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Fotofestín, un festival de fotografía que crece y se internacionaliza en medio de la pandemia

Omar Páramo/Damián Mendoza

“Las fotos no mienten, pero tampoco nos cuentan toda la historia”, escribía Paul Auster en Viajes en el Scriptorium, y algo parecido podría decirse de Fotofestín, el festival que, en su decimotercera edición (a celebrarse el 25, 26 y 27 de febrero), ha dejado lo local para internacionalizarse. Ello nos habla de un evento con cada vez más convocatoria, aunque el relato completo tiene que ver con el confinamiento, y con cómo hemos lidiado con la enfermedad.

“Esto iba a realizarse el año pasado, en la FES Acatlán; teníamos ya los talleres, a los conferencistas, el programa y a los voluntarios listos y, de pronto, se declaró la pandemia y empezaron las Jornadas de Sana Distancia. Esto nos obligó a posponerlo y a plantearnos: ¿podemos hacer las cosas de manera diferente, y sin perder nuestra esencia?”, refiere Ariana Oropeza, creadora de esta iniciativa.

La también directora de Fotofestín nunca dudó de que ella y su equipo sacarían todo adelante, pues desde que nació el encuentro —hace ya una década en la entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP)—, éste se planteó como un punto de reunión para los amantes de la foto, “y ésta no es una pasión que se pierda si, por alguna razón, nos vemos impedidos de salir a los exteriores”.

Lo que sí cambió fue la vocación itinerante del festival, ya que si antes viajaba por el país, ahora los organizadores decidieron echar mano del streaming y las videollamadas, herramientas que han alterado el escenario, y a tal grado, que si hoy alguien dice: “Si Mahoma no va a la montaña, que la montaña venga a Mahoma”, ello tiene sentido.

“De ser un evento local, de golpe nos internacionalizamos. En esta ocasión tendremos a conferencistas que se conectarán desde Chile, Estados Unidos, Perú, India y Alemania. Pese a que las distancias son grandes, al tender estos puentes el mundo se vuelve pequeño”.

Fotofestín nació en 2011, en la ENAP, como un proyecto diseñado por Ariana cuando cursaba la carrera, aunque ella misma confiesa que el germen de todo se remonta a muchos años atrás, cuando estudiaba la secundaria y un profesor le mostró una cámara, su funcionamiento y cómo con su lente era posible congelar el tiempo.

“En ese momento supe que sería fotógrafa y las decisiones que tomé después me condujeron a Fotofestín”, recuerda. Así, el festival se volvió un reflejo de este interés y —parafraseando a Paul Auster—, si bien las fotografías no mienten, ésta es, ahora sí, toda la historia.

“Could you take my picture?, cause I won’t remember”

Tan sólo en 2020 se tomaron 1,436,300,000,000 fotografías. Vivimos en una época donde los dispositivos electrónicos hacen de cualquiera un fotógrafo y, sin embargo, hay demasiado que uno puede aprender para realizar esta actividad bien. Es casi como escribir: todos saben hacerlo, pero pocos saben hacerlo con arte.

Por ello, en Fotofestín se impartirán talleres, habrá mesas de discusión y charlas con profesionales que sumarán un total de 23 actividades, todas ellas diseñadas para confluir en un punto: el de que los participantes tomen una foto; “aquí se trata de fotografiar”.

Para Ariana Oropeza, la finalidad de este encuentro es servir de guía no sólo para quienes desean usar mejor su cámara, sino para aquellos que quieran dedicarse a la fotografía y cobrar, por lo que se darán asesorías sobre cómo cotizar en el mercado, armar un portafolio, desarrollar proyectos e incluso habrá bolsa de trabajo.

“Además, se recopilarán todas las instantáneas y se publicarán en la página de Fotofestín, y las mejores se incluirán en un libro que se repartirá en diversas universidades de México”.

Para formar parte lo mejor es inscribirse en la página fotofestin.com, pues aunque cualquiera puede seguir las transmisiones, sólo los registrados podrán tomar clase con los profesionales, quienes supervisarán la técnica de los participantes y harán sugerencias.

“Por ello creemos que este festival, si bien distinto ahora en dinámicas, mantiene el espíritu con el que fue creado. Aunque tendrá lugar en una pantalla de ordenador, sigue siendo lúdico, divertido y formativo, tal y como lo ha sido en sus ediciones presenciales”.

Sobre por qué usar la palabra festín para describir al encuentro, Ariana Oropeza es clara: “Al diseñar el programa intentamos preparar un menú lo más completo posible. Puede que a uno se le antoje probarlo todo y a otro sólo le apetezca tomar un par de actividades. Que cada cual escoja lo que guste, al fin que la mesa está servida”.

 

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