La vida es como una partida de ajedrez

La vida es como el ajedrez, se tiene que pensar en las decisiones que se toman, desconfiar del primer impulso y cada paso dado no hay marcha atrás. “Son dos grandes enseñanzas que me ha dejado el juego”, aseguró Manuel López Michelone, profesor de Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Para el profesor, también conocido como “La Morsa”, su vida ha sido de vacaciones continuas porque da clases y lo combina con el ajedrez, dos actividades que le gustan mucho. Sus intereses son muy claros: la física, el cómputo, área en la que ha creado programas para entrenarse en el ajedrez y demostrar que es un juego que vale la pena estudiar. Con esta idea en mente abrió su canal de YouTube Manuel Morsa en 2015.

En esa plataforma digital se enfoca en consejos, análisis de jugadas, resolver problemas y más sobre ese deporte que calificó como interesante y barato.

Su canal con poco más de 200 mil suscriptores ha tenido gran aceptación porque, refirió, es sencillo y sólo busca que la gente juegue, se divierta y entienda que es un juego que vale la pena estudiar. El ajedrez tiene la gran virtud de que cuando uno se vuelve mayor es una adicción para toda la vida”.

Manuel “Morsa”, a lado de José Antonio Pontón, su compañero y camarógrafo en cada video, han sido constantes para colocarse en el gusto de los suscriptores, quienes semana a semana buscan un nuevo contenido.

“Mi canal lo puede ver cualquiera, no importa que no sepan de ajedrez porque hay videos para todos ellos, la idea es compartirlo”.

Entre los retos de quien fuera campeón juvenil de ajedrez en 1973 están terminar el doctorado y organizar más actividades en vivo para el canal: pequeños torneos en diversas partes de la ciudad, llegar a un millón de suscriptores y hacer más relevante el ajedrez.

Este juego deja lecciones de vida porque te enseña a competir y aprender que no importa qué tan bueno seas, alguien más te puede ganar. 

Políticas migratorias de Trump con inclinación racista

Como especialista en inmigración en los Estados Unidos, el doctor Hiroshi Motomura ha participado en diversos paneles y en uno de los más recientes, tras desglosar las posturas adoptadas por ese país desde que comenzó a traer esclavos negros del África hasta la fecha, y tras examinar cómo en ciertos momentos las autoridades han privilegiado la entrada de ciertas nacionalidades y le han cerrado las puertas a otras por asuntos de raza, uno de sus interlocutores le espetó: “Eso es el pasado, yo no estaba ahí y no soy responsable”.

Al profesor de la Escuela de Derecho de la UCLA esta respuesta le impactó no por venir de un colega suyo, sino porque refleja un desdén por la historia presente en muchos estadounidenses, y porque justo esa indolencia es la explotada Donald Trump a fin de hacer que sus políticas migratorias logren cada vez mayores índices de aceptación.

De visita en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Motomura destacó que las ideas del magnate significan una ruptura respecto a las manifestadas por sus antecesores en la Casa Blanca, quienes abogaban por una migración legalizada, pues el presidente actual no sólo busca limitar ésta al mínimo, sino que ha añadido un componente racial semejante al propuesto hace casi un siglo en EU, bajo el nombre de The National Origins System.

“El sistema nacional de orígenes operó de 1924 a 1965 y buscaba que los Estados Unidos volviesen a tener una composición racial parecida a la de 1800, es decir, blanca, anglosajona y protestante, por lo que desde las leyes favorecieron la entrada y concesión de nacionalidad a personas del norte de Europa (a las del sur le ponían trabas y no era tan fácil la admisión de franceses, italianos o judíos, por ejemplo), mientras que a los trabajadores mexicanos se les permitía pasar en gran número, siempre y cuando no se quedaran”.

De hecho, la comisión Dillingham (comité formado en 1907 para evaluar la situación migratoria de los EU) lo dijo muy claro al publicar sus conclusiones en 1911: “Los migrantes mexicanos nos proporcionan una fuerza de trabajo adecuada y, debido a que no se integran con nosotros, no deberíamos hacer caso de su presencia siempre y cuando regresen a donde nacieron. Los mexicanos son mucho menos deseables como ciudadanos que como trabajadores”.

Sin embargo, señala el doctor Motomura, esta situación cambió en 1965, cuando el Congreso estadounidense estableció que las leyes de inmigración y ciudadanía no se podían aplicar discrecionalmente según nacionalidad, ya que esto era discriminación explícita, y abolió el National Origins System para establecer un límite similar de personas aceptadas legalmente por país, mandato que se ha venido siguiendo —con más o menos restricciones— desde entonces.

Por ello, reflexiona el profesor Motomura, cuando un presidente como Trump dice no querer más inmigración de países de África, Haití o El Salvador (a los que llamó shitholes u hoyos de mierda, según filtraciones) y sí de países como Noruega, lo que hace es introducir una vena racista en sus políticas que no se veía desde hace tiempo.

