenómenos relacionados con la hiperdigitalización. Sus nuevas obras exploran la convivencia entre la realidad física y la digital, así como la manera en que la tecnología se relaciona con la hiperproductividad.

Aunque visual y estéticamente su trabajo continúa transformándose, considera que las distintas etapas de su producción mantienen una conexión entre sí. Las preocupaciones cambian, pero permanece el interés por observar y cuestionar las condiciones de la vida contemporánea.

La IA: una aliada que no sustituye al artista

En ese contexto, la inteligencia artificial también forma parte de su reflexión. La artista considera que la IA ya llegó al mundo del arte y que no tiene sentido satanizarla. Para ella, se trata de una herramienta que puede ser útil siempre que sea utilizada con criterio.

Sin embargo, establece una diferencia entre emplearla como apoyo creativo y utilizarla para sustituir prácticamente todo el proceso artístico. Desde su perspectiva, un artista visual tiene la capacidad de tomar un elemento generado por una herramienta de IA, transformarlo y utilizarlo dentro de una composición propia, aportando su sensibilidad y conocimiento.

Lo que cuestiona es que una persona simplemente tome una imagen generada, la imprima y le haga pequeñas modificaciones para presentarla como una obra.

La discusión, explica, no es completamente nueva. Algo similar ocurrió cuando herramientas como el proyector comenzaron a utilizarse para trasladar trazos a una superficie. Algunos artistas consideraron que hacerlo restaba valor al dibujo manual, mientras que otros lo entendieron como una forma de agilizar determinados procesos.

Desde su perspectiva, la tecnología puede ayudar a reducir tiempos, pero no debe sustituir el conocimiento y la sensibilidad que existen detrás de la creación artística.

“Pintar implica detenerse, observar y meditar; es un proceso que difícilmente puede reducirse a la lógica de producir cada vez más rápido”, expresó.

¡No se rindan!

Esta manera de entender el arte también está presente en el consejo que Denisse ofrece a quienes desean dedicarse profesionalmente a esta disciplina. Con toda la experiencia que ha adquirido a lo largo de su carrera, considera que es necesario consumir arte constantemente y no limitarse a lo aprendido dentro de las aulas.

Además, señala que es fundamental acercarse al mundo artístico profesional antes de terminar la carrera, visitar museos y exposiciones, participar en ferias, conocer los círculos institucionales y comenzar a construir relaciones dentro del medio.

También considera indispensable trabajar continuamente en una obra personal y mantener la honestidad respecto a las propias ideas. Para ella, los estudiantes no deberían descartar una idea simplemente porque creen que puede ser mala. La formación académica puede llevarlos a buscar constantemente que todo lo que produzcan sea perfecto, cuando, en realidad, una parte esencial del aprendizaje consiste simplemente en crear.

Un triunfo que abraza el esfuerzo

Después de años de insistencia, dificultades y trabajo, Denisse demuestra que dedicarse al arte no necesariamente significa vivir en la incertidumbre permanente. El camino puede ser complicado y requiere encontrar apoyos, construir redes, aprovechar oportunidades y trabajar con disciplina, pero también puede conducir a una profesión sostenible.

Su historia comenzó con una meta que parecía lejana y que terminó convirtiéndose en un reconocimiento a años de esfuerzo. Pero el premio no representa el final del camino. Su obra continúa evolucionando, nuevas exposiciones están por llegar y sus investigaciones siguen abriendo preguntas sobre el cansancio, la productividad, la tecnología y la vida contemporánea.

Al final, su consejo resume buena parte de su propia historia: nunca dejar de pintar. Porque detrás de cada reconocimiento hay horas de trabajo, dudas, sacrificios y, sobre todo, la decisión de seguir adelante incluso cuando todavía no existe la certeza de que el esfuerzo será reconocido.

regresar

Del pozole a la tortilla: el maíz que alimenta la historia de México

Cuando llegan las fiestas patrias, el pozole aparece en muchas mesas mexicanas: un caldo caliente con granos de maíz, carne y una variedad de ingredientes que cada familia combina a su manera. Lechuga, rábano, cebolla, orégano, chile y aguacate son algunos de sus acompañamientos. Varios llegaron de otros continentes, pero el ingrediente principal tiene una historia que comenzó hace miles de años.

“El maíz era uno de los principales cultivos que se utilizaban en la época prehispánica”, explicó Diana Martínez Yrízar, académica del Laboratorio de Paleoetnobotánica y Paleoambiente del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Su importancia estaba relacionada, entre otras cosas, con su capacidad para producir grandes cantidades de alimento. El cultivo de maíz contribuía de manera importante al sustento de las comunidades. Pero su valor iba mucho más allá de lo nutricional: el maíz también formaba parte de la cosmovisión de muchos pueblos mesoamericanos.

En estas comunidades, la vida estaba estrechamente vinculada con el ciclo agrícola y, en particular, con el cultivo del maíz. Las fiestas y diversas actividades se organizaban alrededor de ese ciclo.

Un alimento de muchos usos

El maíz aporta principalmente almidón, que proporciona energía al organismo, además de proteínas, grasas, vitaminas y minerales. Su aporte nutricional varía según el tipo de grano y la forma en que se procesa y prepara.

Pero una de sus características más importantes es que prácticamente toda la planta podía aprovecharse. Además de los granos, se utilizaban las hojas, las cañas y otras partes de la planta para distintos fines.

Y el maíz no se consumía solo. En la alimentación prehispánica se combinaba con ingredientes como chile, chía, calabaza y diversos quelites, entre otros productos que todavía forman parte de la cocina mexicana.

Incluso las palomitas de maíz tienen una historia milenaria. En la costa de Perú se encontraron restos de maíz de entre aproximadamente 6 mil 700 y 3 mil años de antigüedad. Según los investigadores, sus características indican que se consumía de distintas maneras, entre ellas como palomitas.

En otro contexto histórico, entre los mexicas, el maíz tostado y reventado también se empleaba para elaborar adornos ceremoniales. El Gran Diccionario Náhuatl de la UNAM recoge una descripción del Códice florentino sobre tocados y sartales de estos granos que se llevaban durante ciertas celebraciones.

