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La NASA estrellará un asteroide y en un futuro podría salvar la Tierra

Michel Olguín Lacunza

En el espacio sideral navegan asteroides y cometas que en algún momento podrían impactar en la Tierra y causar daños considerables. Por esto, la NASA a través de la misión Double Asteroid Redirection Test (DART), planea impactar un asteroide para probar tecnologías que en un futuro podrían salvar al planeta.

La hazaña será en el 2022 y el objetivo es alcanzar a un “pequeño” asteroide llamado Dimorphos, que forma parte de un sistema binario al orbitar otro objeto de mayor tamaño llamado Didymos.

Tienen una órbita elíptica y cuando están más cerca de la Tierra quedan a una distancia de aproximadamente 11 millones de kilómetros. “Este espacio equivale a 28 veces la distancia de la Luna a la Tierra”, afirmó en entrevista Joel Castro Chacón, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM.

La idea es cambiar el periodo orbital de Dimorphos para hacerlo más rápido, aunque esto depende de cómo se produzca el impacto. Se trata de una técnica inercial y los resultados se podrán medir desde la Tierra a través de un telescopio.

Didymos mide aproximadamente 780 metros y Dimorphos 160 metros y están a una distancia media el uno del otro de 1.2 kilómetros. “Están realmente cerca el uno del otro”.

Se eligió este sistema binario porque no representa un peligro para la Tierra, y su desvío tampoco, debido a la cercanía de su órbita es posible observarlo desde un telescopio. Lo único que se pretende es variar su velocidad orbital alrededor de Didymos, pero el movimiento del sistema alrededor del Sol no cambiará.

Amenazas interestelares  

En el espacio sideral existe una zona considerada de peligro para el planeta Tierra, es decir, que asteroides o cometas pasen demasiado cerca. Se trata de una esfera imaginaria que rodea al planeta por ocho millones de kilómetros, si estos objetos se acercan más ya se consideran como peligrosos y podrían impactarla y causar graves daños.

Esta distancia equivale a aproximadamente 20 veces la distancia a la Luna, es decir, mucho más lejos y ya se considera peligroso. Si algún objeto del sistema solar o interestelar pasará esta línea imaginaria, el más mínimo desvío en su órbita podría provocar un acercamiento e impactarse en la Tierra.

Cualquier objeto que mida más de 30 metros entra en la clasificación de peligroso, el tamaño no importa, pero sí la distancia. “Pero si es mayor en tamaño los riesgos del impacto para la vida aumentarán”.

El gobierno de Estados Unidos instruyó a la NASA a detectar todos los objetos peligrosos para la Tierra y se dedicó sobre todo a los objetos grandes, es decir, cientos de metros. De acuerdo a modelos matemáticos, se han clasificado más o menos el 95 por ciento de estos objetos, el resto se desconoce. “Todavía no sabemos en dónde anda el cinco por ciento restante”.

De los objetos más pequeños se han detectado el 30 por ciento. “Debe haber una gran cantidad circulando cerca de la Tierra”, enfatizó.

En escalas de tiempo, los impactos de objetos pequeños rondan entre los 50 y 100 años. Por ejemplo, como el ocurrido en 2013 en Chelyabinsk, Rusia. Son bólidos que causan destellos y ondas de choque y miden entre 20 y 30 metros.

En cuanto a los objetos de más de 100 metros se estrellan en la Tierra aproximadamente cada 200 años. Por ejemplo, el caso de Tunguska, Rusia en 1908, que fue devastador.

“No sabemos exactamente bien cuándo llegarán, pero sí sabemos que en algún momento se impactarán”. Todavía existe un cinco por ciento de objetos grandes sin descubrir.

La importancia de DART

El proyecto DART es fundamental para probar una técnica de desvío de objetos peligrosos para la Tierra. En realidad, se trata de impactar al asteroide con una “cajita” que mide tan sólo dos metros, pero la cantidad de energía (velocidad de 6.6 km/s) que maneja es suficiente para variar un poco la órbita.

Si la humanidad prueba este concepto, sabrá que en el futuro podrá impactar un asteroide lejos de la Tierra, pero en camino de estrellarse con nosotros. “Así podremos evitar graves daños”.

“Y aunque se trata de un pequeño asteroide, es un gran avance, por ser la primera vez que se desvía la trayectoria de un objeto de forma artificial”, concluyó el investigador universitario.

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