“Los últimos habitantes de la Casa Blanca han defendido —de manera simplificada— que la inmigración legal es buena y la ilegal mala; Trump es el primer presidente en muchas generaciones en declararse escéptico hacia la primera (si no proviene de ciertas regiones), y en mostrar una severidad inusual contra la segunda, lo que muestra una voluntad de modificar la composición racial y religiosa de los EU”, de manera similar a lo buscado por el National Origins System hace poco menos de 100 años.

Por ello, advierte, no es prudente desdeñar la historia ni creer que no tenemos responsabilidad sobre ella sólo por haber ocurrido hace tiempo, “pues comprenderla nos explica dónde estamos parados”.

El componente latino, una apuesta a futuro

 El profesor Hiroshi Motomura es franco al explicar que, a él, el tema de la inmigración le toca muy de cerca porque nació en Japón y fue llevado a los Estados Unidos a los tres años, en una época en la que las leyes eran discriminatorias, por lo que creció como un adolescente que se sentía estadounidense para cualquier propósito, pero sin ciudadanía para efectos legales.

“Por eso sé de la importancia de entender el fenómeno y de usar los términos adecuados para referirnos a él, por ello en vez de hablar de ilegales o indocumentados, lo mejor es emplear el concepto de población no autorizada en los Estados Unidos”.

Sobre este grupo de personas, Motomura explicó que rondan los 11 millones, que la mitad entró como estudiante o turista y se quedó, y que el 60 por ciento se concentra en California, Texas, Nueva York, Florida y Nueva Jersey. “Un aspecto a resaltar es que, de esos 11 millones, el 53 por ciento es mexicano”.

Este hecho, aunado a la Immigration Act de 1965 —que transformó la situación demográfica, pues antes de ella siete de cada ocho inmigrantes naturalizados venían de Europa y hoy nueve de cada 10 provienen de otros lugares— ha hecho que la población hispana crezca considerablemente; no obstante, ante la pregunta de si esto puede ser un factor decisivo en las próximas elecciones presidenciales y provocar la derrota del Partido Republicano, el académico se mostró poco convencido.

“Lo que pasa es que, como señalé antes, esas poblaciones se concentran en lugares específicos y ahí pueden hacer mucho. Por ejemplo, se dice que el fin del Partido Republicano en California se dio cuando éste quiso imponer la Proposición 187, ya que eso hizo que los votantes latinos se movilizaran al ver que buscaban arrebatarles derechos, pero en lo tocante a los comicios presidenciales es poco probable que tal escenario se repita, pues tenemos algo llamado Colegio Electoral que hace que los votos se obtengan por estado y no por votantes. Eso hizo que Trump ganara en 2016, sin importar que más personas sufragaran por Hillary”.

Otro aspecto que se suma a que esta población aún no sea clave para definir el rumbo político de los Estados Unidos es que la participación electoral hispana es relativamente baja. “No tengo ninguna duda de que estos cambios demográficos tienen gran peso, pero no sé si veremos su impacto electoral en el 2020 o en el 2050”.

Te presentamos a los nominados al World Press Photo 2020

Conoce a los nominados para la 63ª edición del World Press Photo Contest y la 10ª edición del Digital Storytelling Contest.

¿Por qué tiembla en Michoacán?

Vórtice. Universo paralelo para tres aeroplanos

Vórtice, universo paralelo para tres aeroplanos es un relato de ciencia ficción inspirado en la historia de tres míticos pilotos desaparecidos en vuelo: la aviadora Amelia Earhart, el escritor Antoine de Saint-Exupéry y el explorador Roald Amundsen, partiendo de la premisa cuántica de que, en realidad, han sido abducidos por un vórtice espacio-temporal y están atrapados en una dimensión paralela, desde la que pueden observar el devastador paso de la humanidad por la tierra a lo largo de la historia.

Paralelamente, la obra se ubica en otros dos tiempos y realidades distintas: México, en plena catástrofe ecológica derivada del calentamiento global y la sobreproducción industrial, en el año 2068; y el espacio sideral, ahora que la especie humana ha tenido que abandonar la Tierra para colonizar la superficie marciana, en el año 3049.

Ayudados por una científica mexicana, los tres pilotos buscarán regresar al tiempo presente para advertir a la humanidad de la inminente catástrofe medioambiental que se avecina si no actuamos de inmediato en contra de la destrucción planetaria.

Dramaturgia: Jorge Maldonado

Dirección escénica: David Psalmon

Con: Enrique Arreola, Beatriz Luna, Rodolfo Arias, Micaela Gramajo y Osvaldo Sánchez

 

Teatro Santa Catarina

Jardín Santa Catarina No. 10, Coyoacán

 

 

Temporada del 20 de febrero al 15 de marzo.

Excepto: 8 de marzo

Funciones: Jueves y viernes 19:30 hrs., sábado 19:00 hrs. y domingo 18:00 hrs.

