Cultura

Exhibición de objetos incómodos en el MUAC

Nicolás Gamboa
Muestra en las salas 4, 5 y 6. Foto: MUAC.

Dos ideas inspiraron a Mariana Castillo Deball para preparar la exposición Amarantus, que se presenta en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) ofreciendo una revisión de su trabajo de los últimos 20 años: por un lado, la de la flor que nunca se marchita y, por otro, la de las representaciones humanas y animales hechas de amaranto que algunos pueblos indígenas comen en ceremonias rituales.

“El título de la exposición viene de la palabra griega amarantos, que quiere decir la flor que nunca muere, y también se refiere al huautli en náhuatl, que es este cereal que es usado extensamente para fabricar alimentos y que en la época prehispánica se usaba para hacer figuras rituales que eran ingeridas”, explicó la artista visual originaria de Ciudad de México, durante una entrevista momentos antes de que la muestra abriera al público en las salas 4, 5 y 6 del museo.

El conjunto de piezas de distintos formatos y materialidades que se exhiben da cuenta de su metodología creativa, la cual ha partido de la investigación sobre fuentes y objetos históricos con la idea de recrearlos o reinventarlos y cuestionar así el conocimiento difundido sobre ellos de manera oficial.

“Mis piezas parten de documentos históricos o de piezas arqueológicas que muchas veces están fuera de su contexto original, ya sea porque han estado en museos o porque han sido excavadas, saqueadas o reinterpretadas. Entonces, a través de la transformación que hago de estas fuentes, les otorgo como una nueva vida o una nueva historia”, comentó.

Por eso a sus creaciones las ha denominado objetos incómodos, porque cuestionan las ideas de originalidad o de representación fiel que se les da a muchas fuentes. “Eso lo inventé para hablar un poco de estos objetos que han estado frecuentemente fuera de contexto y son dañados o que tienen ciertas alteraciones en su estructura original, y a través de esas huellas o cicatrices también nos preguntan cosas, entonces pues hay que escucharlos. En vez de esconder esos rastros de transformación, yo trato de hacerlos más evidentes y eso los vuelve incómodos, porque no estamos acostumbrados a confrontarlos de esa manera”.

Aspecto destacado de la exposición son también las referencias a las formas de hacer las cosas, las técnicas que ella ha desarrollado para la reinterpretación contemporánea de los referentes antiguos, muchas de las cuales ha trabajado a lo largo de estas dos décadas con colegas artistas, investigadores y organizaciones.

La muestra incluye piezas hechas especialmente para presentarse en el MUAC, como un piso monumental de madera titulado Crocodile skin of the days (Cocodrilo piel de los días), que está grabado con una interpretación de las láminas 39 y 40 del Códice Borgia en las que se hace una representación espacial del tiempo, o las réplicas de fragmentos de piezas arqueológicas elaborados con moldes de fibra de vidrio y que están agrupados bajo el concepto de Ningún contorno durable te aprisiona.

Hay también un Jardín de plantas y minerales como se menciona en el Códice Florentino, el cual hizo en colaboración con la investigadora Tatiana Falcón y que contiene árboles, arbustos, insectos y minerales usados para crear pigmentos y tintes. “Es un jardín que tiene plantas tintóreas y minerales que se usaron, a partir del Códice Florentino, para pintar códices y teñir textiles, y que todavía se usan en la actualidad. La idea fue dividirlo en orientaciones geográficas y en colores”.

En cuanto a obras representativas de su trayectoria, hay columnas de cerámica de barro de Atzompa, que produjo con el Taller Coatlicue de Oaxaca; una pieza de bambú con frottages de fósiles que realizó para la Bienal de Sao Paulo en 2016; y reproducciones de facsímiles y bajorrelieves prehispánicos hechos en yeso con estructura de metal, entre otras.

“Cada pieza tiene su propia ecuación tanto conceptual como material y escultórica. Muchas veces son cosas que se activan en el presente porque sus fuentes ya no existen y uno tiene que recrearlas o inventarlas”, dijo la ganadora del Prix de Rome 2004 y el Zurich Art Prize en 2012.

La idea de Amarantus surgió hace cuatro años entre Castillo Deball y la curadora independiente Catalina Lozano, y desde hace dos comenzaron a prepararla para el MUAC una vez que el museo ofreció hospedar el proyecto. Es la primera revisión que se hace en México del trabajo de la artista egresada de la antigua Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Puede visitarse hasta el 1 de mayo de 2022 para descubrir otras versiones de la memoria a través de objetos que persisten y resultan incómodos para la visión oficial de la historia.

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