Ocho décadas del Paricutín a través de la ciencia y la cultura

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Nota original de: DGCS
Fecha de publicación: 13 de febrero de 2023
https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2023_105.html

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• La UNAM, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y el INAH realizarán el “Congreso Internacional del Parícutin, 80 aniversario”, del 19 al 24 de febrero
• Los enjambres sísmicos se detectan con equipos de mayor alcance, indicó José Luis Macías Vázquez
• Es una oportunidad para pensar al coloso a partir del arte y la literatura: Anel Pérez Martínez

Surgido de las entrañas de la Tierra en 1943, el volcán Paricutín (en purépecha Parhíkutini, “lugar al otro lado”) cumple ocho décadas de su nacimiento en Michoacán. Para conmemorarlo, en Morelia se efectuará un evento que reunirá a científicos nacionales y extranjeros, incluirá actividades culturales y excursiones a la zona volcánica.

Se trata del “Congreso Internacional del Parícutin, 80 aniversario”, en el que participarán 160 ponentes, entre ellos de Islandia y España, donde recientemente ocurrió la aparición de volcanes. El evento presencial se llevará a cabo del 19 al 24 de febrero, en la capital michoacana. Lo organizan la UNAM, a través del Instituto de Geofísica (IGEF), la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Aunque el Paricutín está inactivo -es uno de los que no tiene cámara magmática y por ello se considera extinto- pertenece a una zona del país ubicada entre Michoacán y Guanajuato donde hay más de mil 100 volcanes, señaló el director del IGEF, de la UNAM, José Luis Macías Vázquez, en conferencia de prensa a distancia, en la que se dio a conocer la realización del Congreso.

Destacó que es ejemplo nacional y mundial -al menos hasta el año pasado- del surgimiento de un volcán. “En Islandia hace dos años, y en España hace uno, hubo también nacimiento de volcanes, y en esos sitios ocurrieron miles de pequeños sismos, que generalmente acompañan a las erupciones. Es importante actualizarnos y conocer el estado del Paricutín y de toda la zona que conocemos como el campo volcánico de Michoacán y Guanajuato”.

Macías Vázquez dijo que esos pequeños, pero múltiples sismos previos a la aparición de un volcán, se conocen como enjambres sísmicos y son algunos de los precursores de un evento volcánico. Para detectarlos es necesario fortalecer la red sísmica en cuanto a cantidad de estaciones y grado de detección, pues por lo general son menores a magnitud 4.

A su vez, el investigador de la Unidad Michoacán del IGEF, Giovanni Sosa Ceballos, detalló que el objetivo del evento es conmemorar el nacimiento del volcán y dar a conocer los trabajos realizados por la academia en la última década.

Explicó que los dos ejes temáticos principales son: los enjambres sísmicos ocurridos en el estado, que han trascendido al menos una década y en la cual la UNAM, la Universidad Michoacana y otros investigadores han desarrollado diversas indagaciones. El segundo es la constante degradación del patrimonio geológico, volcánico y arqueológico que ocurre en la entidad.

Tenemos interés en ser multidisciplinarios, razón por la cual habrá una colaboración con la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM, la cual tendrá una serie de mesas y eventos en la Ciudad de México sobre la relación del arte con los volcanes.

Al respecto, la titular de esa entidad académica, adscrita a la Coordinación de Difusión Cultural, Anel Pérez Martínez, agradeció la oportunidad de pensar al Paricutín no solamente desde la ciencia sino desde el arte, la literatura y la cultura.

Un volcán comienza con el nombre, pero tiene que ver con el territorio lingüístico, artístico y cultural con el que ubicamos nuestros territorios; especialmente los cuerpos volcánicos han sido protagonistas en el arte, el cine y la literatura, acotó.

En su oportunidad, el director de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia, de la UNAM, Mario Rodríguez Martínez, anunció que como parte de la conmemoración se celebrará el concurso de cartas ¡Feliz cumpleaños, Parícutin!, dirigidas al volcán y su presencia en la comunidad purépecha de la región.

Las misivas deberán contar una historia donde el coloso sea un personaje que forma parte de la memoria colectiva. El tema es libre, pero debe respetar las características del género epistolar (fecha, lugar de ubicación del emisor, saludo inicial, despedida y firma).

La directora del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Tierra de la UMSNH, Isabel Israde Alcántara, recordó que desde hace 29 años la UNAM y la institución michoacana mantienen una relación académica gracias a un convenio de colaboración.

En su oportunidad, el investigador del INAH, Jasinto Robles Camacho, comentó que también se abordará el patrimonio cultural y el riesgo para diversos vestigios arqueológicos en la zona. La meseta tarasca, además de un extraordinario pasaje volcánico, cuenta con monumentos históricos y vivienda vernácula realizados con materiales de la época precolombina. Por ello, la aportación de arqueólogos es indispensable para indagar indicios que quedaron sobre la lava.

Para mayor información, se puede consultar el sitio: https://paricutin80.geofisica.unam.mx

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Parícutin, primer volcán cuya vida fue estudiada desde su nacimiento hasta que se apagó para siempre

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Nota original de: Gaceta UNAM
Autora de la nota: Ilse Valencia
Fecha de publicación: 16 febrero de 2023
https://www.gaceta.unam.mx/paricutin-primer-volcan-cuya-vida-fue-estudiada-desde-su-nacimiento-hasta-que-se-apago-para-siempre/

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  • 80 años de que surgió en Michoacán
  • Marcó un hito para la vulcanología en el país y en el ámbito mundial; ha permitido generar estudios y documentar cada uno de sus procesos
Foto: Laura García Sánchez.

