Este año, el Premio Nobel de Economía ha sido otorgado a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson, quienes han destacado por su investigación sobre la importancia de las instituciones sociales en la prosperidad de los países. En una entrevista exclusiva con el Dr. Arturo Valencia Islas, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, profundizamos en los aportes de estos economistas y en cómo sus teorías pueden ayudar a entender las desigualdades económicas actuales.

Ill. Niklas Elmehed. Divulgación Premio Nobel
El Dr. Valencia, con una vasta trayectoria en historia económica, celebra que este reconocimiento haya recaído sobre autores que basan sus investigaciones en el análisis histórico de los procesos económicos. “Es un gran acierto que el Premio Nobel haya premiado a Acemoglu, Johnson y Robinson, quienes desde una perspectiva neoinstitucionalista nos invitan a observar el desarrollo económico a través del prisma de las instituciones”, comenta Valencia.
Instituciones inclusivas vs. extractivas: una clave para el desarrollo
Uno de los aportes más significativos de los laureados es su análisis de las instituciones como el motor o freno del desarrollo económico. En su libro más influyente ¿Por qué fracasan los países?, los economistas exploran cómo las sociedades que desarrollaron instituciones inclusivas —aquellas que permiten la participación política y económica de todos sus miembros— tienden a generar un crecimiento sostenido y a largo plazo. Por el contrario, las sociedades con instituciones extractivas —diseñadas para beneficiar a una élite gobernante a costa del bienestar general— han experimentado crecimiento limitado o nulo.
“Este concepto de instituciones inclusivas y extractivas es fundamental para entender las desigualdades entre países”, señala el Dr. Valencia. “En América Latina, por ejemplo, muchas de las instituciones que se implementaron durante la colonización estaban destinadas a explotar los recursos y a la población indígena en beneficio de los colonizadores, lo que impidió el desarrollo de un sistema más inclusivo y equitativo”.
El Dr. Valencia agrega que “este enfoque de los laureados no es completamente nuevo. El neoinstitucionalismo económico, escuela de pensamiento a la que pertenecen Acemoglu, Johnson y Robinson, surgió a partir de los trabajos de Douglas North, otro Premio Nobel de Economía en 1993, quien definió a las instituciones como las reglas del juego que rigen a cada sociedad, distinguiendo dos tipos de instituciones: las instituciones formales, que serían todas las reglas codificadas como las constituciones, leyes y reglamentos, y las instituciones informales, que serían aquellas reglas no escritas que forman parte del comportamiento socialmente aceptado dentro de una sociedad, como las creencias, valores y rutinas. Ambas son igualmente importantes, pero mientras las instituciones formales se pueden cambiar rápidamente, las instituciones informales se transforman de forma lenta a lo largo del tiempo”.
Colonización y desigualdad económica
Uno de los elementos más fascinantes de la investigación de los laureados es cómo la colonización afectó la creación de instituciones en diferentes partes del mundo. Mientras que en algunas colonias, como las que hoy conocemos como Estados Unidos o Australia, se establecieron sistemas inclusivos que permitían el crecimiento económico a largo plazo, en otras, como gran parte de América Latina, África y Asia, se impusieron instituciones extractivas que beneficiaban exclusivamente a las potencias colonizadoras.
Valencia subraya que “el caso de América Latina es paradigmático. Aquí, las instituciones coloniales fueron diseñadas para extraer recursos y mantener una estructura de poder muy rígida, lo que ha tenido efectos profundos y duraderos en el desarrollo económico de la región”. Esta situación ha provocado que, a pesar de los esfuerzos por modernizar las economías latinoamericanas, los avances sean limitados, ya que las instituciones no formales, aquellas que incluyen las costumbres y comportamientos sociales, han sido difíciles de transformar. Por el contrario, “en países desarrollados como Estados Unidos, durante el periodo colonial, las instituciones evolucionaron hacia formas más inclusivas, aunque en un primer momento las políticas promovidas por la corona inglesa eran igualmente extractivas que las de la española. Factores demográficos, como la escasez de población indígena, la inexistencia de recursos minerales y la propia resistencia de los colonos, hicieron que las instituciones extractivas dieran paso a formas más inclusivas en las colonias norteñas, mientras que sobrevivieron instituciones extractivas en las colonias del sur”.
La trampa de las instituciones extractivas
Una de las razones por las que los países con instituciones extractivas se ven atrapados en un ciclo de bajo crecimiento económico es que estas instituciones brindan beneficios a corto plazo para los grupos en el poder, lo que desalienta cualquier reforma que podría generar beneficios a largo plazo para el resto de la población. Según los laureados, el problema radica en la falta de credibilidad de las élites para comprometerse con reformas económicas inclusivas.
“Cuando los líderes políticos no logran convencer a la población de que las reformas serán duraderas, es poco probable que se produzca un cambio institucional real”, explica Valencia. “Esto crea una situación en la que, aunque todos los actores conocen los beneficios de unas instituciones más inclusivas, las élites prefieren mantener el statu quo, ya que les garantiza ganancias a corto plazo y su permanencia en el poder”.
Democracia como solución ante la crisis institucional
Sin embargo, los economistas premiados también argumentan que en ciertos casos la falta de credibilidad de las élites puede llevar a la democratización. Cuando la población pierde la fe en las promesas de las élites y amenaza con una revolución, estas se ven forzadas a ceder el poder y establecer democracias como una forma de evitar el colapso total del sistema.
“Este fenómeno ha ocurrido en muchos países a lo largo de la historia”, comenta el Dr. Valencia. “Ante la presión social, las élites políticas se ven obligadas a implementar cambios que de otro modo no hubieran hecho. Sin embargo, esto no garantiza que las nuevas instituciones sean completamente inclusivas o que el cambio ocurra rápidamente”.
El reto de las instituciones en el contexto actual
Los estudios de Acemoglu, Johnson y Robinson también ofrecen perspectivas valiosas sobre los desafíos contemporáneos como el cambio climático y la digitalización. Según Valencia, los laureados sugieren que, al igual que en el pasado, las instituciones inclusivas serán clave para enfrentar estos problemas globales. Sin embargo, advierte que “no es suficiente con que se firmen acuerdos internacionales o que se implementen nuevas políticas. Es necesario un cambio profundo en cómo las sociedades perciben estos desafíos y cómo las instituciones pueden adaptarse para promover soluciones más equitativas y sostenibles”.
El reconocimiento del trabajo de Acemoglu, Johnson y Robinson resalta la importancia de las instituciones para reducir las vastas diferencias de ingresos entre países. Como señala Jakob Svensson, presidente del Comité para el Premio en Ciencias Económicas: “Reducir las enormes diferencias de ingresos entre países es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo”. Este enfoque institucionalista ofrece una perspectiva renovada sobre cómo abordar las desigualdades y los retos económicos globales.
Para el Dr. Arturo Valencia, “este premio es un reconocimiento de la importancia de la historia económica en el análisis económico, el cual ha estado dominado por escuelas de pensamiento que han privilegiado cada vez más el análisis matemático, dejando de lado a la historia, ignorando que el presente es el resultado de procesos históricos acumulados. No podemos entender el desarrollo económico sin tener en cuenta las instituciones que han moldeado a las sociedades a lo largo del tiempo”.
Los aportes de los laureados en ciencias económicas subrayan la importancia de mirar más allá de las políticas económicas inmediatas y enfocarse en la construcción de instituciones que promuevan el desarrollo inclusivo y sostenible a largo plazo. Solo así podremos aspirar a un mundo con menos desigualdad y más prosperidad para todos.