La UNAM tiene plan: historia, patrimonio, energía solar y cultura para estos días
Redacción
junio 12, 2026
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La Universidad Nacional Autónoma de México mantiene una amplia programación de actividades académicas, culturales y de divulgación en distintas sedes y modalidades. Esta selección reúne solo una parte de la oferta disponible para los próximos días, con opciones para acercarse a la historia desde nuevas tecnologías, reflexionar sobre el patrimonio cultural de los pueblos originarios, conocer aplicaciones de la energía solar, fortalecer la formación profesional y visitar una exposición fotográfica en Ciudad Universitaria.
Hay propuestas en línea, presenciales e híbridas, pensadas para públicos diversos: estudiantes, especialistas, docentes, profesionistas y personas interesadas en ampliar sus horizontes. La invitación está abierta para revisar cada actividad, registrarse cuando sea necesario y aprovechar la programación universitaria.
Historia, redes y nuevas formas de mirar el pasado
El Simposio “Redes e historia: de los textos a los grafos” propone un diálogo entre historia, filosofía y ciencia de datos para explorar nuevas formas de estudiar el pasado. A partir del análisis de la Revolución Científica del siglo XVII, con especial atención en Johannes Kepler, la actividad abordará cómo se construyen las redes de conocimiento, la colaboración científica y los cambios de paradigma.
La cita será el 18 de junio a las 10:00 horas, en modalidad en línea. La actividad requiere registro previo.
El Seminario “Patrimonio cultural inmaterial de los pueblos originarios y su protección” busca abrir una reflexión sobre la importancia de reconocer y proteger el patrimonio cultural de los pueblos originarios desde una perspectiva de derechos humanos, especialmente frente a los retos que plantea la globalización económica.
Organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas, el seminario se llevará a cabo del 22 al 29 de junio a las 17:00 horas, en modalidad presencial y en línea.
Formación para contaduría, administración y áreas afines
Para quienes buscan reforzar bases profesionales, el Diplomado “Formación básica en contaduría, administración y áreas afines 2026” ofrece fundamentos en Contabilidad, Administración, Derecho, Economía y Matemáticas. Su objetivo es brindar herramientas que permitan a las y los participantes adentrarse con mayor profundidad en estas áreas de conocimiento.
El diplomado inicia el 22 de junio y se impartirá en modalidad en línea.
El Taller “Aprovechando la energía solar: secado y cocción de alimentos” combina sesiones teóricas y prácticas para conocer el uso de tecnologías solares en la conservación y preparación de alimentos. Las personas participantes podrán explorar los fundamentos de la energía solar, su aplicación en procesos de secado y cocción, así como técnicas de higiene e inocuidad para conservar la calidad de los alimentos.
La actividad se realizará en el Instituto de Energías Renovables, en Morelos, del 24 de junio al 3 de julio, en modalidad presencial y en línea.
En el terreno cultural, la exposición “Patrimonio. Agua y Fuego”, del fotógrafo mexicano Santiago Arau, reúne imágenes inéditas realizadas en el marco de los 700 años de la fundación de Tenochtitlan. En esta muestra, el agua y el fuego aparecen como fuerzas que han modelado el Valle de México y su memoria histórica.
La exposición puede visitarse en el Museo Universitario de Ciencias y Arte, MUCA, en Ciudad Universitaria, de martes a sábado, de 10:00 a 18:00 horas, y permanecerá abierta hasta el 27 de junio.
Simposio “Redes e historia: de los textos a los grafos”
Encuentro interdisciplinario sobre historia, filosofía y ciencia de datos, con énfasis en redes de conocimiento y la Revolución Científica del siglo XVII.
Grafito reciclado y energía solar: la tecnología de la UNAM Juriquilla para purificar agua
Pepe Herrera
junio 12, 2026
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La contaminación de ríos, lagos, presas y mantos acuíferos, sumada al creciente estrés hídrico que enfrentan diversas regiones del país, ha impulsado la búsqueda de nuevas alternativas para garantizar el acceso a agua de calidad. En la actualidad, más de diez ciudades mexicanas presentan niveles críticos de estrés hídrico, entre ellas Ciudad de México, Monterrey, Saltillo y San Luis Potosí.
En este contexto, el director del Laboratorio de Electrónica Flexible e investigador del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de la UNAM, Jorge Roberto Oliva Uc, desarrolla filtros para eliminar, fármacos, colorantes y herbicidas del agua, los cuales son elaborados con lufa, grafito reciclado de baterías. Algunos de estos filtros se activan con energía solar y otros pueden limpiar el agua por adsorción física con una eficiencia de al menos 95%. Por otro lado, estos filtros también se han probado para desalinizar agua de mar.
La investigación, que inició en enero de 2025 con financiamiento de la UNAM a través del proyecto IN103825, se desarrolla en colaboración con especialistas del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT), el Cinvestav Unidad Saltillo, el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica (CIDETEQ) y el ITESO. Esta colaboración multidisciplinaria busca generar una alternativa sustentable para el tratamiento y la reutilización del recurso hídrico.
Infraestructura insuficiente y nuevos contaminantes
Más allá de la crisis hídrica, la necesidad de desarrollar nuevos métodos de tratamiento responde también al deterioro de la infraestructura existente. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), México cuenta con 2 mil 642 plantas de tratamiento de aguas residuales; sin embargo, solo el 57 por ciento opera de manera óptima.
A ello se suma la presencia de contaminantes emergentes que llegan constantemente a cuerpos de agua y sistemas de drenaje. Entre ellos se encuentran colorantes textiles liberados durante el lavado de ropa, pesticidas y herbicidas utilizados en actividades agrícolas, así como residuos farmacéuticos provenientes de hospitales y hogares. Estas sustancias terminan infiltrándose en mantos acuíferos, ríos y arroyos, afectando la calidad del recurso y representan riesgos para la salud humana y ambiental.
Frente a este panorama, el equipo encabezado por Oliva Uc trabaja en alternativas más eficientes, económicas y sustentables para la descontaminación y reutilización del agua.
Una propuesta basada en la economía circular
Uno de los aspectos más innovadores de la iniciativa es su vínculo con los principios de la economía circular. En lugar de desechar baterías de litio o alcalinas agotadas (las cuales son consideradas como basura electrónica que contamina el ambiente), el grupo de investigación del Dr. Oliva recupera el grafito contenido en ellas para incorporarlo como componente principal de los filtros, reduciendo la generación de residuos y la necesidad de extraer nuevas materias primas.
La elección de este material no es casual. El grafito permite que las fibras adquieran una coloración negra capaz de absorber eficientemente la luz solar, elemento fundamental para el funcionamiento del sistema. Inicialmente, el material era recuperado de baterías pequeñas de teléfonos celulares y pilas convencionales. Sin embargo, el grupo de investigación comenzó a explorar nuevas fuentes, particularmente las baterías de vehículos eléctricos.
De acuerdo con el investigador, una batería de automóvil eléctrico puede pesar hasta dos toneladas y contener alrededor de mil 200 kilogramos de grafito, lo que representa una fuente abundante y estratégica de material reutilizable.
A este componente se suma el uso de fibras naturales biodegradables como la lufa, un recurso renovable de bajo impacto ambiental que contribuye a la fabricación de dispositivos más sostenibles. Los filtros también están hechos con plástico reciclado PET ayudando a disminuir el impacto ambiental asociado a los residuos plásticos y a reducir la contaminación por microplásticos.
Los tienen en su composición arcillas de bajo costo compuestas de mezclas de óxidos de hierro, manganeso, silica y calcio, materiales que mejoran el desempeño para la remoción de contaminantes.
Energía solar para limpiar el agua
Más allá de los materiales empleados, el funcionamiento se basa en la fotocatálisis, un proceso químico que utiliza la energía de la luz solar para eliminar contaminantes.
Cuando la radiación solar incide sobre el material fotocatalítico, éste absorbe energía y genera sustancias altamente reactivas conocidas como agentes oxidantes. Estas atacan a los contaminantes presentes, rompen sus moléculas y las transforman en sustancias más simples y menos dañinas, como agua, dióxido de carbono o sales minerales.
El uso de energía solar permite reducir el consumo energético y los costos de operación, al tiempo que aprovecha una fuente renovable prácticamente inagotable.
De esta manera, la investigación busca resolver simultáneamente dos desafíos ambientales: disminuir la generación de basura electrónica y desarrollar sistemas eficientes para la purificación del agua con materiales amigables para el ambiente.
Resultados prometedores
Las pruebas realizadas por el equipo han alcanzado niveles de descontaminación cercanos al 95 por ciento y eficiencias de hasta 85 por ciento en procesos de desalinización, resultados que amplían significativamente el potencial de aplicación de esta propuesta.
Con el avance de la investigación, el equipo evolucionó de pequeñas esponjas de laboratorio a unidades de mayor tamaño (filtros de 20 a 40 cm de largo) y funcionalidad. Para ello, incorporó las fibras naturales dentro de tubos fabricados con botellas PET recicladas y añadió arcillas de bajo costo obtenidas en Querétaro, las cuales mejoran la capacidad de filtración y optimizan el proceso de descontaminación.
Aunque aún permanece un pequeño porcentaje residual de contaminantes, el agua tratada puede reutilizarse en actividades como riego o uso sanitario sin representar riesgos significativos.
Del laboratorio a las comunidades
La iniciativa contempla una visión de corto y mediano plazo, y se espera que concluya en 2027.
La siguiente etapa consiste en llevar este desarrollo a aplicaciones reales. Con ese objetivo, el laboratorio trabaja en la construcción de una planta piloto automatizada capaz de recircular agua mediante sistemas de bombeo. La meta es sustituir los procesos manuales utilizados hasta ahora y desarrollar filtros de mayor tamaño, con tubos de uno o dos metros de longitud que permitan limpiar grandes volúmenes de manera continua.
Uno de los propósitos centrales es alcanzar capacidades de purificación de al menos 100 litros por hora. Esto permitiría reutilizar agua proveniente de lavadoras, fregaderos o duchas para actividades como descargar sanitarios, lavar utensilios e, incluso, eventualmente, para higiene personal.
Paralelamente, el grupo de investigación ya mantiene conversaciones con comunidades y organizaciones de San Luis Potosí que cuentan con sistemas de captación de lluvia en zonas rurales y escuelas. La intención es integrar estos filtros sustentables a los sistemas de recolección pluvial para que el recurso captado pueda limpiarse y reutilizarse localmente.
De consolidarse los resultados obtenidos hasta ahora, el sistema también podría representar una alternativa de menor costo frente a los métodos convencionales de purificación de agua basados en ósmosis inversa, los cuales requieren un elevado consumo energético y tienen alto costo.
Sustentabilidad para enfrentar la crisis hídrica
Esta investigación es un ejemplo claro de como la economía circular puede aplicarse para el aprovechamiento de materiales reciclados y junto con fibras naturales, se pueden fabricar filtros sustentables para la eliminación de contaminantes del agua.
Por tanto, la UNAM Juriquilla no sólo plantea nuevas alternativas para el tratamiento y reutilización del agua, sino que también demuestra cómo la investigación científica puede generar herramientas sustentables con potencial de aplicación en comunidades, escuelas y zonas con acceso limitado al recurso hídrico. Si las metas de escalamiento se cumplen en los próximos años, estos filtros podrían convertirse en una opción accesible para fortalecer la gestión del agua en distintas regiones del país.
Investigadoras explican a familias de Michoacán qué ocurre con los pozos de lodo
Fuente: Instituto de Geofísica Unidad Michoacán (IGUM) de la UNAM Morelia
junio 11, 2026
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Investigadoras socializan conocimientos sobre las manifestaciones termales (pozos de lodo) en el municipio de Ixtlán, Michoacán.
Destacan la importancia de traducir el conocimiento científico en herramientas útiles y comprensibles para la seguridad de la población.
Tras el fenómeno geotérmico ocurrido el pasado 26 de mayo en un domicilio particular de la comunidad de El Salitre, en el municipio de Ixtlán, un grupo de investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) acudieron a la localidad el sábado 6 de junio para compartir información clave y concientizar a la población sobre este fenómeno natural.
A través de infografías, una maqueta representativa de la geotermia, juegos didácticos y charlas, las académicas explicaron a la población sobre la naturaleza de la «poza de lodo», una manifestación geotérmica recurrente en la zona. El objetivo principal fue brindar herramientas claras para que la comunidad conozca su entorno, aprenda a convivir con estas manifestaciones hidrotermales y atienda de manera oportuna las indicaciones de las autoridades de protección civil.
Desde el inicio de esta contingencia, las expertas han trabajado de la mano con la comunidad y al respecto, la Dra. Ruth Villanueva, investigadora del Instituto de Geofísica Unidad Michoacán (IGUM) de la UNAM Morelia, destacó la relevancia de este acercamiento directo:
«Venimos un grupo de investigadores del IGUM y de la UMSNH precisamente a socializar con la comunidad qué es lo que ocurre en su entorno. Es fundamental socializar esto porque los habitantes conviven con este tipo de manifestaciones termales; si no las conocen, no se pueden cuidar ni protegerse ellos mismos. Por eso es importante que podamos usar un lenguaje claro para compartir lo que sabemos del fenómeno.»
Por su parte, la Dra. Gemma Gómez Castillo, también investigadora del IGUM UNAM Morelia, enfatizó que la devolución de resultados a las comunidades afectadas es un pilar ético de la labor universitaria:
«Como científicos de la UNAM, tenemos el compromiso de traer la información a las comunidades que están viviendo estos problemas; regresarles los resultados es una de nuestras principales actividades. Se trata de aterrizar la información para la gente, lo cual nos deja una gran satisfacción”
La Dra. Ericka Alinne Solano Hernández, profesora de la Licenciatura de Geociencias de la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia (ENES), coincidió con sus colegas en que el conocimiento es la mejor herramienta para la prevención y la seguridad de las familias de Ixtlán:
«Si la población conoce cuál es la causa de estos fenómenos, los puede comprender y, en consecuencia, atender mejor las indicaciones de protección civil. Desde la UNAM buscamos eso: explicar las cosas de forma clara y sencilla para que la gente pueda comprender. Ese es nuestro compromiso.»
Cabe destacar que, desde el momento en que se intensificó el fenómeno, este equipo de investigadoras universitarias ha trabajado en estrecha colaboración con la Dra. Ana Teresa Mendoza Rosas, Investigadora por México (SECIHTI) adscrita a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, logrando un frente común para investigar a fondo las causas del fenómeno y, al mismo tiempo, mantener informada a la ciudadanía de El Salitre de manera permanente.
Con estas acciones, la UNAM y la UMSNH refrendan su compromiso irrestricto de poner la ciencia al servicio de la sociedad, transformando el conocimiento técnico en un beneficio directo para la seguridad y el desarrollo de las comunidades michoacanas.
Decir ‘no sé’: el primer paso para aprender y descubrir
Título original: No saber
Publicado en: ¿Cómo ves?
Autor: Martín Bonfil Olivera
Fecha de publicación: Mayo 2025
junio 10, 2026
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Una de las cosas más difíciles para una persona es aprender a decir “no sé”.
Quizá sea por cómo somos educados desde la primaria: decir “no sé” parecería muestra de ignorancia, de que como estudiantes no repasamos la lección. El alumno que responde “no sé” a una pregunta de su profesor recibe un tache y miradas de reproche de sus compañeros.
Mucho peor si es el profesor quien responde así a la pregunta de algún alumno: significaría que es él, el encargado de educarlos, el que debería saber todas las respuestas, quien no estudió. ¡Vergüenza!
Y así, a lo largo de la vida, aprendemos que decir “no sé” cuando no sabemos es algo que deberíamos evitar. Como si reconocer la propia ignorancia fuera una deshonra.
Pero todo buen profesor sabe —y todo estudiante debería aprender— que decir “no sé” cuando se desconoce la respuesta a una pregunta no sólo no es algo de qué apenarse, sino que es, además de honesto, una oportunidad. El primer paso en el camino del conocimiento. Porque reconocer la propia ignorancia abre la puerta a la búsqueda de respuestas.
Claro: para que esto ocurra no se vale decir “No sé… y no me importa”. Hay que estar dispuestos a hacer algo por saber. Comenzar a pensar, a preguntar, a investigar, a ocuparnos en averiguar eso que no sabemos. Un buen profesor, después de responder “No sé”, añadirá inmediatamente “pero intentaré traer la respuesta mañana”, y se irá a buscarla a la biblioteca o a internet, o a consultar a sus colegas.
La ciencia también se topa con este problema. De vez en cuando surgen crisis que afectan las sociedades: pandemias, fenómenos climáticos, plagas agrícolas. Y si los investigadores científicos no pueden ofrecer una respuesta inmediata, si se atreven a decir “no sabemos”, con frecuencia son acusados de ser inútiles, de gastar mucho dinero en proyectos dedicados a estudiar cosas innecesarias, de no poder siquiera responder a las necesidades de la sociedad.
Pero en realidad lo que los científicos dicen es “aún no sabemos”. Construir conocimiento lleva tiempo y es laborioso. Se necesita explorar hipótesis y someterlas a prueba para saber que son confiables antes de proponer remedios basados en ellas. Lo único peor que una ciencia que no ofrece soluciones es una que propone soluciones inútiles o equivocadas.
De hecho, esta honestidad es una de las cualidades más poderosas del método científico. Sólo reconociendo las lagunas de ignorancia puede enfocarse la investigación científica en producir conocimiento confiable que las llene. Y lo mismo pasa cuando algunas de las respuestas que se proponen resultan erradas: reconocerlo es un paso indispensable para construir hipótesis mejores que nos lleven a soluciones que realmente funcionen. (Pensemos en las vacunas contra el covid-19 que, aunque tardaron, salvaron millones de vidas, en comparación con el dañino movimiento antivacunas.)
Reconocer la propia ignorancia es una virtud indispensable para todo científico… y todo estudiante.
En el 2070, millones de personas sentirán climas que la humanidad no ha experimentado en seis mil años. México es de los países que más se calentarán.1 Es difícil imaginar lo que viviremos, porque el calor no se siente igual en cada rincón de la Tierra. A veces se lo lleva el viento; a veces el aire caliente viene cargado de humedad y otras veces es seco. Los vientos y la humedad chocan con las montañas y producen microclimas diversos. Por ello, adaptarnos para sobrevivir dependerá de las condiciones de cada lugar.
Asombrosamente existe, por ejemplo, un sitio semiárido en una región tropical. Se trata del Valle de Tehuacán-Cuicatlán, que se extiende entre Puebla y Oaxaca. Es árido porque la humedad del aire del Golfo se precipita en Veracruz, en la Sierra de Zongolica, y el aire, ya seco, desciende hacia el Valle, la zona semiárida más biodiversa de América del Norte. Ahí viven cactus pequeñitos y otros grandes como postes y candelabros, magueyes variopintos, matorrales espinosos, aromáticas burseras, palo verde, acacias, mezquites y encinos. Las tunas rojas crecen a cinco metros del suelo en los cactus columnares.2 En época de secas, al probarlas, uno aprende que el líquido no fluye de la tuna al cuerpo, sino al revés. La fruta te chupa la saliva. Todo parece absorber agua de donde puede, incluso del aliento. Es de sabios mantener la boca cerrada al explorar una zona árida.
Hace unas décadas Gabriel exploró ese valle. “En equipos bajábamos por los acantilados buscando cactus pequeñitos, mamilarias del tamaño de un pulgar que viven a alturas inaccesibles. Con un calor insoportable, avanzamos un largo trecho entre un acantilado y la pared de la montaña, hasta que encontramos una enorme roca bloqueando el paso. Nos abocamos a moverla con un esfuerzo infructuoso y nos preguntamos si no sería más fácil subir la camioneta sobre la roca. El calor trastocaba nuestra lógica cuando pasaron tres campesinos con unos cuantos pulques en el espíritu. Regresaban de su jornada de trabajo, que había empezado desde las cuatro de la mañana para aprovechar las horas de menos calor. Muy amables, nos ayudaron con su fuerza y juntos logramos mover el monolito. Entonces uno preguntó: ‘¿Ustedes saben en dónde se sube la serpiente de agua que vive en las nubes?’ Nos quedamos atónitos. Mirando el horizonte, respondimos: ‘Se subirá allá, en las montañas’. Con una sonrisa, nuestros salvadores celebraron la respuesta: ‘¡Pues sí, ahí se sube!’, y apuntaban a lo lejos, a una montaña vestida de encinos.”
