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La política industrial de México existe sólo en el papel

Omar Páramo/Francisco Medina

La política industrial de México existe, pero sólo en el papel; fuera de ahí no tenemos un proyecto que vincule a las grandes multinacionales del país con las empresas pequeñas y medianas, ni estrategias de gobierno que apoyen y den fomento financiero a estos actores, pese a ser cruciales para nuestro desarrollo, señala Jorge Basave Kunhardt, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM.

Por el estancamiento que implica carecer de una planificación en este rubro, diversos especialistas se reunirán para discutir el tema y plantear alternativas en el Seminario de Economía Mexicana del IIEc, a realizarse el 26 y 27 de agosto y el cual, en su vigésimo sexta edición, se desarrollará a distancia y en la red, debido a la actual pandemia.

Y justo por la incertidumbre que se vive en el planeta —añade— urge analizar el asunto a conciencia, pues ante cálculos que estiman hasta en 10 por ciento la contracción económica en la que caerá México como consecuencia del coronavirus, debemos pensar desde ahora en cómo lograr la recuperación del país, algo que será mucho más fácil si tenemos un sector industrial productivo, vinculado y sano.

“Tras este hundimiento en definitiva creceremos porque vendremos desde muy abajo; por desgracia lo haremos de forma cortoplacista. Para lograr un crecimiento de largo plazo y sostenido necesitamos inversión tanto pública como privada, y también una política industrial”.

A decir del académico, vernos en un escenario tan desalentador se debe a que esta administración, al igual que la anterior, ha minimizado la importancia de contar con estrategias para evitar que las empresas que más contribuyen al PIB importen sus insumos (casi siempre a niveles superiores a lo exportado, lo cual genera balanzas negativas), sin considerar que, si dichos recursos pudiesen conseguirse localmente gracias a las pequeñas y medianas empresas, promoveríamos encadenamientos productivos internos que, además de ligar a todo un grupo, detonarían otra serie de eslabones, ahora de valor externo.

“Cambiar las reglas del juego está en manos del gobierno, pero sólo si trabaja en relación estrecha con el sector privado. Por el contrario, sin medidas efectivas para conseguirlo, todo lo dicho quedará en papel”.

El riesgo de desaprovechar las oportunidades

En 1978, José López Portillo afirmaba: “México se ha acostumbrado a administrar carencias y crisis, ahora deberemos acostumbrarnos a administrar la abundancia”, ello después de que Pemex comenzara a explotar el recién descubierto Cantarell, el segundo yacimiento de petróleo más grande del planeta. Ese evento hizo que el país pasara de exportar 96 mil barriles diarios de crudo, como registran los inventarios de los 70, a los 2.2 millones por día que se reportaban en 1982, convirtiéndonos de golpe en el cuarto productor mundial del energético.

Sin embargo, a pocas décadas de distancia, hoy el yacimiento de Cantarell está por agotarse, de la bonanza prometida poco o nada queda y, para el doctor Basave Kunhardt, dicho capítulo se ha convertido en una lección de manual sobre cómo una oportunidad única de crecimiento es desaprovechada por no tener una política industrial.

“¿Qué pasó? Que logramos niveles de producción y exportación muy abultados, pero en vez de invertir las ganancias para crear una industria moderna y diseñada para funcionar en el largo plazo, destinamos el excedente al gasto corriente, tal y como recién le pasó a Venezuela”.

Para evitar de nuevo un desastre así, el académico sugiere seguir el ejemplo de países exitosos como China, que tras la enorme estampida de campesinos que dejaron sus pueblos para asentarse en las ciudades y laborar en el sector industrial, supo encadenar a sus pequeñas y medianas empresas con sus grandes consorcios multinacionales.

“El resultado: a últimas fechas los chinos han estado creciendo a un ritmo del ocho por ciento, algo que para nosotros suena a mucho (en las campañas presidenciales mexicanas se suele prometer de un cuatro a un siete por ciento), aunque para ellos eso genera descontento, pues estuvieron haciéndolo por arriba del 12 por ciento por muchos años”.

A decir del profesor Basave, todas las naciones con un desarrollo económico importante, como el del Estados Unidos decimonónico o el de la Alemania del siglo XX, siguieron estos dos pasos: primero, promovieron una relación cercana entre industria privada y las políticas de gobierno; y segundo, seleccionaron a aquellas industrias capaces de hacer que su país se desarrollara para luego vincularlas con sus empresas pequeñas y medianas, generando crecimientos más parejos.

En México, agrega el académico, no se ha hecho ni una cosa ni la otra.

El problema de tener dos Méxicos

El país está dividido y no hablamos aquí de simpatías partidistas, explica el profesor Basave, sino de que, por un lado, tenemos a nuestras grandes empresas multinacionales (o multilatinas, como se les llama ahora), y por el otro a un sector de empresas pequeñas y medianas con poca productividad, con un desarrollo ínfimo y muy desvinculadas. “Ello equivale, prácticamente, a tener dos Méxicos”.

Para evitar mapas así de escindidos, lo primero que debería hacer el gobierno es identificar las industrias con potencial de crecimiento y un nivel de tecnología lo suficientemente elevado no sólo como para exportar, sino como para instalar plantas de producción en el extranjero (los rubros automotriz y de partes aeronáuticas prometen mucho), para después invertir en una política industrial acorde, a fin de apuntalarlas.

Con frecuencia se dice que nuestras grandes multinacionales no invierten cuando sí lo hacen, pero lo hacen mucho en el extranjero, cuando lo conveniente sería que ese dinero se quedara aquí, beneficiando a las pequeñas y medianas empresas, algo que se lograría si ambos sectores se encontraran lo suficientemente vinculados, indica.

Bajo esta lógica, el doctor es tajante al decir que es justo la mediana y la pequeña empresa las que más deberían interesar en el tema de política industrial, y en las que más se debe invertir. “No obstante, los recursos recaudados vía impuestos que destina México a esta tarea son del 17 por ciento del PIB (del 13 si descontamos a Pemex), mientras países similares, como Argentina o Brasil, aportan un 30 por ciento”.

Por ello, desde hace tiempo el doctor Basave se ha pronunciado por una reforma fiscal y hacendaria a fondo, algo que a su parecer debió haberse impulsado con la llegada de la administración actual y que no se dio, dice, por razones que escapan a su comprensión. “Desarrollo implica crecimiento y distribución del ingreso, y una de las formas de hacer lo último es, precisamente, mediante la recaudación fiscal”.

Sobre por qué es conveniente destinar más de lo colectado vía impuestos a la industria mexicana, el académico detalla: “El sector secundario, la industria manufacturera, nos aporta una tercera parte del PIB, así como el 42 por ciento de nuestro empleo formal; sin embargo, su crecimiento en los últimos ocho años ha estado por debajo del uno por ciento y su productividad ha sido negativa. Algo estamos haciendo mal, de ahí que sea crucial tener una política industrial bien planeada a fin de crear los escenarios para que nuestra industria crezca”.

El seminario La Política Industrial de México se realizará el 26 y 27 de agosto, constará de cuatro mesas y puede seguirse vía Zoom (esta opción, que exige un registro previo, permite obtener una constancia digital de asistencia) o desde el muro digital del IIEc, por Facebook Live.

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