Obesidad, enfermedad “socialmente contagiosa”

• Baja autoestima y depresión son círculos viciosos que la perpetúan, explicó Martha Kaufer Horwitz
• El etiquetado en los productos tiene “resultados formidables”; miles han sido reformulados para reducir la cantidad de sellos, dijo Simón Barquera Cervera

La obesidad tiene una diversidad de causas que no necesariamente se asocian unas con otras de manera lineal: “van de los genes a las personas, a las familias, a las comunidades, incluso a las sociedades enteras”, explicó la integrante del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Martha Kaufer Horwitz.

Al participar en el Seminario Permanente sobre Pandemias y su Impacto en la Alimentación Sostenible. La obesidad entre las pandemias, organizado por el Programa Universitario de Alimentación Sostenible (PUAS) de la UNAM, la experta refirió que es una enfermedad “socialmente contagiosa” porque el entorno la puede favorecer.

Sus causas, dijo, van desde lo meramente biológico, incluido lo genético, hasta las que tienen que ver con el consumo y producción de alimentos, sedentarismo, etcétera. “La genética es determinante, pero se requiere de un ambiente propicio para que se desarrolle la enfermedad; obedece también a causas sociales y ambientales”.

Los factores que contribuyen a la ganancia de peso, explicó Kaufer Horwitz, son, en general: metabolismo lento, incremento en el consumo de alimentos y reducción de la actividad física. El primero se debe a que conforme avanza la edad el metabolismo disminuye y también a factores hormonales, entre otros; el segundo tiene que ver con el ambiente “obesogénico”, la falta de conocimiento de opciones más saludables para incorporar en la alimentación, el sueño no reparador, excesos en la comida por problemas psicológicos o emocionales, incluso el consumo de algunos medicamentos; el tercero se puede presentar por limitaciones físicas, fatiga crónica, afecciones cardiorespiratorias y dolores musculares, entre otros.

Este padecimiento, detalló en la sesión moderada por la coordinadora del PUAS, María Elena Trujillo, origina otros como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares; sin embargo, hay otras consecuencias, como el hígado graso, afecciones musculo-esqueléticas o renales, o baja autoestima y depresión que se vuelven círculos viciosos para perpetuar la obesidad.

Una persona que presenta un índice de masa corporal de 30 o más, tiene el padecimiento, clase 1, 2 o 3. “Si se desea identificar un riesgo adicional se puede medir el perímetro de la cintura”; si es por arriba de 90 en hombres y de 80 en mujeres se trata de una obesidad de tipo central, que es la que confiere mayor riesgo cardiovascular. Además, se requiere una valoración integral para determinar comorbilidades.

La científica mencionó que una de las “justificaciones” para no atender la enfermedad es que hay personas obesas que carecen de comorbilidades, como diabetes, hipertensión o problemas osteomusculares. Pero 80 por ciento sí tiene alteraciones metabólicas; “hay que tratarla independientemente de que estas existan o no”.

Los objetivos del tratamiento son, sobre todo, adquirir hábitos saludables que mejoren la calidad de vida y la salud; reducir las comorbilidades, que normalmente son crónicas y costosas en su atención. “Hay que reconocer que cada persona es única y cada una requiere tratamiento individualizado”.

Luego de recordar que las “dietas mágicas” no existen, recomendó centrarse en un cambio de conducta y no en el peso para que el primero sea estable y sostenible sin importar si el paciente acude a una fiesta, de vacaciones o está en su casa debido a la pandemia. “Hay que quitarle peso al peso, y no concentrarse en cuántos kilos se pierden y en cuánto tiempo; hay que tener expectativas realistas”, aseveró Kaufer Horwitz.

El impuesto a los refrescos disminuyó su consumo

El director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, Simón Barquera Cervera, coincidió en que el ambiente alimentario es importante porque determina la adquisición y el consumo de alimentos; lo que comemos tiene que ver más que con nuestra biología o genética, con la disponibilidad, dinero, publicidad, etcétera.

