Investigación Salud

Comunidad científica resiliente

Dra. Karla Salazar Serna/CRIM/UNAM

Sin duda la SARS-CoV-2 ha colocado a la humanidad ante diversos desafíos, donde se destaca una primera necesidad y homogénea: mantenerse con vida. Los gobiernos y las sociedades han desarrollado diversas estrategias para hacer frente a diversos retos que esta pandemia ha impuesto. Las muertes, la enfermedad y el confinamiento han situado a las poblaciones ante ineludibles duelos, las pérdidas son innumerables, pues no sólo se cuentan vidas, sino también empleos, relaciones, formas de existir y coexistir, formas de interactuar y hacer comunidad.

Esta pandemia ha incrementado problemas sociales no resueltos, como son: las diferentes violencias, la pobreza extrema, el desempleo, la discriminación, la desinformación, la falta de oportunidades y desarrollo, entre otras formas de opresión y negligencia estructural. Nadie ha estado exento de contagiarse, enfermar, morir, angustiarse, deprimirse, sentir miedo, desesperación o incertidumbre, padecer estrés agudo o padecer otros malestares vinculados con la pandemia.

A nivel mundial, todas las personas y las diferentes entidades gubernamentales han tenido y tienen un papel fundamental para evitar la propagación y el desastre, los trabajadores del sector salud son quienes han enfrentado sin descanso la emergencia sanitaria. Asimismo, gran parte de la sociedad espera que la comunidad científica genere pronto el conocimiento pertinente para combatir y detener a la SARS-CoV-2, y para poder hacer frente a las diversas implicaciones que ha provocado.

La comunidad científica se ha hecho presente a través de la publicación de diversos artículos científicos y de opinión. En concordancia, Torres (2020) señala que la comunidad científica se encuentra ante uno de sus mayores retos para resolver un problema sanitario de alcance global, lo cual ha propiciado un volumen de publicaciones sin precedentes en torno al mismo tema.

A través de diferentes plataformas virtuales se han desarrollado conversatorios, conferencias, páneles de reflexión, páneles de discusión, webinars, boletines informativos, notas de coyuntura, entre otras actividades. Han hecho uso de los medios de comunicación para expresar posturas, opiniones y socializar los últimos hallazgos de investigaciones vinculadas con la pandemia.

Los esfuerzos de divulgación y la generación del conocimiento por parte de las universidades y diversos centros de investigación se han generado (en un gran porcentaje) a la distancia, por lo que se han activado diversas plataformas para mantenerse en comunicación. Desde la UNAM, de manera temprana se realizaron diferentes acciones para generar respuesta a la emergencia sanitaria y contribuir al conocimiento de la pandemia:

“…la Rectoría a través de las coordinaciones de la Investigación Científica, de Humanidades, de Cultura y para la Igualdad de Género de la UNAM realizo medidas decisivas en todos los ámbitos del quehacer universitario, además de estrategias determinantes para contribuir a conocer y entender la dinámica de la SARS-COV2. La aportación de la Universidad Nacional ha resultado fundamental en materia de prevención y atención a la salud, asesoría a instituciones de gobierno, en investigación biomédica, en el diseño de equipos y dispositivos médicos, en atención psicológica, jurídica y de género, en el modelaje de la dinámica de la pandemia en México e orientando a la sociedad veraz y oportunamente sobre distintos aspectos de la pandemia.… En el campo de la investigación ha desplegado un esfuerzo enorme para contribuir al conocimiento de la pandemia, desde las ciencias de la salud, así como en los ámbitos sociales y económicos, para dar continuidad a los proyectos en estos momentos difíciles de trabajo y convivencia y preparar las acciones que tendrá que realizar nuestro país en el futuro cercano” (Dirección General de Comunicación Social DGCS/UNAM, 2020).

Las cuales fueron socializadas con los diferentes medios de comunicación de esta máxima casa de estudios y replicados por diversas instituciones y medios de comunicación nacionales e internacionales. Se desarrollaron diversos sitios web para contribuir a la información en torno a la pandemia, por mencionar algunos ejemplos desde la Coordinación de Humanidades se desarrolló el sitio web “COVID-19. Humanidades UNAM. Reto social” y desde el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias fue desarrollado el “Micrositio del CRIM sobre la pandemia del COVID-19”. Estas acciones abren una puerta a colaboraciones de investigación encauzadas a generar ciencia de incidencia, a la difusión y la divulgación del trabajo de investigación institucional e interinstitucional, y a una interacción cercana a la sociedad.

