[vc_row][vc_column][vc_column_text]Paola Durán, alumna del posgrado en diseño y comunicación visual en la academia de San Carlos FAD UNAM, logró el segundo lugar en el Campeonato Nacional de Dificultad 2019, celebrado en el Club France de la Ciudad de México.
La escaladora auriazul se enfrentó a siete competidoras de la Ciudad de México, Guadalajara y Querétaro, y sólo una de ellas pudo escalar más alto durante el tiempo límite de seis minutos que se dan en la final de esta prueba del certamen avalado por la Federación Mexicana de Escalada Deportiva.
“Este logro representa todo el esfuerzo que he hecho durante estos cuatro años que llevo compitiendo, para mí es algo muy importante porque he ganado medallas en estatales, pero en nacionales esta medalla es mi mejor desempeño”, asevera Paola Durán, licenciada en diseño industrial de la FES Aragón.
El evento consistió en dos fases: eliminatoria y final. En la primera de ellas las competidoras podían observar el desempeño de sus rivales, pero en la final no podían contar con esa ventaja.
Luego de sobreponerse a la tensión de enfrentar a las mejores competidoras del país, Paola Durán logró un buen desempeño en el certamen para subir al podio, en el cual Valeria Macías, de la CDMX, logró el primer lugar, y María Fernanda Ramírez, de Guadalajara, el tercero.
“Hago un balance entre el estudio y el entrenamiento. Depende de mis horarios, pero tengo hecho como un cronograma y me acostumbro a eso. La escalada es mi vida, la mayoría de mis amigos son escaladores y mi entorno también. Me da un balance físico, mental y emocional, me trae cosas positivas, es como una meditación en movimiento”, añadió Paola Durán.
En la escalada existen tres modalidades: dificultad, velocidad y bloque. Para los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020, esta disciplina se estrenará como deporte olímpico.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_masonry_media_grid grid_id=»vc_gid:1572236818615-dccf3d48-f325-5″ include=»75558,75559,75560,75561″][/vc_column][/vc_row]
[vc_row][vc_column][vc_column_text]El voleibol de playa de los Juegos Universitarios tuvo un emocionante cierre, donde los cuatro mejores equipos se dieron cita para llevarse con la ansiada medalla de oro, siendo Derecho, en rama varonil, y FES Zaragoza, en femenil, los campeones.
Para la rama varonil, los protagonistas de la final fueron los alumnos de la Facultad de Ciencias en contra de los búhos de la Facultad de Derecho, ambas escuadras brindaron un buen primer set, en el que la pizarra aumentó varias ocasiones a favor de cualquier lado, pero fue Derecho quien se lo llevó con un marcador de 26-24; además de utilizar el cansancio del rival a su favor para ganar en el segundo set 21-16, con lo que se llevaron la medalla de oro frente a los que llegaban como favoritos a llevarse el primer lugar.
En la categoría femenil, la final se disputó entre FES Zaragoza y la Facultad de Contaduría y Administración, en un partido lleno de emociones y vueltas, pues el primer set se lo llevaron las contadoras por un marcador de 21-15, mientras que en el segundo set la FES Zaragoza se impuso 21-10. Sin embargo Zaragoza tomó la ventaja en el último encuentro para quedarse con el primer lugar con 15 puntos sobre 12.
El tercer lugar femenil fue un arrebato entre Ingeniería y Aragón, donde las ingenieras se impusieron al ganar los dos sets. Mientras que en la Varonil, el partido por el tercer lugar se disputó entre la ENEO e Ingeniería, dónde los primeros se hicieron pesar con el apoyo de su público, y con esto, lograron colarse al podio con ambos sets ganados.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_masonry_media_grid grid_id=»vc_gid:1572235608719-cef4c16c-ed99-4″ include=»75550,75551,75552,75553″][/vc_column][/vc_row]
No hay mejor recibimiento en la puerta cristalina de la Hemeroteca Nacional de México (HNM) que Memín Pinguín con sombrero de copa; y al otro extremo, la tropa Burrón ansiosa por entrar, anfitriones preparados en el lugar inmejorable de evocación del desarrollo de la historieta mexicana, resguardada en el edificio del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB), con una robusta colección formada por 571 títulos integrados en siete mil 153 volúmenes, y desde mayo disponible (sólo en catalogación y descripción, no consulta) en www.pepines.unam.mx.
Así, se realizó la apertura de la exposición Huellas de la historieta mexicana en la Hemeroteca Nacional, a propósito del 75 aniversario de su fundación, con 22 ejemplares originales, 19 libros y tres tomos de diarios distribuidos en siete vitrinas.
