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Las enseñanzas de Diego Maradona

Por Jorge Aguilar Bello*/Damián Mendoza

Diego Armando Maradona ha muerto (1960 – 2020). Sin embargo, en algunas cuantas horas ha dejado claro la trascendencia que tuvo como jugador y el legado irrefutable en las esferas de nuestra vida cotidiana. Bastaron algunos minutos para generar una locura en las redes sociales de todo el mundo. Líderes, políticos, presidentes de naciones, empresarios, personalidades, jugadores contemporáneos a Diego y de la nueva ola, así como millones de aficionados alrededor del planeta han mostrado su admiración y cariño por el héroe que, desde la pobreza, conquistó la gloria precisamente en el Mundial de Futbol de México 1986. Hay que señalar, sin embargo, que internet también mostró cientos de críticas a un personaje que, por otra parte, defendió a dictadores latinoamericanos y abusó de las drogas durante prácticamente toda su vida profesional.  

Y es que Diego Maradona, como menciona Jorge Valdano -otro contemporáneo del Pelusa- podría siempre dividirse en dos personas. La idea nace de su preparador físico, Fernando Signorini, quien solía decir -cuenta Valdano- que “con Diego iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina”. Y es que así fue la figura del astro argentino: un fenómeno en las canchas y total controversia, excesos y rebeldía fuera de éstas.

Sin embargo, Diego Maradona nos deja muchas enseñanzas que son las que quisiera destacar tras su muerte. La primera y quizá la más importante es su capacidad mental para lograr un objetivo que tuvo desde niño. En Youtube podemos observar la inocente seguridad de un greñudo y desalineado pibe que cuenta con claridad: “mi primer sueño es jugar en el Mundial”. Lograrlo no fue sencillo, pues tuvo que adaptarse a la pobreza de su natal Villa Fiorito y afrontar las limitaciones que las carencias implican para convertirse en poco tiempo en un niño fenómeno, después es una joya adolescente para finalmente debutar en primera división con el equipo Argentinos Juniors en 1976.

A partir de ese momento, Maradona no paró. Se convirtió en la estrella argentina más extraordinaria del planeta y metió toda la cantidad de goles posibles bajo una técnica individual pocas veces vista por todos aquellos que alguna vez pateamos una pelota de futbol.  Una estrella mundial ascendiente que derrotaba a todos quienes se le ponían enfrente, ya sea con la casaca de la selección argentina o con la de los equipos que lo ficharon en su carrera Argentinos Junior, Barcelona, Nápoles, Boca Juniors, principalmente.

En México 1986 Maradona nos enseña otra faceta, la de líder. El líder que pudo pintarle a cara a todos los europeos que se le pusieron enfrente durante el torneo y que quisieron evitar que él cumpliera el objetivo planteado en su niñez. Nuestro país fue la plataforma para ver la mejor versión jamás vista de “el Diego”. A diferencia de las múltiples críticas que se le hacen a su connacional Leonel Messi ante su falta de liderazgo en momentos cumbre, Maradona no se inmutó de echarse el equipo en los hombros y llevarlos a la gloria.

Para muestra, el gol que lo sintetiza, el gol que resume todo lo que Diego Armando Maradona fue en las canchas, el gol que lo convierte en la figura inmortal que se venera con su muerte en Argentina. Es ese gol en el que gambetea a media selección inglesa hasta llegar al arco contrario y afianzar el pase de su selección a la final contra Alemania el que inmortaliza su figura para siempre.

En ese Mundial, Maradona llega a la cumbre y, al igual que el otro Dios del Olimpo futbolero, Pelé, Diego es levantado en hombros con sombrero de charro y un Estadio Azteca extasiado de las maravillas del argentino.

Curiosamente, Diego escribe en México su grandeza y a la vez el inicio de su debacle como estrella mundial. A pesar de que logra grandes éxitos en los siguientes tres años, principalmente con el modesto Nápoles italiano, las problemáticas extra futbolísticas empiezan a ser una constante en su vida. En 1990 se envuelve en el primero de muchos escándalos cuando se descubre su primer dopaje positivo por cocaína. En adelante, los problemas con directivos, organizaciones reguladoras como la FIFA y, sobre todo, con su propia personalidad y sus vicios jamás lo van a soltar.

Otra de las enseñanzas que nos deja Maradona es que, por paradójico que parezca, el futbol es un deporte sano, lindo, divertido y es, sin embargo, la fama y los intereses económicos los que lo contaminan.

Durante su infancia y luego en sus primeros años de futbolista profesional, Diego Maradona se convirtió en un auténtico genio cuya cualidad radicaba el regate descarado, la velocidad, el cambio de ritmo y que curiosamente lo tuvo en plenitud e idolatría durante toda la década de los ochenta. Sin embargo, con el éxito a tope, con la fama y el mundo a sus pies prácticamente en toda la década de los noventa, también inició la caída inevitable: su mitificación como figura deportiva también fue su crucifixión. Pero, como lo menciona en su despedida, el futbol no tenía la culpa de eso: “El futbol es el deporte más lindo y más sano del mundo, que eso no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno, no tiene que pagar el futbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.

Hoy quizá los jóvenes no alcancen a dimensionar la grandeza de lo que fue este espectacular jugador de futbol. Con el trabajo físico y emocional, la preparación, alimentación y cuidados como los que tienen figuras como Cristiano Ronaldo, Messi, Neymar, Mbappé o Mané, Maradona parecería que no encajaría con el esquema de los grandes deportistas del siglo XXI. Pero quizá aquí radicaba su grandeza y su última enseñanza: la pasión que te mueve tiene que ser orgánica. No basta las cualidades físicas para ser una estrella, se necesita el hambre que jamás lo abandonó, el gusto por lo que haces, la pasión por tu profesión. 

En septiembre de 2018, Maradona regresó a México para dirigir un equipo de segunda división de Culiacán, Sinaloa: Los Dorados. Ahí nos dejó una última gran enseñanza de compromiso y humildad cuando, a la par de recibir un jugoso sueldo por sus servicios, no dudó ni un segundo en inyectar de pasión a un grupo de jóvenes que regularmente no alcanzan la fama de la primera división o bien van de salida en sus carreras. Maradona los inspiró y los llevó a la final en dos torneos de forma consecutiva. El destino no le permitió concluir su obra, pero el respeto y cariño quedó impregnado en esta ciudad señalada por un punto nodal del narcotráfico de México para el mundo.

En paz descanse Diego Armando Maradona, el mejor o segundo mejor futbolista de toda la historia. Sus jugadas, fintas, regates, movimientos y goles siempre serán recordados y documentados en las redes sociales para que todas nuestras nuevas generaciones disfruten de la leyenda del futbol mundial.

 

*Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM

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