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ACUERDAN PROGRAMA PARA CONSERVAR MURALISMO EN CU

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  • World Monuments Fund lanza un programa de conservación plurianual centrado en el muralismo moderno en toda Ciudad Universitaria, comenzando con el mural La Universidad, la Familia y el Deporte en México, de Diego Rivera
  • El rector Leonardo Lomelí Vanegas destacó que es un buen inicio de las celebraciones por los 20 años de la inscripción del Campus Central de CU en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO
  • Con el apoyo del Fondo de los Embajadores para la Preservación Cultural, el proyecto une la diplomacia cultural, el liderazgo en conservación técnica y la gestión institucional para salvaguardar la obra monumental en relieve del artista mexicano

En una alianza histórica que une la diplomacia cultural, la conservación del patrimonio y el legado deportivo, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Embajada de los Estados Unidos en México y World Monuments Fund (WMF) anunciaron el proyecto AFCP Freedom 250 Celebración del Legado de Diego Rivera en el Estadio Olímpico Universitario.

Financiado por la subvención del AFCP Freedom 250 otorgada por el gobierno de los EE. UU., la iniciativa se centra en la estabilización y conservación de la monumental escultura en alto relieve de Diego Rivera, “La universidad, la familia y el deporte en México”, ubicada en la fachada oriental del Estadio.

Ello marca el inicio del programa de conservación plurianual de WMF y su colaboración con la UNAM dedicada a preservar las obras maestras del muralismo moderno en Ciudad Universitaria.

El rector de la Universidad Nacional, Leonardo Lomelí Vanegas, afirmó que es una gran noticia el establecimiento de esta alianza para restaurar el mural, y un buen inicio de las celebraciones por los 20 años de la inscripción del Campus Central de CU en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Luego de tomarse la fotografía oficial de la alianza, en el Estadio Olímpico Universitario, destacó que las obras permitirán que el mural se conserve y sea conocido por las futuras generaciones; que siga siendo un referente no solo de esta casa de estudios, sino de la Ciudad de México.

El proyecto mantendrá la extraordinaria obra de arte, al tiempo que atraerá una renovada atención al rico legado del Estadio como escenario de históricos eventos deportivos y culturales, incluidos los Juegos Olímpicos de 1968.

A través de la participación pública, iniciativas educativas y una experiencia digital bilingüe inmersiva, el proyecto invitará a nuevas audiencias a descubrir las historias, logros y conexiones culturales reflejados en este recinto excepcional. La iniciativa también celebrará los perdurables lazos históricos y culturales entre México y los Estados Unidos mediante el legado compartido del deporte, el arte y el intercambio internacional.

Posteriormente, en la Facultad de Arquitectura se presentó el proyecto AFCP Freedom 250 Celebración del Legado de Diego Rivera en el Estadio Olímpico Universitario.

Compromiso permanente

La directora de dicha entidad académica, Mónica Cejudo Collera, celebró el establecimiento del acuerdo que marca más que el inicio de una intervención en una obra de arte: es el compromiso permanente de la UNAM con la conservación, el estudio y la transmisión de su patrimonio.

Agregó que al acercarnos a los 20 años de que el Campus Central de CU fue declarado Patrimonio Mundial es un buen momento para preguntarnos qué significa ser depositarios de este.

“Porque Ciudad Universitaria fue una idea de Universidad hecha arquitectura, paisaje y arte. Fue un proyecto en el que distintas disciplinas se encontraron para expresar una determinada visión de México y de la educación. Y los murales son fundamentales para comprender esta visión. Aquí el arte no fue colocado a la terminación de la arquitectura, fue concebido junto con ella”, expresó.

A su vez, la vicepresidenta de Desarrollo y Alianzas del WMF, Caterina Toscano Gómez-Robledo, celebró el anuncio del proyecto de conservación de una obra emblemática de Diego Rivera y la convicción compartida de que el patrimonio cultural sigue siendo una de las herramientas más poderosas para generar conocimiento, fortalecer comunidades y acercar a los pueblos.

Agradeció el liderazgo del Ambassadors Fund for Cultural Preservation que durante más de dos décadas ha demostrado que la diplomacia cultural es una forma muy concreta de construir puentes entre sociedades, a través de la protección y el estudio de su patrimonio.

“Hoy celebramos una alianza entre instituciones comprometidas con la investigación, la educación, la cooperación internacional y la protección del patrimonio cultural. Celebramos también la vigencia de una idea que Diego Rivera abrazó en toda su obra: que ninguna frontera es capaz de limitar la vida de las ideas. El arte y la educación han construido puentes entre México y Estados Unidos durante generaciones y así seguirá siendo”, subrayó.

De igual forma, Stacy Symonds, miembro del Consejo Directivo del WMF, aseguró que Estados Unidos apoya la protección del patrimonio cultural en el mundo ya que cree que salvaguardar la historia y la memoria de las naciones aliadas fortalece las identidades locales, promueve el entendimiento mutuo y construye puentes verdaderos de confianza entre los pueblos. Proteger los tesoros culturales de la humanidad, agregó, demuestra su respeto para la riqueza de cada país, consolida la estabilidad y reafirma que la historia y el arte son bienes comunes que nos enriquecen a todos.

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LA NEZA CELEBRA SUS 50, MEJORADA

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La intervención conservó las características arquitectónicas y acústicas que la distinguen desde su inauguración en 1976, al tiempo que renovó infraestructura, butacas, iluminación, accesibilidad, áreas para músicos y espacios de atención al público.

La Sala Nezahualcóyotl, uno de los recintos culturales más emblemáticos de la UNAM y un referente de la música de concierto en América Latina, reabrirá sus puertas después de una rehabilitación integral.

Ubicada en el Centro Cultural Universitario (CCU), fue inaugurada el 30 de diciembre de 1976 y, desde entonces, se ha consolidado como un espacio de encuentro entre músicos, orquestas y público.

Caracterizada por su particular diseño arquitectónico y sus cualidades acústicas, la construcción del recinto fue concebida para preservar la calidad del sonido. La forma del lugar, la distribución de sus espacios y los elementos que lo integran, permiten que la música llegue con claridad a cada asistente. Además, la Sala destaca por los elementos artísticos que forman parte de su arquitectura.

Hace casi 50 años la Sala fue diseñada bajo la responsabilidad de la Dirección General de Obras y Conservación, encabezada en ese momento por el ingeniero Francisco de Pablo Galán, con la participación del arquitecto Orso Núñez, responsable de la Dirección de Proyectos, y del especialista Christopher Jaffe, quien fue el encargado de los aspectos acústicos.

Durante este tiempo se ha consolidado como escenario de reconocidos músicos y agrupaciones, además de ser sede de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) y de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata, así como, de manera eventual, de la Orquesta Sinfónica de Minería.

A decir de Gonzalo Guerrero Zepeda, director general de Obras y Conservación de la UNAM, la Sala Nezahualcóyotl es “la joya de la corona” del CCU, y la describió como “una caja musical muy bien afinada revestida de un hermosísimo edificio”.

Explicó que la rehabilitación abarcó prácticamente todo el recinto y tuvo como propósito conservar sus características originales, tanto acústicas como arquitectónicas, al tiempo que se mejoraron los espacios y la infraestructura para ofrecer mejores condiciones al público y a los músicos.

Para ello, indicó, se conformó un equipo integral con especialistas de las áreas arquitectónica, ingenieril y financiera, quienes participaron en los trabajos que abarcaron distintos espacios de la Sala, desde los accesos, donde se instalaron barandales para facilitar el ingreso y la salida, hasta las taquillas, áreas de alimentos, sanitarios, escenario y salas de ensayo.

“La rehabilitación también contempló las necesidades de los usuarios. Se renovó la iluminación para reducir el consumo de energía y se instalaron luminarias más confortables para los músicos. Además, se habilitó un espacio inclusivo con 34 butacas para personas usuarias de silla de ruedas, con el propósito de facilitar su traslado y mejorar su experiencia durante la estancia en el recinto.

Guerrero Zepeda señaló que desde hace 50 años el lugar recibía mantenimiento; sin embargo, esta rehabilitación se realizó con el objetivo de mejorar su funcionamiento. En los trabajos participaron principalmente la Dirección General de Obras y Conservación, la Dirección de Proyectos y la Dirección de Conservación, así como la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM.

Distribución y equilibrio del sonido

“La acústica de la Sala Nezahualcóyotl responde a su particular diseño trapezoidal y a un conjunto de elementos que favorecen la distribución y el equilibrio del sonido”, aseguró Fernando Tepichín Jasso, director de Proyectos de la Dirección General de Obras y Conservación y académico de la Facultad de Arquitectura.

Comentó que la rehabilitación consistió en conservar las características de los materiales originales, particularmente de la madera, fundamental para mantener el equilibrio acústico del recinto. “Para la intervención se seleccionó encino gris, una madera más dura y resistente, cuyo tono permitió reducir el brillo y generar un balance cromático con los niveles de iluminación durante los conciertos”.

“Los tonos de las maderas originales también fueron respetados. En particular, se conservaron los difusores laterales y el faldón que forma parte del primer frente acústico debajo del primer piso, los cuales han adquirido distintas tonalidades a lo largo del tiempo. El resto de las maderas, de tonos más claros, recibió un tratamiento general de mantenimiento, con el propósito de conservar tanto su apariencia como la calidad y dureza del material”.

También se mejoraron las butacas, que son parte de la acústica de la Sala; el respaldo de madera refleja el sonido y la tela del respaldo y asiento sirven como un material absorbente, lo que ayuda a mantener sus características acústicas tanto si el recinto está semivacío como cuando se encuentra lleno.

Mejoras para nuevas audiencias

Mario Alberto Ugalde Salas, director de Conservación de la Dirección General de Obras de la UNAM, mencionó que la rehabilitación incluyó la reparación de las fachadas, barandales, escaleras, candelabros, vestíbulos, la marimba de madera, 50 puertas de madera de cedro de acceso a la Sala y se pulieron los pisos de mármol.

Asimismo, indicó que la taquilla, los sanitarios y barras de alimentos fueron mejorados respetando la arquitectura del recinto, y se rehabilitó el sistema de aire acondicionado al que se le agregaron lámparas ultravioleta para sanitizar el aire.

“El escenario fue rehabilitado completamente, se sustituyó la duela de encino americano y se restauraron los lambrines perimetrales, parte importante de la acústica de la Sala. Los paneles fueron sometidos a procesos de resane y se retiraron las tintas anteriores para aplicar nuevas, siempre con respeto de la arquitectura y las características acústicas del recinto. También se sustituyeron alrededor de 800 butacas de la planta baja y 190 luminarias escénicas, lo que permitirá un ahorro del 50 % de energía eléctrica”.

Los trabajos también llegaron a espacios destinados a los músicos y a zonas que no son visibles para el público. “Se rehabilitaron los seis camerinos principales y el equipo montacargas utilizado para transportar instrumentos al escenario. En el área de ensayos se incorporaron elementos acústicos reflejantes y absorbentes para tener condiciones similares, tanto en esta sala de ensayos como en la sala principal”, dijo Ugalde Salas.

Refirió que en la tercera etapa de rehabilitación aún se siguen realizando ciertas adecuaciones en el recinto, así como el desarrollo arquitectónico de la sala de orquestas.

Reapertura

Guerrero Zepeda expresó su entusiasmo por la próxima reapertura y destacó que la Sala no está destinada únicamente a los melómanos, pues su arquitectura, estética y concepción pueden acercar a cualquier persona a este espacio.

El próximo 26 de septiembre la Sala Nezahualcóyotl reabrirá sus puertas con una programación que conmemora los 90 años de la OFUNAM, como parte de su tercera temporada del año. La Orquesta ofrecerá 12 programas con la participación de directoras y directores huéspedes como Ludwig Carrasco, Enrique Diemecke, Iván López Reynoso y Katharina Wincor, además del estreno mundial de Fanfarria volcánica, de Gabriela Ortiz.

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LA QUÍMICA, ESENCIAL PARA ENFRENTAR LOS DESAFÍOS QUE TENEMOS POR DELANTE: RECTOR LOMELÍ

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  • Presidió la ceremonia magna por el 110 aniversario de esta entidad académica
  • Entregó reconocimientos a los exdirectores Francisco Barnés de Castro, Eduardo Bárzana García y Jorge Vázquez Ramos; y un reconocimiento in memoriam a Juan Salvador Agraz
  • Nuestra Facultad es la institución líder en la enseñanza y la investigación de las Ciencias Químicas en México y una de las más relevantes de Iberoamérica, aseveró Carlos Amador Bedolla

La Facultad de Química (FQ) de la UNAM ha sabido renovarse junto con el país y atender sus retos. Su 110 aniversario nos permite valorar su legado y debatir sobre las tareas que habrá de asumir en los próximos años; su trayectoria nos permite ver que forma parte de la consolidación de la enseñanza y la investigación química en México, afirmó el rector Leonardo Lomelí Vanegas.

Al presidir la Ceremonia Magna por el 110 aniversario de la FQ señaló que su historia está ligada a momentos decisivos de la vida nacional. Tras la expropiación petrolera de 1938, profesionales formados en sus aulas fueron indispensables para sostener la operación de la industria petrolera mexicana. “Su participación mostró que la soberanía también se edifica con instituciones capaces de generar el conocimiento que el país necesita”.

Acompañado por el director de la Facultad, Carlos Amador Bedolla; y el exrector Francisco Barnés de Castro, Lomelí Vanegas resaltó la proyección internacional de su comunidad a través de figuras como Mario Molina, Premio Nobel de Química; y de Francisco Bolívar Zapata, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias; así como Lena Ruiz Azuara, pionera de la química inorgánica médica en México, cuyo trabajo condujo al desarrollo de las casiopeínas, primer fármaco oncológico diseñado íntegramente en una universidad mexicana que alcanzó la etapa clínica en México.

“Sus trayectorias son referentes del rigor, la creatividad y la vocación de servicio con los que la investigación universitaria puede incidir en el bienestar de la humanidad”, agregó el rector.

Asimismo, remarcó que además de un Premio Nobel, la Facultad ha dado dos rectores a la UNAM: Francisco Barnés de Castro y Roberto Medellín Ostos.

En la explanada de dicha entidad académica, Lomelí Vanegas agregó que de sus aulas han egresado universitarias y universitarios que se desempeñan en las industrias farmacéutica, alimentaria, petrolera y minera, así como en la protección ambiental, la docencia, la biotecnología y el desarrollo de nuevos materiales. Y los desafíos que tenemos por delante exigirán respuestas decididas, por ejemplo para mejorar el tratamiento y aprovechamiento del agua, crear fuentes de energía más limpias, producir medicamentos accesibles y garantizar alimentos seguros.

