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Del Harlem Shake a “farmear aura”: cómo las tendencias construyen comunidad

El Harlem Shake fue una de esas tendencias que, por un momento, parecían estar en todas partes. Personas de distintas edades y lugares del mundo grababan sus propias versiones, las compartían en internet y se sumaban así a un fenómeno que crecía con cada nuevo video. Más de una década después, las tendencias siguen formando parte de la vida cotidiana en redes sociales, aunque sus formas y códigos hayan cambiado. Hoy, expresiones como “farmear aura” muestran una nueva manera de participar en estos fenómenos colectivos.

Lo que ha cambiado no es la necesidad de pertenecer. Desde mucho antes de internet, las personas han buscado formar parte de un grupo, sentirse aceptadas y obtener reconocimiento de los demás. Lo que han transformado las redes sociales es la manera de hacerlo: ahora esa búsqueda puede ocurrir frente a una pantalla, a gran velocidad y ante una audiencia que puede estar en cualquier parte del mundo.

Por eso, detrás de un trend aparentemente pasajero puede haber algo más profundo que el simple entretenimiento. Participar en una tendencia permite compartir códigos con otras personas, sentirse parte de una comunidad y, al mismo tiempo, proyectar una determinada imagen de uno mismo.

Una sociedad cada vez más conectada y acelerada

Para comprender por qué las tendencias pueden convertirse en fenómenos colectivos es necesario observar primero el contexto en el que surgen: una sociedad cada vez más conectada, acelerada y mediada por la tecnología.

Héctor Alejandro Ramos Chávez, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI) de la UNAM y especialista en cómo las tecnologías están impactando en la formación de ciudadanía y en los procesos de socialización, destacó que cada vez se pasa más tiempo en internet y, especialmente, en las redes sociales digitales.

Esto provoca que la información circule prácticamente en tiempo real: una noticia puede ser conocida en distintos lugares del mundo apenas unos minutos después de haber ocurrido.

Esta velocidad también ha transformado la manera en que las personas se relacionan con la información, con los acontecimientos y entre sí. Los procesos sociales se aceleran y las tendencias aparecen, se reproducen y desaparecen con una rapidez que habría sido difícil de imaginar antes de la expansión de las plataformas digitales.

Pero la aceleración no solo modifica la manera en que circula la información. También influye en la sensación de estabilidad que experimentan los individuos y, con ello, en algunas de las formas tradicionales de construir vínculos y encontrar un sentido de pertenencia.

En ese sentido, el Dr. Ramos Chávez retomó el concepto de “modernidad líquida”, postulado por el sociólogo Zygmunt Bauman, para describir una sociedad en la que muchas de las estructuras que anteriormente proporcionaban estabilidad se han vuelto más cambiantes. Instituciones como la familia, la religión o el empleo funcionaban tradicionalmente como espacios capaces de proporcionar certezas, vínculos y sentido de pertenencia.

En el ámbito laboral, por ejemplo, durante buena parte del siglo XX era común imaginar una trayectoria relativamente estable dentro de una misma organización o profesión. Actualmente, los empleos pueden ser más dinámicos, los contratos más cortos y las trayectorias profesionales menos predecibles.

La llamada liquidez, sin embargo, no se limita al trabajo. También alcanza las relaciones sociales, las identidades y las formas en que las personas buscan reconocimiento. Cuando algunas de las estructuras tradicionales que proporcionaban certezas se debilitan, los individuos deben encontrar nuevas maneras de construir su identidad, relacionarse con los demás y sentirse parte de algo.

En este contexto, las redes sociales se convierten en uno de esos nuevos espacios de pertenencia. Y es precisamente ahí donde las tendencias adquieren una dimensión que va más allá del entretenimiento: permiten a las personas participar en códigos compartidos, mostrar quiénes son y obtener reconocimiento dentro de una comunidad digital.

La necesidad de pertenecer no es nueva

Participar en una tendencia no significa necesariamente que una persona quiera convertirse en famosa. Mucho antes de TikTok, Instagram o cualquier otra plataforma, las personas buscaban la aprobación de los demás y realizaban actividades que les permitían sentirse parte de un grupo.

El investigador del IIBI explicó que el ser humano es, por naturaleza, un ser social. La convivencia, el contacto con otras personas y la pertenencia a una comunidad han sido fundamentales para la vida en sociedad. Lo novedoso es que una parte cada vez mayor de esa necesidad de pertenencia se expresa ahora mediante herramientas digitales.

Seguir una tendencia, utilizar un audio, reproducir un formato de video, compartir un meme o adoptar una determinada estética puede convertirse en una manera de decir: “Soy parte de esto”. No necesariamente se trata de una decisión completamente consciente. En muchos casos, las personas simplemente observan lo que otros hacen, reconocen que existe una dinámica colectiva y deciden participar.

Así, los trends pueden funcionar como códigos compartidos. Quien conoce la referencia entiende el lenguaje; quien participa demuestra que está al tanto de lo que sucede dentro de determinado grupo. Por eso, aunque una tendencia pueda parecer superficial, también puede cumplir una función social.

Pero si participar permite demostrar que se pertenece a un grupo, surge otra pregunta: ¿qué valor tiene ese reconocimiento dentro de las plataformas digitales?

Del prestigio presencial al capital simbólico digital

Para comprender esta transformación, el Dr. Ramos Chávez también citó la teoría del sociólogo Pierre Bourdieu y su concepto de los distintos tipos de capital. Para Bourdieu, el capital no tiene que ser únicamente económico. Las personas poseen y movilizan diferentes recursos dentro de los espacios sociales. Entre ellos se encuentra el capital simbólico, relacionado con el reconocimiento, el prestigio y el valor que los demás atribuyen a determinadas características de una persona.

Si pertenecer implica, en buena medida, ser reconocido por otros, las redes sociales se convierten en un escenario donde ese reconocimiento puede exhibirse y hacerse visible.

Una fotografía, un video, una determinada forma de vestir, un viaje, una habilidad, una experiencia o una acción que genera admiración pueden funcionar como elementos mediante los cuales una persona comunica quién es y qué posición ocupa frente a los demás.

Cuando esos contenidos generan likes, comentarios, seguidores o visualizaciones, la plataforma proporciona una respuesta cuantificable. La persona ya no necesita únicamente percibir que es reconocida por su grupo. Ahora puede observar números que parecen indicar cuánto reconocimiento está obteniendo.

De esta manera, los jóvenes pueden mostrar y acumular capital simbólico a través de las plataformas digitales. La participación en trends se convierte en una forma de demostrar que se está al tanto de lo que sucede, que se posee determinado estilo o que se pertenece a una comunidad.

Pero cuando el reconocimiento puede medirse, también puede compararse. Y esa posibilidad introduce una nueva dimensión en la participación: la presión por no quedarse fuera.

La presión social y el miedo a quedar fuera

Cuando una persona observa que una actividad se está realizando masivamente y que quienes participan reciben atención, puede sentirse motivada a hacer lo mismo. Existe una tendencia humana a imitar comportamientos que parecen tener éxito, explicó el Dr. Ramos Chávez.

Las métricas de las plataformas pueden reforzar este mecanismo. Si una persona observa que determinado video acumula miles de visualizaciones o que una tendencia genera una gran cantidad de interacciones, puede interpretar esa respuesta como una señal de que participar es una manera de obtener reconocimiento.

Participar en un trend permite, además, evitar la sensación de estar fuera de la conversación.

En una sociedad donde las referencias culturales cambian rápidamente, conocer el meme, el audio, la expresión o el comportamiento del momento puede convertirse en una forma de pertenencia. Incluso las personas que no participan directamente pueden terminar vinculadas con una tendencia mediante memes, imágenes, videos o conversaciones.

De esta manera, un fenómeno puede expandirse más allá de quienes originalmente lo practican.

Sin embargo, la lógica de las plataformas produce un efecto aparentemente contradictorio. Mientras conecta a millones de personas alrededor de las mismas referencias, también permite que cada usuario encuentre comunidades cada vez más específicas.

Una paradoja: todos iguales, pero cada vez más fragmentados

Por un lado, los algoritmos pueden generar una enorme homogeneidad cultural. Una canción, una estética, un baile o un comportamiento pueden reproducirse simultáneamente en distintas partes del planeta. Las plataformas hacen posible que personas de países diferentes consuman contenidos similares y adopten referencias culturales comunes.

Pero, al mismo tiempo, las mismas tecnologías permiten la creación de comunidades extremadamente específicas.

Las redes sociales pueden funcionar como espacios de microsegmentación en los que grupos pequeños encuentran personas con intereses, identidades o gustos similares.

Así, internet produce simultáneamente una cultura global cada vez más homogénea y una sociedad dividida en numerosas microcomunidades. Las tendencias pueden unir a millones de personas alrededor de un mismo código y, al mismo tiempo, ayudar a que cada individuo encuentre un espacio social que responda a intereses mucho más particulares.

Esta doble capacidad de las plataformas —conectar y fragmentar— resulta especialmente relevante cuando se observa la experiencia de las generaciones más jóvenes.

¿Por qué son tan relevantes en la población juvenil?

Más allá del entretenimiento, las tendencias también pueden reflejar algunas de las preocupaciones de las nuevas generaciones.

Uno de los elementos señalados por el investigador es la ansiedad por la irrelevancia. Los jóvenes crecen en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la precarización laboral, las dificultades para acceder a empleos estables y la transformación de los espacios tradicionales de convivencia. A esto se suma el miedo a la soledad y a quedar excluidos socialmente.

En ese contexto, las redes sociales ofrecen una herramienta para controlar, al menos parcialmente, la propia narrativa. Cada usuario puede decidir qué historia contar sobre sí mismo, qué imagen presentar y qué aspectos de su vida hacer visibles.

La participación en tendencias puede convertirse así en una manera de afirmar: “Estoy aquí”, “Formo parte de esto” y “Soy relevante dentro de este grupo”.

La búsqueda de visibilidad no necesariamente responde únicamente al deseo de llamar la atención. También puede estar relacionada con la necesidad de construir una identidad reconocible y encontrar un lugar dentro de una comunidad. Es precisamente en este escenario donde expresiones como “farmear aura” adquieren sentido.

¿Qué significa “farmear aura”?

Farmear aura” es un término que ha ganado espacio entre las generaciones más jóvenes. La expresión puede entenderse como un conjunto de acciones deliberadas mediante las cuales una persona busca proyectar ante los demás una personalidad atractiva, segura, interesante o con un estilo definido.

No se trata únicamente de hacer algo, sino de realizarlo de una manera que pueda producir una determinada percepción en quienes observan.

La expresión toma parte de su significado del mundo de los videojuegos. “Farmear” hace referencia a realizar determinadas actividades de manera constante para obtener puntos o recursos, o para avanzar dentro de un juego. El “aura”, por su parte, se relaciona con aquello que hace que una persona tenga presencia, resulte atractiva o proyecte determinadas características ante los demás.

Llevado a las redes sociales, “farmear aura” implica realizar acciones que permitan construir esa percepción. La persona busca mostrar seguridad, atractivo, estilo, éxito o una personalidad interesante. Y, sobre todo, busca que esa imagen sea reconocida por los demás.

En ese sentido, “farmear aura” puede interpretarse como una expresión contemporánea de una práctica mucho más antigua: la búsqueda de reconocimiento social. Lo que cambia es el escenario y, sobre todo, la velocidad con la que esa imagen puede construirse, difundirse y recibir una respuesta.

¿Desaparecerán los trends?

Cuando se le preguntó si en algún momento estas tendencias específicas desaparecerán, el Dr. Ramos Chávez respondió que es muy probable. Así como el Harlem Shake pertenece a una época determinada de internet y “farmear aura” responde a códigos culturales diferentes, en el futuro aparecerán nuevas expresiones, nuevos formatos y nuevas formas de interacción.

Lo que probablemente permanecerá es la infraestructura que hace posibles estos fenómenos. La tecnología continuará mediando una parte importante de los procesos sociales y los seres humanos seguirán utilizando las plataformas digitales para entretenerse, comunicarse, expresarse y buscar reconocimiento.

Por eso, más que preguntarnos cuánto durará una tendencia concreta, quizá sea más útil observar qué necesidad social consigue canalizar mientras existe. Al fin y al cabo, las personas siempre han buscado pertenecer, destacar y ser reconocidas. Lo que ha cambiado es el escenario: ahora gran parte de esa búsqueda ocurre frente a una pantalla y puede ser observada por una audiencia potencialmente global.

Desde el Harlem Shake hasta “farmear aura”, las tendencias cambian de nombre, estética y plataforma, pero permiten observar una transformación más profunda: la manera en que construimos identidad, buscamos reconocimiento y establecemos vínculos está cada vez más mediada por la tecnología. La tendencia cambia. La comunidad permanece.

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Día Mundial de los Primeros Auxilios: la importancia de estar preparados

Saber cómo actuar durante los primeros minutos de una emergencia puede marcar una diferencia mientras llega la atención especializada. En el marco del Día Mundial de los Primeros Auxilios, que se conmemora el segundo sábado del mes de septiembre, es pertinente reflexionar sobre la importancia de conocer y aplicar estas medidas de atención inmediata.

De acuerdo con la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), sus Sociedades Nacionales llegan cada año a más de 50 millones de personas mediante actividades de sensibilización relacionadas con estas prácticas.

En México, la importancia de estar preparados ante una emergencia sigue siendo evidente. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los accidentes se mantuvieron entre las cinco principales causas de muerte en el país, después de las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus, los tumores malignos y las enfermedades del hígado.

Las cifras preliminares del INEGI registraron 762 mil 494 defunciones durante 2025. Del total, 89.8 % correspondió a enfermedades y problemas relacionados con la salud y 10.2 por ciento a causas externas, entre ellas accidentes, homicidios y suicidios.

Claudia Leija Fernández, académica de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM, explicó en la versión original de esta nota que México enfrenta problemas complejos de salud pública ante la demanda de servicios de urgencias, particularmente por lesiones de causa externa y enfermedades repentinas.

¿Qué hacer ante una emergencia?

Cuando una persona sufre un accidente o presenta una emergencia médica y quienes se encuentran a su alrededor no cuentan con los medios para atenderla, una de las primeras acciones es solicitar ayuda especializada.

En México, el 9-1-1 es el número único de llamadas de emergencia y permite solicitar atención ante emergencias médicas, de seguridad y de protección civil.

Al realizar la llamada es importante conservar la calma, proporcionar la ubicación lo más precisa posible, explicar qué ocurrió y responder las preguntas de la persona operadora. También es recomendable no terminar la comunicación hasta que se indique y avisar a quienes se encuentran alrededor que la emergencia ya fue reportada.

Contar con conocimientos básicos de primeros auxilios permite realizar una primera valoración de la persona afectada y actuar mientras llegan los servicios especializados. La capacitación es importante porque una intervención inadecuada también puede agravar determinadas lesiones.

Los primeros auxilios no sustituyen la atención de profesionales de la salud. Su objetivo es brindar una respuesta inicial, segura y adecuada ante una emergencia hasta que sea posible recibir atención especializada.

De Solferino al movimiento internacional de la Cruz Roja

Uno de los antecedentes fundamentales de la atención humanitaria moderna ocurrió en 1859, después de la batalla de Solferino, en el norte de Italia. El suizo Henry Dunant presenció a miles de soldados muertos o heridos y, con ayuda de habitantes de la zona, participó en la atención de los sobrevivientes sin distinguir el bando al que pertenecían.

La experiencia lo llevó a publicar en 1862 Recuerdo de Solferino, obra en la que planteó la creación de sociedades voluntarias de socorro preparadas para atender a los heridos durante los conflictos.

Sus propuestas contribuyeron a la creación, en 1863, de lo que posteriormente se convertiría en el Comité Internacional de la Cruz Roja. Un año después se adoptó el primer Convenio de Ginebra, que estableció principios para mejorar la protección y atención de los soldados heridos.

Dunant recibió en 1901, junto con el pacifista francés Frédéric Passy, el primer Premio Nobel de la Paz.

Los primeros auxilios en México

La historia institucional de la Cruz Roja Mexicana se remonta a principios del siglo XX. De acuerdo con la propia institución, el 21 de febrero de 1910 se expidió el decreto que otorgó reconocimiento oficial a la entonces Asociación Mexicana de la Cruz Roja.

Ese mismo año comenzó a funcionar la Cruz Roja Mexicana en la Ciudad de México. Posteriormente envió una brigada a Ciudad Juárez para auxiliar a combatientes durante la Revolución Mexicana y comenzó a desarrollar servicios de urgencias.

A lo largo del siglo XX, distintos acontecimientos mostraron la importancia de contar con personal y población preparados para responder ante situaciones de emergencia y desastre. La capacitación en primeros auxilios se convirtió así en una herramienta no sólo para profesionales de la salud, sino también para personas que pueden encontrarse frente a una emergencia en la vida cotidiana.

Más allá de una efeméride, conocer los principios básicos de los primeros auxilios significa estar mejor preparados ante situaciones que pueden ocurrir en el hogar, el trabajo, la escuela o el espacio público. Saber pedir ayuda y actuar de manera adecuada durante los primeros minutos de una emergencia puede contribuir a reducir riesgos mientras llegan los servicios especializados.

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Súbele a la Ciencia: la idea loca de llevar la radio a las escuelas

Un día, Manuel y Mila, conductores del programa Súbele a la Ciencia, después de realizar una emisión en la Escuela Nacional Preparatoria núm. 8 de la UNAM, recibieron un mensaje de un joven: “Gracias, después de escuchar su programa ahora sé que quiero estudiar”.

Hoy, Manuel Suárez Lastra y Milagros Várguez están de fiesta porque cumplen dos años al aire con muy buenos resultados. Hasta el momento, Súbele a la Ciencia ha transmitido 105 episodios con aproximadamente 400 invitados, entre ellos la física y divulgadora Julia Tagüeña; Soledad Funes, coordinadora de la Investigación Científica de la UNAM; el biólogo evolutivo Antonio Lazcano; el astrónomo José Franco; la bióloga y divulgadora Clementina Equihua, y Leonardo Cuéllar, coordinador de desarrollo de futbol femenil del Club Universidad Nacional, entre muchos otros.

Cómo surgió

El programa de radio surgió originalmente en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia y se llamaba La Ciencia que Somos. Aunque tenía un formato bastante común, era muy exitoso.

Cuando Manuel Suárez asumió la titularidad de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, lo invitaron a formar parte del programa junto con Mila y, en un par de meses, la emisión se transformó para llegar a los jóvenes de bachillerato.

De hecho, la radio no es un medio de comunicación que los jóvenes de bachillerato escuchen habitualmente. A Mila se le ocurrió la solución perfecta: llevar el programa a las escuelas. “Todo mundo pensó que estaba completamente loca”, dijo Manuel Suárez entre risas.

Sin embargo, pensaron cómo armarlo y se acercaron a los directores de las preparatorias. Al contarles el proyecto, todos se emocionaron.

De ahí surgió la primera temporada, en la que acudieron cada viernes, a las 10 de la mañana, a los distintos planteles para realizar el programa en vivo, transmitido por Radio UNAM.

Su éxito ha sido tal que también se transmite los jueves a las 5:30 por TV UNAM, se difunde por Facebook e incluso se convirtió en un pódcast disponible en distintas plataformas digitales.

“Se dice en cinco minutos, pero son dos años y unos meses de planeación los que han hecho posible este aniversario”, añadió orgulloso el conductor.

Programa de radio Súbele a la ciencia ; prepa 7

Su impacto

El programa ha funcionado muy bien y sus indicadores se mantienen en niveles altos. “Somos el número uno”, agregó Mila Várguez.

“Es emocionante ver cómo los chicos se nos acercan, nos escriben; algunos hasta han elegido carreras científicas gracias al programa”, añadió la experta en astronomía.

Para la conductora, la mayor satisfacción surge de la convivencia con los chicos y las chicas, y de descubrir que algunos toman una decisión encaminada hacia una carrera científica.

Al darse cuenta de ello, Manuel y Mila piensan que valió la pena levantarse a las seis de la mañana para llegar, por ejemplo, hasta el CCH Vallejo o a otros planteles lejanos.

Además, en cada temporada realizan sondeos para conocer cómo funciona el programa y han obtenido muy buenos resultados.

Manuel Suárez, quien imparte clases de Geografía Aplicada, siempre pregunta a sus alumnos por qué escogieron esa carrera. Curiosamente, en tres ocasiones le contestaron lo mismo: al escuchar este programa sobre ciencia se convencieron.

Temáticas

Súbele a la Ciencia ha abordado temas de distintas áreas del conocimiento, desde las matemáticas, la física, la biología, la química y la astronomía hasta las humanidades.

En cada programa participan divulgadores y divulgadoras especializados en estos campos, quienes comparten sus conocimientos de una manera cercana y accesible para las nuevas generaciones.