La prevalencia de obesidad en nuestro país no siempre fue así, aclaró. Lo ha sido en los últimos años, eso significa que no debemos aceptarlo como parte de nuestra condición natural. Es resultado de un entorno descuidado, y falta de regulación y políticas para cuidar nuestra alimentación.

Hasta 2010 este problema formó parte de la agenda pública de la salud. El impuesto a la comida chatarra y refrescos se implementó en 2014 y el etiquetado de advertencia en 2020. Ahora se presenta una estabilización en el incremento de la prevalencia, aún con la pandemia de COVID; “puede ser que estemos frente al inicio de la buena noticia de que se está comenzando a controlar la curva de la obesidad”.

Tomar agua simple y dejar de consumir productos empacados en plástico es importante. Además, la comida chatarra y bebidas azucaradas son caras, por ejemplo un kilo de mangos cuesta lo mismo que dos litros de refresco de cola; consumir saludable es más barato. Es necesario retirar toda esa comida de las escuelas, recomendó.

Contrario a lo que se dice, el impuesto a los refrescos es una de las políticas mejor evaluadas en el mundo; más de 30 países lo han implementado desde que México lo desarrolló y ponderó. “Se ha encontrado que el consumo disminuyó cinco litros per cápita al año; es decir, miles de toneladas de azúcar se dejaron de consumir, y eso en 10 años va a representar menos muertes y ahorros en salud. Si se pudiera duplicar ese impuesto tendríamos más vidas salvadas, y si se usara parte de esa recaudación para asegurar algunas estrategias de salud pública, se mejoraría más esta perspectiva”, opinó Barquera Cervera.

Asimismo, el etiquetado tiene “resultados formidables” en las evaluaciones preliminares. Miles de productos han sido reformulados por la industria de comida chatarra para reducir la cantidad de sellos; además, permiten al consumidor evaluar la calidad y tomar elecciones saludables. Aproximadamente 20 por ciento de las familias dejó de consumir productos por tener varios sellos.

Esta medida se implementó en otros países latinoamericanos como Argentina, Chile, Perú y Uruguay; Brasil y Colombia tienen iniciativas en proceso, finalizó.

11-S: consecuencias del terror

  • Cuando Estado Unidos dejó de ser invulnerable

Nota original de: Gaceta UNAM
Fecha de publicación: 9 de septiembre de 2021
https://www.gaceta.unam.mx/11-s-consecuencias-del-terror/


La mañana del martes 11 de septiembre de 2001 cuatro aviones comerciales fueron secuestrados y convertidos en misiles por miembros del grupo yihadista Al Qaeda. Con ellos, perpetraron los mayores ataques terroristas sufridos por Estados Unidos en lo que va de su historia.Foto: Reuters.

Dos de ellos fueron estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York; otro fue impactado contra la fachada oeste del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos en Virginia, y uno más, cuyo objetivo era el Capitolio, sede de las dos cámaras del Congreso, en Washington D.C., cayó en un campo de Pensilvania, luego de que sus pasajeros intentaron someter a los terroristas.

A 20 años de aquel suceso que cimbró y cambió al mundo entero, José Luis Valdés Ugalde, investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), afirma:

“El 11-S significó, en primer lugar, la fractura de la arquitectura del sistema internacional, que encabeza la Organización de las Naciones Unidas y que tiene en Estados Unidos uno de sus puntales más importantes. Asimismo, fue un atentado contra los actores de desarrollo y de identidad civilizatoria estadunidenses –los establishment financiero, militar y político, representados por las Torres Gemelas, el Pentágono y el Capitolio, respectivamente– y una embestida contra la seguridad de la sociedad del vecino país del norte.”

En opinión de Valdés Ugalde, si los estadunidenses tenían la creencia de que vivían en un espacio seguro, en el que tanto a nivel público como a nivel privado podían poner en práctica todos sus derechos y desarrollar todas sus capacidades sin ningún obstáculo, dicha creencia se vino abajo esa mañana del 11 de septiembre de 2001.

