Ciencia

¿Por qué envejecemos?

Laura Romero
Los cambios que se presentan aumentan la vulnerabilidad a la enfermedad y la muerte.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para 2050 habrá más adultos mayores de 65 años que niños menores de 5. “El envejecimiento es un factor de riesgo para padecimientos metabólicos, neurodegenerativos y cáncer. A medida que nos hacemos viejos, la disminución de las propiedades funcionales aumenta la vulnerabilidad a la enfermedad y la muerte”, señaló Diana Lizbeth de la Cruz Ramírez, investigadora posdoctoral en el Departamento de Fisiología y Biofísica de la Universidad de Washington, en Seattle.

Según la Federación Americana para la Investigación del Envejecimiento, éste representa el mayor riesgo para padecer cáncer, alzhéimer, afecciones del corazón, diabetes y demencia. También lo es para enfermedades infecciosas, como la Covid-19.

Al participar en el Seminario de Complejidad y Salud, del Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM, explicó que el envejecimiento es un proceso que todos experimentamos. Desde el punto de vista biológico, es la consecuencia de la acumulación de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, que deteriora o disminuye las propiedades funcionales.

La doctora en Ciencias Biomédicas por la Facultad de Medicina de la UNAM recordó que ese sector de la población cada año será más significativo numéricamente hablando; entender sus necesidades desde el punto de vista clínico y social, será clave para atenderlos.

Al hablar de ¿Cómo Envejece nuestro Sistema Nervioso Simpático? Un Acercamiento desde las Neuronas Postganglionares, la científica mencionó que a nivel celular se ha establecido que el envejecimiento es un proceso multicausal, es decir, está implicada más de una variable.

Puede estar determinado por una inestabilidad genómica, una disfunción en la síntesis y degradación de proteínas porque las neuronas ya no puedan censar los nutrientes, una disfunción mitocondrial o agotamiento de células madre. También cuando la comunicación intercelular está dañada, dijo la experta.

Mecanismos moleculares y celulares

En su proyecto de investigación actual están tratando de comprender los mecanismos moleculares y celulares del envejecimiento del Sistema Nervioso Simpático (SNS), “específicamente desde el componente periférico que son las neuronas postganglionares”, precisó.

Al respecto, explicó que en el envejecimiento la función del cuerpo está en decremento. La homeostasis del cuerpo, es decir, el estado de equilibrio entre todos los sistemas que se necesitan para sobrevivir y funcionar correctamente, es regulada a través del sistema nervioso, por lo que su estudio es clave para entender, desde una perspectiva global, cómo se da ese proceso.

De la Cruz Ramírez refirió que el SNS es parte del sistema nervioso autónomo y se relaciona principalmente con las funciones no voluntarias, como la dilatación de las pupilas. El sistema nervioso simpático tiene que ver con la activación del cuerpo para situaciones de estrés, con reacciones de lucha, huida o congelarse.

El SNS se compone del cerebro y la médula, es decir, del sistema nervioso central, y una parte periférica: neuronas en los ganglios de la cadena simpática. Dichas neuronas inervan directamente en los órganos llamados blancos, como ojos, glándula salival y corazón. Así, por ejemplo, ese sistema regula la secreción de lágrimas y dilata la pupila, inhibe la salivación, acelera la frecuencia cardiaca e induce la vasoconstricción, inhibe la secreción de insulina y la contracción de la vejiga.

Muchas de esas funciones se afectan conforme envejecemos: así presentamos ojo seco, que dificulta la visión; reducción en la secreción de la saliva, relacionada con el aumento de caries que lleva a la pérdida de dientes; arritmias e hipertensión; enfermedad inflamatoria intestinal, obesidad y diabetes, o incontinencia urinaria.

Una característica del envejecimiento es el incremento de la actividad del sistema simpático; es decir, está más activo conforme nos hacemos viejos.

De la Cruz Ramírez puntualizó que el SNS tiene neuronas preganglionares en el sistema nervioso central que inervan a las neuronas que se encuentran en los ganglios, o neuronas postganglionares que, a su vez, inervan a los órganos blancos.

La forma en que la fibra postganglionar se comunica con los órganos es a través de la secreción de un neurotransmisor denominado noradrenalina, cuyos niveles en plasma se incrementan conforme avanza la edad. También es un hecho que la actividad de esas fibras se incrementa, tanto las que inervan al corazón, al riñón, al páncreas, etcétera. “El envejecimiento está relacionado con la sobreactividad del SNS”.

La hipótesis que tenemos es que esa sobreactividad altera la función (propiedades eléctricas) de las neuronas postganglionares durante el envejecimiento. “Estamos contentos porque hemos roto el paradigma en el que sólo las neuronas preganglionares podían explicar los cambios en la actividad exagerada del SNS y estamos demostrando por primera vez que las postganglionares también se ven afectadas conforme envejecemos”, concluyó.

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