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El cine de Chaplin mantiene su vigencia

Rafael Paz
A cien años del estreno de El Chico y ochenta y cinco del de Tiempos Modernos, Jorge Negrete, colaborador de Radio UNAM, asegura que es necesario regresar a los primeros éxitos del cine para entender su grandeza

La llegada del 2021 marca el aniversario de dos obras claves en el cine de Charles Chaplin (1889-1977): su primer largometraje, El Chico (The Kid), cumple 100 años de su primer encuentro con la pantalla grande el 16 de enero de 1921; Tiempos modernos (Modern Times), por su parte, se estrenó hace 85 años, el 5 de febrero de 1936.

El aniversario de ambas películas, afirmó el crítico de cine Jorge Negrete, es una ocasión que permitirá a buena parte del público acercarse nuevamente al trabajo del cineasta inglés: “muchas veces lo damos por sentado. El cine de hace cien años pensamos que no necesitamos verlo, sentimos que lo aprendemos y abstraemos gracias a los documentales. Chaplin es uno de esos primeros genios del cine que damos por sentado. Simplemente se repite que era un genio del cine.”

“Eso muchas veces limita el acercamiento a su obra. También hay que desacralizarlo, evaluar las películas con nuestra perspectiva, debemos conocer cómo fueron filmadas, lo que está dentro de las películas y cómo lo dice. Tenemos que verlas y dejarse asombrar por ellas. Es impresionante las cosas que encuentras”, agregó el colaborador de Derretinas, espacio cinematográfico de la barra nocturna de Radio UNAM.

Para Negrete, la filmografía de Chaplin funciona a varios niveles y su sencillez no significa una carencia de ideas dentro del encuadre. “Funciona primero de manera muy superficial con las emociones e ideas que llega a despertar, es algo muy básico. En posteriores revisiones, es notorio que (las películas) mantienen una vigencia extraordinaria, considerando todos los cambios que ha atravesado la industria del cine. Todavía hoy se pueden descubrir cosas, no sólo en algo como El Chico, sino en toda la filmografía de Chaplin.”

Un padre inesperado

Charles Spencer Chaplin debutó en el cine en 1914, entre ese año y 1921 protagonizó más de cincuenta cortometrajes, muchos de los cuales también se encargó de dirigir. El público estaba encantado con las gracias del cómico y, en especial, del personaje más delineo en esa primera etapa de su vida: un vago, imposible de olvidar gracias a su bigote, bombín y la peculiar forma en que caminaba, sin olvidar las complicaciones que experimentaba al aparecer en pantalla.

Sin embargo, Chaplin estaba listo para involucrarse en proyectos más ambiciosos, así lo recuerda el historiador Georges Sadoul en Vida de Chaplin: “La producción de la película había sido larga, difícil, movida. Y el emprendedor Chaplin había declarado: ‘Quiero hacer una película seria, que a través de ciertos episodios cómicos o bufos oculte su ironía, su piedad, su sátira.’ Chaplin tardó más de un año en hacer la película de seis carretes. El consejo de administración de la First National salió francamente decepcionado de la sala de proyecciones. Según los financieros la película era demasiado larga.”

El largometraje cuenta la historia de una madre soltera, que ante la desesperación de la pobreza decide abandonar a su hijo entre los almohadones de un auto de lujo. El vehículo es robado y los ladrones abandonan al bebé entre la basura, donde el vagabundo (Chaplin) lo encuentra por primera vez. Conmovido, toma al niño como suyo, hasta que los servicios del orfelinato intentan arrebatárselo.

El Chico había costado cuatro veces más que los Charlots anteriores todos de corto metraje… Pero en El Chico, Chaplin toma en serio el desenlace de una intriga afín a los antiguos melodramas. En El Chico, su vuelo lírico (sublime), se limitaba a la escena, bastante breve, del Paraíso. La exposición de los motivos ocupaba casi toda una obra más dramática que cómica.”

Esta mezcla de géneros, subraya Jorge Negrete de Radio UNAM, ha permitido que la película se mantenga vigente hasta nuestros días: “como dice el intertítulo al inicio, es una película de risas y una lágrima. Su éxito arrollador está en esa lágrima, en no comprometer la parte que había caracterizado a su personaje y revelar esa faceta que cala más fuerte que las risas. Hoy lo podemos ver como algo simple, una película con elementos de comedia que genere una manipulación emocional. La forma en que lo hizo Chaplin primero, para el público de hace cien años, fue una experiencia radicalmente nueva. Ese viraje, que no recurre a una manipulación gratuita como se hace ahora, tiene gran mérito.”