Para su segundo aniversario invitaron a Juan Villoro, pero ¿cómo acercar a un escritor de su talla a las nuevas generaciones? La idea fue charlar sobre la inteligencia artificial, un tema que está en boga y despierta el interés de muchos jóvenes.

Una de sus secciones más exitosas se llama “Asexórate”, en la que hablan sobre temas de educación sexual. Otra sección es “Ciencia Cotidiana”, donde abordan asuntos específicos como los condones, los perfumes o la música, en los que se mezclan la física, la química y hasta la ingeniería.

Además, han tratado temas como la salud mental y el efecto de los abrazos, entre muchos otros.

¿Cómo se acercaron a la ciencia por primera vez?

Manuel Suárez narra que tiene un problema muy grave: todo le gusta y le llama la atención. Si alguien empieza a contarle sobre pavimentos, se emociona; si le hablan de temas sociales o culturales, también. “Todo me emociona”, dijo entre sonrisas.

Sin embargo, llegó un momento en su vida en el que tuvo que tomar una decisión sobre aquello a lo que se iba a dedicar. Así se acercó a la ciencia: por pura curiosidad.

Por su parte, Milagros Várguez descubrió desde muy pequeña que le gustaban las matemáticas. De hecho, participaba en concursos de esta disciplina y de física, y disfrutaba mucho ambas. Curiosamente, nunca sintió que pudiera estudiar una carrera científica.

Lo novedoso

El gran acierto de Súbele a la Ciencia ha sido acercarse a los jóvenes y hablarles desde sus propios códigos. Al combinar una propuesta visual atractiva con un lenguaje cercano, el programa cambia la manera de vincularse con esta audiencia y de acercarla al conocimiento científico.

Aunque parezca fácil, cada programa lleva meses de planeación y en su producción trabajan aproximadamente 40 personas.

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De la UNAM a París: Jaqueline cumple su sueño de estudiar ingeniería civil en Francia

Desde niña, Jaqueline Acevedo Curiel imaginaba París y soñaba con estudiar en el extranjero. Años después, ese anhelo comienza a hacerse realidad gracias a una beca con la que cursará una maestría en ingeniería civil en Francia.

Durante años ese sueño parecía lejano. Ahora, la ingeniera civil egresada de la UNAM convierte esa meta en realidad: fue seleccionada para recibir la Beca Fundación CICM-Gobierno Francés 2026 y este lunes inicia sus estudios de maestría en CY Cergy Paris Université, en Francia.

La beca le permite cursar el Master pro Sciences, technologies, santé, mention Génie civil, con orientación en timent intelligent, efficacité énergétique (Edificio Inteligente y Eficiencia Energética), una formación especializada en diseño y construcción, con enfoque en energías renovables y eficiencia energética.

Para Jaqueline, esta oportunidad representa el cumplimiento de dos sueños que durante años parecían estar separados: continuar su preparación profesional y hacerlo precisamente en el país que imaginaba desde niña.

“Estoy cumpliendo dos de mis más grandes sueños: seguir creciendo profesionalmente con una maestría y estudiarla en Francia, el país con el que soñé desde niña”.

Una señal para seguir

Jaqueline se enteró de la convocatoria a través de las redes sociales. Al revisar los requisitos, descubrió que cumplía con todo y se dijo: “Esta es la señal que yo estaba esperando, realmente era lo que buscaba”.

La convocatoria de la Beca Fundación CICM-Gobierno Francés 2026 contemplaba, entre otros requisitos, contar con el título de ingeniería civil, cumplir con el promedio solicitado, acreditar el nivel de francés requerido y tener pasaporte vigente.

Cuando recibió el mensaje de que había sido seleccionada, el primer partido de México en el Mundial acababa de terminar. La noticia no se la guardó: “Recuerdo que senté a mi familia en el sillón y les conté. Todos brincaron de emoción y felicidad, porque nadie más que mi familia sabe lo que esto significa para mí”.

La selección también le dejó una enseñanza personal. Jaqueline pensaba que sus posibilidades eran pocas porque había muchos aspirantes. Cuando supo que había obtenido la beca, entendió que también necesitaba confiar en sus propias capacidades.

“Si los demás confiaban en que yo iba a ganar esa beca, ¿por qué yo no?”, reflexionó.

La UNAM, un sueño cumplido

Antes de pensar en estudiar en Francia, Jaqueline tenía otro sueño: ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México. Recuerda que, al vivir cerca de la UNAM, la veía durante sus recorridos cotidianos. Desde entonces le decía a su madre que algún día estudiaría ahí.

Su deseo se cumplió cuando ingresó a la carrera de Ingeniería Civil en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la que egresó como parte de la generación 2020. “Para mí, la UNAM significa crecer, amor, unión y oportunidades”.

Una ingeniera que quiere dejar huella

Jaqueline eligió Ingeniería Civil porque encontró una profesión capaz de transformar de manera concreta la vida de las personas. Para ella, una obra de infraestructura no es solamente un proyecto: puede convertirse en una vivienda, un lugar de trabajo, una carretera o un medio de transporte. “Es algo que deja huella”.

Aunque durante sus estudios no experimentó discriminación, en el ámbito laboral sí se ha encontrado con prejuicios por ser mujer. Cuenta que algunas personas consideran que una ingeniera podría dejar de ejercer cuando se case o tenga hijos.

Lejos de verla como una razón para detenerse, esa experiencia la impulsa a continuar. “Estamos en una nueva generación en la que las mujeres también demostramos que podemos”.

Después de formarse en la UNAM, Jaqueline quiere aprovechar su estancia en Francia para ampliar sus conocimientos. Además de cursar su maestría, le gustaría estudiar posteriormente un doctorado si se presenta la oportunidad.

“Al regresar a México, me gustaría aportar un poco de los conocimientos que haya adquirido en Francia, poder regresarle a mi país un poquito de lo mucho que he aprendido y de las oportunidades que también me ha dado”.

Su aspiración es convertirse en una ingeniera capaz de dirigir grandes obras y dejar en esas estructuras la huella de todo lo aprendido durante su formación.

“No hay sueños chiquitos

Jaqueline quiere que su historia sirva para otras jóvenes que dudan si una carrera como Ingeniería Civil es para ellas. Reconoce que todavía existen personas que consideran que determinadas profesiones son exclusivamente para hombres. Su respuesta es contundente: esos prejuicios no deben convertirse en límites personales.

“A todas las chicas, sea cual sea la carrera que estén estudiando, quiero decirles que ustedes también pueden”.

Y para las jóvenes que quieren estudiar Ingeniería Civil, su mensaje es todavía más directo: “No hay un hombre que pueda venir a decirnos que no podemos porque tenemos las mismas oportunidades que ellos”.

Jaqueline está convencida de que los sueños deben ser grandes. El suyo comenzó cuando, de niña, imaginaba París y decía a sus padres que algún día estudiaría una maestría en el extranjero.

Ahora, después de formarse en la UNAM, obtener una beca e iniciar sus estudios en Francia, aquel sueño comienza a hacerse realidad. “Si tienes sueños grandes es por algo que los tienes en grande; los vas a conseguir”, concluyó.

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El beso: un gesto de amor que lleva siglos cantándose

“Bésame, bésame mucho”. Desde que Consuelo Velázquez escribió estas palabras, el bolero Bésame mucho se convirtió en una de las canciones mexicanas más reconocidas en el mundo y en una de las más interpretadas por artistas de distintas generaciones. Pedro Infante, Lucho Gatica, Javier Solís, Frank Sinatra, The Beatles, Andrea Bocelli y muchos más la han interpretado; décadas después también llegó a públicos jóvenes de la versión de la banda mexicana de rock Zoé.

La vigencia de la canción no es casual. El beso es uno de los gestos amorosos más antiguos y universales, y durante siglos ha aparecido en poemas, canciones y relatos como símbolo de deseo, enamoramiento, unión y despedida.

“El beso en los cancioneros es un tópico que emerge continuamente desde la antigüedad en la poesía, en las canciones, en la poesía que se cantaba, se recitaba”, explicó María Ana Beatriz Masera Cerutti, investigadora de la Unidad de Investigación sobre Representaciones Culturales y Sociales de la UNAM Morelia.

Para la especialista, el beso tiene muchos significados dependiendo del contexto. Puede formar parte de ceremonias religiosas o matrimoniales, representar una forma de entrega, como ocurre con el beso de Judas, o simbolizar un vínculo entre personas.

Sin embargo, cuando aparece en la poesía profana y en las canciones amorosas, suele adquirir una connotación erótica y convertirse en una forma de expresar el deseo entre amantes.

Un gesto que viajó durante siglos

Mucho antes de que existieran los boleros, las canciones populares ya hablaban de besos.

En la antigua lírica hispánica pueden encontrarse numerosas composiciones en las que los amantes se piden un beso, hablan de él o juegan con sus consecuencias. En esas canciones medievales, el beso aparecía frecuentemente acompañado del abrazo como una forma de representar el cortejo.

Así, una muchacha podía pedirle un beso a un caballero; otra podía contar que había sido besada por un joven, y algunas canciones jugaban incluso con el temor de que una madre descubriera el encuentro amoroso.

Estos temas viajaron de generación en generación y sobrevivieron a través de los siglos. Algunas de aquellas composiciones fueron cantadas nuevamente durante los siglos XVI y XVII, y sus motivos reaparecieron posteriormente en otros cancioneros.

Para Macera, esto permite entender que las canciones no surgen aisladas: forman parte de una tradición que se transforma continuamente.

“Los textos se cantaron, son tradicionales y pasan de un lugar a otro”, explica.

El beso llega a las canciones mexicanas

La canción mexicana tampoco nació de una sola tradición. El cancionero que hoy identificamos como mexicano reúne influencias de distintos orígenes y tradiciones culturales.

“Es una canción que tiene elementos que vienen de muchos lugares”.

A través de la oralidad, las canciones viajaron entre comunidades rurales y urbanas, cambiaron sus letras y fueron incorporando nuevas formas de expresar el amor. El beso permaneció como uno de esos elementos.

En el Cancionero folklórico de México, por ejemplo, aparecen composiciones tradicionales que lo presentan como una petición amorosa. En una de ellas, un hombre pide un beso de la persona amada; en La Llorona, otro de los grandes referentes del cancionero mexicano, el beso aparece junto a la mirada como una forma de correspondencia amorosa.

El tópico también llegó a los cancioneros impresos y a publicaciones populares. De esta manera, el beso podía encontrarse tanto en canciones transmitidas oralmente como en composiciones que circulaban en impresos, revistas y cancioneros.

Entonces llegó Consuelo Velázquez

En el siglo XX, el beso encontró una de sus expresiones más famosas en Bésame mucho, el bolero compuesto por Consuelo Velázquez.

Con el tiempo, la canción se convirtió en una de las composiciones mexicanas más conocidas internacionalmente y ha sido interpretada por numerosos artistas de distintas generaciones.

Su importancia también está en que colocó una voz femenina en el centro de una canción abiertamente amorosa y sensual. “Lo muy interesante es que fue creada por una mujer y cantada por una mujer”.

La canción expresa el deseo de aprovechar la cercanía del ser amado ante la posibilidad de una separación. El beso deja de ser únicamente un gesto mencionado dentro de una historia de amor y se convierte en el centro mismo de la canción.

Además, su enorme difusión hizo que trascendiera las fronteras de México. Fue llevada al cine, a la radio y a escenarios de todo el mundo, con versiones en diferentes idiomas y estilos.

El beso que sigue vigente

En las canciones contemporáneas, el lenguaje del amor también ha cambiado. La sensualidad puede expresarse de manera mucho más directa y explícita en géneros actuales, mientras que el beso en las canciones tradicionales y en el bolero suele funcionar como una forma de sugerir el deseo. Pero el gesto permanece.

Quizá una de las razones de su permanencia sea precisamente su capacidad para comunicar intimidad sin necesidad de explicarla.

Las canciones permiten recordar, enamorar, despedirse y expresar aquello que muchas veces resulta difícil decir directamente. Por eso el beso aparece una y otra vez: porque forma parte de un lenguaje amoroso que distintas generaciones reconocen.

Y aunque las formas de cantar al amor cambien, hay algo que permanece: el deseo de acercarse a otra persona y convertir un beso en canción.

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¿Cada vez más intensas? Lo que revela un análisis de tormentas eléctricas

Investigadores revisaron la frecuencia a través del tiempo y las condiciones atmosféricas en las que se forman las tormentas en México

Inundaciones, granizadas, fuertes vientos, relámpagos, caos viales, destrozos, personas desplazadas. Las afectaciones de las tormentas eléctricas en distintas partes de México dejan una inquietud: ¿el patrón de severidad del fenómeno está cambiando con el paso del tiempo?

Las tormentas eléctricas forman parte del clima de México. Existen registros históricos climatológicos que el doctor José Francisco León Cruz se ha dedicado a revisar y comparar.

De entrada, podría parecer que su investigación consiste únicamente en contabilizar cuántas tormentas ocurren cada año. Sin embargo, el especialista en fenómenos hidrometeorológicos y climáticos extremos va mucho más allá. Su objetivo es analizar tanto la frecuencia a través del tiempo, como las condiciones atmosféricas en las que se forman.

Su grupo del Instituto de Geografía de la UNAM revisa si existen regiones donde actualmente se presentan más o menos tormentas que en el pasado, también si estas se forman en ambientes más húmedos, más secos, más estables o propicios para el desarrollo de fenómenos intensos.

Después de un estudio previo dedicado a entender las condiciones en que se generan las tormentas eléctricas en la actualidad, les surgió una nueva interrogante ¿es posible detectar señales de cambio a lo largo del tiempo?

Las tormentas eléctricas están asociadas con rayos, granizo, vientos fuertes, tornados y lluvias intensas, eventos que representan riesgos para la población y la infraestructura. El investigador señala que los llamados fenómenos relacionados con el tiempo severo pueden variar según los criterios utilizados en cada país. Sin embargo, generalmente incluyen granizo, vientos intensos y tornados.

En México, cualquier evento de granizo es usualmente utilizado como un marcador de tiempo severo, al igual que los tornados, que son reconocidos como fenómenos severos sin excepción.

Comportamientos distintos

El equipo de José Francisco León Cruz utilizó observaciones climatológicas recopiladas durante cuatro décadas. Una parte importante de la información proviene de aeropuertos, donde el monitoreo meteorológico resulta fundamental para la seguridad aérea. Los datos son recopilados por el Servicio Meteorológico Nacional y posteriormente procesados por organismos especializados que permiten compararlos entre diferentes periodos y regiones.

Uno de los principales retos fue la calidad de los registros. Algunas estaciones cuentan con información desde mediados del siglo pasado, mientras que otras comenzaron a operar mucho después. Por ello fue necesario seleccionar únicamente aquellas que contaban con series suficientemente completas para evitar sesgos en los resultados.Tras analizar la información, «no encontramos un patrón único para todo México», afirma León Cruz, integrante de la Unidad Académica de Estudios Territoriales Yucatán del Instituto de Geografía.

Mientras algunas regiones muestran aumentos en la frecuencia de tormentas eléctricas, otras presentan disminuciones y en algunas más las tendencias todavía no son claras.

En las zonas donde se observan incrementos destacan:

Península de Yucatán

Parte del centro del país (Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nayarit)

Chiapas

En contraste, muestran una disminución:

Morelos

Oaxaca y Veracruz

Dos variables clave

Además de analizar el número de tormentas, el estudio examinó dos características específicas de la atmósfera que son fundamentales para entender cómo se forman y qué tan intensas pueden ser.

1**. Inestabilidad atmosférica**

Esta es la facilidad que tiene el aire caliente de la superficie para ascender rápidamente y formar enormes nubes de tormenta. Piensa en una olla de agua hirviendo: mientras más calor, más burbujas suben. En la atmósfera pasa algo similar.

¿Qué encontraron?

Está aumentando en el centro y occidente del país (CDMX, Edomex, Jalisco, Nayarit). Esto significa que ahí el aire tiene más «empuje» para generar tormentas.

Está disminuyendo en el noroeste, donde las tormentas tienen menos energía disponible para generarse.

2. Cizalladura del viento

Es el cambio en la velocidad y/o dirección del viento a medida que subimos en altura. Imagina que cerca del suelo el viento sopla suave del sur, pero a 2 km de altura sopla fuerte del oeste. Esa diferencia es la cizalladura.

¿Por qué es importante? La cizalladura puede ayudar a que las tormentas duren más tiempo, se organicen mejor y puedan volverse más severas (con granizo grande, vientos destructivos o incluso tornados).

Identificaron que la cizalladura está disminuyendo en gran parte de la costa del Golfo de México y la Península de Yucatán.

¿Qué significa?

Aunque haya inestabilidad para formar tormentas, la severidad podría ser menor porque les falta la «organización» que da el viento. En otras palabras: pueden ocurrir tormentas, pero quizás con menos granizo o vientos menos intensos.

Lo que falta por entender

Los hallazgos no solo ayudan a comprender mejor el comportamiento de las tormentas eléctricas, además tienen aplicaciones prácticas. León Cruz señala que gran parte de los parámetros utilizados actualmente para identificar tormentas severas fueron desarrollados en Estados Unidos y Europa. Pero las condiciones atmosféricas de México son diferentes, por lo que resulta necesario generar información adaptada a las características del país.

Identificar regiones donde las tormentas son más frecuentes o intensas puede contribuir al trabajo de instituciones encargadas de la gestión del riesgo y la protección civil, así como mejorar herramientas de pronóstico utilizadas en distintos sectores, incluida la aviación.

A pesar de los cambios observados, el investigador insiste en que todavía no es posible afirmar en qué medida el cambio climático sea la causa directa de estas transformaciones. «Estamos en la fase de detección», dice.

Los científicos han encontrado señales de cambio en algunas regiones, pero aún se requieren más estudios para determinar con certeza cuáles son las causas detrás de esos cambios.

Por otro lado, falta aún determinar qué tanto los cambios tienen una componente natural, si se deben a la variabilidad climática. Para llegar a conclusiones más sólidas será necesario contar con registros de mayor duración.

Un reconocimiento internacional al trabajo científico encabezado por el doctor José Francisco es el Best Paper Award, otorgado en el marco de la quinta edición de la conferencia anual Mediterranean Geosciences Union 2025. El galardón distingue investigaciones de excelencia en ciencias de la atmósfera, meteorología, climatología y oceanografía.

Más allá de la ciencia

Más allá de los resultados científicos, el doctor León considera que el conocimiento ayuda a combatir la desinformación. Con frecuencia distintos fenómenos meteorológicos son atribuidos automáticamente al cambio climático sin analizar la evidencia disponible. Sin embargo, las tormentas, el granizo y los tornados han formado parte del clima de nuestro país desde mucho antes de que el tema ocupara un lugar central en la discusión pública.

Lo que su trabajo científico persigue es saber si estos fenómenos están ocurriendo con diferente frecuencia, intensidad o bajo condiciones distintas a las del pasado:

«Las tormentas eléctricas siempre han formado parte del paisaje de México y seguirán ocurriendo. Lo importante es entender cómo están cambiando, cuáles son los riesgos que representan y cómo podemos prepararnos mejor como sociedad»

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El lado b de los parásitos: aspectos positivos y benéficos

Resumen: Cuando escuchamos la palabra parásito, casi siempre la asociamos con enfermedades y con algo que debe ser eliminado. Y aunque eso es parcialmente cierto, la historia de estos organismos tiene otra cara que vale la pena conocer. Los parásitos han adoptado un estilo de vida tan exitoso que están en todas partes. En este artículo explicamos cómo cumplen funciones determinantes dentro de los ecosistemas: 1) regulan las poblaciones de sus hospederos, 2) facilitan las cadenas tróficas y 3) nos revelan información sobre la salud del ambiente que a simple vista es invisible. Reconocer su valor implica mirar la naturaleza con otros ojos, más curiosos, capaces de apreciar que todos los seres vivos —incluso los más incómodos— forman parte de la biodiversidad. Así que la próxima vez que pienses que los parásitos merecen ser erradicados, recuerda: una moneda tiene dos caras. Y ellos también tienen su lado bueno.

Figura 1. Representación de la relación entre la ardilla Urocitellus richardsonii y el protozoario Trypanosoma otospermophili. En condiciones de escasez, el parásito actúa como proveedor al sintetizar vitamina B6 para el hospedero.