Así, lo que hoy suele asociarse con una botana para acompañar una película tiene antecedentes muy antiguos en América.

Un cultivo que cambió con el ser humano

La domesticación del maíz fue un proceso que ocurrió a lo largo de miles de años. Sus inicios se remontan a hace alrededor de 9 mil años, a partir del teocintle, una planta silvestre de México. Las mazorcas de etapas tempranas de la domesticación eran más pequeñas que muchas de las actuales.

La transformación estuvo relacionada con la selección humana de características que podían transmitirse a las siguientes generaciones. Los agricultores elegían, por ejemplo, las mazorcas con más granos o con características que les resultaban convenientes y sembraban esos granos en el siguiente ciclo.

“Así voy reproduciendo las características que a mí me interesan que tengan las mazorcas”, explicó la académica.

El vínculo entre el maíz y las personas llegó a ser tan estrecho que la continuidad de su cultivo depende del manejo humano. Los granos permanecen unidos a la mazorca, lo que dificulta su dispersión natural. Los agricultores los desprenden y seleccionan para sembrarlos.

Por ello, la domesticación del maíz debe entenderse como un proceso de evolución y selección que se desarrolló durante muchos milenios y en el que participaron generaciones de agricultores.

Más de 60 razas de maíz

Otra muestra de la historia de esta planta es su enorme diversidad. En México existen más de 60 razas de maíz, resultado de su adaptación a diferentes ambientes y de la selección, conservación e intercambio de semillas por los agricultores.

El maíz puede crecer desde regiones cercanas al nivel del mar hasta zonas de gran altitud. En la Ciudad de México, ubicada a unos 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar, todavía se cultiva en comunidades rurales de la capital.

Esta diversidad también refleja los conocimientos de quienes lo siembran. A lo largo del tiempo, los agricultores han conservado maíces con distintas características, adecuados para las condiciones de sus tierras y para diferentes usos alimentarios.

Una cocina que se transformó

Aunque actualmente se habla del maíz como un elemento esencial de la identidad alimentaria mexicana, la cocina que conocemos es resultado de un largo proceso de intercambio y combinación de productos.

Con la llegada de los españoles se introdujeron cultivos como el trigo y otros productos que terminaron incorporándose a la alimentación. Sin embargo, el maíz ya formaba parte de la vida cotidiana de las comunidades y continuó presente durante la época colonial.

De esas combinaciones surgió buena parte de la cocina mexicana actual. Productos como el queso, la crema y la manteca de cerdo se incorporaron a algunas preparaciones basadas en ingredientes mesoamericanos. Hoy forman parte, según la receta y la región, de antojitos como quesadillas, tlacoyos, tlayudas, memelas, gorditas y chalupas.

Incluso en un platillo tan asociado con las fiestas patrias como el pozole se puede observar esa mezcla. Su ingrediente principal es el maíz, mientras que algunas de sus versiones incluyen carne de cerdo, un animal introducido después de la conquista.

Los acompañamientos también reflejan ese encuentro. La lechuga y el rábano, por ejemplo, no son plantas mesoamericanas, mientras que el aguacate ya formaba parte de la alimentación de la región antes de la llegada de los españoles.

Las recetas y las maneras de servirlo varían de una región a otra y de una familia a otra. El resultado es un platillo festivo que, como buena parte de la cocina mexicana, reúne distintas etapas de nuestra historia en un mismo plato.

La presencia del maíz no quedó en el pasado. “Es nuestro alimento diario”. Personas de distintos estratos sociales consumen tortillas y otros productos derivados del maíz, lo que mantiene vigente una tradición alimentaria que comenzó hace miles de años.

Estudiar su historia permite comprender cómo la selección de semillas, las prácticas agrícolas y las formas de preparar los alimentos han transformado tanto a la planta como a las comunidades que la cultivan. En esa relación entre diversidad biológica y conocimientos transmitidos por generaciones se sostiene la permanencia del maíz en la alimentación mexicana.

regresar

Del sismoscopio al sismómetro

• Un recorrido por la evolución tecnológica de estos instrumentos, desde los primeros aparatos que avisaban cuando estaba temblando hasta los modernos sismómetros que registran en tres dimensiones los movimientos del suelo.

Todo indicaba que aquel sería otro intenso día de combate bajo el sol, como todos desde que el emperador de China ordenara la conquista de la nación de Miao. El enemigo retrocedía y la victoria parecía inminente. El general Xiahou, comandante de la invasión, se sentía cansado pero satisfecho. Iba a cumplir los deseos del emperador, pues este triunfo fortalecería sus dominios. De repente, a mitad del combate, el suelo teñido en sangre se estremeció con tal violencia que costaba trabajo mantenerse en pie.

El terremoto causó más conmoción que la misma guerra. La tremenda sacudida tomó a todos por sorpresa y los soldados, confundidos, abandonaron sus puestos, poniendo fin a una batalla legendaria que ocurrió aproximadamente en el siglo xx antes de nuestra era, hace unos 4000 años. Se trata de una época tan lejana que de ella se conservan muy pocos documentos históricos, pero ese fuerte temblor en la antigua China impresionó tanto al general Xiahou que dejó plasmado el hecho en un libro de bambú, uno de los pocos que se conservan hasta hoy.

El libro de Xiahou es uno de los testimonios más antiguos que existen de un terremoto —desde luego hubo muchos terremotos antes, pero no hay documentos que los mencionen—. Los registros en bambú como ese forman parte de los primeros escritos que se conocen en la historia de China.

Poco más de 2000 años después de ese terremoto histórico, un estudioso de los temblores llamado Zhang Heng inventó el primer aparato para detectarlos.

No digas «trepidatorio»…

La mayoría de los equipos sísmicos actuales registran el movimiento del suelo en tres direcciones: la componente vertical y dos componentes horizontales, norte-sur y este-oeste. Todos los sismos producen movimiento tanto horizontal como vertical, por lo que los términos «oscilatorio» y «trepidatorio» ya no se usan para clasificar sismos.