“A las alumnas y los alumnos de esta Facultad les corresponde recibir una herencia extraordinaria, examinarla con libertad y llevarla hacia territorios todavía inexplorados. En sus ideas e inquietudes se encuentran algunos de los descubrimientos que definirán las décadas por venir”, dijo el rector Lomelí.

Posteriormente entregó reconocimientos a los exdirectores de la FQ: Francisco Barnés de Castro, Eduardo Bárzana García y Jorge Vázquez Ramos. Además, un reconocimiento in memoriam al ingeniero Juan Salvador Agraz, quien fue el fundador y primer director de la Escuela Nacional de Química Industrial. La distinción la recibió su nieto Juan Salvador Agraz.

Líder en la enseñanza e investigación

Al hacer uso de la palabra, Carlos Amador rememoró que por un decreto del presidente Venustiano Carranza y gracias a la incansable labor del ingeniero Juan Salvador Agraz -quien agrupó los esfuerzos existentes del estudio de la química, repartidos en la Escuela de Medicina, la Escuela Nacional de Altos Estudios y la Escuela Nacional de Ingenieros- abrió sus puertas la entonces Escuela Nacional de Química Industrial, hoy Facultad de Química.

Resaltó que de esta entidad han surgido trayectorias como la de Luis Miramontes y Mario Molina, y muchos egresados destacados en biotecnología, desarrollo farmacéutico, optimización de procesos industriales, inteligencia artificial y cómputo cuántico, cuyas invenciones y publicaciones científicas posicionan de manera constante a la UNAM en los índices de excelencia internacional.

“En la actualidad, la Facultad de Química se consolida como la institución líder en la enseñanza y la investigación de las Ciencias Químicas en México y una de las más relevantes de Iberoamérica. Nuestra infraestructura actual cuenta con más de un centenar de laboratorios especializados. La solidez de la Facultad descansa en un cuerpo docente e investigador altamente habilitado”, apuntó.

De igual forma, expuso que la matrícula alcanza los miles de alumnas y alumnos, distribuidos en planes de estudio acreditados por organismos nacionales e internacionales, lo que garantiza que los egresados posean las competencias técnicas y éticas necesarias para insertar con éxito tanto en los sectores productivos de alta especialización, como en los centros de investigación más exigentes del mundo. En su oportunidad, la secretaria Académica de Docencia, Perla Carolina Castañeda López, recalcó que la conmemoración es un acto de gratitud hacia quienes la fundaron y la fortalecieron a lo largo de su historia. “Este aniversario no es únicamente una mirada al pasado, es también una oportunidad para reflexionar sobre el futuro que deseamos construir”.

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La prosperidad compartida planteada en el Plan México requiere de una arquitectura institucional para lograrla: Rector Lomelí

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  • Participó en la presentación del informe State Transformation for Plan México: A Mission-Oriented Approach to Delivering Shared Prosperity
  • Mariana Mazzucato expuso que se debe impulsar el Plan México y construir la arquitectura estatal que exigen sus objetivos transversales
  • Édgar Amador Zamora resaltó que el estudio ofrece elementos para pensar cómo fortalecer las capacidades que el Estado mexicano tiene
  • Estuvieron también Lorena Rodríguez León, Lucero Ibarra Rojas y Luis Godoy

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, afirmó que el Plan México ha fijado ya una dirección de política económica —13 metas, 18 acciones, un portafolio de inversión anunciado cercano a los 277 mil millones de dólares—, pero enfrenta la pregunta que toda estrategia de desarrollo debe resolver tarde o temprano: con qué arquitectura de Estado se va a lograr, se va a ejecutar.

Ese, señaló, es el argumento central del informe State Transformation for Plan México: A Mission-Oriented Approach to Delivering Shared Prosperity, de Mariana Mazzucato y Lara Merling, publicado por el Institute for Innovation and Public Purpose de University College London (UCL), y que la economista Mazzucato presentó ayer en la UNAM, en compañía también del secretario de Hacienda y Crédito Público del Gobierno de México, Édgar Amador Zamora; la directora  de la Facultad de Economía de la UNAM, Lorena Rodríguez León; la titular del Centro de Investigación y Docencia Económicas, Lucero Ibarra Rojas, quien acudió en representación de la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Rosaura Ruiz Gutiérrez; y del coordinador del Programa de Prosperidad Económica y Climática de la Open Society Foundations, Luis Godoy.

El informe de Mazzucato y Merling, añadió el rector, es un documento muy oportuno y “tiene el mérito de convertir una aspiración —la prosperidad compartida del Plan México— en una pregunta de ingeniería institucional concreta, con instrumentos identificables y un caso de prueba tangible en la cuenca del Tula”.

Señaló dos reservas no dirigidas al diagnóstico, sino a dos vacíos en el informe: la falta de una secuencia temporal explícita entre la ampliación de la base fiscal y la recuperación de la inversión pública, y la ausencia de una restricción externa explícita dentro del marco de misiones propuesto. “Con esas dos salvedades, me parece un documento que vale la pena tomar en serio como punto de partida para el debate sobre la arquitectura de entrega que México todavía tiene pendiente”.

En el auditorio Alfonso Caso de la UNAM, Mazzucato, profesora de la UCL, detalló algunas recomendaciones de su estudio el cual plantea convertir desafíos estructurales como la informalidad, la concentración de mercado, en oportunidades de transformación productiva; impulsar el Plan México construyendo la arquitectura estatal que exigen sus objetivos transversales, pues las metas de este son interdependientes y ninguna secretaría por sí sola controla todas las palancas relevantes; y que la relación entre el Estado y las empresas se gobierne en función del valor público.

Además, propone que los bancos de desarrollo de México -NAFIN, Banobras, Bancomext, entre otros- que tienen activos significativos, pero operan con mandos fragmentados, estén coordinados bajo la rectoría de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; que las compras públicas -que son una herramienta de demanda subutilizada- sirvan para moldear los mercados, entre otras.

Fortalecer las capacidades

Previamente, Édgar Amador presentó a Mazzucato y destacó que su investigación remarca la importancia de que el Estado no se limite a corregir fallas del mercado, sino que tenga la capacidad de coordinar recursos públicos y privados alrededor de objetivos concretos. Su informe, agregó, ofrece también elementos para pensar cómo fortalecer las capacidades que tiene el Estado mexicano, contrastar ideas y ver la manera en que sus recomendaciones pueden adaptarse a nuestras circunstancias para hacer más efectiva la intervención gubernamental.

Asimismo, expresó que nuestro país atraviesa una etapa de transformación productiva en un entorno internacional cambiante, en el que las cadenas de suministro se están reorganizando, las nuevas tecnologías abren oportunidades de inversión y las naciones dan mayor relevancia al desarrollo de capacidades productivas. El Plan México busca aprovechar este momento para generar más oportunidades para mayor número de empresas, personas, regiones del país y que los beneficios del crecimiento se traduzcan en prosperidad compartida.

Esto, implica atraer mayor inversión y lograr que contribuya al crecimiento de largo plazo. Para ello, el Plan México plantea metas: que el 50 por ciento de la proveeduría y consumo nacional de sectores estratégicos sea hecho en México o aumentar en 15 por ciento el contenido nacional en cadenas globales de valor en sectores como el automotriz, aeroespacial, electrónico, de semiconductores, farmacéutico y químico, y alcanzar una inversión del 28 por ciento del producto interno bruto (PIB) para 2030.

En su oportunidad, Lorena Rodríguez coincidió en que la obra de Mazzucato invita a reconsiderar el papel del Estado, las instituciones públicas y la innovación en la construcción de un desarrollo orientado por grandes misiones colectivas. También consideró que el diálogo establecido en torno al informe refleja la necesidad de acercar la toma de decisiones públicas al conocimiento académico y de vincular la reflexión universitaria con los desafíos concretos de la nación.

Añadió que en la Facultad de Economía se realiza un estudio similar encargado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, titulado “Estrategia de política industrial para el fortalecimiento y desarrollo de las capacidades productivas nacionales”, elaborado en conjunto con sus colegas Clemente Ruiz Durán, Roberto Valencia Arriaga, Samuel Ortiz Velásquez y Santiago Capraro Rodríguez.

En tanto, la directora del CIDE, Lucero Ibarra resaltó la importancia del informe de Mazzucato, en un momento en que México busca recuperar la capacidad del Estado para orientar el desarrollo y colocar el conocimiento, la ciencia y la tecnología al servicio de prioridades nacionales. Apuntó que la ciencia y la tecnología no son instrumentos auxiliares de la política industrial y que una política orientada por misiones, como lo plantea Mariana Mazzucato, requiere conocimiento. Las comunidades científicas, las universidades, los centros públicos de investigación poseen conocimientos y capacidades indispensables, no solo para resolver problemas, sino también para identificarlos, formularlos y construir alternativas, lo que supone una concepción amplia de la relación entre ciencia y desarrollo, remarcó.

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LA IDEA ORIGINAL DE CU FUE OBRA DE DOS JÓVENES, Y LA PRUEBA ESTÁ EN ESTE PLANO

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  • La aparición en 2014 de un dibujo realizado por un Teodoro González de León, de 21 años, y Armando Franco, de 26, apuntala la versión de que el diseño semilla de Ciudad Universitaria fue concebido por un par de estudiantes, explica Cristina López, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM

En 2014, al buscar material para la exposición Latin America in construction, que estaba por inaugurarse en el MoMA de Nueva York, la profesora Cristina López Uribe —de la Facultad de Arquitectura (FA)— escuchó de un plano que había aparecido en una bodega universitaria, sin que persona pudiese explicar cómo ni cuándo había llegado ahí.

Fue Iván Alvarado, de la Oficina de Patrimonio, quien le compartió que aunque nadie podía decir a ciencia cierta qué era, se trataba de una planta arquitectónica que, por los temas que ella estudiaba, le podía interesar. Intrigada, se dirigió al Archivo Histórico de la UNAM, donde tenían dicho material a recaudo, y se encontró con un pliego de 1947, con un primer diseño de CU dibujado por dos alumnos de la entonces Escuela Nacional de Arquitectura (ENA), ésa que en 1981 se volvería facultad. 

“Al desplegar el rollo, lo primero que llamó mi atención fue una firma a lápiz en la que se leía González de León. “Ahí supe que estaba ante el mítico plano de Teodoro… ese que, se decía, había dibujado cuando tenía 21 años (junto con Armando Franco, de 26) y que contenía los trazos originales de Ciudad Universitaria. El mismo que se daba por perdido desde los años 50, pero que no se sabía si era real o invención”.

Para entender por qué causó tanto impacto en la profesora López Uribe leer en ese pliego el nombre “González de León”, ella expone que fue porque se trata de un personaje clave de la arquitectura mexicana entre cuyas obras se cuentan edificios tan emblemáticos como el actual Auditorio Nacional, el Museo Tamayo o la Universidad Pedagógica, por mencionar apenas pocas. Y, sin embargo, hasta la fecha su papel en la edificación de CU no había quedado del todo claro y de ahí la emoción… había dado con el documento preciso que despejaba dudas.

“Teodoro siempre insistió en que él y Armando Franco eran los autores del plano que sirvió como base para la construcción de CU, pero como se perdió, la gente dejó de creerle y comenzó a ganar autoridad aquel relato que dice que los autores de la idea original eran no ya un par de alumnos de la ENA, sino dos maestros: Mario Pani y Enrique del Moral”.

Los descubrimientos que modifican los anales de la arquitectura son una rara avis, señala López Uribe. De ahí la importancia de este hallazgo que nos permite contar una historia muy diferente a la oficial… una que empieza en 1947 —cuando la Universidad había decidido mudarse del Barrio Universitario, en el centro, al Pedregal de San Ángel, en el sur— con dos estudiantes sentados ante un restirador… ambos con tiralíneas en mano e imaginando cómo podría ser la nueva casa de la UNAM.

Un triunfo de los alumnos ante los profesores

A González de León le gustaba narrar cómo a los 21 años, con la mayoría de edad recién adquirida (sería hasta 1970 que en México la adultez se alcanzaría a los 18), él y Armando Franco compitieron por el diseño de CU contra los maestros de arquitectura más reconocidos de México. “Nuestra idea fue la que triunfó y teníamos un gran entusiasmo por el proyecto”, declaró alguna vez en entrevista para Letras Libres).

A decir de Cristina López, es entendible que el arquitecto volviera con frecuencia al mismo relato porque todo lo sucedido en aquel lejano 1947, cuando su propuesta se impuso sobre otras 12, tiene mucho de teatral.

“Se había lanzado un concurso en el que habían empatado los maestros Mario Pani y Enrique del Moral y, en una decisión salomónica, se les pidió a ambos combinar sus visiones. Al presentarle ese proyecto conjunto al rector Salvador Zubirán, alguien gritó a media sala: ‘¡momento!, ¡unos muchachos hicieron algo mejor!’, y un joven de nombre Enrique Molinar (a quien por esto y por prestar el espacio para diseñarlo hay quienes lo acreditan como tercer autor) se abrió paso enarbolando el plano como quien lleva una antorcha olímpica. El rector revisó lo dibujado por Teodoro y Armando, se enamoró de lo que vio y ordenó a Pani y Del Moral seguir adelante, aunque ahora basándose en lo trazado por los veinteañeros”.

En el libro Habitar CU. 60 años se describe a ese episodio como un “triunfo de los alumnos ante los profesores”, pero para Cristina López es algo más… “Para mí esto es la concreción de algo tan improbable como el quedos simples estudiantes se unan para trabajar en algo que nadie les pidió, que imaginen algo que nadie más podía, que lo propongan, que convenzan a las autoridades y que tengan la suerte de que su idea sea la semilla de lo que terminaría por convertirse en el megaproyecto mexicano más importante de todo el siglo XX. Eso es algo único”.

Las Islas y el otoño

Si le preguntan a la profesora Cristina López qué tuvo de excepcional la propuesta de Teodoro González de León y Armando Franco como para destacar a tal grado entre las otras, su respuesta es: “Esa gran área central de CU bautizada extraoficialmente como Las Islas” (por sus cuatro montículos poblados por bosquetes de árboles que, con la llegada del otoño, tapizan los suelos con hojas de fresno, álamo y jacaranda).

Los demás anteproyectos tenían similitudes, como el estadio o la rectoría más o menos en el mismo lugar, pero ninguno contaba con algo parecido a Las Islas. Y es que ese espacio verde del campus central no sólo es una representación de la universalidad del conocimiento (ahí se unen las facultades), sino una superficie transitable que permite a los jóvenes caminar de un colegio a otro para descubrir nuevos intereses, señala la también corresponsable del Laboratorio Editorial de la FA de la UNAM.