Introducción

Imagina que sales a caminar por el parque y notas a un caracol que se mueve de manera extraña, como si fuera un títere. O que vas de vacaciones al mar y observas a un pez que nada más lento de lo normal, volviéndose presa fácil de cualquier depredador. Podría ser casualidad, pero en muchos casos hay un responsable invisible detrás de esos comportamientos: un parásito. ¿Los parásitos son seres repugnantes, desagradables, que generan enfermedades? Probablemente responderías que sí. Durante décadas, quizá siglos, la ciencia y la cultura popular nos han hecho creer que los parásitos únicamente traen cosas negativas: enfermedades, asco, miedo. Este es el lado A de su historia, el que todos conocemos. Pero eso es sólo la mitad de la historia. En este artículo te invitamos a darle vuelta a la página y explorar el lado B de los parásitos, el que casi nunca se cuenta: ese en el que resultan ser piezas clave para la salud del planeta. Antes de continuar, aclaremos rápidamente qué es un parásito. Básicamente, es un organismo que vive a costa de otro (su hospedero), causándole algún daño. Suena mal, ¿verdad? Pero seamos honestos: ¿quién no se ha identificado alguna vez con un parásito? Instalarse en casa de alguien más, comer gratis, aprovechar los recursos ajenos o vivir a costa de los demás. El estilo de vida parasitario es tan eficiente que ha surgido de forma independiente en múltiples grupos a lo largo de la evolución, y es la estrategia de supervivencia más exitosa del planeta. Tanto, que se estima que cada especie de planta o animal que vive libremente alberga al menos una especie de parásito (Poulin, 1999). Entonces, si son tan comunes, ¿por qué los detestamos? La respuesta es simple: únicamente conocemos una versión de la historia.

Prepárate, porque a continuación verás a estos organismos como nunca los habías imaginado. El contrato más antiguo del mundo Pensemos como un parásito por un momento. Si el objetivo fuera matar a su hospedero, sería como si decidieras prender fuego a tu propia casa mientras estás dentro. No tendría ningún sentido. Porque el objetivo del parásito no es la muerte, es la permanencia: un lugar donde vivir, comer y reproducirse, y para eso necesita que el hospedero siga vivo. Esta es la base del contrato más antiguo del mundo, uno que se ha firmado durante cientos de millones de años, en silencio, dentro de los cuerpos de casi todas las especies del planeta. No es un contrato justo, desde luego. El parásito saca provecho, mientras que el hospedero suele salir perdiendo, pero a veces, sólo a veces, la balanza se inclina hacia el otro lado. Este contrato no es una guerra abierta, sino un estira y afloja constante. El parásito encuentra una manera de colarse. El hospedero levanta una barrera. El parásito aprende a evadirla y el hospedero inventa una nueva estrategia. Los biólogos llaman a esto coevolución: un baile forzado en la que cada movimiento de uno genera una respuesta del otro. Y de este baile surgen cosas sorprendentes: nuevas formas, nuevos comportamientos, nueva diversidad biológica (Buck, 2019). Tomemos el caso de la ardilla terrestre llamada Urocitellus richardsonii y su diminuto protozoario —organismo unicelular— de nombre impronunciable Trypanosoma otospermophili. Cuando la ardilla tiene una dieta normal, el parásito es únicamente eso, un parásito. Pero si la comida escasea y la ardilla no tiene suficiente vitamina B6, ocurre algo inesperado: el protozoario comienza a fabricar esta vitamina y la ardilla la aprovecha. El parásito se convierte en un proveedor, suple la carencia y evita que la ardilla enferme (Munger y Holmes, 1988). ¿Por qué haría esto el parásito? Por puro egoísmo evolutivo. Una ardilla sana vive más tiempo y el parásito puede seguir cómodamente. No es bondad, es estrategia. Si el hospedero muere, el parásito pierde su hogar. La pregunta relevante, entonces, no es ¿son buenos o malos?, sino ¿qué papel juegan en los ecosistemas?

Los parásitos también son biodiversidad Cuando pensamos en biodiversidad, imaginamos jaguares, colibríes, orquídeas, etcétera. Sin embargo, los parásitos son una parte fundamental de la riqueza biológica del planeta. Si por cada especie de vida libre existe al menos una especie parásita, es posible que estos organismos sean, en número, la mayoría de las especies de la Tierra (Gómez y Nichols, 2013). En las últimas seis décadas, la tasa de extinción se ha acelerado drásticamente y los parásitos no están excentos de esta amenaza. Cuando una especie de ave o pez desaparece, pueden extinguirse con ella decenas de especies parásitas que eran exclusivas de ese hospedero. Es una pérdida silenciosa, casi nunca registrada. Por eso, incluir a los parásitos en las estrategias de conservación no es un capricho académico, es una necesidad para entender y proteger el funcionamiento real de los ecosistemas.

¿Qué pasaría si los parásitos desaparecieran?

Los ecologistas lo llaman un efecto cascada: cuando una especie clave desaparece, su ausencia desequilibra toda una red de interacciones. Los parásitos, aunque la mayor parte del tiempo no se ven, son actores centrales de esta red. Quitarlos no limpiaría el ecosistema, por el contrario, lo desestabilizaría. Una de las funciones más notables es facilitar las cadenas tróficas, es decir, que el depredador encuentre su comida mucho más rápido. Algunos parásitos modifican el comportamiento o la apariencia de sus hospederos para hacerlos más vulnerables a la depredación. Un ejemplo fascinante es el del trematodo1 Leucochloridium paradoxum —un gusano plano—, que infecta a caracoles terrestres. Este gusano parasita los tentáculos del caracol haciendo que pulsen con colores brillantes, imitando a una oruga. Las aves, engañadas, depredan a los caracoles y se infectan, que es exactamente lo que el parásito necesita para completar su ciclo de vida. En consecuencia, la población de caracoles que se alimentan de plantas se mantiene estable; a su vez las aves están bien alimentadas, y, por tanto, el ecosistema está en equilibrio (Lafferty et al., 2006; Prosnier et al., 2018). Los parásitos también contribuyen a la resiliencia de los ecosistemas frente a perturbaciones. En ecosistemas costeros, los caracoles consumen frecuentemente algas y plantas acuáticas. Durante la época de secas, cuando la vegetación escasea, los caracoles siguen alimentándose y no dan oportunidad de que algas y plantas se puedan recuperar. Aquí entran los trematodos que infectan y debilitan a los caracoles, reduciendo sus poblaciones de manera temporal, lo que permite que la vegetación acuática se recupere. Sin este mecanismo regulador el sistema colapsaría (Morton y Silliman, 2020). ¿Quién hubiera imaginado que un gusano parásito podía ser el guardián de un manglar? Parásitos como detectores de la salud ambiental Los bioindicadores son organismos que, por su sensibilidad a los cambios en el entorno, nos permiten evaluar la salud de un ecosistema. Piensa en ellos como barómetros naturales —esos que miden la presión del aire y nos indican como estará el clima—. Los parásitos hacen algo parecido con los ecosistemas, su presencia o ausencia revela información que difícilmente obtendríamos de otra forma (Sures et al., 1999). ¿Cómo funciona esto? Muchos parásitos tienen ciclos de vida complejos, que requieren la presencia de varios hospederos —a veces invertebrados como caracoles o pulgas, y en otras ocasiones vertebrados como peces o aves—. Si encontramos a un parásito con este tipo de ciclo en un lugar determinado, podemos inferir que todos esos hospederos están presentes y que las cadenas tróficas funcionan correctamente. Su presencia es, en cierto modo, un certificado de salud del ecosistema. Además, los parásitos son sensibles a la contaminación. Se ha observado que las infecciones parasitarias disminuyen en ambientes con altas concentraciones de metales pesados, lo que indica que la contaminación afecta la supervivencia del parásito antes de que lo notemos de otra manera (Prosnier et al., 2018). Son, en ese sentido, más sensibles que muchos de los instrumentos de medición.

Pero hay más: ciertos parásitos intestinales especialmente los helmintos —gusanos parásitos— tienen la capacidad de acumular metales pesados en su tegumento (“piel” externa) en concentraciones mucho más altas que las que se encuentran en los tejidos del hospedero o incluso en el agua. Esto significa que, lejos de dañar, los están protegiendo al absorber toxinas que de otra forma se acumularían en el hígado o músculos del hospedero (Hassanine y Al-Hasawi, 2021). En otras palabras, el parásito actúa como un filtro biológico. El cambio climático añade otra capa a esta historia. Se ha observado que, con el aumento de la temperatura del agua, los huevos de ciertos parásitos se desarrollan más rápido y aumentan su capacidad de infección (Poulin, 2006). Monitorear a los parásitos hoy puede darnos una ventaja para anticipar esos cambios antes de que sean irreversibles. Por último, los parásitos pueden alertarnos sobre la introducción de especies invasoras. Un ejemplo relevante en México es el de las carpas y tilapias importadas de Asia y África para la acuicultura. Estos peces conviven naturalmente con sus parásitos en sus regiones de origen, pero cuando son llevados a nuevos hábitats, esos parásitos pueden infectar a peces nativos o endémicos —aquellos que sólo existen en ese lugar y no han desarrollado defensas contra esos patógenos—. Detectar oportunamente a esos parásitos permite evitar pérdidas económicas en la industria acuícola y proteger a las especies silvestres vulnerables (García-Prieto et al., 2014; González-Morales et al., 2023). Conclusión: voltear la página Las evidencias acumuladas en décadas de investigación sugieren que un mundo sin parásitos sería un mundo profundamente distinto, y no necesariamente mejor. Sin ellos, las redes alimentarias se fragmentarían, las poblaciones de hospederos podrían dispararse sin control, y perderíamos uno de los indicadores más sensibles que tenemos para evaluar la salud de los ecosistemas. Los parásitos no son sólo parte del ecosistema: son parte de su lenguaje. Nos hablan de qué especies están presentes, de cuánta contaminación existe, de cómo reacciona el ambiente a los cambios climáticos. Aprender a reconocerlos puede ser una de las herramientas más valiosas para la conservación biológica. La próxima vez que encuentres una nota alarmante sobre parásitos, recuerda que la moneda tiene dos lados. El lado A existe y es real: algunos parásitos causan enfermedades graves. Pero el lado B también existe, y merece ser contado: en él, estos organismos son reguladores, indicadores y guardianes silenciosos de la biodiversidad que sostiene la vida en nuestro planeta.

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Joyería contemporánea mexicana: tradición, diseño y memoria rumbo a París

La joyería puede ser mucho más que un objeto ornamental. También puede convertirse en una forma de explorar la identidad, la memoria, el cuerpo y nuestra relación con los materiales. Esa perspectiva es el punto de partida de “GA’AYÚ GUENDA. Los cinco dones de los dioses”, proyecto colectivo que reúne a 38 artistas y diseñadores mexicanos de joyería contemporánea.

La propuesta ofrece un panorama de la creación de joyería de autor en México mediante distintas técnicas, materiales, procesos e investigaciones artísticas. Los cinco sentidos constituyen el hilo conductor de las obras, que transitan entre lo poético, lo lúdico, la memoria, el cuerpo y la experimentación material.

El proyecto ya tuvo una presentación el pasado 21 de agosto en la Academia de San Carlos y tendrá una segunda actividad en la Universidad con una exposición fotográfica del 8 al 23 de septiembre en la Casa de las Humanidades de la UNAM. Posteriormente, GA’AYÚ GUENDA se presentará del 1 al 31 de octubre en el Instituto Cultural de México en Francia, en París, como parte de la quinta edición de Parcours Bijoux.

De la tradición al lenguaje contemporáneo

Una de las características del proyecto es la diversidad de trayectorias y aproximaciones reunidas en la muestra. Entre sus participantes hay creadores vinculados con la tradición platera de Taxco y la filigrana de Oaxaca y del Istmo de Tehuantepec, así como artistas que trabajan con cerámica, textiles, metales, piedras y materiales naturales o reutilizados.

Esta diversidad permite observar cómo técnicas asociadas históricamente con la artesanía y la orfebrería pueden adquirir nuevos significados cuando entran en diálogo con el arte y el diseño contemporáneos.

Es el caso de Rubén Ízhar Arrieta Vázquez, integrante de una segunda generación de joyeros de Juchitán, Oaxaca, cuya obra establece un diálogo entre la tradición zapoteca y el arte contemporáneo a partir de temas como la identidad, los símbolos y la memoria.

También participa Xinaxi López Charis, arquitecta y artesana zapoteca originaria del Istmo de Tehuantepec, quien trabaja principalmente con filigrana para expresar elementos de sus raíces, costumbres y relatos, así como de la diversidad natural de su entorno.

Desde Taxco, Oscar Figueroa concibe la joyería como un campo de investigación material y simbólica. Su trabajo reinterpreta la tradición platera como un lenguaje situado entre el cuerpo, el objeto y la memoria colectiva, y aborda asuntos vinculados con la identidad, el tiempo y el territorio.

Participación universitaria

GA’AYÚ GUENDA ha contado con una articulación de esfuerzos de diversas instancias universitarias, entre ellas la Facultad de Artes y Diseño, la Academia de San Carlos, el Centro Cultural San Carlos, la Dirección General de Cooperación e Internacionalización, la Coordinación de Humanidades, la Dirección General de Divulgación de las Humanidades, la Casa de las Humanidades y el Centro de Investigación y Producción de la FAD.

Entre los participantes también hay creadores con formación y trayectoria vinculadas con la Universidad. Alma Martínez es diseñadora egresada de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, maestra en Diseño Industrial, doctorante en Artes y Diseño y profesora de la ENP. Además de su actividad docente, ha desarrollado trabajo relacionado con investigación, gestión cultural e industrias creativas.

Martínez contará, además, con el apoyo del Programa para Actividades Especiales de Cooperación Interinstitucional (PAECI) para participar en las actividades que se realizarán en París.

Edgar López Jiménez, otro de los participantes, es egresado del Centro de Investigaciones de Diseño Industrial y del Posgrado de Diseño Industrial de la UNAM. Su trabajo incluye investigaciones sobre fenómenos relacionados con la joyería y los efectos del diseño en la industria artesanal.

También participa Leticia Llera, licenciada en Sociología por la UNAM y técnica joyera orfebre, cuya trayectoria de más de cuatro décadas articula tradición orfebre, investigación material e identidad cultural mexicana.

Una propuesta curatorial entre México y Francia

La curaduría del proyecto está a cargo de Sylvia Burgoa, artista visual y joyera originaria de Oaxaca y radicada en París desde 2003. Su trayectoria incluye proyectos bilaterales entre México y Francia alrededor de las artes visuales y la joyería contemporánea, con temas que vinculan arte, identidad y memoria.

En París, GA’AYÚ GUENDA formará parte de Parcours Bijoux, encuentro internacional dedicado a la joyería contemporánea que reúne exposiciones, instalaciones, conferencias y proyectos curatoriales. La presentación mexicana tendrá como sede el Instituto Cultural de México en Francia.

Como parte de las actividades vinculadas con el proyecto también se contempla SIMBIOSIS, performance de Elena e Isabel Moncada cuya propuesta interdisciplinaria relaciona la joyería contemporánea, el arte objeto y la acción performática para reflexionar sobre el cuerpo y el ornamento. Asimismo, el programa incluye conferencias y un taller de filigrana de Oaxaca impartido por la orfebre Yesenia Salgado.

Antes de su presentación internacional, la exposición fotográfica de GA’AYÚ GUENDA podrá visitarse del 8 al 23 de septiembre en la Casa de las Humanidades de la UNAM, en Coyoacán. La inauguración se realizará el 8 de septiembre a las 18:00 horas.

Más allá del ornamento, el proyecto propone mirar la joyería como un territorio en el que pueden encontrarse tradición, diseño, experimentación, memoria e identidad, y en el que los saberes del oficio dialogan con las búsquedas de la creación contemporánea.

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Animales silvestres en casa: el costo oculto detrás de su compra

  • Resumen: Un mono araña bebé aparece abrazado a un peluche en una casa, pero antes vivió un proceso largo y violento: para capturar viva a una cría suelen matar primero a la madre, y otros animales mueren en el camino. Lo vendido es sólo el último tramo de esa cadena.

Esto ocurre en el comercio mundial de fauna capturada en la naturaleza, y México no es la excepción: aves, reptiles, mamíferos y otras especies se venden en mercados, carreteras y redes sociales para quien busca una mascota distinta, sin saber su verdadero costo.

Los animales silvestres no están hechos para vivir en una casa: sufren estrés, enfermedades y desnutrición, y mueren antes de tiempo. Su cercanía con las personas facilita contagios, y su extracción altera el equilibrio de la naturaleza.

El tráfico de fauna silvestre daña a los animales, la salud humana y el entorno natural, y frenarlo exige no comprarlos.

Lo que no se ve detrás de la ternura

Un mono bebé abrazado a un peluche en la esquina de una sala puede parecer una escena tierna. Sus manos pequeñas se aferran con fuerza al primer objeto suave que encuentra, y quien lo mira podría pensar que sólo necesita cariño, alimento y un poco de paciencia para adaptarse a su nuevo hogar. Lo que no se ve es todo lo que tuvo que ocurrir antes de llegar ahí. Ese mono no nació huérfano. En la selva, los monos araña (Ateles geoffroyi) pasan prácticamente toda su infancia adheridos al cuerpo de su madre. Para obtener una cría viva, los captores suelen disparar primero a la hembra adulta que la transporta; tras el disparo, la cría cae junto con el cuerpo de la madre. Algunas mueren en el impacto; otras sobreviven lo suficiente para ser vendidas (Rodríguez-Luna et al., 1996). Para obtener 29 crías de mono araña debieron morir 60 individuos adultos; es decir, casi 100 animales silvestres desaparecieron en el proceso. El cálculo funciona así: de 40 crías capturadas sobrevivió el 72.5 % —29 individuos—. Para conseguirlas, murieron 40 madres, y otros 20 individuos resultaron afectados durante el procedimiento de captura —por ejemplo, machos adultos de la población, también alcanzados por la violencia de los captores—. Cabe señalar que, de los 29 monos capturados, no todos sobreviven hasta el punto de venta: algunos mueren durante la captura, el cautiverio temporal, el traslado o en los lugares de venta. El animal que finalmente aparece en una casa es sólo el último eslabón visible de una cadena mucho más larga. El mono araña es una especie de gran valor comercial, debido a su popularidad y alta demanda —nacional e internacional—, principalmente como mascota (Rodríguez-Luna et al., 1996).

Historias como esta no son excepcionales. Forman parte de una actividad global: el tráfico ilegal de fauna silvestre. Este comercio incluye organismos vivos, partes de animales y derivados, y abastece mercados de mascotas, objetos decorativos, trofeos, medicina tradicional y entretenimiento (Chavan et al., 2023). Se encuentra entre los negocios ilícitos más lucrativos del mundo, sólo después del tráfico de drogas, armas, personas y órganos (gfi, 2017), y mueve miles de millones de dólares cada año. Dentro de este mercado, cerca de una quinta parte (20 %) está impulsada por la demanda de animales silvestres como animales de compañía (Baker et al., 2013). El comercio de vida silvestre como mascota puede involucrar tanto especies nativas del lugar de venta como especies exóticas, es decir, aquellas que se encuentran fuera de su ámbito de distribución natural (Carpio-Domínguez, 2023). El problema no se limita a países lejanos ni a redes criminales invisibles. También ocurre en México. En mercados, carreteras, redes sociales y domicilios particulares se venden aves, reptiles, mamíferos y otras especies capturadas directamente de su hábitat natural. Muchas veces las adquieren personas que no buscan dañar a ningún animal, sino algo distinto: una mascota diferente, exótica o poco común. Sin embargo, un animal silvestre no es apenas un animal doméstico que aún no se acostumbra a la casa. Su cuerpo, su conducta y su forma de relacionarse con el entorno están adaptados a un hábitat específico. Cuando ese entorno desaparece, aparecen consecuencias que no siempre son evidentes: sufrimiento animal, riesgos sanitarios, daños ecológicos y pérdidas para la biodiversidad. Comprender lo que implica tener un animal silvestre en casa requiere mirar más allá del momento de la compra y reconstruir la historia completa: desde el bosque donde fue capturado hasta el espacio doméstico donde termina. Sólo así se vuelve visible que la escena aparentemente inofensiva de una “mascota exótica” es, en realidad, el punto final de un proceso con múltiples costos biológicos, ecológicos y sociales. Una cadena que no termina en la sala de casa Tener animales silvestres como mascotas es una conducta social que forma parte de una red más amplia: el tráfico ilegal de vida silvestre. Aunque podría percibirse como algo inofensivo, sus consecuencias son mucho más profundas y afectan más que a los animales. El daño no sólo se encuentra en el sufrimiento animal o en la pérdida de individuos al ser extraídos de su hábitat. También afecta a los entornos naturales, altera el equilibrio de las poblaciones silvestres y genera problemas económicos y sociales en las comunidades donde se extraen los animales. Además, las instituciones públicas se debilitan al no poder hacer cumplir la ley y proteger los recursos naturales; en otras palabras, se pone en riesgo la manera en que administramos, protegemos y organizamos los recursos que como sociedad compartimos.

