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La doble cara del azúcar: energía vital o amenaza silenciosa

El azúcar, un ingrediente clásico e indispensable de la cocina y las golosinas, es generalmente relacionado con enfermedades muy comunes en México, como la diabetes. Sin embargo, desde el punto de vista químico, la palabra “azúcar” no se usa para una sola sustancia porque, en realidad, hay muchos compuestos a los que podemos llamar azúcares.

Los azúcares son nutrientes que podemos encontrar en una mañana de trabajo: en las galletas que comemos con un buen café o en frutas frescas para un día caluroso; sin embargo, en otros casos y a pesar de no tener su encantador sabor dulce, también se encuentran en una sencilla sopa de lentejas, en una rica ensalada de papa o en una cerveza muy fría en la playa. Así es, todos los alimentos mencionados contienen “azúcares”, aun cuando algunos no tienen el característico sabor dulce que nos atrae de forma irresistible. Esta dualidad de sabor de los azúcares parece reflejar su doble cara en sus propiedades como alimentos importantes para los humanos.

 Adentrándonos en el mundo de los azúcares

Para entender un poco más de los azúcares, existen algunas preguntas importantes como: ¿Qué son los azúcares? ¿Por qué tienen diferentes sabores en la gran variedad de alimentos? ¿Está presente el mismo azúcar en todos los alimentos o son diferentes en cada uno de ellos? Y si son diferentes, ¿son procesados y utilizados por nuestro cuerpo de la misma forma? ¿Son todos los azúcares igual de nutritivos? Algunas de estas dudas trataremos de explicarlas en los siguientes párrafos.

Azúcares es el nombre común que damos a un grupo extenso de compuestos químicos, llamados “hidratos de carbono” o “carbohidratos”. Los podemos encontrar en una enorme variedad de alimentos como la leche, verduras, pastas, tortillas de maíz, alimentos enlatados, miel de abeja y obviamente, en las golosinas, el pan y las galletas. Los azúcares aportan a nuestro cuerpo la mayor parte de la energía o calorías que ingerimos en los alimentos diarios.

Curiosamente, la mayoría de los azúcares que están presentes en diversos alimentos no tienen el sabor dulce que nos resulta tan familiar. Esto es debido a que hay muchos tipos de azúcares y cada uno presenta diferentes estructuras químicas que producen diferentes sensaciones de sabor en nuestro paladar. Algunos presentan una estructura sencilla como la glucosa, que suele tener un ligero sabor dulce, mientras que otros tienen esqueletos químicos muy complejos, pero casi no tienen sabor.

Adentrándonos más, los azúcares de los alimentos se deben descomponer en nuestro organismo para proporcionar una gran cantidad de energía. Tomemos al almidón como ejemplo para entender mejor lo anterior. El almidón es el azúcar más abundante en la dieta de humanos y su estructura es muy compleja, ya que se compone de una mezcla de dos estructuras diferentes, la amilosa y la amilopectina, generadas por miles de moléculas de glucosa unidas químicamente. La amilosa es una larga secuencia de glucosas unidas como los eslabones de una cadena lineal de acero y que rara vez tiene ramificaciones. En cambio, la amilopectina contiene cadenas cortas, pero con muchas ramificaciones, asemejando a un arbusto con muchas ramas a su alrededor.

Digestión y absorción de azúcares

Debido a la estructura complicada con la que se presentan en los alimentos, para que los azúcares puedan ser absorbidos, primero deben ser “liberados” o, dicho de forma más adecuada, “digeridos”. Antes de explicar cómo es su digestión, debemos saber que existen factores que afectan de diferente forma a la liberación y absorción de los azúcares en nuestro intestino. Por ejemplo, durante nuestra rutina al comer, si nos tomamos el tiempo adecuado para masticar completamente nuestros alimentos, provocará que sea más fácil para nuestro cuerpo absorber sus nutrientes. También influye la temperatura y el tiempo de cocción usados en la preparación de los alimentos, ya que sus características, como contenido de agua, dureza y compactación, son modificadas por el procedimiento. Así, la digestión de los almidones de la avena o del arroz es más fácil si la temperatura y tiempo de cocción son mayores. Hay múltiples factores o características en cada alimento que también influyen en la cantidad de glucosa que podemos obtener. Algunas de ellas incluyen su contenido de fibra dietética, el contenido de grasas y proteínas, si se congeló o no antes de cocinarse, si había humedad en donde se almacenó o estaba en un ambiente seco. Además, no podíamos dejar de lado su composición química. ¿Recuerdan a la amilosa y amilopectina que mencionamos antes? Pues la relación en las cantidades de estos dos tipos de moléculas es un factor que modifica su digestión. Por ello, las harinas refinadas (galletas, pan dulce, pizza, etc.) que contienen almidón con mayor cantidad de amilopectinas, tienen una digestión más rápida que la de un almidón con mayor cantidad de amilosas. Con todo esto, entendemos que, al modificar las características del alimento, la forma de cocinarlos y la manera en que comemos, modificamos también la digestión y absorción de los azúcares.

¿Qué ocurre durante la digestión de azúcares?

Como mencionamos antes, el gran aporte energético que nos dan los azúcares depende en gran medida de que nuestro cuerpo pueda digerirlos adecuadamente para obtener el máximo posible de su energía. La digestión propiamente inicia en la boca, en la que los alimentos son molidos y humedecidos con la saliva, continúa en el estómago cuando se incorpora el jugo gástrico y se crea una mezcla que eventualmente pasa al intestino. En el intestino se lleva a cabo la mayor parte del proceso químico de digestión y absorción.

La digestión puede llevarse a cabo gracias a pequeñas máquinas biológicas llamadas enzimas, las cuales se encargan de romper las grandes estructuras, como el almidón, en azúcares más simples. Este proceso facilita y acelera la absorción, ayudando a obtener la energía contenida en los alimentos. Las enzimas se encuentran en distintas áreas del cuerpo, por ejemplo, en la saliva producida en la boca encontramos la amilasa salival, mientras que en nuestro intestino se localiza la amilasa pancreática, siendo esta última producida por el páncreas y secretada en grandes cantidades hacia el intestino. Ambas ayudan en gran medida a la digestión de almidones. Sin embargo, estas dos enzimas no son suficientes para el complejo proceso de degradación. Existen otras dos enzimas muy importantes para obtener glucosa libre fácilmente absorbible a partir de los azúcares. Estas enzimas son sacarasa-isomaltasa (SI) y maltasa-glucoamilasa (MGAM), se encuentran en nuestro intestino principalmente y en más órganos como en riñones y músculo. Todas las enzimas que hemos mencionado forman parte del grupo llamado “α-glucosidasas”, y tienen un papel fundamental para la generación eficiente de glucosa libre, aunque esta eficiencia depende de cada tipo de almidón.

Para tomar provecho de la glucosa y demás azúcares liberados de los almidones, estos deben ser absorbidos por las células que recubren al intestino utilizando transportadores, los cuales son como pequeños puentes de traspaso que llevan las moléculas de glucosa a través de las paredes del intestino hacia la circulación sanguínea. Existen diversos transportadores que constituyen lo que llaman una “familia de proteínas”, que en conjunto son conocidos con nombres extraños como GLUT y SGLT. Ambos tipos de transportadores se subdividen en varios subtipos y cada uno de ellos tiene un azúcar predilecto para absorber. Por ejemplo, SGLT1 introduce la glucosa libre a las células que recubren al intestino; una vez en el interior de estas células, GLUT2 lleva a la glucosa hacia la sangre que irriga el intestino y así se distribuye al resto del cuerpo. Estos transportadores también pueden optar por otros azúcares y no solo por glucosa, como SGLT1 que además de glucosa también puede transportar galactosa, un azúcar muy similar a la glucosa y que se encuentra formando parte de la lactosa que abunda en la leche de los mamíferos. Otros, como GLUT5, transportan en conjunto a la glucosa y otro azúcar llamado fructosa, el que forma parte del azúcar de mesa que ingerimos en nuestro café. Es importante señalar que la cantidad y la funcionalidad de estos transportadores son modificadas por las hormonas, que son señales que utiliza nuestro cuerpo para coordinar el funcionamiento de nuestros órganos, y que son afectadas en algunas enfermedades como la diabetes mellitus.

Nuestro cuerpo sabe diferenciar

Lo que acabamos de describir nos da la idea de que nuestro organismo puede distinguir entre los diferentes azúcares que ingerimos. Ya que la estructura del almidón de papa puede ser diferente al del arroz o al del maíz, esto puede ser reconocido por SI y MGAM actuando a diferentes velocidades dependiendo de la estructura y composición del almidón. ¿Pero esto cómo se puede ver en la vida cotidiana? Las últimas investigaciones nos hacen pensar que, al comer una tortilla de maíz, unas papas fritas o cualquier otra comida que contenga alta cantidad de azúcares, nuestro cuerpo empleará la maquinaria enzimática para poder obtener glucosa libre en menor o mayor proporción, en algunas ocasiones haciendo que las enzimas tarden más tiempo en digerir las estructuras complejas y provocando que la cantidad de glucosa liberada aumente poco a poco. Por ello, en ocasiones se consideran más saludables y nutritivos este tipo de alimentos conteniendo azúcares complejos.

Los azúcares complejos se pueden encontrar en diferentes alimentos y con diferentes estructuras, como el almidón de papa, el cual cuenta con una mayor proporción de amilopectina, o el almidón de maíz que tiene una mezcla entre amilosa y amilopectina. De forma contraria, los azúcares simples, como los dulces caramelizados o las harinas refinadas, son digeridos muy rápido e incrementan los niveles de glucosa también más rápido, por lo que se pueden considerar malos para la salud o pocos nutritivos.

Continuando en esta idea, hablábamos de alimentos sin procesar que aportan azúcar natural en mayor o menor cantidad dependiendo su origen. Pero ¿qué pasa con los productos procesados? Como su nombre lo dice, pasan por uno o varios procesos para poder llegar hasta los estantes en tiendas y supermercados. Estos productos tienen “azúcares añadidos” como la sacarosa o la dextrosa, edulcorantes, jarabes de azúcar, jugos de frutas concentrados y miel. Este tipo de azúcares simples se añaden a los alimentos para poder mejorar sus características de olor y sabor, además de ayudar a que se puedan conservar de mejor manera por más tiempo del normal. Los alimentos más comunes en los que se encuentran son mermeladas, jugos, jarabes, refrescos y alimentos enlatados, que consumimos día con día. Es ahora cuando debemos parar y preguntarnos, ¿el beneficio supera el riesgo? La respuesta depende de la frecuencia con la que ingerimos este tipo de productos. Se sabe que un alto consumo de alimentos con azúcares añadidos está asociado con el aumento del riesgo de padecer obesidad y otras enfermedades crónicas. Es por ello que se recomienda revisar la etiqueta de los productos que adquirimos, investigar y saber lo que en realidad estamos comiendo, y así tomar una decisión informada sabiendo si el riesgo es menor que el beneficio que nos aportan.

Nuevo panorama

¿Qué pasaría si las pequeñas máquinas biológicas que ayudan a la digestión y producción de glucosa, no se encontraran del todo bien y/o existiera un número reducido de ellas? Pues bueno, esto podría explicar padecimientos que la mayoría de las personas en el país sobrellevan día a día, tan simples como una inflamación intestinal, llegando a una diarrea o hasta alterar la población de bacterias que viven en parte de nuestro intestino y que conocemos como microbiota intestinal, la que, como ahora sabemos, es de vital importancia para un estilo de vida saludable. Los problemas pueden incluso llegar a situaciones más graves, como síndromes de malabsorción, enfermedades, como el sobrepeso, la misma diabetes o el cáncer. En los casos en que se presentan estas enfermedades causadas por una falta o fallo en las “α-glucosidasas”, estas enzimas se convertirían en un blanco estratégico de tratamientos. Nuestro cuerpo solo absorbe glucosa libre para convertirla en energía, pero si los almidones no son digeridos para obtener glucosa libre, nuestro organismo busca la forma de generar energía por otra vía, como sería la destrucción de proteínas del cuerpo.

Mirando hacia el futuro, con nuevas investigaciones se podrían encontrar nuevas formas de tratar a las enfermedades mencionadas y, por qué no, hacer realidad el sueño de muchos de comer alimentos dulces y no subir de peso. Sin duda alguna, suena tentador. Es por ello que en nuestro grupo de investigación seguimos estudiando a SI y MGAM, entre otras enzimas, pues esto permitirá saber más sobre su localización en el cuerpo y sus funciones, lo que permitirá entender mejor su importancia y beneficio para todo nuestro cuerpo.

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La UNAM reafirma su liderazgo cultural, científico y social dentro y fuera de México

ORGULLO

Las letras universitarias construyen el futuro

La Universidad Nacional Autónoma de México volvió a colocar el nombre de México en lo más alto de la literatura hispanoamericana con el reconocimiento al escritor y académico Gonzalo Celorio, quien recibió el Premio Cervantes 2025, considerado el máximo galardón de las letras en español.

Durante la ceremonia, el rector Leonardo Lomelí Vanegas destacó la importancia de la lengua, las migraciones y el papel de la universidad pública como un espacio esencial para el pensamiento crítico y la cultura. Este reconocimiento honra no sólo la trayectoria de Celorio, sino también la vocación humanista con la que la UNAM sigue construyendo el futuro cultural de Iberoamérica.


FUTURO

La ciencia universitaria mira hacia las estrellas

El talento científico de la UNAM volvió a destacar internacionalmente gracias al académico del Instituto de Astronomía, José Eduardo Méndez Delgado, quien recibió el Premio Princesa de Girona Internacional 2026 por sus aportaciones en astrofísica.

Este logro confirma a la Universidad como un referente mundial en investigación científica y demuestra cómo el conocimiento generado en la UNAM impulsa el futuro de la ciencia y de las nuevas generaciones.


CREATIVIDAD

El cine universitario transforma historias en futuro

La película Sujo brilló en los Premios Ariel y reafirmó la presencia de la comunidad universitaria en el cine nacional. El triunfo refleja la capacidad artística y narrativa que surge de los espacios universitarios y que hoy impacta en la cultura mexicana contemporánea.

La UNAM continúa formando creadoras y creadores capaces de imaginar nuevas realidades y construir el futuro cultural del país.


EXCELENCIA

La UNAM fortalece su presencia entre las mejores del mundo

La UNAM consolidó su liderazgo académico internacional al destacar en el QS World University Rankings by Subject 2026. La Universidad incrementó de 10 a 12 las disciplinas ubicadas entre las 50 mejores del mundo y pasó de 31 a 36 áreas dentro del Top 100 global.

Artes y Humanidades se posicionó en el lugar 20 mundial, mientras carreras como Antropología, Estudios del Desarrollo y Lenguas alcanzaron el sitio 17 internacional.

Estos resultados reflejan la calidad académica, científica y humanista con la que la UNAM sigue construyendo el futuro de México.


SENSIBILIDAD

La música que inspira el futuro humano

La compositora Gabriela Ortiz recordó que “la música puede expresar la condición humana de manera sublime”, una visión que sintetiza el espíritu cultural y artístico de la UNAM.

La Universidad continúa siendo un espacio donde la sensibilidad, la creatividad y el arte dialogan para imaginar un futuro más humano y más consciente.


GARRA

El espíritu universitario nunca deja de mirar al futuro

Aunque Cruz Azul venció 2-1 a Pumas en el Estadio Olímpico Universitario, la pasión auriazul permaneció intacta. La afición universitaria cantó hasta el último minuto y convirtió la derrota en una muestra de identidad, lealtad y comunidad.

Porque en la UNAM, incluso en la adversidad, el espíritu universitario mantiene viva la esperanza y sigue mirando hacia el futuro.


UNA UNIVERSIDAD QUE CONSTRUYE FUTURO

Cada uno de estos logros refleja los valores que distinguen a la Universidad Nacional Autónoma de México: excelencia académica, innovación científica, creatividad artística, sensibilidad cultural y fortaleza comunitaria.

Desde la literatura hasta la astronomía; desde el cine y la música hasta el deporte, la UNAM demuestra que sigue siendo una institución capaz de formar talento, generar conocimiento y construir futuro para México y el mundo.

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Alejandro González Iñárritu ingresa a El Colegio Nacional

Por primera vez en sus más de ocho décadas de historia, El Colegio Nacional incorporó a un cineasta entre sus integrantes. Alejandro González Iñárritu, director mexicano ganador de cinco premios Oscar y doctor honoris causa por la UNAM, ofreció la lección inaugural La alucinación consensuada, una reflexión sobre el cine, la memoria, la migración, la experiencia humana y los desafíos contemporáneos de la imagen.

Durante la ceremonia realizada el 26 de mayo de 2026, el arquitecto Felipe Leal, presidente en turno de El Colegio Nacional, subrayó el carácter histórico del nombramiento. “Hoy ingresa al Colegio Nacional Alejandro González Iñárritu, primer cineasta en la historia del Colegio Nacional que forma parte de este claustro, tarea pendiente que se tenía con una disciplina artística que ha aportado tanto a la cultura mexicana y universal”, afirmó.

Leal repasó la trayectoria del realizador de Amores perros, 21 gramos, Babel, Birdman, The Revenant y Bardo, y recordó que en 2019 la UNAM le otorgó el doctorado honoris causa.

Visiblemente emocionado, González Iñárritu reconoció que durante años dudó en aceptar la invitación para integrarse a El Colegio Nacional. “Su invitación para formar parte de este honorable Colegio Nacional no sólo me honra, me conmueve profundamente”, expresó.

El cineasta aseguró que su incorporación representa también un reconocimiento al cine mexicano y a las generaciones de creadores que construyeron una tradición cinematográfica nacional. En su intervención recordó a figuras como Salvador Toscano, Emilio Fernández, Luis Buñuel, Arturo Ripstein, Felipe Cazals y Jorge Fons, así como a cineastas contemporáneos como Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Tatiana Huezo y Carlos Reygadas.