Muchos personajes que han marcado la vida cultural del país han encontrado su camino tras empaparse de las múltiples sensibilidades e ideas que convergen en CU, como aquel adolescente escritor de versos llamado José Carlos Becerra que, a finales de los años 50, se inscribió en la todavía ENA por ser una escuela considerada “el refugio perfecto de artistas, escritores, poetas y, por supuesto, pintores. Más que atraído por la arquitectura, Becerra lo estuvo por ese ambiente”, apuntaba el biógrafo Álvaro Ruiz Abreu en su libro La ceiba en llamas.

Por su parte, en sus memorias el periodista Huberto Batis recordaría al mismo joven como alguien “que estudiaba arquitectura y se descolgaba a la Facultad de Filosofía tras las muchachas y los cursos de francés”; y que aprovechaba esas visitas para asistir a clases con Arreola o para tomar café e intercambiar poemas con su amigo José Emilio Pacheco. Ahí, Becerra descubriría que su mayor ambición era “escribir, dedicarme totalmente a mi trabajo literario”, como confesó alguna vez en entrevista.

“Uno de los profesores más respetados de la ENA en los años 40 era José Villagrán, quien siempre sostuvo que una ciudad universitaria, si quería estar a la altura de su momento histórico, debería favorecer espacios para que gente de todas las disciplinas coincidiera, dialogara y ampliara sus horizontes, y a su parecer, el diseño del jardín del campus central propuesto por González de León y Franco cumplía con todo esto. Le gustaba que fuera un espacio para caminar y salir al encuentro del otro y, por lo mismo, defendió el proyecto de estos dos estudiantes con tal denuedo que su intervención fue clave para que se ejecutara”.

José Carlos Becerra fallecería en 1970, a los 34 años, en un accidente automovilístico, convirtiéndose en una de las mayores promesas truncas de la poesía mexicana. Hoy, toda su obra puede leerse en una antología cuyo título tiene ecos de su constante ir y venir de una facultad a otra cuando era un joven alumno de Arquitectura en busca de inspiración y de poesía. El nombre de ese libro es El otoño recorre las islas.

De encuentros y reencuentros

Al ingresar como miembro de El Colegio Nacional, en octubre de 1989, las primeras palabras de Teodoro González de León fueron: “Las ciudades se deben al azar, al tiempo y la memoria”, y en el caso de la Universitaria todo lo dicho es cierto, pero la desaparición del plano con la idea original de CU hizo que un pedazo de esa memoria se perdiera. 

Por ello, el que Cristina López hallase aquel pliego extraviado —del que se dudaba hasta de su existencia— fue tan relevante que el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York decidió colocarlo en el lugar más visible de la sala principal de la muestra Latin America in construction: Architecture 1955-1980 (aquella para la que la docente buscaba material en aquel no tan lejano 2014), justo después de la sección introductoria.

“La gente del MoMA me comentó que nunca tantos mexicanos habían visitado el recinto como aquel sábado 29 de marzo de 2015, cuando se inauguró la exposición. El sitio se llenó de arquitectos que venían con sus esposas y familias, emocionados de que su obra se exhibiera en el museo más prestigioso de Nueva York. Y pese a ello, me sorprendí al ver entrar a Teodoro, todavía muy entero y elegante a sus 89 años”.

Consciente de que estaba por presenciar el reencuentro —casi siete décadas después— de González de León con aquel plano que dibujó cuando apenas tenía 21, Cristina López desbloqueó su celular, lo puso en modo cámara, se abrió paso entre la gente y siguió por el museo al también honoris causa de la UNAM, a fin de capturar el momento.

“Aún tengo muy clara la escena. Teodoro se colocó frente al plano… era evidente que estaba conmovido… se tocó el brazo y sonrió para sus adentros, como con nostalgia de no sabría decir qué. Luego comenzó a señalar detalles del dibujo y a seguir con su dedo las líneas curvas con las que él y Armando Franco representaron el suelo volcánico del Pedregal. Se quedó largo rato ahí, se le veía francamente contento”. González de León fallecería un año después, el 16 de septiembre de 2016. “Afortunadamente, pudo ver de nuevo aquel dibujo que hizo de joven, pues aunque sus logros fueron incontables, quizá uno de los más notables sea haber conseguido, todavía siendo estudiante, que una idea suya le diera forma a la CU que conocemos. Haber encontrado aquel plano equivale a recuperar un momento único de la historia, y hoy tenemos el documento que prueba que todo eso en realidad sucedió”.

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DE LA PRIMERA UNIVERSIDAD DE MÉXICO A LA UNAM, 475 AÑOS

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  • “Los reyes católicos vieron la necesidad de que las universidades los proveyeran de consultores que les dijeran cómo gobernar los nuevos territorios conquistados”: Clara Inés Ramírez, del IISUE

Un día como hoy, 21 de septiembre, pero de hace 475 años, en nombre de su padre Carlos V de Alemania y I de España, el príncipe Felipe expidió la Cédula Real que permitió fundar la Real y Pontificia Universidad de México. Cabe considerar que las universidades fundadas siglos antes, sobre todo en el XIII, eran corporaciones al servicio de los poderes centrales y, por lo tanto, no pretendían impartir una educación universal a sus estudiantes, como lo hace hoy en día cualquier universidad. De esta manera, no se ocupaban de todas las ciencias, sólo contaban, como máximo, con cuatro facultades: de Artes, de Teología, de Derecho (la cual se subdividía en un área para el Derecho Canónico y otra para el Derecho Civil) y de Medicina.

“Estos saberes eran parte fundamental de la concentración de poderes que había caracterizado a Europa desde el siglo XI y que poco a poco las monarquías hicieron suya en perjuicio de los grandes señores feudales. Así pues, las universidades se integraron al proceso de fortalecimiento de todas las monarquías europeas. En España, el descubrimiento de América desempeñó un papel muy importante en dicho proceso. Al adueñarse de la plata americana y explotar el trabajo de la población indígena, los reyes católicos adquirieron un poder inédito y entonces vieron la necesidad de que las universidades los proveyeran de consultores que les dijeran cómo gobernar los nuevos territorios conquistados”, dijo Clara Inés Ramírez González, investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM.

Formadora de burócratas y clérigos

Sin embargo, a decir de Ramírez González, las universidades, incluso la de Salamanca, fueron perdiendo ese carácter consultivo hacia la primera mitad del siglo XVI, porque las monarquías se hicieron tan fuertes que ya no querían voces críticas. “Al crecer el poder y los dominios de la monarquía española, ésta requirió un número cada vez más creciente de funcionarios u oficiales, como se les llamaba en esa época, y de clérigos, pues también ejercía el patronato de la Iglesia en las Indias. Por eso de algún modo intervino las universidades y las convirtió en formadoras de burócratas, sacerdotes, diáconos, obispos…”

De acuerdo con la investigadora universitaria, muchos hijos de conquistadores asistieron a la Universidad de Salamanca para estar en condiciones de ingresar en la burocracia. No obstante, para los primeros pobladores de la Nueva España era muy caro –e implicaba muchos riesgos– enviar a sus hijos a estudiar a alguna universidad española. De ahí que empezaran a pedirle al rey que creara una aquí. Así se originó la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México.

“Por cierto, la mayoría de los estudiantes de la nueva universidad egresaba de ella para practicar oficios eclesiásticos. O sea, se pasó del espíritu de preguntarles a los consejeros cómo hacer algo al de formar profesionales que supieran leyes para que impartieran justicia o teología y que se encargaran de asuntos de orden social, como los bautizos o matrimonios”.

La fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, entonces, representó un pacto de la monarquía con los pobladores y sus hijos que hizo posible que un pequeño grupo de hombres alcanzara un sitio preponderante dentro de la sociedad novohispana.

Según Ramírez González, hacia 1575, la Real y Pontificia Universidad de México tenía 115 estudiantes, y su matrícula fue creciendo en los siglos subsecuentes, pero no demasiado, porque su finalidad no era integrar un sistema educativo ni educar a todas las personas, ni ser el culmen de una cadena de estudios, como en la actualidad.

“Ahora bien, la nueva universidad no era el único lugar de enseñanza y aprendizaje. Había distintos gremios: el de los plateros y joyeros, el de los albañiles y canteros, el de los carpinteros… y cada uno de ellos tenía maestros que enseñaban su respectivo oficio a quienes quisieran aprenderlo. Asimismo, con la llegada de los primeros evangelizadores vinieron algunas beatas o beguinas patrocinadas por la reina que traían cartillas para enseñar a leer y escribir a las indígenas. Se calcula que unas 400 o 500 niñas estudiaron y aprendieron con ellas. Incluso Zumárraga llegó a quejarse de que los jóvenes que estudiaban en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco no querían casarse con las mujeres que habían aprendido a leer y escribir, porque ya no les servían como antes”, comentó la investigadora.

Clausura definitiva

Durante la segunda mitad del siglo XVI, así como en el XVII, el XVIII y principios del XIX, la Real y Pontificia Universidad de México creció y se convirtió en una institución muy estable; tan estable que dejó de depender económicamente de la monarquía, debido a que había adquirido propiedades que rentaba. Pero con el movimiento de Independencia de 1810 y la llegada del liberalismo comenzó a perder fuerza. En 1833, el vicepresidente Valentín Gómez Farías decidió cerrarla por considerarla una institución obsoleta que impedía el desarrollo científico del país. Volvió a reabrir sus puertas al año siguiente y permaneció en funciones hasta 1865, cuando el emperador Maximiliano de Habsburgo, que había usurpado el poder en México, la clausuró definitivamente.

“Una vez que la Real y Pontificia Universidad de México desapareció, la educación en el país se repartió y fortaleció con la creación de la Escuela Nacional Preparatoria y las escuelas nacionales de Medicina y de Jurisprudencia. Es un periodo muy interesante porque los gobiernos liberales se fijaron unos retos que tenían que ver más con la cobertura de la enseñanza primaria. Fue cuando surgió la idea de una educación uniforme, con escalones”, señaló Ramírez González. Ya en el siglo XX, el 26 de mayo de 1910, se firmó, a iniciativa de Justo Sierra, el decreto de creación de la Universidad Nacional de México, la cual fue inaugurada el 22 de septiembre de ese mismo año. Y 19 años después, el 10 de julio de 1929, ésta finalmente obtuvo su autonomía y se transformó en la Universidad Nacional Autónoma de México.

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LAS LUCHAS, UN LUGAR EN DONDE SE CONSTRUYE IDENTIDAD

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  • Profesores de la FCPyS de la UNAM indican que este deporte-espectáculo impulsa una industria creativa que trasciende el cuadrilátero y proyecta la cultura mexicana al mundo

La lucha libre mexicana no sólo se aprecia desde la butaca ni se vive entre llaves, vuelos, máscaras y gritos del público; también puede estudiarse como un fenómeno cultural, social y comunicativo que ayuda a entender parte de la identidad mexicana. Desde la Universidad, este deporte-espectáculo se analiza como un espacio donde se construyen personajes, rituales, comunidades y formas de pertenencia.

Patricia Celis Vanegas, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, encontró en la lucha libre un campo para observar aquello que muchas veces se nombra como “mexicanidad”, pero pocas veces se describe. Su acercamiento comenzó como espectadora, cuando visitó por primera vez la Arena México.

“Entendí que muchos de sus procesos, que mucho del ritual que forma parte de la lucha libre, es claramente mexicano. Los colores, la comida, la interacción con el público, las máscaras y los personajes muestran que es más que entretenimiento: es una forma de narrar lo que somos”.

En su tesis doctoral, De la lucha libre a la lucha libre mexicana. De las prácticas comunicativas a la construcción de identidades en la Ciudad de México, Celis plantea que esta actividad pasó de ser algo venido del extranjero a una expresión local, con símbolos propios como la máscara, el vestuario, la relación con el público y la creación de héroes populares.

Identidad sobre el cuadrilátero

De acuerdo con Patricia Celis, dentro de la arena se ponen en juego distintas identidades. Una es la del luchador como personaje, otra es la de los espectadores en tanto siguen o no a una facción o a la otra. Esa división entre rudos o técnicos no sólo organiza el combate: permite representar valores, tensiones y conflictos de la vida cotidiana.

“El luchador no se construye sólo con fuerza o habilidad deportiva. Necesita crear un personaje, sostenerlo y conectar con quienes lo miran y, si éste no se encuentra con dicho personaje, si no logra transmitir y vincularse, ni comunicarse e interactuar con el público, entonces no se dará esa ficción tan necesaria en esta actividad”, añade.

Esa ficción no significa falsedad. Se trata de una construcción compartida entre luchadores y espectadores. La arena funciona como un escenario vivo donde nada está cerrado del todo: el público grita, provoca, apoya y rechaza. “Un luchador sin validación del público no existe”, afirma.

Las máscaras son uno de los símbolos más poderosos de este universo. No sólo ocultan un rostro: permiten crear un personaje y una historia. Celis lo resume así: “La persona y el personaje del luchador tienen dos corporalidades distintas, dos formas distintas de estar en el mundo”.

La fuerza del personaje

El proceso comienza antes de subir al ring. Según la antropóloga, muchos luchadores tienen rituales que arrancan desde casa: preparar la bolsa, acomodar las vendas, encomendarse a una imagen religiosa, recibir la bendición de la madre, viajar en silencio o concentrarse con música. Al llegar a la arena, el cuerpo cambia. La persona se convierte en personaje.

Esa transformación también está atravesada por la pertenencia. Muchos gladiadores representan un barrio, una dinastía o un lugar de origen: Tepito, la Guerrero, Coahuila, Jalisco o Morelos no son simples datos en la presentación, son marcas de orgullo. “Un luchador no se debe solamente a sí mismo como personaje o a su fama, sino a sus dinastías, a sus antecesores, a la arena con la que se identifica”, sostiene.

La arena como punto de encuentro

La lucha libre también ha abierto espacio a diversas identidades. Mujeres, minis, exóticos, familias de luchadores, mascareros, entrenadores, vendedores, fotógrafos y aficionados. Por ello, para Celis, una de las palabras que mejor describe a este fenómeno es diversidad, “pues esto incluye desde al niño que va con la ilusión de ver a su héroe o a la abuelita que le pega con un paraguas al luchador, hasta a un ecosistema más grande que, al mismo tiempo, es un sistema productivo mexicano”.