La muestra está dividida en cuatro núcleos temáticos: humor, aventura, melodrama y series didácticas, que ofrecen al visitante la reproducción de más de una treintena de imágenes en pendones de gran formato que evocan a la historieta en México.
Tiene por objetivo mostrar la riqueza del acervo con el que cuenta la HNM sobre este género que ha sido poco estudiado, ofrece datos históricos de las publicaciones exhibidas y de los temas tratados en ellas, explicó Pablo Mora Pérez-Tejada, director del IIB.
Dalmacio Rodríguez, coordinador de la HNM, apuntó que dicha exposición tiene la intención de recuperar, reivindicar e incentivar el estudio de la historieta. “No deja de tener un aspecto lúdico, antisolemne; son algunas de las características, para que la gente se acerque y consulte el rico acervo que tenemos”.
Javier Ruiz Correa, investigador del IIB y curador de la muestra con Laura Nallely Hernández Nieto, posdoctorante en dicho Instituto, resaltó que es una selección rigurosa y precisa para representar el universo de lo que es la historieta mexicana, desde sus antecedentes en las primeras décadas del siglo XX, hasta su decadencia en los años 80.
Santo, El Libro Vaquero, Doctora Corazón, Los Superlocos, Los Supersabios, Adelita y las Guerrilleras, Fantomas, Mamerto y sus Conocencias; clásicos como La Familia Burrón, Memín Pinguín, Rarotonga, Kaliman, Chanoc, Tawa; además de Los Agachados, Rolando el Rabioso, Don Catarino y su apreciable familia; así como Lagrimas y Risas, El Monje Loco, El Hombre Gacela, Hermelinda Linda, El Sr. Pestaña o Chupamirto, son sólo algunas de las series referidas en la exhibición.
En punto de las cuatro de la mañana, con una vela y flores en las manos, mi mamá se colocaba en la puerta de la casa para dar la bienvenida a las almas de los niños difuntos; al mediodía repetía esta acción para recibir a los adultos, evoca Yolanda Guerrero, una mexicana que siempre festeja del día de muertos.
Para ella era imprescindible tener un altar con bastante comida, siempre decía: “debemos alimentar a todos los que nos visiten”. Mi mamá ya falleció, pero junto con mi abuelita nos heredaron esa bella tradición, dice desde su colorido puesto de artesanías, ubicado en el mercado de Jamaica. “Porque somos mexicanos le hacemos honor a nuestros difuntos”.
Es tradición colocar sal y agua en la ofrenda, pero ¿qué significan? De acuerdo con Yolanda, estos elementos quedan benditos por los difuntos que los visitan. La primera debe usarse en los alimentos durante todo el año, mientras que la segunda se guarda para bendecir otras cosas.
La tradición
El mito cuenta que en el día de muertos los difuntos regresan al mundo de los vivos, iluminados en su camino por las veladoras que les prenden. Acuden a visitar a su familia y a degustar sus platillos favoritos depositados en una ofrenda adornada con calaveritas, flores de cempasúchil, dulces, el tradicional pan de muerto y hasta refrescos.
Al respecto, Andrés Medina Hernández, investigador del Instituto de investigaciones Antropológicas, de la UNAM, dice en entrevista que el día de muertos es una celebración, donde todas las familias acuden al cementerio para festejar con sus difuntos. “Es como la navidad de los mexicanos”.
Añadió que las ofrendas son frondosas, abundantes y con muchos referentes sobre la vida de estas almas. Se trata de una tradición muy antigua donde el pasado y el presente se unen.
Las familias preparan una ofrenda para los muertos y generalmente distinguen a los pequeños de los adultos, a los fallecidos por un accidente e incluso hasta aquellos que no tienen familia que los recuerde, acota Andrés Medina.
En el panteón
Yolanda cuenta que cada 1 y 2 de noviembre acude de dos a tres horas al panteón, y junto a su familia, lleva cempasúchil, la flor roja de terciopelo y sirios, además de prender un copal. “Es como si los veláramos nuevamente”.
En la ofrenda de su casa, también dispone un copal, acompañado de mole, café, tamales, fruta, pan, entre otros. Además, acomoda sillas para los difuntos, que son sus invitados.
“Ellos se guían por el olor, por eso colocamos un camino de flor de cempasúchil desde la entrada hasta la ofrenda».
Para Yolanda, es importante mantener la cultura viva y no perder el culto a los muertos. Por eso, cada año les pone su ofrenda.