El 20 de febrero de 1943, en un maizal ubicado en el pueblo Parícutin, en Michoacán, se presentaron eventos naturales que generaron incertidumbre, angustia y miedo en la población. Algunas personas decían que tenían que ver con un castigo de Dios, otras pensaban en que se avecinaba el fin del mundo; pero no se imaginaban que lo que estaban por presenciar era el nacimiento de un nuevo volcán: el Parícutin.

Es un volcán monogenético, lo que significa, que nace una vez y hace una corta erupción que puede ir de meses hasta varios años, y una vez haciéndolo el magma no vuelve a subir en el mismo lugar. Su nacimiento marcó un hito para la vulcanología en el país y en el ámbito mundial. Fue el primero que la humanidad presenció y registró desde que apareció hasta su muerte, permitiendo generar estudios y documentar cada uno de sus procesos de vida.

“Ocurrió en un momento de la historia en el que ya había muchos medios para estudiar ese tipo de actividad. Cuando hizo erupción, la vulcanología no existía como tal, era parte de estudios de geología o de sísmica. Ahora es un campo en sí, aunque el tema de los volcanes monogenéticos fue descuidado por mucho tiempo; sin embargo, desde hace unos 10-20 años estamos estudiando estos volcanes más detalladamente”, comenta Marie Noëlle Guilbaud, investigadora del Departamento de Vulcanología en el Instituto de Geofísica.

“Al otro lado de”

Nombrado como el pueblo en el que surgió, que en Tarasco significa “al otro lado de”, en el municipio de Parangaricutiro, Michoacán, el volcán nació el 20 de febrero de 1943 a las 16:30 horas; no obstante, su actividad inició desde 1941 con un sismo ocurrido en ese estado. Al año siguiente Dionisio Pulido, campesino y dueño de una parcela del terreno en el que sucedieron los hechos, encontró una depresión en el maizal donde sembraba.

“En 1943, como 15 días antes de la erupción ya estaba temblando allá. El día del nacimiento el señor Pulido fue a su campo y ahí se dio cuenta que la tierra estaba haciendo muchos ruidos, se levantaba humo y en la tarde empezaron a ver rocas saliendo de este lugar, pequeñas explosiones”, explica Marie Noëlle.

El edificio volcánico alcanzó los 30 metros durante el primer día, tres días después su tamaño se duplicó. Al año se había levantado hasta los 336 metros para finalmente llegar a los 424, altura actual. En un inició no ocasionó muchos daños, pues se encontraba en un campo de maíz, pero a los pocos días tuvieron que evacuar el pueblo y zonas aledañas, Parícutin y San Juan Parangaricutiro quedaron sepultados. La investigadora comenta que “hubo muchos daños a la agricultura en la zona, por las cenizas, la arena que arrojaba el volcán”.

Sepultó dos poblados sin causar víctimas: Parícutin y San Juan Parangaricutiro.

Investigación desde distintos campos

El Parícutin es el volcán monogenético que marcó un precedente para la vulcanología. Por primera vez los geólogos en todo el mundo podían registrar el ciclo de vida completo de un volcán.

El 23 de febrero de 1943, la UNAM envió a un geólogo y a un topógrafo, mediante el Instituto de Geología, al lugar del nacimiento del volcán. Posteriormente, estableció un Observatorio Vulcanológico.

Actualmente, el Instituto de Geofísica de esta Universidad realiza investigación sobre volcanes, prestando atención en los monogenéticos, para los que realiza estudios con diversas ramas de la ciencia.

“Hay investigaciones de cartografía para entender cómo hicieron erupción. Tenemos estudios de la química de sus magmas, que nos ayudan a entender por qué llegan, por qué hacen erupción, qué procesos están involucrados. A la par también contamos con los sismólogos, que analizan la actividad sísmica asociada a las zonas volcánicas”. Marie Noëlle también destaca el trabajo con biólogos y geógrafos que permite entender la relación entre los volcanes, el medio ambiente y la sociedad.

El Parícutin es el volcán más joven del Campo Volcánico Michoacán-Guanajuato, que abarca 40,000 km2 y cuenta con más de 1,100 volcanes monogenéticos; por esta razón Michoacán es el estado de México con mayor probabilidad de que surja un nuevo edificio volcánico, de acuerdo con el director del Instituto de Geofísica de la UNAM, José Luis Macías Vázquez, durante la presentación del “Congreso Internacional del Parícutin 80 Aniversario”.

También, explicó que después de los sismos de 2019 y de 2022 comenzó a haber una serie de temblores cerca de Los Reyes, Michoacán; mientras que en 2020 y 2021 ocurrieron enjambres sísmicos, es decir, sismos de baja magnitud que pueden ser el antecedente al nacimiento de un volcán, en la zona del Parícutin-Tancítaro. Por lo anterior, mantienen el monitoreo y estudio de esos eventos.

La vulcanología es fundamental para generar líneas y datos sobre el desarrollo de los volcanes en el país, pero también para conocer los riesgos que pueden implicar para la población. “Estos están ligados a la ocurrencia de una posible actividad en el futuro, que producen, en general, lavas las cuales pueden sepultar grandes áreas, que causan movimientos de la población y también a veces arroja mucha arena que puede impactar las zonas circundantes” agrega Marie Noëlle.

