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En medio de semáforos rojos y naranjas, la ópera encuentra en los autocinemas una manera de seguir viva

Omar Páramo/Damián Mendoza

A Oswaldo Martín del Campo siempre le ha gustado aquella escena de Cinema Paradiso donde el viejo Alfredo realiza un pequeño truco con una ventanilla y desvía el haz de luz de su cinematógrafo a fin de proyectar en la plaza del pueblo una película, algo que quienes no pudieron pagarse un boleto le agradecen hasta que uno de ellos grita “¡no se oye nada!”, por lo que Alfredo conecta un altavoz que agrega sonido a la cinta silente y hace de aquella experiencia algo completo.

Como buena persona de ópera, durante mucho tiempo Oswaldo buscó replicar algo parecido, llevar espectáculos operísticos a los sitios más improbables y no precisamente para quien sí puede desembolsar el costo de una entrada para Bellas Artes o el Metropolitan, sino para cualquiera que ande por ahí, en la calle.

“Así fue como en 2014, con un grupo de colegas, ideamos el concepto de Ópera Cinema bajo el principio de que, si filmábamos una de estas obras a manera de cinta muda, con todo e intertítulos, podíamos ahorrarnos el montaje, iluminación, vestuaristas, orquestas y lo que requiere cada función. De esta forma, lo único que necesitamos es de artistas que canten en vivo lo que se está viendo en pantalla, y no hablamos de un gran elenco, uno pequeño basta”.

Dicho diseño le ha permitido a Oswaldo y su compañía llevar espectáculos vocales a las salas de la Cineteca Nacional o del Cenart, a teatros ciudades pequeñas e incluso a tres cárceles. “Estar en escenarios tan variados me ha mostrado que no importa qué tan distintos seamos, si desacralizamos lo operístico y nos quitamos la idea de que esto es para élites, todos podemos disfrutar. Por ejemplo, los reclusos (sin saber que habían visto una ópera) nos dijeron que les gustó porque les cantaron, y porque les narramos una historia”.

Una de las frases más recordadas de Cinema Paradiso es: “La vida no es como la has visto en el cine, la vida es más difícil”. Esto se lo dice Alfredo a Toto para que no se estanque y siga con sus proyectos, y ello es algo que en opinión de Oswaldo es muy cierto, “si no, ¿cómo explicarnos esta pandemia sino como algo difícil? Nadie nos preparó, para todos ha sido muy complicado, pero no podemos detenernos”.

Bajo esta lógica, Ópera Cinema ha seguido en medio de esta crisis, aunque —como adelanta su director— “el proyecto no fue pensado para operar en estas condiciones porque ¿qué íbamos a anticipar algo así hace siete años? Sin embargo, sorprendentemente esto ha funcionado muy bien en las circunstancias actuales, pues proyectar una pieza en pantalla y tener a los cantantes al aire libre y con sana distancia nos permite cumplir con cualquier protocolo sanitario”.

Como el objetivo es no parar, la compañía presentará durante los siguientes fines de semana, y de forma separada, cada una de las piezas que integran el tríptico de Puccini para que espectadores de diferentes zonas de la Ciudad de México vean y escuchen estas obras en vivo (incluso la música será ejecutada por un pianista en el lugar) desde la seguridad de sus vehículos.

La función de II tabarro tendrá lugar el 28 de febrero en el Autocinema Coyote de Insurgentes Sur, y la de Gianni Schicchi el 21 de marzo en el Autocinema Aire Libre Coyoacán. No obstante, la que más entusiasma a Oswaldo es la del 6 de marzo en la Unidad Habitacional Loma Hermosa, cerca de donde estaba el Toreo Cuatro Caminos.

“Ahí interpretaremos Sour Angelica y, por tratarse de un conjunto de edificios, la gente podrá sacar sillas o cobijas para tirarse en el suelo (con la distancia debida) y gozar de una experiencia vecinal, porque proyectaremos el filme en el muro de uno de los multifamiliares. Es algo que siempre quise vivir; será casi como en Cinema Paradiso”.

Cuando cantar es una actividad de alto riesgo

En septiembre pasado, la soprano Anna Netrebko se contagió de Covid-19 en el escenario del Teatro Bolshoi  y fue hospitalizada por neumonía; poco después se empezó a saber de más y más actores de ópera con la infección, algo que para Oswaldo Martín del Campo es entendible porque esta actividad implica mucho riesgo.

“Los intérpretes están en más peligro que el público por la cantidad de aerosoles esparcidos al cantar y porque el espectáculo, cuando es ejecutado de manera tradicional, los obliga a estar cerca, a juntar sus rostros o a tocarse. En Ópera Cinema no tenemos ese problema debido a que la acción se proyecta en pantalla, los cantantes están muy separados el uno del otro, y todos usan careta o mascarilla”.

Sobre lo que es cantar con un trozo de tela en la boca, Oswaldo no se engaña y confiesa que sí es trabajoso; sin embargo, sus tenores y sopranos se han habituado e incluso entre ellos se pasan consejos sobre cuáles son los que mejor permiten proyectar la voz. “En los ensayos siempre deben portarlos, eso es una regla inamovible. En las presentaciones les damos la opción de retirárselos por asuntos de técnica y respiración, y porque están guardando una muy sana distancia. No obstante, el 90 por ciento opta por dejárselos”.

El año pasado en México se intentó seguir haciendo ópera de la misma manera, en un escenario, con los personajes realizando trazo escénico, con coros y músicos, y aunque esto se ha manejado con discreción —señala— muchos cantantes enfermaron. “No es asunto de ser mala leche y detallar en cuáles espectáculos; lo que sí podemos decir es que en Ópera Cinema hemos dado funciones el año pasado y en éste, y que ninguno de nosotros se ha contagiado”.

Sobre este punto, Oswaldo pide recordar cómo eran los tiempos pospandémicos. “¿No todos creíamos necesario cambiar el mundo?, ¿no todos nos habíamos anotado para eso? Y de pronto llega este virus, nos ofrece la oportunidad de reconstruir y ahora queremos que las cosas sean tal y como antes, y volver a la vieja normalidad. ¿En qué quedamos?, ¡no podemos seguir igual!”.

Por ello, el director está decidido a seguir con este proyecto y llevar la ópera a cada vez más espacios y más gente, y si para ello ahora la vía es una cinta sonorizada en vivo, él se dice más que dispuesto.

Son tiempos en que todo parece ir cuesta arriba, pero el arte siempre está ahí para hacer las cosas más llevaderas, señala Oswaldo, quien ante aquella frase de “la vida no es como la has visto en el cine, la vida es más difícil” que se decía en Cinema Paradiso, él sólo tiene una respuesta: “Puede ser, mas no por ello no vale la pena vivirla”.

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