Medio Ambiente

Se previenen de huracanes con mensajes de WhatsApp

Omar Páramo/Francisco Medina/Fotos: cortesía de Marcela Gómez

Todos los días, Leonardo Quirino se arrellana en su silla favorita y, desde casa, observa el mar, aunque lo hace desde la pantalla de un ordenador pues él reside en Zacatecas y la playa más cercana le queda a ocho horas en auto. Como meteorólogo, navegar en la red es su única forma de monitorear ciclones tropicales y, cuando detecta alguno amenazante para Sisal (un pueblo de pescadores al noroeste de Yucatán, donde la UNAM tiene un campus), manda un mensaje de WhatsApp para alertar a la comunidad universitaria de allá.

“Hasta hace poco trabajaba en esa unidad académica, en el Laboratorio de Ingeniería y Procesos Costeros, dentro de un proyecto que buscaba entender por qué, en 2005, hubo tantas tormentas en el Atlántico. Entonces se registraron 27 con nombre, lo cual era el récord, pero el 2020 rompió ya toda marca. A la fecha llevamos 31 ciclones tropicales, 30 tormentas con nombre, 13 huracanes y seis huracanes mayores en el Atlántico, y la cifra aún podría elevarse”.

Leonardo Quirino es un joven zacatecano que, tras vivir algún tiempo en el puerto por cuestiones de trabajo, dice identificarse mucho con la comunidad sisaleña y, por lo mismo, ha decidido apoyarla, pese a estar hoy en el norte del país, dos mil kilómetros demasiado lejos.

Parte de este involucramiento se debe a que todavía en marzo vivía en Sisal y le tocó presenciar uno de los momentos más complicados de su historia reciente: el cierre del pueblo debido al coronavirus, ya que el miedo al contagio hizo que la comisaria colocara retenes en la carretera para que nadie entrara, pidiera a los habitantes denunciar a cualquier extranjero y solicitara a estudiantes e investigadores tramitar “cartas de vecindad”, es decir, papeles instranferibles emitidos por el ayuntamiento de Hunucmá que daban fe de que el portador vivía ahí y era alguien “honesto y de buenas costumbres”.

De aquellos días, el meteorólogo recuerda la incertidumbre de muchos universitarios que, como él, tras haberse mudado al puerto desde sitios lejanos y al verse sin libre tránsito para regresar con sus familias, se unieron a fin de protegerse y crearon un grupo de WhatsApp para estar al pendiente los unos de los otros, ese mismo al que ahora Leonardo manda mensajes con alertas y pronósticos.

“A principios de junio salí del puerto pues mi contrato con la UNAM había terminado y porque haré un posgrado en la Universidad de Berna. Tomé rumbo a Zacatecas e iba por Saltillo cuando me enteré de que la tormenta Cristóbal golpearía Yucatán, que Sisal estaba por ser evacuado y que la gente no sabía cómo se mantendría la sana distancia en los refugios; había un nerviosismo doble: por el ciclón y por el coronavirus. Ya nos habíamos apoyado en la contingencia y era momento de seguir haciéndolo; ahí decidí aprovechar mi celular y conocimientos, y comencé a enviar pronósticos a mis compañeros”.

Un ojo en el cielo

Como toda buena gente de mar, los habitantes de Sisal están habituados a las tormentas de cada año e incluso raperos locales las aprovechan para escribir rimas que tienen más sentido cuando son recitadas por alguien que vive en un puerto; tal es el caso de Sabuone (mote artístico de un biólogo que está por hacer su maestría en el campus costero de la UNAM), quien en estos días dio a conocer un tema suyo cuyo coro dice: “Hoy ha llegado la temporada de huracanes, hoy ha llegado el recuento de todos mis males”.

No obstante, acota Leonardo, pese a esta recurrencia vuelta costumbre, la acelerada formación de ciclones tomó a todos por sorpresa e incluso la Organización Meteorológica Mundial, que todavía en mayo anticipaba un máximo 19 tormentas, al ver que ya van 30 en este 2020, ha declarado a través de su vocera Clare Nullis: “Esta temporada nos ha dejado sin superlativos”.