“Nuestros abuelos contaban que la muerte significa alegría, trascendencia y regresar al lugar de origen: el cuerpo se desintegra, pero el espíritu vive por toda la eternidad”, narró Ayaotekatl, nativo de Azcapotzalco, perteneciente a la tribu Tepaneca.
Mi nombre -explica al mirar con sus ojos verdes- viene del náhuatl y mi apodo es “Lobo blanco”. Con su cabello lacio y blanco, acude todos los fines semana al zócalo de la Ciudad de México para mantener viva la tradición de los ancestros mexicanos.
La muerte no le preocupa y afirma que se ha comprobado que el espíritu es indestructible. ¿Qué tiene que ver el Mictlán con el día de muertos? Responde sonriendo: “Todo, Mictlán significa lugar eterno del reposo de los muertos: está compuesto por nueve dimensiones que simulan un cómputo de tiempo”.
Explica que “en cada dimensión existe un señor del día y otro de la noche, en total son 18 que multiplicados por 20 resultan 360 días del año; más cinco puntos cósmicos que son: la tierra, el agua, el viento, el fuego y el Sol, nos da un total de 365 días del año”. Ese lugar representa el eterno descanso, donde vive Mictlantecuhtli, señor de los muertos. “El día de muertos retoma toda una tradición profunda, en donde se guarda el culto a los difuntos con alegría, porque la materia se desintegra, pero comienza el principio eterno”.
La tradición en la realidad
El día de muertos se ha convertido en un símbolo nacional, señala Andrés Medina Hernández, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. El Mictlán es una creencia sobre el lugar donde van los muertos. Por ejemplo, los que morían ahogados se iban al Tlalocan con el dios Tláloc.
Para llegar al Mictlán, añade, las almas llegaban a un río donde sólo podían cruzar con un perro pardo -ni blanco ni negro-, y así ingresaban a otra dimensión.
Se trata de un camino que se ensancha poco a poco hasta desaparecer. “No hay muerte real sino una sensación de avanzar, luego se desaparece y se entra en una totalidad impersonal”.
La muerte no es súbita, es una transformación gradual hasta desaparecer, cuando se esfuma de la memoria de sus descendientes. Esta idea proviene del siglo XVI y pertenece más a la nobleza. Más tarde este discurso se enriquece con la Revolución Mexicana y comienza una recuperación de esa tradición. De hecho, Diego Rivera inventa la Catrina con su mural del Museo del Prado y difunde la obra de José Guadalupe Posada.
En la actualidad existen dos tipos de celebraciones: la impulsada por el gobierno que nos remite al Mictlán y a esas estructuras con calaveras y la de los pueblos modernos, quienes establecen ofrendas en sus hogares, con niveles de piso. Ambas son muy distintas pero articuladas en la cosmovisión mesoamericana.
El festejo de lobo blanco
Ayaotekatl, perteneciente a una de las siete tribus mexicas sobrevivientes en México (las otras son Xochimilcas, Chalas, Culhuas, Tlalhuicas, Tlaxcaltecas y Mexicas) festeja el día de muertos con altares llenos de fruta, comida, pulque y hasta quesadillas, es decir todo aquello que le gustaba a sus seres queridos.
“Además lo celebramos con bailes tradicionales como la danza azteca, donde los señores se conectan con el universo”.
La película mexicana Día de muertos, próxima a estrenarse, indudablemente será comparada con Coco, la historia de Disney que conquistó los corazones de todos los mexicanos, dijo José Ángel Garfias Frías, profesor de la Facultad de Ciencias políticas y Sociales de la UNAM.
A pesar de que Coco es una historia con una visión norteamericana tiene una carga popular mexicana muy fuerte. Esto se debe a que la productora Pixar realizó un viaje de exploración a México en el día de Muertos, añadió.
La historia se ubica aproximadamente 30 años atrás, en un pueblo remoto donde no hay tanta tecnología pero las tradiciones se conservan. “Es muy emotiva, igual que todas las películas de Disney”.
“No se trata de una re-interpretación, como son los tacos norteamericanos con queso amarillo, sino que es una visión mucho más genuina del día de muertos, el viaje al Mictlán y los alebrijes, pero claro, con su toque de Disney”.
Incluso, tiene varias referencias de figuras nacionales y varios actores mexicanos prestaron su voz para algunos personajes. Tiene cuestiones arquetípicas pero por otro lado muestra las tradiciones y rescata la visión del México que conocemos.