A diferencia de lo esperado por la compañía productora, el primer largometraje de Chaplin se convirtió en un éxito con la audiencia y confirmó su estatura como una de las grandes figuras cinematográficas de su tiempo, un hombre capaz de conseguir risas frente a la cámara y emociones detrás de ella. El triunfo fue significativo para el realizador porque buena parte de las escenas fueron inspiradas por sus vivencias como un niño de bajos recursos en Londres.

El hombre contra la máquina

La situación para Chaplin era muy distinta en 1936. Había pasado casi una década desde que Hollywood anunció al mundo sus intenciones de transformar el incipiente lenguaje cinematográfico con el sonido. El estreno en 1927 de El cantante de jazz (The Jazz Singer) significó una revolución para la industria y los espectadores, no así para el cineasta, quién se negó durante buena parte de su carrera a utilizar dicho avance tecnológico. Aunque el cine hablara, su vagabundo nunca lo haría aun si la decisión significaba perder presencia en taquilla.
Muchos aprovechan la reticencia de Chaplin para tacharlo de retrógrada y calificarlo como una estrella en franca decadencia, los cinco años transcurridos entre los estrenos de Luces de la ciudad (City Lights) y Tiempos modernos permitió a sus detractores vociferar con más fuerza. Su quinto largometraje como director era considerado –durante su etapa de producción– como una reliquia, la última de las “películas mudas” y sus métodos de filmación “anticuados y mezquinos”, como recuerda Georges Sadoul en Vida de Chaplin:

“Hacía dos o tres años que los Estados Unidos apenas se ocupaban de Chaplin. Los rumores o las noticias de un matrimonio con su nueva compañera (conservado por largo tiempo en secreto) Paulette Goddard, no recibieron siempre los honores de la primera plana.”

Sadoul consigna en su texto que los primeros comentarios de la crítica especializada de entonces acusaron a Tiempos modernos de ser una película sin unidad, “compuesta por elementos interesantes o excelentes, pero enlazados por el hilo de una trama muy arbitraria. No hay principio, ni medio, ni fin, propiamente dichos… Sin embargo, Charlot había elegido en Tiempos modernos un oficio bastante nuevo. Era obrero de una gran fábrica. La película se presentaba en su anuncio como una historia de la industria, de la empresa individual, de la humanidad consagrada a la conquista de la dicha.”

Como apunta Sadoul, la producción tenía como personaje principal nuevamente al vagabundo entrañable creado por Chaplin, aquí en el papel de un obrero llevado a la locura por el trabajo mecanizado al interior de una gran nave industrial, donde el dueño tiene la capacidad de vigilar a los empleados mediante una pantalla. Internado por su locura y posteriormente acusado de liderar una manifestación de obreros, el vago lucha sin éxito por adaptarse a la deshumanización de su presente más inmediato.

El público asistió a ver Tiempos modernos como si Chaplin no hubiera desaparecido de sus vidas durante un lustro, quizás identificados con las experiencias presentadas en pantalla compartidas por muchos obreros alrededor del mundo y los Estados Unidos. Es un argumento usado por la crítica Pauline Kael en un comentario para el New Yorker –recopilado en el libro 5001 Nights At The Movies– para explicar el éxito de la cinta:

“La película es sobre los desórdenes sociales de los años 30, hay enfrentamientos entre los desempleados y la policía, y un chiste sobre una manifestación comunista, pero es una de las películas más alegres y felices de Chaplin.”

Dichos temas han mantenido vigente a la Tiempos modernos hasta nuestros días, sostiene Jorge Negrete, colaborador editorial del Festival Internacional de Cine UNAM: “Las nociones de pobreza y trabajo, las ideas por las que Chaplin fue acusado de comunista, son preocupaciones que se han mantenido y compartimos. Muchos han fantaseado con cómo se vería hoy Tiempos modernos, aunque no hay necesidad de cambiarle nada a la película. Funciona bajo sus propios términos, no necesita actualizarse.”
Y añade: “Ni siquiera admite una fantasía, una suposición sobre nuestros métodos de trabajo. El acercamiento al trabajo que tenemos hoy día es muy similar. Ahora ya no somos obreros físicos, sino de la información. La situación no ha cambiado, sólo el contexto.”

“Las preocupaciones de una persona sin trabajo, un pobre, en 1936 son muy similares a las de alguien en 2021 que está en una situación de calle. Esta preocupación por la gente estuvo presente en las películas de Chaplin. Hay muchos ejemplos de cine populista que descuida la forma y lo que implica hacer una película, no sólo hacer que funcione sino que también contenga dentro de sí una construcción lo suficientemente sofisticada y que no sea excluyente. Ese equilibrio habla de un hombre con una sensibilidad especial. Uno que encontró en el cine una forma de inventar lo más sencillo. Ver sus películas es admirar la sencillez, muchos cineastas han tratado de recrear eso, difícilmente han llegado a ese equilibrio”, concluye el conductor de Derretinas.

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