A lo largo de su conferencia, Iñárritu defendió la potencia visual de la cultura mexicana y vinculó el cine con las raíces simbólicas del país. Afirmó que, a diferencia de otras tradiciones artísticas occidentales, la cosmovisión mesoamericana creó “un lenguaje visual único y profundamente simbólico”.

“México es una potencia visual porque nuestra cultura desde siempre ha convertido la imagen en una forma de explicar al mundo”, sostuvo al referirse a los códices prehispánicos y al muralismo mexicano encabezado por Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo.

Una experiencia construida con luz

Uno de los ejes centrales de la conferencia fue la reflexión sobre la luz como elemento esencial del lenguaje cinematográfico.

Para González Iñárritu, el cine depende de ella no solamente como recurso técnico, sino como una herramienta capaz de construir emociones y experiencias.

“Puede haber cine sin sonido, sin música, sin guion e inclusive sin actores. Pero no existe una película sin luz”, señaló.

Asimismo, habló del encuadre, el tiempo, la edición y el sonido como algunos de los elementos que permiten construir significado dentro de una película.

Sobre el encuadre afirmó que no sólo consiste en mostrar algo, sino también en decidir qué permanece fuera de la imagen.

“Cada encuadre es una total y absoluta conspiración de exclusión”, comentó.

Además, el director definió al cine como “una alucinación consensuada”, una experiencia construida a través de la luz, el sonido, el tiempo y el encuadre, donde cada decisión estética transforma la manera en que el espectador percibe la realidad.

Durante su intervención también evocó el impacto que tuvo la Cineteca Nacional en su juventud y recordó cómo las películas de Akira Kurosawa, Federico Fellini, Werner Herzog e Ingmar Bergman marcaron su formación artística y ampliaron su comprensión del cine como experiencia humana y sensorial.

Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia ocurrió cuando habló sobre la migración y el desarraigo, temas centrales en buena parte de su filmografía. “Entre más lejos y fuera estamos, más mexicanos nos hacemos”, afirmó.

Hacia el final de su discurso, el director reflexionó sobre el vínculo entre tecnología, experiencia humana y creación artística. Advirtió sobre el riesgo de sustituir la experiencia vital por imágenes generadas mediante inteligencia artificial y cuestionó qué ocurre cuando no existe una vivencia humana detrás de la imagen.

“El arte no es el resultado, es la transmisión de una experiencia humana a otra”, afirmó.

También lamentó que muchos jóvenes crezcan hoy más cerca de las pantallas que de la experiencia directa del mundo. “Me confiesan jamás haber observado un atardecer”, dijo al referirse a artistas digitales y especialistas en efectos visuales con los que ha trabajado.

De izquierda a derecha: el cineasta Alejandro González Iñárritu; el arquitecto Felipe Leal, presidente en turno de El Colegio Nacional; Teresa Vicencio Álvarez y el escritor Juan Villoro.
Foto: El Colegio Nacional / Facebook

Como cierre, lanzó una defensa del cine como experiencia profundamente humana: “Sigamos humanos haciendo cine con humanos, para humanos”.

La respuesta al discurso estuvo a cargo del escritor Juan Villoro, quien construyó una reflexión sobre el cine, la mirada y el papel de González Iñárritu en la cultura contemporánea. El narrador aseguró que con la llegada del director a El Colegio Nacional “llega el hechizo de la luna”, en referencia al poder histórico del cine para transformar la percepción humana.

Villoro subrayó que el ingreso del realizador representa también el reconocimiento institucional del cine como disciplina artística. “En su nombre no ingresa una persona, sino un oficio”, señaló.

El escritor destacó además el carácter colectivo y profundamente humano del trabajo cinematográfico de Iñárritu. “La conversación es su materia prima”, afirmó al referirse a la capacidad del director para escuchar historias y construir personajes desde la experiencia humana.

Sobre Amores perros, Villoro consideró que la película transformó la representación cinematográfica de la Ciudad de México: “Mostraron traspatios, azoteas, pasillos, cuartos sofocantes. Una película que palpita y se respira en cada toma”.

Finalmente, retomó una de las ideas centrales del propio cineasta: “La realidad no es suficiente para el arte”, frase con la que sintetizó la apuesta estética y narrativa de González Iñárritu.

Con su incorporación a El Colegio Nacional, Alejandro González Iñárritu se convirtió en el primer cineasta en formar parte de una de las instituciones culturales más importantes del país, en un reconocimiento que también celebra la relevancia del cine mexicano dentro de la vida intelectual y artística contemporánea.

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La UNAM reunirá danza, cine, fotografía y música en un fin de semana cultural

La UNAM alista un nuevo fin de semana cultural con actividades que van desde conciertos dedicados a compositores fundamentales del siglo XX hasta funciones de danza contemporánea, cine y talleres infantiles. La programación del 30 y 31 de mayo reunirá distintas expresiones artísticas en recintos universitarios del Centro Cultural Universitario, Tlatelolco y el Museo Universitario del Chopo.

La agenda incluye homenajes musicales a Manuel de Falla y José Rolón, coreografías inspiradas en Ravel y Stravinsky, un programa cinematográfico entre la exploración subterránea y la ciencia ficción, así como actividades para niñas y niños.

Música para celebrar a Rolón y Falla

La Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario recibirá el concierto 150 años Rolón y Falla, interpretado por la soprano Cecilia Eguiarte, el pianista James Pullés y el guitarrista Alejandro Nava.

El programa conmemora el legado musical de Manuel de Falla y José Rolón a siglo y medio de sus nacimientos. La selección incluye piezas como Tres danzas para piano y Dibujos sobre un puerto, además de arreglos para guitarra sobre temas de La vida breve y El sombrero de tres picos. También se interpretarán las Siete canciones populares españolas y obras de compositores contemporáneos como Manuel M. Ponce y Ricardo Castro.

Más información:
https://musica.unam.mx/calendario/evento/60744/

Futbol y fotografía en Palacio de Minería

Este fin de semana también podrá visitarse en el Palacio de Minería la exposición fotográfica La pelota también es de ellas. Mujeres en el futbol, organizada por la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

La muestra reúne imágenes y miradas sobre la participación de las mujeres en el futbol, dentro y fuera de la cancha, y busca visibilizar distintas historias vinculadas con este deporte.

La exposición abrió el pasado 27 de mayo y permanecerá disponible hasta el 5 de julio.

Más información:
https://www.palaciomineria.unam.mx/eventos/eventos_act.php?id=3

Taller infantil sobre medio ambiente

En el Centro Cultural Universitario Tlatelolco se llevará a cabo el taller infantil Cuando el río no suena, actividad que propone reflexionar sobre las problemáticas ambientales a través del dibujo y la creación gráfica.

Durante la sesión, las y los participantes explorarán el uso del dibujo como herramienta de expresión y pensamiento crítico en torno al medio ambiente.

Más información:
https://tlatelolco.unam.mx/events/infantil/

Cine entre exploración y ciencia ficción

El Cinematógrafo del Chopo presentará el programa doble Seres subterráneos / Biónica, integrado por un cortometraje documental y un largometraje de ciencia ficción.

Seres subterráneos aborda la exploración espeleológica y las creencias vinculadas a las montañas, mientras que Biónica sigue la historia de Emma, una mujer cuadripléjica sometida a un experimento de reconstrucción corporal que deriva en una pesadilla existencial.

Más información:
https://www.filmoteca.unam.mx/exhibiciones/estrenos/seres-subterraneos-bionica/

Danza inspirada en Ravel y Stravinsky

El Taller Coreográfico de la UNAM presentará Ravel & Stravinsky en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

El programa reúne dos universos musicales que inspiraron distintas coreografías de Gloria Contreras. La función incluye Cuarteto en fa, basado en la obra temprana de Maurice Ravel, y La consagración de la primavera, creación coreográfica concebida por Contreras sobre la célebre partitura de Igor Stravinsky.

Más información:
https://cultura.unam.mx/evento/tcunam–ravel-stravinsky-1

Además de estas actividades de fin de semana, el Palacio de Minería mantiene abierta la exposición fotográfica La pelota también es de ellas. Mujeres en el futbol, dedicada a visibilizar la participación de las mujeres en este deporte.

Actividad / EventoSedeFechas y horarios
Concierto: 150 años Rolón y FallaSala Carlos Chávez, CCU30 de mayo, 18:00 h
Taller infantil: Cuando el río no suenaCCU Tlatelolco30 de mayo, 12:00 h
Cine: Seres subterráneos / BiónicaCinematógrafo del Chopo30 de mayo, 16:30 h / 31 de mayo, 18:30 h
Danza: Ravel & StravinskySala Miguel Covarrubias, CCU31 de mayo, 12:30 h
Exposición: La pelota también es de ellas. Mujeres en el futbolPalacio de MineríaDisponible este fin de semana · Del 27 de mayo al 5 de julio
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El Mundial 2026 y la geopolítica del balón

La Copa Mundial de Futbol suele entenderse como una celebración deportiva global, un espacio de encuentro cultural y una experiencia colectiva capaz de movilizar emociones nacionales. Sin embargo, detrás del espectáculo futbolístico se despliega una compleja red de intereses económicos, disputas políticas, tensiones diplomáticas y estrategias de poder que convierten al torneo en un escenario privilegiado para comprender el mundo contemporáneo.

Esa fue una de las principales reflexiones del conversatorio “Geopolítica del balón. El mundo en la cancha”, organizado por el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la UNAM y transmitido por Señal Tlatelolco, donde especialistas analizaron el papel del futbol en la reconfiguración política y económica global rumbo al Mundial 2026.

Para Sergio Varela Hernández, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la relación entre futbol y política es inseparable. “El futbol es política”, afirmó durante la conversación al explicar que este deporte surgió históricamente ligado a procesos de formación social y construcción de poder.

Desde sus orígenes en las escuelas inglesas del siglo XIX, el futbol funcionó como un mecanismo de disciplina, identidad y organización colectiva. Con el tiempo, la profesionalización permitió su expansión hacia las clases trabajadoras y consolidó al deporte como uno de los principales fenómenos culturales del planeta. Sin embargo, esa misma masificación abrió la puerta a una creciente mercantilización del espectáculo deportivo.

Actualmente, la FIFA opera como una estructura supranacional capaz de influir sobre gobiernos, corporaciones y ciudades sede. El director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), Juan Carlos Barrón, sostuvo que el organismo “logra imponer condiciones a gobiernos locales” y funciona como un actor global que articula intereses políticos y económicos alrededor del futbol.

El Mundial de 2026 representa una expresión clara de este fenómeno. Por primera vez en la historia, la Copa del Mundo será organizada de manera conjunta por tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Además, contará con 48 selecciones participantes, lo que la convertirá en la edición más grande del torneo.

No obstante, el crecimiento del espectáculo también ha profundizado sus contradicciones. Mientras la FIFA promueve una narrativa de inclusión y globalización, los especialistas señalaron que el modelo actual del Mundial fortalece mecanismos de exclusión económica y concentración corporativa.

Barrón explicó que alrededor de los estadios se establecen zonas controladas por patrocinadores internacionales que limitan la participación de comerciantes locales y regulan el uso de símbolos, palabras e imágenes asociadas al torneo. “¿Cómo vamos a sentir que la fiesta es nuestra si no estamos ni siquiera invitados?”, cuestionó el investigador al referirse al distanciamiento entre el evento y las poblaciones anfitrionas.

En México, estas tensiones ya comienzan a hacerse visibles en zonas cercanas al Estadio Azteca, hoy denominado Estadio Banorte. Comerciantes, vecinos y trabajadores informales enfrentan incertidumbre ante las restricciones comerciales y transformaciones urbanas asociadas al Mundial. Al mismo tiempo, el incremento en los costos de boletos, hospedaje y servicios turísticos refleja que la experiencia mundialista está diseñada cada vez más para sectores con alto poder adquisitivo.

La dimensión geopolítica del torneo también atraviesa las relaciones entre México, Estados Unidos y Canadá. El Mundial coincidirá con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T MEC), en un contexto marcado por tensiones migratorias, conflictos comerciales y disputas internacionales.

Aunque inicialmente el torneo fue pensado como una oportunidad para fortalecer la integración regional de Norteamérica, el endurecimiento de las políticas estadounidenses ha complicado ese escenario. Los especialistas advirtieron que temas como las redadas migratorias, la vigilancia fronteriza y el discurso antimigrante podrían impactar directamente el ambiente mundialista.

Aun así, ambos académicos coincidieron en que la integración cultural entre los tres países continúa creciendo más allá de las tensiones gubernamentales. Barrón afirmó que “América del Norte es mucho más que tres gobiernos”, al señalar que las relaciones sociales, familiares y culturales construyen diariamente una región profundamente interconectada.

El futbol también se ha convertido en una plataforma de protesta y disputa simbólica. Los especialistas señalaron que distintos movimientos sociales han comenzado a utilizar el Mundial como escaparate para denunciar problemáticas relacionadas con desapariciones, violencia, acceso al agua y desigualdad urbana. La magnitud mediática del torneo transforma al evento en un espacio donde también se disputa el control de la narrativa pública sobre las crisis contemporáneas.

A ello se suma la dimensión tecnológica. El Mundial de 2026 será el primero atravesado masivamente por herramientas de inteligencia artificial aplicadas al análisis deportivo, la seguridad y la producción mediática. “Va a ser el primer mundial en donde la inteligencia artificial va a jugar un papel importantísimo”, señaló Barrón al referirse a la transformación tecnológica que experimenta actualmente el futbol global.

Pese a las tensiones políticas y económicas que rodean al torneo, el futbol conserva una dimensión profundamente cultural y emocional. Sergio Varela defendió la importancia del componente lúdico del deporte y sostuvo que disfrutar el futbol no implica abandonar una mirada crítica sobre las estructuras de poder que lo atraviesan. “Lo lúdico no quita lo crítico”, afirmó.

En ese sentido, el Mundial 2026 no será solamente una competencia deportiva. También será un espejo de las tensiones contemporáneas del orden global. En la cancha convivirán intereses corporativos, disputas diplomáticas, avances tecnológicos, identidades nacionales y demandas sociales. El balón, una vez más, mostrará que el deporte también es una forma de entender la política mundial.

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Leer cambia tu cerebro: la ciencia detrás de las palabras

La neurobiología de la lectura

Las clases a las 7 de la mañana son un método de castigo, no sólo para quien las toma, en estado cuasiletárgico, sino para quienes las impartimos, haciendo frente a la somnolencia con el estimulante que tengamos a mano. A esa hora de la madrugada ni siquiera nuestros procesos más automatizados parecen arrancar. Esos garabatos que el profesor esboza en el pizarrón no cobran sentido durante la primera hora de la clase. Les alumnes los observan fijamente y reconocen curvas, líneas, quizá una carita feliz, pero nada más que una vaga familiaridad. Sólo con el tiempo cobran significado esos dibujitos aleatorios: “El profesor estuvo escribiendo la conjugación verbal del presente del subjuntivo en francés.” Les estudiantes ya saben que esos garabatos representan sonidos, y esos hilos de sonidos construyen las palabras en las lenguas (orales). Cashi shin querer les alumnes están leyendo.

Vamos por la vida leyendo, aunque no nos demos cuenta. Algunas personas creen que leer consiste en devorar novelas gordísimas por placer. Pero leemos para estudiar y preparar clases, leemos los correos electrónicos con los que nos bombardean y leemos nuestros innumerables mensajes por IG o WA. Si lo piensas, dedicamos buena parte del día a descifrar esa serie de garabatos en papel o en pantalla que representan palabras y oraciones. Hasta al recorrer la ciudad hay que leer para reconocer el nombre de calles y estaciones. Estamos literalmente inmersos en un paisaje de letras.

Por muy natural que pueda resultarnos, la lectura es un invento bastante reciente. Hasta hace muy poco —“muy poco”, por supuesto, en términos evolutivos— los seres humanos no necesitábamos leer ni escribir. Quienes se dedican a investigar el origen del lenguaje humano estiman que esta capacidad surgió hace unos 200 000 años. Y durante gran parte del tiempo que ha pasado desde que el primer primate se puso locuaz y emitió sus —y, por ende, las— primeras palabras, nos las apañamos muy bien sin ningún tipo de registro de lo que decíamos: ora sí que las palabras se las llevaba el viento. Ocasionalmente surgían pinturas rupestres como las de la cueva de Lascaux e incluso algunos símbolos ideográficos (que representan un concepto o idea), pero nada que permitiera codificar completamente las lenguas con las que se comunicaban nuestres ancestres.

Sin embargo, hace unos ayeres —alrededor de 5 400 años para ser exactos— comenzaron a florecer los sistemas de escritura. La escritura se ha inventado varias veces y de manera independiente, y uno de los sistemas más antiguos que conocemos es la escritura cuneiforme. Aunque surgió originalmente para escribir la lengua sumeria, hablada en el sur de Mesopotamia, la escritura cuneiforme fue usada a lo largo de milenios para representar distintas lenguas en la región de Oriente Próximo, como el hitita y el acadio. Y todo indica que la escritura no surgió para plasmar proezas literarias sino para llevar las cuentas: el nombre escrito más antiguo del que tenemos noticia se encuentra en la tablilla de Kushim, el registro de una transacción económica sumeria (posiblemente una compra o venta de cebada) datada entre el 3000 y el 3500 a.n.e. El Kushim que se menciona allí es, posiblemente, el nombre de un individuo.