El Valle de Tehuacán-Cuicatlán tiene una historia biocultural longeva. Los arqueólogos han encontrado pozos, presas y canales con miles de años de antigüedad. Una red de estructuras hidráulicas irrigó el paisaje, desde las montañas hasta el valle. Son un testimonio de que sus habitantes se adaptaron y aprendieron a captar el agua, extraer su sal y distribuir el líquido a lo largo de kilómetros. Formaron diques para contener el escurrimiento y la erosión, lama-bordos o jollas —microclimas de suelo fértil y húmedo para la producción de policultivos de maíz, frijol, amaranto, calabaza, chile, aguacate y agaves.
“Tras dejar el monolito, avanzamos varios kilómetros y encontramos un camino más amplio donde bajaban camiones cargados de grandes troncos. Toneladas de madera extraídas de la montaña, dejando huecos despoblados de árboles en el horizonte verde.” ¿Ahora por dónde subirá la serpiente de agua?
“A la mañana siguiente, desayunamos en La Casa de la Abuela, un comedor manejado por mujeres que atienden comensales desde el alba. Los desayunos son abundantes —caldo de gallina, mole, tasajo, chilaquiles, atole, café de olla y pan dulce—, nutrientes ideales para las personas que regresan de las primeras horas del jornal. Desde el comedor se miran los vestigios de una estación del tren que en el siglo XIX transportaba la producción de azúcar.” Parece insostenible: ¿cómo mantener cultivos de caña si la planta necesita mucha agua para subsistir? Probablemente, el manejo prehispánico del agua ayudó a impulsar la posterior industria.
En la actualidad, los monocultivos y la deforestación continúan afectando el acervo biocultural de la región. La riqueza de la producción de mezcal se ha industrializado siguiendo estas prácticas devastadoras, amenazando su biodiversidad, su propiedad colectiva y los ecosistemas que los mantienen. Lugares donde se cultivaban los distintos agaves hoy se transforman en monocultivos de unas pocas especies, las más comerciales. Además, estas prácticas agroindustriales son nocivas para la salud de quienes utilizan herbicidas y fertilizantes sin la protección adecuada.
“Ese día, llegamos a un paraje del valle en donde el suelo era duro y blanquecino, y no había nada en el lugar donde debían estar los cactus, árboles y matorrales espinosos. ‘¿Por qué ya no crece nada en esta tierra?’, nos preguntó una señora residente de esos lares, mientras nos vendía tortillas gruesas y deliciosas hechas a mano. Contó que sus abuelos vivían en un vergel de encinos. Había abundante leña, sembraban caña de azúcar y criaban chivos y cabras. Ahora nada crece en el suelo. El agua se resbala y la tierra se seca.”
Sus palabras buscaban a los culpables. La descontrolada tala de árboles, los monocultivos y el sobrepastoreo rompieron el ecosistema —los inmigrantes europeos trajeron animales de pastoreo, como las cabras, que están bien adaptadas a los climas áridos de Irán y Turquía—. En conjunto, estas actividades desnudaron el suelo del valle y lo compactaron, reduciendo la infiltración del agua y aumentando la erosión. La degradación persistente de la biósfera hunde en las carencias a un pueblo y lo vuelve más vulnerable a las sequías y al calor. Preocupa lo que pasará en unos años, cuando el aire se caliente y las lluvias sean más dramáticas por el cambio climático. Entonces caerán lluvias torrenciales y granizo o nada, ni una gota.
* * *
A veces la ciencia usa palabras comunes que no tienen el mismo significado que en el lenguaje cotidiano. Usualmente, el calor se mezcla con la idea de la temperatura y se suele hablar del clima del día, cuando en realidad éste es un promedio, en una región y durante un periodo, de los estados diarios del tiempo. Por muchos años se pensó que el calor era un fluido invisible y no fue sino hasta mediados del siglo XIX que descubrimos que se trata de una forma de energía y que la temperatura es una propiedad que mide con un termómetro el equilibrio térmico.
Medio siglo más tarde, con el nacimiento de la física moderna, la mecánica cuántica y la relatividad, entendimos mejor cómo el calor afecta a los materiales. Y en 2021 la Real Academia Sueca de las Ciencias otorgó el Premio Nobel de Física al japonés Syukuro Manabe, al alemán Klaus Hasselmann y al italiano Giorgio Parisi porque “sentaron las bases de nuestro conocimiento sobre el clima de la Tierra y cómo la humanidad influye en él”.3 Sus fundamentales trabajos probaron que el clima es un sistema complejo, cuyo estudio requiere de un enfoque multidisciplinario, y en el cual las partes interactúan y producen propiedades emergentes.
Haber concedido el Premio Nobel a las ciencias de la complejidad fue un parteaguas en el desarrollo de esta disciplina, que desde 2015 se practica en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM.4 El cambio climático se estudia con la participación multidisciplinaria de investigadores de diferentes instituciones de la universidad y mediante la comunicación y retroalimentación con la sociedad, nuestro ecosistema. La ciencia nos ayuda a diseñar estrategias de conservación y de sustentabilidad. Tenemos todos, ciudadanos, instituciones y gobiernos, que tomar medidas para proteger el medio ambiente y cuidar los recursos de la única casa de la que disponemos, el planeta Tierra, para las generaciones que siguen.
Desde hace casi diez mil años, el clima global ha sido benevolente y estable: un periodo cálido dentro de una era de hielo. En este periodo, el Holoceno, se desarrollaron civilizaciones, tecnologías, ciencias y artes. Hace unos cuatro mil años o más, los pueblos mesoamericanos comenzaron a ingeniárselas para sobrevivir en el valle: domesticaron plantas e idearon redes de irrigación, salinas y terrazas de policultivos.5 Estas formas milenarias fueron más sostenibles que la transformación agrícola industrial y la revolución verde de los años sesenta y ochenta, a base de monocultivos y fertilizantes para alimentar a muchas personas. Estas prácticas modernas pueden destruir los suelos y arrebatar a la biósfera su capacidad de reciclar y capturar el dióxido de carbono, dejando libres en la atmósfera toneladas de este gas, producto de la combustión del petróleo, que mueve nuestras máquinas.6 El CO2 es un gas de efecto invernadero que calienta la atmósfera y, últimamente, desregula el clima.
Ahora, veinte años después de la expedición de Gabriel, en el Valle de Tehuacán-Cuicatlán se escucha el trabajo de manos que cuidan y se preparan para sobrevivir. Reconstruyen los diques, recolectan el agua, combaten los monocultivos y restauran lo perdido.7 La lucha es ardua y requiere leyes de protección, de trabajo colectivo, de ciencia y tecnología. Poco a poco se combinan saberes antiguos y nuevos para devolver lo arrebatado, en unas cuantas décadas, a esta biósfera prehistórica y milenaria. Algunas de estas historias pueden escucharse en el pódcast Historias complejas8. Las historias integran a la sociedad y la investigación. En el episodio sobre el mezcal, productores y productoras (la relevante participación femenina es muy reciente) de la región de este valle relatan sus experiencias y Alfonso Valiente, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, explica cómo el monocultivo y la extracción a mansalva pueden terminar con la gran tradición mexicana del mezcal y su riqueza biocultural.9 Finalmente, en colaboración con el Instituto de Energías Renovables de la UNAM, se propone una solución: construir sombra, fomentar la diversidad de plantas y, en lugar de quemar leña, usar celdas solares para la destilación.
Así como en Tehuacán, en muchas ciudades y estados de la República está aumentando la temperatura media de la atmósfera y nos estamos calentando más rápido de lo que alcanzamos a entender y de lo que podemos adaptarnos.
La pregunta de la señora —“¿por qué ya no crece nada en esta tierra?”— no surge sólo de ese valle. Es la misma que se hace alguien en Sonora frente a un río seco, otra persona en la Mixteca que carece de agua para los cultivos y otro más en la Ciudad de México bajo el granizo en marzo. Cambian los paisajes, no la pregunta.
El Climatón comienza en esa pregunta que se repite en cada territorio del país, de una a otra península. La UNAM y el Unicef convocan, mediante el Climatón, a los jóvenes de dieciséis a veintiséis años, de cualquier entidad de la República, a mirar de cerca los efectos del calentamiento global y el cambio climático en los lugares donde viven y a reunirse para idear soluciones.
En una edición previa del Climatón, un grupo de jóvenes se propuso comprender y resolver la sobrepoblación de gusanos cogolleros —la principal plaga del maíz a nivel mundial— en los campos mexicanos. El voraz insecto prospera en el calor: mientras más se eleva la temperatura, más se multiplican estos gusanos. Los agricultores utilizan plaguicidas (incluso aquellos clasificados como altamente peligrosos, PAP) para contenerlos. El uso de estas sustancias estropea la calidad de los alimentos que llegan a nuestras mesas y de los suelos donde éstos se cultivan. Por si fuera poco, los PAP ponen en riesgo las vidas de los campesinos, que suelen desmayarse tras usarlas.10 Ante ello, los jóvenes que concursaron en el Climatón recurrieron a la piperamida, proveniente de la pimienta negra. Su biopesticida no sólo es eficaz para frenar la plaga, sino que también preserva la salud del ecosistema y de los agricultores.
Otro buen ejemplo del Climatón son los Laboratorios Campesinos de Suelos, un proyecto ideado por un equipo de jóvenes a partir de sus experiencias en San Nicolás Totolapan, una zona ejidal en la Ciudad de México. Con los años, los ejidatarios han vendido sus tierras en busca de sustento, lo que ha contribuido a la expansión descontrolada de la urbe en esta parte de la capital. En el Climatón, este equipo planteó usar un instrumento de cromatología para analizar la calidad de los suelos: con estos resultados, los jóvenes asesoran a los agricultores sobre el tipo de cultivos que podrían prosperar en sus ejidos, de modo que no tengan que venderlos. Sus Laboratorios asumen la defensa del terreno fértil, de la tierra verde, en contra de la plaga del cemento.
Dentro del Climatón, los jóvenes tienen la oportunidad de identificar las causas y dinámicas del problema local que desean atender. Luego imaginan distintas soluciones que ponen a prueba para determinar cuáles funcionan, y descartar las que no son útiles. Poco a poco, la idea inicial toma forma hasta convertirse en un proyecto que se presenta y se discute con sus pares y con expertos. En este camino, su trabajo se cruza con el de especialistas que llevan años estudiando estos temas.
El Climatón ha producido acciones concretas contra la deforestación, la escasez de agua, el control de plagas, la desigualdad social, la movilidad, y para promover las energías renovables. Cualquier grupo de jóvenes que detecte en su territorio un problema ocasionado por el cambio climático y haya pensado en una posible solución, puede participar. En los últimos cinco años han participado 835 personas de veintiséis estados del país, con 226 proyectos que demuestran que ya hay soluciones en marcha
El costo de estar siempre conectados: cómo las TIC afectan el sueño y el bienestar
Pepe Herrera
junio 10, 2026
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Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han transformado la manera en que las personas se comunican, estudian y trabajan. Sin embargo, el incremento del tiempo frente a las pantallas también ha despertado preocupación por sus efectos sobre la salud física, mental y la calidad del sueño.
Durante la conferencia “Trastornos del sueño y mentales inducidos por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación”, el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, el maestro Marcos Verdejo Manzano y la estudiante Saori Rodríguez Espejo analizaron cómo la hiperconectividad puede afectar el descanso, el bienestar emocional y los hábitos cotidianos.
La luz de las pantallas y su impacto en el sueño
Uno de los efectos más documentados del uso nocturno de dispositivos electrónicos es su influencia sobre los mecanismos biológicos que regulan el sueño. De acuerdo con el Dr. Fructuoso Ayala Guerrero, cuando una persona utiliza el teléfono celular durante la noche, el cerebro puede interpretar erróneamente que todavía es de día.
Video “Trastornos del sueño y mentales inducidos por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación”, transmitido por UNAM Psicología el 3 de junio de 2026, con la participación de la Dra. Fructuoso Ayala Guerrero, el Mtro. Marcos E. Verdejo Manzano y la Est. Saori C. RodríguezEspejo.
Esta situación ocurre porque los dispositivos electrónicos modernos emiten luz azul, una longitud de onda capaz de influir de manera importante en el sistema biológico responsable de regular los ciclos de sueño y vigilia.
En la retina existen células especializadas que detectan este tipo de luz y envían señales al núcleo supraquiasmático, una región cerebral considerada el principal regulador del reloj biológico humano. A partir de esta información, el organismo ajusta múltiples funciones fisiológicas de acuerdo con las condiciones de iluminación del entorno.
Cuando estas células perciben la luz azul emitida por las pantallas durante la noche, el cerebro recibe una señal similar a la que produciría la luz solar. Como consecuencia, se inhiben procesos fisiológicos que normalmente preparan al organismo para el descanso, entre ellos la producción de melatonina, hormona fundamental para iniciar el sueño.
La disminución de melatonina puede provocar diversas alteraciones, como dificultad para conciliar el sueño, retraso en la hora habitual de dormir, despertares frecuentes durante la noche, sueño menos profundo y reducción del tiempo total de descanso.
Cuando estos hábitos se mantienen durante largos periodos, las alteraciones del sueño pueden volverse crónicas y dar lugar a síntomas característicos del insomnio, como fatiga persistente, irritabilidad, falta de energía y somnolencia durante el día.
Del descanso al desempeño diario
Sin embargo, las consecuencias de dormir mal no terminan al despertar. El sueño es una necesidad biológica esencial para el correcto funcionamiento del organismo y participa en procesos fundamentales relacionados con la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y la recuperación física.
Por ello, cuando una persona duerme menos de lo necesario o experimenta una mala calidad de sueño, su desempeño cotidiano puede verse seriamente afectado. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran la disminución de la atención, una menor velocidad para procesar información y dificultades para resolver problemas, explicó Rodríguez Espejo.
En el ámbito educativo, los estudiantes que descansan de manera insuficiente suelen presentar mayores dificultades para concentrarse en clase, comprender nuevos contenidos y recordar información previamente aprendida. Esto puede traducirse en menor rendimiento académico y disminución de la motivación hacia el estudio.
En el contexto laboral ocurre algo similar. La privación de sueño se relaciona con reducción de la productividad, aumento de errores, dificultades para la toma de decisiones y problemas de puntualidad. Además, la somnolencia incrementa el riesgo de accidentes laborales y de tránsito, especialmente cuando se conducen vehículos o se opera maquinaria.
Las consecuencias de la privación crónica del sueño
La falta de descanso adecuado no solo afecta el rendimiento diario. Diversos estudios han demostrado que la privación crónica del sueño puede tener repercusiones importantes para la salud física.
Entre las más relevantes se encuentran las enfermedades cardiovasculares. Dormir poco puede favorecer el aumento de la presión arterial, alterar la regulación del ritmo cardíaco e incrementar el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
Asimismo, la alteración de los ciclos de sueño afecta el metabolismo corporal. Las personas que descansan de manera insuficiente presentan una mayor probabilidad de desarrollar obesidad, debido a cambios hormonales que aumentan el apetito y favorecen el consumo de alimentos con alta densidad calórica.
También existe una asociación importante entre la falta de sueño y el desarrollo de diabetes tipo 2, debido a alteraciones en la sensibilidad a la insulina. A ello se suman desequilibrios hormonales que pueden afectar distintos procesos metabólicos, reproductivos y de crecimiento.
El sueño también desempeña un papel fundamental en el fortalecimiento del sistema inmunológico. El Dr. Ayala Guerrero explicó que, durante el descanso nocturno, el organismo activa mecanismos de reparación celular y produce sustancias que ayudan a combatir infecciones y controlar procesos inflamatorios.
Por esta razón, las personas que mantienen hábitos de sueño saludables suelen presentar una mejor respuesta inmunitaria frente a virus, bacterias y otros agentes patógenos. En contraste, la falta de sueño puede disminuir la eficacia de las defensas naturales del organismo, aumentar la susceptibilidad a enfermedades infecciosas y prolongar los tiempos de recuperación durante una enfermedad.
Cuando la conexión permanente genera ansiedad
Además de las consecuencias fisiológicas relacionadas con la falta de sueño, el uso excesivo de las tecnologías digitales puede afectar directamente la salud mental y emocional.
Las plataformas digitales están diseñadas para captar y mantener la atención de los usuarios mediante actualizaciones constantes, mensajes instantáneos y notificaciones permanentes. Esta dinámica favorece un estado continuo de vigilancia y disponibilidad que puede generar tensión psicológica.
Muchas personas desarrollan el hábito de revisar repetidamente sus dispositivos por temor a perder información importante, mensajes o acontecimientos relevantes. Este fenómeno se conoce como FOMO, por la expresión en inglés Fear of Missing Out, que puede traducirse como “miedo a perderse algo”.
De acuerdo con Rodríguez Espejo, el FOMO genera una preocupación constante por permanecer conectado y actualizado, lo que puede incrementar significativamente los niveles de ansiedad. Con el tiempo, la necesidad permanente de responder mensajes, revisar redes sociales y mantenerse disponible digitalmente puede producir agotamiento mental, irritabilidad, dificultades para relajarse y estrés crónico.
Atención fragmentada en la era de las notificaciones
La hiperconectividad también influye en la manera en que las personas gestionan su atención.
Las notificaciones digitales constituyen uno de los principales factores de distracción en la actualidad. Cada alerta sonora o visual desvía automáticamente la atención hacia un nuevo estímulo, incluso cuando la interrupción dura apenas unos segundos.
Aunque parezcan insignificantes, estas interrupciones obligan al cerebro a abandonar temporalmente la tarea principal para procesar información adicional. Posteriormente, la persona debe realizar un esfuerzo cognitivo para retomar la actividad original.
La repetición constante de este proceso puede disminuir la capacidad de concentración sostenida y afectar el rendimiento intelectual. A largo plazo, la exposición continua a estímulos digitales rápidos y cambiantes puede favorecer hábitos de atención fragmentada y dificultar la realización de actividades que requieren concentración prolongada.
Dependencia tecnológica y sistemas de recompensa
La tendencia a revisar constantemente los dispositivos no responde únicamente a la costumbre. También está relacionada con mecanismos cerebrales vinculados con la recompensa y la motivación.
Las redes sociales y muchas aplicaciones digitales utilizan sistemas diseñados para ofrecer retroalimentación inmediata mediante “me gusta”, comentarios, mensajes y otras formas de reconocimiento social.
Estas recompensas activan circuitos neuronales asociados con la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con las sensaciones de placer y satisfacción. Cada interacción positiva genera una experiencia gratificante que incentiva la repetición de la conducta.
Con el tiempo, algunas personas desarrollan una necesidad creciente de revisar continuamente sus dispositivos en busca de nuevas recompensas digitales. Este patrón puede evolucionar hacia una dependencia psicológica caracterizada por la dificultad para controlar el tiempo de uso, ansiedad cuando no se tiene acceso al dispositivo e interferencia con actividades importantes de la vida cotidiana.
Por ello, el uso problemático de las TIC no debe evaluarse únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla. Lo verdaderamente relevante es determinar si la tecnología está afectando el sueño, las relaciones sociales, el rendimiento académico o laboral, la salud emocional y la capacidad de autocontrol.
Las consecuencias físicas de pasar demasiado tiempo frente a las pantallas
Los efectos del uso excesivo de las TIC también pueden manifestarse a nivel físico.
Una de las molestias más frecuentes es la fatiga visual digital, provocada por la exposición prolongada a pantallas. Durante el uso de dispositivos electrónicos, las personas suelen reducir la frecuencia de parpadeo, lo que favorece la aparición de ojo seco, irritación ocular, visión borrosa y dolores de cabeza.
Asimismo, las posturas inadecuadas adoptadas durante el uso de teléfonos móviles y computadoras generan sobrecarga muscular en el cuello, los hombros y la espalda. Cuando estos hábitos se mantienen durante periodos prolongados, las molestias pueden convertirse en dolores crónicos.
A ello se suma el sedentarismo asociado con el tiempo excesivo frente a las pantallas. La disminución de la actividad física incrementa el riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diversos trastornos metabólicos.