El sismoscopio

El aparato que construyó Zhang Heng en el siglo i d.C. consistía en un jarrón adornado con ocho cabezas de dragón. Cada uno sostenía en las fauces una pelotita en equilibrio precario y debajo de él había una rana con la boca abierta. Cuando el jarrón se movía a causa de un temblor, una o varias pelotitas caían en las bocas abiertas de las ranas. Para determinar la dirección del movimiento telúrico era necesario orientar el jarrón de manera que cada dragón quedara dirigido hacia uno de los ocho puntos cardinales (norte, sur, este, oeste, suroeste, sureste, noreste y noroeste). La dirección se determinaba observando de qué lado caían las bolitas.

El jarrón tenía un simbolismo encantador, pues hacía referencia al dios de la meteorología, representado por el dragón, que alimentaba a la rana, el animal de la buena suerte en la mitología china. Era un aparato hermoso, pero no bastaba para describir el movimiento del suelo, porque los sismos hacen vibrar la tierra en todas direcciones, incluyendo la vertical. Los artefactos como éste se llaman sismoscopios y son capaces de detectar un temblor en el momento en que ocurre, pero no pueden dejar un registro de su comportamiento. Desde luego, nadie sabía por qué ocurrían los sismos, que se atribuían a alteraciones cósmicas o climáticas que hoy sabemos no tienen ninguna relación con las sacudidas de la tierra.

Mucho tiempo después, en 1703, y del otro lado del mundo, el abad francés Jean de Hautefeuille construyó un sismoscopio similar pero que funcionaba con mercurio, quizá para emular al físico italiano Evangelista Torricelli, que unos años antes usó ese metal líquido en la fabricación de un barómetro. El mecanismo se basaba en un pequeño cuenco de madera lleno de mercurio. Tenía ocho canales que se orientaban en las direcciones cardinales y ocho tazas en las que se vertía el mercurio derramado por un sismo.

Los sismoscopios posteriores fueron radicalmente distintos, pues consistían en péndulos simples con algún objeto en la punta que trazaban el movimiento que el sismo le imprimía al mecanismo. Uno de los primeros de este estilo probablemente fue el que construyó el geólogo Andrea Bina en Italia en 1751. Su aparato consistía en una larga cuerda de cuyo extremo colgaba una pesada roca. Una punta metálica atada a la roca se hundía ligeramente en un recipiente de arena, de tal manera que al oscilar, el péndulo trazaba el movimiento. Con el péndulo de Andrea Bina comienza la transición del sismoscopio al sismógrafo, aparato que no sólo detecta el temblor sino que registra el movimiento, aunque en este caso se tratara de un efímero rastro en la arena.

Alertar o no alertar

A finales del siglo xviii un relojero italiano de nombre Ascanio Filomarino concibió la genial idea de adaptar un reloj de modo que detectara el momento en el que comenzaba a oscilar el péndulo, para así determinar la hora del sismo; se le ocurrió la idea después de que los terremotos que acompañaron una espectacular erupción del volcán Vesuvio en 1794 destruyeron la ciudad de Torre del Greco. El reloj incluso hacía sonar unas campanillas para avisar que estaba temblando. En la industria relojera ya se fabricaban mecanismos con alarmas muy eficaces, algunas de tipo gong, o los bonitos y famosos relojes de cucú. Filomarino aplicó el mismo tipo de sistema para la alarma de su péndulo sísmico. ésta es una de las primeras alertas sísmicas que se conocen, aunque no se trataba de una alerta temprana sino de una que sonaba al mismo tiempo que empezaba el temblor. Filomarino fue asesinado en el tumulto provocado por la entrada a Nápoles de un ejército invasor francés, en 1799. La turba incendió su palacio y así se perdieron pinturas, libros, rocas, mecanismos de relojería y los instrumentos que construyó. El problema con los instrumentos de péndulo como el de Ascanio Filomarino era que seguían oscilando aun cuando el terremoto ya había terminado y el dibujo que trazaban no representaba fielmente el desplazamiento producido por el sismo.

Interminable1.- Sismoscopio de Jean de Hautefeuille. 2.- Sismoscopio simple de péndulo. 3.- Sismógrafo de péndulo invertido. 4.- Tambor de registro de los sismos, diseño de Galitzin, Science Museum Group, CC. 4.0.

Primeros sismógrafos en forma

En 1844 el físico escocés James David Forbes diseñó un instrumento con el que esperaba representar de manera más realista el movimiento del suelo durante un sismo. A Forbes le encantaba el montañismo, deporte que despierta el amor y la curiosidad por la naturaleza. Se interesó por los fenómenos relacionados con la geología y concibió un aparato de péndulo, pero invertido, para registrar temblores. El diseño de su instrumento empleaba una varilla metálica flexible con una masa esférica cuya posición podía ajustarse. Un alambre que se podía tensar apretando un tornillo sostenía la varilla para que el movimiento del péndulo variara con la rigidez del alambre o la altura de la masa. En la prolongación de la barra, un lápiz dibujaba sobre un papel pegado a un casquete esférico encima del péndulo.

El simógrafo de Palmieri

El aparato de Forbes con su péndulo invertido era más estable que los de péndulo común. Lo notable es que Forbes acompañó las especificaciones de su instrumento con la teoría matemática de su funcionamiento. Fue el primero en describir matemáticamente el comportamiento de un instrumento sísmico.

Alerta sísmica

Los sismos no se pueden predecir, sólo registrar en el momento en que ocurren. Pero las ondas sísmicas que parten del epicentro en todas direcciones como el clamor de un alarido tardan cierto tiempo en llegar a lugares apartados. Propagándose a entre 6 y 10 kilómetros por segundo (dependiendo de las propiedades del subsuelo), las ondas sísmicas provenientes de las costas de Michoacán pueden tardar hasta 100 segundos en llegar a la Ciudad de México, por ejemplo. En cambio, una señal de radio, viajando a la velocidad de la luz (300 000 kilómetros por segundo), recorre el mismo trayecto en una milésima de segundo. Esta diferencia es el principio de funcionamiento de la alerta sísmica.