Por lo pronto, la península de Yucatán ha sido golpeada por cuatro ciclones: Cristóbal, que aunque causó mucha alarma terminó en agua de borrajas, pues sólo trajo vientos y lluvia; Gamma, que se juntó con un norte, sin consecuencias negativas; Delta, que mostró una intensificación rápida y sí causo daño, y la última fue Zeta (cabe mencionar que los tres últimos se dieron en menos de un mes).

Para las autoridades municipales el estrago más severo ha sido la inundación de la entrada al pueblo, que los dejó incomunicados por días; para los biólogos del sitio la consecuencia más notable fue la llegada masiva de algas tipo sargazo a las costas (pero no exactamente, ya que no eran del género Sargassum), y para los meteorólogos lo más importante a observar es la rapidez con que se están formando tantas tormentas tropicales a lo largo del Atlántico.

Justo esta celeridad es la que ha obligado a Leonardo a revisar a diario páginas como las del Centro Nacional de Huracanes, Tropical Tidbits y el Servicio Meteorológico Nacional, así como imágenes de satélite, cartas de superficie, etapas y alturas de la atmósfera, y las condiciones oceánicas a fin de evaluar qué tan afectado puede verse el pueblo, pues este tipo de trabajos suele hacerse siempre pensando en los grandes asentamientos y nunca en poblados tan pequeños (Sisal tiene alrededor de mil 700 habitantes).

“En cuanto detecto algún riesgo envío una alerta al grupo de WhatsApp, redactada de la forma más sencilla y entendible. Aunque en principio va dirigida a los estudiantes e investigadores de la UNAM, mi intención es que, si la comparten con pescadores y vecinos, ellos pueda comprenderlo todo. Eso sí, siempre les advierto que no soy una fuente oficial y que siempre deben ver qué les dice el Servicio Meteorológico Nacional y Protección Civil de Yucatán”.

Sobre por qué realizar todo este trabajo, y sin recibir paga, Leonardo admite que es por cariño. “Quiero mucho a la comunidad universitaria de Sisal; muchos terminamos siendo muy cercanos a raíz de lo que vivimos durante el cierre del pueblo por la pandemia. Como meteórologo se me facilita mucho hacer pronósticos así que, llegado el momento, me dije: ésta es mi forma de cuidar de ellos”.

Rompiendo récords

Durante sus días en la unidad académica de la UNAM en Sisal, Leonardo colaboró en el proyecto Oleaje de Tormenta e Inundación bajo Diferentes Escenarios de Cambio Climático, bajo supervisión de la doctora Ruth Cerezo, y su labor consistía en determinar, a partir de modelos climáticos regionales desarrollados por la Universidad de Oxford y rutinas en Python, cuántos meteoros se hubiesen generado en el Atlántico entre 2004 y 2005, con y sin calentamiento global.

 Debido a todo este trabajo previo y a los datos científicos que ha analizado, Leonardo Quirino está seguro de que esta cantidad tan inusualmente alta de ciclones tropicales se debe a la alteración planetaria del clima provocada por el hombre y su estilo de vida.

Esta temporada debería terminar en noviembre y, sin embargo, pese a estar próxima a su fin y a que, habitualmente, la presencia de estos meteoros debería menguar por estas fechas, ya hemos tenido dos huracanes mayores sólo en este mes: Eta y Iota, y podría haber más.

“Tenemos una lista de 21 nombres en caracteres latinos que deberían bastar para bautizar a todos los ciclones de una temporada. Cuando éstos se agotan, lo cual es muy raro, entonces empleamos letras griegas, como hacemos ahora. El vernos orillados a echar manos de este último recurso es una evidencia casi palpable de qué tan inusual ha sido este año; normalmente no hay tantas tormentas, pero como todos sabemos, en 2020 no corren tiempos normales”.

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