Tecnología y bienestar: encontrar el equilibrio
A pesar de los riesgos descritos, el maestro Verdejo Manzano destacó que las TIC no son perjudiciales por naturaleza. Por el contrario, han generado avances extraordinarios en ámbitos como la educación, la salud, la investigación científica y la comunicación.
La educación a distancia ha ampliado el acceso al conocimiento para millones de personas; la telemedicina permite acercar servicios especializados a regiones alejadas, y numerosas aplicaciones facilitan el monitoreo de la actividad física, la calidad del sueño y otros indicadores de salud.
Por ello, el impacto de estas tecnologías depende en gran medida de la forma en que se utilizan. Un uso responsable puede potenciar el aprendizaje, la productividad y el bienestar; en cambio, uno excesivo o descontrolado puede generar consecuencias negativas para la salud.
Hacia hábitos digitales más saludables
La prevención de los efectos adversos asociados con el uso excesivo de las TIC requiere el desarrollo de hábitos digitales saludables. Entre las principales recomendaciones del Dr. Fructuoso Ayala Guerrero se encuentran limitar el uso de pantallas antes de dormir, establecer horarios de desconexión, desactivar notificaciones innecesarias y promover actividades recreativas que no dependan de dispositivos electrónicos.
Los especialistas también destacaron la importancia de que padres, docentes y profesionales de la salud orienten el uso de la tecnología en niñas, niños y adolescentes, una población particularmente vulnerable a los efectos de la hiperconectividad.
Asimismo, recordaron que debe evitarse el uso de teléfonos móviles mientras se conduce, ya que esta práctica incrementa significativamente el riesgo de accidentes debido a la distracción que genera.
Beneficios que traen desafíos
Más allá de sus beneficios, las TIC plantean nuevos desafíos para la salud y el bienestar. Aprovechar sus ventajas sin comprometer el descanso, la atención y el equilibrio emocional exige desarrollar una relación más consciente con la tecnología. En una sociedad cada vez más conectada, aprender a desconectarse también se ha convertido en una necesidad.
Guadalupe Amor: la poeta que convirtió el yo en incendio
Redacción
junio 10, 2026
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¿Qué se hace con una poeta que se llama a sí misma “la Diosa”, que conversa con Shakespeare, Sor Juana, Góngora y la Virgen de Guadalupe, que convierte el infierno en una propiedad privada y el amor en una arquitectura de espejos? ¿Cómo leer hoy a Guadalupe Amor sin reducirla al personaje fulgurante que fue, Pita Amor, la mujer deslumbrante, excesiva, teatral, y, al mismo tiempo, sin arrancarle a su poesía esa fuerza de aparición pública, de escándalo íntimo, de voz que no pide permiso?
Leer esta selección de poemas publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México es entrar en una obra que parece escrita desde un centro incandescente: el yo. Pero no un yo confesional en el sentido dócil del término, sino un yo que se inventa, se contradice, se eleva, se maldice, se corona y se despedaza. En Guadalupe Amor, la primera persona no es una comodidad autobiográfica: es un campo de batalla.
La nota introductoria de Roberto Fernández Sepúlveda recuerda que Amor comenzó a escribir relativamente tarde, a los veintisiete años, con un lápiz de cejas y una servilleta de papel. La escena tiene algo de mito de origen: una mujer que toma un instrumento asociado a la belleza y lo transforma en herramienta literaria; una servilleta, objeto pasajero, convertida en el primer territorio de una obra que no aceptaría la discreción. De ahí surgió una voz que muy pronto fue recibida como acontecimiento literario y social.
Pero ¿qué sostiene esa voz más allá de la leyenda? Sostiene, ante todo, una inteligencia formal. Guadalupe Amor escribe con una conciencia aguda de la tradición: sonetos, décimas, liras, metros clásicos que en sus manos no funcionan como jaula sino como escenario. La forma le permite al delirio adquirir filo. Sus poemas avanzan con una música reconocible, casi ceremonial, pero dentro de esa música ocurren choques inesperados: santos y demonios, matemáticas y deseo, cristos vengativos, cielos mexicanos, trenes paralelos, aves imposibles, espejos, abalorios, relojes, infiernos.
En “A mí me ha dado…”, la poeta declara su impulso de escribir sonetos como si se tratara de una manía luminosa. La comparación es reveladora: a otros les da por hacer sonatas, coleccionar objetos, repetir gestos; a ella le da por descubrir secretos, medir la luz, quebrar fulgores. La poesía aparece entonces no como adorno, sino como una forma de conocimiento. Amor mira el mundo para exagerarlo, sí, pero también para volverlo más visible.
Su universo está hecho de hipérboles. Todo parece ascender hacia un exceso: la locura es “portentosa”, el infierno es “eterno”, el amor es cárcel, la mente es platino, el yo se proyecta hacia lo divino y lo infernal. Sin embargo, esa grandilocuencia no es simple pose. En sus mejores momentos, el exceso es una estrategia para decir lo que el lenguaje moderado no alcanza. ¿Cómo hablar del deseo sin domesticarlo? ¿Cómo nombrar los celos, la pérdida, el orgullo, la devastación, sin volverlos pequeños? Guadalupe Amor responde con una apuesta radical: subir el volumen hasta que la emoción encuentre su verdadera escala.
Hay en estos poemas una teatralidad evidente, pero sería un error confundir teatralidad con superficialidad. El teatro de Amor es una forma de pensamiento. Cuando escribe “Yo mexicana infernal”, en el poema que establece un paralelo entre la Virgen de Guadalupe y Guadalupe Amor, no sólo provoca: interviene en los símbolos nacionales, se coloca frente a ellos, se mide con ellos. La poeta se mira en el espejo de lo sagrado y no se arrodilla: dialoga, desafía, inventa una genealogía propia.
Esa es una de las razones por las que leerla hoy resulta tan estimulante. Guadalupe Amor incomoda las categorías. No cabe del todo en la poesía religiosa, aunque Dios, Cristo, la culpa y la eternidad atraviesan su obra. No cabe del todo en la poesía amorosa, aunque el deseo y la ausencia la incendian. No cabe en el mero autorretrato, porque su “yo” es máscara, monumento, ruina y performance. Tampoco cabe en una idea dócil de lo femenino: su voz no busca agradar, busca imponerse.
En poemas como “Mi testamento”, “Mi derrota” o “Este infierno…”, la poeta trabaja con una materia oscura: la conciencia de la pérdida, la autodestrucción, el amor como condena. Pero incluso cuando se declara derrotada, su lenguaje no se rinde. Hay una energía verbal que se resiste a desaparecer. Amor puede hablar del abatimiento, pero lo hace desde una potencia casi barroca, como si cada verso levantara una arquitectura contra la nada.
Por eso esta selección es una puerta de entrada privilegiada. No exige conocer de antemano la biografía de Pita Amor, aunque inevitablemente despierte curiosidad por ella. Lo que ofrece, antes que nada, es una experiencia de lectura: el encuentro con una poeta que convirtió la tradición en combustión personal. Sus versos pueden desconcertar, fascinar, irritar, seducir. Esa mezcla es parte de su vigencia.
¿No es eso lo que esperamos de ciertos libros: que no se limiten a acompañarnos, sino que nos interrumpan? Guadalupe Amor no escribe para pasar inadvertida. Sus poemas entran en la habitación con una seguridad casi insolente. Pero detrás del gesto desafiante hay una pregunta más honda: ¿qué queda de nosotros cuando se apagan la belleza, el amor, la fama, el aplauso? Tal vez queda la voz. Tal vez queda la forma. Tal vez queda ese verso final en el que la poeta afirma que es más lo que ha callado que lo que ha publicado.
Leer a Guadalupe Amor es acercarse a una de las voces más singulares de la poesía mexicana del siglo XX: una voz excesiva, brillante, incómoda, dueña de una teatralidad que no disminuye su hondura, sino que la vuelve memorable. En tiempos que suelen premiar la discreción emocional y la escritura domesticada, su poesía recuerda que también existe otra posibilidad: escribir como quien lanza un reto al mundo.
Y aceptar ese reto, como lectores, puede ser una forma de descubrir que la poesía no siempre susurra. A veces entra en escena, mira de frente y arde.
La invitación queda abierta: entrar al sitio de Material de Lectura de la UNAM, buscar el volumen dedicado a Guadalupe Amor y dejarse llevar por esa voz que todavía incomoda, deslumbra y pregunta. El libro puede leerse aquí: https://materialdelectura.unam.mx/poesia-moderna/312-163-guadalupe-amor
Mitos y realidades de los desastres nucleares: una mirada científica
Pepe Herrera
junio 10, 2026
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Los desastres nucleares y radiológicos han sido, desde hace décadas, algunos de los eventos más relevantes y mediáticos en la historia de la tecnología moderna. Su sola mención suele evocar imágenes de evacuaciones masivas, zonas contaminadas y consecuencias de largo alcance, alimentadas tanto por hechos documentados como por una fuerte carga de mitos.
Casos como el accidente de Chernóbil, en la entonces Unión Soviética, o el desastre de Fukushima, en Japón, han marcado un antes y un después en la regulación, la percepción pública y el debate global sobre la energía nuclear. Sin embargo, la cobertura mediática de estos eventos no siempre ha distinguido con precisión entre riesgos inmediatos, efectos a largo plazo e interpretaciones alarmistas.
En este contexto, el doctor Benjamín Leal Acevedo, encargado de la Unidad de Irradiación y Seguridad Radiológica del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, impartió la conferencia “Desastres nucleares y radiológicos: mitos y realidades”, con el objetivo de analizar, desde la evidencia científica, los alcances reales de estos eventos y contrastarlos con las creencias más difundidas en la opinión pública.
A lo largo de su ponencia, el especialista abordó las diferencias técnicas entre una explosión nuclear y un accidente radiológico, así como el impacto real de la radiación en la salud humana y el medio ambiente. A partir de estos planteamientos, desmontó diversos mitos arraigados, como la idea de muertes instantáneas masivas o la supuesta esterilidad total de las zonas afectadas, sin minimizar la gravedad de los accidentes ni la importancia de la prevención y la transparencia informativa.
Desastres nucleares y radiológicos: mitos y realidades
Mito 1: “Nuclear” y “radiológico” son lo mismo
Realidad: aunque en el lenguaje cotidiano suelen utilizarse como sinónimos, en realidad describen fenómenos distintos.
Leal Acevedo explicó que lo nuclear se refiere a los procesos que ocurren en el núcleo del átomo, particularmente la fisión y la fusión, los cuales permiten la liberación de grandes cantidades de energía en reactores o en armas atómicas. En cambio, lo radiológico se refiere a la presencia o exposición a radiación ionizante proveniente de fuentes que no necesariamente implican una reacción nuclear en cadena, como equipos médicos, aplicaciones industriales o materiales radiactivos almacenados o en tránsito.
Esta distinción es clave, ya que los riesgos, los mecanismos de control y los escenarios de accidente son diferentes. Sin embargo, en la percepción social ambos conceptos suelen fusionarse en una sola idea de “peligro nuclear”, lo que contribuye a la generación de mitos y malentendidos.
Mito 2: Toda instalación nuclear es una bomba o puede explotar como una
Realidad: uno de los mitos más extendidos es la idea de que las instalaciones nucleares pueden comportarse como armas nucleares. Esta representación, alimentada por imágenes cinematográficas y mediáticas, no corresponde a la realidad técnica de un reactor.
Un reactor nuclear no está diseñado para producir explosiones, sino para mantener una reacción en cadena controlada y estable, donde la energía liberada se utiliza de manera gradual para generar calor y, posteriormente, electricidad.
En este sentido, el especialista señaló que es común confundir elementos visibles de las centrales nucleares, como las torres de enfriamiento, con el reactor mismo. Sin embargo, estas estructuras no forman parte del núcleo donde ocurre la fisión nuclear; su función es enfriar el agua utilizada en el sistema para permitir su recirculación.
El reactor, por su parte, se encuentra en una estructura altamente blindada, diseñada específicamente para contener la radiación y garantizar la seguridad del sistema.
Mito 3: Un accidente nuclear siempre es catastrófico y masivo
Realidad: para comprender los accidentes nucleares y radiológicos es necesario contar con herramientas de clasificación que permitan diferenciar su gravedad. En este sentido, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estableció la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos (INES), que clasifica los eventos del nivel 0 al 7, considerando el impacto en personas y medio ambiente, el daño a las barreras de seguridad y las fallas en los sistemas de control.
Gracias a esta escala, es posible entender que no todos los incidentes relacionados con radiación constituyen desastres. Existen eventos menores o fallas operativas sin consecuencias radiológicas significativas, aunque igualmente deben registrarse y analizarse para fortalecer la seguridad.
Sin embargo, la percepción pública suele verse influida por tratamientos mediáticos sensacionalistas que tienden a homogeneizar todos los eventos como catástrofes.
Entre los sucesos más graves clasificados en los niveles superiores de la escala INES destaca el accidente de Chernóbil, considerado el más severo en la historia de la energía nuclear.
El accidente fue resultado de una combinación de factores técnicos y humanos: un diseño inadecuado del reactor, un experimento realizado bajo condiciones inseguras y una cultura institucional que priorizaba la producción energética por encima de la seguridad. Sus consecuencias incluyeron la evacuación de grandes poblaciones, la contaminación de amplias zonas y efectos a largo plazo en la salud pública, explicó Leal Acevedo.
Años después, el mundo enfrentó otro evento de gran magnitud: el accidente de Fukushima. En este caso, la causa no fue un error operativo directo, sino un desastre natural extremo. Un terremoto de gran magnitud, seguido de un tsunami, superó las previsiones de diseño de la planta y provocó la pérdida de sistemas de refrigeración esenciales.
A diferencia de Chernóbil, la estructura de contención fue más efectiva, lo que permitió limitar en mayor medida la dispersión del material radiactivo. Sin embargo, el evento tuvo importantes consecuencias sociales y económicas, incluyendo evacuaciones masivas y un amplio debate sobre la gestión del riesgo.
Mito 4: La radiación mata de forma instantánea a cualquiera que se acerque
Realidad: la radiación ionizante puede causar daños graves a la salud, pero sus efectos dependen de múltiples factores: la dosis recibida, el tiempo de exposición, la distancia respecto a la fuente y el tipo de material radiactivo involucrado.
El especialista del ICN explicó que algunos radionúclidos tienen afinidades biológicas específicas. Por ejemplo, el yodo 131 tiende a acumularse en la tiroides, mientras que el estroncio 90 puede depositarse en huesos y tejidos internos. El cesio 137, por otro lado, suele dispersarse en el ambiente y contaminar suelos y cadenas alimenticias.
Es necesario aclarar que muchos efectos asociados con accidentes radiológicos no son inmediatos, sino acumulativos o de largo plazo. Incluso en casos graves como Chernóbil, las consecuencias incluyeron distintos niveles de exposición y afectaciones diferenciadas entre trabajadores, rescatistas y población civil.
Asimismo, destacó que algunos de los daños más severos ocurrieron entre los llamados “liquidadores”, quienes participaron en las labores de contención del accidente y estuvieron expuestos a dosis extremadamente altas de radiación durante periodos cortos.
Mito 5: Las zonas afectadas por radiación quedan completamente “muertas”
Realidad: uno de los imaginarios más frecuentes es la idea de territorios completamente inhabitables. Sin embargo, la realidad observada en zonas como Chernóbil es más compleja.
Aunque existen áreas con contaminación persistente y restricciones de acceso, también se han documentado procesos de recuperación ecológica. Algunas especies animales han logrado adaptarse y proliferar en ausencia de actividad humana.
Esto no significa que los riesgos hayan desaparecido. Persisten estudios sobre mutaciones, contaminación del suelo y efectos biológicos en distintas especies. La recuperación ambiental, subrayó el especialista, no elimina la gravedad del desastre ni sus consecuencias sanitarias.
Mito 6: Los accidentes nucleares ocurren únicamente por fallas tecnológicas
Realidad: aunque los aspectos técnicos son fundamentales, los accidentes nucleares también involucran factores humanos, administrativos y regulatorios.
En el caso de Chernóbil, el desastre fue consecuencia de una cadena de decisiones inseguras, protocolos deficientes y una cultura institucional que minimizaba los riesgos. La presión por mantener la producción energética y la falta de supervisión efectiva fueron elementos clave.
A partir de accidentes como este, la comunidad internacional fortaleció el concepto de cultura de seguridad, entendido como un conjunto de prácticas, valores y responsabilidades que priorizan la prevención de riesgos por encima de los objetivos operativos o económicos. Actualmente, los sistemas de seguridad nuclear incluyen entrenamiento constante, auditorías y mecanismos de transparencia para evitar la repetición de estos errores.
Mito 7: Todos los materiales radiactivos provienen de reactores nucleares
Realidad: existen múltiples fuentes de radiación en ámbitos médicos, industriales y científicos que no dependen de un reactor nuclear.
El doctor Benjamín Leal Acevedo mencionó el accidente radiológico de Goiânia, Brasil, ocurrido en 1987, donde una fuente médica de cesio 137 abandonada fue manipulada por civiles, lo que provocó una grave contaminación y varias muertes debido al desconocimiento del peligro.
De forma similar, recordó el caso de las varillas contaminadas de Ciudad Juárez, en 1984, cuando material radiactivo se mezcló con acero industrial tras el manejo inadecuado de una fuente de cobalto 60.
Estos casos evidencian que los accidentes radiológicos pueden ocurrir fuera de instalaciones nucleares y que la regulación estricta de fuentes radiactivas es esencial.
Mito 8: La energía nuclear solo es destrucción
Aunque los accidentes han dejado una huella profunda en la memoria colectiva, la energía nuclear sigue siendo una de las fuentes con menores emisiones de carbono y alta eficiencia en generación eléctrica.
Su viabilidad, sin embargo, depende de mantener estrictos estándares de seguridad, supervisión constante y transparencia institucional. “El problema no es únicamente la tecnología, sino cómo se utiliza, cómo se regula y cómo se comunica”, concluyó el doctor Leal Acevedo.
Una visión completa
A través del análisis de conceptos clave y de casos históricos como Chernóbil, Fukushima, Goiânia y Ciudad Juárez, se evidenció que los accidentes nucleares y radiológicos no pueden reducirse a explicaciones simplistas ni a narrativas exclusivamente catastróficas.
La comprensión de estos eventos requiere distinguir entre tipos de riesgos, niveles de impacto y condiciones específicas de cada incidente. Asimismo, la gestión del riesgo no depende únicamente de la tecnología, sino también de factores humanos, institucionales y culturales que influyen directamente en la seguridad.
En conjunto, es necesario desmontar mitos persistentes y promover una visión más informada, crítica y equilibrada sobre la energía nuclear y la radiación, en la que la prevención, la regulación y la transparencia sean elementos centrales.
Este 14 de junio se cumplen 40 años del fallecimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges.
“Cuando murió, en 1986, empezó una disputa por la construcción de su nombre. Estadísticamente, después de Cervantes y el Quijote, en nuestra tradición hispanoamericana no hay otro autor que sea tan citado, ni leído, ni consultado, ni estudiado, ni criticado, para bien o para mal, como Borges”, señala Alejandra Giovanna Amatto Cuña, investigadora y profesora de la licenciatura y el posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM. “La literatura hispanoamericana es una antes y otra después de Borges. Esto es algo que no sucede todos los días ni con todos los escritores”.
Para empezar, agrega, es muy importante mencionar que no podemos hablar de un solo Borges. Recordemos que hablamos de un autor muy longevo, quien nació en 1899 y murió en 1986, y que pasó por diferentes etapas.
El otro Borges, el primer Borges
“No es lo mismo el primer Borges, como lo llamó uno de los grandes borgistas que tenemos en América Latina y en México, mi maestro, el doctor Rafael Olea Franco, en su estudio El otro Borges. El primer Borges, que acaba de reeditar el Fondo de Cultura Económica. Comparto con él la pasión por ese primer Borges, diferente al Borges de los últimos años, el más leído, el más conocido”.
Al analizar la década de 1920, Olea Franco encontró que no es el mismo Borges el de Fervor de Buenos Aires, de 1923, que el Borges de 1944, de Ficciones, y el de 1949, de El Aleph.
“Lo primero que tendríamos que recordar, a 40 años de la desaparición de Borges, es que fue un escritor ‘todo terreno’, porque en esos tres grandes géneros, la poesía, el ensayo y el cuento, renovó la literatura hispanoamericana y, me atrevería a decir, mucho de la literatura universal”.