“Con el derrumbe de la Torres Gemelas, la estabilidad psicológica y emocional de los habitantes de Estados Unidos también se derrumbó. Ese día, aquella sociedad en su conjunto sufrió un shock cultural, político, psicológico y emocional muy fuerte. A partir de entonces ya no se sintió protegida”, agrega.

Foto: Reuters.

Seguridización, desconfianza y fobia

A consecuencia de los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos y sus aliados de occidente establecieron de inmediato ciertos mecanismos para reforzar su respectiva seguridad nacional. “Fue así como se instauró la seguridización de las relaciones internacionales, comerciales, fronterizas…, es decir, de prácticamente todas las interacciones sociales. El mundo se concibió a sí mismo de otra forma. La desconfianza en el otro permeó cualquier tipo de comunicación y trato”, apunta Valdés.

Por otro lado, los habitantes de las grandes urbes, sobre todo, quedaron sometidos a una suerte de terror latente por lo que pudieran hacer los grupos terroristas islámicos. Y, por desgracia, se concretaría el 11 de marzo de 2004 en Madrid, España, y el 7 de julio de 2005 en Londres, Inglaterra, con la ejecución de otros atentados yihadistas.

Un efecto más del 11/9 fue la islamofobia que surgió en Estados Unidos y que estuvo vigente con mayor fuerza hasta el 20 de enero de 2009, cuando el mandato del presidente George W. Bush llegó a su fin.

“Esta islamofobia se infiltró, a partir del discurso antiislámico de Bush, en los sectores más influyentes del establishment político estadunidense. Ahora bien, hay que dejar muy claro que el islamismo no es sinónimo de terrorismo. Los ataques del 11-S fueron resultado de una acción del yihadismo radical, que ciertamente es islámico, pero que representa sólo a una minoría de los integrantes del mundo musulmán”, indica Valdés Ugalde.

Para aminorar los efectos de esta islamofobia y sentar las bases de un reencuentro con el mundo musulmán, el cual es clave para la seguridad internacional, el 4 de junio de 2009, el presidente Barack Obama pronunció en Egipto lo que se conoce como el discurso de El Cairo.

“De algún modo, Obama logró su cometido con él. Los actores internacionales le dieron la bienvenida a esta posición conciliadora de Estados Unidos y la islamofobia se atenuó. Sin embargo, con la llegada al poder de Donald Trump en 2017, las medidas antiislámicas volvieron a intensificarse, especialmente en relación con la entrada de inmigrantes musulmanes en territorio estadunidense. Esto de nuevo estiró la liga. Los países occidentales tienen esta asignatura pendiente, que incluye asumir una actitud humanitaria ante los sectores de población árabe que son marginados, discriminados e incluso victimizados brutalmente en las naciones donde los yihadistas han perpetrado atentados terroristas.”

En conclusión, los ataques del 11 de septiembre de 2001 no sólo dejaron un saldo de poco menos de tres mil muertos y más de 25 mil heridos (muchos de ellos con heridas físicas y emocionales permanentes), sino también aterrorizaron y sumieron en la incertidumbre a gran parte de la humanidad.

Además, en 20 años Estados Unidos gastó 2 billones 313 millones de dólares como resultado de la guerra contra Afganistán y su ocupación, la cual terminó oficialmente el 31 de agosto de 2021.

La paranoia social y la globalización negativa

Una profunda herida

Nota original de: Gaceta UNAM
Autor: Rafael Paz
Fecha de publicación: 9 de septiembre 2021
https://www.gaceta.unam.mx/la-paranoia-social-y-la-globalizacion-negativa/

Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush, entonces presidente de los Estados Unidos, se dirigió a sus compatriotas en un discurso que remarcaba el dolor de las imágenes transmitidas a todo el mundo: “nuestro estilo de vida, nuestra misma libertad fueron atacados…”; la determinación por mantenerse en pie del pueblo norteamericano: “no pueden mellar el acero de la determinación estadunidense” y la promesa de erradicar la amenaza, no sólo para sus connacionales, sino para toda la humanidad: “este enemigo atacó no sólo a nuestro pueblo, sino a todos los pueblos amantes de la libertad por todas partes del mundo”.