No obstante, es importante visibilizar que el desarrollo científico está a cargo de personas comunes y corrientes, que no están exentas de vivir diversos escenarios complejos, lo que hace también preguntarse bajo que contextos adversos se está produciendo el conocimiento, en una pregunta concreta: ¿cómo ha sido y es investigar y generar conocimiento bajo el contexto de la COVID-19?

Para puntualizar sobre un ejemplo y desde una perspectiva de género, hemos podido observar en los últimos meses cómo la carga de trabajo se ha incrementado en las mujeres, al tratar de conciliar el trabajo desde casa, donde no existe un distanciamiento físico y emocional que permita establecer espacios definidos entre el trabajo y las labores domésticas, de crianza y cuidado.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a través de publicación ¿Qué significa la COVID-19 para las mujeres?, se señala que los efectos de la crisis sanitaria son diferenciados por cuestiones de género, que las mujeres y las niñas enfrentan riesgos específicos debido a las desigualdades, normas sociales y desequilibrios de poder fuertemente arraigados en la sociedad. Se puntualiza la necesidad de comprender el impacto diferenciado de esta crisis sobre niñas y mujeres para poder incidir en políticas que reduzcan las vulnerabilidades y propicien “un mundo más justo y resiliente” (PNUD, 2020).

Lo que hace preguntarme de forma más particular: ¿cómo las mujeres científicas concilian su vida privada con su vida profesional bajo un contexto de pandemia? En este sentido, es importante comenzar a indagar con profundidad las formas, las situaciones y los contextos en los que se desarrolla el trabajo científico en general bajo esta pandemia para poder entender, desde una perspectiva de género, no sólo los alcances, sino también las limitaciones en que se produce el conocimiento, pero sobre todo indagar sobre las alternativas resilientes que la comunidad científica puede emplear o ha empleado para dar continuidad a su trabajo.

Ahora bien, bajo este contexto tan complejo, la resiliencia se convierte en un fundamental proceso durante y después de la pandemia para las diferentes comunidades, incluyendo la científica. Desde mis estudios y con fundamento en las aportaciones del teórico Boris Cyrulnik, he sustentado que la resiliencia es un proceso que involucra factores internos y factores externos para sobrellevar la adversidad, lograr una transformación que permita continuar o crear nuevos proyectos de vida.

Un aspecto fundamental en la generación de la resiliencia es la perspectiva relacional, pues somos seres vinculados y vinculantes. El confinamiento significó un aislamiento social desde una narrativa impuesta y poco analizada para recomendar un distanciamiento social, cuando en realidad lo que se requería era un distanciamiento físico. Ante esta situación, se requiere hacer un especial énfasis al poder relacional de la resiliencia, el cual puede ocurrir a través de la interacción en favor de procesos comunitarios, fortalecidos por la búsqueda de un bien común. Tengamos en cuenta que una resiliencia que se traslade a la comunidad permitirá construir (a través del engranaje de saberes) resoluciones a problemas sociales (Granada, 2018). El compromiso de hacer comunidad, una comunidad resiliente frente a la SARS-COV2, es un compromiso general, que también involucra al ámbito científico.

A través de una comunidad científica comprometida a colaborar interinstitucionalmente y de forma interdisciplinaria, donde los esfuerzos no se detengan para trabajar de forma colaborativa y lograr diálogos que permitan la divulgación efectiva de sus avances será posible una incidencia orientada a la resiliencia. Los actuales retos mundiales requieren de una ciencia capaz de trabajar y avanzar en redes, pero para ello, es preciso también reconocer los contextos adversos bajo los que se desarrolla la generación de conocimiento, de esta manera, será posible desarrollar acciones para contrarrestarlos a través de colaboraciones responsables y creativas que permitan hacerles frente.