Y para gustos, sistemas de escritura. A lo largo de la historia las diferentes lenguas orales del mundo han contado con estrategias diversas para acuñar sus grafemas, los símbolos gráficos que se utilizan para representar sonidos o palabras. Los caracteres chinos, surgidos en el valle de Huang He alrededor del 1200 a.n.e., son logogramas, símbolos que representan una unidad con valor semántico (o sea, con significado), como una palabra o un morfema (lo que les lingüistas definen pomposamente como “la unidad mínima de la lengua que aporta significado”; piensa, por ejemplo, en la -s, que indica que gatos es plural, o en -ero en “el panadero con el pan”). Estos caracteres también se utilizan en otras lenguas, como el japonés, pero esta lengua no se contenta con uno o dos sistemas de escritura, sino que tiene tres: los kanji, “importados” de la escritura china, el hiragana, inventado por mujeres en la corte imperial durante la era Heian, y el katakana, cuya invención se atribuye al monje budista Ko¯bo¯-Daishi. Tanto el hiragana como el katakana representan sílabas: el primero se usa para escribir palabras nativas del japonés y el segundo sobre todo para préstamos de otras lenguas y las onomatopeyas de los mangas.

Algunos sistemas de escritura representan únicamente las consonantes de la lengua, como el hebreo y el árabe. Otros agregan algún trazo al grafema para indicar la vocal que se debe leer, tal como el devanagari, empleado por el sánscrito, el hindi, el nepalí y otras lenguas habladas en India. Y no olvidemos los famosos jeroglíficos egipcios, cuyo origen se estima alrededor del año 3300 a.n.e., que mezclan logogramas, signos que representan consonantes y otros que indicaban la pertenencia de una palabra a una familia conceptual, llamados determinativos o semagramas (por ejemplo, 𓏛 —un papiro enrollado—, indicaba libros, pero también conceptos abstractos). La lista de los diferentes sistemas de escritura es laaaarga, laaaarga. En su origen solían estar influidos por el medio físico en el que se reproducían: trazos rectos y profundos en la arcilla, trazos más curvos y delicados en la superficie de hojas de árbol… A pesar de la ilusión que nos dan nuestros teclados y pantallas, escribir sigue siendo una actividad física, y su ejecución aún depende del soporte en el que se escriba.

On ne voit bien qu’avec le… cerveau?

Los changos somos mirones. O, dicho de otra forma, los primates contamos con un sistema visual altamente desarrollado: visión binocular que permite percibir distancia y profundidad, percepción tricromática de colores, un complejo reconocimiento de objetos mediante la vista… Con procesos así de heterogéneos no resulta extraño que buena parte del cerebro se emplee, en mayor o menor grado, en la percepción visual. Y sí, como buenos primates, las personas tenemos buena vista, a pesar de que muches necesitemos lentes.

Así pues, ver es una cosa bárbara. Que la luz alcance el fondo del ojo sólo es el primer paso: en la retina la energía lumínica se convierte en energía electroquímica, esa con la que se comunican las neuronas. De ahí recorre un largo camino, del nervio y quiasma ópticos al núcleo geniculado lateral, de donde parte para alcanzar su blanco en la corteza occipital; la información visual está viajando, literalmente, de un extremo a otro de la cabeza. Pero ahí no se acaba la cosa: sí, en la corteza visual primaria (V1) se procesan algunos de los rasgos del objeto visual percibido —como cambios pequeños en la orientación visual, por ejemplo, si algo se percibe como una línea horizontal o vertical—, pero de aquí parten dos tipos de procesamiento paralelos: la información visual viaja por una vía dorsal, o sea por la parte superior del cerebro, y por una vía ventral, por la pancita del seso. La información que va para arriba viaja desde V1 hacia áreas en la corteza parietal posterior que están involucradas en la consciencia y coordinación de nuestro cuerpo en el espacio; esta vía nos permite guiar nuestras acciones, como cuando queremos agarrar algo, y reconocer objetos y movimientos en nuestro campo visual. En cambio, la información que se va para abajo es procesada por diferentes áreas ventromediales del lóbulo temporal, que contribuyen de diferentes maneras: por ejemplo, se ha visto que V4 es responsable de la percepción cromática y V8 de la percepción de la forma, mientras que un área que se encuentra entre ambas (VO2) permite integrar ambos tipos de información en una imagen unificada. La vía dorsal también se llama la vía del cómo, y la vía ventral la vía del qué. Claro que, como ocurre siempre en el cerebro, estas vías no trabajan incomunicadas, sino que están fuertemente conectadas una con otra, así como con otros circuitos.

“Muy padre la vista en general, pero ¿qué pasa en el cerebro durante la lectura?”, estarás pensando. Pues pasan muchas cosas. Mediante resonancia magnética funcional (fmri) se ha observado que una región del lóbulo temporal medial del hemisferio izquierdo se activa selectivamente al percibir grafemas, incluso cuando los percibimos de manera inconsciente. Es decir, ¡hay un área en tu cerebro que se dedica a identificar letras! Bueno, letras y cualquier otro sistema de escritura como los que ya se mencionaron. O sea que si tú, amable lectore, además de leer en español puedes leer sistemas como los del japonés, hay una partecita de tu cerebro que se activa cada vez que percibes hiragana, katakana o un kanji. Esta área funcional recibe el bastante preciso nombre en inglés de visual word form area (vwfa, o área de formas visuales de las palabras).

Ok, eso pasa para los grafemas que percibimos visualmente, pero… ¿sucede lo mismo para otras modalidades? ¿Será que el braille —el sistema de lectoescritura pensado para las personas ciegas o con discapacidad visual— activa estas regiones también? La pregunta puede sonar contraintuitiva, pues ya sabemos que la región donde se encuentra la vwfa se dedica al procesamiento visual, mientras que la lectura en braille funciona a partir de la percepción táctil. Pues resulta que la vwfa también se activa durante la lectura en braille. En un estudio con ocho personas ciegas congénitas que registró su actividad cerebral con fmri, un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern encontró que la actividad en la vwfa era significativamente mayor cuando percibían palabras reales en braille que cuando eran palabras sin sentido. Estos resultados parecen apuntar a que, más que estar dirigida por la naturaleza del estímulo —visual o táctil—, esta área se orienta al tipo de tarea en la que participa, es decir a reconocer palabras a partir de su forma escrita.

Además de procesarla igual que cualquier otro objeto que vemos, nuestro cerebro asocia la palabra escrita tanto con su pronunciación como con su significado. Y como ocurre con la percepción visual en general parece que para la lectura hay de dos sopas (de letras): de la vwfa el procesamiento de grafemas puede seguir una vía dorsal o una vía ventral. Por la dorsal, conocida como la vía fonológica, la palabra escrita se separa en los sonidos que la componen en regiones del giro temporal superior y del giro supramarginal, mientras que en la llamada área de Broca se accede a los planes para pronunciar las palabras, incluso cuando se lee en silencio. En cambio, por la ventral, llamada la vía ortográfica, la información de las palabras viaja por los giros temporales medio e inferior, y se accede a su significado directamente.

Ya se imaginarán que ambas vías se encuentran en estrecha comunicación cuando leemos. Así, para la lectura no sólo importan las áreas cerebrales sino también sus interconexiones. Se ha reportado que el desarrollo progresivo de las habilidades lectoras en les niñes se relaciona con el proceso de recubrimiento de los haces de axones que conectan regiones entre sí, llamado mielinización; esto significa que conforme se mielinizan los axones los impulsos eléctricos entre distintas regiones del cerebro viajan más rápido, por lo que nos volvemos lectores más hábiles.

La naturaleza de estas vías cobra sentido cuando vemos las diferentes manifestaciones de la dislexia, un trastorno de la lectura que hace difícil identificar la relación de las letras y palabras con los sonidos que representan. Algunas lenguas, como el español y el italiano, tienen una ortografía bastante transparente, pues existe una relación estrecha entre las letras y la manera de pronunciarlas. Otras lenguas tienen ortografías más opacas, como el francés o el inglés, pues sus hablantes no se pueden fiar de la escritura de las letras y deben memorizar la pronunciación de las palabras. El tipo de dislexia de una persona se ve influido por el tipo de ortografía de su lengua. En la dislexia fonológica resulta difícil relacionar grafemas y fonemas y es más común en hablantes de lenguas de ortografía más transparente. En cambio, en las lenguas con ortografías más opacas es más frecuente la dislexia superficial, en la que se dificulta leer palabras completas (por ejemplo, una famosa salsa inglesa de nombre Worcestershire, que se pronuncia algo así como “urstersher” o —para quienes nos gusta la mala vida y estudiamos francés— palabras como “eau”, que se pronuncia como una “o” chistosa).

Todo muy bonito, muy interesante, pero surge una duda: ¿cómo es posible que existan circuitos neurales dedicados específicamente a la lectura para un proceso tan reciente, al que sin duda la evolución no ha podido otorgarle áreas cerebrales “propias”? El neurocientífico cognitivo francés Stanislas Dehaene propuso la hipótesis del reciclaje neuronal. Esta hipótesis dice que las innovaciones culturales, como la escritura o la aritmética, se aprovechan de circuitos cerebrales preexistentes, “invadiendo” el terreno de otras funciones. Las áreas que se reciclan normalmente cumplen funciones similares a las que se requieren en tales procesos: en el caso de la lectura se reciclan regiones cerebrales dedicadas al reconocimiento visual de alta precisión, como el de rostros. De hecho, en niñes que aún no han aprendido a leer y escribir, así como en personas analfabetas, la ya mentada vwfa se activa indistintamente cuando ven objetos como caras o herramientas, pero a medida que aprenden a leer pasa a especializarse en el reconocimiento de grafemas, por lo que la actividad aumenta cuando se ven letras y palabras, y disminuye para otros tipos de objetos visuales.

Y si la lectoescritura en general es un fenómeno sumamente reciente en nuestra historia como especie, leer y escribir en soportes digitales sucedió hace apenas un parpadeo. Algunas investigaciones apuntan hacia la existencia de diferencias entre la lectura en papel y en formatos digitales. Aunque las evidencias no son concluyentes, se ha visto que la lectoescritura “a la antigua” conlleva un mejor reconocimiento visual, así como una rememoración más sólida de lo que se leyó o escribió, que cuando se escribe en un teclado o se lee en una pantalla. Pero, ojito, no se trata de prohibir la lectoescritura en teclados y pantallas, sino simplemente de recordar que la lectura es un proceso multisensorial que hemos llevado a cabo por varios miles de años, y ninguna pantalla le gana al placer de sentir el papel (o la arcilla) entre las manos. De cualquier forma, lo importante es leer y escribir, como ya lo sabía el buen Kushim hace más de 5 mil años, cuando dejó registro, en esa tablilla cuneiforme, de cuántos sacos de cebada le debían.

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Lisbeth y el viaje imposible de criar a un hijo sobre La Bestia

Esa noche Lisbeth tenía miedo. Era de madrugada, estaba sola en una ciudad desconocida: Piedras Negras, Coahuila. No tenía dónde dormir. Se sentó en la banqueta con su bebé en brazos y rompió en llanto.

El pequeño, de apenas un año y algunos meses, envuelto en una colcha, la miró, alzó su manita y la posó sobre la mejilla de su madre, como si preguntara qué pasaba. Lis se conmovió y trató de calmarse, pero esa noche ninguno de los dos durmió. El niño lloró hasta el amanecer.

Con apenas 18 años, Lisbeth había salido de Honduras meses antes, con la esperanza de alcanzar el “sueño americano”. No imaginaba los peligros que enfrentaría. Su destino era Estados Unidos, pero al llegar a la frontera no pudo cruzar.

Un gran reto

Ser madre implica grandes retos porque las mujeres enfrentan cambios psicológicos y biológicos. En el caso de las mujeres migrantes, que caminan muchos kilómetros, algunas incluso durante el embarazo, la carga es enorme: no sólo llevan su propio peso, sino también el de sus hijos o el bebé que llevan en el vientre, explicó en entrevista para UNAM Global Aida del Carmen San Vicente Parada, del Programa Universitario de Derechos Humanos.

Muchas se lastiman la cadera, las rodillas o alguna otra parte del cuerpo y, además, no tienen un control prenatal adecuado porque viajan de forma itinerante y se encuentran en lugares remotos, alejados de su hogar.

Tampoco cuentan con una alimentación adecuada y son sometidas a un alto nivel de estrés porque prácticamente son perseguidas por las autoridades migratorias. Además, muchas veces son estigmatizadas. Por ejemplo, algunas personas piensan que están embarazadas porque se prostituyen.

En ocasiones escuchan sermones como este: “Ve lo que tu vida disipada logró y ahora tienes un embarazo y te tienes que hacer cargo”. Se trata de una revictimización.

Sin embargo, muchas mujeres vienen huyendo de la violencia, incluso durante el embarazo. Algunas se percatan de su estado durante el trayecto y enfrentarlo no es sencillo.

Viajar sobre La Bestia

Lisbeth tenía mucho miedo de subir a La Bestia, que aquella vez avanzaba más rápido de lo habitual. Sabía que podía resbalarse en medio de las vías y perder la vida, como otros migrantes que vio caer; muchos quedaron partidos en dos. Sin embargo, era la única forma de llegar a Estados Unidos.

En Honduras, su país de origen, vivió experiencias muy duras. Cuando tenía cinco años fue abandonada en casa junto con su hermana durante toda una semana, sin comida. Las niñas sobrevivieron al masticar café, lo único que tenían a la mano. No fue la última vez que pasó hambre: fue una constante en su infancia.

Su madre, como ella misma lo cuenta, falleció por consumo de drogas cuando Lis tenía 11 años. Después, una tía se hizo cargo de ella, pero constantemente la maltrataba y golpeaba. A los 16 años escapó con un joven, con la idea de que él le daría una vida mejor.

Sin embargo, el hombre la golpeaba y la mantenía encerrada bajo llave. Ni siquiera podía asomarse a las ventanas. De esa relación nació Isaac, su hijo. Entonces comprendió que no quería esa vida para él y decidió escapar en cuanto tuvo la oportunidad.

Cuando tenía 19 años aseguraba que nunca había tenido nada bueno en su vida. En el barrio donde nació, decía, las mujeres sólo aspiran a ser prostitutas y los hombres a convertirse en drogadictos.

Un día escuchó el rumor de que el gobierno de Estados Unidos recibía migrantes. No quería que su hijo viviera las mismas penurias que ella. Así que, sin pensarlo demasiado y sin avisarle a su tía, en 2023 salió junto con su bebé en busca de otra vida. Viajaba con su nueva pareja, una prima y un pequeño grupo de amigos. Sin embargo, en algún punto del camino los perdió a todos y conoció nuevas personas.

Vivir la maternidad

Cuando están fuera de su país, las mujeres migrantes embarazadas suelen acudir a hospitales públicos, pero con frecuencia no reciben atención adecuada debido a la discriminación. Por eso viven su embarazo de una forma mucho más compleja que otras mujeres.

Su mayor preocupación es saber dónde nacerá su bebé y en qué lugar tendrán el parto. Caminan durante largas jornadas, carecen de agua y muchas terminan famélicas. Aun así, siguen estigmatizadas.

Después de pasar meses en estas condiciones, algunas han contado que su bebé deja de moverse. Las causas pueden ser diversas: desnutrición, estrés, agotamiento físico y falta de atención médica. En numerosos casos, esto termina con la pérdida del bebé o con nacimientos de bajo peso y pocas probabilidades de sobrevivir. Para ellas, es un duelo silencioso.

Estas mujeres tampoco tienen una red de apoyo familiar o de amistades. De hecho, estudios de salud mental y psiquiatría han documentado que los seres humanos son sociales; cuando no tienen con quién convivir o expresar sus emociones, enferman con mayor facilidad.

Aunque existen casas de apoyo y hospitales que las ayudan, no es lo mismo, porque no tienen a sus familiares cerca ni las mismas condiciones de vida. Además, muchas se preguntan qué nacionalidad tendrá su hijo y no hay quien las asesore.

Muchas madres experimentan culpa por no poder darle a su hijo una bienvenida digna al mundo. Algunas han perdido al padre del bebé y viven con miedo de ser violadas, una situación frecuente durante el trayecto. Por ello, muchas buscan la compañía de un hombre para sentirse protegidas.

Sin embargo, también son abandonadas porque caminan más lento y representan una carga durante los largos trayectos. Así terminan solas en el camino.

Además, son víctimas potenciales de trata de personas, prostitución forzada, ataques o extorsiones.

El traslado del bebé

Cuando Isaac salió de Honduras tenía poco más de un año. A Lisbeth le resultó relativamente fácil llegar a México, aunque desconocía todo lo que tendría que enfrentar.

Ella no conocía La Bestia. Cuando le dijeron que debía tomar un tren para llegar a Estados Unidos, imaginó un transporte con asientos. Nunca pensó que tendría que subir al techo mientras la máquina estaba en movimiento. Una persona que conoció durante el trayecto le ayudó a subir a su bebé.

Durante el viaje, Isaac aprendió a caminar. De hecho, su actividad favorita era ponerse de pie sobre el tren y tratar de caminar, pero su mamá se asustaba y lo jalaba para sentarlo. Él lloraba porque quería explorar.

Pasaban los días y, en ocasiones, no tenían comida. Lisbeth se acercaba a las personas para pedir trabajo a cambio de alimentos. Un día le ofrecieron una sopa que olía muy mal. Las personas que se la dieron la obligaron a comerla. Más tarde enfermó del estómago y la pasó muy mal; además, no tenía dinero para pagar un médico ni medicamentos.

En esos días Isaac todavía tomaba leche y no siempre había dinero para comprarla. Varias veces pasaron hambre.

Un día, bajo un sol intenso, Isaac tenía mucha sed y lloraba sin parar. Al llegar a un pueblo, vio a un hombre abrir una bolsa con agua. El pequeño se emocionó, gritó y la pidió con sus manitas. El hombre terminó regalándosela.

Usualmente, a Lisbeth sólo le alcanzaba para comer una bolsa de frituras y una botella pequeña de agua al día, aunque siempre procuraba conseguir leche para su bebé.

Por eso, el dolor de cabeza provocado por la falta de alimento se volvió una constante en el viaje. Lisbeth sufría, pero tenía que resistir porque tampoco había recursos para comprar pastillas y aliviar el malestar.

En el camino, muchas mujeres la criticaban. Le decían: “¿Cómo es posible que te arriesgues de esa forma con un bebé? Es muy peligroso subirlo a La Bestia. Eres una inconsciente”.

