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Estar alegres nos hace más productivos y contagiar entusiasmo

DGDH-Facultad de Psicología

¿Qué es la alegría?

Es una de las emociones básicas de los seres humanos. Se refiere a la reacción de satisfacción o gozo que se tiene después de un logro propio o ajeno; incluso si se considera que la realidad en la que se vive coincide con lo que se desea, la alegría puede ser un estado constante en la vida de las personas. Se utilizan como sinónimos: contento, entusiasmo, felicidad, agrado, gozo. Produce un estado interior generador de bienestar general, con altos niveles de energía y una gran disposición a la acción constructiva.

 

¿Qué la causa?

Normalmente se presenta como un sentimiento de placer por un suceso o situaciones favorables, tanto por la ocurrencia de un evento deseado o bien por la eliminación de otros desagradables. Se considera que es algo que debemos buscar y procurarnos en todo momento, no esperar pasivamente a que llegue, porque no es probable que sea así. Estar alegres nos vuelve más productivos, le encontramos un mejor sentido a la vida, y nos sentimos mejor con nosotros mismos y con los demás. El amor puede ser la causa más profunda y común para la alegría, ya que puede conllevar una óptima forma de relacionarnos con las otras personas, circunstancia que causa más alegría.

En nuestros tiempos, pueden ser múltiples las circunstancias que motiven que buena parte de nuestra comunidad esté de mal humor. Sin embargo, el ser humano tiene la capacidad para estar alegre aun cuando sus circunstancias no sean las mejores, y tener una actitud positiva, una predisposición a aceptar la realidad como es y entregarse a ella sin ponerse a la defensiva e intentar cambiarla necesariamente.

La alegría se contagia y le devuelve a la gente el entusiasmo y las ganas de vivir. Aun así es más común el caso de quienes carecen de esperanza y eligen quejarse; una actitud negativa de personas que viven aferradas a situaciones negativas y pesimistas.

 

¿Cómo se manifiesta la alegría?

Se manifiesta con un buen estado de ánimo, satisfacción, tendencia a mostrar una sonrisa o a reírse, sentirse relajados, presentando una apariencia positiva en el lenguaje que empleamos, en nuestras acciones y decisiones. Es común que la alegría se exteriorice con gestos, acciones o palabras, y hasta nos den ganas de bailar, saltar o aplaudir.

Con la emoción de la alegría se puede llegar a presentar un aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión sanguínea, fluctuaciones en la actividad electrodérmica en la piel (consistente en la variación de las propiedades eléctricas de la piel producto de la sudoración). En ciertas ocasiones, se pueden producir, adicionalmente, escapes de orina, debido a una relajación de los músculos del esfínter vesical. También puede manifestarse con lágrimas, tono elevado de voz, elevación de los párpados y estrechamiento de su apertura. Cada individuo tienen formas diferentes de manifestar su alegría.

Cuando, después de ejecutar alguna conducta, sentimos contento, la probabilidad de que la repitamos aumentará, de forma tal que la alegría es uno de los factores involucrados en la perseverancia por lograr metas a largo plazo.

Cuando estamos alegres, nos sentimos felices y el cuerpo libera endorfinas que viajan desde la médula espinal hasta el torrente sanguíneo.

¿Hay diferentes tipos de alegría?

Se puede decir que existen diferentes tipos de alegría y algunas de ellas no son positivas:
Alegría real o verdadera. Se genera de forma natural y espontánea en la persona después de un acontecimiento placentero.

Alegría hilarante o jocosa. Se da en función de la gracia que nos produce algo o alguna situación, por ejemplo, al escuchar un chiste.

Alegría simulada. De manera intencionada se aparenta alegría, sin que exista una causa real que la produzca. Se genera usualmente por evitación, al no querer presentar otro tipo de respuesta ante una situación que nos incomoda. Por ejemplo, cuando alguien nos pregunta algo que no queremos responder, podemos reírnos, para eludir dar respuesta.

Alegría ‘maligna’. Cuando nos reímos de la desgracia ajena. Nos alegramos porque a otras personas no les va bien en la vida, o porque cometen algún error y eso les resta ventaja en algo; por ejemplo, que alguien caiga y nos cause gracia. Existe la hipotesis de que, en este tipo de situaciones, la respuesta de risa o gracia puede simplemente estar expresando alivio (‘¡no me ocurrió a mí!’); la comicidad del ‘pastelazo’ se basa en este efecto.