Borges y la literatura gauchesca
“Esa primera parte de Borges es de las que más me atrae”, señala. “De hecho, mi tesis doctoral la hice sobre la tradición gauchesca en los ensayos de Borges”.
Por ese lado, es muy interesante ver al joven Borges, quien regresó de Europa después del periplo familiar en el que buscaban ver cómo avanzaba la enfermedad oftalmológica del padre, la misma que su abuelo tuvo y que él padecería. Este viaje sorprende a la familia en plena Primera Guerra Mundial.
Borges regresa con el deseo de integrarse a la cultura argentina, de explorar el criollismo un poco trasnochado, básicamente porque los movimientos vanguardistas ya tienen mucha influencia en la Argentina de esos años. Incluso, llega con la novedad del ultraísmo, un movimiento que él ayudó a crear.
Al regresar retoma su contacto con esa raíz criollista, de la que se perdió durante los muchos años que estuvo fuera, y crea esta mitología de las orillas, de la tradición gauchesca.
“No hay que olvidar que uno de los libros fundamentales dentro de la formación de Borges fue el Martín Fierro, de José Hernández, y va a ser un gran admirador de autores de literatura gauchesca del siglo XIX, como Eduardo Gutiérrez o Hilario Ascasubi, y va a participar en el grupo Martín Fierro. También en el periodo de Don Segundo Sombra, la gran obra de Ricardo Güiraldes, de 1926, que señala el cierre de la literatura gauchesca”.
El Borges de finales de la década de 1920, y quizá de los primeros cinco años de la década siguiente, en el cierre de este periodo, es el de Historia universal de la infamia, de 1935, un libro de cuentos que va a tener toda una coreografía de relatos universales, y que cierra con esa gran obra maestra de la tradición gauchesca: Hombre de la esquina rosada, que empezó a trabajar desde mediados de la década de 1920, llamándolo Leyenda policial y Hombres pelearon, explica la investigadora.
Después vendrá un Borges que comenzará a crear otros temas dentro de la tradición fantástica y de la tradición policial, pero el tema de lo gauchesco siempre va a estar presente en su literatura.
“En su poesía, en sus ensayos, incluso en sus cuentos de la década de 1970 va a regresar, porque nunca fue un tema ni menor ni liminal en su literatura”.
Lo gauchesco está en relatos que después van a salir en libros como El libro de arena; va a seguir la genealogía de Juan Moreira, novela de Eduardo Gutiérrez publicada en 1879, pero también va a estar presente en sus libros de ensayos.
“En 1932 publica Discusión, un libro de ensayos muy significativo, en cuya primera edición hay textos dedicados al coronel Ascasubi y al Martín Fierro. En la edición de 1952 de Discusión, esos ensayos se van a fusionar en La poesía gauchesca”.
En los años 40 va a dar conferencias muy importantes sobre el tema gauchesco. “Por ejemplo, Aspectos de la literatura gauchesca, que dio en el Paraninfo de la Universidad de Montevideo en octubre de 1945; en esa conferencia leyó un poema fundamental para entender lo gauchesco con lo político. En el Poema conjetural hay un verso que dice: ‘Vencen los bárbaros, los gauchos vencen’. Esa conferencia va a aparecer impresa en 1950”.
Siempre va a retomar el tema gauchesco, más allá de que sea un autor universal en los años 40, en los que publicó Ficciones y El Aleph, sus dos maravillosos libros de cuentos de esa década.
La década de 1940 en la literatura borgeana
“Yo creo que El Aleph es la culminación de una década fundamental en la literatura de Borges, que inicia en 1940 con la publicación de la Antología de la literatura fantástica, junto con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, quienes van a abrir una puerta enorme a una tradición que hasta ese momento era bastante marginal en la Argentina y en el resto de América Latina, pero que después se volvió una tradición consagrada”.
En 1944, con Ficciones, hace una gran apuesta de renovación, tanto de la literatura fantástica como de la literatura policial, en la tradición no solo argentina, sino hispanoamericana.
Entre los siete cuentos de ese libro está “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, un texto fundamental, “con el que probaba en el campo de batalla literario las grandes innovaciones que estaba proponiendo a nivel de la literatura. Y sus cuentos eran eso: nos dejaba claro que la única manera, o una de las maneras más eficaces de subvertir una tradición, es conociéndola”.
En “La muerte y la brújula”, un texto casi antitético de la fórmula de la literatura policial, sigue todos sus pasos, pero la subvierte.
“Y El Aleph, de 1949, tanto el cuento como todo el libro, va a ser la síntesis de esa gran década para la narrativa de Borges, porque además es un texto que juega mucho con lo humorístico. No hay que olvidar que Borges tenía un humor muy especial, y hace una crítica muy fuerte al sistema literario argentino de su tiempo”.
Se burla de la tradición costumbrista, pomposa, de muchos poetas con los que incluso había participado en concursos de poemas, en los que siempre quedaba en segundo o en tercer lugar.
“El personaje de ‘El Aleph’, Carlos Argentino Daneri, es un personaje prototípico, burlón, en el que Borges critica con toda la malicia del mundo a esos personajes que existían en la vida literaria de la Argentina, bastante controvertidos dentro de ese mundo”.
“El Aleph” y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” son dos muestras de la década de 1940 de la literatura fantástica, una literatura muy compleja, muy trabajada desde el lenguaje, y toda una categoría de cuento analítico.
Borges y el Nobel de Literatura
“Borges no recibió el Premio Nobel de Literatura, pero en ocasiones pasa a la historia quien no lo recibe, aunque lo haya merecido, y de algunos que lo han ganado no recordamos sus nombres. Aunque estuvo varias veces en la lista de los Nobel, no se lo dieron, pero eso no le quita nada a su literatura. María Kodama, su viuda, siempre insistió en que Borges tenía muy claro que probablemente no le dieran el Nobel”, dice Amatto Cuña.
“Con su muerte, se inició, creo, toda una mitología, porque era una figura muy disputada frente al problema de la vida del autor, su vida política y la separación de su literatura”.
Semillero de estudiosos
“Borges ha sido también origen de un semillero de estudiosos, de estudiosas, de lectores, de lectoras. Es un autor cuya obra abarca muchos géneros y muchas dimensiones de la cultura y del conocimiento, además de la literatura, como la filosofía, la teología y la lingüística”, considera la académica.
“Quienes nos dedicamos al estudio de la literatura borgeana no podemos considerarnos expertos. Quizá tengamos un conocimiento de una parte de la obra de Borges, pero no de la obra total. Yo me considero una estudiosa de la obra fantástica, gauchesca y policial, por ejemplo, pero no domino nada de lo que tenga que ver con la cábala o con los estudios metafísicos”, señala la profesora Amatto Cuña.
Las imperfecciones de Borges
“Decir que la obra de Borges es perfecta desde el principio hasta el fin, como a veces lo presentan en esas odas empantanadas, es mentir un poco con la propia visión de Borges, porque en su literatura también encontramos imperfecciones, dificultades con la lengua, ripios”.
Además, Borges también fue un autor un poco tramposo. Por ejemplo, prohibió que sus ensayos de la década de 1920 se volvieran a reeditar, como Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos, que se conocieron hasta los años 90, cuando María Kodama autorizó las reediciones de esos textos.
En el caso de la poesía, cambiaba muchísimo de una edición a otra. Los poemas que publica en Fervor de Buenos Aires, de 1923, que además es una edición de autor, pagada por su papá, se cambiaron. Esos poemas y otros de poemarios como Cuaderno San Martín, de 1928, “yo diría que incluso fueron mutilados”.
Un regalo
“Siempre he pensado que, para quienes nos gusta la literatura, Borges es un regalo. Es un autor que, como les digo a mis estudiantes, nos presenta desafíos, porque no vamos a entrar en el mundo de Borges pensando que todo lo vamos a comprender de un día para otro, pero es un autor que nos va llevando a otras referencias, algunas falsas, otras verdaderas; nos va abriendo la posibilidad de conocer otros textos que son importantes, que nos van a ir formando en toda una tradición literaria”.
“Por eso me gusta decir que Borges nos enseña que la literatura es una forma de conocimiento. Creo que eso es una experiencia bellísima para quienes nos dedicamos a su estudio, y nos gusta”, finalizó la académica de la FFyL.
Ser madre en México: más trabajo, menos salario y mayores violencias
Michel Olguín Lacunza
junio 10, 2026
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En México, la maternidad sigue marcada por profundas desigualdades. Aunque las mujeres han logrado incorporarse masivamente al mercado laboral y a la vida pública, continúan con la carga de la mayor parte de los cuidados, enfrentan salarios más bajos y, además, viven mayores niveles de violencia y discriminación.
Para Serena Eréndira Serrano Oswald, investigadora titular del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, la crianza en la desigualdad debe entenderse como un problema de justicia social atravesado principalmente por el género.
En entrevista para UNAM Global, explicó que esta desigualdad se manifiesta en tres grandes ejes: la redistribución económica, la representación política y el reconocimiento sociocultural.
“Las mujeres hemos ingresado de manera masiva al mercado laboral, pero somos quienes ocupamos los empleos más precarios, quienes recibimos menores salarios y quienes sostenemos la mayor carga de trabajo no remunerado”, señaló.
Más trabajo y menos ingresos
De acuerdo con la académica, siete de cada diez mujeres mayores de 15 años en México han sido madres en algún momento de su vida, por lo que la maternidad atraviesa la experiencia de la mayoría de las mujeres.
Sin embargo, lejos de traducirse en mayores apoyos, ser madre suele implicar una penalización económica.
En promedio, las mujeres ganan alrededor de 34 por ciento menos que los hombres, aunque realicen el mismo trabajo y tengan el mismo nivel educativo. Además, las mujeres con hijos perciben cerca de 30 por ciento menos ingresos que aquellas que no tienen descendencia.
“Cada descendiente representa una disminución en los ingresos de las mujeres. Ahí vemos una de las principales expresiones de desigualdad”, comentó.
A esto se suma la enorme carga de trabajo doméstico y de cuidados. Mientras los hombres realizan alrededor de 15 horas semanales de trabajo de cuidados no remunerado, las mujeres dedican cerca de 35 horas.
“Las mujeres entramos al mercado laboral, pero no dejamos de hacer las tareas domésticas ni de cuidados. Lo que ocurrió es que muchas ahora tienen dobles, triples o incluso quíntuples jornadas”, explicó.
La especialista agregó que muchas madres terminan fuera del mercado laboral formal porque no existen suficientes políticas públicas de cuidado infantil. En México, 62 por ciento de los niños entre cero y cinco años no están escolarizados, por lo que la responsabilidad del cuidado recae principalmente sobre las mujeres.
“Por cada padre fuera del mercado laboral hay cinco madres en esa situación”, señaló.
Las más pobres
Las desigualdades aumentan dependiendo de las condiciones sociales. Serrano Oswald indicó que las mujeres más pobres del país suelen compartir tres características: tienen baja escolaridad, pertenecen a comunidades indígenas o afromexicanas y son madres de tres o más hijos.
Además, un tercio de los hogares mexicanos son encabezados por mujeres, muchas veces sin una red de apoyo o por necesidad económica.
“Hay más hogares encabezados por mujeres solas que hogares que reciben apoyos gubernamentales. Eso muestra el tamaño de la sobrecarga que enfrentan”, indicó.
La académica también señaló que muchas empresas aún discriminan a las mujeres embarazadas o madres de familia. Aunque las leyes laborales protegen la maternidad, en la práctica muchas mujeres enfrentan presiones, despidos indirectos o dificultades para conseguir empleo.
“Ahora ya no necesariamente les dicen ‘no te contrato porque eres mamá’, pero sí se castiga a las mujeres cuando necesitan permisos o flexibilidad para cuidar a sus hijos”, comentó.
Violencia y castigo social
Otro de los ejes de desigualdad tiene que ver con la violencia y el reconocimiento social.
La investigadora explicó que las mujeres son castigadas socialmente por ocupar espacios públicos, incluso cuando ejercen actividades relacionadas con el cuidado o la crianza.
“Hay una violencia expresiva. No solamente se agrede a las mujeres para limitar una acción concreta, también se envía un mensaje para inhibir su participación en los espacios públicos”, explicó.
En México, siete de cada diez mujeres afirman haber vivido algún tipo de violencia en espacios públicos, situación que modifica su manera de desplazarse y habitar las ciudades.
Por ejemplo, los hombres tardan en promedio 18 minutos en llegar a un centro de salud en contextos urbanos, mientras que las mujeres tardan más de 40 minutos debido a las rutas de cuidado que realizan diariamente.
Además, muchas ciudades no están diseñadas para atender las necesidades de las madres y personas cuidadoras. La falta de espacios seguros, transporte adecuado y redes públicas de cuidado incrementa la carga física y emocional.
“Las mujeres destinan más tiempo, dinero y esfuerzo para resolver problemas que deberían atenderse desde las políticas públicas”, comentó.
Participación política con mayores costos
Aunque México ha avanzado en paridad política, la especialista advirtió que las mujeres enfrentan mayores obstáculos para participar en la vida pública.
Explicó, muchas mujeres que participan en política reciben amenazas dirigidas a sus familias o enfrentan horarios y dinámicas incompatibles con la crianza.
“Las mujeres pagan costos mucho más altos por participar en política. Muchas veces se les castiga especialmente cuando impulsan agendas relacionadas con igualdad de género o cuidados”, dijo.
Además, señaló que buena parte de los recursos públicos destinados a políticas para mujeres se convierten en programas asistenciales generales y no en estrategias enfocadas en resolver desigualdades estructurales.
Cambiar la cultura
Para Serrano Oswald, uno de los principales desafíos es transformar los roles de género desde la infancia.
“La inserción masiva de las mujeres al ámbito laboral solo será posible cuando los hombres se inserten también de manera masiva al ámbito doméstico”, afirmó.
La académica subrayó que las tareas de cuidado no deberían recaer únicamente sobre las mujeres y que es necesario dejar de educar a niños y niñas bajo estereotipos tradicionales.
“No podemos seguir con la idea de que las mujeres sirven y atienden mientras los hombres quedan al margen de los cuidados. Ahí está una parte fundamental del cambio social”, concluyó.
Fin de semana cultural en la UNAM: danza, teatro, música, cine y exposiciones
Redacción
junio 10, 2026
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La Universidad Nacional Autónoma de México ofrece cada semana una amplia cartelera cultural para públicos diversos. Sus recintos, museos, teatros, salas de concierto y espacios universitarios se convierten en puntos de encuentro para disfrutar propuestas artísticas, acercarse a nuevas miradas y vivir la cultura desde distintas disciplinas.
Esta es solo una breve selección de la vasta selección de actividades que la UNAM tiene preparadas para el fin de semana. La invitación está abierta para quienes buscan salir de la rutina, descubrir nuevas expresiones escénicas, escuchar música en vivo, acercarse al cine independiente o recorrer una exposición en alguno de los espacios culturales universitarios.
Danza para explorar nuevas formas de vínculo
La propuesta “Querubinx” invita al público a vivir una experiencia dancística y performática centrada en el vínculo con lx otrx. En un espacio de 360 grados, quince intérpretes exploran distintas formas de relación a través del cuerpo, los afectos, los cuidados y la imaginación colectiva.
Danza: Querubinx Sede: Salón de Danza, Centro Cultural Universitario Fecha: 13 y 14 de junio Hora: 12:30 h Más información:https://www.danza.unam.mx/querubinx
Teatro al aire libre con un clásico irreverente
El Carro de Comedias de la UNAM presenta “Ubú Rey”, adaptación del texto de Alfred Jarry estrenado en París hace más de 130 años. Con esta puesta en escena, la tradición del teatro itinerante llega al Centro Cultural Universitario para acercar al público una obra provocadora, crítica y llena de energía escénica.
La Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata presenta un programa inspirado en serenatas de la segunda mitad del siglo XIX. La selección reúne obras de Antonín Dvořák, Wolfgang Amadeus Mozart y Piotr Ilich Chaikovski, en una oportunidad para disfrutar repertorios clásicos interpretados por jóvenes músicos universitarios.
Música: Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata Sede: Anfiteatro Simón Bolívar, Colegio de San Ildefonso Fecha: 14 de junio Hora: 12:00 h Más información:https://musica.unam.mx/calendario/evento/60598/
Últimos días para visitar una exposición en el MUAC
El Museo Universitario Arte Contemporáneo presenta “Delcy Morelos. El espacio vientre”, una exposición que forma parte de la oferta cultural del Centro Cultural Universitario. Esta es una buena oportunidad para visitar el MUAC durante el fin de semana y acercarse a una propuesta artística contemporánea en sus últimos días de exhibición.
Exposición: Delcy Morelos. El espacio vientre Sede: Museo Universitario Arte Contemporáneo, Centro Cultural Universitario Fecha: 13 y 14 de junio Nota: últimos días Más información:https://muac.unam.mx/exposicion/delcy-morelos
Cine independiente para mirar la diversidad
Como parte del Festival Internacional de Cine Independiente LGBTIQ+, se presenta una selección de cortometrajes que reúne historias mexicanas y colombianas. Las piezas abordan vínculos que transforman vidas, así como experiencias marcadas por la diversidad, el rechazo, la resistencia y el respeto.
Cine: Cortometrajes FICI Sede: Cinematógrafo del Chopo Fecha: 14 de junio Hora: 18:30 h Más información:Cortometrajes FICI
La cartelera universitaria confirma que la cultura también se vive en fin de semana. Ya sea desde la danza, el teatro, la música, el cine o las artes visuales, la UNAM ofrece espacios para encontrarse, imaginar, reflexionar y disfrutar colectivamente.
Lluvias en México han sido 15 % más intensas en lo que va del año: Jorge Zavala
Redacción
Con información del boletín Boletín UNAM-DGCS-349
junio 10, 2026
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Las lluvias registradas en México de enero a inicios de junio de 2026 han sido 15 % más intensas que el promedio climatológico de los últimos 30 años, afirmó Jorge Zavala Hidalgo, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
El especialista explicó que, para realizar una evaluación robusta, se toma como referencia el promedio climatológico y no la comparación con un año en particular. Ejemplificó que en 2025 llovió mucho, mientras que en 2024 las precipitaciones fueron escasas, por lo que contrastar el comportamiento actual con alguno de esos años no aportaría suficiente información.
Zavala Hidalgo precisó que la precipitación no se distribuye de manera uniforme en el territorio nacional, ya que varía entre el norte, el centro y el sur del país. En ese sentido, señaló que en lo que va de 2026 la situación ha sido anómala para la República mexicana, aunque no homogénea, pues la mayoría del territorio nacional se encuentra por debajo de su promedio, mientras que en la zona centro el acumulado de precipitación está por encima de lo habitual.
El fundador del grupo de Interacción Océano-Atmósfera del ICAyCC destacó que conocer cuánto puede llover en determinada época del año es fundamental, ya que la predicción de las precipitaciones resulta clave para los tomadores de decisiones, especialmente en temas como la gestión del agua y los sistemas de presas.
Respecto a los remanentes de la depresión tropical Boris, indicó que el Servicio Meteorológico Nacional pronostica lluvias muy fuertes en Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, así como lluvias fuertes en Puebla, Estado de México, Morelos y Ciudad de México.
El investigador universitario señaló que esta condición permanecerá a lo largo de la semana, incluido el 11 de junio, día de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026, cuando se esperan precipitaciones, de acuerdo con la información actualizada por la Comisión Nacional del Agua a través del Servicio Meteorológico Nacional.
“Climatológicamente, la mayoría de los días 11 de junio llueve”, recordó Zavala Hidalgo. Añadió que, además de los remanentes de Boris, que tocó los límites de Guerrero y Oaxaca, existe otro fenómeno localizado hacia Centroamérica: la tormenta tropical Cristina, que continúa generando precipitaciones y cuya evolución deberá observarse.
El doctor en Oceanografía Física subrayó que cada vez se avanza más en la comprensión de la variabilidad de las lluvias en las distintas zonas del país, dependiendo del mes y del lugar, así como de la influencia de fenómenos como El Niño.
En cuanto a la temporada de ciclones tropicales, que inició el 15 de mayo y concluye en noviembre, aclaró que, por ahora, responde a las estadísticas del periodo. Sin embargo, conforme avance el año, podría ubicarse por arriba del promedio en el número de fenómenos en el Pacífico y ligeramente por debajo en el Atlántico.