Las investigaciones en este campo buscan continuar generando conocimientos con el fin de informar a la población acerca de la importancia de preservar ambientes volcánicos en los que, al no ser reconocidos por las personas como lugares de actividad y de riesgo, se han extendido.

Acta que dio fe de la tragedia nacional redactada el 8 de marzo de 1943 en la presidencia municipal del Parangaricutiro, Michoacán. Corresponde a la primera fotografía del Álbum Parícutin del ingeniero Ezequiel Ordóñez, decano de los geólogos de México e investigador de la UNAM. Fuente: Acervo Histórico del Instituto de Geología, UNAM (AHIG-UNAM). Imagen: cortesía Lucero Morelos Rodríguez, doctora en Historia, Acervo Histórico del Instituto de Geología, UNAM.

Crónicas municipales de aquellos momentos*

“Largas lenguas de fuego y estruendos nunca oídos…”

Un sello que dice: Ayuntamiento de Parangaricutiro, Mich. En la Villa de Parangaricutiro, Cabecera del Municipio del mismo nombre, Estado de Michoacán de Ocampo, siendo las 10 diez horas del día 21 reunidos en el Salón de Actos del H. Ayuntamiento, previo citatorio urgente, los CC. Regidores Felipe Cuara Amezcua, Presidente Municipal, Félix Anducho Síndico, Rafael Ortiz Enríquez, Ambrosio Soto y Rutilo Sandoval, así como los CC. Agustín Sánchez, Jefe de la Tenencia de Parícutin, de este municipio, y Dionisio Pulido, vecino de dicho lugar; el C. Regidor Felipe Cuara Amezcua, Presidente, declara abierta la Sesión, manifestando que el día de ayer como a las 18 horas se presentaron los CC. Sánchez y Pulido informándole, completamente excitados, de la aparición de una fogata que ellos no sabían qué era, y que había resultado como a las 17 horas de ayer en la Joya denominada “Cuitzyutziro”, al oriente del poblado de Parícutin por lo que, desde luego, pedían se trasladara al lugar de los hechos, para que por su vista diera fé (sic) de su aseveración; a la vez Dionisio Pulido, propietario del terreno arriba mencionado, hizo del conocimiento que el día de los acontecimientos, temprano, salió de su poblado (Parícutin) a cuidar sus borregas en compañía de su esposa Paula Rangel de Pulido y a visitar sus propiedades situadas en la repetida Joya; que por la tarde, a hora temprana tuvo que alejarse del lugar, recomendando a su esposa cuidara de las borregas hasta que él regresara; que como a las 16 dieciséis horas volvió al lugar precitado y recomendó a Demetrio Torres, que trabajara en los terrenos, desunciera los bueyes y los llevara a beber agua; en seguida llegó hasta donde estaba su mujer a quien también recomendó volver al pueblo, encaminándose después de revisar los trabajos efectuados en sus terrenos, hasta llegar a la falda del cerro oriental circunvecino; que allí como a las 17 horas, sintió un fuerte temblor y estruendos en la tierra, a lo que no hizo mucho caso, ya que con frecuencia se estaban efectuando cismos (sic) desde hacía más de ocho días, pero siguió escuchando fuertes ruidos subterráneos acompañados de temblores y que entonces todo aterrado volvió la vista al Poniente o sea su pueblo, observando con sorpresa que allá abajo en la Joyita, se levantaban largas lenguas de fuego, con fuertes humaredas y estruendos nunca oídos, por lo que presa del pánico más terrible, huyó rumbo a Parícutin, a donde llegó jadeante dando inmediatamente cuenta al C. Agustín Sánchez Jefe de la Tenencia de lo ocurrido. Que el señor Sánchez al convencerse de la veracidad de lo denunciado por Pulido, se trasladó juntamente con él a la Presidencia Municipal de Parangaricutiro, donde todos los alarmados dieron parte de los hechos al C. Felipe Cuara Amezcua, quien con la premura que el caso ameritaba pasó en compañía de los denunciantes al lugar donde había aparecido el fenómeno y que posteriormente se dieron cuenta era un Volcán. Acto continuo a propuesta de algunos vecinos de este lugar y de Parícutin, se discutió el nombre correcto que deberá llevar el mencionado Volcán, y después de amplias deliberaciones y deseos de los pobladores de la región, por unanimidad se le denominó VOLCÁN DE PARÍCUTIN. El acta está firmada por el Presidente Municipal Felipe Cuara Amezcua, Rafael Ortiz, Rutilo Sandoval y Félix Anducho. UBICACIÓN DEL PARÍCUTIN. SITIO: zanja abierta entre las parcelas de cuatro propietarios. TERRENO: Llano de Quitzocho, tenencia del pueblo de Parícutin, municipalidad de Parangaricutiro, Michoacán. (Este llano tenía una altura media de 2,280 metros sobre el nivel del mar). COORDENADAS GEOGRÁFICAS: 19 grados 19´I.N. y 102 grados 19´I.W. de Greenwich.4

Foto: Jezael Melgoza.

