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Comprar en línea: entre la comodidad digital y los desafíos estructurales

El comercio electrónico se ha consolidado como uno de los fenómenos más relevantes de la economía contemporánea, particularmente durante las diversas celebraciones que se presentan a lo largo del año. Aunque este modelo existe desde la década de los noventa, su adopción fue lenta y gradual durante varios años.

El punto de inflexión llegó con la pandemia por COVID-19, cuando el comercio electrónico experimentó un crecimiento acelerado y una adopción generalizada que transformó de manera profunda los hábitos de consumo a nivel global.

Durante los periodos de confinamiento, el aislamiento social obligó tanto a consumidores como a empresas a recurrir a las plataformas digitales como principal medio para realizar compras y ventas.

“Muchas empresas que no contaban con esta modalidad tuvieron que implementarla como una estrategia de supervivencia. Una vez superada la etapa más crítica de la pandemia, la tendencia no se revirtió: las personas se acostumbraron a comprar en línea, valorando la inmediatez, la comodidad y la posibilidad de adquirir productos sin necesidad de acudir físicamente a una tienda”, explicó el investigador del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE), César Francisco Duarte Rivera.

Este cambio en los patrones de consumo se refleja en las cifras globales. A nivel mundial, las ventas por comercio electrónico continúan creciendo de forma acelerada. En Latinoamérica, por ejemplo, este sector crece a un ritmo 1.5 veces mayor que el promedio global y alcanza un valor aproximado de 215 mil millones de dólares.

Sin embargo, este crecimiento no se presenta de manera homogénea. En el caso de México, aunque el comercio electrónico ha ganado relevancia, la economía sigue basada en gran medida en transacciones presenciales y en el uso de efectivo. Las tiendas físicas, los mercados y los tianguis continúan siendo actores centrales del intercambio comercial.

Aun así, la tendencia apunta a una mayor digitalización. De acuerdo con Endeavor México, este año el país avanzará hacia una penetración de 17.7% del ecommerce sobre el retail total, es decir, la venta directa de productos o servicios al consumidor final.

Virtudes y riesgos del comercio electrónico

Diversos factores explican el crecimiento del comercio electrónico. Uno de los más importantes es la conveniencia que representa para los consumidores, señaló Duarte Rivera. Comprar en línea permite ahorrar tiempo y evitar desplazamientos, algo especialmente valioso en grandes ciudades como la Ciudad de México, donde el tráfico, las largas distancias y las filas en tiendas pueden convertir una compra sencilla en una actividad que consume varias horas.

“Otro factor clave es el avance de la inclusión financiera. El acceso a productos financieros como tarjetas de débito y crédito facilita la realización de compras en línea. Aunque existen alternativas de pago en tiendas de conveniencia, la mayoría de las transacciones electrónicas se realizan mediante el sistema bancario. El aumento en la adopción de estos instrumentos ha contribuido directamente a la expansión del comercio electrónico”, agregó el investigador del IIE.

Además de sus ventajas, el comercio electrónico ha redefinido parcialmente las dinámicas tradicionales del mercado. Muchas empresas han modificado sus estrategias de venta para priorizar los canales digitales, ofreciendo entregas rápidas, opciones de compra en línea con recogida en tienda y promociones constantes, incluso en temporadas que antes eran consideradas de alta demanda y sin descuentos. Asimismo, ha facilitado la compra de productos voluminosos, que antes implicaban mayores complicaciones logísticas para los consumidores.

No obstante, este crecimiento también ha traído consigo riesgos importantes, especialmente durante diciembre, mes en el que los fraudes digitales aumentan hasta en un 40%. Por ello, es fundamental que los consumidores tomen precauciones al realizar compras en línea.

Entre las principales recomendaciones del investigador se encuentran:

  • Verificar que las páginas web o aplicaciones sean confiables.
  • Revisar cuidadosamente la dirección electrónica, así como los términos y condiciones de compra, y preferir plataformas reconocidas.
  • Ser cuidadoso con la información bancaria que se comparte y desconfiar de ofertas excesivamente atractivas, ya que, como dicta el sentido común, muchas veces lo que parece demasiado bueno para ser verdad no lo es.

Grandes empresas, principales beneficiadas

Al ser cuestionado sobre los sectores que más se benefician de este modelo, Duarte Rivera señaló que principalmente son las grandes empresas, así como los servicios de transporte y logística. Si bien las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) tienen oportunidades de participar, el escenario para ellas resulta más complejo.

“La implementación del comercio electrónico implica altos costos logísticos y de envío, los cuales solo pueden ser absorbidos de manera eficiente cuando se manejan grandes volúmenes de venta. Esto genera barreras de entrada para las pequeñas y microempresas, que muchas veces no pueden competir en condiciones similares. En consecuencia, el comercio electrónico tiende a concentrarse en un número reducido de grandes compañías”, explicó.

Este beneficio, sin embargo, contrasta con la situación laboral de muchos trabajadores y repartidores, quienes frecuentemente enfrentan jornadas extensas, altas exigencias y condiciones de trabajo poco favorables, especialmente en empresas emblemáticas del sector.

Los productos más comprados en línea

Entre los productos que más se comercializan en plataformas digitales destacan los artículos electrónicos, como teléfonos celulares, computadoras y consolas de videojuegos. La ropa también ha ganado terreno, impulsada por el modelo de fast fashion, caracterizado por precios accesibles y una renovación constante de productos.

El futuro del consumo

El comercio electrónico ha transformado de manera significativa la economía, modificando hábitos de consumo, estrategias empresariales y dinámicas de mercado. Aunque su crecimiento es innegable, su impacto no es uniforme y convive con formas tradicionales de comercio, especialmente en contextos como el mexicano, donde persisten prácticas económicas y culturales profundamente arraigadas.