Dicho sistema productivo incluye gimnasios, arenas, venta de máscaras, confección de trajes, medios de comunicación, turismo, funciones locales y grandes empresas. No se trata sólo de una función de viernes por la noche, sino de una red de trabajo que sostiene a muchas familias.

“La lucha libre es una industria que fomenta a otras instituciones dentro de México y vale la pena tenerle el respeto que se merece”, subraya.

Cuando la academia se pone la máscara

José Ángel Garfias Frías, académico de la FCPyS, coincide en que la lucha libre debe estudiarse por ser parte de la historia cultural de México y un fenómeno con ya casi 100 años en el país, el cual se ha vuelto una industria creativa con impacto social, económico y simbólico. “Es parte de nuestro patrimonio, de nuestra identidad y de nuestra cultura”, sostiene.

A diferencia de otros estilos, como el wrestling estadounidense, la lucha libre mexicana se formó principalmente en las arenas y no frente a las cámaras de TV. Esa diferencia, explica el académico, marcó su estilo: más cercano al público, más ágil, dinámico y con una narrativa propia.

“La lucha libre mexicana tiene un sabor y un estilo muy particular que lo vuelve materia de exportación. Hoy, el turismo también se ha acercado a las arenas porque encuentra ahí una experiencia muy mexicana”, dice.

En 2018, la lucha libre mexicana fue reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México. Para Garfias Frías, este reconocimiento llegó después de muchos años en los que se le consideró tan sólo un espectáculo popular. Sin embargo, su presencia en el cine, las historietas, la televisión, los videojuegos, los souvenirs y las arenas muestra que su influencia rebasa por mucho el cuadrilátero.

El académico recuerda que durante mucho tiempo estos temas fueron vistos como menores por la academia, como ocurrió con los videojuegos o las telenovelas; pero cuando se analizan con seriedad, dichos productos permiten entender imaginarios sociales, formas de consumo, tensiones políticas, vínculos comunitarios y procesos de identidad.

“La ciencia busca objetos de estudio y uno de ellos, en las ciencias sociales, es aquello que genera interés. Desde esa mirada, la lucha libre cumple con todo: historia, tradición, impacto social, narrativa, economía, símbolos y públicos diversos”, destaca.

Mucho más que un espectáculo

En las arenas, la lucha libre funciona como catarsis: hay alegría, enojo, insulto, sorpresa y comunidad. Para Celis, estos recintos son lugares casi sagrados donde las diferencias sociales se suspenden por un momento. “Ahí no importan los niveles socioeconómicos: son un sitio de comunión y risa compartida al que todos venimos para ser parte de lo mismo”.

Desde la UNAM, estudiar dicho tema permite mirar con otros ojos una práctica que muchas personas conocen, pero que pocas veces se analiza a profundidad. El ring se convierte así en un laboratorio cultural: un lugar donde se enfrentan rudos y técnicos, pero también donde se construyen símbolos, memorias, cuerpos, relatos y formas de ser. La lucha libre nacional, concluyen los académicos, no es algo menor: es patrimonio vivo, una industria creativa, un espectáculo popular y un objeto de estudio. Es un universo donde cada máscara cuenta una historia y donde cada función nos recuerda que, en México, la identidad se lucha.

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DESCUBREN LIBRO DE MÁS DE 300 AÑOS QUE ESCRIBIÓ EL ‘CAZADOR DE MICROBIOS’

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  • Se trata de un ejemplar impreso en 1722, Arcana naturae detecta, del investigador neerlandés Antoni van Leeuwenhoek, a quien se le considera el padre de la microscopía

Un ejemplar impreso en 1722 de Arcana naturae detecta (Los secretos de la naturaleza al descubierto), obra en latín del neerlandés Antoni van Leeuwenhoek (1632-1723), fue descubierto en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México (BNM) por un grupo de investigadores bajo el liderazgo de Parsifal Fidelio Islas Morales, coordinador general de la Cátedra UNESCO de Diplomacia y Patrimonio de la Ciencia en la UNAM y profesor de la Facultad de Ciencias de esta casa de estudios.

“Leeuwenhoek es considerado el padre de la microbiología. Aunque era autodidacto, gracias a su pericia y a su gran talento logró formar parte de los círculos académicos, intelectuales y filosóficos europeos de los siglos XVII y principios del XVIII. Ahora bien, más allá de eso, podríamos afirmar que fue la primera persona en la historia de la humanidad en ver células, microbios, espermatozoides…, con los microscopios que él mismo construyó y que fueron los más poderosos de su tiempo”, informó Islas Morales.

La primera edición de Arcana naturae detecta se publicó en 1695 en la ciudad de Delft (Delphis Batavorum), en los Países Bajos. En opinión del académico universitario, este libro es uno de los más importantes de la historia de la ciencia. En cuanto al ejemplar hallado en la BNM, pertenece a la segunda edición, corregida y aumentada. “Arcana naturae detecta es una compilación de las cartas que el propio Leeuwenhoek escribió a The Royal Society, la sociedad científica más antigua del Reino Unido, para comunicar sus hallazgos a manera de artículos científicos. Muchas de ellas van acompañadas de ilustraciones. En este libro hay cuestiones formidables, como la primera observación de los protozoarios, de las bacterias, que él no sabía que eran bacterias, de los capilares sanguíneos de las anguilas y de los espermatozoides de diversas especies, y el planteamiento de preguntas muy avanzadas para la época, como dónde se origina la vida o de dónde viene la vitalidad de las cosas”.

Vía el puerto de Veracruz

Según Islas Morales, Leeuwenhoek pretendía que su conocimiento circulara no solamente en el ámbito anglosajón, sino también en Francia, España, Italia e Hispanoamérica, es decir, en todo el mundo intelectual de su tiempo, donde la lengua franca era el latín.

El ejemplar de Arcana naturae detecta que descubrieron los investigadores en la BNM es de 1722 y llegó al continente americano tan sólo 24 años después, en 1746, vía el puerto de Veracruz, como lo hacían todos los libros destinados a la Nueva España; posteriormente fue adquirido por la Orden de los Carmelitas Descalzos, que ya tenía una presencia relevante en este virreinato, y llevado al Colegio de Artes Liberales de San Joaquín, en Ciudad de México.

“Al igual que los jesuitas, los Carmelitas Descalzos estaban muy interesados en la educación, la filosofía y las artes, y habían fundado varios colegios en todo el territorio de la Nueva España, entre los que destacaba el Colegio de Artes Liberales de San Joaquín, donde establecieron una biblioteca con obras científicas y filosóficas de vanguardia. Así pues, nuestro libro se sumó a una biblioteca que de alguna manera ya era especializada; o sea, no era una curiosidad aislada… Debemos tomar en cuenta que, en el siglo XVIII, los escritos sobre microscopía ya circulaban en las disertaciones que se llevaban a cabo en la Real y Pontificia Universidad de México, particularmente en las de la carrera de Medicina, por lo que es muy probable que dicho ejemplar fuera citado en ellas”.

Tesoro material e histórico

Con la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, expedida por el presidente Benito Juárez en 1859, todos los bienes de las distintas órdenes religiosas y del clero en general fueron confiscados y pasaron al Estado mexicano.

“Más tarde, los liberales concibieron e hicieron realidad el proyecto de crear una biblioteca nacional. Entonces, las colecciones de libros de las órdenes religiosas, incluidas las de los Carmelitas Descalzos, quedaron bajo el resguardo de la BNM. Por cierto, en el inventario inicial, hecho por José María Vigil, ya aparece nuestro ejemplar de Arcana naturae detecta, el cual integró la colección Obras Raras y Curiosas hasta 2024”.

Ese año, precisamente, como parte de la Cátedra UNESCO de Diplomacia y Patrimonio de la Ciencia en la UNAM, el académico y algunos de sus colegas se dedicaron a buscar en la BNM aquellos libros que son fundamentales para la ciencia en nuestro país y encontraron el registro del libro de Leeuwenhoek, que parecía ser un ejemplar original.

“Vinimos aquí, al Fondo Reservado, y con el apoyo de la doctora María Andrea Giovine Yáñez, directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB), tuvimos acceso a él y constatamos que, en efecto, se trataba del libro original del investigador neerlandés, y de inmediato comenzamos una investigación en la que colaboraron siete colegas más de las facultades de Medicina y de Ciencias, así como del IIB, todos de la UNAM, y gracias a esa labor en equipo logramos reconstruir la historia de nuestro ejemplar, sobre todo con base en evidencias materiales. Cabe agregar que este libro no solamente es único por su contenido, sino también porque tiene un ex libris donde se indica que fue adquirido por los Carmelitas Descalzos en 1746 y una marca de fuego del convento de esta orden religiosa”.

A decir de Islas Morales, en el contexto de la historia de la ciencia, este hallazgo demuestra que la microscopía y el interés por lo microscópico en Ciudad de México se inició mucho antes de lo que se pensaba, debido a lo cual no solamente es un tesoro material, sino también histórico.

Por lo que se refiere a América Latina, existe otro ejemplar en Chile, pero carece de las marcas históricas que tiene el de México. Y en Estados Unidos se localizan algunos otros ejemplares, pero fueron adquiridos con posterioridad como parte de los programas de adquisición de antigüedades de las bibliotecas estadunidenses. Para finalizar, el académico apuntó: “Siem-pre nos preguntan cuál es la importancia de descubrir un patrimonio científico como éste.

En términos históricos es muy grande. Sin embargo, la misión que tenemos en la Cátedra UNESCO de Diplomacia y Patrimonio de la Ciencia, bajo la dirección de Ana María Cetto, es que la ciencia en México se valore como un patrimonio cultural, es decir, que su función sea inspirarnos para que nos reconozcamos como pueblo mexicano en la trascendencia creadora del conocimiento. Y este libro es prueba de esa trascendencia”.

En impecable conservación

Comparado con los ejemplares de Arcana naturae detecta que hay en Madrid, el que está resguardado en la BNM se encuentra en un estado de conservación excepcional.

“Por eso no fue necesario hacerle ninguna intervención. Es un ejemplar con 304 años de tránsito en diferentes circuitos. Una de las características de los libros es su fluidez: cambian de propietario y de estancias de manera muy azarosa. Pero nuestro ejemplar se ha conservado impecablemente”, dijo Alberto Partida Gómez, técnico académico del IIB.

Antes, los libros muy antiguos, como el Arcana naturae detecta, se manipulaban con guantes. No obstante, esta práctica se desechó hace unos 30 años. Martha Romero Ramírez, investigadora del IIB y coordinadora de la BNM, comentó al respecto: “Se ha demostrado que con los guantes se pierde sensibilidad para dar vuelta a las hojas y, con ello, se corre el riesgo de maltratar un libro antiguo. Además, algunos guantes pueden dejar residuos de su material en él y, por lo tanto, dañarlo igualmente”.

Equipo de Investigación

Conformado por Parsifal Fidelio Islas Morales, Ruy Echeverría Rodríguez, Martha Eugenia Rodríguez Pérez, Alberto Partida Gómez, Martha Romero Ramírez, Yudy Tibaduiza Roa, Lourdes Segura Valdez y Luis Felipe Jiménez García. Los ocho investigadores publicaron el artículo titulado “Leeuwenhoek in México: new paths in the global circulation of scientific knowledge” (“Leeuwenhoek en México: nuevas vías en la circulación global del conocimiento científico”) en la prestigiosa revista Notes and Records of The Royal Society; está disponible en la dirección electrónica https://royalsocietypublishing.org/rsnr/article/doi/10.1098/rsnr.2026.0030/483186/Leeuwenhoek-in-Mexico-new-paths-in-the-global

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¿SABES CÓMO SE COMPORTA UN EDIFICIO DURANTE UN SISMO?

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  • Con una mesa vibradora diseñada por estudiantes del Instituto de Ingeniería de la UNAM, el proyecto divulga conocimiento acerca de los movimientos telúricos entre miles de personas

Los sismos son parte de nuestro imaginario. La Ciudad de México ha sido sacudida en múltiples ocasiones por dicho fenómeno; pero no todo ha sido malo, pues esas catástrofes han permitido el desarrollo de protocolos de protección civil para preparar a las personas en caso de emergencia.

Entender cómo se comportan los edificios no es sólo para servidores públicos, sino para académicos y una herramienta para el día a día. Bajo esa idea, estudiantes y especialistas del Instituto de Ingeniería (IINGEN) de la UNAM desarrollaron un Laboratorio Itinerante (LI) para llevar el conocimiento sobre el tema de forma accesible e interactiva.

La iniciativa nació en 2021, cuando el equipo encabezado por Adrián Pozos Estrada, investigador del IINGEN, identificó lo difícil que era para la población acceder a espacios especializados. “Los temas que nos interesaban se explicaban inadecuadamente; por ello nos dimos a la tarea de difundir información correcta, desde el punto de vista técnico, en un lenguaje sencillo, directo y entendible para el público en general”.

Entre restricciones logísticas y normas de operación, el contacto con la ingeniería aplicada resultaba limitado. La solución fue invertir la lógica: si la gente no podía ir al laboratorio, el LI iría a la gente. Así surgió este proyecto que recorre escuelas, universidades y ferias científicas para explicar cómo responden las estructuras ante un sismo.

Al centro de este espacio móvil de divulgación hay una mesa vibradora, diseñada y construida por los propios estudiantes, que es capaz de simular movimientos sísmicos y mostrar, en tiempo real, el comportamiento de modelos estructurales.

El desarrollo de esta herramienta no sólo resolvió un problema de acceso, sino que evidenció el potencial de la investigación mexicana. Frente a equipos comerciales de alto costo, el equipo universitario construyó una versión funcional con una inversión significativamente menor, integrando conocimientos de ingeniería civil, mecánica, programación y diseño.

De hecho, su mesa vibradora obtuvo el título de Diseño Industrial por parte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), lo cual significa que la ley ampara su autoría y especificaciones, aunque están abiertos a las colaboraciones con otros colegas o universidades, siempre y cuando se le dé reconocimiento a la UNAM de la información técnica.

Pero el verdadero valor del Laboratorio Itinerante está en su capacidad de traducir conceptos complejos en algo comprensible. En sus visitas, los universitarios inspiran a las infancias a construir edificios de papel y los someten a vibraciones; los y las jóvenes observan cómo influyen factores como el peso o la rigidez, y hay quienes reconocen, en los modelos, vivencias propias. “Hubo quienes nos expresaron que en el sismo del 85 sintieron lo que nosotros estábamos explicando”, relató Pozos Estrada.

