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Variantes del genoma SARS-CoV-2 podrían ayudar a detectar mutaciones de la COVID-19

Radio UNAM/Farrah de la Cruz Cárdenas
Es muy probable que el SARS-CoV-2 haya “brincado” a la población humana al sufrir un proceso de recombinación que permitió su multiplicación eficiente

Levantar la emergencia sanitaria debido a la pandemia del virus SARS-CoV-2 precisa de ciertos controles epidemiológicos que sólo se pueden llevar a cabo a través del conocimiento de las variantes existentes del virus.

“Es decir, necesitamos hacer un mapa epidemiológico de las variantes que tengamos del virus en el país. Para ello, es indispensable saber si son todas infecciones autóctonas o si están llegando de fuera”, refirió Antonio Lazcano Araujo, doctor en Ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México.

El poder observar estas variantes permitió conocer que, entre ellas, el número de mutaciones es diferente y reducido, lo que marca su importancia: la comparación de las secuencias indicó la existencia de dos grandes grupos separados únicamente por una mutación puntual.

En este sentido, el Instituto de Biotecnología (IB) de la UNAM juega un papel importante en la secuenciación de las cepas mexicanas. Hoy en día también podemos saber que tienen un origen básicamente europeo y estadounidense y que ya se contaba con la detección oportuna del caso de una cepa autóctona.

Pero el que tengamos una cepa que viene de México no significa que se haya originado en el país -dijo Lazcano-, sino que el virus ya estaba circulando en él. “Lo que nos da una idea de los patrones geográficos y la rapidez con los que se está expandiendo. Por eso, mientras más muestras tengamos, mientras más se secuencie, mejor vamos a conocer la ecología y la dinámica de crecimiento de la pandemia en México”.

Si bien el virus se encuentra en una situación óptima desde la óptica de la pandemia, es decir, que la velocidad con la que se multiplica hace posible su rápida expansión, es importante señalar que “la mayor parte de las mutaciones que sufra al multiplicarse, serán mutaciones que le afectarán negativamente, por lo que esas cepas desaparecerán”.

En entrevista para el programa Primer Movimiento de Radio UNAM, Lazcano Araujo acotó que el contar con esas cepas indicarían exactamente qué podría dañar al virus, de tal manera que sea incapaz de multiplicarse o de infectar a otras personas.

A este respecto, precisó que es muy probable que el SARS-CoV-2 haya “brincado” a la población humana al sufrir un proceso de recombinación que permitió su multiplicación eficiente.

“Creemos que dos o más virus que estaban infectando a una misma célula en un humano -en China- dio lugar a lo que describimos en biología como un proceso de recombinación homóloga, esto fue lo que introdujo una secuencia de aminoácidos en la proteína de la espícula, que es la que permite que el virus pueda pegarse a un receptor que va a permitir invadir la célula”.

De acuerdo con el científico universitario, en la medida en que se dan las variantes, se podrá observar los puntos débiles de la organización y la secuencia del genoma.

“Entender este proceso posibilitaría la detección de una región en la que el virus es especialmente frágil, porque si pudiéramos desarrollar anticuerpos monoclonales en contra de esta región, o si podemos desarrollar una vacuna que inhabilite esta parte de la espícula, el virus ya no puede entrar a la célula.”

Por tanto, es indispensable continuar vigilando la evolución del virus. De esto depende detectar mutaciones que pudieran asociarse a diversas variables que le hagan resistente a fármacos o que disminuyan la eficacia de posibles vacunas, además de vigilar las cepas que circulan por todo el país, con el fin de contar con información oportuna en la toma de decisiones.

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