Efectos negativos del tráfico ilegal de animales de vida silvestre

Muchas personas se sienten atraídas hacia estos animales porque son únicos, diferentes y poco comunes. Este deseo varía según los actores sociales involucrados: puede estar vinculado a gustos personales, creencias culturales, la búsqueda de extravagancia y ostentación, la afirmación de estatus social o el deseo de dominar la naturaleza (Carpio-Domínguez et al., 2018). Estas motivaciones generan consecuencias negativas en la salud física y mental de los animales adquiridos de forma ilegal, así como en su bienestar general (Carpio-Domínguez et al., 2018; Chavan et al., 2023). El comercio de animales silvestres es un claro ejemplo de la explotación humana hacia otras especies, en la que no se considera su bienestar y, mucho menos, sus derechos (Wyatt et al., 2022). Esta actividad puede comprometer las cinco libertades esenciales del bienestar animal, imprescindibles para su calidad de vida:

1) libertad de hambre y sed;

2) libertad de molestias físicas y térmicas;

3) libertad de dolor, lesión y enfermedad;

4) libertad de miedo y angustia, y

5) libertad para expresar su comportamiento natural (Mellor, 2016).

Los animales silvestres experimentan aún más problemas de bienestar que aquellos criados en cautiverio. Los individuos comercializados son capturados y, con frecuencia, mutilados; se les expone a condiciones inadecuadas de transporte y se les fuerza a interactuar con humanos sin una adaptación previa. Además, dependiendo de su uso comercial, pueden llegar a ser sacrificados (Wyatt et al., 2022). Las investigaciones sobre el bienestar de los animales silvestres en el comercio documentan enfermedades, lesiones y discapacidades que les impiden realizar actividades comunes (Baker et al., 2013; Wyatt et al., 2022). Asimismo, se ha reportado que, cuando se venden como mascotas o para espectáculos, estos animales presentan restricciones de comportamiento, además de altos niveles de ansiedad, miedo, dolor y angustia (Wyatt et al., 2022). También se han observado individuos con desnutrición, lo que evidencia que se les priva de recursos esenciales para su bienestar, como lo son el alimento y el agua (Baker et al., 2013; Wyatt et al., 2022).

Un puente hacia el contagio y el peligro

La comercialización, el transporte y la tenencia de animales silvestres conllevan riesgos para la salud pública, la seguridad, el bienestar animal y la biodiversidad (Doody et al., 2021). Las zoonosis —enfermedades transmisibles de animales a humanos— están vinculadas al creciente contacto entre fauna silvestre, animales domésticos y personas (Arroyo-Quiroz, 2023). Los mercados de animales vivos favorecen su propagación debido al estrés, el hacinamiento, la proximidad entre especies y las condiciones insalubres. Un ejemplo es el sars–cov, cuyo posible origen se ha ubicado en un mercado de animales vivos en Guangdong, China, en 2002, donde se comerciaban diversas especies silvestres (Webster, 2004).

En México, a partir de reportes de decomiso, se reveló que muchas especies silvestres se mantienen como mascotas, sobre todo en domicilios particulares. Esta convivencia directa entre humanos y animales implica un riesgo para la salud, debido a la posible transmisión de enfermedades (Carpio-Domínguez et al., 2021). Entre 2008 y 2018 se reportaron en México enfermedades zoonóticas en mamíferos, aves y reptiles decomisados, causadas por agentes infecciosos como bacterias, virus, parásitos y hongos (Carpio-Domínguez et al., 2021). Entre las principales enfermedades detectadas se encuentran la leptospirosis, la salmonelosis, la dermatofitosis, la nematodiasis, la toxoplasmosis, la toxocariosis y la influenza H7N3 (Carpio-Domínguez et al., 2021). Tener animales silvestres como mascotas también puede poner en riesgo la seguridad de las personas. Algunos periódicos han reportado un número creciente de personas lesionadas o fallecidas a causa de la posesión de animales silvestres —adquiridos tanto legal como ilegalmente— como mascotas (Carpio-Domínguez, 2023). Asimismo, animales como felinos y osos han sido liberados de manera accidental o deliberada, lo que ha ocasionado avistamientos y lesiones en la población (Carpio-Domínguez, 2023). Esta liberación intencional suele estar relacionada con las dificultades que implica mantenerlos en cautiverio (Carpio-Domínguez, 2023). Además, tener animales silvestres como mascotas conlleva desafíos que van más allá de lo individual, pues afecta gravemente la biodiversidad y los entornos naturales. Muchas especies invasoras han sido introducidas por comerciantes o dueños de mascotas que las liberan en ambientes ajenos a su origen. En México, la introducción de especies invasoras representa una de las mayores amenazas para las especies nativas y una de las principales causas de extinción de vertebrados (Álvarez-Romero et al., 2008). Estas especies pueden generar cambios en la estructura de la cadena alimenticia, competir por recursos con las especies nativas, transferir enfermedades, dispersarse con facilidad y representar una amenaza para las poblaciones humanas, entre otras consecuencias (Álvarez-Romero et al., 2008). El lado oscuro de la compra de animales silvestres en México El tráfico de animales silvestres para el comercio de mascotas implica una alta mortalidad de los individuos y, por lo tanto, efectos negativos en las poblaciones, lo que agrava los problemas de conservación de las especies (Wyatt et al., 2022). Mueran o no durante el proceso, de todos modos, tienen un efecto negativo: reducen el número de individuos en sus poblaciones.

Loros mexicanos: el ave más codiciada

Los loros son el grupo de aves más comercializado como mascota a nivel mundial En México, el tráfico ilegal de estas aves representa una amenaza constante para sus poblaciones silvestres (Cantú-Guzmán et al., 2007). Cantú-Guzmán y sus colaboradores (2007) realizaron una evaluación detallada del tráfico ilegal de loros en México. Los autores señalan que los captores pueden atrapar adultos, polluelos o ambos, dependiendo de la especie. La captura afecta de forma directa a las poblaciones silvestres: la extracción de adultos en edad reproductiva inhibe futuras reproducciones y provoca la mortalidad de huevos y polluelos abandonados, mientras que la extracción de polluelos suele conllevar la pérdida del nido. En conjunto, la extracción de individuos puede frenar el crecimiento poblacional e incluso provocar que la especie desaparezca de una región concreta, aunque sobreviva en otros lugares.Cantú-Guzmán y sus colaboradores estimaron, en 2007, que durante la primera década de los años dos mil se capturaban ilegalmente entre 65,000 y 78,500 loros al año en México. Calcularon, además, que de cada 100 aves, 77 morían antes de llegar al comprador final: de cada 100 loros capturados, 93 individuos sobrevivían a la captura; de estos, sólo 69 superaban la etapa de acopio y confinamiento; después, 47 lograban sobrevivir a la transportación, y finalmente sólo 23 individuos llegaban con vida al punto de venta. Ante esta situación, las autoridades mexicanas tomaron medidas: en 2008 se modificó la Ley General de Vida Silvestre para establecer la veda de loros. Esta reforma prohíbe la captura, exportación, importación y cría en cautiverio de todo tipo de loros (Cantú-Guzmán et al., 2022). Gracias a la aplicación de esta medida, se estima que el tráfico ilegal de loros se redujo casi a la mitad —47 %— entre 2009 y 2021, lo que evitó la captura anual de entre 31,000 y 37,000 loros (Cantú-Guzmán et al., 2022). Un escudo legal para la fauna En México, las leyes que protegen y regulan la vida silvestre y su hábitat son la Ley General de Vida Silvestre (lgvs) y la Ley General del Equilibrio y la Protección del Ambiente (lgeepa; Sosa-Escalante, 2011). El tráfico y la posesión ilegal de fauna silvestre se consideran delitos según el Código Penal Federal y pueden castigarse con penas de uno a nueve años de prisión, además de multas económicas (Sosa-Escalante, 2011). La institución encargada de la protección y gestión de la biodiversidad en el país es la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (semarnat), que, a través de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (profepa), vigila el cumplimiento de la ley y realiza decomisos de animales cuando detecta irregularidades (Sosa-Escalante, 2011). Cerrar el mercado, salvar la selva En países en desarrollo como México, el combate al tráfico ilegal de fauna silvestre enfrenta obstáculos como la debilidad institucional, la corrupción, y la escasez y falta de capacitación del personal (Melgoza et al., 2017). Es necesario fortalecer el marco legal ambiental, mejorar las estrategias de protección y dotar a las instituciones de más recursos y facultades para combatir este delito. Sin embargo, lo más importante es acabar con el negocio: no comprar animales silvestres. Sin mercado no hay negocio; sin negocio, no hay tráfico ilegal. Y eso significa menos animales y especies en peligro, hábitats más protegidos, entornos naturales más saludables y un planeta más equilibrado.

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Plástico: un siglo de comodidad que podría durar siglos en la naturaleza

Aunque los plásticos tienen poco más de un siglo de historia, su presencia se ha extendido prácticamente a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Su bajo costo, resistencia y versatilidad los convirtieron en uno de los materiales fundamentales de la sociedad moderna; sin embargo, su producción y consumo crecientes también han generado una crisis ambiental cuyos efectos podrían prolongarse durante décadas o incluso siglos.

Desde empaques y botellas hasta dispositivos médicos, los plásticos forman parte de innumerables productos que utilizamos todos los días. Su expansión ha sido tan rápida que resulta necesario recordar que se trata de un material relativamente reciente en la historia humana, explicó Gian Carlo Delgado Ramos, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, adscrito temporalmente al Instituto de Geografía de la UNAM.

En realidad, cuando hablamos de plástico nos referimos a distintos tipos de polímeros, algunos de los cuales pueden permanecer durante cientos de años en el ambiente. Además, para proporcionarles características específicas como color, flexibilidad o dureza, se incorporan diversos aditivos químicos, añadió el también investigador del Instituto de Geografía. “Tenemos poco más de un siglo que se empezaron a consumir”.

El problema no se limita al polímero en sí mismo. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, más de 13 mil sustancias han sido identificadas como asociadas con los plásticos y su producción, y más de 3 200 presentan una o más propiedades peligrosas.

Un material diseñado para la vida moderna

¿Por qué, si conocemos los impactos ambientales de los plásticos, seguimos utilizándolos cada vez más? Para Delgado Ramos, una de las respuestas está en que este material se adaptó perfectamente al modelo de consumo contemporáneo.

Los plásticos son ligeros, resistentes y baratos, al menos en términos económicos. Permiten, por ejemplo, conservar alimentos durante más tiempo, facilitan el transporte de diversos productos y reducen las pérdidas económicas de las empresas. Un envase de plástico puede representar un costo mucho menor que uno de vidrio y, además, evita que los productos se rompan durante su traslado.

El problema es que muchos de los costos ambientales no aparecen en el costo de producción y, cuando lo hacen de manera parcial, el costo se traslada al consumidor. “Como la naturaleza no cuesta, no se internaliza en los costos de producción, las decisiones de mercado derivan en su destrucción”.

El plástico se ha vuelto parte de una dinámica de consumo on-the-go, caracterizada por la rapidez y la comodidad sin importar sus impactos socioambientales: alimentos y bebidas para llevar, productos empacados individualmente, botellas de diferentes tamaños y mercancías que pueden transportarse fácilmente y fomentar un consumo creciente y poco sostenible.

Hay tres grandes grupos de usos: aquellos en los que el plástico resulta difícil de sustituir, como algunas aplicaciones médicas; aquellos vinculados con un consumo innecesario, particularmente ciertos empaques y productos desechables, y aquellos en los que podrían utilizarse otros materiales, pero el plástico resulta más conveniente o rentable para las empresas.

Por ello, el problema no puede resolverse únicamente mediante nuevas tecnologías o mejores sistemas de circularidad, no solo de reciclaje: es necesario modificar los patrones de consumo y, antes que nada, apostar por la reducción absoluta del consumo de plásticos.

Del envase al microplástico

Con el paso del tiempo, los productos plásticos pueden fragmentarse y deteriorarse por efecto de factores como la radiación ultravioleta, la oxidación o la acción mecánica. De este proceso pueden desprenderse fragmentos cada vez más pequeños, incluidos microplásticos y nanoplásticos, partículas que ya no necesariamente pueden observarse a simple vista.

Estas partículas se han encontrado en numerosos ecosistemas y organismos, y pueden incorporarse a las cadenas alimentarias. En una nota de UNAM Global sobre microplásticos se documenta también su presencia en el aire y la exposición humana por distintas vías.

De acuerdo con Delgado Ramos, diversos estudios han documentado que las personas pueden ingerir e inhalar partículas micro y nanoplásticas. Sin embargo, las estimaciones sobre la cantidad varían considerablemente según los métodos utilizados, los alimentos analizados y las condiciones de exposición.

El investigador puso como ejemplo las botellas de PET: distintos estudios han detectado partículas micro y nanoplásticas en agua embotellada, aunque su cantidad y origen pueden depender del proceso de fabricación, embotellado, almacenamiento y manipulación.

El problema adquiere otra dimensión cuando las partículas son suficientemente pequeñas para atravesar algunas barreras biológicas. Se han detectado micro y nanoplásticos en distintos tejidos humanos, aunque sus posibles efectos a largo plazo continúan siendo objeto de investigación.

En cuanto a la salud humana, se ha documentado que algunas sustancias químicas asociadas con los plásticos pueden tener efectos adversos. En el caso específico de los micro y nanoplásticos, existen estudios que han encontrado asociaciones con determinados efectos biológicos y cardiovasculares, pero todavía no se ha establecido una relación causal directa entre su presencia y enfermedades específicas en la población. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que persisten importantes incertidumbres y que se requiere mayor investigación.

¿Reciclar es suficiente?

Ante la dimensión del problema, el reciclaje suele presentarse como una de las principales soluciones. Sin embargo, para el investigador constituye solamente una parte de la respuesta. “El reciclaje no es suficiente”.

Una de las razones es que el consumo mundial de plástico continúa en crecimiento. Aunque algunas empresas han reducido la cantidad de material utilizado en cada envase, por ejemplo, mediante botellas de PET cada vez más delgadas, esto no necesariamente significa que disminuya la cantidad total de plástico utilizado por la industria.

De hecho, de acuerdo con datos del Global Commitment impulsado por la Ellen MacArthur Foundation y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, entre 2018 y 2023 el mercado mundial de envases aumentó alrededor de 8 % su uso de plástico virgen, a pesar de los esfuerzos de reciclaje y reducción desarrollados por algunas empresas.

Además, no todos los polímeros tienen las mismas posibilidades de ser reciclados. Mientras el PET tiene un mercado de reciclaje relativamente desarrollado, otros materiales no resultan económicamente atractivos para recuperar, como el poliestireno expandido, o presentan mayores dificultades por estar formados por varias capas de polímeros combinadas, en ocasiones, con otros materiales.

El propio proceso de reciclaje también tiene limitaciones. Algunas técnicas implican procesos químicos o térmicos, mientras que otras requieren triturar y moler los materiales, una actividad que puede generar partículas plásticas y representar riesgos para quienes trabajan en las plantas si no cuentan con las medidas y el equipo adecuado de protección.

Por ello, Delgado Ramos considera que la primera medida debe ser reducir el consumo y, en consecuencia, la producción de plástico. Después deben fortalecerse el reúso, el reciclaje, incluidos el suprarreciclaje y el reciclaje en cascada, la reparación y otras estrategias de economía circular.

Los bioplásticos tampoco son una solución mágica

Otra alternativa que ha cobrado fuerza es la producción de bioplásticos. El término incluye materiales de origen biológico, materiales biodegradables o aquellos que reúnen ambas características.

Existen diferentes tipos y algunos pueden biodegradarse en periodos considerablemente menores que los plásticos convencionales, aunque esto depende de su composición y de las condiciones ambientales o industriales necesarias para hacerlo.

Actualmente representan una fracción muy pequeña del mercado mundial. De acuerdo con datos recientes de European Bioplastics, la capacidad de producción de plásticos de origen biológico equivale aproximadamente a 0,5 % de la producción mundial de plásticos.

Además, su fabricación puede generar otros problemas, como la competencia por tierra y agua, recursos que también son necesarios para producir alimentos y para la subsistencia de la biodiversidad y los ecosistemas.

Existe otra dificultad: que un polímero sea de origen biológico no significa necesariamente que esté libre de sustancias potencialmente tóxicas. Al igual que los plásticos de origen fósil, algunos bioplásticos pueden requerir aditivos para modificar sus propiedades.

Por ello, es urgente establecer acuerdos internacionales que regulen o prohíban aquellos aditivos cuya peligrosidad esté suficientemente documentada. Las negociaciones para alcanzar un tratado mundial jurídicamente vinculante sobre contaminación por plásticos todavía no han logrado un consenso sobre el texto definitivo.

¿Qué podemos hacer?

Reducir el consumo de plástico no depende únicamente de las decisiones individuales. También es necesario transformar las reglas de producción y consumo e, incluso, la responsabilidad de las empresas.

Entre las medidas se encuentran fortalecer los sistemas de reúso y reciclaje, avanzar hacia modelos de economía circular, sustituir productos desechables cuando existan alternativas viables, regular sustancias peligrosas utilizadas como aditivos y establecer mecanismos de responsabilidad extendida del productor, mediante los cuales las empresas asuman una mayor responsabilidad por los residuos derivados de sus productos.

Las universidades también pueden desempeñar un papel importante

En el caso de la UNAM hay iniciativas relacionadas con la sostenibilidad, entre ellas proyectos de captación y potabilización de agua de lluvia, así como acciones encaminadas a la separación de los residuos y a disminuir el uso de envases desechables.

También consideró necesario establecer criterios de sostenibilidad cada vez más estrictos para las compras institucionales y para las concesiones de cafeterías y establecimientos de alimentos dentro de los campus, donde el unicel debería estar prohibido.

La Universidad tiene una capacidad particular para impulsar cambios de comportamiento tanto institucionales como individuales, debido a la cantidad de estudiantes, trabajadores e instalaciones que concentra.

Sin embargo, el cambio fundamental requiere una transformación cultural. La reducción del consumo de plástico no significa necesariamente regresar a una vida sin tecnología, sino cuestionar qué productos realmente necesitamos, cuáles pueden reutilizarse y en qué casos existen alternativas.

El plástico permitió afianzar la moderna sociedad de consumo, más cómoda y rápida, pero ello también ha tenido un costo ambiental y para la salud que ha quedado fuera de la ecuación económica y, en gran medida, también de la ecuación regulatoria, con ciertas excepciones como el caso de la Ciudad de México, que ha regulado diversos plásticos de un solo uso.

Después de poco más de un siglo de utilizar plásticos de manera masiva, el reto no consiste únicamente en impulsar mejores métodos para reciclarlos, sino en decidir cuánto plástico estamos dispuestos a seguir produciendo y consumiendo y, en consecuencia, a dejar como legado.

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El tití común, un aliado para entender el envejecimiento y abrir nuevas pistas contra el Alzheimer

Pequeño, ágil y de apenas unos cientos de gramos, el tití común se ha convertido en un aliado importante para la ciencia que busca entender una de las enfermedades neurodegenerativas más complejas: el Alzheimer.

No porque este primate desarrolle la enfermedad de la misma manera que una persona, sino porque comparte con los seres humanos numerosas características biológicas y permite observar, en un periodo de tiempo mucho más corto, algunos de los cambios asociados con el envejecimiento cerebral.

Este año, un equipo de investigadores del Instituto de Genómica de la Universidad de California en Santa Cruz, en Estados Unidos, publicó en la revista Cell un estudio que representa un avance importante para aprovechar ese potencial: la construcción de un genoma del tití común mucho más completo y preciso que los disponibles anteriormente.

Aunque el genoma del tití ya había sido secuenciado, las tecnologías anteriores dejaban regiones difíciles de identificar o ensamblar. El nuevo trabajo utilizó una estrategia conocida como secuenciación y ensamblaje telómero a telómero, que permitió reconstruir los cromosomas prácticamente de un extremo al otro.

Los telómeros pueden entenderse, de manera sencilla, como estructuras que protegen los extremos de los cromosomas. Al conseguir un ensamblaje de extremo a extremo, los investigadores pudieron resolver regiones del ADN que antes permanecían como auténticos “huecos”. El nuevo genoma incorporó alrededor de 88 millones de letras de ADN que no estaban bien resueltas en las versiones anteriores, lo que proporciona una referencia genética considerablemente más precisa.

¿Por qué es importante este trabajo en la lucha contra el Alzheimer?

El Dr. Luis Oskar Soto Rojas, maestro de la FES Iztacala y titular del LINEN (Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Enfermedades Neurodegenerativas), explicó que contar con un genoma más completo del tití permite localizar con mayor precisión genes, variantes genéticas y regiones reguladoras que podrían influir en la manera en que un organismo envejece y en su vulnerabilidad frente a determinadas enfermedades.