Por otro lado, para muchos asistentes, esta experiencia representa un primer acercamiento tangible a la ingeniería estructural. “Había visto, en internet, mesas similares, aunque ninguna era de México”, refiere Jimena, estudiante de la Facultad de Química que participó en una de las actividades que impartió el LI en Las Islas de CU. A diferencia de otros contenidos, destaca que aquí no sólo se observa, sino que se entiende. “Me gustó que era demostrativo y explicativo, así uno aprende más”.

El stand del IINGEN llamó la atención de Jimena por la familiaridad que vio en aquella superficie vibradora. “Estas dinámicas se salen de ese modelo tradicional de sólo estar en el salón, ante el pizarrón escuchando una exposición muy larga. Me parece bonito que sea una explicación corta, concisa y con todos los elementos visuales y didácticos”, afirmó.

El momento cumbre fue cuando Jimena se subió a la mesita vibradora y experimentó el vaivén de un sismo, como si ella misma fuera un edificio. “En el temblor uno se marea un poco, pero aquí se sintió chistoso, percibí el movimiento en mis articulaciones, cadera y hombros”, relató Jimena.

En la Ciudad de México, donde la actividad sísmica es constante, estas iniciativas tienen un valor social relevante. Más allá de la demostración, el LI fomenta conciencia sobre lo crucial de la construcción segura y el papel de la ingeniería en la prevención de riesgos. “Eso puede ser muy importante para evitar tragedias”, aseguró la joven.

Desde finales de 2023, el laboratorio ha realizado cerca de 30 visitas a distintos planteles en la CDMX, Estado de México y Guanajuato, y ha impactado a más de dos mil 500 personas, entre alumnado, docentes y público en general. La respuesta ha sido positiva: además del aprendizaje, los asistentes destacan la claridad de las explicaciones y la posibilidad de interactuar con fenómenos usualmente abstractos.

El proyecto ha sido presentado en otros países y participado en colaboraciones con iniciativas en Estados Unidos y Europa, “lo que confirma la capacidad de la UNAM para generar propuestas innovadoras en divulgación científica y tecnológica”, aseguró el investigador Pozos.

A futuro, el equipo planea ampliar el alcance del LI con desarrollos como un “muro de reacción” a escala que permitirá mostrar cómo se deforman elementos estructurales bajo distintas fuerzas a fin de profundizar en la comprensión de los materiales y reforzar el vínculo entre teoría y práctica. En un país en el que la autoconstrucción es la única vía, para muchos, de tener casa, iniciativas como la referida marcan una diferencia. Acercar el conocimiento técnico a la población democratiza la ciencia y contribuye a construir entornos más seguros, porque cuando la ingeniería se entiende, se convierte en una herramienta que salva vidas.

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MÉXICO NECESITA EXPANDIR LA EDUCACIÓN SUPERIOR: RECTOR LOMELÍ

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  • Ofreció la conferencia magistral “La educación superior pública ante los retos y transformaciones del siglo XXI”, en la Universidad Autónoma de Zacatecas
  • Las instituciones de educación superior públicas del país tienen una misión común: formar, investigar, generar conocimiento y contribuir al desarrollo de México, dijo Ángel Román Gutiérrez

México necesita ampliar la educación superior pública para ofrecer oportunidades a jóvenes que todavía encuentran barreras económicas, territoriales y académicas. Y cada ampliación debe acompañarse de personal suficiente, infraestructura adecuada, apoyos estudiantiles y condiciones para una formación rigurosa, afirmó el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas.

Al dictar la conferencia magistral “La educación superior pública ante los retos y transformaciones del siglo XXI”, en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), también señaló que la transformación tecnológica exige renovar la docencia, la investigación y la gestión con criterios académicos y atención a las necesidades de nuestras comunidades. Además, el financiamiento debe ser suficiente, oportuno y sostenible. “De su continuidad depende que la expansión preserve la calidad y fortalezca las instituciones”.

Acompañado por el rector de la UAZ, Ángel Román Gutiérrez, y de otras autoridades de esa casa de estudios, el rector Lomelí expuso que la educación superior mexicana atiende hoy a 5.52 millones de estudiantes; alrededor de 3.42 millones se forman en instituciones públicas; es decir, el sector público concentra cerca del 62 por ciento de la matrícula y constituye el principal soporte de la formación superior del país.

Asimismo, detalló que en 10 ciclos escolares la matrícula en este nivel educativo pasó de 4.24 a 5.52 millones de estudiantes: un crecimiento cercano al 30 por ciento.

Con él coincidió su homólogo Ángel Román quien puntualizó que en las universidades debe abrirse el diálogo sobre el presente y futuro, retos y capacidades de estas instituciones. Añadió que la nación cuenta con una red amplia de universidades con historias, contextos y responsabilidades distintas, pero unidas por una misión común: formar, investigar, generar conocimiento y contribuir al desarrollo de México.

“Defender la universidad pública es defender el futuro del país, implica preservar la autonomía universitaria, la libertad académica y la capacidad institucional para investigar, cuestionar, proponer y responder a las necesidades de la sociedad”, manifestó y celebró la conferencia del rector Lomelí, que es parte de los trabajos conjuntos entre la UNAM y la UAZ, a partir de un convenio firmado el año pasado.

Proyectos de largo plazo

En el vestíbulo del Teatro Fernando Calderón de la UAZ, el rector Lomelí remarcó que de 2014 a 2024 la proporción de jóvenes de 25 a 34 años con educación superior aumentó en México del 20.3 al 29.1 por ciento, y aunque subrayó que este avance es significativo, señaló que el promedio de la OCDE alcanza 48.7 por ciento.

Ante ello, insistió en que “nuestro país necesita, cada vez con mayor urgencia, una universidad pública más incluyente, capaz de ampliar las oportunidades educativas y acompañar las trayectorias del estudiantado desde múltiples enfoques”.

Esta universidad pública, abundó, debe ser académicamente sólida y preservar la calidad, el rigor y la libertad intelectual en todas sus funciones. También debe ser innovadora y humanista al incorporar las tecnologías sin perder la centralidad de la creatividad e iniciativa de las personas ni los valores éticos. Por otro lado, debe ejercer la autonomía universitaria con responsabilidad plena, combinando la libertad académica con la transparencia y la rendición de cuentas.

Lomelí Vanegas agregó que ninguna institución puede cumplir cabalmente todas las anteriores tareas sin un financiamiento suficiente, estable y acorde con la magnitud de sus responsabilidades. “Contar con los recursos necesarios permite sostener proyectos de largo plazo, ampliar sus alcances y procurar que sus resultados se traduzcan en beneficios concretos para la sociedad”.

Ampliar el acceso, asegurar la calidad, fortalecer la ciencia, responder a los cambios tecnológicos y contribuir al bienestar son dimensiones inseparables de una misión pública en la que deben converger anhelos y voluntades colectivas, aseveró. Lomelí Vanegas atendió preguntas de los asistentes a la conferencia, a quienes insistió que los recursos destinados a la educación, sobre todo a la superior, no son un gasto sino una inversión. Recalcó que hay que transparentar su uso y ser austeros para que la sociedad sepa en qué se invierten y acompañe estos esfuerzos. También enfatizó su convencimiento de no cobrar cuotas y que se debe financiar el fondo de gratuidad para las universidades estatales que aceptaron no cobrarlas.

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El de Narro Robles, un compromiso destacado con la docencia

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  • Ha sido siempre un gran defensor de la autonomía universitaria y de la educación pública en México: Leonardo Lomelí Vanegas

El rector Leonardo Lomelí Vanegas afirmó que es un acto de justicia académica reconocer la trascendencia de la labor como docente de la Universidad Nacional de José Narro Robles, en la ceremonia donde se develó la fotografía del exrector como profesor emérito de la Facultad de Medicina (FM).

“Su trayectoria como servidor público es conocida, pero lo es menos su labor como docente y su trascendente trabajo a favor de la salud pública y de la medicina familiar, así como las contribuciones que ha hecho para la institucionalización de su enseñanza”, añadió.

A lo largo de su trayectoria, sostuvo, ha tenido un compromiso destacado con la docencia. Durante su rectorado se llevó a cabo un esfuerzo importante de descentralización en ese ámbito, con la creación de las escuelas nacionales de Estudios Superiores de León y Morelia, y “una reforma estructural de gran calado que apreciamos en nuestros días en toda su contribución a la viabilidad de la Universidad, como lo fue el programa de renovación de la planta de profesores”.

De igual manera, el rector Lomelí mencionó la ampliación del Consejo Universitario. “Fue una reforma compleja, pero sin duda contribuyó a que se recuperara la participación, de manera destacada, del personal académico, de las y los profesores, y estudiantes, en el máximo órgano colegiado de esta casa de estudios”.

Ante el secretario general, Javier de la Fuente Hernández, Lomelí destacó que, a lo largo de su trayectoria como docente, funcionario y autoridad, Narro ha sido un gran defensor de la autonomía universitaria y de la educación pública en México.

Por su trayectoria como docente, por su compromiso con la Universidad, y la excelencia con la que ha desarrollado sus funciones como servidor público, José Narro Robles ocupa un lugar muy destacado en la historia de la FM y de esta casa de estudios, por lo que es muy merecido el reconocimiento que se le ha dado como profesor emérito, concluyó el rector Lomelí.

Luego de expresar su agradecimiento por la distinción, el homenajeado renovó su compromiso con esta “inmensa casa de cultura y de saber, con esta casa donde los sueños se vuelven realidad: nuestra UNAM”.

La Facultad y la Universidad tienen cimientos hondos, raíces profundas y frutos extraordinarios debidos a la grandeza de sus académicos y a la audacia y compromiso de la comunidad para siempre mejorar, incrementar la calidad de sus servicios, y servir como conciencia crítica de la sociedad.

Narro resaltó que la institución ha consolidado su presencia en el país y su reconocimiento trasciende nuestras fronteras. Los valores universitarios de libertad, autonomía, pluralidad, diálogo, saber, tolerancia, servicio y humanismo también se han acrecentado. “Apoyados en esos principios, con frecuencia los universitarios concebimos nuestras utopías, pensamos en grande e imaginamos un mundo mejor y un México más justo”.

Estamos para pensar, decir y actuar; nunca para administrar el silencio, para reconocer y transformar la realidad, no para ocultarla y menos para engañarnos. “La Universidad de mis tiempos juveniles ya era, por supuesto, una institución secularmente comprometida con la sociedad; ese compromiso se ha incrementado. En este más de medio siglo, los universitarios hemos multiplicado nuestras responsabilidades con el país y sus mejores causas”.

Frente a las adversidades y las incomprensiones, concluyó Narro Robles, “nuestra UNAM siempre ha sabido responder. Así lo han hecho sus autoridades, pero particularmente los integrantes de su comunidad, sus académicos, sus trabajadores y, por supuesto, sus estudiantes”.

En el Salón de Profesores Eméritos de la Antigua Escuela de Medicina, y ante familiares, amigos, colegas y compañeros del homenajeado, la directora de la FM, Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, dijo que “hoy develamos el retrato de José Narro, con motivo de su designación como profesor emérito de la Universidad, la más alta distinción de nuestra institución que se concede a quienes han realizado una obra excepcional en la docencia, la investigación y la construcción universitaria”.

Con este nombramiento, explicó, Narro Robles se convierte en el trigésimo segundo profesor emérito de la Facultad y se incorpora así a una tradición académica construida por una mujer y hombres cuyas aportaciones han contribuido al desarrollo de la medicina, la educación, la ciencia y la salud de nuestro país.

Egresado con mención honorífica de la FM, el exrector se incorporó a la planta académica en 1974 y ha mantenido durante más de cinco décadas una actividad docente ininterrumpida. Su vida ha estado dedicada a la Universidad, a la medicina, a la educación y al servicio de México. “Su ejemplo demuestra que es posible asumir las más altas responsabilidades sin perder la cercanía con los estudiantes, el respeto por las personas y el vínculo con la casa en la que comenzó la propia historia”. Carmen Narro Lobo, hija del homenajeado, dijo que si bien el haber ocupado cargos tan relevantes como la dirección de la FM, la secretaría general de la UNAM o la Rectoría representan los logros más relevantes de su vida profesional, “el mayor orgullo de mi padre ha sido y será haber sido profesor universitario, por eso el acto que hoy celebramos guarda un significado especial para él y representa tanto para nosotros”, finalizó.

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SE PONE EN MARCHA EL CAMPUS UNAM CENTRO HISTÓRICO

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  • El campus se compone por más de 15 edificios históricos e invaluables, preservados por la UNAM y que están abiertos al público en general
  • Quedó instalado su Consejo Directivo
  • Se crea el Claustro Abierto Universitario San Agustín

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, expresó que con la instalación de su Consejo Directivo se pone en marcha formalmente el Campus UNAM Centro Histórico de la Ciudad de México, un proyecto largamente anhelado y de una profunda relevancia institucional.

Con él “fortaleceremos el más amplio, plural, e incluyente complejo corredor cultural y educativo del país, de acceso público, abierto y gratuito para todas las personas que en él transitan”, subrayó.

El Antiguo Templo de San Agustín será su sede central y con su reapertura parcial el año próximo nace también el Claustro Abierto Universitario San Agustín (CAUSA), un espacio donde la memoria se preservará y el conocimiento se compartirá de manera libre y generosa con toda la sociedad, desde una mirada transdisciplinaria, explicó Lomelí Vanegas y agregó:

La creación del Campus no solo significa un mayor y mejor aprovechamiento de los recursos de la Universidad, sino fortalecer su utilidad social. Y CAUSA será un claustro abierto donde confluirán la docencia, la investigación y la extensión cultural con un objetivo social preponderante. Se ofrecerán programas de posgrado y debates académicos que pondrán el conocimiento científico y las humanidades al servicio directo de las comunidades y de la revitalización urbana de esta zona.

“En un espacio académico, incluyente y plural, fortaleceremos la accesibilidad universal, y apoyaremos la descentralización y democratización del conocimiento: la riqueza académica y cultural que se genera en nuestras facultades, institutos y entidades culturales llegará con más fuerza al alcance de los habitantes del Centro Histórico, sus comunidades y colectivos, y sus visitantes”, dijo el rector.

Acompañado por las y los integrantes del nuevo Consejo Directivo, Lomelí Vanegas afirmó que la UNAM consolidará y dará un nuevo enfoque a su presencia en el espacio que la vio nacer para seguir transformando realidades a través de la educación, la extensión de la cultura y la divulgación del conocimiento, presididos por una convicción social que convertirá a este espacio en un gran núcleo de atención comunitaria.