El acto más claro de combate fue desplegar miles de soldados en Medio Oriente y Asia Central con la misión de cazar a Osama Bin Laden y erradicar la presencia de la organización Al Qaeda, presunta responsable de los ataques, en la región, una guerra de invasión a lo largo de Irak y Afganistán que se prolongó durante 20 años hasta el retiro de tropas ratificado por Joe Biden, actual presidente de Estados Unidos.

No obstante, para Raúl Benítez Manaut, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte, esa no fue la única secuela del atentado terrorista que cambió de manera permanente las dinámicas políticas, económicas y sociales del mundo:

“El ataque del 11 de septiembre significó un cambio geopolítico notable en la configuración de poderes hace 20 años. Estados Unidos se reafirmó durante los años 90 del siglo pasado como la potencia ganadora de la Guerra Fría y, en ese sentido, la globalización económica fue la forma de expandir su poder mediante tratados de libre comercio y alianzas de mercados. Pero el 11 de septiembre vino a mostrar la cara negativa de la globalización: el terrorismo, las emergencias humanitarias tras el desmembramiento de naciones y los conflictos de nuevo tipo inspirados por motivaciones religiosas, étnicas, se dieron por todo el orbe.

“También se revalorizó el uso de la fuerza militar para eliminar los factores negativos que alteren el orden mundial. Estados Unidos diseñó junto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte, básicamente con Inglaterra, todo el plan de ocupación en Afganistán para desplazar a los talibanes del poder.”

Foto: Reuters.

Fortalecimiento de fronteras

Este deseo de protección llevó a Estados Unidos a reforzar sus fronteras (aéreas, terrestres y marítimas) buscando eliminar posibles rutas a futuros terroristas. El 12 de diciembre de 2001 firmó con Canadá los Smart Border Agreements, mismos que México suscribió el 22 de marzo de 2002. Los acuerdos aumentaron la cooperación entre los países firmantes del TLCAN y derivaron tres años después en la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN).

Tras la firma, una gran cantidad de vuelos que circulaban al norte de Estados Unidos empezaron a aterrizar en Canadá. “México colaboró en la seguridad de su frontera norte, la más transitada del mundo, con alrededor de 350 millones de cruces de personas al año. Como medida adicional nuestro país protegió las instalaciones estratégicas vitales, principalmente las petroleras en el Golfo de México y se construyó un cinturón de seguridad aéreo”, detalló Benítez Manaut, junto con Carlos Rodríguez Ulloa, en el artículo “Seguridad y fronteras en Norteamérica. Del TLCAN a la ASPAN”, difundido en 2005 por Frontera Norte, publicación de El Colegio de la Frontera Norte.

La transformación también se dio en cómo empezó a fluir la información migratoria entre naciones, intentando atajar amenazas antes de que sucedieran.

Acción preventiva

Al interior de Estados Unidos el cambio más significativo se dio con la entrada en vigor –con apoyo de republicanos y demócratas en el Congreso– de la Ley Patriótica (USA Patriot Act) el 26 de octubre de 2001. Su objetivo era que antes de cometer un crimen, te investigaban y de forma preventiva podían judicializarte; “con estas acciones se pueden violar muchos derechos de personas y organizaciones”, comentó el autor de La teoría militar y la guerra civil en El Salvador. Añadió que la legislación autoriza “que las agencias, sobre todo el FBI, investiguen a ciudadanos e intercepten sus comunicaciones sin informarles, aunque hubiera una orden judicial”.

Benítez Manaut también subrayó que la popularidad de su implementación se debió a “la paranoia social” latente en los ciudadanos estadunidenses, la cual 15 años después de los ataques se convirtió en un pilar del músculo político de Donald Trump en su camino a la Casa Blanca.