Alegría patológica. Un exceso de alegría, como en el resto de las emociones, también puede ser peligrosa y representar un riesgo a nuestra salud mental. Una persona que siempre está riendo o que está siempre feliz puede dejar de ser objetiva y perder el control de la situación. Por ejemplo, la alegría patológica puede caracterizar a un episodio maníaco, manifestándose por un estado de hiperactivación desproporcionado.

 

¿Para qué nos sirve sentir alegría?

La alegría tiene varias funciones principales: adaptativa, social, motivacional, psicológica y como un valor.

Función adaptativa. Consiste en que suele acercar a la persona al suceso que la ocasiona, a diferencia de las emociones que activan a la persona para alejarse del suceso. Con ello la persona alegre experimenta gran tranquilidad, que le provoca disfrute de su situación y le permite interactuar exitosamente con otras personas, al aumentar su empatía y la realización de actividades altruistas en la comunidad a que pertenece, creando un ambiente favorable donde vivir.

Función social. Comunica a las personas que nos rodean información relevante acerca del sentido de nuestras posibles acciones y con ello facilita la interacción con los demás de forma agradable. Por ejemplo, mejora el desempeño y rendimiento, tanto a nivel académico como laboral.

Función motivacional. La alegría permite que las personas se acerquen más a una meta satisfactoria y aumenta el optimismo que se crea ante cualquier situación que se le pueda presentar en la vida diaria. Estar alegres mejora la productividad de las personas.

Función psicológica. Estar alegres nos ayuda a regular el estrés. Se ha comprobado que reírnos hace que segreguemos hormonas (adrenalina, endorfinas) encargadas de reducir el estrés. Estar felices nos ayuda a tener mejor opinión sobre nosotros mismos; esto es, aumenta la autoestima, y a tener mejor disposición para afrontar los problemas. Nos da mayor fortaleza a la hora de tener que hacer frente a los problemas.

La alegría como valor. Se manifiesta desde el interior y se refleja a través de sensaciones de bienestar. Esto crea un estado placentero, satisfactorio y de plenitud.

La alegría también tiene un impacto positivo en la salud. Cuando una persona se siente gozosa, el cerebro libera endorfinas, hormonas que incrementan la fortaleza del organismo y minimiza los dolores, acelera procesos de curación, cicatrizan más rápido las heridas causadas por el sufrimiento, mejora las relaciones interpersonales; Además, fortifica el sistema inmune, mejora el sueño, tanto en calidad como en cantidad. y nos permite ver el lado bueno que tienen todas las cosas.

La alegría nos libera, nos prepara y fortalece para hacer distintas cosas; nos permite volar con la imaginación, inventar cosas nuevas, atraer a la gente, disuelve rencores y resentimientos, permite olvidar las penas y minimizar las adversidades.

 

¿Cómo elevar la frecuencia de la alegría en la vida?

Disfrutar de cosas pequeñas y cotidianas que estén a nuestro alcance.
Mantener un estado tranquilo, sin estrés ni presiones.
Tener presente lo que nos motiva y luchar por ello.
Buscar y disfrutar el diálogo familiar.
Pensar de manera positiva; alejar los pensamientos negativos.
Procurar tener cerca a personas positivas y optimistas.
Mantener la armonía en nuestra vida, ya sea trabajo, familia, o en cualquier contexto.
Aceptar la realidad y afrontarla positivamente.
Contagiar a los demás nuestra alegría; las personas siempre buscarán estar con quienes los hacen sentir mejor.

Umbral que necesita atención

La alegría puede tomar muchas formas, desde una felicidad serena y silenciosa hasta una explosión ruidosa de júbilo. Así, dependiendo del estímulo al cual se responda, podemos experimentar alegrías más intensas o más controlables que, dependiendo de ello (y también de nuestra personalidad), podremos manifestar de un modo socialmente convencional, o no.

Cuando la alegría se torna en un estado de euforia incontrolable y persistente, ya no se considera alegría, sino un síntoma de una manía o hipermanía.

Asimismo, la alegría no debe confundirse con la felicidad; ésta supone un estado de satisfacción más duradero y más vinculado con la evaluación racional de la propia vida y el propio desempeño.

Por último recomendamos algunas piezas musicales que por su ritmo y mensaje nos provocan alegría.

Israel Kamakawiwo‘ole, “Over The Rainbow & What A Wonderful World Medley”.

Pharrell Williams, “Happy”.

Jarabe de Palo, “Bonito”.

Celia Cruz, “La vida es un carnaval”.

Miguel Ríos, “Himno a la alegría”.

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