“Comenzó a tronar el volcán de manera furiosa…”

Un sello que dice: Presidencia Municipal, Parangaricutiro, Mich. En el terreno denominado “Cuiyutziro” pequeña propiedad del señor Dionicio Pulido, nació a las 17:30 hs. del sábado 20 de febrero del año de 1943, encontrándose en esa hora el Sr. Pulido en el terreno, preparándose para iniciar la siembra de maíz y dice que, comenzó a ver los ligeros humillos como a manera de serpientes con un ligero calentamiento de la tierra que salía entre la tierra arada, oyendo al mismo instante un estruendo también ligero, como cuando destapa uno, una enorme botella de sidra y que inmediatamente salió una inmensa columna de humo que también fue visible en este Municipio y minutos después en la ciudad de Uruapan y en general en todos los alrededores, comenzando en ese preciso instante la alarma general en este pueblo y en los circunvecinos, y a las 3:30 y media horas que reventó se comenzó a evacuar el poblado en camiones mandados por las Autoridades de Uruapan. Como a las 12:00 hs. del domingo comenzó a tronar el Volcán de una manera furiosa al grado que hubo alarma y con más ganas se comenzó a salir toda la gente, el lunes por la tarde y también como a las 17:30 hs. se puso tan grave el asunto, que el Sacerdote Javier Hernández sacó de una capilla improvisada a causa de los temblores a la venerada Imagen del Cristo “Sr. de los Milagros” a un poblado que queda como a 10 kilómetros de esta población llamado “Corupo” y en el pueblo nos quedamos como nueve habitantes entre ellos el C. Presidente Municipal Sr. Felipe Cuara, Salvador Cuara Amezcua, Juan Chacope, Cayetano Murillo, José Cisnero, José Ma. López, Luis Cuara Amezcua, Rutilo Sandoval y Antonio Vargas. El martes como a las 11 hs. volvió la Imagen y hubo más ánimo, estos son los datos más importantes de esta tragedia Nacional que no se han conocido, los demás los dijo ya la prensa. Atentamente SUFRAGIO EFECTIVO. NO REELECCIÓN., Parangaricutiro, Mich., a 8 de marzo de 1943. El Presidente Municipal Felipe Cuara Amezcua.

*Textos tomados del libro El Parícutin en 100 imágenes. Historia gráfica del nacimiento del volcán más joven de América, con autorización de la autora, la Dra. Lucero Morelos Rodríguez, académica del Instituto de Geología.

Foto: Jezael Melgoza.
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Esencial, seguir con los estudios vulcanológicos y tectónicos

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Nota original de: Gaceta UNAM
Autora de la nota: Instituto de Geofísica
Fecha de publicación: 16 febrero de 2023
https://www.gaceta.unam.mx/esencial-seguir-con-los-estudios-vulcanologicos-y-tectonicos/

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  • Ocho décadas del surgimiento del Parícutin
  • La expansión urbana y modernización de las actividades agrícolas han llevado a un aumento explosivo de la degradación del paisaje en el Campo Volcánico Michoacán-Guanajuato
Foto: http://volcanofundation.org/

El 20 de febrero de 2023 se cumplen 80 años del inicio de la erupción del volcán Parícutin en el estado de Michoacán. La erupción duró 9 años y sepultó a los poblados de San Juan Parangaricutiro y Parícutin, cambiando de manera drástica el paisaje de la región y obligando a la población a abandonar sus casas y cultivos. Esta erupción representa en el ámbito mundial uno de los ejemplos más importantes de cómo nace y evoluciona un volcán monogenético. El Parícutin nació en el Campo Volcánico Michoacán-Guanajuato que cuenta con más de mil volcanes y es uno de los más grandes de su tipo en todo el orbe. A su vez, este campo forma una pequeña parte de la Faja Volcánica Transmexicana que atraviesa el país desde el estado de Nayarit hasta Veracruz.

Sorprendentemente, dos de los volcanes más jóvenes nacidos en la Faja Volcánica, Jorullo (1759-1774) y Parícutin (1943-1952), surgieron al sur del Campo Volcánico de Michoacán-Guanajuato. Durante los últimos 25 años en la región cercana al Parícutin han ocurrido seis enjambres sísmicos (1997; 1999- 2000; 2006; 2020 y 2021). Estos enjambres sísmicos generalmente indican el movimiento de fallas o fisuras en las rocas a profundidad o el movimiento de magma. Por estas razones, es esencial seguir con los estudios vulcanológicos y tectónicos del campo volcánico para entender mejor su origen y evolución, reforzar el monitoreo sísmico mediante la instalación de nuevos sismógrafos y fomentar campañas de información y concientización pública en colaboración con instancias gubernamentales estatales.

A la par de la conmemoración por el 80 aniversario del volcán, urge la reflexión sobre la expansión urbana y la modernización de las actividades agrícolas que han llevado a un aumento explosivo de la degradación del paisaje en esta región que constituye, sin embargo, un geopatrimonio invaluable. Esto incluye no sólo la destrucción de volcanes y ecosistemas asociados, sino también importantes sitios arqueológicos prehispánicos ubicados sobre flujos de lava jóvenes y otros productos volcánicos. Estos efectos no deseados del crecimiento económico requieren una atención urgente y exigen la mejora de los programas de conservación para proteger nuestro patrimonio para las generaciones futuras. Por otro lado, la actividad del volcán tuvo una repercusión artística y cultural de largo aliento que sigue presente en el centro del país.