Cuando la Ley Patriótica expiró en 2015, su reemplazo, la USA Freedom Act, impuso límites en la cantidad de metadata digital que pueden recabar las agencias de inteligencia estadunidenses; no obstante, mantuvieron la autorización para realizar escuchas telefónicas itinerantes y rastrear a potenciales terroristas solitarios.

Cómics y el 11-S, entre la catarsis y la propaganda

  • El cómic tiene una gran fuerza y es cercano a la gente; para bien o para mal, cuando los documentos históricos o autorizados no pueden llegar a las personas, el cómic y la imagen sí, señala la jefa de la Biblioteca Alaíde Foppa del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, Áurea Xaydé Esquivel Flores.

Nota original de: Gaceta UNAM
Autor: Hugo Maguey
Fecha de publicación: 9 de septiembre 2021
https://www.gaceta.unam.mx/comics-y-el-11-s-entre-la-catarsis-y-la-propaganda/

“El cómic, además de ser un medio de diversión, es un medio esencial de educación, lo cual es un arma de doble filo: los discursos más complejos se pueden simplificar y volverse maniqueos para buscar agendas políticas”, comenta la maestra Áurea Xaydé Esquivel Flores, maestra en letras modernas, experta en cómics y jefa de la Biblioteca Alaíde Foppa del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

Después de los ataques a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, las expresiones artísticas se abrieron paso después de meses de dominio de las noticias, los análisis y artículos periodísticos. Las producciones cinematográficas tardaron en llegar, pero los cómics, hicieron su aparición relativamente rápido.

9-11: Artists Respond Volume One, se publicó el primero de enero de 2002, y fue una compilación de historias gráficas realizadas por grandes artistas de los cómics, como Will Eisner, Frank Miller, Layla Lawlor, y un centenar más. Las ganancias por las ventas de este volumen, fueron a beneficencia de The World Trade Center Relief Fund, Survivors Fund, September 11th Fund, y el fondo Twin Towers Fund.

El segundo volumen, también a beneficio de las mismas fundaciones, se llamó 9-11: The World’s Finest Comic Book Writers & Artists, Tell Stories to Remember, y se publicó el mismo 1 de enero.

Entre catarsis y propaganda

“No dudaría de la sinceridad de las intenciones de los artistas que participaron”, señala la maestra Esquivel Flores, pues el tono que tienen muchas de estas historias es muy personal. Hubo autoras y autores, como Art Spiegelman, que estuvieron en las inmediaciones del lugar del ataque y no hay que olvidar que Marvel tiene sus oficinas centrales en Nueva York; por otro lado, la mayoría de quienes murieron ese día fueron de la clase trabajadora. Fue una situación sin precedente, y la respuesta fue unirse bajo un discurso de cohesión absoluta y fijar la atención en un enemigo común: ‘somos norteamericanos, vamos a salir de todo esto más allá de nuestras diferencias”.

Sin embargo, también es cierto que los cómics pueden servir para llevar propaganda, o para simplificarse en discursos maniqueos, por ejemplo, en la adaptación gráfica del reporte de los ataques del 11 de septiembre realizada por Sid Jacobson, y Edie Colón, basado completamente en el Reporte Final de la Comisión sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos.

La idea de estos artistas con más de 50 años en el mundo de las novelas gráficas, era que más estadounidenses tuvieran acceso a dicho reporte y supieran, en palabras de los artistas, “la verdad”.

Para la maestra Áurea Xaydé Esquivel, los cómics “forman parte de la historia, dan cuenta de los sucesos y dan cuenta del contexto histórico y de las circunstancias que les dan origen en tanto productos culturales… cuando te narran una historia, puedes imaginártela, pero en el cómic, no sólo la puedes ver, sino que te vuelves testigo del hecho y los afectos que rodean la situación por medio del estilo de dibujo, la paleta de colores, el layout

“Por eso el cómic educativo, documental y testimonial tiene una fuerza singular; para bien o para mal, cuando los documentos históricos o autorizados no pueden llegar a las personas, ya sea por su lenguaje abstruso o por cuestiones de distribución, el cómic y la imagen sí, dejando una impronta que afecta la manera en que piensan y sienten las comunidades” termina Esquivel Flores.