Esto resulta especialmente interesante en el caso del Alzheimer porque la edad es el principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad. El tití común tiene una vida mucho más corta que la humana, por lo que los investigadores pueden observar los cambios asociados al envejecimiento en una escala de tiempo más manejable.

Además, el Dr. Soto Rojas mencionó que el cerebro, el sistema inmunológico y el metabolismo de este primate presentan semejanzas importantes con los del ser humano, aunque también existen diferencias que deben tenerse en cuenta. Por esta cercanía biológica, el tití puede aportar información complementaria a la obtenida mediante organismos más alejados evolutivamente, como los roedores.

Otra de sus ventajas es que permite estudiar el envejecimiento de manera natural. En algunos modelos animales utilizados para investigar enfermedades neurodegenerativas se introducen modificaciones genéticas para producir determinadas características. En el tití, en cambio, es posible observar qué ocurre en su organismo y en su cerebro conforme envejece.

“Investigaciones anteriores han mostrado que los titíes de edad avanzada pueden presentar depósitos de beta-amiloide y modificaciones relacionadas con la proteína tau, dos elementos ampliamente relacionados con la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, esto no significa que los titíes la desarrollen. La enfermedad, en su forma clínica y patológica completa, es específica del ser humano”, comentó el titular del LINEN.

Un mapa genético con importantes coincidencias humanas

La utilidad del nuevo genoma se vuelve más evidente al comparar las regiones genéticas del tití con las relacionadas con demencias en humanos.

Los investigadores analizaron 81 regiones genéticas humanas asociadas con la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia. De ellas, 76 tienen regiones equivalentes en el tití.

Esta coincidencia abre posibilidades para estudiar cómo determinadas variaciones genéticas pueden relacionarse con el envejecimiento cerebral y con una mayor o menor vulnerabilidad frente a procesos neurodegenerativos.

Entre los genes señalados se encuentran ABCA7 y PLCG2, además de otro gen identificado en el estudio, relacionados con procesos importantes para el funcionamiento del cerebro, como la respuesta inmunológica, el metabolismo de grasas y colesterol y la eliminación de sustancias potencialmente dañinas.

En estos procesos tiene un papel central la microglía, un tipo de célula que forma parte del sistema de defensa del cerebro. La microglía participa en la vigilancia del tejido nervioso y en la eliminación de sustancias o estructuras que pueden resultar perjudiciales. Cuando estos mecanismos se alteran, pueden contribuir a la neurodegeneración.

En términos sencillos, humanos y titíes comparten una parte importante del “manual de instrucciones” biológico que interviene en estos procesos. El nuevo genoma permite leer ese manual con mayor precisión.

Una oportunidad para encontrar biomarcadores más tempranos

Esta información también puede ser útil para buscar biomarcadores tempranos.

En Alzheimer, detectar los cambios relacionados con la enfermedad antes de que exista una pérdida neuronal extensa es uno de los grandes objetivos de la investigación. Actualmente, uno de los biomarcadores que ha adquirido especial relevancia es la tau fosforilada en el residuo 217, conocida como p-tau217, que puede detectarse mediante una muestra de sangre.

El estudio del tití podría contribuir a identificar otros marcadores relacionados con los cambios que ocurren durante el envejecimiento y determinar cuáles podrían ser relevantes para la investigación de enfermedades neurodegenerativas.

“Esto podría aportar información sobre etapas previas a la neurodegeneración avanzada, incluida una etapa particularmente importante en humanos: el deterioro cognitivo leve, que puede aparecer antes de una demencia tipo Alzheimer y representa una posible ventana para intervenir de manera más temprana”, dijo el Dr. Oskar Soto.

La utilidad del modelo no está en afirmar que los titíes desarrollen deterioro cognitivo leve igual que los seres humanos, sino en permitir la investigación de los cambios biológicos que preceden al daño cerebral avanzado.

También puede ayudar a estudiar tratamientos

La información genética obtenida con este nuevo genoma podría tener utilidad no solo para comprender mejor los mecanismos relacionados con la enfermedad, sino también para explorar nuevas dianas terapéuticas.

Una de las dificultades del Alzheimer es que cuando aparecen los síntomas clínicos ya pueden haber ocurrido cambios cerebrales durante muchos años. Por ello, una de las grandes apuestas actuales consiste en intervenir lo más temprano posible.

En este contexto, un primate no humano como el tití puede aportar información complementaria a la obtenida mediante modelos computacionales, estudios celulares y otros modelos animales.

El objetivo sería evaluar mecanismos, biomarcadores y posibles estrategias terapéuticas antes de llegar a los ensayos clínicos en humanos.

Las limitaciones también son importantes

A pesar de su potencial, el nuevo genoma y el uso del tití como modelo tienen limitaciones que deben considerarse.

Los principales ensamblajes de máxima calidad obtenidos en el estudio proceden de dos individuos, un macho y una hembra. Aunque los investigadores utilizaron poblaciones más amplias para analizar otras variantes, todavía es necesario secuenciar más animales para representar adecuadamente toda la diversidad genética de la especie.

También es importante recordar que el tití no es un ser humano en miniatura. Aunque comparte numerosos genes y características con nuestra especie, existen diferencias en su metabolismo, sistema inmunológico, desarrollo, longevidad y en los mecanismos mediante los cuales aparecen determinadas alteraciones cerebrales.

Por ello, que un tití presente depósitos de beta-amiloide o cambios relacionados con tau no significa necesariamente que la secuencia de acontecimientos sea idéntica a la que ocurre en una persona con Alzheimer.

“Y hay una consideración fundamental: ningún modelo animal sustituye la investigación clínica en seres humanos. Los modelos animales son herramientas para responder preguntas que después deben comprobarse en las personas”, concluyó el Dr. Soto Rojas.

Una pieza más para comprender el Alzheimer

El valor principal de este trabajo no está en haber encontrado una cura para el Alzheimer. Su importancia está en proporcionar una herramienta mucho más precisa para estudiar la biología del tití y, a partir de ella, investigar procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.

El nuevo genoma puede facilitar el estudio de genes asociados con Alzheimer y otras demencias, ayudar a identificar biomarcadores, investigar diferencias individuales en la vulnerabilidad al envejecimiento y explorar posibles dianas terapéuticas. El tití es un modelo que puede servir como puente entre la investigación básica y el conocimiento de los mecanismos del envejecimiento y la neurodegeneración.

Y en una enfermedad en la que detectar los cambios y actuar antes de que el daño cerebral sea irreversible resulta cada vez más importante, ese puente puede convertirse en una herramienta de gran valor científico.

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¿Por qué es necesario realizar un testamento?

En general, cuando escuchamos la palabra testamento, inmediatamente la relacionamos con un proceso que nos acerca a nuestra muerte y nos obliga a pensar en sus consecuencias. Pensamos que es un proceso complejo, que lleva mucho tiempo y que puede ser costoso. Sin embargo, el testamento también puede entenderse como una forma de brindar certeza y tranquilidad a nuestra familia.

En México, cada septiembre se lleva a cabo la campaña nacional “Septiembre, Mes del Testamento”, impulsada por la Secretaría de Gobernación, los gobiernos de las 32 entidades federativas y el Notariado Mexicano. En 2026 se realiza la edición número 24, con costos preferenciales y facilidades para quienes decidan otorgar este documento.

El testamento es “un acto personalísimo, revocable y libre, por el cual una persona capaz dispone de sus bienes y derechos, y declara o cumple deberes para después de su muerte”, de acuerdo con el Código Civil Federal, cuya última reforma fue publicada el 14 de noviembre de 2025.

En entrevista, el profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM Miguel Ángel Beltrán explicó que realizar un testamento tiene muchas ventajas, pero que no hacerlo puede generar problemas para descendientes y posibles herederos.

“La gran ventaja de hacer el testamento es que yo decido a quién le quiero dejar mis cosas y cómo las quiero repartir. Si una persona no hace testamento, entonces es la ley la que decide esto. La ley dice que los llamados a heredar son los parientes más cercanos, la esposa, los hijos, los más cercanos. Pero a través de mi testamento yo puedo excluir a algunos e incluir a otros, o puedo fijar distintas proporciones”, expresó.

Cuando una persona muere sin haber otorgado testamento, se abre una sucesión legítima o intestamentaria y corresponde a la legislación aplicable determinar quiénes tienen derecho a heredar y en qué proporción. En términos generales, pueden ser llamados a la sucesión descendientes, cónyuge o concubina o concubinario, ascendientes y otros parientes, dependiendo de cada caso y de la legislación de la entidad federativa correspondiente.

Este procedimiento puede implicar más trámites, tiempo y gastos, especialmente cuando existe controversia entre las personas interesadas o dificultades para acreditar el parentesco.

“Esto deriva en más problemas. Supongamos que hay una persona casada y tiene hijos. Si fallece la pareja, el hecho de no definir quiénes son los herederos puede derivar en que los padres o hermanos del difunto piensen que tienen algún derecho de pedir algo, y no es así”, señaló.

Cuando no existe testamento, es necesario determinar quiénes tienen derecho a heredar. Para ello se debe acreditar plenamente el parentesco o lo que jurídicamente se conoce como entroncamiento con el autor de la sucesión.

“Hay que acreditar plenamente el parentesco o lo que se conoce como entroncamiento con el autor de la sucesión, es decir, con el difunto. Si hay algún error en el acta de nacimiento, algún nombre que no coincida exactamente, etcétera, es mucho más complicado”, añadió el también notario.

Posteriormente se designa un albacea, figura fundamental en el desarrollo de la sucesión. Aunque existe la falsa creencia de que el albacea es el “todopoderoso”, su función consiste fundamentalmente en administrar y proteger la herencia, elaborar el inventario, atender las obligaciones correspondientes y procurar que se cumpla lo establecido en el testamento o, cuando éste no exista, lo que determine la legislación civil aplicable.

“El albacea también tendrá acceso a los bienes del difunto con el fin de hacer un inventario de éstos. De esta manera sabrá cuáles son las deudas que dejó el autor de la sucesión, en su caso pagarlas y repartir lo que queda entre los herederos. Pero, y que quede claro, el albacea no es la autoridad, él no reparte el queso, reparte las rebanadas”, manifestó Miguel Ángel Beltrán.

¿Qué pasa con las deudas de quien fallece?

Una preocupación frecuente al hablar de herencias consiste en pensar que una persona podría recibir también las deudas del fallecido y verse obligada a pagarlas con su propio patrimonio.

El profesor Beltrán explicó que las obligaciones que forman parte de la sucesión deben atenderse con los bienes que integran la herencia.

“Primero se pagan las deudas que haya dejado el autor de la sucesión (difunto). Es muy importante señalar que las deudas se pagan con los bienes que haya dejado. Es decir, yo heredero de mi abuelo, no respondo con mis bienes por las deudas de él. Respondo con los bienes que me dejó; si los que dejó alcanzan para pagar sus deudas, perfecto; si alcanzan para pagar sus deudas y algo sobra, mejor”, declaró.

El Código Civil Federal establece que el heredero responde de las cargas de la herencia hasta donde alcance la cuantía de los bienes que hereda. Esto significa, en términos generales, que las deudas del fallecido no obligan al heredero a cubrirlas ilimitadamente con su patrimonio personal. Así lo establece expresamente el artículo 1284.

En algunos créditos también pueden existir seguros asociados que cubran el adeudo en caso de fallecimiento, aunque esto dependerá de las condiciones específicas de cada contrato.

¿Cómo es el procedimiento?

La idea de que hacer un testamento necesariamente implica un proceso complicado suele estar alejada de la realidad. El trámite puede ser relativamente sencillo, aunque sus requisitos y tiempos dependen de la legislación de cada entidad y de las circunstancias particulares de quien lo otorga.

Basado en su experiencia profesional, Miguel Ángel Beltrán explicó que regularmente comienza con una entrevista con el notario para que la persona manifieste su voluntad.

“Primero vas a la notaría y sostienes una entrevista con el notario, que suele tardar de treinta minutos a una hora, de acuerdo con lo que desees expresarle. A los dos o tres días, o a la semana cuando mucho, vuelves a la notaría para que firmes el documento que el notario redactará. Lo lees, y si todo está bien, lo firmas. Este proceso dura de cuarenta minutos a una hora. Es muy sencillo hacer un testamento”, comentó.

Una vez otorgado el testamento, el notario realiza los avisos correspondientes ante las autoridades competentes. Estos avisos permiten que, cuando fallezca una persona, pueda verificarse la existencia de disposiciones testamentarias y determinarse cuál fue el último testamento otorgado.

El testamento puede modificarse o sustituirse posteriormente, pues se trata de un acto revocable y libre. Si una persona cambia de opinión sobre sus herederos, legatarios o la distribución de su patrimonio puede otorgar uno nuevo, siempre que cumpla con las formalidades establecidas por la legislación aplicable.

Los costos varían según la entidad federativa. Durante la campaña nacional “Septiembre, Mes del Testamento” se ofrecen precios preferenciales en distintas partes del país.

En la Ciudad de México, por ejemplo, el Colegio de Notarios de la Ciudad de México informó que durante septiembre y octubre de 2026 el testamento tiene un costo de 3 mil 800 pesos, cantidad que incluye IVA y el aviso de otorgamiento de testamento. Algunas notarías de la capital también ofrecen atención durante los fines de semana de septiembre.

Modalidades de testamento

Las modalidades y formalidades de los testamentos no son idénticas en todo México, pues dependen de la legislación civil aplicable en cada entidad federativa.

Una de las modalidades es el testamento público abierto, que se otorga ante notario. La persona manifiesta su voluntad y el notario redacta el instrumento conforme a las disposiciones legales correspondientes. Posteriormente se da lectura al documento y, una vez que el testador manifiesta su conformidad, se firma en los términos establecidos por la legislación.

La campaña nacional “Septiembre, Mes del Testamento 2026” también informa sobre distintas modalidades testamentarias. Sin embargo, su regulación y disponibilidad dependen de la legislación que resulte aplicable en cada caso.

También existen disposiciones especiales para los testamentos otorgados por mexicanos en el extranjero. Quienes se encuentran fuera del territorio nacional pueden otorgarlos conforme a las disposiciones aplicables, incluyendo determinados actos realizados ante autoridades consulares mexicanas o de acuerdo con las formalidades reconocidas en el país en el que se encuentren.

Realizar un testamento no tiene por qué ser un trámite complejo. Además de permitir que una persona decida el destino de sus bienes, derechos y obligaciones, también facilita a sus familiares conocer con claridad cuál fue su voluntad.

Más que un documento asociado únicamente con la muerte, el testamento es una herramienta de previsión que puede reducir incertidumbres, evitar conflictos y dar mayor certeza jurídica a quienes deberán hacerse cargo de una sucesión.

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¿Fuera de tiempo? La huella humana tras el desajuste de los relojes biológicos

Publicado en: RDU UNAM

Autores: Cassandra Rubio Plascencia y Luis M. Burciaga

Fecha de publicación: 01 de febrero 2026

Resumen

En el interior de cada ser vivo late un mecanismo invisible de 24 horas: el ritmo circadiano. Este reloj biológico, sincronizado con la luz y la temperatura, es la brújula que dicta cuándo comer, migrar o reproducirse. Sin embargo, en un mundo saturado de luces artificiales, ciudades fragmentadas y contaminación química, esta maquinaria perfecta se está rompiendo. La crisis climática y la expansión urbana están “envenenando” el tiempo de la fauna, provocando desajustes que ponen en riesgo desde la polinización de nuestros alimentos hasta la supervivencia de ecosistemas enteros. Comprender estas perturbaciones no sólo es una cuestión de ciencia, sino una urgencia para restaurar la sincronía entre nuestra forma de vida y los ciclos naturales. Este desajuste nos marca la hora de actuar; sólo respetando los pulsos de la naturaleza podremos asegurar la vida en la Tierra.

Los relojes que gobiernan el mundo animal Despertar segundos antes de que el despertador rompa el silencio; sentir ese vacío en el estómago exactamente a la misma hora cada tarde. No es coincidencia: es la precisión de un engranaje invisible. Todos los seres vivos, incluidos los humanos, poseemos relojes internos que guían cambios cíclicos en nuestros procesos internos y conductas —la digestión, los niveles de hormonas sexuales, la frecuencia cardíaca y hasta el vaivén de nuestro estado de ánimo—. Cuando estos patrones duran alrededor de 24 horas, se conocen como ritmos circadianos (Harfmann et al., 2015). Estos ritmos permiten que los organismos se preparen para las oscilaciones de su ambiente, anticipándose a la luz solar, la temperatura o la disponibilidad de alimento (figura 1). Un ejemplo nítido se observa en los insectos polinizadores: su actividad máxima ocurre durante el día, justo cuando la luz y el calor aseguran el banquete de néctar y polen en las flores. Existen señales que sincronizan estos cronómetros internos con los ciclos del entorno, principalmente con el ciclo de luz y oscuridad. No obstante, otras señales ambientales ajustan la maquinaria: la temperatura, la comida disponible y las interacciones sociales, tales como la depredación o la competencia (Majumdar et al., 2015).

A lo largo de un período de 24 horas, existen patrones cíclicos en cada nivel de un organismo (curvas de color); ya sea en procesos celulares, en el sistema digestivo o en patrones de actividad locomotora. La orquesta celular y el desove del pez globo

En los animales, la influencia de estos ritmos alcanza el nivel más microscópico: coordinan procesos dentro de cada célula e incluso en el ADN. Los ritmos circadianos dictan el momento óptimo para ingerir alimentos y metabolizarlos; asimismo, regulan la secreción de hormonas críticas como el cortisol (asociado al estrés) y la melatonina (determinante para el sueño). Todo ello implica que el reloj biológico influye tanto en el funcionamiento interno como en comportamientos visibles: el patrón de descanso o la reproducción.

Diagrama de los relojes biológicos de los peces globo

En algunos peces globo, la reproducción está regulada por relojes biológicos internos que responden a señales ambientales, como el aumento en la duración del día durante el verano. Estas señales indican el momento ideal para desovar, cuando la temperatura del agua favorece la supervivencia de las larvas. Sin embargo, si se altera su ritmo circadiano, los peces pueden confundirse y desovar en invierno, cuando las condiciones no son óptimas; lo que reduce drásticamente las posibilidades de que sus crías sobrevivan.

A pesar de que los ritmos circadianos ayudan a los animales a adaptarse a su ambiente, estos pueden alterarse por diferentes razones; lo que causa una desincronización entre el ritmo interno del organismo y los ciclos de su entorno. En las personas, esta desincronización puede provocar daños a la salud (Hou et al., 2020). Seguramente te ha pasado: te desvelas por estar en tu celular, viendo una serie o revisando TikTok. Al hacerlo, la luz de la pantalla engaña a tu cerebro y retrasa esa señal natural de “la hora de dormir”. ¿Y cómo te sientes al día siguiente? Probablemente te duele la cabeza, estás irritable o simplemente no te sientes bien; todo debido a ese desajuste en tu reloj interno por exponerte a la luz artificial en horas que deberías estar durmiendo. Algo similar ocurre en los animales; por ejemplo, cuando se alteran los patrones de sueño y actividad de algunos roedores, estos presentan conductas similares a la depresión y la ansiedad (Walker et al., 2020). Y es que los ritmos de los animales no se alteran por sí solos. Nuestra presencia y nuestras actividades han tenido impactos críticos: iluminamos la noche con luces artificiales, llenamos el entorno de ruido constante y vertemos sustancias contaminantes en sus hábitats. Todo eso funciona como señales falsas que confunden a los relojes internos; alterando sus patrones naturales de actividad, descanso y reproducción, y con ellos, el equilibrio de los ecosistemas que habitan. Este fenómeno ha sido descrito por Bragazzi et al. (2022) como parte de una crisis global de salud planetaria, provocada por decisiones sociales y económicas que promueven un estilo de vida acelerado —centrado únicamente en el humano— que prioriza la expansión urbana y la explotación sin límite de los recursos naturales. Paisajes fracturados Además de todo el ruido, luces y contaminantes, otras actividades humanas —como la creación de carreteras y grandes construcciones— fragmentan las áreas naturales; aislando a los animales en cada pequeño “pedazo” de lo que era su hábitat. Esta división, conocida como fragmentación del hábitat, puede causar un desajuste de los ritmos de muchos animales y, aunque aún son escasos, los estudios que abordan cómo esta alteración afecta sus ciclos muestran efectos preocupantes. Piensa en el caos que sería si la ciudad donde vives se divide con barreras que impiden el paso; lo cual dificulta que realices tus actividades, llegues al trabajo, encuentres comida o te reúnas con tu familia. Pues a eso se enfrentan algunas especies: en el sur de la Amazonia, por ejemplo, los armadillos y zarigüeyas deben cambiar el horario de sus actividades de acuerdo con el tamaño de los fragmentos que habitan (Norris et al., 2010). Algo similar se encontró en el oeste de California, donde los depredadores —como pumas, linces y coyotes— se volvieron nocturnos en áreas con una gran densidad de personas (Wang et al., 2015). Con todo el crecimiento urbano, ahora los animales tienen que cambiar sus horarios y mudarse a fragmentos de hábitat más pequeños para evitar a los humanos; por lo que se les complica más encontrar refugios y alimentos disponibles por la reducción de su área. Por si fuera poco, también se encuentran más cerca de zonas urbanas donde aumenta el ruido, las luces y la actividad humana; lo cual significa una amenaza y mayor estrés para ellos, obligándolos a cambiar sus horarios de actividad y quedando fuera de sincronía.