El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (operado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico) consiste en 97 sensores distribuidos en la costa del Pacífico (donde se origina la mayoría de los sismos que afectan el centro del país), desde bahía de Banderas hasta el istmo de Tehuantepec, más estaciones distribuidas por Puebla, Guerrero y Oaxaca. Los sensores pueden detectar sismos en un radio de 90 kilómetros de donde están instalados. Si dos o más estaciones detectan movimiento de cierta intensidad, el sistema calcula automáticamente un primer estimado de la magnitud y envía la señal de alerta si el cálculo supera cierto umbral (magnitud 5). Que la recibas en tu ciudad dependerá de esta estimación y también de la distancia a la que te encuentres del origen del sismo: sismo leve o ciudad distante no amerita alerta porque las ondas llegarán muy atenuadas para causar daños. En general, la alerta sísmica te dará entre 20 y 120 segundos para tomar precauciones antes de la llegada de las ondas sísmicas a tu ciudad.

En Italia, entre tanto, el ingenio fl orecía. En 1856 Luigi Palmieri, vulcanólogo napolitano conocido por sus estudios del Vesubio, instaló en el volcán su sismógrafo «electromagnético», que en realidad era un conjunto de sismoscopios que podían detectar el movimiento horizontal y el vertical, a diferencia de los aparatos anteriores, que en su mayoría sólo detectaban el movimiento horizontal.

En la maquinaria de Palmieri el movimiento vertical se detectaba mediante una masa cónica amortiguada suspendida sobre una palangana de mercurio. Al moverse, esta masa tocaba la lisa superficie metálica, lo que cerraba un circuito eléctrico que detenía un reloj a la hora del sismo. El movimiento horizontal se observaba por medio de péndulos comunes, pero éstos también cerraban un circuito eléctrico al moverse. Un lápiz presionaba un papel y se detenía cuando los péndulos dejaban de oscilar; así se sabía la duración del movimiento.

Durante años Palmieri utilizó este instrumento para registrar los sismos provocados por el volcán Vesubio, orgullo de los napolitanos. Sin embargo, no pudo detectar los que se sintieron en la ciudad de Nápoles. Con todo, en la segunda mitad del siglo xix se usaron copias del aparato de Palmieri en Japón, donde sí detectaron muchos movimientos telúricos.

En otros países también se desarrollaron aparatos para detectar temblores e intentar describir el movimiento que le imprimían a la tierra. El problema hasta entonces era que, al analizar los trazos plasmados por los instrumentos después del sismo, resultaba casi imposible saber hacia dónde se había movido primero y hacia dónde después.

El primer registro sísmico que puede llamarse en rigor sismograma se obtuvo en Moncalieri, Italia, en 1887. Un sismograma es la gráfica del movimiento sísmico en función del tiempo. El sismógrafo que lo produjo fue construido por el clérigo Filippo Cecchi y, a diferencia de todos los instrumentos mencionados, constaba de una superficie para registrar el movimiento y un reloj que marcaba el inicio del sismograma. Aunque debemos reconocer a Cecchi por el primer sismograma de la historia, su instrumento no tuvo gran impacto entre sus colegas. Casi al mismo tiempo un grupo de científicos británicos que trabajaba en Japón desarrolló instrumentos sísmicos similares, y el sismógrafo de Cecchi cayó en el olvido.

John Milne con un sismógrafo horizontal ruso.

Entre esos sismólogos británicos destacan John Milne, Thomas Gray y James Alfred Ewing, que se dedicaron a estudiar la sismicidad de Japón tras un fuerte terremoto en Yokohama en 1880. Su sismógrafo fue el primero en graficar sismogramas de las componentes horizontal y vertical del movimiento.

Años después, en 1896, Milne conoció a John Johnson Shaw, otro entusiasta de la sismología, y la colaboración entre ambos dio origen a una máquina bautizada como sismógrafo de Milne-Shaw, que era más precisa debido a que amortiguaba la oscilación del péndulo libre. John Milne fundó la primera sociedad sismológica del mundo en Japón e insistió en la necesidad de instalar instrumentos sísmicos por todo el orbe para obtener más y mejores sismogramas, que en el futuro servirían para escudriñar las entrañas del planeta.

El éxito del sismógrafo Milne- Shaw impulsó la fabricación de otros aparatos a los que se les incorporaron diversos mecanismos para trazar sismogramas más claros y fáciles de interpretar. Por ejemplo, Fusakichi Omori, discípulo y colega de Milne en Japón, diseñó en 1899 un sismógrafo de péndulo horizontal que comercializó la compañía J. A. Bosch de Estrasburgo. Estos instrumentos fueron mundialmente conocidos como sismógrafos Bosch-Omori y se instalaron en todo el mundo, incluso en México.

Casi al mismo tiempo que Omori construía su sismógrafo, en Alemania el físico Emil Wiechert, de Gotinga, desarrollaba el suyo. Consistía en un péndulo libre invertido amortiguado por resortes y capaz de oscilar en cualquier dirección horizontal. En la descripción del equipo, publicada en 1904, se especificaba que el péndulo llevaba una masa de una tonelada y su movimiento se amplificaba 200 veces por medio de un sistema de palanca mecánica.

Wiechert desarrolló otros sismógrafos con masas de diferentes pesos, entre ellos el magnífico sismógrafo de 17 toneladas que durante años fue el instrumento más preciso del mundo para registrar terremotos, incluso los originados a cientos de kilómetros de distancia. Incluía un reloj con el cual se hacían marcas de tiempo cada minuto en el papel donde se dibujaba el sismograma. En el Museo de Geofísica de la UNAM, en la Ciudad de México, hay uno de estos aparatos que todavía funciona a la perfección.

Sismómetros en la Luna

Los astronautas de las misiones Apolo instalaron sismómetros y otros instrumentos en la superficie de la Luna. Esta red de instrumentos operó hasta el 30 de septiembre de 1977, cuando se suspendieron las operaciones por falta de presupuesto.

