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Fake news: ¿cómo, dónde, por qué?

Guadalupe Lugo

En México, Facebook, WhatsApp y Twitter son las redes sociodigitales más recurrentes para lanzar y organizar campañas de desinformación con un impacto considerable en la opinión pública, particularmente la primera es ese “monstruo que lo mismo puede desarrollar un negocio exitoso que gestionar importantes campañas de noticias falsas”, aseguró Jonathan Hernández Pérez, del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI).

El experto en bibliotecología y estudios de la información indicó que en términos generales dichas plataformas son los vehículos más potentes por donde pasan las denominadas fake news por medio de los propios usuarios (individuos, grupos, organizaciones, empresas, gobiernos y políticos), con miras a persuadir a la opinión pública, elevar a cierto candidato o “bajarlo”, por ejemplo.

Pero también esas plataformas permiten que esto ocurra pues en muchos casos hay una monetización de por medio, eso es algo que se ha documentado y Facebook es un ejemplo concreto, señaló el universitario al participar en la Fiesta de las Ciencias y las Humanidades 2021.

Consideró que esos medios de comunicación digital son el nicho perfecto para el cultivo de campañas de desinformación porque tecnológicamente hacen posible que éstas tengan distintas formas: texto, imagen, audio, deepfake, (creación de imágenes falsas indistinguibles de la realidad), así como videos manipulados con cierto impacto en nuestro consumo de información.

Apuntó que en 2019 la Universidad de Oxford lanzó un informe sobre desinformación y propaganda computacional, donde ubicó a México entre los primeros países de América Latina que generó mayor número de campañas de desinformación. Aunque infografías, sitios web y artículos falsos en journals que nadie revisa, también contribuyen a la difusión de las fake news.

Opinión pública

En su participación Contra las Fake News, Jonathan Hernández explicó que la desinformación debemos entenderla como información falsa e inexacta, diseñada intencionalmente para causar cierto daño público, aunque esta acción no es nueva, ni siquiera los intentos por controlarla y regularla. “Esto viene de muchos años atrás, aunque desde hace un par de décadas, en momentos de agitación social, desastres naturales, incluso en crisis sanitarias anteriores, se han desarrollado intensas campañas de desinformación”.

Sin embargo, abundó, a partir de 2016 surgieron varios acontecimientos que comenzaron a moldear la opinión pública e impactaron de manera importante en el terreno informativo, entre ellos, las elecciones presidenciales de Estados Unidos con Donald Trump como protagonista; el referéndum del Brexit, incluso los acuerdos de Paz en Colombia. En dichos eventos se dieron varias campañas de desinformación y éstas comenzaron a posicionarse en las agendas internacionales.

Puntualizó que en el desarrollo de estas olas de desinformación participan varios actores y mecanismos, en México los protagonistas principales en la producción y difusión de desinformación son los partidos políticos, el mundo de la política en general y entidades privadas, “esto nos abre un panorama en cuanto a la forma de organización para manipular la opinión pública, establecer agendas y propagar fake news”.

Asimismo, el estudioso de la sociedad de la información: su acceso, comprensión e impacto, refirió que México es considerado un país con capacidad media para propagar noticias falsas. Es decir, que los equipos y las estrategias para desinformar están bien definidas en la nación, son coherentes y tienen cierto número de personas que trabajan de tiempo completo para armar estos ataques de desinformación.

Dijo que es importante el papel del Estado en ofrecer soluciones a este fenómeno. En la medida en que se invierta en programas y estrategias de desarrollo de habilidades informativas y digitales tendremos una mejor respuesta, lo que debe acompañarse de acciones macro, por ejemplo, el desarrollo de un pensamiento crítico a través de las humanidades, algo que ha ido mermando en la currícula escolar, pero también en la sociedad en general.

Recomendó a los usuarios de las redes sociodigitales verificar la información que consultan, son varias las técnicas para detectar noticias falsas, una nota con imprecisiones o una gran campaña de desinformación, algunas de ellas son más complejas que otras, y requieren más tiempo y ciertas habilidades.

Sugirió “tener un comportamiento saludable a la luz de lo que vivimos”, son varios los caminos para ello: seguir a expertos en cada materia y a autoridades en el terreno informativo relacionados con los asuntos que nos interesan, evitar seguir cuentas anónimas, desarrollar habilidades mediáticas y mantenerse al día con los cambios tecnológicos, porque de cierta manera esto es un obstáculo para hacer frente a las noticias falsas.

Jonathan Hernández. Foto: Víctor Hugo Sánchez.

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