Sin pronunciar una palabra, los seres vivos se comunican a través de un lenguaje invisible pero poderoso: las feromonas. Estos mensajeros químicos son específicos de cada especie; es decir, son moléculas —muchas de ellas volátiles— que viajan por el aire y transmiten señales que solo pueden ser identificadas por individuos de la misma especie. Pero, ¿qué tanto influyen en los humanos? ¿Podrían ser la clave detrás de la atracción y las conexiones sociales?
En entrevista para UNAM Global, María Emilia Beyer, directora del Museo de las Ciencias Universum de la UNAM, explicó que, durante años, se ha debatido si los seres humanos poseen feromonas.

“De hecho, sí tenemos un mecanismo para identificarlas: el órgano de Jacobson, también llamado órgano vomeronasal (OVN). Sin embargo, en nuestro caso es más vestigial que funcional”, señaló Beyer, al referirse a que se trata de una estructura heredada de nuestros ancestros evolutivos, pero que ha perdido su función original.
—¿Por qué? —cuestionó Beyer—. A lo largo de la evolución, los humanos hemos dejado de depender del olfato como sentido principal y nos hemos convertido en una especie más visual.
Un lenguaje secreto en el mundo animal
Por lo general, las feromonas desencadenan conductas de manera inconsciente. “Tú no te das cuenta de lo que estás olfateando, pero te invita a generar una respuesta”, explicó la especialista.
Cuando se detecta una feromona, el cerebro está programado evolutivamente para reaccionar de una manera específica. Un ejemplo claro ocurre en las polillas: la hembra emite un mensaje químico que indica “estoy disponible y en etapa reproductiva”, y solo los machos de su misma especie pueden decodificarlo.


Este tipo de comunicación, señaló Beyer, es un “lenguaje casi secreto” que solo funciona entre individuos de la misma especie.
Otro caso ocurre con los antílopes. Si detectan la presencia de un depredador, liberan feromonas en el aire que viajan rápidamente y alertan a otros antílopes para huir, incluso si no han visto al depredador.
“Podemos decir que las feromonas funcionan como una llamada de atención, un mecanismo de marcaje territorial, una señal de reproducción o una forma de conexión entre madre y cría”, destacó la divulgadora.
Se han identificado feromonas en diversas especies, aunque no en todas. “La ciencia sigue avanzando y, quizá en el futuro, descubramos que están presentes en más grupos de lo que imaginamos”, recalcó.
¿Influyen en los humanos?
Algunos experimentos sugieren que las feromonas podrían influir en ciertos aspectos del comportamiento humano. Un caso llamativo es la sincronización de los ciclos menstruales: cuando un grupo de mujeres convive durante un tiempo prolongado, sus ciclos tienden a alinearse. Una de las hipótesis plantea que este fenómeno podría estar relacionado con la detección de feromonas.
“Todas entran en ciertas etapas del ciclo reproductivo al mismo tiempo y, aparentemente, las feromonas juegan un papel en ello”, comentó Beyer.
Otros estudios han explorado la atracción humana. En un experimento, se pidió a un grupo de mujeres que olieran camisetas usadas por diferentes hombres y eligieran cuál les resultaba más atractiva. De manera significativa, muchas identificaron la camiseta de su pareja o de alguien que les gustaba previamente.
“Algunos investigadores creen que esto podría estar relacionado con las feromonas y su papel en la selección de pareja”, explicó la experta.
Feromonas en conejos, perros y gatos
Durante varios años, María Emilia Beyer trabajó en el Centro de Investigación en Reproducción Animal de Tlaxcala, asociado al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV), donde estudió la conducta de marcaje territorial del conejo blanco.
“Los conejos marcan a través de unas glándulas ubicadas en el mentón. Das dos saltos y marcas una roca, das dos saltos y marcas una jaula, das dos saltos y marcas a tu pareja o a tus crías”, explicó Beyer.
Este comportamiento permite que otros miembros de la especie identifiquen su territorio y evita conflictos innecesarios. “El reconocimiento de territorio mediante feromonas previene peleas que podrían dejar heridos a los animales”, añadió.
En el caso de los perros, es común verlos olfatear y orinar en distintos lugares, especialmente los machos. Incluso si ya no tienen orina, algunos levantan la pata por instinto. “Lo que realmente están haciendo es liberar feromonas para marcar su territorio”, aclaró.
Los osos también usan feromonas de manera particular. Cuando se frotan contra los árboles, muchas personas creen que se están rascando, pero en realidad están delimitando su territorio a través de su olor. “Como son animales de gran tamaño, requieren territorios amplios, y este comportamiento ayuda a evitar enfrentamientos con otros osos”, explicó Beyer.
¿Las feromonas influyen en la elección de pareja?
Una de las áreas de investigación más interesantes es si las feromonas intervienen en la elección de pareja para favorecer una mayor diversidad genética en la descendencia.
“El genoma tiene múltiples genes que pueden estar apagados o encendidos, y estos pueden ser complementarios o distintos a los de una pareja potencial”, explicó Beyer.
Las feromonas son liberadas a través de las glándulas y están determinadas genéticamente. Sin embargo, en la elección de pareja también influyen factores culturales, religiosos y sociales. Por ello, “no se puede reducir un fenómeno tan complejo y hermoso como el enamoramiento solo a la genética”, concluyó la especialista.
Ideas destacadas:
- Las feromonas son mensajeros químicos específicos de cada especie que transmiten señales invisibles pero poderosas.
- En los humanos, el órgano vomeronasal es vestigial, por lo que su función es limitada.
- Las feromonas provocan respuestas inconscientes, como el marcaje territorial o el aviso de peligro.
- Algunos estudios sugieren que podrían influir en fenómenos humanos como la sincronización menstrual o la atracción sexual.
- En animales como conejos, perros y osos, cumplen funciones clave en la organización social y territorial.
- Las feromonas podrían intervenir en la elección de pareja para favorecer la diversidad genética, aunque factores culturales también son determinantes.
- El enamoramiento no puede explicarse solo desde una perspectiva genética o biológica.