En este contexto, el Instituto de Geofísica, en colaboración con varias dependencias de la UNAM (Instituto de Geología, Instituto de Geografía, Centro de Geociencias, Escuela Nacional de Estudios Superiores, campus Morelia, y la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura), además de instancias nacionales como el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo conmemoran el 80 aniversario de la erupción con el Congreso Internacional Parícutin 80 aniversario del 19 al 24 de febrero de 2023 en Morelia, Michoacán, México (presencial).

El nacimiento del Parícutin fue un acontecimiento mundial que llamó la atención de decenas de científicos, historiadores y artistas, en este sentido la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura ha hecho una propuesta cultural vinculando diversas disciplinas con un enfoque en la promoción de la creación y la cultura escrita, compuesto por un conjunto de mesas de reflexión bajo el nombre “Los volcanes en el arte y la literatura” que se realizará tanto en Morelia, Michoacán, como en Ciudad de México durante febrero y marzo.

Para conmemorar el nacimiento del Parícutin organizamos el congreso con diversas sesiones científicas, actividades culturales, charlas de divulgación y excursiones geológicas y arqueológicas. Esta visión integral del evento permitirá fortalecer la investigación sobre el vulcanismo monogénetico y reconocer la importancia del geopatrimonio para la sociedad.

La erupción cambió de manera drástica el paisaje de la región.

El congreso está conformado por 3 días de charlas científicas con 10 sesiones multidisciplinarias (geología, vulcanología, geofísica, geoquímica, biología, geografía, arqueología, historia), una excursión geológica al volcán Parícutin, 4 excursiones organizadas antes y después del congreso y una serie de actividades culturales que relacionan el arte con los volcanes. El congreso cuenta con 103 participantes registrados que incluyen a 35 estudiantes y posdoctorantes becados. Participan 8 institutos de investigación, facultades y escuelas de la UNAM, 9 universidades y centros de investigación en México (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, CICESE, Universidad Veracruzana, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guerrero, Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, Servicio Geológico Mexicano, INECOL) y la Unión Geofísica Mexicana. Además asistirán científicos de 12 países (Francia, España, Islandia, Nueva Zelanda, Alemania, Chile, Colombia, Estados Unidos, Costa Rica, Australia, Reino Unido y Arabia Saudita).

Consulta el programa de las sesiones científicas, excursiones, charlas de divulgción y la oferta cultural en nuestro sitio: https://paricutin80.geofisica.unam.mx/

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El paisaje paricutíneo

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Nota original de: Revista de la Universidad
Autora de la nota: Marina Azahua
Fecha de publicación: febrero de 2019
https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/5c948c5c-a690-4827-8944-dc88bdadca87/el-paisaje-paricutineo

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… de repente, la Naturaleza puso a la
puerta de mi casa un volcán nuevo.

Dr. Atl

I

En la década de los cuarenta el Paricutín crecía en el horizonte michoacano mientras el Dr. Atl se debatía noche a noche con la montaña viva. Al paso de los días el pintor adquirió tal fascinación por el nacimiento del volcán que eligió dormir a su lado, sin quitarse las botas. Así se ahorraba el tiempo perdido en amarrárselas cuando, ante el más ligero temblor, salía corriendo de su tienda de campaña en medio de la noche para ponerse a pintar el monte naciente. No estoy completamente segura de que sea cierta la historia de las botas del Dr. Atl. No sé si dormía realmente en una tienda de campaña, pero mi tía contaba así la historia cuando yo era niña, y hay que hacerle honor a la forma original de los mitos, aunque después se vuelvan certeza. Mi tía siempre agregaba al final, con un tono de voz más bajo: “Le tuvieron que amputar una pierna. Porque se le gangrenó. Por no quitarse las botas en meses”. Desde niña quedó para siempre grabada en mi mente esa imagen de quien pierde una pierna (la derecha, según Carlos Pellicer) a causa de la insistencia ciega en la importancia de su propia labor. Era tal el fervor y la urgencia de captar aquello que no duraría eternamente, que el Dr. Atl dejó de escuchar a su propio cuerpo en el mundo. Y el mundo se le metió al cuerpo. Días antes de que el Dr. Atl pintara lava incandescente saltando por los cielos, un campesino de nombre Dionisio Pulido halló una grieta vaporosa en medio de su parcela. Fueron varios los testigos de las primeras señales del volcán, pero en palabras del pintor,

si Pulido fue el que asumió la gloria de haber sido uno de los pocos hombres que han visto surgir un volcán, se debe a que fue el primero que habló oficialmente y el que más frecuentemente soltó la lengua.