Finalmente, Zavala Hidalgo indicó que el impacto de El Niño es menor en este momento, aunque se estima que se desarrolle con fuerza hacia finales de este año y durante los primeros meses del próximo. Por ello, es probable que sus efectos se manifiesten con mayor claridad en las precipitaciones, las temperaturas y la calidad del aire, especialmente en la primavera de 2027.
Enfermedad inflamatoria intestinal: una condición crónica que transforma la vida de millones de personas
Pepe Herrera
junio 9, 2026
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De acuerdo con estimaciones globales, aproximadamente entre cinco y seis millones de personas viven con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), un conjunto de afecciones crónicas caracterizadas por una inflamación persistente del tracto digestivo, causada por una respuesta anormal del sistema inmunológico. En lugar de proteger al organismo frente a infecciones, virus o bacterias, este sistema identifica erróneamente al propio intestino como una amenaza y desencadena un proceso inflamatorio continuo que puede dañar los tejidos digestivos.
Esta alteración inmunológica no solo explica su origen, sino también su naturaleza crónica y sus manifestaciones clínicas. Diversos estudios, como Global evolution of inflammatory bowel disease across epidemiologic stages, han demostrado que la incidencia de esta enfermedad va en aumento, especialmente en países en desarrollo, lo que ha llevado a considerarla una epidemia emergente que no reconoce fronteras geográficas ni sociales.
Causas de la EII
Actualmente se desconoce la causa exacta de la EII. Se considera una enfermedad multifactorial en la que interactúan factores genéticos, inmunológicos, microbiológicos y ambientales. Aunque algunas personas presentan una predisposición genética, la enfermedad suele desarrollarse por la combinación de distintos factores que alteran la respuesta inmunitaria intestinal.
Entre los factores ambientales asociados con un mayor riesgo de desarrollarla se encuentran el tabaquismo, el uso frecuente de antibióticos y determinados patrones alimentarios, como la dieta occidental.
Otro elemento clave es la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan de manera natural en el tracto digestivo y desempeñan funciones esenciales en la digestión, el metabolismo y la regulación del sistema inmunológico.
En las personas con EII, explicó el doctor Hans Yoguinder Segura Alfaro, profesor e investigador de la Facultad de Medicina de la UNAM, en el programa Más Salud Radio: Más que gases, esta microbiota puede alterarse y provocar un fenómeno conocido como disbiosis, es decir, un desequilibrio entre microorganismos beneficiosos y potencialmente perjudiciales. Esta alteración puede contribuir tanto al desarrollo como al mantenimiento de la inflamación intestinal.
En algunos casos, se menciona que el estrés puede ser un factor desencadenante, pero es importante aclarar que, aunque puede empeorar los síntomas y favorecer la aparición de brotes, no constituye la causa directa de la enfermedad.
Tipos de enfermedad inflamatoria intestinal
Una vez comprendidos los factores que intervienen en su desarrollo, es importante distinguir las principales formas clínicas en las que se presenta la enfermedad. Dentro de la EII existen dos entidades principales: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Segura Alfaro destacó que, aunque ambas comparten mecanismos inflamatorios, presentan diferencias importantes.
La enfermedad de Crohn puede afectar cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, y comprometer distintas capas de la pared intestinal. Por su parte, la colitis ulcerosa se limita al colon y al recto, donde provoca inflamación y ulceraciones en la mucosa intestinal. Ambas enfermedades cursan con periodos de actividad o brotes y etapas de remisión en las que los síntomas disminuyen o desaparecen temporalmente.
Aunque ambas entidades comparten mecanismos inflamatorios, sus manifestaciones clínicas permiten reconocerlas a través de un conjunto de síntomas característicos.
Es importante aclarar que la EII difiere del síndrome de intestino irritable, conocido popularmente como “colitis nerviosa”. Mientras que esta última no produce inflamación destructiva ni daño estructural en el intestino, la enfermedad inflamatoria intestinal se caracteriza por inflamación real, úlceras, sangrado y lesiones demostrables mediante estudios médicos. En consecuencia, ambas condiciones requieren enfoques diagnósticos y terapéuticos distintos.
Síntomas
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la diarrea persistente, el dolor abdominal recurrente, la presencia de sangre en las heces, la pérdida involuntaria de peso, la fatiga intensa, la fiebre sin causa aparente, la anemia y la urgencia constante para evacuar.
Con frecuencia, estas manifestaciones son interpretadas como problemas digestivos pasajeros o poco relevantes, lo que retrasa la búsqueda de atención médica especializada. Sin embargo, el doctor Hans enfatizó que estos síntomas no deben normalizarse, especialmente cuando persisten durante semanas o interfieren con las actividades cotidianas.
Además de las manifestaciones digestivas, algunos pacientes pueden presentar complicaciones en otros órganos, como dolor e inflamación articular, alteraciones en la piel, problemas oculares o enfermedades hepáticas asociadas.
Consecuencias en la salud
Cuando la inflamación persiste o no se controla adecuadamente, estos síntomas pueden derivar en complicaciones más graves. La EII sin tratamiento puede ocasionar perforaciones intestinales, obstrucciones, abscesos, fístulas y un mayor riesgo de cáncer colorrectal.
Además, su diagnóstico suele retrasarse entre cuatro y ocho meses, e incluso más de un año en algunos casos, debido a que muchos pacientes normalizan los síntomas. Por ello, la detección temprana y el seguimiento médico continuo son fundamentales para prevenir complicaciones y preservar la calidad de vida.
Repercusiones psicológicas y sociales
Más allá de las complicaciones físicas, la EII también tiene un impacto profundo en la vida emocional y social de los pacientes y sus familias.
En el aspecto emocional, el proceso de aceptación suele acompañarse de un duelo relacionado con la pérdida de la salud. Los pacientes deben aprender a comprender nuevamente su cuerpo, identificar los factores que desencadenan síntomas y adaptarse a nuevas rutinas de cuidado, señaló la académica de la Licenciatura en Ciencia de la Nutrición Humana de la Facultad de Medicina, Viridiana Montserrat Mendoza Martínez.
A ello se suman sentimientos de vergüenza, frustración, aislamiento social, alteraciones en la imagen corporal e incertidumbre respecto al futuro. La preocupación constante por los síntomas y la imprevisibilidad de los brotes contribuyen al desgaste emocional, y al menos uno de cada cinco pacientes puede presentar síntomas depresivos.
Las repercusiones también alcanzan la esfera social. Actividades cotidianas como asistir a una reunión familiar, ir al cine, viajar o acudir al trabajo pueden convertirse en desafíos importantes. Muchos pacientes necesitan identificar baños cercanos antes de salir de casa debido al temor de sufrir una urgencia intestinal, lo que limita su independencia y participación social.
Tratamiento médico, nutricional y psicológico
Dado el impacto multidimensional de la enfermedad, el manejo de la EII exige un enfoque integral. La participación coordinada de médicos, nutriólogos, psicólogos y otros profesionales de la salud permite abordar simultáneamente los aspectos físicos, nutricionales y emocionales de la enfermedad, favorece la adherencia al tratamiento y mejora la calidad de vida.
En el ámbito médico se utilizan distintas clases de medicamentos, según la gravedad del padecimiento. Aunque no existe una cura definitiva, los tratamientos permiten controlar los síntomas e incluyen antiinflamatorios, inmunosupresores, terapias avanzadas y antibióticos. En algunos casos también puede requerirse cirugía.
Dentro del abordaje nutricional, la alimentación constituye uno de los pilares más importantes del tratamiento. Sin embargo, las recomendaciones dietéticas no son universales ni permanentes, ya que dependen de la etapa de la enfermedad.
Durante los brotes, Mendoza Martínez destacó que, cuando la inflamación está activa, suele ser necesario ajustar la alimentación para disminuir los síntomas y favorecer la recuperación intestinal. Entre las estrategias más comunes se encuentran la reducción de grasas, especialmente las provenientes de alimentos fritos y ultraprocesados, así como la limitación de alimentos irritantes como café, chocolate, refrescos, cítricos y algunos vegetales ácidos.
Las verduras cocidas suelen tolerarse mejor que las crudas por su facilidad de digestión, mientras que se priorizan frutas con fibra soluble que ayudan a disminuir la diarrea. En algunos casos también se recomienda reducir el consumo de lactosa, particularmente la presente en la leche de vaca, aunque ciertos quesos y yogures pueden ser bien tolerados.
Dependiendo de la gravedad de los síntomas, también puede modificarse temporalmente la textura de los alimentos mediante preparaciones blandas, trituradas, licuadas o en forma de cremas para facilitar la digestión.
No obstante, estas restricciones suelen ser temporales. Una vez que la enfermedad entra en remisión, muchos alimentos pueden reintroducirse gradualmente bajo supervisión profesional.
En relación con este punto, Vanessa Alejandra Estrada González, de la Escuela de Dietética y Nutrición del ISSSTE, señaló que uno de los problemas más frecuentes durante los brotes es el miedo a comer. El dolor abdominal, la diarrea y la inflamación llevan a muchas personas a asociar la alimentación con el malestar, lo que puede generar restricciones innecesarias y aumentar el riesgo de desnutrición.
Por ello, resaltó la importancia de acudir con un profesional de la nutrición para diseñar una intervención adecuada que permita recuperar la confianza en la alimentación, identificar alimentos seguros y ampliar progresivamente la dieta conforme la enfermedad entra en remisión.
Asimismo, Estrada González destacó que la hidratación es otro aspecto prioritario durante las fases activas, ya que las pérdidas de líquidos por diarrea pueden generar complicaciones importantes si no se corrigen adecuadamente.
En el plano psicológico, el acompañamiento profesional es esencial. La ansiedad, la depresión y el estrés pueden dificultar el seguimiento del tratamiento, por lo que el apoyo en salud mental contribuye a mejorar la adaptación al diagnóstico, reducir la carga emocional y fortalecer las estrategias de afrontamiento.
Suplementos: un factor a considerar
Dentro del abordaje nutricional, en algunos casos pueden emplearse suplementos cuando la ingesta habitual no es suficiente para cubrir los requerimientos energéticos y proteicos. Durante la EII son frecuentes las deficiencias de hierro, vitamina B12, vitamina D, calcio, zinc y magnesio, derivadas de inflamación, malabsorción o sangrado intestinal.
Con respecto a este punto, es importante recordar que los suplementos no son inocuos. Pueden interactuar con medicamentos, generar efectos adversos o incluso toxicidad, por lo que su uso debe ser siempre supervisado por profesionales de la salud.
Apoyo familiar
Finalmente, el tratamiento de la EII no puede entenderse sin considerar el entorno del paciente. La falta de comprensión por parte de familiares, amigos o compañeros de trabajo constituye una de las principales dificultades, ya que la enfermedad no siempre presenta manifestaciones visibles.
Esto puede llevar a la minimización de los síntomas o a la incomprensión de las restricciones alimentarias, lo que favorece el aislamiento social y afecta el bienestar emocional.
Por ello, el apoyo familiar y social es fundamental. La comprensión del entorno facilita la adherencia al tratamiento, reduce el aislamiento y mejora la salud mental. Acciones cotidianas como respetar las necesidades dietéticas o facilitar espacios adecuados pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida de quienes viven con EII.
Entre el control médico y el acompañamiento integral
La EII representa mucho más que un trastorno digestivo: es una condición crónica, compleja y cambiante que impacta simultáneamente el cuerpo, la mente y la vida social de quienes la padecen. Aunque los avances médicos y nutricionales han permitido mejorar significativamente su control, aún no existe una cura definitiva, por lo que el objetivo del tratamiento se centra en mantener la enfermedad en remisión y prevenir complicaciones.
En este contexto, la detección temprana y el seguimiento médico continuo resultan fundamentales para evitar daños irreversibles y mejorar el pronóstico. Sin embargo, el manejo efectivo de la EII no depende únicamente de la intervención clínica, sino de un enfoque verdaderamente integral que incluya apoyo nutricional, acompañamiento psicológico y comprensión del entorno familiar y social.
En última instancia, vivir con EII implica aprender a convivir con la incertidumbre de los brotes, pero también con la posibilidad de estabilidad cuando existe un manejo adecuado y un sistema de apoyo sólido.
El futbol como ritual social: símbolos, cábalas, creencias y sentido de comunidad
Pepe Herrera
junio 9, 2026
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El futbol suele entenderse como un deporte, un espectáculo o una forma de entretenimiento. Sin embargo, desde una perspectiva antropológica y social, representa mucho más que un simple juego. A su alrededor se construyen creencias, símbolos, rituales, identidades colectivas y formas de pertenencia que permiten comprender aspectos fundamentales de la experiencia humana.
La relación que muchas personas establecen con el futbol comparte elementos tradicionalmente asociados con la religión, aunque no se trate de una práctica religiosa en sentido estricto.
Los seres humanos como constructores de significado
Para comprender este fenómeno, es necesario reconocer que los seres humanos somos, ante todo, seres simbólicos. En palabras de Miguel Lisbona Guillén, investigador del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR), las personas construyen significados para entender el mundo, organizar su experiencia cotidiana y relacionarse con los demás.
Esa construcción de significado ocurre a través de prácticas y códigos compartidos socialmente. Los símbolos, los lenguajes, las narrativas y los rituales permiten interpretar la realidad y establecer vínculos de pertenencia con una comunidad.
Lisbona Guillén aclaró que con frecuencia se piensa que los rituales pertenecen exclusivamente al ámbito religioso. Sin embargo, la vida cotidiana está llena de ellos. Los saludos, las despedidas, las celebraciones de cumpleaños, los aniversarios, las graduaciones y las festividades nacionales son ejemplos de prácticas ritualizadas que ayudan a estructurar la experiencia social. Estas acciones se repiten siguiendo ciertas reglas, poseen significados compartidos y permiten a las personas orientarse dentro de la vida colectiva.
Sin rituales, la vida social sería profundamente distinta. Los seres humanos no solo necesitan normas para convivir, sino también espacios simbólicos donde expresar emociones, construir identidades y generar experiencias compartidas. Una sociedad completamente desprovista de rituales se asemejaría a una organización mecánica y deshumanizada, incapaz de producir creatividad, pertenencia o experiencias colectivas significativas.
Por ello, el futbol no está al margen de este proceso; al contrario, constituye uno de los espacios contemporáneos donde la capacidad humana de simbolizar se manifiesta con especial intensidad. Muchas personas organizan parte de su vida alrededor de los partidos de su equipo favorito. Los fines de semana, los torneos internacionales y los campeonatos se convierten en momentos esperados que marcan el paso del tiempo y generan expectativas compartidas.
Para algunos aficionados, asistir al estadio, reunirse con amigos para ver un partido o seguir determinadas costumbres antes de cada encuentro forma parte de una rutina tan significativa como cualquier otra práctica ritual.
Pero los rituales futbolísticos no se expresan únicamente en lo colectivo. También aparecen en prácticas más íntimas y personales mediante las cuales jugadores y aficionados buscan enfrentar la incertidumbre propia de la competencia.
Entre cábalas y promesas
Uno de los aspectos más visibles de esta dimensión ritual son las cábalas y promesas que rodean al deporte. Muchos jugadores y aficionados recurren a prácticas que consideran capaces de influir favorablemente en el resultado de un partido. Algunos se encomiendan a figuras religiosas, realizan oraciones, utilizan amuletos o siguen rutinas específicas antes de cada encuentro.
Otros prometen realizar determinadas acciones si su equipo obtiene una victoria importante. Existen casos de personas que prometen peregrinaciones, tatuajes, donaciones o sacrificios simbólicos como muestra de su compromiso emocional con un equipo o una causa deportiva.
Aunque estas conductas puedan parecer irracionales para quienes observan el futbol desde fuera, Lisbona Guillén considera que forman parte de comportamientos habituales en muchas otras áreas de la vida. Las personas recurren constantemente a rituales cuando enfrentan situaciones de incertidumbre.
Un estudiante puede repetir ciertas acciones antes de un examen importante; una madre puede bendecir a sus hijos antes de un viaje; un pasajero puede realizar una oración antes de abordar un avión. Estas prácticas buscan proporcionar seguridad emocional frente a acontecimientos cuyo resultado no puede controlarse completamente.
El futbol no constituye una excepción dentro de la sociedad. Las prácticas rituales presentes en el deporte reflejan necesidades y comportamientos que también aparecen en ámbitos familiares, laborales, educativos o religiosos. Más allá de generar hábitos y costumbres, estas dinámicas contribuyen a fortalecer vínculos de pertenencia y a construir formas de identificación colectiva.
Precisamente esa capacidad de producir símbolos compartidos, fortalecer identidades y generar experiencias colectivas ha llevado a diversos investigadores a establecer paralelismos entre el futbol y la religión.
Hasta cierto punto, similar a la religión
Por ello, hasta cierto punto, comentó el investigador del CIMSUR, el futbol puede asemejarse a la religión. Ambos generan espacios de congregación donde numerosas personas se reúnen alrededor de una devoción común. Los estadios, por ejemplo, funcionan como lugares de encuentro donde miles de individuos comparten emociones, símbolos y expectativas.
Las camisetas, las banderas, los himnos y los colores de los equipos cumplen funciones similares a las de los símbolos religiosos: permiten identificar a los miembros de una comunidad y diferenciarla de otras. Todos estos elementos contribuyen a la construcción de identidades colectivas.
Los aficionados no solamente apoyan a un grupo de jugadores; también respaldan una historia, una tradición y una forma particular de entender la pertenencia social. Esta dimensión simbólica explica por qué los encuentros deportivos generan pasiones tan intensas.
Además, tanto las prácticas religiosas como las futbolísticas producen experiencias de comunión colectiva. Durante un partido importante, los aficionados experimentan un sentimiento temporal de unidad. Personas con diferentes profesiones, ideologías, creencias religiosas o condiciones sociales pueden sentirse parte de un mismo grupo mientras apoyan al mismo equipo. Esa sensación de pertenencia compartida constituye una de las razones por las cuales el futbol despierta emociones tan intensas.
Sobre todo, una en particular: la esperanza. Ante situaciones adversas, las personas creyentes buscan mantener la ilusión de que, pese a las dificultades del presente, existe una promesa de cambio o redención futura. De manera similar, los aficionados sostienen la esperanza de que un partido complicado pueda cambiar en cualquier momento gracias a una jugada decisiva, un gol inesperado o un giro del juego que transforme el resultado.
En ese sentido, la esperanza deportiva funciona como un mecanismo que mantiene viva la ilusión y fortalece el vínculo emocional con la comunidad de seguidores.
Finalmente, existen contextos donde religión y futbol se entrelazan de manera explícita. Un ejemplo de ello es el artículo “El Niño Dios va al futbol: vestir una imagen religiosa al servicio de la nación mexicana”, publicado por Miguel Lisbona Guillén y Miguel A. Rivera. En este trabajo, los autores analizan cómo una imagen del Niño de Atocha es vestida con los colores de la selección mexicana y convertida simbólicamente en el “seguidor número 12”, articulando elementos de religiosidad popular, identidad nacional y pasión futbolística.
En el artículo se describe cómo la imagen religiosa no deja de ser un objeto de devoción, sino que también funciona como un condensador de identidad nacional, especialmente durante los encuentros de la selección mexicana, cuando la representación religiosa se convierte temporalmente en una expresión simbólica de la comunidad de aficionados.
Este caso muestra cómo la religiosidad popular puede articularse con la identidad futbolística en contextos específicos. Sin embargo, este tipo de asociaciones no son exclusivas de México ni de América Latina. La relación entre deporte, ritualidad y creencias aparece en sociedades muy diversas, aunque adopte expresiones particulares según cada contexto cultural.
Un fenómeno global
Aunque estas expresiones suelen ser más visibles en países latinoamericanos o africanos, también están presentes en Europa. No obstante, entre los deportistas europeos algunas de estas prácticas pasan desapercibidas para el público, aunque forman parte de la misma lógica simbólica que las observadas en otras regiones del mundo.