Pero ella siempre respondía que no quería dejarlo solo en Honduras con familiares que quizá no lo cuidarían bien y que prefería llevarlo consigo antes que permitir que viviera las mismas penurias que ella sufrió durante su infancia por el abandono de su madre.

Mujeres valientes

“Son mujeres muy valientes, porque algunas van embarazadas, con un bebé en brazos o con sus hijos de la mano. Tienen que proveerlos, velar por ellos y garantizar su seguridad. Eso genera mucha más tensión”, añadió la académica universitaria de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán.

Además, muchas son muy jóvenes, tienen poca educación, desconocen lo que ocurre con su cuerpo y no conocen medidas básicas de higiene. A veces, durante el trayecto, la delincuencia roba a los niños para utilizarlos como rehenes, víctimas de trata o para obligarlos a vender droga. “Son como moneda de cambio”.

Estas mujeres suelen ser muy criticadas, pero pocas personas comprenden que han vivido múltiples formas de violencia. Muchas huyen de parejas que las agreden hasta el punto de intentar asesinarlas y sobreviven en contextos donde no vislumbran ningún futuro.

Por eso prefieren exponerse a ese viaje antes que permanecer en un hogar marcado por la violencia y la hostilidad.

De Piedras Negras al centro

Después de un largo trayecto, Lisbeth y su hijo Isaac llegaron a Piedras Negras, en la frontera entre México y Estados Unidos, pero no pudieron cruzar.

En territorio mexicano perdió contacto con los amigos y familiares que la acompañaban. Pasaban hambre y no había trabajo, aunque ella siempre lo buscaba. Aun así, lograron encontrar un refugio.

Como ya no tenían muchas opciones, Lisbeth decidió entregarse a las autoridades migratorias para que la devolvieran a Honduras. Sin embargo, cuando lo solicitó, se rieron de ella y le dijeron que sólo podrían deportarla si la detenían al intentar cruzar a Estados Unidos.

Desesperada, comprendió que la única forma de volver era subirse nuevamente a La Bestia. A pesar del miedo de caer, volvió a hacerlo.

Así llegaron hasta el centro de México, donde finalmente fueron detenidos por agentes migratorios. Primero les quitaron el celular y las pocas pertenencias de valor que llevaban; después los trasladaron a un refugio en la Ciudad de México.

Sin embargo, el lugar no los trató bien. Estaba sobrepoblado y lleno de cucarachas. Lisbeth no tenía dinero para comprar pañales y en el refugio no podían proporcionarles todo lo necesario debido a la alta demanda.

El sistema de salud

Las mujeres migrantes en México tienen derecho a recibir atención médica. De hecho, existen diversas instituciones donde pueden ser atendidas, como el IMSS Bienestar, hospitales materno-infantiles y el ISSSTE, entre otros.

La Ley General de Salud, en materia de prestación de servicios y atención médica, establece en los artículos 17, fracción II; 71; 74, y 112, que en caso de emergencia cualquier institución, social, pública o privada, debe estabilizar a la persona y, si ésta no cuenta con recursos, asegurar su traslado a un sitio donde pueda recibir atención.

El presente de Lisbeth

Lisbeth no pudo llegar a Estados Unidos. No cumplió su sueño.

Actualmente vive en México, donde solicitó regularizar su estancia migratoria, pero la petición le fue negada. Aun así, asegura que no regresará a Honduras porque ahí no tiene futuro.

En México apenas ha conseguido trabajos temporales. Sin embargo, pese a las dificultades, logró encontrar un cuarto en renta donde ahora vive junto a su hijo.

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VPH: mitos, realidades y manifestaciones clínicas en la cavidad oral

El virus del papiloma humano (VPH) es una de las infecciones virales más frecuentes y estudiadas en la actualidad debido a su alta prevalencia y a su relación con diversas enfermedades humanas. Aunque tradicionalmente se asocia con infecciones genitales y cáncer cervicouterino, en años recientes ha aumentado el interés científico por su participación en lesiones de la cavidad oral y ciertos tipos de cáncer orofaríngeo.

A pesar de la amplia información disponible, persisten numerosos mitos y creencias erróneas sobre su transmisión, diagnóstico y manifestaciones clínicas, lo que genera miedo, estigmatización y desinformación entre la población.

Con el objetivo de aclarar estas dudas, el maestro José Gustavo Cadena González, de la Facultad de Odontología (FO) de la UNAM, impartió la conferencia “Manifestaciones del VPH en cavidad oral: mitos y realidades”, donde explicó las principales características del virus, sus manifestaciones bucales y la importancia de la prevención y la información basada en evidencia científica.

Epidemiología del VPH

Para comprender la magnitud del problema y el impacto de este virus en la salud pública, es importante revisar primero algunos datos epidemiológicos del VPH.

El virus del papiloma humano es una de las infecciones virales más frecuentes a nivel mundial. Se estima que aproximadamente el 80 % de las personas sexualmente activas estarán expuestas al virus en algún momento de su vida. Esto, aclaró Cadena González, no significa que todas desarrollarán una enfermedad clínica, ya que en muchos casos el sistema inmunológico logra controlar o eliminar la infección. Sin embargo, el contacto con el virus es extremadamente común.

La alta prevalencia del VPH se relaciona con múltiples factores, entre ellos el inicio temprano de la vida sexual, múltiples parejas sexuales, la falta de vacunación, el desconocimiento sobre los mecanismos de transmisión y la persistencia viral debido a la evasión inmunológica.

La exposición al virus no distingue sexo, edad o condición social, por lo que prácticamente toda la población sexualmente activa puede estar en riesgo.

¿Qué es el VPH?

El VPH pertenece a la familia Papillomaviridae y posee características estructurales particulares. Se trata de un virus pequeño, no envuelto y con cápside icosaédrica. Su tamaño oscila entre 52 y 55 nanómetros, por lo que únicamente puede observarse mediante microscopía electrónica.

El hecho de no poseer envoltura lipídica le otorga una gran resistencia ambiental. A diferencia de otros virus más frágiles, el VPH puede soportar condiciones adversas y resistir ciertos detergentes y factores externos.

El VPH posee un marcado tropismo epitelial; es decir, tiene afinidad por las células que recubren piel y mucosas. Por ello, puede infectar regiones como la cavidad oral, la orofaringe, los genitales, el ano y la piel.

Para iniciar la infección, el virus necesita alcanzar las células basales del epitelio a través de microtraumatismos o fisuras que rompen la barrera protectora superficial. Una vez dentro, se une mediante la proteína L1 a receptores de heparán sulfato e inicia su ciclo infeccioso.

Conforme las células epiteliales maduran y ascienden hacia capas más superficiales, el virus utiliza la maquinaria celular para replicarse y producir nuevas partículas virales, mientras evade parcialmente la respuesta inmune.

Los tipos más frecuentes

El maestro de la FO destacó que los genotipos de VPH más frecuentes son principalmente el VPH 16 y el VPH 18. Estos están fuertemente asociados con cáncer cervicouterino, cáncer anal y cáncer de orofaringe.

Otros genotipos considerados de alto riesgo incluyen el 31, 33, 35, 45, 52 y 58, los cuales también se relacionan con lesiones premalignas o malignas. En contraste, los genotipos 6 y 11 se consideran de bajo riesgo y generalmente producen lesiones benignas como verrugas o papilomas.

VPH en la cavidad oral

En la cavidad oral, los tipos de VPH más comunes son el 6 y el 11, considerados de bajo riesgo porque generalmente producen lesiones benignas. También existen otros subtipos, como el 13 y el 32, que aparecen casi exclusivamente en la boca y se relacionan con una afección llamada enfermedad de Heck.

Las lesiones provocadas por el VPH en la boca suelen aparecer como pequeños crecimientos o “bolitas” que sobresalen de la mucosa. En muchos casos tienen una superficie irregular o parecida a pequeñas proyecciones en forma de dedos, y pueden ser de color blanco, rosado o similar al tejido normal de la boca.

Estas lesiones se producen porque el virus provoca que las células de la mucosa crezcan y se multipliquen más de lo normal. Aunque suelen ser pequeñas, algunas pueden aumentar de tamaño con el tiempo. Muchas veces se detectan rápidamente porque causan molestias al rozar constantemente con la lengua, los dientes o al hablar y comer.

A nivel microscópico, estas lesiones muestran un crecimiento excesivo del tejido que forma pequeñas prolongaciones semejantes a dedos o verrugas. En su interior contienen tejido conectivo y vasos sanguíneos que las alimentan, lo que explica su apariencia característica.

Lesiones en la boca por VPH

A partir de estos cambios en las células de la mucosa pueden aparecer distintas lesiones relacionadas con el VPH dentro de la boca.

Una de ellas es la verruga vulgar. Aunque normalmente se asocia con la piel, también puede presentarse en la cavidad oral. Suele verse como una lesión más gruesa y amplia que el papiloma oral común, y puede aparecer en los labios, la lengua o el interior de la boca.

El maestro Gustavo comentó que este tipo de verruga está relacionado principalmente con algunos subtipos específicos del VPH. Al observarla en estudios de laboratorio, los especialistas identifican características que permiten diferenciarla de otras lesiones similares.

Otra lesión importante es el condiloma acuminado, asociado principalmente con transmisión sexual. En comparación con otras lesiones por VPH, suele ser más grande y con una superficie más irregular o verrugosa.

También existe una afección conocida como enfermedad de Heck o hiperplasia epitelial focal. Esta enfermedad se relaciona sobre todo con los subtipos 13 y 32 del VPH y se presenta con mayor frecuencia en niños y en algunas poblaciones originarias de América. En algunos casos, las lesiones desaparecen por sí solas durante la pubertad, aunque en otros pueden permanecer durante años. Además, se ha observado que puede existir transmisión entre integrantes de una misma familia e incluso durante el nacimiento si la madre porta el virus.

Mitos sobre el VPH

Una vez revisadas las principales manifestaciones orales del VPH, el académico de la FO abordó algunos de los mitos más frecuentes relacionados con esta infección.

Mito: Tener VPH en la boca significa desarrollar cáncer oral

Realidad: Solo algunos genotipos de alto riesgo, principalmente el 16 y el 18, se relacionan con carcinomas, y esta asociación ocurre sobre todo en la orofaringe. Actualmente no existe evidencia concluyente que demuestre que estos genotipos produzcan carcinoma en la cavidad oral propiamente dicha.

Mito: El VPH únicamente se transmite mediante relaciones sexuales

Realidad: Aunque la transmisión sexual es una vía importante de contagio, no es la única. El virus también puede transmitirse por contacto directo entre piel y mucosas, por autoinoculación e incluso durante el nacimiento. Esto es especialmente relevante en niños, ya que la presencia de lesiones orales por VPH no implica necesariamente abuso o contacto sexual.

Mito: Eliminar una lesión significa curar la infección

Realidad: El VPH puede permanecer latente dentro de las células epiteliales incluso después de eliminar clínicamente las lesiones. El sistema inmunológico puede mantenerlo inactivo durante largos periodos; sin embargo, factores como inmunosupresión o estrés pueden favorecer su reactivación.

Mito: El VPH tiene una cura definitiva

Realidad: Actualmente no existe una cura universal definitiva para el VPH. Aunque existen investigaciones prometedoras, como tratamientos basados en fototerapia y compuestos químicos desarrollados en instituciones científicas, estos aún continúan en estudio. Por ello, una vez adquirida la infección, el virus puede permanecer en el organismo de forma indefinida.

Mito: El VPH solo afecta a personas con múltiples parejas sexuales

Realidad: El riesgo de infección existe desde el primer contacto sexual si ocurre exposición al virus. Además, aunque el uso del condón reduce considerablemente el riesgo de transmisión, no ofrece una protección absoluta, ya que el virus puede encontrarse en áreas no cubiertas por el preservativo y transmitirse mediante contacto con piel o mucosas infectadas.

Mito: El VPH se contagia fácilmente al compartir vasos u objetos personales

Realidad: Aunque teóricamente el virus puede sobrevivir por periodos cortos en superficies, la transmisión por esta vía es extremadamente poco probable. La principal forma de contagio continúa siendo el contacto directo entre tejidos.

Mito: Las lesiones aparecen inmediatamente después del contagio

Realidad: El VPH puede permanecer asintomático durante meses o incluso años antes de manifestarse clínicamente. Muchas personas pueden portar el virus sin saberlo y desarrollar lesiones mucho tiempo después de la infección inicial.

La información como herramienta de prevención

Cadena González enfatizó que la mejor herramienta frente al VPH continúa siendo la información basada en evidencia científica. La vacunación, las revisiones periódicas y la detección oportuna permiten reducir riesgos y evitar que los mitos generen estigmas innecesarios alrededor de una infección sumamente frecuente en la población.

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La dignidad frente al vacío: leer a Hemingway hoy

Hay libros que sobreviven por su argumento y otros que sobreviven por su respiración. Este volumen de Material de Lectura dedicado a Ernest Hemingway pertenece a la segunda categoría: no sólo reúne algunos de los cuentos más representativos del escritor estadounidense, sino que también permite asistir, casi en cámara lenta, al funcionamiento de una de las prosas más influyentes del siglo XX. La selección y nota introductoria de Federico Patán convierten esta edición de la UNAM en algo más que una antología: es una puerta de entrada crítica a la poética del silencio, la violencia y la intemperie moral que definieron la obra hemingwayana.

El volumen reúne cuatro relatos esenciales: “Los asesinos”, “Colinas como elefantes blancos”, “En el muelle de Esmirna” y “Un lugar limpio y bien iluminado”. La elección no es casual. En conjunto, los textos delinean una cartografía emocional de la modernidad: personajes desplazados, diálogos donde lo importante nunca se dice del todo, hombres y mujeres atrapados entre la guerra, el deseo, la culpa y el vacío. Patán lo explica con precisión cuando afirma que en Hemingway “las anécdotas, mínimas, son el mero sustento de una exploración incesante de la conducta humana”.

Leer hoy “Los asesinos” produce una extraña sensación de familiaridad. La violencia seca, el diálogo cortante y la amenaza suspendida sobre la vida cotidiana anticipan tanto al cine negro como a buena parte de la narrativa contemporánea. Hemingway transforma una cafetería de provincia en un escenario metafísico: allí no sólo se espera a un hombre condenado, sino la irrupción inevitable del destino. El relato conserva una modernidad sorprendente porque entiende que el terror rara vez entra haciendo ruido; generalmente se sienta a la barra y pide huevos con tocino.

Pero acaso el cuento más devastador siga siendo “Colinas como elefantes blancos”, una miniatura perfecta sobre el desgaste amoroso y la imposibilidad de nombrar lo esencial. Hemingway elimina toda explicación explícita y deja que el conflicto —un aborto nunca mencionado directamente— emerja a través de silencios, interrupciones y frases aparentemente triviales. La economía verbal se vuelve aquí una forma de tensión ética: el lector debe escuchar lo que los personajes son incapaces de decirse. El paisaje árido del valle del Ebro, descrito con una precisión casi fotográfica, funciona como espejo emocional de la pareja.

“En el muelle de Esmirna”, por su parte, recuerda que Hemingway fue también corresponsal de guerra y que su literatura nació del contacto directo con la devastación histórica. En apenas unas páginas, el texto captura el absurdo humanitario de la guerra greco-turca: mujeres con bebés muertos, refugiados exhaustos, animales mutilados flotando en el agua. La prosa nunca se entrega al sentimentalismo; por el contrario, la contención vuelve más brutal la escena. El horror aparece descrito con una calma administrativa que resulta todavía más perturbadora.

Y luego está “Un lugar limpio y bien iluminado”, probablemente uno de los cuentos más influyentes del siglo pasado. En él, Hemingway lleva su célebre “teoría del iceberg” hasta un extremo filosófico: bajo la conversación aparentemente trivial entre dos meseros late una reflexión feroz sobre la soledad, el insomnio y el sentido de la existencia. El célebre pasaje donde el personaje sustituye las palabras del Padre Nuestro por “nada” sigue siendo una de las imágenes más radicales del nihilismo moderno.

La introducción de Federico Patán merece una mención aparte. Lejos de la nota académica rutinaria, el ensayo contextualiza a Hemingway dentro de la llamada “generación perdida” y subraya cómo su estilo transformó no sólo la novela estadounidense, sino la concepción misma del cuento contemporáneo. Patán evita la reverencia fácil y ofrece una lectura crítica, clara y elegante de las obsesiones centrales del autor: la muerte, la masculinidad, el fracaso emocional y la búsqueda desesperada de dignidad frente al vacío.

En tiempos de saturación verbal y estridencia digital, volver a Hemingway resulta casi un gesto de resistencia estética. Su escritura recuerda que la verdadera intensidad narrativa no depende de la abundancia, sino de la precisión. Cada frase parece tallada hasta dejar únicamente lo indispensable. Y quizá por eso sus cuentos continúan respirando: porque debajo de su aparente simplicidad todavía palpita algo incómodo y profundamente humano.

El tomo Ernest Hemingway, de la colección Material de Lectura de la UNAM, puede consultarse gratuitamente aquí:
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/ernest-hemingway-63.pdf

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Al final, sí éramos Ícaro

Ocho. El número apareció todo el torneo como las señales que buscas cuando la fe se hace presente. En conversaciones, playeras, publicaciones y cábalas. La octava estaba demasiado presente como para no creer que algo distinto podía pasar. Y quizá por eso, desde las ocho de la mañana, Ciudad Universitaria comenzó a sentirse diferente con una caravana de aficionados tomando territorio de su casa.

Antes de las tres de la tarde, los estacionamientos del Olímpico ya estaban llenos. Familias enteras caminaban entre humo de asadores, jerseys desgastados por los años y cánticos que parecían salir más del corazón que de la garganta.

Todos desafiando al cielo, empapándose bajo la lluvia después de horas de espera y, aun así, nadie se movía. Como si soportar la lluvia fuera apenas una pequeña prueba de todo lo que implica amar a Pumas. Porque ser Puma es un acto de resistencia.