En cuestión de horas, el volcán más joven del hemisferio se elevó incrementalmente sobre el llano de Quitzocho, interrumpiendo vida y cultivo. Se le bautizó —en un acta oficial redactada en el Salón de Actos del H. Ayuntamiento de Parangaricutiro, Michoacán, y firmada a las diez horas del día 21 de febrero de 1943— y quedó apuntado que se trataba de un fenómeno “que posteriormente se dieron cuenta era un volcán”. A lo largo de su primer año de vida, el “neonato”, como lo llamó el Dr. Atl, alcanzó su tamaño completo, tras cubrir de lava dos pueblos, y continuó haciendo erupción por nueve años. Décadas después, en los años noventa, una promoción especial en las tiendas Comercial Mexicana en la Ciudad de México ofrecía un regalo para los progenitores comprometidos con la educación de sus vástagos. Si gastabas una cierta cantidad de dinero, juntabas puntos. Al acumular cierto número, la tienda te regalaba uno de los tomos de la Enciclopedia VOX. Cada uno de sus volúmenes era gris rata y estaba repleto de contenido misceláneo, lo que podía esperarse de una enciclopedia básica de producción en masa. No era la Británica, ni la Hispánica, digamos que era una versión sucinta de lo que serían, cortesía de la informática futura, la Enciclopedia Encarta o las primeras versiones de Wikipedia. Pero en ese entonces seguíamos en la generación de las monografías y las enciclopedias de papel. Mi papá fue adquiriendo, tomo a tomo y con entusiasmo, un total de doce ejemplares de la Enciclopedia VOX, que a la fecha siguen en el librero del comedor de su casa. Uno de los tomos incluye una entrada sobre el Paricutín, acompañada de una serie de láminas ilustradas. Impresas en transparencias, las ilustraciones revelan, por medio de cortes transversales del subsuelo y el horizonte, el crecimiento del Paricutín a lo largo de días, semanas, meses y años. De niña miraba estas láminas con detenimiento, pasando de una a otra, reconstruyendo el crecimiento del volcán a través de esas micas de acetato ilustrado, preguntándome cómo habría sido estar ahí y qué significaría haber sido testigo de aquello. La inestabilidad potencial de la tierra bajo mis pies me aterraba tanto como me emocionaba y no podía dejar de mirar. Las ilustraciones nítidas de la estructura interna del planeta y el flujo de su sangre me condujeron a una certeza prematura: somos diminutos ante la voracidad implacable de la mutación del mundo material.

II

Dr. Atl, asiduo vulcanólogo amateur, decidió pintar el nacimiento y la erupción del Paricutín in situ. El resultado fue una celebrada serie de piezas sobre el volcán, cada una marcada por una fuerza única y singular, que a mi parecer resulta irrepetible en el resto de su obra. En una ocasión pude ver uno de los óleos originales, muy muy de cerca. Esos rojos parecían latir como sangre a punto de explotar en una probeta. Su intensidad incluso me dio un poco de miedo. El poeta Carlos Pellicer escribiría, en su ensayo “Taquigrafía de un grande hombre”, que el Dr. Atl le dijo: “mira, […] cuando le tomaba yo el pulso al volcán, volaban rocas del tamaño de un piano de cola que no me dejaban seguir hablando con él”. Hablarle al volcán. Tomarle el pulso. Para Pellicer, el registro pictórico de Atl es un dúo inquebrantable: “documentos y estado de ánimo”. Documentación y testimonio vivo. Pero también emoción y acción corporal. Teoría y praxis. Fundidas como la milpa se funde en la lava. La conjunción de vivir y dejar registro de haber vivido. Antes del Paricutín, para el Dr. Atl estuvo el Popocatépetl. Cuenta Pellicer que

Atl vivió una temporada larga cerca de las nieves del gigantesco volcán. Construyó su propia cabaña […] Muchas veces me habló de cuando las nubes se metían a su casa y él las echaba a sombrerazos.

Pareciera una obviedad decir que esas pinturas del nacimiento del Paricutín son extraordinarias, precisamente porque Dr. Atl estaba ahí, esquivando piedras, mientras pintaba. Pero discernir por qué esa experiencia directa informó con tal precisión el resultado de su trabajo no es sencillo. Las cosas obvias suelen ser difíciles de desmenuzar, pero si comparamos cualquier fotografía del nacimiento del Paricutín con cualquiera de las pinturas del Dr. Atl del mismo suceso, es indiscutible la diferencia. La experiencia directa de la observación proporciona algo único. Testigo de ello es la obra de aquel hombre que espantaba nubes a sombrerazos y le supo tomar el pulso a la montaña mientras su roca líquida emergía de la tierra. Imaginemos la serie de fotografías que pudieron registrar el nacimiento del Paricutín, evoquémoslas a color. Pongámoslas en alta definición, impresas en buena calidad. En caso de haber pintado el volcán a partir de estas fotos, ¿los colores que el artista hubiera usado serían otros? Sin duda. Los colores que el Dr. Atl empleó fueron los colores de la realidad que observó, los colores de la experiencia vivida, no de un evento representado. Las pinturas del nacimiento del Paricutín reflejan en sus efectos cromáticos el “estar ahí”. Una foto del Paricutín en erupción jamás será una pintura del Paricutín en erupción. Ninguna es mejor que otra, pero son radicalmente distintas.