En la Tierra usamos las estaciones sismográficas para determinar el epicentro y la magnitud de los temblores, pero también para sondear el interior del planeta. Las estructuras internas de la Tierra hacen rebotar y desviarse las ondas sísmicas. Estos rebotes y desviaciones se pueden identificar en la superficie y a partir de ellos podemos construir una imagen de las entrañas de la Tierra como si le hiciéramos un ultrasonido. Así también los sismómetros de la Luna han permitido construir modelos del interior de nuestro satélite.

1.- Sismógrafo de Amouri, Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. 2.- Sismógrafo electromagnético moderno.

Sismógrafos electromagnéticos y sismómetros

Los años siguientes fueron testigos de un vertiginoso avance tecnológico en los sismógrafos, y los aparatos grandes y pesados dieron paso a otros más pequeños con componentes electromagnéticos.

Boris Galitzin fue un noble ruso que llegó a ostentar el título de príncipe, lo que le permitió procurarse una excelente educación científica en Estrasburgo. Mientras estudiaba fenómenos electromagnéticos, en 1887, ocurrió un terremoto devastador que destruyó la ciudad de Verny, en Kazajistán. Galitzin concibió la idea de construir un verdadero sismógrafo electromagnético, que materializó en 1906. Su aparato producía una señal a partir de una masa envuelta en una bobina de alambre rodeada por un imán. El diseño electromagnético de Galitzin cambió para siempre los sismógrafos: al moverse la bobina en el campo magnético del imán se generaba por inducción electromagnética una señal eléctrica que se transfería mecánica u ópticamente a un sistema de registro, de modo que el sismograma ya no tenía que dibujarse en el aparato. Había quedado atrás la época de los sismómetros puramente mecánicos.

Los mecanismos electromagnéticos fueron la base para los sismómetros que, a diferencia de los sismógrafos, son instrumentos que registran el movimiento del suelo, pero no necesariamente producen gráficas. Los sismómetros convierten el movimiento del suelo en algún tipo de señal que es proporcional a la velocidad del movimiento y que se puede transmitir por teléfono, radio o satélite para graficarla en otro dispositivo, que puede estar a kilómetros de distancia.

Hoy, en pleno siglo xxi, los sismómetros digitales dominan el panorama. Algunos son de unos cuantos centímetros, se instalan fácilmente y transmiten la señal sísmica por internet; así, los datos se grafican con herramientas web y pueden compartirse entre instituciones internacionales. La señal y los datos pueden ser digitales, pero la forma de detectar el movimiento del suelo es mecánica: todos consisten en uno o más pesos suspendidos en resortes. Al moverse el suelo, la inercia de los pesos los mantiene relativamente inmóviles mientras el resto del aparato se zarandea con el sismo. El sismómetro registra el movimiento relativo de los pesos respecto al aparato en tres dimensiones.

JENG BO YUAN/ Shutterstock

Con las nuevas tecnologías es posible enterarse de un sismo casi en tiempo real. Cuando nos toca un temblor corremos a compartir la experiencia en las redes sociales. Queremos platicarle a nuestros familiares y amigos si se sintió fuerte, si nos asustamos, si tuvimos que interrumpir nuestras actividades. Compartir vivencias con nuestros semejantes y dejarlas registradas para la posteridad es un instinto humano muy profundo, el mismo que impulsó hace 4000 años al legendario general Xiahou a compartir su propia experiencia en un libro de bambú


regresar

Materia y energía oscuras: el enigma que domina el universo

Desde hace años, la materia oscura y la energía oscura se encuentran entre los grandes misterios sin resolver del Universo. Aunque no se pueden observar directamente, se sabe de su existencia por los efectos que producen: la materia oscura contribuye a formar el “esqueleto” cósmico sobre el que se agrupan las galaxias, mientras que la energía oscura está relacionada con la aceleración de la expansión del Universo.

“En realidad reciben ese nombre por nuestra ignorancia, no es que sean oscuras, es que no sabemos qué son porque no emiten luz”, explicó en entrevista Miguel Ángel Aragón Calvo, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, sede Ensenada.

La materia oscura

Se trata de un componente del Universo que, hasta donde sabemos, se comporta como materia, pero no emite, absorbe ni refleja luz de una forma que podamos detectar directamente. Su presencia se infiere principalmente a través de los efectos gravitacionales que produce. Hasta ahora no se han confirmado otras interacciones de la materia oscura con la materia ordinaria.

“Solamente podemos inferirla a través del efecto gravitacional que tiene sobre los grupos de galaxias. No hay forma de verla a través de los telescopios”.

Tenemos evidencia indirecta de su existencia porque podemos observar sus efectos gravitacionales. Por ejemplo, “vemos que las regiones externas de las galaxias deberían girar más lento de lo que giran, porque no hay suficiente materia luminosa para que giren a la velocidad que lo hacen”.

Las curvas de rotación de las galaxias constituyen, precisamente, una de las principales evidencias de la existencia de materia que no podemos observar directamente.

Una de las explicaciones propuestas por los científicos es que las galaxias se encuentran rodeadas por grandes halos de materia oscura. Además, los cúmulos de galaxias reúnen cientos e incluso miles de estos objetos que se desplazan a grandes velocidades.

De hecho, dijo el académico universitario, las galaxias dentro de estos cúmulos se mueven a velocidades que no pueden explicarse únicamente con la cantidad de materia visible. De acuerdo con los cálculos de los astrónomos, sin esa masa adicional muchos de estos sistemas no podrían mantenerse unidos.

A partir de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein, los astrónomos utilizan también el efecto de lente gravitacional, que les permite estudiar materia que no pueden observar directamente. Con este método analizan cómo la gravedad de grandes concentraciones de masa curva el espacio-tiempo y modifica la trayectoria de la luz.

Así han observado que cuando la luz procedente de objetos distantes pasa cerca de cúmulos de galaxias, su trayectoria se desvía. Sin embargo, la cantidad de materia visible no es suficiente para explicar la magnitud de esa curvatura. Esto indica que existe materia que no podemos ver directamente y que también ejerce gravedad.

Esto ha llevado a preguntarse: ¿qué papel juega la materia oscura en la formación y evolución de las galaxias? Los modelos cosmológicos indican que la materia oscura constituye una especie de esqueleto de la red cósmica.