La lluvia cayó sobre las filas, sobre las banderas y sobre los rostros nerviosos pero llenos de ilusión y la afición resguardó el Olímpico Universitario con todo tipo de cánticos, pues dependiendo del acceso se escuchaban: ¡Goyas! y “¡Vamos UNAM!”.

Poco después de una hora, parecía que el rugido llegó al cielo y como especie de tregua salió el sol. Ese sol incómodo que rebota en la cara y dentro del Olímpico que nos hizo recordar aquellos partidos que llevaron a los Pumas hasta ese momento.

La afición no esperó más tiempo y en cuanto se abrieron las puertas a las 4:00 pm comenzó la película.

La gente entró al estadio como quien entra a una sala de cine sabiendo que está a punto de ver el estreno del año. El estadio le dio a la afición la bienvenida media hora después, con un mensaje en la pantalla que mostraron la palabra “Junt8s” y que el Olímpico respondió con goyas, abrazos, fotografías familiares y reencuentros que parecían homenajes emocionales a quienes nos enseñaron lo que significa ser puma y universitario.

Porque Pumas también es herencia. Es el padre que te llevó por primera vez al estadio, las fotos que acompañan la anécdota familiar y también las nuevas generaciones que se suman a esta tradición.

A las 5:10 pm arribaron nuestros jugadores para disputar la escena final frente a Cruz Azul y el Olímpico hizo pesar su localía y con cánticos superó por completo a la afición cementera, pesó su historia y su gente; cantó con una fuerza que por momentos hacía imposible escuchar cualquier otra cosa recordando que esta es nuestra casa. Para este momento fue inevitable recordar a Juan Villoro y pensar “si hubiera un campeonato de aficiones, la de Pumas ya lo habría ganado”.

Al menos esta tarde parecía cierto, la afición no lo exigía, confiaba en ese campeonato, al grado de que cielo comenzó a teñirse de azul y oro mientras el atardecer caía sobre Ciudad Universitaria como una postal que anuncia un nuevo comienzo, una nueva historia. La tarde avanzó y ni siquiera las nubes cubrieron completamente el sol, como si quisiera iluminar el camino de Pumas hacia la cancha y eso parecía una señal.

Para las seis de la tarde, el estadio estaba a toda su capacidad y lo único que existía era esa mezcla insoportable entre nervios e ilusión, el ambiente era festivo pero lleno de incertidumbre la cual se extendió hasta las 7:00 pm, hora que comenzó el partido.

El Himno Universitario se cantó con el alma, fuerte y con orgullo.

La cuenta regresiva apareció en las pantallas del Olímpico como si fuera el inicio de una gran producción cinematográfica, absolutamente cine.

Y apenas rodó el balón, Cruz Azul avisó primero que buscaría cambiar la trama.

Rotondi encontró espacios y obligó a Keylor Navas a convertirse en héroe desde los primeros minutos. Una atajada, tras otra, después dos más al minuto ocho, la muralla Navas que sostuvo a Pumas toda la jornada y en este partido lo hizo una vez más, cuando los visitantes amenazaban, cada jugada, respondía con una atajada que era celebrada como si fuera un gol.

No se concretaba nada la primera media hora, pero poco a poco el equipo universitario comenzó a despertar, pese a que las amonestaciones hacia el equipo contrario no llegaban. Rodrigo López magistralmente al minuto 28 comenzó a conectar e incluso arriesgarse a buscar el tan anhelado gol. Jordán Carrillo encaraba sin miedo. Angulo corría cada pelota como si la vida dependiera de ello. Y entonces el estadio comenzó a sentirlo: Pumas estaba entrando al partido.

La trama comenzó a seguir su curso hacia el minuto 31. Todo nació desde Keylor. Duarte recibió, la pelota pasó y Jordán Carrillo logró salir entre dos jugadores antes de encontrar a Angulo. El balón terminó en los pies de Robert Morales, quien asistió a Antuna. Antuna estaba rodeado, devolvió rápidamente la pelota y Morales definió con un disparo imposible de parar.

Fue gol y el estadio rugió, desconocidos abrazándose, gente llorando, vasos volando. El estadio temblando bajo los pies de todos. Y por un instante, sólo por un instante, todos creyeron que el destino finalmente estaba de nuestro lado y que la película estaba saliendo perfecta.

Cruz Azul quedó paralizado y Pumas jugó sus mejores minutos de la final. La Máquina comenzó a presionar y buscó el empate antes del medio tiempo, pero nuevamente apareció Keylor Navas. El segundo gol parecía cerca. Robert Morales volvió a intentarlo antes del medio tiempo, pero Kevin Mier evitó el golpe definitivo.

Y entonces llegó el medio tiempo, luces, cámara y acción. Los drones y los fuegos artificiales auguraban un final feliz. Hasta ese momento, éramos campeones y la gente lo sabía. Sin embargo, el cielo volvió a llorar a manera de presagio para anticipar que las lágrimas las derramarían los universitarios.

Inició el segundo tiempo y Jordán Carrillo buscó ampliar la ventaja en los primeros minutos, aunque el gol nunca llegó. Y entonces apareció la jugada que cambió por completo la historia, al minuto 53. Una jugada en combinación entre Rotondi y Rivero puso en aprietos a Rubén Duarte, quien terminó con el balón en el pecho hacia nuestra portería. El empate cayó como un golpe seco.

Y como Ícaro, después de haber volado tan alto, comenzamos a caer en picada.

Tres minutos después, Coco Carrasquilla salió lesionado entre lágrimas. La preocupación invadió tanto la cancha como la tribuna. No sólo se hablaba de perderse el resto de la final, sino incluso del Mundial. Porque no sólo se estaba rompiendo el partido: también se estaba rompiendo uno de nuestros futbolistas.

Se intentó reaccionar, con más corazón que claridad, con más orgullo que técnica, pero solo caímos en desesperación.

Al minuto 80, Jordán Carrillo volvió a hacerse presente al ataque, aunque sin lograr concretar. Las tarjetas comenzaron a aparecer y Antuna fue amonestado en medio de la tensión creciente. Pero el tiempo comenzó a convertirse en enemigo, llegaron siete minutos de agregado. Siete. Como las siete estrellas bordadas en el escudo y jugándonos la octava.

Y entonces llegó la escena final, la película dio un giro inesperado pero temido desde el empate, que muchos lo pensaban y se sentía en el estadio nadie se atrevía a decirlo, pero los ojos llorosos no mentían.

Rotondi marcó de media vuelta un gol y le dio la vuelta al marcador. El silencio cayó sobre el Olímpico. El juego expiraba y dos tarjetas rojas aparecieron, mientras la afición retomó los cantos como si quisieran detener el tiempo y revertir las amonestaciones. El Olímpico quedó congelado. Algunos comenzaron a llorar inmediatamente. Otros simplemente se quedaron mirando la cancha sin entender nada, porque en ese momento todos presintieron un final que ya conocíamos, un dolor familiar, uno que nos recordaba al 2020, un final que no queríamos repetir.

Porque no sólo se escapaba un campeonato, se escapaba una historia que ya sentíamos nuestra. La afición siguió cantando incluso después del gol. Y quizá eso fue lo más doloroso pero lo más representativo de toda la noche. Porque mientras Cruz Azul celebraba, la afición de Pumas seguía abrazando a su equipo, sin reclamos, sin insultos, sólo con tristeza de lo que pudo haber sido.

Cuando llegó el silbatazo final al minuto 98, jugadores y aficionados se quedaron mirando durante varios segundos. Como si nadie quisiera aceptar que la película había terminado así. Porque, como escribió Juan Villoro: “lo peor del éxito es que elimina el placer de esperarlo”. Buscábamos el éxito, pero no llegó y tan sólo nos quedó otra espera.

Pumas no entregó la octava a su gente, pero sí logró recordarnos a miles de aficionados, por qué seguimos aquí después de tantas caídas. Germán Dehesa dijo: “ser Puma es un acto de esperanza, es una profesión de fe, es una larga paciencia, un prolongado estoicismo entre unas cuantas alegrías, es un grito que se ahoga y, para peor, ser Puma es irrenunciable” y este domingo 24 quedó claro que no estaba equivocado.

Porque sí, se nos quemaron las alas. Sí, caímos al mar después de haber rozado el cielo. Pero también volvimos a sentir algo que parecía perdido: orgullo, identidad y lo inevitable que resulta seguir creyendo y quizá por eso esta derrota duele tanto, porque al final, sí éramos Ícaro.

Y aunque ahora estemos sin alas, la crítica que nos caracteriza debe llegar al Club, así como la confianza en este proyecto, en nuestro equipo y con ello, el agradecimiento de la afición.

Gracias Pumas por hacernos soñar, gracias Keylor por tu liderazgo y darnos rumbo, gracias Jordán por tatuarte este equipo en el corazón, gracias Robert Morales por tus goles y casi darnos el campeonato y gracias Efraín Juárez por luchar e intentarlo.

Porque si no fue en este torneo, algún día se nos dará, la película tendrá el final que todos anhelamos y volveremos con nuestras alas a rozar el cielo porque nada cambia lo que siempre hemos sido: los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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¿Por qué los humanos no tienen garras ni grandes colmillos? La evolución eligió otra estrategia

A diferencia de otros depredadores, los humanos no desarrollaron garras ni grandes dientes para sobrevivir. ¿Por qué la evolución eligió esa estrategia?

Algunos especialistas señalan que, en lugar de adaptaciones físicas para la caza, nuestra especie evolucionó hacia habilidades cognitivas y sociales como la inteligencia, la cooperación y el uso de herramientas, que permitieron compensar esas “limitaciones” biológicas.

En entrevista para UNAM Global, Ulices Carrillo, encargado de la sala “Evolución, Vida y Tiempo” en Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, explicó que la humanidad es una de las especies más exitosas del planeta.

El especialista recordó al antropólogo Florentino Ameghino, cuyas ideas fueron ampliamente criticadas y debatidas en su época. Ameghino sostenía que los grandes simios, como los gorilas, presentan una forma cercana a la humana, aunque más tosca y adaptada a la fuerza física, lo que favorece su supervivencia.

En contraste, planteaba que los seres humanos no contaban con una “bestialización” como otros simios, al carecer de grandes músculos o enormes dientes; sin embargo, esta aparente desventaja favoreció el desarrollo de una inteligencia y un pensamiento cognitivo más avanzados.

“Un chimpancé puede moverse ágilmente en los árboles; un gorila puede pelear uno a uno contra su depredador, no necesariamente ganar siempre, pero puede defenderse con una fuerza abrumadora.

“Los humanos no tenían esa fuerza abrumadora, ni colmillos o velocidad, y tampoco les resulta sencillo trepar a los árboles; sin embargo, desarrollaron la inteligencia, lo que les permitió compensar sus deficiencias físicas en su entorno”.

El pulgar

Los mamíferos ya tenían la habilidad de trepar y correr, pero en el caso de los primates, sobre todo de los humanos, el pulgar, que primero servía para trepar, les permitió sujetar cosas pequeñas.

En el caso de Ardipithecus ramidus, una de las especies clave en la evolución humana, se trataba de un homínido que ya podía desplazarse en dos patas, aunque conservaba un dedo gordo del pie divergente que le permitía sujetarse a las ramas.

Las manos humanas evolucionaron hacia una forma más pequeña en relación con el resto de los primates, pero esto les permitió crear cosas. Además, pudieron sujetar mejor las piedras; por ejemplo, otros animales deben agarrar el objeto con ambas manos para poder golpear.

Estas características, junto con el pensamiento cognitivo, fueron un éxito para la raza humana.

El tiempo que nos queda

“La especie humana (Homo sapiens) lleva entre 300 mil y 500 mil años en la Tierra, y no sabemos cuánto más nos quede, debido a problemas actuales como los efectos del cambio climático. Podría ser mucho tiempo o poco, no lo sabemos”.

La inteligencia es una resolución a los problemas del entorno; por eso, la humanidad aprendió a defenderse de sus depredadores y a cazar. No existe un diseño perfecto en la naturaleza, sino uno adecuado al entorno, y que los humanos estén en todo el mundo no significa que sean la especie dominante.

“Simplemente pensamos que no tenemos una competencia directa, aunque la pandemia nos enseñó que sí tenemos depredadores, como los virus que causan enfermedades y que, en cualquier momento, pueden ponernos un freno”.

La inteligencia no es exclusiva de los humanos

Los humanos no son los únicos seres inteligentes del planeta; cada especie lo es a su manera, porque ha logrado sobrevivir en el espacio en el que se encuentra. “Si las condiciones de nuestro entorno cambian, ya veremos si tenemos la capacidad de sobrevivir”.

De hecho, “en la evolución, la inteligencia nos ha ayudado muchísimo; nos permitió conquistar espacios y sobrevivir al entorno, pero eso no significa que otras especies no sean inteligentes”.

“No somos la especie perfecta, pero sí la que ha tenido éxito en este momento. No obstante, no sabemos si en otras condiciones sería la misma historia”.

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¿Qué significa UNAM y qué representa su escudo?

Hablar de la UNAM es hablar de una de las instituciones más influyentes de América Latina. Su nombre, su escudo y su lema resumen más de un siglo de historia, pensamiento crítico y compromiso social.

Desde su fundación en 1910, la Universidad Nacional Autónoma de México se ha consolidado como un referente académico, científico y cultural, cuyos símbolos representan una identidad profundamente ligada al conocimiento, la autonomía y el compromiso con el país.

¿Qué significa el nombre de la UNAM?

El nombre Universidad Nacional Autónoma de México surgió oficialmente en 1910, cuando Justo Sierra Méndez, entonces secretario de Instrucción Pública, impulsó la creación de una universidad moderna que reuniera a las principales escuelas profesionales del país.

El término “Nacional” expresa su carácter público, laico e incluyente, así como su vocación de servicio hacia la sociedad mexicana. Por su parte, la palabra “Autónoma” hace referencia a la independencia académica, administrativa y de pensamiento que la Universidad obtuvo en 1929, tras la histórica lucha estudiantil por la autonomía universitaria.

Gracias a esta autonomía, la UNAM consolidó la libertad de cátedra, investigación y difusión de la cultura, convirtiéndose en una de las instituciones educativas y científicas más importantes de México y América Latina.

El escudo: identidad y visión latinoamericana

El escudo universitario fue diseñado en 1921 por José Vasconcelos, entonces rector de la Universidad. Su diseño refleja una visión humanista e integradora de América Latina a través de la educación y el conocimiento.

En el centro aparece el mapa de América Latina, protegido por un águila y un cóndor, símbolos del norte y del sur del continente. Ambos representan la unión de los pueblos latinoamericanos bajo una misma identidad cultural.

También destaca el lema “Por mi raza hablará el espíritu”, inscrito en la parte central del escudo y considerado una de las frases más emblemáticas de la Universidad.

El escudo se complementa con los colores azul y oro, que con el tiempo se convirtieron en emblemas universitarios. El azul representa el universo y el conocimiento, mientras que el dorado simboliza la luz y la sabiduría.

“Por mi raza hablará el espíritu”: el significado del lema

El lema de la UNAM también fue propuesto por José Vasconcelos y expresa la confianza en la capacidad cultural, intelectual y creadora de los pueblos latinoamericanos.

En el contexto de su época, Vasconcelos utilizó el concepto de “raza” para referirse al mestizaje cultural y espiritual de América Latina, y no como una idea biológica o excluyente.

Más de un siglo después, el lema sigue siendo una declaración de principios que identifica a la Universidad como un espacio dedicado al pensamiento crítico, la ciencia, las humanidades y la difusión de la cultura.

La UNAM en la actualidad

Actualmente, la UNAM cuenta con 371 mil 594 estudiantes y más de 43 mil académicos. Tiene presencia en las 32 entidades federativas del país y sedes internacionales en naciones como Estados Unidos, España, Francia, Canadá y China.

La Universidad también posee una amplia infraestructura académica y cultural integrada por 16 facultades, 36 institutos de investigación, 139 bibliotecas, museos, centros culturales y laboratorios nacionales especializados.

A través de la docencia, la investigación y la difusión cultural, la UNAM mantiene viva su misión de generar conocimiento y contribuir al desarrollo científico, social y cultural de México.

A más de un siglo de su fundación, su nombre, su escudo y su lema no sólo representan a una universidad, sino a una comunidad que ha hecho del conocimiento una herramienta para comprender y transformar al país.

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Un “coctel” bioquímico llamado triunfo

Experimentar el triunfo en alguna contienda de cualquier índole otorga al individuo una sensación altamente reconfortante, que inclusive suele ser seguida de euforia. Esta percepción se replica en todo el cuerpo, debido a que se encuentra bajo el influjo de un “coctel” bioquímico por la liberación cerebral masiva de sustancias como dopamina, oxitocina y prolactina.

El investigador del Laboratorio de Neuropsicofarmacología y Estimación Temporal de la Facultad de Psicología de la UNAM, Hugo Sánchez Castillo, dijo lo anterior y que debido a ello la emoción parece desbordarse.

“Se debe a que ocurre una inactivación de la corteza prefrontal, una activación del sistema dopaminérgico y sobre activación del sistema límbico, y es entonces donde se acentúa la aparición de las emociones complejas como pueden ser el orgullo y la propia euforia. De manera general nuestro cerebro lo interpreta así”, apuntó en entrevista.

Incluso desde antes, prosiguió, la sola sensación de saberse en competencia coloca a los sistemas en una situación expectante y, en ocasiones, de estrés. 

“El sujeto libera sustancias como cortisol y activará su sistema adrenérgico, lo cual en el caso de los deportistas hace que tengan esta sobreexigencia y la puedan soportar, pero cuando viene el desenlace, cuando arranca la gran expectativa de poder ganar, es donde el cerebro apresura la liberación de las sustancias antes mencionadas”. 