Gerardo Murillo, Dr. Atl, El Paricutín, 1946

III

Una digresión en torno a la diferencia entre el color en la pintura y el color en la fotografía: De algún modo, no inmediatamente explicable, hay quienes saben distinguir cuándo una pintura ha sido trazada a partir de un modelo vivo y cuándo ha sido copiada de una fotografía. ¿Los colores son distintos? Es posible que sea ése el factor delator: ¿Será que son diferentes los colores en “el mundo real” a los de una reproducción? Imagino los colores postizos de la reproductibilidad fotográfica haciendo su mayor esfuerzo por emular el color vivo que capta el ojo, pretendiendo contagiar a la pintura de realismo, tan sólo para terminar siendo cómplices de una similitud fallida. La fotografía tiene su propia gama cromática, una diferente a la tangibilidad de la vista. Podemos saber, por ejemplo, la década en la que fue producida una a partir de su tonalidad. Se nos ha dicho que la fotografía es objetiva al punto de ser hecho, pero la marca temporal del color demuestra lo contrario: la gama cromática de una foto de los sesenta o los setenta es absolutamente distinta a los colores de una producida a inicios del siglo XXI. Aun así, cada época sostiene fervientemente que la precisión de su tecnología fotográfica es el ápice de la exactitud. Mientras tanto, cada nueva tecnología visual demuestra que la anterior fue menor. Lo mismo pasa con las cámaras del celular. Con cada nuevo modelo nos asombramos de la nitidez de la pantalla, sólo para volvernos a decepcionar de esa alta calidad de antaño cuando la comparamos con el nuevo modelo del año siguiente. Se nos ha repetido que la fotografía reproduce el mundo con precisión. Pero sabemos que no. Bien hemos aprendido a usar filtros con sus correspondientes efectos emotivos. ¿O será que la hiperrealidad de la fotografía es simplemente demasiado real? Artificialmente real, ¿quizá? Demasiada precisión puede resultar en falsedad. El Dr. Atl, en su libro Cómo nace y crece un volcán: El Paricutín, elabora sobre este efecto, al quejarse de que

las fotografías en color, con rarísimas excepciones, tomadas de este espectáculo nocturno, son completamente falsas, no sólo por sus entonaciones demasiado cromáticas, sino porque nos presentan el chisporroteo de las erupciones como parábolas luminosas, lo que desvirtúa por completo el carácter de la erupción.

IV

El nacimiento del Paricutín fue una catástrofe pausada. Suficientemente lenta como para ser contemplada. Tan lánguida que permitió a las mujeres del aledaño pueblo de San Juan Parangaricutiro arrodillarse a rezar frente a la lava mientras avanzaba. Esa imagen de la súplica ante el desastre cósmico. Esa petición a la piedra líquida que avanza, para que no destruyera hogares. Y la falta de escucha de la montaña para cumplirla. Las catástrofes suelen ser asuntos de velocidad. Sean naturales o producidas por el ser humano —cada vez más indistinguibles unas de otras— generalmente se entienden como eventos fulminantes. Éste es, sin duda, un concepto estrecho de catástrofe, basado en la idea del instante catastrófico: un desastre que sucede en una extensión delimitada y súbita de tiempo. Otros tipos de calamidades, probablemente los peores, son dolorosamente lentos: la hambruna, la enfermedad, la guerra, la violencia estructural. El desastre repentino es una especie particular de catástrofe. El Paricutín fue lento a la vez que fue rápido. En términos geológicos fue un instante a la vez que un proceso. Un intervalo súbito y vertiginoso, pero durante su nacimiento también hubo tiempo de pedir favores a los santos; a una pierna incluso le dio tiempo de gangrenarse. Captar los efectos de su comienzo no sólo fue cuestión de rapidez, sino también de oportunidad: aprehender el tiempo delimitado del suceso catastrófico y hacer uso de él. Aprovecharlo. Practicar la elección de un tiempo específico de percepción. Así hizo también el escritor y dibujante John Berger, al volcarse ante la decisión súbita de dibujar el cadáver de su padre, por ejemplo. Dibujando a su padre muerto, Berger compartió una urgencia similar a la del Dr. Atl retratando al volcán en nacimiento. La muerte, una vez acaecida, acelera los tiempos. Debía apurarse, suspender el duelo para poder dibujar. Debía aceptar el tiempo restringido que le ofrecía el cadáver antes de transformarse, porque un muerto nunca es entidad fija sino proceso. El cuerpo difunto irrumpe pero dura poco, igual que la montaña en su umbral de origen; lo estático es enemigo del inicio, tanto como del fin. Mientras la catástrofe se lleva a cabo, hay poco tiempo para pensar. Pero sin tiempo para pensar, es imposible dibujar. Una batalla. El trazo requiere de reflexión. En contraste, no se necesita pensar del mismo modo para oprimir el obturador de una cámara. No todas las formas de arte comparten la misma temporalidad. Hubiera sido imposible para Berger dibujar el momento exacto de la muerte de su padre, imposible trazar la precisión del último aliento. Lo que Berger registra en el dibujo del cadáver de su padre son los efectos del desastre, mas no el evento en sí. Capta el hueco que queda, los vacíos después del Vesubio. Pero en el desenlace de la catástrofe los detalles se recuerdan con una claridad que es imposible de capturar durante su detonación. Goya pasaría más de una década produciendo los 82 grabados de Desastres de la guerra, la serie que recopila el sufrimiento del pueblo español a manos de la invasión napoleónica. La narración de esa catástrofe se basa en el recuerdo y el punto de vista. “Yo lo vi”, se lee al calce de uno de los grabados. Esa cualidad de experiencia directa, alojada en el “yo lo vi”, es lo que le da fuerza a aquella escena. Existen gradientes de presencia para distinguir el “estar ahí” del dibujo y la pintura, y del registro fotográfico. El cuerpo que dibuja en vivo, desgrana. Para John Berger, dibujar a su padre muerto significó una forma radical del “estar ahí” con él. En sus propias palabras,

es el acto real del dibujo lo que fuerza al artista a mirar el objeto que se encuentra frente a él, para diseccionarlo en la mente de su ojo y reconstruirlo de nuevo; o, si está dibujando de memoria, lo fuerza a dragar su mente para descubrir el contenido de su catálogo personal de observaciones pasadas.