11 de septiembre, fecha memorable para América

  • En 2001 Estados Unidos registra el ataque terrorista a las Torres Gemelas y la muerte de casi tres mil personas

Nota original: Boletín DGCS
https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2020_753.html
10 de septiembre 2020

El 11/S el mundo observó cómo integrantes de redes yihadistas impactaron cuatro aviones en distintos sitios de la Unión Americana -como las Torres Gemelas y el Pentágono-, que dejaron más de dos mil 900 muertos y seis mil heridos.

A partir de entonces, reitera Juan Carlos Barrón, el uso de la tecnología para la vigilancia ciudadana se reforzó. “El impacto que causó ver los aviones estrellándose en las Torres Gemelas y colapsar fue lo que se quedó en el imaginario. Fue una situación a todas luces excepcional”. Estos ataques cambiaron también el paradigma de seguridad y ningún país cuestionó la política estadounidense.

México, recuerda el universitario, no adscribió las medidas solicitadas por el gobierno estadounidense para atacar Afganistán e Irak. “Fue muy cauto para tratar de evitar ser objeto de un ataque terrorista, pues la principal preocupación de la ciudadanía era que algún enemigo de Estados Unidos pudiera provocar daño en nuestro territorio o que se usara nuestro país como medio para ello”.

Los ataques del 11/S legalizaron la vigilancia permanente de la población, bajo el pretexto de erradicar el terrorismo y fortalecer la seguridad interna. Se consolidó la sociedad de vigilancia o capitalismo de vigilancia, y la inversión en el mundo asociada a este objetivo creció exponencialmente entre 2001 y 2019: prácticamente el doble cada año, de acuerdo con Tech Nation, refiere el experto en complejidad y sociocibernética.

“Se estableció un conjunto de leyes como el Acta Patriot de EU, y mecanismos legales que antes de esa fecha hubieran sido impensables en una sociedad democrática”, remarca el también especialista en geopolítica internacional de los medios de comunicación.

Entonces se argumentó que eran medidas de excepción, en lo que pasaba el peligro terrorista, pero 19 años después vemos que llegaron para quedarse; todavía en mayo pasado el Senado estadounidense ratificó elementos de esta ley, que sirven para el espionaje de ciudadanos de esa nación y de todo el mundo, lo cual ha sido documentado por personajes como Edward Snowden. “Con los ataques del 11/S se abrieron los temas de seguridad por razones ideológicas”, recalca Barrón.

Hoy los movimientos islamistas radicales continúan realizando actos terroristas, y a ellos se han sumado grupos supremacistas blancos, con lo cual la definición del terrorismo, como una manera de referirse a “los actos del contrario”, se ha desdibujado.


De igual manera, sus ataques han cambiado, pues con la ciberseguridad y el capitalismo digital ahora pueden hackearse páginas gubernamentales, un avión o un barco. “Las guerras se dan con la tecnología de vanguardia de cada época. Hoy, se libran batallas en el ciberespacio y con el conjunto de leyes para crear mecanismos de vigilancia y espionaje autorizados”.

La cuestión central, insiste el universitario, está en todas las herramientas de espionaje que tienen activadas Estados Unidos y las principales potencias del mundo, y a la ciudadanía se le informa que cuentan con ellas por su propio bien, para su vigilancia.

“Es importante enfatizar y recordar la importancia de los derechos humanos, de la privacidad, que los ciudadanos sepamos cómo se usa esta información, no sólo por parte de los gobiernos, sino también de las corporaciones que cada vez poseen información que ni siquiera sospechamos”.

El capitalismo de vigilancia usa como materia prima los datos personales que son importantes para los negocios asociados a la vigilancia de la población; algunos son más sensibles que otros, y más valiosos. Algunos autores han alertado que estos mecanismos de vigilancia son también una nueva forma de explotación y despojo, y representan un nuevo paso para apropiarse de las experiencias humanas y crear una economía con base en ellas, concluye.