El también doctor en neurociencias señaló que el “rush”, o el máximo punto de euforia por el triunfo, dura solo unas cuantas horas, pero queda en la memoria para toda la vida.

“Es parte del bienestar que van a presentar muchas personas. Pensemos en deportistas retirados, por ejemplo, el triunfo está alojado en su memoria episódica que les permite recordar sus logros y experimentarlos en cierta medida”.

Por eso, continuó, hay un viejo adagio popular que dice: “recordar es vivir”, porque contamos con un tipo de memoria denominada episódica. No obstante, atajó: “en el caso de esta emoción asociada al triunfo, no es una cuestión exclusiva del deporte, todos la hemos experimentado”. 

En ese sentido, la psicología juega un papel importante en los momentos en los cuales una persona o un equipo pueden sentirse perdidos y forjan grandes historias, entonces el líder o psicólogo intervienen con un discurso motivacional para engarzar al sistema emocional, a fin de que el cerebro de los competidores registre un alza en los sistemas del placer.

Rumbo al triunfo, el estrés y la ejecución van de la mano, pero de pronto el estrés negativo gana, entonces aspecto motivacional no fue suficiente, por lo que el rubro altamente estresante es el que a veces quiebra al ejecutante, destacó. 

Lo que vemos básicamente es un juego entre la situación estresante, motivacional y este flujo entre ambas, porque puede ser tanta la presión y el estrés que la activación noradrenérgica y catecolaminergica vence y dice: “¡sabes qué hasta aquí, ya no más!”. 

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Los efectos psicológicos de ver futbol

No hay duda de que el futbol, al igual que la mayoría de los deportes, conecta con un cúmulo de emociones que son liberadas a lo largo de los 90 minutos del juego. Podemos pasar de la felicidad a la tristeza, de la angustia a la esperanza, de la agonía a la ilusión. Un contraste de sentimientos por un simple juego.

Sin embargo, ¿qué ocurre en nuestro cerebro al ver un partido de futbol? ¿Por qué la derrota nos cuesta tanto procesarla y la felicidad por la victoria es efímera? ¿Cómo podemos manejar las emociones a lo largo del juego para que éstas no se desborden con tintes violentos como a veces suele ocurrir en los estadios o como últimamente ha ocurrido cuando los fanáticos atacan lo primero que tienen a la vista (que usualmente es la TV)?

Para explicarnos qué ocurre en nuestro cerebro y por qué a veces exacerbamos nuestras emociones al ver un juego platicamos con el profesor Víctor Manuel Rodríguez Molina del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UNAM, quien compartió el motivo por el cual es muy recurrente que el futbol sea un desfogue de sentimientos.

“Los humanos tenemos un circuito de recompensa y éste se va a alimentar por cosas que son placenteras o que nos hacen sentir bien o que queremos seguir experimentando. En el caso del futbol, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana. Sin embargo, cuando nos marcan un penal, una expulsión o perdemos, éste decae. Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer como las endorfinas”, comentó.

Rodríguez dijo que cualquier evento deportivo es un “desfogue” de emociones y que el cerebro se “desconecta” para permitir que éstas florezcan. Esta desconexión provoca que aflore lo que se llama ‘cerebro primitivo’, donde “ya no se piensa con la corteza prefrontal, encargada del proceso de razonamiento y toma de decisiones, sino con la amígdala, que es una estructura en nuestro cerebro que solo funciona por medio de emociones”.

“Nuestro cerebro tiene un ámbito racional, pero al ver deportes (especialmente futbol) afloran nuestras emociones sin censura. Si gritas, lloras, te enojas, nadie te va a criticar. Es un terreno permitido para que vivamos lo que sentimos con más intensidad. Incluso, hasta aquellos que no les gusta el futbol, se integran y surge esa emoción colectiva, porque se contagian de lo que están viviendo los demás”, apuntó.

“El futbol solo es un juego”

Así como el futbol nos puede generar sentimientos positivos, también provoca sensaciones negativas, las cuales han sido exhibidas en más de una ocasión como la que se presentó el 5 de marzo de  2022 cuando se enfrentaron aficionados de Querétaro y Atlas.

Al ser cuestionado sobre por qué a veces ocurren hechos violentos, ya no sólo en el estadio de futbol, sino en el propio hogar al atentar contra objetos, el docente manifestó que si bien las emociones negativas no desencadenan actitudes violentas, sí pueden dar pie a que afloren, ya que “se pierde la razón”.

“Vienen los sentimientos de impotencia y de tristeza, pero también la ira, y esto combinado puede desembocar en agresiones a otras personas u objetos. Cuando permitimos que los sentimientos negativos nos dominen, decimos que la emoción se transformó en una conducta. Pero siempre hay un freno que pone el lóbulo frontal. Sin embargo, a veces puede pasar a mayores y surge esa violencia que expresa una falta total de control de nuestras emociones. Aquí ya estaríamos hablando de un escenario patológico, porque violentar a otro no es algo normal”, indicó.

Victoria efímera, derrota sufrida

Contrario a lo que se piensa, para el fanático del futbol celebrar una victoria es algo efímero, pero la derrota suele ser difícil de digerir e incluso se buscan miles de razones para entender ésta. De acuerdo con Víctor Manuel Rodríguez Molina esto tiene diversas explicaciones, las cuales son:

  1. Cuando nuestro equipo pierde, duele porque ponemos nuestras expectativas en éste. La derrota nos afecta porque pensamos: ‘entonces mi equipo no es tan bueno como yo creía’.
  2. Ese pensamiento de nos confronta con una serie de vivencias personales.
  3. Tenemos una pérdida. Porque esperabas el triunfo de tu equipo y no lo tuviste.

De igual manera, el docente comentó que la decepción por la derrota de nuestro equipo puede afectar nuestras emociones de manera importante e incluso, aunque aclaró que no es algo que se dé de manera común, provocar el suicidio como ocurrió en Brasil tras la histórica derrota de la ‘Canarinha’ por 7-1 ante Alemania en 2014.

“En estos casos donde se llegó al suicidio, esto no se dio de manera espontánea o exclusivamente por el partido, sino que esas personas ya tenían antecedentes patológicos importantes y ver que su equipo perdió fue el detonante”, añadió. 

El futbol y sus enseñanzas

Nuestro cerebro es un baúl interminable de conocimientos, por lo que al ver futbol podemos aprender algunas cosas útiles para la vida. Rodríguez Molina dijo que estos aprendizajes pueden abarcar:

  1. Resiliencia: a pesar de las derrotas, uno como seguidor sigue apoyando. Lo mismo lo podemos emplear en la vida.
  2. Hay un espacio para todo. En el estadio o a la hora de ver el partido, puedo expresarme con libertad. Pero al terminar éste, lo que sienta se queda allí. No traspolar emociones a otros ámbitos.
  3. Administrar la pérdida.
  4. Ejercitarse para el manejo de las emociones.
  5. No siempre perder es malo. Algo se hizo bien para estar cerca de ganar.
  6. Manejar el fracaso.
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Estadio Olímpico Universitario: símbolo de identidad de la UNAM y del deporte mexicano

En el corazón de Ciudad Universitaria se encuentra uno de los recintos más emblemáticos de México: el Estadio Olímpico Universitario, espacio que representa la identidad de la UNAM y escenario de algunos de los momentos más importantes del deporte y la vida cultural del país.

Construido sobre la roca volcánica del Pedregal de San Ángel, el inmueble fue concebido como parte fundamental del proyecto arquitectónico de Ciudad Universitaria. Su diseño, a cargo de los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas Moro y Jorge Bravo Jiménez, integró modernidad, funcionalidad y paisaje en una obra que con el paso del tiempo se convirtió en referente de la arquitectura mexicana del siglo XX.

La construcción del estadio inició el 7 de agosto de 1950 y desde el principio contempló una visión artística que quedó plasmada en el mural de Diego Rivera “La universidad, la familia y el deporte en México”, ubicado en los taludes del recinto. Aunque la obra quedó inconclusa tras la muerte del muralista, permanece como uno de los elementos más representativos del inmueble y de la integración plástica que caracteriza a Ciudad Universitaria.

El estadio fue inaugurado el 20 de noviembre de 1952 y pocos días después vivió uno de los episodios más recordados en la memoria deportiva universitaria: el clásico de futbol americano entre Pumas de la UNAM y Burros Blancos del IPN, encuentro que consolidó al recinto como la casa del espíritu puma y uno de los principales puntos de reunión de la comunidad universitaria.

A lo largo de su historia, el Olímpico Universitario ha sido sede de competencias nacionales e internacionales de gran relevancia. En 1955 recibió los Juegos Panamericanos y en 1956 el Campeonato Panamericano de Futbol.

Su momento más trascendente llegó en 1968, cuando se convirtió en la sede principal de los Juegos Olímpicos de México. En su pista y cancha se realizaron las competencias de atletismo, además de las ceremonias de inauguración y clausura de la justa olímpica.

Fue ahí donde Enriqueta Basilio hizo historia al convertirse en la primera mujer en encender un pebetero olímpico. Para esos Juegos, el estadio fue modernizado con pista de tartán, nuevo sistema de iluminación y una pizarra electrónica, elementos innovadores para la época.

El inmueble también fue una de las sedes de la Copa Mundial de Futbol de 1986 y de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1990, consolidando su prestigio internacional como uno de los escenarios deportivos más importantes del país.

Más allá de los grandes eventos, el Estadio Olímpico Universitario mantiene un profundo vínculo con la comunidad de la UNAM. Ha sido escenario de partidos históricos de los Pumas, competencias atléticas, ceremonias universitarias, conciertos y actividades multitudinarias que forman parte de la memoria colectiva de generaciones enteras.

Su relevancia arquitectónica y cultural quedó reconocida cuando Ciudad Universitaria fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, distinción que incluye al estadio como una de las piezas centrales del conjunto universitario.

Actualmente, el Olímpico Universitario continúa siendo la casa de los equipos representativos de la UNAM y uno de los recintos deportivos más importantes de México. Entre piedra volcánica, tradición y pasión auriazul, el estadio permanece como símbolo vivo de la historia, identidad y espíritu de la Universidad Nacional.

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San Luis Potosí revela nuevas pistas sobre las horas posteriores al impacto de Chicxulub

La comprensión del impacto del asteroide de Chicxulub, ocurrido hace aproximadamente 66 millones de años al final del período Cretácico, representa uno de los mayores desafíos y, al mismo tiempo, uno de los temas más fascinantes de las ciencias de la Tierra.

Este evento marcó el límite entre el Cretácico y el Paleógeno y desencadenó una de las cinco grandes extinciones masivas en la historia del planeta, provocando la desaparición de cerca del 76 % de las especies, entre ellas los dinosaurios. Las consecuencias del impacto no se limitaron únicamente a la región donde cayó el asteroide, en la península de Yucatán, sino que alteraron de manera profunda los sistemas climáticos, oceánicos y biológicos a escala global.

A lo largo de décadas, numerosos estudios han buscado reconstruir qué ocurrió durante los minutos, horas y años posteriores al impacto. Sin embargo, entender con precisión la secuencia de eventos requiere encontrar registros geológicos excepcionalmente conservados, capaces de preservar las huellas físicas, químicas y biológicas del fenómeno.

En este contexto, México ocupa un lugar central debido a su cercanía con el cráter de Chicxulub. Particularmente, el estado de San Luis Potosí se ha convertido en una pieza clave para comprender los efectos inmediatos y regionales del impacto.

Mediante el estudio “Unraveling the Cretaceous-Paleogene boundary event across the Gulf of Mexico—High-resolution Rayon reef section, Valles-San Luis Potosí platform, Mexico”, los investigadores del Instituto de Geofísica (IGEF), el Dr. Jaime Urrutia Fucugauchi y la Dra. Ligia Pérez Cruz, junto con los investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, el Dr. Roberto Bartali, el Dr. José Ramón Torres Hernández y la maestra en Ingeniería Rosa Lina Tovar, destacan precisamente la relevancia de esta región.

A partir de un registro sedimentario de alta resolución en la plataforma de Valles, en San Luis Potosí, el trabajo permite reconstruir con gran detalle lo que ocurrió antes, durante y después del límite Cretácico-Paleógeno.

La dificultad de estudiar impactos celestes

A pesar de que los impactos de cuerpos celestes en la Tierra representan algunos de los fenómenos más energéticos del registro geológico, gran parte de sus evidencias ha desaparecido debido a procesos dinámicos del planeta, como la erosión, el vulcanismo y la tectónica de placas, mencionó el Dr. Jaime.

De acuerdo con la Base de Datos de Impactos Terrestres de la Universidad de New Brunswick, Canadá, actualmente se han confirmado alrededor de 190 estructuras de impacto en todo el mundo. Sin embargo, los especialistas estiman que el número real podría superar el millar, aunque muchos de esos registros no lograron preservarse geológicamente a lo largo del tiempo.

Aun cuando las huellas visibles de estos eventos pueden desaparecer, suelen permanecer residuos y señales indirectas en las rocas, como anomalías geoquímicas, minerales deformados, depósitos de eyección y materiales fundidos. A diferencia de procesos como la tectónica de placas o la formación de montañas, que ocurren durante millones de años, los impactos suceden en cuestión de segundos o minutos y liberan una cantidad de energía capaz de transformar extensas regiones de la superficie terrestre.

En el caso del impacto de Chicxulub, las consecuencias fueron globales y afectaron tanto a ecosistemas terrestres como marinos. La liberación de energía generó una onda de choque, mega-tsunamis, incendios forestales, expulsión de material hacia la atmósfera y alteraciones climáticas severas. El colapso de los ecosistemas fue inmediato en muchas regiones, seguido de cambios prolongados en la atmósfera y los océanos.

Qué aporta este nuevo estudio

En este contexto, el estudio representa un hallazgo particularmente relevante para comprender las consecuencias del impacto de Chicxulub. “A diferencia de otros sitios cercanos al cráter, donde los sedimentos fueron severamente alterados por tsunamis y procesos de alta energía, la plataforma Valles-San Luis Potosí conservó un registro sedimentario excepcionalmente bien preservado”, comentó Urrutia Fucugauchi.

El especialista del IGEF agregó que en las zonas más cercanas al Golfo de México predominan depósitos gruesos, caóticos y altamente perturbados por el colapso de plataformas carbonatadas y la acción de grandes olas. En cambio, en regiones más alejadas, el registro suele reducirse a delgadas capas de esférulas y arcillas.

Por ello, destacó que la sección estudiada en San Luis Potosí ocupa una posición intermedia excepcional, ya que preserva tanto las señales directas del impacto como una secuencia sedimentaria suficientemente ordenada para reconstruir la cronología de los procesos. Esta posición geográfica permite conectar los registros proximales, muy cercanos al cráter, con los registros distales observados en otras partes del planeta, ayudando a entender cómo evolucionaron los efectos del impacto conforme se alejaban del sitio de colisión.

Además, los investigadores pudieron identificar depósitos de eyección, esférulas formadas por material fundido expulsado a la atmósfera, capas de arcilla oscura ricas en polvo sedimentado tras el impacto y anomalías geoquímicas relacionadas con elementos provenientes del asteroide. También se reconocieron depósitos asociados a mega-tsunamis y otros procesos de alta energía desencadenados en el Golfo de México.

El estudio también documentó variaciones abruptas en el tamaño de los sedimentos y en la composición mineralógica de las capas analizadas, lo que permitió identificar distintos pulsos de energía asociados al impacto y sus secuelas inmediatas.

Por otro lado, la Dra. Ligia compartió que el registro fósil hallado en la región aporta información fundamental sobre el colapso ecológico provocado por el evento. Antes del impacto, los mares de la zona estaban dominados por arrecifes formados por rudistas, moluscos bivalvos característicos de ambientes cálidos y someros con alta productividad biológica.

En el afloramiento se distinguen claramente tres unidades principales: una capa inferior rica en fósiles y asociada al ambiente arrecifal previo al impacto; una capa intermedia de arcilla oscura que concentra las principales evidencias del evento; y una unidad superior donde aparecen restos fragmentados y una biodiversidad notablemente reducida. Esta transición permite observar directamente el paso de un ecosistema marino altamente diverso hacia un escenario de recuperación biológica mucho más limitado y empobrecido.

¿Qué técnicas se utilizaron para llegar a esos resultados?

Para reconstruir el evento, los investigadores combinaron distintas técnicas analíticas, entre ellas descripción sedimentológica detallada, microscopía electrónica de barrido, difracción de rayos X, espectroscopía de energía dispersiva, análisis geoquímicos y estudios de propiedades físicas como magnetismo y granulometría.

Estas herramientas permitieron identificar cambios en la composición química, mineralógica y biológica de los sedimentos, así como inferir la energía del ambiente en cada etapa. Asimismo, ayudaron a detectar partículas microscópicas alteradas por altas temperaturas y minerales deformados por presiones extremas, considerados indicadores característicos de grandes impactos cósmicos.

¿Por qué es necesario seguir estudiando el evento de Chicxulub?

El interés científico por este evento radica no solamente en comprender el pasado, sino también en entender cómo funcionan los sistemas terrestres cuando son sometidos a perturbaciones extremas y repentinas. Los investigadores explicaron que el impacto de Chicxulub representa un caso excepcional porque produjo cambios ambientales globales en cuestión de horas, días o semanas, algo muy distinto a otros procesos naturales que suelen desarrollarse durante miles o millones de años.

De acuerdo con los especialistas, gran parte de la extinción ocurrió inmediatamente después del impacto. Cuando el asteroide chocó contra la Tierra, enormes cantidades de material fragmentado fueron expulsadas hacia la atmósfera. Entre este material había polvo muy fino, hollín y partículas microscópicas capaces de bloquear la radiación solar. Como consecuencia, el planeta experimentó una oscuridad casi total y un enfriamiento extremadamente rápido. La reducción de la luz solar afectó de manera inmediata la fotosíntesis, alterando las cadenas alimenticias tanto terrestres como marinas.

