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🔊Periodismo científico de México, de bajo nivel

Omar Páramo
Usar el término fake news para referirse a ciertos ejercicios periodísticos no es aplicable al periodismo de ciencia practicado en el país

Es factible usar el término fake news (tan de moda a últimas fechas) para referirse a ciertos ejercicios periodísticos, pero dicho concepto no es aplicable al periodismo de ciencia practicado en el país pues es evidente que quienes se dedican a este campo no escriben con afán de engañar, así que si lo que llega al lector es resultado de una mala praxis, más que hablar de notas falsas deberíamos usar una palabra muy mexicana y decir sin tapujos que estamos ante noticias chafas, expuso Antimio Cruz en la Sala Juárez, del Universum.

Invitado por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM para debatir sobre cómo evaluar estos productos, el reportero del diario La Crónica de Hoy señaló que parte de las deficiencias observadas en el renglón pueden explicarse a partir de una precarización laboral que obliga a los periodistas a tener más de un empleo; a intentar cumplir con las exigencias de editores que piden muchas notas y dan poco tiempo para redactarlas, y a la necesidad de adaptarse a entornos adversos y “trabajar con lo que hay”.

Como ponente de la mesa Periodismo de ciencia: los peores, los menos peores y los que no tienen ni idea (organizada en el marco del Coloquio Interno de Comunicación de la Ciencia), Cruz Bustamante criticó el título que se le dio a la misma por considerar que alude a un argumento esgrimido por los divulgadores contra los periodistas cada vez que ven la oportunidad: el de que no tienen la educación suficiente, no saben lo necesario y que sus textos carecen de calidad.

“Y ahí es donde incurren en un error, pues muchos emiten calificativos y se ponen como ejemplo a sí mismos y a su trabajo creyendo que éste es periodístico y no es así, pues lo que hacen es divulgar”, dijo el miembro fundador de la revista Emeequis.

Por esta razón, Cruz Bustamante diferenció entre divulgación y periodismo científico y señaló que mientras la primera se enfoca a dar a conocer lo que es el genoma o las ondas gravitacionales, por plantear un par de casos, el segundo se preocupa porque la ciencia sea influyente, coyuntural y capaz de detener una mala ley, frenar construcciones dañinas al entorno o favorecer la compra de vacunas, entre muchos otros asuntos con impacto social.

De ahí el interés de quien fuera reportero de Gaceta UNAM en 2008 por desarrollar criterios para evaluar lo que se produce en el país, pero acordes con la realidad nacional y sin acudir a escalas como las esbozadas por la revista Nature en su edición del 7 de marzo, las cuales han causado gran revuelo en el ámbito editorial.

“Y es que no podemos calificar de la misma manera el trabajo de un periodista estadounidense a quien pueden comisionar hasta por seis meses para hacer un reportaje que a un mexicano, obligado a entregar más de una nota al día y todo con el apremio de la hora de cierre”.

A pesar de todas las limitaciones a las que se ve sometido el gremio —agregó—, es innegable que en el país se han generado artículos periodísticamente notables que han dejado huella y sacado a la luz temas delicados, como el reportaje de Guillermo Cárdenas Guzmán (quien actualmente trabaja para la DGDC) que denunció lo inútil de los detectores de narcóticos adquiridos por la Sedena y por los cuales pagó cerca de 272 millones de pesos.

Hay otros ejemplos de textos relevantes y ello se debe a que todo reportero desea que su trabajo tenga calidad —trátese de una nota, crónica o entrevista— aunque esto no siempre sea posible; de ahí la pertinencia de tener herramientas para evaluar si los textos propuestos para ir a rotativas son pertinentes o resultado de una mala praxis, es decir, si son chafas, acotó Cruz Bustamante.

“Y decir que algo es chafa no debe tomarse con ligereza, es algo grave si consideramos que nuestros productos serán leídos por legisladores, políticos o ejecutivos. Si le doy algo mal hecho a un tomador de decisiones ello puede repercutir en medidas erróneas y negativas para la comunidad, lo que es un contrasentido para la razón de ser del periodismo”.

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