Admisión de $150.00 con descuento del 50% a estudiantes, maestros, UNAM, INAPAM, y jubilados del ISSSTE e IMSS con credencial vigente. Jueves de $30.00.

 

 

Retransmisión: ¿Por qué está temblando en Michoacán?

La Universidad Nacional Autónoma de México invita a la conferencia de medios

¿Por qué está temblando en Michoacán?

25 de febrero, 10:30 hrs.

Participarán Hugo Delgado, director del Instituto de Geofísica; Xyoli Pérez Campos, responsable del Servicio Sismológico Nacional; Servando de la Cruz Reyna, investigador del departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica y Enrique Guevara Ortiz, director general del CENAPRED.
Desde el auditorio Tlayolotl del Instituto de Geofísica, en Ciudad Universitaria, 15 minutos antes de la hora señalada.

Muere Katherine Johnson, matemática que ayudó a la humanidad a llegar a la Luna

«Si ella dice que son buenos, entonces estoy listo para ir«, dijo el astronauta John Glenn, quien fue el primer hombre en orbitar la Tierra, de Katherine Johnson, la matemática afroamericana de la NASA que en 1969 llevó a cabo los precisos cálculos para que el Apollo XI aterrizara en la Luna. Johnson falleció este lunes a los 101 años.

«Usted me dice cuándo y dónde quiere que aterrice [la nave], y yo le diré dónde, cuándo y cómo lanzarla», dijo una vez la científica.

«Nuestra familia de la NASA está triste al enterarse de la noticia de que Katherine Johnson falleció esta mañana a los 101 años», ha escrito en su cuenta de Twitter el administrador de la agencia aeroespacial, Jim Bridenstine.

La NASA ha informado este lunes de la muerte a los 101 años de quien fue «la mente brillante» de su equipo, fundamental en la llegada de la humanidad a la Luna. La agencia espacial honró un legado que derribó las barreras raciales y sociales en «una época en que las computadoras llevaban faldas«, como solía decir ella. La doble discriminación que Johnson sufrió durante décadas por ser mujer y afroamericana, así como su arduo trabajo, quedó inmortalizado en el filme Hidden Figures (Figuras ocultas, 2016), donde la encarnó la actriz Taraji P. Henson.

Eso se debe en parte a que, en una época en la que ser mujer y científica en EE.UU. ya presentaba sus propias dificultades, ella se enfrentaba además al desafío de ser afroamericana en un país en el que muchos estados tenían todavía vigentes las llamadas leyes Jim Crow, que buscaban perpetuar la segregación entre blancos y negros.

Sin embargo y pesar de todas las dificultades, mucho antes de llevar a la humanidad a la Luna, Johnson ya había superado muchas barreras.

Nacida en White Sulphur Springs, Virginia Occidental, en 1918, su intensa curiosidad y brillantez con los números la impulsaron varios grados en la escuela. A los 13 años, asistía a la escuela secundaria en el campus del West Virginia State College colegio históricamente negro. A los 18 años, se inscribió en la propia universidad, donde hizo un trabajo rápido del plan de estudios de matemáticas de la escuela y encontró un mentor en el profesor de matemáticas W. W. Schieffelin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado en matemáticas. Se graduó con los más altos honores en 1937 y tomó un trabajo como maestra en una escuela pública negra en Virginia.

Ya en 1939, y después de ejercer de profesora en diversas escuelas públicas para negros, se convirtió en una de los tres primeros estudiantes afroamericanos en formar parte del alumnado de la Universidad de West Virginia, la más prestigiosa del estado.

Años más tarde, se convirtió en una de las mujeres negras que formaban un equipo en el Centro de Investigación Langley para calcular la trayectoria de los primeros lanzamientos espaciales, unas operaciones que hoy hacen los ordenadores.

Fueron sus cálculos los que ayudaron a que la misión Apolo XI llegara a buen puerto y a que Neil Armstrong pisara la Luna (1969), pero también los que fijaron la trayectoria del primer viaje al espacio de un estadounidense, Alan Shepard (1961).

Cuando la Nasa empezó a usar ordenadores para la misión en que John Gleen orbitó la Tierra por primera vez (1962), le pidieron a Johnson verificar los cálculos de la máquina.

A pesar de los años de anonimato al que Johnson y sus compañeras se vieron relegadas, el reconocimiento, aunque con retraso, llegó en 2015, cuando el entonces presidente de EE.UU., Barack Obama (2009-2017), le entregó la Medalla Presidencial a la Libertad.

En la ceremonia en su honor, el mandatario proclamó: «Katherine Johnson rechazó verse limitada por lo que esperaba la sociedad de ella por su sexo y raza mientras expandía los límites de la humanidad».

Dos años más tarde, la NASA le dedicó un edificio en su honor en su sede en Langley (Virginia), la Instalación de Investigación Computacional Katherine G. Johnson.

Fuente: NASA