El tiempo envenenado

Los seres humanos hemos contaminado el ambiente, desde la generación de basura hasta la contaminación del agua y del aire que respiramos. Si los animales respiran o ingieren estas sustancias contaminantes, se pueden alterar sus relojes internos —como tejidos o proteínas— que necesitan para realizar sus procesos vitales. Distintos estudios indican que la contaminación por medicinas, pesticidas y metales provocan alteraciones generales en el ritmo circadiano en los peces o en alguno de sus órganos y células específicas. En especies como el pez mosquito, el pez dorado y el pez cebra, al estar en contacto con aguas residuales y sustancias químicas, dejan de ser activos durante el día y cambian sus patrones hacia una actividad nocturna. Además de esta alteración, los contaminantes generan en los peces distintos daños neurológicos, desequilibrios hormonales, afectaciones al sistema inmunológico y malformaciones en embriones; lo que pone en riesgo su reproducción y supervivencia (Melvin et al., 2016; Zheng et al., 2021; Buzenchi et al., 2024).

El calor que roba horas La actividad humana ha acelerado el cambio climático en las últimas décadas y estas variaciones están afectando profundamente a los seres vivos. La temperatura, tanto la corporal como la ambiental, influye directamente en los ritmos circadianos (Bragazzi et al., 2022). El cambio climático rompe la relación natural entre la duración del día y la temperatura, generando un desajuste para el que muchos organismos no están preparados; una desconexión que puede tener consecuencias importantes en el funcionamiento de sus relojes internos (Jabbur y Johnson, 2022; Prokkola y Nikinmaa, 2018). Aún se sabe poco sobre cómo estas variaciones afectan a los animales, pero un caso claro se observa en reptiles como serpientes, tortugas y lagartijas, que dependen de la luz solar para calentarse. Estos animales suelen tomar el sol en ciertas horas para “cargar energía” y salir en busca de alimento, para luego refugiarse en zonas sombreadas durante las horas más calurosas. Pero ¿te imaginas que el calor te robe la mitad del día y no te alcance el tiempo para nada? Así es como viven ahora algunos reptiles: las temperaturas aumentan más rápido y les obligan a acortar sus periodos de actividad. Con menos tiempo disponible, disminuye la comida que consiguen, se reduce su probabilidad de reproducirse y aumenta el estrés y la mortalidad de sus crías (Sinervo et al., 2024).

El efecto dominó La alteración de los ritmos circadianos en los animales puede afectar una o varias funciones esenciales que intervienen en los procesos que nos proveen de diversos productos y servicios. Pero, principalmente, también se alteran las redes entre organismos y elementos que mantienen vivos los ecosistemas; pues cada especie aporta funciones clave que van más allá de lo que obtenemos de ellas. Hay aves y murciélagos importantes en el proceso de polinización, ya que en sus migraciones facilitan la reproducción de algunas plantas (Pauw, 2019). Aunque hoy en día se implementan diferentes tecnologías y sistemas de polinización artificial, aún son complementos y no reemplazan por completo estas funciones y beneficios tan valiosos de los polinizadores. Así que, si el cambio climático altera los ritmos circadianos y la migración de aves y murciélagos, podría afectarse la polinización de plantas importantes en la producción de nuestros alimentos; reduciendo la cantidad de frutas, semillas y verduras que obtenemos. Mientras tanto, en el mar, si los relojes en los peces se desajustan, sus poblaciones pueden cambiar, así como sus horas de actividad. Los peces podrían desplazarse a aguas más alejadas de las costas, a aguas más profundas o incluso cambiar las horas en las que se alimentan. Todo esto es de gran importancia para los pescadores (Alós et al., 2017) y, si esta actividad se ve afectada, hay consecuencias económicas y en la oferta de pescado para nuestro consumo. Y no sólo los animales silvestres están en riesgo: también hay que cuidar a los de granja. Cuando su ritmo natural se altera, las vacas, cerdos y gallinas pueden enfermarse y dejar de reproducirse; disminuyendo la producción de leche, carne y huevos (Li et al., 2021). La alteración de los ritmos no sólo interrumpe procesos clave para la producción humana, sino que rompe el equilibrio de la biodiversidad. Los animales no valen sólo por lo que nos ofrecen; cada uno cumple un papel en su entorno, contribuyendo a la riqueza de selvas y bosques, asegurando que sobrevivan otras especies o aumentando la calidad del agua en los ríos y mares.

Sincronizar el futuro

Conclusión: Los ritmos circadianos en los animales están sufriendo las consecuencias de la actividad humana. Más allá de los avances al estudiar las extinciones, la pérdida de biodiversidad y los cambios en ecosistemas, también hay que prestar atención a los impactos que provocamos en los ritmos diarios de los animales. Estos ritmos controlan una gran cantidad de funciones y, si los relojes internos se desincronizan de las señales ambientales, no sabemos a detalle qué consecuencias tendrá para su salud y supervivencia. Además de considerar los posibles problemas para nuestra especie, se debe reconocer el valor que tienen los animales en el planeta por sí mismos y lo que aportan a los ecosistemas. Es necesario estudiar a fondo estas afectaciones para comprender la respuesta de cada ritmo biológico a diferentes tipos de estrés ambiental; con el fin de diseñar prácticas de manejo y explotación de recursos que respeten estos ciclos e integren el bienestar animal. Además, debemos modificar nuestros sistemas productivos —ajustando los horarios de trabajo, límites de ruido y niveles de iluminación— para respetar la sincronía de la naturaleza, así como impulsar políticas públicas que integren la investigación sobre los ciclos en cada planificación donde sea necesaria. Este desajustado reloj nos marca la hora de cuestionar nuestra forma de vida, donde se prioriza una expansión urbana sin límites, prácticas extractivas desmedidas y ritmos que no respetan los ciclos naturales. Debemos reconocer el valor propio de la vida silvestre, así como nuestra responsabilidad colectiva para actuar urgentemente y evitar los impactos negativos de nuestras actividades en cada ecosistema. Sólo así podremos proteger los ritmos naturales que son esenciales para la vida de los animales en la Tierra.

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Esquites: el corto de la FAD que conquistó un festival internacional de cine en España

Entre ideas, arcilla, foami moldeable, pequeños escenarios y cientos de fotografías, un grupo de estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM comenzó a tejer una historia que habla sobre la precariedad, la responsabilidad familiar y las exigencias de la vida diaria.

Lo que inició como un proyecto escolar para la materia de Laboratorio de Tecnología para Medios Audiovisuales e Hipermedia II terminó convirtiéndose en Esquites, un cortometraje que compitió en el Festival Educativo de Cine CINEDFEST 2026, realizado en Tenerife, España. El humor negro, la ironía y el particular sentido mexicano que atraviesa la historia convencieron al jurado y le permitieron obtener el reconocimiento como Mejor Cortometraje Internacional.

En una época en la que la inteligencia artificial puede generar imágenes, historias y materiales audiovisuales en cuestión de segundos, las creadoras de Esquites eligieron un camino mucho más lento: construir, mover, fotografiar, repetir y volver a empezar. En cada cuadro quedó una parte de su trabajo, de su paciencia y de su creatividad. Ese proceso artesanal terminó llevando una obra nacida en las aulas hasta un escenario internacional.

Un reconocimiento al talento universitario

El premio obtenido en Tenerife forma parte de una trayectoria que la FAD ha construido en este festival. La maestra Regina Citlalli Guerrero Rodríguez, quien imparte la materia mencionada anteriormente, ha sido una figura fundamental para que, en las últimas cuatro ediciones de la categoría Mejor Cortometraje Internacional, sus alumnos hayan obtenido premios en tres ocasiones.

Umbral (2023), Cuerdas Rotas (2024) y Esquites (2026) han logrado coronar una trilogía de éxitos que pone en evidencia que en esta institución se realizan trabajos de gran calidad y que existe un gran talento entre sus estudiantes.

“Es importante señalar que el reconocimiento no se limita al cortometraje ganador: también representa el resultado de un proceso de enseñanza en el que los jóvenes tienen la oportunidad de experimentar, desarrollar sus propias ideas y aprender a llevarlas hasta una producción terminada. No obstante, la intención es que las obras que se desarrollan no permanezcan únicamente como ejercicios escolares, sino que puedan llegar a otros públicos, participar en festivales y encontrar oportunidades más allá de las aulas”, explicó la maestra Regina.

Uno de los aspectos que distingue a Esquites de otros proyectos realizados dentro de la asignatura es el tiempo en que fue producido. Normalmente, los estudiantes cuentan con todo un semestre para desarrollar un proyecto de stop motion. Sin embargo, debido a ajustes en el calendario académico, en esta ocasión el equipo tuvo que realizar el cortometraje aproximadamente en dos meses.

El reto era considerable. Había que desarrollar la idea, escribir el guión, diseñar los personajes, construir los escenarios, elaborar la utilería, realizar las fotografías, animar, editar, incorporar el sonido y completar la postproducción. Todo ello mientras las estudiantes continuaban con el resto de sus actividades académicas.

La profesora reconoció que inicialmente parecía complicado alcanzar el resultado en un periodo tan corto, pero las estudiantes durante aproximadamente dos semanas trabajaron prácticamente todos los días, entre dos y cuatro horas para cumplir con su propósito. El resultado: un premio que fue posible gracias a la organización y, sobre todo, al trabajo colectivo.

¿Cómo se realizó el cortometraje Esquites?

Más allá de las condiciones de producción, Esquites comenzó con una búsqueda creativa en la que el equipo, integrado por Vanessa Rodríguez Pérez, Helly Aylin Figueroa Serafín, Andrea Monserrat Cazales Avendaño, Nidia Jazmín Córdova Gutiérrez y Daniela Guzmán García, combinó elementos surrealistas con referencias propias de la cultura mexicana.

Antes de llegar a la idea definitiva realizaron una lluvia de ideas en la que aparecieron distintas posibilidades relacionadas con leyendas populares y elementos de la vida cotidiana de la Ciudad de México.

La idea final surgió a partir de una reinterpretación de La metamorfosis, de Franz Kafka. Rodríguez Pérez había leído la obra y posteriormente encontró un video de stop motion inspirado en ella. A partir de ahí comenzó a imaginar cómo podía trasladar esa idea a un contexto mexicano y darle un significado diferente.

El resultado fue una historia que reflexiona sobre la manera en que las personas pueden ser valoradas de acuerdo con lo que producen y no necesariamente por lo que son.

“La transformación funciona como una metáfora de un sistema que puede desechar a quienes ya no considera productivos. Esta reflexión se encuentra acompañada por escenarios, situaciones y referencias que remiten a la vida cotidiana de la Ciudad de México”, agregó.

El cortometraje incorpora además un tono de ironía y humor negro que forma parte de su identidad y que permite abordar estos temas desde una perspectiva cercana a la cultura mexicana.

Stop motion: crear con las manos

Convertir esa idea en una obra audiovisual implicó que las integrantes del equipo asumieran distintas tareas y, al mismo tiempo, se involucraran en diferentes etapas del proceso. Aunque cada una tuvo responsabilidades específicas, la producción requirió que el trabajo se realizara de manera colaborativa.

Vanessa fue quien tuvo la idea central para crear el corto y elaboró el guion, además de participar posteriormente en su edición.

Helly tomó alrededor de 2 mil fotografías, realizó la animación 2D y participó en la etapa de postproducción. Durante esta fase, se encargó de revisar segundo a segundo cada toma para detectar pequeños errores, como elementos o piezas que se hubieran colado accidentalmente en alguna escena.

Daniela y Andrea se enfocaron en la construcción de escenarios y la elaboración de la ropa. Objetos del corto como la mesa, la caguama, los elotes, la mayonesa, el chile y otros elementos del puesto, que formaron parte de la utilería que aparece en la historia requirieron una gran cantidad de trabajo y detalle; su elaboración corrió a cargo de todo el equipo, pero especialmente de Nidia y Vanessa. Los elotes, por ejemplo, fueron construidos tallando uno por uno los pequeños granos.

Todo esto revela una de las características fundamentales del stop motion: detrás de cada segundo de movimiento existe una gran cantidad de trabajo que el espectador normalmente no ve.

La paciencia y el trabajo en equipo

Ese trabajo no sólo implicó resolver cuestiones técnicas; también puso a prueba la paciencia y la capacidad de colaboración de las estudiantes. En el stop motion, un personaje puede moverse apenas unos milímetros entre una fotografía y otra. Si algo se cae o cambia de posición accidentalmente, puede ser necesario repetir una parte de la escena.

Las estudiantes tuvieron que aprender a enfrentar esos errores y comenzar nuevamente cuando era necesario. También descubrieron la importancia de coordinarse y confiar en las demás integrantes del equipo.

Andrea, por ejemplo, señaló que antes de realizar el proyecto no tenía una dimensión clara de cuántas manos y cuánto tiempo se necesitan para producir incluso un minuto de animación. El proceso le permitió comprender que detrás de una película de animación existe una enorme cantidad de trabajo colectivo.

Para ellas, la experiencia también demostró que un proyecto de este tipo no puede depender de una sola persona. Mientras alguien manipula un personaje, otra puede encargarse de la cámara, otra de la iluminación y otra de los elementos de la escena. Las responsabilidades se van rotando de acuerdo con las necesidades de cada momento.

La confianza entre las integrantes fue, por ello, una de las claves para terminar el proyecto en un tiempo sumamente reducido.

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El orgullo de representar a la FAD y la UNAM

Todo ese esfuerzo tuvo para las estudiantes una recompensa que va más allá del reconocimiento obtenido en el festival. Recibir el premio significó también representar a la UNAM y a la Facultad de Artes y Diseño en un escenario internacional, y comprobar que el trabajo realizado en las aulas podía llegar hasta otro continente.

Nidia y Daniela describieron la experiencia como un motivo de orgullo y confesaron que aún les resulta difícil creer que un proyecto realizado como parte de una materia hubiera llegado hasta España.

El reconocimiento también fortaleció su confianza. Saber que otras personas valoraron su trabajo les dio un impulso para continuar desarrollándose en el ámbito audiovisual y buscar nuevos proyectos.

Reforzar un ideal académico

Ese orgullo se relaciona también con el propósito académico que está detrás de proyectos como Esquites. Para la maestra Guerrero Rodríguez, el premio representa un incentivo para continuar trabajando bajo un modelo que busca acompañar las ideas de los estudiantes, incluso cuando inicialmente parecen difíciles de realizar, hasta convertirlas en proyectos concretos.

“El objetivo es ayudar a que los estudiantes conserven la esencia de aquello que quieren expresar y, al mismo tiempo, incorporen los conocimientos y las retroalimentaciones obtenidas en el aula. La idea inicial es una semilla, que hay que cultivar, cuestionar, probar diferentes posibilidades y aprender nuevas técnicas. El resultado final es satisfactorio porque se ve cómo los estudiantes crecen durante ese proceso”, dijo.

De igual manera, algo que la llena de satisfacción es observar que posteriormente esas obras llegan a otros espacios y son reconocidas. En ese sentido, el premio obtenido por Esquites representa también la posibilidad de que un ejercicio académico encuentre nuevos públicos y espacios de exhibición.

Crear en tiempos de inteligencia artificial

La experiencia de Esquites adquiere una dimensión particular en un momento en que la inteligencia artificial está transformando la producción artística y audiovisual.

La profesora de la FAD reconoció que la IA es una herramienta valiosa que continuará desarrollándose y que puede ser útil para potenciar el trabajo creativo. Sin embargo, considera que su crecimiento también hace necesario recuperar el valor de los procesos tradicionales.

A su juicio, cada vez es más fácil encontrar materiales que tengan características similares porque fueron generados mediante herramientas de inteligencia artificial. Frente a esa homogeneización, el trabajo realizado de manera manual puede convertirse nuevamente en una forma de diferenciarse.

“Regresar al origen significa recuperar la experimentación, las técnicas tradicionales y el trabajo directo con los materiales. En el caso del stop motion, significa poner las manos en marcha, construir los objetos, moverlos y fotografiarlos uno por uno. La tecnología no tiene por qué desaparecer del proceso creativo. Puede utilizarse como una herramienta, pero la intención artística debe seguir siendo humana”, expresó.

Bajo esa misma perspectiva coincidieron las alumnas, quienes valoraron la experiencia de realizar este cortometraje de manera artesanal, es decir, haciendo que cada elemento y cada situación pasara por sus manos.

¿Qué enseñanza deja Esquites a otros estudiantes?

La experiencia de Esquites también dejó un mensaje para otros estudiantes: atreverse a mostrar sus trabajos. Las integrantes del equipo consideran que muchos jóvenes pueden dudar de sus propias capacidades o pensar que sus proyectos no son suficientemente buenos para participar en una convocatoria, pero su recomendación es comenzar por creer en la idea.

También consideran importante no desanimarse cuando otras personas no compartan una determinada visión creativa. En las carreras artísticas es normal encontrar diferencias de opinión, pero eso no significa que una idea deba abandonarse. El reto está en encontrar personas que comprendan la propuesta y puedan ayudar a desarrollarla.

De igual manera, destacaron que es importante confiar en el propio instinto y en el proceso creativo. Cada persona tiene una manera distinta de observar el mundo y esa perspectiva puede convertirse precisamente en el elemento que haga diferente un proyecto.

Por ello, invitan a quienes tengan interés en la fotografía, el cine, el video, la animación, el diseño o cualquier otra disciplina artística a intentarlo, atreverse y, sobre todo, disfrutar el proceso.

Un cortometraje universitario que llegó más lejos

El reconocimiento obtenido por Esquites demuestra que una idea nacida en las aulas puede trascender fronteras cuando se combina con creatividad, disciplina y trabajo colectivo. El cortometraje no sólo representa un logro para sus creadoras, sino también para la FAD y la UNAM, al confirmar que la formación universitaria puede convertirse en un espacio donde las ideas encuentran las herramientas necesarias para hacerse realidad.

Al final, Esquites deja una enseñanza que va más allá del premio: atreverse a crear, confiar en las propias ideas y compartirlas puede llevarlas mucho más lejos de lo que originalmente se imaginaba.

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Alumnos del CCH Naucalpan representarán a México en el Mundial de Gimnasia Aeróbica

Iker Argueta Valdés y Estrella Senovio Salazar ya saben lo que significa subir al podio. Han competido juntos en escenarios nacionales e internacionales, han conquistado títulos y ahora enfrentan un reto distinto: representar a México en el Campeonato Mundial de Gimnasia Aeróbica 2026.

Los alumnos del CCH Naucalpan consiguieron su clasificación en el Primer Rankeo Nacional de Gimnasia Aeróbica 2026, celebrado en Monterrey, Nuevo León. En septiembre viajarán a Pamplona, España, para competir en las modalidades individual y pareja mixta frente a atletas de distintos países.

Llegar hasta ahí ha requerido años de entrenamiento, disciplina y constancia. Pero también ha significado aprender a competir juntos, confiar en el otro y encontrar la manera de combinar la exigencia técnica de la gimnasia aeróbica con la expresión y el ritmo que caracterizan a este deporte.

El camino hacia el Mundial

Mucho antes de conseguir su boleto a Pamplona, ambos comenzaron a destacar en la gimnasia aeróbica y a sumar resultados que actualmente los colocan ante uno de los mayores retos de su carrera.

Iker inició en esta disciplina a los nueve años y, desde entonces, ha sumado múltiples campeonatos y su incorporación a la selección nacional. Entre sus principales logros destaca el título de campeón panamericano obtenido en 2022. Su desempeño también le valió el Premio Estatal del Deporte IMSS 2023, reconocimiento otorgado por su trayectoria y proyección deportiva.

Estrella, por su parte, ha destacado en este ámbito al subir al podio en distintas ediciones del Campeonato Panamericano de Gimnasia Aeróbica, entre ellas las celebradas en Cúcuta, Colombia, en 2022, y Lima, Perú, en 2023.