La polémica
La producción de Coco y la película de El Día de Muertos -de origen mexicana- comenzó igual, pero Disney fluyó más rápido debido a sus recursos económicos. Con todo su atraso tecnológico, en comparación de Pixar, Día de Muertos tuvo que replantear su trama para llegar a las pantallas el próximo mes de noviembre.
Podrían haber estrenado esta película desde el año pasado, pero sus creadores decidieron que era mejor esperar y así la gente se olvidaría de Coco y las comparaciones no fueran tan evidentes, destacó el académico universitario.
No obstante, será inevitable compararlas, además se notará la competencia desleal de una productora trasnacional como Disney y el cine mexicano. Es una película que debemos ver: “quizás sea una reinterpretación más acorde a los nuevos tiempos y apostaría por una visión más actual, si no es así, la producción mexicana estaría en graves problemas y en clara desventaja ante Disney”.
En el lago de Xochimilco aparece una mujer vestida de blanco, flota sobre el agua y sus lamentos se pierden con el viento: narra una vieja tradición oral.
¿Es cierto que se aparece la Llorona? UNAM Global preguntó a Misael, un habitante de esta zona. Con un gesto afirmativo responde que en un par de ocasiones la ha escuchado: “en las madrugadas se oyen lamentos muy feos, y dicen que cuando se escucha a la distancia es porque está muy cerca: en ese momento los perros chillan como si tuvieran miedo”.
La leyenda de la Llorona forma parte de la identidad de los mexicanos, afirma Angélica Galicia Gordillo, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. El mito cuenta que siempre se aparece en los espacios donde hay agua, ya sea en barrancas, lagos, cerca de pozos y hasta en los túneles de Guanajuato, que durante las lluvias se encharcan.
De acuerdo con la académica universitaria, la importancia que tenían los mitos, los cuentos fantásticos y la tradición oral se centraban en la parte moral, los valores y las reglas. Todos los mitos tienen su símbolo: en este caso se trata de una mujer hermosa, vestida de blanco, siempre se aparece de espaldas cepillándose el cabello y cuando se voltea tiene cara de caballo.
Regularmente, este espíritu visita a los hombres borrachos o de cascos ligeros (mujeriegos). “Era como decir: aguas, si vienes borracho de noche te puede salir la Llorona, y en una de esas te lleva, te vuelves loco o hasta te mueres de un susto”.
Lo curioso, añade, es que siempre se le aparece al tío, al abuelo o algún familiar que ya falleció. Nunca a alguien que está vivo. ¿Por qué es mujer? No tenemos la menor idea, quizás porque en la época prehispánica el género femenino se relacionaba con la Luna, el agua, la Tierra y la reproducción.
El origen
Esta leyenda surgió en América Latina y podríamos decir que en México. Quizás, se trata de la unión de la cultura europea con la latinoamericana, destaca la investigadora. Por ejemplo, en el viejo continente se cree en las sirenas que seducían a los marineros para ahogarlos. “Si nos fijamos bien es otra vez la mujer relacionada con el agua”.
En México, la tradición oral cuenta que la Cihuateteo, un espíritu de la cultura mexica, llora por todos sus hijos fallecidos en la batalla contra Hernán Cortés.
No obstante, en la época del virreinato la versión se transforma por una mujer que llora al haber ahogado a sus hijos: por eso se le enlaza con el agua.
La Llorona se aparece desde México hasta Costa Rica, pero en diversas comunidades tiene otras formas de proceder, e incluso maneja diversos nombres, pero siempre coincide con una hermosa mujer que llama a los hombres.
Por ejemplo, en el valle del Mezquital una mujer vestida como otomí se le aparece a los niños pastores, platica con ellos y si le convidan, aunque sea lo más humilde que tengan, ella les regala agua. “Algo con mucho sentido porque en esa zona no hay este recurso”.
El mito de la Llorona y las sirenas seguirá presente por generaciones porque todavía existen hombres con testosterona, mujeriegos o borrachos, concluye Galicia Gordillo.
¿Es cierto que se aparece la Llorona? UNAM Global preguntó a Misael, un habitante de Xochimilco. Con un gesto afirmativo responde que en un par de ocasiones la ha escuchado: “en las madrugadas se oyen lamentos muy feos, y dicen que cuando se escucha a la distancia es porque está muy cerca: en ese momento los perros chillan como si tuvieran miedo”.
Misael afirma que no cree en esas cosas, pero al igual que él, varios de sus vecinos la han escuchado: “por ese lado yo creo que sí existe”. En toda su vida en Xochimilco sólo escuchó a la Llorona un par de ocasiones, y aunque no le da miedo, de pronto sí se le “enchina el cuero” pero “no pasa nada”.