Un ejemplo es el del expresidente de la Federación Española de Futbol, Ángel María Villar, quien confesó ser visitante frecuente de la Basílica de la Virgen de Guadalupe, en México. Antes de la Copa del Mundo de 2010, relató que pidió “a la madre de Dios que España fuera campeona del mundo, en un acto egoísta porque hay ciertas cosas que no se deben pedir”. Tras la obtención del título, integrantes de la selección española acudieron al santuario para agradecer el triunfo ante Países Bajos.
Un caso más reciente es el de la selección de Croacia. En vísperas de su participación en la Copa del Mundo de 2026, organizada por México, Estados Unidos y Canadá, jugadores y miembros del cuerpo técnico asistieron a una misa en la capilla de San Juan de Dios, ubicada en la localidad de Ičići.
Estos ejemplos muestran que la relación entre deporte, ritualidad y creencias no es exclusiva de una región o una cultura. Por el contrario, forma parte de una tendencia ampliamente extendida que evidencia cómo los seres humanos recurren a símbolos, prácticas y narrativas compartidas para enfrentar la incertidumbre, fortalecer los vínculos colectivos y otorgar sentido a sus experiencias. En ese contexto, el futbol se convierte en mucho más que un juego: es un espacio donde se expresan algunas de las dimensiones más profundas de la vida social.
Un fenómeno que continuará
Diversos pensadores sostienen que el avance de la racionalización y la secularización provocará una disminución progresiva de las creencias religiosas y de las prácticas rituales. Sin embargo, la realidad parece mostrar un fenómeno diferente.
En lugar de desaparecer, los rituales y las formas de creencia se han diversificado. En ese sentido, Lisbona Guillén comentó que han surgido nuevas expresiones espirituales, nuevos movimientos culturales y nuevas formas de identificación colectiva.
Las personas continúan buscando formas de construir vínculos, compartir experiencias significativas y reconocerse como parte de una comunidad, aunque los espacios donde ello ocurre hayan cambiado con el tiempo.
Las nuevas generaciones no parecen estar abandonando la necesidad de ritualizar su experiencia del mundo. Más bien, están transformando las maneras en que lo hacen. Los rituales asociados al deporte, a la música, a las comunidades digitales o a diversos movimientos culturales muestran que la capacidad humana de crear símbolos y significados permanece vigente.
Por esta razón, la relación entre futbol, ritual y comunidad probablemente continuará existiendo en el futuro. Como señaló Lisbona Guillén: “Podrán cambiar los equipos, las tecnologías, las formas de consumo deportivo o los modos de participación de los aficionados, pero difícilmente desaparecerá la necesidad humana de construir identidades compartidas, generar experiencias colectivas y encontrar espacios de comunión simbólica”.
Precisamente porque esas necesidades permanecen vigentes, el futbol seguirá ocupando un lugar relevante en la vida social. Más allá de la competencia deportiva, constituye un escenario donde se expresan dimensiones profundas de la experiencia humana: la búsqueda de pertenencia, la construcción de identidades, la necesidad de esperanza, la creación de rituales y el deseo de formar parte de una comunidad.
Los Mundiales en México: deporte y transformaciones sociales
Pepe Herrera
junio 9, 2026
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Por tercera ocasión en su historia, México será sede de una Copa Mundial de Futbol, un hecho que, además de convertirlo en la única nación que ha albergado tres ediciones del torneo masculino, lo coloca nuevamente en el centro de uno de los acontecimientos deportivos más relevantes del planeta.
La realización de una Copa del Mundo implica mucho más que la llegada de selecciones y aficionados de distintas partes del mundo. Supone la movilización de una compleja infraestructura que involucra estadios, redes de transporte, sistemas de comunicación y mecanismos de coordinación institucional. En ese sentido, el torneo constituye un fenómeno de gran escala, capaz de articular múltiples dimensiones de la vida pública.
Desde una perspectiva histórica, los Mundiales permiten observar cómo el futbol se ha transformado en un fenómeno global estrechamente vinculado con la expansión de los medios de comunicación, la modernización tecnológica y el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura. Al mismo tiempo, cada edición refleja las condiciones políticas, económicas y sociales de su época, y ofrece una vía para comprender cómo se construyen imaginarios de modernidad, identidad y pertenencia en torno al deporte.
Con el fin de analizar estas dinámicas, el maestro en Historia por la UNAM, Giovanni Alejandro Pérez Uriarte, propone una mirada a los torneos celebrados en México, centrada en las ediciones de 1970, 1986 y 2026, sin dejar de lado el Mundial Femenil de 1971, frecuentemente relegado de la memoria colectiva. A través de estos episodios, explora la relación entre futbol, medios de comunicación y procesos sociales más amplios en el México contemporáneo.
Se cimenta el camino para el primer Mundial
En la década de los cincuenta, el futbol en México había dejado de ser un entretenimiento marginal para consolidarse como un espectáculo de creciente relevancia social. En ese escenario comenzaron a desarrollarse diversos procesos que alimentaron la aspiración de que el país pudiera albergar una Copa Mundial.
Para Pérez Uriarte, hubo dos momentos fundamentales que hicieron posible ese objetivo. El primero fue el Segundo Campeonato Panamericano de Futbol, celebrado en el Estadio Olímpico Universitario en 1956. Este certamen funcionó como una experiencia previa en la organización de competencias internacionales y evidenció la enorme capacidad de convocatoria del balompié en México. Los llenos totales y la demanda popular, que incluso rebasó los accesos del inmueble, permitieron poner a prueba distintos aspectos logísticos.
El segundo factor estuvo relacionado con la construcción del Estadio Azteca, actualmente Estadio Ciudad de México, una obra emblemática que modernizó la infraestructura deportiva nacional y proyectó una imagen de solvencia organizativa ante la comunidad internacional. Este proceso estuvo estrechamente ligado al impulso de empresarios como Emilio Azcárraga Milmo, quien comprendió el potencial del futbol como espectáculo televisivo de gran alcance y promovió la creación de un recinto pensado tanto para los asistentes como para las transmisiones televisivas.
A ello se sumaron otros elementos, como la estabilidad política del periodo, el respaldo gubernamental a proyectos de proyección internacional y la modernización de la infraestructura urbana y de transporte.
Durante estos años también se fortaleció la relación entre el futbol y los medios de comunicación, particularmente a través de Telesistema Mexicano, antecedente de Televisa, que comenzó a transmitir partidos de manera regular y contribuyó a transformar el deporte en un producto mediático de alto valor comercial. En conjunto, estos factores reforzaron la confianza de los organismos deportivos internacionales en las condiciones del país para albergar una competencia de gran magnitud.
1970: la consagración de Pelé
Como resultado de la convergencia entre intereses empresariales, estatales y deportivos, México obtuvo la sede del Mundial de 1970. Cada Copa del Mundo suele convertirse en un reflejo de su tiempo, y la edición de 1970 no fue la excepción: representó una vitrina internacional de modernización tecnológica y desarrollo infraestructural.
Uno de los aspectos más visibles fue su dimensión mediática. El campeonato se convirtió en un laboratorio de innovación tecnológica al ser el primero transmitido completamente vía satélite, lo que permitió su difusión global en tiempo real. Este avance fue posible gracias a instalaciones como la estación satelital de Tulancingo, Hidalgo, construida con apoyo del Estado mexicano. Paralelamente, el torneo impulsó la expansión de la televisión a color, aunque su acceso todavía era limitado para buena parte de la población.
La competencia también evidenció el papel de la afición como actor social. Lejos de comportarse como una audiencia pasiva, los seguidores expresaron emociones, identidades y posturas políticas. Durante la ceremonia inaugural, el presidente Gustavo Díaz Ordaz fue recibido con silbidos, una manifestación que puso en evidencia el descontento social persistente incluso en un evento concebido para proyectar unidad nacional.
Aunque el gobierno mexicano utilizó la justa como una herramienta de legitimación política, esta se desarrolló en medio de profundas tensiones sociales. Si bien el país atravesaba una etapa de crecimiento económico sostenido, también enfrentaba una creciente conflictividad. Los movimientos ferrocarrileros y magisteriales, las guerrillas rurales encabezadas por Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, así como el movimiento estudiantil de 1968, revelaban un país marcado por importantes contradicciones.
“El Mundial de 1970 se desarrolló en un contexto contradictorio: mientras se proyectaba una imagen de modernidad y éxito internacional, internamente persistían conflictos sociales significativos”, destacó Giovanni Alejandro Pérez Uriarte.
En el plano deportivo, el torneo es recordado principalmente por la actuación de Pelé, quien consolidó su lugar entre las máximas figuras de la historia del futbol al conquistar su tercer campeonato mundial con Brasil. También quedó inmortalizado por el llamado “Juego del Siglo”, entre Italia y Alemania Federal, un encuentro cargado de dramatismo que concluyó 4-3 tras tiempos extra.
Otro hecho relevante fue la actuación de la selección mexicana, que por primera vez logró avanzar a la segunda ronda de una Copa del Mundo. Este desempeño generó un importante fenómeno social y dio origen a nuevas formas de celebración colectiva, como los festejos en el Ángel de la Independencia, que con el tiempo se integrarían a la cultura futbolística nacional.
La edición de 1970 también contribuyó a consolidar una nueva cultura visual y comercial alrededor del futbol. Se introdujeron innovaciones como el balón Telstar, diseñado específicamente para mejorar la experiencia televisiva, además de reglas como las sustituciones de jugadores y las tarjetas amarillas y rojas, pensadas para facilitar la comprensión del juego tanto en los estadios como frente a las pantallas.
A ello se sumó una estrategia de mercadotecnia cada vez más sofisticada, que incluyó mascotas oficiales como “Pico” y, posteriormente, “Juanito”, esta última mucho más popular, aunque también asociada a ciertos estereotipos culturales.
1971: una historia pendiente de reconocimiento
El impacto cultural y mediático del Mundial de 1970 no terminó con la coronación de Brasil. Apenas un año después, México volvió a convertirse en escenario de una competencia internacional que, aunque durante décadas permaneció relegada de la memoria colectiva, constituye un capítulo fundamental de la historia deportiva: el Mundial Femenil de 1971.
Para Giovanni Alejandro Pérez Uriarte, México no debería ser considerado sede de tres Copas del Mundo, sino de cuatro, al incorporar esta competencia a la historia del futbol internacional celebrado en el país.
El campeonato se desarrolló en el contexto de la segunda ola del feminismo, un movimiento que cuestionó los roles tradicionales de género y reivindicó el derecho de las mujeres a participar plenamente en la vida pública, incluido el ámbito deportivo. Aunque las mujeres practicaban futbol en México desde décadas atrás e incluso existían ligas cuyos encuentros eran transmitidos por televisión, el reconocimiento institucional continuaba siendo limitado.
La FIFA desconoció el torneo debido a que fue organizado por una federación internacional de futbol femenil ajena a su estructura. Esta situación generó tensiones con el organismo rector del futbol mundial, interesado en mantener el control exclusivo de las competencias internacionales.
Pese a la falta de reconocimiento oficial, la competencia registró un notable éxito. México fue el único país americano participante y conformó una selección integrada por jugadoras provenientes de ligas locales, muchas de ellas sin respaldo institucional. Las futbolistas entrenaban en espacios públicos, carecían de equipamiento adecuado y dependían en gran medida del apoyo familiar. Sin embargo, lograron despertar un enorme interés entre los aficionados y convocar importantes asistencias en los estadios.
La selección mexicana alcanzó el subcampeonato tras caer 3-0 frente a Dinamarca en la final. Aun así, el resultado representó una hazaña notable, especialmente si se considera que el combinado masculino no había conseguido logros equivalentes en torneos internacionales.
Entre las integrantes de aquella generación figuraban las porteras Yolanda Ramírez y Elvira Arcén; las defensas Sandra Tapia Montoya, Paula Pérez Padierna, Eréndira Rangel, María Cruz Martínez, Martha Coronado, Irma Chávez, Bertha Orduña y Lourdes de la Rosa; las mediocampistas Guadalupe “La Capi” Tovar Ugalde, Elsa Huerta, María Eugenia “La Peque” Rubio, Patricia Hernández y María de la Luz Hernández, así como las delanteras Silvia Zaragoza, Teresa Aguilar, Esther Mora Soto y Alicia Vargas.
“Esta última fue una de las figuras más destacadas del equipo y posteriormente fue reconocida por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Futbol como la tercera mejor futbolista de la Concacaf del siglo XX”, resaltó Pérez Uriarte.
Aunque el certamen evidenció la creciente popularidad del futbol femenil, también puso de manifiesto las desigualdades de género de la época. Se aplicaron modificaciones reglamentarias sustentadas en prejuicios sexistas, como la reducción de la duración de los partidos o el uso de balones más pequeños, bajo la creencia de que las mujeres poseían menores capacidades físicas para practicar este deporte.
Además, ocurrió un hecho que trascendió el ámbito futbolístico. Antes de la final, las jugadoras mexicanas exigieron una compensación económica por su participación, una demanda que puede considerarse una de las primeras expresiones de lucha por el reconocimiento profesional de las mujeres en el deporte. Su postura reivindicó el valor de su trabajo en un espacio históricamente dominado por los hombres.
1986: Colombia rechaza, México rescata y Diego se corona
Aunque el Mundial Femenil de 1971 demostró la capacidad organizativa del país y el creciente interés por el futbol, pasarían quince años antes de que México volviera a albergar una Copa del Mundo masculina. Esta nueva edición surgiría en circunstancias muy distintas y en medio de una compleja coyuntura económica y social.
Giovanni Alejandro recordó que Colombia había sido elegida inicialmente como sede del Mundial de 1986. Sin embargo, en octubre de 1982, el presidente Belisario Betancur anunció oficialmente la renuncia de su país tras considerar las necesidades nacionales en un escenario económico complicado.
Una de las frases más recordadas de su pronunciamiento fue que “el Mundial debía servir a Colombia y no Colombia al servicio de la FIFA”. La declaración se convirtió en una crítica directa al modelo de organización de los grandes eventos deportivos y convirtió a Colombia en el único país que ha renunciado voluntariamente a organizar una Copa del Mundo.
Tras la decisión colombiana, se abrió una disputa internacional para definir una nueva sede. Estados Unidos se postuló rápidamente, interesado en impulsar la popularidad del futbol dentro de su territorio. Frente a esa candidatura surgió la propuesta mexicana, impulsada principalmente por Emilio Azcárraga Milmo y Televisa.
Para conseguir la designación, se movilizó una importante red de dirigentes y empresarios, entre ellos Guillermo Cañedo y Rafael del Castillo, quienes realizaron intensas gestiones dentro de la FIFA. Finalmente, México obtuvo nuevamente la sede, mientras que Estados Unidos recibiría años después la organización del Mundial de 1994.
A diferencia de lo ocurrido en 1970, el país enfrentaba enormes dificultades. Desde 1982 había declarado la moratoria de su deuda externa, la inflación rondaba el 60 % anual y el peso sufría fuertes devaluaciones. El malestar social era evidente.
La situación se agravó con el terremoto de septiembre de 1985, que provocó miles de víctimas y una profunda crisis de confianza hacia las autoridades. En este contexto, numerosos sectores cuestionaban la pertinencia de destinar recursos y esfuerzos a una competencia internacional cuando persistían necesidades urgentes relacionadas con la reconstrucción, el empleo y la atención social.
A pesar de ello, el campeonato siguió adelante. La ceremonia inaugural estuvo marcada por una fuerte protesta popular contra el presidente Miguel de la Madrid. Al igual que había ocurrido con Díaz Ordaz en 1970, los abucheos fueron tan intensos que incluso las transmisiones intentaron minimizar su impacto. El episodio reflejó el nivel de inconformidad presente en una sociedad golpeada por la crisis económica y las secuelas del sismo.
Una vez iniciado el torneo, sin embargo, la población se apropió de la celebración. Las calles se llenaron de aficionados y el entusiasmo futbolístico generó un ambiente temporal de unidad y convivencia.
La selección mexicana protagonizó una de las mejores actuaciones de su historia al alcanzar los cuartos de final. En esa instancia enfrentó a Alemania Federal en un encuentro que terminó definiéndose por penales.
Uno de los episodios más comentados fue la ausencia de Hugo Sánchez en la tanda definitiva. Considerado la máxima figura del futbol mexicano de la época, no participó debido a problemas físicos derivados de fuertes calambres. La situación dio origen a diversas especulaciones que persistieron durante años.
No obstante, cuando se habla de México 86 resulta imposible ignorar a Diego Armando Maradona, quien consagró su figura tras llevar a Argentina al título, pero también por su actuación frente a Inglaterra en los cuartos de final.
En ese partido se produjo uno de los episodios más famosos y controvertidos de la historia del deporte: el gol conocido como “La Mano de Dios”. Maradona anotó utilizando parcialmente la mano, una infracción que no fue advertida por el árbitro y que terminó validando la anotación.
El significado de aquel encuentro trascendía ampliamente el ámbito futbolístico. Apenas cuatro años antes se había desarrollado la Guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. La derrota dejó una profunda huella en la memoria colectiva argentina y convirtió el enfrentamiento deportivo en una especie de revancha simbólica para amplios sectores de la sociedad.
Más allá de la polémica arbitral, el partido adquirió una dimensión política, emocional e histórica que explica buena parte de su trascendencia hasta nuestros días.
2026: un TriMundial envuelto en tensiones sociales
Cuatro décadas después de aquella edición marcada por la crisis económica, el terremoto de 1985 y la figura de Maradona, México volverá a formar parte de una Copa Mundial. Sin embargo, el escenario de 2026 presenta desafíos distintos, asociados con la globalización del deporte, la expansión comercial de la FIFA y las tensiones políticas contemporáneas.
La edición de 2026 será la primera organizada conjuntamente por tres países: Estados Unidos, México y Canadá. Aunque inicialmente se anunció que México tendría un papel central, posteriormente se confirmó que albergará únicamente 13 de los 104 partidos programados.
Esta circunstancia ha generado cuestionamientos sobre el verdadero protagonismo mexicano dentro del torneo, pues gran parte del peso organizativo, económico y mediático recaerá en Estados Unidos.
Pérez Uriarte explicó que este modelo compartido forma parte de un proyecto más amplio impulsado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, orientado a transformar profundamente el campeonato. Desde su creación, el torneo ha experimentado una expansión constante: en México 1970 participaron 16 selecciones; en México 1986 fueron 24; desde Francia 1998 compitieron 32 equipos, y en 2026 lo harán 48.
Aunque la FIFA presenta esta ampliación como una forma de democratizar el acceso al torneo y permitir una representación más amplia de países, diversos analistas señalan que también responde a una lógica económica. El crecimiento del número de participantes permite incorporar nuevos mercados de consumidores, ampliar las audiencias globales y aumentar los ingresos derivados de derechos de transmisión, patrocinios y actividades comerciales vinculadas al espectáculo.
En el plano internacional, la competencia se desarrollará en un mundo marcado por conflictos y tensiones geopolíticas. Mientras la FIFA promueve un discurso de unidad y fraternidad entre las naciones, persisten guerras, crisis humanitarias y disputas internacionales que ponen en evidencia las contradicciones del contexto global.
En el ámbito nacional, la celebración coincide con problemas relacionados con la movilidad, el transporte y los servicios públicos, además de conflictos sociales como las movilizaciones magisteriales encabezadas por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y las protestas vinculadas con las desapariciones forzadas.
Otro tema de discusión es el acceso económico al espectáculo. Los precios de los boletos han alcanzado niveles considerablemente más altos que en las ediciones de 1970 y 1986. Para amplios sectores de la población mexicana, asistir a un partido resulta prácticamente imposible debido a los costos de entrada, transporte y hospedaje.
Esta situación ha fortalecido la percepción de que el torneo está dirigido principalmente a turistas internacionales, patrocinadores y sectores con alto poder adquisitivo. Como consecuencia, muchos aficionados consideran que el Mundial se ha alejado de sus raíces populares para convertirse en un producto de consumo cada vez más exclusivo.
A pesar de estas críticas, la competencia continúa despertando entusiasmo entre millones de personas. La pasión por el futbol sigue siendo un elemento central de la identidad cultural de numerosos países, incluido México. Sin embargo, el fervor deportivo no elimina las tensiones económicas, políticas y sociales que caracterizan al presente.