En 2024, ambos volvieron a colocarse en lo más alto del podio al conquistar la medalla de oro en la modalidad de pareja mixta, dentro de la categoría Age Group, con una puntuación de 16.350.

Estos resultados fueron parte del camino que los llevó a la competencia clasificatoria de este año: el Primer Rankeo Nacional de Gimnasia Aeróbica 2026, celebrado del 7 al 9 de abril en Monterrey, Nuevo León, con el aval de la Federación Mexicana de Gimnasia.

En este torneo, ambos atletas consiguieron el primer lugar en la modalidad de pareja mixta, mientras que en la competencia individual obtuvieron las calificaciones necesarias para asegurar su clasificación al Mundial.

En un minuto y medio hay años de preparación

Una rutina de gimnasia aeróbica es muy breve. Su duración oscila entre un minuto con 20 segundos y un minuto y medio. Sin embargo, en ese pequeño lapso se concentra una enorme cantidad de horas, días, meses e incluso años de entrenamiento.

Iker y Estrella entrenan de lunes a sábado alrededor de tres horas diarias. Además, debido a que pertenecen a distintos clubes, deben desplazarse y organizar sus horarios para poder entrenar juntos. Algunos días Estrella se traslada para entrenar con Iker y otros, Iker acude a Ciudad Universitaria, donde entrena Estrella. Los sábados realizan sesiones conjuntas con sus entrenadores.

Su preparación comienza con alrededor de 30 minutos de calentamiento y continúa con el trabajo específico de los elementos de dificultad que forman parte de la rutina. También realizan ejercicios de fuerza, corren, saltan la cuerda y practican las diferentes partes de la presentación.

Una de las actividades más exigentes es el entrenamiento de resistencia. En ocasiones realizan la primera mitad de la rutina completa, descansan solamente unos minutos y después ejecutan la segunda parte. El objetivo es acostumbrar al cuerpo a mantener la intensidad necesaria hasta el final de la competencia.

Todo este trabajo resulta todavía más complicado porque ambos deben combinar sus entrenamientos en diferentes clubes. Mantener el ritmo de preparación seis días a la semana requiere constancia y disciplina, pero también una gran capacidad para organizar su tiempo y continuar con sus actividades académicas.

Mucho más que movimientos y acrobacias

Una rutina de gimnasia aeróbica no se reduce a ejecutar movimientos. La preparación tampoco termina cuando los elementos técnicos están dominados.

Para Iker y Estrella, una de las mayores virtudes de este deporte es que cada rutina tiene un componente artístico y de espectáculo.

La música es una parte fundamental de la presentación, pero también lo son las expresiones faciales, la gesticulación y la expresión corporal. Los gimnastas deben transmitir emociones y energía al público mientras ejecutan movimientos que requieren fuerza, coordinación, flexibilidad y precisión.

Por ello, cada detalle debe ensayarse. No solamente se practica un salto o un elemento de dificultad; también se trabaja la manera de mirar, sonreír, expresar emociones y conectar con quienes observan la rutina. El resultado final es una presentación en la que el esfuerzo físico y la interpretación artística se combinan.

La confianza, su mejor aliada

Compartir este proceso también ha fortalecido una virtud que resulta fundamental cuando llega el momento de competir: la confianza.

“Durante los entrenamientos existen momentos difíciles: una rutina que no sale como esperábamos, un elemento que cuesta trabajo o simplemente un día en el que alguno de los dos no se siente bien. En esas situaciones, ambos sabemos que podemos contar con el otro”, dijo Iker.

Esa confianza será todavía más importante durante el Mundial. En una rutina de pareja, cada movimiento depende de la coordinación entre ambos. Un pequeño error puede afectar la presentación completa, por lo que necesitan confiar plenamente en su compañero.

Un sueño que se cumple

La participación en Pamplona representa para ambos un motivo de orgullo y también una gran responsabilidad. Ya han tenido la oportunidad de representar a México en competencias panamericanas, pero competir en un Campeonato Mundial significa enfrentarse a atletas de distintos países y, particularmente, a representantes de Europa con gran experiencia en esta disciplina.

Por eso, más allá de los nervios propios de una competencia de esta magnitud, sienten un profundo agradecimiento por la oportunidad. Para ellos, portar el nombre de México y del CCH Naucalpan en un escenario mundial es una experiencia que habían esperado durante mucho tiempo.

Su objetivo ahora es claro: llegar a la etapa final. Después de todo el trabajo realizado, quieren demostrar el nivel que han alcanzado y, si las condiciones lo permiten, buscar un lugar en el podio. Una medalla sería motivo de enorme orgullo, pero no constituye el único propósito de su participación.

“Clasificar a un Mundial era uno de mis mayores sueños dentro de la gimnasia. Yo soy una persona que se enfoca muchísimo en los resultados, pero ahora quiero disfrutar la experiencia y no permitir que la presión por obtener un resultado me impida valorar todo lo que significa estar ahí”, comentó Estrella.

El mensaje detrás del deporte

Para Iker y Estrella, practicar un deporte representa una oportunidad para conocerse, superar límites y aprender el valor de la disciplina y la constancia. Por ello, ambos jóvenes invitan a sus compañeros a intentar practicar alguna actividad física, incluso cuando exista la sensación de no ser suficientemente buenos o cuando pueda representar un reto para sus actividades escolares.

Ambos señalaron que el deporte les ha permitido aprender que el trabajo diario y el esfuerzo son necesarios en cualquier ámbito de la vida, pero también les ha ayudado a desarrollar resiliencia: entender que, incluso en los días difíciles, cuando hay cansancio, errores o malos momentos, es necesario volver a intentarlo una y otra vez hasta alcanzar los resultados esperados.

Listos para el gran reto

La competencia en Pamplona será una nueva oportunidad para Iker y Estrella de poner a prueba todo lo aprendido durante estos años. Frente a ellos estarán atletas de distintos países y uno de los mayores retos de su trayectoria deportiva.

Ahora solo queda salir al escenario, escuchar la música y hacer aquello para lo que llevan tanto tiempo entrenando: representar con orgullo a México y al CCH Naucalpan en una competencia internacional.

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Morelia conecta ciencia de materiales, nanotecnología e industria

  • La XXI Escuela de Ciencia de Materiales y Nanotecnología reúne a 95 estudiantes y académicos de diversas instituciones de educación superior.
  • Cinco cursos abordan aplicaciones relacionadas con biomateriales, aleaciones metálicas, energía solar, tomografía computarizada y propiedades magnéticas.

¿Qué determina que un material resista determinadas condiciones, responda a un campo magnético o pueda utilizarse en aplicaciones médicas? Parte de las respuestas se encuentra en la relación entre su estructura, composición y propiedades, uno de los ejes de la XXI Escuela de Ciencia de Materiales y Nanotecnología (ECMyN).

Organizada por la Unidad Morelia del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM) de la UNAM, la Escuela reúne a 95 estudiantes y académicos de diversas instituciones de educación superior. Su propósito es fortalecer la formación en ciencia e ingeniería de materiales y propiciar el intercambio de conocimientos entre estudiantes, especialistas y representantes del sector productivo.

La edición se realiza del 31 de agosto al 4 de septiembre en el Campus Morelia de la UNAM. A lo largo de cinco días, sus participantes se aproximan a fundamentos teóricos, técnicas de caracterización, procesos de síntesis y posibles aplicaciones científicas y tecnológicas de distintos materiales.

Cinco áreas para comprender y desarrollar materiales

El programa académico está integrado por cinco cursos cortos. Sus contenidos abarcan la caracterización tridimensional de medios granulares mediante tomografía computarizada; el diseño y las aplicaciones de biomateriales en el ámbito de la salud; las técnicas de fundición y los procesos termomecánicos de aleaciones metálicas; la optimización de las propiedades magnéticas de las hexaferritas tipo M, y el estudio de la energía solar.

Estudiantes, académicos y especialistas participan en la XXI Escuela de Ciencia de Materiales y Nanotecnología, organizada por la Unidad Morelia del IIM de la UNAM.

Las actividades son impartidas por Luis Rafael Olmos Navarrete y Ena Athenea Aguilar Reyes, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; Gabriel Ángel Lara Rodríguez, del Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM; Azdrúbal Lobo Guerrero Serrano, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, y Hermelinda Servín Campuzano, de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán.

Los cursos fueron diseñados para estudiantes de licenciatura y posgrado y ofrecen una perspectiva multidisciplinaria sobre la manera en que se estudian, diseñan y transforman los materiales. Además de complementar su formación, la Escuela busca acercar a sus participantes a grupos académicos nacionales e internacionales.

Del conocimiento científico a la colaboración con la industria

El programa también incorporó el XVII Foro de Vinculación Universidad-Industria, orientado a explorar las posibilidades de colaboración entre instituciones académicas y el sector productivo.

En este espacio participaron Manuel Omar Mondragón Sánchez, director de planta de Scribe México; Berenice Hernández Servín, ingeniera de proyectos especiales de AAK México; Eduardo Ríos Patrón, e Iskra Yunuen Correa Pérez, gestora y promotora cultural.

El encuentro abordó distintas formas de vinculación, entre ellas la prestación de servicios especializados, el desarrollo de proyectos conjuntos, el intercambio de estudiantes y otras modalidades de cooperación. Esta relación permite que el conocimiento generado en universidades y centros de investigación dialogue con necesidades y problemas concretos de distintos sectores.

Ismeli Alfonso López, jefe de la Unidad Morelia e investigador del IIM, explicó que la Escuela tiene como antecedente la primera edición internacional realizada en Morelia en agosto de 2005. Desde entonces, el encuentro se ha consolidado como un espacio de formación e intercambio en torno a la ciencia de materiales y la nanotecnología.

En su vigesimoprimera edición, la ECMyN mantiene ese propósito y fortalece la relación entre formación universitaria, investigación científica y aplicación del conocimiento.

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Nueva delimitación de la Zona Metropolitana del Valle de México

El miércoles 26 de agosto entró en vigor la nueva delimitación de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), que incluye las 16 alcaldías capitalinas, 59 municipios del Estado de México, ocho municipios de Hidalgo y Huitzilac, el único municipio de Morelos. La superficie de la nueva ZMVM es de casi 918 mil hectáreas.

“Desde 1998 se hizo una delimitación oficial de lo que se denomina Zona Metropolitana del Valle de México. Es muy importante delimitar las zonas metropolitanas porque con este concepto se trata de abarcar a una ciudad completa, independientemente de los gobiernos que la están administrando”, explica Daniel Pérez Torres, doctor en Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM y académico adscrito al Posgrado en Urbanismo.

Recuerda que desde la década de 1950 la Ciudad de México rebasó sus límites político-administrativos y comenzó a crecer hacia el Estado de México.

“Cuando ocurre esta expansión urbana fuera de la Ciudad de México comienza la metropolización. En este caso, municipios como Tlalnepantla, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Ecatepec, Cuautitlán y otros comienzan a interactuar con la Ciudad de México, por lo que se requieren políticas públicas más allá de los límites entre las dos entidades”, explica el investigador.

Esta situación comenzó a formalizarse a partir de 1976, cuando se publicó la Ley General de Asentamientos Humanos. En 2016 fue sustituida por la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, que establece mecanismos de coordinación y planeación para las zonas metropolitanas y conurbadas.

El investigador considera esta legislación uno de los instrumentos fundamentales para la institucionalización de las políticas públicas relacionadas con el desarrollo urbano, territorial y regional en México.

“El concepto de zona metropolitana implica que hay una interacción entre ciudades que rebasan sus límites político-administrativos. En general, en esta delimitación son muy importantes las personas que viven en municipios de entidades federativas distintas, que a diario se trasladan a trabajar en zonas de la ciudad principal y regresan a sus municipios a pernoctar. Esto lleva a que se considere que esos viajes cotidianos conformen el concepto de zona metropolitana”.

“En 1998 ya había una delimitación de la Zona Metropolitana del Valle de México conformada por 75 demarcaciones: las 16 delegaciones del Distrito Federal, ahora alcaldías de la Ciudad de México, más 58 municipios del Estado de México y Tizayuca, municipio del estado de Hidalgo”, señala el académico universitario.

Con modificaciones posteriores, la delimitación vigente antes del 26 de agosto estaba integrada por 76 demarcaciones.

La nueva ZMVM incluye 84 demarcaciones: las 16 alcaldías de la Ciudad de México y 59 municipios del Estado de México. Hidalgo pasa de un municipio a ocho: Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Tepeji del Río de Ocampo, Tlaxcoapan, Tolcayuca, Tula de Allende y Villa de Tezontepec, que se suman a Tizayuca. Por primera vez se incorpora un municipio del estado de Morelos: Huitzilac. Ahora participan cuatro entidades federativas: Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Morelos.

De acuerdo con las proyecciones del Consejo Nacional de Población consideradas en la declaratoria, la superficie de la nueva ZMVM es de 917 mil 877.87 hectáreas, con una densidad de 2 mil 479 habitantes por kilómetro cuadrado, y en ella habitan casi 23 millones de personas.

La declaratoria señala, con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que la Zona Metropolitana del Valle de México genera aproximadamente el 25 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y concentra más del 21.4 por ciento de los establecimientos productivos del país.

Huitzilac y su importancia para el agua del Valle de México

“Huitzilac se incorpora a esta nueva ZMVM principalmente por su función ambiental. En ese municipio hay personas que van y vienen cotidianamente a la Ciudad de México, pero además, como es una región muy boscosa, tiene un papel muy importante en la recarga de los acuíferos. A este municipio, como a otros, se les considera como ‘bosques de agua’”.

La expresión “bosque de agua” se refiere a zonas boscosas que desempeñan un papel importante en los procesos de infiltración y recarga de acuíferos. Los aspectos hidrológicos y ambientales fueron considerados entre los criterios para la actualización de la delimitación metropolitana y la incorporación de Huitzilac.

Por esta función ambiental, explica el investigador, es importante que este municipio forme parte de las decisiones metropolitanas.

“Con la incorporación de Huitzilac se busca que las decisiones de esta ciudad gigantesca tomen en cuenta también a este municipio morelense”.

Fundación de México-Tenochtitlan

México-Tenochtitlan nació cuando los mexicas decidieron asentarse y fundar una ciudad en una isla del sistema lacustre del Valle de México, con extensas calzadas que la conectaban con tierra firme.

“Con grandes obras de ingeniería separaron el agua dulce del agua salobre, pero después de la Conquista los españoles tenían un modelo distinto de ciudad y desecaron los lagos, y con el tiempo en las zonas desecadas construyeron calles y construcciones de la nueva ciudad, y se tomaron decisiones que algunos pensaríamos que no fueron muy buenas”, dice Daniel Pérez Torres.

En la actualidad seguimos extrayendo agua y contamos con un sistema de drenaje profundo que lleva las aguas de desecho fuera de la cuenca del Valle de México. “Pero al mismo tiempo traemos agua de otras fuentes, como el río Lerma y el sistema de presas Cutzamala. De esta manera, por un lado traemos agua para consumir y, por otro, la sacamos de la cuenca del Valle de México”.

Todo lo anterior implica decisiones que van más allá de lo que pueden hacer únicamente la Ciudad de México y sus alcaldías. La ciudad se extiende hacia territorios de otras entidades, por lo que las decisiones deben considerar a los municipios que forman parte de la ZMVM y establecer mecanismos de coordinación para resolver problemas comunes.

“Para que tengamos una idea de esta nueva ZMVM, en las 16 alcaldías de la Ciudad de México habitan nueve millones de personas, pero en la zona metropolitana completa habitan casi 23 millones, es decir, hay 14 millones de personas en los municipios conurbados, y muchos de sus habitantes viajan todos los días a diferentes zonas de esta ciudad”.

La Ciudad de México

Aunque nueve millones de habitantes son muchísimos, debemos considerar que en la Ciudad de México se concentra una parte importante de las actividades económicas, así como empleos, escuelas, universidades y hospitales. Esto hace que diariamente numerosas personas se desplacen a la capital y luego regresen a sus lugares de origen.

“Para gobernar 84 demarcaciones en cuatro entidades federativas se requieren acuerdos entre ellas porque muchos problemas rebasan las capacidades de cada gobierno y, obviamente, tiene que intervenir la Federación”, señala el investigador. “En el decreto que se publicó se indica que la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano es la dependencia federal que se encarga de estos temas”.

“Quienes habitamos la Ciudad de México somos ciudadanos de la ciudad, pero al mismo tiempo también somos ciudadanos metropolitanos, ciudadanos de una ciudad de 23 millones con derecho a que ciertos problemas o temas se aborden a esa escala. No se pueden abordar sólo a escala local”, señala Pérez Torres.

Soluciones metropolitanas

Uno de los temas más importantes y urgentes es el transporte público. Desde distintas zonas de las entidades que integran la metrópoli, muchas personas tienen que utilizar un modo de transporte para llegar a un centro de transferencia modal (CETRAM) y, desde ahí, utilizar otro.

Un ejemplo de integración metropolitana es la Línea B del Metro, que cruza los límites entre el Estado de México y la Ciudad de México. Una persona puede abordar el sistema en estaciones ubicadas en Ecatepec y, con la misma tarifa del Metro, llegar a Buenavista o conectarse con otras líneas de la red.

Este tipo de integración todavía es limitado. Con una gobernanza metropolitana se busca identificar qué otras acciones deben realizarse en materia de transporte con una visión de conjunto. Los residuos sólidos y el agua son otros temas en los que se necesitan soluciones de este tipo.

Otro ejemplo planteado por el investigador es el emplacamiento de vehículos. Al existir diferencias entre los sistemas y requisitos de Morelos, la Ciudad de México y el Estado de México, considera necesario avanzar hacia criterios homologados y pensar los problemas vehiculares desde una perspectiva metropolitana.

Otro de los temas en los que ha habido avances es el programa Hoy No Circula. En materia de calidad del aire, la coordinación entre las entidades de la región permite establecer medidas comunes ante determinados niveles de contaminación, incluidas restricciones adicionales a la circulación durante las contingencias ambientales.

Este tipo de coordinación resulta necesaria para atender asuntos metropolitanos que involucran a las cuatro entidades federativas, sus municipios y alcaldías, así como a la Federación.

Desde 2025 se trabaja en la actualización del Programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México (POZMVM), en conjunto con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y las cuatro entidades federativas. La nueva delimitación de 84 demarcaciones es la utilizada para la actualización del POZMVM.

El programa contiene propuestas y lineamientos de política pública sobre ordenamiento territorial, movilidad, agua, medio ambiente, servicios e infraestructura, entre otros temas, con el propósito de mejorar la planeación de la Zona Metropolitana del Valle de México.

Los trenes de cercanía

Durante mucho tiempo, muchas personas que viven en Metepec y Toluca, en el Estado de México, y trabajan en la Ciudad de México sólo tenían la opción de utilizar sus vehículos particulares o los autobuses. Hoy pueden abordar el Tren Interurbano México-Toluca, El Insurgente, y llegar a Santa Fe u Observatorio en alrededor de una hora. Desde Observatorio pueden conectarse con otros sistemas de transporte de la Ciudad de México.

Con la entrada en operación del tramo Santa Fe-Observatorio, en febrero de 2026, quedó en funcionamiento el recorrido completo de El Insurgente, que conecta el Valle de Toluca con el poniente de la Ciudad de México.

Los proyectos ferroviarios hacia el AIFA, Pachuca y Querétaro también incrementarán la conectividad con la Ciudad de México y tendrán efectos que incluso pueden extenderse más allá de la zona metropolitana, hacia la región central del país.

Son acciones que consideran que estamos en una ciudad que es el principal motor de la economía del país. El Valle de México concentra cerca del 17 por ciento de la población nacional. A pesar de todos los problemas, como la contaminación y el tráfico vehicular, la Zona Metropolitana del Valle de México es un gran motor de la economía nacional.

El Programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México es un instrumento importante para enfrentar estos desafíos. Entre los retos considerados se encuentran ordenar el crecimiento urbano, proteger las áreas de valor ambiental y procurar una mejor distribución de la infraestructura, el equipamiento y los espacios públicos.

“Se debe buscar equilibrar esta situación, lograr una mejor proximidad, es decir, que la gente tenga actividades comerciales, servicios o empleo cerca de sus viviendas y no tenga que desplazarse tanto; se tiene que disminuir la duración y el número de los viajes. Todavía hay muchos retos”, finalizó el investigador.

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Nepal: una posible avalancha de hielo y roca muestra los riesgos de un planeta en calentamiento

El desprendimiento de grandes masas de hielo y roca registrado cerca de la frontera entre China y Nepal, que, de acuerdo con la información preliminar, habría provocado un flujo de escombros capaz de sepultar construcciones y elevar decenas de metros el nivel del agua en el cauce de un río, constituye un fenómeno de magnitud inusual cuya dinámica deberá estudiarse con mayor detalle.