Sin duda, con el establecimiento de este Campus refrendamos ese compromiso inquebrantable con México y reafirmamos que la cultura y la educación deben ser los principales ejes transformadores del país. Que sea “un espacio de conocimiento abierto a toda la sociedad, un espacio de diálogo plural y un testimonio permanente del compromiso de nuestra Universidad con el desarrollo del país”, sostuvo el rector.

Espacio de convergencia

En la Coordinación de Humanidades, su titular, Miguel Armando López Leyva, señaló que este proyecto permitirá recuperar el esplendor arquitectónico del antiguo Templo de San Agustín –que durante casi un siglo resguardó la Biblioteca Nacional de México– y además abrirlo al público después de varias décadas de un largo e importante esfuerzo de conservación, protección y restauración.

Las humanidades y las ciencias sociales adquieren su más pleno sentido cuando se vinculan de manera directa con los problemas que aquejan a nuestra sociedad y se proponen alternativas de solución. El Centro Histórico de la Ciudad de México es un territorio de características sociales, culturales y educativas únicas, con realidades contrastantes que son un desafío constante.

De ahí la voluntad de reforzar la presencia de esta casa de estudios en ese sitio histórico, para cumplir cabal y puntualmente con el objetivo de ser un espacio de convergencia y articulador de iniciativas educativas y culturales que contribuyan al desarrollo de esta zona. “La apertura parcial próxima del Claustro se suma a los esfuerzos de la UNAM por hacer asequible el acceso a la cultura y al conocimiento a miles de personas”, resaltó.

Optimizar recursos

Alberto Sarmiento Donate, coordinador del Campus UNAM Centro Histórico y secretario técnico de su Consejo Directivo, detalló que es un modelo de organización y coordinación institucional y operativa de los proyectos académicos albergados en los diversos inmuebles, espacios y recintos universitarios ubicados en esa zona de la Ciudad de México, con el objetivo de optimizar recursos.

Asimismo, de potenciar la interacción entre sus comunidades, coadyuvar en la protección del patrimonio inmobiliario histórico de la Universidad y fortalecer ahí su presencia e identidad institucional.

Precisó que los sitios incluidos en el acuerdo de establecimiento del Campus son: los antiguos Templo de San Agustín; Academia de San Carlos; Templo de San Pedro y San Pablo; Colegio de San Ildefonso; Escuela de Jurisprudencia; Escuela de Economía y Cárceles de la Perpetua. Además, los palacios de Medicina, Minería y de la Autonomía; Museo de la Mujer y su anexo; el Centro Cultural San Carlos y los talleres de restauración de la Facultad de Artes y Diseño; los talleres y bodegas del Mandato del Antiguo Colegio de San Ildefonso; Museo UNAM Hoy; edificio Protomedicato y Secundaria Lancasteriana; el predio de República de Bolivia; el Programa Universitario de Estudios Sobre la Ciudad; y la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial.

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La universidad pública es vehículo de movilidad social y catalizador del bienestar de la población: Rector Lomelí

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  • Presidió la Ceremonia de Apertura del Ciclo Escolar 2026-2027
  • Ustedes tienen la responsabilidad de construir su futuro y con sus conocimientos y decisiones enriquecer la historia de nuestra Universidad y del país, dijo Javier de la Fuente Hernández quien leyó la carta del profesor emérito Eduardo Antonio Chávez Silva
  • La Universidad implica descubrir nuevas ideas, desarrollar criterio y construir la versión de profesionistas que quieren llegar a ser, comentó Fernanda Itzel Calva Rivera
  • Recibo esta oportunidad con mucha gratitud y con el compromiso de portar con orgullo el nombre de la UNAM, expresó Alisson Geraldin Calderón Pérez

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, afirmó que la universidad pública es un vehículo de movilidad social y un catalizador del bienestar de la población. La formación de profesionales, la investigación, la difusión cultural y la vinculación con otros sectores contribuyen a que México sea capaz de atender sus demandas y determinar su devenir.

Al presidir la Ceremonia de Apertura del Ciclo Escolar 2027-2027 -que reúne a estudiantes de nuevo ingreso de iniciación universitaria, bachillerato y licenciatura-, el rector añadió que la Universidad Nacional asume un papel activo en el propósito de contribuir al desarrollo de nuestro país, mediante sus funciones sustantivas y la permanente coordinación con instituciones y redes académicas a nivel local, nacional, regional y global, las cuales permiten reunir saberes y destrezas para estudiar las causas de las coyunturas más complejas y dar respuestas innovadoras.

“En ese sentido, la autonomía resguarda la libertad con la que llevamos a cabo estas actividades. Por un lado, permite definir prioridades académicas y administrativas y, por el otro, participar en el debate público de manera independiente. Este atributo exige también gestionar adecuadamente los recursos y rendir cuentas de los resultados obtenidos”, agregó.

Acompañado por la presidenta en turno de la Junta de Gobierno, Rosaura Martínez Ruiz; el secretario General, Javier de la Fuente Hernández; el integrante del Patronato Universitario, Juan Alberto Adam Siade; y de exrectores, Lomelí Vanegas dio la bienvenida a las y los alumnos de nuevo ingreso a quienes les manifestó que estarán acompañados en su paso por esta institución, que está llamada a recibirles con una educación de excelencia y un entorno que favorezca su aprendizaje y su bienestar integral.

Les pidió reflexionar sobre el sentido del espíritu académico y sobre la institución a la que ahora pertenecen. Esto, acotó, adquiere especial relevancia en el universo digital que ofrece múltiples y novedosas formas de estudiar, crear y compartir saberes.

Además, explicó que la Universidad habrá de indagar y profundizar en los efectos socioemocionales y educativos del uso de estas tecnologías, tomando en cuenta las desigualdades que condicionan su acceso y explotación. “En última instancia, se busca integrar su uso como complemento de una formación integral, de modo que las personas puedan aprovechar sus beneficios de manera autónoma, supervisada, crítica y cuidadosa”.

Transformar sus vidas y a la sociedad

En el Centro de Exposiciones y Congresos UNAM, Javier de la Fuente leyó el mensaje que envió el profesor emérito de la Facultad de Artes y Diseño, Eduardo Antonio Chávez Silva, a las y los nuevos universitarios a quienes les aseguró que la Universidad es su casa, en la que aprenderán, preguntarán, debatirán, descubrirán nuevas ideas y enfrentarán retos.

“Pero, sobre todo, tendrán una oportunidad de adquirir las herramientas que les permitan transformar sus propias vidas y contribuir a transformar nuestra sociedad. Serán ustedes quienes tendrán la responsabilidad de construir su futuro y con sus conocimientos, decisiones y acciones enriquecer la historia de nuestra Universidad y de nuestro país”, apuntó en la ceremonia a la que asistieron los exrectores José Sarukhán Kermez, Francisco Barnés de Castro, José Narro Robles y Enrique Graue Wiechers, así como diversas autoridades universitarias.

Subrayó que la diversidad es una de las mayores fortalezas de la UNAM, en la cual convergen distintas realidades, regiones, experiencias, identidades y formas de entender el mundo.

Asimismo, detalló que este año, en el que se conmemoran 475 años desde la expedición de la Cédula Real de la Universidad de México, es importante recordar que aunque la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías son herramientas extraordinarias para aprender y generar conocimiento, no sustituyen el valor de aquello que hemos construido, preservado, enaltecido durante generaciones.

En su oportunidad, Fernanda Itzel Calva Rivera, alumna de la Facultad de Medicina y quien obtuvo 119 aciertos -de 120 posibles- en el examen de admisión, pidió a sus compañeros aprovechar las oportunidades que la Universidad Nacional les ofrece. Estar en esta institución no implica solo aprobar materias, “también se trata de descubrir nuevas ideas, desarrollar criterio, aprender a trabajar con otros y comenzar a construir la versión de profesionistas que quieren llegar a ser”. De igual forma, la alumna de la Escuela Nacional Preparatoria, plantel 6 “Antonio Caso”, Alisson Geraldin Calderón Pérez, quien obtuvo 128 aciertos en el concurso de ingreso, consideró que hoy comienza una nueva historia, que los sueños no se cumplen solamente por desearlos, sino que se construyen poco a poco, con cada hora de estudio, cada esfuerzo, cada caída y con la decisión de volver a intentarlo. “Recibo esta oportunidad con mucha gratitud y con el compromiso de aprovechar cada día, dar lo mejor de mí y portar con orgullo el nombre de la UNAM”.

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Una Cultura de Paz se aprende y construye día a día en los hogares, las aulas y la esfera pública: Rector Lomelí

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  • Inauguró la Segunda Semana Nacional Cultura de Paz UNAM
  • Su fortalecimiento es un imperativo al igual que la apuesta por la diplomacia y la cooperación, aseveró Enrique Javier Ochoa Martínez
  • La paz no se construye únicamente en las negociaciones internacionales, también en las escuelas y en las universidades, dijo Daniel Giménez

La paz exige mucho más que la ausencia de conflictos. Supone defender los derechos, atender las causas del descontento y generar condiciones para una participación plena en la vida común, afirmó el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas.

Por ello, al inaugurar la Segunda Semana Nacional Cultura de Paz UNAM subrayó que esta cultura “se aprende y se construye día con día en los hogares, las aulas, los centros laborales, las calles, las instituciones y la esfera pública. Se manifiesta en el trato que damos a los demás, en la disposición a escuchar y en nuestra capacidad para responder por nuestros actos”.

Asimismo, planteó que las universidades tienen responsabilidades particulares: generar conocimiento riguroso sobre las causas y expresiones de la violencia; formar personas capaces de prevenirla y atenderla; y examinar nuestras propias prácticas institucionales.

Acompañado por Enrique Javier Ochoa Martínez, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos, con la representación del canciller Roberto Velasco Álvarez; el jefe de Misión Adjunto de la Embajada de Noruega en México, Daniel Giménez; y la directora del Programa Universitario sobre Cultura de Paz y Erradicación de las Violencias (PUCPAZ), Leticia Cano Soriano, el rector recordó:

De acuerdo con el Índice de Paz Global 2026, ésta se deterioró por duodécimo año consecutivo. Tan solo en 2025 hubo poco más de 181 mil muertes asociadas con conflictos violentos y, para mediados de ese año, 117 millones de personas se encontraban en situación de desplazamiento forzoso.

Frente a este panorama, agregó, la educación superior pública debe ofrecer herramientas para comprender esta realidad y actuar responsablemente, debe acompañar la formación profesional de sensibilidad ante la desigualdad, la discriminación y el sufrimiento ajeno.

“Educar para la convivencia pacífica implica aprender a argumentar sin descalificar; cuestionar las relaciones de poder y buscar soluciones que eviten reproducir el daño. También supone asumir que el conflicto forma parte de la vida social; nuestra tarea es encauzarlo mediante la deliberación informada, la mediación y el acceso a la justicia”, remarcó el rector acompañado también por la subsecretaria de Construcción de Paz, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, Rocío Bárcena Molina; y el representante Regional para las Américas de NOREF (Centro Noruego para la Resolución de Conflictos), Juan Jeannet Arce.

Las juventudes: agentes de paz

Previamente, Enrique Javier Ochoa celebró la realización de la Segunda Semana Nacional Cultura de Paz UNAM en la que, con las juventudes, se analizan los desafíos en la materia. Añadió que el fortalecimiento de la cultura de paz es un imperativo al igual que la apuesta por la diplomacia y la cooperación en un mundo en el que las muertes por conflictos armados aumentan exponencialmente.

En el auditorio “Alfonso Caso”, Leticia Cano dio la bienvenida al encuentro que está dedicado a las juventudes, quienes son agentes de paz, pero también exigen justicia social, respeto a las garantías inalienables y abrazan con esperanza la construcción de sociedades con igualdad sustantiva y entornos democráticos en los que “su palabra valga, se escuche y se tome en cuenta”.

A decir de Daniel Giménez su país, Noruega, defiende la paz al apoyar al multilateralismo, fortalecer el derecho internacional y proteger las prerrogativas fundamentales, y consideran que este valor se construye en las negociaciones internacionales y en las escuelas, las universidades y en diversos ámbitos. Además, que los jóvenes generan redes de apoyo, propuestas comunitarias y nuevas formas de participación. “En este sentido la UNAM ofrece un espacio fundamental para vincular el conocimiento académico con las experiencias de las comunidades y con la cooperación internacional”, acotó.

Ser proactivos

El presidente del Consejo Directivo de Fundación UNAM, Dionisio Meade y García de León, coincidió en que los jóvenes son un activo en el que se deposita la esperanza de una transformación, pues pueden cambiar los conflictos en oportunidades de diálogo, prevenir la violencia y fomentar la inclusión. Por ello, la Fundación y el PUCPAZ formalizaron una alianza mediante la que se apoya a 84 estudiantes del bachillerato universitario con una beca por 10 meses para que se constituyan en agentes de paz en sus planteles.

A su vez, Francisco Gorjón Gómez, director de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Nuevo León, indicó que el sistema universitario nacional tiene el reto de contribuir a la construcción y al sostenimiento de la paz y para ello es necesario “hablar de la paz, desde la paz” y no como una reacción a la violencia; gestionar que en los planes educativos se incluya dar habilidades para ella y ser proactivos, no esperar a ser violentados para hablar de este valor. Para Estefani López Cruz, alumna de la Comunidad Tejedora de Paz del Bachillerato de la UNAM y estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Oriente, la paz se aprende, luego se practica y por último se contagia y se puede poner en marcha desde la manera en que se resuelve un problema, sin gritar; al incluir ideas distintas; al cuidar un espacio común. “Sabemos que hoy la violencia se ha normalizado con palabras que hieren, con las burlas en redes sociales, con la indiferencia”.

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Refrenda el Rector Lomelí racionalidad presupuestal y austeridad en la UNAM, para el ejercicio 2027

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  • La Universidad ha hecho esfuerzos por ampliar la matrícula en la educación superior desde que inició este siglo, y en estados en los cuales hay menor cobertura como Oaxaca, dijo

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 considera para la UNAM un incremento de 1.2 por ciento arriba de la inflación esperada -que es de tres por ciento-, justo lo que esta casa de estudios pidió, afirmó el rector Leonardo Lomelí Vanegas.

Previo a presidir la sesión del Consejo Universitario, el rector explicó que, en el Paquete Económico 2027 recientemente entregado a la Cámara de Diputados, el subsidio federal pasaría de 53 mil millones a 56 mil millones de pesos, por lo que agradeció al Gobierno de la República este esfuerzo.

“Con eso, más racionalidad presupuestal y austeridad, podemos sacar adelante no solamente los gastos del ejercicio”, sino además evaluar la reposición de equipos y la culminación de obras importantes, principalmente en las unidades Juriquilla, Mérida y Oaxaca, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, que tienen todavía aulas y laboratorios en construcción.