Al inicio del Universo había pequeñas fluctuaciones de densidad: regiones ligeramente más densas y otras ligeramente menos densas.

Mientras la materia ordinaria puede interactuar mediante distintas fuerzas, la materia oscura parece hacerlo principalmente a través de la gravedad. Bajo la acción de esta fuerza comenzó a concentrarse y favoreció la formación de las estructuras que dieron origen al “esqueleto” del Universo.

A partir de ahí, la materia oscura formó ese “esqueleto” inicial, mientras que la materia ordinaria se fue concentrando en esas estructuras. Con el paso del tiempo, este proceso favoreció la formación de estrellas, galaxias y cúmulos de galaxias.

La energía oscura

La energía oscura es un misterio todavía mayor que la materia oscura. De acuerdo con las estimaciones cosmológicas actuales, aproximadamente el 68 por ciento del contenido de masa y energía del Universo corresponde a energía oscura, alrededor del 27 por ciento a materia oscura y cerca del 5 por ciento a materia ordinaria.

Su efecto está relacionado con la expansión acelerada del Universo. Una de las posibilidades que estudian los físicos es que se encuentre relacionada con la energía asociada al vacío del espacio.

“Existen varias teorías sobre qué es. Por ejemplo, los astrónomos piensan que es la energía del vacío, pero el problema es que lo que han medido es muy diferente a la energía del vacío de la física cuántica”.

De hecho, bajo ciertas estimaciones teóricas que llevan los cálculos de la energía del vacío hasta la escala de Planck, la discrepancia puede alcanzar alrededor de 120 órdenes de magnitud. Este desacuerdo, relacionado con el llamado problema de la constante cosmológica, constituye uno de los grandes desafíos de la física moderna.

La existencia de la energía oscura se infiere mediante distintas observaciones cosmológicas. Un momento fundamental ocurrió en 1998, cuando dos equipos internacionales estudiaron explosiones estelares conocidas como supernovas tipo Ia.

Los trabajos encabezados por Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess llevaron al descubrimiento de la expansión acelerada del Universo, por el que recibieron el Premio Nobel de Física de 2011.

Al medir el brillo y las distancias de supernovas lejanas, los investigadores descubrieron que eran más tenues de lo esperado para un Universo cuya expansión estuviera desacelerándose. La conclusión fue sorprendente: el Universo no sólo se expandía, sino que su expansión se estaba acelerando.

El hallazgo transformó la cosmología, pues hasta entonces se esperaba que la gravedad frenara paulatinamente la expansión cósmica. Aunque la energía oscura no ha sido observada directamente, los científicos infieren su existencia por los efectos que produce a gran escala en el cosmos.

Actualmente, los astrónomos estiman que la materia y la energía oscuras representan juntas alrededor del 95 por ciento del contenido de masa y energía del Universo.

¿Qué implica que conozcamos tan poco del Universo?

Este escenario implica que todavía hay mucho trabajo por hacer. “El día que encontremos qué son la materia y energía oscura, probablemente será una revolución en la física”.

Con la materia oscura, añadió el académico universitario, una posibilidad es que se descubra algún nuevo tipo de partícula que modifique nuestra concepción de la física subatómica.

En cambio, comprender la naturaleza de la energía oscura podría exigir cambios todavía más profundos en la física. Sin embargo, todavía “no sabemos qué signifique esta revolución”.

La búsqueda de la materia oscura se realiza no sólo al observar el Universo con telescopios. En la Tierra también se desarrollan experimentos con detectores extremadamente sensibles, algunos instalados a gran profundidad, para intentar identificar posibles partículas de materia oscura.

En cuanto a la energía oscura, existen proyectos como DESI, Dark Energy Spectroscopic Instrument (Instrumento Espectroscópico para la Energía Oscura). Está instalado en el telescopio Nicholas U. Mayall de cuatro metros, en el Observatorio Nacional de Kitt Peak, Arizona.

Su objetivo es reconstruir la historia de la expansión del Universo mediante la observación de millones de galaxias y cuásares, y estudiar así cómo se ha comportado la energía oscura a lo largo del tiempo.

Los resultados de los primeros tres años de observaciones de DESI, publicados en 2025 y combinados con otros datos cosmológicos, reforzaron los indicios de que la energía oscura podría evolucionar con el tiempo, en lugar de mantenerse constante. Sin embargo, estos resultados todavía no permiten afirmarlo como un descubrimiento.

Además, un nuevo análisis publicado por la colaboración DESI en julio de 2026, basado en mediciones del llamado bosque Lyman-alfa, resultó compatible con el modelo cosmológico estándar. Los investigadores señalaron que estos datos podrían debilitar los indicios de una energía oscura cambiante o indicar que se necesita un modelo más complejo para explicar conjuntamente las observaciones.

Por ahora, la pregunta continúa abierta. Los resultados completos de los cinco años de observaciones de DESI sobre energía oscura están previstos para 2027.

“Estamos en un punto en el cual las cosas pueden cambiar de forma radical y eso es muy bueno para la ciencia”.

regresar

Además de las conocidas, la Independencia de México la hicieron muchas otras mujeres

Cuando se habla de las mujeres que participaron en la Independencia de México vienen a la mente Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y María Ignacia Rodríguez de Velasco, conocida como la Güera Rodríguez. Sin embargo, también intervinieron muchas otras mujeres de distintas clases sociales y grupos étnicos, señaló Daniela Villegas, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM.

Algunas combatieron; otras financiaron la insurgencia, llevaron correspondencia, transmitieron información, proporcionaron alimentos y recursos o participaron en redes que hicieron posible la comunicación entre los rebeldes. También hubo mujeres perseguidas, encarceladas y ejecutadas por las autoridades realistas.

La documentación conservada en el Archivo General de la Nación da cuenta de mujeres que participaron como emisarias, espías, enfermeras y combatientes. Incluso se conserva un escrito anónimo de 1814, titulado A la guerra americanas, que convocaba específicamente a las mujeres de la Nueva España a incorporarse a la lucha insurgente.

