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La guerra del futbol

Agencias
Ejercicio de Ficción, cualquier parecido con la realidad es culpa de la realidad

Todo comenzó en el aparador de una tienda de electrodomésticos que cobraba los intereses más altos. En un fin de semana normal la gente restregaba sus narices en los aparadores de la tienda y miraba los juegos de futbol.

Pero en ese fin de semana nada fue normal. Llovió sin previo aviso del meteorológico ni de los smartphones, las portadas de los diarios de ese domingo anunciaban que el ex gobernador más buscado había sido aprehendido en un templo budista (había renunciado a toda posesión material) y las secciones de deportes destacaban que los árbitros de futbol estaban en huelga y que mostraban dignidad ante los atropellos de los directivos.

Sin futbol por tres días parecía que nada ocurriría. Los expertos en revueltas señalaron que el inconsciente colectivo guarda rencores que pueden salir en cualquier momento. Una chispa basta para incendiar la pradera. De esta manera, la mayor parte de los estudiosos de la psicología de masas atribuyó la reciente revuelta en tierras mexicas al documental sobre el ex presidente más repudiado en la historia contemporánea del país, que una televisora decidió transmitir en vez de los juegos de futbol.

Primero fueron jitomatazos, botellas de plástico y piedras. Pero la ira convirtió la euforia en bombas molotov. Las consignas, según testigos, eran de todo tipo. Primero fue el del puesto de los elotes que gritó que estaba hasta el copete de los gasolinazos; alguien con una cerveza en la mano dijo que un familiar suyo había muerto en la guerra contra el narco; una madre se unió a la lucha por los 43 y alguien decidió quemar su playera del Cruz Azul. Y así comenzó la revuelta que obligó a renunciar al Presidente.

En las tardes de domingo las salas de redacción suelen ser lugares muy aburridos. La mayoría de las notas suelen tomarse de agencias, de comunicados oficiales o de las redes sociales (benditas redes). Ese día, Juan Pérez, jefe de información de La Tribuna, un corporativo multimedia con sede en Monterrey, batallaba por generar contenido para su noticiero de noticias por cable: “Navegaba por el twitter cuando encontré que @porfiriodiazreloaded había posteado que ‘la revolución comienza en las calles de Iztapalapa’. Las fotos eran muy atractivas y mandé a un reportero. ¡A los 30 minutos teníamos la revolución en vivo!”

Vinieron los saqueos, las tomas de gasolinerías, las protestas afuera de la Asociación de Futbol y los letreros de “no al maltrato de los árbitros”, “Nunca los volveremos a criticar”, “No volveremos a decirles ciegos o injustos”.

El Presidente convocó esa tarde a su gabinete para evaluar los riesgos. Era demasiado tarde. Las imágenes de la Tribuna eran replicadas por los medios de todo el mundo. El presidente de los Estados Unidos había ya soltado su tuit: “Mi equipo de seguridad nacional sigue al pendiente de ese Estado fallido que nos envía criminales”. Al menos 15 estados se habían unido a los saqueos. El líder de la oposición encabezaba las protestas en el Zócalo y había declarado: “Este gobierno se sostiene por un balón”.

A la medianoche el Presidente salió en cadena nacional. Su anunció fue breve: “Ante la gravedad de los hechos ocurridos el día de hoy he solicitado al secretario de Gobernación que encabece la pacificación del país. Hago un llamado a la reconciliación y en este momento he enviado mi renuncia al Congreso de la Unión. No quiero ser un obstáculo para la paz”.

Pocos podían creer lo que acababan de ver. Las redes sociales multiplicaron el mensaje y a los pocos minutos se transmitió uno más, el que acabaría con esta revuelta. Los árbitros llamaban a la paz y a terminar con los saqueos y protestas. El futbol había regresado. El lunes mismo habría partidos y todos serían transmitidos en cadena nacional. Los árbitros prometieron que nunca más dejaría de rodar el balón en las canchas.

 

(Daniel Francisco)

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