Sentir mariposas en el estómago al recordar un beso, experimentar placer con una caricia, emocionarse al pensar en una persona o sentir una intensa satisfacción al estimular el punto G tienen un origen en común. No se encuentra en el corazón ni en los genitales: todo ocurre en el cerebro.

Corteza cingulada: el epicentro del placer
En entrevista para UNAM Global, Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Departamento de Biología Celular y Fisiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, explicó que existe una región cerebral conocida como corteza cingulada anterior que, al ser estimulada, puede generar sensaciones de bienestar y placer.
“No está necesariamente asociada a la sexualidad; también se activa al hacer cosas que nos gustan, como andar en bicicleta o estar en la naturaleza”, añadió el académico universitario.
A esta zona, conocida de forma no oficial como el «punto G cerebral«, se le ha vinculado con emociones placenteras a partir de estudios con electroestimulación o magnetoestimulación. Pero no actúa sola.
También intervienen otras regiones como el núcleo accumbens, el cuerpo estriado y el hipotálamo, todas vinculadas al circuito del placer y la motivación.
Un sistema que integra, no que ordena
“El cerebro no es un centro de comando que ordena, sino una estructura que integra”, explicó Gutiérrez Ospina.
Nos permite asociar una sensación corporal —una caricia, por ejemplo, o el estímulo del llamado punto G vaginal— con una experiencia placentera. Esa información se procesa primero en la corteza somatosensorial, luego pasa por áreas de asociación y puede llegar hasta la corteza cingulada anterior.
¿Y si hay demasiada estimulación?
“La misma zona puede interpretarlo como displacentero. Por eso, cuando hay una sobrestimulación, se puede experimentar molestia. Es el cerebro quien decide, por decirlo así, cuándo algo es placentero y cuándo no.”
Emociones, contexto y salud mental
Otro aspecto crucial es el papel de las emociones, el contexto y el estado de salud mental.
“La percepción del placer está influida por el estado corporal y emocional. Si una persona está ansiosa o deprimida, puede tener menos capacidad de disfrutar. Y esto no es exclusivo de las mujeres; aplica para todos los sexos y géneros.”
Desde esta perspectiva, las emociones son estados del cuerpo que, mediante el aprendizaje social, se traducen en sentimientos. Así, el estado corporal del enamoramiento puede parecerse al de una adicción. Lo que cambia es cómo interpretamos esas sensaciones según lo que aprendimos culturalmente.
Masturbación y ansiedad
En cuanto a la masturbación, el experto señaló que no siempre se trata de una práctica sexual en sentido erótico:
“Muchas personas se masturban no porque busquen placer erótico, sino para liberar tensión.”
Autoestima, imagen corporal y cultura
También abordó la influencia de la autoestima y la seguridad corporal en la experiencia del placer.
“Si alguien se siente incómodo con su cuerpo, tenderá a inhibirse, a evitar ciertas posturas o a preocuparse más por su imagen que por disfrutar el momento. Eso interfiere con el placer.”

La cultura juega un papel determinante. Sociedades que satanizan la sexualidad suelen generar más culpa y menos disfrute. En contraste, aquellas con mayor libertad y educación sexual permiten explorar el cuerpo con menos prejuicios.
“La educación sexual es clave para vivir una sexualidad plena, sin prejuicios ni culpas.”
¿Existe el punto G vaginal?
Sobre la existencia del punto G vaginal, Gutiérrez Ospina explicó que es un tema en debate:
“Hay mujeres que dicen sentirlo, otras que no. Algunos estudios afirman que lo tiene el 30 por ciento de las mujeres, otros el 100. Su localización exacta también está en discusión. Hay quien dice que se encuentra en la pared anterior de la vagina, cerca del clítoris; otros lo asocian a glándulas o tejidos esponjosos.”
¿Y en los hombres?
También existe el llamado punto P, ubicado en la próstata, que puede estimularse a través del recto.
Al igual que con el punto G, prejuicios sociales dificultan su exploración, pese a su potencial para generar placer.
El placer está en todo el cuerpo
El investigador recomienda dejar de buscar zonas específicas de “superplacer” y enfocarse en vivir la sexualidad como una experiencia integral.
“Toda la piel, los sentidos, la respiración, el corazón, todo el cuerpo participa en la experiencia sexual. Centrar la atención en un solo punto puede limitar el disfrute y generar frustración.”
El cerebro, protagonista del deseo
El placer no está en un solo lugar, sino en la forma en que vivimos, sentimos y nos conectamos con nosotras y nosotros mismos. Y en eso, concluye el experto, el cerebro tiene la última palabra.