Al tomar una fotografía, al menos no en el canon simplificado de lo que implica “tomar una fotografía”, la dinámica de la producción de una representación es distinta. Planeamos el encuadre, analizamos los elementos de la escena… pero al tomar una fotografía no solemos deconstruir las partes de la realidad a ser representada. No las individualizamos y observamos desligadas del resto. Sí hacemos esto al dibujar en vivo. En la fotografía, la imagen se mantiene entera, sin cortes, durante la totalidad del proceso de producción. No se desarticula en nuestra mente y nuestra mano al generarse. El abuelo de una amiga contaba que mientras iba creciendo el Paricutín, se construyeron en las cercanías palapas y miradores, con comederos públicos, desde los cuales la gente podía contemplar la piedra líquida avanzar. Palapas muy similares a las que suelen usarse para resguardarse del sol cuando vamos a mirar el mar. Las mismas palapas bajo las cuales se construyen los recuerdos de una vacación familiar.

Retrato de Gerardo Murillo, Dr. Atl

V

El día que caminé sobre la lava fría del Paricutín y visité las ruinas de su tránsito sobre el paisaje, llovía. Años después leería lo que escribió Pellicer sobre ese paisaje que se quedó congelado, casi lunar, tras consolidarse su petrificación: “Ahora ahí, la aurora es fúnebre, una inmensa flor negra, parece no marchitarse nunca”. Caminar sobre las ruinas que persisten, prisioneras bajo la lava, es explorar una forma oscura del ámbar. Sorprende no tanto la solidez de esa piedra que un día fue fuego, sino la cantidad infinita de cavidades que se esconden invisibles en el paisaje, esperando el tropiezo futuro que todavía no llega. De lejos, el mar de lava se mira tranquilo, ecuánime, silenciado por el paso del tiempo. Este paisaje —adjetivado como paricutíneo por el Dr. Atl que tanto lo pensó, dibujó y escribió— hoy se ve unificado. Pero en cuanto uno se acerca, resulta inevitable tocar los filos de sus porosidades, caer en sus zanjas, inundar sus cuevas y las vacuidades del tránsito congelado. Sólo al estar ahí es que uno percibe cuánto más complejo es ese brote de piedra. Entonces uno se da cuenta de que mirar de cerca, estando ahí, es una forma radicalmente distinta de observar. Al haber sido lava —origen móvil de la tierra reblandecida— y al ser también piedra —fin petrificado de la misma— sobre este paisaje se colapsan todas las dimensiones del tiempo. Aquí el desastre no fue, ni sigue siendo, ni ha sido, sino todo eso a la vez.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

El Paricutín, único volcán con acta de nacimiento

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Nota original de: Gaceta UNAM
Autora de la nota: Patricia López
Fecha de publicación: 26 febrero de 2018
https://www.gaceta.unam.mx/el-paricutin-unico-volcan-con-acta-de-nacimiento/

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  • Surgió en el siglo XX
  • Ubicado en Michoacán, nació entre un maizal el 20 de febrero de 1943, a las 16:30 horas, recordó Hugo Delgado, director del Instituto de Geofísica

    Foto: cortesía INAH.

    El Paricutín, ubicado en Michoacán, es el único volcán del siglo XX que cuenta con un acta: nació entre un maizal el 20 de febrero de 1943, a las 16:30 horas, entre el expoblado San Juan Parangaricutiro (actualmente Nuevo San Juan, y que se refundó después del evento) y el pueblo Angahuan.La lava que emitió recorrió cerca de 10 kilómetros y sepultó dos pueblos: Paricutín, que le da nombre y desapareció pues quedó muy cerca del cráter, y San Juan Parangaricutiro, que se reinstaló con otro nombre en una zona vecina.

    Esto destacó Hugo Delgado Granados, vulcanólogo y director del Instituto de Geofísica (IGf), al participar con una charla en el festejo por el cumpleaños 75 del Paricutín, de cuya formación hay registros científicos, películas originales y testimonios orales.

    “La fecha es referente en la vulcanología mundial, porque el nacimiento de una estructura geológica de esa naturaleza es un hecho raro. México, en el siglo XX, vio surgir dos de ellos: el Paricutín, primero en el continente americano, y el Bárcena, en 1952, en el archipiélago de Revillagigedo, a 720 kilómetros de Manzanillo, Colima”, señaló en el Auditorio Tlayolotl del IGf.

    Delgado acompañó su exposición con una película original editada por especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos, en la que se observa la primera etapa de vida del volcán, con escenas documentales sorprendentes, como cuando el cráter deforma y absorbe una gigantesca columna de humo.

    Agregó que el fenómeno ocasionó cambios sociales en las poblaciones donde emergió el volcán. “San Juan Parangaricutiro era el sitio más importante de la zona hasta que le cayó lava, y Angahuan, que era una modesta población, se convirtió en un centro turístico, donde aún hoy rentan los caballos para ir al volcán”.

    Volcán monogenético

    Por su parte, la vulcanóloga Ana Lillian Martin del Pozzo, investigadora del IGf, mencionó que el Paricutín es un volcán monogenético. “Como indica su nombre, éstos viven una sola etapa. Pueden durar de varias semanas hasta nueve años. De hecho, creemos que los que hay en México son de los más grandes. Se hacen domos, conos pequeños con flujos de lava, y algunas estructuras hacia adentro que se forman en el agua”, explicó.

    Con el Paricutín, subrayó, se empezó a ver la relevancia de estos volcanes pequeños, que son abundantes en el país.

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