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Elige la vida: a 25 años de Trainspotting

Rafael Paz
El segundo largometraje de Danny Boyle, adaptación de la novela de Irving Welsh, debutó en los cines del Reino Unido el 23 de febrero de 1996 y se convirtió rápidamente en un clásico de los 90.

En las primeras imágenes de La vida en el abismo (1996), como se le llamó en México a la adaptación de la novela Trainspotting escrita por Irving Welsh, un grupo de jóvenes marginales huye de la policía después que un atraco motivado por su adicción a la heroína sale mal. La voz en off de Renton (Ewan McGregor), protagonista de la película, nos comparte sus pensamientos respecto a la situación en la que se encuentra, apabullado por las nulas opciones a futuro que parece tener, el deseo de sus pares por verlo convertido en un “adulto funcional”, la presión social de consumir sin mucho reparo y el amor casi nihilista le tiene a su afición por las agujas, mientras de fondo se escucha a Iggy Pop cantar Lust For Life (Lujuria por la vida):

“Elige la vida. Elige un trabajo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige una televisión enorme, elige lavadoras, autos, reproductores de discos compactos y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige el pago de hipotecas de interés fijo…. Elige sentarte en ese sofá viendo programas de juegos que te adormecen la mente y aplasta el espíritu, y te llenas la boca de jodida comida chatarra. Elija pudrirse al final de todo, orinar el último en un hogar miserable, nada más que una vergüenza para los mocosos egoístas y jodidos que engendraron para reemplazarlos. Elige tu futuro. Elige la vida … Pero, ¿por qué querría hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Elegí algo más. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”

Es un discurso que se convirtió en grito de guerra generacional e hizo del segundo largometraje de Danny Boyle un clásico instantáneo. Novela y largometraje centran su historia en un grupo de jóvenes que viven en Edimburgo, Escocia, enganchados a los estupefacientes y la escena musical británica. A través de Renton, un miembro del grupo que pretende abandonar su adicción, el relato nos hace testigos de las consecuencias y ansiedades sufridas por los protagonistas.

La película significó para muchos adolescentes de principios de la década de los noventa un choque, la entrada a un mundo que apenas conocían de apariencia fascinante. “Fue de mis primeros acercamientos a un cine más distinto, más alternativo. Cosas que no pasaban en la tele. Fue muy impactante. Trainspotting tenía un argumento muy llamativo, esos junkies de Edimburgo que se le quedan viendo a los trenes, tienen una obsesión con el paso de los trenes. En el libro, queda más clara esa idea del título, aquí no supieron traducir y le pusieron La vida en el abismo, recordó Ricardo Pineda, conductor de Aguas Negras, espacio de exploración musical de Resistencia Modulada, barra nocturna de Radio UNAM.

Aunque la recaudación en taquilla fue relevante –según el sitio especializado Box Office Mojo, recaudó poco más de 16 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto cercano al millón y medio de dólares–, el éxito de Trainspotting fue visto por cierto sector social como una vibrante invitación a que los jóvenes probaran la heroína y otras drogas como hacen Renton y sus amigos a cuadro. En una reseña de la época, recopilada en el libro El Ojo y la Navaja, el crítico Leonardo García Tsao lo consigna:

“Y si la película es irreverente en cuanto al uso de las drogas, eso no significa que sea irresponsable. En sus momentos dramáticos, Trainspotting deja patentes los riesgos físicos de esa dependencia. Aunque la heroína provoque un placer ‘mil veces superior al mejor orgasmo’, también puede llevar a la temible pesadilla a la que se somete Renton cuando intenta dejarla, o a la solitaria muerte de Tommy (Kevin McKidd)…”

Esa aura de irreverencia y franqueza respecto al mundo de las drogas, además de la atractiva estética de sus imágenes, sigue atrayendo a los cinéfilos más frescos que se han encontrado con la película en formatos caseros. “Cuando empiezas en la adolescencia a dar el salto a una cinéfila más clavada ahí está Trainspotting junto a Perros de Reserva, Pulp Fiction, Ed Wood, El Club de la Pelea, El Gran Lebowsky, Acid House, etcétera, en el grupo de películas que a esa edad te vuelan la cabeza, te abre la puerta a otro tipo de cine”, comentó el crítico de cine Eric Ortiz.

“En esos años te atrae en particular el ritmo de la película y sus personajes, ese lado más fresco la narración del personaje de Ewan McGregor es muy atractiva. De alguna forma guías tu vida a través de unos adictos a la heroína, en ese momento ves al cine como un escape. Es una película sumamente energética con una gran soundtrack, es muy divertida. Eso te atrae originalmente”, argumentó Ortiz,  titular del curso Cine de terror contemporáneo. incluido en la Extensión Universitaria de la FES Aragón, y añadió:

“Es una película que toca temas muy duros, sórdidos, pasan cosas muy graves. Un bebé muere. Esas imágenes siempre las recuerdas. Ejemplifican a la perfección esa mezcla entre la adicción de los personajes y las consecuencias que deben enfrentar por ello. A pesar de esa ‘inmoralidad’ de los protagonistas, caen bien, son sumamente carismáticos. El ritmo de la película es energético, su soundtrack no es sólo un score, sus canciones son inseparables de Trainspotting. Logra esto más estilizado y entretenido con un tema muy duro”.