El rector subrayó que la Universidad Nacional ha hecho esfuerzos por ampliar la matrícula en la educación superior no solo en estos últimos años, sino desde que empezó el siglo, y parte de ello se ve reflejado en la ENES, que abre espacios en aquellos estados donde hay un menor índice de estudiantes a nivel licenciatura.

“Estamos de acuerdo en que hay que ampliar la matrícula a nivel nacional y la Universidad está haciendo su esfuerzo”, remarcó. El rector Lomelí también comentó que se trabaja en una propuesta por reestructurar la Dirección General de Asuntos Escolares y que sigue la auditoría a cargo del Patronato, respecto al concurso de ingreso a la licenciatura 2026-2027/1.

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¿SIENTES QUE NO PUEDES SOLTAR EL CELULAR AUNQUE QUIERAS?

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  • La exposición prolongada a estímulos digitales puede afectar funciones cerebrales como la atención y el control de los impulsos, explica Víctor Manuel Rodríguez, neurofisiólogo de la Facultad de Medicina de la UNAM

Cada vez es más frecuente pasar la mayor parte del día frente a la pantalla de un celular, tableta o computadora. Sea para trabajar, estudiar, informarnos, comprar, entretenernos o descansar, estos dispositivos se han convertido en una herramienta indispensable, aunque, al mismo tiempo, la cantidad de estímulos a los que nos exponemos aumenta.

Una notificación, un mensaje, un video, una fotografía, una publicación, una recomendación o el siguiente contenido que aparece en la pantalla pueden captar nuestra atención en segundos. Cuando termina un contenido, de inmediato aparece otro y, sin darnos cuenta, en minutos estamos inmersos en el llamado “scroll infinito”: una secuencia sin fin que nos permite pasar de un estímulo a otro sin necesidad de detenernos.

Pero, ¿cómo es a nivel mental vivir rodeados de esta velocidad? Según Víctor Manuel Rodríguez Molina, profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, el cerebro requiere determinadas condiciones para funcionar óptimamente y, entre ellas, están una buena alimentación, el descanso y el sueño, pero también tiene un gran peso el ambiente que nos rodea.

Dicho entorno ya no está conformado sólo por lo que ocurre a nuestro alrededor de manera física. Desde hace décadas, la tecnología se ha incorporado a nuestra vida y nos ha traído una oleada de información y estímulos constantes. El problema, explica el especialista, es que nuestro cerebro no funciona a la misma velocidad que las tecnologías digitales.

El humano —explicó— está diseñado para una vida que él denomina “analógica, porque vamos paso a paso”, por lo que nos toma tiempo procesar lo que ocurre, decidir y actuar en consecuencia. En cambio, las tecnologías digitales exigen una respuesta cada vez más rápida y el scroll infinito es un ejemplo: en milésimas de segundo podemos cambiar de una imagen a otra, de un video al siguiente o alternar conversaciones.

Asimismo, el especialista en neurofisiología explicó que no se trata sólo de la velocidad; también está el tiempo de exposición. Si durante días, semanas, meses o años acostumbramos a nuestro cerebro a recibir estímulos constantes, el problema va más allá de sólo sentir cansancio.

Rodríguez Molina explicó que la exposición prolongada puede mermar funciones ejecutivas y que la recuperación no se logra con tan sólo alejarnos por unas horas del dispositivo. “Aquí entra en juego la corteza prefrontal, una de las regiones más importantes para entender por qué, aunque sepamos que debemos detenernos, no lo hacemos”.

Y es que dicha región del cerebro está relacionada con funciones como la memoria, el razonamiento y el control de los impulsos. “Es una de las zonas que demanda más energía al mantener la atención, concentrarnos o frenar una respuesta”, explicó. Por tanto, cuando estamos cansados, estresados o sometidos a una demanda constante de atención, puede resultarnos más difícil controlar nuestros impulsos y parar”.

Ello explica una situación que muchas personas conocen: “Hay quienes, al llegar la noche y saber que deben levantarse temprano, toman el celular, revisan un mensaje, luego una red social y, sin darse cuenta, ya desperdiciaron una hora. A esto se le llama ‘trampa de la voluntad’”.

De manera tradicional —detalla Rodríguez Molina—, se cree que la voluntad es la capacidad individual de decidir qué hacer y qué no. Sin embargo, el neurofisiólogo plantea que ésta no es independiente del funcionamiento cerebral. “Podemos querer hacer algo y, sin embargo, si nuestro cerebro no cuenta con las condiciones para ejecutar dicha acción, nuestra capacidad de hacerlo se ve limitada”, refirió.

Algo que dificulta el alejarnos de las tecnologías es que las plataformas digitales están diseñadas para mantener nuestra atención. “Su objetivo, desde el punto de vista del negocio, es lograr que las personas permanezcan conectadas más tiempo y, para lograrlo, han perfeccionado formas de presentar información con colores, imágenes, notificaciones y contenidos que generan deseo de seguir consumiendo información.

El diseño reduce los momentos para decidir si queremos continuar, y muchos elementos de la tecnología actual están optimizados para ser lo más sencillos y rápidos posible. Con un movimiento del dedo podemos pasar al siguiente contenido, con un toque podemos responder y, con otro, cambiar de aplicación con el único fin de no interrumpir el flujo.

En ese contexto, el universitario propone hacer lo contrario: introducir pequeños obstáculos que nos obliguen a tomar una decisión antes de continuar. “En lugar de dejar el celular sobre la mesa, podemos guardarlo en un cajón o, en vez de tenerlo siempre a la mano, podemos apagarlo”.

La idea es sencilla: si para llegar al dispositivo hay que realizar una acción extra, podemos detenernos y cuestionarnos si es necesario consultarlo. A ese momento el especialista lo denomina “el milisegundo de oro”, término que no refiere, en estricto sentido, a una milésima de segundo, sino a recordar que, entre el impulso y la acción, podemos decidir que no es forzoso estar escudriñando el celular cada cinco minutos.

¿Pero por qué existe ese impulso de revisar el móvil si no ha sonado? El médico explica que, cuando la corteza prefrontal está agotada, disminuye la capacidad para frenar impulsos. Es ahí cuando entran en juego otras estructuras cerebrales relacionadas con las respuestas emocionales y la ejecución de conductas. Si una persona tiene el celular a un lado y siente una inquietud constante por ver si hay alguna notificación, puede ser señal de que su relación con el dispositivo ya no es meramente utilitaria.  

Esa dinámica puede acompañarse de alteraciones del sueño, cansancio, problemas de memoria, dificultad para expresar una palabra o idea, cambios de humor, irritabilidad, inquietud y predicamentos para concentrarse. Asimismo, pueden darse alteraciones en la actividad física, aumento de peso y un cansancio crónico que puede afectar nuestra capacidad para pensar, tomar decisiones y frenar respuestas impulsivas.

Lo primero que se manifiesta es una alteración del sueño que puede dar lugar a lo que muchos describen como “una neblina mental” o sensación de estar aletargados, confundidos y experimentar dificultad para pensar o funcionar. Tales síntomas, aunados al estrés, cargas de trabajo y otros factores del entorno, pueden magnificarse y volverse un problema serio.

“Quienes sienten que ya no pueden separarse del celular suelen decir: ‘Ya me hackearon y no puedo separarme de determinados tipos de información’. Si llegamos a ese punto, es preciso desintoxicarnos, pues las alteraciones cerebrales pueden alcanzar tal grado que ya no basta con decir “el fin de semana no me conecto”, porque no funciona así. Recuperar la fisiología cerebral puede demorar hasta un mes, advirtió.

“Muchas personas utilizan el móvil para distraerse y se acuestan mirando la pantalla del aparato. El resultado puede ser que, aquello que creíamos que era descanso, se convierta en una forma más de demanda cognitiva”.

El papel de la dopamina

En el lenguaje cotidiano se ha popularizado la idea de que la dopamina es “la hormona de la felicidad”, pero a decir del especialista, dicha sustancia no debe reducirse a “algo que produce placer”, pues también participa en circuitos relacionados con la motivación y la necesidad de repetir una acción, “como dejar el celular y volver a tomarlo, por ejemplo”.

Además, hay factores laborales que agravan dicha problemática, pues, ¿cómo se desconecta alguien cuyo empleo depende del correo electrónico, videollamadas o plataformas digitales? ¿Cómo establecer límites cuando un mensaje del trabajo puede llegar a cualquier hora?

Ante tal contexto, el especialista plantea la necesidad de hablar del “derecho a la desconexión digital”, porque el problema no puede resolverse exigiéndole a cada persona más disciplina. “Se requieren cambios en los entornos en los que utilizamos la tecnología”.

Actividades como escribir a mano, convivir en persona, jugar, caminar, observar el entorno, hacer ejercicio o permanecer un momento sin recibir nuevos estímulos forman parte de esa experiencia “analógica” que el especialista considera necesaria para recuperar el equilibrio del cerebro.  

Por ello, el universitario propone generar pausas y crear obstáculos físicos que interrumpan el automatismo. No se trata de convertir a la tecnología en el enemigo, “sino de entender cómo utilizarla, qué efectos tiene su uso constante y cómo prevenir aquellos que son perjudiciales”. A esto el especialista le llama “hackeo neurológico”. La buena noticia es que el cerebro puede recuperar parte de su bienestar si modificamos nuestros hábitos y entorno, pero esta responsabilidad no recae sólo en el individuo. “Se necesitan acciones a nivel personal, familiar, social, público y gubernamental. La tecnología es parte de nuestra vida, trabajo, educación y forma de relacionarnos. El desafío no es desaparecerla de nuestra vida, sino ponerle límites a su uso”, finalizó.

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RECIBE EL RECTOR LOMELÍ INFORME FINAL DE LA COMISIÓN PARA REVISAR EL EXAMEN DE INGRESO A LICENCIATURA 2026/2027-1

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  • En este momento el formato que mejor cumple con los requisitos de seguridad es la aplicación presencial en forma digital, indicó Eduardo Barzana García
  • Todas las investigaciones que se han iniciado para deslindar responsabilidades continuarán hasta su conclusión, aseveró Leonardo Lomelí Vanegas

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, recibió hoy el informe final de la Comisión Técnica de Personas Expertas para la Revisión del Examen de Ingreso a la Licenciatura 2026/2027-1 en el que recomiendan un modelo de gobernanza de dos piezas:

Una sola instancia responsable que coordine el proceso completo: diseño, construcción, calificación, operación y entrega de resultados y que involucre oportunamente a las áreas de tecnología.

También que se cree un comité técnico que asesore y acompañe de manera continua a la instancia responsable y que esté integrado por especialistas, a fin de contribuir al perfeccionamiento continuo de los modelos de evaluación conforme a las mejores prácticas mundiales.

El presidente de la Comisión, Eduardo Barzana García, explicó que sobre la modalidad del examen, en este momento el formato que mejor cumple con los requisitos de seguridad es la aplicación presencial en forma digital asistido por computadora.

“Se sugiere, por lo tanto, no utilizar un examen remoto en línea hasta contar con un modelo de evaluación y operativo robusto y seguro. Se sugiere también tomar en cuenta sedes presenciales en diversas regiones del territorio nacional”, dijo Barzana García acompañado por integrantes de la Comisión Técnica.

Además, recomendaron enriquecer el banco de reactivos, cumpliendo con los lineamientos y protocolos de validación y piloteo bien establecidos, de conformidad con las mejores prácticas internacionales para evaluación educativa.

De igual forma, señalaron que la convocatoria es el instrumento que fija las reglas del proceso y el único documento que todas las personas aspirantes conocen de antemano, por lo que las diversas situaciones observadas en el proceso 2026/2027-1 deben revisarse a profundidad para preverlas en las próximas convocatorias.

Barzana García reiteró que las medidas propuestas deben acompañarse de un esfuerzo sostenido por fortalecer los valores de honestidad y esfuerzo, tarea que vincula a las y los alumnos, a las familias, a las instituciones educativas y a la sociedad en su conjunto.

Luego de escuchar el reporte y las recomendaciones de la Comisión Técnica, el rector Leonardo Lomelí expresó que la Universidad y su Rector reconocen y asumen las fallas y los errores que pudieron haberse cometido en el Concurso de Selección a distancia a la licenciatura.

Como resultado de los hallazgos y las recomendaciones de la Comisión Técnica de Personas Expertas, la Rectoría asume los siguientes compromisos:

Revisar y modificar la estructura y los procesos de ingreso a la licenciatura, particularmente en lo concerniente a la Dirección General de Administración Escolar y la Coordinación de Evaluación, Innovación y Desarrollo Educativos.

Evaluar los mejores mecanismos para la aplicación de exámenes de ingreso tanto para el bachillerato como para la licenciatura, aprovechando la tecnología, pero valorando la conveniencia y oportunidad de la presencialidad en dichos procesos.

“En tanto no se cuente con todas las condiciones necesarias para garantizar la aplicación del examen en línea, los exámenes de ingreso serán presenciales, con dispositivos electrónicos precargados como en el examen control y se realizarán en diversas sedes para facilitar la participación de estudiantes de todo el país y en el extranjero”, expuso en el auditorio de la Planta Baja de la Torre de Rectoría.

Lomelí Vanegas remarcó que actuar bajo parámetros de integridad y ética no es solo una elección, sino una obligación para mantener el prestigio de nuestra institución. “A la Universidad le corresponde ser autocrítica, conducir su proceso de ingreso con seriedad y honestidad, así como reconocer los problemas y buscar soluciones inmediatas y transparentes ante la sociedad”.

En los próximos días, la Universidad anunciará las medidas necesarias para llevar a la práctica las recomendaciones de la Comisión.

Refrendó el compromiso de la Universidad Nacional con la transparencia y la legalidad, y señaló que todas las investigaciones que se han iniciado para deslindar responsabilidades continuarán hasta su conclusión. Previamente, el rector pidió guardar un minuto de silencio en memoria del destacado universitario Roberto Rodríguez Gómez, titular del Programa Universitario de Estudios sobre Educación Superior e integrante de la Comisión Técnica.

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El Rector Lomelí recibe al ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública de España

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  • Es importante renovar estos lazos históricos y trasladarlos a aquellos temas de frontera y de preocupación para nuestros países, indicó el rector
  • Estamos en un momento civilizatorio donde el presente y el futuro dependen de conectar las facultades de ciencias con las de humanidades, dijo Óscar López Águeda

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, se reunió con el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública del Gobierno de España, Óscar López Águeda, y expresó el interés de esta casa de estudios por incrementar la colaboración en materias como movilidad académica y cooperación científica.

