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Siento rabia

“Siento rabia, furia, mucho dolor. Quisiera que todos se cuidaran, que no salgan, que no tengan que perder a nadie para darse cuenta de la gravedad, de que en serio deben cuidarse”.

Araceli, de 60 años, sin diabetes ni hipertensión ni ningún otro padecimiento crónico, murió este viernes de COVID-19; hace tres días lo confirmaron las pruebas. Marlene, una de sus hijas, cuenta el proceso. Fue rápido. Tuvo síntomas de gripe leve, tos y cuerpo cortado, el viernes de la semana pasada; el domingo sintió un gran cansancio, tanto que el Día de las Madres no pudo contestar las llamadas de los nietos y los hijos que no viven con ella. Lupita, de 38 años, y Jessi, de 25, las que sí, la estuvieron cuidando, quizá ellas también están infectadas, empezaron antes con los síntomas de tos y estornudos, aún los tienen, pero a pesar del fallecimiento de su mamá, no les han hecho la prueba aún.

Ya programaron la cremación, domingo a las 4 de la tarde. Sólo una persona puede asistir, será Lupita, la misma que la acompañó al hospital, estuvo en la ambulancia con los paramédicos, ha hecho los trámites, fue por las compras los últimos días, se movilizó para el traslado, intentó que le hicieran estudios y la llevó en el coche a más de un laboratorio sin que la recibieran porque los síntomas eran de coronavirus.

La que regresó con su madre a casa el lunes, sintiéndose miserable, sin opciones más que llamar al 911 y reportar un caso de posible COVID-19. Tememos al virus, pero nadie en su sano juicio quiere pararse en un hospital en estos días, a menos que en serio esté muy mal.

La misma que consiguió una revisión médica a casa porque los primeros paramédicos le dijeron que “no hay cupo en los hospitales y la trasladaríamos al Estado de México”. La misma que movió cielo, mar y tierra para conseguir un tanque de oxígeno, que al final tuvo que comprar en 11 mil pesos. Sin compresor porque cuesta 25 mil. También fue por los medicamentos con que estuvieron tratando a su mamá hasta el viernes, cuando daba muestras de ya no poder oxigenar, cuando la ambulancia volvió y esperó durante 40 minutos a que le dieran luz verde para trasladarla al hospital.

La llevaron al Hospital General de Zona 1A Venados, en Benito Juárez; la ingresaron e intubaron de inmediato, pero no resistió.

Marlene dice que ni siquiera sabe con quién enojarse, a veces con su mamá porque salía a hacer compras, con cubrebocas y guantes, pero salía; con los paramédicos que no la hospitalizaron desde la primera vez e incluso les comentaron que daban prioridad a los menores de 40 años para el uso de ventiladores; con los vecinos que están hoy mismo haciendo fiesta; con todos los que acudían al tianguis de San Andrés Tetepilco como si no pasara nada; con la situación en sí, el maldito virus, la impotencia, el no haber hecho lo suficiente y ni siquiera poder acompañar a sus hermanos y abrazarlos.

Su experiencia revela que, además de no protegernos lo suficiente, o que usar cubrebocas no basta, el sistema de salud ya está por colapsar. Por falta de espacio no ingresan a los casos graves de inmediato, hay que esperar a que se agrave aún más y en el ínter puede perderse al paciente. Muestra, asimismo, que si se tiene un enfermo en casa, ojalá no se agrave porque, desde hace semanas se sabe, conseguir un tanque de oxígeno es muy difícil.

Se sabe también que no se realizan las suficientes pruebas de COVID-19 y hay posibles contagiados asintomáticos o con síntomas leves que no pueden quedarse en casa y quienes, sin pretenderlo ni ser conscientes, son una fuente de propagación del virus.

Estamos en un pico de contagios muy severo porque no sólo es cuestión de tiempo para que bajen los casos, sino de que existan factores, que hasta el momento no hay, que permitan aplanar o reducir la curva, tales como una vacuna, un medicamento que funcione y pueda aplicarse de forma masiva, o que en verdad la gente se quede encerrada, lo cual retarda la propagación, pero no elimina al virus.

Es indispensable seguir las indicaciones de protección establecidas por la Organización Mundial de la Salud y, si se puede, exagerarlas. Salir exclusivamente por lo indispensable y mantener la sana distancia, usar cubrebocas y desecharlos en bolsa de plástico al regresar a casa, también colocarse caretas para evitar tocarse la cara y el contacto del virus con los ojos, caretas que hay que desinfectar al menos cada 24 horas, dejar los zapatos en la entrada y ponerles cloro en la suela, bañarse al regresar y lavar la ropa de inmediato o al menos guardarla en una bolsa de plástico. Permanecer en confinamiento en el hogar y, si se sale, que sea con la protección necesaria y con actitud de estoy infectado, para que nadie se me acerque y así no me puedan contagiar.