Un soundtrack inolvidable

La música de Trainspotting ha sido uno de los elementos que han mantenido vigente a la película de generación en generación y es común encontrar su colección de canciones en las listas de los mejores soundtracks de la historia. Por ejemplo, la revista Rolling Stone lo colocó en el lugar 13 de The 25 Greatest Soundtracks of All Time; y Entertainment Weekly en el 17 de los 100 Best Movie Soundtracks.

El soundtrack incluye artistas consagrados de ese momento (Iggy Pop, Lou Redd, Brian Eno),  una colección de canciones compuestas expresamente para la película por los grupos protagonistas del britpop que vivió su auge en aquellos años (Blur, Pulp), y un poco de la música electrónica que incendiaba las pistas de baile británicas (Sleeper, New Order, Underworld). El cóctel musical se convirtió en un éxito de ventas tras el estreno de la película, llegó a los anaqueles el 9 de julio de 1996.

En el Reino Unido, donde vendió más de 900 mil unidades, recibió una triple certificación platino y en Estados Unidos alcanzó la categoría de Disco de Oro. Su popularidad es tal que se sigue reeditando en formatos físicos, en su vigésimo aniversario una reedición especial en vinil –una impresión en dos discos de 180 gm– “voló” entre los coleccionistas.

Para Ricardo Pineda, colaborador de la Revista Slang, la popularidad del soundtrack se debe a que fue “un hit generacional. En los albores del internet sucedía poco que tanto la película como el soundtrack hicieran click con el público más joven. En los noventa, el primer gran golpe musical fue Pulp Fiction, y luego del Reino Unido llegó Trainspotting”.

En 1996 se editó un segundo volumen que incluía canciones que inspiraron la película, remixes y algunos cortes que quedaron fuera de la primera entrega por cuestiones de derechos. Esta “secuela” no consiguió los números de ventas de su antecesora, en Reino Unido, por ejemplo, sólo consiguió una certificación de plata.

El soundtrack, explica Pineda, funcionaba como una invitación a conocer la música que se hacía entonces en el Reino Unido: “el britpop pasaba por un momento donde lo que no fuera Oasis, se parecía, tonalmente el britpop que hacía Blur y Pulp se hermanaba. Es una de las cosas que retrata el soundtrack. Llegó en una época cuando más personas se empezaron a interesar por esa música. Fue uno de los primeros soundtracks que llegó por medio del internet, recuerdo pasar una noche entera intentando bajar en Napster, la canción de Elastica que viene en el soundtrack. Hasta los dosmiles compré el CD”.

“Irving Welsh supo cómo retratar a toda una generación. Coincidió con los punks, el new wave, el no wave, y se va mezclando hasta dar paso a la música electrónica y los raves. Para el 96, los raves estaban en su pico en el Reino Unido, en esa época tenían una condición muy marginal, incluso política, antes de convertirse en una industria de fiestas”

“La película no lo cuenta mucho. Ellos van a clubs, a discos que se ven muy techno, aunque ellos escuchan Iggy Pop. Todo está mezclado y el soundtrack lo retrata de forma puntual. No recuerdo otra película previo a Trainspotting que abordara esa escena musical en particular, además haciendo énfasis en Edimburgo. Lo interesante es cómo se conecta con la movida inglesa de su época”, apuntó Pineda y subrayó:

“Ellos escuchan a Bowie, Iggy Pop y se hace un chiste recurrente. Diane, la “novia” del protagonista, es más joven y se burla un poco de las diferencias de edad reflejadas en sus gustos musicales. Ella no puede pasar la vida escuchando a “Ziggy Bob”, él la corrige pero ella insiste que como sea “él ya está muerto”. Para 1993, año de publicación de la novela, se hace referencia a cómo poco a inicios de los 90 era un chiste seguir escuchando a esos “viejos”. En pleno 2021, seguimos escuchando con gusto lo nuevo de Iggy Pop. Muchas de esas bandas techno ni nos acordamos quiénes son”.

“Uno de los grandes méritos del soundtrack es haber podido amalgamar lo que posteriormente apareció como un síntoma del “shuffle” de Apple, que llegó cinco o seis años después que la película. Eso determinó cómo escuchamos música ahora: en un playlist tenemos una de Los Tigres del Norte y luego algo de Los Beatles, Oasis o Massive Attack, se combinan épocas. Es una bella labor del equipo involucrado en Trainspotting. El hecho de que haya generado una especie de molde que otras películas inglesas buscaron repetir fue interesante, pero ninguna consiguió ese equilibrio entre película y soundtrack”, concluyó el conductor de Radio UNAM.

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