Por ello, es indispensable que desde diferentes espacios científicos y académicos se dé continuidad a acciones que propicien el diálogo para la construcción de caminos resilientes en la sociedad. No sin antes, esta interacción dialógica debe reconocer las limitaciones, complicaciones y las diferentes vulnerabilidades en los procesos de generación del conocimiento. Lo que implicará propiciar alternativas para la generación de procesos resilientes caracterizados por flexibilidad, claridad, creatividad, solidaridad, comunicación e interacción que, lejos de provocar una adaptación a situaciones adversas, permitan una transformación orientada a construir una ciencia de incidencia social.

Cabe destacar que el dolor y sufrimiento de la adversidad provocada por la SARS-CoV-2 puede incrementarse y convertirse en un malestar cultural, por el contrario, si seguimos insistiendo en una promoción narrativa y práctica de la resiliencia puede resultar en una transformación de la adversidad a través de la resolución creativa de situaciones desventajosas.

Hoy más que nunca se da la oportunidad de convertir la palabra resiliencia en una praxis general. No obstante, es preciso considerar que el proceso resiliente es complejo, ya que implica cambios actitudinales, cognitivos y emocionales, en algunos casos, un total cambio de vida. Incluso para Cyrulnik (2001) es representado como un oxímoron, donde los opuestos se reconstruyen en nuevos significados, donde la adversidad se visualiza como oportunidad.

La construcción de una comunidad resiliente desde el ámbito universitario, requiere una mirada interdisciplinaria y transdisciplinar, que vaya más allá de una atracción académica, que propicie una construcción dialógica de saberes constantes con y para la comunidad.

Es momento de capitalizar saberes y experiencias que nos está dejando la pandemia, las implicaciones de la SARS-CoV2 nos deben motivar a generar alternativas para seguir caminando a través de la adversidad, para no permitir que se nos inmovilice o condene a la tragedia. Y es que vivir en la incertidumbre es complejo, pero en estos tiempos es ineludible aprender a hacerlo; sin embargo, es posible disminuir sus consecuencias negativas a través de la generación de comunidad, donde los procesos dialógicos abran un abanico de posibilidades para abordar un nuevo mundo, y darle sentido a lo que nos pasó.

La resiliencia en comunidad da paso a procesos cognitivos que optimizan la resolución de los problemas colectivos. No sólo se hace uso de los saberes, se reconocen los sentimientos y las emociones en torno a las adversidades, se prioriza el vínculo humano para potenciar el sentido comunitario. En otras palabras, la resiliencia en comunidad permitirá reconocer que todo conocimiento es valioso si se coloca en el contexto adecuado para generar nuevos procesos o reconstruir procesos enfocados al bienestar colectivo (Granada, 2018). Promover una resiliencia comunitaria desde el ámbito científico generará sin duda diversas implicaciones positivas para la sociedad.

Para finalizar, debo decir que, siendo el humor una característica resiliente enriquecedora, estoy encantada de compartir la palabra ResiliCiencia, con el ánimo de seguir insistiendo en la resiliencia y recalcar su importancia desde todos los ámbitos, hoy en particular desde el ámbito científico. Hagamos comunidad, una comunidad científica resiliente.

 

Referencias bibliográficas

Cyrulnik, B. (2001). La maravilla del dolor. Barcelona: Gedisa.

Dirección General de Comunicación Social DGCS/ UNAM (2020). La UNAM no se detiene: Primeras 91 acciones contundentes frente a la pandemia. Disponible en: https://www.unamglobal.unam.mx/?p=85549

Granada, P. (2018). La resiliencia comunitaria como expresión de la inteligencia colectiva. La capacidad re-generativa de los colectivos humanos en las prácticas de protección de la infancia en contextos de adversidad. En: Simpson, M; Munist, M; Cruz, E; Kotliarenco M; Klasse, E. y A. Melillo. Resiliencia comunitaria (pp. 191-211). Buenos aires: Dunken.

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2020). ¿Qué significa la COVID-19 para las mujeres? Disponible en: https://www.undp.org/content/undp/es/home/blog/2020/what-does-coronavirus-mean-for-women.html

Torres, D. (2020). Ritmo de crecimiento diario de la producción científica sobre Covid-19. Análisis en bases de datos y repositorios en acceso abierto. El profesional de la información, 19 (2). Disponible en: https://digibug.ugr.es/bitstream/handle/10481/61153/290215_Torres-Salinas.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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