A este fenómeno se sumó otro efecto devastador: el retorno de materiales expulsados durante el impacto. Parte de estos fragmentos reingresaron a la atmósfera y generaron un intenso pulso térmico conocido como “bola de fuego”. Las temperaturas en la superficie pudieron alcanzar alrededor de 500 grados Celsius, similares a las de un horno doméstico. Esto provocó incendios forestales a escala global y una destrucción masiva de la vegetación.

En el arrecife de Rayón, por ejemplo, los científicos encontraron material vegetal quemado dentro de una capa negra asociada directamente al impacto, lo que constituye evidencia de esos incendios ocurridos hace aproximadamente 66 millones de años. Además, la presencia de carbón y residuos orgánicos alterados fortalece la hipótesis de que los incendios ocurrieron de manera prácticamente simultánea en distintas regiones del planeta tras el pulso térmico generado por el impacto.

Más allá de reconstruir una extinción ocurrida hace millones de años, los investigadores consideran que Chicxulub ofrece una oportunidad única para entender cómo responde el planeta ante alteraciones atmosféricas abruptas.

Además del calor extremo y la oscuridad global, la Dra. Ligia destacó que el impacto alteró profundamente la química atmosférica.

“Enormes cantidades de dióxido de carbono, azufre y otros compuestos fueron liberados a la atmósfera, generando lluvia ácida y cambios severos en la circulación atmosférica y oceánica. Estas alteraciones afectaron la hidrosfera, la atmósfera y los ecosistemas continentales al mismo tiempo. Las especies marinas sufrieron por cambios en la temperatura y la química de los océanos, mientras que en tierra firme desaparecieron numerosos grupos de grandes reptiles y otras formas de vida”, explicó.

Debido a todos estos cambios, y considerando la relación que el planeta mantiene hoy con el cambio climático, comprender lo ocurrido tras el impacto de Chicxulub representa también una lección del pasado. Aunque las transformaciones actuales no son tan inmediatas ni violentas como las provocadas por el asteroide, sí implican alteraciones aceleradas en la química de la atmósfera a causa de la emisión de gases de efecto invernadero.

En este sentido, el estudio del impacto permite entender cómo responde el sistema climático frente a perturbaciones rápidas y de gran escala. Los científicos señalan que, en la actualidad, la humanidad está modificando la atmósfera mediante la liberación de dióxido de carbono y otros gases contaminantes, lo que incrementa la temperatura promedio del planeta.

Analizar eventos del pasado como Chicxulub ayuda a anticipar las posibles consecuencias ecológicas y climáticas de estos cambios, además de subrayar la importancia de tomar medidas para mitigar sus efectos.

Futuras investigaciones

El descubrimiento de la plataforma Valles-San Luis Potosí es apenas una pieza del rompecabezas para comprender detalladamente lo que sucedió después del evento de Chicxulub. Por ello, los investigadores comenzarán a desarrollar nuevos trabajos, incluidos modelos numéricos y simulaciones que ayuden a cuantificar los efectos ambientales del impacto.

Con ello, buscan determinar, por ejemplo, si la cantidad de azufre liberada fue tan grande como se pensaba originalmente o si, en realidad, fue menor. Esta información es fundamental para comprender qué mecanismos desencadenaron la extinción masiva y cuál fue el peso relativo de factores como el enfriamiento global, los incendios o el efecto invernadero posterior.

Otra línea importante de investigación consiste en estudiar los microfósiles presentes en los sedimentos marinos. A través del análisis de organismos microscópicos como los foraminíferos planctónicos, será posible reconstruir qué tan rápida fue la recuperación de la vida marina después del impacto y comparar diferentes regiones afectadas.

Finalmente, también se plantea ampliar el análisis hacia otras plataformas carbonatadas del Golfo de México con el objetivo de construir una cronología regional más precisa de los efectos del impacto y entender cómo variaron las condiciones ambientales entre distintas zonas cercanas al cráter de Chicxulub.

Chicxulub: una advertencia escrita en piedra

A más de 66 millones de años del impacto, el evento de Chicxulub sigue ofreciendo nuevas respuestas sobre la fragilidad de los ecosistemas terrestres frente a cambios extremos y repentinos.

El registro preservado en San Luis Potosí no solo permite reconstruir con mayor precisión cómo ocurrió una de las mayores extinciones masivas de la historia, sino también entender cómo reaccionan la atmósfera, los océanos y la vida ante perturbaciones globales. Para los investigadores, estudiar estas huellas del pasado no consiste únicamente en explicar la desaparición de los dinosaurios, sino en comprender mejor los riesgos ambientales que enfrenta hoy el planeta.

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Actividades académicas de la UNAM para reflexionar sobre los desafíos contemporáneos

La Universidad Nacional Autónoma de México mantiene una agenda académica y cultural que promueve la reflexión crítica sobre algunos de los temas más relevantes de la actualidad. Desde el análisis del racismo y la xenofobia en contextos educativos, hasta debates sobre justicia climática, sostenibilidad y cultura, distintas entidades universitarias abrirán espacios de diálogo dirigidos a estudiantes, especialistas y público interesado.

La siguiente selección reúne algunas de las actividades que se desarrollarán próximamente y que forman parte de la amplia oferta académica de la UNAM.

Reflexionar sobre el racismo y la xenofobia en los espacios educativos

El Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) llevará a cabo el II Coloquio Internacional “Racismo y xenofobia en escuelas de diversas latitudes. Experiencias situadas”, cuyo propósito es analizar las expresiones de discriminación, racismo y xenofobia en contextos educativos de distintos países.

El coloquio busca aportar elementos comparativos y metodológicos para comprender estas problemáticas desde experiencias situadas, así como identificar desafíos para la investigación y la construcción de espacios educativos más incluyentes.

La actividad se realizará el 28 de mayo a las 10 horas, en modalidad presencial y en línea.

Más información:
https://ceiich.unam.mx/actividades/7150/

El vino como encuentro entre territorio, ciencia y cultura

La Facultad de Arquitectura impartirá el taller “Arquitectura del vino. Suelos, vitinivinicultura y cata”, una propuesta interdisciplinaria que ofrece una introducción al mundo de la vitivinicultura y la enología.

Durante las sesiones se abordarán factores naturales como el suelo, el relieve y el clima, así como procesos relacionados con el manejo del viñedo y la vinificación. Además, se introducirán fundamentos de degustación y maridaje para comprender la relación entre territorio, producción y apreciación del vino.

El taller será en línea del 2 al 25 de junio.

Más información:
https://educacioncontinua.geofisica.unam.mx/index.php/oferta-academica/intro-vitivinicultura/

Derecho internacional frente a la emergencia climática

La crisis ambiental global será uno de los ejes de discusión del seminario “Emergencia Climática: análisis de las opiniones consultivas de Cortes Internacionales”, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Entre los temas que se analizarán destacan las obligaciones internacionales de los Estados ante la emergencia climática, los derechos humanos vinculados al medio ambiente, así como los desafíos de gobernanza y justicia climática en el ámbito internacional.

El seminario se llevará a cabo en línea los días 3 y 4 de junio.

Más información:
https://www.juridicas.unam.mx/actividades-academicas/4271-seminario-emergencia-climatica-analisis-de-las-opiniones-consultivas-de-cortes-internacionales

Formación ambiental para impulsar el desarrollo sostenible

La Facultad de Ciencias ofrecerá el diplomado “Ciencias Ambientales y Desarrollo Sostenible: Hacia los Objetivos del Desarrollo Sostenible”, enfocado en fortalecer la cultura ambiental y generar herramientas de participación orientadas al desarrollo sostenible.

El programa permitirá reflexionar sobre las metas planteadas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), así como identificar acciones de incidencia en escalas globales, regionales y locales para contribuir al bienestar social y ambiental.

El diplomado iniciará el 5 de junio y se impartirá en línea.

Más información:
https://educontinua.fciencias.unam.mx/Pagina2023/diplomados/CienciasAmbientalesyDesarrolloSostenible_ODS/Dipl.php

Un recorrido por la historia y la memoria universitaria

La oferta cultural de la UNAM también incluye espacios museísticos como el Museo UNAM Hoy, perteneciente al Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE).

Ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, dentro de un inmueble declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, el museo alberga objetos recuperados durante trabajos de restauración, exposiciones temporales y recursos interactivos que permiten acercarse a la historia y actualidad de la Universidad Nacional.

El recinto se encuentra en Moneda #2, esquina Seminario, y abre de martes a sábado, de 11 a 17 horas.

Más información:
https://www.iisue.unam.mx/museo-unam-hoy/#Museo_UNAM_Hoy

Estas actividades representan sólo una pequeña muestra de la amplia oferta académica, científica y cultural de la UNAM, una institución que diariamente genera espacios para el intercambio de ideas, la formación crítica y la construcción colectiva del conocimiento.

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Humedales artificiales: plantas y microbios en acción para tratar aguas contaminada

  • Si tuviéramos la oportunidad de medir la cantidad de agua que un mexicano promedio utiliza en un día para bañarse, lavar alimentos, lavar el coche, la que descargamos al ir al baño, y otros usos más, sumaría aproximadamente 360 litros.

Este gasto está muy por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y es que en México el gasto diario promedio por persona rebasa el 200 % de lo recomendado. Imagina que, de esos 360 litros, sólo el 50 % serán tratados correctamente para volverse a utilizar, es decir, 180 L serán descargados y desperdiciados. Escalemos esta situación a una familia, una colonia, una ciudad, un país y es claro que la crisis hídrica es enorme.

Esta realidad nos debería obligar a reflexionar sobre alternativas para disminuir el consumo de agua y optimizar su uso; pero también en aumentar la cantidad de agua residual a tratar. Recordemos que el agua es un recurso renovable pero limitado, por lo que es imperativo desarrollar tecnologías alternativas que puedan llegar a todos los lugares.

Aquí es donde introduciremos una tecnología que se ha desarrollado durante los últimos 50 años y que ha demostrado ser eficiente y amigable con el medio ambiente. Hablamos de los humedales artificiales. Estos están inspirados en los humedales naturales, ya que toman los elementos más importantes de ellos y los aplican y mejoran para depurar contaminantes del agua, transformándola en agua de calidad que puede ser reutilizada. Dentro de los elementos que conforman un humedal artificial se encuentran: las plantas acuáticas, los microorganismos, el sustrato, y la corriente de agua a tratar. Cada uno de ellos tiene un rol importante en el proceso de depuración de contaminantes y, sin la sinergia de estos, no sería posible un tratamiento eficiente.

Esta vez nos enfocaremos en el papel de la biotecnología en el uso de humedales artificiales para remover contaminantes del agua; para ello, las plantas y los microorganismos serán los protagonistas de esta historia.

Los protagonistas de la historia

La biorremediación es una de las aplicaciones de la biotecnología que se enfoca en la eliminación de contaminantes con ayuda de la actividad de organismos vivos, como bacterias, hongos, protozoos, plantas, entre otros. En los humedales, las plantas acuáticas y los microorganismos juegan el papel más importante, ya que tienen una gran influencia en diferentes procesos biológicos, químicos y físicos. En especial, pensemos en las plantas como un enorme filtro en un acuario; donde son como esponjas y filtros que eliminan las impurezas del agua. Las plantas también proveen el ambiente, la superficie y los nutrientes a los microorganismos para crecer, además de proteger y estabilizar el sustrato que las alberga. Otra función importante de las plantas es la liberación de oxígeno, a través de sus raíces, en la zona del suelo alrededor de ellas, que es donde viven microorganismos que benefician a las plantas y que se llama “rizosfera.

Este oxígeno crea condiciones que favorecen el crecimiento de microorganismos aerobios, capaces de degradar la materia orgánica. La presencia de oxígeno también contribuye a la precipitación de metales y la mejora de la nitrificación (bioproceso para transformar el amonio a nitrato). La selección de las plantas apropiadas para el mejor desempeño de un humedal artificial es crucial, ya que éstas deben adaptarse a las condiciones climáticas donde se instalará el humedal artificial. Las especies más utilizadas son Phragmites australis, Typha latifolia, Typha domingensis, Pennisetum americanum, entre otras.

A los microorganismos los imaginaremos como aquellos micro huéspedes que, si encuentran la comodidad necesaria (es decir, nutrientes, temperatura, oxígeno, entre otros), no querrán irse, y entonces participarán de diferentes maneras para mejorar el funcionamiento del humedal. Sabemos que, hablar de microorganismos significa una diversidad enorme de especies, que, según la comodidad que encuentren, se reproducirán unos más que otros.

Los microorganismos pueden actuar independientemente en un humedal, al encontrarse principalmente en el sustrato (suelo), pero también pueden actuar en compañía de las plantas. En un humedal, la interacción que existe entre las plantas y los microorganismos es la clave para el equilibrio funcional del sistema y para la depuración de contaminantes.

Un ejemplo del trabajo en equipo de estos elementos se observa en la formación de endófitos, es decir, los microorganismos que colonizan el tejido vegetal inter o intracelularmente sin causar daño. Por el contrario, esta asociación facilita y mejora la biorremediación. En otras palabras, los endófitos pueden participar en la transformación y la estabilización de contaminantes en los tejidos vegetales. Uno de los mecanismos más importantes es la inmovilización, que consiste en retener o fijar los contaminantes, como metales pesados u otros compuestos tóxicos, en formas químicas menos solubles o biodisponibles. Esto reduce su movilidad en el agua y evita que se dispersen a otros compartimentos del ecosistema. En algunos casos, los endófitos también pueden transformar estos compuestos en formas menos tóxicas, lo que contribuye a una remediación más segura y eficiente. Otra interacción directa se produce cuando se forman biopelículas en la superficie de la planta, especialmente en las raíces. Estas biopelículas son comunidades de bacterias, hongos, algas o protozoos que viven en equilibrio y, en el proceso, favorecen la producción de minerales (biomineralización), la generación y transporte de nutrientes hacia la planta, así como la degradación de contaminantes al utilizarlos como fuente de energía.

Aplicación biotecnológica en humedales

Ahora que conocemos un poco sobre el papel que tienen los elementos vivos en un humedal artificial, es decir, plantas y microbios; pasemos a la aplicación de esta tecnología para el tratamiento de aguas residuales. En este contexto, cobra sentido la aplicación de diversas herramientas biotecnológicas, por ejemplo, la bioaumentación, un proceso que se lleva a cabo cuando se añaden inóculos “extras” al sistema; éstos pueden ser microorganismos especializados en la degradación y/o transformación de los contaminantes, por lo que su adición contribuye en lograr una mejor eficiencia en el tratamiento dentro del humedal. Por otra parte, se pueden utilizar técnicas de secuenciación genética y herramientas de biología molecular para monitoreo y control, con el fin de estudiar la diversidad y la actividad de los microorganismos presentes en el sistema, lo que permite ajustar las condiciones operativas para mejorar el rendimiento del tratamiento.

¿Qué falta por hacer?

Los humedales artificiales representan una tecnología alternativa con gran potencial para la eliminación de contaminantes, además de ser una opción respetuosa con el medio ambiente.

En este relato nos enfocamos principalmente en los elementos bióticos, es decir, los componentes vivos de los humedales, como las plantas acuáticas (por ejemplo, carrizos, juncos o lirios), los microorganismos (bacterias y hongos que ayudan a degradar contaminantes) y pequeños organismos acuáticos como protozoos, rotíferos, microcrustáceos (por ejemplo, copépodos) y larvas de insectos, que participan en la cadena trófica y contribuyen al equilibrio ecológico del sistema. Sin embargo, es importante reconocer que también existen elementos abióticos, o no vivos, que influyen de manera significativa en el funcionamiento del humedal, como el agua, el sustrato o grava, el oxígeno, la luz solar, la temperatura y los nutrientes disueltos. Estos factores crean las condiciones necesarias para que los organismos vivos puedan desarrollarse y cumplir su función de tratamiento.

Finalmente, recordemos que los humedales artificiales son una tecnología inspirada en la naturaleza. Comprender cómo interactúan sus componentes vivos y no vivos nos permite valorar su eficacia, optimizar su diseño y reconocer que la sabiduría de los sistemas naturales puede guiarnos hacia soluciones sostenibles para el cuidado del agua y del medio ambiente.

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El cambio climático impulsa la expansión de una plaga que amenaza al maíz en México

  • Investigadores de la UNAM e INIFAP advierten que el cambio climático podría favorecer la expansión de una plaga capaz de afectar la producción de maíz, la seguridad alimentaria y el patrimonio biocultural de México.

El cambio climático se ha convertido en uno de los principales factores de transformación de los sistemas agrícolas en el mundo. Además de provocar sequías, inundaciones y alteraciones en los patrones de lluvia, también está modificando el comportamiento, la distribución y la dinámica poblacional de las plagas agrícolas.

El aumento sostenido de la temperatura global y la variabilidad climática crean condiciones favorables para que numerosos insectos y organismos patógenos se reproduzcan con mayor rapidez, sobrevivan en nuevas regiones y amplíen su rango de distribución.

Existen múltiples ejemplos alrededor del mundo que ilustran esta tendencia. En Chile, la mosca de alas manchadas, Drosophila suzukii, se ha convertido en una plaga más agresiva. Su biología se ha visto favorecida por las altas temperaturas, lo que provoca graves pérdidas económicas en cultivos de cereza y mora debido a su capacidad de adaptación.

Un fenómeno similar ocurre con Spodoptera frugiperda, conocida como gusano cogollero, que se ha expandido rápidamente fuera de América y actualmente afecta cultivos de maíz en África, Asia y Oceanía.

Este problema no solo representa un desafío ecológico, sino también económico y social, ya que las plagas agrícolas están directamente relacionadas con la seguridad alimentaria. Cuando los cultivos son dañados con mayor intensidad y frecuencia, la producción disminuye, los costos de control aumentan y los sistemas agrícolas se vuelven más inestables.

Frente a este panorama global, México representa un caso especialmente sensible debido a la importancia del maíz para la alimentación, la economía y la identidad cultural del país.