Al comparar los Mundiales de 1970, 1986 y 2026, así como el Mundial Femenil de 1971, es posible identificar tanto continuidades como transformaciones profundas. Cada uno ha funcionado como un espejo de su tiempo: 1970 reflejó la modernización tecnológica y las tensiones del autoritarismo; 1971 evidenció las luchas por el reconocimiento de las mujeres en el deporte; 1986 mostró la capacidad de organización en medio de la crisis, y 2026 permitirá observar los efectos de la globalización y la creciente comercialización del futbol.
En este artículo se analiza la importancia del estudio de la respuesta emocional de un usuario en un espacio interior. El diseño y la arquitectura influyen de gran manera en la forma que se vive y percibe un espacio. La creación de atmósferas y espacios que generen una estimulación es fundamental en el diseño moderno. La categorización de los elementos de diseño y las emociones del usuario nos ayudará a generar una guía de diseño que auxilie al arquitecto o diseñador a la aplicación del diseño emocional de manera correcta para lograr en el usuario el efecto que desea con su proyecto.
El bienestar humano ha sido estudiado por mucho tiempo y, según la psicoanalista Elvira Nicolini, se sustenta en ocho pilares fundamentales: físico, emocional, intelectual, social, financiero, espiritual, ocupacional y ambiental. En la actualidad, el diseño emocional y la aplicación de la neuroarquitectura buscan conectar a los habitantes con su entorno construido más que nunca, en respuesta a las formas de habitar de las sociedades y en busca de satisfacer la interacción espacial y promover el bienestar humano de habitar los espacios contemporáneos.
El enriquecimiento ambiental se refiere a la intención de aumentar los estímulos que las personas reciben en un espacio con el objetivo de lograr efectos específicos en ellas. Un diseño ambiental exitoso, basado en estándares neurológicamente medidos, es susceptible de provocar cambios significativos en las emociones, la conducta e incluso en el sistema nervioso, lo cual resulta en mejoras en la salud y el bienestar del usuario (Papale et al., 2016).
La relación entre la arquitectura y las emociones ha existido siempre. Estas pueden resultar de la experiencia del usuario en un espacio y variar desde el aburrimiento y la seguridad hasta el silencio, la emoción y el misterio. Cuando las personas son sometidas a un ambiente, sus emociones y sensaciones son afectadas a corto y largo plazo en una exposición prolongada. Los primeros estudios de neuroarquitectura fueron realizados mediante elementos arquitectónicos y características de diseño aplicados a los espacios, entre ellos volumen, orden, proporción, altura, geometría, escala y ancho, los cuales funcionan como estímulos que provocan e influyen en las emociones y sensaciones humanas (Papale et al., 2016).
Con los resultados de las pruebas conducidas se ha demostrado que los usuarios categorizan los ambientes en agradable o desagradable, a partir del impacto subjetivo y objetivo del entorno circundante. En su estudio basado en la psicología ambiental, el psicólogo estadounidense James A. Russell explica que el placer y la emoción son considerados las dos principales dimensiones humanas de reacciones emocionales ante un entorno construido, reflejando los estados afectivos humanos. En 1984, Russell y Barret desarrollaron un modelo de psicología ambiental donde categorizaron las distintas emociones en un plano de x y y, donde el primero es el eje que indica el placer y el segundo, el que indica la emoción.
A partir de esta información, se plantea la clasificación de los elementos de diseño basada en las respuestas y estímulos emocionales que ocasionan en el usuario. Por medio de teorías e investigaciones de distintos autores se desarrolló una herramienta que sirve como guía para la correcta selección de diseño, según la búsqueda de ambiente y estímulos en un proyecto.
Con base en este modelo de estudio se concluyó que los usuarios tienden a preferir espacios placenteros e impactantes, y es en el cuadrante superior derecho donde se encuentran las emociones que más llaman su atención. Identificar a través de la investigación qué elementos de diseño arquitectónico y de interiores contribuyen a generar esta impresión en el usuario es el punto de partida para aplicar nuestros hallazgos. Resulta esencial determinar los elementos que provocan ciertas percepciones espaciales en el usuario, a fin de aplicarlos en proyectos para la creación de ambientes y sensaciones deseadas, a partir del conocimiento científico de la neuroarquitectura.
Estas herramientas nos permitirán desarrollar una guía más precisa para identificar y localizar las emociones de manera efectiva al evaluar un espacio. El ser humano pasa la mayoría del tiempo en un entorno construido, y esto afecta todos los ámbitos de su vida como usuario —estado de ánimo, productividad, ciclo de sueño y emociones, entre muchos otros—, por lo que es imperativo, en una sociedad con el mayor índice de estrés y ansiedad, generar espacios que alivien y mejoren la calidad y forma de vida modernas.
Existen elementos de diseño que se han estudiado a profundidad en la investigación de la neuroarquitectura, entre ellos el color y la iluminación, en los cuales centraremos el artículo para la realización de una guía de diseño según sus cualidades y lo que provocan en el usuario.
En cuanto al color, es un elemento que juega un papel determinante en la psicología del usuario y en la forma que percibe un espacio, ya que cuenta con cualidades psicológicas que influyen en las emociones. La aplicación correcta de este elemento incide de manera positiva, al estimular y mejorar el estado de ánimo y la experiencia sensorial (Wang et al., 2022).
El uso de los colores influye directamente en cómo se percibe y experimenta un espacio; al genera diferentes reacciones en el usuario, y donde los cálidos son, en general, más estimulantes y excitantes que los fríos. Cada uno posee cualidades particulares y se aplica en función de los objetivos del espacio.
Por ejemplo, los tonos fríos se asocian con emociones calmadas y de baja energía, mientras que los cálidos generan emociones positivas e intensas. El azul se relaciona con la serenidad y el confort; el naranja y el amarillo, con la socialización, debido a su alto nivel de energía, así como con anticipación, alegría y sorpresa. Por su parte, el apetito se relaciona con el amarillo y el naranja, y en general con los tonos cálidos.
Por otro lado, la iluminación es la variable que más se han estudiado en efectos positivos en arquitectura es la iluminación natural. El efecto de la luz natural tiene un gran impacto en el bienestar emocional y cognitivo de los usuarios. El estudio correcto de la iluminación en cualquier proyecto de diseño resulta fundamental para su funcionamiento correcto. Sin embargo, hay diferentes efectos provocados por la iluminación si se aplica de manera intencional. La luz cálida genera una sensación de descanso y calidez, mientras que la amarilla es relacionada por el cerebro con la luz nocturna, al enviar señales de descanso (Wang et al., 2022).
Una exposición adecuada a la luz natural contribuye a generar un ambiente tranquilo. Por el contrario, periodos prolongados bajo la luz artificial, como ocurre en entornos corporativos, se relacionan con el estrés y la ansiedad. De modo que la primera es necesaria para crear sensaciones positivas en un espacio.
La luz fría se relaciona directamente con la productividad y eficiencia de trabajo, ya que se vincula con la luz de mediodía, la cual mantiene nuestro cerebro alerta y atento, y aumenta la concentración; por eso es óptima para espacios corporativos, escolares y hospitalarios (Wang et al., 2022).
La exposición a la luz artificial es un fenómeno creciente en la sociedad moderna y tiene un efecto directo en la salud mental. De manera prolongada, altera la noción del tiempo y altera el ciclo circadiano, responsable de la secreción hormonal, que influye en el estado de ánimo, el rendimiento y el descanso (García-Luna y Dias, 2021).
La correcta aplicación de la iluminación resulta esencial para un diseño acertado, ya que permite potenciar y mejorar la experiencia del usuario según el uso del espacio.
Se propone una categorización de los elementos ligada a las emociones y sensaciones que provocan, apelando a la generación de experiencias sensoriales y memorables a través del espacio, a fin de utilizar esta herramienta en cualquier proyecto según lo que se busque transmitir. El diseño de la herramienta se basa en un plano cartesiano con valores cualitativos en ambos ejes que permiten ubicar los elementos según sus características de forma clara y funcional.
Estas herramientas sirven para identificar los objetivos a lograr dentro de un proyecto. Dependiendo el uso, la atmosfera y las sensaciones que se busquen, es viable comenzar la elección de elementos según las cualidades generadoras de emociones y sensaciones que busquemos y que favorezcan la aplicación del proyecto.
Las emociones son un factor para considerar en el diseño basado en la experiencia sensorial; de igual manera, estas se han plasmado en la herramienta de plano cartesiano desarrollada a lo largo del documento, con la intención de ayudar en la guía para diseño y hacerla aplicable a cada proyecto según su tipología e intención espacial.
En esta investigación se propone una forma de categorizar las emociones sin calificarlas como buenas o malas, ya que cada una transmite un mensaje sobre lo que se experimenta tanto en el plano físico como el emocional, lo cual permite entender mejor nuestras respuestas frente a distintas situaciones.
Conviene apuntar que al construir esta guía solo se tomaron en cuenta las emociones aplicables y las que se pueden vivir en un espacio arquitectónico. La clasificación se organiza en dos ejes: el primero considera el tipo de reacción (si la emoción nos abre, nos cierra o nos mantiene en un estado neutral ante el entorno o la situación); el segundo toma en cuenta la dimensión temporal (emociones relacionadas con experiencias pasadas, otras con la anticipación del futuro y otras más ancladas al presente, para indicar que se vive el momento actual).
A lo largo de la investigación se analizaron distintos elementos de diseño que inciden en las emociones de un usuario en un espacio, y si bien queda un largo camino por recorrer y un buen número de teorías en permanente revisión, se llevó a cabo una categorización de aquellos elementos en función de las sensaciones que llegarían a generar, para así ofrecer la herramienta más flexible y que se adapte a los distintos proyectos.
Esta propuesta de guía de diseño pretende ofrecer una referencia a la hora de concretar la creación de espacios más humanizados, tomando en cuenta al usuario durante la generación de emociones y sensaciones. Aunque no pretende ser una fórmula definitiva, sirve como punto de partida para crear ambientes que estimulen positivamente, conscientes de que la percepción y la neurorrespuesta varían en cada caso.
Como conclusión, la clasificación de elementos de diseño basado en la respuesta emocional conforma la base de investigación y catalogación de lo que provoca en el estado emocional, el rendimiento y la manera del usuario de habitar un espacio. La guía de diseño elaborada en plano cartesiano ayuda a tener una claridad de elementos de diseño en cuanto a la respuesta de las personas y a decidir mejor al proyectar y crear la atmósfera en un espacio.
El diseño y la arquitectura crecen en importancia junto con la sociedad moderna, cuyas necesidades pueden satisfacerse a partir de los mismos. El ser humano actual vive para tener experiencias en todos los lugares a los que vamos —tiendas, espectáculos, viajes, restaurantes—. ¿Entonces por qué no lo hemos implementado en nuestra vida cotidiana —hogar, oficinas y lugares de esparcimiento—? Buscar el bienestar en el lugar donde se habita es una necesidad, de modo que el arquitecto moderno debe evolucionar con la misma y buscar el estímulo correcto para el usuario en el espacio que diseñemos.
Viajar al Mundial 2026 también exige prevención sanitaria
junio 8, 2026
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La movilidad masiva, el clima, los brotes regionales y las prácticas de riesgo obligan a preparar la salud antes, durante y después del viaje
La Copa Mundial de la FIFA 2026 no sólo será una fiesta deportiva: también representará uno de los mayores escenarios de movilidad humana contemporánea. Millones de personas se desplazarán entre México, Estados Unidos y Canadá, convivirán en estadios, transporte público, aeropuertos, hostales, fan zones y espacios cerrados. En términos epidemiológicos, esa concentración de viajeros configura un ambiente propicio para la transmisión de infecciones respiratorias, gastrointestinales, enfermedades transmitidas por vectores y padecimientos asociados al calor, la altitud o la contaminación.
La prevención, por ello, no debe entenderse como una medida extraordinaria, sino como parte esencial de la experiencia de viaje. “Este escenario 2026 es un escenario de movilidad masiva”, advirtió la Dra. Rosa María Wong Chew, de la Facultad de Medicina de la UNAM, al señalar que el flujo internacional de personas puede conectar zonas con brotes activos, enfermedades endémicas y condiciones ambientales muy distintas.
El Mundial tendrá sedes en tres países con perfiles sanitarios diversos. En Canadá pueden coincidir incendios forestales, humo ambiental y riesgo de contacto con fauna silvestre; en Estados Unidos, la circulación de sarampión en comunidades no vacunadas, enfermedad meningocócica e infecciones de transmisión sexual; en México, además del calor extremo en ciudades como Monterrey, existen riesgos gastrointestinales, hepatitis A, fiebre tifoidea y enfermedades transmitidas por mosquitos, como dengue, zika y chikungunya.
No se trata de desalentar el viaje, sino de asumirlo con información. En palabras del Dr. Jorge Baruch Díaz, responsable de la Clínica del Viajero de la Facultad de Medicina, “la buena noticia es que prácticamente todos los riesgos sanitarios son prevenibles”. La clave, insistió, es que los aficionados se preparen antes de salir, adopten medidas de protección durante su estancia y mantengan vigilancia al regresar.
Vacunas: el primer escudo del viajero
Uno de los mensajes centrales de los especialistas fue la necesidad de revisar esquemas de vacunación antes de asistir a eventos masivos. El sarampión ocupa un lugar prioritario debido a su alta capacidad de transmisión. La Dra. Wong Chew recordó que una persona con sarampión puede infectar a muchas más si se encuentra en un entorno con población susceptible, como ocurre cuando hay personas no vacunadas o con esquemas incompletos.
El cuadro suele iniciar con fiebre, malestar general, síntomas respiratorios y lesiones características en la mucosa oral conocidas como manchas de Koplik; posteriormente aparece el exantema o erupción cutánea. La recomendación es contar con vacunación adecuada al menos dos semanas antes del viaje o del evento.
Además del sarampión, los especialistas mencionaron influenza, COVID-19, tosferina, hepatitis A, fiebre tifoidea y, en contextos específicos, meningococo. Para quienes viajen a Estados Unidos o Canadá y planeen hospedarse en hostales, residencias universitarias o asistir a concentraciones multitudinarias, la vacuna contra meningococo puede ser especialmente relevante. Esta bacteria puede causar meningitis, una infección grave que se manifiesta con fiebre, rigidez de nuca, fotofobia y deterioro rápido del estado general.
“El riesgo principal se da en condiciones de hacinamiento masivo, como hostales, residencias universitarias o fanfest”, explicó Baruch Díaz. Aunque la vacunación ideal debe realizarse con anticipación, el especialista subrayó que, incluso en viajeros de último minuto, es mejor buscar orientación médica que viajar sin ninguna medida preventiva.
Calor, altitud y contaminación: riesgos que también enferman
Las enfermedades infecciosas no serán los únicos riesgos sanitarios. El calor extremo, la radiación ultravioleta, la altitud y la mala calidad del aire pueden afectar a viajeros no aclimatados, en especial a personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, hipertensión, diabetes u otros padecimientos crónicos.
Monterrey puede alcanzar temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados durante la temporada; la Ciudad de México, por su altitud superior a los dos mil metros sobre el nivel del mar, implica menor presión de oxígeno, además de exposición a radiación ultravioleta y posibles contingencias ambientales. Guadalajara también puede presentar condiciones de calor que exijan medidas preventivas.
La Dra. Wong Chew explicó que estas condiciones pueden multiplicar riesgos en personas con enfermedades previas. Por ello, recomendó viajar con medicamentos suficientes, mantener los tratamientos habituales, llevar recetas médicas y contratar un seguro médico internacional.
Baruch Díaz añadió medidas prácticas: usar sombrero o gorra, lentes con protección ultravioleta, ropa clara de manga larga, protector solar de amplio espectro y evitar la exposición directa al sol entre las 10:00 y las 16:00 horas. También llamó a dosificar el esfuerzo físico los primeros días, especialmente en visitantes que llegan a ciudades de altitud o que planean correr, caminar largas distancias o participar en actividades recreativas al aire libre.
Agua, alimentos y diarrea del viajero
En México, uno de los riesgos más frecuentes para visitantes internacionales será la diarrea del viajero, asociada al consumo de agua o alimentos contaminados y al cambio del ecosistema bacteriano intestinal. Entre los agentes más comunes se encuentran Escherichia coli y norovirus.
La recomendación básica es consumir agua embotellada, purificada y sellada; evitar agua de la llave, hielo de origen incierto, mariscos crudos y alimentos que no estén bien cocidos o servidos calientes. Las frutas y verduras son más seguras cuando pueden lavarse, desinfectarse o pelarse personalmente.
La Dra. Wong Chew explicó que se considera diarrea cuando una persona presenta más de tres evacuaciones líquidas al día. Si el cuadro se acompaña de fiebre, signos de deshidratación, dolor abdominal intenso o persistencia de los síntomas, se debe buscar atención médica.
El Dr. Baruch Díaz insistió en evitar la automedicación, sobre todo el uso indiscriminado de antibióticos. “Tenemos un problema grave en todo el mundo de multirresistencia a los antibióticos”, señaló. El tratamiento debe individualizarse y, en muchos casos, la hidratación adecuada con sales de rehidratación oral puede ser la primera medida de apoyo.
Mosquitos, repelente y vigilancia de síntomas
En zonas tropicales o durante desplazamientos dentro de México, los viajeros deben considerar la prevención de dengue, zika y chikungunya. Estas enfermedades se transmiten por mosquitos que se reproducen en agua estancada. El dengue puede iniciar con fiebre intensa, dolor detrás de los ojos, dolor muscular y articular; los signos de alarma incluyen dolor abdominal intenso, sangrado de encías y vómito persistente. El chikungunya se caracteriza por dolor articular severo, mientras que el zika representa un riesgo especial para mujeres embarazadas por su asociación con alteraciones congénitas.
La prevención requiere repelentes eficaces, ropa que cubra brazos y piernas, eliminación de criaderos y atención a síntomas febriles. “En el cinturón y bolsillo no deben faltar repelentes de insectos”, recomendó Baruch Díaz, al recordar que en Estados Unidos y Canadá también puede haber exposición a garrapatas transmisoras de otras enfermedades.
Salud sexual: prevención sin moralizar
Los eventos internacionales también se asocian con prácticas sexuales casuales. Los especialistas señalaron que el riesgo de infecciones de transmisión sexual aumenta cuando los viajeros relajan medidas de protección fuera de su entorno habitual.
El Dr. Baruch Díaz explicó que en viajeros internacionales se ha documentado una mayor frecuencia de relaciones sexuales casuales y prácticas de riesgo. Por ello, recomendó incluir condones de látex o poliuretano en el botiquín de viaje y ubicar servicios de salud sexual. En Norteamérica, añadió, existe disponibilidad de PrEP y PEP, tratamientos de prevención preexposición y posexposición al VIH, respectivamente.
La recomendación es clara: practicar sexo seguro, no automedicarse ante síntomas genitales y acudir a servicios médicos si hay exposición de riesgo, lesiones, secreciones, dolor o sospecha de infección.
Ébola, hantavirus y otros riesgos emergentes: vigilancia sin alarma
Durante la conferencia también se abordaron enfermedades emergentes como hantavirus y ébola. Los especialistas fueron enfáticos: el riesgo para viajeros convencionales es extremadamente bajo, pero la vigilancia epidemiológica debe mantenerse.
La Dra. Wong Chew explicó que el ébola requiere contacto directo con fluidos corporales de una persona enferma, como sangre, vómito, diarrea, saliva o semen. No se transmite como sarampión o COVID-19, ni durante la etapa asintomática. El mayor riesgo ocurre cuando una persona ya desarrolló síntomas graves y requiere cuidados estrechos.
Baruch Díaz agregó que los filtros sanitarios en aeropuertos tienen limitaciones porque muchas enfermedades tienen periodos de incubación prolongados. Por ello, más que confiar únicamente en filtros físicos, se requiere vigilancia epidemiológica, cuestionarios de salud, comunicación entre autoridades y, sobre todo, que el viajero informe a su médico dónde estuvo si presenta síntomas después del viaje.
El viaje no termina al volver
Una de las recomendaciones más importantes es mantener vigilancia después del regreso. Fiebre, diarrea persistente, tos prolongada, erupciones en la piel, ictericia, sangrados, dolor intenso o síntomas respiratorios deben motivar consulta médica. El dato clave que el viajero debe comunicar es: “regresé recientemente del Mundial 2026”.
Informar el itinerario permite orientar el diagnóstico hacia enfermedades compatibles con la región visitada, los alimentos consumidos, la exposición a mosquitos, el tipo de hospedaje o la asistencia a eventos multitudinarios.