Entre las combatientes destacaron Altagracia Mercado, conocida como la Heroína de Huichapan, y Manuela Medina, llamada la Capitana.

Altagracia Mercado y Manuela Medina

Altagracia Mercado, conocida como la Heroína de Huichapan, es recordada por haber utilizado sus propios recursos para organizar una fuerza insurgente que ella misma encabezó en la región de Huichapan, en el territorio que actualmente pertenece al estado de Hidalgo.

De acuerdo con las semblanzas que se han difundido sobre su participación, su contingente fue derrotado por las fuerzas realistas, pero ella continuó combatiendo. La escasez de documentación disponible obliga, sin embargo, a tomar con cautela algunos de los detalles incorporados posteriormente a su historia.

Manuela Medina era una mujer indígena originaria de Taxco, en el actual estado de Guerrero. Juan Nepomuceno Rosains, secretario de José María Morelos, registró el 9 de abril de 1813 que la Junta de Zitácuaro le había otorgado el grado de capitana.

Las mujeres de Pénjamo

Otro episodio significativo fue el de las mujeres de Pénjamo, Guanajuato. En noviembre de 1814, numerosas mujeres de esa población y sus alrededores fueron detenidas por las fuerzas realistas comandadas por Agustín de Iturbide. Algunas fueron apresadas junto con sus hijos y trasladadas a lugares de reclusión en Guanajuato e Irapuato.

La cifra exacta de detenidas no puede establecerse con certeza. Las propias prisioneras llegaron a hablar de 300 mujeres, mientras que Iturbide se refirió posteriormente a más de cien.

En el estudio Entre hombres te veas: las mujeres de Pénjamo y la revolución de Independencia, la historiadora María José Garrido Asperó explica que no se formuló una acusación concreta contra cada una de las detenidas ni se les abrió formalmente una causa. Incluso considera probable que varias fueran inocentes, aunque la documentación también demuestra que algunas mujeres del distrito apoyaban a los rebeldes.

Las detenciones buscaban debilitar las bases sociales de la insurgencia e interrumpir las comunicaciones y los vínculos que podían favorecerla. Algunas de aquellas mujeres permanecieron privadas de la libertad durante más de dos años.

Este episodio muestra una dimensión menos conocida de la guerra: las mujeres también podían convertirse en objetivo de la contrainsurgencia por sus relaciones familiares, comunitarias o políticas, aun cuando su participación individual no estuviera demostrada.

Protagonistas por derecho propio

Para Daniela Villegas, una de las claves para comprender la participación femenina en la Independencia es dejar de mirar a estas mujeres únicamente como acompañantes de los protagonistas masculinos. Es importante considerarlas sujetas de la historia y reconocer que tuvieron un papel propio, determinado por su clase social, su origen étnico y sus intereses particulares.

La sociedad novohispana imponía importantes restricciones jurídicas, educativas, sociales y políticas a las mujeres. Sin embargo, eso no significa que todas permanecieran completamente confinadas al espacio doméstico. Las investigaciones históricas muestran su presencia en actividades económicas, religiosas y culturales, así como en la administración de propiedades y en diferentes espacios de sociabilidad.

La obra Trayectorias femeninas. Nueva España, siglos XVI-XIX, publicada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, reúne estudios que permiten conocer esa diversidad de experiencias.

Leona Vicario, por ejemplo, participó en redes de comunicación y apoyo a la insurgencia, particularmente en la organización conocida como Los Guadalupes. Envió correspondencia, recursos y artículos a los insurgentes, además de poner en riesgo su patrimonio y su libertad.

Gertrudis Bocanegra colaboró como correo de los insurgentes, proporcionó información sobre los movimientos de las fuerzas realistas y apoyó la causa con víveres y recursos económicos. Fue apresada y fusilada el 11 de octubre de 1817.

Josefa Ortiz de Domínguez también tuvo una actuación política propia. Participó en la conspiración de Querétaro y alertó a otros integrantes del movimiento cuando éste fue descubierto. Reducirla a “la esposa del corregidor” deja fuera una parte fundamental de su historia.

El caso de la Güera Rodríguez requiere mayor cautela. Aunque tradicionalmente se le ha atribuido una participación decisiva en la Independencia, la historiadora Silvia Marina Arrom sostiene en La Güera Rodríguez, mujer muy de su época que buena parte de esa imagen fue construida posteriormente. Existen documentos que muestran sus contactos con insurgentes y su participación en amplias redes sociales, pero no permiten considerarla una dirigente fundamental del movimiento.

Muchas otras mujeres

La participación femenina durante la Independencia fue mucho más extensa que la de quienes aparecen habitualmente en los libros de historia.

Indígenas, criollas y mestizas tomaron las armas, llevaron mensajes, financiaron actividades, proporcionaron alimentos, escondieron insurgentes y mantuvieron redes familiares y comunitarias. Cada una participó de acuerdo con sus posibilidades y circunstancias. “Me parece que todas fueron muy valientes”, concluyó Daniela Villegas.

Otras fueron encarceladas, perseguidas o ejecutadas. También hubo mujeres que defendieron la causa realista o modificaron su posición conforme avanzó una guerra que se prolongó durante más de una década.

Más de dos siglos después, cartas, expedientes judiciales, documentos militares y nuevas investigaciones permiten recuperar sus experiencias. La Independencia de México no fue solamente obra de los grandes personajes convertidos en monumentos: también la hicieron numerosas mujeres.

regresar

Infecciones urinarias: un problema de salud pública en México

Las infecciones de vías urinarias (IVU) son un motivo frecuente de consulta médica. Su impacto en la calidad de vida, la posibilidad de presentar nuevos episodios y la resistencia de las bacterias a los antibióticos hacen necesario reconocer sus síntomas y atenderlas adecuadamente.

Aunque suelen percibirse como enfermedades menores, algunas pueden extenderse hacia los riñones y ocasionar complicaciones. Sin embargo, la mayoría de las infecciones de vejiga diagnosticadas y tratadas oportunamente se resuelven sin consecuencias graves, explica el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK).

En entrevista para UNAM Global, Víctor Gómez Bocanegra, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, abordó las causas, los síntomas y los factores de riesgo de estas infecciones.