Su análisis permitirá comprender mejor cómo interactúan estos procesos y generar información útil para fortalecer los sistemas de monitoreo y los protocolos de protección civil. A cinco días del suceso, la cifra de personas fallecidas supera las 900 y la de personas desaparecidas, las 4.000.

El evento ocurrió, además, en un contexto de fenómenos ampliamente documentados por la ciencia: el calentamiento global ha acelerado el retroceso y la pérdida de masa de los glaciares en distintas regiones montañosas del planeta.

“Todavía es muy temprano para saber exactamente cómo ocurrieron las cosas”, explicó Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.

De acuerdo con el especialista, la información disponible apunta a la interacción de varios procesos: el desprendimiento de hielo, el deshielo del glaciar y el descongelamiento del permafrost (capa de suelo, roca o sedimentos que permanece congelada a una temperatura de 0 °C o menos durante al menos dos años consecutivos), el arrastre de material rocoso, el posterior represamiento y la liberación súbita del agua.

Un fenómeno de magnitud inusual

En los últimos años se han registrado diversos desprendimientos y deslizamientos asociados con glaciares en regiones como los Andes, los Alpes y el Himalaya. Sin embargo, el episodio asociado con la inundación en Nepal destaca por el volumen de material involucrado.

Los grandes bloques de hielo que descienden por las laderas pueden arrastrar rocas de diferentes tamaños y materiales procedentes de los suelos permanentemente congelados, conocidos como permafrost. Al llegar a las zonas bajas, estos materiales pueden bloquear temporalmente el cauce de un río y formar una represa natural.

El agua del río se acumula detrás de esa barrera hasta que la presión provoca su ruptura. Entonces se libera un flujo que no está compuesto únicamente por agua: transporta hielo, rocas, sedimentos y otros materiales a gran velocidad.

En el episodio que afectó a Nepal, explicó Delgado Granados, el flujo pudo elevarse al menos 20 metros por encima del cauce y, posiblemente, alcanzar entre 40 y 50 metros en algunos puntos. Una masa de agua, rocas y sedimentos de esta magnitud puede superar y destruir puentes y caminos, e incluso sepultar edificios.

El calentamiento modifica las montañas

Para comprender por qué estos procesos adquieren cada vez mayor relevancia, es necesario mirar el fenómeno a escala planetaria. El incremento de la concentración de gases de efecto invernadero, asociado principalmente con las actividades humanas, ha provocado un aumento de la temperatura promedio anual global. Una de sus consecuencias más visibles es el retroceso de los glaciares.

A lo largo de la historia de la Tierra, los glaciares siempre han experimentado avances y retrocesos como parte de la dinámica natural del planeta. Sin embargo, el ritmo de pérdida de hielo se ha acelerado de manera particularmente importante desde alrededor de 1980 y, al inicio del siglo XXI, ya era evidente que los glaciares retrocedían a una velocidad inusual.

El problema no consiste solamente en que disminuya la superficie cubierta por el hielo. Los glaciares también pierden grosor.

Cuando aumenta la temperatura, el hielo se derrite y parte de esa agua puede infiltrarse hasta la base del glaciar. Esa presencia de agua lubrica el contacto entre el hielo y la base rocosa del glaciar y favorece un desplazamiento más rápido pendiente abajo.

El movimiento no es uniforme. El hielo puede fracturarse y generar grietas que permiten el desprendimiento de bloques cada vez mayores. Si esas masas comienzan a desplazarse hacia zonas inferiores, pueden incorporar rocas y otros materiales de la montaña.

Así, un cambio aparentemente gradual, asociado con el aumento de la temperatura, puede contribuir a modificar la estabilidad de sistemas glaciares completos y favorecer fenómenos repentinos.

La isoterma de cero grados centígrados también asciende

Uno de los conceptos que permiten entender esta transformación es la llamada línea de la isoterma de cero grados, es decir, la altitud aproximada en la que la atmósfera se encuentra a una temperatura de 0 °C, el punto de congelación del agua.

Por encima de la altitud marcada por esta línea, las temperaturas permiten conservar el agua en forma de hielo durante determinados periodos; cuando la isoterma asciende, las condiciones de congelamiento se desplazan hacia mayores altitudes y en las zonas debajo de esa línea el hielo pasa al estado líquido.

Esta línea imaginaria ha aumentado su altitud. Si asciende rápidamente hasta alcanzar o superar las zonas donde se encuentran los glaciares, estos se vuelven más vulnerables al deshielo.

La consecuencia puede ser una combinación de procesos: mayor fusión, presencia de agua en la base del hielo, aceleración del movimiento glaciar, fracturamiento y desprendimiento de bloques.

A esto se suma el permafrost, es decir, los suelos que permanecen congelados durante largos periodos. Cuando estos se descongelan, pueden perder estabilidad y aportar material adicional a los deslizamientos.

Además, existe otro problema: el permafrost almacena carbono. Al descongelarse, puede liberar gases de efecto invernadero, entre ellos metano, lo que añade una fuente adicional de calentamiento al sistema climático.

¿Qué ocurriría si desaparecieran las grandes masas de hielo del planeta?

La desaparición de los glaciares no ocurriría de un día para otro ni significaría que todos los cuerpos de hielo del planeta fueran a desaparecer simultáneamente. Pero la pérdida progresiva de hielo ya tiene consecuencias.

Los grandes mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida contienen enormes cantidades de agua congelada. Si hipotéticamente desaparecieran por completo, el nivel medio global del mar aumentaría decenas de metros, lo que transformaría radicalmente las costas actuales.

Las estimaciones sitúan ese incremento en cerca de 65 metros.

No se trata de un escenario que vaya a ocurrir en los próximos años. Sin embargo, sirve para dimensionar la cantidad de agua almacenada actualmente en las grandes masas de hielo del planeta y las consecuencias que tendría su desaparición.

Incluso aumentos mucho menores del nivel del mar representan riesgos importantes para ciudades costeras, puertos, infraestructura, viviendas y ecosistemas.

De hecho, el aumento del nivel del mar ya puede observarse en distintas regiones, y los reportes de monitoreo permiten seguir su evolución, particularmente en zonas del Golfo de México y el Caribe.

La ciencia frente a un fenómeno que todavía debe estudiarse

Para la comunidad científica, el episodio de Nepal representa una emergencia y, al mismo tiempo, un caso de estudio para comprender mejor la interacción entre los distintos procesos que ocurren en las montañas.

“Se confirma lo que se ha venido publicando y se ha venido diciendo acerca del cambio climático y sus consecuencias”, señaló Delgado Granados.

Pero confirmar la tendencia general no significa que pueda explicarse automáticamente cada episodio particular. Para saber exactamente cómo se desarrolló este episodio será necesario analizar imágenes, datos topográficos, el comportamiento del glaciar, las características del permafrost, el volumen de agua y el material movilizado, así como la evolución del cauce.

Crédito: Guoxiong Zheng, Universidad Lanzhou

Al día de hoy, se puede apreciar en las imágenes publicadas por medios serios que, efectivamente, el gran flujo de escombros se originó por el deslizamiento de hielo, rocas y sedimentos.

Aunque algunos grupos de trabajo no lo asocian directamente con el cambio climático, todavía es posible que el deshielo haya afectado al sustrato rocoso debido a procesos llamados periglaciales. Estos procesos pueden favorecer que, al fundirse el hielo, el agua de fusión percole entre las fracturas de la roca y, con los cambios de temperatura entre el día y la noche, que provocan ciclos de congelamiento y descongelamiento, actúe como una cuña que amplía dichas fracturas.

Este proceso pudo contribuir al fallamiento y desprendimiento de rocas, sedimentos y hielo.

La tecnología actual permite estudiar buena parte de estos procesos mediante observaciones satelitales. En algunos casos, es posible detectar movimientos de las masas de hielo y de las laderas antes de su colapso, así como dar seguimiento a cambios en su velocidad.

Esto podría contribuir a identificar zonas particularmente susceptibles a desprendimientos y flujos de escombros y, con ello, mejorar los sistemas de monitoreo para la reducción del riesgo de desastres.

El desafío, sin embargo, no corresponde únicamente a la ciencia. Es necesaria una comunicación rápida entre investigadores y autoridades para convertir el conocimiento científico en protocolos de protección civil.

Ante un flujo que desciende por un cauce, por ejemplo, una de las medidas fundamentales consiste en alejarse del río y dirigirse hacia zonas elevadas.

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FMVZ fortalece el bienestar animal con campaña de esterilización en Milpa Alta

La Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM participó en una campaña masiva de esterilización canina y felina realizada en San Antonio Tecómitl, en la alcaldía Milpa Alta. La jornada también incluyó servicios de vacunación antirrábica y desparasitación, con el propósito de contribuir al cuidado y bienestar de los animales de compañía.

Realizada el pasado 15 de agosto, la campaña fue resultado del trabajo coordinado de distintas áreas de la FMVZ. El Departamento de Medicina, Cirugía y Zootecnia para Pequeñas Especies, mediante la Coordinación de Enseñanza e Investigación Quirúrgica y la Unidad Móvil, estuvo a cargo de los procedimientos de esterilización.

Paola Velasco Espinosa, coordinadora de Enseñanza Quirúrgica de la FMVZ, destacó que la esterilización, además de ayudar a evitar camadas no deseadas, puede contribuir a prevenir padecimientos como la piometra y los tumores de glándula mamaria, así como algunas enfermedades oncológicas.

En la jornada participaron académicas y académicos, médicas y médicos veterinarios, residentes, ayudantes de profesor, prestadores de servicio social, estudiantes y personal de apoyo. Su trabajo permitió ampliar la atención veterinaria y acercar estos servicios a la comunidad. Como resultado de esta labor en conjunto, se vacunaron a más de 150 perros, se realizaron 349 desparasitaciones y casi 30 esterilizaciones.

Formación profesional con impacto social

De acuerdo con Diana Pérez Covarrubias, académica de la FMVZ, estas jornadas representan una oportunidad de formación profesional y de vinculación entre la Universidad y la sociedad. Los alumnos de servicio social y trabajo profesional, así como los ayudantes de profesor, se enfrentan a situaciones reales y ponen en práctica los conocimientos adquiridos durante su formación, particularmente en el área de pequeñas especies.

El aprendizaje también ocurre en el trato con los propietarios, a quienes orientan sobre el cuidado de sus animales y la importancia de la vacunación, la desparasitación y la esterilización. Para Pérez Covarrubias, este contacto permite a los estudiantes fortalecer sus habilidades de comunicación y comprender que el ejercicio de la medicina veterinaria implica no solo conocimientos técnicos, sino también la capacidad de generar confianza y promover una tenencia responsable.

La académica destacó que esta experiencia contribuye a formar profesionales más sensibles ante las necesidades de los animales y de las personas que los tienen a su cargo. En su opinión, reconocer que perros y gatos son seres sintientes que requieren atención médica, alimentación, protección y cuidados adecuados también ayuda a prevenir situaciones de abandono o negligencia y fortalece una cultura de responsabilidad.

El apoyo a la sociedad y a los animales

Mientras que para las académicas estas jornadas representan una oportunidad de formación estudiantil y servicio a la comunidad, para Alexis Vázquez Díaz la campaña significó una posibilidad concreta de ayudar a varios gatos que habitan cerca de su casa.

El joven explicó que algunos felinos comenzaron a acercarse a su domicilio y que, aunque ocasionalmente les proporciona alimento, no viven dentro de su casa ni son animales domésticos. Incluso, señaló, resulta difícil atraparlos.

Sin embargo, al darse cuenta de que una de las gatas había tenido crías, él y su familia decidieron intervenir para evitar que continuara la reproducción y aumentara la población de gatos en situación de calle. Para Alexis, esterilizarlos representa una manera de contribuir a su bienestar y evitar que el número de animales continúe creciendo.

Desde esa experiencia, el joven destacó la importancia de que la UNAM, a través de la FMVZ, acerque estos servicios a la comunidad. Consideró que las campañas representan una ayuda para las personas que buscan atender a animales que viven en situación de calle.

En esa misma línea, Marcela Pacheco Núñez compartió su experiencia. Además de Maya, una perrita que su familia encontró en situación de calle en San Andrés Mixquic, han dado hogar a varios gatos que rescataron en distintas circunstancias, algunos de ellos en condiciones vulnerables.

Para Pacheco Núñez, quien se enteró de la jornada a través de Facebook y de un grupo comunitario de San Antonio Tecómitl, la campaña destacó por la rapidez, organización y profesionalismo del personal. “La verdad es un servicio muy bueno, muy profesionales y la verdad muy atentos”, señaló al referirse a la atención recibida.

Las experiencias de Alexis y Marcela coinciden en que la UNAM, al acercar estos servicios veterinarios gratuitos a las comunidades, no solo facilita el acceso a la atención médica, sino que también fomenta una mayor responsabilidad hacia los animales y contribuye a prevenir la sobrepoblación y el abandono. Pacheco Núñez llamó a quienes tienen animales de compañía a brindarles los cuidados básicos que requieren, entre ellos la esterilización y la desparasitación. “Al final de cuentas son seres vivos y nos acompañan y nos dan mucho cariño”, expresó.

Medicina veterinaria que se acerca a la comunidad

La campaña de esterilización en San Antonio Tecómitl mostró cómo la colaboración entre la Universidad y la sociedad puede traducirse en beneficios concretos para los animales y las personas que los cuidan.

A través de la atención veterinaria, la formación de estudiantes y la promoción de una tenencia responsable, la FMVZ contribuye a prevenir enfermedades, reducir la reproducción no controlada y fortalecer el bienestar de perros y gatos. Al mismo tiempo, estas jornadas permiten que la comunidad participe activamente en el cuidado de los animales y encuentre en la Universidad un aliado para atender una problemática que también es de carácter social.

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¿Qué tienen que ver los bonos verdes con el transporte, el agua y la electricidad?

  • Parte de la infraestructura que usas todos los días en ciudades como la CDMX, fue financiada con algo más que impuestos

Tal vez no pienses en ello cuando subes al transporte público, cuando enciendes la luz en casa o recorres una carretera para salir de la ciudad, pero estos y otros servicios fueron financiados con algo más que impuestos.

Parte de la infraestructura que usas todos los días en ciudades como la capital mexicana, teleféricos, redes eléctricas, sistemas de agua o carreteras, se construyeron mediante deuda pública verde: recursos económicos que el gobierno obtiene en los mercados financieros nacionales e internacionales, para invertirlos en proyectos que benefician al ambiente y a la sociedad.

En un mundo marcado por el cambio climático y presupuestos públicos cada vez más limitados, el financiamiento se ha convertido en una herramienta que conecta tu vida diaria con la transición hacia una economía más sostenible. En ese contexto, los denominados bonos verdes, se han consolidado como instrumentos clave para transitar hacia una economía más sostenible.

¿Qué es el financiamiento verde?

El financiamiento verde se refiere, de manera amplia, a las inversiones destinadas a proyectos, productos, políticas e iniciativas que promueven el desarrollo sostenible y una economía ambientalmente responsable.

Víctor Ortiz y Marlene Martínez, de la Facultad de Economía, UNAM, explican que la llamada financiación climática, orientada a la mitigación y adaptación al cambio climático, tiene un amplio alcance de objetivos ambientales, desde la gestión eficiente del agua hasta el transporte limpio y la conservación de los recursos naturales.

Este tipo de financiamiento suele asociarse a proyectos de inversión sustentables, los cuales se caracterizan por una interacción positiva entre los factores ambientales y sociales, y las variables financieras tradicionales. Entre estas destacan el riesgo, entendido como la posibilidad de que la inversión no genere los resultados esperados y se produzcan pérdidas, y la rentabilidad, definida como la capacidad de un proyecto para generar beneficios cuando se desempeña de manera favorable.

Las finanzas sustentables parten de una idea sencilla: las decisiones que toman los gobiernos, las empresas y los inversionistas sobre los proyectos en los que invierten sus recursos pueden generar impactos más allá del ámbito económico. En ese sentido, se evalúa si dichas decisiones pueden ocasionar problemas ambientales, sociales o de gobernanza, como la contaminación de un río, la afectación a una comunidad o el incumplimiento de normas.

Desde la perspectiva legal, los riesgos tienen consecuencias relevantes, ya que pueden derivar en sanciones económicas, conflictos sociales o pérdidas financieras, lo que, en última instancia, puede comprometer la rentabilidad del proyecto o incluso llevarlo al fracaso en el largo plazo.

Bonos verdes: una herramienta financiera para la sostenibilidad

Dentro del universo de las finanzas verdes, los bonos verdes ahora ocupan un lugar central en la economía mundial. Específicamente son títulos de deuda emitidos por instituciones públicas o privadas, con el compromiso de destinar los recursos exclusivamente a proyectos verdes. Este tipo de iniciativas pueden ser nuevos o, si son ya existentes, refinanciables. Los proyectos refinanciados pueden ser renovados o mejorar su forma de financiamiento.

De acuerdo con la iniciativa de la Corporación Financiera Internacional (IFC), estos proyectos pueden desarrollarse en sectores como:

  • energías renovables
  • eficiencia energética
  • control y prevención de la contaminación
  • administración sustentable de los recursos naturales
  • conservación de la biodiversidad
  • transporte limpio
  • gestión sustentable del agua
  • adaptación al cambio climático
  • procesos y tecnologías de producción eficientes

En un artículo publicado en 2022, Irina Martínez expone que estos bonos tienen su origen en dos líneas fundamentales de acción: la sustentabilidad y la responsabilidad social. Para las pequeñas y medianas empresas (PyME), estos instrumentos representan una vía para acceder a mayores recursos financieros, principalmente desde el lado del inversionista.

De manera indirecta, los bonos también benefician a las empresas que colocan estos instrumentos financieros en el mercado, ya que mejoran su perfil de riesgo al ser percibidas como organizaciones más responsables, estables y con menor probabilidad de enfrentar problemas legales, sociales o ambientales. Además, fortalecen su reputación al ser vistas como entidades comprometidas con el cuidado del medio ambiente y el bienestar social.

Proyectos mexicanos financiados con bonos verdes

Aunque el mercado mexicano de bonos verdes se desarrolla con mayor lentitud en comparación con el global, los avances son significativos. Por ejemplo, dice la misma Irina Martínez, en el contexto latinoamericano, en 2020, México emitió alrededor del 16% de los bonos verdes, en el tercer lugar regional, después de Chile y Brasil. Los recursos recibidos permitieron financiar proyectos de gestión del agua, eficiencia energética y transporte sustentable, este último es el rubro con mayor asignación presupuestal.

En años recientes, dichos instrumentos verdes se han convertido en el motor financiero de proyectos concretos que impactan la vida cotidiana de millones de personas en México. Enseguida algunos ejemplos:

En diciembre de 2025, el Gobierno de la Ciudad de México emitió un bono verde por 3 mil millones de pesos para financiar las Líneas 5 y 6 del Cablebús, en alcaldías como Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Milpa Alta y Tláhuac. Estas líneas beneficiarán a cerca de 90,000 personas diariamente, de acuerdo con el reporte de la periodista Frida Sánchez, el cablebús es un sistema de transporte de cero emisiones que comunica zonas de difícil acceso.

La modernización de la línea 1 del metro de la Ciudad de México comenzó con un financiamiento por bonos verdes desde 2016 por mil millones de pesos y de 2 mil millones en 2017. Proviene de un bono sustentable, el cual contempla beneficios sociales y ambientales. El nuevo sistema de energía y la adquisición de nuevos trenes reducen el consumo energético en 35% y prometía mejorar la calidad del servicio para más de 500 mil usuarios diarios.

Agua y agricultura: FIRA

Los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) han utilizado bonos verdes para financiar más de 500 proyectos agrícolas, especialmente en Jalisco, Durango y Guanajuato. Estos recursos han permitido impulsar la agricultura protegida (invernaderos y macro túneles) y el uso eficiente del agua mediante sistemas de riego por goteo, beneficiando a más de 2,200 pequeños y medianos productores.

Modernización de la CFE

La Comisión Federal de Electricidad ha canalizado más de 64 mil millones de pesos provenientes de bonos verdes y sostenibles hacia 112 proyectos en todo el país. Explica Ulises Juárez que la mayor parte de estos recursos se destinó a la rehabilitación de hidroeléctricas y al mantenimiento de parques eólicos, evitando la emisión de poco más de 17 millones de toneladas de CO₂ y ampliando la cobertura eléctrica a más de 40,000 localidades rurales.

Así estos instrumentos representan una vía concreta para enfrentar los desafíos del desarrollo en el siglo XXI. En países como el nuestro, su expansión no solo fortalece el sistema financiero, sino que también busca construir un modelo de crecimiento más justo, resiliente y compatible con los límites del planeta.