En la sesión, efectuada en la Torre de Rectoría, subrayó la importancia de profundizar las relaciones de cooperación en materia científica. “Por la reconfiguración que vemos a nivel mundial, es importante renovar estos lazos históricos, y trasladarlos precisamente a aquellos temas que son de frontera y de preocupación para nuestros países”.

López Águeda señaló que la relación entre México y España también tiene que ser más científica. “Estamos en un momento civilizatorio donde el presente y el futuro dependen de conectar las facultades de ciencias con las de humanidades”.

Nos encontramos ante la primera revolución tecnológica que implica las mayores oportunidades en biomedicina o en química, y las mayores amenazas para la democracia o los valores humanos. Hoy en día tan importantes son los ingenieros como los filósofos; con la inteligencia artificial (IA), la filosofía está cobrando vigencia porque hay preguntas existenciales ante esa tecnología, y ahí la academia tiene un papel fundamental.

Trabajamos en la construcción -en Europa y con potencias medias como México- de una tercera vía que construya un modelo de IA ético, sostenible, responsable, que defienda los derechos humanos.

Por ello, defendemos un modelo que hace compatible el crecimiento económico y el avance tecnológico, con no retroceder como humanidad y civilización. En el caso español, y en eso podemos participar con México, lo estamos haciendo de la mano de las universidades, explicó en presencia del embajador de España en México, Juan Duarte Cuadrado.

Tecnología aplicada

A su vez, María Soledad Funes Argüello, coordinadora de la Investigación Científica de la UNAM, explicó que el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas es la entidad fundamental relacionada con la IA, desarrollo de algoritmos y aspectos relacionados. Pero hay otras donde se realiza análisis de datos o tecnología aplicada a la docencia, entre otros temas que tienen que ver con la revolución tecnológica digital. El coordinador de Relaciones y Asuntos Internacionales de la UNAM, William Lee Alardín, recalcó que en esta casa de estudios la Rectoría ha emprendido iniciativas que tienen que ver con el cómputo y se creó el Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial, completamente transversal, para abordar tópicos técnicos, éticos, jurídicos y educativos relacionados.

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Recibe el Rector Lomelí al ministro de Ciencia y Tecnología de la República Popular China, Yin Hejun

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  • Expresaron su interés por fortalecer la cooperación en investigaciones conjuntas e incrementar la movilidad de académicas, académicos y estudiantes
  • William Lee Alardín resaltó que la cooperación con esa nación es estratégica. La UNAM tiene 25 convenios con 14 universidades chinas

El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, recibió la visita del ministro de Ciencia y Tecnología de la República Popular China, Yin Hejun, con quien dialogó sobre el interés de profundizar la colaboración con instituciones y universidades de esa nación e incrementar la investigación y la movilidad de académicas, académicos y estudiantes.

En la Sala Justo Sierra de la Torre de la Rectoría, el rector Lomelí expuso que en escuelas, facultades, centros e institutos de la Universidad Nacional hay el interés en fortalecer la cooperación en las ciencias físico matemáticas y de las ingenierías; las ciencias biológicas, químicas y de la salud, así como las ciencias sociales y las humanidades.

Asimismo, resaltó el liderazgo de esa nación, ejemplo exitoso de desarrollo; y que su cultura es, sin duda, una de las más antiguas e importantes del orbe.

Buenos resultados con la UNAM

En tanto, Yin Hejun explicó que su visita a México -en la cual asisten representantes de 10 universidades chinas- tiene el objetivo de promover la participación integral entre las dos naciones y se revisarán mecanismos para ello, a partir de la Subcomisión de Ciencia y Tecnología de la Comisión Binacional Permanente. Sé que existe un amplio trabajo conjunto de instituciones chinas con la UNAM y que ha dado buenos frutos.

También mencionó que una de sus prioridades es incrementar la movilidad de investigadoras e investigadores, al igual que apoyar a talentos jóvenes; fortalecer la investigación en ciencias y humanidades, a través del Foro China – CELAC y ampliar los contactos entre la UNAM y las universidades asiáticas.

Potenciar los trabajos

Previamente, el coordinador de Relaciones y Asuntos Internacionales de la UNAM, William Lee Alardín, comentó la importancia regional y mundial de China, que destina cerca de tres por ciento de su producto interno bruto al desarrollo de nuevas tecnologías e innovación y publica alrededor de medio millón de artículos en revistas científicas. En los últimos seis años también ha crecido la movilidad hacia esa nación, desde América Latina y México.

De igual forma, señaló que la Universidad de la nación, la más importante de México y de las más relevantes en Latinoamérica, produce una tercera parte del conocimiento que se genera en nuestro país, en diversas áreas del conocimiento. Detalló que actualmente esta casa de estudios tiene 25 convenios vigentes con 14 instituciones de educación superior chinas.

Resaltó que a partir de 2012 la Universidad Nacional cuenta con una sede en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, para potenciar las colaboraciones, pues percibe que esta acción es estratégica para resolver problemas comunes y ante los cambios que hay a nivel mundial.

En la reunión, el rector Lomelí estuvo acompañado por el secretario General de la UNAM, Javier de la Fuente Hernández; la coordinadora de la Investigación Científica, María Soledad Funes Argüello; y el titular de la coordinación de Humanidades, Miguel Armando López Leyva.

También por el coordinador de Vinculación y Transferencia Tecnológica, Jorge Vázquez Ramos; y el coordinador del Centro de Estudios México-China, Enrique Dussel Peters, quienes detallaron los trabajos que hoy en día tienen con instituciones de la nación asiática en temas como inteligencia artificial, biotecnología, física y astronomía, cómputo cuántico, cambio climático, así como en diversas áreas de posible trabajo conjunto. En tanto, acompañaron al ministro el representante de la Embajada de China en México, Zhu Jian; y el director de Cooperación Internacional, Zhu Xhehua, entre otras autoridades.

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LOS SISTEMAS QUE ALERTAN, MIDEN Y RESGUARDAN AL PAÍS, OPERAN DESDE LA UNAM

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  • Aunque las labores de los servicios nacionales van del monitoreo de eventos volcánicos y telúricos a la salvaguarda de nuestro patrimonio cultural, todos tienen un mismo objetivo: atender necesidades del país

Cada que consultamos el Servicio Sismológico para enterarnos de la magnitud del temblor que acaba de registrarse, o cuando revisamos el semáforo de alerta volcánica al atisbar una fumarola en el Popocatépetl, nosotros, al igual que millones de mexicanos, hacemos uso de alguno de los servicios nacionales que la UNAM tiene a su cuidado.

Estos organismos especializados (entre los que se cuentan el Herbario, el Observatorio Astronómico o la Biblioteca y Hemeroteca nacionales) trabajan a diario para recabar y difundir información de interés general; conservar nuestro patrimonio cultural; generar conocimiento y tecnología, o preservar la biodiversidad local, ello bajo la convicción de que la labor efectuada en estos espacios no debe limitarse a un entorno universitario, sino llegar a cada integrante de la sociedad, sin distingos.

“La UNAM es el proyecto cultural más importante de México y, con estos servicios nacionales, lo que hace es ejercer sus funciones sustantivas de docencia, investigación y difusión de la cultura de una manera mucho más extensa, con alcances que abarcan todo el país”, acota la profesora Lourdes Chehaibar Nader, integrante y exdirectora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE).

Y esta historia comienza formalmente en 1929 —expone la investigadora—, cuando la Universidad obtuvo su autonomía mediante una ley orgánica publicada en el Diario Oficial del 26 de julio de ese año, en la que se establecía que la Biblioteca Nacional (ubicada entonces en el ex templo de San Agustín, en el Centro Histórico), pasaba a ser definitivamente parte de esta casa de estudios, así como el Observatorio Astronómico”, ambas instituciones creadas desde el siglo XIX.

Las razones para encargar tal responsabilidad a una institución de educación superior se esgrimen en el noveno considerando de dicha ley, donde se señala: “Para cumplir los propósitos de elaboración científica, la Universidad Nacional debe ser dotada de aquellas oficinas o institutos que dentro del gobierno puedan tener funciones de investigación científica. Por otra parte, el gobierno debe poder contar siempre, de manera fácil y eficaz, con la colaboración de la Universidad para los servicios de investigación y de otra índole que pudiera necesitar”.

Por cómo se incorporaron estos servicios, de inmediato se les asoció a institutos de investigación y se les vinculó con la difusión del conocimiento. La Biblioteca Nacional quedaría a cargo de lo que hoy es el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, al igual que la Hemeroteca Nacional de México, con el fin de resguardar, conservar, organizar y poner en consulta estos acervos.

Por su parte, el Observatorio daría pie a lo que hoy es el Instituto de Astronomía y, desde 1967, en su nueva sede en la sierra de San Pedro Mártir, en Baja California, contribuye con un legado de investigación astronómica de gran reconocimiento internacional, indica la académica.

También en aquel año, 1929, el Servicio Sismológico pasó a formar parte de la UNAM, junto con el Instituto de Geología. Hoy este organismo se encuentra adscrito al Instituto de Geofísica y se ha convertido en un referente mundial del registro de la actividad sísmica y el principal difusor y divulgador de la información sismológica en el país. En su primera sede se encuentra hoy el Museo de Geofísica de la UNAM.

“Y no podemos dejar de mencionar el Herbario Nacional, uno de los cinco espacios más importantes del mundo en su tipo, el cual resguarda millón y medio de plantas, hongos, líquenes, frutos, semillas y maderas, y que es, al mismo tiempo, un patrimonio ambiental y médico por su colección de plantas medicinales, que reconoce la historia y tradiciones de los pueblos originarios de nuestro país y que florece bajo la custodia y trabajo del Instituto de Biología”, expone la investigadora.

Los encargos de la UNAM tienen las vocaciones más diversas y una a destacar es la de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), una zona ecológica inafectable que, a la fecha, abarca casi 240 hectáreas dentro del campus universitario, “y presta un muy importante servicio nacional”, pues es el último ejemplo de la vegetación autóctona de la zona, un ecosistema único y un aula viva en la que se prepara una nueva generación de especialistas medioambientales, detalla.

Asimismo, los datos que generan entidades como el Sismológico o la Red Mareográfica nacionales, o el monitoreo 24/7 que se hace del volcán Popocatépetl, sirven en el diseño de estrategias de protección con el potencial de salvaguardar la integridad de comunidades enteras.

Si bien cada uno de los servicios nacionales a cargo de la UNAM realiza una labor distinta, todos reproducen la misión sustantiva de la Universidad: formar recursos, hacer investigación y difundir y divulgar. “Además, cada cual, a su manera, busca responder a las necesidades de los mexicanos, sin importar si son o no de la comunidad puma. Justo por eso se llaman servicios nacionales, porque atienden a la nación entera”.

Los laboratorios nacionales

Dentro de los organismos que, desde la Universidad, atienden necesidades de la sociedad, los laboratorios nacionales merecen mención aparte, expone la profesora Lourdes Chehaibar Nader, “pues se trata de unidades de investigación que funcionan de forma distinta a cualquier otro centro o instituto perteneciente a la UNAM”.

“Fueron pensados para desarrollar investigación especializada, cuentan con tecnología de vanguardia y sus recursos provienen, en muchos casos, de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) o de organismos internacionales, además de que generan sólidas redes de trabajo tanto en el país como en el extranjero”.

Surgidos a partir del Programa de Laboratorios Nacionales del Conacyt (hoy SECIHTI), los trabajos realizados en estos espacios abarcan un espectro muy amplio que va de la restauración y estudio de objetos y materiales artísticos y arqueológicos, como hace el LANCIC (donde colaboran los institutos de Física, Química e Investigaciones Estéticas de la UNAM, y el Nacional de Investigaciones Nucleares, dependiente de la Secretaría de Energía), a analizar la superficie terrestre vía satélites a fin de detectar incendios o cambios en el uso del suelo, cubierta vegetal u océanos, como hace el LANOT (con sede en el Instituto de Geografía).

Actualmente, la UNAM tiene 41 laboratorios nacionales reconocidos por la SECIHTI, en los que se desarrollan líneas de investigación estratégicas como: energía, agua y sostenibilidad hídrica, alimentación y economía sostenible, salud, tecnologías disruptivas, transversales y de frontera, cambio climático y medioambiente.

“Todos estos espacios trabajan en red, y no sólo con centros e institutos ubicados en CU o en la zona metropolitana, sino con estaciones o unidades distribuidas a lo largo de México y, a veces, en otros países. Ello nos da una idea de cómo las capacidades de la Universidad se multiplican y ponen al servicio de las comunidades universitaria, nacional e internacional, como parte de una labor que cruza fronteras”.

La Universidad al pueblo

En el costado sur del edificio de Rectoría se encuentra el mural El pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo, en el que David Alfaro Siqueiros representó a una comunidad universitaria llevando conocimiento al resto de la población. La obra está inspirada en el discurso que diera José Vasconcelos el 4 de junio de 1920, en el cual declaraba: “No vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”, justo antes de asumir el rectorado.

“Aquí no sólo cultivamos todas las disciplinas, sino que lo hacemos con toda la apertura que la autonomía nos permite, desde todas las corrientes de pensamiento, desde la recuperación de nuestra historia nacional más profunda y de las condiciones del planeta que, hoy en día, nos ocupa y nos preocupa. Todo esto ­—que sirve de guía para la conducción de la UNAM— se refleja en nuestros servicios nacionales”, apunta la también maestra en Pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras.

A ya muy pocos años de que se cumpla el centenario de aquella ley orgánica de 1929 con la que se inauguran estos servicios, la profesora Chehaibar propone reflexionar sobre los cambios que han experimentado, en cuanto a sus alcances, con el correr del tiempo.

“El salto ha sido cuántico en términos de quiénes pueden beneficiarse de ellos. El número se ha ampliado de manera extraordinaria, y no sólo por la cantidad de gente que hoy sabe leer en comparación con la que podía hacerlo en 1929, sino porque todos estos servicios nacionales, además de realizar una difusión científica y especializada, han tomado como tarea central la divulgación amplia del conocimiento, y las vías para lograrlo cada día son más, gracias al desarrollo de la tecnología”. Así, aquel ideal plasmado por Siqueiros en un mural de CU, alcanza nuevas dimensiones, ya que con todas estas tareas académicas (a las que se suman sus colecciones nacionales) la UNAM no se limita a ser una universidad nacional, sino que replantea su razón de ser y se asume, así y con todas sus letras, como una “universidad para la nación”.