La preparación sanitaria para el Mundial 2026 puede resumirse en cinco acciones: vacunarse, contratar seguro médico internacional, usar repelente, mantenerse hidratado y protegido del calor, y practicar sexo seguro. A ello se suma un principio general: viajar con información científica, sin pánico, pero con responsabilidad.
En una justa deportiva que conectará países, climas, sistemas de salud y millones de personas, la prevención será también una forma de participación ciudadana. Cuidarse antes, durante y después del viaje no sólo protege al aficionado: también reduce riesgos para las comunidades anfitrionas y para quienes esperan el regreso en casa.
Navegan impulsados por la fuerza del viento solar o de la luz solar.
Pensar que una embarcación puede desplegar sus velas y moverse por el impulso del aire, no es hoy algo extraordinario. Sabemos que gracias a esta técnica hace siglos fue posible explorar nuevos mundos, realizar las primeras exploraciones a grandes distancias y ser un medio de transporte que durante años comunicó distintas partes del planeta.
Ahora imaginemos una “embarcación” de este tipo en el espacio. Qué tipo de fuerza podría mover sus velas, si no existe el aire como lo conocemos en nuestro planeta; hasta el momento los intentos incluyen dos opciones: el viento solar y la luz solar.
La ventaja de utilizar un velero solar apoyado por viento solar es que tiene mayor empuje, sin embargo, una desventaja es que éste no es constante, además de que hay ráfagas o tormentas solares que obligarían a guardar las velas hasta que alguno de estos sucesos pase o, por el contrario, podría haber momentos de mucha calma y el viento que se genere sea menor.
Por su parte, la luz solar está compuesta por fotones, es decir, partículas de luz que tienen energía, fuerza y empuje, las cuales pueden ser utilizados para impulsar un velero solar. Una de las ventajas es que la radiación solar siempre está presente y es constante, sin embargo, tiene menor empuje que el viento solar y para poder utilizarla son necesarias velas gigantes que aprovechen toda la fuerza que sea útil.
“Los veleros solares no son ciencia-ficción, ya existen, no los de viento solar, esos siguen siendo algo conceptual, los que sí ya se han hecho son los veleros a base de luz solar, ya los probaron los rusos, los japoneses y los americanos; los han probado con pequeños satélites alrededor de la Tierra. Pero la fuerza, el empuje que reciben es muy pequeño, las naves no son grandes y además aún son muy ligeros”, explica el doctor Luis Aguilar Chiu del Instituto de Astronomía de la UNAM, campus Ensenada.
Ciencia de materiales y veleros solares
En 2010, la Agencia Espacial Japonesa puso en órbita la misión Ikaros, la cual consistió en impulsar un velero solar con luz solar. La nave llegó a Venus y esta experiencia permitió conocer más sobre velerismo solar; para 2022 tenían pensado enviar una misión a Júpiter, pero por la pandemia de Covid-19 ha tenido que posponerse.
La misión Ikaros tomó su nombre de un personaje de la mitología griega llamado Ícaro, el cual quiso volar y llegar al Sol con unas alas de cera, las cuales se le derritieron y cayó.
El doctor Aguilar Chiu, especialista en dinámica galáctica, explica que, aunque ya se han logrado destacados avances en velerismo solar, aún siguen siendo naves muy pequeñas las que se han puesto en órbita, por lo que es necesario desarrollar más tecnología, por ejemplo, a nivel de las velas.
“Es un problema de ciencias de materiales. Necesitamos materiales que puedan extenderse kilómetros cuadrados de superficie, pero que al mismo tiempo sean extremadamente ligeros y resistentes; ya tenemos materiales que nos permiten hacer misiones con satélites chiquitos, que llegan a Venus, misiones más ambiciosas van a necesitar materiales más robustos y ligeros. Ya se están empezando a crear a nivel laboratorio, estamos hablando de un futuro no muy remoto, en 10 o 20 años”, explica.
El investigador también aclara que, aunque se construyan velas enormes, el empuje que se recibe con la luz solar es pequeño, comparado con el que da un cohete, sin embargo, una nave impulsada por velero solar tendría una aceleración constante y no padecería de las vibraciones o altas temperaturas que genera viajar impulsado por un cohete, por lo que ya empiezan a vislumbrarse como una opción para transportar naves por el espacio.
Los veleros solares servirían para viajar de un planeta otro, no para viajar de la superficie de un planeta a estar en una órbita; para eso se seguirían necesitando cohetes y ya puesto en órbita, el velero se utilizaría para impulsar la nave. En la actualidad, hay una tecnología alternativa en investigación: el elevador espacial.
Avance del velero solar
Los principios físicos que hacen posible la navegación de una vela en el mar son los mismos que rigen la navegación por velas solares, es decir, se necesita el rumbo correcto, maniobras de aceleración, mantenimiento de ruta y frenado, el cual se logra controlando la posición de las velas.
La tecnología que hace funcionar a un velero de luz solar consiste en utilizar velas reflectoras con la mayor área posible y que sean capaces de utilizar un mínimo de masa. Por su parte, las de viento solar no necesitan una tela para impulsarse (vela), sino que se ha pensado en el uso de varillas con cierta rigidez que están cargadas eléctricamente, las cuales al recibir las partículas del viento solar le dan empuje a la nave.
En cuanto a cómo se manejaría un velero solar, se le dan instrucciones desde una computadora que se ubica en la Tierra. Por ejemplo, en una embarcación marina para cambiar de rumbo las velas deben moverse de acuerdo con la posición del viento, el doctor Aguilar Chiu explica que en el caso de la misión Ikaros lograron cambiar de rumbo sin necesidad de mover las velas.
“Lo que hicieron los japoneses fue cubrir todas las velas con celdas de cristal líquido, el cual dependiendo del voltaje que le das, se pone oscuro o transparente. Las celditas que pusieron cambiaban su reflectividad, podían pasar de ser como espejos a ser negros completamente, absorber la luz. Entonces, al cubrir todas las velas con esas celditas, la computadora de abordo simplemente cambiaba el grado de reflectividad de diferentes partes de las velas y con eso hacía que fuera equivalente a que cambiara la de posición de la vela. En lugar de mover la vela, cambiaban la reflectividad.”
Destaca que otra posibilidad propuesta para impulsar un velero solar es el láser, sobre todo para naves que viajen más allá de Júpiter, ya que el viento solar y la luz solar van disminuyendo conforme más lejos se está del Sol.
Adultos mayores y fraudes digitales: cómo proteger sus datos personales
Michel Olguín Lacunza
junio 8, 2026
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Las llamadas falsas, los mensajes alarmantes y las ofertas “demasiado buenas para ser verdad” se han convertido en parte de la vida cotidiana en internet. Sin embargo, uno de los sectores más vulnerables ante estos engaños es el de las personas adultas mayores, quienes muchas veces enfrentan dificultades tecnológicas, aislamiento y exceso de confianza, factores que pueden ser aprovechados por delincuentes para robar información o dinero.
En entrevista para UNAM Global, José Luis Belmont, secretario técnico del Programa Universitario de Derechos Humanos (PUDH) de la UNAM, explicó que el avance tecnológico ha impuesto nuevos retos para toda la sociedad, pero especialmente para las personas mayores, quienes, en muchos casos, tienen menor familiaridad con las herramientas digitales.
“Las personas mayores son más vulnerables porque tienen un acercamiento menor a la tecnología, tienen miedo a su uso, pero también pueden ser vulnerables porque son mucho más confiadas y actúan de buena fe”.
De acuerdo con el especialista, esta confianza suele ser aprovechada por personas que cometen ilícitos mediante engaños en redes sociales, correos electrónicos, llamadas telefónicas o aplicaciones de mensajería como WhatsApp.
El engaño detrás de un mensaje
Uno de los métodos más comunes es el llamado phishing, una técnica mediante la cual los delincuentes envían mensajes falsos para obtener información personal, contraseñas o acceso a cuentas.
Estos mensajes suelen apelar a la urgencia o al miedo. Por ejemplo, avisos sobre supuestos paquetes retenidos, cuentas bancarias bloqueadas o servicios que serán suspendidos si la persona no actúa de inmediato.
“Llega un mensaje con una amenaza o una urgencia, y la persona entra en ansiedad y no busca auxilio de alguien”, explicó Belmont.
El problema se agrava porque muchas personas adultas mayores viven solas o tienen redes de apoyo limitadas, lo que dificulta verificar si la información es verdadera.
Incluso existen casos en los que delincuentes utilizan cuentas hackeadas de familiares para pedir dinero mediante mensajes desesperados. En otros casos, se hacen pasar por autoridades, bancos o supuestos familiares en problemas.
“Es muy común que reciban llamadas de urgencia de familiares que se encuentran en una situación de emergencia y, entonces, las personas mandan dinero sin validar primero si la situación es real”.
“Se puede sustituir la voz de una persona que ya conocemos, y eso vuelve más complicado identificar el engaño”.
De esta manera, una persona adulta mayor podría recibir una llamada aparentemente hecha por un hijo, nieto o familiar cercano que solicita ayuda urgente, cuando en realidad se trata de una estafa.
Además de llamadas falsas, también existen mensajes sobre herencias inexistentes, premios, ofertas comerciales exageradas o supuestas promociones de tiendas reconocidas.
¿Cómo protegerse?
Para reducir riesgos, el especialista recomendó que las personas mayores cuenten con redes de apoyo y puedan consultar con familiares o personas de confianza antes de proporcionar información o realizar depósitos.
También sugirió activar mecanismos de seguridad, como la autenticación en dos pasos en aplicaciones y cuentas digitales.
Otra medida importante consiste en revisar cuidadosamente los mensajes sospechosos. Muchas veces contienen errores ortográficos, imágenes de mala calidad o direcciones electrónicas falsas.
“En ocasiones, estos mensajes tienen errores o dominios extraños. Ese es un factor importante para proteger la información”, explicó.
Asimismo, recomendó nunca proporcionar datos bancarios ni contraseñas por teléfono, ya que las instituciones financieras y las autoridades normalmente no solicitan información confidencial mediante llamadas.
Belmont destacó la importancia de verificar siempre los dominios oficiales de las páginas web antes de realizar compras o ingresar datos personales, especialmente ante ofertas demasiado atractivas.
“En ocasiones sí sirve confiar en la intuición. Si la oferta parece demasiado buena, conviene dudar un poco y verificar”, comentó.
La brecha tecnológica
El especialista consideró que uno de los grandes pendientes en México es reducir la brecha tecnológica que afecta a las personas adultas mayores.
Aunque existen instituciones como el INAPAM o los sistemas DIF que ofrecen cursos y actividades, señaló que todavía hacen falta programas básicos de alfabetización digital y prevención de fraudes.
“Debiera darse de manera forzosa una introducción muy básica sobre el uso seguro de la tecnología y la protección de datos personales”.
Además, subrayó que las personas mayores tienen derecho a participar plenamente en la vida digital sin quedar excluidas por falta de capacitación o acompañamiento.
Finalmente, Belmont llamó a fortalecer las redes familiares e institucionales para proteger a este sector de la población.
“Tenemos que empatizar con ellos mucho más y brindarles herramientas para proteger sus derechos y su información”, concluyó.
La UUNAFI de la UNAM fortalece y amplía servicios de fisioterapia para la atención integral de pacientes
Pepe Herrera / Roberto Torres / Alberto Resendiz
junio 4, 2026
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Como respuesta al envejecimiento de la población y al aumento de enfermedades crónicas, degenerativas y comorbilidades que afectan la movilidad y funcionalidad de las personas, la Unidad Universitaria de Atención en Fisioterapia (UUNAFI) de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM inauguró la ampliación de las instalaciones de la Licenciatura en Fisioterapia.
En una ceremonia encabezada por la doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, se presentaron las nuevas áreas, que incluyen un gimnasio terapéutico, tinas de hidroterapia y espacios clínicos especializados. La obra representa un avance significativo tanto para la formación de fisioterapeutas como para la atención de la comunidad.
Christian Lazcano Benítez, jefe de la UUNAFI, señaló que esta ampliación no solo fortalece los servicios dirigidos a los pacientes, sino que también enriquece la preparación académica de los estudiantes, al permitirles desarrollar mayores competencias profesionales en un entorno clínico real.
De acuerdo con Lazcano Benítez, en 2025 la unidad atendió a más de mil 600 usuarios, y de enero a abril de 2026 ya suma más de mil 200 atenciones. Estas cifras reflejan una creciente demanda de servicios de fisioterapia y, al mismo tiempo, el compromiso de mantener una atención cercana, humana y de calidad.
Asimismo, destacó que este crecimiento impacta directamente en la formación de los alumnos de la Licenciatura en Fisioterapia, quienes complementan su preparación teórica con experiencia clínica supervisada. Este modelo educativo fortalece el aprendizaje práctico y permite desarrollar habilidades clínicas y humanas, además de comprender el impacto de su labor en la calidad de vida de los pacientes.
En este contexto de crecimiento y consolidación, la ampliación de la UUNAFI también se refleja en las experiencias de los pacientes atendidos, quienes dan cuenta del impacto de la atención fisioterapéutica integral.
Un caso de éxito
Usuaria de la UUNAFI desde febrero y una de las primeras pacientes en utilizar las nuevas instalaciones, Jessica Carpinteiro compartió que, al iniciar su tratamiento, enfrentaba un fuerte dolor físico y emocional, en una condición que describió como muy difícil.
Antes de acudir a fisioterapia, había consultado a distintos especialistas, entre ellos ortopedistas, otorrinolaringólogos y gastroenterólogos, sin lograr una solución integral a sus problemas de salud. Fue en la UUNAFI donde comprendió que el cuerpo funciona de manera integral y que músculos, huesos y hábitos cotidianos están estrechamente relacionados.
A partir de su ingreso a la unidad, recibió acompañamiento constante por parte de los fisioterapeutas, lo que le permitió una mejora progresiva en su condición. Actualmente, afirmó sentirse con más energía, mejor estado de ánimo y mayor disposición para realizar sus actividades personales y laborales.
Carpinteiro destacó que su experiencia en la unidad representó un cambio importante en su vida, no solo por la mejoría física, sino también por la manera en que transformó su percepción sobre la salud y el funcionamiento del cuerpo.
Asimismo, resaltó el trabajo coordinado de los especialistas, quienes atendieron distintas áreas afectadas, como mandíbula, cuello, espalda y cintura, lo que contribuyó de manera integral a su recuperación y bienestar.
Añadió que las recomendaciones y rutinas proporcionadas por los fisioterapeutas modificaron significativamente sus hábitos diarios, desde la forma de dormir y sentarse hasta la manera de mantenerse activa. Esto le permitió comprender que el dolor no debe considerarse una condición normal o permanente.
Por otra parte, subrayó que la UUNAFI ofrece atención de alta calidad a costos accesibles, especialmente en comparación con otros espacios donde los tratamientos de fisioterapia suelen ser más costosos, lo que otorga un importante valor social al servicio.
Finalmente, reconoció el modelo de clínica de enseñanza de la UNAM, en el que estudiantes, pasantes y especialistas trabajan de manera conjunta. Consideró que este esquema no solo fortalece la formación académica de los futuros fisioterapeutas, sino que también garantiza una atención integral y profesional para los pacientes.
Sobre la clínica
La UUNAFI brinda atención tanto a la comunidad universitaria como al público en general, lo que ha permitido ampliar su impacto social y registrar un crecimiento constante en el número de pacientes que requieren atención fisioterapéutica especializada.
Uno de los principales atributos de este espacio es el acceso a tecnología y servicios de alta calidad que, en otros contextos, suelen resultar costosos o de difícil acceso. Con ello, la UNAM contribuye a disminuir las desigualdades en el acceso a servicios de salud y a ofrecer una atención más integral a la población.
La unidad cuenta con atención en distintas áreas especializadas, entre ellas pediatría, geriatría, neurología y ortopedia. No obstante, la mayor parte de los pacientes corresponde a población geriátrica y neurológica, sectores que generalmente requieren tratamientos continuos y procesos de rehabilitación más complejos.
Entre las principales afecciones tratadas se encuentran accidentes cerebrovasculares, esclerosis múltiple, artrosis y diversas lesiones musculares, tendinosas y articulares. Asimismo, se atienden padecimientos derivados de actividades deportivas o laborales que ocasionan limitaciones funcionales o algún grado de discapacidad.
Un aspecto fundamental de esta clínica de enseñanza es que todas las intervenciones realizadas por estudiantes y pasantes se llevan a cabo bajo supervisión constante de fisioterapeutas expertos. El fisioterapeuta universitario Mauricio Hernández señaló que esto garantiza que cada procedimiento sea seguro y adecuado para el paciente, sin comprometer la calidad del tratamiento.
En este marco clínico y formativo, la fisioterapeuta Vianney Galán, egresada de la Licenciatura en Fisioterapia de la UNAM e integrante de la UUNAFI, destacó la importancia fundamental del ejercicio terapéutico dentro del proceso de rehabilitación de los pacientes. Desde su perspectiva profesional, este tipo de ejercicio es un elemento clave que permite a las personas recuperar su funcionalidad y volver a realizar sus actividades de la vida diaria, así como retomar distintos tipos de actividad física y laboral.
En este sentido, la unidad cuenta con una amplia variedad de equipos especializados que facilitan y complementan el proceso de recuperación. Entre ellos se encuentran máquinas como la Smith, las poleas, las caminadoras y el reformer, todos considerados herramientas de alta calidad que contribuyen de manera significativa a la rehabilitación de los pacientes.
Además de estos equipos tradicionales de ejercicio terapéutico, la unidad dispone de tecnología de vanguardia que potencia aún más los tratamientos. Entre estos recursos se incluyen el láser de alta intensidad, las ondas de choque, la tecarterapia y la electroterapia, los cuales se utilizan como complemento del ejercicio para lograr una recuperación más eficiente, completa y personalizada.
La combinación entre el ejercicio terapéutico y el uso de tecnología avanzada permite que los tratamientos sean más efectivos, ayudando a los pacientes a alcanzar una mejor evolución en su proceso de rehabilitación. El objetivo final de estos tratamientos no solo es la recuperación física, sino también la mejora integral de la calidad de vida.
En este contexto, la fisioterapia se presenta como una herramienta esencial para ayudar a las personas a recuperar su bienestar y aprender a vivir sin dolor.
¿Cómo acceder a estos servicios?
Mauricio Hernández explicó que, para acceder a los servicios de la UUNAFI, los pacientes deben realizar un primer contacto a través de redes sociales u otros canales oficiales. Posteriormente, se solicita documentación básica, que incluye una identificación oficial y una receta médica con diagnóstico emitido por un profesional de la salud.
Se recomienda que dicha receta sea emitida por un médico especialista de acuerdo con la patología del paciente, como ortopedistas, traumatólogos, geriatras, internistas, cardiólogos, neurólogos o neurocirujanos, entre otros. Sin embargo, en algunos casos también pueden aceptarse recetas emitidas por médicos generales, dependiendo de la situación específica.
Este requisito no solo tiene un carácter organizativo, sino que responde a criterios éticos y legales que garantizan una atención responsable y adecuada para cada paciente. Una vez recibida la documentación, se agenda una valoración fisioterapéutica inicial, en la que se evalúa la condición del paciente y se define el plan de tratamiento correspondiente.
De esta manera, la atención fisioterapéutica dentro de la UUNAFI se realiza de forma estructurada, segura y profesional, garantizando tanto la formación adecuada de los estudiantes como la calidad en la atención a los pacientes.
Mejorar para dar un servicio de alta calidad
La ampliación de la UUNAFI de la UNAM no solo representa un avance en infraestructura, sino también la consolidación de su modelo de atención integral y formación clínica. A través de la combinación de práctica académica supervisada, tecnología especializada y un enfoque centrado en el paciente, la unidad fortalece tanto la preparación de futuros fisioterapeutas como la calidad de los servicios que ofrece a la comunidad.
En un contexto donde las enfermedades crónicas y las limitaciones funcionales van en aumento, este tipo de espacios adquiere una relevancia creciente al contribuir a la rehabilitación, la autonomía y la mejora de la calidad de vida de los pacientes. Así, la UUNAFI se posiciona como un punto de encuentro entre la enseñanza universitaria, la investigación aplicada y el servicio social en salud.