En este contexto, investigadores del Instituto de Ciencias Atmosféricas y Cambio Climático de la UNAM, el doctor Bernardo Bastien Olvera y la doctora Carolina Ureta Sánchez, colaboraron con el doctor Jesús Alberto Cruz López y el maestro Luis A. Galvez-Marroquín, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP).

Juntos desarrollaron el estudio “A threat to food security in Mexico: Climate-driven expansion of maize devastating pest and its economic impact”, en el que analizaron cómo el cambio climático está impulsando la expansión de la chinche Blissus leucopterus y cuáles podrían ser las consecuencias ecológicas, económicas y sociales de este proceso para el sistema alimentario mexicano.

La investigación es una de las primeras en México que integra modelos climáticos, ecológicos y económicos para evaluar el impacto potencial de una plaga agrícola bajo escenarios futuros de cambio climático. Para ello, los especialistas utilizaron modelos de nicho ecológico y escenarios climáticos proyectados para 2030, 2050 y 2070, con el fin de identificar las regiones más vulnerables a la expansión de la chinche.

Una amenaza en crecimiento

Uno de los hallazgos centrales del estudio es que Blissus leucopterus ha mostrado un crecimiento poblacional acelerado en los últimos años en los cultivos de maíz mexicanos. Este incremento no solo se atribuye al clima, sino también a cambios en su comportamiento alimenticio y reproductivo, lo que la convierte en una amenaza cada vez más difícil de controlar.

Los resultados muestran que la idoneidad climática para la expansión de Blissus leucopterus podría pasar de abarcar 12 % del territorio nacional en condiciones actuales a entre 15 y 16 % hacia mediados de siglo. Esto significa que amplias zonas que hoy no presentan condiciones favorables podrían volverse vulnerables en las próximas décadas.

En regiones como Oaxaca, Veracruz, Chiapas y Tabasco, Cruz López comentó que se ha observado que la plaga puede completar ciclos en apenas 15 días. Esto dificulta enormemente las estrategias tradicionales de control basadas en insecticidas, ya que las nuevas generaciones emergen poco tiempo después de la aplicación de tratamientos químicos.

De igual forma, la chinche podría establecerse en algunas zonas de Sinaloa. Esto resulta especialmente preocupante debido a que el estado es uno de los mayores productores de maíz del país, concentra agricultura altamente tecnificada y abastece buena parte del consumo nacional.

Efectos económicos a nivel individual y nacional

Las consecuencias de esta expansión son especialmente graves desde el punto de vista económico. El estudio realizó una estimación del impacto futuro de esta plaga bajo escenarios socioeconómicos y de cambio climático para los años 2050 y 2070. Los resultados son alarmantes: las pérdidas proyectadas en la producción de maíz alcanzan niveles comparables con los daños ocasionados por desastres de gran magnitud, como el huracán Otis.

“En términos económicos, esto significa que el país podría enfrentar pérdidas equivalentes a un evento catastrófico recurrente. Sin embargo, el estudio trabajó bajo un escenario conservador, ya que no se incluyen todos los costos indirectos asociados, lo cual incluso podría aumentar la cifra”, expresó Bastien Olvera.

De acuerdo con las proyecciones del estudio, las pérdidas económicas podrían alcanzar aproximadamente 600 millones de dólares para 2030 y superar los mil 200 millones de dólares hacia 2070 en escenarios de alto riesgo. Los autores señalan que estas cifras equivaldrían a cerca de 0.025 % del Producto Interno Bruto de México en dichos años.

Aunque las afectaciones económicas serían nacionales, sus consecuencias no se distribuirán de manera uniforme. Esta problemática afectaría principalmente a los pequeños productores rurales, ya que muchos dependen del maíz no solo como cultivo comercial, sino también como fuente de autoconsumo. En comunidades donde las parcelas son pequeñas y los recursos limitados, la pérdida de la cosecha puede significar la desaparición total del sustento familiar.

Seguridad alimentaria y patrimonio cultural

El avance de la plaga también tiene implicaciones directas para la seguridad alimentaria de México, apuntó Ureta Sánchez. El maíz es un cultivo fundamental en la dieta nacional, utilizado en productos básicos como la tortilla, pieza central de la alimentación cotidiana.

México es además centro de origen y diversificación del maíz, con 59 razas nativas adaptadas durante generaciones por comunidades campesinas e indígenas a condiciones ambientales específicas. Esta diversidad genética y agroecológica no solo es fundamental para la alimentación, sino también para la conservación de conocimientos tradicionales y prácticas culturales vinculadas al cultivo del maíz.

Muchas de estas variedades han logrado desarrollarse en ambientes difíciles donde otros tipos de semillas, como los híbridos comerciales, no podrían sobrevivir adecuadamente. Gracias a esta riqueza biológica y cultural, México es reconocido internacionalmente como un país clave para la conservación del maíz y su diversidad genética.

Consecuencias sociales

Esta problemática también tiene repercusiones sociales importantes. El doctor Bernardo Bastien explicó que, en muchos casos, los agricultores terminan abandonando sus tierras debido a la imposibilidad de sostener la producción. La aparición de nuevas plagas, las pérdidas económicas constantes y la incertidumbre provocada por el cambio climático hacen cada vez más difícil mantener la actividad agrícola, especialmente para pequeños productores que dependen directamente de sus cosechas para sobrevivir.

En numerosos casos, esta situación obliga a las familias rurales a migrar en busca de otras fuentes de ingreso, lo que no solo afecta la economía local, sino también el tejido comunitario y la transmisión de conocimientos tradicionales relacionados con el cultivo del maíz nativo.

Con ello, añadió la doctora Carolina Ureta Sánchez, no solo se ponen en riesgo las tierras de cultivo, sino también prácticas culturales, formas de organización y saberes ancestrales fundamentales para la conservación de la diversidad agrícola en México.

Además de estos impactos, existe otro factor menos visible, pero igualmente importante: el uso intensivo de pesticidas para controlar la plaga. En este sentido, el doctor Jesús Alberto Cruz López destacó las consecuencias negativas de estos productos sobre la salud humana, tanto para las personas que aplican los pesticidas o están expuestas continuamente a ellos como para los consumidores.

Señaló que la exposición constante a estos químicos puede provocar problemas respiratorios, intoxicaciones y otros daños a la salud, especialmente cuando no existen medidas adecuadas de manejo y protección.

Así, el avance de esta plaga no solo representa un desafío agrícola, sino también una amenaza para la salud, la seguridad alimentaria y la preservación del patrimonio biocultural asociado al maíz en México.

¿Qué se debe hacer?

Frente a este panorama, los investigadores subrayan la necesidad de fortalecer las políticas públicas en distintos niveles para enfrentar los efectos del cambio climático sobre las plagas agrícolas.

Uno de los principales retos, señaló la doctora Carolina Ureta Sánchez, es mejorar la disponibilidad y accesibilidad de la información sobre plagas agrícolas en México. Actualmente, muchas bases de datos no están integradas o son de difícil acceso, lo que limita la elaboración de modelos predictivos y mapas de riesgo.

Esta falta de información dificulta actuar antes de que las infestaciones se propaguen de manera descontrolada bajo escenarios de cambio climático y reduce la capacidad de respuesta tanto de las autoridades como de los productores.

A partir de ello, los especialistas plantean la construcción de sistemas de monitoreo y alerta temprana basados en mapas de riesgo que integren información climática, biológica y económica. Estas herramientas permitirían identificar con mayor precisión las regiones más vulnerables y actuar antes de que las plagas se expandan de manera descontrolada.

Además, el estudio propone implementar estrategias de adaptación en zonas de alto riesgo, como subsidios, programas de vigilancia fitosanitaria y mecanismos de control más sostenibles. Entre estas medidas podrían incluirse barreras de contención, monitoreo permanente y el fortalecimiento de ecosistemas que funcionan como reguladores naturales de plagas.

Finalmente, los investigadores enfatizan la necesidad de explorar alternativas al uso intensivo de agroquímicos. En ese sentido, destacaron la importancia de recuperar y evaluar prácticas desarrolladas por agricultores locales que, aunque muchas veces no están sistematizadas ni ampliamente difundidas, han mostrado resultados efectivos en el manejo de plagas.

Más allá del control inmediato de la chinche Blissus leucopterus, los especialistas advierten que enfrentar este tipo de amenazas requerirá una visión integral que combine ciencia, políticas públicas y conocimientos tradicionales para fortalecer la resiliencia del sistema agrícola mexicano frente al cambio climático.

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¿Dos tazas de café y menos riesgo de demencia? Lo que realmente dice la ciencia

El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo. Para millones de personas forma parte de la rutina diaria: una taza por la mañana para despertar, otra durante el trabajo o incluso después de comer. Sin embargo, en los últimos años el interés científico por esta bebida ha crecido más allá de sus efectos estimulantes. Diversos estudios han comenzado a explorar si el café podría tener un papel en la protección del cerebro y en la disminución del riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.

Uno de los trabajos más recientes y comentados sobre este tema es el estudio titulado Coffee and Tea Intake, Dementia Risk, and Cognitive Function, publicado en la revista científica Journal of the American Medical Association (JAMA), una de las más prestigiosas del mundo.

Aunque algunos titulares resumieron los hallazgos con frases como “dos tazas de café ayudan a prevenir el Alzheimer”, el Dr. Oskar Soto, titular del Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Enfermedades Neurodegenerativas (LINEN) de la FES Iztacala, destacó que la realidad es mucho más compleja. El café podría formar parte de un estilo de vida neuroprotector, pero no puede considerarse una solución única ni una garantía contra las enfermedades neurodegenerativas.

Alzheimer y Parkinson: enfermedades en aumento

Antes de explicar los resultados del estudio, el Dr. Soto señaló que el Alzheimer y el Parkinson son las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes a nivel mundial, y que ambas se caracterizan por un deterioro progresivo e irreversible del sistema nervioso. En términos generales, una enfermedad neurodegenerativa implica la muerte lenta, progresiva e irreversible de neuronas en distintas regiones del cerebro. Conforme esto ocurre, aparecen alteraciones cognitivas, motoras y funcionales que afectan la vida cotidiana de los pacientes.

El principal factor de riesgo para desarrollar estas enfermedades es la edad. Después de los 65 años aumenta considerablemente la probabilidad de padecerlas. Sin embargo, el especialista de la FES Iztacala resaltó que el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas no son exactamente lo mismo.

Un envejecimiento saludable, acompañado de buenos hábitos de vida, puede ayudar a mantener las funciones cerebrales durante más tiempo. Por el contrario, factores como el sedentarismo, la mala alimentación, el insomnio, las enfermedades metabólicas o la baja estimulación cognitiva pueden aumentar el riesgo de deterioro cerebral.

Precisamente en este contexto surge el interés por investigar si algunos componentes del café pueden ofrecer cierto grado de neuroprotección.

¿Qué encontró el estudio sobre café y demencia?

El estudio Coffee and Tea Intake, Dementia Risk, and Cognitive Function tuvo como objetivo analizar si el consumo de café y té estaba asociado con un menor riesgo de desarrollar demencia y deterioro cognitivo.

Se trató de un estudio prospectivo y observacional de gran escala. Esto significa que los investigadores siguieron durante décadas a una gran cantidad de personas y analizaron sus hábitos y condiciones de salud sin intervenir directamente.

La investigación comenzó alrededor de 1980 y se extendió durante aproximadamente 40 años. Participaron cerca de 130 mil profesionales de la salud, incluidos alrededor de 45 mil hombres y más de 80 mil mujeres.

Los rangos de edad fueron cuidadosamente seleccionados. En hombres se incluyeron participantes de entre 40 y 75 años, mientras que en mujeres el rango fue de 30 a 55 años. Esto fue importante porque las enfermedades neurodegenerativas suelen comenzar silenciosamente muchos años antes de que aparezcan los síntomas clínicos.

De acuerdo con los investigadores, la enfermedad de Alzheimer podría iniciar procesos patológicos entre 20 y 30 años antes de que se detecten problemas de memoria o deterioro cognitivo evidente. Por ello era necesario observar a personas en etapas relativamente tempranas de la vida adulta.

Durante el seguimiento se identificaron alrededor de 11 mil casos de demencia, principalmente demencia tipo Alzheimer.

Biomarcadores utilizados

Para comprender con mayor precisión estos resultados, los investigadores no sólo analizaron hábitos de consumo, sino también marcadores biológicos asociados al Alzheimer. Se utilizaron distintos biomarcadores. El Dr. Soto destacó la proteína tau, esencial para mantener la estructura interna de las neuronas. En la enfermedad de Alzheimer, esta proteína cambia su conformación y forma acumulaciones tóxicas dentro de las células nerviosas.

También se evaluó la apolipoproteína E (APOE), un factor genético relacionado con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer cuando presenta ciertas variantes.

Estos marcadores permitieron identificar con mayor precisión a las personas con riesgo o presencia de deterioro neurodegenerativo.

El principal hallazgo: una asociación, no una prueba definitiva

El resultado más importante del estudio fue que las personas que consumían café de manera moderada presentaban una menor incidencia de demencia. La asociación más favorable se observó con un consumo aproximado de dos a tres tazas de café y de una a dos tazas de té al día.

Sin embargo, el Dr. Soto enfatizó que se trata de una asociación estadística y no de una relación causal comprobada. Es decir, el estudio no demuestra que el café prevenga directamente la enfermedad de Alzheimer, sino que, dentro de esta población, quienes consumían cantidades moderadas tendían a desarrollar menos casos de demencia.

Además, consumir más café o té no implicó mayores beneficios. De hecho, a partir de tres o cuatro tazas diarias ya no se observó una reducción adicional del riesgo.

¿Por qué podría ayudar el café?

El café contiene múltiples compuestos bioactivos, entre ellos la cafeína, el ácido clorogénico, el ácido cafeico y diversos polifenoles con propiedades antioxidantes. Estos compuestos podrían actuar sobre distintos mecanismos cerebrales relacionados con la neurodegeneración.

La cafeína actúa como antagonista de los receptores de adenosina. La adenosina es una molécula que disminuye la actividad cerebral y favorece el sueño y el cansancio. Al bloquear estos receptores, la cafeína incrementa temporalmente la actividad neuronal y favorece la liberación de neurotransmisores relacionados con la atención y la alerta.

De igual manera, favorece la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad de las neuronas para comunicarse y adaptarse. Este proceso es fundamental para funciones como la memoria, el aprendizaje y la atención.

Por otro lado, la cafeína, junto con ciertos polifenoles, podría favorecer la autofagia, un mecanismo mediante el cual las células eliminan residuos y proteínas tóxicas como la tau, la beta-amiloide y la alfa-sinucleína.

Reducción de inflamación y estrés oxidativo

Otra línea de investigación sugiere que el café puede disminuir procesos inflamatorios y el estrés oxidativo cerebral. El estrés oxidativo ocurre cuando se acumulan radicales libres que dañan células y tejidos. Los antioxidantes presentes en el café podrían ayudar a neutralizar parte de ese daño.

¿Qué pendientes hay?

Aunque los resultados son prometedores, el Dr. Soto considera que todavía hacen falta estudios más rigurosos para comprender con mayor precisión cómo actúa el café sobre el cerebro humano y si realmente existe un efecto neuprotector causal.

De hecho aún quedan múltiples preguntas abiertas: si el método de preparación del café influye en sus efectos, si existe una dosis ideal según la edad o el perfil metabólico, si los beneficios varían entre poblaciones, factores genéticos o estilos de vida, y cómo interactúa la cafeína con procesos como el sueño, la neuroinflamación, el metabolismo cerebral y la función vascular.

Además, todavía faltan estudios clínicos controlados y longitudinales que integren biomarcadores de neurodegeneración, neuroimagen avanzada y mediciones directas de la inflamación y del metabolismo cerebral para confirmar hallazgos observacionales.

En el estudio también se observó que el café descafeinado no mostró beneficios claros frente al riesgo de demencia, aunque este hallazgo aún requiere mayor investigación para confirmarse.

La prevención empieza décadas antes

Las enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson no aparecen de un día para otro. Muchos de los cambios cerebrales asociados comienzan décadas antes de los primeros síntomas clínicos. Esto implica que la prevención debe iniciarse en etapas relativamente tempranas de la vida adulta.

Por ello, ni el café, ni un suplemento, ni una sola conducta aislada pueden evitar por completo estas enfermedades. Lo que realmente marca la diferencia es la suma sostenida de hábitos saludables.

“Lo correcto en este caso sobre el café sería decir que se ha encontrado una asociación entre el consumo moderado de café y una menor incidencia de deterioro cognitivo y demencia”, apuntó el especialista.

Un enfoque integral para cuidar el cerebro

A partir de lo anterior, el especialista de la FES Iztacala recomendó pensar en la salud cerebral desde múltiples frentes:

  • Mantener actividad física regular.
  • Dormir adecuadamente.
  • Controlar enfermedades metabólicas y cardiovasculares como hipertensión, diabetes, obesidad y colesterol elevado.
  • Tener una alimentación equilibrada.
  • Reducir el estrés crónico.
  • Estimular constantemente la mente mediante aprendizaje y actividades cognitivas.
  • Mantener interacción social y participación emocional activa.
  • Evitar el tabaquismo y el exceso de alcohol.

Incluso actividades sencillas como leer diariamente, aprender nuevas habilidades, resolver juegos mentales o escuchar música pueden contribuir a fortalecer la llamada reserva cognitiva.

Un aliado preventivo

La evidencia científica actual sugiere que el consumo moderado de café podría asociarse con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia, especialmente cuando se trata de café con cafeína. Compuestos como la cafeína y los polifenoles parecen participar en mecanismos relacionados con la neuroprotección, la reducción de la inflamación, la mejora del metabolismo cerebral y la eliminación de proteínas tóxicas.

Sin embargo, todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que el café prevenga directamente enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. Su papel debe entenderse dentro de un conjunto más amplio de hábitos de vida saludables.