Principales bacterias y síntomas

La mayoría de las IVU son causadas por bacterias, principalmente Escherichia coli. Esta bacteria habita normalmente en el intestino, pero puede ingresar por la uretra y multiplicarse en la vejiga. No es preciso atribuirle un mismo porcentaje en todos los pacientes, pues su frecuencia varía según el tipo de infección y el contexto en que se adquiere.

Los síntomas más comunes de una infección de vejiga, llamada cistitis, son ardor al orinar, necesidad de hacerlo con mayor frecuencia, urgencia para ir al baño y molestias en la parte baja del abdomen. También puede aparecer sangre en la orina.

La presencia de fiebre, escalofríos, dolor en un costado o en la espalda, náuseas o vómitos puede indicar una infección renal y requiere atención médica pronta, de acuerdo con la información del NIDDK sobre síntomas de infección urinaria.

“Si hay infecciones recurrentes o no se atienden adecuadamente, la bacteria puede ascender hacia los riñones y causar pielonefritis”, explicó Gómez Bocanegra.

Esto puede ocurrir incluso en un primer episodio. A su vez, presentar cistitis repetidas no significa necesariamente que exista daño renal. La pielonefritis puede ocasionar complicaciones como sepsis o lesiones en el riñón, aunque estas son poco frecuentes cuando se recibe tratamiento oportuno.

¿Cómo se clasifican?

La clasificación permite orientar la atención. Las guías de la Asociación Europea de Urología de 2026 distinguen entre:

  • Infecciones localizadas: como la cistitis, con síntomas urinarios sin manifestaciones de infección sistémica.
  • Infecciones sistémicas: como la pielonefritis, que pueden acompañarse de fiebre, escalofríos o afectación del estado general.

En ambos grupos se valoran factores que pueden dificultar la recuperación, como obstrucciones urinarias, cálculos, sondas, alteraciones anatómicas o determinadas enfermedades. Por ello, describir una cistitis como “fácil de tratar” resulta demasiado general.

Factores de riesgo y poblaciones vulnerables

Las mujeres presentan infecciones urinarias con mayor frecuencia debido, entre otros factores, a que su uretra es más corta y está cerca del ano, lo que facilita la entrada de bacterias.

La actividad sexual también puede favorecer el desplazamiento de bacterias hacia la uretra. Esto no significa que la cistitis habitual sea una infección de transmisión sexual.

Entre los anticonceptivos, el riesgo se relaciona especialmente con los espermicidas y los diafragmas. No corresponde extender esa afirmación a todos los anticonceptivos hormonales. Estos factores están descritos en la información clínica del NIDDK.

Después de la menopausia, la disminución de estrógenos modifica los tejidos y la microbiota vaginal, lo que puede favorecer nuevos episodios. En mujeres con infecciones recurrentes, el personal médico puede valorar el uso de estrógenos vaginales como medida preventiva.

También requieren especial atención las personas embarazadas, con diabetes, inmunosupresión o dificultades para vaciar la vejiga.

Bacterias en la orina: no siempre requieren antibióticos

La presencia de bacterias en la orina sin síntomas se conoce como bacteriuria asintomática y no equivale, por sí sola, a una infección que deba tratarse.

Según las guías de la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas, generalmente no se recomienda buscarla ni tratarla en personas sin síntomas, incluidas aquellas con diabetes.

El embarazo constituye una excepción: se recomienda detectarla mediante urocultivo y tratarla cuando se confirma, principalmente para reducir el riesgo de pielonefritis. Otra excepción son determinados procedimientos urológicos que pueden lesionar la mucosa.

Consejos para reducir el riesgo

Algunas medidas pueden ayudar, aunque ninguna garantiza evitar todas las infecciones:

  • Mantener una hidratación adecuada. Quienes tienen restricciones de líquidos por enfermedad renal o cardiaca deben seguir las indicaciones de su médico.
  • Evitar posponer habitualmente la micción.
  • Mantener una higiene suave y evitar duchas vaginales o productos irritantes.
  • Consultar sobre alternativas a los espermicidas si las infecciones se repiten.

Orinar después de las relaciones sexuales es una recomendación frecuente, pero la evidencia de que prevenga las recurrencias es limitada. Tampoco debe presentarse el cambio de ropa interior como una medida de eficacia demostrada. Las guías sobre infecciones urinarias recurrentes revisan estas limitaciones.

Los productos de arándano rojo pueden ayudar a prevenir algunos episodios en mujeres con infecciones recurrentes, aunque los resultados varían según la preparación. No sustituyen la atención de una infección activa.

En cuanto a la D-manosa, un ensayo clínico publicado en JAMA Internal Medicine, con 598 mujeres, no encontró un beneficio significativo frente a placebo para prevenir nuevos episodios atendidos en consulta. No debe presentarse como una opción de eficacia comprobada.

Diagnóstico y uso responsable de antibióticos

El diagnóstico considera los síntomas y los antecedentes de cada persona. Según el caso, puede requerirse un examen de orina o un urocultivo, que permite identificar la bacteria y orientar la elección del antibiótico.

El tratamiento depende del sitio y la gravedad de la infección, así como de las condiciones del paciente. Deben respetarse la dosis y la duración prescritas y consultar antes de modificarlas, como señala el NIDDK.

La resistencia antimicrobiana no se explica únicamente por suspender un tratamiento antes de tiempo. El uso innecesario o inadecuado de antibióticos, incluidos tratamientos excesivamente prolongados, también favorece la selección de bacterias resistentes. Las guías europeas recomiendan ajustar el tratamiento a cada caso y evitar prescripciones innecesarias.

Educación para prevenir y atender las IVU

Las infecciones urinarias son frecuentes y tratables, pero necesitan una atención acorde con sus síntomas y factores de riesgo. Reconocer las señales de alarma, evitar la automedicación y consultar cuando los episodios se repiten permite reducir complicaciones y recibir un tratamiento adecuado.

La información clara y accesible ayuda a distinguir entre medidas útiles, recomendaciones con evidencia limitada y situaciones que requieren atención médica.