Cultura

Espiral para sueños compartidos, nueva instalación del Museo del Chopo

CulturaUNAM Nota: Rene Chargoy.
La pieza de la artista Carolina Caycedo hace un llamado a sostenernos en la vida, no en una estructura de muerte.

A Carolina Caycedo, artista multidisciplinaria colombiana radicada en Los Ángeles, California, le interesa la espiral como una forma de colaborar y compartir sueños, pues los mismos, a su entender, nos identifican y unen con personas que no viven en los mismos territorios que nosotros, aludiendo con ello a la gente que integra cooperativas y colectivos de pesca artesanal y desarrollan su actividad en un ambiente saludable, fomentado en su quehacer cotidiano la vida digna, además de poner en práctica otras formas de ver el mundo y de relacionarse con la naturaleza. Precisamente esas son las ideas que atraviesan la pieza Espiral para sueños compartidos, instalación comisionada para el Museo Universitario del Chopo.

La instalación forma parte de su serie Cosmotarrayas. En este título integra las palabras cosmos y tarraya, o atarraya, una red de pesca redonda y unipersonal, término que proviene del verbo árabe atarrajar y que significa lanzar, haciendo alusión al gesto de tirar la atarraya al agua. Carolina se siente muy atraída por el tejido de la red, el que para ella es un conocimiento y una tecnología en sí mismo.

Un total de trece redes de pescadores, colgadas en espiral en la Galería Central del Chopo, se convierten en objetos que cargan mucho significado y remiten a la sabiduría ancestral del tejido y de la pesca. Por ende, se trata de un proyecto de vida basado en el sustento. En su conjunto representan la soberanía alimentaria de las comunidades, así como la autonomía económica, en claro contraste con los proyectos de infraestructura o de pesca corporativa a gran escala, o de minería y otros tipos de extracción.

Cada pieza la realizó con redes tejidas a mano por comunidades ribereñas. Unas están hechas en nylon plástico y otras de cáñamo. El  tamaño del ojo de la red es ancho en la mayoría, otras son como una especie de acordeones circulares de red. La pieza es muy colorida, móvil y bastante divertida de ver.

“Hay un placer visual envuelto en su construcción. Espero que la gente que asista al museo sienta ese placer y felicidad que yo experimenté al hacerla”, dijo Caycedo en entrevista.

El proceso fue largo y nunca dejó de ser satisfactorio. Para concluirlo se apoyó en su propia red de afectos, entre las que destacaron las comunidades pesqueras de Colombia y de Brasil, con las que ya antes había trabajado y de las que consiguió los contactos en México. Así fue que pudo invitar a la Cooperativa Mujeres del Manglar, en Zapotalito, Oaxaca; a la Cooperativa Norte de Tecuala, Nayarit; a la Colectiva de Mujeres del Golfo, de Baja California Sur; y al Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo, en Jalisco.

El tema ambiental, en específico de los ríos, y el empezar a trabajar con comunidades ribereñas convergen en Carolina a  partir de 2012, cuando se entera de que están construyendo una gran hidroeléctrica sobre el río Magdalena, uno de los más importantes de Colombia, donde ella vivió parte de su adolescencia. Eso tocó su historia personal y la llevó a indagar cuáles serían los impactos para las comunidades del Quimbo, una de las más afectadas por esta desastrosa decisión gubernamental. Tal acción no podría serle indiferente. Le resultaba muy difícil ignorar este tipo de problemas de la sociedad, pues el trabajo colectivo de las comunidades ha sido parte de su educación y crecimiento como persona y como artista.

Ese compromiso quedó plasmado en un cuerpo de trabajo que denominó Represa-Represión, y que consta de diferentes series. Por una década ha explorado las afectaciones que tienen grandes infraestructuras como las hidroeléctricas, las mineras y otras sobre los cuerpos de agua y los cuerpos sociales que se relacionan con los ríos, lagos y mares.

Para introducirse con soltura en la Espiral para sueños compartidos el espectador debe adoptar el término de bienes comunes, en contraposición al de recursos naturales, pues éste implica que están ahí para que los humanos los explotemos y extraigamos hasta lo imposible. “Lindo pensar mejor en bienes comunes como algo que heredamos de nuestros ancestros, que cuidamos en vida y dejamos para las siguientes generaciones”, precisó Caycedo.

Con su instalación propone un discurso y debate que no se centra nada más en el arte contemporáneo, sino que se extiende a asuntos como la justicia social, los asuntos de género y ambientales, los cuales están íntimamente conectados entre sí.

La artista que creció en Bogotá pertenece a una tercera generación migrante, ha vivido en Londres, Puerto Rico, Nueva York y Los Ángeles y espera dejar “una gotita de esperanza” en las personas que lleguen a aprender a través de las piezas acerca de los procesos que existen al interior de las comunidades.

Una vez más comparte sueños para unirse a los otros, en el entendido de que sus contextos son diferentes, y ahora lo hace a través de esculturas flotantes en el espacio, configuradas en espiral. Su llamado es a sostenernos en la vida y no en una estructura de muerte.

Espiral para sueños compartidos, pieza de Carolina Caycedo con curaduría de Itzel Vargas, se inauguró el sábado 29 de enero en la Galería Central del Museo Universitario del Chopo. La  muestra está abierta de miércoles a domingo de 11:30 a 18:00 horas.

 

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